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Lenardis Amore

Black Butterfly
Prólogo
Todos los integrantes del Consejo la estaban observando mientras las cadenas de
plata rodeaban sus muñecas y sus tobillos. No pudo evitar recordar cuando vio en una
situación similar a Charlotte, quien había intentado acabar con ella.
¿Cómo había llegado la Gobernadora a este momento? ¿Cómo ahora recibía las
miradas despectivas de los vampiros que una vez la apoyaron? Todo se había vuelto en su
contra.
Su existencia estaba en manos de otros, de quienes deseaban verla acabada.
— ¿Tienes algo que decir a tu favor, Gobernadora? –Elizabeth la mirada con el ceño
fruncido, enojada y furiosa por todo lo que había sucedido en las últimas semanas.
Victoria no fue capaz de responder, solo se giró para poder buscar las únicas miradas
amigas. En un costado de aquellos altos e imponentes asiento de piedras donde juzgaban
a los vampiros que iban en contra de las reglas, se encontraba Alexander y Raúl.
Este ultimo la observaba con una expresión fría, aunque pareciera traicionado, no
había aceptado participar en tal juicio, es por eso que solo estaba como observador, al igual
que el antiguo Gobernador, que por su relación política con la acusada, no estaba habilitado
para dar un juicio.
—Nada –susurró ella, observando los ojos negros de Alexander Lenardis, quien
vestía de negro, como si estuviera de luto.
—Mentir al consejo no es una opción –aclaró William, quien la miraba enojado, más
por cómo se estaba comportando la simpática Gobernadora que por el grave error que
había cometido con el caza vampiros –y está penado con la muerte.
—Victoria –Elizabeth volvió a hablar –confiesa de una buena vez ¿Alexander sigue
siendo nuestro Gobernador o no?
La vampiro se enderezó y miró hacia los Consejeros, sin sentirse intimidada y sin
tener miedo a lo que le podría suceder. En los últimos meses se había vuelto en alguien
frio, distante y analítico. Una Gobernadora pragmática, eso es lo que era y no dejaba ver
sus sentimientos a nadie, excepto a una única persona. Se había vuelto en una vampiro
por completo, sin rastros de humanidad en sus ojos.
—Alexander Lenardis, como siempre ha deseado, sigue siendo el Gobernador de los
vampiros.
Hubo un silencio por parte de todos ante la respuesta que había dado Victoria. Habían
pruebas de que lo que decía era mentira, Elizabeth había vuelto a tener una conexión con
su hijo y se podían comunicar telepáticamente como antes lo hacían los Gobernadores, la
única respuesta para ello, era que Victoria había mordido a alguien más, sin embargo,
Elizabeth había callado para proteger a Alexander, por eso solo habían sospechas de lo
ocurrido en realidad.
Es por eso que cuando todos creyeron que no habría forma de resolver el acertijo y
que solo les quedaba la opción de creer en Victoria, las amplias puertas del oscuro y
tenebroso Consejo, se abrieron.
Un vampiro de ojos negros como la noche, piel pálida como la nieve y con el cabello
claro como el sol, se acercaba caminando con la habitual chaqueta de cuero que siempre
usaba de humano.
Cristóbal sonrió de forma tenebrosa y de su espalda desvainó su espada de plata,
con la que acababa a los que ahora eran de su misma especie.
—Creo que difiero con esa respuesta, Gobernadora. Usted fue quien me convirtió en
lo que soy ahora.
Su voz había cambiado, se había vuelto más mordaz y más letal de lo que había sido
de humano.
“Te dije que te quedaras a mi lado, Victoria, ahora seguirías con vida” dijo
mentalmente a la vampiro que estaba presa de los grilletes de plata.
“Eso nunca será posible y lo sabes muy bien” Victoria sonrió mirando a su peor
enemigo.

Alexander observó las miradas de los dos vampiros como si fueran espadas de plata
que estuvieran clavándose en su pecho. Podía saber que ellos hablaban mentalmente y se
sentía más traicionado que nunca.
“Siempre seré el Amor de Lenardis”
Victoria formó esas palabras de forma fría y cortante, como era en la actualidad.
CAPÍTULO 1
Di un abrazo a Tessa y a William, después cerré la puerta. Había tomado la
información necesaria por parte de ellos. Necesitaba los nombres de quienes les habían
proporcionado esas fotos, después tendríamos que viajar a Londres. Era obvio que
Cristóbal debió viajar muy lejos o estar muy bien escondido. Ahora tendríamos que buscarlo
para acabar con él y mantener el rol de Alexander entre sus vampiros.
Cuando levanté la mirada, pude ver que Alexander me observaba desde el comienzo
de las escaleras.
—Te ibas a ir –susurró, pero pude escucharlo con claridad.
Podía ver que sus ojos estaban llenos de tristeza. Estaba segura que en su mente se
repetían las imágenes de mi supuesto engaño, de lo que había pasado en ese asqueroso
calabozo y mi mirada al enterarme de la atrocidad que había cometido en el pasado.
Eso bastaba para poder largarme de esta gigantesca casa, alejarme de su lado era
la mejor opción ya que solo habían problemas con él. No tenía la menor idea si algo
funcionaría entre nosotros, me sentía extraña solo de saber que había permitido que
acabaran conmigo en el pasado, todo porque él había elegido el dinero.
Cerré mis ojos, esa idea no era algo que pudiera sobrellevar en este momento.
Aun así, pensando en todas las cosas horribles que estaban sucediendo, no podía
dejarlo solo. Estaba destrozado y parte de eso había sido mi culpa, por permitir que
Cristóbal me engañara y guiara mis sentidos hasta tenerme en la palma de su mano, me
había manipulado y confundido… eso había sido en cierta forma traición, ya que yo no
podía controlar lo que pasaba en su casa, pero de todas formas llegué hasta ahí por
voluntad propia.
Y aún lo amaba, eso no se iba de un día para otro. Todo estaba muy dañado, pero
aun así solo él podía hacer que mi corazón volviera a latir.
— ¿Qué haces todavía aquí? –dijo sentándose en el escalón.
—Como ves, sigo aquí.
—No puedo entrar a tu mente –apoyó su cabeza en el pasamano de la escalera.
—No podías hacerlo desde hace un tiempo.
—Pero ahora no tengo ninguna posibilidad.
—Claro que no –dije fría y molesta –siendo que convertí a un humano que caza a
vampiros, el mismo humano que tenía como padre a mi primera y única víctima.
En un segundo llegué hasta donde él estaba. Me incliné y rodeé su cuerpo con mi
brazo y puse el suyo sobre mis hombros. Este vampiro gigante tenía que ir a descansar.
— ¿Qué haces? ¿Por qué sigues a mi lado? ya deberías irte, como siempre –se
inclinó, acercando su rostro al mío hasta que su frente se apoyo con la mía –hice mal en
tratar de sacar su sangre de tu cuerpo.
—Cállate, no me recuerdes eso que me dan nauseas. Ahora ayuda y avanza, debes
descansar.
Caminamos hasta la que era nuestra habitación en esta casa, presione los dígitos
para ingresar y después con rapidez hice que se recostara en la amplia cama. Presioné el
botón para que las cortinas se cerraran y prendí la luz de su mesa de noche.
—Quiero que me respondas –dijo él cuando su cabeza se apoyó en la almohada —
¿Qué sigues haciendo aquí?
Le saqué bruscamente sus zapatos y los tiré a un lado, después fui por una manta y
la puse sobre su cuerpo, aunque no lo necesitaba.
—Vuelvo en un segundo.
Corrí con mi rapidez vampírica hasta la cocina, donde entre a la que era la antigua
habitación de Francesca. La habíamos convertido en una gran nevera donde teníamos
sangre de excelente calidad cuando teníamos pereza de ir a cazar. Aun quedaban varias
bolsas.
Me quedé unos segundos calentando en el microondas la bolsa de sangre. Justo en
ese segundo apareció Raúl.
—William y Tessa han partido, a pie ¿Qué sucede, Victoria? ¿Qué pasará con
ustedes? ¿Te irás con ese humano?
Me senté en mueble, al lado del microondas.
—No iré a ningún lado y si voy a estar cerca de Cristóbal en un futuro, será solo para
eliminarlo. Aun así, no te puedo responder por mi relación con Alexander, todo se ha ido a
la mierda estas últimas semanas.
—Pero ¿te quedarás?
—Claro que sí, no puedo dejarlo en ese estado… ¿te imaginas? –negué ante esa
idea.
—Victoria –Raúl me miraba sorprendido. Estoy segura que él tenía mucha fe en mí,
pero aun así verme aquí después de todo lo sucedido, le había extrañado.
— ¿Cómo lo voy a abandonar en un momento como este? Es mi esposo y juré que
iba a estar con él. Si las cosas no están bien, bueno… espero que se solucionen en un
momento, porque personalmente, no puedo vivir sin Alexander. Punto final, no quiero volver
a dar esta explicación, menos a ti.
—Entendido.
En ese segundo sonó la alarma del microondas y saqué la bolsa para llevarla con
rapidez hasta donde se encontraba Alexander.
Cerré la puerta al ver que seguía en la misma posición, observando la luz de la
lámpara, sin pensar en nada más, podía verlo en sus ojos. A diferencia suya, yo si sabía
leerlo, nunca había tenido su mente abierta para mí así que tuve que buscar otras técnicas.
Me senté en la cama, a su lado, llamando su atención. Sus ojos negros y brillantes
me quedaron mirando por unos segundos.
—Luces como si hubieras tenido un colapso nervioso ¿sabes? A que ninguna pareja
tuya en el pasado había provocado esto.
—Todas ya se habían ido antes de que me vieran así –su mandíbula se tensaba cada
segundo para después relajarse, estaba nervioso — ¿Qué sigues haciendo aquí?
—Si me sigues preguntando eso, me harás enojar y ahí si te abandonaré como tanto
deseas.
Le ofrecí la bolsa de sangre, que tomó sin dudar. Comenzó a beber de ella.
No dejó de mirarme en todo momento, sabía muy bien que su cerebro le estaba
trayendo aquellas imágenes, de mí con Cristóbal, lo que ahora me daba asco, que situación
más desagradable había sido esa, aunque haya sido fenomenal bajo los efectos de la
sangre de ese humano.
Me iba a poner de pie, pero su mano tomo la mía. Me alejé de su contacto, no me
agradaba tener ese tipo de caricias cuando hace menos de una hora había escupido mi
sangre y además me había dejado en los calabozos.
—No –susurré alejando su mano de la mía –deberías dormir Alex, yo iré a la antigua
habitación.
— ¿No te quedarás aquí? ¿Por qué?
—Tú me miras y me ves con Cristóbal. Yo te miro y solo tengo en mi mente esas
extrañas imágenes de personas con antorchas… creo que ninguno de los dos puede
descansar al lado del otro.
Salí de ahí antes de que me dijera algo más. Fui hasta la biblioteca, la noche ya
estaba cayendo y de seguro Elizabeth estaría pronta a entregarse a Morfeo en Londres. La
llamé sin dudar desde el teléfono del escritorio.
—Tenemos un problema –fue lo primero que dije.
— ¿Victoria? –Se escuchaba muy sorprendida — ¿algo le ha pasado a Alex?
—No, está bien… descansando en la cama, pero necesito que viajes hasta acá,
debemos hablar ¿sí?
—Claro, reservaré el primer viaje –se quedó en silencio unos segundos, al igual que
yo –querida ¿ya te has enterado de todo? –comencé a hacer círculos con mi dedo índice
sobre unos papeles en blanco.
—Si te refieres a que al parecer Alexander me abandono hace muchos años atrás por
dinero y me quemaron por haberme enamorado de él, sí, creo que ya me enteré de todo.
— ¿Te irás?
—No –dije poniendo los ojos blancos –claro que no lo dejaré. Como sea ¿vienes?
—Solo espérenme, voy de inmediato. Nos vemos, llegaré al anochecer.
Ambas cortamos y me di cuenta de que llegaría como en un día más, aun quedaba
tiempo para preparar lo que le diría. Cerré mis ojos ¿habría alguna ley sobre lo que hice
con Cristóbal?
Cansada y sin saber qué rumbo tomar me dirigí hacia esa puerta que daba a la oficina
secreta que tenia Alexander. Esta vez llegué en un segundo, me quedé observando los
cientos de diarios que Alex había escondido de mí.
Comencé a leerlos.

