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EL «ODIUM PLEBIS» COMO CAUSA DEL PARROCO DE REMOCION SUMARIO: l . Introducción. 11. LegisLación,

EL «ODIUM PLEBIS» COMO

CAUSA

DEL

PARROCO

DE REMOCION

SUMARIO:

l . Introducción.

11. LegisLación,

jurisprudencia

y

doctrina

anteriores

aL

C. 1. C. 2. Decreto de Gradano. 3. De'cretales. 4. Concilio Tridentino. 5. Constitu- ciones pontificia:;. El Decreto «Maxima Cura». 6. Jurisprudencia de las Sagradas Con- gregaciones: a) Sagtada. Congregación de Obispos y Regulares. b) Sagrada Congrega- ción del Concilio. c) Sagrada Congregación de Propaganda Fide. d) Resumen. 7. Doctrina: a) Decretalistas. b) Autores inmediatamente anteriores al Decreto «Ma:rima Cura». 111. Derecho vigente . 8. El odium pLebis en el C. 1. C. El canon 2147, § 2. 9. Naturaleza del odium pLebis: a) Concepto jurídico del odio. b) Amplitud del tér- mino pLebs. c) Odio por razón del objeto. 10. Características del odium pLebis. a) Ca.racterísticas negativas. b) Características positivas. 11. El odio generado por razo- nes políticas.

1

1. a) El c. 2147 § 2, n. 2 establece que será causa de remoción de un párr.oc.o el «odium plebis, quamvis iniustum et n.on universale, dum- modo tale sit, quod utile parochi ministerium inÍpediat, nec brevi ce~ saturum praevideatur». Pues bien, este trabajo tiene por objeto el estudio de esta disposición normativa en 10 que se refiere a la hipótesis de hecho en ella c.ontemplada: el odium plebis, su naturaleza y sus carac- terísticas. En cambio, .orillamos otros temas (c.omo la remoción, el pro- ceso administrativo, etc.), cuyo estudio, aunque de indudable interés, no tendría aqUÍ sentid.o, t.oda vez que, por tratarse de concept.os C.o- munes a diversos supuestos, tienen aut.onomía pr.opia para ser .objeto de otros trabaj.os. El presente artículo consta de dos partes fundamentales. La pri- mera de éllas, de ·carácter histórico, nos permitirá ver de qué manera se ha id.o perfilando, a través del tiempo, el instituto jurídico del odium pIebis hasta llegar al actual Código.

35 1

Este estudio era conveniente ya que el actual ordenamiento recoge sustancialmente lo prescrito por el

Este estudio era conveniente ya que el actual ordenamiento recoge sustancialmente lo prescrito por el Decreto «Maxima Cura», que a su vez responde auna línea de evolución que va desde el ius antiquum hasta 1910, fecha del citado decreto. Por ello, era preciso atenerse a lo prescrito por el canon 6, n. 2. En la segunda .pa,rte se trata del Derecho . vigente a la luz de la doctrina y sobre la base de los datos sugeridos por el estudio del De- recho anterior. Una breve consideración sobre el odio generado por razones políticas cierra este trabajo.

b) Y antes de entrar en el estudio del Derecho anterior al Código

parece conveniente hacer algunas consideraciones generales.

Es común a la mayor parte de los autores centrar el ·origen de los párrocos en el siglo IV, y más exactamente a mediados de éste. Su presencia se hace notar primero en los núcleos rurales y más adelante en las ciudades. En los primeros tiempos, cuando por ra,zón de la labor proselitista

y de la expansión de la religión, aumentaba el número de cristianos fuera de las ciudades, en las cuales tenía su residencia el obispo, éste enviaba presbíteros, principalmente con motivo de las solemnidades religiosas, o bien los días festivos, a fin de que ejercieran la cura de almas sobre el creciente grupo de fieles, administrándoles los sacra- mentos y predicándoles la palabra divina. A partír del siglo V, estos sacerdotes permanecieron de una manera cada vez más estable, hasta quedar constituidas las parroquias rura- les del modo en que hoy día las conocemos, si bien hubo de pasar bastante tiempo hasta que alcanzaran su estructura definitiva, a lo que ayudó de manera muy eficaz el Concilio de Trento. De esta forma, el territorio de la diócesis se fue subdividiendo en parroquias. En las ciudades, el fenómeno se produjo de un modo análogo. El aumento de los fieles creó la necesidad de construir progresivamente mayor número de iglesias, en las cuales los sacerdotes señalados por

el obispo ejercían de modo habitual la cura de almas. Las parroquias

en las ciudades datan del final del siglo X. Es en el Concilio de Trento cuando la parroquia se constituye comó una parte del territorio de la diócesis, bien rural, bien en la ciudad, en la cual un sacerdote ejerce la cura de almas sobre los fieles de este territorio, habiendo una iglesia dedicada de un modo especial a esta función.

35 2

y así vemos cómo en él se elogia la distribución hecha por el Papa Dionisio

y así vemos cómo en él se elogia la distribución hecha por el Papa Dionisio 1, que luego se prescribirá a los obispos, a fin de proveer, de un modo más eficaz, a la cura de almas 2. Para .terminar este breve preámbulo, hemos de señalar que, du- rante los primeros siglos, se ha de considerar la diócesis como una pa- rroquia, aplicando a los párrocos el proceder de la Iglesia con respecto a los obispos, a fin de hacer posible el estudio de los fundamentos históricos y jurídicos de la remoción económica en general, y de cada una de sus causas en particular 3.

TI

2. Son varios los textos recogidos en el Decreto de Graciano que hacen r~ferencia a nuestro tema. De su lectura se desprenden varias conclusiones interesantes, porque nos muestran claramente reflejado, ya en los primeros siglos, el espíritu y el sentido que tienen en la Iglesia los oficios -missioad animarum salutem- y cómo de este es- píritu y de este sentido dependen en último extremo las normas que regulan su provisión y su pérdida. Un primer principio general aparece en el Decreto, recogido de una epístola de San Agustín: el bien de la comunidad (populus) es la nor- ma suprema que debe regir los actos del obispo y, en general, de los órganos de la Iglesia. Todo el juego de la benignitas y la severitas estará, de este modo, en función de la charitas, de la que ambas deben ser expresión; si unas veces la misericordia Ecclesiae prevalecerá (nor- malmente ocurrirá así en el caso del bien particular), otras, cederá

paso al rigor disciplínae, cuando sea conveniente ut maioribus matis sanandis charitas sincera subveniat. Regla especialmente válida cuando

está en juego el bien de la comunidad al que la benignitas pudiese

tini,

lo

Concilio Tridentino.

Neapoli

1859.

p.

96.

Sess.

24 .

c.

9

de ref

Canones

et

Decreta Concilii

Triden·

2. Concilio Tridentino. Sess. 24. c . 13 de re:f.• Canoiles et Decreta Concilii Triden-

tiní,

cit.,

p. 366.

3 .

Cfr.

WERNZ,

F.

X.,

rus Decretalium,

t.

1. Prati

1914.

n.

905,

p .

121;

AMOR

RumAL, A., La amoción administrativa de los pdrrocos, Santiago de Compostela-Madrid

1912, n. 134; GENNARI, C., 51tlla privazione del beneficio ecclesiastico e sul processo cri· minale dei chierici, ed. 2, Roma I~02. 'P. 217; CLAEYS, F., De canonica cleri saecularis

obedientia,

Comentaire du décret ((Maxima Cura», Paris 1913, p. 14; SUÁREZ, E parochorum, Romae 1931, pp. 28 Y 46.

Lovanni 1904, p. 316; VILLIEN, A .• La cMplacement administratif des curés.

De remotione

3513

lesionar 1. Es asimismo interesante observar que el aspecto del bien de la comunidad que

lesionar 1. Es asimismo interesante observar que el aspecto del bien de la comunidad que aquí se resalta es el de la paz. Este mismo principio de atender a la paz de la comunidad y evitar las disensiones y el odio hacia el prelado puede verse recogido en una carta del Obispo León al Obispo Anastasio de Tesalónica, referido a la elección de los obispos:

«Si forte, quod nec reprehensibile, nec irreligiosum indicamus, votaeligentium in duas se diviserint partes, his metropolitani iudi- cio alteri preferatur, qui maioribus iuvatur studiis et meritis; tan- tum ut nullus detur invitis et non petentibus, ne plebs invita epis- copum non optatum contempnat, aut oderib> 5.

Siguiendo en esta misma línea de pensamiento, la traslación se ad- mite en el Decreto por razón de utilidad y necesidd de los fieles, pero no por propia voluntad:

«Mutaciones episcoporum scitote communi utilitate atque necessi- tate fieri licere, sed non 'propria cuiusquam voluntate aut domina- cione» 6.

En el mismo texto y más adelante, se ponen tres ejemplos de tras- lación, hecha en función de la salus animarum: uno es el del paso de San Pedro desde Antioquía a Roma; el segundo, el de Eusebio, que de una pequeña ciudad fue llevado a Alejandría; y el tercero, el de Félix, que de la ciudad en que fue ordenado obispo, se trasladó a Efeso. Se señala al mismo tiempo la conveniencia de hacer la traslación, no por propia voluntad ni por deseo de encumbrarse, sino siguiendo la nece- sidad y utilidad de los fieles, tomada en sentido universal; indicándose también que la traslación se haga con humildad por parte de los in- teresados:

«Non enim transit de civitate ad civitatem, nee transfertur de minori ad maiorem, qui hoc non ambitu, nec propria voluntate facit, sed aut vi a propria sede pulsus, aut necessitate coactus, aut utilitate loei vel populi, non superbe, sed humiliter ab aliis translatus esb> 7.

4. "Verum in huiusmodi CSlUsis, ubi per graves dissensionum scissuras non huiu5

aut ill~us hominis perioulum, sed populorum strages iacent, detrahendum est aliquid severitati. ut maioribus malis sanandis karitas sincera subveniat». D. L., c. 25. Ad- viJértase, y ello es interesante para va;lorar el pensamiento de San Agustín tal como aparece interpretado en el Decreto, que esta misma epístola es recogida en la C. XXII, q. IV, c. 24 bajo et título "N= , semper in eos, qui peccant, vindicta exercenda est».

5. D . ~III,

c.

36.

6. C. VII,

q.

1,

c.

34.

Cfr. C.

XVII,

q.

7,

c.

38.

7.

C. VII,

q.

1,

c.

34.

354

En el canon siguiente, esto es, en el 35, se insiste en lo anterior- mente

En el

canon siguiente, esto es, en el 35, se insiste en lo anterior-

mente dicho, o sea que la utilidad de la Iglesia, la saLus .animarum, permite la mutación de los obispos; yasí, en el párrafo segundo, leemos:

«Non ergo bene intelligunt ecclesiasticas regulas, qui hoc negant causa utilitatis vel necessitatis fieri posse, quociens communis cessitas aut utilitas persuaserit» 8.

ne-

Es verdaderamente interesante ver la firmeza con que expresa que no será bien entendido el espíritu de la Iglesia de Dios, si no se vive el sentido de estas leyes eclesiásticas. Y así, también en la misma epístola del Papa Pelagio al arzobispo Benigno, se lee:

«Nam et plurimorum utilitas unius utilitati vel voluntati prefe- renda est, et ad extingendum scandalum atque pro bono pacis laxanda sunt iuris praecepta» 9.

re-

Entre las causas por las que se justifica el traslado de sedes epis- copales se encuentran las hostilidades, y genéricamente la necesidad de los tiempos; así el Romano Pontífice ordenó la traslación de un obispo a fin de que «et barbaricum possit periculum facilius declinari» l0.

En' estos últimos casos, puede decirse que la traslación del obispo se concibe en algún sentido (y sólo en algún sentido) provisional. En efecto, Graciano dice que aquellos que por causa de hostilidad han sido cambiB:.dos de sede, pueden, mejor aún, conviene que vuelvan a é'sta, una vez cesada la hostilidad:

«Sed inter eum, qui hostilitatis necessitate, et eum, qui utilitatis

hoc interest, quod ille, qui metu hostilitatis ad

si priorem contigerit, aliquando ab hostibus liberam

causa transfertur,

aliam transit,

fieri, adeandem illum redire opportet» 11.

el Papa Gregorio escribe a Jacobo, Obispo de Squillate, hacién-

dole ver que, por razón de las enemistades, puede el preladoausen~ tarse de su iglesia, pero que, una vez cesadas éstas, puede y conviene

qp:e se reintegre a

y

su sede:

 

8.

C. VII.

q.

1,

c.

35.

C. VII,

q.

1,

c.

35.

10.

C.

VII,

q.

1,

ic.

44.

Cfr .

dicto

a.

C.

VII.

q.

l.

C .

47;

C.

VII ,

q .

l.

C.

42;

dicto

p.

C.

VII. q.

l.

C.43;

C. VII.

q.

l.

c.

44.

n.

Dict.

a.

C. VII.

q.

