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Rómulo Antonio Salazar Matus

Problemas de ontología y metafísica


Prof. Dra. Greta Rivara Kamaji
No. Cta. 088329251
Situación escolar: inscrito

Una reflexión sobre las formas de narración

Introducción

El presente trabajo obedece a la intención de hacer una exposición de lo aprehendido a lo largo

del curso, no pretende ser un análisis de la teoría narratológica, sino una reflexión sobre la

aplicación de algunos de los conceptos vistos en las diferentes sesiones del curso a la vida

práctica, haciendo un intento de identificarlos en algún ejemplo particular. Para lo cual me

serviré principalmente de las diversas exposiciones del texto “El relato en perspectivo”,

realizadas durante el curso, y apoyándome, para la mejor comprensión de conceptos en

algunos pasajes de “tiempo y narración I”

El relato como expresión de lo vivido.

Los sucesos ocurridos a los seres humanos de manera individual, si bien tomados

particularmente no son los que construyen una historia general, cuando son relacionados entre

sí, cuando son tomados como suma de acciones realizadas, constituyen lo que podemos llamar

hechos históricos. En este sentido podemos afirmar que la historia es la suma de acciones

individuales que configuran una etapa espacio-temporal; y es por medio de esta configuración

que podemos dar cuenta de características propias a esa etapa. De lo anterior se desprende

que la importancia de las experiencias vividas por un individuo radica en que son a partir de

estas que el individuo se conforma como ser en el mundo en el que vive, como parte integrante

de él, ya que todo suceso experimentado se da precisamente en ese mundo.


Ahora bien todo aquello que constituye el diario vivir de los individuos (pensamientos,

acciones realizadas y acciones recibidas) requiere ser exteriorizado, el individuo busca validar,

por llamarlo de alguna manera, todo aquello que le acontece; busca la manera de expresar, de

hacer evidente, de compartir, las experiencias vividas. Tal validación de lo experimentado

personalmente, se da a partir del relato mismo de lo vivido; la manera en la que todo hombre se

relaciona con los demás esta dado en principio en el compartir por medio del habla, de

comunicar a través de la narración aquello que nos ocurre, lo que hemos vivido, las

proyecciones que tenemos, las sensaciones experimentadas, los deseos, etc.

De lo anterior se hace evidente que una parte esencial por medio de la cual el ser humano

se constituye como ser, como parte constitutiva del mundo, es a partir del relato de sus

experiencias vividas, de lo experimentado o de lo imaginado; pensemos en una consulta

médica de primera vez, lo primero que hace el médico que nos atiende es llevar a cabo una

historia clínica, que va construyendo con base en los datos que le proporcionamos, de la

historia personal que vamos compartiendo; pero no de la forma de una mera acumulación de

datos históricos, sino del registro de los hechos que él considera relevantes partiendo de

criterios particulares; es decir que a partir del relato, de la narración de nuestra vida, de la

relación con otros individuos, de los padecimientos dentro de la familia a la que pertenecemos,

de algunas de nuestras conductas o practicas regulares, etc., se construye la historia clínica

personal, la historia médica necesaria para determinar el tratamiento a seguir; de acuerdo con

lo anterior, es notable que se parte de una perspectiva independiente a nosotros, que abre la

posibilidad de ser y estar en un momento y espacio determinado, que se configura una forma

de ser del individuo dentro de un contexto determinado, una forma de ser en el mundo.

La manera en que son narradas las experiencias obedece en gran medida y a grandes

rasgos a esta forma de narración, en ella está involucrada la trama narrativa, el hilo conductor

que da unidad y sentido a lo narrado, la cual se construye partiendo de la toma de una parte de

un universo de posibilidades, de un contexto de la vida misma, de experiencias que buscan ser

exteriorizadas de alguna manera, ya sea bajo la forma de descripciones ya sea como relatos de

hechos históricos, relato de experiencias a través de las cuales se establece la manera en la


que ha de darse la trama misma, es decir, la trama se construye en la narración misma de las

experiencias, en el nombrar mismo de los hechos o experiencias vividas, bajo una estructura

secuencial y congruente.

Más aun, el relato de las experiencias individuales no se da de forma trivial, en la narración

de ellas están incluidos toda la gama de procesos interiores que experimenta el ser humano,

dependiendo del estado de ánimo del individuo y la persona a la que está dirigido el relato se

construye la narración. Y es precisamente bajo la incidencia de los procesos interiores que

estamos posibilitados de dar mayor credibilidad a lo narrado; el énfasis de lo narrado, en el que

están inscritos los sentimientos, las proyecciones, las motivaciones, etc., proporcionan

verosimilitud al relato de las experiencias vividas.

