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VIDA COTIDIANA EN EL SIGLO XIX (FRANCIA)

CLASES SOCIALES

Clase baja- campesinos, criados, obreros industriales, mineros, artesanos y mendigos


Clase media- médicos, abogados, periodistas, profesores, curas, oficiales del ejército,
funcionarios, campesinos acomodados y pequeños empresarios
Clase alta- aristócratas, alto clero, banqueros, industriales, generales y comerciantes
ricos

AGRICULTURA

En esta época la mayoría de la población francesa estaba formada por campesinos, que
trabajaban una pequeña parcela propia, ayudados por su familia. Gracias a la Revolución
Francesa habían dejado de pagar rentas a la nobleza y al clero y los más acomodados pudieron,
además, quedarse con algunas tierras de la iglesia y de la aristocracia, que compraron en
subastas. Por eso los campesinos franceses apoyaron a Napoleón para que no se restaurara la
monarquía absoluta y volviera a ser todo como antes. Cuando en 1815 Napoleón fue derrotado y
volvió a haber un rey, éste no se atrevió a devolver las tierras a los nobles y a la iglesia, para no
provocar otra revolución.
Pero no todos los campesinos eran iguales. Había algunos que cultivaban tierras de
terratenientes y a cambio les pagaban una renta. También había algunos jornaleros, que eran
campesinos sin tierras a los que los campesinos con más tierras contrataban para sembrar y
recoger la cosecha. Los jornaleros eran gente muy pobre, que a veces pasaban hambre, cuando
no encontraban trabajo. En invierno había poco trabajo y muchos de ellos se dedicaban a
realizar hilos y telas en sus casas o a trabajar construyendo carreteras o vías de tren. A medida
que pasaba el tiempo se iban introduciendo mejoras en la agricultura y muchos campesinos
tuvieron que emigrar a las ciudades, pues cada vez había menos trabajo en el campo.
Para sembrar el campo se utilizaba un arado tirado por bueyes, que hacía unos surcos,
donde se echaban las semillas para enterrarlas después. De vez en cuando había que quitar las
malas hierbas y abonar, lo que se hacía a mano. También había que dedicar tiempo a buscar leña
(y cortarla), ir a por agua, dar de comer a los animales o a limpiar los establos. Tres meses
después de la siembra se podía recoger el cereal, lo que necesitaba mucha mano de obra y se
hacía con hoces. Después había que trillar, es decir, separar el grano de la paja, lo que se hacía
con una especie de rastrillo. Luego el grano se llevaba al molino, para hacer harina (y ésta al
horno para hacer pan), mientras que la paja se utilizaba para dar de comer a los animales o para
rellenar los colchones. Lo que más se cultivaba era trigo (para hacer pan), cebada (para cerveza
y alimentar al ganado), patatas, maíz (para pan y para alimentar al ganado) y viñedo (para hacer
vino). En una parte de la parcela se cultivaba trébol o nabos, para que la tierra recuperara sus
nutrientes y para dar de comer al ganado.
A veces había heladas, inundaciones, sequías o plagas de insectos que destruían la
cosecha, algo que pasaba de vez en cuando. Entonces los agricultores podían arruinarse y tenían
que vender sus tierras (si tenían) para emigrar a la ciudad. Otras veces, sobre todo a partir de
1875, llegaban productos extranjeros más baratos y los agricultores protestaban, exigiendo al
gobierno que prohibiese su entrada o que subiera las aduanas, para que fueran más caros.
Además, entre 1863 y 1890 el viñedo francés se vio muy afectado por la filoxera, un insecto que
se comía las plantas y que arruinó a muchos agricultores que cultivaban vides.
Durante el siglo XIX la agricultura cada vez producía más alimentos, ya que se difundió
el cultivo de la patata (más productiva que el trigo), se fue eliminando el barbecho (en vez de
dejar descansar una parte de la tierra, se plantaban nabos y trébol para dar de comer al ganado) y
ya no se pagaban rentas a los nobles. Por eso los agricultores cada vez estaban mejor
alimentados y desde 1812 ya no murió gente de hambre en Francia. Además, a partir de 1860 se
empezó a utilizar máquinas (algunas a vapor y otras tiradas por caballos) para trillar o recoger
los cereales. También empezaron a usar abonos químicos en el campo, lo que permitió aumentar
mucho la producción de alimentos.

ALIMENTACIÓN

La gente de clase baja comía sobre todo pan, patatas, sopa y legumbres (lentejas,
garbanzos, alubias). La comida solían hacerla las mujeres de la casa, normalmente calentando
una olla con leña. La carne era cara y se reservaba para ocasiones especiales. Pescado sólo se
comía en localidades costeras, porque enseguida se estropeaba. Algo parecido sucedía con la
leche, que sólo la tomaban los que tenían vacas u ovejas. En cuanto a las frutas y verduras, en el
norte de Francia se cultivaban pocas, pero en el sur se consumían más, pues el clima permitía
cultivarlas. Para beber en las comidas tomaban agua o vino. Como comían pocas proteínas y
pocas grasas, solían estar muy delgados y crecían poco. Y si se quedaban sin trabajo podían
pasar varios días comiendo sólo una vez al día. No obstante, a partir de 1870 la mejora del
transporte y la aparición de barcos frigoríficos permitió que empezara a llegar carne y cereales
baratos desde Estados Unidos, Rusia y Australia, lo que permitió bajar el precio de los alimentos
y hacer que la gente trabajadora empezara a comer más cosas y a estar mejor alimentada. Estas
mejoras también hicieron bajar el precio del café, el té, el chocolate y el azúcar, que antes eran
caros, pero que ahora se pusieron al alcance de todo el mundo. También por esa época
empezaron a ponerse de moda las conservas, con lo que las personas podían comer cosas que
venían de lejos.
La gente de clase media comía carne de vez en cuando, ya que ganaba más dinero o, si
eran campesinos, tenían más animales. También comían más pescado y queso, que en esa época
era bastante caro. Normalmente tenían una criada que era la que les hacía la comida (y se la
servía). Si vivían en una ciudad, a veces salían a comer a algún restaurante.
La clase alta comía mucha carne (faisán, perdices, ternera, cerdo) y bastante vino,
además de marisco, queso y pasteles. Apenas comían pan, legumbres, patatas, frutas ni verduras,
ya que eso lo consideraban comida de pobres. Su dieta era muy mala y por eso acababan
engordando y a partir de los 60 años tenían problemas de salud, por falta de vitaminas (en esa
época aún no se sabía ni lo que eran las vitaminas). Si vivían en una ciudad, a veces salían a
comer a algún restaurante. Tenían muchos criados que les hacían y les servían la comida.

