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DZ ~AS !RlliTAC10llE3

DEL V. P. LUIS DE L~ PUENTE,


OB U COlii'AÑIA DB JBSUS.

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lla~rid: fmprfnl~ de D. E. .Ignacio, ralle dt S. E<le!Kia, 8.

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COMPEN DIO
IJ K J.AS

MBDITACIONHS DBL V. P. LUIS DE LA PUBNTR,

•ohi"C IR ' 'Jdu, Paslou. .,.. Muerte de .l es n ~ rl• to


nuestro U e tle.oC or.

Reparudu ¡<ra li!dU la& Donumm del anD. cou lu cualro Ponnmerias
¡ I:enefiCIOS diYinos para \OO¡l! lM d1as de la semarl3.

REUIPRES.I PARA LA SHl'A EStUELA Of: CIIISTO


F.STABLECIOA f!N LA I'()XTIFICU u : Lt:S IA Of: rr.<LinOS.

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rt mmm~uiD~ID Y! mli~lir!l!D._;·
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DE LA. 1\IEDITA.ClON Y ~Q\~~ IO~
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L. . tierra está 116fla de iniquidades"porq
nu rie no ha¡¡
ninguno que mtd itc. La meditaci
on es romo el ojo
del hombre; si esto no ve ni mira on
los pies, indispensablemente caerá: del dóndu pone
mismo modo
el hombre c1uc no med ita no ve sus
las conoce, y por lo mismo no pide elnecesidades ni
ora. El alma si n oracion no puedo vivi remedio ó no
r;
ría san Juan Crisóstomo: .dsi como el por esto de-
cuerpo sepa -
•·lUlo det alma es mue rto, así tanl
pariUia de la oracion es muerta. Hac et atm a se-
bún
e
el alma lo que el agua en las plan la oracion en
so J·ic¡ran, no crecen y se mueren : lotas; si estas no
propio osperi-
mcntan las almas ~in el ejercicio de
es· el que proporciona aguas de la gracla or:tcion, que
Jesucristo, .¡no conocin muy bien la ia ; por eso
necesidad quo
tcuemos do la oracion, nos la encarga
tancia en el santo E\•a ~gel io : Pedid con tanta ins-
'!/ alcanzareis,
(Joan. 1O, v. 2~.) Convitfle siempre orar
y no duis -
ti•· jam ds. (Luc. l S. 1. ) 0.-aá para
que 110 caigais
en la tentacion . (Lnc. 22. 4 O.)
Esta med itaciou y oracion se hará
tres potencias del alma, y con la apticejercitando las
acion imagina·
1·ia do los sentidos corporales. Para evita
nrden y conrusion se seguirá el métotlo r todo des-
siguiente.

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"'
PRIMIIRA PARTE. - PRRPARACION.

Prepm·acion remow.
Pureza de conciencia.
Rectitud de intencion, trabajar en vencer las pa-.
siones y adquirir las virtudes, é imitar á Jesucrisl.o.
Leer por la noche la meditacion, y acordarse de
ella al despertarse.

Pt·epaTacion ¡H·6xima.
Levantarse con prontitud á la hora scftalada,
guardar silencio, y no distraerse voluntariamente
pensando en otras cosas.·
Empezar la oracion con humildad , cenfianza y
amor.

Prepm·acion inmediata.
Ponerse en la presencia de Dios, creer y adorar.
Tenerse por indigno de estar en su divina pre-
sencia. ·
Considerarse indigno de tener oracion, y por es-
to pedirá á Dios la gracia que necesita por interce.
sion de la Virgen Santísima, ángeles y santos.
Hágase la compo&icion de lugar, como si se es-
·tuviese presente en el mismo sitio en que están su-
cediendo todos los hechos de la meditacion.

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Vlt

SBGUNDA PARtE.- HKDIT!CION UORACION.


.

¡
Personas que han in-
Con la memoria se tcrvonido en el misterio
acordará de In meditacion, de la considerncion , ó ·
y hará la aplicacion de asunto de In meditacion.
Jos sentidos á las. . . . . . Palabras que dicen.
, Acciones que ejecutan.
Con el entendimiento discurrirá y se preguntará:
¿Quién es el que padece? ¡,Qué padece? ¿Para
quién p.1decc ? ¿Para qué padecu?

A FECTOS.
Con la voluntad se ejercitará en arcctos de ad-
miracion ..... amor..... ace ion de !ll'ntias. .. .. alegría,
dolor ó compasion.
Reouucia de los bienes, honores y deleites del
muooo 3 imitacion de Jesucristo.
Dolor y pena de lo pasado , por haberse dejado
arrastrar del mal, ofendiendo al Seüor.
Confusion de lo presente, viendo la frialdad del
cora1.on.
Deseos de emprender la pcrfeccion y resolverse
al momento.

llESOI, UCION ES.


Generales de arranca.r los vicios y plantar las
virtudes.

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V l lf

Particulares rc~pecro de sí mismo: pedir los au-


xilios para vencer· alguo vicio determinado, ó adqui-
r·ir alguna virtud particular ..
Particulares respecto de los prójimos : suplicar
las gracias que ucccsiten.

TBRCm PART&. - CONCLUSJON.

Dar gracias á Dios


De haberle sufrido en su tlivina presencia.
De las gracias que le ba dispensado.
Ofrecerle los buenos pensamientos, afectos , de-
seos y resoluciones de la oracion.

Pedir á Dios
Pcrdon de las faltas que ha cometido en la ora-
cion.
Que bendiga las resoluciones que en la oracion
ha hecho.
Confiar que alcanzará lo que pide por los méri-
tos de Jesucristo y por la intercesion de la Santísi-
ma Virgen , ángeles y santos.
Por Ultimo, se hace el ramillete: esto es, esco-
ger uno, dos ó tres puntos do aquellos en que he-
mos encontrado mas gusto , para tenerlos presentes
el resto del dia y olerlos espiritualmente.
Concluida la meditacion se examin:u·á : si l1a ido
mal , se enmendará; y si bien, dará gracias á Dios

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IX
y se notará lo principal ocurrido; y en el resto del
dia se observarán estas tres cosas:
1.1 La presencia de Dios en aquel paso que ~(~
l1a meditado en la oracion.
2. 3 Todo lo quo se baga ofrecerlo en particular
á la mayor honra y gloria de Dios.
3.• Todo lo que da pena sufrirlo, pensando' en
los sufrimientos de Dios humanado, segun el paso de
la oracion, dice san Agustin.
NOT 11.. Si sabe leer se podrá servir de alguno de
estos libros: Villacastio, Croisct, Ejercicios dó san
Ignacio de Loyola, Granada, Nepueu, J,apuente, Pre-
paracion para la muerte por san Alfonso Liguo-
ri, etc.
Si no sabe leer so podrá valer de los miste1·ios
del Rosario, de la Pasioo del Seiíor, ó de los Noví-
simos, porque la meditacion y oracion conviene á
sabios é ignorantes.

OllJ ECI ONES.

f. a Quizás alguno dirá: no sé meditar ni pensar


nada. Respondo: se sabe pensar en la comida, ves-
tido y conveniencias temporales, ¿y no se sabrá
pensar en las cosas espirituales y eternas? Es por-
que no se quiere.
~- • Otro dirá : no tengo tiempo. Respondo : so
tiene tiempo para comer, dormir, pasear, jugar, pe-
car é ir al infierno, ¿y no se tendrá tiempo pa1·a sal-
var el alma, que es el único .negocio que tenemos?
Por ocupaciones jamás nos olvidamos de comer; pues
no necesita menos el alma de la oracion que el

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cuerpo del alimento. ¡Ay de nosotros si por ocupa-
cion ó por otras cansas abandonamos ó no hacemos
oracion, que ya estamos perdidos para siempre! Ha-
gamos, pues, oracion, y siempre sin iotermision, co-
mo dico Jesucristo.
Lomos BSPrRTTUAJ.JlS. Entro los libros con que
puedes recrear tu espíritu escogerás : Introduccion
á la v.ida devota de san Francisco de Sales; Combate
espiritual; los Ejercicios del V. P. Alonso Rodríguez;
Fray Lu.is de Granada, Guia de pecadores; las obras
espirituales de san Alfonso Ligorio , y entro ellas
Práctica del amor á Jesucristo ; el Amor del alma;
l\Ianual de meditaciones; las Confesiones de san
Agustín ; el Kempis, Imitacion do Jesucristo ; Cate-
cismo del seiíor l\Iazo. La lectura espiritual es para
el alma lo que la com.ida para el cuerpo.

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PARA ALCANZAR LAGRACIA DEL ESPIRITUSANTO.

V eni, Creator Spiritus,


1\Ientes tuorom visita,
lmple superna gratia
Qure tu cr·easti pectora,
Qui diceris Paraditos,
Altissimi donum Dei,
Fons vivus, ignis, ch:u·itas,
Et spir·italis uoctio.
Tu scptiformis monere,
Digitus Patel'Ure dextm·re;
Tu r·itc promissum Patris,
Ser·mone clitans guttura.
Accende lomen sensibus.
Infunde amorem cordibus:
Inflr•ma nostri corpor·is
Virtute firmans perpeti.
Hostem repellas longius
Pacemque dones pr·otinus:
Ductore sic te prrevio,
Vitemus omne noxium.

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XJI

. Per tC sciamus da Patrem,


N'os~mus afque Filium;
'l'equé utriusque Spiritum
Credamus omni tempore.
Deo Patri sil gloria,
Et Filio, qui i1 mortuis
Su•·rexit, ac Paraclito,
In seculorum secula.
Amen.
]1. Emitte Spiritum tuurn, et crea-
buntUI '.
lJ!'. Et rcnovabis faciem terr:c.
Y. Domine, exaudi orationem meam.
lJ!'. Et clamo•· meus ad te venia t.
OREMUS.
D eus, qui corda fidelium sancti Spiri-
tus illustratione docuisti, da nobis in eo-
dem Spi1·itu l'ecta sapere, et de ejus semper
consolatione gaudere. Per Dominum nos-
trum Jesum Christurn Filium tuum: qui
tecum vivit et regnat, in unitate ejusdem
Spiritus sancti Deus, per omnia secula se-
culorum. Amen.

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.-~
MEDITACION DE LOS .PEMDOS.
..
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Peccavi super numerum arenre maris. (Oral.


l\1aoassoo.)

Consid.era, cristiano , la muchedumbre de


tus pecados y su gravedad, por ser cometi -
dos en pr·esencia de un Dios infinito y con-
tra su Divina Magestad : vuélvete á su mi-
sericor·dia , confiésale con grande arrepenti-
miento tus culpas par·a que su piedad te
las perdone, diciendo:
Pater, ~vi in calum et coram te; jam n<m
sum cligntts vocari filius tuus. (Luc. 15.)
Pequé, Sciíor, contra ol ciclo y en vuestra pre--
sencia; ya no SIJY digno do llamarme vuestro hijo.

1. Consider·a la multitud de tus peca-


dos, discurriendo brevemente por los diez;
Mandamientos y por los siete pecados morta-
les, y verás que apenas hay alguno en que no
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bayascaido muchas veces, pot• pensamiento,
por palabra ó por obr·a : repara cuánto los
aborrece Dios, pues á los ángeles, llenos de
sabiduría y gracia, por solo un pecado de
pensamiento, al instante que le cometim·on
los arrojó como r·nyos desde el cielo á los in-
tiernos; á Adán por· solo otro pecado le echó
del Paraíso, privándole para siempre á él y
á sus hijos de la justicia original, sujetán-
dolos á la muerte y á todas las miserias del
cuer·po corruptible, pr·ocediendo de este pe-
cado original, como de r·aiz, los innumera-
bles pecados que hay en el mundo; y sí
bajas con la consider·acion al infierno, halla-
rás en él muchos que fuei·on condenados
pot• solo un pecado, porque el que quebran-
.ta un Mandamiento es deudor de todas las
penas eternas en su especie: per·o mucho
mas conocerás el aborrecimiento que Dios
los tiene por los castigos que la Divina
Justicia hizo en Jesucristo Señor nuestro,
no por sus pecados, sino por los tuyos y por
los de todo el mundo. ¡O grave mal el de
la culpa , pues fue necesaria la muerte de
un Dios hecho hombre pat·a evitar su pena!
¡Oh cuán horrenda cosa es caer en las ma-
nos de Dios vivo y enojado! ¡O alma mía!

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¿Cómo no tiemblas considerando cuánto
aborrece Dios las culpas? ¡O Dios de las
venganzas! ¿Cómo no os habcis vengado de
un bombt·e tan malo como yo, que no solo
ha cometido un 1~ecado como los án¡;eles, si-
no innumerables? ¿Cómo me habcis sufl'ido
tanto tiempo, y no me habeis hecho partici -
pante de sus penas, pues yo quise serlo de
sus culpas'' En mí, Señor, estuviet·an bien
empleados estos castiaos, y lo que padeció
vuestt·o pl'eciosísimo Ifijo, pues yo soy el que
pequé, y no en él, que nunca pecó. El amor
que le movió á ponet·le en la ct·uz por mí,
os mueva á perdonarme lo que hice contra
vos; y pues ya castigaste en él mis peca-
dos, apl:\quese vuestra ira con sus tormen-
tos, y usad conmigo ele vuestras miscl'icor-
dias, anojando en el profundo del mur to-
das mis maldad es en vittud de la sangre que
det'ram ó pot· ellas.
Depone iniquitates nostras, et projiC6 in vro-
fundum maris onmia peccata nostra. (Miche:e 7.)

2. Consid ct·a que el pecado es un mal


infinito, por ser contra la infinita bondad
de Dios, cont•·a su inmensidad y sabiduda
infinita, por las cuales está presente en todo

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lugar , viendo y conociendo cuanto haces.
Contra su Omnipoten cia, por la cual está
en todas las criatur•as, concurr·iendo con
ellas á todas sus obr·as; y así cuando pecas
te ayudas de la Divina Omnipotencia par·a
pcnsm', decir ó hacer· lo que le da disgusto: y
es tanta su bonuad, que por· conser·var· tu
libertad no te niega este concurso, ni á
las criaturas <le que usas para ofend erle.
¿Pues qué maldad puede ser· mayor que
abor·recer· y despreciar· á tan infinita bon-
dau? ¿Qué ce~uctlad puede ser mayor que
vivir dentro <le la inmensidad de Dios á
vista de su sabiuuría, y ofen<let'lc en su pre-
sencia? ¿Qué ptr·e\"irnicnto puede ser mayo r
que hacer· gucr·r·a á Dios con sr1 mismo
·poder, y aprovecl~:u·te de su ayuda par·a
hacer· lo que es injur·ia suya? Y esto siendo
Dios el que te crió, el que te conserva y
gobierna, el que por redimír·te se !rizo hom-
bre y fue crucífica<lo por ti, siendo mayor
el odio que tiene al pecado que el amor de
su propio vida, pues la perdió, y eligió vo-
luntariamente la muerte porque muriese
la culpa. O bondad infinita, ¡cómo os he
aborrecido y despreciado! ¿Cómo me habeis
sufrido estar en vuestra presencia, y no me

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habeis aniquilado? ¿Cómo no habeis empleado
vuestra Omnipotencia en castigar al que
. tan mal se ha aprovechado de ella? ¿Cómo
permitís que viva ·habiendo cr·ucificado
dentro de mí á vuestro soberanó Hijo, pisa-
do su sangre , despreciado sus ejemplos y
atropellado sus leyes? ¿Cómo mi corn on no
se parte de dolor· por haber ofendido con
mis culpas al que murió por librarme de
ellas? Per·o, Dios mio y Cr·iador mio, ya que
por vuestra misericordia habeis tenido por
bien de sut'rirme, añadid este beneficio á
los pasados teniendo por bien de perdonar-
me. ¡Oh quién nunca os hubiera ofendido!
Pésame, Señor·, de haberos dejado sobre todo
• cuanto me puede pesar, porque deseo ama-
ros sobre todo cuanto se puede amar.
Oh quam amarmn est mihi te reliqttisse Deum
meum! (Jcrero. 2.)

MEDITACION DE LA MUERTE.

C onsidera, cr·islia.no, la brevedad de tu


vida y la incer'lidumbr·e de la hora de tu
muerte: y pues entonces, aunque no quieras,

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te han de dejar todas las cosas del mundo,
déjalas tú primero con el afecto, no pongas
por ellas en peligro tu salvacion; y para
esto repite continuamente las palabras del
Sabio:
O mcrs, quam amara est memoria tua flomit.t i
pacem habenti in srthstantiis suisl (Ecc. 41.)
¡O muerte, qué amar¡¡a es tu memoria al quo
tiene su descanso en las cosas do esta vida!

1. Considera la certeza infalible de la


muet'le, pues ley general es, y sin escepcion
alguna, que todos los hombt·es han de mo-
rir una vez sola; y siendo tan cierta la
muerte, no hay cosa mas incierta que su
hot•a; por eso el Salvador nos manda velar
siempre, porque no sabemos cuándo ba de
Yen ir. O alma mia, si esta es Yerdad ca-
tólica, ¿cómo vives tan descuidada de apren-
der á morir bien esa sola vez que has de
morir, en que consiste tu salvacion ó con-
denacion etel'na? ¡Oh qué de daños nacen de
no mirar al fin, á donde á toda prisa, sin
parar jamás, vas caminando! ¿Cómo ten-
drías presuncioo ni soberbia si pensases que
dentro de poco te has de convertir en poi-

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vo, y has de ser pisado y hollado de todos?
¿Cómo tendrías por Dios á tu viéntr·e, si
imaginases que estás sazonando el manjar
que ¡westo ha de se•· comida de gusanos?
¿Cómo andarías desvelado en amontonar ri-
quezas, si consíde•·ases que a\li se ha de sa-
tisface•· tu ambician con una pobre morta-
ja y siete pies de tier¡•a? Finalmente, no
andarían tan desconcertadas las obras de
tu vida si todas las midieses con esta re-
gla. ¡Oh cómo lo despt•eciarias todo! ¡Oh
cómo trabajarías para la vida eterna! Abre
los ojos, ct·ístinno, y pues no hay cosa grao-
de que pa•·a acm'larse no se ensaye muchas
veces, ensáyatc tú á bien mOI'ÍI', toma la
carret•a muy de at1·ás, mí1·a que el salto es
g•·ande, no menos que de esta vida á la
eterna, y donde quie••a .que cayese el árbol
cuando le corlar·cn, allí pcr·manecer:í para
siem¡)l'c. Pr·evente de mane•·a que en igas al
mediodía del cielo; gu:ll·date no caigas al
seplent•·ion del infiemo: examina á qué lado
caerías si Dios te cor·tasc ahora, y p•·ocu-
ra asegur·ar tu buen suceso llevand o f¡·utos
de ver·dadera penitencia. O Divino Señor,
asentad en mi alma un vivo conocimiento
de la b•·evedad de mi vida, para que vien-

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do lo poc9 c¡ue me falta de ella, trabaje con
cuidado para la eterna; dadme gracia para
ceñir· mi cuerpo con la mortificacion de mis
vicios y pasiones, par·a tomar en mis manos
hachas encendidas de virtudes y buenas
obras, y par·a estar siempre en vela espe-
rando vuestra venida: acordaos, Dios mio,
que vuestros años son eternos; compadeceos
de los mios que son tan cortos, y no me
llameis por mis culpas en medio de mis
dias con muerte apresurada y repentina.
Ne revoces me in dimidio dierum meorum.
(Psalm. 101.)

2. Considera la pena que tendrás cuan-


do estés con la candela en la mano, apare-
jada la mortaja y le digan: es ya llegada la
hora de tu partida. ·¡ Oh cuánto sentir·ás el
dejar• todas las cosas de esta vida que ama-
res con desordenada aficioo! Por·que allí has
de dejar las riquezas, dignidades, regalos,
oficios y posesiones, tus padres y hermanos,
amigos y conocidos, y tu mismo cuet·po; y
cuanto mayor·es fue1'en tus bienes, tanto
será mas amargo el dejados; y cuanto ma-
yor fuere el amor que tuvieres á estas co-
sas, tanto mavor será el dolor cuando te
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aparten de ellas. ¡Oh cómo temblarás aquí
de la cuenta que has de dar á Dios, viendo
que el mal que temes es eterno y sin re-
. medio, la sentencia irrevocable, tu causa
peligrosa por· cuanto te consta de la culpa
que cometiste y no de la vcr·dadera peni-
tencia que hiciste por ella, sin saber• si eres
di"'no de odio ó de amor·: y aunque tú no
halles culpas en ti, puede ser·· que las halle
Dios! Hor·a es esta en que tiemblan los muy
esforzados, porque el jusl<? apenas se salva-
rá: ¿pues qué hará el que ha gastado lo-
dos los dias de su vida en ofender· á Dios?
¿A dónde ir·á? ¿ Quién le ayudará? ¿Qué
consejo tomad? Si mira hácia arl'iba, ve la
espada de la Divina Justicia que le amena-
za; si abajo, ve la sepultura que le espera;
si dentr·o de sí, ve la conciencia que le re-
muerde por sus placeres pasados. (¡Oh qué
amargos se le harán, viendo que por ellos
tiene indi¡;nado al Juez, su causa dudosa, y
á riesgo <le padecer· tormentos eter·nos por
deleites que duraron un punto!) O .Juez
soberano, en cuyas manos están las almas
de los justos, por cuya proteccion no les to-
ca el tormento de la muerte; quitad de la
mia el amor desordenado de todas las cosas

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visibles, pm·a que no sienta tormento en
apartarme de ellas; poned luego en mi ma-
no el cuchillo de la mortificacion, pat•a que
aparte de mí lo que me puede apat'lar de
vos. Oh cuánto siento, Señor, el haberos
ofendido: rodeado estoy, Dios mio, y com-
batido con los dolores de la muerte, y el que
mas me aflije y congoja es el mar impetuo-
so de mis culpas y pecados.
Cil·cwndedtmmt me dolores nwt·tis, et torrentes
iniquitatis conturbaver-unt me. (Psalm. 11.)

MEDITACION DEL INFillRNO.


Considera, ct•istiano, la terribilidad y du-
racion de las horribles penas del infier,!lO,
bajando á él con la consicleracion, y con ella
asienta en tu alma un temol' g1'ande de
ofendet' al que abOI'!'ece tanto las culpas,
que las cas~iga con tales penas: 1wocut·a
lavar las tuyas con continuas lágt·imas di-
ciC'ndo á Dios:
Dimitee m.e, ut pfa31gam patdulwn t/oforem m.eum,
antequam vat/am, et non •·evertar. (Job 10.)
l'ormitidmc, Scuor,quc llore en esla 'Vida mis culpas,
antes que en la olra padezca sin remedio sus penas.

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ti
1. Considera que el infierno es una
cárcel perpétua de fuego, y un estado etet•-
no en el cual se padecen todos los males y
se carece de todos los bienes. Y aunque sus
penas sean innumerables, se pueden reducir
á dos géneros: una es de sentido y otra de
daño. Comenzando pues por aquella, la pri-
mera, es de fuego de tan estraño ardor, que
el de acá es como pintado en su compat·a-
cion; atormenta y no consume, abrasa y no
alumbra, disponiéndolo asi la Omnipotencia
de Dios para mayor tormento de los conde-
nados. De esta lan espantosa estancia se-
rán pasados á otra contraria á ella, no me-
nos intolerable, que set•á un hort'ible fria,
tal, que ni la variacion les sirva de alivio,
sino antes de mayor tormento. Los ojos se-
rán atormentados con la vista de los demo-
nios, que para esto mudarán estt·añas figu-
ras de mónstt•uos hotTendos. Las narices
con hedot· incomportable que saldt·á de sus
miserables cuerpos. Los oídos con conti-
nuos y destemplados clamores y gemidos
de alormentadot·es y atormentados. La len-
gua con hiel ama•·guísima y sed rabiosa.
La imaginacion con una vehementísima
apreosiou de aquellos tormentos y tan in-

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cesables, que ella avívar·á el dolor y el dolor
á la imaginacíon. La memoria, con la con-
sideracion de los bienes pasados, y de las
ocasiones que tuvieron para llorar sus cul-
pas y hacer· penitencia de ellas. El entendi-
miento, lleno de tinieblas y error·es, no po-
dr·á discurr·ir cosa que le sea de alivio, an-
tes engañado con ellos ponderará la gran-
deza de sus dolores, y juzgando por ligeras
sus culpas , y por atr·oces y desiguales á
ellas sus penas, entenderá con per·tinacia
que Dios le hace agravio. Y de aquí nace
el gusano de la mala conciencia, que perpé-
tuamente con rabia infemalr·oer·á las entra-
ñas del condenado; porque la podredumbre
de donde se engendr•a, que es la culpa,
nunca se acaba, y la viva aprension_de
ella y de la pena nunca cesa. Mayores se-
rán los tormentos de la voluntad, como
quien fue mas negligente en atajar la culpa;
y así padeced una envidia mortal de la
gloria de Dios y de sus escogi·dos, teniendo
grande aborrecimiento y odio con él p01·que
así los castiga: y como el peno herido con
la lanza se vuelve á dar bocados en ella, asi
ellos quisieran, si pudieran, despedazar á
Dios; y viendo que de esto no resull a me-

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noscabo alguno en su gloria, se acrecienta
con increíble descsperacion su despecho. De-
más de estos tormentos gene1·nles y comu-
nes hay otros particulares, po1·que alli se
da•·á medida contra medida; y asi los so-
bc•·hios serán castigados con pa•·ticulares
af•·cntns é ignominias; los av:u·ientos con es-
ti'Cma necesitlad; los glotones con hambre
mo•·tal, sed insaciable y bebidas amarguísi-
mas; los lascivos serán envestidos en lla-
mas hediondas de piedra azufre; los envi-
diosos ahullarc\n como per•·os rabiosos con
dolor·es ent•·añahles; los pe1·ezosos se•·án las-
timados con aguijones encendidos. Pues si
tanto dolor causa en esta vida la pena de
un solo miembro, ¿cuánto dolor causare\ la
pena que de tropel entra pot• tnntos? ¡Oh
desventurados deleites sensuales , cuyo fi n
son tan terribles nma•·gut·as! ¡Oh cuán ter-
rible mal es el pecado, pues siendo Dios in-
finitamente miset·icordioso se est:í gozando
de ver padecer al condenado conforme al
or·den de su justicia, sin que se compadez-
ca de él su misericordia! Abre los ojos, c•·is-
tiano, y mira á qué fin Le llevan los pasos
torcidos de tu desconcertada vida; y si no
te atreves por un espacio muy breve á to-

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car el fuego ligero de este mundo, ¿cómo
no temes el eterno del otro? O Dios eterno,
ilustradme con vuestra sobet•ana luz para
que conozca la terribilidad de los tormentos
eternos, y viva de manera que merezca ser
libre de ellos; amparatlme con vuestra mi-
sericordia para que no caiga en tan espan-
tosa miseria. Ayudadme á morti!icar y la-
hrar las potencias que me clísteis, y ser su
verdugo en esta vida para que ellas no sean
mis verdugos en la ott·a : no entt·egueis,
Señot•, á los mónstruos infernales al que os
confiesa, y arrepentido de babet·os ofendido
espera en vuestra misericordia.
Ne tradas bestiis animas con{itentes tibi. (Ps. n.)

2. Terribl es son estas penas; pet•o con


set• tan cscesivas, no met·ecen nombt·e de ta-
les compat•adas con la pena de daño (que es
carecer para siempre de la vista de Dios y
su compañía, y del último fin pat'll que
fuimos ct•iados); y pot· eso si fuera posible
que un condenado padeciese todas las penas
de sentido que padecen todos los condena-
dos juntos, sin padecet· esta sola, le sei'Ía de
grandísimo alivio, porque priva de un bien

© Biblioteca Nacional de España


15
que infinitamente escede todos los bienes,
que es Dios; y asi ca1'ecer de él sel'á el ma-
yor de todos los males. ~ii1'a cuánto sien-
ten los hombres que les quiten un mayo-
razgo á que tenían algun derecho, ¿pues
cuánto mas sentidn que les quiten el ma-
yorazgo eterno del cielo, á que pudier'an te-
ner tle1'echo si no le pertlieran poi' sus pe-
cados? Y si la muerte es la mas terrible
cosa entre las cosas teiTibles, porque apat'-
ta el alma del cuerpo y de este mundo vi-
sible, ¿cuánto mas tenible será la muet'te
eterna, en que se aparta el alma de Dios,
y de su reino y muntlo invisible? ¡Oh qué
tormento será para el alma verse apartada
de su centro, y el lugar en quien solo pue-
de .tenet' su reposo cumplido! ¡Oh qué jus-
ta pena que Dios se aparte de quien po1· su
culpa se apartó de Dios! ¡Y esto pat·a siem·
p1'e , para siempre, compitiendo estas pe-
nas en la duracion con la eternidad de Dios!
Verdaderamente, que aunque fuera uno
solo entre los hijos de Adán á quien hubie-
se ti~ caber tan desastrada suerte, bastaba
para hacernos temblar á todos: ¿pues cuán-
to mas debemos temblar sabiendo que es
infmito el número de los necios y estrecho

© Biblioteca Nacional de España


iG
el camino de la vida? Si esto no creemos,
¿dónde está la fe? Y si lo c•·eemos, ¿dónde
está el juicio y la razon? Y si hay juicio y
razon, ¿cómo vivimos tan sin temor de es-
tas pen~s, y no abraza mos el rigo1· de la pe-
nitencia para lib1·arnos de ellas7 O Dios in-
finito, último fin y bienaventu1·anza de to-
das las criaturas; pues me criásteis para
goza•· de vuestra vista soberana en el cielo,
nó pe1·mitais que os ofenda en la tierra, y
os menosprecie y apa•·Le de mí con mis
culpas: no pueble yo el infie•·no; no sea yo ce-
bo de aquel fuego eterno: pésame de las
culpas con que he merecido tan graves pe-
nas; perdonadlas, Dios mio, por vuestra
mise1·icordia; no me aparteis, Señor, para
siempre de vuestra divina presencia.
Ne projicias me a {acie tua. (Psalm. 50.)

MEDITACION DEL PURGATORIO.

Considera, cristiano, cómo no puede en-


trar en el cielo quien no estuviere muy lim-
pio de sus culpas, aunque sean muy lige-
ras, habiendo pagado la pena que merece

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f7
po1· ellas: pl'Ocura lavar las tuyas con peni-
tencia conlínua y no cometer mas, porque
no las pagues con las lerribles del purga-
torio, y que su duracion te retarde la vista
gloriosa de Dios: vive con g1·ande temor de
estas penas diciendo:
Yerei:Jar amnia. opera mea, sciens quoá 11on par-
ce-res delinque?lli. (Job 9.)
¡Oh cómo tiemblo, Seííor, de mis obras, porquu no
dejareis culpa sin pena!

1. Considera cuán justo es Dios, pues


no quiere dejar culpa alguna sin castigo, y
cuán misericordioso, pues cuando perdona
la culpa mortal en el Sacramento de la Pe-
nitencia, conmuta la pena eterna en alguna
temporal; y si esta no se paga en esta vida
con ve•·dadera contricion , ó con algunas
. obras penales, forzosamente se ha de pagar
en el pu•·gatorio, donde un solo dia pare-
cerá muchos años, así por el lugar, que es
debajo de la tierra, ce•·cano al in'fierno, tris-
te y oscudsimo, como por los atormentado-
res, que son los demonios, como algunos
Santos dicen; y tamhien por el género de
tormentos, que es fuego como el del infiet·-
no, que, milagrosamente atot·menta las al-
'l

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18
mas hasta purificarlas de la escoria de las
culpas, los cuales esceden grandemente á
todos los dolores que se padecen en esta vi-
da, y aun á los que padeció Cristo nuestro
Redentor; pero mucho mas sensible será ca-
rece¡• de la vista de Dios, porque alli está
muy viva la fe de quién es, de su bondad
y perfecciones, y cómo es su último fin; y
esta viveza de la fe encenderá el deseo de
verle, y la dilacion act•ecenlat·á la pena, por-
que el amor de Dios está alli en su punto;
y asi desearán sumamente ver ú su Amado
para unirse con él, sin que haya cos.1 que
les divierta de este amor; y finalmente, por
la suspension en que están las almas sin
saber cuánto tiempo ha de durar esta car-
ee] y esta dilacion de ver :í Dios. O Reden-
tor dulcísimo, en cuya sangre lavan los jus-
tos y blanquean sus almas para ser admiti-
das en vuestro reino; conceded me, por vir-
tud de vuestra preciosa sangre, un g1·an
dolor de mis culpas, por el bien de que me
privan, por la cat•cel con que me amenazan,
y sobre todo por el aborrecimiento que vos
las ·teneis; sea tal, Señor, mi arrepenti-
miento , que tambien quede libre de las
penas; suplid vos la falta que hubie¡·e en

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t9
·mí; y para que vaya á gozar de vos en sa-
liendo de esta vida, puriflcadme en ella
atendiendo á vuestt·a misericordia, pero no
me castigueis con el rigor á que yo he pro-
vocado vuestra justicia.
Corripe me, Domil•e, verumtamen in juáwio, et
non in furore tuo. (Jor. 10.)

2. Considera cuán pesada carga es la


de cualquie1· culpa, pues da con nosotros
en abismo tan profundo, y cuánto la abor-
rece Dios, pues viendo arder á las almas
del put·gatOI·io padeciendo penas tan terri-
bles, y muchas veces por culpas muy lige-
ras, y con amarlils mucho y ser amado de
ellas, las deja arder y penat' hasta que pa-
guen todo lo que deben: huye cuanto fuere
posible pecados veniales, pues no son otra
cosa sino leña, heno y paja con que se ce-
·ba el fuego que te ha de abt·asar en el pur-
gatorio. O alma mia, pues estás fundada
sobre tan precioso · fundamento como es
Cristo Señor nuestt•o, edifica sobre él obras
de gran valor, oro de caridad, plata de ino-
cencia, y piedras preciosas de sólidas virtu-
des: mira no mezcles con ellas obras que
han de perecer, leña de avaricia, heno de

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20
sensualidad y paja de vanagloria: aprové...:
chate del tiempo que tienes de satisfacer
mereciendo, antes que llegue el de padece r
sin merecimiento: no dilates la paga de tus
culpas, porque Dios no te dilate su clara
vista; advie1·te que es sumo mal carece•·
un punto del sumo bien. O Rey de la glo-
ria, ¿quién no os temerá? Si asi quemais al
árbol fructuoso por unas pocas de espinas
que mezcló con la buena fruta, ¿cómo que-
mareis al á1•bol seco y estéril que solo llevó
espinas de graves pecados? Perdonad, Señor,
los mios , que yo de aqui adelante of1•ezco
hacer penitencia de ellos, y pelea•· continua-
mente con mis pasiones, hasta que mm·ien-
do á ellas con vuestra gracia haya mudan-
za en mi vida, y sea digno de que me reci-
bais en vuestra glori~.
Cunctis ditbus quibus 'llunc milito, e;x:pecto dOMe
venial immutatio mea. (Job 14.)

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21

HEDITAClON PARA L .-\ DO~UNICA PRIMERA.


DE ADVIENTO .

.Enmt signa in so/e, et luna, et steltis; et tune


videóunt Fílirnn hominísve11ientem in nube, cum potes·
tate magna, et majestate. (Luc. 21.)

C onsidera, cristiano, la terribilidad del tre-


mendo día del juicio; las señales que le pre-
cederán; el poder· y magestad con que ven-
drá el Juez; el rigor y delgadeza de la cuen-
ta; la acusacion de los demonios, y el des-
ventul'ado fin de los condenados. Pide á
Dios te dé un santo temor suyo para que
no le ofendas, diciendo:
Con{ige timore ttw carnes meas ; a jruticiis enim
t uis timui. (Ps. 11 S.)
Fijad, Seiíor, en mí vuestro santo temor, de ma-
nera que temblando de vuestros j uicios no os ofenda.

1. Considera que no hay lengua en


el mundo que sea bastante para esplicar el
menor de los trabajos de este día, pues ha-
blando de él el Pr·ofeta Joél comenzó á tar-
tamudear como niño, diciendo: ¡Ah, ah, ah,

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qué dia setá aquel! Atiende al diluvio uni-
versal de fuego, que abrasará y converti1·á
en ceniza toda la gloria del mundo, siendo
á los malos principio de su pena, á los bue-
nos de su gloria, y á los que tuvieren algo
que pagar purgatorio de su culpa. Oye
aquella espantosa voz del Areángel: Levan-
taos, m¡te¡·tos, y venid á juicio; á la cual
obedecerán todos sin resistencia, escusa ó
tardanza alguna: acuéi'Clate de esta podero-
sa voz; suene esta trompeta en tus oidos;
teme esta terrible citacion, y aparéjate pa-
ra ella : alza los ojos y mira el estandarte
Real de la Cruz, que con ser una misma
será vistosa y deleitable á los justos que
en esta vida la abrazaron crucificando su
carne con sus vicios y concupiscencias, pe-
ro al contrario, será horrible y espantosa
para los malos que la aborrecieron, y no
se abrazaron con ella. ¡Oh qué amargamen-
te lloral'án ' 'iendo en ella la justa causa de
su condenacion! Luego vend•·á Cristo Señor
nuestro con grande magestad y grandeza,
saliendo de su divinó •·ostro y de sus lla~as
sacratísimas rayos de luz y resplandor
amoroso hácia Jos buenos, pero tan terri-
bles y airados contra los malos, que de solo

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23
verle quedarán llenos de confusion y espan-
to. O Juez soberano, haced que tiemble mi
alma de este fueqo que ha de abrasar las
riquezas del mundo, pa1'a que no cebe con
ellas el fuego de mis codicias: oiga, Señor,
con obediencia vuestras voces, siguiendo la
bande1'a de vuesll'a cruz en esta vida, para
que la vea con paz y segm·idad en la otra:
pe1'dóneme ahora vuestra miser·icordia par·a
que no me condene entonces vuest1'a justi-
cia. Guardad, Señor, mi alma y librad la
de la muerte eterna, que en vos, Dios mio,
espero no ser confundido pa1·a siempre.
Cus!odi a.nimam meam et e•·ue me: non eruóe-
scam, quoniam .rpera.vi in te. (Psalm. 'H.)

2. Considera cómo Cr·isto Señor nues-


tro apartará los buenos de los malos; á los
buenos pondrá á su mano de1·echa levan-
tados en el aire, y á los malos á la izquier-
da, dejándolos en la tierra. ¡Oh qué confu-
sion tan grande sel'á la de los malos que en
esta vida tenían la mano derecha y la gran·
deza, cuando se vean á la mano izquierda
con tanta bajeza ! ¡Oh qué r·abiosa envidia
tendr·án de los buenos cuando los vean tan
l1onrados, y á sí tan despreciados! ¡Oh cuán

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24
to sentirán ver delante de los ángeles y de
los hombres publicar· sus conciencias, por-
que alli todos leerán lo que está escrito en
el libro de la conciencia de todos: entonces
se manifestarán los pecados secretos del co-
razon, y los feos de la obra, y las torpezas
que se cometieron en lo oculto. O alma
mía, ¿cómo te atreves á pecar· en secreto,
si crees que tu pecado se ha de publicar· y
ver delante de todo el mundo? Mit·a bien lo
que escrib es en el libro de tu conciencia,
porque ahora podrás encubr·irlo; pero aquel
· día, mal que te pese, saldr{t todo á luz: en
él te pedirán estrechísima cuenta de todos
los momentos de tu vida, de los beneficios
divinos, de lo mal que te nprovechaste de
ellos, y del bien que has dejado de hacer;
el demonio exagerar·á con gr·ande vehemen-
cia tus culpas; el Angel de tu guarda ale-
gará lo mucho que hizo para desviarte de
tu mala vida, y la rebeldía que tuviste en
contradecirle; la Virgen y los Santos no solo
no te amparar·án, sino tambien te acus:u·án,
y se confor·marán con la justicia divina y
rectitud del Juez, que pronunciará contra
los réprobos aquella f01·midable sentencia:
Apartaos de mí, malditos, al fuego eter-

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. 25
no que está apa1·ejado para Satanás y
sus ángeles. O sol de justicia, mudad mi
corazon con vuestra diestra para que aquel
dia no me pongais á la siniestra; haced que
escoja en esta vida lugar bajo entre los
hombres, para que el dia del juicio merezca
estar ensalzado entre los ángeles; no permi-
tais que escriba en el libro de mi concien-
cia cosa que sea contrat•ia á vuestra santí-
sima ley ; ayúdad me á bonar con la peni-
tencia lo que he esct·ito hasta aqui, pot·que
no venga tal castigo sobre mí que pat·a
siempre me apm'teis de vos. Bien veo, Se-
ñor, que no pudísteis hacer mas por mí de
lo que hicisteis, ni yo mas contra vos de lo
que hic.e; y, asi tiembla mi alma del rigor
de vuestra ira á vista de mis culpas y pe-
cados: pero por mas indignos que sean mis
ruegos de alcanzar perdon de vos, os pido
por vuestra infinita bondad me perdoneis,
y no me castigueis con el fuego eterno del
infierno.
Jl!elll preces non sunt dignte, sect tu, bontu, fo.c
benigne ne perenni cremer ir¡ne. (Sec¡. in Mis. Der.)

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~IBDlTACION PARA LA DOaiiNICA SEGUNDA
DE ADVIENTO.

Trt es qtti ¡:ent'ltrus es? (nhttb. 11 .)

Consider·a, cristiano, que la señal que dió


Cristo Señor nuestro par·a que se conociese
que había venido al mundo fue que veian
los ciegos, oían los sor•dos y andaban los
tullidos; y asi teme qt,~e pues estás tan
ciego á sus 1uces, tan sordo á sus voces y
tan torpe para andar· por el camino de la
virtud, no debe de habet' venid.o á tu alma:
pídele con ansias fervorosas que venga, di-
ciendo:
E xcita potentiam 11tam, et ve11i, t~t salvos (aeias
11os. (Psahn. 7 o.)
Escilad, Sciíor, vuestro poder, y venid á librar-
me de mis culpas.

1. Considera, alma cristiana, la cegue-


dad con que te rindes á tus pasiones des-
ordenadas y á la ley de tus apetitos y anto-
fos, sin atender· ni reparar cuán contrarios
on á las luces que Dios te comunica, ha-

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?.7
ciéndote sordo á sus inspiraciones, entriste-
ciendo cuanto es de tu parte al Elspí1·itu
Santo, deját~dole dar tantas voces en vano,
contradiciendo á su voluntad por seguil' la
tuya, sirviéndole en todo lo que tú quieres
y no en lo que él quiere que le sirvas. El
te llama por el camino de la penitencia, y
tú sigues el de tus comodidades y regalos.
El, por ventura, te llama á los eje1·cicios in-
teriores; tú acudes á los esteriores. Lláma-
te á la oracion; y tú vas á la eleccion. El
quiet'e que primero cuides de tu aprove-
chamiento que del de los prójimos; tú, ol-
vidado de ti, cuidas de ellos, y de ahí nace
que ni medras tú ni les aprovechas á ellos.
Y finalmente, siempre que tu voluntad es
·contraria á la divina, es vencida ésta y sale
vencedora la tuya. Desengáñate, que mien-
tras vives asi no vendt·á á mOt'<lt' en ti el
Hijo de Dios. ¡O benignísimo Jesus! pésa-
me de lo mal que he dispuesto mi alma pa-
ra que vos bajeis á ella : pt•eparadla vos,
Dios mio; enviad vuestra poderosa mano
desde lo alto, que me libt·ede la muchedumbre
de olas que cont1·a mí levantan mis pasiones.
Emitte manu>" tuam de alto; eripe me, et li6era
me de aquis multis. (Psalm. 143.)

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28
2. Considera tambien que has menes-
ter tenet• tu corazon muy limpio y desem-
barazado de todas las aficiones terrenas,
menospreciando, ó pot· mejot· decir hacien'do
de todas las cosas caducas el aprecio que
ellas merecen, que es ninguno, teniendo tu
aficion siempre fija en Dios; porque asi co-
mo no hay momento alsuno en que no estés
espet•imentando su piedad y providencia,
asi no debe haber ninguno en que no le
tengas pr·esentc en tu memor·ia, sintiendo
como un destierro riguroso cualquier ins-
tante que te apartaren de él los cuidados
del siglo. Entr·a, pues, dentro de tu cora-
zon, y echando de él todas las cosas que no
son Dios, ó no aprovech~n para buscarle,
pídele con ansias y gemidos venga á ti. ¡O·
piadosísimo Jesus! l\Ii corazon os desea, en-
señadle cómo os ha de buscar para hallaros;
mirad cuál está sin vos; venid, Señor, y
romped las cadenas de mis pasiones que me
impiden el llegarme á vos.
l'671i, Domi11e, et ponens oculo.t .wper me, solv~
catcnas, qu<e sunt in me. (Jor. ~o.)

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H I!Dl TACION P ARA LA DOtul~l CA TERCERA
DE ADVIENTO.

Ego vox clamaniís. (Joan. 1.)

C onsidera, cristiano, las voces con que pu-


blica el Bautista su nada, y en ellas ·reco-
noce tu se1·, y hallarás en él la necesidad
que tienes ·de que Dios venga á ti: pídeselo
humildemente diciendo:
J'eni, Domi11e, et salva hominem; quem de limo
forma sti. (Ex Alía. Dlaj. b. r.)
Venid, Sciíor, y salvad cslo hombro que rormás·
tcis del cieno de la tierra.

1. Considera cómo la vida de san Juan


Bautista llegó á ser tal, que cre)'endo
muchos que era el l\fesías, enviaron los
judíos de Jerusalén á preguntarle quién
era, haciéndole diversas preguntas, en cuyas
respuestas descubrió cuatro actos heróicos
de su profunda humildad. La pr·imer·a fu e:
¿E¡·es C1·isto? Y confesó luego: Yo no soy
Cristo, humillándose y no queriendo usur-
par para sí la honra que no le tocaba; y

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30
asi debes tú bacerlo, desechando con grande
presteza cualquiera honra vana que el
mundo te ofrezca. La segunda fue: ¿Eres
Ellas? No. ¿Eres P1·o{eta? No. En donde
resplandece el segundo acto de su humildad,
pues pudiendo decir que e1·a Elías, al mo-
do que Cristo nuestro Señor le llamó Elías
en el espíritu (iJlatth. 11 et •17), no quiso
atendido al sentido en que se lo pregunta-
ban, y tampoco P1·ofeta en el sentido que se
llama comunmenlc el que dice las cosas
futuras, siendo asi que de verdad era pro-
feta; inventando modos de encubrir las mer-
cedes de Dios en despr·ecio de sí mismo. O
Sol de justicia, de quien vuestro p•·ecursor
recibió tanta luz para despreciar las honras
mundanas, ilustradme con otra semejante
que cierre mis ojos para no ver con de-
leite lo. que me ila de cegar con vanidad.
Vos, Señor, sois la fuente de la vida;
alumbradme con vuestra luz para que no
me engañe la lúz del mundo.
Apuá te est {o11s vittP, et in trmti lle ttto villeóimu.r
/umen. (Psalm. 3 5.)

