Sei sulla pagina 1di 15

I.

Antecedentes histórico-culturales

A. La familia en Mesoamérica y en los andes1

1. ÉPOCA PREHISPÁNICA: Los cronistas españoles del siglo XVI apenas

emplearon el término «familia» y prefirieron los de «parentela» o, literalmente,

los de la casa. Estas expresiones concuerdan mejor con los hechos relatados.

En México, el concepto nahua de familia implicaba un grupo de producción y

consumo dotado de una residencia común. Los textos de los cronistas son más

lacónicos sobre la casa andina y reflejan la sorpresa de los europeos ante un

hábitat disperso calificado de «desordenado». Con respecto a la composición

del grupo doméstico, algunos censos detallados que efectuaron los españoles

en los primeros años de la conquista suministran informaciones muy valiosas

sobre esta cuestión. Así, en la región de Huanaco (Perú), en las casas se alojaba

la pareja conyugal, los padres del marido, los abuelos, hermanas viudas o

solteras, enfermos y lisiados. De una manera general, la monogamia en los

Andes y en México era patrimonio de los plebeyos, mientras que las élites

dirigentes practicaban el matrimonio plural. Cerca de México-Tenochtitlán,

Nezahualpilli, soberano de Texcoco, mantenía a dos mil mujeres y tuvo ciento

cuarenta y cuatro hijos; el inca poseía un elevado número de concubinas. Sin

alcanzar proporciones tan excepcionales, la cohabitación de dos o tres esposas

en casa de un hombre calificado como principal parece ser corriente. Abordar

el ámbito de las conductas sexuales es aún más difícil. Sin embargo, también

afloran aquí algunas constantes. En México estaban mal vistas las relaciones

sexuales precoces y a los jóvenes de la nobleza se les educaba en la castidad, lo

1
Tomado de: Historia de la Familia, Tomo II de André Burguiere, Levy-Strauss, Jack Godoy,
Alianza Editorial, Madrid, 1988. Capítulo 3.

1
que les mantenía en la órbita del hogar paterno y del templo-escuela, el

calmecac. El adulto casado gozaba de mayor libertad sexual. En cambio, la

sexualidad femenina estaba sujeta a una sistemática represión. El antiguo

México se distinguía tanto por un gusto pronunciado por los sacrificios

humanos como por la represión encarnizada de todo comportamiento sexual

externo a la función reproductora de la pareja: aborto, adulterio,

homosexualidad y violación se castigaban a menudo con la muerte. Los

individuos rechazados por el grupo eran llamados tetzahuitl (literalmente: «los

que provocan el sobrecogimiento, el espanto») y comprendían a los homose-

xuales de ambos sexos, los hijos fruto de uniones incestuosas, los adúlteros y

los individuos afectados de esterilidad, sin olvidar a los solteros y a las

muchachas que perdían la virginidad antes del matrimonio. Al hijo de una

unión adúltera se le achacaba el extender la desgracia y el miedo en su entorno.

La sociedad incaica parece haber sido más tolerante frente a la sexualidad. Al

igual que en México, el adulterio se castigaba con severidad, ya que una vez

celebrado el matrimonio legítimo la pareja debía quedar unida hasta la muerte

de uno de los cónyuges. La virginidad de la mujer no se tenía en gran estima,

hasta el punto de que, en cierto modo, la muchacha virgen quedaba devaluada:

ningún hombre la había deseado. Escasean las referencias a la homosexualidad

masculina y en muchos casos se confunden con las denuncias de prácticas

sodomíticas, al parecer corrientes entre las poblaciones de la costa del Pacífico.

En quechua, el homosexual era llamado ipma, palabra que también significaba

«hermana del marido» y «hermana del padre».

