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Al hablar sobre la práctica del aborto es tan antigua como la misma humanidad,

se reconoce en nuestros días que los pueblos primitivos permitían el aborto, el

cual era reconocido como un derecho absoluto del padre sobre los hijos. Las

culturas griegas y romanas, también toleraban el aborto en ciertas

circunstancias, a pesar de las penalidades severas que establecían las leyes de

la época. Filósofos y médicos defendían o atacaban el aborto, ciñéndose a

razones de moral, económicas y políticas, esta tendencia se ha mantenido a lo

largo de los siglos, estando vigente en la actualidad. En una palabra, la realidad

social, en su progreso lento pero constante, pudo más que las leyes del hombre,

y el aborto, cuyas raíces naturales, biológicas, económicas, políticas y sociales

se pierden con los orígenes de la humanidad, ha ido venciendo con su

resistencia pasiva, todas las leyes represivas de cuantos sistemas han surgido.

Desde los inicios de la vida humana aborto y adolescencia han ido de la mano,

multiplicando el riesgo de esta nociva práctica. La familia es el núcleo vital de

formación de un nuevo individuo, ya que en ella donde se va formando los

valores y la conducta de los adolescentes.

Un estudio llevado a cabo con niños de 14 años de Estados Unidos, Australia,

Colombia, la India, Palestina y Sudáfrica descubrió, por ejemplo, que en todas

las culturas los adolescentes que tienen relaciones estrechas con sus padres y

madres (es decir, que se sienten entendidos, reciben buenos cuidados y se

llevan bien con ellos) tienen mayor iniciativa social, abrigan menos ideas de

suicidio y sufren menos depresión. Este dato es preciso resaltar ya que como
bien volveremos a reincidir la familia es el nucleo fundamental en el que se forma

el adolecente.

La familia es el principal núcleo de interacción social, la principal fuente de

influencia que tienen los niños desde que nacen, y, como menciona Plata (2003),

es por excelencia el principio de continuidad social, que conserva, transmite y

asegura la estabilidad social de ideas y de la civilización. Es la primera unidad

social donde pueden satisfacerse inicialmente las necesidades y requerimientos

para el adecuado nacimiento, crecimiento y desarrollo de los individuos.

Es importante mencionar que esa satisfacción de necesidades y esa gran

influencia que ejerce la familia en la vida de los individuos, particularmente en la

adolescencia, marca el destino de lo que será la forma de vida de estos

adolescentes. De ahí la inquietud por analizar de manera exhaustiva cuál es el

tipo de relación que tiene la familia durante la etapa de la adolescencia. Para

esto es necesario conocer y analizar las funciones, principalmente psicosociales,

que debe cumplir la familia a lo largo del desarrollo del individuo, las cuales

tienen una base común, pero son específicas para cada familia. El eje que guía

a cada familia se basa en la complementariedad y en el bienestar de cada

miembro, para lo cual el núcleo familiar habrá adoptado formas de interacción

específicas y roles concretos.

Pero es preciso señalar que hoy en día el clima familiar se va declinando ya se

por la separación de los padres, por motivos de trabajo o la influencia de la

tecnología, etc.

Es importante destacar que las necesidades y la codependencia nunca dejan de

existir, simplemente cambian a lo largo de la vida, pero, especialmente, en la


adolescencia es cuando se presenta un giro muy importante en dichas

necesidades. Aunque las mayores competencias del adolescente lo dotarán de

una mayor autonomía e hicieran que muchas de las necesidades de la infancia

desaparezcan o puedan satisfacerlas por sí mismos, surgirán otras nuevas cuya

satisfacción será muy importante para que el adolescente pueda convertirse en

un adulto saludable y ajustado (Oliva, 2002).

La adolescencia es vital, es el punto clave para determinar la personalidad del

individuo, su forma de comportarse, sus valores, etc., una etapa en la que una

superación satisfactoria dependerá en gran medida de bases sólidas formadas

y construidas por su entorno, específicamente por el ambiente familiar en el que

se desenvolvió a lo largo de su infancia. Durante la adolescencia se presentan

cambios importantes en todos los niveles, físicos, emocionales, sociales, etc.

