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UNIVERSIDAD TECNOLOGICA DE LOS ANDES

FACULTAD DE CIENCIAS JURIDICAS Y CONTABLES

 TEMA : LA SANTA INQUISICIÒN

 DOCENTE : COLLANQUI SAULO

 ALUMNAS:

MOLINA PEREZ ROSMERY

TTURUCO VALVERDE MILAGROS

Cusco – Perù
2018
 Introducción

Fue una institución judicial creada por el pontificado en la edad media, con la misión de

localizar, procesar y sentenciar a las personas culpables de herejía. En la Iglesia primitiva la pena

habitual por herejía era la excomunión. Con el reconocimiento

del cristianismo como religión estatal en el siglo IV por los emperadores romanos, los herejes

empezaron a ser considerados enemigos del Estado, sobre todo cuando habían

provocado violencia y alteraciones del orden público. San Agustín aprobó con reservas

la acción del Estado contra los herejes, aunque la Iglesia en general desaprobó la coacción y los

castigos físicos.

 Orígenes

En el siglo XII, en respuesta al resurgimiento de la herejía de forma organizada, se produjo en el

sur de Francia un cambio de opinión dirigida de forma destacada contra la doctrina albigense. La

doctrina y práctica albigense parecían nocivas respecto al matrimonio y otras instituciones de

la sociedad y, tras los más débiles esfuerzos de sus predecesores, el papa Inocencio III organizó

una cruzada contra esta comunidad. Promulgó una legislación punitiva contra sus componentes y

envió predicadores a la zona. Sin embargo, los diversos intentos destinados a someter la herejía

no estuvieron bien coordinados y fueron relativamente ineficaces.

La Inquisición en sí no se constituyó hasta 1231, con los estatutos Excommunicamus del papa

Gregorio IX. Con ellos el papa redujo la responsabilidadde los obispos en materia de ortodoxia,

sometió a los inquisidores bajo la jurisdicción del pontificado, y estableció severos castigos. El
cargo de inquisidor fue confiado casi en exclusiva a los franciscanos y a los dominicos, a causa

de su mejor preparación teológica y su supuesto rechazo de las ambiciones mundanas. Al poner

bajo dirección pontificia la persecución de los herejes, Gregorio IX actuaba en parte movido por

el miedo a que Federico II, emperador del Sacro Imperio Romano, tomara la iniciativa y la

utilizara con objetivos políticos. Restringida en principio a Alemania y Aragón, la nueva

institución entró enseguida en vigor en el conjunto de la Iglesia, aunque no funcionara por entero

o lo hiciera de forma muy limitada en muchas regiones de Europa.

Dos inquisidores con la misma autoridad —nombrados directamente por el Papa— eran los

responsables de cada tribunal, con la ayuda de asistentes, notarios, policía y asesores. Los

inquisidores fueron figuras que disponían de imponentes potestades, porque podían excomulgar

incluso a príncipes. En estas circunstancias sorprende que los inquisidores tuvieran fama de

justos y misericordiosos entre sus contemporáneos. Sin embargo, algunos de ellos fueron

acusados de crueldad y de otros abusos.

 Procedimientos

La Santa Inquisición, el Tribunal Eclesiástico que fue responsable de muchas muertes, ha sido uno

de los temas históricos más abordados, pero también de los menos comprendidos. Es

prácticamente imposible hablar de ella sólo por sus métodos de tortura o del número aproximado

de víctimas. Su funcionamiento interno y su impacto en los campos de la sociedad es tan amplio

que aquí te presentamos un resumen para entenderla mejor:


Primero lo básico, ¿por qué "Inquisición"?

La palabra tiene su origen en el latín “inquiro”, que significa buscar, e “inquisito”: búsqueda. El

objetivo del Tribunal era la búsqueda y castigo de los herejes. Es necesario aclarar que no existió

sola una Inquisición, pero las más conocidas son dos:

 Inquisición Medieval: Estuvo bajo el mando directo del Papa, y sus orígenes están en la

persecución de los cátaros o albigenses, quienes eran considerados sectarios por criticar

los excesivos lujos de la Iglesia.

 Inquisición Española: Este Tribunal perseguía a los "judaizantes" (judíos convertidos al

cristianismo que secretamente mantenían sus tradiciones). Ésta, a diferencia de las demás

inquisiciones, estuvo al mando del Estado, comenzó con los Reyes Católicos en 1478 y se

disolvió por completo en 1834. Existieron otras cuantas como la portuguesa y la romana,

ambas bajo la autoridad del Papa.

¿Bastaba un rumor para acusar a alguien?

Si bien es cierto que los procesos de la Inquisición se alejaban del Derecho Romano y del conocido

procedimiento acusatorio (en el que las partes, acusado y perjudicado, presentan pruebas a un juez y éste

decide en favor de uno o de otro), la mayoría de las veces el Tribunal buscaba que una acusación tuviera,

por lo menos, dos quejosos para poder iniciar un proceso, y éste era muy largo.

¿Los presos eran torturados desde su aprehensión hasta la muerte?


