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Dile no a tu hijo para proteger su vida y

no tus miedos”

La asesora pedagógica desgrana en su nuevo libro


cómo educar a los niños y jóvenes transmitiéndoles el
amor por vivir

Eva Bach es pedagoga especializada en emociones, comunicación y relaciones humanas

Raquel Quelart, Barcelona


04/12/2017

En la escuela y en el hogar los profesores y la familia ponen todos sus esfuerzos para
que los niños aprendan nuevos conocimientos. Sin embargo, a menudo se olvidan la
principal enseñanza: transmitirles alegría de vivir. “Lo esencial es que los padres y
madres estemos enamorados de la vida. Y que podamos reencontrarnos de nuevo
cuando pasamos por momentos difíciles”, asevera la asesora pedagógica Eva Bach
(Manresa, 1963).

Esta enseñanza vital es el motor que mueve la motivación y la búsqueda de la esencia


interior del ser humano, la asignatura más importante que ha impartido a lo largo de su
trayectoria profesional la terapeuta y orientadora familiar, licenciada en Ciencias de la
Educación. Bach, que dirigió hasta hace poco la Escuela de Madres y Padres del
Instituto Gestalt de Barcelona, acaba de publicar Educar para amar la vida (Plataforma
Actual), una concisa oda al amor, las relaciones paternofiliales y la enseñanza.
La pedagoga, que es autora de otros trabajos bibliográficos -como Por amor a mi
familia, La asertividad. Para gente extraordinaria y Adolescentes- imparte en la
actualidad conferencias en las que da respuestas a las preocupaciones e inquietudes de
padres, profesores y educadores sobre la manera de guiar y acompañar a niños y
adolescentes en el difícil y apasionante sendero de la vida.

- ¿Qué es lo más importante que aprendió en su etapa como maestra?

- Me di cuenta de una cosa que ha sido la principal motivación de toda mi carrera


profesional y de mi vida: los niños reflejan a través de sus problemas carencias adultas.

- Explíquese.

- Todos los niños y niñas tienen una serie de problemas inherentes a la vida y propios
del crecimiento, pero también otros que no tendrían que darse, y los sufren porque los
adultos no los sabemos acompañar ni les hacemos una transmisión adecuada.

- ¿Y a qué conclusión llegó?

- Que hay que reeducar o deseducar en algunas cosas a los adultos. Y empecé por mí
misma. Dejé la escuela y me apunté a cursos, másteres de crecimiento personal y pasé
por escuelas de psicología humanista integrativa. Desde entonces, estoy dedicada a la
educación emocional, que tiene en cuenta la interioridad, y a la comunicación
emocionalmente resonante.

- ¿Cuál es el primer consejo que da a los padres y madres?

- Si quieres que un niño no se exalte o tenga miedo ante las adversidades, sé capaz de
mantener la tranquilidad y la calma.

- ¿Qué opina de la tendencia de llevar a los hijos al psicólogo por su


comportamiento?

- Muchas veces llevar a un niño al psicólogo es una equivocación porque el problema


está en actitudes nuestras. Y también he aprendido que a los padres, al igual que a los
niños, se les ayuda mejor si no se les culpa.

- Prosiga.

- Es decir, cuando digo que muchos problemas de los niños están en las actitudes de los
adultos, nunca hago sentir culpables a los padres: les explico que estas actitudes tienen
un sentido porque son fruto de una transmisión que hemos recibido en otra época y de
gestionar la vida sin tener ningún tipo de ayuda muchas veces.

- Por tanto, usted siempre confía en los padres.

- Hay que tratar bien a los niños, pero a los padres también; tenemos que confiar en su
talento y su potencial para sacar lo mejor de sus hijos.
“Quien crece teniendo la alegría como faro la continuará buscando
cuando haya tempestades”

Eva Bach

- ¿Cómo cultivar un vínculo sano paternofilial?

- Siempre les explico a los padres que quieran a sus hijos incondicionalmente. Ya parto
de la base que la mayoría los quieren, pero otra cosa es si es un buen amor o no. Les
digo que no hagan depender su estimación de lo que hacen sus hijos o cómo son.

- Segundo…

- Les recomiendo que amen la vida, ya que muchas veces estamos desencantados con
ella; es muy importante que reparemos nuestros desencuentros con el mundo, porque si
queremos educar a los niños, ¿cómo los motivaremos si les damos a entender que esta
vida para la que los estamos preparando está llena de adversidades y fatalidades, que no
tiene nada digno de ser amado?

-…

- Por tanto, aconsejo a los padres que hagan ver a sus hijos que la vida vale la pena a
pesar de las penas; que aunque haya circunstancias que nos hacen sufrir, tendríamos que
mantener siempre la disposición, las ganas y la esperanza de recuperar la sintonía con la
alegría y con la vida. ¡Dile a tus hijos que busquen siempre la alegría de ser, de hacer,
de aprender, de crecer, de querer, de vivir!

- ¿Por qué?

- Porque quien crece teniendo la alegría como faro la continuará buscando cuando haya
tempestades, seguirá navegando de nuevo. Y otra cosa muy importante: que procuren
comunicarse de una manera que sea emocionalmente resonante, que toque por dentro,
que llegue.

- Es fácil decirlo, pero no tanto llevarlo a la práctica.

- Yo dedico mucho tiempo a buscar formas de comunicación que conmuevan porque lo


que conmueve, mueve. Y el lenguaje que realmente llega a los demás es vitalista,
generativo, transformador, motivador, bonito, por tanto, estético, ético, a veces un poco
poético. Un lenguaje que puede estar perfectamente en consonancia con un “no” y con
no tolerar determinadas cosas.