2. La tercera pregunta fue: ¿Pues


q"ién eres y qué dices de ti? Y respon-

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31
dió: Soy ttna voz del que clama en el
desie1·to: apa1·ejad el camÍito del Sei'íor.
Y atiende á esta humildad, que declaran-
do el oficio que Lenia de p:u'tc de Dios,
descubr·ió junt.amente la n~da que tenia de
su parte llamándose voz, la cual por sí es
nada y está pendiente del que habla; y asi
él conocía que todo lo c¡ue hahlaba era de
Dios, y lo que obraba, siendo su vida voz
que cxhor·taba y enseñaba á ap:wcjar el ca-
mino del Señor'. La cuar·ta fue : ¿Pues por
qué bautizas? Y sin volver· por sí, pudien-
do decir que lo hacia porque Dios se lo ha-
bía mandado, respondió : J'o bawizo en
agua, ¡Je1·o Ol1'0 vend1·á mas fuerte que
yo, á quien no merezco desatar la C01'1'ea
de su zapato, y os batttiza1'á en el Es-
píl'iW Santo; procur·ando de esta suerte
ser abatido y despreciado de los hombres
por· sus obras, y juntamente que se cono-
ciesen y estimasen las obras de Dios. Con-
forme á este ejemplar debes tú continua-
mente preguntarte : ttí ¿quién e1·es? y ver
si responde tu cornon con la humildad que
san J uan; y pondera cu:ínto debe ser ma-
yor, pues tú eres un abismo de pecados y
él nunca los tuvo, siendo santificado en el

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32
vientre de su madre. O divino Señor, que
labrásteis este dechado de humildad, ayo-
dadme para que aprenda de é~ á se•• humil-
de, y hu-millándome disponga mi corazon
para recibir los dones de vuestra gracia.
Ac01•daos , Dios mio, de mi miseri2. l\1i•·ad,
Señor, que sin vos todo mi ser es nada.
JIIenumto mei, lJeru, quia. vcntirs est vi!a. mea.
(Job 7.) '

H BOI TACION P ,\RA LA DOlllNICA CUART,\


DE ADVIENTO.

Fact um est J7er6um Domini super Joannem. El


vcnit prcedicans óaptismum pamitcntice. (Luc. 3.)

C onsidet·a, cristiano, que viene ya el Sal-


vador de las almas á curarte de tus vicios
y pasiones: procura disponerte para recibir-
le con obras de mortificacion y penitencia,
pues con ellas aseguras que venga: pídeselo
con fervorosas ansias diciendo.
reni, Domine, et 110/i tardare, relaxa facinora
rteói wre. (In Offic. Snb. prrec.) .
Venid, Seiíor, y sin tnrdnnza, á quitar lns malda·
des do vuestro pueblo.
1. Considera cómo el glorioso Bautista,

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33
hasta que comenzó ~í predicar, estuvo desde
su niñez en el desiCJ•to haciendo una vida
milag,•osa, esme1·á ndosc en la penitencia y
aspereza corporal; en la comida, comiendo
langostas y miel silvestre; en el vestido, vis-
tiéndose de pieles de camellos, y ciñéndose
con una cinta muy áspera; en la vivienda,
recogiéndose en una cueva, descansando en
el suelo, sufriendo con admi1·able paciencia
las inclemencias de los tiempos, y nada de
esto en cas[igo de pecados, pues fue santi-
ficado en el vientre de su mad1·e, sino para
tener su carne rendida al espí1•itu y estar
mas dispuesto á recibir los dones del cielo.
De donde debes sacar tú un deseo entraña-
ble de imitar á este Santo en cuanto alcan-
za¡•en tus fuerzas; no solo po1• los fines que
61 lo hacia, sino tambien por satisfacer los
muchos pecados que has cometido. O Se-
ñor, desde hoy os of,·ezco trae1· en ini cuer-
po vuestra moJ•lificacion, como la trajo vues-
tJ•o Precursot·, para hacerme digno de que
vengais á mí. ¡Ojala I'Ompiéseis esos ciclos y
viniéseis, pa1·a que con vuestt•a presencia se
deshiciesen los montes de mis vicios y pecados!
· Utinam dirumperes ·ca/os, et descende1·es, á fa-
cíe tua nwntes defluuent. (Isai:e 64.)
3

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34
2. Considera cómo en habiendo Cl'ecido
san Juan, y confor lalecídose en el espíritu
con tan buena prcparacion, salió luego :i
predica1' el ba utismo de penitencia, movido
del Espíritu Santo, que despues de ha-
hel'le hecho pe&cto le movió á que pi"O-
curase con caridad :.u·diente hacer pe1·fectos
á los demás, haciendo con su p1·edicacion
copiosísimo fruto, convirtiendo innume,·a-
hles almas, siendo la materia de sus sermo-
nes exho1·ta1' á penitencia, ya con espe1·anz~s
del premio, porque se acer·caba el reino de'
los cielos, ya con amenazas del fuego eter-
no, porque la segu1' estaba puesta á la raiz.
Sír"vante tambien á ti estos dos motivos de
hacer penitencia de tus culpas, imaginan-
.do que quizá está ya la segur á la raiz del
árbol de tu vida para cortada, y que si no
te enmiendas serás paja que ha de se1' cebo
del fuego eterno. O piadosísimo Jesus, que
delante de vos enviásteis al Bautista para
que enseñase á los hombres á aparejar el
camino para vos; enseñad me, Señor, el ca-
mino de agrada1·os para que me ejercite en
vuestras maravillas.
7/iamiustificationum ttlarwn instt·ue me, et exer-
celior in mirabilibus t11is. (Psalm. 118.)

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MEDITACION PAllA B:C. DIA DE:C. NACiliiENTO


DE JESUCRISl'O NUESTRO SEÑOR.

J11'aria peperit{iliwn suum primogenitum. (Luc. 2.)

Considera, cristiano, al Criador del mundo


recien nacido en un pesebre por redimirte:
pídele te dé gracia para vener·ar· tan sagra-
do misterio, de manera que consigas el fru-
to de su rcdencion, obligándole con el em-
peño en que se ha puesLo haciéndote tan
gr·ande beneficio.
J11emento, •·erum Conditor, nostri r¡uott olim co•·-
poris, sacr ala ah albo 1/irginis, nascendo (orm.am
sumpscris. '(Hymn. iu Of. b. d.)
Acordaos, Seííol', que naciendo de la Virgen os
dignásrcis de lomar forma de hombJ'c.

1. Considem ;) tu Divino Maestro, que


dejnndo á Nazaret inspiró á su J\1adre que
fuese á Belén, y no habiendo en todo el
lugar· quien la hospedase ni.la quisiese recibir
se fue á un establo de bestias, y alli nació
en medio de dos brutos, y por no tenet' don-

© Biblioteca Nacional de España


36
de ponerle le reclinó sobr·e un pesebre.
.l\1ir·a bien la estrema pobreza y humildad
con que entr·a en el mundo, escogiendo
pobre casa, pobre cama, pobre i\1adre, po-
bre ajuar, y ese prestado, y prestado de
bestias.. ¿Quién imaginó jamás juntos en
uno dos estremos tan distantes como son
Dios y pesebre? ¿Pues cómo, alma mia, no
sales de ti considerando esta fineza hecha
por tu amor? O Virgen Santísima, quisiera
tener· mi corazon adornado de muchas vir-
tudes para pedir·os le reclinár•ais sobre él.
¿No fuera mejor, Señora , poner en vues-
tr·os brazos al tierno ínfante que no en la
dumza de un pesebre? Si no es que quereis
que. comience ya desde esa cáted•·a á pre-
dicar al mundo la . verdadera sabiduría,
pues con su humildad me enseña á dejar·
mi presuncion y soberbia, con su pobreza
mi avaricia, con su mansedumbre mi ira,
con el sufr·imiénto del frío y dureza de la
cama el amor que tengo á los regalos y
blanduras de la carne. O soher·ano Maestro,
que apenas naceis al mundo cuando comen-
zais á enseñarme el desprecio del mundo y
el aprecio que haceis de ·las virtudes; dad-
me gracia para que yo aprenda vuestra

© Biblioteca Nacional de España


37
doctrina: bienaventurado, Señor, el que de
vos aprende la enseñanza de vuestra san-
tísima ley, y obra conforme á vuest ra en-
señanza.
BCil.tus !tomo quem tu erudieris, Domine , et de
lege tua docueri4 eum. (Psalm. 93.)

2. Considera tarnbien la ternura con


que la Virgen cuidaría del tierno infante,
y la bumiltlad y regoc ijo con que le adOJ·a-
ria, por el amor· que le tenia como á su Dios
y tambi cn como á hijo suyo. Mir·a el gozo
con que los ángeles le adoraron, y avisaron
á los pastores cómo había nacid o el Reden-
tor del mundo, y la dcvocion con que fue-
ron lue"'O á .vcr·le. Ea, alma mia, buen.dia
es este ~e entrar tú con los demá s á ador·ar·
este Niño benditísimo y á apr·ender· de su
doctr·ina: y si no puedes entr·ar con los án-
geles por· su pureza y tu inmundicia, ni con
los dos serafines de la tierra, María y José,
¡>Orque se abrasan en fuego amor·oso sus
voluntades, "Y la tuya está helada y fria; ni
con los Reyes, porque tienen altos pensa-
mientos y diligentes pasos en yenir·, y tú los
tienes muy bajos y eres muy perezoso; ni
con los pastores, porque son muy sencillos

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38
y libres de malicia, y tú estás lleno de ella;
ni con el buey, que tiene mas conocimiento
que tú (Isai. 1}, pues conoce á su dueño
y tú no le reconoces, cnt1·a siqui c1·a con
el jumento y dale el mejor· lug:u·, pues
aunque tú le hagas ventaja en el enten-
dimiento él te la hace en la ,.oJuntad, que
es la que aquí ba de ap1·ender á ¡•endi1'Se á
la agena y á tene•·se en nada . O Maestro
soberano, abrid los ojos de mi alma, para
que viendo vuestJ•a g•·andcza tan humilla-
d:i humille mi altivez y soberbia. Ensc-
ñadm c, Señor; veisme aqui que estoy como
un jumento delante de vos, y deseo estar
siempre sin ~partarme jamás de vos.
Ut jumentum {actt•s sum aputl te, et ego semper
. tecum. (Psalm. 7'.!.)

llli!DITACION PAllA EL .DIA DE LA ClR -


CUNC ISlOS .

Ut circumcúkretur puer, vocatun~ .•est nomen ejus


Jesus. (Luc. 2.)

Considera, cristiano, cómo ocho días des-


pues de haber nacido el Salvador le pusie-

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39
-
ron el dulcísimo nombre Jesus, y la obe
diencia, humildad, paciencia y cat·idad con
r
que en la Cit•cuncision comenzó á derrama ·a-
su p•·eciosa sang•·e por ti. Of•·écele der•
o
ma¡· la tuya por él confesando su sant
nomb1·e.
r nomini
Yoluntarie sacri(lcaiJo ti!Ji, et cO!I/iteóo
tuo, Domine. (P~Im. 53.) Soiior,
Con mucho gusto dcrramard mi sangre,
confesando vuestro santí simo nom bre.

1. Considera la obediencia de tu sobe-


rano Maestro en este dia, pues estando libres
del precepto de la ci•·cuncision como Dio por
y como hombre, no siendo concebido
do m·i-
obra de va•·on ni con deuda de peca si-
ginal, no obstante eso le guardó, y conlos
suicntemente se of.·cció á gua •·dat' lodos su
demás, siendo tan pesados, pa1·a que con y
ejemplo obedezcas tú á los suyos, suavesno
ligc•·os. ALiende á SLl humildad , pues tal,
pudiendo se•· pecador tomó forma de l
sujet:índose á la circuncision, que e1·a señade
de niños pccado1·es. En ningun misl el'io
su vida se humilló tanto como en este, por-
que en ningun otro faltó al~una señal por
donde se desc ubriese su divmidad. Si nace

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40
en un establo, alli le adoran ángeles
res y reyes; si se presenta en el , pasto-
alli le conocen Simeon y Ana profeti templo,
se bautiza, allí se ve sobre su cabsa ; si
Espíritu Santo en figura de palom eza el
oye la voz del Padre que le declara a, y se
Hij o; y finalmente, si muere en unapot• su
entre ladrones, all i se eclipsan el cruz
sol
lun a, las piedras se barajan, los sep y la
se abren y los muertos resucitan; ulcros
)a circuncision no hay nada de todopero en
Admit-a su paciencia, pues c.onocie esto.
aolpe que le amenazaba por el perfectndo el
de razon que tenia, y temiendo nato uso
mente la herida se estuvo quedo, y ural-
menearse como si no lo supiera. Y tan sin
su caridad derramando aquella sanpondera
tanto amor, que si fuera menestergre con
mara lucao toda la que le quedaba. det•ra-
ridad a•·~ icnte ! ¡O paciencia inv ¡O ca-
¡O humildad profunda! ¡O perfecencible!
diencia! ¡O dulce Jesus, quién acetta obe-
imitaros! Ojalá se end erecen los pasos•tat•a á
vida de sue t·te que acierte á seguiro de mi
s.
llh'n am dirig alltu r vire mea
ad custodiendas jÜs-
tificationes tuas. (Psalm. 118 .)

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H
2. Considera ta mbien, á vista de esta,
la cit'cunc!sion espi1·itual que quiere de ti
nuest•·o soberano Maestro. Ci•·cuncida, pues,
y co1'la de ti las demasías en regalos y co-
modidades de la carne, mo•·tific:mdo tus vi-
cios y pasiones deso1·denadas , aunque te
cueste derram~r sangre, y lleva con pacien-
cia qlle otros te circunciden en estas cosas,
y ayuden :í quita•· estas dcmasías, aho•·a
lo hagan con buena intencion, abo1·a con
mala, con deseo de injuriarte, considerando
que tu Divino Maestro der¡•amó su sangr·e
en tres lugat•es <Í manos de tres suertes de
pe¡•sonas: en la circuncision por el minist•·o
de Dios, que lo hacia con buen fin; en el
huerto por sí mismo, conociendo los ti':! ba-
jos de su pasion y los pocús que se habían
de aprovechar de ella; en casa c.l e Pilato y
en el monte Calvario por Jos ministros de
Satanás, qúe ¡·abiosamente trataron de qui-
tarle la vida. O pacientísimo Jesus, por la
sang1·e que por mi amor de1·ramásteis os
suplico alenteis mi corazon á que derrame
la mia, si fuere menester, por el vuestro.
Circuncidad le vos, Señor, y haced que otros
le circunciden, porque aunque yo veo cuán
justo es hacerlo, siento en mis miemh•·os

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42
otra ley que se opone á la de la razon! y el
amor· propio y desordenado me detiene á no
hacerlo.
SIJ1ltio aHamlegem in memb•·is meis ··epugnantem
legi ?ll1J11tis mece. (7. ad Rom.)

liiEDITAClON PAl\A EL DIA DE LA EPlFANfA.

Ecee .ñ!agi ab Oriente venerunt. (niatth. 2.)

Considera, cristiano, el afecto con que los


reyes Magos vinieron desde el Oriente á
adorar al niño Dios recien nacido; procura
tú entr·ar con ellos, y pídele que te dé luz
y á todos los reyes de la tierra para que le
adoren, confiesen y veneren, dif:iendo:
Confiteantur tibi, Domine, onmes rer¡es terra>, et
cantent, quoniam magna est glori.'! tua. (Psalm. 137.)
Todos los reyes del mundo, Scfior, os confiesen y
canten las grandezas de vuestra gloria.

1. Considera cómo el dia que nacw


nuestro Maestro Jesus en la tien'a, quer·ien-
do el Eterno Padre que todos le conociesen,
.
crió una estrella en el Oriente,
. que fuese

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43
señal de babet• nacido el Mesías, que Balaan
habia profetizado ( Num. 24). Y aunque
muchos la vieron y entendiet·on lo que sig-
nificaba, solos tres se moviet·on :í buscarle,
quedándose los demás en las tinieblas de su
infidelidad en pena de su pereza; y aliende
cuantas veces a1>arece dentt'O de ti la eStre-
lla de la di vi na inspiracion, solicit{lndole que
busques á C1·isto y abraces su ct·uz,'y tú
no quict•es dat' un paso pot' no p01·der las
comodidades de tu c:u·ne; guárdate no se
cumpla en ti, como en ellos, la venlad de
aquella t•igut•osa sentencia que dice: Son
muchos los llCimados y ¡Jocos los escogi-
dos (Manlt. 20). AtTójale, pues, con fe viva
en las manos de Dios, que él te guiará cou
su pt•oviuencia, como lo hizo con los Reyes,
dándoles esta estt·ella que les fuese guiando
en su camino; y aunque una vez se la en-
cubrió para pt·obar su fe, no les desamparó,
socort•iéndolcs luego por medio de los sabios
de Jerusalén. ¡O divino Sciiot•, bendita sea
vuestra p1·ovidencia! De hoy mas me ofi·cz-
co poner en ella con g¡·andc confianza, sin
dejar de buscaros jamás, diciendo contínua-
mente con estos santos Reyes : ¿A dóude
está el que ha nacido rey de los judíos?

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4·1
procurando llevar muchos dones vuestr·os
con que adot':lr'os.
Ubi est, qui nalus est lle:x: Judaorum? Yenio
enim cun~ muneribu.r adorare eum. (Matth. 2. )

2. Considera cómo con estas noticias


caminaron luego á Belén, y hallaron al Niño
con María Santísima su Madre, como los
pastores, porque el que quisiere hallar al
uno le ha de buscar con el otro; y postrán-
dose le adoraron con su ma veneracion, re-
conociendo con viva fe que e•·a su Dios y
Redentor, y luego abriendo sus tesoros le
ofrecieron oro como á r·ey, incienso como á
Dios, y mirra como á hombt•e : y á imita-
cion suya debes tú postrarte delante de este
Divino Niño, y aclorar·le en espíritu y en
verdad, abriendo los teso•·os de tu corazon
solo en su presencia, con cuidado de que no
le los roben !os ladrones ele la soberbia y
vanagloria, y ofrecerle oro de ardiente cari-
dad par·a con.él y par·a con los prójimos,
incienso muy oloroso de ot•acion con afectos
muy levantados de devocion, y mina muy
escogida de per•fecta morlificacion. ¡O Rey
de reyes y Señor· de todo lo criado, alégi'O-
me de vet·os tan rever·enciado de estos r·eyes!

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45
¡Oh si los demás del mundo os venerasen!
Venid, todas las criatUI·as del mundo, venid;
adoremos al Seño t', postrémonos y lloremos
en su pt·esencia nueslt•as culpas.
T-'enite, adoremus1 et procidamus, et ploremus an·
te Dominum. (Psalm. 94.)

llfBDITACION PARA L A DOlUNICA INFR A-

OCTAV,\. DJl LA llPll'ANÍA .

.ds«ndentihus illis Hierosolynum' remansil puer


Jesus . (Lu c. 2.)

Con sid~t·a, cristi ano, cómo subiendo el


Niño Jesus con su Madt·e Santísima y san
José al templo se tes escondió por tt·es dias;
pídele que, pues reconoce tu flaqu eza, no se
esconda ni se aparte de ti, diciendo:
Ne dffelinquas me, D01nine Deut .neus, ne dis-
cesseris a me. (Psalm. 37.)
No me desamparcis, Dios mio, no os aparteis
de mí.

1. Considera, alma mia, el dolor de la


Virgen Santísima y del glorioso san ~osé
cuan do se les perdió el Divino Niño, y atten-

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46
de ¡t su paciencia, pues sin perder la paz del
alma sintieron esta pérdida con resignacion
en la voluntad de Dios; á su humildad, te-
miendo que po1• alguna culpa suya los de-
jaba; á su diligencia, pues con tanta solici-
tud le buscaron luego; á su orncion, pues
con ansias fervor·os ~s pedían á su Eter
Pad1•e les diese á conoCCJ' dónde estaba. no Y
repa ra cómo muchas veces este Señor se
aparta de los hombres sin que lo conozcan
unas po1· el pecado mortal ocuho, que se,
hace con igno1·ancia culpable, ó ¡w ilus ion
del demonio con capa de vi,·tud ; otJ'fiS por
una secreta sobc1·bia y vanagloria, que con
sume la vel'(ladcr·a devocion y quita la pr·e--
sencia favorabl e de Dios, mas no se conoce
en el dia de la p1·osperidad, pero en vinien-
do la noche de la adversidad echa un hom .
.bre de vm· la ausencia de Dios y la falta
que tiene de vc1·dadera virtud; otr·as por
secreta providencia suya p:ll'a ejeJ'Citamos
en humildad; y todas debes entcndCJ' que
son trazas suyas par·a tu mayor bien . Con-
fórmate, pues, con su santísima voluntad
cuando te vieres en semejante desampat•o, ·
y dile con· qu~jas amo,·osas: ¿Ha sta cuándo,
Señor, os olvidais de mí? ·¿Hasta cuándo

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47
me habeis de esconder vuestt·o divino
rostro?
lisquequo , Domine, oó!fvisceris in (r11em? Osq~­
quo avertis faciem tuam iL me? (l'salm. tz.)

2. Cooside•·a cómo no habiend o hallado


la Vi•·;;cn al Niño entre sus pa•·icntes, le
halló en el templo (que allí es donde este
Señor se halla mas lacilmcnte) en medio de
los Doctores, para que tu conozcas que pOI'
medio de ellos le hallarás, y ellos entiendan
que les oye lo que enseñan p.·u·a castigar-
les y p•·emial'les, y pa•·a ayudarl es en lo
que enseñuren; y mira la ternu•·a con que
se queja diciéndole: Hijo, ¿por qué lo hi-
ciste asi con nosotros? illira el dolor con
que llL J>adre y yo te hemos a11dado bus-
cando: no po•· pctlil'le causa de lo que ha-
bía hecho, porque esto Cue•·a cu•·iosidad cs-
eusada , sino po1' declara•• el sentimiento de
su co•·a7.on, y para que tu aprendas ú bus-
car á Dios con dolo¡· que proceda de amor,
con pu•·eza de inlencion y sinceridad, no
por tu interés y gusto sensible, sino por
esta•· junto á él, poniend o de tu pa•·le lodos
los medios proporcionados para hallarle, con
pet•severancia en ellos hasta conseguirlo; y

© Biblioteca Nacional de España


'18
si no le hallas, será pot·que faltas en algo de
esto; y asi haz reflexion sol)l'e ti para ver
cuál sen, y procura enmendarla. O Señor,
enseñad me á buscaros por el camino que os
halle, que como el ciet•vo herido desea la
fuente de las aguas para su remedio, asi os
desea mi alma á vos para el suyo.
Sicut cervus ctesiderat act fmtle9 aquarum, ita de-
sideral anima mea act te, Deus. (l'salm. '•1.)

llllDITACION l'ARt\ LA DOmNICA SEGUNDA


DllSPUES DE LA EPIFANÍA.

1Vuptice factre sunt. (Joan. 2.)

Consider·a, cristiano, el amot• con que la


Virgen Santísima pidió á su Hijo remediase
la falta de vino que hubo en las. bodas, y
reconociendo te fa lta la caridad, pídela te
la alcance de su precioso Hijo diciéndola:
Fac ut ardeat cor m'-um i11 amando Cliristum
Deum. (De planClll ll. 111.)
Haced, Scüora, c¡uc arda mi corazon en amor do
vuestro Hijo y mi Redentor.

1. Consider·a la compasion y solicitud

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49
de la Virge n nu e~tr·a Señora, pues en vien-
do la falta del vino, de su propio motivo
piuió el r·cmcuio de esta neccsitlad :í su Hi-
jo, mostr:\nuose en es lo agradecitla á los
que la convidaron, con uoa con{janza gr·an-
de y amorosa r·csir;naciun , sin decir mas
que no tic11Cn t' ÍilO, como quien sahia bas-
taba r·epr·escnta rlc la necesidatl para que la
r·emcdiase si convenía, Jle,·ando 1uego con
gr·m1tlc paciencia y humildad la r·espucsla
que In dió, sin ¡>er·d~r la espcr·anza uc ser
oída. Y lo mismo hace ahor·:l por· sus devo-
tos, aun cuando se olvidan ó descuidan de
pedirla ¡·emed io de sus necesidades, compa-
decicnrlose de clhrs. O Virgen piadosísima,
pu06 ta'l cornpa~io n tu visteis en esta ocasion
de la necesidad cor·¡JOral, tened la tambien
de las neces idades de mi nlma, y alcanzad-
me de vuesli'O soberano Hijo el remedio de
ellas: mir·ad , Seño•·a, que no tengo humil-
dad , que no tengo paciencia ni obediencia;
que no tengo uevocion ; que no tengo vino
de fe1·vorosa car·idad.
rinum non haóeo. (Ioann. 2.)

2. Atiende luego, si quieres alcanzar re-


medio de tus miserias , al consejo que la
'
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50
Virgen di6 á los ministt·os diciéndoles: lla-
ced todo lo que mi Jlijo os mandare;
porque no basta confianza sola si no se
junta la obediencia, teniéndola muy pun-
tual en todo lo que Le mandat·e, ya por me-
dio de sus inspit·aciones sect·etas, ya por
medio de sus miuistt•os, aunque sea muy
dificultoso ó muy menudo, y te parezca
fuet•a de ¡)l'opósito, como podía pat·ecet· en
esta ocasiou manda•· traer agua para re-
medi~r la falta de vino, porque quiere Dios
que t•indamos nueslt'O juicio, y asi espet·i-
mentaremos su podet'. O piadosísimo Jesus,
bendita sea vuestra omnipotencia, que con
tanta largueza favot·eceis á los que rinden
.su juicio á vuestra obediencia: dadme gra-
cia, Señor, pat•a que yo os obedezca; véis-
me aquí, Dios mio, que con ella estoy pron-
to para hacer vuestra santísima voluntad.
Ecu venw ut (aciam voluntatem t11am, Deus.
(Psalm. 39.)

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51
Afl!DITACION PARA. LA DOlUNI CA TERCERA
DFSPUilS DE LA llPIFANfA .

Ecce leprosus tltniens adoraóat eum. (~Iatth. 8.)

C onsidera, cristiano, la lepra de innumera-


bles vicios y pecados que tienes: acude al
médico divino y fuente de la gr·acia Cr·isto,
tu sobcr·ano maestro, y muésll·asela con
gr·ande confianza de que te la ha de sanar,
diciéndole:
Domine, si t1is potes me ""mdru·e. (JITauh. 8.)
Soiíor, si qucrcis podcis limpiarme do mis culpas.

1. Considera la reverencia con que es-


te leproso se postr•ó delante de Jesucr·isto,
bien nuestr·o, y la fe que tuvo de su omni-
potencia, confesando podía sanarle si sus
culpas no lo impedían, y su t•esignacion en
no pedir· cosa alguna sino solo mostrar su
necesidrul; y prmder·ando la lepra de tus po-
tencias y sentidos, y de toda tu alma, ponte
con est<~s virtudes delante de su divina Ma-
gestad con grande confianza de que tendrá
misericordia de ti como la tuvo de él, y mi-
ra la bondad con que luego estendió su

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52
m <lOO y le tocó diciendo: Quiero, sé limpio.
O gr·andeza de la bontlad y omnipotencia
de Jesus, que asi cumple los deseos de los
<JUC confin u en él: por· ellas os suplico la cs-
tendnis sobre mi; tened, Señor , misericor·-
dia ele mi; sanad mi alma que estli enferma
por habct·os ofendido.
.Domine , mútrl're mci , sana a11imam 1neam
quía peccati libi. (P~alm . 40.)

2. Consitler·a tambien cómo en habicn·


do Cristo curado este enfermo le maudó se
mosu·ase al sacertlote, y ofreciese el don que
mandaba la lev en testimonio de su salutl.
Saca de ;H¡ui ~los avisos muy importnntcs:
uno, que cuat1do te recojas ú cxanrinar· tu
conciencia y te apai'Cjcs pa r·n la confesion,
procures alli tal dolor·, que quedes limpio de
la lcpr·a de tus culpas en vir·tud de la con-
tricion. Ou·o, que luego con humiltlad te
pt·escntes al sacerdote y le descubras tu le-
pra, ofr·cciendo de nue\'O el sacrificio del
espir·itu atribulado y del cor·azon contrito
y humillado, aceptando con mucho gusto la
penitencia y cor·r·eccion que te diere par·a
ayuda r· á pur·ifica rte, y de esa manct·a lle-
garás limpio á ofr·ecer el sact•ificio del Cor-

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53
dero sin mancilla Cristo Jesus, y á recibir
su santo Cuerpo. O divino Señor·, véisme
aqui cargado de inmundicias y pecados, que
se han mull ipli<'tHlo sobre los cabellos de
mi cabeza ; sc•·víos de libra•·me de ellos;
usad conmigo de vuestra misericordia, Dios
mio, como de vos lo espc•·o.
Fiat mi.r-ricordia tua, Domitte, Sttper nos·
qut-~nadmodtml speravimus in le. (P!Dlm. 32.)

liiBDIT ACIO~ PARA L.\ DOlli ~JC.\ COAUT,\


DESPOES DE L,\ EPIFANIA.

Ecce motu~ maQllllS [act1ts est Úl mari. (~Iatth. 8.)

Consicle•·n, cristiano , las olas de pasiones


desordenadas que le combaten, y los vien-
tos de trihulaciones que le acometen, y en
tanto •·ic~go pide :í Dios te soco•·•·a p:ll'a que
no le anr~ucs y des en el abismo de tu pel'-
dicion, tlicicndo:
Domine, salva 11os, perimus. (~lallh. 8.)

1. Conside•·a cómo algunas veces per-


mite Dios que en la pobre navccilla de un
alma se levanten terribles tempestades de

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~4
persecuciones y tentaciones que parece dan
con ella á pique, no solo combatiéndola las
olas por del'uera , sino tambien entrando
dentro, llenando las potencias interiores de
tristezas, temores, escrúpulos y ot•·as va-
rias turbaciones; mas no por eso debes pen-
sar que Dios se descuida de ella y duenne,
pues aunque lo parece, su corazon vela (Cán-
tico o) ' permitiendo estas borrascas (como
lo hizo en este día con los Apóstoles) para
probar nuestra fe y avivar nuestra con-
fianza, fu ndarnos en humildad, purifica•·-
nos de vicios y provocarnos ál ejercicio de
la oracion, pues entrando en el alma las
olas de tribulaciones suelen salir de ella
las de los vicios, y entJ•ando la humildad
sale la soberbia y vanaglo•·ia, y ent•·ando
la congoja sale la tibieza. O sapientísimo
Seño1·, gobernad la nave de mi alma como
quisiéreis, pero no la desampareis ni pe•·-
mitais que se anegue con las aguas amar-
gas de las tribulaciones, ni que la t•·ague
el mar profundo de las tentaciones.
Non me demerqat temresta.r aqure, neqtre aósor-
veat me pro[undum. (PMiro. GS.)
2. Considera tambien cómo en viendo
los discípulos su peligl'o acudieron luego al

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55
único remedio de Lodos los males, nuestro
soberano Maestro, pidiéndole les ayudase; y
mira cuán presto dcspettó como quien te-
nia gana de socorrerles, reprendiéndoles su
poca fe, pues aunque mir·ando sus pocas
fuerzas era t•azon que temiesen, estand o con
tal compañía no había que temer; y man-
da ndo al mar y á los vientos que se sose-
~asen, al punto cesó la tot•menta. Y asi de-
bes tú, cuando te vieres combatido de \"a-
rios pensamientos 6 ¡m iones, acudir luego
por medio de la ot•ac;ion á este soberano Se-
ñor, y pedirle las mande cesat·. O divino
Maestt·o, confieso que mit·ándoos á vos no
tengo que d udat·, ni de vuestt·o poder, ni
de vuestro sabet· , ni de vueslt'O quet·e¡·
para mi remed io, pot·quc sois infinitamen-
te poderoso, bueno y sabio : mi cor·azon,
Señor, es un mat• turbado con mil ·vientos
de contrat·ins pasiones; cuanto mayor fuere
esta turbncion ser:\ muyot• mi confianza en
vos; sosegarlla, Señot·, pat•a que diga: ¡qué
grande es vuestt·o podet', Dios mio, pues
asi sosega is el mar de mis pasiones y aquie-
tais el viento de mis tribulaciones!
Qualis est hic , 1¡11ia venti et mare obediunl ei.
(1\IaUb. S.)

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56

AJEDITACIO!\ PAR ,\ LA DOlll~ICA QUJ~TA

D:ESPUES DE LA EPIFANIA .

_Qu> sem~1apft bq~uln semen in agro suo. (niat-


th:m 13.) • ·''' ¡. > :·.

Co~sid et:a,. c;·jstiano, la buena semilla de


udmirabl¿s tlocurnentos y santas inspira-
ciones que Dios ha sembrado en el campo
de tu alma, y la cizaña de en"'niios y ten-
taciones que ha sembt·aclo el demoni o: pide
á Dios su gracia, pat·a que vencidos éstos
crezca en ti el ft·uto de aquellos, diciendo:
Effunde Spiritvm tuun• super semen tuum.
(I~ai.44.)
Rc¡;nd, Scüor, con el rocío do vuestro divino Es ·
pírilu vuestra ~cwilla.
1. Considct·n , álmn mi a, cómo en este
campo del mundo Ita ~cml)l'ado Dios su bue-
\
na semilla . que son los justos, sustentados
con el riego de su gracia, p:u·a ~et· herede-
ros de su glol'ia, y pat·a que de ellos y su
hu en ejemplo nazc;m ott·os ; y cómo en me-
dio de ella el demonio ha sembt·ado su ci-

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57
zaña, que son los malos, parecidos á los
otros en el set' de hombt·es y acciones· este-
riol'es de cristianos, pet'O de verdad no lo
son _en el alm~. Mira cómo, d.~spt:eciando ser
sem1lla de Cr1sto que cqu.atJ:ltgo y busca
tu salvacion, te has he!lh.q/ oii ¡if"!íl .Y.· semilla
del demonio, que es tutéi\ertijgó;r, busca Lu
condenacion, siendo d ltSa \1~ 9'4:i.:s·e a¡tode-
rase de tu voluntad la ' floje11ii~.Y ~desquido,
y el sueño pesado de la· pereza ·en qóe has
vivido, y la facilidad con . qu~ ;~_as.· t·endido
tu albeurío á las pasiones de la 'éal'l1e, sit·-
viéndotc á ti mismo de demonio, y hacién-
dote enemigo de Dios y de Li mismo. Sa·
ca de aqui aviso pat·a conocet• el ol'igen de
tus culpas, y pt·ocut•a velar siempt·e; mit·a
que á los 1wincipios se puede equivocar la
semilla buena y la cizaña, pet·o al tiempo
de coget· el fruto se conocet·á cada uno.
O du lcísimo .Tesus, no pet•mitais que el
demonio .siembre en mí lo que me· ha de
aparta•· de vos; y si yo pot· mi negligen-
cia me dut·miet•c, vele vuestt·a divina rili -
set·icot•dia en despet·tat·me. Mi ayuda y mi
ampat·o sois, Dios mio; no os detengais en
socorrerme.
Adjutor meus, et ¡Jrotector meus t" es: JJeu.<
meus, ne ta.rdavens. (Psahn. 39.)

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2. Considera tambien cómo el Señor,
que fue ·lan riguroso con los ángeles en el
ciclo, que al mismo punto que sembró Lu-
cifer la cizaña en sus secuaces le arrancó
:í él y :í toda ella y los echó en el fuego
del infierno, ha sido tan piadoso contigo,
c¡ue no solo no te ha cebado en él, sino
que te ha dado mucho tiempo y luga1· de
peniten cia, procurando con diferentes me-
dios converlirte de cizaña en buena semi-
lla, pues aunque desea destruir los peca-
dos no quiere destruir los pecado t·es, no
siendo su voluntad la perdicion de las al-
mas sino su salvacion, atendiendo á que
son Cl'ialut·as suyas y redimidas con su
s.,n,.re, mirando nuestra flaqueza y tole-
rando :í los malos por el amor que tiene
:í los buenos. O divino Jesus, bendita sea
vuestt•a piedad; por ella os pido que pues
me ha beis dado tiempo de peniten cia , me
deis g1·acia para que la haga y os sirva;
mirad, Scño1·, que mis maldades se han
multiplicado sob1·e los cabellos de mi ca-
beza, y han sofocado de tal suerte vuestra
semilla, que han dejado mi COI'azon sin ju-
go de virtud ni devocion.
MultipliCLita' sunt super capillos capilis mti mi-
quilates 1nere , el cor meum dereliquil me. (Ps. 3~.)

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MEDlTACION PARA. LA DOMINIC,\ SESl'A.


DESPUES DE L A EPIFANÍA.

Sirnile est regnum CQl/()rtlln grano S1Jnapis. (~Iat·


tbrei 13.)

Considera, cristiano , cuánto te importa


ejercitarte en la virtud de la humildad,
pues es una de las que especialmente te man-
da tu Maestro Cristo aprendas de él; y
asi procura humillarte cuanto te fuet·e po-
sible por obedecel'le, diciendo:
Ero, IJomine, humilis in oculismeis, et gloriosior
a'{Jpareho. ('2 Reg. 6.)
Seré, Sciíor, muy humilde en mis ojos, por ser
agradable a los vuestros.

1. Considera cómo en este grano de


mostaza que dice el Evangelio está repre-
sentado tu soberano Maestt·o, el cual se
aniquiló tanto, que vino :í ser hombt•e, y
siéndolo, fue el mas humilde y despreciado
de todos los hombres, y ahora encubre
tanto su grandeza .que la encierra en la
pequeñez de una hostia, y aun en la mas

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GO
mínima parte de ella, y entonces la descu-
bre cuando, enterrado en la tiei'J'a de nues-
tl'as :limas, es desmenuzado con la conside-
racion, pm·que dentro de sí contiene todos
Jos teso¡·os de la sabiduríc1, bondad y cari-
dad de Dios, y asi enciende en su amor
á .los que humildemente se llegan á él, sa-
zonándoles la virtud pa1'a que gusten de
ella, apa•·ttíndolos del veneno de los peca-
dos, y purificando sus fr·ialtlades y tibie-
zas. O divino Señor, gracias os doy por
haberos humilladp tanto; haced, Dios mio,
que yo, pues soy nada, conozca mi nada
y que soy un ' •il gusano, no hombr·c sino
opr.ouio de los hombres y desecho de todo
el mundo.
Ego attfcm sttm vem>is, et non homo: oppro-
briunl hominwn, et abjeclio plebis. (l't alm. 2 t.)

2. Consider·a tambien CJ Ue, aunque por


ti seas tan poco, puedes ll<•gar· á crecer
mucho si tr•rttas de imitar á tu sobe•·ano
1\faestro, echando pr·ofundas raíces en el
conocimiento de tu nada , tr·avemlo contí-
nuamente en ti su mo•·tiflcacion, po1·que
si no mueres al mundo y á tus apetitos
no crecerás en rner•ecimientos ni en vir-

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61
tudes, y te quedal'ás solo sin f¡·uto de
buen~s ob1'as, v solo en la Ol'acion sin la
comp<lñía uc Dios, que no gusta tle l.l'alat·
con los que no le si ~uen [)01' el camino de
la humild<ld y de la cruz. O bcnignisirno
Jesus, dechado perfcclísimo de humilti;Jd,
dadme gracia para que yo, á imitacion
vuestra, me humille; sea yo, Sei'ío1', g1'<HlO
de mostaza molido como vos con despre-
cios y tormentos; t1·aiga yo, Jesus mio,
peqJétuamenle vuestra ruo rtific;Jcion en
mí, y solo halle descanso en los des1)1'eeios;
ab1·azadmc con vos, desp1'eciado mio; cui-
dad vos de mí; aqui tiene vuesu·o amo1' á
quien lrasfot·mar; aqui tiene vuesu·o fue -
go hielo en que encentle1·sc; vueslt'a luz ti-
nieblas que alumbra1·; vucsll'a sabitluría ig-
no¡·ancias que enmenda1'. Pues ahrasadrne,
Seño1·, en vuest1·o amor, consumidme,
alumb1·adme y enscñatlmc, que tlcsdc hoy
' renuncio pa1·a siempre toda la homa que
me puede da 1' el mundo, y elijo el ser des-
p¡·eciado y abatido po1· vos.
Elegi abjectu.< esse in domo IJei mei, magis
(Ps. 83.)
q114m habitare i·n. tabernaculis peccatotum.

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MEDITACION P,\RA LA DOMlNlCA DE L.<\


SEPTUAGÉSl!IIA .

Qui e::ciit primo mane conáucere operarios ;,~ vi-


neam suam. (~Iatth. 20.)

Considet·a, cristiano, cómo desde que ama-


neció en Li el uso de la razon te está lla-
mando Dios para que labres la viña de tu
alma, y mira cuán inculta está por el po-
co cuidado que has tenido en hacel'lo; píde-
le que pues él la plantó sea tambíen el que
la cultive, diciendo:
Pel'/ice vineam istant , quam plantavit de::ctera
tua. (Psalm. 7 9.)
Perfeccionad, Seííor, esta viiía que planlásteis.

1. Considera cómo llamándote Dios


para que tt·abajes en la viña de tu alma,
podándola con la podadera de la mot·tifica-
cion y penitencia, y a1'1'ancando las malas
yer·bas de tus apetitos y pasiones para que
dé buenos y sazonados fl'Utos de obras
agradables á sus divinos ojos, te llama con-
tinuamente, en todos los tiempos de tu vi-

© Biblioteca Nacional de España


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da, ya por las voces de sus predicadores,
ya con inspir·aciones inlerior·es, unas veces
con el temor del castigo, otr·as con la espe-
ranza del premio, y ott·as con la suavidad
de su amor: á todas ellas lo has resistido,
viviendo con grande descuido y ociosidad,
sin atender á que al fin del dia ele tu vida
ha de venir· el Señor· á pagarte segun lo
que hubier·es tr·abajado. Acuér·date, pues,
de este postrer llamamiento , par·a que con
presteza r·espondas á los que tuvier·es al
tr·abajo ohr·audo con gr·ande fervor·, por·que
no mir·a tanto el tiempo que dur·a como el
cuidado y amor· con que se toma; y si á
los que trabajaron una hor·a en su viña les
dió tanta paga como á los que llevaron el
¡)esO de todo el dia, por· la flojedad de és-
tos y ' 'igilancia de aquellos, ¿qué tal ser·á
el que diere á los que tr·abajar·on todo el
día de su vida, y siempr·e con diligencia y
fervor? O Padr·c soberano, dad me gracia
para que cultive esta viña de mi alma con
el fervor· que vos quereis y yo quisiera ha-
berlo hecho el último dia de mi vida; cer·-
cadla vos, Dios mio, con vuestr':l defensa;
mirad que por el poco cuidado que he te-
nido en guardarla , cualquiera tentacion,

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64
apetito ó pensamiento que pasa por mi
imaginac ion la vendimia, y destruye y ro-
ba el fruto de mis obt•as que habían de
ser pa t'a vos.
rineam 111eam non custodivi. (Canr. f.) Et vin-
demiant eam omnes , qui prc¿lergrediunlur viam.
(Psalm. 79.)

2. Gu:ít•dato no pt•csumas de tus obras,


ni pienses que pot· ellas met·cccs algG, ni
trabajes con tibieza y por fin solo de la
pa¡p ; porque los que lo hacen asi sienten
mucho los trnbajos de la vit'lud, y siendo
muy pequeño3 les pat·eccn muy grandes;
al t•cvés de los fet·rot·osos, que aunq ue sean
gr·andes les pa1·ecen pequeños, y asi penan
poco y medt·an mucho, y los ott·os penan
mucho y mcdl'an poco; y como buscan sus
intereses solamente, andan siempl'e llenos
de quejas scct·etas cont1'a Dios de que no
los regala ni favorece, y los que le sit·ven
solo por amor no hall:ln de qué quejar·se,
y asi e.stiman mucho cualquir.1· fa ,·or· que
Dios les hace, dicienclo sicmpt·o: Siervos
inútiles somos tLuc. '17). De donde nace
que muchos de los que son tenidos por
sus obras esteriores pot• los primet•os en la

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65
virtud, el dia de la cuenta serán los pos-
t!•er·os en el galarcloo por su tibieza é in-
ter·és ; y ou·os que se tenían por los pos-
treros, por haber sido grandes pecadores, 6
por habcc· lr·abajado poco tiempo y ocultá-
dose con humildad , ser·án entonces los ¡wí-
meros, por·que en los ojos de Dios fuer·on
muy fervor·osos y puros. Desea tú, pues,
sec· el primero en sus dí vinos ojos, y set•
abatido y despreciado en los de los LlOm-
bres. ¡O sol>er·ano Juez, y qué tibiamente
he tr<lba,jado en la viña de mí alma, y
por· eso est:\ tan desmcJc·ada ! muévaos á
compasíon su míser·ia; mír·:~dla, Señor, con
ojos de piedad , y visitadla con vuestras
ilustr·aciones.
l/e.<pice de CC!Ilo , et visita vineam islam.
(Psalm. 7 9.)

JIJEDITACION PAR A LA DO:UINICA DB T.A


SEXAGÉSX :UA.

Erciit qui seminat, seminare semen suum. (Luc. 8.)

C onsidera, cristiano, cuántas veces ha sem-


brado Dios la semilla de su santa palabra
5

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GG
en la tierra de tu alma, y el poco fruto
que ba llevado por la mala dispo.sicion que
l1ay en ti: mira la causa tle esto, y pide á
Dios le remedie con su misericordia dicién-
dole:
Da, Domine, benígnilalt>nl, et terra ?>OStra dabít
fructun~ su um. ( l'sa 1m. 84. )
Usad, Sci'ior, conmigo do vucslra piedad, y la
tierra de mi alma os da.rá frulos de buenas obras.

1. Considera cómo nuestro Divino sem·


brador sale á sembr·ar su semilla en las al-
mas, sin dejar jamás de hacer este oficio,
no por su interés y provecho, como los sem-
bradores del mundo, sino por el de las al-
mas; porque con la semilla de sus documen·
tos é inspiraciones, la tierra que de suyo es
estéril é irlfrucluosa, se u·ueca, y mejora, y
aprovecha; haciendo esto, no por mereci-
miento alguno de la tierra, sino por sola su
bondad; y mira cuán poca es la que lleva
fruto, pues como dice el Evangelio, solo la
cuarta parte de la semilla cayó en buena
tierra, y de esa una llevó fr·u to como de
treinta, otra de sesenta, otra de ciento. Aní-
mate pues á servir á Dios · con diligencia,
no contentándote con darle fruto menos que

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GT
de ciento, pues al fruto de esta vida te cor-
responderá el premio en la ol•·a. ¡O Sobera-
no sembrado,·! ojalá hubiese muchas tie•·ras
de estas, pa•·a que hubiese muchos que os
glo•·ificascn como deben. Sembrad , Scño,·,
en mi memoria santos pensamientos ; en
mi entendimiento divinas ilustraciones con
que os conozca y me conozca; en mi volun-
tad {lJ'uicntes deseos y afectos fe1·vor·osos de
seguiros, fertilizándolos con el riego de vues.:..
tra gracia, porque sin ella mi alma será
siempre csté•·il como la tierra sin agua.
Anima mea sicuttel"ra tineaqua tiói. (Ps. 1 4~.)

2. Pondera lo segundo, cómo siendo


esta semilla tan preciosa y eficaz, y scm-
h•·ándola el Señor en buena sazon y con
deseo de que fructifique, se pierden las tres
partes de ella. Una cayó junto al camino,
y los pasageros la pisaron y las aves la
comieroll. l\lira la dureza de tu corazon en
oir la palabra de Dios, que por un oído te
entra y por otro te sale, siendo como cami-
JlO pasagero, admitiendo cuantos malos de-
seos pasan por tu corazon, y dando lugar á
las aves infernales, que con los picos de sus
perversas sugestiones te la roben, recibiendo

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08
estas y desechando aquella . Ot1·a cayó e1l
tierra pedregosa, que estaba cet·cct de una
peiia, y aunque creció hcícin atTiba, co-
mo 110 tenia mices honclas luego se se-
có. Mira los buenos ¡wopósitos que has con-
cebido en tu cor·azon, y cómo con cual-
quie•·a tentacion, y aun sin ella, por el roco
jugo tle devocion que hay en ti, y po•· la
falta de humiltlad que tienes, los has dcja-
'do de poneJ' en P.jccucion. Otm cayó entn~
espinas, y ct·eciendo con ellas las espinas
la ahogat·on. l\Ii•·a las <1ue hay en ti de
deseos de •·iquezas, de cuidados congojosos
y de deleites sensuales, que ahogan tu de-
vocion y estorban tu ap•·ovecharniento. ¡O
soberano ~Iaeslro! dac,lme gracia para ar-
rancar las espinas de malas inclinaciones
que hay en mi co•·azon, y para ablar¡da•· la
dure-a de mi alma, echando en ella pro-
fundas raiccs de humildad, y al'ándola con
el a•·ado Je la penitencia y mOI'LiOcaeion;
porque sembrando trabajos en esta vida,
coja gozos pe•·du r·ables en la etel'lla .
Oui .<enúnant in lachrym is in f:Xuilalione mttent.
(Psalm. 125.)