No, había un largo tramo a la hoguera. Generalmente el proceso se podía dividir en seis partes:

1.- Edicto de fe: Esto no era más que la invitación a denunciarse a sí mismos si es que alguien se

creía hereje, así como también la invitación a denunciar a otros que por alguna razón más o menos

fundamentada, lo creyera hereje. Este período correspondía a un lapso de entre 30 y 40 días.

2.- La detención: Después de levantar el informe conocido como “sumaria”, que recogía los

testimonios de cargo contra el acusado, se procedía al arresto, y éste iba acompañado de la

confiscación de los bienes; si era una persona de alto rango se le permitía tener uno o dos criados

que permanecerían encerrados con ellos.

3.- La instrucción: Una vez detenido, el presunto culpable permanecía aislado en su celda durante

semanas o meses. Muchos no sabía de qué estaban siendo acusados y sólo tenían contacto con su

carcelero; cuando finalmente los inquisidores interrogaban al prisionero, las preguntas tenían que

ver los oficios que había desempeñado hasta entonces, quiénes eras sus padres y abuelos; ciudades

donde había vivido; cónyuges, hijos; estudios y viajes hechos. Después se comprobaba que

conociera las principales oraciones católicas y se le pedía que dijera las razones por las cuales

estaba detenido y que confesara sus pecados.

4.- La tortura: El proceso anterior se repetía hasta tres veces con intervalos de algunos días. Si al

tercer interrogatorio no confesaba, se le llevaba a la celda de tortura donde sólo podían acceder el

escribano, los inquisidores y el verdugo. La tortura a los prisioneros era para hacerlos confesar,
aunque los inquisidores eran conscientes de que el tormento no era un medio seguro de obtener la

verdad.

5.- El veredicto: Llegado este punto era imposible declarar a un acusado inocente, era preferible

decir que no había pruebas suficientes. Según el grado de culpabilidad se distinguen tres tipos de

acusados:

 Herejes que niegan serlo a pesar de las pruebas.

 Culpables que lo confiesan.

 Pertinaces.

A los primeros dos se les permitía la reconciliación a través de diferentes abjuraciones, la cual dependía

del tipo de delito. El tercer grupo se dividía a su vez en tres categorías, ninguna con un final deseable.

6.- El auto de fe:

Este evento se debía realizar un domingo o un día festivo para que todos los habitantes pudieran

asistir; días antes se leía una proclama pública para invitar a la población. Una vez que el penitente

era vestido adecuadamente, respecto al delito cometido (con el Sambenito, la prenda que vestían

los acusados por el Tribunal), abandonaban la prisión hacia donde se realizaría el auto de fe. Un

predicador pronunciaba un sermón para atacar la herejía, después se hacía la lectura de las

sentencias y, una vez terminada la lectura, un destacamento llevaba a los condenados a los lugares

de suplicio; inmediatamente después se arrojaban los cuerpos a la hoguera para reducir a cenizas

los cadáveres; esto podía tomar toda la noche.


¿Cuántas muertes causó la Santa Inquisición?

Aunque las cifras no son exactas, lo cierto es que no sólo la Inquisición fue culpable. Es decir, como los

miembros del Tribunal Eclesiástico no podían ser verdugos ni torturar, siempre existió una colaboración

Iglesia-Estado, por lo que Alemania, Francia, España, etc., fueron los brazos seculares que realizaban

tanto las torturas como los autos de fe.

¿Cuándo dejó de existir?

La mayoría de las inquisiciones se disolvieron alrededor del siglo XIX; sin embargo, la conocida

como “Romana” no ha dejado de existir. En 1965 cambió su nombre a “Congregación para la

Doctrina de la Fe”, cuyo campo de acción se limita dentro de la misma Iglesia. (Vaticano, s.f.)

Los inquisidores se establecían por un periodo definido de semanas o meses en alguna plaza

central, desde donde promulgaban órdenes solicitando que todo culpable de herejía se presentara

por propia iniciativa. Los inquisidores podían entablar pleito contra

cualquier persona sospechosa. A quienes se presentaban por propia voluntad y confesaban su

herejía, se les imponía penas menores que a los que había que juzgar y condenar. Se concedía un

periodo de gracia de un mes más o menos para realizar esta confesión espontánea; el

verdadero proceso comenzaba después.

Si los inquisidores decidían procesar a una persona sospechosa de herejía, el prelado del

sospechoso publicaba el requerimiento judicial. La policía inquisitorial buscaba a aquellos que se

negaban a obedecer los requerimientos, y no se les concedía derecho de asilo. Los acusados

recibían una declaración de cargos contra ellos. Durante algunos años se ocultó el nombre de los

acusadores, pero el papa Bonifacio VIII abrogó esta práctica. Los acusados estaban obligados

bajo juramento a responder de todos los cargos que existían contra ellos, convirtiéndose así en
sus propios acusadores. El testimonio de dos testigos se consideraba por lo general prueba

de culpabilidad.

Los inquisidores contaban con una especie de consejo, formado por clérigos y laicos, para que

les ayudaran a dictar un veredicto. Les estaba permitido encarcelar testigos sobre los que

recayera la sospecha de que estaban mintiendo. En 1252 el papa Inocencio IV, bajo la influencia

del renacimiento del Derecho romano, autorizó la práctica de la tortura para extraer la verdad de

los sospechosos. Hasta entonces este procedimiento había sido ajeno a la tradición canónica.

