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¿Por qué la crianza con ternura es un cimiento para la protección integral de los

derechos de la niñez?

Existen principios fundamentales para garantizar el bienestar y el desarrollo de la niñez.


Estos principios necesitan estar edificados sobre cimientos lo suficientemente sólidos
que les permitan mantener la consistencia y firmeza en su estructura, siendo quizás el
cimiento central de todos la crianza con ternura. Como casi todo en la vida, basta que
reine el amor para que todo fluya, para que todo encuentre su sentido. Es así como,
necesitamos referirnos al igual que el Papa Pablo VI de la iniciativa civilización del
amor. Idea que debe ser entendida como una renovación civil y social donde el derecho
del otro no dependa de su condición social o color, sino de su valor en sí, es decir, donde
reine el amor al prójimo, al hermano y cada uno puede participar de esa renovación
desde el hogar, a través de la formación integral humana.

Es así como la educación con ternura no es algo abstracto que solo habita en una idea
no materializada. La educación con ternura es concreta, es una realidad en donde el
amor desempeña un rol fundamental, entendiendo ese amor como el sacrificio por el
otro, como la capacidad de reconocer lo que eres y que existen principios y derechos
irrenunciables.

Lamentablemente concurren aspectos que pueden debilitar esta civilización del amor.
Recogiendo lo dicho por Betty S. de Constance en su libro “Más que maestros, ayudas
para el cuidado pastoral del niño” la soledad de los niños el día de hoy se genera por
situaciones como: a) la fragilidad emocional de muchos matrimonios; b) la ausencia de
los padres por su empleo y otras obligaciones fuera del hogar; c) la sociedad actual en
cuanto sobrecarga al niño por su discurrir acelerado; d) la influencia de la televisión; e)
las crecientes restricciones económicas que sufren la mayoría de los países
latinoamericanos; y, f) las situaciones socio-económicas que afectan el hogar.

Otra situación que va en detrimento de la crianza con ternura es el consumismo, cuando


en él priman situaciones como el comercio sexual, que se decanta en pornografía
infantil, abusos a menores, y que muchas veces por la falta de comunicación,
especialmente con los padres, hacen que los niños tomen las decisiones incorrectas.
Desconfianza que encuentra su origen en criterios tirados de los cabellos como que “los
niños no tienen la suficiente madurez para ser escuchados” y creemos los adultos que
somos capaces de entender lo que les está pasando sin siquiera preguntarles (Tomado
del libro de Rubem Alves: La teología como juego).

Es necesario que comencemos a dar pasos concretos, tanto en nuestro hogar, nuestra
familia, como en nuestra comunidad; de tal manera que aseguremos, a través de la
crianza con ternura, niños sanos física y espiritualmente. La crianza con ternura
coadyuva a dignificar la condición de ser niño o niña, y convertirlos en protagonistas de
su proceso asegurando la protección de sus derechos.

Asumiendo esto como plan de vida, no solo los derechos de la niñez serán respetados,
sino el género humano en general y todo su entorno.