El primero que tomé en mis manos fue el de color rojo, que había dejado en la
biblioteca y que baje con el. No había nada diferente a lo que Alexander me había dicho,
tan solo tenía como nuevo, los sentimientos que él había tenido. Había relatado la historia,
no en un presente, como lo hacía con los demás libros, sino que en un pasado, ya que todo
lo que escribió, ya había ocurrido. Me sorprendió que recordara tan bien cada detalle, cada
vez que estuvo con esa Victoria; no pensé que le importara mucho realmente esa mujer si
había sido capaz de abandonarla.
Otra cosa que esperaba y que no ocurrió, fue que no tuve imágenes de algún pasado
alternativo, como pensé que tendría, ya que sabía que tenía una conexión con esa mujer,
pero no estaba segura, de todas formas solo tenía a mi favor el recuerdo de las personas
con antorchas, creo que eso era suficiente prueba, además del hecho que aun no escapaba
del lado de Alex y según la maldición, el día que eso ocurriera, las palabras de la gitana
dejarían de tener verdadero efecto.
Aun no amanecía cuando salí de ese lugar secreto que Alex mantenía, lo dejé
exactamente como estaba, así nadie más lo notaria. Fui hasta la habitación de Alex para
ver como se encontraba, pero estaba durmiendo. Reprimí las ganas de dormir en esa
misma cama.
Al entrar a mi antigua habitación pude sentir que era fría y que no tenia relación alguna
conmigo, ya no, era extraña y me hacía sentir más sola de lo que estaba. Aun así me metí
bajo el cobertor y esperé que el cansancio me hiciera cerrar los ojos. Finalmente lo hizo.
Sueños de fuego y de calabozos atormentaron mi dormir y no descansé realmente.
Aun tenía en mi mente a Alex tomándome en ese calabozo, a Alex escupiendo mi sangre y
a Alex mirándome con verdadero resentimiento. Al despertar, me abracé a la almohada,
aun no tenía idea de cómo repararíamos esto.
— ¿Ya despertaste? –me tensé al escuchar su voz. Por lo visto ya se había
recuperado.
Me senté en la cama y pude ver como su cuerpo era iluminado por los rayos de sol
que ya se colaban por la ventana. Estaba vestido con un pantalón de tela negro y un suéter
crema, se veía grande y poderoso, como siempre. Por la expresión que tenía en su rostro,
podía lucir nuevamente de tan solo veinticuatro años, aunque siempre parecía mayor.
Ahora no, no había escudo ni mascara que estuviera utilizando conmigo, después de todo
el caos, habíamos quedado expuestos el uno al otro.
— ¿Te sientes mejor? ¿Has bebido otro poco de sangre? —se giró para verme
mientras yo me sentaba. Arreglé mi vestido que dejaba ver más de lo correctamente
establecido al haberlo usado de pijama.
—Si bebí otro poco, gracias por los cuidados de ayer, no debiste –se acercó
caminando a paso seguro hasta el final de la cama. Por lo menos no tenia esas horribles
ojeras –has llamado a Elizabeth, llegará pronto ¿en qué demonios estabas pensando al
hacer eso?
—Necesitamos ayuda, tu ayer no estabas en condiciones de gobernar nada y no
sabía qué hacer. De seguro hará bien su visita, te guiará para saber cómo proseguir con el
tema de Cristóbal.
—De tu amigo, el caza vampiros –me corrigió.
—Como sea –pude notar como su mandíbula se tensaba — ¿hace cuanto que no te
alimentabas? Ayer estuviste en pésimas condiciones.
—Hazte la idea de que eso ocurre cada vez que encuentro a mi pareja y me
abandona.
—Pero yo sigo aquí –no sé porque mis palabras y su mirada me indicaron que lo que
decía, no era del todo cierto.
—Llamar a Elizabeth ha sido un pésimo error, se dará cuenta que no tenemos una
conexión, que la tengo con ella, de nuevo.
— ¿Qué? –lo miré confundida.
—Cuando mordiste y convertiste a ese humano, tu conexión conmigo se ha roto, no
puedo entrar a tu mente ni tú a la mía; yo vuelvo a tener esa conexión con mi creador.
—Tu madre.
—Así es. Se dará cuenta de que no sigo siendo Gobernador, que tú has mordido a
otra persona y que las cosas están mucho más mal de lo que parecen. De esa forma solo
podrá tener una salida.
—Decírselo al Consejo.
—Y el castigo llegará sobre ti, es obvio que no lo sabías porque no tenías idea del
poder que había en tus colmillos hace un par de días, pero ¿crees qué esto es legal?
¿Convertir a quien se te plazca para ser Gobernador?
—Pero…
— ¡No! –dijo ahora mirándome enojado. Si, sin duda se había recuperado –llamar a
Elizabeth a estado mal, ahora tu vida corre peligro ¿crees qué estará muy contenta con
esto? Puede que sea mi madre, pero no dejará pasar por alto tu error.
—Bueno, entonces lo asumiré e iré ante el Consejo –eso fue como si le hubiera
lanzado dinamita a su furia.
— ¡Estás loca! Eso solo acabaría con tu vida, te ejecutarían al frente de mis ojos.
— ¿Y eso realmente te importa? –parecía tan enojado que creía pensar que la idea
no era tan mala en su cabeza.
—No eres tonta, no hagas ese estilo de preguntas ¿sí?
—Bien, no me quieres ver muerta ni yo tampoco quiero que Cristóbal…
—El caza vampiros –me corrigió de nuevo. Puse los ojos en blanco.
—No quiero tampoco que él sea Gobernador.
—No te creo.
—Yo tampoco a ti, creo que acabamos de coincidir en algo después de meses.
Interesante –su mirada pareció arder ante esas palabras.
—Me refiero a que tu siempre has odiado que yo sea Gobernador, puedo pensar que
lo que hiciste fue intencional –negué a sus palabras — ¿Qué me hará creer en ti de nuevo?
No puedo confiar en que tus intenciones sean buenas, convertiste a un enemigo en el líder
de mi especie.
—Nada te hará creer en mí. No lo pudiste hacer antes ¿Qué diferencia habría ahora?
–Sentencié molesta –y te recuerdo que tú fuiste quien me forzó a matarlo ¡yo no soy ninguna
asesina! ¿Cómo iba a acabar con su vida? ¡Más cuando estaba diciendo que tú me
manipulabas a tu antojo!
Salí de la cama, era hora de cambiarse de ropa y crear un espectáculo para Elizabeth
que fuera lo más creíble posible, como para mantener mi cabeza en su lugar. Sin embargo
cuando comencé a caminar hacia la puerta, la mano de Alex rodeó mi brazo. Fue como
sentir electricidad… de una pésima forma, nada agradable.
—Por favor, no me toques –mi voz apenas fue un susurro. Solo tenía en mi mente
una y otra vez a mi esposo, escupiendo mi sangre, eso era algo que no podría sobrellevar
pronto.
Su mano soltó mi brazo. Podía sentir como su mirada se clavaba en mi rostro,
esperando alguna palabra de mi parte. Sin duda le sorprendió mi reacción.
—Lo que haremos será lo siguiente –dije girándome hacia él –te irás por unas horas,
inventaremos que andas en busca de Cristóbal, solo lo involucraremos hasta el tema de ser
el jefe de tus enemigos ¿sí? esperemos que no quiera leer tu mente porque si es así, estaré
acabada.
Sus ojos estaban atentos a los míos mientras le decía lo que íbamos a hacer.
Pareciera que tuviera un millón de cosas que decirme, pero no hubiera palabras que
definieran lo que ambos estábamos pasando.
— ¿Por qué no te fuiste? –dijo tomándome desprevenida por completo ¿Cómo era
capaz de seguir preguntándome aquello?
—No sigas, esas palabras solo me hacen pensar en que este último año no me
escuchaste, ni una sola vez.
—Entonces debo creer que me amas ¿no? si es así ¿Por qué te alejas de mí? ¿Ya
no te soy agradable?
—Cállate de una buena vez –dije enojada, dejando mi mano en su pecho –en este
momento no quiero sentir tu piel junto a la mía porque solo me hace recordar como fuiste
capaz de beber de mi sangre para después escupirla, como fuiste capaz de tomarme en
ese calabozo sin siquiera importarte lo que yo sentía… te sentiste tan mal en ese momento
que me liberaste de esos maldito grilletes ¿no es cierto?
Alejé mi mano de él y miré hacia el suelo.
—Me mantuviste encerrada en ese lugar, a pesar de que sabias que algo raro había
con la sangre de Cristóbal. Ese estilo de cosas no se olvida con facilidad.
— ¿Y con qué facilidad se borra el recuerdo de ver a tu pareja siendo besada y tocada
por un humano, que además es tu enemigo? –tensé mi mordida, no podía culparlo por ello.
—No sé, es por eso que no puedo dormir en la misma cama que tu, ni tampoco puedo
dejar que me toques, porque todo eso viene a mi cabeza y me siento mal conmigo y contigo.
— ¿Y cómo vamos a solucionar esto entonces? –volví a mirarlo y sus ojos ahora
tenían un brillo que hace tiempo no veía.
—No sé, aun no me dedico a pensar en ello.
—Lo bueno es que ambos tenemos el mismo problema –sonrió levemente, aun no
entendía este cambio de humor y creo que lo reflejé en mi expresión –supongo que habrá
que comportarse realmente como marido y mujer ¿no?
Mordí mi labio inferior, por el interior de mi boca, para evitar formar una sonrisa por
esa frase que dijo ¡idiota Alex! Eso es lo que he estado esperando desde que tuvimos
nuestra ceremonia ¿Por qué tenía que comportarse así ahora?
— ¿Qué haces? –dije incomoda al sentir que su mano rodeaba mi rostro.
—Habrá que reparar esto ¿no? –lo miré e hice un mohín, no estaba preparada para
este estilo de cosas y sabía muy bien que él tampoco –no te aseguro que no te gritaré y
diré cosas hirientes también, estoy tan enojado contigo que he descubierto que es primera
vez que alguien me enfurece tanto.
—Lo mismo para ti –susurré mirando hacia un lado.
—Supongo que solo me toca confiar en ti y en tu plan para engañar a Elizabeth –
asentí –pero no me iré lejos, solo me quedare en nuestra habitación con un libro, donde
tendrás que llegar al amanecer… no puedes dormir en otro lugar con ella cerca, se dará
cuenta de que algo va mal.
Cerré mis ojos al sentir como su pulgar recorría mi mejilla.
—Ciento lo que hice en ese calabozo, de verdad –se acercó sin previo aviso y sus
labios se posaron con cuidado en mi mejilla. Me tensé por completo al sentirlo tan cerca.
—Alex –dije muy bajito, acercándome a él y escondiendo mi rostro en su pecho
mientras que sus brazos me rodeaban.
Había sollozos sin lágrimas, pero llenos de tristeza. No sabía cómo recomponernos,
no tenía idea de cómo borrar todo lo que había sucedido ¿Cómo íbamos a remediar su
situación como Gobernador? No sabía ¿Cómo íbamos a remediar nuestra relación?
¡Tampoco lo sabia!
Solo me pude quedar entre sus brazos, dejando que sus manos acariciaran mi
espalda mientras yo seguía llorando sin lágrimas, mientras trataba que por un momento,
todos nuestros problemas se disiparan y nos encontráramos a cientos de kilómetros de este
lugar, solo los dos y nadie más.
Sin embargo, la realidad nos golpeó la puerta. Era Ezequiel, quien nos traía un
mensaje por parte de Aníbal: deseaba hablar con el Gobernador.
—Sigue prisionero –dije ya a un par de metros de Alex, dándome cuenta de que había
olvidado a Aníbal por completo. Me sentí fatal –hay que liberarlo –aclaré de inmediato.
—No, lo que hizo fue esconder información de mi, fue contigo como tu guardia y
permitió que te acercaras a Cristóbal –lo miré como si le hubiera salido otra cabeza.
—Eso es imposible Alex, vamos, no puede quedarse ahí, además no fue su culpa.
— ¿De qué están hablando? –dijo Ezequiel sin comprender bien la situación.
Miré preocupada a Alex ¿Cuántas personas sabían realmente lo que había sucedido
en estos días?
—Ezequiel, ve a buscar a Aníbal… quiero hablar con él en la sala, no en esos horribles
calabozos.
Nuestro amigo desapareció en un segundo.
— ¿Ezequiel no sabe?
—Claro que no, solo sabe lo necesario, que Aníbal dejó que estuvieras cerca de un
Caza Vampiros.
—Debes liberarlo de esas cárceles, vamos… sabes que no es culpa de él –me miró
por unos segundos y después se retiró de la habitación.
Excelente, así íbamos a avanzar muy bien de esta manera, teniendo solo minutos de
sinceridad para finalmente volver a resguardarnos en el rencor… simplemente, excelente.
Sin esperar otro segundo, fui detrás de Alex. No nos tomo nada llegar, en silencio,
hasta nuestra sala. Donde ya se encontraba Aníbal, esposado con esos grilletes de plata,
su ropa sucia y rota, además de llevar su cabello negro desordenado. Se veía famélico
¿desde cuándo no bebía?
— ¡Aníbal! –corrí hasta donde estaba y traté de quitarle las esposas pero estas
quemaron mis manos. Él rápidamente se alejó de mí para que no siguiera tocando aquel
metal.
—Son imposible de romper –dijo observándome con esos ojos negros, profundos
como la boca de un lobo y con ojeras bajo ellos.
—Tienes sed… dame un segundo.
Antes de que pudiera ir corriendo al mismo cuarto de donde saqué una bolsa de
sangre para Alex, este me detuvo, tomando con fuerza mi mano y negando.
— ¿Qué te sucede? Aníbal no tiene culpa de nada. Está sediento ¿dejarás que se
mantenga así?
—Es su castigo por esconderme información –dijo mirando a mi amigo. Soltó mi
brazo.
—Eso es lo que tú crees, yo no comparto esa opinión.
No esperé, solo fui corriendo, utilizando aquella velocidad vampírica, hacia el
abastecimiento de sangre. Un minuto después regresé.
—Siéntate –dije ubicándome a su lado. Aníbal me observó receloso, temiendo por las
posibles respuestas de Alexander.
—Hazle caso –observé a Alex por aquella orden, pero sus ojos estaban fijos en
Aníbal.
Mi amigo se sentó en el sofá más grande y me senté a su lado, le entregué la bolsa
de sangre ya calentada. Él comenzó a beberla con rapidez, sin dejar caer ni una sola gota.
— ¿Dónde está la llave de esto? –dije observando a Alex, que negó.
—Una cosa es dejarlo beber, otra diferente es liberarlo. No será así.
—Basta, ya basta… sabes que él no tiene la culpa de nada.
—Lo siento –dijo Aníbal, observándome. Aquello me preocupo aun más.
— ¡Alex!
—Así no son las cosas y lo sabes –no dejo que respondiera nada –Aníbal ¿Qué
deseabas hablar conmigo?
—Quisiera saber cuál será mi sentencia. Necesito encontrar paz al dormir –fruncí el
ceño ¿Qué forma de hablar era esa?
—Aun no hemos tenido tiempo en centrarnos en tu caso. Ahora con el tema de ese
humano convertido, no eres prioridad.
—Lo sé y lo siento… yo no, yo no estaba pensando con claridad. Cuando me ordenó
ir a dejar su cuerpo, pude escuchar que su corazón seguía latiendo, entonces de inmediato
me di cuenta que Victoria no lo deseaba muerto.
— ¿No lo deseaba? –le interrumpió Alex. Demonios, este era un tema delicado.
Por primera vez me quede en silencio para saber cómo avanzaba este tema.
— ¿Sabes lo que desea mi esposa? Interesante, ya que ni siquiera yo estoy enterado
de ello, menos ahora que no sé qué pasa por su mente –justo cuando estaba diciendo eso,
Raúl apareció en la sala. Pude notar como tensó su mordida, pero no dijo nada, solo se
acercó a nosotros para averiguar lo qué estaba pasando.
—Lo siento. No pensé en las consecuencias de dejarlo con vida, Sr. Lenardis –miré
a Alex, esperando que lo absolviera de culpa, no tenía nada que ver en este lio.
—Muy astuto ese humano ¿no? –Interrumpió Raúl, ubicándose al lado de Alex –se
acercó a ti también ¿se hizo tu amigo?
—No, claro que no –se defendió de inmediato Aníbal.
—Extraño entonces, no me parece muy lógico, quizás era simpático y no lo querías
muerto. Aun así –siguió Raúl –es extraño, no puedo culpar a Viky por caer ya que la sangre
de ese humano estaba manipulada, pero… ¿tu? ¿Lo habías visto antes? ¿Se conocían en
el pasado?
Los ojos de Aníbal se abrieron tanto como los míos.
— ¡No, claro que no! –Volvió a repetir mi amigo –sé lo que está intentando decir, Raúl,
pero no soy ningún traidor.
—Eso no es lo que creo –dijo Alexander –no has hecho tu trabajo, no me informaste
de estos grandes hechos… me podría parecer que estas confabulado con ese humano.
— ¡No! ¡No es así! –Aníbal se puso de pie, mirando a los dos antiguos vampiros que
lo observaban sospechosamente.
— ¡Oh ya basta! –dije poniéndome de pie, pero antes de poder decir una palabra,
Raúl levanto su mano, con su dedo índice indicando al cielo y dándome a entender que me
callara.
—Siéntate en este momento ¿ahora intentaras atacarnos? –preguntó Raúl a Aníbal.
—No –respondió derrotado, volvió a sentarse.
—Como sea –siguió Alex –respondiendo a tu pregunta, aun no sabemos lo que
haremos contigo porque aun no entras a un Juicio, como todo vampiro que ha roto las
reglas, ya que como sabrás, lo que has hecho es grave. Tuviste a un enemigo en tus manos
y lo dejaste ir, ahora corremos peligro.
—Están siendo injusto –defendí a Aníbal –si no fuera porque yo me acerqué a
Cristóbal, nada de esto estaría ocurriendo, él no fue culpable de nada.
—Por fin estamos coincidiendo en algo –aclaró Alex, pero lo miré enojada.
—Cállate, que si no fuera por ti, nunca me había acercado en primer lugar a Cristóbal.
—Eso es cierto –me defendió Raúl.
—Como sea, Aníbal seguirá prisionero por faltar a su juramento. No cumplió con su
labor de ser guardia, es justo que pague.
— ¡No pagará nada! –Dije molesta –ambos se están adhiriendo demasiado a las
reglas ¿no creen? –observé de forma altanera tanto a Alexander como a Raúl, se estaba
comportando de forma inadecuada con Aníbal.
—Hemos tenido otras traiciones en el pasado, por eso somos muy exigentes –aclaró
Raúl.
—Si se quieren adherir tanto a las reglas, les recuerdo que aquí los cuatro sabemos
que ninguno de ustedes dos tiene el poder para decidir qué hacer con Aníbal.
En ese segundo pareció que Alex palideció, incluso retrocedió un paso al
escucharme, como si mis palabras le hubieran dado un empujón.
—Ten cuidado, Viky –susurró Raúl, atento a la reacción de Alex.
—Han dicho que se están adhiriendo a la forma de tratar a los cautivos que tenemos,
bueno como actual y única Gobernadora presente, exijo que se libere a Aníbal.
—Victoria –susurró mi amigo, poniéndose de pie y negando por mi nueva actitud.
Alexander tensó su mordida y me observó con odio. Estaba segura que lo único que
deseaba era gritarme y encerrarme en algún lado para que no volviera a repetir que él ya
no estaba al mando.
—Creo que ahora tengo una nueva teoría sobre tu unión con Cristóbal –dijo mi
esposo, mirándome enfurecido.
—Puedes pensar lo que quieras, poco me importa en este momento. Ahora Aníbal
será liberado.
—No tan rápido, Victoria –dijo Raúl, acercándose hasta mi –sabes que un prisionero
no puede ser liberado antes de un juicio.
—Esto es una equivocación, ni siquiera debió ser apresado.
—Como actual Consejero, no puedo permitir de que liberes a Aníbal.
— ¡Raúl! –me estaba molestando su insistencia. Aníbal era inocente — ¡aquí él no
tiene nada que ver! No fue conmigo a la Universidad ese día porque Alexander lo estuvo
interrogando para que dijera todo sobre mi amistad con Cristóbal.
—Oh… así que era una amistad, pensé por un momento que solo había sido tu
compañero de clases, que te había manipulado con su sangre, pero no fue así, lo
considerabas un amigo –miré enojada a Alex por lo que estaba diciendo.
—No es el momento, Alexander.
—Claro que no lo es, siendo que tienes a tu cómplice aquí ¡quien te expuso aunque
fuera con tu consentimiento a un peligro inminente! Por eso, seguirá prisionero, ya que si
quieres seguir con el plan de “ser Gobernadora” te informo que tendrás que decir la verdad
al frente del Consejo, quienes te harán pagar con la muerte por la traición que has hecho.
—Basta, basta ambos ahora mismo –dijo Raúl levantando el tono de voz –Aníbal, ve
a los calabozos, te quedaras ahí hasta que decidamos si realmente debes ir o no a juicio.
—Pronto llegará Elizabeth.
Raúl me miró con el ceño fruncido cuando escuchó a Alex.
—No me digan que viene mi querida Elizabeth, justo en este momento.
—Ella la llamó –Alex me apunto como si fuera un niño acusando a su amiga –pero
tenemos planeado algo, no sabrá nada Raúl. Debes estar pronta a llegar, así que me retiro.
Raúl se acerco a Aníbal y lo tomó del brazo.
—Bueno, es hora de que te comportes como la Gobernadora que eres ¿no?
Sin decir otra palabra se fue con Aníbal, que me observaba preocupado. No tuve
tiempo para preparar nada, no pasaron muchos minutos cuando la puerta se abrió y dejó
entrar a una elegante y preocupada Elizabeth.
— ¿Qué ha sucedido? ¿Dónde está mi hijo?
CAPÍTULO 2
Invité a Elizabeth a pasar a la sala, solo necesitaba ganar algo de tiempo y crear
rápidamente una historia. Alexander lo más probable es que ya se encontrara en nuestra
habitación, esperando a que esto saliera de la mejor forma. Estaría personalmente acabada
si esto no resultaba ¿Cómo pensé en aceptar este plan? Deberíamos decirle la verdad a
Elizabeth.
—Victoria, te he hecho unas preguntas, quiero que me las respondas.
Una de los miembros del Consejo estaba sentada en mi sofá, elegantemente vestida
con un traje de dos piezas color gris, mirándome confundida, queriendo saber dónde estaba
su hijo, el mismo al cual yo había “engañado” y quitado su titulo como Gobernador.
Tenía que salir de este problema o si no sería Elizabeth la que acabaría conmigo, no
el Consejo.
—Has llegado muy rápido ¿Cómo lo has hecho?
—Usé una avioneta privada ¡has dicho que era urgente! ¿Qué ha sucedido? –me
senté, aun vestida como el día anterior y con mi cabello todo desordenado, descalza y sin
Alexander a mi lado. Estaba dando mi peor imagen.
—Supongo que estás al corriente de los Rebeldes ¿no?
—Claro y no sabes lo feliz que me hace que tú también estés enterada. Alexander
parece estar comportándose como debe contigo, entregándote la información que te
corresponde saber.
Sonreí, exactamente porque él no había hecho eso y estábamos metidos en este
problema.
—Si… como sea, hemos encontrado al cabecilla de este grupo que está unido a los
licántropos y posibles hadas.
— ¡¿También te contó sobre ellos?! –Asentí ante su sonrisa, por lo visto, el único en
contra de decirme toda la verdad era Alexander –estás haciendo que me sienta orgullosa
de mi hijo, por fin está sentando cabeza, siendo el Gobernador a veces se nubla con
facilidad. Estaba convencido de que no diciéndote todo estarías más segura. No he creído
en ello nunca.
—Claro ¿también se comportaba así con sus otras parejas?
—Ciertamente –ella me quedo observando unos segundos, averiguando en mi mirada
lo que estaba ocurriendo –Victoria, aun estoy sorprendida de que sepas toda la verdad y
sigas a su lado, no sabes lo feliz que me haces. Debo admitir que dudé de ti, pero Raúl me
mantenía siempre creyente en el amor que profetizabas por Alex.
—Sí, creo que debió decirme la verdad mucho antes para evitar los actuales
problemas –ella frunció el ceño.
—Dime que ha sucedido querida ¿Dónde está Alex?
—Buscando a Cristóbal, ni siquiera recuerdo su apellido, estuvo a mi lado por
semanas, como compañero de clases en la Universidad. Alex se enteró de ello hace poco
y fue como un loco detrás de aquel humano.
—Oh… es el turno del hijo ¿no? esos malditos fanáticos, solo quieren acabar con
nosotros. He vivido lo suficiente para entender que cada año van creciendo, desde cierto
punto a esta parte, se han vuelto una molestia. Su padre fue…
—El padre de Cristóbal fue asesinado por mi –ella hizo una mueca, reflejando su
incomodidad.
—Lo sé cariño. Alexander deseaba que tú tuvieras ese honor, para que los demás
confiaran más en ti.
—Eso tendría sentido si yo me hubiera enterado de ello ¿no crees?
—Ciertamente. ¿Entonces mi hijo no está? ¿Por qué me has llamado?
—No sé a dónde ha partido Cristóbal, ni donde está Alexander… se ha vuelto loco,
cuando vio que él estaba tan cerca de mí, ha perdido la razón y se ha ido, dejándome aquí
sola ¿Qué hago para encontrar a ese humano? ¿Quién va a Gobernar?
—Querida –ella sonrió, ahora dejando sus manos apoyada en el sofá — ¿me has
hecho viajar miles de kilómetros por esto?
—Estaba desesperada, no sabía a quién recurrir.
Ella asintió, eso me alivió. Elizabeth podía ser dulce y malvada al mismo tiempo, no
confiaba en ella como lo hacía con Raúl, pero tampoco tenía una mala relación con ella. Me
había ayudado mucho para manejar todo este nuevo mundo. Era exigente y no le gustaban
los errores, además era una fanática de las normas.
—Esto es muy simple, estás enterada de todo lo sucedido, de cómo otras especies
están detrás de nosotros. ¿Te dijo que nosotros enviamos a Lina?
—William me informó de ello.
—William… que hombre más desagradable, con su nueva esposa, es todo un
escándalo. No hagas amistades con ellos, te pueden perjudicar, ya tienes mala fama como
para buscar amigos no confiables –esos eran los grandes detalles que no me hacían
sentirme completamente cercana a ella.
—Entiendo.
—Como sea, debes hacer cumplir tu rol como Gobernadora Victoria, tú no te has
casado con Alexander para ser un trofeo que él puede mostrar a los demás, tú tienes tanto
derecho como él para ordenar y ejercer tu función. Si mi hijo no ha sido capaz de mostrarte
estas funciones, bueno, es hora ¡de que por fin! Tú tomes tal protagonismo.
—Pero yo… no tengo idea de lo qué hace Alex.
—Investiga, es así de simple. Mi querido hijo no tiene una buena memoria, solo tiene
cabeza para recordar detalles de sus otras mujeres, es por eso que todo lo relacionado con
su trabajo, lo registra. Para él existe un dicho que siempre nombra: Si no está registrado,
no se ha hecho.
Supongo que no tiene buena memoria para nada, ya que todas sus relaciones
también están “registradas”
—Eso debe estar en su escritorio ¿no? –pregunté curiosa.
—Por supuesto, ahí tiene todo: su agenda, sus contactos más privados, sus cuentas
bancarias… linda, eres una mujer del siglo XXI, me sorprende que ya no hayas averiguado
sobre ello.
No pude evitar sonreír por ese comentario. Jamás revisaba en las cosas de Alex,
confiaba en él plenamente. Cosa que debes ahora cambiaria.
—Sé que tú crees que soy fiel fanática de mi hijo, pero cuando veo que comete
errores, no los perdono. Es por eso que te entrego todos estos datos y te ánimo para que
comiences a ejercer tu cargo ¿tú crees que yo me quedé como un trofeo de oro cuando
Raúl fue Gobernador? Querida, cuando él gobernó, me dejó de lado a un comienzo…
estaba profundamente enamorada de él, quería que me observara todo el tiempo y
estuviera atento a su esposa eterna, no a un trabajo. Hice que dejara su cargo y dejé a mi
querido hijo, con el tiempo. Sin embargo, con el tiempo fue creando problemas el cambio,
mi conexión con Raúl es muy mala mentalmente, al dejarlo y volver, cada vez que Alex
perdida o no a su pareja, nosotros nos íbamos debilitando con él.
— ¿Es que tú no puedes leer la mente de Raúl?
—Si puedo, pero no tan bien como aun principio, ni siquiera estamos a un nivel básico,
sino más bien inferior a las parejas vampíricas recién formadas. Podría buscarlo con mi
mente ahora y no lo encontraría. ¿Quién dijo que la vejez no afecta a los vampiros?
Nadie, ni siquiera Alexander había notado ese gran detalle que habíamos dejado
pasar. Si no fuera porque ellos no se comunicaban bien, habríamos sido descubiertos en
un segundo.
—Debes tener ciertos datos, querida, contactos que Alexander guarda muy bien. Es
mejor que subamos, te guiaré en el día de hoy, yo debo volver mañana, también estoy
tratando asuntos con el Consejo, sobre estos molestos Rebeldes.
— ¿Te quedas?
—Absolutamente, pero trabajaremos durante el día, mañana volveré a Londres, ahora
te guiaré mientras el tozudo de mi hijo vuelve. ¿No se ha comunicado contigo?
Negué, sintiendo que mis pies pesaban más. Elizabeth se iría mañana. Eso
significaba que caería muerta de cansancio hoy en la noche, ella no trabajaba bajo el sol,
sino bajo la luna. Situación a la cual yo no estaba acostumbrada, pero que ella dejaba pasar.
— ¿Puedes adelantarte a la oficina? Debo cambiarme de ropa, he despertado hace
un rato solamente.
—Claro, me adelantaré, tu ve… y cariño –dijo sonriendo –es hora de que comiences
a vivir como una verdadera vampiro. El sol no es para nosotros.
—Lo sé –dije un tanto incómoda.
—Además, para comunicarte con las personas que buscaremos, debes hacer las
llamadas de noche.
—Entiendo, no más sol para mí.
—Muy bien, nos vemos arriba.
Desapareció en un segundo de mi vista. Caí en el sofá rendida ante la tensión que
todo esto me estaba provocando ¿ser la Gobernadora? Ni loca podría manejar todo esto
sola, tendría que decirle a Alexander mañana que comenzara a llamar a quienes podrían
entregarle información, necesitábamos saber el paradero de Cristóbal.
Caminé tranquilamente, sin apuro alguno, hasta que entré a nuestra habitación,
cerrando rápidamente la puerta.
— ¿Cómo te ha ido? –pregunto fríamente Alex mientras estaba recostado en la cama,
leyendo un libro.
—Bien, se lo ha tragado, pero me ha dicho que debo comenzar a cumplir mi función
como Gobernadora.
—Tonterías, no te preocupes, tu síguele el juego –en ningún momento me observó.
Creo que había terminado nuestra pequeña tregua.
—Alex, ni siquiera tu madre te apoyaba en ocultarme información ¿Qué demonios
pasaba por tu cabeza cuando lo hiciste?
—Pensé que podría protegerte, pero no ha funcionado, aunque también pensé que si
te enterabas de toda la verdad, te irías.
—Oh créeme, eso debí haber hecho, tu estupidez llegó a limites extraordinarios.
Fui hasta el baño y peiné mi cabello, estaba complemente fuera de control, pero logré
hacerme un moño para no dejar que ningún pelo escapara.
Luego fui hasta el armario y busqué algo que ponerme. Formal y adecuado para la
ocasión, Elizabeth amaba este estilo de conjuntos, así que tomé un vestido gris, me
agradaba era muy práctico, ya que por detrás lucia como un vestido formal gris, pero por
delante era como una falda tubo con una blusa blanca. Me deshice del vestido negro, para
cuando hice aquello supe que no estaba sola en el armario.
— ¿Qué harán ahora? –preguntó, apoyado en el marco de la puerta, como solía hacer
siempre. Le encantaba hablarme mientras me vestía.
—Iremos a tu oficina, buscaremos lo necesario para poder controlar el mundo
vampírico ¿contento?
—Bueno, debes dedicarte a buscar todo lo que quieras o ella desee, pero no llamen
a nadie ni hagas ninguna tontería ¿entendido?
—Entendido, Sr. Lenardis –me puse el vestido y comencé a luchar para subir el cierre
que estaba en la espalda.
— ¿O quieres jugar a ser la Gobernadora? –Dijo ahora mirando a través del espejo,
mientras sus manos iban a mi cintura, causándome cierta sensación que extrañaba — ¿no
es eso lo qué hiciste hace un rato con Aníbal?
Subió el cierre del vestido lentamente, dejando que su pulgar rozara mi piel. Fruncí el
ceño molesta por tal caricia, no tenía derecho a hacerlo. Sin embargo cuando acabó sin
mayor preámbulo rodeó mi cabello en su mano e hizo que mirara hacia atrás lentamente,
extendiendo bastante mi cuello.
—Estoy comenzando a creer que esto puede ser lo que siempre quisiste, ser
Gobernadora, quizás conocías de antes a ese asqueroso humano y todo esto fue un plan
para tener el poder.
Ni siquiera alcanzó a terminar de decir eso cuando yo ya me liberé de su agarre. Lo
miré con odio, dolida por lo que acababa de decir.
—Te estás trastornando, los celos están acabando contigo Alexander.
—Oh créeme, he estado pensando mucho este último tiempo y nada de lo que me
dijiste en el pasado tiene coherencia con tu acercamiento hacia ese asqueroso humano.
—Hacia Cristóbal querrás decir –aclaré, siendo malvada por gusto, sabía que odiaba
cuando lo nombraba.
—Calla.
—Te estás volviendo loco y yo al lado de un hombre inestable no voy a estar, te lo
advierto.
— ¿Entonces buscarás a Cristóbal? ¿No tiene algún hermano? Quizás ni siquiera
tendrá que meterse algo a su sangre para estar entre tus piernas.
Tensé mi mordida, esa fue la única reacción que tuvo por mi parte ante aquellas
horribles palabras. Creo que nunca, sin considerar aquella noche fatal con Cristóbal, él, mi
Alexander me había hablado de esta forma. Ahora no había excusa, no estaba bajo el efecto
de la furia que sintió antes, ahora incluso lo había pensando con tranquilidad.
—Tu madre me espera en tu oficina, si me disculpas, debo partir.
Me acerqué al otro extremo del armario y saqué unos zapatos de taco alto, color gris,
los que me puse rápidamente para poder salir de ahí. Ahora estaba en condiciones para
presentarme ante Elizabeth.
—Supongo que tu nula respuesta afirma mis suposiciones ¿no? –dijo para cuando
estaba pronta a abrir la puerta.
—Si quieres discutir, anda al baño, mírate al espejo y grítate para que tengas
respuesta. Conmigo no tendrás éxito, no tengo cabeza para ti en este momento
¿entendido? Y referente a tus suposiciones, puedes doblarlas en un papel, bien pequeñitas
y te la puedes meter por donde mejor te quepan ¿sí?
Salí de la habitación sin esperar respuesta por parte de él y corrí hacia donde se
encontraba Elizabeth. Al abrir la puerta la encontré sonriendo, mostrándome tres agendas
de cuero negro, bastante grandes.
—Querida, mi hijo nunca esconde lo que realmente debería esconder en este lugar.
— ¿Qué es eso? –dije mientras cerraba la puerta.
—Sus agendas telefónicas.
— ¡Pero son muchos números! –dije al hojear una de ellas.
—Por supuesto, son cientos de años gobernando.
—Demasiados si me preguntas –ella solo sonrió ante mi acotación.
Nos sentamos cada una en un sofá y comenzamos a verificar que tipo de contactos
tenía Alexander en esos libros. Lo bueno era que Elizabeth me comentaba sobre cada
vampiro que allí se encontraba registrado. Yo iba anotando todos los datos mientras ella
me relataba lo más importante de dichos personajes.
Estuvimos así por horas, hasta que nos dimos un descanso.
—Elizabeth… ¿Qué sucedía con Alexander cuando sus parejas lo abandonaban?
—Oh, era horrible, irreconocible –ella negó entristecida ante los recuerdos –no podías
decirle nada, se volvía aun más tozudo, un foco depresivo por meses, hasta que se
recuperaba un poco y comenzaba sus días de juerga, al mismo tiempo que retomaba el
poder.
— ¿Días de juerga? Te pregunto esto porque él me ha dejado leer sus diarios
anteriores, pero ninguno habla después del abandono de su pareja.
—Entiendo, bueno, Alexander luego de sufrir como un condenado, debido a la
maldición…
—Que obtuvo por dejar a la mujer que lo amo –aclaré un tanto molesta, ese gran
detalle lo estaba dejando en mi cerebro bien escondido. Aun no podía creer lo que él había
hecho.
—Querida, no justifico a mi hijo, que eso quede claro.
—Bien, entonces ¿Qué hacia Alex después de recuperarse?
—No sé si sea correcto decirte esto.
—No te preocupes, él ha hecho cosas realmente incorrectas conmigo, dime.
—Alex comenzaba a beber sangre de humanos a destajo, no importaba donde
estuviera o con quien estuviera, siempre tenía aquel exquisito elixir.
—Rompía las reglas.
—Claro, como Gobernador, nada se le puede decir o hacer –bufé molesta, eso no era
cierto. Si él deseaba que las normas se cumplieran, él debía ser el ejemplo.
— ¿Y qué más?
—Tu conociste a Charlotte –asentí –ahora has conocido a Lina.
—Maldito, se acostaba con quien quería ¿no? es un sinvergüenza, por eso Lina me
odia ¿es que todas las mujeres vampiros tuvieron sexo con él? Solo Alanna se salva.
—Era solo un tiempo.
— ¿Un tiempo? ¡Somos eternos! Un tiempo puede ser igual a una década –ella hizo
un mueca.
—Pero Alexander jamás ha sido infiel a ninguna de sus parejas.
— ¡Ja! –Dije burlona –no sé que es mejor, Elizabeth, si sea infiel o no me mienta a la
cara.
—Pero ya todo eso ha acabado, con todo lo que te dijo no hay más secretos.
—No estoy tan segura ¿sabes? –asentí, pensando en otro tipo de secretos que
Alexander me escondía, relacionados con su forma de gobernar.
— ¿De qué hablas?
—No entiendo la creación de ese grupo de Rebeldes ¿Qué han hecho los vampiros
para que ellos se sientan en la necesidad de atacarnos? Siempre hay dos versiones de una
historia.
—Nada de lo que yo sepa.
—Como sea, mejor sigamos con esto, que nos quedan muchos números telefónicos
y vampiros importantes a los que averiguar.
—Bien pensado.
Mientras volvía a relatarme sobre estas nuevas personas que debía contactar, quede
pensando en las ideas que vinieron a mi mente. ¿Por qué los humanos fanáticos que
querían acabar con los vampiros… se unirían a vampiros enemigos de nuestro actual
Gobernador, hombres lobos y quizás a esas hadas? ¿Qué había ocurrido para que eso
ocurriera? No tenía sentido.
De todas formas no hablamos nada más sobre el tema, tan solo nos limitamos a crear
lazos con vampiros en mi mente que llegaran a ser útiles para un futuro. Luego me dijo que
debía conversar con Alanna por mi nuevo puesto, hasta que Alexander volviera, que ella
iba a tratar de contactarlo para que volviera conmigo, pero que mientras tanto, yo tendría
que llevar las riendas de toda una especie.
—Estoy agotada –dijo para cuando terminamos, debían ser las dos de la madrugada.
—Ya acabamos, es hora de descansar ¿no crees?
—Lo merecemos.
—Ve, por la mañana te despido, iré a hablar con Alanna ¿sí?
—Muy bien, que descanses querida –rápidamente se puso de pie.
— ¡Elizabeth! –Ella me miró atenta –gracias por todo esto, por viajar y ayudarme.
—De nada, querida.
Desapareció de la oficina. Tan solo el recuerdo de Alanna hacía horas, había
provocado que de mi cabeza no saliera el nombre de Aníbal. Preso y humillado en esos
calabozos. No iba a permitir que esto continuara de esa forma.
Era tiempo de cumplir con mi rol como Gobernadora.
Salí de la mansión, directa a donde se encontraban los calabozos, yendo por la puerta
principal, seguida en silencio por Ezequiel que apareció de la nada, no pronunció palabra
alguna. Estaba extraño, ni siquiera dijo algo cuando saqué las llaves de aquella cárcel.
Para cuando entramos a los calabozos, encontramos a Alanna junto a las rejas,
mirando a Aníbal desde la distancia. Ella me miró con cierto resentimiento y puso atención
en el pequeño bolso que yo llevaba.
No la culpaba, por mi culpa Aníbal estaba aquí. Lo iba a arreglar.
— ¿Raúl? ¿Dónde está? –pregunté mirando a Ezequiel, vestido de negro como
siempre.
—Se ha ido por un par de horas, dijo que volvería para cuando la Sra. Elizabeth se
retirara ¿Qué está sucediendo?
—Dame unos minutos, luego te lo explicaré todo ¿nos puedes dejar a solas,
Ezequiel? –él me miró por unos segundos, pero después asintió y desapareció.
— ¿Me estaba buscando? –Preguntó Alanna — ¿necesita algo?
—En parte, necesito que me dejes algún registro sobre las funciones de alguna otra
Gobernadora ¿sí? Alexander no se encuentra bien y debo tomar el mando unos días.
— ¿Qué ha sucedido? –exigió saber Aníbal. Estaba prisionero de esos grilletes como
yo lo había estado, su piel estaba manchada por su propia sangre.
Que ofensa más grande, herirlo de esa forma.
— ¿Puedes hacer eso por mí, Alanna? Ve ahora mismo.
— ¿Ahora? –Asentí –como ordene.
Ella desapareció con rapidez.
— ¡Victoria! ¿Qué haces? –dijo él cuando abrí la puerta y después me acerqué hasta
donde se encontraba.
—Lo siento tanto, no sabes cuánto… todo esto es mi culpa –me acerqué para
desencadenarlo y liberarlo de esos grilletes de plata.
—No puedes hacer esto –dijo cuando se puso de pie.
—Mi querido amigo, todo se volverá un caos y tú puede que seas victima de ello.
Tienes más posibilidades de demostrar tu inocencia libre que como un fiel prisionero,
créeme.
—El Sr. Alexander ya no es Gobernador ¿Qué sucederá? ¿Cristóbal tomará el
mando?
—No, si tú me ayudas –aclaré –quiero que lo encuentres antes que yo, debes viajar
a Irlanda, es nuestra primera pista ¿sí? no creo que se haya quedado aquí por mucho
tiempo, además ha de tener contactos con otros vampiros.
— ¿Y qué quieres que haga? ¿Qué lo mate?
—Quiero que lo engañes, que jures traición hacia nosotros para ganarte su confianza,
vuélvete en uno de los Rebeldes. Yo cuidare tu espalda, junto con la de Alanna… ven –dije
mirando hacia la oscuridad de esa cárcel, ella ya había vuelto y se había quedado en
silencio para escucharnos.
—Esto es muy arriesgado –dijo Alanna, mirándonos preocupada y entregándome dos
carpetas azules.
—Ayuda a Aníbal, busca a los vampiros que no estén a favor de Alex y úneteles,
debes hacerlo, de esa forma encontraran a Cristóbal… de esa forma podre acabar con él.
—Srta. Victoria, no la puedo dejar.
—No seas ridícula, deja de poner tu trabajo antes que tu felicidad. Ayuda a Aníbal y
de paso me ayudas de todas formas.
—Victoria, te vas a meter en problemas por esto –dijo él, tomando mis manos.
— ¿Tú crees? –Reí, pensando en que ya estaba dentro de muchos problemas, uno
más no hacia la diferencia –ahora escapen, busque algo de sangre y partan. Aquí tienen
dinero y algo de ropa.
—Pero…
—No –aclaré antes de que Aníbal dijera algo –el dinero mueve montañas, ahora
váyanse, por favor.
Él cogió el bolso y después miró a Alanna.
— ¿Vendrás conmigo o no? –ella observó el sucio suelo.
—Idiota ¿Por qué tenias que hacerte amigo de la Gobernadora? Ahora tendré que ir
contigo, para cumplir con mi labor, procurar que la Gobernadora cumpla con sus funciones
¿ese Cristóbal está provocando problemas? Lo encontraremos y este problema se acabara.
—Gracias –dije aliviada, ella tenía más contactos que Aníbal, sería de gran ayuda.
—Nos vamos, hasta luego, Gobernadora –ella sonrió y desapareció del calabozo.
—No olvidare esto, te debo mi vida.
Aníbal me dio un abrazo y después desapareció. Suspiré, tranquila de que se hayan
alejado de este horrible lugar.
Salí de esa horrible cárcel y Ezequiel me esperaba, sentado en un banco de cemento,
mirando las estrellas.
—Acaba de escapar el único prisionero que tanto Raúl como el Sr. Alexander,
ordenaron a mantener cautivo, supuse que lo habías liberado –dijo sin mirarme. Me senté
a su lado.
— ¿Cómo me quedan estos zapatos con este vestido?
—Te ves guapa, tus caderas se notan bastante, así que siempre debes ser amiga de
los vestidos, pero eso ya lo sabes ¿no?
—Sí, Javier me lo digo una vez, no lo olvide nunca.
—Él sabía mucho de esas cosas.
—Debo contarte muchas cosas ¿sabes? No tienes idea de lo que ha pasado estos
últimos días.
—Algo grave como para que te estés comportando como la Gobernadora que eres,
además el Sr. Alexander está encerrado en su habitación, como si estuviera escondido.
Él esta vez dejó de mirar las estrellas y me observó.
—Supe todo sobre La Maldición, he besado a otro hombre que es la cabecilla de los
Rebeldes, los mismos que quieren acabar con Alexander…y eso solo es a rasgos
generales.
Sus ojos se abrieron sorprendidos por mis palabras, pero curiosamente después
sonrió.
—Y sigues aquí, si, estaba seguro, tu eres la última.
Me quede pensando en sus palabras. Ni siquiera sabía lo que estaba sintiendo por
Alexander, estaba tan enojada, frustrada, desilusionada y además me sentía culpable con
él. Realmente no sabía si lo que decía mi querido amigo Ezequiel, era cierto.
—Tenemos toda la noche –aclaró él –dime lo que está pasando porque me he estado
comiendo la cabeza por entenderlo.
—Por eso estabas tan silencioso.
—Claro ¿Qué pensabas?
—Nada realmente, entonces prepárate, que vienen los detalles jugosos.