2. LA CONQUISTA ESPAÑOLA: En el México recién conquistado, a

2
finales de la década de 1520 y en la de 1530, la Iglesia consideró que la

difusión masiva del matrimonio cristiano era el medio más eficaz de obtener

una profunda y rápida cristianización de las poblaciones indígenas. No debe

extrañarnos el ver cómo los evangelizadores pusieron el acento en la familia

nuclear en detrimento de sus extensiones domésticas y sociales. Todavía en el

siglo XVIII, y en uno de los entornas más acu1turizados de la América

española, el corazón de la ciudad de México, los indios se revelaban incapaces

de comprender y manejar la terminología cristiana del parentesco. Desde las

primeras décadas de la Conquista, los indios descubrieron en la bigamia el

medio para adaptar el rigor de la norma cristiana a prácticas arraigadas que

asociaban la poligamia y el repudio. La prostitución y la magia amorosa

floreció en el siglo XVI en Lima y Potosí. A finales de ese siglo, la ciudad de

México contaba nada menos que con una prostituta por cada diez clientes

españoles potenciales, cifra considerable que se explica si pensamos que la

española huérfana, viuda o abandonada apenas tenía elección sobre sus medios

de vida. Las actitudes de los grupos negros frente al matrimonio y la familia

cristiana confirman la importancia crucial del asunto en su lucha por la

supervivencia y la emancipación. Raptados de su entorno africano,

irremediablemente arrancados de su familia y su cultura -y esto a menudo antes

de su deportación hacia el Nuevo Mundo-, los negros conocieron las amarguras

del desarraigo. Algunos lograron reconstruir sociedades más o menos

autónomas al amparo de los espacios tropicales adonde habían llegado huyendo

de los blancos. Pero la mayoría estaba conde nada a la promiscuidad y a la

arbitrariedad de sus dueños.

3
El margen homosexual: No podemos ignorar -como coinciden en hacer la

historia y la antropología en raro consenso- a quienes el deseo conduce a vivir

al margen de las normas, ya fueran cristianas, ibéricas o autóctonas. Adeptos al

pecado nefando, «sodomitas» para la saciedad colonial, homosexuales en la

actualidad, constituyeron desde finales del siglo XVI y comienzos del XVII un

ámbito minoritario pero lo bastante coherente como para que las autoridades

descubrieran en ellos el espectro de la «conspiración» y la «contaminación

epidémica» que englobaba también a judíos, negros, idólatras y brujos.

Mestizos, mulatos, indios, portugueses, españoles, estudiantes, carniceros,

sastres, zapateros, peluqueros, criados, esclavos, eclesiásticos y gentes de bien

--cuyo anonimato se esfuerzan en preservar las fuentes- se codeaban según sus

deseos concertando relaciones más o menos fugaces. La mezcla de los cuerpos

ofrecía el crisol para una aculturación no igualada en ninguna otra parte,, en los

