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Diciembre

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Lección

11

 Signs of the Times, 28 de Noviembre 1906


1
De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más
1 joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas
cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te
ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras. Esto
dijo, dando a entender con qué muerte había de
glorificar a Dios. Y dicho esto, añadió: Sígueme.
Antes de su muerte, Jesús le había dicho: ‘Donde
yo voy, no me puedes ahora seguir; mas me
seguirás después’... A fin de que quedase
fortalecido para la prueba final de su fe, el
Salvador le reveló lo que le esperaba. Le dijo que
después de vivir una vida útil, cuando la vejez le
restase fuerzas, habría de seguir de veras a su
Señor. Jesús dijo: ‘Cuando eras más mozo, te
ceñías, e ibas donde querías; mas cuando ya
EL TEMA MÁS IMPORTANTE

fueres viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá


otro, y te llevará a donde no quieras. Y esto dijo,
dando a entender con qué muerte había de
glorificar a Dios.
Jesús dió entonces a conocer a Pedro la manera
en que habría de morir. Hasta predijo que serían
extendidas sus manos sobre la cruz. Volvió a
ordenar a su discípulo: ‘Sígueme.’ Pedro no
quedó desalentado por la revelación. Estaba
dispuesto a sufrir cualquier muerte por su Señor.

Juan 21:18, 19; El Deseado de Todas las Gentes, págs. 753, 754
2
Volviéndose Pedro, vio que les seguía el discípulo
2 a quien amaba Jesús, el mismo que en la cena se
había recostado al lado de él, y le había dicho:
Señor, ¿quién es el que te ha de entregar?
Cuando Pedro le vio, dijo a Jesús: Señor, ¿y qué
de éste? Jesús le dijo: Si quiero que él quede
hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú.
Mientras Pedro andaba al lado de Jesús, vió que
Juan los estaba siguiendo. Le dominó el deseo de
conocer su futuro, y ‘dice a Jesús: Señor, ¿y éste,
qué? Dícele Jesús: Si quiero que él quede hasta
que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú.’ Pedro
debiera haber considerado que su Señor quería
revelarle todo lo que le convenía saber. Es deber
de cada uno seguir a Cristo sin preocuparse por
EL TEMA MÁS IMPORTANTE

la tarea asignada a otros. Al decir acerca de Juan:


‘Si quiero que él quede hasta que yo venga,’
Jesús no aseguró que este discípulo habría de
vivir hasta la segunda venida del Señor. Aseveró
meramente su poder supremo, y que si él
quisiera que fuese así, ello no habría de afectar
en manera alguna la obra de Pedro. El futuro de
Juan, tanto como el de Pedro, estaba en las
manos de su Señor. El deber requerido de cada
uno de ellos era que le obedeciesen siguiéndole.

Juan 21:20-22; El Deseado de Todas las Gentes, pág. 754


3
Si me amáis, guardad mis mandamientos.
3 Y este3 es el amor, que andemos según sus
mandamientos. Este es el mandamiento: que
andéis en amor, como vosotros habéis oído desde
el principio.
El amor es de Dios... es el móvil de las acciones.
Modifica el carácter, gobierna los impulsos,
restringe las pasiones, subyuga la enemistad y
ennoblece los afectos. Este amor atesorado en el
alma endulza la vida y derrama una influencia
purificadora sobre todos los que están en derredor.
Nótese, sin embargo, que la obediencia no es un
OBEDIENCIA A SUS MANDAMIENTOS

mero cumplimiento externo, sino un servicio de


amor. La ley de Dios es una expresión de la misma
naturaleza de su Autor; es la personificación del
gran principio del amor, y es, por lo tanto, el
fundamento de su gobierno en los cielos y en la
tierra. Si nuestros corazones están renovados a la
semejanza de Dios, si el amor divino está
implantado en el alma, ¿no se cumplirá la ley de
Dios en nuestra vida? Cuando el principio del amor
es implantado en el corazón, cuando el hombre es
renovado a la imagen del que lo creó, se cumple en
él la promesa del nuevo pacto... La obediencia, es
decir el servicio y la lealtad que se rinden por
amor, es la verdadera prueba del discipulado.
Juan 14:15, 21, 2 Juan 1:6; El Camino a Cristo, págs. 59, 60
4
4 Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si
guardamos sus mandamientos. El que dice: Yo le
conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es
mentiroso, y la verdad no está en él; pero el que
guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor
de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que
estamos en él.
Muchos no están cumpliendo las condiciones de
aceptación por el Padre. Necesitamos examinar
detenidamente las disposiciones que se han hecho
para aproximarnos a Dios. Si somos desobedientes,
OBEDIENCIA A SUS MANDAMIENTOS

traemos al Señor un pagaré para que él lo haga


efectivo cuando no hemos cumplido las condiciones
que lo harían pagadero a nosotros. Presentamos a
Dios sus promesas y le pedimos que las cumpla,
cuando, al hacerlo, él deshonraría su propio nombre.
Uno de los últimos mandamientos que Cristo diera a
sus discípulos fue: ‘Que os améis los unos a los otros:
como os he amado’ ¿Estamos obedeciendo este
mandato, o estamos condescendiendo con rasgos de
carácter hirientes y no cristianos? Si de alguna forma
hemos agraviado o herido a otros, es nuestro deber
confesar nuestra falta y buscar la reconciliación. Esta
es una condición esencial para que podamos
presentarnos a Dios con fe y pedir su bendición.

