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Carlos Mesters oc

La lectura fiel de la Biblia


De acuerdo con la Tradición
y el Magisterio de la Iglesia

Contenido:

Introducción: Interpretación y fidelidad

1. Creer que la Biblia es Palabra de Dios

2. Es palabra de Dios en lenguaje humano

3. Dios se revela a sí mismo en su Palabra

4. Jesús es la clave principal de la Sagrada Escritura

5. Aceptar la lista completa de los libros inspirados

6. La Biblia es el libro de la Iglesia

7. Tener en cuenta los criterios de la Fe

8. Tener en cuenta los criterios de la realidad


9. Lectura orante de la Biblia

10. Toda la exégesis debe estar al servicio de la evangelización

Introducción: Interpretación y fidelidad

Interpretar es posibilitar la comunión entre dos personas que quieren dialogar. Es lograr que la palabra de una
persona, sea traducida a la lengua de la otra. Por eso, el intérprete debe ser fiel a las dos personas que quieren dialogar:
a la Palabra de la Biblia a través de la cual Dios nos habla y al pueblo que escucha hoy la palabra de Dios con la ayuda
de la Biblia. "Entre estas dos fidelidades, la fidelidad al Verbo Encarnado y la fidelidad al hombre de hoy, no puede y
no debe existir ninguna contradicción" (Pablo VI, Alocución a los profesores de Sagrada Escritura, sobre la Obra de la
Iglesia para la interpretación de la Palabra de Dios, Septiembre 25 de 1970).

La fidelidad a la Iglesia, a la Tradición y al Magisterio es tan importante para la interpretación de la Biblia como
la raíz para el árbol. Sin ella, el árbol muere. Pero la raíz debe estar debajo de la tierra. No aparece, ¡y no debe
aparecer! Es como la respiración. Sin ella, la persona muere. Sin embargo, no es bueno ni recomendable, en cada
respiración decir "estoy respirando". No es por el hecho de que el intérprete cite o no cite la tradición o el Magisterio,
por lo que su interpretación es fiel o infiel. Lo importante no es citar, sino obedecer (ver Mt 21,28-32).

Lo que aquí vamos a exponer son cosas muy sencillas. Son normas hermenéuticas de la lectura cristiana de la
Biblia, que vienen de la Tradición y del Magisterio y que, convergen en la Constitución Dei Verbum. El hecho de que
sean exactamente diez normas, tiene solamente una finalidad didáctica: Facilita la memorización y ayuda a la
asimilación.

1. Creer que la Biblia es Palabra de Dios

Esta fe es el punto de partida para todo. Es la puerta de entrada. Sin ella, el pueblo ya no tendría ningún interés
por la Biblia. La Biblia es Palabra de Dios porque fue inspirada por Dios (ver 2Tim 3,16). Dios es su autor, como nos lo
afirma el Concilio Vaticano II, en su Constitución Dei Verbum (n° 11).

Por ser Palabra de Dios, la Biblia tiene autoridad. Junto con la Tradición, ella es para la Iglesia, la suprema regla
de su fe (Dei Verbum, 21). La Palabra de Dios está en la raíz de la Iglesia. La Iglesia, la comunidad, depende de ella,
como el agua de su fuente. "El oficio de interpretar auténticamente la Palabra de Dios, oral o escrita, ha sido
encomendado únicamente al Magisterio de la Iglesia, el cual lo ejercita en nombre de Jesucristo. Pero el Magisterio no
está por encima de la Palabra de Dios, sino a su servicio" (Dei Verbum, 10); debe escucharla y guardarla para poder
exponerla fielmente.

Por ser Palabra de Dios, la Biblia nos transmite "fielmente y sin error la verdad que Dios hizo consignar en
dichos libros para nuestra salvación" (Dei Verbum, 11). Por eso, la Iglesia, la comunidad, busca en ella una luz para
iluminar los pasos del Pueblo de Dios en el camino de la salvación y de la liberación, pues la Palabra de Dios no está
solamente en la Biblia. Dios habla también a través de la vida, de la naturaleza, de la historia. "Dios, creando y
conservando el universo por su palabra (ver Jn 1,3), ofrece a los hombres en la creación un testimonio perenne de sí
mismo (ver Rom 11,14-20); queriendo además abrir el camino de la salvación sobrenatural, se reveló desde el principio
a nuestros primeros padres. Después de su caída, los levantó a la esperanza de la salvación (ver Gén 3,15) con la
promesa de la redención; después cuidó continuamente del género humano, para dar vida eterna a todos los que buscan
la Salvación con la perseverancia en las buenas obras (ver Rom 2, 6-7)" (Dei Verbum, 3).
Por ser Palabra de Dios, la Biblia tiene una fuerza poderosa para realizar lo que transmite. "Y es tan grande el
poder y la fuerza de la Palabra de Dios, que constituye sustento y vigor de la Iglesia, firmeza de fe para sus hijos,
alimento del alma, fuente límpida y perenne de vida espiritual" (Dei Verbum, 21). Y esto está sucediendo hoy, sobre
todo en las comunidades cristianas de los pobres. Por ser Palabra de Dios, inspirada por Dios, la Biblia cuando "es
leída e interpretada en aquel mismo Espíritu en que fue escrita" (Dei Verbum, 12), comunica el Espíritu a los que la
leen con fe.

Por ser Palabra de Dios, inspirada por Dios, en cuanto es "leída e interpretada en el mismo Espíritu en que fue
escrita" (Dei Verbum, 12), comunica este Espíritu a los que la leen con fe. La Lectio Divina va haciendo que el modo
de pensar de Dios se convierta en nuestro modo de pensar. Ayuda a romper en nosotros la falsas ideologías que
mantienen prisionera la Palabra de Dios, pues ella nos "comunica el conocimiento de Dios y del hombre. Y el modo
como Dios, justo y misericordioso, trata con los hombres" (Dei Verbum, 15). La Lectio Divina debe realizar todo lo
que dice San Pablo en sus cartas: "Comunica la sabiduría que lleva a la salvación por la fe en Jesucristo" (2Tim 3,15).
"Es útil para instruir, refutar, corregir y formar en la justicia" (2Tm 3,16). Comunica "perseverancia y consuelo" (Rom
15,4) y sirve como "ejemplo e instrucción para nosotros, que vivimos el fin de los tiempos" (1Cor 10,6-11).

2. Es palabra de Dios en lenguaje humano

Por el misterio de la Encarnación, la Palabra de Dios asume las características y las formas del lenguaje humano.
Jesús es igual a nosotros en todo, menos en el pecado. Así también el lenguaje usado por Dios para comunicarse con
nosotros en la Biblia es igual a nuestro lenguaje en todo, menos en el error y la mentira. La Palabra de Dios no es una
Palabra distante, alienada, apartada del curso de la historia. "En la Sagrada Escritura Dios habló a través de los hombres
y de modo humano" (Dei Verbum, 12).

Por ser Palabra de Dios, la Biblia debe ser interpretada con la ayuda de los criterios propios de la fe. Pero por ser
Palabra de Dios en lenguaje humano, debe ser interpretada también con la ayuda de los criterios que se usan para
interpretar el lenguaje humano (Dei Verbum, 12). Las encíclicas Providentissimus Deus (León XIII, 1893) y Divino
Afflante Spiritu (Pío XII, 1943), fueron las que más animaron a los exegetas católicos en esta dirección.