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MEDITACION PARA LA DOMINICA DE LA


Q'OINCU:\GilSJMA .

Ecce ascendñnus Jcro.rotymam, et ctfcus quidam


sede6at secus viam. (Luc. 18.)

C onsidera, cristiano, cómo el día que !u


sober·ano Maestro subia á Jer·malén ú pa-
decer· por· tu amor, dió vista á un ciego
que se la pidió en el camino: pídele te la dé
á ti p:wa rer tus cul pas, y para conocer y
llor·:11' los rr.istcrios tlolorosos de su Pasion,
teniendo :compilsion de tu ceguedad, di-
ciendo:
Jesu, Fifí IJat'iá, misete1·e mei.
Jcsus, Hijo do David, rcncd misCJ·icordia de mí.
1. Conside1•a la fe de e~te cic.>go en
cree¡· que Cristo Señür· nuest r·o era podeJ'O-
so para d:1rle ri't ~; el f~:r ror· tle su oracion,
nacido del conocimicJ)to de su miseria, y de
su esper·a nza y su perscrcr:lllcia sin hacer
caso de los que le mandaban callar·' antes
tomando de ahí oc.~sion para repetir· y alzar
mas su voz; y mir·a cuánto mas ·ciego estás

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tú en el alma que él estaba en el cuer-
po, y acomp:iñale en sus virtudes, sin que
te impida orar el tropel de pensamientos
que el demonio te pusie1·e por delante, ni
la indignidad de pMecer en presencia de
este Señor por tus culpas, pues el conoci-
miento de ellas te ba de lleva¡• :i él; ni la
muchedumbre de las necesidades del cuel'-
po, y de las ocupaciones y cuidados del si-
glo; y asi, viéndote con estos combates, de-
bes toma¡· ócasion de eso mismo para orar
con mas fervo1· por tu mayor afliccion . ¡O
divino Señor! veis aqui un ciego que siem-
pre lo ha estado para segui1· el camino de
vuestros Mandamientos, y asi .he t¡·opezado
t antas veces en los csto1·bos que me ha pues-
to mi enemigo para caminar á vos : de aquí
adelante, Señor, tendré siempre fijos los
o,jos en vos, esperando en vuestl'a clemencia
me dareis vista pa1·a lib1·arme de los lazos
que me pusiere el demonio.
Oculi mei semper ad Dom1'num, quía ipse evellet
de/aqueo pedes meos. (Psalm. H.)

2. · Considera cómo al principio nuestro


divino Maestro hizo que no oia á este cie-
go, para probar su perseverancia; pero lue-

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7t
go mostró su clemencia parando á su voz,
y mandó que se le tt•ajesen; y mira la pron-
titud con que él respondió á la voz de Dios,
y asi al instante cobró salud, disponiéndose
de su parte para recibir el remedio que de-
seaba: y así debes tú. responder con preste-
za á sus llamamientos, si quieres que te dé
ojos para que le conozcas y ames con viva
fe; para ve•· su divina voluntad y el modo
de cumplirla; pat·a verte á ti mismo con
perfecto conocimiento, de suerte que te abor-
rezcas y humilles; y tambien para verle con
Jos ojos. del alma por la contemplacion; y
finalmente para verle en la glot·ia clara-
mente pot' toda la eternidad. ¡O piadosísimo
Jesus, sol de justicia, que así ateo deis á la
voz de quien os llama! oíd, Señot·, las mías;
alumlll'adme, Dios mio, que estoy postrado
en las tinieblas de mis culpas, y con ellas
no veo la luz del cielo.
In tenebris sedeo, et lwnen ca¡/i non video.
(Tohi:ll a.)

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MEDITACION PARA LA DOUil\ICA PRDlERA
DE CUARESMA.

Del sentimiento de la 1/irgtn ctumdo Cristo (un


d ser cruci(lcado.

Consider·a, cristiano, el dolor· grande que


sentiría la Virgen cuando su Hijo Sacratí-
simo se le despidió par·a ir· á padecer por tu
amor; pídela te alcance un vivo sentimiento
de él para que la acompañes en su llant9,
diciendo:
Pia llfater, fons amoris, me sentire vim doloris
fa c, ut lecum lugeam. (De ploncru n. l\I.)
llaccd , llbdre piodosísima , que sienta la fucrUJ.
de vuestros dolores, para que os acompañe en Ho-
rarios.

1. Considera con ternura de corazon


cómo Cristo nuestro bien, habiendo ya lle-
gado la hora de cumplir· la redencion con su
muerte, fue á despedirse de la Vir·~en: mi-
ra los afectos de la Modt·c y el dolot· de en-
tr·ambos. Ya el cudlillo empieza con 1:\fecto
á tra~p~sar el alma de l\1ai'Ía, y el dolor
triunfa á medida de su amor. Consideraba
que aquella cara tan hermosa de su amado

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73
!lijo había de ser afeada con gol pes, escu-
pida, abofeteada, coronada de espinas, aman-
cillada con afrentas, bañada en sangre, y
solo á su amor conocida; las manos ata-
das y clavadas, los pies tr·aspasados, todo el
cuer.po lrer·itlo y llagado, sin tener· for·rna de
hombr·e el Ct·iadot· v Redentor del hombre.
Entr·ábase tambien ·á considerar las ternu-
ras del cor·azon de Cristo, y los dolores que
le ca usa ha el desprecio que de sus lm~men­
tos habían de hacer los pPcadores. ¡O do-
lor! ¡O penas· de tal Madr·e por tal Hijo!
¡O fortaleza invencible! ¡O resignacion per-
fecta en la Divina voluntad, que la con-
serva la vida á vista de tales penas! ¡O
Virgen soberana! ¿cómo vuestro dolot· no
deshace mi cor·azon en l~gr•i mas? Encended-
le, Señora, en amor de miRedenlot· y vues-
tro, pat·a que sienta algo de lo que vos sen-
tís. Pero ¿qué dolot· habrá que se campa·
re al vuestro? Gt·ande es como el mar la
amar·gura de vuestr·o car·azon. ¡,Quién po-
drá consolar·os en tal tribulacion? .
JWar¡na est velut mare ctmtritio tua: quísmede-
bitur tui? (Jerem. Thr. 2.)
2. Consider·a las competencias y tel'llu-
ras de la Virgen, abrasada en el fuego del

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14
amor de su Hijo, que apartándose de él se
le partiría el COJ'azon, haciendo entonces el
amot' y el dolor en los dos su mayor es-
fuerzo; comunícanse los trabajos de corazon
á corazon; las penas de Cr·isto traspasan el
corazon de María, v los dolores de 1\fada
atormentan el de Cristo. ¡Qué conformes
entrambos en padecer! ¡Y qué uniformes en
remediar al hombt•e! Parte Cristo á morir,
y queda María viviendo vida de dolor sin
vida. ¡O Vi1·gen sobet•ana! ya se convit·tieron
vuestras alegi'Ías en tristezas; ya va á ser
blasfemado el que en su nacimiento vísteis
alabado de los ~n<"eles; clavado en ·un ma-
dero el que tt•atábais con tanta reve1·encia
y humildad ; abrevado con hiel y vinagr·e
el que cr·i:ísLeis con la leche purísima que
puso el cielo en vuestr·os pechos vir·ginales:
al paso que fuísteis llena de gracia sobre
todas las criaturas, tambien son vuestras
penas mayor·es que las de todas ellas. Partid,
Seüora, conmigo vuestr·os dolores, haciendo
que sienta de maner·a los tot·menlós que
por mí padeció vuestr·o Hijo, que nunca ce-
senrnisojos de acompañar vuestras lágrimas.
Fac me vere tecum flere, CrttciPxo condoler•
donec ego vi:z;cro. (De planctu B. 1\1.)

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5.7

MEDITACION P ARA L ,\ DOMINICA SEGUNDA


DE CUARESMA .

lbat secundunt consuetuditr~¡ in montwt Oliva-


rum. (Luc. 22.)

. Considera, c1·istiano, el amor que debes á


tu RedentOI', pues siendo tan grandes los
dolores que iba á padece~· por tus culpas,
que su representacion le hizo sudar arroyos
de sangre, se ofreció con grande resigna-
cion á padecer·los: ofr·écele, compadecido de
sus tormentos, resignarte siempre en su
santa voluntad, diciendo:
Non sicut ego voto, sed sicttt ttl. (nraub. 26.)
No se baga, Sciíor, lo que yo quiero, sino lo que
vos qucrais.

1. Considera la tr·isteza con que tu so-


ber·ano l\1aestm se puso á orar•, y la resig-
nacion en la voluntad de su Eter·no Padre,
durando tr·es hor·as en este ejer·cicio, con
tal agonía, que empezó á br·otar por· todos
los poros de su cueq:o gotas de sangt·e que
corrian por la tier·ra. Atiende á tan lastimo-
so espectáculo como toma tu Salvador por

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76
tus culpas, y por el poco aprecio que veía
entonces habías de hacet· tú de sus tormen-
tos. No le azot:m ahora, no, Jos vcrd ugos,
no le coronan los soldados, no le hieren los
clavos ni la lanza; tus cu 1pas son las que
sacan esta sangt·e: y si viéndosela dcnamar
no se hacen tus ojos fuentes de lágrimas,
piensa que es tu cot·azon mas duro que las
piedt·as, pues en la que estuvo tu Salvador
se ablandó, quedando en ella estampadas
sus sacl':ltisimas rodillas. ¡O Hedento•· mio,
qué cnro os cuesta mi salud y mi •·cmedio!
¿No bastaban, Señor, l_os mares de ll·abajos
y dolores, los desamparos de vuestro Eter-
no Padre, las injurias y afrentas de los
hombres que ha beis de pasa•· hoy, pa•·a que
os contcntcis con eso y os guardeis parn po-
derlas pasa1·, sino que qucrcis que. antes de
· eso vuestra misma imaginncion os acon-
goje con tal agonía? I-JaccJ, soberano due-
ño, que :i imitacion vuest•·a no desee yo en
mis tr·ibulaciones otro consuelo que pade-
cer sin consuelo, pues pecando fuí causa
de vues tro Jesconsuelo; •·ociadmc, Seño1·,
con esa sang•·e que derramais, y borrad
con ella la fealdad de mis culpas.
Asperges me hyssopo, et; numdabor. (Ps:tlm. 50.)

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77
2. Considera cómo luego vino aquel
falso amigo , renunciado el Apostolado, he~
cho adalid del ejér·cito de Satanás, y con
beso fa lso de paz le entr·egó á sus enemi-
gos, habiéndosele vendido por tr·einta di-
ner·os; y aun por menos le vendier·a si me-
nos le dier·an, por·quc fue tal que no les
puso tasa en el p r·e~ io. Mir•a cuántas veces
le has vendido tú por menos, ofendiéndole
por· un vil inter·és, por un punto tle horwa,
pot· utl apetito bestial, pOI' un deleite de
ait•e, y muchas veces sin intet·és, por solo
desprecio ·suyo. No te tiene él á ti en tan
poco, pues te compr·a á costa de su san-
gre, cuidando tanto de tu •·e medio , estan-
do tú dm·mido como los tt·es discípulos y
olvidado de él, siendo tuyo y no suyo el
trabajo,. el pt•ovecho y el daño. ¡O infinita
misericordia! pet·donadme, pues aun sobre
todo esto no estoy tan aver·gonzado delante
de vos como mis pecados merecen. A vues-
tros pies me arr·ojo doliéndome de las trai-
ciones que os he hecho; satisfaceos de mí
como quisiét·eis ; acordaos, Señor, de cuan-
to hicísteis pot· rcndi1· el corazon de Judas;
mostrad aho•·a conmigo ese mismo amor
que ya arrepentido solicito; convertid me á

© Biblioteca Nacional de España


78
vos, mi buen Jesus, y hacedme leal y he
fiel
amigo vuest•·o, que con vue stra g•·acia
mi
de seguiros, y aunque impo1·te perde1·
vida por vos jam ás he de faltat·os .
t4 nega6o.
Etsí oportuerit me mor í tecum, non
(Maub. 26.) ·

iiNICA TBR CER .l


liEDITACION PARA LA DOl
DB CUAllESliA •

.Jpprehendit Pila tut Jcsum , et flagellavít.


(Joann. 1~.)

r
Co nsid era, c•·istiano, cómo tu Redento tus
recibió mns de cinco mil azotes por én-
culpas; compad écet e de su dol01·, y doli
tot·-
dote de haber sido causa de tan cruel r,
mento, of1·écete á padecerle pot• su amo
pues le mereces, diciendo:
Ego in flagella paratus swn . G>salm.
37.)
Yo, Seño r, yo merezco losustigos por.mis culpas.
el
1. Considera cómo habiendo sido
upido, es-
Salvador preso, abofeteado , esc ne-
carnecido como loco, y ve~·gonzosamente e
gado de uri discípulo que, avergon zándos

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de serlo, jura y perjura que no le conoce
(¡oh cuántas ' 'eces avergonz3ndote lú de
parecel'io le has ne¡pdo como Ped,·o y no
llo•·ado como él!), y no bastando todo esto
para satisfacer· la ¡·abia de sus encmigcs,
Pilato po1· aplacarla le mandó azottH'. Mi-
ra la paciencia con que el mansísimo Co•·-
dero se deja despoja,. de sus vestid u ras,
porque con cllns se cub•·icsr. la desnud ez
de los que por el pecado pCI·diCl'OO la ves-
tidu•·a de la inocencia y de la s··acia, y re-
para lo que scntí•·ia aq uel purísimo Seño1·
el quedar á la vergücnz:l, desnudo ti vis-
ta de aquellos malvados ve1·dugos. ¡O divi-
no Señor! bendita sea vue.su·a misericor-
dia, pues estando desnudo me eoseñais á
mí lo que debo hacer·: desnudo me •·econci-
liais con vuest•·o Padre; desnudo abds las
puerlas del ciclo á los homb,·es; desnudo
satisfaccis por mis culpas; desnudo me
dais :1 conocer la ve1•dad de vuestra doc-
t•·ina; desnudo me enriqueceis y llenais de
bienes: y pues tanto amais la desnudez,
desnudtld mi alma de lodos los afectos de
las cosas de esta vida. ¡Oh qué rico está
quien asi os tiene! ¡Oh cuán hiena ventu-
rado es el que así os ama! Si os veo ¡¡si

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so
por mí, ¿ c¡ué mejor cosa puedo yo tener
par·a contentaros que el despego y desnu-
dez inter·ior de todas las cosas? Dadme,
J esus mio, esta desnudez, y haced que so-
lo me cubr·a la ver·güenza y dolor de no
imitaros , y sienta la que vos tuvísteis de
ver·os tratado asi por mi amor.
Tora die wrecrmdia mea contra nre est: et ccn-
{ussio {aciei meal coopcruit me. (PsQhn. 43.)

2. Entr·a luego , alma mi a, con el es-


píritu en el pr·ctorio de Pila to, y lleva
prevenidas lágrim as, pues bien ser·;ín me-
nester· pal'a lo que has de ver alli : mir·a
cómo atan fuertemente al Salvador á una
colum na, hasta hacerle r•evenl::tr' la sang1·e
por· sus sagr·adas manos, para azot.at'
afr·entosamcntc, como á vil esclavo y mal-
hechor·, al que es sober·ano Hey y Señor
de lodo lo criado. i Qué pasmados queda-
rían los cor•tesanos del cielo de ver· en la
tierra tan afr·entado á su Rey! Oye luego
la crueldad con que seis verdugos comien-
zan á desea r·gar su furia sobr·e el mas de-
licado de todos los cuerpos, mudándose de
dos en dos para descansar'. ¿Qué es esto,
Dios mio, azotes y sobre vos'! Y éstos tan-

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8f
tos que se cansan los verdugos, y vos no
os cansai·s de recihil'los po1' los mismos que
os csL:ín cast igando'? ¿Y La les que os qui-
taran la vicia si vuestra Divinida d no la
reserva1•a para padeCCI' aún mas por mi
amor? ¡O Hcdento r mio, qué grandes son
mis culpas, pues tal es la pena que pade-
ceis po1· ellas! ¿Po1· qué, amor mio, sois
tan c¡·uel con vos y tan piauoso conmigo?
\\Iejor pal'eciera yo, Dios mio, abierto á
azotes, que no vos, inocentí simo Co1·de¡·o,
pues pequé y á vista de vuestros dolores,
estendicndo tanto mi malicia que sobre
vuestras espa ldas llagadas he fab1·icado las
to1·res de mi maldad.
Supr a llo>·swn meum ( aóricaverunt
pecc atoru
prolongaverunt iniquilatem suam. (Psalm . 128.) r

AlllD lTAC ION PAR A L ,\ DOM INIC


A CUARTA.
Dfi CUA RfiSlJA.

Plectrmtes corona>~~ de spi11is posuerunt super


caputejus. (l\Iauh. 26.)

C onsidera, cristiano, la cabeza de tu Re-


denlot' traspasada con una corona de seten-
G

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82
ta y dos espinas, y su divino rostro baña-
do en sangre, y cómo no bastó tan lasti-
moso espectáculo para aplacar la i•·a de los
judíos : preséntasele :í su Eterno Pad1·e
para que aplaque la que merecen tus cul-
pas diciendo:
Protector nosttr aspice1 Deus, et res'flice in faciem
Christi tui. (Psalm . 83.)
1\Iirad, Soüor, al rostro de vuestro Rijo, que
atendiendo A él os compadecereis do mí. •

1. Considera el nuevo linage de tor-


mento que inventó la crueldad humana,
mas que diabólica, para atot·mentar y afren-
tar al Salvador del mundo: mira, pues, al
hermoso ent1·e los hijos de los T1ombres
afrentado y atormentado con aquella hor-
rible diadema que penett·aba sus sagradas
sienes; aquellos ojos difuntos; aquel rost1·o
mo•·tal afeado con la sangre que salia de
las heridas; cubierto con aquella púrpura
de l'Scarnio; con una caña en la mano por
cetro que le escarnecía, y servía para dat·-
le golpes y claval'le mas la corona; el co-
rnon at•·avesado con dolores; el cuerpo
lleno de llagas; desamparado de sus discí-
pulos; perseguido de los judíos; escarnecido

© Biblioteca Nacional de España


83
de los soldados, y destituido de todo con-
suelo: y no pienses este dolor como ya pa-
sado ni como ageno, sino como pr·esente y
tuyo propio, y repara cuánto debes sen-
tirle siendo tú mismo el que le coronas.
¡O Redentor mio! mis pecados son las es-
pinas que os punzan; mis locuras la pút·-
pur·a que os escarnece; mis hipocresías las
cer·emonias con que os baldonan. Yo, Se-
ñot•, soy vuestt·o verdugo, y la causa de
vuestro tormento; vengan, Dios mio, sobre
mí los castigos, pues yo con mis maldades
he provoc:~do la ira divina á que permita
se use con vos de tanto ri.~or. Salid, ó hi-
jas de Sion, y mi•·ad al .Key de la gloria
con la corona que le coronó su Madre la
Sinagoga, y yo le he coronado con mis cul-
pas en el dia de su desposorio y en el dia
de la alegría de su corazon.
Egredimini et vide!e, Plit! S ion, Jlegem Salomo-
nem in diademate, quo coronavit illmn Jita ter sua in
die desponsa!i~>nis illius, et in die lre!i!m cordis ejus.
(Cnnlic. 3.)

2. Considera cómo luego Pilato, vien-


do al Salvador tan maltratado, se lo mos-
tró al pueblo diciendo: Veis aqui este

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84
llomb,·e , creyendo que viéndole asi se
ablandarían sus corazones; pe1·o oye su
crueldad que dic-e :í voces: Apártale, aplÍI'-
tale. ¡O crueles! ¿aun sola su vista os
ofende'!) Cntcif'ícale, Cl'llci(ícale. Y si es-
ta te parece tan grande, mi1·a cuánto ma-
yor es la tu ya conociendo á este Señor,
pues ya que no lo digas con las palalH·as,
confirmas su parece•· con tus obras, pues
con ellas obligarías :í tu Redentor :í p:l-
decer otra vez si la primer·a no bast:í1·a.
¿Cómo, pues, tienes co•·azon pa•·a c¡·ucifi-
c:u·le tantns veces? Entien<le que su Eter-
no P:td•·e te le está moSll'ando y te dice:
Mira el Hombre; este es mi Hijo muy
amado; este te doy :1 ti, y po•· ti le pongo
de la mane•·a que ves: ¿qué mas quieres
de mí? Hecíbelc, óyclc, :ímalc é imítale;
no le ofendas, no le crucific1ues, no añadas
mas dolo•· á su dolor. ¡O Palh·e sobe1·ano;
si ver así :í vuest•·o Hijo puede sc1· bas-
tante para mover mi depravado corazon á.
que no os ofenda, mucho mas lo se•·ú pa-
J'a mover vuesu·a piedad :í compadeceros
ele mí; con g•·ande confianza os le presen-
to: este es vuestro unigénito Hijo, t1·atado
de esta manera por mí; mios son estos

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·ss
tormentos, mia esta sangre, mía es su vi-
da, todo es mio este Hombre que por mí
se hizo Homlm. No me piet·da yo con tal
ampat•o; abrazad me con él; gobel'lladme
pot' él, que muy cierto estoy que nada me
habeis de negal' pOt' su amot·. Veis aqui el
Hombre, Señot·, veis aquí el Hombre.
Ecce lwmo. (illallb. 26.)

llllDITACION PAliA LA DOml'iiCA DE PASION.

JJajulans sibi Cmcem ect:hivit in eum qui dicitur


Catva>·icr: tocmn: (Joan. 19.)

Considera, c1·istiano, cómo siendo tu Re-


dentot• condenado á mue•·te afrentosa de
cruz, la pone sobt·e sus homb1·os para ir
al lug:H' del suplicio, y mil'a cudn intole-
rable carga es el peso de tus culpas, pues
le hace da1· tantas veces de ojos en tiel'l'a;
ag1·adécele con mucho dolot· haya querido
tomal'las sob1·e $Í y padecc1' el castigo que
tú mereces pot' ellas, diciendo:
f/ere languores ?wst>·os i¡JSe tutit, et dolores
nost•w ipso portavit. (Isa iro 53.)
Bendito scais, Sciior, que tomando sobre vos mis
culpas, quisisteis padecer las penas que yo me-
rezco por ellas.

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86
1. Considera cómo en habiendo Pilato
pronunciado la sentencia de muerte de
cruz contra el Salvador, carg~n el pesado
leño sobre sus lastimados hombros, y re-
pat·a que no bastó )a flaqueza que tenia
por la sangre que h~bia derramado, ni el
saber que babia de rendirle su peso para
que dejase de abrazarle con mucho gusto.
¡O incendio del amor de Ct·isto, que nada
que sea padecer te pat•ece imposible, pues
llevas dentt·o de ti el fuego y sobt·e ti la
leña en que has de ser ~acrificado! Pero
por mas que os csforceis, Redentor mio,
habeis de caer tendido en tiet't'a , que son
muchas mis culpas. Tengo pot' verdad la
vanidad, justifico lo que había de repro-
bar, estimo lo que babia de abort·ecet•, tt·ai-
go el cot•azon clel'l'amado por las cosas del
mundo, ocupado en mí y siempre apartado
de vos; oféndoos, Dios mio, y no siento
como debo vuestt·a ofensa; cót·rome de que
se sepa quién soy , y encúbt•olo pot' pat·e-
cer de los vuestros, andando huyendo de
vuestra crucificada compañía : esto, Dios
mio, es lo que á vos os va ahora cat•gando
y matando : ¿pues cómo vivo yo con lo
que á vos os mata? Mas ya, Señor, me

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87
ofrezco á seguiros. ¡O dichoso Cirineo , si
lo que tú alcanzaste pagándotelo con dine-
ro lo alcanzase yo con lágrimas, y aliviase
á ese Conle1·o del inmenso trabajo que
lleva! ¡Oh si os ayudase yo, Señm·, sin in-
terés ninguno! ¿Pero qué mayor interés
que el de ag•·adai'Os? ¿Qué mas quiero yo
que ve1'0s i•· delante pagando lo que yo
me•·ezco por los pasos torcidos en que he
andado? Dadme, Dios mio, fuerzas para
que os siga c•·ucificado, no sea yo :il·bol se-
co sin fruto de buenas obras; porque si á
vos, que sois árbol ve•·de y fructuoso, os
castiga tan lP.I'I'iblemcute la Justicia divi-
na po•· mis culpas, ¿qué será de mí que
soy el que las be cometido?
Siin 'l!iridi /¡oc (it, in arido quia (iet? (Luc. 23.)

2. Considera que caminando tu Re-


dentor con su cruz, te está llamando para
que le sigas poniendo sobl'e tus hombros
la tuy:., y yendo delante te la hace ligera,
y te ay uda y da fuerzas para llevarla;
mira que si no la pones no puedes set' su
discípulo; y para sedo, el p•·imer paso que
has de dar es negarte á ti mismo, porque
quien ha buido siempre de la cruz y ha

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88
sido tan inclinado al mal como tú, razon
es que mortifique las pasiones que le at·-
rastran á él. Y asi desea pot· amot• de l e-
sus sufrit• tt·abajos, pobt·eza, dolores, des-
precios y toda suerte de humillncion, pues
no puedes tener mayot· dicha que it· pot·
donde va lu ca pitan; y cuanto éstos fue-
ren mnyores, tanto mas cer·ca i 1·~s de él.
Desengáñate, que no es posible i1· á donde
est{t Cristo si no vas por donde fue Cristo;
resígnate igualmente en su voluntad, á te-
ner· ó de,iar todas las cosas por su amor-, y
siguiéndose igual glor·ia de Dios desea :m-
tes los tormentos, aOicciones y desprecios.
¡O soberano Maestro de pcrl'eecion; aqui
t encis al que siempre Ira huiuo del camino
de la cruz, lleno de mil desordenadas afi-
ciones; arrancadlas de mi alma, Dios mio,
y admitid me en vuestr·a compañía. ¿Qué
será de mí fu el'a de ella ? ¿Qué camino
puedo llevar scgui'O si me apar·lo de vues-
tra cr·uz? Llcvadme, Señor·, tras vos, no
apartcis nunca de mí vucstr·os ojos ni vues-
tra cl'uz, que mas quicr·o padecer· (' I'UZ con
vos, que tener lodos los descansos del muu-
do sin vos; véisme aqui todo ofr·ecido en
vuestras manos; abrid mis ojos y entendí-

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miento p:ll'a ver vuestros caminos, y en-
cended mi voluntad en amarlos para que
nunca deje de seguidos.
Ptr{ic~ 9rusus meos in semiti.r ILis, ut 11011 mc-
wantur vcstigia mea. (PEahu. !G.)

MllDIT,~CJON PARA L.\. DOamnc,~ DE RAaiOS.

Cruci{i::cerunt eum. (Jo~o. 19.)

Considcrn, ct'istiano, al Ct·i;dOt' y Salva-


dO!' de\ mundo pendiente de li'CS clavos,
afrentosamente c¡·ucific:Hlo cni i'C tlos ladro-
nes; y si te 1wccias de discípulo SU)'O, dile
muy de c01·azon :
;1Iihi absit gloriari nisi ·;11 Cruce tua, Di11níne Je-
su Cliri.<tc. (6 3d Gala!.)
No tenga yo, Seúor, mas gloria que padecu
con \'OS en vucs!ra cruz.

1. Considera la ct'ucldad con que lle-


gando tu Hcdentor al monte Calvario le
desnudan hasta la túnica inlcJ·iot• y renue-
van sus heridas , por estar pegada con la
sang1'e. i\Iit'alc tendido sob1'e la CI'UZ para
ser clavado en ella; oye aquellos golpes con

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90
que á un mismo tiempo traspasan sus deli-
cadas manos y pies, y penetran el corazon
de su Madre que lo escucha. ¿Qué es esto,
Redentol' mio? ¿Asi se clavan manos que
obran tantas maravillas? ¿No estuvieran me-
jo•• ocupadas en dar ''isla á ciegos, sanar
enfermos, resucitar· muer·tos y remediar to-
das las necesidades del mundo, que no cla-
vadas, padeciendo y penando? lilas ¡ay!
<1ue en eso me estais enseñando que la mas
heróica Yir·tud, y en la que está el •·emedio
de todos los males, es el padece•· y el pe-
nar! Pondera cómo luego alzan la cruz en
alto, y mir•a cómo se dcs¡;amm aquellos sa-
grados miembros pendientes de tr·es clavos.
Alza los ojos, alma min, si el dolor te lo
permite, y repara cuál está tu Dios. Ya está
crucificado y levantado de la tierr·a. par·a
atrae•· todos los corazones :í sí. ¡O Di vino
amo!'! ¿qué podr•é daros en satisfaccion de
tan ardienteearidad? A vos mismo, que sois
infinito, os doy por mí, pues vos solo os
podeis satisfacer·; á vucstr·os divinos pies
pongo tamhien cuanto he recibido de vos,
y con ello os enlr~go el co•·azon; ablandad,
piadosísimo Redentor·, su dureza para que
sienta vuestros dolores; penetradle con esos

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91
clavos; Cl'ucificadle con vos; haced que en
esa cruz os conozca y os ame ; en ella os
busque y halle: enseñadme á mo1•ir con vos
po1' vos; cel'l'ad mis sentidos y corazon á
todo lo que no es vivir y mo1'il' crucifica-
do; bañadmc, Señor, en esos caudalosos
rios de sangre que salen de vos. Todos los
que teneis sed, los que deseais agua de
vida, los que deseais paz y amistad con
Dios, los que deseais el óleo de la divina
gracia, venid á coger las aguas que corren
de las fuentes del SalvadO!'.
Haw·ietis aquas de [onti6us Salvato•·is. (Isaire 12.)

2. Con~ideradas las llagas de tu Re-


dentor conside•·a tambien las tuyas, para
que á vista de aquellas halles el remedio de
éstas : mira su boca ab1•evada con hiel y
vinagt·e, cuando' la tuya busca apetitos y
regalos pa•·a su deleite ; sus oídos lastima-
dos con la mofa que de él haecn sus ene-
migos, en vez de tus donai•·es y pasatiem-
pos; su vestido es la desnudez , el tuyo la
·¡)l'ofonidad; su cama el estl'echo mad.ero de
la cruz, donde si quie•·e descansa•· sobre
los pies se desgarran sus hel'i<.las, y si quie-
re descansar sobre las manos se desgan·an

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92
las manos; su almohada pat-a reclinar la
cabeza es la corona de espinas, que el des-
canso que recibe de ella ser·:\ hincarse mas
las espinas, cuando tú deseas que la tuya
sea muy blanda y t·cgalatla. ¡O piadosísimo
Redentor! datlme gt·acia para que, á ejemplo
' 'uestro, mortifique yo tanta sensualidad,
pues no rs razon que 3ustando vos hiel y
' 'inagre, busque yo sazonatlos apetitos; es·
tando vos demudo, ande yo pct·tlitlo por
los bienes del mundo; e~! ando vos en un
madet·o, bu~que yo las blanduras y r·ega-
los cle la carne. ¿Cómo, .Jcsus mio, pct'-
rnitís cstat· vos pcn:mdo y que yo esté pe-
cando? ¿Vos herido y yo penJitlo? ¿Vos
drna mando vuestra J11'c<·iosa sangre y yo
dcspcrdici;índola, cuaudo no sentís tanto la
que ' 'C t'Leis como la (JliC perdcis? No, Se-
ñor, ya no ha de ser así: con >os quiet'O
padecer; YUesLra cruz deseo; á su sombt·a
he de descansat', y solo su fruto ha de ser
dulec para mí.
Sttb um&ra i /lius, QIIOIII ilc.ride•·avemm, sedi: el
fructus cjus 1luhis guttuti meo. (Can l. 2.) ·

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93

:UEDITACTON PARA LA SE~IANA SA:STA .

llnus militum lancea latus ejus aperuit. (Joan. 19.)

Considera, cr·istiano, la cr·ueldad con que


un soldado abrió de una lunzada el pecho
de tu Salvador•, ya muer-to, y penelt'Ó el
cot·non de su Madre, solo vivo para este
dolot·: píuela penetr·e 1u c01·azon con las
llaga~ tle su Hijo, pam que .la ;1compañes
en el sentimiento de sus penas diciendo :
Sancta J11ater, ist!Ul a.qa.<; Cruci{txi {tqe plaqas
conli meo valide. (Do planctu B. M.)
Fijad , Seuora, fuortomcntc en mi corazon las
llagas de vuestro Hijo.

1. Considera la dureza de aquel cora-


zon enemigo de Cr·isto, que ·no contento
con lo que pndeció el cuerpo viI'O, a un no
le quiet·e per·donar despues de muerto.
¿Qué rabia de enemistad hay tan gr·ande
que no se aplaque cuando ve al enemigo
ya muerto delante de sí? ¡O fiet•eza mayor
que de fiera! Alza los ojos, tit·ano, y mir·a
aquella cara mortal que tan indigno e res

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94
de mit•ar; aquellos ojos difuntos ; aquel
caimiento de rostro; aquella amar·illez y
sombr·a de muerte; que aunque seas mas
duro que el hierro y el diamante, y que
tú mismo, viéndolo, no tendrás cor·azon
para injurial'le. ¡O llaga del costado de mi
Redentor, hecha mas con el amor de los
hombres poi' sus yerros, que con el hiet·-
ro cruel de la lanza! ¡Llaga que llagas los
· devotos corazones; herida que hieres las al-
mas; rosa de inefable hermosura; rubí de
precio inestimable; entrada segura par·a el
cm·azon de Cristo; testimonio de su amor
y prenda de la vida perdurable! ¡O rio que
sales del Par·aiso y riegas con tus corTieu-
tes toda la haz de la tier·r·a! por ti entra-
ré á guarecerme del diluvio de las aguas
amar·gas del mundo; á ti me acogeré en
mis tentaciones; en ti me consolaré de mis
tristezas; contigo cur•aré mis enfermeda-
des; en ti se lavar·án mis culpas. ¡O fra-
gua de amor y vena de agua viva que sal-
tas hasta la vida eterna! Abt•itlme, Jesus
mio , esa puerta; recibid mi corazon en
ella; dadme paso por ella á vuestras pia-
dosas entrañas: adormézcase mi alma en
ese pecho sagrado; olvide aquí todos los

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9:1
cuidados del mundo, sea este mi descanso
para siempre, porque para siempre escojo
morar en ella.
Ifrec 1·equies mea in sreculum sreculi: hic h.lli:a-
óo, quoniam elegí eam. (Psalm. 131.)

2. Considera cómo luego fue quitado


el santo Cue1·po de tu Redentor de los bra-
zos de la CI'UZ, y atiende á las lágrimas
con que la Vi,·gen pide le pongan en los
suyos. ¡O pen~s de María! ¡O to¡•mentos
por todas p:u·tes iguales! ¡O sin consuelo
desconsolada Seño1·a ! ¡Oh qué dolo¡• sed
el vuestro si os niegan lo que pedís! Si por
una parte quereis tlSCUsar un dolor, pOi'
otra parte se dobla vuest¡·o dolor: negaros
lo que pedís es rigo•· ; dároslo es quita-
ros la vida. No tienen vuesli'OS rnales con-
suelo sino en sol~ vuestr·a paciencia, pues
en vuestro consuelo mayo•· está vuestro
mayor desconsuelo. ¡O áng~les del cielo,
llorad con esta Vi1·gen soberana; llo•·ad, cie-
los; ll01'a1l, estrellas, y todas las criaturas,
llorad. O dulce 1\iadre, ¿es ese poi' ventu-
ra vuestro Hijo y el espejo de hermosura
en que os mirábais? ¡Oh cuánto han podi-
do mis pecados1 pues os le han puesto de

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96
· esa manera! ¿Qué lwreis ahora sin él? ¿A
dón~e ir·eis? ¿Quién os r•cmedi:ná, tenien-
do muer·to al que er·a vuestro Hijo, vues-
tro Padre, vuestro Esposo, Maestr·o y to-
da vuestr·a compañía? Ahor·a quec.lais como
huéd'an3, sin Padr·e; viuda, sin Esposo;
sola , sin la\ Maestro y sin tal compañía:
antes, Scñor·a, llorábais sus dolores, ahor·a
su muer·te y vuc~tra soledad : no se ha
acabado vuestro tormento, sino mud~ídose:
unas olas pasaron, y vienen otras á dar
de lleno en lleno sohr·e vos. ¿Cómo quedais
sola, inocentísima Vir· gen, y viuda la Se-
ñom del mundo, y sin tener• culpa os
han hecho t ribut:~ria de tanta pena?
Quomoc!o .<eáPs sola? Pacta es quasi viáua, Do-
mb>a ge>llium? Princcps provinciarunt (acta es suó
tributo? (Jcrem. Thr. 1.)

~lEDITAClON l'Al\.o\. LA DOlllNlC.I. DE


RESURRECCION.

Jeswn quCP.ritis Nazar&num crucifirum: Surrexit,


non est hic. (Marc. 16.)

Considera, cristiano, cómo habiendo muer-


to tu Redentor por ti, resucita glorioso y

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97
triunfante del infierno, y saca del limbo las
almas de los Santos Padres: pídele te r·esu-
cite á nueva vida, y tal, que no se apodere
jamás de Lila muerte de la culpa, diciendo:
Qwmwdo resurre:z:illi JIU gloriam Patris, il4 et
ego in fiOVitate vitO'. am6ulem. (6. nd 1\om.)
Como resuciláste is, Seííor, por la gloria do vues-
tro Padre, asi resucito yo á nue,•a vida.
1. Considera cómo hahiendo Cristo vi-
sitado el limbo, .y alegrado aquella Clll'cel
con su divina presencia, y libr·ado de ella
las ánimas do los Santos que clamaban pot•
su remedio, al tcr·cer·o dia despues de su
mnertc salió de alli con todas ellas, y fue
al sepulcro donde estaba su Cue1·po, apre-
sut•a ndo su t•esu r·reccion, movido de su in-
mensa caridad por consolat• á su afligida
l\fad1·e y á sus amigos, por· socorrer á los
discípulos que estaban en las tinieblas de
la infid elidad, y para alumbrar· y alegrar
al mundo con la glor·ia de su cuerpo, como
había alumbrado y alegrado el limbo con
la glor·ia de su alma. ¡Oh qué triunfante
vendría con aquellas dos compañías de jus-
tos de las dos leyes, natur·nl y escr·ita, el
que solo con el báculo de su cruz pasó
por el .Jord án del mundo! ¡Oh con qué
1

© Biblioteca Nacional de España


98
júbilos cantarían el triunfo de su capitan!
Luego les mostró la triste y horrible figu-
ra de su cuerpo par·a que viesen cuán ca-
ro le había costaclo el remecliarles. ¡Oh
cómo renovarían aqui sus alabanzas! Atien-
de, entr·ando en él, qué hermoso y res-
plandeciente le pondr·ia, cláncloiP. los cuatro
dotes de glol'ia, claridad, inmortalidad é
impasibilicl:ul , ligereza y sutileza; y cómo
usando del de sutilitlad salió del sepul-
cro. Escu eha la mclod ía con que haj:m los
coros de los ángeles, y le adol'an en este
dia en que su Etel'llO Padre le intl'ouuce
segunda vez en el mundo y les manua
que le adoren. ¡O divino Salvauor·, gr-a-
cias os doy por el cuiuado que Leneis de
socorrer á los vuestros! Sea yo, Jcsus mio,
uno de ellos, par·a que r·cspir·e mi alma
con la presencia de vuestra gr·acia: alégro-
me infinito de ver· vuestr·o santísimo cuer-
po tan glorioso y triunfante, y ador·ado de
vuestros ángeles y de los Santos Padres.
Con ellos, Señor·, os adoro y glot•ifico, y
deseo que todo el mundo os venere y cante
vuestras alabanzas.
Ortmis terra adoret te, et 'f!Sallat tibi: 'f!Salmum
dicat nomini tuo. (Psalm. 65.)

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99
2. Considera cómo tambien dehes tú,
cruciOcando y sepultando tus pasiones, re-
sucit:u· con Cri~to al estado felicísimo de
su gracia, dejando las vestid ums y 11101'-
tajas antiguas de la culpa, y comenzando á
vivir una vida de gracia pe1pétua, con
fir·m eza de no volver· mas á la muerte de
la culpa; impasible, sin que se vuelva á
rendir· á sus pasiones; ligcrct, par·a cum-
plir• todo lo que rucr·e voluntad de Dios; y
·espiritual, sin aficion ninguna á las cosas
de la tierra. Hompe tu corazon con arecto
compasivo de los lol'mcntos que padeció tu
Re~lcntor, por·qu e no todos los muer·tos re-
sucitaron con él, sino solos aquellos cuyos
sepulcros se abrier·on en la pasion de dolor:
resuci ta, no como un Lázaro, vendado con
las rajas y sutlario, q uc son los h;1bitos y
costumLH•es viciosas, que traen consigo gran-
de peligro de r·ecaer· si no se desata n con
la per•pétua morti ílcacio n, sino como Cris-
to, que d~jó la sábana y el sudario en el
sepulc r·o; despójate del todo del hombre
viejo y de sus obras, y vístete del nuevo;
abre la boca por· la conresion; rompe el co-
razon de dolor por la muerte de Cristo,
padecida por tus culpas; junta la leña de

© Biblioteca Nacional de España


tOO
la cruz en que murió, y bate con las alas
de la consideracion fuertemente para ab•-a-
sarte en el fuego de su amol', que de las
cenizas de su bajeza resucitará en ti una
nueva vida, mejor c1uc la del Fenix, para
nunca mas morir muerte de culpa. ¡O pia-
dosísimo Redent01·! hacedme ¡mticipante
de vuest••a pasion, para que tambien lo sea
de vuestra resurreccion; no viva yo ya pa-
ra mí, sino para vos que moi'Ísteis por mí;
no vivan mas mis costumbres antiguas, si-
no resueitadmc, Dios mio, á nueva vida.
Transcant vetera; ttova sint 01ltnia. (2. ad
Corint. 5.)

!IBDITACION PARA LA DOMINICA PJU:UERA


DESPIJES DE RESUJ\RBCCION.

Cumfores esstnt cla11sce1 venit Jesus. (Joan. ~o.)

Considera, cristiano, cómo estando los dis-


cípulos r.n el cenáculo en oracion, vino
Cristo á visital'les, y poniéndose _en medio
de ellos les dijo: Paz sea con vosotros.
Pídele que visitándote con sus ilustracio-

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101
ues te dé la verdadera paz, que él solo té
puede da1', diciendo:
IJa serw tuo, q11am mundus dare non potuh
pacem. (De Oral. Eccl.)
Dadme 1 Sciíor 1 la pnz que el mundo no mo pue-
dG dar.

'1. Considera la benignidad de tu Sal-


vador en visitar á los suyos, y su provi-
dencia en detenerse algun tiempo (como lo
biz.o en e.-;te di a con los Apóstoles, no vi-
niendo hasta la noche, pa•·a probar la pa-
ciencia de los mas queridos y aumental'les
el deseo que -tenían de verle; pei'O despues
acudió á su consuelo); y asi en el dia de la
t•·iuulacion, aunque se t:u·dc, oo dmles de
que acudin\ al tuyo: oye con ternura aque-
llas ·pala b1·as : Paz sea con vosOLI'OS; yo
soy, no temais. ¡Oh qué so~egados que-
darían sus col'azoncs con la presencia de
este Scñ01', pues con ella sola se halla la
ve•·dade•·a paz y consuelo inlerio•·! Ht'para
qué inquieto ha estado tu co•·azon siguien-
do las vanitlades del mundo y apa•·t:índole
de Dios, siendo él la p:1z que sosiega y sa-
tisface las potencias del alma y los senti-
dos; la que alumlwa, enseña , encamina,
y es en esle mundo pl'enda de la gloria:

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102
mira cómo luego les mostró sus llagas pa-
ra curar con su vista las de la infidelidad
y pusilanimidad que algunos de ellos te-
nían en sus corazones, y para que tú en-
tiendas tambien que el remedio de la:; tu-
yas está asegurado en las de Cristo, y que
su preciosa sangre es la medicina con que
has de hallar quietud par·a tu alma; y asi
á vista de ellas (aunque te acometa el le-
mor y la desconfianza por tus gr·andcs· cul-
pas} no temas. por·que el amor que las
al>l'ió te aseguró tu remedio. ¡O Rey de
glor·ia 1 venid á mi alma y dadme la ver-
dadera paz: poned paz entre mi carne y
mi espír·itu. y entre mis potencias y sen-
tidos; pacilicadme con vuestro E temo Pa-
dre y con todos mis hermanos; halle yo
paz y sosiego en vuestras divinas llagas; y
pues las al)l'ísteis y me las mostmis para
que yo more en ellas, y me convidais á
ello, en ellas quier·o estar perpétuamenle;
en los agujeros de la piedra, que sois vos,
y en la hendidura de la pared lmé mi
morada: mostrad me, Dios mio, vuestr·o di-
vino rostro, para asegurar con él la paz y
quietud de mi alma.
In (orami11ihus 1!flr«', in caverna macerite, ostCI
de mihi (acüm t t·uam. (Caut. 2.) I·

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103
2. Considera que por haberse aparta-
do Tom~ s de la compañía de los demás
discípulos pet·díó el vet· á Cristo; cayó en
la incredulidad, prolet·vía y dureza de co-
razon, sin reducirse por la persuasion de
Jos que aseguraban haberle visto; guárda-
te no te apartes de la compañía de los
buenos, no sea que caigas en semejantes
precipicios. No por eso la benignidad de
este divino Señot· dejó de apat·ecérsele, y
le manifestó sus llagas, mand:índole regis-
t rar· el lugat' de los clavos y entrar la ma-
no en su divino costado. Poodc t'a cómo se
trocó luego· aquel endurecido corazon, y
postt·ado á los píes de Ct·ísto le confiesa
po" su veruadet·o Dios y Scñot·. ¡O violen-
cia amoro sa de las llagns de Cristo, que asi
ablandas los corazones! Confiesa <:On este
Apóstol la divinidad y gt•andeza de este
Seiior, aunque no hayas tocado y visto sus
llag~s. que no será menos met·iLot·ia tu
confesion que la suya. ¡O di\'ino Señor! no
permitais me apat·te jamás de la compa ñía
de los vuestt·os; bendita sea vuestra be-
nignidad, que asi cuid:ísteis este dia de re-
ducir este Apostol que se os perdía ; yo
con él confieso que sois mi Dios y mi Se-

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104
ñor, y os doy infinitas gracias por el cui-
dado .qu~ t~vísteis de consolar á los que
no }Í"~$rél::!P,Jo~·,,goz.nr de vuest1·a presencia
coyporal , cú ,esta v1da; y pues esta me fal-
tój. no.:f~\fe,~vueslJ'a p1•esencia inteJ·iOJ' c11
mr.'alma; j¡~~aós1 Señor, conmigo, no se
ohsc.urezcá•<en mí ·la luz de la fe ni se enti-
bie el. fervor de la caridad. El dia de mi
vida SI{va -acabando, y abo1·a tengo mayor
necesidad de vuest1•a presencia cuando es-
tá mas cercana á la noche de mi muerte:
no os aparteis de mí; quedaos, Señor, con-
migo.
llfane mecum, Dtm~ine, qucmiam advespera
scil,el
inclinala esl jam dies. (Luc. 24.)

llfEDJTACION PARA LA DOM INIC


A SEGUNDA
DllSPOllS DE RllSURI\llCCION .