Los castigos y sentencias para los que confesaban o eran declarados culpables se pronunciaban al

mismo tiempo en una ceremonia pública al final de todo el proceso. Era el sermo generalis o

auto de fe. Los castigos podían consistir en una peregrinación, un suplicio público, una multa o

cargar con una cruz. Las dos lengüetas de tela roja cosidas en el exterior de la ropa señalaban a

los que habían hecho falsas acusaciones. En los casos más graves las penas eran la confiscación

de propiedades o el encarcelamiento. La pena más severa que los inquisidores podían imponer

era la de prisión perpetua. De esta forma la entrega por los inquisidores de un reo a las

autoridades civiles, equivalía a solicitar la ejecución de esa persona.

Aunque en sus comienzos la Inquisición dedicó más atención a los albigenses y en menor grado

a los valdenses, sus actividades se ampliaron a otros grupos heterodoxos, como la Hermandad, y

más tarde a los llamados brujas y adivinos. Una vez que los albigenses estuvieron bajo control,

la actividad de la Inquisición disminuyó, y a finales del siglo XIV y durante el siglo XV se supo

poco de ella. Sin embargo, a finales de la edad media los príncipes seculares

utilizaron modelos represivos que respondían a los de la Inquisición.

Un tribunal a juiciola verdad sobre la inquisicion

¿cuándo y por qué nació el tribunal de la inquisición?

El primer tribunal inquisitorial para juzgar delitos contra la fe nació en el siglo XIII. Fue fundado
por el Papa Honorio III en 1220 a petición del emperador alemán Federico II Hohenstaufen, que

reinaba además en el sur de Italia y Sicilia. Parece que el emperador solicitó el tribunal para

mejorar su deteriorada imagen ante la Santa Sede (personalmente era amigo de musulmanes y no

había cumplido con la promesa de realizar una cruzada aTierra Santa) y pensó que era un buen

modo de congraciarse con el Papa, ya que en aquella época el emperador representaba el

máximo poder civil y el Papa, el religioso y, era conveniente que las relaciones entre ambos

fueran al menos correctas. El romano pontífice exigió que el primer tribunal constituido en

Sicilia estuviera formado por teólogos de las órdenes mendicantes (franciscanos y dominicos)

para evitar que se desvirtuara su misión, como de hecho intentó Federico II, al utilizar el tribunal

eclesiástico contra sus enemigos.

A principios del siglo XIII aparecieron dos herejías (albigense y valdense) en el sur de Francia y

norte de Italia. Atacaban algunos pilares de la moralcristiana y de la organización social de la

época. Inicialmente se intentó que sus seguidores abandonaran la heterodoxia a través de la

predicación pacífica encomendada a los recién fundados dominicos; después se procuró su

desaparición mediante una violenta cruzada. En esas difíciles circunstancias nace el primer

tribunal de la Inquisición.

Es lógico, que la Inquisición resulte una institución polémica porque, afortunadamente, hoy se

sabe que es injusto aplicar la pena capital por motivos religiosos. Los católicos de fin del siglo

XX conocen la doctrina del Concilio Vaticano II sobre la libertad religiosa, que coincide, en sus

planteamientos básicos con la de muchos teólogos cristianos de los cuatro primeros siglos de

ésta era. Por este motivo, el Papa Juan Pablo II en su Carta Apostólica Tertio Milenio

Adveniente (10-11-94) ha subrayado la necesidad de revisar algunos pasajes oscuros de

la historia de la Iglesia para reconocer ante el mundo los errores de determinados fieles, teniendo

en cuenta la unión espiritual que nos vincula con los miembros de la Iglesia de todos los

tiempos.
Delitos que juzgaba el tribunal de la Inquisición y las penas que aplicaba.

Inicialmente el tribunal fue creado para frenar la heterodoxia entre los bautizados: las causas más

frecuentes eran las de falsos conversos del judaísmo y mahometismo; pronto se añadió el

luteranismo con focos en Sevilla y Valladolid; y el alumbradismo, movimiento pseudo-místico.

También se consideraban delitos contra la fe, la blasfemia, en la medida que podía reflejar la

heterodoxia, y la brujería, como subproducto de religiosidad. Además, se perseguían delitos

de carácter moral como la bigamia. Con el tiempo se introdujo el delito de resistencia al Santo

Oficio, que trataba de garantizar el trabajo del tribunal.

La pena de muerte en hoguera se aplicaba a hereje contumaz no arrepentido. El resto de los

delitos se pagaban con excomunión, confiscación de bienes, multas, cárcel, oraciones y limosnas

penitenciales. Las sentencias eran leídas y ejecutadas en público en los denominados autos de fe,

instrumento inquisitorial para el control religioso de la población.

Desde el siglo XIII, la Iglesia admitió el uso de la tortura para conseguir la confesión y

arrepentimiento de los reos. No hay que olvidar que el tormento era utilizado también en los

tribunales civiles; en el de la Inquisición se le dio otra finalidad: el acusado confeso arrepentido

tras la tortura se libraba de la muerte, algo que no ocurría en la justicia civil. Las torturas eran

terribles sufrimientos físicos que no llegaban a mutilar o matar al acusado.