desiertos alrededores de las ciudades, en posadas, en la oscuridad de los

temascales -baños de vapor indígenas que proliferaban en las aglomeraciones

urbanas-, en esas tabernas frecuentadas por travestis que se ofrecían a clientes

achispados. La represión, ya despiadada en algunas culturas prehispánicas, era

dura con los desviados sorprendidos «in fraganti» y con los que confesaban el

acto sodomítico. Hasta mediados del siglo XVIII la hoguera sancionaba este

crimen que para la ideología dominante atentaba contra la naturaleza, la

sociedad y el rey. En 1658, solamente en la ciudad de México, la justicia civil

condenó a catorce homosexuales a ser quemados vivos y apenas transcurría un

año sin que algún sodomita fuera enviado a la hoguera. A esta tonalidad

conformista de un medio al que el poder y la opinión pintaban con unos tintes

4
totalmente subversivos se añade un rasgo que perdura hasta nuestros días: la

fragilidad de un grupo edificado sobre la inmediatez de las relaciones físicas,

desprovisto de cualquier base social y material. Finalmente hay que señalar que

las formas y la intensidad de la abyección que castiga a este heterogéneo sector

son indisociables de la génesis del machismo latino americano. Bajo la

condena inapelable con la que el discurso oficial vilipendia el acto homosexual

persiguiendo la sodomía afloran actitudes colectivas dirigidas preferentemente

contra el hombre afeminado, los mariquitas con perendengues, y que hacían del

travesti el arquetipo exuberante, obligado y burlesco del homosexual. Pero

otras homosexualidades menos fácilmente reconocible s eran ampliamente ig

noradas, como por ejemplo las de aquellos que, obligados al matrimonio,

escogían una doble vida, a veces con el coste de unos patinazos histéricos que

en el siglo XVIII adoptaban la forma de gestos profanadores.

3. MODERNIZACIÓN Y PROLETARIZACIÓN: Son numerosas las

repercusiones de los movimientos migratorios en la composición y evolución

de los grupos domésticos de origen rural. La inserción económica de los

emigrantes ejerce un considerable impacto sobre la estructura familiar; los

papeles sexuales tradicionales se han modificado. La promiscuidad, la

frecuencia de las relaciones sexuales entre suegro y nuera y las violaciones

empujan a la mujer a la escapatoria del aborto arriesgándose a morir. Una

encuesta hecha en 1977 en cinco grandes centros urbanos mexicanos revela

que el 21 por 100 de las mujeres de los barrios de chabolas había sufrido más

de un aborto. La mortalidad infantil sigue siendo muy elevada; según la misma

encuesta, una de cada dos mujeres había perdido un hijo como mínimo. En

5
estos medios, que son de los más desfavorecidos, la familia numerosa de cinco

a seis hijos es la norma, y el aborto el medio brutal de controlar la natalidad. La

familia numerosa es el fundamento mismo de lo que Oscar Lewis (1961) llamó

la «cultura de la pobreza»: satisface las veleidades machistas del hombre, que

detesta el uso de los medios anticonceptivos, ofrece un refugio -por muy pre

cario que sea- a las mujeres abandonadas e intensifica los lazos de parentesco

espiritual a través del compadrazgo.

B. Declaración de la Federación Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de

la República Argentina (ACIERA): Esta entidad expresa su preocupación

ante la problemática homosexual, haciendo un llamado a manifestar prudencia,

compasión y sensibilidad al juzgar las tendencias y los actos homosexuales. A

la vez advierte que es un error doctrinal afirmar que la Biblia no condena la

homosexualidad o que en algunos casos aún la aprueba. Como fundamento de

esta afirmación hacen cita de los siguientes pasajes: Génesis 19:1-29; Romanos

1:24-27; 1ª Corintios 6:9 y 1ª Timoteo 1:10), refiriendo que de acuerdo a los

mismos los actos homosexuales son presentados como graves desviaciones,

contrarios a la ley natural.

C. Matrimonio homosexual en Argentina: Los bloques de la Cámara alta

acordaron poner como fecha para el tratamiento del proyecto que autoriza el

matrimonio entre personas del mismo sexo, incluyendo el derecho de adopción,

el miércoles 14 de julio.2

D. Matrimonio homosexual. Reconocimiento legal en otros países:

El matrimonio entre personas del mismo sexo (también llamado matrimonio

2
http://www.argentina.ar/_es/pais/C2621-ley-de-matrimonio-gay.php

6
homosexual o matrimonio gay) es el reconocimiento social, cultural y jurídico

que regula la relación y convivencia de dos personas del mismo sexo, con

iguales requisitos y efectos que los existentes para los matrimonios entre

personas de distinto sexo.

El matrimonio entre personas del mismo sexo en España fue legalizado en

2005. La tramitación de esta ley fue conflictiva, a pesar del apoyo del 66% de

los españoles al matrimonio homosexual. Las autoridades católicas en

particular se opusieron a esta ley, temiendo un debilitamiento del término

matrimonio.

