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LA ÚLTIMA TARDE

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8 Colección Patio trasero Bryan Barreto

LA ÚLTIMA TARDE

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Primera edición, agosto de 2016
© 2016, Bryan Barreto
© 2016, Vivirsinenterarse S.A.C.
Ca.Tambo de Mora Mz. R, Lote 4, Dpto14, Lima 6 - Perú
Telf. (511) 975 141 002 /RPM: # 947 806 978
edit.vivirsinenterarse@gmail.com
www. vivir-sin-enterarse.blogspot.com

Tiraje: 500 ejemplares

Dirección:
Eduardo Reyme Wendell
Corrección:
Camila Nicho Rivera Hay historias que nunca tienen final a pesar que la
Josselin Fernández Quispe realidad les haya dado uno.
María Valdez Acosta
Diseño de portada:
Santiago Lizárraga Castagnola
Composición de interiores:
Jonathan Suarez
Fotografía de portada:
Alvaro Munguia Ruiz
Publicista:
Miluska Antúnez Zambrano
Impresión:
Impresos Graficos Gutemberg E.I.R.L
Centro Comercial Unicentro - Lima, Perú

Hecho el Depósito Legal en la Biblioteca Nacional del Perú Nº 2016-02610


ISBN: 978-612-46942-8-8

Se prohíbe la reproducción total o parcial de esta obra, incluido el diseño


tipográfico y de portada, sea cual fuere el medio, sin la autorización expresa
del titular de los derechos.

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Impreso en el Perú - Printed in Peru 7
Era una tarde soleada de un sábado de febrero.
Jugaba fútbol con los chicos del barrio en la losa
deportiva al frente de mi casa; llevaba vincha por-
que el cabello impedía la visión, pedía la pelota a
cada momento esperando un pase certero, que se
dio al rato; entonces, detuve el balón con solvencia
y lo primero que hice fue disparar con violencia. La
pelota se metió en el arco, el arquero solo atinó a
observarla.
Había anotado el gol del triunfo y los compañe-
ros me abrazaron con euforia, incluso intentaron
cargarme. Estaba emocionado y contento porque
siempre es estupendo ser el autor del gol de la vic-
toria, más cuando se trata de un partido reñido.
Inmediatamente después, alguien fue a recoger
la apuesta y nos dirigimos a la tienda más cercana,
que se encuentra al frente de la casa de Alondra,
para comprar líquido e hidratarnos.
Ahí se encontraba Alondra, una chica con quien
charlaba poco o nada, nuestra única plática solía
basarse en saludo y despedida. Junto a ella se en-
contraba su prima Mariana y al lado de la misma
una chica desconocida, de cabello castaño oscuro y
ondulado que atrajo mi atención con rapidez, aun-
que no le haya visto el rostro por la oscuridad. Me
gustó su melena, debido a que siempre me gusta-
ron las mujeres de cabello ondulado.
Charlaban despreocupas, concentradas en su
tema y por momentos soltando risotadas, yo mira-
ba de reojo al tiempo que bebía y luego respondía a

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los comentarios de Carlos, quien relataba los suce- Media hora más tarde, mi mamá llamó para
sos más relevantes del partido. cenar. Mi papá había comprado pollo a la brasa y
mis hermanos ya se encontraban instalados en la
—Muchachos, hagamos salud por el triunfo, in- mesa. Bajé y cené junto a la familia.
dicó uno de los jugadores de un modo muy alegre.
Realizando la típica sobremesa recibí la llamada
Juntamos nuestros vasos y bebimos al mismo de Carlos, quien se encontraba afuera de mi casa.
tiempo. Recordé que debí haberle avisado, pero me sorpren-
Terminada la botella de Coca Cola acordamos en dió para bien que haya venido.
ganar el siguiente partido para aumentar el núme- Entró a la casa y luego de saludar a todos agi-
ro de victorias sobre el eterno rival y nos despedi- tando la mano subió a mi habitación.
mos entre sonrisas.
—Oye, espérame un rato. Voy a cepillarme los
Fui a casa junto a Carlos, quien aparte de primo dientes.
es mi vecino, hablábamos sobre el partido mientras
íbamos recorriendo la acera que divide el parque —No tardes.
hasta llegar a nuestras respectivas casas.
—Que quiero fumar unos cigarrillos y tomar
—Quedamos por MSN si hacemos algo más tar- unas latas de cerveza, añadió enseguida.
de, le dije antes de despedirnos.
—Excelente idea, pensé. Pero no pude pronun-
—Me avisas pues, respondió con una sonrisa y ciarla porque me encontraba en pleno enjuague
nos dimos la mano. bucal.
Me duché durante un buen tiempo liberando al Al salir del baño se lo hice saber.
cuerpo del sudor, las rodillas de la suciedad y la-
vando las heridas que uno se hace al jugar con in- —Vamos a la misma tienda, sugerí.
tensidad. —Sí, es la más cercana.
Al salir me sentí aliviado y por supuesto, limpio. Nuevamente cruzamos la acera que divide el
Entré a mi habitación teniendo la toalla amarra- parque.
da a la cintura. Escogí el atuendo para más tarde,
quizá para una posible salida con los amigos y me Ya no estábamos con ropa pelotera. Llevábamos
vestí al tiempo que veía televisión. bermudas; él, casaca (cosa rara porque es verano);
y yo obviamente en polo.

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Mientras caminábamos volvíamos a comentar pude contemplar su rostro y sentirme realmente
sobre el partido. muy atraído.
Nos encanta el fútbol. Es una pasión que no pue- —Dame tu parte, dijo Carlos de repente y volteé
do describir con exactitud, solo sé que tienes que para verlo.
vivirla para saber de qué trata.
—Cierto. Espera, le dije.
Es por esto que fuera o dentro del campo, nues-
tras charlas se tratan acerca del deporte rey. Saqué un billete y se lo di.

—Señora, buenas noches, saludó Carlos. Giró —Pide cigarros, acoté.


para verme y preguntó: ¿Dos, cuatro o seis? —Está bien.
—Compremos seis de frente, sugerí. Volvió a mi- La señora regresó con las cervezas y los cigarros.
rar hacia adelante y dijo: Seis cervezas en lata, por Carlos le dio el dinero y nos fuimos de regreso.
favor.
No pude volver a ver esa melena porque Carlos
La señora se dio la vuelta y se acercó a la nevera. empezó a charlar y no quise evidenciar el poco inte-
— ¿Dónde tomamos? rés que tenía hacia su relato debido al recuerdo del
rostro de esa mujer que se aglomeraba en mi mente
—En mi casa pues. al tiempo que caminábamos.
Cuando lo vi sacar la billetera e ir contando las Podía haberle comentado, esperado alguna res-
monedas, giré el cuello para ver al grupo de chicas puesta, de repente planeado la forma de cómo acer-
que se encontraba detrás. Conocía a Alondra y Ma- carnos a la chica o quizá, intentar conocerla; pero
riana; pero no hablábamos mucho. La otra mujer, Carlos no era un sujeto conocedor de temas amoro-
a quien había visto antes, únicamente de espalda, sos, mucho menos acerca de mujeres. Además, des-
me llamaba la atención. conocía mi atracción por las chicas de cabello on-
dulado y no deseaba compartirla con nadie. Preferí
A primera impresión me atrajo su cabello ondu- no voltear y dejar que mi primo siguiera hablando.
lado. Se veía sedoso y bien cuidado como si todas
las noches después de ducharse se rociara una cre- No obstante, confieso que siempre fue asombrosa
ma que ayude con el brillo y el cuidado del mismo. la forma como Carlos sentía el fútbol. Sabía muchí-
Sin embargo, no tenía idea de cómo podría llamar- simo del mismo y su pasión era inmensa; aunque
se, tampoco la ubicación de su casa; pero al menos al inicio del trayecto estuve pensando en la chica

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del cabello ondulado, luego se me hizo imposible era un recuerdo glorioso. Y valía la pena repetirlo.
obviarlo porque sus cuentos futboleros resultaron
muy interesantes y por ende quise prestarle la Fue un golazo, obviamente, añadí después de re-
atención debida hasta volver a la habitación. crear la escena.

—Estuvimos a punto de perder, contó preocupa- Carlos abrió una cerveza. Yo preferí encender un
do. cigarrillo.

—Esa jugada en la que Fernando remató con —Sí, fue un buen gol. Además, lo que le da crédi-
violencia y la pelota se estrelló en el palo nos pudo to es que fue el del triunfo, añadió.
haber mandado a casa con las manos vacías, rela- — ¡Exacto! Le dije emocionado.
tó, ahora sí, sonriente y emocionado.
Vi a Carlos beber la cerveza y sentí ganas de
—Me hubiera sentido jodido el resto de la noche abrir una lata; pero ya estábamos cerca a mi casa.
y no habría salido de casa, dijo con una asombro-
sa seriedad, como si en verdad le hubiera afectado —Vamos a mi cuarto para poder escuchar músi-
tanto una supuesta derrota. ca, le dije.

Sentía que vivía un simple encuentro futbolero Accedió asintiendo con la cabeza.
como si fuese una final del mundo. Nos sucede a En mi habitación, dejamos el tema del fútbol a
todos, definitivamente. un lado. Ya no existían detalles para comentar, solo
—Pero; por suerte, logramos remontar el parti- quedaba esperar el siguiente partido. Encendí la
do, añadió al instante y una gran sonrisa nueva- computadora mientras que él iba visualizando las
mente creció en su rostro. paredes.

Entonces recordé mi gol y comencé a recrear el —Estás loco para tener las paredes llenas de
momento. Carlos reía; pero sentía que lo realizaba pósteres, dijo. Y siguió viendo la distinta cantidad
idéntico, mi emoción era similar a la de él al volver de afiches que decoraban la habitación.
a vivir esa escena, ya olvidándome de la chica al —Cada vez que entro veo uno nuevo.
frente de la tienda.
—Sí. Ese de Goku en saiya tres es nuevo. Lo
Es posible que se me borre de la mente cuando compré ayer en el mercado. Esta chévere.
volvamos a jugar y vuelva a anotar otro gol reem-
plazando al de ahora; pero en ese preciso momento —Oye sí, está bacán.

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—Obvio, le dije. Y agregué: ¿Qué música pongo? —Sí, está buenazo. Seguro que se la lleva el Mi-
lán o el Barcelona.
—Lo que quieras.
—No creo. Yo soy un eterno merengue. El Real
Sabina comenzó a cantar y yo empecé a disfru- Madrid de Raúl será el campeón, le dije y señalé el
tar de mi primera cerveza de la noche. poster de la pared contigua.
Carlos tarareaba la canción mientras que yo en- —Sí, puede ser; pero, ojo que el Manchester está
cendía otro cigarrillo para acompañar a la bebida. fuerte. De local te gana siempre.
—Oye, ¿por qué no tienes Facebook? Le pregun- —En realidad cualquiera puede ganar; pero yo
té luego de una bocanada de humo. quiero que gane mi equipo.
—No lo sé. No me llama la atención. Prefiero te- — ¿Y en la Copa Libertadores? Cambió de cam-
ner correo y MSN. Con eso me basta. peonato sin alejarse del tema que había vuelto, es
Hice una mueca de extrañeza. que no se puede dejar de hablar de fútbol.

— ¿Quieres ver mi perfil? Me lo acabo de crear Me pasé la mano por el cabello mientras sonreía
ayer. y le dije: La de siempre, los equipos peruanos son
una lágrima.
Carlos se levantó del filo de la cama y se acercó.
Se colocó a mi lado y dijo: A ver, muéstrame. Carlos es un eterno hincha de Alianza Lima;
pero a la vez es realista, por eso no le quedó otra
Abrí la página y se la mostré. Pero supuse lo que que hacer un puchero y asentir con la cabeza.
diría después.
Me pareció gracioso su gesto.
—No me llama la atención.
—Es la verdad pues, hermano.
—Oye está chévere. Puedes subir un montón de
fotos, publicar un estado y tener muchos amigos. —Aunque estoy seguro que alguna vez podemos
darle pelea a los bravos equipos argentinos y bra-
Siguió con la misma compostura. Cambiamos de sileros y quién sabe, tal vez ganar la Copa Liberta-
tema entonces. dores.
— ¿Has visto La Champions? Preguntó. —Podemos hacerle un buen partido, ganarles
—Obvio. Partidazos, eh. Nunca me pierdo uno. algunos; pero de ahí al hecho de ser campeones la

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veo difícil, le dije con cierta desconfianza; pero con —Es Mariana, prima de Alondra, viven al frente
una sonrisa. de la tienda.
—Yo quisiera que fuese cierto, añadí al instan- Carlos escuchó y no respondió.
te. Y abrí las manos para seguir explicándole mi
punto: Pero les falta huevos y mucha calidad. A Era extraño que Mariana me escriba por MSN,
veces van ganando y les voltean el partido en el casi nunca conversábamos y las pocas veces eran
último minuto. Eso no les sucede a equipos uru- tan solo un intercambio de saludos y algún que otro
guayos; por ejemplo, “U” otras veces les meten de suceso del momento.
tres a cuatro goles cuando juegan de visita porque —Hola, ¿Cómo estás? Disculpa el zumbido, lo
se sienten menos. De repente, les aterra el estadio hizo mi amiga.
o la hinchada. Hay equipos que ganan de visita con
contundencia, los brasileros por ejemplo, ellos te —Hola, no te preocupes, le dije junto a un emoti-
ganan en cualquier cancha. cón de rostro sonriente.

Carlos asintió con la cabeza siendo condescen- — ¿Qué amiga envió el zumbido? Quise pregun-
diente con mi comentario. tarle; pero no lo hice.

—El jugador peruano es técnico; aunque es ver- —Toma pues, la cerveza se va a calentar, recla-
dad, no tiene actitud. Pero eso se logra desde meno- mó Carlos.
res, se debe trabajar mucho la parte mental como Cogí la lata y le di un sorbo.
la técnica, dijo y abrió otra lata de cerveza.
Mariana no volvió a escribir. Me di la vuelta y le
— ¿Y la selección? Preguntó después de beber. dije a Carlos:
Iba a responder; pero se oyó el zumbido del MSN. — ¡Iremos al mundial! Eso nunca lo dudes.
Giré para colocarme frente a la pantalla y obser- Él seguramente pensó en ¿cómo puede no tener-
vé la intermitente luz naranja aparecer en la parte les fe a nuestros equipos nacionales y pensar que
inferior. sí podemos asistir a la Copa del mundo? Mientras
— ¿Quién es? Preguntó Carlos, intrigado. esa pregunta se realizaba en su cabeza, iba leyen-
do lo que Mariana, quien sorpresivamente volvió a
¿Mariana? Qué raro me escriba. ¿Qué querrá? escribir, me iba diciendo.
Pensé antes de responderle.
—Una amiga te quiere conocer.

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Esa frase me intrigó. —Sería genial ver a Perú en el mundial, dijo
Carlos y empezó a soñar con los ojos abiertos.
¿Qué amiga?, ¿Cómo se llama? Fueron pregun-
tas que aparecieron en mi mente. En la parte inferior de la pantalla apareció de
nuevo la luz naranja intermitente.
— ¿Qué amiga? Pregunté rápidamente.
—No quiere que te diga su nombre; pero me dijo
—Yo también pienso que podemos llegar al mun- que desea conocerte porque le pareces interesante.
dial, dijo Carlos.
¿Interesante? ¡Qué curioso! Me dije y sonreí.
—Aunque déjame decirte que la tenemos recon-
tra difícil, agregó. Vi de reojo que Carlos volvía a abrir otra lata y
dejaba el cigarrillo sobre el cenicero.
—Tenemos jugadores que la rompen en el ex-
tranjero. No son muchos; pero son los pilares del —Está buena la cerveza, comentó.
equipo. El fútbol nacional es una desgracia; pero
con los extranjeros y algunos otros que resalten se —Sí, está muy buena, le dije y abrí otra lata.
puede armar un buen equipo. La idea es tener hue- —Me da curiosidad saber el nombre de tu ami-
vos y amor por la camiseta, eso es muy importante, ga, le escribí a Mariana.
le dije y bebí la cerveza hasta terminar la lata.
—Está a mi lado. Dice que no te puede decir su
—Aparte, lo esencial es ganar todos los partidos nombre porque podrías buscarla en Facebook.
de local, dijo Carlos.
No lo había pensado. Resultaba ser una bue-
— ¡Exacto, hermano! Mira a Ecuador, ganando na idea y una excelente razón para no decirme su
todo de local y sacando un par de puntitos de visita nombre.
se fue al mundial, dije confiado.
—Voy al baño, dijo Carlos y me tocó el hombro.
—Aprovechan la altura. Y sus jugadores no son
tan buenos como los que tenemos, es decir; no jue- No le respondí. Seguí escribiéndole a Mariana.
gan en grandes ligas europeas. —Al menos dame pistas.
—Por eso te digo, Carlos, necesitamos hacernos Carlos regresó, se sentó sobre la cama, volvió a
fuertes de local, que no nos falten el respeto en casa coger su lata de cerveza y le dio un sorbo. Luego,
y podemos aspirar al mundial. cogió el cigarro y dio una pitada. Hice lo mismo;

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pero al revés. Nos quedamos callados por un rato, —Oye, ¡Qué chévere! ¿Cómo se llama?
Carlos ya no hablaba de fútbol y yo esperaba, asom-
brosamente ansioso, la respuesta de Mariana. —Camila, dijo él un tanto avergonzado.

— ¿Qué hay de nuevo en el cine? Preguntó Car- En el tiempo que conozco a Carlos solo le conocí
los muy serio. una enamorada, una tal Gabriela. Desde entonces
no supe más, hasta ahora. Aunque todavía no sean
—No lo sé. Hace un par de meses que no voy al novios, parece andar todo viento en popa.
cine, le dije y empecé a reír porque me pareció gra-
ciosa la respuesta. —Vayan al cine, conózcanse más e imagino que
podrán iniciar un amorío.
—No se puede ir al cine solo, dijo él y también
comenzó a reír entendiendo el chiste escondido en —Sí; pero bueno, iremos yendo poco a poco, paso
mi respuesta. a paso, sin apuros y despacio, dijo.

—Lo que pasa es que he conocido a alguien, dijo. Me pareció chistosa esa especie de rima en su
frase.
Mi impresión fue de intriga y a la vez de sorpre-
sa. Carlos nunca antes me había comentado algo El hecho que Carlos empezara a salir con una
similar. chica aumentó la motivación por saber acerca de la
amiga de Mariana. No quería quedarme atrás.
—Pensaba invitarla al cine, es lo que todos ha-
cen, dijo y sonrió. Minutos después, terminamos las cervezas y nos
despedimos.
—Es una buena idea, le dije y añadí al rato: ¿Es
la primera cita? Mariana seguía sin responder, no quería presio-
narla enviándole zumbidos; pero la intriga me ga-
Le pareció gracioso el término “cita”. naba.
—Sí pues, nos conocimos en la universidad; pero Le envié un zumbido y luego otro.
es la primera vez que vamos a salir juntos.
—Perdón por no responder, es que nos quedamos
Carlos cursaba el tercer ciclo de Derecho. Des- viendo televisión, respondió y me sentí avergonza-
pués de haber frustrado su sueño de ser futbolista, do por parecer desesperado.
se dedicó al estudio y sorpresivamente para mí, al
hecho de tener citas. —Mi amiga dice que la primera pista es: Le gus-
tan los animales tanto como a ti.

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Pinina es una hermosa Shih Tzu, quien prácti- empezaba a estar bueno.
camente me ha robado el corazón. Tenía menos de
un año en casa –habiendo llegado desde bebé– y ¡Genial! Top 10 de mejores goles, dije para mis
para entonces toda la familia la quería. adentros, muy emocionado.

Pinina me hizo ver a los animales de una forma Mi programa de deportes favorito siempre trans-
más cercana y poder quererlos de un modo más in- mitía una lista de 10 mejores goles de la semana.
tenso. El quererla a ella me llevaba a ser empático Encendí la televisión justo a tiempo.
con el resto de animales. Además de liberar de mi Disfrutaba de los estupendos goles y de reojo
interior una gran sensibilidad. visualizaba la pantalla esperando que esa bendi-
La amiga misteriosa también adoraba a los ani- ta luz intermitente apareciera; pero no lo hacía y
males. Eso me gustaba bastante. seguía mirando la televisión.

—Me gusta eso, le escribí. Y agregué emoticones La luz apareció. El ranking de goles llegaba a los
de rostro sonriente. 3 primeros. Me levanté de la cama y los vi parado
esperando que acaben para ir enseguida a averi-
¿Cómo sabe que me gustan los animales? Me guar la respuesta. No pensé en cuánto interés sur-
pregunté manteniendo la mirada en la pantalla y gió de repente. Acabó el programa y me acerqué a
rascándome el mentón. observar la respuesta.
De repente me ha visto con Pinina paseando por —Qué bueno, dice ella, escribió Mariana.
el parque, pensé.
Esperé a que siguiera escribiendo.
Porque todavía no tengo fotos con ella en el Fa-
cebook. Creo que solo tengo una foto, añadí para —Su mascota se llama Rocko, es un pastor ale-
mí mismo. mán.

Mariana tardaba en responder. No quise volver — ¡Qué bien! Debe ser gigante, escribí.
a enviar zumbidos y salí del escritorio para dirigir- Era la única característica que le conocía a los
me a la cocina, en donde bebí un poco de agua y al de su raza.
regresar me eché sobre la cama para ver televisión.
— ¡Sí! Además es muy juguetón y come un mon-
La demora en responder reducía mi interés; pero tón, escribió Mariana; pero su amiga fue quien dio
pensar en Carlos saliendo con una chica y quedar- la respuesta.
me atrás, me motivaba; sin embargo, el programa

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Quería saber más; pero no sabía que preguntar. —Sí. Me gusta mucho escribir. Lo hago desde
Nunca antes viví una experiencia como esta. niño; aunque todavía no soy tan bueno. Sin embar-
go, espero llegar a serlo alguna vez, poder publicar
— ¿Qué colores le gustan? Pregunté y agregué un libro y demás.
risas porque era una pregunta ridícula.
Lo dije tan serio que me sorprendí a mí mismo.
Mariana escribió risas.
—Seguro que sí. Y dime, ¿Te gusta bailar o can-
—El negro es su favorito, respondió. tar?
Era extraño que a una chica le guste el color ne- Escribí risas.
gro.
—No. No sé bailar y mucho menos cantar. Solo
—A mí me gusta el azul y el amarillo, contesté. canto en la ducha y no bailo ni el trompo.
—Dice mi amiga, escribió Mariana. Reí de mi chiste.
— ¿Qué dice? La amiga de Mariana escribió risas. Al parecer
—Aparte del fútbol, ¿Qué más te gusta hacer? también le pareció gracioso.

Era una pregunta interesante. ¿Qué más me —Yo amo bailar; pero no se cantar, escribió.
gusta hacer aparte de jugar pelota? Me pregunté —He ido a Karaokes; pero con amigas, obvio, en
antes de responder. donde puedes cantar recontra mal, nadie te critica
—Me gusta escribir. Escribo historias, a veces y nos reímos juntas.
ficciones y otras veces basadas en hechos reales Escribí risas.
como anécdotas o experiencias.
Me pareció un comentario acertado. Es bueno
Mariana no volvió a responder. reírse con los amigos.
Me distraje conversando con otras personas has- — ¿Qué haces ahora? Quiso saber.
ta que respondió.
— ¿Quién pregunta, Mariana o su amiga miste-
—Eres el primer chico que escribe, escribió. riosa? Pregunté sabiendo que escribía la amiga.
—Esa fue mi amiga, dijo Mariana al instante. —La amiga misteriosa, respondió.
—Ahora es ella quien va a escribir, agregó.

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Y al instante ambos escribimos risas. —“Si tú me miras”, “Aquello que me diste”,
“Eso”, “Amiga mía” y muchas más, respondió.
Fue gracioso escribir “amiga misteriosa” y fue
chistoso que se sintiera como tal. —También esa canción que dice “Y es la fuerza
que te lleva, que te empuja y te llena”…
—Está bien, solo quería asegurarme, escribí.
—Ah, te refieres a “La fuerza del corazón”.
—Pues, ahora estoy conversando contigo y a la
vez con otras personas. Escucho música y en un —Esa misma. Me encanta, escribió y colocó va-
rato voy a cenar. ¿Y tú? rios emoticones de corazones.
— ¿Qué música te gusta? Quiso saber ensegui- —Claro, es muy buena. Es del álbum Alejandro
da. 3.
—Me encantan las baladas. Alejandro Sanz es —Se nota que eres fan. ¿Fuiste al concierto?
mi cantante favorito. Me empieza a gustar Ricardo
Arjona, también escucho a Sabina, Diego Torres, —Por supuesto, escribí. Y añadí emoticones de
Sin Bandera, entre otros. Me gustan las canciones rostros sonrientes y algunos corazones.
que tienen una bonita letra. —He ido a todos sus conciertos, afirmé como
—A mí también me gusta Alejandro Sanz. No he todo buen fan.
escuchado a los otros. Es el único que me agrada en —Sí. Mariana me contó que también fue; pero a
canciones románticas. El resto del tiempo escucho otra zona. Yo no soy tan hincha como para gastar
rock, punk y hasta metal. tanto dinero, dijo con humor.
Me sorprendió su respuesta. —Me acaba de comentar que tienes todos sus
Punk, rock y hasta metal. Interesante, pensé. discos. ¿En serio? Añadió al instante.

Yo no escuchaba esos géneros; no sabía que pre- —Así es. Es mi cantante favorito, te lo dije.
guntar al respecto. En ese momento recordé que realmente no los
—Qué bueno, le dije y añadí un emoticón de ros- tenía todos; pues, los tuve. El disco “Si tú me mi-
tro contento. ras” lo perdí hace un tiempo atrás y no pude adqui-
rir otro.
— ¿Cuál canción de Alejandro Sanz te gusta? Le
pregunté. Obvié comentarlo y seguimos charlando a pesar

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que mi madre comenzaba a llamar a todos porque Un par de días después, vi a Mariana conectarse.
había traído helado y todos lo amamos. Apareció su ventana en la parte inferior derecha de
la pantalla y de inmediato hice clic.
—En diez minutos bajo, grité.
—Hola, escribí.
—Ya, en diez minutos tomamos helado como
postre, respondió. —Hola, ¿qué tal? Respondió.
Pasaron los diez minutos y volvió a llamar. —Bien, bien. Oye, ¿estás con tu amiga?
La chica misteriosa me estaba preguntando —No.
acerca de Pinina y sus travesuras y yo le iba con-
tando cada una de sus locuras. Dejé de escribir.

Interrumpí la conversación para decirle. Debo ir ¿Qué hago? Me pregunté porque me ganaba la
abajo, mi vieja me llama para tomar helado. ¿Ha- intriga.
blamos más tarde? —Oye, ¿Cómo se llama tu amiga?, ¿me pasas su
—Provecho. Hablamos otro día, yo también voy MSN?
a comer algo, escribió, añadiendo emoticonos de Mariana demoró en responder.
sonrisa.
Me hablaban varias personas; pero ninguna
La mujer misteriosa me parecía muy intere- me importaba, estaba concentrado en la respues-
sante. Me agradó que le gusten los animales tanto ta. Quería saber su nombre y su correo electrónico
como a mí. Es verdad que teníamos distintos gus- para poder agregarla al MSN.
tos musicales; pero al menos se sabía algunas de
Alejandro Sanz. —No sé si pueda darte su correo, escribió Ma-
riana.
¿Cómo será físicamente? Era la pregunta que
rondaba por mi cabeza. Quise buscarla en el Fa- — ¿Por qué va a molestarse? Pregunté confun-
cebook de Mariana; pero noté que recién tenía dido.
cincuenta amigos y ninguno, según mi intuición, —Es que me dijo que no te lo diera, respondió.
se asemejaba a las características dadas por ella.
Además, la mitad no llevaba foto de perfil, solo ¿Por qué no querrá darme su correo? Me pregun-
imágenes de dibujos o artistas. té más confundido.

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Enseguida, comencé a responder las demás con- Le voy a pedir el MSN, me dije.
versaciones. Mariana no me daba la información, y
yo me distraía conversando con Ezequiel, Jonathan —Oye, chica misteriosa, ¿Me das tu MSN para
y algunas otras personas. Ambos decían para hacer charlar en privado?
algo el fin de semana, ir a una discoteca o asistir No debí decir en privado, pensé.
a alguna fiesta; a ambos les dije que sí, agregando
que luego me informaran acerca del lugar. No me — ¿Quieres mi MSN? Está bien, anota y me
gusta mucho ir a discotecas, prefiero las fiestas; agregas.
aunque de todas maneras iría adonde fueran todos. —Dale.
Mariana volvió a escribir. —Mi correo es: supercatkid@hotmail.com
—Estás con suerte. Ella está aquí. —Genial. Te agrego enseguida.
Era extraño, ¿tan rápido ha venido, o debió estar Inmediatamente después de agregarla se desco-
en camino? De repente vive cerca, pensé intrigado. nectó Mariana y apareció la amiga misteriosa.
— ¡Qué bueno! ¿Vive cerca? —Hola de nuevo, escribió.
—En la zona D, respondió. No tenía imagen en el display, tampoco un Nick
La zona D, la zona D; me decía a mí mismo. No con su nombre, llevaba una imagen de Bob Espon-
conocía; aunque había escuchado antes. ja y supuestamente la letra de una canción como
Nick.
— ¿Alguna referencia? Y descuida, no voy a apa-
recer en su casa para espiarla. —Ahora que tengo tu MSN, debo saber tu nom-
bre, le dije.
Agregué risas luego de escribir.
Ella añadió risas.
—Por el parque Rompecabezas, escribió.
— ¿Todavía no te he dicho mi nombre?
Seguía sin conocer; pero al menos tenía una bue-
na referencia si es que alguna vez fuese a visitarla. Escribí risas.

— ¿Qué tal tu día? Preguntó. —No. Y quiero saberlo ahora, le dije con emoti-
cones de rostro sonriente.
—Todo muy bien, gracias, escribí.
—Me llamo Daniela.

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Es un bonito nombre, pensé. Y se lo hice saber. —Sí. Cuando voy a la piscina suelo practicar;
pero no en la playa porque me da miedo.
—Muchas gracias, escribió.
—Pienso lo mismo. Es peligroso. Y dime, si no es
— ¿De qué te gustaría hablar? Añadió ensegui- indiscreción, ¿Cuántos años tienes?
da.
Asumí que tendría 17. Yo terminé el colegio a esa
—Quiero saber ti. Intercambiemos preguntas, edad, por eso lo imaginé.
propuse.
—Tengo 16 años. El 31 de Mayo cumplo 17.
—Está bien. Yo empiezo, escribió adjuntando ca-
ritas de rostro alegre. Vaya, dieciséis años, pensé.
—Ya sé acerca de tus colores favoritos, también Yo tenía 21 años; aunque cualquiera que me vie-
que juegas fútbol y escribes; pero no sé cuál es tu ra diría que tengo 19 años. Me había pasado algu-
plato favorito. nas veces.
—Me encanta el Lomo Saltado y el Cebiche, le — ¿Tienes 20, verdad? Preguntó al instante.
dije con emoticones de rostro con la lengua afuera.
—No. Tengo 21.
—Quién no ama el cebiche, escribió.
—Bueno, me faltó un año, respondió adjuntado
—También me gusta el lomo; pero lo que me fas- un par de emoticones.
cina es la Lasaña. Me encanta, definitivamente.
—Sí, no fue mucha la diferencia. Casi aciertas,
—A mí no mucho, dije. le dije.
—Bueno, me toca preguntar. Pues, ¿Practicas —Cuéntame de ti, dijo añadiendo emoticón de
algún deporte o realizas alguna actividad física? sonrisa.
—Por el colegio tenía que hacer deporte obliga- Era una pregunta abierta. ¿Qué puedo decir de
do. Estaba en talleres de natación y básquet. Pero mí? Me pregunté.
ya terminé el año pasado y no hago deporte desde
entonces. Ya le dije que me gusta escribir, que me apasiona
el fútbol y que suelo andar en el MSN distrayéndo-
—Qué bien. Nadar es genial. Y pienso que debes me un rato.
de seguir haciéndolo.
—Pues, ya sabes que amo el fútbol y disfruto

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mucho de escribir. También me gusta salir a pa- —Ya entiendo. Se nota que te gusta jugar pelo-
sear con los amigos o asistir a fiestas. Los fines de ta, siempre lo haces. Pareces ser bueno jugando o
semana ando de discoteca en discoteca. Quise de- al menos eso imagino. Espero que alguna vez pue-
tener ese último comentario; pero fue demasiado da verte jugar, eso sería genial y divertido, escribió
tarde. Además, adoro estar en casa, echarme sobre añadiendo muchos emoticones de pelota.
la cama y ver televisión.
Siempre quise que una novia me viera jugar al
Creí que ese comentario sería obviado; pero fue fútbol. Nunca antes había sucedido, imaginaba que
lo primero que resaltó. era una situación maravillosa la de estar jugando y
ver a mi chica sentada y haciendo barra. De hecho
—Así que eres un chico fiestero, escribió con que estaría muy motivado y le dedicaría mis goles.
emoticones de sonrisa y asombro.
No éramos enamorados. Hubiera sido precipita-
La mayoría de chicas suele tener un concepto do comentarle aquello.
errado sobre los chicos que van constantemente a
discotecas, piensan que andan con una chica dis- —Claro. Algún día me vas a poder ver jugar fút-
tinta cada fin de semana. Yo no era así. bol. Seguro te vas a sorprender con mis jugadas y
mis goles.
Antes no salía tanto. Lo que pasa es que entre-
naba con un equipo de fútbol y debía de cuidarme; Añadí risas, emoticones de rostro sonriendo y fi-
pero luego, por cosas de la vida, comencé a salir guras de pelota junto a corazones.
más seguido.
Ella solo escribió risas.
No le tenía confianza para argumentar mejor
ese hecho. Todavía me dolía el no poder haber lo- Acto seguido, dijo: Claro, cuando vuelvas a jugar
grado mi sueño de convertirme en futbolista y por voy a pasar con mis amigas para verte.
eso resolvía no profundizar en el tema. —Sería muy divertido, escribí.
—No siempre. Claro que a veces prefiero estar Enseguida cambió de tema abruptamente.
en casa viendo películas. Otras veces me quedo ju-
gando pelota hasta tarde y luego de bañarme solo —Oye, ¿tienes enamorada?
me queda dormir. Por eso te digo que no es seguido. Era una pregunta interesante. Pensé ser yo
Realmente era una respuesta sincera. quien se la hiciera; pero ella se adelantó.
—No, escribí. Y añadí una cara triste.

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—Yo tampoco, dijo sin agregar emoticones. —Sí; pero a veces se comportan de un modo tan
estúpido.
— ¿Y por qué no? Quiso saber.
Le fastidiaba el comportamiento de los hombres
—Lo que pasa es que he estado mucho tiempo de su edad y resultaba graciosa la forma como lo
concentrado en otras cosas y no se ha dado la opor- expresaba.
tunidad.
Todos repiten que las mujeres maduran antes
Era una respuesta sensata y sincera. Además, que los hombres, es una gran verdad, pensé en ese
no añadí emoticones. momento.
— ¿En qué cosas? Preguntó intrigada. —De solo recordar sus actitudes reviento, aña-
¿Cómo le digo? Pensé. dió enseguida, al parecer, con algo de coraje.

—Pues, me dediqué a entrenar duro en un equi- —Tranquila, Daniela. No te sulfures. Hablemos


po para poder ascender a primera división y estuve de cosas graciosas, le dije para calmarla.
enfocado plenamente en ello sin pensar en tener Empecé a contarle una anécdota futbolera en
enamorada. donde un amigo en un intento por llegar al balón
Fui muy sincero, tanto que me sorprendí. Ade- se tropezó y cayó aparatosamente contra el piso.
más, asombrosamente, le tuve confianza. Todos reímos en ese momento.

—Comprendo, dijo a pesar que quizá no lo en- Daniela rió al leer la experiencia. Escribió mu-
tienda. chas risas, tantas que imaginé que habría reído
mucho.
Me hizo bien leer esa palabra.
—Cuando esté echada sobre la cama voy a re-
— ¿Y tú, por qué no? También quise saber. cordar lo que me acabas de contar y volveré a reír,
—Los chicos de mi edad son unos inmaduros, es- añadió al rato con emoticones de sonrisa.
cribió con emoticón de rostro furioso. —Tengo muchas anécdotas parecidas, es la par-
Tenía razón, a esa edad la mayoría de mucha- te cómica del fútbol.
chos suelen ser inmaduros. —Cuando volvamos a conversar quiero que me
—Te entiendo; pero bueno, son etapas. cuentes algunas. Ahora es tiempo de ir a descan-
sar. Mariana y Alondra se quedaron dormidas, es-
cribió y añadió varias Z.

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—Está bien, linda, ve a dormir. — ¡Daniela, acércate! Gritó. Y seguía viendo a su
izquierda agitando su mano.
— ¿Me dijiste linda?
Daniela no quería acercarse. La chica se subió
—Lo siento. Se me escapó. a su bicicleta y avanzó hacia la izquierda. Saqué
—De igual modo, gracias, dijo con un emoticón la cabeza por la ventana; pero no pude visualizar
de ruborizado. bien. Un árbol y el balcón vecino obstaculizaban el
panorama.
—Pues, de nada, le dije con un emoticón de beso.
Volví a mi habitación. Ya no tenía sueño; encen-
—Me duermo. Tú también descansa. dí la computadora, abrí las cortinas y nuevamente
—Si, al rato voy a la cama. Nos vemos, besos. escuché mi nombre.

—Besos. Caminé hacia la ventana y vi a esa chica de ca-


bello castaño y lentes agitar la mano en señal de
Eran las doce y media de la noche. Se desconectó saludo. Abrí la ventana y le dije: Hola de nuevo.
del MSN y yo hice lo mismo un tiempo después.
— ¿Eres el amigo de Daniela?
A la mañana siguiente, desperté porque escu-
chaba mi nombre desde afuera. Era extraño que —Sí. ¿Ella está por aquí?
una chica me ande llamando a las nueve de la ma- —Sí; pero no quiere venir. Esta avergonzada.
ñana, en vacaciones y sin motivo aparente.
Sonreí y le dije: Dile que no se preocupe, que no
Cuando me acerqué a la ventana del cuarto de hay motivo para avergonzarse.
mis viejos vi a una chica de cabello castaño, lentes
de sol y al lado de su bicicleta. —Quédate ahí, voy a traerla, dijo con suma con-
fianza.
Abrí la ventana para intentar reconocerla. Al
verme, dijo: Hola, buenos días. Hice caso a su pedido a pesar de encontrarme
despeinado.
Enseguida, me sacó una foto con su celular. Me
sentí confundido; pero a la vez no pude evitar sol- No tardó mucho en regresar. Detuvo la bicicleta
tar un par de carcajadas. y dijo: Dice Daniela que si puedes bajar para con-
versar un rato.
—Daniela, Daniela, le saqué una foto al chico
que dices, decía y miraba a su izquierda. —Claro. Dame diez minutos. Me voy a lavar y
arreglar.
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—Te esperamos allí, dijo señalando una banca Olía exquisito a pesar de haber realizado ejerci-
del parque. cio.
—Está bien, salgo y me acerco. A primera impresión, me encantó su cabello on-
dulado y me agradó que fuera la chica que vi aque-
—Te esperamos entonces. lla vez; pero no quise comentarlo.
Me duché y vestí con rapidez. Mis hermanos to- No solo llevaba una bella cabellera, sus ojos eran
davía no despertaban y mis viejos no estaban en pardos y su sonrisa reflejaba algo más que alegría.
casa. Un brillo que podría iluminar como el sol y del que
Salí con gafas y caminé hasta llegar al parque; sin saber iba siendo tentado. Su voz era dulce y an-
pero no vi a ninguna chica. Por un instante me sen- gelical. Además, parecía degustar sin importancia
tí un idiota. Creí que se habrían ido a toda veloci- de la buena comida. En definitiva, una chica muy
dad al verme salir, quizá, víctimas de los nervios. simpática.
Sin embargo, antes de retroceder y volver, apare- — ¿Y qué estaban haciendo? Pregunté para ini-
cieron con sus respectivas bicicletas y rápidamente ciar la plática.
se detuvieron a mi lado.
Ellas estaban al lado de sus respectivas bicicle-
Me di cuenta que Daniela era la persona que se tas, yo estaba parado al frente. Daniela bebía agua
encontraba junto a Mariana y Alondra aquella vez y Kelly miraba su celular. La pregunta las hizo mi-
al frente de la tienda. rarse y enseguida contestar.
Un cabello ondulado tan hermoso no podía ser —Estábamos manejando bicicleta. Fuimos a pa-
olvidado. sear por varios lugares y Daniela me dijo para ve-
—Hola, yo soy Kelly, se presentó la chica de len- nir por acá porque quería ver a un chico.
tes. Daniela intentó callar a su amiga; pero logró ter-
—Y tú debes ser la chica misteriosa, me adelan- minar la frase.
té para saludar a Daniela, quien sostenía una bo- Sonreí enseguida. Y añadí: No me habías conta-
tella de agua y estaba ruborizada. do que te gusta manejar bici.
—Hola, dijo un tanto avergonzada y nos dimos —Es verdad, dijo. Sonrió y añadió: Ahora ya lo
un beso en la mejilla. sabes.

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—Manejar bici es genial. —Fue divertido, muy divertido, lo admito, añadí
y sonreí.
—Y muy agotador, interrumpió Kelly y le quitó
la botella de agua a su amiga. Daniela le arrancó la botella de agua a su amiga
y se la terminó.
—Hace mucho que no manejo bicicleta. Tenía
una bici; pero ya no sé dónde estará, comenté. —Amiga, tengo mucha sed. Voy a comprar una
botella de agua y regreso, ¿está bien? Dijo Kelly.
—Si la hubieras tenido podríamos haber ido a
pasear los tres, dijo Kelly. Daniela asintió con la cabeza, intercambiaron
comentarios en voz baja y luego Kelly agregó: Ya
Daniela se sintió avergonzada. vengo en un rato, chicos. Los dejaré solos para que
—Si pues, eso sería una buena idea, dije. se conozcan mejor.

Cruce los brazos y pregunté con una sonrisa: Nos quedamos solos y callados.
¿Cómo sabes dónde vivo? — ¿Te quieres sentar? Propuse.
Ambas se miraron, rieron y Daniela respondió: Asintió y nos sentamos juntos sobre la banca.
Mariana me dijo.
—Es la primera vez que nos vemos, le dije.
Es lógico, pensé.
—Sí, es raro; pero me agrada, dijo ella.
—Esperamos no haberte molestado con nuestra
presencia, comentó Kelly de un modo gracioso. —Raro fue que me llamaran de ese modo, dije
para amenizar el momento.
—Para nada. Solo se me hizo extraño escuchar
mi nombre a las nueve de la mañana. Daniela soltó una carcajada.
Empezaron a reír enseguida. —Sí; pero dijiste que fue gracioso.
—Era la única forma de llamarte, explicó la chi- —Claro que lo fue, afirmé.
ca de lentes.
Daniela era preciosa, me encantaba su cabello
—Podrían haber tocado el timbre, dije y sonreí. ondulado, deseaba palpitarlo, tal vez, olerlo; pero
me limitaba a observarlo.
—La loca esta quiso gritar, dijo Daniela, empujó
a su amiga y sonrió. —Quiero que me vuelvas a contar la anécdota de

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tu amigo, esa que ocurrió mientras jugaban parti- pasión. Entonces, él corre tras el balón para poder
do. cogerlo y luego rematar al arco, obviamente.
Comencé a reír al entender lo que intentaba de- Daniela asienta con la cabeza atenta a todo lo
cirme. que digo.
Entonces, volví a contarle la anécdota. —En ese momento, patina por culpa de lo moja-
da que estaba la cancha y se cae de espalda moján-
Esta vez lo hice de un modo más eufórico, ac- dose y machándose todo de barro.
tuando y relatándolo en un tono particular.
Tuve que pararme para recrear mejor la escena.
Daniela no dejó de reír al escuchar el final de la Creo que eso hizo que Daniela riera más.
experiencia.
—No pensé que fueras tan gracioso, me dijo con
Me daba risa que le diera tanta gracia la mane- una sonrisa.
ra como el tipo cayó sobre la losa deportiva.
Nunca antes me habían dicho gracioso. Me agra-
Fue una anécdota muy graciosa, si me hubiera dó.
sucedido me estuviera riendo al contarlo.
—La forma como lo cuentas lo hace más diverti-
—Si esas caídas suceden en el partido, te asegu- do, decía y comenzaba a reír.
ro que cualquier día me aparezco en la cancha.
Yo me contagiaba de su risa y recordaba el rostro
—Si te contara. Ocurren varios acontecimientos de Jonathan luego de levantarse adolorido y moja-
graciosos durante un partido de fútbol. do.
—Cuéntame otra anécdota, por favor, dijo muy —Jugar en lluvia es complicado. Muchos se caen,
entusiasmada, con una enorme sonrisa que brilla- yo también me he caído varias veces y todos se han
ba. burlado. Es parte del espectáculo.
—Déjame recordar alguna. —A mí me pasa lo mismo, dijo.
Miré al cielo rascándome el mentón y le dije: Ya — ¿Juegas en lluvia?
recuerdo una bien chévere.
—No exactamente. Cuando manejo bici con Ke-
—Esto le ocurrió a mi amigo Jonathan. Estába- lly y empieza a llover tenemos problemas para se-
mos jugando pelota a pesar de la lluvia. Imagina la guir el camino y algunas veces la loca esa quiere ir

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rápido y termina cayéndose y manchándose todo —Amiga, lo siento mucho, dijo Daniela, luego de
de barro como le sucedió a tu amigo, contó y se echó una risotada.
a reír.
—Lo que pasa es que le conté sobre aquella vez
Yo también reí imaginando la situación. en donde te caíste de la bicicleta al intentar avan-
zar a toda velocidad por el barro.
—Somos malvados, nos burlamos de las desgra-
cias de los demás, dijo en son cómico. Kelly se sintió avergonzada.
—No son desgracias, son momentos graciosos. —No te preocupes, fue gracioso, a todos nos pasa.
— ¡Y debemos reírnos de esos momentos! Añadí Ella continuaba ruborizada.
y seguí riendo.
—Ya amiga, no te pongas roja. Como dice él, a
—Es cierto, dijo y volvió a reír. todos nos ha pasado alguna vez.
—A mí me pasa lo mismo, recordar una situa- —Y bueno, ¿Qué han estado haciendo aparte de
ción chistosa y comenzar a reír de la nada, le dije burlarse de mi caída?
con humor.
Daniela y yo reímos de nuevo. Kelly se unió al
—Eso es verdad, siempre me sucede, dijo de la instante.
misma manera.
—Pues, nos estábamos conociendo, dije, más cal-
Y nuevamente nos echamos a reír. mado.
En ese momento, apareció Kelly y preguntó: ¿De —Parece que tienen en común el hecho de reír-
qué se ríen? se de todo, incluyendo las caídas aparatosas de las
personas, dijo Kelly de una manera muy cómica.
Daniela me miró y repentinamente estalló en
carcajadas. —Nos encanta reír, acotó Daniela.
Me contagié de su risa y también solté algunas En ese instante, uno de mis hermanos salió por
carcajadas. la ventana y al verme conversando con dos chicas
llamó a los demás para que salieran por la otra
Kelly nos miró asombrada, preguntándose: ¿De ventana a molestar.
qué rayos se están riendo? No imaginaba que reía-
mos de su experiencia. Sabía que en cualquier momento sucedería.

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—Bien ahí eh… Te veo bien… La estás haciendo — ¿Y ustedes tienen hermanos o hermanas?
linda, fueron las frases que repitieron en coro. Pregunté después de la risa.
Enseguida, se escondieron detrás de la cortina —Yo tengo un hermano mayor, se llama Martín,
entre sonrisas y risas; pero fueron vistos por Da- contó Daniela.
niela y Kelly.
—Igual yo, tengo un hermano mayor y una her-
— ¿Son tus hermanos? Preguntó la loca. manita. Él se llama Alexander; pero le decimos
Alex y ella es la dulce Andrea.
—Sí. Son mis hermanos, les gusta molestar.
—Qué bueno. ¿Se llevan bien con sus hermanos?
—Ya me di cuenta. Se parecen a los de mi promo,
siempre andan molestando, comentó Kelly. —Sí, supongo, dijo Daniela, algo insegura.
— ¿Cómo se llaman tus hermanos? Quiso saber —Con Alex me llevo bien, es mi hermano y ami-
Daniela. go. A mi hermanita suelo ir a recogerla al colegio.
—Fernando es el alto de cabello castaño claro, —Voy con Daniela, añadió enseguida.
el bajo y de cabello negro es Orlando y el gordito
es Jeff. —Y de pasada nos encontramos con algunos
amigos de la promo que suelen hacer lo mismo o
— ¿Cuántos años tienen?, ¿El gordito es el ma- andan jugando pelota o llevando cursos que desa-
yor? probaron, acotó Daniela.
—Todos dicen lo mismo; pero no. El mayor soy —Entonces, ¿Ustedes han estado en el mismo
yo. colegio?
— ¿En serio? Preguntaron ambas a la vez, un —Claro, en el mismo colegio y en el mismo salón,
tanto sorprendidas. dijeron ambas a la misma vez.
—Sí, en serio. —Con razón, se ve que son buenas amigas.
—Tu mamá se debe volver loca con cuatro hom- Se miraron y sonrieron.
bres, dijeron las chicas.
—Mi hermano tiene una banda, contó Daniela.
—Si pues; pero ya no somos tan traviesos como
antes, dije y reí. — ¿Ah sí?

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—Sí, le gusta tocar la batería y se junta con sus —Gustos son gustos, dijo Kelly diplomáticamen-
amigos a practicar en una cochera. te.
Me pareció genial. El hecho de tener una banda —Eres el primer chico a quien le gusta Alejan-
y tocar, el placer de hacer lo que le gusta, me agra- dro Sanz, comentó Daniela como si recién hubiera
da eso. escuchado mi gusto por la música.
—Eso suena muy bien, dije. Me sorprendió su comentario; pero a la vez me
gustó.
—A ti no te va a gustar lo que tocan, dijo Danie-
la. —El romanticismo corre por mis venas, dije e
hice una especie de actuación que reflejaba ello.
Kelly la miró como preguntándose, ¿Cómo lo sa-
bes? Y luego ella añadió: Porque sé que te gustan Ambas rieron enseguida.
las baladas, la música corta venas.
Estuvimos charlando por un tiempo más. Kelly
—No seas exagerada, dije. miró su reloj y le dijo a Daniela que debían partir,
su mamá llegaría y no vería la mesa servida para
—Kelly, él es un chico romántico. Le gusta es- el almuerzo. Ella también recordó que debía de lle-
cuchar Alejandro Sanz, dijo Daniela señalándome. gar para comer junto a su familia y a mí, de tanto
—Alejandro Sanz es bacán, dije. escuchar sobre comida, me dieron ganas de comer.

—Me gustan algunas canciones, he escuchado Nos despedimos entre risas. No acordamos en
pocas. Cuando me siento feeling suelo oír algunas, vernos en otro momento; pero sí encontrarnos en
comentó Kelly. el MSN.

—Sí. Le he dicho que también escucho algunas; Un inesperado; pero agradable momento vivi-
pero no siempre. mos aquella mañana.

—Ah claro, tampoco voy a escucharlo todo el Ese mismo día por la noche nos encontramos en
rato, añadió su amiga. el MSN.

Yo escuchaba a Alejandro Sanz todo el tiempo, —Hola, ¿cómo estás, linda?


era y es mi cantante favorito. —Bien, gracias. ¿Y tú que tal, lindo?
—A diferencia de ustedes, a mí fascina escuchar- Esas primeras frases fueron interesantes por la
lo siempre, dije y sonreí. espontaneidad de las mismas.
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—La pasamos genial por la mañana. Fue tan in- —Y seguir conversando sobre acontecimientos
esperado y a la vez tan divertido. graciosos, dijo Daniela y agregó risas.
—Sí, no creí que fuéramos a hablar tanto. Pensé —Claro, eso sería muy divertido. Todavía hay un
que íbamos a pasar por tu casa y saludarte desde montón de anécdotas chistosas que te puedo contar.
afuera, no que habláramos bastante; pero la pasé
fabuloso. Volvió a agregar risas y muchos emoticones de
rostro sonriente.
Además, le caíste bien a mi mejor amiga.
—Si gustas puedes venir con tu amiga, dije de
Suponía que eso era bueno. Pero, ¿Por qué? repente.
—Es verdad. Pero como dicen muchos, lo inespe- — ¿Para? Dijo sin emoticones ni risas.
rado suele ser mejor, dije de modo muy cliché.
—Porque de repente te da vergüenza venir sola.
—Espero que pueda volver a verte, añadí ense-
guida. — ¿Te gusta mi amiga? Preguntó de un modo tan
directo que sentí como si me lo hubiera dicho cara a
No era algo que quería decir, tal vez se me es- cara y mirándome a los ojos.
capó, quizá solo salió o de repente lo sentí y se me
ocurrió escribirlo. Escribí risas y le dije: No, en lo absoluto. Te lo
dije porque de repente te da vergüenza venir sola
— ¿En serio? A mí también, respondió al instan- y quizá estando con tu amiga te sentirás más có-
te como si estuviera pegada a la pantalla esperan- moda.
do que contestara.
No respondió.
— ¡Qué bacán! Entonces, ¿cuándo nos volvemos
a ver? ¿La malogré toda? Me pregunté. Pero mis inten-
ciones no son como las piensa, me respondí. Estaba
Me sorprendió escribir eso de una forma tan es- ansioso y algo nervioso porque contestara.
pontánea; pero me asombró todavía más el hecho
de estar pendiente a su respuesta que no tardó en ¿Por qué me preocupa tanto lo que piensa? Fue
llegar. la pregunta que me hizo meditar.

— ¿El viernes que viene? Daniela se desconectó del MSN. Por un momen-
to creí que no volvería y el posible encuentro del
—Claro, podemos encontrarnos en el mismo lu- viernes no sucedería y por alguna razón que des-
gar.
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conocía me afectaba que no llegase a concretarse. —Claro, buena hora. Además, duermo un poco
más.
Sin embargo, apareció de nuevo.
Comenzó a reír y dijo: Ya quedamos, eh.
—No pienso eso, es solo que me pareció extraño
que preguntaras por ella. La chica tiene actitud. No cualquiera te dice que
va a ir a tu casa, tocar el timbre y preguntar por ti,
—Es como te dije, no pienses cosas que no son. no a su edad. Eso me gustó mucho.
— ¿Estás seguro? El viernes desperté muy temprano. Después de
—Claro pues. No tengo intenciones con tu ami- una ducha me vestí y rocié perfume por mi cuer-
ga. No pienses algo que no es. po. Encendí la computadora y esperé que llegara la
hora del encuentro.
—Está bien, está bien, dijo.
De rato en rato me asomaba a la ventana, mira-
Y para cambiar de tema, añadí: ¿El viernes en- ba de izquierda a derecha y regresaba a mi habita-
tonces? ción.
—Claro; pero voy a ir sola. Pasaron las 12pm y todavía no llegaba. Volví a la
Esa frase fue fantástica porque así lo queríamos, ventana y regresé a mi cuarto. Me comía las uñas
por eso sonreí cuando la leí. mientras miraba televisión, no lograba concentrar-
me en las noticias, veía el reloj en mi celular a cada
La habíamos pasado mejor conversando los dos. momento y el tiempo parecía pasar lento. Incluso,
Su amiga era agradable; pero yo me sentía más có- llegué a imaginar el sonido del timbre.
modo charlando con ella.
Hace mucho que no me sentía como lo estaba en
No sabía cómo describir esa sensación, creía que ese instante y no lo entendía con claridad.
solo se trataba de mera confraternidad, como el he-
cho de sentirse más cómodo con alguien con quien Rato después, el timbre sonó solo una vez. Me
hablas seguido, no me daba cuenta de lo que real- acerqué a la ventana con rapidez; pero me detuve
mente era. para espiar ocultando el cuerpo detrás de la cortina
y mirando desde un pequeño orificio.
—Ya pues, genial. ¿Te espero en la banca o en
mi casa? Ahí estaba Daniela. Acababa de descender de su
bicicleta. El cabello ondulado brillaba, cubría sus
—Voy a tu casa al medio día. ¿Está bien? ojos pardos con la palma de su mano que utilizaba

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como sombra y miraba hacia arriba; pero no me cómoda. Me senté sobre la silla del escritorio y ella
veía. al filo de la cama.
Lucia pantalón jeans, un polo rosa y un chupe- —Y, ¿Cómo estás? Pregunté con amabilidad.
tín en su mano izquierda. Apoyada en la bicicleta y
esperando que salga. Daniela estaba concentrada en la decoración.
Contemplaba cada espacio de mi cuarto, miraba
Enseguida, abrí la ventana y del modo más fres- las paredes asombrada, curioseaba con sus ojos en
co le dije: Hola Daniela, ahí bajo. cada rincón, seguramente tendría muchas cosas
que preguntar y antes de contestar a mi interro-
Sonrió y dijo: Esta bien, te espero. gante rutinaria me hizo la pregunta: ¿Cuánto tiem-
Abrí la puerta y la invité a pasar. Cogí su bicicle- po te tardaste en decorar todo?
ta y la ayudé a meterla. —Alrededor de dos años.
Mi mamá no estaba, había ido al mercado a com- Miré gran parte de la habitación y acoté: Los
prar los productos para el almuerzo y mis herma- pósteres de Dragón Ball Z los compré hace años. Lo
nos seguían durmiendo. Estaba con suerte. demás lo he ido colocando paso a paso. A veces he
— ¿Estas solo? Preguntó. estado aburrido y he empezado a decorar.

Y le conté lo antes mencionado. Daniela seguía mirando las paredes. Asintió con
la cabeza al escucharme y añadió: Se nota que te
Asintió con la cabeza y subió detrás de mí. gusta Goku y el fútbol.
A medio camino se encontró con la perrita, quien Lo máximo que tengo pegado en mi cuarto son
como de costumbre empezó a ladrar; pero inmedia- algunos afiches de mis cantantes favoritos, no más.
tamente se echó panza arriba para ser acariciada. Tú tienes todo repleto.
Daniela lo hizo y fue una imagen tierna.
Reí por causa de ese último comentario.
—Es hermosa, dijo con una dulce sonrisa.
—Me encanta Dragón Ball Z. Siempre he visto
—Sí que lo es, añadí de la misma manera. y estoy seguro que si alguna vez llego a tener hijos
Pinina se marchó de regreso a su cama y Danie- voy a hacerles ver las hazañas de Goku.
la entró a mi cuarto. Daniela soltó una risotada.
Dejé la puerta junta para que no se sintiera in-

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— ¡Estás loco! Dijo al rato. era. Yo había dibujado una puerta detrás de donde
me encontraba. Lo hice tiempo atrás en un momen-
—Son gustos pues, Daniela. to de ocio.
—Claro; pero ya te excedes, dijo y continuó mi- — ¡Sí!
rando el cuarto.
Me levanté de la silla para que pudiera visuali-
Tenía mucha confianza. Se levantó del lugar y zarla en toda su dimensión.
comenzó una breve travesía por toda la habitación.
Ya no solo miraba, también tocaba e investigaba. Quedó anonadada. Fue lo que más la sorprendió.
La miraba desde mi posición, me gustaba que —También me gustan tus estrellas. Dan ganas
fuera curiosa, que le agrade observar los detalles, de quedarse a observarlas, añadió al rato.
como el hecho de notar que la mayoría de los pelu-
ches que tengo (algunos regalos) son de animales. —Eres muy creativo, dijo después.
Le gustó que todavía conserve algunos de mis mu- Le sonreí y acoté: A veces entro ahí para ir en
ñecos de infancia; pero le preocupó si aún jugase busca de inspiración.
con ellos. Le dije que sí para asustarla; sin embar-
go, enseguida lo negué junto a una risa. Vio otra —Realmente estás loco, dijo enseguida.
buena cantidad de afiches, fotografías, figuras de Y ambos soltamos una risotada.
acción del mismo anime y muchas otras curiosida-
des. —Nunca creí entrar a una habitación tan…
—Es un cuarto muy singular. Eres único, dijo — ¿Original? Interrumpí.
después.
—Sí. Y también increíble.
Me sentí muy halagado. Siempre me ha gustado
Me encantaron ambos adjetivos.
ser distinto e original.
—Muchas gracias, Daniela. Ahora conoces algo
Agradecí su comentario y ella siguió observan-
más de mí, me encanta decorar.
do. Veía el techo y contemplaba mi nombre de co-
lores, tocaba las estrellas de cartón que de noche —Se nota, se nota, dijo volviendo a mirar todo.
brillaban y se probó un par de sombreros que tenía.
Cuando se cansó de indagar volvió a su asiento y —Deberías de sacarle fotos a tu cuarto y subir-
preguntó: ¿Esa es una puerta? Efectivamente lo las en Facebook, comentó.

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No es mala idea, pensé. Giré el cuello y la tuve demasiado cerca, tal vez
nunca antes haya estado tan cerca a mí. Sus ojos
—Suena genial, eh, le dije. eran pardos y preciosos; pero no se lo dije. Sonreí-
—Y hablando de eso, ¿tienes Facebook? mos y la vi volver a su lugar.

—Claro, ¿no me has agregado aún? — ¿Quieres que ponga algo de música?

—No, le dije. Y al instante abrí el Facebook. Asintió con la cabeza.

— ¿Con qué nombre te busco? Para sorprenderla sintonicé “La fuerza del cora-
zón” de Alejandro Sanz.
Me lo dijo y la hallé. La agregué y comencé a
curiosear en su perfil. No tenía intenciones de darle una atmósfera ro-
mántica al momento, tampoco fue una indirecta
—Lo acabo de actualizar, he subido fotos y de- que quizá podría iniciar un análisis dentro de su
más. mente, lo que hice fue tan espontáneo como decirle:
Le dije que me gustaba su nueva foto de perfil. Me encanta esa canción.
Se veía tierna junto a su mascota, estaban abra- —A mí también y lo sabes.
zados y curiosamente, mirando a la cámara. Ella
con una sonrisa reluciente y el perro seguramente Sonrió, se frotó las manos muy lentamente como
alegre por tenerla cerca. calmando los nervios y enseguida juntó sus dedos
mirando hacia arriba.
Agradeció el comentario y pidió que comentara.
Lo hice enseguida y luego continué observando sus Empecé a tararear la canción. No quería cantar
fotos. porque pensé verme ridículo; pero las ganas me
ganaron y solté algunas estrofas. Daniela se entu-
Daniela se levantó y se acercó colocando su cuer- siasmó con la canción o al escucharme y comenzó a
po sobre mi hombro. Olía su perfume y me encanta- acompañarme con la letra.
ba. Cuando dijo que siguiera viendo su álbum sentí
un aroma delicioso salir de sus labios. Comenté sus La canción seguía sonando y continuábamos
nuevas fotos como creí que fuera agradable y seguí cantando. Cada vez lo hacíamos con más euforia.
viendo su Facebook teniéndola respirando detrás. Ella cantaba mucho mejor que yo, además, tenía
una voz muy tierna.
Cuando cerré mi cuenta, le dije: Entonces, me
aceptas pues. Daniela dejó los aparentes nervios e hizo un mi-

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cro con su mano, yo no hice lo mismo; pero me acer- Era probable que abriéramos los ojos y nos sin-
qué a su lado para seguir cantando. tiéramos confundidos o peor aún, avergonzados.
Lo hacía horroroso; pero al cantar junto a ella y Era posible que saliera corriendo de mi habita-
sentir la letra, muchas sensaciones estremecieron ción, cogiera su bicicleta y no se detuviera hasta
mi cuerpo, haciéndome sentir fantástico. llegar a casa y yo me quedara como un tonto senta-
do donde estaba.
Ella se divertía bastante, me entregó el supues-
to micro y luego de una sonrisa canté en su mano No obstante, nuestra primera reacción fue suje-
hecha puño provocando su risa. tarnos de la mano y sonreír.
La canción terminó y quise ponerla de nuevo. Entonces entendí que algo precioso podría ini-
Aceptó gustosa y aplaudiendo, haciendo lucir una ciar.
imagen de niña tierna, entonces volví a sintonizar-
la. Fue bonito el momento en el que nos sujetamos
de la mano. Pienso que fue instintivo, un acto na-
Esta vez, no cantamos, porque nos acomodamos tural de nuestro corazón. Ambos queríamos que no
al filo de la cama para deleitarnos con la música, fuera solo un beso.
tarareando por momentos y moviendo la cabeza.
No soltábamos nuestras manos; pero tampoco
De repente, nos miramos, sonreímos y lenta- nos mirábamos. Nos sentíamos ligeramente aver-
mente nos fuimos acercando y mientras lo hacía- gonzados; aunque nos gustaba tener nuestras ma-
mos cerrábamos los ojos, tal vez, al mismo tiempo. nos unidas.
Nuestros labios convergieron y todo lo que sentí Me acerqué lentamente y le di un beso en la me-
fue difícil de expresar. Era un conjunto de senti- jilla. La sentí tibia, no dijo palabra alguna y sonrió
mientos y emociones desconocidas. No creí sentir- tímidamente.
me tan cómodo con alguien y jamás imaginé besar-
me con alguien menor a mí. De repente dejó de ver hacia adelante y me miró,
hice lo mismo al instante y ambos, por causa na-
El palpar sus dóciles labios fue maravilloso. El tural, enfocamos nuestros ojos en las manos uni-
beso habrá durado segundos; pero parecían años. das. Nos dio cierta gracia; pero a la vez ternura.
No lograba descifrar lo que sentí; pero confirmé Sabíamos que algo andaba sucediendo dentro de
para mis adentros que Daniela me gustaba y si nuestros corazones; pero todavía no sabíamos cómo
había correspondido el beso, seguramente, yo tam- definirlo.
bién a ella.

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Sorprendentemente se dejó caer sobre mi regazo primera vez y en ese instante comencé a entender-
y se quedó ahí durante un tiempo. Callados, mi- lo mejor.
rando hacia adelante o arriba, perfumándonos con
nuestros respectivos aromas y pensando en cómo Ahora estaba seguro que me gustaba y se lo es-
descifrar lo que sucedió, en cómo expresar lo que taba haciendo saber.
sentíamos estando juntos. Me vio con esos pardos que brillan con intensi-
—Creo ya me tengo que ir, dijo después de un dad y sonrió, tal vez por nerviosa, quizá por cos-
tiempo. tumbre; pero sonrió y me encantó.

Se reincorporó, soltamos nuestras manos y casi Se acercó rápidamente y me besó.


al mismo instante abrimos los brazos. Dio evidencia de su magnífica actitud. No tuvo
—La hemos pasado genial, le dije. que decírmelo para hacérmelo saber. Bastaba con
ese comportamiento.
Sonrió y contestó con un firme: Sí.
Como me encanta, pensé. Siempre me han gus-
Estábamos frente a frente, luego de aquel es- tado las mujeres con actitud.
tiramiento de brazos, de mirar el techo y sonreír
instintivamente, nos abrazamos en aparente señal Le sujeté la mano y mirándola fijamente le pre-
de despedida; pero terminado el mismo, nos dimos gunté: ¿Quieres ser mi enamorada?
otro beso. Se asombró; pero la sonrisa le ganó a la sorpre-
—Me gustas, le dije enseguida. sa. Todavía manteníamos las manos juntas y casi
enseguida respondió: Sí.
Se ruborizó. Jugó a entrelazar sus dedos y miró
hacia abajo para luego mostrarme una sonrisa, la Nos volvimos a besar al instante, manteniendo
misma que me fascinaba. nuestras manos juntas y aclarando lo que íbamos
sintiendo.
La cogí del mentón y se lo repetí: Me gustas mu-
cho, Daniela. Todo era muy sublime y a la vez honesto.

Lo había comprendido en el momento que estu- Lo que sentíamos era una fuerte atracción físi-
vo cobijada sobre mi regazo, cuando iba sintiendo ca y también sentimental porque después del beso
su aroma, cuando acariciaba su cabello tan suave- intercambiamos un te quiero.
mente que ni lo sentía. Lo supe cuando la besé por Mis hermanos estaban despiertos cuando des-

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cendimos por las escaleras. Empezamos a oír la reír ni de reír, escuchaba canciones románticas y
música que provenía del tercer piso cuando la ayu- las cantaba con mayor intensidad.
daba a sacar su bicicleta.
Al rato bajaron mis hermanos y uno de ellos rea-
En ese momento se detuvo y preguntó: ¿Qué fe- lizó bromas por mi forma de cantar, reí por el co-
cha es hoy? mentario y los acompañé con el desayuno. Mi vieja
apareció minutos después trayendo unos deliciosos
—Pues, 07 de Abril. emparedados y comentando entre sonrisas que co-
—Entonces cada 07 de Abril celebraremos nues- mida cocinaría.
tro aniversario. No encontré a Daniela en el MSN durante lo que
Fue lindo e inesperado que lo dijera, no acostum- quedaba de mañana y gran parte de la tarde, se me
bro a celebrar aniversarios cada mes; sin embargo, hizo extraño; pero no quise angustiarme ni andar
cuando lo dijo sentí que comenzaría a realizarlo. pensando cosas negativas, solo pensé en que tal vez
estaría haciendo alguna actividad.
Salimos y nos despedimos con un pequeño y tier-
no beso. La vi en línea por la noche, al instante le envié
un emoticón de corazón acompañado de un saludo.
Entré y subí las escaleras rápidamente, abrí la
ventana y la vi partir manejando su bicicleta con —Hola precioso, escribió.
bastante calma, me pareció agradable que fuera —Preciosa, ¿qué tal?
tan cuidadosa.
Agregamos mutuamente emoticones de corazo-
Volví a mi habitación y sintonicé de nuevo la nes y besos.
misma canción, la escuché con una sonrisa en el
rostro, una sonrisa que podría evidenciar el inicio —Hoy fue bonito, escribí.
de un enamoramiento.
—Sí, muy bonito, respondió y agregó emoticones
Daniela me gustaba, no podía negarlo, era una de corazones.
mujer maravillosa, con un encanto natural y una
personalidad increíble. Su actitud era lo que más —Oye, antes de seguir conversando quiero de-
me fascinaba y en conjunto hacia nacer en mí sen- cirte algo que no pude decirte en persona, escribió.
timientos que creí no volver a sentir. Me sorprendí. Y le dije: Dale, dime.
Estaba contento por el inicio, no dejaba de son- —Me gustas mucho, me has gustado desde que

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te vi por primera vez jugando pelota y estuviste a Yo no estoy dispuesto a realizar algo que te hicie-
punto o anotaste un buen gol. ra daño. Me gustas mucho y deseo poder expresar
eso que me haces sentir.
No recordaba ese momento; pero me pareció bo-
nito leerlo. Además, al igual que tú espero empezar esta re-
lación de la mejor manera, sincerarnos siempre y
—Entonces, quise saber de ti y conocerte mejor. no parar de demostrar lo que iremos sintiendo, que
Le pregunté a Mariana sobre ti y como sabes me seguramente poco a poco se irá incrementando.
convertí en la amiga misteriosa, hasta el momento
en que fui a visitarte con Kelly y volví a tu casa Eso es lo mágico y bonito.
días después. Y lo que siguió fue ese beso. Créeme,
fue grandioso. —Lo que pasa es que salí con algunos chicos du-
rante mi etapa de colegio y fueron muy estúpidos.
Sus palabras mostraban seriedad, eso me gus- Me ilusioné y luego terminé decepcionada. Solo
taba. La forma como lo había planeado y como lo pensaban en divertirse y muchas veces se suelen
contaba, me agradaba. dejar llevar por lo que piensan o hacen sus amigos.
Me revienta eso; pero tú eres mayor y seguramente
—Me dijiste para ser enamorados y estoy feliz eres distinto.
por eso; pero quiero que sepas que no estoy dis-
puesta a que me hagan daño. Puedo ser menor que —Te entiendo, preciosa. Como te dije antes, a
tú, puedes tener cierta experiencia amorosa; pero esa edad los hombres suelen ser muy tontos.
eso no quiere decir que sea una chica inmadura o
ingenua, se lo que quiero y lo que siento, quiero —No cabe duda, añadió enseguida.
estar contigo y espero que todo sea honesto y pre- —Bueno, ahora estás conmigo y esta es una re-
cioso. lación seria. Hemos iniciado bien y vamos a hacer
Nunca antes me habían hablado con tanta ho- que todo siempre ande de lo mejor.
nestidad. Sus palabras reflejaban madurez y se- —Te quiero mucho, Daniela. No te voy a hacer
guridad. Está demás decir que me encantaba esa daño y solo te voy a regalar sonrisas, añadí ense-
actitud. guida.
—Daniela, me parece increíble todo lo que dices. — ¡Qué lindo! Yo también te quiero mucho.
Estoy completamente de acuerdo contigo. Pienso
que a tu edad son contadas las chicas que piensan En mi etapa de colegio no conocí a una chica que
como tú. pensara como ella. Tampoco durante algunas rela-

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ciones que tuve y creí ser serias. Siempre existió llegó todo se disipó y me detuve un instante para
esa inmadurez emocional al no saber lo que sen- contemplarla desde la ventana. Enseguida, descen-
tían, esa confusión de sentimientos y esa absurda dí para abrirle la puerta, lo hice lentamente para
manera de mentir cuando es tan sencillo decir la que nadie se despertara, incluyendo a la mascota.
verdad.
—Hola, le dije.
Daniela lo hacía con espontaneidad, era honesta
por naturaleza. Estaba divina. Con esa melena ondulada que
siempre andaba libre y reluciente, el pardo de sus
Su nivel de madurez, a pesar de su edad, era ojos brillaba con intensidad y sus labios deliciosos
alucinante. como los probé la última vez.
Me encantaba y estaba dispuesto a valorarlo y Le di un beso y la ayudé a entrar. Cogí su bi-
disfrutarlo. cicleta mientras se acercaba a la cocina en busca
de agua. No tuvo que mencionármelo, simplemente
— ¿Cuándo te vuelvo a ver, preciosa? Le dije y cogió un vaso y se sirvió agua. Me encantaba que
agregué enseguida: Que ya empiezo a extrañarte. tuviera esa confianza.
—Y yo también te extraño a ti, precioso. Quiero Dejé su bici a un lado y le dije para subir. Asintió
que me des otro beso. con la cabeza y subimos juntos.
—Cuando te vuelva a ver te voy a dar muchos Arriba nos abrazamos de inmediato. Fue un
besos, escribí agregando emoticones de besos. abrazo que demostró la falta que nos habíamos he-
Daniela me ganó y añadió muchos más emotico- cho durante los últimos días.
nes de besos. —Te he extrañado, le susurré al oído mientras
Volvimos a vernos una semana después. Nueva- la abrazaba.
mente en mi casa, dijo que llegaría al medio día; Me abrazó con mayor efusividad.
pero lo hizo treinta minutos después. La demora
se hizo irrelevante cuando la vi desde la ventana —Yo también te he extrañado, dijo al rato.
descendiendo de la bicicleta como lo había hecho
días antes. Nos separamos, nos miramos y sonreímos.

Me desesperé por su demora, estuve ansioso por —Y dime, ¿cómo has estado?
verla y no dejaba de observar el reloj; pero cuando Por más que siempre se lo pregunte por MSN

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era necesario realizarlo en persona. gracioso porque yo también hubiera hecho lo mis-
mo.
—Bien, ando muy bien, respondió con calidez.
También me comentó acerca de su mascota con
Siempre decía que andaba bien y su sonrisa lo quien cada vez que sale a pasear suele realizar des-
demostraba. trozos en el jardín. Eso me lo había contado por el
— ¿Y tú qué tal? MSN y fue chistoso que lo hiciera de nuevo.

—Tranquilo. Estaba esperándote, le contesté y Habló sobre sus amigas del colegio, Johana,
la vi ruborizarse seguramente por la demora. Claudia, Carla y las veces que acordaban verse
para salir a pasear; pero que nunca se realizaban.
—No pude salir más temprano, dijo enseguida. Daniela siempre decía que es mejor no hacer pla-
—Descuida. Ya estás aquí y eso importa, le dije nes, porque nunca salen. Lo mejor es improvisar.
y volvimos a abrazarnos. Cuando me lo dijo añadió una experiencia. Dijo
Enseguida, nos sentamos al filo de la cama y nos que repentinamente fue a visitar a su prima, que
sujetamos de la mano. Intercambiamos miradas y casualmente vive cerca y fueron a tomar helados.
comenzamos a platicar. La pasamos mostro porque salió de la nada, agregó.

Hablamos acerca de las actividades realizadas —Estoy de acuerdo con la idea de improvisar;
durante el tiempo que estuvimos distanciados y de sin embargo, a veces es bueno hacer planes, traté
lo que generalmente hacemos cuando no estamos de agregar dando mi opinión.
conectados en el MSN. —No. En mi corta experiencia siempre que hago
Me contó que junto a Kelly y otra amiga fueron planes nunca funcionan y no solo con mis amigas.
a buscar academias pre universitarias para así Por eso prefiero improvisar o no esperar nada y que
prepararse para el examen de admisión de alguna ocurra de repente.
universidad. Debió tener algunas experiencias negativas
Le dije que me parecía genial la idea y que debe- acerca de realizar planes para pensar de ese modo,
ría de matricularse lo antes posible para no andar creí un momento. Pero luego entendí que era parte
perdiendo tiempo. de su personalidad y me agradó su idea.

Asintió con la cabeza y añadió que lo haría en la —Entonces, mientras estemos juntos vamos a
misma academia que sus amigas. Eso me pareció improvisar, le dije de un modo agradable y sonrien-
do.

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— ¡Esa es la idea! Dijo enseñándome el pulgar —Amo el sol, dije.
levantado.
—A mí la lluvia, respondió.
Me pareció muy gracioso ese gesto.
—Pero; me agradan los besos bajo la lluvia,
Me siguió contando sobre lo que hacía diaria- agregué.
mente. Despertarse temprano para sacar al pe-
rro a pasear, ser parte de sus destrozos, regresar —A mí también. Siempre ocurren en las teleno-
a casa y bañarse; ver televisión, generalmente lo velas y se ve muy sweet, dijo e hizo mueca de ima-
que encuentre (películas, telenovelas, series) y más ginarlo, con una sonrisa y los ojos brillosos.
tarde visitar a alguna amiga, siempre de manera Pensé que tal vez nunca habría tenido uno, yo
repentina y por supuesto, en todo momento, a cada tampoco. Posiblemente el hecho de besarnos algu-
instante y mientras esté realizando cualquier ac- na vez bajo la lluvia podía contar como algo en co-
tividad, siempre anda conectada al MSN desde su mún.
computadora personal ubicada en el escritorio de
su habitación. Nos quedamos pensando un par de minutos, de
repente, en la siguiente interrogante.
Eso teníamos en común, se lo hice saber. Al ins-
tante asintió con la cabeza y afirmó: ¡Lo sabía! — ¡Ya se! A ambos nos gusta ir al cine. ¿Te gusta
el cine, no?
Sonreímos instintivamente, el saber que tenía-
mos algo en común resultaba muy agradable. —Claro que me gusta.

— ¿Qué otra cosa tenemos en común? Quiso sa- —Podríamos ir alguna vez, ¿qué te parece? Aña-
ber Daniela. dí.

