Sei sulla pagina 1di 45

UNIVERSIDAD DE SAN CARLOS DE GUATEMALA

CENTRO UNIVERSITARIO CUNSOL


Facultad de Ciencias jurídicas y sociales,
Abogacía y Notariado
243 LÓGICA JURÍDICA

DOCUMENTO DE APOYO

INTRODUCCIÓN A
LA LÓGICA JURÍDICA

Nombre del estudiante ______________________________

Carné No. ______________________________________

Lic. Fredy Arnoldo Urizar Rangel


Catedrático

Sololá 2018
Documento transcrito por el Lic. Wilmer Martín Quim C. Catedrático del curso Lógica Jurídica de la Facultad de Ciencias
Jurídicas y Sociales de la Tricentenaria Universidad de San Carlos de Guatemala, Centro Universitario del Norte CUNOR.
Retomado de Introducción a la Lógica Jurídica de Aqueche Juárez, Héctor y Padilla M. Luis Alberto. Talleres de la Editorial
Universitaria, Guatemala 1984.
ÍNDICE

INTRODUCCIÓN iii
CAPÍTULO I
PRINCIPIOS FUNDAMENTALES
1. La lógica jurídica: campo de aplicación 01
2. El método científico y su aplicación a la ciencia jurídica 01
a) Deducción e inducción 02
b) La investigación científica en el campo del derecho 02
c) El método dialéctico 02
3. Relaciones de la lógica con otras ciencias 03
a) El pensamiento y sus factores 04
b) Funciones del lenguaje 04

CAPÍTULO II

LOS PRINCIPIOS LÓGICOS SUPREMOS APLICADOS AL DERECHO

1. El Principio de identidad 05
2. El principio de no-contradicción 06
3. El principio de tercero excluido 07
4. El principio de razón suficiente 08

CAPÍTULO III

TEORÍA DEL CONCEPTO JURÍDICO

1. Explicación inicial 11
2. Determinación de su contenido y conexión con otros conceptos……………………………….. 11
3. Clasificación de los conceptos jurídicos 12
A. Desde el punto de vista de los objetos a que se refieren 12
1) Conceptos lógico-jurídicos 12
2) Conceptos ontológicos jurídicos 12
B. Desde el punto de vista de su extensión. 13
1) Singulares 13
2) Plurales 13
3) Universales 13
C. Desde el punto de vista de su contenido 13
D. Desde el punto de vista de sus relaciones recíprocas 13
1) Compatibles e incompatibles 13
2) Relaciones de coordinación y de supra-subordinación entre conceptos jurídicos 14
3) Teoría de las definiciones jurídicas 14
CAPITULO IV

TEORÍA DEL JUICIO JURÍDICO

1. Estructura del juicio político 17


2. Esencia del juicio jurídico 18
3. Clasificación de los juicios jurídicos 18
A. La norma desde el punto de vista de la cualidad 19
a) Normas primitivas 19
b) Norma prohibitivas o negativas 19
B. La norma desde el punto de vista de la cantidad 19
C. La norma desde el punto de vista de la relación 20
a) Ponendo ponens 21
b) Tollendo ponens 21
c) Ponendo, tollens 21
d) Tollendo, tollens 22
D. Las normas jurídicas desde el punto de vista de la modalidad

CAPÍTULO V
TEORÍA DEL RACIOCINIO JURÍDICO

1. La deducción silogística y la aplicación de normas 25


a) El razonamiento silogístico 25
La premisa mayor 25
La premisa menor 26
Conclusiones 26
2. Argumento específicos de la lógica jurídica 27
2.1. Argumento de analogía 27
a) Argumento a simili ad simili 27
b) Argumento a moire ad minus 28
c) Argumento a minore ad maius 28
d) Argumento a contrario 29
3. Las normas jurídicas y el principio de contradicción 29
3.1. Principio especial de contradicción 29
3.2. Conflictos de oposición contradictoria 30
3.2.1. Conflictos intrasistemáticos que derivan de una misma fuente …………………………… 30
a) Entre normas de jerarquía diferente 30
b) Intrasistemáticos entre normas de igual jerarquía 31
c) Conflictos intrasistemáticos de origen jurisprudencial 32
d) Conflictos intrasistemáticos entre normas jurídicas consuetudinarias………………………… 33
3.2.2. Conflictos intrasistemáticos entre normas que proceden de fuentes distintas… 33
a) Oposición jurisprudencia – legislación 33
b) Oposición costumbre – legislación 34
3.2.2. Conflictos intersistemáticos 35
CUADRO DE OPOSICIONES CONTRADICTORIAS POSIBLES 36
INTRODUCCIÓN:

El curso de Lógica Jurídica ha carecido por mucho tiempo de un texto ajustado al programa que
pueda proporcionar a los estudiantes una información elemental que les permita orientar sus
estudios de una manera adecuada y coherente.

El presente trabajo tiene sobre todo esa finalidad: dotar a los estudiantes de un ―pequeño
manual‖ que les sirva para ordenar sus conocimientos y complementar así las exposiciones orales
de los catedráticos del curso y los apuntes que sobre ellas generalmente elaboran los alumnos.

El mismo se encuentra basado en el programa oficial vigente en 2010, así en la primera parte
del mismo se enfocan las cuestiones relacionadas con los principios fundamentales de la lógica
jurídica: su campo de aplicación, relaciones con otras ciencias, funciones del lenguaje, y, sobre
todo, lo relativo a los nexos y diferencias entre la lógica formal y la lógica material o científica
(dialéctica) aplicada al Derecho, poniendo especial cuidado en subrayar la complementariedad
y no oposición entre ambas.

En seguida, en la primera parte del texto, se trata lo relativo a la lógica formal aplicada al
derecho. Se ha tratado de seguir en la medida de lo posible las directrices del profesor Eduardo
García Maynez, expuestas en sus libros de lógica jurídica1 y que, -desafortunadamente-, se
encuentran agotados.

Así, en una primera sección se exponen lo concerniente a los principios lógico-supremos


aplicados al derecho: el principio de identidad, el de no-contradicción, tercero excluido y razón
suficiente. A continuación se tratan los aspectos teóricos relacionados con los conceptos
jurídicos, punto en el cual los estudiantes comenzarán a notar la íntima relación que existe entre
el curso de Lógica y el de Introducción al Derecho, ya que en él se hace una exposición acerca
de los conceptos jurídicos fundamentales y acerca de las definiciones en el campo del derecho,
como temas centrales. La segunda sección de la parte de lógica formal jurídica concierne a la
teoría del juicio, y en ella, además de temas tradicionales, tales como la clasificación de los
juicios y su manifestación en el terreno legal, es de especial importancia lo relacionado con el
análisis de los juicios jurídicos, esto es, para lo que concierne a la lógica formal aplicada al
derecho, se trata del análisis de las normas jurídicas a fin de que los futuros abogados se
ejerciten en la descomposición de los elementos simples de las distintas normas contenidas en
los articulados de códigos y leyes. Finalmente, la segunda parte se refiere a la teoría del
raciocinio jurídico, con especial énfasis en la silogística y en el razonamiento analógico, puntos
en los cuales hemos tenido especial cuidado también de señalar ejemplos de manera constante,
a fin de que haya una cabal comprensión de la manera cómo los aspectos de naturaleza teórico-
abstracto se vinculan con las situaciones jurídicas concretas y particularmente con la aplicación
deductiva de normas generales a los casos específicos.

La exposición que los estudiantes encontrarán a continuación debe situarse también dentro del
marco de los objetivos generales y específicos del curso, es decir, la adquisición de
conocimientos básicos de lógica formal aplicada al derecho para mejorar su capacidad de
interpretación y análisis de la legalidad estatal vigente, así como la adquisición de una
información elemental acerca de las modalidades de aplicación de la metodología científica al

1Cf. García Maynez, Eduardo. Introducción a la Lógica Jurídica, Lógica del Concepto Jurídico, Lógica del Juicio Jurídico, Lógica
del Raciocinio Jurídico. DIANOIA, Fondo de Cultura Económica, México, D.F.
campo del derecho, único procedimiento capaz de proporcionar a los alumnos los instrumentos
para establecer la verdad o falsedad de los juicios y razonamientos jurídicos, así como las causas
de la ingente problemática de la legalidad y la justicia en Guatemala.

Finalmente, en la medida que los objetivos generales se cumplan de manera adecuada, los
cursantes estarán mejor preparados, tanto para demostrar mayor destreza y habilidad en el
manejo e interpretación de códigos, leyes y reglamentos, como para el ejercicio constante de
su sentido crítico, el cual los debe llevar necesariamente a cobrar conciencia de la determinación
de los fenómenos jurídicos por la instancia económica, así como por los moldes ideológicos que
responden también a la estructura económico-social del país.
CAPÍTULO I
PRINCIPIOS FUNDAMENTALES

1. La lógica Jurídica: Campo de aplicación.


Previamente a tratar en qué consiste la lógica jurídica, es necesario recordar algunos
elementos que conciernen a la lógica general. Así, de una manera esquemática y simplificada,
podemos afirmar que la lógica general es una disciplina filosófica (en la medida que se aplica a
todas las ciencias) que tiene como función primordial establecer los cánones o reglas del
pensamiento correcto, así como determinar los métodos para que nuestro pensamiento sea
adecuado a la realidad objetiva, esto es, a la verdad.

Por consiguiente, nosotros le asignamos a la lógica, además de su función tradicional


como ciencia del pensamiento correcto, una función que tradicionalmente se ha reservado para
la teoría del conocimiento o epistemologías. Sin embargo, esta última en la medida que es
también una disciplina filosófica, creemos que puede perfectamente incluirse dentro de lo que
comúnmente se ha denominado lógica dialéctica, material o científica. Es decir, la lógica general
posee –según esta perspectiva-, dos grandes vertientes: una de ellas se refiere a la ―razón
pura‖, como lo designaría Kant, y en esa medida tiene que ver con la corrección o incorrección
de nuestros discursos mentales, y concretamente con la manera como definimos conceptos,
elaboramos juicios o razonamos a partir de premisas generales (por vía deductiva) y a ella la
llamaremos lógica formal. La otra vertiente es relativa a la metodología necesaria para alcanzar
la verdad, para distinguir lo cierto de lo falso, en suma para adecuar nuestro pensamiento a la
realidad objetiva. Obviamente, esta gran rama de la lógica general tiene que usar
procedimientos más sofisticados e instrumentos analíticos mucho más finos, que van desde
aquéllos que normalmente se asignan a la metodología científica (formulación de problemas,
diseño y comprobación de hipótesis, técnicas de investigación, elaboración de diagnósticos y
pronósticos) hasta la utilización y uso correcto de las categorías y principios fundamentales del
método dialéctico, razón por la cual la denominaremos lógica dialéctica. Ahora bien, en lo
concerniente al “campo de aplicación” de la lógica jurídica (que es, fundamentalmente, la lógica
general –formal y dialéctica- aplicada al derecho) simplemente diremos que el mismo está
constituido por todo aquello que posee relevancia jurídica y que por consiguiente, puede ser
calificado como fenómeno jurídico. De esta suerte, el campo de aplicación de la lógica jurídica
va desde el estudio analítico de las normas y leyes hasta el de las formas de razonamiento
manifiestas en la elaboración de sentencias y autos de los tribunales, o sea que se aplica tanto
al examen de la normatividad jurídica estatal como al de la jurisprudencia de los órganos
jurisdiccionales. Asimismo, la lógica jurídica se aplica también a la investigación de problemas
jurídicos (con el fin de establecer sus causas y proponer soluciones) y a la investigación de las
causas determinantes de la evolución histórica del derecho. Un último –pero no menos
importante- terreno de la aplicación de la lógica jurídica (en su vertiente dialéctica) sería el de
la explicación de los contenidos ideológicos de las normas (cristalización de intereses económico-
sociales) y el de la planificación de instrumentos jurídicos para promover transformaciones
estructurales a nivel sociopolítico.

2. El método científico y su aplicación a la ciencia jurídica.


Por “método” se entiende genéricamente el conjunto de procedimientos, pasos o medios
para llegar a un fin determinado. En el caso de las ciencias este conjunto de procedimiento (que
incluye a las técnicas como elementos particulares) es siempre de carácter riguroso y tiene por
finalidad esencial la producción de conocimientos. Se entiende que conocimiento es la

7
formulación a través del pensamiento de descripciones, explicaciones o predicciones acerca de
un determinado objeto que ha sido sometido a la atención del sujeto cognoscente (o científico).

Por consiguiente, la ciencia tiene esas tres funciones esenciales: la descripción, la


explicación y la predicción. El conocimiento descriptivo es esencialmente analítico
(descomposición en elementos simples) y sintético (recomposición, reconstrucción comprensiva
del objeto conocido), mientras que el explicativo es naturaleza causal, es decir, que utiliza las
categorías de causa y efecto como instrumentos indispensables de su labor, y el predictivo tiende
a establecer pautas futuras de comportamiento o líneas de evolución de los fenómenos y
acaeceres, sean estos naturales o sociales, y que por lo general se expresan en leyes o bien en
pronósticos que frecuentemente asumen el carácter de necesarios.

Así, pues, el método científico se plantea como tarea fundamental la obtención de


conocimientos acerca de objetos dados, y por lo tanto, el mismo se emplea en el campo del
derecho cada vez que se necesita conocer un determinado fenómeno (una ley, un proceso
judicial, una costumbre jurídica) o bien cada vez que se demanda la solución de un determinado
problema jurídico.

a) Deducción e inducción.
Deducción es el razonamiento lógico formal que se basa en premisas de carácter general (juicios
universales) para obtener –inferir- conclusiones de naturaleza particular. La inducción, por el
contrario, se apoya en observaciones, experimentos o estudios de casos, para, a partir de éstos,
obtener conclusiones de tipo general, o sea que sigue el camino inverso al de la deducción al ir
de lo particular a lo general. Ambos procedimientos son de naturaleza lógica y por ende,
científicos. Ambos se emplean constantemente en la ciencia jurídica, aunque el primero de ellos
se utiliza normalmente en el estudio de las leyes y procesos jurídicos, y el segundo en la
investigación de problemas de relevancia jurídica. El capítulo segundo de este trabajo se ocupará
así de la deducción en materia de derecho (la silogística, el estudio del concepto y del juicio)
mientras que el tercero enfoca lo concerniente a la inducción como método idóneo para resolver
problemas jurídicos, entre otros temas relativos a la lógica dialéctica.

b) La investigación científica en el campo del derecho.


Todo proceso de investigación científica parte de la formulación de un problema, esto es, de la
formulación de interrogantes acerca de las causas que provocan una determinada situación,
cuya naturaleza es tal que se desea actuar sobre ella a fin de cambiarla, modificarla o
transformarla. Así en el campo del derecho, hay una innumerable cantidad de situaciones que
posee una “naturaleza” tal que hace indispensable la investigación de sus factores
determinantes, a fin de resolverlas, vale decir, transformarlas, modificarlas. Un ejemplo de ello
lo constituye el problema –en derecho penal- de la no rehabilitación del delincuente, o bien, en
otros términos, del carácter esencialmente represivos de los establecimientos penitenciarios.
Frente a esta situación, un equipo de juristas que deseara señalar causas (hacer un diagnóstico)
debería formular ciertas hipótesis (carencia de establecimientos educativos en los centros
penales, ausencia de atención psicológica o psiquiátrica para el recluso, ausencia de
oportunidades de trabajo al salir de prisión, etc.) a fin de orientar el proceso de investigación
(hipótesis es esencialmente una respuesta provisional o supuesto explicativo de determinado
problema) que, apoyándose en técnicas precisas (encuestas, entrevistas, cuestionarios,
estadísticas) pudiese obtener datos suficientes a fin de comprobar o no algunas de las hipótesis
y concluir haciendo un diagnóstico acertado, lo cual puede conducir al descubrimiento de los
medios de atacar el problema a fin de solucionarlo satisfactoriamente. Este método se emplea
indistintamente para el tratamiento de cualquier clase de problemas jurídicos: así en derecho
8
civil se podría plantear como tal la existencia de un subsistema de derecho consuetudinario
indígena; en derecho constitucional la ineficacia o no funcionalidad de las normas que establecen
el recurso de habeas corpus; en derecho laboral la ineficiencia de los mecanismos procesales o
bien la obstaculización constante de la organización y actividad sindical y el derecho de huelga.

c) El método dialéctico.
Este método es inherente a la lógica dialéctica, esto es que debe entenderse que la lógica
dialéctica opera siempre con el método dialéctico. El término ―dialéctica‖ proviene del griego
antiguo, y su significado original nos remite al concepto de ―dialogo‖, ya que los griegos lo
usaban como instrumento de la argumentación y la discusión. La idea de movimiento está así
implícita ya en la concepción primitiva del concepto, desde luego que toda discusión requiere el
planteamiento de tesis y de antítesis, las cuales eventualmente se resuelven en una síntesis.
Además de la idea de cambio y movimiento, en dicha concepción se percibe ya el carácter
contradictorio de este tipo de razonamiento, distinto –por ese motivo- del razonamiento lógico
formal. Todas estas nociones fueron tomadas por Hegel2 para construir su formidable sistema
filosófico, en el cual la dialéctica es la piedra angular. Hegel concibe así la dialéctica no sólo
como un método del discurso lógico, sino también, y de manera esencial, como un reflejo o
expresión del movimiento de lo real, es decir, de las cosas y los objetos del mundo material,
tanto como de los procesos y fenómenos del mundo social. Así tenemos el espíritu subjetivo,
base de su construcción, y que en Hegel se identifica con la psicología individual y la razón
lógica. Este espíritu subjetivo “encarna” por así decirlo, en lo físico natural (espíritu objetivo), y
en un sucesivo paso de la triada (tesis – antítesis síntesis), el mismo se manifiesta como espíritu
absoluto, dando lugar a la creación de la ciencia, del arte y de la filosofía. Las concepciones
filosóficas del Hegel influyeron notablemente en el desarrollo posterior de la filosofía materialista
de Marx y Engels, quienes, sin embargo, consideraron necesario modificar el postulado central
hegeliano acerca del espíritu subjetivo como principio generador de lo real, substituyéndolo por
una concepción materialista, según la cual el mundo exterior existe con independencia de
nuestra conciencia y el ser social es quien determina la conciencia social. Por ende, en la
concepción materialista las categorías y conceptos genéricos de la ciencia existen realmente,
esto es, con realidades objetivos que poseen una naturaleza inherente a las cosas mismas y a
la dinámica de lo real.