Ego sum Pastor bonus. (Joan. 10.)

C onsidera, cristiano , lo que debes á C1·is·


to, bien nucstl'O, po1· haberse hecho tu
PastoJ', y atiende á la p1·ovidencia con que
ejercita este oficio continuo: pídele te li-
bre de los pastos engañosos del mundo, y

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105
te apaciente en los suyos saludables, di-
ciendo :
Indica mihi tthi paseas , w 1't1!J4ari mc{p_;am.
(Caut. !.) · r: f
niostrndmo, di\•ino Pastor, 1vqestros .¡:ia6tos, p,t:Jt-
'
qne no me pierda pot· otros. · ··· •·.' >
'.,/' ..,. ~
;: ,. 'l

1. Considera la caridad queúnuéstra


el Eterno Patlr·e en darte á su Hijo por tu
Pasto•·, y la del Hijo en hace•· este oficio
tan trabajoso y tan á costa suya, husc.1n-
do sus ovejas, apacentándolas, reduciendo
las perdidas, curando las enfct·mas, forta -
leciendo las sanas, guiándolas pot· el cami-
no seguro, y dando su vida pot• ellas : no
es como el jornalero que viendo venir el
lobo huye y desampara el ganado, deján-
dole pet•ecer entre sus garras ·sangrientas.
¿Cuántas veces andaría el demonio desean-
do dcspedawrte y aventat·Le como trigo,
procurando derribarte con la tentacion, y
con efecto lo haría si este divino Pastor no
estuviera defendiéndote, no solo para que
no te venciese, sino tambien ayud<indote
para que esa misma tentacion se volviese
en tu l)I'Ovecho y si•·viese de put·i6carte y
acrisolarte, sacándote de ella victorioso y

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!OG
humilde? Mira cómo trabajó treinta y tres
años, mejor que otro Jacob, abrasándole el
fuego del estío y fatigándole el hielo, hu-
yendo el sueño de sus ojos y pagando el
daño de sus ovejas. ¡O Pasto•· soberano y
pot' escelencia bueno! Dichosas las ovejas
que están debajo de vuestro gobiet·no, re-
gidas pot· vuestra pt•ovidencia, y ampat·a-
das con vuestra 1woteccion: el fuego que
os aflige es el que teneis en vuestro pecho
de amor de vuestt·as ovejas; el hielo que
os atormenta es el que yo tengo en mi co-
rnzon: gracias os doy pot·que tomásteis tal
oficio, y pot· el cuidado con que le haceis.
Oveja vuestt•a soy , no me desampat·eis,
Pnstor soberano, sino guardadme continua-
mente debajo de vuestra protecciou.
Oven• tuam, Pastor altNoe, ne deseras, sed con·
tinua fJrotectirme custodi. (Proofat. de Aposl.)

2. Considera que las señales que tie-


nen las que son ovejas de este soberano
Pastor es conocerle muy bien pot• la fe y
contemplacion; oit· con obediencia su voz;
seguit· sus pasos, imitando sus virtudes;
recibir el pasto de la doctr·ina y Sacr·a-
menlos que les da, sin divertirse á otro

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107
que sea contrario. Dal'le toda su lana. ofre·
ciendo cuanto tienen á su servicio; darle
la leche de sus pechos , ofreciéndole todos
los afectos de su COI'azon y los regalos de
su cuerpo, dejándolos por sm•irle; darle
las cr·ias, of,·eciéndole sus obras para glo-
ria suya; y si fuere meneste•· darle su vi-
da, perdiénllola por su amor. !\lira cómo
le conoces y veneras; cómo obedeces las
voces con que siempr'e está llamando á lu
corazon pa1'a que le sigas, obcdecienrlo so-
lo á las de tus apetitos y antojos; cómo le has
ofl'ecido tu c:¡udal y tus afectos, dejando
por su amor los regalos de tu cuei')>O, y
ofr·ecill o tus obr·as :í su hom·a y gl01·ia.
Teme mucho lo que dice por· su Pr·ofela,
que él salwá distinguir· muy bien entre la
oveja macilenta y la que se apr·ovecha. ¡O
divino Pastor·, dicho:>as las ovejas que oyen
con obediencia vuestr·a voz y todas se de-
dican á vos! Pésame ele verme tan desme-
drado dcspues de hahc•· hecho YOS tanto
para mi l'emedio; en vuestra bondad con-
fio que no me habeis de desamparar·; seña-
ladme, Señor·, con la señal de vuestras
ovejas; mirad que el lobo infemal anda
acosándome por todas partes para despe-

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!OS
dazarme; guardadme, Señor, y amparad-
me debajo de las alas de vuestra protec-
cion.
C11stodi me, Domine: sub timbra alarum tuarum
protege me. (Psalm. 16.)

MEDTTACJON PAUA LA DOMH'iiC.>\ TERCEUA


DESPUES DE RESORRECCION .

Jlfodicum, et non videbilis me: et iterun• modicum,


et videhitis me. (Joan. l G.)

Considera, cristiano, la ter·nur·a con que


los discípulos oyeron :1 tu sober·aoo Maes-
tr·o cuaudo les dijo no habían de vel'le uo
poco de tiempo, y cómo los consoló dicien-
do que despues le ver·ian, siendo tal su gozo
que nadie se le podr·ia quitar·, par·a que
cuando te vier·es atr·ibulaclo con su ausencia
le digas con humilde confianza:
Redde mihi lwtiliam safutaris tui, et spiritu prin-
cipal• conprma me. (Psalm. 50.)
Vol ved me, Seiíor, á la alegría de wcstra presen-
cia, y rortaleccdme con vuestro divino espíritu.

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109
1. Considera el amo•· que los discípu-
los tenían á Cristo, su divino Maestt'O, co-
mo lo mostra•·on cuando les dijo había de
ausentarse un poco de tiempo de su pre-
sencia, haciéndoselos siglos cualquier ins-
tante que les faltase su santa compañía,
aunque con g•·ande rcsignacion en su vo-
luntad; pe•·o ¿qué mucho que tuviesen tal
pena si se les iba el sumo bien en quien
se encicrr-:10 todos los bienes? Y siguiendo
su ejemplo, debes tú sentido cuando te se
retira y Le deja en medio de la tribulacioo;
pero no has .de desconsolat·te de manera
que pienses de este amoroso Padre que ya
te desamp(u·a y olvida, y quedas sin •·eñle-
dio pat•a que te rindan los tt·abajos, pues
suelen set· trazas estas de su divino amor
para que conozcas tu flaqueza, y cuán de-
pendiente estás de su podet·osa mano, y lo
poco que puedes por Li si un instante la
alza de ti; y para ver la fineza con que
le buscas. O divino Señor, mi•·atl que mis
fuet·zas son cortas ; cuando ellas desfalle-
cie•·en pot• vuestra ausencia, no me desam-
pat·e vuestra mism·icordia; si os cscondié-
reis de mí, mi co•·azon os buscará, Dios
mio; no alejeis de mí por mis culpas

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110
vuestra presen cia, ni vuestra ira os aparte
jamás de mí.
Ne avertas faciem tuan• a me: ne declines ín ira
aurw tuo. (Psalm. 2G.)
2. Considera cómo apenas hahia dicho
á los discípulos el desconsuelo que ten-
dr·ian por su ausencia, cuando luego les
manifestó el consuelo que les sobr·evendr·ia
con sus visitas, y cómo se lo cumplió ha-
ciéndoselas muy repetidas de~pues de su
resurr·eccion, siendo estas mas fr·ccuenles á
unos que :í otr·os, confor·me á su tlisposi-
cion y el fer·vor con que las dese.,ban. Si
quier·es gozar á mcnuclo de su visita inte-
rior·, ten siempre un at·dicnte deseo de ver
á Cr·islo, pot• lo que necesi tas de su pre-
sencia, y por cumplirle el gozo que tiene
de estar cou los hijos de los hombr·es. El
mwulo (dice el Salvndor·) me abor1·eció á
mí, y os aborrece á vosotros po1·que no
sois del mund o; pero mi Padre· os ama
porque me amásteís á mí, y el gozo que
os diel'e nadie o.~ le pod1·cí quita1'. ¡O
alma mía! no codicies el gozo del mundo,
pues ha de parar en llanto; escoge la tr·is-
teza y el dolor por Cristo, pues se han

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fll
de convertir en gozo; ama las tribulacio-
nes si quict·es hallat· gozo en ellas; pesa
bien la difer·encia que hay de amarte el
mundo ó el Etel'llo Padl'e; entiende que
pot· grandes que sean las lt·ibulaciones que
pasares en esta vida, no se1·<in condignas
del gow que está gua1·dado pam los que
las pa$an en la otra. ¡O divino Señor! pa-
dezca yo toda la vida busc;)ndoos, si es
vuestra voluntad que os adore ausente;
no sea, Dios mio, la causa de no hallaros
el no saberos buscar. Os he buscado, Se-
ñol', en la noche de los gustos, clive¡·ti-
mienlos y felicidades del mundo, y veo que
es imposib le hallaros en ellos; per·o ya me
levantaré y saltlré de mí mismo, que con
eso os hallaré. Venid á mí, amado de mi
alma. ¡O Señot·, quién os hallase !
}7~;, diluti mi.· quis mihi dd ut inr~iam te?
. (Cant. 7 ct 8.)

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112

~[JlDlTACION PARA LA DOMINICA CUARTA


DESP UES DB . RBSURRJlCCJON.

Expedi t voóis ut ti)O vadam. (loan. t&.)

C onsidera, cristiano, cómo antes que el


Salvador subiese á los cielos dijo á sus dis-
cípulos les importaba su ascension, pat•a
que se dispus iesen para recibir el Espíl'itu
consolador que desde allá les enviaría , y
que él argüil'ia al mundo de sus pecados.
Pídele, como mas cargado de ellos, te le
envíe para que te purifique, diciendo:
Do. mihi Spiritun• novum, et mw1da6or ab omni·
bus inquinammtis meis. (Ezerh. 36.)
Dadme, Sciíor , vuestro divino c• pír itu, que me
lave y purifique de mis inmundicias y pecados.

1. Consid et•a cuán fino amante de sus·


discípulos se mueslra tu Salvador en este
dia, diciéndoles cuánto les impot·ta su au-
sencia , porque él suhia á aparejarles el lu-
gar que habían de tenet• en la glot·ía, y
que al tiempo de su muerte volvería pot·
ellos pat•a ponerlos en él; y porque si no

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H3
se iba no vendr·ia el Espíritu consolador, sin
el cual su virtud era ninguna; mas .que en
yéndose él se les euvial'ia, para que con él
se pe,.feccionase su fe, se avivase su espe-
ranza y se encendiese su ca,.idad; por·que
entonces aún no estnban bien aparejados
para recibirle, por·que estaban asidos con
un géner·o de amor· carnal á su presencia
cor·por·al. ¡O alma mia! si amar la pr·esen-
cia co,.por·al de Cristo con arnor menos pu-
ro y algo interesado impide la venida del
Espíl'iLu San lo, ¿cuánto mas la impedi rá
el amar·te á ti mismo, ó á otr·a criatura,
des01·denadari1enLe y con demasía? ¡O Se-
ñor! ¿quién hay que no se muer·a por· vos,
pues asi sabeis consolar á los que os aman?
Subid enhorabuena al cielo, pues es vues-
tro, y para vos principalmente fue criado:
gozad, Señor, de la honra que os hace
vuestro Padre sentándoos á su diestra; go-
bernad, Salvador· mio, como quisiér·eis mi
alma; y si para su provecho es menester
que os ausenteis 1lc ella cuanto al con-
suelo sensible , hágase vuestra voluntad;
porque cierto estoy que á su tiempo la da-
reís el Espíritu consolador con la plenitud
que la conviene para durar en vuestro
8

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114
amor; solo, Señor, os pido me alenteis con
vuestra gracia, para que no perezca á ma-
nos de mi flaqueza.
C1mt de{ecerit virtus mea, ne derelinquas me.
(Psalm. 75.)

2. Considera el fin con que el Padre


y el Hijo nos envían el Espí1·itu Santo,
que es para que haga invisiblemente en
nosotros lo .que hacia Cristo nuestro Maes-
tro visiblemente cuando estaba en el mun-
do, si•·viéndonos de protector en los traba-
jos, de consolador en las t•·istezas y de
abogado en las necesidades , moviéndonos
interiormente á pedit· lo que nos convinie-
re. Viene tambien para reprende!' al mun-
do de su pecados, hablando por medio de
sus discípulos, convenciéndole de lo mal
que hace en no guardat· su ley, y tamhien
le convence con razones y tesli¡,nonios de
la justicia y santidad de la vida, y de la
ley de Jesucristo. Y últimamente, le con-
vence y da á entender el juicio que hizo
Cristo contra el pecado, reprobándole y
aprobando la justicia. Mira cuántas veces
ha hecho estos · oficios dentro del mundo
breve de tu corazon, reprendiéndote lo ma-

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115
lo, exhortándote á lo bueno, y descubrién-
dote el juicio que debes hacer siguiendo á
Cristo y huyendo del demonio; y cuán
mal has apr·endido y ejecutado la doctrina
que te ha enseñado. ¡O Redentot• del mun-
do! gr·acias os doy por habernos dado tal
Sucesor· en vucstr·a ausencia. O Espíritu
santísimo, venid á vuestro siervo, que está
suspirnndo por vos; apadr•inadme en Las
batallas, amparadme en los peligr·os, con-
soladme en las aflicciones, abogad por mí
en todas mis necesidades, per·donad lo mal
que he logrado vuestras luces ; no por eso
dejeis de ilustrarme con vuestr·a sabidu-
ría y ampararme con vuestra pr·oteccion;
mi cor·non os desea; mi corazon os, busca,
y nunca dejará de buscar vuestra dulce
presencia.
Tibi di:J:il cor meum: e:xquiswil te (IU:ies mea:
tJultum tuum, Domine, requiram. (Psal01. ~6.)

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ft~

Ml!Dl TACION PARA LA DOmNICA QUINTA


· nESPUES DE 1\ESUl\RECCION.

Si quid petieritis Pat•·ent i11 nomine 1neo , da6it


vobis. ( Joan. 16.)

Considera, cristiano, la inefable liberali-


dad de tu Dios, que deseoso de comuni-
carte innumerables bienes de su gracia, te
dice se los pidas; y pues le ves tan liberal
contigo, no ceses jamás de hacerlo , di-
ciendo :
Ad te, Domine, clamaho, el ad Deum meum de-
precabor. (Psalm. 29.)
A vos, mi Dios, clamaré, y á vos, mi Dios, ro-
garé.

1. Considera que Cristo nuest•·o bien


te manda que pidas, como si fuera nece-
saria tu esperiencia en recibir para c•·édi-
to de su v.erdad, sierído el mismo Hijo de
Dios el que hace la promesa, cuya sabidu-
ría ni puede engañarse ni engañarnos ; y
aunque seas pecador te la cumplirá si de-
seas no serlo, dándote su espíritu para

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H7
que dejes de ser malo y te hagas discípu-
lo suyo, admitiéndote en su escuela. Ad-
' 'ier·te que tí quien pides es un Padre po-
derosísimo y anror•osísimo, que puede y
quiere dar·tr. todo cuanto le pidieres como
sea par·a h01wa suya y bien de tu alma;
y p<n·a que sea l u gozo cumpliuo debes
pedirle grandes bienes espir'ituales ó tem-
por·ales que c:onrluzcan :i conseguir los eter-
nos, y no salmí neg::í!'lclos si se los pitlcs
con fe viva y confbnza gr·ande en los mé-
ritos tle úisto , y tlescontlum.tl de ti, cono-
ciendo que J>OI' ti no mcr·eccs nada ; por-
que (como dice el Salvador·) ¿quién hay
que si le pide Sil hijo 7Jan le dé una
pied1·a? ¿U si le 7Jide un pez le dé una
sei')Jicnle? ¿O si le pide un huevo le dé
tm c.~corpiou? Pues si esto hacen los hom-
))l•cs siendo malos, ¿wnnto mejor· lo pod1·ás
esperar de Dios que es sumamente bueno?
¡O Señor·! pues tanto. os ag•·ada que os
pida, ensciiadme :i pedi1·os lo que os ag•·a-
da, que bien cierto estoy de vuestr·a bon-
dad que no me dareis lo que ha de ser
piedr·a de escándalo en que tropiece, ni
serpiente que me emponzoñe con malicia,
ni escorpion que me muerda la conciencia

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!18
con pecado; no permitais que yo deje ja-
más la oracion para pediros, que si yo no
ceso de invocaros, nunca cesarán en mí
vuestras misericordias.
. Denedictus Dominus, qui tton amovit oralionem
meam et misericcrdiam suam a me. (Psalm. 65.)
2. Considera que no solo es Dios libe-
ral en dat• lo que se le pide, sino que es
tal su clemencia, que si lo niega da otr·a
cosa mejor y mas conveniente para nues-
tra salvacion, como lo hizo con san Pablo,
que habiéndole pedido le libr·ase de la ten-
tacion de sensualidad tan vehemente con
que le afligía su car·ne, se lo negó su di-
vina l\Iagestad; pcr·o rnejoróle grandemente
la dádiva, dándole gracia para vencer·la y
conseguir con ella mayor tr·iunfo del qua
tuvier·a si hubier·a cesado la tenlacion; y
asi debes tú, cuando Dios te enviare algu-
na tribulacion, recibirla con grande con-
formid ad, entendiendo es lo que mas le
conviene. Repara que para que tu peticion
vaya bien ordenada y tenga buen despa-
cho, el mismo Señor que te manda que pi-
das le enseña el modo con que has de pe-
dir, que es per•maneciendo tú en él y sus

© Biblioteca Nacional de España


119
nte á
palabras en ti, uniéndote perfectame ndo.
él por amor· y obediencia, pues estaceda,
así no pedir·:ls cosa que no se te con union,
porque el alma que pide mov ida estaere , ni
nunca quiere sino lo que Cristo quique no
pide sino lo que Cr·isto pide, por s to-
tiene voluntad propia, sino la de Dio gra cias
ma por· suya. ¡O Padr-e amantísimo! is en
os doy por la providencia que tene e lo
ncg:u·me lo c¡ue me daña y concederm una
que me aprovecha; dadme, Señor, pre
union per·fecta á vos par·a que me siem
asad con
quier;a lo que vos quercis ; alw vue stro
vuestro di·vino amor•, y fijad en mí
temo,
santo temor·, que si yo os amo y
alca nza-
siem1ll'e os tendré en mi ayuda y
ré de vos cuanto os pidim·e.
ecationem
Poluntatem timentium te facies, et depr
eorum txaudies. (Psalm. 144 .)

DE LA ASCENSION .
!IIBD ITA CJON PAl lA ÉL DIA

.Assumptus est in cll!lum. (!\Tare. t


6.)

(~onsidera, cristiano,
cómo cuarenta dias
ador,
despues de haber resucitado tu SalY

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120
subió triunfante á los cielos á vista de su
Santísima Madl'e y de sus discípulos ; pro-
aur~ se~uil'le con el espíritu, diciendo con
anstas Jct•vorosas :
Qui.r dahit mil!i p~nnas, sicu! colu:mbtc, et vota-
6o, et requiescam! (P~nlm. 54.)
¡Quién me dicrn, Dios mio, alas como do paloma,
para volar á vos, y descansa¡· perpo!tuamcnlc en vos!

1. Considera cómo estando la Vi•·gen


Santísima y los discípulos juntos, se les
apnt·eció C•·isto nueSll'O ncdentor' y por
último consuelo de su ausencia les da1·ia á
besar sus sacratísimas llagas, y luego :~I­
zando las manos al cielo los bendijo. ¡Oh
con qué amor· las alzaría c1uien con tal
obediencia las alzó en la cr·uz par·a que
fuesen clavadas p:u·a tu remedio, deseando
enriquecerlos con su bendicion :.\ manos
llenas de bienes celestiales, pidiendo :.\ su
Eler·no Padl'e los guardase y amparase, y
uniese á sí con per-fecta caridad, par:~ que
despues subiesen á donde él subía! Y así
debes tú tambien pedir·le te ayude á levan-
tar las tuyas al ciclo con or·aciones y ohr·as
tan per·fcctas, que me•·ezcas levante Dios
las suyas para bendecit·te con ellas. Dada

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1H
la bendicion comenzó el Salvador á levan-
tarse poco á poco, ncomp:añándole las al-
mns cle los justos, y muchos coros de án-
geles que bajnron del cielo par·a subir con
él. Yiéudole pUC$, asi, alma mia, chtva los
ojos en él, romo lo hicieron los discípulos
que c.-tuvieron alli, con tres afectos encen-
didísimos. El primcr·o de admir·acion, vien-
do subir· un hombre por· los air·es con tan-
ta faciliuad y crrandcza; el segundo de
al~t'Ía, viendo fa glor·ia cle tu Maestro y
la divinidad que en él r·esplandcce; el ter-
cero de un deseo ar'tlientc de scguir·le y
subir con él. O divino Jesus, á quien to-
dos los ausentes esta ban presentes en aque-
lla hor·a, dadme ¡m·te en vuestr·a bendi-
cion , pues de ella está pendiente toclo mi
l'cmedio; llevad con vos mi cor·non al cie-
lo; dadme alns con que vuelen mis ¡x>n-
samicntos en vuestro seguimiento , que si
vos me ay udais, yo dispond r·é en este va-
lle de lágrimas mi vida de tal suerte, que
subiendo cada dia de vir'lud en vir·tud, lle3ue
:í alcanzaros y gozar·os en la vida eterna .
.Otatus vír, Cltjus est auxilium a6s te, asctnsione
disposuit in cordc ruo ; in valle lachrymarwn, in
loco quen& poS!tít. (Psalm. 83.)

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122
2. Luego le recibió una nube, que se-
ría muy bermosa y resplandeciente cual
convenía á la Magestad del Señor que su-
hia en ella; pondcm cómo esta nube se lo
quitó de los ojos, en lo cual se nos re-
presenta todo lo que nos impide ver á
Cristo, y esto unns veces es po•· nuestras
culpas, pues con ellas ponemos una nube
por la cual no le podemos ver·, y entonces
debemos cuidar· luego de quitarla por· me-
dio de la mortifleacion y penitencia, exa-
minando de qué génc1·o de vicio son los
vapor·es de que se engendró, y aplicar lue-
go el remedio conveniente. Ot•·as po1· dis-
posicion de la Proviuencia divina que se
nos quie•·e ocultar·; y gene•·almente la mu-
chedumbre de cuidutlos y necesidades que
se padecen en esta vida mortal suelen im-
pedir como nu bes que le Yeamos con la
continua contemplncion. Mir·a cómo se les
aparecieron dos ángeles á los Apóstoles y
les dijeron : ¿Qué haceis aqtti mirando
al cic:lo? Advertid que este Seiior que
sube ahora al cielo ha ele volver otl'a
vez como ahom le vísteis. Luego adora-
ron al que ya no veían, y se volvieron á
Jerusalén con grande gozo, posponiendo el

© Biblioteca Nacional de España


tn
que tenian con la compañía de Cristo á
la voluntad y gloria de este Señor, ejerci-
tando en esto grandes actos de car·idad y
de fe, c1·eyendo cómo estaba glorioso ya
en el cielo, y de esperanza, teniéndola fh·-
mísima de que el que hasta en ton ces les
babia cumplido cuanto les habia dicho,
tambicn les cumplil·ia la pr·omcsa de en-
viarles el Espíritu Santo; y últimamente,
de llevarlos :í. donde él est:í. O Seño•·, qui-
tad de mi alma las nubes de los pecados
que yo he puesto, y deshaced los nublados
de tentaciones que padezco ; y pues vos,
como águila real, subís en una nube y
volais por los ai1·cs á gozar del trono que
os tiene apa•·ejado en el cielo vuestr·o Etet·-
no Padre, pl'ovoe;\ndome á que os siga con
el deseo, renovad mi juvent ud como la del
águila pal'a que cobr·e nueva virtud y for-
taleza, y con ella os siga y viva de tal
suerte en la tierr•a, que tenga siempre mis
pensamientos en el cielo. ·
Conversatio nostra in ctclis sit. (S. ad Philip.)

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tH

U EDITACION PAnA LA DOMINICA I NFI\AOC-


TAYA DE LA ASCEi'iSIO;(.

Cwnvenerit Paraclitus illc testimonium perhiéohit


5.)
do me. ( Joan. t

Considera, cristiano, cómo dijo Cristo á


sus discípulos que viniendo el Espír·itu
Santo :í sus cor':lzoncs había de confir-
ma¡· las verdades que él ll's había enseña-
do, y cómo ellos la:> habían tambien de
publica!' po1' el mundo, padeciendo por su
amor innumer·ables aft icciooes : of,·écete á
padece~· las que fuc1'C su voluntad con
grande esfuerzo en su ayuda, diciendo:
Dominus Prottctor tiÍ/11! mell'; ci quo trepidabo?
(Psalm. 26.)
Siendo ''n$, Seüor, amparo do mi vida, ¿qud po-
dré yo temer?

1. Considera ()UC C1:islo promete el


E~pí1·itu Santo :í lus disdpulos para que
intct•iormcnle les diese testimonio de quién
era Cristo, y les enseñase á que ellos le
diesen pt;blicamente al mundo, asi como

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125
el mismo Señor le había dado de sí mis·
mo micntr·~s vi l'ió entr·e los hombr·es), ofr·e- .
ciéntlose al rnnrtir·io como tcsl igos de esta
ver·tlatl, muriendo por· ella si l'uer·e menes-
ter·. Pontler~ que entr·antlo el Espíritu s~n­
to en el corazon del justo é il ustníntlole
con su luz, le da testimonio intcrior·mente
de que Cr·i~to es Dios y JJombr·e, Sall'a-
dor y único r·emediadiJr• suyo , par·n que
tenga gr·ande estima de el ' y le ame de
todo cor·azon, y se anime á imitar·l e, inci-
tántlolc á ejer·ciL~r obras tan santas y á
veces tan milagr·osas, que ellas den testi-
monio de Cr·isto, :1 quien imi1an. Atiende
á tus obr·~s. y gu:\rdate no sean tales c1ue
se conozca por· ellas no le has dispues to
par·a recibir el Espír·itu Santo. O Salvador
mio, envi~d sobre rní el C!>pír·itu de vcr·dad
que procede de vos y de vuestro Padr·e,
para que intel'iiJrmente, con la abundancia
de su luz, me dé á conoce r quién sois, de
modo que os ame y haga tales obr·as que
por ellns sea vucstr·o Patlre glorificado, y
vos scais conocido y lronr·ado.
llfitl~ vromissurn Pmris in nos Spiritum wrila-
tis. (Joao. 15.)
2. Considera con cuánta alegría se

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f2G
debieron de ofr·ecer los Apóstoles á padecer
hasta la muerte, conliando en la fortaleza
· que esper·aban con la venida del ,Espíritu
Santo, considerando en sus corazcnes las
penas y tormentos por· los cuales habían
de pasar, haciéndoselos suaves la presen-
cia ue su divino Maestro y el amor que
le tenían, y el pensar que los habían de
padecer por el que tantos babia 'padecido
por ellos. O dichosos tr·ahajos, cuya causa
es Cr·isto, y por los cuales el hombre se
hace semejante á C•·isto; porque ser pe•·se-
guido es señal y p•·enda de no ser del ban-
~o rcpr·obado del mundo, y por consiguien-
te ser del bando de Cr·islo y de sus esco-
gidos. O Salvador mio, dadme ui1 ardien-
te deseo de padecer por vos; no quiero,
Señor mio, privilegio de exencion de tra-
bajos, pues siendo yo vuestro siervo es
grande honra mia pasar por la ley que es-
tablecisteis con vuestra preciosa sangre:
de vuestro bando quiero ser y no del
mundo, y es¡)er·o en vuestm clemencia que
no ha de haber trihulacion, angustia ni
persecucion que me aparte jamás de vues-
tro amor.
Quis nos separabi/. a cllaritiUe Christi? (8. ad Rom.)

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i21

UEDJTACION DE L,\ VENIDA DEL RSPrRIT IJ


SANTO.

Factus est re~n!e de calo sonus, tanquam ad-


venienlis Spiritus. (Act. 2.)

Considera, cristiano, cómo estando los


discípulos en el cenáculo de Jerusalén en
compnñía de la Vi,·gcn Santísima, y per-
seveJ·aodo allí en continua oracion diez días,
al fin de ellos J•ecihie,·on el Espíritu San-
to; y si tú quie1·es recibil'le, debes estar
orando á Dios sin cesar jam:ís, diciendo:
Emicte Spi>'ilttm !uum, ~t creabtmtt<r, ct rcnova-
(;is {aciem terrtl'. (Psalm. 1 03.)
Enviad, Seüor, sobre mí vuestro divino E~píritu,
que cric en mí afectos cclcslialcs y arranque los
terrenos.
1. ConsiJcra cómo los Apóstoles, para
recibir el Espír·itu San lo , se retia·aron del
bullicio del mundo á pedil'le con oa·acion
fervorosa, pqrseverando en ella con gran-
de union y cat·idad en compañía de la Vit·-
gen Santísima, siendo la o1·acion de esta
:Señora tal , que alcanzaría la apresuracion
de esla venida para bien de los Apóstoles

© Biblioteca Nacional de España


128
y de todo el mundo, recibiendo unos ma-
yores dones que otros segun la disposi-
cion que tenían; y así dt!bes tú aparejarte
con gr·;,ndtl fervor· pnr·a r·ecibide con ma-
yo¡· abundancia (cnsancltnntlo la capacidad
de tu alma), no :í la medida de l \IS mem-
cimientos, sino á In de los ue Cristo Se-
ñor· nuemo y de la infinita bondad de
Dios, pidiendo, no como quien tú eres si-
no como quien él cs.
l\li1·a las 'causas que Luvie¡·on los Após-
toles para recoger-se á este santo ejm·cicio,
y pr·ocura Lú imitarles. La una fue de
obediencia, por•que Cristo nucstr·o bien les
había mandado se estuviesen quedos en la
ciudad hnsla que recibiesen la vil'Lud ue
lo alto; la segunda de humildad, recono-
ciendo su flaqueza por la esper·iencia que
tenían de las ocasiones pasadas, especial-
mente en el tiempo de la Pasion ; y hoy
aún se veían mas aveolut·arlos con la falta
de su Maesti'O que les enseñaba y consola-
ba, y asi no cesaban de o1·ar y suspi1·ar
por él. Ea, alma mía, buena ocasion es es-
ta pat•a pedi1· este don sober·ano, pues aun-
que tu oracion por sí valga poco, unida
con la de muchos justos alcanzará mucho;

© Biblioteca Nacional de España


129
dile con ellos al Eterno Padre: O Dios in-
menso, criad en mí un corazon pu;·o, y
renovad en mí un espíritu pet·fecto. Al Hi-
.io: O Seilot·, pues veis mi necesidad y cuán
buérf<~no estoy sin vos, no dejeis de cum-
plil· vuestra palabt·a, que en ella, Señor,
espero. Y al mismo Espíl'itu Santo : Ven,
ó Espíl'itu divino, llena los corazones de tus
fieles y enciende en ellos el fuego de tu
amot·; ven, ó Padt·e de Jos pobres; ven,
dadot· de !os dones; ven, .luz de los cora-
zones; ven, consolador bueno, dulce hués-
ped del alrna. O lumbre esclareciclísima,
ó fuego ardentísimo, \'en y penetra lo ín-
timo ele mi cot·azon, purifícale, témplale,
ilústrale y abt·ásale con las llamas ¡le tu
divino amor. Y vos, Vit·gen soberana, pues
veis mi necesidad, interceded por mí ¡m·a
que venga á mí este divino ¡::spíritu, y go-
zando de él pueda decit· : Oh qué bueno y
qué suave, Dios mio, es para mí vuestro
Espít•itu divino.
O quam bom1s et quam mapis est, Domine, Spi-
ritus tuus in nobís! (Sap. 1 2.) '
2. Considera cómo habiéndose cumplí·
d.o el tiempo señalado, el Eterno Padre en-
vió al mundo el Espíritu Santo po1· tres
9

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130
infinita bondad
motivos. El primero por suo lo desmerecía
y caridad, cuando el mund bia tratado la
tanto por lo mal que hado fue por los
persona del Hijo. El segun nuestt·o Señor,
merecimientos de Jesuct·isto erte nos met'e-
el cual con su pasion y mutercesion nos le
ció este don , y con su in estt-a necesidad
alcanzó. El tercero fue nu al Padre de las
y miset'ia, pues ella movió imo remedia-
úh
miset·icordias á enYiar el tándose fa jus-
do •· de nuestr·o s ma les , jun
bien nuestro,
ticia de parte de Jesucrislato,rnisericot·dia de
que nos le mer·eció, y s, atendiendo á
parte de la bondad de Dio e Espíritu di-
nuestt'a mi scr·ia, pa t'a que est
de la Redencion
vino pet·feccionase fa obra enzado. Gt·acias
que este Señot• habia com por la infinita
os doy, Padre Soberano,eis nuestra ne-
ca t·idad con que remedi:\stis tanto de que
cesidad; y pues os preciatas, dadme vues-
vuestt'as obt·as sean pe r·fccque acabe en mí
tro divino Espíritu para ado, aplicándo -
la ob r·a que babeis comenzde la Redencion
me con efecto los frutos
de vueslt•o unigénito Hijo.
operatus es in no6is.
Confirma fwc, Deus, quod
( Psalm. 67 .)

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131

~lllDITACIOK PARA LA FIES TA Dll LA SAN -


TiSJ: uA TRINIDAD .

JJoccte onmes, óapti:a11tes eos in "omine Pat·r


et Filii, et Spiritus &ncti. (illattb. 28.)
is,

C onsidera, cristiano, lo que debes á Dios


por haberte hecho. hijo de su Igles ia me-
diante d santo sacra men to del Bau tismo, y
selládote tn él con el nomb•·e de la S;mtí-
sima Trinidatl, y ofrecido estar siempre en
tu compañía. Da á su divin a Masestad in-
finitas gracias por haberle dado luz y co-
nocimiento de tan alto mist~rio, diciendo:
Tibi fatts, tíbi gloria, tiói gratiarttm actio, 1> beata
Trinitas.' (Ex Anl. b. d.)
A 1•os so dé la alabanza, la gloria y las gracias,
¡6 Sa.ntisima Trinidad!

1. Considera la misericordia que hizo


Dios al mundo en inst ituir el santo sacra-
mento del Bautismo, Jluerla y entrada de
la ley de gracia, man ando se dé en nom -
br·e de la Santísima Tr·inidad, y pon·dera
los efectos maravillosos que las tres divinas

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!32
Personas hacen en el que le recibe. El Pa-
d•·e le toma por· Hijo adoptivo he•·edero d·e
su glo1·ia, recibiéndole bajo su protecc ion;
el Hijo le toma pot· herm ano y com pañ ero
de su her•eucia, y de los mcr· ecim ient os y
fr·utos de su pasion, reci bién dole po•· su
discípulo y amigo muy querido; el Espí•·i- a,
tu San to toma el alma por esposa suyso·
adorn~ndola con las dote s de las vir·tude s
br·enaturales, desposándola consigo en feto-
y
ca•·idad; y toda la Santísim a Tr·in idnd la
ma pot· su templo y morada entrand o dentro-
do ella, con deseo de pel'lnanece•· pa•·a siem
pt•e en ella, y de unida consigo con per·fccta la
un ion de amor. O alma mia, si toda
Santísima Trinidad se emp lea en hac erte
,
bienes, ¿cómo no se emplea tu memoriay
entendimiento y volu ntad en serv irla
s
amarla? O divino Señor, alábente toda u-
las gerarquías de los áng eles por bs inn
merables mercedes que haces á todos •los
hombt·es po•· medio de este sobe t·ano Sac ·a- ra
mento; en él nos vistes con la vestiduto;
preciosa de la grac ia y del mism o Cr·is
os
y .pues siendo sumidos en el agua salim
renovados con su glor iosa resl l!'re ccio n, •·e-
nueva en mí la dignidad que me diste en

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j 33
el bautismo, para que llegue á goza•· de Li
perpéluamente en la glot·ia.
Salva me, vivifico. me , obeata Trinitas! (Ex Ao-
tipb. 11. d.)

2. Mirad (dice el Salvador en el Evan-


gelio) que yo estoy con vosotros lodos los
días hasta el (zn del mundo. ¡Oh qué
dulce pt·omesa! ¡Oh qué consuelo interibr
para el alma en la falla de la visla corpo-
ral de Ct·isto! ¡Oh qué csfuet'ZO para inten-
tar cosas gn111des en set·vicio de csle Señor
sin alende•· á nuestr·a Oaq ucza 1 ¡Oh qué
aviso plll'a tt•abajar con diligencia y per-
feccion! J'o, un Dios u·ino y uno, y un
Hombre que tiene toda la potestad en los
cielos y en la tiert·a. Con vosoli'Os, con
todas las ct·iatm'as , dándolas el set• y
vida que tienen ; con los juslos dándo-
les la vida sob•·enatural de la g•·acia y
las vi1·tudcs; con los muy escogidos, con
partícula•· providencia, olwando por ellos
ob•·as g•·:mdcs y maravillosas; con todos
los fieles en el Santísimo Sac•·amento del
Altar, par:~ ser su comida y sustento es-
piritual. ¿Y qué tamo tiempo estais, .Sal-
vador mio? (todos los días hasta el {i.1t del

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134
mundo). O alma mia, aviva la fe de que
Dios está siempre contigo, y procura tener-
le siempr·e presente y estar· tú siempre con
él. O Dios invisible, concededme que viva
como si siem¡)l'e os viera. Si vos estais con-
migo, ¿qué me puede á mí fnltar·? No :me
dejeis huérfano pues sois mi Padr·e; no
me dejeis desconsolado , pues sois todo mi
consuelo; asistid siem¡ll'e conmigo, ó Trini-
dad Santísima, pues sal>eis que sin vos na-
da puedo y con vos lo podré todo; y ad-
vir•tiendo que me mir·ais se avivará con
vuestra presencia mi tibieza.
. .
Adesto t tnt!S Deu.r, Pater, et Pilius, et Spiritus
Sancttu. (Ex Autipb. b. d.)

MBDlTACION PARA EL DJA DEL COllPUS.

Caro me4 wre est cibttt. (Joao. G.)

Considera, cristiano, el amor· con que tu


Redentor dejó en el Santísimo Sacramento
del Altar· su. cuer·po y sangre para susten-
to de tu alma; procura encender· tu cora-
zon en fervorosos deseos de participar los
maravillosos efectos de este divino manjar',

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135
y con rendida humildad pídele á Dios con-
tinuamente, diciendo:
Pa.•wn nostr um supersuó.ttant.ialem da 11oMs
hodie. (Mall h. G.)
El pan nuestro celcslial dádnoslo hoy, Seiíor.

1. ·Considera el incendio del amot' de


tu ReJentot•, pues en la noche que el mun-
do tt·aLaba de quital'le la vida con terri -
bles tormentos, él tt·ata de quedarse en el
mundo para ser sustento y vida de los
mismos que estaban !J•;tzando quital'le la
suya; y pat·a esto ot•denó su prov idencia
quedarse en este venet•able Sacramento, y
sustentar nuestt·as almas con su precioso
cuer po y sang1·c. ¡O amor, qué mara villas
c.1usas en el di,·ino pecho de mi Redenlot·!
¡O Sabid uría divin a, qué invenciones tan
maravillosas hallais para obli¡;:u·me á ama~
ros ! En este soberano bocado se nos da
todo á lodos, y todo :\ cualquiera, el cuer-
po glot•ioso de nuestt'O Salvador ; su alma
santísima con sus nobilísimas potencias, sus
met·eci mi en 1os inllnitos. haciéndonos pat•ti-
eipantcs de ellos; y lo que mas es y esee-
de toda admiracion, su divinidad. ¡O alma
mia, es posible que no han de bastat' tan-

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136
tas finezas para abrasal'le en amor de este
Señor! O oulcísimo Jesus, ¿qué es lo que
haceis? ¡ Pat·a sustento•· un vil gusanillo
obt•ais tales portentos! Vos me dais lo me-
jor que teneis, que sois vos mismo; veis
aqui os ofrezco á mí mismo y á todas mis
cosas; mi .cueqlO y mi alma, mi sang•·e y
mi vida, y cuanto puedo tenet' oft·ezco :i
vuestt·o set•vicio : par'lio, Señor·, conmigo
de este amm· que vive en vos. Dcndita sea
vuestra bonuad, que siendo tal vuest•·a g•·an-
deza que los cielos son corta habitacio n
par11 vos , quer·eis estt•echaros y aposenta -
ros en la pequeña y mal adornada casilla
de mi alma. ¿Cómo, Rey de la glor·ia que
estais en el seno inmenso de vuestro Etct·-
no Padr·e, os humillnis á estar· en la lier·-
..ra en trono de tanta bajeza? ¿Qué es es-
to Señor, el pan del cielo, el pan de los
ángeles ha de comer el hombre?
Panem Cali dedit eis, vanem angelorum man-
ducavit horno. (Psalm. 77.)

2. Considet·a que este divino manjar


es el que da, conserva y sustenta la vida
espiritual; el que hace ct·ecer y aumentar
la virtud: con él se restaura todo lo que

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137
se gasta y pierde con el calor dañoso de
las pasiones; el que da fuem1s en los tr:~­
hajos y ayuda á resistit· las tentaciones;
el que harta y satis['ace todos los deseos
del alma y quita los apetitos ue los bienes
tempot·ales; y finalmente, el que le come
se une uc manet·a con Cristo, que se mu-
da y transfot·ma en él y vive por él. Ma-
ravíllate mucho de que entrando en tu al-
lila tan snluuable manjar .esté todav ía tan
desmcdt·ada, y cree que está In culpa en ti,
que no lo digieres con calot• de et11·idad y
con ejercicio de considct·acion. Rep:ll'a si la
vida que vives es vida de f]Uien se trans-
forma en Cristo; advierte q;.:e como este
Sacr·amento te uará vicia si te dispones co-
mo debes cuando le recibes, tambi en te
dar·á muerte si no te dispones y le recibes
indignamente. O Salvador tic mi alma,
¿cómo, si vinisteis á encender fuego en el
mund o, no haccis que arda mi alma en
vuestro amor? Dadme gracia, Señot·, pam
conseguir· los ft'Ltlos que vos podeis y me
quer·eis comu nicar en este Saer·amcnlo; su-
plid con la abundancia de vuestra miset·i-
cor·dia mi indignidad; haced, Señor· , que
me transforme de tal suet·te en vos, que

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138
en
no viva yo mas en mí, sino que vivais
mí vos.
F'ivarn e9o, jam non ego, viva! vero
in me Chri-
stus. ('1 ad Gala t.)

INICA SEGUND,\
MEDITACION l'Al lA L1\ DOM
IRIT O SANTO.
DESPUES DE PASéUA DEL ESP

Qui (ecit cana m ma.gnam. (Luc. H.)

que
C oosipera, cristiano, la cena gran de á que
Dios te llama, y adv iert e que :1 los
de
engañados con lo aparente de los bienes les
esta vida ~nen toda su allcion en ello s,
ri-
amenaza Cr·isto bien nuestro con aquel la
guroso castigo de que no han de gus tar·
suavidad de esta cena; pídele a part e tus
ojos de ·la vanidad de los bienes tem por·a-
el cam ino de con se-
Jes y te ender·ece por
guir esta cena, diciend o :
oculos meos ne videant vanilatem: ;,.
vía
A~rte
tua. vivifica 1ne. (!'sa l m. 118 .)
Aparta, Scíío r, mis ojos de la vanidad, y vivifí-
came en tus caminos.

1. Considera cómo para solemnizar la

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139
grandeza de este conyite pone la Sabidu-
ría divina tres suertes de manjares pr·ecio-
sísimos. El primero es de doctr·ina celes-
tial y divina pam sustento del entendi-
miento ilustrándole con la fe, el cual co-
me este manjar cuando oye la palabr•a de
Dios ó lee li br·os sagr·ados y devotos , ó
cuando á sus solas la medita comunicán-
dole Dios luz y gusto grande en ella. El
segundo es de pr•eceptos y consejos admi-
rables y de gr·ande perfeccion par·a susten-
to de la voluntad deseosa de su salvacion,
la cual come este plato cuando cumple la
voluntad de Dios en todas lns cosas que
manda, y en las que aconseja, infund ién-
dola gr·ande alegi'Ía en esta amor·osa obe-
diencia. El ler·cer·o es de Sacr:u11entos, lle-
nos de grande virtud par·a comunicar· la
gracia, las vir·tudes y los dónes celestiales
que \'iviflcan,, sustentan y pe~feccionan las
almas, cntr·e los cuales el mas principal es
el santo sacr•amento del Altar·, en el cual
el mismo Seiior· que convida se da en co-
mida para su sustento. Abre los ojos, al-
ma mia, y ponder·a que cr·es llamada, no
á llantos sino á fiestas; y si cr·es llamada
á llantos es para que llores tus culpas y

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la ruin disposicion que tienes para halla•·-
te en ellas, y de esta manera te hagas
digna. ¡O convite sobe•·ano! ¡O cena gran-
de! ¡O Señ01·, haced me digno de esta ce-
na! BienaventUJ·ados, Dios mio, los que son
llamados á la cena de las bodas del Co•·-
dc•·o.
Bcati qui aá can<tm 1wptianm• Agni wcati
sunt. (Apoc. 19.)

2. Mira la ingratitud de los convida-


dos que no quisie•·on asistí•· á esta cena ni
responder al llamamiento divino; unos em-
ba•·azauos con la cu•·iosidau de la vista y
de los demás sentidos, atendiendo á sus
comodidades ; otros empleados en la codi-
cia de los bienes temporales ; otros enage-
nados con los cuidados del mat•·imonio. He-
pa•·a cuál causa de estas te dct iene á res-
ponder á los llamamientos de Dios, y en
conociéndola prOCUI'a ar•·ancarla de tu al-
• ma, y en oyendo su voz interior respón-
dele luego ; y si no te moviere aquella
amorosa voz con que te dice que ctlll'és en el
gozo de tu Seiíor, muévate aquella •·igu-
rosa sentencia en que Jli'Onuncia que el que
no le respondiere no ha de gustar la sua-

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vidad de su cena, porque por justos jui-
cios suyos permite en castigo de sus re-
beldías que muer·an sin Sncr·amcntos, 6
sin que les entr·en en provecho , y vienen
:í St'l' escluidos de la cena que Dios tiene
ap:u·ej~d~ en el cielo par-a lns que acá le
obedc.:cieron . O Rey Eterno, ablnn•iatl la
dur·eza de mi corazon para que no r·csista
:í vucstr·os .llamamientos; tr·ocad , Señor·,
mi r·cbeld c \'oluntad, y lracedla r·enuida
con mucho gusto á la vuestr·a ; no permi-
tais, Dios mio, que me sujete á la bondad
aparente de los bienes de esta Y ida, sino
que todos los desprecie por ganaros á vos.
Omnia arbitrar ut stercora, ut Christun• lucri-
faciam. (S ad Phi!.)

~ffiDIT AC IONP,\1\A LA l>Ol!JNICA TERCERA


l>JlSPO.ES DE PASCUA DE llSPfll lTO SANTO.

Quis e:c vobis homo? (Luc. 15.)