—Que nos gusta Alejandro Sanz, dije emociona- —No es mala idea. ¿Qué películas te gustan?
do. —Prefiero de terror; aunque también me gustan
—Bueno, a ti solo unas canciones y a mi todas; de acción, comedia y animadas. Es irónico que no
pero, igual cuenta, añadí. haya visto muchas películas románticas.

Asintió con la cabeza y miró al techo frotándose —Me fascinan las de terror y obviamente las
el mentón. románticas, más que todo porque siempre tienen
finales felices. Hay que ver una ahora, ¿Qué dices?
— ¿Prefieres el sol o la lluvia? Preguntó de re-
pente.

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Le gustaba escuchar rock, no tanto las baladas; —A mí también me gusta la Coca Cola helada,
pero disfrutaba de las películas románticas, era le dije. Y sonreímos enseguida al tener algo más en
una curiosa particularidad. común.
—Ya pues, es una buena idea, dije entusiasma- Volví con dos vasos llenos de Coca Cola recién sa-
do. cada del refrigerador. Le entregué y de inmediato
lo bebió. Estaba sedienta, hice lo mismo enseguida
— ¿Tienes alguna que no hayas visto? y comenzamos a ver la película.
—Déjame ver, le dije. Me gustó que me cogiera la mano y recostara su
Me acerqué al lugar donde guardaba las pelícu- cabeza sobre mi hombro. Sonreí y le acaricié el ca-
las y comencé a buscar alguna que recién acababa bello.
de comprar. Daniela se acercó y me ayudó a esco- Dejamos nuestras bebidas a un lado. La abracé
ger. por encima del hombro y nos concentramos en el
— ¿Has visto todas? terror que yacía en la película.

—Sí. Está es buena, le dije mostrándole una pe- En algunas escenas escondía sus ojos y me pre-
lícula. guntaba por lo que andaba sucediendo. Le contaba
y luego miraba más calmada.
—Ya la vi, es buenaza.
Le gustan las películas de terror; aunque suele
Encontramos una que ninguno de los dos había ser miedosa.
visto. La compré hace un par de días y la dejé para
más tarde. La siguiente escena fue aterradora, no tuvo
tiempo de taparse los ojos, entonces pegó un grito y
Volvimos a nuestros lugares, ella se quedó sen- enseguida se cubrió la boca.
tada mientras que yo colocaba el DVD.
Le preocupó que alguno de mis hermanos haya
— ¿Quieres algo para tomar?, ¿Refresco, gaseo- escuchado y bajara a inspeccionar; pero nadie dijo
sa, agua? Le ofrecí luego de conectar todo. nada. Ellos suelen dormir como piedras, le comenté
— ¿Tienes Coca Cola? y comenzó a reír.

—Obvio, le dije. La película se puso interesante, trataba sobre


actos paranormales en una casa desolada. Daba
—Bien helada, me encanta tomarla heladita y miedo, lo admito; pero Daniela lo sentía todavía
más con este calor.
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más. Se refugiaba en mis brazos cada vez que pre- — ¿Ya ves?
sentía que algo sucedería; pero yo le decía que no
pasaría nada, en realidad le mentía, porque si ocu- Asintió con la cabeza. Me cogió de las mejillas y
rriría algo, quería que lo viera y tuviera una gra- me dio un beso.
ciosa impresión de susto. —Te voy a extrañar, precioso.
Eres malvado, decía; pero le daba un beso en la —Y yo a ti. Coordinamos para volver a vernos.
mejilla y todo se apaciguaba.
—Claro, siempre podemos hablar por MSN.
Terminada la película estiramos los brazos y las
piernas y nos dimos un abrazo previo a la despe- —Excelente, te encuentro por la noche.
dida. Nos besamos luego de mirarnos fijamente y Nos abrazamos y nos tambaleamos lentamente,
repetimos casi al mismo tiempo, te quiero. fue gracioso. Le di un beso y descendimos juntos
En ese momento se abrió la puerta de la casa. las escaleras.

— ¿Es tu mamá? —Hijito, ¿vas a almorzar? Dijo mi madre de un


modo muy cariñoso.
—Sí, acaba de llegar del mercado.
— ¿Hijito? Dijo Daniela y quiso soltar una riso-
— ¡Qué vergüenza! No voy a bajar, ¿qué le voy tada.
a decir?
—Tremendo grandote, añadió enseguida.
—Tranquila, eres una chica con mucha actitud,
no te avergüences por una tontería. Solo bajas y —Sí, tengo hambre, le dije poco antes de tocar
saludas, tan simple como eso. piso.

Se calmó un poco. Respiró y dijo: Nunca antes —Te presento a Daniela, le dije señalándola su-
he conocido a la mamá de un enamorado. Esa es la tilmente.
razón. —Buenos días o buenas tardes, señora, dijo ella
—Siempre hay una primera vez. Tranquila, mi tímidamente y riendo con la confusión.
vieja es bacán. Te va a saludar de un modo gentil. —Hola Daniela, un gusto, respondió mi vieja con
—Bueno, está bien. Además, Mariana y Alondra una sonrisa.
me dijeron lo mismo. Siempre dicen que tu mami —Linda, ¿Quieres almorzar con nosotros? Dijo
es linda y amable. mi vieja sonriendo.

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—Claro, muchas gracias. Ninguno de mis hermanos bajó, por más que mi
vieja los llamó decidieron comer más tarde.
Daniela, menos avergonzada se sentó sobre una
de las sillas y me acomodé a su lado. Ellos suelen levantarse al medio día, tomar de-
sayuno a esa hora y almorzar a las tres y media, co-
—Que agradable es tu mamá. Hasta me dijo lin- mentó. Daniela se sintió asombrada; pero a la vez
da. sintió la gracia en el comentario.
—Lo eres, le dije y nos dimos un pequeño beso. Mi mamá siempre se expresa con gracia, sus co-
—Cuéntame Daniela, ¿por dónde vives? Pregun- mentarios o relatos nunca dejan de llevar esa do-
tó mi mamá. sis de humor. También suelen ser exagerados. De
igual modo resultan graciosos.
Daniela relató donde específicamente vivía.
Cuando terminamos de almorzar, Daniela agra-
Mi madre asintió con la cabeza y comenzó a ser- deció la comida y nos sentamos un rato sobre el
vir la comida. mueble de la sala, queríamos descansar y reposar
— ¿Te gusta el Lomo salteado? un rato.

—A mí me encanta, interrumpí. Me sorprendió para bien que Daniela no esté


apurada. Se sentía cómoda conversando con mi
—Claro, si es tu comida favorita, dijo Daniela. madre y eso me gustaba mucho.
Mi vieja nos miró y sonrió. Sabía que algo pasa- De repente recibió una llamada y se levantó
ba entre nosotros. para contestar. Al regresar me comentó que era su
mamá quien le preguntó por su paradero.
—Sí señora, me gusta.
Daniela le dijo que estaba con Kelly y que aca-
—Qué bueno, espero que te guste mi sazón.
baban de almorzar. Añadió que iba camino a casa.
Daniela sonrió y yo añadí: Te va a gustar, mi vie-
¿Su mamá no sabe que tiene enamorado? Pensé
ja cocina rico.
un instante. Pero luego entendí que teníamos sa-
Empezamos a comer. Mi mamá realizaba pre- liendo un par de semanas y que de repente alguna
guntas para conocer a Daniela, quien contestaba vez se lo diría. No le di mucha importancia.
de igual manera. Sentí que se llevaban bien y eso
Para entonces mi mamá estaba en la cocina sir-
era estupendo.
viéndose un vaso de gaseosa y acomodando los pla-

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tos para empezar a lavarlos. Daniela quiso ayudar; —So very cute.
pero mi vieja le dijo que no se preocupara.
Yo no sabía inglés; pero tampoco quería pasar
Se despidieron con un beso en la mejilla cuando vergüenza preguntando qué significaba esa frase.
ella comentó que debía de volver a casa. La busqué en Google y respondí.
—Ven cuando gustes, esta es tu casa, dijo mi —Sí, es bonito que se lleven bien. Enseguida,
madre. conducido por una fuerte sensación de ausencia,
agregué: ¿Cuándo te vuelvo a ver?
Daniela sonrió.
—No lo sé, dijo y añadió un emoticón de cara
—Cuídala, eh. Es una linda chica, añadió ense- triste.
guida.
No respondí. Leí y me fui a beber agua.
Era obvio que lo sabía. Todas las mamás lo sa-
ben. Me sentí fastidiado. Al volver vi que escribió.
Salimos de mi casa y conversamos sobre ese úl- —Sabes que me encanta improvisar. Le agregó
timo comentario y lo bien que la habíamos pasado. muchos emoticones haciendo efusiva la frase.
La acompañé a una esquina y la dejé partir ma- Lo había olvidado, pensé.
nejando su bicicleta luego de darle un beso.
—Está bien. A partir de hora no te voy a pregun-
Por la noche nos encontramos en el MSN. Era la tar cuando nos veremos, solo se dará.
primera vez que colocaba su foto en el display, le
dije que me la enviara y pude tenerla en mi com- —Tampoco seas tan serio, dijo enseguida.
putadora. Además, mandó la foto que me sacó la Escribí risas.
primera vez que la vi y comenzamos a recordar el
momento. —No, no es eso. Es solo que me sentí algo incó-
modo porque tenía ganas de verte y saber cuándo
Cuando chateamos suele agregar un centenar se daría. Pero ahora recuerdo que prefieres impro-
de emoticones, a diferencia de mí que suelo usar visar y entonces, esperaré a que suceda.
algunos.
Cuando terminé de escribir sentí que realmente
—Oye que linda es tu mami. Me cae muy bien. me hacía falta y que por ello llegué a comportarme
—Ella suele ser muy amable. Parece que tam- de ese modo, expresando una leve inconformidad.
bién le agradas.
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— ¡Qué lindo! Yo también te extraño, precioso. —Sorprendentemente, sí, escribí y añadí risas.
A pesar que te haya visto hoy por la tarde me ha-
ces mucha falta. Quiero que vuelvas a abrazarme y —Escribió dos líneas de risas y también lo si-
beses muchas veces. guiente: Entonces, voy a tu casa.

—Te voy a dar todos los besos y abrazos que gus- —Ya pues, bacán. Te espero.
tes, Daniela bonita. —Genial. Te quiero.
Continuamos charlando hasta superar la media —Y yo a ti, preciosa.
noche.
Pasaron quince minutos y recibí otro mensaje.
Después de las doce solía entrarle sueño, a veces
tardaba en responder y comentaba que iría a dor- —Estoy afuera.
mir, que de quedarse podría dormirse en el escrito- Me levanté de la cama, lavé el rostro y bajé, todo
rio. Me daba gracia ese comentario y le decía que tan veloz como pude.
se vaya a la cama.
— ¡Maldición! Esta con llave la reja, pensé a me-
Yo hacía lo mismo al rato. Sin Daniela el MSN dio camino.
era aburrido. Desde que andábamos juntos se vol-
vió mi contacto favorito. Chateamos tanto como po- Volví y descendí nuevamente.
díamos y siempre era todo muy ameno.
—Buenos días, precioso, dijo al verme.
Dos días después, desperté temprano sin saber
—Buenos días, linda; dije, y le di un abrazo lue-
el motivo. Abrí los ojos y ya no pude seguir dur-
go de abrir la reja.
miendo. El celular marcaba las nueve.
Estaba contenta, no dejaba de sonreír. Entró y
Mis hermanos, la perrita y mi vieja estaban dur-
antes de subir a mi habitación, en el pasadizo que
miendo. Resolví encender la televisión y ver las no-
conlleva a la escalera me sujetó de las mejillas y
ticias.
acercó mis labios a su boca. Siempre me gustó que
De repente sonó el celular en señal de mensaje. hiciera eso, nunca aprendí a esperármelo. Ese era
Estiré la mano y lo cogí. Daniela me había enviado su encanto.
un mensaje.
Cuando llegamos al segundo piso me dijo que
—Precioso, ¿estás despierto? iría al baño. La esperé recostado en el marco de la
puerta. Al salir sonrió e hizo como si caminara sigi-
losamente, lo cual me hizo reír un rato.
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—No te preocupes, todavía siguen en media no- Cuando la besé por primera vez sabía que no po-
che. dría dejar de hacerlo.
Sonrió y entró. Se sentó al filo de la cama y pidió Caímos de espalda hacia la cama, reímos un ins-
que me acomodara a su lado. tante y nos seguimos besando de una forma muy
entusiasta.
Recostó su cabeza sobre mi hombro y la cubrí
con mi brazo. Alejamos nuestros labios y nos miramos fija-
mente. Acaricié su rostro y le dije que era hermosa,
—Extrañaba esto, dijo con voz tenue. sonrió y me dijo te quiero.
—Yo también, le dije al instante. —Te quiero, le respondí al instante y también
Y nos quedamos en silencio. sonreí.

Solo se oía el canto de los grillos del jardín veci- Nos reincorporamos, resolví encender la televi-
no y a veces el ladrido de Pinina, quien reaccionaba sión y que eligiera que ver.
al escuchar a los grillos. — ¿Tienes agua?
Algún tiempo después, le propuse reproducir —Claro, ahora te traigo.
algo de música. Aceptó gustosa con la condición de
volver a su lado. Lo hice enseguida. Cuando regresé con el agua vi que había sintoni-
zado un canal de dibujos animados. Me sorprendió.
Se escuchaba “Si tú me miras” de Alejandro Sanz
y volvimos a estar en la posición anterior, solo que — ¿Dibujitos?
esta vez la acerqué un poco más para cantarle una
estrofa al oído. —Me encanta este canal, siempre lo sintonizo a
esta hora.
—Se me eriza la piel, dijo luego de escucharme.
Entendí que a pesar de sus actitudes maduras,
Sonreí y le di un beso en la mejilla. Dejé que todavía llevaba consigo una parte de niña.
la música siguiera su curso y las demás canciones
se sigan escuchando mientras que nos besábamos. Le entregué el vaso con agua y le dije: Ahora te-
Ese beso en la mejilla hizo que girara el cuello y me nemos algo más en común.
encontrara con sus labios, me encantaban. Besarla —No me digas que también ves este canal.
me fascinaba, tenía los labios suaves y adictivos.
—No, tonta. Yo me levanto al medio día, reí
cuando dije eso.
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—Lo que quiero decir es que a mí también me —Claro, es bacán. Es muy gracioso.
gustan los dibujos. Bueno; los animes, Dragon Ball
Z, por ejemplo. También Los Caballeros del zodiaco —A mí también me gusta. Tenemos otra cosa en
y Supercampeones. común, dijo entusiasmada.

— ¡Qué genial! Además, se nota, dijo y bebió Lastimosamente el programa estaba a medio
agua. capitulo. Cuando terminó me dijo que debía partir
porque le comentó a su mamá que saldría un rato a
Empezamos a ver los dibujos animados. A ella le la casa de Kelly y regresaría enseguida.
encantaban, se sabía todos los nombres y reía de
las ocurrencias de los personajes. Habíamos estado juntos alrededor de una hora.
Lamentamos el hecho de su partida; pero era en-
A mí no me gustaba. Durante mi infancia vi al- tendible.
gunos dibujos en el canal Nickelodeon; pero ahora
ya no los transmitían. Quise preguntarle por qué no le habría dicho que
tenía enamorado; pensaba que sería más sencillo
¡Esos sí eran buenos dibujos! Pensaba mientras si le dijera, entonces su madre sabría dónde anda.
intentaba encontrarle el sentido gracioso a lo que Pero dejé la pregunta para más adelante.
Daniela observaba atenta y sonriente por momen-
tos. La acompañé a la puerta y nos despedimos con
un abrazo.
No lo encontré; pero no me importó. Yo estaba
encantado porque la veía sonreír y soltar risota- ¿Por qué no le dice que tiene enamorado? Po-
das que enseguida eran tapadas por la palma de dríamos pasar más tiempo juntos, pensé al despe-
su mano, al tiempo que elevaba sus cejas y seguía dirnos.
riéndose detrás de la palma preocupándose por si Pero al ser una persona a quien no le gusta pre-
alguien hubiera escuchado. sionar y mucho menos entrometerse en la vida de
Cuando terminaron los dibujos animados inició los demás —me agrada que me cuenten, compar-
una breve búsqueda de otro programa entretenido tan, porque aprecio escuchar—, no quise preguntar
y se detuvo en un canal mexicano. hasta que me lo llegue a comentar.

— ¡Deja ahí, están dando “el chavo”! Dije impe- Por la noche nos encontramos en el MSN. Nos
riosamente. saludamos e intercambiamos anécdotas realizadas
durante la tarde. Me contó que estaba viendo te-
— ¿Te gusta “El chavo del 8”? levisión y fue interrumpida por su amiga Johana,

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quien le dijo para salir al parque a pasear a los futboleras, mi experiencia en algunos equipos y
perros. No era su turno de pasear al can, le tocaba describiendo muchos partidos en el barrio; pero no
a su hermano; sin embargo, salió a caminar junto a quería enviarle eso, tal vez no lo vería como yo lo
Johana y la mascota. hago, no tenemos esa pasión en común. Entonces,
me inventé una historia.
Añadió que se sintió fastidiada por el clima so-
leado. Ya es Abril, tiene que haber un poco de frío —Trata de un sujeto, a quien le gusta escribir y
al menos, decía y yo respondía: Paciencia, en cual- se enamora de una princesa salida de algún cuento.
quier momento aparece el clima gris junto a la llu-
via. — ¿La princesa se llama Daniela? Preguntó.

También agregó que volvería a buscar acade- — ¡Tiene que llamarse Daniela! Aseveró al ins-
mias junto a Kelly porque su madre la estaba pre- tante.
sionando, eso mismo le sucedía a su amiga. — ¿Qué comes que adivinas? La princesa se lla-
Estamos conectadas, decía. Y van a estar en la ma Daniela.
misma academia, yo agregaba. —Oh yeah!, dijo y añadió emoticones de cara
¿Y qué te cuentas, precioso? Quiso saber des- sonriente.
pués. Empecé a contarle que pasé el resto de la —La princesa Daniela era una chica encantado-
tarde escribiendo algunos cuentos, viendo fútbol ra, le gustaba reír y divertirse, salir a pasear con
internacional y chateando como siempre. sus amigas y sacar a su bello perro a pasear. Vivía
Oye, todavía no leo alguno de tus escritos; fue en un castillo ubicado en el parque Rompecabezas,
una afirmación interesante. Cuando te vuelva a un lugar majestuoso y acogedor.
ver te enseño alguno, le dije. Le gustaba la lectura al punto de andar siempre
Pero Daniela quería leer algo en ese preciso mo- leyendo.
mento. Tenía pretendientes; pero ninguno con su nivel
—Quisiera que escribas algo ahora. Quiero sa- intelectual. Ella siempre los veía como seres inma-
ber lo que escribes. duros y mujeriegos. Su concepto de hombre yacía
en los libros.
—Está bien, veamos que puedo enviarte.
Una tarde conoció a un escritor, a quien vamos a
En ese momento estaba escribiendo anécdotas reservarle el nombre…

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Interrumpió en ese momento. —De nada, princesa. Me alegra que te haya gus-
tado. Se asemeja a nuestra historia, ¿no crees?
—Que se llame como tú. ¡Tú tienes que ser ese
escritor! Dijo emocionada agregando muchos emo- —La nuestra es mucho más linda.
ticones de corazones y sonrisas.
Quise besarla en ese momento, quise abrazarla
Bueno, una tarde conoció a un escritor, el mismo y decirle cuánto la quería; pero me limitaba una
que luego escribió este cuento. pantalla.
Él se enamoró de la princesa cuando la vio y ella —Te quiero demasiado, princesa. Ando enamo-
quedó encantada cuando le comentó que se dedica- rándome de ti, le escribí.
ba a escribir.
— ¡Qué lindo, mi escritor! Yo también te quiero
El escritor le enseñó su obra y la princesa quiso mucho.
leerla.
— ¿Sabes?… dijo de repente.
Se sentaron bajo un árbol en un jardín precio-
so; la princesa Daniela recostada y el escritor a su —Hoy la pasamos muy bonito a pesar del poco
lado, siempre sonriente. tiempo. Me gustó que me cantaras al oído.

Dio lectura al texto y mientras avanzaba el rela- Coloqué emoticones de carita ruborizada y aña-
to, ella quedaba impactada con cada frase que es- dí: Me pareció lindo hacerlo, esa canción me ins-
cuchaba. Le gustaba, le fascinaba lo que leía; pero pira. Te la dedico siempre junto a “La fuerza del
todavía más, quien la escribió. Se enamoró del es- corazón”
critor cuando este concluyó el libro. En ese momento, al lado de su NICK (en el sub-
Se besaron al final de la tarde y prometieron nick) de MSN salió escuchando: Alejandro Sanz
permanecer juntos por siempre. Él escribiendo su – Si tú me miras.
historia y ella viviéndola a su lado. —Mira lo que estoy escuchando, dijo.
Y como bien sabes; yo soy aquel escritor y tú, la — ¡Qué genial! Disfruta de esa canción.
bella princesa.
—Sí, me gusta mucho, ¿tienes el disco?
—Me encantó. Gracias, dijo añadiendo varios
emoticones. Era el único disco que no tenía. Lo había perdi-
do hace un tiempo atrás, no recuerdo con exactitud
cómo fue.

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Puse un emoticón de rostro triste. Continuamos chateando hasta después de me-
dianoche, hora en la que solía darle mucho sueño,
—Creí que tenías todos. Como eres tan fan de por ello, nos despedimos entre palabreo bonito y
ese hombre. emoticones de besos.
—Los tuve; pero ese se perdió. Espero comprár- Y así de rápido, cumplimos un mes de enamora-
melo pronto. dos.
—Bueno. La cuestión es que me gusta esa can- Llegó el 07 del siguiente mes; pero no habíamos
ción. acordado en vernos.
—Sí, te la vuelvo a cantar a tu oído cientos de Desde la última vez que nos vimos habíamos
veces más. mantenido contacto vía MSN y mensajes de texto.
Agregó emoticonos de caritas ruborizadas y co- —Precioso, estoy yendo a tu casa, recibí un men-
razones. saje por la mañana, alrededor de las once y media.
— ¡Cómo te quiero! Dijo enseguida y añadió mu- Le encanta improvisar, pensé y sonreí.
chos corazones para decorar la frase.
—Te espero, princesa, le escribí.
—Eres demasiado lindo conmigo, me encantas,
agregó al instante y también puso emoticones de Por un momento pensé que no la vería hoy, dije
corazones. para mis adentros; pero la vi afuera de mi casa cin-
co minutos después.
—Sabes que me gustas mucho. Me encanta tu
forma de ser y disfruto del tiempo que pasamos Cuando la tuve en mis brazos y mirándola a los
juntos; a pesar que no sea mucho, son grandes mo- ojos, le dije: Feliz primer mes, princesa. Me dio un
mentos, le dije y solo añadí un rostro sonriente. beso, de esos que siempre me entrega y añadió:
Feliz aniversario, precioso. Volvimos a besarnos al
Daniela añadió muchos emoticones de corazo- instante.
nes al punto de llenar media pantalla con los mis-
mos. Un par de minutos después, subimos a mi habi-
tación.
Hice lo mismo enseguida, siendo una de las po-
cas veces que agregué muchos emoticones. Me pa- — ¿Quién iba a pensarlo? Ya tenemos un mes.
reció tierno.
—Es verdad, princesa. Un mes juntos.

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Volvimos a abrazarnos y enseguida nos senta- A veces pienso en cómo surgió todo, conocernos
mos al filo de la cama. repentinamente por el MSN, luego en aquella ban-
ca del parque, después nuestro primer beso y el ini-
— ¿Qué hacemos? Pregunté. cio de esto tan bonito y sublime.
—No lo sé, dijo abriendo los brazos y mostrando Me gustan tus labios, me gustaron desde el pri-
una sonrisa. mer beso y anhelo poder siempre tener el placer y
—Mientras pensamos qué hacer déjame darte la dicha de sentirlos.
algo, le dije y vi sus ojos brillar. Eres amorosa, divertida y muy risueña: eso me
—Te escribí una carta, dije al instante. gusta mucho. También siento que tienes ternura de
niña y a la vez madurez de mujer, es una combina-
—Nunca antes me habían escrito una, dijo emo- ción que me fascina.
cionada.
Sabes que te quiero mucho. Suena a cliché; pero
Le entregué la carta, la cogió; pero quiso que yo es una verdad ancestral, siento que te voy querien-
se la leyera. do más a cada momento. Es como dije antes, me
—Está bien, le dije. Volví a coger la carta y le encantas más mientras te voy conociendo, es que
pedí silencio con una sonrisa. estás repleta de atributos que logran despertar ese
amor que llevo dentro hacia ti.
Enmudeció e hizo ademán de continuar.
Es verdad que nos conocemos poco y seguramen-
—Y dice así: te con el paso del tiempo y los momentos juntos
vayamos a saber más de nosotros, será parte de
¡Feliz aniversario, princesa! Ha sido un mes fan-
crecer como relación y estoy seguro que junto a ese
tástico. Sabes que me encanta tu forma de ser y
camino irá aumentando nuestro amor.
mientras más te voy conociendo sigo fascinándome
con tu personalidad. Siempre el primer mes es el más sublime. Yo
quiero que todos nuestros meses lo sean.
Eres una gran chica, siempre con una sonrisa
en el rostro y una actitud que no dejo de admirar. Por ahora termino la carta con una frase que de-
Me encantas desde el momento en el que te conocí, seo sentir por mucho tiempo. Te quiero, princesa.
como te dije párrafos atrás, estoy seguro que iré
enamorándome de tu forma de ser. Sonreí al terminar de leer la carta. No fue muy
larga; pero sí muy sincera.

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Me abrazó enseguida. Se levantó y se acercó, televisión. Cedí entonces enfocándonos en una pe-
todo tan rápido que en un instante la sentí en todo lícula animada que casualmente inició en ese mo-
su esplendor. Olía delicioso y el abrazo fue mara- mento.
villoso.
—El Rey León es un clásico, comenté.
Me dio muchos besos en la mejilla y uno prolon-
gado en los labios para luego sentenciar diciéndo- —Me encanta, la he visto de niña y volvería a
me, te quiero. verla cientos de veces, dijo ella muy contenta.

Me sentí contento. Fue inevitable que derrame algunas lágrimas


cuando Mufasa murió; pero después soltamos riso-
—Es una carta muy bonita, gracias. tadas cuando aparecieron Timón y Pumba.
Sonreí y le dije: Es para una princesa. —Es una gran película, le dije al final.
Se ruborizó y volvió a darme un beso. —Sí que lo es, dijo sonriente.
Estaba sentada en mis piernas, aferrando sus No cambié de canal cuando culminó la película.
brazos a mi cuello y sonriente como de costum- La besaba en ese momento y sus labios tenían toda
bre. Me gustaba tenerla tan cerca, podía sentir su mi atención.
aroma y verla a los ojos para nuevamente decirle
cuanto la quería. Caímos de espalda sobre la cama y nos seguimos
besando. Nos detuvimos, nos miramos y nos diji-
Jugueteaba con mi nariz y despeinaba mi ca- mos te quiero.
bellera; pero volvía a acomodarlo y muy sonriente
decía que me veía atractivo. Sus ojos pardos eran Enseguida sonreímos. Tal vez por nerviosismo o
divinos, me gustaba observarla fijamente para que quizá por avergonzados, nos sucedía cada vez que
pudiera leer lo que dice en mi alma; aunque a ve- terminábamos echados de ese modo. Sin embargo,
ces ocultaba la mirada porque se sentía nerviosa y era tierno y nos mantuvimos así por cierto tiempo,
se ruborizaba. Yo gozaba contemplándola, me en- simplemente observándonos.
cantaban sus ojos y no podía dejar de observarlos. — ¿Sabes?, eres hermosa, le dije de repente, lue-
Intercambiábamos te quiero y adjetivos halagado- go de tanto silencio.
res. Estábamos enamorados y disfrutando de nues-
tro primer mes de novios. La miraba fijamente al tiempo que acariciaba
sus mejillas. Ella sonreía y se ruborizaba, me gus-
Le propuse salir a pasear; pero ella quiso ver taba verla así.

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—Me encanta tu cabello, dije de pronto y comen- Faltaban dos días para su cumpleaños. Le ha-
cé a tocarlo, a sentir cada fibra de su bella melena bía comprado un simpático peluche que no sabía
ondulada. cómo entregárselo porque no estaba seguro si la ve-
ría ese día. Me resultaba fastidioso; pero intentaba
Daniela no decía nada, estaba en silencio y con respetar su idea por andar improvisando.
las mejillas rojas, me encantaba.
Esa noche, a vísperas de su santo me comentó
—Te quiero mucho, dijo al instante. Y me cogió por el MSN que haría una reunión en su casa.
de las mejillas para acercarme a sus labios.
— ¡Qué bueno! Será motivo para conocer tu casa,
Nos reincorporamos y pidió un vaso de agua. Se le dije.
lo traje al instante.
Escribió la dirección y la apunté en un papel.
Luego de beberlo dijo que debía partir. Le dije
que la acompañaría a la puerta y descendimos jun- —Si gustas vas con Mariana, Alondra y Manuel.
tos.
— ¿Manuel?, ¿quién Manuel?
Abrí la puerta y le di un beso de despedida.
—Manuel pues, tu amigo que vive en la misma
—Te quiero precioso, dijo con una sonrisa. calle que Mariana.
—Te quiero princesa, respondí enseguida. —Ah, Manuel Pérez. ¿Cómo lo conoces?
Se fue y salí para verla marcharse sin saber —La otra vez me encontré con Mariana y Ma-
cuándo volvería a tenerla cerca. nuel en el mercado por tu casa, yo estaba con mi
mami haciendo compras y nos presentaron.
En ese momento, Fernando desde arriba pre-
guntó: ¿Qué haces afuera? Nada, le dije. Sonreí e —Ya entiendo. Él es bacán. Lo conozco de años.
ingresé a la casa. Entonces, de repente voy con ellos. Además, así no
me pierdo.
Mi mamá llegó del mercado y comentó que le pa-
reció ver a Daniela. Le dije que sí, que hace poco —Princesa, apropósito, me resulta extraño que
había estado aquí. planees algo. Creo que desde que te conozco lo úni-
co que te vi planear fue nuestro segundo encuentro,
Cambiamos de tema al instante y comenzó a le dije y añadí algunas risas y emoticones.
contarme lo que cocinaría, quedé encantado con la
elección. Enseguida añadió risas y muchos emoticones de
rostro sonriente.
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—No todo el tiempo ando improvisando. Algunas —Anda preciosa. Yo también te quiero.
veces prefiero planear, esta reunión por ejemplo.
El día de su cumpleaños no se conectó al MSN.
Me pareció sensato. Imaginé que estaría realizando alguna que otra
compra.
—Ya entiendo. Y bueno, ¿qué va a haber en la
reunión? Le envié un mensaje diciéndole: ¡Feliz cumplea-
ños, princesa! Te quiero muchísimo. Un par de ho-
—No va a haber licor, dijo al instante. ras más tarde, respondió: Yo también te quiero,
—Sabes que no tomo mucho. Lo hago en algunas muchas gracias. Te veo más tarde.
ocasiones. Además, creo que cae día de semana. Por la noche, Manuel vino a buscarme. Me sor-
—Te comento nomas, dijo enseguida añadiendo prendió verlo solo, le hice un ademán de espera
muchas risas y emoticones de carita sonriente. cuando salí por la ventana y bajé al rato.

—Va a ser una reunión íntima. Familia, amigos — ¿Y las chicas? Pregunté al saludarlo.
cercanos y tú. —Ahí están, dijo señalando la esquina.
Me sentí especial por formar parte del grupo se- —Vamos pues, le dije y caminamos.
lecto.
—Hola, hola, saludé a Alondra y Mariana.
—Está bien, princesa. Justo ahora estoy cha-
teando con Manuel, le acabo de decir para ir juntos. — ¿Qué llevas ahí? Quiso saber una de ellas. Me
ruboricé y le respondí: Es un pequeño obsequio.
—Mucho mejor, dijo.
—No me había percatado del regalo, dijo Manuel
—Ya quedé con él. A eso de las nueve y tanto y todos reímos.
estoy por ahí. ¿Te parece bien?
Cuando llegamos a la casa de Daniela me sentí
—Un poco antes, ocho y media estaría bien, su- muy nervioso, al punto de jalonear a Manuel del
girió. brazo para que entráramos juntos.
—Bueno, a esa hora entonces. Mariana y Alondra ingresaron calmadas y son-
—Genial, precioso. Voy a salir un rato a pasear riendo, saludaron a los invitados y se acomodaron
al perro. Ya hablamos luego, te quiero, dijo acom- a un lado. Manuel y yo estábamos afuera, yo estaba
pañando esa última frase con muchos emoticones nervioso mientras que él no dejaba de reír.
de corazones.
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No suelo ir a la casa de una chica. He tenido al- —Gracias, dijo emocionada al recibir el regalo y
gunas enamoradas; pero nunca he entrado a un ho- notó que me encontraba serio.
gar. Siempre nos hemos visto en parques, centros
comerciales o mi casa. —Ahora te explico, dijo y se marchó al segundo
piso, seguramente a su habitación a dejar el pre-
Era la primera vez que ingresaba a la vivienda sente.
de una enamorada, por eso me encontraba nervio-
so. Volví al lugar de inicio y me quedé parado ob-
servando a los invitados. Todos eran de la edad de
—Entremos juntos, dijo Manuel luego de tanta Daniela, no conocía a nadie; pero al parecer todos
risa. me veían como si mi rostro fuera familiar.
—Vamos, vamos, le dije motivado. De repente les ha hablado a todos de mí, pensé.
Entramos a la casa siendo observados por la ma- Manuel ya no hablaba con Kelly. Ella se fue a la
yoría de invitados. mesa de al frente a coger algunos bocaditos y luego
a conversar con otras chicas.
Kelly, al vernos se acercó a saludarnos. Le quise
presentar a Manuel; pero parecía que ya se cono- Ahora yo estaba junto a él, quien no dejaba de
cían. sonreír; a diferencia de mí, que me encontraba se-
rio, recordando el acto de Daniela y esperando que
Hice caso omiso a ese detalle cuando vi a Da- volviera para que me explicara.
niela, estaba preciosa como de costumbre, llevaba
jeans y suéter, zapatillas chatas y el cabello divino Ella descendió sonriente y se acercó a Kelly,
como siempre. quien conversaba con un grupo de féminas. Me
miró de reojo e hizo señas, no entendí bien qué tra-
Quise acercarme a saludarla y darle el obsequio; taba de decirme. Al instante, se acercó con su grupo
pero la vi tan lejana a pesar de estar a unos cuan- de amigas.
tos metros. Sin embargo, al notar que Manuel y
Kelly charlaban me animé a asomarme. Me presentó como su enamorado calmando el
malestar e inmediatamente comenzamos todos a
—Hola princesa, le dije y quise darle un beso en charlar; aunque con la ausencia de la cumpleañe-
los labios; pero giró el cuello y el beso fue a caer en ra que se fue a saludar a las tías que acababan de
su mejilla. llegar.
Me sentí confundido. Daniela siempre habla de ti, dijo su amiga, la de
suéter rosa y jeans rasgados.
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Sonreí y le dije: Qué bueno, ella es una chica Me señaló atrás. Pero no entendí.
maravillosa. Ella y otra amiga me vieron con sus
ojos brillosos y enseguida añadieron: Espero que —No comprendo, ¿Qué sucede?
sigan juntos mucho tiempo. Recién vamos un mes, Volvió a hacerme señas y esta vez vi a su madre
comenté. El primero de muchos, dijo una de ellas. observándonos.
Y sonreí.
Ya entiendo. No le ha dicho que tiene enamora-
Daniela volvió, estaba agitada de tanto andar de do, pensé.
aquí para allá; pero contenta con la reunión, eso
era agradable. —Luego te explico, me dijo; pero preferí no res-
ponder.
De repente, sus amigas empezaron a murmurar
y rápidamente, al ver a una guapa señora caminar Llegué a sentirme un tonto al no haber captado
por el fondo de la sala, zafaron para ir en busca de el primer acto, justificando mi acción como un acto
ella. Vi que la saludaron con mucha efusividad y natural. Aquello me lo expliqué frente al espejo del
escuché a Manuel decir: Es tu suegra. El comen- baño.
tario fue gracioso; pero no tuve tiempo de reír. Vi Horas después, cuando gran parte de los invita-
el parecido físico que tenía con Daniela, el cabello dos se había marchado me dijo para hablar. Accedí.
ondulado y el perfil resaltaban con facilidad.
— ¿La pasaste bien?
Me alegré cuando Daniela volvió a acercarse;
pero la noté distante, no era la chica amorosa que —Sí, gracias por el regalo, dijo y me besó.
conocía.
Estábamos en los exteriores. Ella sentada en
— ¿Te gustó el regalo? Le pregunté al oído. una especie de banca en el patio y yo a su lado,
muy serio.
—Sí, muchas gracias, respondió y sonrió.
Manuel estaba hablando con Alondra y Maria-
— ¡Genial! Le dije con una sonrisa. na, mientras que Kelly se encargaba de comer los
Tenía ganas de abrazarla desde que la vi, por eso últimos bocaditos.
intenté sujetarla de la cintura; pero, sorprenden- —No estés serio, precioso.
temente, se alejó. Entonces volví a sentirme muy
incómodo. —Me incomodó tu actitud.
— ¿Qué sucede? —Lo que pasa es que en mi casa no saben que

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tengo enamorado. Prefieren que me enfoque en los —Hola, dijo sin emoticones ni adjetivos.
estudios, contó con la seriedad que amerita.
— ¿Todo bien? Quise saber.
—Pero, ¿Por qué no me dijiste eso?
—Sí, eso creo, respondió del mismo modo.
—Lo siento. Debí decírtelo. ¿Me disculpas?
Y al instante se desconectó. No volvió a entrar
—Descuida, todo bien, le dije. al MSN.
Me cogió de las mejillas y me besó. No lo hizo durante toda la tarde. Tampoco res-
pondió mis mensajes, mucho menos mis correos.
Necesitaba ese beso para sentirme mejor. Ense-
guida, sonrió y añadió: Hoy voy a dormir abrazan- Por la noche, entró al MSN y sorpresivamente,
do mi peluche. Fue tierno ese comentario. en el subnick colocó una carita triste.
En ese momento, Manuel junto a Mariana y — ¿Por qué estará triste si ayer fue su cumplea-
Alondra interrumpieron el momento para comen- ños y la pasamos bacán? Me pregunté al instante.
tarme que se iban. Miré a Daniela y le dije que de-
bía partir junto a ellos. Asintió con la cabeza, le di — ¿Todo bien, princesa?
un beso y le dije, te quiero. Borró la carita triste y enseguida se vio la can-
—Que sigas disfrutando de tu cumpleaños, le ción que estaba escuchando.
dije antes de despedirnos. —Sí, todo bien, dijo del mismo modo que ayer.
Sonrió y nos dimos un abrazo. Luego se despidió — ¿Estás completamente segura?
de los demás.
—Sí.
Era alrededor de la una y media de la madruga-
da. Caminamos hasta una avenida y detuvimos un —Me vas a disculpar, no acostumbro a entrome-
taxi, no queríamos correr riesgos. terme en la vida de los demás; pero tú me importas
y quiero saber qué sucede.
Cuando llegué a casa me conecté al MSN y la
encontré en línea asombrándome para bien. No respondió.

—Hola princesa, ¿qué haciendo? Minutos después, lo hizo.

Tardó minutos en contestar. —Es mi papá, dijo. Y al santiamén añadió: Ni


siquiera llamó para saludarme. Dijo que vendría,

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pero no lo hizo; creí que llamaría, pero tampoco lo Siento no responder tus mensajes. Entra al
hizo. MSN, me escribió al celular.
Sentí coraje y nostalgia en cada una de sus pa- —Hola precioso, escribió al instante.
labras.
—Hola princesa, ¿cómo estás?
No sabía que decirle, nunca he vivido una situa-
ción similar. —Muy bien, gracias, escribió agregando varios
emoticones.
—Alguna razón tendrá, dije.
—Qué bueno que todo ande bien. Te extrañé.
—Tal vez hoy te llame o de repente pase por ti
para llevarte a pasear o realizar alguna actividad —Yo también a ti, precioso. Perdona que te haya
juntos, añadí enseguida. dejado de lado, escribió nuevamente agregando
emoticones.
— ¿A esta hora? Escribió.
Todo empezaba a ser como antes. Me gustaba.
Vi el reloj y me sentí estúpido. Mi intento por
hacerla sentir mejor fallaba rotundamente. —Te cuento que mi papi vino a visitarme ayer.
Salimos a tomar helados al Jockey Plaza y luego
—Siempre me falla, dijo al rato. me compró ropa. La pasamos recontra chévere.
—Empiezo a acostumbrarme a esto, agregó. — ¡Qué genial! Me alegra mucho que la hayan
pasado bien.
—Tranquila, princesa. Estoy seguro que se va a
comunicar contigo y explicarte lo ocurrido. No es- Estaba contenta y eso me alegraba. Debe ser di-
tés triste. fícil no tener mucho contacto con su padre; pero al
menos ya habían logrado vivir un grato momento
—Es inevitable. Voy a dormir, hablamos otro día. juntos.
Cerró el MSN y no regresó. —Princesa, ¿Cuándo vuelvo a verte?
Un par de días más tarde volvimos a hablar. No —No lo sé precioso.
nos habíamos comunicado hasta entonces. Le en-
vié muchos mensajes y algunos correos; pero nunca Sabía que no debía realizar esa pregunta; pero
contestó. Luego entendí que posiblemente necesite sentía que la extrañaba, era inevitable.
privacidad y por ello dejé de intentar comunicar-
me. —Te extraño mucho. No te veo desde la reunión.

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Apropósito, le caíste bien a mis amigas, me dijo con escritura y que jugaba pelota con mis amigos; pero
los emoticones de siempre. no cuales podrían ser mis aspiraciones profesio-
nales, las que seguramente espera leer o escuchar
—Quiero verte, añadió enseguida y colocó un cualquier persona que realiza esa interrogante.
emoticón de cara triste. Con más interés, si la pregunta tu novia.
—Voy a inventar una excusa para salir y poder No supe que decirle. No era el típico sujeto que a
verte un rato. mi edad debe estar estudiando en una universidad
Esa frase me animó. También me dio curiosidad cualquier carrera convencional o alguna que esté
lo primero que dijo. de moda o en el mejor de los casos gozando de una
profesión a la medida.
—Qué bueno haberle agradado a tus amigas.
Son chéveres y divertidas, comenté. Amaba el fútbol como nunca lo pude haber ama-
do. Intenté desarrollar una carrera como futbolista
—Ojalá se pueda. Yo siempre estoy disponible, junto a Carlos y un amigo; pero nos fuimos derro-
añadí. tados del campo luego que el entrenador y quien da
Agregó muchas risas porque le pareció chistoso las pruebas para ingresar a un equipo nos dijeran
mi último comentario. del modo más duro y honesto que no contarían con
nosotros.
—Voy a tratar, solo tengo que inventar algo…
¡Ya lo sé! Voy a decirle que iré nuevamente a ver Se puede decir mucho de eso, eligen a los reco-
academias, eso la motiva a dejarme libre. Se con- mendados o a los muy buenos; tal vez no tuvimos
tenta cuando le comento eso. talento ni convicción o quizá, simplemente, no era
nuestro camino. Ninguno de los tres pudo lograrlo
—Claro, toda madre siempre quiere lo mejor y a pesar que lo seguimos intentando nunca halla-
para sus hijos, dije y añadí al rato: Espero que re- mos la forma de continuar en un equipo que nos
sulte y podamos vernos, princesa. diera estabilidad (entrenar, jugar y avanzar en ca-
tegorías hasta debutar en la primera profesional) y
—Precioso, hablando de eso, no me has contado
luchar por llegar a un anhelado estrellato logran-
qué piensas hacer por la vida. No eres tan joven
do jugar en grandes equipos como lo soñamos, o al
que digamos, dijo y no añadió emoticones.
menos yo lo soñaba; aunque todo quedó en eso, solo
Era una pregunta rara que no debió ser rara. sueños.
Hasta el momento le comenté que me gustaba la
Carlos logró superarlo. Se alistó un verano en

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una academia intensiva e ingresó a una universi- alguna carrera que pueda ir conmigo. ¿Me entien-
dad. Eduardo hizo lo mismo; pero tardó más tiem- des, princesa?
po. Él lo siguió intentando en ligas menores, luego
halló el modo de entrar a una universidad y conse- —Más o menos. Pienso que debes olvidarte de
guir un título. ser futbolista, pisar tierra y entrar a una universi-
dad para ser un profesional.
Yo no hice ninguna de esas cosas. Me deprimí,
es verdad. No quise hacer nada, soy consciente. Me Ni mis padres fueron tan honestos conmigo con
mantuve imaginando un futuro futbolístico y olvi- aquella frase.
dé que el tiempo avanzaba. Le di toda la razón y empezó a contarme lo que
A esta edad mi enamorada me hace una pregun- quería estudiar. Su plan era entrar a una academia
ta difícil y yo quiero serle sincero. y postular a Ciencias de la comunicación. La tenía
clara.
—No lo sé, princesa. Siempre quise ser futbolis-
ta; pero mis sueños se truncaron hace un tiempo Admiraba eso de ella.
atrás. —Debo de pensar en este asunto, le dije para
—Lo siento, precioso. Nunca te he visto jugar, concluir el tema.
¿eres bueno? —Y debes de hacerlo rápido, añadió con sereni-
—Tendrías que verme. Este sábado podrías ve- dad.
nir, si gustas. Cuando nos despedimos, me eché sobre la cama,
—Puede ser, puede ser. No es mala idea, de re- pensé en la conversación que tuvimos y en el hecho
pente bajo con unas amigas con la excusa de ir a de cómo algunas cosas llamadas serias se pueden
tomar helados. lograr charlar por MSN de lo más natural.

—Pero ahora responde a esta pregunta, ¿Pien- Nosotros no podíamos vernos seguido para an-
sas estudiar algo o vas a ser vago toda tu vida? dar conversando de todo lo que nos pasaba, de lo
Tampoco vivas de un sueño frustrado. que haríamos o anhelábamos, es por esto que utili-
zábamos este medio para comunicarnos.
—No. De hecho que voy a estudiar algo, tener
una carrera y ser un profesional; pero por el mo- Nunca fue una incomodidad para relatar distin-
mento no sé qué voy a seguir. Yo solo pensaba en tas situaciones y expresar sentimientos o emocio-
fútbol y más futbol; aunque ahora último pienso en nes.

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Medité sobre lo que le confesé y acerca de lo que — ¿Cómo has estado?
dijo. Nunca antes se lo dije a nadie. Ahora ella lo
sabía y me daba gusto que así sea. —Bien, ¿y tú?

A la mañana siguiente mi mamá me despertó —Todo bien, princesa. Escribiendo unos cuentos
sacudiendo mi pierna. y esperando el fin de semana para jugar pelota.

—Te busca Daniela, ¿la hago pasar? — ¿Buscando alguna carrera afines?

— ¿Está afuera? —Claro, también he hecho eso, le dije; pero no


me creyó. La risa me delató.
—Sí. ¡Despierta!
—Lo voy a hacer. Debe haber algo que me guste
—Hazla pasar, por favor. Bajo en un minuto. o me llame la atención, le dije y empecé a pensar
en eso.
Mi vieja salió de la habitación; mientras abría
la puerta y la invitaba a pasar, me vestía y lavaba Ella estaba sentada al filo de la cama y yo me
el rostro con rapidez. Al rato descendí por las es- frotaba el mentón.
caleras y las vi charlando sobre el sofá. Ambas me
vieron y sonrieron naturalmente. —Diseño de moda, es una buena opción. Soy
creativo, puedo realizar buenos diseños.
Mi vieja se levantó del mueble y se fue a la coci-
na. Al pasar por mi lado dijo: Es una buena chica, —No es mala idea, eh. ¿Ya ves? Pensando un
eh. Enseguida, Daniela se acercó y me dio un calu- poco puedes hallar algo para ti.
roso abrazo. —Pensándolo bien no es mala idea. Voy a anali-
—Yo también te he extrañado, le susurré al oído. zarlo a profundidad, le comenté y no resistí abra-
zarla.
De hecho, al instante nos dimos un beso.
Caímos de nuevo sobre la cama, ella encima de
— ¿Vamos a tu cuarto? Propuso con confianza. mí. Nos besamos al instante porque no resistíamos
ver nuestros labios sin sentirlos.
—Subamos, le dije.
Extrañaba esos besos, pensé mientras la besaba.
En el segundo piso nos encontramos con Fernan- Quería que nunca terminara, deseaba besarla por
do, quien descendía a la cocina para beber algo. Le toda la eternidad.
presenté a Daniela y después del saludo entramos
a mi cuarto.

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—Cómo te he extrañado, princesa, le dije luego Están geniales tus estrellas, me encantan los
del beso. colores y la forma como las ordenaste, dijo emocio-
nada.
Sus ojos pardos brillaron con potente luz hacién-
dome sentir privilegiado por tenerlos cerca. Que nos gusten las estrellas es algo que también
tenemos en común, dije y sonreí. Cuando quiera
—Y yo a ti, precioso, dijo al rato y volvimos a decorar mi habitación te voy a llamar, añadió y
besarnos. sonreímos a la vez.
Toqué y acaricié sus mejillas. Ella se encontraba Rato más tarde bajamos a la sala para almorzar.
muda, observándome tocar su rostro, sintiéndome Sentados alrededor de la mesa se encontraban mis
cerca. hermanos y mi mamá, la mascota estaba en el si-
Me veía, sonreía y hacía lo mismo instintiva- llón y mi viejo todavía no llegaba de trabajar.
mente. Daniela estaba avergonzaba; pero le dije que se
Me gustaba el ruido de su respiración, el aroma calmara porque mis hermanos son igual de genia-
de su piel, la mirada de unos bellos ojos pardos y les que yo. Se echó a reír y añadió al instante, es-
los besos que nos entregábamos sin parar. pero que sí.

Ella sobre mí y yo queriendo tenerla siempre El almuerzo fue divertido. Fernando suele ser
para mí, deseando quedarme en esta posición por muy bromista, no dejaba de contar chistes hacien-
el resto de los días, contemplando su belleza tan de do que Daniela riera. Orlando suele ser callado;
cerca y besándonos a cada momento. aunque también reía.

De pronto, mi mamá entró a la habitación sin Fernando era quien hablaba con ella, le pregun-
avisar, sorprendidos solo atinamos a sonreír. Nos taba cómo nos habíamos conocido, preguntaba si
informó que almorzaríamos dentro de una hora, conocía a algunas personas del colegio donde es-
luego sonrió por su intromisión y se marchó. In- tudió y fueron entablando conversación porque las
mediatamente después me levanté para asegurar personas que mencionaba eran conocidos de Danie-
la puerta. la; la frase: “qué pequeño es el mundo”, se escucha-
ba a cada momento.
De nuevo sobre la cama, nos abrazamos muy
efusivamente. Agotados nos soltamos y nos colo- Jeff solo se dedicaba a comer; aunque por ratos
camos lado a lado. Miramos el techo, las estrellas era inevitable no reír de los chistes de Fernando.
hechas de cartón colgaban llamando su atención.

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Mi mamá, cuando todo aquello sucedía, miraba —Sí pues, les encanta reír tanto como a mí. Les
a Daniela y le decía con humor: Imagina cuando has caído bien a todos.
eran niños.
—Oh yeah!... Eso es sensacional, a mí también
Siempre los almuerzos han sido así, buena comi- me cayeron bien. Voy a agregarlos al Facebook.
da, risa y diversión.
—Claro, búscalos y agrégalos.
Durante la sobremesa seguimos charlando.
Fernando se calló por un momento, de repente re- Agregó a todos mis hermanos y también a Ma-
cordando nuevos cuentos graciosos mientras que nuel, pude verlo en “Inicio” al ingresar a mi cuenta.
Orlando y yo comentábamos sobre un partido de Lo que me sorprendió para bien fue que me invi-
fútbol a disputarse por la noche. tara a tener una relación vía Facebook. Acepté gus-
Jeff estaba en la cocina sirviéndose más comida, toso y al instante llegaron los Like y comentarios
para él no existe sobremesa, porque mientras la de sus amigos.
mayoría conversa, él sigue comiendo. —Es oficial, somos enamorados en Facebook,
Nos sentamos en los muebles a reposar. Habla- dijo al rato añadiendo emoticones de corazones y
mos sobre la deliciosa comida, de fútbol y de otros sonrisas.
temas. Daniela estuvo en silencio; aunque cuando —Me parece muy bien, respondí. Y no hablamos
le preguntaban por algo siempre respondía de una durante un tiempo porque estábamos intercam-
manera elocuente. biando comentarios.
Yo estaba seguro que con el tiempo y el compar- —Parece que a tus amigas les agrada la idea que
tir podría hacerse amiga de todo mi entorno. seamos enamorados.
Un tiempo más tarde, me dijo que debía irse. Al —Ellas te quieren, dijo con emoticones de son-
parecer, recibió un mensaje de su madre. risa.
Se despidió de mi familia y la acompañé a la —Eso me alegra. Es bueno ser bien visto por las
puerta. Nos despedimos con un beso y un te quiero. amigas de la enamorada.
Por la noche nos encontramos en el MSN y co- —Y sabes que en casa eres bienvenida, añadí
menzamos a chatear. con sonrisas.
—Precioso, tu familia es genial. Todos son muy Colocó muchos emoticones de rostro sonriente y
amenos y graciosos.

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dijo: Estoy contenta por eso. Tengo ganas de verte —Por favor. Si tienes juguito, sería mucho mejor.
y ya no me voy a ruborizar como antes. Siento que
estoy más en confianza. Le di el control remoto y bajé a la cocina. Regre-
sé con dos vasos llenos de zumo de durazno.
— ¡Tus hermanos me han aceptado en el Face-
book! Dijo al instante, muy emocionada y agregan- — ¿Sabías que es mi favorito? Me encanta el jugo
do varios emoticones. de durazno, dijo pasando su lengua por los labios.

—Qué bueno. Seguro se van a llevar excelente. —A mí no me gusta mucho; prefiero el mango,
dije e hice lo mismo con los labios.
—Ojalá pueda verte pronto, precioso, dijo agre-
gando corazones y caritas tristes. —Me encanta el Frugos de durazno. Es delicio-
so, dijo luego de beber.
—Espero lo mismo, princesa, le dije agregando
corazones. —A mí de mango; pero igual lo tomo siempre y
cuando esté helado.
Un par de días más tarde, la vi descendiendo de
su bicicleta antes de ingresar a mi casa. Mi mamá Bebimos entonces. Junto a los panes con tamal
le abrió la puerta cuando se lo pedí y le invitó un hacían una excelente combinación.
pan con tamalito. Subió devorándolo muy gustosa, Terminado el desayuno descendimos a la cocina
al punto de provocarme. Le di un mordisco después para dejar los vasos y los platos.
de saludarla y me pidió que bajara por otro pan,
acepté y al volver traje dos más. Mi madre nos vio contentos y sonrió. Podía ver
amor en nosotros y eso la hacía feliz.
—Está delicioso, me daba vergüenza pedir más;
por eso te dije que subieras otro, dijo entre risas. —Muchas gracias, estuvo delicioso.

—Sí, esos tamales son buenazos, comenté luego —De nada, hijita, respondió y volvió a sonreír,
de mordisquear. siempre lo hacía. Mi mamá es una persona muy
risueña.
Disfrutaba del desayuno mientras que yo busca-
ba algo que ver en la televisión. —Danielita, ¿te vas a quedar a almorzar? Propu-
so mi vieja manteniendo la sonrisa.
— ¿Quieres algo de tomar? Consulté al momento
de encontrar algo que observar. —Encantada. Gracias de nuevo, respondió Da-
niela sonriente.

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—Eres la chica de mi hijo, eres bienvenida, aña- a tu lado, tenerte cerca y poder expresarte lo que
dió mi madre. este corazón siente por ti, le dije con una gran son-
risa y haciendo ademanes con las manos como si
Daniela sonrió y se aferró a mi brazo de un modo en verdad me estuviera sacando el corazón para
muy tierno. entregárselo.
—Hacen una linda pareja, dijo mi mamá lleván- Ruborizada por mis palabras y al instante, con
dose las manos al rostro y sonriendo como de cos- una brillante sonrisa respondió: Yo también te
tumbre quiero, mi vida. Eres el mejor chico que he podido
—Gracias, gracias, dijo Daniela dulcemente. conocer y me fascina estar aquí ahora.

Atiné a sonreír y le susurré para volver a mi Nos abrazamos instintivamente.


cuarto. El aroma de su ondulada melena me encantaba,
De vuelva arriba nos sentamos al filo de la me drogaba; y me quedaba a su lado, abrazándola,
cama, la tele estaba encendida y nosotros decidi- sabiendo que posiblemente se iría al cabo de unos
mos dejarnos caer sobre la cama para reposar un minutos y quién sabe cuándo volvería a verla; pero
rato. Estábamos llenos y no queríamos pensar en en ese preciso momento la tenía aferrada a mí y
el almuerzo. podía lograr respirar el sublime olor que produce
su cabello. Se lo acariciaba levemente como para
—Estoy muy lleno, le dije. que no sintiera que lo hago, podía oír el sonido de
—Yo también, dijo frotándose la barriga. su respiración, el latir de un corazón y un susurro
repentino acompañado de un te quiero que pene-
—Tu mami es genial. Me cae recontra bacán, traba hasta mis entrañas.
dijo de repente.
—Precioso, vamos a cumplir dos meses en unos
—Como te dije, le agradas. días, comentó aun estando abrazados.
—Y será mejor que nunca me hagas daño, agre- —Dos meses juntos, parece más tiempo, ¿no
gué con una risa. crees? Le dije.
—Qué daño te voy a hacer, precioso, dijo son- —También me da esa impresión, eso sucede
riente y se acercó para darme un beso. cuando pasas bonitos momentos junto a la persona
que quieres, lo dijo tiernamente al punto de hacer-
—Te quiero mucho, princesa. Me encanta estar
me sonreír.

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Nos separamos minutos después y caímos sobre — ¿Tú también estás lleno? Le preguntó Fer-
la cama, boca abajo y con el mentón apoyado sobre nando a Jeff.
las manos vimos una película romántica que nos
enganchó desde el inicio. Él asintió con la cabeza al tiempo que comía los
últimos rastros de comida.
Tiempo más tarde, bajamos para almorzar con-
versando acerca de la película. En la mesa también —Creí que tu estomago no tenía fin, dijo Fernan-
lo comentamos y resultó que Fernando también la do con muy buen humor.
había visto. Intercambiamos comentarios antes Aquel comentario hizo que Daniela volviera a
que apareciera el almuerzo. reír. De hecho, también Orlando y yo soltamos ri-
Hablaba más con Fernando que con los demás; sotadas.
aunque Orlando también comentaba alguna que No tuvimos tiempo para sentarnos sobre el mue-
otra cosa, mientras que Jeff como de costumbre se ble. Daniela recibió una llamada y tuvo que ir al
concentraba en la comida. segundo piso a contestar. Fernando siguió con sus
Mi vieja siempre habla y a veces lo hace cuando ocurrencias; pero para cuando ella regresó me hizo
están hablando los demás, es gracioso. una señal, tenía que partir.

Le hizo muchas preguntas, algunas repetidas, Agradeció el almuerzo y se despidió de cada uno
siempre lo hace y resulta chistoso. Daniela respon- de mis hermanos para luego hacerlo con mi mamá,
dió siempre con amabilidad y sin dejar de mostrar quien le dijo que venga cuando guste. La cogí de la
una sonrisa. mano y recorrimos el pasadizo que conduce a la co-
chera, ahí se encontraba estacionada su bicicleta.
—La comida estuvo deliciosa, dijo al terminar. Y
le llené el vaso de gaseosa. Nos dimos un beso en señal de despedida, un ca-
luroso abrazo y una sonrisa de medio lado que re-
En casa teníamos la costumbre de tomar mucha flejaba el desconocimiento acerca de nuestro nuevo
gaseosa. encuentro. Sin embargo, cuando se fue y la vi avan-
zar sentí que me quedaba con gratos recuerdos que
—Estaba buenazo. Estoy repleto y no vuelvo a podría administrarlos bien para cuando empiece a
comer nunca más, dije y Daniela soltó una risota- extrañar.
da. Le pareció gracioso mi segundo comentario.
Cumplimos dos meses de enamorados y se hizo
—Yo también estoy lleno, dijo Fernando. Ense- imposible abrazarnos. Por eso, aunque no lo creí en
guida, Jeff y Orlando dijeron lo mismo. el instante, la abracé con esa intensidad días atrás.

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—No te preocupes, princesa. Yo comprendo, le qué al escritorio y saqué un par de colores, una hoja
dije cuando me envió un mensaje comentando que bond y un molde de corazón. Rápidamente hice un
estaba castigada. corazón y lo rellené con nuestras iniciales, al lado
escribí: Te quiero demasiado, princesa.
Por la noche nos encontramos en el MSN e ini-
ciamos una charla. De hecho, sabía que no podía enviárselo física-
mente por eso le saqué foto y se lo mandé por MSN.
No me sentía cómodo, tenía la ilusión de salir
a algún lugar; pero trataba de entender, además No imaginé que le gustara tanto. Era la prime-
se lo había dicho. Por ende, traté de no arruinar ra vez que realizaba un detalle de ese modo, casi
el momento quejándome. Si no, enfocándome en lo siempre compro regalos.
bueno.
—Me encanta precioso, dijo entre emoticones de
— ¡Feliz aniversario, precioso! Dijo emocionada corazones y rostros alegres.
agregando muchos emoticones de corazón y rostros
sonrientes. Añadí rostros ruborizados y luego le hice saber
que estaba contento por el hecho de gustarle.
Eso me alegró, siempre tiene esa clase de deta-
lles, por más que fuera por MSN y no vea su rostro Daniela no se quedó atrás y dejó de escribir por
puedo sentir la emoción en sus palabras. cierto tiempo, al regresar me envió una postal ma-
ravillosa. Estaba mucho más bonita y trabajada
— ¡Feliz aniversario, princesa! Escribí agregan- que la mía, me fascinó.
do muchos emoticones de corazones, algo extraño
en mí; pero la ocasión lo ameritaba. Le agradecí muchas veces y al igual que yo, estu-
vo contenta por haberme gustado su detalle.
Se disculpó por no haber podido salir a pasear
como imaginaba; pero volví a decirle que compren- Seguimos chateamos hasta la madrugada. Entre
día y comenzamos a recordar distintas vivencias la una o dos de la madrugada nos despedimos por-
desde que iniciamos nuestra relación. que Daniela tenía mucho sueño.

Terminada la breve travesía al pasado se me Yo seguí deambulando por la Internet un tiempo


ocurrió darle una sorpresa; no compré un regalo, más.
tampoco escribí una carta; pero resolví hacer algo A media semana me envió un mensaje.
rápido y bonito.
—Precioso, anda al cine Pacífico, estoy con mis
Le dije que me esperara un momento. Me acer- amigas.

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Era alrededor de las cuatro de la tarde, estaba —Qué chévere que hayas podido venir, creí que
echado sobre mi cama y viendo televisión. no ibas a poder porque te avisé de forma imprevis-
ta.
Dejé lo que estaba haciendo y salí rumbo al cine.
El bus tardó cuarenta minutos en llegar; pero estu- —Descuida, princesa. Yo siempre estoy disponi-
vimos comunicados por mensajes. ble para ti.
Cuando nos encontramos nos dimos un abrazo. Ese comentario la hizo sonreír. Enseguida, me
dio un beso y atrás se escucharon risas.
Conocía a sus amigas, eran las mismas de la re-
unión por su cumple. —Te he extrañado, dijo y me abrazó. Entonces
puse mi brazo sobre su espalda y caminamos abra-
Saludé a las chicas e hicimos cola para comprar zados.
entradas.
—Yo también te he extrañado, le dije y le di un
No pregunté por la película que veríamos, tam- beso en la caballera al tiempo que deambulábamos
poco si compraríamos canchita o tendrían dulces por el parque.
escondidos en sus bolsos, solo me interesaba sen-
tarme a su lado y cogerla de la mano. Resolvimos sentarnos en una banca mientras
que sus amigas se quedaron observando las cositas
Fue un momento muy romántico, ambos en el que vendían en el óvalo del centro del parque.
cine, obviando a sus amigas que se fueron a sen-
tar más lejos, cogidos de la mano y mirándonos por —Son geniales, ¿verdad?
instantes, la pasamos increíble.
Sonreí y le dije: Claro, me caen muy bien.
Saliendo caminamos juntos por el Parque Ken-
nedy mientras que las chicas lo hacían detrás ju- —Les pregunté si podía decirte que vinieras, me
gueteando entre sí y riendo de todo. vieron triste porque te extrañaba mucho y gustosas
aceptaron que te llamara.
—Es la primera vez que salimos, le dije mirán-
dola fijamente. —Qué buenas amigas que son.

Sonrió y respondió: Y espero que no sea la últi- —Sí. Siento que me entienden. Aparte son muy
ma. divertidas.

—Yo igual, le dije con una sonrisa. —De eso no tengo dudas, dije y empecé a verlas
hacer travesuras.

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—Son muy graciosas, añadí. gido un sabor diferente y reían cuando se miraban
entre sí, era graciosa la forma como se comporta-
Era la primera vez que estábamos juntos lejos ban.
de mi habitación.
No suelo estar rodeado de tantas chicas; sin em-
Nos abrazamos y miramos el cielo para luego bargo, la pasaba estupendo. Sus amigas me hacían
concentrarnos en nuestros ojos, nos besamos y en- reír con sus ocurrencias y yo trataba de no ser tan
seguida nos cogimos de la mano para reincorporar- tímido y soltar alguno que otro comentario.
nos y seguir caminando.
Siempre me hicieron sentir cómodo. Es natural
Ellas nos vieron andar y comenzaron a seguir- que a veces no tengamos temas en común por las
nos haciendo cierta chacota. Llegamos a Larcomar diferencias de edad u otras veces algunas actitu-
y decidimos quedarnos un rato sentados en una des no sean similares a las mías; pero mayormente
banca cercana a la pileta, sus amigas decidieron comentaban ocurrencias, realizaban chacota y no
descender en busca de helados. No era mala idea, dejaban de reír, eso era muy agradable.
es más, lo hicimos unos minutos más tarde.
Por momentos hablaban sobre sus enamorados o
—Ahí está Kelly, vamos a hacer la cola con ellas, tal vez, acerca de los chicos que les atraían y cuan-
me dijo y aceleramos la marcha. do pedían sugerencias trataba de darles alguna
Ella llegó antes y se colocó detrás de su amiga. buena acotación que resultaba acertada. Entonces,
Delante estaban las demás, ansiosas por pedir su Daniela les hacía entender que yo era una especie
helado. de conocedor sobre temas de amor.

¿A quién no le gusta el helado? ¡A mí me encan- Cuando terminamos nuestros helados decidimos


ta! seguir caminando; pero ahora estábamos todos
juntos. Daniela y yo cogidos de la mano y el resto a
— ¿Qué vas a pedir, precioso? nuestro lado. Ellas hablaban entre sí y yo charla-
—Seguramente de mango, añadió al instante ba con Daniela; aunque a veces Daniela comentaba
haciéndome reír. algo con ellas o alguna chica me preguntaba algo.
No me sentía extraño, mucho menos incómodo, po-
De hecho, tenía razón. dría haberme encontrado con un amigo y no me hu-
biera sentido avergonzado ni tampoco ruborizado,
Nos sentamos todos en una mesa y empezamos a
creo que el pasear con las amigas de mi enamora-
disfrutar de nuestros helados. Cada una había ele-
da, a pesar de ser menores, no era motivo para sen-
tirse un tonto.

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Digo esto porque cualquiera de mis conocidos se su rostro observándome detrás, quizá, pensando en
hubiera sentido avergonzado. ¿Cuándo te volveré a ver? Pero reemplazando ese
momento por el conjunto de bellos ratos que había-
Era agradable andar en grupo, entramos a mu- mos disfrutado.
chas tiendas y recorrimos los pasillos. Luego se-
guimos buscando establecimientos, todo dentro de De igual modo, ya la extrañaba.
Larcomar porque se puede hallar de todo allí.
Al día siguiente nos encontramos en el MSN.
Después salimos y nos sentamos en una banca Charlamos recordando lo hecho durante la tarde
de los exteriores, Daniela y yo nos sentamos en una de ayer y comentó que había logrado hallar una
y el resto al frente, estábamos ligeramente agota- academia. Me pareció genial, apoyé su iniciativa
dos por tanto caminar. de empezar a estudiar y respondió que la idea le
gustaba porque pasaría más tiempo con sus ami-
Yo no era capaz de darle un beso frente a su gru- gas. Entendí que ellas también entrarían al mismo
po, quizá porque suelo ser respetuoso; pero Daniela centro de estudios.
lo hizo y me encantó.
De seguro van a hacer mucha chacota, pensé y
Resolvimos abandonar la banca y caminar rum- se lo hice saber enseguida. Acerté; aunque afirmó
bo a la avenida en donde abordaríamos un taxi. An- que también le dedicaría tiempo al estudio, lo cual
damos del mismo modo, ellas a un lado y yo junto a me pareció genial.
Daniela cogidos de la mano. A veces se retrasaban
y otras veces se adelantaban, eran graciosas. — ¿Sabes qué es lo mejor de estudiar?, dijo de
repente.
Abordamos un taxi, las chicas se sentaron atrás
y yo estuve adelante. — ¿Qué es? Quise saber.
Llegamos rápido, quise que al menos tardara un —Es que voy a poder verte más seguido. Es de-
poco más, lo único que pude hacer en el transcur- cir; puedo salir de la academia e ir a tu casa y decir-
so fue sujetar por momentos la mano de Daniela, le a mi mamá que me estoy quedando más tiempo o
quien se encontraba atrás de mi asiento. puedes ir a recogerme y pasear por allí.
Me bajé unas cuadras antes porque iban a des- ¡Era una idea fantástica! Y me sentí un tonto al
cender en la casa de Daniela, pagué, me despedí de no haber pensado en ello. No obstante, me pareció
mi princesa con un beso y de las féminas agitando estupendo que ella sí.
la mano y sonriendo. Entonces el auto avanzó y vi
—Es una excelente idea, princesa.

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—Soy muy inteligente, dijo y añadió emoticones —Precioso, estoy yendo a la academia para ma-
de rostro sonriente. tricularme. Anota la dirección y ven a recogerme en
una hora.
—Sí que lo eres, mi princesa. Por eso te quiero
mucho. No tuve necesidad de apuntar la ubicación. Salí
de casa luego de ducharme y vestirme, cuando lle-
—Yo también te quiero y ahora vamos a poder gué le envié un mensaje diciendo que me encontra-
vernos más seguido. ba afuera.
—Y bueno, ¿cuándo empiezas? Vi a Carla y Johana en el segundo piso, ambas
—En un par de semanas, en estos días voy a ma- agitaron la mano haciendo señales. Les respondí
tricularme. De repente te digo para volver a encon- de la misma manera.
trarnos, ¿qué te parece? Daniela salió del establecimiento y me dio un
— ¡Estupendo! Me envías un mensaje o me lla- abrazo. Besé su mejilla y le dije, aquí estoy. Qué
mas, sabes que siempre estoy disponible para ti. bueno, porque empezaba a extrañarte, respondió.
Sonreímos y esperamos a sus amigas bajar.
—So cute! Dijo agregando emoticones de cora-
zones. Cuando Johana, Carla y Kelly salieron sonrien-
tes, nos saludamos y empezamos a caminar por la
—Te quiero, mi princesa. Avenida Arequipa.
—Y yo a ti, precioso. Sabes que te quiero muchí- No sabía dónde íbamos y tampoco importaba, es-
simo. taba al lado de mi enamorada y eso era lo esencial.
Continuamos hablando de diferentes temas has- Caminamos algunas cuadras y nos detuvimos en
ta despedirnos como de costumbre superando la una tienda.
una de la madrugada. Siempre se iba a dormir a
esa hora. Daniela tenía mucha sed, sus amigas hambre y
sed, era casi la hora del almuerzo y al parecer, se-
No quise quedarme más tiempo en la Internet, gún contaron, salieron de casa sin tomar desayuno.
preferí ir a la cama y pensar un rato acerca de su
gran idea. De hecho, lo hice y sonreí mientras lo Tenía algo de dinero en la billetera, entonces, le
imaginaba. dije al grupo que las invitaría a comer.

Tres días después, recibí un mensaje. Fuimos al KFC ubicado a unas cuantas cuadras

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y nos sentamos en una de esas mesas redondas de se inundaron. Una lágrima cayó y de inmediato la
color rojo y blanco. Ellas se quedaron conversando secó. Estaba estático, sin saber qué hacer ni que
mientras realizaba el pedido. decir y sentí su pena por más que nunca la haya
vivido.
Minutos más tarde, devoramos todo. Yo no te-
nía mucha hambre; pero no me pude resistir. Ellas ¿Todo bien, princesa? No, respondió. Y otra lá-
se encargaron de casi todo y fue muy gracioso por- grima resbaló. No quiso secarla y se dejó caer en
que no tuvieron que comportarse para comer, la mi regazo.
confianza llevó a coger las piezas con las manos y
mancharse la ropa al abrir la mayonesa. Fue muy Imaginé que un fuerte dolor la agobiaba y quise
divertido. decirle algo alentador; pero no supe qué. Solo aca-
ricié su cabellera.
Satisfechos salimos del establecimiento y cami-
namos un par de cuadras, cruzamos la avenida y Todo va a estar bien, repetí un par de veces. Da-
detuve el primer bus que vi. niela seguía escondida en mi regazo, creí que esta-
ría llorando y de seguro no querría que la viera de
Subimos, por suerte hayamos asientos vacíos y ese modo.
nos dirigimos al parque Kennedy.
No te preocupes, princesa. Puedes contarme lo
Allí nos sentamos en una banca mientras que que gustes, le dije un par de veces al tiempo que
sus amigas deambulaban en los alrededores. La acariciaba su cabello.
abracé y le susurré al oído: Estamos de nuevo aquí.
Daniela sonrió y contestó: Casualmente en la mis- Salió y vi sus ojos pardos llorosos, la cogí de la
ma banca. mano y le dije: Te quiero, no llores, te ves más linda
cuando sonríes.
No me percaté de ese detalle. Tuve que pararme
para poder comprobarlo, entonces le sonreí y le di Sonrió por un breve instante y se aferró a mí. La
la razón. abracé y le besé la cabellera. Dime, ¿qué sucede?
Secó sus lágrimas y al verme dijo: Extraño a mi
Volví a abrazarla como hace un instante y le di Papá.
algunos besos en la mejilla.
Nunca tuve la oportunidad de estar separado de
De repente la noté angustiada, concentró su mi- mi padre. En ese momento quise haber sentido ese
rada en los juegos infantiles de unos metros, en dolor para poder comprenderla.
donde padres jugueteaban con sus hijos y sus ojos
Estoy seguro que él también te extraña, le dije
en tono tenue.
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¡No! No me extraña, si me extrañara me llama- hombro con mi mano derecha mientras que ella
ría o vendría a verme. pasó su brazo por mi cintura.
¡Nunca lo hace! Siempre me falla. Caminamos y caminamos en silencio hasta lle-
gar a Larcomar. Respetaba que no quisiera hablar,
La escuchaba hablar rabiosa y dolida. Su voz era nos detuvimos a un lado de la estatua de águila
entrecortada y por ratos colérica. entre las dos piletas y la sujeté de la mano viéndola
Tranquila, princesa. Como te dije esa vez, estoy a los ojos.
seguro que te va a llamar y van a poder salir a pa- Sabes que puedes contar conmigo para todo.
sear, intentaba animarla. Puedo ser bueno para divertirnos y también para
Tú que sabes, lo dijo mirándome fijamente a los escucharte, ¿Lo entiendes? Sus ojos ya no eran llo-
ojos, con esos pardos llorosos y un rostro sin gesto. rosos; pero se encontraban rojos, me daba pena.
Sin embargo, le dije nuevamente, ¿Lo entiendes,
La afirmación penetró toda capa en mi interior princesa?
hasta llegar a mi alma, incluso, logró agitarla.
Gracias, precioso, respondió con voz tenue y se-
Es verdad, ¿Qué se yo? rena.
Silencié inmediatamente; pero no agaché la mi- Y sabes que también soy bueno para darte un
rada, tampoco vi al cielo, la seguí mirando. beso, añadí enseguida logrando que sonriera. En-
Lo siento, dijo al instante. No es tu culpa tener tonces, nos besamos.
una vida genial. —Te invito un helado. ¿Vamos? Propuse para
Mi vida no es genial, princesa, le dije al tiempo animarla.
que sujeté su mentón porque agachó la cabeza. Ten- —Tengo espacio para un cono de vainilla, dijo y
go problemas, muchas diferencias con mis padres y soltó una risa.
hasta discutimos. Todos tenemos dificultades; pero
lo importante es salir adelante, intenté animarla. Fue muy agradable escuchar su risa.

Voy a estar bien, todo va a estar bien, se dijo a —Vamos entonces, le dije y empezamos a cami-
sí misma con seguridad, se levantó de la banca y nar.
añadió: Caminemos, por favor. Curiosamente encontramos a sus amigas en la
La abracé por encima de la espalda y toqué su misma cola. Fue un hecho muy gracioso.

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¿Cómo es que han llegado tan rápido? Quise sa- —Creo que mejor le voy a decir a mi papá que
ber; pero ninguna respondió con claridad. me lo compre, añadió al instante.
Mientras ustedes caminaban abrazados muy —Es una buena idea, la animé.
lentamente, nosotras íbamos volando con nuestra
nube voladora. Me hizo reír esa respuesta. —Sí. Aparte, me la debe, acotó. Y entonces, asen-
tí con la cabeza.
Al tener nuestros helados preferimos caminar
sin rumbo en lugar de sentarnos. Daniela quiso Seguimos caminando hasta llegar al Bowling.
entrar a la tienda de discos porque vio en el esca- — ¿Has jugado? Quiso saber.
parate un afiche del nuevo sencillo de uno de sus
cantantes favoritos. —Hace años con Ezequiel y mis hermanos. La
pasamos chévere. Jugamos por el cumpleaños de
Ella buscaba dicho disco mientras que yo mira- Ezequiel. Él fue quien pagó todo.
ba y anhelaba tener el disco de Alejandro Sanz que
me faltaba. —Recuerdo que tiempo después hice lo mismo
por mi cumpleaños. Y creo que solo esas dos veces
— ¿Es el que te falta, verdad? Dijo al verme su- he venido a jugar.
jetando el disco con aire nostálgico.
—Yo he jugado más veces, creo que cinco o seis,
—Fui un idiota al perderlo, le dije y sonreí de dijo Daniela.
medio lado.
—Que bueno. Te diré que no me llama la aten-
En aquellos tiempos no cualquiera podía com- ción. O sea, la primera vez que vine a Larcomar y
prar un disco original, era relativamente caro. Yo entre aquí me pareció bacán y me dieron ganas de
lo tuve y no recordaba con exactitud cómo fue que jugar, pero luego de jugar ese par de veces no volvió
lo perdí. a llamarme la atención. Creo que prefiero pasear,
—Por descuidado o despistado. Tienes que cui- comer algo, tomar helados y andar. Eso es lo que
dar tus cosas y más cuando te cuesta comprarlas, me gusta.
dijo Daniela con suma madurez. —A mí sí me gusta; aunque a mis amigas no tan-
Agaché la cabeza dándole la razón. to, es que todas las veces que vinimos fui la gana-
dora, lo dijo tan orgullosa que provocó ternura.
—Vamos a caminar. Voy a juntar dinero para
comprarme el nuevo disco, comentó mientras sa- —Eres la mejor, de eso estoy seguro, le dije ani-
líamos del lugar. mándola aún más.

