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La Alemania nazi y las actitudes políticas

Dos investigaciones sobre la Alemania nazi sirven para contrastar el valor y los límites de las
interpretaciones sobre el origen de las actitudes políticas. a) La personalidad autoritaria. La
investigación de Theodor Adorno y sus colaboradores sobre la personalidad autoritaria adopta
la primera de las explicaciones anteriores. La pregunta inicial de la investigación podría
resumirse de este modo: ¿por qué la profunda crisis económica que experimentó Alemania en
la década de los años veinte del siglo xx no condujo a un movimiento revolucionario como el
de la URSS?, ¿por qué una buena parte de la ciudadanía dio su apoyo al régimen totalitario
conservador que lideró Adolf Hitler? La respuesta de la investigación es que la personalidad
autoritaria de muchos alemanes favoreció la salida nazi a la crisis. Esta personalidad se formó a
partir de una experiencia infantil dominada por una educación muy rígida y una autoridad
paterna excesiva. El efecto para la personalidad de estos individuos sería doble. Por una parte,
la incomodidad ante la existencia de grupos diferentes del propio, generando actitudes de
antisemitismo, racismo e intolerancia. Por otra parte, la conversión de la dependencia familiar
en una adhesión irracional hacia líderes políticos, religiosos o de otro tipo. Con ello se
fomentaba la formación de orientaciones de sumisión al poder, favorables a las prácticas
autoritarias. Para elaborar esta tesis se tomó pie en los resultados de varias encuestas
realizadas en Estados Unidos en los años cuarenta y en el análisis psicológico de entrevistas
personales (Adorno, T, etal., 1950, The Authoritarian Personality, Nueva York). b) Los verdugos
voluntarios. En 1996, el historiador norteamericano Daniel Goldhagen se planteó también —
desde otro ángulo— la reacción alemana ante uno de los aspectos más dramáticos de la
política nazi. Goldhagen se preguntaba por qué un gran número de ciudadanos alemanes
corrientes —sin instrucción política especial ni fanatismo partidista— se prestaron, no sólo a
tolerar, sino a intervenir activamente en las persecuciones antisemitas de la época nazi:
primero, en la privación a los judíos de todos sus derechos, y, luego, en su liquidación física.
Tras examinar las biografías de miembros de los batallones que participaron directamente en
el exterminio de la población judía y las declaraciones prestadas por ellos en los procesos a
que fueron sometidos después de la guerra, Goldhagen no encontró ningún rasgo anómalo:
correspondían a ciudadanos con diversidad de profesiones, relaciones familiares estables e
ideas políticas poco acusadas. El autor avanza entonces una explicación de origen social y no
individual: los hechos analizados se explicarían por la existencia de una actitud antisemita
general en la cultura hegemónica alemana, elaborada históricamente y transmitida por las
estructuras sociales: iglesias, universidades, sindicatos, asociaciones de toda clase, medios de
comunicación, etc. Asumida sin problemas por una gran mayoría de la ciudadanía —que ni
siquiera habían tenido relación directa con la minoría judía— , esta predisposición facilitó el
desarrollo de la aberrante política de exterminio decretada por el régimen nazi: salvo contadas
excepciones, no produjo reacciones de rechazo y fue acogida complacientemente por casi toda
la población, una parte de cuyos miembros se prestó además a actuar como «verdugos
voluntarios» al servicio de Hitler sin plantearse reservas políticas ni dudas morales (Goldhagen,
D. J., 1997, Los verdugos voluntarios de Hitler, Madrid). ¿En qué medida parecen convincentes
estas dos explicaciones? ¿Puede sugerir una línea altemativa de interpretación? 262 LA
POLÍTICA COMO PROCESO: ( 1) EL CONTEXTO CULTURAL Se plantea también la cuestión de
hasta qué punto puede decirse que las actitudes políticas de un sujeto están organizadas con