C onsidera, cr·istiano, que has andado co-


mo oveja perdida por· los ~min os d~ .tu
perdicion, huyendo de Cr·rsto tu drvmo

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PaslOr, y mí•·a el cuidado con que él te ha
buscado en todos ellos; pídele no te des-
ampa•·e jamás, diciendo:
Erravi tanquam ovis qute periit: quare servum
tuum. (Ps:olm. 1 t 8.)
Andodo he, Sci•or, como oveja perdida; buscad-
m.o y rccogod•oc en vueslro rebaiio.

1. Considera cómo habiéndote C•·isto,


Pasto•· sober·nno, hecho su oveja, te has sa-
lido de su rebaño y obediencia, no por fal-
ta suya, sino por tu dañada libe•·tad, fal-
tando en las propiedades de fi~l oveja ; no
conociendo á tu Pasto r· ni los bienes que
tienes en él; no haciendo estimncion de
esta•· debajo de su p•·oteccion y en com-
pañía de los justos; haciéndoselo pesado
oír su voz y guar·da•• sus mandamientos
teniéndolos por duros; sintiendo seguí•· sus
pasos, que son de c•·uz y mor·tilicacion;
teniendo hastío del pasto de su doctl'ina
y Sacramentos, y gustando de los pastos
del mundo y de la cal'Oc. ¡Ay de ti! ¿,Tan-
ta dulzura hallas en ellos? Mir·a que te
pones á riesgo de condcnacion etei'Oa, dan-
do en las bocas de los lobos infernales que
andan deseando despedazarte. ¡O desdicha-

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da oveja sí te hubie•·a desamparado del to-
do tu pastor! Mas ha sido tan piadoso gue
no te ha dejado , sino que continu aménte
ha anuado buscá nd ot~ pOI' los caminos de
tu desconcertada vida. ¡O dolo!'! ~l ira en
qué pasos has hecho anda•· al llijo de Dios.
¡O divino PasiOI', mise•·ablc de mí que tan-
to tiempo he vívido como o,·~ja ¡>e•·dida
fue1·a de vuestro rebaño, siguiendo mis an-
tojos y haciend o mi volunt;1d cont1·a la
vut'Sll'a! Llamadme con el silbo de vucst•·a
inspi1·acion, y ab•·id los ojos de mi alma
para que conozca mi yer•·o; mi1·ad, Señor,
con lo~ de vuestl'a piedad mi misc•·ia y el
estado en que me han puesto mis culpas,
y perdonadlas con vuestra misct·ioordia.
Quasi avis erravi, et in viam meam declinavi.
(Isai:n 53.)

2. Considc•·a la mansedumbre con que


lu Pastor t•·a la la oveja pel'tlida, si la ha-
lla (po•·que muchas hay que aunque C•·is-
to las busca no las halla, porque ellas
huyen de él y resisten á sus inspiracio-
nes), llevánd ola, no a•·raslrando ni por fuel'-
za, sino poniéndola con gt·ande gozo sobre
sus hombros, porque ella sola no puede

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144
dar paso en el camino del cielo: él la sit•ve
de ojos, dándola luces de fe y sahidut·ía ce-
lestial; $Ír,·ela de pies, endet·ezanclo sus pa-
sos y nfectos para que no tuerzan ni se
aparten de $U ley divina; sírvela de ma-
nos, ayudándola en todas las buenas ob!'as;
y íinalmenle, la carga en sus hombros para
pagat' la deuda de sus pecados, aplicando
sus met·ecimientos pol' ellos, y no cabe de
gozo y alegl'Ía, y asi con vida á los ánge-
les y Santos de su fglcsia para que le den
el parabien como si fuera la dicha suya y
no de la oveja. Ea, alma mia , repat·a que
en tu mano está el uar un buen dia á to-
da la Iglesia triunfante y militante, en con-
vertit·te :\ Dios : y si Dios te ha hecho mer-
ced de ponet·te en su gt·acia, agt·adéceselo
mucho y guárdate no la pierdas, que eso
le será. de suma tristeza. O Pastor sobera-
no, no os canscis de huscat·mc pot· mas que
yo hu ya, ni ceseis de llamarme por m~s
que me resista y contt·ndiga á vuestras
voces: compadeceos de mi peligro, y mul-
tiplicad las ayudas hasta que me halleis.
Yo, Señor, os doy el para bien de los pe-
cadores que con vuestt·a gracia haheis sa-
cado de pecado; ojalá todos los que hay

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145
ahora en el mundo se convirtiesen á
Con mu cha razon, Dios mio, decís que vos.
vuesli'O yugo suave para nosotros y es
tra carga ligera, pues vos nos tom vue s-
bre vuestros hombros y nos ayudaisais so-
á lle-
varla. Heducidmc, Seño1·, á vuestro reba
y gobemadme con la vara de vuestra ño,
videncia, que en ella está todo mi con pro-
suelo.
Pírga tua et bacultts tu11s, ipsa me
tunt. (Psalm. '.! 2.) consolata

MED ITACION PAl \1\ L•\ DO~


llNICA CUARTA.
DESPUBS DB PASCUA DE llSP
ÍRIT U SAN TO.

Ex hoc jam ei'Ís homines capiens.


(Luc. 5.)
C onsidera, cristiano, la Provid enc
na en escoger pat'll una cosa tan iagradivi-
como la. p•·edicacion del Evange lio nde
pobres y humildes pescadores , y conunos
palabras de Jesucristo bien nuestro, dalelas
su Ete1·no Pad re infinitas g•·acias, dici á
endo:
Con{iteo•· ribi, Patcr Domine cufi el
ahscondí.Jti h~ ti .rapientibll.r •t prttá terr~ , qtlÚI.
vclasti ea parvulis. (Maub. tl.) entibus, el re-
Bendito wais, Seiior, r¡uo escondís
rios de nueslra Redencion de los sabi tcis los miste-
os del mundo,
y los re,•o lástois á los humilde~.
10

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146
1. Considera cómo tu buen Maestro
Jesus, humillándose á ser Hombr·e, en todo
te quiso dar• enseñ~nzos de esta virtud, es-
cogieudo discípulos pobr·es y humild es par·a
que, estnndo Líen fundados en el conoci-
miento de su bajeza, no se atribuyesen á sí
mismos la gloria de las mar·avillas que Dios
pen~aba obr•nr· por medio de ellos ; y para
que la com·cr·sion del mundo, tan milagr·o-
sa, no se atr·ibuYese :í fuerzas humanas,
pues no er·a fácil que unos bomlJI'es tan
despreciados per·suatliesen una fe tan nue-
va y una doctr·ina tan levantada. O alma
mia, ahonda mucho en el conocimiento de
tu nada si quieres que Dios te escoja pa-
ra cosas grandes de su ser·,•icio, y recono -
ce en la convcrsion de lu alllla que, si co-
mienzas nueva vida, debes esa mudanza á
la poderosa mano de Dios; tr·abaja mucho
por a~rada r·le, no fundando tus esper·a nzas
en industr·ias human~s. como le sucedió :í
san Pedro, pues habiendo trabajado toda
la noche no había cogido fru to alguno; y
si esto sucede :í quien está trabajando en
su ministerio lícito, ¡qué será al que tra-
baja en la noche miserable de su culpa!
;Oh cuán vano será su trabajo antes que

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147
venga la luz de la divina gracia! l\1ira
cuán sin fr·uto pnra la vida eter·na has
trabnjado en el estado miserable de tus
pecados; si c¡uier·es que Dios se compadez-
ca de ti, confiésale tu miseria con san Pe-
dro, diciendo: tr·abajado he, Señor', vana-
mente en las tinieb las de mis culpas; pe-
ro de aquí adelante fio en vuestra divina
gr·aci::t coger muchos frutos para la vida
eterna.
Pcr totam 1!0Clem laborantes nihil capimus ,-;,.
wróo autem tuo laxaba rete. (Luc. 5.)

2. · Consider·a la puntualidad y preste-


za con que los Apóstoles obcdccier·on á Je-
sucristo bien nuestro, dejando con el afee-
lo, al mismo instante que los llamó, todas
las cosas por su amor, no solo las que en-
tonces tenían, sino las que podían tener,
esto es, padr·es, hermanos, muger·, hijos,
deudos, amigos y cualesquier' riquezas, y
finalmente á sí mismos y á su pr·opia vo-
luntad, y si fuese mencs tet· dejarían la hon-
ra y la vida por seguil'le; y asi lo debes
hacer tú si quier·es ser· discípulo suyo, qui-
tanuo la aficion desordenada que tienes á
las cosas de esta vida, deshaciendo las re-

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des y lazos de tus pasiones, y maravillán~
dote de que siendo tú tan malo te llame
Cristo para set· su discípulo; dile acet·~
cándote á él con amot·, y apa1·1ándote con
humildad, como san Pedt•o: Apa1·taos, Se-
7ior, de mí, que soy gran pecador, y no
merezco ser vuestro discípulo sientlo tan ma-
lo: mit·ad, Señor, que estoy muy enr·eda-
do y enlazado con las redes y lazos de mis
pasiones y aficiones dcso,·denadas , y con
lqs negocios y cuidados del siglo tan flaco,
que no puedo con mis fuerzas desemeda,·-
mc, y tao t•cndido que parece no lo deseo,
pues antes sacrifico á mis mismas redes
y adoro como á ídolos mis aficiones á las
cosas terrenas; pero vuestt·a miset·icordia es
tao grande y vuestra mano tao pode1'0sa,
que con grande facilidad podeis move1·me
á dejarlas. Romped, Señor, con presteza
estas cadenas pat·a que libt·e de ellas os
pueda decit·: veis aquí, Dios mio, que to-
do cuanto hay he dejado por seguiros.
Ecce nos relif¡uimu.s omnia, et scquuti sumus
te. (lllattb. 9.)

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ft!BDITAC IO~ P ARA LA DOliiNICA QUI NTA


DBSPUES DE PASCUA DE BSPhUTU St\!I'TO.

Qui irascitur {ratri suo. (~Iallh. S.)

C onsidera, cristiano, cuánto te conviene


ser manso tle corazou, no dando ent1•ada
en él á niogun pensamiento de ira; pues
<:omo dice el Salvador, no solo peca contra
sus pr·ójimos el que los hier·e, sino lam-
bien el que los ofende con palab1·as. Pide
á Dios ~obiel'tle tu cm·azon pa1·a que no
les ofcndos con ellas, diciendo:
Pone, nomine, custodiam ori m•o, fl t declinet cor
meum in ~rba malir iD!. (Ps.1lm. 14 O.)
Enfrenad, Scííor, mi leugua, para que no se des-
lice :i hablar palabras inj uriosas.

1. Considera cómo la ir·a es una de las


pasiones humanas mas desenfrcnatlas y que
con mnyo•· vehemencia se apodera tlel co-
razon, pues cuando ella p•·edomina él está
palpitando; el cuerpo tiembla; crízanse los
cabellos; el rostro se enciende; los ojos
echan centellas de sí; ciégase el alma; os-

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curécese la razon; el prójimo es afrentado
con las palabras injuriosas que hace decir
la cólera ; Dios es ofendido y deste1·rado
del alma que no asiste sino en el co•·azon
manso y humilde; y así, aunque Cristo
nuest1·o bien es MaeSll'O univc•·sal de todas
las VÍI'tudes, especialmente nos manda que
ap•·endamos de él la mansedumb1·e. Si fue-
res llamado necio, acuérdate que los judíos
dijeron á este Señor: Samm·itano e1'es, y
demonio tienes. H:ínte dado de bofetadas
ó escupido en el •·ost1·o, pues eso mismo
padeció sin desviarle; han le rasgado la
vestidura, tamhien al Sm1ol' se la quila1·on
violentamente, y echa•·on suertes sobre ella:
aún no estás condenado; aún no estás CI'U-
cificndo; muchas cosas te faltan por sufrit·
si quieres ser· pe•·fecto imitador de tu Maes·
tro. O manso y paciente Jesus, que siendo
maldecido no maldecíais, y padeciendo in-
ju¡·ias no amenazábais, y ¡·ecibiendo despre-
cios, ó calláhais, ó respondíais con divina
mansedumbre; ayucbdme pa1·a que yo á
imitacion vuesL1'a venza la ira, reprima la
impaciencia y ah•·ace la mansedumb•·e, que
yo en vuestrai :virtud ofrezco poner guarda
á mi lengua y no responder á cuantos opro-

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151
bios me dijeren, sino sufridos con grande
paciencia por· vuestro amor.
Posui ori meo custodiam, dum consistertl pecca-
tor aáversum me. (Psalw. 38.)

2. Para Ubr·ar·te de este mal vicio debes


tr·abajar en arrancar de tu alma la mala
raiz del amor desordenado de ti mismo,
porque de él salen los movimientos de la
ir·a: de :~mat' dL'Sordenadamente la vida, la
horwa, la hacienda y los gustos hace que
te enojes con t.-a quien te los impide; y si
sintier·es que naturalmente te llev:1 tr·as sí
esta pasion, <Jebes prevenir· todas las mane-
ras de agr·avios que pueden succder·tc, pa•·a
que habiéndote ar·mado con el escudo de
tu conocinliento, te halles con mnyor· fue•·za
en la ocnsion y salgas de ella con venci-
miento. Ten presente lo que dice Cristo en
el Evangelio, que si la ira se queda en el
corazon tcnd•·á menor· castigo; si sale de él
dando setiales de cscal'llio, ser·á t'.lStigada
con mas consejo; pero si llega á tlccir· pala-
br·as injuriosas ó á vengarse de olu·a, ya
estü dada la sentencia de fuc.>go etemo : de
suerte que en comenzando la ira ;í seiio-
rearse del COt'azon, se comienza en el t1·ibu-

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152
nal de la Divina Justicia á tratar de la ven-
ganza, c•·eciendo ésta al mismo paso que
aquella. O Dios infinito, cuya ira es terri-
ble, pero justa, contra los que se airan sin
medida, esclareced los ojos de mi alma pat·a
que, conside•·ando los te•Tibles castigos que
nacen de la vuestra, refl'ene Jos malos ím-
petus que nacen de la mia; trocadm e, Se-
ñor, de airado en apacible; convertidme á
vos y apartad de mí vuesll':l ira.
Converta nos, lJeus salutaris noster, tt averte
uam.tU4m á noois. (Psalm. 84.)

MElliTA CION PARA LA


DOi\IJ!íiCA SESTA
DBSPUES DE PASCUA DE IlSI'ilUT U St\NTO.

i!Iisereor super turbanl. (Marc. S.)

Consid e1'a, c•·istiano, cuán amoroso y ca-


ritativo es Cristo nuestro bien con los suyos,
pues antes que los que le seguían en su '
predicacion sintiesen la falla del sustento, su
Divina p•·ovidencia estaba cuidando de re-
mediarles su necesidad ; y así debes tú,po-
ne•·se en sus divinas manos con grande

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H3
confianza de que t'emediará las tuyas', di-
ciendo:
lliiri{ica mi.sericor(lias tilas, qui salvos (acis spe-
rantes in te. (Psalrn. 16.)
Usad, Seiíor, conmigo de VliCSlra mara,•illo>a mi-
sericoJ·dia , pues pol· ella ayudais siClnprc á los <¡ue
esperan en vos.

1. Considera la devocion con que esta


gente seguia á Cristo, bien nuestro, así por
los milagros y portentos que obr·aba, corno
por el pasto de admirable doctrina que daba
á sus almas, cumpliéndose lo que dice por
su profeta : Traerélos á mí con cuerdas
de Adán y con vínculos de caridad. Esto
. es, con beneficios corporales y espir·ituales,
teniéndolos tan asidos con ellos, que olvida-
dos del sustento corporal despues de tres
días, no se querían apar·tar de él, sin desear
otr·a cosa mas que su amorosa presencia.
Atiende á la misericordia con que cuidó de
ellos, diciendo había tres di as que no comían,
y que les quería dar de comer· ·por·que no
desfalleciesen -en el camino, que algunos ve-
nían de lejos; haciéndose cargo de los mo-
tivos que tiene para remediarlos, y del peli-
gro que tenían si no los remediaba. ¡Oh con

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cuánta providencia ha cuidado de tu reme-
dio, no solo no siguiéndole sino aun apartt\n-
dote y huyendo de él! O mise t·icordiosisi -
mo Seño•·, ¿qué mucho es que persevere yo
con vos tres dias, pues todos los gastais en
hacel'll1e bienes? ¿Y que maraviila que os
busque, si vos bajásteis desde el ciclo á bus-
c:ll'mc? Lejos he andado de vos por mi mala
vida, pero ya deseo acet·cat•me por la peni -
tencia: no me despidais ayuno de vuestra
p•·esencia porque no desfallezca. Sustentad-
me con los sOCOtTOS continuos de vuestt-a
gracia. ¿Cuándo, Jesus mio, será el dia que
no busque yo otra cosa fuera de vos? Lle-
vadme, Señor, tras vos, pa•·a que siguiéndoos
goce de la suavidad de vuestra enseíianza,
y obrando lo que me enseñát·eis goce de
vos en la eterna gloria.
Trahe me: post te curremus in odore'lll1mQti~ltO­
rum tuorum. (Cant . t.)

2. Considera el poco cuidado que tenian


los discípulos del rega lo y sustento de su
cuerpo, pues estando en aquella soledad no
habían llevado para trece personas y otras
que se les llegaban mas de siete panes de
cebada, y con ser pescadores tenian muy

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155
pocos peces, como dice el Evangelio: confún- · ·
de te con este ejemplo de la solicitud con que
buscas clemasías y regalos en la comida, y
aliéntate á conteutar·t.e con poco y ordinar·io
aunque sea desabr·ido, como lo sería el pan
de cebada. Mira que los ¡·egalos del cuer·po
lracen sangrienta ~uel'l'a al alma, y si tr·a-
tas de buscar los de la carne, despídete de
los del cspír·itu, que no se dan estos á quien
no se priva de aquellos, ni llueve maná del
cielo hasta que se acaben los manjar·es gro-
seros de Egipto. Con la gula acometió el
demonio y ·venció al pr·imer Adan, y por·
ella comenzó á tentar· al segundo, Cristo
bien nuestro: guárdate no te venza á ti co-
mo venció á aquel, y rles en otr·os muchos
vicios que se originan de ella. O dulce Je-
sus, que al pueblo ingratosustentásteis con
pan del cielo, y á vos y á vuestros discípu-
los con pan de cebada: concedcdme que es-
coja pam mí lo que escogístcis para vos,
tratando mi cuerpo con la aspereza que tr·a-
tásteis el vuestro, y que amor'tigüe los im-
pulsos de mi carne usando de los manjares
con templanza.
Ca.t·flis terat sttperbiam pol'tls cibique 11arcitas.
(Hymn. ad Prim.)

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J 56

ltiEDlTAC ION PARA LA DOMINICA SÉPTIMA

DESPITBS DB PASCO,\. DB llSPÍlliTU SANTO.

Allendite <l (alsis Propllctis. (l\Iattb. 7.)

Considera, cr·istiano, que par·a aseglll'ar


tu salvacion debes procur·ar arrancar de tu
alma las raíces viciosas que brotan espinas,
y plantar en ella virtudes que dan l'r·utos
dt buenas obr·as; ejercítalas muy de cot'a-
zon y sin fingimiento, con fin solo de agr·a-
dar á Dios, y no pot• ser· aplaudido de los
hombres ; y para hacerlo así pídele te ayude
con su luz, diciendo:
Da mihi intrlltctum, et scrutaóor lego»• tuam, et
ctuladiam illam in tolo carde meo. (Psalm. 118. )
Dadme , Soiíor , luz y cooocimicn to de Yuestra
sanlísima ky y volun tad, para que la guat'de de to-
do coraum.
'''. ·1. Considera cómo una de las cosas mas
d.Jtcstables :\los ojos de Dios, y que su divina
Magestad mas abor·r>Ccc, es el vicio ele la hi-
pocr·esía; y pot• eso no solo nos m:)l1da no
le admitamos en nuestro corazon, sino que
huyamos y nos guardemos de todos los que

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157
con capa éle vit•tud encubt·en sus dept•ava-
das costumbt·es, y con fingida mansedumbre
de ovejas procura n act·editarse de vit·tuosos
pat·a ser estimados de los homl)l'es, atraet'-
los en su seguimiento y despeñat·los pOI' el
camino de la llCI'dicion, t'eprese ntando una
cosa en su hábito y palabras, y mostt·:wdo ,
otra en sus obras. Repat·a cuántas cosas has
hecho en público con parliculat' cuidado y
diligencia solo por set' visto, que no las ·hi-
cieras en secreto; cu<lntas has dejado de
hacer pot·que no te tengan en poco; y qué
pocas has 11echo solo por agl'adat· á Dios y
como si él solo te mit·ase; cómo pt•ocut·as
encubr·ir· tus fa lLas y defcndedas, y te aver-
güenzas y corres de que se manifteslen.
Pues tanto te agrada el pat•ecet· bueno,
dime, ¿por qué no pt•ocut·as scl'lo? O divino
Jesus, darlme gr·acia para que en todas mis
obr·as no tenga yo oLt·o fin que el de agra-
daros; sul'•·a yo, Seño1·, con humildad la
confusion que met-ecie•·e por ellas. No per-
mitais que se incline mi cornzon á defender
mis malas ob1·as ni á buscar escusas de las
causas de mis pecados.
Non d~lincs co•· nteum IUt e:ccusandas excusa-
liones inf)tCCIJfÍS, (Psalm. 140.)

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2. No puede el á1·bol bueno llevar
malos (nttos {pr·osiguc el Salvador) , ni
el malo darlos buenos; y asi por los fru-
tos de tus obras podr·:ís conocer el jugo
que tiene la raiz. de tu cor·azon: mira có-
mo buscas la mor'lificncion, y con qué vo-
lun tad abr·azas la cruz de Cristo; cómo te
compadeces del pr·ójimo afligido; cómo le
socot·r·es con los talentos que Dios te da:
repara lo que grangcas con ellos; cómo te
va de humilJad en las felicidades, de pa-
ciencia en los tt·abajos, de pure?.a en las
batallas de la sensualidad; cómo rindes tu
juicio al parecer· ageno; cómo, fina lmente,
en todas tus obras, olvida do de ti, buscas
solo la honra de Dios, haciéndolas solo
con fin de cumpli1· su voluntad, sin otro
intcr·és humano. Guárdate no nazca en ellas
la carcoma de la v:maglo1·ia y las destruya;
advic1·le que todo árbol c¡uc no llevare fi'U-
to sea·á arrancado de la tier·¡·a é ü·á á pa-
rar' al fuego, que solo es bueno par·a él.
O clementísimo Señor , cladme gracia pa1·a
que os si1•va muy de co,·azon, y que la vet·-
dad de vuestra ley cebe raices en él, que
con eso daré frutos a~radables á vuestt·os
divinos ojos; arranca<!, Señor, de mí las

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159
espinas de mis malas inclinaciones, po1·que
si no las a1'1'ancais, ¿qué ma•·avilla que no
l1alleis en mí fl'utos de buenas ol)l'as?
·Nwnquid co/liqes ex spinis uvas? (~Iattb. 7.)

~IEDITAC!ON PARA L,\. DOllli'i!CA. OCTAVA


DESPUES DB PASCUA DE ESPiiUTU SANTO.

Homo quiilan~ e/'at dives, qui habebat villieum.


(Luc. 16.)

Considera, cristiano, los bienes que Dios


te ha ent1·egado, asi tempo1·ales como es-
pil'ituales, y procu•·a emplea rlos bien, pa1·a
que el dia que viniere á tomarte cuenta
de ellos se la des buena. Acógete á su mi-
se•·ico•·dia, doliéndote de lo mal que hasta
ahora los has gastado, diciendo :
Si iniquitates obscrvaveri<, Domine, Domine, quis
sustinebit? quia a.pucl te wo¡>itiatio est. (L's~lrn. 129.)
Si mirais, Seiior, á mis maldades, soy perdido:
mir ad á vuestra piedad.

1. Considel'a cómo aunque hecho due-


ño de tantos bienes no te los ha dado,
no, para que los gastes segun tus apeti-

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iGO
tos, sino para que los distribuyas conforme
tí su voluntad, decl:.wada pot· sus santos
mandamientos, y por ellos te ba de Lornat•
cuenta y ver cómo los has gastado: guár-
date no los desperdicies, y viéndolo el Se-
ñor te quite antes de tiempo la adminis-
tracion de ellos; piensa que cada instante
te dice: ¿Qué es esto que oigo de ti? ¿Qué
pecados son estos que haces'? ¿Qué tibieza
es esta en que vives? ¿Qué oh·ido es este
que traes de tu sah·acion? ¿Qué descuido
es este que tienes en tu oficio? Y atendien-
do á esta voz enmienda con tiempo lo que
Dios te avisa, no aguardes á la hora en
que es cierto te ha de decir: Dame cuen-
ta de tu mayordomía, ya no quie1·o gue
que uses mas de ella. '\1 la que aho•·a te
puede servir de asegm·ar tu salvacion, te
sirva entonces de tu condenacion, acabado
ya el tiempo de merecer y comenzando el
de padecer. Mit·a cómo te ap1·ovechas de
las inspiraciones que Dios Le da, no sea
que viendo tu despe•·dicio y cómo las ma-
log•·as, se canse y te desampare , y no se
acuerde de ti. O Dios Eterno, que por vues-
tra infinita bondad hicisteis al hornb•·e ma-
yordomo de esta gran casa del mundo po-

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161
niendo todas las cosas debajo de sus pies;
no permitais que yo las desperdicie, usando
mal de ellas; apartadme, Señor·, del camino
de ofenderos, y con vuestr·a misericor·dia
enderczadme por· el de vuestra santísima ley.
Pia•n m;quitatis amove á me, et de legc tua mi-
serc•·e mei. (Psalm. 1l S.)
2. Considera la providencia que tuvo
este mal mayordomo del Evaugelio en re-
mediar con astucia su necesidad cor¡xll'al,
perdonando á los deudores de su Señor·
parte de lo qu~ debían! ~ara que obligados
de este bent1fic10 le recrbresen en sus casas
si el Señor le despidiese; y avergüénzate
de ser menos pr·udente en la vida de tu
alma que lo son los · mundanos en la suya
mundana. Estos son diligentes para el vi-
cio, tú per·ezoso par·a la virtud; ellos se des-
velan en inventa~· medios para cumplir· sus
malos intentos, y tú te echas á dor·mir
descuidándote de poner por· obra los bue-
nos deseos que Dios te da; aquellos sin di-
lacion hacen cuanto puede n aunque sea di-
ficultoso, y tú con dilaciones de dia en dia
no haces lo que pudier•as aunque sea fáci l.
Deja lo malo que tienen, é imita con espí-
ritu lo bueno, proveyendo con t:mto fervor
ll

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IG2
lo necesario pat-a tu alma como ellos pro-
veen lo necesal'io para su cuerpo, usando
de los remedios de que se hace mcncion en
este Evangelio, ya cavaudo, tomando por
principal asunto la penitencia y aspereza
y continua mot•tificacion de tu carne, ya
mendigando en ot·acion fervot·osa, pidiendo
en ella á Dios v á sus Santos lo necesario
para la pe¡·lcÚion y salvacion. Y final-
mente, si po1· tus acha<1ues y ocupaciones
.no pudieres ejet·citartc en una ni en ott·a,
debes recurt·i•· al que usó esLe mal mayor-
domo, grangeando la vida eterna con li-
mosnas y obras de miseric01·dia corporales
ó espirituales, dando infinitas gt11cias á
Dios que ü precio tan bat·ato como las ri-
quezas de esta vida le esté franqueando los
bienes eternos. O Señor, ¡y qué mala cuen-
ta os he dado de los bienes que me babeis
entregado ¡IIustt·ad y encended mi cOt·azon
con el ¡·esplandot· y fuego de vuest ra g•·a-
cia y caridad, pat•a que de aquí adelante los
emplee bien, porque siendo yo misericor-
dioso con los necesitados alcanzaré miseri-
cordia· de vos.
JJeati mi.serú;ordrs, quonian• ipsi muericordio.m
consequcntur. (Diatth. 5.)

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1GJ

IIEDITACIO:S PARA LA DOMIN ICA liO:SA


DESPUES DE PASCUA DE ESI.'ÍlUTU SAl'\TO.

Pidens civitatem {levit super ilfam. (Luc. 19.)

C onsidera, cristiano, cómo viendo Cristo


nuestJ·o bien á Jerusalén comenzó á llorar
po1• los pecados que reconoció en ella, y
cómo entonces tuvo presentes los tuyos; y
pues tú t~mbien fuiste causa de su llan-
to, •·azon SCI'á que le acompañes en él, di-
ciendo:
Lalioravi in 9e1nitu meo; /atJfÚJo per sÍIIIlUias no-
eles lectum meum; lacrymis meis stratum meum. ri-
gabo. (Ps.1lw. 6.)
Gemiré, Seííor, perpétuameotc mis culpas, y pro-
curaré lavarlas coo continuas lágrimas.

1. Considera cómo viendo tu sober~no


Maestro á .Jerusalén, llm·ó, no por lo que
iba á padece1·, sino olvidado de esto, por
los pecados que babia de cometer aquella
ciudad crucificándole, y po1· los castigos
que habían de veni1• sobre ella po1· tan gra-
ve culpa. ¡Oh qué terrible mal son los pe-

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1()4
cados, pues la memol'ia de ellos hace llo-
¡·ar al Salvado!'! ¡Oh si conocieras su gr·a-
vedad, cómo llor':lrias! ~ruchos hombres ha
habido que han tenido tal dolor· de los su-
yos, que ha sido bastante para c¡uitades la
vida, siendo asi que no pudieron tener per-
fecto conocimiento de su malicia : ¿ pues
cuÍII será el de aquel Señor· que tan bien
la conocía? Mir·a qué tcr·rihle es el de un
hombre cuando le COJ'lao algun miembr·o,
y por ahí conocerás cu::íl set·á el de Cr·isto
bien nuestro cuando ve que un miemlwo
del cuerpo místico de su Iglesia, cuya cabe-
za es este Señor, pm· un pecado mor·tal se
le aparta por toda una eter·nidad. O Re-
dentor mio, cuánto me pesa de la causa
que os he dado y doy par·a que lloreis; de-
seo, Señor, enjugar vuestras lágrimas, qui-
tando de por medio mis culpas ; con gran-
de arrepentimiento l:ls llor·o, Jcsus de mi
vida; no aparteis, Señor·, vuestros oídos de
mis llantos y mis voces.
Ne avel'tas aurem tuam IJ, singultu meo, et clamo·
ri!ms. (Jcrem. Tbr. 3.)

2. Considera aquellas tiernísimas pala-


bras que dijo Cr·isto cuando llornba : Oh si

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165
conoC'ieses tÍt, Jentsalén, las cosas que
en este dia son pa1·a t~t paz, y ahora es-
tán escond·idas á tus ojos; que fue deci1·,
que si las conociese le alaba1·ia po1· ellas y
llora1·ia por sus culpas, mas porque no las
conoció no le alabó ni lloró, y porque no
lloró fue despues comba ti da de sus enemi-
gos, cerc~da por todas partes, y destrtrida
de ellos. Oye tú las mismas palabras de la
boca de Cristo, y entiende que si no co-
noces el tiempo en que Dios te visita con
sus ilustraciones, y las ocasiones que te da
para tu salvacion (pues apenas habrá dia
en que no te -visite en la oracion y fuera
de ella con inspi'raciones y toques interio-
res para que te mejores) , y no te aprove-
chas de ellos , te desamparará y dejará en
manos de tus enemigos, y combatido. de
ellos ser:ís destruido y castigado con el fue-
go ete1·no del infierno. O Señor, quitad de
mí la ceguedad y el velo de mi ignorancia,
con la cual no conozco el bien que me ha-
ceis pa1·a amaros, ni mis males pat·a llora•·-
los. Llore yo, Scño•·, con vos en esta vida,
y ap•·ovécheme de vuestras lágrimas Jl<il'a
que no llore perpéLuamente en la otra. ¡Oh
sí me concediéseis hacer dos fuentes de lá-

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166
grimas mis ojos para llorar dia y noche
mis ·pecados!
Quis daóit capiti mee aquam, el ocutis meis {on-
tem la<!rymarwn, et plorabo die ac nocte. (Jerem. 9.)

MEDIT ACION PARA LA DO~IJNTCA DECHU


DESPUES DE PASCUA DEL ESPÍRITU SANTO.

Duo homines ascenclertmt in Templtm1 11t ora-


rent. (Luc. i S.)

Considera, cristiano, que ·el medio mas


eficaz para alcanzar perdon de tus culpas,
es pedírsele á Dios con gran dolor y con-
fusion de haberlas cometido : hazlo así, di-
ciéndole con el publicano :
Deus, propitius esto mihi peccatori.
Tened, Seiíor, misericordia de mí, que soy gran
pecador.

1. Considera los abominables actos de


soberbia que hizo el fariseo en su oracion,
para que escarmentando en él no des entt·a-
da en tu alma á este vicio. El pt·imero fue
tenerse por santo y lleno de vit>tudes, sien-
do todo lo que hacia vanidad; y de aquí

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167
nacto, que ni pidió á Dios perdon de sus
culpas, ni ayuda pat·a persevera•· en su
gt·acia. El segundo fue alabat•sc á sí con
capa de dar ~t·acias :i Dios, no dándoselas
de corazon. El tercet•o anteponet'Se á to-
dos los hombres del mundo, teniéndose por
singulat• en la virtud y mcjo•· que todos,
despt·eciando á todos y juzgando por peca-
dot· al publicano, aunque le vcia ya con
muestras de arrepentido. Y habiendo visto
estos defectos en él, haz 1uego reOexion
sobt·e ti, y mit•a en cuál de ellos et·es com-
pt·endido, y aun quizás los tendrtís todos.
Guárdate de este mal abominable de la so-
berbia , que es cie~p para ver los males
propios, y presuntuosa de los bienes que
no hay; lince para vet' la paja en el ojo
del prójimo, y topo para vct• la viga en el
propio. O Señor, librad me por quien vos
sois de este mal vicio; conozca yo mis cul-
pas, y confiéselas con humildad; tcn¡;a yo
á todos en mas que á mí, pues soy el ma-
yor pecndot• de todos ; pet·o ;\ vuestt·os di-
vinos pies rendido pido o~ compadczeais de
mi pot· vucstt·a infinita miset·itot·din.
J.l!iserera mei, Dert.f! secrmdttm magna m miserico,.-
diam tuam. ('P~ahn. 5~.)

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168
2. Ponder·a por el contrario los actos
de humildad del publicano, y procura imi-
tarlos. El primer·o fue tenerse por indigno
de estar· cerca de Dios, y aun del fariseo,
y asi se puso en el último lugar del tem-
plo. El segundo no atreverse á levantar los
ojos de la tierTa, par·eciéndolc c¡ue por sus
culpas no mer·ecia alzarlos á Dios. El ter·-
cer·o her·ir su pecho, mostrando con esto el
dolor interior qnc tenia de sus pecados, y
el deseo que tenia de castigar· su carne por·
ellos. El cuarto fue pedir pe~·don para sí solo,
como si él solo fuera pecador· en el mun-
do, no juzgando de los demás que lo fue-
sen, ni del fariseo. El quinto confiar mu-
cho en la miser·icordia de Dios, orando con
muy pocas palabras, afianzando en ella el
perdon y no en la muchedumbre de voces.
lllim qué diferentes suertes les cupieron,
pues el primer·o por su sobcr·bia salió re-
probado, y estotr·o por· su humildad perdo-
nado, siendo antes aquel justo y éste pe-
cador·. O Serior·, pues me enseñais la dife-
rencia que hay entt·e la humildad y la so-
berbia, dadme gr·acia para que apartándo-
me de esta me abrace con aquella, que
yo con la mayor· que puedo confieso que

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t 69
soy g1·ande pecador. Pídoos humildemente
no mi1·eis á mis culpas, sino que po1· vues-
tra piedad bomis, Seño1·, mis maldades.
.ávarte faciem tuam a peccatis meis , et omnes
iniquitates meas de/e. (Psalm. 50.)

MEDITACION PA.RA LA DOMINICA ONCE


DBSPUI!S DE PASCUA DEL BSPUUT U SANTO •

.ádducunt ei surdum et mutum. (M are. 7.)

Considera, CI'Ístiano, cuán so1·do estás pa-


ra oi1· los llamamientos de Dios, y cuán
mudo para pedil'le miseric01·dia de tus cul-
pas; pídele de lo íntimo de tu cornzon te
d_é Sl'acia para baccrlo y alabarle' di-
Ciendo :
Domine, labia mea ll'J]eries, et os meum annuntia·
bit laudem tuam. (Psalm. 50.)
Abrid, Soüor, mis labios, publicad mi boca vues-
tras alabanzas.

1. Considera en la llel'sona de esl e


sordo y mudo la so1·de1·a y mudez de tu
alma; mira qué sordo te haces á las voces

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170
de Dios, á los preceptos de su ley, á sus
divinos consejos y santas inspiraciones. ¿En
qué se han empleado tus oidos sino en oit·
las curiosidades y vanidades del mundo,
dando cr·édito á sus engaños, obedeciendo
á sus fueros y leyes per·ver·sas? De donde
nació el atropellar con las de Dios y tener
cer·rados los oidos para oir lo que su i'I'Ia-
gestad te dice pot· medio de sus ministl'os,
siendo causa esta sordera de que tambien
seas mudo, pr·ocur·ándolo asi el demonio;
pon¡ue cet•rados estos dos sentidos inter·io-
res del alma, queda cerr·ada la puerta al
remedio de tus males, per·mitiendo Dios
que el que tiene la lengua muy suelta pa-
ra las maldades del mundo, la tenga ata-
da para pedirle misericor·dia. O Salvadot·
del mundo, tened compasion de mis males;
apartad de mi alma al enemigo que me
ensor·dcce y enmudece. Habladme, Señor,
habladme, que vuestro sier·vo escucha pron-
to para obedecet·os.
Loquere, Domine, quía scrous tuus audít. ( f
ncg. 3.)

· 2. Considera lo que hi:w Cristo bien


nuestro para cu r·ar .:í este enfer·mo: lo pri-

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171
mero fue apa•·tarle de la gente; y si tú
quieres t•emedio de tus males, debes ap:u·-
tarte de todas las cosas que fueron ocasion
de caer en ellos; lo segundo gimió mi-
rando al cielo, para que veas lo que sien-
te tus culpas, llorando él po••que tú no
lloras, pidiendo al cielo tu remedio. Luego
le tocó los oídos y la lengua, mandando
con grande imperio se abriesen, most•·an-
do en él su omnipotencia; y en las cosas
que ¡wecediet·on, la dificultad que hay en
curar las almas sordas y mudas pot· su
ruin disposicion. Mi1·a lambien cómo en to-
cándole Cristo, el que antes era mudo co-
menzó á hablar, y no como quiera, sino
como dice el Evangelio, bien , publicando
él y todos los demás las ma t·avillas de Dios,
y alabándole por ellas. O Dios omnipoten-
te, abrid mis oidos, que yo no con Lradit·é
vuestras voces; poned guarda en mi len-
gua llenándola de vuestras alabanzas , y
abridla solo para cantarlas, que no tend ré
yo mas gozo sino es cuando las cante.
Jlepleatur os meun~ laude ttta; gattdelnmt labia
mea dum canravero tibi. (Psalm. 70.)

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l12

1IIEOl'rACION PARA LA DOMINICA DOCE


DESPUilS DE PASCUA DEL ESPIRITU SANTO.

Homo qttüiam descendebat aó Jerusalem in Je-


richo. (Luc. 10.) ·

Considera, cristiano, los enemigos que


cercan tus pasos, deseosos de .robarte los
bienes de la gracia y herirte de manera
con las llagas de la culpa, que vayas á
para¡' á las eternas penas. Pide á Dios con
ansias fer'vor'osas Le guie por sus caminos,
y te libre en ellos de tus enemigos , di-
ciendo :
Notam {ac milti viam in qtta amóulem., ... eripe
me de inimicis meis. (Psalm. t 42.)
Eoseiíadme, Sciíor, el camino por donde debo an-
dar, y libradmo do 111is enemigos.

1. Considera en la per'sona del hombre


que dice el Evangelio que hajaba ~e Jeru-
salén á Jericó, cómo habiéndole Dros pues-
to en el fclicísimo estado ele su gracia pm'
el santo bautismo, has ido bajando de él
inclinándote á los bienes de e.stc mundo,

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173
aficionándote desordenadamente á ellos, y
repara que en este camino te salen al en-
cueno·o los demonios, que son tus enemi-
gos, y cayendo en sus manos, consintiendo
en la culpa que te persuaden, te roban tus
bienes que son la gracia, los dones del Es-
pí•·itu Santo, la caridad , con las demás
vi1•tudcs infusas que la acompañan; y no
contentos con esto, procut·an herirte y de-
jal'le ca•·gado de llagas; el entendimiento
lleno de ignol':lncias y cl'rores : el libre al-
bedrío debilitado y flaco para rc!'i~ti ,· al Yi-
cio; y finalinenLe, una furia de pasiones y
apetitos desordenados con que vienes á
quedar medio Yívo, qued<índotc solamente
la lumb•·c de la fe, á pique de mo1·i•· para
siempre. O Dios omnipotente, yo soy el
misc•·able que por mi culpa caí en manos
de mis enemigos, pues si les hubie1·a t·esis-
tido huyeran de mí. i Ay de mí, que pe•· -
dí vuestra gracia y he quedado lleno de
lla"as ! Medio muerto estoy , Señor, ayu-
da8me : mirad que ~on muchos los enemi-
gos que me ce•·ean y desean acabar con-
migo.
Domine, rnultiplicati sunt qui tribulont me: multi
;nrurgunt adversum me. (Psalm. 3.)

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174
2. l\Iit·a cómo estando en este misera-
ble estado nadie pudiera curar este enfm·-
mo, hasta que el divino Samaritano Cristo
bien nuestro bajó del ciclo, y acCI·cándose
:\ él, pot·que él no puede por sí solo buscar·
:í Cr·isto , le ató todas las llagas y heridas
con la venda pul'Ísirna de su gracia y ca-
ridaJ, echando encima de ellas óleo y vino,
aplicándole Sact·amentos eficacísimos llenos
de misericordia y virtud celestial, con los
cuales nos unge y nos cura, nos sana, con-
for-ta y sustenta, y car~:.índole sobre sí por
su flaqueza le sacó del camino donde es-
taba postrado y metido en las ocasiones de
pccat·, poniéndole en su Iglesia, donde tie-
ne todo lo necesario par·a convalecet· y sa-
nar perfectamente; y ausent.índose de la
tierra segun su humanidad, le dejó encar-
gado á su Vicario, dándole virtud y sabi-
dur·ia p:wa cuidar de él; y lambien le en-
car·ga que de su parle añada cuanto pu-
dier·e par·a la salud del enfermo, porque
cuando volvier·e á juzgnt• pagará todo lo
CJUe se hubier·e gastado de superer·ogacion
por· la salud de su alma. O amantísimo Je-
sus, bendito seais pot· la suavidad con que
eur·ais nuestras llagas y el socorro con que

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175
aliviais nuestr·as flaquezas, sacándonos de
los peligros y poniéndonos en vucstr·a casa;
mir·admc, Señor, con ojos de piedad, y aten-
diendo á mi necesidad compadeceos de mí;
tomad, Médico sobet·ano, po•· vuestra cuen-
ta el remedio de mis males , que si vos me
curais tí buen segum que san:u·é.
Sana me, Domine, l!t sanabor: salvum me fac, et
s<~lvus ero. (Jea·cm. 17 .)

IIEDITACIO~ PARA L.\. DOi\IJ NTCA TRECE


DESPUJlS DE PASCUA DEL ESPJJIITU SANTO.

Occurt·ertmt ei dece~n viri leprosi. (Luc. 17.)

C onsitiera, cristiano , que \:l'isto nuestro


bien, viendo la le1wa de tu alma está de-
seando que tu necesidad le pida el reme-
dio de ella para curarla : pídesele con viva
fe en compañía de los leprosos del Evan-
gelio, diciendo con ellos:
Jesat Pra?ceptor, miscre•·c mei. (Luc. f 7.)
Jesus, Maestro mio, tened misericordia de mí.

1. Considera los afectos con que ora-


ban estos leprosos, mostrando su humildad

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176
en clamar desde lejos, y su grande confian-
za y ¡·esignacion en la mise1·icordia de Dios;
y cómo este Señor, conocida su fe, quiso
tambien probar su obediencia, mandándoles
se mostt·asen á los sacerdotes : y advierte
cómo comenzal'on á sanat· al punto que co-
meozm·on á obedecerle; y asi debes tú, si
quiet•es que Dios cul'e la lepra de tu alma,
a¡:udil' á los sacerdotes y mostrarles mani-
fiestamente todas tus llagas, aunque sean
muy asquerosas y abominables, sin encu-
brides nada, sufriendo con gr·ande humil-
dad la ve1·güenza que en eso has de pa-
decer po1· ag,·adat• á su divina l\fageslacl.
O buen Jesus , poes vos veis mi lepra,
¿qué se me da á mí que la vea un mi-
nistl'o vuestro? A él, Señor la mostt•at•é, y
si fuera vuestra vol untad la manifestal'a á
tódo el mundo, ¡X11'a que lodo él conocie,·a
quién yo soy como vos lo conoceis: en
vuestra divina clemencia espel'O que confe-
sándola con grande dolot· de haberos ofen-
dido, me pm·dona1·eis, y lendreis misericor-
dia de mí.
IJi.xi: con(itebo•· allversmn ?nei•¡justitianl meam IJo·
mino, et tu remisisti impietatem peccati mei. (Ps. 3 f.)
2. Considera cómo nueve de estos diez

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17 7
leprosos, y la mayo•· parte del mundo sig-
nificada por ellos, aunque en el tiempo de
la necesidad llevados de ella l!aman :i Dios,
en recibiendo el beneficio se olvidan de él
y no le ag•·adecen; y rnir·a el sentimiento
que mostl'ó Cristo de su ing•·atitud dicien-
do: ¿Po1· ventw·a 110 he cw·ado diez?
Pues los nueve ¿adónde están? Y repa-
ra que el que volvió fue el sama•·itano,
que reconociendo mas su indignidad estimó
mas el beneficio como dado á quien menos
le merecía; y asi debes tú, como mayo•·
pecador, despues de la confesion y recibi -
da la absolucion, acudir· luego á dar gra-
cias :í Cristo nuestro Señor por la limpie-
za y perdon que te ha dado, a•·rojándote
con ~··ande humildad ó sus divinos pies,
agradeciendo su misericordia. O Señor·,
siempre quisiera ag1·adeceros las grand es
mercedes que continuamente me estais ha-
ciendo, aunque siempre (j uedar é corto, por·-
que mi agradecimiento es nuevo beneficio
que recibo de vos: por· él, Señor, os alaba-
ré, y á vuestro santísimo nornbr'e c:~n taré
perpétuas alabanzas.
Cantabo Damino, qui bono tribuit mihi,ct 'flsallnm
nomini Domini Alti$simi. (Psalm . 1 2.)
u

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178

AIEDITACION PARA LA DOllJN lCA CA'l'ORCJl


DESPUES DE PASCUA DE ESPIR ITO SANTO.

Nmno¡¡otesl duobus Domini.r seroire. (l\btth. G.)

C onsiden1, cristiano, cuánto te conviene


despegar tu 'cOt·azon de los bienes tempo -
rales, y ponet· toda tu solicitud en alcan-
za¡· los etct·nos (pues como dice el Salva-
dor, el que fuere esclavo de las riquezas
no podrá servil'le á él). Pídele incline tu
corazon á estimar éstos y á despr·eciar
aquellos, diciendo:
Inclina cor meum, Deu.r, in testimonia tua, et 110n
in at~aritiam. (Psahn. 118.)
Inclinad, Seiíor, mi cornzon á apreciar los bie-
nes espirituales y á despreciar los terrenos.