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Sonrió y respondió: ¿Qué puedo decir? Soy bue- mirar con mejor panorama. Quedamos admirados,
na en esto. incluso nos dio ganas de meternos; pero ambos sa-
bíamos que no íbamos a hacerlo.
Salimos del Bowling y caminamos recorriendo
las tiendas y observando las prendas que se mues- En ese momento aparecieron esas locas e hicie-
tran en los escaparates. Seguimos andando hasta ron ademán de empujarnos. De hecho, no me asus-
llegar a una escalera, subimos instintivamente y té tanto como lo hizo Daniela, quien lanzó algunas
llegamos a los exteriores. Un niño vendiendo rosas groserías; pero luego estalló en carcajadas.
se acercó y fue curioso que dijera lo siguiente: Se-
ñor, ¿Una rosa para su princesa? Aquello hizo que — ¡Que buena vista, eh! Dijo Kelly admirando
no dudara en comprarle una. Para una princesa, el mar.
repetí y se lo entregué. Daniela sonrió y se ruborizó —Está bacán para surfear, añadió Johana.
para al rato acotar: Es la primera vez que me rega-
lan una. Le di un beso y continuamos el trayecto. — ¿Podemos hacerlo este fin de semana? Pre-
guntó Kelly.
Daniela no quería sentarse, a pesar que le dije
para hacerlo; entonces seguimos deambulando por —Claro, coordinamos y si nos dan permiso va-
los exteriores. Nos encontramos con sus amigas y mos, respondió Johana.
quedamos en ir más allá, como quien se dirige al A mí me pareció graciosa su pequeña charla. No
Parque del amor. sabía que a ambas les gustaba surfear.
Nosotros nos adelantamos, porque ellas se detu- —Vayan yendo chicas, luego les damos el alcan-
vieron un rato para comprar dulces en un kiosco. ce, dijo Daniela, como quien bota sutilmente a sus
Cogidos de la mano y a veces apoyando su cabe- amigas.
za en mi hombro recorrimos el camino. Fue gracioso y a la vez, obvio.
Llegamos a un parque pequeño desde donde se —Ya, ya, ya nos vamos, dijeron al tres práctica-
logra ver el mar en todo su esplendor. Afortuna- mente en coro.
damente vimos una banca vacía, el resto estaba
ocupado con parejas que se besaban, abrazaban o Entonces se adelantaron y nosotros nos queda-
conversaban, nosotros nos enfocamos en mirar el mos un rato más viendo el mar.
mar. Se veía fantástico y pacífico.
Anduvimos abrazados hasta llegar al Parque del
Decidimos acercarnos a la barandilla y lograr amor. Daniela conocía; pero no lo recordaba bien.

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Dijo que las veces que pasó fueron en el auto de su Le hizo una señal a las féminas y me dijo: Cami-
Papá. Yo he venido algunas veces; pero nunca con nemos.
una enamorada, aclaré.
—Ojalá podamos regresar pronto. Es un lugar
A ella le encantaba ser la primera en todo, por muy bonito, dijo sonriente.
eso vi reflejada en su rostro una linda sonrisa.
—Claro. Será cuestión de coordinar y podemos
Quiere decir que es la primera vez que besas a estar aquí de nuevo.
alguien aquí, añadió al instante para besarme pos-
teriormente. Me encantó el beso, el sujetarme de Caminamos abrazados. Las chicas nos seguían
las mejillas y jalarme era parte de su personalidad. realizando la chacota de siempre y nosotros avan-
Y a mí me gustaba como era. zábamos sin voltear.

Nos sentamos a un lado del enorme monumento —Precioso, saliendo de estudiar me vas a tener
de una pareja besándose y puede sonar cursi; pero que llevar por aquí, dijo y nuevamente sonrió.
ese lugar transmite buenas sensaciones. —De hecho. Por estos lares se puede caminar
El ver parejas abrazadas y besándose, las frases tranquilo, el clima suele ser cálido y no existen cu-
optimistas pintadas en los muros alrededor, el mo- riosos, dije con algo de humor.
numento que muy explícito hace aclarar el nombre Sonrío y dijo: Es cierto. Sin curiosos.
del parque y el ambiente pacífico junto al olor a
mar hacen que sea un bonito lugar para visitar en En Larcomar nos despedimos. El trío estaba
pareja. cansado, nunca antes habían caminado tanto, de-
cían entre sí; pero con sonrisas y risas.
A Daniela le gustó, al punto de decirme que le
gustaría volver. Aseveré que sería grandioso regre- Pude haberme ido con ellas; pero Daniela dijo
sar alguna vez. que debían ir a la casa de Johana, debido a que allí
se encontraba su madre tomando lonche.
Llegaron las chicas; pero se hicieron las tontas y
deambularon por los alrededores leyendo las frases Escuchar lonche me ha abierto el apetito, dije
escritas en los muros. rascándome la barriga. Ellas rieron y se despidie-
ron agitando la mano.
Daniela propuso regresar, habíamos estado un
buen tiempo sentados observando todo, que era Nos vemos, princesa, le dije y le di un beso. La vi
momento de volver. entrar al taxi y arribaron.

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Algunas semanas después, desperté a la hora de tal vez recostada sobre cama o quizá, maldiciendo
siempre, poco antes del medio día o pasándolo, re- cientos de veces. Me dolía imaginarla así; pero des-
visé el celular y hallé un mensaje de texto. de mi posición poco podía hacer.
—Precioso, ¿Me vienes a recoger? Trataba de escribirle palabras optimistas, ora-
ciones que puedan hacerla sentir mejor; pero, tal
Daniela había empezado sus clases, era viernes vez, leía y se olvidaba, lo obviaba o ganaba su ira y
de su primera semana y quería que vaya a recoger- dolor porque continuaba diciéndome lo mal que se
la. sentía, lo jodido que era tener padres separados y
— ¿A qué hora sales? Le envié un mensaje. yo tratando siempre de asimilar su dolor y decirle
que todo iba a mejorar.
—A la 1pm, respondió.
¿Qué podría hacer para que todo mejorara?
Eran las doce y diez. Me levanté, bañé, vestí y Cada vez que su papá le fallaba, Daniela lloraba
salí de casa en diez minutos. Haría todo por verla y se sentía desconsolada, a veces no respondía los
y no la tenía cerca desde aquella vez en Miraflores. mensajes y tardaba horas en contestar por MSN, a
—Estoy yendo, respondí el mensaje cuando es- veces ni siquiera se conectaba.
tuve en el bus. Le enviaba muchos mensajes tratando de alen-
Como la extraño, pensé. tarla, la llamaba y llamaba hasta que contestara y
entonces le decía que todo mejoraría, cuando real-
Al fin voy a abrazarla y besarla, pensaba mien- mente ni yo sabía cómo realizar esa empresa; pero
tras que el bus, sorprendentemente, avanzaba a alguna noción tendría para decirle que sí. Es que
velocidad. siempre fui optimista.
No habíamos podido estar juntos desde aquella Daniela se refugiaba en mí cuando se calmaba,
vez. Siempre ocurrían imprevistos. A veces no te- cuando el dolor se apagaba levemente, cuando en-
nía permiso, otras veces salía con su madre y en tendía la ocupación o lo que estuviera haciendo su
varias ocasiones dijo que saldría con su padre; pero progenitor para no asistir y entonces, contestaba
este nunca llegaba y tenía que consolarla del modo los mensajes o respondía la conversación del MSN.
más inútil, tras una pantalla. Aunque era distinta, fría y seca; sin embargo, mi
labor era cambiar esa actitud y muchas veces lo lo-
En muchas ocasiones no respondía, tardaba bas-
graba, la hacía sentir mejor con mi palabreo bonito
tante en contestar y no sabía que estaba haciendo,
y describiendo lo que sentía por ella. Imaginába-

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mos lo que viviríamos más adelante y sentía que —Los mismos del colegio y algunos otros como
ello lograba hacerla sentir mejor. filosofía, por ejemplo.
Llegué a la academia y me detuve al frente a —Ya entiendo. Me parece muy bien, respondí y
esperarla. Previamente le mandé un mensaje. le sonreí.
Salió sonriente, cargando su mochila, el cabello Seguimos caminando, cargaba su pesada mochi-
suelto, divino, por supuesto y vestida de jeans y la y quise saber que llevaba; pero no iba a detener-
Converse. Bella como de costumbre. me y abrirla aunque hubiera sido divertido.
Al verme parado al frente agitó la mano hacien- — ¿Qué llevas acá? Pesa un montón.
do relucir esa enorme sonrisa y el cabello ondulado
que brillaba por causa del sol. Ella empezó a reír y me contagié de su risa.

Crucé para que no lo hiciera; pero no me hizo —Sabes que soy bien organizada, tengo un cua-
caso o no se percató de mi ademán. Convergimos derno para cada curso y además, mi lonchera.
en un abrazo entre ambas pistas, en la alameda — ¿Un cuaderno para cada curso? Yo hubiera
que las divide. llevado uno para todos y un lapicero negro.
Cogí su mochila y caminamos instintivamente, Comenzó a reír de nuevo.
a medio camino le pregunté por sus amigas. Esas
vagas han faltado, dijo sonriendo. — ¡Estás loco! Dijo enseguida.

Me dio risa el hecho que no hayan asistido por- —Llevo lapiceros de muchos colores y cuadernos
que se me ocurrió imaginarlas sin ganas de levan- para cada curso, así estoy organizada y estudio me-
tarse temprano y me sentí orgulloso de mi novia, jor, dijo orgullosa.
quien gustosa fue a estudiar. Me pareció sensato.
— ¿Cómo te ha ido? Pregunté mientras andába- —Está bien, princesa. Es una buena idea.
mos.
Dejamos de caminar y cruzamos la avenida para
— ¡Genial! Estoy potenciando lo aprendido en el detenernos en el paradero. Ambos estábamos can-
colegio. sados, ella por levantarse temprano y yo por cami-
—Que bueno, princesa. ¿Qué cursos llevas? nar cargando tremendo peso.
Detuve el bus y lo abordamos. Al sentarse soltó

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un suspiro, la noté cansada y dejé de hablar. Se Caminó, saludó a un par de vecinos con un acto
acomodó sobre mi hombro y repentinamente se gestual, se esforzaba por cargar esa pesada mochi-
quedó dormida. la, tal vez en las mañanas lo haría con facilidad y al
llegar a casa, abrió la rejita y buscó la llave dentro
Acaricié su melena ondulada mientras imagina- de un bolsillo de su mochila. Pero en ese momento
ba que estaría soñando, era la primera vez que la alguien salió de casa y le dio un abrazo, era su ma-
observaba durmiendo, se veía tierna. dre, me escondí entonces; di media vuelta y me fui.
El bus avanzaba y Daniela parecía inmune al Ve a descansar, princesa, le escribí un mensaje
movimiento, mi regazo era una especie de almoha- caminando rumbo a mi casa. Respondió minutos
da cálida donde podría soñar en paz. después: Estoy en mi cama, voy a continuar el sue-
No quise despertarla cuando llegamos al para- ño. Besos.
dero; pero fue necesario. La siguiente noche nos encontramos en el MSN.
—Princesa, llegamos, despierta. Daniela me dijo que estaba leyendo acerca del últi-
mo tema que vieron en clase. Preferí no presionar-
Abrió sus ojitos pardos y liberó un bostezo. Agi- la con los mensajes instantáneos y resolví esperar
tó los brazos y volvió a bostezar. Descendimos del a que contestara cuando esté disponible. Siempre
bus en el siguiente paradero y caminamos hasta su tuve una predisposición para entender las cosas
casa. importantes.
Hubiera querido dejarla en la puerta y poder ir Me distraía deambulando en Google buscando
tranquilo a casa; pero tuve que detenerme en una un sinfín de cosas, algunas pocas relevantes y otras
esquina, darnos un abrazo de despedida y alejar- muy interesantes; pero cuando Daniela respondía
nos. los mensajes, siempre empezando con una disculpa
—No te vayas a quedar dormida en el camino, le por la demora, solía enfocarme plenamente en la
dije en son de broma. conversación.

—No te preocupes, precioso, respondió y sonrió Contaba acerca del tema que estaban viendo,
con su rostro de recién levantada. que le resultaba interesante y que por ello volvía
a darle una ojeada, que repasaba para no olvidar
La vi caminar y doblar a la derecha, cuando lo y aprender más y que ahora utilizaba el internet
hizo me asomé un poco para observarla entrar a su para investigar y no solo para chatear. Me pareció
casa. muy sobrio ese último comentario.

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Apoyaba sus palabras y la animaba a que siguie- de las razones por las que odiaba el colegio, yendo
ra con esa actitud, que lo más probable es que lle- por el placer de siempre llevar una buena lonche-
gará muy lejos si continúa con ese pensamiento. ra (frutas, yogurt y panes con algo rico, tamalito
Entonces, acotaba que yo debía de pensar igual y o huevo) y posteriormente, relatando una serie de
tener sus mismas ganas para estudiar. gratos momentos que hemos vivido antes. A ella le
encanta recordar, a mí también; pero cuando Da-
Se me hacia fantástico que alguien me dijera niela cuenta experiencias pasadas es como si vol-
eso, mostraba el interés y la importancia que me vieran a aparecer. No tenemos muchas; pero las
tenía. pocas que rescatamos son geniales. Siempre las
No me había sucedido antes, en mis anteriores compartimos.
y efímeras relaciones, nunca sentí esa energía que Al final terminamos hablando de nuestro próxi-
transmitía cuando me hablaba de ese modo, tan mo aniversario, de poder salir a algún lugar y cam-
preocupada por el porvenir de su novio. biando radicalmente el tema, hablamos del clima y
Lamentablemente no pude hacer realidad su de- que comienza a hacer frío. Me encantaba chatear
seo, no del modo usual, porque llevaba otros planes con Daniela porque literalmente hablábamos de
para mi vida -que no se realizaron como le conté- todo.
pero que debía de reemplazarlos de alguna mane- Decidí quedarme un rato más cuando se fue a
ra. Eso pensaba en dicho entonces. Yo no sabía que dormir. Abrí Word e inicié una carta. Repentina-
en lugar de intentar sustituirlos, podía reinventar- mente me sentí inspirado y quise escribir algo bo-
los y enfocar la vibra positiva y las ganas de ser nito para ella.
alguien en algo para lo que realmente podía ser
bueno; aunque ni Daniela ni yo mirábamos lo que Escribí el primer párrafo, lo leí y luego no paré
era obvio. hasta culminar una carta de tres páginas. Suele
suceder cuando uno anda enamorado y la inspira-
Después de varios minutos, me contó que ter- ción resulta innata, es como si saliera hasta de mis
minó el repaso y empezaría a chatear con libertad. poros.
Hablamos desde sus travesuras en la academia, Describí mis sentimientos utilizando metáforas,
pasando por los cursos que lleva y retomando el relaté algunas anécdotas, mayormente las que les
hecho que está aprendiendo bastante, atravesando faltó comentar durante la charla, e imaginé un fu-
por el problema que es levantarse temprano, en el turo juntos, siempre me gustó escribir acerca de
cual estaba totalmente de acuerdo y que era una un porvenir, anhelar el hecho de poder compartir

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más tiempo juntos. Me gustaba hacerle entender Le dije que viniera a mi casa para poder charlar
que quisiera gozar de su compañía durante mucho o me diera su ubicación para ir a buscarla; pero
tiempo. colgó el teléfono.
Firmé la carta a un lado del te quiero mucho, Felizmente apareció a los diez minutos afuera
princesa. de mi casa. La vi descender de una moto taxi, yo
andaba vigilando por la ventana por si algo así lle-
Después, me hice una pregunta, ¿Cuándo se la gara a ocurrir.
voy a entregar?
Al verla descendí y le abrí la puerta, entramos y
No tenía la respuesta, solo esperaba que fuera subimos a mi habitación.
pronto; aunque si de algo andaba completamente
seguro, es que le iba a encantar. — ¿Qué sucede, princesa? Pregunté mientras la
veía sentarse al filo de la cama.
Amaba esa clase de detalles.
Secó sus lágrimas, me miró y dijo: ¿Por qué siem-
Pasó una semana para que nos volviéramos a pre me falla?
ver. No fue un encuentro amoroso como a los que
estábamos acostumbrados; Daniela estaba dolida —Princesa… dije y un silencio se adueñó del
y me llamó por la noche, algo totalmente extraño, cuarto. No sabía que responder.
porque nunca solía llamarme a dicha hora.
Froté las manos e hice lo mismo con mi rostro.
Lo peor fue que lo hizo desde un número que no Ella seguía ahí, al frente, nostálgica y callada. Es-
era el suyo. peraba una respuesta o tal vez, solo se trataba de
una interrogante retórica y andaba en busca de
Se encontraba triste, no la entendía cuando ha- consuelo.
blaba, le pedía que se calmara; pero seguía balbu-
ceando. Le pregunté de donde llamaba y dijo que Sin embargo, sentía que necesitaba una res-
de un teléfono público. Yo estaba preocupado, nun- puesta, sentía que quería escuchar un argumento
ca antes había sucedido algo similar, ella siempre que la hiciera estar mejor al menos por una noche
paraba en casa durante la noche, chateando o vien- y yo no lo tenía.
do televisión, de repente estudiando.
—Lo estuve esperando dos horas y nunca se apa-
Respiró para calmarse y hablar mejor logrando reció, dijo de repente.
que asimile lo que decía.
— ¡Dos largas horas esperándolo como una idio-
ta! Dijo ofuscada.

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Comencé a notarla frustrada, hacia puño en am- conozco y no sé en qué trabaja o lo que hace; pero
bas manos canalizando el coraje; no lloraba, solo trato de comprender que tal vez, en lo que se des-
rechinaba los dientes. Estaba llena de rabia, podía empeña no haya un momento de libertad, es decir;
haberle enojado que le volviera a fallar; pero le do- posiblemente esté todo el tiempo ocupado.
lía más haber vuelto a creer.
—Entonces, ¿Por qué dice que va a venir cuando
La veía intentando encontrar argumento sólido no es así?
para tanta ira y frustración, dolor y coraje.
—La mentira esta pésima. En eso tienes razón.
—Tranquila, princesa, le dije. No te tiene porque mentir, lo afirmé severamente.
Me acerqué e hinqué al frente. Sujeté sus manos — ¡Eso es lo que me revienta! Detesto las men-
y traté de verle el rostro; aunque esté boca abajo, tiras, me decepcionan las personas falsas y duele
concentrada en el parquet, callada y con el cabello cuando se tratan de seres queridos.
ondulado cubriéndolo todo. Totalmente desecha.
Tenía toda la razón, a cualquiera le incomodaría
—Oye, princesa, dije mientras la sujetaba del y dolería la mentira de alguien que aprecias.
mentón levantando levemente su rostro.
—No te enojes, tampoco llores. Solo quédate
—Te quiero mucho, ¿lo sabes no? Y sabes tam- tranquila, le dije, la abracé y sentí que me abraza-
bién que puedes contar conmigo para que lo fuera, ba aferrándose a mi ser.
como te lo dije hace un tiempo.
Enseguida, le di un beso y añadí: Eres una chica
Me vio. Se veía seria, notaba nostalgia en su mi- increíble y te quiero muchísimo. Pase lo que pase
rada; aunque la rabia había desaparecido. siempre vas a poder contar conmigo, lo repito por-
que quiero que lo tengas en mente.
—Mi viejo y la misma historia de siempre. A ve-
ces quisiera no quererlo, no esperarlo, no sentir lo —Por eso estoy aquí, dijo. Volvió a abrazarme y
que siento o no ver a otros hijos felices con sus pa- al oído susurró: Yo también te quiero mucho.
dres y poder llevar una vida tranquila y sin esta
clase de momentos; pero se me hace imposible y —Ahora cambiemos de tema y vamos a alegrar-
supongo que es natural. nos un rato, ¿te parece bien?

Entendí claramente su punto de vista. Asintió con la cabeza y dijo que iría al baño.
Cuando lo hizo me puse a pensar en su situación,
—Princesa, no quiero justificar a tu padre, no lo en lo complicado que era para alguien de su edad,

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que a pesar de tener un gran nivel de madurez se le tones y le causaba cierta ternura. No recordaba el
hace difícil vivir así. ¿A quién no? La ausencia del nombre; aunque no se me hizo complicado hacér-
padre siempre afecta. selo entender a la empleada porque vi el peluche
de aquel personaje en uno de los escaparates y solo
Recordé a mi padre en ese instante, quien había tuve que decir: Me llevo ese. ¿Me lo envuelve, por
salido al cine junto a mi madre a pasar un rato favor?
agradable.
La chica tenía una facilidad increíble para en-
Es un tipo que nunca te falla, pensé y me hubie- volver regalos; yo siempre me complico la vida con
ra gustado que ella tuviera uno similar; pero uno esas cosas.
no los elige.
Descendí del bus una cuadra antes, quería cami-
Daniela salió del baño con un mejor semblante. nar mientras salían los alumnos. Eran alrededor
Nos dimos un abrazo y le propuse ver televisión de las 12.45pm, dentro de unos minutos saldría y
durante un rato. me vería exactamente al frente.
Nos echamos y se refugió en mis brazos. Pensé La esperé en la esquina, apoyado en la pared y
que empezaba a sentirse mucho mejor, estaba dó- mirando al frente por si la veía salir. Iría de in-
cilmente cobijada en mi regazo, respirando lento mediato a sorprenderla, tal vez me abriría un poco
y soltando risas por instantes, es que estábamos para hincarle la espalda o de repente dejaría que
viendo una película de comedia. me viera avanzar hacia sus brazos, lo pensaba
Me gustó escucharla reír y saber que el mal rato mientras miraba las escaleras anhelando verla ba-
había pasado. jar con ese espectacular andar.

Pasó el tiempo, el día que cumplíamos tres me- Muchas féminas comenzaron a salir con sus mo-
ses decidí darle una sorpresa. Iba a ir a recogerla chilas en la espalda y charlando entre sí, riendo y
a la academia y entregarle un pequeño obsequio. dirigiéndose a distintos lugares al terminar de des-
cender por las escaleras; pero no aparecía Daniela,
Lo primero que hice al despertar fue ducharme y quien seguramente debió estar realizando los últi-
vestirme, comí algo ligero y arribé hacia allá. mos apuntes.
La noche anterior visité una boutique cercana Vi salir a sus amigas, Johana y Kelly, ambas
y logré hallar el regalo indicado recordando que le estaban sonrientes y soltando risotadas, tomando
fascinaba un personaje de nombre extraño, que no agua y haciendo sombra con sus manos para evitar
me daba risa; pero que a ella le hacía reír a mon- al repentino sol.

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Creí que Daniela saldría enseguida, diría algo o jilla para luego quitarle los lentes y colocárselos,
haría algún ademán para que se detuvieran, enton- tal cual niña traviesa.
ces irían juntas rumbo al paradero; pero no fue así.
Ellas desaparecieron de mi vista repentinamente; Al rato, el tipo sujetó las cosas y las metió al
aunque, por suerte, logré ver a mi chica salir de la carro. Ella se hallaba asombrosamente contenta,
academia. seguramente no esperó que su padre fuera a reco-
gerla. Enseguida, el carro arrancó y se marcharon.
Llevaba una gran y hermosa sonrisa, cargaba su
enorme mochila que seguramente debería ayudar Me mantuve donde estaba, tenía el rostro serio;
a levantar y tomaba agua al tiempo que descendía aunque por dentro asimilaba lo ocurrido y me ale-
con apremio. graba por Daniela.

Pensé en acercarme, darle un beso, cargar su Ella necesitaba esto, pensé. Y una sonrisa creció
mochila repleta de cuadernos, entregarle el regalo en mi rostro.
y caminar cogidos de la mano. Me di la vuelta y volví a la otra calle. Caminé
Sonreí y suspiré cuando lo imaginé y avancé algunas cuadras fumando algunos cigarrillos ima-
para converger con ella. ginando lo bien que la estaría pasando y sonreía
por eso.
Me detuve al medio de la pista, en la alameda
que divide ambos carriles y vi un auto estacionar- Al rato, detuve un bus y regresé a casa.
se, era una camioneta gris, que se paró justo a su Más tarde, le envié un mensaje con el siguiente
lado, me sorprendió que Daniela dejara sus cosas texto: ¡Feliz tres meses, princesa! Te quiero muchí-
abandonadas y se acercara a la ventana del con- simo y espero que sigamos cumpliendo más tiempo
ductor, emocionada y entusiasmada como una cán- juntos. Respondió minutos más tarde.
dida niña.
¡Precioso, feliz aniversario! Yo también te quiero
Desde mi posición pude ver sus ojos brillar, la mucho, lamento que no nos hayamos podido ver;
sonrisa iluminada y una euforia nunca antes vista. pero salió algo imprevisto. Ya luego te cuento. Be-
Me quedé en el mismo lugar y vi al conductor sotes. Leí el mensaje con una sonrisa y continué
descender del auto, era un tipo alto, de barba y con- escribiendo un cuento. Pensaba dárselo cuando lo
textura gruesa, de camisa a rayas y pantalón de termine porque quería recibir su opinión.
vestir, celular atado a la cintura y gafas de aviador, Las veces que no veía a Daniela, cuando no ha-
a quien Daniela abrazó con alegría y besó en la me- bía fútbol en la televisión y abundaban las teleno-

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velas, se ausentaban las buenas películas y me da a ello vi un poco de televisión, las noticias más que
flojera ir al mercado a comprar algún DVD, disfru- todo.
taba escribir, algo que no hacía seguido; pero cuan-
do lo realizaba solía terminar cuentos en cuestión Al día siguiente por la tarde vi a Daniela conec-
de horas. tada, al lado de su Nick se encontraba la canción
que andaba escuchando.
Me engancho mucho con algún relato y lo escri-
bo hasta culminarlo, no lo dejo para otro momento -Alejandro Sanz - “La fuerza del corazón” leí y
porque no suelo saber cuándo será, debido a que sonreí.
me distraigo con otras actividades. —Hola princesa. ¡Qué bonita canción estas es-
Me gustaba escribir sobre fútbol, mis relatos cuchando!
acostumbraban a contener situaciones futbolísti- —Precioso, te he extrañado, dijo y enseguida
cas, describía momentos en el campo y trataba de añadió: Te tengo que contar muchas cosas.
contar mis triunfos y derrotas en el juego, desci-
frando y compartiendo cada sensación que iba sin- —Cuéntame todo, princesa, le dije agregando
tiendo mientras el juego se realizaba. emoticones de sonrisa.

Se me hacia interesante creer que cualquier su- —Ayer mi papi fue a recogerme a la academia,
jeto que juega al fútbol podría sentirse identificado me sorprendió para bien y fuimos a tomar helados
con el cuento. a Larcomar. La pasamos genial, sentí que volvía-
mos a ser padre e hija de nuevo, como aquellos bue-
Terminé el texto y me conecté al MSN; pero Da- nos tiempos.
niela no estaba en línea. No quise enviarle un men-
saje para que se conectara porque de repente la es- Leer lo que contó me llenó de alegría.
taría pasando de maravilla con su padre. — ¡Qué chévere, princesa! Sabía que todo se so-
Decidí esperarla un tiempo, en tanto, conversa- lucionaría.
ba estupideces con mis amigos, riéndonos con las —Pues, sí. Además, prometió no volverme a fa-
tonterías que nos contábamos y a la vez escuchaba llar. Dijo que estaba ocupado realizando algunos
música. pendientes y por eso no pudo, me pidió disculpas
Se hizo tarde así de rápido y Daniela no entró. y lo disculpé cuando fuimos a tomar helados. Esta-
Mis amigos se desconectaron y yo también decidí mos de maravilla y espero se mantenga, dijo aco-
zafar para ir a la cama a descansar; aunque previo tando emoticones de rostros alegres y corazones.

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—Eso es lo importante, princesa, dije basándo- gando emoticonos de corazones y caras con sonri-
me en la última frase. sas.
— ¿Y tú como has estado? Lamento no haber- —Obvio, princesa. Mañana nos veremos, añadí
te visto ayer. Ojalá te pueda ver esta semana, si corazones.
quieres claro, dijo añadiendo emoticones de rostro
ruborizado enfatizando la última frase. —Y sabes, no sé si te habrás dado cuenta; pero
estamos planeando, acoté enseguida con un emoti-
Me pareció muy gracioso que dijera eso. cón de rostro de asombro.
—Descuida, princesa. Sabes que me encanta Tardó en responder, de repente asimilando lo
verte; pero eso dependerá de ti, dije y añadí unos ocurrido.
emoticonos de corazón y rostro sonriente.
—Cierto, estamos planeando. No me había dado
— ¿Cuándo puedes? Pregunté enseguida olvi- cuenta, se me hizo todo tan natural, dijo con emoti-
dando que le gustaba improvisar. A veces no lo re- conos de ruborizado.
cordaba.
—Me gusta que empecemos a planear, a veces
— ¿Qué te parece mañana? es mejor que improvisar, dije con un emoticón de
rostro sonriente.
—Claro, mañana estaría bien, respondí y al rato
me di cuenta que estábamos planeando. —Bueno, si, en parte tienes razón. Aparte, mi
mamá ya no está llamándome a cada rato pregun-
Quise hacérselo saber por si no se había dado tándome donde estoy. Creo que estudiar hace que
cuenta; pero preferí continuar planificando. tenga cierta libertad.
— ¿Me vienes a recoger, verdad? Sabes a qué —Me gusta improvisar, tú lo sabes; pero tam-
hora salgo. bién me parece genial planear como lo estamos ha-
—Sí. Te espero en la esquina de siempre hasta ciendo ahora, añadió enseguida.
que aparezcas por la puerta para ir a abrazarte. —Me alegra leer eso, creo que debemos practi-
—Extraño ese abrazo. carlo más seguido, le dije.

—Y yo abrazarte. —Estoy segura que sí. En fin, ¿Qué haremos ma-


ñana?
—Entonces, precioso, mañana te veo, dijo agre-

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Fue una pregunta que me gustó bastante. detuve el primer bus y arribé hacia allá.
—Pensaba ir a recogerte, caminar e ir a un lugar El bus avanzó lento como suele hacerlo; pero re-
a tomar helados. pentinamente aceleró el ritmo y logré llegar; aun-
que con veinte minutos de retraso.
—Buena idea, precioso. Sabes que nunca me
canso de los helados, respondió y agregó muchas Creí que llegaría cuarenta minutos tarde, pensé
risas. al descender.
—Yo también amo los helados, los puedo disfru- El reloj del celular marcaba la 1.20pm y asom-
tar en verano como en invierno. brosamente, nadie salía de las instalaciones.
Añadió risas. También hice lo mismo. ¿Habrán salido todos y ya no hay nadie? Pensé
y empecé a preocuparme; aunque también imaginé
—Entonces, quedamos en eso, princesa. que en dicho caso hubiera recibido un mensaje de
—Así quedamos, precioso. Ahora voy a estudiar su parte.
un rato y de repente me conecto más tarde. No me detuve al frente, crucé la avenida y me
—Está bien, ve a estudiar. Te quiero mucho. paré a un lado de la escalera.

—Yo también te quiero, precioso. Nadie salió durante un par de minutos más. De
repente, abrieron las puertas y comenzaron a salir
Añadió muchos emoticonos de corazones y besos en mancha. Sentí alivio.
y apareció desconectada.
Entre la multitud pude ver a Daniela, quien se
Me amanecí en la computadora, no en la inter- encontraba acompañada de sus amigas de siempre
net. Me quedé escribiendo el cuento y no me detuve y otro par que no conocía.
hasta ver los primeros rayos del sol asomarse por
la ventana. Cuando me vio aceleró el paso y nos abrazamos
en el primer escalón. Saludé a Johana y Kelly y me
Desperté tarde a pesar de colocar el despertador. presentó a las otras.
Eran alrededor de las 12.30pm y en 30 minutos
Daniela saldría de la academia. Luego, sabiendo que iríamos a pasear, se despi-
dieron agitando la mano y se marcharon en distin-
No tuve tiempo de maldecir al despertador. Me ta dirección.
duché y vestí en cuestión de minutos, enseguida

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Daniela me cogió la mano y preguntó con dulzu- — ¿Qué hacemos después? Quise saber.
ra, ¿Has esperado mucho? Sonreí y respondí: Alu-
cina que acabo de llegar. —No lo sé, tengo curiosidad por el regalo. ¿Va-
mos a tu casa? Propuso con rapidez.
¿En serio?, ¿Por qué? Quiso saber y le conté toda
la historia. Asentí con la cabeza y salimos del local en direc-
ción a la avenida. Detuve un taxi porque no quería
Te salvaste, si hubieras venido a la hora de siem- perder tiempo viajando en micro.
pre me hubieras esperado un largo rato porque tu-
vimos que quedarnos a dar una prueba sorpresa, Llegamos a mi casa más rápido de lo que pensé,
explicó mientras caminábamos. bajamos y abrí la puerta.

Asentí con la cabeza y sonreí. En la sala estaban todos tomando lonche (siem-
pre comen) saludé gestualmente; aunque Daniela
Seguro que hiciste bien la prueba, añadí. lo hizo con beso en la mejilla. Siempre tan respe-
tuosa, pensé. Y la esperé a media escalera.
Sí, eso no lo dudes, dijo con mucha seguridad.
Intercambiamos sonrisas y continuamos andando. La cogí de la mano mostrándole una sonrisa por
su cándida forma de ser y terminamos de subir jun-
—Sabes, tengo algo para ti, es un regalo por el tos. Entramos a mi habitación y cerré la puerta de
aniversario; pero he olvidado traerlo. Si vamos a inmediato.
mi casa te lo entrego.
Le di un abrazo y le susurré: Te he extrañado. Se
—Que tonto eres, como te vas a olvidar de eso, estremeció.
dijo haciendo una mueca chistosa.
Creo que siempre la extraño y cada vez me sien-
Sonreí y le dije: Bueno, suele suceder. Además, to más enamorado, pensé; pero no se lo dije.
estaba apurado. Abrí los brazos en señal de descui-
do. Yo también te he extrañado, precioso, respondió
al instante y nos besamos.
Seguimos caminando hasta llegar al parque
Kennedy, está relativamente lejos; pero el andar se —Y aquí tengo tu regalo, dije al separarnos y
hace rápido conversando con ella. rebuscar en un cajón del escritorio.
Entramos a Mc Donalds y compramos unos he- Lo abrió rápidamente al punto de arruinar la en-
lados. Nos sentamos y comenzamos a disfrutarlos. voltura, lo que ocasionó cierta gracia.

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—No puedo creerlo. ¡Me encanta! Dijo abrazan- Se sentó al filo de la cama y encendió la televi-
do el peluche y sonriendo a la vez. Enseguida, me sión, tenía el peluche aferrado a su ser y por mo-
dio un abrazo y muchos besos. mentos creí que le hablaba en un idioma que solo
ambos conocían.
Sonreí por su emoción y añadí: Me alegra que te
guste, sabía que te fascina ese dibujo. Me acomodé a su lado y la abracé.
— ¿Gustarme? ¡Me encanta! Lo voy a colocar en — ¿Qué estás viendo?
mi cama y dormiré abrazándolo para acordarme de
ti. Es más, dame tu fragancia para roseársela. Le di un beso en la mejilla antes de mirar la te-
levisión.
Me pareció exagerado; pero no pude detenerla.
Lo hizo en un santiamén. Y a decir verdad, fue una —Casualmente, la serie de este pequeño, dijo
gran idea. con suma ternura.

— ¿Lo notas? Huele a ti. Además, se parece a ti, Empecé a reír porque sabía que no me agradaba
dijo y lo colocó a mi lado como quien compara. ese dibujo; pero si a Daniela le gusta entonces po-
día quedarme a verlo mientras esté a su lado.
De hecho, no tenía ningún parecido físico conmi-
go; aunque se me hizo muy divertido que lo dijera. De hecho, me quedé junto a ella, abrazándola y
Su expresión al comentarlo fue de una niña emo- dándole besos en la mejilla, le gustan los tiernos
cionada. besos en la mejilla.

—Lamento no tener nada para ti, acotó al rato e Al culminar la serie nos echamos boca arriba y
hizo puchero. miramos el techo repleto de afiches y con las es-
trellas colgando. Le gustaba mirar mi habitación;
—No te preocupes, princesa. Mi regalo es tu pre- pero su sitio favorito se hallaba arriba.
sencia, dije sonriendo.
Siempre preguntaba el porqué de tener estrellas
— ¡Qué lindo! Pero te voy a dar algo, dijo y al colgando y yo le respondía que adoraba las estre-
instante me besó. llas.
Fue un beso intenso, me encantó. No existe me- En ese momento, dijo, yo tengo un concepto so-
jor regalo que uno de sus besos, lo pensé un instan- bre las estrellas y parafraseando a Simba, añadió:
te después. “Alguien me dijo una vez que los grandes reyes del
pasado nos observan”.

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Me pareció muy gracioso y a la vez muy tierno, Como te quiero, mi amor, añadí enseguida.
teníamos una importante diferencia de edad; pero
ambos habíamos visto y sentido lo mismo con esa Yo también te quiero, amor.
película. Nos volvimos a besar; esta vez fue un beso in-
¿Qué otra película de dibujos has visto? Quiso tenso, lo hicimos por largo rato, me encantan esos
saber mientras miraba las estrellas. besos prolongados.

Pues, me gusta Toys Story; aunque no sean di- Acariciaba sus mejillas mientras probaba sus
bujos, es animada y me parece fabulosa. labios, tenía los ojos cerrados, yo los abría por mo-
mentos, me gustaba contemplarla mientras la be-
Bueno, de dibujos o animada, se corrigió al ins- saba y los cerraba para enfocarme en su boca.
tante. Y acotó: ¡Sí, a mí también me encanta!
Después del beso sonreímos y le propuse ver lo
Creo que va a salir la tercera, no estoy seguro, que quisiera, que yo no estaba ahí para ver tele,
algo así me dijeron. sino para estar a su lado.
¿Qué si? Sería buenazo, podríamos ir a verla, Se le hizo sencillo seguir con los dibujos, le gus-
dijo y sonrió. tan mucho. Poco importaba, como se lo hice saber,
yo estaba a su lado para contemplarla y eso hacía,
Claro, eso sería fantástico, princesa. jugueteaba con su cabello y le daba besos en la me-
Amor, ¿Y que deseas ver ahora? Ya que no te jilla, le susurraba cuanto la quería y por momentos
gustan estos dibujos. giraba el cuello y nos besábamos. Olía exquisito,
nunca llevaba fragancia, era su olor natural por si
No presté atención a su pregunta, sí a la prime- encantador.
ra palabra.
Cuando se iba de casa solía dejar la habitación
Es la primera vez que me dices amor, se lo hice impregnada de su aroma, irónicamente, me hacia
saber. extrañarla más.
Se me salió, ¿Sonó bonito, verdad? Le propuse acompañarla a casa; no directamen-
Claro, me encanta, princesa. te a la puerta, sino hasta cierta esquina. Aceptó
gustosa y caminamos juntos.
Entonces, voy a decirlo más seguido, mi amor.
Me molestaba no ir a su casa y dejarla como lo
Se me hizo inevitable darle un beso. haría cualquier enamorado; pero trataba de enten-

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der su posición, por eso, mayormente no comenta- tes bonitos y los momentos divertidos, terminando
ba acercaba del tema. el texto con un te quiero y una frase que podíamos
decir que teníamos en común al separarnos.
Llegamos a la esquina y nos despedimos con un
abrazo, previamente había visto en todas las di- Sonreí y volví a ver la animación. Enseguida re-
recciones por si algún curioso estuviera vigilando leí el texto encantándome una vez más.
y caminó algunos metros hasta desaparecer de mi
vista. No quise quedarme atrás, era una bella compe-
tencia de detalles, se me ocurrió enviarle una tar-
De regreso a casa empezó a afectarme su ausen- jeta y lo hice rato después.
cia, ni siquiera pasaron horas y ya quería tenerla
de vuelta. Fue curioso porque cuando llegué a casa Elegí una que me pareció muy simpática y empe-
recibí un mensaje al celular. cé a escribir un texto que resumiera lo que siento.

Entra a tu correo, decía. Inmediatamente lo hice No sé cuanto dure tu aroma dentro de mi cuarto;
y encontré un e-mail de una página de tarjetas vir- pero espero verte antes que se disipe. Te quiero,
tuales. princesa. Te quiero, amor.

Entré y abrí el link, todo en cuestión de segun- Días después, nos encontramos en el MSN, no
dos. nos habíamos visto desde aquella vez. La extraña-
ba y estaba seguro que ella también; pero se hacía
Comencé a mirar la animación de la tarjeta y complicado converger.
luego leí el texto, quedé maravillado.
Su madre, no sabemos cómo, se había enterado
Daniela se expresaba de un modo muy sincero, que tenía enamorado y lo peor, es que le llevaba
era directa y eso me gustaba. Afirmaba quererme algunos años.
demasiado, etiquetaba como mágicos nuestros días
juntos y aunque lamentaba que no pueda ir a su El problema no era tanto el hecho de tener ena-
casa –notó el fastidio por mas que no le dije- me morado, sino que su madre creía que podría des-
hizo entender que tal vez más adelante se podría. cender su rendimiento en los estudios y los exá-
menes universitarios se aproximaban; además, de
Yo solo quiero entrar más en tu vida, pensé al aceptarle una pareja de preferencia quería alguien
leer esa parte. de su edad, de su entorno, tal vez de la misma aca-
demia o de la promoción del colegio, no le gustaba
Siguió relatando nuestros ratos juntos, descri- que fuera alguien mayor. Tal cual lo explicó Danie-
biendo lo que iba sintiendo, resaltando los instan- la vía conversación instantánea.

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No respondí por algunos minutos, pensaba en — ¿Por qué?
un argumento válido y sobre todo, optimista.
—Es muy celoso; pero bueno, no va a llegar a
—Daniela, imaginaba que a tu madre no le saberlo, al menos no por un buen tiempo.
agradaría la idea que salieras con alguien mayor;
pero, creo que debiste decirle que tenias enamora- —Está bien, princesa. Pero; pienso que es bueno
do, debe de haber sido vergonzoso que se venga a que lo sepa, de cualquier modo, haya sido por ti o
enterar de ese modo. Sin embargo, ahora ya lo sabe por chismes vecinos, ya lo tiene presente y va a te-
y solo queda ser pacientes y poder salir adelante. ner que acatarlo alguna vez.
Si te va bien en los estudios como siempre me cuen- —Eso espero, en serio. Toda la tarde ha estado
tas, estoy seguro que tarde o temprano va a acep- molestando y para colmo me ha castigado. Debo de
tar nuestra relación. llegar a casa ni bien salga de la academia. Ya no sé
—Si pues, soy una tonta, debí contarle antes. cómo te voy a ver.
Por mi barrio existen muchos chismosos, viejas que Añadió muchos emoticones de rostro triste.
no tienen nada mejor que hacer que andar curio-
seando en la vida de los demás. Yo nunca me he —Encontraremos la forma. Daniela, no te ago-
metido con nadie, saco a mi perro a pasear, saludo bies, estoy seguro que hallaremos un momento
por respeto y mira lo que vienen a decir, me irritan. para estar juntos. Te quiero demasiado.

En fin, tienes razón, vamos a salir adelante. —Yo también te quiero, precioso. Te escribo más
Además, ¿Qué tiene de malo que tenga enamora- rato, voy a sacar al perro a pasear y de pasada in-
do? Y si, me va bien en la academia; pero ella está sultar a esas viejas.
cerrada en su idea que no quiere que esté con al- Empecé a reír a causa de su último comentario.
guien mayor.
—No lo hagas, princesa. Te lo digo por si acaso.
Leí y pensé en sus palabras para dar una mejor
respuesta. —Ganas no me faltan.
—Bueno pues, amor, todas las madres son algo —Bueno, te hablo luego, ¿Sí? Te quiero.
sobre protectoras. De repente con el tiempo va a
—Te quiero demasiado, abrazo grande, amor.
poder aceptarlo.
—Besos, amor. Te quiero, precioso.
—Esperemos que sí; aunque ahora anda enoja-
da y me amenaza con contarle a mi Papá, eso sí Acotó emoticones de corazones y se desconectó.
malograría mi vida.
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No se conectó de nuevo. Al día siguiente tampoco aniversario chateando por el MSN. Tratamos de
me envió un mensaje diciendo que vaya a recoger- hacer como si no nos afectara; pero nos extrañá-
la. De hecho, estuve esperanzado con que llegara bamos y tan solo nos limitábamos a intercambiar
alguno. frases amorosas que intentaban descifrar lo que
sentíamos.
Empecé a preocuparme. La extrañaba bastante,
sentía que me hacía falta; pero no podía hacer mu- La frase te extraño se repitió cientos de veces.
cho para estar a su lado y abrazarla. Sin embargo, logramos saludarnos, recordar expe-
riencias y olvidarnos por un tiempo de los conflictos
Resolví enviarle un mensaje saludándola y pre- y diferencias. Yo no quería angustiarla más pregun-
guntándole como iba todo; pero no respondió. tando y tampoco quería acotar nada, disfrutaba de
Por la noche entró al MSN y explicó que no pudo la plática, le expresaba mis sentimientos y leía lo
contestar porque simplemente ya no tenía saldo en que me iba contando y a la vez, sonreía, cada vez
el celular. Acotó que su madre la estuvo llamando que abría su corazón para describir con palabras lo
preguntándole si ya regresaba a casa, quería estar que le hago sentir.
segura que no saldría con su enamorado. Nos mandábamos tarjetas virtuales, le sacába-
Estuvimos involucrados en ese problema duran- mos fotografías a nuestros detalles hechos a mano
te semanas, no podíamos vernos saliendo de la aca- y dejamos que los problemas no nos abrumen para
demia y tampoco en mi casa, mucho menos en la enfocarnos en pasarla lo mejor que podíamos.
suya y difícilmente en algún otro lugar. Y así fue, cumplimos un mes más juntos.
La situación se ponía difícil. Daniela me contaba El tiempo se hizo lento y la relación se fue tor-
que se peleaba con su madre explicándole que no nando ligeramente opaca. No nos veíamos, por
tenía nada de malo tener enamorado y que poco ende, compartíamos poco.
importaba la diferencia de edad; pero ella siempre
aseveraba con autoridad que no sabía nada del A veces llegaba a sentirme frustrado, nunca qui-
amor. se hacerle entender eso porque solía ser el optimis-
ta de la relación.
Pienso que la gente cuando se hace mayor peca
de soberbios al creer que lo saben todo, cuando Daniela se agobiaba con facilidad, a veces se irri-
cada corazón es un mundo aparte. taba y rompía cosas en casa, se peleaba con su vieja
y trataba mal a sus amigas, no era la dulce y cándi-
Entendí y no me disgusté por pasar un nuevo da chica cuando se llenaba de coraje y frustración.

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Me lo contaba todo con detalles y yo trataba de —Ahí viene, dijo de vuelta y aceleró el ritmo
calmarla, no quería que tuviera más problemas y avanzado al área rival.
mucho menos por mi culpa.
En el momento en que Jonathan lanzó el balón
Cuando charlábamos por MSN o por teléfono la al medio del área para que pueda cabecear o dete-
sentía intranquila, la apaciguaba con mis palabras nerlo y luego rematar, vi a Daniela asomarse junto
porque si ambos nos frustrábamos a la misma vez a Kelly, una chica más y sus respectivas mascotas.
hubiera sido un terrible colapso. Yo trataba de es- La pelota se me pasó haciendo el ridículo, era un
tar calmado y ofrecerle argumentos positivos cada buen pase, cualquiera hubiera anotado el gol; pero
vez que se desesperaba por vernos y no encontraba yo estuve concentrado en Daniela, a quien no veía
la forma. semanas y afortunadamente estaba a pocos metros
de mí.
La extrañaba muchísimo, se lo decía a cada mo-
mento e intentaba demostrarlo con correos, tarje- — ¡Princesa! Dije y olvidándome del juego me
tas virtuales, largas charlas por MSN o por celular acerqué a saludarla.
e intentando mantener la llama de amor candente;
aunque el mal tiempo la agite con brutalidad. Nunca antes he dejado un partido. Fue la prime-
ra vez en mi vida.
Un sábado, poco antes de cumplir seis meses,
como de costumbre, me encontraba jugando fútbol Los muchachos detuvieron el juego para pregun-
con mis amigos. Quería relajarme y olvidarme del tarme si iba a seguir.
tema durante el tiempo que dure el partido. De hecho, prefería estar con Daniela que jugar
Habíamos charlando antes, nos comunicábamos al fútbol; pero ella tenía un plan estupendo.
más que nunca, sea por celular o MSN, estábamos —Sigue jugando, voy a estar aquí viéndote, dijo
conectados en todo momento y le comenté que sal- con una sonrisa.
dría a jugar, entonces dijo que iría a pasear al pe-
rro junto a Kelly y otra amiga más. No puedo describir la emoción que sentí. Siem-
pre quise que mi enamorada me viera jugar fútbol
Ya en el campo de juego. y me alentara, de repente no gritando como una
—Oye, ¿Ella no es tu chica? Dijo un amigo mien- hincha apasionada; pero sí observando detenida-
tras tocábamos el balón. mente cada movimiento o celebrando con los bra-
zos elevados uno de mis goles.
—Vi rápidamente a alrededor; pero no encontré
a nadie. Jonathan se acercó y preguntó: ¿Listo para ju-

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gar? Les presenté a Daniela y a sus dos amigas. — ¡Buena atajada! Le grité y le enseñé el pulgar
Luego de darle un beso y decirle te quiero volví al levantado.
campo.
Sonrió y reinició el juego.
—Oye, ¿Cómo sabías que era mi enamorada?
Mi equipo dominaba. Éramos muy buenos en ese
—Lo vi en Facebook, respondió al instante. entonces, poco tiempo antes habíamos entrenado
en distintos clubes y jugábamos fútbol en campo
— ¿Ya tienes Facebook? Pregunté extrañado. profesional, lo que nos sobraba era físico y teníamos
—Si pues, hace un par de semanas. Luego te como contrincante al eterno equipo de Ezequiel y
agrego. Fernando, que junto a otros amigos solían enfren-
tarnos siempre.
Después de esa corta charla retomamos el juego.
Eran los clásicos de los fines de semana; pero
De reojo noté que Daniela y sus amigas se aco- aquel sábado no estábamos solamente los dos; tam-
modaron en la tribuna, cada una con su respectiva bién vino un equipo de otro barrio un combinado
mascota y me dije a mi mismo que al menos anota- extraño hecho por sujetos que nunca salían a jugar;
ría un par de goles. pero aquella vez decidieron salir a hacer deporte.
Jonathan me dio el balón. Lo detuve y vi al pri- De hecho, eran sumamente malos; pero muy entu-
mero que se encontró habilitado, ese fue Carlos, siastas.
quien exigió un pase certero, el mismo que llegó Ese primer partido lo ganamos; pero tuve la
como con la mano. mala fortuna de no anotar; sin embargo, antes de
Al coger la pelota hizo una señal, hice caso a su comenzar el segundo encuentro le dije a Daniela
gesto y corrí por la banda izquierda. Carlos devol- que haría un gol, le di un beso y volví a la cancha.
vió el servicio y yo pensé, ¿la detengo? Pero sabía Efectivamente, poco después de comenzar el
que al instante vendrían a marcarme; entonces, en partido e iniciar los diez minutos que dura -porque
cuestión de segundos, resolví pegarle como venía. jugamos a dos goles o diez minutos- tuve la suerte
Le pegué al balón lo más fuerte que pude y sen- de encontrarme al frente del arquero, el mismo que
tí que Daniela también lo vio; pero el arquero era al sentir mi presencia salió rápidamente a tratar
bueno, aparte de ser un gran amigo, tapaba muy de achicar el ángulo; pero no sabía que elevaría la
bien y logró arrojar la pelota fuera del arco. pelota pasándola por su cuerpo. Fue un verdadero
golazo. Acto seguido, me acerqué y le di un beso.

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Sus amigas empezaron a gritar estruendosamente y que seguramente saldríamos vencedores del cam-
y mis amigos empezaron a molestar, es la fiesta del peonato.
fútbol.
— ¿Cuántos puntos son? Quiso saber Kelly.
Volví a hacer un gol y otra vez se lo dediqué a
Daniela, quien miraba desde la tribuna. Estaba —Ocho puntos. Cada partido vale un punto, le
sonriente y emocionada, la anotación la hizo rubo- expliqué.
rizarse, porque al momento de hacer el gol y seña- —Ya entiendo, ya entiendo, respondió asintien-
larla todos empezaron a mirarla y sus mejillas se do con la cabeza.
pintaron de un rojo precioso. Le di un beso volado y
respondió del mismo modo. Enseguida, apareció Manuel, quien llegaba del
mercado y por más que haya querido jugar, no po-
El siguiente partido no metí gol; pero logramos día porque estábamos completos.
salir vencedores.
Entonces, se quedó a ver el partido en la tribuna.
Perdimos contra el equipo de Fernando y
Ezequiel, quienes salieron empeñosos y lograron Al vernos, se acercó a saludar y se acopló a la
vencernos. Aproveché la derrota para sentarme al conversación que duró hasta llegar nuestro turno
lado de Daniela. de jugar. Le di un beso a Daniela y le dije que vol-
vería. Sonrió y me pidió que anotara otro gol.
—Gracias por dedicarme los goles, precioso, dijo
emocionada. Jugamos el siguiente partido y anoté los dos go-
les del triunfo. Mis amigos estaban contentos con
—Me alegra que te hayan gustado. ¿Ya ves que mi desempeño y Daniela admiraba mi forma de ju-
soy un buen jugador? Pregunté con cierto humor. gar.
Sus amigas rieron por causa del comentario; Es verdad que el otro juego lo perdimos; pero lo
pero Daniela aseveró que lo era; aunque al inicio aproveché para estar nuevamente a su lado.
con esa mala jugada no debí dar esa impresión.
Noté que se hizo buena amiga de Manuel y eso
—Juegas bien, amor, dijo sonriente y se apoyó me parecía estupendo porque podría crear un nexo
en mi hombro. entre ambos para enviarle recados, etcétera. No lo
Jonathan, quien retornaba de comprar agua, se pensé en ese momento; lo hice después.
acercó y empezó a charlar con nosotros. Hablamos En la tribuna charlábamos, Manuel, Jonathan,
de los partidos, de lo bien que habíamos empezado

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Kelly, Mariana, su nueva amiga y yo, mientras que Jonathan y Manuel también se despidieron y no
al frente, estaba Carlos junto a los otros hablando sé en que habrán quedado con sus amigas; pero es-
acerca de los partidos y viendo el juego actual. tuvieron contentos el resto del juego y no solo era
por lo bien que íbamos en el campeonato.
De nuevo en la cancha, retomamos el triunfo y
pude anotar otro par de goles directos a la tribuna En un acto gracioso, Daniela también se despidió
donde se encontraba mi enamorada alentándome de los otros muchachos agitando la mano y todos
de una forma muy eufórica, se contagió de la pa- respondieron del mismo modo como agradeciendo
sión y eso me encantaba. su presencia en el campo de juego.
Pudimos ganar otro par de partidos seguidos Realizando eso se metió a todos mis amigos en
y logré embocar el balón en todos los encuentros, el bolsillo.
andaba en racha o quizá, su presencia me había
inspirado. Definitivamente, la segunda opción era Cuando se marchó sentí cierta nostalgia; pero a
la correcta. la vez me encontraba conforme porque había logra-
do tener una tarde fantástica.
Cuando volvimos a perder nos reencontramos
en la tribuna, charlamos durante el tiempo que Ezequiel volvió de la tienda y se reencontró con
duraron los otros encuentros, nos besábamos y se su equipo para jugar ante nosotros. Iniciamos el
recostaba sobre mi hombro escuchando lo que le partido sin la presencia de la princesa.
susurraba al oído, haciéndola sonreír al oírme. Gozamos de otro par de encuentros futbolísticos
Sin embargo, lastimosamente tuvo que partir. y al final, como era de esperarse, nos coronamos
Según dijo, se le pasó la hora y como dejó su celu- campeones y nos llevamos toda la apuesta, los cin-
lar en casa, temía que su madre estuviera enojada co soles por equipo.
y por ende, le dijera a su padre sobre la relación. No obstante, a pesar de pelear y discutir durante
Nos despedimos antes de iniciar uno de los últimos los partidos, nos encontramos en la tienda y com-
partidos porque estábamos cerca de los ocho pun- pramos la misma gaseosa.
tos. Me hubiera gustado que se quedara hasta el
final; pero entendía que debía partir. Todo queda en la cancha, dicta un popular dicho
futbolero.
Nos despedimos con un abrazo y un beso, agité
la mano y sonreí para despedirme de sus amigas y Por la noche, la encontré conectada en el MSN.
acaricié la nuca a sus mascotas. — ¡Princesa! Gracias por venir a verme jugar.

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Fue una sorpresa maravillosa, dije y añadí emoti- — ¡Jamás!
cones de pelotas y corazones.
—Fue muy lindo, te quise mucho más.
— ¿Te encantó, verdad?
—Te quiero, mi princesa. Nuevamente, gracias
— ¡Obvio! Fue inesperado y grandioso. La pasa- por sorprenderme. Ha sido una esplendida tarde.
mos bacán.
—Yo también te quiero, precioso. Espero que se
—Sí precioso, me divertí mucho viéndote jugar repita, porque ya siento que me haces falta, añadió
y charlando en los descansos. Sabes, necesitaba de corazones.
ti, estar a tu lado, sentir tu aroma y abrazarnos. Te
extrañaba mucho, dijo añadiendo corazones. —Ojalá. Sin embargo, vamos a quedarnos con
este bello recuerdo y volvamos a repetirlo mientras
—Yo también a ti, mi amor. Tenía muchas ganas chateamos.
de estar contigo, lo de hoy fue estupendo. Te quiero
mucho y siento que me enamoro más de ti. Comenzamos a charlar sobre lo acontecido du-
rante la tarde.
—También empiezo a sentir lo mismo. Última-
mente te extraño demasiado y a veces me deses- Llegamos a los seis meses y temía que no pudie-
pero por ir a verte; pero como la situación anda ra verla. Llevaba el recuerdo del sábado futbolero
complicada solo me limito a ver las pocas fotos que adonde quiera que vaya, andaba por algún lugar,
tienes en Facebook, dijo añadiendo muchos emoti- recordaba el momento y sonreía, incluso, también
conos de rostro ruborizado. reía.

—Suelo hacer lo mismo cuando te extraño. Pero, Ocurrió en una boutique miraflorina, muy cerca
hoy estuvimos juntos y pude satisfacer la necesi- a Larcomar, compraba un obsequio, recordé esos
dad de tenerte cerca. momentos y reí como un loco.

—Me gustó verte jugar, lo haces bien. La empleada me miró asombrada, como pensan-
do ¿De qué se ríe este tipo? Al verla absorta, le dije:
—Gracias, princesa. Te dediqué muchos goles. Estoy contento. Entonces, se contagió de mi alegría
y añadió: A su chica le va a gustar el regalo. Le son-
—Sí, estaba emocionada. Mis amigas no pen- reí, pagué y me fui.
saron que podrías hacerlo, creyeron que te ibas a
avergonzar. Eran alrededor de las tres de la tarde cuando
llegué a casa. Previamente, en el bus, le envié un

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mensaje diciendo: ¡Feliz aniversario, princesa! Te —Me encanta estar contigo ahora, dijo la prince-
quiero demasiado, no sé si vamos a vernos; pero sa y vi el brillo en sus ojos pardos.
sea como sea, quiero que tengas presente que te
adoro y que estos meses han sido grandiosos. Volví a besarla de inmediato.

Me preocupaba que no respondiera; sin embar- —A mí también me encanta que estés aquí. Te
go, trataba de esperar su mensaje lo más calmado he extrañado, he vivido de recuerdos estos últimos
posible. Era probable que no nos viéramos y tra- días.
taba de hacerme esa idea; aunque, de hecho, me Me dio un abrazo trenzándose del cuello y ense-
emocionaba imaginar que pudiera tenerla cerca en guida recibí un beso en la mejilla junto a un susu-
una fecha tan especial. rro que decía: Vamos a tu habitación.
Alrededor de las cinco de la tarde recibí su men- Subimos y nos instalamos donde siempre. Sin-
saje. Casualmente tonicé “La fuerza del corazón” de Alejandro Sanz
-aunque quiero decir, mágicamente- sonó el tim- y me acerqué, mas no me senté, estuve al frente
bre. suyo, mirándola. Luego sujeté sus mejillas para
darle un beso emulando su acción. El beso conllevó
Abrí el mensaje mientras me acercaba a la ven- a caer de espalda sobre la cama, yo estaba encima
tana, leí el mensaje con rapidez y me asomé por la y reímos enseguida. Me hice a un lado y miramos
ventana. el techo. Soltamos algunos suspiros y nos enfoca-
mos en nosotros, acaricié sus mejillas y observán-
Estoy afuera, mi vida, decía. Entonces, descendí
dola directo a los ojos le dije: Eres lo mejor que me
rápidamente para converger en un afectuoso abra-
ha sucedido, princesa. Lo que siento por ti va mas
zo.
allá de cualquier sentimiento, me haces feliz con tu
— ¡Princesa, feliz aniversario! presencia y te extraño cuando te ausentas, anhelo
siempre que vuelvas y poder tenerte como ahora.
— ¡Feliz aniversario, mi amor!
Ella me miraba con el pardo de sus brillantes
Repetimos en el mismo instante que nos hicimos ojos, sonriente y hasta ruborizada, en silencio es-
uno mediante el abrazo. cuchando a mi corazón hablarle.
Ingresamos a mi casa y nos sujetamos de la Eres mi pensamiento constante, princesa. Eres
mano, estábamos solos y le di un beso después de como un sueño eterno del que nunca quisiera des-
cerrar la puerta. pertar. Daniela, te has convertido en la princesa

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que ha enamorado mi corazón, moldeas mi alma y — ¡Te amo, mi princesa! Le dije enseguida, luego
haces vibrar mis sentidos. de ese cálido abrazo y mirándola a los ojos.
Estoy completamente enamorado de ti y decirte Todavía estábamos muy cercanos, cogidos de la
que te quiero suena pequeño hasta lo que hoy llego mano, algo ruborizados; pero sonrientes, con nues-
a sentir por ti. tros corazones palpitando rápido y a la misma vez.
En ese momento, colocó un dedo ante mi boca, — ¡Yo también te amo, precioso! Respondió con
callándome. una sonrisa que pudo iluminar la habitación y el
pardo en sus ojos resplandecía con intensidad.
—Yo también siento lo mismo por ti, dijo de re-
pente. Y sonreí con una sonrisa que podría ilumi- Nos besamos y quisimos que fuera un beso per-
nar como un rayo solar. petuo.
—Te amo, mi princesa salida de cuento de ha- Estábamos sin aliento, desbordando en alegría,
das. eufóricos y muy enamorados tanto que creíamos
que nunca acabaría el momento.
—Te amo, precioso. Eres un amor, en serio.
Pero; se tuvo que ir. Siempre una llamada telefó-
Nos besamos instintivamente y una atmósfera nica arruinaba el instante; aunque para pasar ese
llamada amor nos cubrió. sabor amargo tendría buenos recuerdos que liberar
—Nunca antes le dije a alguien que lo amaba, cuando no esté.
dijo acariciándome el rostro y mirándome fijamen- Quisiera decirle que no se marche, que al menos
te a los ojos. podría quedarse unos minutos más, que le daría un
—Es la primera vez que le digo a una chica que par de besos y luego la dejaría libre; pero entendía
la amo, respondí fijando mi mirada en el color de la situación, su madre siempre pendiente que no
sus ojos. ande con el chico mayor y la amenaza de contarle
a su padre. Difícil realidad que tenía que compren-
Me abrazó y sentí que quería que no me dejara der y aceptar.
escapar nunca.
Daniela no quería levantarse de la cama, podría
De ser posible me hubiera quedado para siem- haberlo hecho en segundos; pero demoraba porque
pre cobijado en sus abrazos, refugiado en su ser y deseaba estar frente a mí un tiempo más.
oliendo el aroma que brota.
Nos dimos un beso, intercambiamos miradas y

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sonrisas, volvimos a repetirnos esa maravillosa —Me lo imaginaba. Espero que lo uses. Te amo
frase que ahora inundaba nuestros corazones y tu- mucho, princesa.
vimos que reincorporarnos y descender escaleras
hasta llegar a la puerta. —Obvio que lo voy a usar. Te amo, mi amor, es-
cribió.
Antes de dejarla ir le entregué el regalo que le
compré y dijo que lo abriera en su casa. Me quedé enganchado con los mensajes, los re-
leía y sonreía. La extrañaba y liberaba los recuer-
Quise acompañarla; pero dijo que era peligroso, dos para no sentir su ausencia. Seguramente la
que su madre podría andar buscándola y entendí a encontraré más tarde en el MSN, pensé mientras
pesar de mi gesto de inconformidad. regresaba a mi habitación para ver televisión o qui-
zá, animarme a escribir otro relato.
Nos dimos un abrazo de despedida y se fue.
Preferí escribir y lo hice durante largo tiempo.
Cada vez que se marcha algo en mí se rompe, Tenía el MSN desconectado y sin embargo, recibí
es como si se desprendiera una parte de mi ser e un mensaje de Daniela, quien escribió muchos co-
inmediatamente comenzara a extrañar. razones y una posdata que decía, te amo.
En una oportunidad me contó que literalmente Enseguida me conecté y escribí: Aquí estoy, prin-
sentía lo mismo y le dije, para darle un sentido có- cesa y yo también te amo.
mico, que teníamos eso en común.
Iniciamos la plática de siempre que duró hasta
A Daniela siempre le gustó que tuviéramos co- altas horas de la noche y nos fuimos extrañando
sas en común. menos al tiempo que relatábamos lo vivido durante
—Precioso, me encanta la pulsera. Esta precio- la tarde.
sa, me dijo en un mensaje. Nos limitamos a comunicarnos por MSN o ce-
— ¿Ya llegaste a casa? Qué bueno que te haya lular. No podía recogerla a la academia porque su
gustado, eso me pone muy contento. madre la tenía controlada y mucho menos ir a su
casa.
—No. Lo que pasa es que no aguanté la curiosi-
dad y lo abrí mientras caminaba. La situación era compleja y para empeorar la
realidad una de sus amigas, a quien no conocía en
Sabía que algo así había sucedido, pensé y solté persona, inició conflictos entre nosotros.
una breve risa.
Daniela conoció a Luisa en la academia, no re-

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cordaba haberlas visto juntas; pero resulta que ella Luisa, en un afán desconocido, comenzó a lle-
le comentó que vivía cerca a mi casa y que me veía nar de ideas a Daniela, quien confiaba mucho en
por las tardes y noches, algo completamente nor- su amiga y al saber que podía verme prácticamen-
mal, hasta envidiable como marcó una vez Danie- te a cada momento y para colmo de males, no sa-
la; pero el problema se enfocó en lo que Luisa decía bía mucho de mí y lo que le contaba, que andaba
de mí. paseando, jugando al fútbol o viendo televisión, le
llegaba a resultar intrigante y hubo instantes en
Afirmaba haberme visto conversar con algunas donde hizo caso a todo lo que su amiga le relataba
mujeres de mi edad, físicamente bellas, coquetea- con lujo de detalles en los recesos de la academia.
ban conmigo en la puerta de mi casa y otras veces
en una banca del parque. Aseveró ser algo cotidia- — ¿Me puedes explicar qué rayos haces coque-
no. teando con chicas en la puerta de tu casa? Me sor-
prendió con un mensaje.
Daniela no podía verme, tampoco andábamos
conectados todo el tiempo en el MSN, debido a que Lo leí varias veces para poder entenderlo. Traté
solía estudiar y yo deambulaba con mis amigos, a de recordar si alguna vez anduve haciendo algo si-
veces se quedaba sin saldo para mensajes y tam- milar y efectivamente, hace poco vino a visitarme
bién me ha pasado lo mismo, incluso, hubo momen- Lorena, una amiga cercana y justamente lo hizo
tos en los que no sabíamos el uno del otro; pero con su amiga, de quien no recuerdo el nombre.
creía que confiábamos entre sí.
El resultado de ello era que Luisa habría visto la
Luego de haber celebrado esos grandiosos meses situación y tergiversado todo.
empezamos a vivir una etapa más complicada aún.
Ya no solo eran los problemas de familia, también No me gustó su reacción. El hecho de enviarme
empezó a cuestionarse la confianza y seguridad, un mensaje con tal entonación. Hubiera sido mejor
hasta el sentimiento. una pregunta sin tanta afirmación.

Se hacía difícil mantener la ilación de la relación Al recordar el hecho quise enviarle un mensaje;
vía MSN o celular, a veces necesitábamos vernos pero todos rebotaron. Resultaba que no tenia saldo
para conversar o mirarnos a la cara y tocarnos para en el celular y maldije infinitas veces.
saber que todavía existimos o de repente, comen- En dichos tiempos era complicado tener saldo,
tarnos frente a frente como son las cosas o como va no eran muchos quienes andaban repletos de línea,
yendo la situación porque es distinto debatirlo tras en casa solo era mi padre, yo tenía que comprar
una pantalla. Antes no lo era del todo; pero en ese tarjetas porque tenía un celular prepago.
momento empezó a ser tedioso.

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Por suerte, lo vi durmiendo y le quité el móvil estuve conversando con una amiga que se llama
para realizar una llamada de urgencia. Lorena…
Daniela no respondió la llamada. Lo intenté un —Entonces era verdad, eh, interrumpió y su voz
par de veces más; pero tampoco contestó. era desafiante.
Me frustré un momento hasta que recordé —Daniela, por favor, primero deja que termine
que no recibe llamadas de números que no tiene de hablar.
registrado.
Enmudeció y proseguí.
Lo aprendió de su padre, fue de los primeros
consejos que le dio cuando le regaló el celular. —Lorena vino a visitarme para conversar y ca-
sualmente lo hizo con su amiga, a quien acabo de
—Princesa, soy yo quien te está llamando, con- conocer. En ningún momento he estado coquetean-
testa el celular, por favor, le envié un mensaje. do con alguien, si gustas puedes buscarla en Face-
book y te darás cuenta que tiene enamorado.
Volví a llamar y aceptó la llamada.
No dijo nada durante unos segundos.
— ¿Qué quieres? Dijo con voz firme. Estaba eno-
jada, pude notarlo con facilidad. — ¿Estás seguro que no estabas coqueteando?
Preguntó un poco calmada.
—Quiero hablar contigo, ¿podemos?
—Princesa, por favor, me conoces y sabes que ja-
—Sabes que no puedo, aseveró. más haría algo así. Quien te dijo eso está equivoca-
—No digo que nos veamos aunque quisiera; pero do o equivocada.
al menos déjame explicarte por aquí. Volvió a silenciar.
Silenció por segundos. —Está bien, te creeré, dijo pero igual se encon-
—Te escucho, dijo, nuevamente muy seria y evi- traba seria, como incomoda.
dentemente furiosa. — ¿Vas a seguir así? Pregunté.
—Primero, ¿Quién te dijo eso? — ¿Cómo así?
—No te voy a decir, respondió. —Con esa voz seria y enojada.
—Bueno. Te ha dado una mala información. Yo —Ya me va a pasar, dijo.

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—Solo te amo a ti, ¿está bien? dudo mucho que te recuerde. ¿Comprendes?
No respondió por instantes; pero escuchaba su —Déjame entender. Ella no sabe que soy yo tu
respiración. enamorado.
—Y yo a ti, dijo y aunque fue serio debí confor- —Exacto.
marme con eso.
—Interesante y a la vez gracioso; pero puede re-
—Bueno, ¿ahora vas a decirme quien te dijo eso? sultar, eh.
—Una amiga que vive cerca a tu casa. Me dijo —Y puedo decirle que eres un chico de la acade-
que te vio con esas dos chicas y ardí en celos e im- mia, aparte, hay de todas las edades.
potencia porque ni siquiera puedo verte y no sopor-
to la idea que otras si puedan. —Claro, es una buena idea, eh.

Su voz era entrecortada, estaba dolida y enoja- — ¡Genial! Entonces, ¿Cuándo vienes?
da; pero traté de apaciguarla. —Cuando le digas a tu mamá.
—Princesa, a mí también me frustra no estar a —Ya, hoy le voy a decir.
tu lado. Te extraño todas las noches y me acuerdo
de ratos fantásticos para no enloquecer. Entiendo —Grandioso, princesa. Le comentas, me dices y
que no podamos vernos seguido; pero al menos bus- coordinamos todo.
quemos soluciones y no esperemos que algo surja —Sí, sí, mas tarde hablamos por MSN y te cuen-
de repente. ¿Me entiendes? to como fue.
—Sí, claro. Yo estaba pensando lo mismo; pero —Ya pues, chévere. Y anota este número por si
me llené de rabia con eso que me contaron. acaso, te llamaré de aquí cuando no tenga saldo.
— ¿Qué pensaste? —Ya precioso, estamos hablando. Te amo y no
—Que podrías venir a mi casa. hagas idioteces.

— ¿Qué? Empecé a reír cuando me dijo eso.

—No como piensas. Pues, podría decirle a mi —Yo también te amo, mi princesa y solo puedo
mami que eres un amigo. No creo que sepa que amarte a ti.
eres mi enamorado; o sea, sabe que tengo uno; pero —Eso está muy bien, añadió y se despidió.

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Le devolví el celular a mi viejo y comencé a pen- cio no quiso; pero ante tanta insistencia, terminó
sar en su idea. Realmente me pareció muy intere- aceptando.
sante. Podríamos estar en su pateo, conversar de
todo un poco y hasta darnos un beso cuando nadie — ¡Grandioso!
nos esté vigilando. —Y entonces, mañana te voy a ver.
Definitivamente era una excelente idea, me mo- Añadió muchos corazones y emoticones de ros-
tivaba y entusiasmaba de solo imaginar que podría tros sonrientes.
verla seguido y pasar tiempo juntos.
Yo también hice lo mismo y agregué: Espero an-
— ¡Conéctate! Escribió en un mensaje. sioso que sea mañana por la tarde.
Yo estaba caminando junto a Ezequiel cuando lo —Sí, yo espero lo mismo. Y por si acaso, le dije a
recibí. Estábamos a varias cuadras de casa; aun- Kelly que también viniera.
que de regreso.
—Ah, no hay problema. Yo voy a estar enfocado
Le dije para apresurar el andar porque debía de en ti.
entrar al MSN lo antes posible y este hizo caso a
mi petición. —Genial entonces. Estamos un rato en mi casa y
luego vamos a pasear como si te estuviera llevando
Entré a mi casa mientras que Ezequiel se quedó a un tour por el barrio.
conversando con Fernando, quien salió a abrir la
puerta. Empecé a reír y añadí: Curiosamente no conozco
mucho por ahí.
—Princesa, ¿Qué tal te fue?
—Será un tour de verdad, escribió y agregó ri-
—Como lo esperaba, dijo y enseguida añadió: sas.
Soy un genio.
La estábamos pasando mucho mejor. Daniela
Me empecé a reír, nunca antes había demostra- agregaba risas y se reflejaba su alegría. Yo esta-
do soberbia. ba motivado, deseaba ansioso que fuera mañana y
—Cuéntame pues. poder tenerla cerca, ella también anhelaba lo mis-
mo y no dejaba de repetir que lo primero que haría
—Le dije que mañana iba a venir un amigo de sería darme un abrazo; aunque aseguró que debía
la academia a estudiar y conversar un rato. Al ini- controlarse. Sin embargo, enseguida añadió: Será
imposible.

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Al día siguiente por la tarde me alisté para ir a Sin embargo, ante mi asombro, abrió la reja y
buscarla a su casa, el plan era enviarle un mensaje me dio un fuerte y cariñoso abrazo. Aunque haya
cuando me encuentre cerca. sido efímero, fue confortable.
Estaba nervioso; pero trataba de no hacerlo no- Lo necesitaba, dije para mis adentros e ingresé
tar. Si me hacían alguna pregunta respondería sin al pateo.
argumentos, un par de frases y listo. Lo curioso es
que mi vestimenta solía ser la de un púber; pero el Tímidamente me senté sobre un muro a un lado
cabello largo podría ser una evidencia, aunque mu- de la reja dándole la espalda a un pequeño jardín
chos que terminan el colegio acostumbran a dejar mientras que Daniela cerraba la puerta principal.
crecer el cabello. Se acercó sonriente, le daba risa mi aspecto ti-
En realidad, pensaba demasiado en lo que po- morato. Se ubicó a mi lado y me dio un beso en la
dría pasar cuando debía de estar relajado. mejilla.

Caminé y antes de doblar a la izquierda, camino — ¿Cómo has estado? Preguntó con ternura.
que conduce al parque por donde vive, decidí olvi- —Bien, tranquilo, extrañándote, le respondí y
darme de los nervios y la ansiedad, respiré hondo y ambos sonreímos sabiendo que no podíamos besar-
me calmé. Acto seguido, seguí el sendero. nos.
Le envié un mensaje con la señal: Estoy afuera, — ¿Y tú qué tal?
princesa.
—Igual, precioso. La academia y las clases me
Seguí caminando, crucé el parque y la vi para- tienen loca; pero estoy bien. Y extrañándote mu-
da a un lado de la reja, su casa era relativamente cho, obviamente.
grande, con un espacioso pateo y pintada la facha-
da de un rojo intenso con algunas partes de color Sonreí cuando lo dijo. La tenía muy cerca, es-
negro. tábamos pegados; pero no podía ni siquiera pasar
mi brazo por sus hombros, mucho menos darle un
— ¡Hey, precioso!, ¿A quién buscas? Dijo con beso, tampoco una caricia, solo inhalar el aroma
cierto humor. que brota de su ser y observar su cabellera ondula-
Sonreí y me acerqué. da que me fascina y charlar el tiempo que se pueda
esperanzado en poder darle un beso cuando sienta
—Hola princesa, dije pero no la besé. Temía que que nadie nos mira.
alguien estuviera viendo.

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Nos mantuvimos acurrucados hasta que llegó — ¿Iremos, verdad precioso?
Kelly y no se dio cuenta que nos hallábamos debajo
de sus narices. La risa de Daniela hizo que se per- —Lo que tú digas, princesa, dije muy despacio y
catara de nuestra presencia. quise darle un beso; pero sabía que no podía.

— ¿Qué hacen ahí par de locos? — ¿Debemos esperar a tu mamá? Preguntó Ke-
lly.
—Estando cómodos un rato, respondió Daniela.
—Sí, mi hermano no está y tampoco puedo dejar
No quisimos reincorporarnos. Ella tuvo que aga- la casa sola.
charse para saludarnos y se acomodó al frente,
sentada en el suelo con las piernas cruzadas. Eso tenemos en común, dije para mis adentros.

