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Comitato scientifico
Giorgio Monari presidente
Dinko Fabris
Manuel Carlos de Brito
Consulenti scientifici
Egberto Bermudez
Malena Kuss
Maria Alice Volpe
Paulo Castagna
Víctor Rondón
isbn 978-88-7096-*******
Quaderno Ruspoli
I-2016
Studi musicali euro-latinoamericani
Relazioni musicali
euro-latinoamericane
fino al secolo XIX
a cura di
Giorgio Monari
La ricerca come strumento di una conoscenza del passato che produce e pro-
muove legami culturali profondi è tra gli obiettivi prioritari del Concorso di
studi musicologici euro-latinoamericani Principe Francesco Maria Ruspoli. Il
vincitore della prima edizione del Concorso nel 2014, il cileno José Manuel Iz-
quierdo König, ha meritato il premio per il suo studio sulle opere del peruviano
Pedro Ximénez de Abrill (1786?-1856) e specialmente sul suo Cuarteto Concer-
tante op. 55, una composizione in cui lo stile europeo di un Haydn o di un Pleyel
∙ vi ∙
• Presentazione •
si unisce ai tratti indigeni di una danza andina, il yaraví, come proprio il giovane
studioso ha potuto scoprire e documentare per la prima volta. Sembra qualcosa
di paradossale o perfino irreale ma proprio per questo si tratta di una ricerca
che riesce ad affascinare e ad interessare anche coloro che non sono esperti
del settore e semplicemente sanno riconoscere ed apprezzare la complessità
dell’animo umano.
Oltre a dare una concreta gratificazione alla ricerca con il premio e la pub-
blicazione, il Concorso offre al vincitore, nell’occasione della cerimonia di
premiazione del Concorso internazionale in Italia, la possibilità di conoscere
Vignanello e il Castello Ruspoli, dove grandi compositori come Händel e Cal-
dara – e forse Scarlatti, Hotteterre etc. – hanno vissuto e composto, ospiti del
maggiore mecenate della Roma settecentesca. In uno spirito di cultura viva e
vissuta, che è il grande lascito di Francesco Maria Ruspoli, il vincitore ha così
anche l’opportunità di incontrare musicologi di altri paesi e confrontarsi perso-
nalmente con la giuria del Concorso di musicologia internazionale, in un mo-
mento di condivisione e convivio, un’opportunità per conoscere tutto un mon-
do anche attraverso l’esperienza diretta dei suoi suoni, colori, profumi, sapori ...
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Comunicazione
Presentazione v
Comunicazione ix
4. E[...] L[...] J[...], obituário a Pedro Ximénez, «La Nueva Era», i/88 25 junio 1856, pp.
5-6. Beatriz Rossells, El gran maestro Pedro Ximénez Abril y Tirado en Chuquisaca, «Revista
Cultural del Banco Central de Bolivia», x/42 2006, pp. 15-26, plantea que el autor del obituário
pueda ser Juan Esteban Lizárraga, amigo del compositor.
5. José Bernardo Alzedo, Filosofia Elemental de la Música, Imprenta Liberal, Lima
1869, p. 212.
6. El relato del hallazgo de las partituras se publicó por primera vez en Pedro Ximénez
Abril y Tirado. Rescate de una Valiosa Obra Musical de Chuquisaca, «Revista Cultural Banco
Central de Bolivia», xl 2006, pp. 40-53: 41.
7. Carlos Seoane – Maria Soledad Cuiza, Catálogo Analítico de las obras de la
Colección Pedro Ximénez de Abrill Tirado del Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia, Archivo
y Biblioteca Nacionales, Sucre 2010. Otras dos colecciones de acceso relativamente público
existen en el Archivo y Biblioteca Arquidiocesanos de la misma ciudad y en el Centro de
Documentación de la Universidad de San Francisco Javier de Chuquisaca, a pocas cuadras uno
del otro. Ambas colecciones pude revisarlas durante agosto de 2014, después de entregado este
artículo para el Concurso Ruspoli.
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• Ilustración y contrailustración de un cuarteto arequipeño •
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• José Manuel Izquierdo König •
8. Ver detalles sobre esta realidad en Sarah Chambers, From Subjects to Citizens:
Honor, Gender and Politics in Arequipa, Peru, 1780-1840, Pennsylvania State University Press,
Pennsylvania 1999.
9. Un excelente apunte sobre los cambios en Arequipa en este periodo se encuentra en
John Frederick Wibel, The Evolution of a Regional Community within Spanish Empire and
Peruvian Nation; Arequipa, 1780-1845, diss., Stanford University 1975.
10. Agradezco la información sobre este detalle familiar, no publicado, a Zoila Vega,
a quien debe reconocerse el hallazgo de estos documentos en sus investigaciones para la
Universidad Nacional de San Agustín. (Libro de matrimonios de la parroquia del Sagrario, n°
18, fol. 75v).
11. Mayor información en Héctor Ballón Lozada – Guillermo Galdos –
Eusebio Quiros, Academia Lauretana de Ciencias y Artes de Arequipa, Colegio de Abogados
de Arequipa, Arequipa 1999.
12. Miguel Castillo, Cayetano Carreño, Biblioteca Ayacucho, Caracas 1993, p. 32.
13. Wibel, The Evolution of a Regional Community, p. 14.
14. Marcela Cornejo Díaz, Música Popular Tradicional del Valle del Chili, Theia, Lima
2012, p. 59.
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• Ilustración y contrailustración de un cuarteto arequipeño •
21. Natalia Perea, The Caudillo of the Andes: Andrés de Santa Cruz, Cambridge
University Press, Cambridge 2011, p. 120.
22. «El 12 de junio de 1856 murió Don Pedro Jiménez Abril Tirado de edad de 70 años,
casado c/ Doña Juana Cáceres. No recibió los sacramentos por la muerte repentina que tuvo.