En el intercambio narrativo del que habla y escucha, del que narra y el que lee, están

implicados de manera esencial diferentes maneras de interpretación, que dependen por un lado

del que narra, el énfasis empleado en la manera en la que se expresa la persona que narra,

influye de manera determinante en la interpretación del relato mismo, le da sentido y forma, en

el caso de la narración escrita el uso de las estructuras lingüísticas no sigue la dureza de estas,

de tal manera que su uso depende del mensaje que se pretende transmitir, una de las limitantes

en cuanto al uso ligero de dichas estructuras es que no se altere a modifique la forma

secuencial de esta, es decir que la congruencia de la trama subsista; por otro lado la

interpretación del que recibe, lee o escucha lo narrado, depende en gran medida del estado de

ánimo en el que se encuentre, el narrador se vale del uso de ademanes y entonaciones que

apelan a las emociones de quien escucha o lee, la interpretación se ve afectada por el juego de

las sensaciones mismas.

Cuando hablamos de “lo narrado”, hablamos de relatos de experiencias y/o vivencias, de

hecho ocurridos, no solo al sujeto que narra (universo intradiegetico) sino de hechos vividos por

los sujetos que nos rodean (universo extradiegetico), sucesos o hechos en los que estamos

relacionados, ya sea de manera directa porque somos parte del hecho, ya sea de manera

indirecta porque lo observamos desde fuera de nosotros. Bajo la siguiente consideración se

observa que la construcción del relato se fundamenta en la experiencia de algo, dentro o fuera
de nosotros y que la interpretación de la experiencia está en función del sentido del relato; el

relato puede estar sujeto a la narración de los hechos ocurridos tal cual suceden, a la

descripción fiel de lo acontecido, en este sentido nos referimos a una forma de relato histórico,

una forma que describe la realidad sin mediación alguna; el relato también puede estar

supeditado a una interpretación de la realidad de quien la narra, esta forma de relato recibe el

nombre de relato de ficción o ficcional, que no se remite a la fabricación fantástica de la

realidad, a la narración de hechos no vividos o inexplicables, o a la falta de vinculación con el

mundo, sino a la manera en la que el sujeto percibe la realidad, a la manera en la que el que

narra matiza la experiencia de lo vivido por medio del relato.

El relato por sí mismo carece de sentido, lo que se narra carece de validez si no existe

receptor alguno, requiere por necesidad de un sujeto o sujetos que lo perciban, que lo

escuchen, que lo lean. El relato cobra sentido en la medida en la que este cuenta con la

posibilidad de transmitir algo, para lo cual es necesaria la presencia de un sujeto que lo reciba.

Bajo esta afirmación se confirma la importancia del lector u oyente del relato, el receptor del

relato interpreta de manera gradual, al tiempo de lo narrado, la realidad que se le presenta por

medio del relato, al interpretación de la realidad por medio de lo narrado se da en el momento

mismo de la narración, y tal interpretación se encuentra mediada por las capacidades

cognitivas, sensitivas, emotivas, etc., del receptor. La realidad es interpretada en función de

estados de ánimo, creencias, sensaciones y saberes del sujeto que la experimenta, a estas

maneras de interpretación de la realidad podemos denominarlas perspectivas del mundo

narrado, las cuales determinan el punto a partir del cual podemos relacionarnos con la realidad.

A manera de conclusión y de acuerdo a lo anteriormente expuesto creo poder afirmar que

las diferentes formas de relato, de la narración de lo experimentado y de la interpretación del

mundo, es la manera en la que el sujeto se vincula con la realidad, la manera en la que se hace

pertenecer a ella, que la forma de relato empleada en la narración está íntimamente ligado al

conjunto de conocimientos y creencias que configuran al sujeto como tal, y que por medio del

relato se determina su ubicación espacio-temporal, es decir, el lugar que este ocupa en el

mundo mismo.
Bibliografía.

- Ricoeur. Paul, “Tiempo y narración I”. Traducción de Agustín Neira, México, Siglo XXI

editores 2004.

- Pimentel. Luz Aurora, “El relato en perspectiva”. Estudio de la teoría literaria, México,

siglo XXI editores, 2017.