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A C U E R D O

En la ciudad de La Plata, a 7 de marzo de

2012, habiéndose establecido, de conformidad con lo

dispuesto en el Acuerdo 2078, que deberá observarse el

siguiente orden de votación: doctores Genoud, Pettigiani,

de Lázzari, Hitters, Negri, Kogan, Soria, se reúnen los

señores jueces de la Suprema Corte de Justicia en acuerdo

ordinario para pronunciar sentencia definitiva en la causa

C. 100.152, "Fundación Dr. José Campano contra Lloyds TSB

Bank Plc. Acción de amparo".

A N T E C E D E N T E S

La Sala I de la Cámara Primera de Apelación

en lo Civil y Comercial del Departamento Judicial de Bahía

Blanca redujo la cuantía de los honorarios regulados a

favor del abogado Carlos Alberto De Leo y confirmó la

aplicación al caso del art. 49 del dec. ley 8904/1977 (v.

fs. 349 y vta. y 384 y vta.).

Se interpuso por el citado letrado recurso

extraordinario de inaplicabilidad de ley. Denegado el mismo

y queja mediante, fue concedido a fs. 495/496.

Dictada la providencia de autos y

encontrándose la causa en estado de pronunciar sentencia,

la Suprema Corte resolvió plantear y votar la siguiente

C U E S T I Ó N

¿Es fundado el recurso extraordinario de


inaplicabilidad de ley?

V O T A C I Ó N

A la cuestión planteada, el señor Juez

doctor Genoud dijo:

I. La Cámara de Apelaciones de Bahía Blanca

redujo el monto de los honorarios regulados a favor del

doctor Carlos Alberto de Leo y sostuvo que la remisión que

efectúa el art. 41 del dec. ley 8904/1977 no es en este

caso al art. 21 sino al 49 de dicha ley arancelaria (v. fs.

384 y vta.).

II. Contra esta decisión se alza el

beneficiario de los honorarios mediante el recurso

extraordinario de inaplicabilidad de ley de fs. 390/396

vta. En tal presentación denuncia la violación y errónea

aplicación de los arts. 16, 21, 41 y 49 del dec. ley

8904/1977; 16 y 17 de la Constitución nacional (v. fs.

392/395).

Aduce que si bien la acción fue promovida

como un amparo, el juez se apartó de dicho procedimiento y

ordenó que tramitara por la vía del proceso sumarísimo. No

obstante ello, al fundar la regulación de honorarios lo

hace en función del art. 49 del dec. ley 8904/1977,

apartándose de las leyes arancelarias que ordenarían -a su

modo de ver- aplicar el art. 34 ó el 41 de ese cuerpo

normativo.
En este orden, el recurrente afirma que se

han interpretado erróneamente "las limitadas facultades del

juez del proceso", ya que al haberse apartado de las reglas

del amparo para ordenar la tramitación de la causa por las

normas del proceso sumarísimo, también debió sujetar su

conducta a dicha decisión y aplicar las normas arancelarias

que rigen la labor profesional desempeñada en el marco de

este último tipo de trámites (fs. 392/392 vta.).

Continúa el desarrollo de sus agravios

apuntando que el proceso de ejecución de sentencia debe

considerarse completamente desvinculado del de

conocimiento seguido para arribar a esta última. Según el

quejoso "El supuesto título que se ejecuta es la

sentencia, y ya no debe interesar si ella fue el resultado

de una acción ordinaria, sumarísima, ejecutiva o de

amparo". En función de ello, considera que no puede

soslayarse en el caso la aplicación de las normas

regulatorias de un proceso de ejecución (fs. 392 vta.).

Finalmente, el quejoso sostiene que la

errónea aplicación de la ley arancelaria conduce a

resultados alejados de todo sentido de justicia, castigando

el trabajo profesional con regulaciones totalmente

irrazonables, arbitrarias, absurdas y con una notoria

desproporción con el valor del litigio. A su modo de ver,

la regulación efectuada por la Cámara es confiscatoria por


la manifiesta desproporción que se refleja entre la

naturaleza de la labor cumplida y el valor económico del

juicio (fs. 393 vta./394).

III. Entiendo que el recurso debe prosperar.

1. Ante todo es dable destacar que nos

enfrentamos con un caso de ribetes sumamente particulares.

En virtud de ello, y a efectos de justificar la opinión que

propongo al acuerdo, resulta necesario recordar algunos de

los pasos procesales seguidos en la causa, a saber:

La Fundación Dr. José Campano promovió una

acción de amparo contra Lloyds TSB Bank PLC, por medio de

la cual reclamó a esta última la suma de U$S 214.497,86. La

legitimación pasiva de la demandada se fundó en su carácter

de sociedad depositaria Fondo Común de Inversión LOMBARD

(v. fs. 75 vta.); y en el petitorio del escrito de demanda

se solicitó lo siguiente: "oportunamente se condene a la

demandada al pago de los rescates de la cuotaparte del

Fondo Común de Inversión Lombard por la suma líquida de U$S

212.658,04..." (fs. 92 vta.).