CIUDADES

En el siglo XIX París era la segunda ciudad más grande de Europa (después de Londres)
con 750.000 habitantes en 1800 y tres millones en 1900. Otras ciudades importantes eran
Marsella, Lyon, Lille y Burdeos, que crecieron en esa época por la llegada de inmigrantes desde
el campo, para trabajar en la industria, sobre todo en Lyon (donde había una importante
industria sedera) y Lille (con mucha industria del acero). Otros encontraban trabajo en la
construcción, el comercio o el servicio doméstico. Las ciudades tenían barrios de clase alta y
media, con casas elegantes, muchas tiendas, restaurantes, teatros y parques. Por esas calles se
veían carruajes y gente bien vestida. Hacia 1820 pusieron las primeras farolas de gas y desde
entonces empezó a haber luz por la noche, con lo que surgieron locales de copas, para hacer
salidas nocturnas.
A principios de siglo las ciudades estaban bastante sucias, incluso los barrios de clase
acomodada, ya que no había alcantarillado ni recogida de basuras, con lo que se tiraba todo a la
calle. Además, las calles eran de tierra y se llenaba todo de barro cuando llovía. Pero esto
cambió a partir de 1840, cuando se empezó a poner alcantarillado, suministro de agua a las
casas y adoquines en el suelo. Entonces los barrios de gente con dinero empezaron a estar más
limpios y pudieron empezar a tener agua en casa (antes tenían que ir a comprarla o tenían pozos
en casa).
Estos avances no llegaron a los barrios obreros hasta la década de 1870. Allí vivían los
trabajadores de las fábricas y la gente más pobre. Estos barrios estaban muy sucios, ya que no
tenían alcantarillado, ni adoquines en el suelo. Por eso a menudo estaban llenos de barro, de
ratas y olían mal las calles. También estaban contaminados, pues estaban al lado de las fábricas,
que no dejaban de tirar humo. Lo que también contaminaba bastante eran las chimeneas de las
casas, que usaban carbón para calentarse. En estos barrios había pocas tiendas, no había parques
y no tenían luz en las calles por la noche. En cuanto al suministro de agua, tenían que comprarla
o ir a la fuente a por ella, lo que les obligaba a hacer bastantes colas. Además, los barrios
obreros eran peligrosos, ya que, como había muchos pobres, la delincuencia era algo habitual.
También había mucha prostitución en esos barrios, pues muchas mujeres no tenían dinero para
vivir de otra forma.
Por otra parte, en las ciudades había frecuentes atascos. Había muchos carruajes (de
gente rica o que servían como taxis) y a veces no cabían todos en la calle. También había
muchos carros con mercancías y, a partir de 1860, tranvías tirados por caballos, que ocupaban la
vía pública. Además, los peatones no respetaban las aceras y andaban por todas partes,
dificultando el tránsito de los carruajes. Por eso eran frecuentes los atropellos, cuando había
menos tráfico y se circulaba a toda velocidad.

COMERCIO

En esta época no había supermercados ni grandes superficies. Todo eran mercados


callejeros o tiendas pequeñas, donde pedías lo que querías y el dependiente te lo daba. Si era
comida tenía que pesarlo y te lo llevabas tú en tu propia bolsa (no había bolsas de plástico. Eran
de tela). La ropa no estaba hecha, sino que te la tenían que hacer a medida. Ibas al sastre, éste te
tomaba las medidas y volvías al cabo de una o dos semanas a recogerla. Como esto era caro,
había mucha gente que compraba las telas y se hacían ellos la ropa (normalmente las mujeres de
la casa). Otros iban a mercados y compraban allí ropa de segunda mano, que solía estar sucia y
a veces tenía pulgas o piojos. En las ciudades había bastantes tiendas (sobre todo en los barrios
ricos), pero en los pueblos la gente solía ir a las ferias agrícolas (que se celebraban
periódicamente en los pueblos más grandes) a comprar animales, comida que ellos no
cultivaban y herramientas para el campo. También iban allí a vender sus productos o a buscar
trabajo. Otras veces comían cosas que cultivaban ellos o algún amigo o familiar. Las demás
cosas iban a las ciudades a comprarlas, porque en los pueblos había pocas tiendas.
En las ciudades había muchos vendedores callejeros, que vendían bebidas (café,
limonada, sopa) y comida (empanadas, patatas calientes, pescado frito, pasteles), ya que mucha
gente pobre no tenía cocina en casa o llegaban muy cansados del trabajo para ponerse a cocinar.
También había muchas mujeres que vendían flores y niños que repartían los periódicos, gritando
las noticias. Otros se dedicaban a limpiar las botas de la gente a cambio de un poco de dinero.

DINERO

La moneda era el franco, que a mediados de siglo equivalía a unos 10 euros actuales. Se
dividía en 100 céntimos, cada uno de los cuales equivalía a unos 10 céntimos de euro de ahora.
Hasta 1850 se pagaba casi siempre con monedas, pero a partir de esa fecha los billetes se fueron
haciendo cada vez más habituales.
La gente de clase baja guardaba sus ahorros en casa, pero esto era peligroso, ya que les
podían robar. Por eso escondían el dinero debajo de una baldosa, detrás de un ladrillo, dentro de
un colchón o en un calcetín. La gente de clase media y alta tenía una parte del dinero en casa,
pero otra parte la tenían en un banco, donde había más seguridad. Eso sólo lo podían hacer los
que vivían en ciudades, ya que en los pueblos no había bancos. Además, los bancos a veces
quebraban y entonces los que tenían ahorros allí se quedaban sin su dinero.
Los bancos sólo prestaban dinero a la gente rica, al gobierno y a las empresas, por lo
que muchos tenían que vender las joyas de la familia cuando necesitaban dinero. Otros recurrían
a prestamistas, que te dejaban el dinero pero con un interés muy alto. Y si no devolvías el dinero
a tiempo se quedaban con tus tierras o con tu casa.

EDUCACIÓN

A principios de siglo sólo iban a la escuela los niños de familia media y alta. Pero poco
a poco el estado fue construyendo colegios y hacia 1830 ya iban la mitad de los niños. En 1890
ya asistían a clase más del 90 % de los niños. Los niños de clase baja solían ir a escuelas
públicas, mientras que la clase media y alta iban a colegios religiosos. En esta época muchos de
los hijos de familia humilde dejaban los estudios enseguida (a los nueve o diez años) para
ponerse a trabajar en las fábricas o en el campo, ayudando a sus padres. Los niños que vivían en
pueblos pequeños a menudo tenían que andar una hora, a veces bajo la lluvia, para ir al colegio
más cercano. En las escuelas los profesores eran muy estrictos y pegaban (con la mano o con un
palo) a los que se portaban mal o no se sabían la lección. A los niños más pequeños les
enseñaban a leer y a escribir, las matemáticas básicas y religión. A los mayores matemáticas,
religión, geografía e historia e historia natural (ciencias naturales). Para ello contaban con
mapas que colgaban de clase, así como con láminas de historia natural y de historia sagrada.
Los colegios eran pequeños y normalmente no tenían biblioteca. Los niños y las niñas iban a
colegios separados y los profesores eran siempre del mismo sexo que los alumnos. A las niñas
se les enseñaba sobre todo religión, bordar y coser, para que pudieran ser buenas esposas y amas
de casa. Se les enseñaba a leer para que pudieran conocer la Biblia. Hasta 1850 la mayoría de
las niñas de clase baja no iban a la escuela, ya que eran sus madres las que les enseñaban en
casa lo que necesitaban saber para ser buenas madres y esposas.
La gente de clase media y alta estudiaba durante más tiempo que los pobres y algunos
pasaban a los liceos, institutos públicos donde se daba secundaria. Allí aprendían historia,
geografía, matemáticas, ciencias naturales, latín, griego clásico y lengua francesa. En esta época
era muy importante saber francés, ya que era el idioma que utilizaban los europeos cultos para
entenderse con la gente de otros países. La disciplina era muy estricta y se castigaba con azotes
o con expulsiones (para siempre) a los que incumplían las normas. Muchos de los que iban a
estos centros estaban internos y dormían allí, sobre todo si eran de pueblo, ya que los liceos sólo
estaban en las ciudades. En estos casos veían poco a sus familias, ya que sólo volvían a casa en
vacaciones.
Los liceos tenían patio, muchas aulas y biblioteca. Durante la mayor parte del siglo
fueron sólo para los chicos, ya que las chicas no estudiaban más que en primaria. No fue hasta
1880 cuando se abrieron los primeros liceos para chicas. Las madres de familias ricas
contrataban profesores particulares para sus hijos, para que aprendieran las cosas fundamentales
para ser un perfecto caballero o señorita. Las chicas podían recibir clases de piano, de
urbanidad, de baile y de equitación, mientras que los chicos de familias ricas aprendían en sus
casas baile, urbanidad, esgrima y equitación.
Muy poca gente iba a la universidad. Los que lo hacían eran normalmente hijos de
licenciados universitarios o de gente con algo de dinero que daba mucha importancia a la
educación de sus hijos. Había pocas carreras y eran sólo para hombres. Sólo se podía estudiar
medicina (para ser médico), derecho (para ser abogado, juez, fiscal o notario), filosofía y letras
(para ser profesor o funcionario), ciencias (para ser profesor o funcionario) o teología (para ser
cura). Posteriormente (hacia 1850) desapareció teología y apareció la carrera de farmacia. Quien
quería ser maestro no iba a la universidad, sino que estudiaba durante un año en una escuela
especial para maestros. Lo mismo los que querían ser ingenieros, que después de estudiar
ciencias pasaban a una escuela politécnica. Estudiar en la universidad era caro y no había becas,
así que los estudiantes más pobres trabajaban para sus compañeros lavándoles la ropa,
limpiándoles la habitación (muchos estaban internos) o llevándoles el equipaje, para poder
pagarse los libros o la matrícula. Las mujeres no realizaban estudios superiores a principios de
siglo, pero esto cambió cuando en 1838 se creó la primera escuela de maestras. Poco después
empezó a haber escuelas femeninas de enfermería y en 1880 se permitió a las mujeres estudiar
en institutos de secundaria y realizar cualquier carrera universitaria, aunque eran muchas menos
que los chicos. Solo estudiaban si tenían un padre moderno, que consideraba que era importante
la educación de la mujer, algo poco frecuente.

