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INTRODUCCIÓN A LA

PROTECCIÓN CIVIL
TEMA 1
Elementos de competencia

Al término de la sesión el estudiante logrará:

• Reconocer las características generales de la Tierra y el territorio

• Identificar la necesidad de interacción entre individuos y sociedades

• Conocer los orígenes e instrumentos del Derecho Internacional Humanitario

La ciencia de nuestro tiempo ha logrado establecer que la edad de la Tierra es cercana a los 4
mil 600 millones de años. Y que a lo largo de ese tiempo ha pasado por distintos periodos de
enfriamiento y de calentamiento global. La primera era glacial ocurrió hace 2 mil 300
millones de años y se perpetuó por mil 150 millones de años. Se calcula que el agua apareció
hace 3 millones 800 mil años y 200 millones de años después surgieron las primeras formas
de vida.

Según investigaciones recientes, el oxígeno se produjo hace 2 mil millones de años. La


segunda era de la Tierra como bola de nieve ocurrió hace mil 200 millones de años, luego
ocurrió un periodo templado y enseguida se produjo una nueva glaciación hace 700 millones
de años. Uno de los periodos más enigmáticos es el precámbrico, el cual inició hace 550
millones de años. Posteriormente se desarrolló una era conocida como paleozoica, hace 540
millones de años. Y ese periodo finalizó con una quinta era glacial que comenzó hace cerca
de 430 millones de años.

Hace 300 millones de años la Tierra tenía la forma conocida como Pangea, inferida como un
segmento de tierra que unía los bloques que hoy denominamos continentes. En ellos había
lagos, y grandes extensiones de flora con pequeños reptiles, y peces de agua salada sin alta
concentración de salinidad. Durante 100 millones de años evolucionaron las especies y los
grandes mamíferos han sido ubicados en el periodo conocido como era Mesozoica, hace cerca
de 245 millones de años, la cual abarcó un periodo de 180 millones de años, hasta que se
produjo una extinción masiva hace cerca de 65 millones de años (Viñas, 2013).
(s. a.). (s. f.). Pangea [imagen].
Tomada de http://foro.redjedievolution.com/viewtopic.php?f=50&t=76

Posteriormente ha sido registrado un nuevo periodo de glaciación global y se deduce que hace
50 millones de años los continentes adquirieron la forma que caracteriza al planeta Tierra
hasta nuestros días. Se estima que desde entonces se han producido en el planeta los
fenómenos geológicos e hidrometeorológicos que son parte de nuestro tiempo, aunque con
características particulares.

Recientemente, un estudio de investigadores de la Universidad de Yale y el Instituto


Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés) reconstruyó las condiciones
climáticas asociadas a la presencia de El Niño e ilustró, por medio de un modelo, las zonas
de presencia y la tendencia en la dirección de las trayectorias de los huracanes, deducidas
durante el plioceno (Fedorov et ál., 2010)

El plioceno inició hace 5, 332, 000 años y terminó hace 2, 588, 000 años. Descubrieron que
la recurrencia de huracanes era muy superior a las cifras que se tienen en el siglo XX. Y que
las condiciones existentes en el plioceno son similares a las que se esperan tener con el efecto
invernadero, que será percibido con el aumento en la temperatura global. En el plioceno, la
temperatura global era 4 ºC superior a la actual. Como ha sido comprobado que la temperatura
superficial del mar no es el único factor que incide en la presencia de los huracanes, el estudio
incorporó más variables que sustentaron una representación iconográfica. La siguiente
imagen ilustra lo anterior.

El Sol es el astro que produce la mayoría de los fenómenos que ocurren en la Tierra. La fuerza
de atracción le permite circular en una trayectoria astronómica. El viento en la Tierra surge
de la evaporación del agua debido a los rayos de calor solar. El sol transmite energía a los
seres vivos por medio de distintos procesos como la fotosíntesis de las plantas. Y sin el Sol,
ningún tipo de vida existiría en el planeta llamado Tierra.

En el interior del tercer planeta del sistema solar también se producen procesos que han sido
deducidos. Al parecer el planeta Tierra está constituido por tres capas, un núcleo duro, un
núcleo externo líquido, un gran manto y la corteza.

La corteza está dividida en dos partes, la corteza continental, de entre 10 a 70 kilómetros de


espesor; y la corteza oceánica, de 7 kilómetros de delgada.

Estos enormes bloques, al moverse, dan estabilidad a la gran masa terrestre. Además, se
realizan desplazamientos de enormes placas continentales. Han sido identificadas tres: a)
divergentes, son las que se van separando; b) transformers, son las que se deslizan una con
respecto a otra; y c) convergentes, son las que chocan y producen fenómenos como la
subducción, que contribuye con el surgimiento de coordilleras montañosas y volcanes.

La mayoría de los volcanes están ubicados en el denominado Anillo de Fuego del Pacífico,
que es identificado en el contorno del Océano Pacífico. En el planeta existen súper volcanes
cuya actividad explosiva es capaz de afectar la vida en todo el globo terrestre, como ocurrió
hace aproximadamente 642 mil años cuando se presentó la última erupción del volcán
ubicado en el parque Yellowstone.

(s. a.). (s. f.). Parque Yellowstone [fotografía] Tomada de


http://pixabay.com/get/b3db22ae2038658370ef/1404756038/grand-prismatic-spring-302708_1920.jpg?direct

Además, el desplazamiento de las placas tectónicas produce sismos propios de su movimiento


natural y algunas zonas son extremadamente activas.
(s. a.). (s. f.). Volcanes activos en los últimos 10 mil años [imagen]. Tomada de
http://www.britannica.com/EBchecked/media/3265/Volcanoes-and-thermal-fields-that-have-been-active-during-the

Los primeros humanos surgieron hace 200 mil años. Y los vestigios más antiguos de
civilizaciones se remontan a los 5 mil y hasta 20 mil años antes de Cristo (Göbekli Tepe, Tell
Qaramel, Tell Hamoukar, etcétera). Desde entonces han ocurrido diversos sucesos
catastróficos que han producido la extinción de civilizaciones que aún son enigmáticas para
la ciencia actual.

Esos antecedentes muestran que las catástrofes se han presentado en diversas ocasiones y que
los desastres no son un invento de la modernidad, sino una posibilidad cuando se convive
entre manifestaciones extremas de la naturaleza. Los desastres en la antigüedad guardan
características con los actuales, puesto que resultan de la combinación de varios factores: la
exposición, la presencia de una amenaza natural y las condiciones vulnerables que hacen
mayores o menores los impactos. Desde que el humano habita la Tierra, la sobrevivencia ha
representado un problema, pues depende de la naturaleza y de sus múltiples manifestaciones,
ante las cuales ha tenido que adaptarse.

En el territorio que denominamos Estados Unidos Mexicanos (México) se desarrollan


procesos hidrometeorológicos, climáticos y geológicos considerados extremos, a los cuales
está expuesta la mayor parte de su población.

