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OBLIGACIONES

Las instituciones de Justiniano definieron así la obligación: Es un lazo


de Derechos que nos constriñe en la necesidad de pagar alguna cosa
conforme al Derecho de nuestra ciudad. La obligación está así comparada a un
lazo que une una a otra a las personas entre las cuales ha sido creada; es, por
otra parte, un lazo puramente jurídico. Pero si se sujeta al deudor, se limita
su libertad, no hemos de sacar de ahí la conclusión de que sea una molestia en
la sociedad. El hombre no puede bastarse a sí mismo. Tiene necesidad de
la industria, de la actividad de sus semejantes; es por medio de
las obligaciones por lo que obtiene y por lo que da por sí
mismo servicios recíprocos. Cuanto más se civiliza una nación, más se
desenvuelve en ella el Derecho de obligaciones; de donde surge la
importancia capital de esta materia, que no ha cesado de perfeccionarse desde
los orígenes de Roma hasta nuestros días.
La obligación tiene siempre por objeto un acto del deudor, que esta
personalmente obligado; resulta de ello que nunca ni aun cuando ella consiste
en dare, transfiere por si misma ni la propiedad ni ningún otro Derecho real. El
deudor está obligado solamente a efectuar esa transferencia por medio de los
modos especiales creados para este efecto.
TRANSMISION DE LAS OBLIGACIONES
La transmisión de las obligaciones se refiere a traspasar a otra persona la
posición como acreedor o deudor, siguiendo la voluntad del cedente o
transmitente o por un hecho propio al que la legislación le atribuye esa
capacidad de sustitución. Un ejemplo de esto último es cuando, por
fallecimiento, se trasmiten los derechos al heredero.
Las obligaciones se pueden transmitir, bien sea por actos realizados entre
vivos (contratos, acuerdos o legislación) o por muerte (legados o herencias),
sin que se modifique el derecho en sí. Todos los derechos tienen la facultad de
ser cedidos, exceptuando los derechos que se encuentran fuera del patrimonio
y aquellos prohibidos por la ley.

CESIÓN DE DERECHOS

Es un acuerdo por el que el cedente (acreedor) traspasa de forma voluntaria sus


derechos contra el cedido (deudor) a una tercera parte que es el cesionario. El
cesionario se coloca por este acuerdo en el lugar de cedente como acreedor.

Existe cesión de derecho cuando el acreedor transfiere a otro lo que tenga contra
su deudor.
En la cesión de derechos como en la mayoría de las obligaciones se manejan
dos sujetos donde:

 Cedente: es el que transfiere voluntariamente los derechos que tiene con


el deudor a un tercero.
 Cesionario: es aquel que las adquiere.

Normalmente, cualquier derecho puede ser cedido salvo los que la legislación
aplicable indica específicamente que está prohibida sus cesión; por ejemplo, las
pensiones alimenticias.

En ocasiones, el origen de la imposibilidad en la cesión de algunos derechos


tiene como origen los acuerdos previos establecidos entre acreedor y deudor,
que elige no permitir cesión alguna de derechos. Por supuesto, tiene que estar
reflejado en un documento con validez legal.

Por ejemplo, la cesión de derechos del arrendatario suele estar expresamente


limitada en los contratos de alquiler.

Características

– No es necesario el consentimiento del deudor.

-Acuerdo de transmisión con intercambio económico o no.

– La relación jurídica permanece inalterada.

-Modificación del sujeto activo; este es sustituido por otro.

Es básico destacar que, aunque el derecho es cedido, la relación jurídica que le


dio objeto permanece inalterada, así como todas sus obligaciones y derechos.
Así lo define el código civil peruano en el ARTÍCULO 1206 como:

“Es el acto de disposición en virtud del cual el cedente transmite al cesionario el derecho a
exigir la prestación a cargo de su deudor, que se ha obligado a transferir por un título
distinto.”

La cesión puede hacerse aun sin el asentimiento de deudor.”