FAMILIA

En esta época los chicos y las chicas de clase baja solían conocerse en fiestas populares,
por ser vecinos o paseando por el pueblo o la ciudad, normalmente los domingos. Entonces
podían bailar juntos, charlar o irse de excursión al campo con la pandilla, lo que aprovechaban
para conocerse mejor y quedar en más ocasiones. Normalmente no tenían relaciones sexuales
antes del matrimonio, ya que si una mujer aceptaba y luego su novio la abandonaba, ya nadie se
querría casar después con ella, pues ya no era virgen. Si además se quedaba embarazada y el
padre no quería casarse ella no podía obligarle a hacerse cargo del niño. Además, una madre
soltera era rechazada por todos (incluso por su familia) y tenía que sacar adelante al hijo ella
sola, por lo que a menudo acababa abandonándolo en la puerta de un convento o de un orfanato.
Normalmente los chicos se casaban entre los 25 y 30 años y las chicas un poco antes. Para
hacerlo el chico tenía que pedir la mano de la chica a los padres, que entonces hablarían con él
para conocerlo mejor (a él y a su familia). Otras veces hablaban también con los padres del
novio, aunque en los pueblos esto no hacía falta porque todos se conocían. Si veían que eran
gente honrada normalmente daban el permiso y se celebraba la boda.
En las familias de clase media y alta, las cosas eran algo distintas. En estos casos los
chicos y las chicas se conocían en fiestas privadas o porque los padres eran amigos y se
presentaban a los hijos. Siempre que quedaban estaban acompañados por más personas (amigos,
familiares), pues estaba muy mal visto que un chico y una chica se quedaran a solas. Si querían
besarse tenía que ser a escondidas (en un descuido de los demás) y sólo podían tener relaciones
sexuales después del matrimonio. Muchas veces los padres solían acordar el matrimonio de los
hijos y no les dejaban que se casaran con otra persona. Casi siempre los emparejaban con
alguien de un nivel económico parecido, pues querían que la pareja de su hijo o hija
perteneciese a una buena familia, nunca a una más pobre que ellos. Otras veces el chico y la
chica se conocían antes, se enamoraban y era el chico el que iba a ver al padre para pedir la
mano de la chica. Entonces el padre se interesaba por el nivel económico de su familia, ya que
si eran más pobres que ellos no le dejaba casarse con su hija. Normalmente el chico tenía más
libertad para elegir a la novia, pero si había mucha diferencia de nivel social, su padre no le
dejaba casarse. Antes de contraer matrimonio los novios podían quedar algunas veces para
conocerse mejor, pero normalmente les acompañaba algún criado o algún miembro de la familia
para que no se besaran ni tuvieran relaciones sexuales.
Al poco de casarse llegaban los primeros niños. En esta época lo normal era tener tres o
cuatro hijos por pareja, aunque alguno moría siempre de pequeño por enfermedades, sobre todo
en las familias más pobres. Los hijos nunca llamaban papá o mamá a sus padres, sino padre o
madre. Además, les hablaban de usted y les trataban con mucho respeto, ya que en esta época
era frecuente que los padres pegaran a sus hijos. Les pegaban si se portaban mal, si hablaban
con poco respeto o si sacaban malas notas en el colegio. Normalmente los padres castigaban a
los niños y las madres a las niñas. Los padres hablaban de tú a sus hijos y les llamaban por su
nombre. En las familias ricas los niños eran cuidados por una niñera y estaban poco tiempo con
sus padres.
Por otra parte, había gente que abandonaba a sus hijos recién nacidos, por ser madres
solteras o por ser tan pobres que no podían mantenerlos. Entonces eran recogidos en inclusas,
que eran centros de acogida para niños abandonados (expósitos). Allí compartían habitación
numerosos bebés y eran frecuentes las enfermedades. Por eso muchos niños morían antes de
cumplir un año. Cuando se hacían algo más mayores iban a los orfanatos, algo que también les
ocurría a muchos de los que se quedaban sin padres, ya que muchas familias tenían tan pocos
ingresos que no podían permitirse mantener a familiares. Los niños permanecían en el orfanato
hasta que se hacían mayores o hasta que alguna familia los adoptaba, lo cual era poco frecuente.
En casa el padre era la máxima autoridad y después la madre. La esposa estaba obligada
a obedecer al esposo, pero podía dar órdenes a los hijos. En las familias más pobres eran
habituales los malos tratos a las esposas, sobre todo cuando el marido estaba borracho o era
alcohólico, algo bastante frecuente. Además, la gente consideraba normal que un marido diera
un bofetón o un puñetazo a su esposa, si ella no le obedecía o le faltaba al respeto. El divorcio
existió sólo entre 1792 y 1816 y a partir de 1884. El resto del tiempo las parejas no se podían
separar. Cuando se podían divorciar era sólo en caso de adulterio o si algún cónyuge hubiera
cometido un delito, por lo que muy poca gente podía hacerlo. Además, estaba mal visto por la
sociedad, que lo veía como algo contrario a la religión.
En las familias de clase baja las mujeres también trabajaban fuera de casa. Si vivían en
el campo como campesinas y si estaban en la ciudad como criadas (en casas de familias
acomodadas) o en fábricas textiles. Una vez se casaban tenían que encargarse también de las
tareas de la casa, por lo que cambiaban de trabajo y se dedicaban a vender en el mercado, a
planchar y a coser para otros o a dar el pecho a hijos de otras mujeres. Otras eran lavanderas
(lavaban en el río ropa de otros) o fabricaban en casa cepillos o cajas de cerillas por encargo,
cobrando muy poco por cada una, para ganar algo de dinero. Estos trabajos estaban muy mal
pagados y les obligaban a trabajar más de diez horas al día. Además, en casa se dedicaban a
cuidar a los niños, a cocinar, a hacer la compra y a lavar la ropa (a mano, en un río o en un
fregadero), ayudadas por sus hijas. En las ciudades las mujeres de clase baja estaban tan
ocupadas que no tenían mucho tiempo para limpiar, por lo que sus casas estaban bastante sucias.
En las familias de clase media las mujeres eran amas de casa y sólo se dedicaban a la
familia, lo que les dejaba algo más de tiempo libre. Además, contaban con la ayuda de una
criada que les ayudaba a cocinar y a limpiar la casa. En cuanto a las familias ricas, en ellas la
esposa tenía a su disposición a gran cantidad de criados: mayordomo, cochero, jardinero, ama
de llaves (jefa de criadas), cocinera y numerosas doncellas. De esta manera, estas mujeres sólo
se tenían que preocupar de dar órdenes a la servidumbre, así como de elegir a los nuevos
criados.
El adulterio estaba prohibido y se castigaba con varios meses de cárcel, en el caso de la
mujer. A los hombres sólo se les castigaba con una multa y si matan a su esposa infiel y a su
amante apenas se les castigaba. La mujer adúltera se libraba de la cárcel si su pareja le
perdonaba. Otras veces había duelos (a espada o a pistola) por cuestiones de celos o por querer
dos hombres a una misma mujer. Pero estos duelos sólo los hacía la gente de clase media y alta.
Aunque estaban prohibidos, nunca se castigaba a nadie por ello. Si un niño nacía fuera del
matrimonio (y los padres no se casaban después), la madre y el niño eran mirados con desprecio
durante toda la vida, como una pecadora o como un fruto del pecado. En cambio el padre podía
seguir llevando una vida normal, sin que nadie lo mirase mal por ello.
Si el padre de familia moría la viuda se quedaba en una situación muy difícil, sobre todo
si tenía hijos pequeños o era de clase baja. Las mujeres cobraban la mitad que los hombres, por
lo que, aunque se pusieran a trabajar, no podían mantenerse a ellas y a sus hijos y acababan
mendigando o vendiendo sus propiedades para poder sobrevivir. Por eso muchas intentaban
casarse otra vez para tener a alguien que las mantuviera a ellas y a sus hijos.