México es el único país que es afectado por huracanes desde dos océanos: el Atlántico y el
Pacífico. El Atlántico es más activo, pero en el Pacífico se han producido más impactos de
ciclones tropicales entre 1970 y el 2010. México cuenta con un litoral de cerca de 11,593
kilómetros y dos terceras partes están frente al Océano Pacífico. El país está dividido en 31
estados y un Distrito Federal, y 17 de sus estados se ubican en zona costera, expuestos a los
efectos e impactos de los ciclones tropicales. La mayor cantidad de muertos en un desastre
asociado a un huracán ocurrió en 1976, durante el paso del fenómeno Liza, sobre La Paz,
Baja California Sur, donde una presa se desbordó y al agua impactó las casas que se
encontraban a su paso.
(s. a.). (s. f.). División política de los Estados Unidos Mexicanos [imagen].
Tomada de http://3.bp.blogspot.com/-
3iGMjunNjMk/TVNGVsvijII/AAAAAAAAIFs/OhyQgulJFQo/s1600/Mapa+politico+de+Mexico.gif

En promedio se forman 26 ciclones tropicales anualmente en ambas cuencas, 617 en el


Pacífico mexicano entre 1970 y el año 2010. Y 468 en la cuenca del Golfo y Atlántico entre
1970 y 2010. El año 2005 ha sido la temporada más numerosa de ciclones tropicales, se
formaron 28 en la cuenca Golfo-Atlántico y 15 en la del Pacífico. La frecuencia decadal es
opuesta en las cuencas, cuando incrementan los ciclones en una, disminuyen en otra. El
fenómeno El Niño influye en la formación de huracanes más intensos, pero pocos impactan
territorio mexicano, la mayoría se internan en el Pacífico.

En el siglo XX son considerados Niños fuertes, los registrados entre 1982 y 1983 y entre 1997
y 1998.

A continuación se enlistan dichos fenómenos:

Instrucción: Haz clic en cada número o en las flechas para desplegar el contenido

• 1982. El huracán Paul, Cat 2 impactó en Baja California Sur.


• 1983. El huracán Tico, Cat 4 impactó en Sinaloa. El huracán Adolfo también impactó en ese
estado.
• 1997. El huracán Rick, Cat 2 impactó Oaxaca y Chiapas. El huracán Paulina, Cat 4 impactó
Oaxaca y Guerrero. La tormenta tropical Olaf afectó Chiapas y Colima. Y el huracán Nora, Cat 4
impactó Baja California.
• 1998. La tormenta tropical Javier impactó Colima. El huracán Isis, Cat 1 impactó BCS y Sonora.
Debes considerar que aunque varios de esos fenómenos alcanzaron categoría 4, la mayoría
impactaron Tierra degradados.

Además de los ciclones tropicales, nuestro país está expuesto a múltiples fenómenos
hidrometeorológicos y climáticos como la sequía, la ausencia de lluvias, El Niño, La Niña,
granizadas, inundaciones, marejadas, mareas de tormenta, monzón, tornados, frentes fríos,
ondas de calor, etcétera.

Los fenómenos geológicos más peligrosos que afectan a México son los sismos y las
erupciones volcánicas.

El sismo más mortal de nuestro tiempo ocurrió en septiembre de 1985 y destruyó una porción
muy poblada de la Ciudad de México, en la que se ha deducido que se alcanzó la cifra de 6
mil muertos. La actividad sísmica se concentra en algunas regiones de México,
principalmente en los estados de Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Michoacán, Colima, Jalisco y
Nayarit; aunque también en la zona norte de los estados de Baja California y Sonora se han
reportado sismos intensos.

(s. a.). (s. f.). Terremoto México 1985 [imagen].


Tomada de http://www.fundacionunam.org.mx/blog/cultura/terremoto-de-1985.html/attachment/terremoto1985

México está considerado como uno de los países con más alta sismicidad en el mundo, ya
que en él se concentra alrededor del 6% de la actividad mundial. Esto se debe a que su
territorio se localiza en una región donde interactúan cinco importantes placas tectónicas:
Cocos, Pacifico, Norteamérica, Caribe y Rivera, además de algunas otras fallas regionales o
locales con distintos grados de actividad sísmica, entre las que destacan la de Acambay,
localizada en la zona central, y el sistema de fallas de Ocosingo, en Chiapas, al sur del país.

Las zonas afectadas por sismos comprenden todo el territorio de 11 estados y parte del
territorio de otros 14, abarcando en conjunto más del 50% del total nacional. Por las
características del subsuelo, la Ciudad de México es una de las zonas que presentan mayor
riesgo frente a la ocurrencia de sismos de gran magnitud, como el que se espera se origine en
la brecha sísmica de Guerrero (Mansilla, 1996).
Padilla, R. (2014). Representación de los volcanes mexicanos activos e inactivos[imagen].

La explosión volcánica más mortal ha sido la del volcán Chichón, en Chiapas, ocurrida en
1982. Pero el incremento de población en torno a los volcanes más activos de México podría
causar un desastre, ya que la exposición a estas amenazas se ha incrementado notablemente.

Cerca del volcán Ceboruco viven cerca de 97,486 personas. Entorno al Chichón 182,000,
cerca del Paricutín 326,000. Junto al Colima 349,000. Entorno al Popocatépetl 422,000. Y
junto al Tacaná, 511,000. La zona de mayor actividad volcánica la compone el cinturón que
abarca los estados de Nayarit, Jalisco, Colima, Michoacán, Hidalgo, Estado de México,
Distrito Federal, Puebla, Morelos y Veracruz. Sin embargo, el volcán más activo de México
es el de Colima, también llamado Volcán de Fuego.

(s. a.). (s. f.). Volcán de Colima [imagen]. Tomada de http://www.mexicodesconocido.com.mx/volcan-de-colima.html

El volcán que representa el mayor riesgo poblacional es el Popocatépetl. De acuerdo con la


Asociación Internacional de Vulcanología y Química del Interior de la Tierra (IAVCEI) se
consideran activos los volcanes que se han manifestado en menos de 10,000 años. En México
se ubican 22 de los 300 volcanes más activos que existen en el mundo (Pavia, 2009).
Sorprendentemente México cuenta sólo con 12 volcanes muy activos (Macías y Capra, 2005,
p. 10).

(s. a.). (s. f.). Volcán Popocatépetl [fotografía]. Tomada de http://www.cenapred.gob.mx/popo/2014/ene/p0102143.jpg

En la cultura occidental se ha escrito una historia sustentada con diversas fuentes escritas y
tangibles que han mejorado las interpretaciones del pasado. En ella se ubican grandes eventos
como el contacto de la cultura hispana con la mesoamericana, el cual ha dado origen a la
mezcla cultural que caracteriza a los mexicanos. En los últimos 522 años se transformó la
cotidianidad nativa prehispánica y, después de las conquistas y el colonialismo, los procesos
sincréticos culturales han dado lugar a grandes transformaciones productivas,
administrativas, institucionales, territoriales y religiosas.

En el siglo XX se han producido cambios vertiginosos en sintonía con algunos procesos


mundiales, como las dos guerras mundiales, la evolución del sistema mercantil, el libre
comercio y el capitalismo. Los conflictos bélicos históricos mostraron el horror de la
destrucción e hicieron evidente la necesidad de contar con acuerdos internacionales que
protegieran la vida de quienes no participan en las guerras o son víctimas colaterales.