Su funeral se hizo en la Catedral con Oficio cantado solemne y réquiem. Fue sepultado en el
panteón funeral en fábrica de 8 pesos» (Dario Montiel, Pedro Abrill Ximénez Tirado: ‘El
Rossini de América’, www.laguitarra-blog.com, 2012, 20 pp., 10 junio 2014
<www.laguitarra-blog.com/wp-content/uploads/2012/04/pedro-abril-ximenz-tirado-el-
rossini-de-America.pdf >: 15; Pedro Abrill Ximénez Tirado, the ‘Rossini of the Americas’, trad.
Edward Lugo, «Soundboard», xxxvii/4 2011, pp. 7-26: 21).
23. La historia de esta mulata está presente en Juan José Durán, Trata de esclavos.
Venta, reventa y arrendamiento de esclavos negros en Chuquisaca, 1826-1851, en Repensando el
mestizaje: anales de la xxiii Reunión Anual de Etnología (La Paz, 2009), 2 voll., Museo Nacional
de Etnografía y Folklore, La Paz 2010, vol. ii, pp. 669-680: 674-75.
24. Ximénez es mencionado entre compositores peruanos por diversos autores, entre
ellos destaca – por lo temprana – la entrada de Rodolfo Barbacci en sus Apuntes para un
Diccionario Musical Peruano, Fénix, Lima 1949, pp. 465-66, y, como entrada enciclopédica, la
de Juan Carlos Estenssoro para el Diccionario de la Música Española e Hispanoamericana,
editado por Emilio Casares, vol. x, Sociedad General de Autores y Editores, Madrid 2002,
pp. 304.
25. Rossells, El gran maestro Pedro Ximénez Abril y Tirado; William Lofstrom,
Rescate de una valiosa obra musical de Chuquisaca, «Revista Cultural del Banco Central de
Bolivia», x/40 2006, pp. 40-53.
26. Carlos Seoane – María Soledad Cuiza, Catálogo Analítico de las obras de la
Colección Pedro Ximénez de Abrill Tirado del Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia, Archivo
y Biblioteca Nacionales, Sucre 2010. Una versión de catálogo actualizada con fuentes de otras
colecciones ha sido dispuesta por el autor para uso público en este archivo (ABNB).
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• Ilustración y contrailustración de un cuarteto arequipeño •
El Cuarteto op. 55
Actualmente se conocen unas doscientas obras compuestas por o atribuidas
a Pedro Ximénez, sin incluir aquellas múltiples piezas compiladas en álbumes
de canto, piano o guitarra.28 Según su propio catálogo, 75 obras suyas corres-
ponden a música instrumental orquestal y de cámara (la música de salón y
guitarra sola la catalogó en una sección aparte), de las cuales una buena parte
sobrevive en el Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia (ABNB), a quienes
debo la gentileza de poder consultar este material.29 Además de estas, existe una
enorme cantidad de música religiosa que escapa a este ensayo. Ximénez reco-
noce en su inventario haber escrito tres cuartetos concertantes, los cuáles han
sobrevivido en su totalidad como op. 55, 56 y 68.30 No sabemos con exactitud
cuándo fueron compuestos, pero existe suficiente evidencia como para pensar
que buena parte de su música instrumental fue escrita durante su estancia en
Arequipa, antes de trasladarse a Sucre en 1833. La falta de fechas entre los folios
de su música nos confronta a un puzle complejo que está lejos de ser totalmente
dilucidado. Dentro de su obra religiosa, las únicas piezas que aparecen fechadas
son aquellas realizadas dentro del año de su llegada a Sucre, como son su Glo-
ria Laus (ABNB Música 1317, 18 marzo 1834), una Lamentación primera para el
27. Montiel, Pedro Abrill Ximénez Tirado: ‘El Rossini de América’, con abundante
información nueva, y Harold Beizaga, Riscoprendo Pedro Ximenez Abrill y Tirado (1780 - 1856)
a 155 anni della morte, «Il Fronimo», clvi 2011, pp. 24-36. En 2012 Eduardo Vargas finalizó su
tesis en dirección orquestal para la Universidad de Carolina del Norte: Pedro Ximénez Abrill’s
Symphony No 11: Editorial Research and Performance Considerations for Modern Premiere, diss.,
University of North Carolina at Greensboro 2012, con un análisis de la composición y algunas
consideraciones editoriales relevantes.
28. Es dificil hacer un cálculo que vaya más allá de lo estimativo, dado lo fragmentario de
la colección, pero doscientas es un número ya bastante seguro.
29. Las obras mencionadas en el catálogo son: 40 sinfonías; 5 divertimientos concertantes
para orquesta; 1 concierto para violín; 6 divertimientos para dos guitarras y 4 para una guitarra
(todos con otros instrumentos); 9 cuartetos para flauta, violín, viola y cello; 3 quintetos y 3
cuartetos de cuerda; 1 cuarteto para guitarra, flauta, violín y cello; 3 dúos concertantes para cello
y guitarra.
