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MARIOLOGÍA

Martes 07 de agosto de 2018


Agustín sermo 25
CAPÍTULO 1
LA MARIOLOGÍA COMO CIENCIA TEOLÓGICA
La ciencia Mariológica
La mariología es la ciencia que estudia los principios revelados sobre la madre del Redentor.
Puesto que la ciencia teológica es el estudio de Dios, es necesario que una parte de esta ciencia
se dedique al estudio de la Madre de Dios, bajo los mismos criterios teológicos y científicos.
La mariología es la parte de la ciencia teológica cuyo objeto es maría, madre del verbo encarnado
y redentor; es decir, madre de Dios y de los hombres, dirigiendo su atención al misterio de María
en toda su integridad multifacetaria, en si misma y en relación con toda la doctrina cristiana
revelada.
Como ciencia teológica la mariología parte de los principios pertenecientes al deposito de la fe,
puesto que los datos filosóficos racionales son auxiliares, pero no suficientes para la
comprensión de los misterios mariológicos por una dinámica estrictamente analógica.
El misterio de María solo es comprendido por su íntima unión con el misterio de Cristo y este es
cognoscible exclusivamente por una dinámica katalogica.
En el estudio de los escritos inmediatamente posteriores al nuevo testamento se encuentran
repetidas menciones a la Virgen madre de Jesús.
Como por ejemplo en la profesión de fe ignaciana, que se remonta a la edad sub-apostólica,
cuando no estaba exactamente definida la distinción entre la revelación escrita y la tradición
oral en la Iglesia.
Ignacio no vacila en proponer la persona de la Virgen María como un dato revelado pertinente
a la Encarnación del verbo que se hace hombre en su seno, y como garantía de la perfecta
humanidad de Jesucristo, originado de la semilla de David y del Espíritu Santo, indicando su
doble origen, humana y divina.
La fórmula litúrgica de profesión de fe previa al bautismo testimoniada desde los inicios de la
Iglesia, como se puede encontrar en la Traditio Apostolica de san Hipólito de Roma, presenta a
Cristo como nacido de la Virgen María, por obra del Espíritu Santo, misma expresión usada en la
plegaria eucarística. [Presencia de María en la Liturgia]
[en la Traditio encontramos 2 elementos importantes para la mariología: las profesiones de fe
y]
Esta afirmación es de importancia primordial para la comprensión teológica de maría como
participe de la misión Redentora de Cristo, incoada y totalmente incoada en la Encarnación,
misterio inseparable de la persona de María.
Definitivamente hay una relación mariología- cristología
La misión mariana se deriva de la humanidad y divinidad de su Hijo, a la cual la persona de María
está íntima e indisolublemente ligada por la relación madre – hijo, caracterizada por su elección
y aceptación a la misión de ser madre del Verbo encarnado, determinando la realidad histórica,
real y biológica de la verdadera y perfecta humanidad de Cristo.
Por esta razón en los inicios de la Iglesia los temas mariológicos eran siempre estudiados bajo la
perspectiva de su ligación con el misterio de Cristo y coralariamente considerados partes de la
cristología, puesto que la persona y la misión de María solo pueden ser comprendidas en toda
su dimensión teológica a partir de la inteligencia del Misterio de Cristo.
Los padres de la Iglesia, en sus homilías, fueron perfilando muchos de los temas ligados a la
mariología.
Las necesidades apologéticas llevaron a estudios y definiciones sobre la Madre de Dios a lo largo
de la historia eclesiástica, especialmente en los primeros concilios ecuménicos, donde el tema
cristológico abría las puertas y determinaba la comprensión de las verdades referidas amaría en
consecuencia de la afirmación clave de la unión hipostática y de la comunicación idiomática,
como fundamento bíblico – dogmático de la doctrina mariana.
Las verdades que habían sido transmitidas por la revelación y explicadas por los Padres, vinieron
después a convertirse en un tratado teológico por obra de los medievales.
Sin embargo, la figura de María iba siendo estudiada en diversos lugares de la teología, sobre
todo de la Cristología, sin una sistematización propia, como por ejemplo la Summa teologíca, en
que está incluida entre la soteriología y la Cristología.
Para la mejor comprensión del ser y de la misión de María es conveniente una consideración
unitaria y sistemática de la doctrina que se refiere a ella. Por eso a finales del siglo XVI se
comienza a dedicar estudios en concreto a María.
San Lorenzo de Brindis (1619) sustenta que se debe establecer un principio fundamental de la
mariología.
El primer mariólogo es el jesuita español Francisco Suárez. Primer autor que elabora un tratado
sobre María, buscando superar la desproporción entre la misión fundamental de María y la
brevedad teológica de su presencia en las Sumas Escolásticas.
