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TEMA 7

LA LÓGICA COMO SISTEMA FORMAL AXIOMÁTICO; LOS LÍMITES DE LOS SISTEMAS FORMALES
AXIOMÁTICOS.
1. Introducción
El tipo de deducción que más frecuente se utiliza en la práctica es el natural. La deducción natural se apoya en
una variada serie de reglas de inferencia para extraer consecuencias derivables de ciertas hipótesis inicialmente aceptadas
sin examen previo por parte del lógico. Cualquiera que sea su contenido, trátese de enunciados y datos físicos,
matemáticos, históricos o jurídicos, el establecimiento de estas hipótesis es algo en principio indiferente desde el punto de
vista de la deducción natural. Todo el interés del análisis y del control lógico se dirige exclusivamente a la extracción de
conclusiones.
Pero en la práctica científica interesa a veces someter también a control lógico riguroso las hipótesis iniciales.
Tal sucede sobre todo aunque no exclusivamente, en el estudio de las teorías matemáticas. Dicho control se efectúa
escogiendo, de acuerdo con un determinado criterio de racionalidad que se convenga en aceptar, unos enunciados
determinados de la teoría de que se trate, a los que se da el nombre de axiomas o postulados, y procurando a partir de
entonces no admitir en la teoría en cuestión otros enunciados que los que se deduzcan de los axiomas por inferencia
lógica. A los enunciados así deducidos se les llama teoremas.
Tal tipo de deducción constituye el método axiomático. Los primeros que cultivaron sistemáticamente el método
axiomático fueron Euclides en matemática y Aristóteles en lógica (ambos en el Siglo IV a. de C.). En la época moderna, el
interés de Vieta (s. XVI) por la formalización del lenguaje matemático y de Leibniz (s. XVII) por la formalización de la
matemática y de la lógica han contribuido notablemente al desarrollo de dicho método. Pero es sobre todo a partir del
siglo XIX cuando el método axiomático alcanza sus más resonantes triunfos. El descubrimiento de las geometrías no
euclidianas indujo a los matemáticos a desconfiar un tanto de la intuición espacial (en que parecía basarse la geometría
euclidiana tradicional) y a buscar el fundamento de la geometría, y de la matemática en general, en el rigor del análisis y
de las construcciones de la lógica. Las nuevas técnicas de formalización introducidas en matemática y lógica por Frege a
fines del siglo XIX, y por Peano, Russell y Hilbert a principios del siglo XX, se vinculaban al propósito de fundamentar
axiomáticamente la ciencia matemática. Acaso el más brillante resultado de este nuevo desarrollo del método axiomático
sea la actual teoría axiomática de conjuntos.
Una teoría axiomatizada es, pues, una teoría deductivamente ordenada en axiomas y teoremas según reglas de
inferencia. La axiomatización adquiere máximo rigor cuando va acompañada de la formalización de la teoría científica
que se trate de axiomatizar. El resultado de formalizar y axiomatizar una teoría científica es una teoría formal o sistema
formal axiomático (sacado de la obra Lógica simbólica de M. Garrido, 1977).
2. La lógica como sistema formal axiomático
2.1 Definición y partes de un sistema axiomático
2.1.1 Definición
Un significado originario del término "axioma" (αξιωμα) es dignidad. Por derivación "axioma" significa "lo que
es digno de ser estimado, creído o valorado". Así, en su acepción más clásica el axioma equivale al principio que, por su
dignidad, es decir, por ocupar un cierto lugar en un sistema de proposiciones, debe ser estimado como verdadero (según el
Diccionario de filosofía de Ferrater Mora, 2002).
Un axioma es una proposición seleccionada de entre un conjunto de otras, que se presume verdadera por un
sistema de lógica o una teoría, y de la cual son deducibles todas las otras proposiciones que el sistema o teoría tiene por
verdaderas; estas proposiciones derivadas son llamadas teoremas por el sistema o la teoría. Así, el teorema de Pitágoras es
deducible a partir de los axiomas de la geometría euclidiana. Los axiomas y teoremas de un sistema de lógica (por
ejemplo, del cálculo proposicional) son considerados verdaderos con necesidad lógica.
La axiomatización de un sistema formal consiste en hallar la validez formal de los razonamientos deduciéndolos
a partir de otros sin necesidad de realizar un análisis interno de éstos. Axiomatizar una teoría es organizar ese conjunto de

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enunciados de tal forma que, partiendo de algunos de sus miembros (los llamados "axiomas"), y mediante la aplicación de
una serie de reglas de transformación, se puedan derivar los restantes enunciados de la teoría (aquellos a los que
llamaremos "teoremas").
Demostrar un enunciado en un sistema axiomático (demostrar, con otras palabras, que el enunciado en cuestión
es un teorema del sistema) consiste en derivarlo válidamente (es decir, utilizando en la derivación sólo, y de manera
correcta, los recursos explícitamente admitidos a tal efecto dentro del cálculo) a partir de los axiomas (o a partir de otros
teoremas ya demostrados), en fundamentar su verdad en la de otros enunciados cuya verdad consta. Mediante métodos
como el de las tablas de verdad sólo llegamos a saber que unos determinados enunciados eran verdaderos. Mediante su
demostración en un sistema axiomático podemos alcanzar a averiguar cómo y por qué lo son: hemos de ver que las
tautologías derivadas como teoremas no son otra cosa que transformaciones válidamente efectuadas de las tautologías
elegidas como axiomas (sacado de Introducción a la lógica formal de A. Deaño, 1975).
