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LECTURA

III BIM.
TRILCE PRIMARIA

LOCUTORIO REN@TRIX CEL :


992444616
LECTURA

Índice
Pág .

. Cavando en busca de una bicicleta......................83

. El niño y el viejo pescador....................................87

. La cama de los sueños.........................................91

. La justicia del juez................................................93

. Aprender a ser honrados......................................95

. El picapedrero insatisfecho...................................97

. La niña de los ojos azules.....................................99

. La nobleza del imperio.......................................101

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¡ Qué extraño! ¡Cavar en busca de una bicicleta! ¿A quién se le ocurre? Pero


Roberto cavó en busca de una bicicleta. Es posible que pienses: "Al encontrarla
seguramente estaba completamente oxidada".
No fue así, sin embargo. Estaba toda brillante y limpia, nuevecita y muy linda.
Sucedió del siguiente modo:
Roberto, que recién había cumplido once años, por mucho tiempo había
deseado tener una bicicleta. De hecho, muchas veces le había pedido a su padre
que le comprara una. Pero cada vez que la había pedido, papá había dicho: "Lo
siento, Roberto, pero no tengo dinero para comprar una bicicleta en este momento.
Creo que tendrás que esperar un poco más".
De ese modo Roberto había esperado y esperado, y mientras tanto todos sus
amigos recibieron bicicletas, unos para la Navidad, y otros como regalo de
cumpleaños.
- ¿No hay alguna forma en que yo pudiera ganar dinero como para comprar
una? -preguntó el muchacho.
- Ahora estás pensando bien, hijo mío -dijo el
papá-. Esa es la mejor forma que yo conozco de
obtener dinero para las cosas que
necesitamos. ¡Hay que ganarlo! Y si
ganas lo suficiente para comprar esa
bicicleta, Roberto, permíteme decirte
que la gozarás diez veces más que si
algún tío rico te le regalara.
- Pero, ¿qué puedo hacer para
ganar el dinero? -preguntó Roberto.
- Bueno -respondió el padre-,
estoy muy ansioso de cultivar el jardín
y no tengo tiempo de hacerlo yo
mismo.

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Tendré que pagar para que alguien lo haga. Ahora bien, si prometes cultivarlo en
forma cuidadosa como lo haría un adulto, sacando toda la maleza, entonces estaré
dispuesto a contratarte para el trabajo.
- ¿Y de veras me pagarás lo mismo que a cualquier otra persona? -preguntó
Roberto con cierta duda.
- Claro que sí -respondió su padre-.
Demorarás más que un hombre con una cultivadora mecánica, pero la cantidad
total que te pagaré por el trabajo será la misma que tendría que pagarle a él.
Entonces, Roberto, ¿qué dices?
- ¡Comenzaré en seguida -dijo Roberto-, si me muestras cómo hacerlo!
Y así lo hizo.
Quisiera que hubieras visto cavar. ¡Qué entusiasmo! ¡Cuánta persistencia!
Temprano por la mañana, antes de ir a la escuela, Roberto estaba trabajando, y
nuevamente lo hacía cuando volvía de la escuela.
Metro a metro avanzó cavando el duro suelo, sin
quejarse ni reclamar, y sin que hubiera necesidad de
que se le recordara su deber.
El papá de Roberto estaba feliz con el trabajo de
su hijo, y declaró que antes que darle el trabajo a otra
persona prefería que Roberto lo hiciera. Al oír esto, el
niño se llenó de legítimo orgullo y satisfacción y
continuó

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cavando más rápido y con mayor ahínco.


Más de una vez se quedó hasta que se hizo de noche, y todos se preguntaban
cómo todavía podía ver dónde poner su herramienta.
Por fin se terminó la ardua y larga tarea, y cómo rebosaba de alegría el corazón
de Roberto cuando por fin llegó el día en que se presentó ante su padre y le dijo:
"¡Papá, ya está todo terminado!"
Entonces llegó el momento aun más feliz cuando el papá de Roberto le pagó
por su trabajo. Después vino el día en que ambos fueron a la ciudad y comenzaron
a buscar la bicicleta. ¿Sería cuidadoso Roberto con su dinero? ¡Por supuesto que sí!
Examinó cada bicicleta con mucho cuidado, y abrumó a los pobres vendedores con
toda clase de difíciles preguntas. Finalmente hizo su elección, pagó su dinero, y
salió de la tienda con su preciosa bicicleta.
Debido a que su padre no le permitió montarla en medio del tránsito, tuvo que
empujarla hasta llegar a casa, pero no le importó. Y cuando comparaba su bicicleta
con las de los otros muchachos del vecindario, se sentía seguro de que la suya era
la mejor de todas.
Y si quieres saber un secreto, te diré que Roberto aún aprecia mucho su
bicicleta, a pesar de que ya tiene cinco año de uso. Sucede que el hecho de cavar
en busca de ella lo hizo ser de mucho más valor para él que si tan sólo la hubiera
recibido como regalo.
Arturo S. Maxwell.