El juez de grado ordenó que la pretensión

actora tramite por la vía sumarísima y corrió traslado por

5 días a la demandada (fs. 95).

Al contestar demanda, la entidad bancaria

señaló -entre otros argumentos- que "No es verdad (...) a)

que los fondos correspondientes a la suscripción el banco


que represento los hubiera recibido en calidad o carácter

de depósito, sino con mandato de inversión en cuotas partes

de los fondos comunes citados" (fs. 120 vta., el destacado

pertenece al original). Asimismo, sostuvo que "Mi parte

acepta efectuar la gestión de rescate ante la Sociedad

Gerente en la forma requerida en la demanda, sin asegurar

su resultado..." (nuevamente, el destacado pertenece al

original); y que "mediante la acción se pretende la

restitución de algo que no fue depositado para su custodia

en la entidad que represento" (fs. 121).

Sustanciadas las defensas opuestas en el

conteste de demanda, el magistrado de primera instancia

dictó sentencia sobre el fondo del asunto y ordenó a Lloyds

TSB Bank PLC "llevar adelante los trámites legales y

reglamentarios pactados a los fines de efectuar el rescate

de las cuotapartes de la actora correspondiente al fondo de

inversión contratado, en las condiciones y moneda

convenidos originalmente...". Asimismo reguló los

honorarios del doctor De Leo en la suma de $ 760 (v. fs.

142 vta.).

Una vez notificado de la decisión, el

apoderado de la entidad bancaria se presentó y manifestó

que "conforme lo ordenado en la sentencia ‘Lloyds TSB Bank

plc’ ha gestionado ante la Sociedad Gerente (‘Lloyds

lnvestment Manager S.A.’) el rescate de las cuotapartes


correspondientes a la parte actora" (fs. 145). Asimismo,

interpuso un recurso de aclaratoria y apeló la decisión

(fs. 146 y vta.). El objeto de la aclaratoria era precisar

el alcance de la decisión en cuanto a si la obligación

impuesta a la demandada era de medios o de resultado. En

palabras del recurrente: "si la orden es la de gestionar el

rescate en la forma dispuesta por S.S. o si, por el

contrario, y en caso de no lograr dicho rescate por alguna

imposibilidad de la Sociedad Gerente (ante quien se debe

gestionar ese rescate) deberá afrontar el pago de la

inversión; y en tal caso, de qué sumas" (v. fs. 146).

El juez de grado desestimó la aclaratoria y

concedió el recurso de apelación interpuesto por la

demandada (fs. 147). Con posterioridad a ello, la actora

denunció incumplimiento de la manda contenida en la

sentencia y, por pedido de dicha parte, el juez ordenó

librar mandamiento "como se pide" (fs. 149/151 y 152). Esto

es, mandamiento "de allanamiento e incautación Judicial de

fondos" (v. fs. 149 vta., punto IV.-). Ínterin, la actora

también apeló la decisión de grado, aunque sólo en lo que

hace a la imposición de costas y los honorarios allí

regulados (fs. 153/155).

En este estado de la causa, el juez -de

oficio- advirtió que el mandamiento que había ordenado

"excede el objeto de la sentencia, en cuanto que la misma


sólo se encamina a declarar la inconstitucionalidad de las

normas que afecten el contrato celebrado entre las partes y

ordenar el rescate de la inversión en las condiciones

contractuales originales". En razón de ello, revocó por

contrario imperio la providencia de fs. 152, dejando sin

efecto la orden de librar dicho mandamiento (fs. 159).

Acto seguido, la entidad bancaria demandada

se presentó en el expediente informando el cumplimiento de

la sentencia y los alcances del rescate producido (fs. 161

y vta.). Ello fue cuestionado por la actora mediante el

escrito de fs. 163 y vta.; y mereció de parte del juez la

providencia de fs. 164, por medio de la cual se resolvió

que "la presentación de fs. 160/161 no importa el

cumplimiento de la manda referida".

En otro orden, la actora interpuso recurso

de revocatoria con apelación en subsidio contra la decisión

de fs. 159 que había dejado sin efecto el mandamiento

oportunamente ordenado (fs. 165/166). La revocatoria fue

rechazada y, concesión del recurso de apelación mediante,

el expediente se elevó a la Cámara de Apelaciones

departamental una vez que la demandada contestó el traslado

que le fuera conferido (fs. 167, 169 y 171/173).

De esta manera arribamos a la decisión de

Cámara de fs. 181/182, en la cual se sostuvo que la

resolución de fs. 159 (aquélla que revocó la orden de


librar mandamiento) "contraviene la letra de la sentencia

definitiva dictada a fs. 140/142. Allí se dispuso que el

Banco demandado debía efectuar el rescate de las

cuotapartes de la actora (...) para agregar a continuación

que debía efectuarse su devolución" (el destacado pertenece

al original). Según afirmó la Cámara, "resulta claro que se

trata de una sentencia de condena, y que manda entregar

sumas de dinero, por más que la resolución apelada acote su

alcance a una mera obligación de hacer, que se satisface

con el rescate de la inversión en las condiciones

contractuales originales. No es ello lo que dijo el

magistrado al sentenciar, a quien le alcanza la prohibición

de venir contra sus propios actos".