De aquí se infiere que el método dialéctico está íntimamente ligado al desarrollo de las
ciencias y que estas últimas no pueden prescindir del mismo, así como tampoco pueden
prescindir de la lógica formal. Así, las categorías dialécticas (contenido-forma; causa-efecto;
universal-singular; azar-necesidad; esencia-fenómeno) se utiliza constantemente en toda
investigación científica, y los principios o leyes dialécticos son inherentes también a la misma.
Como ejemplo de lo que acabamos de señalar, si en una investigación acerca de las causas del
aumento de la criminalidad en materia de hurtos y robos se plantease una hipótesis que atribuye
la causa esencial de dicho fenómeno a la elevada tasa de desempleo y subempleo que afecta
los principales centros urbanos de Guatemala, y si dicha hipótesis fuere verificada técnicamente,
necesariamente tendríamos que investigar a continuación las causas de estos últimos
fenómenos. Lógicamente, investigar las causas del desempleo y del subempleo (con finalidades
profilácticas) significa ineludiblemente plantearse el problema de las contradicciones sociales y

2 Jorge Federico Guillermo HEGEL (1974-1831), filósofo alemán, enseñó en la Universidad de Berlín y fue uno de los teóricos
más importantes del Estado Prusiano. Es autor de obras como la fenomenología del espíritu. Filosofía del Derecho, y posee
también un importante tratado de lógica. Todas traducidas al español, pueden consultarse en bibliotecas especializadas o
adquirirse en librerías.

9
de los factores que determinan que no exista suficiente acumulación de capital o bien que los
propietarios de industrias y comercios no inviertan sus ganancias (fruto de la plusvalía generada
por el sector laboral) creando nuevas industrias, esto es, generando nuevas fuentes de trabajo.
Como se observa, a partir de un problema concreto (aumento de la delincuencia que ataca la
propiedad) es factible elaborar un diagnóstico que nos remita de inmediato (gracias al empleo
de los principios de acción recíproca y de unidad y lucha de contrarios) al examen de la estructura
socioeconómica, todo lo cual puede eventualmente incidir en una transformación cualitativa de
esta última.

3. Relaciones de la lógica con otras ciencias.


Más que de relaciones de la lógica con ―otras ciencias‖ es imprescindible aclarar que el
subtítulo quiere significar relaciones de la lógica con la ciencia, desde luego, que como disciplina
filosófica que es, la lógica se aplica absolutamente a todas las ciencias, de las cuales constituye
su aspecto metodológico esencial. Así pues, debe quedar establecido que la lógica se relaciona
con todas las ciencias, de manera que constituye la columna vertebral de su operatividad (e
incluso de su discurso estructurado), ya que sin ella sería imposible incrementar el conocimiento
y realizar investigaciones. Por consiguiente, la lógica es también un elemento central de la
ciencia jurídica, la cual no podría operar ni desarrollarse sin su auxilio.

Aclarando lo anterior, el subtítulo en cuestión busca sobre todo diferenciar a la lógica de


otras disciplinas afines que se encuentran íntimamente logadas a ella, se trata concretamente
de la lingüística y de la psicología. Ambas ciencias están íntimamente ligadas a la lógica por
cuanto la primera de ellas estudia el lenguaje, que es un vehículo indispensable del pensamiento
(y por lo tanto del discurso lógico), mientras que la segunda se refiere a los mecanismos que
producen el pensamiento y a las causas y condiciones de los fenómenos mentales íntimamente
ligados a él, tales como la memoria, la imaginación, la atención, etc.

Sin embargo, es imprescindible distinguirlas a fin de comprender mejor la naturaleza de


la lógica, desde luego que el pensamiento, como objeto específico de estudio de ésta, es
enfocado como fenómeno dado, y no como producto de factores determinados. En el caso de
la lingüística, y particularmente en lo relativo a la gramática del idioma, resulta también evidente
la diferencia que existe entre la palabra y el concepto, o bien entre la frase y la oración y los
juicios y razonamientos3.

a) El pensamiento y sus factores.


Obviamente, no obstante lo que hemos expuesto, el pensamiento es producto de
determinados factores de índole fisiológica, psicobiológica, sociológica y cultural. Los primeros
tienen que ver con las condiciones físicas y mentales del sujeto pensante, ya que es claro que
sin un adecuado funcionamiento del aparato psíquico y biológico de las personas sería imposible
la producción del pensamiento. Empero, la lógica no puede ocuparse de tales factores, puesto
que trascienden el ámbito particular de su estudio, tiene por lo tanto que referirlo a ciencias
particulares. Sin embargo, para el caso de la lógica formal debemos señalar que tradicionalmente
los tratadistas indican como un factor de la misma la relación sujeto-cognoscente- objeto de
conocimiento. Asimismo, este objeto de conocimiento (que constituye el contenido de los
conceptos, juicios y raciocinios) se encuentra en íntima relación con el tipo de formación

3
Esto es fácil de comprender cuando pensamos en que el concepto, como unidad de significación lógica, es el mismo en
cualquier idioma o lengua, siendo lo que varía de país a país únicamente el envoltorio fonético –gráfico del mismo-. Así el
concepto ―derecho‖ es universal, variando únicamente los distintos vocablos mediante los cuales el mismo se expresa en otros
idiomas, así, vrg.: droit en francés, right o taw en inglés, rechts en alemán, diritto en italiano, etc. etc.

10
educativa que ha recibido el sujeto cognoscente, lo cual equivale a señalar como factor del
pensamiento también a la ideología de éste. Es claro, sabemos que la ideología está íntimamente
vinculada con la posición y la situación de clase social de una persona, lo cual equivale a señalar
también a los aspectos económicos sociales como factores del pensamiento.

Estos factores operan como contenidos del pensamiento, razón por la cual es a nivel
lógico dialéctico que se impone una constante tarea de descubrimientos de los mismo, a fin de
que no falseen o deformen las investigaciones científicas, cuyo determinante central es social
también, pero deber ser de naturaleza objetiva (verdadera) y no subjetiva (ideológica,
deformante).4

b) Funciones del lenguaje.


El lenguaje es el vehículo de expresión del conocimiento, como ya quedó señalado con
anterioridad. Algunos autores han distinguido como funciones propias del lenguaje la función
expresiva (que consiste en transmitir emociones y sentimientos, como sucede en la poesía o en
los parlamentos teatrales), directiva (que consiste en transmitir órdenes o mandatos con el fin
de orientar o dirigir la conducta de otras personas), y finalmente, la función informativa (que
consiste en transmitir conocimientos, sea en forma escrita u oral). Obviamente, la lógica está
íntimamente asociada a la función informativa del lenguaje, ya que las ciencias tienen como
propósito fundamental la producción de conocimientos que luego son transmitidos precisamente
a través del lenguaje. Por consiguiente, para poder distinguir la falsedad o verdad de un juicio
o razonamiento debe introducirse la diferenciación apuntada acerca de las distintas funciones
del lenguaje, ya que no es posible predicar la verdad o falsedad de proposiciones de orden
directivo o expresivo5.

Por otra parte, es también importante aclarar que en la distinción aludida se ha hecho
una abstracción a fin de presentar las funciones tal y como serían “químicamente puras” pero
en la realidad los discursos lógicos mezclan constantemente las diferentes funciones, lo cual es
algo que por lo general sucede en las exposiciones orales. Así, una conferencia política puede
servirse de un lenguaje expresivo a fin de influenciar mejor el auditorio, apelando a sus
sentimientos para trazar directrices o consignas de acción y conducta militante, todo lo cual
puede ir acompañado de informaciones acerca de sucesos o acontecimientos de relevancia
política.

CAPÍTULO II

LOS PRINCIPIOS LÓGICOS SUPREMOS APLICADOS AL DERECHO

1. El principio de identidad.
Cada concepto que nosotros conocemos requiere una definición para precisar su significado.
Esta última equivale a la identificación del concepto ya conocido, y el juicio en el cual se formula

4
La ideología es un conjunto de representaciones, ideas, concepciones, etc., cuya función esencial consiste en expresar intereses
de clase, motivo por el cual su efecto característico no es el conocimiento sino por el contrario, el desconocimiento o
encubrimiento de la realidad. Se opone así a la ciencia, cuyo efecto característico es la producción de conocimientos. La ideología
al operar de este modo proporciona seguridad psicológica al individuo (al permitir insertarse en la estructura social) y cohesión
a las relaciones sociales, pero incide negativamente como factor de deformación de nuestros pensamientos (juicios,
razonamientos).
5
Así por ejemplo, sería absurdo decir que un mandato, tal como ―¡pongan atención!‖ o ―¡cierren esa puesta!‖ es verdadero
o falso, y lo mismo puede decirse acerca de quién pretendiera que un poema puede ser verdadero, ya que este tipo de
lenguaje, por ser esencialmente expresivo, únicamente puede enjuiciarse con cánones estéticos.
11
es una expresión del principio de identidad, desde luego que establece una equivalencia entre
el concepto a definir y los atributos que le atribuye el predicado.

También es posible afirmar que, en última instancia, todo objeto de conocimientos es igual a sí
mismo, con lo cual se establece una tautología identificatoria aparentemente inútil pero en
realidad operatoria para los fines de cualquier razonamiento lógico.

Así, el principio de identidad puede formularse indicando que el juicio que afirma la identidad de
un objeto consigo mismo es necesariamente verdades, A = A, o puesto en términos concretos,
las tautologías: ―el Derecho es igual al Derecho‖, o ―las normas jurídicas con iguales a las
normas jurídicas‖, son juicios necesariamente verdaderos.

El juicio de equivalencia, o definitorio, si bien implica también una aplicación del principio de
identidad, será verdadero sólo en la medida que los atributos predicados del sujeto le convengan
efectivamente, y referido a un tiempo preciso.

Aplicado al campo del derecho, este principio puede enunciarse indicando que todo objeto del
conocimiento jurídico es idéntico a sí mismo, lo cual a nivel abstracto (lógico formal) aplicado a
los fenómenos jurídicos puede enunciarse a su vez señalando que la norma que permite lo que
no está jurídicamente prohibido o prohíbe lo que no está jurídicamente permitido es
necesariamente válida.

Es claro que la aplicación de este principio al campo jurídico tiene una utilidad bastante limitada,
ya que toda identificación constituye una abstracción, ya que ningún proceso o concepto (u
objeto jurídico, una norma) puede ser considerado como absolutamente idéntico a sí mismo, es
decir como absolutamente constante en medio de la mutabilidad de los demás. De ahí que sea
necesario aclarar que si bien en lógica formal se utiliza este principio, es únicamente en función
de las necesidades prácticas del razonamiento y la argumentación, pero su naturaleza abstracta
lo hace valedero únicamente para el momento y las condiciones en que dicho razonamiento o
argumentaciones estén siendo empleados. Así, la identidad dialéctica complementa la identidad
formal abstracta, ya que es concreta y no excluye el cambio ni la diferencia, ni tampoco el
conflicto continuo que existe internamente entre los elementos opuestos que constituyen todo
proceso u objeto concreto. Por lo tanto, toda autoidentificación concreta de un objeto consigo
mismo es siempre limitada, relativa y transitoria, porque representa al objeto en el trance de
existir en una forma y estar llegando a existir en forma diversa.

Una cita de Eli de Gortari6 puede ilustrar mejor nuestro punto de vista:

“Contradiciendo la identidad rígida, la ciencia ha llegado a determinar que todo proceso


del universo se encuentra en constante transformación y que, por lo tanto, constituye un
conflicto entre lo que ya ha sido y lo que llegará a ser. Toda manifestación corresponde
entonces a una unificación, transitoria entre opuestos; y en primer término a la de la
identidad ya lograda con la diversidad en que se está convirtiendo. En rigor, la identidad
corresponde a lo inmediato de la reflexión y, por esto, a la manifestación aislada de un
proceso, que se considera abstractamente, y de manera transitoria como una
manifestación única. Entonces, el mantenimiento de la identidad, en tanto que se
considera al proceso en un solo nivel de conocimiento y en cuanto se le toma

6
Gortari, Eli de: Introducción a la Lógica Dialéctica, publicaciones del Centro de Estudios Filosóficos de la Universidad Nacional
Autónoma de México (UNAM), Fondo de Cultura Económica, México, 3ª. Edición, 1965, p. 126.

12
relativamente como establece, es empleado por el conocimiento científico para evitar
confusiones en la deducción y para destacar, en la exposición, las relaciones entre las
diversas manifestaciones de un proceso (u objeto de conocimiento)”.
En consecuencia de lo anterior, en el campo jurídico afirmar que una norma que permite lo que
no está prohibido es una norma necesariamente válida, es algo correcto si hacemos abstracción
del movimiento y consideramos esa determinada norma en un tiempo y un especio precisos, ya
que en una fecha ulterior la situación puede modificarse radicalmente por derogatoria de la
norma cuya identificación realizamos.

2. El principio de no-contradicción.
A este principio también se le pueden aplicar las observaciones que formulamos para explicar el
principio de identidad, que ampliaremos más adelante, sin embargo, para los fines de tipo
didáctico de este apartado señalaremos que este principio está referido al contenido concreto
de dos juicios, ya que en el supuesto de contradicción la lógica indica que no pueden ambos ser
verdaderos. En otras palabras, ―si el juicio A en un sistema de juicios que forman el
razonamiento es verdadero, no podrá ser verdadero en ese sistema de juicios, un juicio que
contradiga al juicio A… no puede ser verdadero el juicio A y el juicio que le contradice”7 (A no
es no A).

Aplicado al campo del derecho este principio puede reformularse así en el nivel ontológico:
“ninguna conducta puede hallarse, al mismo tiempo, jurídicamente prohibida y jurídicamente
permitida” y en el nivel lógico (abstracto): “dos normas de derecho contradictorias entre sí no
pueden ser ambas válidas”.

Los lectores habrán notado la utilización del concepto de validez en substitución del
concepto de verdad. Esto es así porque si bien las dos proposiciones refiéranse a juicios, los
juicios jurídicos se diferencian de los juicios lógicos-formales en que los primeros son normativos
(prescriben una conducta) mientras que los últimos son enunciativos (describen o atribuyen,
declaran, etc.). por consiguiente, validez y carencia de validez son a las normas lo que las
nociones de verdad y falsedad son a los juicios existenciales (ontológicos, que en dicho plano se
enuncian con la fórmula “S no puede ser, al mismo tiempo P y no P”).

Así pues, dos preceptos jurídicos se contradicen cuando –en iguales circunstancias-, uno
prohíbe y el otro permite a un sujeto la misma conducta, lo cual es un derivado del principio
ontológico que ya señalamos, en el sentido que un acto no puede encontrarse, a la vez,
jurídicamente permitido y jurídicamente prohibido. Una vez establecido en qué consiste el
principio general de contradicción, indiquemos brevemente algunos criterios para distinguir los
casos en que hay contradicciones y criterios que se refieren a los ámbitos personal, espacial,
temporal y material de validez de las normas.

En efecto, las normas poseen un ámbito personal de validez, integrado por aquellos
sujetos a quienes éstas se dirigen, un ámbito espacial determinado por el lugar en que éstas se
aplican (el territorio de un Estado, de una provincia o departamento, etc.), un ámbito temporal,
que se refiere al tiempo de vigencia de las normas y finalmente un ámbito material que concierne
a la conducta que prescribe, prohíbe o permite la norma. Tales ámbitos pueden identificarse
recurriendo a las preguntas: “¿a quiénes se dirige la norma?”, “¿en dónde rige el precepto?”;
“¿cuándo se inicia y cuándo termina su fuerza obligatoria?” y finalmente “¿qué ordena la

7 Valenzuela, Wilfredo. Elementos de Lógica Jurídica, Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, USAC, 1977. P. 10.
13
norma?”, “¿qué prohíbe?”, con lo cual el principio de no contradicción jurídico puede
concretamente enunciarse así:

“dos normas jurídicas son contradictorias cuando una prohíbe y la otra permite, a los
mismos sujetos (ámbito personal) una misma conducta (ámbito material) en condiciones
iguales a tiempo (ámbito temporal) y de espacio (ámbito espacial)”.

O bien para los casos especiales en que hay falta de concordancia material aparente:

“Si una norma prohíbe y la otra ordena a un sujeto el mismo acto, en iguales condiciones
de espacio y tiempo, esas normas se oponen contradictoriamente, porque la segunda
permite en forma tácita lo que la primera prohíbe de modo expreso”.

Así pues, hay que tener presente que cuando la coincidencia de los ámbitos de validez no
es completa, los preceptos no son contradictorios, por ejemplo, si dos normas poseen ámbitos
comunes de validez material, espacial y temporal, pero una prohíbe y la otra permite a personas
distintas la misma conducta, no puede decirse que se opongan contradictoriamente. La ley que
prohíbe a los extranjeros lo que otra permite a los nacionales no se opone contradictoriamente
a ésta, por cuanto el ámbito personal de aplicación es diferente. Si se permite una conducta
determinada en un sitio o lugar y se prohíben en otro, tampoco hay contradicción, dado que no
coinciden los ámbitos especiales de validez, así este sería el caso de una norma que prohibiese
la tala de árboles en los departamentos de Guatemala y Chimaltenango, pero no indicase nada
con respecto a El Petén, con lo cual implícitamente se permite el corte de este departamento.
Cosa parecida puede decirse respecto a normas que implican distintos ámbitos temporales de
validez, como sucedería en el supuesto de suspensión de garantías constitucionales con toque
de queda, caso en el cual se suspende (durante el lapso de treinta días normalmente) el derecho
de libre locomoción a partir de ciertas horas, y lo mismo en lo concerniente a las libertades de
reunión, manifestación, emisión del pensamiento, etc.

En cambio, en el supuesto hipotético de la existencia de una norma substantiva de derecho civil


que permitiese una conducta determinada (la prescripción de una hipoteca a partir de diez años
de registrada) y una norma individualizada (sentencia) que denegase el derecho a la cancelación
de dicha hipoteca, si existiera una contradicción, desde luego que una de ellas permite lo que la
otra prohíbe. El tratamiento de éstos problemas de manera específica y los criterios legales y
doctrinarios para resolverlos se estudiará más adelante, razón por la cual prescindiremos
exponerlo en esta sección.

3. El principio de tercero excluido.


Como el principio de contradicción el de tercero excluido se refiere a dos juicios opuestos
contradictoriamente. Pero mientras aquél, en su forma general afirma que tales juicios no
pueden ser verdaderos ambos, el de tercero excluido establece que cuando dos juicios se
contradicen no pueden ser falsos. O sea que necesariamente uno de los dos es verdadero.