1,

C.

47.

355

«Qui metu hostilitatis ad alium locum transierit postea ad suam ecclesiam redire oportet» 12. Por

«Qui metu hostilitatis ad alium locum transierit postea ad suam ecclesiam redire oportet» 12.

Por último, y ya en relación con el tema aquí estudiado, se indica que la traslación puede tener lugar por odio o malquerencia, siempre

que no se trate de infestationes malorum.

Así, en el canon 46 se establece que' no es lícita la renuncia, o sea el abandono de la propia grey, únicamente por el odio o malquerencia de los malos. Con lo cual se constata que solamente en caso de peligro para la salus animarum, se puede hacer renuncia:

«Pro infestationibus malorum non licetepiscopo susceptum gre- gem relinquere» 13.

que, como vemos en el canon siguiente, las dificultades, las per- secuciones, etc., no son motivos para ella, a tenor de lo que señala el Papa Gregorio ,al Rey Recaredo:

y

«Non est reprobatio, sed virtutis probatio bonorum adversitas» 14.

Es Graciano quien, posteriormente, señala la conveniencia del aban- dono de la sede por un prelado, si la presencia de éste provoca la obs- tinada mancia, y se piensa que otro pueda restablecer los ánimos; de modo que sea provechoso su ministerio, y el prelado removido pueda realizar en otro lugar su función apostólica:

«Quando yero omnium subditorum est obstinata malicia, nec pro- dest eis prelatorum presentia, tunc etiam corpore licet ab eis rece-

dere, ne et illorum nequicia semper in deterius proficiat, et istiqui-

dem fructum

amittant, quem de aliorum profectu possent inveni-

re» 15.

También es importante hacer notar que en este caso se señala el odio por parte de todos los súbditos o sea universal, si bien no en sen- tido absoluto. A continuación: basándose en el Nuevo Testamento, expone ser con- venIente dejar la sede, cuando lo pida la salus animarum, siguiendo el ejemplo que nos dieron el Señor con su huída a Egipto y San Pablo.

1

2

.

C

.

VII ,~ q .

1

,

C.

42.

13 .

C

. VII.

q.

1 ,

o.

46.

I4 .

C. VII,

q.

1 ,

c. 48.

 

15 .

Dict.

a .

C.

VII ,

q.

1 ,

c.

49.

Pero otras veces, a pesar del odio, de las persecuciones, y de todo tipo de

Pero otras veces, a pesar del odio, de las persecuciones, y de todo tipo de contrariedades permanecerá en su puesto, no abandonando a los suyos, según el ejemplo de la Pasión del Señor. Las conclusiones que se deducen del Decreto de Graciano pueden resumirse en los siguientes puntos: 1.0 La elección de los prelados debe ir presidida por la idea de evitar el odio de la comunidad. 2.° Toda traslación se regirá por el principio de la utilitas veZ necessitas Eccle- siae. 3.° Asimismo, y en conexión con lo anterior, podrá trasladarse al prelado en caso de odium pIebis. 4.° Extinguida la causa que provocó la traslación, el prelado puede, si es ello' posible, volver a ocupar la sede. 5.° El odium' pIebis no se identifica' con el odio o malquerencia de los «malos», esto es, con las infestationes malorum.

3. En el Derecho de las Decretales se determinó jurídicamente la

remoción económica por causa del odium plebis, aunque no se trataba de una verdadera remoción, ya que ~n aquel tiempo existían solamente la renuncia, la traslación y la privación del beneficio. Haremos, pues, un estudio de las Decretales en relación al tema de nuestro trabajo, reservando para el final una carta del Papa Inocen- cio lIT por su especial importanCia. Se admite la renuncia del beneficio, siempre que medie causa jus- tificada y no se perjudique el bien de la Iglesia; así, en el libro pri mero vemos cómo «non datur licentiacedendi episcopo, qui propter senectutem vult cedere, st necessarius vel utilis sit ecclesiae suae» 16. Las causas justificadas se encuentran expresadas en la carta ante- riormente mencionada. En el libro segundo se habla de .la necesidad de evitar la discordia, aun cuando no parezca disturbe la paz exterior, ya que interiormente

existe una he.rida producida por esta discordia, y es en estas circuns- tancias cuando mayormente existe la necesidad de aplacar los ánimos, para salvaguardar el bien común de los fieles.

«Nihil prodest gloriosissima sanitas et pulchritudo in corporis

superficie, si vulnus latet intrinsecus. Atqueilla magis cavenda est

discordia, cuí satellitium pax praebet

exterior» 17.

se insiste, una vez más, en no tolerar el escándalo o el estrépito público.

y

16.

J(.

l.

9.

l.

17.

J(.

2.

26,

2.

357

«Nihilcum scandalo, nihil cum forali strepitu cío est non immerito amovendus» 18. , ab abbathe

«Nihilcum scandalo, nihil cum forali strepitu cío est non immerito amovendus» 18.

,

ab abbathe offi-

En el lIbro tercero ~n el título dedicado al clérigo aegrotante vel debilitató- se hace indirectamente referencia ,a nuestro tema.

El c. 3 se dirige a los rectores de las iglesias, a quienes por causa

de la lepra se les nombra un coadiutor: «

possunt, nec sine magno scandalo eorutn

En el c. 4 se habla de los sacerdotes que desempeñan un oficio en la iglesia parroquial, y a los que, a causa de la misma enfermedad que anteriormente se expuso, se les debe remover:

quod

»

19.

alteri servire non,

« quod

pro scandalo et abominatione populi ab administratio-

nis debet officio removeri» 20.

En el título XIX del mismo libro, después de no reconocer al obispo la facultad de transferir al beneficiado de un lugar a otro, le asigna esta facultad en caso de que exista verdadera necesidad. Y es, por tanto, esta necesidad precisamente la que hace lícito al obispo lo que de otro modo no le sería consentido. Urbano IIl, después de prohibir las conmutaciones de prebendas ex ,pacto, establece:

«Si autem episcopus causam inspexerit necessariam, licite pote- rit de uno loco ad alium transferre personas, ut quae uni loco minus sunt utiles, alibi se valeant utilius exercere» 21.

Cuando se dicen «personas» se

sobrentiende beneficiarios 22.

En el libro quinto se hace ver que,aun cuando por causa de odio se removerá al prelado. sin embargo, esto se hará con prudencia, ya que no puede el prelado complacer a todos, a causa del ejercicio de su ministerio. Creemos ver aquí la distinción entre el odio al oficio parroquial y el odio hacia la persona del párroco. Y si bien en el se- gundo caso cabe la remoción, en el primero no:

quum ex officio suo

teneantur non solum arguere, sedetiam increpare, quin etiam in-

terdum suspendere, nonnunquam vero ligare: frecuenter torum incurrunt et insidias patiuntur» 23.

odium mul-

« quia

non possunt omnibus complacere,

18'.

19·

20.

21.

X.

X.

X.

X.

l.

3.

3.

3.

20.

6.

6,

19.

6.

3.

4.

22. Cfr. NOVAL, L. CQmmentarium Iuris Canonici, L. IV. p. JI Y 'lII. A-ugustae

TaUJrinOI1Um-Romae 1932, p. 462; BORIERO, F .• Manuale teorico-pratico per il processo

canonico criminale e disciplinare, Padova 1909. p. 400.

23.

35 8

x. 5. l .

22.

Y : paSélmos finalmente al estudio de la carta de Inocencio III a_un obispocalaritaJ;lo del

Y : paSélmos finalmente al estudio de la carta de Inocencio III a_un obispocalaritaJ;lo del año 1206, que tanta importancia tiene en nuestro estudio, ya que en ella se establece que el odium plebis es una de las causas por las cuales se pueden transferir tanto al obispo como al pá· rroco. AUnque en este caso se haga referencia directa al obispo, pos· teriormente, fue aplicada a los párrocos, como antes se dijo. Encabezando este texto se enumeran llis _causas por las cualeS es lícito pedir la renuncia del beneficio:

«Debilis,

ignarus,

male

conscius,

irregularis,

quem

mala

plebs

odiat, dans scandalum cedere possit» 24.

Una de las ('ausas, como vemos, es el odio de mal pueblo, que unas ye~es hará necesaria la remoción y otras no, según su relación con la sq.lu~ animarum. Es en el párrafo quinto de este capítulo ,donde se .tr~ta ampliamente de esta causa. Pero antes de comenzar a estudiarla, hemos de decir que, según la doctrina de las SS. CC. y la común opi·

nión de los autores, se .considera este capítulócomo la fuente más im. portante y el origen del odium plebis como causa de remoción.

. Comienza diciendo que a causa de la malicia -entiéildase _también

1Ilalquerencia, odio, animosidad; aversión- del pueblo, se ve obligado, a veces, el prelado a abandonar su gobierno. Esta renuncia deberá ha;. cerne cuando el pueblo de tal modo -sea duro de cabeza y pertinaz en su

rebelión, .que resulte ineficaz el

blo. Aquí encontramos reunidos, y -con las mismas caractensticas del Código, los caracteres positivos del odio, o sea su duración y la inutili-

dad_del ministerio del· prelado. Y subordina -el uno al otro, de modo que sean necesarios los dos para que exista causa de .remoción. Y así, no es suficiente el odio que ha de cesar brevemente, ni tamPoco el que -no perjudica-el ministerio 'parroquial. Continúa diciendo que; a veces, cuanto más se procura esta utilidad, tanto menos se consigue _-¡¡ causa de la dura cabeza del pueblo; y por ello, en estos casos,se debe proce- der ·a la remoCión' para no perjudicar ·la salus animarum:

ministerio del prelado hacia el pué·

' «Propter malitiarn autern plebis cogitur interdumpraelatusab ipsius regimine declinare, quando plebs adeo duraecervis existit, et in rebellione sua ita pertinax invenitur, ut proficere nequeat apud ipsamsed propter eius duritiam, quo magis (proficere) satagit, ea magis iusto iudicio deficere permittatur» 25.

24·

X,

l.

9.

10.

25·

X,

l.

9.

10

§

5.

359

Pone como prueba de lo dicho) dos citas de la Sagrada' EsCritura. La primera, del

Pone como prueba de lo dicho) dos citas de la Sagrada' EsCritura. La primera, del profeta Ezequiel (III, 26):

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·tuamadhaerere fi:iciam palato tuo; :.quia domus;éex~

.perans est

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segUnda son las pal~brasdirigÚ:iaspor s: Pablo y-Beni~bé~ ió~

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judíós(Hechos XnI,46):

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«Ecee · ' cistis».

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ad gentes, qllia .verbi Dei vos indignos fe-

Sin ,,e,ml;>argo, no por cualquier culpa debe el pastor abandQnar su

grey, c()Ip.~hace el merc~!lario26, . htlyendo 'ante ~lpeiigro, hf difi-

cultad, la ' persec!lción, sino que solamente 'cuándo sea "necesa'ti6 y 'Cb~

iicencia desu stlperü)r, dejará dignaÍriente ~u sede:

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«Non t,amen pro qualihet culpa, pastor

debet gregem d~~et~fe

suum, 'nefoi'te

niittitoves,et fugit, sed destiperiorís licep.tia't1ilncdemum~potest

non. tam timide fugere, quam provide declinare, ,quum oves,.Gonvei~ tuntur in lupos, etqui debuetant humiliter obedire iamirrevOca- bilitereontradiCunt})

mercenario cOmparetu'l",qúi 11lpumveniente:fu:;' él 'di-

27 .

"

'" .

Pues . aunque el, pueblo"q,ebíaser castigado, P9rsU

grave :c,ri~,

durante un cierto tiempo será tqlerado .a fin de evitar desórde:Qes ,ma-

YQr~28y salvar, 'cedien<io, la salud de Ja~halmas:

Kó •• quum,etsi .talis sint graviterpro CI:lrnme puniendi,suntta- ' mis m,en emungib-29; pro tempore utiliter tolIerandi, quia sanguinemelicitqui ni-

>

'.,

.

':.'

".

'Terminamos' diciendo que aquí I no se habla de culpa alguna , por parte del prelado. Por tanto; con niayorrazóhaúnse removerá.' en caso de odio Justo SO. Como final" de:'€ste apartado podemos resumir la' doctrina :de ',bis

Decretales en los siguientes principios:

s~.puede·decretar el traslado forzoso· de los beneficiarios, 2.° Una de

1.0 El obispo, por justa cau-

,

~.

'

".

.

"

".

."

,

'

.

"

~- .

.

,

.

1.

26 :

27.

28.

29·

30.

3.

s.

X,

Cfr.

JUAN,

l.

9.

ID,

ID .

12.

PROVERBIOS.

30.

33.

X.

Cfr.

l.

9.

10.

ABBAS

PANORMITATUS.

de

rer.

pennut.•

c.

5.

n.

8.

"'f" , ",

Commentaria

p.