Con motivo de tal decisión de la alzada, la

parte actora volvió a insistir con su pedido de librar

mandamiento de incautación de bienes, mientras que la parte

demandada se mantuvo firme en su oposición a tal proceder y

manifestó haber interpuesto recurso extraordinario de

inaplicabilidad de ley contra la sentencia de Cámara (v.

fs. 184, 185, 188, 189 y 190). Ante este cuadro de

situación, el magistrado se limitó a ordenar llevar

adelante los trámites previstos por el art. 501 del Código

Procesal Civil y Comercial a efectos de "determinar el

monto de condena líquido contenido en la sentencia" (fs.

191).
Esta última providencia fue recurrida por

vía de revocatoria con apelación en subsidio por parte de

la actora (fs. 192/194). La Cámara hizo lugar al recurso y

ordenó librar "el correspondiente mandamiento de embargo, y

depositarse los fondos que se incauten a la orden del juez

de grado en tanto se sustancie la ejecución de sentencia

que se promueve" (fs. 118 del incidente agregado por

cuerda). Frente a ese proveído de la Cámara y un nuevo

pedido de parte de la actora (fs. 231), el juez de grado

ordenó librar mandamiento "en los términos pedidos a fs.

149 v., punto IV).-". A tal fin, estimó prudente determinar

el monto de dinero que debía ser incautado "en la suma de

U$S 212.658,04 o su equivalente en pesos al día de la fecha

de la diligencia" (fs. 232); monto este que luego fue

modificado hasta la suma de U$S 200.536,81 (fs. 252 y

vta.).

Luego de una serie de intimaciones, la

entidad bancaria demandada procedió a depositar en la

cuenta de autos la suma indicada (fs. 264/265) y luego

solicitó la sustanciación de la ejecución de sentencia a

fin de permitir la interposición de las defensas y

excepciones pertinentes (fs. 269). Y así llegamos al inicio

del trámite de ejecución de sentencia, el cual fue

promovido por la suma de U$S 200.536,81 (fs. 271 y vta.).

Frente al mandamiento de embargo, la


demandada interpuso excepciones de "falsedad de la

ejecutoria, dentro de la que debe quedar implícita la de

inhabilidad de título, y también la de pago o cumplimiento

de la sentencia" (fs. 283/287 vta.). Tales excepciones

fueron rechazadas por el juez de grado, quien también

procedió a regular honorarios profesionales por las tareas

desplegadas en autos (fs. 293/294).

Esta última sentencia fue apelada por la

demandada en cuanto al fondo del asunto y por el abogado de

la actora exclusivamente en materia de honorarios (fs. 301,

304, 320/327 vta.). La Cámara, al entender sobre tales

recursos, revocó la decisión de grado e hizo lugar a la

excepción de inhabilidad de título ya que el mismo "no es

idóneo para reclamar en los términos en que se lo hizo al

promover su ejecución" (fs. 334/334 vta.).

Vueltos los autos a la instancia, el letrado

de la parte demandada solicitó regulación de honorarios en

los términos del art. 23, 2° párrafo del dec. ley

8904/1977. Arguyó en tal pedido que la demanda (de

ejecución) había sido completamente desestimada y que la

base regulatoria a considerar debía ser el importe

demandado (fs. 346).

Ante dicho pedido, el juez de grado reguló

honorarios en cabeza del doctor De Leo por la suma de $700.

Sostuvo su pronunciamiento en que el


resolutorio ejecutado fue dictado en un proceso de amparo,

y que por tanto correspondía apartarse de la escala del

art. 21 de la ley arancelaria local y aplicar el art. 49 de

tal cuerpo normativo (fs. 349/349 vta.).

En lo que interesa para resolver el

presente, el mencionado letrado apeló tal pronunciamiento

(fs. 354/356) y la Cámara confirmó la base regulatoria por

entender que "la remisión del art. 41 no es en este caso al

art. 21 de la ley arancelaria sino al 49 de la misma ley

que fue concretamente aplicado en la especie (ver fs. 142 y

181)" (fs. 384). Asimismo, la alzada disminuyó los

estipendios del doctor De Leo a la suma de $ 600

respondiendo a la apelación interpuesta por la actora

respecto de tales honorarios (fs. 358). Tal la decisión que

llega recurrida a esta instancia.

2. En este marco, como adelanté, entiendo

que el recurso debe prosperar aún cuando el quejoso reitera

en su presentación varios de los agravios desplegados

contra la decisión de primera instancia (v. fs. 390/396 y

354/356). A mi modo de ver, en este caso dicha deficiencia

en la técnica recursiva no puede dar lugar a la

insuficiencia del recurso habida cuenta que, frente al modo

en que fue resuelta la cuestión por la Cámara y los

argumentos brindados para sostener tal decisión, los

agravios desplegados tienen plena actualidad y se erigen


como una crítica concreta, directa y eficaz de las

conclusiones definitorias y argumentos en que se funda el

fallo recurrido (conf. C. 101.269, sent. del 26-VIII-2009).