ANTECEDENTES:
Uno de los cambios más notorios que trajo el Código Civil peruano de 1984, y
quizá el menos tratado por nuestros autores, es el referente a la transferencia
de las situaciones jurídicas subjetivas distintas a la propiedad. El Código Civil
de 1936 regulaba la cesión de créditos en el Libro Quinto referido al Derecho
de Obligaciones, específicamente en la sección quinta denominada "De los
diversos contratos". Jorge Eugenio Castañeda al respecto decía: "así como las
cosas se venden, se cambian o se donan, los créditos y, en general, los
derechos también se ven den, se permutan o se donan. Los contratos de
compraventa, de permuta y donación tienen por objeto sólo cosas, no
derechos". Resulta claro que para el legislador de 1936, la cesión de créditos
era un contrato cuya función económica consistía en la transferencia de la
titularidad de un crédito, pudiendo realizarse a título oneroso o gratuito.
Curiosamente, el Código Civil de 1852 sí admitía la venta de derechos.
Esta última, es la postura que adopta la mayoría de los Códigos
latinoamericanos, como el chileno (artículos 1901 y siguientes), el argentino
(artículos 1434 y siguientes), el colombiano (artículos 1959 y siguientes), el
ecuatoriano (artículos 1868 y siguientes) y el salvadoreño (artículos 1691 y
siguientes). De acuerdo con Jorge Eugenio Castañeda: "no sólo se ceden
créditos sino también derechos, razón por la que la denominación resulta
insuficiente. Y la cesión de derechos se rige por las mismas disposiciones que
regulan la cesión de créditos, por razón analógica". El nuevo Código Civil, en
cambio, ha regulado la "cesión" dentro del capítulo único del Título VII
(Trasmisión de las obligaciones) de la sección primera del Libro VI. Lo hace no
como un acto de disposición; es decir, como el modo de transferir la titularidad
de cualquier situación jurídica subjetiva distinta a la propiedad. En tal sentido,
utiliza la denominación "cesión de derechos", siendo la cesión de créditos una
especie de aquélla.
ARTICULO 1211:
La cesión de derechos comprende la trasmisión al cesionario de los privilegios,
las garantías reales y personales, así como los accesorios del derecho
trasmitido, salvo pacto en contrario. En el caso de un bien dado en prenda,
debe ser entregado al cesionario si estuviese en poder del cedente, más no si
estuviese en poder de un tercero.
ANALISIS:
Si bien la cesión entendida como modo es un acto traslativo, también puede
ser vista como un acto modificativo desde una doble perspectiva: por un lado,
tiene como efecto alterar subjetivamente (en su lado activo) una relación
jurídica patrimonial preexistente; por el otro modifica una situación jurídica
subjetiva. En este sentido, de conformidad con la definición del artículo 1351
del Código, la cesión es un contrato. Conforme a lo establecido en nuestro
Código, para la transferencia de la titularidad de un crédito se requiere de un
doble acuerdo: por un lado, uno creador de obligaciones y, por el otro, un
acuerdo de voluntades en producir la transmisión. Ambos acuerdos pueden
producirse en un mismo acto y, en este caso, basta el consenso. La cesión, así
entendida, es un acto jurídico bilateral puesto que para su existencia basta el
acuerdo de voluntades entre el "sujeto activo originario" (cedente) y el "nuevo
sujeto activo" (cesionario), no siendo necesario el asentimiento del "sujeto
pasivo cedido" (segundo párrafo del artículo 1206 del Código). Debe
observarse que en la transferencia del crédito no interviene el deudor cedido y
ello se justifica en la medida en que a éste le resulta indiferente la identidad del
acreedor. Incluso, como veremos más adelante, su situación no puede resultar
empeorada por la cesión, a menos que el deudor la consienta.
La transferencia del crédito es el pasaje del derecho de un sujeto a otro. El
acontecimiento de la transferencia puede ser identificado como sucesión del
crédito. Transferencia y sucesión son términos equivalentes que designan el
mismo fenómeno bajo dos diversos perfiles, uno atinente al objeto (el derecho
se transfiere del originario al nuevo acreedor), el otro atinente a los sujetos (al
acreedor originario sucede el nuevo acreedor)". Debe quedar claro que se trata
de la transferencia de la titularidad del crédito y no solamente el "derecho a
exigir la prestación a cargo del deudor". En tal sentido, Gavidia Sánchez indica:
"Lo primero a señalar es la admisión de la plena transmisión del crédito, esto
es, de la titularidad, y no sólo de la acción para hacerla efectivo... ".
Como hemos dicho, la sustitución del acreedor originario (cedente) por el
nuevo acreedor (cesionario) supone la subsistencia de la relación obligatoria
que, aunque modificada, conserva su identidad. Sotgia, al respecto, dice: "La
permanencia inmutada del derecho (o acción), aun actuada la mutación del
sujeto originariamente titular, se justifica y basa con el principio de la capacidad
de sucesión del derecho a título particular (sea del lado activo que pasivo), e
implica consecuentemente el pasaje del objeto del derecho al cesionario con
todas las excepciones Y gravámenes por ello y de ello".
En el mismo sentido Bianca dice: "La noción de transferencia implica la
identidad del derecho, en el sentido de que el derecho expectante al nuevo
acreedor es el mismo derecho ya expectante al acreedor originario. Es decir,
importa, entre otras cosas, la permanencia de los derechos accesorios y, en
particular, de los derechos de garantía"
Al respecto, el segundo párrafo del artículo 1211 del Código establece la
obligación del cedente de entregar la cosa dada en prenda, salvo que la cosa
estuviera en poder de un tercero, en cuyo caso éste continuará como
depositario.
GARANTÍA DEL DERECHO CEDIDO ART 1212
El cedente está obligado a garantizar la existencia y exigibilidad del derecho
cedido, salvo pacto distinto.
ANALISIS:
Para algunos autores, como Alsina Bustamante, en un sentido lato, garantía es
sinónimo de obligación y responsabilidad. Se puede decir, según el autor
argentino, que el deber de responder por vicio es una obligación de garantía. El
significado del término obligación puede ser explicado teniendo en cuenta los
criterios de atribución y distribución del riesgo. La obligación delimita las
esferas del riesgo de las partes. En tal sentido, como señala Cabanillas
Sánchez, "cuando se produce el incumplimiento de un deber de prestación, el
riesgo se atribuye al que ha incumplido la conducta debida. El daño sufrido por
el acreedor ha de ser resarcido por el deudor, porque éste no ha cumplido
como era debido. Y para conseguir este efecto se maneja la idea de
responsabilidad frente a la otra parte". Corresponde a las partes atribuir el
riesgo de determinada contingencia; es decir, identificar el riesgo y asignarlo, a
quien, de ocurrir, deberá asumir los daños que se produzcan. Corresponde al
legislador asignar los riesgos de manera supletoria y, en tal sentido, la
responsabilidad contractual (obligacional), según Trimarchi, "debe por lo tanto
ser regulada teniendo presente la oportunidad de empujar al acreedor y al
deudor a adoptar una combinación de medidas de diligencia que sea óptima
desde el punto de vista de la economía general. En tal modo, las reglas sobre
responsabilidad contractual pueden contribuir a determinar una distribución
óptima de los recursos productivos...".
De acuerdo con Navarro Pérez, "el término existencia debe ser entendido en su
verdadero significado como la concreta entidad del crédito. Existir un crédito
quiere decir que tenga realidad, que no ha de hallarse extinguido de alguna
manera". La inexistencia puede deberse al hecho de que la situación jurídica
subjetiva se hubiera extinguido de algún modo: por cumplimiento, por novación,
por compensación, por los casos establecidos en el artículo 1021 del Código,
etc. Para Regnault, la existencia del crédito no podría dar lugar, por
incompatibilidad lógica, a un genuino fenómeno de garantía. "Dado que el
crédito es el objeto de la cesión, la falta del crédito es la falta del objeto, es
decir un fenómeno perfectamente paralelo a aquel que sería la falta de la cosa
en la venta...". De la misma opinión es Navarro Pérez, para quien la no
existencia de la situación jurídica subjetiva determina la nulidad del contrato
con función traslativa, por inexistencia del objeto del mismo.
Como puede apreciarse, la norma nacional no hace referencia a la legitimidad
como sí lo hace el artículo 1529 del Código Civil español. Más bien añade el
riesgo de la exigibilidad. Si bien el legislador ubica el problema del riesgo en el
acto de cesión, debemos tener en cuenta que el problema de la asignación de
riesgos es un problema del título; es decir, del contrato translativo y no del
modo, vale decir, en el caso peruano, del acto de cesión. Esta responsabilidad
