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Formas de hacer historia

PETER BURKE
Historia desde abajo
JIM SHARPE
Madrid, Alianza Universidad, 1994
(pp. 38-58)

Informe de lectura de Bernarda Benitez Reimers


Tercer parcial de Taller de Comprensión y Producción de Discursos

James A. Sharpe es un profesor emérito de Temprana Edad Moderna en la Universidad


de York. Es especialista en brujería, en crimen y castigo, y sobre Inglaterra durante la
temprana edad moderna. Asistió a la universidad de Oxford, en donde se recibió como
licenciado en artes y doctor en filosofía. Se unió a la Universidad de York como
conferencista en 1973 y se convirtió en profesor en 1997, retirándose en 2016.

El texto “Historia desde abajo” pertenece al campo de la historiografía y, más


específicamente, al del movimiento surgido durante la Nouvelle histoire denominado
“Historia desde abajo” cuya premisa consiste en invertir la historia, mover su eje hacia
aquellas personas cuya voz ha quedado acallada bajo la de los grandes hombres (que
siempre han sido el centro de interés de la historia tradicional). En otras palabras, se busca
centrar la atención en aquellos que parecería que han sido “olvidados”: las mujeres, los
niños, los ancianos, los pobres, los locos, los criminales, los brujos, etc. El objetivo de
este ensayo en particular es revisar algunas publicaciones que el autor considera claves
en este campo, con el fin de explorar las problemáticas y posibilidades inherentes a la
escritura de este tipo de historia.

El capítulo inicia con la presentación de un caso concreto: el del soldado Wheeler. A


partir de este personaje histórico se introduce la noción de “historia desde abajo”,
desarrollada a través las perspectivas y problemáticas que considera el autor. Desde este
punto de partida se procede a hacer un relevamiento de otras investigaciones, con el
objetivo de ilustrar los problemas teóricos y metodológicos que se presentan al hacer este
tipo de historia. Finalmente, Sharpe concluye con la exposición de su propio punto de
vista sobre el tema.

El autor toma como principal referente teórico a Edward Thompson, a quien no


solamente reconoce el haber introducido el término “Historia desde abajo” en la jerga
común de los historiadores, sino también el haber valorado a la misma como necesaria (a
pesar de las dificultades que supone su reconstrucción). También se remarca la
contribución de la tradición marxista a este tipo de historia, aunque algunos aspectos de
esta perspectiva sean criticados. Otros autores que son considerados como exponentes del
movimiento y elogiados por sus enfoques y el uso original que hacen de sus fuentes son
Emmanuel Le Roy Laddurie (Montaillou) y Carlo Ginzburg (Le fromaggie i vermi).

Uno de los aspectos centrales de este ensayo son las dificultades implicadas en el proceso
de hacer la historia desde abajo. La primer problemática planteada es la de las pruebas.

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Tercer parcial de Taller de Comprensión y Producción de Discursos

En primer lugar, se expone el hecho de que cuanto más se remonta uno en el pasado, más
se reduce el número de fuentes disponibles sobre aquellas personas que casi no han dejado
huella. También se menciona la cuestión respecto a quienes debe incluir, exactamente,
este tipo de historia, al ser el concepto de “abajo” demasiado amplio. Respecto a este
punto se critica a los historiadores marxistas, a quienes se acusa de considerar que “el
interés por la historia de la gente corriente se desarrolló al crecer el movimiento de los
trabajadores” (Eric Hobsbawm), es decir, de restringir el campo únicamente a los
movimientos de la clase obrera, y, por lo tanto, a una época en particular. Este es otro de
los planteamientos que hace Sharpe, al estimar que “los lectores del primer ensayo de
Thompson y de la última aportación de Hobsbawm podrían quedarse con la impresión
que (…) la historia desde abajo solo puede escribirse para períodos posteriores a la
Revolución francesa”. Si bien Hobsbawm propone la abundancia de documentación que
surge a partir de ese período como causa de esta tendencia, el autor “Historia desde abajo”
opina que los historiadores deben sobreponerse a estas dificultades haciendo uso de
fuentes no convencionales como los testimonios indirectos (testimonios que no fueron
creados con el fin para el que son utilizados). Respecto a esta proposición pone de ejemplo
a Emmanuel le Roy Ladurie con su obra Montaillou, (en la cual usa como fuente actas
inquisitoriales) y a Carlo Ginzburg, quien utiliza una única fuente muy rica: la
documentación que trata sobre el caso de Domenico Scandella (Menocchio), un individuo
muy particular pero que, en su atipicidad, logra ilustrar los problemas de una época. La
última de las dificultades de esta nueva corriente social considerada en el capítulo es la
de ampliar la audiencia de la misma fuera del mundo académico. Se cita a Thompson y a
Cannadine para ilustrar esta aspiración que, según Sharpe, ha tenido éxito.

El autor presenta también la cuestión fundamental sobre si la historia desde abajo es un


enfoque de la historia o un tipo diferenciado de la misma, y concluye en que ambas
posiciones son posibles. En cuanto a enfoque, esta corriente historiográfica denuncia y
enriquece los temas de la historia tradicional (y por lo tanto la historia). Sin embargo,
algunas características como sus temas, sus fuentes o la orientación política de quienes la
practican podrían constituirla como tipo de historia diferente. De cualquier manera, el
autor postula que la historia desde abajo debe contextualizarse para ser efectiva, o en sus
propias palabras: “la historia de la gente corriente no puede divorciarse de la
consideración más amplia de la estructura y el poder social”.

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Tercer parcial de Taller de Comprensión y Producción de Discursos

Sharpe comienza a elaborar una conclusión mediante el reconocimiento a los


historiadores que se han sentido atraídos por este proyecto. Reitera sobre los aportes
significativos de ciertos autores como Thompson, Ginzburg y Ladurie debido a su
imaginación histórica. Sin embargo, aclara que el significado de la historia desde abajo
va más allá de los historiadores que la escriben debido a que constituye el medio para
restituir a ciertos grupos sociales su historia “perdida” o, al menos, no reconocida. Del
mismo modo que en todos los otros tipos de historia, una de las funciones de este
movimiento particular consiste en proporcionar un sentimiento de identidad o de
pertenencia que, en este caso, va dirigido hacia aquellos cuyas identidades fueron
borradas tradicionalmente por la historia. Como resultado, esta nueva corriente
historiográfica ha provocado el reconocimiento de los miembros de las clases inferiores
como agentes cuyas acciones afectaron al mundo en que vivieron, y como no un mero
“problema” de los sectores dominantes.

El ensayo concluye con un lamento y una reflexión. El autor observa que, penosamente,
la historia desde abajo ha tenido poca repercusión en la corriente tradicional de la historia,
y, por lo tanto, poco efecto sobre los historiadores partidarios de la misma. A partir de
esta apreciación, Sharpe sostiene que esta forma de pensar la historia debe “salir del
gueto” y “ser utilizada para criticar, definir y robustecer la corriente principal de la
historia”. De este modo, la historia desde abajo desbordará su función identitaria y
corregirá a la historia, enriqueciéndola.