2.1.2 Partes de un sistema axiomático
Pensadores de una tradición que incluye a Euclides, Newton, Hilbert, Peano, Whitehead y Russell, además de
otros, han usado el método axiomático para presentar diferentes materias como teorías formales y coherentes, en las cuales
todas sus proposiciones son deducibles de un conjunto claramente especificado de asunciones iniciales. Un sistema
axiomático totalmente formalizado contiene:
1) Símbolos primitivos 2) Reglas de formación que distingan las expresiones bien formadas de las mal
formadas 3) Definiciones 4) Axiomas y 5) Reglas de inferencia que establezcan cómo son probados los teoremas.
Los tres primeros ingredientes componen, por así decirlo, el lenguaje o "gramática", y los otros dos la "lógica"
del sistema.
Al concepto de regla de inferencia va unido el de consecuencia inmediata o directa. La regla de inferencia
establece que una fórmula, llamada conclusión, puede ser inferida de otra u otras, llamadas premisas de la regla: la
conclusión de la regla es consecuencia inmediata o directa de las premisas.
Una demostración o prueba es una secuencia finita de fórmulas tales que cada una de ellas o bien es un axioma o
bien una consecuencia inmediata de alguna o algunas de las que le preceden por virtud de una regla de inferencia. La
fórmula final de la demostración es un teorema, o fórmula derivada. Como venimos diciendo, los términos teorema y
axioma tienen aquí un sentido distinto al tradicional. Tradicionalmente se entendía por axioma una proposición
inmediatamente evidente (verdad inmediata); por teorema, una proposición no inmediatamente evidente (verdad mediata)
que se deduce de los axiomas; y por postulado, un principio que no se acepta por necesidad, como el axioma, sino por
convención. Hoy se entiende por axioma, simplemente, una fórmula del sistema convencionalmente elegida, es decir, algo
parecido a lo que la tradición entendería por postulado. Desde un punto de vista estrictamente formal, la diferencia entre
axioma y teorema queda un tanto trivializada. El axioma puede ser considerado como un teorema obtenido mediante una
demostración de cero premisas. Teorema sería entonces, o bien cualquier axioma o bien toda conclusión de una regla
cuyas premisas sean teoremas.
En la elaboración de un sistema formal es útil, aunque no necesario, disponer también de definiciones, que son
las cláusulas por las que se introducen nuevos símbolos (símbolos definidos o derivados) en función de los ya conocidos,
lo cual permite abreviar cómodamente la escritura de las fórmulas del sistema. Finalmente, y una vez elaborado en su
dimensión sintáctica, el sistema deberá ser interpretado, esto es, puesto en relación con el conjunto de objetos
considerados por la teoría científica que pretenda formalizar. Por ejemplo con los números naturales y sus propiedades, si
se pretendiera axiomatizar la aritmética.
Ahora bien, la lógica es una ciencia no menos rigurosa que la matemática, y sus teorías pueden ser asimismo,
como de hecho han sido, axiomatizadas. Puede decirse que debemos a Frege (dejando a parte los anteriores ensayos
realizados por Aristóteles y Leibniz) la primera axiomatización absolutamente formalizada de la lógica elemental. A partir
de este intento se han confeccionado algunos otros sistemas con algunas variantes de criterio, sobre todo en lo que
respecta a la lógica de enunciados.

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2.2 Características de un sistema formal axiomático
Características exigibles a los sistemas axiomáticos son la consistencia, la completud, la coherencia, la
fecundidad y la independencia. Además los axiomas tienen que ser categóricos y simples.
1) Consistencia: El vocablo "consistente" designa uno de los conceptos fundamentales usados en metalógica. Se
llama consistente a un cálculo C cuando, dada una fórmula bien formada f, de C, no es el caso de que f y la negación de f
(¬f) sean a la vez teoremas de C. Se llama también consistente a un cálculo C cuando hay por lo menos una fórmula bien
formada de C que no es un teorema de C. Las dos anteriores definiciones corresponden a dos tipos de consistencia y son
aplicadas, según los casos a diversas clases de cálculos.
Se dice que un conjunto de axiomas es consistente si no es posible derivar de él una contradicción por
razonamiento lógico. Esta noción queda mejor precisada si nos confinamos a axiomas expresados en un lenguaje formal
definido con precisión y con reglas de inferencia dadas; de otro modo, las paradojas lógicas podrían tornar en
inconsistente cualquier conjunto de axiomas. Evidentemente, la consistencia es una propiedad absolutamente básica de los
axiomas, puesto que un sistema lógico con contradicciones internas se destruye a sí mismo. Sin embargo, es una
propiedad que resulta difícil de establecer. A lo sumo podemos estar seguros de que hasta ahora (en el actual estadio del
desarrollo de un sistema) no han aparecido teoremas contradictorios; pero ello no puede dejarnos seguros de que no
aparezcan algún día. Más todavía: no parece existir un método general totalmente seguro de establecer la consistencia de
un conjunto de axiomas. El método normalmente seguido consiste en ejemplificar el sistema lógico, aplicarlo a casos
concretos y ver si en este campo restringido da lugar a contradicciones. Ahora bien, evidentemente este método carece de
la generalidad necesaria.
2) Completud: Un sistema formal de lógica es semánticamente completo cuando todas las fórmulas
semánticamente válidas son derivables como teoremas. Una fórmula semánticamente válida de un sistema formal de
lógica es aquella que, dada una interpretación específica de los operadores lógicos, es verdadera bajo cualquier
interpretación de los términos no lógicos. Por ejemplo, (p˅¬p) es semánticamente válida y es también derivable como un
teorema del cálculo proposicional. El cálculo de proposiciones y el cálculo de predicados son completos en este sentido.