1. Consider·a que es muy abonecible á


los ojos de Dios la solicitud de las cosas
que, 6 no son necesa rins para la vida 6
convenientes á tu estado, sino su pérfluas,
buscando los bienes temporales primero que
los eternos , y 1a1 vez con daño de éstos,
poniendo todo tu fin y bienaventur·anza en

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179
adqui•·ir aquellas, y esto con mucha des-
confianza en su providencia, no advi•'lien-
do que pues Dios de su bella gracia, sin
merecimiento alguno tuyo, te dió el alma,
que es mejor que la comida, y el cuerpo,.
que es mejor que el vestido (cifrando deba-
jo de estas dos cosas todas las riquezas del
mundo), te dará todo lo necesario para su
conservacion, pues la bondad que le mo-
vió á lo primero le obligará á lo segundo.
Y pues el alma es mas que el manjar y el
cue•·po mas que el vestido, debes tomar de
lo uno y de lo otro solamente lo que fue-
re necesario para entrambos, y dejar co-
mo dañoso todo lo supédluo, pues se•·~í e•·-
ror g•·ande por lo que es menos aventura~'
lo que es mas; y como dice el Salvado,•:
¿de qué servi1·á al hombre atesorar to -
das las 1·iquezas del mundo si pierde su
alma? Y así, deja hoy los cuidados óe lo
que ha de ser mañana, pues no sabes si
ha de haber mañana para ti. Gu~h·date no
te digan lo que al otro rico: Necio, esta
noche te quitm·án el alma; los bienes
que has amontonado, ¿ C1tyos serán? O
liberalísimo Señor, en vuesLJ'a divina pro-
videncia confio , que pues me habeis dado

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180
-
lo mas, tambien me dareis lo menos. Con-
cededme que por el hien de mi alma pierdo
da de buena gana todo cuanto el munele,
me ofrece; esto os pida , por esto anh
para go~ r de vos para siempre.
Unam pdii a Domino, hanc requlram,
ut inluwi-
s t~ilal mea.
tem in domo Domini omnilrns dit6u
(Psalm. 16.)

2. Buscad prime1·o (prosisue Cristo


bien nuestro) el reino de los ctelos se y m
justicia, y todas las demás cosa s os
añadi1·án. Debes, pues, poner tu princi-
s,
pal cuidado en buscarle ante todas cosaes-
s á
y en todas ellas (enderez.ándolas toda de-
te fin, pues para eso fuet•on criadas, con
jando las que pudieren impedirle), no del
solicitud congojosa que turbe la paz nos
alma, como la de 1\larta, y la de alau y
escrupulosos ó indiscretos muy tímidos n,
pusilánimes en el nepocio de su salvacion-
sino con g•·ande contianza en la Pt'Ovide i-
cia divina , buscando juntamente su justde
cia, ejercit~índote en todas las obras a•·
virtud; porque poco te aprovechará desene-
el reino del cielo si no pones los medios no
cesllrios ptu·a conseguirle , pues Dios

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j 81
quiere que seamos flojos ni descuidados, ni
dará el premio sino al que legítimamente
hubiere peleado: y haciéndolo así, Dios te
añadirá la abundancia que conviniere para
tu salvacion de los bienes terrenos, y si al-
guna vez te falta•·en será para mayor bien
de tu alma. O Rey ete•·no, cuya providen-
cia es solícita sin congoja y cuidadosa sin
turbacion; quitadme la solicitud que me
prohibís y dadme la que me mandais, pa-
ra que imitando el orden de vuestra pro-
videncia sea solícito de vuestro servicio
como vos lo sois de mi provecho; y pues
me mandais buscar vuestro reino y su jus-
ticia , prevéngame vuestra miset•icordia,
ayudándome á ejer·citar los medios con que
se alcanza, que buscándoos yo en todo no
me pod•·á faltar bien alguno.
Inq:;irentu Dominwn non ntinue?ttur omni bono.
(Psalw. 33.)

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l S2

)lllDITACION PARA LA DOMINICA QUINCE


DESPUES DE PASCUA DE ESPÍRITU SANTO.

Ecce clefunctus ejJerebat:ur. (Luc. 7.)


...
( ..-~onsidera, cristiano, cómo el alma que
está en pecado mo1'tal tiene merecido ser
condenada en el tribunal de la di vi na J us-
ticia á mue1·te etel'lla ; si has caído en tan
"rande desdicha ponla delante de los ojos
a e Dios con grande anepen ti míen to, para
que se aplaque en el de su misericordia la
sentencia , diciendo :
reniantmzlúmiserationes wre, etvrvam. (Ps. 118.)
Vengan, Sciíor, sobre mí vuestras misericordias, y
viviré.

1. Conside1'a en ht pel'sona ele ~ste di-


funto, á quien hoy resucitó Cl'isto bien
nuestro, al pecador muerto pm· sus culpas,
cuya alma está encerrada en su cuerpo
como en un ataud, siendo cuanto piensa,
habla y trata obras muertas de carne y
corrupcion. Los que llevan este ataud son
los apetitos de hom·as vanas, de riquezas,

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183
de sensualidad y de ir·a, los cuales le lle-
vaban:\ enter·r·ar· en el abismo do irmume-
rables pecados, y de ahí en el profundo
llel in6er·oo, si Cristo Señor nuestr·o no les
atajar·a los pasos y les salier·a al encuentro,
como lo hizo con este mozo con deseo de
de darle vida movido á compasion do su
miseria ; y tocándole con la mano de su
omnipo~cncia con santas ins¡1iraciones, ya
de temor con amenazas, ya de esperanza
con pr·omesas, hace que cese el ímpetu de
los apetitos que le ar·rastr·aban y se rinJan
:í su fl9<1er . O Padr·e de las misericordias,
mirad la muchedumbre de pecadores muer·-
tos que andan por· el mundo; compadeceos
de ellos; salidlos al encuentro ; atajad sus
pasos anLes que la muer·te les coja en ellos;
vol ved, Señor, hácia ellos y hácia mí con
ojos de piedad, y dadnos la vida de vues-
tr-a gr·ar.ia par·a que con ella gocemos de
vos en la gloria.
JJeus, tu conVI!rsus vivificahis nos. {Psalm. 8.4.)

2. Consider·a cómo luego dijo Cristo al


difunto: Jlfancebo, á ti digo, leván tate; y
al punto se levantó. Y asi debes lú enten;

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184
det· que te manda Cristo levantar. de cual-
quier vicio . que te oprime. Si eres des-
agradecido á sus benelicios te dice: Ingra-
to, levántate, y •·econoce lo que me debes;
si eres rebelde á sus inspir·aeiones, te dice:
L evántate, y mira que yo soy el que te
hablo; si eres piadoso para contigo te di-
ce: Levántate, y repara cuán cruel fui yo
pa•·a conmigo; si et·es perezoso te dice: Le-
vántate, que el p•·emio se ha de dar á los
que velan; si eres soberbio y airado te
dice: L evántate y aprende de mí, que soy
manso y humilde de corazon; si no tienes
compasion del prójimo afligido te dice:
L evántate, y ten misct·icordia de él si quie-
res que yo la tenga de ti; si eres descui-
dado del provecho de tu alma te dice : L e-
vántate y vela, que no sabes cuándo ven-
drá tu Señot• á tomarle cuenta. Pues si
apenas das paso en que no oigas estos lla-
mamientos, ¿cómo no te levantas? ¿Cómo
estás tan bien hallado con tantos enemigos
que te quitan la ' •ida del alma? O benig-
nísimo Señor ¡y c¡uó •·endido he estado al
sueño pesado de mis vicios, y qué muerto
á vuestras voces! No me desampareis, Dios
mio. Convertid me, Señor, á vos; mostrad -

© Biblioteca Nacional de España


185
me vuestro divino rostro y me lib1·aré de
mis culpas.
Ccmverte rws : ostende (acienl ttutm , et salti
erinws. (Psalm. 79.)

~IBDJTACION PARA LA DOMINICA.


Dl&Z Y SEIS
O.
DESPUES DE PASCUA DE ESPiRITO SANT

Quise humiliat, exa/tabitur. (Luc. 14.)

Considera, cristiano, la bajeza de tu sér;


acuérdat¡l que eres polvo, y que en polvo
te has de convertit'; huye de ensalzarle, y
apetece el se1· menospreciado y humillado;
pide á Dios que te humille, diciendo:
Dumilem salVtan facies, oculos auten1 superbo-
rum humiliabit. (Psalm. 17.)
Jiumilladmt l, Scílor, porque humildo me salva-
rois, y soberbio me perderé.

1. Considera cómo tu alma, aunque


fue hecha á imagen y semejanza de Dios,
fue formada de la nada, y tu cuerpo fue,
es y ha de set· un poco de polvo y ceniza.
Pues dime ¿cómo viendo siempt•e delante de
los ojos .tu origen, tu ser y tu fin en la

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186
tier·r·a que pisas, estás tan olvidado de c¡uien
eres? Pon, her·mano mio, en los ojos de la
consider·acion estos polvos de que fuiste
formado, si quier·es que col)l'e vista tu
alma como el otr·o ciego á quien curó el
Salvado" con este remedio. ¡Oh qué polvos
tan admirahles que asi dan vista, y apli-
cados á la cabeza destierran luego al pun-
to de ella el viento de la presuncion y va-
nielad! Asiéntate en el lugar mas ínfimo,
que ese es el que te se debe, que por cuen-
ta de Dios corr·e, si te conviniere, el ensal-
zar·te. O di vino Señor, graci~s os doy por·
el beneficio que me babeis hecho en for-
marme de una materia tan baja como la
tierr·a, pam que sea freno conlínuo de mi
soberbia. Tened, Dios mio, piedad de mí,
que soy flaco y miser·able, y asi no es ma-
l'avilla que haya caído siendo un poco de
polvo y de tierTa.
JJiemento, quoa sicut lutunt {ece•·is me. (Job t O.)

9 Pues siendo esto asi , ¿de qué te


ensoberbeces polvo y ceniza, y apeteces lu-
gar·es preeminente;; y altos? Mi1·a que eres
polvo, y que éste puesl'o en alto está mas
sujeto á que el viento ele la-vanidad le des-

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187
haga y destl'Uya. Atiende que por inju ti eres
nada, y asi, si llegare á ti alguna ria
ó vanagloria, r·esponda tu nada , que alli
no hay lugar que vaya á don de hubiere ~1- de
go de hom·a ; y advier·te que como donde
hay dolor hay vida , asi tamhien don
.
hay sentimiento de injur·ia hay soberbia pre
Echnla, pues, con gr·ande pl'esteza siem
que la sintic;·es en 1i, dándote alguna pe-
nitencia; y r•epr·endiéudole con las palabras es
del Apóstol, dirás: Ven acá , ¿qué tienpor
que no hayas recibido? Y si es asi, j,
qué te glorías como si fuera tuyo? Señ Pues
eres un vaso de barro en quie n el or·
ha deposit:rdo por sola su mise r·icordia sus
.
bienes, y eso mientras tú fuer·cs humilde er-
¡O humildísimo .Tesus, humillad mi sob
y
bia y dadme luz para ·que me humille s!
desee ser· abatido y desp reciado de todo
-
No castigueis, Señor, mis culpas con per
mitirme que sea sober·bio, ni con sintais que
las sugestiones del demonio me aparten del
conocimi ento de mi bajeza.
fJecca -
No11 11eniat mihi pes superbia., et manus
loris non movc at me. (Psalm. 3 5.)

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188

MEDITACION PARA LA DOMINICA DlEZ Y STETE


DBSPUBS DE PASCUA Dll ESPÍRITU SANTO.

Ditiges Dominum Deum tuum. (~Iattb. 22.)

Considera, cristiano, la benignidad de tu


soberano Maestro, pues todo el cumplimien-
to de su santísima ley se cifra en amarlo;
hazlo asi con todo el corazon; con toda el
alma; con todas tus fuerzas, pues es tan
grande interés tuyo; y pues todo se lo de-
bes , nada te l!l impida, dile con todo
afecto:
Ditigan~ te, Domine fortitudo ?lUla. (Psalm. 17.)
Te amaré, Dios mio y fortaleza mia.

1. Considera la bondad de tu Dios,


que siendo su gt·andeza infinita y tú una
criatura t.an vil, desea que le ames, po-
niéndote precepto para esto; ¿pues cómo
no sales de Li viendo esta misericordia que
quiet·e dignarse y permitit· que le ames?
Advierte que el mejor modo de amarle es
amarle sin modo y sin límite (como él lo
ha hecho contigo, hasla ponerse en una

© Biblioteca Nacional de España


189
cruz por tu amor), am~ndole solo por amar-
le, y porque es digno de ser amado. Mira
cuán al revés lo has hecho, despreci:íodole
á él y poniendo tu amor desordenadamen-
te en las criaturas, y repara que (como
dice el Apóstol) no babrá virtud que te
sirva de nada SI te falta el amor. O ama-
bilísimo Señor, ¡ay miwable de mí que
nun ca os he amado como debo! Perdonad,
Dios mio, mi ingratitud, que ya estoy de-
seoso de llegarme á vos, que sois fuente
del amor; sedienta está mi alma de vos:
¿cuándo ser~ el dia que esté en vuestra di-
' 'ina presencia amándoos para siempre?
Sitivit anima mea aa m vitmm.
.Vcum fonte
(Psalm. 41.)
2. Considc•·a tambien que debes amar
á Dios en tus prójimos, teniéndoles el mis-
mo amo•· que á ti mismo, y mira cuán le-
jos has estado de cumplirl o, pues ni has
sentido sus trabajos como los tuyos, ni
ayudádol es, ni aun compadecídote de ellos,
antes en vez de compasio n les habrás paga-
do con iodignacion y murmoracion. ¿Cuán-
tas veces has dejado de socorrer al pob•·e,
de acudir al enfermo, de ayuda•· á la ' 'iu --
da é interveni•• por el desvalido? ¿A cuán

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190
tos has escandalizado con tus obras y con
tus palabras? ¿Cuántas veces te has ante-
puesto á tus iguales, despreciado á los me-
nores y lisonjeado vanamente á los mayo-
res 't ¿A cuán Los has aborrecido y perse-
guido? ¡O amantísimo Jesus, pobr·e de mí
que nunca amé á .mis prójimos como vos
quér·eis que los ame! No me castigueis
como merecen mis culpas; desde hoy pro-
pon(J'o amarlos pot' vos y á vos en ellos:
ayúJeme vuestr·a podel'Osa mano, que para
siempre elijo seguir• vuestros mandamientos.
Fiat manus tua, ut saJvet me, quonimn manda.-
ta tua etegi. (Psalm. 12 8.)

MEDITACION PARA LA DO~HNlCA DIEZ Y OCHO


DESPlJES DE PASCUA. DE ESPÍRITU SANTO.

Oflerebant ei Paralyticum jacentem in lecto.


(Diatth. 9.)

Considera, cristiano, el miserable estado


del alma qué está en pecado mortal, que
es esta!' como tullida par·a cualquiera cosa
agradable á Dios, y muerta sin la vida so-
brenatural de la gracia; pide á su divina

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t9t
Magestad le tenga de su mano pat·a que
no caigas en tan grande desdicha, di-
ciendo :
Eripe animam meam de morte, et pedes meos
de lapsu. (Psalro. 114.)
Librad, Sefior, mi alma de la muerte, do la cul-
pa y de los ocasiones de caer en clln.

1. Considera la ceguedad de un pe-


cador· encenagado en el abismo de sus cul-
pas, que ni siente su mal para ll01·arle, ni
cuida de pt•ocurat· su remedio, como suce-
dió al par·alítico á quien hoy curó nues-
tro divino Maestro, pues fue meneslet· que
otros le tr·ajesen á su presencia. ¡Oh cuán-
tas veces te han querido llovat· otros á
Dios, y tú no has querido dejar· la cama
de tus malas costumbres! Mira la libet·a-
lidad de este Señor, que pidiéndole la sa-
lud del cuet•po le dió primero tambien la
del alma, movido de su fe, y atiende á la
clemencia con que llama amor·osamenle hi-
jo al c¡ue po1· sus culpas se hahia hecho
enemigo suyo. (¡Ay miset·ablo del hombre
que se atreve á estat· ni un instante en
enemistad de Dios!) O magniflcenti8imo Se-
ñor, que con la abundancia de vuestra pie-

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192
dad escedeís los merecimientos y los deseos
de los que os ruegan; tened piedad de mis
culpas; dignaos libr·arme de ellas, y ayu-
dadme con vuestra gracia para que no
vuelva á recaer en la cama de mí mala
vida.
Complaceat tibi, .Domine, ut eruas me: .Domine,
ad adjuvandwn me respice. (Psalm. 39.)

2. Conside1·a tambien cómo Cristo man-


dó al paralítico que tomando sobre sus
hombros su cama se recogiese á su casa,
y mira cómo por no haber querido tú re-
cogerte en la casa de tu conciencia y ha-
ber sido negligente en guardarla, has re-
caído mucbas veces en la enfermedad de
tus culpas. Ca1·ga, pues, sobre tus hom-
bros la miserable cama de tus pecados
para hacer penitencia de ellos ; mira lo
que le costaron á tu Redentor; ponlos ·de-
lante de tus ojos , pat·a que su amargura
saque de ellos copiosas lágrimas de verda-
dera contricion, que si tú lo haces así ))ios
no pondrá los suyos en ellos pa1·a castigar-
los, y tomando armas contra ti, sé de aquí
adelante tan cruel para tu cuerpo como él
lo ha sido para tu alma; aflígele con dolo-

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1Q~
res, penas y desprecios, y alégrate cuan-
do otros te despreciaren y se manifieste
tu confusion; entiende que le duelen poco
sus culpas al que le duele mucho la peni-
tencia que hace por• ellas. O Padre piado-
sísimo, aqui teneis aquel gran pecado r· que
en presencia vuestra ha cometido tantas
abominaciones; per•o mayores que todas
ellas son vuestras misericordias. Y pues vos
tomando mi naturaleza os cargásteis de
penas para descubrirme el aborrecimiento
que teneis á mis culpas, cargadme en esta
vida de .tormentos con tal que para siem-
pre me librcis del pecado. Ya, Dios mio,
arrepentido lloro los que he cometido; oid,
Señor·, mis r·uegos, y atended á las lágr·i-
mas de mi corazon.
Ea:audi oratíone>llllleam, Domine, ct deprecatio-
nen.,neam· auri6uspercip614crymas meas. (Ps. 38.)

1~

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MEDlTACION PARA LA DOm NICA DIEZ Y llUEVE
DESPUES DE PASCUA DE ESPÍRITU SANTO.

Simile est lltgnwn Calorwn homini Regí, qui


{ecit 11uptias. (l\fatlb. 22.)

Considera, cristiano , la hondad grande


que muestt·a Dios en llamarLe á las bodas
de su Hijo celestial , y advierte que quie-
re que vayas con vestid ura nupcial de ar-
diente caridad; procura encendet· tu cora-
7,on en su amor de tal suerte, que puedas
decirle con fer·vorosos afectos :
De{ecit roro mea., et cor meunt, Deus cordis mei.
(Psalm. 27.)
)l[i carne y mi cora.zon desfallecen por vos, Dios
mio de mi corazon.

1. Considera cómo el Padre Eterno,


por sola su bondad, quiso que su Hijo uni-
génito se desposase con la naturaiC'ta hu-
mana, uniéndola consigo en unidad de per-
sona, y dotándola con tantas joyas de gra-
cias y virtudes como convenía :1 esposa de

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j g¡,
tan sobcr·ano Rey, celelwando este mismo
rlesposol'io por fe y caridad en el bautis-
mo, y renovándole en el Santísimo Sacra-
mento del Altar· con cada una do las al-
mas que le r·eciben; siendo tal su amor que
llama á tan gr·ande dignidad á todos los
hombres, sin escluir á ninguno, aunque
sea vil, ignor·ante ó grande pecador , y
aunque le baya quebrantado muchas veces
la lealtad de este divino desposor·io. ¿Pues
cómo no sales do ti, alma mía , viendo el
abismo de esta caridad , y procuras lavar·te
con la penitencia, ungirte con la devocion,
y adornarte con vir-tudes celestiales par·a
que seas recibida por· esposa de este esposo
celestial? O Padr•e sober·ano, ¿qué os mo-
vió á quer·er que vuestl'O Hijo tomase tan
fea esposa? Solo, Señor·, vuestra caridad y
nuesu·a necesidad. Bien veis, Dios mio,
cuán amancillado está mi corazon con ~1is
culpas y pasiones. ¡Pe1·o qué pur·o es tara si
le adornais con la belleza de vuestra gr•a-
cia! Pu1·ifiqadle vos, y hace<lle digno de
vuestr·a presencia.

Fiat co•· meum immaculatum in jusli{icationib•••


tuis, 11t non confundar. (Psnlm. U 8.)

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t%
2. Advierte que no basta venir á este
convite con sola la virtud de la fe, sino
que tambien es necesario venir con vesti-
dura de bodas, que es la caridad y put·e-
za de vida; porque al fin de la de cada
uno ha de Yenit· el Señor á juzgar sus
obras, como lo hizo en este dia mandando
atar de pies y manos al que había venido
sin ella, y echarle en las tinieblas del in-
fierno. Procu r·a, pues, llegat· con grande
put·eza de conciencia ; tiembla de lo que
dijo el Salvador, que son muchos los lla-
mados y pocos Los escogidos. Gmírdate
no te di<>a cómo te has atrevido á entt·a¡•
sin vestidura de bodas, v mande hacer con-
tigo lo mismo. O Jue~ soberano y justa-
mente tet•rible; delante de vos me ¡wesento
atado de pies y manos, no con caden:1s de
obstinacion sino de obediencia , deseoso de
agpdaros. Perdonad, Dios mio, la mala
disposicion con que tantas veces me he lle-
gado á vos; no me reprendais, Señor, con
vuestro enojo, ni me castigueis con vues-
tra ira.
Domine, 11e in furorc tuo arouqs me, neque in
ira tua conipias me. (Psalm. 37.)

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i97

~I EOITACION PARA LA DOMINICA VEINTE


DESPOES DE PASCUA DE BSl'ÍRITU SANTO.

Enxt q11idam Regulus, cujus filius •'n(1rmabatw·.


(Joan. 4.)

Considera, ct·istiano, las enfermedades es-


pirituales que te alligen, y que para ellas
no tienes otro médico ni medicina que tu
Dios. Pídele que, pues es quien solo sabe,
puede Y· quiere, te h1s cut'e antes que tu
espít•itu pct·ezca' uiciendo :
Domine, descenáe priusqua»l spiritus meus mo-
riatttr. (.Toan. 4.) ,
Venid, Seiíor, á curarme, antes que mí espíritu
fallezca.

1. Considera cuán flaco eres y üícil en


enfermar, cómo se apodera de ti la sobet·-
bia, cómo te rinde la ira, cómo te at•r•astra
la sensualidad siguiendo los apetitos de tu
carne; mi1·a el f1·io de la tibieza que pade-
ces, y cuán arraigada está en ti la calen-
tura del amo•· prorio, que te lleva á ente•·-
rar en la aficion desordenada de las cosas

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1QS
de la tierra; guárdate no se ponga sobre
ti la losa de la dureza de COI'azon, y tiem-
bla de la hediondez del mal ejemplo que
se da á otros á quienes se escandaliza pe-
cando. Duélete mucho de lu miseria, llo-
rando tus eu1pas po1· tu daño , y mucho
mas po•· el dolor que han causado á tu
dueño. O Médico celestial, mirad mis lla-
gas, que yo quisiera que fueran de amor
vuestro ; y pues tanto gustais de curar
enfc¡·mos, curadme, Dios mio, que estoy
enfermo.
JII'iserere mei, Domine, quoniam in~rmus .rum.
(Psalm. 6.)

2. Considera tambien la benignidad que


mostró este sobe•·aoo i\Iédico cuando curó
al enfermo del Evangelio, pues aunque su
Padre tenia tao corta fe que entendía era
preciso fuese á su casa para curarle, no
solo no le negó la salud del cue•·po que le
pedía, sino que con ocasion de ella le dió
tambien la del alma, pues á vista de este
milagro creyó luego él y toda su casa,
adorando y glorificando á Dios. Saca de
aquí una confianza grande en su miseri-
cor-dia, y una t·esignacion firme en su vo-

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199
!untad, creyendo siempre es lo mejor lo
que ordena su providencia. para tu prove-
cho y su gloria. O Jesus mio, si de mis
enfermedades y tr·abajos ha de resultar
vuestra honra y vuestra gloria, vengan
enhorabuena sobre mí trabajos y enferme-
dades, que no las quiero rehusar por no
menoscabárosla; la mia, Señor, estará en
tenerlos para que habite vuestra virtud
en mi corazon.
In in{innitatilms nteis ego gloriaóor, ut inha.bitet
út?ne virtus CMisti. (2. ad Cor. 12.)

MEDlTACION PAJ\A lA DOMINICA VEJNTE


Y UNA DESPUES DE PASCUA DE llSPÍl\ITU
SANTO.

Simüe est Regnu.m Q(l)lonmt homini regí, qu.i vo-


l~tit rationem ponere cum servis suis. (1\Iattb. 18.)

Considera, ct•istiano, lo mucho que debes


á Dios por los beneficios que te ha 1íecho,
pot· los males de que te ba librado, y pot·
las maldades que Le ha sufrido; y valién-
dote del inestimable precio de su pre-

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200
ciosa sangt'e, dile con grande arrepenti-
miento : •
Patientiam habt in me , et omnia reddam tihi.
(Maub. 18.)
Tened, Sciíor, misericordia de mi, quo con vues·
tra preciosa sangre tengo caudal para satisfaceros.

1. Considera cómo el Rey de la gloria


al fin de tu vida ha de pedirle rigurosa
cuenta de lo que te ha entregado, y si te
alcanza entonces en ella se concluirá sin
remedio ni esperanza de perdon tu causa.
Y así, para que se la des buena debes tú
l.omúrtela á ti primero, pues ahora hay cs-
pet·anza del perdon. Mira b muchedumbre
de tus culpas, la gravedad de ellas , pot·
set' contra un Dios infinito , con dcspt·ecio
de la sangre de tu Redentot', y cómo por
ti solo no puedes satisfacer á ninguno; re-
conócelas como el siervo del Evangelio con
~t·:mde arrepentimiento, y pide á Dios por-
don y tiempo de penitencia con llrmísimo
propósito de hacer·la, confiando en su pie-
dad que como le per·donó á él te pet·dona-
rá á ti. O pacientísimo Señor, añadid esta
miser·icordia á las muchas que conmigo ha-
beis usado; rnene; ter era un Dios tan lí-

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201
beral como vos para un pecador tan ingra-
to como yo; y pues tan piadoso habeis si-
do en sufrirme, sed lo tambien en' darme
luga1'· de penitencia; con gr·ande confianza
espero en vuest1·a misericordia. ¿Y quién
esperó jamás en vos, Dios mio, que no tu-
viese seguro su remedio?
l1•1ive1·si, qui sustinent te , non con{unde'Titttt.
(Psalm. 24.)

2. Considera tambien no seas como es-


te mal siervo :\ quien el Señor perdonó,
que en apartándose de su presencia no qui-
so perdonar á otro que le debía á él, aun-
que humildemente le pedía tiempo para pa-
gar, ap1•etándole de manera que le ahoga-
ba y haciéndole meter en la caree\; y asi
debes tú no apartarte nunca de su pre-
sencia, para que con este freno perdones de
todo corazon cualquiera injuria que te hi-
. cieren tus prójimos, porque si no serús lla-
mado al último juicio y entr·egado como él
á los ve1·dugos infet·nales hasta que pagues
toda tu Jeuda; y como nunca puedes aca·
ba1' de pagm', nunca te acahadu de atOJ'-
mentar. O Señor·, si yo tuviera presente
este último llamamiento, y me acordara

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202
de los ato•·mentadores y tor me
esperan por las deudas que en ntos que n1e
no paga•·é, sin duda procuraría esta vida
cia•· con vos el perdon y tra luego nego-
taría á mis
prójimos con la blandura que des
tado de vos : por vos , Señor, eo ser tra-
de todo cor·azon; perdonadmc,los perdono
mis culpas como yo pe•·dono á mis Dios mio,
deudores.
.Dimitte noiJis rlehita nostm
'nu.r debilorihus 11ostris. (1\Iatth sicut et 11os aim~ti­
. 6.)
AIBDlTACIO:\ PA RA
LA DOM INI C1\ Vll lNT
Y DOS DESPUES Dll E
PASCUA DE ESP ÍRI TU
SAN TO.

Cujus est ltac imago? (1\Iattb


. 22.)

C onside ra, cristiano, que et•e


de Dios, y como tal te debes ent s imagen
reg
á él; reconoce su liberalidad en ar todo
ficio, y como obra de sus div este bene-
pídele te ayude para hacerte inas manos _
á su seme-
janza, diciendo :
Operi manuum tuarum pon
iges dexleram.
(Job H. )
Ayudad me, Seiíor, por ser obr .
a de vuestras dt-
vinas manos.

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'.!03
1. Considera (para que conozcas la
grandeza de tu ser) cómo Dios crió tu al-
ma á su imagen, sirviéndose po1· ejemplar
de su belleza en su creacion. Hízola espíri-
tu puro como él, invisible ;\ los ojos de
la carne, é indivisible en el lugar donde
está, porque en cualquier parle del cuerpo
está toda, dando á cada una el se1· y oficio
que tiene; hízola inmortal, y aunque está
en el cuerpo mortal no depende de él su
vida; y asi, cuando muere el cue1·po no
mue1·e el espíritu, sino permanece y va á
Dios que . le crió; hizo la uua en la esencia
con tres potencias, para que con ellas se
haga á su semejanza, am<lndole sobre touas
las cosas como á su único pt·incipio; dióla
un libre albedrío á semejanza del suyo, pa-
ra que con él rija y modere los apetitos y
pasiones de la carne; dióla una capacidad
tan infinita, que solo él mismo puede sa-
tisfacel'la; hízola superior á todas las cosas
visibles, cri(lndola para rec1·earse en ella.
¡Oh si conocieras la belleza que Dios puso en
tu alma, cómo le amm·as! O piadosísimo
Criado1· mio, suplícoos que como disteis á
mi alma la inm01talidad de la natu•·aleza,
la deis tambien la inmortalidad de la gra-

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204
cia, para que solo quie~·a mi albedrío lo
que vos quereis; y pues la dísteis capaci-
dad infinita no per·mitais que esté vacía,
sino llenad me de vos, porque en vos están
todos los bienes. ¿Y qué puedo yo desear
fuer·a de vos, si solo vos bastais para mí?
Quid mihi est &• cceto, et a te quid votui s~tper
terram? (Psalm. 72.)
2. Coosidera que toda la bermosura y
gr·andezas que con tanto amor y liberali-
dad puso Dios en el alma las borró la cul-
pa con el infame sello del derñonio, y vién-
dola asi la piedad divina vino á renovar·
la imagen perdida; buscóla para sellarla
otm vez y conformada con su or·iginal. ¡Oh
qué manchada la halló, pues fue menester
su sangr·e para volverla la hermosura an-
tigua! Car·gó sobre sí la fealdad de las cul-
pas, pagándolas y lav;)ndolas con sumo tl'a·
bajo y dolor·. ¡Oh si conocier·as qué hermo-
sa la volvió su sangr·c! ¡Qué blanca! ¡Qué
pura! ¡Qué resplandor· la dió su gracia por
la ¡mticipacion de la sangre divina! ¡O mi-
serable. de ti si tao ta belleza has aman-
cillado con la fealdad de la culpa! Imagen
fuiste de su mano en la creacion; imagen .
eres de sus manos clavadas en la reden-

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205
cion; vuelve, pues, á Dios lo que por tan-
tos y tales títulos es de Dios. O Seño1·,
imagen vuestra soy, •·enovada con la san-
gre de vuestro Hijo: confieso el. vasallage
que os debo; y asi pa1·a pagá•·osle, pues
soy la moneda de este t•·ibuto en que está
vuestra imagen, me ent•·ego todo á vues-
tt·o se•·vicio; y pues vos enviásteis al Ver-
bo tlivino, im:1gen invisible vuest•·a, para
remediar los daños tlel primer hombre y
reparar la semejanza en el ser de gracia
que pe1>dió para todos po•· su .culpa, mi•·ad
con ·ojos de mise•·ico•·dia mi pobre alma;
reconoced la imagen que hicísteis, aunque
afeada con lo que yo hice; restituidme por
la penitencia el lusu·e de la g•·acia que yo
pel'Cií po1· mi culpa. ¡Oh si fuese yo uno de
los escogidos que ¡)l'edestinásteis pa•·a ser
con('tmnes á la imagen de vuestro Hijo!
Haced, Seño•·, que como hasta ahora he
traído en mí la imagen del Adán te•·•·eno,
de aqui adelante u·aiga la del Adán celes-
tial C•·isto bien nuesl1'o. Conformadme con
ella en la santidad pa1·a que alcance la
perfecta semejanza de su gloria.
Sicut portavimus imagi11et11 terreni, por/emus
imaginem ctelestis. (1 ad Cor. f 5.)

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20G

MEDI TACJON PARA LA DOliUNJCA VElliTE


Y Tl\RS DESPUES DE PASCUA DB ESPÍRITU
SANTO.

Filúr. mM •!WIÜI de{uncta est. Et nwiíer qUIIl san-


guinis fluxum patthatur••• (Mallb. 9.)

C onside•·a, cristiano, el flujo de pasiones


malignas que padeces y la brevedad de tu
vida, pat•a que ()I'Ocures vencerlas, porque
cuando venga la muet'te no te halle rendi-
do á ellas, y des pues de la temporal pa-
dezcas la eterna. Pide lÍ Dios con fe viva
tu l'emedio, diciendo:
Peni, Domine, impone man11m wam s!tper me,
et tJivam. (Maub. 9.)
Poned, Seüor, vuestra poderosa mano sobre mí
y viviré.

1. Considera en la persona de la mu-


get' que dice el Evangelio que padecía flu-
jo de sangt•e, el flujo de pecados que pa-
deces, de amor propio, ele codicia·, de so-
berbia, de ira y de olt'OS ionumet·ables; y
con esta enfet•ma aviva la fe y confianza
de que Ct·isto solo podrá y querrá sanar·-

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207
los; llégate á él con suma humildad y re-
verencia cuando le comulgas, ponde•·aodo
tu miseria, y c•·ee que tocando tu lengua
san~rá el flujo de murmuraciones y otros
muchos pecados que de ella n~cen; tocan-
do tu garganta sanará el flujo de gulas
y glotonerías; tocando tu pecho satlal'á el
flujo de todas las pasiones que de él salen.
Guárdate no seas de los que aprietan y
alligen á Ct·isto comulgando sin espíritu y
no participan su vit·tud. Procura llegar de
manera que le ag•·ades y te comunique ¡nu-
chos dones de su gt·aci;t , de suerte que
pueda decir lo que en esta oc~sion : ¡.quién
me ha tocado? porque vo he sentido que
ha salido vil·wd de mt. L101·~ las veces
que le tocas, afligiéndole con tu poca t•evc-
•·encia, y el poco fruto que sacas de las
comuniones y demás ollJ'as que haces. ¡Ay
de ti si convic•·tcs en muet·te lo que se ins-
tituyó pa1'3 darte vida! O Médico sobera-
no y todopoderoso, ¡quién os tocase con tal
espí•·itu que t•ecihiese la virtud que sale de
vos! No permitais que yo os toque sin la
reverencia que debo. Bien veo que merC'l-
co salieran de vos rayos de fuego que me
abrasaran; pe•·o de vuestra mise1·icordia es-

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208
pero que saldrán rayos de amor que se-
quen la corriente de mis malas inclinacio-
nes: libradme de ellas, Dios mio, que en
vos está mi salud y mi remedio.
Libera nu de sanguinil>us, IJeus, IJeus salutis
mea. (Psalm. 50.)

2. Considera con cuánta providencia


para curar tus pasiones te pone C1·isto en
este Evangelio una reprcseotacion de la bre-
Yedad de tu vida en una muger noble, ri-
ca , muy que1·ida y regalada de sus pa-
dres, á quien salteó la m1wte en la flor
de sus años, sin que la valiese nada de es-
to para lib1•arse de ella; para que entien-
das que en toda edad y en cualquier for-
tuna no tienes seguridad de vida, sino que
de repente te saltea¡•:.\ la muerte; y repa-
ra que tú no podrás disponerle segunda
vez como esta difuma despues que Cristo
la resucitó, porque ley general es que to-
dos mueran una vez sola, y si esa se mue-
re mal el daño es i¡•¡•eparable: y pues aho-
ra tienes tiempo, ha7. lo que ella hizo des-
pues de ¡•esucitada. Lo primero, tomándo-
la Cristo de la mano, fue andar; anda tú
en el camino de la virtud, y no pares has-

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209
ta llegar al monte de la perfeccion. Lo
gundo J'ue come,.; come tú con granse-
amor y reverenc ia el pan de vida de
confirma el co¡·azon, y con él te acabarásque
fortalecer. O buen Jesus, no me aseg de
vanamente la Dor de la edad, ni el regaure
ni las riquezas, ni las demás cosas de lo,
vida; mirad con vuestra clemencia esta
hija única que es mi alma; tomadla de esta
mano para que con vuest•·a ayuda me la
vante de la pereza con que vivo y com le-
ce á andar; dadme á comer el pan de vida ien-
que conforta los flacos y alienta los cora
zones desmayados, pa•·a que con su virt -
no me canse de caminar hasta ll~ar ud
monte de la perfeccion. A darme vida al
nisteis, Dios mio; dádmela con toda abuvi-
dancia. n-

A á hoc wni , rtt vitam /¡aheant, et ut abun


hahumt. danti11s
(Joan. tO.)

14

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'!lO

MBDITACION PARA LA DOllllNJC,\ VEINTE


Y CUATRO DBSPUES DE PASCUA DE ESPíRITU
SANTO.

Statutum est omnióus Mminibus semel mori , tt


post hoc judicimn. (Ad Hebr. 9.)
(En la Dominica primera de Advicnw se pone
meditacion del juicio universal , y asi esta se hace
del juicio particular de cada uno.)

C onsidera, ct•istiano , cómo en el primet·


instante despues del fin de tu vida, te se
ha de tomar rigurosa cuenta de todos los
momentos de ella; vive pues con g•·ande
remo¡• de este juicio, diciendo á Dios:
Non intres in judicium cum serw tuo, .Domine,
quia 11on justi~calrilur in conspectu tuo omnis vivtns.
(Psnlm. U'!.) .
Si usais , Sei!or , de rigor en ·vuestro juicio , no
habrá quien en vuestra presencia se justifique.

1. Considera cómo en saliendo el alma


del cuerpo eott·a en una nueva region, don-
de hay otro nuevo modo de entender que
acá, llena de espantos y de sombras de
mu01'le. ¿Qué harás, pues, aquí, peregt·i-
no en tierra tan eslt·aiia, si no tienes muy

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'lit
bien mer·ecida la proteccion de los Angeles
y de los Santos? Cuando le salgan al-ca-
mino los mónstruos infemales, ¿quién vol·
ver·á por ti? ¿Quién te defenderá y librar-á
de ellos? Mir·a cuán estrecha ser·á la tela
del juicio, pues apenas se salv:ll'á el justoj
cuán recto el jue-t, cuán solícitos los acu-
sadores, cuán larga la cuen ta, cuán débil
el descargo, siendo allí las cosas que mas
amaste en esta vida las que mas te ator-
mentarán y harán tu causa mas dudosa.
¡Oh con qué luz descubrirá Dios á tu al-
ma la gravedad de tus culpas! ¡Oh qué
asombrada quedará con la evidencia de tan
cierta probanza, pagando aiLi ojo por· ojo,
diente por diente y her·ida por her·ida!
¿Pues qué podr·ás esper·ar si acaso has sido
causa <le la perdicion de alguna alma? O
piadosisimo Seño r· , ¿con qué car·a podré
parecer delante de vos habi éndoos ofendido
tanto? Con cuán ta razon me podrcis decir:
al mundo y al demonio serviste, ve á ellos
que te den el galar·don. Confieso, Jcsus
mio, que soy carbon negro y feo por mis
culpas, y medio abrasado con el fuego <le
mis pasiones ; lavadme, Sei'íor, y blan -
qucadme con el agua viva de vuestra gr·a.
'

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212
cia, y con ella matad este fuego que me
quema, para que el día de la cuenta vues-
tra misericordia me reciba y vuestrn jus-
ticia me corone.
Jledime , JJeus , animam meam de manu irtferi,
cum acceperis me. (Psalm. 48.)

2. Considera tambien que, como dice


Job, no podrá el hombre ser justificado si
se comparn con Dios. ¿Pues qué respon-
de1·ás cuando el dia de la cuenta te diga
dentro de tu conciencia: ven acá, malaven-
turaJo, qué viste en mí porque así me
despreciaste y te pasaste al bando Je mi
enemigo? Yo te levanté del polvo de la
tie1·ra criándote á mi imagen y semejan-
za, y te di auxilios con que pudieses al-
canzar mi gloria; y tú, menospreciándome
;í mí, ,seguiste la mentira y falsedad del
demonio. 'Para libra1'Le Je esta caída bajé
del cielo á la tierra, y padecí en ella los
mayores tormentos que jamás se padecie-
ron ni padecerán. Por ti nací en un pese-
bre, y fuí circuncidado; por ti ayuné, ca-
miné, velé, trabajé y sudé gotas de san-
"'rc; por ti s-ufrí persecuciones, azotes, blas-
Pemias, escarnios, bofetadas, tormentos y

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213
cruz, hasta morir por ti en ella. ¿Pues qué
hiciste de esa tu alma que yo á costa de
mi sangre hice mia? ¿En servicio de quién
empleaste lo que á mí me costó tan car·o?
O clementísimo Señor, bien veo que de
mil cargos que me hagais no os podr·é res-
ponder á solo uno. Todo lo que os debo os
confieso, y eso mism·o os represento. Acor-
daos, piadosísimo Jesus, que vinísteis por
mí al mundo; no me pierda yo con tal
remedio en el día de mi cuenta.
Recordare, Jesu pie, quod sum causa tuaJ vil1l.· ne
me perdas ilta die. (Seq. in i\Iis. Def.)

l\lliDlTAClON DEL DllNEFICIO DE LA Cl\EACION.

C onsidera, cristi~no, el beneficio inesti-


mable que Dios te hizo en sacarte del abis-
mo de la nada y dar'le el ser de homlH·e;
agr·adéceselo de todo corazon, y para que
consigas el fin que tuvo en criarte pídele
no te desampare jamás, diciendo:
Opera manuwn tuar-um , Domine , ne despicies.
(Psalm. 137 .)
:No me dcsamparcis , Sciíor , por ser obra dll
vuestras manos.

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214
1. Considera cómo siendo tú ab ceterno
nada, y pudiéndolo ser para siempre, qui-
so Dios por sola su bondad, sin mereci -
miento alguno tuyo, antes sabiendo que ha-
bias de cometer• innumerables culpas, sa-
carte del no ser al ser·, y no como el de
otra criatur·n, sino al de hombre, en quien
epilogó Dios todas las perfecciones de que
adornó las demás, criándote para que las
mand:~ses á todas y te sirvies es de ellas,
haciéndote poco menor que los ángeles, y
para que despues de esta vida le gozases
en la eterna. Considera que en formar· Dios
tu cuerpo de una materia tan vil como el
polvo y ceniza te hizo una singularísima
mer·ced, pues en eso te dejó una medicina
admir·able para que no pueda apoderarse
de ti la soberbia. Mira, siendo la materia
tan fragil y corr·uptible, cuán perfecto sa-
lió el edificio con tantas difcr·encías de miem-
bros que le perfeccionan, y r•econoce en ca-
da uno de ellos un singular beneficio, ó si
no mira la falta que te haria cualquiera
que te faltase. Per·o mucho mayor· fue el
beneficio que te hizo en criar tu alma de
la nada, para que siempre tengns presente
la obligacion total que tienes de servil'le

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215
con to~o lo que eres, sin presumir nada
de ti. O amabilísimo y mise•·icordiosísimo
Criado•·, ¿qué os movió á criar una c•·ia-
tura que tan ing•·ata habia de ser (\ vues-
tra bondad? ¿Por qué dísteis ser á quien
tan mal le había de emplea•·? Y pues todo
lo que soy lo he recibido de vos, á vos he
de acudir por lo que me falta. Vuestras
manos, Seño1·, me hicieron y me formaron.
O Pa~ •·e de las lumbres, que alumhrais á
todos los hombres que vienen al mundo,
dadme. luz y claridad para que conozca lo
mucho que os debo po•· haberme c•·iado, y
dadme entendimiento para que aprenda
vuest•·os mandamientos , y la obligacion
que tengo de gua1·dal'los por ser hechu•·a
VUCStl'3.

llfanus tulll {ecerunt tne, et plcwnavertmt me: cla


núhi int~lkctum "' discanl mand<úd tua. (Ps. f 18.)

2. Considera tambien el amor y libe-


ralidad con que Dios te crió, pues ae¡ uel es
infinito y no de tiempo limitado sino etel'-
no, pues antes que Dios C1·iase al mundo
te estaba amanJo ya como á obra que ha·
bia de tener principio y se1· de sus divi-
nas manos, y en este ruego del amor es

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216
donde se fraguan todos los beneficios que
continuamente te está haciendo, que aun-
que ellos por sí fueran de poca estimacion,
se hicieran de inestimable valor por el amor·
con que se dan. No es menor la liberalidad
con que te cr·ió; ó si no, dime: ¿qué obli
gacion tuvo Dios de criarte sin esperar pro--
vecho alguno de ti, antes conociendo cuán
mal se lo habías de pagar, haciendo de los
mismos beneficios armas para ofenderle, sin
reconocerlos ni acordar·te de ellos para agra-
decerlos, empleando la voluntad que se ha-
bía de ocupar en amarle en las vanidades
del mundo, en los rega los y deleites de la
carne, en los engaños y mentiras del de-
monio, tirando tanto con él la barra de tu
malicia, que no contento con no pagarle te
has desenfrenado á ofenderle? O Criador
y sumo bien mio, ¿á quién debo yo esto
s
ojos sino á vos? ¿Quién medió pies y ma -
nos, cuerpo, alma, vida y ser sino vos, que
de nada me hicisteis? Todo soy vuestro;
confieso la deuda, y que aunque este be-
neficio fuera peCJ ueño, por ser el bienhe-
chor de tanta magestad, por haberme cr·ia-
do con tanto amor y liberalidad, y por ha-
ber st&ido mi ingr·atitud y mala paga,

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2!1
quedo con suma obli~cion de hacel'la bue-
na. Y asi, deseoso de satisfaceros, postr·a-
do á vuesli'OS divinos pies os entrego to-
do lo que soy, pues todo es hechu•·a de
vuestras divinas manos; en ello va el cora-
zon, arrepentido de haber andado f'uera de
ellas : recibid le , Dios mio, pues me pedís
tan amo•·osamente os le enll·egue; hacedle
reconocido y grato á vuestros beneficios.
¿En quién se debe emplear mi voluntad
sino en vos, Hacedo•· mio? Y pues de vues-
tra parte fue amor la causa de criarme, sea
tambien amo•· el efecto do la mia.
No1 ergo díligamu.s .Deum , quoniam .Deus prior
dile:at nos. (t 1oao. 4.)

liBDITACION DBL BENEFICIO DE LA


CONSERVACl ON.

