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Noviembre

10
Lección

06

 Review and Herald, 21 de Junio 1898


1
Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis
1 unos a otros; como yo os he amado, que también
os améis unos a otros. Este es mi mandamiento:
Que os améis unos a otros, como yo os he amado.
EL MAESTRO AMA PROFUNDAMENTE A SUS DISCÍPULOS

Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga


su vida por sus amigos.
Su primer mandato, cuando estuvo a solas con
ellos en el aposento alto, fué: ‘Un mandamiento
nuevo os doy: Que os améis unos a otros: como
os he amado, que también os améis los unos a los
otros.’ Para los discípulos, este mandamiento era
nuevo; porque no se habían amado unos a otros
como Cristo los había amado. El veía que nuevas
ideas e impulsos debían gobernarlos; que debían
practicar nuevos principios; por su vida y su
muerte iban a recibir un nuevo concepto del
amor. El mandato de amarse unos a otros tenía
nuevo significado a la luz de su abnegación. Toda
la obra de la gracia es un continuo servicio de
amor, de esfuerzo desinteresado y abnegado.
Durante toda hora de la estada de Cristo en la
tierra, el amor de Dios fluía de él en raudales
incontenibles. Todos los que sean dotados de su
Espíritu amarán como él amó. El mismo principio
que animó a Cristo los animará en todo su trato
mutuo.
Juan 13:34; 15:12, 13; El Deseado de Todas las Gentes, pág. 631
2
Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que
2 su hora había llegado para que pasase de este
mundo al Padre, como había amado a los suyos que
estaban en el mundo, los amó hasta el fin.
EL MAESTRO AMA PROFUNDAMENTE A SUS DISCÍPULOS

Cristo sabía que para él había llegado el tiempo de


partir del mundo e ir a su Padre. Y habiendo amado
a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta
el fin. Estaba ahora en la misma sombra de la cruz,
y el dolor torturaba su corazón. Sabía que sería
abandonado en la hora de su entrega. Sabía que se
le daría muerte por el más humillante
procedimiento aplicado a los criminales. Conocía la
ingratitud y crueldad de aquellos a quienes había
venido a salvar. Sabía cuán grande era el sacrificio
que debía hacer, y para cuántos sería en vano.
Sabiendo todo lo que le esperaba, habría sido
natural que estuviese abrumado por el
pensamiento de su propia humillación y
sufrimiento. Pero miraba como suyos a los doce
que habían estado con él y que, pasados el oprobio,
el pesar y los malos tratos que iba a soportar, habían
de quedar a luchar en el mundo. Sus pensamientos
acerca de lo que él mismo debía sufrir estaban
siempre relacionados con sus discípulos. No
pensaba en sí mismo. Su cuidado por ellos era lo
que predominaba en su ánimo.
Juan 13:1; El Deseado de Todas las Gentes, pág. 599
3 1
El que ama a padre o madre más que a mí,
3 3 de mí; el que ama a hijo o hija
no es digno
más que a mí, no es digno de mí.
Si alguno viene a mí, y no aborrece a su
padre, y madre, y mujer, e hijos, y
hermanos, y hermanas, y aun también su
propia vida, no puede ser mi discípulo.
EL AMOR DE LOS DISCÍPULOS POR SU MAESTRO

Pero para aceptar la invitación a la fiesta


del Evangelio, debían subordinar sus
intereses mundanos al único propósito de
recibir a Cristo y su justicia. Dios lo dio todo
por el hombre, y le pide que coloque el
servicio del Señor por encima de toda
consideración terrenal y egoísta. No puede
aceptar un corazón dividido. El corazón que
se halla absorto en los afectos terrenales
no puede rendirse a Dios.
La lección es para todos los tiempos.
Hemos de seguir al Cordero de Dios
dondequiera que vaya. Ha de escogerse su
dirección y avaluarse su compañía por
sobre toda compañía de amigos
mundanos. Cristo dice: ‘El que ama padre o
madre más que a mí, no es digno de mí; y el
que ama a hijo o hija más que a mí, no es
digno de mí.
Mateo 10:37, Lucas 14:26; Palabras de Vida del Gran Maestro, pág. 176
4
El que tiene mis mandamientos, y
4 los guarda, ése es el que me ama; y
el que me ama, será amado por mi
Padre, y yo le amaré, y me
manifestaré a él.
Nadie puede amar supremamente a
Dios, y transgredir uno de sus
EL AMOR DE LOS DISCÍPULOS POR SU MAESTRO

mandamientos. El corazón
suavizado y subyugado por la
belleza del carácter de Cristo, y
controlado por las puras y elevadas
normas que él nos ha dado, pondrá
en práctica lo que ha aprendido del
amor, y seguirá a Jesús en humilde
obediencia. El poder vivo de la fe se
revelará a sí mismo en actos de
amor.
“¿Qué evidencia tenemos de que
poseemos el amor puro, sin mezcla?
Dios ha establecido una norma: sus
mandamientos. ‘El que tiene mis
mandamientos, y los guarda, es el
que me ama’ Juan 14:21. Las
palabras de Dios deben tener una
morada en nuestros corazones.