No pasó mucho tiempo para que sorpresivamen- Al cabo de unos minutos, mientras contaba una
te apareciera Manuel por la esquina. Me dio gusto anécdota que Manuel se había quedado corto al re-
verlo. latar, Daniela y Kelly miraron hacia otro lado ale-
jando la mirada del narrador. Yo seguí hablando sin
Saludó a todos los presentes con su típica sonri- darme cuenta que era su madre quien se asomaba,
sa y se acomodó al lado de Kelly. ingresaba por la reja y decía con voz firme y serena:
Buenas tardes, jóvenes.
—Ya estamos los cuatro, dijo Daniela de un
modo muy pícaro. La vi y la reconocí, la mujer de su cumpleaños,
quien me miraba de reojo. En ese instante se me
Kelly se sintió avergonzada mientras que Ma- pasó por la cabeza la idea que tal vez no caería en
nuel no dejaba de sonreír y yo me dediqué a seguir el engaño.
junto a mi chica.
—Buenas tardes, señora, respondimos Manuel y
— ¿Vamos por unos helados? Propuso Manuel. yo al mismo tiempo.
Nunca antes lo vi tan sociable. Suele ser timo- Daniela se levantó y fue a abrazar a su madre,
rato, no tanto como yo; pero estaba contento, des- enseguida caminaron juntas hasta la puerta prin-
cubrí que esa sonrisa reflejaba alegría y entendí cipal e ingresaron a la casa.
que el estar al lado de Kelly lo tenía eufórico. No
obstante, no quise mencionarlo. Manuel y yo nos miramos, no sabía si estaba
enterado del truco, tampoco si Kelly; aunque creía
—Es una buena idea, dijo Daniela sonriendo. que ella sí.

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Me puse nervioso, no seguí hablando hasta que Una vez lejos de ambos pudimos darnos un beso.
vi a Daniela regresar. El verla sonriente me calmó.
Cuando estuvo cerca le hice un gesto con la mano y Estábamos relativamente cerca a su casa, su
me mostró el pulgar levantado. madre o cualquier vecino chismoso podría habernos
visto; pero Daniela, tanto como yo, no nos aguanta-
Me sentí completamente aliviado. mos las ganas y tuvimos que besarnos.
— ¿Todo bien? Quise confirmar. Kelly volteaba a cada momento para vernos y
cuando lo hacía Daniela intentaba tapar su visión
—Todo recontra bien, aseveró sonriente. con la palma de su mano. Ambas sonreían hacién-
—Y entonces, ¿Vamos por esos helados? Propuse dose ese tipo de bromas.
de inmediato. Llegamos a la heladería y nos acomodamos en
—Vamos pues, me apoyó Manuel, quien sin dar- una de esas mesas amarillas.
nos cuenta, tenía el brazo por encima de los hom- Una amable señorita se acercó y nos preguntó
bros de Kelly. por lo que pediríamos.
Se sintió avergonzado cuando lo noté. Sonreímos Mientras gozábamos de nuestros helados conti-
para relajarnos y nos reincorporamos al mismo nuamos charlando. Manuel me propuso continuar
tiempo. con el relato y tuve que hacerlo. Ahora todos logra-
—Esos helados nos están esperando, acotó Ma- ron conocer el desenlace y no dejaron de reír por-
nuel con mucho humor. que fue una anécdota muy cómica.

Los cuatro salimos y caminamos hacia la hela- Daniela y yo teníamos las manos sujetas por de-
dería más cercana. bajo de la mesa e intercambiábamos miradas. Tam-
bién se nos dio por probar nuestros helados y los
— ¿Dónde queda? Quiso saber Manuel. copiones de al lado quisieron hacer lo mismo.
—De aquí a unas cuadras, respondió Kelly. Aproveché la oportunidad para abrazarla, dejó
Cruzamos el parque, doblamos en una esquina caer su cabeza por mi hombro y mirábamos a la
y no visualizamos más la casa de Daniela, en ese pareja que teníamos cerca, los mirábamos para
preciso momento, me sujetó la mano mostrándome burlarnos de su comportamiento y de lo imitado-
su bella sonrisa al girar el cuello, al instante, me res que eran, porque también, Manuel, se animó a
dijo: Dejemos que se adelanten un poco. abrazarla del mismo modo.

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Habremos estado un par de horas en el local de Su madre no se encontraba en la reja, tampoco
helados y pudimos haber estado más tiempo; pero en la puerta; pero me latía que estaba mirándonos
su mamá llamó para decirle que regrese. desde la ventana, escondida detrás de la cortina;
sin embargo, trataba de pensar que no sería capaz
Volvimos caminando muy lentamente, ellos ade- de tanto.
lante y nosotros aprovechando todo el tiempo sufi-
ciente para darnos besos y abrazos. Le decía cuan- Bueno, la pasamos bonito, pensé al final del re-
to la amaba después de cada beso y contestaba de corrido, con aire acongojado y seguramente repara-
la misma manera. ble a base de gratos recuerdos. Nos detuvimos en
su reja y nos despedimos como amigos. Fue muy
Ya no teníamos miedo que alguien pudiera ob- extraño; pero si pudiera verla más seguido podría
servarnos, andábamos abrazados como probable- acostumbrarme, pensé mientras caminaba junto a
mente no lo hemos hecho en tiempo y no quería- Manuel.
mos pensar en el instante que retomaríamos el
momento en que nos separemos. Nos dedicamos a Él parloteaba acerca de Kelly, de que tanto le
gozar del placer de estar juntos y deambular por agradaba físicamente, que era posible que la invi-
las calles abrazados y besándonos en cada esqui- tara a salir a tal lugar, que la pasamos chévere y
na, expresándonos un amor sincero que dentro de que deberíamos de volver a salir los cuatro, y yo lo
nuestros corazones encendía cada vez con mayor oía mas no respondía, pensaba en Daniela y libera-
intensidad. ba los recuerdos de lo acontecido.
No queríamos despedirnos; pero si tendríamos Le presté atención cuando me propuso regresar
que hacerlo deberíamos darnos un caluroso abrazo a su casa y lograr vivir otro momento similar. No
antes de llegar a su casa. era una mala idea. Comentó que comprendía el
plan y le parecía una excelente forma de verme con
Nos abrazamos y nos dimos un beso antes de lle- Daniela.
gar a una esquina. Corrimos el riesgo de ser vistos
por algún chismoso, no nos importó en ese momen- Yo no pensaba contarle, no en ese momento; pero
to porque era algo que anhelamos realizar. ya que andaba familiarizado con lo ocurrido se me
hizo sencillo abrirme y comentarle algunos deta-
Alcanzamos a Kelly y Manuel y entramos al par- lles.
que los cuatro juntos para no levantar sospechas.
—Es la única manera que encontramos para po-
Hablábamos de cualquier tontería caminando der vernos. Procura no contárselo a nadie.
rumbo a su casa, cruzamos el parque y llegamos.

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—Kelly me dijo lo mismo, no te preocupes por tabas completamente loco por esa mujer. Pero no
eso. quise entrar en detalle.
—Te confieso algo, no estoy seguro que su vieja — ¡Que chévere! Es una chica linda, la conozco
se coma el cuento. poco; pero me agrada.
Se quedó en silencio e hizo ademán de estar pen- —Sí, me cae recontra bacán. Eso me gusta, con-
sando. geniar con alguien.
—No sé. Su vieja trabaja, creo; entonces, tampo- Fue una respuesta segura, la cual me sorprendió
co va estar pensando en todo. para bien. Me gustaría que lleguen a relacionarse
sentimentalmente, pensé. Doblamos en una esqui-
Fui yo quien se puso a pensar. na y vimos el parque al frente de mi casa.
—Es verdad. Tal vez anda pendiente de otros —Oye, ¿Van a jugar pelota el fin de semana?
temas y puede que crea que simplemente soy un Preguntó mientras cruzábamos el parque.
amigo de su academia.
—Sí, de hecho, pásale la voz a la gente, respondí
—Además tienes pinta de chibolo, añadió y me y nos despedimos con un apretón de manos.
miró de pies a cabeza.
Al llegar a casa bebí un poco de agua y subí a
Sonreí y añadí: Voy a quedar con Daniela para mi habitación. Encendí la computadora, sintonicé
vernos de nuevo, te aviso cuando acordemos. música y me eché sobre la cama pensando en todo
—Claro, eso de hecho. Coordinan y me cuentas lo sucedido con Daniela, desde el momento en el
para decirle a Kelly; aunque creo que ellas lo van a que la vi esperándome apoyada en su reja y sonreí
saber antes que nosotros. porque todavía la sentía a mi lado. Aún tenía su
aroma en mi piel.
Reímos en ese momento y se me hizo imposible
no preguntarle: ¿Tienes algo con ella? Los primeros días de noviembre suelo andar an-
sioso, mi cumpleaños es el 09 y como todos los años
—Nos estamos conociendo, dijo sonriendo. planeaba realizar una reunión con mis amigos, fa-
No era la primera vez que escuchaba esa frase. miliares y por supuesto, Daniela.
Algunos amigos y conocidos la empezaban a pro- El MSN se aglomeraba de preguntas, Ezequiel,
nunciar con aires de frescura cuando a veces no Manuel, Fernando, Jonathan, entre otros, querían
significaba realmente eso porque ocultabas que es- saber los planes para el 09.

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Les decía lo de siempre, que organizaría una re- Saludé a su amiga e ingresé para sentarme don-
unión que terminaría en fiesta y que pondría licor; de estuve la vez anterior. Daniela se colocó a mi
pero que deberían traer también por si falta. lado y tocó levemente mis manos, quería sujetarla,
sentir que se entrelazabas; pero temía que alguien
Todos se emocionaban con mis respuestas, ado- pudiera vernos.
raban mi cumpleaños desde los 17 porque desde
ahí los celebro a base de trago y cigarros. —Te he extrañado, dijo suavemente y me miró
con ojos tiernos; aunque veía nostalgia en ellos.
El grupo con quienes comparto mi tiempo libre
son de mi edad, llevan las mismas aficiones futbo- —Yo también te he extrañado, le dije del mismo
leras, otros más apasionados que el resto, les gus- modo e intenté cogerle la mano, al menos lo hice
ta salir a caminar, ir a fiestas y por supuesto, son por segundos.
divertidos, por ratos tímidos y avergonzados; pero
generalmente disfrutan de un buen rato entre ami- —Te amo, dijo moviendo los labios.
gos y amigas. —Te amo, se lo dije de igual modo.
Acordé con Daniela en ir a visitarla pocos días Estaba concentrado en su rostro, en sus ojos y
antes de mi cumpleaños. en sus labios; pero por segundos miraba hacia la
Manuel vino a recogerme y arribamos hacia puerta y la ventana preguntándome si alguien nos
allá. Él no dejaba de realizarme preguntas acerca estaría vigilando. Momentáneamente sentía que
del 09. ¿Qué harás el 09?, ¿Cómo es el 09?, enton- estábamos solitarios y que la casa andaba desolada
ces, somos el 09, repetía a cada paso que dábamos. y que entonces podría darle un beso y nadie saldría
Respondía con frases cortas tal como, de hecho lo furioso o tampoco le recriminarían cuando ingrese;
hacemos, si, somos, por supuesto que sí, habrá de pero no me atrevía, no quería arruinar el plan y
todo, obvio, etc. tener que lidiar con no poder estar juntos. Debía de
aguantarme.
Estando cerca vimos que Daniela y Kelly nos es-
peraban apoyadas en la reja. Nos importaba poco o nada lo que hiciera la otra
pareja, charlaban a un metro de distancia, en voz
—Hola princesa, le dije y me acerqué a darle un baja y parados.
beso en la mejilla.
Era mejor que no estemos hablando los cuatro,
—Me hubiera gustado besar tus labios, le susu- así Daniela y yo nos concentramos en nosotros,
rré al oído haciendo que sonriera. pensaba mientras observaba a mi princesa acomo-

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darse el cabello, lo llevaba amarrado, tenía una Besarla era una adicción, no podía controlar mis
cola y sabiendo que deseaba verlo suelto y resplan- labios que deseaban desesperados converger con
deciente, lo liberaba haciendo un tierno; pero a la los suyos, por eso, volvimos a besarnos al momento,
vez sensual movimiento de cuello que ocasiona, na- no era un beso apasionado, es más, por segundos
turalmente, el amoldamiento de su caballera on- uno de los dos abría los ojos para observar el pano-
dulada y castaña en su cuerpo. Situaciones que me rama; aunque de igual modo, lo disfrutábamos.
fascinan, por eso me quedaba en silencio, pensan-
do en cuanto la amo y lo bella que es. —Te amo demasiado, princesa, le dije ensegui-
da, fijando la mirada en el pardo de sus ojos.
Mis ojos brillaban y ella lo sabía, porque me mi-
raba y sonreía, como preguntándose y asegurándo- —Yo también te amo, precioso, respondió de in-
se a la vez que el tipo que tiene cerca anda perdida mediato sin darse cuenta que nuestras manos se
y locamente enamorado. Me gustaba esa seguri- unieron.
dad. Nos separamos segundos después y miramos ha-
— ¿Qué haces viéndome de ese modo? Preguntó cia todos lados; pero nadie nos veía. Me hubiera
de una manera inocente y sonriendo; pero a la vez gustado creer que así era.
sabiendo la respuesta. Se escuchó un ruido de repente y alguien salió
Me encantas, respondí con mirada penetrante. por la ventana de arriba, era un tipo de cabello ne-
gro, muy distinto al de Daniela, oscuro y lacio como
—No dejo de contemplar lo hermosa que eres, si nunca fuera peinado y con una voz prepotente
princesa, contesté con palabras pronunciadas con preguntó, ¿Qué hacen ahí?
suavidad para que solo ella pueda oírlas.
Converso con mi amigo, respondió Daniela con
Sonrió y añadió: Dame un beso, por favor, que la dulzura que la caracteriza. El tipo resolvió no
no resisto. decir nada y zafó de inmediato.
Quise besarla desde que la vi, estuve esperando Creí que no volvería a saber del sujeto; pero por
ansioso una ocasión, por ratos me daba por vencido si acaso resolvimos alejarnos, levantarnos y agru-
convenciéndome que no debería arruinar el plan; parnos a la otra pareja.
pero nuestros labios no resistieron y sin dudarlo
me acerqué para besarla y por más que haya sido — ¿Quién es? Quise saber.
rápido, me sentí satisfecho. —Es Martín, mi hermano, a veces suele ser jo-
dido.

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—Comprendo. Algunos hermanos son celosos. repleta de detalles llamativos (parches, botones,
etc.) hizo un ademán y se marchó.
—Creo que tienes razón. Pero, ya se fue.
Es un tipo serio, dije para mis adentros. No obs-
Al rato, el tipo abrió la puerta y se acercó, a pri- tante, me agradó que no se metiera en las cosas
mera vista tendría sus veinte años y por su indu- de Daniela, estaba seguro que nos había visto y el
mentaria negra (jeans rasgados como la casaca, silenciar demostró respeto. Con ese acto se ganó mi
zapatos enormes y pulseras oscuras con símbolos simpatía.
extraños) supuse que tendría afición por la música
punk, entonces muy de moda. Creí que me recri- Kelly propuso ir a tomar helados; pero tanto Ma-
minaría por algo, de repente por cogerle la mano a nuel como yo andábamos llenos.
su hermana, lo cual podría aceptar; pero de tener
actitud prepotente tendría que imponer respeto; —Mejor vayamos a ver una película, propuso
aunque lo mejor sería estar calmado, para no ga- Manuel.
narme problemas. La idea me pareció estupenda.
Pensé mucho en lo que sucedería. Martín llegó, Kelly y Daniela se miraron y respondieron a la
no saludó a nadie y le dijo a Daniela para hablar par: Claro, es una buena idea.
un rato.
Yo preferí no decir nada, no quería afirmar y que
Manuel y Kelly voltearon para ver de qué se tra- luego me dijeran que no puedo estar dentro porque
taba, yo también lo hice. Además, no tuve tiempo su madre podría llegar y demás. Sin embargo, Da-
ni siquiera de hacerle un ademán a Daniela, quien niela decidió aceptar y sabiendo que estaría, qui-
fue a charlar con su hermano. zá, algo incomodo, me preguntó: ¿Te gusta la idea?
— ¿Todo bien? Le pregunté al verla regresar. Como no dices nada.

—Solo me estaba preguntando donde puse la cá- Obviamente me gustaba la idea, solo no quería
mara. Va a salir una tocada. acotar nada hasta que se pudiera realizar.

—Ah, bueno, entonces que le vaya bien, dije con Minutos después, Manuel conectaba el DVD al
humor. televisor mientras que Kelly iba a la cocina a pre-
parar canchita y Daniela se encontraba a mi lado,
Manuel y Kelly volvieron a lo suyo sin pregun- teniendo su cabeza sobre mi hombro y yo abrazán-
tar nada y pocos minutos después salió Martin con dola.
una mochila del mismo color de su atuendo; pero

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Nunca imaginé que Manuel tendría una idea Cuando se escuchaba algún ruido extraño que-
tan genial, pensaba al tiempo que acariciaba el ca- ría que fuera el fantasma de la película y no su ma-
bello de mi chica. dre quien estuviera entrando, pensarlo me daba
cierta risa. Se lo comenté cuando terminamos de
Cuando terminó la conexión fue a la cocina a ver la película y soltó una risotada añadiendo que
buscar a Kelly y ambos tardaron minutos en vol- algunas veces suelo ser muy ocurrente.
ver. Aproveché ese tiempo en besar a Daniela de
una manera un tanto apasionada. Necesitaba be- —Alguien toca la puerta, comentó Manuel de re-
sarte de este modo, le dije con cierto humor. Y ella pente, se alejó del mueble y se acercó a la puerta.
sonrió.
—Sí, alguien está tocando, dije un tanto
Regresaron los chicos cargando un tazón repleto preocupado.
de canchita y una botella de Coca Cola. Se acomo-
daron a un lado en el mismo mueble y comenzamos —El timbre está mal, por eso tocan, dijo Daniela
a ver una película de terror. y se levantó del mueble.

Daniela cogió mi mano y me llené de emoción — ¿Qué sucede? Preguntó Kelly y miró también
porque recordaba nuestros ratos en mi habitación hacia la puerta.
observando televisión cogidos de las mano. —Es Martín, dijo Daniela al ver por el orificio de
Te amo, le susurré al oído. Yo también a ti, pre- la puerta.
cioso, respondió y enseguida nos besamos. Abrió la puerta y el hermano ingresó con aires
La película fue avanzando, ocurrieron escenas de seriedad, no vio a nadie y subió a su habitación.
en donde Kelly gritó desesperadamente haciendo —Es un antisocial, comentó Kelly y empezamos
que todos nos asustemos, también lo hizo Daniela a reír.
en alguna que otra escena, hasta Manuel que por
ratos ocultaba los ojos con la palma de su mano. —No se rían, puede escuchar, dijo Daniela muy
enfática.
A mí me gustan las películas de terror y no me
dan mucho miedo. Callamos al instante.

Lo esencial fue estar juntos y cogidos de la mano, —Qué bueno que haya sido tu hermano y no tu
por instantes dejaba caer su cabeza sobre mi hom- mamá, acoté; pero no me hicieron caso.
bro o la abrazaba y le daba besos en la mejilla. — ¿Qué tiene tu hermano, por qué es así? Pre-

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guntó Manuel haciendo alusión a su amplia curio- — ¡Dios mío! Estos andan más enamorados, afir-
sidad. mó Kelly con humor.
—Está molesto porque seguramente se canceló Reímos y ambos dijimos: Sí, estuvo buena.
el evento. Además, es un poco tímido, no entabla
conversación con facilidad. Siempre lo dejo ser. —A mi me gustó, añadió Manuel.

—Está en la onda del punk, ¿verdad? Acoté. —La escena en la que la mujer mira en el espejo
y ve al fantasma detrás, me asustó, acotó Kelly.
—Si pues, lo mismo dice mi mamá.
—Sí, sí, esa parte fue terrible, agregó Daniela
—Lo bueno es que no se mete en mis cosas y yo con cierta emoción.
tampoco en las suyas, añadió y me gustó oírlo.
—Manuel estaba con los ojos tapados y tú, que-
—Entonces, me agrada, comenté y los demás rida amiga, te ocultaste para no ver nada, empezó
rieron. a burlarse de ambos.
—Chicos, en un rato va a llegar mi mami, ¿No —No dio mucho miedo que digamos, agregué mi
quieren ir afuera? Propuso y entendiendo la situa- comentario.
ción nos levantamos e instalamos en el pateo.
—Tenía un ojo abierto y el otro cerrado, dijo Ma-
Manuel y Kelly estaban al frente de nosotros. nuel y por más tonto que haya sido su comentario
Nos acurrucamos sobre el mismo muro de siempre me pareció gracioso.
y ya no estuvimos tan cariñosos por miedo a ver
entrar a su madre en cualquier momento. —Esa parte dio mucho miedo, dijo después.

—Estuvo bacán la película, dijo Kelly. —Creo que no voy a poder dormir por culpa de
esa escena, dijo Kelly exagerando un poco.
Yo miraba a Daniela y ella se enfocaba en mis
ojos. Manuel se lo hizo saber y ella se molestó demos-
trándolo con un leve manotazo en el brazo al tiem-
—Dije que estuvo bacán la película, repitió mi- po que decía: Que no exagero, tonto.
rándonos.
Daniela y yo reímos y estoy seguro que pensa-
— ¿Qué dijiste? Dije con cierto humor. mos que ese dúo de idiotas eran tal para cual.
—Sí, ¿Qué dijiste? Emuló Daniela. Al rato, Manuel quiso cambiar de tema e intro-
dujo comentarios acerca de mi cumpleaños.

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—Supongo que van a asistir el nueve, ¿verdad? —Ese día la vamos a pasar chévere, siempre se
arma la juerga, dijo Manuel muy motivado.
—Claro, justo iba a comentar que voy a ir conti-
go (señalando a Kelly) y un par de amigas. —Espero que te den permiso. La pasaremos in-
creíble, le susurré al oído.
—Chévere preciosa, van ustedes y sus amigas,
le dije. —Seguro que sí, siempre la pasamos increíble,
dijo y me dio un beso; aunque veloz, me gustó.
—Las esperamos, chicas, añadió Manuel con
aire de frescura. Enseguida, Manuel, emocionado por lo que se
venía, comenzó a relatar algunas anécdotas acerca
— ¿A qué hora comienza? Preguntó Kelly. de mis cumpleaños pasados.
Iba a responder; pero Manuel se adelantó. Me hizo avergonzar con algunos pasajes y con
—A las diez y media pueden estar presentes. otros reír a carcajadas. Siempre le gustó relatar
vivencias pasadas, las exageraba y sabía detalles
—Bacán. Iremos juntas como dices, ¿no? inéditos.
—Claro pues sonsa. Vienes a buscarme y vamos Manuel, luego de hablar de mis cumpleaños, co-
con las demás chicas. menzó a recordar otros momentos y de cada uno
—Ya pues, mostro. Ya coordinamos por el MSN. sacó una historia. Nosotros lo escuchábamos ex-
presarse de forma locuaz y realizando movimien-
—Sí. Solo tengo que pedirle permiso a mi mami; tos con las manos, mostrando una gran sonrisa y
aunque fijo voy, no puedo faltar al cumpleaños de riendo cuando las anécdotas mostraban ratos gra-
mi chico. ciosos.
Se me hizo lindo escuchar eso. De hecho, todos reímos, más que todo por la for-
ma como contaba las experiencias.
—Si te va a dejar, solo dile que es el chico de la
academia, dijo Kelly con mucha gracia. Si las hubiera contado con tragos encima, estoy
seguro que lloraría a cantaros, lo he vivido y es di-
Soltamos una risotada.
vertido.
—Con ese cuento seguro que me da permiso.
Junto a Ezequiel les encanta contar vivencias
Volvimos a reír. del ayer, las suelen relatar con mucho sentimiento
y cuando toman y cuentan acaban llorando y abra-

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zándose. Lo recordé mientras escuchaba sus histo- levantó para recrear la caída de Kelly al empezar a
rias. aprender a manejar bicicleta.
—Ustedes son amigos desde niños y parece que Quizá, la vuelta de campana haya sido algo exa-
siempre la han pasado genial, me dijo al oído Da- gerada; pero fue graciosa la forma como lo contó.
niela.
Siguió hablando y si por mí dependiera, me que-
Sonreí y le respondí: Es verdad, la hemos pasado daría el resto de mi vida escuchándola.
estupendo a lo largo de nuestras vidas.
Era como si todos callaran, el viento, el ruido de
—Kelly y yo también tenemos buenas anécdo- las aves y hasta los grillos y solo se oyera esa dulce
tas, interrumpió a Manuel de golpe. melodía que es su voz, era como si nada existiera
y solo se viera el uso de gestos, el acto teatral que
Este se detuvo y dijo: Déjame terminar esta his- realizaba para describir el momento y por supues-
toria y nos cuentas la tuya. to, me enamoraba, cuando después de contar el re-
—No, no. ¡Quiero contarla ahora! Increpó Da- lato, sonreía con una pureza impresionante.
niela; pero con gracia. —Adoro tu sonrisa, mi princesa, se lo dije men-
—Te escuchamos, princesa, le dije sonriendo. talmente.

—No vayas a contar esa anécdota, por favor, dijo Giró el cuello enfocándose en mí y sonrió para
Kelly ligeramente avergonzada. enamorarme de nuevo.

Daniela hizo caso omiso a sus plegarias y empe- Dicen que los enamorados tienen un lenguaje
zó a contar una vivencia. especial, tal vez nosotros podemos hablarnos men-
talmente.
Siempre me gustó escucharla, cuando hablaba
era como si una bella melodía penetrara en mi oído — ¡Monga, que buena historia! Gritó Kelly son-
e hiciera vibrar el resto de mi ser. riendo.

Atento a su relato andaba, su amiga se rubori- —Que gracioso, ¿En serio así fue? Preguntó un
zaba y ella empleaba gestos para describir algunos intrigado Manuel.
momentos, Manuel reía, yo también lo hacía, todos Daniela estuvo orgullosa de su relato, le encan-
reíamos. Daniela contaba sus experiencias como ta hablar, puede contar miles de historias y hacer
nadie, usaba un lenguaje versátil, gestos y hasta se cientos de gestos y a todos enganchar.

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Lamentablemente, cuando quería iniciar una entendería, dije un tanto molesto, más que todo
nueva experiencia se apareció su madre, quien preocupado.
aparentemente había tenido un mal día en el tra-
bajo. Manuel se quedó en silencio.

—Daniela, quiero hablar contigo un momento, — ¿Qué puedes hacer? Ella te ama y te extraña
dijo con el ceño fruncido. como seguramente tú lo haces, imagino que quería
verte e hizo esto, dijo Kelly de una manera muy
La señora se metió a la casa y su hija la siguió. sobria.
Manuel y yo nos miramos y no dijimos nada; quien
estaba preocupada era Kelly. Me dejó pensando.

— ¿Qué ha pasado? Pregunté preocupado. —Me revientan tantas complicaciones, pensé en


voz alta.
—No estoy segura; pero creo que no ha pedido
permiso para que vengan ustedes. —El amor debe ser libre. Si amar es bonito, pen-
sé en voz alta con voz reflexiva.
Eso me sorprendió.
Nadie quiso acotar nada.
—Pero no estamos haciendo nada malo.
Manuel dejó caer su mano sobre mi hombro y en
—Tiene razón, solo conversamos y nos reímos de ese momento regresó Daniela con los ojos llorosos.
tonterías, añadió Manuel, también asombrado.
— ¿Todo bien, princesa?
—No sé, chicos. Lo que pasa es que su mamá es
muy estricta. Kelly abrió los brazos, Manuel no dijo nada.

Enseguida recordé a un familiar que también Daniela se acomodó a mi lado y nos contó: Mi
trata a sus hijos de un modo muy severo, la imagen mamá esta asada, creo que lo mejor será que se
era similar. El llegar a casa obviando a los invita- vayan.
dos, tener el ceño fruncido y llamar a un lado al Su aire de tristeza nos contagió. Me abrazó sin
hijo para regañarlo. importar quién nos vea y susurró al oído que lo sen-
No me agradó la idea de pensar que podrían re- tía. No te preocupes, princesa, se lo hice saber y le
gañarla por nuestra culpa, en especial por mí. di un beso en la mejilla.

—Si hubiera sabido que no podíamos venir, yo Le hice un ademán a Manuel, quien enseguida

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se levantó, hice lo propio y le di un abrazo de des- Imaginando que Daniela estaría durmiendo, me
pedida. fui a descansar con la esperanza de tener su saludo
por la mañana.
Espero verte pronto, mi amor, dijo aún triste.
Por supuesto, princesa, le respondí sonriente tra- — ¡Precioso, feliz cumpleaños! Dijo efusivamen-
tando de alentarla. te tras el celular.
Yo me quedo, dijo Kelly y entonces me despedí —Gracias, mi princesa.
de ella, quien al rato se fue a un lado con Manuel.
—Que la estés pasando de lo mejor, sabes que
—Oye, todo está bien, ¿Sí? Te amo mucho, prin- te recontra amo, mi vida, decía muy emocionada
cesa, le dije mientras secaba las lagrimillas que le como si estuviera a mi lado y quisiera abrazarme y
caían. nunca dejarme.
Entendía que se encontraba frustrada, le hubie- —Tan linda como siempre. ¿Más tarde bajas,
ra gustado pasar más tiempo a mi lado, yo también verdad?
lo quería; pero sucedió lo inesperado y era inevita-
ble. —Por supuesto, voy a ir con Kelly y las demás
chicas.
—Manuel, vamos, le dije luego de despedirme de
Daniela, a quien abracé y besé en la frente. — ¡Genial, princesa! Entonces, nos veremos más
tarde. Gracias por llamar, te amo demasiado.
Las chicas se quedaron en la reja viéndonos
caminar. Antes de doblar para desaparecer de su —En la noche te veo, precioso. Te amo mucho.
vista, volteé y agité la mano. Respondió de la mis- Sigue pasándola chévere.
ma manera y seguí andando pensando en que si Durante la tarde, luego del fútbol con los amigos
dos personas andan enamorados y el amor resulta fuimos a comprar los licores y cigarros. También
sincero, no debería ser tan incompatible con lo que otra decena de cosas como vasos, piñatas y demás.
dicta la sociedad.
Empecé a decorar la sala con globos y pegando
Llegó el día de mi cumpleaños. A la media noche cosas en la pared para hacer más divertida la fies-
me saludaron en casa, junto a la familia tuvimos ta.
un pequeño agasajo y una larga sobremesa que
duró hasta la madrugada. Se me ocurrió revisar mi Respondía los mensajes al celular y a cada rato
Facebook y me sorprendió la cantidad de mensajes que podía subía a mi habitación para contestar a
que recibí.

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los muchachos por el MSN. Alentaba a todos sobre daba en casa viendo películas. Luego, naturalmen-
lo que se avecinaba y sus ansias aumentaban es- te, tuvimos algunos encuentros con el licor, a veces,
perando que sea de noche. El primero en llegar fue necesarios.
Ezequiel, quien rápidamente abrió la primera cer-
veza. Estuvimos tomando un corto tiempo porque Ahora esta acá porque nunca falta a mis fiestas
al rato se apareció Manuel, su primo y enseguida, de cumpleaños, es una tradición estupenda.
bajó Fernando para acompañarnos. Yo me fui a du- Carlos llegó con su chica; pero tuvo que dejar-
char y vestir mientras que ellos bebían. la en su casa un corto tiempo después, resulta que
Cuando volví encontré la sala llena de amigos ella tenía que realizar un tema familiar. Lo bueno
y conocidos; pero Daniela no venia; aunque no me era que mi buen primo volvió y empezamos a dis-
preocupaba del todo porque recién eran las once de frutar de un rico ron.
la noche y las chicas suelen tardar. Quiso saber sobre Daniela, le asombró que no es-
Me serví un vaso de ron y encendí un cigarro tuviera presente y yo le dije que seguramente esta-
después de saludar a todos los presentes. ría llegando. Ya era más de media noche y todavía
no se asomaba por la entrada, empezaba a preocu-
Iniciamos la chacota y las conversaciones de parme y no sabía cómo evitarlo porque no dejaba
todo, especialmente de los próximos juegos futbo- de mirar la puerta, lo hacía a cada rato y era tan
leros. obvio que Alondra y Mariana tuvieron que decirme
que ya vendría, que tal vez tarda por el tema de
Miraba hacia la puerta por si se asomaba su ca- arreglarse o de esperar a sus amigas.
bellera ondulada y entraba reluciente a abrazarme
y darme un beso; pero ingresaba otro tipo. Manuel preguntó por Kelly cuando yo esperaba
una respuesta de su parte, ambos desconocíamos
No me sorprendió que Carlos, mi primo, llegara sus paraderos.
a la fiesta. Él no es de tomar mucho, prefiere el de-
porte y es válido, siempre lo he respetado. Cuando Pasada la una de la madrugada le pedí una ex-
jugábamos pelota e íbamos a entrenar solo apostá- plicación a Mariana; pero ella se encontraba bai-
bamos a nuestro físico y el nivel de juego que po- lando con un amigo y no pudo responder.
díamos llegar a tener; aunque cuando frustramos
nuestro sueño y nuestros caminos ligeramente se Alondra no sabía absolutamente nada y tanto
fueron abriendo, seguimos teniendo cierto contac- Manuel como yo no estábamos informados de lo su-
to, a pesar que yo empecé a ir a fiestas y él se que- cedido.

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Pasada media hora llegó Kelly, estaba bien arre- Manuel y Kelly caminaron a la sala a encontrar-
glada; pero no sonreía, su rostro era serio. Manuel se con los demás, mientras me quedaba estaciona-
se le acercó y la saludó, enseguida, ella me hizo un do a un lado de la puerta imaginando que tal vez
ademán. Fui lo más rápido que pude a su alcance. podría asomarse para darme un abrazo.
Me dio un abrazo cumpleañero y giré el cuello para
ver la puerta, tal vez necesitaría dinero para el taxi Desde entonces no volví a ser el mismo durante
porque el chofer no tendría cambio o de repente, la fiesta, se me fue la sonrisa y comencé a tomar
Daniela estaría afuera con una sorpresa, pensé ron como si se tratase de agua. Recuerdo que bebí
muchas cosas en ese instante. demasiado y llegó un momento donde ni siquiera
podía mantenerme parado, estaba muy mareado y
Dos de sus amigas ingresaron y las saludé ges- hablaba centenar de estupideces. Sacaron cientos
tualmente, repitieron feliz cumpleaños sonriendo y de fotos con cámaras de rollo y otros con esas mo-
entraron a la sala. dernas que recién salían. Abracé a mis amigos, bai-
lé estúpidamente e hice el ridículo, acabé la noche
— ¿Y Daniela? como un muerto viviente y caí desmayado sobre la
—No va a venir. cama.

— ¿Por qué? No entiendo, ¿Por qué? Al despertar, alrededor de las dos y media de la
tarde, mi vieja me dio un exquisito plato de comida
Me encontraba alarmado. llamándome borracho con humor y rabia a la mis-
—Se ha peleado con su mamá, creo que ya sabe ma vez. Mi viejo dijo lo mismo minutos después.
que tú eres su novio. No hice caso a ninguno de ambos comentarios,
—Su vieja no es cojuda, ella se las olía, acotó me reventaba la cabeza, me dedicaba a comer y a
Manuel. beber agua en excesos.

Dije una maldición y añadí: Si pues, imaginaba Llevaba frustración por no haber estado con Da-
que en algún momento pasaría, no ahora. niela en la fiesta y a la vez, me dolía tanto la cabeza
que no quería pensar en eso y únicamente deseaba
—Lo siento. Por su ausencia mi vieja no me ha volver a la cama.
dado mucho permiso. Era para venir las dos, dijo
un poco triste y miró a Manuel. Sin embargo, cuando terminé de comer me co-
necté al MSN encontrándome con muchos de mis
Dije otra maldición; pero esta vez para mis aden- amigos, quienes recién se levantaban y afirmaban
tros.

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haberla pasado bacán, eso me alegró durante un y dijo que no quería una hija mentirosa y demás
rato. cosas. También dijo que no le tengo confianza por
haberle mentido, pero ¿Quién la entiende? Dice eso
Daniela estaba en línea; pero no le escribí. Tenía y no me deja salir contigo.
el MSN en No disponible y su Nick era un rostro
triste. No fue su culpa, pensé y le escribí. —Tranquila, a veces las madres son algo compli-
cadas; pero siempre desean lo mejor para sus hijos.
—Hola
— ¿Qué quieres decir con eso?
—Hola
—No lo sé, princesa. Todo ahora se pone terrible
— ¿Cómo estás? y a veces pienso que lo mejor será distanciarnos un
—Oye, disculpa por haber faltado ayer, tuve un poco, así tu familia se queda tranquila.
problema en casa y no pude salir. No supe porque dije esa última frase; pero no me
Añadió muchos emoticonos de rostro triste. arrepentí de decirla, la sentía; aunque no la había
reflexionado. Solo salió.
—Sí, Kelly me contó ayer; pero bueno, son cosas
que pasan. Daniela no respondió hasta dentro de un tiempo.
Me mantuve mirando la pantalla y esperando que
No me salía otra frase, estaba fastidiado, no po- responda, estaba con un dolor insoportable, jodido
día ser lindo; pero si comprensivo. y dolido.
— ¿Estas enojado conmigo? Dijo con emoticonos — ¿Quieres que terminemos? Dime, ¿Eso quie-
de rostro triste. res? Reclamó severamente.
—No, todo bien. Es como te dije, son cosas que —Para ser sincero, no lo sé. Es que estamos mal,
pasan. Además, estaba fuera de tu alcance. o sea, no tenemos estabilidad, unos momentos la
—Gracias por entender. Te amo mucho y ahora pasamos genial y al instante ya tenemos que idear
no se qué vamos a hacer para vernos, esto se pone la forma para vernos. Me revienta todo eso.
gris y me asusta. —Ya entiendo, ¿Te jode toda esta situación, ver-
— ¿Qué ha pasado? Pregunté instintivamente. dad? ¿Crees que a mí no? ¿Crees que estoy tranqui-
la mientras mi vieja no quiere que te vea?, ¿Crees
— ¿No te dijo ella? Mi mamá ya sabe que eres mi que no intento buscar soluciones?
novio. Está furiosa porque siente que le he mentido

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—Claro que lo creo; pero a veces me frustro tan- Durante un par de semanas no quise saber de
to que ya no se qué pensar, mucho menos como ac- nadie, no salí de casa, tampoco fui a alguna fiesta;
tuar. sin embargo, su amiga, quien aseveraba conocer
mis aparentes movimientos le llenaba la cabeza de
—Tú sabías que esto sería complicado. ideas malintencionadas.
Esa frase me dejó pensando. Mariana, con quien tenía una ligera amistad y
—No es fácil estar con una chica menor, a quien charlábamos por MSN, me contaba lo ocurrido.
no le dan permiso, quien tiene prohibido tener fla- Andaba furioso, nunca me gustó que hablen de
co. Anda controlada y supervisada todo el rato y mí sin conocerme y mucho menos acusándome de
tengo que lidiar con mis problemas familiares. algo que no soy.
Sentí dolor y frustración en sus palabras; pero Busqué a Luisa en el Facebook para enviarle
tenía razón, yo sabía que sería complicado y nunca un mensaje; pero no la hallé. Quería preguntarle,
lo pensé, fue algo intrínseco, que ahora notaba con ¿Por qué andas diciendo eso de mí? Quería saber el
claridad. motivo de tanto afán por intentar arruinarme. Me
—Tal vez y tengas razón, esto no es sencillo y ganaba el coraje y lo único que hacía era endurecer
quizá no sea lo que quiero. el puño en la mano y calmarme rato después.

No me arrepentí de decirlo, era algo que llevaba Mariana no sabía de mis acciones, pero le de-
dentro, no soportaba la situación y reventé. cía que andaba en casa, no especifica mi condición;
aunque seguramente lo imaginaba (por el Nick) y
—Sabes algo, eres un cobarde y yo soy quien ya le comentaba, siempre al final de la breve charla,
no quiere estar contigo. Adiós. que le dijera como cosa suya que no estoy haciendo
Estuve leyendo su última frase cientos de veces la clase de estupideces que andan diciendo.
mientras observaba la pantalla y olvidaba que otro Mariana acotaba y aseveraba a la vez que estaba
grupo de personas me escribía, solo leía y releía completamente segura que yo la amaba y que al-
y sentía emociones confusas en mi ser que revolo- guien que ama no anda saliendo con otras mujeres
teaban sentimientos encontrados. Quise romper la días posteriores a la culminación de una relación.
pantalla de un puñete; pero preferí enmudecer y
apagar el monitor. Creo que por eso surgió una buena amistad, me
agradó que supiera y le diera valor a lo que le co-
Todo estaba perdido, lo sentía claramente. menté; además, empezaba a tenerle confianza y co-
mencé a contarle más detalles sobre mi relación.
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Yo quería que Daniela no creyera todo lo que le —Oye, tranquila. Yo no salgo con nadie e imagi-
dicen a mis espaldas y tuviera un concepto errado no que esa chica, amiga de ustedes, anda hablando
que suele meterse en la mente de las personas que falsedades de mí. Sabes bien que estoy enamorado
posiblemente se encuentran decepcionadas, sim- de Daniela, que la estoy pasando mal porque hemos
plemente te decepcionas más, a veces es más senci- terminado y no soy un tonto para involucrarme con
llo eso que pensar lo contrario. otras personas cuando todavía siento que la amo.
Las veces que volví a charlar con Mariana, me No respondió hasta dentro de unos minutos.
informó que era difícil hacer recapacitar a Danie-
la, porque el concepto errado acerca de mí se am- —¿Estás seguro? Entonces, ¿Por qué dicen eso?
pliaba a cada momento. La estaba pasando mal; —No lo sé. De repente le caigo mal, que se yo.
pero creía que yo andaba saliendo con otras chicas,
enfatizando que eran mayores (como de mi edad) y Estaba irritado cuando dije eso último.
que era cuestión de tiempo para iniciar un nuevo —Yo no conozco mucho a esa chica, es más ami-
amorío. ga de Daniela que mía, fue Daniela quien me dijo
Creo que la gota que derramó el vaso fue la con- eso y la dijo triste, casi llorando y yo no soporté esa
versación que tuve con Kelly. idea, porque por mas que no nos conozcamos bien,
ella no dejaba de hablar maravillas de ti y tuve un
A veces uno no es tan amigo de la amiga de tu concepto que ahora tambalea.
novia. Charlábamos poco o nada por MSN y las ve-
ces que hablamos fue cuando fui con Manuel a casa —Yo amo a tu amiga, estoy enamorado de ella.
de Daniela y entablamos conversación los cuatro; No puedo ni podré relacionarme con otras perso-
pero esa vez fue extraño, ella me escribió para de- nas. Esa idea es absurda.
cir lo siguiente: Ese argumento se lo dije con mucho énfasis y no
—Estoy decepcionada de ti. ¿Cómo puedes ha- podía ser más sincero, me irritaba que nadie creye-
cerle eso a mi amiga? ra lo honesto que era.

— ¿Qué he hecho? Respondí rápidamente. —A mi no me convenzas, díselo a ella.

—No te hagas el tonto. Así que estas saliendo Tenía absolutamente toda la razón.
con otras chicas, ¿no? ¡Qué descarado que eres! —Pero, ¿Cómo? No puedo ir a la academia y
En ese instante comprendí que la situación se tampoco visitarla en su casa. ¿Dónde puedo encon-
expandió. trarla?

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—Yo te voy ayudar. to y salí de casa luego de mojarme el rostro varias
veces.
Cuando leí esa frase creí que, tal vez, todo po-
dría ligeramente mejorar. Detuve una de esas moto taxi y le indiqué el lu-
gar. El tipo me dio un precio y avanzamos con rapi-
— ¿En serio la amas? Preguntó sorpresivamen- dez. Era la tercera o cuarta vez que abordaba uno
te mientras que estaba escribiendo una respuesta. de esos transportes.
Tuve que detenerme, borrar todo y responder.
Cuando llegué a su casa, la de color azul marino
—Por supuesto, eso nunca lo dudes. Yo la amo y de dos pisos, descendí y antes de presionar el tim-
demasiado y hemos terminado porque sentimos el bre, recordé el argumento.
carga montón de lo difícil que es manejar nuestra
relación; pero ahora estoy seguro que podemos se- Kelly salió por la ventana del segundo piso, ima-
guir avanzando y creciendo. giné que era su habitación, abrió los cinco dedos de
su mano en señal de espera y se fue.
Escribía y leía lo que decía y era lo que sentía y
comenzaba a tener un sentido, la amaba y quería Tan rápido como pudo abrió la puerta y me dijo:
luchar por estar juntos. Pasa y espérala en la sala. Hice caso a su sugeren-
cia.
Solo quería estar seguro si ella sentía y quería
lo mismo. Ella subió las escaleras y me acomodé en una si-
lla, luego en el mueble, después me quedé parado.
Quedamos en que le diría que vaya a su casa a
realizar una actividad, me mandaría un mensaje Empecé a escuchar pasos y algo de lo que char-
al celular y tendría que ir enseguida. Así podría- laban sintiéndome todavía más nervioso; pero esta
mos conversar sin inconvenientes. vez sin olvidar el sentimiento hecho argumento.
—Ven en 5 minutos, escribió en su mensaje Kelly dejó que Daniela se adentrara a la sala y
tiempo después. cuando me vio, parado, con los brazos cruzados y
la cara de idiota, giró para ver a su amiga e incre-
E inmediatamente me sentí nervioso, fue extra- parle.
ño, todo lo que pensaba decirle se borró de golpe y
solo quedaron nervios inservibles. — ¿Qué hace aquí?
Decidí no responder para no levantar sospechas. —Amiga, creo que ustedes deben hablar.
Tenía anotada la dirección de su casa en un papeli-

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—Yo no tengo nada que hablar con él, dijo con Ella estaba en silencio, acomodada en el espal-
voz firme y rabiosa. dar del mueble y mirando hacia todos lados, excep-
to a mis ojos.
—No digas eso. Estoy segura que ustedes tienen
mucho que hablar, insistió Kelly, muy serena. —Quiero empezar diciendo que lamento entro-
meter a tu amiga en todo esto; pero no encontré
—Princesa, ¿Podemos hablar? Interrumpí con otra alternativa.
voz dócil.
Me mordí la lengua como esperando que dijera
Giró para verme; pero no dijo nada. algo, pero no lo hizo. Siguió mirando a su derecha y
— ¿Tú planeaste esto? Le preguntó a su amiga. luego a la izquierda. A todos lados, menos al frente.

—Yo le dije que me ayudara, respondí a la pre- —Bueno, dije y agaché la cabeza por un segun-
gunta y la sujeté del brazo, muy suavemente; pero do. Sentí que me miró y que sus ojos pudieron pe-
se desquitó con brusquedad. netrar en mi nuca; pero al levantar la vista no la vi.
Seguía mirando la nada.
—Monga, no seas orgullosa. Ambos la están pa-
sando mal, estoy segura que se adoran y se aman, —Bueno, repetí como antesala.
charlen y arreglen sus diferencias, dijo Kelly de —Te escucho, dijo con total sobriedad; pero no
una manera muy madura, tal vez nunca la escuché me miraba.
hablar así.
—No quiero que terminemos. Tuviste razón al
Daniela comenzó a apaciguar su rabia. Respiró tildarme de cobarde, se que pensé rendirme y ale-
hondo, miró hacia todos lados y se detuvo en mí. jarme; pero me doy cuenta que es imposible porque
—Está bien, hablemos. no podría hallar nunca lo que encuentro a tu lado.

Se sentó en el mueble. Yo me acerqué para aco- Sabes que estoy completamente enamorado de
modarme al frente y antes de colocar una silla vi a ti. Me toqué el corazón cuando se lo dije.
Kelly. Me mostró el pulgar levantado y se fue a su Hice pausa y continué: Por tal razón jamás me
cuarto. involucraría con otras personas. Lo que te dijeron
—Princesa… le dije al tiempo que encorvaba el es falso. Yo no soy así, porque…
cuerpo y mantenía las manos juntas como sobán- ¡Yo quiero seguir a tu lado!
dose entre sí.

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Quiero que sigamos disfrutando de esta maravi- Me levanté y acerqué, arrodillé al frente y toqué
llosa relación que tenemos y continuemos gozando sus manos.
de los ratos que existen para estar juntos.
—Princesa, dije y quitó el mechón del rostro, se-
Soy consciente que es difícil, lo dije tocándome cando sus lágrimas y mirándola tímidamente.
las cien. Pero también estoy confiado que podemos
salir adelante como lo hemos logrado en varias oca- — ¿Deseas volver conmigo?
siones. — ¡Claro que quiero volver contigo, tonto!
Sin darnos cuenta hemos ideado grandes planes No sé como hizo para levantarse del mueble y
para converger en un abrazo o un beso. Se nos hizo abrazarme tan veloz.
natural pensar y organizarnos para satisfacer la
necesidad de estar juntos porque motiva el hecho —No sabes cuánto te he extrañado, me dijo con
de extrañarnos y eso nace porque nos amamos. la voz llorosa y las lágrimas no dejaron de caer.

Sonreí al pronunciar la última palabra. —Yo también a ti, mi princesa, respondí y aferré
mi cuerpo al suyo el tiempo que durara el abrazo.
Te amo, princesa. Lamento haberte hecho pen-
sar que no quiero seguir aquí; pero la verdad es que Parecía eterno, como si el tiempo se detuviera y
adoro estar en el mismo lugar que tú y vivir esta solo estuviéramos nosotros, abrazados y expresan-
bella vida que nos ha unido. do cuanto nos habíamos hecho falta.

No te puedo decir palabras sacadas de un diccio- —Qué bueno que se reconciliaron, interrumpió
nario porque no manejo un léxico rico; sin embargo, Kelly, quien sorprendentemente también lloraba.
esto que te vengo a decir es lo que llevo aquí -toqué — ¡Ay amiga, no te pongas sentimental! Dijo Da-
nuevamente mi corazón- y le sonreí para ensegui- niela y fue a abrazarla.
da sentenciar: Dicen que lo que sale del corazón es
honesto. —Es que estos momentos me ponen feeling, se
excusó tiernamente.
Te amo princesa.
Creí que le hacía falta la presencia de Manuel;
Una lágrima cayó de sus mejillas, un mechón on- pero no quise mencionarlo.
dulado le cubría parte del rostro, sentada todavía
se encontraba y yo al frente, con las manos sujetas, Daniela y yo nos acomodábamos en el mueble y
encorvado y esperando una respuesta. encendimos la televisión. Kelly volvió a su habita-

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ción para apagar la computadora y cuando regresó —Ya chévere, voy para allá.
nos vio besándonos.
Media hora después, tocaron el timbre, Danie-
—Tampoco se van a estar besuqueando en mi la abrió la puerta e ingresó Manuel, quien llevaba
sala, dijo en broma, ya mucho más calmada. una casaca con capucha.
No le hicimos caso y continuamos con el beso. —Está lloviendo, comentó al entrar.
—Oye, ¿y si llamas al imbécil de tu amigo? Dijo — ¿Y Kelly? Preguntó enseguida.
después de un rato y a decir verdad se me hizo gra-
ciosa la manera como lo pidió. —Ahí baja, le dije luego de saludarlo.

Enseguida, cogí el celular de mi chica y llamé a Kelly, quien había subido a su habitación, des-
Manuel. cendió al escuchar la puerta cerrarse haciéndose la
desentendida.
—Manuel, soy yo. Estoy llamándote del celular
de Daniela. — ¿Qué sucede, chicos?

— ¿Ya arreglaron? —Ha venido a alguien a visitarte, dije y me ganó


la risa. Aparte que estaba contento.
—Sí, esta todo chévere entre nosotros.
— ¿Quién? Preguntó extrañada.
— ¡Que bacán, en serio!
—Yo, se oyó y apareció Manuel ante ella.
—Te llamo para decirte que vengas a la casa de
Kelly. Ella no me ha dicho nada; pero con Daniela —Muchachos, ¿Por qué no conversan? Propuse
quedamos en que ustedes también deberían hablar con humor.
y solucionar sus problemas. Daniela me abrazó y añadió: Claro, vayan a con-
—Pensaba llamarla ahora mismo. versar. Nosotros vamos a estar aquí.

—Pensaba llamarte, le dije a Kelly tapando el Kelly asintió con la cabeza.


móvil. — ¿Charlamos? Dijo Manuel.
— ¡Carajo! Hubiera esperado un rato y ese idio- —Está bien, respondió Kelly haciéndose la re-
ta me llamaba, dijo exaltada. sentida.
—Bueno, ven pues. Te esperamos. Y se fueron a hablar a otro espacio de la casa.

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Nos sentamos de nuevo en el mueble para ver Detuvimos el beso y nos avergonzamos de nues-
televisión. tra posición; aunque solo duró algunos segundos
porque enseguida soltamos una breve risa y sa-
Daniela se dejó caer sobre mi regazo y cubrí su ludamos a Manuel, quien ilusamente buscaba en
cuerpo con mi brazo. Le acaricié el cabello mien- otros lugares.
tras le susurraba cuanto la amaba. Ella sonreía y
la escuchaba reír, estaba contenta y yo andaba feliz Dice Kelly que su mamá está por venir y será
de tenerla de nuevo. mejor que nos vayamos, sus palabras fueron diri-
gidas a mí.
Daniela cogió el control remoto y apagó la televi-
sión sin preguntar. Entendí claramente el mensaje y a pesar de sen-
tir algo de pena, tuve que aceptarlo.
Estuvimos mudos por un largo periodo. Ella re-
costada y yo abrazándola, le acariciaba el cabello e —Espero que pueda verte pronto, princesa. Le di
imaginaba que tendría los ojos cerrados. un beso sin importar que Manuel esté al lado.
—Princesa, me alegra que estemos juntos de —Kelly baja que quiero besarte, dijo Manuel de
nuevo, dije despacio; pero logró escucharme. un modo muy gracioso al punto de separarnos.
—A mí también, precioso, respondió y sujetó mi Ella bajó y con igual buen humor respondió:
mano. ¿Quién quiere besarme?
Se reincorporó rápidamente colocándose como Ambos estaban muy carismáticos, lo cual me re-
yo e hizo lo que acostumbra realizar. Cogerme de sultó genial.
las mejillas y darme uno de esos apasionados besos
que tanto me encantan. Se abrazaron y se dieron un beso. Daniela y yo
nos miramos y sentimos que no queríamos quedar-
Caí de espalda sobre el largo mueble y la tuve nos atrás.
encima. Reímos y retomamos el beso. La abraza-
ba al tiempo que la besaba, demostrábamos cuanto —Hablamos por MSN, ¿está bien? Escuché que
nos extrañábamos con esos apasionados e implaca- decían ellos en señal de despedida.
bles besos e iba sintiendo que la deseaba todavía —Te amo, princesa. Ojalá podamos vernos pron-
más; pero no sabía cómo expresarlo y me dejaba to; se lo hice saber, le di un beso pequeño y la abra-
llevar cada vez más. cé de nuevo.
Pero Manuel interrumpió con una estúpida pre-
gunta: ¿Dónde están?
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—Te amo, precioso, dijo mientras nos abrazába- un rato voy a tomar una pastilla; pero antes me voy
mos. a dar un baño de agua tibia.
—Gracias por todo, le dije a Kelly mostrándole —Es lo mejor. Toma algo para el resfriado y des-
una sonrisa. cansa. Está haciendo mucho frío, dijo preocupada.
—No te preocupes, respondió y se acercó a Da- —Eso voy a hacer enseguida, mi princesa; aun-
niela; seguramente iban a conversar largo rato que sería mejor que estuvieras a mi lado y me cui-
cuando nos fuéramos. daras, le dije con corazones.
—Vamos yendo, le dije a Manuel y salimos de la —Sabes que yo encantada, me quedaría contigo
casa. y te daría muchos besos sanadores, dijo añadiendo
emoticones de besos.
Afuera llovía y no tenía abrigo. Por suerte se
asomó una moto taxi que abordamos sin dudar. —Oye, olvidé contarte algo, cambió de tema
drásticamente.
Por la noche nos encontramos los cuatro en el
MSN; sin embargo, aunque hubiera sido diverti- —Dime, ¿qué ha pasado? Dije escribiendo un
do, no iniciamos una conversación de cuatro. Cada emoticón de rostro asombrado.
quien, supuestamente, chateaba con su pareja.
—Le hice el pare a Luisa. Le dije que dejara de
—Precioso, ¿llegaste bien? Te vi con frío y sentí hablar mal de ti porque ella no te conoce como yo y
penita. si alguien va a juzgarte, esa seré yo.
—Sí, estaba lloviendo; pero por suerte pudimos —Ya era hora que me creyeras. Estaba muy loca
encontrar una moto taxi que nos lleve. esa chica.
— ¿Te volviste a subir a una de esas? Dijo y agre- —Sí, lo siento. Es que se juntó todo y me dejé
gó risas. llevar.
—Sí pues, no me quedaba de otra. Aunque creo —Descuida, ya estamos bien y eso es lo impor-
que estoy resfriado. tante.
— ¿En serio? Preguntó con emoticones de enfer- —Es verdad, precioso, dijo y añadió emoticones
mo. de besos y corazones.
—He estado estornudando desde que llegué. En —Ahora debemos de mantener esto por mucho
tiempo.
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—Poniendo de nuestra parte podemos lograrlo, Encendí la televisión y sintonicé un canal de depor-
respondió enseguida y esa frase me hizo sonreír. tes.
Detrás de la pantalla, cuando chateábamos, no Pensaba en Daniela, en que estaría en la aca-
dejaba de estornudar; no estaba tan bien como se demia y que seguramente dentro de unos minutos
lo hice saber o tal vez sí cuando se lo dije y luego iría a su casa.
me puse peor. Resulta que un fuerte dolor de cabe-
za apareció y no podía mantener los ojos frente al La imaginé escuchando música en el bus, tal vez,
monitor. escuchando “La fuerza del corazón” y liberando un
suspiro con mi nombre.
—Princesa, creo que voy a descansar, escribí y
agregué emoticones de rostro triste. Llegaría a su casa y se conectaría al MSN para
saber si estoy en línea o de repente, primero se de-
—Anda precioso, es lo mejor. Te amo demasiado. dicaría a estudiar y después entraría al MSN y al
no encontrarme me enviaría un mensaje diciendo:
—Te amo, escribí y me desconecté. Conéctate, precioso.
Apagué la computadora de golpe, sin los proce- Sonreí cuando lo pensé.
dimientos normales y me eché sobre la cama con
ropa. Yo no podría conectarme porque estaría echado
sobre la cama y tendría que mandarle un mensaje
No sé quién me desvistió y cambió durante la diciéndole que estoy enfermo.
noche, solo sé que quien fue también me cubrió con
el edredón y apagó la luz. Dejé de pensar y me distraje con el Top 10 de
goles.
Abrí los ojos y cogí el celular. Era medio día, vi
unas pastillas en la mesa de noche y mi madre en- Mi vieja comenzó a llamarme desde abajo, no en-
tró a la habitación para informarme que debía to- tendía bien lo que decía porque tenía el volumen
marlas antes de almorzar. alto; además, el resfriado también afectaba otros
sentidos.
La cabeza no estallaba como ayer; pero la nariz
me dolía, estornudé un par de veces antes de levan- Se vienen los tres primeros goles, informó un
tarme y me di una ducha de agua tibia a pesar que emocionado conductor y no alejé la vista de la te-
mi mamá sugirió no hacerlo. levisión.
Arranqué la suciedad de mi ser y volví a la cama. — ¡Mi amor! Escuché y el sonido de esa dulce voz
me hizo vibrar.

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Daniela dejó sus cosas sobre el escritorio y se —¡Muchas gracias, princesa! Dije y le di un
lanzó a la cama aplastándome y luego colocándose abrazo y un beso.
a mi lado. Estampó su palma en la frente y dijo:
Estás con fiebre, precioso. ¡Casi y vuelas! —Me alegra que te guste. Y mira, ahí sales tú,
dijo mostrando la imagen de un oso enfermo. Me
Me dio un beso en la mejilla y se deslizó por la pareció muy gracioso; pero no pude reírme como
cama hasta lograr levantarse. Se acercó a la mo- hubiera querido.
chila y mientras rebuscaba, me dijo: Te traje algo
para que te mejores. Me dio un beso en la mejilla y resolvió quedarse
a mi lado a pesar que pudiera contagiarla.
Mi vieja entró a la habitación e interrumpió: Te
estaba diciendo que Danielita ha venido. — ¿Qué canal pongo? Preguntó sujetando el con-
trol remoto.
Seguro estaba concentrado viendo el fútbol, in-
crepó Daniela con humor. —El que gustes, princesa.

Hijita, ¿cómo has estado? Bien, señito, gracias —Bueno, que conste, eh.
por preguntar. Empezamos a ver dibujos, justamente la serie
Sabes que siempre eres bienvenida aquí, esta es de ese mismo personaje que tenía en su cama como
tu casa. Daniela se ruborizó y sacó algo de su mo- peluche.
chila, no pude ver bien que era. Esta vez me encontraba recostado sobre su pe-
¿Qué es eso? Quiso saber mi madre curiosa. Es cho y me acariciaba el cabello, tocaba mis mejillas
un regalo para el enfermito. de rato en rato y algunas veces también la fren-
te, muy despacio decía: Estás con fiebre, precioso.
Qué tierna, ¿ya ves? Esta chica vale la pena, es Pero, descuida que yo voy a sanarte. Entonces, me
bonita y detallista. Tienes que cuidarla, dijo mi vie- daba un beso y al parecer, mejoraba.
ja mirándome y sonriendo.
Por momentos cerraba los ojos y me dejaba llevar
Daniela nuevamente se puso roja y agradeció por el aroma que brotaba de su cuello, jugueteaba
con una sonrisa. también con el mechón de su cabello y la miraba
desde mi posición atenta a la pantalla, sin darse
Cuando mi madre se fue, me enseñó una simpá- cuenta que la contemplaba encantado, la nariz per-
tica tarjeta que compró saliendo de la academia. fecta, el ondulado que cae y su rostro sin gestos que
desearía siempre admirar.

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Pero cuando bajaba la mirada volvía a cerrar los —Tranquila, princesa. Dime, ¿qué ha pasado?
ojos tan veloz que creía que los mantenía así. Me
daba un beso y repetía te amo. Hice la pregunta muy preocupado; aunque rápi-
damente comencé a asimilar lo ocurrido.
Me sentía encantado de escucharla, de tenerla
a mi lado, de estar abrazado a su ser, dichoso de —La misma mierda de siempre, dijo con mucha
cobijarme en su pecho y decirle en mi mente cuanto rabia e indignación. Era como si quisiera arrojar el
la amo. celular y destrozarlo.

Lamentablemente tuvo que partir horas des- —Tranquila, princesa, dije tenuemente.
pués. Dijo que su padre iría a recogerla alrededor No era una palabra fácil de asimilar, tampoco
de las seis y media para salir a pasear en su ca- iba a estar calmada en cuestión de segundos, en-
mioneta. Estaba emocionada por eso, días que no tonces fue un error pedírselo.
lo veía.
— ¿Tranquila?, ¿Cómo rayos puedo estar tran-
Me contenté por ella y nos abrazamos en señal quila? Mi familia es complicada, mi Papá no me
de despedida. Recibí un beso rápido y se marchó quiere y ni siquiera puedo ver a mi pareja.
sonriente.
— ¡Hey! No digas esas cosas. Claro que te quie-
No recuerdo que sucedió más tarde, caí rendido re. Y me acabas de ver hace instantes.
en un profundo letargo drogado con el aroma que
dejó deambulando en mi cuarto. —Princesa, nadie elige a las familias, solo están
cuando nacemos y muchas veces cometen errores;
Desperté con una llamada, el celular se encon- pero no dejan de querernos.
traba en algún lugar debajo del edredón y tuve que
zafar del mismo para poder visualizarlo con facili- Y sobre el otro tema, seguro no podemos vernos
dad. ahora para abrazarte y decirte algo bonito; pero es-
toy aquí, me oyes.
—Hola princesa.
—Lo dices porque tienes una familia maravillo-
—Amor, dijo con voz entrecortada. sa, tu mami es genial, tu padre es un caballero y
— ¡Hey! ¿Qué sucede, mi vida? tus hermanos geniales.

—Amor, me siento muy triste. —Ni creas, eh. A veces discutimos, por ejemplo,
siempre me reclaman y exigen que estudie, que en-

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tre a la universidad, también suelo pelearme con —Te amo, mi princesa. No llores, por favor.
mis hermanos por estupideces.
No respondió, volví a escuchar el sonido de la
— ¡Pero arreglan! Acá todo es un caos, es un con- respiración y la voz llorosa.
flicto diario. A veces me gustaría ser de otra familia
o largarme lejos, llevaba frustración e ira sus pa- —No me dejes nunca, mi vida. No sé qué sería
labras. de mí sin ti.

Me partía el corazón escuchar tanto dolor. Fue la primera vez que me dijo algo así. Sentí
emoción y responsabilidad. Aparte de ternura y ga-
—Princesa, cálmate, por favor, se lo dije sereno nas de abrazarla.
con una voz renovada.
—Te amo, mi princesa. Jamás te voy a dejar,
—Solo me desfogo. Siempre me escuchas, no le siempre podrás contar conmigo para todo, a pesar
puedo contar estas cosas a casi nadie, solo a ti y a que no estemos juntos, sabes que puedes llamarme
veces a Kelly, dijo levemente calmada. y voy a estar para ti, se lo dije intentando hacerla
entrar en paz.
—Te entiendo; pero tranquila, por favor.
—Gracias, dijo calmada, ya no se oía su voz llo-
—Está bien, dijo y respiró profundamente. rosa.
—Ya estoy mejor, dijo al instante. —En fin, añadió enseguida y escuché que se so-
—Eso me alegra. naba la nariz.

—Solo me siento triste, añadió. — ¿Te sientes mejor? Pregunté calmado.

—Me preocupa eso, mi princesa. —Sí, gracias precioso. Necesitaba hablar conti-
go. Perdona mi rabia.
No respondió, se oía levemente el sonido de su
respiración y una suave voz entrecortada. —Descuida, ya te dije, siempre cuentas conmigo.

—No llores. —Gracias, amor. ¿Y qué haces?, ¿ya te sientes


mejor?
—Es inevitable, me siento terrible, no sé por qué
me pasan estas cosas a mí, lloraba mientras habla- —Pues sí, estoy mucho mejor, gracias por pre-
ba. Podía sentirlo. guntar.

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—Es porque me importas, respondió; pero su voz alguna actividad laboral, mirando el celular a cada
no era la misma, a pesar de no estar llorosa se no- momento esperando su llamada o algún mensaje,
taba con facilidad que ocultaba algo. conectado en el MSN anhelando que entre y escri-
ba algo.
— ¿Todo bien, princesa?
Se conectó al día siguiente. Le escribí tan rápido
—No lo sé, precioso. O sea, me siento bien cuan- como pude.
do te escucho; pero luego se me vienen los recuer-
dos, el hecho de esperarlo, la esperanza por imagi- — ¡Princesa!... ¿Cómo estás?
nar que esta vez no me fallará y que de pronto todo
se nuble me causa una gran agonía. No respondió.

Silenció. Oí que respiraba como queriendo cal- No dejé de mirar la pantalla hasta verla contes-
marse. Preferí no acotar nada hasta que pudiera tar.
decirme algo. —Hola amor.
—Lo siento, debo colgar. Te amo. — ¿Cómo estás?
— ¡Hey! No cuelgues. —Más o menos.
No supe que hacer en ese momento. —Vas a ver que al rato vas a estar con mejor
¿Volver a llamar o respetar su privacidad? Era ánimo.
la pregunta; aunque a veces las personas necesitan —Eso espero, precioso.
estar solas para reflexionar mejor.
—Claro que sí, princesa.
Decidí enviarle un mensaje.
—En fin, creo que mejor voy a descansar, así des-
Princesa, no olvides que cuentas conmigo para pierto con una sonrisa y te doy la razón, escribió
todo. Te amo demasiado, cualquier cosa no dudes y añadió el único emoticón de la conversación, un
en llamarme. simple rostro con gesto amable.
Pensé en ella durante el resto de la noche, preo- —Ve a descansar. Te amo.
cupado por su estado anímico, detestando a su pa-
dre por no darse el tiempo de ir a verla y a la vez Se desconectó.
tratando de justificarlo imaginando que realizaría Seguí preocupado por su estado emocional. Es-

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tuve pensando sobre mi cama y mirando el techo, Ya pues, excelente. A esa hora estoy en la casa de
pasaban por mi cabeza las razones de su nostalgia Kelly. Te adoro, ya quiero verte.
e intentaba encontrar soluciones para hacerla sen-
tir mejor. Yo también te adoro, precioso. Te veo por la tar-
de.
Saber que Daniela se encontraba triste me las-
timaba el alma y lo que intentaba era animarla y La inspiración llegó a mí y empecé a escribir
apoyarla. una carta. Comencé con un intento por describir
lo que me hacía sentir, relatando nuestros últimos
Ella siempre podrá contar conmigo, repetía para momentos y culminando con la frase que resume lo
mis adentros. que siento.
Resolví enviarle un nuevo mensaje, poco antes Una vez listo salí de casa y caminé. No subí a
de dormir, pasada la media noche. ninguna moto taxi porque preferí andar y pensar
mientras llegaba.
Al amanecer tu sonrisa va a iluminar más que
el sol. Te amo, mi princesa. Escribí y cerré los ojos. Silbé al estar afuera y alguien salió por la ven-
tana del segundo piso, era un tipo, a quien le pre-
Desperté por causa de un mensaje. Ya me sentía gunté por Kelly.
mucho mejor.
Ahí sale, respondió con cierta seriedad y esperé
¡Mi amor, te amo demasiado! No ha salido el sol; a un lado.
pero mi sonrisa sí.
Un par de minutos después, salió por la ventana
¡Qué bueno, mi princesa! No sabes cuánto me y dijo: Espera un rato.
alegra que te encuentres bien.
En un santiamén salió Daniela y me dio un abra-
El siguiente mensaje demoró en llegar. zo.
Le voy a decir a mi mamá que iré a la casa de ¡Mi amor! ¿Cómo estás? Le dije al oído.
Kelly, si gustas puedes ir.
Pues, bien, ahora mejor porque estas a mi lado.
Eso me alegró todavía más. Me dio un beso en la mejilla y luego otro en los la-
¡Grandioso! Dime la hora y yo estoy allí. bios.

En la tarde, a eso de las cinco, escribió. Chicos, pasen por favor, no se estén besando en

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la calle que hay chismosos, dijo Kelly con mucho bello rozaba mi frente y podía transpirar el aroma
humor. que otorgaba. Cerré los ojos un instante para sen-
tirlo mejor.
Entramos y ante mi asombro, vi a Manuel cómo-
damente echado sobre el mueble, viendo la televi- Daniela pesaba; pero trataba de aguantar, me
sión y comiendo canchita. daba risa que me preguntara a cada momento,
¿Peso mucho? Siempre respondía: No, mi amor.
¡Hey! Te iba a decir para venir juntos; pero no te Todo bien. Era una pequeña mentira piadosa.
vi en línea.
A continuación, casi al mismo tiempo, zafaron de
¿Qué tal? Dijo al tiempo que estrechaba la mano nuestras rodillas y se dirigieron a la cocina para
y sonreía. traer algo de líquido. Tendrían mucha sed, imagi-
Me ofreció canchita, cogí un tanto y comiendo né. Regresaron con vasos llenos de gaseosa negra,
me acerqué al mueble para sentarme a su lado. Da- la cual me dio ganas de beber. La canchita siempre
niela se sentó en mis rodillas mientras que Kelly da sed.
hizo lo propio con Manuel. Se sentó a mi lado y le pidió a Manuel que cam-
¿Quién es el tipo que salió? Quise saber por cu- biara el fútbol y sintonizara alguna película en ca-
riosidad. ble.

¡Ah! Es mi hermano, no te preocupes, es chévere. Empezamos a ver una película romántica. Según
Kelly era su favorita y la emoción la invadió porque
Justo al mencionarlo descendió por las escale- comenzó a describir a los personajes, le otorgó más
ras. efusividad al galán describiendo sus rasgos físicos
Nos presentamos y sentimos habernos visto an- y se llenó de coraje al mencionar a la malvada an-
tes, de repente en algún partido de fútbol; pero no tagonista.
recordaba dónde ni cuándo. Le pedí amablemente que no nos arruinara la
Parecía llevarse bien con Manuel porque cogió película; pero continuó contándonos la trama.
canchita y se fue para la calle despidiéndose ges- De igual manera no me voy a concentrar en eso,
tualmente. pensé y sonreí. Le di un beso a Daniela y le dije que
No le di mucha importancia. Sujeté de la cintura la amaba. Ella sonrió y me respondió, yo también
a Daniela y me apegué a su espalda, algo de su ca- a ti, precioso.

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—Muchachos, ¿qué planes para Navidad? Pre- —Oye sí, en mi casa pasa lo mismo, añadió Kelly
guntó Manuel repentinamente. entre risas.
—Pues, lo de siempre, comer pavo con la familia, —Ni que decir de la mía, acotó Manuel también
dije y solté una breve risa. riendo.
—Yo también. Mi hermano está estudiando para —Creo que en todos lados ocurre lo mismo, dijo
chef y dice que va a preparar la cena; aunque re- Daniela con una ligera sonrisa.
cién va en el segundo ciclo, comentó Kelly y tam-
bién empezó a reír. Pasamos un rato agradable en la casa de Kelly.
Pudimos estar juntos y abrazados, darnos muchos
—Fácil y se le quema el pavo, añadió Manuel y besos e intercambiar palabras bonitas.
todos nos reímos.
Me alegra que pudiéramos tener otro lugar don-
—No seas malo, va a hacer su mejor esfuerzo; de expresar nuestro afecto. La madre de Kelly lle-
aunque mi mamá va a ayudarlo, obviamente. gaba tarde del trabajo, poco antes de su llegada
nos íbamos; pero antes de ello habíamos gozado de
—Ah claro, eso lo tenía bien claro, dijo Manuel gran tiempo unidos.
enseguida.
Su hermano, de quien no recuerdo el nombre, no
— ¿Y tú, princesa, qué hacen en tu casa? decía absolutamente nada, con tal que le invitemos
—Igual, me imagino. Saludarse a las doce y co- lo que degustábamos, él estaba satisfecho.
mer pavo con la familia. A veces iba y me encontraba con Manuel, quien
Sentí algo de pena en sus palabras. Creí que no cada vez era más parte de la familia, otras veces
debería haber hecho esa pregunta; pero fue espon- íbamos juntos y cuando yo llegaba y no lo encontra-
tánea, era el tema de conversación. ba, mi manera de agradecerle a Kelly la estadía,
era llamando a Manuel, quien inmediatamente
Entonces, intenté alegrarla. aparecía.
—En mi casa comemos pavo hasta bajada de re- Llegó la Navidad, para entonces teníamos ocho
yes. meses juntos, era obviamente la primera Navidad
Todos comenzaron a reír con desenfreno, tam- que pasaríamos como enamorados, resultaba lindo
bién Daniela soltó algunas carcajadas. Eso me ali- porque el ambiente navideño siempre es alentador
vió bastante. y encantador.

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Junto a Ezequiel fui a comprar un regalo navi- sacó y me dio cierta gracia el modo como lo hizo,
deño para Daniela, era el único sujeto disponible tan rápido y nervioso, yo llevaba el regalo en una
para semejante aventura rumbo al Jockey Plaza simpática bolsa y no me daba vergüenza que me
que en vísperas se encontraba repleto. vieran andando así.
Fue una completa odisea, no el hecho de buscar — ¡Feliz Navidad, princesa!
un obsequio porque lo tenía en mente y sabía don-
de encontrarlo; sino el regreso. El tráfico era esca- — ¡Feliz Navidad, mi amor!
lofriante. Nos dimos un fuerte abrazo y un beso.
Lo importante fue que conseguí el regalo ideal. Manuel y Kelly se saludaron casi de igual modo
Tuve que preguntarle cientos de veces: ¿qué te gus- y enseguida nos saludamos los demás.
taría que te regale para Navidad? Para que pudie-
ra saberlo e ir a buscarlo como de costumbre, a úl- —Vamos a sentarnos, propuse y nos acomoda-
tima hora. mos en una banca.

Sin embargo, al encontrarlo estuve encantado, —Toma tu regalo, princesa.


no se lo quise decir, quería que lo abriera, ver su Me miró, sonrió y preguntó ¿Puedo abrirlo aquí?
rostro de anonadada y la sonrisa dibujada. Claro que sí, respondí y la vi destrozando el papel
Daniela y Kelly salieron a caminar la tarde del con rapidez y emoción.
25. Les dijeron a sus respectivas madres que irían — ¡Muchas gracias! Me encanta, dijo enseguida,
a saludar a sus amigas y a intercambiar regalos. inundada de emoción. Volvió a abrazarme y besar-
Manuel y yo nos encontramos en el parque, nos me.
habíamos saludado la noche anterior junto al resto El regalo era una cadena que vio en una tienda
de nuestros amigos. de accesorios cuando visitó dicho centro comercial
Sentados en una banca esperamos a las dos chi- hace un tiempo atrás; pero no se pudo comprar por
cas que aparecieron por la esquina minutos des- falta de dinero. Resultó que no regresó y me la pi-
pués. dió de regalo. Se la di haciéndola muy feliz.

No creí que tendría un obsequio para Kelly. Me —La voy a usar todos los días, dijo muy conten-
asombró para bien que lo tuviera escondido dentro ta. Con esa enorme y bella sonrisa que tanto me
de un bolsillo de su bermuda. Al verla asomarse lo gusta.

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Por otro lado, Manuel le obsequió un agradable Nos quedamos sentados charlando durante un
peluche de esos que tocas en la barriga y empiezan buen tiempo.
a cantar.
Antes que se despidieran salió mi madre de la
Ahora entiendo porque le daba vergüenza mos- casa y las saludó desde su posición agitando la
trarlo, pensé. mano.
—Precioso, esto es para ti, dijo luego que le colo- —Tan linda tu mami, dijo Daniela sonriendo sin
cara la cadena y se viera linda. saber que mi mamá empezaba a acercarse.
Cogí el regalo y lo abrí lentamente. —Ahí viene tu suegra, dijo Kelly con gracia.
— ¿En serio? ¡Vaya, qué genial! Dije exultado. Mi vieja se acercó y saludó a todos por Navidad.
Inclusive, las invitó a la casa a tomar una taza de
—Es el que te faltaba, ¿verdad? chocolate caliente que se hizo imposible no aceptar.
—Claro, princesa. ¡Muchas gracias! Por más que haya sido breve el momento en mi
—De nada, precioso. Ahora tienes toda la colec- casa, la pasamos muy chévere porque mi vieja es
ción. muy divertida y no dejó de hacerle bromas a Ma-
nuel, halagar a Daniela y luego repetir que Kelly y
—Sí, justo me faltaba “Si tú me miras” para vol- Manuel hacían una linda pareja.
ver a tener todos los discos de Alejandro Sanz, le
dije muy alegre. Acompañamos a las chicas hasta una cuadra an-
tes de su casa y luego nos despedimos.
Le di un abrazo y un beso, ambos estuvimos con-
tentos y emocionados por nuestros respectivos re- Esa noche revisé mi Facebook y encontré un tes-
galos. tamento en lo que llaman muro.