Antecedentes del Derecho Internacional Humanitario (guerras, consecuencias de las


guerras, surgimiento de organismos internacionales)

El Derecho Internacional Humanitario proviene de las antiguas culturas, quienes sujetaron


las guerras a ciertas leyes y costumbres. Actualmente es un conjunto de normas que por
razones humanitarias trata de limitar los efectos de los conflictos armados, protegiendo a las
personas que no participan en los combates, además, limita ciertos usos de armas y métodos
de hacer guerra. Está integrado por acuerdos o tratados que son firmados por los Estados que
los reconocen como obligatorios.

La Segunda Guerra Mundial influyó en la firma de estos acuerdos internacionales para


proteger los derechos humanos, mayoritariamente aceptados por los estados y que han dado
forma a documentos como los Convenios de Ginebra de 1949, entre ellos el de la Protección
Civil.

Estos convenios, después de la Segunda Guerra Mundial, contemplaron la protección de las


víctimas de los conflictos armados, limitaron el uso de ciertas armas de destrucción masiva y
dieron pie a la Convención de la Haya de 1954, donde también se protegieron los bienes
culturales. Ha sido particularmente delicado el tema del uso de armas bacteriológicas,
debatido ampliamente desde la convención de 1972. Y de manera similar se han firmado
acuerdos para limitar el uso de ciertas armas convencionales, en 1980; restringir ciertas armas
químicas, en 1993; evitar las minas antipersonales desde 1997 y proteger la vida de los niños
involucrados en los conflictos armados.

La Segunda Guerra Mundial dejó una cifra de 14 millones de combatientes muertos en el


campo de batalla. Pero sobre todo, mostró al mundo el poder de la destrucción masiva tanto
de militares e inocentes como de infraestructura arquitectónica y entorno ecológico. Fue
dramático el impacto de las bombas arrojadas por los E.U.A en Japón en 1945, porque
hicieron evidente que era posible la extinción de la raza humana por medio del poder
tecnológico al servicio de las fuerzas bélicas. Y a pesar de que se firmó el fin de conflicto, la
amenaza de la destrucción masiva nuclear continuó durante la denominada Guerra Fría,
protagonizada por los antagónicos Estados Unidos de América y la Unión Soviética.

Al terminar la Guerra Fría, el medio ambiente se convirtió en un tema fundamental por su


importancia en la preservación de la vida que amenazó la radiación nuclear. A la par, nuevas
investigaciones mostraron que existían otros peligros para el humano, en los cuales estaba
influyendo de manera inconsciente. Sin embargo, en 1985 se logró la firma del Convenio de
Viena para la Protección de la Capa de Ozono y entró en vigor el 22 de septiembre de 1988.
Fue ratificado universalmente, pues el problema de la destrucción de la capa de ozono
demostró, por medio de la opinión pública, su peligrosidad para la raza humana.

Por lo anterior, el Convenio de Viena ha promovido la cooperación internacional para la


investigación acerca de los impactos que los humanos causamos en la capa de ozono. Con
estas investigaciones se aporta evidencia para demostrar las actividades humanas nocivas y
para proponer medidas legales o administrativas para sancionar a los responsables.

TEMA 2
Elemento de competencia

Al término de la sesión el estudiante logrará:

• Identificar los instrumentos internacionales, así como sus antecedentes en materia


de gestión integral de riesgos

Instrumentos internacionales en materia de protección civil y gestión integral de


riesgos
Entre los años 70 y 80 las diversas catástrofes tecnológicas causaron el cuestionamiento
acerca de los riesgos que estaban implícitos en los desarrollos tecnológicos. Con base en
observaciones directas, la antropóloga Mary Douglas identificó que algunas comunidades e
individuos están dispuestos a aceptar ciertos riesgos, mientras que rechazan otros (Douglas,
1985); y que la comodidad permite aceptar la contaminación ambiental, a pesar de sus
consecuencias para la salud; en parte por un fenómeno social conocido como inmunidad
subjetiva, el cual se manifiesta cuando los individuos piensan que están exentos de padecer
un desastre o un accidente.

Lo que caracteriza la época contemporánea es el establecimiento de instancias y de políticas


internacionales para hacer frente a diversas situaciones riesgosas. Esta dinámica es
particularmente notable en las áreas de sanidad y del medio ambiente (Revet, 2011).

La contaminación de una nube nuclear, las epidemias y algunos huracanes como Mitch,
afectan a varios países a la vez, lo cual hace evidente que se requiere una amplia intervención
para ciertas amenazas. Sin embargo, en algunas naciones el tema de la protección civil es
prioritario, mientras que para otras ha sido una imposición del modelo hegemónico
norteamericano. En Latinoamérica, hasta nuestros días se realizan acciones para actualizar
los protocolos de protección civil y pocos países cuentan con algún fondo similar a los
desarrollados en México, denominados Fondo Nacional de Desastres Naturales (Fonden) y
Fondo de Prevención de Desastres Naturales (Fopreden).

La cooperación internacional ha sido fundamental para enfrentar desastres.

En 1927, un tratado firmado por 19 países, 16 en el marco de la Sociedad de las Naciones,


implementa la Unión Internacional de Socorros, estableciendo así las bases de una asistencia
común entre los países firmantes. Sin embargo, en 1932 esta disposición caducó casi
inmediatamente debido a la Segunda Guerra Mundial (Revet, 2011).

Durante la Guerra Fría, distintas organizaciones enfocaron ciertos esfuerzos en la atención a


las víctimas y el socorro en el seno de las Naciones Unidas, cada agencia operaba según su
mandato: la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura
(Food and Agriculture Organization, FAO) y el Programa Mundial de Alimentos (World
Food Programme, WFP) para el suministro de la ayuda alimenticia, la Organización Mundial
de la Salud (World Health Organization, WHO) para la vigilancia de las epidemias y la
Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Office of the
United Nations High Commissioner for Refugees, UNHCR) para la puesta en práctica de
eventuales desplazamientos de población.

En Bangladesh, en noviembre de 1970, un ciclón detonó un desastre que causó la mayor


cantidad de muertos registrados en la historia.

A raíz de este evento, se constituyó un movimiento de internacionalización de socorros a


través de la Organización de las Naciones Unidas para Ayuda de Desastres (United Nations
Disaster Relief Organization, UNDRO).
Desde 1971, esta organización se ha encargado de coordinar las actividades de socorro de las
principales agencias de la ONU, cuando los países afectados buscan asistencia internacional.
La idea principal ha sido crear una institución capaz de dirigir los socorros a nivel mundial.
Sin embargo, algunos países han temido perder su soberanía, por lo que actualmente la
UNDRO está autorizada solamente a movilizar, orientar y coordinar las actividades de
socorro de los diversos organismos de las Naciones Unidas para satisfacer una demanda de
asistencia formulada por un estado víctima de un desastre (Revet, 2011).

Uno de los instrumentos internacionales en materia de protección civil es el Manual para la


evaluación de desastres.

