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Libro: Cómo prevenir la soledad, la depresión y el suicidio en niños y jóvenes.

Capítulo 4. La soledad

La soledad es un factor fuerte que predispone al suicidio, por ello es de vital importancia que los
niños y jóvenes aprendan a relacionarse con sus semejantes, es decir, que logren establecer vínculos
significativos e íntimos con diferentes personas.

Este capítulo resalta el valor de desarrollar competencias interpersonales. La razón es sencilla: las
relaciones con las demás personas son una de las mayores fuentes de satisfacciones y alegrías. Por
el contrario cuando fallan, pueden ser el mayor motivo de infelicidad. Y la infelicidad es un
condimento peligroso.

SOLEDAD Y SUICIDIO

Sentirse solo es muy diferente de estar a solas. Esta última es una situación necesaria para el
desarrollo y el crecimiento personal de todo ser humano, pues son momentos de solaz en los que
la persona reflexiona sobre sus actos y proyectos, y obtiene la serenidad requerida para enfrentar
los retos cotidianos de la vida.

El problema es sentirse solo. Uno puede estar rodeado de mucha gente y sin embargo sentirse solo,
es decir, incapaz de crear o de mantener vínculos gratificantes con compañeros, amigos y otras
personas, y de participar de sus grupos.

Lo grave es que hoy muchos niños y jóvenes no saben cómo superar la soledad y cuando lo intentan,
fracasan. Desconocen los principios básicos de las relaciones humanas, el ABC: saludar, escuchar,
ayudar, compartir, etc; pues nadie se los ha enseñado tampoco a sentirse a gusto con ellos mismos,
a estar a solas y que la experiencia sea satisfactoria.

Un niño o un joven se siente solo cuando (tenga un cuenta estas circunstancias para identificar la
soledad):

 En la primera infancia (hasta los seis años), no establece o mantiene vínculos gratificantes
con la madre, el padre y los hermanos o cuando estos vínculos son conflictivos, distantes o
inseguros.
 En la segunda infancia (entre los seis y los diez años), cuando el niño fracasa al iniciar o
mantener vínculos con sus compañeros y profesores, o con los demás adultos del escenario
escolar. También cuando estos vínculos son conflictivos, distantes, evasivos o inseguros.
 En la primera adolescencia (de los once a los dieciocho años), cuando el joven fracasa al
establecer o mantener vínculos con grupos o amigos, o cuando no crea relaciones íntimas
con personas del sexo opuesto. Igual cuando dichas relaciones son conflictivas o distantes.

El punto es que las personas con escaso apoyo emocional – los más solos – tienen mayor propensión
a quitarse la vida. En los adultos las evidencias son irrefutables.

“En la mayoría de los estudios epidemiológicos del suicidio, se detecta que los pacientes casados o
con pareja estable tienen una incidencia de suicidio consumado inferior”.
La soledad es siempre mala consejera. Ni qué decir cuando un joven atraviesa un período difícil o
de indecisiones o de tremendos retos interpersonales.

Es más fácil enfrentar los problemas acompañado que solo: la amistad reparte las cargas entre dos
y eleva las alegrías al doble, como dicen. Preciso la medicina que necesitan tomas nuestros hijos, y
cuanto antes mejor: ¡La medicina de la amistad! Los seres humanos somos seres sociales y como
tales necesitamos relacionarnos con otras personas. Es mejor tener buenas compañías que estar
solo, sin la menor duda.

Así, la soledad tiene un vínculo estrecho con la fragilidad, que vimos en el capítulo anterior, y con la
depresión, que veremos más adelante, y que también representa un tipo de infelicidad profunda.

La soledad puede ser motivo de tristeza, al igual que la fragilidad, o una combinación de ambas. Por
su parte, la tristeza puede ser motivo de soledad o de fragilidad, o de ambas.

Para una prevención eficaz hay que fortalecer el carácter del niño o del joven como un todo. Hay
que enseñarles a ser resilentes, a desarrollar habilidades interpersonales y a tener una buena
relación con él mismo. Todo junto.