I. Responde adecuadamente:

¿Qué idea tuvo Roberto para conseguir la bicicleta de sus sueños?

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¿Cómo reaccionó su papá?

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¿Qué sintió Roberto cuando terminó su trabajo?

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¿Por qué Roberto decía que la bicicleta que compró era la mejor?
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II. Escribe V si es verdadero o F si es falso.

( ) Roberto tenía once años.


( ) Roberto recibió como regalo la bicicleta.
( ) El papá era tacaño y no le compraba la bicicleta.
( ) Todos sus amigos tenían bicicleta.

III. Opina:

¿Crees realmente qué el papá de Roberto no tenía dinero o cuál habría sido su
intención?

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¿Por qué las cosas que obtenemos mediante el trabajo tienen mayor valor que las
cosas regaladas?

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C on el corazón a saltos y la respiración entrecortada,


penetró el muchacho al miserable tugurio donde vivía su
viejo amigo.
- ¿Qué le pasa, don Serapio? ¿Se siente mal?
- Es esta tos que ni dormir me deja...
- ¿Quiere que le alcance algo? ¿Qué le prepare algún
remedio o le caliente algunos traguitos de leche?
- No, gracias. Conque vengas a visitarme me basta.
Pero Doroteo había visto ya que allí no había leche, ni pan, ni medicinas de ninguna
clase. Y que aquel pobre viejo solitario no tenía a nadie que lo cuidara.
Salió del rancho con la garganta oprimida por tremenda angustia. Para él no había
nadie en el mundo como don Serapio, aquel viejecito enjuto y esmirriado que lo llevaba al
monte, que le enseñaba a pescar y, sobre todo, que lo trataba con una dulzura y un
cariño que no había encontrado jamás en otra parte, y que tanto bien hacía a su sensible
espíritu.
- Tengo que ayudarlo de cualquier manera -se decía mientras volvía a la destartalada
casucha donde vivía con sus tíos, tan pobres como don Serapio, lo cual hacía inútil la
búsqueda de soluciones por aquel lado.
De pronto se le ocurrió una idea. En los alrededores del pueblo vivía un excéntrico
inglés, de profesión arquitecto, y al que todo el vecindario atribuía la curiosa costumbre de
comer pájaros.
A la mañana siguiente, muy temprano, ya estaba Doroteo en
casa del inglés.
- Me han dicho que a usted le gustan los pájaros,
¿es cierto?
- Sí, muchacho.
- Entonces seguramente me comprará los que le
traigo aqui. Y espero que me pague bien, porque
tengo muchísima necesidad de dinero.

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El inglés miró con curiosidad al pequeñín de diez años que así hablaba de apremios
económicos, pero no hizo comentarios al respecto, limitándose a decir:
- Bueno, veamos la mercadería.
Había de todo en la bolsa de Doroteo: palomas grandes y chicas, gallinetas y hasta
alguna perdiz cazada en las orillas del monte.
- Vea qué gordas están. ¿Cuánto me paga por ellas? Le repito que estoy muy
necesitado.
- Bueno, entonces, y teniendo en cuenta tus apremios, te daré por el lote treinta
nuevos soles.
Volaba más que corría Doroteo, apretando entre sus deditos los preciados billetes.
Corrió hacia la farmacia y compró pastillas de eucalipto. Después en una tienda
compró queso y galletitas. Y finalmente fue por leche al establo, donde compró también
un poco de mantequilla.
- Llegó al rancho y dijo: ¡Mire lo que traigo, don Serapio! ¡Pastillas para la tos y
alimentos que lo van a poner fuerte! ¡Pronto volveremos a ir juntos a pescar!
Era demasiado tarde, por desgracia. El buen viejo estaba ya callado y quieto para
siempre. Pero sus labios parecían sonreír. Y en sus entreabiertos ojos brillaba aún una luz
que la muerte no había podido apagar, y en la que el niño creyó ver una expresión de
reconocimiento a su gesto, no por inútil menos bello y generoso.