Desde el comienzo de este siglo los intérpretes usan, con mucho provecho, los métodos de la crítica literaria, de
la investigación histórica, de la etnología, de la arqueología, de la paleontología y de otras ciencias (ver Pío XII, Divino
Afflannte Spiritu, 20). Más recientemente, bajo la presión de los problemas que cuestionan la fe del pueblo sobre todo
aquí, en América Latina, ellos aplican también los métodos de análisis de las ciencias sociales. Algunos de estos
métodos tienen presupuestos filosóficos contrarios a la fe cristiana. Su uso sin embargo, en el decir de Juan Pablo II, no
implica la aceptación de estos presupuestos. Por el contrario, tales métodos pueden ser muy útiles en el descubrimiento
del sentido de la Biblia. "El exegeta esclarecido por la fe no puede, evidentemente, aceptar tales presupuestos, pero no
por eso dejará de sacar provecho del método. Desde el Antiguo Testamento, el Pueblo de Dios fue siempre animado a
enriquecerse de los despojos de los Egipcios" (Alocución a los miembros de la Pontificia Comisión Bíblica, Sobre los
métodos usados en la interpretación de la Biblia, 7 de abril de 1989, Osservatore Romano, 8-4-1989).

"La gran variedad de métodos puede, a veces, dar la impresión de una cierta confusión. Pero tiene también la
ventaja de hacernos percibir la riqueza inagotable de la Palabra de Dios" (Juan Pablo II, Ibid). "Todo método tiene sus
límites". Reconocer estos límites es parte del espíritu científico. El exegeta creyente debe tener conciencia de la
relatividad de sus investigaciones científicas. Esta modestia garantiza la autenticidad de su interpretación y mantiene su
exégesis al servicio de la Evangelización" (Juan Pablo II, Ibid).

3. Dios se revela a sí mismo en su Palabra

"Por medio de la revelación, Dios quiso manifestarse a sí mismo y sus planes de salvar al hombre, para que el
hombre se haga partícipe de los bienes Divinos, que superan totalmente la inteligencia humana" (Dei Verbum N°. 6).
Así, antes que un catálogo de verdades, la Biblia es la manifestación de la gracia, del amor y de la misericordia de Dios
para con nosotros (ver Dei Verbum N°. 2). ¡El nos amó primero! ( I Jn. 4, 19). El objetivo principal de la Biblia y su
interpretación, es ayudar al pueblo a descubrir la presencia amiga y gratuita de este Dios y experimentar su amor
liberador.
Para los pobres y oprimidos, esta revelación divina significó, desde el principio, que Dios se inclinó y se acercó
para escuchar su clamor, caminar con ellos, estar con ellos en su aflicción y liberarlos del cautiverio (ver Ex. 3, 7-8;
Sal. 91, 14 ss). En la sinagoga de Nazaret, Jesús actualiza en El, que Dios escucha, se compadece y libera al pobre (ver
Lc. 4, 16ó21). Por eso, podemos decir que esta es la mayor certeza que la Biblia nos comunica. Dios escuchó el clamor
de Jesús, resucitándolo de la muerte (Heb. 5, 7). Esta es la médula de toda revelación expresada en el nombre de YAVÉ,
Dios con nosotros.

La revelación que Dios hace de sí mismo al pueblo sufriente, se realiza progresivamente a través de la historia
(ver Dei Verbum N°. 2 y 14 ). De todos los períodos de la historia, el Exodo fue el que más marcó la conciencia y la
memoria del pueblo de Dios. Marcó tanto, que el Nuevo Testamento llegó a usar imágenes y temas del Exodo para
expresar el significado de Jesús para la vida. Esta misma importancia del Exodo se refleja hasta nuestros días cuando en
la liturgia de la Vigilia Pascual, la Iglesia nos pide que no se suprima por ningún motivo la lectura del Exodo.

La lectura de la Biblia funciona como si fuera un colirio. Va limpiando los ojos, devuelve la mirada de
contemplación que nos fue robada por el pecado. En su libro sobre la exégesis de los Santos Padres, citando frases de
San Agustín y de otros Padres de la Iglesia, H. de Lumbac formula así el objetivo de la Biblia: "El Espíritu Santo, dedo
de Dios, que ya había modelado las cartas de la creación, recomenzó a trabajar para componer este nuevo libro: El
extendió sobre nosotros el cielo de las Escrituras; desarrolló este segundo firmamento que, como el primero, narra el
poder de Dios y mejor que el primero, canta su misericordia. Gracias a él nos es restituido el mirar de contemplación y
así cada criatura se vuelve para nosotros una teofanía " (ver H. de Lubac, Esegesi Medievale, I quattro senssi della
Scrritta, Ed. Paolline, Roma 1962, pp. 220-221). Colirio que nos hace capaces de quitar el velo de los hechos para
experimentar en ellos la presencia liberadora de Dios: "Ustedes pueden, hoy, oír su voz" (Sal. 95,7). Es esto lo que está
sucediendo en la Comunidades Eclesiales de Base: Una verdadera experiencia de Dios vivo, que surgió desde el criterio
de caminar del pueblo, en la medida que éste siendo iluminado por la lectura fiel de la Biblia.

Esta revelación y experiencia de Dios son fruto, al mismo tiempo de la gracia de Dios y del esfuerzo del pueblo
que camina y lucha. De un lado, la Revelación Divina provoca colaboración y participación y exige la observancia de
la alianza, de otro lado, ella "hace partícipe de los bienes Divinos que superan totalmente la inteligencia humana" (Dei
Verbum N°. 6). Eficiencia y gratitud, lucha y fiesta; que gracias a ambos se mezclan en la unidad conflictiva del
caminar del pueblo de Dios.

Revelación pública, fuera de la que hubo en el pueblo de Israel y en Jesús no habrá más, antes de la venida de
Jesús (ver Dei Verbum N°. 4). Pero esta revelación realizada en el pueblo de Israel y descrita en el Antiguo Testamento,
se convirtió en una experiencia modelo, canon o norma. Ella permite saber cómo está Dios presente y cómo se revela
en las historias de todos los pueblos. Ella nos revela "la economía de la Salvación" (ver Dei Verbum N° 14 ), el
proyecto de Dios, "los decretos eternos de su voluntad acerca de la Salvación de los hombres" (ver Dei Verbum N° 6).
En la historia de la Iglesia, el Magisterio condenó, varias veces, a los que afirmaban que existía una diferencia entre el
Dios del Antiguo Testamento y el Dios del Nuevo Testamento (ver Eb. Enchiridion Biblicum 28 y 30. Documenta
Ecclesiastica Sacram Sripturam Spectancia, Editio Tercia Aucta et Recognita, Romae, 1954). ¡Es el mismo Dios que se
revela en ambos! Sin Embargo, la plenitud de la Revelación de Dios se hizo en Jesucristo (ver Dei Verbum N° 4).

4. Jesús es la clave principal de la Sagrada Escritura

Es una verdad siempre repetida por toda la Tradición y constantemente enseñada por el Magisterio. Jesús es el
centro, la plenitud y el objetivo de la Revelación que Dios venía haciendo de sí mismo desde Abraham y desde la
creación (ver Dei Verbum N°. 2, 3, 4, 15, 16, 17). Esto no quiere decir que el antiguo Testamento fue superado, ¡por el
contrario! el Antiguo Testamento revela las intenciones de Dios (Dei Verbum N° 14), ayuda a conocer al Padre de
Jesucristo (ver dei Verbum N°. 2, 3, 4, 15) y enseña cómo prepararse para la venida de Jesús. "Los libros íntegros del
Antiguo Testamento incorporados a la predicación evangélica, alcanzan y muestran su plenitud de sentido en el Nuevo
Testamento (ver Mt 5, 17; Lc 24, 27; Rom 16, 25-26; I Cor 3, 14-16) y a su vez lo iluminan y lo explican" (Dei
Verbum N° 16)

Sin el Antiguo testamento, no podríamos entender todo el significado de Jesús para la vida. Los principales
títulos, dados a El en el Nuevo Testamento, vienen todos del Antiguo Testamento: Señor, Cristo, Siervo, Hijo del
Hombre, Profeta, Sumo Sacerdote, Hijo de Dios. El propio Jesús usaba frases, expresiones y temas del antiguo
Testamento para revelar el significado de su misión y enseñanza. Por ejemplo: "Antiguamente fue dicho... pero yo les
digo..." (Mt 5, 21-48); "El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios ha llegado" (Mc 1, 16); "El Espíritu del señor está
sobre mí y el me ha ungido para anunciar la Buena Nueva a los Pobres" (Lc 4, 18).
Los primeros cristianos llegaban a decir que Jesús ya estaba escondido en el Antiguo Testamento: "La piedra
era Cristo" (I Cor 10, 3-4). Decían que Jesús era el sí del Padre a todas las promesas del antiguo Testamento (ver I Cor
1, 20). resumiendo, era en el Antiguo Testamento donde ellos buscaban la tarjeta de Identidad de Jesús. De este modo
más o menos, la mitad del Nuevo Testamento es citación, evocación, referencia o interpretación del Antiguo
Testamento. El Nuevo testamento es el fruto que nació de la interpretación del antiguo, realizada a la luz de la
experiencia que tenían los cristianos de Jesucristo, vivo en medio de la comunidad.

