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CANTO ENTRE CENIZAS

A Odín González

Volverá el ardor a su morada un día


dulzura y resplandores lo habrán de ir arrastrando
si colecciono espinas para sostener mis ramas
que gotean el azul de lívidos albores

Porque en las noches yazgo solo y sin sentido ya


insomne me estremezco bajo sal de la llovizna
¿sorda cerrazón soy su seseante sequedad
o el reclamado calcio para esculpir las flores?

La precipitación se me incorpora en vértebras


y ciega sobre el aire inmensa se sostiene
¿seré pues animal que subterráneo aguarde
al huracán rampante en su lecho de fatiga?

Negro roedor lleno de odio y de tristeza es


el que de nacer se niega aún a terminar
horroroso despuntar desde el calor de tierra
mamífero reposo que a su fin se abisma

Afloren pues montañas árboles y columnas


he de soportar yo a la rauda osamenta
si no soporta el vientre de cosas bajo tierra
o nos ahogan llantos invisibles
que me dicen

No quiero estar tan solo


No quiero a nadie cerca
Digo que quiero llorar como las piedras lloran
y sufrir su llanto antes del musgo o desgarrar
la soledad callada a tientas sobre el borde
que divide apenas a la piedra del animal

Cuando el cielo inaccesible y negro se condense


y su brillo sea una estrella ahogada en altamar
yo
en plena oscuridad sin dirección alguna
vegetaré la angustia de la ausencia que me encierra
con la dudosa inconsciencia que muestra el mineral
en un soñar de pájaros y tres rostros de bruma

Cuántos nombres de mis sueños emanado habrían


Y cuántos combates atorados en las manos
¿Breve animal del subsuelo seguiré esperando
al fugitivo propietario de la vida?

Que nadie pida nada


Ya todos se habrán ido
Al fin todos aman a la gota sin mirarla
la que tiembla al filo de la hoja
de la rama
hasta caer con la verde falda de la lluvia
porque todos… todos hemos de volver al ciclo
para sentirnos juntos y juntos ser amados
con la rabia del amor que en soledad nos forja
en un poblar de nombres la intimidad sin formas

Brota de la piel la sed de más palabras


se apalabran evaporan
precipitan raudas sin estrofas y sin rimas
sin límite medida ni estructura
mas traslúcida huesumbre encendida de coraje
hondos alaridos en contra del derrumbe
ocre música poniente

Que se formen las llamas para que se apaguen


con nuestras lágrimas que no son gotas
sino sólido llover que aún resiste
como el caído árbol que del retoño guarda certidumbre
o grito sostenido en el umbral de la garganta

Así respiraremos desde nuestras madrigueras


apenas pronunciados por la intimidad de la noche
hasta que la ígnea pitonisa ensortijada
nos muerda el vientre con el filo de sus aguas

Lluevan las lloviznas caiga sobre mí el estruendo


que entre la fiebre veré como se levantan los vapores
y cobrarán formas nuevas para seguir cantando
que el ardor de ser es mucho más que las cenizas.

Abraham Pérez Aragón