II5.

in

Decretalium

Lib.ros,

Venetiis :. 1578.

las causas para la remOClOn es el odium plebis. 3.° Se concretan las características positivas

las causas para la remOClOn es el odium plebis. 3.° Se concretan las características positivas y negativas del odium plebis.

4. En el Concilio Tridentino no se producen cambios esenciales en

cuanto a la doctrina de la remoción del párroco -entiéndase pérdida del beneficio- a causa del odio del pueblo.

. En el capítulo primero de la Sesión 6." de reformo se habla de la conveniencia de que los prelados residan en sus iglesias y se señalan las penas que deberán aplicarse, según el tiempo de ausencia 31. En el segundo se suprimen los indultos perpetuos de no residencia, y sólo por justa causa, que el Ordinario apruebe, y previa sustitución por un vicario idóneo, se concederá la dispensa temporal:

«

ex

veris et rationalibus causis tantum concessis,

»

32.

Más adelante, en la Sesión 21,' se preceptúa que los obispos, como delegados de la Santa Sede, nombren un vicario a los ignorantes o imperitos:

« vel

aliter providere possint, quacumque appellatione et exémp-

tione remota» 33.

los que perseveran en el escándalo pueden ser privados del be- neficio:

y

« et

alii propter eorum vitae turpitudinem potius destruunt,

Eos vero, qui turpiter et scandalose

vivunt, postquam praemoniti fuerint, coerceant ac castigent,et, si adhuc incorrigibiles in sua nequitia perseverent, eos beneficiis iuxta sacrorum canonum constitutiones, exemptione et appellatione qua- cumque remota, privandi facultatem habeant» 34.

quam aedificant; episcopi

Poco antes había señalado que, en caso de un crecido número de fieles, o cuando el párroco por cualquier causa no pudiera atender a las necesidades de sus súbditos se nombrase un coadjutor 35. La sesión 23 señala las causas por las cuales se permite la ausencia del párroco durante más de seis meses, ·y son: la christiana charitas,

31.

e .

Tridentino,

ses'8.

6,

C.

1,

de

ref.;

Canones

et

decreta

Concilii

Tridentini,

cit.,

p.

35.

32.

C.

Tridentino,

sesS.

6,

c.

2,

de

ref.;

Cationes

et

decreta

Concilii

Tridentini,

cit.,

p. 36.

 

33.

C. Tridentino,

sesS.

21,

c.

6,

de

ref. ;

Canones et decreta,

cit.,

p.

cit.,

cit .,

p .

1I9.

 

34.

C.

Tridentino, sess.

21,

C.

6,

de ref.;

Canones et decreta,

p.

II9.

35.

C.

Tridentino, seas. 21, C. 3, de ref.;

Canones et decreta,

1I6 ;

la debita oboedientia y la evidens Ecclesiae vel ,Reipublicae utilitas 36. Ferraris incluye como derivaciones

la debita oboedientia y la evidens Ecclesiae vel ,Reipublicae utilitas 36.

Ferraris incluye como derivaciones de la christiana charitas la en- fermedad, el odio del pueblo Expresando la necesidad de que los pastores de almas sean dig- nos e idóneos, a fin de que cumplan con la misión que les ha sido asig- nada,esto es, cuidar de la salud de las almas de sus fieles, dice:

37.

«Expedit . maxime animarum saluti, a dignis atque idoneis paro-

chis gubernari» 38.

Más adelante concede facultades a los Ordinarios para que corten las riñas y enemistades que tan gravemente pueden perjudicar la la- bor apostólica, dejando la responsabilidad de la decisión a la conciencia del Ordinario:

« aut ob apertas factiones seu dissidia, quae in aliquibus loéis re-

periuntur, facile graviores rixas ac tumultus possintexcitari: poterit

ordinarius, si pro sua conscientia adhibere» 39.

,

arbitrabitur, ac forma

omissa

Por todo lo expuesto, vemos cómo en relación con el odio del pue- blo, permanece prácticamente invariable la doctrina de las Decretales, si bien aquí es el párroco el removido, cosa que normalmente no su- cede en aquéllas, en las que tuvimos que recurrir a la paridad del obispo con el párroco.

5. Después del estudio del .Decreto de Graciano, de las Decreta-

les del Papa Gregorio IX y de las disposiciones emanadas del Conci-

lio Tridentino, comentaremos seguidamente tres documentos pontifi- cios que son fuentes del can. 2147, § 2, n. 2. Comenzamos poi' la constitución «Quanta Ecclesiae», dada por San Pío V el f de abril de 1568, en cuyo párrafo tercero leemos:

«Episcopi et alii facultatem habentes, eorum dumtaxat resigna;.

tiones recipere, et admittere possint

micitias nequeunt, vel non audent in loco beneficii residere, securi. Sed nec horum ullus sacro ordini mancipatus, nisi religionemin- gressurus valeat ullo modo beneficium, vel officium Ecclesiasticum resignare, nisi aliunde ei sit, quo in vita possit conmode sustentari.

Qui etiam ob capitales ini-

36.

C. Tridentino,

F.,

IV,

sess.

23,

37. FERRARIS,

p.

Prompta

790.

mae 1890. t.

c.

1,

de ref.;

Canones et decreta,

cit.,

bibliotheca

canonica,

iuridica,

moralis,

p.

178.

theologica,

18, de reí.;

39. C. Tridentino, sess., 24, IC. 18, de reí.;

38. C. Tridentino, sess.

18,

c.

Canones et decreta, Canones. et decreta,

cit., p-

cit.,

378.

p. 379·

Ro-

Ad haecbeneficiorum, et officiorum permutationes admittere, quae Canonicis sanctionibus, et Apostolicis

Ad haecbeneficiorum, et officiorum permutationes admittere, quae

Canonicis

sanctionibus,

et Apostolicis Constitutionibus permittun-

tur» 40.

En este párrafo encontramos, entre otras, dos causas que admiten el cambio del beneficio~ El Romano Pontífice señala el caso en que un

titular de beneficio sea responsable ob capitales i!l-imicitias de hacer

encaso de que no lo sea, non

audet, no se atreva a permanecer en la parroquia debido a la adversa condición del ánimo del pueblo. Nos parece clara la presente distinción, pues en el primer caso es indUdable que el párroco, o ha provocado la enemistad, o bien, no pro- vocándola, la ha continuado. El legislador especifica más esta situa- ción con el adjetivo «capitales», ya que si por una causa cualquie- ra se removiera o trasladara a un párroco, tal medida sería absurda y contraria en extremo a la salud de las almas. En el segundo caso, haciendo la distinción con el verbo «audent» (atreverse), el Papa afirma que el párroco sufre el odio del pueblo; pero no se refiere al motivo que origina tal situación. En ambos casos el resultado es idéntico: falta de seguridad del pá- rroco en el lugar. Pero se agrega una excepción muy importante: si en otro lugar puede cómodamente ser sustentado en vida. Esta condi- ción no fue admitida por el Código. Creemos encontrar la razón de ello en que la salus animarum dependería en última instancia de la existencia de otro .beneficio destinado a la honesta sustentación del párroco, es decir, se subordinaría el bien común al bten individual. El Papa Benedicto XIV en la Constitución «Ad militantis», de 30 de marzo de 1742, en su párrafo doce ordenaba 41:

infructuoso ' suininisterio. También,

«Item a deputatione Coadiutorum, aut Vicariorum pro tempora, vel aliis probationibus ab Episcopo capiendis, etiam tamquam Apos- tolicae Sedis Delegato, quando illiterati, et imperiti Parochialium Ecclesiarum Rectores sacris minus apti $unt officiis; cum assigna- tione partis fructuum pro sufficienti illorum victu. Necnon a sus- pensione, atqueetiam a privatione illorum, qui turpiter, et scanda- lose vivunt, et postquam praemoniti sunt, in sua nequitia incorri- gibiles perseverant, iuxta praescriptum eiusdem Concilii de secc. 21, de Reform., cap. 6».

En esta Constitución se consagra nuevamente el principio sentado

40 .

41.

GASPARRI, P . • Codicis ¡'uris Canonici Fontes, vol. l. "Romae I926. n. I25. p. 226.

GASPARRI,

P .•

o

C.,

vol. L.

n.

3 26 • p.

724 .

por la Sagrada Congregación del Concilio, en una decisión dada el mes de junio de

por la Sagrada Congregación del Concilio, en una decisión dada el mes de junio de 1714, respecto a la manutención del párroco removido. Con las palabras «cum assignatione partís fructuum», se da a enten- . der que si a un párroco se le privó de su parroquia, es justo que se le den los medios de subsistencia. Pero más importante es aún la distinción que hace la presente Cons- titución entre suspensión y privación del beneficio parroquia1. Esta- blece el criterio de que la primera se ha de aplicar cuando, por su vida deshonesta y escandalosa, impide el fructuoso ministerio, y la segun- da como una censura a la pertinacia del párroco. De estas dos Constituciones se sirvieron, como veremos en el apar- tado siguiente, Jos Dicasterios competentes para resolver las cuestio- nes que ante ellos se suscitaron. Réstanos, por último, iniciar el comentario del decreto «Maxima Cura» 42 del 20 de agosto de 1910, promulgado por la Sagrada Congre- gación Consistorial y que tan decisiva importancia tiene en est·e .pun- to de la legislación jurídica eclesiástica.

Habla el Decreto, en las primeras líneas, del objeto de los cuida- dos de la Iglesia con respecto a los fieles, es decir, de su preocupación porque gobiernen a la grey cristiana sacerdotes selectos, que se apo- yen en la integridad de su vida y desempeñen fructuosamente su oficio. Después .se explica en él que aun cuando la inamovilidad de los

párrocos se prescribe por la utilidad de las almas, sin embargo,

do resulte perniciosa, deberá ser invalidada. Inmediatamente habla de aquella situación en la cual un párroco nocivo para la parroquia debe, una vez instituído juicio criminal, se- pararse de su oficio: es decir, se nos muestra un caso evidente de pri- vacjón de parroquia.

En el primer párrafo se confirma de modo indubitable tal costum- bre en estas decisivas palabras:

cuan,

« .iuxta antiquissimum et constantem Ecc1esiae morem

»43.

A continuación, se señala un caso específico, semejante al anterior, pero con ciertas diferencias:

«Quod si, vi canonici iuris, criminali iudicio ac poenali destitutioni non sit locus; parochus autem hac illave de causaetiam culpa re-

42.

GASPARRI, P.,

o.

e .•

vol.

IV,

n.

2074.

pp.

35·44.

mota, utile ministerium in paroecia non gerat, vel gerere nequeat, aut forte sua ibi praesentia

mota, utile ministerium in paroecia non gerat, vel gerere nequeat, aut forte sua ibi praesentia noxius evadat

»

44.

Aquí se consagra jurídicamente la irreductible distinción entre la privación de beneficio y la separación de él; en este último caso Se pueden dar diversas situaciones que aconsejen tal separación, especifi- cando el legislador que se proceda aún sin culpa del párroco. El cri- terio para discernir estos motivos es la utilidad de la parroquia. Así pues, ex parte parochi, dos casos especifica el legislador: 1.0 que el mi- nisterio lo desempeñ,e sin utilidad, o que ni siquiera pueda desempe- ñarlo; 2.° que la presencia misma del párroco resulte perjudicial. Caso este último ajeno a la voluntad del párroco. Siguiendo el Decreto, vemos la existencia de los remedios necesarios para salvaguardar la salud de las almas. Entre ellos, nos habla de aquél que considera más eficaz, y enumera las notas del mismo:

«In his potissimum est parochi amotio, quae oeconomica seu dis- ciplinaris vulgo dicitur, et nullo iudiciali apparatu, sed administra- Jivo modo decernitur, nec parochi poenam propositam habet, sed utilitatem fidelium» 45.

Por último, el fundamento de tal remedio: «Salus enim populi su- prema lex est: et parochi ministerium fuit in Ecclesia institutum, non in commodutn eius cuí commititur, sed in eorum salutem pro quibus confertur» 46. Hecha la introducción y destacado el aspecto histórico, que tan de- cisiva influencia tiene, señala las causas requeridas para la remoción. El canon primero indica hasta nueve causas. De entre ellas la cuar- ta dice así:

«Odium plebis quamvis iniustum et non universale, dummodo tale sit quod utile parochi minist~rium impediat, et prudenter praevi- deatur brevi non esse cessaturum» 47.

Este presupuesto jurídico está integrado por un hecho, siendo indi- ferente su origen y su extensión; su esencia estriba en el ya muchas veces mencionado criterio de utilidad de las almas, y, condicionadamen- te a 'ésta, en Ía temporalidad del odio.

44.

45.'

46.

¡bid.

¡bid.

¡bid.

6. Una vez hemos visto la legislación antecedicial, trataremos en este apartado de las resoluciones

6. Una vez hemos visto la legislación antecedicial, trataremos en este apartado de las resoluciones de las Sagradas Congregaciones, es- pecialmente de aquellas que se consideran como fuentes del canon 2147, § 2, n. 2.

a) Decisiones de la S. C. de Obispos y Regulares.