La infelicidad y el pesimismo concomitante son asuntos dolorosos situados peligrosamente cerca al


suicidio. Es el reverso de la felicidad y la mayor causante del deseo de desistir de la vida, ya que
psicológicamente es desolador llevar una vida infeliz.

Buscar la felicidad es un objetivo primordial de los seres humanos, pues los orienta hacia el bienestar
y los aleja del malestar.

Entonces, ¿qué relación tiene la dupla felicidad/infelicidad con la soledad? Muy directa. Múltiples
estudios han demostrado que las personas son felices si tienen suficientes vínculos afectivos y de
buena calidad. Suficientes significa muchos, más de los que uno podría imaginarse. La importancia
de los lazos con las personas radica básicamente en dos factores: el miedo a estar solos y la alegría
de tener con quienes compartir momentos gratos de la existencia, ya sean compañeros, colegas,
amigos o pareja. Cuantos más vínculos mejor. Es un asunto tanto de calidad como de cantidad.

Davin Niven estimó que los vínculos y los nexos afectivos con los demás – desde los familiares hacia
los amistosos e íntimos -, aportan la nada despreciable cifra del 60% al 70% de toda la felicidad
posible de un ser humano! Ser feliz es estar acompañado y estar acompañado es sinónimo de
felicidad. Es lo básico.

Cuando se es joven todavía importa más contar con una red de apoyo que brinde seguridad,
confianza y afecto. Tanto las amistades como las otras relaciones del niño o joven le sirven para
refugiarse en los momentos difíciles, para aprender a compartir y a comunicarse, para sentirse
valorado y apreciado y para sentirse participe de algo. Además, con mucha frecuencia las mayores
alegrías de la vida ocurren al interactuar con otras personas o grupos.

Tanto niños como jóvenes necesitan de las relaciones asimétricas y simétricas. Las primeras, al
obedecer, ser aceptado y querido por una figura de autoridad (padre, profesores, etc), dan sentido
de pertenencia a algo, a un hogar, ser miembro de algo mayor y contar con figuras orientadoras. Las
segundas, al compartir en igualdad de condiciones con sus congéneres, brindan la alegría de
compartir, la camaradería y la solidaridad al dar y recibir en mutuo beneficio.
Además de la gran cantidad de satisfacciones que podría obtener su hijo al interactuar de modo
fluido con quienes lo rodean, los vínculos por sí mismos son muy benéficos para él, pues cumplen
múltiples funciones a la vez. Las ventajas de los vínculos afectivos son innumerables (mi libro
Psicología de la soledad muestra cómo los vínculos humanos, son multifuncionales): son un apoyo
emocional, físico e informacional para el niño o joven que los cultiva, lo protegen contra las
enfermedades, el estrés, la soledad, la depresión y, por tanto, son magníficos previsores del suicidio.

Teniendo en cuenta, si su hijo está aunque sea levemente aislado, ¡preocúpese! O mejor: ocúpese.
Durante esos años definitivos se está perdiendo de la influencia positiva de sus semejantes – tan
necesarias en una época de extrema soledad afectiva como la actual -, como del mejor antídoto
contra las enfermedades físicas y psicológicas más peligrosas de los tiempos que corren: los vínculos
positivos íntimos con otros.

Y aquí llegamos al meollo del asunto: para lograr todas estas maravillosas relaciones, su hijo debe
tener suficientemente desarrolladas las COMPETENCIAS INTERPERSONALES, pues son la mejor
protección para sortear los incontables escollos que la vida ponga en su camino.

COMPETENCIAS AFECTIVAS

Las COMPETENCIAS AFECTIVAS se necesitan al relacionarse con el mundo. Se dividen en tres tipos:
las intrapersonales, las usamos para relacionarnos con nosotros mismos (éstas las veremos en
mayor profundidad en el siguiente capítulo); las sociogrupales nos permiten funcionar bien en los
grupos; y las interpersonales nos permiten relacionarnos adecuadamente con los otros y entender
cómo funciona la mente de los demás.

