Sei sulla pagina 1di 4

Introducción

Entronizar la Sagrada Escritura significa que vamos a poner el Libro Santo en el lugar de más honor:

La palabra “Entronizar” significa:


1. Colocar a alguien en el trono, hacerlo rey:
2. Ensalzar a uno, colocarlo en una dignidad superior:
Por lo tanto, la entronización de la Palabra es la presencia misma de Dios, que la hacemos centro de nuestra vidas.
Esperamos mediante esta celebración orientarles de la forma como hacer de este acto, un momento clave en la experiencia viva de la
palabra de Dios

ENTRONIZACION DE LA BIBLIA
Preparar:
 Adornar el lugar donde se va a hacer la celebración, con carteles alusivos a la Palabra:
(prever: sonido, sillas, aseo, agua fresca y quienes recojan).
 Un cartel grande, colocado al frente, con frases adecuadas, ejemplo: “Tu Palabra me da
vida”. “Tu Palabra es luz en mi sendero”. “Tu palabra es espada de dos filos”.
 Un atril o ambón, adornado con alguna tela y cartel, donde está la Biblia más grande. Y si
es posible, prever incienso, para cuando se presente la Biblia.
A.- Monición de entrada:
Estamos reunidos como comunidad cristiana. Queremos celebrar el encuentro con la Biblia, el
libro que contiene la Palabra que Dios nos dice. Vamos a venerar el libro de la palabra, las Sagradas
escrituras, porque ahí encontramos claramente el plan de Dios sobre todos y cada uno de nosotros.
Hoy queremos hacer un gesto especial de veneración del libro que nos presenta el mensaje de
Dios a la humanidad. Con profundo amor, respeto y veneración, comencemos esta celebración.
B.- Canto: “Tu Palabra me da vida”
C.- Saludo del que preside la celebración (un laico).
¡Bienvenidos, hermanos a esta celebración solemne de la Palabra de Dios!
Queremos realizar este acto de veneración de la Palabra, porque a través de ella el Señor nos
transmite su mensaje y nos da su fortaleza.
En el nombre del Padre, y el Hijo y del Espíritu Santo. Amén
D.- Otra persona invita al Perdón:
Supliquemos al Señor perdón, porque no hemos apreciado, ni acogido, ni venerado muchas
veces la Palabra de Dios.
 Porque no escuchamos con atención la Palabra de Dios como el mensaje de amor que el
Padre nos da a cada uno de nosotros. Todos: Padre, ten piedad.
 Porque en nuestras familias no fomentamos la lectura y el estudio de la Palabra de Dios, ni
nos reunimos en comunidad para reflexionarla. Todos: Cristo, ten piedad.
 Porque no oramos orientados por la Palabra de Dios, para que anime nuestra vida de
familia, barrio y sociedad. Todos: Señor, ten piedad.
Concluye el que preside la celebración:
Padre, que te has dignado comunicarte con los hombres, por medio de tu Palabra, hecha carne
en tu Hijo Jesús, has que tengamos más aprecio por tu Palabra y nos empeñemos en ponerla en
práctica, todos los momentos de nuestra vida.
E.- Monición al Evangelio:
El mismo Jesús nos explica qué hace la Palabra en nuestra vida. La parábola del sembrador nos
presenta al mismo Dios que siembra su Palabra en el corazón de cada persona. De cada uno
depende el fruto que la palabra produzca.
F.- Proclamación del santo evangelio según san Marcos (4, 1-9).
En aquél tiempo, Jesús se puso a enseñar a la orilla del lago. Acudían a Él tanta gente, que tuvo
que subir a una barca que había en el lago y se sentó en ella, mientras toda la gente permanecía en
tierra, a la orilla. Les enseñaba muchas cosas por medio de parábolas.
Les decía, enseñándoles: “¡escuchen!, salió el sembrador a sembrar”.
(Están preparadas dos macetas delante de la mesa o escenario. Sale una persona que la hace de
sembrador. Va colocando unas semillas, primero en el suelo, luego sobre algunas piedras).
Y sucedió que al sembrar, parte de la semilla cayó al borde del camino. Vinieron los pájaros y
se la comieron.
(Se acerca una persona. Hace como que recoge y come los granos, luego se retira).
Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra; brotó enseguida, pero la
tierra era poco profunda y en cuanto salió el sol, se marchitó y se secó, porque no tenía raíz.
(Las piedras pueden estar en el suelo. Una persona levanta una flor como brotando de las
piedras. Otra, se acerca son un sol grande, de papel, y se aproxima a la planta. Y así, la flor se
dobla, por el calor del sol. Y se retiran las dos personas).
Otra parte cayó entre la maleza, y cuando la maleza creció, asfixió la semilla que no dio fruto.
(Alguien se acerca y planta unas matas en la maceta. Viene el sembrador y echa la semilla. El
que ha plantado levanta las macetas, y quedan las plantas en su sitio. Pero enseguida se doblan y
caen).
Otra parte cayó en tierra buena y creció, se desarrollo y dio fruto: el treinta, el sesenta y hasta el
ciento por uno.
(El sembrador deposita la semilla en otra maceta, con tierra buena. Otra planta flotes de
colores diversos y naturales que permanecen ahí).
Y añadió ¡quien tenga oídos para oír que oiga! Palabra del Señor.
Todos: Gloria a Ti, Señor Jesús.
G.- Reflexión:
1.- Un sembrador:
El sembrador es el mismo Dios, que sembró en la tierra humana la mejor de las semillas: su
Hijo Jesús, convertido en el Verbo, en su Palabra.
Jesús fue enviado a sembrar el Reino, la salvación, con su generosa entrega. Es el Buen
Pastor, el sembrador. El hortelano, que con extraordinaria paciencia, sigue sembrando en el surco de
nuestra historia. Sin descanso, Jesús es la semilla definitiva y total del Padre. El mismo, con su
Espíritu, está fecundando el mejor fruto. La palabra divina ahondada en los corazones.
2.- Unas semillas:
Las semillas del verbo han sido sembradas en la conciencia de cada persona, de cada pueblo,
de cada cultura. Para que vayan germinando en frutos de buenas obras. Es la acción de Dios y de la
colaboración del hombre. La palabra produce fruto. Cuando dios pronuncia su palabra, hace lo que
dice.
La semilla sembrada en el amplio camino de la historia humana, parece perdida. Es la
imagen de Jesús, enterrado en la oscuridad de la muerte y de la tumba. Pero Jesús resucitado
emerge de las entrañas de la tierra, de lo más hondo de la condición humana. Salió a sembrar. Y con
él se abrió la era de la siembra y de la cosecha espléndida.