GUERRA

De vez en cuando se hacían sorteos entre los jóvenes solteros de cada pueblo o ciudad y
al que le tocaba hacía el servicio militar, que duraba seis años. Pero era posible pagar a otro para
que fuera en tu lugar, por lo que al final sólo servían como soldados las personas de clase baja.
A partir de 1872 se redujo a 5 años, pero lo hacían todos los jóvenes, entre 20 y 25 años.
También lo hacían todos en la época de Napoleón (1800-1815). La mayoría de los mozos hacían
el servicio militar en Francia, pero a algunos los enviaban lejos, pues les tocaba servir en la
marina o en alguna de las colonias francesas en África, Asia o América. Las guerras más
importantes que tuvo Francia en esta época fueron las guerras napoleónicas, en las que Francia
estuvo en guerra contra Gran Bretaña (1803-1815), Austria (1805, 1809, 1813-1814), Prusia
(1806-1807 y 1813-1815), Rusia (1805-1807 y 1812-1814) y España (1808-1813). En esa época
el Imperio Francés abarcaba media Europa, pero todo terminó con la derrota de Napoleón. Otras
guerras fueron la invasión de España (en 1823), la guerra de Crimea contra Rusia (1854-1856),
la guerra contra Austria, en Italia (1859) y la guerra contra Prusia (1870-1871), en la que el
emperador Napoleón III fue capturado y París sitiado y bombardeado durante varios meses. Al
final la capital francesa se rindió y Francia lo hizo poco después. También hubo algunas guerras
coloniales, como la invasión de Argelia (1830-1847), la de Indochina (1859), la de México
(1863-1866), dos guerras contra China (1858-1860 y 1884) y la conquista de Madagascar
(1894-1895).
En el ejército la disciplina era muy estricta, siendo frecuente los azotes con látigo por
cualquier falta, incluso por jugar a las cartas o llevar botones desabrochados. Si uno intentaba
escapar era fusilado por desertor, en época de guerra, o metido en un calabozo durante un
tiempo, en época de paz. Además, cuando había guerra a menudo pasaban hambre, sed, frío o
calor, ya que tenían que marchar y dormir en tiendas de campaña aunque nevase, hiciese
muchísimo calor, lloviese o estuviese todo lleno de barro. Andaban durante muchas horas al día
y se levantaban muy pronto, además de no poder cambiarse de ropa ni lavarse durante meses,
por lo que muchos acababan con piojos o pulgas. Al cabo de unos años los soldados eran
licenciados y podían volver a sus casas, pero a veces morían antes o quedaban mutilados por
heridas de guerra. Otros morían por enfermedades, sobre todo los que combatían en África o en
Asia. Todos los militares muertos o mutilados tenían derecho a una pequeña pensión del estado,
que llegaría a ellos o a sus viudas. Pero era muy poco y apenas daba para vivir.
En el ejército también había personas de clase media y alta, pero no eran soldados sino
jefes y oficiales. Había familias acomodadas o de tradición militar que enviaban a sus hijos a las
academias militares para que hicieran carrera en el ejército. Ellos también marchaban a países
lejanos y a veces acababan como generales o gobernadores.

INDUSTRIA Y TRABAJO

Durante las primeras décadas del siglo las grandes industrias fueron arruinando a los
pequeños artesanos, ya que podían fabricar todo mucho más barato porque tenían máquinas.
Muchos de ellos tuvieron que irse a trabajar a las fábricas, donde ganaban mucho menos dinero
y trabajaban más, al igual que algunos campesinos arruinados, que llegaban del campo
buscando empleo en la ciudad. En las fábricas textiles trabajaban muchas mujeres y niños,
porque cobraban menos y no hacía falta fuerza física. Pero en las demás industrias
predominaban los hombres, pues a menudo había que cargar pesos y mover cosas pesadas.
En las fábricas había muchas máquinas que eran movidas por una máquina de vapor,
que funcionaba quemando carbón. Por eso en las fábricas había siempre mucho ruido (por las
máquinas en funcionamiento) y bastante humo (por las chimeneas). Los accidentes eran
frecuentes y a veces los trabajadores quedaban inválidos o morían, por alguna caída o corte con
alguna máquina. Otras veces cogían enfermedades por trabajar con productos químicos tóxicos,
como el fósforo o por respirar vapor de mercurio. En esta época la gente trabajaba doce horas al
día y sólo descansaban los domingos. Solían empezar a las seis de la mañana, paraban un rato
para comer y salían a las siete de la tarde. Como los trabajadores eran gente pobre, normalmente
vivían en casas de la empresa, que estaban al lado de la fábrica y que el empresario les
alquilaba. En la fábrica había unas sirenas que avisaban cuando tocaba empezar o dejar de
trabajar.
El trabajo en la industria era muy cansado, porque apenas dejaban descansar. Los
capataces (que eran siempre hombres) recorrían la fábrica y gritaban a los que estaban
descansando o charlando, e incluso pegaban a los niños si hacían lo mismo. Si uno hacía algo
mal se le ponía una multa o se le despedía. Los sueldos eran muy bajos, por lo que en las
familias pobres trabajaban todos, ya que con el sueldo del padre no bastaba para vivir. Si uno
protestaba o intentaba organizar un sindicato se le echaba del trabajo, pero aún así cada vez se
fueron haciendo más sindicatos, ya que la gente estaba harta. Entonces los obreros se reunían a
escondidas, para que no se enterara el empresario y ponían un poco de dinero cada semana, para
poder aguantar en caso de huelga. Así si el empresario no les hacía caso le montaban una huelga
y resistían hasta que cediera o se quedaran sin ahorros. A menudo el empresario traía gente de
fuera para trabajar, pero entonces los huelguistas se ponían a la entrada de la fábrica y se
enfrentaban con los recién llegados. Si la huelga salía mal el empresario echaba a los jefes de la
huelga. Pero algunas huelgas salían bien y muchos trabajadores fueron consiguiendo mejorar
sus condiciones de trabajo. Además, durante la mayor parte del siglo las huelgas estaban
prohibidas, por lo que muchos líderes sindicales eran detenidos y enviados a prisión. En 1864 se
permitió hacer huelgas, salvo a los funcionarios.
En esta época no había vacaciones y si uno no trabajaba un día, porque estaba enfermo
o había tenido un accidente, no cobraba. Por ello una enfermedad prolongada o un accidente
grave del padre de la familia podía llevar a una familia a la pobreza. Tampoco había subsidios
de desempleo, ni se cobraba ninguna indemnización en caso de despido. Por otra parte, los
accidentes también eran frecuentes en las minas y en la construcción. Muchos trabajadores
morían o quedaban mutilados por un desprendimiento del techo o explosión (en las minas) o por
caer desde un andamio (en la construcción). Muchos mineros cogían silicosis, una enfermedad
del pulmón por respirar polvo de carbón. Al final estaban tan mal que no podían trabajar y
entonces eran despedidos.
En el campo no había casi fábricas, pero sí que se mantenían con fuerza algunos oficios
tradicionales. Los principales eran los herreros (que elaboraban herraduras, herramientas para el
campo y rejas) y los carpinteros (que fabricaban toneles, muebles y puertas. También reparaban
carros).
Las familias de clase baja solían dejar a sus hijos muy pequeños (de menos de 5 años) al
cuidado de alguna vecina (pagándole un poco de dinero), de algún familiar o de alguna hija más
mayor, mientras iban a trabajar. Cuando crecían, lo normal era que los hijos se dedicaran a lo
mismo que el padre, quien les enseñaba su oficio en cuanto llegaban a los 12 ó 14 años. Si la
familia tenía una tienda o cualquier otra empresa, eran los hijos varones los que ayudaban al
padre y se quedaban luego con el negocio. Las hijas, en cambio, iban orientadas al matrimonio.
A veces en las tiendas había dependientes, que cobraban muy poco y que dormían en la
trastienda (un cuarto detrás del mostrador).
En esta época había muchos criados, casi todos mujeres jóvenes, que dejaban el trabajo
en cuanto se casaban y tenían hijos. Dormían en casa de sus señores y estaban disponibles casi
todo el tiempo. Las que más trabajaban eran las doncellas, que se levantaban a las 6 de la
mañana y trabajaban hasta las 10 de la noche, cuando se acostaban exhaustas. Se les daba de
comer allí y ganaban muy poco dinero. Sólo podían descansar los domingos.
Las mujeres que eran despedidas y no encontraban trabajo acababan ejerciendo la
prostitución. Para ejercer la prostitución tenían que conseguir un permiso de la policía, que se lo
daban tras hacerle unas preguntas y si no tenía enfermedades de transmisión sexual. Las
prostitutas podían ganar en un día lo mismo que una chica trabajando durante siete días en una
fábrica, pero tenían otros problemas. A menudo eran maltratadas por sus clientes, se quedaban
embarazadas a menudo y cogían enfermedades de transmisión sexual. Por eso cada semana
tenían que someterse a un control médico y si estaban enfermas se las llevaba a un hospital-
prisión de donde no podían salir. Las que llegaban a la vejez iban ganando cada vez menos hasta
que acababan en la miseria. Por eso muchas chicas dejaban la prostitución en cuanto
encontraban otro trabajo.

