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Guía de Actividades: ¨Nuevas Invasiones, Feudalismo y Cruzadas¨

Nombre: _____________________________________________ Curso:7°______ Fecha: ___________

Objetivo: Comprender como las incursiones y conquistas de normando, magiares y sarracenos afectaron
Liceo B. Padre A. Hurtado C.
Dep: Historia y Cs. Sociales. el orden político y social europeo
Séptimo Básico.

Disolución del Imperio carolingio y feudalismo

El Imperio carolingio fue de corta duración; nacido tras la época caótica


de las invasiones germanas, se desintegró en los tiempos turbulentos que
siguieron. Los carolingios alcanzaron éxitos extraordinarios debido al
fuerte liderazgo que fueron capaces de ejercer y a sus extensas
posesiones territoriales, lo que les atrajo un gran número de vasallos muy
leales y bien armados. Los ejércitos carolingios poseían una mejor
organización y disciplina que los de los otros pueblos y reinos de la época.
La política de Carlomagno fue repartir las tierras y botín que iba
conquistando en sus campañas militares anuales entre sus vasallos
francos, pero ya durante la última década de su reinado, tras el
sometimiento definitivo de los sajones en el 804, las conquistas llegaron
a su fin y, como resultado, los vínculos de lealtad de sus hombres se
fueron debilitando. Esta situación se reflejó en los gobiernos de su hijo,
Luis el Piadoso, y de sus nietos.
De acuerdo a la tradición germana, al morir un monarca, sus tierras,
consideradas posesión personal, se debían repartir entre sus hijos. Esto
fue la causa del debilitamiento de muchos reinos. Los carolingios tuvieron
la suerte de que a lo largo de varias generaciones existió un solo
heredero. Pero los tres hijos de Luis el Piadoso se repartieron el Imperio.
Según lo que acordaron en el Tratado de Verdún (843), la región oriental, correspondiente, más o menos, al territorio de lo que en la
actualidad son Alemania, Austria, Eslovenia y Croacia, quedó en poder de Luis el Germánico; la región occidental, que incluía lo que
hoy son Francia, Bélgica y Cataluña (la marca española), la retuvo Carlos el Calvo; y la franja vertical intermedia desde el territorio de
la actual Holanda, en el mar del Norte, hasta Italia, quedó en manos de Lotario I. Más allá de esta repartición, sin embargo, el hecho
fundamental era que los grandes señores —duques, condes, marqueses, abades— ejercían grandes cuotas de poder en los territorios
de sus jurisdicciones de manera bastante independiente de los reyes. Esta fragmentación de la autoridad política condujo al feudalismo.

Las nuevas invasiones

Durante los siglos IX y X se desataron


sobre los habitantes de Europa nuevas
invasiones desde el exterior: los vikingos o
normandos, “hombres del norte”,
avanzaron por mar desde la península
Escandinava y Dinamarca; los húngaros o
magiares incursionaron desde las estepas
asiáticas; y los sarracenos (musulmanes)
atacaron desde el norte de África.
Los invasores comenzaron realizando
incursiones de saqueo y pillaje dirigidas, en
especial, a los monasterios y las ciudades,
que era donde se concentraba la riqueza.
Estas acciones se sucedieron durante
muchos años, lo que explica el terror que
angustió a varias generaciones de
europeos que habitaban las regiones más
expuestas a los ataques. Tras alrededor de
un siglo, los invasores conquistaron
algunos territorios donde se asentaron y,
finalmente, se cristianizaron e integraron a
la civilización medieval occidental.
Durante el período de las invasiones, los campesinos y habitantes de las ciudades aceptaron la protección de cualquier señor o caballero
que pudiera brindárselas; generalmente los reyes se encontraban muy lejos o no pudieron defenderlos. A cambio de esta protección
entregaban sus servicios y lealtad política, estableciendo, de esa manera, un tipo de relación que conduciría al surgimiento del
feudalismo.
El feudalismo