Constancio Vigil (Adaptado).

I. Después de haber leído, responde:


¿Qué ocurría con don Serapio?

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¿Por qué Doroteo sentía tanto cariño por el anciano?

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¿Qué entiendes por amor al prójimo?

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II. Ordena las viñetas con números y describe lo que cada una representa:

III. Escribe sí o no según corresponda:


- Doroteo tenía diez años y era muy bueno.

- Don Serapio era pobre y estaba enfermo.

- El anciano había sido pescador.

- El niño vendió pájaros al inglés.

- El anciano había muerto mientras el niño compraba

las medicinas.

IV. Marca con un aspa (X) la respuesta correcta:

- Doroteo actuó muy bien porque...

era un niño de un corazón muy sensible.

le gustaba mucho ayudar a la gente.

- Los valores que se pueden aprender de Doroteo son:

solidaridad justicia honestidad

generosidad bondad responsabilidad

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U n día, doña Altagracia Remedios de los Manzanos se ganó una cama en una rifa. Una
cama pequeña, sin adornos, pintada de rojo.
De momento no supo qué hacer con ella, pues ya tenía la suya.
Pensó venderla. Pero ¿a quién? Luego pensó regalarla. Pero ¿a quién?
Doña Altagracia cayó en la cuenta de que no tenía amigos: se había vuelto una vieja
solitaria y renegona.
Varios días dejó la cama olvidada en el patio, hasta un día que estaba a punto de
llover: Entonces la metió en su cuarto y durmió en ella.
Esa noche soñó que caminaba por un campo lleno de flores amarillas. Con ella estaba
su mamá; las dos recogían flores. Hacía mucho que doña Altagracia no soñaba. Despertó
contenta y salió a caminar al campo. Juntó muchas flores y las puso en un jarrón de su
salita.
Por la noche volvió a soñar. Esta vez ella y su amiga Blanca se columpiaban
en un árbol cerca del río. Al despertar, sintió que volaba todavía por los aires.
Por la tarde fue al río: quería mirar a los niños columpiarse.
La tercera noche doña Altagracia soñó con su abuelo y
el olor del pan recién horneado. Recordó cuando él la
llevaba a comprar panecillos, pasteles y miel. Por la
mañana tenía tal antojo que corrió a la panadería y
desayunó una taza de café con leche y pan dulce.
La cuarta noche, metida en su cama nueva, soñó
con una viejecita malhumorada que siempre andaba
renegando. Se dio cuenta de que se había visto a sí
misma en el sueño. Y lo primero que hizo al levantarse
fue abrir bien las ventanas para que entrara el Sol.
Al mediodía fue al mercado. Compró un canario
cantor y unas plantas de geranios. Por la tarde horneó
pan con miel y les convidó a los vecinos.
Esa noche doña Altagracia volvió a soñar. Esa vez
soñó con una viejecita alegre que tenía un canario
cantor y un patio lleno de geranios.

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I. Contesta.
a) ¿Cómo era la cama que doña Altagracia ganó en la rifa?
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b) ¿Por qué doña Altagracia no pudo vender ni regalar la cama?


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c) ¿Cuándo doña Altagracia se dio cuenta de su forma de ser?, ¿qué hizo para
cambiar?
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II. Describe como era al principio doña altagracia:

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III. Tu opinión:

a) ¿Qué te parece la actitud que tuvo dona Altagracia al final de la historia?

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b) ¿Qué hubiera pasado si doña Altagracia no se hubiera ganado la cama de sus


sueños?

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E l cocinero de un restaurante se hallaba asando carne a la puerta de su establecimiento.