En el campo jurídico dicho principio se aplica estableciendo que de dos normas contradictorias,
una necesariamente tiene que ser válida, en el nivel lógico, y que la conducta jurídicamente
regulada sólo puede hallarse prohibida o permitida, en el nivel ontológico. O sea que el principio
de exclusión de tercero lo que hace es complementar el principio de no-contradicción (ningún
objeto puede ser al mismo tiempo P y no P), ya que si dos normas opuestas contradictoriamente
no pueden ambas carecer de validez esto equivale al indicar que forzosamente, desde el punto

14
de vista lógico formal, se debe buscar una solución al problema que significa la existencia de la
dicha contradicción (todo objeto tiene necesariamente que ser P o NO-P).
Como los casos de conflictos de oposición contradictoria se examinarán más adelante (como ya
quedó indicado), tanto en su modalidad intrasistemática como extrasistemática, por de pronto
nos concretamos a enunciar únicamente la naturaleza de estos principios.

Sin embargo, y a manera de nota aclaratoria por relación a los puntos de lógica dialéctica que
se exponen también en este trabajo, es necesario aclarar que la función esencial, tanto del
principio de no-contradicción como del principio de tercero excluido es de carácter formal, ya
que contribuye a evitar confusiones entre el proceso en curso de investigación y los otros
procesos existentes, siendo su principal función la de “poner de relieve la compatibilidad o la
incompatibilidad entre los juicios, lo mismo que entre los conceptos que figuran en un juicio. En
esas condiciones el criterio es bien simple: los juicos contradictorios y los conceptos opuestos
son formalmente incompatibles”, pero ello no significa que estos principios constituyan “…en
modo alguno, un criterio para decidir en definitiva acerca de la validez de un juicio, ni tampoco
sobre cuál de los juicios que constituyen una pareja de opuestos contradictorios es verdadero y
cuál es falso. En rigor, el único criterio necesario y suficiente para decidir sobre la validez de un
conocimiento consiste en su correspondencia con los procesos existentes, la cual se comprueba
indefectiblemente por medio de la práctica (o) del experimento”.8

4. El principio de razón suficiente.


Este principio está íntimamente ligado con el problema de la demostración, y se formula
indicando que todo tiene una razón suficiente o bien, de manera más correcta, que todo juicio,
para ser verdadero, ha menester de un fundamento suficiente. O sea que lo que este principio
nos indica es que todas nuestras afirmaciones deben demostrarse cuando razonamos a nivel
científico. Por demostración entendemos aquí el enlace entre los conocimientos recién adquiridos
y el conjunto de los conocimientos anteriores, constituyendo dicho enlace una secuencia finita
de proposiciones, en la cual cada proposición es un postulado o una conclusión que se ha
obtenido de las proposiciones precedentes, todo lo cual constituye un sistema. El razonamiento
demostrativo se apoya en premisas cuya validez se encuentra admitida, o bien en última
instancia, sobre los fundamentos de una ciencia que se utilizan como postulados9 o bien como
―conjunto de hipótesis que son aceptadas como válidas para cada nuevo caso concreto, en
virtud de que han quedado comprobadas experimentalmente en todos los casos anteriores. De
esta manera la demostración es el razonamiento o la serie de razonamientos que prueba la
validez de un conocimiento, al poner rigurosamente de manifiesto que se infiere como conclusión
necesaria de los postulados, ya sea de modo directo o indirecto…”10

En el campo del derecho el principio de razón suficiente establece que toda norma jurídica, para
ser válida, ha menester de un fundamento suficiente, puesto que todo objeto del conocimiento
jurídico posee una razón suficiente11. Así, en el caso de las normas jurídicas de derecho estatal
se demuestra su ―razón suficiente‖ de manera directa, recurriendo a las normas de jerarquía

8 Gortari, Eli de: Lógica General, Editorial Grijalbo, S.A., México, D.F., 1970, pp. 124-126. Gortari señala en su texto algunos
ejemplos de juicios científicos contradictorios pero verdaderos, desde el punto de vista lógico dialéctico: Todo movimiento es
continuo y discontinuo a la vez; la luz es simultáneamente corpuscular y ondulatoria, que es tanto como decir no-corpuscular;
Algunas substancias cristalizan en forma regular y amorfa a la vez. Dichos juicios, según de Gortari, han sido comprobados
experimentalmente por la ciencia física a pesar de que violan la exigencia formal de la falta de contradicción.
9 Postulado es una aseveración aceptada sin prueba, que, sin embargo, en el transcurso de toda investigación científica se

comprueba constantemente. Es claro que mientras tal prueba no se haya dado, el postulado es realmente una hipótesis por
verificar, y así debe plantearse.
10 De Gortari, Op. Cit., p. 237
11 García Maynez, Eduardo: Introducción a la Lógica Jurídica, F.C.E., México, p. 82.

15
superior o bien al conjunto o sistema legal que ha fundamentado la promulgación de tales
normas, es decir, que el fundamento suficiente de la validez de una norma es resuelto en
realidad por el derecho positivo. Ahora bien, dado que en términos generales podemos afirmar
que el fundamento de validez de los preceptos estatales es el de haber sido promulgados de
acuerdo con lo establecido en la norma fundamental12, es también claro que esta norma
fundamental tiene a su vez un fundamento, que en el caso del derecho será económico, social
y material, esto es, la adecuación de la conducta de los individuos a las prescripciones
normativas. Esto último significa que, como afirman Romero y Pucciarelli, “el principio lógico de
razón suficiente no es por completo un principio lógico: se refiere demasiado concretamente a
la verdad del juicio para que lo sea, y el problema de la verdad es gnoseológico y no lógico.
Nótese cómo difiere de los otros tres principios, que constituyen un grupo perfectamente unitario
mientras que el de razón queda aparte. Aquellos tres principios estatuyen algo sobre la verdad
del juicio, pero constantemente, según sus relaciones puramente lógicas: nunca aluden a los
objetos a los que los juicios se refieren. En el principio de razón suficiente entra en juego la
correspondencia entre el juicio y la situación a que el juicio se refiere…”13. Estas aseveraciones
llevaron a García Maynez a expresarse en los siguientes términos respecto a este problema:

“…la validez, en sentido jurídico-positivo, no siempre queda establecida con la simple


comprobación de que el precepto que se tiene a la vista deriva de alguna de las fuentes formales
(legislación, costumbre, jurisprudencia) ya que a veces se exige que no se oponga
contradictoriamente a otras normas de rango superior, o a la fundamental del ordenamiento.
Ninguno de los dos requisitos está sin embargo, referido a la justicia o a la bondad intrínseca de
la norma, puesto que el primero dimana del cumplimiento de las condiciones constitutivas de su
proceso de creación, y el segundo consiste en la compatibilidad de su contenido con el de otra
regla de mayor rango. Pero en ambas hipótesis, la última razón de validez del precepto reside en
la norma básica.”14

Sin embargo, el mismo García Maynez reconoce que, en ocasiones pueden presentarse conflictos
intersistemáticos (entre dos sistemas normativos) en cuyo caso se trata más bien de establecer
qué norma posee mayor validez, lo cual únicamente puede hacerse en función de criterios
valorativos y pautas exiológicas, como serían en aquellos casos en los cuales una norma de
derecho se opone a otra de carácter moral o es contraria a los principios de la justicia:

“Los conflictos entre disposiciones contradictorias cuyo fundamento último de validez es


distinto sólo puede resolverse de manera satisfactoria si se conoce la jerarquía de los
valores fundantes… Afirmar que tal jerarquía existe, equivale a … admitir un sistema
axiológico y, paralelamente, el orden que postula su realización. Con ello las reglas entre
las que surge el conflicto vuelven a ser vistas como elementos de un sistema más amplio,
y la antinomia se resuelve de acuerdo con los principios que proceden de la norma
fundamental de ese sistema…”

CAPÍTULO III
TEORÍA DEL CONCEPTO JURÍDICO

1. Explicación Inicial.
Antes de precisar la significación del término “concepto” resulta importante distinguirlo de otros
términos emparentados con él. Primeramente es importante distinguir conceptos y palabras. El

12
Véanse los artículos 171 al 178 de la Constitución Política de la República de Guatemala: “Formación y sanción de la ley”.
13
Romero y Pucciarelli: Lógica, 4ª. ed. Espasa-Calpe, Buenos Aires, 1942, p. 35.
14
García Maynez, Eduardo: Lógica del Raciocinio Jurídico, DIANOIA, Fondo de Cultura Económica, México, 1964, p. 122.
16
nexo entre el concepto y su expresión verbal es análogo al que existe entre juicios y oraciones,
pero no debe confundirse unos de otros. Así, la oración es el envoltorio lingüístico de un juicio,
el medio que usamos para transmitir un pensamiento. La palabra es también, por lo tanto, el
molde verbal del concepto. Esto quiere decir que los conceptos se expresan normalmente a
través de las voces de un idioma, pero puede darse el caso que se piense en un concepto sin
auxilio de la lengua. Por otra parte, los conceptos deben distinguirse también de los objetos a
los cuales estos se refieren ya que si bien toda noción posee eso que en lógica se denomina
“correlato objetivo”, es claro que una cosa es siempre distinta del término con el cual la
designamos, ya que se encuentra en un plano distinto, el plano de la realidad material que
se diferencia claramente del plano de la realidad mental en el cual se desenvuelve el
pensamiento lógico. Así, en el caso del derecho, el concepto “sujeto de derecho” no debe
confundirse con la persona física objeto de la imputación. Tampoco sería correcto confundir el
plano de la prescripción normativa (predicado relacional de un juicio jurídico) con la conducta
objeto de ese juicio, que se ubica en el plano de la realidad material. También resulta importante
distinguir el concepto, en tanto que tal, del acto psicológico de pensar. Es decir, el acto de
pensar no se confunde con lo pensado, ni lo pensado es algo que exista en virtud del
pensamiento, dado que, inclusive, los conceptos abstractos pueden considerarse como
independiente del pensamiento (un triángulo, por ejemplo). Por lo tanto, un juicio como “el todo
es mayor que sus partes” no se identifica con el acto de quien lo piensa, ni es creación o producto
de su espíritu. Esto se demuestra fácilmente si consideramos que, tanto el concepto como el
juicio pueden ser objeto de un número indefinido de procesos mentales sin perder por ello su
unicidad. Así, si pensamos diez veces el concepto “pentágono”, la noción, diez veces pensada
por un apersona, no deja por ello de ser una, ni de permanecer idéntica a sí misma, lo que no
podemos decir de los correspondientes actos. Por lo tanto, la prueba de que los conceptos
difieren de los actos por medio de los cuales los pensamos, radica en que la reiteración del acto
no multiplica el concepto “precisamente porque éste no es engendro del pensar, sino entidad
independiente”15. Así pues, el concepto se distingue claramente también de la representación
psicológica, subjetiva, que necesariamente se produce cada vez que una persona piensa en
algo.

En conclusión, podemos señalar que concepto es toda unidad ideal de significación, y


dado que hemos señalado que no deben confundirse ni con los vocablos que eventualmente
los envuelven, ni con los objetos que constituyen sus correlatos, ni con el acto psicológico de
que alguien los piense, debemos entender que un concepto es sólo una especie de “partícula
elemental” del pensamiento, o dicho en otras palabras, los conceptos son significaciones
elementales referidas a objetos.

2. Determinación de su contenido y conexión con otros conceptos.


El contenido de un concepto se precisa, o determina a través de la definición, sin embargo, es
importante aclarar que la determinación del contenido de un concepto no es absoluta, ni exige
en todos los casos que la significación conceptual exprese la esencia de un objeto del
conocimiento. Por consiguiente, como señala García Maynez, ―para que pueda hablarse de
determinación basta que la referencia al objeto permanezca constante, al menos mientras el
progreso científico no permite enriquecer el contenido de cada noción”16 y esto es así porque la
identidad de un concepto es relativamente constante, esto es que su significación no cambia
fundamentalmente, con lo cual sabemos que un concepto como ―derecho subjetivo‖, por
ejemplo, poseerá siempre como contenido las notas “facultad de hacer o no hacer derivada de

15
García Maynez, Eduardo: Lógica del concepto Jurídico, Fondo de Cultura Económica, México, 1959, p. 23.
16
16 García Maynez, Op. cit., p.31.

17
una norma”. Es claro, el progreso de la ciencia jurídica puede enriquecer la definición de norma
(abarcar normas sociales y consuetudinarias, al igual que las estatales, por ejemplo) con lo cual
el concepto de derecho subjetivo podría eventualmente modificarse, incrementando su
comprensión. El contenido de un concepto tiene que ver, por lo tanto, con lo que en lógica
general se denomina la “intención” o comprensión de un concepto, y que por nuestros
conocimientos de esta disciplina sabemos que se encuentra en íntima relación con su extensión
(o número de objetos a los que se refiere). Así también debido a ello es que sabemos que a
mayor contenido o comprensión menor será su extensión y viceversa. Otra característica
importante de los conceptos es su conexión con otros conceptos, lo cual se deriva del carácter
elemental de los mismos, ya que para precisarlos o definirlos estamos obligados a recurrir a
otras nociones, por lo cual el juicio definitorio implica siempre la recurrencia a otros conceptos,
ya que sería imposible dejar de hacerlo. Así para definir el concepto “derecho” (determinando
su contenido) tenemos que recurrir a otros conceptos tales como “vínculo económico jurídico”,
“patrono”, “trabajador”, “prestación de servicios”, “subordinación”, “dependencia continuada”,
“remuneración”, etc.

3. Clasificación de los conceptos jurídicos.


Los conceptos jurídicos pueden clasificarse de acuerdo con los siguientes criterios: a) desde el
punto de vista de los objetos a que se refieren; B) desde el punto de vista de su extensión; C)
desde el punto de vista de su contenido; y D) desde el punto de vista de sus relaciones
recíprocas. Examinaremos a continuación cada uno de ellos.

a) Desde el punto de vista de los objetos a que se refieren.

1) Conceptos lógico-jurídicos. Son aquellos que carecen de un correlato objetivo de


tipo físico material concreto, o dicho en otros términos, que tienen una naturaleza de índole
abstracta, desde luego, que se refieren a conceptos, juicios o raciocinios jurídicos. Así, por
ejemplo, tenemos los conceptos de: “cópula jurídica”, “concepto sujeto”, “concepto de predicado
relacional”, “juicio jurídico prescriptivo”, “norma genérica”, “norma individualizada”, “argumento
a contrario”, “silogismo jurídico”, etc., que se caracterizan porque los objetos a los cuales se
refieren son todos objetos lógicos, o lo que es lo mismo, están inscritos en un plano
eminentemente lógico jurídico, abstracto, referido a fenómenos del pensamiento.

2) Conceptos ontológico jurídicos. Hemos visto con anterioridad que el concepto, en


tanto que unidad significativa, se encuentra en un plano intermedio entre la palabra y el objeto,
pero lo esencial es que todo concepto se refiere siempre a un objeto o sea que posee un correlato
objetivo. De esta manera, los correlatos objetivos de los conceptos ontológico-jurídicos poseen
objetos de tipo material o bien de carácter concreto al cual hacen referencia, siendo esto lo que
sucede con los conceptos referidos a hechos jurídicos, a consecuencias de derecho, a la conducta
objeto de esos deberes y derechos o bien a los sujetos de la relación jurídica. De aquí se deriva
una clasificación en conceptos de tipo situacional (hecho jurídico, acto jurídico, contrato de
compraventa, homicidio, nacimiento, depósito, etc.) de naturalezas relacional o imputativa
(deber jurídico, derecho subjetivo, relación jurídica), conceptos predicativos o determinantes de
la conducta objeto del deber o del derecho (tales como “hacer”, “omitir”, “vender”, “pagar el
precio”, etc.), y por último tenemos los llamados conceptos substantivos –referidos a los sujetos-
tales como “sujeto-pretensor”, “sujeto obligado”, “albacea”, “depositario”, “funcionario público”,
“funcionario municipal”, “sindicato”, “empresa”, “sociedad anónima”, “los habitantes del
territorio nacional”, etc. Finalmente, y en lo relativo a este tipo de conceptos, es importante
mencionar la existencia de una especie de ley de correspondencia que establece que a cada
concepto lógico-jurídico corresponde otro ontológico-jurídico y al revés, lo cual es consecuencia
18
de la distinción entre el plano de la regulación jurídica de la conducta (nivel lógico abstracto) y
plano de la conducta jurídicamente regulada (nivel concreto material). El significado de esta ley
puede apreciarse fácilmente en el siguiente cuadro:17

Conceptos lógico-jurídicos Conceptos ontológico-jurídicos


Supuesto Jurídico. Hecho jurídico
Disposición normativa Relación Jurídica
Sujeto de la norma atributiva Facultad (sujeto-pretensor)
Sujeto de la norma imperativa Obligado (sujeto-obligado)
Cópula atributiva Derecho
Cópula imperativa Subjetivo
Predicado de la norma atributiva Deber Jurídico
Predicado de la norma imperativa Conducta objeto del derecho
Conducta objeto del deber

b) Desde el punto de vista de su extensión.


Desde esta perspectiva los conceptos jurídicos se clasifican en: 1) singulares; 2) plurales; y 3)
universales.

1) Singulares: son aquéllos referidos a un objeto único, esto es, ni general ni particular.
Ejemplo: "delito de cohecho cometido el día 11 de Enero de 1980 por el funcionario Felipe X.",
"contrato de arrendamiento de la casa situada en 12 Avenida 1-24 zona 7 autorizado por el
Notario Julio L.", "artículo 90 del Código de Trabajo", "Carta de las Naciones Unidas",
"Constitución de la República", "Comité Nacional de Unidad Sindical", etc., etc.

2) Plurales: son aquellos conceptos que designan varios objetos, cuando la reunión de
éstos es de carácter numérico, o sea, independiente de consideraciones de tipo cualitativo.
Ejemplo: el artículo 1339 del Código Civil preceptúa que en el caso de obligaciones alternativas,
cuando la elección deba ser echa por "varias personas" el juez concederá un plazo para que se
pongan de acuerdo, y si este no se produce decidirá "la mayoría". "Varias personas" y
"mayoría" constituyen ejemplos de conceptos plurales en el campo del derecho, y lo mismo
puede decirse del concepto "diversas prestaciones" que aparece en el artículo 1334 del citado
código, o bien el concepto "obligación mancomunada" (artículo 1347: hay mancomunidad
cuando en la misma obligación son varios los acreedores o varios los deudores) que se refiere
al aspecto netamente cuantitativo de una obligación.