El autor fundamenta en doble aserción el origen de su tratado sobre María:
1. Constituida por el nuevo testamento que contiene “virtualmente todo lo que cabe decir
de la virgen”
2. Y la segunda por la dignidad de Madre de Dios, que constituye el fundamento a partir
del cual debe extraerse la razón de todo lo que se dice sobre la virgen”
En 1602 el sacerdote Placido Nigido publicó: “Summa Sacrae Mariologiae” utilizando el método
de la ciencia teológica para el estudio de la Madre de Dios. [aquí nace la mariología como ciencia]
La teología liberal protestante ha criticado esta elaboración Mariología como tratado especifico,
no tanto por el recelo del asilamiento de la persona y misión de María de la de Cristo de la Iglesia,
sino por el inevitable corolario de que María se presenta como el prototipo de la criatura
humana que coopera con su propia salvación y con la salvación de los demás.
Sin embargo, sólo mediante la consideración de la persona de María como prototipo de la
humanidad redimida se alcanza la correspondencia humana a la realidad del Logos encarnado.
Por esto la expresión “María, vencedora de todas las herejías” es la raíz de la comprensión en
que se visualiza la vinculación “ex toto corde” del ser humano con Dios…
Después del dogma de la inmaculada concepción Pio IX, 1854, la mariología conoció un gran
apogeo. Luego el dogma de la asunción Pio XII en 1950. Y el centenario de las apariciones de
Lourdes en 1958.
Pero después de la muerte de Pio XII, en octubre de 1958, por ocasión del congreso mariano de
Lourdes, surgió una corriente que proponía el estudio de María desconectado de su vinculación
cristológica, marcando una declinación en la Mariología que culminó con el llamado “decenio
sin María” entre mediados de la década del 60 y finales del 70.
En 1974 Marialis Cultus Pablo VI. Rompe este silencio.
Sin la mariología sería difícil comprender la dimensión antropológica de la salvación, es decir, la
participación del hombre, unida al único sacrificio de Cristo, para alcanzar la remisión de los
pecados.
Según las posturas basadas en la doctrina luterana, la salvación es un proceso únicamente
divino, en que actúa solamente la gracia de Dios, sin participación humana.
Esta postura está en frontal contradicción con la Biblia, donde encontramos a San Pablo
afirmando: “Completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo” [Col 1, 24]
María es el signo vivo de la participación humana, del hombre, en el proceso salvífico de Dios,
pues entregó voluntariamente a su Creador los elementos humanos que Cristo ha utilizado para
nuestra salvación.
Principio de la mariología:
En el siglo XX se busca construir un tratado científico de tipo deductivo para la Mariología,
concentrando su preocupación sobre el principio primario de una teología mariana orgánica,
como la prerrogatia de la que se deriven todos lo s atributos y propiedades que María recibió de
Dios.
Roschini explica la Mariología en cuatro principios:
1. Principio o proposición: de la que pueden deducirse todas las conclusiones teológicas
sobre la Virgen María, presidiendo toda estructura del tratado mariológico,
confiriéndole solidez, orden y unidad.
2. Fundamento sobre el cual se levantan todas las partes de la mariología.
3. Germen o célula germinativa de la que brotan la raíz, el tronco y las ramas con sus flores
y frutos.
4. La Idea Central de toda la mariología que hace posible su construcción orgánica.
Para muchos Mariólogos este principio fundamental se centra en la maternidad divina, no
limitándose a su dimensión meramente biológica, sino en su dimensión moral y trascendental.
Otra corriente fija la prerrogativa patrística de Nueva Eva asociada al Redentor como Nuevo
Adán, como principio fundamental de la Mariología.
Para otros es la inserción de María en el núcleo de la historia de la salvación, relacionando María
entre la cristología y la antropología sobrenatural y comprendiendo la figura de María como tipo
de la Iglesia como el único principio mariológico valido.
Karl Rahner, el hecho de que María es la rescatada de la forma más perfecta sería el primer
principio.
Por fin una postura mas reciente propone como paradigma de la Mariología que María es la
perfecta discípula y seguidora de Cristo, tesis que se presenta con insuficientes recursos para
ser base de todas las verdades marianas sustentadas por la dogmática católica.
La orientación cristológica y cristocéntrica de la Mariología, fundamenta su estudio en el hecho
revelado de la Maternidad Divina, encontrando en ella el primer principio de la ciencia
mariológica, por ser una realidad especifica de María, privilegio único, singular e irrepetible,
íntimamente ligado al acontecimiento