El feudalismo se originó en Francia, en la región ubicada entre


los ríos Rin y Loira, y luego se extendió al resto de Europa,
adquiriendo rasgos distintivos en cada reino y región. Su
elemento central fue la relación de vasallaje, es decir, aquella
establecida entre un señor
y su vasallo mediante las ceremonias de homenaje, investidura
y entrega del feudo (al feudo también se le llamaba “beneficio”).
La relación de vasallaje era un contrato que solo se establecía
entre nobles; los campesinos y siervos no participaban de esta
institución, sino que su estatus era de servidumbre. El vasallaje
era una relación de dependencia personal que se contraía
libremente (no se imponía), tenía una duración vitalicia (para
toda la vida) y establecía obligaciones recíprocas entre el señor
y su vasallo: el señor se comprometía a entregarle protección y
medios de sustento económico, mientras que los vasallos le
juraban apoyo en sus campañas militares, auxilio económico en ocasiones específicas, como por ejemplo en el pago de un rescate si
es que era hecho prisionero, y consejo, que por lo general consistía en la asistencia al tribunal del señor, encargado de hacer justicia
en el reino, condado o cualquiera fuese la extensión de su dominio.
La contribución militar de un vasallo residía en mantener una hueste de caballeros que estuviesen siempre disponibles al requerimiento
del señor y este, a su vez, tenía la capacidad de convocar y dirigir a los guerreros que le aportaban sus múltiples vasallos y, de esa
forma, podía cumplir con su obligación de brindar protección a los habitantes de su dominio. La nobleza, incluyendo a los caballeros,
era uno de los grupos (órdenes) que componía la sociedad feudal. Otro era el conjunto de los miembros de la Iglesia, desde las altas
autoridades, tales como obispos (superior de una diócesis) y abades (superior de un monasterio), hasta los sacerdotes parroquiales. El
tercero, era el grueso de la población dedicada a las labores agrícolas y artesanales. La sociedad feudal era estamental, es decir, la
pertenencia a uno de los tres órdenes estaba determinada por el nacimiento y no existía movilidad, en particular desde la base de la
pirámide hacia arriba. Durante la Edad Media la sociedad y economía europeas eran marcadamente rurales. La gran mayoría de la
población, que se dedicaba a las labores agrícolas, pertenecía a una de tres categorías: esclavos, siervos o campesinos libres. La
población esclava iba en disminución, mientras que crecía la servidumbre de la gleba, que era también una herencia romana. Mediante
leyes que los obligaban, los siervos estaban atados a la tierra de su señor a quien debían obediencia y trabajo a cambio de sustento y
protección.

El régimen feudal

Durante la época de las invasiones de los siglos IX y X, la monarquía entregó a la nobleza el control político y militar de extensos
territorios en el norte de Francia para, de esta manera, asegurar su defensa y gobierno. En un principio esta cesión era por un tiempo
definido y no podía ser traspasada a la descendencia, pero más adelante se hizo hereditaria. A su vez, duques, condes y marqueses
repartieron estas tierras a otros nobles y caballeros de menor rango a cambio de servicios militares y de otro tipo. Una posesión adquirida
de esta manera se llamaba feudo y la organización política que surgió de este intercambio de propiedades por servicios se conoce como
feudalismo. Un hombre se convertía en vasallo de su señor, jurándole lealtad de por vida, ayuda y consejo en una ceremonia solemne
llamada homenaje. Luego, el señor hacía entrega de un cargo y un dominio (feudo) en otra ceremonia denominada investidura. Para un
rey o un noble, la entrega de dominios territoriales a cambio de lealtad y servicios era una forma muy conveniente de sostener una
hueste de guerreros montados (caballeros) en una época en que escaseaba el dinero y la tierra era abundante. En el territorio de un
feudo había aldeas y caseríos donde vivían esclavos, siervos y campesinos libres junto a sus familias

La economía feudal

La sociedad feudal fue esencialmente rural y agraria, es decir las ciudades fueron prácticamente abandonadas y la tierra era la fuente
principal de sustento y de riqueza. El trabajo era comunitario y los instrumentos y las técnicas de producción eran sumamente
rudimentarios. Gran parte de la población campesina estaba conformada por siervos de la gleba, es decir, hombres y mujeres que no
gozaban de libertad de movimiento: estaban obligados a vivir en un lugar y trabajar para un señor durante toda su vida. El señorío fue
la unidad económica básica durante casi toda la Edad Media, antes de que se produjera un resurgimiento de la vida urbana en el siglo
XIV. La prácticamente inexistencia de dinero y la desarticulación del comercio internacional e interregional condujeron a que al interior
de cada señorío se produjera casi todo o necesario para el propio consumo, tanto en bienes agrícolas, como artesanales (herramientas
y elementos domésticos, entre otros), es decir, la economía señorial era de autosubsistencia, no destinada al intercambio (también se
le ha llamado autárquica, que quiere decir autosuficiente). El crecimiento y multiplicación de los señoríos no significó que desaparecieran
las aldeas libres y las parcelas campesinas, es decir, las tierras que eran propiedad de hombres libres, ni siervos ni esclavos, que se
encontraban fuera de los señoríos. Estas tierras de cultivo pertenecientes a las familias campesinas se llamaban alodios. Según la
región de Europa de que se tratase y, de acuerdo al momento histórico, predominaban señoríos o campos alodiales. Al interior de los
señoríos había aldeas, terrenos de cultivo llamados mansos, edificaciones del señor (casas, graneros, castillo, molino de agua, entre
otras), caminos, puentes, bosques y praderas (destinadas a la crianza y manutención del ganado). Al no existir dinero, los esclavos,
siervos y campesinos pagaban al señor por el derecho a uso de la tierra, molino, puentes y caminos, etc. con productos y, lo que era
más importante, con trabajo en los mansos dominicales (tierras de cultivo del señor) algunos días de la semana.