30. ABNB Música 1299, 1300 y 1301 respectivamente.
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• José Manuel Izquierdo König •
Viernes Santo (ABNB Música 1322, 30 marzo 1833), su Lamentación Tercera del
Jueves Santo (ABNB Música 1325, 18 noviembre 1834), la Pasión del Martes Santo
(ABNB Música 1350-51, 7 noviembre 1834) y su Pasión del Viernes Santo (ABNB
Música 1352 y 1459, 15 marzo 1834). Se trata de piezas para Semana Santa, cuan-
do seguramente Ximénez estaba concentrado en demostrar todo su talento en
el nuevo y prestigioso puesto que se le había ofrecido.31
Una de las razones principales para pensar en que su música instrumental
fue compuesta principalmente en Arequipa es el hecho que en Sucre hubiese
tenido menos tiempo para dedicarse a ella, debido a su rol como maestro de
capilla. Gaelle Bruneau ha planteado, dentro de una investigación amplia sobre
los músicos en la catedral de Sucre, que el mismo Ximénez pudo haber estado
descontento con su situación laboral hacia mediados de los 1830, por el poco
tiempo que le dejaba para componer.32 Por otra parte, hay noticias de que sus
quintetos y al menos un cuarteto con flauta y guitarra se tocaron en Lima a co-
mienzos de los 1830, fecha en que parece haberse trasladado a la ciudad.33
Sin embargo, sólo su música instrumental posee número de opus, por lo que
estas piezas religiosas no sirven como punto de comparación que permita es-
tablecer líneas generales. La primera pieza con opus en su portada es el Diver-
timiento op. 17 y la última es la Sinfonía n. 39, op. 75 (pues la sinfonía n. 40 no
lleva opus inscrito en ninguna de las dos fuentes que se conocen). El cuarteto
op. 55 sería, en todo caso, el más temprano de aquellos que compuso, proba-
blemente realizado ‘a la par’ con el op. 56 que le sigue. Ambos están escritos
en mi bemol mayor y estructurados en cuatro movimientos (incluyendo un
minueto). Además, sus manuscritos consisten exactamente de dieciséis folios
cada uno, revelando lo similar de su estructura. De hecho, basta comparar los
primeros compases de ambas piezas para darse cuenta de cómo están relacio-
nadas íntimamente, casi como si uno fuera una extensión del otro:
31. Una situación similar se ve a la llegada del también peruano José Bernardo Alzedo
a la capilla de música de la Catedral de Santiago en 1846, donde compone varias obras para
semana santa reconociendo la importancia de este evento en su propio prestigio. Ver más en
José Manuel Izquierdo, El Gran Órgano de la Catedral de Santiago, Editorial UC, Santiago
2013.
32. Gaella Bruneau, Mantener el culto a pesar de la tormenta: los músicos de la Catedral
de La Plata (1700 - 1845), «Revista Ciencia y Cultura», xxii-xxiii 2009, pp. 137-149:144.
33. Guestrin, La Guitarra en la música sudamericana, pp. 23-24.
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• Ilustración y contrailustración de un cuarteto arequipeño •
Figura 1. Cuarteto op. 55, i, compases 1-4, y Cuarteto op. 56, i, compases 1-6.
34. Ver aspectos de la vida de Ximénez en Arequipa en los 1820 en Cornejo, Música
Popular Tradicional, p. 59.
35. Algunos trabajos actuales han apuntado en estas líneas, saliendo del esquema
Beethoven-Mozart-Haydn. Por ejemplo, ver: Daniel Heartz, Music in European Capitals:
the Galant Style, 1720-1780, Norton, New York 2006; Richard James Will, The Characteristic
symphony in the age of Haydn and Beethoven, Cambridge University Press, Cambridge 2002; The
Symphonic Repertoire, vol. 1: The Eighteenth-century Symphony, Mary Sue Morrow – Bathia
Churgin (eds.), Indiana University Press, Bloomington 2012.
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• José Manuel Izquierdo König •
Pleyel, más bien ligados al sinfonismo francés. El estilo parisino, de hecho, debe
ser entendido desde una perspectiva separada del ‘desarrollo de temas’ habi-
tual de la escuela vienesa, estando enfocado en frecuentes secciones simétricas
melódicas de poco movimiento armónico y relativo virtuosismo para cada uno
de los intérpretes, particularmente en el primer y el último movimiento.36 En el
primer movimiento del op. 55, por ejemplo, todo el final de la exposición se de-
sarrolla en función del lucimiento de los ejecutantes, con largos solos alterna-
dos para el cello, viola, primer violín y segundo violín (respectivamente) entre
los compases 53 y 115, más de la mitad de dicha sección estructural.
Como es habitual en los cuartetos concertantes alrededor del 1800, el segun-
do movimiento prioriza al violín primero como conductor de las ideas melódi-
cas. En el caso del «Adagio con sordina» de Ximénez, nos enfrentamos a una
breve pieza de 87 compases construida sobre do menor. Ximénez diseñó una
estructura basada en una breve introducción de cuatro compases seguida por la
alternancia de ideas en diez secciones consecutivas, pero claramente delimita-
das. No se suscribe a ningún modelo habitual, aunque podría entenderse como
una fantasía sobre dos temas contrapuestos. Hacia el final, cc. 82-83, Ximénez
cierra con una coda armónicamente inestable. Una graficación de esta estruc-
tura podría resolverse así:
Compás 1 5 9 17 26 30
Frase Intro A B A B A
Tonalid. Dom Dom Dom MibM Dom FaM -
-MibM
Compás 36 45 56 65 73 82 - 87
Frase B A B A/B B Coda
Tonalid. Dom SibM- Dom MibM Dom Dom
-Dom
36. Sobre Pleyel ver el articulo de Allan Badley, Ignaz Joseph Pleyel, en The Symphonic
Repertoire, vol. i: The Eighteenth-century Symphony, pp. 543-550: 547ss. Sobre Davaux ver
Kyung-Eun Kim, Jean-Baptiste Davaux and his symphonies concertantes, diss., University of
Iowa 2008, y también Barry S. Brook – Joel Kolk – Donald H. Foster, Davaux, Jean-
Baptiste, en Grove Music Online. Oxford Music Online, Oxford University Press, 19 marzo 2014
<www.oxfordmusiconline.com>.
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• Ilustración y contrailustración de un cuarteto arequipeño •
El yaraví arequipeño
Dada la relevancia de Mariano Melgar para las letras peruanas, y la importancia
de este género musical para el sur del Perú, el yaraví arequipeño ha sido estu-
diado desde diversos frentes a largo de décadas y, creo, no es necesario aquí
repetir demasiados aspectos ya trabajados anteriormente, particularmente
desde la literatura y la definición del género.37 En las décadas que bordean la
independencia peruana, el talento de Melgar logró transformar el yaraví en un
género poético enormemente apreciado por una elite criolla en desarrollo.38
Pero ya desde antes el género venía instalándose entre las elites peruanas y la
conciencia urbana del Perú, al menos desde mediados del siglo xviii. Para evi-
tar profundizar demasiado, apuntaré aquí algunos aspectos relevantes sobre la
37. Sobre el yaraví arequipeño, ver: Juan Guillermo Carpio Muñoz, El Yaraví
Arequipeño, «Tarea», v octubre 1981, pp. 63-68; Cornejo, Música Popular tradicional.