Examinemos la primera decisión que aparece en la fuente del Código:

S.

C.

Ep. et Reg., ALBEN., 15 oct.

1601 48 :

« non convenghi che un Curato, qual deve essere di buon odo-

re, e grato al suo gregge, amministri li Ssmi. Sacramenti, e sia alla

cura con disgusto, ed aborrimento del popolo per suo diffetto, hanno risoluto che il medesimo Curato stia assente per sei mesi da quella Chiesa, lasciandola in tanto provista di buon Cappellano con onesta provisione, ·e che intanto ella lo vada disponendo a rassegnarla, affinche con lui non si abbia da venire ad altro rimedio, come sara necessario di fare, se egli non si risolvi,e quando esso rnancasse, di mettervi il Cappellano. Ella dovra mettercelo, e farlo pagare a

suo arbitrio, e cosi le piacera di eseguire,

»49.

La presente decisión nos muestra con apreciable claridad las cua- lidades que debe reunir cada párroco con objeto de hacer fructuoso su ministerio, originando su remoción la fata de tales notas. Se debe pre- cisar que tal remoción no es una pena, pues vemos que las medidas coercitivas se aplicarán condicionalmente, es decir, si el párroco se ne- gase a abandonar la parroquia. En el caso concreto contemplado en es- ta decisión se menciona una causa que ha provocado este «disgustoet aborrimento» en el pueblo, es decir, «per suo difetto»); por tanto, se considera como responsable al «rectorecclesiae». La Sagrada Congre- gación juzga que la existencia de una tal situación puede motivar jus- mente la remoción del párroco en forma temporal, con la esperanza de que, pasado este tiempo, se olvide en el pueblo o, al menos, disminuya en intensidad, la actitud contraria al párroco.

S. C: Ep. et Reg., TIBURTINA 20 iun. 1831 5 °:

Se trata un proceso extrajudicial promovido por ciertos vecinos y consejeros del pueblo N. contra el párroco del lugar. Las actas del proce- so, enviadas al S. Dicasterio, produjeron en éste la convicción de que

48.

GASPARR1,

P.,

O.

c.,

vol. IV,

n.

1611,

p.

699.

49.

¡bid.

50.

GASPARR1,

P.,

o.

c., vol.

IV, n.

1903,

p.

863.

se carecía de prueba plena en contra del párroco. Sin embargo, según leemos en ellas,

se carecía de prueba plena en contra del párroco. Sin embargo, según leemos en ellas, se corrió la voz de que el párroco abusaba de la con- fesión en ·detrimento del Sacramento de la Penitencia. Por tanto:

«Sembra poi quasi di assoluta necesita rimuovere lo scandalo e

la mormorazione

Per

troncare lo scandalo insorto e per non obbligarse in una formale

mqUlslZlOne,

che, a ragione o a torto, e insorta in codesta po-

polazione ristretta e specialmente perché si e sparsa la voce

••

»

51

.

Es evidente que, en esta causa, el párroco se halla involucradp sin ser responsable; más aún, la Sagrada Congregación está plenamente convencida de ello y desea evitarle perjuicios al no instaurar proceso formal. Pero el S. Dicasterio se encuentra ante la obligación de pro- curar ante todo por la salud de las .almas del pequeño poblado, y tien- de ahora a quitar ese obstáculo que ha nacido: el escándalo por un supuesto abuso del Sacramento. Por tal motivo, busca un medip eficaz para conseguirlo. Téngase bien presente que las palabras «a ragione o

a torto» son de tal manera categóricas que destierran cualquier duda.

A la vez afirman que la causa puede ser justa e injusta, pero no obsta

para que se persiga el bien de las almas ante todo. Así pues, el Obis- po debe:

« .insinuare al proposto amorevolmente, ma con forza, la dimis- sione volontaria della parrochia. Se decissamente si ricusera di ció fare, verranno adottati dei mezzi per potere ció onorevolmente e con qualche compensoeseguire, esclusa sempre la traslazione di altra parrocchia»

Estas· palabras denotan quizás cierta dureza; el párroco no puede alegar nada en su favor, ofrecer pruebas, etc. Además, se excluye tam- bién la investigación acerca de si puede sustentarse cómodamente de algún otro beneficio. El asunto parece claro: existe escándalo, justi- ficado o no; el medio más apto para su desaparación es la renuncia del párroco. El criterio, dertamente rígido, que este Dicasterio tenía en el pri- mer tercio del siglo XVIII, fue modificado por la Sagrada Congregación del Concilio, a través de los decretos emanados, antes de la publi- cación del Código, y que a continuación examinamos.

52.

.

b) Decisiones de la S. C. del Concilio

51.

Ibid,.

S. C; C., PLACENTINA, 22 nov., 6 dec. 1727 5 3 • Esta primera decisión

S. C; C., PLACENTINA, 22 nov., 6 dec.

1727 53

Esta primera decisión dice realmente muy poco. Se pregunta si se sostiene o no la remoción de un párroco contra el cual se han presen- tado varias quejas al Obispo. La S. C. respondió: «affirmative». ¿Quejas motivadas o inmotivadas referentes al párroco? Nada se aclara al respecto; solamente tenemos ante nosotros la existencia de un hecho que automáticamente ha tenido un efecto jurídico: la re- moción del párroco. Nuestra curiosidad será satisfecha con la siguiente decisión, que tanta trascendencia ha tenido por ser continuamente objeto de refe- rencias en decisiones posteriores:

S. C. C. EYSTETTEN., 21 iul.,

11 aug. \1742 54.

Es de evidentísima utilidad el presente decreto, pues muestra, a la par que un excepcional sentido jurídico, el desarrollo del odium p~ebis, sus causas, manifestaciones y consecuencias, tanto con respecto al párroco como a los fieles y a la Jerarquía:

«Anno autem 1739 pluresadversus eundem parochum N. ·populi querelae ad Curiam Episcopalem delatae sunt, non modo de inho- nesta eius vita, verum etiam de neglecto Pastoris officio in minis- trandis Sacramentis, visitandis aegrotis, expiandis aqua regeneratio- nis infantibus, itemque de nimia quadam saevitia in pueros addis- cendarum fidei rerum causa ad ecc1esiam convenientes, necnon de gravibus conviciis et probris tum in populum tum in singulares per- sonas vix non digito indicatase publico ,etiam suggestu invectis; unde omnium animi, ita forent -exacerbati, ut ab "eo Sacramenta re- cipere divinisque rebus interesse prorsus . recusarent» 55.

Encontramos al inicio una sobria exposición de los hechos: dos amo- nestaciones que vendrían a ser causadas por el modo ligero de con- ducta del párroco; inmediatamente, hasta siete quejas presentadas a la Curia, después el lamentable resultado que la conducta delpá- rroco producía en el pueblo. Aprovechamos desde luego la aclara- ción, harto preciosa, de que tales querellas no tienen su razón en el modo deshonesto de vida, salvando de esta forma posibles invasiones de otros motivos de remoción del párroco, como es la pérdida de la buena estimación por el modo ligero de comportarse.

53·

GASPARRI,

P.,

O .

c.,

vol.

V,

n .

335,

p.

777 .

54 .

Ibid

111.

3538. p.

980 ss.

 

55.

Ibid"

pp.

980 s.

 
Nos hallamos ante un típico caso deodium plebis iustum et uní- versale. Habla el decreto

Nos hallamos ante un típico caso deodium plebis iustum et uní- versale. Habla el decreto «pIures querelae populi» y podría tomarse co- mo una mínima parte del pueblo o, al menos, una familia tan in- fluyente que °los demás fieles imitaran de ella su conducta; pero al

. », de las cuales pala-

bras concIuímos que tal odio era universal. Además, en pos de refor- zar la afirmación de una de las causas enumeradas, leemos «gravibus

probris tum in populo

Las palabras «ita forent exacerbati» son elocuentes de por sí. Agre- gamos que no extraña tal odio, oporque es notorio que un ministro que descuida el cumplimiento de sus obligaciones produce en los fieles, al principio, .extrañeza, y, al final, aversión total. A esto se agregan las dos paternales admoniciones .de que fue objeto por motivos bastante delicados.

final del párrafo leemos «unde omnium animi

o e publico etiam suggestu invectis» 56.

«Quum vero has Rectorem

ob

}) 57 .

causas populus ipse exposceret, alium sibi

El Obispo nombró un coadjutor para remediar lo remediable, pero

« ex

citatis

La actitud del Ordinario fue ineficaz, y estamos ya ante la aplica- ción dél precepto jurídico, pues, habiéndose dado en el tiempo el pre- supuesto de la remoción, la consecuencia es inmediata; es decir, exis- tiendo la aversión de la gente a su párroco, nace el derecho del Ordi- nario a la remoción del rector de la Iglesia.

odio et simultatibus adversus memoratum Rectol'em in popu10 con-

» decretó la remoción en el plazo de cuatro meses.

El mencionado sacerdote apeló al Tribunal del Auditor de la Cá- mara, pero la causa fue remitida a la S. Congregación del Concilio. El promotor fiscal pidió al Ordinario que proveyese según su prudencia,

porque había sido informado

tur Sacerdos, qui Sacramenta ministraret, parochiani illi ad satisfa-

ciendum praecepto paschali

A reserva dé tratar este importantísimo aspecto de nuestro trabajo en sitio posterior, queremos no obstante, destacar que la inamovilidad de los párrocos se funda en el mayor beneficio que prestan a los feli- greses con tal estabilidad. Ahora bien, ese derecho, condicionado a la utilidad del ministerio, cesa cuando la mencionada estabilidad es per-

ea pendente, nisi alter deputare-

quod

nequirent ulla .ratione

» 58

56.

[bid.,

'p.

98 I.

57.

[bid .

58 . o

[b id

co- mentadas. El Obispo notificó un plazo de treinta días para el abandono de la

co-

mentadas.

El Obispo notificó un plazo de treinta días para el abandono de la iglesia parroquial.

el Nuncio Apostólico de Viena lo sus-

pendió de la cura de almas hasta tanto la cuestión fuese en su tota- lidad juzgada por la Sagrada Congregación. El Promotor de la Curia Episcopal urgió la resolución y se apoyó en razones de gran importancia para evitar que la orden de transla- ción dada por el Ordinario fuese reformada:

judicial.

Insistimos,

pues,

en

la

transcendencia

de

las

palabras

Despreciado este mandato,

({Primo, quia ex peculiari EysteUensis Dioecesis, quam aliarum Germaniae partium more integrum semper fuerit ' Episcopis Recto- res Parochialium ecclesiarum, iusta aliqua suadente causa, ab uno loco amov,ere, atque ad alium transferre,eosque ad Beneficii per- ' mutationem etiam invitos cogere;» 59.

Además, los dos argumentos de defensa que el Promotor de la Curia Episcopal presentó al S. Dicasterio tenían no poco interés. Del primer argumento centramos nuestra atención en las palabras: «iusta aliqua suadente causa», palabras que son necesarias para determinar la vali- dez jurídica de la costumbre de remover párrocos, aún contra la vo- luntad de éstos. Examinando más a fondo, nos encontramos dos posi- bilidades: l." El párroco es responsable del odio del pueblo. Si se le remueve, el Ordinario obra justamente, pues devuelve la paz y tran- quilidad a los fieles; en este caso, el párroco puede incurrir aún en alguna censura. 2." El párroco, sin culpa alguna, sufre las iras del pueblo. ¿Podría hablarse aquí de «iusta suadente causa» para su remo- ción?, es decir, ¿el odio injusto se podría asimilar a este criterio? Con los elementos que hasta el presente tenemos, consideramos atre- vida una respuesta afirmativa. Dilatamos a líneas posteriores el res- ponder; dejamos, no obstante, bien sentado el problema.

«Secundo quia Sacerdos iste Riccardus Str,eng exosum adeo et parochianis invisum sese reddiderit, ut nulla prorsus alia suppetat ratio prospiciendi tum communis pacis et quietis bono, tum spiri- rituali plebis saluti, quam quod dimisso Parochi munere, ex oppi- do Untermessingi compellatur abscedere, aliusque animarum Pastor in eius locum subrogetur. Hinc autem Promotor fiscalis aequissi- mum ait deprehendi permutationis decretum, quum ex iuris praes- cripto, is qui curam animarum gerit, tametsi omnino ~rrehep~e~si­ bilis et innocens foret, cogendus ,esset adhuc ab eccleslae reglmme se abdicar,e alioque congruo Beneficio in prioris vicem commutato

59.

37 0

Ibid.

contentum esse, si aliter bono pacis et spirituali ovium suarum pe- riculo consuli nequaquam posset,

contentum esse, si aliter bono pacis et spirituali ovium suarum pe- riculo consuli nequaquam posset, ut texto in cap. Nisi cum pridem, de renunc.» 60.