Junto a la institución del matrimonio, y como alternativa o, en ocasiones,

superponiéndose a la regulación del matrimonio entre personas del mismo

sexo, existen instituciones civiles adicionales, muy diferentes en cada país y

comunidad, con denominaciones distintas como "parejas de hecho" o "uniones

civiles" (entre otras denominaciones), cada cual de una naturaleza, requisitos y

efectos ad hoc, según la realidad social, histórica, sociológica, jurídica y aun

política de cada sociedad. Estas instituciones son consideradas por

movimientos de Derechos Humanos como instituciones apartheid y en muchos

casos son criticadas por fomentar la discriminación y crear ciudadanos de

segunda clase.

Actualmente los países en los cuales el matrimonio homosexual es legal en

todo su territorio son: Países Bajos, Bélgica, España, Canadá, Sudáfrica,

Noruega, Suecia y Portugal (entre el 2001 y el 2010). Además el matrimonio es

legal en seis jurisdicciones de Estados Unidos y en una jurisdicción de México.

Generalmente, el matrimonio otorga muchos derechos que las parejas de hecho

7
no reciben, incluso cuando esta institución de las parejas de hecho figura

regulada por el ordenamiento jurídico positivo. Según los países, esta

diferencia de derechos abarca materias tales como inmigración, seguridad

social, impuestos, herencia, y la adopción de niños.

E. En el mundo religioso no existe consenso total sobre los matrimonios entre

personas del mismo sexo3, aunque la mayoría de denominaciones religiosas se

oponen a éste. Entre ellas se encuentran la Iglesia Católica4, los Mormones, los

Testigos de Jehová, el Islamismo o la Iglesia luterana5. Entre las iglesias que

casan a parejas del mismo sexo se encuentra la Iglesia Luterana Sueca, la

Iglesia Unida de Canadá, la Iglesia Unida de Cristo, la Iglesia Universalista, los

Cuáqueros, el Judaísmo reformado, y diversas denominaciones minoritarias del

Hinduismo y el Budismo.6 7 8 9 10 También existen otras iglesias que bendicen

los matrimonios o uniones entre personas del mismo sexo aunque no con el rito

matrimonial.

II. Fundamentación teológica

A. Visión bíblica de la sexualidad11: En relación a la antropología manifestada

en la Biblia, vemos que ésta es unitaria, a diferencia de la perspectiva del

3
http://es.wikipedia.org/wiki/Matrimonio_entre_personas_del_mismo_sexo
4
http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_20030731_
homosexual-unions_sp.html. Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las
uniones entre personas homosexuales
5
Comunicado del Presidente de la Iglesia Luterana, 24 de agosto de 2009.
6
www.pewforum.org (22 de enero de 2009). “Same-Sex Marriage: redefining Marriage Around the
¨World”. Consultado el 6 de febrero de 2010.
7
www.todosuecia.com. La primera obispo lesbiana en Suecia.
8
www.absolutasuecia.com. La Iglesia Sueca acepta el matrimonio homosexual
9
Eradio (4 de septiembre de 2009) “Los cuáqueros del Reino Unido aprueban el matrimonio
religioso entre personas del mismo sexo”. Consultado el 6 de febrero de 2010.
10
www. Galva108.com. Ruth Vanita (2004). “Love’s Rite: Same-Sex Marriage In India & The
West”. Consultado el 6 de febrero de 2010.
11
Tomado de: Simbolismo de la sexualidad humana, criterios para una ética sexual, Eduardo L.
Azpitarte, Sal Térrae, Santander, 2001. Capítulos 3, 4, 5, 6 y 8.