Surgió después del terremoto de Managua que azotó la capital nicaragüense en diciembre de
1972. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) lo propuso en 1991
tras participar en más de 90 estimaciones de los efectos e impactos sociales, ambientales y
económicos de desastres en 28 países de la región (entre ellos, 15 de los 20 desastres más
letales acaecidos en América Latina y el Caribe en los últimos 40 años). En los desastres
evaluados por esa entidad se han registrado aproximadamente 310, 000 fallecimientos y 30
millones de personas afectadas con un costo de 213, 000 millones de dólares a precios del
año 2000.

Por lo anterior, en 1991 la experiencia acumulada por la CEPAL en esta materia fue plasmada
en la primera edición del manual de desastres, a cargo de Roberto Jovel. Tras esta publicación,
el Banco Mundial comenzó́ a usar esa metodología en países fuera de la región. A la fecha,
se ha empleado en 40 países de otros continentes, fundamentalmente África y Asia.

En 2003 se publicó una segunda edición bajo la dirección de Ricardo Zapata, un esfuerzo que
contribuyó a la difusión de esta metodología y a la “transferencia de conocimiento sobre la
materia a gobiernos de la región” (Bárcena, 2014).

En materia de prevención, desde los años 70, el Programa de las Naciones Unidas para el
Desarrollo (United Nations Development Programme, UNDP) y la FAO establecieron un
sistema de alerta para supervisar la evolución de las sequías y de las hambrunas, mientras que
la Organización Meteorológica Mundial (World Meteorological Organization, WMO) y la
Unión Internacional de Telecomunicaciones (International Telecommunication Union, ITU)
se han movilizado en las áreas de la predicción de tormentas y de la rapidez del sistema de
comunicaciones intercontinentales (Revet, 2011). Sin embargo, los mayores esfuerzos
preventivos surgieron después de que se visibilizó la proporción del problema de los
desastres. La información contenida en las organizaciones del llamado primer mundo les
permitía participar en labores de asistencialismo.

Pero en los noventa se hizo evidente que hacía falta ampliar el panorama de los riesgos y los
desastres. Por lo anterior, Naciones Unidas declaró los años noventa como el Decenio
Internacional de Prevención de Catástrofes Naturales (DIRDN).

El geofísico estadounidense Frank Press, ex consejero científico del presidente Carter de 1977
a 1980 y presidente de la Academia Nacional de Ciencias de E.U.A de 1981 a 1993 (bajo la
administración de Reagan y después bajo la de George H. Bush), evocó por primera vez la
idea de un decenio internacional sobre el tema de las catástrofes "naturales" en 1984, en el
VIII Congreso Internacional de Ingeniería Sísmica. Durante varios años se dedicó a fortalecer
la propuesta y buscar investigadores que representaran a una gran cantidad de países para que
pudieran contribuir con conocimiento sobre riesgos y desastres.
La propuesta de la ONU tuvo como principales cinco objetivos, los cuales se muestran a
continuación:

Los avances y logros fueron expuestos en diversos medios y encuentros, uno de los más
célebres, la Conferencia Mundial en Yokohama en 1994, fue la primera Conferencia de las
Naciones Unidas organizada sobre el tema de la reducción de riesgos y de catástrofes
“naturales"

De 1990 a 1999, la contribución de los científicos es innegable y se observó una


transformación significativa, sobre todo en la creciente influencia de las ciencias sociales en
el estudio del riesgo y los desastres, abriendo brecha en la hegemonía de las ciencias naturales.

En los años noventa, en Costa Rica, se conformó un grupo


llamado La RED (Red de Estudios Sociales en Prevención de
Desastres en América Latina), en parte como respuesta a la
tecnocratización de las amenazas y desastres promovida por
Naciones Unidas.

Desde La RED, diversos académicos, instituciones, grupos no


gubernamentales de diferentes países han promovido, hasta nuestros días, el estudio social de
los riesgos y desastres; en particular en los países menos desarrollados o en desarrollo,
principalmente de Latinoamérica.

La RED promovió un enfoque constructivista que profundiza en los antecedentes históricos


y las relaciones sociales, políticas, culturales y medioambientales que explican la
construcción social del riesgo y del desastre. Se hizo evidente que, aunque algunos fenómenos
son destructivos, no todos son devastadores, pues la vulnerabilidad es el agente social activo
que determina el grado del desastre.

La evidencia empírica y la reflexión teórica han documentado los desastres más significativos
de cada continente en los últimos 30 años. Durante ese lapso también se han evidenciado
algunos enfoques que perduran en la identificación de los riesgos, en la caracterización del
desastre y en la protección de los humanos ante las amenazas de origen natural y
antropogénico. En 30 años de debate es claro que las sociedades del mundo conviven con
distintas amenazas y prácticamente ningún humano está exento de algún impacto desastroso
durante su vida. Sin embargo, las variables que contienen los conceptos han marcado cambios
muy notables en el significado de algunos que son paradigmáticos como riesgo, desastre,
desastre natural y vulnerabilidad, con discursos divergentes o complementarios dentro de la
teoría general de los estudios sociales de riesgos y desastres (Padilla, 2014).

Como lo señala la especialista en riesgo, la antropóloga francesa Sandrine Revet, en el siglo


XXI surgió la Estrategia Internacional para la Reducción de Desastres (International Strategy
for Disaster Reduction, ISDR), que fue aprobada por la Asamblea General de la ONU el 21
de diciembre de 2001.

Y se convirtió en una plataforma de varias agencias encargadas de promover actividades en


favor de la reducción de los riesgos y desastres.

Se formó con un equipo menor que el del DIRDN, pero la ISDR tomó un rumbo cauteloso
durante los años 2001-2005. Sin embargo, tras el tsunami de 2004 en el sudeste de Asia se
realizó la Conferencia de Kobé organizada por la ISDR en 2005. La mediatización y la
conmoción que suscitó a nivel internacional esta catástrofe impulsaron la temática de los
riesgos y de los desastres al primer lugar en todas las agendas, debates e introducciones de
informes o textos producidos en los meses y años siguientes.

Con evidencia de diversos casos, se hizo notable que el asistencialismo no resuelve el


problema de la vulnerabilidad de los países, y que la vulnerabilidad es la condición que hace
que un desastre tenga menores o mayores proporciones.

Ante ese panorama, se propuso enfocar los esfuerzos en reducir las vulnerabilidades a través
de distintos mecanismos.

Para ello se planteó un marco de acción a través de una resolución de la Asamblea General
de la ONU en diciembre de 2005. El Marco de Acción de Hyogo (Hyogo Framework for
Action, HFA), se hizo operativo para el periodo 2005-2015, y fue adoptado por los 168 países
y por las organizaciones que participaron en la conferencia de Kobe, donde se pretendió
definir las acciones prioritarias que se aplicarían para reducir las vulnerabilidades ante los
desastres.

Así, la ISDR se presentó desde entonces como un sistema de alianzas que incluye gobiernos,
organizaciones intergubernamentales y no gubernamentales, instituciones financieras
internacionales, actores científicos y técnicos del sector privado. Su secretaría es la encargada
de coordinar y de ejecutar la apertura del HFA (Revet, 2011).

