Sei sulla pagina 1di 6

DAMASO ARCE

EL PADRE DE LA CULTURA OLAVARRIENSE


Walter Minor

Durante los 33 años de vida que Olavarría tuvo durante el siglo 19 (1867- 1900), no
había surgido de sus seno ningún artista destacado y casi podría decirse que no había
surgido ninguno en realidad, destacado o no.

Es por ese motivo, que si había que concretar algún monumento, o una delicada obra
artesanal, no quedaba más remedio que contratar a un artista foráneo.

Ni hablar de aspirar a conocer el pasado expuesto bajo vidrios en algún local, o apreciar
fósiles prehistóricos, o admirar las labores indígenas traducidas en ponchos, utensilios o
armas… No había nada referido a lo cultural, a excepción del incipiente teatro en una
Olavarría que todavía no había sido declarada ciudad.

En la década del 20’, se afincaría aquí Leopoldo Bocazzi, extraordinario escultor que
haría prácticamente todas las estatuas y monumentos hasta la llegada de Herrero
Sánchez a mediados de siglo. Paradójicamente, la mayor obra realizada por el italiano,
encarnada en el popularísimo “Monumento al Trabajo” fue destruida en los años 60’
para facilitarle al “progreso”, una avenida Pringles, mucho más ancha.

Con la aparición de Bocazzi en nuestro medio, la confección de figuras para agasajos o


decoración, tuvieron a su ejecutor al alcance de la mano. Don Leopoldo fue un artista de
primer nivel, pero cuando él llegó, ya se hallaba radicado desde 1901, quien se
convertiría con los años en la figura emblemática de la cultura olavarriense. Un
artesano, filántropo y coleccionista que terminó dejando como legado a la ciudad, un
museo que el mismo construyó sin ninguna ayuda financiera.

Ese pionero, que tuvo el inmenso valor de colocar los cimientos sobre los cuales se
asentó la cultura olavarriense, se llamó Dámaso Arce.

Dámaso en España
Contrariamente a lo que se ha escrito hasta hoy, Dámaso Arce no nació en Filiel, sino a
12 kilómetros de allí, en la pequeña aldea de Corporales, el 11 de noviembre de 1874.
Dicha localidad está situada a las faldas del Monte Teleno y antiguamente pertenecía a
Castilla y León.

Sus padres fueron Doroteo Arce y Juana Martínez, que además del mencionado
Dámaso, tuvieron a la primogénita Josefa y a la menor llamada María.
Hacia 1880, la familia decide emigrar en busca de un mejor horizonte y aprovechando
que el hermano del padre ya se hallaba en Argentina, deciden que su destino será el
puerto de Buenos Aires.

Por algún error cometido al comunicarse, Doroteo Arce no se encuentra con su hermano
cuando llega al país, quedando ciertamente a la deriva. Es entonces que un grupo de
inmigrantes lo convence para que se radique junto a su familia, en una colonia de
Leoneses instaladas en Indio Rico, Partido de Tres Arroyos.

Dámaso, que no fue nunca a la escuela, trabajaba de muy pequeño como peón rural y a
corta edad empezó a coleccionar papel moneda fuera de circulación. También era un
incipiente aficionado a moldear metales, ya que lata que cayera en sus manos, era
convertida en una figura.

A los 15 años pierde a su madre y el grupo familiar se traslada entonces a Tres


Arroyos. Alli comienza a trabajar en una joyería, realizando trabajos de platería en los
momentos libres.

Al morir su padre a fines del año 1900, Dámaso, con 26 años de edad, decide cambiar
de aires y junto a sus hermanas se traslada a Olavarría, donde se establece el 19 de
agosto de 1901.

Olavarriense para siempre


Este Leonés emprendedor, que fue un autodidacta en todo lo que realizó, ya sabía leer y
escribir al momento de llegar a nuestra ciudad, sin haber pisado jamás una escuela.

El primer empleo aquí lo obtuvo en la joyería de Alejandro San Martín. Al poco


tiempo, debido a las notables condiciones que poseía, es contratado por el negocio “Luis
Broggi y Cía”, como oficial joyero.

Mientras su trabajo remunerado se afianzaba a pasos agigantados, Dámaso sigue con el


coleccionismo primario y las características de la zona lo hacen interesar por piezas
relacionadas con la etnografía y la paleontología.