JUSTICIA

En esta época había mucha delincuencia en las ciudades. Como no había ningún tipo de
subsidio de desempleo ni indemnización por despido, mucha gente sin trabajo acababa en la
miseria y terminaban robando por las calles, sobre todo de noche o aprovechando la multitud.
También había muchos que asaltaban casas y se llevaban lo que podían, incluso ropa. Los
ladrones eran tan pobres que robaban cualquier cosa que encontraran y que pudieran llevarse
consigo.
Hasta 1867 uno podía ir a prisión por deudas, lo que afectaba sobre todo a la gente
pobre, que pedía dinero prestado y luego no lo podía devolver. En la cárcel se les obligaba a
trabajar y sólo salían cuando pagaban lo que debían. Por otra parte, se castigaba con mucha
dureza cualquier robo, aunque fuera pequeño. Uno podía pasarse varios años en la cárcel por
robar una manta o algo de comida para dar de comer a su familia, por ejemplo. En las cárceles
se amontonaban muchos presos, que vivían allí en malas condiciones y que eran obligados a
hacer trabajos duros, como construir carreteras. Las epidemias y la suciedad eran frecuentes, así
como la mala alimentación. A los asesinos se los castigaba con la guillotina, algo que se hacía
en una plaza, con muchos curiosos que iban a ver la ejecución. Los violadores iban a la cárcel,
pero se los perdonaba si se casaban con la víctima (siempre que fueran los dos de la misma
clase social). En Francia los casos de asesinato los juzgaban jurados, es decir, gente elegida por
sorteo, en vez de un juez.
Los delincuentes más peligrosos eran enviados a la Guayana Francesa, donde las
condiciones de vida eran muy duras y se les obligaba a trabajar en la selva. Allí muchos morían
por enfermedades y era muy difícil escapar. No obstante, en Francia la gente tenía unos
derechos. La policía no podía entrar en tu casa sin orden del juez. Si te detenían tenían que
llevarte ante un juez antes de tres días y decirte de qué se te acusaba. Sin embargo, no siempre
hubo libertad de expresión, ya que en la época de Napoleón (1800-1815), de Luis XVIII (1815-
1824), Carlos X (1824-1830) y Napoleón III (1851-1870) se detenía a los que criticaban en
público al rey o al emperador. La tortura estuvo prohibida a partir de 1830 y uno tenía derecho a
un abogado, aunque mucha gente no podía pagárselo. También existía el derecho a recurrir (ir a
otro juez) en caso de que no te gustara la sentencia, pero para eso había que pagar a un abogado,
por lo que sólo lo podían hacer los que tuvieran dinero.

POLÍTICA

En este siglo hubo muchas revoluciones en Francia para conseguir más democracia.
Entre 1800 y 1815 no había una democracia real, pues mandaba Napoleón y sólo había
elecciones para elegir a los concejales de los ayuntamientos. Los alcaldes, los prefectos
(gobernadores de provincia) y ministros eran nombrados por el gobierno. La gente que se
dedicaba a la política era gente de clase media y alta que pudiera vivir sin trabajar, ya que la
mayoría de los cargos públicos no cobraban sueldo. Además, tenían que tener amigos
influyentes para que les nombraran para muchos cargos.
En 1815 el rey Luis XVIII permitió que hubiera un parlamento, pero el gobierno era
nombrado por el rey y sólo votaban los hombres ricos. Cuando Carlos X anuló las elecciones se
produjo una revolución en París, que lo echó del trono y puso a otro rey (Luis Felipe de
Orleáns). Este rey aumentó el número de personas que podían votar, pero seguían siendo muy
pocos. Por eso en 1848 hubo otra revolución, que echó al rey y proclamó la república, que dio el
derecho al voto a todos los hombres. En las revoluciones la gente se echaba a la calle, hacía
barricadas y combatía con piedras o armas (el que tenía) a los soldados. Pero en 1851 el
presidente (que era sobrino de Napoleón) dio un golpe de estado y poco después se hizo
emperador, con el nombre de Napoleón III. Entonces podían votar todos los hombres, pero el
parlamento sólo aprobaba las leyes. Era el emperador el que nombraba al gobierno. En 1870,
durante la guerra contra Prusia, el emperador fue capturado por los prusianos y se proclamó la
república. Un año después hubo una revolución socialista en París, que fue aplastada tras varios
meses por el ejército, que fusiló a decenas de miles de rebeldes. Desde entonces Francia fue
gobernada por un presidente elegido por el parlamento, en unas elecciones en las que todos los
hombres podían votar.
De todas maneras, sólo la gente de clase media y alta se dedicaba a la política, ya que
entonces los alcaldes y diputados no cobraban nada. Por eso los que se dedicaban a eso tenían
que tener rentas u otros ingresos para poder pasar mucho tiempo sin trabajar. Los cargos más
altos los ocupaba gente rica, ya que tenían que gastarse mucho dinero en hacer campaña
electoral. Había incluso una parte del parlamento (el Senado), donde sólo podía estar la gente
que tuviera muchos ingresos. Por eso el gobierno siempre apoyaba a los empresarios y no se
preocupaba casi nunca por los trabajadores. Además, las mujeres no podían votar.
En Francia había monárquicos (que querían un rey), republicanos (no querían rey) y
bonapartistas (querían a Napoleón o a alguien de su familia como emperador). No todos los
monárquicos eran iguales, ya que unos defendían el voto para todos y otros sólo para los más
ricos. A partir de 1840 empezó a haber socialistas, que defendían ayudas sociales y leyes que
protegieran a los más pobres.

