Sei sulla pagina 1di 32
Arquidiócesis de Huancayo

Arquidiócesis de Huancayo

Arquidiócesis de Huancayo «Vengan detrás de mi, dice el Señor y los haré pescadores de hombres»

«Vengan detrás de mi, dice el Señor y los haré pescadores de hombres» Mc 1, 17

Rito para la Imposición de Alba

e Institución de Ministerios

Seminario Mayor “San Pío X” Instaurare omnia in Christo

Procesión de entrada

Navetero

Turiferario

Cruz Alta

Ceroferarios

Evangeliario

Seminaristas

C. Auxiliar 1

Seminaristas a quienes se impondrá el Alba

Candidato a los ministerios C. Auxiliar 2

Presbíteros

Obispo Auxiliar

Arzobispo

Ceremoniero

Báculo

2

Mitra

IMPOSICIÓN DE ALBA E INSTITUCIÓN DE MINISTERIOS

Monición de entrada:

Queridos hermanos, bienvenidos a esta Celebración Eucarística; fiesta de fe y de amor en la que el Señor se hace presente, vivo y Resucitado, para darnos vida en abundancia a través de su Palabra y a través de su Cuerpo y de su Sangre. Nos hemos congregado en esta Celebración, donde se realizará la bendición y entrega de albas a nuestros hermanos seminaristas del Propedéutico y del 1er año de Filosofía, además de la institución de los ministerios de lectorado y acolitado de los seminaristas del 3er año de Teología. Este, es un paso adelante en el proceso vocacional de estos hermanos nuestros que, respondiendo a la llamada del Señor, quieren consagrarse al servicio de Dios y de su Santa Iglesia. Con alegría y esperanza, comencemos la Eucaristía poniendo sobre el altar del Señor todos los deseos de nuestros corazones, invocando su santo Nombre y glorificando su presencia real en medio de la comunidad que lo alaba y bendice.

3

Ritos iniciales

Reunido el pueblo, el Arzobispo con los ministros va al altar, mientras se entona el canto de entrada. Cuando llegan al altar, el Obispo con los ministros hacen la debida reverencia, besa el altar y lo inciensa. Después se dirige con los ministros a la sede. Terminado el canto de entrada, el Obispo y los fieles, de pie, se santiguan, mientras el Obispo dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

El pueblo responde:

Amén.

Saludo

El Obispo, extendiendo las manos, saluda al pueblo con la fórmula siguiente:

El Dios de la esperanza, que por la acción del Espíritu Santo nos colma con su alegría y con su paz, permanezca siempre con todos ustedes.

El pueblo responde:

Y con tu espíritu.

Acto penitencial Hermanos: para celebrar dignamente estos sagrados misterios, reconozcamos nuestros pecados.

Se hace una breve pausa en silencio. Después, hacen todos en común la confesión de sus pecados:

Yo confieso ante Dios todopoderoso

y ante ustedes, hermanos,

que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión.

Golpeándose el pecho, dicen:

Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen,

a

los ángeles, a los santos

y

a ustedes, hermanos,

que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.

El Obispo concluye con la siguiente plegaria:

4

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

El pueblo responde:

Amén.

Kyrie

Gloria

El obispo:

Oremos

Oración colecta

S eñor, Padre santo, tú que invitas a todos los fieles

a alcanzar la caridad perfecta, pero no dejas de llamar a muchos para que sigan más de cerca las huellas de tu Hijo, concede a los que tú quieras elegir con una vocación particular llegar a ser, por su vida, signo y testimonio de tu reino ante la Iglesia y ante el mundo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

El pueblo responde:

Amén.

5

LITURGIA DE LA PALABRA

Monición a la primera lectura:

En la primera lectura el profeta Isaías nos narra su vocación y su compromiso como enviado de Dios. ESCUCHEMOS

Primera Lectura ¿A quién enviaré? ¿Quién irá de parte mía?

Del libro del profeta Isaías 6, 1-2.3-8

E l año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor sentado sobre un trono muy alto y magnífico; la orla de su manto llenaba el templo. Y vi serafines en pie junto a él, y se gritaban uno a otro diciendo:

¡Santo, santo, santo el Señor de los ejércitos, la tierra está llena de su gloria!