Dicho esto, debo destacar que la solución

que propongo al acuerdo se sostiene fundamentalmente en los

valiosos principios que sobre la materia ha sentado la

Corte Suprema de Justicia de la Nación al fallar en la

causa "Provincia de Santa Cruz c/ Estado Nacional"

(sentencia del 8-IV-1997, Fallos 320:495).

En tal ocasión, la mayoría del máximo

Tribunal de justicia sostuvo que "no cabe abstraerse de que

los importes que se determinarán [al regular honorarios]

tienen su razón de ser, su causa fundante, en la

remuneración por trabajos profesionales, de modo que debe

verificarse una inescindible compatibilización entre los

montos de las retribuciones y el mérito, novedad, eficacia

e, inclusive, implicancia institucional del aporte

realizado por los distintos profesionales intervinientes".

En esa línea, agregó que "Los honorarios a

que, en definitiva, se arribe están dados, pues, por la

onerosidad de los servicios prestados. Pero esta condición

no admite como único medio para satisfacerla el apego a las

escalas de los aranceles respectivos, pues la justa

retribución que reconoce la Carta Magna en favor de los

acreedores debe ser, por un lado, conciliada con la


garantía -de igual grado- que asiste a los deudores de no

ser privados ilegítimamente de su propiedad al verse

obligados a afrontar -con sus patrimonios- honorarios

exorbitantes, además de que no puede ser invocada para

legitimar una solución que represente un lucro

absolutamente irracional, desnaturalizando el principio

rector sentado por la Constitución Nacional para la tutela

de las garantías reconocidas (art. 28)" (considerando 6°).

El caso resuelto por la Corte Suprema de

Justicia de la Nación trataba sobre un proceso de

dimensiones económicas extraordinarias, donde la regulación

de honorarios efectuada en base a las escalas arancelarias

previstas en la ley 21.839 arrojaba un resultado

irrazonable a la luz del trabajo efectivamente desempeñado

por el letrado en el expediente. Sin perjuicio de que las

circunstancias fácticas difieren de las presentes en estos

autos, entiendo que los principios allí establecidos

resultan plenamente aplicables para resolver el conflicto

en tratamiento.

Aún cuando pudiera llegar a compartirse la

decisión de la Cámara en cuanto a las normas que

corresponde aplicar (sobre lo cual entiendo innecesario

abrir juicio debido a la solución que propongo al acuerdo),

es evidente que la regulación efectuada en autos -a la luz

de sus particulares características- resulta irrazonable y


confiscatoria a poco se la evalúa en el marco de los

antecedentes de trámite brevemente reseñados en el punto

III.1. de este voto y del contenido claramente patrimonial

que asumió esta acción de amparo por propia voluntad de la

parte actora, quien cuantificó su pretensión al demandar y

al ejecutar la sentencia (U$S 214.497,86 y U$S 200.536,81,

respectivamente, v. fs. 75 vta. y 271/271 vta.).

El art. 49 del decreto ley 8904/1977 dispone

que "Por la interposición de acciones de

inconstitucionalidad, de amparo y de hábeas corpus se

aplicarán las normas del artículo 16 con un mínimo de 20

'ius'". El mentado art. 16, a su turno, establece ciertas

pautas a tener en consideración para cuantificar el

honorario, a saber: a) el monto del asunto, si fuera

susceptible de apreciación pecuniaria; b) el valor, motivo

y calidad jurídica de la labor desarrollada; c) la

complejidad y novedad de la cuestión planteada; d) la

responsabilidad que de las particularidades del caso

pudiera haberse derivado para el profesional; e) el

resultado obtenido; f) el cumplimiento de lo dispuesto en

el art. 59 inc. 1 de la ley 5177; g) La probable

trascendencia de la resolución a que se llegare para casos

futuros; h) las actuaciones esenciales establecidas por la

ley para el desarrollo del proceso; i) las actuaciones de

mero trámite; j) la trascendencia económica y moral que


para el interesado revista la cuestión en debate; k) la

posición económica y social de las partes; l) el tiempo

empleado en la solución del litigio, siempre que la

tardanza no fuera imputable al profesional.

Pues bien, en estos autos un simple cotejo

de cantidades arroja como resultado que los honorarios del

doctor De Leo rondan el uno por mil del monto que se

demandó y luego se pretendió (indebidamente) ejecutar. Y

como si ello no fuera suficientemente demostrativo de lo

irrazonable de la regulación impugnada, tenemos que todo el

trámite posterior al dictado de la sentencia de primera

instancia insumió una ardua tarea profesional, traducida en

numerosas presentaciones y recursos de parte de dicho

letrado. Presentaciones que, además, lejos de ser

inoficiosas culminaron por obtener un resultado favorable

para su representado: el rechazo de la ejecución por

inhabilidad de título.

3. Lo sostenido hasta aquí corrobora que la

regulación de honorarios efectuada por la Cámara a favor

del doctor De Leo afecta el derecho a una justa retribución

profesional y el derecho de propiedad de este letrado,

ambos de raigambre constitucional.