Competencias o habilidades interpersonales

La experiencia cotidiana demuestra que las relaciones sociales positivas son una de las mayores
fuentes de autoestima y bienestar personal. Además, la competencia interpersonal está
íntimamente ligada con el éxito, pues sin duda éste está más relacionado con las habilidades
interpersonales que con las habilidades intelectuales; aunque antes se pensaba lo contrario. En
consecuencia, es definitivo que sus hijos o estudiantes desplieguen sus mejores competencias
interpersonales.

Que sus hijos logren competencias interpersonales exige ayudarles a dominar la difícil trilogía:
conocer a los demás, valorarlos y saber interactuar con ellos de modo fluido y grato, en cada
circunstancia y con cada diferente personalidad. Con individuos aislados, tercos, agresivos,
egoístas… Tres tremendas tareas.

Y no sólo con las destrezas en sí mismas, sino que, al ganar destreza interpersonal, los niños y
jóvenes acumulan conocimientos de cada persona con quien interactúen. Este conocimiento es
importante, pues les ayuda a valorar con quiénes se sienten tan compatibles como para ser amigos
y, más adelante, durante la adolescencia, para elegir pareja.

Finalmente, saber interactuar les permitirá afianzar cualquier tipo de relación que establezcan, a la
vez que afianzan sus destrezas interpersonales, pues este proceso funciona como un círculo que se
retroalimenta todo el tiempo.
Le insisto: si su hijo se relacionan bien con quienes lo rodean, se sentirá más contento, satisfecho,
alegre y tendrá fortalecida la autoestima, lo que lo aleja de ideas pesimistas. Como puede deducirse
de lo anterior, desarrollar habilidades interpersonales es importante no sólo para la vida presente
del niño, sino que tiene inmensas repercusiones en su vida futura como joven y aún más como
adulto.

Además, un niño con escasa habilidad interpersonal puede tener problemas como que sus
compañeros lo rechacen o aíslen socialmente, muy asociado con bajo rendimiento escolar,
inadaptación a su medio escolar, problemas de conducta e indefensión. Cuando es un adolescente,
además de los problemas anteriores, puede presentar tendencia a la delincuencia y a adicciones
como alcoholismo y drogadicción. Estos síntomas, además de causar soledad, pueden evolucionar
hacia la depresión.

Es importante resaltar que las habilidades o competencias interpersonales son procesos adquiridos
y no rasgos de la personalidad. Lo cual es muy bueno, pues quiere decir que se aprenden. Entonces
si su hijo tiene alguna carencia, no desfallezca. Entrénelo y enséñelo a relacionarse mejor con los
demás.

A continuación le doy algunas sugerencias de actividades que puede hacer con sus hijos pequeños
para lograr tal fin:

 Promuévales oportunidades de jugar con otros niños. Los niños que tienen la oportunidad
de compartir con otros niños desde una edad temprana aprenden pronto los mecanismos
de las relaciones interpersonales y sin dificultad comparten y juegan con otros al entrar al
jardín infantil.
 Hable con sus hijos sobre sus relaciones y sobre los valores. Ayúdeles a tomar conciencia de
cada relación y de cómo funciona. Sin embargo, tenga en cuenta que estoy diciendo
conversar, no sermonearlos, prestándoles atención genuina sin desestimar sus
preocupaciones o sentimientos. No se trata de que los padres les solucionen los problemas
a los hijos, sino de que los ayuden a ver los diferentes ángulos de la situación y sus posibles
alternativas. De esta manera aprendan a tener una visión más amplia de lo que les pasa y
van entrenándose en el arte de resolver sus propios problemas de la mejor manera, después
de sopesar las consecuencias y las opciones. Eso sí siempre la resolución y la ejecución están
en manos del niño o del joven.
 Hable con sus hijos sobre los sentimientos. Asunto muy relacionado con el punto anterior.
Si ellos aprenden a identificar sus propias emociones y sentimientos, podrían ser capaces
de reconocerlos en sus semejantes y así es probable que sean más compasivos o empáticos
con ellos.
 Hablar con los niños sobre temas varios y estimularlos a que ellos también lo hagan desde
pequeños los hace expertos en las artes de la conversación y de la comunicación, dos
habilidades que les facilitarán la vida en todos los aspectos.
 Foménteles la costumbre de pensar en los demás y en los efectos que pueden tener sus
actos sobre quienes los rodean, ya sean sus familiares o sus amigos o compañeros. Los niños
que tienen en cuenta los sentimientos y las necesidades de los demás son más positivos y
se relacionan mejor con las personas que los rodean.
 Mantenga una actitud constructiva frente a los contratiempos interpersonales que pueden
sufrir sus hijos y motívelos a reaccionar de la misma manera. Los niños hábiles
interpersonalmente son resilentes, una gran cualidad. Recuerden que es probable que sus
hijos experimenten el rechazo, lo que es normal. Lo importante es cómo lo enfrenten y
cómo lo solucionen. Si se sienten rechazados o excluidos en algún momento, analicen juntos
la situación y motívelos para que ellos mismos descubran la posible razón del rechazo, qué
hacer la próxima vez que algo así ocurra y cómo evitarlo. Les tiene que quedar claro que ni
reaccionar agresivamente ni menospreciarse resolverá la situación.
 Esté disponible para sus hijos cuando lo necesiten, pero no intervenga en los contratiempos
con los otros. Déjeles solucionar sus problemas con sus pares, pero apóyelos desde la
distancia para que no se sientan abandonados. Recuerde que, como cualquier aprendiz,
necesitan práctica para afianzar sus habilidades interpersonales; tenga paciencia y
promuévales situaciones donde puedan entrenarse, por ejemplo, deles la oportunidad de
que pregunten algo en la calle, de que interactúen con la cajera en el supermercado o con
el vendedor de la tienda, etc. La vida sabrá agradecerle.
 Mantenga una actitud positiva con respecto a las demás personas. Recuerde que los niños
aprenden de lo que ven en sus padres. El ejemplo es de vital importancia a la hora de
fortalecerles las habilidades interpersonales.
 Si sus hijos son tímidos, estimúlelos a enfrentar retos interpersonales cada vez mayores. La
timidez es un serio impedimento a la hora de relacionarse, y por ello es importante evitarla.
 No permita que la televisión, el internet o los juegos electrónicos reemplacen las relaciones
que sus hijos entablen con otras personas. Interactuar con sus semejantes es invaluable
para el desarrollo global. No se trata de satanizar la tecnología sino de hacer un uso racional
de ella.
 Es definitivo estimularlo a interesarse por las demás personas, a sentir curiosidad por ellas
para que quiera descubrirlas y, así, valorarlas.
 No olvide que su labor como padre es enseñarles a sus hijos estas destrezas, fortalecérselas,
estimularlos a no aislarse y corregirlos cuando fallen en temas interpersonales, como, por
ejemplo, cuando se quedan callados, no saludan o son egoístas.
 Igual de importante que enseñar a entablar relaciones es enseñarles a profundizar dichas
relaciones, a sortear los conflictos que se presenten y continuar la relación o reconocer
cuándo es mejor romper el vínculo de un modo civilizado. Piense que si usted no se
apersona de esta labor, entonces, ¿quién? A usted es a quien más le interese el bienestar
de sus hijos.

El objetivo de tener buenas habilidades interpersonales es poder comunicarse y relacionarse con


los demás para, de esta manera, ahuyentar la soledad. Pero, ¿Cuáles son esas habilidades? La página
web Déjalo Ser las resume de la siguiente manera:

 Conocimiento de los demás.