Actitud del Santo Oficio español ante la brujería.

En España hubo pocos casos de brujería en comparación al resto de Europa. Fue un fenómeno

más destacado entre la población bautizada de los territorios americanos, por el apego a sus ritos

y tradiciones seculares. En la Península fueron desgraciadamente famosas las brujas de

Zugarramurdi (Navarra) condenadas en 1610. Desde entonces se tuvo en cuenta la

acertada observación de un inquisidor, para quien cuanto menos se hablara de ellas, menos casos

habría; la Inquisición prefirió considerarlas personas alucinadas o enfermas.

Víctimas de la Inquisición.
La Inquisición tuvo una larga vida en España: se instauró en 1242 y no fue abolida formalmente

hasta 1834 durante la regencia de María Cristina. Sin embargo, su actuación más intensa se

registra entre 1478 y 1700, es decir, durante el gobierno de los Reyes Católicos y los Austrias.

En cierto sentido no se puede calcular el número de personas afectadas por la Inquisición:

la migración forzosa de millares de judíos y moriscos; la deshonra familiar que comportaba una

acusación del tribunal durante varias generaciones; la obsesión colectiva por la limpieza

de sangre, lo hacen imposible.

Respecto al número de ajusticiados no hay datos definitivos porque hasta ahora no se han podido

estudiar todas las causas conservadas en archivos. Aunque parciales, son más próximos a la

realidad los estudios realizados por los profesores Heningsen y Contreras sobre 50.000 causas

abiertas entre 1540 y 1700: concluyen que fueron quemadas 1.346 personas, el 1,9% de los

juzgados. Es posible, aunque la cifra no sea definitiva, que los ajusticiados a lo largo de la

historia del tribunal fueran unos 5.000. Afortunadamente, el cristianismo, a diferencia de las

ideologías, tiene siempre una doctrina buena, cierta y definitiva que le permite rectificar los

errores prácticos en los que pueden incurrir algunos de sus miembros: el Evangelio.

 Metodos

Cuando una persona era denunciada ante el Santo Oficio por algún delito que estuviera

comprendido en sus competencias, era investigada por los inquisidores. Así, el Tribunal

tenía competencia sobre los siguientes tipos de delitos:

Contra la fe y la religión: herejía, apostasía, judaísmo, blasfemia, etc.

Contra la moral y las buenas costumbres: bigamia, lectura, comercio y posesión de libros

e imágenes prohibidas por obscenas, etc.

Contra la dignidad del sacerdocio y de los votos sagrados: decir misa sin estar ordenado;
hacerse pasar como religioso o sacerdote sin serlo; solicitar favores sexuales a las devotas en

confesión, etc.

Contra el orden público: lectura, comercio y posesión de libros de autores subversivos -sobre

todo de los revolucionarios franceses-; lectura, comercio y posesión de libros de autores

contrarios a la corona, a España o a la Iglesia, etc.

Contra el Santo Oficio: en este rubro se consideraba toda actividad que en alguna forma

impidiese o dificultase las labores del tribunal así como aquellas que atentasen contra sus

integrantes.

Se pedía al denunciante que aportase pruebas u otros testimonios que avalasen sus

declaraciones. De existir al menos tres realizados por personas honorables y que no tuviesen

ninguna animadversión contra el denunciado, se daba inicio al proceso, para lo cual detenían

a este . Las denuncias eran cuidadosamente revisadas por los inquisidores, quienes

disponían investigaciones complementarias. Generalmente consultaban el caso con los

calificadores -especie de asesores con los que contaba el Tribunal- quienes hacían el papel de

instancia previa al inicio del proceso inquisitorial y su fallo podía dar lugar a archivar el

expediente. En este caso, quedaban la denuncia y lo actuado en una especie de suspensión

indefinida, que podría ser resuelta en el futuro, ante una nueva denuncia o reiteración de las

anteriores así como en el caso de la presentación de pruebas o testimonios adicionales.

Los calificadores eran designados entre expertos en materia teológica y jurídica;

generalmente, eran autoridades eclesiásticas del más alto nivel o catedráticos especialistas en

el tema. La opinión de ellos era tomada como de gran valor pero, al decidir, primaba el

criterio de los inquisidores. Después de reunidas las pruebas, el encausado era apresado y

conducido a las cárceles secretas de la Inquisición, en las cuales se le solicitaba en forma

reiterada que se arrepintiese y confesase el motivo de su detención. Asimismo, se le

incomunicaba completamente, no permitiéndosele ningún tipo de visitas, ni siquiera la de sus


familiares más cercanos. Mientras duraba el proceso, el detenido se hallaba en soledad

absoluta y se le proveía de una ración alimenticia adecuada -superior a la de las prisiones

comunes de la época- en la que se incluía carnes, leche, frutas y vinos. Si

tenía recursos económicos se le deducía el valor de sus alimentos; en caso contrario,

su costo era asumido por el Tribunal.