Le relaté toda la historia a Ezequiel, quien me escuchó en silencio, sin interrumpirme.


Le detalle toda mi vida desde que nos habíamos mudado a Santiago hasta este preciso
segundo. Me tomo alrededor de una hora, pero gracias al cielo no estaba cansada.
—Javier estaría realmente con un ataque por haberte besado y dejado manosear por
otro hombre –le di un golpe por lo que dijo.
— ¿Y tú? ¿Qué piensas tú?
—No te voy a juzgar ni nada parecido, he sido testigo de cuanto has soportado y
también sé cómo es tu esposo, lo he visto comportarse con sus antiguas parejas.
— ¿Entonces?
—Estoy más interesado en tus problemas políticos más que los amorosos, ya que si
estás aquí y es porque aun lo amas ¿no?
—Supongo.
—Sí, todo está arruinado, lo entiendo, pero… ¿lo arreglaran? –Tensé mi mordida, no
sabía cómo iba a solucionar eso –como sea, me causa curiosidad ese humano, que
actualmente es nuestro Gobernador. Toda esta rebelión debe haber comenzado hace
décadas Victoria, hubieron ciertos sucesos en ese entonces que provocaron
enfrentamientos entre vampiros y hombres lobos, también estaban los cazadores de
vampiros, pero para ese entonces eran muy pocos… todo ocasionado por el dinero.
— ¿El dinero?
—Veras, los limites con otros seres están muy claro, pero otra cosa es que se
respeten. Yo voy donde los licántropos, tengo incluso amigos de esa especie, cero drama,
pero eso mismo hizo que los licántropos cruzaran a Londres con facilidad en esa época.
Crearon Centros de Proveedores y cobraban bastante bien, algo accesible para uno, que
no es parte de ningún grupo privilegiado donde se tienen humanos con facilidad.
— ¿Y qué sucedió con eso?
—Que los Centros de Proveedores “autorizados” por el Gobernador, no estaban
ganando. Perdieron a sus propios vampiros en centros creados por licántropos, eso provocó
que el Sr. Alexander, personalmente cerrara todos esos lugares.
—Lugares como el Vampire ¿no?
—Ese lugar estaba prohibido porque sus dueños eran Licántropos. Es toda una
persecución que tanto el Gobernador como el Consejo, llevan a cabo para evitar pérdidas
a sus propios bolsillos.
— ¿Me estás diciendo que todo esto es por dinero?
—No, te estoy diciendo lo que inició el problema. Con el tiempo hubo
enfrentamientos bastante graves por parte de estos dos bandos, incluso algunos amigos…
y amigas del Sr. Alexander acabaron en manos de licántropos. Hubo un año que lograron
atrapar al mismo Gobernador.
— ¿A Alex?
—Sí, intentaron torturarlo con plata, lo que le hizo daño, pero ante un descuido de
ellos, acabó con todos. Fue en ese entonces, que hay doble grupo de guardias.
— ¿Doble?
—Los guardias como yo… y los guardias como Lina o Marco.
—Ya veo –esta conversación se estaba volviendo muy interesante.
—Lo peor de todo fue que en ese secuestro, se descubrió que habían humanos
involucrados, es por eso que se unió otra especie más contra nosotros.
— ¿Los Cazadores de Vampiros?
—Sí, pero hasta ese entonces los dos grupos trabajaban por separados, aun siguen
unidos y por lo que relatas, hay incluso vampiros que los apoyan.
—Esto se está volviendo en algo realmente feo.
—Sin duda alguna y todos los bandos han derramado la misma cantidad de sangre.
—Estoy metida en un grave problema –dije asintiendo, entendiendo la gravedad de
los hechos.
—Claro, haber convertido a Cristóbal estuvo muy mal, pero lo que es más grave, es
un Cazador de Vampiro, que se ha convertido en uno de nosotros y que está a favor de los
licántropos.
—El Consejo acabara conmigo si se entera.
—Pero no lo sabrán, hay que encontrarlo. Te ayudaré buscando con los Licántropos,
me dijiste que él trabajaba en el Vampire ¿no?
—Sí, lo hacía.
—Tú tienes que viajar a Irlanda, pero recorre la ruta que tanto Tessa como William te
indicaron. Ese recorrido es hecho por los Rebeldes, de seguro sacaron esa información del
vampiro muerto, Cathal.
—Eso mismo creo, es el único rebelde que era amigo de ellos… hasta ahora.
—Deben tomar una ruta paralela, es muy riesgoso que se expongan.
Nos pusimos de pie, tendríamos que hacer las maletas. Era hora de viajar.
—Usa rutas nada predecibles, Victoria ¿entendido?
—Muy bien.
Caminamos hacia la mansión, en silencio, cada uno pensando en sus próximos
pasos.
— ¿Ezequiel? –dije ya en la puerta principal.
—Dime.
— ¿Qué has estado haciendo entre licántropos este último tiempo? –dije sonriendo y
moviendo las cejas sugestivamente, lo que lo hizo reír de forma nerviosa, cosa que nunca
había visto.
—Nada que a ti te interese, no seas curiosa –por su sonrisa pude entender que estaba
metido en malos pasos… aunque mejor dicho, en malas patas.
—Me han dicho que son terroríficos, los licántropos.
—No creas, según esas mismas personas que te han informado, somos inmortales…
y ambos sabemos lo mortales que podemos llegar a ser –su mirada se entristeció, estaba
recordando a Javier.
—Buenas noches, nos vemos cuando sea el momento ¿no? –él asintió.
— ¿Victoria? –me giré a verlo, estaba ya adentro de la casa –Era hora que tomaras
el papel de Gobernadora.
—Ah no digas tonteras, nos vemos… y no me traiciones ¿sí? –él puso su puño
derecho sobre donde estaba su muerto corazón.
—Nunca, mi Gobernadora —Desapareció antes que cerrara la puerta.
Subí hasta mi habitación con Alexander, al estar aquí Elizabeth, debía dormir en el
mismo lugar, pero eso no significaba que en la misma cama.
Para cuando entré, él me esperaba con el ceño fruncido, enojado y tenía una
expresión extraña.
—Te informó en este segundo –dije siendo clara y precisa –que liberé a Aníbal.
Algunos planes se están llevando a cabo.
Él se puso lentamente de pie, parecía un estilo de oso furioso, sus ojos casi me podían
atravesar como cuchillas de plata. Sin previo aviso tiro de la cama hasta hacerla chocar
contra la pared.
— ¡Me has desautorizado otra vez! ¡Eso es lo que buscaste todo este tiempo!
Me tensé por completo, Alexander se estaba perdiendo entre el odio y amor que
sentía por mí. Y a diferencia de todos nuestros problemas, este no tenía la menor idea de
cómo solucionarlo.
CAPÍTULO 3
— ¿Cómo te atreviste? –susurró, mirándome enojado, furioso, víctima del cólera que
le había provocado mi confesión.
La cama había quedado en un extremo de la habitación, se había quebrado en las
esquinas. Bufé molesta y cansada de esta situación.
—Aníbal nos ayudará a encontrar a Cristóbal, ahora deja de mirarme como si fueras
algún animal sin control, recuerda que tu madre está bajo este techo ¿quieres que nos
descubra?
Alexander relajó sus hombros, pero su mirada no cambió, me siguió observando con
recelo.
—No consideraba que Aníbal tuviera acusaciones basadas en algo serio, el chico no
hizo nada malo. No nos traicionará.
—Eres demasiado confiada ¿Quién te asegura que no sea un infiltrado?
—Nadie, solo mi intuición.
—¡Ah! ¡Victoria! –dijo molesto, dándome la espalda. Agradecía que las habitaciones
estuvieran insonorizadas, nos daba cierta privacidad.
—Mejor haz algo productivo y arregla esa cama, la cual has destruido con tu ataque
de furia.
Caminé hacia el baño, Alex no me dejó de mirar en ningún momento, enojado.
—Mira –aclaré para no tener que soportar esto –no tienes porque sentirse pasado a
llevar o traicionado, yo no quiero tu cargo, nunca lo he querido ¡por Dios! Si ni siquiera
deseaba que tú siguieras como Gobernador.
—¿Por eso has hecho todo esto? –sus manos formaron fuertes puños producto de la
rabia.
—Claro que no, si deje vivo a Cristóbal, no fue porque deseara tenerlo como
Gobernador. No soy ninguna asesina y para ese entonces él solo era una humano metido
en problemas por mi culpa.
—Que buena samaritana eres, Victoria.
—Además… él me dijo que tú me estabas manipulando. Créeme cuando digo que en
ese momento habría hecho lo que fuera para saber a lo que se refería.
—¿Qué te estás imaginando ahora?
—Lo obvio –dije desarmando el moño que me había hecho en la mañana –que tú no
eres ningún santo en esta historia, tus manos están manchadas con sangre… y lo que me
hiciste hacer, no sé si lo olvidaré Alexander.
—¿Lo que te hice hacer? ¿De qué demonios estás hablando?
—Asesiné al padre de Cristóbal.
—¡Eso fue un honor para ti! Acabar con uno de los enemigos de nuestra especie,
además es parte de la conversión.
—No –dije seria y tratando de entender todo este mundo que Alex estaba
escondiendo bajo la alfombra –no son enemigos de los vampiros, son enemigos tuyos.
—¡Con mayor razón deberías apoyarme!
—No lo haré si tengo sospechas de que estás actuando mal, Alex.
— ¿Es qué ahora eres una blanca paloma defensora de los débiles? –sonreí,
frustrada porque parecía estar hablándole a una puerta.
—No, solo estoy viendo realmente con quien me casé.
—Claro, eso te servirá de excusa, ahora tienes un esposo maleante, un dictador ¿no?
ve en busca de Cristóbal, únete a él y crea una rebelión aun mayor ¿no crees qué sería
perfecto? Un final épico para nosotros.
—¿Sabes cuál es el problema aquí, Sr. Lenardis? Usted ha estado gobernando solo
por mucho tiempo, demasiadas veces.
Por un segundo su mirada flaqueó, su estúpida tozudez pasó a segundo plano y pude
ver a mi Alex de nuevo.
—No me hables de esa forma –gruñó molesto.
Él sabía muy bien que yo debía estar furiosa como para tratarlo de “Sr. Lenardis” en
una discusión, ya que era una burla a su persona. Siempre era la misma historia, pero a
diferencia de antes, ahora no me convencería con un par de besos y abrazos. No señor, no
caería por él esta vez.
—Arregla la cama Alexander.
Me fui hasta el baño, buscando tener la oportunidad de tener un momento para mí.
Así que me dediqué a darme un baño de agua tibia y a pensar en nuestros próximos pasos.
Me hundí en la tina.
No sabía si Alex me apoyaría en esto, ni siquiera sabía si lo lograríamos, pero era la
única alternativa que teníamos, irnos. Tendríamos que buscar a los aliados de Cristóbal,
tratar de arreglar esta situación y encontrarlo, para así… acabar con él.
Entendía muy bien lo que debía hacer con aquel vampiro, pero no sabía si sería
capaz. Era cierto que me había metido en muchos problemas, que incluso estaba
asesinando vampiros en misión de algo desconocido, tenía como objetivo acabar con mi
esposo, pero… Cristóbal nunca se había comportado de mala manera conmigo, siempre
me había escuchado y tratado de ayudar con Alex. Lo más probable es que todo fuera
mentira, un engaño, pero de todas formas, nunca me hizo daño directamente ¿Qué estaba
buscando? ¿De verdad había cambiado de parecer por conocerme? Había repetido
muchas veces que era hermosa ¿Es qué acaso estaba sintiendo algo más fuerte por mi?
Sin meditarlo, cuando apoyé mi cabeza en la tina, ciertos recuerdos vinieron a mi
mente.

“—Bueno, es lo normal –prosiguió mientras giraba en una esquina –yo también


dudaría de ti, pero de todas formas has hecho bastante como para ganarte su confianza.
Una amiga me dijo que diste tu vida por él, eso debería bastar para perdonarte cualquier
cosa. Nunca nadie ha dado la vida por mí.”

Aquello había sucedido el último día que estuvimos juntos, él había sido tan
comprensivo conmigo, era una pena pensar que todo había sido mentira, pero ¿de donde
había sacado esa información? ¿Quién era esa amiga? ¿La mujer de cabello rojo? ¿La que
había visto dos veces con él?
¿Alexander ya habría cerrado el Vampire? El encargado de ello era Marco, pero por
lo que entendía él seguía en Londres, investigando más sobre el asesinato de Cathal. Si
quería saber más sobre Cristóbal, tendría que saber más de su amiga vampiro.
Al salir de la tina, me envolví en una gran toalla blanca y sequé mi cabello, para
después dejarlo suelto. Cuando abrí la puerta del baño, Alexander ya había dejado la cama
donde estaba, la cual no tenia patas porque las había roto en su ataque de ira.
Estaba sentado al final de la cama, mirando hacia la alfombra, con sus hombros
caídos. Tuve deseos de correr hasta él y darle un beso en su cuello para que se animara,
pero me era imposible dejar esos sentimientos volar… solo recordaba todas sus mentiras
y ese tema tabú que tenía en mi mente sobre la Maldición.
Levantó la cabeza para observarme, pero yo caminé directo hacia el armario, donde
busqué un pijama para ponerme.
Encontré unos pantalones cortos negros y una blusa carmesí, no dude en ponerme
aquellas prendas, pero algo extraño recorrió mi espalda y cuando me giré, pude ver que
Alex estaba de pie, junto a las ventanas cubiertas por las cortinas color crema, mirándome
con esos ojos oscuros. Aun así no era la mirada que siempre me regalaba cuando me
observaba desnuda, si no que ahora era con cierto rencor.
Supuse que estaba recordando como Cristóbal puso sus manos encima de mi piel.
Ahora que recordaba ese suceso, sentía un rechazo increíble, no era nada placentero a
como cuando ocurrió. Aunque más que placer, recuerdo esa desesperación por no
comprender que mi cuerpo reaccionara con otras manos, con otro hombre.
Me vestí y me repetí una, otra y otra vez que debía acostumbrarme a cerrar la puerta
del armario desde ahora en adelante.
—Te estás comportando como un psicópata –dije cuando salí del armario y me dirigí
hacia la cama –mirándome de esa forma tormentosa mientras me cambio de ropa, si no
eres capaz de verme, tan solo no lo hagas.
Él corrió la gran cortina justo cuando yo apagaba las luces principales y prendía la de
mi mesa de noche.
—Mañana haré mis maletas –él se giró de inmediato para verme. Debo decir que esa
reacción me hizo sentir satisfecha. Temía que hasta mi partida no le importara o le agradara.
— ¿De qué estás hablando? –podía notar como su mordida se tensaba — ¿te vas a
ir?
—Tengo que encontrar a Cristóbal y… espero que tú vengas conmigo.
—No te estoy entendiendo ¿Quieres ir tras tu amante y quieres que te acompañe?
¿Quieres de mi ayuda?
—No seas idiota –dije molesta –no es mi amante, y si lo buscaremos es debido a que
debes recuperar tu puesto ¿no es eso lo qué quieres?
—Victoria, deseo muchas cosas que no puedo o no podré tener. Te has encargado
de quitarme lo que era mío.
Mis manos se aferraron al edredón. Me enfurecía que él hablara como si su estúpido
puesto de Gobernador fuera más importante que los dos.
—Bien, como gustes, yo no quiero morir por haber convertido a Cristóbal, además
deseo encontrarlo porque quiero saber lo que tenía que decir.
— ¿Qué tenía que decir? –tensé mi mordida al ver su postura relajada, parecía que
se estuviera conteniendo, pero trataba de disimularlo, de pésima forma.
—Antes de que me ordenaras matarlo, me dijo que estaba siendo manipulada por ti.
No creo que mintiera del todo.
— ¡Oh claro! Más credibilidad tiene ese rebelde que yo ¿no?
—Lo triste es que si te comparas con un desconocido, si, esa persona tendría mi
confianza, ya que no me ha mentido por años.
Me recosté para poder dormir algo, necesitaba encontrar energías de donde fuera
para seguir con esto.
—Además de darte tu estúpido cargo de nuevo, quiero escuchar lo que tiene que
decir –susurré, pensando en las últimas palabras de Cristóbal, antes de beber su sangre.
—Tú no irás a ninguna parte –ahora estaba al otro lado de la cama, de pie,
observándome con el ceño fruncido.
—Voy a dormir Alex, y si no lo has notado, no sigo tus órdenes. Buenas noches.

No sentí que él durmiera, pero mis ojos después de un par de horas, se cerraron,
cansados por la tensión del día, solo deseaba que esto acabara pronto. Al despertar me lo
encontré observando hacia la ventana como la mañana anterior. Sentía como si no hubiera
descansado nada, mi cabeza dolía al igual que mi pecho, podíamos no tener la conexión
para leer la mente del otro, pero sin duda me seguía sintiendo mal al estar enojada con él.
Odiaba cuando salía más afectada que él.
En silencio me duché y alisté con esos trajes de dos piezas, esta vez negro y fui hasta
mi armario, arreglé un bolso con rapidez y saqué dinero de una de nuestras cajas fuertes
que teníamos en la casa. Solo los dos sabíamos esas ubicaciones y eran para casos de
emergencia. Lo que iba a hacer, era una, sin duda alguna.
—Después de que Elizabeth se vaya, esperaré a Ezequiel por noticias… luego me iré
¿de verdad no vendrás conmigo?
Él se giró hacia mí, molesto, ni siquiera era capaz de dejarme ver sus emociones. Tan
solo me miraba.
— ¿De qué serviría? Anoche has dicho que ya no confiabas en mí.
No le respondí, tan solo caminé hacia la salida y escapé de esa habitación. Gracias
a Dios solo tuve que avanzar un par de pasos para encontrarme con Elizabeth, quien me
esperaba.
—Buenos días, querida –sonreí.
— ¿Demasiado raro levantarse de día?
—Nunca me podré acostumbras –asentí –tengo todo listo, no tengo idea donde se ha
metido Raúl, esperaba verlo, pero otro guardia me llevará hasta nuestro aeropuerto.
—Entiendo, no tengo idea de donde pueda estar Raúl, ayer lo vi.
—No te preocupes, pronto he de verlo, nos hemos planeado unas vacaciones de
ensueño.
—Me alegro por ustedes.
Sonreí de nuevo y la acompañé hasta las afueras de la casa. Caminamos hacia donde
estaba la avioneta.
—Uno de los chicos se encargaran del auto que traje ¿sí? –Asentí –y tranquila, nos
encargaremos de esos Rebeldes.
—Te estaré llamando, lo más probable es que volvamos a Londres.
—Esperaba oír eso hace bastante tiempo ¿sabes? Estando aquí todo se complica,
imagina cuanto he demorado en llegar. Me alegró estar viendo este cambio, Viky.
—Sí, todo está cambiando, de seguro para el bien de todos –dije sonriendo.
—Nos vemos entonces, querida, espero tus llamadas y sobretodo las de mi hijo.
—Por supuesto, le diré que te llame en cuanto aparezca y ponga mis manos sobre él.
Ambas nos despedimos de un beso en la mejilla y después ella se subió a la avioneta
para irse con uno de los tantos guardias.
— ¿Has sabido algo de Ezequiel? –le pregunté a uno de los que estaba cerca. Ni
siquiera sabía su nombre.
—No, Gobernadora.
—En cuanto llegue, házmelo saber ¿sí? –él asintió.
Observé segura de cómo Elizabeth ya no era uno de nuestros problemas, es más, su
visita me había ayudado bastante.
A medida que me acercaba a la puerta principal pude ver con mayor claridad a quien
se encontraba ahí. Una rubia, alta y de sonrisa altanera, me observaba de pie, luciendo
increíble con un vestido blanco, que se ajustaba a su estilizado cuerpo. Demonios, como
odiaba que Lina fuera más alta que yo.
— ¿Despidiendo a tu ex suegra, Gobernadora? –su tinte venenoso era palpable en
su voz.
Me quede de pie, observando el pomo de la puerta, justo a su nivel.
— ¿Qué le habrás mentido para cubrir tu estupidez? ¿Qué harás ahora? ¿Retirarte?
Eso deberías hacer. Tan solo me has dado la razón con tu comportamiento, jamás debiste
llegar a ser Gobernadora.
Me giré un poco para verla, pensando en que realmente estaba diciendo la verdad.
Yo jamás debí llegar a este cargo, no lo deseé nunca y no supe nunca como llevarlo a cabo.
—Sí, tienes razón Lina.
Ella frunció el ceño al escucharme, sin entender del porque le estaba dando la razón.
— ¿Qué harás, Victoria? –casi pude sentir que su voz tembló ¿es qué le daba miedo
lo que yo podía hacer? –ya has sacado a Alexander de su cargo, has convertido al jefe de
los Rebeldes. Lo engañaste y lo humillaste, como todas las demás.
— ¿Y qué harás? –dije seria, cansada de estar recibiendo estos comentarios.
Alexander me tenia agotada con ellos –cuéntame, instrúyeme sobre tus próximos planes.
Ella me quedo mirando en silencio, no fue capaz de decirme nada.
— ¿Qué sucede, Lina? ¿Por qué me miras con esa expresión de sorpresa?
—Él siempre dijo que tú eras especial, que eras diferente.
— ¿Y le creíste? ¿De verdad confiaste en las palabras de Alexander? Te informo que
no sabe juzgar bien, mira lo que yo he hecho. Fui capaz de engañarlo con otro y además
traicionarlo como Gobernadora ¿no crees que sea una de las peores?
—No, una de las peores trató de matarlo, otra se unió a un plan para que lo
secuestraran y acabaran con él… créeme, estás dentro de lo normal.
— ¿Entonces? ¿Por qué me miras así? –ella se cruzó de brazos.
—Porque estaba comenzando a creerte. Cuando me sacaste de la casa tan
enfurecida, pensé que de verdad lo decías.
Ciertamente aquella confesión me sorprendió. No esperaba que ella creyera en mi o
siquiera que eso fuera algo importante para Lina, siempre le estaba coqueteando a
Alexander, además hablaba pésimo de mi.
—Iré detrás de él.
— ¿Qué? –preguntó ella, confundida de nuevo.
—Encontraré a Cristóbal, Alexander volverá a tener su cargo.
— ¿Sola?
No dije nada, tan solo asentí y luego entré a casa. No sabía a dónde ir o que hacer,
debía esperar a Ezequiel. No quería ver a Alexander porque parecía que verlo solo estaba
agotando mis energías. Cansada fui hasta el tercer piso, donde está la piscina.
Me deshice de mi ropa, aquella que usaba solo para ejercer de Gobernadora, trajes
caros que jamás habría usado en realidad. Me quede solo con mi ropa interior, tomé
innecesariamente aire y sin pensarlo dos veces me lancé al agua, deseando poder sentir la
tranquilidad que en el pasado me habría dado.
Mis brazos se expandieron y observe el techo mientras flotaba sobre el agua. Me
quede varios minutos de esa forma, pero seguía teniendo un agujero en mi pecho, sentía
que me estaba muriendo poco a poco y lo único que deseaba es que Alex me dijera que
todo iba a estar bien, que saldríamos de esta y que me acompañaría, que entendía todo lo
sucedido, que sabía que yo lo amaba. Sin embargo me había dejado en claro, durante
nuestra ínfima tregua, que esto iba a ser muy difícil. Ni siquiera sabía si eso iba a ser posible.
Llegué al extremo de la piscina, sintiéndome pequeña. Tomé una toalla gigante de
color blanco y me envolví con ella. Era como si volviera a sentir frio en mi vida. Me senté
en un marsupial que tenia vista a las montañas, flexioné mis piernas y apoyé mi cabeza en
las rodillas, tratando de recomponerme, tratando de no desmoronarme. Era inútil.
—Increíbles cosas puede hacer un vampiro por sangre ¿no crees? –me tensé al
escuchar la voz de Raúl. Levante la vista y lo encontré mirándome, con una expresión triste.
— ¿Qué quieres decir?
—Que todo esto es debido a nuestro elixir vital. Todo tu sufrimiento es debido a la
sangre.
—Si claro, como sea. A todo esto, Elizabeth esperaba verte.
Él se acercó y se sentó en el extremo del sofá, mirándome preocupado.
—Sigo creyendo en ti Viky –dijo sin tomar en cuenta mis palabras –lo que te sucedió,
pudo haberle pasado a cualquier vampiro, más aun siendo tan joven como tú, esa sangre
estaba alterada, de eso que no te quepa duda. Es solo que has sido tú, la Gobernadora,
que no tiene sangre fría como nosotros y que no fue capaz de matar a ese traidor, la misma
Gobernadora que ha tenido cientos de chicas como sombra, que han provocado el prejuicio
de su pareja.
—Si él me hubiera dicho, si tan solo… me hubiera informado sobre Cristóbal la
primera noche ¡le habría ayudado a atraparlo!
—Muy astuto ese joven humano –dijo asintiendo –atacó por donde menos
esperábamos, por la debilidad de Alex, tu.
—Él siempre fue muy amable conmigo, no puedo perdonarlo por engañarme con su
sangre y por aprovecharse, pero, debo admitir que él estuvo cuando Alexander no… cuando
él no –no pude seguir hablando, me sentía mal por decir esas palabras.
—Alexander puede ser un excelente Gobernador, pero he sido testigo de cómo ha
sido como esposo y es uno de los peores que he visto. Tú lo extrañabas porque él siempre
estaba trabajando ¿no?
— ¿Eso me hace mala persona?
—Para nada, Viky. Era su primer año de casados y ni siquiera pudieron estar mucho
tiempo juntos, es obvio que esperabas algo diferente al estar aquí.
—No debí, ahora todo es un disparate. Alexander ni siquiera me desea acompañar,
tendré que buscar a Cristóbal sola.
—No creo que eso se lleve a cabo, él no te dejaría ir sola.
Él se concentró ahora en mirar hacia las montañas, pensativo.
— ¿Estas enojado conmigo por haber liberado a Aníbal? Él nos ayudara, junto a
Alanna.
—No me ha gustado eso, pero ya está hecho, no me voy a poner de mal humor por
algo que no se puede remediar ahora. Veremos en un futuro si tú o yo tenían la razón.
—Todo se solucionará ¿cierto, Raúl?
—No lo sé. Alexander es muy orgulloso y tozudo, igual que tú –me sonrió, pero no fui
capaz de devolverle el gesto –pero te ama.
—Sí, igual como amó a todas las demás ¿Dónde quedó eso? Simplemente lo dejaron,
estuvo triste, encontró a otra y olvido a la que murió ¿te das cuenta? Eso te puede volver
en un monstruo.
—De cierta forma sí, pero confió en que él no es así. Personalmente he pensando,
que él vio a la misma mujer todo el tiempo, no se fijaba en cómo eran ellas, solo tenía en
su mente a la primera, a quien venía una y otra vez por él para después abandonarlo como
lo hizo él… hasta que se quedó.
—Ni me recuerdes eso, es insoportable. De solo pensar que él dejó… ¡ah! no puedo,
no tengo cabeza para tantos problemas.
—Que hermosa imagen.
Con Raúl nos tensamos al escuchar la voz de Alexander. Me giré a verlo, al comienzo
de la piscina, mirándome con el ceño fruncido.
—Yo me retiro –Raúl se puso de pie –a todo esto, vine para avisarte que Ezequiel me
ha llamado. Quiere que vayas a donde esta él en la noche, antes de viajar. Este viejo aun
se entera de todo, tengan cuidado ¿sí?
Asentí, sin decir una palabra. Raúl desapareció de mi vista, dejándome asombrada,
si Ezequiel le había dicho nuestros planes, eso significaba que también nos apoyaba. Eso
me animaba.
— ¿Hablando del pobre orgulloso? –preguntó Alex. Me gire hacia él.
—Primero que todo, no eres pobre. Y segundo, tú no eres el centro de nuestro
universo.
—Eso me lo has dejado en claro, ahora explícame ¿aun sigues con ese estúpido plan
de irte? No llegaras a ningún lado sola.
—Ven conmigo entonces, por favor.
Él esquivó mi mirada al escucharme. Le estaba pidiendo que me acompañara, como
un favor.
—Acompáñame –repetí, esperando que aceptara.
No lo hizo, simplemente se fue, dejándome sola.
Para cuando entre a nuestra habitación por un nuevo atuendo, estaba vacía. Cerré la
puerta con seguro y fui lentamente hasta la cama, donde me recosté y me entregue a
sollozos sin lágrimas, abrazando la almohada.
Sentía como si mi pecho se estuviera desquebrajando. Me aferré con todas mis
fuerzas a la almohada, tratando de esa forma no desmoronarme en mil pedazos al sentirme
tan sola por no tener el apoyo de Alexander.