del cedente determina, en el caso de que la situación jurídica subjetiva cedida
sea inexistente, la obligación de restituir lo que hubiese recibido (por ejemplo: si
el título fuera una compraventa) y de reembolsar los gastos. Resulta importante
destacar que nuestro Código no distingue entre cedente de buena o mala fe. Ni
tampoco explica en qué consiste la responsabilidad. Respecto a la
responsabilidad por la exigibilidad del crédito cedido, cabe hacer algunas
precisiones. Si lo que se cediera fuera un crédito sujeto a un plazo en beneficio
del deudor (o de ambos), resulta claro que éste estaría funcionando como un
límite a la exigibilidad del crédito (si fuera en beneficio de ambos también
funcionaría como límite a la prestabilidad), esto significa que el acreedor no
puede pretender del deudor la ejecución de la prestación; en otras palabras, el
crédito es inexigible hasta el vencimiento del plazo. Podría pensarse que si se
cede un crédito sujeto a plazo (en beneficio del deudor o de ambas partes), el
cedente estaría obligado a responder frente al cesionario, lo cual no sería
correcto, salvo que se hubiese establecido en el contrato que lo que se cedía
era un crédito inmediatamente exigible. La exigibilidad a la que se refiere el
artículo 1212 del Código es una de carácter definitivo, como podría suceder en
el caso de la prescripción. Respecto a la ilegitimidad del transferente, tampoco
nuestro Código hace ninguna referencia específica. Nosotros consideramos
que deben tenerse en cuenta los principios del sistema de transferencia de
titularidades de situaciones jurídicas subjetivas. En tal sentido, debemos
considerar como regla general el principio del nema plus iuris, lo que significa
que no procede la transferencia o cesión de un crédito ajeno.
JURISPRUDENCIA
"Si el endoso de las letras de cambio puestas a cobro se efectuó con
posterioridad al protesto, se produce una cesión de derechos que no perjudica
el mérito ejecutivo de las cambia les, conforme al artículo 44 de la Ley de
Títulos Valores. Ello trae como consecuencia que el cedente se haya obligado
a garantizar la existencia y exigibilidad del derecho cedido" (Exp. N!! 1252-97,
Segunda Sala Civil Corporativa para Procesos Ejecutivos y Cautelares de la
Corte Superior de Lima, Ledesma Narváez, Marianella, "Jurisprudencia Actual",
tomo N° 2, N° 109). 12
GARANTÍA DE LA SOLVENCIA DEL DEUDOR ART 1213
El cedente no está obligado a garantizar la solvencia del deudor, pero si lo
hace, responde dentro de los límites de cuanto ha recibido y queda obligado al
pago de los intereses y al reembolso de los gastos de la cesión y de los que el
cesionario haya realizado para ejecutar el deudor, salvo pacto distinto.
ANALISIS:
1. La responsabilidad por la bonitas nominis. Aspectos generales La
responsabilidad por la bonitas nominis se refiere al riesgo por la
insolvencia del deudor cedido. Dado que la seguridad de los acreedores
reside en la capacidad económica del deudor para hacer frente a sus
obligaciones, o en palabras de Díez-Picazo: "...está en la solvencia
entendida como aptitud del patrimonio para cumplir", resulta importante
determinar quién asume el riesgo de la insolvencia del deudor cedido en
el caso de la transferencia de un crédito. El Código Civil no define la
insolvencia. No obstante, en el segundo párrafo del artículo 181, dicho
Código establece: "Se presume la insolvencia del deudor si dentro de los
quince días de su emplazamiento judicial, no garantiza la deuda o no
señala bienes libres de gravamen por valor suficiente para el
cumplimiento de su prestación" . Para Regnault, la garantía por la
solvencia constituye un supuesto de vicio de la cosa. Lo que implica una
confusión entre la situación jurídica subjetiva que se transfiere y el objeto
sobre el cual recae.
2. La asignación del riesgo por la insolvencia del deudor Si se produce la
cesión de un crédito ¿el "cedente" responde ante el "cesionario" en caso
que el "deudor cedido" sea insolvente? Al igual que en la
responsabilidad por la veritas nomini, son las partes las que están en
mejor situación de asignar el riesgo. No obstante supletoriamente, el
artículo 1213 del Código señala lo siguiente: "El cedente no está
obligado a garantizar la solvencia del deudor, pero si lo hace, responde
dentro de los límites de cuanto ha recibido y queda obligado al pago de
los intereses y al reembolso de los gastos de la cesión y de los que el