Auto de Fe

Se exigía al reo guardar total reserva de los hechos sucedidos durante su permanencia en las

instalaciones inquisitoriales. Su habitual aislamiento sólo era interrumpido por los

funcionarios del Tribunal quienes, cada cierto tiempo, lo visitaban para persuadirlo a

confesar sus culpas. El motivo de la insistencia en la confesión voluntaria se originaba en que

el tribunal no buscaba la sanción del hereje sino su salvación. Para ello, era fundamental el

arrepentimiento del procesado, lo que se manifestaría en su predisposición a confesar hechos

realizados por su persona y sus cómplices, de los cuales se avergonzaba. En los casos en que

los reos se autoinculpaban, las sanciones solían ser benignas; en la mayoría de dichos casos

las acciones culminarían en el pago de alguna multa o en escuchar, vestido de penitente, misa

en la Iglesia mayor; en realizar peregrinaciones, rezar algunas oraciones, etc. Si el reo no

reconocía las faltas, a pesar de las pruebas reunidas en su contra -después de haber utilizado

sin resultado todos los mecanismos posibles para obtener su confesión- previas advertencias

del caso, se le podía aplicar tormento, en conformidad con los procedimientos comunes de la

época.

El Tribunal tenía, entre sus atribuciones, la capacidad de confiscar las propiedades de los

acusados. El secuestro de bienes era dispuesto por los inquisidores y, en los casos en que se

demostrase la culpabilidad del reo, se le solían expropiar definitivamente. Esto llevó

al interés creciente en hallar herejes entre los conversos de fortuna cuantiosa como una

fuente de recursos económicos adicionales para una siempre sedienta corona. El


dinerocaptado no ingresaba en el patrimonio de la Iglesia sino de la monarquía y se destinaba

a financiar las acciones del propio Tribunal. En España, durante los primeros años de su

funcionamiento, este Tribunal tuvo una ingente cantidad de recursos; pero, al menos desde el

siglo XVIII, no eran suficientes para cubrir sus propios gastos; entonces, el Tribunal debía

recurrir al apoyo de la corona, la que aseguraba la continuidad de sus funciones.

El proceso se realizaba en el mayor secreto posible y tanto los procesados como sus

acusadores y los propios funcionarios y servidores del Santo Oficio se veían obligados a no

revelar nada de lo tratado o sucedido en los procesos. En caso de que violasen esta

prohibición se les trataba con una severidad similar a la usada con los herejes que reincidían

en sus faltas. Este secreto absoluto de los procedimientos inquisitoriales fue uno de los

orígenes de la muy extendida leyenda negra sobre el Santo Oficio ya que la población solía

inventar las historias más inverosímiles sobre el mismo, las que eran transmitidas de

generación en generación. Estos cuentos eran enriquecidos por los añadidos que hacía cada

nuevo narrador, cuando las refería a sus amistades de mayor confianza o a sus familiares

cercanos. La gente buscaba, a través de sus conjeturas, entender el funcionamiento y fines de

tan misterioso Tribunal, ante el cual habían visto comparecer a algunos de sus allegados y a

otras personalidades de la época.

Los juicios no tenían una duración predeterminada y consistían en una serie de audiencias a

las cuales se sometía al reo con la intención de llegar a determinar la gravedad de sus faltas.

Los acusados eran llevados a la llamada sala de audiencias, en las cuales encontrarían a los

inquisidores. En el caso del Tribunal de Lima eran tres, uno de los cuales hacía el papel

de fiscal. Este sólo acusaba al procesado en términos genéricos, sin precisar en ningún

momento hechos o circunstancias que le hicieran conocer la identidad de sus acusadores. Se

hacía así para evitar posteriores represalias contra los testigos. Si los inquisidores

consideraban necesaria la utilización de instrumentos de tortura para el esclarecimiento de


los hechos, la autorizaban previas reconvenciones al reo para que confesase. Al contrario de

lo que comúnmente se cree el Santo Oficio no inventó ningún instrumento de tortura sino,

más bien, utilizó los que usualmente aplicaban los tribunales civiles de la época.

 Castigos

Las celdas

Indiscutiblemente, a nadie que esté en su sano juicio le agrada estar detenido. El hecho

mismo de la detención era el primer maltrato al reo. El Tribunal usaba dos tipos de celdas: en

primer lugar, las celdas públicas en las que los reos cumplían el período de prisión que les

dispusiese el Tribunal en su respectiva sentencia. Las celdas secretas eran aquellas en que se

colocaba a los procesados, manteniéndolos incomunicados, durante el tiempo en que durase

su juicio. Hay que agregar que, en líneas generales, las prisiones utilizadas por la Inquisición

eran más limpias, cómodas y ordenadas que las demás de su época y que en ellas se

proporcionaba una adecuada alimentación a los reos.

La garrucha

Consistía en sujetar al reo con los brazos en la espalda, mediante una soga movida por una

garrucha y subirlo lentamente. Cuando se encontraba a determinada altura se le soltaba de

manera brusca, deteniéndolo abruptamente antes de que tocase el piso. El dolor producido en

ese momento era mucho mayor que el originado por la subida.