El segundo argumento viene a ser la premisa menor del siguiente silogismo: todo párroco, por alguna causa justa, puede ser removido de su beneficio. Es así que el pueblo aborrece al sacerdote R. Streng. Luego tal sacerdote puede ser removido.

Por último, el promotor fiscal alega el texto del Concilio Triden-

hino ya comentado. Con estos elementos podemos contestamos ya la pregunta formulada con antelación: ¿el odio injusto puede asimilarse al

en sentido afir-

criterio «iusta · aliqua suadente causa»'? Respondemos mativo.

Esta decisión, pues, marca un importante jalón en la historia de la parte del Código que nos ocupa. Veremos más tarde su cita en las de- cisiones que en años siguientes tocaron idéntico problema.

S. C. C. BAREN.,

17

maii 1851 61 •

Pasamos ahora al comentario de cuatro decisiones que se refieren al mismo caso. Para adelantar algunas ideas, hacemos notar que en la que ahora nos atañe se tratan dos problemas: el primero, acerca de la validez o nulidad de la renuncia a la parroquia; el segundo se refiere a la reintegración o no del párroco a la parroquia. Desde luego. el pri- mer punto controvertido cae fuera de ·nuestro objeto, pero el segundo nos interesa directamente, pues las variaciones que el S. Dicasterio tuvo en cuanto a tal reintegración, obedecieron a la inflexible aplica- ción del criterio de la salus animarum ante la existencia o no del odium plebis.

Pasemos a la materia: Debido a la peligrosa situación originada por la Revolución de 1848, el párroco pensó ausentarse por un tiempo, pues en su grey los ánimos se encontraban harto caldeados:

nacti occasionem, qui . male sentiebant de Parroco,

tumultuose coeperunt ineunte mense martio ipsius perpetuam a Pa-

roecía remotionem conclamare. Qui quum in mes ingravescerent,

deterioraque minitarentur in Parochum,

«Hanc porro

» 62.

60. ¡bid.,

pp.

61.

GASPARRI,

62. ¡bid.

981

P .,

S.

O.

c.,

vol.

VI,

n. 4II9.

p.

404 S.

37 1

El Arzobispo envió a su Vicario para persuadir al párroco que renun- ciase a la

El Arzobispo envió a su Vicario para persuadir al párroco que renun- ciase a la parroquia, verbalmente y por escrito.

per provedere alla sua sa-

lute,. e per altri ragionevoli motivi di famiglia». Razones éstas extra-

ñas, y que motivaron por parte del párroco la protesta y la formal petición de restitución in integrum, pues tal renuncia era nula por haber sido coaccionado y amenazado. Además, elevó demanda a la S. Congregación para suspender la colación de la parroquia. La Congregación respondió así:

El párroco dictó y firmó la renuncia «

«Attenta nullitate renunciationis, restituendos esse oratorii fruc~

tus omnes

dem Oratoris ad residentiam pro nunc non expedire» 63.

; attentis v·ero pecularibus circunstantiis reditum eius-

Ante tal respuesta, los adversarios de la reintegración del párroco con el Ayuntamiento de N. pedían «una seria revisione della causa avanti la primaS. Congregazione». En tal revisión se esgrimieron los argumentos siguientes:

El defensor del párroco, después de alegar la nulidad de la renun- cia, por oefecto de legítima causa, y de vicio insanable con referencia al beneficio mismo, agrega:

«Licet vera odium in facto verificaretur, cum tamen eidem nul- 1am dederit causam Archipresbyter, deexercitio haud removeri pos- set contendit, longe autem minus Paroecia .privari, nisi ex causa

criminis in iur·e expressi et .iústa sententia Iudicis formiter instruc-

to processu praehabitisque monitionibus i].lxta

» 64.

El Promotor de la Curia demuestra que el pueblo tiene contradic- tor legítimo en esta causa:

, «

contendens parochianos legitime instare, ut Par()chus male

vivens e Paroecia deiiciatur

ostender.e, quia tumultum et clamoresciebantur N. etN.,

Neque a populo illatum metum pergit

» 65.

En los «dubiaell se consideraba si del rescripto de la Sagrada Con-

gregación se podía discutir la declaración de nulidad o validez de la renuncia. Y así, habría lugar o no para la reintegración. La Sagrada Congregación respondió: a la primera duda, negativa-

A la segunda res-

mente; e hizo constar la nulidad de la renunciación

63. Ibid .

64·

65. Ibid.

Ibid.,

37 2

p.

405.

pondiói;q,ue ·. ño ·' había -lugarpara ::iareintegración. · NosotroS :, coIpentamos: lo siguiente :ESi del:togo

pondiói;q,ue ·. ño ·' había -lugarpara ::iareintegración. ·

NosotroS :, coIpentamos: lo siguiente :ESi del:togo '.conseeuénte hi :Sa-

grada i\ Collgregadán •.·al ··

bien dice su defensor, es ajeno a tal situación, pero, el mismo defensor

nos daba la"clave:" «Licetvero "otliulÍliIi factoverifiEarétur

Se considera evidente la injusticia de tal odio sufrido por el párro- 00,' pero:laactitudd:eLpnébld o ál: menos:deunaparte'de él 'hace:inftuc- tuoso;,ehejercicio , parroqui.aL·

Complica este asunto \la mala' interpretación' que se da. 'por"el' De- fensor de la Curia a la tan mencionada situación adversa al párroco;

lacomplicación ¡ si latenüncia es válida, no

adetnás; "' Y aquL~estriba

hEiYlugar a lEi " p : etlCIón del'párrbc6, 'péro,sie$ .>U~iá; ,'Y~$f]q declaró

el Dicasterlo, ¿para qué dar motivo a los fielés 'de juzgar la bondad

? :~a :lR,a~da~ <l,eLI>ª~Qc.ot:Es:ta. f,lQJ;lducta ', ~n~~te , caSoffu.e ,ndasia¡ ya

1'legar

:Ja : reintegtaCión~ pués ; ~l\párlioco,·,·.co:l1io

».

que

una gran confusión.

el pueblo directamente solicitó la revisió:n¡"prov~andQ 'epa .~

solicitó la revisió:n¡"prov~andQ 'epa .~ El párr9c,p pidiÓh:iVisión inmediatiLD~mostró: ,,

El párr9c,p pidiÓh:iVisión inmediatiLD~mostró:

,, '; C«Falsdautern " ah adversahis regeri Popi,1li -" odiuin ' ex ' Archipres'-

mala "'ágendi 1"atiofl€ "órtum ' ddbété, ' cum" 'e:lC

byteri culpa'

eiusque

; insu~pect~ssimiset~ray.\ssimis te~~~mpniis,,eiusdem ,famaeteJ{ist~~

,lI!~t!9. :vindic~tur~67.

,eiusdem ,famaeteJ{ist~~ ,lI!~t!9. :vindic~tur~67. enim odium et inimicitae parochianorum iustae et rationa-

enim odium et inimicitae parochianorum iustae et rationa-

bileSsint,ex piaxiR Congregationis sustinet Parochum esse PRI-

VA;NDUM;si v'éro iniusnl'e, et irra'ticmabiles, 'qÍiiaParochas nullam

eis causam dederit, ut in EISTETTEN,

tuné' REMOTTONIS ' remedioconsulendum esse,

« si

21

iulii 1742» 68 ,

La respuesta de la Sagrada Congregaciqn f'fe: ,. (!Ad .2. frélev~p ir~~

c.~~u o~ de,~t~~, ., ;~~f1 JqclUn .,re~Upt~gr.atiQn,j, : ad , pos~essioI}em . ga:r()e8

.

ae

».

'¿Por qué este carribib? LÓgico"en e~tremo: f~ltápaQ hi~'p~c.~~m~:-

mm;.' n~ h~bía lugar ' ya ad' residentiam ' pro ' nunc ' non" e:ipedÚ·e. ' Por

p~

9.~l .primer g~Gre,tp"esgecJr,.~t od~~~ ,p'q~~~hiiih~:'

66. Ibid"

67. Ibid.

68. Ibid.

n,

4121,

P,407.

tanto, ausente la causa, con todo derecho se reintegrlil ál Párroco. Hacemos notar la praxis

tanto, ausente la causa, con todo derecho se reintegrlil ál Párroco. Hacemos notar la praxis que, a mediados del siglo pasado, tenía la Sagrada Congregación: la distinción entre privación y remoción.

s. C. C., BAREN., 18 sept. 1852. TERCERA DECISfON fiI.

Nueva revisión a petición del pueblo. El Defensor insiste ' en la va- lidez de la renuncia hecha por el párroco y en que, como consecuen- cia necesaria, no hay lugar a la reintegración:

non privato odio vel potestatis abusu et.pn

ad tenuntiationem compulit, sed ut populi bono prespiceret et ofieii SU! partes explereb 78.

« ArchiepiScopus,

Razón poco convincente y de escasa fuerza probatoria. Al~ontrario,

más adelante ·se agrega:

.

perperam ex adverso contendí reintegrationem, tamquam ne- cessaríum nullitatis renuntiationis consectarium habendumesse

»,

«

afinnación que debe ser rechazada en su totalidad. Nos encontramos ante una confusión lamentable del defensor: una renuncia nula de la parroquia, reconocida jurídicamente como tal, no produce ningún efecto, es decir, el párroco continúa como titular de su beneficio, y si se hubiere separado de él, la reintegración es automá- tica. Pero muy distinto es el caso en el que existtm motivos que im- piden obtener frutos del ministerio ·parroquial. En este caso y -sólo en éste, se aplican' en toda su extensión los argumentos del defensor:

« spes scilicet, quod tandem aliquando vel populi exasperatio ac odium finem habeat, vel quod ipse N., suae vitae institutum átque agendi rationem immuteb 71.

A todo esto respondió la Sagrada Congregación: «Ad I.tn decisis. Ad II. In primo loco decisis» 71. Es decir, mantuvo la nulidad de .la renuncia, pero suspendió la rein- tegración del párroco. Esta deci~ión es interesante porque encontramos por primera vez

69.

¡bid . ,

n.

4129, p.

415

S.

70.

¡bid.

71.

¡bid.,

pp.

415

S.

72.

¡bid.,

p.

416.

374

la menClOn del tiempo como supuesto relativp para que haya o no lugar a la

la menClOn del tiempo como supuesto relativp para que haya o no lugar a la remoción. Esta idea fue tomada por el legislador de 1917 en las siguientes pa- 'labras del n.o 2 § 2 del canon 2.147: <mec brevi cessaturum praevidea- tur». Encontramos también más elaborada la distinción entre la justi- .cia e injusticia del odio del pueblo. Pasemos a la última decisión.

S. C. C., BAREN., 28 maii 1853. CUARTA DECISION7s.

El párroco insiste nuevamente en la reintegración a su parroquia, porque:

« non populus N., sed factio potius paucorum Curiae N. patro- cinio freta istiusmodi odium in parochum usque fovit fovetque in . praesens» 74.

La Sagrada Congregación respondió:

«In secundo loco decisis (es decir, esse locum TeinteQTationi ad . possesionem PaToeciae), quatenus infra sex menses Parochus N. non provideatur de aequipollenti Beneficio, et amplius» 75.

En esta última decisión se alega la no universalidad del odio. La legislación vigente, en forma acertada, se refiere a este problema, de- jando a los Ordinarios el criterio preciso, aunque con razonable elas- ticidad en su aplicación, con las palabras «et non universale dummo- do tale sit». Con esto podemos afirmar que este conjunto de decisiones consti- tuyen un importantísimo antecedente del n.O 2.° del parágrafo 2.° del canon 2.147.

s. C.C. LIMBURGEN., 27 iun. 1857 16

El Obispo de esta diócesis notificó al párroco N.

« quo €ius ab hac Paroecia amotio et in aliam translatio d~ cernebatur propter tantam in Paroecia ·adversus eius aversionem, ut

73.

[bid., n. 4I3I.

p.

4I8.

74.

lbid.

 

7'5.

[bid.

76.

lbid.,

n. 4I56.

pp. 448 l.

iaro non amplius expectandum sit, illum cum fructu ibidem operari posse, sed potius plebis depravatio

iaro non amplius expectandum sit, illum cum fructu ibidem operari posse, sed potius plebis depravatio imo non ·neminis a fide apostasia timenda sit» 77.

En el decreto de notificación se preveía que, de no dejar volun- tariamente la parroquia, incurría ~q .penas.

El párroco ni se opuso, ni protestó a tal decreto. El ·obispo, en dos ocasiones, le dictó un plazo para abandonar la parroquia so pena de suspensión «ipso facto» del ministerio eclesiástico.

Entonces el párroco elevó demanda a la S. Congregación, en pe- tición de nulidad de los actos del obispo. Este se defendió alegando, justamente, lo estatuído por las Decretales y el Concilio Tridentino. La defensa del párroco adujo argumentos · poco convincentes, y la S. Congregación, en nueva decisión, sostuvo el decreto de remoción. \

Encontramos el interés del presente decreto en orden al asunto que ' nos ocupa, al leer los argumentos del defensor del párroco, los cuales presentan los presupuestos jurídicos que en esta época tenía la praxis de la S. Congregación, para conceder la remoción del párroco.