un cierto orden o sistema. Se ha podido comprobar, por ejemplo, que en un mismo individuo
suelen darse a la vez actitudes de respeto hacia el orden económico establecido, adhesión al
esquema familiar patriarcal y valoración extrema de la seguridad. También ha sido frecuente
identifícar en algunos sujetos un esquema de actitudes que combina valoración de la igualdad,
tolerancia ante formas más libres de relación familiar y exigencia de intervención
redistribución de la riqueza. estatal en la • gEasntoiz nao l assi gancitfiitcuad qeus ed ee suten
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lcatsit cuodnetsr.a Rdiecfcoiroznaensd doe a llogsu snuajse dtoes e yl ldaes clao inn
aersgtaubmileidnatods d ye eamlgoucniaosnes se aspira a producir un cambio en la
orientación general del sujeto. LAS ACTITUDES Y LAS CULTURAS POLÍTICAS 263 Hay que incluir
aquí tanto las campañas electorales que tar el voto a favor de determinada opción partidaria,
com poe rlsaisg ucaemn opraiñeansva iafal voo dre d aepl oayhoo arr loa dseo
lrideacruirdsaods ceonne reglé tteicrcoesr, mdeu nfodmo.ento de la seguridad 264 LA
POLÍTICA COMO PROCESO: ( 1 ) EL CONTEXTO CULTURAL Culturas políticas: compartir un
mismo sistema de actitudes En cada individuo puede llegar a identificarse un determinado
sistema de actitudes o predisposiciones. Pero es fácil comprobar que —en sus rasgos básicos—
este sistema suele ser compartido por varios sujetos. Se señala, por ejemplo, que los jóvenes
participan a menudo de un sistema de actidtued leoss qtruaeb laejsa ddiosrteinsg iuned udset
rloiasl easd ucoltno sr eos dpee clotos aa nlocsia angorsi.c uLlot omreiss.m Oo dsee alofsir
hmaabitantes de un determinado territorio con referencia a la población de otro. qLuae c
suilgtuurean puonlaít imcais ems,a p poaru tatan tdoe, oelr iaetnritabcuitoon dees uon a
ccotintujudnetso a dnete c liau dpaodlíatincoas. aPuotro reijdeamdp, leon, scuo
iinnccildineanc ieónn sau c upmospicliiró cno nd esfuesr eonbtleig oac rioenspees tlueogsaale
sa,n etne slua cseianrtsied op adrea l ac otonlseergaunicr ioab fjreetnivteo sa cloosm
duinsecsre, peatcn.t eOs,, peonr seul cdoisnptorasricioió, np aar atiscoiepsaqnu divea ur nsau
sa dcteibtuedre rse lteigceanletse, fdree nsute i an tlraasn isnigsteintucciiao fnreesn,t ed ea
ulansa m teinnodreínacsi, ad ea duens i nsed idviisdtruiabluisyme od ed elas cmonisfmiaad
ofo, remtca. Aesnít rpeu eloss, cinudainvdidou uonsa d see urine gdreu apcot
idtuecteormmpinaartdeo u —naé tmniicsom, ar ecluigltiousroa ,p soolcítiiacla, .etc.— se
afirma que dicho colectivo La cultura política según Almond y Verba El concepto de cultura
política fue puesto en circulación por Gabriel Almond y Sidney Verba, autores de La cultura
cívica (ed. española, 1970). En dicha obra daban la siguiente definición del concepto: «La
cultura política de una nación consiste en la particular distribución de las pautas de orientación
hacia objetos políticos entre los miembros de esta nación.» lLaass q ourei evnimtaociso
annetse roi oarcmtietundtee:s c qougen isteiv caos,m abfeinctainva esn, euvnaalu
cautilvtuasra e pinotleítniccaio snoanlceiso. n Saul ys soubsj ectooms dpeo nreenfeteresn,
claisa dbiáfseircean tseosn f oerl mpraosp dieo isnitsetrevmena cpioólní t—icoo
ainpsotrittuacsiisotneems ae yn, flain faalsme einntpeu, te—l v, alloosr rqeuseu lstea datorsib
ou yreen ad liam pieonsitcoisó n— q^uloes oelu ptproupt—io dsuelj ¿eCtoó my loo se sd
epmosáisb laec troarsetsre oacru lpaa enx eisnt eenl cpirao cdees uo npao lmítiicsom (ac fcr.u
IlVtu. 1ra7) .política en una determinada comunidad? A partir de los datos obtenidos en
encuestas por muestreo se perfilan las actitudes individuales Aparecen en ocasiones pautas o
combinaciones actitu ddien laolse se nqcuuee sseta rdeopsi.etesnta cdoísnt ifcia-
emceunentec—ia elan qeul es ennoos ddeal ag reunpteon. dEesr elast ap rreespeentciciaió
dne —unreag cisutlrtaudraa tpeo dlíeti caac.t iOtu, dloe sq, uqeu ees tlioe nmdies ma oo,r
ilean ptraers leansc ciao nddeu ucnta cso dneju lnotso m pireemdobmroisn adnelctioclae cot