Luego de tener mi momento de lastima y desesperación descontrolada, me obligué a


levantarme de esa cama y dirigirme hacia el armario. Guarde los últimos detalles que
faltaban en mi bolso. Sin embargo, como mi esperanza aun no moría por completo y
esperaba que él me acompañara y ayudara, hice el bolso de Alex, con todo lo necesario,
así que salí de la habitación con dos bolsos negros bastante grandes. Aun me faltaba
arreglar nuestros documentos para poder viajar.
Cuando me acerqué al comienzo de las escaleras, para llegar a la puerta principal,
pude escuchar claramente como desde aquí, Alexander y Lina hablaban.
Reaccioné justo a tiempo para retroceder unos pasos y esconderme detrás de una
pared, ya que Alex abrió la puerta y miro si había alguien cerca, luego la volvió a cerrar y
se quedo afuera con Lina, conversando.
Deje los bolsos en el piso y solo tuve que impulsarme un poco para acercarme a ellos
sin que lo notaran. Salte hacia el candelabro gigante que había al entrar a nuestra casa. Ni
siquiera lo moví. Ahora estaba a varios metros de altura, en silencio y cercana a Alex y Lina.
Podía escucharlos con claridad.
— ¿Qué planea hacer? –exigió saber Lina.
—Buscar a ese infeliz, no creo que se atreva, ella no sabe nada de nadie.
—Se veía bastante convencida ¿no?
—Sí, pero… también se veía convencida sobre otras cosas y resulto que no era lo
que parecía.
—Te lo advertí ¿Por qué no me escuchaste?
—Ya no hay nada que hacer.
—Si supieras que esto iba a ocurrir Alex ¿te volverías a casar con Victoria? –mi
cuerpo entero se tensó ante esa pregunta.
—No –ni siquiera dudo al responder.
¿Cómo podía responder de esa forma cuando solo ayer en la mañana me decía que
me amaba?
No seguí escuchando, no pude. Todo mi odio se concentro en Lina, ella siempre
provocaba que él dijera algo horrible, pero esta vez no me iba a quedar callada como las
veces anteriores ¡nunca más me iba a quedar en silencio!
Me dejé caer del gran candelabro y con mis manos me apoyé en el mismo, de esa
forma me impulse una, dos y tres veces, hasta que en esta última me deje caer de tal forma
que abrí la puerta con mis pies, a tanta velocidad que se rompió.
Lina salió volando por los aires, estaba desprevenida, así que cayó sobre el césped.
No pude evitar sonreír.
— ¡Victoria! –Me gritó Alexander, mirándome anonadado — ¿Qué demonios te
sucede?
Corrió hasta donde estaba Lina y la ayudó a ponerse en pie. Yo no los tomé en cuenta,
fui hasta donde me esperaban los bolsos y los tomé para llevarlos hacia el 4x4 que usaría
para volver a la ciudad.
Con el mensaje de Ezequiel, tendría o tendríamos que viajar antes de lo previsto, para
visitar al Vampire. Era obvio que estaba metido en ese antro.
— ¡Ey!
Alex caminó hacia donde yo me dirigía, pero al ver que no me detenía por él, corrió
hasta alcanzarme.
—No puedes ir golpeando así a los demás ¡Ella es mucho más fuerte que tú!
Seguí caminando sin tomarlo en cuenta. Sabía que me había comportado de forma
infantil, no era necesario que él me lo repitiera. Entramos al garaje, donde estaban varios
de nuestros autos.
—Está bien, le pediré disculpas cuando la vea de nuevo –dije sin darle mayor
importancia a lo sucedido. Realmente fue entretenido, además que caí como una gimnasta
rusa o algo así, ni siquiera resbalé.
—Victoria –me nombró de forma acusatoria, pero solo avance hasta el Jeep negro,
dejé los bolsos en la parte trasera, pero al cerrar la puerta, él me tomó bruscamente de los
brazos y me hizo girar, para después apoyarme contra el auto.
—Suelta –dije de forma paciente.
—No sigas con esto, no puedes ir sola a buscar a un tipo, que incluso te puede matar
si así gusta. No importa que hayas sido creada antes, no importa que seas su creadora…
él lleva años entrenando para luchar contra los de nuestra especie. No solo sirve ser antiguo
o ser vampiro, debes saber cómo defenderte… Elizabeth como ejemplo, en una lucha la
matan en un segundo ¡y es miembro del Consejo!
—Bueno, si me matan, serás libre de quejarte un poco y luego meterte en las piernas
de Lina ¿no te gustaría eso? Estoy segura que sería una excelente forma de evitar tu
supuesto dolor.
—Calla.
—No, quizás ya ni siquiera te da pena, tan solo te metes en las piernas de otras, si,
puede ser… además has dicho que no te volverías a casar conmigo, así que creo que para
decir aquello, no debes haber sentido amor. Si, lo primero que harías seria tomar a Lina y
llevarla a un calabozo ¿no encuentras sexy eso? Muy considerado, te lo recomiendo.
— ¡Calla, Victoria! –Puso su mano sobre mi boca –Te puedes volver tan venenosa
cuando lo deseas.
Tomé su brazo para liberarme de su mano, fue imposible. Los ojos de Alex están fijos
a los míos. No podía evitar que me tocara, pero si su mirada, es por eso que puse atención
en el auto que estaba a su lado, pensando una y otra vez como en ese asqueroso calabozo
fue capaz de morderme para escupir mi sangre.
Un escalofrió recorrió mi cuerpo al tener contacto con él. Sin embargo, no fue una
sensación agradable, sino más bien todo lo contrario ¿es qué volvería a sentirme bien con
su tacto?
—Saca esos bolsos de ahí, no irás a ningún lado –dijo liberándome, sus manos
cayeron a los lados. Me sentí libre de nuevo.
—No y no vuelvas a hacerme callar de esa forma ¿escuchaste?
Caminé hacia la salida del garaje para ir por el maletín con los archivos que
necesitaba, además necesitaba mi bolso, para llevar lo que necesitara rápidamente.
Pero no alcancé dar un par de pasos cuando él me tomó del brazo, deteniéndome.
Me giré furiosa.
— ¡Basta, basta! ¿Te gustaría que yo anduviera tironeándote cuando se me antoja?
–me solté de su agarre. Apoyé me dedo índice en su pecho, a medida que seguía hablando
–no soy una tonta muñeca de trapo que puedes manejar de un lado para otro, si quieres
que me quede, dímelo, no eres ningún troglodita para no hacerlo ¿cierto? Eres educado,
cuidadoso y además eres el Gobernador de los vampiros ¿Por qué no puedes comportarte
así cuando estás conmigo? ¿Soy la única que te tiene que aguantar estos arrebatos?
—Bien –me quedó mirando unos segundos, tratando de tranquilizarse –no puedes
salir de aquí.
— ¿Y qué haremos entonces?
—Me estoy encargando de ello. En Londres se está llevando a cabo una serie de
investigaciones que…
—Que nada, tu solo estas pensando en que te traicioné y tienes a Marco en Londres
investigando que sucedió con Cathal. Nada más.
—No es cierto ¿crees qué me he quedado lloriqueando por ti siendo que ese rebelde
está dando vueltas por no sé donde, con mi puesto, gracias a ti? Claro que no.
Bueno, eso me hacía sentir bien, de cierta forma. Alexander estaba pensando más
allá de su nariz. Era reconfortante.
—No saldrás de aquí sola, te pueden atacar, dañar ¿es qué no lo piensas?
—Entonces ven conmigo –no pude evitar que mi voz se quebrara al pronunciar esas
palabras.
—No iremos a ningún lado, aquí estamos seguros y no tiene sentido comportarse de
forma tan arrebatada.
—Esto es grave, Alex, no lo estás viendo. No es algo que pueda arreglar otro que no
sea nosotros.
— ¿Es qué acaso solo quieres encontrarte con él? ¿Por eso lo estás tratando de
buscar? ¿Cuál es tu objetivo de verlo nuevamente?
—Saber lo que tiene que decir y… que vuelvas a tener tu cargo. Esto es algo que se
limita a los tres ¿no lo crees?
—No. Él no forma parte de los problemas que hay entre nosotros.
—Entonces ¿esperas a qué lo atrapen y diga que es el Gobernador?
—No tiene pruebas para demostrarlo.
—No me arriesgaré a ello y si deseas quedarte aquí, rodeado de guardias, allá tu. Yo
voy a ir y no eres mi dueño ni mi padre o algo por el estilo, para obligarme a no ir.
—Soy tu esposo.
—Y según tus palabras, no lo serias de nuevo, con eso me basta para no tomar en
consideración tus sugerencias de “esposo”
No esperé a que respondiera, solo corrí para volver a entrar a la casa. Me concentré
en arreglar los últimos detalles para el viaje.
Transcurrieron horas, donde Alex se mantuvo encerrado en su oficina haciendo
diferentes llamadas, ya estaba comenzando a anochecer cuando mis esperanzas se
esfumaron. Tendría que hacer esto sola.
Estaba con unos jeans azules, una camiseta blanca y tome un abrigo corto de color
negro, además de mi bolso que cruce en mi cuerpo. Tenía que hacer esto o jamás
podríamos solucionar lo que había entre nosotros, había que comenzar desde un punto, y
era este.
Salí de la mansión, ahí me esperaba Raúl.
— ¿No va contigo? –preguntó.
—No.
—Deje todo listo en nuestra pista de vuelto, el avión estará esperando a tus órdenes
para cuando llegues ¿está bien?
—Muchas gracias.
—Debes elegir una ruta diferente ¿lo sabes, cierto? –asentí.
Me empiné para abrazarlo, él me devolvió el gesto.
—Nos vemos –dijo mirando hacia un lado, supuse que estaba pensando en el actuar
de su hijo.
Con rapidez me fui hasta el jeep y lo encendí. Salí de garaje, el lugar estaba bastante
vacío y era debido a que cambiaban turno los guardias y se ausentaban de sus labores por
un minuto. Eso lo había calculado hoy en la mañana. Pasé por la puerta principal de la
mansión, Raúl solo levantó la mano, despidiéndose.
Giré hacia la izquierda y seguí por el camino que llevaba hasta la carretera, pero no
había avanzado ni siquiera cien metros cuando tuve que frenar bruscamente porque un
vampiro estaba en el camino. Casi lo atropellé.
— ¡¿Qué demonios?! Ya te dije que iría con o sin ti –dije saliendo del Jeep para
encararlo.
—Estás loca, no conoces a nadie y esperas que todo resulte bien ¿no?
—Lo hare funcionar, como sea.
—Vuelve, tenemos que ir a buscar mis cosas, no te dejaré ir sola.
Mis esperanzas se habían acabado, habían pasado horas donde pensaba que él
llegaría y me diría que me acompañaría, pero ahora, justo cuando yo ya daba por perdida
esa oportunidad, él aparecía para decir que iría conmigo.
No me controlé, solo llegué hasta donde él estaba y lo abracé. Él se tensó por aquel
arrebato de mi parte, pero me rodeó con sus brazos.
— ¡Ah! gracias al cielo, estaba tan asustada, no puedo ir sola en busca de Cristóbal
–me presionó con más fuerza al escuchar aquel nombre –yo no sería capaz de matarlo,
Alex, no podría… ni siquiera fui capaz de asesinar a Charlotte.
Sabía que solo horas atrás estaba dudando sobre mi reacción ante el tacto de Alex,
pero en este segundo, no me molestaba para nada abrazarlo y sentir que me rodeaba con
sus brazos.
—Tengo que buscar mis cosas para poder partir –susurró en mi oído, aquello fue
como una caricia que no sentía hace mucho tiempo. No me quise separar de él y pareciera
que él tampoco –mis documentos, mi ropa… no puedo partir así como así.
Cerré mis ojos al escuchar su tono de voz sin ese rencor, al sentir sus brazos de esa
forma, era como haber encontrado nuevamente a mi Alex. Acaricié su cuello con mis manos
mientras hablaba, nombraba infinidad de cosas que debía llevar para el viaje, cosas que yo
ya tenía en su bolso. Pero no pude interrumpirlo, deseaba quedarme en esta burbuja con
él por unos momentos antes de volver a la realidad, donde tantos sentimientos feos nos
embargaban hasta el punto del ver al otro como un desconocido. Deseaba por unos
minutos, quedarme entre sus brazos y pensar que nada malo había entre nosotros.
—Victoria –dijo de nuevo en mi oído, pude sentir sus labios contra mi oreja.
—No hay que volver –me separé de su hombro para poder ver su rostro, solo estaba
a centímetro de él. Mis pies no tocaban el suelo porque él me tenía entre sus brazos, así
que estaba a su nivel –hice tu bolso, está todo lo necesario.
—En todo momento pensaste que vendría ¿no? –su tono se manchó con
resentimiento.
—Hasta que subí al Jeep, pero cuando llegue hasta acá no, pensé que de verdad me
habías dejado partir sola.
Al decir eso me di cuenta que mis manos seguían acariciando el cuello de Alex. Me
detuve. Repentinamente me puse muy nerviosa, casi tímida.
—Bien, supongo que Raúl se encargará de todo por acá –no me soltaba, aun después
de dar por zanjado el tema. Iría conmigo.
—Alex, debes bajarme.
No me costó descubrir sus intenciones al ver hacia donde iba su mirada, así que
nerviosa esquivé sus ojos, pero aun así me estremecí al sentir sus labios en mi cuello. Justo
donde mordió la última vez.
No tenía un corazón humano para que latiera descontrolado ante aquella caricia, él
lo había robado, pero aun así podía sentir la misma conmoción que habría causado en el
pasado.
Mis manos se aferraron a sus hombros y lo traté de alejar.
—Debemos ir al Vampire, ahí habrán humanos de los cuales podrás beber.
No dijo nada, solo me dio un suave beso en el cuello.
—Alex.
—Bien, solo quería un segundo más –me bajó y me quedó mirando –ahora quiero
que me cuentes los detalles sobre lo que has estado haciendo ¿entendido?
—Entendido –dije sonriendo –tu también debes decirme tus planes.
—Mmm… está bien.
Nos dirigimos hacia el Jeep y le entregué las llaves. De esa forma, nos emprendimos
en un nuevo viaje, que un solo objetivo: atrapar a Cristóbal… y quizás de paso, recupéranos
el uno al otro.
CAPÍTULO 4
Le hablé sobre todo lo que tenía planeado y realmente se vio sorprendido, ya que
varios de los términos que yo había considerado claves, él también lo había tomado en
cuenta por sí solo. Habíamos coincidido, lo que era gratificante porque eso significaba que
no era tan mala planeando ataques o búsquedas de sospechosos.
—Entonces habrá que esperar que Aníbal no nos traicione –pude notar como tensaba
su mandíbula al recordar que lo había desautorizado.
—Está junto a Alanna, uniéndose a fuerzas enemigas. Siempre quise decir eso –
sonreí.
—Esto no es un juego, si piensas que estas en alguna película no se habla más del
tema y nos volvemos –miré hacia la oscura carretera.
No pensaba que esto fuera un juego, solo estaba contenta porque no estaba sola
haciendo este recorrido.
—Ezequiel está relacionado con licántropos, eso es nuevo ¿sabes? Viniendo de
alguien que acabó con varios.
— ¿Cómo?
— ¿No te lo dijo? –aquel tono de suficiencia me molestó –aquí todos dicen lo que les
conviene, por eso debes tener cuidado y no confiar en nadie. Te dije que él es uno de mis
guardias más cercanos, pero no confió a ojos cerrados en él.
—Ese “guardia” arriesgó su vida por nosotros el año pasado, su pareja murió por
nosotros.
—No entiendes. No estoy siendo mal agradecido, solo te estoy diciendo que no
confíes a ojos cerrados en los demás, todos tienen un propósito por la causa, todos tienen
un interés. Más si son vampiros de edad avanzada.
— ¿Entonces no debería confiar en Raúl?
—Él es de la familia, Victoria.
— ¿Por qué he tenido que mentir a Elizabeth entonces? Ella también es de la familia
–pude notar como sus dedos presionaban el volante con fuerza.
—No quiero discutir por un par de horas. Limitémonos a ¿Por qué vamos al Vampire?
—Puede que esté la amiga de Cristóbal ahí, además Ezequiel estuvo averiguando
algo con sus amigos.
—Ya veo. No creo que esto resulte, Victoria, no te habrán reconocido a ti, pero sin
duda lo harán conmigo ¿Cómo entraremos para pasar desapercibidos?
—No sé, lo descubriremos pronto –dije al notar que ya ingresábamos a la ciudad.
— ¿Sirve si te pido que te mantengas alejada?
—Entraremos juntos, que de eso no te quepa duda.
Nos hablamos mucho mientras recorríamos las calles de Santiago, solo nos dirigimos
hacia donde Ezequiel nos indicó, era a un par de cuadras del Vampire.
Estacionamos justo dentro de un callejón. No había ni un alma cerca. Nos bajamos y
encontramos a Ezequiel escondido en la oscuridad.
—Buenas noches.
—Ezequiel –dijo Alex con voz tensa — ¿Qué pretendes?
—Me alegra verlos, juntos –destacaba su vestimenta oscura, llevaba su traje de
guardia.
— ¿Qué has averiguado? –pregunte ansiosa, acercándome a él.
—La amiga del chico esta aquí, ha llamado durante el día al rebelde, se encuentra en
Europa, pero no sé dónde.
— ¿Cómo sabes eso? –exigió saber Alex, apoyado en el capo del auto con sus brazos
cruzados.
—El cambio de horario que han nombrado, el chico aun no se acostumbra a dormir
de día.
— ¿Y bien? ¿Ella ira tras él? –insistí.
—Desea ir, pero él le ha ordenado que se mantenga acá porque es obvio que la tienen
vigilada
—Entonces ¿Por qué has hecho que nuestro viaje se retrase al venir aquí? –miré de
mala forma a Alex, por el tono que estaba usando con Ezequiel.
—Porque deben alimentarse antes de ir y porque los licántropos han aceptado que
ustedes entren y vean a la chica por si solos, no quieren que se les involucre con el grupo
de rebeldes.
—No les creo nada –aclaró Alex –además esa chica es una vampiro.
—Deberíamos apresarla y que sea interrogada en los calabozos, Raúl esta allá ¿no?
sería perfecto –dije mirándolos alternadamente.
—En realidad, es una buena idea, ya que nos vamos de viaje.
—Seguiré aquí ¿cerrará el lugar, Sr. Alexander?
Este lo miró pensativamente por unos segundos.
—No hasta que vuelva, pero dile a tus amiguitos licántropos que esto es ilegal y
además acoge a rebeldes.
—Entendido –dijo Ezequiel, muy serio.
—Ahora ¿Cómo haremos para entrar? Me reconocerán.
—No, si usan esto –Ezequiel fue hasta la pared del oscuro callejón y nos mostró unas
bolsas.