La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) es una organización que surgió
posterior a la Segunda Guerra Mundial con el propósito de mantener la paz en el mundo.
Sin embargo, también ha ampliado sus perspectivas y participa en operaciones de socorro
ante desastres. Particularmente su participación se vio fortalecida después de los atentados
del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, ya que evolucionó la noción de seguridad, y
colocó en el mismo nivel a las amenazas terroristas, los riesgos naturales y las catástrofes
tecnológicas, principalmente mediante el concepto de seguridad global y de administración
de todos los riesgos (all hazards management).

Gradualmente la OTAN se ha consolidado cada vez más como una organización de gestión
del riesgo que se centra en las amenazas futuras. Sus operaciones de prevención de riesgos
en Ucrania o en Asia Central demuestran este reposicionamiento. Aunque no todos los
miembros de la Alianza tienen un consenso real en las transformaciones del papel de la OTAN
en términos de protección civil, algunos quisieran ver en el futuro en la Alianza una agencia
de seguridad global.

Para la OTAN, su reposicionamiento en el campo de la seguridad civil, especialmente en


materia de socorros y de prevención de riesgos y de catástrofes naturales, le permite
mantenerse en un entorno que no le es favorable.

Sin embargo, las amenazas -naturales y las tecnológicas o terroristas- son presentadas como
permanentes, y el mundo es percibido como día a día más "vulnerable" en razón de las
actividades antropogénicas, de la urbanización creciente y del cambio climático (Revet,
2011).

Como se ha expuesto, son diversas las organizaciones e instituciones que han enfocado sus
esfuerzos en la respuesta, rehabilitación y reconstrucción tras un desastre. Sin embargo, son
pocas las que han promovido un enfoque en la denominada Gestión Integral de Riesgos y
Desastres (GIRD).

Con la GIRD, se hizo evidente que era necesario capacitar a la población para mejorar sus
capacidades de respuesta ante las amenazas naturales. Por ello se promovió la Gestión de
Riesgos y Desastres (GRD), que además procuraba atender oportunamente las emergencias
y manejar de la mejor manera los desastres.

A pesar de la perspectiva de la GRD aún predominaba la idea de que el fenómeno natural era
el desastre y que por lo tanto los desastres eran inevitables. Esta idea aún está presente en los
sectores menos informados, y aún siguen confundiendo a los fenómenos con “desastres
naturales”.

Sin embargo, desde la década de los ochenta, algunos estudios latinoamericanos ya insistían
en que el factor presente en todos los desastres era la sociedad y que las condiciones de
vulnerabilidad social influían en la intensidad del desastre. La Gestión Integral de Desastres
no es una invención reciente, en realidad es un concepto para denominar lo que las
comunidades indígenas han realizado a los largo de siglos, para enfrentar las inclemencias
del medio ambiente. Y en el plano urbano se aplica para identificar las formas como las
comunidades citadinas se defienden del medio ambiente y de las condiciones riesgosas.

El especialista en riesgos, el colombiano Gustavo Wilches-Chaux, coincide en que la Gestión


de Riesgos “es un proceso social complejo cuyo fin último es la reducción o la previsión y
control permanente del riesgo de desastre en la sociedad en consonancia con, e integrada al
logro de pautas de desarrollo humano, económico, ambiental y territorial, sostenibles”.
En principio, admite distintos niveles de intervención que van desde lo global, integral,
sectorial y macro-territorial hasta lo local, lo comunitario y lo familiar. Además, requiere de
la existencia de sistemas o estructuras organizacionales e institucionales que representan estos
niveles y que reúnen bajo modalidades de coordinación establecidas y con roles diferenciados
acordados a aquellas instancias colectivas de representación social de los diferentes actores e
intereses que juegan un papel en la construcción de riesgo y en su reducción, previsión y
control (Wilches-Chaux, 2008).

TEMA 3
Elemento de competencia

Al término de la sesión el estudiante logrará:

• Conocer los conceptos básicos de protección civil y gestión integral de riesgos

En la Ley General de Protección Civil (2012) se define al desastre como “el resultado de la
ocurrencia de uno o más agentes perturbadores severos y/o extremos, concatenados o no, de
origen natural o de la actividad humana, que cuando acontecen en un tiempo y en una zona
determinada, causan daños y que por su magnitud exceden la capacidad de respuesta de la
comunidad afectada” (p. 2). Sin embargo, la palabra desastre tiene antecedentes muy
antiguos. Según el historiador Gerrit Jasper Schenk, la palabra desastre tiene por equivalente
en alemán las palabras desaster o unstern, que significan "bajo una mala estrella” (Jasper,
2007, p. 12). Explica que en las lenguas romances como el francés se refieren a désastre y en
italiano a disastro, porque al parecer en el antiguo mundo era común creer que ciertas
constelaciones de estrellas eran las responsables de eventos fatídicos para la vida de los
humanos.
Entre las categorías más básicas para diferenciar a los desastres se hace distinción entre los
detonados por algún fenómeno natural y los desastres asociados a la intervención humana,
también llamados antropogénicos.

En esta definición de desastres antropogénicos se incluyen las guerras, las explosiones de


químicos, la contaminación ambiental, las emisiones de CO2 a la atmósfera, el efecto
invernadero, el calentamiento global y el cambio climático. Otra categoría para distinguir los
desastres se hizo notable después de los impactos del huracán Mitch en 1988 en Honduras y
varios países de la región. A raíz de este huracán, se consideró que por su gran zona de
impactos ciertos desastres traspasan fronteras y tienen la capacidad de afectar poblaciones en
distintos países con diferentes grados de vulnerabilidad.

Así, mientras algunos desastres pueden ser considerados regionales, otros, como el detonado
por Mitch, son denominados desastres internacionales.
NOAA. (1998). Imagen satelital del huracán Mitch sobre Guatemala, Honduras y Nicaragua
[imagen]. Tomada de http://www.ncdc.noaa.gov/oa/reports/mitch/mitch.html

Además de desastres crónicos también se distinguen otras categorías como desastres


pequeños, medianos y grandes (Lavell, 1993).

Se consideran pequeños desastres a los que, sin llegar a causar una catástrofe, generan
alteraciones en la cotidianidad, afectan económicamente las estructuras sociopolíticas locales
e implican periodos cortos de recuperación. Sin embargo, se ha documentado que estos
pequeños desastres suelen menguar gradualmente la resistencia ante un fenómeno extremo y
al producirse un impacto mayor contribuyen en que el desastre sea mayor. También Alan
Lavell explica que “los recurrentes pequeños eventos erosionan de continuo la capacidad de
desarrollo de las zonas y poblados afectados, y conducen a una inexorable acumulación de
vulnerabilidades, que hace que el efecto de los grandes desastres sea más agudo una vez que
suceden” (Lavell, 2000, p. 6). Los medianos desastres “son aquellos que atraen la atención
de los medios regionales y la recuperación se alcanza con capitales nacionales/estatales” (De
la Parra, 2009, p. 19). Los grandes desastres producen daños mayores a un millón de dólares,
se reportan más de 100 muertos y atraen la atención nacional e internacional de los medios
masivos de información, por lo cual se reciben diversos apoyos extranjeros (De la Parra,
2009).