3) Universales: son aquéllos que están referidos a todos los miembros de una clase.
Así, en el juicio jurídico: "el comprador debe pagar el precio de ¡a cosa al vendedor", tanto la
noción de "comprador" como la de "vendedor" están tomadas en un sentido genérico, universal,
dado que se incluye en ellas a todos los compradores o vendedores posibles. El mismo carácter
poseen conceptos, tales como el de tutor (artículo 343 del Código Civil: el tutor deberá rendir
cuentas anualmente y al concluirse la tutela o cesar el cargo), desde luego que se refiere a todas
las personas que ocupen en este cargo; trabajador (artículo 131 del Código de Trabajo: "Para
que el trabajador tenga derecho a vacaciones. . . deberá tener un mínimo de 150 días trabajados
en el año"); escritura pública de testamento (artículo 42 del Código de Notariado: "La escritura
pública de testamento, además de las formalidades generales, contendrá las especiales
siguientes: . . ."); inimputable (artículo 89 del Código Penal: "cuando un inimputable de los

17
García Maynez, Eduardo: Lógica del Concepto Jurídico, F.C.E., México, 1959, p. 105.
19
comprendidos en el inciso 2o. del artículo 23.. .), etc., ya que a pesar de estar referidos
aparentemente a objetos singulares en realidad se refieren a todos los objetos de su clase (todos
los trabajadores, todos los tutores, todas las escrituras públicas de testamento, todos los
inimputables), razón por la cual el juicio lógico correcto es siempre de naturaleza universal
—dado que son normas genéricas a las cuales se adscriben— y deben ser clasificados como
conceptos universales.

c. Desde el punto de vista de su contenido.


La lógica formal divide a los conceptos en simples y compuestos o complejos, según el número
de notas o atributos que los caracterizan, esto es, según la mayor o menor
complejidad de su contenido. Aplicado esto al campo del derecho, tendríamos que 1)
conceptos simples, son aquellos que se componen de un solo término (por lo tanto
que requieren menos notas para su definición, y son más extensos, aunque menos
comprensivos), tales como los conceptos de "trabajador", "patrono", "contrato", "campesino",
"pena", "delito", "sentencia", "auto", "pagaré", "cheque", etc., mientras que 2) complejos
o compuestos son aquéllos que necesitan de varios términos para expresarse, como
por ejemplo, los conceptos de "escritura pública de testamento" ya señalado, o bien el concepto
de "sociedad en comandita por acciones", "homicidio calificado", "posesión registrada de un
inmueble", "accesión por incorporación a bienes inmuebles", "jurisdicción de los jueces
ordinarios", etc., etc.

d. Desde el punto de vista de sus relaciones reciprocas.


Desde este ángulo visual los conceptos pueden clasificarse en compatibles e incompatibles, y en
supra o subordinados, y coordinados.

1) Compatibles e incompatibles. Las significaciones pueden dividirse siempre en


posibles (o compatibles) o imposibles (incompatibles). Los primeros son aquéllos a los cuales les
corresponde una esencia cuya materia es idéntica a la suya, o sea que poseen ambos un
contenido adecuado, como sucede en los conceptos de "derecho subjetivo" y "ejercicio
potestativo", ya que es inherente al derecho subjetivo la posibilidad de actuar o no de un modo
determinado. Con ello resulta claro también que conceptos, tales como "deber jurídico de
cumplimiento potestativo" es un concepto complejo de carácter imposible o incompatible, ya
que ningún deber jurídico puede considerarse como librado, en su cumplimiento, a la potestad
del sujeto. Por lo tanto, este término encierra una contradicción, un contrasentido, y es un
concepto claramente incompatible. Lo mismo puede decirse de conceptos comunes, tales como
"cuadrado redondo" o "círculo rectángulo" que son evidentemente incompatibles o de otros
conceptos complejos, tales como "dictadura democrática" o "delito conforme a derecho", que
son conceptos absurdos.

2) Relaciones de coordinación y de supra-subordinación entre conceptos


jurídicos. Los conceptos jurídicos se encuentran en relación de supra o subordinación según
que las distintas nociones estén referidas a clases y miembros de éstas, o a clases y subclases.
Así, por ejemplo, si nos preguntamos qué relación existe entre el concepto genérico de contrato
y el concepto de "contrato de arrendamiento" o bien "contrato de compraventa", es obvio
que existe una relación de subordinación de estos últimos por relación al primero, que
aparecería en cualquier expresión gráfica como supraordinario, desde luego que el
arrendamiento y la compraventa constituyen una subclase de los contratos. A su
vez, los contratos de compraventa se diferencian según sean de carácter condicional o con
pacto de reserva de dominio, lo cual haría aparecer a estos últimos como subclases de las
compraventas y por consiguiente, subordinados a ellas. El concepto de "hecho jurídico" incluye
20
a conceptos como el de "nacimiento" o "daño", y el de "delito" subsume a los de "homicidio" o
"peculado" con lo cual los segundos aparecen subordinados a los primeros, que son los
conceptos supraordinantes. Las relaciones de coordinación, por otra parte, pueden ser de
naturaleza equivalente, que se produce cuando dos conceptos cuyo significado es distinto se
refieren a un mismo objeto (el vencedor de Austerlitz y el derrotado de Waterloo, triángulo
equilátero y triángulo equiángulo) que en el campo jurídico se expresan en nociones, tales
como "derecho de ejercicio potestativo" y "derecho subjetivo", o bien entre "delito" y
"transgresión al Código Penal". También pueden calificarse estas relaciones como de tipo
correlativo en aquellos casos en los cuales los conceptos implican una coordinación inmediata
con otros, como sucede en parejas conceptuales, tales como "acreedor-deudor", o bien
"comprador-vendedor", "acusador-defensor", "depositantedepositario", "derecho subjetivo-
derecho objetivo", etc.

3) Teoría de las definiciones jurídicas. Los tratados de lógica normalmente aceptan


la existencia de definiciones de tipo explicativo (esencial), que consisten en la determinación de
la esencia de algo (explicación de lo que una cosa es), definiciones de carácter descriptivo, en
las cuales se aclara o expone el sentido de un concepto o sobre la forma en que el mismo suele
aplicarse, y finalmente, consideran la existencia de definiciones de naturaleza prescriptiva, en
las cuales el definiens o expresión definítoria es fundamentalmente una disposición o
prescripción sobre el sentido de un signo o concepto, y sobre la forma en que el
mismo debe ser empleado.

En el campo del derecho se utilizan todos estos procedimientos para definir conceptos
jurídicos,18 ya que las definiciones doctrinales por lo general son de carácter explicativo (por
género próximo y diferencia específica) y buscan establecer en qué consiste la esencia de un
objeto de conocimiento jurídico (vrg., la definición del concepto "derecho": conjunto de normas
imperativo-atributivas de carácter coercitivo, o bien del concepto "delito": acción típica,
antijurídica y culpable) siendo que con relativa frecuencia también se emplean definiciones
descriptivas (juicio penal es la comparecencia ante un tribunal del orden penal de una persona
—o varias— acusada de un delito, pudiendo proponer un defensor judicial, encontrándose
sometida a la acción acusadora del Estado a través del Ministerio Público y/o de un acusador
particular, y el cual después de transcurridas distintas fases o etapas, dentro de las cuales el
período de prueba es fundamental, culmina con una sentencia de naturaleza condenatoria o
absolutoria) y de manera mucho más constante —sobre todo en los códigos y leyes— se emplean
las definiciones prescriptivas.

Estas últimas consisten, como ya se dijo, en una orden, mandato o prescripción acerca
de la forma en que un conjunto jurídico debe ser empleado por los jueces, abogados y en
general por aquellas personas que aplican o se encuentran sometidas a la aplicación de las
leyes. Como ejemplo de ellas tenemos la definición que da el artículo 18 del Código de Trabajo
del concepto "contrato individual de trabajo", según la cual éste debe entenderse como "el
vínculo económico jurídico por el cual una persona (trabajador) queda obligada a prestar a oirá
(patrono) sus servicios personales, o a ejecutarle una obra personalmente, bajo la dependencia
continuada y dirección inmediata o delegada de ésta última, a cambio de una retribución de

18
García Maynez se refiere a este problema en los siguientes términos: ". . . nada impide el nombre de
definición ya al procedimiento que consiste en descubrir la esencia de un objeto, ya al que estriba en hacer el análisis del
contenido de un concepto, ya, por último, al que tiende a fijar el sentido en que un signo (verbal o de otra especie), deba
emplearse; lo único importante, en cualquiera de estos casos, es precisar lo que por definición se entiende y a cual de los tres
planos es referido el procedimiento definitorio (plano de los objetos, de los conceptos o de hs signos). Tan licitó es
proponerse investigar la esencia de un objeto, como analizar el contenido de una noción ó prescribir en qué .forma deberá
emplearse una palabra..." García Maynez: Op. cit., p. 69.
21
cualquier clase o forma". O bien la definición que establece el artículo 822 del Código Civil del
concepto "hipoteca" como "un derecho real que grava un bien inmueble para garantizar el
cumplimiento de una obligación", o bien las múltiples definiciones de tipos delictivos que
estipula el Código Penal (vrg.: el artículo 123 que define el concepto de "homicidio" como la
acción que comete quien diere muerte a alguna persona). Es importante recordar en estos casos
que las definiciones prescriptivas se caracterizan por no ser susceptibles de enjuiciarse
desde el punto de vista de su verdad o falsedad, desde luego que por tratarse de juicios
normativos únicamente pueden calificarse de válidas o inválidas, y además que
fundamentalmente se encuentran dirigidas a funcionarios estatales, abogados o juristas
encargados de interpretar y aplicar el derecho vigente, como ya se indicó anteriormente.

Reglas de definición.
Hay dos tipos de reglas, aquellas que conciernen a la naturaleza de la definición y aquellas
que se refieren a su fin. Las primeras establecen lo siguiente:

1. El definiens (expresión definitoria) debe ser equivalente al definiendum (concepto


definido). Corolarios:

1.1 El definiens no debe abarcar más que el definiendum.


1.2 El definiens no debe abarcar menos que el definiendum.

Dicho en otras palabras, se trata de la vieja regla que establece que las definiciones no deben
ser ni demasiado amplias ni demasiado estrechas, o sea que su comprensión debe ser
equivalente o su extensión.

Un error de este tipo se cometería, en el campo del derecho, si definiéramos el concepto de


"delito" indicando que se trata de una "acción que viola el ordenamiento jurídico", ya que hay
múltiples acciones violatorias de las normas legales que, sin embargo, no son de carácter
delictivo (transgresoras del Código Civil, del Código de Comercio, etc.) con lo cual una definición
de esta naturaleza seria demasiado amplia y, por lo tanto, el definiens carecería de equivalencia
por relación al definiendum.

Ejemplo del vicio opuesto lo constituye en cambio una definición del concepto "derecho subjetivo
público" que lo definiese como la "facultad de hacer o no hacer derivada de las normas
constitucionales que garantizan la libertad individual", ya que en este caso se soslayan los
derechos políticos, de petición, de acción, sociales, etc., que sin embargo, también poseen el
carácter de derechos subjetivos públicos, con lo cual la definición resulta demasiado estrecha,
esto es, el definiens abarca menos que el definiendum.

En lo que se refiere a las reglas relativas al propósito de definición podemos mencionar las
siguientes:

2. El definiens no ha de incluir ninguna expresión que aparezca en el definiendum o que


sólo pueda ser definida en términos de éste. (Ejemplo: no es correcto definir "contrato de
arrendamiento" indicando que "es el contrato por medio del cual. . ." o bien "derecho penal"
comenzando la definición señalando que "es el derecho que se refiere a. . .").

3. El definiens no debe ser expresado en lenguaje obscuro o figurativo. (Ejemplo: las.


definiciones de derecho expuestas por Recasens: "Vida humana objetivada", o Stammler:
"querer autárquico, entrelazante e inviolable").
22
4. El definiens tampoco ha de expresarse negativamente, a menos que el definiendum
sea negativo. (Esto es, no podemos definir el concepto "derecho" diciendo que son todas
aquellas normas que no poseen naturaleza moral, técnica o de trato social, o el concepto
"prenda" afirmando que son "son todas aquellas formas de garantizar el cumplimiento de una
obligación que no poseen carácter personal —fiduciario— ni real — hipotecario—", lo cual sería
erróneo lógicamente).

CAPÍTULO IV
TEORIA DEL JUICIO JURIDÍCO

1. Estructura del juicio jurídico.


Los juicios en lógica formal son esencialmente la determinación de los conocimientos
logrados o de las hipótesis por verificar, la ―forma de pensamiento en la cual se establece una
relación determinante entre dos o más conceptos, ya sea como resultado de un experimento o
como consecuencia de un razonamiento”19. El juicio se expresa por medio de una proposición,
ya sea utilizando las palabras de un lenguaje o empleando símbolos matemáticos, e implica
siempre la relación, la afirmación o negación acerca de un objeto de conocimiento.

Es importante distinguir siempre los siguientes planos cuando estudiamos el juicio:

1.1 Las proposiciones (envoltura lingüística);


1.2 Los juicios propiamente dichos; y
1.3 Los contenidos objetivos;

O sea que en juicio lógico formal simple, tal como ―el libro esta en la gaveta del
escritorio‖ podemos siempre distinguir la proposición (vehículo a través del cual se expresa el
juicio en un idioma determinado), el juicio lógico que expresan las palabras (afirmación
situacional –predicado- acerca de algo –sujeto-), y finalmente, el hecho real que sería la
situación del libro en el lugar indicado.

En el terreno jurídico es posible también distinguir tales planos, ya que el análisis de las
normas nos revela distintas maneras de proposición gramatical de las mismas, que al traducirlas
lógicamente asumen la forma de juicios hipotético-relacionales, desde luego que poseen ese
carácter imperativo-atributivo que se ha estudiado ampliamente en el curso introductorio al
derecho. Finalmente, siempre es posible distinguir un tercer plano, en el cual se analizan los
contenidos objetivos del juicio, y que en el caso del derecho se refieren a la conducta
jurídicamente regulada, es decir, al hecho real de que los sujetos cumplan o no efectivamente
con las prescripciones normativas.

Hechas las observaciones preliminares anteriores, pasamos en seguida a considerar lo


concerniente a la estructura del juicio jurídico. Respecto a ello, en primer término debemos
aclarar que, aunque en la actividad profesional o científica los abogados, juristas y jueces utilizan
constantemente y de manera implícita la lógica general, al referirnos nosotros en este texto al
juicio jurídico queremos significar que existe una clase particular de análisis lógico aplicado al
derecho que concierne específicamente al análisis de las normas jurídicas, y que, en este campo,
si es posible hablar de una naturaleza particular de estas que permite que los juicios lógicos a
través de los cuales se formulan posean siempre una estructura hipotético-relacional, vale decir,
19
Gortari, Eli de: Lógica General, Ed. Grijalbo, México, D.F., 1970, p. 91.

23
que toda norma consiste esencialmente en una hipótesis (supuesto jurídico) de cuya realización
depende el nacimiento de la disposición o consecuencia, cuya esencia radica en ser una
conexión de juicios –relación- de tipo bilateral, imperativo-atributivo como ya quedo expuesto.
Esto condiciona, entonces, que los juicios jurídicos se distingan de los juicios comunes y
corrientes por no expresar inherencias (como en el juicio común del tipo S es P, ―el sol es una
estrella‖, por ejemplo) sino relaciones ( x R y, Guatemala está al norte de Escuintla, por ejemplo,
o el comprador debe pagar el precio de la cosa al vendedor) las cuales están condicionadas por
la hipótesis normativa, trasladado a una formula algebraica la estructura de un juicio jurídico se
puede expresar así: s ----------- (x F y) ------------ (y D x), lo cual significa que de la realización
del supuesto condicional (s) depende el surgimiento de las consecuencias que poseen la
característica de facultar (F) a x por relación a y, quien a su vez posee el deber (D) de actuar
por relación a x. Si tomamos como ejemplo el artículo 1942 del Código Civil que establece que
―por el contrato de mutuo una persona entrega a otra dinero u otras cosas fungibles, con el
cargo de que se le devuelva igual cantidad de la misma especie y calidad”, al analizar dicha
norma descubrimos un supuesto que es la realización del contrato de mutuo, la afectiva
convención o escrituración del mismo, del cual depende el nacimiento de las consecuencias que
lógicamente se formularían de la siguiente manera:

El mutuante (SP) tiene el derecho subjetivo (F) de exigir que se le devuelva el dinero o cosa
fungible en la misma cantidad, de igual especie y calidad.

El mutuario (SO) tiene el deber jurídico (D) de devolver el dinero o cosa fungible en igual
cantidad, de la misma especie y calidad.

(SP = Sujeto Pretensor; SO = Sujeto Obligado; F = facultad; D = deber jurídico).

2. Esencia del juicio jurídico.


Los tratadistas de lógica jurídica formal sostienen que lo que diferencia específicamente a los
juicios jurídicos de los juicios ordinarios de la lógica general es que los mismos poseen naturaleza
normativa y, por consiguiente, no puede predicarse de los mismos su verdad o falsedad sino
únicamente su validez o invalidez. Esto significa que los juicios ordinarios normalmente pueden
calificarse como verdaderos o falsos, según que los mismos sean adecuados o no a la realidad
objetiva. Así, afirmaciones tales como ―el hombre es mortal‖ se adecuan a la realidad objetiva,
siendo por lo tanto verdaderas, y otro tanto puede decirse de juicios como ―la causa
fundamental del aumento de los índices de criminalidad por hurto y robo radica en el desempleo
y subempleo de una gran masa de población urbana”, aunque dada su complejidad intrínseca
deben someterse a la verificación científica correspondiente. En el campo de análisis normativo,
por el contrario, carecería de sentido aseverar cosas como “el artículo 111 de la Constitución
de la República es falso”, o bien “la norma que prescribe la obligación de registrar los contratos
de compraventa es verdadera”, ya que las normas solamente podemos predicar su carácter de
validas o invalidas, dado que las mismas poseen fundamentalmente una pretensión de validez,
pero no una pretensión de verdad.