La completud en un sentido más riguroso se define sintácticamente. Un sistema es completo en este sentido cuando al
sistema se le añade como axioma una fórmula no derivable, es derivable en él una contradicción.
También la completud puede ser explicada así: un sistema de axiomas es completo en el sentido de que de dos
proposiciones contradictorias formuladas correctamente en los términos del sistema, una debe poder ser demostrada. Esto
quiere decir que en presencia de cualquier proposición del sistema, ésta se puede demostrar en cualquier momento o
impugnar y, por tanto, decidir acerca de la verdad o falsedad en relación con el sistema de los postulados. En este caso, el
sistema se denomina decidible.
3) Coherencia: Si no son coherentes los axiomas, el sistema del que dependen resulta contradictorio. Y que el
sistema resulte contradictorio significa que permite deducir cualquier cosa y, con ello, que se puede demostrar una
proposición cualquiera, tanto como su negación. Ya que la prueba de la no contradicción es imposible de obtener en el
interior de un sistema axiomático, nos valemos habitualmente del sistema de la reducción de una teoría anterior, cuya
coherencia nos parece bien establecida, por ejemplo, a la geometría euclidiana. Sin duda, este procedimiento no equivale a
una demostración de no contradicción, pero suministra un dato importante. Otro procedimiento es la realización, es decir,
la referencia del sistema a un modelo real, sobre el supuesto de que lo que es real debe ser posible, y, por tanto, no
contradictorio.
Para Aristóteles la coherencia es cuando en un sistema no se encuentra una contradicción entre sus teoremas,
cuando no se encuentra una pareja de fórmulas tales que, una sea la negación de la otra. Para Hilbert, un sistema es
coherente, cuando, al menos, una de las fórmulas construidas en el lenguaje de un sistema, no es uno de sus teoremas.
4) Fecundidad: Los axiomas de un sistema lógico no se eligen porque sean más evidentes que los teoremas.
Desde el punto de vista de la construcción lógica del sistema, la única propiedad que nos interesa en un axioma es su

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fecundidad, es decir, su capacidad de servir como premisa o supuesto para numerosas deducciones. A la lógica no le
interesa la verdad de las proposiciones que emplea, sino la existencia de relaciones de implicación entre proposiciones.
5) Independencia: La independencia es la condición indispensable para los axiomas de un sistema cualquiera.
Esto significa que no se puede deducir un axioma de los otros axiomas del mismo sistema. Se dice que un axioma es
independiente cuando no se puede derivar de los otros axiomas del sistema en cuestión.
La independencia equivale a la irreductibilidad recíproca. Esta condición no es tan indispensable como el de la
coherencia, pero es oportuna para evitar que las proposiciones primitivas resulten numerosas en exceso. Que sea
independiente quiere decir que tiene que ser imposible deducir uno cualquiera de los axiomas del resto de los otros: los
axiomas deben ser mutuamente independientes. Sólo si existe esta mutua independencia entre los axiomas, podrá
distinguirse claramente dentro del sistema entre axiomas y teoremas. Los intentos de establecer la independencia dentro de
un conjunto de axiomas han llevado a veces a importantes descubrimientos como en el caso de la geometría. El intento
infructuoso de probar que el quinto axioma dependía de los demás llevó a la constitución de las geometrías no euclidianas.
6) Categórico: Los axiomas de un sistema axiomático deben ser categóricos. Un sistema axiomático es
categórico si todos sus modelos son isomórficos. Cuando se intenta caracterizar a una noción por medio de un conjunto de
axiomas es esencial que los axiomas sean consistentes, es decir, que exista al menos un modelo. De no ser así cabría decir,
por ejemplo, que un punto es lo que satisface tales y tales axiomas, mientras que nada puede satisfacer esos axiomas.
7) Simpleza: Los axiomas de un sistema axiomático deben ser pocos y simples. El menor número posible y la
simplicidad de los axiomas son condiciones deseables, que confieren la elegancia lógica y la sencillez a un sistema
axiomático. Pero, por otra parte, si los axiomas son consistentes, nos enfrentamos con otro problema: puede haber
demasiados modelos. Un sistema axiomático que tenga exactamente un modelo no existe, y así, el intento de caracterizar a
un modelo de forma única por el procedimiento de dar axiomas no puede tener éxito. Todo sistema axiomático que sea
consistente tendrá un número infinito de modelos. Lo más que podemos esperar, por tanto, es que los modelos del sistema
axiomático, aunque pueden ser numerosos, sean isomórficos, es decir, que tengan la misma estructura.
2.3 Axiomatización de la lógica, de la matemática y de las teorías científicas
2.3.1 La axiomatización de Frege de la lógica formal
La principal ventaja de los sistemas de "primera generación" es la simplicidad de sus reglas de derivación, que
eran básicamente dos: 1) Regla de separación (o modus ponens o silogismo hipotéticos; tenemos "A" y "AB", por tanto
"B"). 2) Regla de sustitución en los axiomas y teoremas. Frege propuso un sistema axiomático que tenía sólo tres axiomas,
para los que se valía exclusivamente de los operadores "¬" y "". Los axiomas serían:
1. ├ p(qp) 2. ├ (p(qr))((pq)(pr)) 3. ├ (¬p¬q)(qp)
Con estos axiomas Frege demostraría que la fórmula (pq), que parece expresar una verdad lógica más
primaria que cualquiera de los anteriores tres axiomas, es, en realidad un teorema, obtenido por demostración: al substituir
en el segundo axioma "q" por ("pp") y "r" por "p", se obtiene una fórmula cuya forma es el axioma primero: axioma 1
 (axioma 1) (pp), con lo que dos aplicaciones de la regla de separación permiten obtener (pp).