Las riberas del arroyo Tapalqué fueron repasadas una y otra vez por Arce, tratando de
descubrir nuevos elementos que aumentaran su más que interesante colección.

Dámaso comienza a tener algunos problemas de salud y por prescripción médica debió
contratar a una enfermera que lo cuidara constantemente. La elegida para tal menester
sería Paulina Nines, una mujer nacida en Francia, con la cual terminaría casándose en
Azul durante el año 1907.

El punto de partida de Quinquela Martín.


Durante una estadía en Buenos Aires, Dámaso Arce lee una entrevista en una de las
tantas revistas que él coleccionaba, donde un novel pintor relataba sus amargas
peripecias, ya que no podía vender ninguna pintura. Es entonces que Arce se decide a
conocerlo y va hasta su taller de La Boca. En su afán de ayudarlo, el leonés le compra
las dos primeras obras llamadas “Nevada” y “Preparativos de Salida”.

Esas ventas marcaron el principio de la fabulosa carrera de u artista reconocido


mundialmente: Benito Quinquela Martín.

En una nota aparecida en la revista Caras y Caretas, Quinquela, que por aquel tiempo se
hacía llamar Chinchella, confesaba:

“Pasé mucho tiempo garabateando telas, en medio de muchas tribulaciones, hasta que
un día, un buen hombre, conmovido por mi situación, que había narrado en Fray
Mocho en un artículo, vino desde Olavarría, donde posee un interesante museo. Era
Dámaso Arce, gran cincelador, me pagó algo así como cien pesos y se llevó dos o tres
cosas insignificantes”

1918: Preludio del Museo


En junio de 1918, La colección que fue atesorando Arce sale por primera vez a la luz en
una exposición abierta al público. Allí pudieron verse cuadros, medallas, monedas y una
sala de indios donde se mostraban los elementos elaborados por los originarios.

La muestra se realizó en su casa particular y tuvo gran repercusión, ya que se trataba de


un acontecimiento novedoso para Olavarría.

1922: primer hijo


Los elementos que se iban acumulando en el museo requerían de una limpieza continua
para ser observados en todo su esplendor, pero el tiempo que ello llevaba era cada vez
mayor. Es por eso que se decide contratar a una empleada para dicho menester.

Emilia Torres es la persona elegida para cumplir con la tarea antedicha. Esta mujer
descendiente de españoles, se convertiría finalmente en la pareja de Dámaso y de esa
unión nacería, el 12 de octubre de 1922, el primogénito Américo Cristóbal, el que por
razones evidentes, tomó el nombre de nuestro continente y el de Cristóbal Colón.

1923: Inauguración del Museo Particular


A un año exacto de del nacimiento de su hijo, Dámaso Arce decide inaugurar
oficialmente el museo que con tanto ahínco fue formando. La fecha elegida tenía su
propio sustento y el mismo ejecutor lo hacía saber en un comunicado a la población:

“Esta fecha dedicada por los pueblos hispanoamericanos a la rendición de sus más
fervientes homenajes a todo aquello que signifique el engrandecimiento y apología de
su noble raza; queriendo yo también dejar un recuerdo de este aniversario en el que
evoco en mi carácter de creador de algo que también será exponente de esa raza, con mi
espíritu levantado por los sentimientos de patria y vida, bautizo este mi museo con el
nombre de “Hispanoamericano” en homenaje a mi raza”.

Venta de la Joyería y nacimiento de Juana

En febrero de 1925, Arce vende todas las existencias referidas al rubro joyería a los
señores José Amoroso, Juan Winggler y Lino Mario Llera.

El nuevo nombre del comercio, que siguió funcionando en el mismo lugar, pasó a
llamarse: Platería- Joyería y relojería “D. Arce”- Amoroso, Llera y Compañía sucesores.

Arce pasó así a dedicarse solamente a la actividad artística dentro del museo, a través de
la platería. Esto hizo que se hiciera conocido en todo el país debido al particular talento
que poseía para la actividad.

A tres meses de vender la joyería, nace Juana René, la segunda hija, el día 26 de mayo

El museo, un caso curioso

El museo fundado con el esfuerzo particular de don Dámaso, tenía la particularidad de


ser prácticamente ignorado por los habitantes olavarrienses y más aún por las
autoridades municipales, quienes nunca se acercaron a colaborar con la inmensa obra
del español. Sin embargo, para las personas de otras localidades que transitaban por
nuestro partido, el museo era el paso obligado y el sitio más buscado para visitar,
obteniendo los mayores elogios de los diarios y revistas capitalinas que se acercaban a
conocerlo.