iav om eann utennae rmseis aml am dairrgececni ódne: eplloar, eaj epmarptlioc,i paa irn etenr
elassa reslee cpcoiro nlae sp ool íaacebnstceinase rlsae p, rae smenilciitaa rd een i
nomrgiagnraiznatecsio on eas r eoa ac ciinohniabri rasnet,e a e lalcoes pctoanr rseinc erleot
iocEonn ehl omstailnidejaod ,d eetlc .concepto de cultura política es importante evitar dos
ccoonncñeispitoon dees cfruelctuurean tpeosl. ítEicna pnroi meqeuri vlualgea ra cuonnav
mieanye otre on emr ecnlaorro a cquume uel claacsiaó nin dfeo rcmonacoicóinm ipeonltíotisc
as opborsee lean p soulí tpicroa:p itaa mcublitéunr alo ps ocloítlieccat,i vboass caodna
eesnuNnoa h saeyr,i ep udees ,a ccotilteucdtievso sc ocmonu n«ems áys »n oo e«nm elan
oasc»u mcuulltaucriaó pno dlíet icearu, dpiuceiósnto. eqsu es iceamdpar ec oulenc taitvroib
puotose ceo llae cstuivyoa . qEune sceogrruensdpoo nludgea ra, ulan cgurlutpuora, npoo laít
iucna einnd icvuiadnutoo. pEel ritnednievcied uaol mpaisrtmicoi:p ae nd ec ilear tcou
lmtuordao p, oellí tiincdai vdied udoic hnoo gprouspeoe gurnuap ocu dletul rqau ep
ofloírtimcaa, psairntoe .que «es poseído» por la cultura política del LAS ACTITUDES Y LAS
CULTURAS POLÍTICAS 265 Corrupción política Un actitud más o menos tolerante ante la
corrupción diferencia la cultura política de unas sociedades respecto de otras. Se entiende por
corrupción la utilización de recursos públicos —capacidad de decisión, disposición de medios
económicos o personales, información reservada— para obtener un provecho para la propia
persona, parientes, amigos o correligionarios. Son ejemplos de con-upción exigir pagos para
dictar sentencias o resoluciones favorables, para acelerar trámites o para conceder
subvenciones. Lo es también reclamar comisiones para contratar obra pública o para adjudicar
concesiones administrativas. En otro nivel de gravedad se sitúa el abuso de los medios públicos
en beneficio personal o de sus allegados, cargando al presupuesto gastos privados (viajes,
vacaciones, consumo suntuario, etc.). La generalización de prácticas corruptas se ha
convertido a veces en un rasgo característico de la cultura política de algunos países,
impidiendo su modernización socioeconómica y su desan-ollo político. Para combatir esta
disfunción, se ha puesto en marcha un sistema de control exterior que establece
periódicamente una clasificación de países con arreglo a un índice de cornjpción.
(www.transparency.org) Culturas y subculturas: ¿de dónde proceden? Decimos, pues, que la
cultura política se atribuye un sujeto individual. Pero ¿de qué tipo de colectivo se atr uatna ?c
oCleucatnivdoo ys en oin atrodujo por primera vez la noción de cultura política, el colectivo de
referencia era la comunidad política en su sentido más amplio: se hablaba de la cultura política
de la sociedad británica, de la sociedad norteamericana o de la sociedad italiana. • cAah
ocroan b liae ne,x epsetrai eantrciibau dcieó nq udee claa dcau lstuocraie pdoaldí tipcrae sael
nctoan juunnat ov saoriceidala dc hdoeqguruep soes c coonnt rsaipstoenmenas e dnet raec
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utacrceiaó nd ed el acsu altguernacsi ya ss udbe csuolctuiarlaisz apcoilóínti c—asc fnro. IeVs.
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bcoorccoosrr edsef )monadsaes a, llaas e sigclueesliaa,s loy so mrgeadniiozsa cdieo cnoems
ruenliicgaiocsióasn,, llooss spianrdtiidcaotso ps,o leíttci.hHoomy, oag epnrienizcaiprsioes,
hdaesl tasi gell op uxnxit,o l dase qsoucei esed ahdaens doecscdiidbeunjtaadleos l ohsa fnu
etertnedsi dcoon astoinrngousla drees ladse ssuub ucnuilvtuerrasos qpuoelí tpicooc.o sD ea
ñmosa naetrráas p earraanle clao nsesi dhearna ddaesb ipliiteazdaos lqouse m
coercraensipsomnodse nd ea lt rezsitnasdmoi —sióens cau eqluae— h ye ma olass
aglruadniddeos, oersgpaenciizaalmcieonntees ldoes dmoa smaus c—hap amrtaidyoosr,
isnifnlduiecnactioas ,— ig^ljuensitaos c oofnic aialgleusn—as. Eonrg caanmizbaicoi,o hneasn
