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MODERNIDAD Y SECULARIZACION

Por: Jimena Sánchez Reátegui


COD: 14020439
A lo largo de la historia, identificamos distintos momentos que marcan un
distanciamiento entre la iglesia católica y el pensamiento de la humanidad. Uno de dichos
momentos es aquel que se da entre la modernidad y la secularización. Para abordar este
tema, nos sumergiremos en la profundidad del estudio de Nicolás Casullo1 et al (2009),
quienes desarrollan las corrientes del pensamiento desde la ilustración hasta la
postmodernidad.

Teniendo la modernidad su origen en la arquitectura y en el arte, en un principio surge


para distanciarse de los antiguos moldes del arte clásico y romántico. Esta corriente
abarca distintos campos de enfoque como la economía, las ciencias, las clases sociales,
etc. Por ello, se dice que surge para desplazar al Capitalismo, el cual solo es aplicado por
el Marxismo para la época industrial. De esta manera, es notada como una posición
antimarxista.

De acuerdo a Casullo, Forster, & Kaufman (2009), “La Modernidad sería una condición
de la historia, que comienza a darse de manera consciente entre los pensadores, entre
los actores de esta historia, en Europa, básicamente entre los siglos XVII y XVIII” (p.10).
Es así que es la característica determinante de un conjunto de comportamientos que
aparecen desde hace ya varios siglos por todas partes en la vida social, comportamientos
a los que precisamente llama “modernos”. Puede ser vista también, desde otro ángulo,
como un conjunto de hechos objetivos que resultan tajantemente incompatibles con la
configuración establecida del mundo de la vida y que se afirman como innovaciones
substanciales llamadas a satisfacer una necesidad de transformación surgida en el propio
seno de ese mundo.

Por otro lado, Bolivar (2005) sostiene que:

“Lo primero que habría que advertir sobre la modernidad como principio
estructurador de la modernización “realmente existente” de la vida humana es que
se trata de una modalidad civilizatoria que domina en términos reales sobre otros

1
(Casullo, Forster, & Kaufman, 2009). En: Itinerarios de la Modernidad: corrientes del pensamiento y
tradiciones intelectuales desde la ilustración hasta la postmodernidad.
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principios estructuradores no modernos o pre-modernos con los que se topa, pero
que está lejos de haberlos anulado, enterrado y sustituido; es decir, la modernidad
se presenta como un intento que está siempre en trance de vencer sobre ellos, pero
como un intento que no llega a cumplirse plenamente, que debe mantenerse en
cuanto tal y que tiene por tanto que coexistir con las estructuraciones tradicionales
de ese mundo social (p.15)”.

Si bien los cambios de la Modernidad son paulatinos, afectan a todo el espectro de la


experiencia humana: la vida social, el trabajo, es espacio habitado, las relaciones de poder,
las experiencias estéticas, etc. Junto con cambios en el pensamiento, que priorizan la
racionalidad, el individualismo y el pensamiento científico, existen cambios políticos que
modifican profundamente las instituciones políticas de los estados, así como la
delimitación de nuevas fronteras políticas y económicas.

De acuerdo al estudio de la literatura existente, podemos identificar las siguientes


características de la Modernidad2:

1. Racionalidad: como opuesto a la religión, es uno de los ejes del pensamiento


moderno. La religión deja de ser la base de la comprensión y explicación del
mundo, y en su lugar la ciencia se instaura como discurso legitimador. Existe un
desplazamiento del “mito”, el cual es reemplazado por la razón.

2. Subjetividad: base de la racionalidad, se vuelve central en el pensamiento


moderno. La reflexión individual posibilita la crítica, a través de la estructura de
la autorrealización.

3. Estados Nación: desde el comienzo de la Edad Moderna empiezan a delimitarse


estructuras político-territoriales similares a las que existen actualmente. Un
Estado nación tiene un territorio delimitado, una población constante3 y un
gobierno definido.

4. División de poderes: En contraposición a la forma de gobierno feudal, con un


único gobernante que obtenía su legitimidad del poder bélico y de la Iglesia, la
Modernidad trae consigo la división del poder en tres instituciones diferenciadas:
el poder ejecutivo, legislativo y judicial.