8
dualismo griego, que vio la corporeidad como algo despreciable, cárcel del

alma. La Biblia dicha concepción unitaria del ser humano, donde la dimensión

más visible y externa expresa la representación global del ser completo. Los

relatos fundamentales del Génesis ponen en relieve la dimensión procreadora

de la misma, siendo el gran regalo de Dios la dimensión unitiva. En las

enseñanzas de los profetas vemos que se emplea el matrimonio como signo e

imagen de la alianza divina. En relación al Nuevo Testamento, es de destacar la

imagen dada por Pablo cuando quiso expresar el misterio de la revelación

divina: la alianza sellada con la sangre de Jesús fue simbolizada con la misma

amistad matrimonial. El cuerpo es convertido en una realidad sagrada,

propiedad exclusiva de Dios. La realidad sexual auténtica implica vivir una

comunión a niveles más profundos que sólo alimentar una urgencia de placer o

un vacío psicológico.

Fundamentación de la ética sexual: Existe la necesidad de una ética: el

instinto es radicalmente insuficiente. Hay exigencias psicológicas para una

maduración humana. La ética tiene que ir más allá de la pura genitalidad. Se

toma un nuevo punto de partida: el que sitúa a la persona en el centro, para

hacer de su sexualidad una relación amorosa que, cuando se viva en el

matrimonio como donación y entrega corporal, quede orientada también hacia

la procreación. El eje es entonces el amor.

Estados intersexuales y cambio de sexo: No se puede negar la existencia de

ciertas patologías. Es lógico que se busquen las terapias más eficaces para estas

disfunciones. El sexo morfológico, producto del sexo gonádico proporciona las

diferenciaciones que distinguen al cuerpo masculino del femenino. A partir de

9
esto, el ambiente y la educación se contribuyen a la formación del sexo

psicológico. Dichas diferenciaciones conducen normalmente hacia la

reciprocidad entre ambos polos, el sexo heterófilo busca su complementación

en el encuentro con el otro. Existen diferentes patologías genéticas, hormonales

y de otro tipo, y muchas veces hasta hay una completa contradicción entre el

sexo cromosómico y el sexo gonádico. El fenómeno de la transexualidad ha

sido objeto de estudio, el transexual está convencido de ser un verdadero error

de la naturaleza, que desea superar a toda costa. Como pauta para una

valoración ética de cada caso, se tendría en cuenta que la meta ideal de toda

terapia debería estar orientada hacia una armonía, lo más completa posible. El

tema de base es definir qué elemento de la disfunción (lo biológico o lo

psicológico) constituye la base y el criterio primario de la identidad sexual en

la persona. La adecuación psicológica pareciera la menos agresiva, a menos

que la tendencia psíquica se revele irreversible y definitiva. En el caso del

análisis de matrimonios transexuales las situaciones son diferentes de acuerdo

al momento en que se revele la transexualidad, y corresponde evaluar la

validez del matrimonio, si lo hubiere (en el caso de descubrir posteriormente al

casamiento que el sexo de uno de los cónyuges fuera diferente al definido en

primer término), y la posibilidad de la nulidad del mismo.

La homosexualidad: El clima sociológico ha sido y es francamente hostil

hacia esta cuestión. Las razones más frecuentes de este rigorismo se deben al

miedo a la impotencia y a la homosexualidad, como si fuera una especie de

castración, y se proyecta sobre los homosexuales esa indignación.

La naturaleza de la inclinación homosexual no se perfila sólo por su afición,

10
sino fundamentalmente por el rechazo y repugnancia hacia el sexo opuesto.

Antiguamente se la colocaba entre las desviaciones sexuales y patológicas, hoy

existe un movimiento que la coloca en una variante de vivir el sexo, tan

normal, aceptable y válida como la misma heterosexualidad. El autor propone

que si llegara a probarse que la homosexualidad es una inclinación tan humana

y deseable como la contraria, no existiría ningún problema para aceptar esta

postura, entonces expresa creer que la heterosexualidad aparece para la gran

mayoría como el destino y la meta hacia la que se debe tender. En cuanto a las

orientaciones pastorales, el primer punto fundamental es saber aceptar al

homosexual como una persona merecedora, como cualquier otra, de nuestra

estima y respeto. La acogida que brota desde dentro y no como una obligación

de compromiso, es indispensable y benéfica para todo el diálogo posterior.