2.3.2 La axiomatización de Russell y Whitehead de la lógica de proposiciones
Otro sistema axiomático para presentar la lógica de enunciados es el de A. N. Whitehead y B. Russell, que
dieron a conocer en sus Principia Mathematica (1910-1913).
El sistema PM está compuesto por:
A) Símbolos primitivos:
1. Variables proposicionales: p, q, r, s, t, p1, q1, r1, s1, t1, …, pn, qn, rn, sn, tn.
2. Conectivas o functores de enunciado: ¬, ˅ (Hay que recordar que las conectivas se pueden reducir entre ellas
a funciones primitivas no definidas).
3. Signos de puntuación: paréntesis diversos, como "(,)", "[,]", "{,}".
B) Símbolos definidos:
(˄) X˄Y= DF. ¬(¬X˅¬Y)

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() XY= DF. ¬X˅Y
(↔) X↔Y= DF. ¬[¬(¬X˅Y) ˅¬(¬Y˅X)]
C) Reglas de formación:
RF1 Una variable proposicional sola es una expresión bien formada del cálculo (como abreviatura de "expresión
bien formada del cálculo" utilizaremos "ebf.").
RF2 Si X es una ebf., entonces ¬ X también lo es.
RF3 Si X e Y son ebfs., entonces X˅Y también lo es.
RF4 Estas son todas las reglas de Formación del cálculo.
D) Axiomas:
A1 (p˅p)p A2 q(p˅q) A3 (p˅q)(q˅p) A4 [p˅(q˅r)][q˅(p˅r)] A5 (qr)[(p˅q)(p˅r)]
E) Reglas de transformación:
RT1 Dada una tesis (axioma o teorema) del cálculo, en la que aparecen variables de enunciado, el resultado de
sustituir una, algunas o todas esas variables también es una tesis del cálculo. Y ello con una restricción, si bien importante:
cada variable ha de ser sustituida siempre que aparece, y siempre por el mismo sustituto.
Dicho de modo más riguroso: si X es una tesis del sistema en la que aparecen distintas variables p 1, p2, …, pn, e
Y1, Y2, …, Yn son expresiones bien formadas del cálculo, la expresión resultante de sustituir en Xp 1 por Y1, p2 por Y2, …,
pn por Yn será asimismo una tesis del sistema.
Se le llama a esta regla "Regla de Sustitución":
RT2. Si "X" es una tesis del sistema, y lo es también la expresión "X Y", entonces "Y" es una tesis del sistema.
Es fácil ver que esta regla (a la que se da el nombre de Regla de separación (RD por Rule of Detachment para que no
coincida con RS de la anterior)) no es otra cosa que una traducción metalingüística de la ley lógica que hemos llamado
"modus ponendo ponens": [(pq)˄p]q.
Deducción de teoremas:
Partiendo de esta base es posible (porque según vemos más adelante, el cálculo que estamos presentando es
completo) demostrar como teoremas todas las expresiones formalmente verdaderas construibles en el lenguaje del cálculo.
Puesto que esas expresiones son infinitas en número, es obvio que no podemos demostrarlas todas, una a una. Nos
limitaremos a mostrar, mediante unos cuantos ejemplos la posibilidad de hacerlo. Algunas demostraciones fáciles serían:
¿Es un teorema la expresión "p(p˅p)"? Lo es. He aquí la demostración:
1. q(p˅q) A2
2. p(p˅p) RS(q/p), 1
La expresión "p(p˅p)" se obtiene a partir del Axioma 2 mediante una aplicación (correcta) de la Regla de
Sustitución. Es, pues, un teorema. Le llamaremos Teorema 1.
¿Es un teorema la expresión "[p(qr)][q(pr)]"? Juzgue el lector:
1. [p˅(q˅r)][q˅(p˅r)] A4
2. [¬p˅(¬q˅r)][ ¬q˅(¬p˅r)] RS(p/¬p),q/¬q,1
3. [p(qr)][q(pr)] Df.  2
Lo anterior da lugar al Teorema 2.