38. Algunos discuten la real importancia de Melgar en esta historia, expresando la
compleja historia del género en torno al 1800. Ver, por ejemplo, Gonzalo Espino Relucé,
Mariano Melgar, héroes culturales y el yaraví, «Celehis», xx 2009, pp. 71-100.
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• José Manuel Izquierdo König •
39. Ver particularmente la inclusión del yaraví en José Hipólito Unánue, Idea general
de los monumentos del antiguo Perú, e introducción a su estudio, «Mercurio Peruano», xxii
17 marzo 1791, pp. 201-08: 207. Fue reimpreso por Andrés Bello en el primer tomo de su
Biblioteca Americana, Marchant, London 1823, pp. 343-50.
40. Antonio Pereira Pacheco – Manuel Hernández González, Noticia Histórica
de Arequipa [1815], Idea, Tenerife 2009, p. 67.
41. Raúl Porras Barrenechea, Notas para una biografía del yaravi [«El Comercio»,
Lima 28 julio 1946], en Id., Indagaciones peruanas: el legado Quechua, Universidad Nacional
Mayor de San Marcos – Instituto Raúl Porras Barrenechea, Lima 1999 (Obras completas de
Raúl Porras Barrenechea 1), pp. 21-34. Hoy existe la posibilidad teórica de que el yaraví fuese
una serie de géneros y que el arequipeño, en particular, apareció como continuación del yaraví
triste o funerario. Ver el ensayo de Eric Carbajal, A propósito de Bicentenarios, romanticismo
y emancipación: el caso de Mariano Melgar, «A Contracorriente», ix/1 2011, pp. 270-286.
42. Joseph Skinner, The present state of Peru: comprising its geography, topography,
natural history, mineralogy, Richard Phillips, London 1805, p. 17.
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• Ilustración y contrailustración de un cuarteto arequipeño •
Desde el punto de vista musical, los documentos más relevantes que tene-
mos en torno al yaraví son las dos discusiones presentadas sobre el mismo en el
«Mercurio Peruano», escritas por un tal Sicramio (probablemente José María
Tirado, en opinión de Stevenson),43 y otra por TJDCyP (seguro Toribio José
del Campo y Pando).44 Dado que existen varias discusiones sobre estos tex-
tos, me remito a algunos detalles centrales:45 Sicramio describe el yaraví como
un género central, esencial a lo peruano, sin influencia externa; música oscura,
triste y melancólica, un contraste evidente con los fandangos incorporados de
España y la mayoría de las danzas criollas. Los aspectos centrales serían su va-
riedad métrica en música (3/8, 3/4, 6/8) y verso (de cinco, seis o siete sílabas
y diversas relaciones entre ellas), con una armonía coloreada por accidentes,
appoggiaturas y suspensiones y ornamentos que son propios del estilo, y donde
las voces suenan solas, en dúos o tríos.
Por su parte, José Toribio del Campo opina que, por lo general, los yaravíes
están en irregulares tempos binarios más que en ternarios, con grupos fijos de
compases que serían intercambiables. Además, considera que, a diferencia de
la música europea – a excepción de las seguidillas –, el yaraví comete el error
de terminar, en una frase de 16 compases, el primer grupo de ocho en tónica y
no en dominante. Sobre la riqueza armónica y ornamental, más bien opina que
«en ocho compases se hallan todas las modulaciones y transiciones que los
científicos establecen», un exceso de adornos: «las violentas transiciones en
que estriba su ser, no permiten ingreso a la harmonia». Por tanto, Del Campo y
Pando no cree en la excelencia única del yaraví como género y considera que su
falta de lógica armónica, melódica y estructural, su falta de simetría, lo sitúa en
desventaja frente al arte de, por ejemplo, un Pergolesi o un Terradellas: «¿Que
se tendría valor para dexarse llevar a hacer un elogio al Yaravi por su modo pa-
tético, viviendo Pergolesi eternamente?».
El yaraví, por tanto, se había instalado, al menos en las mentes de Sicramio y
Del Campo y Pando, como un género marcado por sus diferencias con Europa,
43. [¿José María Tirado?,] Rasgo remitido por la Sociedad Poética sobre la música en
general, y particularmente de los Yaravíes, «Mercurio Peruano», ci 22 diciembre 1971, pp. 184-
191 (Robert Stevenson, Music in Aztec and Inca Territory, University of California Press,
Berkeley 1968, p. 301).
44. [Toribio José del Campo y Pando,] Carta sobre la Música, «Mercurio Peruano»,
cxvii 16 febrero 1792, pp. 108-114, y cxviii 19 febrero 1792, pp. 116-118.
45. El texto de Stevenson, Music in Aztec and Inca Territory, presenta una completa
discusión de ambos artículos, aunque también se encuentra otra de interés en el texto de Juan
Carlos Estenssoro, Música y Sociedad Coloniales: Lima, 1680-1830, Colmillo Blanco, Lima
1989, pp. 34-36.
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• José Manuel Izquierdo König •
46. Una Pobre Serranita, un villancico anónimo para voces, violín y continuo (ABNB
Música 763). Las coplas del mismo, «Imaynalla kaqui Taita», llevan por titulo «yaravi» y se
corresponden claramente con la descripción musical del género planteada por del Campo y
Pando en contestación a Sicramio. Ver Bernardo Illari, The popular, the sacred, the colonial
and the local: the performance of identities in the villancicos from Sucre (Bolivia), en Devotional
Music in the Iberian World, 1450-1800: The Villancico and Related Genres, Tess Knighton –
Álvaro Torrente (eds.), Ashgate, Farnham 2007), pp. 409-440: 429-30. Los ejemplos
comienzan a abundar hacia mediados de siglo, con los tres ejemplos en Mariano de Rivero,
Antigüedades Peruanas, Imprenta Imperial, Viena 1851, y luego aquellos editados para uso
comercial por Carl Erik Södling y Claudio Rebagliatti durante los 1860 y 70.