Esta presencia escondida de Cristo en el Antiguo Testamento, solamente la entrevé el que se convierte a Cristo
(II Cor 3, 16). La experiencia viva de Jesús en la comunidad, es la luz nueva en los ojos de los cristianos para poder
entender todo el sentido del Antiguo Testamento y de su propia historia (ver Dei Verbum N° 16). Todo esto tiene una
actualidad muy grande para nosotros: En primer lugar Jesús, a la luz de quien debemos leer el Antiguo Testamento, no
es teoría, una idea, ni sólo alguien del pasado que ya no existe. Es el Cristo vivo hoy, en la Iglesia, en las comunidades,
aquí en América Latina, animando la fe del pueblo. Leer el Antiguo Testamento a la luz del Nuevo, no quiere decir que
se deba hablar constantemente sobre Jesús. Más bien quiere decir, en primer lugar, que se debe hablar a partir de Jesús,
partir de la fe iluminadora de que El está vivo hoy, en medio de nosotros. Cristo como que está de nuestro lado,
mirando con nosotros el Antiguo Testamento, clarificando con su luz y ayudándonos a entenderlo. Esta actitud
interpretativa que coloca a Cristo en el centro de todo, está bien clara en la introducción al Proyecto "Palabra Vida"
como lo desarrollaremos más adelante (ver "Palabra-Vida" primer año, páginas 20 y 10-12, 22-24).

En segundo lugar, no se trata solamente de saber cómo los primeros cristianos supieron descubrir las figuras de
Jesús en el Antiguo Testamento (ver Dei Verbum N° 15). Se trata en primer lugar, de ser alumnos de los primeros
cristianos y de hacer hoy lo que ellos hicieron, a saber: Descubrir cómo el Antiguo Testamento nuestro, esto es nuestra
historia, está siendo impulsada ocultamente, por el Espíritu de Jesús, hacia la plenitud de la resurrección; descubrir
cómo "el significado de la Sagrada Escritura puede relacionarse con el con el momento salvífico" (Ver Paulo VI, a los
profesores de Sagrada Escritura de Italia, Noviembre de 1970). De manera pues, que el Nuevo está latente en el
Antiguo y el Antiguo se aclara en el Nuevo (Ver Dei Verbum N° 16).

Existe un dinamismo dentro de la historia humana, venido del propio creador, que creó todo para Cristo (Efes 1,
4; Col 1, 16). Por eso "Palabra Vida" insiste en la historia de los pueblos de América Latina.

En tercer lugar, aparece aquí la importancia de la exégesis de los Padres de la Iglesia. Ellos procuraban descubrir
el fruto del Espíritu bajo las hojas de la letra (S. Jerónimo). Esto es, ellos buscaban descubrir cómo los textos antiguos
de la Biblia iluminaban la presencia viva de Cristo, la situación de la comunidad y la vida de cada cristiano. Hacían una
interpretación simbólica (Sumballo), esto es, sabían unir (sumbolon), vida y fe, antiguo testamento y Nuevo
Testamento, ayer y hoy, la historia de la Biblia y la propia historia.

5. Aceptar la lista completa de los libros inspirados

Existen dos listas de libros inspirados: la judaica que comprende solamente los libros del Antiguo Testamento y
la lista cristiana que comprende los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento (Existe todavía una divergencia menor
entre la lista de los católicos y los protestantes). Aceptar la lista completa es aceptar la unidad de los dos testamentos
(ver Dei Verbum N° 16) y leer el Antiguo Testamento a partir del Nuevo.

La lista completa de la Iglesia Católica fue definida en el Concilio de Florencia, en 1441 (Ver Enchiridion
Biblicum 47) y más tarde, en el Concilio de Trento, 1546 (Ver Enchiridion 57ó59). En la formulación de la definición,
el Concilio dice que se deben aceptar como inspirados "Todos los libros tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento,
con todas sus partes" (Ver Enchiridion Biblicum 60 y Dei Verbum N° 11). Esto significa que no se puede excluir ningún
texto, libro o testamento . Sólo a los Evangelios les cabe una cierta primacía (Ver Dei Verbum N°18).
En esta quinta norma no se trata apenas de una cuestión teórica del pasado. Aceptar la lista completa de los
libros inspirados, significa aceptar que una misma economía divina, une a los dos Testamentos en un único Proyecto de
salvación y de liberación. Proyecto que sólo se revela plenamente en la medida en que el antiguo pasa a ser Nuevo. El
paso del Antiguo al Nuevo, comenzó en el momento de la Resurrección de Jesús y todavía no ha terminado. En cada
momento, nuevos pueblos y nuevas personas van entrando en el "camino" (Ver Hech 9, 2). Este paso (Pascua) del
Antiguo al Nuevo, envuelve a todo y a todos, pues todo fue creado por Dios para Cristo. Así cada persona, grupo,
comunidad, pueblo o nación, tiene su Antiguo Testamento y debe realizar su paso hacia el Nuevo, esto es, debe
profundizar su vida, hasta descubrir en su raíz la presencia amiga y gratuita de Dios, impulsando todo hacia Cristo y su
resurrección. La Biblia con sus dos Testamentos es la norma, el Canon, dado por Dios, para ayudarnos en el
discernimiento y en la realización de este nuevo paso (Pascua) de salvación y de liberación.

6. La Biblia es el libro de la Iglesia

En la Iglesia existe la Palabra de Dios y el Cuerpo de Cristo (Ver Dei Verbum N° 21). Cuando el pueblo se reúne
en torno a la palabra de Dios, forma algo así como un pequeño santuario. Es el templo vivo del que habla San Pablo
(Ver Efes 2, 21; Pe 2,5). Hoy, los innumerables santuarios que así se esparcen por América Latina sobre todo entre los
pobres, son las puntas finas y frágiles de la raíz, que dan fuerza y vigor al árbol de la Iglesia. En estos pequeños
santuarios, el pueblo lee e interpreta la Biblia como el libro de al comunidad, de la Iglesia, En "Palabra-Vida" con cierta
frecuencia se usa el término comunidad para significar Iglesia. Por ejemplo, cuando dice: "La lectura de la Biblia debe
hacerse en comunidad" (Ver pág 10). Esto no quiere decir que el Proyecto reduce la Iglesia universal al tamaño de la
pequeña comunidad particular o local, al contrario, es la fe de la Iglesia universal la que vive y expresa concretamente
en sus comunidades particulares. Una comunidad particular, en comunión con sus pastores concretiza en sí misma la fe
de la Iglesia universal y deja de ser comunidad privada o aislada; supera se propia particularidad en al fe de la Iglesia
total (Ver Documentos de Puebla 373)

Interpretar la Palabra de Dios no es la actividad individual de una sola persona que estudió un poco más que las
otras, sino que es una actividad comunitaria en la que todas participan, cada uno a su modo. Juntos descubren la
voluntad de Dios, a través de la lectura y la meditación de la Palabra de Dios . El exégeta, como todo el mundo,
participa con su parte y se coloca al servicio de la comunidad. "A los exégetas toca aplicar estas normas a su trabajo
para ir penetrando y exponiendo el sentido de la Sagrada Escritura, de modo que con dicho estudio pueda madurar el
juicio de la Iglesia" (Dei Verbum N° 12).