Y temblaban las jambas de las puertas al clamor de su voz, y el templo

estaba lleno de humo. Yo dije:

¡Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey y Señor de los ejércitos.

Y voló hacia mí uno de los serafines con un ascua en la mano, que había

cogido del altar con unas tenazas, la aplicó a mi boca y me dijo:

Mira: esto ha tocado tus labios, ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado.

Entonces escuché la voz del Señor que decía:

¿A quién mandaré? ¿Quién irá por mí?

Contesté:

Aquí estoy; mándame.

Palabra de Dios.

6

Salmo responsorial Del salmo 15

R. Esta es la clase de hombres que te buscan Señor

Del Señor es la tierra y lo que ella tiene, el orbe y los que en él habitan, pues él lo edificó sobre los mares, él fue quien lo asentó sobre los ríos. R.

¿Quién subirá hasta el monte del Señor?

¿Quién podrá entrar en su recinto santo? El de corazón limpio y manos puras

y que no jura en falso. R.

Ese obtendrá la bendición de Dios

y Dios, su salvador, le hará justicia.

Ésta es la clase de hombres que te buscan

y vienen a ti, Dios de Jacob. R.

7

Monición a la segunda lectura:

San Pablo tiene muy claro que todo ministerio se recibe como don de Dios y tiene como objetivo la expansión del Reino de Dios, mediante la predicación y el testimonio personal. Escuchemos con atención.

Segunda Lectura Nosotros predicamos a Jesucristo y nos presentamos como servidores de ustedes, por Jesús.

De la segunda carta del apóstol san Pablo a los corintios

4, 1-2.5-7

H ermanos: Encargados de este ministerio por misericordia de Dios, no nos acobardamos; al contrario, hemos renunciado a la clandestinidad avergonzante, dejándonos de intrigas y no

adulterando la palabra de Dios; sino que, mostrando nuestra sinceridad, nos recomendamos a la conciencia de todo hombre delante de Dios.

Nosotros no nos predicamos a nosotros mismos, predicamos que Cristo es Señor, y nosotros siervos vuestros por Jesús. El Dios que dijo: 'Brille la luz del seno de la tiniebla' ha brillado en nuestros corazones, para que nosotros iluminemos, dando a conocer la gloria de Dios, reflejada en Cristo. Este tesoro lo llevamos en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros.

8

Palabra de Dios.

Monición al Evangelio: Las palabras de Jesús a Pedro en el Evangelio de hoy nos recuerdan algo esencial: todo ministerio pastoral nace del amor. Ser embajador de Cristo significa invitar a todos a un renovado encuentro personal con el Señor Jesús. Puestos en pie, aclamamos cantando.

Aclamación antes del Evangelio Jn 12, 26

R.

Aleluya, Aleluya El que quiera servirme, que me siga, para que donde yo esté, también esté mi servidor.

R.

Aleluya, Aleluya

Evangelio Apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas.

Del santo Evangelio según san Juan 21, 15-17

E n aquel tiempo, le preguntó Jesús a Simón Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?”. Él le contestó: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta mis corderos”.

Por segunda vez le preguntó: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?”. Él le respondió: “Sí, Señor; tú sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Pastorea mis ovejas”.

Por tercera vez le preguntó: “Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?”. Pedro se entristeció de que Jesús le hubiera preguntado por tercera vez si lo quería, y le contestó: “Señor, tú lo sabes todo; tu bien sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta mis ovejas”.

Palabra del Señor.

9

INSTITUCIÓN DE MINISTERIOS Y ENTREGA DE ALBAS

El Obispo con mitra se acerca, si es necesario, a la sede preparada para la celebración, y se hace la presentación de los candidatos.

PRESENTACIÓN DE CANDIDATOS

Monición:

En este momento, se llamará a nuestro hermano N., quien recibirá de manos de nuestro pastor, monseñor Pedro Ricardo, el ministerio de “Lectorado” y el ministerio de “Acolitado”. Dichos ministerios, son para el servicio de la comunidad, en donde vivirá de una manera más comprometida su servicio a la Palabra y al Altar, como una antesala a su futuro ministerio sacerdotal.

El que recibirá los ministerios es llamado por el P. Rector de la siguiente manera:

Acérquese el que va a ser instituido en los ministerios del lectorado y Acolitado:

Inmediatamente lo nombra:

N.