En virtud de ello, corresponde casar la

sentencia impugnada y reenviar los autos a la instancia de

origen para que, integrada como corresponda, proceda a


efectuar una nueva regulación de honorarios que se condiga

con los antecedentes de autos y contemple los factores de

evaluación contenidos en el art. 16 del dec. ley

8904/1977.

IV. Por las razones expuestas y con el

alcance indicado, voto por la afirmativa.

A la cuestión planteada, el señor Juez

doctor Pettigiani dijo:

I. Tal como lo hace el doctor Genoud,

entiendo que el recurso extraordinario de inaplicabilidad

de ley traído resulta procedente, si bien por los

siguientes fundamentos.

1. Luego de la extensa y adecuada referencia

efectuada por el estimado colega preopinante sobre las

particulares características del presente proceso, no es

posible obviar que nos hallamos en el marco del

procedimiento de ejecución de la sentencia definitiva

dictada en una acción de amparo entre particulares que si

bien -esta última- fue originariamente canalizada mediante

el procedimiento sumarísimo, tal como establece el art. 321

inc. 1º, del Código Procesal Civil y Comercial, en la

sentencia definitiva el magistrado de primera instancia

dispuso la regulación de los honorarios de los letrados

intervinientes -entre los que se hallaba el hoy recurrente-

mediante la aplicación de los arts. 1, 49, 54 y concs. del


dec. ley 8904/1977, importando ello un explícito encuadre

normativo de la acción principal, diverso del ahora

pretendido por el impugnante.

En efecto, más allá de si se comparte o no

el mismo, cierto es que el decisorio de primera instancia

sobre el fondo del asunto, que se encuentra firme,

identificó a los fines arancelarios la acción tramitada

como una acción de amparo y, en tal entendimiento y sobre

la base de tal proceso, llevó adelante la correspondiente

regulación de honorarios (fs. 140/142). Pues bien, dicho

definitivo encuadre normativo del proceso principal a los

fines del presente recurso, impide en el caso su revisión.

Es que si una cuestión ha quedado definitivamente resuelta

en sentencia firme, no puede ser nuevamente examinada y

menos decidida en distinto sentido (Ac. 92.718, sent. del

26-IV-2006; C. 92.031, sent. 9-XII-2009; entre tantas

otras).

Tampoco es posible en esta instancia

pretender modificar el señalado tipo de proceso en el que

se encuentra engarzada la presente ejecución de sentencia

definitiva, pues el principio lógico de identidad impide

asimismo semejante actuación. Así como resulta imposible

que un hecho pueda ser y no ser al mismo tiempo (arg. C.

94.348, sent. del 3-XII-2008; entre otras), también deviene

improponible que un proceso pueda considerarse de un tipo


en el momento del dictado de su sentencia definitiva, y que

luego -en la etapa de ejecución de la misma- aquél se

pretenda de otro.

Por lo expuesto, no puede ser de recibo el

agravio del recurrente dirigido a cuestionar la naturaleza

del proceso principal del cual deriva la presente ejecución

de sentencia. Aún cuando pretenda calificarlo como de

conocimiento, se encuentra firme su identificación, a los

fines arancelarios, con un proceso de amparo aprehendido

por la regla del art. 49 del dec. ley 8904/1977.

2. Ahora bien, el proceso de ejecución de

sentencia importa la realización práctica del derecho

reconocido en ella, constituye una etapa posterior a las de

conocimiento y juzgamiento, en la que el tribunal ejerce

toda su autoridad con el objeto de que su fallo sea

debidamente cumplido.

La ineludible conexión existente entre el

proceso principal y su etapa ejecutoria también ha de

reproducirse en relación con los honorarios que en cada una

de ellas deben ser regulados a favor de los letrados

intervinientes (arg. arts. 6° inc. 1, 497 y ss., C.P.C.C.;

arg. art. 41, dec. ley 8904/1977).

En la ley de arancel, su art. 49 dispone que

"por la interposición de acciones de inconstitucionalidad,

de amparo y de hábeas corpus se aplicarán las normas del


artículo 16° con un mínimo de 20 ‘ius’". Por su parte, el

aludido art. 16 establece que "para regular los honorarios,

se tendrá en cuenta: a) El monto del asunto, si fuera

susceptible de apreciación pecuniaria; b) El valor, motivo

y calidad jurídica de la labor desarrollada; c) La

complejidad y novedad de la cuestión planteada; d) La

responsabilidad que de las particularidades del caso

pudiera haberse derivado para el profesional; e) El

resultado obtenido; f) El cumplimiento de lo dispuesto en

el artículo 59 inc. 1° de la ley 5177; g) La probable

trascendencia de la resolución a que se llegare para casos

futuros; h) Las actuaciones esenciales establecidas por la

ley para el desarrollo del proceso; i) Las actuaciones de

mero trámite; j) La trascendencia económica y moral que

para el interesado revista la cuestión en debate; k) La

posición económica y social de las partes; l) El tiempo

empleado en la solución del litigio, siempre que la

tardanza no fuera imputable al profesional".