De este modo, poco a poco surge y crece un sentido común, aceptado y compartido por todos. Es el "sensus
ecclesiae" o "sensus fidelium" o sentido de fe de la Iglesia", con el cual la comunidad se compromete como si fuera con
el mismo Dios.

El "sentido de fe de la Iglesia" es el grato descubrimiento de la presencia amiga de Dios Vivo, pues "movido de
amor, habla a los hombres como amigos (Ver Ex 33, 11; Jn 15, 14-15), trata con ellos (Ver Bar 3, 38) para invitarlos y
recibirlos en su compañía" (Dei Verbum N° 2). El sentido de la fe que la Iglesia va descubriendo en la Escritura es
como un río inmenso. Nace bien pequeño en aquellos humildes "santuarios", esparcidos por la periferia del mundo. Los
afluentes se juntan formando los riachuelos. Las comunidades, coordinadas por sus Pastores, se encuentran y
comparten entre sí su fe, su manera de leer y entender la Palabra de Dios. Las comunidades de América Latina,
representadas por sus Pastores, se reunieron en Medellín y Puebla y allí expresaron cuál era la voluntad de Dios para
nosotros, hoy, aquí en este Continente, lo mismo hicieron las comunidades del mundo entero. Convocadas por el papa
Juan XXII y representadas por sus legítimos Pastores, se reunieron en Roma para el Concilio Vaticano II. En los 16
Documentos Conciliares expresaron cuál era la Voluntad de Dios descubierta a la luz de su Palabra.

Así para los cristianos del mundo entero va creciendo el "sentido de fe de la Iglesia". Este "sensus ecclesiae"
fielmente guardado y transmitido, bajo la mirada vigilante del Magisterio, es el espacio dentro del cual se debe leer e
interpretar la Biblia. Es el marco de referencia, nacido de la propia meditación comunitaria de la Palabra de Dios, que
nos permite entender el sentido de la Biblia para nosotros hoy.

Interpretar la Biblia de acuerdo con la Tradición y el Magisterio exige no sólo una identificación teórica con la
Doctrina de la Iglesia, sino también y sobre todo, una identificación práctica con la vida de la Iglesia. Exige que el
intérprete se ligue muy concretamente, a una comunidad. Normalmente es a través de la vivencia en la comunidad
como se entra en contacto con la acción del Espíritu Santo, vivo y presente en la Iglesia. Sin este Espíritu es imposible
interpretar correctamente la Sagrada Escritura (Ver Dei Verbum N° 12).
"La Tradición, la Escritura y el Magisterio están de tal manera entrelazados y unidos, que uno pierde su
consistencia sin los otros y que juntos cada cual a su modo, bajo la acción del Espíritu Santo, contribuyen eficazmente a
la salvación de las almas" (Dei Verbum N° 10) . Esta unión entre los tres, no es automática ni mágica; como la unión de
Jesús con el padre, ella se realiza a través de la obediencia a veces dolorosa (Ver Heb 5, 8 ; Flp 2, 8 ; Jn 4, 34 ; 8, 28-
29). El Magisterio, debe él mismo obedecer y estar muy unido a la Tradición y a la Escritura pues "ejerce su autoridad
en nombre de Jesucristo" (Ver Dei Verbum N° 10) . " El oficio de declarar auténticamente la Palabra de Dios, escrita o
transmitida, fue únicamente confiado al Magisterio vivo de la Iglesia" (Dei Verbum N°10).

Este oficio ha sido ejercido muy pocas veces. No son muchos los textos cuyo sentido fue declarado auténtico
por el Magisterio. Esto no quiere decir que, en la interpretación de los otros textos, el intérprete no deba tener en cuenta
la fe de la Iglesia. El papel de la Iglesia y del Magisterio en la interpretación de la Biblia no consiste sólo en declarar
auténtico el sentido de uno u otro texto controvertido de la Biblia. Su papel es más amplio: estimular y animar la lectura
de la Sagrada Escritura, defenderla de posibles desvíos, mantenerla dentro de los rumbos de la Tradición y del objetivo
de la propia Palabra de Dios, difundirla entre el pueblo de Dios, hasta el punto que se convierta en el alimento diario de
todos los fieles (Ver Dei Verbum N° 21-25). (3) El Capítulo VI de Dei Verbum: "La sagrada Escritura en la vida de
Iglesia" describe en los números 21-25, el objetivo de toda la Iglesia con relación a la Biblia . Es donde la flor se abre y
revela su perfume y su belleza.

Por ello, el Magisterio debe motivar y discernir la profecía y la novedad del Espíritu y mirar con
agradecimiento, el fenómeno más destacado de la historia de la Iglesia en América Latina: Los pobres están leyendo la
Biblia en comunidad, a partir de su fe y su realidad; encuentran en ella luz y fuerza para su caminar y su historia.

7. Tener en cuenta los criterios de la Fe

No basta la razón para descubrir todo el sentido de la Biblia. La sagrada Escritura debe ser leída e interpretada
con aquel mismo Espíritu con que fue escrita (Ver Dei Verbum N° 12) Para que el Espíritu Santo pueda actuar es
necesario tener en cuenta los criterios propios de la Fe. Atender con diligencia el contenido y unidad de toda la
Escritura. Tener en cuenta la Tradición viva de toda la Iglesia y la analogía de la Fe (Ver Dei Verbum N° 12). Los tres
tienen el mismo objetivo: descubrir el sentido pleno de la Biblia, impedir que su sentido sea manipulado y evitar que el
texto sea aislado de su contexto y de la tradición que lo generó y que lo transmite.

Veamos los tres:

1. "Atender al contenido y a la unidad de toda la Escritura". Este criterio muestra la importancia de tener una
visión global de toda la Biblia, pues la visión de conjunto amplía el sentido de un texto, ayuda a situarlo dentro de su
contexto (literario, histórico y teológico) da luz para iluminar las diferentes partes y detalles e impide que se
absoluticen ciertos textos en detrimento de otros. Se trata de un criterio muy elemental, muy antiguo, que viene de los
Rabinos y de los Padres de la Iglesia, según el cual, la Biblia se explica por la Biblia. "Palabra-Vida", en su primer año,
atendiendo a este criterio, ofrece una visión global de la historia del Pueblo de Dios.