Mientras esto ocurría, el mismo Arce se dedicaba a invitar a las escuelas para que
concurrieran con sus alumnos, las cuales, una vez aceptado el ofrecimiento, eran
guiados por el mismo dueño en el conocimiento de cada elemento allí expuesto.

1928: Tercer hijo y Azul ofrece llevarse el museo

En Mayo de 1928 nace Emilia Zulema, tercera hija de Arce y Torres.


Ese mismo año, los azuleños, viendo el desinterés del gobierno olavarriense por ofrecer
una mayor comodidad a la gran labor realizada por Arce. Deciden hacerle un
ofrecimiento para llevarse el emprendimiento a la vecina ciudad.

Es entonces que le ofrecen levantarle un sitio apropiado para guardar aquellos tesoros,
además de facilitarle una vivienda propia y una pensión que le permitiera vivir de esa
actividad. A pesar de la indiferencia de los olavarrienses, Arce responde que eso sería
una traición a los vecinos y decide quedarse en el sitio del que ya no se marcharía
jamás.

Se completa la familia y las figuras del jarrón


El nacimiento de Dámaso Rubén, en 1931, completaría la familia con este cuarto hijo,
mientras que al año siguiente, 1932, Arce terminaría de colocarle los rostros a su obra
cumbre, llamada “Evolución de la vida”.

Este Jarrón, que fue concebido entre 1925 y 1932, está cubierto con imágenes de
personajes que fueron de suma importancia dentro de la historia evolutiva de la
humanidad y es un trabajo admirable en todos los aspectos.

El talento de Arce era inigualable y su forma de trabajar el metal es única hasta hoy.

El caso es que don Dámaso, cuando golpeaba el metal, no lo hundía, sino que lo
levantaba. Es algo sorprendente, comparable a la posibilidad de que un chichón pudiese
salir hacia adentro debido a un golpe. Por este motivo, aquel formidable escultor que se
llamó Leopoldo Bocazzi expresaba que se trataba de un artista brillante, pero que daba
pena que no pudiera tener sucesores, debido a que su trabajo era imposible de
reproducir.

Trabajo con presos de Sierra Chica


Arce ya empezaba a padecer su enfermedad cuando presentó un proyecto para trabajar
con los penados de Sierra Chica. Así empezó con la enseñanza y durante varios meses
concurrió hasta el penal costeándose de su propio bolsillo los viajes. La experiencia
quedaría inconclusa luego por la incomprensión oficial, que no habían sabido interpretar
los avances que había tenido este maestro vocacional, que comentaba sobre ese tema lo
siguiente:

“Cuando los tomé bajo mi dirección, los pobres penados no sabían ni llorar, ni reílas r,
eran como las piedras de las canteras en que trabajan, pero al poco tiempo gracias al
influjo del arte, que es amor, que es el más desinteresado de los amores, volvieron a
sentir las emociones humanas cuya fuente no estaba seca, sino obstruida por el exceso
de dolor”

Fallecimiento y donación del museo


En marzo de 1942 fallece su esposa Paulina Nine a los 87 años y Dámaso entra en una
profunda depresión. Se empieza a alejar del taller y solo abre el museo a quien se lo
pide.

Se casa con Emilia Torres para legitimar a sus hijos y en el mes de septiembre de ese
mismo 1942 es operado en Buenos Aires.

No consigue reponerse de esa intervención y fallece un mes después, el 27 de octubre


en el Hospital Español, donde estaba internado.

Sus restos fueron traídos de inmediato a Olavarría para ser sepultados en el cementerio
local y la voluntad de Arce de dejar como legado el museo a la comunidad, se
cumpliría, aunque para eso, debieron pasar muchos años, hasta que las autoridades se
dignaron a darle la importancia que merecía aquella obra e instalaron todas las obras
que coleccionó o produjo Arce, en la casa que primariamente le regaló la comunidad de
Olavarría al doctor Angel Pintos por su obra filantrópica y luego fue propiedad de
Grimaldi, hasta que el municipio la compró para instalar el museo.

Dámaso arce fue una figura monumental dentro de la cultura de Olavarría, por su
espíritu docente y su arte multifacético e inigualable que le permitió a Olavarría tener un
gran museo y renombre en orfebrería, mediante sus obras.

Potrebbero piacerti anche