C onside•·a, cr·istiano, lo que debes :1 Dios


por· estar desde el instante de tu croacion
continuamente conservándole con su divi-
na bondad, sabiduría y omnipotencia, para

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218
que tu agradecimiento sea perpétuo, y
viendo tu necesidad le digas siempre:
IJe vent.·e matris mero IJeus meus es tu; fle dis-
cesseris a me. (Ps~lm. 21.)
Desde el vientre de mi madre sois mi Dios; Sc-
iíor, no os aparteis de mí.

1. Considera que estar conser.vando


Dios las criaturas, no es otra cosa que
darles repetidamente el ser que las dió
cuando las crió. Pues si tanto le debes
po•·que en un punto te crió, ¿cuánto le
deberás po•·que en tantos te cria y te con-
se1·va? Mira el cuidado que tuvo para que
no te abogases en el vientre de· tu madre,
y para que de alli' salieses con vida y sin
lesion alguna, y el que ha tenido des-
pues de lilm•·te de innumerables peligros
y ,males en que cada dia ves caer á otros;
p01·que ¿qué enfermedad puede tener un
hornlwe que no pueda teneda otro? Si po1·
hijo de Adán , todos somos hijos de este
pad•·e. Si por· el pecado original, todos
somos concebidos en él. Si por pecados ac-
tuales, mete la mano en tu pecho y mira si
eres pecador. Si esto sabes considerar, to-
das cuantas enfem1edades y miserias vie-

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219
res en los demás, que son infinitas, te ser-
virán de despe•·tador para amar al que solo
por su infinita bondad y mise•·icordia te
libra de todas ellas. Conside•·a tarnbicn có-
mo cuantas criaturas hay en la tierra las
puso Dios debnjo de tus pies parn tu con-
se•·vacion, si1·viendo unas p:u·a mantene•·-
te, ot•·as pa•·a cm·arte, otras para ree~·earte
y otras para vestirte; y no solo debes las
que ahora te sirven, sino lambien las que
han precedido á ellas desde el principio del
mundo, porque fueron necesa1·ias para que
vivan estas. Y de la misma suerte le debes
los cielos con sus movimientos, planetas y
estl·ellas, sin cuyas influencias no pudieras
vivir un punto; 'hasta los mismos ángeles
crió para tu servicio, que Le defiendan y
amparen en cuantos pelig•·os le se ofrecie-
ren. Pues si todo cuanto hay criado se en-
cierra en este beneficio de la conservacion,
y no puedes volver los ojos á parle alguna
donde no halles despertadores de él, ¿cómo
estás lan do•·mido y ciego, y tan olvidado
de él'? ¿Cómo es posible, hombre ingrato,
que te alr·cvas á respi1·ar un punto sin que
cada accion sea una alabanza de tau mag-
nífico bienhechor? O Dios infinito, inmenso,

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220
dador y conservador de todos los bienes,
¿qué gr·acias os podré dar por el menor de
los que me dais, pues en él se encierra mu-
chedumbre tan innumerable de ellos? Si
tanta mullitud de criaturas se aunan con
vos para conservarme, por qué yo no me
aunaré con todas para glorificaras? Perpé-
tuamente os alabaré, Dios mio; en mi boca
se hallarán siempre vuestras alabanzas·.
.Benedica:m Domimtm in omní tempore; temper
laus ejus in ore meo. (Psalm. 33.)

2. Considera la bajeza é indi«nidad


que hay en ti para recibir este beneHcio en
cuanto al ser· natural, pues eres hijo de la
tier·ra y nieto de la nada, y mucho mas en
cuanto al ser· moral, pues eres pecador y
consiguientemente enemigo de Dios. ¿Cuán-
tas veces estarías tú tr•azando cómo ofen-
del'le, y Dios estaría ordenando cómo las
criaturas te sir·viesen, dándole por paga
ofensas en vez de agr·adecimientos? ~lira
que es locura de hombre fr·enético estar
ofendiendo á aquel de cuya voluntad está
pendiente el hilo de tu vida ue tal suerte,
que si te dejase un punto te aniquilarías
y te convertirías en nada; y con todo esto

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2~ 1

cuida de ti de Lal modo que parece no tie-


ne oti'O de quien cuidar. Y no pienses que
por ser comunes algunos de los beneficios
de tu conservacion estás exento de agra-
decerlos, pues porque si•·van :í otros no
dejan de ap•·ovecha•·te á tí y se1·vi•·te como
sí solo fueran criados para tí. Pues si todas
cuantas criaturas hay en este mundo son
benefic ios que te están enseñando la bondad
de Dios pa1·a abrasarte en su amor, ¿cómo
estás tan frio en él andando en medio de
tanto I'!Jego? O bondad infinita, ¿,cómo
no te cansas de hacer tanto bien á quien
tan mal usa de él? O Dios mio, fuego
abrasador y consumido•·; ablandad In du-
reza y encended lo helado de mí co..azon
abrasándole en vuestro divino amor; ilus-
trad mi memoria y mi entendimiento para
que conozca la muchedumbre de beneficios
que en sí encierr~ este de la conservacion, y
la mala paga que por él os he dado; infla-
mad mi voluntad en vuestro amor para
que p•·ocure satisfaceros: pero ¿con qué
podré yo pagar, Dios mio, tanto como he
recibido de vos?
Quid retrióuam .Domino p1·o om11ib11s qu(c re!ri-
buil mihi? (Psalm. 11 5.)

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MEDITACION DEL BENEFICIO DE LA
RBDBNCION.

C onsidera, cristiano, el beneficio grande


que Dios te hizo redimiéndote de la servi-
dumbre y esclavitud del demonio á costa
de su preciosa sangt·e, detnmándola po1· tu
amor; y pues le ves tan fino contigo , re-
sígnate en sus divinas manos diciendo:
In manus tuas commendo spirt~um memn; re-
.
lk1nitli me, .Domine .Deus writatis. (Psalm. 30.)
En vuestras manos encomiendo mi espíritu; re-
dimístcismc, Seiíor Dios de la verdad.

1. Considera cómo habiendo Dios criado


al hombre á su imagen y semejanza, y ha-
biéndose él (despues de tan grande benefi-
cio) rebelado contra su Divina Magestad,
sirviéndole de motivos de ofenderle los que
le habían de servir para amarle, Dios quiso
tomar por su cuenta el remedial'le, vistién-
dose el sayal grosero de nuestra naturaleza,
tomando for·ma de vil esclavo, comunicán-
donos sus divinos bienes y cargando so-
br·e sí nuestr'os males; pues estando su -

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213
mergido y anegado en el cieno de mil abo-
minaciones de culpas y pecados, hecho
esclavo del demonio, enemigo de Dios, des-
ter·r·ado del Paraíso, condenado al infierno
y sin fuerzas para el r·emedio, el mismo
ofendido no solo quiso perdonarle ele gracia,
como pudiera, sino por satisfacer con todo
rigor á la Justicia Divina obligarse á pade-
cer· las penas que él merecía por· sus culpas,
dándole con esto muy mcjor·ados los bienes
que habia perdido, sobrepujando la ~racia
la malignidad de la culpa. ¡O bondad ine-
fable! ¡O caridad ardiente! ¿En lugar· de cas-
tigo dais mayores bienes? ¡0 ' 'CDlUJ'OSa cul-
pa que mereció tener tal y tan gr·ande Re-
dentor! ¡O dichosa quiebr·a, que se repa-
ró con tao admirable providencin! ¡O abis-
mo del amor div~no, que por· r·edimir al
esclavo eotr·egais al Hijo!
O in~stimahiHs dif}flalio caritatis; ut servmn
redimerts FiNiltll tradidis!i. (Ex. Ofic. S~b. S.)

2. Considera la causa de hacemos Dios


este beneficio, que fue un amor infinito que
tuvo al mundo, tal que le obligó á entregar
por él á su unigénito Hijo cuando todos
éramos enemigos suyos, como lo ponderó

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2H
san Pablo: mira quién es el que se entre-
ga, que es Dios, abismo de todos los bienes;
y quién es el amado pot' quien se entrega,
que es el mundo, piélago de todos los males,
y tal que á su mismo Redentor le persiguió
toda la vida hasta quitársela cruel y aft·en-
tosall)ente en un madero. Y aunque para
redimil'le bastaba una gota de su saogt·e
quiso derra marla toda, y no por una llaga
sola sino pot· infinitas, que todas son bocas
abiertas que están testificando el deseo que
tenia su amoroso corazon de tu remedio; y
siendo tanto lo que padeció, fue aún mu-
clio mas lo que deseó padecet·, y esto to-
do po1· ti, po1· ti. O si no, dime: ¿qué go-
ta de sangre dejó de deJ'ram~,, por ti? Y
si hoy fuera necesario, no dudes de que
volviera ott·a ,,ez al mundo solo pat·a reme-
diarle á ti. Mit·a, siendo éste beneficio tan
grande cuán mal le has pagado, pues de-
biendo tenerle siempt·e en la memoria no
te has acordado de él, ni agradecídole, ni
hecho por él algun servicio á tu Redenloi'
sino innumerables ofensas, volviéndote al
cautiverio del demonio en menosprecio su-
yo, desha ciendo cuanto es de tu parte el
fin soberano del misterio altísimo de tu re-

© Biblioteca Nacional de España


~2-5
dencion. O fuego inlinitQ, que siempre at·-
deis y nunca decís: basta; ¡quién me diera
un amor tan insaciable que jamás ~e viese
lmto de padecet por quien tanto padeció
pot· mí! Inmensas gracias os doy, pot·que
siendo los hombres tan dignos de que nos
castigase vues tr·a justicia, nos amparásteis
con vuestra miset·icOt·dia y remediásteis
nues tt'as miserias. Remediad, Jesus de mi
corazon, las mías; perdonad mis pecados;
mit•ad con cuántos trabajos me habeis bus-
cado, con cuán tos tormentos me ha beis re-
dimido: no se malogre en mí el ft·uto de
tantas mise ricordias.
Quamms me sedisti lb.Ssus; redemisti Orucem vas-
sus: tan tus lahor non sit Ca$Us. (Seq. in Mis. Der.)

MEDl TACIO N DEL DBNEFICIO DE LA VOC,\


CIOIS.

C onsidera, cristiano, lo que debes á Dios


pot• haberte llamado desde tu nacimiento
á su santa fe, y despues de haberle ofen -
dido al estado de la gt·acia, y continuamen-
te pat·a que te mejores y perfecciones, y
mit'a qué mal le has respo ndido. Pídele no
J!i

© Biblioteca Nacional de España


2.2G
cese jamás de llafl)arte y ayudarte para
J'esponderle diciendo:
1

rocabis me, et ego respondeho tihi. (Job 14.)


Llamadmc 1 Sciíor, quo yo oCrezco responderos.

1, Considera la misericordia que Dios


usó contigo en dat•te pad1·es c1·istianos sin
mc1·ecimicnto alguno tuyo, con cuya dili-
gencia alcanzaste po1· medio del santo Bau-
tismo el ser miemb1·o de la Iglesia católica,
fu01·a de la cual todos pe1·ecen, como en
tiempo de Noé pe1'ccic1'on todos los que
quedaron fuera del arca. ¿Pues <1ué darás
al Seño1' porque entre tanta multitud de
naciones b::írbaras é infieles quiso que te
cupiese la SliCI'Le en el g1·emio de su Igle-
sia, para que no pet·ecieses con todo lo res-
tante del mundo en el diluvio de la infide-
lidad? Mira cuántas almas criaJ'ia Dios cuan·
do c1·ió la tuya, las cuales cayc1'0n en otras
partes adonde no conocen al vet·dadero Dios,
y asi pudiera cae1· la tuya; ó ya que ca-
yese en tier1·a de cristianos pudo ser de los
que perecen en el vientre de sus mad1·es, ó
mueren despues de nacidos sin aplicarles el
santo Bautismo; y con no desmcJ·ece1·lo és-
tos mas que tLI ~~¡ mcJ'ecel'lo tú mas que

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221
ellos, quiso la divina Providencia lilmute
de tantos peligros y que r·ecibie&.'S el bene-
ficio del bautismo, haciéndote Dios por pu-
ra gracia su hijo antes que supieses lla-
mal'le Padr·e. O piac.losísimo Señor, innu-
merables gracias os doy ¡)()r· haber·me hecho
cristiano y no infiel, antes que yo supiese
escoger el bien y reprobar' el mal, librán-
dome de la cadena del pecado original y
adornándome con las joyas preciosísimas de
la gracia. Suplícoos, Dios mio , que pues
tan sin· merecimiento alguno mio me lla-
másteis á ser' hijo de vuestra Iglesia , me
hagais participante de los medios que de-
jásteis en ella para conseguir· el soberano
fin á que la ot•denásteis, para que llamado
y justificado por' vos sea tambien coronado
por· vos en la etema gloria.
Quos vocavit, hos et justi{icavit; quos autem jus-
ti{icmJit, illos et glori{icavit. (8. ad Rom.)

2. Considera cómo habiendo puesto tan


mal cobro de la gracia bautismal, perdién-
dola cuando apenas babia amanecido en ti
el uso de la razon, destr·uyendo como el
hijo pródigo todos sus bienes, y apacen-
tando tus bestiales apetitos, gastando tu

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228
vida en ofender y menospreciar á Dios, él,
viéndote en tan miserable estado, no te cas-
tigó con penas etemas como merecían tus
culpas, y como castigó á otros muchos por
menor·es pecados que los tuyos, sino que
por sola su miser·icordia te llamó muchas
veces blanda y amorosamente pa~·a que
volvieses á su gracia y amistad, despertán-
dote del sueño profundo en que te habían
puesto tus abominaciones , llamándote, ya
con inspiraciones inlcr·iores, ya por medio
de los sermones y pláticas de per·sonas vir·-
tuosas, ya por la leccion de libros espir·i-
tuales, ya con mercedes temporales, ya con
traba,jos y enfermedades, ·ya con la muer-
te del vecino y el amigo, ya con las pro-
mesas de innumerables bienes y las amena-
zas de rigurosos castigos y otros semejan-
Les; y mir·a cuán sordo te has hecho á tan-
tas voces , y cómo aunque tú le has dado
con la puerta en los ojos sin atender á sus
llamamientos, él se ha quedado á ella para
volver ¡)IJamar hasta que le abras y le re-
cibas, y quedes en su amistad y gr·acia.
O divina vocacion, que cuando el hombre
está dormido en el sueño de sus vicios,
olvidado de Dios y del negocio importantí-

© Biblioteca Nacional de España


229
simo de su salvacion, llegas á despertarle
pat-a que trate de ella, y con tu favor la
alcance; ¿con qué os pagaré, Dios mio, el
habCJ·me llamado tantas veces, y con medios
mas eficaces que á ott·os, par·a librarme de
infinitos males y enriquecerme de infinitos
bienes? Innumerables gracins os doy pot·
tan inmenso beneficio; perdonad la resis-
tencia que he hecho á vuestras voces; lla-
madme, Señor, llam:ulme, que ayudándo-
me vos con vuestra gracia , yo oft·ezco oi1·
con obediencia vuestr·a voz.
.Aucliar11 quid /()quQ.t-ur in me Dominus. (Ps. 84.)

MllDlT,\ CION UEL DBNBFICIO DE LA


J IJSTIFICACJON.

C onsidem, cristiano, cómo estando el hom-


bt·e preso y cautivo en la c;~ rcel hedionda
y abominable de sus culpas, Dios nuestro
Señot· por su miset•icor·dia, conociendo el
dolor· que tiéne de haber·!e ofendido, se
compadece de él y le restituye al estado
fclicísimo de su gracia y amistad. Si pot•
ventura tienes señales de haber alcanzado

© Biblioteca Nacional de España


230
esta dicha , dile con un agt·adecimiento
g•·ande de lo íntimo de tu corazon:
JJenedixisli, .Domine, terram tt10m; avcrtisti cap-
tivitatem Jacob. (Psalm. 84.)
Bendito seais, Sciior, que á este miserable pol•o
habcis librado del ~uli,.erio do sus culpa~.

'l. Considet'<l, para conocer la gt"ande-


zn de este beneficio, el estndo de donde
Dios saca á un pecndor, porque el <Jue es-
tá en pecado es siervo del pecado, habita-
cion y mot·ada del demonio, enemirro de
Dios, abOt't'eeido de los ángeles, afligi~o del
gusano de su mala conciencia ; tan feo y
abominable en el alma, que si se viese mo-
t•iria de espanto; condenado á penas etet·-
nas; tan rnuet'lo y sin vida sobrenatural,
que no solo no puede por sí salir de tanta
miseria, sino que ni aun puede hacer obra
que sea de merecimiento alguno; y final-
mente está sin Dios, que es el mayor de
todos los males. JIJas en el instante que
Dios le perdona le libra de todas e11las mi-
serias y le enriquece de innumet•ables bie-
nes; infunde en su alma la gracia pat•a que
con ella pueda amarle; p01: ella queda he-

© Biblioteca Nacional de España


231
eh o amigo de Dios, hijo aclop ti vo su yo, ltc-
redcr·o de su gloria y cober·edcro de Jesu-
cristo, y como miembro vivo suyo (pues
él es cabeza Je todos los justos) unido á
él y á ellos, en comunicaeion de bienes cs-
pir·iluales y eternos. Pon los ojog de la
consiclcr·acion en la distancia que hay de
un estado á otro, y si no tienes señales de
estar en este segundo, pide :i Dios con cla-
mores y gemidos le pase {, él. Y si por·
ventura te parece que Dios te ba hecho es-
ta misea·icor·dia, mim que es In mayor· que
te puede hacer, por· la diferencia gr·andc
que hay del estado de la culpa al estado
de In gr·acia; pues ni el remedio de la re-
dencion te fuea·a de provecho alguno, si no
te se aplicara por medio de la justifica-
cion; y dile con pa·ofundo agradecimiento:
O Señor, ¿qué vísteis en mí cuando de ene-
migo pertinaz me quisísteis hacer Yuestr'O
amigo'! ¿Poa· ventura había otr·a co~a en mí
que un infierno de tinieblas y maldades?
¿Pues en qné pusíslcis, Dios mio, esos ojos
amadores de pureza? No en otra cosa, Se-
ñor, sino solo en vuestr·a bond ati. Suplí-
caos me ayudeis, para que con vuestr·o
Profeta per·péluamcnlc confiese habcis des-

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232
hecho las cadenns de mis culpas, y por
ello os sacrifique eternas alabanzas.
Dirupisti, Domi11e, vincula mea: tibi sacripcabo
hosliam laudis. (Psalm. 115. )

2. Considm·a quién hace este beneficio,


que es Dios únicamente; y los medios por
donde le hace, que uno y otro le engran-
decen notablemente. El medio principal y
CQnjunto es la santísima humanidad de
Cristo Seño1· nuestro; los remotos son los
santos Sacramentos. Dejando los seis, mi-
ra la eficacia del de la Penitencia, que per-
tenece mas que otros á este beneficio (pues
se instituyó para justificar y dm· vida á
los muertos por el pecado), que es tal, que
siendo Dios el Juez y la parte injuriada,
puso el perdon de tus culpas en las manos
de otro hombre pecado1· como tú, quedan-
do libre de ellas y justificado en diciendo
el sacerdote : J'o te absuelvo. ¿Cuántos
caminos es menester andar· en la tierra, y
cuán tos rogadores se han de buscar para
alcanzar perdon de la culpa que un hom-
bre comete contra otro? Y para alcanzarle
de Dios basta confesar las culpas con do-
lor y ¡)!'opósito de la enmienda, sin que

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233
baya quien sea escluido de este J'emeclio,
ni por la gravedad de los pecados, ni pOI'
la muchedumbre ele ellos. ¡O maravillosa
virtud del Sacramento! ¡O admirahle cle-
mencia de quien le instituyó ! ¡O inmensa
liberalidad! ¡O liberalísima misericordia! ¡O
amantísimo y liberalísimo Jesus! Si os hu-
biera costado poco el perdon de los peca-
clos, no me admir·a1'a tanto de que fué1·ais
liberal en da1• facultad tan copiosa pa l'a
perdonarlos; pel'O habiéndoos .costado el
precio de vuestra sangr·e, ¿quién no se
admit•ará y saldrá de sí para predicat' vues-
tra misericot·dia? ¿A los hombres pecadores
dais vuestras veces pa1•a perdonar los pe-
cados? ¿Quién sino vos, Dios mio, puede
perdonarlos?
Quis potest munáum {acero áe irmmmáo conc;¡p-
tum semine? .Nonne tu, t¡ui sotus es? (Job 1O.)

MEDIT.ICION DEL DENEFICIO DE L ,\


GLORJFICACTON.

Considera, CJ'Ístiano, el inestimable bene-


ficio que Dios te hizo en criarte, para que

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'.!34
dcspues de esta vida mortal vayas ñ gozat'
de su sobet•ana vista en la etet·oa. No pon-
gas tu aficioo en cosa de este valle de mi-
serias , sino ot·dénnlas todas de suettc que
le ayuden á conseguit• este fin, y anhelando
(>Ot' él dile :í Oios:
Quam/o veniam, et apparcbo ante {acina Dei?
(Psalm. 41.)
¡,Cuándo, Seuor, será el dia que roo veré en
vuc~tra di\•ina presencia?

1. Considera que la gloria es un esta-


do eterno, segur·o é inmutable, libr·e de
todos los males y lleno de Lodos los bie-
nes; tal, que no hay entendimiento huma-
no que pueda llegar :í penetrar la menot·
p:ll'te del pt·emio que Dios tiene aparejado
en la ott·a vida pat'a los que le aman, don-
de su bondad, sabiduría y amor infinito
echan el t•esto de su omnipotencia pat·a ma-
nifestacion de su glor·ia y descanso de sus
escogidos. Ponder·a cuál ser<i la belle-ta del
lugar· siendo el mismo Dios el sol que con
una luz apacible , celestial y divina le alum-
bra; siendo templadísimo, sin variedad de
tiempos, quietísirno, segut·o, dut·ablc, etm·-
no y hennosísimo : porque si en este mun-

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~35
do visible, lugar comun á hombres y bes-
tias, á justos y pecadores, c•·ió Dios cosas
tan ndmirables, ¿qué bienes, qué deleit~.
qué •·iquezas habrá puesto en aquel que es
p•·opio de solos los justos? ¡Oh qué gozo
set·á estar en compañía de tantos Santos,
cuyo número es innume~·abl c, conociéndo-
se todos, gozándose cada uno de la glo1·ia
de todos, y amándose todos con perfecta
caridad en Dios como miemb•·os de un mis-
mo cuerpo; y verse en medio de los coros
de los ángeles, y algunos sobre todos ellos
porque les esceden en la santidad ! ¡Y cuán-
to mayor la comuoicacion y t•·ato de la
soberana H.eina del cielo, de cuya gloria se
maravillan los ángeles, y de cuya grande-
za se gloi'Ían los hombres ! Y sobre todo,
¡qué se•·á ''e•· aquella sacratísima huma-
nidad de Cristo, y la gloria y hermos01·a
de aquel cuerpo que por nosot•·os fue tan
afeado en una cruz, y siendo de nuestra
carne y sang•·e está asentado :1 la dicstra
del Pach·e! ¡O compañía bienaventurada!
¡Oh quién imitase vuestras vi•·Lurles en la
tic•·•·a, pa•·a IICt,crar á lene•· parle en vues-
lt•as coronas en el cielo! ¡O lug:ll' dicboso!
¡O Par·aiso de deleites inefables y morada

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236
digna ele nuestro Dios! ¡Oh cuán adrnit·a-
bles son vuestros tahm·náculos, Señor! Mi
alma los desea, y por la ~·andeza del de-
seo desfallece. ¿Cuándo, uios mio, tengo
de mot·at' en ellos, gozando de su hermo-
sut·a pat·a siempre?
Quam dilecta ta6emacula tua, lJomine virt1<tum;
concupiscit et de{icit anima' mea in atria .Domini.
(Psalm. 83.)

2. Considet'a la gt•andeza de la gloria


esencial del alma, que consiste en la vista
clat•a de Dios, la cual es tan grande que
no pudo darle Dios ott·a bienaventm·anza
mayo•·, porque con ella estHá el alma co-
mo endiosada, llena de Dios y hecha un
Dios por participacion etet•na, uniéndose
Dios con ella como el fuego suele apodet'at'-
se del hiet·ro y penetrarle, comunicándole
su luz y t'esplandor, su calor y las demás
propiedades que tiene, de modo que pare-
ce fuego; y asi estará llena de gozo con
hattura con solo ver á Dios, :~ma r·le y go-
zade, como lo está el mismo Dios por toda
su eternidad con solo verse y amarse. La
memoria le tend1·á siempre presente, sin
pode1· olvidarse de él; acordaráse de los bie-

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237
nes que ha recibido·, recibe y espera r·eci-
bit·. El entendimiento vet·á sin figut•as ni
enigmas rostt·o á rostro á Dios, y cómo el
Padt·e engendt·a al Hijo, y los dos pt·oducen
al Espít·itu Santo, y son un solo. Dios in-
menso é incompt·ensible; verá todas sus di-
vinas perfecciones; verá los soberanos mis-
tet·ios de la encarnacion del Vei'IJo y de su
sacratísima humanidad; cesará la fe por-
que verá lo que ct•eyó, y la esperanza pot·-
que poseerá lo que espet·ó; y la cat·idad
imperfecta de esta viua estará allí con toda
perfeccion. Verá los secretos inmensos de la
providencia paternal con que Dios le go-
bernó y encaminó su salvacion para que
tuviese efecto, y los peligt·os de que le li-
bt·ó, y los beneficios ocultos que le hizo.
La voluntad estará llena de Dios, unida <Í
su divinidad con union pet·pétua de amor,
amando aquel bien universal en quien es-
tán todos los bienes, bebiendo de aq uel cau-
daloso rio de deleites inefables, embriagán-
dose y engolfándose toda en él. O gloria
mia, ¿cuándo tengo de veros con tanta cla-
ridad que h:u'teis los deseos de mi corazon?
¿Cuándo tendré tal limpieza de alma que
pueda ver vuestt·o divino rostt·o? ¡Oh quién

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238
nunca hubiel'a hecho cosa que desagt·adara
á vuestt·a bondad y me imllidiet·a vuestra
soberana vista ! Tomad, Señor, mis poten-
cias, y ocupadlas en lo que siempre han de
hacet'. Ocúpese mi memoria en miraros, mi
entendimiento en conoceros, mi voluntad
en amat•os, mis sentidos y miembros en
obedecet·os: no tenga yo deleite en cosa al-
guna fuera de vos, pues solo vos podeis
satisfacet' y dat' cumplida hat·tura á mi
alma.
Satia!Jor cum apparuerit gloria tua. (Psalm. fO.)

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CUATRO i\'IAXIi\'IAS
DE

SACADo\S

tfc f'Uttlm cousidcr.uh>llt!S tlr. In ttemidtul por ~1 P. Jmm


Hmai.flit Mmwi, ti~ lu Compm¡ia d e .lt.•Jus , y trndrtrithu ./el
iMiiwtn ttl (-.fpmiol ¡uw otrt) P. ti..: /u misnw. Cmupmiin.

lo que :~c:i se ve mucre y pasa;


l..tt eteruidnd de :~llá solo uo pasa.

----
! bit flomo út domwn Cl'temiratis svl!'. (Ecclc-
siastes 12, 5.)
Todo hombre ha de entrar una vez sola en la
casa de su eternidad para no salir jam~s do ella .
.
Y o te ¡H'esento, cristiano lector, deseoso de
tu salvacion etema, estas cuatro máximas
de cr'tstiana filosofía sacadas de la considc-
racion de la etemidad, y resumidas en
pocas pero sustanciales palabr·as , asegu-
r{¡ ndote que si las pesas con peso fiel el e

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240.
eterna conside••acion, causarán en tu cora-
zbn ma•·avillosos efectos. Muchos con mu-
·cha' ·loa y mucho pi'Ovecho de las almas
h.an _esc•·ito largos t1·atados de este sugeto;
·· pero' éomo sea inlinito sicm1we •·esta que
decir de él, y no tódos puede n hal1e1' ó
tienen tiempo pa1·a lect· los volúmenes
grandes.
Yo de verdad temie•·a pe•·derme en-
trando con el discurso en el abismo de la
etemídad, si san Agustín no me hubiese
dado pa•·a poder sin peligi'O entrar y salí•·
de este labe•·into, cuando dijo: Quidquid
vis, dicito cetemitatem; ideo au.tem qttid-
quid vis clicas, ttt sit tmde cortites
qnod non ]JOtest dici. Dí lo que quisieres
de la etemidad, y po•· eso dí lo que qui-
sie•·as, po•·que tengas en qué considerar lo
que no se puede deci•··
Una cosa puedo yo decir con verdad
pa•·a escitar el hambre de lee¡· este librito,
que es un manjar en la sustan cia grande
aunqu e pequeño en la cantidad, y senci-
llamente guisado con el estilo de mi plu-
ma, el cual, por voluntad de Dios, hizo
imp•·imit· la p1·ime•·a vez sin saberlo yo un
gran personaje, y despues se ha ipmreso

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241
muchas veces dentro y fu era de ftalin, y
corrido pot· las manos de muchos, ·y.... ha .
atra vcsauo el corazon á no pocos -cpn 'el
rayo de la compuncion, sit'\•iéndose de, ello~
aquel Señor que s:~bll hace•· mucho Ue ·na~l'i'
da, y cebar por ticl'l'a los muros de :Jet•icó
con el sonido débil de una lrompéta.,, Y
algunos confcsor·es, habiéndolos dado en
penitencia á leer· á sus penitentes, le han
esperimcntado muy eficaz par·a sanar en-
fermedades del alma.
No lleves, pues, á mal el lee,·lo ó poco
ó mucho, porque no pour:ís de.iat· de lee1·
mucho aunque leas poco. ~y quién sabe si
este punto indivisible se1·a el pt·incipio de
la línea infinita de tu pt·edestinacion eterna?
, 'o te pido mucho en pedirte le des
una ojeada, siendo pot· una parle tan br·e-
ve como ves, y por otra para mayot· fa -
cilidad tuya dividido en cuatr·o partículas,
que COt'l'esponden: la primet•a á la ete1'11i-
dad del alma; la segunda á la etcmidad
del cucq>o; la tercct·a á la ctemidad del
Paraíso, y la cuarta á la eternidad del
infie,·no. Y lú podrás pasadas ó todas ó
pa1·te de ellas como mas le agradare, con
tal que no las pases de c01·rida con los
16

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242
ojos y con el alma, sino con pausas y re-
flexiones á la impo••tancia del punto que
se trata, la cual es tauta que á la verdad
no puede ser mayo1'.
Lee, pues, y bebe con el alma lo que
leyeres, mas como bebe el ave, que á cada
sorbo levanta el pico; porque cualquie•·
pm·iodo bien considerado podrá causar en
ti sentimientos de g•·nn consecuencia. Dios
enamore á ti y á mí de la consideracion
de la eter·nid~d, pa•·a que viviendo siem-
pre con ella en esta vida, mm·ezcamos por
su virtud siempre y sin fin vivir en la
etema.
MÁXIMA l.
ETERNIDAD DEL AUlA.

¿ Quid enim prodest homini si mundum Wliuer-


sum /ucretur, animm verci s1112 detrimentmn patia-
tur? (Mmh . 16, 26.)
¿Qué aprovechará al hombro que gane todo el
mundo si pierde para siempre su alma?

L a primera máxima que se saca de la con-


sidm·acion de la elel'llidad es un conoci-
miento vivísimo del valor del alma, acom-
pañado de una resolucion y propósito fir-

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2-13
me de anteponer los intereses del alma á
los inte•·eses del cuerpo , porque no hay
mas de una alma, una alma sola y una
alma etema, que sí una vez sola se pie••de
jamás se recob•·at·á, y si una vez sola se
gana jamás se pie1·de. Recójase, pues, quien
lee estos pocos renglones en el secreto de
so corazon, y como si hubiese llegado con
los pasos de su consideracíon á las dos
puertas de la eternidad, una que guia al
cielo y otra que abre camino al ¡mcípíeio
del in fiemo, y po•· virtud de Dios las ha-
liase abi.et·tas, fijando la vista del alma en
aquel abismo de los siglos infinitos, •·epí-
tase á sí mismo muchas veces estas li'CS
solas palabras: eum1idad, siemp1·e, jamás;
y luego, volviendo á su alma misma, des-
piértela del sueño del pecado , diciendo:
Acuérdate, 6 alma mia, que e•·es elema . y
que has d~ vivir eternamente ó bienaven-
turada ó mise••able. Vive, pues, ahot·a po•·
la ete1·nidad; pelea po•· la etemidad; pa-
dece por la eternidad; porque pader,e•· y
pelear en una virla donde no se puede es-
cosar el pelea•· y el padecer, todo es en o•·-
den (t vivir, ó en una eéerna felicidad, ó en
una infelicidad eterna.

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244
La muerte es la que da la entrada á
la ete·rnidad; y cuando tú llegues á la
muerte, si no entras por la puena del Pa-
raíso sino po1' la del infierno, ¡ ó mise1·a ble
de ti! que podrás decir con el rey de In-
glaterra Enrique VIII: Perclidimus omuia;
todas las cosas hemos perdido. Porque si
el alma pierde al alma, nada le queda ó
que perder ó que ganar.
Luego que con la consideracion hu-
bie1·es llegado á las puertas de la eterni-
dad, vuelve en tu ánimo, que si bien la
etemidacl es infinita, porque contiene en
sí infinitos siglos , infinitos años, infinitos
meses, infinitos dias, infinitas horas é infi-
nitos momentos, y estos momentos, horas,
di as , meses, años y siglos son infinitos so-
b1·e infinitos, ó infinitas veces infinitos, con
todo eso su ap1·ehension, como si fu ese de
cosa finita, se est1·echa entre dos té1·minos
que no tienen té1·mino: siempre y jamás,
y jamás y siemp1·e. ¡O buen .Jesus mio,
qué mm· Océano es este sin suelo y sin ri-
bel'3, sin término y sin fin! ¡Oh! que to-
dos los pulsos se me allel'ao, y todas las
venas me tiemblan, y toda la sangre en
ellas se hiela cuando me conturbas mis

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245
pensamientos engolfados en este siempre y
en este jamás.
Un siempre que no tendrá jamás On;
un jamás que durat·á ¡m·a siempre: un
siempre que jamás debía apat·tat·se de
nuestro pensamiento; un jamás que sierp-
pi'C clebct·ia estat· lijo en nuestr·a con$ide-
t·acion: un siempre que como cuchillo agu-
do pasa de parle á parte el ánimo del pe-
cadot•; un jamás que como e3pina pene-
trante att·aviesa el cot•azon del justo: un
siempr·e que espanta á los mas rebeldes;
un jamás que hace temblar :i las colum-
nas mas firmes de la Iglesia: un siem¡n·e
que ha poblado los desiertos ; un jamás
<¡ue ha llenado los monaslet•ios: un siem-
¡Jre que ha guardado la put·cza de" las vír-
genes; un jamás que ba der't'amado la
sangt·e de los mártires: un siempre , un
jamás que hao engendrado la santidad y
mantenido la inocencia.
¡Ojamds, ó .•ielnpi'C!
¡O siempre , 6 jamds!
Jamás os malo quien piensa en el siempre.
SicmprCl es bt1eno quien piensa en el jamds.
¡O etemidatl que siempre ha de durar!
¡O eternidad que jamás se ha do acabar!

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246
Ya tú, amigo mio, con la considera-
cion te hallas en medio de la eternidad,
que no tiene medio; ya tu alma, sin alien-
to, atónita y desmayada, pregunta: ¿Qué
es eten1idad?
La etemiclad es una dur·acion siem-
pre presente; un hoy per•pétuo que nunca
pasa; un dar vueltas de años que nunca
cesa; un círculo cuyo centro es el siem-
pl'e y la ci•·cunferencia el jamás; porque
dur·ando siemp•·e. en oingun tiempo puede
jamás comprenderse 6 terminarse; una es-
table inmutabilidad y una inmutable esta-
bilidad; una esfe•·a en la cual po1· ningun
lado se halla fin; una rueda que sicmpr•e
se está revolviendo sin pararse jamás; una
fuente cuya agua siemp1·e co1'1'e y siempre
recorre para tol'llar á correr, sin que su
curso y recurso cese jamás; un manantial
que at-roja de sí un rio indefectible, 6 dul-
císimo de bendiciones, ó ama•·guísimo de
maldiciones; una culebra que em·oscándose •
muerd e su cola; y asi, confundiendo fin y
principio, jamás acaba de comenzar y ja-
más comienza á acabar.
Tü querias saber qué cosa es la eter-
nidad, y lo has sabido sin sabe•·lo, porque

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'247
todas cst3s metáforas que la descr·iben, aun-
que dicen mucho no dicen nada, porque
entre lo finito, cual es lo que ellas dicen, y
lo infinito, cual es la eternidad, no hay
nada de pr·opor·cion ni de semejanza. Des-
pues de mil años, y despues de cien mil
años; despues de mil millones tlc años y
despues de cien mil millones de millones de
siglos, aún no hab,·á llegado el fin ni el
medio de la etemidad; antes pasados to-·
dos ellos, ella se quedará tan enter·a como
· si entonces comenzara. Cuanto la tiel'ra
será tier·ra, y cuan lo el cielo set·á cielo, y
cuanto Dios (¡ó Señor-, qué cosa es esta ! y
ella es ciertísima) ser·á Dios, tanto los bien-
aventurados serán bienavenlur·ados y los
condenados ser·:ln condenados. Y por·que
Dios será siem.p1·e Dios y no dcjar·:í de ser·
Dios, por· eso los bienaventur·ados siempr·c
ser·án bienaventurados y no dejarán .iamás
de serlo, y los condenados $iempr·c se-
rán condenados y no dejar·án jamás de
serlo.
¡Oh, si bien considerásemos este siem-
p1'e y este jamás, CU!Ín ligera y momen-
tánea nos pareciera cualq uier·a pena! ¡Cuán
dulce y cuán suave cualquier· trabajo po•·

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~48
llegar á gO'tar de Dios eternamente!
lejos estaríamos de lodo pecado ! ¡Cuán
fet·vorosos seríamos en las obt•as ¡Cuán
san
¡Cuán bien gas taríamos este mome tas!
vida del cual pende la etemidad! nto de
Abr·idn os pues vos, Dios ete ,
vuestt·a piedad, nbr·idnos los ojos rno
del
por
para que penetremos y vivam ente alm a
mos cómo la etemidad es infinita, sin ta-
mo siendo interminable pat·a nosotr y có-
de ser· 6 sumamente feliz ó infeliz os ha
mente; y dadnbs que este momensuma-
tiempo que por sola vuestt·a bon to de
habcis concedido, de tal manera lodad nos
mos f¡ue merezcamos pasar de él á gaste-
na felicidad. la etet•-
Esto ¡wedicamo s, esto gritamos,
inculcamos á todos para gue se salv esto
alm as de los que, olvidad os de la en hJs
eterna , van precipitadamente conieo glo ria
do
pena eterna. Oid, cr·istiaoos; oid, pa~ la á
oid, hombr·es todos cuantos vivís auos;
tiet·ra y habeis de morir; oid y temsobre la
oir estas tr·es pal abras: eternidad, blad de
pre, jamás; y alegraos vosott·os lossiem-
ya en el cielo estais gozando del que
bien, seguros de que le ha beis de sumo
goza•·

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249
por toda la eternidad, siemp1·e, si u per-
derle jamás.
Oid otra vez, hombt·es viadores que
vivís en el mundo; oid, pensad y rcpa•·ad
que de este momento de vida depende ó la
vida 6 la muel'te eterna; 6 aquella con-
duce la cruz de Ct·isto, á esta los placeres
del mundo: escoged de estos dos cslremos
el que quisié•·eis; escoged vivit' 6 morit·,
pero aco•·daos siempre y advc•·tid mucho
que el vi,·ir y el morir es eterno.
Cuando hubie•·es llegado aquí con la
eonsider·acion, amigo lccLot·, san Crisós -
tomo detendr·á el curso descnrt·enado tle Lus
desordenadas pasiones diciendo osi: Dime,
¿cuántas manos tienes? - Dos.- Dios te
las gua•·de; mas porque son dos, si pier-
des la una te queda la otr·a. ¿Y cuántos
pies tienes?- Dos.~ Dios Le los guarde;
mas porque son dos, si picnics el uno te
queda el otro. ¿Y cuántos oídos tienes?-
Dos.-Dios te los guarde; mas porque son
dos, si piet·des el uno te queda el ott'o.
Y cuántos ojos tienes?-Dos.- Dios te los
guarde; mas porque son dos, si pierdes el
uno te queda el otro. Y almas ¿cuántas
son las que tienes? Si tienes dos bien puc-

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250
des descuidarte en su guarda, que si pier-
des la una te quedará la ott•a. Pero ¡ay de
ti ! que no tienes mas de una alma, una
alma sola y una alma etcma; y si esta
pierdes no te queda otra, y si esta ganas
es una que pat•a sí vale por muchas, ó pot·
mejot• decir por todas. Si esta piet·des la
piet•des para siemp1·e, si esta ganas la
ganas para siempre; ganada esta no po-
tlrá jamás ser pet·dida, y perdida esta no
podrá jamás ser ganada.
¡O cristiano! ¿Dónde está la fe? ¿Dón-
de el juicio? ¿Dónde la rnon? Porque (di·
me tú ahora te ruego), ó crees que hay
eternidad de glot•ia ó de pena, ó no lo
crees. Si no lo crees, demasiado es lo que
haces; y si lo ct·ees , ¡ay de ti que haces
demasiado poco, ¡)uesto que de cuatt·o pal-
mos de tiet·t·a, de un poco de humo de hon·
ra, de un momentáneo deleite, de algunas
piezas de tien·a amarilla, de un puñado
de los esct·ementos de una concha ha-
ces mas caso que de tu poiH·e alma , y
alma sola, y alma cte•·oa! No basta ct·cet·
la etemidad si 110 se cree como con-
viene.
Y si estas palabt·as, que de vet·dad

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251
son pocas, :í tí, que estimas menos el alma
que un vil dinero, te pa•-ecíe•·en muchas,
conléntome con que en tu corazon fijes es-
tas dos solas: alma sola, alma etema;
para que cuando la tentacion te acomete,
y los objetos te atraen, y los sentidos te
lisonjean, con este escudo de diamante re-
sistas r\ los golpes del enemigo como los re-
sistió aquel emperador á quien el pensa-
miento vastísimo de la eternidacl quitó la
corona de la cabeza, diciendo: iJias es el
alma. ¡Oh si cada uno á sí mismo tie re-
pitiera muchas veces : Jlfas es el alma;
mas es el nlma sola; mas es el alma
eterna! Si tú fueses tan glo•·ioso como un
Alejand•·o, tan afortunado como un Césa•·,
tan rico como un Creso, tan hei'Oloso co-
mo un Absalon, tan amado como un Jo-
natás; si tuYieses todas las riquezns, Lodos
los honores, todas las g•·andezas, todos los
placeres del mundo, lloviendo sicmpl'e sobre
tu casa un diluvio c]e fel ícidaclcs, p•·cgunto:
dentro de cuat•·o días, :í la ho1·n de tu muer-
te, ¿no lo habias de deja•• todo mal de tu
grado, cuando tu alma polll'e y desnuda
ha de da•· el pelig•·oso salto desde el tiem-
po á la elel·nidad? Pues entonces, he•·ma-

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25~
no mio, dime: ¿Qué ser':i de ellas? ¡ Al-
ma sola y alma etema!
En suma, yo vuelvo á decir· lo que es
verdad (y ojalá no lo fucr·a) : ó no hay fe,
6 no llay juicio, ó no Iray t•azon en el
que peca.
Alma sola, alma eterna.
Eternidad, siempre, jamás.

Erue á {ramea, Deru, anim(J1)l meam: et de ma-


nu canis •micam meam. ( Psalm. '2 t , '2'2 .)
Salva animant tuam. (Gen. 19, 17.)
\

Por la salud del alma ¡ ó caro hermano!


Pon debajo los pies y arroja ni viento
Ese vidrio caduco y polvo vano
Que poco dura y pasa en un momento;
Y por un bien eterno do antemano
Sufre cualquier dolor, pona ó tormento,
Y sea tu cuidado y tu desvelo
Hacer de lodo vil oro del cielo.

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153

MÁXIMA lf.
liTEJ\NIDAD DEL COJlRPO.

Qui amat animam suam, 'f)erdet eam,· ct qui odit


anima.m. suam tn hoc mwndo, ·in vitam. «'lernant cu-
stottit eam. (Joan. 12, 25.)
El que ama en esta vida su alma de hl manera
que por cumpli r sus apetitos ofende :\ Dios, perderá-
la para siempre; pero el que la aborrece mortificán-
dose y contradiciéndose á SllS pasiones, la guarda
para la ''ida eterna.

La segunda máxima que se saca de la


considet·~cioo de la eLenlidacl es una fit·-
me rcsolucion de t1·ala1' mal al cuerpo po1·
tratado bien, y hacel'le que padezca pot·-
que no padezca. EsLos dos axiomas, amigo
lector, si bien ::í la pr·imera vista le p~re­
cenín enigmas ó paradoj;ts, con todo eso,
si los pesas en las balanzas de la fe, dcs-
cubt·irás en ellos dos verdades prácticas,
infalibles y potenLÍsimas pat·a convertirte:
padeceT po1· no padece,·, y tmta?' mal
po1· tratar bien; porque ct·eyendo con cer-
tidumbre de fe, como ct·eemos, la resur-
reccion de los cuerpos; con la misma ccr-

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254
tidurnbre sabernos la mbien que los cuer-
pos con ofensa de Dios tr·atados bien en
esta vida , han de ser· tr·atados mal por
una etemida d en la otra; y c¡ue los cuer-
pos mor·tillcados por no ofender· á Dios
en esta vida, han Jo ser vivificados con
elerno gozo en la otr·a : luego quien trata
mal su carne en el tiempo presente, la h'a-
ta bien par·a la etemidad; y quien la ha-
ce padecer en este siglo hace que no .pa-
dezca en el futuro : y asi, si le parecier·c
estraño ó enigmáti co el título de esta má-
xima , etemida d del cuerpo, corrige lu
imaginacion considerando, que si bien tu
carne ha de ser pasto de gusanos y con-
vertirse en ceniza dentr·o de pocos y breví-
simos dias, con todo eso, en el dia final
del mundo esa carne misma, y no ot1·a, ha
de resucitar y unirse con el alma insepa-
rablemente para no volver ~í mor·ir jamás;
ver·dad que profundamente considerada abre
en el corazon del justo una vena de am-
I)I'Osía , y en el ánimo del pecador· hace
cor·r·er un rio de hiel. Alégrase el justo
cuando se acuerda que est<i aparejada pa -
ra su car·ne po1· el padece1· momentáneo
una eterna r·etrilmcion, y llénase de triste

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Z55
horror el pecador cuando consider·a que á
su cuerpo tan amado le está pr·eparado
por el momentáneo deleite etel'llo castigo.
¡Oh! pluguiese á Dios que el pensa-
miento de la etentúlad ete1•nizase en el
pueblo cristiano una metamó•·fosis ó trans-
mutacion, no fabulosa sino semejante á la
de aquel mancebo mundano, que fabr·ican -
do castillos en el aire y torres de viento so-
bre el arenal, levantó el euificio de su sal-
vacion eterna.
Este tal , como suele suceder á los
ociosos, un dia, no sabiendo qué hacerse,
saltando con el pensamiento de rama en
rama, como dicen, quimerizaba consigo
mismo y decia : ¡Oh qué buen tiempo es el
mio! ¡Oh qué feliz suerte si durase siem-
pre, si nunca se menoscabase ! ¡Oh si yo
pudiera embalsamar mi felicidad! No me
taltan rique:tas; abundo de amigos; han-
<jucteo espléndidamente; vivo á lo g•·andc;
soy cor-tejado, y doy á mis sentidos cuan-
tos gustos se les antoja. Y si bien todas
estas dulzm·as llevan su mezcla de amar-
guras, lo que mas me. trae amargo es el
considera•· que todas se han de acabar, y
un día han de tenet' fin con la mue•·te.