Pasaron varios minutos, donde nos quedamos solos detrás del Jeep y nos cambiamos
de ropa. Éramos muy góticos ahora, mucho cuero y muchas cadenas, realmente no sabía
que estilo traíamos puesto, pero me quede mirando a Alex, se veía muy guapo con aquel
gorro negro. Nunca lo había visto cubriendo su cabeza de esa forma.
— ¿Qué? –preguntó al notar que lo estaba mirando.
—Nada ¿estás listo?
—Me siento ridículo –ciertamente se veía muy diferente y para nada parecido a Alex,
si lo hubiera visto en la calle, tendría que haber mirado unas diez veces para reconocerlo –
me parezco a estos adolescentes que se van a meter a los cementerios de noche. No puedo
creer que los neófitos se vistan así.
— ¿Sabes? Luces más bien como un metalero que como un gótico, además no
deberías sorprender, los vampiros recién formados también están bajo tu gobernación,
deberías tratar más con ellos.
—No entiendo porque debes llevar esa falda tan corta.
Sinceramente parecía una muñeca, de esas vestidas de negro, con moños largos que
miran con expresión triste. Lo gracioso era que no me sentía para nada deprimida, es más,
creo que hace mucho tiempo que no lo estaba pasando tan bien.
—Te ves joven –dije sin dejar de mirar a Alex, con toda esa ropa negra, la cadena
que salía de un costado, como la llevaban ciertos chicos –muy joven, realmente.
— ¿Qué? ¿Te gusto así? jamás lo habría imaginado.
—No es eso –dije mirando hacia otro lado, pero sin sacarme la imagen de verlo con
ese maldito gorro negro ¡no tenía nada de especial! Es solo que parecía tan diferente –
Olvídalo.
—Victoria –cuando lo miré estaba sonriendo, eso fue una sorpresa.
— ¿Listo?
Miré Ezequiel con el ceño fruncido por interrumpirnos, pero ya no había excusa para
quedarnos aquí conversando.
Nos acercamos al Vampire y le pagamos al guardia, nos dirigimos sin Ezequiel, así
que no había forma de sospechar. El guardia ni siquiera nos dio importancia, típico en él.
Entramos al club exclusivo para vampiros, y humanos que solo eran presas de los vampiros
y licántropos, para ser mordidos. Diferentes luces de colores hacían el ambiente aun más
oscuro, nos fuimos acercando hacia los cubículos gigantes donde había humanos,
disponibles para ser mordidos.
—No sé cómo has venido a este lugar –para mi sorpresa, Alex susurró esas palabras
con sus labios pegados a mi oreja, para que nadie escuchara. Me alejé de forma prudente.
Puse atención en todos quienes nos rodeaban, ya que necesitaba encontrar a la
pelirroja. Ezequiel ya había hecho el llamado a los guardias de la mansión, pero necesitaba
encontrarla antes.
—Hola –escuché como un chico de mi edad, quizás un poco menor, llevaba su cabello
azul y se acercaba hasta mi con una sonrisa seductora.
—Ni lo intentes –sentí como la mano de Alex rodeaba mi cintura mientras miraba de
mala forma a aquel joven vampiro. Levanté la mirada para verlo, estaba enojado, con su
ceño fruncido –largo de aquí.
El chico se fue lejos de nosotros, pero yo me quede estática, mirando a Alex. Sin duda
lucia muy joven con ese gorro, podía ver su rostro, siempre parecía unos cinco años más
de la edad que tenia, pero ahora, se veía como un joven de veinticuatro años y… eso me
sorprendía de sobremanera.
— ¿Qué? Estaré enojado contigo pero no voy a dejar que otros vengan a abordarte.
No dije nada, solo sonreí. Me sentía tan feliz de que haya venido conmigo. Le iba a
hacer cientos de preguntas cuando subiéramos a ese avión.
Nos seguimos mezclando entre los demás vampiros, este lugar siempre estaba
repleto, solo tenía que oscurecerse el sol y ¡magia! Todos aparecían. Por los parlantes de
las paredes, se escuchaba una canción lenta, la voz era profunda y femenina, si no
estuviera mal con Alex, encantada habría bailando con los ojos cerrados entre sus brazos.
—Amo esta canción –me tensé al escuchar esa voz, me sonaba familiar.
Levanté la mano izquierda, apoyándola en el pecho de Alex, que aun no me soltaba.
Sentirlo cerca no me estaba molestando para nada, en comparación a horas atrás.
—Storms ¿no? –dijo el chico con él que estaba conversando.
Los dedos de Alex se aferraron a mi cintura, evitando que avanzara. Lo miré para que
me dejara libre, pero él negó de inmediato.
—Sí, el grupo se llama Exitmusic. Siempre la ponen en este club, debes poner
atención a la música que nos rodea –le susurró muy bajito, pude notar que solo estábamos
nosotros cerca y que nos habíamos alejado de los cubículos con humanos.
— ¿Cómo? –preguntó esa voz masculina.
—Ya te explicaré, aquí no se puede hablar libremente.
Justo en ese momento ellos se acercaron apresuradamente hacia donde nosotros
nos encontrábamos. No tendríamos tiempo de escapar ¿Qué diríamos?
Alex con brusquedad hizo que me apoyara contra la pared, en la oscuridad. Sus labios
se unieron a los míos, de forma superficial, solo los dejó sobre los míos mientras los otros
dos vampiros rebeldes pasaban por nuestro lado. Nos cubrió dejando su mano sobre mi
cabeza, como si besarnos fuera un secreto prohibido.
Nos quedamos solos, pero ninguno se movía. Ambos nos mirábamos como si no
estuviéramos en el lugar y momento equivocado. Sin embargo, los segundos pasaban y
ninguno era capaz de iniciar un beso real.
—Debemos irnos –susurró contra mi boca, separándose de mí. Pero de todas formas
sentía sus labios moverse.
—Aun no.
—Ahora mismo –me iba a tomar de la mano para llevarme afuera, lo sabía.
Rápidamente me escabullí por debajo de su brazo que nos cubría y corrí con rapidez
entre los pasillos, en busca de esa chica pelirroja. Podía sentir que Alex venia cerca, solo
necesitaba dos segundos más para encontrarla.
Fui precisa.
Al doblar en una esquina choqué de lleno con ella, provocando que cayera hacia
atrás, junto con ella. Me aferré a su ropa y rodamos en el suelo, entre los gritos de los
demás por la molesta sorpresa.
— ¡Ey! ¡Idiota! –me dijo la pelirroja separándose de mí y volviendo a estar de pie en
un segundo.
Sentí una mano tomando del brazo y casi llevándome a la arrastra para los otros
cubículos, entramos al primero que encontramos. Alexander me observaba furioso, pero
antes de decirme algo, lamenté mi mano y le mostré lo que conseguí.
—Increíble –susurró.
Tenía el celular de la chica, sin duda aquí podría encontrar más información que
esperar a días de interrogación, que podían no dar frutos.
—Y antes de marcharnos… —le hice un gesto para que mirara hacia detrás de él. Lo
hizo de inmediato.
Para nuestra suerte, entramos al cubículo que tenía una pareja humana, lista y
preparada para ser mordida. No dudé ni un segundo, tendríamos que salir pronto de aquí,
antes de que llegaran los guardias y antes de que esa chica se diera cuenta de lo que
perdió.
Con una rapidez asombrosa me senté a horcajadas sobre el hombre que ahí se
encontraba, ni siquiera puse atención en él, pero lo tomé de su cabello y expusé su cabello
mientras me susurraba que lo dejara. Por el rabillo del ojo pude notar que Alexander ya
estaba bebiendo de la chica.
—Te gustará, ya verás –le dije al hombre, justo en su oído.
Lentamente bajé hasta su cuello y pasé mi lengua justo donde iba a morder. Clavé
mis colmillos lentamente, apoderándome de aquella sangre, roja y a la temperatura que
ninguna bolsa de sangre podría siquiera competir.
Gemí bajito mientras iba sintiendo como la sed pasaba por completo al olvido y esa
sensación de calidez aumentaba cada segundo que pasaba.
Dejé al hombre inconsciente y sin saber lo que le había ocurrido. Me separé de él y
me giré para poder ver a Alex, que ya estaba a unos metros de su víctima y me observaba
atentamente.
—Siempre eres seductora para cuando bebes de los humanos, demasiado para mi
gusto.
—Tú también –dije defendiéndome.
—No, solo contigo.
Me tensé, pero no tuvimos tiempo de decir otra palabra. Escuchamos como la puerta
principal se precipitaba de forma horrorosa. Era hora de irnos.
Con Alexander corrimos hacia la puerta trasera y la abrimos sin mayor problema,
dando gracias al cielo de que… realmente hubiera una puerta trasera.
Caminamos en silencio hacia el Jeep, donde ya no estaba Ezequiel, de seguro estaba
ayudando a los otros guardias. Nos sacamos nuestros disfraces y los dejamos en el gran
bote de basura que había al final del callejón. No fui capaz de botar el gorro de Alex, lo
guardé en mi cartera.
Él manejó muy rápido hasta que llegamos a la pista de aterrizaje privada que
teníamos. Me acerqué al piloto y le di las indicaciones para que llegáramos a una ciudad
cercana a Londres. Alexander debía reunirse con Marco, quería saber que más había
averiguado sobre la muerte de Cathal. Yo deseaba encontrarme con Tessa y William, pero
no podíamos aterrizar en Londres, era muy obvio, así que debíamos despistarlos, además
del hecho de que no podíamos confiar en nadie.
Ya con nuestro equipaje abordo, nos sentamos juntos ya que debíamos discutir
nuestros próximos movimientos y además debíamos registrar aquel celular.
—Eso fue muy astuto –dijo cuando ya estábamos a varios pies de altura.
—Gracias –sonreí, orgullosa de mi pequeña y casi inservible hazaña.
— ¿Qué piensas buscar en el teléfono? –lo miré como si fuera obvio lo que debíamos
buscar, pero por su expresión, parecía como si fuera un profesor interrogando a su alumna.
—Bueno, primero el teléfono de larga distancia que debe tener aquí, es obvio que ha
de ser de Cristóbal. Segundo, necesitamos encontrar nombres conocidos, para averiguar
si tentemos un supuesto aliado traicionándonos.
— ¿Y qué más?
—Bueno… sacar lo que podamos del celular, direcciones, mensajes, correos
electrónicos, todo –él asintió.
—Pero también debemos averiguar a quien corresponde este celular, por eso hay
que buscar en los registros, para tener la dirección de la chica y puedan ir a requisar todo
lo necesario para la investigación. Además de buscar su nombre entre los archivos.
—Ya veo.
—Usualmente uno nunca encuentra nada en los celulares –dijo tomando el aparato –
son quisquillosos, llaman de teléfonos públicos o simplemente ocupan dispositivos que
esconden su procedencia.
—Entonces esto se puede volver inservible ¿no?
—Sí, pero de todas formas fue una excelente idea –mi moral cayó al suelo, después
de todo podía ser que no encontráramos nada –veamos que conseguimos.
Alexander comenzó a sacar toda la información necesaria del celular, desde lo más
básico como la marca y el modelo, para después sacar diferentes códigos que hacia único
el celular para el usuario. Comenzó a navegar por diferentes carpetas y cuentas online de
la chica, que se llamaba Tamara, de la Argentina, de ahí procedía, pero había recorrido
gran parte del mundo.
—Nada, ha mantenido todo bien escondido, pero hemos sacado algunos nombres
¿no?
Miré hacia la ventanilla cuando Alex dijo eso. Me sentía pequeña, una ingenua por
creer que conseguir su teléfono habría ayudado.
—Tú tienes el mismo modelo, vamos a sincronizarlos entre ellos –sin más metió su
mano en mi bolsa, donde tenía mi teléfono.
Encontró el gorro negro.
— ¡Dame eso! Que entrometido, no debes meterte en mis cosas de esa forma, Alex
–él me observaba divertido.
—Realmente te gusté con esa cosa en mi cabeza. Insólito.
Ahora ya vestía como normalmente hacía. Con esos pantalones negros y esa camisa
blanca, se ve mayor de lo que es.
No le respondí, solo cerré mi bolso y me quede observándolo. Alex tampoco dijo nada,
solo tomó el celular y los acercó, de esa forma sacar más información traspasando archivos
protegidos a mi celular, pero fue inútil, no había nada más que nos sirviera.
—Se lo enviaré a Lina cuando lleguemos.
—Lo más probable es que te encuentres con ella Exmouth –en aquel lugar había una
pista de aterrizaje escondida. No podríamos llegar directamente a Londres y deberíamos
pasar la noche en ese puerto.
— ¿Por qué?
—Siempre te sigue, es tu guardaespaldas personal ¿no? –él se apoyó por completo
en el respaldo del asiento.
—Ella es muy buena buscando, nos podría encontrar en cualquiera parte de mundo
si así lo desea. Es probable que la encontremos en Londres, mejor nos quedaremos con el
celular y se lo entregaremos allí. Es buena con la tecnología.
Tomé los celulares y los guardé en mi bolso, si alguien le entregaría ese teléfono,
sería yo.
—Por lo que dices, pareciera que fuera buena para muchas cosas –miré hacia la
ventanilla, escondiendo mi molestia.
—Lo es, muy profesional –reí en mi mente por esas palabras. Lina era la persona
menos profesional del mundo ¡siempre estaba hablando mal y coqueteando con Alex! –me
ha salvado de varias en el pasado.
—Entiendo.
Nos sumergimos en un silencio incómodo. Era de noche y ni siquiera podía distraerme
mirando las nubes, solo había oscuridad.
—Nunca pensé que te animarías a perseguir a ese asqueroso humano –dijo de
repente, sacándome de mis propios pensamientos –has hecho un plan y una ruta especial
para recorrer, te has informado y además tienes a tus supuestos aliados moviéndose entre
enemigos.
—Me tenía que mover, tú estabas en otro mundo. No sabía si estabas haciendo algo
o simplemente estabas esperando. No me iba a quedar de brazos cruzados esperando a
que te recompusieras.
—Has hecho bien –lo miré pasmada por lo que dijo –es en serio, ha sido lo correcto.
Ahora veremos si es posible atraparlo sin que nos atrapen antes.
Nos quedamos en silencio de nuevo, había tanto que hablar sobre nosotros, pero
ninguno decía palabra alguna hasta que a mi mente vino aquel cuadro que él tenía, con
todos esos cuadernos llenos con historias de parejas que habían acabado con sus vidas al
alejarse de Alex.
— ¿Soy la mujer de ese cuadro? ¿Soy esa gitana que abandonaste?
— ¿Te estás quedando por qué temes morir al alejarte de mí?
Por lo visto los dos estábamos pensando lo mismo, ya que cuando hablamos, lo
hicimos al mismo tiempo. Sin embargo, nos quedamos en silencio por otros segundos más.
—No –dije aun sorprendida por su pregunta –si lo piensas bien, me iba a ir sin ti. De
todas formas iba a volver después de que todo se arreglara.
— ¿Y si te sucedía algo? Ibas a venir sola, de verdad me cuesta creerlo. Habrían
acabado contigo si te encuentran ¡quizás que otras atrocidades te hubieran hecho, Victoria!
—Pero ya no sucederá, tu vienes conmigo… lo que me hace infinitamente feliz –dije
sonriendo, era cierto –además si fuera Cristóbal, yo soy mayor que él, eso importa ¿no?
—Cuando los dos no han tenido entrenamiento, como te dije antes, no tiene
relevancia. Ese tipo podría acabar contigo, nunca has entrenado para pelear.
—Pero lo he hecho. Aníbal me enseñó un par de trucos ¿sabes? –su expresión seria,
hizo que mi sonrisa se borrara.
—No, no lo sabía porque no tenía puta idea de donde estabas metida. Aníbal te cubría
¿no?
—Claro que no, me vigilaba como se lo habías ordenado. Nunca sucedió nada con
Cristóbal, no hasta ese día –aclaré, recién ahí me di cuenta que en su lugar, lo lógico era
pensar que había más encuentros como los que vio.
—No te creo.
—Bueno.
Volví mi vista hacia la oscuridad que nos rodeaba, pero por lo visto, ahora él no se
quería mantener en silencio.
—Si lo que dices es cierto ¿Cómo ese tipo se atrevió a tocarte, sabiendo que estabas
conmigo? –me giré a verlo.
—Lo mordí varias veces, antes de lo ocurrido, sin borrar sus memorias porque no
tenía sentido. Él me recordaba –debido a que la primera vez Alex me arrastró fuera del
Excalibur por morder a Cristóbal.
—Cierto que tienes una forma muy especial de morder a los humanos ¿Por qué no
pudiste elegir a otro?
Sus manos estaban en forma de puños, tensas. Deseaba poder entrelazar mis dedos
en sus manos y decirle que nada más había ocurrido con Cristóbal y que me debía creer.
Sin embargo, me mantuve inmóvil.
—Su sangre me dejaba satisfecha –aclaré –lo usaba cuando discutíamos…sé que
puede sonar como una justificación muy banal, pero te extrañaba y me sentía sola.
—No sé que es peor, que no te hayas alcanzado a acostar con él o que lo mordieras
de esa forma. Uno bebe sangre de los humanos para alimentarse, no se mezclan
emociones que se tienen solo con la pareja.
—Raúl dijo que esa sangre estaba manipulada.
— ¡Lo sé! –Dijo poniéndose de pie, alterándose –pero eso no le resta importancia. Tu
traición hacia mi sigue siendo la misma. Los vi, eso no se ira de mi mente nunca.
—Deja de hacerte la víctima –me crucé de brazos, molesta –tu también tienes tu
grado de culpa en todo esto, así que no vengas aquí como si fueras un pobre y abnegado
esposo engañado, porque no lo eres. No pienso pasar el tiempo que nos tome todo esto,
discutiendo ¿Qué quieres que haga?
Se giró a verme, con el ceño fruncido.
— ¿Vas a discutir conmigo todo el tiempo? ¿Eso quieres?
—No –dijo como un susurro –no quiero eso.
— ¿Me odias? ¿Es eso? ¿Quieres que me vaya de tu vida para siempre? –Me quedo
mirando unos segundos, sin decir nada, pero después negó — ¿Qué demonios quieres
Alex?
—Que seas mía, solo mía, pero sin tener que preocuparme que un día te largues con
otro. Que en mi mente no se repita una y otra vez como él te tocaba con sus asquerosas
manos ¡Si te hubieras visto, Victoria! Te entregaste por completo, ni siquiera luchaste ¿es
qué no lo pensabas mientras estabas con él? ¿Ah? –mientras hablaba, cada vez iba
levantando la voz.
No iba a permitir que él siguiera con esa duda.
—Claro que si Alex, todo se estaba volviendo extraño, no me podía controlar, era
como si mi cuerpo no me respondiera. No fue hasta que llegaste que escapé de ese estado
de sopor.
— ¡Calla! –me miró con furia, no estaba entendiendo.
—Alex, era todo muy extraño porque en mi mente sabia que el único que tenía ese
efecto en mí, eras tú. Lo he estado pensando estos días, lo que fuera que Cristóbal se metía
en su sangre, me daba esa sensación que solo tengo contigo, es por eso que cuando
discutíamos o me sentía sola, recurría a su sangre.
—Lo mataré y tú tendrás que verlo mientras acabo con él. Quiero ver que tan ciertas
son tus palabras, averiguar si realmente ese humano no te importa.
No me agradaba la idea de ver a otra persona morir, nunca lo había soportado. Tenía
muy en claro que Alexander acabaría con Cristóbal, de una forma cruel y déspota, pero no
me podía negar a esto.
—Bien –susurré mirando hacia un lado –pero ¿Qué harás tú por mí?
— ¿A qué te refieres?
—Me has mentido tanto que hasta parece gracioso ¿Qué hará en compensación?
—La única cosa que deseas que yo te dé, no es posible Victoria y lo sabes.
Aun deseaba que dejara ese maldito cargo de Gobernador, pero él jamás se alejaría
de ello. No entendía el motivo, pero no iba a renunciar. Y con eso mis posibilidades de
pedirle algo, se reducían a cero.
—Bien, entonces esa única y gran acción, que no puedes cumplir, la desfragmentaré
y te pediré muchas cosas que deseo, todo por la información que escondiste y las mentiras
¿entendido? Por cada error que tú cometiste, yo tengo algo que pedirte.
Él se acercó hasta donde estaba, se sentó donde había estado minutos atrás y me
quedó mirando sin decir nada hasta que finalmente asintió. Sin duda alguna, si mi corazón
aun latiera, hubiera dado un vuelto al ver como él aceptaba a mis pequeñas condiciones
comparadas a la que realmente yo deseaba.
—Esto no se volverá en el juego “Simon dice” te lo aclaró, si algo no me gusta o va
en contra de lo que creo, no lo haré ¿entendido? –asentí a sus palabras mientras sacaba
mi celular, lo que me tomó un minuto ya que me había confundido con él de esa vampiro
traidora.
—Listo, anotaré todo en el celular, luego lo traspasaré. Será un acuerdo entre los dos
¿sí?
—Comienza.
—Vacaciones, mínimo un mes en el año para los dos, sin guardias ni celulares ni
trabajo –él me quedó mirando unos segundos, como si estuviera sorprendido por mi primer
pedido –esto es por no haberme dicho que me amabas hasta que estuvimos muy mal.
—Hecho.
—Que cuando lleguemos a un lugar, me digas con quien te has acostado, solo por el
hecho de que esas vampiros son peligrosas, hasta ahora las dos que he conocidos no son
de mi agrado. La primera trató de asesinarnos y la segunda es una descarada… esto
porque no me dijiste quien era el padre de Cristóbal.
—Eso es ridículo, no te puedo decir eso.
— ¿Por qué no? –Exigí saber — ¿es qué firmaste algún contrato de confidencialidad?
Eres muy celoso y yo ni siquiera he tenido otro hombre en vida, en cambio tu, has tenido
infinidad de mujeres.
—Pensé que esa omisión de información, tendría otra condición, más importante,
pero si eso quieres, está bien –pude notar como su labio se curvaba levemente en una
sonrisa.
—Por haber escondido quien era Cristóbal realmente, quiero que mis dudas sobre
todas tus parejas, sean contestadas con honestidad y de inmediato.
Nuevamente me observo sorprendido, sin creer en los términos que estaba
estableciendo.
— ¿Por qué quieres saber eso? ¿Qué objetivo tiene traer el pasado?
— ¿Lo aceptas o no? –dudó unos segundos.
—Está bien, acepto –anoté la nueva condición en mi celular.
—Por esconderme de que estuviste secuestrado, todo el problema que hay con esos
rebeldes y la existencia de otros seres tendrás que entregarme toda información que llegue
a tus ojos y oídos ¿entendido?
—Eso es demasiado, hay temas que son confidenciales, como aquel de haber estado
secuestrado. Además fue hace mucho tiempo –lo miré incrédula.
—Soy yo, tu esposa ¿es qué también deben haber temas confidenciales para mí? Si
es así yo igual tengo derecho a guardarme mis secretos.
Su mordida se tensó al darse cuenta que si él tenía secretos, también tendría los
míos.
—Está bien, tienes razón. Además del hecho que eres la Gobernadora y por lo visto,
te estás comportando como tal.
Nos quedamos en silencio por unos segundos.
—Por haberme mordido y escupido mi sangre, deberás besarme cada vez que te mire
por más de cinco segundos, por el resto de nuestras vidas.
Su expresión cambió de inmediato, sus ojos se llenaron de tristeza, la misma que yo
sentía al recordar ese suceso.
No tuvieron que pasar cinco segundos para que él se acercara a mí. No pude evitar
tensarme, pero no me alejé.
—Siento haber hecho eso. Fui un idiota.
Susurró contra mis labios para después besarme lentamente mientras su mano
rodeaba mi cuello y acariciaba mi mentón con su pulgar.
Me acerqué un poco más cuando sentí su lengua contra la mía. Hace tanto tiempo
que no podía besarlo como me gustaba.
—Sé que estás muy enojado conmigo –dije cuando nos alejamos –y yo también
contigo, pero creo, que estamos encontrando una forma de arreglarlo ¿no crees?
—Con esa lista gigante que has hecho y que piensas seguir haciendo, creo que si,
por tu parte debería estar todo perfecto –no pude evitar sonreír.
—Gracias por venir conmigo –dije sacándome ese peso de encima.
Nos quedamos en silencio unos segundos hasta que Alex me miró preocupado.
—Respondiendo a tu pregunta de antes, creo y espero que seas la Vittoria del cuadro,
eres la única que se ha mantenido tanto tiempo a mi lado…y ya estoy cansado.
— ¿La amaste, Alex? Me amas ¿verdad?
—En ese entonces fui un idiota y también ahora, pero si, la amaba y te amo… fui un
idiota –repitió, ahora esquivando mi mirada y poniendo atención en algún detalle
insignificante. Sabía muy bien que sus pensamientos habían ido hacia el pasado.
CAPÍTULO 5
Al bajar del avión, cada uno llevó su bolso hasta la carretera, donde nos dirigimos con
nuestra velocidad vampírica hasta el hotel. No fue difícil ya que había mucha vegetación,
pronto conseguiríamos un auto para poder movilizarnos de forma más natural.
— ¿Has hecho una reservación? –preguntó Alex observando uno de los hoteles más
caros de la zona.
—No y no mires hacia allá, sería obvio que nos quedáramos ahí, vamos a un hostal.
— ¿Qué?
Lo miré sorprendida, no sabía que fuera tan delicado.
—Es solo un hostal, vamos –dije caminando, sin esperar a que aceptara, ya que
podría quedarme esperando por horas para que así fuera.
Mientras avanzaba me di cuenta de en donde nos encontrábamos. El sol se escondía
detrás de las nubes, había bastante viento, pero no hacia un mal día, aun así no había
mucha gente con las que nos topáramos, lo que era un alivio.
—De seguro parecemos mochileros, de esos viajeros que recorren el mundo sin
rumbo.
Miré a Alex que estaba a mi lado, al mismo ritmo que yo, observando a los lados de
forma sospechosa. Me di cuenta que realmente no podía pasar tanto tiempo enojada con
él. Había hecho cosas horribles, pero que iba a hacer ¿quedarme enojada con él por toda
una eternidad? Con todo lo que hizo debería ser ese el tiempo para recompensarme, pero
no podía, lo amaba y me aburría estar distanciada de él. Lo más factible era hacerlo pagar
por lo que había hecho, así no me sentiría mal y tendría mi recompensa.
— ¿Qué sucede? –preguntó cuando notó que lo estaba observando.
—No estás cumpliendo Alex, te he estado observando por más de cinco segundos y
no he recibido ni un solo beso –fruncí el ceño porque ese era uno de los tratos, es más, era
para que lo perdonara por uno de los acontecimientos que más me afectaron.
—Oh… ¿eso también corre en público?
— ¿Tú qué crees? –dije ahora observando hacia donde nos dirigíamos, ya que estaba
atardeciendo, no quería que se nos hiciera tarde para encontrar donde dormir –nos vamos
a quedar sin lugar para dormir, Alex.
—Debimos habernos quedado en el hotel.
—Eso sería obvio, si nos buscan, sería el primer lugar donde averiguarían Señor
Delicado –dije deteniéndome al llegar al final de la avenida principal del pueblo. Había
buscado posibles lugares para dormir, pero estas calles no estaban dentro de mi
conocimiento.
Observé detenidamente las casas tan altas, de colores blancos y calipsos, quedaban
a nuestra espalda, una junto a la otra, mientras que al frente de nuestros ojos, estaba el
gigantesco mar. Era sin duda una hermosa vista.
Sin embargo, antes de que pudiera decir algo respecto a nuestro alojamiento, sus
labios atraparon los míos. Fue un beso superficial y muy corto para mi gusto. Cuando se
separó, lo miré sonriendo, él no tenía estos acercamientos en público. Es más, creo que
nunca lo había hecho, ya que prácticamente no salíamos a ningún lado juntos, siempre
estábamos encerrados en casa, ya sea la de ciudad o la mansión.
—Tendremos que dormir en la playa si no quieres hacer uso de ese increíble hotel.
—Eres muy cómodo, Alex, es en serio. Te has acostumbrado a llevar una buena vida
¿no es así?
Él sonrió, pero al quedarme mirando unos momentos, su expresión cambio. Se volvió
tenso y lo más probable es que estuviera pensando en lo ocurrido con Cristóbal.
—Deja de pensar en eso –le dije rápidamente, no quería que su humor se arruinara
hoy.
— ¿En qué? ¿Es qué ahora lees mi mente? –dirigió su mirada hacia el mar, pero no
me quede tranquila, ni iba a permitir que se volviera desagradable.
Me acerqué un poco a él y con mi mano izquierda, que estaba libre del bolso que
llevaba, entrelace mis manos con la suya. De inmediato se tensó, pero no dijo nada, solo
presionó su mano junto a la mía y volvió a sonreír, aunque fue de una forma casi
imperceptible.
—Vamos a buscar en una zona no tan turística ¿sí?
Fue una buena idea, ya que nos adentramos al pueblo y pudimos encontrar una
hostal, bastante rustica y que Alex no quería usar ya que no le “convencía”. Ese fue uno de
los criterios para elegir, ya que él era demasiado cómodo.
No era un lugar feo ni nada por el estilo, era normal. Mi querido vampiro parecía ser
demasiado sofisticado. Entramos a la casa y subimos al segundo piso, donde había una
habitación, con una cama matrimonial y un baño. No necesitábamos más realmente.
Dejé mi bolso sobre la cama y me acerqué al pequeño mueble que servía para
guardar la ropa. Después me fui hasta la ventana y no había una vista fenomenal como de
seguro tendríamos en el hotel, si no que se notaba el patio de la casa, donde había unos
perros dando vueltas y jugando. Aun así, a lo lejos se podía ver un pedacito del mar. Ya
había oscurecido por completo.
—No me gusta este lugar, mañana partiremos a Londres ¿no?
—Eres demasiado quisquilloso –dije ahora mirando las estrellas. Al ser un pueblo
pequeño, se podía ver con claridad la noche, las luces no acababan con los luceros
nocturnos –en la mansión se ven más estrellas que aquí, pero no tenemos el sonido del
mar.
— ¿Ahora quieres un lugar que tenga mar?
—No –dije abriendo la ventana, que necesitaba una segunda mano de pintura –solo
estoy diciendo que me gusta el sonido del mar.
—Ya…
Me giré a verlo. Alexander estaba apoyado en el mueble de ropa, observándome
atentamente. Aun manteníamos la luz apagada.
—Creo que deberíamos hacer un itinerario para mañana, solo tengo las ideas en mi
cabeza, pero hay que organizarnos –dije acercándome hasta mi bolso pequeño, de donde
saque mi celular –partiremos por caminos diferentes.
— ¿Qué? Tu no iras sola a ninguna parte, eso tenlo claro desde este segundo –lo
miré cansada.
—Solo iré donde Tessa y William, quiero conversar con ellos y poder encontrar otros
de los posibles traidores.
— ¿Quieres ir en busca de posibles rebeldes y sola? De verdad estás loca. Eso no
sucederá.
—No iré tras ellos –aclaré de inmediato –solo quiero investigar más.
— ¿Y por qué no puedes hacer eso conmigo? ¿O es que irás a donde yo no te
dejaría?
—Alex –dije ya un poco molesta — ¿Qué crees que estaré haciendo?
¿Encontrándome con Cristóbal a tus espaldas? –tenía claro que estaba pensando en eso.
Y lo confirmé cuando su mordida se tensó –no haré tal cosa.
—No importa, no irás sola. Puede que alguien te quiera hacer daño, puede que Aníbal
te traicione y avise a todo el mundo lo que planeas ¿Por qué quieres ir sola? No lo entiendo.
—Porque podemos optimizar el tiempo, pero si me quieres acompañar, está bien,
vamos juntos –me senté en la cama y comencé a buscar en mi celular las aplicaciones para
hacer anotaciones.
—Sí, te acompañaré.
—Muy bien, psicópata –dije escribiendo el título de nuestro itinerario –pero no quiero
discutir, si quieres estar a mi lado todo el tiempo, no hay problema, a mi no me molesta,
todo lo contrario.
—Estás diciendo eso para que acceda –dijo ahora sentándose a mi lado, dejando mi
bolso en el suelo –esta cama es muy blanda.
—No estoy diciendo eso para que cambies de opinión –seguía concentrada en el
celular mientras le hablaba –y la cama no es muy blanda, puedes dormir en el piso si quieres
algo más duro.
—No es necesario, he dormido en todo tipo de superficies, pero me desagradan las
camas blandas.
—Eres muy cascarrabias. Estás acostumbrado a las comodidades, me sorprendes,
alguien tan antiguo como tú, debió tener diferentes estilo de vidas al comienzo ¿no?
—Realmente no –ahí dejé de mirar el celular y le puse atención –cuando fui
convertido, Raúl era el Gobernador, luego lo fue mi madre y después yo.
—Oh, entiendo… siempre has vivido bajo el alero de tal cargo ¿no?
—De cierta forma si –sonrió como si fuera una chico arrogante, nuevamente me
pareció verlo más joven ¿Qué sería ahora? ¿El recuerdo del pasado? ¿Hablar de sus
padres? ¿O simplemente él se volvía más joven cuando sufría? Quizás era eso, haber
estado tan triste pudo haber hecho que ahora retomara energías y así tuviera otro estilo de
expresiones.
—Alex, te ves joven ¿Por qué? –No me iba a limitar a quedarme con la duda –pensé
antes que había sido tu gorro, pero ahora te miro y cada ciertos gestos luces realmente de
tu edad.
— ¿Me veo viejo? ¿Eso estás queriendo decir?
—No, pero no luces como un chico de veinticuatro años, no como los hay ahora por
lo menos.
—Te entiendo –ahora esquivó mi mirada y puso atención en la ventana –antes igual
a sucedido, no es nada del otro mundo, créeme, con los años volveré a la normalidad.
— ¡Entonces si estás más joven!
—No –volvió a mirarme –es difícil de explicar.
—Quiero saberlo, ahora.
Le tomó unos segundos y pude notar cómo se tensaba, pero de todas formas volvió
a hablar.
—Antes, cada vez que mi pareja se iba y moría, era como sentir cierta devastación
en mi y… cierto alivio al mismo tiempo.
— ¿Alivio? ¿Cómo podías sentir alivio con algo como eso? –simplemente dejé el
celular en la precaria mesita de noche que había a mi lado.
—Porque mis sospechas eran ciertas, de todas formas, todo se volvía un tanto oscuro
en mi vida, como sucedió contigo ahora último, entonces… cuando ya me iba recuperando,
era como si toda la vitalidad que me había robado aquella pareja al irse, volviera. Por eso
me ves diferente.
—Pero yo no te dejé –aclaré de inmediato, molesta.
—Aun así, hiciste algo horrible.
—Y te herí –dije recordando como había tenido que llevarlo hasta su cama y darle de
beber sangre para que se sintiera con fuerzas — ¡Ah! Alex.
Me estaba sintiendo pequeñita por haber provocado ese dolor en él, pero aun así me
armé de valor y lo abracé, no me importó nada, simplemente me senté a horcajadas sobre
él y lo abracé, descansando mi cabeza en su hombro. Mirando hacia la pared que estaba
al frente, pensando en cómo debió sentirse, tan mal como cuando perdió a sus otras
parejas.
—Lo siento, pero si hubiera sabido quien era, jamás me habría acercado a él. Ya está
hecho, ahora hay que atraparlo ¿sí? –Sus manos rodearon mi cintura, acercándome a su
cuerpo –Yo no me iré a ninguna parte, debes entender eso. No me vuelvas a preguntar
“¿Por qué te quedaste?” –dije imitando su voz, lo que lo hizo reír.
— ¿Y por qué te quedaste? –me alejé un poco de él, para que me pudiera ver.
— ¿Por qué más? Porque te amo, aunque me hayas herido y me hagas enojar de
una forma que pensé imposible.
—Yo igual te amo –sonreí satisfecha.
—Creo que haber salido de casa fue lo mejor que pudimos hacer ¿no crees?
Arreglaremos esto, encontraremos incluso a esa infeliz que le dio a Cristóbal esa cosa para
inyectarse y me encargaré de esa persona.
— ¿Acabarás con un hada? Son muy difíciles de encontrar.
—Acabaré con esa cosa, ya verás –sus labios se unieron a los míos, pero esta vez
de una forma más profunda — ¿Alex? –Sus manos ya se estaban colando bajo mi camiseta
–detente, que quiero hablar algo serio contigo.
—No, yo creo que es hora de reconciliarnos ¿no?
De un segundo a otro me dejó recostada sobre la cama. Él se sacó su camisa blanca,
dejándome verlo en parte desnudo.
—Alex… —sus manos ahora estaban bajando a mi camiseta, la que tomó e hizo que
me la sacara, dejando a la vista mi sujetador — ¡Ah! Para –dije cuando beso mi abdomen
–no debería ser así, yo no debería permitir que me toques ¿sabes? Ese es el castigo
normal que las mujeres le dan a los hombres, no sexo para ti.
—Pero estamos teniendo sexo de reconciliación.
— ¡No! –dije tratando de empujarlo, pero sus besos en mi cuello, eran irresistibles
¡demonios! Siempre pérdida en esto –porque tu aún estas enojado y me miras con ese
rencor, lo sé.
—Victoria, voy a estar enojado por mucho tiempo más, pero ya es cada vez menos
que al principio.
No sé que habrán desencadenado esas palabras, pero de un segundo a otro, al cerrar
mis ojos, me vi observando los ojos marrones de Alex. Éramos humanos, ambos.
Nuevamente estaba recibiendo imágenes de un pasado que alguna vez tuve con él, pero
que apenas recordaba.
Me sonreía y sabía muy bien que estábamos hablando sobre nuestra fuga, sobre
cuanto lo amaba y de cómo haría todo por él; Alexander prometía que haría lo mismo por
mí, por toda una eternidad.
— ¿Victoria?
Sabía que me estaba hablando en el presente, pero yo no podía dejar de ver sus ojos
en aquel recuerdo. Prácticamente podía sentir de nuevo como mi corazón se disparaba por
la emoción y adrenalina que se anticipaba a nuestro escape cuando alguna vez fuimos
ambos humanos.
— ¡Victoria! –Sus manos me tomaron con fuerza de los hombros, sacándome de esa
ensoñación — ¿Qué sucede?
Me quedé observando unos segundos al Alex que tenia al frente, con sus ojos oscuros
y piel pálida, de una especie diferente a la humana, pero era el mismo ser que había
prometido ciegamente fugarse conmigo… bueno, no conmigo, sino la que fui hace miles de
años. En la actualidad ni siquiera recordaba ese pasado con Alexander.
Era un tema que no me había dedicado a pensar realmente, era raro y demasiado
triste. Lo había desplazado a mis últimas preocupaciones porque sabía que era un tema
muy delicado.
— ¿Estás bien? –volvió a preguntar.
—No sé, acabo de recordarte debajo de ese árbol –él no tuvo que escuchar otro
detalle para saber de lo que estaba hablando.
—Oh.
Se recostó a mi lado, observando hacia el techo gastando. Hice lo mismo.
—Sí, es extraño –dije temerosa de mis palabras y de las que él podría decir –me
cuesta entender todo esto, ¿me parezco un poco a ella? En tus sueños no me pude
reconocer.
—Son muy parecidas para mi, demasiado. Debí saber que tú eras diferente a las
demás ¿sabes? Ninguna tuvo rasgos como los tuyos.
—Pero yo no me reconocí en tus sueños o recuerdos –giré mi rostro para poder verlo,
pero el seguía atento hacia el techo.
—Eran épocas diferentes, otros estilos de vida.
—Alex, en ese libro relatabas que la querías mucho ¿por qué la dejaste? -no pude
evitar referirme a ella como una desconocida, a pesar de que éramos la misma.
No me miró ni dijo nada por varios segundos.
—Estaba más interesado por el dinero y mi posición social, desde pequeño las cosas
habían sido difíciles y sabía que si abandonaba todo, tampoco iba a tener una de las
mejores vidas.
—Por dinero ¿no?
—Exacto.
—Pero ahora si lo piensas ¿estabas realmente enamorado de ella? –no deje de
observarlo para ver su expresión. Por un momento se tensó, pero después se giró para
verme.
—Si me lo preguntas ahora, no lo sé en realidad –lo miré con la boca abierta –no me
malentiendas, creo que en ese momento si lo estuve, pero nunca hice nada por ella. Al
tener varias parejas después de lo sucedido, hice muchos sacrificios, si lo pongo en una
balanza, estuve más enamorado después.
—Mmm… interesante –volví a recostarme, mirando hacia el techo –si te hubieras
decidido la primera vez no habrías tenido que sacrificar nada, solo disfrutar de la compañía
de esa mujer que dejó todo por ti.
—Y tú tendrías una vida normal, de seguro ya estarías en tu segundo año de
universidad, con algún novio humano ¡quizás habrías conocido a Cristóbal! Sería un cuadro
perfecto ¿no? –en cada una de sus palabras había resentimiento.
No tomé en cuenta su mal humor, solo me quedé pensando en cómo sería mi vida de
humana. Muy normal para mí gusto, si la comparaba con esta. Era cierto que había
momentos que deseaba volver a tener esa tranquilidad, pero no tendría a Alex y ¿a quien
quería engañar? Yo no lo quería fuera de mi vida, si deseara eso, estaría viviendo en
Tombuctú. Además si lo pensaba detenidamente, yo no estaría aquí en la actualidad porque
esa gitana nunca habría... ¿reencarnado en mí? Esto era difícil de interiorizar, por eso lo
estaba dejando en mi baúl de los recuerdos.
—No tendría a quien gritarle –dije tomando su mano, entrelazando nuestros dedos.
— ¿Por qué te llevarías mejor con ese asqueroso humano? –sonreí y negué a sus
palabras.
—De verdad no te sacas de la cabeza eso, espero que algún día lo hagas, porque
nunca sentí nada romántico hacia él –trató de alejar su mano de la mía, pero no lo permití
–estoy cansada, no dormimos nada en el viaje y deberíamos descansar, mañana hay que
hacer mucho ¿sí?
Alexander asintió y finalmente se alejó de mí. Me quedé sentada en la cama,
observando como él tomaba su bolso y buscaba su pantalón de pijama. De verdad que a
veces pensaba que era más bien un humano acostumbrado a las comodidades que un
feroz vampiro de años, los libros y películas me habían mentido.
— ¿Qué? –preguntó al notar que lo estaba mirando demasiado tiempo.
—Solo estaba pensando que realmente no te pareces en nada a los vampiros que
imaginaba antes.
—Te recuerdo que tu también eres participe de esta especie y tampoco eres como
las vampiros de esas historias.
—Lo sé, pero pensé en el pasado que si existían, serían como los de Inframundo o
Crepúsculo, no como tú o yo.
—No uso cuero ni brillo, además los de Inframundo son muy viejos –dijo sacando su
pantalón de algodón azul oscuro, el que usaba como pijama –viejos como Raúl y Elizabeth
¿te gustaría ser así?
—Alex, solo usas algodón para dormir porque no te gusta otra tela, esa es tu
característica como vampiro –no pude evitar reír.
— ¿Es qué acaso te gustaría que durmiera desnudo?
—No sería una mala idea –dije tomando mi bolso para cambiarme.
—Eres una provocadora, estás jugando con fuego, después te quejas.
—Es una broma –aclaré, mientras sacaba mi camiseta con pantalones cortos.
—Extraño, estás de muy buen humor por lo visto –sonreí.
— ¿Por qué no habría de estarlo? Ya no me molesta tenerte cerca ni que me toques,
me has acompañado y estas hablándome con la verdad ¿te das cuenta que no es difícil
mantenerme contenta?
Alex me quedo observando por unos segundos y sonrió, un poco.
—Debí haberme dado cuenta antes –susurró –me habría ahorrado muchos
problemas ahora.
Caminé hasta él antes de ir al baño a cambiarme, no iba a correr más riesgos.
—Sí, debiste decir la verdad desde el comienzo, pero no lo hiciste, ya está –me
empiné para poder darle un beso en su mejilla, pero él rodeó mi cintura para después
besarme en los labios.
Apoyé mis manos en sus brazos, dejando caer mi pijama para detenerlo.
— ¿Qué haces?
—Quiero un beso –susurró, mirándome con el ceño fruncido. Molesto.
Apoyé mis manos en su rostro, observando sus ojos, tratando de descifrar lo que
pensaba. Pude hacerlo, pero no me gustó lo que vi.
—Lo siento –apoyé mis manos en sus hombros –de verdad, no debí convertir a
Cristóbal, pero tampoco lo iba a matar ¿me entiendes?
Me presionó con más fuerza. Sus brazos se ajustaron a mi cintura.
—Estoy tan molesto, pero igual estoy furioso conmigo. Él te tocó y besó… tú eras solo
mía, nadie te había besado así antes.
—Alex.
Antes de poder decir algo, me llevó hasta la cama de esa habitación sin gracia que
había molestado tanto a Alex.
—Pensé que estabas molesto porque ya no tienes el cargo –dije ahora acomodando
mi cabeza sobre la almohada.
—Si, también estoy enojado por eso, pero tú… luces como si no estuvieras enojada
conmigo y ser Gobernador queda en nada comparado al recuerdo de verte con otro.
—Pero no hay otro Alexander, en todo momento pareció incorrecto ¿no me escuchas
cuando te hablo?
—Voy a atraparlo y acabaré con él, si. Lo disfrutaré y no podrás negarme ese gusto,
te hizo creer que era confiable, que era tu confidente y que era tu amigo.
Me tensé al escuchar esas palabras, sabía que él tenía razón y que Cristóbal era
peligroso, pero simplemente me incomodaba la idea de que alguien matara a otra persona.
No estábamos en los tiempos medievales o aun más atrás.
—Debes aprender que aquí no hay amigos.
—Alex –apoye mi mano en su mejilla –claro que existen los amigos. Javier dio la vida
por nosotros ¿no crees qué él debió merecer tu confianza?
— ¿Qué? ¿Ahora me estás diciendo que Cristóbal se merecía tu confianza?
—No, no, nada de eso. Tienes razón con él, pero si existen personas en las que
puedes confiar.
Me quedo mirando unos segundos.
—No quieres que lo mate ¿verdad? ¿Cómo pensabas enfrentarte a él si no puedes
hacerle daño?
—No lo sabía con exactitud, iba a crear un plan en el camino. Siempre pensé que
ibas a venir conmigo, pero cuando perdí las esperanzas, apareciste.
—Dime la verdad –susurró, rodeando con suavidad parte de mi cuello — ¿sientes
algo por él?
Negué de inmediato, sabia a lo que se refería y claro que no sentía algo así por
Cristóbal.
—El problema es que se volvió en alguien, cuando sentía que estaba sola y sumado
al hecho de que no veo la muerte como tú. No es algo tan simple acabar con la vida de otra
persona, tan solo por eso me ves incómoda con el tema.
—Lo es y la vida de él se acabará, al frente de tus ojos.
— ¿Me quieres ver sufrir con esa técnica? –negó, mirándome con el ceño fruncido.
—Quiero que él sea testigo de su poco valor. Que él no es nadie para ti.
Eso no era cierto y podía sentirlo por el tono de su voz. Me estaba mintiendo.
—Quieres comprobar que no me importa que muera ¿Es eso? ¿Te sentirás mejor?
—Ya he dado mi fundamento –respondió con rapidez, de manera brusca y tensando
su cuerpo.
—Muy bien entonces.
Sabía lo orgulloso que podía ser y lo testarudo que era, por eso decidí dejar ahí el
tema. No quería presionarlo porque a través de los últimos meses, esa técnica había sido
un verdadero fracaso.
— ¿Dejarás que vaya a cambiarme ahora? –Traté de moverme para poder ponerme
el pijama, pero él negó y se acercó a mí — ¿Qué haces?
Presioné mis manos en sus hombros cuando sus labios fueron hasta mi cuello. Enrolló
un mechón de mi cabello en su dedo índice y tiró un poco de él. Siempre hacia eso cuando
bebía de mi.
—Tengo sed, Victoria ¿me dejas?
Miré hacia el techo por unos segundos, recordando cuando estaba en ese horrible
calabozo, aquella vez me mordió de forma brusca y después escupió mi sangre. Creo que
nunca en mi vida me había sentido humillada, no de esa forma, había sido algo horrible,
como si en mi interior algo se hubiera quebrado.
Me giré para poder verlo, sus labios solo estaban a milímetros de los míos. Cerré mis
ojos por un segundo, pensando en que era pésima estando enojada con él, no duraba ni
siquiera dos semanas.
— ¿Victoria? –sus labios presionaron los míos, rápidamente, llamando mi atención.
—Está bien.
Giré mi rostro hacia un lado, exponiendo mi cuello a sus labios. Me sorprendió sentir
como se tensaba sobre mí.
— ¿De verdad? ¿Incluso después de lo que te hice en ese calabozo?
No lo miré.
—Tú eres mi única familia Alex ¿Qué sentido tendría guardarte rencor? Si tienes sed,
bebe.
Él no me respondió, no dijo ni una sola palabra, tan solo se tensó y besó mi cuello un
segundo para después hacer que lo mirara. Su boca se unió a la mía de manera intensa,
provocó que mis pensamientos tristes se esfumaran con una rapidez sorprendente.
Rodeé su cuello y lo acerqué a mí, pero al sentir que sus manos se colaban entre
nuestros cuerpo para eliminar mi ropa, lo detuve.
—No tan rápido –sus manos ya estaban bajando mis jeans y sus besos al comienzo
de mis pechos, causando que esa sensación tan agradable recorriera mi cuerpo.
— ¿Qué sucede? ¿No quieres?
Me senté en la cama, alejándome un poco de él. A una distancia segura. Me miraba
preocupado, sin entender mi comportamiento, pero realmente no podíamos ir tan rápido.
Recién nos estábamos reponiendo de lo sucedido.
—Alex, claro que quiero, sabes que me encantas –terminé de sacarme esos jeans
porque estaban a la mitad de mis piernas. Él sonrió al verme, pero tome mi pijama que
había caído sobre la cama –pero no creo que sea correcto.
— ¿Por qué? No entiendo, si no deseas hacerlo, bue… —cubrí su boca con mi mano.
—Cállate de una vez, sabes que me encantas y que te llevaría a una cabaña solitaria
solo para estar contigo cuanto se me plazca –él bajó mi mano de su boca, mirándome
ceñudo –pero hacer el amor es algo íntimo, una entrega hacia el otro, por lo menos lo es
cuando estamos juntos ¿no?
No me respondió, pero sabía que pensaba igual.
—Tú no me miras como antes y yo aun recuerdo ciertos hechos que me hacen enojar,
no estoy enojada contigo, pero creo que podríamos esperar a que las cosas se calmen un
poco ¿sí?
—Me estas castigando sin sexo, es eso.
— ¡Oh calla! Yo también tengo mis necesidades ¿Qué crees? Pero iremos lento.
Se recostó en la cama, enojado, era obvio, pero no siguió insistiendo, lo que me hizo
pensar que coincidía conmigo o que simplemente ahora me iba a ser la ley del hielo.
—Me iré a cambiar.
Tomé mi ropa y me escondí en el baño unos minutos, hasta que se quedará más
tranquilo. Cuando salí, ya estaba dejando los bolsos en una esquina de la habitación, uno
junto al otro.
—Mañana hay que salir a primera hora –dije tomando mi celular del bolso pequeño.
— ¿En este lugar hay un lugar donde arrendar autos?
—Estuve pensando sobre eso, es mejor que tomemos el transporte público, de esa
forma no llamaremos la atención ni nadie podría darle datos a tus enemigos de donde nos
encontramos.
No me tomó ni un segundo darme cuenta de que esa idea no le había gustado.
—Quieres decir que deseas estar con humanos y usar esos buses para recorrer las
ciudades.
—Oh por Dios, su realeza, discúlpeme por dar tal idea –comencé a buscar los datos
en internet para poder tener una ruta para mañana. No fue difícil ya que era lo mismo, pero
en un transporte público, solo usaríamos a los humanos para pasar desapercibidos.
—Que graciosa, pero tomaremos un auto, pagaremos en efectivo y será todo más
simple.
—No, es mejor irnos con los humanos ¿de qué te quejas? Vamos, te estás
comportando… como niña caprichosa.
Cerré la ventana de la habitación, miré por última vez la noche y fui hasta la cama,
donde él se encontraba recostado, sobre el cobertor.
—Niña caprichosa ¿no? Es molesto ir entre humanos ¿es qué no te diste cuenta de
eso en la Universidad? Todos te miran, llamamos la atención de inmediato.
—Eres tan egocéntrico –dije cubriéndome con el cobertor, de pura manía porque no
sentía nada de frio –no te fijes en los demás y todo será más simple.
Le di la espalda para estar más cómoda.
—Buenas noches, Alex.
No pude evitar sonreír en la oscuridad cuando sentí que su brazo rodeaba mi cintura
y se recostaba junto a mí.
—Buenas noches, Victoria.
Por primera vez en muchos meses pude cerrar mis ojos de forma tranquila y sin
pensar en alguno de los problemas que teníamos. Solo me quede dormida entre sus brazos
como si todo estuviera de maravillas. Esa fue una sensación reconfortante.