2. "Tener en cuenta la tradición viva de toda la Iglesia". La Tradición envuelve a la Biblia antes, durante y
después. Antes de se escrita, la Biblia era narrada. Después, se fue escribiendo, poco a poco, dentro de un proceso de
transmisión de las historias y doctrinas, costumbres y tradiciones del pueblo. Finalmente, una vez escrita, siguió siendo
transmitida de generación en generación, hasta hoy, dentro de una tradición viva. Hay aquí varios aspectos a considerar:

a) Es importante mostrar cómo un texto no cayó del cielo, sino que nació dentro de la tradición viva de la fe del
Pueblo de Dios, tomando posición en medio de los conflictos del caminar. Leído y releído por las generaciones
posteriores, el texto es cargado por la Tradición como un barco por el río. Este proceso de lectura y relectura se
encuentra en el origen de la Biblia. Veamos algunos ejemplos de este proceso en la propia Biblia: En el libro del
Génesis tenemos dos relatos de la creación; dos veces se relata la vocación de Abraham; hay varios Salmos que
meditan la historia, pero cada uno la medita a su modo. El libro de la Crónicas hace una relectura que no siempre
respeta la fuente; en el Pentateuco existen indicios de cuatro tradiciones diferentes que, cada una a su modo hace una
lectura de la historia del pueblo: Yavista, Eloísta, Sacerdotal y Deuteronomista.
b) La Biblia, dentro de la Tradición viva de la Iglesia, es la continuación de este proceso; es el mismo río
corriendo en dirección al mar, cargando el mismo barco. No se puede dejar de lado la Tradición de la Iglesia para
quedarse sólo con el texto. Las interpretación de la Biblia, a lo largo de los siglos, fue explicando el sentido. fue
haciendo nacer el fruto, cuya simiente estaba en la Biblia. Además de eso, la vivencia de la fe en situaciones diferentes,
generó tradiciones diferentes que ya aparecen en la propia Biblia y marcan toda la historia de la Iglesia. El estudio de la
Tradición ayuda a descubrir cómo la misma fe puede ser encarnada y vivida en situaciones tan diferentes como las que
viven nuestras comunidades.

c) Todo esto muestra la importancia del estudio de la exégesis de los Santos Padres (Ver Dei Verbum N° 23). La
exégesis de los Santos Padres es importante sobre todo, por la visión siempre actual con que se mira, lee e interpreta la
Biblia.

3. "Tener en cuenta la Analogía de la Fe". El texto debe ser leído no sólo dentro del conjunto de la Biblia, ni sólo
dentro del conjunto de la Tradición, sino también dentro del conjunto de la vida actual de la Iglesia. Debe obedecer, no
sólo a las exigencias de la fe de antes, sino también a las exigencias de la fe de hoy. Es esto lo que se llama analogía de
la fe. La fidelidad a la Palabra Encarnada exige también, en virtud de la dinámica de la encarnación, que el mensaje se
haga presente en toda su integridad, no sólo al hombre en general sino al hombre de hoy, aquel a quien se anuncia ahora
el mensaje. Cristo se ha hecho contemporáneo de algunos hombres y ha hablado en su lenguaje. La fidelidad a El exige
que esta contemporaneidad siga existiendo. En esto consiste toda la obra de la Iglesia, con su Tradición, el Magisterio y
su predicación" (Paulo VI Alocución a los profesores de Sagrada Escritura. Osservatore Romano, Noviembre 1° de
1970). De este modo, la Biblia es colocada en su lugar dentro del plan de Dios y se evitan exageraciones y
disminuciones indebidas.

8. Tener en cuenta los criterios de la realidad

Los criterios de la realidad se sitúan en dos niveles diferentes: la realidad del pueblo del tiempo en que fue
escrita la Biblia y la realidad del pueblo que hoy lee la Biblia. Ambos tienen sus exigencias para tener en cuenta en la
interpretación. Se trata de descubrir el suelo común humano que une el pueblo de la Biblia y el pueblo de América
Latina en una misma situación delante de Dios y sí crear la apertura, para percibir el alcance del texto para nuestra
realidad.

En este punto, sin embargo, no hay consenso. según algunos, la exagerada insistencia en la realidad, tanto de
antes como de ahora, llevaría un concordismo fácil y sería una forma disimulada de manipular el texto. Aquí también
estaría la causa de una lectura reduccionista que sólo busca una transformación, socio-económica-política. Veamos:

a) Tener en cuenta la realidad del pueblo del tiempo en que fue escrito el texto. En este punto, el Magisterio
de la Iglesia, no deja ninguna duda. "El intérprete debe transportarse con el pensamiento a aquellos tiempos antiguos de
oriente" (Pío XII, "Divino Afflante Spiritu" 20). Debe investigar la situación y la cultura del tiempo del escritor del
texto bíblico y descubrir las circunstancias que lo llevaron a escribir, para que pueda llegar a descubrir el sentido exacto
del texto (Ver Dei Verbum N° 12). Par alcanzar el objetivo, el intérprete debe usar las ciencias con sus respectivos
métodos. (5)

Los métodos de análisis de las ciencias sociales ayudan a percibir mejor el aspecto económico, social, político e
ideológico de la situación del pueblo de aquel tiempo; de ese modo, con la ayuda de las ciencias, el intérprete establece
el sentido en sí del texto y lo prepara para que el lector pueda descubrir en él el sentido que allí existe para nosotros. O
sea, él establece "una cierta connaturalidad entre los intereses actuales y el asunto del texto, para que pueda estar
dispuesto a oírlo" (Paulo VI Alocución antes citada). La necesidad de tener en cuenta la realidad del pueblo del tiempo
en que fue escrito el texto, es consecuencia natural de nuestra fe en la encarnación de la Palabra de Dios en la historia
humana. Es también una forma de ser fiel a la Tradición de los Padres de la Iglesia. Antes de buscar los frutos del
Espíritu, ellos mandaban investigar la letra y la historia. Además de eso, situando el texto en el contexto concreto y
conflictivo de su origen, se ayuda al lector a superar el fundamentalismo que causa tantos problemas y estragos en la fe
del pueblo.
b) Tener en cuenta la realidad del pueblo que hoy lee el texto. La Biblia nació de la preocupación de reencontrar,
en la realidad conflictiva de cada época, el llamado de Dios de siempre. El propio Jesús explicó la Biblia, partiendo de
los problemas que los dos discípulos de Emaús estaban viviendo (Ver Lc 24, 13ó35). Paulo VI dice que no basta con
que el intérprete explore el sentido histórico del texto. Debe explotarlo también "en relación con el hombre
contemporáneo" (Ver Paulo VI Alocución a los miembros de la Pontificia Comisión Bíblica, sobre la importancia de los
estudios bíblicos, el 14 de Marzo de 1974). Y en otro discurso agrega: "La fidelidad al hombre moderno, aunque ardua
y difícil, si queremos permanecer enteramente fieles al mensaje, ¡es necesaria!" ((Ver Paulo VI Alocución a los
profesores de la Sagrada Escritura de Italia, Osservatore Romano, Noviembre 1° de 1970). Aquí en América Latina,
esto significa Fidelidad a los pobres. Por eso, la opción preferencial por los pobres, definida en Puebla, es uno de los
puntos de partida desde donde "Palabra-Vida," lee e interpreta la Biblia (Ver Folleto primer año, págs. 9-11)

Leer la Biblia a partir de los pobres exige que se descubran y analicen las causas que generan la pobreza, causas
económicas, sociales, políticas e ideológicas. No se trata de lectura reduccionista de la Palabra de Dios. Por el
contrario, se amplía el ángulo de visión. Así la interpretación deja de ser espiritualista y alienada, pasa a iluminar las
situaciones más concretas de la vida del pueblo y vuelve a ser Buena Noticia para los pobres.

9. Lectura orante de la Biblia

La Biblia debe ser leída e interpretada con el mismo espíritu en que fue escrita (Ver Dei Verbum N° 12). Como
vimos, esto exige que el intérprete use los criterio de la fe y la realidad. Pero no basta. El descubrimiento del sentido
depende no sólo del estudio, ya que también tiene que ver con la vivencia, tanto de la fe como de la vida del pueblo.
Exige crear un ambiente en donde el espíritu pueda actuar, obrar libremente y revelar el sentido que el texto antiguo
tiene para nosotros hoy, aquí en América Latina. Se llama "Sentido Espiritual".

Concretamente, esto significa que se debe:

1. Crear ambiente de escucha y de silencio.

2. Tener una preocupación constante por la vida del pueblo con sus problemas y dejar que las alegrías y tristezas
del pueblo, estén en nuestra mente, en nuestro corazón, en las manos y en los pies.