Recientemente se han utilizado otras categorías para denominar a los desastres


como intensivos y extensivos. Por desastres intensivos se denomina a los sucesos en que se
reportaron 25 o más muertes o fueron destruidas 300 o más viviendas. Por desastres
extensivos, en los que mueren menos de 25 personas o se dañan menos de 300 viviendas
(UNISDR, 2013, p. 14).
El CENAPRED publicó que entre los años 1999 y 2011 han fallecido en México 2,326 seres
humanos específicamente a causa de algún desastre detonado por un fenómeno
hidrometeorológico, y los costos por los daños durante el mismo periodo han ascendido a
poco más de 14,598 millones de dólares (SEGOB-CENAPRED, 2007, p. 21).

CNN México. (2013). Cifras de muertos y daños en desastres 2000-2012 (gráfica). Tomada de
http://mexico.cnn.com/nacional/2013/10/21/el-costo-de-los-desastres-naturales-se-acentua-por-la-pobreza-y-
corrupcion

Durante siglos han perdurado dos ideas fundamentales con relación a los desastres; la primera
es que son actos de Dios y ocurren como un castigo divino ocasionado por una divinidad ante
ciertas violaciones a sus códigos de conducta moral. La segunda es que los desastres son actos
de la naturaleza (“desastres naturales”), que son inevitables y serán prevenibles cuando el
humano controle la naturaleza. Para los antropólogos los desastres son “procesos que se
desarrollan a través del tiempo, y sus orígenes están profundamente arraigados en la historia
social. Como tal, los desastres tienen raíces históricas, que se desarrollan en el presente, y en
el futuro que los procede de acuerdo con las formas de reconstrucción que se llevan a cabo.
Estos problemas se refieren directamente a la relación entre los humanos y la naturaleza y
con las estrategias para formas más sostenibles de desarrollo” (Oliver-Smith, 2009).

Los desastres básicamente resultan de la combinación entre una población vulnerable (v), una
amenaza (a) que supera las capacidades de preparación, prevención y respuesta, y algún grado
de exposición (e) a la amenaza. En síntesis: D = V+A/E.

Recientemente se ha argumentado que los desastres son un problema mundial, pues se


presentan en todo el globo terráqueo donde existen condiciones de exposición a ciertas
amenazas, donde se acumulan diferentes grados de vulnerabilidad que el modelo capitalista
no ha logrado revertir en escenarios equitativos de bienestar social, y donde algunas
comunidades no han desarrollado capacidades de respuesta y recuperación apropiadas. Las
cifras económicas son un reflejo cuantitativo de los impactos de los desastres, las
incapacidades organizativas y las vulnerabilidades presentes en las sociedades.
La Ley General de Protección Civil (2012) define riesgo como los “daños o pérdidas
probables sobre un agente afectable, resultado de la interacción entre su vulnerabilidad y la
presencia de un agente perturbador” (p .4). Considera que existe riesgo inminente, el cual
“según la opinión de una instancia técnica especializada, debe considerar la realización de
acciones inmediatas en virtud de existir condiciones o altas probabilidades de que se
produzcan los efectos adversos sobre un agente afectable”.
El riesgo también tiene antecedentes antiguos, la historiadora Margarita Gascón (2009)
considera que proviene del idioma árabe clásico rizq que significa “lo que depara la
providencia” y que ingresó al castellano desde el italiano risico o rischio. El sociólogo francés
Peretti-Watel señala que proviene del latín resecum y estaba asociado a los riesgos de los
marineros y los cargamentos comerciales. Precisa que en el romano rixicare existe relación
con reñir que cambia la idea por combate en lugar de peligro (Peretti-Watel, 2007, p. 10). El
ingeniero civil y especialista en gestión de desastres Omar Darío Cardona precisa que en el
griego se encuentra la raíz en la palabra rhiza, que "hace alusión a los peligros de navegar en
un arrecife" (Cardona, 2001, p. 6).
Según el sociólogo Niklas Luhmann, el antecedente más remoto del concepto riesgo surgió
en algún momento del siglo XV, pero fue con la imprenta, después de 1544, cuando se
popularizó principalmente socializado por los marineros que requerían seguros mercantiles
para proteger sus mercancías durante los largos traslados (Luhmann, 2006). El riesgo fue un
concepto que se usó durante siglos sin mucha reflexión a profundidad y con un sentido
principalmente pragmático, por ello se ha utilizado como sinónimo de amenaza, fenómeno
natural y peligro, y fue incorporado al lenguaje económico y comercial para explicar la
incertidumbre y la protección de los productos cada vez más demandados por la modernidad.
El concepto de riesgo en los estudios de desastres sigue sin consenso, pues mientras el
enfoque de las ciencias naturales lo considera una probabilidad de sufrir un daño, los estudios
culturales lo ubican en la percepción simbólica y los estudios sociales consideran que el riesgo
es igual a la amenaza por la vulnerabilidad:

R=AxV

Donde amenaza se refiere al fenómeno natural que puede afectar diferentes lugares
independientes o en combinación y en distintos momentos (Wisner, 2004, p. 49). La
vulnerabilidad se supone particular para un tipo de amenaza en específico, en un tiempo dado
y con cierto tipo de exposición y población. Aunque simplificada, la fórmula guarda variables
debatibles que son distintas en cada caso de estudio.

Amenaza

En la década de los años ochenta era muy común definir la amenaza como sinónimo de
desastre, pero con la evidencia se identificó que la amenaza es sólo una parte del proceso que
constituye un desastre.

El otro ingrediente principal es la sociedad, propensa a sufrir algún tipo de daño.

Las ciencias naturales identifican las amenazas por las características físicas del agente
natural u otro tipo de agente como podrían ser los químicos.
Las ciencias naturales clasifican a las amenazas en distintas categorías que se muestran en
seguida.

• Amenazas geofísicas: sismos, deslizamientos, derrumbes y erupciones volcánicas,


entre muchas otras
• Amenazas climáticas y meteorológicas: sequía, inundación, huracán, lluvia
torrencial, helada, viento, etcétera
• Amenazas biológicas o químicas: derrames de químicos, fugas de gas, radicaciones
y epidemias
• Amenazas sociales: tumultos, guerras, rebeliones, etcétera

En cambio, para los estudios sociales del riesgo y los desastres la amenaza está asociada con
un fenómeno natural o de otro tipo, pero su factor amenazante está condicionado por la
exposición, la vulnerabilidad y las capacidades organizativas de respuesta social.

Por lo anterior, una amenaza es “cualquier fenómeno o proceso de cualquier origen, cuya
ocurrencia pueda generar efectos que representen un peligro o una serie de peligros para el
territorio (comunidades y ecosistemas) en el cual se llegue a materializar” (Wilches-Chaux,
2008).

NOAA. (2014). Ciclones tropicales en el Pacífico [fotografía].