Kelly, quien cobijaba entre sus brazos el pelu- Daniela había escrito un centenar de palabras
che parlante, le dio a Manuel un gorro, de esos que hermosas que reflejaban lo que, según dice, sentía
siempre lleva. por mí.

—Ahora quítate ese feo gorro y ponte este, dijo Agradeció la carta que le entregué hace poco,
con mucho humor. la cadena y se explayó magníficamente sobre los
grandes momentos que hemos pasado, también so-
Manuel hizo caso a su petición con una gran son- bre las dificultades y las soluciones, haciendo alu-
risa. sión a un amor que salió victorioso al fin y al cabo.

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Me sentí muy contento al leerlo, al punto que Yo estaba muy empilado, como dicen; pero no me
se me ocurrió volver a leerlo. Y lo hice otro par de agradaba la idea de no pasarla con Daniela.
veces.
Curiosamente, tampoco estaba seguro si la íba-
Cada palabra, cada párrafo contenía lo que lle- mos a pasar juntos.
vaba en su corazón, todo era tan honesto que se
filtraba en mí y podía hacer vibrar a mi alma. Creo Toda la tarde estuve pensando en lo que reali-
que alguna lágrima de emoción se me cayó. Todo zaría mientras que mis amigos se alistaban para
fue tan bello que se me hizo inevitable no respon- arribar rumbo a las playas del sur.
derlo. Alrededor de las nueve de la noche me vinieron
Abrí su muro y le envié de igual manera un lar- a buscar, llevaban mochilas y carpas, licores y ciga-
go y explicito argumento acerca de todo lo que sen- rrillos, emocionados y eufóricos por partir y empe-
tía por ella y lo que éramos juntos. Como no solía zar a gozar de la noche.
entrar a Facebook ese texto se quedó ahí durante Les dije que no iría. A pesar de no ser fijo el he-
mucho tiempo. cho de pasarla junto a mi chica, tampoco quería
De hecho, lo copié y pegué en un archivo Word y estar lejos de ella, no iba a ser divertido. Creo que
lo guardé para siempre en mi computadora. sentía que era especial pasar un grandioso momen-
to como lo es celebrar el año nuevo junto a alguien
Creo que esa noche dormí pensando en cada una que haría de ese instante algo perpetuo.
de sus palabras.
Yo quería estar junto a Daniela y festejarlo, bai-
Una semana después, mis amigos me dijeron lar, beber y pasarla increíble; pero también sabía
para ir a la playa a celebrar la llegada del año nue- que jamás la iban a dejar salir y mucho menos con-
vo. Siempre tuvieron esa idea, la de ir a beber y migo.
bailar en la arena; pero yo estaba seguro que Da-
niela no podría ir, era algo que por más que me Más tarde, cuando mis amigos se fueron sin com-
gustara no sucedería. prenderme, entré al MSN y la encontré en línea. Le
escribí inmediatamente y comenzamos a charlar.
Ni siquiera tenía que preguntárselo, su madre
no le iba a dar permiso. Daniela estaba sorprendida. Pensó que me iría
al sur a festejar junto a mis amigos y que no le hu-
Mi gente quería ir, lo planearon bien durante biera molestado si lo hacía, solo un poco de celos
toda la semana y hasta encontraron la ubicación y eso; sin embargo, se sentía contenta de tenerme
donde establecerse hasta el amanecer. aquí a pesar de estar tras una pantalla.

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A eso de las once y media ni siquiera mis padres Seguimos abrazados hasta que de pronto se es-
se encontraban en casa. Solo mi hermano menor no cucharon los cohetes y las luces en el cielo se en-
fue a una fiesta; pero salió a pasear por los alrede- cendieron. Todo comenzó a brillar con suma in-
dores junto a sus amigos. tensidad, el sonido era estruendoso y la gente se
abrazaba en las afueras de sus casas.
—En media hora nos saludaremos por aquí, le
escribí y añadí algunos emoticones de corazones. Había llegado el nuevo año.
—Lamento que esto no sea como deseas que fue- En ese momento no me di cuenta de cuan román-
ra, escribió añadiendo emoticones de rostros tris- tica era la escena, el estar abrazados debajo de un
tes. cielo iluminado por causa de los fuegos artificiales.
—No te preocupes, princesa. Yo solo quiero estar — ¡Feliz año, princesa!
contigo. Y esta es la manera de estar contigo.
— ¡Feliz año, mi amor!
—No tiene que ser así, escribió y no entendí bien
a qué se refería. Retomamos el abrazo y nos besamos debajo de
las luces que dejaban los juegos pirotécnicos, que
Se desconectó del MSN ante mi sorpresa. Creí no paraban de estallar e iluminar el cielo. ¡Fue má-
que se trataría de algún problema en el sistema; gico!
sin embargo, diez minutos más tarde, escuché mi
celular sonar. Las personas ingresaron a sus casas, el brillo cesó
y nosotros nos mantuvimos sujetos de la mano, en
—Sal por la ventana, leí en un mensaje y antes una calle que poco a poco fue tornándose desierta,
de pensar que podría estar ocurriendo me acerqué con el humo alrededor y leves sonidos de cohetes
velozmente hacia la ventana. lejanos. Estábamos solos de repente, mirándonos
fijamente, con las manos agarradas y dejando que
Y ahí estaba ella. Con ese ondulado ideal, vesti- los primeros minutos de un nuevo año pasen y nos
da de un modo magnifico, sonriente y con los bra- vean unidos.
zos abiertos esperando por mí. Bajé de inmediato y
convergimos en un cariñoso abrazo. Nuestro intacto amor iniciaba un nuevo tiem-
po, seguramente repleto de complicaciones; pero
— ¡Estás loca! Te van a castigar, le dije al oído. también de soluciones, de grandes momentos como
— ¡Qué importa! Respondió sonriente. de nostálgicas ausencias, no lo dijimos; aunque lo
sabíamos. Éramos uno y estábamos juntos en ello,
eso era lo importante.

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— ¿Caminamos? Propuso amablemente. Eso quiere decir que tenemos toda la calle para
nosotros, respondió con buen humor.
—Claro, princesa.
Seguimos caminando, lo hacíamos lento, cogidos
Nos dirigimos hacia el centro del parque y nos de la mano y pateando la pirotecnia desgastada del
detuvimos para sentarnos sobre una banca. Me suelo, yo pensando que se trataba de una pelota y
gustaba que todo esté desolado; aunque fastidiaba ella empujándolas porque le resulta divertido.
la suciedad, el humo y los residuos de cohetes.
Naturalmente, recogíamos lo desecho y lo arro-
No obstante, quise concentrarme en el pardo de jábamos en un próximo basurero porque ambos de-
sus ojos que contemplaban mi presencia, en su me- testamos la basura en las calles.
lena ondulada que anhelaba sentir y por supuesto,
en lo adictivo que han llegado a ser sus labios, im- Llegamos a otro parque y resolvimos sentarnos
posible no tentarse a besarlos, por ello, fue inevita- en una banca.
ble no querer acercarme para rozarlos.
No conocía este lugar.
Cerramos los ojos mientras el beso transcurría y
se seguían oyendo cohetes en la lejanía. Yo tampoco, dijo enseguida.

Lo único que pasaba por mi mente era disfrutar Reímos entonces.


el rato a su lado, darle muchos besos y abrazarla Creo que es la primera vez que vengo, se lo hice
constantemente, decirle cuanto la amo y dejar que saber.
dijera lo que siente.
Yo también, nunca antes he estado aquí.
No pensé en mis amigos ni lo que estuvieran ha-
ciendo. Tampoco dijo comentario alguno sobre lo Pero es bueno estar contigo, se lo dije con una
que harían sus amigas, solo nos dedicamos a estar sonrisa.
juntos sobre la banca del parque al frente de mi Me robaste el pensamiento, añadió.
casa.
Nos acercamos lentamente y nos besamos apa-
Minutos más tarde, retomamos la caminata y sionadamente sin tener la incomodidad de ser es-
deambulamos por las calles aledañas que se encon- piados por algún vecino chismoso.
traban vacías.
Éramos libres de besarnos sin que nada impor-
La gente debe estar cenando o festejando, co- tara y solo nos enfocamos en gozar del beso.
menté entre risas.

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— ¿Sabes? Adoro este momento a tu lado, al poco si fue un anhelo sincero o parte de su gran
punto que no quisiera que termine, le dije con una imaginación.
sonrisa.
— ¿Quisieras? Preguntó enseguida.
—Es también lo que siento. Debería haber una
manera de quedarnos aquí por un largo periodo, La pregunta se filtró hasta llegar a mi corazón,
dijo sonriendo. lo hizo vibrar y por supuesto, que sonriendo de
exultación, le dije: Sí, princesa.
—Sería como detener el tiempo o capturar este
momento en alguna bola mágica y poder sacarlo a —Que no se diga más, añadió y me cogió de las
relucir cuando queramos. mejillas para darme un efusivo beso.

—Qué creativo te pones. Imagino que las horas —Te amo, mi amor. Te amo demasiado, lo gritó
se convirtieran en minutos; entonces pasaríamos con la mirada y lo dijo con palabras dulces.
bastante tiempo sin preocuparnos por despedirnos. —Y yo también te amo, te amo muchísimo. Ado-
—Esa sería una gran idea, princesa. Nos queda- ro estar a tu lado, hagamos de esta noche una in-
ríamos muchas y tan solo se tratarían de minutos. olvidable.

—Y yo podría llevarme esa bola mágica y cuando —Estamos acostumbrados a convertir lo cotidia-
te extrañe sacaría este momento y lo viviría cuan- no en increíble.
tas veces se me ocurra. —Es una de nuestras facultades, mi princesa.
Nos emocionamos al oír y repetir nuestras locas El tiempo fue avanzando y la noche fue ponién-
ideas. dose más oscura, el brillo de la luna nos alumbró y
El tiempo no es misericordioso, pasaba sin dete- los cohetes dejaron de sonar.
nerse y el reloj marcaba las dos de la madrugada. Ningún alma se asomaba por el lugar y el viento
—De tanto hablar del tiempo, este se ha enojado que corría me permitía poder abrazarla y dejar que
y ha pasado rápido, le comenté con humor. se quedara entre mis brazos.

Esbozó una sonrisa. Eran las tres y media de la madrugada cuan-


do quedamos en regresar al parque al frente de mi
—Me gustaría quedarme hasta el amanecer. casa por un tema de seguridad. Caminamos. Da-
niela cobijada en mi pecho y yo abrazándola, corría
No sabía si era un pensamiento en voz alta, tam-

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aire a pesar de iniciar el verano, no pasaba nadie Eres el amor de mi vida, le respondí y sonreí.
por la calle y el único brillo provenía de la luna. Ella sonrió y volvimos a besarnos, nuevamente de
Llegamos al parque; pero sabíamos que el frío no una manera muy tierna, enseguida muy apasiona-
se iría, por eso le propuse ir a mi casa. da. Nos dejamos llevar por lo que sentíamos, nos
revolcamos en el mueble. Todo era intenso, era glo-
Entramos y nos detuvimos sobre el mueble. rioso, nuestro amor se encontraba en su máxima
¿No hay nadie? expresión y se incrementaba con cada beso y cada
caricia que poco a poco dejaban de tener límites.
Alucina que todos se fueron a distintas fiestas,
le respondí sonriente. Caímos al parqué y soltamos una breve risa.

¿Te preparo una taza de chocolate caliente? Pro- ¿Vamos a mi habitación? Le propuse seriamente.
puse con amabilidad. Sujetó mi mano y contestó: Subamos, mi vida.
Sí, que rico. Gracias. Entramos a mi cuarto, se acomodó al filo de la
Le traje la taza y la coloqué a un lado para que cama y yo encendí la computadora. Sintonicé una
se enfriara mientras me acomodaba a su lado. serie de canciones románticas y me acerqué tara-
reando la canción.
Me gusta que seas tan atento.
Daniela siguió el ritmo hasta que nos callamos
Me nace solo contigo, le dije y sonreí. por el beso. De nuevo nos recostamos sobre la cama,
Nos besamos, era un beso tierno que se fue vol- ella de espalda y yo encima, besándonos apasiona-
viendo apasionado. damente.

Besándonos caímos hacia atrás; pero continua- Me quité el polo tan rápido como pude y la vi
mos con el beso. Expulsaba sonidos que no enten- asombrarse, nunca antes me había visto con el tor-
día y yo la besaba con mayor intensidad. Ya no sa- so descubierto.
boreaba sus labios, lo hacía con su cuello y gozaba. Esbozó una tierna sonrisa y miró hacia arriba
Me gustaba besarle el cuello y escucharla soltar permitiendo que le besara el cuello, el cuerpo y el
sonidos. alma.
Me detuve de repente. Me miró, sonrió y dijo: Te Jamás la vi tan bella como cuando pude contem-
amo, eres el amor de mi vida. Sus ojos brillaron y plarla desnuda, era como una obra de arte pintada
seguramente los míos también. por las manos de Dios.

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Hicimos el amor hasta el amanecer y nos queda- Era posible que luego no volviera a verla hasta
mos echados viendo el cielo estrellado de mi habi- dentro de un largo e indeterminado tiempo; pero
tación. consideraba este como un momento que pudiera
conservar y liberar en su ausencia para así extra-
Quise reproducir nuevamente las canciones; ñarla menos.
pero preferí tenerla abrazada, cobijada en mi pe-
cho, cubiertos con el edredón y observando juntos —Me gusta estar así. ¿Crees que siempre esta-
como la mañana se asomaba, el espléndido sol deja- remos juntos? Preguntó con gran ternura y hones-
ba que los primeros rayos se vieran por la ventana tidad mientras jugueteaba con sus dedos sobre mi
y por más que nos hubiera fascinado mantenernos pecho.
echados un largo tiempo sabíamos que pronto ten-
dríamos que separarnos. No lo pensábamos, tam- —Por supuesto, princesa. Te amo y estoy seguro
poco lo dijimos, solo lo teníamos presente; aunque, que quiero compartir mi vida a tu lado, le dije y le
ese hecho tardó en llegar. di beso en la cabellera.

Por ratos cerraba los ojos, otras veces apostaba No vi que sonrió; pero imaginé que lo hizo y de-
por verla descansar en mi pecho, de vez en cuando bió ser una sonrisa preciosa.
acariciaba su cabellera ondulada y le repetía cuan- —Me gustaría que así fuera, añadió segundos
to la amaba con voz tenue y sincera. después.
Tal vez era como lo dijo, las horas se transforma- Silenciamos durante un tiempo; pero siguió aca-
ron en minutos porque el reloj de pared parecía no riciándome el abdomen mientras que le sobaba el
avanzar y yo lo miraba deseando que no lo hiciera. cabello.
Volví a besar su cabello e inhalé el olor de su cuer-
po, el cálido aroma que emerge de su ser. Toqué su La luz del sol se hizo más resplandeciente y ter-
dócil piel, anhelo insaciable; rocé sus mejillas, la vi minó por iluminar toda la habitación. Se oyó el so-
descansar; imaginando su sueño, pensando en que nido de la puerta al abrirse y distintas voces que
podría estar dentro; la nariz perfecta y el mechón pude reconocer con facilidad a pesar del estado de
que cubre los ojos; sí que es hermosa, pensé. ebriedad.

Ella sabía que la castigarían por haber infrin- Llegaron, pensé. Pero continué como estaba, no
gido el horario de llegada; pero estaba reposando iba a moverme por nada del mundo.
sobre mí olvidándose de lo que pueda ocurrir. —Creo que me tengo que ir, dijo algunos minu-
tos más tarde.

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Era la frase que no quería escuchar; aunque No nos vimos durante todo el resto del mes de
tuvo que llegar. Enero.
Se levantó de la cama con cierta pereza como Si sabría que eso pasaría la hubiera besado más
haciendo de cada movimiento uno tedioso y lento. veces, incrementado la intensidad de los abrazos y
Curiosamente nos avergonzamos mutuamente al dicho más de cientos de veces cuanto la amo.
vernos desnudos y sonreímos luego de vestirnos.
Por MSN me contó que el problema era que su
Un abrazo selló la magnífica noche que tuvimos Madre terminó por contarle a su Papá que estaba
y nos preparamos para salir de la habitación. en amoríos con un chico mayor, de quien desconocía
sus intenciones y le resultaba un Don Juan
Fue una despedida como cualquiera, mis padres
y hermanos dormían plácidamente, descendimos -alusión que no entendió al inicio; pero luego re-
lento a pesar que aun haciendo bulla nadie abriría cibió la explicación correspondiente-. Además, ase-
los ojos. veró que se trataba de un holgazán, con aires de
hijo de papito que solo dedica su tiempo a fiestas.
Estábamos agarrados de la mano, llevaba un
aura especial como si brillara más ese multicolor Agregó que me defendió repitiendo varias veces
característico, el cabello ideal, sedoso y adictivo que estaba segura de sus sentimientos; pero sus
como para volver a sentirlo. Bostezaba por ratos, padres, quienes se hallaban juntos sobre la mesa,
eso le daba risa, yo traté de acomodarme el cer- le hacían entender que no puede saber eso, porque
quillo -bueno, ella me lo acomodó mejor- y cuando estúpidamente, no tenía la edad para amar.
llegamos a la cocina bebimos agua antes de salir.
No sabía que deberías tener una cierta edad
Nos abrazamos y esbozando una sonrisa por lo para darte cuenta de lo que sientes, pensé y se lo
sucedido durante la mágica noche nos soltamos las hice saber. Daniela pensaba lo mismo; pero poco
manos. importaba, estaríamos más separados que nunca.
Le di un beso al abrir la puerta y por más que Le cortaron el Internet después de esa conversa-
quise acompañarla me pidió que no lo hiciera por- ción y no quisieron pagarle el saldo del celular.
que era probable que la estén buscando. Entendí a
pesar de no estar del todo conforme. Nunca creí que por esas razones se malograría
nuestra relación. Al contrario, nos hizo más fuertes
Te amo, le dije suavemente. Yo también te amo a y valientes.
ti, respondió sonriente y la vi partir.
A veces salía de la academia y se conectaba al

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MSN desde una cabina de Internet, entraba a la sabes cuánta falta me haces, te extraño muchísi-
página de la empresa de celulares y me mandaba mo. Solo espero poder abrazarte.
un mensaje: Entra al MSN, amor. Entonces, lográ-
bamos conversar media hora o una hora, lo nece- Me ponía muy sentimental al escucharla; pero
sario para no sentirnos más distantes. Es verdad nunca lo hice notar, no podía mostrarme débil.
que físicamente estábamos lejanos; pero era de En algunos pasajes de esas llamadas telefónicas
vital importancia comunicarnos, saber que nos te- me dejaba llevar por sus palabras, el escuchar su
níamos el uno con el otro, un mensaje o una breve tierna voz decirme lo que sentía, me encantaba y
charla por MSN podían hacer la diferencia y lograr hacía sentirme mejor.
salvar por instantes una relación que flotaba en
aguas turbulentas. Esta vez Kelly ni Mariana podían ayudarnos,
su madre andaba enojada con su mejor amiga por
No siempre tenía saldo en el celular, no podía alcahuetear ese distorsionado amorío, como lo lla-
llamarla a su teléfono de casa; pero sí a su celular. maba con enojo. Ella prefería callar, no estaba de
Una o dos veces al día iba a un teléfono público, a acuerdo con los comentarios de su mamá, los res-
eso de las diez y media de la mañana o pasada la petaba y asentía con la cabeza. Daniela era quien
una de la tarde y la llamaba. Eran las horas pre- reclamaba, se ponía furiosa cuando hablaban mal
cisas porque se encontraba en receso o saliendo de de su relación; pero no podía hacer mucho y eso la
la academia. frustraba.
En esos escasos minutos que duraba la llamada Por mi parte, le contaba lo sucedido a Mariana,
a celular y costaba caro me expresaba con rapidez. quien no sabía cómo aconsejar; pero si leía atenta-
Te amo demasiado, mi princesa. Espero que te mente. Si hay algo que nunca me dijo, fue que me
encuentres muy bien y estés estudiando mucho, no rinda, porque siempre supo que nuestro amor era
te desconcentres a pesar de lo que anda sucediendo. honesto y por eso debía de ser libre.
Sabes que saldremos adelante, te extraño y aun- En casa nadie estaba enterado de lo sucedido,
que no sepamos cuando volveremos a abrazarnos, trataba de no reflejar en mi rostro lo mal que la iba
sigues en mi mente y ahí puedo tenerte reviviendo pasando. Mi madre preguntaba por Daniela, por su
nuestros mejores momentos. Te amo demasiado. ausencia en casa y porque ya ni siquiera la veía
A veces ella solo se dedicaba a escucharme, se andar por el parque. No le respondía como debía
oía el sonido de su respiración y una voz entrecor- ocultando algunas verdades; aunque en la soledad
tada que repetía, yo también te amo, precioso. No de mi cuarto despejaba todo esa frustración y dolor
con algunas lágrimas que permitía caer.

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Es singular y curiosa la manera como las ma- consejos de su mamá y por la sarta de idioteces que
dres tienden a saberlo todo. A pesar que nunca le le llegaban a los oídos.
comenté algo sobre el mal sendero por el que anda-
ba lo nuestro una vez me lo dijo de un modo hones- Ella trataba de no creer en todo lo que perso-
to y sereno. nas sin vida le contaban y obviar los sermones de
mamá; pero se llenó de ira al darse cuenta que yo
“Yo no entiendo porque sus padres no quieren no le contaba acerca de todas las reuniones.
que esté contigo, me parece una idiotez”.
Mi razón fue sencilla: No había tiempo para dar
Lo dijo todo con esa frase al punto de hacerme detalles en treinta minutos de plática. Era un ar-
sentir mejor y lograr esbozar una sonrisa. No cabe gumento válido; pero luego me percaté que estaba
duda que tuvo la absoluta razón. en error.
Por otro lado, Manuel, Jonathan y Ezequiel, Era natural que Daniela comenzara a descon-
quienes sabían lo ocurrido porque llegué a contar- fiar. No lo ves, te cuentan que ha estado en tales
les a cada uno respectivamente me llevaron a va- fiestas, tu madre te asesora con el corazón (en sus
rias reuniones y fiestas para distraerme pasando razones) y tu novio no te relata todo lo sucedido.
gratos momentos.
Esas breves y expresivas conversaciones se tor-
Empecé a conocer nuevas personas y llenar la naron cada vez más caóticas.
mente con momentos divertidos junto a buenos
amigos. Discutíamos en lugar de motivarnos a seguir
adelante, cambiamos los te amo por los reproches y
No obstante, en ningún minuto de las noches en a veces callábamos y dejábamos que ese corto tiem-
fiesta olvidé a Daniela, se hallaba presente en mi po se desvanezca en el silencio.
cabeza; aunque no todo el tiempo le contaba acer-
ca de las salidas de fines de semana porque hablá- No sucedió por mucho tiempo. Yo acepté que debí
bamos poco y ese tiempo era para decirnos lo que contarle acerca de las reuniones y ella se dio cuen-
sentíamos. ta que debió confiar. Por ende, poco a poco todo fue
mejorando.
Nuevamente surgieron las personas inescrupu-
losas que inventan realidades para perjudicarte. Era difícil mantenerse así, a ninguno nos gusta-
ba. Ella por su parte desconcentrada en los estudios
Daniela, quien tenía conocimiento de las fiestas y llenándose la cabeza de ideas (que le imponen y
con mis amigos empezaba a dudar, también por los otras que imagina) y yo tratando de hacerle enten-

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der que no es como lo alucina, sin darme cuenta —A mí también me deprime eso; pero hay que
que solo debí tomarme unos minutos para relatar ser optimistas. Algo va a pasar para que podamos
lo sucedido el fin de semana. Creo que pensé que vernos, dijo entusiasmada.
perdería el tiempo; sin embargo, al tomarlo en
cuenta le entregué seguridad. Daniela sabría don- Sentí en sus palabras una extraña alegría, me
de estuve y lo que hice y a veces resultaba mejor agradaba. Sin embargo, yo hablaba sereno y un
que repetirle muchas veces lo que siento. tanto cauteloso, no quería aventurarme a sentir
emociones por una supuesta salida por el bendito
Pasado esos malos ratos; pero siguiendo separa- “Día de los enamorados”; aunque me emocioné al
dos logramos avanzar manteniendo comunicación imaginarla un instante.
vía MSN y celular.
—Eso sería grandioso; pero bueno, veremos que
La segunda semana de Febrero, muchos comen- sucede, le dije con cautela.
zaron a planear lo que realizarían con sus respec-
tivas parejas el dichoso “Día de los enamorados” y —Ya verás que algo va a pasar, dijo como crean-
era algo que nos deprimía sin demostrarlo. do misterio.

—Precioso, ¿Cómo estás? Dijo por el celular. Esa frase me animó. He mencionado antes que
soy una persona optimista; pero faltó agregar que
—Hola princesa, estoy en casa, escribiendo un me contagio con facilidad con los actos positivos.
rato.
Daniela tuvo una actitud muy positiva, aparte
— ¿Qué escribes? Espero que algo para mí ya aires de misteriosa, sorprendía para bien su voz
que se aproxima San Valentín. que resonaba contenta, al punto que esbocé una
sonrisa y añadí una frase que acababa de leer hace
Hasta el momento no habíamos mencionado ese días.
tema.
“El amor verdadero suele crear milagros”.
—Es verdad, falta poco para el catorce de Febre-
ro. La escuché en un programa mexicano y la tenía
grabada.
—No me digas que no te acuerdas, dijo un tanto
enojada. —Y bueno, espero que pueda leer esa carta, eh.
Hace mucho que no me escribes una, quiero una
—Claro que lo recuerdo, es solo que como va la bien bonita, dijo de repente.
situación dudo mucho que podamos salir, dije con
voz triste.

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Yo no escribía una carta, es más, ni siquiera sa- varme para meter en la cabeza la idea que solo se
bía que estaba escribiendo, solo tenía un par de pá- trata de un simple día.
rrafos de un futuro cuento.
Además, Daniela no me había comentado nada,
—Te aseguro que te va a gustar, princesa, le dije por ello olvidé el misterio que ocultaba su cándida
y empezó a escucharse el sonido que produce el te- actitud.
léfono cuando está a punto de acabarse el saldo en
el teléfono público. Al llegar la noche tuve que vivir la pesadilla de
ver a mis amigos y hasta a uno de mis hermanos
— ¡Maravilloso! Respondió alegre y se cortó la salir junto a su chica a algún lugar en especial para
llamada. celebrar San Valentín. Me hubiera gustado no sa-
ber más; pero algunos contaron sus planes, que co-
A pesar del irremediable corte me quedé con una menzaban en una cena ligera a orillas del mar, lue-
grata sensación, la cual condujo a una inevitable go ir al cine y posiblemente más tarde tomar algo y
sonrisa. el resto no quisieron especificarlo.
El ansiado “Día de los enamorados” desperté Yo no tenía nada planeado; pero la idea de estar
desanimado, antes me hubiera levantado motivado en el MSN y esperar a que Daniela se conectara
y con ganas de planear una sorpresa para mi chica. era mi única opción. No la culpaba, solo me sentía
No podía creer que siendo nuestro primer San Va- nostálgico. La situación lo ameritaba.
lentín tendríamos que pasarla vía MSN.
No obstante, sabía que el chatear con ella me
Me pasé gran parte de la tarde escuchando los haría sentir mejor y viceversa.
planes de algunas amigas que iban a sorprender
a sus parejas con diversos detalles y por otro lado, De repente volví a recordar su actitud positiva y
mis amigos menos románticos contaban que no te- como dicta la misma frase que escuché en un pro-
nían nada pensado y que improvisarían. Alguno grama mexicano, recibí una sorpresiva llamada.
que otro hasta dijo: No estés todo idiota, es un día
cualquiera. — ¡Precioso, ven a Larcomar! Dijo Daniela prác-
ticamente gritándome al oído.
Se dio cuenta por el rostro triste en el sub Nick,
era imposible no sentirse acongojado porque soy un — ¿Larcomar?, ¿Para qué? Pregunté como todo
romántico innato y me fascinaría pasar esa fecha buen idiota.
junto a mi pareja; pero al ser complicado, el único — ¡Estoy en Larcomar pues sonso! Te espero,
remedio era hacer que el tiempo vuele o desmoti- precioso, no te demores por favor, ¡Te extraño!

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—Ya voy, ya voy, respondí rápidamente conta- Caminé lento y observando en todas las direccio-
giado del entusiasmo que transmitía en sus pala- nes, no la encontraba y tampoco escuchaba que me
bras o mejor dicho, sus gritos. llamara.
—Te espero en la pileta. Te amo, precioso. Alguien tocó mi hombro de repente y al voltear
apareció del otro lado, era una jugada que me gus-
—Yo también te amo, dije; pero ya había colga- taba hacer y ahora me la habían hecho.
do.
Sonreí al ver a Mariana, quien en un acto de con-
¡Era esto lo que tenía planeado! Grité con eufo- fianza hizo esa broma.
ria; aunque debería decir locura.
— ¿Qué haces por aquí? Preguntó sonriente.
Me bañé y vestí en diez minutos. Salí de casa
lo más apresurado que pude. Detuve un taxi en la —Pues, estoy esperando a Daniela, dijo que es-
esquina y sin importarme el precio lo abordé. taría aquí; pero no la veo por ningún lado, respondí
al mismo tiempo que continuaba la búsqueda.
Una vez sentado recibiendo el aire y mirando el
exterior empecé a reflexionar sobre su repentina — ¿Has estado con ella? Pregunté enseguida.
acción.
—No. Yo vine con Alondra y su flaco. Allí están,
Resolví llegar a la conclusión que de ello se tra- dijo señalándolos.
taba su misterio. Además, me pareció de suma bri-
llantez la idea de estar a su lado en menos de trein- Agité la mano para saludarlos y les mostré una
ta minutos. sonrisa.

La extrañaba muchísimo, no había podido ex- —Este lugar es un mar de gente, le comenté
presarlo con palabras, solo un abrazo era capaz de mientras acomodaba el cabello.
hacer que pueda liberarme de aquella sensación. —Sí pues; pero imagina que no se me hizo extra-
Larcomar era un mar de personas, las bancas ño verte por aquí.
ocupadas por parejas besándose o cogiéndose de Sonreí nuevamente, hasta solté una breve risa.
las manos, enamorados intercambiando miradas
estáticos a un lado y otros apoyados sobre muros, —Me encanta este lugar, le dije.
algunos caminando de aquí para allá y ni imaginar Antes que acotara algo, vi a Kelly deambular a
cómo estaría adentro. unos cuantos metros como buscando a alguien.

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— ¡Kelly!, ¡Kelly! Le pasé la voz. —Parece que no está. ¿Dónde se han ido?
Me vio y sonrió satisfecha como quien logra un —No lo sé. Estaba con Johana y Carla, respon-
cometido. dió Kelly y miró hacia todos lados.
—Te he estado buscando, dijo luego de saludar. Hice lo mismo esperanzando en encontrarla son-
riente y con helado en mano para poder acercarme
—He estado aquí esperándolas, dije con una a abrazarla.
sonrisa.
—Mira, parece que allí están, dijo Kelly señalan-
—Daniela está abajo tomando helados, ¿Vamos? do el cine.
—Claro, vamos yendo, le dije y me despedí de —Vamos, dije al creer reconocer a una de sus
Mariana, quien antes de alejarse añadió con una amigas porque no pude ver a Daniela.
sonrisa: Me da gusto que estén bien.
Mientras nos fuimos acercando pude estar segu-
En el camino me encontré con Ezequiel, quien ro que se trataba de Johana y Carla.
se encontraba con una chica, al verme solo atinó
a sonreír y agitar la mano. No quise acercarme a —Chicas, ¿qué hacen acá?
molestarlo porque estaba apresurado.
—Estamos esperando a Daniela, está compran-
Ese Ezequiel es un bandido, pensé haciendo alu- do las entradas.
sión a su frenética manera de salir con varias chi-
cas. Saludé a las muchachas agitando la mano y son-
riendo, esperando ansioso a que Daniela saliera.
Bajamos las escaleras y continuamos cruzándo-
nos con muchas personas, quienes también busca- —Ahí viene, dijo Kelly de repente.
ban a sus conocidos o deambulaban curioseando. Y la vi asomarse. Hermosa como de costumbre,
Vi a muchos conocidos; pero resolví saludar con un el cabello reluciente cayendo por sus hombros y
movimiento elevado de cejas. vestida como le gusta, de jeans, Converse y un con-
Descendimos en la siguiente escalera y nos acer- fortable suéter (suele ser friolenta y en Larcomar
camos al lugar de helados. Daniela no estaba ahí, corre viento). Trasmitía calidez el hecho de ir acer-
lo supe varios metros antes de llegar. Podría reco- cándose.
nocer su ondulada cabellera a metros de distancia. —Princesa, ¿cómo estás?

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— ¡Mi amor! Lamento no haber ido a tu encuen- —Buenas noches, respondí educadamente.
tro es que tuve que comprar las entradas, dijo en-
tregándome una que mecánicamente recibí. Estrechó la mano y la saludé con suavidad.

Me acerqué para darle un beso; pero fue esqui- Su rostro no tenía gesto. La sobriedad de su ves-
va, lo cual pareció extraño y antes de preguntar to- timenta resaltaba su personalidad serena. Parecía
das miraron hacia atrás y vieron a su mamá acer- recién salida del trabajo, me dieron curiosidad los
carse lentamente, contando el dinero del vuelto y pendientes que llevó, quizá por el brillo.
subiendo los escalones haciendo sonar sus zapatos Traté de mirarla a los ojos mientras hablaba sin
de tacón. desviar la mirada.
—Pero, ¿qué sucede aquí? Pregunté tan veloz —Mami, le dije que viniera porque iremos al
como pude, tanto que ni siquiera supe si se enten- cine junto a Kelly, Carla y Johana.
dió.
Hizo un sonido que no supe entender. Su mirada
—Hace unos días hablé seriamente con mi mamá era muy fría, la imaginé menos estricta, se veía so-
y le conté todo acerca de nosotros. Llegamos a un bria y esbelta, además de culta.
acuerdo, ella te conocería y tal vez me dejaría estar
contigo. ¿Puedes creerlo? Lo dijo despacio; aunque —Danielita, ¿tienes las entradas?
lo sentí veloz. —Sí mami, aquí están, justo iba a repartirlas,
No podía comprenderlo del todo y tenía un cen- respondió con ternura y educación.
tenar de preguntas que no contestaría en ese ins- —Está bien, hija, dijo con serenidad. Vio el reloj
tante porque su madre se acercaba a pasos agigan- pulsera que llevaba puesto y añadió: Me voy ade-
tados. lantando, las dejo con el muchacho, que espero las
Cruzó la puerta de vidrio aún contando el dinero cuide.
en sus manos y una vez cerca lo guardó en su car- Esa frase me motivó; a pesar de que lo haya di-
tera. cho seriamente, era como otorgarme una respon-
—Mamá, él es mi enamorado. sabilidad que debía de cumplir para poder caerle
algo bien.
Nunca antes sentí tantos nervios como aque-
lla vez y es irónico, porque nunca los pude ocultar Quise sonreír; pero no lo hice, fue mejor manejar
como en esa ocasión. un rostro tranquilo y callado.

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— ¿Verdad? Dijo como quien espera una res- —Daniela, mientras ustedes conversan vamos
puesta. entrando para comprar canchita y gaseosa, propu-
so Kelly.
—Claro, señora, no se preocupe por eso, respon-
dí mecánicamente. —Buena idea, vayan yendo.
— ¿Las dejas en casa? —Oye, mi princesa, antes que me cuentes, déja-
me decirte algo… ¡Feliz día de los enamorados! Te
—Por supuesto, respondí y esta vez se me esca- amo demasiado.
pó una sonrisa.
Nos abrazamos y nos dimos un beso.
Su madre se despidió de Daniela con un beso
en la mejilla y luego de las otras chicas del mismo — ¡Feliz día de los enamorados, precioso! Sabes
modo. Volvió a estrecharme la mano viéndome con que te adoro.
una seriedad escalofriante; sin embargo, sentí que
no debía defraudarla. Nos miramos todavía abrazados y nos besamos
nuevamente.
Cuando la vi partir respiré aliviado, tanto que
tuve que asistir al baño a mojarme el rostro un par El abrazo fue muy eufórico y profundo, al punto
de veces y notar si algún olor extraño emanaba de que uno de los dos quedaría sin aire.
mi cuerpo; pero todo estaba en orden, llevaba buen Soltamos los brazos y nos sujetamos de la mano,
desodorante y una excelente fragancia de Papá. seguíamos de pie, viéndonos mutuamente e igno-
— ¡Precioso, la hiciste muy bien! Aunque te no- rando a la multitud que iba y venía.
tamos algo nervioso. —Te he extrañado, princesa, se lo dije mirándo-
— ¿Algo? ¡Estaba recontra nervioso! la a los ojos, a esos pardos que no contemplaba en
semanas. Acaricié su rostro con la mano derecha;
Empezaron a reír. pero manteniendo la izquierda sujeta a la suya y
sentí la docilidad de sus mejillas. Se me ocurrió
—Lamento no haberte dicho nada, se supone darle un beso en una de ellas y luego la vi sonreír.
que era una especie de sorpresa, dijo Daniela de lo Cogió esa mano y la acercó a sus labios.
más fresca.
—Yo también te he extrañado, precioso, dijo des-
—Y cuéntame, ¿cómo surgió todo? Pregunté muy pués y me miró para profundizar en los adentros de
intrigado. mi ser, habrá visto mi corazón y seguramente mi

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alma en cuestión de segundos. Sonrió para man- Inició la película y miramos hacia la pantalla.
tenerme encantado y se percató de un detalle, me De reojo notaba su sonrisa y el brillo que exhibía,
había crecido el cabello. El cerquillo estaba un tan- el perfil perfecto y parte del cabello estropeando la
to más largo; pero le resultó de buen gusto, lo hizo visión. Lo quitaba de un soplido y continuaba mi-
saber de un modo curioso: Estás churro, mi amor. rando al frente.
Fue inapelable no sonreír y obviamente agrade- Por mi parte me animé a descifrar algunas de
cer. las próximas películas que estrenarían mientras
los tráiler se reproducían; pero Daniela me ganaba
—Tú siempre estás preciosa, mi princesa. diciéndome al oído cual película sería. Parecía in-
—Gracias, mi vida, dijo sonriente. formada con temas cinéfilos o tal vez solo tenía un
gran nivel de intuición.
—Muchachos, en cinco minutos empieza la pelí-
cula, dijo Kelly quien tuvo que acercarse para que Adiviné algunas películas y se lo hice saber del
podamos escucharla. mismo modo.

—Vamos yendo, no queremos perdernos los Asentía con la cabeza sonriente y cuando acaba-
avances, propuso Daniela cogiéndome de una mano ron los avances, Kelly nos sorprendió con un par de
para jalarme con fuerza. gaseosas.

—Vamos, vamos, respondí mientras andaba rá- Recordé que no habíamos adquirido canchita
pidamente. por andar apresurados y el detalle de su amiga de
habernos comprado líquido fue muy amable; pero
Entramos a la sala como los últimos de la fila; Daniela adoraba el pop corn durante la película y
pero Kelly nos había reservado unos asientos. bastó con que hiciera un gesto tierno para que sa-
—Me alegra que volvamos a estar juntos, le dije liera a comprar.
colocando mi mano sobre la suya y esbozando una Regresé con un balde enorme; y aunque estuve
sonrisa. a punto de caerme al no ver los escalones porque
—A mí también, estoy muy feliz, dijo, sonrió e el sujeto que debía alumbrar se encontraba lejos,
inmediatamente cogió mis mejillas con ambos ma- puede establecerme al lado de mi chica y acomo-
nos para darme un beso apasionado que la oscuri- darme para disfrutar de la película.
dad impidió que los curiosos vieran. Acaba de empezar; pero no te has perdido nada,
me susurró al oído y cogió una buena porción.

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Chévere, princesa, respondí enseguida y recibí hice; pero al instante acoté: ¡Sí, me encanta el he-
un beso de su parte. lado! Y lo otro queda en juego.
Gracias por ser tan atento, dijo luego y sonreí. Me vio con ceño fruncido e hizo que añadiera al
segundo: Y si amor, haría cualquier cosa por ti. En-
Miramos la pantalla y por ratos nuestras manos tonces todas suspiraron y pusieron rostro tierno.
se confundían cuando cogíamos canchita, era gra- Daniela sonrió y se sintió muy contenta.
cioso.
Llegamos a la heladería y no nos desanimó la
Cuando comenzaron a salir los fantasmas cu- enorme cola; aunque conversando acerca de la pelí-
bría sus ojos y se acercaba más, la abrazaba y la cula hicimos que el tiempo pasara rápido.
escuchaba decir: Me cuentas que sucede. Abría los
ojos por curiosa cuando salía el personaje malvado Poco antes de llegar a la caja alguien me sor-
para asustar y gritaba junto a gran parte del cine. prendió por la espalda realizándome la misma ju-
gada de Mariana.
Realmente estuvo bacán la película, pensé al fi-
nal. —Oye, ¡Yo inventé eso, deja de hacérmela! Re-
criminé a Manuel, quien se hallaba reluciente y
— ¿Vamos por unos helados? Propuso terminada perfumado.
le película.
Rió al escucharme y preguntó por Kelly al ins-
— ¡Buena idea! Enfatizó Kelly. tante.
El resto de las chicas asintió con la cabeza y to- —Está adelante, le dije señalándola.
dos obviaron mi respuesta.
—No le digas que he venido, respondió con una
—Es tan obvio que quiero tomar helado que na- sonrisa.
die me pregunta, me quejé con humor.
Asentí con la cabeza y lo vi asomársele.
Daniela, quien estaba aferrada a mi brazo son-
rió y añadió: Ay amor, todas sabemos que haces lo —Daniela, no le digas nada, le dije al ver a Ma-
que yo diga… nuel muy cerca de Kelly, quien miraba el mostra-
dor de pedidos.
Y que amas los helados, obviamente, añadió al
instante. La cogió de la cintura y recibió un feroz mano-
tazo en las manos sacándolas por completa de la
Las muchachas empezaron a reír, también lo

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cintura. Fue una de las reacciones con más rapidez —La única diferencia es que estas no puedo to-
que he visto. carlas, respondí y sonreímos.
Adolorido dijo: Soy yo, tonta. A lo que Kelly, sor- Rió al escucharme y preguntó por Kelly al ins-
prendida y apenada, añadió: A la otra no hagas eso, tante.
sabes que no me gusta.
—Esta adelante, le dije señalándola.
Se la iba a advertir; pero me pediste que no dije-
ra nada, me comentó Daniela entre risas. —No le digas que he venido, respondió con una
sonrisa.
Dejé de reír y le dije: Qué bueno que no le dijiste.
Asentí con la cabeza y lo vi asomársele.
Pasado el lapso y con los helados en mano cami-
namos en busca de una mesa vacía, la cual sería —Daniela, no le digas nada, le dije al ver a Ma-
casi imposible de hallar. nuel muy cerca de Kelly, quien miraba el mostra-
dor de pedidos.
No tuvimos fortuna y tuvimos que gozar de nues-
tro helado en los exteriores; pero no en las bancas La cogió de la cintura y recibió un feroz mano-
porque estaban copadas, sino dentro del jardín que tazo en las manos sacándolas por completa de la
ante tanta gente tuvo que ser habitado. cintura. Fue una de las reacciones más rapidez que
he visto.
Intercambiamos pensamientos acerca de la te-
rrorífica película, Manuel quiso saber más y Kelly Adolorido dijo: Soy yo, tonta. A lo que Kelly, sor-
se encargó de contarle una sinopsis, compartimos prendida y apenada, añadió: A la otra no hagas eso,
opiniones sobre lo que realizaba la muchedumbre sabes que no me gusta.
y rato después nos quedamos mudos. Se la iba a advertir; pero me pediste que no dije-
Echados sobre el césped estuvimos observando ra nada, me comentó Daniela entre risas.
las estrellas, cada uno por su lado a pesar de estar Dejé de reír y le dije: Que bueno que no le dijiste.
cerca.
Pasado el lapso y con los helados en mano cami-
Daniela y yo sujetos de la mano mirábamos el namos en busca de una mesa vacía, la cual sería
cielo estrellado. casi imposible de hallar.
—Se parecen a las estrellas de tu habitación, No tuvimos fortuna y tuvimos que gozar de nues-
dijo de repente. tro helado en los exteriores; pero no en las bancas

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porque estaban copadas, sino dentro del jardín que Daniela soltó una breve risa.
ante tanta gente tuvo que ser habitado.
Ante su sorpresa me levanté del jardín colocán-
Intercambiamos pensamientos acerca de la te- dome sobre un montículo de césped, desde esa po-
rrorífica película, Manuel quiso saber más y Kelly sición saqué del bolsillo un rollo de pabilo y le dije:
se encargó de contarle una sinopsis, compartimos Voy a bajarte una estrella.
opiniones sobre lo que realizaba la muchedumbre
y rato después nos quedamos mudos. Ella todavía estaba sorprendida y manteniendo
su sonrisa asintió con la cabeza. Los demás mira-
Echados sobre el césped estuvimos observando ban confundidos porque llegaron a escuchar el iló-
las estrellas, cada uno por su lado a pesar de estar gico desafío.
cerca.
Hice un nudo tal cual vaqueros y lo lancé al cie-
Daniela y yo sujetos de la mano mirábamos el lo. Fue tan rápido que al caer yacía capturada una
cielo estrellado. de mis estrellas de cartón.
—Se parecen a las estrellas de tu habitación, — ¿Ves? Te he bajado una estrella, le dije mos-
dijo de repente. trándole la estrella atrapada en el nudo.
—La única diferencia es que estas no puedo to- Daniela no dejó de reír e inmediatamente me dio
carlas, respondí y sonreímos. un abrazo.
—Cómo vas a poder tocarlas pues, tonto, añadió —Y mira, tiene tu inicial, acoté con una sonri-
al instante, todavía entre risas. sa.
— ¿Nunca te han bajado una estrella? Pregunté —Como te amo, mi amor. Tienes cada detalle
manteniendo mi sonrisa. asombroso, haces que me enamore más de ti, dijo
emocionada regalándome muchos besos.
—No.
Para hacer aún más divertida la escena los de-
—Yo te puedo bajar una estrella. más aplaudieron entre risas y sonrisas.
—Estás loco, creo que mucho helado te ha afec- —Te amo demasiado, mi princesa. Por ti haría
tado, precioso, dijo entre risas. que bajar estrellas fuera algo cotidiano, le dije mi-
—Ah, no me crees, increpé sonriente. rándola a los ojos y volvimos a abrazarnos.

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—Te amo, precioso, dijo con una sonrisa enamo- añadió Manuel y todos comenzamos a reír porque
rada. lo estábamos siguiendo.
Por suerte nadie preguntó sobre el truco. Tan —Paremos un rato. ¿Adónde vamos? Dije luego
simple como tener una estrella de cartón y un pa- de tanta risa.
bilo que hallé en un cajón y metí en el bolsillo antes
de salir de casa. — ¿Y si vamos al parque del amor? Sugirió Da-
niela e inmediatamente fue alentada por Kelly. Sin
—Oye precioso, he notado que hueles delicioso, embargo, el resto no estaba de acuerdo.
¿Es una nueva fragancia? Quiso saber repentina-
mente, todavía manteniéndonos abrazados. —Nosotras estaremos por aquí, vayan yendo us-
tedes y luego nos encontramos para irnos, sugirió
—Sí, se la acabo de pedir prestada a mi viejo; Johana y obviamente, Carla también asintió con la
aunque pienso quedármela, dije soltando una car- cabeza.
cajada.
—Bueno, está bien. Nos vemos en una hora, te
—Me gusta mucho, tienes que quedártela, dijo e llamo cuando estemos de regreso, comentó Danie-
hizo como si inhalara el olor. la. Ambas chicas asintieron con la cabeza casi al
mismo tiempo y dieron la vuelta para deambular.
—Muchachos, vamos avanzando, dijo Manuel,
cogiendo de la mano a su pareja. —Vamos entonces, dijo Manuel y empezamos a
caminar a la par.
—Vamos con ellos, le dije.
—Amiga, debemos de conseguirle novio a ese
—Vamos, vamos, respondió. Nos sujetamos de dúo, comentó Kelly con gracia.
las manos y los seguimos.
—Si pues, así podríamos salir todos en pareja,
—Manu, ¿Adónde vamos? Escuché preguntar a dijo Daniela.
Kelly.
Era de esperarse que el Parque del amor estu-
—Manu, ¿Adónde nos llevas? Pregunté en señal viera repleto; aunque no todos los espacios estaban
de broma, enfatizando en el diminutivo del nom- ocupados, casualmente un par de bancas se halla-
bre. ban libres. No dudamos ni un santiamén en acer-
Kelly me miró sonrojada. carnos y ubicarnos.

—La verdad es que ni yo sé adónde estoy yendo, Curiosamente nos encontrábamos en bancas

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contiguas; pero dejamos de hablarnos para enfo- muy lentamente como si trabajara detalladamente
carnos de a dos. en cada ondulación. Abrió los ojos, liberó un suspi-
ro y pasó mi mano por su mejilla.
Manuel y Kelly se aislaron a pesar de estar a un
lado y nosotros hicimos lo mismo. Luego se reincorporó colocándose sobre mis pier-
nas.
—Te dije que volveríamos.
— ¿Qué piensas de mi mamá? No esperaba esa
—Es verdad, princesa. Estamos aquí de nuevo. pregunta.
—Me gusta este lugar, amor. —Pues, a primera impresión me parece estricta;
—A mí también; aunque es más lindo a tu lado. pero pienso que es bueno, respondí seriamente.

—Obvio pues, tonto, dijo y sonrió. Enseguida, —Siempre lo fue. A veces es muy seria, hace
nos acercamos y nos dimos un beso. mucho que no la veo sonreír y a veces me apena,
por eso pensé bien todo y me animé a comentarle
Dejé que se quedara cerca a mí, con su cabeza acerca de ti, se lo dije con mayor claridad y sensa-
sobre el hombro izquierdo y mi brazo cayendo por tez como para que entendiera. No me gusta estar
encima de sí. Mudos, mirando la nada o tal vez la peleada con ella y siento que desde que se separó
estatua de una pareja besándose, con la luna enci- de mi papi no ha vuelto a ser feliz. Fue lo correcto
ma y pasando un entrañable momento. Escuchaba porque sabría que estoy en buenas manos y no an-
su respiración, por ratos los latidos de un corazón y daría preocupada y a veces muy estresada. Aparte
cuando miraba de reojo su rostro llevaba una son- que el trabajo la tiene como loca.
risa. Yo tenía la misma silueta y estaba seguro que
oía mi corazón palpitar y descifraba que su nombre —Me lo imagino. Creo que toda mamá quiere lo
se escuchaba en cada latido. mejor para sus hijos y el saber que está con alguien
que la quiere y la respeta le genera cierta tranqui-
A nuestro lado; aunque viendo con dificultad, se lidad, le dije manteniéndonos en esa posición.
hallaba Manuel y Kelly, ambos abrazados de igual
manera como queriendo imitarnos y el hecho de —Claro, precioso, por eso mismo quise comen-
pensarlo me provocaba cierta gracia. Volvía a mi- tarle. Aparte, sentí que entrabamos en confianza.
rar a mi princesa y esta vez sus ojos se hallaban Es posible que si me haya animado antes en vez
ocultos, como quien medita y disfruta del instante de andar ocultando hubiera resultado mejor; pero
a la misma vez, en un silencio que favorece al pla- bueno, ya lo sabe todo de ti y como me dijo antes
cer de gozar del rato y yo acariciando su cabellera

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que te invitara, quiere conocerte, solo eso. Enton- —Vayan avanzando, chicos, dijo Daniela mien-
ces, podría estar tranquila y eso, según creo, le qui- tras se reincorporaba.
taría un peso de encima.
— ¿Te sientes bien, princesa? Pregunté creyendo
Su razonamiento era impecable. Admiraba cada que hablar de su padre pudiera haberla hecho sen-
vez que compartía sus pensamientos, nunca antes tir incómoda.
conocí a alguien con tal nivel de madurez en tan
corta edad. —Claro, precioso, nada va a arruinar esta noche,
dijo y me mostró una sonrisa.
—Espero ganarme su confianza o al menos caer-
le bien. Quiero que tu mamá esté segura que te La cogí de la mano y empezamos a caminar.
amo y te respeto y que jamás pudiera hacer algo Poco a poco el camino que conecta el Parque del
que te dañe. amor con Larcomar iba disminuyendo de caminan-
—Y así ella estará tranquila y hasta dejaría que tes, ya no debíamos de pedir permiso varias veces
entres a mi casa y estemos en la sala conversando para sobrepasar a algunos.
y besándonos cuando no esté presente, dijo y sonrió De la mano como la pareja siguiente andába-
con ese último comentario. mos, mirando adelante y por ratos a nosotros, son-
También sonreí; aunque me tuve que poner serio reíamos cuando lo hacíamos y seguíamos el camino
para añadir: ¿Y tu Papá? que siguen todos.

—Mi mamá dijo que hablaría con él cuándo se La luna brillaba con intensidad e iluminaba el
dé la oportunidad. Sabes bien que uno nunca sabe horizonte del mar como un precioso reflejo que nos
cuándo va a aparecer, dijo y le entró un aire de me- detuvimos un momento a contemplar.
lancolía. Deberíamos quedar en ir a la playa, me dijo
Se cobijó nuevamente entre mis brazos y calla- mientras observaba el océano.
mos por un periodo de tiempo. Claro, podríamos coordinar con los muchachos y
—Amiga ¿Vamos yendo? Escuchamos a Kelly. pasarla chévere durante todo un sábado.

—Un momento, le dijo. Es una buena idea, precioso. Cuando lleguemos


a Larcomar le voy a comentar a Kelly. Tú animas
—Princesa, vamos yendo, le dije suavemente a Manuel.
después de ese momento. Abrió los ojos y respon-
dió: Esta bien, vamos.

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Sonreí y añadí: Él va, si ella va. —Podemos llevar un cooler con chelitas, dijo
Manuel y enseguida me codeó.
Así como tú, respondió al instante. Y empecé a
reír. —Claro, esa idea me gusta, le dije sonriente.
Lo que tú digas, princesa, dije entre risas. —Nosotras no tomamos, chicos, dijo Kelly.
Llegamos a Larcomar y nos detuvimos para ubi- —Amor, solo será para refrescarnos, le dijo Ma-
car una banca donde descansar. Hallamos una y nuel con cierta dosis de ternura logrando que acep-
nos acercamos. Las chicas se sentaron mientras tara.
que Manu y yo nos mantuvimos parados.
—Está bien, está bien, dijo enseguida.
—Amiga, ¿Vamos a la playa el próximo sábado?
—También podemos almorzar allá. Un rico cebi-
—Ya pues, bacán. ¿Nosotros cuatro? chito no caería nada mal, dije frotándome las ma-
nos e hice que a los otros les hiciera agua la boca.
—Si pues, ¿Qué dices?
—En primer lugar, ¿A qué playa iremos? Inte-
— ¿No quieres decirle también a las chicas? Su- rrumpió Daniela.
girió Kelly.
—Es verdad, no hemos pensado en eso, dije.
—Pero no sé si quieran ir, respondió Daniela.
— ¿Playa blanca?, ¿Silencio?, ¿Punta hermosa?
—Yo creo que deberíamos ir los cuatro. Tus ami- Dio alternativas Daniela.
gas se sienten avergonzadas al no tener enamora-
do, no quieren estar de violín, dijo Manuel. —Princesa, vamos a Playa blanca, el mar es dó-
cil y hay buenos lugares donde almorzar.
—Manu, digo Manuel, tiene razón, dije y se me
escapó una breve risa; pero añadí al instante: Va- —Sí, tienes razón, me dijo.
mos los cuatro. La pasaremos chévere.
—Entonces, ¿Quedamos en Playa blanca? Pre-
—Bueno, por mi normal, eh. E imagino que tam- gunté para el grupo y todos aceptaron sin dudarlo.
bién por Manu, respondió Kelly y carcajeamos los
demás. —Listo, muchachos, ya quedamos, añadí para
terminar.
—Entonces, genial. Quedamos para el próximo
sábado, ¿Les parece bien? Sugirió Daniela, luego —Quedamos, quedamos, repitieron Manu y Ke-
de tanta risa. lly casi al mismo tiempo.

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—La vamos a pasar grandioso, le dije a Daniela dependía de mí el poder caerle bien; aunque no me
y la vi sonreír. consideraba un tipo respetuoso u amable con los
demás, me bastaba serlo con mi familia y mi no-
Pasamos cierto tiempo sentados sobre la ban- via, porque los vecinos siempre me han detestado;
ca, charlando de diversos temas e intercambiando no obstante, cambiaría por caerle bien a su madre,
anécdotas hasta que Kelly recibió la llamada de Jo- solo porque amo a mi chica.
hana, quien le consultó por su ubicación y se apare-
ció junto a Carla un par de minutos después. Rato más tarde, aparecimos por su casa.
Al estar todos juntos decidimos partir. Cami- —Princesa, llegamos, le dije intentando desper-
namos rumbo a la avenida para poder detener un tarla suavemente.
taxi.
— ¿Llegamos, precioso? dijo con voz de recién le-
De regreso no charlamos mucho. Las chicas se vantada.
sentaron adelante, uno encima de otra y atrás,
Manu y Kelly estaban abrazados al igual que no- —Sí amor, baja, le dije al abrir la puerta.
sotros. El resto salió del auto y tuve que ayudar a Da-
Daniela tenía su cabeza sobre mi hombro y mi niela a poder reincorporarse. Nos abrazamos al ce-
brazo izquierdo la cubría. Parecía como si estuvie- rrar la puerta y me confesó que entraría y se echa-
ra dormida porque llevaba los ojos cerrados dejan- ría a dormir de inmediato. Me dio cierta ternura y
do que parte de su cabello le tapara el rostro. a la vez un poco de gracia.

No se lo quitaba porque la hacía ver chistosa, le Manuel pagó el taxi sorprendiéndome para bien.
daba besos en la nuca de rato en rato y le susurra- Nos despedimos de Carla y Johana, quienes rápi-
ba que la amaba. damente se fueron a sus casas, ubicadas a un par
de cuadras.
El taxi avanzaba lento, eso me agradaba, el trá-
fico estaba a favor de mi causa, la de tenerla cerca Manu y Kelly se dieron un beso, Daniela y yo
un poco más de tiempo. hicimos lo mismo, más un abrazo.

Meditaba sobre el hecho de conocer a su madre Daniela tocó el timbre de su casa y salió su ma-
mientras miraba por la ventana, por instantes me dre, igual de seria; pero vestida de un modo menos
provocaba risa mi actitud de nervioso y educado formal. Dejó la puerta abierta y se acercó a la reja.
y durante otros momentos me aliviaba saber que Vio el reloj de su muñeca y me dijo: Buena hora.

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Sonreí para mis adentros y le dije: Buenas no- sábado próximo y aseguramos pasarla chévere y
ches, señora. no olvidar las indispensables botellitas de cerveza,
precisas para ser bebidas frente al mar y bajo el
Respondió de la misma manera y le dijo a su hija sol.
que pase.
Cuando nos asomamos al parque nos dimos un
— ¿La pasaron bien? Preguntó sorpresivamente. apretón de manos en señal de despedida, él se fue
—Sí, mami, la pasamos bonito, respondió Danie- rumbo a la izquierda mientras que yo seguí de
la de un modo muy tierno; pero con su voz cansada. frente.
Incluso, soltó un prolongado bostezo. Toqué la puerta un par de veces y salió Orlan-
—Que bueno, que bueno, dijo la señora y cerró la do a recibirme, le pregunté por Fernando y Jeff
reja para enseguida añadir: Vayan con cuidado. Si y me dijo que se hallaban en una reunión junto a
puedes avísale a Daniela que has llegado. Ezequiel, lo cual me hizo reír porque acababa de
ver a Ezequiel e imaginar que estaría bailando con
—Claro, no se preocupe. Buenas noches. Nos otra chica me causó mucho humor.
vemos princesa, dije seriamente; pero intentando
esbozar una sonrisa. Un minuto después de entrar a mí habitación le
envié un mensaje a Daniela aseverando que acaba-
Las dos dieron la espalda y caminaron hacia la ba de llegar y que estaba a punto de encontrarla en
puerta principal, en ese momento me di cuenta que los sueños. Y así ocurrió.
Manuel y Kelly comenzaron a adelantarse.
Llegó el sábado. Daniela y Kelly acordaron en-
—Esperen, dije y aceleré mis pasos. contrarse en las afueras de la casa de Daniela.
Llegamos a la casa de Kelly. Manu hizo toda una Rato después, llegamos nosotros. Manuel cargaba
ceremonia para despedirse y luego me despedí de el cooler y ocultaba su contenido con bebidas gaseo-
ella agitando la mano. sas. Me había invitado un cigarrillo para que nos
acompañe durante el camino y tuve que apagarlo
Ambos regresamos a nuestras respectivas casas en la esquina. Además, masticar rápidamente una
caminando lentamente y procurando ir por lugares golosina de menta.
luminosos.
Manuel llevaba gafas, bermuda playera y san-
Conversamos sobre lo hecho durante la noche, dalias. Nunca me gustó usar sandalias; sin embar-
acordamos nuevamente nuestro día de playa del go, debía de utilizarlas. También traía lentes de sol

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y bermuda playera. Además de mi toalla; pero se Yo estaba óptimo, miré por la ventana durante
encontraba dentro del bolso. todo el trayecto y acaricié el cabello de mi princesa,
quien durmió plácidamente.
Daniela vestía pareo, graciosos lentes de sol,
sandalias y un bolso multicolor, mientras que Kelly Caminamos y atravesamos el arco que tenía es-
andaba muy similar, la diferencia era que se había crita la leyenda: Bienvenidos a Playa blanca.
aplicado una capa de protector solar que le hacía
lucir chistosa. Manuel se lo hizo saber ocasionando Manuel sostenía las cosas de Kelly mientras que
la risa de todos. yo hacía lo propio con las de Daniela. Seguimos el
camino que siguen los demás y llegamos a la playa.
Antes de partir salió su mamá y por un momen- Al limpio arenado, la brisa del mar, las olas travie-
to pensé que nos acompañaría; pero luego, cuando sas y a veces dóciles, el sol resplandeciente; pero
la escuché darme las indicaciones, me relajé y ati- ningún lugar donde establecernos.
né a asentir con la cabeza para luego afirmar, está
bien, señora. Tuvimos que recorrer media playa para hallar
un punto donde clavar nuestra sombrilla y dejar-
Las chicas se despidieron con besos y abrazos y nos caer sobre la arena. De hecho, enseguida me
nosotros hicimos lo mismo agitando la mano. Arri- rocié protector solar y pude descansar durante un
bamos a la playa alrededor de las nueve y media de tiempo indeterminado, solo sé que al despertar to-
la mañana con un sol resplandeciente. dos se mantenían en descanso.
Llegamos una hora más tarde. Tuve que desper- Los animé apresuradamente para ir a aventu-
tar a Daniela, que quedó rendida sobre mi hombro, rarnos al mar; aunque no hicieron caso a mis pri-
enseguida hice lo mismo con Manuel, quien le dijo meras peticiones; sin embargo, al verme correr tras
a Kelly que abriera los ojos. la siguiente ola para sumergirme les dio ganas de
imitar y aparecieron tras de mí. Lo supe porque
Si me hubiera dormido quien sabe dónde esta- Daniela se colgó de mi espalda y a pesar que dijo
ríamos ahora, comenté con humor mientras bajá- que no la dejara caer lo hice apropósito para que se
bamos del bus. diera el primer chapuzón.
Daniela excusó al cansancio de levantarse todos Me sorprendió que supiera nadar, por un mo-
los días temprano y también tener que hacerlo un mento creí que tendría que enseñarle; pero luego
sábado, mientras que Manuel y Kelly dijeron que comentó que su padre le había mostrado algunas
cerraron los ojos un instante y despertaron una técnicas de nado, generalmente las esenciales que
hora más tarde.

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realizaba cuando el mar se hallaba en calma. Me verla de ese modo mientras ambos no dejábamos
agradó que supiera porque haríamos lo mismo, en de reír.
especial, el hecho de zambullirnos cuando la ola se
aproxima. Más tarde, agotados de tanto jugar en el mar, sa-
limos rumbo a la playa para echarnos nuevamente
— ¡Ahí viene la ola! Gritó, todos nos acercába- y broncearnos un rato.
mos como podíamos y logramos atravesarla por de-
bajo. Fue grandioso. Estábamos hambrientos; pero quedamos en des-
cansar un rato, volvernos a meter y después recién
Aunque algunas veces nos lanzábamos en bom- ir a almorzar; pero, ni bien tocamos la arena, nos
bita o en la forma que se nos ocurra. levantamos todos al mismo tiempo y empezamos
a buscar con la mirada el letrero de algún restau-
— ¡Otra ola, otra ola! ¡Vamos con todo! Gritaba rante.
Manuel y nuevamente nos zambullíamos como qui-
siéramos. Siempre he creído que el mar te da hambre.
Reincorporados o saliendo por otro lado nos reí- Almorzamos en un restaurante cercano, lo ubi-
mos y gritamos por lo entusiasmados que nos sen- camos a un par de cuadras, en una calle repleta
tíamos. de lugares donde comer y con tipos que te seducen
para que entres.
Kelly nadaba mucho que mejor que Daniela,
hasta recuerdo que comentó que surfeaba por pa- Ceviche, jalea y arroz con maricos fue la elección
satiempo; pero que no había traído su tabla por acertada y lo devoramos como si no hubiéramos co-
motivos de flojera. mido en siglos, es que repito, el mar te da hambre,
me lo dijeron de niño y toda mi vida pienso volver
Es obvia tu flojera, Si ni tu bolso quisiste cargar, a comentarlo.
comentó Manuel y enseguida empezamos a reír.
Regresamos a la playa y enseguida volvimos a
Kelly lo miró con el ceño fruncido y Manuel soltó bañarnos, el agua estaba menos fría y el mar con
carcajadas, en eso le arrojó agua y justamente cayó menor oleaje, por eso nadamos más lejos, casi has-
dentro de su boca. No dejé de reír cuando sucedió. ta no ver la orilla; pero retornamos al cabo de se-
Daniela, quien se encontraba a mi lado, carcajeó gundos porque dicen que suele ser traicionero.
sin detenerse y se vio radiante.
Nos divertimos durante bastante tiempo, al pun-
La brisa se reflejaba en su cabello y al hallarse to de no ver a la muchedumbre de personas en la
mojado hacia que brille con intensidad, me gustaba playa.

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Alrededor de las seis y tanto resolvimos partir. A la mañana siguiente conversamos por el MSN
Cogimos nuestras cosas y caminamos de regreso a y recordamos lo fantástico que había sido nuestro
la avenida. sábado playero.
En el bus de vuelta nos quedamos dormidos. Daniela me comentó que sería su última sema-
Daniela sobre mi hombro y el resto en sus respec- na en la academia debido a que en Marzo daría el
tivos lugares. Nuevamente tuve que despertarlos examen de admisión. Se sentía aliviada y a la vez
cuando llegamos al paradero, porque fui yo quien satisfecha por todo lo aprendido. Me alegré por ella
primero abrió los ojos. Descendimos del bus y de- y le aseguré que ingresaría con facilidad. A la vez,
tuvimos un taxi que nos llevó a la casa de Daniela sugirió que hiciera lo mismo y empezara a estudiar
por un par de soles. alguna carrera; pero, para tranquilizarla, tuve que
contarle mi secreto. Le dije que estaba preparando
Manuel y Kelly se despidieron agitando la mano, un libro.
no tenían fuerzas para otro tipo de saludo y se ale-
jaron mientras que Daniela y yo nos quedamos un Realmente no tenía ni un párrafo escrito; aun-
rato en las afueras de su casa. que tenía la idea en la cabeza. Sabía el tema, quería
que fueran cuentos y frases; pero todavía no escri-
Evidentemente cansada, con los ojos caídos, li- bía ninguna. Sin embargo, era posible que algunos
geramente despeinada y muy bronceada; pero, ob- de los cuentos que he escrito fueran a acomodarse
viamente, preciosa, me dio un abrazo en señal de en el libro.
despedida y luego nos dimos un beso.
Se contentó e inmediatamente me felicitó, me
Ve a dormir, princesa, le sugerí con una sonri- entusiasmó la carga de energías que transmitió. Yo
sa. Su mamá abrió la puerta, la saludé agitando la no estaba seguro de mi talento para la escritura;
mano y la vi ingresar muy lentamente, arrastrando pero, por razones que no entendía, ella estaba com-
su bolso playero y dispuesta a caer sobre la cama pletamente segura que podría escribir un buen li-
después de darse una ducha de agua caliente. bro simplemente con proponérmelo, lo cual era una
Di media vuelta y me fui, no quise esperar a Ma- especie de némesis porque solía ser muy holgazán;
nuel, imaginé que tardaría y estaba indispuesto. aunque, en ese momento, su confianza me genera-
ba confianza.
Llegué a mi casa en cinco minutos, tuve que su-
bir a una moto taxi al sentirme muy agotado. Al Quiso saber más acerca de mi proyecto en mente.
llegar olvidé darme una ducha porque caí rendido Le comenté que serían cuentos y frases basadas en
sobre la cama. situaciones reales, mayormente relataría vivencias

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propias combinadas con experiencias de otras per- Teníamos todo planeado. Iría a visitarla los miér-
sonas con la intención de ser empático con el lector. coles por la mañana, alrededor del medio día que
Mi plan era sencillo, escribir lo que otros viven. su madre no está en casa y los jueves podríamos
pasar el rato deambulando por su barrio mientras
Le pareció una excelente idea, no la cuestionó ni que los viernes y sábado (este último generalmente
me desanimó, la aceptó en el instante en que ter- por la noche) saldríamos con sus amistades o ha-
miné por contarla. Le fascinaba la idea que hiciera ríamos algo distinto, ir al cine, salir a comer, etc.
algo por mi vida y que dejara de andar holgaza-
neando. ¡Y qué mejor que realizar lo que te gusta! —Debo confesar que no imaginé que podríamos
Me lo hizo entender con claridad. tener estas libertades, le dije sonriendo, teniéndola
abrazada y acomodados en el mueble de la sala.
No le dije que todavía no empezaba. Quise que
supiera que era un proyecto a largo paso, que me —Sin embargo, me alegra mucho que todo entre
resultaba fantástico realizarlo y que, por supuesto, nosotros ande de tan estupenda manera, añadí al
estaba en camino. instante y otra vez sonreí para enseguida darle un
beso.
Eso le bastaba para estar orgullosa y contenta
y me alegraba mucho notar su orgullo y hacerme —A mí también me alegra. Ahora podemos
creer que soy bueno para lo que hago. Me contagia amarnos con libertad, pasar el tiempo juntos, estar
de seguridad, por eso, después de esa charla propu- abrazados sobre este mueble y besarnos tantas be-
se iniciar el libro. Y lo hice al fin. ses queramos, dijo Daniela muy emocionada y vol-
vimos a besarnos, esta vez apasionadamente.
Daniela dejó de asistir a la academia y única-
mente debía de repasar los temas realizados. Miramos la televisión después del beso. Era casi
la hora del almuerzo, nuestras barrigas resonaban
Tenía mucho más tiempo libre y lo mejor era que ocasionando humor y decidimos ir a la cocina a en-
su madre le permitía verme. Claro que teníamos contrar algo que comer.
un cierto régimen que obedecer y yo estaba en ob-
servación -por darle un término- pero todo comen- Su madre no cocinaba en casa, lo hacia una se-
zaba a tornarse maravilloso. ñora, quien luego de cocinar, dejaba todo listo para
meter al microondas y partía.
Me comentó que su mamá la dejaría estar con-
migo los fines de semana. Daniela insistió para que A veces almorzaba junto a su madre y su herma-
empezara desde el jueves; aunque algunas veces no, raras veces con su padre, ahora almorzaríamos
seguramente nos veríamos los miércoles. juntos.

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Su hermano no estaba en casa, salió con la mas- a su habitación y no volvió a bajar.
cota y unos amigos, a Daniela no le gustaban sus
amigos y tampoco la idea de llevarse al perro, te- Era un sujeto muy particular; pero me agradaba
mía que fueran a hacerle algo esos tipos vestidos que no se metiera en nada.
de negro. La calmaba diciéndole que no sucedería Daniela se llevaba bien con él, digamos que te-
nada de malo. nían una relación fría que se basaba en saludos y
La comida era arroz con frejoles y seco. La tía, despedidas.
como le decía a la señora, lo preparaba exquisito; Por la tarde nos despedimos. Salí de su casa y
aunque Daniela repetía, mientras comíamos, que le di un beso de despedida. Se quedó mirándome
su madre lo hacía mucho mejor. desde el umbral mientras caminaba, abría la reja
Quise ayudarla a limpiar la mesa y lavar los del pateo y me marchaba luego de agitar la mano y
platos. De hecho, fue gracioso y tierno que lo hicié- dejarle leer mis labios que decían, te amo.
ramos juntos. Aparte, le añadimos una pisca de di- Yo también te amo, respondió al instante y agitó
versión repartiendo chispazos de agua que fueron sus manos.
a mojarnos levemente la ropa.
Caminando de regreso a casa sentí que la extra-
Retomamos al mueble y continuamos viendo la ñaba, estaba acostumbrado a esa sensación; aun-
televisión, esta vez se hallaba echada sobre mis que lejos de sentirme acongojado esbocé una enor-
muslos, observando su programa de dibujos favori- me y brillante sonrisa porque sabía que mañana
to y yo acariciándole el cabello, muy despacio para por la tarde volvería a tenerla en mis brazos. Me
no incomodarla y tierno para endulzarla. emocioné al punto de soltar algunas carcajadas y
Cuando sonaba la puerta se reincorporaba ense- vi que varios vecinos me miraron extrañado; pero
guida; pero al rato retomaba su posición y soltaba estaba feliz y riendo se expresa.
un suspiro que se traducía en tranquilidad. En casa lo primero que hice fue conectarme al
Solíamos quedarnos mudos y ver la televisión, MSN; pero al no encontrar a Daniela en línea de-
acariciaba su melena y a veces giraba el cuello y cidí escribir. Me sentía inspirado, tenía ganas de
me miraba, sonreía y regresaba la vista al progra- trasladar mis sentimientos y poder volverlos en
ma animado llevándose la imagen de mi sonrisa. palabras. Se me hizo muy sencillo acabar un cuen-
to que seguramente se acomodaría en el libro que
Más tarde llegó su hermano junto a la mascota, preparo.
saludó seriamente y dejó al can en su cama. Subió

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Terminada la cena y la sobre mesa volví a mi en nuestra relación, eso me llena de energía y mo-
habitación. Releí el cuento y decidí que formaría tivación, me alegra y entusiasma, me inspira y te
parte del libro. Estaba contento, inspirado, ansioso escribo.
porque fuera mañana y pueda abrazar a Daniela;
pero no la hallaba en el MSN, entonces se me ocu- Bueno, espero que te guste este escrito. Te amo
rrió escribirle una carta. Así podría calmar mis ga- demasiado, princesa.
nas y lograr canalizar mis sentimientos para que Poco antes que me vaya a dormir, Daniela se co-
pudiera leerlos al reencontrarnos. nectó e inmediatamente dejé a un lado las conver-
¡Mi princesa! Fue increíble lo que me sucedió saciones que mantenía para saludarla.
ahora, después de pasar maravillosos momentos a —Hola princesa, creí que no te conectarías.
tu lado regresé a mi casa sintiendo la sensación de
extrañarte, algo con lo que he convivido a lo largo —Hola precioso, ¿Qué tal? Escribió agregando
de este último tiempo y resulta hermoso que esté emoticonos de sonrisa.
complemente seguro que mañana (por la tarde) —Bien; pero mejor porque estás aquí. ¿Y tú qué
vaya a estar nuevamente a tu lado. Curiosamen- tal? Respondí con emoticonos de sonrisa.
te te extraño; pero es agradable que mañana vaya
a satisfacer esa necesidad. Espero estar a tu lado, —Todo bien, me quedé dormida. Al rato que te
abrazarte y entregarte muchos besos. Cada instan- fuiste recibí una llamada de Papá. Dijo que quería
te juntos es especial, nuestro amor sigue creciendo hablar conmigo sobre un tema muy serio y pues,
y llenamos nuestra vida de grandiosos instantes acordamos que vendría a visitarme en estos días.
que disfrutamos y luego recordamos. La verdad es que no tengo idea de que desea ha-
blar; pero terminamos peleando por teléfono.
Me gusta el inicio de esta nueva etapa y estoy
seguro que gozaremos de cada segundo juntos. Me — ¿Por qué discutieron? Bueno, pelearon.
alegra la idea de saber que mañana estaremos jun-
—Me llama para decirme que quiere hablar con-
tos, tengo deseos de converger contigo en un abrazo
migo sobre algo importante y ni siquiera me pre-
y de besarte apasionadamente, para luego, mirán-
gunta como estoy o por el examen de admisión.
dote a los ojos, decirte cuanto te amo.
Solo dijo que lo pagaría esta semana.
Esta carta es algo corta; pero solo quería que su-
—De repente estuvo enfocado en el tema que
pieras que te extraño y que anhelo que el tiempo
quiere tratar contigo y por eso obvió algunas cosas,
vuele para poder estar devuelta a tu lado. Te amo,
le dije sin añadir emoticonos porque ella tampoco
princesa. Siento que empezamos un gran periodo
lo hizo.

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—Por favor, deja de excusarlo, sabes bien que tiempo para ella, que no pudiera pasar días junto a
siempre es lo mismo, a veces pienso que no le inte- su única hija Trataba de animarla y apoyarla desde
resa mi bienestar. mi posición y con mis armas y argumentos; aunque
tantas veces no sabía qué decir ni cómo actuar.
—Tranquila, princesa. No lo excuso, solo trato
de ver el otro lado de las cosas, le dije con calma. —Calma, princesa.
—Bueno, bueno, la cuestión es que me dijo eso —Sí, estoy con calmada, dijo y yo sabía que no
y luego que le reclamara por su falta de interés y lo estaba.
termináramos discutiendo me fui a dormir para
evitar llorar y sentirme mal. — ¿Te parece si mañana vamos al cine? Cambié
de tema rotundamente para que se enfocara en
—Princesa, ¿Y de qué crees que quiera hablar? otra cosa.
Le dije intentando cambiar levemente el tema.
—Claro, vamos, respondió regularmente anima-
—No lo sé, precioso. Fácil cosas de la universi- da.
dad, gastos, pensiones, me imagino. Fijo que ingre-
so y luego se viene todo eso y debe estar preocupa- — ¿Qué película te gustaría ver?
do. Total, piensa que solo me importa el dinero, en No respondió durante un buen tiempo. No sé qué
lugar de darse cuenta que necesito su tiempo, dijo hizo en ese transcurso de minutos, solo sé que vol-
con rabia. vió distinta.
Siempre que hablaba de esa manera me destro- —Hay una película buena; pero no es de terror,
zaba el corazón. es una comedia romántica que me han recomenda-
Sentía mucha pena por la relación que tenía do. ¿La vemos?
con su padre y me frustraba no poder hacer mucho —Por supuesto. Mañana por la tarde te busco
para que puedan remediarlo. y nos vamos al cine. Compramos mucha canchita,
Era como un vaivén, a veces iban muy bien, el gaseosa y vemos la película que quieras.
señor la llevaba a pasear, pasaban un rato juntos y —Oye, gracias, dijo de repente.
en otras ocasiones discutían y se peleaban.
— ¿Por?
Yo estaba seguro que Daniela tenía a su padre
en un pedestal, que lo amaba con todo su ser; pero —Sé que intentas hacerme sentir mejor y en
también comprendía que le dolía que no tuviera verdad, te lo agradezco.