«Procurator autem N. ex perpetuitate Beneficii Paroecialis arguit,

nisi antea de

eum ab iusdem possessione exturbari nefas fuisse,

eiusdem constitisset

consensu, vel nisi patrata crimina, vel publica

causa:

evidens ac urgens Ecclesiae necessitas vel utilitas reIílotio- nem suasissent» 78.

.

Prescindimos, por ser ajenos a. nuestro interés, del «consensus» y del «patrato crimine», y veamos qué hechos de la vida real se pueden enfocar bajo la rúbrica «publica causa». El mismo procurador continúa:

«superest igitur publicae causae momentum populi aversio, de- pravatio, timor apostasiae» 79.

Sin entrar en la «depravatio», que aquí no nos interesa, examinare- mos ahora las dos restantes: «populi aversio» y «timor apostasiáe».

Asistimos en primer lugar a una muestra de la evolución de la doctrina jurídica, pues en la causa Eistetten. se ve cómo en aquella diócesis «iusta aliqua suadente causa» se procedió a la remoción del párroco. Ahora, un siglo más tarde, encontramos ya en la praxis de-

77 .

[bid.

78.

[bi¡J¡;,

pp.

448 s.

79.

[bid.,

p.

449·

finidas varias «causae» para la remoción del párroco con la notoria adi- ción del adjetivo

finidas varias «causae» para la remoción del párroco con la notoria adi- ción del adjetivo «publicae». ¿Por qué? Nos parece evidente que se re- fiere a la aprobación de aquellas anómalas situaciones que hacían in- fructuoso el ministerio parroquial. No se olvide que la remoción es la preferencia del bien común con perjuicio, a veces, del bien indiVidual,

es decir, la preferencia de la salus animarum a la incomodidad deLpá-

rroco y, como tal, situación poco deseable. Es · cierto que, dándose la:

aversio sive odium populi se procede a la remoción, pero también es cierto que la valoración de tal aversio necesita especificarse más, pues de lo contrario seria el «summum ius, summa iniuria». Por tanto, es patente la evolución de la,en cierto modo vaga, «iusta aliquasuadente causa», a la actual «publica causa». Es obvio que el párroco tiene ;ma-

yor protección contra las irregularidades posibles de la Curia Episcopal]

y que la misma S. Congregación cueI1ta con elementos más precisos

para determinar en las apelaciones la procedencia <> improcedencia de

la remoción dictada por aquella.

Descendiendo a las especificaciones que se desprenden de la pública causa: aversio populi y timar apostasiae, creemos que es el mismo es- tado con virulencias distintas, es decir, son situaciones de más o menos que no mutan la esencia. De la primera, nada agregaremos. En relación al. segundo, destacamos primeramente su novedad, pues basta entonces nunca se había mencionado. Destacamos así mismo que es tan desme- dido y excepcional un caso detimor apostasiae, que el legisiado~ ':~i siquiera lo menciona. Precisamente trátase de evitar estas situaciones que. constftuyen verdaderas catástrofes, pues si el odio del pueblo hace inútil la actividad del párroco, mayormente la inutilizan cuando los miembros de la parroquia amenazan abandonar el redil, lo cual seria

la: negaci,ón misma de la razón de ser de aquélla.

Pasamos ahora a considerar un caso similar y enconttaremos,pó~

un lado, la comprobación de los comentarios efectuados en . anteriore~

decisiones, y, por otra parte, remoción.

conceptos más claros y precisos sobre la '

~. C. C. ~ BERGOMEN.,

5

dec. 1863 80 ;

El sacerdote Pedro Lucchini fue elegido párroco de lapa:rToquiaN:, aunque tal elección no fue grata a los fieles:

80.

¡bid.,

n . 4I96,

pp.

502 SS.

377

«Progressu temporis aversio incolarum omnem modum excessisse visa esto Hinc continuae ac renovatae querelae tum

«Progressu temporis aversio incolarum omnem modum excessisse visa esto Hinc continuae ac renovatae querelae tum parochianonim tum laicae potestatis, quod ipse gravibus ac interminabilibus quaes- tionibus non solum familias, sed etiam publica officia cumulareb 81.

Se le exhortó al abandono espontáneo de la parroquia y rehusó ha- cerlo. El obispo decretó su remoción temporal. El párroco solicitó de la S. Congregación que se instaurara proceso regular. Aparte,en los ar- gumentos alegados por el obispo, se encuentra:

« paroeciam

post Lucchini remotionem reviguisse cultu religios')

et pace, omnibus exultantibus et gratias agentibus» 82.

El dicasterio encomendó al obispo que no desperdiciara medios para conseguir laienuncia del párroco. El obispo, en nuevas cartas, agregó entre otras cosas:

« parochianos

ita animo esse ab eo alienos, ut reconciliatio suo

iudicio nullimode speranda foret» 83 .

La S. Congregación pidió al obispo que buscase la dócil renunciade la parroquia y que el párroco se sujetara a las disposiciones, tanto episcopales como de la Santa Sede. El obispo decretó, pues, la remoción aunada con la suspensión del mini'sterít> apostólico:

Transmitidas estas relaciones, con la deposición de muchas perso- nas civiles y eclesiásticas de nota, y con las confesiones sostenidas por el mismo párroco, la cuestión fue tratada en el pleno de la S. Con- gregación. En primer lugar hace referencia a los argumentos en favor del pá- rroco. En ellos se establece el principio de la inamovilidad del párro- co, quien pueJie perderla por un delito expreso de los señalados en el Concilio Tridentino, después de proceso formal y de justa sentencia condenatória.

Asentado el principio, se pregunta si el presente caso concuerda con la hipótesis mencionada. La respuesta es negativa por dos razo- nes: 1 porque hasta el mismo obispo reconoce que no ha habido crimen de por medio; 2.", porque no ha tenido lugar ninguna viola-

,

8r.

fl2.

83.

Ibid. ¡bid .• p. 503. Ibid.

clon contra las garantías del acusado, que sería el párroco en el caso presente. Después

clon contra las garantías del acusado, que sería el párroco en el caso presente.

Después se agrega que tampoco se puede alegar la remoción del párroco, refugiándose en el odio grave que se decía tenía el pueblo contra e1 párroco. No existiendo crimen y encontrándonos en el caso del odio del pueblo sin culpa del párroco no puede éste ser obligado a la renuncia espontánea de la parroquia. Más aún, por tal causa no puede ser fácilmente recibida la renuncia por el obispo, pues, hacien- do referencia a la Constitución «Quanta Ecdesia» de S. Pío V, la re- nuneia se admite, siempre y cuando el párroco tenga un beneficio en otro sitio, que le permita cómodamente sustentarse. Hasta aquí tene- mos ante la vista los argumentos pro parocho Lucchini expuestos pon. deradamente en el pleno.

Pasamos ahora a escuchar y examinar los argumentos adversus pa- rochum. Transcribimos directamente:

«E contra advertebatur, quod licet Lucchini nullam plebis odio

cáusam praebuisset; licet nullo crimine irretitus foret, nihilominus

Episcopus rite numere suo functus

esto Notum est enim cum a pa-

roeciae regimine removere oportere, quem mala plebs odit, ne prop. ter bonum Pastoris gravissimum detrimentum universo gregi infe-

ratur» 8'.

De extraordinaria claridad son estas palabras. Primero, confirman que el odio del pueblo, aunque injusto, es causa de remoción. Segun- do, aunque no hubiere cometido ningún crimen, el obispo cumplió con su deber. Tercero, declaran el fundamento de la remoción. En este punto citamos al Doctor Angélico quien nos sustituirá en el comentario:

«Et ideo si idem bonum est uni homini et toti civitati: multo vi- .detur maius ei perfectius suscipere, idest procurare et salvare illud quod est bonum totius civitatis, quam id quod est bonum unius he- mini» 85.

Continúa la argumentación:

«Quod si aversio et odium concitatae piebis iustum non sit, non

erit parochus puniendus, idest paroecia, tamquam

ria sententia PRIVANDUS: sed tamen erit REMOVENDUS, ut m Spoletana, 19 ianuarii 1737, facta aliqua beneficii permutatione, ceu

reus, condenat~

84 .

[bid.,

p.

505·

115.

In

[

Ethic

lect.

3.

D.

30.

379

in similíbus casibus factitatum est, Eistetten., 21 iulii, 22 septem- bris 1742» 86. Tenemos pues,

in similíbus casibus factitatum est, Eistetten., 21 iulii, 22 septem- bris 1742» 86.

Tenemos pues, con palabras indubitables, la distinción esencial entre PRIVACION y REMOCION de una parroquia, siendo el criterio usado la culpabilidad del párroco en el odio del pueblo: si es culpable hay lugar a la prIvación, en caso contrario se procede a la simple remoción.

A contInuación se nos indica el motivo o fundamento inmediato de

la remoción:

«In hac autem hypothesi non officere observabatur defectus for- malitatum iuris, et defectus formalis processus, cum de poena irro- -ganda non agatur, sed de simplici remedio affer'endo scandalis et inmicitiarum periculis» 87.

Es decir, loa remoción tiene por objeto quitar el escándalo y las ene-

mistades, para permitir que el trabajo de los párrocos dé su fruto.

Concluye el decreto reconociendo la acertada conducta del Obispo cuando dice:

«Non deerant itaque sufficientes causae, ob quas Episcopus, qui universo dioecesis bono est praepositus, tamquam prudens reme-

dium, decretum temporariae remotionis

emiserab> 88.

con estos elementos se facilitará más aún la investigación que desarrollamos en las mismas fuentes del Código, especialmente en la decisión que inmediatamente comentaremos.

y

s. C. C. ALBIEN., 1 sept.

1883, 19 ian.

1884» 89.

El párroco N. del pueblo de Roquecourbe, diócesis de Alba, hizo una

serie de actos de desobediencia y desacato contra el Arzobispo, moti- vados por el nombramiento de administradores de la fábrica de la iglesia. Produjo esta actitud escándalo entre los fieles; por tal moti- vo, deseando poner fin al escándalo ocasionado, el Arzobispo ordenó instaurar proceso canónico en contra del párroco.

Antes de contestar a la demanda, el párroco recusó al actor y apeló a la Santa Sede.

86.

GASPARRI,

P .•

o.

c.,

01. VI.

n . 4I96.

p .

505.

87.

¡bid.

88.

[bid .,

pp.

505

s.

89 .

[bid .•

pp

661

SS.

En la resolución se esgrimieron los siguientes motivos para confir- mar la sentencia de la

En la resolución se esgrimieron los siguientes motivos para confir- mar la sentencia de la Curia:

«Alía insup€r validissima suppetit ratio pro confirmatione sen- tentiae Curiae, nimirum odium et aversio plebis: quae testimonio quamplurimorum, ha ud exoeptis parochis circunstantibus, eo perve- nit, ut fideles ecclesiam deserant cum parochus ad praedicandum aut .ad alía explenda munera parochialia accedit. Iam quoties Pa- rochi gravi de causa bonum animarum amplius non valent operari iuxta cap. X, Propter malitiam, de renunc. et Tridentini sanctio- nem in cap. 6, Sess. 21, de ref., .remótione vel suspensione eorum- dem animarum regimini consulendum esto Receptum quidem est apud S. C. C. Parochutn esse officio suo privandum propter odíum et ínimicitias parrochianorum, si eae iustae 'et ratíonabiles smb> 90.

Destaquemos ante todo el enfoque dado por la Sagrada Congrega- ción a este asunto. Considera sólo la causa del odio justo y razonable como hipótesis para la remoción. Limita, pues, su decisión a una parte. de las causas de remoción. Repite la praxis sentada en decisiones an- teriores, es decir, que existiendo una causa grave que impida al pá- rroco trabaj.ar fructuosamente con sus feligreses, este hecho dará lugar bien a la suspensión, bien a la remoción. Agrega que la privación·proce- de si las enemistades son justificadas. Con estos principios respondió:

«Sententiam esse confirmandam iuxta modum,

suspensione ad annum tantum,

et ad mentem» 91.

nempe cohíbíta

S. C. C. PREMISLIEN., 18 iun. 20 aug. 1887 92

En -esta decisión de la S. C. C. están íntimamente unidos el Derecho sustantivo y el procesaL Como al segundo se le dedica mayor impor- tancia, nos hemos visto obligados a escoger los conceptos que son úti- les para nuestro fin, que cuidaremos de organizar de manera coherente.

Los hechos fueron en síntesis los siguientes: .