3. Envolver todo en oración.

4. Dedicar un tiempo para la celebración de la Palabra y no sólo al estudio.

5. Hacer que el estudio termine en la participación, en la oración y en el compromiso concreto.

6. Dar debida importancia a la liturgia, a los sacramentos, al Oficio Divino y también a las formas de piedad que
el pueblo creó para celebrar y animar su fe.

7. Saber celebrar la Palabra como Sacramento de Cristo vivo en medio de la comunidad.

Ahora bien, esto es exactamente lo mismo que el pueblo de las Comunidades Eclesiales de Base, nos enseña por
medio de su práctica: él nunca se reúne en torno a la Palabra de Dios sin rezar y sin cantar. Y es esto lo que "Palabra-
Vida" procura articular a través de la dinámica de sus reuniones (Ver proyecto "Palabra-Vida", págs. 31-33).

Una palabra vale no sólo por la idea que transmite, sino también por la fuerza que comunica. No sólo dice,
también hace; no es sólo un medio para concientizar, sino también para transmitir el calor y la fuerza de la amistad y el
amor ¡Luz y Fuerza! Estos dos aspectos de la Palabra de Dios, deben se activados por la lectura de la Biblia. El término
hebreo Dabar, significa al mismo tiempo Palabra y Cosa: Dice y hace, anuncia y señala, enseña y anima, ilumina y
fortalece, luz y fuerza. Palabra y Espíritu. En la historia de la Iglesia este tipo de lectura recibió el nombre de Lectio
Divina, muy recomendada por el Concilio (Ver Dei Verbum N° 25). Y retomada por "Palabra-Vida" (Ver "Palabra-
Vida", pág. 11).

El intérprete debe, ser él mismo, colocarse bajo el juicio de la Palabra de Dios y dejar que ella se encarne en su
vida: "Quien indaga la Sagrada Escritura, es primero indagado por ella y por ello, debe aproximarse a ella con espíritu
de humilde disponibilidad, necesario para la plena comprensión de su mensaje" (Ver Paulo VI Alocución a los
profesores de Sagrada Escritura de Italia, Noviembre 1° de 1970, Osservatore Romano)
En otro discurso, citando a San Agustín, el papa dice: "Aquellos que se consagran al estudio de las Sagradas
Escrituras, no basta recomendar que sean versados en el conocimiento de los pormenores del lenguaje sino que,
además de eso, lo que es primordial y al mismo tiempo necesario, conviene que ello recen para comprender (orent ut
intelligant)" (Ver Paulo VI. Alocución a los miembros de la Pontificia Comisión Bíblica, Marzo 14 de 1974.

10. Toda la exégesis debe estar al servicio de la evangelización

La exégesis no tiene una finalidad en sí misma, sino que está al servicio de la vida y de la misión de la Iglesia.
La misión principal es la evangelización, que busca la transformación de las personas y de la sociedad. Hablando de los
métodos de la interpretación, el papa Juan Pablo II, dice a los miembros de la Pontificia Comisión Bíblica: "En la
Iglesia todos los métodos deben estar, directa o indirectamente, al servicio de la Evangelización" (Juan Pablo II, Abril 7
de 1989). En efecto, en virtud d la naturaleza de su trabajo, el exegeta siempre corre el riesgo de encerrarse en sus
preocupaciones científicas y de olvidarse del objetivo de la Palabra de Dios. Sin embargo, "la fidelidad a su tarea de
interpretación, exige del exegeta que no se contente con estudiar aspectos secundario de los textos bíblicos, sino que
ponga en evidencia su mensaje principal que es un mensaje religioso, un llamado a la conversión y una Buena Noticia
de Salvación, capaz de transformar a la persona y a la sociedad humana toda entera, introduciéndola en la comunión
divina" (Juan Pablo II, Ibid.)

Esto exige sobre todo dos cosas:

1. Durante todo el tiempo del estudio de la Biblia, el exegeta debe tener presente la realidad del pueblo que se va
evangelizar.

2. Para que en la Iglesia cada comunidad sea realmente evangelizadora, no sólo mediante palabras, sino sobre
todo, por el testimonio de su vida, ella misma debe permitir que la Palabra la transforme en signo y en anticipo gratuito
de aquello que ella anuncia para todos. Para esto, es necesario que toda su vida sea alimentada y permeada por la
Palabra de Dios, hasta el punto de "iluminar la mente, fortalecer la voluntad e inflamar el corazón" (Dei Verbum N°
23).
Interpretación popular de la Biblia

«Oír lo que el Espíritu habla a las Iglesias».

Carlos Mesters

Caracteres: 18.000

Palabras: 3.050

Ocurrió al comienzo de un curso bíblico. En una pared se leía la frase: Dios es


amor.

El profesor preguntó:
-Quién escribió esto?
-Fui yo -dijo una mujer-.
-Y por qué la escribió?
-no me gustaba la pared vacía
-¿ Y por qué esta frase?
-La encontré bonita.
-¿De dónde la sacó?
-Me la inventé: pensé que esto es lo que debemos vivir como cristianos.
Entonces el profesor dijo:
-Vamos a abrir la Biblia en la primera carta de San Juan, capítulo 4, versículo
8.

Cuando todos hubieron encontrado el texto, le dijo a la mujer que leyese el


versículo.

Ella leyó: -El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor.

Era la primera vez en su vida que aquella mujer había abierto la Biblia.
¡Menudo susto! Su frase de la pared. Descubrió que, sin saberlo, la palabra de
Dios estaba en su vida. Aquella noche no durmió. Se pasó la noche marcando
páginas en las que encont raba frases que formaban parte de su vida.

Como éste, hay otros muchos hechos. Indican el rumbo de la interpretación


popular: el descubrimiento de la palabra de Dios no se hace solamente en la
Biblia, sino también en la vida de los creyentes en Jesús. La Biblia nos confirma
que Di os está presente en el caminar y en la lucha de los pobres: es fuente de
nueva conciencia.

Interpretación popular indica aquí la lectura de los pobres hacen en sus


comunidades eclesiales de base. Hay otras lecturas populares, como la de los
movimientos pentecostales. Nos limitamos a hablar de lo que hemos
experimentado en algunas comunid ades de base de Brasil.

Un poco de historia
La interpretación popular no nació de la nada. Podemos distinguir en ella tres
momentos privilegiados:

· 1. Conocer la Biblia. Algunos hechos estimularon a una lectura más


frecuente de la Biblia: a) la renovación de la exégesis, iniciada en Europa,
provocó un interés por el texto; b) las tres encíclicas sobre Biblia que abrieron
a los exege tas católicos el camino de la ciencia bíblica; c) la liturgia en lengua
vernácula acercó la Biblia al pueblo.

En Brasil la renovación afectó a las clases medias. Fue el vigor misionero de las
Iglesias protestantes el que hizo llegar la Biblia hasta los más pobres. Para no
ser menos y poder polemizar, también entre los católicos la lectura bíblica
menudeó. La p olémica con los protestantes disminuyó con el tiempo y
emergió cada vez más fuerte el deseo de descubrir la palabra de Dios.

Desde lo profundo del interés por la Biblia surgió una nueva concepción de la
revelación, importante para comprender la interpretación popular: ¡Dios no
habló sólo en el pasado: continúa hablando hoy!

· 2. Crear comunidad. Esto produjo sus frutos. El primero fue crear


comunidad. Contribuyeron a dar este paso: a) las semanas bíblicas populares
que ponían al alcance los avances bíblicos; b) la difusión de la Biblia en lengua
vernácula; c) la renovación litúrgica produjo el clima propicio para la lectura e
interpretación de la Biblia; d) muchos brasileños hallaron en la lectura de la
Biblia el coraje para romper con la autoridad casi absoluta del clero e
incorporarse a comunidades más viva s; e) como reacción al crecimiento de los
grupos carismáticos, se formaron catequistas que difundieron en las
comunidades una catequesis bíblica.