RELIGIÓN

La religión predominante era la católica, aunque había algunos protestantes y judíos. La


gente era muy religiosa en los pueblos, por lo que era habitual bendecir la mesa antes de comer
y acudir a misa todos los domingos. Las mujeres solían serlo más y muchas de ellas leían la
Biblia, daban limosnas o asistían a la iglesia con frecuencia. En cambio en las ciudades se iba
menos a misa, sobre todo los hombres de clase baja, que preferían ir a la taberna. En esta época
se crearon grupos religiosos que ayudaban a los pobres, como las hermanas de la caridad, que
organizaban comedores para necesitados o albergues para huérfanos. La sociedad francesa era
más laica que en la mayoría de los países europeos y la religión tenía poco peso en la política o
en la educación.

SANIDAD

En esta época la gente de clase baja moría sobre todo de tuberculosis, pulmonía, tifus y
cólera. El tifus lo transmitían los piojos y el cólera se cogía por beber agua contaminada por
bacterias, aunque también se contagiaba. A veces había epidemias que mataban a miles de
personas en las ciudades. Los que tenían más dinero y podían huir se iban entonces a pueblos
cercanos para no contagiarse y las autoridades establecían un cordón sanitario, para impedir el
paso de infectados. Cuando la gente se ponía enferma seguía trabajando (ya que si no, no
cobraba) y sólo cuando estaban muy mal iban a un hospital de la beneficencia o de alguna
institución religiosa. Allí muchas personas compartían la misma habitación y había pocos
médicos y medicinas para atenderlos. Las salas estaban sucias (las sábanas se lavaban poco) y
estaban llenas de ratas y pulgas, a veces con enfermos en el suelo, si no había camas para todos.
Por ello era fácil contagiarse de nuevas enfermedades en los hospitales. Además, sólo existían
en las ciudades, por la que la gente de los pueblos no tenía asistencia sanitaria. La gente de clase
baja vivía poco, sobre todo los obreros de las ciudades, que respiraban mucho aire contaminado,
estaban mal alimentados y vivían en barrios muy sucios y con mucha gente, donde era fácil
contagiarse. Muchos niños morían por infecciones (sobre todo los de menos de 5 años) y los que
llegaban a adultos vivían una media de 40 años (en las ciudades) ó 50 (en el campo). En las
ciudades se vivía menos porque había más suciedad, más contaminación y era más fácil
contagiarse.
Las clases medias y altas podían pagar un médico, que iba a su casa en caso de
enfermedad. Pero aún así había numerosas enfermedades que todavía no se sabía curar, por lo
que vivían menos que ahora. Muchos morían de tuberculosis (porque alguien se lo contagiaba) o
de de pulmonía y los que iban a prostíbulos morían a veces de sífilis (enfermedad de
transmisión sexual). Otros fallecían de infartos y apoplejías (infarto cerebral) porque comían
demasiadas grasas. O de cáncer, porque fumaban y bebían mucho alcohol, no tomaban casi
frutas y verduras y en esa época no se conocía esa enfermedad. De repente se ponían enfermos
(a partir de los 50 años) y después de una semana o dos en la cama, con fuertes dolores, se
morían, sin que los médicos supieran por qué. Por eso en las familias acomodadas, si uno no
moría de niño por alguna enfermedad, lo normal era vivir unos 65 años. Muy pocos llegaban a
los 75.
Muchas mujeres morían en partos, porque había poca higiene y los niños nacían en
casa, sin ningún médico que ayudase a la madre (sólo comadronas). También había muchos
niños que morían poco después de nacer por lo mismo. Pero las mujeres llevaban una vida más
sana que los hombres, ya que no fumaban y no bebían alcohol. Por ello, si no morían en un
parto solían vivir algo más que los varones.
Si una persona tenía una herida grave en la pierna o en el brazo lo más frecuente es que
se le amputara el miembro para que no muriera de la infección. Esto se hacía con unas sierras,
que cortaban la carne y el hueso, aunque provocando grandes dolores al paciente. Al principio
no había anestesia y se emborrachaba al paciente para que se enterara menos. También se le
ponía una mordaza en la boca para que apretara los dientes y no se oyeran tanto sus gritos. A
partir de 1850 empezó a usarse el cloroformo como anestesia, pero al principio sólo los ricos
podían pagarlo.
Por otra parte, la gente no se cepillaba los dientes, por lo que muchos se infectaban y
dolían mucho. Entonces tenían que quitárselos con unas tenazas y sin anestesia, algo que era
aún más doloroso, pero evitaba sufrir más dolores. Por eso a la mayoría de los adultos les
faltaba algún diente y a partir de los 50 les faltaban ya la mayoría. La gente de clase alta se
ponía dentaduras postizas, aunque se soltaban con facilidad y no podían comer cosas muy duras.
Los demás ancianos se veían obligados a alimentarse a base de líquidos y de papillas, a partir de
los 60 años, aunque eran pocos los que llegaban a esa edad.
En esa época ya se vacunaba a los niños para que no cogieran la viruela, enfermedad
que poco a poco fue desapareciendo. Pero aparte de eso, los médicos sabían muy poco del
funcionamiento del cuerpo humano y no podían curar casi nada. Cuando uno estaba muy
enfermo le sacaban sangre con sanguijuelas (una sangría) lo que empeoraba aún más su estado o
le hacían una lavativa (le metían agua con una jeringuilla por el culo, para limpiar los
intestinos). Otras veces le decían que cambiase de aires, para irse a un clima más fresco o más
cálido. O que tomase las aguas en un balneario. Pero eso no solía servir de mucho y sólo lo
podían hacer los más ricos.