La validez de un juicio jurídico (o, lo que es lo mismo, de una norma jurídica se basa en el hecho
de haber sido creada de acuerdo con la forma prescrita por el ordenamiento jurídico, y asimismo
en no haber sido derogada, sea por otras leyes posteriores, o porque el orden jurídico,
considerado como un tanto, haya dejado de ser eficaz. Asimismo, es un criterio de validez de
una norma la ausencia de contradicciones en sentido lógico formal esto es la congruencia
interna –con preceptos de otras leyes-. Como ejemplo de normas contradictorias en forma
externa, y por consiguiente inválidas, podemos citar el artículo 4º. De la ley de defensa de las
24
instituciones democráticas que preceptúa que serán penados con dos años de prisión
correccional “los individuos que hagan circular folletos, panfletos, carteles, grabaciones, etc.,
que propugnen en Guatemala el establecimiento de entidades comunistas”, ya que el mismo se
opone al artículo 65 constitucional que garantiza la libertad de emisión del pensamiento sin
previa censura. Como ejemplo de contradicciones internas podemos citar el artículo 111
constitucional, el cual establece que “el trabajo es una obligación social y toda persona tiene
derecho a él. La vagancia es punible…”. En efecto, si el trabajo es una obligación queda afuera
del ámbito de la libertad jurídica, razón por la cual no es congruente calificarlo como derecho,
ya que la definición de este concepto implica la posibilidad de actuar o no de conformidad con
los lineamientos normativos. Por ende, si el trabajo es obligatorio queda afuera del ámbito de lo
optativo, con lo cual no puede definirse como derecho sino como deber. Por esto mismo, penar
la vagancia resulta congruente en un régimen jurídico que defina al trabajo como obligación
social, pero incongruente en un régimen de libertad de trabajo, ya que en este último supuesto
es claro que aquellas personas que no deseen trabajar tienen la libertad jurídica para ello, es
decir, tienen la libertad jurídica de dedicarse a la vagancia. Claro está, el origen de estas
contradicciones no puede juzgarse con los cánones de la lógica formal, motivo por el cual será
en la última parte de este trabajo que examinaremos las causas socioeconómicas de la existencia
de este tipo de contradicciones lógicoformales entre o en el interior de las normas jurídicas.

3. Clasificación de los juicios jurídicos.


Utilizando la clásica división kantiana de las categorías, García Maynez hace una clasificación de
los juicios jurídicos basada en el cuádruple punto de vista de la cantidad, la cualidad, la relación
y la modalidad.20 Así, de la primera de ellas se obtienen los juicios universales (todos los S son
P); particulares (algunos S son P) y singulares (este es P); del punto de vista cualitativo se
obtienen los juicios positivos ( S es P) y negativos (S no es P); según la relación , pueden
dividirse en categóricos (incondicionales S es P): Hipotéticos (condicionales: si Q es R, entonces
S es P) y disyuntivos (S es P1 o P2) y finalmente, de la categoría modal se derivan los juicios
problemáticos (S puede ser P); asertóricos (S es efectivamente P) y apodícticos (S es
necesariamente P).

Si aplicamos esta clasificación al campo del derecho y especialmente al análisis de las normas
jurídicas obtendremos resultados útiles para la mejor comprensión de su naturaleza formal.

A. La norma desde el punto de vista de la cualidad.


Dado que toda norma es un juicio jurídico, y que estos pueden ser positivos y negativos, se
evidencia que las normas serán tales, es decir, positivos, en la medida que sean permisivas, y
negativas en la medida que sean prohibitivas. Así pues, los juicios positivos se expresan en el
derecho como normas permisivas y los juicios negativos como normas prohibitivas.

a) Normas permisivas: son aquellas que permiten, sea la ejecución, sea la omisión de
un acto que no está ordenado ni prohibido, tal y como lo establece el artículo 45 constitucional
al preceptuar “toda persona tiene derecho (y a omitir, lógicamente) lo que la ley no prohíbe (ni
ordena)”. Ejemplo: el artículo 621 del Código Procesal Civil y Mercantil, que establece que habrá
lugar a la casación de fondo: “1º. Cuando la sentencia o auto recurrido contenga violación,
aplicación indebida o interpretación errónea de las leyes o doctrinas legales aplicables..”, ya que
en este caso no hay conducta ordenada ni prohibida, siendo la norma por lo tanto, positiva por
permitir también la omisión del acto (la interposición del recurso), con lo cual la misma parece
enmarcada dentro del ámbito de la liberad jurídica, ya que deja a las personas en la posibilidad
20Los estudiantes pueden consultar de nuevo, al respecto, el texto de introducción a la Filosofía, publicado por los profesores
del curso en 1979, Editorial Universitaria de Guatemala, pp. 82-87.
25
de optar entre su ejecución o su omisión. Otra modalidad de norma permisiva es aquella que
permite -implícitamente- la ejecución de un acto ordenado (ejemplo: articulo 17 del Código de
Comercio: “testimonio de la escritura constitutiva de sociedad, de su ampliación y de sus
modificaciones, deberá presentarse al Registro Mercantil dentro del mes siguiente a la fecha de
la escritura”), o bien las de aquellas que prescriben (e implícitamente permiten) la omisión de
un acto prohibido (ejemplo: artículo 45 constitucional: “ninguno está obligado a cumplir ni acatar
órdenes o mandatos que no estén basados en ley”)

b) Normas prohibitivas o negativas: son todas aquellas que establecen la prohibición


de una conducta, como el artículo 243 del Código de Trabajo que lo hace al estipular que “no
podrá llegarse a la realización de una huelga: 1º. Por los trabajadores campesinos en tiempo de
cosecha.. 2º. Por los trabajadores de las empresas de trasporte mientras se encuentren en
viaje…” o bien las normas del Código Penal, que al establecer tipos delictivos y sancionar –con
una pena- la conducta que se adecue a ellos, implícitamente está prohibiendo a todas las
personas en general que trasgredan las disposiciones del código. Así, una norma como el artículo
452 que sanciona el cobro indebido y establece que “el funcionario o empleado público que
autorice recibos o comprobantes ficticios o quien los cobrare, será sancionado con…”, en realidad
debe leerse lógicamente de la siguiente manera:

“Todos los funcionarios o empleados públicos tienen prohibido autorizar recibos o


comprobantes ficticios…” “Todas las personas en general tienen prohibido cobrar recibos
o comprobantes ficticios extendidos por funcionarios o empleados públicos…”

En resumen, puede decirse que la conducta jurídica desde el ángulo cualitativo puede clasificarse
en:

1. Procederes jurídicamente a) Potestativos lícitos (o permitidos) b) Ordenados 2. Procederes


jurídicamente ilícitos (o prohibidos).

B. La norma desde el punto el punto de vista de la cantidad.


Desde este perspectiva lógica las normas pueden ser dividas en genéricas y en normas
individualizadas. Las normas genéricas equivalen a juicios universales (positivos o negativos,
según el caso) y son aquellas que obligan o facultan a todos los sujetos comprendidos dentro
de la clase designada por el concepto, sujeto de la disposición normativa. Un ejemplo de ello lo
constituyen la norma contenida en el artículo 138 del Código de Trabajo, que define el concepto
―trabajador campesino” en la siguiente forma: “trabajadores campesinos son los peones,
jornaleros, ganaderos, cuadrilleros y otros análogos que realizan en una empresa agrícola o
ganadera los trabajos propios y habituales de esta”, que lógicamente debe leerse: “Todos los
funcionarios, jueces o abogados están obligados a considerar como trabajadores campesinos a
todos los peones, jornaleros, ganaderos, cuadrilleros y otros análogos que realicen en una
empresa agrícola o ganadera los trabajos propios y habituales de ésta”, que lógicamente debe
leerse: “Todos los funcionarios, jueces o abogados están obligados a considerar como
trabajadores campesinos a todos los peones, jornaleros, ganaderos, cuadrilleros y otros
análogos que realicen en una empresa agrícola o ganadera los trabajos propios y habituales de
esta”. Las normas individualizadas, en cambio, son todas aquellas reglas de derecho que obligan
o facultan a miembros determinados de una clase. Aquí se incluyen tanto las resoluciones de los
tribunales (autos, sentencias) como las resoluciones de tipo administrativo, los contratos entre
personas particulares o entre personas jurídicas colectivas, etc.

26
Se considera que una sentencia posee el carácter de norma individualizada por cuanto la misma
siempre establece una conducta a seguir pro una persona determinada, así en una demanda
laboral planteada por tres cuadrilleros de una finca, en el supuesto que la parte patronal alegase
que los mismos no poseían el carácter de ―trabajadores campesinos‖. Una aplicación correcta
al caso concreto por parte del juez de trabajo de la norma contenida en el artículo 138
mencionado obligaría al patrono a darle ese carácter, con lo cual se establecería también la
procedencia de la demanda y la consiguiente indemnización. De la misma manera, un contrato
de arrendamiento supone siempre una serie de estipulaciones (pago de una determinada
cantidad en concepto de renta, obligación del arrendatario de mantener el inmueble en las
mismas condiciones en que le fuere entregado, obligación del arrendante de hacerse cargo de
reparaciones mayores, del pago del agua o la luz eléctrica, etc., etc.) que en realidad suponen
normas de conducta individualizadas, esto es, que regulan las relaciones entre las dos partes
contratantes, al extremo que, en caso de incumplimiento de cualquiera de ellas, se puede
recurrir a un juez de lo civil a fin de que se impongan sanciones o bien se obligue al cumplimiento
forzoso.

Cuadro de oposición. El cuadro opositorio de la lógica formal clásica se puede aplicar


también al campo jurídico, solo que en este caso los juicios universales afirmativos y negativos
se traducen en normas genéricas (permisivas o prohibitivas mientras que los juicios particulares,
positivos o negativos se expresan como normas individualizadas (permisivas o prohibitivas
también). Por lo tanto, si la norma genérica positiva es válida, también lo será la norma
individualizada de la misma cualidad, mientras que la norma prohibitiva de tipo genérico
necesariamente es invalida y la norma individualiza prohibitiva será de dudosa validez (según el
caso concreto y la prueba de las circunstancias). De la misma manera, la norma genérica
prohibitiva valida implica la invalidez de la opuesta, la validez de la subalterna y el carácter
dudoso de la validez de la subalterna y el carácter dudoso de la contradictoria (individualizada
positiva).

C. La norma desde el punto de vista de la relación.

Esta es la categoría más importante de clasificación de los juicios jurídicos, desde luego que
todo juicio en el campo normativo supone el establecimiento de una relación entre dos sujetos,
uno pretensor y otro obligado, en función del carácter Imperativo atributivo de toda norma. Por
lo tanto, como ya hemos visto, los juicios jurídicos normativos poseen ese carácter relaciona!
como inherente a su naturaleza misma, y el mismo se expresa, obviamente, en las diversas
manifestaciones de las normas. Así, en lo concerniente a los juicios disyuntivos (S es P1 ó P2) y
a nivel de la lógica general el planteamiento de alternativas es inherente a todo proceso judicial
de conocimiento, ya que al inicio de la demanda los jueces se encuentran siempre frente a
numerosas alternativas. Existen también normas que plantean alternativas, con lo cual se daría
un fenómeno de complejidad de las mismas, ya que tendrían carácter hipotético-alternativo,
como en el caso del artículo 1334 del Código Civil, el cual partiendo del supuesto de un contrato
que estipule obligaciones alternativas (ejemplo: fabricar un mueble o entregar un mueble ya
hecho, de características diversas, si el mueble de la alternativa No. 1 no se fabrica en
determinado plazo) preceptúa que el sujeto obligado "cumple ejecutando íntegramente una de
ellas..."

Los juicios categóricos, en el campo jurídico, se expresan sobre todo en el caso de normas
individualizadas, como ocurre con las sentencias o resoluciones de los tribunales, ya que las
mismas imponen una conducta (y otorgan correlativamente un derecho) pero de manera
incondicional, esto es que la relación entre los sujetos obligado y pretensor es de tipo categórico,
27
dado que no está sujeta a hipótesis o condición alguna. En gran medida, este mismo fenómeno
ocurre en el caso de normas individualizadas de naturaleza contractual, ya que por lo general
en los contratos se establecen deberes y derechos de las partes sin sujetarlos a condiciones
especiales. En aquellos casos en los cuales, no obstante, se estipularan condiciones en un
contrato, estaríamos ante una norma individualizada mixta, es decir, categórica en laguna de
sus cláusulas e hipotética en otras.

Juicios hipotéticos. Obviamente, este tipo de juicios son los mas empleados en el análisis
normativo lógico formal, abarcando una serie de manifestaciones que pueden a su vez
clasificarse según su naturaleza positiva o negativa, los cuales a su vez se agrupan en las
modalidades: a) ponendo pnens; b) tollendo ponens; c) ponendo tollens; y d) tollendo,
tollens. Veamos a continuación algunos ejemplos de estas últimas modalidades:

a) Ponendo, ponens. Significa que, dado un supuesto positivo (puesto, poniendo) se


genera consecuencias de la misma índole. Así, por ejemplo, en el caso de articulo 637 del Código
Civil, que establece que ―la posesión registrada de un inmueble una vez consumado el termino
de diez años desde la fecha de inscripción del título en el Registro de la Propiedad, se convierte
inscripción de dominio…‖, ya que en ella aparece el siguiente supuesto positivo:

1. Supuestos:
Que se haya registrado un título de posesión inmobiliario.
Que hay transcurrido el termino de diez años.

2. Consecuencias:
El poseedor (SP) tiene derecho subjetivo a trasformar su inscripción de posesión e
inscripción de dominio.
El registrador (SO) está obligado a acceder a la petición del poseedor.

b) Tollendo ponens. En este caso el supuesto es negativo, o sea que la formula lógica
se expresaría así: si s no es h; SP tiene derecho subjetivo conducta F y SO tiene el deber jurídico
de conducta D, un ejemplo de ello lo tenemos en el artículo 43 del Código Civil que establece
que "toda persona que tenga derechos qué ejercitar u obligaciones qué cumplir en la República,
y se ausente de ella, deberá dejar mandatario legalmente constituido... y si no lo hiciere, se le
declarará ausente a petición de parte". Nos interesa acá el segundo supuesto que consiste en
que una persona que tenga derechos a ejercitar y obligaciones pendientes de cumplimiento en
Guatemala se ausente del país sin dejar un apoderado o mandatario, esto es, omitiendo la
conducta ordenada por la ley (no haciendo). El esquema se redactaría así:

1. Supuesto negativo (tollendo):


Que X persona con derechos y obligaciones pendientes de ejercicio y cumplimiento se
ausente de Guatemala no dejando mandatario.
2. Consecuencias positivas (ponendo):
Toda persona interesada (SP) tiene el derecho de pedir que se declare ausente a quien
no cumplió con dejar mandatario.

El juez que conozca del asunto (SO) tiene el deber jurídico de acceder a la petición de la persona
interesada.

c) Ponendo, tollens. La fórmula aquí es "Si s es H, SO no debe ejecutar conducta D,


SP tiene derecho a prohibir la ejecución de ¡a conducta D". Así, en el caso ya visto del artículo
28
243 del Código de Trabajo, en el supuesto positivo de que exista un grupo de trabajadores
campesinos que promueven una huelga en tiempo de cosecha la ley les prohíbe hacerlo,
otorgándole derecho al juez correspondiente para hacer cumplir dicho precepto, asimismo, en
el caso previsto por el artículo 242 del citado código, si una huelga legal se declara injusta, los
trabajadores que hayan holgado están obligados a no percibir salario por el tiempo que hubiere
durado la huelga y el patrono tiene el derecho de no pagar los salarios de los trabajadores
durante el tiempo que duró tal huelga injusta. O sea que de un supuesto positivo (porque supone
una acción, el hecho de la declaratoria del tribunal calificando una huelga legal) se infieren
consecuencias negativas, en el sentido que aparecen derechos y obligaciones de omisión de una
conducta (no cobrar salario, no pagarlo).

d) Tollendo, tollens. La fórmula de esta clase de juicios se puede expresar así:

Supuesto: Si S no es H

Consecuencias:
SO no debe ejecutar conducta D

SP tiene derecho a que NO se ejecute conducta D

Ejemplo: artículo 593 del Código Civil: "Nadie puede buscar tesoro en terreno ajeno sin
permiso escrito del dueño".

Supuesto negativo: que no haya permiso escrito para la búsqueda de un tesoro.

Consecuencias:
El buscador de tesoros (SO) está obligado á abstenerse (a no hacer) de
buscar tesoro en terreno ajeno

El dueño del terreno (SP) tiene derecho a impedir la búsqueda de tesoros en sus
tierras (a no permitir la búsqueda).

Con lo cual queda claro cómo de una hipótesis negativa (que alguien interesado en buscar
un tesoro en terrenos ajenos no pida permiso escrito al dueño de éstos) da resultados negativos
(el interesado no puede seguir buscando, el dueño tiene derecho a no permitirlo).

D. Las normas jurídicas desde el punto de vista de la modalidad.


En el plano lógico la modalidad se refiere a la manera de enunciación y expresa el grado de
certeza de un juicio, lo cual, sin embargo, no debe confundirse con la modalidad psicológica —
en énfasis en el acto enunciativo—. Así, cuando existen dudas acerca de si realmente un
determinado atributo le conviene a un sujeto lógico, el juicio se considera problemático, ya que
su peso lógico no es pleno (S puede ser P), mientras que cuando el peso lógico de la
enunciación no experimenta ningún debilitamiento el juicio es asertórico "S es efectivamente
P", conociéndosele también como "juicio de existencia", ya que lo que hace es verificar una
simple constatación. Finalmente, se considera que un juicio modal es apodíctico cuando el grado
de certeza es totalmente pleno, esto es, cuando se encuentra demostrado de manera necesaria,
de ahí la fórmula de los apodícticos "S necesariamente es P".

Este tipo de modalidades judicativas se utiliza en forma corriente en lógica formal y en el campo
jurídico son frecuentes en los trámites procesales de las normas, ya que los jueces y abogados
29
constantemente formulan expresiones de tipo problemático y asertórico en sus memoriales y
escritos. También se ha sostenido que todo proceso de conocimiento en los tribunales consiste
en un punto de partida problemático (el acusado probablemente es el autor del delito X, por
ejemplo) que al final se transforma en una declaración de tipo asertórico (el acusado es
efectivamente autor responsable del delito),

Los juicios de naturaleza apodíctica, en cambio, son poco aplicables al campo jurídico, ya que
las ciencias jurídicas no estudian leyes naturales, de cumplimiento forzoso e ineluctable, sino
comportamientos humanos que son siempre aleatorias y contingentes, es decir, que no ocurren
—o discurren— de manera necesaria, conforme a pautas preestablecidas, sino que están sujetas
a múltiples determinantes y variables. Es decir, la regulación jurídica de la conducta, las leyes
del Estado, por ser de carácter social pertenecen al campo del deber-ser y no al dominio del ser,
como sucede en el campo de las ciencias físiconaturales.

No obstante lo anterior, García Maynez considera21 que los juicios jurídicos apodícticos sí pueden
manifestarse en el campo de la abstracción lógico formal.