El olorcillo se expandía por doquier, como invitando a probar el sabroso trozo de carne.
Un hombre pobremente vestido que acertó a pasar por allí, se detuvo a contemplar el
quehacer del cocinero y quedó aspirando el delicioso olorcillo. De pronto se le ocurrió
sacar de sus alforjas un trozo de pan y con suma tranquilidad comenzó a pasarlo por entre
la columna de humo que se desprendía de la carne asada. El cocinero lo dejó hacer sin
decirle nada. Pero, cuando el hombre hubo comido el pan, le dijo:
- Debes pagarme lo que has comido.
- ¡Cómo! -se sorprendió el hombre- ¡Si nada me has dado!
- Sí, el olorcillo que despide mi carne con el que has untado tu pan. Si no me pagas,
te denunciaré al juez.
Y ante la negativa del hombre, lo llevó ante el juez.
Este escuchó al forastero:
- Sólo pasé el pan por encima del humo que desprendía la carne, y ahora pretende
que pague por ello.
El juez miró al cocinero y le preguntó:
- ¿Cuánto crees que te debe pagar por haber disfrutado de la fragancia de tu carne?
- Un nuevo sol- respondió prontamente el cocinero.
Entonces, el juez dijo al otro:
- Si tienes una moneda de un nuevo sol, dámelo, por favor.
Cuando el juez tuvo la moneda en su mano, la hizo rebotar en la mesa y preguntó al
posadero:
- ¿Has oído el sonido de la moneda?
- Ciertamente, señor.
- Pues, bien, ya estás pagado: acabas de cobrarte del sonido, así como este hombre
del olor ha comido.

(Cuento árabe).

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I. Después de haber leído atentamente el texto anterior, responde marcando con un


aspa la alternativa correcta.
1. El hombre se encontraba asando la carne:
a) dentro de la posada.
b) a la puerta de la posada.
c) en la calle.

2. Pasó por allí un hombre que estaba vestido:


a) elegantemente b) sencillamente c) pobremente

3. Se le ocurrió pasar:
a) un trozo de pan por encima de la carne.
b) un trozo de pan por el humo.
c) un trozo de pan por encima del fuego.

4. El posadero quiso que le pagara lo que había:


a) bebido b) olido c) comido d) observado

5. La idea que no corresponde al texto es:


a) El olorcillo provocaba saborear la carne.
b) El posadero exigía el pago de un nuevo sol.
c) El pobre hombre untó su pan en la carne.
d) El posadero lo llevó ante el juez.

II. Contesta:
¿La sentencia del juez fue justa? ¿por qué?
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J uan Camborda, un muchacho de quince años, se había encontrado una billetera dentro
de una combi, a la que subió para cumplir un encargo de su padre. Él ayudaba a reparar
los zapatos en el pequeño taller que habían instalado en la puerta de su casa ¿Qué hacer
con ella? Contenía una buena suma de dinero que podía utilizar para provecho propio.
Pero el muchacho recordó todo lo que su mamá le había dicho sobre el valor de la
honradez. Especialmente vino a su memoria estas palabras: "No me importa que seamos
pobres, hijo, pero que tus manos sean limpias. Jamás dejes que se manchen con algunos
centavos que no valen gran cosa. Nunca tomes nada ajeno, porque el día que empieces a
manchar tus manos nunca más volverán a ser hermosamente blancas como son ahora".
Entonces pensó: "Esto no me pertenece. Aquí está la dirección del dueño. Iré a devolverle
su billetera".
El hombre vivía en un barrio lejano. Usando los últimos centavos que le quedaban,
Juan tomó un microbús que lo dejó cerca. Llegó hasta una casa modesta, donde tres
niñitos mal vestidos jugaban con una pelota desinflada, y una pobre
mujer lloraba mientras su esposo trataba de explicarle que no sabía
cómo había extraviado el salario de la semana.
- ¡Ahora qué comeremos! -repetía entre lágrimas la
mujer.
Cuando el hombre vio el noble gesto del joven, y a la vez
lo observó modestamente vestido, le dijo:
- Realmente no tenías obligación de devolverme el
dinero. Nadie sabía que tú lo habías encontrado. Además
con él podías haberte comprado varias cosas que
necesitas. Tú no lo habías robado.
- Es cierto, señor -contestó el adolescente-,
pero yo no quería vivir con un ladrón dentro de mí.
Y ya veo que usted necesita más que yo este
dinero.
El hombre lo abrazó y conmovido
hasta las lágrimas le dijo:
- A veces yo he robado y me doy
cuenta de lo mal que hice. Cuántos niños
habrán quedado sin comer por culpa
mía, cuántas madres habrán sufrido.
Felizmente ahora