2
(Enciclopedia de Características, 2017)
3
Población constante, aunque también es necesario considerar la existencia de los fenómenos
migratorios.
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5. Sociedad industrial: Se dio un aumento de la producción a través de la
organización y división del trabajo, hubo desarrollo de fábricas donde se organiza
el trabajo, invención y fabricación de máquinas que reemplazan el trabajo manual.
Este es un antecedente de las innovaciones tecnológicas apuntadas a aumentar
beneficios que seguirán vigentes hasta nuestros días, en que los desarrollos
científicos y tecnológicos son constantemente aplicados a la producción. Y, por
último, se da la aparición de un nuevo sector social: los asalariados.
6. Desarrollo urbano: la sociedad industrial requiere una concentración de población
dado que el trabajo está organizado en fábricas. Las ciudades se convierten en
centros de producción pero simultáneamente en los lugares de mayor consumo de
bienes, servicios y energía.
7. Reforma protestante4: sólo fue posible en el contexto de la Modernidad, por la
nueva concepción del individuo como un ser crítico y racional. Si bien la razón se
oponía filosóficamente a la religión, en el caso de la Reforma observamos que
individuos de profunda fe religiosa alentaban el pensamiento crítico.
8. Rechazo a la tradición: la modernidad se caracteriza por el deseo de una ruptura
con lo previo, encarnado en la tradición. En el arte y el pensamiento, el creador
busca sus antecedentes no en el pasado próximo (la Edad Media) sino en el pasado
remoto (la Edad Antigua). Fuera de esa referencia antigua, la Modernidad está
caracterizada por la atracción de lo nuevo, las innovaciones, las rupturas y los
descubrimientos.

De las características básicas antes mencionadas, lo importante, y lo que va a ir


elaborando el nuevo pensamiento moderno que hace consciente la modernización del
mundo, es que el mundo es, sobre todo, la representación que el ser humano se hace de
él.

Es así como un mundo de representaciones, de relatos fundantes va a ser enorme drama


de la historia moderna, va quedando atrás. La Modernidad que toma prontamente
conciencia de que en su avanzar, genera en términos de pensamiento, los tiempos
modernos, va extinguiendo ese mundo de Dios; luego Nietzsche, filósofo del siglo XIX,
va a reflexionar, hacia los finales del siglo, “la muerte de Dios” y va a fundar, a partir de

4
Este movimiento religioso fue iniciado en Alemania, en el siglo XVI por Martín Lutero, por lo que
también se lo conoce como Reforma Luterana. La Iglesia Católica, hasta ese momento indiscutible iglesia
cristiana, se ve dividida por las críticas que diversos sacerdotes y pensadores realizaron contra la
institución.
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esta idea sobre la necesidad de Dios, una lectura no solo de la Modernidad sino de
Occidente en su conjunto, una lectura filosófica, esa muerte de Dios que se gestó en un
principio como critica a los dogmas de la Iglesia, como crítica a la hipocresía de las
morales dominantes, como critica a lo religioso autoritario, como critica a la superstición
y al mito.

Sin embargo, Mariano Fazio (s.f) sostiene que la Modernidad se presentó como una forma
ambivalente. Es decir, existió una relación modernidad – religión y modernidad – no
religión.

“Si por una parte hay una Modernidad más cristiana respecto al Medioevo en
cuanto existe una toma de conciencia más madura de la relación armónica entre
los órdenes natural y sobrenatural, por otra hay una Modernidad cerrada a la
trascendencia, con pretensiones de una auto explicación del sentido último de la
existencia humana que terminará, (…). Dos modernidades diferentes, donde hay
casas y barracas” (p.3).

Considero que es importante reflexionar sobre la interpretación de modernidad de Fazio,


es un enfoque distinto pero relevante. Podemos decir que aunque las revoluciones
liberales se vieron acompañadas por nuevas oleadas anticlericales y si bien se asistía al
nacimiento de la sociedad industrial, la vida cristiana vivió un período de fortalecimiento
que se extendería hasta 1880. Por un lado, se fortaleció el resurgimiento y la creación de
las órdenes y congregaciones religiosas. Por otro lado, la acción pastoral se desarrolló
según un nuevo espíritu, que dio especial valor a la religiosidad popular.

A mediados de 1846, Giovanni Mastai Ferretti, quien había recorrido las capitales del
Cono Sur en la década de 1820, se convirtió en el papa Pío IX. Su pontificado, que duró
más de 30 años, coincidió con este renacimiento religioso y también con el proceso de
centralización romana. El Sumo Pontífice y su entorno estaban convencidos de que así se
aseguraría la restauración5 de la vida católica y se reagruparían las fuerzas de la Iglesia
para enfrentar los desafíos del liberalismo anticristiano.

En la defensa de los valores cristianos, los católicos romanos y romanizados


adoptaron todos los medios modernos de organización, movilización y

5
Con el apoyo de las nunciaturas y de las congregaciones religiosas, entre las que se destacó la
Compañía de Jesús, la romanización marcó por varias décadas la vida de la Iglesia y contó con la
adhesión calurosa de las masas católicas, atraídas por la integridad y el carisma de Pío IX.
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comunicación. Fundaron diarios y periódicos, que criticaban al liberalismo
político y a la cultura secularizada, y apoyaron la creación de partidos políticos,
para mantener la solidaridad y la moral de los católicos, creando una verdadera
red en el continente europeo, y un poco más tarde en Iberoamérica (Theologica
Latinoamericana., 2015).