TIEMPO LIBRE

Lo que se hacía en el tiempo libre dependía mucho del sexo y de la clase social. Los
hombres de clase baja tenían poco tiempo libre porque estaban casi todo el tiempo trabajando.
Mientras estaban en el trabajo sólo tenían libre un rato para comer, cuando podían aprovechar
para charlar con los compañeros. También tenían la última hora de la tarde (después de las siete)
cuando aprovechaban para irse a la taberna y tomar cerveza o vino con los amigos. Allí podían
jugar a las cartas o hablar sobre asuntos del trabajo. Había hombres que se gastaban gran parte
de su sueldo en bebida, mientras que su familia pasaba hambre. Los domingos descansaban y
podían ir a pasear con su mujer, quedar con los amigos o divertirse en algunas fiestas populares
(ferias, verbenas, etc), donde había músicos y se bailaba. En las ferias había vendedores de
comida, se hacían concursos de fuerza, de tiro, se intentaba coger algo subiendo a un palo e
incluso a veces había tiovivos (al principio tirados por caballos y a finales de siglo eléctricos).
Otras veces iban andando al campo para comer allí y pasar el día con la familia. A partir de
1850 se difundieron los locales nocturnos en las ciudades y muchos obreros empezaron a ir allí
a beber, a fumar y a ver a las chicas que bailaban y cantaban allí. Los artesanos y obreros
cualificados ganaban un poco más y podían ir de vez en cuando al teatro, si vivían en una
ciudad.
Las mujeres de clase baja tenían aún menos tiempo libre, ya que cuando salían de
trabajar tenían que encargarse de comprar la comida y de las tareas de la casa. Además, los
domingos también tenían algo de faena, pues había que hacer la comida y cuidar a los niños
pequeños. No obstante, charlaban con otras mujeres en las tiendas o en el mercado, donde
podían encontrar a sus amigas. También podían encontrarse con ellas en los ríos o fregaderos,
cuando iban a lavar la ropa. O en las fuentes, cuando iban a por agua. Y los domingos podían
permitirse descansar algo y charlar con sus amigas, a menudo de cotilleos de otras personas del
pueblo (o del barrio).
Los hombres de clase media compraban todos los días el periódico y les gustaba leerlo
en el sillón de su casa, mientras fumaban o se tomaban alguna bebida alcohólica. También iban
a los cafés a charlar con los amigos, habitualmente de política o de noticias recientes, así como
jugar a las cartas. De vez en cuando iban a algún restaurante, al teatro o, si vivían en una ciudad
importante, a un museo. Entonces iban con su mujer y se ponían ropa elegante. En el teatro
silbaban, gritaban o incluso tiraban cosas a los actores si no les gustaba el espectáculo. También
podian ir a la ópera, al circo (cuando había) o a las carreras de caballos o de excursión al campo,
a pasar el día descansando con la familia. Si estaban solteros podían ir a locales nocturnos como
el Folies Bergère (fundado en 1869) y el Moulin Rouge (desde 1889), que estaban en París y
que eran famosos por sus bailarinas. Otras veces leían libros, normalmente novelas (Victor
Hugo, Honoré de Balzac, Emile Zola, Stendhal) o de historia. Los jóvenes leían libros de
aventuras, como los que escribían Julio Verne o Alejandro Dumas, o salían a pasear con los
amigos, para conocer chicas. A partir de 1850, con la difusión del ferrocarril, se empezó a ir en
verano de vacaciones a la playa, normalmente a Bretaña o a Biarritz. Otras veces iban a
balnearios a tomar las aguas, si el médico se lo recomendaba. A partir de 1870 se empezó a
poner de moda el patinaje, el ciclismo y el tenis.
Las mujeres de clase media tenían poco tiempo libre, porque se dedicaban sobre todo a
ser amas de casa. Pero de vez en cuando charlaban con las vecinas o acompañaban a su marido
al teatro, a un restaurante o a otros espectáculos. Si iban a la playa se cambiaban en unas casetas
que luego eran empujadas hasta el mar para que nadie las viera meterse en el agua. Las playas
tenían zonas separadas para sexo y los bañistas se bañaban con un bañador que cubría todo el
cuerpo. De jóvenes leían libros románticos (Madame Bovary, de Flaubert, o La Dama de las
Camelias, de Alejandro Dumas) o religiosos. También leían folletines, que eran historias de
amor por entregas, que aparecían todos los días en el periódico. Uno de los principales autores
de folletines de esa época era Eugen Sué. A partir de 1875 empezó a haber revistas ilustradas de
moda, así como prospectos publicitarios para pedir cosas por catálogo. También por esas fechas
se puso de moda el patinaje, el ciclismo y el tenis.
Los hombres de clase alta ocupaban su tiempo libre organizando o acudiendo a fiestas
privadas, en las que bailaban y cenaban. Allí aprovechaban para charlar con otras personas de la
alta sociedad, aumentando así sus amistades. También les gustaba ir de cacería, a la ópera, a
restaurantes caros o al teatro. Otras veces salían a pasear a caballo, con algún amigo. También
solían fumar, leer periódicos y libros, al igual que la clase media. En verano podían irse de
vacaciones, lo que hacían acompañados por sus criados. Podían irse a la playa (en Bretaña o
Biarritz), donde coincidían con otras familias de clase media y alta, o visitar Londres, Viena o
las ciudades italianas. También estaban de moda los balnearios, donde solía ir gente con dinero
a tomar las aguas, para curarse alguna enfermedad. Los más importantes eran los de Vichy
(Francia), Baden-Baden (Alemania) y Karlsbad (Austria). Hasta 1850 se viajaba sobre todo en
diligencia y desde entonces fueron más habituales los viajes en tren.
Las mujeres de clase alta pasaban las mañanas dando instrucciones a los criados.
Cuando querían visitar a alguna amiga mandaban a una criada para que pidiera cita y acudían
luego a verla, normalmente por la tarde. Entonces charlaban mientras tomaban té o chocolate
con pastas. Algunas eran aficionadas a leer, normalmente novelas de amor, folletines o libros
religiosos. También acompañaban a sus maridos a la ópera, a restaurantes, al teatro o de viaje.
Había mujeres de clase alta que hacían obras de caridad, dando dinero a mendigos o a
instituciones religiosas para que ayudaran a los pobres.
Los niños de clase baja se pasaban el tiempo libre en la calle con sus amigos, charlando,
jugando, peleándose con otros niños o haciendo travesuras (tirar piedras, romper cosas). Los de
clase media y alta estaban más tiempo en casa y jugaban con soldaditos de plomo, triciclos,
rompecabezas, caballos de madera u otros juguetes. Los niños de familia rica tenían, a partir de
1850, trenes de juguete, con vías y estaciones, que montaban en sus casas. Las niñas de clase
baja pasaban su tiempo libre charlando con sus amigas o saltando a la comba en la calle. Y las
otras, que salían menos a la calle, tenían muñecas u otros juguetes y jugaban con familiares o
con hijas de amigos de sus padres.

TRANSPORTE Y VIAJES

La gente trabajadora de las ciudades apenas viajaba y lo normal era que pasaran toda su
vida sin salir de su ciudad. Los de los pueblos se movían más, ya que a veces iban a la ciudad o
pueblo grande más cercano para vender sus productos, buscar trabajo o comprar cosas. Pocas
veces se alejaban más de 50 km de su pueblo, salvo que decidiesen emigrar a una ciudad o a
América, buscando una vida mejor. Si se movían por el país iban andando o en carro hasta
1850. A partir de esa fecha podían también coger el tren, si iban lejos. Si se hacía de noche por
el camino dormían al aire libre, en medio del campo, o sobre la paja de una fonda, en el establo,
con más gente. Para poder alejarse más de 50 km de casa hacía falta hacía falta ir a la comisaría
y pedir un pasaporte, diciendo adónde se iba y para qué. Normalmente la policía lo daba, pero
había que pagar unas tasas y llevar el pasaporte encima, por si te paraban por el camino. Si no lo
llevabas te detenían y podías estar preso una temporada.
Las personas de clase media podían viajar por asuntos de trabajo. En ese caso cogían la
diligencia o, a partir de 1850, el tren. Las diligencias eran como los autobuses ahora: se cogían
en las plazas o delante de una fonda y se podía subir si se pagaba un billete. Si se llevaba
equipaje se pagaba más y se ponía en el techo o en el maletero. En una diligencia podían ir hasta
diez personas (ocho dentro y dos al lado del conductor, lo que salía más barato). Una diligencia
iba a 10 km/ h y hacía 100 km al día, parando de vez en cuando para cambiar los caballos en las
casas de postas, ya que los animales necesitaban descansar. Al final del día, si no se había
llegado al destino, se paraba en una fonda, donde podías comer y dormir en una habitación. Y al
día siguiente continuaba el viaje.
Cuando empezó a haber trenes las diligencias fueron usándose menos, pero como el tren
no llegaba a todas partes, aún se empleaban para algunos trayectos. Los trenes iban muy
despacio, entre otras cosas porque iban parando en muchos sitios. Contando las paradas iban a
25 km/h de media y en un día podían hacer 400 km. Si se hacía de noche durante el viaje, la
gente dormía en el tren. Los ricos comían en el restaurante del tren e iban en coches-cama, para
dormir durante el trayecto. Además, había vagones de primera (los mejores), segunda o tercera
(los peores), siendo más caros a medida que mejoraban. Por eso, la gente rica que viajaba en
tren nunca se mezclaba con la pobre. Por otra parte, los trenes se estropeaban a menudo, por lo
que no era raro salir de una estación con una hora o más de retraso. En las ciudades grandes
había hoteles de lujo para la gente rica.
En cuanto a los barcos, la mayoría eran de vela hasta 1850. Entre 1850 y 1885 eran de
vapor, pero tenían también velas por si fallaba el motor o se producía alguna explosión de la
caldera, algo que sucedía de vez en cuando. A partir de 1885 los barcos habían mejorado mucho
y la gran mayoría ya eran sólo de vapor. Los de vela eran mucho más lentos, ya que tardaban
ocho semanas en cruzar el Atlántico, mientras que los de vapor lo hacían en una semana. Hasta
1850 no había apenas barcos de pasajeros y si uno quería viajar por mar (normalmente para
emigrar a Argelia, que era colonia francesa en esa época) tenía que ir a un barco mercante y
pagar al capitán por un camarote. Si uno era pobre podía pagarse el viaje trabajando en el barco,
si necesitaban a gente. Cuando empezó a haber barcos de pasajeros había diferentes camarotes.
Los pobres iban en tercera clase (en habitaciones compartidas con más familias, durmiendo en
literas y sin ventanas), la clase media en segunda clase (en camarotes con ventanas) y los ricos
en primera (habitaciones grandes y lujosas). Además, había salones y cubiertas distintas para
cada clase, para que no se mezclaran.