 Reciprocidad entre lo que se da y lo que se recibe (si un niño es amistoso, recibe
amistad; si es hostil, probablemente serán hostiles con él).
 Empatía (habilidad para ponerse en el lugar del otro).
 Intercambio en el control de la relación, que permite aprender a dirigir, pero también
a seguir directrices de otros.
 Colaboración y cooperación al trabajar en grupo.
 Autocontrol y autorregulación de la propia conducta en función de la
retroalimentación que recibe de los demás.
 Aprendizaje del rol sexual, desarrollo moral y aprendizaje de valores aceptados por el
grupo.
 Asertividad.
 Comunicación eficaz.

Mientras se comunican, discuten o juegan, las personas obtienen valiosos conocimientos sobre sus
interlocutores. Tal es el sentido final de las relaciones, pienso yo: conocer mejor a los otros, pues en
cada interacción afloran nuevos conocimientos y se refutan o validan viejos, de allí que el diálogo
sea cada vez más fluido, profundo e íntimo. Esta última es la palabra crucial: intimidad.

La comunicación intima no se da con cualquier persona. Tendemos a ser muy selectivos en cuanto
a este tipo de comunicación, por lo general, los elegidos son a quienes consideramos amigos. El
motor que estas operaciones interpersonales es el afecto, que el niño comienza a expresar en la
familia, se extiende luego a los compañeros, después a los amigos hasta alcanzar a la pareja.

Entonces es importante preparar a sus hijos en el arte de la buena y eficaz comunicación. Y debe
comenzar muy pronto dicho entrenamiento, porque gran parte del éxito o del fracaso de todos los
aspectos de la vida, especialmente de la íntima y de pareja, depende de tener desarrollada la
capacidad de comunicarse adecuadamente.

La asertividad

Una de las habilidades que considero más importantes al relacionarse con los demás: la asertividad,
estrechamente relacionada con una autoestima alta.

Ser asertivo significa ser capaz de expresar los propios sentimientos e ideas de una manera clara y
de defender los derechos personales, sin negar los derechos de los demás, con confianza en uno
mismo.

Es una actitud ubicada a mitad de camino: ni pasiva, ni agresiva. Se refleja no sólo en el lenguaje
verbal sino en el no verbal: como en la postura corporal, en los ademanes o gestos del cuerpo, en la
expresión de la cara y en la voz.

Una persona asertiva suele ser tolerante, acepta sus errores, propone soluciones factibles sin ira, es
segura de sí misma y les pone límites pacíficamente a las personas que lo atacan.

Teniendo en cuenta lo anterior, sobra decir lo importante que es que sus hijos aprendan y afiancen
esta habilidad de comunicación interpersonal. Con esta serán eficaces a la hora de comunicar sus
sentimientos e ideas y no se sentirán incomodos al hacerlo. También serán capaces de ponerles
límites a los demás y de defender, sin violencia, dichos límites.

Cuando un niño es asertivo comprende que cada quien puede tener sus propias opiniones, aunque
en algún momento cambie de idea. También se siente capaz de pedir ayuda o apoyo emocional y
de expresar el dolor. Además, reconoce sus propias necesidades y sabe que son tan importantes
como la de los demás.
Para finalizar, le menciono algunos comportamientos que motivan a su hijo a afianzar su actitud
asertiva:

 Sonreír.
 Saludar.
 Hacer favores.
 Ser cortés y amable.
 Jugar con otros.
 Ayudar.
 Compartir.
 Iniciar conversaciones.
 Expresas sus emociones.
 Defender sus propios derechos.

No me canso de repetir lo importante que es para sus hijos saber relacionarse de manera
satisfactoria con las personas que lo rodean, pues así no se aísla ni se siente solo. Las habilidades
que desarrolla en la interacción con las demás personas lo fortalecen y, en esa medida, lo hacen
sentirse menos vulnerable al suicidio y también lo hacen sentirse más contento con la existencia.
Recuerde que todo el proceso es como un círculo. Si hay carencias, es un círculo vicioso. Si hay
fortalezas, es un círculo virtuoso y protector.