Es decir que, en el plano puramente abstracto, cada vez que se verifica o realiza una hipótesis
normativa, necesariamente aparecen o surgen las consecuencias de derecho. En otros términos,
si un homicidio se produce, necesariamente los jueces penales deben instruir el sumario
correspondiente, detener al delincuente y aplicarle las sanciones previstas en la ley, siendo esto
algo que a nivel lógico formal es absolutamente verídico. Ahora bien, en el plano de los hechos
reales, de la conducta concreta, puede suceder que los jueces ni siquiera instruyan la
averiguación sumaria, menos aún que capturen al delincuente y lo condenen a la pena de prisión
que debería aplicársele. Esto es así porque una cosa es el nivel lógico abstracto de la judicación
lógica (y el análisis lógico del derecho) y otra cosa es la eficacia real de un orden jurídico, eficacia
que depende de factores de diversa índole, tales como el grado de preparación técnica de las
policías encargadas de las pesquisas criminales, la diligencia y eficiencia de los tribunales y
jueces e incluso, la voluntad política del Estado como ente que puede (o no puede, según los
casos) coadyuvar efectivamente en la aplicación de las leyes penales.

CAPÍTULO V
TEORÍA DEL RACIOCINIO JURÍDICO

1. La deducción silogística y la aplicación de normas.


Así como el concepto es una síntesis mental de las características esenciales de un objeto
(unidad de significación lógica) y el juicio es una aseveración acerca de los atributos o
determinaciones de un objeto, el razonamiento es una operación lógica por medio de la cual, a
partir de uno o más juicios, se deriva la verdad o falsedad, o bien la validez o invalidez de otro
juicio distinto. Normalmente, los juicios en que se basa un razonamiento manifiestan
conocimiento ya adquiridos o por lo menos, hipótesis verisímiles. Cuando el razonamiento es
riguroso y la conclusión se desprende de manera necesaria al razonamiento, es una inferencia.
Los juicios que se emplean como puntos de partida son determinados en teoría del raciocinio
premisas, y usualmente en un razonamiento deductivo (aquél en el cual la conclusión tiene
menor grado de generalidad que la premisa, que discurre de lo general a lo particular) de tipo
silogístico habrán dos premisas, una llamada mayor y otra menor. Los razonamientos silogísticos
son llamados “inferencias mediatas” por el hecho de apoyarse en dos juicios para obtener una

21
21 Cf. García Maynez, Eduardo: Lógica del Juicio Jurídico, DIANOIA, Centro de Estudios Filosóficos, UNAM, Fondo de
Cultura Económica, México, la. edición.

30
conclusión. Los razonamientos deductivos pueden ser también inmediatos. Y son aquéllos que
se apoyan en una sola proposición categórica universal como premisa, obteniendo una
proposición universal o particular como conclusión (ejemplo: el razonamiento por subalternación
o por inversión contraria, estudiado en lógica formal ordinaria).

En resumen, podemos afirmar que, así como el concepto es una idea o síntesis mental –elemento
simple-, así el juicio es una cadena de conceptos y el raciocinio una cadena de juicios. En el
campo del derecho el razonamiento más aplicado, en lo que concierne a la labor de aplicación
de normas genéricas (juicios universales) a los casos concretos (para obtener normas
individualizadas) es el razonamiento de tipo deductivo, tanto en su modalidad inmediata como
silogística y analógica. Veremos en seguida algunos de estos tipos de razonamiento.
a) El razonamiento silogístico
En el campo jurídico es este el razonamiento más utilizado por jueces y juristas en general a
fin de aplicar normas genéricas a casos concretos. Normalmente el mismo emplea modos
compatibles con la primera figura, así es muy corriente que se hagan razonamientos del tipo

A- “Todas las perronas que cometen el delito de asesinato deben sufrir una pena que oscila
entre 20 y 30 años de prisión”

I- “X ha cometido el delito de asesinato”.

I- “X debe sufrir la pena de 20 años de prisión”

Que pertenece al modo DARII y es la de la primera figura, dado que aparece ordenado en forma
M-P, S-M, S-P, siendo el término mayor “pena de prisión”, el término menor “X” y el término
medio “delito de asesinato”, aunque también se pueden elaborar con otros modos y figuras
(ejemplos: todas las personas obran en estado de necesidad no deben ser penadas, A obró en
estado de necesidad, A no debe ser penado; los inimputables no deben penarse, A es
inimputable, A no debe ser penado, etc., etc).

La premisa mayor.
Dado que la lógica únicamente indica cómo hay que inferir, es decir, cómo hay que proceder
con proposiciones o juicios ya establecidos, es importante determinar cómo se establecen o
crean originalmente los juicios que se emplean como premisas. En el campo del derecho este
problema es relativamente simple, dado que la premisa mayor debe estar siempre constituida
por una norma genérica, o, lo que es lo mismo, la premisa mayor se obtiene la ley. Es claro que
los razonamientos legales muchas veces son de una extremada complejidad y las premisas
mayores se integran no por una sola, sino por varias normas jurídicas. Así también,
frecuentemente, resulta indispensable interpretar previamente las normas determinar si se
encuentran o no vigentes, llenar lagunas y construir normas vía interpretación analógica, etc.,
pero lo que se debe recordar de manera fundamental es que siempre la premisa mayor se apoya
en la ley. Así, una premisa mayor compleja podría redactarse así: "Todas las personas
penalmente imputables (conforme al artículo 23 del Código penal), que sin que medie ninguna
causa de justificación (conforme a lo establecido por el artículo 24 del citado Código, como
legítima defensa, vrg.) y en consecuencia de circunstancias excluyentes de la culpabilidad
(artículo 25 del Código Penal: miedo invencible, fuerza exterior, error, obediencia debida u
omisión justificada) da muerte a alguna persona (artículo 123 del Código Penal), debe, como
responsable del delito de homicidio, sufrir la pena de prisión 8de 8 a 20 años)”.

La premisa menor.
31
El problema más difícil en los razonamientos silogísticos aplicados al derecho es siempre la
formulación de la premisa menor, que fundamentalmente debe subsumir el caso concreto bajo
el supuesto jurídico de la norma genérica. En lo que se refiere a la subsunción propiamente
dicha, es necesario distinguir tres fases o elementos: 1. La representación del hecho jurídico: 2.
La comprobación que efectivamente se ha realizado; y 3. La calificación de que exhibe (el hecho)
las notas constitutivas del supuesto jurídico (“término medio”), siendo esto último en lo que
consiste propiamente la subsunción, que es la “subordinación del hecho jurídico a las notas
conceptuales del supuesto legal o, expresado en otra forma, la inclusión el caso en la clase de
los designados por el mismo supuesto…”

Asimismo, la subsunción supone la interpretación, dado que “… por medio de la faena


interpretativa se establece cuáles son los hechos que abarca, según su sentido, la hipótesis de
la norma; al subsumir se hace en cambio, la exegesis de la ley en conexión con el caso previsto
por ella.” Y la prueba del hecho jurídico, la cual, en el campo del derecho, se realiza a través de
los llamados medios de convicción probatoria establecidos por el derecho procesal: indicios,
testimonios, documentos, inspecciones oculares, peritajes científicos, etc. Es importante
distinguir acá también los llamados problemas de “quaestio factil” y “quaestio juris” es decir, la
cuestión de la manera como un hecho que se ha declarado cierto, comprobado, se equipara a
los demás de la clase que el supuesto define. Es decir, una cosa es la verificación de que un
hecho jurídico – o antijurídico—efectivamente4 se ha realizado, como la desaparición de una
persona o la muerte de alguien, por ejemplo, otra cosa es la prueba de que alguien concreto
está involucrado en el suceso – la desaparición- o es el autor material del mismo (el hechor) y
algo distinto es la calificación del hecho de acuerdo con las notas constitutivas del supuesto
(ausencia, homicidio, por ejemplo). En efecto, mientras en los primeros casos se trata de
percepciones o inferencias que llevan de hechos perceptibles (empíricos) a otros que no han
sido percibidos (de la desaparición de alguien de un cadáver encontrado a los hechos “la
identidad del desaparecido corresponde a Pedro Z.”, “el cadáver encontrado corresponde a Juan
N., y el autor de su muerte es Jorge Y.”), y por lo tanto, técnicamente se califican de quaestio
facti –cuestiones de hecho-; en el segundo caso se trata de la calificación lógica de tales hechos
conforme a los supuestos normativos (guasestio juris) ya que la operación mental consiste,
como ya se dijo, en equipar el hecho establecido a los demás de la clase que el supuesto define.
Esto resulta bastante difícil cuando se trata de equiparar hechos ciertos (la muerte de una
persona, el hecho de que el individuo Z sea el autor de dicho acontecimiento) con ciertos
elementos específicos del supuesto normativo, que hacen variar la calificación misma del hecho,
como sucede, por ejemplo, en el caso del homicidio calificado: así, si establecer la existencia
del fallecimiento de alguien como consecuencia del acto de otro es menor problemático, resulta
mucho más complejo establece que el autor obro con “premeditación conocida”, ya que esto
último es la calificación de un hecho psicológico cuya prueba es, dependiendo de los casos
mucho más difíciles.22

Conclusión.
La conclusión es, en todo silogismo jurídico aplicador de normas genéricas a casos concretos, el
juicio que establece la llamada ―norma individualizada‖ e impone una sanción, concede un
derecho, impone una pena, establece una obligación de conducta etc. Es claro que estos
silogismos, así en forma ―lógicamente pura‖ no se presentan nunca en la realidad, ya que las
modalidades expuestas obedecen a las necesidades del análisis. Por lo tanto, es necesario
realizar una labor análoga a la del análisis normativo –la disección de los juicios jurídicos en sus

22
22 Precisamente uno de los motivos que permiten interponer el recurso extraordinario de casación de fondo son los
llamados -por el legislador- errores de hecho (quaestio facti) y e derecho en la apreciación de la prueba, que a su vez puedan
determinar aplicación indebida o interpretación errónea de las leyes.
32
partes simples, el descubrimiento de los supuestos, sujetos, copulas y predicados de las
correspondientes normas atributivas e imperativas- para encontrar en las resoluciones judiciales
(autos y sentencias) así como otra clase de actos jurídicos (dictámenes como en otra clase de
actos jurídicos (dictámenes administrativos, contratos, etc.) estos esquemas de razonamiento
lógico. Así, en las sentencias judiciales los llamados ―considerandos‖ son en realidad el
establecimiento de las premisas de la aplicación del derecho, equiparándose los primeros de
ellos a la premisa mayor (“considerando que el articulo 198 del Código Penal preceptúa que…)
y los segundos a la premisa menor ( “considerando que del estudio de los autos se infiere que
el procesado ZX si cometió el delito de cohecho, ya que la prueba aportada por el Ministerio
Público…), mientras que el llamado. ―Por tanto‖ y la parte declarativa constituyen la conclusión,
la cual determina la pena o sanción a imponérsele a una determinada persona, o bien otorga
determinados derechos.

2. Argumentos específicos de la lógica jurídica.


2.1 Argumento de analogía.
Cuando para resolver un problema o conflicto jurídico concreto no se encuentra una
norma específica que pueda servir indubitablemente como premisa mayor para elaborar el
correspondiente silogismo aplicador, se dice que los juristas se encuentran frente a una ―laguna
del derecho‖, esto es, un caso no contemplado por la ley. Ante tal situación, la lógica jurídica
permite la elaboración de un argumento especifico denominado ―argumento por analogía‖, el
cual tiene distintas modalidades: argumentum a simili ad simile; argumentum a maoire
ad minus, argumentum a minore ad maius y argumentum a contrario. Veamos en
seguida en qué consisten cada uno de ellos.

a) Argumento a simile ad simile.


Este argumento es empleado por la lógica general posee las siguientes características:
1. Se trata de una inferencia mediata, ya que su conclusión no deriva de una sola premisa, sino
de dos cuando menos;
2. Es una inferencia de lo particular a lo particular o en casos muy especiales, de lo general a lo
general, pero nunca se da una inferencia analógica de lo particular a lo general o viceversa, y
3. La conclusión del razonamiento es siempre un juicio de carácter problemático.
García Maynez se refiere en los siguientes términos al razonamiento analógico:

"En dicho razonamiento, 'de que un objeto A ' coincide con otro objeto A ' en ciertas notas a.
b. c. que son comunes a ambos, se concluye que A' poseerá, también la nota p. que sabemos
posee A '. Es un razonamiento de lo particular a lo particular análogo o de lo singular a lo singular
análogo. Por su forma el razonamiento analógico reviste la apariencia de un silogismo: 'la
tierra está poblada de seres vivos; Marte es análogo a la Tierra (tiene de común con ella las
propiedades a, b, c, etc.), luego Marte debe estar poblado por seres vivos'. Pero el
razonamiento analógico no posee la fuerza probante del silogismo legitimo, del cual, por
otra parte, difiere fundamentalmente. . .”23

Pfander afirma que el esquema del razonamiento analógico es posible expresarlo así: "Q es P,
S es análogo a Q, S es P", y debe poseer las siguientes condiciones: 1. La semejanza que existe
entre S y Q debe descansar sobre un elemento común M que por sí sólo sirva de razón suficiente
del ser P de Q; 2. La analogía de S con Q debe derivar igualmente del ser M de S. En lógica
jurídica este razonamiento suele aplicarse cuando la norma que prevé cierto hecho es aplicada
a otro distinto, que coincide en los aspectos esenciales o fundamentales con el primero. En estos

23
García Maynez, Eduardo: Op. clt., pp. 1 6&-166.
33
casos es posible decir también que hay una aplicación o interpretación extensiva de la ley. El
razonamiento analógico se puede hacer pues, por lo tanto, entre hechos como entre
disposiciones normativas propiamente dichas, entre supuestos jurídicos y consecuencias de
derecho. Así, cuando un tribunal se halla ante dos situaciones, una prevista y la otra no prevista
por normas vigentes, debiendo el juez resolver esta última; la semejanza entre dos preceptos
jurídicos, que descansa en elementos comunes a ambas normas permite la aplicación del
argumento a simili, cuyo esquema es el siguiente:

"Si un hecho A' cumple los supuestos a. b. c. d. su realización produce la consecuencia jurídica
C;

En el hecho imprevisto A' se dan las notas a. b. c. e., análogas a las del previsto A ' y hay la
misma razón jurídica para resolverlos de la misma manera;

Luego, se enlaza el hecho A' a la consecuencia jurídica C".24 La analogía consiste pues, como
dice García Maynez en "atribuir a situaciones parcialmente iguales (una prevista y la otra no
prevista) las consecuencias que señala la norma aplicable al caso previsto. Ello equivale a
formular una nueva norma cuyo supuesto expresa en abstracto las características de ambos
casos, si bien entre uno y otro sólo hay igualdad parcial"25, por ello mismo se infiere que en
realidad no existe una aplicación analógica de una norma a un caso no previsto, "sino que de
creación o formulación analógica de una norma nueva, cuya disposición es idéntica a la de aquel
precepto, pero cuyos supuestos son sólo semejantes"26. Un ejemplo concreto de este argumento
en el campo del derecho guatemalteco lo tenemos en el caso del artículo 1623 del Código Civil,
que preceptúa que el saneamiento tiene lugar por evicción o por vicios ocultos. En el caso de
que un terremoto provocase el derrumbamiento de un terreno situado en una ladera, es factible
considerar que el comprador del terreno en fecha reciente fue víctima de un "vicio oculto" del
mismo, esto es, de la falta de consistencia o solidez del suelo, pero sólo de manera analógica,
ya que el concepto de "vicio oculto" se refiere esencialmente a bienes muebles de naturaleza
mecánica o animales, pero normalmente no se aplica a inmuebles. Por lo tanto, la aplicación
analógica del artículo 1623 a un caso concreto que tuviese esas características (derrumbe o
deslave de un terreno recientemente adquirido a consecuencia de un terremoto) y que facultara
a una persona X a presentar una demanda contra otra (el vendedor del terreno) reclamando
rescisión contractual o daños y perjuicios, supone en realidad la formulación de una norma
nueva que considera a los suelos deleznables como "vicio oculto" de los bienes raíces.

b) Argumento a maoire ad minus.


Este argumento consiste en tener por ordenado o permitido, de manera implícita, que se
haga algo menor de lo que está ordenado o permitido expresamente. Así, si está permitido
divulgar de manera escrita (por medio de certificaciones) el contenido de las actas de las
sesiones del Congreso de la República de Guatemala, por analogía de mayor a menor se entiende
que también está permitido divulgarlas en forma verbal, si un artículo del Código Penal establece
una exención de la pena para aquella persona miembro de una banda criminal que denuncie el
plan de cometer un acto delictivo, por analogía "de mayor a menor" se entiende que también
dicha exención se aplicará si personalmente esta persona evita la comisión del hecho delictivo
en el momento de realizarse el mismo. Visto con relación a la conducta prohibida este argumento

24
García Maynez, Eduardo: Oo. clt., p. 157.
25
Ibid..p. 158.

26
Ibidem.

34
puede aplicarse también, ya que si en los procesos penales es prohibido extender certificaciones
durante la fase sumarial, o bien permitir la inspección ocular del expediente por personas
particulares, obviamente también se encuentra prohibido proporcionar informaciones verbales o
conceder entrevistas periodísticas.

c) Argumento a minore ad maius. En el caso de este argumento se trata también de


dos situaciones diferentes, una prevista y la otra no prevista por la ley, en cuyo caso el juez
aplica la norma expresa de modo extensivo y considera que de manera implícita (por razones
teleológicas) se prohibe —por ejemplo— también aquello que posee un carácter mayor, esto es,
de más importancia o gravedad. Así, si una norma explícita prohibe caminar sobre la grama, de
manera análoga, a fortiori de menor a mayor, sabemos que existe una norma implícita que
prohíbe también arrancarla. Si, como preceptúa el artículo 151 del Código de Trabajo, se prohíbe
hacer diferencias entre casadas y solteras para los efectos del trabajo, a fortiori de menor a
mayor, sabemos también que es prohibido hacer diferencias entre unidas de hecho y solteras,
o entre viudas y solteras, por ejemplo.

d) Argumento a contrario.
Cuando de manera tácita o expresa un precepto jurídico limita la aplicabilidad de su
disposición solamente a determinada clase de sujetos, de tal precepto puede inferirse
interpretándolo a contrario, la existencia de otro cuya disposición se opone
contradictoriamente al primero, y cuyo ámbito personal de validez está formado por
los no comprendidos en el ámbito personal de la otra norma. Un ejemplo práctico de este
argumento !o tenemos analizando el artículo 20 de la Constitución de la República que establece
que "son electores los guatemaltecos que se encuentren en el Ubre ejercicio de sus derechos
de ciudadano e inscritos en el Registro Electoral", que nos permite inferir por analogía "a
contrario" que no son electores aquéllos que no se encuentran inscritos en el Registro
Electoral, los no-guatemaltecos y quienes no estén en el libre ejercicio de sus
derechos ciudadanos. Dicho en otras palabras, aquellas personas que no tengan cédula de
ciudadanía, quienes estén inhabilitados políticamente —por estar cumpliendo alguna
condena de prisión en las cárceles del país— o los extranjeros que no poseen la condición
de electores y por lo tanto no pueden (tienen prohibido) participar en los eventos electorales
que se realicen en Guatemala. Así pues, la norma explícita tiene un ámbito personal de
validez formado por los ciudadanos guatemaltecos e inscritos en el Registro Electoral
(norma permisiva), mientras que el ámbito personal de la norma implícita prohibitiva
está formado por los extranjeros y no ciudadanos. Otro ejemplo adecuado lo
obtenemos • examinando el artículo 23 del Código Civil que estipula que "toda persona que
tenga derechos qué ejercitar y obligaciones qué cumplir en la República, y se ausente de ella,
deberá dejar mandatario legalmente constituido. . .", que en virtud del razonamiento "a
contrario" nos permite inferir que aquellas personas que no tengan derechos qué ejercitar ni
obligaciones qué cumplir pueden ausentarse de Guatemala sin dejar mandatario, ya que no
están jurídicamente obligadas a hacerlo.