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LECTURA

tengo un trabajo honrado, y aunque no gano mucho es dinero limpio. Pero lo más
importante es que tú, que eres apenas un muchachito, me has enseñado el valor de la
honradez.
¡Nunca, te lo prometo, nunca volveré a tocar algo que no me pertenece!
Juan Camborda esa tarde tuvo que caminar casi diez kilómetros hasta su casa, pero
estaba radiante de felicidad, lleno de ese gozo que sólo sienten los corazones nobles
cuando hacen algo bueno.
La ejemplar actitud de este humilde muchacho hace pensar. Ciertamente, el que roba
vive con un ladrón dentro de sí mismo. ¿Y qué decir del que miente? ¿No vive acaso con
un engañador dentro de su alma? Y otro tanto podría afirmarse del egoísta, del orgulloso,
del envidioso, del que practica cualquier forma de maldad.

Enrique Graham (Recreado por D. H.)

I. Marca con un aspa aquellas palabras que corresponden al texto:

Juan Camborda billetera llanta mercado zapatos señor

II. Responde adecuadamente:


¿Quién era Juan Camborda?
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¿Qué pensó Juan luego de hallar la billetera?


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¿Cuál fue la reacción del hombre cuando le entregó su dinero?


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¿Tú hubieras hecho lo mismo que Juan? ¿por qué?


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III. Ordena con números estas ilustraciones de acuerdo a la historia:

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LECTURA

C uentan que antiguamente en Japón había un picapedrero llamado


Hashmu, que era pobre y a menudo se quejaba
de su cansadora tarea. Un día, cuando
estaba cortando una piedra, vio
pasar al rey montado en un hermoso
caballo. ¡Qué maravilloso sería si yo
pudiera ser el rey!, pensó. Y mientras
conservaba ese pensamiento, oyó
una voz que le dijo: "¡Tú serás el rey!" Y de inmediato se
transformó en el rey de su país.
Pasado cierto tiempo, Hashmu se dio cuenta de que la
función real tenía también sus sinsabores, y aspiró ser el astro
rey que todo lo dominaba. Y se convirtió en Sol. Pero cuando
las nubes le impidieron brillar sobre la tierra, pidió ser una
nube. Y convertido en nube, regó magníficamente los campos
de lluvia. Pero el agua que produjo arrastro todo, con
excepción de una gran roca que había en medio del río.
Buscando siempre lo más poderoso, Hashmu esta vez dijo:
"¡Quiero ser una roca"!. Cuando estuvo tranformado en roca, un escultor comenzó a
tallarlo con el martillo y el cincel, y decidió que sería ser simplemente un hombre.
Entonces su voz interior le dijo: "¡Hashmu, sé tú mismo!" Así que volvió a tomar sus
herramientas y reanudó contento su trabajo de picapedrero.
Cuántos son a veces como el hombre de este relato. Y se dicen para sí mismos: "Si yo
pudiera ser como fulano... Si pudiera tener su dinero, o su buena memoria, o sus vestidos,
o su color de piel... entonces si sería una persona feliz". No hay nada mejor que ser uno
mismo, valorarnos por las cosas buenas que podemos hacer y tratar de ser cada vez una

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LECTURA

mejor persona. La autoestima es fundamental para sentirnos contentos de nosotros


mismos.

Todos tenemos algo valioso que está dentro de nosotros. La verdadera belleza está
en el corazón y no en la cara bonita, ni el cuerpo atractivo. Esa belleza no se ve, pero se
manifiesta en los actos, en los sentimientos, en el comportamiento con los demás.

Enrique Chaij (Adaptado).

I. Responde adecuadamente:
a) ¿En qué lugar se desarrolla la historia?
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b) ¿Quién era Hashmu?


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c) ¿Qué pasó cuando vio al rey?


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d) ¿Por qué Hashmu no estaba contento con lo que era?


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II. Escribe si o no según corresponda:


Hashmu se dio cuenta de que no hay nada que sea perfercto.
A Hashmu le gustaba ser rey.
Hashmu buscaba siempre lo más poderoso.
Hashmu aprendió a aceptarse como era.