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• Ilustración y contrailustración de un cuarteto arequipeño •
47. Zoila Vega, Influencia de la Música Popular en las composiciones de Pedro Ximénez
Abril Tirado, el caso del Divertimiento op. 43, artículo inédito presentado en la Universidad
Nacional de San Agustin, Perú, mayo 2013. Aquí Zoila es la primera en hacer una reflexión
critica sobre una composición de Ximénez, relacionando tanto el vals, como el gallinacito y el
yaraví dentro de la pieza para guitarra y otros instrumentos. Sin embargo, como he señalado,
creo que este «Adagio con sordina» presenta una situación mucho más compleja, tanto por ser
el único uso de este tipo de materiales – conocido – fuera de la música de guitarra, como por el
hecho de intercalarlo con otros universos sonoros dentro de un mismo movimiento. Aún así, el
trabajo sobre distintas piezas de Ximénez permitirá ir construyendo un panorama más amplio
de su estilo y sus modos de composición.
48. Rossells, El gran maestro Pedro Ximénez Abril y Tirado, pp. 19-20.
49. E[...] L[...] J[...], obituário a Pedro Ximénez .
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• José Manuel Izquierdo König •
Figura 3. Pobre Corazón Mío (yaraví), inicio de la melodía (con bordón de guitarra al inicio y
final).
52. Juan Bautista Arriaza, Poesías o Rimas Juveniles, La Hija de la Ibarra, Madrid 1808,
p. 37.
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• José Manuel Izquierdo König •
53. Aurelio Miró Quesada, Historia Y Leyenda de Mariano Melgar: 1790-1815, Sucesión
Aurelio Miró Quesada Sosa, Lima 2003, pp. 154-55.
54. Una grabación de este yaraví se puede encontrar en Los hermanos Azpilcueta,
Yaraví – Arequipa y su Canto, cd [sin identificación], 2011, con Félix Valdivia. Ximénez utilizó
poemas de Arriaza en algunas de sus otras canciones sueltas que sobreviven, como en la número
seis de sus Seis Cavatinas ABNB Música 1298, «Eres tú la que realizas», también conocido
como Elogio de una excelente cantora.
55. Este vals es el n. 23 de la Tercera Colección, que se encuentra en manuscrito en la
Universidad de San Francisco de Chuquisaca, mientras que la versión para piano se conserva
en una colección privada en La Paz. La indicación de «en estilo americano» para el mismo se
conserva en su arreglo para piano, el cual es parte de una colección privada en la ciudad de La
Paz.
56. Un análisis de la misma se encuentra en Carbajal, A propósito de Bicentenarios, p.
275.
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• Ilustración y contrailustración de un cuarteto arequipeño •
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• José Manuel Izquierdo König •
Aun así, las diferencias son evidentes. Por ejemplo, el bajo dibuja un perfil
mucho más ‘lógico’, en una relación evidente de tónica-dominante, ampliada
por una figura típicamente galante en arpegios realizada por el segundo vio-
lín. Como puede observarse, la definición de esta sección no puede ser sino
conscientemente ‘clásica’ – en el sentido del estilo de Haydn, Mozart o Pleyel.
Cabe decir que buena parte de la música de Ximénez está escrita en este estilo
y, por tanto, la sensación que nos produce este cambio es de familiaridad – au-
mentada por la sonoridad del cuarteto –, como si la comodidad estuviera dada
por Europa y no por aquel yaraví Arequipeño. No sólo la música de Ximénez
está escrita en este estilo: pocas composiciones escritas en América entre 1790
y 1840 escapan al marco amplísimo que representa la influencia de este nuevo
estilo durante aquel periodo.
De hecho, es posible situar al cuarteto de Ximénez en el punto más álgido
de la recepción y transformación cultural de este estilo instrumental de fines
del siglo xviii en América, una ‘tierra de nadie’ entre colonias y repúblicas y,
por esto, me parece, un periodo que ha sido bastante poco estudiado. Fueron
aquellas décadas a fines del siglo xviii y comienzos del siglo xix las que princi-
palmente adoptaron este nuevo estilo como una revelación ilustrada, moderna
y cosmopolita, un contraste universalista (al menos en el sentido Atlántico) a
una aislación percibida generacionalmente.
Uno de los mejores ejemplos de cómo se creó una consciencia de división
entre el espacio – y un supuesto estilo – musical colonial y un nuevo orden
(¿republicano?¿ilustrado?¿transatlántico?) se presenta en un prospecto para
la creación de una academia filarmónica en Caracas, realizado por uno de los
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• Ilustración y contrailustración de un cuarteto arequipeño •
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• José Manuel Izquierdo König •
59. Andrew Bush, The Routes of Modernity: Spanish American Poetry from the Early
Eighteenth to the Mid-Nineteenth Century, Bucknell University Press, London 2002, p. 48.
60. James Mahoney, Colonialism and Postcolonial Development. Spanish America in
Comparative Perspective, Cambridge University Press, Cambridge 2010, p. 191.
61. E[...] L[...] J[...], obituário a Pedro Ximénez.
62. Abraham M. Smith, Latin America, en Encyclopedia of the Enlightenment, editada
por Alan Charles Kors, www.oxfordreference.com, Oxford University Press, Oxford 2005,
s. p., 12 abril 2014
<http://www.oxfordreference.com/view/10.1093/acref/9780195104301.001.0001/
acref-9780195104301-e-382>.