Juan 14:21; Nuestra Elevada Vocación, pág. 75


5
Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro:
5 Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le
respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Él le dijo:
Apacienta mis corderos.
Esta pregunta escudriñadora del corazón era
necesaria en el caso de Pedro y es necesaria en
nuestro caso. La obra de restauración nunca puede
ser completa a menos que se llegue a las raíces del
EL AMOR DE LOS DISCÍPULOS POR SU MAESTRO

mal. Una y otra vez los brotes han sido cortados,


mientras se ha dejado la raíz de la amargura para que
crezca y contamine a muchos; pero hay que ir a la
misma raíz del mal escondido.
Después que Pedro fué inducido a negarse a sí mismo
y a depender en absoluto del poder divino, recibió su
llamamiento a trabajar como subpastor. Cristo había
dicho a Pedro, antes que le negara: ‘Y tú, una vez
vuelto (convertido, V.T.A.), confirma a tus hermanos’.
Estas palabras indicaban la obra extensa y eficaz que
este apóstol debía hacer en lo futuro en favor de
aquellos que aceptaban la fe.
Su experiencia personal con el pecado, el sufrimiento
y el arrepentimiento, lo habían preparado para esa
obra. Mientras no reconoció sus debilidades, no
pudo conocer la necesidad que tenían los creyentes
de depender de Cristo. En medio de la tormenta de la
tentación había llegado a comprender que el hombre
solamente puede caminar seguro cuando pierde toda
confianza en sí mismo y la deposita en el Salvador.
Juan 21:15; Conflicto y Valor, pág. 322, Los Hechos de los Apóstoles, pág. 410
6
Volvió a decirle la segunda vez: Simón,
6 hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le
respondió: Sí, Señor; tú sabes que te
amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas.
Cristo mencionó a Pedro solamente
una condición de servicio: ‘¿Me amas?’
Esa es la calificación indispensable.... El
EL AMOR DE LOS DISCÍPULOS POR SU MAESTRO

amor de Cristo no es una emoción


intermitente, sino un principio
viviente, el cual se manifestará como
poder permanente en el corazón.
La manera en que el Salvador trató con
Pedro tenía una lección para él y sus
hermanos. Aunque Pedro había
negado a su Señor, el amor que Jesús
tenía hacia él nunca vaciló. Y al aceptar
el apóstol la responsabilidad de
ministrar la palabra a otros, debía
reprender al transgresor con paciencia,
simpatía y amor perdonador.
Recordando su propia debilidad y
fracaso, debía tratar a las ovejas y
corderos encomendados a su cuidado
con tanta ternura como Cristo le había
tratado a él.

Juan 21:16; Los Hechos de los Apóstoles, pág. 411


7 1
Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro
7 se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le
respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo.
Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas. De cierto, te digo: Cuando
eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas
cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro,
y te llevará a donde no quieras. Esto dijo, dando a entender
con qué muerte había de glorificar a Dios. Añadió: Sígueme.
Cuando por tercera vez Cristo preguntó a Pedro: ‘¿Me amas?’
la sonda llegó al fondo del alma. Reprendido por su propia
conciencia, Pedro cayó sobre la Roca, diciendo: ‘Señor, tú lo
sabes todo; tú sabes que te amo’.
Esta es la obra que está delante de cada alma que ha
deshonrado a Dios y entristecido el corazón de Cristo al
negar la verdad y la justicia. Si el alma examinada soporta el
proceso de prueba sin que el yo despierte a la vida
sintiéndose herido y ultrajado bajo la prueba, ese cuchillo
agudo revela que el alma está realmente muerta al yo, mas
viva para Dios.
Pedro tenía ahora la humildad suficiente para comprender
LA PRUEBA DE AMOR

las palabras de Cristo, y sin dudar más, el discípulo que había


sido inquieto, jactancioso, presuntuoso se volvió sumiso y
contrito. Siguió de veras a su Señor: a quien había negado. El
pensamiento de que Cristo no lo había negado ni rechazado
era para Pedro luz, consuelo y bendición. Sintió que podía
elegir ser crucificado, pero cabeza abajo. Y aquel que tan
estrechamente fue participante de los sufrimientos de Cristo
será también participante de su gloria cuando él ‘se sentará
en su trono de gloria.

Juan 21:17-19; Conflicto y Valor, pág. 322