Teorema 3. (pr)[(pq)(pr)]
Demostración:
1. (qr)[(p˅q)(p˅r)] A5
2. (qr)[(¬p˅q)( ¬p˅r)] RS(p/¬p),1
3. (qr)[(pq)(pr) DF. 2
Teorema 4. (pq)[(qr)(pr)]
Demostración:
1. [p(qr)][q(pr)] T2

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2. {(qr)[(pq)(qr)]}{(pq)[(qr)(pr)]} RS[p/(pr), q/(q), r/(pr), 1
3. (qr)[(pq)(pr)] T3
4. (pq)[(qr)(pr)] RD, 2, 3
Podríamos seguir deduciendo hasta conseguir demostrar como teorema un axioma. Lo cual, a su vez, quiere
decir que el axioma no sería independiente (característica básica del sistema axiomático) de los restantes, que puede ser
demostrado a partir de ellos. Por tanto, todo lo que se puede demostrar a partir de este axioma puede demostrarse también
a partir no sólo de los otros cuatro. Y habida cuenta de que, en la presentación de un cálculo se tiende siempre al ahorro de
elementos primitivos, nada tiene de extraño que el último de los axiomas (a partir de la demostración del lógico P. Bernays
en 1926) haya sido eliminado de la lista de axiomas y reducidos éstos a cuatro. Y aún a tres. En efecto Lukasiewicz mostró
que tomando como funciones primitivas la negación y el condicional (como Frege), los cuatro axiomas de Principia
Mathematica podrían ser sustituidos por estos otros tres:
A1. (pq)[(q)(p)] A2. (¬pp)p A3. p(¬pq)
Pero aún hay más. Los axiomas podrían reducirse a uno. En este sentido Jean Nicod (que fue quién mostró esta
posibilidad) no hizo sino, como alguien ha dicho, extraer las consecuencias axiomáticas de los resultados de Sheffer
relativos a la reducción de todas las funciones monádicas y diádicas a una: la incompatibilidad, por ejemplo. Tomando
esta función como la única primitiva, es posible (mediante la utilización de dos reglas de inferencia, la regla de sustitución
y una regla de separación distinta de la que emplearon Russell y Whitehead) proceder a una axiomatización completa de la
lógica de enunciados. Completa, pero no cómoda. He aquí, en efecto, ese axioma omnipotente, que más tarde Lukasiewicz
y Sobocinski conseguirían acortar, y Wajsberg (en un alarde digno de ser cantado por Borges) dedujo de otro de la misma
longitud:
[p│q(│r)]│{[t│(t│t)]│<(s│q)│[(p│s)│(p│s]>}
Así pues, cuando hablamos de "el cálculo de enunciados" lo hacemos por abreviar. Porque hay distintos cálculos
de enunciados, distintas posibilidades de presentar axiomáticamente la teoría de las relaciones de inferencia entre
proposiciones sin analizar (sacado de Introducción a la lógica formal de A. Deaño, 1975).
2.3.3 El sistema axiomático de Hilbert
David Hilbert (Königsberg 1862 Göttingen 1943) fue un matemático alemán, reconocido como uno de los más
influyentes del siglo XIX y principios del XX. A él le debemos, a parte de la teoría de invariantes y los fundamentos del
análisis funcional, la axiomatización de la geometría.
Las investigaciones de Hilbert que más directamente han incidido en el desarrollo de la Lógica Matemática son
las referentes a los Fundamentos. En sus Grundlagen der Geometrie (1899) presenta la Geometría, como antes hiciera
Euclides, como una ciencia deductiva que procede de manera puramente lógica a partir de unos pocos axiomas
establecidos. El método axiomático en Matemáticas es atribuido, según la tradición, a Pitágoras, pero es a través de los
Elementos de Euclides como ha llegado hasta nosotros. Ahora bien, la axiomática tradicional era una axiomática intuitiva.
En ella, los conceptos básicos son considerados como intuiciones, y las proposiciones fundamentales como evidencias. El
progreso de la axiomática consiste, precisamente, en la eliminación progresiva de la intuición. En la axiomática formal
todas las evidencias no controladas han de quedar eliminadas. Axiomas tan evidentes como "el todo es mayor que la parte"
carecen de sentido cuando se consideran colecciones infinitas. De ahí surge la idea de evitar todo recurso a evidencias no
controladas y la renuncia a apoyarse en representaciones sensibles para figurar objetos ideales. Lo que se exige en la
axiomática moderna es, en cambio, la formalización: los objetos de la teoría estudiada y las relaciones que entre ellos se
establecen son expresados por símbolos "desprovistos de todas significación". Reciben, solamente a través de los axiomas,
de modo que en todas sus consideraciones la axiomática formal no utiliza más relaciones primitivas que las formuladas
expresamente por los axiomas.
La formalización estricta de una teoría exige, pues, la abstracción total de cualquier significado, dando como
resultado un sistema formal axiomático. Por sistema se entiende un conjunto (clase o dominio) de objetos entre los que se
establecen ciertas relaciones (y operaciones). Cuando los objetos del sistema son conocidos exclusivamente a través de las

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relaciones del sistema, el sistema es abstracto o formal. Quedan entonces, sin especificar lo que son los objetos en
particular, apareciendo, así, como objetos indeterminados, pero queda establecida la estructura del sistema. Cualquier
especificación ulterior de lo que sean los objetos suministra, entonces, una interpretación (o modelo) del sistema abstracto,
esto es, un sistema de objetos que satisface las relaciones del sistema formal. Y cuando los objetos indeterminados del
sistema formal no se definen o generan recursivamente (método genético), sino que entre ellos se establecen relaciones
que satisfacen ciertas suposiciones o condiciones y que se denominan axiomas del sistema formal, o estructura, entonces
el sistema formal es axiomático (sacado de Historiad e la lógica de Julián Velarde Lombraña, 1989)
La teoría así formalizada está constituida por las consecuencias deducidas de los axiomas mediantes reglas de
deducción lógicas, y eso, por tanto, aplicable a cualquier sistema de objetos que satisfaga los axiomas.
2.3.4 La axiomatización de la matemática de Peano
El matemático italiano Giuseppe Peano (1858-1932) elaboró a fines de siglo un sistema axiomático de aritmética
elemental, tomando como base nociones primitivas (no definidas) y cinco axiomas. La teoría de Peano es un logicismo, es
decir, considera que la matemática es reducible a la lógica y que la matemática es una rama de la lógica, o sea, que todas
las proposiciones de las matemáticas se pueden enunciar mediante vocabulario y la sintaxis de la lógica matemática, que
resulta así ser la disciplina matemática por excelencia.
Las tres nociones primitivas son cero, número y sucesor.
Los cinco axiomas del sistema de Peano son:
1. Cero es un número. 2. El sucesor de un número es un número. 3. Si dos números tienen un mismo sucesor, es
que son iguales. 4. Cero no es sucesor de ningún número. 5. Toda propiedad que convenga a cero y al sucesor de cualquier
número, supuesto que convenga también a ese cualquier número, conviene a todo número.