Del interior de ese hervidero comunitario surgió una nueva concepción de la


interpretación; interpretar no es una actividad informativa exclusiva del
exegeta que estudió para ello; es una actividad comunitaria a la que todos y
cada uno - incluid o el exegeta- deben contribuir.

· 3. Servir al pueblo. 1968 fue el año del mayo en París, del golpe militar en
Brasil, de Medellín y el espaldarazo de la teología de la liberación. Por esa
época la interpretación popular recibió un gran impulso.

La fidelidad a la palabra exige que, además del conocimiento y de la


preocupación comunitaria, se vaya hacia el pueblo. Es en el servicio al pueblo
donde se revela novedosa la interpretación popular. Algunos factores históricos
contribuyeron a que el p ueblo diese un paso cualitativo en la lectura de la
Biblia:

a) el sistema sociocultural desconocía por completo a los pobres; en


comunidad reciben nombre e historia;

b) el golpe militar reprimió al pueblo y persiguió a los líderes, que se


concentraron en un trabajo más consistente de base;
c) tras algunas vacilaciones iniciales, la Iglesia oficial se convirtió en instancia
crítica del régimen militar, acogió el movimiento popular que recibió una fuerte
motivación religiosa;

d) el método ver-juzgar-actuar, típico de la Acción Católica, se ajusta a la nueva


visión de la revelación: Dios habla hoy;

e) Medellín fue la relectura del Vaticano II para América Latina, a partir de un


análisis crítico de la situación socio-económico;

f) el genocidio de indios y negros y la destrucción de las culturas aborígenes


bajo la cobertura tácita de la Iglesia;

g) los nuevos instrumentos de acción pastoral, ecuménico por naturaleza: CIMI


(defensa de los indios), CPT (defensa de la tierra), CPO (defensa de los
derechos del trabajador).

Estos factores influyeron y aún influyen en la lectura que los pobres hacen de
la Biblia. Motivadas por esa lectura, hay comunidades que se ponen al servicio
del pueblo y hacen suya la lucha por la justicia. Otras comienzan a leer la
Biblia a partir de es a lucha.

Al no disponer ni de dinero ni de libros sobre la Biblia, los pobres leen la Biblia


con el único criterio a su alcance: su vida de sufrimiento como pueblo oprimido
y su vida de fe vida en comunidad. Así es como descubren lo que se les ocultó
dur ante siglos: a) una historia de opresión semejante a la suya; b) una lucha
de liberación por los valores que ellos también persiguen: justicia, fraternidad,
vida digna.

La Biblia se yergue como el «símbolo» de lo que ellos viven. Gracias a la unión


entre Biblia y vida los pobres hacen el mayor de los descubrimientos: «Si en el
pasado, Dios estuvo con aquel pueblo, hoy está también con nosotros en la
lucha por liberarn os. El escucha nuestro clamor». ¡La Biblia, fuente de
conciencia liberada!

De ese esfuerzo por servir al pueblo surgió, pues, una nueva manera de mirar
la Biblia: ésta ya no es un libro extraño, es nuestro libro, «escrito para
nosotros» (1 Co 10, 11), espejo de nuestra historia. No se trata ya de
interpretar la Biblia, sino la vida con ayuda de la Biblia.

En conclusión: lo que antes estaba lejos, ahora está cerca; lo que antes era
inaccesible, ahora queda al alcance de los pobres. Es más: al acercarse su
Palabra, Dios mismo se acercó. ¿Quién hubiera imaginado, años atrás, cuanto
está aconteciendo hoy en tre los pobres con la lectura de la Biblia?

Dinámica interna de la interpretación popular

En el Estado de Minas existe un movimiento evangelizador. Inicialmente


pretendía desencadenar un proceso participativo y formar al pueblo en la
Biblia y en la fe. Pero casi sin dimensión política. Cuando les reprochaban esto,
los líderes decían: «S i la Palabra de Dios tiene dimensión política, ya saldrá. Lo
que nos importa es la fidelidad a esa Palabra». Y la dimensión política salió con
gran fuerza en los últimos años. Hoy el movimiento cuenta con unos seis mil
grupos.

Existe, pues una dinámica interna: conocer la Biblia lleva a convivir en


comunidad; convivir en comunidad lleva a servir al pueblo; servir al pueblo
lleva a conocer más y mejor la Biblia. Y así sucesivamente. No impor ta por
cuál de los tres aspectos se comienza. Esto depende de la situación, de la
historia, de la cultura, de los centros de interés. Pero, para que el proceso no
quede truncado, siempre han de ir juntos los tres:

· 1. Conocer la Biblia. La lectura que de ella hacen los pobres no se para en


el estudio. En el clima comunitario, a base de oración y cantos, que ellos
siempre crean, el Espíritu actúa: tras la lectura «se quita el velo» (2 Co 3, 12-
17) y se descubre la relación del texto con la situación actual.

· 2. Crear comunidad. La comunidad nace de la Palabra como el río de la


fuente. Por eso la comunidad vuelve siempre a la Palabra que la hace existir. Y
es la fidelidad a la Palabra la que la impulsa a salir en defensa del pueblo.

· 3. Servir al pueblo. Puestas al servicio del pueblo, las comunidades


entraron de lleno en el movimiento popular y no vacilaron en comprometerse
políticamente. Ahora la misma praxis política está reclamando una vuelta al
texto bíblico y u na vivencia comunitaria más intensa de la espiritualidad
liberadora.

En las comunidades, cada miembro se identifica más con uno de esos tres
aspectos. Esto produce tensiones. Pero, en un clima de diálogo se crea un
equilibrio que enriquece la interpretación de la Biblia y evita la unilateralidad.
Los tres aspectos forman u na unidad dinámica: cada uno nace de otro, supone
el otro y lleva al otro. Pero existe siempre el riesgo de que un aspecto pretenda
excluir a los otros dos.

Los riesgos

Cuando uno de los tres objetivos ha sido alcanzado, sucede que, por fidelidad a
la Palabra, algunos miembros de la comunidad quieren dar un paso adelante.
En nombre de la misma fidelidad, otros rechazan la aventura. No siempre
prevalecen los que qu ieren ir más allá.

En la Iglesia, todos los grupos usan la Biblia, incluso los más conservadores. Y
todos invocan la Biblia. En nombre de la Biblia, los grupos fundamentalistas
rechazan la apertura a la realidad. En algunas parroquias, los grupos bíblicos
que se encerrar on en sí mismos se convirtieron en los más conservadores. Los
más pobres de los pobres no están en las comunidades eclesiales de base, sino
en los movimientos carismáticos, en su mayoría fundamentalistas.

No basta con divulgar la Biblia y pensar que la Palabra de Dios hará el resto.
Leída fuera del contexto comunitario y de servicio al pueblo, la Biblia resulta
ambivalente y fácilmente manipulable. Puede convertirse en un libro
reaccionario que acaba le gitimando ideologías opresoras y violencia: el
exterminio de los indios en América Latina, el comercio de los esclavos de
África, la política racista del apartheid, etc.

Se da también cerrazón en el lado opuesto, pero menos. Al alcanzar la


comunidad una conciencia política más clara, puede concentrarse en lo social
y en lo político y pensar que lo personal -el estudio y la oración- no lleva a
ninguna parte. Toda cerraz ón resulta trágica, porque, aislado, ninguno de los
tres aspectos alcanza el sentido pleno.

Hasta en la vida personal del intérprete ocurren estos riesgos. Para conjurarlos,
hay que saber mantener un ambiente comunitario y de diálogo, en el que la
palabra circula con libertad, la Palabra de Dios genera libertad.