El Potro

Consistía en colocar al preso sobre una mesa. En ella se amarraba cada una de sus

extremidades con sogas unidas a una rueda. Esta, al ser girada poco a poco, las iba estirando

en sentido contrario, causando un terrible dolor. En la época era el instrumento de tortura


más empleado en el mundo.

La persona que utilizaba estos instrumentos de tortura era el verdugo, trabajador rentado del

Tribunal. En numerosas ocasiones se usaba al mismo verdugo de los tribunales civiles. Sólo

podían ingresar a la cámara de tormentos, además del verdugo, los inquisidores, los

alguaciles, el notario, el médico y el procesado.

El castigo del agua

Estando el procesado totalmente inmovilizado sobre una mesa de madera le colocaban una

toca o un trapo en la boca deslizándolos, en cada caso, hasta la garganta. Luego el verdugo

procedía a echar agua lentamente, produciendo al preso la sensación de ahogo.

Al contrario de lo que generalmente se cree, la Inquisición no inventó la tortura como parte

del procedimiento jurídico ni tampoco era el único Tribunal que la utilizaba. Su uso era

genérico a todos los tribunales de la época. Al respecto, podemos sostener que era más

benigna en su empleo que la aplicada en los demás tribunales porque, a diferencia de

aquellos, el tiempo de duración máxima de la tortura era una hora y cuarto; estaba prohibido

seccionar el cuerpo y producir derramamiento de sangre o el mutilamiento de algún

miembro. El médico y los propios inquisidores, para evitar los abusos de los verdugos,

supervisaban la aplicación del tormento. En los tribunales civiles, por el contrario, no había

tiempo de duración máxima y en algunos de ellos se podía seccionar el cuerpo del procesado.

La tortura con ratas : consistía en encerrar ratas sobre el estómago a su vez se aplicaba gas y

calor para que las ratas se desesperen y caven una salida por el estómago de la victima.

 Las Victimas y Victimarios


Muchos de los inquisidores procedieron con prudencia, justicia y benignidad. El presbítero secular

Conrado de Marburg, director espiritual de Santa Isabel de Turingia, recibió dos veces la comisión

en 1227 y 1231 de perseguir a los herejes de Alemania, especialmente a los luciferianos.

En 1231 le daba el papa estas normas: en llegado a una ciudad convocaréis a los prelados, al clero

y al pueblo, y les dirigiréis una solemne alocución; luego llamaréis aparte a algunas discretas

personas y haréis con toda diligencia la inquisición sobre los herejes y sospechosos o delatados

como tales; los que se demuestre o se sospeche haber incurrido en la herejía deberán prometer

obediencia a las órdenes de la Iglesia; si se niega a ello, procederéis según los estatutos que nos

recientemente hemos promulgado contra los herejes.

Conrado de Marburg, arrebatado de su impetuoso celo, se excedió en la aplicación de tales normas.

Los cronistas le acusan de no dar al reo facilidad para la defensa y de proceder demasiado

sumariamente; si el hereje confesaba su error, se le perdonaba la vida, pero se le arrojaba en

prisión; si lo negaba, al fuego con él. Y como el austerísimo Conrado no vacilaba en hacer

compadecer ante el tribunal aun a los caballeros, éstos se vengaron cayendo sobre él en las

cercanías de Marburg y asesinándolo el 30 de julio de 1233.

Más apática es la figura del primer inquisidor, per universum regnum Franciae, Roberto le Bougre,

así apellidado porque antes de convertirse y entrar en la Orden de Santo Domingo había sido

cátaro. Llevado de un fanatismo ciego contra sus antiguos correligionarios, se presentó siendo

inquisidor en lugar de Montwimer.


En una semana de herejía y el 29 de mayo de 1239 unos 180 herejes, perecieron en llamas. Que

cometió injusticias objetivamente gravísimas, parece indudable. El clamor de protesta que se lanzó

contra el terrible inquisidor llegó a Roma. El papa examinó las acusaciones y en, consecuencia,

destituyo a Roberto de su cargo y luego lo condenó a prisión perpetua.

Mientras que en Francia se aplicaban tan espantosos suplicios, en muchas ciudades de Italia parece

que se contentaban con la proscripción y la confiscación de bienes, según el código penal de

Inocencio III.

En la imposibilidad de aducir estadísticas completas, que no existen, una muestra puede dar la

idea. El inquisidor de Tolosa, Fray Bernardo Guy, que dejó fama de severo, de 1308 a 1323 dio

930 sentencias de las que sólo 82 son relajación al brazo secular para la ejecución. Las demás o

son más bien teóricas contra reos ya difuntos o son solo cárcel (307) pública, infamia (2),

sambenito (132), destierro (1) destrucción de la casa (22) y quema de Talmud (1). Las otras 139

fueron liberatorias. Resulta, pues, en una de las regiones más inquietas sólo cinco o seis

ejecuciones por año. Estas son las cifras según cálculos de Mons. Douis, en los dieciocho sermones

generales, o autos de fe en el espacio de quince años.