Para destacar los elementos no lógicos (en este caso, aritméticos) de los lógicos, se ha escrito en cursiva a los
primeros. Las palabras que no van escritas en cursiva representan el marco lógico en el que se insertan y al que se
sobreañaden los ingredientes específicos que constituyen la base de la aritmética. La diferencia entre unos y otros
elementos y la estructura de cada uno de esos axiomas se patentiza con más nitidez empleando lenguaje formal.
Si convenimos en designar a las tres nociones primitivas del sistema axiomático de Peano por los símbolos 0, N
y ' (y estipulando que el tercero de los símbolos mentados se adosará a un número "el sucesor de x' "), los anteriores
axiomas podrían ser formalizados de este modo:
P1 N0 P2 ∀x(NxNx') P3 ∀x∀y(Nx˄Ny˄x'=y'x=y) P4 ∀x(Nx⌐x'=0)
P5 ∀P(P0˄∀x(Nx˄PxPx')∀y(NyPy))
Peano elaboró la primera versión de su sistema en 1889, en su obra Arithmetices principia, con cuatro ideas
fundamentales y nueve axiomas. Posteriormente, en su Formulaire de mathématique (1897-99), estimó que algunos de
esos axiomas pertenecían más bien a la lógica y redujo el sistema a cinco proposiciones. A esa época corresponde la
versión en lenguaje ordinario reproducida aquí. El sistema de Peano sirve hoy, en lo esencial, de base a las modernas
axiomatizaciones de la aritmética. Pero con algunas precisiones y modificaciones que podemos resumir así:
Primero. La idea primitiva de "número", simbolizada N, denota el universo de discurso o dominio al que
originariamente hace referencia el sistema, y no necesita ser explícitamente relacionada como tal idea básica ni
explícitamente mencionada en los axiomas. Por esta razón los dos primeros axiomas: "0 es un número", "el sucesor de un
número es un número" no son propiamente axiomas, sino reglas de formación de fórmulas y términos, y pueden pasar por
tanto a la parte meramente gramatical del sistema ("cero es un término", "si a es un término, x' es un término", sin,
evidentemente, reglas gramaticales de formación de términos).
Segundo. En cambio resulta conveniente añadir al sistema dos nuevos signos primitivos: + y ·, denotativos,
respectivamente, de las operaciones de adición y producto. Ello lleva consigo la anexión de cuatro axiomas, dos para cada
uno de estos dos nuevos signos a los que definen recursivamente:
Axiomas de adición: ∀x(x+0=x) y ∀x∀y(x+y'=(x+y)')
Axiomatización de producto: ∀x(x·0=0) y ∀x∀y(x·y'=x·y+x)

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Tercero. Asimismo conviene precisar los límites de la plataforma lógica sobre la cual se hace descansar la
aritmética. El axioma correspondiente al principio de inducción matemática comienza haciendo referencia a "toda
propiedad". Pero esta referencia sólo puede ser formalmente explicitada de manera satisfactoria recurriendo a la lógica de
segundo orden, que permite la cuantificación de letras predicativas. De hecho, la quinta fórmula (el axioma formal P5) no
pertenece a la lógica elemental, dado que contiene la cuantificación de un predicado, P. En lógica de primer orden, sin
embargo, cabe formalizar ese principio, aunque sólo sea limitadamente, teniendo en cuenta que en este plano elemental las
letras predicativas no son variables, sino parámetros (y un parámetro predicativo puede ser interpretado en principio como
"cualquier" predicado).
Cuarto. Finalmente y en orden a precisar los límites de la plataforma lógica de la aritmética, hay que especificar
si esa plataforma es la lógica elemental sin la idea de igualdad o con esa idea. El sistema que hemos denominado L es la
lógica elemental pura (sin igualdad). Para ser sobreañadida a la lógica elemental pura, la aritmética de Peano necesita ser
provista además, por tanto de la idea de igualdad y axiomas complementarios.
2.3.6 La axiomatización de teorías científicas
La lógica formal ofrece un marco dentro del cual resulta posible controlar de modo riguroso la axiomatización
de teorías científicas no estrictamente lógicas, en especial las teorías matemáticas. Aunque no se recurra a la
formalización, la mera ordenación deductiva de los enunciados de una teoría científica en axiomas y teoremas permite
distinguir claramente en ella entre lo que se considera básico y lo que se considera derivado. Pero la inserción explícita de
los axiomas dentro del marco de la lógica formal proporciona además innegables ventajas: permite distinguir también con
análoga nitidez entre aquellas piezas estructurales que son específicas de la teoría y las que no lo son, como también y
sobre todo, asegurar al máximo el control racional de las consecuencias obtenidas. Por fundamentación lógica de una
teoría suele entenderse muchas veces, precisamente, la exposición axiomática de la misma dentro del marco explícito de la
lógica formal.
A las teorías que pueden ser formalizadas y axiomatizadas con la sola ayuda de la lógica elemental o de primer
orden, se las llama teorías de primer orden. El aparato de la lógica de primer orden es ciertamente muy sencillo. Sin
embargo es suficiente para servir de marco a la mayor parte de las teorías matemáticas, siempre, naturalmente, que se le
adicionen conceptos y principios propios de la teoría que se pretenda axiomatizar. Incluso la teoría de conjuntos (que
pretende servir a su vez de marco general al que pudiera reducirse toda teoría matemática) puede ser formalizada y
axiomatizada con el elemental aparato de la lógica de primer orden.