vaodlquunitraivrieahsi— cu lloasr umne mdioods od de ec voimdau —nicinaccliuóind od eu nm
masoadso y d dee v didiva eprosilóítnic, ac—ap aa cterasv dées cdoe nlsai draedraioci, ólna
pteolre vlaissi ófrno, netle rcaisn et,e rlrai tmorúiasilceas ,o l ad ep outbrloic tiidpaod. o
Internet, sin • Efesnteó mpreoncoess soo dceiaslmesi eqnutee sloan i,n emstuátna
bsuiljiedtaads ad em loads ifciuclatcuiróans. pLoalsí tiincaflsu: ecnocmiaos de la tecnología, de
la estructura productiva o de la misma acción de las ignusntiotsu ceiloenmeesn ptoosl
íetisceansc aiaclaebs adne aelsttear apnaduota — dea amcteidtuiod eos .a D laer egsot ep
mlazood—o, laalsac ulolt ularragso p doelí tloicsa asñ eoxsp peerirmmeitnetna nr
etgraisntsrfaorrmaciones que análisis repetidos 266 LA POLÍTICA COMO PROCESO: ( 1) EL
CONTEXTO CULTURAL Culturas políticas y sistemas políticos ¿Qué aporta la noción de cultura
política? Una de las preguntas clásicas de la ciencia política se refiere a las razones que pueden
explicar la consistencia o la fi-agilidad de un sistema político. Su funcionamiento más o menos
efectivo puede atribuirse al diseño correcto de las instituciones que lo configuran. Pero la
historia revela que idénticas instituciones no han proporcionado el mismo rendimiento: la
exportación de determinados modelos se ha saldado a menudo en grandes fracasos. ¿Cómo
explicar esta diversidad de resultado? • La cultura política nos suministra una clave
interpretativa: sistema de actitudes políticas predominante en cada soci esdeagdú nv asreiaa
reál celu lrteunrdaliemsi ednotmo idnea nutens msoisnm laos cquuaed roor ieinnsttaintu claio
cnoanl.d uPcotraq udee leosst aasc tpoaruetsa ys lteies nidnednu clean p ao lríetiaccac iyo
dnea rc dóem uon sme osditoú ayn n oa ndtee oetlrloa., eLna fcuunlctuiórna dpeo lcíótimcao
neonsateyrumdian, apduaess ,s ait upaecnieotnraers ,p poor rq quué éd ieclhaobso raacnto
dreifse creonntveise rptreonp eune sctoansf ldiec tsoo dluecióCn, u apnodro q eusét aa
cduolptutarna peostlrítaitceag idaosm dien acnotnef rsoe natjaucsitóan a ola ds en
eccoenssiednasdoe,s edtce.l csihsote smisate imnsat.i tPuociro enla clo, nsetr aarsieog,u sria n
eon h maya ycoorn mgreudeindcai al ae ncotrnet icnuulitduarad pdoel ídtiiAcas íy, psoisrt
eemjema pinlost, iltau ceisotnabalil isdea dda dreá nu nsi tsuisatceimonae dse dmeo
icnreásttiacboi elisd madá sc rpórnoibcaa.sbalelt aalnl í ldaso nadceti tpurdeedso mcairnaac
utenraiz caudlatsu rpao crí vlaic ain oc lpinaartciicóinp aati vina,t eernv elan iqr ueen r
eelcpiróonc. e Psoo rp eoll íctoicnot rianrsioti,t uaclliío dnoanl dye ae sctoan cfuialrtu erna claív
eicfiac aecstiáa pdoec eos etax tienntedrivdean oetesn idnreáxni spteonctaes, pirnocbluasboil
ildaasd ienss dtietu ccoionsnoelsi ddaersmeo. cErná toictraoss mcoenjoterx dtoisse, ñlaa
dcaosemxaisnteenntcei ac odnef droivnetarscaisó ns usbi ecsutlatsu rcausl tpuuraesd elu
dcahra nlu pgoarr cao snistuegacuiior nlae sh edgee pmeornuínaa. sUunb ceujelmtupralo t
rdaed iccoionnfraol ndtea cciaórná cstee rd alo ecnal issotac iye draedliegsi odsoan cdoen
cuoneax issutebncduolmtuirnaa nmteosd. eEmni zcaadmobriao y, elani cpaa í(sTeus
rdqouníad, eA lragse sliuab) cquuletu pruasg nsea nr eppoarr theanc eármsembiátoss, lpar
polpuiroasl iddea dp rdeed coumltiunriaos y p nuoed aes pseirra unn a f ainctvoard dire eels
táambibliidtoa dd.e las de• Atu reas tep orelístpiceac tqou, ea lgcoumnopsa ertsetund liaoss
ehlaitne ss edñea lcaaddoa lac oimmupnoirdtaandc. iaD desed lea ecsutlacpreeresnpceicatsiv,
av aselo hreas h ye cehmo oncoiotanre lsa qduifee rceonncsitait uexyies tlean tceu eltnutrrae
pelo clíotincjau ndtoom dienpaondteer dine sutintuac sioonciaeld: apdo lyí teicl oqsu ep
rcoafreasciotenrailzeas ,a fluan mciionnoarríiao sm, áisn tperlóecxtiumaale as,l
cdoirmigpernuteesb ae cqouneó emni caolgs,u nsoosc ipaaleíss eos lrae loigpiionsioósn, deetc
e. sAtas íe, lipteo rr eesjpemecptolo ,a slae pena de muerte —rechazándola— o a la libertad de
expresión —defen