Los hechos están demostrando que el pueblo logra encontrar la manera de


unir Biblia y vida y de evitar la ambivalencia. Lo que voy a contar ocurrió en
una comunidad de veras pobre. Se leyó el texto que prohibe como carne de
cerdo (véase Lv 11,7). Y lle garon a la siguiente conclusión: «Entonces a los
israelitas Dios se lo prohibió, a nosotros ahora nos lo manda». Razón: en el
desierto Dios prohibió a los israelitas comer carne de cerdo, porque allí, por la
falta de agua, el cerdo era peligroso y podía d añar su salud. Nosotros, en
cambio, sabemos cómo tratar esa carne y es lo único de que disponemos para
procurarles la salud a nuestros hijos. Por eso hoy Dios nos manda comer carne
de cerdo». La razón puede o no ser válida, pero el razonamiento es legítim o.

¿Por qué unas comunidades consiguen esa apertura y otras no? Porque
algunas parten de su realidad y otras polemizan. En una comunidad ocurrió lo
siguiente. En un primer curso bíblico se devanaron los sesos discutiendo sobre
Adán y Eva, el paraíso, el d iluvio, la bestia del Apocalipsis. Al año siguiente, la
pastoral diocesana prestó mayor atención a la problemática concreta del
pueblo: casa, tierra, salud. Esto repercutió en el segundo curso: se acabaron
las preguntas polémicas y surgieron preguntas lig adas a la vida del pueblo.

El método

No se trata sólo de técnicas o dinámicas de grupo. Lo que importa es articular


y transmitir una determinada visión de la Biblia. No sirve cualquier método,
sino sólo el que se ajusta a los tres aspectos:

· 1. Partir de la realidad. Los pobres leen la Biblia a partir de la realidad de su


propia vida. Buscan en la Biblia orientación para sus problemas reales. Esto
crea en ellos una cierta familiaridad con la Biblia.

· 2. Partir de la fe de la comunidad. Los pobres leen la Biblia desde la fe de


la comunidad que se les dice: Jesús está vivo y presente entre nosotros. La
lectura se convierte en un acto comunitario de fe. Reeditan, sin rótulo, la
práctica secular de la lectio divina. Esto genera en ellos una cierta libertad
· 3. Respetar el texto. Los pobres respetan profundamente el texto, hasta a
riesgo de un cierto fundamentalismo. Suplen la falta de sentido crítico con su
actitud de escucha de lo que Dios les tiene que decir y están dispuestos a
hacer lo que él les diga. Esto entraña la fidelidad de quien no sólo oye la
Palabra, sino que también la práctica.

Hagamos un esquema gráfico. Dibujemos un triángulo equilátero que reposa


sobre su base horizontal. En el vértice superior escribimos: Libertad / Espíritu
= Oración / Crear comunidad = Fe

En el vértice inferior izquierdo escribimos: Fidelidad, / Estudiar el texto /


Conocer la Biblia.

En el vértice inferior derecho escribimos: Familiaridad / Realidad / Servir al


pueblo

Y dentro del triángulo: Escuchar a Dios hoy

Este diagrama esquematiza el método. Cada ángulo constituye un punto de


partida y una función en el proceso de la interpretación. Los tres se articulan
en orden a alcanzar el objetivo común: escuchar a Dios hoy. Unidos y
articulados entre sí , estos tres criterios representan la marca registrada de la
interpretación popular.

Aportaciones de la interpretación popular Sin dejar de ser, de algún


modo, nueva, la interpretación popular reasume valores básicos de la
tradición:

· 1. El objetivo no es buscar información sobre el pasado, sino iluminar el


presente con la luz de la Palabra de Dios.

· 2. El sujeto de la interpretación no es el exegeta, sino la comunidad. Todos


en la comunidad participan en la interpretación, incluso el exegeta que tiene
un papel especial. Con los ojos de la fe de la comunidad hay que buscar el s
entido del texto para ella.

· 3. El lugar social desde donde se hace la interpretación son los pobres y


marginados. Esto marca la forma de mirar. La falta de una conciencia social
crítica puede hacer al intérprete presa de los prejuicios ideológicos.

· 4. Al unir Biblia y vida, la lectura ha de ser necesariamente ecuménica y


liberadora. Ecuménica no sólo ni primariamente en un sentido restringido que
implica una apertura a otras Iglesias. Lo más ecuménico que tenemos es l a
vida que Dios nos dio. Si ésta corre peligro, ya no es vida. Lectura ecuménica
es aquélla que interpreta la Biblia en defensa de la vida y no en defensa de
nuestras confesiones religiosas y de nuestras instituciones. En América Latina
una lectura en defensa de la vida debe ser liberadora.
· 5. Ahí está la diferencia con la exégesis europea. La fe aquí no corre peligro a
causa de la secularización. Es la vida la que corre peligro de ser eliminada y/o
deshumanizada. Y lo que es peor: la Biblia corre peligro de ser utilizada p ara
legitimar esa situación en nombre de Dios. La interpretación popular denuncia
esa manipulación.

· 6. La relación entre AT y NT se ve con otros ojos. Las culturas de nuestros


pueblos son nuestro AT. No son aberraciones que el NT va a corregir. Sino
nuestras promesas y nuestra Ley que han de culminar en Jes ucristo.

· 7. Los métodos usados por los pobres en sus reuniones son muy simples. No
suelen usar un lenguaje racional y discursivo. Prefieren contar y echar mano de
comparaciones. Es un lenguaje que funciona que por asociación de ideas. Su
preocupa ción primera no es hacer saber, sino hacer descubrir.

Problemas y desafíos

No todo es positivo. Hay problemas y fallos. He ahí algunos:

· 1. Realidad y pueblo: - Hambre y miseria: es difícil hablar de la Biblia a


quien pasa hambre y no tiene ni lo mínimo para vivir como persona.

- Falta de tiempo: el trabajo y la dureza de la vida impiden la participación.

- Analfabetismo: ¿seremos capaces de crear una «Biblia de los pobres»?

El silencio del pueblo: silenciado durante siglos, está acomplejado.

- Ciudad y campo: la Biblia surgió en una cultura rural. ¿Cómo adaptarla a las
grandes concentraciones urbanas?

· 2. Comunidad y fe: - Liderazgo dominadores que oprimen hablando de


libertad.

- El éxodo hacia grupos pentecostales provoca una actitud polémica. ¿Cuál es


el fallo en nuestras comunidades?

- La falta de preparación bíblica de sacerdotes y catequistas: la demanda


supera a la oferta.

- El problema de las distintas interpretaciones que puede desorientar. Tampoco


puede crearse una nueva dependencia hacia los que «saben» más.

- Perjudica la sospecha de marxismo lanzada contra la teología de la liberación.


¿Cómo conciliar la gratuidad con la eficiencia en la lucha por la liberación?

- En la actual coyuntura eclesiástica, es urgente legitimar la interpretación


popular a partir de la tradición y de la ciencia bíblica.
· 3. Texto y Biblia: - La gran variedad de traducciones dificulta la
memorización y la reflexión.

- El fundamentalismo impide la unión de Biblia y vida. Liberar de la «letra» es


el primer paso de la liberación.

- Pero tampoco caer en el otro extremo: no prestar atención al sentido literal y


recalar en el subjetivismo.

- Se requiere una profundización teórica, pero el lenguaje ajeno al pueblo le


enajena de la Biblia.

- ¿Cómo revelar a los pobres la dimensión bíblica de su vida?

Es muy difícil ofrecer un panorama completo y exacto de todo lo que acontece


entre los pobres en relación con la Biblia. Los pobres no escriben libros, no
consultan bibliografías ni citan autores. No se preocupan de documentar lo que
hacen. El único docum ento es el propio pueblo diseminado en comunidades. A
él nos remitimos.

«Selecciones de Teología», 136(octubre-diciembre 1995)285290, Barcelona

Aparición original: «Concilium» 27(1991)143-156.