Pues bien, aún considerando el carácter

patrimonial que encierra la pretensión principal y su

ejecutoria (cuestión ya zanjada y firme en el decisorio de

fs. 181/182), corresponde reconocer que la remisión al art.

16 contenida en la norma del citado art. 49 debe

necesariamente conducir a considerar el monto del proceso

como una pauta determinativa del honorario a ser fijado,


mas no como una pauta exclusiva (postulado traído por el

recurrente, merced a la pretendida aplicación pura y simple

de la escala arancelaria contemplada en el art. 21 del

digesto), sino como adicional a las restantes generales -ya

transcriptas- previstas en el referido art. 16, que

constituyen la guía pertinente para llegar a una

retribución justa y razonable en esta materia (arg. arts.

1, 14, 14 bis, 17, 18, 28, 31, 33, 75 inc. 22 y concs.,

Const. nac.; 1, 10, 11, 15, 31, 39 y concs., Const. prov.).

De ello resulta que la consideración del

monto del proceso como una pauta a tener en cuenta en la

fijación del honorario (en los términos del art. 16) no

puede llevar sin más a la aplicación de la escala

regulatoria prevista en el art. 21, aún morigerada, pues

para ello la remisión dispuesta por el art. 49 debió haber

sido a dicha norma -en lo pertinente- y no a las restantes

pautas regulatorias contenidas en la primera, sin efectuar

distinción alguna. Así, merced a la regulación específica

en la materia, ésta toma inaplicable la escala general en

su especificidad, aún cuando aquélla se pretenda aplicable

"a todo proceso susceptible de apreciación pecuniaria".

Es que no resulta semejante sostener que una

regulación de honorarios debe realizarse sobre la base de

una escala entre un máximo y un mínimo -tal como pretende

el impugnante-; que establecer solamente un honorario


mínimo (20 "ius") y a partir de allí dejar librada la

concreta estimación a diversos parámetros si bien

vinculados con los montos involucrados (también con el

mérito, complejidad, novedad, eficacia, extensión e

implicancia institucional y moral de la concreta labor

profesional llevada a cabo -Fallos 320:495, entre otros-),

mas sin que en tal labor el magistrado se encuentre

limitado por escala alguna.

Por ello cabe concluir que resulta ajustado

a derecho el fallo de la alzada cuando sostiene que "la

remisión del artículo 41 no es en este caso al artículo 21

de la ley arancelaria, sino al 49 de la misma" (fs. 384),

el que sólo establece un valor mínimo regulatorio (20

"jus"), remitiendo para lo demás a las mencionadas pautas

de apreciación de la tarea profesional contenidas en el

art. 16.

3. Pues bien, finalmente, frente a la

normativa arancelaria imperante en materia de amparo (arts.

9, 16, 41, 49 y concs., dec. ley 8904/1977), cabe analizar

la concreta justipreciación efectuada por el tribunal a quo

sobre los trabajos llevados a cabo por los letrados

intervinientes en el presente proceso de ejecución de

sentencia, con el objeto de analizar su pretendida

confiscatoriedad (fs. 393 vta./394).

Al respecto, es necesario reconocer que el


honorario constituye la justa retribución al profesional

por los trabajos cumplidos, por lo que debe ser equitativa

y prudente (Ac. 47.767, sent. del 28-II-1995; Ac. 59.110,

sent. del 9-II-1999), resultando admisible el recurso de

inaplicabilidad de ley en materia de honorarios cuando

están en juego determinadas garantías, como ocurre en los

supuestos de confiscatoriedad por evidenciarse una

manifiesta desproporción entre el valor económico del

juicio y la naturaleza de la labor cumplida al no guardar

el honorario relación con una justa retribución ya sea por

resultar ínfima o exorbitante, ajena a toda proporción con

los intereses controvertidos (Ac. 67.989, sent. del 29-IX-

1998; Ac. 73.721, sent. del 20-IX-2000; C. 86.832, sent.

del 17-IX-2008).

Pues bien, compartiendo las conclusiones

vertidas por el doctor Genoud en este punto, entiendo que

la regulación de honorarios efectuada al letrado impugnante

por las labores llevadas a cabo en el presente proceso de

ejecución de sentencia, resulta irrazonable y

confiscatoria, por lo que corresponde su revocación.

II. Por lo expuesto y adhesión formulada en

lo pertinente, doy mi voto por la afirmativa, concordando

asimismo con el estimado colega preopinante en torno de la

remisión que propone a los fines de una nueva regulación de

honorarios que se condiga con las normas aplicables y demás


constancias de este proceso.

A la cuestión planteada, el señor Juez

doctor de Lázzari dijo:

I.- 1.- También yo creo que debe hacerse

lugar al recurso extraordinario traído. Pero, para mejor

fundamentar mi propuesta -y tratándose (tal como lo

anticipa nuestro distinguido colega, doctor Genoud) de un

caso de ribetes sumamente particulares- quisiera subrayar

algunas de las circunstancias que surgen del expediente.