Inquisición en Inglaterra y España

INGLATERRA

El problema de la represión planteaba especiales dificultades: en efecto, Inglaterra no había

"recibido" la Inquisición y había permanecido con los viejos procedimientos, inadaptados para la
persecución de la herejía. Por eso reclamaron los obispos en 1397 la adopción de algunas de las

costumbres del continente.

Según las minutas de la Convocación, hubo numerosos procesos desde 1415 a 1430. El registro

de Chichele señala algunas abjuraciones de sospechosos en 1419, 1420, 1422, 1425, 1428: Desde

1430 a 1463, las minutas de la Convocación no señalan más que dos procesos. Parece que hubiera

habido una modificación en los procedimientos, lo que explicaría el silencio de esta fuente.

Muchos de los detenidos solamente eran sospechosos, los que si quedan registrados son los

wyclistas. Estos marcados por el concilio de Constanza.

ESPAÑA

La Inquisición española se fundó con aprobación papal en 1478, propuesta del rey Fernando V y

la reina Isabel I. La Inquisición se iba a ocupar del problema de los llamados sucios, los judíos que

por coerción o por presión social se habían convertido al cristianismo. De 1502 centró su atención

en los conversos del Islam, y en la década de 1520 a los sospechosos de apoyar las tesis del

protestantismo.

A los pocos años de la fundación de la Inquisición, el papado renunció en la práctica a su

supervisión en favor de los soberanos españoles. De esta forma la Inquisición española se convirtió

en un instrumento en manos del Estado más que de la Iglesia, aunque los clérigos, y de forma

destacada los dominicos, actuaran siempre como sus funcionarios.

 Personajes famosos que murieron en la inquisciòn


Juana de Arco

Los ingleses la condujeron ante un tribunal eclesiástico en Ruán que la juzgó por herejía y

brujería. Su juicio comenzó el 21 de febrero de 1431 y duró 4 meses, hasta mayo de 1431.

[2] . Durante su juicio, Juana estuvo encarcelada en una de las torres del castillo de Ruán,

(aunque dicha torre fue derrumbada con la mayoría del castillo, y solamente queda una

torre que es conocida como "torre de la doncella."), en una celda oscura.

Ya en materia judicial Pierre Cauchon, arzobispo de Beauvais se encargó de dirigir la

investigación y de presentar cargos contra la acusada. El juicio comenzó con diversas

sesiones preliminares (o sesiones de preparación) entre enero y febrero. De hecho, las

sesiones preliminares comenzaron el 9 de enero, pero sin Juana presente. Finalmente, el

21 de febrero de 1431 se celebró el primer interrogatorio a Juana. [3] El juicio se dividió

en diversas sesiones en las que Juana fue sometida a intensos interrogatorios. Se le indagó

acerca de diversas temáticas, y es gracias a este juicio que se pudo recopilar la mayor parte

de la información que se tiene sobre Juana.

Se presentron contra Juana más de 70 cargos y el más grave de todos fue el de

Revelationum et apparitionum divinorum mendosa confictrix (invento de falsas

revelaciones y apariciones divinas). [4] .

Los 70 cargos contra Juana acabaron siendo resumidos a 12. El tribunal consiguió está

reducción de las acusaciones, (la cual era necesaria para poder acabar declarandola

culpable ya que 70 cargos eran muchos), tras un largo proceso de 3 días en los que se

resumieron los cargos. Finalmente, se le presentaron los cargos resumidos a Juana, quien

responde afirmando que los cargos son falsos. [5]


Tras un intenso interrogatorio fue declarada culpable de herejía y brujería por vestir ropas

masculinas siendo mujer y por las supuestas voces y visiones que decía escuchar o recibir,

que seguía manteniendo como ciertas. Finalmente, le avisaron que sería condenada a

muerte en la hoguera a menos que admitiera haber mentido en relación a lo de sus

voces/visiones y empezara a vestir ropas femeninas. Juana solicitó apelar al Papa, sin

embargo esta petición le fue denegada. El 9 de mayo de 1431 Juana fue llevada a la cámara

de tortura del castillo y allá le amenazaron con usar instrumentos de tortura si no confesaba

la verdad en cuanto a sus visiones y voces, a lo que Juana valientemente respondió que No

negará sus voces y visiones por más tortura que reciba y que no cambiará su testimonio ni

su información.

Muerte

El 24 de mayo, en un viejo cementerio de Ruán, el tribunal, montó un simulacro de hoguera

para asustar a Juana y que confesara publicamente sus pecados y negara sus voces. Juana

bajo la presión del público y la promesa de que si firmaba la confesión en la que declaraba

falsas sus visiones/voces y juraba llevar vestimenta femenina, sería llevada a una cárcel de

la iglesia, Juana firmó el documento. Sin embargo, al ver que regresaba con los ingleses a

la misma celda, se consideró engañada y dos días después se retractó de lo firmado. Juana

volvió a usar vestidos de hombre para protegerse de sus carceleros que trataban de abusar

sexualmente con ella y el tribunal la delcaró relapsa (herética reincidente), por lo que de

nuevo fue condenada, esta vez por un tribunal secular, y la mañana del miércoles 30 de

mayo de 1431, fue enviada a la hoguera en la plaza del Mercado Viejo de Ruán (Vieux-

Marché de Ruán) y murió quemada viva. Según diversos testigos, como último deseo le

dieron una cruz que pudo ver hasta morir y pudo gritar "Jesús" varias veces.
Galileo Galiei

Aunque existen leyendas que afirman que Galileo murió en la hoguera, los escritos de

Vincenzo Viviani, uno de sus discípulos, hacen ver que Galilei falleció debido a afecciones

asociadas a su avanzada edad.