Por otra parte, aunque el campo propio de la aplicación del método axiomático sean las ciencias formales, como
la matemática y la lógica, también cabe ensayar el intento de aplicarlo a teorías empíricas. Sobre el valor epistemológico
de este intento se dividen las opiniones. La axiomatización no influye en la expansión de las ciencias empíricas tan
directamente como influye en la expansión de la matemática. Pero es sin duda alguna útil para la clarificación y el análisis
lógico y metodológico de las hipótesis y teorías que interesan a las ciencias empíricas. El lógico alemán Hermes
confeccionó en 1938 una axiomatización de la mecánica general. Henry Woodger ha ultimado recientemente una valiosa
axiomatización de la genética en la que venía trabajando desde varias décadas. Von Nemann y Morgenstern en 1948 y más
recientemente Suppes han axiomatizado la teoría económica de la decisión y la utilidad.
3. Los límites de los sistemas formales axiomáticos: Limitaciones del formalismo
En la década de los años treinta quedó truncada la fe que los formalistas habían puesto en el método axiomático
y en la posibilidad de resolver por procedimientos mecánicos cualquier problema lógico o matemático. El problema de la
decisión recibe una solución definitivamente negativa.
3.1.1 Teorema de Gödel
En el año 1931 publica Gödel su famosa memoria y que más impacto ha producido en la lógica moderna: Sobre
sentencias formalmente indecidibles de Principia Mathematica y sistemas afines. En la demostración de su primer
teorema de incompletud, Gödel utiliza un ingenioso procedimiento que permite construir enunciados aritméticos que
expresan proposiciones metateóricas. Un procedimiento semejante ya había sido previsto por Leibniz, aunque en forma

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inacabada y en un contexto diferente. Una típica sugerencia a la que recurrió Leibniz en sus escritos filosóficos fue la
siguiente: las ideas simples pueden ser expresadas mediante diferentes números primos, y las ideas complejas mediante
números compuestos (productos de primos). Por descabellada que nos parezca, esta idea fue la clave para que Gödel
encontrara la manera de construir fórmulas de corte aritmético que expresasen la propiedad de que determinados sistemas
formales fuesen consistentes. Al procedimiento por él utilizado se le conoce como método de la aritmetización.
Grosso modo, el método consiste en asociar biunívocamente números primos a los símbolos primitivos del
sistema, y números compuestos a los demás objetos del mismo (fórmulas, derivaciones). Este método hace posible
formular, mediante procedimientos recursivos, un extenso número de enunciados y razonamientos metateóricos en la
aritmética misma. De este modo, una operación aplicable a una determinada categoría de objetos queda representada
mediante una función aritmética, y una relación entre objetos del sistema queda representada por medio de una relación
aritmética entre los números correspondientes.
Cuando el sistema formal considerado es una formalización AR de aritmética recursiva, lo anterior da lugar a
una situación sui generis: los enunciados aritméticos que expresan sus propiedades metateóricas pueden formalizarse en el
sistema mismo, y éste contendrá parte de su metateoría (descripción, propiedades de sus objetos). Gödel lleva esta
situación al punto de construir una fórmula G (con número g) que, en tanto enunciado metateórico, afirma lo siguiente: la
fórmula correspondiente al número g no es derivable en AR. Así, la fórmula G "afirma" ser inderivable en AR y es de tal
naturaleza que sucede lo siguiente:
1) Si G es derivable en AR, entonces es falsa en tanto que enunciado aritmético.
2) Si G es derivable en AR, entonces es verdadera en tanto que enunciado aritmético.
La conclusión a la que llega Gödel es que si el sistema es consistente ni G ni su negación son derivables en el
sistema. En otras palabras: si el sistema es consistente, la fórmula G es indecidible y el sistema incompleto.
Esta demostración puede ser llevada a una gran variedad de sistemas formales, probándose con ello, y en contra
de lo que se podría haber esperado, que la completabilidad de la matemática es un hecho básico. Continuando por el
mismo camino, Gödel construye una fórmula aritmética C que expresa la condición de que el sistema es consistente, y
prueba que ésta es formalmente equivalente a la fórmula G, en el sentido de que si una de ellas fuese derivable, la otra
también lo sería. De aquí su segundo teorema de incompletud: si el sistema AR es consistente, la fórmula C que expresa su
consistencia no es derivable en el sistema. Esta demostración puede ser llevada a una gran variedad de sistemas formales,
probándose con ello, en contra de lo que de facto esperaba la escuela formalista, que la imposibilidad de probar la
consistencia de los más importantes sistemas formales en el interior de ellos mismos también es un hecho básico.
Una consecuencia de este resultado es la siguiente: si se logra demostrar por algún medio la consistencia de un
sistema formal capaz de formalizar la aritmética recursiva, la prueba no admite formalización en el sistema, a menos que
éste sea inconsistente. Esto significa, entre otras cosas, que para demostrar la no contradicción de un sistema que no sea
demasiado restringido es necesario recurrir a procedimientos de prueba que le son extraños y, en cierto sentido, más
poderoso de los que éste se vale. Esto señala un límite al modo en que podemos conocer las propiedades de los sistemas
formales y, aunque no despoja de todo sentido a las pruebas de no contradicción, modifica considerablemente su alcance.