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• Ilustración y contrailustración de un cuarteto arequipeño •
recibir los nuevos ideales hacia el 1800, permitiendo una prolongación de las
discusiones ilustradas en América hasta entrados los 1840.63
Como es sabido, uno de los aspectos claves del discurso ilustrado es la no-
ción de que el conocimiento humano se desarrolla en estadios distintos, pero
corresponde a un mismo espacio cultural, por lo que se ve la cultura de algunas
ciudades europeas como una ‘cima’ a la que todos los seres humanos deben as-
pirar.64 Es central para el ciudadano ilustrado el tomar información de diversos
lugares y entenderse a sí mismo como parte de una cúpula que comparte una
misma cultura, más allá de las fronteras geográficas y temporales.65
Es por esto que uno de los aspectos claves de la ilustración americana fue ese
‘sentirse parte’ de la totalidad europea, entendida bajo el código de ‘universal’,
un poco como lo entiende Andrés Bello en su ya famosa Alocución a la Poesía,
invitando a las musas europeas a dejar aquel continente, cruzar el océano y exi-
liarse en América, territorio virgen.66 La virginidad de América está dada por su
naturaleza, simbólica y real, por la vastedad de su territorio no trabajado, por
las posibilidades abiertas e infinitas. En este sentido, es llamativo que dentro
de su descripción de los espacios naturales del sur, incluyendo las bondades y
las magnificencias de América, Andrés Bello entregue una línea a «el son del
yaraví amoroso!», como si fuera parte de ese contexto natural antes que de una
construcción humana.67
Esta virginidad proyectada, negación patente de la violación constante de
América, es la misma que se trasluce en el comunicado de Landaeta para el
«Mercurio Venezolano» y, notoriamente, la misma que explica la ausencia de
estéticas locales de cualquier tipo entre las composiciones realizadas en Amé-
rica en este periodo. Como mencionaba Felipe Pardo y Aliaga en un artículo
sobre ópera y nacionalismo escrito en Lima hacia 1840, «entre la multitud de
ideas nuevas que la revolucion ha trasportado [...], pocas han tenido una acli-
matacion menos feliz que la idea del nacionalismo».68
Sin duda, este perfil cosmopolita y poco ‘nacionalista’ del repertorio com-
puesto en la transición ha sido central en la falta de interés que la misma ha
despertado en investigadores, siendo aun pobremente conocida, editada y es-
tudiada. Creo que la falta de una individualidad exótica, de una notoria diferen-
cia entre la música escrita en América y aquella de Europa alrededor del 1800,
ha sido uno de los principales alicientes a la falta de estudio de la misma. A
diferencia de la música del periodo barroco que, como menciona Leslie Bethell
«permite asumir una mezcla de lo sacro y lo pagano [que] finalmente nos ha
llevado a asumirla como un vehículo auténtico de la América mestiza», la músi-
ca en transición al periodo republicano ha sufrido por su carencia de mestizaje,
por su dependencia abrumadora sobre los modelos ilustrados europeos.69
Enfrentar este periodo a categorías como ‘mestizo’ o ‘híbrido’ nos pone fren-
te a una dicotomía especialmente compleja. En realidad, como ya han señalado
otros autores, si bien la teoría de hibridismo originalmente permitió una com-
prensión única y renovada del proceso artístico y cultural en América Latina, al
menos desde los trabajos de García Canclini se ha producido un campo teórico
en el cual lo latinoamericano sería, por definición, híbrido o, viceversa, lo híbri-
do sería una característica esencial de lo latinoamericano.70 Las proyecciones
en la musicología no se han hecho esperar, con todas las implicancias que ello
conlleva y, por cierto, en la imposibilidad de entender estos repertorios fuera
del campo de lo mestizo.71 De manera específica en la interpretación y edición
68. Felipe Pardo y Aliaga, Poesías y escritos en prosa de don Felipe Pardo, A. Chaix et
cie, Paris 1869, p. 340.
69. Leslie Bethell, A Cultural History of Latin America: Literature, Music and the Visual
Arts in the 19th and 20th Centuries, Cambridge University Press, Cambridge 1998, p. 13.
70. Joel Kuortti – Jopi Nyman, Reconstructing Hybridity: Post-colonial Studies in
Transition, Rodopi, Amsterdam 2007, p. 10. Ver una crítica específica de las implicancias de
esto para la investigación en Juan de Castro, Mestizo Nations: Culture, Race and Conformity
in Latin American Literature, University of Arizona Press, Tucson 2002, p. 3.
71. Ver por ejemplo los casos de A Tres Bandas: mestizaje, sincretismo e hibridación en el
espacio sonoro latinoamericano, Albert Recasens – Christian Spencer (eds.), Akal, Madrid
2010, que reconoce los espacios de hibridación en estos términos, o también el reciente libro
de Juan Pablo González, Pensar la música desde América Latina: Problemas e interrogantes,
Ediciones Alberto Hurtado, Santiago 2013, esencialmente cancliniano, como reconoce
Cristián Guerra en su reseña del mismo («Revista Musical Chilena», ccxx 2013, pp. 108-
110). La primera frase del libro de González, de hecho, plantea que «sabemos que la música
latinoamericana suena distinto a la música del resto del mundo»: si todas las músicas son
distintas (y todas las culturas son híbridas), el argumento se vuelve tautológico desde su origen
y, por otra parte, es el cómo la escuchamos – y el que seleccionamos para escuchar – lo que
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• Ilustración y contrailustración de un cuarteto arequipeño •
definiría qué es música latinoamericana. ¿Dónde entra un Ximénez aquí? ¿En qué es distinto y
cuánto de esa distinción está determinada por el hecho de ser latinoamericano o, simplemente,
por decisiones estéticas personales que hipotéticamente escaparían a su condición geográfica?
72. Esta crítica ha sido realizada con claridad por Bernardo Illari con respecto a los
villancicos del archivo de la Catedral de Sucre que, pese a la popularidad en discos de aquellos
cantados en lenguas nativas, no representan más de un 0,4% de los archivos. Ver Bernardo
Illari, No hay lugar para ellos: los indígenas en la capilla musical de La Plata, «Anuario del
Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia », [s. n.] 1997, pp. 73-108.
73. Sobre el criterio de autenticidad como esencial en la valorización de repertorios,
autores y objetos culturales desde fines del siglo xviii ver James O. Young, Cultural
Appropriation and the Arts Blackwell Publishing, Maden 2008, p. ix.