Cuenta el joven que durante los últimos dos años de vida, la salud de Galilei estaba muy

deteriorada, ya que desde los 30 años sufría de una grave artritis y padecía de una constante

irritación en los párpados. Aún en este estado de salud, Galileo siguió trabajando hasta que

padeció una fuerte fiebre que lo consumió hasta el día de su muerte, en la madrugada del

8 de enero de 1642.

Su cuerpo fue inhumado al día siguiente y se construyó un mausoleo en su honor en la

Basílica de la Santa Cruz en la ciudad de Florencia, donde actualmente se encuentran sus

restos.

Galileo Galilei fue un hombre de la época renacentista, considerado como el “Padre de la

astronomía moderna”, el “Padre de la física moderna” y el “Padre de la ciencia”.

 Conclusiones

El haber realizado este trabajo sobre la Inquisición nos ha servido para varias cosas, que

presentamos ahora a modo de conclusión.

En primer lugar nos hemos dado cuenta de lo arraigados que estaban en nosotros –autores del

trabajo- los prejuicios sobre la Inquisición, ya que pensábamos que se habían dedicados a quemar

a miles de brujas, blasfemos, homosexuales, herejes, etc. También pensábamos que la Iglesia

actuaba sin medida ni control de ningún tipo.


Pero tras el estudio de artículos basados en datos reales y de haber valorado la opinión de los

expertos, podemos concluir que la información que existe sobre la Inquisición a nivel “de calle” –

la que nosotros teníamos antes del trabajo- está altamente falseada y llena de típicos tópicos.

Pensamos que esto se debe a que la Inquisición ha sido un tema que ha despertado gran interés y

curiosidad acerca de la Iglesia Católica, pero no de modo científico sino a nivel de morbo.

Difícilmente se puede juzgar desde nuestro tiempo los acontecimientos del pasado. Pero estamos

de acuerdo con los autores más sobresalientes que hemos utilizado como bibliografía de este

trabajo, que la Iglesia pudo haber hecho más por evitar la Inquisición, sin embargo, la dependencia

al poder del Estado la limitó.

Es de resaltar que el Papa san Juan Pablo II pidió perdón por los pecados cometidos por los hijos

de la Iglesia a lo largo de los siglos. A ese documento nos hemos referido en varias ocasiones.

Siendo cierto la existencia de abusos y que no entendemos porque se perseguían a los herejes,

también hemos aprendido a distinguir que la polémica sobre la Inquisición se nutre de la ignorancia

histórica, de no tener el correcto contexto de los hechos, el desconocimiento de las mentalidades

de épocas pasadas, la escasez de estudios comparativos entre la justicia civil y la inquisitorial. Por

supuesto, también los prejuicios anti-católicos, como pueden ser los medios anglosajones, pues

estos fueron los que contribuyeron a la llamada leyenda negra.

Otra conclusión que hemos alcanzado, es que la Inquisición no estaba bajo el control de la Santa

Sede, sino que, en España por ejemplo estaba bajo el poder de los Reyes Católicos. Estos la

utilizaban con el fin de mantener la sociedad unida.


El estudio de lo documentos auténticos ha ayudado a revisar la Inquisición con sentido científico

e histórico

Esta exageración de la realidad está fundada por las muchas películas y documentales que se han

hecho sobre la Inquisición. En ellas se mezcla una parte real y una parte ficticia, típico de las

leyendas que han intentado crear que, por cierto, lo han conseguido.

En breves palabras, la Inquisición solo quería mantener a la Iglesia Católica unida aunque a veces

tomaba criterios y medidas no muy adecuadas, por lo que no siempre actuaban bien – es más,

actuaban mal-, pero lejos del macabro mito que se ha divulgado por medios anti-católicos, que no

quieren que se conozca la verdad

 Anexos
 Bibliografía

https://es.slideshare.net/maito/la-
inquisicion?fbclid=IwAR0a1RZzda0XQoO4F6u9HxoMVQ9ZLCwahQMaiTZHU3fHrU6l9Ha0
2Tm0RHY

https://www.monografias.com/trabajos23/inquisicion/inquisicion.shtml#victim

https://www.google.com.pe/search?q=torturas+de+la+santa+inquisicion&source=lnms&t
bm=isch&sa=X&ved=0ahUKEwjm_Ye-
lsjeAhWDzlkKHQEECIMQ_AUIDigB&biw=1920&bih=920#imgrc=Haehn-Pqdk4onM:

https://www.youtube.com/watch?v=YlKsAspZhyw&feature=youtu.be&fbclid=IwAR3Dzm3
hNd-iJHt9RbjplXu2hZvDSbJ4WiycR2Iejrjn7FH0t_GPXUVlwCU