El candidato responde:

Presente.

Se acerca al Obispo, a quien hace una reverencia y después regresa a su lugar.

Homilía

Estando todos sentados, el Obispo hace la homilía.

10

RITO DE BENDICIÓN Y ENTREGA DE ALBAS

Monición: damos inicio al rito de bendición y entrega de albas. El P. José Francisco Montero Sánchez, Rector del Seminario Mayor “San Pío X”, hará el llamado a los nuevos seminaristas del año propedéutico y los que se incorporan al seminario en los estudios filosóficos y teológicos, que recibirán sus albas.

El rector hace el llamado a los seminaristas que recibirán sus albas:

Acérquense los seminaristas que van a recibir el alba:

Seminaristas del año propedéutico, filosofía y teología (según relación).

Terminado el llamado de los nuevos seminaristas, el obispo hace la siguiente introducción.

Queridos seminaristas, en esta celebración de imposición de albas, qué oportuno es tener en cuenta y meditar las profundas palabras del apóstol san Pablo que nos exhorta a cambiar nuestro modo de ser y de vivir para asemejarnos más a nuestro modelo, Jesucristo, diciéndonos:

“Despójense, en cuanto a su vida anterior, del hombre viejo que se corrompe, siguiendo la seducción de las concupiscencias; renueven el espíritu de su mente y revístanse del hombre nuevo, creado según Dios, en la justicia y santidad de la verdad” (Ef 4, 22-24). Por eso, animados por las palabras del apóstol participamos de esta bendición.

Se procede a la bendición de las albas. Se pondrá al centro del presbiterio y frente al obispo, una mesa con las albas preparadas.

Monición: ahora, nuestro arzobispo, procederá a bendecir las albas que serán entregadas a los nuevos seminaristas

Bendición de las albas

Obispo:

El señor esté con ustedes.

El pueblo responde:

Y con tu espíritu.

Obispo:

Oremos:

11

S eñor nuestro Jesucristo, que para llevar a cabo la obra de nuestra redención, tomaste la naturaleza humana

y te revestiste de nuestra misma carne, bendice estas albas que estos hijos tuyos desean recibir como señal de su compromiso sacerdotal, y en respuesta al llamado personal que tú les haces. Por Jesucristo, nuestro Señor.

El pueblo responde:

Amén.

Monición: seguidamente, nuestro arzobispo dialogará brevemente con los seminaristas.

Obispo:

Queridos seminaristas: ¿quieren libremente recibir esta alba que acabamos de bendecir?

Seminaristas:

Sí, quiero.

Obispo:

Al recibir libre y voluntariamente esta vestimenta litúrgica, ¿quieren revestirte de Cristo cambiando su vida?

Seminaristas:

Sí, quiero.

Obispo:

¿Quieren comprometerse seriamente al servicio de Dios y de los hombres formándose lo mejor posible en el Seminario Mayor “San Pío X” de la Arquidiócesis de Huancayo?

Seminaristas:

Sí, quiero.

Obispo:

Que este compromiso que han manifestado públicamente sea una realidad con la ayuda del Señor y de la Santísima Virgen María.

12

Seminaristas:

Amén.

Entrega del alba

Monición: terminado el diálogo, nuestro arzobispo hará entrega a cada seminarista de su alba.

El obispo entregará el alba a cada seminarista, si es posible, mencionando el nombre del seminarista que lo recibe, y diciendo:

N…N… recibe esta alba en señal de tu vocación al sacerdocio”.

Seminarista:

Amén.

Bendición de los seminaristas

Una vez revestidos con las albas, se colocan de rodillas formando un semicírculo para recibir la bendición.

Monición: Ahora, nuestro arzobispo bendecirá a los nuevos seminaristas revestidos con sus albas.

Obispo:

E l Señor todopoderoso, por su Hijo Jesucristo, nacido de la Virgen María, derrame su bendición sobre ustedes,

y alegre sus corazones con la esperanza de llegar un día a participar del sacerdocio ministerial de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote.

Que esta alba que han recibido sea signo de su vocación, y les invite a perseverar generosamente en el llamado personal de Dios. Por Jesucristo nuestro señor.