Pero en especial el desarrollo psicosocial es de vital importancia durante la

adolescencia, ya que representa el proceso de aprendizaje acerca de sí mismo

en relación con los compañeros y los adultos en general, en donde el individuo

desarrolla su identidad y su independencia física y psicológica, que de acuerdo

con la edad de los individuos tienen características diferentes (Florenzano, citado

por Bartolo, 2002):

a) Adolescencia temprana: 10-13 años en donde se tiene menor interés en los

padres, intensa amistad con adolescentes, ponen a prueba la autoridad y tienen

necesidad de privacidad. Aumentan las habilidades cognoscitivas y el mundo de

fantasía, tienen fallas en el control de impulsos y metas vocacionales irreales.

Están preocupados por los cambios pre puberales e incertidumbre acerca de su

apariencia.
b) Adolescencia media: 14 a 16 años en donde se encuentran en un período de

máxima interrelación con el grupo de pares, conflicto con los padres y aumento

en la experimentación sexual. Tienen sentimientos de invulnerabilidad y

conductas omnipotentes generadoras de riesgos. Preocupación por la apariencia

y deseos de poseer un cuerpo más atractivo.

c) Adolescencia tardía: 17 a 19 años se encuentran emocionalmente próximos a

los padres y a sus valores, las relaciones íntimas son prioritarias y el grupo de

pares se vuelve menos importante. Desarrollo de un sistema de valores, metas

vocacionales reales, identidad personal y social con capacidad de intimar.

Aceptación de la imagen corporal.

La forma en la que los adolescentes reaccionan ante tantos cambios dependerá

en gran medida de la formación que hayan tenido a lo largo de la vida, es decir

dependerá una vez más del entorno, del núcleo familiar, pese a que las

manifestaciones conductuales durante este período son variables y en gran parte

están influidas por el medio ambiente familiar, social y cultural. Debido a los

cambios propios de su desarrollo, la conducta de los adolescentes es

frecuentemente percibida como inestable, impulsiva y vulnerable (Carbajal;

Amanat y Beck, citado por Bartolo, 2002).

La problemática del embarazo precoz y sus consecuencias, entre las cuales el

aborto tiene un sitio especial, se ha tornado mucho más compleja y evidente en

los últimos años, las razones son obvias, e incluyen aspectos biológicos,

psicológicos y sociales. Dentro de los biológicos se encuentra la creciente

tendencia en ambos sexos a la aparición del desarrollo puberal a edades cada

vez más tempranas, lo cual incrementa el período en el cual las y los


adolescentes son biológicamente fértiles, pero no poseen ni el desarrollo

psicológico ni social adecuado para enfrentar estas responsabilidades, de esta

forma se hace más amplio el período de vulnerabilidad para la ocurrencia de

embarazos no deseados ni previstos, pues como es conocido, en el mundo

actual competitivo y globalizado los adolescentes y jóvenes precisan de

prolongar cada vez más el período de instrucción, y por tanto de dependencia

económica de sus padres, para poder aspirar a insertarse con éxito en un

mercado laboral cada vez más demandante.

Es por todos aceptado que las y los adolescentes llegan a ser fértiles unos 4 ó 5

años antes de ser emocionalmente maduros. Ahora bien, no resulta fácil definir

en qué momento los y las adolescentes están en capacidad biológica para

fecundar, primero que todo, porque no todas las adolescentes menstrúan a la

misma edad, se considera que una adolescente tiene la capacidad potencial de

embarazarse a partir de que tenga su primera menstruación (menarquia),

aunque se han dado casos raros, en que adolescentes se han embarazado sin

haber tenido nunca menstruaciones previas. En el caso de los varones esto es

algo aún más complejo, pues está comprobado que las primeras eyaculaciones

casi nunca contienen espermatozoides con capacidad real de fecundar, no existe

un evento o parámetro capaz de definir con certeza esta potencialidad.

Es difícil de conocer con exactitud la problemática real de los abortos en la

adolescencia en nuestra región, ya que en la mayoría de los países

latinoamericanos y caribeños este proceder es ilegal o tiene serias restricciones,

por lo que se realizan gran cantidad de abortos ilegales que dificultan una

recolección fidedigna de estos datos. Sólo Cuba, Puerto Rico, Canadá y Estados

Unidos cuentan con estadísticas confiables, ya que el aborto es un proceder no


penalizado. Pese a las prohibiciones, en América Latina se estiman en varios

millones el número de mujeres que abortan ilegalmente cada año, no hay forma

de medir exactamente la prevalecía del aborto ilegal, y mucho menos conocer

qué proporción de estos tienen lugar en adolescentes.