74. Un caso paradigmático es la idea de ‘músicos sin pasado’ acuñada por Vicente Salas
Viu para los compositores chilenos y popularizada, por así decirlo, por Roberto Escobar
en su libro homónimo, Editorial Pomaire, Santiago 1971. Una discusión interesante sobre las
proyecciones en México, en particular a través de Carlos Chávez, se encuentra en la tesis de
John G. Lazos, José Antonio Gómez’s Ynvitatorio, Himno Y 8 Responsorios: Historical Context
and Music Analysis of a Manuscript, diss., Université de Montréal 2009; una discusión similar
para el caso brasileño puede revisarse en Marcelo Campos Hazan, The Sacred Works of
Francisco Manuel Da Silva (1795-1865), diss., Catholic University of America 1999. Sin duda, esta
tendencia a negar el siglo xix como americano se ha establecido en otras áreas de la cultura.
Para entender su proyección en la literatura, y en particular en los autores del boom de los
Sesenta, ver Doris Sommer, Foundational Fictions: The National romances of Latin America,
University of California Press, Berkeley 1991.
75. Cristina Magaldi, Music in Imperial Rio de Janeiro: European Culture in a Tropical
Milieu, Scarecrow Press, London 2004, p. xv. Véase también Ead., Sonatas, Kyries and Arias:
Reassesing the Reception of European Music in Imperial Rio de Janeiro, en Symposium Music and
Culture in the Imperial Court of Joao VI in Rio de Janeiro (University of Texas, Austin 7-8 de
marzo de 2005), 20 pp., University of Texas, Latin American Network Information Center,
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• José Manuel Izquierdo König •
Hay una cierta violencia epistémica en el cómo estas ideas se fueron cons-
truyendo sin una fundamentación musicológica – o musical –, discusión que
escapa a los términos de este trabajo. Sin embargo, es importante reconocer
que el único modo de salir de esta situación enfrascante es obviar las divisiones
binarias entre centro y periferia, colonizador y colonizado, colonia y república,
clásico y romántico. De lo contrario, nos enfrentamos a un círculo vicioso en
un espacio y tiempo donde, efectivamente cosmopolitanismo y americanismo
funcionan como parte de una misma cara de la moneda, y no necesariamen-
te como contrapartes. Aún así, el hecho de que los artistas americanos se asu-
mieran como parte de una cultura global, o al menos transatlántica, no debe
cegarnos al hecho de que el reconocimiento de los americanos como parte de
la cultura europea, por parte de los propios europeos, fue mucho menos in-
clusivo. Esta asimetría cultural entre las expectativas de uno y las de otro – o
las comunes en contra de la realidad – son esenciales para entender la música
de aquellos compositores americanos que se desarrollaron su trabajo a partir
del cambio de siglo. Escribir un cuarteto de cuerdas en América hacia el 1800
implicaba, necesariamente, asumirse a uno mismo como parte de una cultura
que superaba las fronteras de Europa, que se establecía a sí misma como tran-
satlántica.
Ilustración y contrailustración
Si asumimos la falta de fronteras en el cuarteto de Ximénez, parece que en bue-
na parte nuestros problemas se solucionan, mas, sin embargo, otros aparecen
a hurtadillas para complicarnos. Perdonando la abundancia de preguntas an-
tes que de respuestas: Si preferimos una lógica transatlántica, no-binaria, para
entender este «Adagio con sordina», ¿cómo explicamos su carácter binario
en la estructura misma de la composición? ¿Está Ximénez planteándonos, en
forma directa, que para él existe una división entre músicas locales y músicas
europeas? En tal caso, ¿Qué rol cumplen dentro de su construcción musical
personal ambas, con qué valores y en qué sentidos? ¿Finalmente, quién es aquí
el exótico, Ximénez o Haydn?
Siguiendo las líneas de Du Bois, Walter Mignolo acuñó y popularizó la idea
de una ‘doble conciencia’ criolla en los ciudadanos de América, profundizada en
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• Ilustración y contrailustración de un cuarteto arequipeño •
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Sin duda, y por unos instantes, Pedro Ximénez nos lleva a oír una mezcla de
ambas frases y nos somete, como auditores, al encuentro entre dos mundos so-
noros, más allá de si los mismos son internos o externo, reales o ficticios. Mien-
tras el cello mantiene la secuencia de arpegios armónicos (quizás el elemento
más ‘clásico’ de la frase B), los violines y la viola llevan a trío una melodía que,
siendo evidentemente clásica e ilustrada, no deja de oírse en relación al yara-
ví, con sus appoggiaturas, adornos y pasos cromáticos. La situación en la que
nos deja Ximénez es compleja: ¿Acaso contemplas un consciente esfuerzo de
unir ambos universos, un tipo de ‘final feliz’? ¿Se logra este cometido? ¿Some-
tió la ‘estructura’ simétrica del estilo clásica al yaraví o sus evidentes deslices
82. Sobre el uso del canon dentro del estilo clásico como un recurso ‘ilustrado’, ver
Melanie Diane Lowe, Pleasure and Meaning in the Classical Symphony, Indiana University
Press, Bloomington 2007.
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• José Manuel Izquierdo König •
83. Agradezco infinitamente a la directora del archivo, Avelina Espada, quien me permitió
revisar este material, realizar un orden y catalogación preliminar y establecer conexiones entre
las obras del mismo y las presentes en otros archivos.
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Figura 7. Archivo Arquidiocesano de Sucre, folio suelto, «Violín Segundo al Yaraví a Dúo».
Conclusiones
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Creo que el intento de Pedro Ximénez aquí por incluir un yaraví en el medio
de una pieza de estricto carácter cosmopolita, guarda relación con un dejo, al
menos esporádico, de diálogo con aquella ilustración moderna y universal pro-
puesta directamente desde Europa. No sé si es posible llamar el gesto de Xi-
ménez una ‘respuesta’, pero sin duda hay un acto de diferenciación consciente
de estilos y, por tanto, de áreas culturales, las cuales, sin embargo, son vistas
como parte de un todo. La distinción cosmopolita recalca, a su vez, las posibles
diferencias nacionales dentro de un total civilizado, que abraza y cubre aquella
diversidad. Sin embargo, creo que la distinción que hace el compositor no es
entre América y Europa – he aquí el quid del asunto – sino entre una cultura
cosmopolita y Atlántica, ilustrada y moderna, y las posibilidades propias de una
dualidad con lo local. Creo que la contraposición propuesta por Ximénez es, fi-
nalmente, una entre ilustración y contrailustración, de lo universal (que es par-
te de lo local) y lo local como contraposición a las leyes absolutas del universal
(aquí simbolizadas por la estructura armónica y melódica base del motivo B).