VIVIENDA

En los pueblos las casas eran grandes y solían ser unifamiliares, con planta baja y uno o
dos pisos. La planta baja se dedicaba a establo y a guardar las herramientas para trabajar en el
campo. También podían guardar allí la cosecha. En el primer piso era donde vivían. Allí tenían
una mesa y varias sillas para comer y una chimenea, despensa, vajilla, sarten y caldero, para
cocinar. Si eran campesinos pobres la casa era pequeña (50-80 m2) y dormían todos sobre paja,
en la misma habitación donde comían. Si eran campesinos medios la casa era más grande (100-
200 m2) y tenía varias habitaciones, con camas que tenían colchones de lana o paja. No solían
tener armarios, ya que la ropa se guardaba en un baúl. Si eran campesinos acomodados tenían
casas de tres pisos y el último lo usaban como almacén. En esos casos podían tener patios
interiores y habitaciones para los criados.
Cuando los jóvenes se casaban se hacían su propia casa (en terreno de la familia) o, más
frecuentemente, se iban a vivir a casa de los padres del novio. Por eso en las casas rurales era
normal que viviera mucha gente (una media de siete u ocho por vivienda). Algunos campesinos,
los que tenían más dinero, pagaban a albañiles para que les hicieran las casas. Otros la hacían
ellos, pero con la ayuda de albañiles.
En las ciudades la mayoría de la gente vivía alquilada, pues no había préstamos para
comprar casas. La gente de clase media pagaba su alquiler cada trimestre y los de clase baja
cada semana. Si uno se retrasaba un poco se le echaba a la calle enseguida, con todas sus cosas.
Por eso, si en una familia de clase baja el padre se quedaba sin trabajo y no encontraba otro
rápido, enseguida se encontraban viviendo en la calle y pidiendo limosna.
Los que vivían en la calle podían ser recogidos por la policía, que los llevaba a centros
de beneficencia, gestionados por el ayuntamiento o por instituciones religiosas. Allí se les
obligaba a trabajar a cambio de comida y alojamiento. O se les alquilaba a empresarios que les
hacían trabajar muchas horas a cambio de mucho menos dinero que a la gente normal. En esos
centros se separaba a las familias por su sexo y no se podía salir, a menos que uno demostrara
tener un trabajo. Pero aún así en las ciudades seguía habiendo muchos mendigos. Muchos eran
niños abandonados, cuyos padres habían muerto o que se habían escapado de un orfanato.
Como no había ascensor, las casas no eran muy altas, con cinco pisos como máximo. En
las ciudades los obreros vivían en casas pequeñas y en malas condiciones, aunque no todas eran
iguales. Unos vivían en barrios obreros, mientras que otros habitaban barrios de clase media,
pero en el tercer, cuarto o quinto piso, donde la gente con dinero no quería vivir, ya que no había
ascensor y las viviendas eran muy pequeñas. Lo más barato era vivir en una buhardilla (el
último piso). A menudo sus casas estaban sucias y tenían cucarachas. Apenas tenían muebles y
los más pobres dormían sobre paja, ya que no podían pagarse camas. Normalmente dormían
todos en una habitación y sólo los que vivían mejor podían permitirse una casa con dos
habitaciones.
La clase media vivía mejor, en pisos relativamente grandes, a poca altura (un primero o
un segundo), para no tener que subir muchas escaleras. Sus casas estaban bien iluminadas y
tenían varias habitaciones, una de las cuales (la más pequeña) era para la criada. Tenían muchos
muebles, así como alfombras, espejos, cortinas y jarrones para decorar la casa. Era habitual
pegar papel o tela de colores en las paredes para decorarlas. A partir de 1860 empezó a ser
habitual hacerse fotografías, para enmarcarlas y tenerlas en casa. Para eso iban al fotógrafo, ya
que nadie tenía cámara de fotos. Al principio las fotografías eran caras y por eso sólo se las
podían hacer las personas de clase media y alta.
Los ricos vivían en grandes mansiones. Normalmente tenían una en el campo, con
grandes jardines, y otra en la ciudad, con un patio privado, donde guardaban el carruaje y los
caballos. Sus casas solían tener tres plantas. En la planta baja estaban los almacenes, las cocinas
y los establos. En la primera planta vivía la familia y en la segunda estaban las habitaciones de
los criados. Las habitaciones de la familia estaban lujosamente decoradas, con muebles caros y
decoración abundante. Los cuadros eran muy caros y sólo podían pagarlos los ricos. Por eso en
las casas de la clase alta había retratos de la familia o de sus antepasados. También podían
comprar cuadros de pintores famosos, normalmente de paisajes, mitológicos o escenas de la
vida cotidiana.
En el campo la gente se calentaba quemando leña en las chimeneas. En las ciudades los
más ricos tenían chimeneas de leña, pero la mayoría de la gente usaba estufas de carbón, pues
era mucho más barato. Pero había que mancharse para subir el carbón y ensuciarse de nuevo
para vaciar las cenizas, por lo que eso lo hacían los criados en las familias pudientes. Había
deshollinadores, que trabajaban limpiando las chimeneas de hollín (polvo de carbón) y acababan
muy sucios y con enfermedades pulmonares, por respirar ese polvo.
A principios de siglo no había alcantarillado y la mayoría de la gente no tenía ni aseos.
La clase media y baja hacía sus necesidades en un orinal y, cuando se hacía de noche, lo
vaciaban en la calle. Los ricos tenían una habitación donde hacían de vientre en una caja, que
luego sus criados vaciaban. A partir de 1850 empezó a haber alcantarillado en los barrios más
elegantes y poco a poco fueron dejando de hacer sus necesidades en orinales. En los barrios
pobres eso tardó más y cuando empezaron a tener aseos (a partir de 1870, aproximadamente) los
compartían entre varias casas. Por eso a menudo había que hacer cola para ir al retrete o lavarse
la cara.
A principios de siglo no había suministro de agua en las casas. La gente tenía que
comprar el agua a un aguador o la sacaban de un pozo en el patio de su casa (si tenían). En los
pueblos podían ir al río o a alguna fuente a llenar los cántaros de agua. Como no había agua en
las casas, la gente no se lavaba casi nunca y olía bastante mal, aunque ellos estaban
acostumbrados. Sólo los mineros se lavaban cada día llenando una bañera de agua de alguna
fuente, porque salían muy sucios del trabajo. A partir de 1850 empezó a haber suministro de
agua en las ciudades, ya que pusieron tuberías que la llevaban hasta las casas o a fuentes
públicas. Entonces ya pudieron empezar a bañarse de vez en cuando, llenando bañeras y
tomando el baño junto a la chimenea. Pero sólo la clase alta y media tenía al principio agua
corriente en casa. Los más pobres tenían que ir a una fuente pública para llenar los cántaros de
agua.
En cuanto a la luz, a principios de siglo la gente se iluminaba con velas o candelabros,
lo que hacía que las casas estuvieran bastante oscuras por la noche. A partir de 1830 se usaban
quinqués (lámparas de aceite de ballena) o lámparas de gas. Desde 1870 lámparas de queroseno,
que iluminaban más, pero que a veces olían mal. A partir de 1890 empezaron a poner bombillas
eléctricas en las casas, que daban mucha más luz que las anteriores. Pero sólo las tenía la gente
de clase alta y media que vivía en las ciudades.
En esa época no había neveras, por lo que se hacía necesario hacer la compra cada día.
Tampoco había lavadoras, por lo que las mujeres lavaban la ropa a mano, en un fregadero en su
casa (en las ciudades) o en uno público o en el río (en el pueblo). Para planchar había que
calentar unas brasas y meterlas luego dentro de la plancha. Entonces se planchaba hasta que se
enfriaban las brasas.