En los países de Latinoamérica se estima que la proporción total de las

adolescentes que abortan es igual a la proporción de las que tienen hijos. En

Cuba uno de cada cuatro abortos tiene lugar en mujeres menores de 20 años,

proporción similar a la de todos los nacimientos vivos que ocurren entre las

adolescentes. En Brasil, Colombia y Perú se reporta que una de cada 10 mujeres

que ingresan con una complicación de aborto ilegal son adolescentes, en

comparación, uno de cada 7 nacimientos se producen en madres adolescentes.

Estudios estadísticos tomando en cuenta datos indirectos consideran que en

Latinoamérica se producen cada año alrededor de un millón de abortos en

mujeres menores de 20 años.

Podemos afirmar que el fenómeno aborto ha transcendido los marcos de la salud

pública para convertirse en polémica social, en la cual participan además de los

proveedores de salud, instituciones religiosas, parlamentos, líderes políticos y

grupos sociales, que escenifican protestas públicas, promueven foros

internacionales, elaboran documentos y diversas publicaciones, tanto a favor

como en contra del mismo. Por todo ello, se ha convertido en uno de los temas

más delicados de la ética médica actual.


Problemática del embarazo precoz y sus consecuencias, entre las cuales el

aborto tiene un sitio especial, se ha tornado mucho más compleja y evidente en

los últimos años, las razones son obvias, e incluyen aspectos biológicos,

psicológicos y sociales.

Para nadie es un secreto que el hecho de haber tenido padres adolescentes y,

sobre todo, haber nacido de una mujer adolescente, constituye un elemento o

factor de riesgo elevado de iniciación sexual precoz y de embarazo a edades

tempranas. El aborto no escapa de estos riesgos, lo que coincide con varios

estudios revisados en los que alrededor de 34 % de las adolescentes que

abortan tienen el antecedente de haber nacido de una pareja de adolescentes, y

más de 51 % son hijas de madres adolescentes.

Otro aspecto que pone de manifiesto la influencia de la familia en la génesis del

aborto, está dado por la alta frecuencia de hijos de padres divorciados

encontrada entre las adolescentes que abortan. Otros factores que se reportan

con elevada frecuencia en las adolescentes que solicitan un aborto, son el no

convivir con sus dos padres, e incluso con ninguno, al igual que la disfunción

familiar, el inicio sexual precoz y la desorientación en aspectos relativos a la

sexualidad. Todas estas características están estrechamente relacionadas con

el fenómeno «aborto» durante la adolescencia.

Otro elemento de interés identificado por diversos autores es el rechazo de las

adolescentes a acudir a los padres ante la sospecha de estar embarazadas, lo

que pone de manifiesto las malas relaciones entre los jóvenes y sus

progenitores. Este hecho se comporta como factor de riesgo adicional para la

solicitud tardía de la interrupción, ya que en muchas ocasiones acuden a sus


pares en busca de orientación, quienes en la mayoría de los casos son también

adolescentes con similares primavera bacteriológica (1932) temores, tabúes y

falta de información, por lo que resultan de poca ayuda.

El embarazo en la adolescencia data desde tiempos ancestrales, pero después

de la década del 70 se ha experimentado en este indicador un indiscriminado

incremento y en estos momentos presenta cifras que preocupan en la actualidad,

Se estima que en el mundo se realizan entre 42 y 46 millones de abortos anuales

(entre el 20 y el 22 % de los 210 millones de embarazos que se producen en el

mundo al año.De esos abortos practicados anualmente, al menos 19 millones se

consideran abortos inseguros. En Cuba, 1 de cada 4 abortos tiene lugar en

mujeres menores de veinte años, proporción similar a la de todos los nacimientos

vivos que ocurren entre las adolescentes. En el año 2007 se realizaron 66 008

abortos inducidos, de ellos el 29,2 % fueron realizados en adolescentes, sin

mencionar las regulaciones menstruales que se realizan en las áreas de salud y

que en muchas ocasiones no se cuantifican como abortos, en ese mismo año

fueron 118 151 los realizados en mujeres de todas las edades y 35 445 fueron

en adolescentes. En estudios realizados en el hospital "Dr. Julio Alfonso Medina"