Seminaristas:

Amén.

13

Terminado el rito de la entrega de albas, se continúa con la institución de ministerios.

Monición: Ahora se procederá a la institución de ministerios de nuestro hermano N

INSTITUCIÓN DE LECTORADO

Todos se levantan. El Obispo sin mitra, invita a los fieles a que oren, diciendo:

Pidamos, queridos hermanos, a Dios Padre que bendiga a este siervo suyo, destinado al oficio de lector, para que, cumpliendo fielmente el ministerio que se le confía, proclame a Jesucristo ante los hombres, y de así gloria al Padre que está en el cielo.

Y todos oran en silencio durante un breve espacio de tiempo.

Después el Obispo prosigue:

O h Dios, fuente de toda luz y origen de toda bondad!, que nos enviaste a tu Hijo único, Palabra de vida, para que revelará a los hombres

el misterio escondido de tu amor; bendice a este hermano nuestro, elegido para el ministerio del lectorado; concédele que, al meditar asiduamente tu Palabra, se sienta penetrado y transformado por ella y sepa anunciarla, con toda fidelidad, a su hermanos. Por Jesucristo nuestro Señor.

El pueblo responde:

Amén.

Entrega de la Palabra de Dios

El candidato se acerca al Obispo, que le entrega el libro de la Sagrada Escritura, diciendo:

R ecibe el libro de la Sagrada Escritura

y transmite fielmente la Palabra de Dios, para que sea cada día más viva y eficaz

en el corazón de los hombres.

El lector responde:

Amén.

14

INSTITUCIÓN DE ACOLITADO

El Obispo sin mitra, invita a los fieles a que oren, diciendo:

Pidamos, queridos hermanos, al Señor que se digne bendecir a este hijo suyo, que él mismo ha elegido para el ministerio del acolitado y que le dé su fuerza para que se mantenga con fidelidad en el servicio de la Iglesia.

Y todos oran en silencio durante un breve espacio de tiempo.

Después el Obispo prosigue:

P adre misericordioso, que por medio de tu Hijo único has dado a la Iglesia el Pan de Vida,

bendice a este hermano nuestro, elegido para el ministerio del acolitado; que tu gracia, Señor, lo haga asiduo en el servicio del altar,

para que distribuyendo con fidelidad el Pan de Vida a sus hermanos,

y creciendo siempre en la fe y en la caridad,

contribuya a la edificación de tu Iglesia.

Por Jesucristo nuestro Señor.

El pueblo responde:

Amén.

Entrega del cáliz y patena

El candidato se acerca al Obispo, que le entrega la patena con pan o el cáliz con vino, diciendo:

R ecibe esta patena con el pan y este cáliz lleno de vino para la celebración de la Eucaristía,

y

vive de tal forma que seas digno de servir la mesa del Señor

y

de la Iglesia.

El Acólito responde:

Amén.

15

LITURGIA EUCARÍSTICA

Prosigue la Misa como de costumbre.

Procesión de ofrendas

Oración sobre las ofrendas

R ecibe complacido, Padre santo, los dones que te presentamos, y concede una vida de comunión fraterna

y en libertad de espíritu

a cuantos se han propuesto seguir con alegría a tu Hijo por la senda difícil de la perfección. Por Jesucristo nuestro Señor.

16

PREFACIO DE EUCARISTÍA II

LOS FRUTOS DE LA SANTÍSIMA EUCARISTÍA

V.

El Señor esté con ustedes.

R.

Y con tu espíritu.

V.

Levantemos el corazón.

R.

Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V.

Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R.

Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo Señor nuestro.

El cual, en la última cena con los Apóstoles,

cuando iba a ofrecerse a ti como cordero sin mancha,

y tú lo aceptarías como el sacrificio de alabanza perfecta,

para perpetuar entre nosotros los efectos de su pasión salvadora,

nos dejó el memorial de su muerte y resurrección.

Con este sacramento, alimentas y santificas a tus fieles para que, a los seres humanos que habitan un mismo mundo, una misma fe los ilumine y un mismo amor los una.

Así pues, nos acercamos a tu mesa para que, penetrados por la gracia de este admirable misterio, nos vayas transformando en imagen de tu Hijo.