La solución planteada por el segundo teorema de Gödel al problema de la consistencia de las teorías
matemáticas es exactamente la opuesta a la esperada por Hilbert. Según Hilbert, las teorías matemáticas habrán de formar
una suerte de pirámide, en cuya base se encontraría aquella formada por los elementos más simples. Esta base
autovalidativa, en el sentido de que encerraría la garantía de su no contradicción. A partir de ella se iría probando la
consistencia de los formalismos más poderosos, quizá con la ayuda de otras teorías cuya consistencia ya se hubiese
resuelto. No obstante, a la luz del teorema de Gödel, la situación es opuesta. En efecto, si acabar un sistema significa
probar su consistencia, es imposible contentarse con las suposiciones que en él se hacen, pues es necesario hacer la
siguiente presuposición, aquella que nos permita probar su consistencia. Por tanto, siguiendo con la metáfora, la pirámide
ha de ser invertida: para consolidar un piso, es necesario construir el siguiente (para asegurar un sistema es necesario
acabar el sistema que formaliza la prueba de su consistencia). En tal caso, la base de la pirámide se encuentra suspendida

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en la cúspide, una cúspide inconclusa por sí misma, y que debe ser elevada sin cesar. A fin de cuentas, si fundamentar las
matemáticas, como Hilbert pretende, consiste en probar la coherencia de sus principales teorías, la matemática se
fundamenta en la nada. Y esto es un resultado de innegable valor epistemológico.
3.1.2 Teorema de Church
Ya en el siglo XVII Leibniz soñaba con presentar los resultados de las matemáticas de forma tal que su
necesidad fuese consecuencia de su forma. Anhelaba llevar el estudio de los números y de las líneas a su perfección, al
menos en cuanto a los métodos de solución o a la demostración de la imposibilidad de hacerlo. Por ejemplo, habla de un
método que permitiese decidir si una ecuación diofántica tiene o no solución en números enteros, así como de un
procedimiento para dar cuadraturas para la geometría ordinaria.
Leibniz imaginaba igualmente una lingua philosophica o characterística universalis que no sólo sirviese para
comunicar el pensamiento sino también para pensar, una especie de hilo de Ariadna que nos guiase a través del laberinto
del raciocinio. Ésta habría de semejarse al álgebra, y soñaba con construir una especie de cálculo que facilitase el
pensamiento formal.
El sueño leibniciano debió aguardar más de doscientos años para al menos encontrar un lenguaje capaz de
reflejar la estructura lógica de las proposiciones. Couturat, ya en el siglo XX, sostiene, entusiasmado, que el simbolismo
lógico debe ser un algoritmo que permita extraer de los primeros datos (los axiomas) todas las conclusiones lógicas que
contengan, esto por medio de reglas de transformación de fórmulas análogas a las del álgebra. Clama, en otras palabras,
por un simbolismo que permita remplazar el razonamiento por el cálculo. Por su parte, Hilbert ve en los sistemas formales
un medio para decidir si son resolubles los problemas matemáticos expresables en ellos (a través de pruebas de
consistencia). Church, más sensible a las condiciones del problema, juzga imposible tal acontecimiento. Con su teorema
demuestra que ningún algoritmo o procedimiento mecánico podrá haber que nos permita distinguir las fórmulas que son
válidas de las que no lo son. La idea misma era descabellada: un procedimiento de tal índole permitiría conocer la verdad
(relativa a los axiomas) de todo enunciado matemático que se pudiese expresar en el sistema. Permitiría, por ejemplo,
decidir la verdad de la conjetura de Golbach o de las hipótesis de Riemann con sólo tener a la mano una máquina
computadora suficientemente poderosa como para llevar a cabo la ejecución del algoritmo. En este sentido, lo que el
teorema de Church nos dice es, simplemente, que dicho procedimiento no existe, que en el cálculo de predicados y varias
de sus extensiones no se puede decidir algorítmicamente cuáles fórmulas son derivables y cuales no (sacado de
Perspectivas en las teorías de sistemas, de VVAA. 1999).
3.1.3 La tesis de Turing
Al mismo resultado se llegó por las máquinas de Turing. Éstas dieron respuesta negativa a la pregunta de Hilbert
¿existe algún proceso definido (algoritmo) que pueda decidir cualquier enunciado matemático? Turing expuso su tesis
como un teorema demostrado. Utilizando su concepto de máquina teórica, logró demostrar que existen funciones que no
son calculables o resolubles por un método definido y en concreto que el ‘Entscheidungsproblem’ era uno de estos
problemas. Por este motivo tanto la tesis de Turing como la de Church son similares, al fin vienen a decir lo mismo, y se
fusionan: La tesis de Turing afirma que el conjunto de las funciones computables coincide con el número de las funciones
que puede calcular la máquina de Turing. Ambas tesis Turing y Church, son equivalentes. Por eso nos referimos a ambas
tesis como tesis de Church-Turing.
4. Conclusión
Como se ve, la matematización de ciertos problemas epistemológicos llevó a resultados irrebatibles que, no se
preveían en absoluto a comienzos del siglo XX. Se trata de teoremas limitativos, que imponen un límite a la capacidad de
formalización y expresión de los sistemas formales. En este sentido, las deficiencias señaladas por los llamados teoremas
limitativos pusieron fin a algunos de los viejos sueños de la razón, y esto de manera irrebatible. Ya no podemos imaginar
una razón matemática autovalidativa y encerrada en sí misma, sin saber que esto no es más que una elucubración
fantástica alejada de la verdad.
BIBLIOGRAFÍA:

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 GARRIDO, M., Lógica Simbólica, Tecnos, Madrid, (1977)
 DEAÑO, A., Introducción a la lógica formal, Alianza, Madrid, (1975)
 FERRATER MORA, J., Diccionario de filosofía, Alianza, Madrid, (2002)
 COCHO, G., Perspectivas en las teorías de sistemas, Siglo XXI, Madrid (1999)
 LOMBRAÑA, J., V., Historia de la lógica, Universidad de Oviedo, (1989)

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