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Corporación Universitaria Adventista

Licenciatura en Teología

EL SANTO OFICIO DE
LA PREDICACIÓN

Ensayo
Presentada en cumplimiento parcial
de los requisitos de la materia
de Homilética

Por

Pierre Vergel Fernández

Agosto de 2018
EL SANTO OFICIO DE LA PREDICACIÓN

Hoy en día las personas manifiestan una gran sed por acumular gran cantidad de

seguidores. Se toman las mejores “selfies” para alcanzar un buen número de “likes” en

Facebook. Se escriben todo tipo de opiniones en Twiter para aumentar el volumen de

adeptos. Se graban todo tipo de videos para que los “youtubers” obtengan miles de

reproducciones. Parece que para algunos la popularidad en las redes sociales fuera una

especie de alimento para su “felicidad”.

Tristemente, esa cultura de la acumulación de seguidores parece que se estuviera

apoderando de nuestros púlpitos. Se predican muchos sermones que parecen más enfocados

en el enviado que en el Enviador, como si el predicador fuera una especie de estrella

mediática, en vez de estar centrados en Cristo, la Estrella Resplandeciente de la Mañana.

Vale la pena volver a mirar lo que el ministerio profético nos revela con relación a

los predicadores y, ya sea a través de los púlpitos, a través de los medios, o a través de las

redes sociales, permitir que nuestros sermones cumplan con el propósito de atraer a las

almas en favor de Cristo, quien es el único que merece aglomerar un gran número de

seguidores, pues fue con su preciosa sangre que pagó el precio por la salvación de la

humanidad.

En este ensayo se destacarán algunos puntos que debe tener en cuenta todo

predicador que pretenda cumplir con la misión encomendada por nuestro gran Maestro:

consejos prácticos, valiosas sugestiones, instrucciones en cuanto al vestido, los gestos y las

palabras, y otros detalles de gran relevancia que hacen del evangelista un verdadero

instrumento de Dios para la salvación de las almas.

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¿Por qué es vital predicar la Palabra?

“Deben advertir a los habitantes del mundo de que Cristo volverá pronto con poder

y grande gloria” ¹.

Los predicadores de este tiempo tenemos el gran privilegio de ser protagonistas en

los últimos capítulos del drama de los siglos. Se espera de nosotros que asumamos el rol

que nos ha sido asignado en el desenlace de la historia de la humanidad tal como la

conocemos hoy. Cristo viene pronto, y nuestro deber es anunciarle al mundo con amor, con

valor y con poder, que el Creador del universo está a las puertas y debemos prepararnos

para recibirle. No hay manera de convencer al mundo de su necesidad de Cristo por un

medio diferente a su Palabra, es por ello que aquel que se para detrás de un púlpito a

ministrar al pueblo, debe renunciar al sensacionalismo, a las fábulas, a los chistes y a toda

clase de distracción, para alcanzar los corazones con las verdades eternas consignadas en

las Sagradas Escrituras. Es vital predicar la Palabra porque queda poco tiempo y porque es

lo que la gente necesita para ser salva.

A todas estas, para el entretenimiento hay toda una industria dirigida por los agentes

del diablo en los medios de comunicación. Los predicadores no hacemos parte de esa

industria, somos agentes del Altísimo y hacemos parte de un ejército llamado a levantar la

bandera de la cruz.

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¹ Elena G. de White, Obreros Evangélicos, (Mountain View, California, Pacific Press Pub. Assn.,
1975), 155.

2
¿A qué se compara la predicación?

“Las palabras de Cristo eran como agudas saetas, que iban al blanco y herían los

corazones de sus oyentes” ¹.