Por eso, Señor, todas tus criaturas, en el cielo y en la tierra

te adoran proclamando tus alabanzas;

y también nosotros, junto con los ángeles,

te aclamamos por siempre, cantando.

Santo, Santo, Santo…

17

PREFACIO DE LOS SANTOS PASTORES

LOS SANTOS PASTORES SIGUEN PRESENTES EN LA IGLESIA

V.

El Señor esté con ustedes.

R.

Y con tu espíritu.

V.

Levantemos el corazón.

R.

Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V.

Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R.

Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo Señor nuestro.

Porque nos concedes la alegría de celebrar hoy la fiesta de san N. fortaleciendo a tu Iglesia con el ejemplo de su vida, instruyéndola con su palabra y protegiéndola con su intercesión.

Por eso, con los ángeles y los santos, te cantamos el himno de alabanza, proclamando sin cesar:

Santo, Santo, Santo

18

PLEGARIA EUCARISTICA III

El sacerdote, con las manos extendidas, dice:

CP

S anto eres en verdad, Padre, y con razón te alaban todas tus criaturas,

ya que por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro,

con la fuerza del Espíritu Santo, das vida y santificas todo,

y congregas a tu pueblo sin cesar,

para que ofrezca en tu honor un sacrificio sin mancha

desde donde sale el sol hasta el ocaso.

Junta las manos y, manteniéndolas extendidas sobre las ofrendas, dice:

CC

P

or eso, Padre, te suplicamos que santifiques por el mismo Espíritu estos dones que hemos separado para ti,

Junta las manos y traza el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente, diciendo:

de manera que se conviertan en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro,

Junta las manos.

que nos mandó celebrar estos misterios.

En las fórmulas que siguen, las palabras del Señor han de pronunciarse claramente y con precisión, como lo requiere la naturaleza de las mismas palabras.

P orque él mismo, la noche en que iba a ser entregado,

Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:

tomó pan,

y dando gracias te bendijo,

lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:

Se inclina un poco.

19

TOMAD Y COMED TODOS DE ÉL, PORQUE ESTO ES MI CUERPO, QUE SERÁ ENTREGADO POR VOSOTROS.

Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora, haciendo genuflexión.

Después prosigue:

Del mismo modo, acabada la cena,

Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:

tomó el cáliz, dando gracias te bendijo, y lo pasó a sus discípulos, diciendo:

Se inclina un poco.

TOMAD Y BEBED TODOS DE ÉL, PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE, SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA, QUE SERÁ DERRAMADA POR VOSOTROS Y POR TODOS LOS HOMBRES PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS. HACED ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA.

Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora, haciendo genuflexión.

Luego dice una de las siguientes fórmulas:

CP Éste es el Misterio de la fe.

O bien:

Éste es el Sacramento de nuestra fe.

Y el pueblo prosigue, aclamando:

Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!

O bien:

CP Éste es el Misterio de la fe, Cristo nos redimió.

20

Y el pueblo prosigue, aclamando:

Cada vez que comemos de este pan

y bebemos de este cáliz,

anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.

O bien:

CP

Éste es el Misterio de la fe, Cristo se entregó por nosotros.

Y el pueblo prosigue, aclamando:

Salvador del mundo, sálvanos, que nos has liberado por tu cruz y resurrección.

Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice:

CC

A sí, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la pasión salvadora de tu Hijo,

de su admirable resurrección y ascensión al cielo,

mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos, en esta acción de gracias, el sacrificio vivo y santo.

Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia,

y reconoce en ella la Víctima

por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad,

para que, fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo

y llenos de su Espíritu Santo,

formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu.

C1

Q ue él nos transforme en ofrenda permanente, para que gocemos de tu heredad junto con tus elegidos:

con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo San José

los apóstoles y los mártires, San Pío X

y todos los santos,

por cuya intercesión confiamos obtener siempre tu ayuda.

21

C2

T e pedimos, Padre, que esta Víctima de reconciliación traiga la paz y la salvación al mundo entero. Confirma en la fe y en la caridad

a tu Iglesia, peregrina en la tierra:

a tu servidor, el Papa N.,

a nuestro Obispo N.,

Puede hacer mención del Obispo Coadjutor o Auxiliar.