Nunca dejar de considerar que el único obstáculo para recibir la gracia ofrecida

por Dios es la autosuficiencia y el creerse justificado por una vida perfecta. Y

aunque no se compartan ciertas opciones, se debe respetarlas. Sin embargo, se

propone no incluir nunca el matrimonio en el mundo de las relaciones afectivas

por considerar que tal experiencia no tiene ningún sentido terapéutico para los

verdaderos homosexuales y obviamente, mucho menos la relación sexual con

personas de otro sexo. En cuanto a la legislación, el autor reconoce que ciertas

demandas de reforma son justas y objetivas, como la no discriminación en

cuanto a desempeñar tareas o elegir un trabajo, el reconocimiento de ciertos

beneficios sociales y un tratamiento final más adecuado.

B. Confusión de género y sexo12: el sexo está determinado por la forma de

12
Tomado de: Hacia la sanidad sexual, John White, Certeza Argentina, Buenos Aires, 2000.

11
nuestro cuerpo y sus órganos, hormonas y centros cerebrales que las controlan,

el género tiene que ver con percibirnos como ser masculino o femenino.

Muchas veces hay confusión en cuanto a las verdaderas características de la

masculinidad y femineidad. A continuación el autor aborda el tema del modelo

bíblico de femineidad y de masculinidad, en caso que se admita que este existe.

Se reconoce que en Dios se manifiestan cualidades masculinas y femeninas.

Muchas veces hay confusión en cuanto al género y esto produce pecado. Hay

dos fuentes de esa confusión: la herencia y el ambiente. En cuanto al ambiente,

genera confusión los pecados que se hubieran cometido contra la persona en su

niñez. La sanidad empieza cuando perdonamos a los que pecaron contra

nosotros. Las raíces de la inversión: El autor refiere haber pasado su

adolescencia y juventud en una época en que el sexo, fascinante, que los atraía

constantemente, los llenaba de culpa. Define que la homosexualidad es uno de

los resultados de la Caída, aunque admite que todos somos pecadores, todos

luchamos contra nuestras debilidades sexuales y resistimos o cedemos a ellas,

es sólo una diferencia de grado, no de carácter. Afirma que la intimidad de los

encuentros homosexuales no tiene posibilidad de procreación, por lo que acaba

en soledad. A continuación define el enfoque bíblico: “el comportamiento

homosexual es pecaminoso (la Biblia lo afirma claramente, pese a los intentos

de probar que no es así)” (sic). La forma de ayudar al homosexual es ayudarle a

liberarse de su homosexualidad.

C. ¿Es la homosexualidad una opción cristiana? 13: John Stott expone los

Capítulos 10 y 11.
13
Tomado del libro: Homosexualidad ¿una opción cristiana? John Stott. Ediciones Certeza Abua.
Buenos Aires 1995.

12
argumentos que avalan que la homosexualidad no está de acuerdo con los

propósitos de Dios en la creación. Es en Génesis 2 donde encontramos la

fundamentación. En primer término, la necesidad humana de compañía. “No

es bueno que el hombre esté solo” (v. 18). En segundo lugar se revela la

provisión divina para satisfacer esta necesidad humana. Fue necesaria una

creación especial, los sexos fueron diferenciados. La tercera verdad está

relacionada con la institución del matrimonio resultante, “por tanto, dejará el

hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne”

(v. 24). Por lo tanto, las Escrituras definen el matrimonio instituido por Dios en

términos de monogamia heterosexual. Los cristianos, en consecuencia, no

deberíamos condenar en forma especial a las relaciones homosexuales. En

realidad, toda relación o acto sexual que se desvía del propósito revelado de

Dios es una ofensa contra Él y merece su juicio.