III. Contesta:

a) ¿Qué mensaje nos deja la lectura?

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b) ¿Estás contento o contenta contigo mismo(a)? ¿por qué?

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LECTURA

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- ¡ S obrada, sobrada!- gritaban todos los niños, al ver pasar cada día a una linda niña
de ojos color de cielo.
Ella iba siempre acompañada por una señorita de uniforme blanco, muy estirada y
muy almidonada, que no permitía que nadie se acercase.
La niña parecía no darse cuenta de que era a ella a quien iban dirigidos los insultos.
Pasaba sin detenerse y sin mirar a nadie.
- Es una antipática, se cree muy importante, por eso ni nos mira- comentaban
siempre los niños.
Pero Diego la veía tan dulce y bonita, que se negaba a aceptar que fuera ése el
motivo de tanta indiferencia.
Muchas veces había intentado acercarse pero la señora de blanco no lo dejaba; y
cuando de lejos él le gritaba:
- ¿Cómo te llamas?- ella nunca respondía ni siquiera con una mirada.
Un día, los niños decidieron darle una lección. Bien ocultos en el parque, esperaron a
que ella pasara, entonces, sorprendiendo a la institutriz, cogieron a la niña y gritándole:
- ¡Sobrada, sobrada!- jalaron de sus trenzas y arrancaron los lazos de su vestido.
La niña, muy asustada, comenzó a correr y correr sin parar. Diego que había visto
esto, tratando de impedirlo, corrió tras ellas hasta alcanzarla. Fue entonces cuando se dió
cuenta de que era ciega.
Muy arrepentidos todos, fueron a la casa de Claudia (así se llamaba la niña), le
pidieron perdón y quisieron ser sus amigos.
Ella los perdonó y, desde ese día cada tarde los recibía en su casa para jugar.
Ellos habían aprendido una lección que nunca olvidarían: jamás debemos juzgar a los
demás por las apariencias.

I. Responde:

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LECTURA

a) ¿Cómo era la niña?

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b) ¿De quién iba acompañada?

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c) ¿Qué comentaban los niños?

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d) ¿Qué opinas de la actitud de los niños?

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e) ¿Qué hicieron los niños?

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f) ¿Qué lección aprendieron?

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II. Ordena la secuencia del texto:

Los niños molestaban a la niña constantemente.


La niña paseaba con su institutriz.
La niña corrió asustada.
Los niños planearon darle una lección.
Se dieron cuenta que la niña era ciega.
La niña perdonó a todos y se fueron a jugar.
Estaban arrepentidos y fueron a su casa a pedirle perdón.

COLEGIO TRILCE Páá giná 19


LECTURA

Los hombres del Imperio Incaico eran gobernados por la nobleza, cuya máxima
autoridad era el Inca.
Aparte del Inca y de su familia, también eran considerados los jefes militares, los
sacerdotes, los Amautas y los administradores de las riquezas imperiales.
Los nobles recibían una educación muy rigorosa. Al terminar sus estudios, los nobles
del incanato estaban preparados para gobernar, y debían dar el ejemplo de buena
conducta.
Pero si cometían infracciones a las leyes, eran tratados con mucho más exigencia que
las personas de otras clases sociales.
Si el delito era leve, recibían una llamada de atención del Inca, en ese caso, el que
cometió delito y su familia quedaban desprestigiados para siempre. Si el delito era grave,
el castigo podía ser la pena de muerte.
En cambio, si tenían una conducta ejemplar, el Inca los premiaba con tierras,
ganados, joyas y otras riquezas.

(Histórico)

1. Sobre el texto que acabamos de leer, elige sólo una de éstas opciones. Marca con un (X)

a. Describe la vestimenta de los incas.


b. Narra la historia de los incas.
c. Expone ideas organizadas sobre un determinado tema.

2. ¿Quiénes pertenecían a la nobleza del Imperio Incaico?

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3. ¿Te parece bien que los nobles gobernantes tuvieran tantas exigencias?

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LECTURA

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4. ¿Crees que los gobernantes de ahora están sujetos a las mismas leyes?

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5. ¿Te parecería correcto que nuestra sociedad les exigiera más responsabilidades a sus
gobernantes? ¿Por qué?

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6. ¿Qué aprendiste de la lectura?

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¡MUY BIEN!

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