El Obispo, cuando celebra en su diócesis, dice:

a mí, indigno siervo tuyo,

Cuando celebra un Obispo que no es el Ordinario, dice:

a mi hermano N., Obispo de esta Iglesia de N., a mí, indigno siervo

tuyo,

al orden episcopal, a los presbíteros y diáconos,

y a todo el pueblo redimido por ti.

Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia.

Reúne en torno a ti, Padre misericordioso,

a

todos tus hijos dispersos por el mundo.

A

nuestros hermanos difuntos

y

a cuantos murieron en tu amistad

recíbelos en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria,

Junta las manos

por Cristo, Señor nuestro, por quien concedes al mundo todos los bienes.

22

Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz y, sosteniéndolos elevados, dice.

CP o CC

P or Cristo, con él y en él,

a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo,

todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.

El pueblo aclama:

Amén.

23

RITO DE LA COMUNIÓN

Una vez depositados el cáliz y la patena sobre el altar, el sacerdote, con las manos juntas,

dice:

Fieles a la recomendación del Salvador

y

siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:

O

bien:

Llenos de alegría por ser hijos de Dios, digamos confiadamente la oración que Cristo nos enseñó:

O bien:

El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado; movidos por ese Espíritu digamos con fe y esperanza:

O bien:

Antes de participar en el banquete de la Eucaristía, signo de reconciliación y vínculo de unión fraterna, oremos juntos como el Señor nos ha enseñado:

Extiende las manos y, junto con el pueblo, continúa:

Padre nuestro, que estás en el Cielo, santificado sea tu Nombre, venga a nosotros tu Reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

Solo el sacerdote, con las manos extendidas, prosigue diciendo:

Líbranos de todos los males, Señor,

y concédenos la paz en nuestros días,

para que, ayudados por tu misericordia,

vivamos siempre libres de pecado

y protegidos de toda perturbación,

mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.

24

Junta las manos.

El pueblo concluye la oración aclamando:

Tuyo es el Reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.

Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice en voz alta:

Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles:

«La paz les dejo, mi paz les doy», no tengas en cuenta nuestros pecados sino la fe de tu Iglesia, y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad.

Junta las manos.

Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

El pueblo responde:

Amén.

El sacerdote, vuelto hacia al pueblo, extendiendo y juntando las manos, añade:

La paz del Señor esté siempre con ustedes.

El pueblo responde:

Y con tu espíritu.

Luego, si se juzga oportuno, el diácono, o el sacerdote, añade:

Démonos fraternalmente la paz

O bien:

Como hijos de Dios, intercambiemos ahora un signo de comunión fraterna.

O bien:

En Cristo, que nos ha hecho hermanos con su cruz, démonos la paz como signo de reconciliación.

O bien:

25

En el Espíritu de Cristo resucitado, démonos fraternalmente la paz.

Y todos, según las costumbres del lugar, se intercambian un signo de paz, de comunión y

de caridad. El sacerdote da la paz al diácono o al ministro.

Después toma el pan consagrado, lo parte sobre la patena y pone una partícula dentro del cáliz, diciendo en secreto:

El Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, unidos en este cáliz, sean para nosotros alimento de vida eterna.

Mientras tanto se canta o se dice:

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz.

Esta aclamación puede repetirse varias veces, si la fracción del pan se prolonga. La última vez se dice: danos la paz.

A continuación el sacerdote, con las manos juntas, dice en secreto:

Señor Jesucristo, Hijo del Dios vivo, que por voluntad del Padre, cooperando el Espíritu Santo, diste con tu muerte la Vida al mundo, líbrame, por la recepción de tu Cuerpo y de tu Sangre, de todas mis culpas y de todo mal. Concédeme cumplir siempre tus mandamientos y jamás permita que me separe de ti.

O bien:

Señor Jesucristo, la comunión de tu Cuerpo y de tu Sangre no sea para mí un motivo de juicio y condenación, sino que, por tu piedad me sirva para defensa de alma y cuerpo, y como remedio de salvación.

26

El sacerdote hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevada sobre la patena o sobre el cáliz, de cara al pueblo, dice con voz clara:

Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.

Y, juntamente con el pueblo, añade:

Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.

El sacerdote, vuelto hacia el altar, dice en secreto:

El Cuerpo de Cristo me proteja para la Vida eterna.