La parte actora dedujo, según surge de fs.

75 y sigtes., una acción de amparo contra una entidad

bancaria, con fundamento en lo normado por los arts. 43 de

la Constitución nacional, 20 inc. 2° de la Constitución

local y 321 y 496 del Código Procesal Civil y Comercial. El

juez actuante dispuso que la tramitación siguiera los

carriles establecidos para el juicio sumarísimo (ver fs.

95). Al dictar su sentencia, sin embargo, declaró que se

hacía lugar al amparo requerido.

Hasta aquí no se presenta otra dificultad

que la de extender la designación de la palabra "amparo"

(otrora referida exclusivamente a una acción contra los

actos u omisiones de órganos o agentes del estado que

lesionen, restrinjan, alteren, etc., derechos o garantías

reconocidos en la Constitución nacional o provincial) para

abarcar con ella también a una particular forma de acción


contra los actos u omisiones de un particular que

igualmente restringiera, alterase, etc., algún derecho o

garantía de raigambre constitucional, que se consagra en el

art. 321 del Código Procesal Civil y Comercial. Debe

observarse que las últimas reformas constitucionales

(posteriores a la ley arancelaria) consagraron expresamente

la indiferencia respecto del autor de la afectación (art.

23 apart. 2 de la Constitución local), y con ello quedó

indirectamente consagrada la genérica denominación de

‘amparo’ para distintas formas de protección tales como el

habeas data, habeas corpus, la acción declarativa de

inconstitucionalidad, el amparo propiamente dicho, etc.

(art. 49, dec. ley 8904/1977).

Señalo todo esto porque, más allá del

procedimiento sumarísimo que debía seguirse -y de las

menciones que se hacen del mismo en otras normas de la ley

arancelaria-, es la específica norma contenida en el

mencionado art. 49 la que debe aplicarse al caso, puesto

que el término 'amparo' que allí aparece debe ser

considerado ahora en su sentido más amplio.

1.- 2.- Continúo: Desestimada la ejecución

de sentencia en los términos en que había sido promovida,

llegó el momento en que debía procederse a la regulación de

los honorarios de los letrados que actuaran, entre los que

se encuentra el ahora recurrente. Al tomar intervención la


Cámara de Apelación, declaró que el conflicto suscitado

entre las partes había quedado regulado por las normas del

proceso sumarísimo (art. 321 inc. 1°, C.P.C.C.) por lo que

debía interpretarse que la remisión dispuesta por el art.

41 del dec. ley 8904/1977 no es, en este caso, al art. 21,

sino al art. 49, siempre de la misma ley arancelaria (fs.

384).

Ahora bien, aunque lo que propone la Cámara

viene a coincidir con lo que antes he sostenido, no puede

ser disimulada la inconsecuencia que surge de su proceder:

el art. 41 del dec. ley 8904/1977 establece -sin mayores

obstáculos a la interpretación- cómo se llevarán a cabo las

regulaciones de las ejecuciones de las sentencias recaídas

en un proceso de conocimiento: se remite a la escala

establecida en el art. 21, pero reduciéndola a la mitad.

La Cámara de apelación, sin embargo, declara

(lo que no es, como queda dicho, criticable) que la

remisión debe entenderse como efectuada al art. 49, porque

en esta última norma se determina cómo se regularán los

honorarios por la interposición de acciones de amparo

(remitiendo, a su vez, al art. 16). Este criterio, sin

embargo, implica una clara contradicción con la postura

sustentada en un párrafo anterior de la misma resolución,

donde se dijo que "las mismas razones que justifican la

remisión a las normas del proceso de amparo permite al


tribunal apartarse de las referidas normas y regirse por

las del proceso sumarísimo" (primeros renglones de la

resolución del 21 de setiembre de 2006; el subrayado, por

supuesto, me pertenece).

Es decir, si se hace una diferencia entre el

juicio sumarísimo y el amparo, puede optarse por dos

posibilidades: o bien nos apartamos de la normativa

referida al juicio de amparo para ubicamos en la que es

propia del proceso sumarísimo (regulando los honorarios con

sustento en lo prescripto por el art. 21) o bien aplicamos

la regla del art. 49 del decreto sobre aranceles

profesionales sobre la base de haber considerado,

previamente, que nos hallamos ante un juicio de amparo. Lo

que no se puede hacer es declarar (sin salvedad alguna) que

se trata de un juicio sumarísimo y regular los honorarios

como si se tratara de un amparo porque eso representa una

evidente y grosera violación del principio lógico de no

contradicción.

I.- 3.- A ello todavía puede agregarse que

lo regulado, si se considerara de aplicación la escala del

art. 21 reducida a la mitad, no alcanza a ser el 4% del

monto determinado a fs. 271 y vta. Por otro lado, de

estimarse que se aplica el art. 49 (que establece un mínimo

de veinte jus), tampoco se supera tal piso, pues el

honorario mínimo en tal caso sería de un mil cuarenta pesos


($ 1.040), producto de multiplicar por veinte el valor de

cincuenta y dos pesos ($ 52.-) fijado para el jus

arancelario por Acuerdo 3266 del 12-IV-2006 y Resolución de

Presidencia 478, del 28-IV-2006.