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—Te amo, princesa. Me importas mucho y siem- Compré una tarjeta musical en el camino y la
pre quiero que estés bien, le dije agregando emoti- escondí en el bolsillo trasero luego de rellenarla con
conos de besos y corazones. una breve nota, debido a que en la carta me expli-
caba mejor.
—Gracias, en verdad precioso. Te amo muchísi-
mo. Y sí, iremos al cine y la pasaremos genial, dijo Toqué el timbre tímidamente y esperé que salie-
animada y añadió un emoticón de sonrisa. ra ella, no su madre.
—Claro que sí. Y dime, ¿A qué hora te puedo —Señora, buenas tardes ¿Se encuentra Danie-
buscar? Coordinemos. la? Dije con una voz sobria.
—En la tarde, imagino que a las cuatro o cinco, —Buenas tardes, hijo. Un momento, la voy a lla-
dijo añadiendo emoticón de sonrisa. mar, respondió con la seriedad que la caracteriza.
—Está bien, princesa, respondí con un emoticón Daniela salió sonriente, estaba linda como de
de sonrisa y otro de corazón. costumbre, vestía jeans y tenis, camiseta rosa y sus
muñecas llenas de pulseras multicolores.
—En eso quedamos entonces. Ya me voy a des-
cansar, dijo nuevamente con cierta seriedad y sin —Iremos al cine, regresamos en un par de horas,
emoticonos. dijo mientras salía.
—Bueno, princesa. Te veo por la tarde, descan- —Procuren no llegar tarde, sugirió su madre mi-
sa. Te amo. rándome fijamente.
—Te amo. —No se preocupe, le dije sonriente.
Se desconectó y me quedé viendo la pantalla re- Cuando la señora entró a la casa no dudé en dar-
leyendo nuestra charla para analizarla. Sentí su le un abrazo.
dolor y su cólera y me propuse regalarle un agra-
dable y divertido día, era lo menos que podía hacer —Te he extrañado, repetimos al mismo momen-
dada mis posibilidades. to y nos reímos enseguida.

Llegué a su casa por la tarde, era un jueves tran- Llegamos al paradero caminando cogidos de la
quilo a pesar de ser inicios de Marzo, faltaba poco mano, conversando acerca de la película que vería-
para nuestro aniversario previo al año y un par de mos y las buenas recomendaciones recibidas por
semanas para su examen de admisión. parte de sus amigas. No conversamos sobre lo de

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anoche, ambos preferimos evitarlo, inclusive, en Una vez acomodados esperamos que se apaguen
el taxi, nos dedicamos a estar juntos. Daniela dejó las luces y diera inicio la película. Aprovechamos
caer su cabeza sobre mi hombro y la abracé. Miraba ese tiempo para charlar un rato, darnos algunos
por la ventana y notaba que tenía los ojos cerrados, besos y degustar de la canchita.
quería saber en qué pensaba; pero no quería pre-
guntarle, la veía reflexiva y acariciaba su melena Jamás pensé que una comedia romántica me fue-
ondulada inhalando a la vez el aroma que brotaba. ra a gustar tanto porque reí y me emocioné como lo
hizo Daniela.
—Te amo, mi princesa, dejé que escuchara y una
leve sonrisa vi que en su rostro creció. Saliendo del cine decidimos caminar un rato, era
de noche y el lugar sugería andar al ser un agrada-
Cogió mi mano al escucharme y sentí que decía ble centro comercial. Pasamos bastante rato reco-
-yo también- con ese tierno acto. rriendo los pasadizos, observando las tiendas y cu-
rioseando por aquí y por allá. Después, le propuse
Le gustaba colocar su cabeza sobre mi hombro, tomar unos helados antes de regresar.
era como si encontrara el lugar exacto para descan-
sar o sentirse cómoda. Ubicados en una mesa en el patio de comidas de-
gustábamos de nuestros respectivos helados. Ella
Sabía que no quería que lleguemos porque hu- pidió fresa con un extraño sabor color morado aña-
biera preferido mantenerse en ese modo durante diendo chispas de chocolate mientras que yo lo hice
un largo periodo. con un delicioso sabor tricolor.
Descendimos del taxi y caminamos hacia el cine. No dejábamos de charlar sobre la película, a
Detenidos al frente de la hilera de afiches de pelí- ambos nos había agradado y teníamos mucho que
culas comenzamos a visualizar alguna entretenida compartir, entre escenas y personajes, momentos
a pesar que sepamos cual veríamos. Estaría dis- que nos pareció similares a nuestra vida y otros
puesto a cambiar de elección si quisiera, hasta se lo emotivos capítulos.
hice entender; pero Daniela afirmó que quería ver
la comedia romántica. Iniciaba en treinta minutos, Terminado el helado caminamos rumbo a la sa-
tuvimos tiempo de comprar las entradas, canchita lida, sujetos de la mano e intercambiando miradas,
y gaseosa, hasta de ir al baño. sonrientes por haber gozado de un grandioso día y
continuando nuestra conversación acerca del film
Hallamos dos asientos en el centro, en esos tiem- que nos sorprendió para bien.
pos los asientos no estaban numerados, los prime-
ros que entraban encontraban los mejores. —Princesa, tengo una carta para ti, le dije antes

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de detener un taxi. Se emocionó y respondió: A ver, tumbre, los mejores momentos a tu lado, suelen
dámela de una vez. deambular en mi cabeza todo el tiempo; pero ahora
he querido enfocarme en cada uno y volver a dis-
Mi plan era entregársela cuando lleguemos a su frutarlos, por eso, decidí hacerlos aparecer uno tras
casa y pueda leerla cuando se encuentre sobre su uno mientras contemplo el techo estrellado de mi
cama; pero no ocurrió así y el taxi se nos pasó. habitación. Me haces falta y resulta natural porque
— ¡Dame! ¡Dame mi carta! Decía como una dul- vivo acostumbrado al hecho de extrañarte; pero
ce niña engreída y yo insistía en querer entregarla justamente en este preciso instante me doy cuenta
cuando lleguemos a su casa. que te veré pronto y una sonrisa se refleja en mi
rostro. Me alegra muchísimo ese hecho, el poder
— ¡La quiero ahora! Dijo con efusividad y no tuve tenernos el uno al otro más tiempo y así gozar de
otra alternativa que dejarla caer sobre su mano. nosotros y crear más momentos que podré volver a
La abrió frente a mis ojos a un lado de la puer- vivir cuando me encuentre otra vez de este modo.
ta principal del centro comercial y me dijo: ¿Me la Estamos próximos a cumplir un año juntos, no
puedes leer? No pude negarme ante esos preciosos puedo creerlo, me asombra la manera como fue
ojos pardos. pasando el tiempo. Hemos vivido tantos episodios,
— ¿Dónde?, ¿Aquí? desde la forma como nos conocimos, atravesando
por complicados ratos, situaciones difíciles y aho-
—Siéntate propuso y nos acomodamos en un ra por fin logrando este anhelado lugar en donde
segundo escalón, donde la gente subía y bajaba a únicamente debemos de seguir amándonos y ser
cada cierto momento. felices. Claro que debo aprobar el examen de tu
madre; pero eso es secundario porque me encanta
Aclaré la garganta y la vi sonreír, de sus ojos
poder verte más seguido y gozar de cada uno de
brotaba un brillo peculiar y el cabello caía hasta la
tus encantos como lo es ese bello cabello ondulado
altura de sus senos, su ondulación perfecta y sus
que siempre me ha gustado, tu amorosa forma de
manos ansiosas se frotaban entre sí. Me vio e hizo
tratarme, el pardo de esos ojos que penetran y ob-
un ademán.
servan mi alma, el humor que a veces sueltas y tu
—Bueno, dije. Sonreí, miré la hoja y comencé a sensata y madura personalidad que definitivamen-
leer. te me fascina. Podía seguir nombrando; sin embar-
go, por el momento me voy a quedar aquí.
—Hola princesa, ¿Sabes? en estos momentos es-
toy pensando en ti. Han aparecido, como de cos- Mi princesa, me has hecho una mejor persona,

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ahora tengo planes como el hecho de publicar un acariciaba su melena y deseaba poder quedarme
libro y me has regalado una inmensidad de gran- así por largo tiempo. Siempre tenía esa sensación,
diosos momentos. la de mantener y hacer perpetuar el momento.
No estoy seguro si fuimos destinados o si algún Abrió los ojos y repentinamente con el humor
mágico acto nos unió, tal vez escapaste del cuen- que la caracteriza añadió: Creo que me dormí.
to de hadas o te imaginé y te saliste de mi mente,
solo sé que estamos aquí y podemos sujetarnos de Tu olor me atrapa, añadió y pude confirmar mi
la mano y recorrer el camino que iremos creando teoría.
dejando en cada paso valiosos instantes, incremen- Vamos yendo, princesa, no quiero que tu mamá
tando nuestro amor y disfrutando de ratos precio- se enoje.
sos.
Sí, tienes razón, vamos avanzando, respondió y
Te amo, princesa y espero que siempre pueda se reincorporó.
sentirlo y continuar recibiendo el amor que sientes
por mí. Terminé de leer y doblé la carta para devol- Caminamos hasta la avenida y detuve el primer
vérsela, adjuntando la tarjeta. taxi que vi. Lo abordamos y nos dirigimos hacia su
casa.
— ¡Eres tan romántico! Dijo con una sonrisa e
inmediatamente se acercó para darme un abrazo Por fortuna su madre no nos esperaba afuera de
ocasionando que por poco me vaya hacia atrás. la casa y tampoco se enteró que llegamos. Bajamos
y entramos al pateo para sentarnos un rato en el
—Te amo, princesa, le dije al oído. muro.
—Te amo muchísimo, precioso, respondió, esta La hemos pasado genial, ¿verdad?
vez viéndome a los ojos y mostrando su linda son-
risa. Sí, precioso. La pasamos bonito.

No me importó que se quedara sobre mis piernas Nos besamos en ese instante.
y sujeta a mi cuello, el ver a la gente pasar y tam- Me alegra que todo ande de maravilla.
poco el tránsito al frente, me concentré en sus ojos
pardos, en la silueta de su sonrisa y el aroma que A mí también, princesa. Me hace feliz que todo
brotaba de su cabello. Recostada sobre mí hombro vaya bien.
luego de nuestro breve palabreo como si el aroma
Volvimos a besarnos; pero nos separamos cuan-
que saliera de mí la hipnotizara y cayera rendida,

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do escuchamos a alguien abrir la puerta. ayudarla. Me nace ser empático, la amo y me pre-
ocupa todo lo que pueda sucederle; pero a veces no
Buenas noches, señora, acabamos de llegar hace tengo las respuestas que de repente necesita para
unos minutos. estar tranquila; sin embargo, trato de regalarle
Qué bueno. Vio el reloj de muñeca y añadió: Creo buenos ratos para que al menos se distraiga o tal
que es tarde, es hora de pasar, hija. vez, mejor aún, sea feliz como lo fue hoy.

Princesa, ve a casa, yo ya me voy. Aparece la idea de hablar con su padre, de pre-


sentarme y mostrarle que su hija necesita de él y
Está bien, te veo luego. Te amo. debería dejar de comportarse como un patán y de-
Yo también te amo. dicarle tiempo. Me llena de coraje su actitud por-
que Daniela lo necesita como cualquier persona de
Hasta luego señora. su edad que necesita del cariño y la atención de un
padre. Además, su mamá trabaja y prácticamente
Hasta luego joven.
no tiene hermano. Soy, quizá, la única persona a su
Llegué a mi casa y lo primero que hice fue echar- lado, muy aparte de sus amigas. Me irrita no poder
me sobre la cama para mirar el techo estrellado y hacer mucho, no tengo la edad ni la madurez social
pensar en lo vivido. para encararlo y decirle lo que pienso, solo imagino
que alguna vez se dará cuenta.
Era uno de mis pasatiempos favoritos, tirarme
sobre la cama y contemplar el techo decorado con Regresa el pensamiento precioso y otra vez me
estrellas que caen, recordando el tiempo vivido a veo junto a mi princesa deambulando por Larco-
su lado, las risas y sus gestos, los abrazos y los be- mar, entonces sonrió y suspiro mientras voy recor-
sos, el aroma que brota de su melena y hasta el dando.
ademán que hizo cuando nos despedimos al final.
Cierro los ojos y continúo el viaje hasta quedar
Me encanta recordar porque siento que vuelve a
dormido.
estar a mi lado y me fascina que su aroma todavía
permanezca en mí como si lo hubiera absorbido y lo —Princesa, mañana cumplimos un año, le dije-
dejara libre al encontrarme solo en mi cuarto.
—Hoy a las doce te llamo para saludarte, acoté
Aparte de los sublimes pensamientos también con una sonrisa.
me apena la situación con su padre, debe ser difícil
lidiar con ello, yo trato de asimilarlo para poder —Eso sería muy bonito, dijo emocionada.

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Le di un beso y la oí decir: Aunque me gustaría —Propongo ir al cine, lancé una idea rápida.
que la pasáramos juntos como el año nuevo.
—No. Ya hemos ido varias veces y hace poco tam-
—Eso sería mucho mejor; pero no quiero arrui- bién. Hay que hacer algo distinto, sugirió calmada.
nar la situación en la que estamos por el detalle
de saludarnos a media noche, no lo tomes a mal, Pensé y respondí: Bueno, tienes razón. ¿Qué pro-
es solo que andamos tan bien que no quisiera que pones?
se malogre, le dije al tiempo que le acariciaba la —Pensemos los dos pues, dijo enseguida.
cabellera.
Me coloqué la mano en el mentón como quien
Silenció por algunos segundos y respondió: Creo piensa haciéndola reír en ese momento.
que tienes razón, es muy riesgoso que salga tan
tarde y aparte, tampoco se vería bien que estés en — ¡Ya pues, sin bromas! Dijo entre risas.
mi casa hasta esas horas. Mi mamá no lo tomaría —Está bien, está bien, respondí con una sonrisa.
de buena manera.
Ambos nos pusimos serios y estuvimos pensan-
—Claro, eso quiero decir. Pero, bueno, de he- do, no estábamos abrazados. Ella se hallaba a un
cho que saldremos y la pasaremos increíble, le dije lado y yo en el otro extremo del mueble, pensati-
mientras continuaba jugueteando con sus pelos. vos, con la tele apagada y lo único que se escuchaba
—Eso no lo dudes. Tiene que ser una gran tarde. eran los ladridos del can.
¿Empezamos a planear? Dijo emocionada y se alejó — ¡Ya sé! Dijo en un instante.
un poco para levantarse del muro donde estábamos
sentados y colocarse al frente. —Dime.
Me levanté colocándome a su lado. — ¿Y si vamos al zoológico? Hace mucho que no
voy. Creo que desde niña, la última vez fui con mis
— ¿Adónde podemos ir? Pregunté sin saber por- padres. Fue cuando todavía no se divorciaban, dijo
que nos habíamos parado. con cierta pena en la última frase.
—Vamos adentro. Ahí hablamos, dijo y entra- —No lo sé, princesa. Está muy lejos; aunque no
mos. es mala idea.
Una vez sentados en el mueble de la sala inicia- No respondió y la vi acongojada.
mos la conversación.
— ¿Todo bien?

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—Sí. Es solo que me acordé cuando fuimos al dime, ¿Y el amor de tu pareja y por los hijos?
zoológico. Era una niña; pero puedo acordarme
de algunos momentos. Éramos una familia feliz y —Es posible que las peleas y diferencias hayan
ahora todo es tan complicado y distinto. hecho que el amor se diluya. A veces suele suceder
hasta en parejas de nuestra edad, creo que pasa
—Tranquila, princesa, le dije y me acerqué para siempre. Sobre los hijos, es un tema que cada uno
abrazarla, dejándose caer sobre mi regazo. lleva en sí mismo. Yo no podría dejar de ver a mis
supuestos hijos.
—Precioso, ¿Por qué se acaba el amor cuando
eres adulto? —Yo pienso que si te casas con alguien es para
toda la vida y si tienes hijos debes de atenderlos y
Fue una pregunta seria, difícil de responder y amarlos.
con una voz triste.
—Yo también pienso igual, princesa. Aparte soy
—Tú y yo hemos tenido problemas y aun así se- muy romántico y no me voy a casar para separar-
guimos juntos y enamorados. No comprendo. Te me, eso me resultaría absurdo. Lo que trato de de-
enamoras, te casas, tienes hijos y luego te quieres cir es que si me caso con alguien voy compartir mi
separar y te alejas de todo lo que decías amar. vida con esa persona, lógicamente y tendré que co-
—Cuando eres adulto las cosas se vuelven dis- nocerla de pies a cabeza como ella a mí, es normal
tintas, le dije luego de escucharla. que vayamos a tener problemas y la idea va a ser
solucionarlos conversando y vivir grandes momen-
— ¿Cómo así? Si el amor sigue siendo el mismo; tos. No me imagino divorciándome de alguien con
aunque el tiempo deba haberlo fortificado y para quien me case.
casarte y tener hijos debes de haber estado plena-
mente enamorado. — ¿Crees que alguna vez nos casemos? Te cuen-
to que a pesar del divorcio de mis padres creo en el
—Estoy de acuerdo con eso. Sin embargo, los matrimonio.
adultos son complicados, es decir; tienen más res-
ponsabilidades. El trabajo, el hecho de llevar di- Me sorprendió escucharla hablar de ese modo,
nero a la casa para mantener a todos y quizá, se su madurez era alucinante. Me encantaba.
llenan de estrés cuando no lo consiguen porque el —Por supuesto, princesa. Si seguimos juntos
trabajo va mal y conlleva a las riñas conyugales nos va a llegar ese momento, le dije con una sonri-
que terminan en las separaciones. sa optimista.
—Lo comprendo claramente, precioso. Pero,

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—Por eso te amo. Tienes pensado amarme siem- — ¿A cuál?
pre.
—Larcomar pues. Y de pasada paseamos. Sabes
—No lo dudes ningún instante, princesa. que me gusta caminar a tu lado.
Nos miramos fijamente y nos dimos un beso. —Genial. Ya tenemos todo planeado, precioso.
—Voy por agua, dijo después. —Sabes precioso, es curioso. Antes yo era quien
improvisaba y ahora soy quien planea, dijo de re-
Al volver añadió: Bueno, parece que nos fuimos pente y esbozó una sonrisa.
por la tangente. Acordemos lo de mañana.
—A veces es bueno hacer planes y es mucho me-
Preferí evitar la visita al zoológico. jor cuando se realizan con alguien especial, le dije
— ¿Te parece si vamos a comer algo? Tipo una mirándola a los ojos.
cena romántica. —Qué lindo. Tienes razón, añadió con ternura.
— ¿Con velitas? Otra vez nos besamos. Acaricié su rostro e inter-
Lo dijo de una manera tan dulce que se hizo im- cambiamos sonrisas.
posible no sonreír. —Te amo, princesa.
—Por supuesto, princesa. —Te amo, precioso.
—Me gusta, me gusta; pero, ¿Qué haríamos des- Nuevamente nuestros labios convergieron.
pués?
—Te voy a ganar en el bowling, dijo enseguida
—Pues, no existen muchas opciones. Esta el con una sonrisa de niña traviesa.
cine, ir a pasear o entrar algún centro comercial a
entretenernos. Solté una breve risa y respondí: Es posible, hace
mucho que no juego; pero voy a hacer mi mayor
— ¿Y si jugamos bowling? esfuerzo por vencerte.
—No lo sé. —Eso también tenemos común, yo tampoco jue-
—Ya pues, yo quiero jugar bowling. ¡Acepta! go hace mucho.

Volví a sonreír y añadí: Está bien, luego vamos —Lo importante es que vamos a divertirnos, le
a jugar bolos. dije sonriente.

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—Claro, eso no lo dudo; pero también tiene que —Y entonces, mañana sabremos quién será el
haber un vencedor y esa voy a ser yo, lo dijo con vencedor, le dije.
mucha seguridad.
—Claro. Trae vasos, por favor. Justo ahí en el
—Vamos a ver qué sucede, de repente doy la sor- repostero, dijo y enseguida fui a coger un par de
presa y termino ganando, dije sonriendo. vasos.
—Pregúntale a Kelly, Claudia, Johana, yo soy la El jugo estaba delicioso, el mango es la fruta más
mejor en bowling, dijo con suma seguridad. rica que existe.
—Como te dije, mi amor. Vamos a ver qué pasa, —Como me encanta el mango, dije al beber.
en la cancha se sabrá quién ganará.
—Lo sé, por eso lo compré y lo puse a helar. Sé
—Veremos, veremos. Mientras, ¿Quieres jugo? que te encanta tomarlo heladito.
—Si, por favor. —Me conoces, dije y acoté: Muchas gracias por
comprarlo. Este es el mejor jugo que existe en el
—Acompáñame a la cocina. universo.
Nos levantamos del mueble y caminamos hacia —Admito que antes no me gustaba; pero le estoy
la cocina. Daniela abrió la refrigeradora mientras agarrando el gustito, respondió luego de beber.
la miraba estático a un lado; pero con una gran
sonrisa en el rostro. —Me fascina, dije y volví a servirme otro vaso.
— ¿De qué te estás riendo? Daniela me miraba sorprendida como pensando,
¿Tanto le gusta? Y yo la veía de reojo al tiempo que
—Igual te voy a ganar, tonto. volvía servirme. Claro que luego sonreía y añadía
Volví a sonreír, esta vez se me escapó una risa. lo siguiente: Muchas gracias por comprar este jugo
tan delicioso. Entonces, sonreía para asentir con la
—Me causa cierta alegría tu seguridad. cabeza.
—Ya, ya, no la barajes, igual vas a perder, dijo y —Está demasiado rico, le dije al terminar el últi-
sacó una botella de zumo de mango. mo vaso. Quedé satisfecho; aunque todavía queda-
— ¡Qué rico! Me encanta el mango. ba un poco en la botella.

—Lo sé, por eso la compré. —Estoy equivocada, no solo te encanta. ¡Eres

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adicto al jugo de mango! Dijo tan eufórica que re- pararme para ayudarla; pero dejaría caer a Danie-
sultó demasiado gracioso, al punto de gritar de la la. La señora dejó todo a un lado y nos vio. Ella
risa. todavía descansaba en mi cuerpo y yo miraba a la
señora con rostro de niño inocente.
Ella también comenzó a reír de la misma forma.
Y al detenernos volvimos al mueble. Resolví saludarla, contestó de igual manera y
Daniela abrió los ojos para reincorporarse de inme-
— ¿Qué canal pongo? diato y saludar a su mamá.
—El que gustes, princesa. Por mi parte, me acerqué para ayudarla con las
— ¿Dibujitos? Sugirió con una sonrisa. bolsas, las cuales llevé a la cocina sintiendo que me
ganaba unos puntitos porque escuché su agradeci-
—Prefiero una película, ¿Te parece bien? miento sincero.
—Veamos que están dando pues, dijo y empezó Al regresar, ambas se encontraban conversando,
a buscar canal tras canal algo interesante que ver. me hice el desentendido y volví a sentarme en el
— ¡Genial! Están dando Dragon Ball Z, dije mueble; aunque sentí que debía haberme quedado
emocionado. parado.

—Deja, deja, no cambies, añadí al instante. Su madre le dio un beso en la frente y avanzó
hasta las escaleras. Antes de subir dijo: Hasta lue-
Sonrió y colocó el control remoto a un lado. En- go, joven. Hasta luego, señora, respondí instinti-
seguida, se dejó caer sobre mi pecho y la abracé. vamente y Daniela volvió a mi lado luego decirle:
Buenas noches, mami.
Vi muy atento la pelea entre Goku contra Freezer
creyendo que Daniela hacia lo mismo; pero descan- ¿Seguimos como estábamos? Propuso y resolvió
saba apaciblemente. echarse del mismo modo sin esperar una respuesta.
Oía su respiración y le acariciaba la nuca mien- Para entonces la batalla entre Goku y Freezer se
tras contemplaba mi anime favorito. ponía muy interesante y se lo comentaba a Danie-
la, quien afirmaba escucharme; aunque poco a poco
De pronto, alguien abrió la puerta y no tuve
respondía con menos elocuencia, hasta el punto de
tiempo de reaccionar, era su madre quien ingre-
quedarse complemente dormida.
saba cargando bolsas de supermercado, la cartera
cayendo del brazo y evidenciando cansancio. Quise —Preciosa, mira, ahora es cuando Goku se con-

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vierte en super saiyajin, le conté y moví levemente versidad y vimos juntos las notas en la Internet.
su cuerpo; pero fue inútil. Verla como egresada me llenó de alegría, me sentí
orgulloso de mi novia y le di un abrazo amoroso.
—Bueno, de igual manera ya lo viste. ¿Quién no Su madre también sonrió de alegría, se sentía más
lo ha visto? orgullosa y lloraba de la emoción. Es verdad que
Continué observando la televisión hasta que ter- su padre llamó para felicitarla; pero no se presentó
minó el capítulo y el locutor dijo que nos veríamos para saludarla. Sin embargo, eso no afectó a Danie-
la próxima vez. la, quien brillaba y brotaba alegría. Pasamos una
tarde magnifica, luego llegó Kelly junto a Manuel y
Maldije creyendo que darían otro. Me quedé con el resto de sus amigas. Su madre nos invitó un lon-
ganas de seguir viendo a pesar que sabía lo que che que consistía con panes con pollo y harto zumo
pasaría porque lo he visto un centenar de veces. de durazno. Todos publicamos felicitaciones en su
Aun así siempre me encanta volver a ver esa épica Facebook y sus otros amigos hicieron lo mismo, ya
batalla. lo utilizábamos más seguido, ya se hacía más inte-
No quise despertarla, se veía cómoda durmien- resante incursionar por allí.
do, a pesar de no estar estudiando debía de levan- Mi princesa descansa porque se lo merece y yo
tarse temprano para sacar a pasear al perro, quien me siento honrado de tenerla cerca, acaricio su me-
comenzaba a ladrar desde el amanecer por salir a lena ondulada y recuerdo la proposición de casar-
deambular. nos alguna vez, me resulta un tanto loca y a la vez
La universidad iniciaba en Julio, todavía le que- graciosa; pero no deja de ser una verdad interesan-
daba tiempo para andar realizando quehaceres ru- te como lo fue mi respuesta. Si seguimos juntos nos
tinarios, incluyendo el verme los fines de semana. va a tocar y fui honesto al decirlo.

Había ingresado a la universidad en un pues- Daniela se movía y se acomodaba mejor sobre


to considerable, la admiraba por haberse dedicado mi pecho, con las manos juntas y el cabello que le
cierto tiempo a estudiar y el hecho de entrar fue el cubría parte del rostro. No intentaba quitárselo
logro consecuencia del esfuerzo. porque no quería despertarla, me gustaba verla
dormir. La televisión seguía encendida y bajé lige-
Recordé cuando me dio la noticia al tiempo que ramente el volumen mientras buscaba algo que ver.
seguía acariciándole el cabello tan leve como podía.
Ella estaba emocionada, fue de las emociones más Buscando en los canales iba asimilando ese mo-
grandes que tuvo, la esperé a la salida de la uni- mento grandioso. A veces me daba por dudar si era
real, no podía creer que estar en su casa, teniendo a

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su madre arriba en su cuarto y a Daniela acostada y no olvidara de hacer lo mismo con la reja. Está
sobre mi regazo, fuera a ser algo verdadero; pero lo bien, princesa, le dije y la vi subir las escaleras.
era y eso me alegraba al punto de esbozar una gran Enseguida, me marché.
sonrisa y dejar liberar algunas risas, tan suaves
que no iban a levantarla. Estaba contento de todo Le envié un mensaje de texto a la media noche a
lo que iba sucediendo y no sabía cómo expresarlo, pesar que sabía que no contestaría porque andaría
solo trataba de ser un buen novio. soñando.

—Precioso, ¿Cuánto he dormido? Fue lo primero “Feliz 12 meses juntos, mi princesa. Sabes que
que dijo al abrir los ojos y estirar los brazos. te amo demasiado y espero seguir compartiendo
muchos más momentos a tu lado. Me haces sentir
—Varios minutos, princesa, respondí cálidamen- afortunado y feliz. Te amo y te voy a amar el resto
te y palpé suavemente sus mejillas. del tiempo”.
—Olí tu perfume y me enganché con el sueño, Por la mañana respondió: ¡Gracias, precioso!
dijo con cierto humor. ¡Feliz aniversario! Yo también te amo con todo mi
corazón.
—Mi aroma tiene ese afecto, le dije con gracia.
Al ver su mensaje decidí llamarla.
—Lo admito, añadió con una sonrisa y se levan-
tó del mueble abriendo los brazos y bostezando. — ¡Mi amor, feliz aniversario!
—Sigues con sueño, princesa. Mejor ve a descan- — ¡Feliz aniversario, precioso!
sar para que mañana estés con energías renova-
das. —Doce meses juntos, princesa, dije soltando un
suspiro
Asintió con la cabeza.
—Doce meses aguantándote, añadió entre risas
—Sí precioso, me voy a la cama, dijo al instante.
Yo también comencé a reír y le respondí con hu-
Se acercó lentamente y mientras lo hacía abría mor: Eso debería decir yo.
los brazos para capturarme con el abrazo.
Daniela rió y acotó: ¿Cómo haremos más tarde?
Te amo, me dijo al oído. Yo también te amo, prin-
cesa, respondí de inmediato. —Pues, ¿A qué hora te busco?

Después del beso pidió que cerrara la puerta —A las cinco estaría bien

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—Mejor a las cuatro y media Daniela salió de casa, se encontraba hermosa,
el cabello ondulado brillaba con intensidad, lige-
—Creo que tienes razón. A esa hora me buscas, ramente húmedo y resbalando por sus hombros.
precioso Suéter y jeans que combinaban a la perfección, ra-
—Listo, princesa. En eso quedamos entonces. Te diante como de costumbre caminaba hacia la reja
amo mucho, te veo por la tarde mostrando su mejor sonrisa y transmitiendo emo-
ción.
—Genial, precioso, te espero más tarde. Te amo,
besitos. Cuando abrió la reja me acerqué un par de pasos
y seguido de una sonrisa le dije: Son para ti, prin-
Terminada la llamada resolví alistar todo para cesa.
más tarde. Es verdad que habíamos planificado lo
que haríamos; pero no le conté un pequeño secreto. Se llevó las manos a la boca y elevó las cejas tan
alto como pudo; pero se veían los extremos de su
Era una idea que me emocionaba bastante, sonrisa y su madre, que salía para seguramente
siempre fui detallista, es algo que no cambia, dis- preguntarme por la hora de llegada, se ganaba con
fruto expresándome con detalles que hagan sonreír el detalle de las rosas. Cogió el ramo y me abrazó
a la otra persona. Es otra de mis maneras de decir tan veloz como pudo y sentí que no debía decirme
te amo. nada porque el calor del abrazo era más enfático
Salí de casa quince minutos antes de la hora que cualquier palabra. Sin embargo, repitió varias
acordada. Llegué puntual a su casa y toqué el tim- veces lo mucho que me amaba haciéndome sonreír
bre un par de veces manteniendo el brazo izquier- de alegría.
do oculto. Su madre me miró admirada, como si por fin en-
Daniela salió por la ventana del segundo piso, tendería mis intenciones, como si dentro de su ca-
raro en ella y enseguida, gritó: ¡Bajo en cinco mi- beza la idea que los chicos suelen pasar el rato se
nutos, amor! Le sonreí y dejé que leyera mis labios: desvanecía para aceptar que amaba a su hija. Es-
Está bien, princesa. bozó una sonrisa como cuando una madre se siente
alegre por la felicidad de su hijo y se llevó las ma-
Me puse más nervioso cuando noté que algunos nos a la cara.
vecinos curiosos me observaban sonrientes, hice
caso omiso a las miradas y sonrisas y continué es- La saludé agitando la mano y teniendo a su hija
perándola. Esos cinco minutos parecieron horas y aferraba a mí, respondió de la misma manera y
el brazo oculto se empezaba a agotar; pero debía simplemente, volvió a entrar a la casa.
seguir manteniéndolo de ese modo.
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—Todavía tengo una sorpresa más para ti, le Sonrió y añadió: Me encanta este juego. Vio to-
dije e inmediatamente agrandó la sonrisa. dos los papelitos y quiso juntarlos para poder des-
cifrar la frase. Le resultó curioso que hayan sido
—Toma, le entregué un papelito. cada vez más grandes.
Lo abrió y leyó la letra O. —Falta una letra, dijo con una dulce sonrisa.
—Ven, le dije sujetando su mano y caminamos —La tienes tú, le dije sonriente y rápidamente
un par de pasos. rebuscó en los bolsillos traseros de su jeans hallan-
Nos detuvimos, me acerqué a un lugar, saqué do el restante.
algo debajo de una piedra y volví a entregarle otro —Lo puse en el momento del abrazo, confesé y vi
papelito, esta vez algo más grande. que abrió el papel haciéndolo enorme.
— ¿Y ahora? Dijo sorprendida y al abrirlo vio —Te amo, leyó todas las letras juntas y en ese
que decía la letra: T. momento le pedí que se acomodara en la banca y
Sonrió y le dije: Sigamos avanzando. Llegamos a se diera la vuelta un segundo. Hizo caso a mi peti-
la acera que daba inicio al parque. ción y al retornar vio un enorme cartel que decía:
Te amo. Lo tenía cogido por ambos extremos y se lo
—Un momento, parece que hay algo aquí, le dije. mostraba sonriente. Sus ojos brillaron e inmedia-
—Pero yo no veo nada, aseguró y es que en rea- tamente fue a abrazarme con bastante emoción y
lidad solo se veía la vereda. dulzura.

—Aquí, le dije y de mi bolsillo saqué otro papeli- —Te amo, precioso, lo repitió varias veces al
to, esta vez un tanto más grande. tiempo que besó mis mejillas. Luego mis labios.

—Es la letra M, afirmó con una sonrisa. — ¡Qué bonito juego! ¡Qué lindo detalle! Repitió
y sonreí emocionado porque le había gustado.
—Sigamos caminando, sugerí y retomamos el
rumbo hasta llegar al centro del parque. —Llegué algunos minutos antes y escondí los
papelitos en diversos lugares, le comenté con una
—He visto algo en este poste, le comenté obser- sonrisa.
vando el poste de luz que suele iluminar por la no-
che. Me dijo un montón de palabras bonitas que dis-
fruté y archivé tanto en el corazón como en la men-
Abrí el papel, mucho más grande que los otros y te.
pudo leer la letra: E.
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—Y bueno, me alegra que te haya gustado la mi lado. Me encantaba tenerla cerca, podía jugue-
sorpresa, princesa. tear tiernamente con su melena, inhalar el olor que
irradia, acariciarla por momentos, darle unos besos
—Por supuesto. ¡Me encantó! Haces que te ame en las mejillas previamente rozadas y susurrarle
mucho más, respondió entusiasmada y empezamos palabras de amor cada cierto tiempo.
a caminar.
El taxi se detuvo. Después de pagar abrí la puer-
—Un momento, precioso. Antes de ir quiero de- ta y le sujeté la mano para ayudarla a bajar.
jar estas cositas en mi habitación, dijo con una son-
risa. Llegamos, dije. No hemos tardado, comentó. De
repente no sentí el paso del tiempo por andar recos-
—Ve, princesa. Te espero aquí, dije y apresuró tada en tu pecho, añadió y sonrió.
la marcha.
Le sonreí y añadí: Vamos adentro. Ojala el
Volvió sonriente, dando pasos agigantados y ha- Bowling no esté copado.
ciendo que el cabello se moviera para encantarme.
Nos cogimos de la mano y caminamos. No siempre está lleno, dijo y empezamos a cami-
nar.
Paramos en la avenida y detuve un taxi. Arreglé
con el taxista y entramos al auto. El tipo que resguarda la entrada nos saludó con
amabilidad y descendimos por las escaleras hasta
Gracias por la sorpresa, estuvo recontra bonita, el primer piso. Lo hicimos ligeramente veloz, quizá,
dijo mientras avanzábamos. Descuida, princesa. creyendo que no hallaríamos pista libre; aunque
Se me ocurrió ayer por la noche, me alegra que te Daniela estaba confiaba. Era ella quien había ido
haya gustado tanto. más veces, yo lo he hecho una o dos (y cuando era
Me dio un beso y se acomodó sobre mi regazo, niño).
era su lugar favorito. Entramos al Bowling y reconocí el pasaje oscuro
No estábamos apurados, tal vez antes hubiera con adornos de luces fosforescentes, cruzamos y vi
sido desastroso detenernos en el tráfico porque ten- de lejos la zona de billar, doblamos a la izquierda y
dríamos los minutos contados. Ahora que su madre nos acercamos al módulo de atención.
le permite estar conmigo puedo estar confiado que Vimos las pistas y notamos que la mayoría se
no importa cuánto tardemos en el embotellamiento hallaban desocupadas, lo que nos hizo alegrarnos.
vehicular. Es más, Daniela ni lo sentía, no se había
quedado dormida; pero estaba cómoda acostada a Una agradable muchacha nos atendió y rápida-

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mente nos encontramos sobre un mueble colocán- Se lo hice saber para que se sintiera más conten-
donos los chistosos zapatos. ta y prometió enseñarme a jugar cuando volvamos
a venir. Salimos del Bowling entre risas y sonrisas,
Enseguida, nos indicaron cual sería nuestra pis- también con el estómago pidiendo comida.
ta y fuimos para allá.
— ¿Adónde vamos a comer? Preguntó Daniela
Una vez listos iniciamos el juego. frotándose la barriga en un acto chistoso.
Juega tú, preciosa, le dije al hallarnos listos. —Pues, he reservado una mesa en un restauran-
Está bien, respondió y sonrió. Cogió la bola, se pre- te cercano, le dije y sonreí con aires de galán.
paró y la lanzó. Me sorprendió que en primera ins-
tancia derribara todos los pinos. — ¿En serio?
¿Ya ves? Dijo mirándome a los ojos, elevando las —Claro princesa. Te dije que tendríamos una
cejas y sonriendo de un modo muy singular, que preciosa mesa decorada con velas.
terminó por parecerme gracioso.
— ¡Qué hermoso! Dijo enseguida y emocionada
Cuando me tocó lanzar imité los primeros pasos por llegar apuró el paso.
que realizó; pero la bola se fue por un lado directo
al fondo. Daniela, detrás de mí, no dejaba de reír — ¡Vamos!, ¡Vamos! Repitió entusiasmada y me
mientras aplaudía mi intento. sujetó de la mano para avanzar a pasos acelerados.

Bueno pues, es mi primer tiro, a la otra la hago Llegamos a un restaurante, ingresamos y nos
bien, respondí con una sonrisa. Daniela me vio, se acomodamos en una mesa siendo guiados por un
levantó para tirar y añadió: Estoy segura que sí. distinguido camarero, quien al notar que estába-
Me dio un beso y se preparó para tirar. mos conformes nos entregó las respectivas cartas.

El tiempo que pasamos jugando Bowling se pue- Regreso en un momento para sus pedidos, dijo
de definir del siguiente modo: Masacre. cortés y se marchó.

Caí derrotado ante Daniela, quien, ante mi —Amor, está lindo el lugar; pero siento que le
asombro, jugaba extraordinario. Por un momento falta algo, dijo Daniela, quien miraba hacia todos
pensé que se trataba de mera confianza y de repen- lados.
te en un ataque de inspiración lograría igualar el —Dame un minuto, le dije, me levanté de la
marcador; pero la realidad es que me ganó y lo hizo mesa y me acerqué al mozo, quien deambulaba por
con contundencia. otros lados.

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—Ya está arreglado, le dije al volver y comencé a —Tienes razón, princesa. Cogí el tenedor y de-
mirar la carta con mayor detenimiento. gusté.
El mozo regresó, colocó las velas sobre la mesa y — ¡Está buenazo! Dijo Daniela, luego de probar.
preguntó: ¿Ya están listos para pedir?
La cena, bien lo dijo ella, estuvo exquisita. Que-
Daniela se sintió maravillada con el detalle de damos satisfechos y los platos vacíos.
las velas y dijo su pedido. Acto seguido, hice lo mis-
mo. —Creo que lo mejor será caminar para bajar la
comida, propuse luego de beber el refresco.
Cuando el camarero se fue sujetamos nuestras
manos por encima de la mesa y sonreímos mien- —Estoy de acuerdo, precioso. Caminar nos hará
tras nos observábamos enamorados con los ojos ilu- bien.
minados. Levanté la mano y llamé al mozo para que me
—Me encanta como está yendo este día, dijo y diera la cuenta.
sonrió para fascinarme. —Precioso, ¿y si tomamos un vinito? Digo, para
—A mí también, princesa, le dije y le devolví la celebrar.
sonrisa. Seguimos cogidos de las manos hasta el Su petición resultó peculiar, no lo imaginé de su
regreso del camarero. parte; pero me gustó.
—Sus platos, dijo de un modo muy amable y pro- No sé cuánto me va a costar un vino en este lu-
siguió a dejarlos. gar, pensé.
—Se ve delicioso, eh, le dije frotando las manos —No toda la botella, solo un par de copas, aña-
y mostrando mi lengua. dió al instante y su rostro se tornó color tomate.
—Sí y yo que muero de hambre, respondió tam- —Buena idea, princesa. Voy a decirle y en el mo-
bién frotándose las manos. mento en que volvió le dije lo que queríamos.
—Hay varios cubiertos, no se cual usar, le co- No tenía idea acerca de vinos, por eso dejé que
menté y añadí una breve carcajada. el camarero me influenciara un poco. Una vez deci-
—Supongo que la cuchara es para la sopa; pero dido le dije que trajera un par de copas del mismo.
no hemos pedido sopa, entonces utiliza el tenedor, —Una cena romántica con velitas y vino, tú al
dijo de un modo muy lógico.

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frente y una maravillosa sorpresa que tuve al salir ¿Adónde vamos, precioso?
de casa. Todo es perfecto, dijo sonriendo, con los
ojos brillosos y el rostro más tierno que pude ver. —Pues, no lo sé. Supongo que a caminar por ahí,
sugerí.
—Es lo que mereces, princesa, respondí rápi-
damente, le sonreí y volvimos a sujetarnos de la —Vamos al Parque del amor, sugirió y me pare-
mano por encima de la mesa, intercambiando mi- ció una excelente idea.
radas que decían mucho más que las palabras. Salimos de Larcomar y nos dirigimos hacia allá.
—Su copa, señorita, interrumpió el mozo. Las luces de los exteriores se encendieron minutos
antes de subir, por ello, decidimos quedarnos un
—Y la suya, caballero. Añadió con solemne edu- rato para contemplar el parque. Anduvimos dan-
cación. do algunas vueltas y nos detuvimos en algunos lu-
gares para sacarnos algunas fotografías. Daniela
Nos miramos emocionados al ver nuestras copas siempre llevaba su cámara, a todo lugar que íba-
de vino. mos le sacaba foto, era uno de sus pasatiempos.
— ¡Salud por nuestro primer año juntos! Propu- Cada vez que salíamos, aparte de tener recuerdos
se emocionado. en la mente los llevábamos también en físico.

— ¡Salud por eso! Dijo ella y brindamos. Alguna que otra foto iba a caer en Facebook, an-
tes no lo hacíamos tan seguido como ahora que se
—Me gusta, dijo Daniela luego de beber un sor- estaba poniendo de moda.
bo.
Llegamos al Parque del amor y nos acomodamos
—Sí, está bueno. en una de las tantas bancas. Quisimos sentarnos
De nuevo chocamos nuestras copas y volvimos a cerca a la estatua, de hecho, no podíamos emular la
beber. pose; pero se nos hizo divertido imaginarlo.

Terminado el vino nos sentimos complacidos. Daniela siempre tuvo buen sentido del humor,
Resolvimos levantarnos; Daniela se dirigió a los cuando estaba contenta lo explotaba mucho mejor,
servicios mientras que yo pagué la cena con lo re- me encantaba.
caudado de las propinas de las últimas semanas. Ella se refugiaba en mis brazos, teniendo su
Cuando ella regresó la cogí de la mano y salimos cabeza a la altura de mi pecho y echada sobre la
del lugar conversando acerca de la comida y el vino. banca. Yo estaba sentado, con las piernas abiertas

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cayendo a los lados y cubriéndola con los brazos. y se acurrucó como una tierna niña. Tengo mucho
Estuvimos largo tiempo en silencio, observando las frío, repitió un par de veces; pero cuando cerré las
estrellas y la luna, a veces también la estatua y ventanas y la abracé dejó de sentirlo. A tu lado me
a la gente andar, pensando en el maravilloso he- siento cobijada, añadió con una sonrisa. Le di un
cho de tenernos, de haber logrado concretar doce beso en la nuca y le dije: La hemos pasado chévere,
meses juntos y por ratos le besaba el cabello y la ¿Verdad? Por supuesto, precioso, respondió ense-
escuchaba sonreír, también oía el cosquilleo que le guida. Me encantó la sorpresa, me fascinó la cena
ocasionaba. Le besaba el cuello levemente y de pa- y ahora que iremos a tu casa a echarnos sobre la
sada las mejillas, nuevamente sonreía y se sentía cama me va a gustar estar abrazada a ti escuchan-
intimidaba, entonces decía: No, precioso, ahí no. Y do nuestras canciones favoritas, dijo con honesti-
yo entendía que era su debilidad. Nos quedamos dad y dulzura.
de ese modo por un buen tiempo, a veces mudos
y otras veces charlando y recordando experiencias Ya quiero tenerte a mi lado sobre la cama, le dije
pasadas como lo fueron cada uno de los meses vivi- y volví a besarle la melena ondulada que olía ex-
dos y los distintos gratos momentos que pasamos. quisito.
Luego de pasar un buen tiempo sentados sobre una Además está haciendo mucho frío como para se-
banca de dicho parque quedamos en seguir cami- guir caminando, acoté mientras que el taxi avan-
nando. zaba luego de estar parado algunos minutos en el
— ¿Y si vamos a mi casa? Pues, nos echamos tráfico.
sobre la cama, escuchamos música y miramos las En la siguiente esquina a la derecha, le indiqué
estrellas, le propuse mientras andábamos sin des- al chofer ya estando cerca y saqué de mi billetera el
tino. último billete que quedaba.
— ¡Genial, precioso! Vamos a tu casa. Además, Recibí el vuelto, el auto fue por donde dije y lle-
empieza a hacer frío y no estoy muy abrigada. gamos a mi casa.
Daniela siempre fue friolenta, a pesar de llevar Bajemos, princesa, le dije. Daniela abrió los
un suéter sentía frío. De repente porque había de- ojos, había caído en un breve letargo, suele suceder
jado de abrazarla y caminábamos con las manos cuando inhala mi aroma.
agarradas teniendo al viento en contra.
Por suerte, al bajar del carro, mi vieja se encon-
Enseguida, detuve un taxi y lo abordamos de in- traba en la ventana, nos vio y descendió para abrir-
mediato. Dentro del auto se recostó sobre mi pecho nos la puerta.

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Entramos tan rápido como pudimos para que no Lentamente me acerqué para darle un beso;
le diera el aire y una vez dentro saludamos a los pero cogió mis mejillas llevándome a sus labios. Me
presentes en la mesa. encantaba cuando hacía eso.
—Ya me enteré que hoy cumplen un año, dijo mi Caímos sobre la cama al tiempo que nos besába-
vieja emocionada y abrazó a Daniela con mucho mos. Su melena ondulada le cubría los ojos y se la
cariño. quitaba con las manos.
—Gracias, señito, respondió ruborizada. —Voy a cerrar la puerta y poner música, le dije
luego del beso.
—Venimos de celebrar, estuvimos en Larcomar,
comenté mientras saludaba a mis viejos. —No te demores, precioso, respondió rápida-
mente.
—Sí. Fuimos a pasear y luego a cenar, añadió
Daniela, ahora entusiasmada. Sintonicé una lista de canciones de Alejandro
Sanz luego de cerrar la puerta y volví para esta vez
— ¡Qué chévere! Seguro la pasaron bacán, dijo ser yo quien se encargue de sus labios.
mi Mamá haciendo relucir su carisma.
Mientras nuestros labios se fundían en el beso
—Sí, fue una cena romántica muy bonita, contó comenzaba a desabrochar, muy sigilosamente, el
Daniela emocionada. pantalón jeans que impedía el acceso al paraíso. Y
—Qué bueno, qué bueno, me alegra que hayan cuando lo hice al fin, me detuve para contemplar-
cumplido un año. Hacen una linda pareja, dijo mi la, el pardo de sus ojos brilló con más intensidad y
madre igual de contenta. pudo decirme te amo tan solo con mirarla. Es curio-
so que ella también haya escuchado lo mismo con
Daniela agradeció y sonrió. Subimos a mi habi- tan solo observarme. Retomamos el beso y termi-
tación y dejamos que sigan cenando. namos por desnudarnos.
—Qué linda es tu mami, dijo mientras entrába- Una atmósfera llamada amor creció y nos cu-
mos al cuarto. brió. Nos deseábamos; pero ninguno lo dijo, solo lo
—Te tiene mucho cariño, le dije y sonrió. expresábamos. Las caricias dejaron de tener lími-
tes y los besos se volvieron más intensos. Sumergi-
—Me da gusto saberlo, añadió después de un dos en un libido perpetuo nos amamos con mayor
momento y se acomodó al filo de la cama. efusividad que antes, expresando corporalmente lo
que nuestros corazones gritaban.

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No hubo palabras, sino besos, abrazos, caricias Llegamos y para suerte nuestra su mamá no es-
y miradas, corazones que latían al mismo tiempo taba esperándola en la puerta con rostro de pocos
y ganas de querer hacer perdurar el momento por amigos. Salió cuando tocó el timbre. La saludé con
siempre. amabilidad y ofrecí disculpas por la demora. Asin-
tió con la cabeza y nos despedimos con un cordial,
Nos mantuvimos echados y abrazados obser- buenas noches.
vando el techo estrellado mientras que se oía “La
fuerza del corazón” y entonces hablamos para de- De Daniela me despedí con un dulce beso y un
cirnos casi al mismo tiempo: Te amo. Una sonrisa y abrazo caluroso.
una mirada se agruparon y un beso tierno también
apareció. Te amo, se lo dije al oído mientras la abrazaba.
Yo también te amo, precioso, respondió y mientras
Y así estuvimos, sobre la cama y contemplando entraba a su casa agitaba la mano enseñándome su
las estrellas que cuelgan, entrelazados en el abrazo sonrisa. Hice lo mismo hasta verla ingresar y luego
y escuchando, por instantes, nuestros latidos. La caminé hasta mi casa.
música se acabó y solo oímos pálpitos de corazones
enamorados que se contaban de ese modo lo mucho Cerca a la casa me encontré con Manuel, quien
que se amaban. hincó mi hombro; pero no me hizo girar como un
idiota para el lado contrario donde apareció.
Tiempo después, Daniela recibió una llamada.
Era su madre quien preguntaba por su ubicación. ¿De dónde te vienes? Le pregunté luego de estre-
Ya estoy yendo, estamos a punto de tomar un taxi, charle la mano.
le dijo para que se calmara. Me agradó que me co- De la casa de Kelly, estuvimos viendo películas y
mentara que no se hallaba enojada, solo algo pre- comiendo canchita, lo dijo emocionado como cuan-
ocupada. Resolvimos vestirnos y salir rumbo a su do estás enamorado y pasas un buen tiempo con tu
casa. chica.
Sabes princesa, es una de las pocas veces que Que chévere. Yo vengo de la casa de Daniela, hoy
estamos en mi casa y luego puedo ir a dejarte. Da- cumplimos un año y fuimos a diversos lugares.
niela sonrió y añadió: Sí, es lindo porque podemos
estar juntos unos minutos más. Decidimos cami- Que bacán, justo Kelly me estaba contando. Mis
nar en lugar de tomar un taxi y abrazados nos di- felicitaciones, eh. Luego se lo haces saber a Danie-
rigimos hacia allá. la. Gracias, yo le digo. No puedo creer que tengamos
un año, parece que fue ayer cuando la conocí; pero
estamos mejor que nunca, eso me tiene contento.

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Chévere. Lo poco que sé es por Kelly y por lo tro primer año juntos, le escribí acotando varios
que me has contado; pero que bacán que todo esté emoticones.
mejor que nunca.
—Sí, mi amor. Nos divertimos mucho, todo estu-
Llegando al parque Tulipanes, por donde se vo genial, escribió.
encuentran nuestras respectivas casas, la de él a
unas cuadras a la izquierda y la mía de frente, nos —Me gusta acostumbrarme a pasarla estupendo
detuvimos un instante antes de despedirnos. a tu lado, mi princesa, respondí rápidamente con
un rostro sonriente.
Oye hay que coordinar para salir de nuevo en
grupo, dijo Manuel aun manteniendo su entusias- No respondió hasta dentro de varios minutos.
mo. Ya pues chévere, coordinamos por MSN, le —Disculpa la demora, mi Papá me llamó al celu-
respondí haciendo un ademán de teclear. Listo, ha- lar, dijo sin añadir emoticonos.
blamos, contestó, nos estrechamos la mano y cada
uno se fue por su camino; pero curiosamente nos — ¿Y qué tal te fue?
reíamos mientras andábamos, siempre ocurre, uno —No estoy segura. Estuvo raro, peor que antes.
se ríe de todo. Como que medio cariñoso al inicio y después se
Lo primero que hice al llegar a casa fue apagar puso serio. Quiere hablar conmigo; pero no quiso
la computadora, cambiarme de ropa y echarme so- adelantarme nada.
bre la cama. Estaba completamente agotado. —Lo extraño; pero no quise decírselo, añadió en-
El día siguiente por la tarde nos topamos en el seguida.
MSN. Preferí no interrumpir, porque sentí que quería
—Hola princesa, ¿Qué tal?, Escribí con algunos seguir escribiendo.
emoticonos de corazones. —De repente me va a venir a buscar, saldremos
—Precioso, todo genial. Acabo de almorzar, res- a pasear, tomar helados o ir de compras , se va a
pondió con emoticonos graciosos. portar bien y tendremos momentos chéveres, dijo
al rato.
—La pasamos chévere ayer, ¿verdad? Añadió al
instante, esta vez con emoticonos de corazones. —Y eso es bueno, princesa. Al menos va a venir
a verte y como dices, tendrán unos momentos ché-
—Por supuesto, princesa. Estuvo increíble, tuvi- veres. Disfruta de eso.
mos una gran tarde. Festejamos maravilloso nues-

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—Sí, tienes razón. A pesar que nos veamos poco Continuamos chateando durante el resto de la
debo de valorar estos ratos. tarde. Luego se desconectó e hice lo mismo tiem-
po después; aunque quedamos en vernos al día si-
—Ve y pásala de lo mejor. Apuesto que tu Papá guiente. Kelly le había dicho para salir a pasear en
tiene ganas de estar con su bella hija y darle algu- pareja, la idea le pareció estupenda, por eso me la
na sorpresa, que se yo, imagino que quiere pasarla hizo saber antes de despedirse y yo acepté gustoso.
chévere contigo, dije animándola y agregué varios
emoticonos de distintas expresiones. Al día siguiente por la tarde, Manuel me vino a
buscar, vestía ropa nueva, andaba peinado y perfu-
Siempre la animaba para que saliera con su mado, era como se dice: Andaba tiza.
padre las veces que éste se manifestaba. Daniela
estaba dolida, de repente no lo hacía notar con ma- Lo recibí por la ventaba del segundo piso antes
yor claridad; pero yo me daba cuenta y trataba de de bajar a saludarlo. De hecho, rocié perfume antes
darle esos empujoncitos necesarios para que dejara de salir. Le dije a mis viejos que saldría y vendría
esas sensaciones y se fuera con su progenitor a pa- en unas horas y agitaron la mano en señal de des-
sar el rato. pedida concentrados en una película sobre catás-
trofes, sus favoritas.
Sé que tantas veces, luego que tanto te fallan,
llegas a sentir que no deseas saber más de esa per- Intercambiamos saludo y arribamos hacia la
sona y puede ser irónico que cuando la rechazas casa de Daniela.
sientas rápidamente que la extrañas. Yo sabía que
eso le sucedería si dejara pasar esta oportunidad, ¿Por qué tan tiza? Pregunté porque no siempre
por eso la alentaba a verlo a pesar de las varias de- suelo verlo tan reluciente. Lo que pasa es que cum-
cepciones anteriores. Después de todo era su padre plo meses con Kelly, respondió sonriente y ocultó
y aunque pocas veces, quería pasar el rato con su algo dentro del bolsillo de su casaca.
hija. A medio camino me lo hizo saber para buscar
Daniela necesitaba de esos momentos, al ser es- una opinión. Unos simpáticos aretes siempre son
casos sabía que tenía que vivirlos o iba a extrañar una buena elección, se lo dije con seguridad para
y entristecerse todavía más. que se sintiera confiado.

—Sí, precioso. Gracias por tus consejos, siempre Manuel era muy gracioso, durante el camino
me apoyas. Es posible que uno de estos días venga lanzó varios chistes, algunos tontos y otros muy có-
a visitarme, escribió agregando algunos emotico- micos. Estaba seguro que lo hacía para quitarse el
nos de rostro sonriente, reflejando lo que sentía. nerviosismo, a veces es bueno reír para combatirlo.

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Por instinto caminé en dirección a la casa de No hagan mucho desorden, por favor, sugirió an-
Daniela; Manuel, quien no dejaba de hablar para tes de subir y no llegué a entender con claridad su
sentirse relajado me siguió; pero cuando llegamos, comentario. Atiné a sonreír; pero luego Manuel me
dijo: Oye, Kelly me dijo que estarían en su casa. contó que la otra vez intentaron preparar pizza e
hicieron todo un alboroto.
¿Cómo sabes? Pregunté. Me dijo antes que vaya
a buscarte. Parece que ahora todos nos llevamos bien con
nuestras suegras, dijo con humor. Eso es muy bue-
Solté una risotada, también hizo lo mismo. Es no, le respondí con una sonrisa.
que yo solo te seguí, dijo con voz de idiota. Volví a
reír y añadí: Vamos donde tu flaca. Nos acomodamos sobre el mueble mientras que
las chicas resolvieron continuar alistándose. Ma-
Charlando el camino se hizo rápido. Llegamos y nuel encendió la televisión sintonizando un canal
me detuve a un lado para que tocara el timbre. Ya deportivo. Me daba cierta gracia que hiciera cosas
no estaba tan nervioso como al inicio y se me hizo similares a las que hago cuando estoy en casa de
chistoso y a la vez romántico que hiciera un ade- Daniela.
mán (haciendo movimientos graciosos con el bra-
zo y la muñeca) para que la cajita donde están los La mayoría de salas son iguales. Muebles, cua-
aretes cayera en su mano. De hecho, reí a causa de dros, adornos y televisión. Vimos algunos goles de
eso. Daniela, quien salió detrás de Kelly, también distintas ligas hasta que Daniela y Kelly estuvie-
vio la forma tan particular de entregar el regalo. ran listas.
Es más, juntos tratamos de imitarla; pero no lo lo-
gramos, solo nos reímos más. La labor de alistarse se trataba de ver que ropa
combinaba, que bolso llevaría y posiblemente un
Saludé a la princesa con un beso y un abrazo. breve cepillado en el cabello de Kelly, mas no de
Luego a Kelly felicitándola a la vez por otro mes Daniela, porque adoraba su ondulado natural.
cumplido.
Salieron del cuarto y bajaron, tardaron alrede-
Qué valiente para aguantar a este tipo otro mes, dor de media hora y al estar nuevamente los cuatro
añadí en son de broma. Todos rieron. Mi amiga imaginé que quedaríamos en ir a algún lado. Antes
también aguanta a otro loco, dijo en su defensa y de ello le dije a Daniela que se veía hermosa, aun-
volvimos a reír. que no se haya hecho nada, tan solo combinar bien
su atuendo.
Una vez dentro, saludamos a su Mamá, que aca-
baba de llegar del trabajo y se alistaba para subir Las chicas habían acordado en ir al cine, yo estu-
a su habitación. ve de acuerdo y obviamente también Manuel.
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Cuando llegamos al cine nos detuvimos para ob- tras respectivas chicas que se emocionaban al ver
servar la cartelera, a ninguno de los cuatro se le los diseños y entraban para cotizar.
ocurrió mirarla antes. Las chicas querían ver una
película romántica, Manuel trataba de convencer- A diferencia de mí, Manuel a veces se sentía abu-
me por una de acción, codeándome y susurrándo- rrido, no le agradaba la idea de visitar tiendas de
me; aunque yo, gustoso hubiera visto cualquiera. ropa para mujer; pero lo hacía al fin y yo lo anima-
Al final nos decidimos por la romántica. ba conversándole de algún tema en particular. No
digo que me guste hacerlo, el ir a tiendas de dama,
En la sala estuvimos separados. Manuel y Ke- sino que me encanta consentir a Daniela. Él empe-
lly arriba y Daniela y yo abajo a la derecha, no zó a entenderlo, porque de igual manera que Kelly
era porque así lo queríamos, sino porque no había solía comerse horas compartiendo series favoritas
asientos juntos, a la mayoría se les ocurrió ir a ver de Manuel, él debía de hacer lo mismo con sus afi-
la misma película y todo andaba repleto. ciones. Son cosas de pareja y uno las va asimilando
con el tiempo. Algunos más rápido que otros. Traté
Naturalmente gran parte de la sala la formaban de aconsejarlo en un idioma de amigos mientras
parejas. que ellas deambulaban por las distintas tiendas.
Me gustó la película; pero más me gustaron los Luego nos tocó a nosotros, entramos a pasadizos
besos que le di a mi enamorada. Los besos en el de prendas de hombres y nos fijamos en algunas
cine nunca pasan de moda. Imaginé que Manuel y que seguramente adquiriríamos cuando haya dine-
Kelly harían lo mismo y me daba risa comentárselo ro o sea cumpleaños.
a Daniela, quien cada vez que lo hacía, repetía: No
seas chismoso, deja que se besen tranquilos. No soy Más tarde, fuimos a tomar helados. ¿A quién no
chismoso, princesa, es solo que me da gusto que le gusta el helado? Nos acomodamos cada uno al
estén enamorados. No tanto como nosotros, res- lado de su pareja y pedimos. Claro que fueron los
pondía Daniela mirando la pantalla y yo sonreía helados más caros de mi vida; pero sumamente de-
para asentir con la cabeza y continuar observando liciosos.
adelante.
Manuel y Kelly quisieron tener un momento a
Salimos del cine y nos dedicamos a caminar, a solas y se abrieron por algunos minutos. Era su
los cuatro nos agrada pasear. Así que caminamos aniversario, no tenía en mente el número del mes,
por los distintos lugares que ofrece el Centro Co- me parecía raro que nos hayan invitado a salir en
mercial Jockey Plaza y por ratos nos detuvimos a pareja el mismo día que cumplen meses; pero Da-
mirar prendas en los escaparates y seguir a nues- niela me comentó que fue idea de Kelly. Imaginé

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que Manuel había estado de acuerdo porque recor- Fuimos sorprendidos por Manuel y Kelly, quie-
dé que me dijo para salir nuevamente en pareja. nes regresaban de su paseo. Se hallaban contentos
y preguntaron por lo que hicimos.
Desde ese momento no volví a mencionar el
tema. Caminé junto a Daniela en busca de nada, Fuimos a caminar un rato. ¿Y ustedes? Igual, es-
solo deambulando por los distintos lugares que te tuvimos por aquí y por allá, dijeron a la par.
ofrece el centro comercial, entonces, más grande de
Lima. Bueno, ¿Y ahora qué hacemos? Pregunté para el
grupo. Sujeté a Daniela de la cintura y me coloqué
Sé que te lo dije al inicio; pero quiero repetirlo: detrás.
Estas hermosa.
Pensaba ir al baño, dijo Manuel un tanto rubori-
Sonrió y respondió: Gracias, precioso. Tú tam- zado. Yo pensaba lo mismo, le dije. Entonces, vayan
bién estás lindo. yendo a los servicios mientras que nosotras vemos
que hacer. Chévere, dijo Manuel y rápidamente se
Nos detuvimos en una baranda para mirar el adelantó. Lo seguí luego de darle un beso en la me-
primer nivel. Te amo, princesa, le dije fijando mi jilla a mi chica.
mirada en el pardo de sus ojos. Y yo te amo, precio-
so, respondió sonriente. Nos dimos un beso y ense- Oye, creo que hoy es mi noche, fue lo primero
guida oí una voz familiar: ¡Hey! ¿Qué hacen ahí?, que me dijo cuando nos encontramos en el baño,
¿Quién es? Quiso saber Daniela. ¿No te acuerdas? exactamente frente al espejo. Extasiado y con una,
Es Jonathan. Ah, cierto, respondió y agitamos la no antes vista, enorme sonrisa.
mano casi al mismo tiempo. Jonathan caminaba
junto a una chica que no conocía y luego desapare- ¿Por qué lo dices? Le pregunté con una sonrisa,
ció. Sentí que había interrumpido nuestro momen- realmente sin entender lo que decía.
to, entonces, resolví retomarlo. Fácil y más tarde, cuando estemos en casa hare-
Me encantas, se lo dije después del beso. Sus mos el amor, lo dijo todavía manteniendo la misma
lindos ojos me observaron y sentí que como tantas sonrisa y sus ojos expulsaron una luz peculiar.
veces, podía ver mi alma. Reí porque siempre lo hago. Terminé de acomo-
Acaricié una parte de su melena ondulada, nos darme el cabello y le dije: Entonces, hoy va a ser tu
miramos, sonreímos y nos quedamos un determi- noche, brother.
nado tiempo en ese lugar. Se frotó las manos varias veces teniendo la son-
risa en el rostro, incluso, me tocó el hombro son-

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riente, nunca antes lo vi tan contento. Me alegraba aceptamos gustosos y nos acoplamos a la cola. De-
por él, es mi amigo, lo conozco de la infancia y aho- lante se hallaban niños y jóvenes, no nos importa-
ra último paramos más tiempo juntos y he llegado ba esperar, la atracción se veía espectacular.
a tratarlo más. Sabía que estaba enamorado de Ke-
lly y me daba gusto que les vaya muy bien. La disfrutamos y al salir platicamos sobre ella;
pero a pesar de querer volver a aventurarnos no
Hoy es tu noche, campeón, le dije antes que sa- pudimos porque la cola se incrementó, resolviendo
liera del servicio y le dio risa mi comentario. Nunca así, gozar de otras distracciones.
antes se lo había dicho a alguien; pero lo escuché
varias veces de los adultos y me dio la impresión de Daniela y Kelly fueron a sentarse sobre una
decirlo ahora. moto estática teniendo al frente una pantalla que
desarrolla el movimiento que realizas con la moto.
De vuelta junto a nuestras novias acordamos en Manuel y yo hicimos lo mismo cuando terminaron.
volver a casa; pero previo a ello realizaríamos una Poco importaban los ganadores.
última excursión.
Después hicimos lo mismo; pero en autos. Se me
Kelly y Daniela quedaron en ir a los juegos. A hizo más sencillo manejar, tenía cierto conocimien-
nosotros nos pareció chévere la idea y asentimos to porque por ratos mi padre me prestaba el auto
sin dudarlo. para dar unas cuantas vueltas al parque, mientras
que Manuel, conocedor de videojuegos se conocía
Al entrar a Happy Land nos dimos cuenta que todos los botones. El resultado fue irrelevante.
hace mucho que no veníamos. ¿Te acuerdas cuando
vinimos con Ezequiel, Fernando y Orlando? Pre- Cuando las chicas nos reemplazaron y se saca-
guntó Manuel haciendo memoria. Claro, también ron, al igual que nosotros, una foto manejando, nos
vinimos con Sergio; pero qué habrá sido de su vida. fuimos a uno de mis juegos favoritos, el patear pe-
Parece que todavía están los mismos juegos, le dije nales.
y aceleramos el paso para alcanzar a las chicas.
No creía que todavía estaría aquí, le dije al en-
Compramos varios tickets y recorrimos el es- contrarlo. Manuel me vio emocionado, quería ser el
pacioso lugar para elegir uno de los tantos juegos; primero en jugar; pero yo estaba al mando al ser el
aunque todos estuvimos de acuerdo en subirnos al primero en verlo.
simulador (una especie de nave) que te lleva a una
experiencia en 3D. Le gané a la máquina y fue su turno. Jugamos de
ese modo durante varios minutos. Fuimos sorpren-
Subamos, subamos, dijeron las chicas. Nosotros didos por las chicas, justamente cuando empezá-

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bamos el supuesto último juego, habíamos agotado Ya no me encontraba tan nervioso como antes;
el resto de los tickets jugando aquello, era nuestro pero tampoco estaba confiado, digamos que me ha-
juego favorito. llaba tranquilo.
No quisimos comprar más, lo dejamos para otra La señora llenó la mesa de distintas cosas, entre
ocasión. Salimos del lugar caminando lento, cada ellas el exquisito zumo de mango, panes a por mon-
quien agarrando de la mano a su pareja, conver- tones, palta, mantequilla y demás.
sando acerca de lo que hicimos, entre risas y sonri-
sas y llegamos a la salida del centro comercial. Ahora entiendo porque Danielita tiene algunos
rollitos, pensé y sonreí.
Ya es de noche, dijo Daniela, algo sorprendida.
El tiempo pasa rápido, princesa, le comenté. ¿De qué te ríes, precioso? Quiso saber la prince-
sa, que me servía zumo de mango.
Que frío está haciendo, comentó Kelly y Manuel
le entregó su casaca al instante. Me lees la mente, preciosa, respondí sonriéndo-
le.
Arribamos hacia la casa de Kelly en un taxi y
llegamos más rápido de lo pensado. Cogí el vaso y me lo llevé a la boca tan rápido
que cuando lo devolví se hallaba vacío.
Nos despedimos y dejamos a los enamorados que
se besen durante un rato antes de separarse. Da- Se nota que tenías sed, dijo Daniela con una lin-
niela y yo caminamos rumbo a su casa comentando da sonrisa.
acerca de la tarde, abrazados y dándonos besos en Claro, preciosa. Sabes que me fascina el jugo de
las esquinas. mango.
Cuando llegamos vi a su madre en las afueras, Lo sé, lo sé, por eso le dije que lo compre.
como esperándola.
Gracias, eres genial, mi princesa, le dije y me
Dije una maldición para mis adentros pensando acerqué para abrazarla. En ese momento, se apare-
lo peor; aunque curiosamente, me dijo que pasara ció su Mamá cargando una taza de café y al vernos
para tomar lonche. abrazados no supe que decir, solo nos separamos.
¡Qué gran idea! Pensé inmediatamente. Me mo- Daniela sonrió al verme ruborizado, su madre es-
ría de hambre, imaginaba dejar a Daniela y luego bozó una sonrisa e invitó a sentarme. Lo hice de
llegar a casa para devorar lo que encuentre en la inmediato.
nevera. Entramos entonces.

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¿Café? Preguntó. No. Prefiero el jugo de man- Disculpa que no te haya contado, preciosa; pero
go. A él le encanta el mango, añadió Daniela de lo estuve pensando, le respondí y esbocé una son-
un modo muy dulce evidenciando un cierto cono- risa.
cimiento de mis gustos. La señora sin mostrar ros-
tro de sorpresa, tampoco una sonrisa, respondió: En realidad no lo había pensado, ni se me ocu-
Bueno, yo si voy a tomar mi cafecito. Hoy no puedo rrió. Solo quise escapar de la pregunta.
dormir, debo revisar unos documentos. Qué chévere, dijo y me sorprendí. Fue la pri-
No quise agregar nada; aunque, de repente hu- mera vez que la escuché decir una frase coloquial.
biera sido interesante si lo hacía. Pero debería de estar equivocado si creyera que en-
trábamos en confianza. Solo le había agradado mi
¿A qué te dedicas, joven?, ¿Estás estudiando respuesta.
algo o trabajas? Los chicos de ahora ya trabajan,
dijo la señora luego de beber un sorbo. Estaba com- Así que eres escritor, escribes una obra y piensas
pletamente seguro que sabía que no hacia ninguna estudiar Literatura, que bueno, hijo. Se levantó de
de ambas cosas; pero igual preguntaba, las mamás la silla y se dirigió a la cocina.
son así. ¿Por qué no me dijiste antes? Preguntó Daniela,
Es escritor, le encanta escribir, respondió Danie- nuevamente emocionada. Me gustaba ver sus ojos
la y le dio una mordida a su pan con mantequilla. brillar. Me dio un beso tan rápido como pudo y vol-
vió a su lugar.
¿En serio? Bueno, Daniela me ha comentado
algo de eso. Su madre regresó y se sentó. Tenía la taza llena
de café y al darse cuenta que la vi, dijo: Me gusta el
Pues, sí, dije tímidamente y enseguida añadí: café. Sonrió e hice lo mismo.
Me gusta mucho escribir. Estoy trabajando en un
libro que espero publicar más adelante. Y dime, ¿Te gusta leer? Imagino que debes de
hacerlo seguido por lo que escribes.
Mira tú, que interesante. Está muy bien que te
dediques a lo que eres bueno; aunque deberías es- Honestamente no he leído mucho, salvo en la
tudiar algo de letras. Dime, ¿Lo has pensado? Dijo época de colegio. Di algunos títulos y añadí: Pero
la señora, esta vez, con menos seriedad. debo leer más, es lo que siempre me sugieren.

Bueno, sí. Pienso estudiar Literatura. ¡No sabía Claro, puedes aprender bastante leyendo. Sí, eso
eso!, ¡Qué bueno, en serio, precioso! Interrumpió me dicen, respondí y vi a Daniela, quien ahora be-
Daniela con una asombrosa y dulce efusividad. bía jugo.

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Sírvete algo, no solo tomes jugo, dijo de repente. servar el reloj del celular. Por supuesto, princesa,
Daniela sonrió y añadió: Es un poco tímido. le respondí y nos abrazamos.
Gracias, dije y luego de terminar el delicioso jugo ¿Sabes, princesa? No puedo creerlo. ¿Qué cosa?
de mango me preparé un pan con mantequilla. Pues que todo ande tan bien. No me imaginé co-
miendo y conversando con tu Mamá, hablando de
Bueno, chicos, debo ir a mi habitación a empezar libros y preguntándome por lo que hago. ¡Esto es
a trabajar, los dejo. grandioso! Si fuera un sueño no quisiera despertar
Hija, por favor, no olvides cerrar con llave, aña- jamás, porque estar a tu lado sentado en el mueble
dió un segundo después. de tu sala es lo más increíble que existe.

Nos vemos, señora. Buenas noches, le dije y son- Sonrió, era una sonrisa de esas tiernas, los ojos
reí muy tímidamente. derrocharon el brillo al que estaba acostumbrado y
dijo: Nos merecíamos esto.
Buenas noches, joven, respondió mientras subía
las escaleras. Tenía tanta razón. De inmediato, volvimos a
abrazarnos y esta vez nos mantuvimos así durante
Cuando se fue lo primero que hice fue preparar- un buen rato.
me otro pan y comérmelo en segundos, a diferencia
del anterior que lo hice a leves mordiscos. Te amo, dijo todavía manteniéndose cerca. Yo
también te amo, princesa, le dije. Nos separamos
Daniela me vio, sonrió y no dejó de reír. y nos miramos, andábamos contentos porque está-
Lo siento, princesa, tenía mucha hambre. bamos enamorados y ese amor que nos sentíamos
podíamos expresarlo sin obstáculos.
Descuida, precioso, estamos en confianza, aña-
dió con una sonrisa. Rato después, me tuve que ir. Le di un beso de
despedida en el umbral de la puerta y me fui.
Seguí comiendo hasta llenarme, Daniela me mi-
raba sonriente. Después resolví sentarme a su lado Era tarde, llamaron de casa y por eso tuve que
en el mueble. Se ve que estas repleto, dijo tocándo- apresurarme en partir; sin embargo, llevaba en mi
me la barriga y en un tono irónico. Nos echamos a mente los recuerdos de una magnífica tarde.
reír; pero no de un modo estruendoso, fue una risa No nos vimos en un par de días. Tuvo que sa-
leve. lir con su Mamá a la casa de la abuela. Es un lu-
Quédate un rato más, precioso, dijo al verme ob- gar adonde nunca quiere ir; pero cuando regresa

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lo hace contenta por la propina que recibe. El otro En la fiesta de la prima el licor no era prioridad;
inconveniente fue el hecho de realizar un asunto aunque en la mesa se hallaban algunas botellas de
en la universidad, el mismo que le llevó gran parte vino y whisky.
de la tarde. Me dijo por MSN ese día por la noche:
Si no hubiera ido con Kelly, me hubiera vuelto loca. Yo no estaba ahí para beber desenfrenadamente
¡Qué irritante, por Dios! como podría hacerlo con mis amigos, quería estar
junto a mi chica, compartir una divertida noche y
Nos encontramos el fin de semana, era la fiesta pasarla estupendo sin tener que beber en exceso.
de una de sus primas, quien le pidió que fuera con
su enamorado. Gustoso acepté con tal de estar a su Además, habían pasado algunos días sin vernos,
lado. era inevitable no darle un abrazo y algunos besos.

Casualmente, Jonathan, me había invitado a la No respondí el mensaje de mi amigo y me dedi-


reunión de un amigo, a la cual asistirían Ezequiel, qué a abrazar de la cintura a mi hermosa enamora-
Fernando, entre otros. da, quien se movía sobre su eje al ritmo la música.