Entre 1870 y 1914, la “crisis modernista” alcanzó su mayor desarrollo y afectó a las
principales naciones de Europa occidental. En este punto, podemos hablar de la aparición
(paralela al modernismo) de la secularización.

Secularización no equivale a pérdida del sentido religioso. El proceso de


secularización entendido en forma fuerte lleva, utilizando el famoso concepto de
Max Weber, al desencantamiento del mundo. (…) si identificamos Modernidad
con secularización, hay que subrayar la presencia de una versión de la
secularización entendida como desclericalización, como distinción entre el orden
natural y sobrenatural, como toma de conciencia de la autonomía relativa de lo
temporal. Esta versión de la secularización es profundamente cristiana6, mucho
más que el clericalismo de un cierto Medioevo.

El Papado y las sociedades católicas se resistieron, por diversos medios, a los avances de
la secularización y también del anticlericalismo. Sin embargo, desde 1878, el papa León
XIII inició un pontificado marcado por la prudencia y el estilo pedagógico. Si bien el
nuevo pontífice mantuvo la condena al liberalismo -la libertad de cultos, de prensa, de
enseñanza y de conciencia- al indiferentismo y al laicismo, sus propuestas fueron
renovadoras en el campo social e incluso político -encíclicas Catholicae Ecclesiae (1890),
Rerum Novarum (1891) y Graves de Communi Re (1901).

En 1907, la encíclica Pascendi Dominici gregis de Pío X condenó el modernismo, como


“la síntesis de todas las herejías”. Asimismo se instituyó el “juramento antimodernista”,
obligatorio para “todo el clero, los pastores, confesores, predicadores, superiores
religiosos y profesores de filosofía y teología en seminarios”.

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Ejemplos de esta desclericalización, sobre la cual lamentablemente no podemos detenernos, son las
doctrinas de la segunda escolástica española —en particular, la Escuela de Salamanca fundada por
Francisco de Vitoria—, el liberalismo moderado de Alexis de Tocqueville en el siglo XIX, o las
afirmaciones a favor de la secularidad en los documentos del Concilio Vaticano II, y más en concreto en
la Gaudium et spes y en la Dignitatis humanae.
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Conclusiones:

Al intentar explicar el proceso de secularización en relación con la modernidad, Louzao,


quien es citado por Sánchez (2013), explica los tres conceptos que se le pueden atribuir:
la pérdida de influencia, la privatización y el desencantamiento:

“El canon de la secularización podría resumirse en tres puntos y una conclusión:


1) la secularización implica la pérdida de influencia de la religión en la sociedad
moderna, que muchos calificaron de declive, así como el retroceso de las prácticas
y creencias religiosas; 2) un proceso de privatización de la religión unido a la
diferenciación y autonomía de las distintas esferas; 3) se produce el
desencantamiento del mundo, es decir, la desacralización y mundanización de la
realidad. (Sánchez, 2013).

Entonces podemos decir que modernidad y religión entraban por tanto en inevitable
contradicción, produciéndose la fragmentación y marginalización de la fe que conlleva la
perdida de la influencia de las instituciones religiosas.

Uno de los sociólogos que más ha contribuido al concepto de secularización es Marx


Weber, al entenderla como desencantamiento del mundo, de manera que los valores más
sublimes se han retirado de la vida pública, para refugiarse en la vida mística o en la
fraternidad de las relaciones humanas diversas y personales y afirmando que el destino
de su época se halla caracterizado por una racionalización o intelectualización sobre todo.
La secularización no suprime lo sagrado sino que hace emerger un sagrado profano en
contraposición.

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Bibliografía

Bolivar, E. (7 de febrero de 2005). Un concepto de modernidad. La modernidad:


versiones y dimensiones. Revista Contrahistorias N°11.
Casullo, N., Forster, R., & Kaufman, A. (2009). Itinerarios de la Modernidad . Corrientes
del pensamiento y tradiciones intelectuales desde la Ilustración hasta la
postmodernidad. Buenos Aires, Argentina: Eudeba.
Enciclopedia de Características. (2017). Modernidad. Obtenido de
https://www.caracteristicas.co/modernidad/
Fazio, M. (s.f.). Secularización y crisis de la cultura de la Modernidad. Roma: UNIV.
Sánchez, P. (diciembre de 2013). Sociología de la Religión. Obtenido de https://pilar-
teologiapilar.blogspot.com/2013/12/relacion-entre-la-modernidad-y-el.html
Theologica Latinoamericana. (2015). La moderndiad y la Iglesia Católica. Obtenido de
Enciclopedia Digital: http://theologicalatinoamericana.com/?p=1373

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