Ximénez, como miembro de la elite de Arequipa, realiza a través de su mú-
sica un ejercicio similar al de Mariano Melgar en la poesía, donde el yaraví se
presta como lenguaje personal para establecer un diálogo con valores y discu-
siones que son entendidas como universales. Creo que es posible leer el tra-
bajo de Melgar – y el de Ximénez – en términos de diálogo entre ilustración y
contrailustración, dos caras de la moneda, tomando el valor original – y amplio
– que le dió Isaiah Berlin al término, según el cual contrailustración no es una
línea filosófica específica, sino que simplemente cualquier gesto de discusión
con el universalismo ilustrado, aún – y casi siempre – cuando venga de adentro.
Ahora, quedan algunos problemas en el tintero. Es conocido que el mismo
Haydn – así como Pleyel y otros contemporáneos – utilizaban recursos de la
música popular y local de sus tiempos en sus composiciones, aprendida por
medios orales o relacionados a su propia cultura circundante y no sólo median-
te canales ilustrados. ¿Sería posible una lectura paralela en Ximénez, y hubiese
reconocido él estas ideas musicales en Haydn o Pleyel como ‘populares’? Por
otro lado, no desconozco que alguien podría también leer este cuarteto de otro
modo, viendo la idea de usar un yaraví como un gesto localista – protonacio-
nalista incluso – y no es mi lugar refrenar tales impulsos. Retomo aquí la idea
de Le Guin de que ciertas formas musicales simplemente se niegan a partici-
par de los procesos ilustrados, o son utilizadas por compositores para formar
una contraposición a las estructuras métricas, tonales y armónicas propias del
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Apéndice
Crítica de la edición
Fuente
La copia original del cuarteto de cuerdas op. 55 de Pedro Ximénez se encuentra
conservada en el Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia. Para esta edición, se
ha utilizado el manuscrito original, escrito en partes separadas para los cuatro ins-
trumentos. Estas se guardan en la carpeta ABNB, Música 1299.
Criterios de transcripción
Se ha decidido mantener la edición lo más cercana al manuscrito original, inclu-
yendo sólo pequeñas indicaciones cuando parecía correspondiente, las cuáles se
han señalado más abajo. En algunos casos esto lleva a notorias diferencias, parti-
cularmente en las apoyaturas de la melodía entre el primer y segundo violín; por
ejemplo, ver compás 7, 19, 23, 46, 49, 54. Esto es, en general se utiliza como un re-
curso expresivo dentro de la melodía del ‘yaraví’ propiamente tal, y por tanto quizás
es un elemento estilístico. En tal sentido, antes que regularizar estas indicaciones,
he mantenido las diferencias. Las discrepancias, por lo demás, son muchísimo más
acusadas aquí que en los otros movimientos, reforzando esta impresión. La indica-
ción del movimiento en las partes es «Adagio», junto a la cual (arriba, al lado) se
pone la indicación «Con Sordina» para cada instrumento. Todas las articulaciones
e indicaciones punteadas y/o en paréntesis cuadrados son del editor.
Observaciones
compás 1, violín ii: podría tratarse de una ligadura normal y no una nota extendida;
compás 4, violín i: agregado de staccato y ligado (ver violín ii);
compás 4, viola: agregado de [dolce] en relación con ambos violines;
compás 16, violín ii: agregado de staccato y ligado (ver violín i);
compás 20, violín i: si bien no se indica, creo que el violín i debe llevar «f» en el ata-
que al 21, en relación con la indicación de dinámica de los otros instrumentos (ver
compás 50 para comparación);
compás 21, viola: la indicación de [p] está dada en relación con el violín 2;
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compás 22, violín i: el manuscrito es poco claro y es posible que el ligado sea solo en las
semicorcheas del segundo tiempo del compás, y no desde la primera negra;
compás 32, violín ii: la notación original del segundo tiempo era negra con tachado de
subdivisión a corcheas – creo que esto es un gesto de notación rápida y fue cambia-
do a tres corcheas;
compás 51, violín II: agregado tanto de un [f] como de un [p] en relación con dinámi-
cas de la viola;
compás 55, viola: da la impresión que el gesto «f» está al comienzo del compás y no en
el segundo tiempo, como ocurre en los violines;
compás 64, viola: omisión del tresillo en el manuscrito original, claramente un error
debido a la cantidad de notas;
compás 64, violín ii: agregado de [f] en el primer tiempo y no el segundo (como viola
y cello) porque es la figura de bordón que siempre lleva el cello anteriormente y
siempre se marca así;
compás 65, violines i-ii: agregado de [p], en relación a viola y cello, aunque puede
que esto refiera a que ambos violines deben sonar algo más fuerte que los dos otros
instrumentos;
compás 65, cello: no hay articulaciones en el original, pero esto podría deberse tanto a
una variación de fraseo como al hecho de que, siendo Pedro Ximénez el cellista, él
no hubiese incorporado mayores detalles a su propia línea; debido a la imposibili-
dad de saberlo, he dejado esto tal como en el original (65-81);
compás 69, violín i, viola: agregué staccato a las dos corcheas del tercer tiempo, para
homogeneizar con el violín ii;
compás 80, violín i: repetí la articulación del violín ii en los dos últimos tiempos del
compás;
compás 82-85, cello: en el manuscrito original está anotado de esta manera, y he pre-
ferido dejarla, pues si bien creo que lo natural es que fuera una sola nota larga (do-
ble), puede que Ximénez esté pidiendo una sutil repetición de las mismas en cada
compás.
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