3.- Un campo:
La acción de Dios resplandece, pero está limitada a las condiciones del terreno, de la libertad
humana. La palabra debe ser acogida en buena tierra para producir fruto. Pero la tierra está
condicionada a la apertura del terreno, a su bondad o a su maldad. Nada puede Dios ante un corazón
endurecido. Mientras sea el tiempo de la sementera, dios sigue sembrando generosamente. Al final
de la historia, está la plenitud del reino, donde Dios será todo en todo.
La actitud de cada cristiano, de cada persona, ha de ser la de María Virgen, que conservaba
todos estos recuerdos y los meditaba en su corazón.
H.- Monición (Puestos de pie).
Vamos a recibir, de pie, la Biblia, el libro sagrado, que contiene la palabra de Dios. Nuestra
actitud ha de ser: Venerar la Palabra de Dios, acogerla en nuestro corazón con terreno dispuesto a
meditarla, al menos un día a la semana.
Nota: Uno del grupo trae le Biblia, del ambón o atril, acompañado de dos que llevan velas
encendidas, y hacen un recorrido solemne entre los participantes. Cuando vuelven al atril o
ambón, la entregan al que preside la celebración. Éste la muestra en lo alto a los participantes,
quienes en gesto de veneración se inclinan y la vuelve a dejar en el atril.
I.- Compromiso con la Palabra (La hace el que preside).
Hoy proclamemos nuestra fe en la Palabra de Dios, que es viva y eficaz, como fue viva y eficaz
al crear los cielos y la tierra. Con gozo y decisión afirmemos nuestra fe en la Palabra de Dios.
 ¿Creen en Dios Padre, cuya Palabra sostiene la vida de los hombres y su trabajo creador?.
Si, creemos.
 ¿Creen en el Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, la Palabra total, que el Padre pronuncia para
nuestra salvación?. Si, creemos.
 ¿Creen en el Espíritu Santo, que nos da la vida de Dios y que pone en nuestros labios la
mejor oración para invocar a Dios como Padre? Si, creemos.
 ¿Creen en la Iglesia, puesta al servicio de los hombres, mensajera viva de la Palabra que
salva y libera a los hombres? Si, creemos.
 Esta es nuestra fe que se sustenta en la palabra de Dios, que es veraz y creadora. Esta es
nuestra fe, que nos hace renacer a la vida verdadera. Esta es nuestra fe, que nos manifiesta
la vida del Padre, con el Hijo y el Espíritu Santo. Esta es nuestra fe, que nos anima y nos
sostiene en nuestro peregrinar hacia la Patria eterna. Esta es nuestra fe, que nos da en
Jesucristo, Palabra del Padre, la salvación para siempre. Amén.

J.- Entrega de la Biblia a cada participante:


Monición: En este momento nos disponemos a recibir la Biblia, el libro sagrado que contiene la
Palabra de Dios. No es un libro cualquiera, puesto que en los diferentes libros que componen la
Biblia está el mensaje vivo del plan de Dios sobre la humanidad. La historia de la salvación, la
alianza de Dios con los hombres, las voces de los profetas. Y sobre todo, contiene la plenitud de la
revelación y de la salvación que nos trajo Jesús. La debemos acoger con todo respeto, veneración y
aprecio. Es como la carta que el Padre, en su amor, le escribe a cada uno de nosotros.
Quien preside la celebración va entregando la Biblia a cada uno:
Cada persona que la recibe dice. Amén, a las palabras que le dice el que entrega la Biblia y la
besa. Si cree oportuno se puede hacer un canto alusivo a la Palabra de Dios; pero conviene que
todos los presentes oigan las palabras que se dicen al entregarles la Biblia, al menos a tres o cuatro
personas.

Dice el que preside la celebración, al ir entregando la Biblia:


Recibe, hermano el Libro sagrado, de la Palabra de Dios. Que sea para ti luz en el camino,
consuelo en las penas y alegría constante. Amén
K.- Acción de gracias.
 Con todo el Antiguo Testamento, que ha llevado la fe y cuidado de la vida, proclamemos:
 Te damos Gracias, Señor.
 Con Jesús enviado de Dios que vivió la fe como se da la vida, proclamemos:
 Te damos Gracias, Señor.
 Con el Espíritu Santo, que fecundó a la Virgen María, para darnos al verbo, hecho carne,
proclamemos:
 Te damos Gracias, Señor.
 Por eso, porque tu Palabra, señor, es vida para nosotros, porque nos hace capaces de acoger
tu palabra y porque la Iglesia nos alimenta con tu Palabra y nosotros mismos crecemos, al
calor de tu palabra, te alabamos y te bendecimos siempre, proclamado las maravillas de tu
palabra. Terminamos cantando: “Te damos gracias, Señor”.