Llama la atención que el Espíritu de Profecía compare la predicación de Cristo con

saetas agudas. Al momento de escribir este ensayo, se celebra en la caribeña ciudad de

Barranquilla los XXIII Juegos Centroamericanos y del Caribe Barranquilla 2018, en donde

la delegación de Colombia se colgó el oro en Tiro con Arco. El calor, el viento y la

humedad no impidieron que tres jóvenes colombianos dieran en el blanco con sus flechas

más veces que sus rivales y se llevaran la presea dorada. Este logro nos permite ilustrar la

asertividad que debe tener un predicador desde el púlpito. Así como Cristo, las palabras del

evangelista deben apuntar al corazón de los oyentes y atravesar el alma de aquellos que lo

escuchan. La predicación debe dar en el blanco.

Esas palabras de Cristo, que eran como saetas agudas, están disponibles aún hoy, y

somos nosotros los predicadores quienes tenemos el santo deber de echar mano de ellas y

lanzarlas al mundo en el cumplimiento de la misión.

¿Al predicar de Cristo que se ha de resaltar?

“Él puede salvar hasta lo sumo a todos los que se alleguen a Dios por su medio.

Haced resaltar este hecho” ².

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¹ Elena G. de White, Obreros Evangélicos, (Mountain View, California, Pacific Press Pub. Assn.,
1975), 158.

² Ibíd., 162.

3
Son muchos los que están sedientos de una palabra de consuelo y esperanza. Cada

ser humano, sin importar su edad, sexo, raza, condición social, física o religiosa, necesita

saber que en Cristo puede encontrar salvación y vida eterna. No podemos obviar este

asunto. No podemos dar por sentado que el mundo ya sabe esto. Lo que para nosotros es

una verdad más que conocida, para otros son buenas nuevas, y ellos abrazarán el santo

evangelio tal como lo abrazamos nosotros la primera vez.

¿Por qué es importante presentar el tema de la Justificación por la Fe?

“El enemigo de Dios y del hombre no quiere que esta verdad sea presentada

claramente; porque sabe que si la gente la recibe plenamente, habrá perdido su poder sobre

ella” ¹.

Desde los inicios de la Iglesia Adventista, hemos tenido la tendencia a enfocarnos

más en la ley que en el evangelio. Debemos predicar ambas cosas, pues hablar del sábado y

otras verdades sin Cristo, es hacer una ofrenda semejante a la de Caín, quien ofreció los

mejores frutos pero le hizo falta la sangre del Cordero. Estamos llamados a predicar la ley y

el evangelio, la justicia y el amor, presentar al León y también al Cordero.

Cinco consejos prácticos

1. Ser bondadoso en sus palabras.

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¹ Elena G. de White, Obreros Evangélicos, (Mountain View, California, Pacific Press Pub. Assn.,
1975), 170.

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2. Ponga en todo lo que haga o diga la fragancia de un carácter semejante al de Cristo.
3. No deje aparecer el yo en palabras duras.
4. No pronuncie palabras de condenación.
5. Aprenda del gran Maestro.

Siete sugestiones prácticas

1. Renuncie a los discursos formales, y deje espacio para que el Señor dirija su mente.
2. Sea reverente al referirse a Cristo, no lo haga de manera ligera y vulgar.
3. No haga referencie a anécdotas irrespetuosas, la Palabra bien presentada es
suficiente para mantener la atención de sus oyentes.
4. Si se pierde la atención, haga preguntas, interactúe con su público.
5. Si tan solo hay dos o tres, igual predique con poder, como si la iglesia estuviera
llena.
6. Predique corto.
7. Sea conciso, aborde el sermón cuanto antes y hágalo con autoridad y humildad.

Conclusiones

Es de gran importancia que como predicadores del pueblo remanente sigamos las

directrices del Espíritu Santo dadas a través la hermana White con respecto al quehacer y la

conducta de un predicador evangelista. Predicar la Palabra apuntando con ella al corazón de

nuestros oyentes, enfocarnos en Cristo y su plan de salvación, y hacerlo con reverencia y

sencillez, harán de cada uno de nosotros instrumentos útiles para la salvación del mundo.

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LISTA DE REFERENCIAS

White, Elena G. de. Obreros Evangélicos. Mountain View, CA: Pacific Press, 1975.