en el decenio (1998- 2008) de un total de 16 450, el 25,7 % fue realizado en

adolescentes (4 222 abortos). El inicio de la actividad sexual expone a las

adolescentes a una serie de riesgos que comprometen su salud sexual y

reproductiva, además de su desarrollo psicológico y social, pues esta se

comienza sin una adecuada orientación y sin conocimiento pleno de las

complicaciones que les puede conllevar esa actividad sexual precoz sin la debida

protección. Al inicio sexual en edades tempranas se relacionan diferentes

factores favorecedores, dentro de ellos se citan: la ignorancia sobre la


reproducción humana que tienen los adolescentes, la mala comunicación con los

padres, el desconocimiento de los padres sobre sexualidad, vivir con uno solo

de los progenitores, ser hija o hijo de padres adolescentes, la influencia de los

grupos de amigos, televisión, periódicos y revistas. Son miles las adolescentes

que por distintos motivos y circunstancias conciben un embarazo sin haberlo

planificado, ya que en sus prioridades no se encuentra planificar un embarazo, y

la decisión que tome la adolescente de abortar o de continuarlo siempre va a

repercutir en su vida futura. El aborto en la adolescencia constituye un elemento

fundamental que afecta la salud reproductiva de este sector de la sociedad y

aunque contrariamente a lo que ocurre en otros países, en Cuba no está

penalizado, se realiza de forma institucionalizada y en las adolescentes de forma

diferenciada con las mayores garantías posibles, aún así, el aborto no está

exento de complicaciones inmediatas, mediatas y tardías que van desde los

accidentes anestésicos, perforaciones uterinas, sepsis, hemorragias,

enfermedad inflamatoria pélvica e incluso la muerte, hasta los más tardíos que

favorecen la ocurrencia de un embarazo ectópico o la infertilidad. Estas

complicaciones se agravan ya que al tener poca experiencia para reconocer los

síntomas del embarazo, ser renuentes a aceptar la realidad de su situación y/o

no saber a quién acudir para obtener ayuda, muchas veces llegan a solicitar el

aborto con mayor tiempo de gestación, lo que aumenta los riesgos. Si bien la

mortalidad e infecciones se han reducido con el uso de los métodos

Las principales razones por las que una adolescente optan por el aborto, es que

tener un hijo dificultaría su educación o su trabajo, además de no sentirse

preparadas para ser madres en ese momento, no querer ser madre soltera o

tener problemas de pareja. También se plantea que la decisión de abortar en la


adolescencia se encuentra vinculada con las opiniones y el apoyo o no de los

padres, principalmente de la madre y también de la pareja; es así que la red

social es la que determina, en la mayoría de los casos. Sin embargo, pocos son

los estudios donde se exploran las relaciones de las adolescentes con los

padres.

Para el profesor y escritor Claudio Stern comenta en su libro “Adolescentes en

México” a cerca del aborto en las jóvenes: “Existen indicios de que el aborto

estaría siendo una práctica común entre los adolescentes. Lo que sí se sabe es

que si una adolescente decide abortar tendrá una probabilidad alta de que ello

ocurra en condiciones inseguras, en parte por el deseo y la necesidad de ocultar

el embarazo a su familia, pero también por un proceso de negación a sí misma,

lo que lleva a la búsqueda de la terminación del embarazo ocurra en una etapa

avanzada, no siempre contando con los recursos materiales suficientes. […] el

tema del aborto en la adolescencia debe ser una prioridad para la investigación.”

Por lo tanto, para evitar el aborto hay que diseñar y mejor el programa de

educación sexual y la utilización de métodos anticonceptivos para las

adolescentes en todo el país. En el sistema educativo el gobierno debería de

proporcionar en los libros de textos, más información sobre los temas de la

sexualidad o de salud reproductiva a los adolescentes. Hacer campañas de

cómo utilizar los métodos anticonceptivos y la planificación familiar. Esto sería

para que los adolescentes tuvieran conciencia, para evitar embarazos no

deseados y por su puesto el aborto.