Asimismo el autor establece con claridad que:

1. Somos todos seres humanos. Esto es para decir, no existe tal fenómeno

como “un homosexual”. Hay solamente personas, personas humanas, hechas a

la imagen y semejanza de Dios, aunque caídas, con toda la gloria y la tragedia

que esa paradoja implica, incluyendo el potencial sexual y los problemas

sexuales.

2. Somos todos seres sexuales. Nuestra sexualidad, de acuerdo con ambas, las

Escrituras y la experiencia, es básica a nuestra humanidad. Los ángeles pueden

ser asexuados, nosotros los humanos no. Cuando Dios hizo la humanidad nos

hizo varón y mujer. Así que, hablar de sexo es tocar un punto cercano al centro

de nuestra personalidad.

13
3. Todos somos pecadores. Somos frágiles y vulnerables. Somos peregrinos en

nuestro caminar hacia Dios. Estamos muy lejos de la llegada. Participamos de

un conflicto incesante con el mundo, la carne y el diablo, el cual aún no hemos

conquistado. Además, y en particular, somos pecadores sexuales. La doctrina

de la depravación total establece que cada parte de nuestro ser humano ha sido

corrompida y torcida por el pecado, y que eso incluye nuestra sexualidad. No

hay por qué, por lo tanto, venir a este tema con una horrible actitud de

superioridad moral de “soy más santo que tú”. Solamente con estas verdades en

nuestra mente podemos comenzar la búsqueda de una respuesta provechosa y

verdaderamente bíblica al debate homosexual. Y, por supuesto, como hombres

y mujeres cristianos, una respuesta honesta pero compasiva, deberá ser nuestro

objetivo.

La única alternativa al matrimonio heterosexual sería la soltería y la

abstinencia sexual. Este puede ser un camino harto difícil de recorrer: “…es

inaudito que se le pida a alguien que se niegue lo que para él es la forma

normal y natural de expresión sexual”14 La respuesta a esta cuestión sólo la

hallaremos en la Gracia inmerecida que Dios pone a nuestro alcance.

III. Conclusiones

A. En primer lugar, en cuanto a la revelación bíblica, estoy de acuerdo con John

Stott en que la práctica homosexual debe ser mirada como una desviación a la

norma de Dios. Por ser éste un camino muy difícil de recorrer para el afectado

por esta inclinación, según expreso en el párrafo anterior, debe haber un

14
Id. Towards a theology of gay Liberation, q.v.. Norman Pittenger, p. 87

14
llamado a la fe, a la esperanza y al amor. Fe en cuanto a aceptar las normas

establecidas por Dios. Esperanza en cuanto a la posibilidad de sanar. Amor en

cuanto a que es precisamente amor lo que, muchas veces, la iglesia no ha

sabido mostrar hacia los homosexuales.

B. En cuanto al aspecto socio-cultural, se ve que la unión homosexual nunca ha

tenido el mismo status que el heterosexual, sin embargo existen amplísimas

diferencias que hacen difícil una comparación con la actualidad.

C. En cuanto a la posición ante la legalidad del matrimonio homosexual, debo

expresar, con honestidad y humildad, que no cuento con los elementos de

juicio necesarios para sentar una posición. Si bien no estaría de acuerdo en

homologarlo con un matrimonio heterosexual, entiendo que es una situación

que de hecho, ya existe. Y que independientemente de la legalidad que se le

llegue a dar, evidentemente continuarán formándose relaciones de ese tipo, con

inclusive, la adopción de niños (de hecho, cuando un niño se da en adopción,

en un caso monoparental, no existe un análisis previo de la inclinación sexual

del solicitante). Moisés permitió el divorcio “por la dureza del corazón” de los

israelitas, aunque “desde el principio no fue así”. Esto es, un permiso para

evitar un mal mayor. Por todos estos motivos, debo reconocer que, para sentar

una postura es necesario un análisis muchísimo más exhaustivo.

15