En otras palabras: cualquiera que sea la

norma que, según se entienda, deba aplicarse, la fijación

de honorarios por parte de la Cámara la incumple.

Lo dicho demuestra que el recurso

extraordinario que nos ocupa debe ser favorablemente

recibido.

II.- Señalado todo esto, he de sumarme a la

propuesta de receptar favorablemente el recurso deducido

por los fundamentos expuestos por el distinguido colega

doctor Genoud. A las razones que él expone me permito

agregar la siguiente consideración, que viene a ser una

reiteración de mi pronunciamiento en la causa D. 64.621,

sent. del 14-VII-2010: Tal como se dispone en el art. 16

del dec. ley 8904/1977, se han de tener en cuenta las

especificaciones allí señaladas y, en particular, la

incidencia patrimonial de la disputa; en virtud de esto

último, la apreciación pecuniaria del pleito ha de resultar

un parámetro obligado, de consuno con los demás

ingredientes contemplados en la citada norma.

Con los señalados alcances, doy mi voto por

la afirmativa.
Los señores jueces doctores Hitters y Negri,

por los mismos fundamentos del señor Juez doctor

Pettigiani, votaron la cuestión planteada también por la

afirmativa.

La señora Jueza doctora Kogan, por los

mismos fundamentos del señor Juez doctor Genoud, votó la

cuestión planteada también por la afirmativa.

A la cuestión planteada, el señor Juez

doctor Soria dijo:

1. En mi opinión, el recurso no puede

prosperar.

a. De un lado, por las razones expuestas por

el doctor Pettigiani en el punto I, ap. 1 -al que adhiero

en tal parcela- corresponde desestimar la protesta

enderezada a cuestionar el encuadre asignado, a los fines

arancelarios, a la pretensión ejecutiva articulada.

b. Del otro, tal como señala el citado

colega, la ejecución de sentencia importa la realización

práctica del derecho reconocido en ella, conexión que no

puede ser soslayada en materia arancelaria (arg. arts. 6

inc. 1 y 497 del C.P.C.C., arg. art. 41 del decreto ley

8904/1977).

Ello se traduce en la proporcionalidad que

deben guardar los estipendios profesionales en el proceso

principal y los que ha de devengar la eventual ejecución de


la sentencia (arts. 41, su doct., del decreto ley

8904/1977; 16 del C.C.). De ahí que, en su cuantificación,

necesariamente deba tenerse en cuenta la regulación del

proceso principal.

Ahora bien, en la especie, la sentencia de

mérito recaída en la acción de amparo, con expresa cita del

art. 49 del mentado decreto, procedió a fijar los

estipendios de los letrados de ambas partes en la suma de $

760 (v. fs. 142 vta.).

Promovida su ejecución, el tribunal a quo

estableció los estipendios del letrado de la demandada

-aquí ganancioso- en la suma de $ 600 (v. fs. 349 y 384).

En este contexto, a tenor de las pautas

firmes y consentidas establecidas en la resolución de fs.

140/142, no se advierte la absurdidad en que habría

incurrido el fallo atacado al momento de fijar los

honorarios impugnados que involucran los procedimientos

posteriores al pronunciamiento final y que tienden a la

realización de la condena recaída en autos.

En este sentido, el recurrente sólo esgrime

que la regulación fijada a su favor no ha tenido en cuenta

el monto del asunto (v. fs. 393 vta.). Pero, al margen de

la relatividad de ese factor como parámetro de las

regulaciones de honorarios en el amparo, lo relevante es

que se desentiende por completo de las remuneraciones y


pautas establecidas en el proceso principal que no pueden

en principio ser sobrepasadas por las que resulten de

incidencias ulteriores (art. 279, su doct., C.P.C.C.).

2. Por las razones expuestas, voto por la

negativa. Costas al recurrente vencido (arts. 68 y 289,

C.P.C.C.).

Con lo que terminó el acuerdo, dictándose la

siguiente

S E N T E N C I A

Por lo expuesto en el acuerdo que antecede,

por mayoría, acogiéndose el recurso extraordinario de

inaplicabilidad de ley interpuesto a fs. 392/395, se revoca

la sentencia impugnada y se reenvían los autos al tribunal

de origen para que, debidamente integrado, proceda a

efectuar una nueva regulación de honorarios que se condiga

con los antecedentes de autos y contemple los factores de

evaluación contenidos en el art. 16 del decreto ley

8904/1977. Costas a la vencida (arts. 68 y 289, C.P.C.C.).

El depósito previo efectuado se restituirá al

interesado (art. 293, C.P.C.C.)

Notifíquese y devuélvase.

EDUARDO JULIO PETTIGIANI


EDUARDO NESTOR DE LAZZARI HECTOR NEGRI

DANIEL FERNANDO SORIA JUAN CARLOS HITTERS

LUIS ESTEBAN GENOUD HILDA KOGAN

CARLOS E. CAMPS

Secretario