cesionario haya realizado para ejecutar al deudor, salvo pacto distinto".
El cedente no asume la responsabilidad por la solvencia del deudor
cedido. Sólo respondería si las partes así lo establecen expresamente,
en cuyo caso, debe: 1) Reembolsar lo recibido como contraprestación
(por ejemplo: el precio, si el título es una compraventa); 2) El pago de los
intereses; y, 3) El reembolso de los gastos de la cesión y de los que el
cesionario haya realizado para ejecutar al deudor. Debe advertirse que
el cedente, cuando asume el riesgo de la insolvencia, sólo responde
dentro de los límites de cuanto ha recibido; en otras palabras, que no
asume una responsabilidad por el valor nominal del crédito. Para Bianca,
la garantía de la solvencia tiene función "aseguradora": "Ella está dirigida
en efecto a tutelar al cesionario contra el riesgo de un evento dañoso no
imputable a las partes, y por tanto el riesgo de la insolvencia del deudor
cedído". Navarro Pérez considera que cuando el cedente asume
voluntariamente el riesgo de la insolvencia del deudor cedido, estamos
frente a una institución de características peculiares. "El cedente, al
asumir la garantía por la solvencia, no hace otra cosa que dar cabida a
la posibilidad de que el negocio mediante el que se efectúa la cesión
resulte disuelto como consecuencia del incumplimiento por parte del
deudor cedido.
CESIÓN LEGAL ART 1214
Cuando la cesión opera por ministerio de la ley, el cedente no responde de su
realidad, ni de la solvencia del deudor.
ANALISIS:
Conjuntamente a la cesión voluntaria, existen casos en los que la transferencia
de la situación jurídica activa de la relación obligatoria, opera por mandato de
ley. Si bien a la cesión legal le son aplicables por analogía muchas de las
normas vistas para la cesión voluntaria, no ocurre lo mismo respecto de las
garantías en la cesión; así, cuando se trata de una cesión legal, el cedente no
está obligado a garantizar ni la existencia ni la solvencia del deudor.
INICIO DE LOS EFECTOS DE LA CESIÓN ART 1215
La cesión produce efecto contra el deudor cedido desde que éste la acepta o
le es comunicada fehacientemente.
ANALISIS:
1. La notificación: naturaleza jurídica
Como se ha señalado, la cesión es un contrato y, en tal sentido, produce
efectos sólo entre las partes que lo otorgan. Sin embargo, es necesario
que dicho acto produzca efectos respecto al sujeto pasivo cedido, el
cual, respecto de la cesión, es un tercero calificado. El deudor cedido es
una figura particular de tercero. Se trata de un tercero calificado pues es
un sujeto esencial en el desarrollo de la relación obligatoria. Por tanto,
debe advertirse que la calidad de tercero sólo la asume en la medida en
que no ha intervenido en la cesión y, por tanto, no puede verse
lesionado en los intereses que la ley le reconoce. En tal sentido es
necesario, para oponer la cesión al deudor cedido, que éste tenga
conocimiento de ella. La notificación constituye el medio a través del
cual se pone en conocimiento (legal) del deudor cedido el acto,
alcanzándole plenamente la eficacia. Pero cabe advertir con Panuccio
que: "La notificación, como lo dice la misma palabra, no es sino la
actividad dirigida a producir conocimiento. Y el conocimiento que aquí se
trata de determinar es aquél del deudor respecto al negocio translativo al
cual, en el origen, fue extraño"La notificación, en cambio, no está dirigida
a la comunidad o a la generalidad de las personas, sino a un sujeto
determinado: el deudor cedido. Es una declaración de voluntad
recepticia dirigida al deudor cedido. Concordamos, entonces, con
Navarro Pérez cuando señala que: "...no puede hablarse de publicidad
en la notificación, porque la nota caracterizadora de las figuras de
publicidad reside en ser manifestaciones o declaraciones no recepticias,
dirigidas a la comunidad en general".
2. La forma de la notificación o comunicación
La notificación o comunicación, siguiendo la terminología utilizada por
nuestro Código, no requiere una forma prevista en la ley y, siendo una
declaración de voluntad recepticia, resultan de aplicación analógica los
artículos 1373 y 1374 del Código; es decir que la comunicación se
entenderá, en principio, perfeccionada, cuando sea conocida por el
destinatario, existiendo la presunción de que la comunicación se
considera conocida en el momento en que llega a la dirección del
destinatario.