Llegué a la fiesta alrededor de la media noche, Nos adueñamos de la pista de baile un instan-
Daniela me dijo que iría mucho antes para prepa- te más tarde. No soy un buen bailarín, de repente
rarlo todo. Imaginé que estaría con sus amigas ha- Daniela tampoco; pero nos divertimos como nunca
ciendo parte de la decoración. mientras danzábamos creyendo seguir el ritmo de
la canción.
Jonathan entendió que faltaría a su reunión.
Se fue junto a mi hermano, Ezequiel y un par de Lo gracioso es que éramos los únicos bailando.
amigos más. Cuando lo hicieron arribé rumbo a la Ya después nos siguieron los demás.
casa de su prima, tenía la dirección anotada en un No habían muchas personas en la fiesta, su gru-
papelito. po de amigas, algunas otras chicas, unos cuantos
Al entrar vi a sus amigas de siempre junto a sujetos y la cumpleañera.
otras personas que no conocía. Daniela se hizo car- Alrededor de las dos de la madrugada se apa-
go de presentarme a todos, dulcemente, como su reció Manuel, no sé dónde se había metido porque
enamorado. tampoco fue con el otro grupo.
Minutos después, recibí un mensaje de Jona- Me dijo que se quedó dormido, que recién acaba-
than: Oye, estamos tomando de lo lindo, si quieres ba de leer los mensajes de Kelly, quien se hallaba
te vienes. enojada en una esquina, conversando con el resto

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de chicas, ignorando la presencia de su chico. De que con ella bastaba, aparte, era seguro que todo
hecho que luego charlaron y arreglaron, siempre formaba parte de un cómico espectáculo que recor-
sucede. darían con gracia por la mañana.
Tomé algunos vasos de licor, bailé como nunca Cuando llegamos a sus respectivas casas tuvie-
antes había bailado, no por la forma, sino por el ron que cambiar de rostro y pararse recto.
tiempo que lo hice (porque no suelo bailar) y sucede
que a Daniela le gusta y a mí me encanta satisfa- Ingresó cada una a su casa y retomamos el ca-
cerla. mino rumbo al hogar de Daniela, donde Kelly se
quedaría a dormir.
En un momento dado todos se encontraban en la
pista de baile, Kelly, más animada empezó a reali- Le di un abrazo de despedida a mi chica, que
zar el tren, todos se cogieron de la cadera y la si- no dejaba de burlarse por el estado de sus amigas,
guieron, fue muy divertido. mientras que Manuel intentaba realizar lo mismo
con la suya, a quien recordaba estable poco antes
Bailamos, bebimos y nos reímos durante casi que terminara la fiesta.
toda la noche. A eso de las cuatro de la madruga-
da se terminó la fiesta. No pudimos despedirnos de Fácil le dio el aire, le dije. Seguro que sí, añadió
la cumpleañera porque se hallaba ebria sobre su Manuel intentando ponerla de pie.
cama, fue chistoso cuando Daniela lo contó. Daniela la cogió de la mano y ambas entraron a
Salimos de la casa y caminamos todos juntos en la casa. Antes de cerrar la puerta agitó su mano en
dirección al parque Rompecabezas, porque en los señal de despedida y junto a Manuel caminé rumbo
alrededores viven todas. al parque.

Sus amigas, a excepción de Daniela, habían be- Encendió un cigarrillo para el camino y me invi-
bido demás; aunque el término sea un poco exa- tó uno. No fumaba tanto como él; pero quise acom-
gerado, porque bastó con un par de copas para pañarlo.
sentirse mareadas. El hecho gracioso condujo a mi Casualmente; aunque Manuel lo vio como, má-
inevitable sonrisa tras verlas caminar. gicamente, nos encontramos con el resto de los mu-
Manuel ayudaba a Kelly, las chicas lo hacían en- chachos al llegar al parque.
tre sí, Daniela por ratos también aportaba, igual Ellos bebían en una de las bancas, parecía que
que yo, riendo. Me limitaba a observar, a veces in- les quedaba algo de licor, entonces nos acercamos
tervenía ayudando a Daniela; pero me daba cuenta para empatarnos y quedarnos tomando ron hasta
el amanecer.
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Desperté sin resaca, seguramente a diferencia —No lo sé, de repente me quedo en casa; aunque
de las chicas y bajé a desayunar luego de una du- mi mami ha dicho que saldremos de compras, es-
cha de agua helada. cribió añadiendo emoticonos referentes a lo dicho.
Todavía no me conectaba al MSN, lo hice des- —Bueno, si no sucede, podemos vernos. Salir a
pués de devorar un par de panes con tamal y beber pasear, que se yo, algo así, le dije añadiendo nueva-
el delicioso jugo de mango. mente emoticonos de corazones.
—Hola precioso, ¿Qué tal? Escribió Daniela —Sí, precioso, eso te quería decir. Si es que no
agregando emoticonos de rostro contento y corazo- voy, te mando un mensaje y me vienes a visitar o
nes. salimos a alguna parte, dijo con un gran icono de
corazón.
—Hola princesa, todo bien, gracias. ¿Y tú qué
tal? Respondí añadiendo emoticonos similares. Daniela como dije antes solía tener el MSN re-
pleto de peculiares y graciosos emoticonos.
— ¡La pasamos genial ayer! Dijo agregando
emoticonos muy peculiares señalando fiesta y licor. — ¡Qué tal corazón! Dije haciendo referencia a
su emoticón.
—Sí, preciosa, estuvo chévere. ¿Y cómo están
tus amigas? Que graciosa la forma como camina- Añadió risas y dijo: Tan grande como el que ten-
ban, dije agregando risas y emoticonos chistosos. go lleno de amor para ti.
—No te burles, precioso. Esas se pasaron de Fue lindo y tierno que dijera eso.
ebrias, ahora me están diciendo que no se acuer-
dan de cómo llegaron a casa, escribió agregando — ¡Que linda! Te amo, le escribí.
varios emoticonos. —Yo también te amo. Y sabes, creo que mejor
Agregué algunas risas y contesté: Son cosas que no voy y nos vemos. ¿Qué dices, precioso? Dijo sin
pasan, les afecta rápido el trago. Pero fuera de eso, emoticonos.
la pasamos bacán. —Claro, chévere. Acepto gustoso; aunque espero
—Sí, todo estuvo muy chévere, escribió Daniela. que tu mami no se moleste, escribí sin emoticonos.

— ¿Qué vas a hacer hoy, princesa? Pregunté cre- —No lo sé; pero le voy a decir. Es que me dijo
yendo que podría verla, agregando emoticonos de para salir hoy temprano y como me levanté tarde,
corazones. de repente lo postergamos para otra ocasión, co-
mentó.

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—Bueno pues, princesa. Me avisas cualquier —Llego en media hora o cuarenta minutos a lo
cosa, le escribí añadiendo un emoticón en señal de mucho. Te amo, le escribí en un mensaje.
seriedad.
Me bañé y vestí velozmente, pedí dinero porque
—Sí, precioso. Yo te aviso de igual manera. Te tenía la billetera vacía y salí de casa luego de colo-
amo, hablamos luego, respondió con el mismo emo- carme los audífonos que le robé por una tarde a mi
ticón de corazón gigante. hermano.
—Yo también te amo, hablamos al rato, escribí Y ahora, ¿Dónde está? Me dije al llegar. Había-
con varios emoticonos de corazones. mos intercambiado mensajes en el tiempo que es-
tuve en el bus. Dijo que me esperaría en la puer-
Y se desconectó. ta de entrada de Saga; pero no la hallé al llegar.
Por la tarde, me envió un mensaje. Miré hacia todos lados y de repente, alguien tocó
mi hombro.
—Amor, estoy en el Jockey Plaza con mi mami,
leí a primera instancia desanimándome por com- — ¡Precioso! Dijo emocionada.
pleto; pero a la vez tratando de comprender. —Esto es para ti, añadió al instante entregán-
—Mi mami dice que vengas, iremos a tomar he- dome un corazón de almohada o una almohada de
lados después de las compras. ¡Ven pues! Decía en corazón.
un segundo mensaje. — ¡Esta chévere! Dije de inmediato. Abracé y olí
¿Voy o no voy? La extrañaba, siempre la extra- el obsequio.
ño. Es cierto que me hubiera gustado salir solos; Huele rico, pensé. Sonreí y se lo hice saber. Ade-
aunque el trato con su vieja iba cada vez mejor y más, le di un abrazo en señal de agradecimiento.
quizá yendo demostraría madurez y podría pasar
un rato agradable. De repente me conocería mejor —Es como el emoticón de MSN. El corazón gi-
y acumularía más puntos, pensé hasta que un nue- gante, dijo entre risas.
vo mensaje interrumpió.
—Tienes razón, princesa, respondí también en-
—Te extraño, mi precioso. Ven pues, quiero es- tre risas.
tar a tu lado y mi mami dice que no te avergüences,
que sólo iremos por helados. —Gracias, en serio. Este bonito, todas las noches
voy a colocar mi cabeza sobre este corazón, le dije
Me pareció gracioso leer lo último. Sonreí y pen- y la vi sonreír.
sé: Bueno, voy a ir.

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—Entremos, mi mami está pagando. Luego ire- Un chico se acercó, saludó y nos entregó las res-
mos por los helados, dijo Daniela, me cogió la mano pectivas cartas.
y entramos.
Daniela se sentía contenta; aunque por instan-
—Vamos, dije mientras ingresábamos a Saga. tes miraba el lugar y creí que trataba de sofocar-
la una especie de nostálgico recuerdo. Enseguida,
—Señora, buenas tardes, dije cuando nos encon- cuando mi mirada hallaba la suya, volvía a sonreír.
tramos con su madre, quien cargaba un montón
de bolsas de distintas tiendas. No estoy seguro de Precioso, te recomiendo este helado, dijo con una
cómo lo hacía. sonrisa. Sonreí y escuché su sugerencia, la misma
que pedí cuando el chico volvió para anotar los pe-
— ¿Puedo ayudarla? Me ofrecí amablemente. didos. No recuerdo que pidió su madre.
—Por favor, gracias, respondió con una sonrisa y En cuestión de minutos los tres disfrutábamos
cargué algunas bolsas sintiendo que si algún ami- de unos exquisitos helados.
go me viera se reiría sin dudarlo. Pensarlo me dio
risa. Daniela hablaba de lo hecho durante el tiempo
que estuvo escogiendo las distintas clases de ropa
Me libré de un brazo para poder sujetar de la que había adquirido, su vieja miraba una revista y
mano a Daniela, era una costumbre que nunca por momentos succionaba el helado con el sorbete,
quiero perder, el caminar de la mano. yo gozaba de mi helado, escuchaba a Daniela, le
Te cuento que me he comprado algunas cosas bo- sonreía y cuando sentía la concentración extrema
nitas, luego te las voy a enseñar, contaba Daniela, de su Mamá para con la revista, le daba un beso
muy emocionada, mientras caminábamos. a mi princesa. Entonces, ella sonreía y volvíamos
a tomar helado, también intercambiamos sabores.
Hijita, ¿Aquí es? preguntó la señora con dulzu- Ambos resultaron deliciosos.
ra. Sí, entremos. Aquí venden unos helados buena-
zos, respondió Daniela. Ven, dame un beso, precioso, me dijo. Vi a su ma-
dre concentrada en la revista y volví a besarla. No
Hace tiempo que no vengo, solía hacerlo con mi era un beso apasionado, era uno tierno.
papi, continuó contando mientras ingresábamos.
Dejen de besarse en mi adelante, por favor, dijo
Su Mamá se nos adelantó y se ubicó con rapidez. la señora de repente; aunque su tono no era serio,
Era una heladería grande y sofisticada, de seguro sino irónico. Reímos tímidamente ocultando la son-
tendría cientos de sabores, pensaba observando de- risa con la palma de la mano.
talladamente el lugar sin parecer asombrado.

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No nos estamos besando, mami, respondió Da- ¿Todo bien, princesa? No respondió. Otra lágri-
niela con ternura. Su Mamá dejó la revista para ma apareció y me acerqué para abrazarla sin de-
mirarla y decirle de la misma irónica manera: Ten- tenerme. Te juro que me da rabia, dijo y estalló en
go ojos en todos lados. lágrimas.
Comenzaba a parecer muy agradable su Mamá, ¿Qué sucede, hija? Quiso saber la Mamá. Nos se-
diría que esta simpática, lo que me ayudaba a pen- paramos para que pudiera contestar. Dice que no
sar que de repente le estaría cayendo bien. Eso me puede, no va a venir hoy ni la otra semana, la si-
alegraba. guiente vendrá a visitarme y saldremos. De pasada
que va a contarme algo que tiene pendiente hablar
En el taxi de regreso a casa, la señora se dedicó conmigo, lo dijo con la voz entrecortada, desilu-
a hablar por celular mientras que nosotros charlá- sionada por completo. Retomamos el abrazo, esta
bamos atrás. vez no tan efusivo, se dejó caer sobre mi hombro
De pronto, faltando poco para llegar, giró la ca- mientras reconocía las calles. Su madre la veía por
beza y se dirigió a Daniela con voz baja: Es tu Papá. el retrovisor, prefirió no comentar nada. Seguro lo
Quiere hablar contigo. haría al llegar a casa, cuando estén a solas, es com-
prensible.
Rápidamente se emocionó, cogió el celular y con
voz dulce habló: Papi, dime, ¿Cuándo te veo? La vi Vi que fijó la mirada en su hija y movió la cabeza
sonriente al momento de pronunciar la pregunta de izquierda a derecha mostrando un rostro sobrio
como una cándida niña. y ligeramente acongojado estando de acuerdo con
el pensamiento de Daniela.
Cambió la sonrisa, se fue de repente. Agachó la
cabeza para que nadie pudiera verla entristecer, Bajamos del taxi, quise quedarme para consolar
una lágrima cayó y al verla quise acercarme; pero y hacer sentir mejor a mi chica; pero sabía que lo
algo me detuvo. Su madre miraba adelante, indi- mejor sería que lo hiciera su madre. Puede que aun
cándole al taxista por donde debía ir. así me haya sentido frustrado, solo por el hecho de
querer aportar.
Está bien, papi, la escuché decir como quien aca-
ta un argumento poco convincente. Le di un beso y le dije, todo va a estar bien, prin-
cesa. Te amo.
Terminada la llamada cogió el teléfono y sentí
que iba a lanzarlo con brutalidad; pero lo devolvió Nos abrazamos en señal de despedida. Agité la
a su Mamá, quien no dijo nada. mano para despedirme de su madre y caminé rum-
bo a casa.

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No pude pensar en algo más que no fuera su vestirme, salí rumbo a su casa. En el camino com-
padre. Trataba de entender el motivo de sus au- pré una tarjeta musical que adjuntaría a la carta
sencias, justificándolo algunas veces sin conocerlo que le escribí antes de dormir. Además, adquirí un
y colocándome como de costumbre en los zapatos ramo de bellas flores.
de Daniela. Entendía como se sentía y me apena-
ba. Anhelaba que alguna vez ella y su progenitor Toqué el timbre un par de veces, su madre salió
pudieran dedicarse a coleccionar gratos instantes. sorprendiéndose al verme, vio el ramo de rosas, le
resultó tierno y esbozó una sonrisa.
En casa esperé a que se conectara al MSN o en-
viara un mensaje contándome como se encontraba. Pasa, por favor, dijo amablemente e hice caso.

Todavía no le hablaba por ningún medio, quería Daniela está descansando, nos hemos quedado
esperar unos minutos más, de repente continuaba charlando hasta muy tarde, comentó su madre,
charlando con su madre. quien al parecer se había ausentado en el trabajo.

Pasadas las horas, le envié un mensaje: Prince- ¿Cómo se encuentra? Pregunté directamente.
sa, si gustas entras al MSN, estoy en línea. La pa- Siéntate, por favor. Puedes dejar las rosas a un
samos chévere con tu mami, te amo. lado, no se van a arruinar.

No respondió y tampoco se conectó. Hice caso a todo lo que dijo.

Mañana voy a su casa, pensé. Me distraje un Joven, dijo de un modo muy serio. Agachó la ca-
determinado tiempo en el MSN, luego estuve pa- beza, se pasó la mano por el cabello y hasta creo
sando el rato mirando el techo de mi habitación, que exhaló con fuerza.
pensando en qué podría estar pasándole en esos Este es un tema muy delicado; pero creo que tie-
momentos. Me preocupaba bastante que ande muy nes cierto conocimiento, añadió enseguida, mirán-
acongojada y sin quitarle méritos a su madre, que- dome fijamente a los ojos.
ría ser quien pueda estar a su lado para abrazarla
y decirle que todo iba a estar bien (a veces sin sa- Asentí con la cabeza, estaba ligeramente nervio-
berlo del todo). so.

Fui a dormir creyendo que lo mejor sería visitar- Pues, Daniela me ha contado algunas cosas, dije
la temprano. con la misma seriedad.

A la mañana siguiente, después de bañarme y Ella es muy apegada a su Papá, desde niña lo ha

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sido, siempre iban a pasear y jugar; pero nos divor- niña necesita de un padre. No sé qué diablos pasa
ciamos por temas complicados. Entiendo, entiendo, por su cabeza cuando le cancela los paseos.
dije como para que no me contara los problemas de
pareja. Pues, parece que el divorcio le afectó más a Yo tampoco lo sé y mucho menos lo entiendo, le
ella que a su hermano, ¿Lo conoces verdad? Asentí dije dentro de mi mente.
con la cabeza. Esa es la razón por la cual anda triste mi hija,
Ha tenido arranques de pena, a veces la noto a mí me parte el alma no verla sonreír como una
triste e intento animarla llevándola de compras o cándida chica de su edad que disfruta de la vida,
a pasear. prácticamente está viviendo sin la presencia de su
padre, porque nos separamos hace años y desde en-
Es triste crecer viendo a otros niños salir con sus tonces son raras las veces que cumple sus prome-
padres y saber que llegaras a casa y no veras al sas de venir a verla.
tuyo, más cuando lo tienes en el podio, dijo citando
ejemplos. En fin, espero que alguna vez pueda dejarse de
tonterías y ser más responsable con su hija. Ella
Sí, comprendo, añadí. ¿Vives con tus padres? Sí, lo adora, a veces no comprende lo que sucede, es
vivo con ellos. verdad que ya va a cumplir los dieciocho; pero es
difícil asimilarlo, vivió sus primeros años teniendo
Qué bueno, que bueno, dijo, volvió a mirar al a su Papá para todo y ahora que no está todo se
suelo y al levantar la mirada acotó: Eres un chico tornó gris.
maduro, me agrada que estés con Danielita, le ha-
ces sentir bien. Esas palabras me hicieron sentir Ojalá ambos puedan retomar su relación padre
muy contento, quise sonreír, mas no lo hice. Solo e hija y desarrollar un fuerte lazo, eso es lo impor-
esbocé una leve sonrisa que podría haber sido más tante, dije con seriedad.
grande y eufórica; pero la situación no lo amerita-
ba. Espero, dijo y se levantó de la mesa diciendo:
¿Gustas café? Esta vez, acepté.
Gracias, respondí. Bebió su taza de café que re-
posaba sobre la mesa y continuó: Yo trabajo mucho, Dejó la taza sobre la mesa y volvió a la cocina.
a veces no puedo estar con ella todo el tiempo y su Bebe el café, esta rico, me lo acaba de traer una
padre es un… no lo dijo; pero imaginé como acaba- amiga de Chanchamayo, dijo al regresar. Resolví
ría la frase. Lo que pasa es que ni siquiera tiene sonreír y luego beber.
tiempo para estar con ella, no se da cuenta que la Danielita ya debe estar despierta, si gustas pue-

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des ir a saludarla, es posible que necesite de tu cantidad de buenos amigos de algodón. Además,
presencia, dijo de una forma tan natural que me de su techo también colgaban estrellas, lo cual me
sorprendió para bien, fue entonces cuando entendí pareció grandioso. Al otro lado su closet limpio y
que realmente había llegado a caerle bien. ordenado, las pantuflas cerca de la cama y el resto
repleto de afiches, stickers y demás acerca de ese
Sonreí, aproveché en beber otro sorbo porque me personaje de dibujos que tanto le gusta. Es curioso
había gustado el café, recontra distinto al que hacen que su nombre siempre se me olvide. Me froté la
en casa y tímidamente fui subiendo las escaleras cabeza recordándolo; pero no lo logré.
rumbo a su habitación. Nunca antes había subido,
mucho menos estado en su mundo, era extraño y a Daniela dormía plácidamente, no quería desper-
la vez estupendo, tenía ganas de abrir la puerta y tarla; aunque las palabras de su madre, a quien
despertarla con un beso tal cual cuentos de hadas; por fin llegaba a parecerle un buen chico, alenta-
pero el segundo piso era diferente, un pasaje largo ban a sentarme al filo de su cama y esperar a que
y puertas a los lados. ¿Cuál sería su habitación? No abriera los ojos para darle un abrazo.
iba a gritar para preguntarle a su madre, tampoco
abriría todas las puertas, quizá, encontraría a su Lo hice al fin; pero no cerré la puerta, la mantu-
hermano o de repente al perro. Tal vez el cuarto de ve junta. Su habitación era pequeña a diferencia de
su madre y llegaría a sentirme incómodo. Quizá, la mía; pero más ordenada, de un tierno color rosa
la habitación de estudios o la de huéspedes. Seguí y decorada como solo ella podía hacerlo.
caminado guiado por una intuición respaldaba por Mi princesa, le dije mientras acariciaba su mele-
conocimiento de sus gustos y preferencias y resolví na ondulada regada por las sábanas. Rocé sus me-
detenerme, exclusivamente, en una puerta blanca; jillas y a pesar que quise darle un beso, no lo hice,
pero llena de cositas de colores que eran como le- podía despertarla y no quería. Me senté al filo de la
tras que juntas (porque estaban desordenadas y se cama y me dediqué a observarla, era, curiosamen-
adherían a la madera) podrían escribir el nombre te, más hermosa cuando se encuentra soñando.
más bello. Aquí es, pensé y sonreí.
Movía las piernas y abría las manos, imagina-
Cogí el pomo y suavemente empecé a girarlo, al ba que dentro de poco abriría los ojos y me vería a
abrirlo asomé la cabeza y la vi dormida, se veía tan un lado de su cama, sorprendida y no sabría cómo
dulce, con el cabello regado, la pijama graciosa y reaccionaría, de repente con un susto o tal vez con
acurrucada debajo de un edredón rosa. un abrazo.
Me di cuenta que a un lado, en el aparador, se Volvió a calmarse y continuó, al parecer, con el
hallaban los peluches que le di junto a otra gran sueño que iba disfrutando.

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Seguía mirando su habitación, también la veía, mos abrazados; aunque por ratos miraba la puer-
me encantaba observarla y luego ver de reojo su ta preocupado porque alguien se asomase. Deja de
cuarto. Pensaba en la confianza que su madre me preocuparte, dijo con una voz serena. Me dio un
había entregado para subir a su habitación a des- beso en la mejilla y cerró los ojos esbozando una
pertarla, esa idea me hizo sonreír. sonrisa. Miré el techo más calmado, le di un beso
en la nuca y le dije, te amo. Yo también te amo,
Lo siguiente que hice fue acercarme nuevamen- precioso, respondió enseguida todavía con los ojos
te a su rostro y plantarle un beso en la mejilla y cerrados y posiblemente escuchando los latidos de
aunque quise evitarlo se hizo imposible no decirle mi corazón.
al oído, te amo, princesa.
No estoy seguro de cuánto tiempo estuvimos
Sonrió como si las palabras la hubieran hecho vi- echados sobre su cama, solo sé que la paz nos inun-
brar y al cabo de unos segundos abrió los ojos vién- dó y la calidez de su abrazo me hizo hallarme como
dome a su lado, acariciándole la melena ondulada en sueños. Dejé de preocuparme por su madre y
y lejos de asombrarse como si supiera que estoy a hasta llegué a cerrar los ojos por momentos. Nos
su lado desde antes, atinó a mostrarme su sonri- besamos al abrirlos, justo después de vernos fija-
sa. Eres hermosa, mi princesa, se lo dije mientras mente como recién levantados luego de haber pasa-
rozaba sus mejillas rosadas y la veía nuevamente do la noche juntos y nos repetimos te amo cuando
sonriente. Me alegraba que se sintiera mejor, esa terminamos de besarnos.
sonrisa lo reflejaba.
Será mejor que nos levantemos, dijo Daniela con
Un instante después con sorprendente fuerza, humor. Me reincorporé lo más rápido que pude oca-
me cogió del cuello jalándome para sí. sionando su risa.
Princesa, por favor, dije mientras me atraía. No tan rápido, precioso, dijo con gracia. Sonreí
Échate conmigo, dijo enseñando una sonrisa. Y no y le dije: Bueno, me daría vergüenza que tu Mamá
iba a decirle que no a pesar que me diera vergüen- me viera echado en tu cama
za excederme en confianza.
Apropósito, ¿Cómo así estas aquí? Preguntó,
Asentí con la cabeza y me recosté tímidamente ahora sí, asombrada.
a su lado, me dio un abrazo muy afectuoso e inme-
diato añadió: Tápate, precioso. Pues, te cuento mientras te vas vistiendo. En-
tonces, te escucho, dijo al tiempo que se cambiaba
Cubrió gran parte de mi cuerpo con el edredón la pijama.
rosa, que a decir verdad, olía exquisito. Nos queda-

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Fui relatando todo lo ocurrido, a excepción de la Vamos a la sala, te invito a desayunar. A menos
charla que tuvimos y obviando al ramo de rosas que ya hayas desayunado con mi Mamá. La verdad
que esperaba abajo. que sí, le dije entre risas por lo asombrado que es-
taba con la situación. Ella sonrió y contestó: Si que
Un momento, he olvidado algo, dije y descendí le caes bien, eh.
rápidamente para recogerlo. ¿Qué has olvidado?
Preguntó y no tuvo respuesta porque bajé tan ve- Fue divertido y creo que tienes razón, le agrado.
loz como pude.
Pienso lo mismo y eso es muy bueno, aseveró,
Su madre no estaba en la sala, tampoco en la co- mientras nos dirigíamos a la cocina.
cina, no es que haya ido a la cocina, solo vi de reojo.
De repente salió, pensé. Cogí el ramo de rosas y Parece que ha salido, dijo. Abrió la refrigeradora
volví a subir. Me sorprendió la confianza como lo y sacó algunos productos, zumo de durazno, mer-
hacía. melada de fresa y mantequilla. Preparó algunos
panes con eso y me dijo para sentarnos a ver televi-
Para entonces, Daniela se encontraba lista, se sión. Acepté asintiendo con la cabeza y nos acomo-
peinaba el cabello mirándose al espejo después de damos sobre el mueble.
haberse lavado el rostro y cepillado los dientes. Es-
taba bella, es imposible no verla hermosa en cual- Vimos dibujos, películas y hasta noticias duran-
quier situación que se encuentre. Tal vez sea uno te un largo periodo. Cuando su madre regresó nos
de sus dones. encontró cómodos y abrazados.

¡Princesa, mira lo que te traje! Dije con la voz un Superada la hora del almuerzo, no noté que no
poco elevada olvidando que podría estar su herma- habían cocinado. Su madre llevaba consigo un par
no deambulando por algún lado. de bolsas de un supermercado y al entrar dijo: Creo
que hoy voy a cocinar.
Dejó el peine y se abalanzó para abrazarme con
euforia. ¡Gracias, precioso! Repitió y me dio mu- Mami, cocinas rico cuando te inspiras, dijo Da-
chos besos. Me sentí emocionado porque alegraba niela con mucha dulzura. Sonreí, vi a su madre
bastante que le haya gustado. Cogió las rosas, las también sonreír y luego de dejar las bolsas a un
olió y suspiró. Adoro tus detalles, dijo enseguida lado, añadió: Gracias, hijita, voy a hacer mi mayor
enseñándome de nuevo su encantadora sonrisa, re- esfuerzo.
luciente, por cierto. La señora no había ido a trabajar, se fue de com-
Voy a dejarlas en mi habitación, no quiero que pras cuando subí a la habitación de su hija y aca-
mi madre se las quede, dijo con humor. baba de llegar.

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No fue al trabajo por cuidarla, prepararía su co- condidas a estar picando cebolla junto a su madre.
mida favorita, luego de haber dejado que se que- Pensaba en ello y sonreía, cuando preguntaban por
dara con el novio, ambas situaciones evidenciaban la sonrisa decía que era natural en mí el hecho de
que haría cualquier cosa por ver sonreír a su pe- sonreír. La verdad es que estaba contento por com-
queña. Era de admirar. partir esa clase de momentos.
Continuamos viendo la televisión hasta que se El almuerzo estuvo delicioso, charlamos en la
terminó la película, fue uno de esos films de miste- sobremesa de diversos temas, entre ellos el futuro
rio que no tienes que quitarle los ojos para enten- libro, que según conté, iba avanzando. Realmente
der el final. lo había comenzado; pero no tanto como lo dije. La
cuestión es que a su madre le gustaba la idea que
Daniela estaba con muy buen humor, me daba fuera escritor, de repente lo relacionaba con conoci-
gusto que mi presencia durante la mañana y el he- miento, debido a que los escritores suelen leer bas-
cho que su madre cocinara la hiciera sentir mejor. tante y quienes leen son cultos.
¿Te quedas a almorzar? Quiso saber su Mamá. Tiempo después, pasada la charla en la sobre-
Pensé que quería ofrecerle un almuerzo madre e mesa, resolvimos volver al mueble a reposar; pero
hija, por ello pensaba marcharme poco antes de la su madre lavaba los platos mientras que nosotros
comida; sin embargo, tampoco iba a negarme a una anhelábamos la digestión, lo cual me pareció injus-
invitación. Ahora que todo iba tan bien. to, entonces, me acerqué a ayudarla.
Muchas gracias, señora, dije aceptando la invi- Son contadas las veces que he lavado platos,
tación. Entonces, ustedes dos tienen que ayudar aquella fue una de esas pocas.
con el almuerzo, añadió al instante. Ambos reímos
y como la película acabó no nos quedó otra que ayu- Le agradaba más a su Mamá realizando dichos
dar. detalles con amabilidad y sonrisa en el rostro.
Nunca pensé que estaría compartiendo la cocina Pasado un tiempo, ya nuevamente sobre el mue-
con su madre. Al inicio me pareció tan seria y rec- ble, yo sentado viendo la tele y Daniela recostada,
ta, ahora resultaba un recuerdo lejano, porque su teniendo su cabeza sobre mis piernas y el resto de
simpatía era natural. Hizo que me sintiera cómo- su cuerpo sobre cojines, nos concentramos en Dra-
do y en confianza apoyándolas en la preparación, a gon Ball Z que por suerte lo repiten en cable y en
pesar que mi labor no fue mayor. Lo impresionan- los comerciales aprovechábamos la ausencia de su
te era la forma como todo cambió, de andar a es- madre, quien se hallaba viendo la tele en su habi-

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tación, para darnos un beso. Ninguno de los dos Todo esto es tan increíble y a la vez tan extraño
quería moverse, por ende, debía de agachar la mi- que me encanta; aunque admito que a veces siento
tad del cuerpo para lograr besarla, era muy chisto- miedo por si llegase a ser efímero. No pienses tanto
so, al punto que los besos eran interrumpidos por en eso, precioso y disfruta del momento. Disfrutar
las risas. del momento, pensé. Eso hago, princesa, le dije y
rápidamente añadí: Me encanta disfrutar de estos
Me llamaron de casa minutos después. Era mi momentos. Siento que estamos mejor que nunca,
madre preocupada preguntando, ¿Dónde estás que establecidos y amándonos con libertad.
no has venido a almorzar? Y para asombro suyo le
respondí que comí en casa de Daniela. Enseguida, Eso es hermoso, dijo Daniela con su dulce voz.
le pasé el móvil y ella lo aseveró. Mi madre le dijo Sonrió y me dio un beso a su manera.
algunas bendiciones, otras felicitaciones y me de-
volvió el celular para decirle que en un rato iría. ¿Te veré pronto? Quiso saber. Claro, princesa, vi-
vimos cerca, le agrado a tu mami, obvio que nos ve-
Y así fue, minutos más tarde, nos despedimos. remos pronto. Además, te extraño rápido. Ella rió
Había sido una tarde preciosa, ya no me resulta- y dijo, eres un ocurrente. Así te amo. Yo también
ba tan extraño y quería acostumbrarme a seguir te amo, princesa. Nos vemos luego, precioso. Nos
viviéndolas del mismo modo porque era lo que tan- besamos y nos separamos.
to deseábamos. Todo ello se lo hice saber antes del
abrazo de despedida. Daniela sonrió porque le dio Agité la mano mientras me alejaba, ella sonreía
gracia la forma como lo dije y entonces añadió: Yo y hacia lo mismo.
también quiero acostumbrarme a esto, a veces es En casa me encontré con mis hermanos, quienes
raro; pero no deja de ser bonito. veían la televisión muy atentos. ¿Qué están vien-
Así es princesa, le dije dándole un beso y luego do? El regalo prometido, respondieron casi en coro,
sonriendo. lo cual me hizo reír. Ya la he visto cientos de veces,
contesté con humor y entré a mi habitación. Encen-
No pensé cocinar junto a tu Mamá y mucho me- dí la computadora y me conecté al MSN por poco
nos ayudarla a lavar los platos. Eso fue lindo, inte- tiempo, el motivo era que no había muchos conec-
rrumpió dócilmente. Sonreí y añadí: Me agrada tu tados, tampoco estaba Daniela. Resolví volver a la
mami. Y tú a ella, volvió a interrumpir y otra vez habitación contigua y mirar la película junto a los
sonreí, esta vez ruborizado. demás.
Eso me parece chévere, me gusta caerle bien. Curiosamente, comenzaron a preguntar por Da-

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niela. Les dije que venía de su casa; pero su pre- Sí, voy a hacer una pequeña reunión, algo ínti-
gunta quedó rondando en mi cabeza y entonces de- ma, solo entre amigos. Vas pues.
cidí invitarla a almorzar un par de días antes de su
cumpleaños. Claro, voy contigo, dijo Manuel, esta vez seña-
lándome. De hecho, me vienes a buscar, pasamos
Le dije a mi vieja que cocinara algo delicioso, por tu flaca y luego vamos, le dije planeando algo.
como para chuparse los dedos, fue la expresión que No, no. Kelly va a ir mucho antes, dijo Manuel. En-
utilicé. Y ella con una sonrisa respondió: Obvio, si tonces, me buscas y vamos los dos. Sí, mucho me-
siempre cocino rico. Me hizo reír estruendosamen- jor, respondió. Chévere, así quedamos, le dije, ya
te y no en son sarcástico, sino una risa creada por despidiéndonos. Mañana nos vemos, Manuel, me
la seguridad de su respuesta. saludas a Kelly, dijo Daniela. Yo le digo, respondió
alejándose con una sonrisa.
Quedamos en que prepararía algo exquisito
como para una ocasión especial. Esta recontra enamorado, le dije mientras avan-
zábamos. ¿Se nota, verdad? Añadió Daniela. Claro,
A un día de su cumpleaños fui a recogerla a su es obvio, nunca antes lo vi así, acoté. Me alegra por
casa. Le comenté por mensaje de texto que la invi- ambos, dijo ella.
taría a almorzar, aceptó gustosa. Luego coordina-
mos por MSN que iría a recogerla, le pareció una Llegamos a la casa y nos detuvimos en la puerta.
grandiosa idea.
Pero no tan enamorados como nosotros, dijo re-
Lo hice un día antes porque seguramente sal- pentinamente con su bella sonrisa. De eso no tengo
dría con su padre o madre el día de su cumpleaños. dudas, princesa, respondí poco antes de darnos un
beso.
Fuimos a mi casa caminando, en el camino char-
lamos de todo un poco y llegando al parque nos to- En ese momento, abrieron la puerta como sos-
pamos con Manuel, quien al parecer, iba a visitar pechando que estábamos afuera. Por suerte no nos
a Kelly. vieron en pleno beso.
¿Por qué tan arreglado y peinado? Le dije con Entramos y vi a mi vieja en la cocina, sonriente
humor. Me voy a ver a mi flaquita, respondió luego como de costumbre, siempre sonríe a pesar de lo
de saludarnos. que pueda andar pasando. Saludó a Daniela muy
amablemente, incluso, con un afectuoso abrazo.
Kelly me dijo que mañana harás una reunión,
dijo Manuel refiriéndose a Daniela. Huele delicioso, me dijo al oído. Sí, han prepa-

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rado algo rico exclusivamente para ti. ¿En serio? —Pon “La fuerza del corazón” por favor, dijo con
Preguntó sorprendida. Muchas gracias, añadió al dulzura.
instante, muy emocionada.
—Eso pensaba hacer, preciosa, le respondí y al
Chicos, suban, en un rato los llamo para almor- sintonizar la canción me acerqué.
zar, dijo mi vieja, saliendo un santiamén de la coci-
na. Gracias señito, respondió Daniela con cordiali- —Extrañaba mirar las estrellas, dijo de una ma-
dad. Está bien, nos avisas, le dije y subimos hacia nera muy tierna.
mi habitación. —Y estoy seguro que ellas extrañaban tus ojos
—Hola Daniela, dijo Fernando al verla subiendo pardos.
las escaleras. Sonrió y añadió: Te amo, precioso.
—Hola, ¿Qué tal? Respondió de inmediato. Yo también te amo, princesa.
—Hola, dijo Orlando, quien salía del baño del Nos besamos enseguida, teniendo de fondo a
segundo piso e iba a su cuarto. nuestra canción y debajo de las estrellas de cartón.
—Hola, respondió Daniela con amabilidad y en- —Chicos a almorzar, interrumpió el grito de mi
tramos a la habitación. vieja; pero nos seguimos besando.
Resolví no cerrar la puerta para poder escuchar —Chicos, ya está listo el almuerzo, volvió a gri-
a mi vieja cuando nos llame. tar y sin embargo, continuamos con el beso.
Jeff apareció de repente ingresando al cuarto Se calló por un santiamén y escuchamos los velo-
para preguntar por algo, saludó a Daniela y se fue. ces pasos rumbo a la habitación y recordé que tenía
—Me agradan tus hermanos, son chéveres, dijo la puerta abierta. Me hubiera parecido normal que
rato después. me viera besando a mi chica; pero Daniela se mori-
ría de la vergüenza.
—Y obviamente tú le agradas a ellos, añadí de
inmediato. Nos separamos y cuando ingresó diciendo: Ya
está lista la comida, contesté: Ya bajamos. Retoma-
Se echó sobre la cama mirando hacia el techo mos el beso por un buen rato y descendimos al oír
mientras que encendía la computadora y sintoni- que todos ya se hallaban en la mesa.
zaba música.
—Se ve rica la comida, dije frotándome las ma-
nos y sacando la lengua de un modo chistoso.
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—Sabes que siempre cocino rico, añadió mi ma- Eres mí invitada, ve a sentarte a reposar. Daniela
dre sonriente. sonrió y volvió a mi lado para seguir charlando.
—Chicos, siéntense, por favor, dijo enseguida e Cada vez que hablaba la miraba enamorado, en-
hicimos caso a sus palabras. cantado de escuchar sus comentarios, realizando
ademanes y mostrando a cada instante esa precio-
Como todo un caballero le ofrecí asiento a Da- sa sonrisa que la caracteriza y a veces, en algunos
niela ante la mirada de mis hermanos, quienes me movimientos, hacia girar su divina melena ondu-
observaron sorprendidos y ocultando sus risas. lada. Pensaba en lo afortunado que era al tenerla
Durante el tiempo que pasamos almorzando cerca, porque al terminar de dar una acotación se
charlamos de distintos temas, entre ellos el futuro recostaba a mi lado colocando su cabeza sobre mi
cumpleaños de Daniela, su reunión de mañana por hombro escuchando lo que los demás decían.
la noche, inclusive, invitó a mis hermanos para que Pasado el tiempo, uno tras uno fue subiendo a
fueran y ellos aceptaron gustosos. su respectiva habitación hasta que al final nos que-
Platicamos también sobre fútbol, siempre lo ha- damos los dos. Mi vieja dejó la cocina y volvió a su
cemos y no sería la excepción. cuarto a seguir viendo la televisión, la mascota la
siguió instintivamente a pesar que Daniela quiso
Fue genial que Daniela acotara algunas opinio- abrazarla nuevamente. De igual modo, se agrada-
nes, demostraba confianza y eso me agradaba. ban mutuamente.
Cuando Jeff comenzó a hablar sobre Dragon —El almuerzo estuvo delicioso. Estoy llena, dijo
Ball, ella hizo buenos comentarios acerca de algu- frotándose la barriga.
nos capítulos que le han parecido estupendos. Era
sensacional verla hablar tanto de fútbol como de —Estamos en la misma situación, preciosa, res-
Goku. Tenía un magnífico conocimiento de todo un pondí rápidamente haciendo el mismo ademán.
poco; era sencillo que le agradara a todos. —Me voy a recostar, añadió al instante y se aco-
En la sobremesa continuamos charlando, Danie- modó como le gusta. Echada sobre el mueble y con
la se explayaba con mayor fluidez y el resto lo hacía su cabeza sobre mis piernas.
de igual forma. Acariciaba su melena divina mientras que le de-
Previo a sentarnos sobre los muebles agradeció cía que me gusta estar así.
la comida y quiso ayudar con los platos; pero mi Algunos minutos más tarde, cuando la digestión
vieja no quiso que lo hiciera diciendo lo siguiente: hizo efecto, subimos a mi habitación.

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No tuve tiempo de ni siquiera sintonizar alguna en mí, escuchó a mis labios decir, te amo, amor de
melodía porque nos aferramos a base de besos in- mi vida. Acto seguido, caí nuevamente rendido.
tensos y apasionados que nos condujo a caer sobre
la cama; después de una risa nos desnudamos mu- No estoy seguro del tiempo que permanecí sobre
tuamente, tan veloz y efusivamente como pudimos. sus pechos, solo sé que llevaba los ojos cerrados y
Una vez desnudos continuaron los besos, esta vez, escuchaba a su corazón.
no se limitaron a ser en los labios. Enseguida, me acomodé a su lado y nos abra-
Besé todo su cuerpo con intensidad, acariciando zamos. Hacía un repentino frío, usamos parte del
después cada rincón de su hermosura. Me encanta- edredón para cubrirnos; pero fue divertido tapar-
ba hacerla explotar de un sinfín de sensaciones que nos por completo como andar escondidos. Dentro
desarrollaba su ser al tiempo que la besaba, tocaba de esa cueva de edredón volvimos a besarnos, esta
y sentía mía. vez, con cierta ternura. Reímos por lo infantiles que
éramos y hasta jugamos durante un buen tiempo.
La veía sobre la cama, con la cabellera ondulada
cayendo en ambos extremos, preciosa, exquisita, Sentimos el agotamiento del placer y del lúdico,
divina, como si se tratase de una diosa mitológica. sin imaginarlo cerramos los ojos por un momento,
Le dije, te amo, respondió, yo también te amo a ti, todavía abrazados y nos quedamos dormidos.
y empezamos a hacer el amor con un infinito mu- Nos sorprendió el sonido del celular.
tuo deseo por fusionar nuestros cuerpos y hacernos
uno. ¡Debe ser mi Mamá! Dijo al abrir los ojos. ¿Qué
hora es? Me preguntó y cogí rápidamente mi teléfo-
No pronunciamos palabra alguna durante el no. Siete y media, marcaba el reloj.
acto, todo lo que se pudiera decir fue plasmado en
caricias y besos sin límites, rodeados por una at- Daniela se estaba cambiando mientras hablaba
mósfera y enamorados más que nunca. Nuestro con su Mamá, parecía estar todo bien, lo supe por
amor tan puro y honesto se reflejaba en lo que ha- sus gestos; pero quise confirmarlo con una pregun-
cíamos, en la forma como hacíamos el amor. ta.

Caí rendido sobre sus pechos y la oí suspirar. Sí, precioso, todo anda bien, es solo que estaba
Se aferró a mí con un abrazo y la oí decir, te amo preocupada.
demasiado, amor de mi vida. Reuní fuerzas para Entiendo, princesa.
levantarme y mirarla, el pardo de sus bellos ojos
resplandecía con vigor y manteniendo su mirada Vamos yendo, déjame en mi casa.

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Por supuesto, no tienes que mencionarlo. era mi romántico pensamiento. Además, no le ha-
bía visto ninguna en sus manos, salvo pulseras.
Una vez vestida se acercó y me dio un beso.
La empleada del local me miró sorprendida,
Me vestí, arreglé el cabello frente al espejo y sa-
creyendo: Tan joven y se compromete; pero le hizo
limos de la habitación cogidos de la mano, entre
entender, entre risas, que era un detalle para mi
risas y sonrisas.
chica.
Ninguno de mis hermanos apareció, se encon-
Vi una que me encantó y supuse que le gustaría
traban concentrados en la computadora, lo cual era
porque conocía sus gustos. El problema era que va-
natural. Mi vieja se asomó y se despidió de Daniela
lía carísimo y tuve que gastarme la acumulación de
saludándola por su cumpleaños por adelantado.
propinas.
Caminamos a pesar que le dije para ir en moto.
Nuevamente en casa, sentado al frente de la
Prefirió caminar y me pareció genial, cosa rara en
computadora y chateando por MSN acordé con Ma-
mi pedirle ir en moto; pero estupendo que desee lo
nuel en que vendría a buscarme alrededor de las
contrario.
nueve de la noche.
En la puerta de su casa nos despedimos luego
A eso de las nueve y media, esperándolo desde
de conversar durante todo el trayecto acerca de
la ventana del segundo piso, por fin pude verlo aso-
lo que fue el almuerzo y lo que será mañana en su
marse.
reunión de cumpleaños.
¿Qué tanto te demoras?, ¿Acaso te estás maqui-
Te llamo o te mando un mensaje a la media no-
llando? Le dije al salir por la ventana. Mostró una
che, princesa, le dije después de darnos un beso.
sonrisa y con voz tímida, respondió: Estaba en el
Voy a esperar tu mensaje o llamada, precioso, baño. Empezamos a reír enseguida.
respondió sonriente.
¿Los demás van a ir? Preguntó refiriéndose a mis
¡Feliz cumpleaños, princesa de mi vida! Te amo hermanos. No lo sé, todavía no se alistan, respondí.
demasiado, más tarde la vamos a pasar estupendo, Pero, déjame preguntar, añadí al instante. Cerré la
se lo dije vía mensaje de texto a la media noche. ventana y subí al siguiente nivel. Fernando estaba
en su computadora, escuchando música y al frente,
Desperté muy temprano para ir a comprar el sobre la cama, se encontraba Orlando. ¿Van a ir a
regalo, había pensado en una sortija que pudiera la reunión? Les pregunté. Yo sí, respondió Fernan-
llevar durante todo el tiempo que andemos juntos, do. Voy a esperar a Ezequiel e iremos juntos, aña-

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dió. Orlando no dijo nada, quizá, al sentirse menor se asomó por la puerta, reluciente, con el cabello
no quiso asistir. ondulado brillante y sedoso. Emocionada de verme
e intentando saber cuál era la llave que abriera la
Ya pues, chévere. Afuera está Manuel, voy avan- reja.
zando con él, le dije. Está bien, nosotros vamos des-
pués, dijo y entonces fui a recibir a Manuel luego Mi madre la dejó con llave, no sé porque, dijo
de optimizar detalles. mientras abría. Y al hacerlo nos abrazamos inme-
diatamente. Olía delicioso y su cabello me fascina-
Llevaba el regalo escondido en un bolsillo, volví ba. Le di un beso después de decirle, feliz cumplea-
a mirarme en el espejo antes de salir, justamente ños, princesa. Te amo demasiado. Agradeció con
en el baño del primer piso y salí a recibir a mi ami- una sonrisa. Enseguida, Manuel la saludó y le pre-
go. guntó por Kelly. Daniela le dijo que se había ido a
Nos saludamos con un apretón de manos y entre comprar junto a Claudia. Manuel asintió y resolvió
risas, instintivamente caminamos hacia allá y a entrar a la casa.
medio andar encendimos un cigarro para sentirnos, Sabía que dentro de la reunión no tendría mu-
como siempre dicta Manuel, “unos chicos bravos”. cho tiempo para estar solos, entonces me animé a
Al terminar de fumar cigarrillos y encontrarnos entregarle el obsequio en ese momento.
cerca, chupamos unos caramelos para el aliento.
Princesa, aquí tengo tu regalo. Se llevó las ma-
Parece que todavía no hay mucha gente, dijo al nos a la boca y elevó las cejas, se veía muy linda en
detenernos afuera y observar el ambiente por la esa expresión. Le entregué el detalle mientras que
ventana. todavía se hallaba asombrada.
Me di cuenta que nos observaron; pero me hice Me encanta, precioso, dijo segundos después, ya
el sonso. Un santiamén después, salió Carla junto sin la expresión de sorpresa; pero igual viéndose
a otra amiga que no conocía. bella. Me dio un abrazo en señal de agradecimiento
Hola, hola, saludamos al mismo tiempo. Hola y muchos besos en la mejilla. Detuvimos nuestras
chicos, voy a llamar a Daniela para que abra la miradas, sonreímos y nos besamos en los labios.
puerta, dijo manteniendo su vaso de licor en mano Te amo, yo también te amo. Nuevamente nos
y sonrisa en el rostro. abrazamos; pero esta vez fuimos interrumpidos por
Un minuto más tarde, salió Daniela. Estaba di- Kelly y su amiga, quienes regresaban de la tienda.
vina, me encantó desde el primer momento en que Lamentamos molestar su momento romántico,

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dijo con humor. Pero hemos traído el trago, añadió la sala, yo tomaba junto a Manuel, quien se alejó de
con una sonrisa. Kelly porque también danzaba.
Pasemos, dijo Daniela y me cogió de la mano. Qué hermosa es mi novia, pensé mientras la veía
Mientras entrábamos recordé el cumpleaños pasa- moverse al ritmo de la música. Enseguida, se dis-
do y la manera como intentaba pasar desapercibi- persaron y comenzaron a sacar a sus respectivas
do. Ahora ingresábamos cogidos de la mano. parejas, accedí a bailar gustoso, con una sonrisa en
el rostro y acomodándome el cabello que me caía
Adentro me encontré con sus amigas del cole- por la frente, el cerquillo que tanto le gustaba.
gio, academia y del barrio. Conocía a algunas en
persona y a otras por el Facebook; aunque Daniela Bailamos al ritmo de un latín, después le siguió
se encargó de presentarme a todas, siempre con la una bachata y me sentí completamente perdido;
misma leyenda: Él es mi novio. Sonreía cada vez aunque seguía sus pies. Enseguida, la salsa román-
que saludaba a cada una de sus conocidas. tica, lenta y por ratos intensa, llegaba a sentirme
cómodo con dicho ritmo, al punto de improvisar al-
Por otro lado, Manuel y Kelly charlaban junto gunas vueltas y darnos un beso al juntarnos como
a otro par de chicas. A no ser por el hermano, se- dictaba la canción.
riamos los únicos hombres. Lo éramos cuando el
tipo extraño se iba y tardaba en regresar. Creía y No dejamos de reír durante el tiempo que baila-
me daba risa pensarlo, que le habían encargado el mos, lo hacíamos mirando a las parejas contiguas y
cuidado de la casa. por los pasos que hacía. Terminada la canción nos
dimos un beso y volvimos a nuestro lugar. Rápi-
El atuendo de Daniela era espectacular, nunca damente se acercaron sus amigas y comenzamos
antes la vi con vestido, llevaba uno color celeste, a charlar en grupo. Resolví acercarme a la mesa a
maravilloso. Le quedaba esplendido y afirmaba servirme un trago, ahí encontré a Manuel y comen-
amarlo. Había ido de compras con su madre y sin zamos a reír al comentar acerca de la forma como
dudarlo, al verlo, lo escogió. Naturalmente, su vie- bailamos, ambos somos malos danzando.
ja le dijo que le quedaba bien; pero ella me dijo que
la opinión válida sería la mía. Estas hermosa, se Cuando regresamos al grupo me encontré con la
lo dije una, dos, tres, cuatro y hasta cinco veces en sorpresa que su hermano se hallaba a un lado for-
distintas ocasiones y todas fueron sinceras. Según mando parte del grupo.
cuenta, mis ojos brillaron al hacérselo saber.
Pensé que sería una buena oportunidad para sa-
Ella bailaba junto a sus amigas en el centro de ludarlo y conocerlo; me acerqué e inmediatamente

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Daniela dijo: Ya conoces a mi hermano. Nos mira- sivamente. Bebí el ron y respondí con amabilidad.
mos y nos estrechamos la mano. Enseguida, se sa- Su hermano se mantenía serio como no queriéndo-
ludó con Manuel. me dar confianza, lo entendía.
El tipo era serio, creí que sería difícil verlo son- Luego de mi respuesta bebió su trago y nueva-
reír; vestía de negro como lo era su cabello largo mente nos quedamos callados. Pensé en ir al grupo
y con peinado raya al medio, completamente dis- de Manuel; pero ya se encontraban bailando.
tinto al ondulado de su hermana. Tomaba vodka,
lo supe por el color amarillo del líquido, yo bebía ¿Qué música escuchas? Parece que no te gusta el
ron -siempre me gustó el ron- y no se movía para latín, le dije y sonreí.
nada, si ni siquiera se inmutaba por el sonido de la Prefiero el rock, respondió y ante mi sorpresa
canción. Tomaba mirando la nada y por ratos con- hizo el ademán de tocar una guitarra. Pensé que
versando. Bueno, añadiendo opiniones, basadas en tal vez lo habría hecho por mera espontaneidad.
frases cortas.
Sabia poco de rock porque a mi hermano tam-
Daniela salió junto a Kelly y otra amiga, me dijo bién le gusta ese género musical, por ello pude
que irían a comprar y volverían. Para entonces, su mencionarle algunos grupos.
hermano había desaparecido; pero volvió cuando
ella ya no estaba. Llevaba el cabello mojado e ima- Asintió varias veces al oír los de su aceptación,
giné que estuvo en el baño. dijo algunas canciones que le gustaron y empezó a
soltarse mientras charlaba sobre dichas agrupacio-
Oye, ¿Adónde se fue Daniela? Preguntó luego de nes.
tocarme el hombro.
Después charlamos acerca de tragos, me dio cu-
Ha salido a comprar, ya regresa en unos minu- riosidad el motivo por el cual bebía vodka, es que a
tos, respondí con cordialidad. mí siempre me cae mal. Me dio varios motivos por
Asintió con la cabeza y retrocedió unos pasos. Yo los cuales le gusta el vodka y yo le di otra canti-
estaba solo, Manuel bebía a un lado charlando con dad de razones por los cuales me gusta el ron. En-
las chicas del grupo que en ese momento se había seguida, conversamos sobre la reunión, empezó a
esparcido. decirme que le dejaron la casa a cargo, idea que no
le gustaba; pero que debía acatar y que por ello no
Estábamos los dos en el mismo rincón de la sala. debía de estar tomando demás; fue curioso que lo
dijera porque ahora que lo estaba viendo de cerca
¿Cuánto tiempo llevan juntos? Preguntó sorpre- no parecía estar sobrio. Y casualmente, yo tampoco

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lo estaba. Era la primera fiesta de Daniela en don- Habíamos tomado demasiado sin darnos cuenta,
de servían trago y sí que todos se excedieron. cosa que a veces suele suceder.
Los temas continuaron saliendo a flote y enta- Pasado un buen rato, tímidamente, se aparecie-
blamos una prolongada conversación. ron Fernando y Ezequiel, entraron cuando les hice
un ademán y se acomodaron en una esquina dejan-
Para cuando Daniela y el resto regresaron nos do una botella de ron y su respectiva gaseosa a un
encontraron conversando y riendo como si nos co- lado. Uno de ellos me pidió una jarra y se la traje.
nociéramos de tiempo.
Luego, Daniela se encargó de presentarle al
Daniela se acercó y se dio cuenta que su herma- resto de las chicas y comenzaron a bailar en la si-
no se hallaba en completo estado de ebriedad. Al no guiente canción.
haber formado parte de ningún grupo durante un
largo periodo se dedicó a tomar y tomar sin medir No era muy tarde, el reloj de mi celular marcaba
las consecuencias terminando borracho. las 2.30am. Pero no me sorprendió que mi cuña-
do se haya emborrachado tan pronto. Cuando no
Cuando estaba con nosotras parecía normal, dijo conversas y no bailas, dedicándote solo a beber, te
Daniela, al momento en que su hermano resolvió ir embriagas con rapidez.
al baño.
¿De dónde se vienen? Le pregunté a Ezequiel.
Solté una risa y luego le dije, yo siento que estoy Estábamos en tu casa tomando unas cervezas y nos
igual. Sí, ya me di cuenta, precioso, respondió con vinimos para acá, respondió y bebió su trago.
humor.
Daniela y yo estábamos abrazados en el mueble,
Mi cuñado salió del baño y se fue a su habitación escuchaba al resto conversar y por ratos los veía
sin despedirse, balbuceó algunas palabras y subió moverse al ritmo de la música.
al segundo piso.
Vamos a bailar, precioso, me dijo después de un
Manuel y Kelly estaban sentados en el mueble, beso y al instante nos encontrábamos en la pista de
le dije a Daniela para sentarnos también y eso hi- baile junto al resto de parejas.
cimos.
Bailamos varias canciones seguidas y puedo de-
Me sentía medio mareado; pero sabía que podía cir que los tragos que llevaba encima me hicieron
mantenerme estable, lo mismo vi en Manuel a pe- un mejor bailarín.
sar de tener los ojos rojos y el rostro notablemente
alegre. Bailamos y nos besamos, nos burlamos de los

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otros bailarines e hice pasos graciosos provocando Nos despedimos rato más tarde, existió la posi-
la risa de los otros. La pasamos genial mientras bilidad de preparar desayuno. Sin embargo, está-
bailábamos. bamos más que agotados y con ganas de caer sobre
la cama y dormir un buen tiempo.
De vuelta al mueble continuamos tomando y
conversando, los temas iban y venían, empezába- Te amo, princesa. Duerme un rato, yo haré lo
mos con uno y nos íbamos por la tangente para mismo al llegar a casa, le dije y le di un beso. Ma-
luego regresar al mismo tema, siempre es así. Las nuel se adelantó después de despedirse de Kelly,
sonrisas y las risas siempre presentes y las anécdo- quien decidió quedarse a dormir.
tas fueron relatadas para fabricar más risas.
Como lo dije, lo primero que hice al llegar a casa
Nuevamente volvimos a bailar, esta vez lo hici- fue echarme sobre la cama y descansar.
mos solo los dos, una salsa lenta y bonita, abraza-
dos en medio de la sala, danzando lento, mi mano Desperté a la hora del almuerzo y no bajé a co-
sujeta la suya y la otra su cintura , un beso a media mer porque recién me lavaba la cara. Vi el celular y
canción y un abrazo al final. Un te amo con una encontré un mensaje.
sonrisa terminada la canción y volver al mueble Precioso y ebrio, adivina, mi papi ha venido y
para quedarnos abrazados. estamos yendo de compras. Te amo, te escribo más
Transcurrieron las horas y las personas se fue- tarde.
ron retirando hasta que quedamos Kelly, Manuel, Me sentí muy feliz al leer su mensaje. Ensegui-
Ezequiel, Fernando, Daniela y yo. da, fui a ducharme para reanimarme y luego des-
La pareja de hombres se retiró minutos después. cendí a la cocina para servirme el almuerzo. Ya na-
die comía en la sala, por eso subí la comida a mi
Eran altas horas de la madrugada cuando ter- cuarto.
minamos de tomar la última botella, Daniela me
pidió que me quedara hasta el amanecer; pero tam- Almorcé viendo televisión y recordando los su-
poco iba a dejar ir a Manuel solo con el peligro que cesos de la noche anterior. Daba risa acordarme de
pueda ocurrir y este no iba a permitir que no le los pasos de baile que hice; aunque, lejos de sentir
diera el gusto a mi chica, entonces resolvimos que- vergüenza aseveré en mi mente que se trató del li-
darnos todos hasta ver el alba. cor y la diversión.

El trago se acabó y conversamos acerca de la re- Princesa, espero que la sigas pasando de mara-
unión y los eventos más chistosos hasta que la luz villa junto a tu familia. Lo de ayer fue grandioso.
del sol hizo su aparición.
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Te amo mucho, le escribí en un mensaje y continué —Me divertí mucho, fue uno de los mejores cum-
almorzando mientras veía la televisión. pleaños, dijo emocionada añadiendo emoticones de
corazones y rostros sonrientes.
Estaba destruido, con una resaca de aquellas y
Manuel me contaba por MSN que se encontraba en —Todos la pasamos chévere. Y dime, ¿Y qué tal
la misma situación. De rato en rato le contestaba la pasaste con tu Papá?
porque prefería estar en la cama.
—Pues, muy bien. Imagina que me sorprendió
Daniela me envió un mensaje en la noche, alre- su visita, sabía que no llegaría ayer; pero no quise
dedor de las nueve, estaba cenando cuando lo reci- deprimirme. Hoy apareció de sorpresa invitándo-
bí. me a pasear e ir por mi regalo.
Precioso, ¿Cómo sigues? Te cuento que la pasé — ¡Que chévere, princesa! Me da gusto.
genial junto a mi papi. Te lo detallo en el MSN.
¡Conéctate! —Sí. Fuimos al Jockey y compré algunas cosas
que me faltaban.
Terminada la cena subí a mi habitación para co-
nectarme al MSN y chatear exclusivamente con mi —Nada te falta, princesa, interrumpí con humor.
chica. —A mí me gusta tener el closet lleno, añadió con
—Hola princesa, le dije de inmediato, añadiendo humor.
emoticones de corazones. Agrego algunos emoticones de rostros sacando la
—Precioso y ebrio, respondió agregando risas y lengua y continuó escribiendo.
muchos emoticones graciosos. —Ya te voy a mostrar lo que elegí. Luego, fuimos
Escribí risas y le dije: La pasamos bacán ayer, a tomar helados, me encantan los helados, dijo con
estuvo muy divertido. un emoticón de rostro alegre.

—Sí, estuvo muy chévere. Sobre todo tus bailes —No tengo dudas sobre ello, dije con humor.
y la borrachera de mi hermano, dijo con bastante Añadió un corazón y siguió: Cuando caminába-
humor. mos, me veía y decía, ya no eres una niña. Estaba
Nuevamente añadí risas y escribí: Es verdad y más cariñoso que nunca, me pareció extraño; pero
también es cierto que no volverá a suceder. no se lo hice saber, solo le seguí la corriente y son-
reí. Aunque confieso que me sentí muy bien. Hace

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mucho que mi padre no me abrazaba de la forma ca de ello y después empecé a comentarle sobre la
como lo hacía, confieso que fue lindo. reunión y llegamos a ti.
Ya estoy grande, Papá, le respondí y lo vi sonreír; — ¿Cómo dices, princesa? Pregunté mientras re-
pero no era una sonrisa cualquiera, no sé cómo ex- leía lo que dijo.
plicarlo, solo sé que no era una sonrisa común.
—Le hablé de ti.
Vi que lagrimeó; pero hice como si no me diera
cuenta.Me probaba la ropa al frente de él y repetía — ¿Qué le dijiste, princesa?
que ya no era una niña, volví a decirle que estaba Me sentí nervioso en ese momento.
grande y se llevaba la mano a la cara como quien
se frota el rostro. Yo seguí probándome la ropa sin —Vio la sortija y me dijo, no me digas que estás
decir nada. comprometida con ese chico. Su cara de asombro
dio mucha risa; pensé asentir con la cabeza; pero
Pagó y le di un beso de agradecimiento. Luego la risa me ganó. No papi, solo somos enamorados.
fuimos por los helados y más tarde almorzamos Me miró con el ceño fruncido y luego se calmó para
juntos. preguntar, ¿Te respeta? Claro que sí, es muy lindo
—Princesa, me alegra mucho que la hayan pa- conmigo. Siempre me demuestra su amor.
sado de maravilla, le dije con muy buen humor y Que linda, pensé y le sonreí al monitor.
agregando emoticones de corazón.
— ¿Cuánto tiempo tienen? Quiso saber. Era nor-
Que genial que empiecen a llevarse bien; espe- mal que no lo supiera. Respondí a su pregunta y le
ro que no sea efímero y se vuelva constante, pensé dije alguno que otro detalle sobre nuestra relación.
mientras veía la pantalla.
— ¿Cómo cuales? Pregunté muy curioso.
—Durante el almuerzo dijo que ya estaba gran-
de para comprender las cosas, entonces comenzó a —Pues, que nos llevamos muy bien, repetí que
contarme los motivos del divorcio, cosa que me pa- me respetas, que eres un buen chico, inteligente y
reció absurda, obvio que lo sabía todo, no soy tonta; muy ambicioso. Ah, también le comenté que eres
pero decidí escucharlo de igual modo. escritor y estás a punto de publicar una obra.

Habló de otro montón de cosas, acerca de la uni- —Bueno, me parece excelente que le hayas dicho
versidad, de todo lo que podría suceder, de mi her- todo eso. ¿Qué te dijo al respecto?
mano y le conté de su borrachera de ayer, rió acer- —Pues, se sorprendió cuando le dije que eras es-

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critor y a la vez le pareció chévere que te guste la lo disculpara por las constantes faltas. Le dije que
escritura tanto como la lectura. también lo quería y antes de bajar del auto lo escu-
ché decir, la otra semana volvemos a salir, recuerda
Más le agradó saber que me respetas y tratas que tengo algo importante que contarte.
con cariño. Además, al afirmar que estoy grande,
acata también que tenga enamorado. Y eso fue todo.
—Claro, a todo padre le interesa eso, escribí. No la noté tan emocionada como antes, de repen-
te era porque estaba, como dijo, algo resentida.
—Así es, precioso. Y bueno, al final le dije que te
llevabas bien con mi mami. —Bueno, princesa, te repito, lo importante es
que la pasaron genial.
— ¿Dijo algo sobre eso?
—Sí, precioso. A pesar de mi resentimiento se
—No. Solo hizo algunas muecas. me hizo imposible no darle un abrazo de despedida.
—Ah, bueno. ¿Qué más? Tuvimos un lindo momento, dijo acotando varios
emoticones de corazón.
—Solo eso, precioso. Después cambiamos de
tema; vio la hora rato más tarde y dijo que tendría —Eso es lindo. Me agrada que hayan vuelto a
que postergar lo que quería decirme. salir, dije con un emoticón de rostro sonriente.

No estoy segura de que querrá hablar conmigo —A mi también. Me gustó que haya estado amo-
seriamente. roso, siento que debí ser mas cariñosa; pero bueno,
al final lo abracé con mucha efusividad, dijo aña-
—Tampoco lo sé, princesa; pero bueno, al menos diendo emoticones de abrazos.
la pasaron chévere y eso es lo importante.
—Ustedes dos se adoran, eso es completamente
—Me ha dejado pensando; pero bueno, al final natural, añadí.
llegamos a pasar un buen rato juntos. Lo extrañé;
aunque no se lo dije porque estoy algo resentida —Acaba de llegar mi mami, ha estado todo el
con él. día afuera, salió con sus amigas cuando salí con mi
papi. Voy a contarle sobre el paseo, ya regreso. Te
—Eso es lo que vale, princesa. amo, escribió y agregó varios emoticones.
—Pues, tienes razón. La pasamos bonito. Que chévere que se sienta contenta, me da gusto
Antes de despedirnos dijo que me quería y que que haya salido con su viejo, pensé y nuevamente
le sonreí al monitor.

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Seguí chateando en el MSN, esta vez con otras mente te das cuenta que es de madrugada y sigues
personas, una de ellas era Manuel, quien me había chateando con tus contactos. Suele suceder y siem-
enviado varios zumbidos. pre que me doy cuenta que es tarde decido apagar
la computadora e ir a dormir; pero esa noche quise
Comenzamos a chatear varios minutos inter- quedarme un rato más para escribirle una carta a
cambiando sucesos de la reunión anterior. Tam- mi princesa.
bién conversamos sobre Kelly, pues, él escribía lo
que sentía por ella, claro está, que bien a su modo. Luego que todos con quienes chateaba se desco-
Reía, mas no lo escribía, porque la charla era seria nectaran inicié la carta.
y aunque por ratos me sorprendían sus palabras
-estaba muy enamorado, me alegraba; pero asom- Comencé a escribir desde el primer momento en
braba- me daba gusto que haya encontrado a al- que la conocí y avancé hasta que empezamos a sa-
guien a su medida. lir como enamorados. El alba arruinó la escritura
y tuve que ir a la cama para continuar más tarde.
Se lo hice saber con la seriedad que ameritaba
la plática. Quería que fuera una carta extensa que relata-
ra todo lo vivido hasta el momento, expresando en
Seguimos chateando de otro sinfín de cosas, en- cada párrafo lo que me hizo y me hacía sentir.
tonces empezaron las risas y las bromas, el tema
serio terminó con la condición que no le contara a Por la tarde jugamos pelota. Previo al encuen-
nadie. Las otras charlas me hicieron soltar carcaja- tro futbolero recibí una llamada de Daniela, esta-
das y lanzar manotazos al escritorio de tanto reír. ba eufórica, no dejaba de contarme con alegría que
Manuel es de los pocos que pueden hacerme reír su padre la había ido a visitar, no tuve tiempo de
con locura, porque siempre tiene una buena histo- alegrarme por ella, porque dijo que se estaban di-
ria que contar. rigiendo a comer a una pizzería y que por la noche,
en el MSN, me contaría lo sucedido.
De hecho, nunca me quedo atrás y siempre acoto
algunas situaciones para también hacerlo reír. Le dije que me parecía estupendo que volvieran
a pasar otro lindo momento y que lo disfrutara.
Por otro lado, conversaba con Ezequiel y Jona- Dijo te amo y colgó antes que le contestara, yo tam-
than quedando para jugar pelota mañana por la bién te amo a ti.
tarde, habían confirmado a otro grupo de peloteros
y me pareció estupendo. Sonreí y dije para mis adentros, que bueno que
todo con su padre comience a mejorar. Salí a jugar
En el MSN el tiempo pasa rápido, repentina- pelota un segundo después.

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El partido fue espectacular, Ezequiel y Fernando — ¡Muy bien! Estuvimos paseando por distintos
hicieron una buena labor en convocar a los pelote- centros comerciales y después fuimos a almorzar
ros. Mi equipo no salió completo; pero pude llamar chifa, ya no pizza. Estuvo muy cariñoso, yo tam-
a algunos tigrillos. bién fui amorosa, le dije que lo extrañaba y que me
gustaba pasar rato con él. Respondió de igual ma-
Logramos jugar un triangular, que no pude ga- nera y al final tuvimos gratos momentos, escribió
nar; pero que al menos fue intenso y divertido. alegremente respaldando el texto con emoticones
Anoté varios goles que dediqué a Daniela a pesar de corazones y rostros sonrientes.
de no haberla visto en la tribuna.
— ¡Qué bueno, princesa! Me da gusto que estén
Mariana y Alondra vieron el partido junto a Ma- pasando más tiempo juntos.
nuel, buen amigo de ella, más que yo de repente, es
que ya no hablaba mucho con ambas, En ese momento abrí el Facebook y vi que pu-
blicó un estado para su Papá. Le di like porque me
salvo por algunos momentos de platica por el pareció bonito y sincero.
MSN, más que todo con Mariana, a quien le comen-
taba que todo iba yendo espléndidamente bien con —Ya estas aprendiendo a utilizar el Facebook,
Daniela. Ella se alegraba porque sabía por todo lo añadió al saber que vi su publicación.
que habíamos pasado.
—Sí, sí, ya se me hace sencillo y hasta resulta
Ya en casa luego de la tarde futbolera y de beber genial.
la respectiva gaseosa, conversado algo con los pelo-
teros y acordado para futuros compromisos, resol- —Chévere precioso. Y cuéntame, ¿Ganaste en el
ví conectarme al MSN después de una prolongada juego? Escribió agregando emoticones de pelotas.
ducha de agua helada. Empecé a contarle todo lo ocurrido durante la
—Precioso, ¿Qué tal tu partido? tarde futbolera.

—Hola princesa, pues, estuvo chévere. ¿Cómo —A la otra seguro que ganan; aunque lo bueno
sabías que jugué pelota? fue que anotaste goles, dijo y añadió al instante: Y
me los dedicaste; aunque no estuve presente.
—Es lo que haces cuando no te conectas, escribió
añadiendo emoticones. Añadí varios emoticones de corazones.

Luego de unas risas, pregunté: ¿Qué tal la pa- —Oye precioso, estoy muy cansada, creo que voy
saste con tu viejo? a echarme un rato. ¿La seguimos por mensajes?

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Escribió siempre con sus respectivos emoticones. ca se hizo sencillo describir cada instante.
—Claro princesa, ve a la cama. Conversamos Después, apagué la computadora para ir a dor-
por mensajes en un rato, mi celular está cargando. mir.
—Genial, precioso. Te amo, besos. Voy a la casa de Daniela, vengo en un par de ho-
ras, le avisé a mi vieja, quien veía televisión. Anda
—Yo también te amo, princesa. Besos. con cuidado y mándale mis saludos, respondió y fui
Olvidé decirle que no tenia saldo para mensajes; descendiendo las escaleras con rapidez.
pero si para llamar. Me habían dado algunos mi- Precioso, te estoy esperando, recibí un mensaje
nutos, decidí aprovecharlos y volvimos a contarnos mientras caminaba.
lo mismo.
Estoy yendo para tu casa, princesa, le devolví el
Ahora si pude notar la emoción que sentía cuan- mensaje algunas cuadras más adelante porque ya
do hablaba de la salida con su viejo y ella me sentía tenía saldo.
amargo y por momentos satisfecho por lo hecho en
el partido. Cambiemos de tema antes que se ter- Aceleré los pasos llegando más rápido de lo ha-
minara el saldo y nos dijimos algunas palabras bitual. Presioné el timbre un par de veces como de
bonitas que pudieron reflejar lo que mutuamente costumbre y la vi asomarse por la ventana del se-
sentíamos. gundo piso.
Princesa, si cuelgo no soy yo, es porque se acabó ¡Precioso! Ahí bajo, dijo con una sonrisa. Le mos-
el saldo, se lo hice saber interrumpiendo nuestro tré la mano y una sonrisa dejando que leyera mis
palabreo bonito mientras que, casualmente, ambos labios, te espero preciosa.
estábamos echados sobre una cama.
Abrió la puerta y me invitó a pasar. Poco antes
Yo miraba el techo mientras le hablaba y ella de cruzar la puerta, de una manera muy extraña,
seguramente estaría haciendo lo mismo aferrada a añadió: Espérame un ratito aquí.
uno de sus peluches.
Bueno, está bien, le dije, un tanto serio y sin
Culminada la llamada no me dieron ganas de saber lo que ocurría. No tuve tiempo de pensarlo,
volver al MSN; pero si de continuar escribiendo la enseguida hizo un ademán sugiriendo a la vez que
carta. Lo hice por un buen tiempo describiendo en cubriera mis ojos. Hice caso e ingresé mostrando
cada párrafo nuestros mejores momentos y como una sonrisa, nervioso y algo ansioso.
me hallaba inspirado por la previa charla telefóni-

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Me guiaba; pero aún así me golpeé con un estan- amar a alguien que no seas tú, añadí. La oí respi-
te pequeño, poco importaba el dolor, quería saber rar y sentí que estaba contenta.
adónde me llevaría. Caminamos un par de metros
y pidió detenerme. Se alejó y al instante dijo, abre Yo también te amo, precioso, respondió algunos
los ojos. segundos después.

Nunca voy a olvidar lo que vi. Un enorme collage Nos separamos una corta distancia y nos mira-
de nuestras fotos decorado de un modo fantástico, mos. Luego juntamos nuestros labios y nuevamen-
en la parte inferior decía: Juntos por siempre. Las te nos miramos, cuando nos mirábamos sentíamos
fotos se veían nítidas y con algunos buenos toques, que podíamos observar mas allá, quizá, contemplar
editadas de tal manera que se veían sensacionales. nuestros corazones y saber que nos hallamos den-
tro de cada uno. Era verdad, todo lo que se encon-
Los momentos reflejados eran los mejores, recor- traba dentro de mí, llevaba su nombre.
daba cada uno de ellos con tan solo ver las imáge-
nes. Envolvió el collage lenta y delicadamente para
que me lo pueda llevar. Lo puso a un lado y nos
Por esta razón siempre llevo mi cámara, añadió acomodamos sobre el mueble, mas no encendimos
con una preciosa sonrisa. Quise correr a abrazarla la tele, nos quedamos sentados, con las manos su-
y decirle muchas gracias para luego decirle cuan- jetas y viéndonos.
to la amo; pero me quedé quieto observando ano-
nadado el grandioso detalle que había preparado, —Me encantó la sorpresa. Muchas gracias, en
contemplando maravillado cada foto, cada imagen serio, le dije manteniendo la sonrisa y le di un tier-
que me trasladaba inmediatamente a dicho acon- no beso.
tecimiento inmortalizado allí. —De nada, precioso. Que chévere que te haya
Segundos después, la abracé y le dije cientos de gustado. Estuve gran parte de la noche haciéndola,
veces que la amaba con todo mi corazón y que nun- contó y sonrió.
ca habían hecho algo tan bello por mí. —Al final salió algo espectacular, le dije con una
Puedes pegarlo en tu habitación, si gustas. Cla- sonrisa.
ro, princesa, eso es lo que pensaba hacer, le dije Se ruborizó y se acercó para darme un beso.
sonriendo. Sonrió emocionada y nuevamente nos
abrazamos. — ¿Y qué tal tu día, precioso? Preguntó después.

Te amo, princesa, se lo dije al oído. No podría —Todo chévere, amor. Escribí algunos textos

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que seguramente van a ir en el libro; aunque antes —Te amo, precioso, dijo de repente desde su po-
debo corregirlos, quise decirle que también le escri- sición, mirando mi perfil.
bí una carta; pero todavía no la había terminado,
entonces preferí evitarlo. Luego me quedé chatean- Sonreí y le dije: Y yo te amo a ti, princesa.
do y curioseando en Facebook. He subido algunas Hice un esfuerzo para poder besarla, nunca fui
fotos, salimos bien. muy flexible; pero al menos pude rozar sus labios.
— ¿En serio? A ver, a ver, dijo y rápidamente su- Digo al menos porque el movimiento la hizo reír y
bió a su habitación para descender con su laptop. cuando rió, yo también lo hice.

— ¡Que lindas fotos, precioso! Están divinas, —Acomódate bien para poder besarte.
dijo llevándose las manos a las mejillas. Velozmente se acomodó de tal manera que podía
—Voy a darle like y comentar, añadió enseguida. tenerla al frente. Preciosa como de costumbre, aca-
ricié su ondulada melena manteniendo la mirada
Asentí y la oí decir, yo también voy a subir fotos en el color de sus ojos y fuimos acercándonos lenta-
nuestras. mente, cerrando los ojos en el camino y besándonos
tiernamente para luego hacerlo de un modo muy
Eso me pareció estupendo. apasionado, tanto que tuvimos que echarnos sobre
—Chévere, preciosa. Sube fotos y las comento el mueble, callados, sin reír por la caída y concen-
cuando esté en mi casa. trados en el beso que nos iba conduciendo a un libi-
do entrañable.
— ¿Puedo tomar un poco de agua? Pregunté.
—Aquí no, dijo de pronto.
—Sírvete en la cocina, dijo mientras elegía las
fotos. Nos separamos. Me cogió de la mano y arriba-
mos hacia su habitación.
Cuando regresé vi varias fotos nuestras en su
Facebook. —No hay nadie, ¿Verdad? Pregunté sin ser res-
pondido.
—Mira, están geniales, ¿Verdad?
Entramos a la habitación y comenzamos a be-
—Sí, princesa, están chéveres. sarnos.
Dejó la laptop a un lado y volvió a acomodarse a Era un beso apasionado, nuestros brazos se en-
mi lado, esta vez echada sobre mis piernas. trelazaban y tocaban todo lo que quisieran. Deja-

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mos la puerta abierta y caímos sobre la cama, yo La amé con la fuerza de mis extrañas mientras
encima de ella, sonreímos y continuamos el beso. hacíamos el amor y aunque no se lo dije con pala-
bras, se lo hice saber con las caricias y besos que le
Besaba su cuello y la oía gemir levemente, segu- entregué.
ramente mirando el techo o con los ojos cerrados,
yo concentrado en su cuello y luego en sus pechos Finalizado el acto, encima de su pecho descu-
por encima de la blusa, la misma que se quitó en bierto, viendo su sonrisa y sus ojos volver a la órbi-
un instante e hice lo mismo con el polo. Volvimos a ta, le dije: Te amo, princesa de mi vida, a lo que ella
sonreír y continuamos con el apasionado y vibrante respondió, yo también te amo, precioso.
beso.
Nos quedamos en ese estado un largo periodo, no
Movíamos el cuerpo de un lado hacia otro, atra- nos importó lo que pudiera suceder en el exterior,
pados entre sí, eufóricos de amor, llenos de lujuria estábamos concentrados en estar unidos del modo
y mutuo deseo. Repentina y rápidamente nos qui- en que andábamos, escuchando los latidos de nues-
tamos el resto de la ropa quedando completamente tros corazones y diciéndonos te amo hasta con la
desnudos. Quise cerrar la puerta; pero sabía que mirada.
perdería el tiempo, entonces seguí enfocado en sus
senos, los cuales besaba y tocaba, lo disfrutaba y Escuchamos el sonido de la puerta abrirse acom-
ella también porque la oía gemir cada vez con más pañado de una voz tenue que decía, ¿Daniela, estas
fuerza logrando excitarme todavía más. ahí? ¿Hija, ya almorzaste?