Tomada de http://www.nhc.noaa.gov/climo/

Los estudios sociales han clasificado a las amenazas según distintas categorías que se
muestran a continuación:

• Amenazas naturales: “fenómenos o procesos a través de los cuales se expresa la


dinámica de la naturaleza, tales como los terremotos, los tsunamis o las erupciones
volcánicas” (Wilches-Chaux, 2008)
• Amenazas antrópicas: “atribuibles sin lugar a dudas a causas humanas” (Wilches-
Chaux, 2008)
• Amenazas socio-naturales: “cuando las amenazas se manifiestan como fenómenos
aparentemente naturales, pero en cuya generación han intervenido directa o
indirectamente procesos antrópicos” (Wilches-Chaux, 2008). Las amenazas
socionaturales son las consecuencias a corto o mediano plazo de las acciones
conscientes o inconscientes del humano sobre el medio ambiente convertido en
amenaza en algún momento. En el caso de los huracanes, precisa Maskrey (1998),
aunque estos fenómenos intensos son considerados fenómenos naturales, la magnitud
de las inundaciones y deslizamientos en asentamientos humanos son determinados
por los procesos sociales que producen amenazas socionaturales como la
deforestación, extracción de agua subterránea, sobrepastoreo, minería a tajo abierto,
destrucción de manglares y construcción de infraestructura, como represas y
carreteras.

Elementos de competencia

Al término de la sesión el estudiante logrará:

• Conocer los conceptos básicos de protección civil y gestión integral de riesgos

• Caracterizar los fenómenos naturales y antrópicos que pudieron ocasionar desastres

Vulnerabilidad

De acuerdo con la Ley General de Protección Civil (2012), la vulnerabilidad es la


“susceptibilidad o propensión de un agente afectable a sufrir daños o pérdidas ante la
presencia de un agente perturbador, determinado por factores físicos, sociales, económicos y
ambientales” (p. 4). Por lo anterior, la vulnerabilidad determina que un desastre sea de
mayores o menores proporciones.

Torres, J. (2011). Imágenes del desastre en Colima detonado por el huracán Jova[fotografía].

Sin embargo, existen distintos modelos para explicar la vulnerabilidad. Algunas agencias e
instituciones suelen identificar este concepto casi como un formato, por medio de encuestas
o sondeos después de cada desastre para obtener un informe. Pero el concepto vulnerabilidad
en los estudios de desastres profundiza y busca comprender las causas que los producen, es
decir, el funcionamiento y las relaciones de los sistemas económico, político y sociocultural,
que conviven con la naturaleza y permiten la existencia y persistencia de diversas
características que hacen vulnerables a individuos y grupos ante ciertas amenazas.

Gustavo Wilches-Chaux explicó este concepto a través del modelo de la vulnerabilidad


global y lo definió como “la incapacidad de una comunidad para absorber, mediante el
autoajuste, los efectos de un determinado cambio en su medio ambiente, o sea su
inflexibilidad o incapacidad para adaptarse a ese cambio” (Wilches-Chaux, 1993).
Luego, el mismo Wilches-Chaux caracterizó la vulnerabilidad global en diez categorías muy
acotadas: natural, física, ecológica, social, política, cultural, ideológica, educativa,
económica, institucional o técnica. Por su parte, Omar Darío Cardona (2001) reflexionó que
la vulnerabilidad depende de quien la observa y de qué elementos son incorporados. Retomó
la propuesta del modelo de vulnerabilidad global de Wilches-Chaux y realizó un modelo más
incluyente, redujo el número de categorías, las llamó “dimensiones de la vulnerabilidad” y
las definió de la siguiente manera:

1. Dimensión física: expresa las características de ubicación en áreas propensas y las


deficiencias de resistencia de los elementos expuestos, de los que depende su capacidad de
absorber la acción del suceso que representa la amenaza. La sismo resistencia de un edificio,
la ubicación de una comunidad en el área de influencia de un deslizamiento o en el cauce de
un río son ejemplos de la dimensión física de la vulnerabilidad.
2. Dimensión económica: los sectores económicamente más deprimidos son los más
vulnerables. La pobreza aumenta la vulnerabilidad. Local e individualmente este aspecto se
expresa en desempleo, insuficiencia de ingresos, dificultad o imposibilidad de acceso a los
servicios. En la esfera nacional se traduce en una excesiva dependencia económica de factores
externos incontrolables, la falta de diversificación de la base económica, las restricciones al
comercio internacional y la imposibilidad de políticas monetarias.
3. Dimensión social: cuanto más integrada esté una comunidad, superando los inconvenientes
que suelen presentarse, le resultará más fácil absorber las consecuencias de un desastre y
podrá reaccionar con mayor rapidez que una comunidad sin esas condiciones. Las sociedades
pueden ser más o menos vulnerables en el sentido que pueden reaccionar como grupo
organizado, mediante procesos de autoorganización, o con intereses particulares primando
sobre los grupales, con relaciones más estrechas entre sus integrantes, o relaciones meramente
circunstanciales.
4. Dimensión educativa: se expresa en una educación deficiente o que no tiene una buena
cobertura en una comunidad propensa. La ausencia de conocimiento sobre las causas, los
efectos y las razones por las cuales se presentan desastres, el desconocimiento de la historia
y la falta de preparación y desconocimiento del comportamiento individual y colectivo en
caso de desastre son aspectos que hacen que una comunidad sea más vulnerable. Igualmente,
la falta de socialización de la información aumenta la vulnerabilidad.
5. Dimensión política: se expresa en el nivel de autonomía que tiene una comunidad con
respecto a sus recursos y para la toma de decisiones que la afectan. La comunidad se hace
más vulnerable bajo esquemas centralistas en la toma de decisiones y en la organización
gubernamental. La debilidad en los niveles de autonomía para decidir regional o localmente
impide una mayor adecuación de las acciones a los problemas sentidos en estos niveles
territoriales. En la medida que la comunidad participe más en las decisiones que le atañen será
menos vulnerable.
6. Dimensión territorial: está relacionada con las dificultades que tienen las instituciones para
hacer gestión del riesgo, situación que se refleja en la falta de preparación para responder ante
un suceso, o cuando sabiendo que existe el riesgo no llevan a cabo acciones eficientes y
efectivas para reducirlo o mitigarlo. Se expresa en la falta de flexibilidad de las instituciones,
en el exceso de burocracia, en el hecho de que prevalece la decisión política y el
protagonismo.
7. Dimensión ambiental: hay un aumento de la vulnerabilidad cuando el modelo de desarrollo
no está basado en la convivencia sino en la explotación inadecuada y la destrucción de los
recursos naturales. Esta circunstancia necesariamente conduce al deterioro de los ecosistemas
y al aumento de la vulnerabilidad debido a la incapacidad de auto ajustarse para compensar
los efectos directos o indirectos de la acción humana o de sucesos de la misma naturaleza.
8. Dimensión cultural: esta dimensión de la vulnerabilidad está referida a la forma en que los
individuos se ven a sí mismos en la sociedad y como colectividad, lo que en ocasiones influye
de manera negativa debido a estereotipos perniciosos que no se cuestionan y que se
consolidan. Al respecto juegan un papel crucial los medios de comunicación, puesto que
contribuyen a la utilización sesgada de imágenes o la transmisión de información ligera o
imprecisa sobre el medio ambiente, la misma sociedad y los desastres.
9. Dimensión ideológica: está relacionada con las ideas o creencias que tienen las personas
sobre el devenir y los hechos del mundo. Se expresa en actitudes pasivas, fatalistas y creencias
religiosas que limitan la capacidad de actuar de los individuos en ciertas circunstancias. La
percepción dogmática de las cosas puede generar confusión acerca de un propósito, falta de
reacción y muchas veces pérdida de la motivación, que debilitan una acción transformadora.