3. iQuién debe notificar!


Resulta claro que el principal interesado en la comunicación resulta ser
el cesionario, pues mientras ella no ocurra el deudor cedido no quedará
obligado para con él. Pero también debe tenerse presente que el
cesionario no tiene, hasta ese momento, ningún vínculo con el deudor
cedido, por lo que parece dudoso pensar que bastaría la mera
comunicación por parte del cesionario. Este tendría que demostrar la
certeza de su comunicación, lo que constituye un argumento que
justifica la forma ad solemnitatem de la cesión. Al admitirse que el
cesionario puede efectuar la notificación, el deudor cedido deberá ser
diligente y "constatar" la veracidad de aquélla. Pero el problema podría
presentarse si al "constatar" la veracidad de la comunicación efectuada
por el cesionario, el cedente, con evidente mala fe, la niega y recibe el
pago. ¿Puede considerarse que el deudor cedido conocía la cesión, si el
cesionario prueba que notificó? La notificación del cedente, sin duda
alguna, resulta más que suficiente y, por tanto, creemos que la carga de
la notificación o comunicación, en principio, corresponde al cedente.
4. El destinatario de la notificación
El destinatario de la notificación es, evidentemente, el sujeto pasivo
cedido.
EXCEPCIÓN A LA LIBERACIÓN DEL DEUDOR POR CUMPLIMIENTO DE
LA PRESTACIÓN ART 1216
El deudor que antes de la comunicación o de la aceptación, cumple la
prestación respecto al cedente, no queda liberado ante el cesionario si éste
prueba que dicho deudor conocía de la cesión realizada.
ANALISIS:
1. El conocimiento indirecto de la cesión por parte del deudor cedido
Hemos señalado que lo importante para que la cesión produzca efectos
respecto del deudor cedido es que éste tome conocimiento de la cesión.
Dicho conocimiento puede ser obtenido directamente a través de una
comunicación o notificación o, también, puede ser obtenido de una
manera indirecta. El conocimiento indirecto debe ser probado por el
cesionario y supone, posiblemente, una mayor dificultad.
2. Consecuencias de la falta de información Mientras el deudor cedido no
tenga conocimiento de la transferencia del crédito, es evidente que
seguirá considerando como su acreedor al cedente.
En tal sentido resulta oportuno citar el artículo 1225 del Código: "Artículo
1225.- Extingue la obligación el pago hecho a persona que está en posesión
del derecho de cobrar, aunque después se le quite la posesión o se declare
que no la tuvo". La posesión del derecho de cobrar no se refiere a la
detentación material del título respectivo en el momento del cobro, se alude
a aquellos supuestos en que durante un cierto tiempo anterior al pago,
alguien ha gozado pacífica y públicamente de la calidad de acreedor, con
prescindencia de que lo fuese o no verdaderamente. La protección del
deudor cedido, frente al acreedor aparente, pretende reducir los costos de
transacción, que implicaría, a todos los deudores, tener que informarse si se
ha producido una cesión. La carga de la prueba que el deudor cedido
conocía de la cesión, corresponderá al cesionario, quien de no poderlo
probar sólo podría reclamar el pago del cedente.
PRELACIÓN EN LA CONCURRENCIA DE CESIONARIOS ART 1217
Si un mismo derecho fuese cedido a varias personas, prevalece la cesión que
primero fue comunicada al deudor o que éste hubiera aceptado.
ANALISIS:
Teniendo en consideración que se requiere de un título para la transmisión de
la titularidad de situaciones jurídicas subjetivas, podría suscitarse que un
mismo deudor se obligue a ceder un mismo crédito a diversos acreedores. Se
produce entonces un conflicto de intereses incompatibles entre varios
acreedores que reclaman la cesión de la misma situación jurídico-creditoria.
Estamos frente a un supuesto de "concurrencia de acreedores", el cual no es
regulado por nuestro Código que sólo regula un supuesto de "concurrencia de
cesionarios". En efecto, el artículo 1217 del Código regula un caso de
"concurrencia de acreedores" desde que señala: Artículo 1217.- Si un mismo
derecho fuese cedido a varias personas, prevalece la cesión que primero fue
comunicada al deudor o que éste hubiera aceptado".
Como bien advierten Osterling Parodi y Castillo Freyre: "no tendrá ningún valor
ni importancia el orden en que el acreedor-cedente haya cedido el derecho en
cuestión a los diversos terceros-cesionarios, ya que en virtud del precepto que
estamos analizando, no se preferirá el tercero cuya cesión revista la mayor
antigüedad, sino a aquel cuya cesión fue comunicada en primer lugar (o tal vez
única) al deudor-cedido"
Los mismos autores, más adelante, agregan: "Creemos que la solución del
Código es la correcta. Sin embargo, cabría hacer una precisión en el sentido de
que el cesionario, para que le sean de aplicación las reglas de concurrencia,
debe haber actuado de buena fe". En tal sentido, proponemos el siguiente
orden de preferencia: 1) Al acreedor de buena fe que se le haya cedido la
situación jurídica creditoria. Si el crédito hubiera sido cedido a varios
acreedores, se aplicará el artículo 1217 del Código y prevalecerá la cesión que
primero fue comunicada al deudor o que éste hubiera 'aceptado; 2) Si no hubo
cesión al acreedor cuyo título sea de fecha anterior, prevalecerá, en este caso,
el título que conste de documento de fecha cierta más antigua.