Se puso de rodillas sobre la cama, hice lo mis- ¡Mi Mamá! Dijo y tan rápido como pudo resolvió
mo y seguimos con el beso, el mismo que descendió levantarse de la cama, vestirse y acomodarse el ca-
por sus pechos. Cogió su cabello que caía sobre mi bello.
rostro y lo colocó detrás; aunque creo que lo tuvo ¡Tú no bajes! ¡Quédate aquí un rato! Me dijo con
agarrado por las manos. Yo me concentraba en sus voz de mando e hice caso sin pronunciar palabras.
pechos, libres y hermosos, para luego sentir el res-
to de su cuerpo con mis manos y después con mis Descendió y comencé a vestirme con rapidez. Me
besos cuando de nuevo la dejé caer sobre la cama sentí nervioso, algo asustado, creí que su vieja en-
encargándome a besos de lo que todavía no besa- traría y se arruinaría la relación que había logrado
ba. Gimió con intensidad y seguí llenándome de cosechar. Por un momento pensé que eso pasaría y
lujuria, un libido poderoso se apoderó de nuestros todo se iría al diablo.
cuerpos y no pudimos dejarlo hasta envolvernos, Minutos más tarde, abrí la puerta y sigilosamen-
convirtiéndonos en uno sobre la cama.

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te fui recorriendo el pasadizo pensando que tal vez, No recuerdo con exactitud que le dijo, solo sé que
por pura mala suerte, alguien aparecería. tuve suerte.
Llegué al lugar de la escalera y me detuve para Su madre salió y yo pude bajar con tranquilidad.
mirar hacia abajo. Su madre veía televisión en el
mueble, no la veía completa, solo parte de su brazo Nos aplastamos en el mueble y encendí la tele-
y el mechón de su cabello. Pero, ¿Dónde estaba Da- visión. Me sentí relajado y Daniela no dejaba de
niela? Me preguntaba nervioso. sonreír pensando en todo lo que pudiera haber oca-
sionado nuestra travesura; sin embargo, llegó a
En ese momento, apareció con un vaso de agua, sentirse un poco incómoda por la mentira piadosa.
lo llevaba para su Mamá, quien seguramente an- Le dije que no se preocupara, que fue una mentira
daba agotada de tanto caminar, quizá, regresando necesaria.
del mercado o de algún otro lugar.
Fuera de eso, estábamos contentos, empezamos
Ninguna de las dos se daba cuenta que estaba a conversar sobre lo sucedido y comenzamos a reír-
observándolas, timorato y asustado, queriendo ba- nos, tomándolo como una anécdota que recordar.
jar y acomodarme en el mueble para sentirme rela-
jado. En cuestión de segundos, su vieja se levantó El televisor estaba encendido; pero no nos enfo-
del mueble y fue a dejar, posiblemente, el vaso en cábamos en ello, conversábamos de lo hecho entre
la cocina. Daniela no se dejó ver, no estaba seguro carcajadas e imaginábamos lo que pudiera haber
de donde se hallaba; pero enseguida comencé a oír pasado si alguien entraba sin darnos cuenta. Eso
los pasos y la vi subiendo con la mirada en su ma- no nos daba mucha risa; pero si las posibles reac-
dre. ciones que tendríamos.

Al alzar la mirada me vio e hizo una señal con De pronto, su madre abrió la puerta y le entregó
la mano. Retrocedí y cuando nos topamos dijo muy un producto a Daniela. Ella agradeció y le dio un
despacio: Voy a decirle que vaya a comprar un beso.
champú. Entonces bajas y hacemos como si llegas- Me caía muy bien su Mamá, pensé en que estuvo
te recién. mal mentirle; pero tampoco iba a confesarlo en ese
No estaba seguro si su madre accedería al en- momento.
contrarse agotada; entonces me dijo que inventaría Ella siguió su rumbo luego de saludar y nosotros
alguna otra cosa; pero haría que saliera de la casa seguimos charlando de temas triviales, lo hicimos
al menos unos minutos. desde que abrió la puerta, como para despistarla.

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Ya cuando se encontraba en su cuarto retomamos Al día siguiente por la noche, chateaba como de
el tema central; aunque tan solo volvimos a darle costumbre con mis amigos de MSN cuando recibí
otro par de vueltas porque temíamos que fuera a su llamada.
oírnos.
—Amor, mis padres están discutiendo en la sala.
Pon alguna película, no quiero seguir viendo ¿Puedo ir a tu casa? Dijo nerviosa y algo asustada.
ese estúpido programa, dijo con humor y seriedad.
Sonreí y le dije, está bien. Cogí el control remoto —Claro; pero dime, ¿Está todo bien? Pregunté
y empecé a buscar un canal de películas. Ahí, ahí, preocupado.
deja ahí, dijo de pronto. Hice caso y comenzamos a —No lo sé. No discuten desde que no están jun-
mirar una película romántica. tos. Parece que él le comentó algo y mi mami re-
Sé que actuaba Julia Roberts, por eso se me hizo accionó mal. Presiento que tiene que ver conmigo,
simple quedarme enganchado. Al otro actor no lo no estoy segura, comentó con una voz dócil y algo
conocía; pero parecía ir bien la trama. nostálgica.

La otra vez la vi desde el inicio; pero no pude —Entiendo. Tranquila, princesa. Ven si gustas.
terminarla. La estuve viendo con mi mami. Ahora Toma una moto, yo te espero en la puerta, le dije
está por la mitad, deja que te explique lo que suce- más sereno.
de, comentó muy amable. —Voy a decir que saldré a la tienda y me dirijo
Después de la explicación me sentí todavía más para allá, dijo y se desconectó.
enganchado. Qué extraño. Padres separados y discutiendo,
Voy a ponerme cómoda, acotó y supe lo que su- algo debe haber sucedido, pensé y también me des-
cedería. Una vez echada sobre mis piernas, dijo: conecté del MSN.
Ahora si puedo concentrarme en la película. Vi su Diez minutos después, desde la ventana del se-
sonrisa y también sonreí. gundo piso, exactamente en el cuarto de mis viejos,
Pasamos el resto de la tarde viendo dicho film. vi a Daniela bajar de una moto taxi. Lucia ligera-
De hecho, me terminó gustando bastante. mente preocupada, tocó el timbre una vez y esperó
en el umbral.
Entrando la noche nos despedimos, claro que
después de un rico lonche que decidimos preparar. Decidí ir a su encuentro con rapidez, abrí la
Me gustaba que hiciéramos ese tipo de cosas jun- puerta y nos abrazamos. Estaba llorando; pero no
tos, aparte de ser deliciosas eran muy graciosas. pude notarlo en ese instante.

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¿Todo bien, princesa? Pregunté cuando no quiso dentro me preguntaba, ¿Qué podría estar suce-
separarse después del abrazo. Sabía que algo esta- diendo? Y por más que lo meditaba no hallaba una
ba sucediendo. respuesta.
No me siento bien, precioso, dijo y mantuvo el Vamos a mi cuarto, le dije después del abrazo.
rostro en mi pecho. Caminamos hacia la escalera y le pedí que subiera.
Entré a la cocina y serví un vaso de agua, entonces
Tranquila, tranquila, princesa, le dije acaricián- la seguí.
dole el cabello.
La vi sentada al filo de la cama y recordé la pri-
Creo que discutían por mí, dijo de repente. mera vez que estuvo ahí sentada, esbocé una sonri-
¿De qué tendrías la culpa, princesa? Dije y son- sa y le entregué el vaso.
reí porque de alguna manera me pareció absurdo Bebió despacio y me lo devolvió, lo coloqué a un
que tuviera la culpa. lado y le dije, todo va a estar bien, princesa.
No estoy segura, dijo alejada de mi pecho y se- Quiso sonreír, vi que lo intentó, luego pidió con
cándose las lágrimas con la manga del suéter. un ademán que me sentara a su lado, lo hice de in-
Escuché que mi Mami dijo, no puedes hacerle mediato. Nos abrazamos al estar juntos y callamos
eso, no lo va a entender. Y de pronto, mi Papá, al- por largo tiempo.
terado, le dio algunas explicaciones, no pude escu- Sin darnos cuenta pasó buen rato hasta que re-
char todas; aunque oí que dijo que no tenía otra cién soltamos algunas palabras.
alternativa.
Y bueno, creo que es mejor que vuelva a casa,
No comprendo, dije para mis adentros. No lo en- dijo más serena. Nos levantamos y antes de salir de
tiendo, princesa. De repente hablaban de otra cosa, la habitación nos abrazamos de nuevo.
que se yo, a veces los adultos discuten por cada es-
tupidez, dije para intentar calmarla. Te amo, princesa, le dije mostrándole una sonri-
sa, tratando de animarla expresándole lo que sen-
No lo sé, precioso; pero siento que se trata de mí. tía. Yo también te amo, precioso, respondió logran-
No sé cómo explicártelo; es como una intuición. do sonreír. Eso me animó.
Que no te afecte, princesa, le dije y volví a abra- ¿Me acompañas? Propuso. Claro que sí. Nos co-
zarla. Tranquila, todo se va a solucionar, de seguro gimos de la mano y bajamos hacia la sala, en el
que no es nada grave, añadí para serenarla y por camino nos topamos con mis hermanos, quienes

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suelen bajar y subir recolectando cosas del refrige- padres antes del divorcio, las peleas y discusiones
rador, les encanta comer y tomar viendo televisión que soportó escondiéndose en su cuarto. Concluyó
o chateando en el MSN. que por eso salió de casa, porque estaba harta de
eso. Y la entendí.
No se dieron cuenta de la seriedad que nos ro-
deaba, de repente la obviaron. Danielita, ven pasa, dijo su madre, que salió a
ver si llegaba.
Seria, ligeramente acongojada; pero tratando de
alentarse, Daniela bajó las escaleras hasta llegar Buenas noches, señora, saludé. Hola hijo, bue-
al primer piso. nas noches. Pasen, por favor, no estén afuera.
Al encontrarnos afuera, dijo de pronto: ¡Diablos, Ya voy, mami, dijo Daniela y caminamos hacia
dejé el suéter en tu cama! Llevaba un pulóver, no la entrada. Era tarde, yo no podía quedarme, de-
sentía mucho frío; aunque era posible que lo sin- bíamos despedirnos en ese momento, entonces nos
tiera más adelante. Y efectivamente, a pesar de te- dimos un abrazo y un beso, un te amo después del
nerla abrazada el frío la hacía temblar, entonces le beso y el plan de volvernos a ver pronto.
di mi casaca. Agradeció y se la colocó, le quedaba
enorme y resultaba chistoso. Luego te devuelvo el Toma tu casaca, amor, no quiero que te mueras
suéter, le dije mientras caminábamos. de frío, dijo antes que me fuera. Cierto, dije con una
sonrisa colocándome la casaca.
Llegamos a su casa y vimos la camioneta de su
padre acelerar. Llegué a mi casa, cené y me fui a dormir; pero
previo a cerrar los ojos intercambié mensajes con
¿Es tu viejo? Sí, ya se está yendo, respondió. Se- Daniela.
guro han dejado de pelear, añadió. Seguro que sí,
princesa, le dije. Desperté temprano, cogí el celular y no vi no-
tificaciones. Quise volver a dormir; pero no pude.
Nunca me gustó que peleen. Lo hacían siempre, Encendí la televisión y comencé a ver las noticias.
puro griterío era mi casa, empezó a contar y sentí
que se soltaba, por eso la escuchaba. Recordé el sueño que tuve, una extraña pesadi-
lla fue la razón de abrir los ojos a una hora poco
¿Quieres que nos quedemos aquí un rato? Sí, por acostumbrada. Fui sintiéndome mejor durante el
favor, dijo. Tenía ganas de hablar y yo estaba dis- bloque futbolero del noticiero, luego bajé a la coci-
puesto a escucharla. na a buscar el desayuno y subí con el mismo. Pasé
la mañana viendo televisión, a medio día me di
Fue contando las diferencias que tuvieron sus

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una ducha y me vestí. Inmediatamente prendí la ¡Mi Papá tiene otra familia! Dijo con más fuerza
computadora y estuve escribiendo algunos textos y pude darme cuenta que hablaba con dolor, aparte
durante gran parte de la tarde, incluso, obvié el de llevar la voz desecha.
almuerzo porque estaba repleto a causa del desa-
yuno. ¿Por qué lo dices? Pregunté con rapidez.

Mis hermanos fueron llegando de sus respecti- Hoy lo vi, vino temprano, salimos y lo confesó.
vos lugares de estudio. Quise bajar a acompañarlos Dijo que tenía otra familia y que viajarían a Es-
durante el lonche; pero estuve tan enganchado con tados Unidos de paseo; pero estoy segura que se
el texto que decliné la idea. quedaran allá.

Culminado el cuento, continué escribiendo la ¡Diablos! Dije para mis adentros, luego de que-
carta, lo hice porque visité su Facebook y viendo darme sin reacción.
nuestras fotos me sentí inspirado, al punto de casi Por eso nunca pudo venir a verme, porque anda-
acabar de escribir la carta, una de las más exten- ba con otros, dijo de la misma manera, muy llena
sas que he escrito en mi vida y la más honesta de de coraje y dolor.
todas. Mi idea era plasmar todo lo que sentí desde
el inicio hasta este momento en el que todo iba yen- Princesa, tranquila, le dije con suavidad.
do fantástico. ¿Cómo puedo estar tranquila? ¡Si mi padre tiene
Poco antes de darle el punto final y escribir mi otra esposa, otros hijos, otra familia y por eso me
firma, recibí una llamada. dejó de lado!

Hola, princesa, le dije con entusiasmo. No res- Nunca antes sentí tanto dolor y decepción en sus
pondió por algunos segundos. palabras, se fusionaba con el coraje y la angustia
que llevaba dentro.
Princesa, ¿todo está bien?, Amor, ¿estás ahí?,
Amor, ¿qué sucede? ¿Dónde estás?, ¿Estás en tu casa para ir a bus-
carte?
Tiene otra familia y se irán a Estados Unidos,
escuché su voz entre cortada, fácil de saber que es- No, no.
taba triste. Entonces, ¿Dónde te encuentras, princesa?
No te entiendo, princesa, le dije rápidamente sin No lo sé. Lo dejé sentado en el restaurante y salí
intentar asimilar su frase. corriendo.

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No debiste hacer eso, princesa, le dije muy cal- ¿Qué sucede, princesa? Sabes que puedes contar
mado. conmigo, dime, ¿Te sientes bien? Fue una pregunta
estúpida, lo sabía; pero la hice porque estaba muy
¿Qué esperabas que hiciera? ¿Qué me quedara preocupado.
callada y lo entendiera? Tú no puedes comprender
como me siento. ¡Estoy destrozada! Dijo con una No lo sé, respondió con frialdad, sin emoticones
voz notablemente nostálgica, entre cortada y con ni nada.
abundante rabia.
Realmente no se sentía bien.
Calmado, porque debía estarlo, le pregunté nue-
vamente: ¿Dónde te encuentras, amor? Voy a tu casa enseguida, escribí. No contestó. Y
se desconectó al instante.
No lo sé, dijo de la misma manera y colgó.
A pesar de esa actitud fui a su casa. Al llegar, su
¡Carajo! Grité lanzando el celular sobre la cama. madre abrió la puerta, se veía evidentemente afec-
tada por el estado de su hija.
Pensé, ¿Dónde puede estar? Y rápidamente abrí
el MSN para chatear con Kelly. Al verme, dijo: Esta encerrada en su cuarto, pasa
y trata de animarla.
Oye, ¿Daniela está contigo? Respondió negativa-
mente y quiso saber lo ocurrido. Le conté lo más ¿Qué ha sucedido, señora? Se ha enterado que su
rápido que pude y también se preocupó dejándome padre tiene otra familia y que van a radicar a Es-
la consigna de comunicarle todo lo que vaya suce- tados Unidos. Él me dijo que le diría esta semana.
diendo. En ese momento pensé, seguro por eso estuvieron
discutiendo.
No respondí, dejé el MSN, cogí una polera y salí
de casa sin dirección específica. Bueno, ahora que lo sabe le ha afectado bastan-
te. Ella suele ser muy celosa, siempre pensó que
Me detuve en una esquina luego de dar algunas era única para él, a pesar de las tantas veces que
vueltas. Creí que lo mejor sería esperar a que lle- no pudo venir a verla, creyó ciegamente que estaría
gue a su casa y entre al MSN, tal vez, quiera estar en el trabajo. Yo le decía eso, pensé. Y pues, ahora,
sola. Me tranquilicé y regresé a casa. enterarse de eso la he hecho sentirse muy triste.
Ansioso sobre la silla y mirando el monitor es- Nunca vi a mi hija tan acongojada, dijo y yo em-
peraba que se conectara, lo hizo tiempo más tarde. pezaba a subir las escaleras rumbo a su cuarto.

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Trata de animarla, hazle entender que son cosas al filo de la escalera para ver por última vez y des-
que suceden, que su padre tenía derecho a rehacer cendí lentamente.
su vida. Yo lo he intentado, mas no me escucha, dijo
y seguí subiendo asintiendo con la cabeza mante- Su madre preparaba algo de comer, quiso invi-
niendo el rostro serio. tarme; pero desistí, no tenia ánimos de comer, tam-
poco de quedarme en su casa, solo quería salir y
Recorrí el pasillo que lleva a su habitación, una respirar un poco de aire para aclarar mis ideas.
puerta cercana estaba abierta, vi a su hermano
juguetear con una guitarra, pensé, ¿No te intere- Le ha afectado bastante la noticia, dijo su madre
sa hablar con tu hermana? Me vio como si no nos mordiéndose las uñas, preocupada y pensativa ca-
hubiéramos llevado bien la noche pasada, seguí de minando de un lado hacia otro.
frente pensando que era un idiota y toqué la puerta Parece que sí, respondí sin sonrisa y con un ges-
diciendo: Princesa, soy yo, ¿Puedo entrar a conver- to de desgano me despedí.
sar? No tuve respuesta hasta que volví a pregun-
tar. Salí de su casa y caminé hacia la mía pensando
en cómo pudo haberle afectado tanto, en qué podría
Déjame sola, dijo con serenidad a diferencia de estar pensando o que pudiera estar haciendo en su
la voz en el celular. habitación, entre tantas otras cosas que pasaron
Por favor, princesa, solo quiero charlar. ¡Déja- por mi mente.
me sola, por favor! Dijo elevando la voz. Callé por Hablé con Kelly por el MSN, también lo hice con
un momento, pensé en retirarme o seguir; pero me Manuel, aunque estuvo ligeramente enterado de
preocupaba tanto que insistí, ¿Puedes abrir, por fa- los sucesos. Ambos estaban conmocionados, más
vor? ¡Te he dicho que me dejes sola! Dijo con inten- que todo, Kelly, quien había imaginado lo que su-
sidad y pude notar que estaba llorando. Aun así, le cedería.
dije: Esta bien.
Dijo que sabía que se pondría así porque desde
No me fui, me quedé un rato más a un lado de su la infancia fue muy apegada a su padre y el solo
puerta, esperando que tal vez pueda abrirla; pero hecho de pensar que tendría a alguien más pudo
no lo hizo. Vi que su hermano cerró la suya con haber sido un golpe muy duro. Además, el hecho de
brusquedad y oí la música que empezaba a sonar. fugar y no volver a verlo, la decepcionaba comple-
El pasillo se hizo largo y tedioso, volteaba para tamente.
mirar si abría la puerta; pero no lo hizo. Me detuve Añadió que iría a visitarla mañana temprano

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porque lo mejor sería darle tiempo y espacio. Me La segunda vez que fue tardó bastante en volver,
pareció bien y pedí, por favor, que me mantuviera por eso pensé que había logrado charlar; sin em-
al tanto. bargo, tuvo malas noticias.
A la mañana siguiente, Kelly me envió un men- No me abre la puerta, no quiere que la vean;
saje: No quiere hablar con nadie, no sé que tiene. aunque hemos hablado. Se siente frustrada y muy
Me preocupa bastante. deprimida.
Dije una maldición al tiempo que me levantaba Mi Daniela no es así, dijo su madre con notable
de la cama. Luego, pensé que podría necesitar más tristeza. No ha probado bocado alguno. Creo que
tiempo. debo llamar a un especialista que pueda tratarla,
dijo esa última frase con sobriedad; aunque el dolor
Voy a ir a verla más tarde, gracias por informar- era notable.
me, le devolví el mensaje.
Era una lástima que no supiera que decirle. Pero
Entré al MSN encontrándome con Manuel, a imaginé que probablemente sería lo mejor.
quien pedí que me acompañara a la casa de Da-
niela después del almuerzo, aceptó afirmando que Antes que nos fuéramos decidí subir e intentar
también iría con Kelly. Me pareció estupendo, de charlar con ella. Te esperamos afuera, dijeron am-
repente teniendo a sus amigos cercanos y a mí, tal bos, visiblemente preocupados y algo asustados por
vez pueda acceder a charlar. la actitud de su madre, que caminaba de un lado
hacia otro llevándose las manos a la cabeza y ha-
Su madre nos recibió con cordialidad, dijo que blando sola. Llevaba dos días sin dormir bien, sus
hoy y ayer no había ido a trabajar, le preocupaba ojeras lo evidenciaban.
su hija y estudiaba la posibilidad
¡Hey, princesa! No tienes que abrir la puerta si
de hacerla tratar con un psicólogo. No dijimos no quieres. Podemos hablar por aquí, si prefieres.
nada, no teníamos conocimiento sobre el tema.
Allá abajo estamos todos preocupados, queremos
Manuel y yo nos quedamos en el mueble, Kelly saber de ti porque te queremos, yo te amo y por eso
subió a su habitación. quiero que hablemos.
Bajó enseguida. ¿Qué sucedió? Pregunté abrien- No respondió durante algunos largos minutos.
do los brazos y levantándome del mueble.
Me falló, realmente me falló, la escuché decir
Está discutiendo con su Papá, escuché gritos. En con voz nostálgica.
un rato vuelvo.

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Lo sé, princesa; pero, estoy seguro que todavía sin ducharse, con su cabello sin brillo, cortinas ce-
sigues siendo la niña de sus ojos. rradas, luz apagada y de fondo una música que no
lograba reconocer, estaba terrible y me preocupé al
¡No, no lo soy! Gritó con la poca voz que le que- verla en ese estado. Habían pasado un par de no-
daba. ches y se encontraba opaca.
No grites, se te va ir la voz, le dije con calma. La abracé tan rápido como pude, ella no lo hizo.
Silenció entonces.
Arrodillado le pedí que me mire, no lo hizo. Es-
Ya no me importa, no me importa nada, dijo sin taba muy deprimida, en silencio y mirando hacia
gritar. la nada.
Callé por un minuto y añadí: Te amo, a mí me Princesa, le dije cogiendo levemente su mentón.
importas y por eso quiero intentar hablar contigo. Me vio, sus ojos eran tristes, mas no pude ver su co-
Déjame sola, por favor, dijo y entendí. Entonces, razón, de repente porque no brillaban como antes.
me retiré. Me senté a su lado y volví a abrazarla. Apoyó su
Volví al día siguiente por la noche, solo y sin que cabeza sobre mi hombro y nos mantuvimos en esa
nadie lo supiera, su madre, cada vez peor física y posición por bastante tiempo.
emocionalmente abrió la puerta. Lágrimas cayeron y ni siquiera intentó recoger-
Quise decirle que vaya a dormir; pero no me las, fueron a parar al suelo, me dio tanta pena verla
atreví. La vi tomando café, sentada en el mueble, llorar que se hizo imposible no derramar algunas
sola y acongojada. lágrimas. Entendía su dolor y buscaba reconfortar-
la.
Hola princesa, te extraño. No respondió. Toqué
de nuevo su puerta y le dije: Solo quiero darte un Paró de llorar y dijo: Me ha llamado hace poco,
abrazo. Caí rendido sobre el piso y acomodé la ca- explicó todo lo ocurrido; pero no pude perdonarlo.
beza en la puerta. Le hablé: Te amo, nunca olvides No sé si pueda hacerlo alguna vez, esto duele tanto.
que puedes contar conmigo. Preferí mantenerme mudo y seguir abrazándola.
Abrió la puerta y por poco caigo al suelo. Se alejó Sabía que le dolía la traición de su padre, podría
rápidamente acomodándose sobre la cama, exacta- haberle dicho lo que su madre me dijo, que es na-
mente en el filo de la misma, aferrada a un peluche tural que haya decidido rehacer su vida; pero no
conocido, con los ojos llorosos y ojerosos, vestida y era lo que pensaba realmente, yo creía que no tenía

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derecho a lastimarla de ese modo, sentí que debió Voy a hacer el intento, le dije y nos despedimos.
decirle mucho antes y tratar de ofrecerle igual can-
tidad de tiempo a ambas familias. Creí que hablaríamos y estaríamos mucho mejor
que ayer; pero todo fue distinto. Daniela volvió a no
No quise ir a mi casa esa noche, hubiera querido querer abrirme la puerta, por más que le recordé
acostarme a su lado al momento de dormir y des- que pasamos un lindo rato ayer, no quiso. Se cerró
pertar viéndole el rostro; pero partí de madrugada, en la idea que quería estar sola, parece que a cada
tras algunas llamadas de mis padres. Descendí y vi instante recordaba lo hecho por su padre y el dolor
a su madre dormida en el mueble, con el televisor volvía o aumentaba, no estaba seguro, solo sabía
encendido y la taza de café medio llena. El cansan- que la depresión era su atmósfera y que deseaba
cio le ganó, pensé y salí de su casa luego de apagar quedarse sola en su habitación. Sin embargo, me
el televisor. tranquilizó que haya querido comer, poco; pero
algo. Me lo dijo su madre al verme entrar.
Anda con cuidado, escuché decir a su hermano,
quien apareció de repente desde el segundo nivel. Yo quería insistir, no irme rápidamente, quería
Le mostré el pulgar elevado y cerré la puerta. intentar tener lo que tuvimos la noche anterior, es-
tar abrazados y quizá, sacarle algunas palabras y
Tal vez no debí calificarlo de idiota, quizá, vive dejar que escuchara algunas, para que así se fuera
su mundo y sufre a su modo, pensé mientras ca- liberando y alimentando de esperanza. Pero, no. No
minaba. Luego me concentré en Daniela y lo que abrió la puerta, no hablamos y no nos abrazamos.
haría para animarla al día siguiente.
Cada día me preocupa más, dijo su madre cuan-
Quise escribir al despertar, avanzar algunos do bajé frustrado y con la cabeza gacha.
cuentos dejados a un lado o continuar la carta; pero
no pude, no tenía cabeza y mucho menos inspira- Acaba de llamarme su padre, también está pre-
ción. Todo se basaba en la situación de mi chica y ocupado; pero no le he dicho que voy a llamar al
en lo que podría hacer para sacarla de ese hoyo. psicólogo.
Lo que se me ocurrió fue visitarla y pasar el No pensé necesaria la ayuda de alguien más,
tiempo a su lado, escucharla si soltaba algo y que- porque Daniela no le contaría sus cosas a un terce-
darme cerca para abrazarla y cobijarla. ro. Aunque; tal vez podría ser útil que la visite un
profesional. Sea como sea, no dije mis pensamien-
Al llegar a su casa me topé con Kelly, salía con el tos, me fui y anduve ido el resto del día.
rostro serio, nunca la vi tan seria. Nos saludamos y
dijo, no quiere hablar conmigo. De repente contigo En casa no sabían lo que me ocurría, mucho me-
sí.
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nos lo que sucedía con Daniela; aunque poco a poco Toqué la puerta de su habitación, no salió a pri-
los chismes fueron llegando. Primero lo supo Ma- mera instancia, después, la abrió.
riana y Alondra, después sus familiares y sus fami-
liares se lo hicieron llegar a mis padres. No era la misma, si antes estuvo demacrada fí-
sicamente, ahora estaba peor, emocionalmente era
Mi vieja me lo hizo saber e igual que yo, enten- como un silencio nocturno, miraba la nada en la
dió su dolor añadiendo que tuviera paciencia, que oscuridad de su cuarto, según cuenta su madre, ya
ya se le pasaría y todo volvería a ser como antes. no comía y tampoco accedió a tomar las pastillas.
Debía de darse cuenta por ella misma. Esa frase Estuve a su lado, dejando que su cabeza cayera so-
me motivó por un momento. bre mi hombro y dejándose acariciar el cabello, no
tan sedoso como antes.
Kelly me contó que su madre había contactado
un psicólogo para que fuera a visitarla. Dijo que Lloraba por dentro, me dolía verla de ese modo,
estuvo presente en la casa, exactamente en la sala intentaba hacerla sonreír susurrándole palabras
y que de igual manera, no quiso compartir nada de aliento; pero se mantenía estática, con los ojos
con el especialista. en la nada y respirando levemente.
Recibió a Manuel por la tarde y charlaron so- Acariciaba su cabello y le contaba que la ama-
bre la situación de Daniela. Ambos se encontraban ba intentando hacerla sentir mejor; aunque única-
muy consternados. mente oía el dócil sonido de su respirar.
Sabía que no serviría de mucho, pensé y se lo Me quedé a su lado largo tiempo, incluso, le pro-
hice saber. puse sintonizar algo de música, accedió con un ade-
mán.
Sin embargo, dijo también que le habían receta-
do algunos medicamentos para la depresión. Eso Empezó a hablar; aunque poco. Lo hacía dócil-
fue todo lo que supo. mente, se hallaba notablemente deprimida, la en-
tendía y por ello no la presionaba a soltar más pa-
Princesa, ¿Cómo te sientes? Le envié un mensa- labras. Solo escuchaba lo poco que decía.
je que nunca respondió. Fui a su casa por la tarde,
la extrañaba, extrañaba a la mujer alegre y amo- La fuerza del corazón se escuchó y el boceto de
rosa, no a quien andaba oculta detrás de la puerta. una sonrisa surgió. Fue un momento bonito. La
Quería que volviera a ser como antes, quería que tenía nuevamente a mi lado, con su cabeza en el
nuevamente creciera su sonrisa y renaciera su ca- hombro y pude ver esa sonrisa, leve, efímera; pero
risma. real.

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Con el pasar de los minutos fue diciendo más pa- Volvió a levantarse del mueble teniendo las ma-
labras, contando cómo se sentía, comprendía que nos en los cabellos, preocupada, tensa y sin saber
se encontraba traicionada y frustrada. Era bueno qué hacer. Mañana vuelvo, estoy seguro que va a
que se liberara conmigo, la escuchaba, lloraba, las salir de ese agujero. Ella es una chica fuerte, solo
lágrimas caían mientras hablaba con dolor y yo necesita un poco de tiempo, le dije con cierta segu-
continuaba con los dedos rascando su melena. ridad.
A veces también lloraba, su dolor era mi dolor y Dios te escuche, dijo su madre, notablemente
otras veces me mantenía en silencio aumentando destruida. Dios te escuche, repitió antes que me
la intensidad del abrazo. despidiera.
La dejé durmiendo tiempo después, claro que Abrió la puerta, le di un beso en la mejilla y me
antes le pedí que comiera un poco, al aceptar bajé y fui. Quise decirle que fuera a dormir un rato; pero
subí tan rápido como pude con un plato de alimen- era imposible que lo hiciera, una madre nunca deja
to. Luego de un rato decidió descansar, le dije que de pensar en sus hijos. Seguro se quedaría hacien-
la amaba y que mañana podría estar mejor. do guardia por si llegase a necesitar algo.
Solo dijo, yo también. Entonces, cerró los ojos y Asombrosamente, cuando regresé a la mañana
me fui. siguiente la vi desayunando en la mesa junto a su
madre. Me sentí muy emocionado y a la vez muy
Antes de cerrar la puerta abrió los ojos y me dijo, contento, me acerqué y la abracé de inmediato.
ve con cuidado. Le sonreí y me retiré. Verla en buenas condiciones me puso de muy buen
Al salir de su habitación estuve muy triste por- humor.
que me destrozaba verla de ese modo. Bajé secán- Ya estoy mejor, dijo con una sonrisa y siguió co-
dome las lágrimas y su madre, al verme, pidió que miendo.
me sentara un rato. Cogí el vaso con agua que ofre-
ció y comenzamos a charlar. No quise saber cómo sucedió, estaba contento
porque se encontraba reluciente. Al rato apareció
Su papá ya no se ha pronunciado, dijo muy se- Kelly y también se alegró, de hecho se dieron un
riamente. ¿Sabe que sigue en la misma situación? fuerte abrazo.
Pregunté de la misma manera. No estoy segura,
respondió llevándose las manos al rostro. Que mi- Chicos, siéntense por favor, pidió su madre y
serable, pensé. Lo mejor será que no venga, dijo su acudimos a su petición. Yo no quise comer, Kelly si
madre sentada sobre el mueble. Tiene razón. Pue- lo hizo.
de afectarle más su presencia, le dije.
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Estuve concentrado en su presencia, la miraba e Hace mucho que no salimos los cuatro, añadió al
intercambiábamos sonrisas, se veía muy bien, eso instante. Daniela asintió y colocó su cabeza sobre
me entusiasmaba y alegraba. mi hombro, le encantaba quedarse ahí. Al rato, res-
pondió: Por mí, normal. Necesito salir y despejar la
Después de un rato nos acomodamos en el mue- mente.
ble. Ambos le hicimos entender que nos alegraba
que estuviera mucho mejor. Daniela sonrió y agra- Entonces, chévere. Acordemos y más tarde sa-
deció por estar pendientes de ella. limos, dijo Kelly emocionada. Y empezamos a pla-
near nuestra salida en pareja.
Cuando sonrió volví a sentirme emocionado. Ex-
trañaba esa sonrisa, pensé al verla. Sí, realmente necesito salir, añadió Daniela.
Vamos a pasarla fantástico, princesa, le dije acari-
Charlamos bastante de distintos temas, no to- ciando sus mejillas.
camos los personales, comentamos sobre sucesos
pasados, momentos chistosos y recuerdos memora- Ella sonrió, Kelly también lo hizo y sacó su celu-
bles. Anécdotas entre ellas y vivencias entre noso- lar para avisarle a su chico.
tros.
Al cabo de unos minutos acordamos en reunir-
De repente quise ir al baño y su madre, quien se nos después de almuerzo, exactamente en casa de
encontraba en la cocina me llamó a un lado. Daniela.
Repentinamente se levantó, se dio una ducha y Kelly se retiró contenta entregándole un afec-
preguntó por el desayuno, me contó rápidamente. tuoso abrazo a su querida amiga, diciendo que lla-
Ella también estaba mejor físicamente y mejoran- maría a su chico para coordinar.
do en el sentido emocional.
Yo decidí quedarme un rato más porque quise
Me alegra bastante que esto haya sucedido, le darle algunos besos a mi novia.
dije con una sonrisa y regresé a la sala.
¿No quieres echarte sobre mis piernas? Le pre-
Voy a llamar a Manuel, lo necesito en estos gunté con una sonrisa una vez solos. Esbozó una
momentos, dijo Kelly con humor al ver a Daniela sonrisa e hizo el respectivo movimiento que tanto
abrazándome. le gusta.
¿Qué les parece si vamos al cine? O de repente Se llevó las manos al abdomen, las tuvo sujetas
a comer algo o pasear, propuse muy animado. Cla- y miró el techo quedándose muda mientras que yo
ro es una excelente idea, dijo Kelly entusiasmada. jugueteaba con su cabello.

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Chasqueaba los dedos, seguía con la mirada en Ella tocó el timbre un par de veces sin pregun-
el techo y ni siquiera sonreía cuando intentaba pro- tarse en qué momento lo habrían arreglado, nos
vocarle relajación con el hormigueo que realizo en topamos cuando su madre abrió la puerta. Me sor-
su cabello. prendió que no haya ido a trabajar, por un momen-
to creí que lo haría. Sin embargo, seguramente ha
Creía que su actitud se trataba de un estado de querido que su hija se encuentre en óptimas condi-
estabilidad, como un mar manso después de tanto ciones para poder retomar el laburo.
oleaje, entonces decidí no decir nada y seguir como
si todo anduviese en buena forma. Los tres entramos y nos acomodamos en el mue-
ble, ya era costumbre sentarnos del modo como lo
Le di esos besos que quise, nos despedimos acor- hacíamos. Kelly y Manuel en el grande y yo en el
dando vernos en un par de horas y la vi nuevamen- individual teniendo a Daniela en mis piernas cada
te contenta porque anhelaba salir con sus camara- vez que se ponía muy amorosa.
das a disfrutar de una divertida tarde.
—Hija, tus amigos y tu chico han llegado. Baja,
En casa estuve más tranquilo, pasé el tiempo en dijo su madre y por razones extrañas me pareció
el MSN chateando con los amigos de siempre, al- gracioso. De repente por el término en que se re-
morcé y me alisté para salir. Claro que previo a ello firió a mí y la diferencia abismal entre cuando me
me duché y perfumé. conoció y como me llegó a tratar.
Acordé con Manuel en encontrarnos e ir juntos —Ahí bajo, mami, respondió Daniela con dulce
a casa de Daniela. Eufórico se apareció en mi casa voz.
minutos después del acuerdo. Le pareció fantástica
la mejora de mi chica, le dije que todos estábamos Tiempo más tarde, escuché el sonido de sus za-
contentos por ello y que lo mejor sería no mencio- patillas impactar con los escalones. Lucia hermo-
narlo. sa; aunque me gustaría decir, radiante. Su cabello
ondulado que estaba mucho más largo caía por sus
Claro, ni que fuera un idiota, dijo con bastante hombros y espalda, me encantaba. Hizo un movi-
seriedad; pero me hizo soltar una carcajada. Ense- miento para acomodarse el cabello que le cubría el
guida, caminamos rumbo al parque Rompecabezas. ojo y yo quise acercarme para besarla.
Coincidentemente, Kelly llegó cuando apareci- —Estoy lista, dijo con una tierna sonrisa.
mos por la esquina charlando del futuro encuentro
futbolero de mañana. Obviamente me acerqué a saludarla dándole un
beso frente a los presentes, algo imaginario tiempo

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atrás. Sonrió un tanto ruborizada y prosiguió a sa- —Sí, sí, Larcomar está bien, respondió al minu-
ludar al resto. to.
Nos despedimos de su madre agitando la mano Sentí que volvía a su órbita natural; no quise
mientras salíamos de su casa, todos estábamos preocupar a nadie plasmando mis pensamientos,
contentos, teníamos ganas de pasear, gozar de por eso añadí: Entonces, vamos a Larcomar.
buenos momentos y hacer que Daniela estuviera
alegre, olvidando los sucesos pasados y afrontando Manuel detuvo un taxi y lo abordamos ensegui-
nuevos y grandes ratos con personas que la apre- da.
cian y valoran. Durante el trayecto escuchamos la música que el
— ¿Adónde vamos? Preguntó Manuel mientras chofer sintonizó.
le cogía la mano a su chica. Daniela estaba en silencio, mirando por la ven-
—Buena pregunta, dije con humor y añadí al tana y yo sujetaba su mano viéndola de reojo. La
instante, ¿Adónde vamos? otra pareja se hallaba a mi lado conversando.

Todos empezaron a reír. Rieron de repente contagiando su risa; pero Da-


niela, quien contemplaba las calles, casas y demás,
—Podemos ir a varios lugares, al cine, a comer ni se inmutó.
algo, a pasear y demás, sugirió Kelly con un gesto
gracioso en el rostro. Amor, ¿Escuchaste eso? Le pregunté; pero no
contestó. Princesa, ¿Los escuchaste? No, no ¿Qué
— ¡Vamos a Larcomar! Dije de inmediato sabien- pasó? Dijo a los segundos. Le conté el chiste; pero
do que podríamos encontrar todo ello en ese lugar. no le pareció gracioso. Acto seguido, continuó ob-
servando por la ventana, no quise decir nada y ati-
— ¿Qué piensas, princesa? Le pregunté mirando né a seguir viendo al frente.
a mi izquierda.
Al cabo de varios minutos, llegamos a Larcomar.
Ella estaba volada, como en otro mundo, la son-
risa y sus ánimos se fueron repentinamente para Entre Manuel y yo pagamos el servicio. Las chi-
retomar su figura silenciosa e ida. cas se adelantaron y nosotros las seguimos.
—Daniela, amiga, ¿Larcomar te parece bien? Ambas se dieron un abrazo fraternal mientras
Dijo Kelly acercándose y haciéndole un gesto con andaban.
las manos abiertas, moviéndolas frente a sus ojos
de un lado hacia otro.

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Son grandes amigas, dijo Manuel aseverando En nuestra mesa gozamos de nuestros helados,
ese hecho. cada uno saboreando el suyo, sin hablar, observan-
do y concentrados en las bolas exquisitas.
Sí, las mejores, le respondí con una sonrisa. Nos
acercamos a nuestras respectivas chicas y las cogi- Teníamos la costumbre de recordar sucesos pa-
mos de la mano para empezar el recorrido. sados, cada uno relataba un momento en particu-
lar, la mayor parte se basaban en hechos graciosos.
¿Adónde vamos? Preguntó Manuel viéndole el
rostro a Kelly, que miraba al frente. Ella volteó Manuel era quien más lo hacía, a veces se deses-
para verlo y le respondió: A tomar helados. Inme- peraba por tener como dicen, la palabra en la len-
diatamente, Daniela respaldó el comentario dicien- gua; pero debía de esperar que alguien culminara
do: ¡Vamos a tomar helados! de contar su experiencia. Todos reíamos y luego él
iniciaba hasta que se le fueran los recuerdos.
¿A quién no le gusta los helados? Pregunté para
el grupo mientras caminábamos. Todos rieron como Podrían ser vivencias propias, a veces algunas
si se tratase de una broma. entre Manuel y yo, otras entre Daniela y Kelly y
muchas veces sobre nosotros cuatro.
No fuimos al establecimiento de siempre, quisi-
mos algo más sofisticado, entonces entramos a un Creo que en cada grupo de amigos existe un mo-
restaurante exclusivo para helados. mento para acordarse de los buenos ratos.
Era un lugar similar al que fui alguna vez con Los helados eran interminables y eso que comen-
su madre; aunque este estuvo mejor, de repente zamos a disfrutarlo de un modo muy veloz, al inicio
porque estábamos en Larcomar y a mí me encanta nadie abrió la boca, solo lo hacíamos para meter la
estar allí. cuchara. Luego hablamos y tomamos helado; pero
aún así, este parecía nunca acabarse y eso, lógica-
Entramos y nos acomodamos en una mesa para mente, era estupendo. Claro que la cantidad de he-
cuatro luego de ver la gran cantidad de sabores y lado valía su precio, uno de los helados más caros
distintas combinaciones que podrías realizar. Era que he pagado en mi vida; aunque definitivamente,
como un paraíso del helado. de los más ricos.
Daniela y Kelly eran las más emocionadas, pa- Me gustaba verla mientras comentaba su anéc-
recían niñas entusiastas e indecisas; aunque de- dota; pero no podía estar un segundo sin llevarse
cidieron elegir los de siempre, nosotros hicimos lo la cuchara a la boca, incluso, decía: Un momento,
mismo. disfrutaba del helado y seguía charlando. Nos daba

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cierta gracia cuando lo hacía; aunque a veces des- terminamos los helados y lo hicimos. Deambula-
esperaba porque la trama sugería que el siguiente mos por las instalaciones internas de Larcomar,
capítulo sería el que nos hiciera estallar de risa. viendo cada una de las tiendas, algunas por dentro
y otras por fuera.
Después de compartir experiencias y demás,
un sorpresivo silencio ocupó el brillo que relucía Ella seguía muda, en la profundidad de un si-
cuando hablaba. Kelly y Manuel no supieron dar- lencio cada vez más notorio. Manuel y Kelly no se
se cuenta, yo sí, tal vez porque llegué a conocerla daban cuenta porque charlaban entre sí.
mucho más.
Yo miraba a mi chica y la veía perdida, mirando
Kelly contaba su experiencia y Daniela se halla- al frente y en silencio. Trataba de hacer que se en-
ba desorbitada a pesar de parecer atenta, en el mo- focara en el momento dándole un abrazo repentino,
mento chistoso del relato ni siquiera sonrió. Algo, un sorpresivo beso y al menos por esos segundos
nuevamente, comenzó a sucederle. se aferraba a mi cuerpo, a mis labios y me miraba
esbozando una sonrisa distinta a las anteriores, sin
Me preocupé por su postura; pero no quise hacer brillo, tenue y escondiendo pena.
mucho. Solo me acerqué y a pesar que Kelly anda-
ba hablando y haciendo ademanes, le dije al oído: Sabía la razón de sus idas y venidas, deseaba
Te amo, princesa. ansioso que todo volviera a ser como antes. Solo
debo de tener paciencia, me lo repetía mientras
Esbozó una sonrisa poco expresiva, sin mostrar caminábamos cogidos de la mano; aunque sentía
la dentadura, sin el brillo de siempre, tan solo una que estábamos distanciados por un enorme abis-
leve mueca. Le di un beso en la mejilla y me alejé. mo, contradictoriamente a lo que ocurría a un lado,
Pensé en la posibilidad de hablarle cuando estemos Kelly y Manuel no dejaban de sonreír, se veían tan
solos; pero a la vez creí conveniente no hacerlo; qui- enamorados que me alegraba por ellos, más por él,
zá, la agobiaría más. Anda con problemas, tal vez por ser uno de mis grandes amigos y anhelaba po-
por eso esta ida. No quería aumentar su estado con der volver a estar de igual modo junto a mi prince-
preguntas. Resolví creer que pasaría pronto, que sa.
es un estado natural de la nostalgia, el hecho de
a veces sonreír por un instante de comicidad y de No pasó mucho tiempo para que Manuel se diera
repente, ausentarse por completo y mostrar un ros- cuenta. Tal vez en algún pasaje del camino vio a su
tro triste. lado y notó algo diferente.
Propuse salir de la heladería y caminar un rato, ¿Está todo bien? Preguntó articulando los labios

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y haciendo un ademán. Asentí con la cabeza y le podríamos ver a pesar que sabíamos que ellas se-
mostré el pulgar. rían quienes elegirían. Aparte, ya había dado la
idea de ver una romántica.
¿Vamos a ver una película? Preguntó Kelly de
repente, que miraba los accesorios de una tienda Daniela se encontraba ligeramente mejor, lo
desde la vitrina. supe porque la vi animada por querer entrar a la
sala, comer canchita y observar la película. Inclu-
Princesa, ¿Quieres ir al cine? Ella giró y respon- so, se acercó para darme un abrazo. Fue lindo, los
dió con seriedad: Claro. ¿Te parece bien una pelí- abrazos inesperados siempre lo son.
cula romántica? Le pregunté para hacerla sonreír
y su respuesta me dio ánimos: Claro, amor, me en- No había mucha gente, por eso no hicimos cola.
cantaría. Pagamos y entramos enseguida.
Sentí que retornó. Vamos entonces, animé al Caminamos en dirección a la confitería y adqui-
resto y arribamos rumbo al cine. rimos todo lo necesario para ver la película. Entra-
mos a la sala y nos acomodamos en la misma fila,
Kelly percatándose de lo ocurrido zafó de los bra- cada uno al lado de su pareja.
zos de su pareja para acercarse a Daniela. Ambas
empezaron a andar juntas, mientras que Manuel Princesa, come un poco de cancha, le dije mos-
y yo hacíamos lo propio a un lado. Disimulábamos trando una sonrisa. Cogió lo que alcanzó en su
acordar que película ver hablando sobre el estado mano y se llevó a la boca una tras otra. Hice lo mis-
de ánimo de Daniela. mo inmediatamente, me miró extrañaba y empezó
a acelerar el paso, cogiendo cada vez más cancha,
¿Realmente está bien? Quiso saber Manuel, entonces realicé lo mismo hasta que nos interrum-
muy preocupado, llevándose la mano a la boca por pió la risa.
si leyeran sus labios. No lo sé, fue lo primero que
le dije liberando mi preocupación. Aunque imagi- Fue mágico verla sonreír, soltar esas carcajadas
no que ya pasará, acoté. Todo pasa, añadió Manuel me hizo sentir esplendido. Un acto chistoso como
enseguida. la competencia de quien agarra más cancha la hizo
sonreír y reír.
Ojala vuelva a ser la de antes, pensé. Estoy se-
guro que sí, le dije intentando animarme y a la vez A nuestro lado, la otra pareja hizo un comentario
convencerlo que iba a estar bien. en voz alta: ¿Y estos locos? Mira como se pelean por
comer.
Luego estuvimos hablando sobre la película que

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Lo que también ocasionó nuestra risotada. tras primeras percepciones y algunas escenas que
nos parecieron buenas. Luego compartimos nues-
Daniela se veía mejor, la sonrisa en el rostro lo tras ideas con la otra pareja.
reflejaba y me agradaba.
Al salir del cine decidimos seguir caminando, los
Amo tu sonrisa, princesa, se lo hice saber poco cuatro nos sentíamos llenos de cancha y gaseosa y
antes que comenzara la película. Volvió a sonreír caminar aliviaría esa situación complicada dentro
para encantarme y me dio un beso cuando las luces del estómago.
se apagaron.
Vayamos afuera, ya vimos todo aquí dentro,
Dejamos de comer cancha por largo tiempo, la dijo Manuel. Yo pensaba lo mismo, por eso seguí
película resultó interesante, estuvimos atentos a la su acertado comentario. Kelly y Daniela decidieron
pantalla como la mayoría de personas; aunque por seguirnos.
momentos, dada nuestra naturaleza, nos besába-
mos. Me encantan los besos en la oscuridad de la Subimos las escaleras con dificultad y exageran-
sala, no se lo hice saber; pero era notorio porque fui do los pasos dados, Daniela reía por la forma como
yo quien se acercó para besarla. subía haciendo como si mi cuerpo pesara una to-
nelada. No seas exagerado, precioso, me decía con
Luego empezamos a disfrutar de la cancha, creo una sonrisa y me gustaba habérsela creado.
que lo hicimos al mismo tiempo, nuestros dedos
chocaron mientras recogían una buena cantidad. En los exteriores decidimos sentarnos sobre una
Reímos mirando la pantalla y nos metimos a la banca; aunque solo alcanzaba para tres logramos
boca el pop corn. entrar los cuatro.
Por ratos la miraba de reojo, concentrada en la Abracé a Daniela y fui yo quien colocó la cabeza
trama. Me gustaba verla bien, su semblante era sobre su hombro, lo hice durante un rato. Luego,
distinto al de hace unos minutos, eso me hacía sen- reclamando su derecho se instaló en mi hombro con
tir menos preocupado, más tranquilo y optimista cierta gracia.
porque creía que la salida y los buenos momentos
la hacían sentir mucho mejor. Acaricié su melena ondulada que olía delicioso,
me quedé ahí un tiempo olvidando a la pareja de al
Terminada la película nos quedamos un rato lado.
sentados.
Eres la princesa de mi corazón, ando enamorado
Charlamos un poco acerca de la película, nues- de ti, por ti crece mi sonrisa y quiero vivir amándo-

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te, le susurré mientras jugaba con su ondulada me- ninguna de esas cosas, solo se hallaba recostada,
lena. Entonces la oí reír levemente porque le cau- ahora con los ojos cerrados; pero con la cabeza ha-
saba alegría mis palabras que no escogí de libros cia arriba. Yo la veía luego de haber contemplado el
de poesía y solo saqué de un corazón enamorado. panorama. Me fascinaba observarla y seguir jugue-
teando con su melena, creo que era la única perso-
Te amo, mi princesa. Adoro estos momentos a tu na que podía tocarle el cabello, no se lo permitía a
lado, acariciar tu cabello, sentir el aroma que irra- nadie más, amaba su cabello y lo cuidaba; aunque
dia cada fibra de tu melena, tenerte cerca y poder no usaba mucho producto cosmético, solo se trata-
escuchar los latidos de tu corazón, bajo esta noche ba de un champú en particular, el resto lo hacia la
en Larcomar, sentados en una banca y oyendo el naturaleza del mismo. El brillo, la ondulación y el
dócil sonido de tu risa. aroma eran parte de su esencia.
Sonrió emanando ternura. Zafó de donde estaba, Abrió los ojos, me vio, vi el brillo en su mirada y
se quedó mirándome fijamente y entonces, fiel a su sonreí instintivamente.
estilo, cogió mis mejillas y me besó.
Te amo, me hizo leer sus labios. Quise besarla,
Yo también te amo, precioso, gracias por esta repetirle cientos de veces que también la amaba y
linda tarde, bueno, ya noche, dijo y retornó a su abrazarla enseguida; pero entonces, dijo de nuevo:
lugar. Siempre le gustó colocar su cabeza sobre mi Y siempre te voy a amar.
hombro y cerrar los ojos.
Sonreí y hasta se puede decir que solté un sus-
Chicos vamos a dar una vuelta, ya venimos, dijo piro.
Manuel. Le hice un ademán y los vi avanzar.
Eres el amor de mi vida, princesa, le dije luego
Inmediatamente, Daniela se levantó por instinto del suspiro. Sonrió para cautivarme, me vio a los
y se acomodó sobre la banca en su total dimensión, ojos cuando escuchó mis palabras, no se levantó,
teniendo su cabeza sobre mis muslos y viéndome se quedó donde estaba y se acomodó de tal mane-
a los ojos como si estuviéramos en el mueble de su ra que pudo abrazarme. Me sentí grandioso. Froté
sala. Es también su posición favorita. suavemente su espalda; aunque rápidamente re-
Cada vez se hizo más oscuro, empezaron a pren- gresó a su estado anterior. Pensé que se levantaría;
derse los postes de luz de los exteriores de Larco- pero todavía siguió echada.
mar haciendo que todo se vea increíble. Por la no- Le hinqué la nariz haciéndola reír, yo también
che suele llegar más gente y me sentí aliviado de reí. Suéltame, tonto, dijo con una voz graciosa, lo
haber ocupado una banca. Daniela no pensaba en

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hice entonces; pero seguimos sonriendo recordando Después, en un acto muy divertido dijo que si al-
el sonido de esa peculiar voz. gún día fuese un escritor reconocido podría escribir
un libro que se volviera guión para una película a
Daniela suele ser muy graciosa, aparte de serlo la que ella agregaría sus toques. Fue lindo que dije-
con sus anécdotas, disfruta siendo muy risueña. ra eso; aunque al inicio me pareció gracioso.
¿Quieres caminar? Propuso de repente. En ese Luego mientras avanzábamos lo iba pensando
momento me acordé de Manuel y Kelly preguntán- mejor y no resultaba tan descabellado. Entonces,
dome por su paradero. Enseguida, Daniela se rein- acoté, interrumpiendo el tema que hablábamos, si
corporó y me dio un abrazo inesperado. un día me convierto en un buen escritor, lo prime-
Me gustó mucho que lo hiciera, al punto de man- ro que voy a hacer es escribir nuestra historia. Tal
tenerla a mi lado, sujeta de la cintura y ella con sus vez la lleven al cine. La idea le pareció fantástica,
manos enredadas en mi cuello, viéndonos fijamen- al punto de emocionarse y decir: Pero debes de con-
te, nuestros ojos podrían decir todo lo que nuestros tarlo todo. La forma como nos conocimos, nuestros
corazones sienten y por eso nuestros labios no pro- enredos, los problemas y los momentos increíbles.
nunciaron palabras. Nos besamos en un santiamén Por supuesto, princesa, le dije con bastante entu-
y después seguimos abrazados, esta vez tamba- siasmo.
leándonos haciendo cómica la escena. Volvimos a Entonces, ¿Prometes escribir un libro sobre no-
darnos otro beso antes de separarnos y cogernos de sotros? Preguntó antes de llegar al término del ca-
la mano para andar. mino. Sonreí y cogiéndola de las manos, respondí:
Recorrimos la acera de cuadros de piedra por Te lo prometo, princesa.
donde se encuentran las bancas hasta llegar a la Además, dicen que los escritores inmortalizan a
estatua de águila, allí pensamos adonde ir y de- las personas, lo leí en un artículo, añadió de repen-
cidimos seguir caminando. Larcomar de noche es te. Sonreí y le respondí, entonces vivirás por siem-
genial, es mucho mejor el exterior. Nos olvidamos pre en mis escritos. Esbozó una sonrisa y senten-
de nuestros amigos y andamos lentamente, conver- ció: Eso sería maravilloso.
sando mientras avanzábamos.
¿Vamos al Parque del amor? Pregunté ensegui-
Yo la miraba de reojo al tiempo que hablaba, me da sabiendo que aceptaría.
contaba que le gustó el helado, que la película le
pareció buena al inicio y que ahora le daría unos Claro, precioso; pero, ¿Y los demás? Dijo y me
cambios, dio muchos mientras seguíamos el rumbo. acordé de los otros. No lo sé; aunque estoy seguro

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que nos llamaran al celular cuando se quieran ir, de la mano deambulando por las paredes en donde
le dije para tranquilizarla. Ah, bueno, tienes razón. citan frases de amor.
Entonces, vamos precioso, dijo emocionada y empe-
zamos a caminar. Decidimos acercarnos sin que se dieran cuen-
ta. Asusté a Manuel provocando la risa del resto.
Durante nuestro andar seguimos charlando Luego leímos juntos las frases de amor que muchas
acerca del hipotético libro que alguna vez váyase personas habían escrito.
a escribir.
¿Qué bonito, no? Dijo Daniela suspirando, me
Quise imaginar mientras caminábamos, el te- abrazó y me dio un beso. Nos quedamos abrazados
nerla cerca me entusiasmaba a creer en utopías, observando las distintas frases, caminábamos len-
por eso, cada vez que le iba contando detalles que to para poder leerlas y releerlas, la otra pareja nos
alucinaba, la sentía, por mágicas razones, muy po- siguió hasta lograr leer todas.
sible.
No supimos que hacer después, ellos tampoco,
Claro está que el hecho de pensar que ni siquie- entonces decidimos quedarnos allí un rato más.
ra tenía un libro terminado me devolvía a la tierra;
pero, esa noche, ¿Qué costaba soñar? Además, Da- Esta vez nos sentamos debajo de la estatua de
niela lo hacía fácil, aparte, ella por si misma ya es los enamorados, exactamente en el muro que la ro-
un sueño hecho realidad. dea. Ellos se fueron a seguir deambulando con la
excusa que querían ver el mar. Le dije a Daniela
El tema siguió hasta llegar al parque que por que no era mala idea y respondió que iríamos en
suerte no estaba lleno como suele estar. Encontra- un rato.
mos una banca cerca a la estatua de los enamora-
dos apasionados y nos sentamos a charlar. Le di- ¿Tienes batería? Preguntó de repente. Teníamos
mos algunas otras vueltas al tema y llegamos a la las manos sujetas. Sí, respondí rápidamente y sa-
conclusión que debía de cumplir con mi promesa qué el celular por instinto.
por el fantástico hecho que nuestra historia es ex- Pon nuestra canción, dijo con una sonrisa. Le
traordinaria. respondí del mismo modo y empezó a escucharse
Enseguida cambiamos de tema y estuvimos “La fuerza del corazón”. Volví a cogerla de la mano,
charlando de Manuel y Kelly preguntándonos so- se acercó un tanto más y dejó caer su cabeza sobre
bre su paradero, queríamos saber donde podrían mi hombro, sabía que lo haría en el momento en
encontrarse y de repente, sin imaginarlo, los vimos que se acercó. Cerró los ojos, lo supe al verla de
reojo. Hice lo mismo tan solo por un par de segun-

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dos, al abrirlos todavía los tenia cerrados, le di un diosa. Abrazado a Daniela contemplaba el océano,
beso en la nuca y mientras la canción se escuchaba la luna y las estrellas hasta que alguien nos dijo
le dije, te amo, princesa. que estaba prohibido pararse en ese lugar. Tenía
toda la razón del mundo el efectivo policial, enton-
Sonrió y comenzó a tararear la melodía mante- ces salimos y continuamos caminando sin saber
niendo los ojos cerrados, yo hice lo mismo al ins- exactamente adonde ir.
tante y luego comencé a cantársela, muy despacio,
frase por frase y por ratos, mayormente en el coro, Paramos en una esquina lejos de ese lugar, del
intensificaba la voz. Ella sonreía porque le parecía oficial y a unos metros de la estatua y pensamos
bonito. Siguió mis pasos y también quiso cantarla, adonde ir. No era muy tarde, todavía quedaba
abrió los ojos y miró al frente mientras soltaba el tiempo para una excursión.
coro, me gustaba escucharla cantar, lo hacía despa-
cio, lento y con su voz que es tal cual una melodía Pensé en un lugar propicio para contemplar un
de dioses. bello paisaje, donde poder charlar y de repente sa-
carnos más fotos, por si no bastaron las que nos
Esa siempre va a ser nuestra canción, precioso, habíamos sacado.
dijo de repente y me dio un beso. Toda la vida, mi
princesa, le dije después del beso y la seguimos es- Daniela siempre llevaba su cámara dentro de
cuchando hasta culminar. su bolsillo. Le gustaba sacarse fotos conmigo para
luego subirlas en Facebook; aunque antes de ello
La abracé y volvió a colocar su cabeza sobre mi colocarlas en el display de MSN. Yo encantado, no
hombro. me gustan tanto las fotografías como a ella; pero
acepto cuando quiere que nos tomemos una.
Minutos después, decidimos ir en busca de los
otros, la idea de ver el mar parecía estupenda y por Conozco un lugar donde podemos ver el mar, la
eso no volvían. luna y estrellas sin que nadie nos moleste. ¿Quie-
res ir? Le dije a mi princesa aprovechando que los
Daniela llamó a su amiga para preguntarle su otros charlaban a un lado. Claro, vamos, respondió
ubicación. Al tenerla avanzamos algunos metros entusiasmada y le dije a Manuel que iría a pasear
y nos encontramos detrás de una pared de frases. un rato.
Era peligroso estar allí; pero se veía el mar en toda
su extensión gracias a la luz de la luna. Nos queda- Yo voy a estar aquí un tiempo más. Me llamas o
mos viéndolo por un buen tiempo. me mandas un mensaje cuando regreses. Claro, eso
de hecho, en una hora nos encontramos para irnos,
Las estrellas hacían que la escena fuera gran-

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le dije y haciendo un ademán nos despedimos. Ke- soporte para la cámara, entonces podríamos salir
lly y Daniela intercambiaron sonrisas y se fueron de cuerpo entero. Admiraba ese ingenio.
alejando.
Continuamos caminando, el viento soplaba me-
¿Dónde es ese lugar que dices? Preguntó Danie- nos y logramos llegar a un parque, uno que antes
la muy curiosa aferrando su cuerpo al mío porque habíamos visitado, entonces, recordando bien, le
empezaba a correr viento. dije: Estamos muy cerca, princesa.
De aquí a unas cuadras, respondí emocionado Se emocionó inmediatamente, metros más ade-
sabiendo que le gustaría. ¡Genial! Dijo enseñando lante le pedí descender por unos arbustos. Siguió
una sonrisa. Seguía atada a mi brazo, me gustaba mis pasos y llegamos al lugar.
que estuviera así. Caminamos lento, medio des-
equilibrados por momentos, porque pesaba y me No todos conocen este sitio, le dije con una sonri-
iba para un lado; pero era gracioso. Luego prefirió sa haciendo alusión a un posible secreto. Ella son-
que la abrazara, así no tendría tanto frío a pesar de rió para luego decir, me gusta este lugar. ¿Cómo lo
llevar un suéter de algodón. conoces? Preguntó de repente. Hace años que no
vengo, solía hacerlo en tiempos de colegio, me tira-
Precioso, ¿Ya estamos cerca? Dijo pasadas algu- ba la pera e iba a diversos parques a escribir hasta
nas cuadras. Tranquila, princesa, ya vamos a lle- que una mañana conocí este lugar y desde entonces
gar, respondí manteniéndola abrazada, ya no tem- lo visité cada vez que faltaba.
blaba como hace unos minutos.
Has sido un mal estudiante, precioso, dijo con
Daniela siempre fue friolenta, desde niña según humor y enseguida acotó, este lugar está bonito.
me contó una vez; por eso suele salir muy abrigada.
Nos sentamos sobre el primer o último escalón
Recorrimos un parque y quisimos detenernos un de una vieja escalera de piedra que llevaba, segu-
rato a sacarnos una foto en el faro, era antiguo, ramente hace muchos años, a la playa. Ahora todo
inútil; aunque su estética resultó precisa para una se hallaba oculto por arbustos, por eso tuvimos que
fotografía. Daniela como tantas veces sujetó la cá- abrirnos paso entre ellos.
mara y me pidió darle un beso en la mejilla. Des-
pués, mostramos nuestros rostros juntos y sonrien- Mira, le dije al llegar. Vaya, las estrellas se ven
tes, culminando con un par de fotos individuales. cerquita, dijo emocionada. La abracé enseguida y
Era divertida la manera como hacía las fotos. le di un beso en la nuca. Recostó su cabeza sobre
mi hombro y dijo, me gusta estar aquí, es un lindo
A veces se las ingeniaba para colocar algo como lugar.

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Este va a ser nuestro nuevo lugar, le dije y la vi Yo también te amo, precioso, dijo algunos minu-
sonreír. tos después. Seguimos de la misma forma, su ca-
beza sobre el hombro, recostada en mí y viendo el
Daniela estuvo callada el resto del tiempo, era mar.
un silencio basado en el hecho de quedarse a mirar
el océano, yo también lo estuve, salvo por los sus- No calculo con exactitud el tiempo que estuvi-
piros al verla de reojo viendo como por momentos mos en ese lugar; de repente recibí la llamada de
el ondulado cabello le cubría parte de la mirada. Manuel preguntando por nuestro paradero, dijo
Lo quitaba con la mano izquierda y seguía contem- que nos habíamos perdido durante cierto tiempo, le
plando el océano, de rato en rato veía las estrellas dije que iríamos en unos minutos y aceptó esperar
alzando levemente el cuello, creí que las contaba, en el parque del amor.
imaginaba que pedía deseos o quizá, solo contem-
plaba su lejana belleza. Se lo comenté, hizo un gesto de fastidio y dijo,
dile que ya vamos. Volvió a enmudecer y yo tam-
No soy de la costumbre de pedirle deseos a las bién callé para concentrarme en el horizonte.
estrellas; aunque admito que quise hacerlo esa no-
che. Al rato, nos levantamos y decidimos alejarnos
del lugar; pero antes de ello, nos dimos un beso.
Ella seguía callada, parecía perdida en el firma-
mento, mirando todo a su alrededor sin mover el El retorno fue distinto, Daniela se mantuvo ca-
cuello, anonadada con la hermosura de la natura- llada, lo cual me sorprendió para mal porque era
leza, yo hacía lo mismo; aunque la verdadera belle- un silencio diferente, en el lugar donde estábamos
za la encontraba siempre a mi lado. al menos llevaba el rostro con un esbozo de sonrisa
como quien contempla algo precioso. Ahora lo tenía
La melena sedosa y ondulada, los labios adicti- serio y opaco. Opté por no preguntar respetando su
vos, el rostro bonito, los ojos pardos y las cejas que estado de mutismo.
lo hacen ver más lindos; el encanto que transmite a
pesar de estar en silencio, el hecho que si se pone a ¿Es un bonito lugar, verdad? Pregunté para ani-
hablar te va a caer estupendo, su bondad intrínse- mar el camino. Asintió con la cabeza, mas no son-
ca para con todo, más con los animales y esa manía rió. La abracé entonces y le di un beso en la mejilla
por hacerme feliz de la cual soy fanático. repitiéndole enseguida, te amo princesa. Y yo a ti,
precioso, respondió fríamente; aunque supe que
Princesa, como te amo, se lo dije despacio. Supe debí conformarme con ello dada la situación.
que escuchó porque sonrió. Luego, volvimos a man-
tenernos en silencio. Caminamos cogidos de la mano, no corría mucho
aire como para abrazarnos.
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Se hallaba pensativa, mirando el camino; aun- Me estaba congelando, comentó Manuel y ha-
que estaba seguro que observaba la nada y todo ciendo alusión a su buen humor hizo un corto acto
ocurría en su mente. como si realmente estuviera congelándose. Me hizo
reír, a Kelly también; mas no a Daniela, que mira-
Sabía que debía comprender su situación acep- ba la lluvia recorrer el vidrio.
tando esas idas y venidas. Naturalmente, se nubla-
ba a veces y volvía al rato. Yo trataba de no obviar- Llevé mi mano a su hombro, seguía mirando la
lo, sino entenderlo e intentar animarla con plática ventana. Luego se apoyo en el espaldar y me regaló
sencilla. Por ello le conversaba sobre algunas anéc- una sonrisa. Enseguida, volvió a mirar el vidrio.
dotas graciosas y en consecuencia esbozaba algu-
nas sonrisas, también le decía palabras bonitas al Kelly y Manuel respetaban su actitud o tal vez,
oído y le daba besos en las mejillas, así lograba ha- andaban concentrados en sus chistes, bromas y re-
cerla sonreír por instantes. cordando lo hecho en el paseo. Yo la miraba de reojo
y pensaba en lo mucho que deseaba que la situa-
Antes de llegar adonde se encontraban los de- ción acabe.
más, me detuvo de golpe, justo a unos metros de
converger con la pareja; aunque ellos ni nosotros Daniela retornó a su estado de perdida y quise
podíamos vernos todavía por la cantidad de gente nuevamente respetarlo. Creía que tal vez así se le
que se aglomeraba a dicha hora. pasaría, sin tanto agobio por mi parte, sin tantas
preguntas, quizá.
Te amo. Disculpa mi actitud, sabes que estoy do-
lida; pero trato de pasarla bien, gracias por el pa- Todo el transcurso la pasó mirando por la venta-
seo, precioso, dijo mirándome a los ojos y con el ros- na. Por otro lado, agotados de tanto reír y caminar,
tro serio queriendo por ahí escaparse nuevamente Manuel y Kelly dormían sujetos de la mano, ha-
una sonrisa. ciendo la escena un tanto tierna.

Mi respuesta fue abrazarla con intensidad. Ella Llegamos, princesa, le dije cuando el auto se de-
también lo hizo y sorpresivamente empezó a llover. tuvo en la puerta de su casa. Muchachos, ya llega-
mos, le dije a los otros moviendo a Manuel. Mien-
Nos estamos mojando, vayamos donde ellos y tras abría los ojos salí siguiendo a mi chica, quien
regresemos a casa, dijo y cogió mi mano para ace- se detuvo a un lado, temblaba levemente por el frío
lerar el paso. y la lluvia, le pedí que entrara a su casa, que yo
pagaría el taxi. Hizo un ademán y dio la vuelta di-
El reencuentro fue rápido porque inmediata- rigiéndose a su casa. Bajaron los otros dos, pagué
mente abordamos un taxi de regreso. el taxi y me acerqué a su casa.

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Daniela estaba en el umbral, Manuel me dijo perdida como en algunos capítulos del paseo, volví
que dejaría a Kelly y luego vendría para irnos. Te a decirle te amo y me fui.
espero, le respondí y me acerqué a mi chica.
Al salir la vi por la ventana, acababa de abrir la
La cogí de la cintura para darle un beso; pero su cortina con su mano. Su rostro no tenia gesto; pero
rostro apático lo impidió. Me detuve, bajé los bra- su mirada estaba en mí.
zos y pregunté, ¿Todo bien, amor?
Te amo, le dije articulando los labios de un modo
Sabes que no. Mira, lo siento. Como te dije, estoy exagerado. Sonreí agitando la mano, le toqué el
algo ida. hombro a Manuel y le dije, vamos.
Comprendo, princesa, le dije esbozando una son- No sé si siguió mirando por la ventana, no vol-
risa y acariciando su mejilla derecha. Se aferró a teé. Caminamos rumbo a casa charlando especial-
mi mano y su madre interrumpió: Chicos pasen, mente sobre la situación de Daniela.
está haciendo mucho frío. Entramos entonces.
Manuel muchas veces puede ser muy chistoso;
La señora bebía café, Daniela y yo nos acomo- pero ese regreso estuvo lleno de conversaciones se-
damos en el mueble de siempre, no tan cariñosos rias.
como de costumbre. Cuando su mamá desapareció
por la cocina conversamos sobre lo hecho durante Al final, cuando visualizamos el parque acorda-
la tarde. mos en jugar pelota al día siguiente porque era día
de fútbol y no lo recordaba. De repente por andar
Pronunció dos o tres palabras, a diferencia de con la mente en el estado de salud de mi novia.
mis extensos argumentos que su presencia estática
y mente extraviada no canalizaban. Nuevamente Manuel me sorprendió diciendo que había coor-
perdió el hilo que la une a la realidad. dinado con todos para el fútbol y me asombró para
bien que haya decidido jugar.
¿Vas a estar bien, princesa? Le pregunté antes
de despedirnos. Manuel había regresado de dejar a Nos detuvimos un rato en la esquina para conti-
Kelly, me envió un mensaje al encontrarse afuera nuar hablando del partido de mañana, de las per-
y tuve que salir para decirle que en unos minutos sonas que asistirían y demás. Ese tiempo me sen-
saldría. tí contento, el fútbol siempre entrega esa dosis de
alegría extra.
Te amo, princesa, ve a descansar. Le di un beso
en la frente y un abrazo. Ella seguía en el mueble, Nos despedimos con el deseo de reencontrarnos
al día siguiente por la tarde y antes de ese apretón

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de manos, añadió con sobriedad: Tranquilo herma- despertar a esa hora; aunque de repente fueron
no, todo va a estar bien. mis ganas de ponerme a escribir las que me des-
pertaron.
Llegué a casa, saludé a todos los que se encon-
traban cenando y subí a mi habitación. Vi el celular y no hallé respuesta de su parte,
aun así, encendí la computadora y continué escri-
Princesa, que tengas unas buenas noches. Te biendo la carta.
amo demasiado, le escribí en un mensaje de texto
luego de cambiarme de ropa y cepillarme los dien- No pude acabarla, interrumpió la hora del al-
tes. muerzo y después la sobremesa.
No respondió e imaginé que estaría durmiendo. Charlamos de bastantes temas, mi padre es
Entonces, decidí acostarme sobre la cama. quien abre las conversaciones y luego cada uno va
dando sus opiniones, a veces yéndose por la tangen-
Mirando las estrellas del techo recordé lo que te y otras veces acotando alguna que otra cosa, de
dijo acerca de escribir repente un tema distinto, basado en alguna anéc-
algún día nuestra historia. dota, etc. Lo importante es que siempre hablamos,
reímos y terminamos satisfechos con la comida y la
Sonreí, no estaba seguro si por su inocente pro- plática.
puesta o tal vez por su dulce anhelo. De cualquier
modo, sabía que podría salir un gran libro si algu- Cuando retomamos al segundo piso cada uno se
na vez contase lo que somos, lo pensé y le di vuel- fue a su cuarto acordando que en una hora y me-
tas al tema durante un buen tiempo. Imaginando dia saldríamos a jugar. Durante ese transcurso de
lo que sería poder tener el don de plasmar lo que tiempo suelo recostarme en la cama a ver televi-
somos en una obra. sión mientras ocurre la digestión.

En ese momento decidí terminar esa carta que Vi algunos resúmenes deportivos teniendo el ce-
había dejado de escribir. Estaba seguro de hacerlo lular cerca porque andaba esperando alguna señal
por la mañana y poder dársela por la noche. Imagi- de Daniela, que no enviaba mensajes ni se conecta-
né su rostro al leerla, de seguro que sonreiría, tam- ba al MSN.
bién me abrazaría y llenaría de besos y mientras lo Rato después, resolví mandarle otro mensaje.
alucinaba el sueño me consumía e iba cayendo en
un profundo letargo. ¡Hey princesa de mi vida! Te amo demasiado, es-
pero que hayas despertado bien, si gustas nos ve-
Abrí los ojos muy temprano, fue raro, no suelo mos por la noche.

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Luego de un tiempo comencé a escuchar los sil- la exactitud con la que lo expresó. Me dio risa que
bidos de mis amigos futboleros que empezaban a lo dijera con meses y días. A medio camino me dijo
aglomerarse en las afueras de mi casa. algo importante, parecía haber acordado ese hecho.
No estaba cambiado, todavía seguía con la ropa Kelly y Daniela van a venir a vernos jugar, dijo
de dormir. mostrando una gran sonrisa. ¿En serio?, ¿cómo lo
sabes? Pregunté entusiasmado. Sacó su celular del
Rápidamente me vestí de corto para salir al bolsillo y mostró un mensaje. Efectivamente, su
campo en busca del triunfo. Antes de colocarme las flaca, la mejor amiga de Daniela, le dijo que irían a
zapatillas los saludé por la ventana haciendo ges- vernos jugar. Me pareció fantástico.
tos graciosos. Afuera estaba Carlos junto a Jorge,
Carlos Eduardo se asomaba cruzando el parque ¿Por qué Daniela no me ha dicho nada? Me pre-
con su peculiar sonrisa. Carlos me dijo que le pa- gunté en voz alta mientras caminábamos. De re-
sara la pelota y lo hice después de colocarme las pente todavía no lo sabe. Kelly va a ir a buscarla y
zapatillas. Vamos a estar en la cancha, no te de- vendrán juntas, comentó Manuel.
mores, dijo mientras se iban. Voy en cinco minutos,
respondí y anudé los cordones. ¡Qué genial! Pensé y rápidamente me entusias-
mé.
Antes de descender al primer piso, escuché el
timbre de la casa y un prolongado silbido. Afuera Llegamos al campo de juego encontrándonos con
se hallaba Gonzalo, Ezequiel y Manuel, amigos; los demás, a quienes saludamos y comenzamos a
pero enemigos en la cancha. Los vi por la ventana pasarnos el balón para calentar.
y les dije que ya salía. Preguntaron por Fernan- Todos somos amigos, nos volvemos enemigos al
do, quien bajó de inmediato a recibirlos e ir juntos inicio del juego. Previo a ello charlamos, nos pasa-
rumbo a la losa deportiva. mos la pelota y recordamos anécdotas futboleras.
Manuel me esperaba afuera, apoyado en el pos- Una vez completos los dos equipos cada uno va
te de luz. Nos saludamos entre sonrisas, cerré la hacia el lado de la cancha de su preferencia y una
puerta de la casa y avanzamos hacia la cancha. Mi vez listos comenzamos el cotejo.
vieja salió por la ventana, recibió el saludo de Ma-