Al despertar, el sol estaba recién apareciendo por nuestra ventana, Alexander estaba
de pie, observando por esta, solo con su pijama.
— ¿Qué haces ahí? –él se giró para verme.
—Acabo de despertar, hay que partir pronto –sonrió –buenos días.
— ¿En qué pensabas?
Por unos segundos me miró. Podía entender que estaba analizando si responder o
no a mi pregunta. Finalmente decidió no hacerlo.
—Nada importante.
—Bien.
Me puse de pie con rapidez y fui hasta donde estaba mi bolso. Busqué en silencio la
ropa que usaría hoy y me dirigí hacia el baño para ducharme y alistarme.
Quince minutos después estaba afuera, pude ver que Alexander se había dedicado a
lo mismo ya que ahora estaba vestido.
Era extraño verlo con camisetas, pero ahora llevaba una de color negro con una
camisa azul oscuro. Además tenía puestos unos jeans negros y unos zapatos deportivos
del mismo color. Sí, yo había guardado esa ropa en su bolso, necesitábamos pasar
desapercibidos y él siempre estaba muy bien vestido con sus trajes de negocios, no
necesitaba eso ahora. Los negociosos se daban cada día para él, es por eso que no podía
ir tan casual, a menos que estuviera de vacaciones.
En cambio yo llevaba una camisa de cuadros con colores oscuros, una chaqueta corta
de cuero y unos jeans negros.
—Muy humanos ¿no? –sonrió y dirigió su mirada hasta sus pies, él siempre usaba
zapatos más formales.
—Lo que necesitábamos.
No tenía ánimos de bromear, ya que sabía que me estaba escondiendo algo.
Tampoco tenía ganas de discutir, así que me limite a responder cortamente.
—Además siempre lucimos muy humanos, que tú parezcas siempre un tipo con
dinero que va hacia una gran reunión, es otra cosa diferente.
— ¿Estás lista?
Asentí, ya que todo estaba guardado. Para cuando fui por mi bolso se interpuso en
mi camino, mirándome curioso.
—Siempre llevas tomado tu cabello, si quieres pasar desapercibida, tendrás que
esconder de forma natural tu rostro.
Antes de que pudiera decir algo su mano fue hasta mi moño y lo deshizo, dejando
que mi cabello cayera hasta un poco más abajo de mis hombros, lo llevó hacia adelante
sonriendo, desordenando mi flequillo.
—Está bien –dije dando un paso hacia un lado, pero él no me dejo avanzar de nuevo
— ¿Qué quieres?
—Saber porque te has despertado molesta ¿has soñado con algo desagradable? –
me crucé de brazos, mirándolo con el ceño fruncido.
— ¿Qué te hizo despertar temprano? Siempre necesitas más horas para recuperar
energías, estás escondiendo algo, no me engañas.
—Tengo varias preocupaciones como para despertar temprano Victoria, no es nada
que te esté escondiendo, ya que estás al tanto de todos mis problemas.
Porque yo los había causado, no me cabía la menor duda que eso había pensando.
—Bueno.
Fue lo único que dije sobre el tema, si no me iba a decir, era su problema. No me iba
a martirizar tratando de descubrir lo que le pasaba.
Esta vez si me dejó ir por mi bolso, el que me puse cruzado. Después me acerque a
mi otro bolso y lo tomé. Alex hizo lo mismo con el suyo.
Salimos de la hostería antes de las ocho y media de la mañana. Durante el camino
no hablamos nada, pero él se mantuvo cerca de mí. Llegamos a la estación de buses justo
a tiempo para poder irnos a Londres en el transporte público.
No fue hasta cuando pagamos nuestros boletos y estuvimos sentados en los asientos,
que él sin decir nada, tomó mi mano derecha, entrelazando nuestros dedos. Miré hacia la
ventana porque me hizo sonreír, pero no quería que él lo notara.
—Hablé con Marco –me gire hacia él al escucharlo.
— ¿Qué te ha dicho?
—Lina está con él, están en el mismo hotel que dejamos la vez pasada. Marco fue a
investigar a la casa de Cathal, quiere que lo acompañemos.
— ¿Y podré ir? –me llamó la atención que me incluyera en esos planes.
—Sí, dudo que me dejaras excluirte ¿no?
—Te has vuelto más sabio –dije sonriendo, ahora más tranquila. Aun no dejaba de
pensar en que algo me escondía, pero mis enojos no duraban mucho con Alex — ¿No te
dijo lo qué encontró?
—No, quiere que vaya hasta allá para ver si yo encuentro algo, creo que el lugar está
un tanto desordenado.
— ¿Y Lina que te dijo?
—No he hablado con ella, Marco fue quien me llamó.
Tensé mi mordida al recordar la conversación que escuche entre él y ese vampiro.
Como me desagradaba. Solté su mano y miré hacia la ventana, notando como las gotas de
agua caían sobre la ventana.
—No nos quedaremos en el hotel de Marco, sería muy obvio. Debemos pasar máximo
dos días en Londres, Alex, sabes que nuestro destino es otro.
Hubo un momento de silencio, el sonido de las ruedas contra el asfalto y de la lluvia
contra la ventana fueron mis puntos de concentración. Trataba de alejar los latidos de
corazones, la sangre que recorría las venas de los humanos que iban en los demás
asientos.
—Ey… mírame –hice lo que me dijo, lo encontré muy cerca de mi –no tienes que estar
enojada, ni veremos a Lina. Fue llamada por el Consejo, creo que le asignaran un nuevo
trabajo.
—En realidad no estoy enojada con ella ¿sabes? –me traté de alejar unos centímetros
de él, mi concentración se debatía entre mis palabras y su boca –ella siempre te hace decir
cosas que me hieren ¿crees qué me importa su opinión sobre mi? Claro que no, tan solo
me enerva que haya estado contigo y que además logre meterse en tu cabeza como yo
tengo prohibido.
—Que dices, eso es una estupidez… no hay nadie como tú para mí. Deberías saberlo,
pensé que eso lo entendías, nunca has sido alguien insegura sobre otras mujeres, tan solo
has sido siempre muy curiosa respecto a mis antiguas relaciones, pero nunca has sido
celosa… ¿o lo tenías muy escondido?
Mis pensamientos cada segundo iban perdiendo la batalla contra los labios de Alex.
—Lo sé, pero siempre que estás con ella dices cosas horribles, que me hacen enojar
y me ponen triste ¿crees qué no he olvidado la respuesta que le diste a Lina en casa? ¿Qué
no te volverías a casar conmigo?
Alexander notó hacia donde estaba poniendo mi atención y sonrió, después puso sus
dedos en mi mentón, tomándolo entre estos para que no escapara de su vista.
—Siempre estoy enojado cuando ella se acerca, no es el mejor momento y lamento
que hayas escuchado cosas que no eran ciertas ¿sí?
Esquive su mirada.
—Debes controlarte más, yo lo he hecho. Sé que te he dicho cosas muy feas, pero te
lo digo de frente, no ando por ahí hablando con Ezequiel o con Aníbal sobre nuestra relación
de esa forma, trato de mantenerlo entre nosotros porque eres su Gobernador, no ando por
ahí diciendo que no te quiero como mi esposo y que me arrepiento de nuestra unión, eso
solo lo he mantenido en mi cabeza.
Su mano soltó mi mentón. Lo observé y noté la sorpresa en sus ojos.
—Entonces te arrepientes –susurró.
—Sí, hay ciertos momentos donde te odio y no quiero ver tu rostro, además de no
querer ser tu esposa. No lo voy a negar, pero si debo afirmar que esos pensamientos se
quedan conmigo. Tu le dijiste a Lina que te…
—No, estaba enojado, no hablaba en serio –negué a sus palabras, Alex no
comprendía.
—Aunque no lo digas seriamente tus palabras repercuten ¿Cómo no te das cuenta?
—Bien, entonces lo siento, no quería decirlo así. Te amo, si tuviera que empezar de
nuevo contigo, lo haría.
Sonreí, no lo podía evitar, siempre que decía las palabras mágicas, no tenia control
de mis pensamientos, ya que costó mucho tiempo para que dijera que me ama.
—Y ya que hemos llegado a una tregua, supongo que este viaje nos ayudará a
solucionar lo que…
No deje que siguiera hablando, usualmente lo arruinaba todo; lo acerqué a mí y uní
nuestras bocas. Reaccionó a la fracción de segundo, sus labios respondieron de inmediato,
pero esta vez era más tierno, lo que me agradaba ya que íbamos en un transporte público.
Su mano fue hasta mi mentón y logró que mi boca le entregara acceso para que su lengua
se encontrara con la mía, pero me alejé justo a tiempo para no llamar la atención.
—Compórtate –dije sonriendo y mirando hacia la ventana. Él se acercó hasta que sus
labios rozaron mi piel, justo detrás de mi oreja.
—No juegues Victoria, porque conmigo te quemas –me hundí un poco sobre el
asiento, sintiendo las descargas eléctricas que solo él podía provocar en mí sin inyectarse
ninguna sustancia extraña en su sangre.