La mentalidad medieval

La religión católica influyó profundamente en la sociedad medieval europea. Existe numerosa evidencia que da cuenta del rol central
que tuvo lo divino y lo sobrenatural en la visión del origen del universo o la representación de la Tierra. Esta concepción de la vida y el
mundo se caracterizó, entre otras cosas, por su teocentrismo, es decir, por concebir a Dios como el centro y creador de todo el universo.
También por una percepción lineal del tiempo, que marcaba tanto el inicio de los tiempos (la génesis bíblica) como el fin del mundo (el
apocalipsis). Otra característica de esta época fue una visión geocéntrica del universo, con la Tierra en el centro de todos los astros.
La civilización europea fue fruto de una síntesis en la que convergieron distintas tradiciones culturales. En ella se integraron elementos
políticos de los reyes germanos, la cultura judeocristiana junto al aporte intelectual de filósofos de la Antigüedad clásica, como Platón,
aunque se los considerara “pensadores ilegítimos”, por no ser cristianos. El cristianismo fue el gran elemento unificador que permitió
esta fusión cultural.

Conquistas y Cruzadas

Los europeos que esperaban con temor la


llegada del año 1000 no podían sospechar
que despuntando el segundo milenio su
civilización tomaría una senda de conquista y
expansión, incorporando territorios contiguos
que hasta ese momento se encontraban en
manos de bizantinos, eslavos y musulmanes.
Los normandos que se habían asentado en el
norte de Francia adoptaron el cristianismo y
se hicieron vasallos de la monarquía
francesa. Desde su territorio, Normandía,
salieron expediciones que conquistaron
Sicilia (1060 a 1091) e Inglaterra (1066),
llevando el feudalismo a las tierras
anglosajonas.
En el este de Europa fueron evangelizados varios pueblos eslavos, entre ellos los
polacos y los checos (de Bohemia y Moravia), al tiempo que la nobleza germana
estableció alianzas matrimoniales con sus dinastías gobernantes, lo que los incorporó
definitivamente a la civilización cristiana occidental. Los húngaros, por su parte, también
se convirtieron al cristianismo. En el año 1000, su jefe Esteban I, obtuvo el
reconocimiento y la corona real del Papa Silvestre II y del emperador germano Otón III.
Durante el siglo XI (1000 a 1100) Dinamarca se convirtió en un Estado vasallo del Sacro
Imperio Romano Germánico, mientras que en Noruega y Suecia se fundaron reinos
cristianos. De esta manera, los temibles vikingos de la época de las invasiones pasaron
a formar parte de la civilización europea occidental. En la península Ibérica, en el año
1002, el califato de Córdoba se desintegró, lo que dio a los reinos cristianos una
excelente oportunidad para dar un nuevo impulso a la reconquista. En 1085 los ejércitos
de Castilla ocuparon Toledo, ciudad que se convertiría en un crucial punto de encuentro
entre las culturas islámica y cristiana. Las conquistas más espectaculares, sin embargo,
fueron las que los europeos llevaron a cabo bajo el signo de la cruz en Cercano Oriente:
las Cruzadas. En 1094 ó 1095, Alejo I Comneno, el emperador de Bizancio solicitó al
Papa Urbano II ayuda militar para enfrentar el avance de los turcos selyúcidas que le
habían arrebatado casi toda el Asia Menor. En el Concilio de Clermont, Urbano II
convocó a los católicos a ir en defensa de sus hermanos cristianos y a recuperar
Palestina de manos de los musulmanes. El llamado del Papa tuvo una gran repercusión
ya que durante la Edad Media la fe cristiana era muy profunda. Además, la conquista
de nuevos territorios para la cristiandad significaba la adquisición de nuevos dominios
feudales para los señores que dirigían las expediciones.

¡¡¡ HORA DE LOS MOMASOS!!!!