«Sed híc (sacerdos N.), licet moribus castis et erudito ingenio ornatus et vigilis publicae honestatis custos, patrono tamen plurí- busque parochianis cito displicuit. Ira enim, quam in promptum ge- rit saepequeaestat, ipsum non pudet, nunc e subsellio verbis, nunc domi colaphis ac verberationibus parochianos suos, data occasíone,

90. [bid.,

pp.

664 S.

91. lbid.,

p.

665·

92. 4271.

lbid.,

n.

p.

683

ss.

affligere ac torquere: pariterque, hiante avaritia, solere ob spirituale suum minsterium, praesertim matrimoniorum et

affligere ac torquere: pariterque, hiante avaritia, solere ob spirituale suum minsterium, praesertim matrimoniorum et funerum occasio- ne, contributiones exigere aut etiam manuales -labores in suum com- modum praescribere excessivos ac saepe saepius importabiles» 93.

Por tales razones el obispo amonestó al párroco para que desem- pañara mejor su oficio. Pero, como tal amonestación cayó en el vacío y se originaron nuevas quejas, se mandó instruir proceso formal al sacerdote N. Hechas las investigaciones pertinentes, la sentencia le ordenaba la permutación de beneficio en el término de dos años y anunciaba que en caso de no observarse, se efectuaría ex officio. Ade- más se le prescribía un mes de ejercicios espirituales y:

« si

impactorum cnm.mum adhuc reus inveniretur, absque om-

ni' misericordia, paroechiali beneficio privatum iri» 94.

En la sentencia de la curia episcopal nos encontramos nuevamente ante los medios que la praxis acostumbraba en casos de odium plebis, es decir, se aconsejaba la permutación del párroco; si no bastaba, se procedía a la permutación o remoción. Estos dos casos caen bajo el ám- bito administrativo. Por último se sentenciaba la privación del bene- ficio, que caía decididamente bajo el ámbito criminal y que explícita- mente consta en dicha sentencia. El párroco aceptó la sentencia e hizo los ejercicios espirituales:

a via su a, prout asseritur, non recessit. Siquidem crude-

Hum exactionum ob stolae iura, et inhumanitatis in servum princi- pis llC in alium, quem ita percussit ut diu decumbere debuerit, ite- rum accusatus fuit» 95.

« sed

El obispo, en sentencia definitiva, lo removió de la parroquia N. y le intimó al traslado a otta parroquia entonces vacante. El sacerdote apeló al Metropolitano, quien confirmó en todas sus partes de la sentencia de primera instancia. El párroco, negándose obs- tinadamente a abandonar su parroquia, apeló entonces a la Santa Sede. En los alegatos, el párroco, a pesar de los méritos suyos, reconocidos aún por el obispo, tuvo que admitir:

«Nihilominus hac praecise de causa ob suum zelum ac religio-

93. [bid.

94.

[bid.,

[bit/

95.

p.

684.

nem, odium ' plurimorum, ac praesertim patroni, dam vinariorum incurrisse » 96. necnon quorum- Por

nem, odium ' plurimorum, ac praesertim patroni,

dam vinariorum incurrisse

»

96.

necnon quorum-

Por último, trata de lo referente al Derecho sustativo, y dice:

«Item

scitum ·est

parochum capitalibus inimicitüs implicatum,

;

die 15 octo-

licet absque eius culpa, a residentia primum dispensare solere

idemque prorsus sentit S. C. EE. et RR. in ALBEN.,

bris 1601» 97.

A modo de principto tanto doctrinal como histórico, apoyó su de- claración en las síguientes palabras:

«Forro si hisce de causis, quamvis innocente parocho, ius tamen decernit, a fortiori eadem imponi poterit, si vera ac positiva parochi culpa suppetat. In themate autem, sin minus de crudelitate eius in suum populum, de exactionibus excessivis, de furore, quo identidem

aliquem

percussit, satis constare videtur» 98 .

Así pues, el recurso de nulidad de la sentencia interpuesta por el párroco no debe ser admitido. Creemos que la resolución de la presente. controversia ha sido per- fecta y consecuente; si existe el odio del pueblo justificado, hay que proceder a la remoción del párroco. Con esto, pasamos a la última decisión de la Sagrada Congregaci6n del Concilio.

S. C. C. SPALATEN., 14 dec. 1895 99 •

., parochiale beneficium in oppido N. ·adeptus esto

Statim ac in paroeciam advenit, factiosum suum manifestavit in- genium, ut municipii negotia, prout sibi aequa et opportuna visa fuissent, ita gererentun 100.

«Sacerdos N

Hasta tres veces el obispo le amonestó,

.

más en vano, ya

.

que el

citado sacerdote continuó su actividad política con estas consecuencias:

«Hoc modo adversariorum iras contra se magis magisque acuit, unde de €O in yulgum graviores querelaedisseminabantur» 101.

96.

97.

98 .

99 ·

100.

101

[bid

lbid ., p.

p. 685.

689·

[bid ., p. 690.

[bid.,

[bid.

[bid.,

n.

p .

4297.

755 .

.

pp .

754 ss.

Por estas razones, es decir, a causa de sus intrigas en asuntos po- líticos y

Por estas razones, es decir, a causa de sus intrigas en asuntos po- líticos y de su inobservancia de la residencia, el obispo se vio obligado

a decretar la remoción económica in perpetuum y parroquia, porque:

el traslado a otra

« .in Zezevica sine pacis populi ac disciplinae ecc1esiasticae prae- iudicio manere non posset» 102.

Contra tal decreto el sacerdote apeló al Tribunal Metropolitano; pero en vano. Apeló después a la Santa Sede. Interim, el obispo, por nuevo decreto, le obligaba a renunciar a sus cargos políticos con pena de sus- pensión, si se mostraba contumaz. Nuevamente apeló a la S. C. contra tales decretos, alegando contra el primero la necesidad de instaurar juicio canónico y que se trataba de actividades políticas y civiles, mas en modo alguno religiosas. El obispo por su parte reclamó la confirmación de los decretos y con impecable juicio alega a favor del primero, es decir, acerca de la trasl,ación de la parroquia, que es ciertá que de acuerdo con la ju- risprudencia de la Sagrada Congregación y las opiniones de los doc- tores, el párroco:

beneficio privari non possit, nisi per processum canonicum

probetur, unam existere ex illis causis de iure necessariis ad pri-

vationem decernendam» 103.

« suo

pero que, sin embargo, no se trata aquí de privación sino de una re- moción:

«Verum Episcopus subsumit, se non processisse ad simplicem be- neficii parochialis privationem; bene vero, ad OECONOMICAM RE- MOTIONEM, quem modum prospiciendi ab H. S. O. improbatum fuis- se, ut in EYSTETTEN., 21 iulii, et 22 septembris 1742, item in LIM- BURGEM., 27 iunii et 19 decembris 1857» 104.

Se encuentra nuevamente la distinción entre privación como pena debida a un delito y la remoción económica como remedio. Es impor- tante destaoar la referencia hecha a dos decisiones de la misma Sagrada Congregación, pues ello nos permite afirmar la unidad de criterio que el Dicasterio tuvo en la resolución de los casos de remoción por odio del pueblo.

102.

Ibid.

!O3.

Ibid.,

p.

756.

104.

Ibid.

Hemos anotado también las variaciones accIdentales que, desde la Constitución «Quanta Ecclesiae» hasta la presente

Hemos anotado también las variaciones accIdentales que, desde la Constitución «Quanta Ecclesiae» hasta la presente decisión, sufrió la aplicación del principio «salus animarum, suprema lea;». Tales varia- ciones han sido naturales, pues el Derecho es dúctil y debe adaptarse

a todas las circunstancias de la vida, para ordenarlas eficazmente a

su último fin. Esta declaración, naturalmente, se relaciona con las siguientes fra- ses, o sea con las razones que aduce el Obispo para confirmar el se- gundo decreto, que se refiere a la orden dada al párroco a fin de que renunciase de sus cargos políticos:

«Alterum vero decretum urget Episcopus, officium ConsiliariJ municipalis theorice tanttitn esse honorificum, verum de facto 10 annorum experimentum satis ostendit illud ad factiones, odiaet inimicitias conduxisse ·cum maximo causae religionis detrimento» 105.

[nnecesario es agregar que la respuesta de la S. C. C. a la duda de

si se mantenían ambos decretos del ordinario fue afirmativa 106. Dijimos

que ambos decretos se relacionan. En efecto, en el primero se trata sin más de emplear un remedio con el objeto de mejorar una situación originada. Pero en el segundo se intenta arrancar la causa misma que ha provocado aquella situación. La S. C. C. ante causas similares empleó separada o conjuntamente los remedios para corregir tales situaciones, bien refiriéndose a la mis- ma causa, como en el caso en que el párroco mismo es en cierto sen- tido culpable, bien refiriéndose a lo causado, como en el odio injusto, inclinándose por la separación temporal del párroco (seis meses o un año), o, en su def.ecto, por la remoción llamada, económica.

c)

Decisiones de la S. C. de Propaganda Fide.

S.

C. de Prop.

Fide, 10 ian.

1757 107

Indica este decreto en primer lugar las causas razonables y canó- nicas para la remoción de párrocos, y se colocan de mayor a menor. En segundo lugar dice cuándo no cabe la traslación del párroco:

105.

¡bid.

106.

La primera respuesta fué

un

«dilata»;

Pero

meses

después,

el

25-VIl-r896

se

lespondi6 afirmativamente;

Ofr. loc. cit.,

n.

4299,

p.

758.

107. GASPARRI,

VII,

n.

4521,

p.

P~--SEREDl, l., Codicis Iuris Canonici Fontes,

59.

Romae

1935,

vol.

d) «Scribatur Episcopis (Albaniae) posse mutari parochos, ex cau- sis tamen rationabilibus et canonicis, puta

d)

«Scribatur Episcopis (Albaniae) posse mutari parochos, ex cau-

sis tamen rationabilibus et canonicis, puta persecutionis infideliUin,

odii

chianorum; non tamen intuitu privati cornmodi v-el lucri ipsorum

parochorum, quibus Episcopi consulere poterunt in casu vacantiae

ve! gravis scandali, et tandem rationis maioris utilitatis paro-

pinguioris

Resumen.

et commodioris parochiae» 108.

Parece conveniente ahora hacer un breve resumen o balance, del examen de la legislación pontificia y de las resoluciones de las Sagra- das Congregaciones que hemos visto hasta ahora 109. En todas las decisiones examinadas siempre nos hemos encontrado con que la conducta del párroco o de los feligreses, o de ambos, no tiende hacia el bien común. Estamos ante la existencia de un mal evidente, de transcendencia para las almas mismas, lo cual pide un re- medio a esta situación. La autoridad eclesiástica, pues, no puede reconocer esta situación, antes al contrario debe necesariamente tender a hacerla desaparecer; ¿cómo lo ha hecho? Desdoblemos el problema, refiriéndolo pri,mero al párroco. Cuando un párroco no cumple con las disposiciones canónicas, cuando su conducta es contraria al bien común de los feligreses, la Iglesia condena tal conducta y al infractor lo castiga, entre otrascen- suras, con la privación de la parroquia. En cuanto a los fieles, jurídi- camente no puede la Iglesia permitir una conducta contraria a la salud misma de sus almas. Entonces se necesita buscar las causas de tal si- tua:Ción nociva, encontrar la raíz del mal. Examinemos más despacio el problema que constituye la infructuosi- dad de la labor apostóHca en una parroquia. Dos parecen ser las posibili- dades: una existe por parte del párroco, cuy-a conducta no cae dentro de los presupuestos de ninguna censura, y sin embargo, es nociva; la otra, por la maldad del pueblo, sin que el párroco sea culpable. En el primer caso nos encontramos, pues, con la actitud no delictuosa, pero perjudicial, del párroco. En el segundo, la actitud del párroco puede ser hasta laudable, Pero estéril; en este último caso la Iglesia ha bus- cado un remedio en el que destaca la preferencia de la utUidad de los más frente a la de un sólo: he aquí la remoción económica de la parroquia.

108.

lbid.

También sobre el mismo tema,

véase :

A.S.S.,

vol.

l .

p.

151;

vol.

l .

220:

vol.

I ,

p.

513;

vol.

IX. p.

29;

vol.

XI. p.

143;

vol.

XXV. p. 412;

vol.

p. XXX. p .

II:

XXXVIII.

p.

27;

MONIT.

ECCL. vol.

VI.

pars l.

p.

26;

pars n.

p.

49 .