1 Juan 2:3-5; Palabras del Gran Maestro, págs. 109, 110


5
Un mandamiento nuevo os doy: Que
5 os améis unos a otros; como yo os he
amado, que también os améis unos a
otros. En esto conocerán todos que
sois mis discípulos, si tuviereis amor
los unos con los otros.
Este amor es la evidencia de su
discipulado. ‘En esto conocerán todos
que sois mis discípulos—dijo Jesús, —
si tuviereis amor los unos con los
otros.’ Cuando los hombres no están
vinculados por la fuerza o los
intereses propios, sino por el amor,
manifiestan la obra de una influencia
que está por encima de toda
PROFUNDO AMOR MUTUO

influencia humana. Donde existe esta


unidad, constituye una evidencia de
que la imagen de Dios se está
restaurando en la humanidad, que ha
sido implantado un nuevo principio
de vida. Muestra que hay poder en la
naturaleza divina para resistir a los
agentes sobrenaturales del mal, y que
la gracia de Dios subyuga el egoísmo
inherente en el corazón natural.

Juan 13:34, 35; El Deseado de Todas las Gentes, pág. 632


6
El que dice que está en la luz, y aborrece a su hermano,
6 está todavía en tinieblas. El que ama a su hermano,
permanece en la luz, y en él no hay tropiezo. Pero el que
aborrece a su hermano está en tinieblas, y anda en
tinieblas, y no sabe a dónde va, porque las tinieblas le han
cegado los ojos. Nosotros sabemos que hemos pasado de
muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no
ama a su hermano, permanece en muerte.
Nadie puede odiar a su hermano, ni siquiera a su
enemigo, sin quedar bajo condenación.
He estado meditando en lo poco que apreciamos las
definidas declaraciones de la Palabra de Dios con respecto
a nuestras relaciones mutuas. Existe ese egoísmo en el
corazón humano que nos induce a concentrar nuestros
pensamientos en nosotros mismos; e incluso entre los que
mantienen relación con Dios, nos sentimos apenados a
PROFUNDO AMOR MUTUO

veces al ver cuántos de sus pensamientos se concentran


en sí mismos de manera que no ven ni sienten las
necesidades de los demás. Estamos relacionados los unos
con los otros en la gran tela de la humanidad, y en todas
nuestras relaciones mutuas debiéramos manifestar la
actitud de Cristo. Cerrar los ojos frente a las necesidades
de los que perecen, dejar que los pecadores sigan sin
amonestar, y que debido a nuestra indiferencia y egoísmo
se sientan tentados a decir: ‘Nadie se preocupa de mi
alma’, equivale a deshonrar a Dios y acarrear baldón sobre
su causa. Nuestra obra debe edificarnos en la santísima fe.

1 Juan 2:9-11; 3:14; The Youth’s Instructor, 13 de enero 1898, Cada Día con Dios, pág. 272
7
Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si
7 vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis
verdaderamente mis discípulos.
Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas
el que persevere hasta el fin, éste será salvo. Mas el que
persevere hasta el fin, éste será salvo.
Somos soldados de Cristo; y se espera de aquellos que se
registran en su ejército que realicen faenas difíciles, faenas
que agotarán sus energías en grado sumo. Debemos
entender que la vida de un soldado conlleva lucha agresiva,
perseverancia y fortaleza. Debemos soportar pruebas por el
amor de Cristo. No estamos involucrados en batallas de
gestos. Debemos enfrentar adversarios muy poderosos;
‘porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra
principados, contra potestades, contra los gobernadores de
PROFUNDO AMOR MUTUO

las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de


maldad en las regiones celestes. Debemos encontrar nuestra
fortaleza en el mismo lugar donde la encontraron los
primeros discípulos. ‘Todos estos perseveraban unánimes en
oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de
Jesús, y con sus hermanos’. ‘Cuando hubieron orado, el lugar
en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos
del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la Palabra de
Dios. Y la multitud de los que habían creído era de un
corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de
lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común.
Juan 8:31, Mateo 10:22; 24:13; Testimonios para la Iglesia, tomo 6, pág. 144