El viaje siguió en paz, nos quedamos más tranquilos y realmente fue un buen viaje,
el mejor que he compartido con él. Estuvimos la mayor parte riéndonos de los demás
pasajeros, ignorantes de nuestra naturaleza. Eso fue surrealista, haber tenido una
experiencia de ese tipo con Alexander Lenardis.
Para cuando llegamos a Londres, antes de dirigirnos al hotel donde se hospedaba
Marco, fuimos hasta una simple hostal, que ubicamos por internet. Solo había estudiantes
y personas que iban de paso, como nosotros, en su mayoría eran muy jóvenes. Nos
instalamos en la pequeña habitación, observando el Big Ben, era una vista increíble para
un precio tan barato. Era un lugar oscuro, con tan solo una cama pequeña y un baño, nada
muy elegante ni caro, pero era justo lo que necesitábamos, incluso más.
—Esto es muy pequeño –dijo Alex, observando con el ceño fruncido la cama. Sin
embargo, segundo después la molestia desapareció y me quedo mirando, sonriendo –
tendremos que dormir muy juntos, quizás tengas que dormir sobre mí para no ocupar tanto
espacio.
—Ja ja, muy gracioso, eres un descarado.
Me acerqué a la ventana y sonreí. No estaba lloviendo, pero había un día más bien
lúgubre.
—He enviado un mensaje a Marco y ya ha respondido. Nos verá en treinta minutos
en la Trafalgar Square.
— ¿Por qué hay? Pensé que era mejor ir a su Hotel –Alex negó.
—Creé que es más seguro.
—Entiendo.
Dejamos nuestras cosas guardadas y después aseguramos nuestra habitación.
Pedimos un taxi y nos dirigimos hacia el punto de encuentro. No nos tomó mucho tiempo,
incluso llegamos antes de lo acordado.
Era un lugar hermoso, jamás había visitado aquella plaza con esa maravillosa fuente
de agua, debía ser espectacular de noche. Alexander me comentó que la plaza había sido
creada en conmemoración a la Batalla Trafalguar, lucha en la que Marco había participado
cuando era residente de Londres, como vampiro. Lo encontré increíble, ya que eso había
sucedido en 1805. Marco era mucho más viejo de lo que pensaba.
Y más peligroso. Así lo noté cuando pude observar que se acercaba hasta nosotros,
furioso, vestido casualmente con jeans y un abrigo, apresurando el paso sin lucir
sospechoso. Sus ojos negros estaban fijos en los míos y cuando ya estaba a un par de
pasos de donde nos encontrábamos, sus manos viajaron con una rapidez fulminante hacia
mis brazos.
— ¡Pero cómo se te ha ocurrido morder a ese bastardo!
Me quedé helada observando cómo me miraba con tal enojo.
CAPÍTULO 6
No alcancé a pronunciar palabra cuando las manos de Alex se interpusieron entre las
de Marco, no le costó nada poder alejarlo de mí. Sus ojos observaban a su amigo con
molestia.
—Si vuelves a repetir algo como esto, las consecuencias serán ilimitadas. No olvides
que Victoria es tu Gobernadora.
Marco me miró con odio y alejó sus brazos de Alexander, soltándose de su agarre.
—Si hago funcionar mi memoria, no debería reconocerte a ti como Gobernador
Alexander, sino que a ese pelafustán de Cristóbal.
Alex lo ignoró, sorprendiéndome por completo.
— ¿Quién te informó de ello? Aun te hacia un ignorante de los nuevos cargos que mi
esposa se encargó de llevar a cabo.
Me crucé de brazos, sin poder decir nada, solo quería salir pronto de esto e ir con
Tessa y William.
—Lina me lo dijo todo, fue llamada por el Consejo, no tengo idea para qué.
—Le van a dar algo para entretenerse, ya sabes, ha estado inmiscuida en temas que
no le incumben.
Miré hacia la fuente de agua, dejando de lado el susto que me causó esa mirada de
Marco. No podía reprocharle que estuviera furioso, pero tampoco podía aceptar un
comportamiento como ese. De todas formas, fue como sentir un escalofrió saber que Lina
estaría frente al Consejo ¿le diría sobre nosotros?
—Necesito que busques a ciertas hadas, quienes podrían darles a nuestros enemigos
alguna sustancia para alterar nuestros sentidos –miré a Alex cuando dijo aquello –ese
rebelde uso algo con Victoria.
— ¿Rebelde? Ese tipo es un cazador de vampiros, no es uno de nuestra especie que
está en contra de tus formas de Gobernar, ha matado a gente como nosotros, su familia lo
ha hecho por años ¡Es un maldito Van Helsing!
—Lo sé, pero ahora es un maldito vampiro. Haz lo que se te ha ordenado –dijo Alex
de forma brusca –ya bastante tengo que soportar como para además preocuparme de tu
genio ¿no?
—Lo sé.
Ahora Marco lucía más tranquilo, pero de todas formas no dejó de estar tenso, al igual
que yo. Me quedé al lado de Alex, asustada de que tuviera otro arranque como el de minutos
atrás.
—Ahora tienen que venir conmigo, me ha llegado cierto video, de unos de mis
informantes, es sobre Alanna y Aníbal ¿Cómo demonios tuviste dos traidores tan cerca,
Alex?
Esas palabras fueron como una bomba para mi vampiro y pude notarlo por la forma
en que sus manos formaron unos puños, hizo sonar sus huesos y después las relajó. Todo
eso sin dejar de mirarme.
—Sí, también me pregunto lo mismo –aclaró molesto.
Nos dirigimos a un café bastante peculiar, ya que lo dirigía gente como nosotros y
podíamos tener ciertos líquidos que ayudaban a nuestra sed. Era un café que podía
vendernos tazas de sangre. No me gustó nada la elección del lugar ya que nos verían y
seriamos reconocidos, pero ambos insistieron que estaríamos seguros.
Me fui detrás de ellos, escuchando como hablaban de personas que no conocía y de
cómo Aníbal estaba involucrado con los rebeldes ya que había sido visto con un par de
ellos, e incluso Alanna había sido grabada hablando con Licántropos.
No entendía como Alexander caía en ese tipo de comentarios, ya que ellos jamás nos
traicionarían. Estaban haciendo su trabajo, el favor que yo les pedí. Debían inmiscuirse
entre ese tipo de traidores para poder llegar a Cristóbal. Habían actuado rápido, esa fue
una noticia agradable.
Cuando nos sentamos en un lugar alejado dentro del café, miré curiosa a Marco, que
hablaba fervientemente sobre la traición de mis amigos.
— ¿De dónde sacaste esas fotos y el video? –pregunté molesta.
—Ya dije que unos informantes me lo entregaron –respondió mirando hacia las
afueras del lugar. No me había vuelto a mirar desde que Alexander lo alejó de mí.
—Han de haber sido licántropos ¿no?
—Puede ser –dijo ahora observando a Alex.
— ¿Qué te sucede, Victoria? –quiso saber mi esposo.
—No confió en que esos informantes sean tan leales a ti –dije mirando a Marco –por
tu naturaleza ¿no?
—Ciertamente hay licántropos en los que se puede confiar –ahora susurró,
observándome con más tranquilidad que hace un rato.
—Tienes espías Marco, son los mismos rebeldes ¿no? –él asintió.
—Todos tienes su precio.
—Entonces tienes que saber donde están sus principales refugios ¿o estoy
equivocada?
—Puede que sepa ¿Qué quieren hacer? –Dijo ahora mirándonos confundido — ¿es
qué acaso…?
—Sí, estamos detrás de ese bastardo –aclaró Alexander –esto va a un nivel mayor,
no lo pueden solucionar los Guardias, no importa de qué nivel sean.
Marco me volvió a mirar enojado.
— ¿Es qué acaso quieres llevarlo a su muerte en venganza? ¡No pueden solucionar
esto ustedes! ¡Menos Alexander!
Miré hacia las demás mesas, pero por lo que podía escuchar y observar, éramos los
únicos vampiros en el lugar, además del hombre que nos atendió.
—Baja tu voz –aclaré, molesta.
—Estás loca, de verdad no sé cómo te defendí en un punto –dijo Marco –era cierto
cuando decían que llevarías al caos a los nuestros, como todas.
—No vengas aquí a hacerte el buen amigo de Alex cuando de seguro has estado
involucrado en varias corrupciones ¿Cómo es que el Vampire llegó a Santiago? ¿Crees qué
no he pensado en eso? Ni una sola multa o denuncia en los registros que se llevan ¿qué
has estado haciendo estos últimos meses, Marco?
—Basta los dos, en este momento –dijo Alexander, observándonos enojado –no es
el momento y mucho menos el lugar para esos temas Victoria.
Me crucé de brazos, sin sorprenderme que eligiera a Marco, su eterno amigo.
—Y tu, vuelve a levantarle la voz a Victoria y no me molestaré en darte la paliza de tu
existencia ¿escuchaste? Recuerda cuál es tu lugar referente a ella.
Sabía que me estaba comportando de forma infantil, pero no pude evitar sonreír,
mirando a Marco. Poco me faltó para sacarle la lengua.
—Quiero para esta noche toda la información de esos refugios –pidió Alex a Marco.
—No puedo hacer eso, sabes que ellos me dan información gracias a que no revelo
sus posiciones.
Alexander se cruzó de brazos y se apoyó en el respaldo de la silla mientras yo bebía
de mi taza. Esa sangre estaba muy bien conservada.
—En este momento Marco lo único que quiero es matar a ese infeliz antes que llegue
al Consejo exigiendo su derecho, solo yo puedo hacerlo. Me importa un carajo la lealtad
que se ha acordado, sea con quien sea, quiero sus locaciones ¿entendido?
Marco tensó su mordida, pero no dijo nada, solo asintió.
El resto de la conversación fue tan solo sobre las fotos, donde se veía a Alanna
conversando con unas personas que eran licántropos, como también el video donde se
exponía a Aníbal entregando dinero a uno de los vampiros que estaban entre los Rebeldes.
Luego solo se habló de enviar las locaciones de los informantes al correo electrónico de
Alex.
—Victoria ¿podrías ir a pagar la cuenta? –pidió mi vampiro. Lo miré curiosa, pero de
seguro quería hablar algo privado con Marco.
Fui hasta donde estaba el encargado, tuve que esperar en la caja mientras tanto
observaba hacia los otros dos vampiros, que susurraban, a tal nivel para que yo no
escuchara. Idiotas.
Me concentré en el lugar, escuchando una canción de fondo que me agradó, había
varios cuadros y era un café bastante Francés, no lucía muy Ingles, pero no era para nada
feo, incluso todo lo contrario.
— ¿Si? –me giré hacia el encargado que me habló.
Pagué la cuenta y él inclinó la cabeza en forma de agradecimiento. No me miró hasta
que me retiré de ese lugar y llegué a donde estaban los otros dos vampiros, que ya no
hablaban.
— ¿Ya han terminado con sus secretos? –pregunte inexpresiva.
—Si –aclaró Marco, poniéndose de pie y bebiendo de su taza de un solo trago –siento
haberme comportado como un idiota hace un rato –estiró su mano hacia mí, no pude evitar
estrecharla, ya que me estaba pidiendo disculpas.
—Está bien –dije soltando su mano.
—Ahora me retiro, nos vemos en unos días –aclaró, asintiendo con su cabeza, como
lo hacían todos los vampiros que usaban ese saludo formal hacia los Gobernadores. No
demoró nada en salir de nuestras vistas.
—Nosotros daremos un paseo.
Alexander tomó mi mano, sorprendiéndome al entrelazar sus dedos con los míos.
¿Desde cuándo tenía este tipo de movimientos en público?
— ¿Qué sucede?
—Tu actitud de hace un rato me ha llamado la atención –dijo sin mirarme, tan solo
caminaba a mi lado, tomando mi mano, pero al mismo tiempo, no estaba caminando
conmigo –cuando Marco habló hace un rato sobre Aníbal y Alanna.
Solté su mano y camine más rápido, queriéndome alejar de los lugares que tenían
varios humanos cerca. No sabía si podía haber un vampiro entre ellos, por eso me dirigí a
un lugar alejado. Finalmente me senté en el borde de la fuente de agua.
Alexander me observaba con una ceja levemente enarcada, esperando,
pacientemente, a mi respuesta. Eso había sido un punto que se ganó, ya que me imaginaba
que me gritaría y exigiría una respuesta.
—Verás más fotos o videos sobre ellos si Marco sigue en contacto con sus
informantes.
— ¿A qué te refieres? Explícate en este momento, Victoria. Estoy siendo paciente –
ahora realmente lucía furioso y aquella forma de hablar, en susurros, me lo confirmó.
—Yo les pedí hacerlo, necesitamos más caminos hacia ellos si nosotros fallamos.
Ezequiel también está ayudando ¿ves? Ya te había dicho que estaba tratando de obtener
información.
Por un momento me quedó mirando sin decir nada, inexpresivo, pero finalmente los
segundos pasaron y sonrió.
— ¿De dónde has sacado esas ideas? –dijo tomando mi mentón y haciendo que lo
mirara. Al estar sentada quedaba mucho más baja que él.
—Tú no estabas en condiciones de nada y no iba a permitir que Aníbal fuera juzgado
sin haber cometido crimen alguno.
—Oh Victoria –dijo soltando su agarre –eres demasiado impulsiva ¿Quién te asegura
que es leal? Solo lo conoces hace un par de meses ¡y eso!
—Pero es Aníbal, es como si fuera Ezequiel.
— ¡No! –Dijo frunciendo el ceño –claro que no es lo mismo, ni siquiera los puedes
comparar. Ezequiel ha estado en mi Guardia por muchas más décadas que Aníbal, además
me ha salvado la vida un par de veces, su pareja dio la vida por nosotros, claro que no es
comparable a ningún otro Guardia.
—Por fin pareces darle el crédito que se merece –dije sonriendo –sé que no son
iguales, pero me causan la misma sensación. Tengo amigos en ellos, no son simples
Guardias y cuando tú te des cuenta de ello, quizás tu paranoia disminuya un poco.
—Como sea –dijo cambiando el tema — ¿Qué les has ordenado? No puedo creer
que Alanna este metida en esto, ella siempre da un paso hacia un lado cuando ha visto que
las Gobernadoras actúan de forma diferente a la acordada.
Sonreí, Alexander podía ser muy ingenuo o estúpido a veces. Yo no era como las
Gobernadoras que hubo antes, ni siquiera debería compararme.
—Les pedí que se mezclaran entre nuestros enemigos, todos tienen conocidos entre
los Licántropos por lo visto. Tenían la excusa perfecta, Aníbal iba a ser juzgado por el
Consejo, necesitaba escapar de ti ¿no?
—Sí.
—Entonces se les hará más fácil cree en él y Alanna.
Alexander se sentó a mi lado, pensando unos segundos en lo que acaba de decir.
—Es muy arriesgado ¿sabes? Si llegan a enterarse de la verdad, los van a matar.
—Eso no sucederá.
— ¿Cómo lo sabes? –levanté los hombros.
—No lo sé, obviamente, pero lo presiento, tengo fe en que todo irá bien… a diferencia
de esos contactos con Marco, no es porque desconfié de él, pero puede ser una trampa,
jugar de esa forma deliberada con los rebeldes es demasiado arriesgado.
Esta vez él puso su mano sobre la mía mientras miraba hacia las personas que
caminaban más allá. Distraídamente su pulgar acarició el dorso de mi mano.
—Él es muy cuidadoso.
—De todas formas, Alex –esta vez me miró.
—Marco no confía en ellos, es extremadamente precavido –antes que pudiera
protestar de nuevo, siguió hablando –acabaron con su esposa.
Mis ojos se abrieron con sorpresa ante esa nueva revelación. Sabía que él había
perdido a su pareja, pero Alex nunca había dicho palabra sobre ello.
—No hace más de dos años que la atraparon, la torturaron y la mataron. No pedían
nada a cambio, solo venganza. Ya sabes que Marco es el encargado de cerrar todo Centro
Proveedor que no esté autorizado por el Gobernador.
—Que horrible –dije presionando la mano de Alex, pensando en el dolor que debió
sentir Marco al perder a su esposa.
—Siempre se ha culpado, debido a su trabajo. Ella no tenía participación alguna en
ningún cargo que estuviera relacionado a nuestro Gobierno. Suzanne amaba estar
involucrada en las Universidades, era profesora aquí en Londres, cuando se mudó con
Marco a Chile, no pasaron muchos meses donde la atraparon. Nunca pensamos que los
rebeldes se habían organizado a ese nivel.
Inconscientemente me acerqué más a Alex, pensando que en cualquier momento
podrían llevárselo como le arrebataron a Marco su pareja.
—Por eso actuó de forma tan agresiva hace un rato –dijo mirándome –no era por mi
realmente, si no por ti, no desea que te sientas como él si algo me sucede.
Hice un mohín ante la verdadera historia de Marco.
—Debido a lo sucedido con Suzanne es que decidí… mmm secuestrarte –se tensó
por completo al decir lo que realmente había hecho –si hacia las cosas normalmente ellos
podrían encontrarte y acabar contigo cuando yo no estuviera, eso habría sido devastador.
Me quede mirándolo unos segundos, pensando en cómo sería mi vida si me sucediera
algo similar a Marco. Una angustia se apoderó de mi cuerpo, como si se hubiera formado
un agujero gigante en el centro de mi estómago ¿Qué sentido tendría seguir con mi
eternidad si él no estaba? No es que fuera completamente dependiente de él en mi diario
vivir, pero en nuestra situación, como vampiros… con la historia que nos unía en el pasado
¿Cómo no podría sentirme ligada a él por toda una eternidad?
—Victoria…
Trató de llamar mi atención, pero yo seguía con mi ataque de pánico, imaginando
una vida sin él. Aunque tuviera todas las opciones del mundo en mis manos, nada tendría
mucho significado si no podía demostrarle a Alex que podía realizar esas metas.
—Marco tiene razón, no deberíamos estar aquí, sobretodo tu… oh Dios ¿Qué he
hecho?
—Ey, ey… —me miró sonriendo, un tanto confundido por mis palabras –recuerda que
no puedo leer tu mente ¿Qué estas pensando?
—Esto es muy peligroso para ti, eres el Gobernador…
—Ya no –me interrumpió.
—Como sea, sigues siéndolo igual, es parte de ti… debemos dejarle esto a Marco y
Linda, ellos son los expertos ¿no?
— ¡Ey! Basta –dijo ahora con su ceño fruncido — ¿Qué te está haciendo cambiar de
opinión? Me insultas.
— ¿Y si te sucede algo? ¿Cómo voy a seguir sin ti, Alex? Yo no soy una experta en
ello como tú.
Por unos segundos se quedó inexpresivo, un tanto confundido, pero después sonrió
de tal forma que me sorprendió.
—Primero que nada, me estas ofendiendo, yo tengo más experiencia que Marco y
Lina juntos Victoria, soy incluso más fuerte que varios vampiros del Consejo, que son más
antiguos que yo. He entrenado mi vida entera para proteger a mi pareja y eso conlleva
mantenerme con vida o no tendría sentido.
—Alex…
—Y tu –dijo interrumpiéndome de nuevo –tu sobrevivirías sin mí, de eso estoy seguro
–antes que pudiera decirle lo contrario, siguió hablando –eres fuerte y te las arreglarías
hasta que nos encontráramos de nuevo.
No dije nada, tan solo me acerque a él y me escondí entre sus brazos mientras
pensaba que esa posibilidad no existía. Si él estuviera en peligro, daría mi vida por
protegerlo, exactamente como lo hice en el pasado.
—Ya basta, no estés triste ni preocupada –dijo tratando de que lo mirara –a veces te
comportas como una vampiro que tiene más años que yo, en cambio ahora pareces una
niña asustada.
—Quiero que sepas que te amo, no importa cuán enojada esté contigo, ni las cosas
que nos han pasado, ni lo que hemos hecho. Te amo ¿sí? no quiero pensar en que si algo
nos sucede, tu tendrás la duda. Fue desde el primer momento, me costó entenderlo porque
fuiste un troglodita al secuestrarme, pero me encantaste desde ese segundo… yo no tengo
cuadernos como tú, no se me da escribir esas cosas, las digo.
Los ojos de Alexander se oscurecieron y se concentraron en los míos. Una sonrisa
apareció en sus labios, la que me encantaba. Se acercó a mi oreja, donde su nariz recorrió
mi cuello antes de que su boca formara esos susurros que me dieron escalofríos.
— ¿Cómo quieres que no te haga el amor cuando me dices eso? ¿Ah?
Me alejé prudentemente de él. Sabía que si hubiera sido humana, mis mejillas habrían
estado sonrojadas y no sería porque me avergonzara cada vez que decía ese estilo de
cosas, sino mas bien porque en esta ocasión lo dijo con un tono diferente, como si pudiera
traspasar mi piel con aquella vibración ronca de su voz.
—Mmm… es mejor seguir caminando ¿no?
—Está bien –dijo sonriendo y poniéndose de pie, acercándose a donde me
encontraba –a todo esto, debes saber que Marco no nos llamó solo por las fotos y el video.
Me dio la dirección de la residencia de Cathal, dijo que él no había encontrado nada, pero
que pasara por ahí si quería echar un vistazo. Podríamos ir ahora.
—No –dije negando de inmediato –eso es arriesgado, tu sí que confías en Marco
¿no?
—Por supuesto, ha estado cerca por varios siglos.
Lo miré unos segundos, pensando en lo que podíamos hacer.
—Mira, acompáñame a donde William y Tessa ¿sí? quiero saber que han recopilado
–él hizo una mueca de desagrado.
—Ellos no me agradan, sobretodo ella… no hace bien que nos vean con esa pareja
–tiré bruscamente de su abrigo.
—Primero que todo, eres un prejuicioso, ni siquiera los conoces bien, Tessa es
encantadora. Y segundo, aquí nadie debe saber que estamos en Londres.
—Está bien –para mi sorpresa, se acercó con rapidez y planto sus labios en los míos
por un segundo –eres muy mandona para ser tan pequeña.
Comenzó a caminar, dejándome atrás, aun en shock por ese beso en público. Lucía
relajado y su cuerpo ya no estaba tan tenso como ayer, creo que cada día íbamos
mejorando.
Sin pensarlo mucho corrí hacia donde estaba él y de un salto me aferré a su espalda.
Ni siquiera perdió el equilibrio y estoy segura que ya se lo esperaba por mis pasos. Lo malo
de tener un vampiro como esposo, es que no hay sustos para él. Ni para mí.