- Difícil equilibrio.

- Pero es muy eficaz el lenguaje educativo que sabe decir un “no” de manera firme,
consistente, y a la vez de una manera no agresiva. Por ejemplo, me gusta mucho decir
“esto es ‘no’ y me sabe mal tenértelo que decir y sé que te disgusta, pero sigue siendo
‘no’ porque me parece que no puede ser”, y añadir: “Y si me equivoco, rectificaré”.

- Continúe.
- “Y te digo un ‘no’ rotundo no para cuartar tu libertad, sino para ayudarte a usarla
mejor, para que puedas desplegar las alas con más garantías, seguridad y conocimiento;
es un ‘no’ para proteger tu vida.

La autora es cofundadora del Observatorio de la Comunicación Educativa (E+)

- ¿Alguna cosa que haya que tener en cuenta a la hora de aplicarlo?

- Aquí hace mucha falta que la mayor parte de las veces el “no” sea para proteger la
vida del niño y no para proteger los miedos del adulto. No todos los “no” pueden ser por
este motivo porque perderíamos autoridad.

- ¿Conceder con demora los deseos del niño es positivo o negativo?

- Decir “sí, pero te tienes que esperar” es muy necesario porque es uno de los problemas
que tenemos: la inmediatez, a la que la sociedad del consumo nos empuja. Se ha visto
que la capacidad de demorar los deseos y las necesidades nos hace ser más resilientes,
personas con más fortaleza interior, más sociales, empáticas, que piensan más en los
otros.

- Pero…

- No se puede mentir por sistema a un niño para que calle diciéndole “sí, pero luego que
nunca llegue el sí”. Es mejor decir “esto es innegociable” o “será siempre no y cuando
estés más tranquilo, te lo explicaré, y si quieres y me puedes escuchar, te lo explico
ahora”.
- ¿Y?

- Es muy importante argumentar un “no” con una sola razón, pero poderosa, que
tenemos que calibrar en cada momento. A veces puede ser simplemente que estemos
cansados o no nos apetece. ¡Los padres también tenemos derecho a descansar; tenemos
necesidades!

- Otro consejo.

- Poner límites sin imponerlos, porque de esta forma ellos aprenden a adoptar actitudes
saludables con la sensación de disfrutar de un margen de autonomía. Por ejemplo,
dejándolos escoger entre dos opciones.

“Hay familias que han quedado rotas de dolor y no han podido volverse a
conectar con la alegría”

Eva Bach

- Uste defiende que los padres deben tener un espacio para sus inquietudes y ocio.

- Una de las cosas que siempre les digo es que se cuiden mucho y tengan mucho
cuidado de su bienestar, que tengan ilusiones y proyectos de vida más allá de los hijos,
porque si todo gira alrededor de ellos, les ponemos una presión enorme. Además,
también salva a los padres cuando sus hijos se van de casa o no hacen lo que querrían
que hiciesen.

- ¿Cómo conectar con nuestro interior?

- A través de los espacios de calma, del silencio, del diálogo interior; cada uno lo pueda
hacer como quiera: con una lectura, escuchando música, paseando por la naturaleza, con
una conversación tranquila sin móvil o haciendo meditación. Y hay que enseñar a los
niños a tener estos espacios, y esto quiere decir dejar de hacer cosas que no tiene ningún
sentido que hagamos y que no son importantes ni urgentes.

- Y que no nos apetece hacer.

- Pensar que nos tenemos que morir nos ayuda mucho a ver qué es importante y qué no,
nos da rápidamente una gran lucidez. Hay cosas que todos tenemos que hacer porque
estamos obligados a hacerlas, pero hay otras que sólo las hacemos por quedar bien, por
si acaso o para no sufrir consecuencias.

- ¿Lo ha puesto en práctica?

-Sí, con cosas que no son obligatorias. A menudo me pregunto: “Si hoy fuera el último
día de mi vida, ¿me gustaría que lo último que hubiera hecho fuera esto y con estas
personas? Y si la respuesta es no, no lo hago y siento una felicidad extraordinaria.

-¿Qué otra conexión vital nos lleva a la alegría?


- Lo más importante de la alegría es contagiarla. Quien tiene una actitud de alegría de
vivir deja el mundo un poco mejor allí donde pasa, y deja alegría en el corazón de las
personas con quienes comparte momentos.

- ¿Y si somos incapaces de sentir alegría?

- Entonces, hay que preguntarse dónde quedó interceptada, porque a veces se ha perdido
en etapas anteriores de la vida personal, pero otras veces porque nuestra familia no nos
ha hecho una transmisión de alegría. Hay familias que han sufrido situaciones difíciles
que han reconducido nuevamente y se han convertido en resilientes, y otras que han
quedado rotas de dolor y ya no han podido volver a conectarse con esta emoción.

- Y en este caso, ¿qué otra pregunta debemos hacernos?

- ¿Qué puedo hacer y cómo lo puedo hacer para volver a conectarme con la alegría?
Siempre digo que quizás una de las cosas más profundas para recuperarla es hacerlo en
honor a aquellos que la perdieron o nunca la tuvieron. Y la segunda razón: para
transmitírsela a nuestros hijos y enseñarles a que la guarden como un tesoro.

“Los padres deben tener ilusiones y proyectos más allá de sus hijos”