Pero es indispensable ahora afinar más el concepto de remOClOn económica. Desde luego se distingue

Pero es indispensable ahora afinar más el concepto de remOClOn

económica. Desde luego se distingue de la privación en que ésta es cen- sura y aquélla no. Por tanto, si la remoción económica no se aplica al delincuertte, ¿a quiénes se aplica y bajo qué circunstancias? Dicho en otras palabras, ¿cuáles son los presupuestos jurídicos de la remo- ción económica? Un atento examen al Corpus Iuris Canonici y legislación posterior nos indicaría varias causas, que se han considerado cómo presupuestos para la remoción a través de varios siglos: la enfermedad, el escánda-

lo, etc

Hemos visto en las resoluciones anteriores, que genel1almente la

causa del odio y de las enemistades es provocada por el carácter del

párroco. Solamente en dos decisiones (Tiburtina

injustificado. En la causa Alben. se prescribe la separación' temporal por seis me- ses, con el objeto de probar si el odio se llega a éalmar. Este procedi- miento cayó en desuso. Comprobamos también la completa uniformidad de las decisiones en cuanto a la distinción entre remoción económica y privación, por más que en varias causas (Limburgen. y Bergonen.) los párrocos trata- ron de escudarse alegando la necesidad de un proceso penal y no ad- ministrativo. Se ha visto asimismo que la existencia del odio hacia el párroco tiene una abundante gama de variaciones. Otro dato útil es que no se podía usar cualquier causa para la re- moción del párroco por odio del pueblo; tenía que ser justa y persua- siva: véase la causa Eystetten. Por último el obispo tení,aderecho a dictar el decreto de remo- ción por odium plebis, no pudiendo el párroco apelar en suspensivo. En resumen: cuando existía odio del pueblo, en cualquier fase, po- día el Ordinario del lugar dictar decreto de remoción contra el párro- co, siempre y cuando no hubiera ninguna posibilidad de arreglo y eí odio perjudicara la fructuosa labor del párroco. Tal odio podía ser jus- to o injusto, pero siempre y en todo momento se prefirió el bien de las almas al bien particular del párroco.

y Baren.) el odio era

,

y, entre ellas, el odium plebis.

7. Los autores han interpretado de distinta manera la: doctrina de

las Decretales, aún cuando estuvieron de acuerdo en que, no habiendo lugar a la privación penal del beneficio, se debía proveer a la salus animarum a través de otro medio jurídico. Por ello, aun no llamándola

así, admiten la remoción administrativa en general, y, lo que inte- resa en nuestro caso,

así, admiten la remoción administrativa en general, y, lo que inte- resa en nuestro caso, por razón del odium veZ aversio pZebis. Clara- mente explican que en caso de no existir delito, debe ser removido el beneficiado tantas cuantas veces no pueda ser ejercido con fruto el mi- nisterio parroquial, o así lo exija el bien público, y siempre por razón grave. Y todo esto aun cuando el párroco no infrinja el Derecho. Todos están de acuerdo en basar la remoción en las Decretales, ·que, como vimos, conceden al obispo el poder de trasladar de un lugar a otro el beneficiado, si viese que existe una causa suficiente. Y, concre- tamente, consideran conveniente lareinoción por odio del pueblo, cuan:" do no aprovecha el ministerio del prelado.

Veremos a

continuación algunos ejemplos.

a) El primer autor que citamos es Bellettus, que mantiene la fa-

cultad del obispo de remover o trasladar al párroco:

«Natn parochum populo exosum, ita

ut grave immineat ¡¡canda:

lum, si manebit in parochia, de qua est provisus, potest etiam invi- tum Episcopus compelIere ad pernlUtandum, vel alia via illum exin- de amovere» 110.

.

El Abad Panormitano se pregunta si puede el obispo transferir del beneficio al beneficiado que se resiste a ello. Se separa de la opinión de Juan Andrés, quien responde negativamente lll. Para refutar esta teoría, el Panormitano se apoya en el texto de las Decretales,de Urba- no III 112, según el cual se concede al obispo la facultad de transferir beneficiados de un lugar a otro, sin hacer ninguna referncia alconsen- timiento de las partes. Después habla de la privación del beneficio por odio del pueblo, que se h2ce a fin ,de servir al bien público, pero procurando antes evitar el escándalo y las persecuciones por otros medios, aunque sea por un coadjutor:

«Ad idem notabile dictum Innocentii in c. nisi, de renunc., ubi dicit quod siscandalum imminet ecclesiae propter persecutionem prelati; potest talis praelatus licite privari per superiorem, licet ipse

 

uo.

BELLETTUS.

l.

Disquisitio Clericalis.

2. a ed. • Romae

1635.

pars

I.

§

15.

 

n.

J9.

p.

88.

.

 

.

u!.

Cfr.

ANDREA,

1

In

V

Decretalium

libros

novella

commentaria.

Venetiis

1581.

L

.

.1.

tito

de elect o c.

4.

n.

4.

p.

140;

ibid .•

tito

de renunc

c.

10.

nn.

13-15.

 

p.

148 ;

BALDUS

DE

UBALDIS.

In

Decretalium volumell commentaria.

Venetiis

1595 L.

 

l.

tito

de

ren'llnc., c.

Decretalium, Romae

10,

n. 1,

II2.

X.

3.

19.

3 88

p. 97; 1470, L .

DE

l ,

SEGUSIO,

H.,

tito

de renunc

(Card.

HOSTIENSIS).

Sumnía super

48.

C. cui si renu'1lc., folio

titulis

non sit in culpa huius persecutionis. scandali; sed propter bonum publicum toleranda est talis privatio,

non sit in culpa huius persecutionis. scandali; sed propter bonum publicum toleranda est talis privatio, dato tamen illi bono cambio; Quod satis placet, si aliter non potest ecclesiae consuli, per da- tionem saltem coadiutoris,»; 113.

añade que esta privación se hará en caso de derecho de patro- nato, tanto si quieren como si no los poseedores y los electores:

y

<(. • • , velint nolint eligentes, vel habentes

»

114.

Parisius entiende que por justa causa un beneficiado puede ser obli- gado no sólo a trasladarse, sino incluso a renunciar al benefic~o;cita diez ejemplos de causa suficiente para la remoción según la opinión de los autores 115; el sexto de estos ejemplos se basa en la malicia del pueblo, «propter malitiam» 116. Más adelante recalca la misma idea:

ut ob malitiam plebis possit cogi Episcopus renunciare epis- copatui» 117.

Repitiendo, en otro lugar, la necesidad de la renuncia por la ma- licia del pueblo:

«

,

« possint

dalum» 118.

renuntiare propter

malitiam plebis ac gravem scan-

de

la misma iglesia. Y a continuación resalta que las enemistades no basta presumirlas, hay que probarlas.

Señala después

la

posibilidad

de

enemistades

entre

personas

«Quando denique, graves discordiae seu capitales inimicitiae, in- ter personas Ecclesiae existunt. Notanrlum tamen, inimicitiam (cum sit facti) non praesumi. Ideoque probandam esse» 119.

cuyas

causas incluye el odium p!ebis) y dice que es equivalente a la priva-

ción, pero -y esto es muy interesante- la distingue de ella:

De Nigris llama

abdicación oblígada

a

la remoción

(entre

1I3·

ABBAS

PANORMIl"ANUS,

Q.

c.,

L.

III,

de rer.

permut.,

c .

S,

n .

8,

p .

lIS.

 

114·

tbid.,

n.

9,

p.

lIS.

llS '

PARISlUS ,

F .,

Tractatus

de

resignatione

beneficiorum,

To!osae

1616,

t .

1,. L.

lII, q.

lB ,

n .

2,

p.

ISO.

ll6.

lbid,

n.

31,P . 151;

cfr

BARBOSA,

A.,

De lure

ecclesiastico univ erso, Lu gd'llni

1634, L.

lII, c.

15,

n.

95,

p.

Bs7.

1I7·

PARISlUS,

o .

C. ,

t.

1,

L.

V .

q.

3,

n .

122,

p.

193.

lIB .

lbid . ,

q.

4 ,

n.

B,

p.

202 .

 

1I9.

lbid ., n.

15,

p.

203.

 
« quod parochus pro evitandis scandalis, aliisque inconvenien- item si parochus sit odio- , tibus

«

quod parochus pro evitandis scandalis, aliisque inconvenien-

item si parochus sit odio-

,

tibus cogitur ad renuntiandarn ecclesiam

sus populo

,

»120.

Fagnano se pregunta si se puede excusar de su residencia al pá- rroco por razón de las enemistades, y contesta afirmativamente, si és- tas son capitales. Confirma lo dicho con lo expuesto por diversos auto- res antiguos 121. Asimismo entiende que si estas graves enemistades han nacido anteriormente a la posesión de la Iglesia por parte del párroco,

y sin culpa suy;a. el obispo, autorizará al párroco para que permanez- ca por un tiempo no superior a seis meses en un lugar vecino, advir- tiendo que durante este tiempo se hará lo posible por parte del obispo

y del Vicario para extinguir el odio. Si, después de estos seis meses,

continúan las enemistades, pueden concederse otros seis meses de pró- rroga, sin dar esperanza 'a otro tercer plazo que suele concederse úni- camente a título de excepción. Conviene recordar que los indultos per- petuos de no residencia, fueron suprimidos por el Concilio Tridentino 122:

inimicitiae sunt verisimiliter duraturae, ut consulatur cu-

rae animarum, inducendus est Parochus ad resignandum, vel per-

mutandum, et Parochus punitur sine culpa, sed non sine cau-

sa,

« ubi

»123.

El «sine culpa sed non sine causa» es una glosa 124 al c. «Tua nos» 125, en el cual se responde a una consulta de Clemente lIT, que ya vimos en el capítulo primero 126. Engel habla de la necesidad y de la utilidad de la Iglesia, como móvil para la traslación de beneficios, refiriéndose en primer lugar al trasferimiento forzoso de los obispos, y después al de otros beneficios

menores:

«lnvitus autem Episcopus regulariter transferri non debet, nISl id exigeret ingens Ecclesiae utilitas, vel necessitas, cum ius suum nemini sine culpa, aut causa publica auferendum sito Privatos tamen

120. DE

NIGRIS.

:A.,

caf'fl1'n, Romae 1741, l.

2,

Tractatus

e.

2,

n.

de vacatione

17,

p.

259.

beneficiorum

et

pensionum ecclesiasU-

121. Cfr. DE BUTRIO, A., In quinque libros Decretalium commentaYia, 1. 1, pars 1,

Pa.risiis

J 532. de Tenrune.,

C.

ad supp1.,

f.

166;

de renunc.,

e.

nisi,

nn.

18-21,

f.

165.

122. Ccmcitio Tridentino, Séss. 6,

C.

2,

de ref.;

Canones et Decreta, cit., p. 36.

123. FAGNANUS, P. CommentaYia in quinque libros Decretalium, Venetiis 1742,

l.

3,

c.

17, IlIIl.

22-31, pp. 65 s.;

Cfr.

1.

1, tito

De trans.

C.

3, nn.

59-60, p. 319.

124.

Glosa a X,

3,

6,

4.

12$.

X,

3,

6,

4.

126.

FAGNANUS, P., ¡bid., tito de renunc. C.

10, nn.

70-72, p.

340.

Clericos, qui tantam cum suis ·praebendis coniunctionem non habent · nec inter eos aliquod spirituale

Clericos, qui tantam cum suis ·praebendis coniunctionem non habent · nec inter eos aliquod spirituale Matrimoniumcontrahitur, ex fa- ciliori . causa possunt Episcopi etiam invitos de un loco in aliulU

transferre qui

exercere,

uni loco minus sunt utiles, alibi se valeant utilius

»

127.

Con este párrafo puede verse cómo se transmite incólume la doc- trina de la remoción económica a través de los autores. Lo mismo su- cede cuando trata de las cau~s de la remoción 128:

autem

íustae causae ad duo capita, scilicet utilitatis si ex traoslatione vel universali vel particulari ecclesiae maior fructus evenit: et necessi- tatis, si v. g. ex persecutione hostili, vel alia causa aliquis in pro-

pria ecclesia commorari tuto non possit» 129.

Azorius aclara oportunamente que no basta que un beneficiado sea más útil que otro para pr9ceder a la remoción. Es necesario que uno -el removido- sea inútil y el otro, en cambio, sea útil 130. VentrigHa, por su parte, afirma que en caso de beneficiado inútil se conceda un coadjutor, y si ni aún así se puede proveer a las necesida- des de la iglesia, debe ser removido el párroco, aún contra su volun- tad,a fin de que prevalezca el bien público 131 • . Leurenius 132 entiende que debe ser removido de su beneficio aquél que, aun no queriéndolo, no es útil a su iglesia, o que por razón de odio impide su propio ministerio:

«

,

translationem debet fieri ex iusta causa:

Referuntur

«Potest quis etiam invitus ac -contradicens autoritate Episcopi compelli ad permutandum suum beneficium, ubi id Ecclesiaé na- cessitas postulat, puta, quia in sua Ecclesia non proficit ob scanda- lum, persecutionem, similemve causam aut inutilis est» 133.

Según Reiffenstuel, puede el obispo remover al clérigo en caso de existir causa grave:

 

127.

E)mEL.

L .• Collegium

Universi IUl'is Canonici.

Beneventi

1760.

 

1

l.

tito

7.

n.

3.

pp.

36

S.

128.

GIRALDI.

al

hacer

referencia al odium

plebis.