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4:23 A continuación, Jesús informó a la mujer que, con la venida de Él, Dios ya no

tenía un cierto lugar en la tierra para ser adorado. Ahora, los que crean en el Señor Jesús
pueden adorar a Dios en todo tiempo y lugar. La verdadera adoración significa que un
creyente entra en la presencia de Dios por la fe, y allí le alaba y adora. Su cuerpo puede que
esté en una cueva, en una cárcel, en un campo, pero su espíritu puede presentarse ante Dios
en el santuario celestial por medio de la fe. Jesús anunció a la mujer que desde ahora la
adoración al Padre sería en espíritu y en verdad. El pueblo judío había reducido el culto a
las formas y ceremonias externas. Pensaban que al adherirse religiosamente a la letra de la
ley y cumplir ciertos rituales, estaban adorando al Padre. Pero el de ellos no era un culto del
espíritu. Era externo, no interior. Sus cuerpos podían estar inclinados hasta el suelo, pero
sus corazones no eran rectos para con Dios. Quizá estaban oprimiendo a los pobres, o
empleando métodos comerciales engañosos.
Los samaritanos, en cambio, tenían una forma de culto que era falsa. No tenía autoridad
escrituraria. Habían iniciado su propia religión y estaban cumpliendo ritos que ellos se
habían inventado. Así, cuando el Señor dijo que la adoración había de ser en espíritu y en
verdad, estaba reprendiendo a judíos y a samaritanos. Pero estaba también informándoles
de que, ahora que Él había venido, sería posible para los hombres allegarse a Dios por
medio de Él en una adoración verdadera y sincera. ¡Meditemos esto! El Padre busca tales
adoradores que le adoren. Dios está interesado en la adoración de Su pueblo. ¿La recibe
de mi parte?
4:24 Dios es Espíritu es una definición del Ser de Dios. Él no es un mero hombre,
sujeto a todos los errores y limitaciones de la humanidad. Tampoco está limitado a un lugar
en cada ocasión. Es una Persona invisible que está presente en todas partes al mismo
tiempo, que es omnisciente y todopoderoso. Por ello, los que le adoran, es necesario que
le adoren en espíritu y en verdad. No debe haber ficción ni hipocresía. No debe haber
pretensión de ser religioso cuando interiormente la propia vida es corrompida. No ha de
darse el pensamiento de que cumpliendo una serie de rituales, Dios quedará complacido.
Incluso si el mismo Dios instituyó estos rituales, Él sigue insistiendo que el hombre se
acerque a Él con un corazón quebrantado y contrito. 1

1
MacDonald, W. (2004). Comentario Bíblico de William MacDonald: Antiguo Testamento y Nuevo
Testamento (p. 665). Viladecavalls (Barcelona), España: Editorial CLIE.