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256
¡O muet·le, sí yo te pudiera dat· la
muel'te! ¡Oh si fuel'a posible siempl'e vi-
vit•, siempre gozat· del mundo y siempt•e
seguit· á los propios apetitos y antojos! De
aquí, pasando con la considet•acion adelan-
te, se decía á sí mismo : Si abot·a viniera
un angel del cielo y me ttajera Lina fitma
en blanco de Dios que ponía en mis ma-
nos esta eleccion, tú has de vivit· seiscien-
tos años en una de dos manet·as, ó estan-
do los veinte y cinco de ellos en una estre-
chísima prision entre millares de miserias
y los •·estantes en las anchuras del mundo,
goza ndo de todos sus placet·es , ó pot· el
eontt•at•io los veinte y cinco entt·e estos
placet·es gustosos y elt·esto en aquella pri-
sion tt•istísima , ¡,cuál seda en este caso mi
resolucion? Sin duda que eligiet·a el pri-
me!' pat•tido y no el segundo, si ya del to-
do no hubiese pet·dido el juicio; po•·que
¿qué son veinte y cinco años en compara-
cían de tantos siglos? Coo veinte y cinco
años de paciencia comparat·ia quinientos y
setenta y cinco de alegría; veinte y cinco
· años lo pasaría maJ, pero quinientos y se-
tenta y cinco lo pnsatia bien ~ Cuando aquí
llegó este mancebo fue su corazon traspa-

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257
saJo de una fue1'te inspi•·aeion de Dios,
po1·que ~inti ó una voz interna que le de-
cía: ¡O miwahle! ¡O mise1·able de ti! ¡.Có·
mo no ves que contra ti mismo has dado
la sentencia? Sean los años que te l'estan
de vida, no solo veinte y cinco sino ciento,
y séate concedid o por lodos ellos todo cuan-
to te venga al pensamiento de los bienes
deleitables del mundo; mas dcspues de
ellos ¿qué te enseña la vc,·dadei'a fe? ¿Cuán-
tos años se han de seguit·? No seiscientos,
no seiscícntos millones, mas siglos eternos,
en los cuales vivirás mu1·íendo con una
infinidad de penas, é infinitamente mayo-
res de cuan tas puede concebi1· el entendi-
miento hum ano. ¿Parécete, pues, bien este
partido? ¿ Pa,·écctc si este cont ,·ato es po1·
ambas 1m tes igua l? La considel'acion de
esta ar·itmética divina le hizo I'esolvcr·se :\
no traficar ya mas con el mundo y sus
cosas, y :\ enmendal' su vida por aseg ura!'
la etemidacl.
¡Oh cuán dulce y suave nos baria la
mortificacion de nuestra carne el pcnsa-
miento <le la etemiclad si no se apartase
jam:ís de nuestro cor:~wn, ó por· lo menos
algunas veces se alber·g:~se en él ! Homl)l'C
!7

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258
cristiano, por lo mucho que amas, no d1go
yo á tu alma sino á tu cuerpo, ruégote
que consideres muchas veces estas pala-
bras :
Breve \<ida, eterna vida.
Breve padecer, eterno gozar.
Breve gozar , eterno padecer.
Si el cuerpo se lamentare del ayuno,
confórtalo con el pensamiento de los ban-
quetes eternos; si se quejare del vestido
pobt·e, cotisuélalo con el pensamiento de la
estola inmortal; si se doliere del padecer,
en,juga sus lágrimas con el pensamiento del
eterno gozar.
Zeuxis, pintor célebre, preguntado por
qué gastaba tanto tiempo en pe,{eccionat·
sus pinturas, respondió: Diu pingo, quo-
niam ceternitat·i pingo; pinto tan despa-
cio porque pinto para la etemiclad. En-
tienda bien nuestro cuerpo que sus pintu-
ras son etcmas. Toda penalidad, toJe¡·ada
por amor de Dios, es una pincelada en el
cuadro de la eteTnidad bienaventurada; y
todo pecado grave cometido por amor del
sen ti do, es una pincelada en el cuadro de la
etemidad infeliz. Por eso querria yo qne
en la vida espiritual se hallase un movi-

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n9
miento perpétuo cual no han hallado los
filósofos en la naturaleza, con que nuestros
ojos del alma continuamente se moviesen
h~ícia arriba y hácia abajo, acompañados
con una lengua intelectual que siempre es-
tuviese diciendo: cielo é infiemo; clia y
noche; pacl.ecel' y goza¡·; vida y mttel'te;
muerte sin vida; vida si11 mue1·te: goza¡·
sin padecer; padecer sill go:a1· ; noche
sin día; día sin noche, y día y ltOche;
padecer y goza1· ; vida y muerte , todo
etel'lto:
Y no tr·atamos aquí, amigo lector·, de
una metafísica espiritual, que puedas deci1'
no la entiendes por ser ella muy sutil y tú
muy rudo; mas tJ·atamos de tu cucr·po y
de tu carne, y de 1us miembr·os y senti -
dos, y decimos que á esta carne misma, :i
ese cuerpo, á esos miembr·os, :\ esos senti -
dos tuyos, y de ti tan amatlos y regalados,
dentro de cuatr·o días br·evísimos, días de
vida mortal ó de muer·te viviente, les ha
de caber· forzosamente, 6 un día elcrnó ó
una noche eterna; un etei'Do gozar· ó un
etemo p~ decer·; una eter·na vida ó una eter-
na muerte; un paraíso eterno ó un infier-
no etet•no.

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2GO
Habla, pues, hermano, frecuentemente
con ese tu mismo cuerpo, y dile: Acuér-
date, cuerpo mio, que eres eterno, y vives
pa1'a ser eternamente feliz ó infeliz. Ojos
mios, no ofendais á Dios con el mira1·, por-
que sois eternos; manos mias, trabajad
por amor ele Dios , porc¡ ue sois etel'llas;
pies mios, camiQad por el camino de los
divinos preceptos, po1·que sois eternos; oí-
dos mios, escuchad la palab1'a de Dios,
po1·que sois etemos; ca1·ne mía, mortifícate
y haz penitencia, porque e1·es eterna.
Prediquemos á nuest¡·os sentidos como
predicaba Cristo á sus discípulos con aque-
lla sentencia, que aunque no está en el
Evangelio la refiere Clemente Alejandrino:
Stote boni trazJezitw ; sed buenos ban-
queros ó cambiado,·es , y estimad las mo-
nedas, no por lo que parecen sino po1· lo
que valen; dad la moneda vilísima de este
cuerpo mo1·tal, que no vale un cuarto, pot•
los tesoros p1·eciosísimos de los bienes elct·-
nps; y si quereis darle un valor inestima-
ble, aunque es de liel'l'a, pisad y hollad
esa tiet'l'a en estn vida, y la hallareis en
la otJ·a despues de la ¡•esur·reccion convet•-
tida en oro.

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261
Estas brevísimas palabras, si ya vues-
ti'O corazon no es de piedra , como saetas
agudas le tr-nspasarán, abriendo en él una
vital herida, y poniéndoos por e.iempla•· el
cue•·po de san Lorenzo asado en las parri-
llas, y su co•·azon ab•·asado en amor di-
vino, senti•·eis que al vuesu·o se dice pot·
boca de Agustino: Beatiwdiuem hic pa-
1'CI1'e possumus; ¡Jossidere non posstt-
mus.
Si auttm nU>rtuum (uerit (granum (rumenti),
multwn (ructum af!ert. (loan. 1'l, '25.)

J,as gotas do la sangra ¡ 6 penitente!


lluhícs son, y perlas las del llanto;
Cetro y corona el tolerar paciente
Cilicio, hambre, sed, dolor, qncbranto~
Penas que allá dan gloria permanente
Y acá de un pecador hacen un santo,
Con que hacen allá que á larga mano
Produzca fruto eterno el muerto grano.

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:MÁXIMA lli.
ETERNIDAD DEL PARAJSO.

Quoa in prresenti est mome11taneum et leve tri-


lmlationis nost'l'll!, supra modum in suhlimitate reter-
.num glorice pondus operatur in nobis. (2. Corinth.
4, 17 .)
Lo momentáneo y ligero de toda tribulacion
nuestra, sufrida en esta vida, causa en nosotros en la
otra un escesivo y eterno poso de gloria.

L a tet·cera máxima de salud que se saca


de la considet·acion de la etemidacl, es una
cuerda resolucion de dar la nada por el
todo, la muerte por la vida, lo presente
por lo futuro, el tiempo breve por el infi-
nito, y la tiena por el cielo. ¡ Oh cuán
bien decía Tomás Moro, que muchos con
la mitad del tt·abajo con el cual compran
la eterna pet•dicion, y aun con menos, pu-
dieran adquirir si quisiesen la bienaventu-
ranza eterna!
No tratamos aqui de la gt•andeza y
calidades de la gloria, siendo nuestro fin el
tratat• de su etemidad; solo exhot•tamos
al lector que considere el sentimiento de

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263
san Agustín, que dice: que por solo goza r
un día de la glot·ia del Paraíso, fuera bien
empleado el p~decer todos los tormentos
que en esta vida presente se pueden pa-
decet·; y que pondet'e atentamente lo que
escribe Alano, autot• muy gt·ave, de cic¡·ta
monja difunta clespues de una enfermedad
grav ísima, la cual, apat·eciéndose por divi-
na pet•mision vestida de gloria li una co-
nocida, entre otras cosas le dijo : ¡O ami-
ga , cuán gt·ande es la gloria que Dios me ·
ha Jado en el Paraíso ! Hágo te saber que
por ganar tanto mas de ella cuanto mere-
cía sola una Ave María, aunque fuese re-
zada no con muy grande devocion, de
buena gana volvería yo á padecer toda mi
vida tan grave enfermedad y las agonías
de )a mue1·te. .
Si esta recom pensa tan sin medi da de
las buenas obra s que Dios da á sus esco-
gidos hubiera de tener fin, algu na escusa
pudiera tener la locur a de aque llos que no
se cuidan de ella: pero no ba de tener fin;
nunca se ha de acabar; es eterna. Y como
quiera que las dulzuras y gustos terrenos
vienen mezclados con la amat·gura de la
memot•ia amarga de su fin, las dulzuras y

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%4
gustos celestiales por este lado
mables, porque jamás han de tenson inesti-
mi Dios, cuá n poco nos cuesta unaer fin . ¡O
dad de un Dios inflnilo! O Señ eterni-
con que lágrimas se puede dig o1' etc1·no,
llorar esla mise•·ia que nosotros, namente
pa•·a el Paraíso, ó nunca ó pocas c•·iados
vantamos los ojos del alma para mi• veces le-
lla nuest1•a verdade1·a pat1·ia, y par·ar aque-
de•·ar cómo el Pm·aiso es eterno. a consi-
Si el Pa•·aiso eterno fuese con
todo el mundo sería santitlcado. siderado,
¡Oh! ¿Qué no hace un hom
quirir riqu ezas? ¿A qué peli grosbre po1· ad.:
pone por ensuciai'SC eu los deleite no se es-
tido? ¿Qué trabajos no tole1·a pors del sen-
brarse al precipicio de las honras encum -
así que sob1·e todo esto que el hom, siendo
nam ent e desea Dios ha dcr •·amado bre va-
hieles, y ha puesto un poco de polmuchas
té•·mino de las olas tumultu antcs vo pot'
tros diseños y caprichos, hoy en de nues-
mañana en sepultura? ¡O h, cutf1gura y
cuántos son los que malbaral:m intos y
cielo por el lodo de la tierra! el oro del
Con esta consíderacion, el
la elocuencia adrni•·able de san Euque tuviese
querio po-

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265
dría fabt·icar una cadena de OI'O pnt•a ha-
cer esclavos de la etel'nidad á todos los
hombres. ¿Qué ganancia (dice él) se puede
persundit· un hombre que har:c cuando á
costa dA fatigas compra su pet·dicion eter-
na y pim·de su eterna felicidad, lo cual es
cierto que no se puede llamnt• gannncin si-
no pét·dida, pm·que la gMancin con>iste
en perdet· poco y adquit•it• mucho? O mi-
serables de nosoli'Os, que siendo tan cui-
dadosos y diligentes pot· nucstr·os inter·eses,
damos en nuestro ánimo el último lugar á
aquel cuidado que debiera tener el prime-
t·o; cuidado que no solo dchiet·a ser el pri-
mero, mas debiera ser· solo. Antatl cnhot·a-
buena la vida, pero sea la eterna ; aman-
tes vitam insinuamus , ut ametis ceter-
nam.
San Felipe Ket·i se apareció de.~pues
de muerto vestido de gloria á una pct\<0-
na su devota, y le mostró detr·ás tle sí un
camino largo todo cubierto de abrojos y de
espinas, y le dijo : este es el camino por
donde se va al Pat·aiso. Quien quisim·e
coger las rosas del cielo, es necesat·io que
pase por• las espinas de la lictTa.
El mismo Santo, quet·iéndole hacet· car-

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266
denal, se fue huyendo y gritando: Paraíso,
Paraíso. Apt·ended vosotros de semejante
ejemplo, dice el citado Euquerío, porque
no puede haber mayor locura que cuidat•
mucho de lo poco y cuidat· poco de lo
mucho: B1·evi tempori cum m maxi mam ,
et maximo tempori curam bt·evem im-
pendel'e. .
Non enim habem us Me manentcn& civitatem, sed
{uturam inquirimus. (Ad Hebr. 13, H.)

La ciudad de esto mundo, ó viaodaota,


No es la patria á que vas, es un hospicio;
Si fijo en él no pasas adelante,
Pierdes con indeciblo perjuicio
Todo el tiempo presento y el restante,
Y como un caminante sin juicio
Te pierdes ttí perdiendo tu jornada,
Y al fin perdiendo el todo por la nada.

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~67

MÁXIMA IV.
ETERNIDAD DEL INFIER.XO.

Quis poterit habitare de vobis cum igtle devoran-


te? Quis habitabit ex vobis cum ardoribus sempiter-
nis? (Isairo 33, 14.)
¿Quién de ,·osotros tendrá atrevimiento para ba-
bilar rodeado siempre del ruego tragador del infier-
no, y penetrado con sus sempiternos ardores?

La cuat'la y última máxim:l de salud (que


pot• ventut•a es la primcr•a en la fueroza
para quebranta•· los cm·azones empederni-
dos), sacada de la considcracion de la eter-
nidad, es ponerse en viaje pat•a el inlierno,
y entrar en vida con el pensamiento en
aquel abismo de tot·mentos, para no en-
trar con la realidad en él despues de la
muerte: Descendant irt in{e1'11wn viven-
tes, dice David; y añade san Bernardo:
N e descendant morienles. ¡O formidable
palabt·a!
INFffiR I\0.

Esta es una medicina de un solo in-


grediente, la mas poderosa pat·a purgar

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2f,8
toda la podredumbre del eorazon humano
y dar al alma la salud de la gt·acia. Pen-
semos bien en las penas del infiet·no, por-
que : Non sinit in gehennam inciclere
gcheuucc r eCOI'clatio, dice san Crisóstomo;
no deja cae•· en el infiel'nO la mem01·ia del
infien10. Y me at•·evo á decir, que sí los
homb•·es todos tuviesen fe viva y memo -
ria ctet·na del infier no, estaría despo blado
el infie•·no. ¡O Dios mio! El infierno est:i
lleno de alma s, po•·que ó no se cree ó no
se piensa en él.
En las pat·tes de N01·tumbr ia mu•·ió
un hombre llamado D•·ichelmo, y por pe•·-
mision do Dios, despues do hahc•· visto las
penas del ínfiel'llO volvió á esta vida , y
mudó la suya pasada de tal manera, que
daba bien á entende•·, aun :í quien le co-
nocía, que había estado muer·to y que
había visto el infierno; porqu e no solo to-
lel·nba por muchos tlias •·igm· osísimos ayu-
nos, vestía ho1·rcndos cilicios, se ceñía ca-
denas de hier·t·o con puntas agudas, se dis·
ciplinabn hasta dermma1· sang•·e y do•·mia
sob•·e la desnuda tierra, pe•·o buscando
todos los modos de padecer se metía has-
ta el cuello en el agua heladr~, y se abt·a-

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269
saba las cal'lles con carbone.s encenuidos.
Algunos hombres prudentes, no a¡woban-
do esta manera de vida , lo repi·emlian
pot·que tt·ataba su carne indiSCi'etamente "
con tan escesivos rigoi·es, siendo homicida
de sí mismo; mas él con palabi'as afec-
tuosas acompañadas de suspiros respon-
día: Pejol'a his ego vicü; peOi'eS cosas sou
las que yo he visto en el infterno.
¡O mi Dios! Decidme, pecadores obs-
tinados, esclama san Gerónimo; cuando oís
decit· fu-ego, hielo, aznfi'C, hedor , gusa-
nos, cSCOi'piones , tormentos, dolores, pas-
mos, demonio, infiel'llo elemo, ¿qué con-
cepto haceis de estas cosas? Que son una
ficcion ¡•epresentada en el teaLi'O; que son
una cxagei·acign encai·ecida de pi·edic:u.lo-
res; clue son una fábula inventada cle poe-
tas; Secl joci non sunl, ubi. supplicia in-
lel'cedunt.
Decidme mas: vuesli'a carne ;,pOi' ven-
tUI'a es de hierro? Vuesll'O cuer·po ¿es de
bronce? Vuestros miembros en la olr·a
vida ¿han de se1· de di<Hmnte? Cierto es
que no. Pues si ahOi'a no os bastn el ~ ni­
mo para ancla¡• pOi' un cuar·to de hora
descalzos solll'e tinas bt•asas encendidas, ¿có-

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270
mo os bastará enton ces par·a estar todos
enteros sepultados t>or• toda la eternidad
en aquel fuego del infierno, en cuya com-
• paracion el n uestr•o de ac:í es como pin-
tado, segun dice san Agustín? ¡O infier·no,
6 infier·no! ¡Y que en ti tantos se pr·eci-
piten, y que tan pocos en ti piensen! Des-
or·den es este en que los hombres son peo-
res que los demo nios , por·que un demo-
nio (dice san Ci•·ilo) se espanta de oir es-
ta palabra infierno; qnem ipse quoque
cliabol·tts pe1·timescit; y con todo eso un
hombre no le teme.
O tú, c•·istiano, que á rienda suelta
vas corriendo al infierno, gasta, te ruego,
un poquito de tiemp o en leer este b1·eve
discurso : ponte á pensa r en la etem idad ,
y co•·ta en la cons ider·acion de ella cien mil
años; corta mas, cien mil millones de mi-
llares de siglos. ¿Piensas tú que en todos
esos has cortado la etemidad en una jota?
Torna de nuevo á separar de ella otros
mil millones de millones de años . ¿Crees
tú ha be•· encontrado ya con· el alfa y ome-
~a de la etemidad? Quíta te además de
lo
<!icho tantos millones de siglos cuantos son
las estrellas del cielo , y' cuantas son las

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271
gotas de agua de todo el mar , y cuantas
son las arenillas de que se compone .toda
la tierra, y cuantos son los átomos de todo
el ait•e. Despues de quitado¡¡ y pasados,
como de verdad han de pasat· todos estos
números de años y siglos, se quedará la
eternidad tan entera como si aquel dia
comenzara, en cuanto siempre se quedará
sin término, siempre sin fin, siempre in-
mensut·able, siempre infinita , y despues
de cualquiet· número tle siglos imagina-
bles, siempre, siempre infinita.
Supongamos que 'hiciese Dios con los
condenados este pacto : llénese todo este
globo del mundo basta el cielo estrellado
(cuya concavidad se supone tan gt·ande
que pat·a pasm· su diámetro en cien años
era menester coner cada dia 68!10 leguas
horarias); llénese, pues, este globo de are-
nillas tan menudas que cada una sea im-
perceptible, y tlespues de p:tsado un millon
de años ven"a un angel y tome y saque
fuet·a del globo una arenilla, y pasado otro
millon de años vuelva y saque la se~unda;
v así sucesivamente, tras cada millon de
años pasados venga y saque una, que des-
pues de habet· acabado á este paso de sa-

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272
c:ll' el auge! eslc tan incomprensible nú-
me•·o <le ru·enillas en este tan inconcebible
n(1mÚo de millones de años, dejando este
globo de tan inesplicable g•·aodeza vacío
de ellas, entonces han Je cesar· vue:;t t·as pe-
nas y os ha beis de ver libt·es de ellas. Esa
nueva sei'Ía para los infelices condenados
de tanto consuelo y alegría, que grande-
mente les aliviaría sus tormentos, y ya en
adelante de alguna mane•·a se reputa•·ian
felices, ¡>Ot'que dirían: insufriblr.s son las
penas que padecemos, é iucom ¡)l'ensible es
el número de millones de años en que las
hemos de padecer; mas al fin es nümet·o .
finito que se ha de acabar. Pero, ¡ó infini-
dad de la tli vi na Ju:; licia! De hecho han
de padecer los condenados todos sus tor-
mentos sin alivio pot· todo este incompren-
sible núme,·o de millon es de años, y pasa-
do él de nue\·o hao de comcnza1' :1 pade-
ce•·los con el mismo rigot• que el p,·imc•·
dia que entra t•on en el infierno, y conti-
nuat' padeciéndo los por toda la etemidacl,
par:\ siempt•e y sin fin; y este es artículo
de fe infalible. ¡O locos de los ct•istianos
que creyéndolo se atreven á pecar!
Ptmie1·is, o infelix peccator (dice un

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273
devoto contemplativo) , JJer mille annos,
et illis exactis, pcr millia millimn cm-
ciabe1·is; et post mille millia amw1·um ,
quasi necdtlm ptmi1·i ccepe1·is, pe,. infi -
nita annorum spatia iterum to,·quebe -
1'ÍS : nullamque annomm aut
sceculo-
r ttm multitudinem cogitabis, qua exa-
cta non supersit tibi infinita dw·atio
qua ¡Ja.mii plecteris; que es decir : tu in-
telicidad, ¡ó pecado•• miserable! si te con-
denas, contenderá en la dura cion de los si-
glos con· la ete1·nidad de Dios,. po•·quc se-
r<í como ella inlel'mioada é intermin able.
Dios será siemp•·e vivo y tú siempt·e muer-
to, y vivo solam ente al padece•· y al pe-
nar; y asi como no pued e se•· que Dios no
sea Dios, así no se•·á jamás que el bien-
aventUJ•ado no sea bienaventurado, y que
el condenado no Se.'\ condenado.
Yo considero algu na vez, como si mi-
rase de lo alto del cielo á lo bajo de la
tierra : ¿qué es lo que están diciendo to-
dos los ,hombres en este mundo, siendo,
como son, todos criados para el Paraíso?
¿En qué piensan? ¡Oh cosa de grande ad-
miracion! Unos se están cegando con el
humo de las honras; otros se están cnsu-
ts

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274
ciando con el lodo de los deleites de la
carne; otros se están punzando con las es-
pinas de las riquezas; y pocos son (¡oh cuán
pocos!) los que aspiran de veras á aque-
llos bienes que solo son verdaderos bienes
y son eternos.
El infierno tiene sus puertas abiertas,
y la mayo¡· parte de los hombres viven en
la es~lavitud del demonio por el pecado,
porque toda carne ha corrompido su car¡·e-
ra; y en aquellos abismos de penas enll':ln
para no salir jamás innumerables almas, por
las cuales Cristo nuest1·o Señor del't·amó su
sat~~re y dió su vida. ¿Cómo pues, ó siet·vos
de uios, los que teneis oJos de celo y ent•·n -
ñ:~s de piedad, no llo•·ais con lág•·imas de
sangre .esta tan lamentable miset'ia?
Créeme, ó mancebo ct·isLiano, que si
antes de irte precipitando con la vida licen-
ciosa desenfrenada hácia el infierno consi-
de~·aras estas cosas eternamente, sería impo-
sible que te resolvieses ñ comprar por un mo-
mentáneo gozar en esta vida un eterno
padece•· en la ott·a. ·
Si del profundo del abismo, pe¡•mitién-
dolo asi Dios, los demonios tt·ajesen arras-
trando á Judas y te lo pusiesen delante

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275
de los ojos tal cual allí se halla, atado con
cadenas de fuego, pálido, desangrado, le-
proso, hediondo, sucio, abominable, comi-
do de gusanos, lleno de heridas, lleno de
dolo1·es, afligido é increíblemente atormen-
tado, ¿qué horror causaría á tus ojos, á
tu ánimo, este espectáculo? Figúratelo,
pues, asi con la imaginacion, y como si les
tuvieras presente pregúntale: Dime tú, 6
Judas, ¡.qué dolores son esos? ¿Qué pe-
nas? ¿Qué tormentos los que padeces?
¿Cuántos añm; há que estás en el infierno
padeciéndolos? ¿Y cuántos te restan de es-
tal' en él á ti y á todos los demás con-
denados? r uestras penas son gravísimas
(respondería él), son continuas y sin iotel'-
rupcion, y son eternas. El mínimo de nues-
tros dolores sobrepuja {1 todos los dolores
juntos que la justicia de Dios y la justicia
de los hombres han descargado sobre la
tierra . Pe1'0 po1· muchas que sean nues-
tras espinas penetrantes, con todo esto nos
par·ecerian rosas si tuviésemos algun alivio
ó refrigerio, ó si hubiesen de tener· fin.
Mas i ay! que del todo estamos d~espera­
dos de salir jamás de tormentos tan terri-
bles, y ni una ho1·a ni un momento tene-

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276
mos en que no seamos atormentados den-
tro y fuera, en el alma y en el cuerpo, el
dia y la noche, rodeados de tinieblas, de
humo, de azufre, de fuego y de demonios.
Vosotros reposais, y nosotros en el fue-
go; vosotros comeis y bebeis, y nosott·os
en el fuego; vosotr·os paseais, y nosotros en
el fuego; vosotros negociais, y nosotros en
el fuego.
¡Oh miserables de nosotros á quienes la
Justicia divina no concede jamás ni un
cuarto de hora libre de intolerables tormen-
tos! Nuestros tormentos son eternos. Yo
há mas de mil y setecientos años que es-
toy en ellos, y Caín mas de cinco mil, y
aún no ha llegado el fin ni el medio de
nuestro padecer, antes hemos de estar siem-
pre y para siempre en el principio, por-
que mientras Dios será Dios Judas será
condenado, y Caín será abrasado, y todos
los réprobos serán atormentados.
Ahora, pues, cristiano lector, por las
entr·añas piadosas de Jesucristo, y por el
amor que tienes á tí mismo, lee y vuelve
á leer, piensa y vuelve á pensar cuanto
aquí es[á escrito, y pregunta á menudo ;í
tu alma y á tu cuerpo, y á tus potencias

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\

211
y sentidos: Quis poterit habita1·e de vobis
cum igne devorante? Quis habitabit ex
vobis cum arclor-ibus sempiternis? ¿Cómo
será posible que yo, que soy tan delicado
que no puedo sufrir una mala cama ni una
picadura de un mosquito pot• breve tiem-
po, haya de estar pat•a siempt·e sumergido
en aquel fuego Lt·agador, penctt•ado con sus
llamas y abrasado con sus ardores, y pa-
decer todas las demás penas del infier·no,
para el entendimiento humano incompren-
sibles y sobre todo eternas? Y con todo eso,
no solo es posible, sino tambien muy con-
tingente que esté y padezca en el infierno,
siendo como es muy contin~ente que me
condene, supuesto que es Clet·tísimo que
son muchos los que se condenan y pocos
los que se salvan; porque como claman las
&lcrituras sagradas, son muchos los llama-
dos y pocos los escogidos; y el camino de
la pe¡·dicion es muy ancho y muchos los
que entran por él, y el de la vida eterna
muy estrecho y pocos los que con él en-
cue':tmn; y solo ,arrebatan el cielo los que
se VIOlentan y estrechan para entrar por
la puerta angosta. Estas consid~raciones
frecuentadas te abrirán los ojos del alma,

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278
par·a que claramente veas cómo te convie·
ne vivir·, pues solas estas palabr·as infier-
no y jamás, infierno y jamás, repetidas
en voz alta muchas veces por un saccr·do-
te sien•o de Dios, bastaron en el siglo pa-
sado para convertir· á buena vida una mu-
get· mundana.
Hombre viador, á ti tamhien, cualquie-
ra que seas, r·epito yo estas ahor·a: infie,·-
no y siempte, Paraíso y siempre; infier-
no y jarriás , Paraiso y jamás. Si una
v~r~. sola entras en el Paraíso, poseer·ás siem-
pre un bien sumo sin temor de perderle
jamás; si una sola vez entras en el in-
fierno, padecerás siem1Jre un sumo mal
sin esperanza de evitarle jamás. Y ahora
vives en contingencia de ambos de estos
estremos, Paraíso, siempre, jamás; in-
fie,·no, siempre, jamás.
Qui non expe,·giscittt1· ad luec toni-
tn¿a, jam non do1'mit, sed morlzms est,
dice san Agustín: El que con estos true-
nos no despierta, ya no est:í dor.mido, si-
no muerto.
lgnis eorunl non e:l:linguetttr. (Isai. 6G, '24, el
.
Marc. 6, 43 ct 45, 47.)

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\

~79

Si este do acá como pintado ruego


!So so puede tocar sin gran dolor,
Tú, que al infierno estimas como un juego,
¿Cómo podrás sufrir su eterno ardor?
Con lágrimas, pues, lava, y soa luego,
De Lo pasada vida todo error,
Que si pudiera uu réprobo otro tanto
Sin duda que vertiera un mar de llanto.

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PAliA AVRIR LAS PUER1'AS DEL PAliAioO CON UN
ACTO DI!: CONTHICION .

(Sacado de la cousiderariou de la clemidlHI.)

Ctementísimo Dios; de los montes escel-


sos de la eternidad ha descendido un ra-
yo de vuestra divina luz á la tierra tene-
brosa de mi corazon, que me ha hecho co·
noce•· vuestra grandeza eter·na, y mi vileza
infinita y atrevimiento en ofende•· á un Se-
ñal' infinitamente digno de ser amado.
¿Y cómo yo, pecador infeliz, mat· y
abismo de maldades, tendría atrevimiento
de levantar los ojos al cielo para pediros
perdoo, si considet·ando la eternidad que
me ha herido el corazon no hubiese junta-
mente entendido, que siendo vos en todas
las petofecciones infinito y eterno, tambien
sois infinito y etemo en la misericordia para
con quien os ha ofendido y os pide perdon?
¡O eterna bondad! Eternamente canta-
ré vuestras miset•icordias, pues por esceso

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281
de misericordia para con esta ct·iatut·a in-
dignísima, no me teneis ya c:ondenado para
toda la eternidad. ¿Y qué hice yo, Señor,
en vuestro servicio , ó qué vísteis en mí
bueno cuando totalmente era malo , pm· lo
cual quisisteis perdonarme, mientras tantos
ott·os esperimentaban los etet•nos rigot·es de
vuestra inmutable justicia en el infiel'llo?
Los motivos que tengo para llorar mis
culpas son infinitos; pero la infinita c:ll'idad,
con la cual me habeis librado de un mal in-
finito, CJUCI'l'ia que me sacase lágt•imas infi-
nitas, y un llanto etcmo del corazon. Yo me
alegro, Dios mio, de los infinitos bienes que
gozais al presente y gozareis etemamente,
no ya pol'C¡ue me los q uct·eis comunicat•, si-
no pot·que vos los poseeis : b;ístame á mí
sabet• que son vuestros, y que yo soy nada,
pat•a dcseat· que sit·va conmigo todo el mun-
do á un tan gt·an Señot·.
Aquí me detengo y quiet·o que toda mi
contricion Y· todo el at•repentimiento de mis
pecados, nacido del pensamiento de la eter-
nidad, sea solamente por habet· con ellos
ofendido á Dios eterno.
Grande es, Señor, no lo niego, la glot·ia
que me tene.is preparada: hort•ible es el in-
1\l

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282
fierno, del cual me habeis librado dejando
que se pueblen de innumernbles almas aq ue-
llas ose uras regiones ; 1wo con todo eso ya
no deseo vuestra glot·ia sino pam nl3bat·os
en ella elet·namente, ni huyo del infiet·oo
sino para que vos seais ¡;lot·ificado y hon-
rado de vuestro liiet·vo para siempre. Qui-
siera que todos os alabasen y sit·viesen ctm·-
namentc, y temo el it• al infiemo pot• no
estar entre aquellos que alli blasfeman vues-
tro nombt·e : y por ser vos quien sois qui-
siera que no hubiet•a ni solo uno que os
blasfemat•o.
Pot• tanto, Señor, yo protesto y pro-
pongo de 110 dejat' jamás YUCStl':t gt•acia,
aunque rne hubiet•a de co:;tar infamias, do-
lot·es y la muerte, pot· ser vos quien sois,
y p01·que ruc habcis :umdo con cntt·añas
de piedad patet·na , siendo yo un pcl'rO
muerto hediondo; y pot·que os amo y quie-
ro amaros eternamente, pot' daros susto y
porqué solo me bastais, digo que os amo
dela_nte del cielo y de la tiet't·a, y no quie-
ro ott•a cosa sino á vos pot' vos mismo; y
me duelo de haberos ofendido y dejado por
ser lo que sois, y de haberme apartado de
vos, ¡ó etel'lla vida mia! ¡Oh quién no hu-

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283
hiera jamás pecado contra un tal Dios, á
(¡uien se tlebe todo amo1· y todo respeto !
Piérdase, pues, en adelante todo y no se
pierda Dios, porque todo lo demás es nada
sin Dios, y todos los bienes juntos están en
Dios.
De aqui aclelai)fe pues, Señor, todos
mis cuidados y diligcnci;~s se emplearán
con vuest1·a gracia en no quebrantar el mas
mínimo de vuestros preceptos, y consiguien-
temente en entabla,· y poner en ejecucion
una · vida tal, que esté muy lejos de que-
brantarla. Y pot·que para mi corazon es de
g1·ande eficacia el pensamiento dé los siglos
etel'llos, estampad, ó Dios mio, en mi ánimo
una fe viva, un claro conocimiento, una
memoria contínua de la etel'niclacl, que me
ocasione un contínuo y eficaz dolor de ha-
ber· ofendido á un Dios eterno, y de haber-
me es puesto, siendo yo eterno, :í perdc1· á
ese Dios etemo por· toda la etemidMl infi-
nitas veces eterna. Amen.

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De los pecados. . • • • • • • • . . • • • • • • • • pág.
De la l lltlerle . • . . • • • . . • • • • • • • • • . • . • • • 5
D el I nfierno. • • • • • • • • • • . • • • • . . • . • . . • • lO
D el Pur;:atorÜ>.. • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • l6

DOlii:> ICAS DB AOVIBNTO.

D ominicn. J. 'l . .. •.•.................


D ominica JI. ·. . >, • • • • • • • :" . . . . . . . . . .
2f
26
Dominica II . •• .', •••• : l l. ·'!> , ~, ......... 29
)."J OIIllntca ~ ··'
r ft .•• ~ ••••
' . I"' , • ,\ , • • • • • . • • • • . 3°•
Día d e Naliuiilad . .... ~ •...• ~ ......... 35
.De Circuncision . . ~. •"'- .••..•• ! . • . . . . . . . 38
D e los R qes . .'"'!t-••••••• •'• :-.' ........ • • ~ '2

DOMIN ICAS DESP UBS DE LA BPIFAr>ÍA •

.Dominica J . . . . • • . • • . . • . . • • . • • • • . • • • . 4S
D t>m inica II...... .. .. ....... ....... 48
r
.Dt>minh·a li.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 5t
D olnir1ica IP. .... .. .. .. ............. 53
D ominica r .. .. ... ..... . . . . . . . . . . . . . 56
D~minica YI... .................. . . . 59
Scptuacésima. . • . • • • • • . • • • • • . • • • . • • • • • 62
Sexacisima.. • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • . • • 6S
Quim:uagisima ... . . • • . • • • • • • . • • • • • . . • 69

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DO:IliNICAS DE CUARESlJA.

Dolltinic:a I .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . i~
D ominil:a. I I.. . . • . . • • . . • . • . . • . . • • . . . . 75
D ominica III. ..... . .. . ... .. ......... 78
Dominh·a Ir. ...... .... . . . . . . . . . . . . . 81
Dnminit'll de Pasion..... . . . . . . . . . . . . . . 85
Dunu'nicn. de R arnns.. .. . , . . . . . . . . . . . . . 89
D e la Semana San/a. . . . . . . . . . . . • • . . . . 93
Pascua de llcsurrc,•cion...... . . • . • . . . . . 96

DOliiNICAS DESPUES DE RESURRECCIO:\".

Dominica I.. • . . . . . . . . . . • . . . . . . . . . . . l OO
D nnÍinica 1 I . . ... . .. ...... ~ . . . . . . . . . . . . . . 1 O4-
D omintca I JI. . ... . , .. . . . .· .;~.. ....... 10 8
Dominica I r ••••• ·: .••••••. :.... . .. . . 11'.!
Dnminica r . ..... ,,{';.;:, ....... .~ .... . 116
Asc~:nsion ...... ..... ·~ \..,.,. ..: .... ~ : . . . . . 119
D omintca. infraocfava de 7n. Ascpmion. .. 12~
Pentt,'Ostés . •• ... :.. ·..• ·• . • • • . . • • . . • • . 1 '.! 7
Dominica de In. Sma:Trinidad... . ... . . • f 31
Corpus Criui. . • • . . • . . • . • . . • . . • • . • • • • f 34

1)0MJNICAS DESl'UES DE PENTECOSTÉS.

Dnminic(J. 11. . . . . . . . . . . . . . . • . . . . . • . . 1 ~8
J)ominicn. l[/.... ..•..... . .. . .. .. •.. 14 1
Dominiw. [V. ...... ................ 1 45
Dominica r ... . .. . ...... .... ...... . 149
Dominica P"I. ...... .............. .. l 5'.!
Dnminica. r 11. . . . . . • . . . . . . • • . . . • • • . 1 56
.Dominica r i.l I. . . • . . • . . . • . . . . . . . . . • t 5!1

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f 63
Domín ica I.'r... . . . • . . • . . . . . . . . . . . . .
Domin ica X • .•..•. ..••• •••.• .• ~ .. • . 166
D omínic a X'l . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . • . . 169
D nminir.a XII .. .. , .... ,... ..... .... l í2
Domin ica Xl I I . .. , . . . . . . . . . . . . . . . . . 17 5
Domín ica XI P~ . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1i S
DornÍ11ica ~Yr. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
18 ~
DotnÍrJir..·a _,y¡; I. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 18 S
Domín ica XJ/'JI ..... . ... ... ..... .... ! SS
Domín ica Xf'II l. ... .. ..... .. .... ... 190
Don1ín ica .XIX. ..... ..... . ..... .... 191,
Dornit lic:a .....Y;r. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . t97
Dnmin íN• XXI . .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . 199
Domín ica XXII..... ..... ..... ..... . 202
D ominic a XXII I ..... ..... ..... ... . 206
Domíni<·a JYXlY . . . • . . • • • • . . . . • . . . • • 21 O

DE LOS BENEF ICIOS.

D e la Crcad on . • • • • • • • • . • . . • • • . . • • . . 2t 3
~ 17
Conscrcacion. . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . . . . •
Redcncinn. ..... . .... .. .. .. ..... .... 222
?o,·nt.:iotz. . . . . . • . . . . • . . . • . . . . • . . . . . . 2 2S
Ju.<tíjicacíon. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 22 9
Gloríficacíon. . . . . . . . . . . . . . . . . . • • . . 233

MÁXIMAS.

t." Eterni dad del alma. . . . . . . . . . . . . . 21,2


2• Eterni dad dd cuerpo. . . . . . . . . . . • 253
3.0 Eterni dad del Pnmis o. . . . . . . . . . . . 262
t,.• Ji:tcrnidod del Infiern o. . . . . . . . . . . . 267
Lloce de orn para abrir las puerta s dd Pn.-
rniso con tlfl. act() de c:ontricion. . . . . . . '280

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En la mÍ$ma ímprt:nla de A;undo, sita. cu lll ba-
jtlda de Santa Cru:, ntíuuro 8, se ct.ntltn los
• Nhros SÍGulcntcs.

Prontuario de T~olagin mota/ tomp11ttto por ti Jl. Fr.


Francisco Urra~a. dtl Ordtn de r•rrdi('adCit('S, rt(orm,do por
o. t"raneheo ~:utlns Gro5in. (IMfesor de urr:.da Tcolu;:iJ!, J' no-
YÍSÍIJiliiiiCniC :.iitHIÍdo C'OIJ ltll\ll de lfU_!; mil IIUIM Ó :ulic·ionfll ¡>A·
rn in~uruccitm d e lns s:•ccrdotc5 ¡)ur el n. 1•. ~Uro . F1·. l)icgo
Corr3l Maribtll'l, del miwu) Ordl'n de: llrtdicndorcs . l~xnmin:a ­
dor sioo(bl de tale iln.Ob:spado: UD toutO C'n 4-• de ijoo risl·
uu á 3\ rules e-n pula.
ftleditllcitJtU:I solu·t: l111 tt~Írltulu y JIN't'Oiftrli"'ol tic In Snn-
titlmn f/irgt't~ Mnri11 . ¡tur rl 11 • t.ui.s de la Puente: nn to·
ron eh S. o de uus de 3uo l'~¡;iuas, ;i u rc3les en pasta y 1 en
r.ística.
A.lniUln[ J~ Misionem1, 6 Eouyo sobrt- la C'ondutla ~¡ue
puedtn J•rnrnnme obstrTit los uccrdl')lf:$ u~mad«PJ ~· rcJta-
bltetmiento de b r-eligiun en fr.1nci:., obr:a póstuma de Jnan
N:tti,·id3d Co.sllt, tura de In MI:~ ll<~y ll: un tomo en~ .• de
36o p<i;;-iun~ ti tS re:alt:s en pastn y t:\ en ré!>lÍCil.
Mumwl tle omdo1u1 1J.1ra el uso 1 "rrovC'clt¡¡micuto de
la stnle de•ola, ucrilu por ti r. Pttlro de Riudtocin, deJa
CotnplriÍ:a de Jes:u.s: un tomo en S .• de 4 ~O J•ác;inas :\ JO tt.!!•
ltll en JHI!il:l '! ¡:; tu rúslir:.,
E1posiciou lit..•ml J' mi.ftlcn dtt In 11/isn )' de 81111 ccre ..
moni:as~ t•rc:upiliuJa de tlifcref\tes ••utorc!l y tr:.ducida al eule-
ll:ttiO: un tomo en tS.• tn:.yor i S rt;altt en ¡•~la.
Ej.:rci~iOI upiritarrl~l de S. l ~naein ele l..o,Yob, ruf\dtdcir
de Ja CAmpaftÍ.l de Jc-aut: un tomo cu t2,"' á G rt:alts en
fU15I:'t.
Cismn ncnniflq t 1t Jlrnntln en t 790, preseo(udo Á tociM
In" fieles J)Ot un 1Misioncro rrnneés. OJHÍsculo lr:ulucido :~1 c:.ste-
llano por u n Prelado de l:a l;:l1!$ia de üp:ab ~ un tnmito ~n
s.• prolon;;•do :i i rt.alts ~n rúnie.a.
El nlmn njirmadn Cll lrr fe. O St.1 E1po.sicion IU(inl:t ;!en·
mod:.da :í In enpacid.:~d de todcu, ohra urrit<~ c-n (r;~ ucfA por
e!l Abate IJaudr3tHI y tr:uhu:i•l:l pot· un l'rt lado de la l ~ l cJi:t:
un tomo en 8. 0 :i IO rcaltJ en puta.

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Rorg(), ll()lltmo al Sagmdo Comzo" 1/e JeS"us, ;~iiadida .1l
fin coa tneditneiooes en ¡)repJrneion á, In Gesta del purísimo Co·
nu.oo de Maria: un lomito tll l(i.o á 4 reales en rústica y 5
co J)jl $(3. •
Exame'' 1/e conch:nr.i11, ó se:~ nu!-todo par~ ltracer1e, mo ..
do dé or:u;ion y. <'Hiiciones que San Ignacio ~e l.~yol a enseñaba
en sus ejercicios: un tomito t.:ll 1Ú . 0 :i 3 y medio reales e n
rústica y 5 er1 p;•sta .
Crucian. m~tditucümcs para la sagmtla cmmmion, :~ pl i·
eadas :i las principales fcsth·idades del nñu, obrn dCI célebre P.
l~1 ltas~r Crt~ciao, de la Comp:íiia de Jesus. cou bs déeim3S
rcspecti\.,J.S c::on que las m.Jornó O. José Ibaiiez: un tomO eu
8.0 3 4 re:tlcs en papel y 6 Cll pasta.
illc:~ saraffiellrlo, ó (1Cutamicntos cristi .. nos. escritos en rran-
cés por c1 P. Bobours y traducidos ni eastcll3oo por el 1\. 1'. M.
t'r. M:uwel ,\mado: :i Ó n•:~les eu pJSla .
Nuevo d~vodontllio da cristimJo. ó sea m:uwal diario <fOC
eom1m~nde Jos ejc•·eício.s m:,s princip:~lcs del católico¡ cooticnc
tambíen or:)cioncs ¡u•r:t c.:adn tlio. de h semnn:~, pat•n ¡;:tuar 13s
~ i n rlul gc n ci:~s; por n. José de Ca~y: un tomo cu ~~ .0 con 4,
lámin.;as finus :i 5 re:tles en rlÍ.stica y 6 en p\)Sl~ .
ltamillét~ mí..aico C'll obse•.¡uio del sagr.¡do Corazoo de Je ..
!>nS: un tomo co t6.0 ti 2 y mctlio reales eo rú.stiea y ,'f. c:n
J)<ISHt.
Siete dim de la P(lsion, ó lecciones pr~cticns de ''it•tud <JOC
nos da l):idcciendo por nosotros Jesucristo nuestro 1\cdcntor,
dispuestas scgu1l el ordco de los misterios dulort»O.S del rosario
y dist•·ibuid:.s en lo:; di:ts de lu Sc.unua S:uH.:t JlOr el R. 1".
Fr. Manuel Am<~rfo: un ton•o en S.• 3 G I'C:•Ies en p.1Sl:t .
PiJittu al .Smo. Siícmmr.nto y ,¿ Jlluri(l Srmtlsima r nr
Sao Alfonso l.igorio: un tomo en t6.~ ' 4 re01lcs en I'Ústica
y 5 en IJllsta .
Dios;· Espati-«, 6 lo cpte debe 111 E.s¡mii:t á l.:t Religioo e:a-
tólie31 obra del l\. r. M. f'r. i\:lanutl AID:Ido: tres tomos e n s.(l
:i 36 re~1cs rústic:..
Ejercicio pra'ctic<J t!e Id voltmll,d <lt: Dio.s, lrahqjns qu~
cttrretpottd,m d ctula gmdo tic nmt:iM y t.ompcndlo de lo
morli{icll(ÍM, sac:ttlo á lut t>ur d licenciado O. l(;ut~ciQ de A3en·
jo y Crespo, C;:,nónigo de 13 s:~nla Iglesia Catedr::.l de 11' l)uc-
bla, y limosnero lfUe foc del limo. y Umo. Sr. Dr. O. Ma-
nuel ftrllandcz de SanlJ C•·u1., Obispo de did~o:• Sant:t Jglc-
$Í:I. dedicado ri. S. Francisco de Sale-s y Sla. •reres;, (le Jcsus~ un
tomo en t G." á 4 reales en nístiei\ y" 6 en past:t.

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