Y comulga reverentemente el Cuerpo de Cristo.

Después toma cáliz, y dice en secreto:

La Sangre de Cristo me guarde para la Vida eterna.

Y bebe reverentemente la Sangre de Cristo.

Después toma la patena o la píxide y se acerca a los que van a comulgar. Muestra el pan consagrado a cada uno, sosteniéndolo un poco elevado y le dice:

El Cuerpo de Cristo.

El que va a comulgar responde:

Amén.

Y comulga.

El diácono, si distribuye la sagrada Comunión, lo realiza de la misma manera observan los mismos ritos.

Si se comulga bajo las dos especies se observa el rito descrito en su lugar.

Cuando el sacerdote ha comulgado el Cuerpo de Cristo, comienza el canto de comunión.

Finalizada la Comunión, el sacerdote o el diácono, o el acólito, purifica la patena sobre el cáliz y también el cáliz.

Mientras hace la purificación, el sacerdote dice en secreto:

Haz, Señor, que recibamos con un corazón limpio el alimento que acabamos de tomar,

27

y que el don que nos haces en esta vida nos sirva para la vida eterna.

Oración después de la comunión

T e rogamos, Señor, que des fuerza a tus hijos con estos alimentos celestiales,

para que, manteniéndose fieles a su vocación evangélica,

sean en todas partes la imagen viva de tu Hijo. él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

28

RITO DE CONCLUSIÓN

En vez de la bendición acostumbrada, puede darse la siguiente.

Inclinen la cabeza para recibir la bendición.

El Obispo, con mitra, báculo y las manos extendidas sobre los ministros y el pueblo, pronuncia la bendición:

C oncede a estos hijos tuyos, Señor, con tu protección y tu gracia, salud de alma y cuerpo,

perfecto amor a los hermanos

y una entrega total a tu servicio.

Todos:

Amén

El Obispo:

Q ue estos hijos tuyos, Señor, puedan alegrarse siempre

de celebrar los misterios de su redención

y de recibir continuamente sus frutos.

Todos:

Amén

El Obispo:

Q ue el Dios de toda gracia, que los ha llamado en Cristo,

los afiance y los conserve fuertes

y constantes en la fe.

Todos:

Amén

El Obispo:

Y que a todos ustedes, aquí presentes, los bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

29

Todos:

Amén

Después de la bendición el diácono despide al pueblo con alguna de las fórmulas siguientes:

Podemos ir en paz.

O bien:

La alegría del Señor sea nuestra fuerza. Podemos ir en paz.

O bien:

Glorifiquemos al Señor con nuestra vida. Podemos ir en paz.

30

Oración Colecta

21 de Agosto

San Pío X

Solemnidad

S eñor, Dios nuestro, que, para defender la fe la católica e instaurar todas las cosas en Cristo, colmaste al papa San Pío X,

de sabiduría divina y fortaleza apostólica; concédenos que, siguiendo su ejemplo y su doctrina, podamos alcanzar la recompensa eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

A cepta, Señor, nuestras ofrendas y concédenos que, dóciles a las enseñanzas del papa San Pío X, celebremos con dignidad estos santos misterios

y los recibamos con fe. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración después de la comunión

A l celebrar la fiesta de San Pío X,

te rogamos, Señor, Dios nuestro,

que por la eficacia de esta eucaristía

seamos fuertes en la fe y vivamos la unidad en el amor. Por Jesucristo nuestro Señor.

31

BENDICIÓN SOLEMNE

El Obispo, con mitra, báculo y las manos extendidas sobre el pueblo, pronuncia la bendición:

D ios, nuestro Padre, que nos ha congregado para celebrar hoy la fiesta de san Pío X,

patrono de nuestro Seminario les bendiga, les proteja y les confirme con su paz.

Todos:

Amén

El Obispo:

C risto, el Señor, que ha manifestado en San Pío X la fuerza renovadora del misterio pascual,

los haga auténticos testigos de su evangelio.

Todos:

Amén

El Obispo:

E l Espíritu Santo,

que en San Pío X, nos ha ofrecido un ejemplo de caridad evangélica,

les conceda la gracia de acrecentar en la Iglesia la verdadera comunión de fe y amor.

Todos:

Amén

El Obispo:

Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes.

Todos:

Amén

32