3. Las normas jurídicas y el principio de contradicción


3.1 Principio especial de contradicción.
El principio general de contradicción, ya estudiado, indica que dos juicios de naturaleza
contradictoria no pueden ser ambos simultáneamente verdaderos. Aplicado este principio
a las normas nos permite establecer que dos normas contradictorias, al mismo tiempo no pueden
ser ambas válidas. Ahora bien, dado que existe también un "principio especial de no
contradicción" que se refiere a aquellos juicios de contenido contradictorio (como el
juicio: "este cuerpo no es extenso", "el círculo es cuadrado", etc.) y que determina que éstos en
35
general son falsos, veamos cómo se manifiesta este fenómeno en el campo del derecho. El
principio especial de contradicción aplicado a los fenómenos jurídicos nos indica que toda norma
jurídica de contenido contradictorio carece, a fortiorí, de validez. García Maynez se refiere a
este problema en los siguientes términos.- "De acuerdo con el principio de disyunción
contradictoria, la conducta jurídicamente regulada sólo puede hallarse prohibida o permitida. La
norma que prohíbe y permite a la vez un mismo acto expresa un contrasentido, y carece por
tanto, de fuerza de obligar. Lo propio debe decirse del precepto que prohíbe y ordena, al mismo
tiempo, un mismo proceder, porque según dijimos arriba lo jurídicamente ordenado está
jurídicamente permitido. Si un precepto prohíbe hacer lo que manda, en realidad prohíbe y
permite a la vez la misma conducta y por consiguiente, encierra una contradicción. Sería
contradictoria, por ejemplo, una ley que dijese: el mutuario tiene el deber, más no el derecho,
de pagar al mutuante la suma que éste le ha prestado. Como toda contradicción normativa
proviene de la antítesis entre una prohibición y un facultamiento, podríamos decir: si una norma
jurídica prohíbe y permite a la vez un mismo acto. . . es contradictoria y por ende, inválida"27.

Por consiguiente, en el caso concreto de ciertas normas legales vigentes en Guatemala, que por
ser contradictorias podríamos considerarlas inválidas, hemos mencionado el ejemplo de
preceptos constitucionales que permiten y prohíben a la vez la libre asociación, o bien le
adjudican el carácter de derecho y obligación (a la vez) al trabajo, con lo cual se oponen al
principio de libertad jurídica. Dicho en otras palabras, lógicamente es contradictorio que se
establezca un régimen de libertad de trabajo en el país cuando al mismo tiempo se decreta la
punibilidad de la vagancia y se preceptúa la "obligación social" de todos al trabajo. Así, en el ya
mencionado artículo 111 de la Constitución la norma correlativa del juicio imperativo "el trabajo
es una obligación social" (que debe leerse lógicamente: "Todas las personas están obligadas a
trabajar") es la atribución de derechos al Estado que queda facultado para exigir a todos los
ciudadanos trabajar, o de lo contrario aplicarles las sanciones correspondientes (previstas en el
Decreto 118 del Congreso de la República, "Ley de persecución de la vagancia"). Es mas, la
citada ley persecutoria de la vagancia tiene su origen en tal imperativo jurídico, por consiguiente,
es absurdo considerar que la norma correlativa —de índole atributiva— al precepto imperativo
contenido en el artículo 111 constitucional fuese — como lo pretende el segundo párrafo,
contradictorio— "todas las personas tienen derecho al trabajo". Por lo tanto, para hacer
congruente dicha norma sería necesario suprimir el calificativo del trabajo como "obligación
social" y, por supuesto, derogar la ley de persecución de la vagancia, de tal suerte que la norma
correlativa de "todas las personas tienen derecho al trabajo" se tradujera en "el Estado está
obligado a proporcionar trabajo o a garantizar la creación y existencia de fuentes de trabajo".
Este último sería además el precepto adecuado a nuestra realidad económicosocial, la cual
evidencia un alto porcentaje de población desocupada o sub-ocupada, dadas las deficiencias de
nuestro sistema económico y la escasez de fuentes de trabajo,

3.2 Conflictos de oposición contradictoria.


Examinaremos en seguida algunos casos concretos de manifestación de conflictos de oposición
contradictoria y los criterios lógicos y legales de solución de los mismos.

3.2.1 Conflictos intrasistemáticos que derivan de misma fuente:


a) Entre normas de jerarquía diferente: El ordenamiento jurídico, además de ser un conjunto
sistemático, posee un carácter "piramidal" en la medida que todas las normas se fundamentan
en la Constitución de la República —norma fundamental— y por ello, vistas desde la cúspide de
la pirámide las normas inferiores aparecen como actos de aplicación; mientras que en la

27
García Maynez, Eduardo: Introducción a la Lógica Jurídica, Fondo de Cultura Económica, México, 1968, p. 43
36
perspectiva inversa resultan normas condicionantes de los actos que las aplican. Los tratadistas
señalan que la regla según la cual cada escalón de la pirámide es a un tiempo (en perspectiva
dialéctica) acto de aplicación y norma condicionante de ciertos actos, sufre dos excepciones: en
lo concerniente a la norma fundamental, que no deriva de otra de mayor rango, y los
denominados "actos postreros" de aplicación (un secuestro judicial, un remate) que no poseen
carácter normativo sino que representan la definitiva realización de una obligación o deber
jurídico. Por otra parte, en lo relativo a la jerarquía, este concepto hace referencia a las
relaciones de supraordinación subordinación y coordinación entre las distintas normas jurídicas.
Así se dice que entre aquellas normas que no dependen unas de otras (dos normas
constitucionales, dos cláusulas de un contrato, dos artículos del Código Penal) hay una relación
de coordinación, mientras que, por el contrario, entre las leyes comunes y la Constitución existe
una relación de subordinación de las primeras por relación a las segundas, del mismo modo que
se da entre preceptos reglamentarios y leyes orgánicas, o entre disposiciones estatutarias de
una sociedad y el Código de Comercio, por ejemplo. El criterio central en la resolución de este
tipo de conflictos es el que establece que debe siempre prevalecer la norma de mayor jerarquía,
lo cual significa que la Constitución de la República prevalece siempre sobre las leyes ordinarias,
y que éstas últimas prevalecen sobre reglamentos, leyes orgánicas, acuerdos gubernativos, etc.

Este principio es recogido por la Constitución de la República, que preceptúa en el artículo 172
que "ninguna ley podrá contrariar las disposiciones de la Constitución. Las leyes que violen o
tergiversen los mandatos constitucionales son nulas ipso jure", lo cual significa que, sin
necesidad de declaratoria oficial, los jueces deben considerar nulas aquellas normas legales que
se opongan a los mandatos constitucionales. (33 bis28). En caso de que así no lo hicieren (es
decir, en el caso de que un juez no aplicara este principio al conocer en un asunto concreto) las
personas particulares tienen a su alcance el recurso de amparo, que según lo estipulado por el
artículo 80 del texto constitucional está instituido para mantener o restituir a las personas en el
goce de los derechos y garantías que la Constitución establece, o bien para que se declare en
casos concretos que un reglamento, resolución o acto de autoridad no obliga al -recurrente por
contravenir o restringir cualesquiera de los derechos garantizados por la Constitución. Dicho
recurso puede también interponerse contra las llamadas disposiciones o resoluciones "no
meramente legislativas" del Congreso de la República, permitiendo a los particulares recurrir
contra ellas —en casos concretos— de amparo, a fin de obtener una declaración de no
aplicabilidad por tratarse de disposiciones violatorias de derechos constitucionales. El calificativo
de "no meramente legislativas" relativo a las disposiciones del Congreso significa que las leyes
emanadas de dicho órgano no pueden ser motivo del recurso de amparo sino únicamente
disposiciones o resoluciones específicas. Las normas genéricas, contenidas en leyes, decretos o
acuerdos gubernativos pueden a su vez ser atacadas de inconstitucionalidad, cuando tengan
vicio parcial o total de esta índole, según lo establecido por el artículo 263 constitucional. Para
ello es necesario que se integre una Corte de Constitucionalidad compuesta por las más altas
autoridades del Organismo Judicial: el presidente y cuatro magistrados de la Corte Suprema de
Justicia, designados por la misma, y siete miembros electos por sorteo global entre los
magistrados de la Corte de Apelaciones y de lo Contencioso Administrativo. Los efectos del
recurso son (si prospera), en una primera fase la suspensión de la ley o disposición gubernativa
atacada, y en caso de declararse con lugar el recurso, la declaratoria de inconstitucionalidad
deja sin vigor la ley si se hubiese recurrido en su totalidad o bien parcialmente, en caso de que
el vicio que la afecta sea de esta índole.

28
28 Debe entenderse aquí, desde el punto de vista doctrinario, que este precepto constitucional recoge el principio lógico
de razón suficiente, ya que el fundamento de toda norma sólo puede estar en otra de superior jerarquía, por una parte, y por
la otra, que se aplica acá el principio lex prior derogat posterior, o sea que en este caso, la ley constitucional, normalmente
anterior a las leyes ordinarias prevalece sobre estas últimas (posteriores).
37
En resumen, la prevalencia de las normas constitucionales sobre las leyes ordinarias o sobre los
acuerdos y decretos del organismo ejecutivo se garantiza a través de los siguientes mecanismos:
lo. La nulidad ipso jure, aplicada de oficio por los Tribunales; 2o. El recurso de amparo, que
utilizan las personas particulares en contra de jueces y autoridades administrativas del Estado
en general, para que se declare en cada caso concreto que una ley o resolución no es aplicable
por contravenir preceptos constitucionales o bien para que se le mantenga o restituya en el goce
de las garantías constitucionales; y 3o. El recurso de inconstitucionalidad que puede promover
el Estado (a través del Ministerio Público), el Colegio de Abogados o cualquier persona y entidad
—con el auxilio de 10 abogados por lo menos— en contra de leyes o disposiciones gubernativas
de carácter general que se opongan contradictoriamente, en forma total o parcial a los preceptos
constitucionales (véase el capítulo V, artículos 262 al 265 de la Constitución y la Ley de Amparo,
Habeas corpus y Constitucionalidad, Decreto No. 8 de la Asamblea Constituyente de la República,
artículos 105 al 111).

b) Intrasistemáticos entre normas de igual jerarquía.


Primeramente debemos aclarar aquí que entendemos por conflicto "intrasistemático" aquél que
se produce en el interior de un sistema normativo específico, dado que existen distintos sistemas
u órdenes normativos: el jurídico estatal, el jurídico consuetudinario, el jurídico internacional, el
moral, etc., etc. En el caso que nos ocupa, nos referimos concretamente a aquellos conflictos
que se producen en el interior del sistema jurídico estatal, y que por "misma fuente" entendemos
aquellos conflictos que se generan en el interior del sistema constitucional de derecho positivo
que nos rige. Las oposiciones entre normas de distinta jerarquía ya hemos visto en la sección
anterior cuál es el criterio para resolverlas. Es más compleja la resolución de aquellos conflictos
que se generan entre normas de igual jerarquía, es decir, entre aquéllas que están en un mismo
nivel de la escala jurídica, lo cual se presenta en los casos de oposición contradictoria entre
normas, tales como dos preceptos constitucionales, dos artículos del Código Civil o dos cláusulas
contractuales, entre las cuales no hay un nexo de supra o subordinación, sino de coordinación
e igualdad.

El primer problema estriba en investigar si los preceptos antagónicos iniciaron su vigencia en


momentos distintos, en cuyo caso se aplica el principio lex posterior derogat prior (la ley
posterior deroga a la anterior) que está establecido en la ley del organismo judicial29. La
derogación de la norma anterior no necesita ser expresa, ya que cuando una ley es total o
parcialmente incompatible con la anterior, las disposiciones de ésta, contradictorias con aquélla,
quedan automáticamente eliminadas del sistema jurídico, así, como lo dice García Maynez: "el
deslinde de los ámbitos temporales de validez disuelve la antinomia, o mejor dicho, revela que
sólo era aparente"30. Más difícil es la solución de los conflictos de oposición contradictoria entre
normas provenientes de la misma fuente y de igual jerarquía cuando las dos son
coetáneas, es decir, cuando las dos tienen el mismo tiempo de vigencia y por lo tanto no es
posible aplicar el principio lex posterior derogat prior. La solución más adecuada es la que
deja la solución del conflicto al buen criterio del juzgador, atendiendo a las características del
caso y a las conexiones objetivas de los dos preceptos con los demás del ordenamiento de que
se trate. Otro tipo de solución, preconizado por algunos autores, entre ellos el célebre Hans

29
El artículo 8. de la ley del Organismo Judicial (Dto. No. 2-89 del Congreso de la República de Guatemala, establece que "Las
leyes se derogan por leyes posteriores: a) Por declaratoria expresa de las nuevas leyes; b) Parcialmente, por incompatibilidad
de disposiciones contenidas en las leyes nuevas con las precedentes; c) Totalmente, porque la nueva ley regule, por completo,
la materia considerada por la ley anterior; y d) Total o parcialmente, por declaración de inconstitucionalidad,
dictada en sentencia firme por la Corte de Constitucionalidad "
30
García Maynez: Op. cit., p. 79.
38
Kelsin, estribaría en declarar que los preceptos incompatibles se derogan o anulan
recíprocamente, sin embargo, esta solución se opone al principio de tercero excluido y
debe por lo tanto descartarse, ya que en forma implícita la misma consiste en considerar válida
la norma permisiva, por consiguiente, cada vez que dos normas opuestas de la misma jerarquía
deben aplicarse a un caso concreto el funcionario encargado de hacerlo (juez o
funcionario administrativo) se ve ante la disyuntiva de, haciendo uso del principio de
tercero excluido, considerar válida una de ellas e inválida la otra. Así, en el caso citado del
artículo 18 del Código Municipal que prohíbe implícitamente conceder el avencidamiento a
personas que carezcan de residencia en un municipio determinado durante más de un año
(y no posean en él "el asiento principal de sus negocios") y permite a la vez considerar como
vecino a aquél "que se halle" en el territorio de un municipio, cada ocasión que debe aplicarse
dicha norma el funcionario soluciona el conflicto discrecionalmente, dándole validez a una u otra
según que el criterio interpretativo sea restrictivo o extensivo.

Finalmente, en aquellos casos en que dos normas provenientes de la misma fuente y de igual
jerarquía se oponen, encontrándose las dos con igual tiempo de vigencia y dentro de un mismo
cuerpo legal, el criterio general de solución del conflicto está estipulado en el artículo 4o. de la
mencionada ley del Organismo Judicial que preceptúa que las disposiciones especiales de una
ley prevalecen sobre las disposiciones generales de la misma. Así, por ejemplo, el artículo 1673
del Código Civil establece que el término de prescripción especial de la acción para pedir
reparación de daños y perjuicios es de un año a partir de la fecha en que se produjo el daño o
en que el ofendido tuvo conocimiento del mismo, por lo cual, ante la hipótesis que en el mismo
código existiese otra norma que preceptuase en general un término mayor de prescripción, sin
referirse específicamente a las acciones por daños, lógicamente prevalece la disposición especial.
Otro ejemplo posible puede señalarse a propósito de la jornada de trabajo que en forma general
no puede exceder de 8 horas diarias y 48 a la semana (artículo 116 del Código de Trabajo) que
por relación a los menores de edad es de 7 horas diarias y 42 a la semana, ó 6 horas diarias y
36 a la semana según los casos, según lo establece la disposición especial contenida en el
artículo 149 del Código de Trabajo.

c) Conflictos intrasistemáticos de origen jurisprudencial.


Se entiende por "jurisprudencia" a aquellas normas jurídicas cuyo origen se encuentra en la
creación de normas individualizadas por los tribunales de justicia. Dicho en otras palabras, los
llamados "precedentes judiciales", esto es, las sentencias dictadas por los jueces en casos
similares, constituyen una fuente de derecho importante, según los países y las distintas
legislaciones31. En Guatemala, la jurisprudencia es fuente de derecho en materia civil, por
ejemplo, y así el artículo 621 del Código Procesal Civil y Mercantil preceptúa que la doctrina legal
puede formarse con la reiteración de fallas de casación pronunciados en un mismo sentido, no
interrumpidos por otro en contrario y que hayan obtenido el voto uniforme de cuatro
magistrados, por lo menos. Por esta razón, sí puede darse un conflicto de de oposición
contradictoria entre dos distintas normas individualizadas que provengan una del Tribunal
Supremo (Corte Suprema de Justicia) en materia de casación, y la otra de una Sala de la Corte
de Apelaciones, y es permitido en ese supuesto alegar entonces ―violación de doctrina legal‖,
o, lo que es lo mismo, infracción de la norma jurisprudencial que debe prevalecer. Así, el artículo
627 del Código Procesal Civil y Mercantil determina que “si se alegare infracción de doctrina
legal deben citarse por lo menos cinco fallos uniformes del Tribunal de Casación que enuncien
un mismo criterio en casos similares y no interrumpidos por otro en contrario”. O sea que, en la
hipótesis de una resolución de algún recurso de apelación que fuese contraria a una doctrina

31
García Maynez: Op. cit., p. 87.
39
legal, la parte interesada puede recurrir en casación por infracción de una norma jurisprudencial
o, lo que es lo mismo, para que el Tribunal Supremo (Corte Suprema de Justicia) resuelva el
conflicto haciendo prevalecer (dándole validez) a la norma proveniente de la doctrina legal que
se opone a la resolución de segunda instancia pronunciada por alguna sala de apelaciones. Esto
implica la posibilidad también de que un tribunal de segunda instancia revoque la sentencia de
un juez de primer grado que sea contraria a la norma jurisprudencial establecida por una doctrina
legal.

d) Conflictos intrasistemáticos entre normas jurídicas consuetudinarias.