Los modelos propuestos por Wilches-Chaux y Cardona definen la vulnerabilidad como una
condición o circunstancia principalmente dinámica o cambiante, pero fueron conscientes que
es “un proceso acumulativo de fragilidades, deficiencias o limitaciones que permanecen en
el tiempo como factores que inciden en que exista o no una mayor o menor vulnerabilidad”
(Cardona, 2001).

Por lo anterior, la dimensión temporal es importante para comprender que algunas


vulnerabilidades se construyen durante cortos, medianos y amplios periodos de tiempo, que
a veces toman siglos y son productos de procesos que pudieron ocurrir en el pasado como la
colonización del continente americano, la conquista de los indígenas y la apropiación de
territorios, restricciones territoriales, arreglos político-económicos, cambios de modelos
culturales e imposición de esquemas culturales con relación a la naturaleza.

Otro modelo muy influyente es el propuesto por Ben Wisner y otros geógrafos. Se trata de un
modelo de macro y micro escala en el cual hay dos polos, por un lado está el sistema político
y económico y por el otro entorno natural, y al centro se producen las dinámicas de presión y
condiciones inseguras, que son múltiples variables que deben ser consideradas con un estudio
y enfoque local y nacional, y partir de relaciones de producción, subsistencia, arreglos,
condiciones riesgosas, etcétera. Los creadores del modelo PAR coinciden en que “las
dinámicas de presión y las condiciones inseguras están sujetas a cambios, y en muchos casos
los procesos involucrados cambian más rápidamente que como lo hicieron antes” (Wisner,
2004) e involucran causas raíz.

Las causas raíz se dan en el ejercicio y distribución del poder en la sociedad. Requieren de
una explicación histórica, social, económica y cultural. Las dinámicas de presión “son
procesos y actividades que trasladan los efectos de las causas raíz temporal y espacialmente
a condiciones inseguras” (Wisner, 2004) para la población que encara las amenazas. Las
dinámicas requieren una explicación sociocultural y económica. Las condiciones inseguras
“son las específicas formas en las cuales la vulnerabilidad de una población es expresada en
tiempo y espacio en conjunción con la amenaza” (Wisner, 2004). Todas estas variables
requieren una explicación descriptiva.

Por amenazas los autores señalan a los fenómenos naturales extremos a los que está expuesto
un grupo o comunidad, y que desafían sus capacidades de respuesta y recuperación. El
siguiente esquema ilustra lo explicado anteriormente.
Wisner, B., Piers, B., Terry, C. e Ian, D. (2004). At Risk, natural hazards, people`s vulnerability and
disasters [esquema].
Tomado de Routledge.

En Latinoamérica, desde 1985 se difundieron los primeros estudios comparativos de


vulnerabilidades que identificaron ciertos patrones presentes en distintas sociedades, los
cuales producen y reproducen desastres.

Ciertos patrones de vulnerabilidad se repiten, se perpetúan y están incrementando, porque


como se ha demostrado ampliamente, son construidos social y económicamente por procesos
locales, regionales y globales (Oliver-Smith, 2009).

Algunos se han perpetuado durante siglos y otros por varias décadas en distintas sociedades
de América Latina, entre las coincidencias de los grupos más vulnerables a desastres
asociados con inundaciones y sequías, destacan los siguientes:

1. Agruparse en espacios físicos expuestos a variadas amenazas


2. Viviendas inseguras
3. Economías familiares y colectivas miserables
4. Ausencia de servicios básicos
5. Mínimo acceso a la propiedad y al crédito
6. Discriminación étnica, política o de otro tipo
7. Relación directa con recursos de aire y agua contaminados
8. Un alto índice de analfabetismo y ausencia de oportunidades de educación

Estos factores son evidencia comparativa de la vulnerabilidad, pero también son parte de las
construcciones sociales de riesgos que se configuran históricamente en América Latina,
creando condiciones propicias para desastres recurrentes o crónicos (Caputo, 1985).

Peligro

Se denomina peligro a un agente que puede causar daño. Los peligros pueden ser fenómenos
naturales, biológicos o antrópicos. Por ejemplo, en África, el peligro más mortal es la sequía.
Los peligros tienen magnitud, intensidad y frecuencia. A continuación, se desglosan estas
características:

1. Magnitud es la cuantificación universalmente aceptada que se hace, por ejemplo, de un sismo en la escala
de magnitud de Richter. La escala de intensidad se refiere a la percepción y el impacto diferencial que produce
un mismo fenómeno. Por ejemplo, un sismo se percibe más intenso en el epicentro y menos intenso cuanto
mayor es la distancia con relación al epicentro.
2. La intensidad es un efecto similar a la luz de un foco, entre más cerca se está de él es mayor la luz y entre
más distante de la irradiación es menor la luminosidad.
3. La frecuencia de un peligro se refiere a los registros documentados que se tienen de un mismo fenómeno.
Por ejemplo, los ciclones tropicales son analizados con base en la frecuencia decadal de impactos en tierra,
la frecuencia de cantidad de eventos por temporada anual, la frecuencia de impactos en una misma región o
entidad, etcétera.
4. Fenómenos naturales y antrópicos que pudieran ocasionar desastres

Los fenómenos naturales y los antrópicos son agentes que pueden estar asociados a desastres.
Sin embargo, un fenómeno natural, por sí solo, no es un desastre. Para que ocurra un desastre,
el fenómeno debe afectar a una población y rebasar sus capacidades de preparación,
prevención o respuesta.

Si se presenta un huracán en el Océano Pacífico, categoría 5, pero no impacta en tierra,


entonces lo que tenemos es la evidencia de la dinámica propia de la naturaleza. En cambio,
si una población no está preparada, vive en zona de riesgo por inundación y no es evacuada,
lo más probable es que se presente un desastre pequeño, mediano o grande, cuando impacte
un huracán o incluso una tormenta intensa.

Entre los fenómenos naturales peligrosos se encuentran los sismos, deslizamientos,


inundaciones, erupciones volcánicas, sequías, ciclones tropicales, lluvias torrenciales,
heladas, nortes, El Niño, La Niña.

Entre los fenómenos antrópicos se incluyen los peligrosos agentes biológicos o químicos, los
derrames de hidrocarburos, fugas de gas, radicaciones y hasta los tumultos, guerras,
rebeliones.

Particularmente, el efecto invernadero es un fenómeno polémico, pues aunque sus


manifestaciones son naturales, las causas que lo magnifican son antrópicas y están asociadas
con los impactos que los humanos producimos al medio ambiente, incluida toda la corteza
terrestre y la atmósfera, como la capa de ozono.