Por costumbre jurídica se entiende la repetición de actos o conductas en un grupo social
determinado y la convicción que poseen las personas que así se comportan que su manera de
conducirse es obligatoria. La costumbre posee pues, esos dos requisitos fundamentales, puestos
ya de relieve por la doctrina romano canónica desde le época clásica, en el sentido que la
costumbre jurídica se constituye por la concurrencia de la inveterata sonsuetudo (elemento
– objetivo) y la opinio juris seu necesitatis (la convicción o aspecto subjetivo). En Guatemala,
es notoria la existencia de verdaderos subsistemas de derecho consuetudinario, sobre todo en
las comunidades indígenas, en donde la penetración de la reglas de conducta dictadas por el
Estado es muy poco profunda, dada la peculiar naturaleza de la estructura socioeconómica del
país, de la persistencia de formas no capitalistas de producción en la región del altiplano,
principalmente, y de una superestructura ideológica muy particular, derivada de las condiciones
étnicas. No obstante lo anterior, y dado que tal derecho consuetudinario no está reconocido por
el Estado, podemos afirmar que este tipo de conflictos (entre dos normas provenientes de la
costumbre) no es posible que se genere, ya que “aún suponiendo que en determinadas
circunstancias los miembros de una comunidad o de un sector de la misma abrigasen dudas
sobre la validez de dos prácticas contradictorias, esas dudas harían imposible la formación de la
contradictorias, esas dudas harían imposible la formación de la opinio juris y, por ende, tampoco
cabría atribuir carácter jurídico a las reglas antagónicas. Y cuando la opinio juris aparece, cuando
los que siguen ciertas formas de conducta tienen la convicción de que están jurídicamente
obligados a seguirlas, queda eliminada toda incertidumbre, y ya no hay posibilidad de conflicto”,
como señala acertadamente García Maynez32. Por otra parte, en el caso de que en regiones
distintas de una misma agrupación étnica, o en clases sociales o sectores diferentes de una
población aparezcan costumbres opuestas contradictoriamente, no es posible hablar de
contradicción en sentido lógico-formal, dado que en esas circunstancias los ámbitos personal y
espacial de aplicación son diferentes, aunque haya coincidencia en el temporal y en las materias
objeto de la regulación consuetudinaria.

3.2.2. Conflictos intrasistemáticos entre normas que proceden de fuentes


distintas:
Dos modalidades susceptibles de análisis podemos enfocar en este punto, la oposición entre
normas jurisprudenciales y normas legales y la oposición entre normas consuetudinarias y
normas legales.

a) Oposición jurisprudencia-legislación.
Dado que nuestro sistema jurídico es eminentemente legal y no de tipo jurisprudencial, como
sucede en los países anglosajones cuyo sistema denominado del "common-law" está basado
fundamentalmente en los precedentes judiciales, podemos afirmar que este tipo de conflictos
no deben suscitarse en nuestro medio, o bien, que en caso de suscitarse, los jueces deben darle
preeminencia a la ley por encima de la jurisprudencia común que exista. Un ejemplo concreto

32
García Maynez: Op. cit., p 87.
40
de este tipo de conflictos que eventualmente puede suscitarse lo tenemos en los Tribunales
de Trabajo en los cuales normalmente se apercibe a las personas jurídicas o
instituciones demandadas para que comparezcan a las audiencias por medio de su
representante legal nato (lo cual significa el designado por los estatutos, escritura
constitutiva de sociedad o ley orgánica, y no por medio de un mandatario judicial con
facultades especiales) cuando se va a rendir la prueba de confesión judicial, y es
jurisprudencia aceptada (hay una amplia repetición de precedentes) que los tribunales no
aceptan la presencia de personas que no posean esa calidad, y por lo tanto, han
declarado la confesión ficta de personas jurídicas que han comparecido por medio de
apoderados judiciales especiales, que usualmente son los abogados de las empresas
o instituciones demandadas. Así, con el fin de modificar esta situación se promulgó
recientemente un precepto legal, incluido dentro de la ley orgánica de una
institución descentralizada y autónoma del Estado, que preceptúa que —para el caso
específico de dicha institución— el gerente general posee facultades para designar al
funcionario que deba prestar declaración o confesión judicial o reconocer documentos,
". . . y cuando se haya hecho esta designación, los tribunales no podrán exigir la presencia
personal de ningún otro funcionario de la institución para dichas diligencias"33. Claramente se
trata aquí pues, de una disposición legal que pretende modificar una norma jurisprudencial
ampliamente aceptada en el ramo laboral, al menos en lo que concierne directamente a la
institución interesada en este asunto.34

b) Oposición costumbre-legislación.
Algunos autores han citado en lo relativo a este tipo de conflictos la norma contenida en el
artículo 2o. de la ley del Organismo Judicial que establece que contra la observancia de la ley
no puede alegarse ignorancia, desuso, costumbre o práctica en contrario como base para
argumentar que este tipo de conflictos, a nivel lógico formal no pueden presentarse en nuestro
sistema jurídico, ya que el principio legal citado impide la manifestación de este tipo de
contradicciones35. Sin embargo, creemos que esta opinión es válida para la hipotética oposición
entre dos normas consuetudinarias, que ya hemos indicado que a nuestro juicio no puede existir,
así' como también para aquellos casos en los cuales se pretendiera justificar el incumplimiento
o transgresión de una norma expresa alegando la existencia de una costumbre contraria. Así, a
pesar de que es una práctica común y casi una norma consuetudinaria en materia de notariado
el autenticar las firmas de personas que no lo han hecho en presencia del Notario, resulta claro
que en el supuesto de que se iniciase un juicio de nulidad de un acta de legalización por este
vicio, el Notario demandado no podría alegar la costumbre o práctica en contrario como
justificación de su acción, ya que en ese caso se le estaría dando preeminencia a una norma
consuetudinaria contra legem que es precisamente lo que el referido artículo de la ley del
Organismo Judicial pretende evitar. No obstante, en lo relativo a aquellos casos en los cuales es
la propia ley la que preceptúa que la costumbre sí es fuente de derecho, como sucede en el
derecho del trabajo36 crecemos que el conflicto entre una disposición legal y una costumbre sí
puede producirse, lo cual ocurriría en la hipótesis, por ejemplo, de que en una determinada
localidad del país se acostumbrase una jornada de trabajo inferior a la prevista por el Código de
Trabajo, o bien el pago del salario en modalidades distintas a las establecidas en el ordenamiento

33
Se trata del artículo 39 inciso 1 del Decreto No. 25-79 del Congreso de la República.
34
El mecanismo procesal para resolver estos conflictos es el del recurso de nulidad por infracción de ley, ya que al optar por
aplicar la norma jurisprudencial los tribunales invalidarían (infringen) la disposición legal específica.
35
Cf. Valenzuela, Wilfredo: Elementos de Lógica Jurídica, Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, USAC, 1977, p.
59.
36
Es el artículo 15 del Código de Trabajo que establece que en los casos no previstos por el Código, reglamentos o leyes
relativas al trabajo se deben resolver de acuerdo con los principios del derecho del trabajo, la equidad, la
costumbre o uso local en armonía con dichos principios y Por último, de acuerdo con los principios y leyes de derecho común.
41
laboral substantivo, como sucede en las zonas rurales del país en donde es acostumbrado pagar
el salario en porcentajes superiores al treinta por ciento preceptuado por el Código. Así, en el
supuesto de que dichas costumbres beneficien a los trabajadores y que, incluso los sindicatos y
organizaciones laborales se pronunciaren a favor de ellas, creemos que no sólo se manifestaría
un conflicto evidente entre costumbre y ley, sino que además nos parece que los tribunales
deberían solucionar el mismo, dándole validez a la norma consuetudinaria37.

El licenciado Valenzuela cita al licenciado Alfonso Bauer Paiz en el mismo texto, aunque sin
embargo, nos parece que la referencia del licenciado Bauer Paiz es a aquellos casos de oposición
entre dos normas consuetudinarias (provenientes de la misma fuente), mientras que en este
punto examinamos el caso de oposición entre normas provenientes de fuentes distintas
(legislación - costumbre) que a nuestro juicio sí puede plantearse jurídicamente.

3.2.3 Conflictos intersistemáticos.


Otro ejemplo de conflicto intersistematico es el que puede generarse entre normas de
derecho nacional interno y los preceptos del derecho internacional público. En efecto, puede
perfectamente darse el caso de que una norma de derecho interno se oponga
contradictoriamente a un precepto internacional, en cuyo caso el criterio de solución de nuestra
legislación vigente está dado por el artículo 246 constitucional que preceptúa que "los
tribunales de justicia observarán siempre el principio de que la constitución prevalece sobre
cualquier ley o tratado internacional". Esto es así en virtud del principio de soberanía estatal
que se opone a considerar el orden jurídico internacional como superior o fundante del orden
jurídico nacional, dado que la soberanía implica esencialmente la facultad de un Estado
de darse a sí mismo su propio ordenamiento jurídico y aplicarlo con exclusión de cualquier
otro, sea este de otro Estado o internacional propiamente dicho. Así, en el supuesto
que Guatemala en ejercicio de lo preceptuado por el artículo lo. de las disposiciones
finales de la Constitución de la República que establece que Belice es parte del territorio nacional
y si se invadiera dicho territorio, no podría aplicarse — de acuerdo con nuestro derecho
interno— la norma internacional que preceptúa que en caso de ocupación bélica de un
Estado por otro, el territorio ocupado no se convierte en territorio del beligerante ocupante,
es decir, que la potencia beligerante ocupante no adquiere la soberanía sobre ese territorio,
como lo establecen los artículos 42 al 56 del Reglamento anexo a la Convención IV. Firmada en
La Haya el 18 de octubre de 1907, relativa a las leyes y usos de la guerra terrestre. O sea que
de acuerdo con esta norma del derecho internacional, Guatemala como estado ocupante del
territorio de Belice no debe concretarse a "tomar todas las medidas que de (ella) dependan para
restablecer y asegurar, en cuanto fuere posible, el orden y la vida pública respetando, salvo
impedimento absoluto, las leyes vigentes en el país". Ante esa situación hipotética, es obvio que
Guatemala no podría acatare! mandato de la norma de derecho internacional, ya que ello
significaría violar un precepto constitucional interno que, al ordenar a las autoridades estatales
a considerar Belice como parte integrante del territorio nacional, tácitamente obligaría a
Guatemala a aplicar su legislación en territorio beliceño a partir del supuesto caso que el ejército
ocupante se posesionara efectivamente de éste.

37Este ejemplo es absolutamente imaginario y difícil de manifestación real Sin embargo, dado los altos
índices inflacionarios y la devaluación del poder adquisitivo de la moneda, no es fantástico suponer que algún buen
patrono en una empresa agrícola o plantación pudiese pagar mejor a sus trabajadores (en alimentos, proporcionándoles
vivienda, energía eléctrica, escuela, vestido, etc.) con ventajas económicas superiores al 30o/o y, en este supuesto,
tampoco sería favorable a tal costumbre. Dada esta situación hipotética, tampoco resultaría inverosímil que los Tribunales de
Trabajo, apoyándose en el artículo 17 del Código y sobre todo en los principios del derecho laboral, le diere preeminencia a la
norma consuetudinaria sobre la legal Es claro que, en tales circunstancias, se impondría la necesidad de formalizar un pacto
colectivo de condiciones de trabajo a fin de darle-rango legal a las conquistas laborales..

42
Sin embargo, desde el punto de vista doctrinario no existe unanimidad en cuanto a esta
situación, ya que hay autores que sostienen que el orden jurídico es uno solo (nacional e
internacional) y que, dado que el orden jurídico nacional deriva su validez de una norma
fundamental de naturaleza internacional, no puede existir un verdadero conflicto
intersistemático sino que en realidad existe un problema al cual se aplica el principio de no-
contradicción a fin de resolverlo. El criterio de solución es, como bien puede suponerse ya, el de
la prevalecencia o preeminencia de la norma jurídica superior, que para autores como Kelsen no
ofrecen ninguna duda que se trata del derecho internacional:

"Algunos juristas y tribunales, especialmente en Inglaterra y Estados Unidos, pretenden aún hoy
que un Estado solamente está ligado por las normas de derecho internacional si ese Estado ha
reconocido la validez de tales normas de modo directo o indirecto, expreso o tácito. Estos juristas
están guiados por una filosofía del Estado análoga al individualismo del siglo XVIII, pero no
pueden fundarse en ninguna norma del derecho internacional positivo. Este no exige ni puede
exigir ser reconocido por los Estados y su validez es independiente de tal reconocimiento.
Aparece así como un orden jurídico al cual los derechos nacionales están subordinados, de tal
manera que tenemos un sistema jurídico universal fundado sobre la primacía del derecho
internacional. La razón de validez de este derecho ya no debe buscarse en un orden jurídico
nacional; por el contrario, es la validez de los órdenes jurídicos nacionales la que tiene su
fundamento en el derecho internacional"38

Más adelante Kelsen indica que las contradicciones entre normas de derecho interno y normas
internacionales es parecida a la contradicción entre normas de diferente jerarquía en el derecho
positivo interno: así', a pesar de que la Constitución preceptúa que son nulas ipso jure las normas
que se oponen a los preceptos constitucionales, o que son anulables las leyes inconstitucionales
(a través del procedimiento fijado en los capítulos relativos al recurso de inconstitucionalidad),
es claro que, mientras una Corte Internacional de Justicia u otro tipo de organismo internacional
superior no disponga del poder suficiente como para verificar dicha anulación, o bien para
imponer sanciones efectivas a un Estado transgresor de la ley internacional, las normas
contradictorias permanecen válidas o las transgresiones al derecho internacional no podrán ser
sancionadas efectivamente. Estaríamos así ante una contradicción lógica39 irresoluble en el plano
formal, ya que se hace imprescindible previamente no sólo "eliminar el dogma de la soberanía
(estatal), principal instrumento de la ideología imperialista dirigida contra el derecho
internacional"40 como señala Kelsen, sino, sobre todo, en el plano lógico dialéctico (real) superar
las contradicciones entre sistemas socioeconómicos mundiales y avanzar hacia la creación de
organizaciones internacionales centralizadas, dotadas de un poder político efectivo como ya se
indicó.41
38 Kelsen, Hans: Teoría Pura del Derecho, EUDEBA, Buenos Aires, 5a. ed., 1967, pp. 212-213
39 Kelsen afirma que no hay contradicción lógica entre normas internacionales y nacionales porque en realidad se trata de
"casos especiales de oposición que puede existir entre una norma superior y una norma inferior. Así, cuando la ley de un
Estado está en desacuerdo con un tratado concluido por este Estado, ello no afecta la validez de la ley ni la del trabajo. .."
(Kelsen: Op. cit., p. 214). Sin embargo, en este punto sí participamos del criterio de García Maynez, que acertadamente ve
contradicciones lógicas en ese tipo de oposiciones, ya que por el principio de tercero excluido no se pueden considerar como
inválidas las dos normas. En realidad el Estado que opta por una u otra inválida (anula) una de ellas, en ejercicio casi
siempre, de criterios políticos.
40 Kelsen: Op. cit., p. 223.
41 Un ejemplo concreto de transgresión del derecho internacional lo constituye la violación (acto ilícito) del articulo 22 incisos

lo. Y 2o., del Convenio de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, firmado el 18 de abril de 1961, que preceptúa
textualmente: "Los locales de la misión son inviolables. Los agentes del Estado receptor no podrán penetrar en ellos sin
consentimiento del Jefe de la misión. El Estado receptor tiene la obligación de proteger los locales de la misión contra toda
intrusión o daño y evitar que se turbe la tranquilidad de la misión, o se atente contra su dignidad", por parte del
Estado guatemalteco, a raíz de la ocupación de la sede de la embajada española por un grupo de campesinos el 31 de
enero de 1980. En este caso, primeramente se trató de justificar 'a acción policíaca aduciendo que se había intervenido a
43
CUADRO DE OPOSICIONES CONTRADICTORIAS POSIBLES

1.1.1 de diferente jerarquía


1.1.2 de igual jerarquía fuente
1 Que proceden de una misma 1.1.3 entre normas jurisprudenciales
1. INTRASISTEMATICOS 1.1.4 entre normas consuetudinarias

1.2.1 entre normas legales y normas


1.2 Que proceden de fuentes consuetudinarias
distintas 1.2.2 entre leyes y resoluciones de los
tribunales

1. Conflictos entre normas de derecho interno (nacional) y normas de derecho


internacional
2. INTERSISTEMATICOS
2. Conflictos entre normas de derecho estatal y otros ordenes normativos
(moral, costumbre, practica social)

solicitud de "un funcionario de la embajada". Dada la supervivencia del embajador —jefe de la misión y única persona que
podía haber solicitado la intervención de la fuerza pública— se adujo que quienes habían violación la
extraterritorialidad de la sede eran los campesinos, por lo cual la misma ya no existía cuando intervino la policía. Esto último
es absurdo, pues los campesinos no pueden ser equiparados a "agentes del Estado" y, en todo caso — llevando el
razonamiento jurídico a un extremo— puede decirse que se produjo una doble violación de la norma citada, ya que los
agentes del Estado guatemalteco no protegieron debidamente la sede diplomática contra la "intrusión" campesina. La
única sanción que aplicó España a Guatemala por este acto ilícito fue la rotura de relaciones.

44
Documento transcrito por el Lic. Wilmer Martín Quim C. Catedrático del curso Lógica Jurídica de la Facultad de
Ciencias Jurídicas y Sociales de la Tricentenaria Universidad de San Carlos de Guatemala, Centro Universitario del
Norte CUNOR. Retomado de Introducción a la Lógica Jurídica de Aqueche Juárez, Héctor y Padilla M. Luis
Alberto. Talleres de la Editorial Universitaria, Guatemala 1984.

45