Como era de esperarse, Alex no quiso usar el transporte público, así que usamos un
taxi. Nos dirigimos a casa de William y Tessa, junto a los reclamos de Alex, que repetía una
y otra vez que no era correcto ir a verlos de día, que ellos dormían a esta hora. Puede que
tuviera razón, pero no teníamos tiempo para desperdiciar, tendrían que despertar.
Cuando llegamos al frente de la casa, no pude evitar recordar cuando estuve aquí la
última vez. Me sentí tan mal al descubrir que Alexander me mentía, que me escondía
información y que además estaba enfurecido conmigo por haber salido sin él.
Nos bajamos y fui directamente a tocar el timbre.
— ¡Tessa, soy yo! –dije en voz alta, pero Alex cubrió mi boca con su mano. Lo miré
sorprendida.
— ¿Pero qué estás haciendo? ¿Gritando como si fueras una quinceañera o una
pueblerina?
—Eres tan aburrido y tan viejo –dije quitando su mano — ¿de dónde sacaste eso de
“quinceañera”? mi abuelo hablaba así.
—De seguro era un hombre muy sabio.
Lo miré sonriendo, era tan testarudo, no había forma de ganarle. Me aleje de él,
buscando la ventana para ver si podía ver algo desde ahí, pero no había forma, las cortinas
estaban cubriendo todo el interior de la casa.
Me dirigí hacia el lindo portón que llevaba al patio trasero, bajo la mirada atónita de
Alex, que no decía nada, incluso tenia los labios levemente separados. Salté hacia el patio
trasero para ver si la puerta de atrás estaba abierta, pero en eso llegó Alex a mi lado.
—No puedo creer que estemos haciendo esto –susurró mirando a los lados por si
algún vecino nos observaba.
—Y yo no puedo creer que seas tan estirado, por Dios, te han moldeado re bien ¿no
crees?
Llegamos hasta la puerta trasera, estaba cerrada. Era extraño que tuvieran todo tan
bien cerrado, eran vampiros, no le temían a nada. Ni siquiera nosotros cerrábamos todas
las puertas.
—Bien, no están, volvamos a esa pequeña hostal –dijo mientras rodeaba mi cintura
para arrastrarme hacia afuera, pero fui más rápida.
Me acerqué a la puerta, que constaba con vidrios oscuros y sin ningún cuidado…
quebré uno de ellos.
— ¡Victoria! –metí mi mano hacia adentro mientras sonreía a Alex y le guiñaba un ojo.
Abrí la puerta.
—No seas exagerado.
—Nos pueden llevar a la cárcel por esto –tuve que cubrir mi boca para no reírme en
su cara sobre ese dicho.
—Has hecho cosas realmente peores, hipócrita.
Entramos a la casa, estábamos en la cocina, todo parecía muy ordenado aquí.
Siempre los de nuestra especie tenían las mejores cocinas, equipadas con los últimos
electrodomésticos, pero ninguno los usaba.
—Bien, bien… quédate ahí –me advirtió Alex. Él me adelantó y se ubicó un paso más
allá –veremos que hay por aquí.
Avanzamos hacia la sala principal… ahí nada estaba ordenado, todo lo contrario.
Habían libros en el suelo, los sofás al revés, es como si Alex hubiera desordenado todo con
algunos de sus arranques.
Al acercarme a los libros, pude notar que estaban quemados, negué ante aquella
imagen, sin poder comprender lo que estaba sucediendo. Miré a Alex, quien se dirigía hacia
las escaleras, lo seguí, pero él levantó su mano para que no avanzara.
No pude hacer nada, él simplemente desapareció por tres segundos y después volvió
a estar al frente de mí.
—Arriba todo luce como acá abajo. No se han llevado nada, no parece haber sido un
robo.
Lo miré preocupada, pensando que pudo haberles sucedido cualquier cosa ¡quizás
los habían atacado como al vampiro Cathal!
Alexander, con su ceño fruncido, comenzó a mirar los detalles más destacables
dentro de la sala.
—Tenemos dos opciones, están muertos o han escapado. Si esperamos que sea la
segunda opción, debieron dejar una pista para sus amigos ¿no?
—Si –dije asintiendo, tratando de observar hacia los lados, encontrar algo que fuera
trascendental.
Recorrí la sala, buscando algo mientras Alex se mantenía en su ubicación,
observando a su alrededor. No era buena buscando a Waldo en las revistas, menos iba a
ser útil para buscar señales de ayuda por parte de William o Tessa.
—No estaban sus documentos arriba –dijo al ver que comenzaba a estresarme en
dicha búsqueda –búscalos en este piso.
Lo hice, recorrí cada sitio en busca de algo que contuviera sus identificaciones o algo
parecido, pero no había nada. La casa de estos vampiros no era muy amplia, era cómoda
y practica. No había rastro de nada.
Cuando llegué a donde estaba Alex, lo encontré con sus brazos cruzados,
observando los libros quemados. Se movía al frente de ellos, dio unos pasos más y se
detuvo de golpe, formando una sonrisa en sus labios.
—Lo interesante de ver estos restos quemados, Victoria, es que no hay registro de
un incendio ni nada parecido… ¿de qué serviría quemar los libros?
Lo miré confundida, no lo estaba siguiendo ¿de donde había salido este Alexander
detective?
—No tengo la menor idea.
—Serviría para dejar rastros, ven –me hizo una seña para que me acercara hasta
donde él estaba. Lo hice, me ubiqué a su lado –si observas los libros ¿Qué ves?
Miré los diferentes libros que estaban desparramados en el suelo, quemados en
ciertas hojas. Con su dedo índice, Alex me indicó diferentes líneas… que en conjunto
formaban una frase.
“250 The Quays”
—Manchester –declaró –es ahí a donde han ido, debemos viajar hacia donde están.
Lo miré con ojos sorprendidos, impresionada por su hallazgo. Esa dirección no podría
haberla encontrado ni aunque tuviera un súper poder.
—Primero que nada, iremos a la casa de Cathal, me interesa saber que podemos
encontrar ahí ¿sí? –Asentí, aun en shock –luego iremos a la hostal, tomaremos nuestras
cosas e iremos en busca de William para que nos cuente lo sucedido.
—Está bien –él frunció el ceño al poner su atención en mi.
— ¿Nada más que decir?
—No –susurre, impresionada de verlo en este contexto, dando órdenes de esa forma,
descubriendo direcciones entre el caos de esta sala, encontrando la forma de arreglar todo
para seguir con nuestro plan. Creo que si me hubiera mostrado esta faceta suya, me habría
conseguido aun más rápido cuando me llevó a la Mansión, bueno, aunque solo invitándome
a una cita hubiera sido menos problemático que secuestrarme.
— ¿Qué pasa? –preguntó con el ceño fruncido, no pude evitar sonreír al ver que no
podía leer mi mente. Sin duda era algo que extrañaba, conversar así con él, pero era un
alivio tener mis pensamientos solo para mí.
—Nada.
—Dime que sucede, ahora –puse los ojos en blanco, pero antes de poder decirle algo
presionó sus labios contra los míos. Apoyé mis manos en su abrigo y retrocedí, sorprendida
por aquel beso.
— ¿Por qué fue eso? –dije confundida.
— ¿No me estabas mirando por más de cinco segundos?
No pude evitar sonreír, realmente me gustaba esa regla, le podría sacar mucho
provecho si así lo deseaba.
—Además –continuó, ahora un tanto incómodo ya que era obvio que no estaba
esperando ese beso por la regla de cinco segundos — ¿es qué no te puedo besar si tú no
lo decides?
—Oh vamos, no querrás discutir ahora y claro que puedes besarme si así lo deseas
–dije levantando los hombros, quitándole importancia.
Saqué mi celular del bolsillo, pero antes de poder ver la hora Alex me quitó el teléfono,
lo guardó en su chaqueta y antes de que pudiera reclamar sus labios se unieron a los míos.
Tuve que dar unos pasos hacia atrás mientras él con sus manos me tomaba de la cintura.
No pude evitar responder a sus besos, pero cuando me hizo chocar contra la biblioteca de
Tessa, lo alejé con cuidado.
—Contrólate Alex –dije sonriendo.
—Te quería besar, dijiste que podía hacerlo si quería –me dio un corto beso de nuevo.
—Ya, vamos.
Nos dirigimos hacia la salida, no había nada que hacer en este lugar. Tendríamos que
ir por Tessa y William para saber quién o que los había hecho escapar.
— ¿Crees que sean los rebeldes? –pregunté cuando caminábamos hacia la salida de
aquella zona.
—Si es así, creo que William podría estar involucrado con ellos, viajó hasta nuestra
casa solo para darnos información ¿de dónde han sacado esos informantes?
—Me dieron los datos –dije de inmediato, no quería que comenzara a desconfiar de
ellos.
—No lo sé, eran amigos de Cathal, quien sin duda alguna era parte de los rebeldes.
—Sí, pero no compartían sus principios.
—No creo que les agrademos tampoco –lo miré sorprendida.
—Tú quizás no les agradas, pero lo que es yo, he sido muy simpática con ellos y sin
duda les agrado, me han entregado información valiosa.
—No te confíes tanto, solo eso –tomé su mano, la que llevó hasta su bolsillo mientras
miraba las calles.
—Debemos ir a esa dirección ¿no?
—Iremos más tarde, recuerda que ellos siguen las tradiciones vampíricas, que tú
estés despierta de día, no significa que ellos también lo estén. Lo que haremos, será ir a
esa casa de Cathal.
—Está bien, podríamos pedir un taxi –dije mirando hacia los lados.
—No, vamos caminando, no hay prisa ¿sabes? El día es más seguro para nosotros,
todos duermen.
—Los licántropos no.
— ¿Y eso como lo sabes? –dijo mirándome con una sonrisa altanera, dejándome en
claro que yo no sabía nada de esa especie.
—Dijiste una vez que tenias amigos licántropos Alex –su sonrisa desapareció.
—Yo no tengo amigos, pero si, algunos conocidos a los cuales ya he contactado para
obtener algo de información.
—Ya veo –no tenía idea hacia dónde íbamos, tan solo lo seguía, mirando hacia
nuestro alrededor.
— ¿Quieres saber algo sobre ello? –sonreí, esto era un avance de su parte.
—Mmm… bueno, no entiendo cómo pudieron secuestrarte ¿Cuándo fue eso? –él
presionó mi mano, no dude que fue intencional.
—Creo que fue alrededor de unos cinco años antes de que nacieras, por esos años
–dijo con una expresión que demostraba que no estaba seguro de las fechas.
— ¿Y?
—Bueno, lo típico que sucede cuando te secuestran, se aprovechan de que estas en
sus manos, en ese entonces lo hicieron entre licántropos y rebeldes, unidos a mi ex pareja
que me dejó por un lobo.
Presioné su mano de nuevo, sin poder creer como debió ser aquella traición.
—No es necesario dar más detalles sobre eso, si fue desagradable pero ya pasó hace
muchos años atrás.
—Ezequiel dijo que casi moriste.
Alex rodo los ojos y después me sonrió.
—Él exagera bastante, no fue así… o sino ¿Cómo pude haber escapado?
Esa era una excelente pregunta.
— ¿Cómo lo hiciste? –me quedó mirando unos segundos, meditando si continuar o
no. Tensó su agarre en mi mano.
—He hecho cosas horribles en mi vida Victoria, cosas que prefiero olvidar y no
comentar ¿tú podrías entender eso? –no hubo rastro de molestia u hostilidad en sus
palabras, sino que era una petición.
—Está bien.
No puedo negar que mis pensamientos se centraron en “He hecho cosas horribles…”
no lo podía imaginar, siempre había pensando en Alexander como alguien que a pesar de
los defectos que tenía, no había cometido ningún error mayor, algo que fuera inconcebible
para mis creencias, pero cada vez que averiguaba más o lo escuchaba hablar con tanta
facilidad sobre muerte y gobernar, una duda iba creciendo en mi mente, como si este Alex,
él que me tomaba de la mano y la presionaba cuando estaba nervioso, solo existiera para
mí y nadie más. Todo el mundo parecía temerle más que respetarle.
Caminamos varias cuadras antes de llegar al punto donde tuvimos que apresurarnos,
comenzamos a viajar a nuestra velocidad, podía ver como el viento nos cubría de ojos
curiosos y mentes perspicaces, ya que pasábamos entre los humanos a una velocidad
increíble para ellos. Nos tomó alrededor de media hora poder encontrar la que fue casa de
Cathal.
Estábamos ante un gran edificio, en el que no vivía cualquier persona, así que supuse
que a Cathal le iba bastante bien económicamente. Nos dirigimos hacia el costado de la
residencia y nos acercamos a las escaleras de escape. No nos tomó ni siquiera treinta
segundos llegar al piso del vampiro.
—Todo el piso era de él –dijo Alex.
Abrí mis ojos sorprendidas, como dije antes, no le debió ir tan mal cuando vivía.
Alexander rompió el vidrio y entramos sin ninguna dificultad. No tengo idea del
porque no usamos la puerta como Marco, pero mi loco esposo insistió de que era mejor
esta entrada, ahora la pregunta era ¿Por qué cuando yo hice eso en casa de Tessa no
estuvo bien?
El lugar era bastante amplio, constaba de dos pisos y podía ver con claridad este
último, ahí estaba su habitación, mientras que abajo había muchos libros apilados, papeles
en escritorios y computadoras. Nada de cocinas o mesas para comer, solo había un sofá
marrón entre un montón de libros. Así que supuse que no tenía amigos humanos que
pudieran sospechar de su naturaleza.
—Una vez estuve en contacto con este vampiro –dijo Alex mientras caminaba entre
todo el caótico desorden –no tuvo problemas en aclararme que deseaba derrocarme.
—Derrocar suena a ligas mayores, no exageres, tan solo quieren otro Gobernador –
dije tomando uno que otro papel, tenia registros de cuentas bancarias –a pesar de todo,
este lugar no está desordenado como si alguien lo hubiese revuelto, sino mas bien es como
si ese vampiro se hubiera manejado muy bien en este caos.
— ¿De verdad crees que esto no es algo grave? ¿Tratar de sacarme de mi puesto?
—Lo es –dije inclinándome hacia una pila de libros que estaba junto al sofá –es
terrible, tan solo que “derrocar” tiene una connotación diferente.
Hubo un silencio de su parte y supe de inmediato que se había tomado mal mis
palabras.
—Alex, estoy aquí para ayudarte, sé que te importa mucho tu puesto dentro de esta
especie. No soy tu enemiga –aclaré.
—Realmente no te gusta ¿cierto? –Lo miré y pude ver que estaba observándome con
los brazos cruzados, apoyado en el borde de la escalera –te desagrada todo esto de ser
Gobernadora.
—Si, por mi viviría tranquila en cualquier lugar del mundo, seria simplemente el
paraíso, una eternidad sin estar escuchando problemas políticos o de dinero, que es lo
mismo, nada de reuniones, ni bailes, ni citas a las cuales debes ir de forma obligada –cerré
los ojos, imaginando una vida de esa forma… hubiese sido hermoso.
—Victoria
—Lo sé –dije saliendo de mi ensoñación –sé que eres el Gobernador y que no puedes
dejar ese trabajo, así es la vida supongo, toca lo que toca –seguí leyendo los títulos de
aquellos libros, pero no había nada interesante.
—Busca en sus escritorios –dijo apuntando hacia ellos mientras subía la escalera.
Hice lo que dijo, pero no encontraba nada, comencé a revisar los cajones, hallando
papeles con escritos sin mayor importancia. No fue hasta que levanté uno de los teclados
que encontré un papel pegado en el reverso, tenía en rojo escrito “Victoria Guzmán” además
de ello estaba mi dirección de humana y mi teléfono celular de ese entonces.
Me quede inmóvil mirando aquel papel, pensando en las posibilidades de que en este
minuto mis padres estuvieran muertos, lo que conllevaba también el fallecimiento de mi
hermano o hermana.
— ¿Victoria? –me giré hacia Alex que me observaba con el ceño fruncido, le mostré
el papel.
—Mis padres.
No me dijo nada, de inmediato tomo su celular y marco a no sé quien, pero pude
escuchar como exigía que uno de los guardias fuera hacia donde vivía mi familia y
verificaran si estaban bien.
—Llamaran en unos treinta minutos, tranquila, si algo hubiera sucedido ya lo
sabríamos.
— ¿Por qué tienen esto aquí? –una cosa era que me trataran de dañarme o
involucrarme como Victoria Lenardis, pero otro tema era que esto hubiese comenzado
desde que fui humana.
—No tengo la menor idea, tu identidad antes estaba guardada bajo siete llaves, solo
Javier y Ezequiel, fuera de Raúl o Elizabeth, sabían de tu existencia.
—No entiendo –dije tratando de encontrar la lógica a todo esto, pero no me era
posible.
—Tranquila, estarás bien y también tus padres.
— ¿Encontraste algo? –pregunté para distraerme, no quería pensar en cuanto
demoraban en devolver el llamado.
—Busqué el papel que dijera “plan maquiavélico” pero no tuve éxito –sonreí al ver
que trataba de distraerme.
No funcionó.
Comencé a buscar más pistas o algo por el estilo, pero más allá no había nada ¿Por
qué habían asesinado a este vampiro? ¿Ya se habrían llevado las pruebas que lo
conectaban a otras personas participes de los rebeldes?
Casi sufrí un infarto al escuchar que la música llenaba el departamento. Alex de
inmediato apareció del segundo piso diciendo que había sido culpa suya. Antes que pudiera
detenerla, me di cuenta que era la misma canción que sonaba en el Vampire noches atrás.
Storms de ExitMusic.
—Aquí no hay nada, Marco tenía razón –aclaró antes de que sonara su celular.
Contestó de inmediato y me sonrió al segundo después.
—Gracias al cielo –susurré.
—Todo bien, están durmiendo tranquilamente –aclaró mientras me miraba –nada que
temer, pero he ordenado que estén bajo vigilancia por posibles ataques. Un guardia los
tendrá bajo su cuidado.
—Eso es tranquilizante, gracias –dije mirándolo desde el primer piso.
—No tenemos nada más que hacer aquí, es mejor que vayamos a descansar y
salgamos en la noche. Este lugar es inservible.
—Quizás no es su verdadera casa –aclaré — ¿en qué trabajaba este vampiro? Luce
como si estuviera involucrado con manejo de diferentes cuentas bancarias, es lo único que
hay por…
Me quede en silencio y Alex enarco una ceja, de inmediato comencé a tomar todas
las hojas que contenían nombres y movimientos bancarios. Fue aun más sospechoso
cuando leí sobre una tal Janice, Cristóbal e incluso el nombre de William entre esos
informes.
— ¿Los tienes todos? –preguntó a mi lado Alex.
—Todos, bueno entonces no…
Se quedó en silencio, levantando su dedo índice para que no dijera palabra alguna.
Antes de que pudiera preguntar lo que estaba sucediendo, la puerta principal del gran
departamento se abrió, dejando expuesto a dos terroríficos monstruos ante mis ojos.
Si nosotros, como vampiros no cumplíamos el estereotipo ante la sociedad, estos
licántropos cumplían con todos ellos, excepto con el mal olor, a menos que yo tuviera mal
olfato.
La puerta se rompió en mil pedazos y todo lo que sucedió después fue a una velocidad
increíble. Alex me tomó del brazo y me dio la orden de correr, que escapara por la ventana
que habíamos usado de entrada. No alcancé a decir nada ya que me empujó hacia ella y
después se lanzó contra los monstruos.
Licántropos, ni aunque me lo hubieran contado, lo habría creído. Eran mucho más
grandes que yo y que Alexander, pero eran más lentos. Eran verdaderos perros, pero
mutados con algún monstruo mitológico o algo parecido, porque a pesar de todo tenían
esos ojos humanos que los volvían más escalofriantes. Eran oscuros y baba salía de sus
hocicos, zona donde aparecían filosos dientes. Estaban apoyados en dos patas y uno se
fue directo hacia Alexander mientras que el otro se lanzo a por mí, que estaba cruzando
lentamente la ventana.
— ¡Corre de una vez! –escuché el grito de Alex mientras de un salto se alzaba a la
espalda de ese licántropo y lo tomaba sin ningún problema de la mandíbula para controlarlo.
Corrí, hice lo que me dijo porque solo me basto ver como asesinaba a ese licántropo
para saber que yo tendría mis segundos contados si pasaba otro momento ahí. Sin soltar
los informes, salté sin preocuparme, al vacio. Eran varios pisos de altura y caí de pésima
forma, me golpeé la cabeza y me costó ponerme de pie. Sin embargo, cuando lo hice,
comenzó lo peor.
El licántropo saltó de la ventana sin ningún problema y cayó a mi lado, comencé a
correr antes de que sus garras me alcanzaran. Habían un gran muro que cerraba toda
salida, pero antes de chocar con él, pude ver una de las escaleras del edificio del lado.
Salté, con ambos brazos extendidos y me agarré firmemente de aquel fierro y di medio giró,
casi como lo hacen las gimnastas olímpicas y aterricé dos pisos más arriba, es una
superficie de fierro.
Eso habría sido espectacular ante algún humano, pero no ante un licántropo, que ya
estaba por alcanzarme. Y lo hizo.
Me tomó de mi pie derecho y sin ningún problema, mientras yo, ingenua, metía los
papeles dentro de mi pantalón, por la parte frontal. Esos segundos casi me costaron la vida.
El golpe que sentí al caer a cuerpo muerto (literalmente) contra el cemento, fue algo
que no se siente todos los días. Grité como nunca, varios huesos se rompieron y no pude
moverme para poder escapar. Pude ver como desde la ventana salía Alexander, con todo
su abrigo manchado con sangre. Después miré hacia el comienzo del callejón, pero nadie
pasaba por ese lugar.
Y finalmente mi vista fue cubierta por un montón de pelo. Prácticamente aquel lobo
se estaba riendo en mi cara y sin perder el tiempo con sus garras rasgó mi pecho,
traspasando mi ropa e hiriendo mi piel y músculos. Grité de nuevo, pero no alcancé a sentir
otro golpe por parte de ese licántropo.
Claramente vi como Alex saltaba sobre él y en menos de un segundo hacia girar en
360 grados la cabeza de ese monstruo. Ni siquiera se preocupó cuando la sangre saltó a
borbotones y aquel ser se fue convirtiendo nuevamente en humano, con su cuerpo contra
el cemento, al igual que su cabeza, que estaba a un par de metros más allá.
Sentí nauseas, pero sabía que era psicológico porque mi cuerpo no tenía nada que
vomitar, ya que ¡era una maldita vampiro y todo mi cuerpo funcionaba diferente!
—Victoria… —para cuando me nombro, mis brazos y piernas se habían recuperado
y mis huesos sanado. Pero las garras que tenía en mi pecho, eran otra cosa.
Alex no demoró ni un solo segundo para acercarme su muñeca, la cual no dude en
morder. Sentir su sangre fue un gran alivio. Me di cuenta de cómo cada célula de mi tejido
dañado comenzaba a regenerarse.
Treinta segundos después estaba como nueva. Excepto por mi abrigo y camiseta que
estaban destrozadas. Gracias al cielo mi sujetador quedó intacto.
—Gracias –dije poniéndome de pie con su ayuda, aunque no la necesitaba.
Alex me miraba con el ceño fruncido, preocupado.
—Volvamos a la hostal.
Ninguno dijo palabra alguna, desaparecimos de ese lugar tan rápido como Alex mató
a ese licántropo, ni siquiera se preocupó del cuerpo de ese ser terrorífico. Llegamos en un
par de minutos a la hostal y ni siquiera nos detuvimos ahí adentro, subimos a nuestra
habitación con la misma velocidad.
Cerré la puerta y me apoyé en ella, mirando a Alexander que se sacó su abrigo y lo
lanzó al suelo. Hice lo mismo, eliminándome de esa ropa ensangrentada, quedándome con
los jeans y el sujetador violeta.
Saque esos papeles que tenia sujetos en mi pantalón y los deje caer, no tenía fuerzas
ni siquiera para sujetarlos.
Alex se giró a verme, estuvimos así por un par de segundos hasta que cada uno
avanzó dos pasos y se encontró con el otro. De inmediato sus labios se unieron a los míos
mientras me elevaba unos centímetros, de esa forma pude rodear su cadera con mis
piernas.
Me llevó a esa estrecha cama y me recostó sin ningún problema mientras nos
seguíamos besando. Sus manos abandonaron mi trasero para ir con rapidez hasta el botón
de mis pantalones. Hice lo mismo, era como si ambos estuviéramos desesperados por tener
al otro.
Destrocé su camiseta y él sacó de un movimiento mis jeans, llevándose mis bragas
violetas con él. También se encargó de su propio pantalón y bóxer. Ni siquiera se dedicó a
desabrochar mi sujetador, con un tirón lo rompió por la mitad y sin ningún problema se coló
entre mis piernas mientras me volvía a besar. Sin mayores preámbulos entró en mi cuerpo.
Mordí su labio por haber sido tan brusco, pero eso logró que solo nos
descontroláramos aun más ya que un poco de sangre salió de su boca. Bebí de esa gota
mientras movía su cadera contra la mía, provocando que mi deseo por él aumentara aun
más.
Mis manos viajaron por su espalda mientras sus ojos no dejaban los míos, su frente
junto a la mía y su boca a centímetros de distancia. Podía ver sus colmillos y quería poder
pasar mi lengua por ellos, pero él se alejaba con esa sonrisa altanera, entrando en mi
cuerpo con mayor ímpetu.
—Mmm… —cerré mis ojos y mi espalda se arqueó por cuenta propia, tratando de
sentir más cerca a Alex.
Sus besos volvieron a mis labios cuando mis gemidos aumentaron de volumen, pero
después simplemente Alex puso su mano sobre mi boca, lo que me hizo reír.
—Shh –dijo sonriendo, moviéndose más lentamente –te van a escuchar y nos van a
sacar de este lugar.
—Es tu culpa –lo acerqué para poder besarlo, esa era una mejor técnica para que no
nos descubrieran por mi tono de voz.
Ambos comenzamos a movernos de tal forma que cada segundo que pasaba
estábamos más cerca de alcanzar el placer máximo. Alex simplemente tuvo que cubrir mi
boca con su mano mientras besaba mi cuello.
No creo que hayamos pasado desapercibidos porque la cama comenzó a chocar
contra la pared y realmente no nos preocupamos por ello.
Mi querido esposo me besó justo para cuando alcance mi orgasmo. Me aferré a su
cuerpo como si fuera lo único que me evitara salir flotando. Con mi sensibilidad a flor de
piel sentí las últimas embestidas de Alex hasta que también llegó a su propio clímax.
Se recostó a mi lado y nos quedamos en silencio, mirándonos. Había sido la primera
vez que lo hacíamos tan rápido y tan desesperados por el otro.
— ¿Sabes? –susurré pensando en lo que acabábamos de hacer.
— ¿Qué?
—Somos pésimos tratando de no tener sexo –dije riendo, sin poder evitarlo. Era
cierto, solo anoche le había pedido que fuéramos lentamente, pero no lo logramos.
—Eso dilo por ti –se acercó a mí y pude apoyar mi cabeza en su hombro mientras me
rodeaba con su brazo –tú fuiste quien quiso ir “lento” –con sus dedos comenzó a hacer
círculos en mi espalda.
—Eso es cierto –realmente yo había sido la de la idea –soy malísima en esto.
—Y me alegro por ello.
Me besó de nuevo, acariciando mi cuello con su otra mano. Lentamente fue bajando
hasta mi pecho.
—Lo siento –dijo ahora más serio –verte herida ha sido lo peor en estos días, lo siento
tanto amor, debí ser más rápido, llegó un tercer licántropo. Por este estilo de cosas no me
gusta involucrarte por completo en nuestro mundo –besó mi cuello, bajando despacio.
Lo alejé para poder verlo.
—No digas tonteras, estoy como nueva ¿ves?
—Tus gritos no saldrán nunca de mi cabeza, nos recuperamos con rapidez, pero el
dolor sigue siendo el mismo –acaricié su rostro.
— ¿De qué gritos hablas, específicamente? –Él no sonrió por mi broma –no te
preocupes Alex, no volverá a pasar, seré más cuidadosa. Yo si fui lenta, tendrás que
enseñarme como subir a un licántropo y arrancarle la cabeza, eso ha sido impresionante.
—No digas esas cosas, no me gusta, tú no hablas de esa forma… por eso no me
gusta que estés involucrada en todo esto.
— ¿Por qué? –frunció el ceño, pero de todas formas besó mi hombro. Ya había
descubierto que deseaba hacer, otra vez.
—Sé que es contradictorio de mi parte, pero me agrada que tengas ese respeto por
la muerte, aun tienes muy marcada esa parte de ti. No quiero que termines hablando como
nosotros de las personas que son nuestros enemigos, sé que llegará un punto en el cual
puedas asesinar a cualquier ser sin remordimiento, pero eso no es nada bueno… de cierta
forma te hace perder esa humanidad que aun preservas los primeros años como vampiro.
Realmente sus palabras las transmitía de una forma bastante seria, ni siquiera podía
imaginar lo que él había hecho a través de los años, siendo vampiro.
— ¿Qué hiciste en ese secuestro, Alex? –no pude evitar preguntar sobre ello, la
curiosidad era mayor y ese hecho para mi, podría darme una pista de lo que podía llegar a
hacer Alex.
Su cuerpo se tensó y tuve que apoyarme en su pecho para poder mirar su expresión
y descubrir si estaba o no enojado conmigo por hacer esa pregunta. No lo estaba, más bien
estaba recordando lo que sucedió.
—En ese entonces mi pareja se había ido con un licántropo, ella se encargó de que
supieran donde me encontraba para que me secuestraran… no me pude controlar cuando
tuve la oportunidad de escapar, ella estaba en esa habitación.
Alex miró hacia la ventana, dejando de hacer círculos en mi espalda.
— ¿La mataste?
—Si –su mordida se tensó, por un momento volvió a verse mayor, ya que todo ese
dolor volvió.
Apoyé nuevamente mi cabeza en su pecho mientras recorría su cuello con mis dedos,
pensando en lo traidora que debió ser su antigua pareja. Irse con otro, traicionarlo de tal
forma que terminara secuestrado y siendo torturado por sus enemigos.
— ¿Has dicho que no has podido controlarte? –susurré, pensando si había sido la
situación o si realmente él era capaz de asesinar incluso a su pareja por traición.
—Si… pero no lo sé Victoria, no sé si de verdad no la vi cuando acabé con su
existencia o lo hice apropósito. Lo estuve pensando por mucho tiempo, pero no tengo
respuesta.
—Que horrible suceso.
— ¿Ahora me temes? –se sentó sobre la cama, tuve que hacer lo mismo para poder
mirarlo.
— ¿Temer porque un día después de ser secuestrado, traicionado y torturado quieras
asesinarme? –Sonreí y negué –sí, todos los días me pregunto lo mismo ¿sabes?
—No bromees –dijo con su ceño fruncido –ambos sabemos que ocurrió hace un
tiempo atrás ¿no? si no hubiese sido por Raúl que me detuvo, quizás… yo te hubiera
golpeado.
—Alex –lo interrumpí de inmediato –te voy a prometer algo ¿sí?
— ¿De qué hablas?
—Si un día te comportas con tal violencia como la de esa vez, no me volverás a ver.
Lo prometo.
Alexander me acercó a él, rodeando mi cintura con sus brazos. Sin ninguna dificultad
me besó.
—Eso no ocurrirá de nuevo, ni en un millón de años, no importa lo que hagas –sonreí.
—No haré nada, entiéndelo –dije besando sus labios –ahora es mejor que nos
preparemos, para ir donde William, debemos saber que sucedió con ellos, porque
escaparon y…
Cerré mis ojos al sentir como sus besos ahora estaban dirigidos a mi cuello, esa zona
era muy sensible.
—Iremos más tarde, cuando anochezca ¿sí?
Lo miré sonriendo, descubriendo cuáles eran sus planes para el resto del día.
CAPÍTULO 7
Ajusté mi sujetador después de haber puesto en su lugar de nuevo mis bragas. Estaba
anocheciendo y Alex aun seguía recostado en la cama, mirándome con una sonrisa
seductora.
—Ni lo pienses, tenemos que movernos –dije adivinando los pensamientos que
estaba teniendo el vampiro –tenemos que ir donde William y Tessa, además ni siquiera
hemos mirado lo que encontramos en casa de Cathal.
—No importa –dijo recostándose en la cama de nuevo, cubriéndose con las sabanas.
— ¡Ey! ¿No te gusta tanto ser Gobernador? ¡Bueno, comienza a moverte! –Dije
tirándole sus pantalones –además debemos averiguar si esos licántropos nos seguían o si
fue pura casualidad.
—Claro que no fue casualidad, eso no existe.
— ¿Entonces?
—No tengo la menor idea y en este segundo no me importa ¿Por qué no vuelves a la
cama?
Tomé mi camiseta y me la puse bajo la mirada de Alex. Pude sentir como sin ninguna
dificultad o lentitud rodeaba mi cintura y me llevaba a la cama de nuevo. No pude evitar reír.
—Alexander Lenardis, basta, en este mismo segundo, no podemos quedarnos aquí.
—Si podemos, sigamos mañana ¿no te parece? –besó mi cuello. Este
comportamiento en él era anormal, sin duda alguna.
—Oye, detente –comenzó a subir mi camiseta de nuevo, pero atrapé sus muñecas
para que no avanzara –Alex, debemos irnos de aquí, quizás nos están vigilando en este
preciso momento.
—Que espectáculo les dimos entonces ¿no?
— ¡Oh, Alex! –Dije empujándolo desde sus hombros –tenemos que salir de aquí,
ahora mismo, así que contrólate ¿sí?
—No quiero –me quede mirándolo asombrada, ciertamente esto era extraño.
— ¿Qué pasa? –Dije deteniendo la fuerza que estaba ejerciendo sobre sus hombros
–tú no eres así.
Por unos momentos su expresión fue seria, no me decía nada, pero me miraba como
si tratara de comunicarme de esa forma lo que le preocupaba.
—Creo que esto no vale la pena.
— ¿Qué? –Dije abriendo mis ojos, sorprendida — ¿a qué te refieres?
—Quiero asesinar a Cristóbal, sin duda, acabar con él, pero no sé si quiero seguir
siendo Gob… —cubrí su boca con mis manos antes que siguiera hablando.
—Calla de una vez, no sigas porque eso sería crueldad pura.
— ¿Qué? –Preguntó confundido –pensé que algo como esto te iba a alegrar.
Me separé de él, yendo por mis pantalones y botines, teníamos que enfocarnos para
acabar de una buena vez con todo esto.
—Victoria –exigió mi atención.
—Claro que esa noticia me podría gustar, pero no cuando lo dices de forma ligera.
Me senté para poder abrochar los botines.
—Estoy hablando seriamente ¿Qué te hace pensar diferente? –dijo mientras se ponía
sus bóxers.
—Mira, repite esos mismos deseos cuando estemos en casa, al frente de tus
guardias, de Elizabeth, Raúl y todo el Consejo… no juegues conmigo –dije mirándolo
seriamente.
Entendía que él tuviera deseos de terminar con todo, estábamos metidos en
problemas, quizás se había encantado con este momento de descanso, pero sabía que
después diría algo diferente y no me quería entusiasmar con un deseo que no se iba a
cumplir.
Tomé la camiseta negra de Alex y me acerqué a él, tenía una expresión contrariada.
—Pensé que te alegrarías —dijo con el ceño fruncido. Apoyé la prenda contra su
pecho.
—Y créeme que sería la primera en apoyarte, pero decide esto no cuando vamos
detrás de un traidor, ni tengamos estos problemas. No me voy a ilusionar ¿sí? –me empiné
para poder besarlo, él unió sus labios a los mis.
—No quiero volver a tenerte herida en mis brazos y este cargo te ha puesto en riesgo.
Sonreí y volví a besarlo, realmente Alex podía ser encantador cuando se lo proponía,
de todas formas no creía factible la posibilidad de que abandonara su cargo, ni siquiera
sabía si existía dicha opción. Aun así me entretuve por unos segundos con sus labios, que
adoraba, se movían de forma única contra los mis.
—Entonces me enseñaras a defenderme, tu lo haces bastante bien ¿sí? –sus brazos
rodearon mi cintura y me levantaron unos centímetros. Apoyé mis manos en sus hombros.
—Bueno –dijo sonriendo.
Tan solo esa respuesta y su expresión me afirmaron de que no estaba pensando en
esta posibilidad seriamente ya que cuando algo cruzaba de verdad la mente de Alex, no
había nadie que lo hiciera pensar diferente.
Nos alistamos en cosa de segundos, empacamos lo que sacamos de nuestros bolsos
y bajamos al primer piso, donde dimos por terminada nuestra estadía. Para cuando
Alexander dijo nuestra habitación, él chico me sonrió.
Qué vergüenza. Era obvio que había sido muy ruidosa por culpa de Alexander.
—Buenas noches –dijo el recepcionista que vestía casualmente, mientras me miraba
fijamente.
—Buenas noches –respondió Alex de manera fría.
De todas formas cuando salimos de aquella hostal Alexander se rió, también se dio
cuenta de la mirada de aquel tipo.
—Te advertí que te mantuvieras en silencio –le di un golpe suave en su abdomen.
—Es tu culpa –dije caminando.
—He estado llamado a Marco, no contesta –dijo Alex, susurrando en mi oído. Estaba
oscureciendo y las nubes estaban cargadas con agua, pronto iba a llover.
—Eso es raro, podríamos pasar a verlo al hotel.
—No sé donde está, no se quedo en la misma habitación donde lo dejamos la última
vez, ha ido rotando, siempre hace lo mismo para que no sea presa fácil.
— ¿Cree que de debemos seguir siendo cuidadosos? Porque pareciera que ya saben
que nos encontramos aquí.
—Intenta de nuevo –dije deteniéndome al frente de una tienda de televisores.
Alexander sacó su celular y marco el número de Marco, mientras yo me quede mirando las
imágenes de las pantallas planas que habían, estaban dando las noticias.
—No contesta –lo miré negando.
—Espera un poco, ni siquiera ha marcado tres veces –al terminar de decir eso cortó
la llamada.
—Marco siempre contesta al primer intento –volvió a marcar el número.
Mientras hacia el llamado me quede mirando un televisor, leyendo el titular de una
noticia.
“Trágica y misteriosa desaparición en hotel cinco estrellas”
Mostraban imágenes del hotel, de carros de policía, además de la ambulancia, pero
la periodista decía que no habían encontraron el cadáver y que no sabían de donde habían
hallado tanta sangre.
No sé de donde encontré la fuerza para levantar mi brazo y tocar el de Alex, que
estaba dándole la espalda a los televisores. Él se giró a verme cuando lo toqué y después
miró la pantalla plana, leyendo el titular y viendo las imágenes.
—Marco –susurró Alex.
No tuve que esperar a que me dijera lo que teníamos que hacer, simplemente corrí
detrás de él, sin preocuparnos si alguien nos vio escapar de ese lugar a una gran velocidad.
Esperaba que no.
Parecieron los segundos más largos desde que me había vuelto vampiro. Pero sabía
que debía haber pasado poco tiempo desde que vimos la noticia ya que teníamos al frente
a la periodista que daba la noticia.
Alexander tomó mi mano y me guió a un costado del gran hotel que estaba rodeado
con muchos policías.
—Tan solo hay que ver si su maleta está ahí, nunca llevaba documentos reales ya
que no quería meterse en problemas, pero siempre en su cartera llevaba la foto de su
esposa.
—Entiendo ¿Qué haremos entonces?
—Tu nada, te quedas aquí, debe haber detectives en la habitación. Te esconderás en
este lugar, ponte el gorro –dijo tomando la capucha y cubriéndome con ella.
—Está bien, te espero –me pasó su bolso y sin esperar otro segundo, desapareció de
mi vista.
Retrocedí hasta llegar a la esquina del oscuro espacio que había entre un hotel y otro.
Me senté en ese lugar, rodeada por nuestros bolsos, esperando pasar desapercibida.
Hace mucho tiempo que no sentía temor, miedo de lo que pudiera pasar. La última
vez que me sentí atemorizada fue cuando Alex me secuestró. Esa incertidumbre de lo que
podría llegar a suceder era una de las peores sensaciones que había aprendido a conocer
desde que vi a Alex por primera vez.
Solo tuvieron que pasar cinco minutos, fue el tiempo que le bastó a Alex para
averiguar lo que estaba sucediendo. Marco había muerto.
No era necesario que me lo dijera, ya que su actitud lo dijo todo. Sin cruzar palabra
alguna tomó su bolso y se dirigió hacia la calle, con un simple “vamos”
Lo seguí en silencio, tratando de alcanzarlo ya que estaba caminando a un ritmo más
rápido cada segundo.
—Alex…
No dijo nada, solo cruzó la calle y se sentó en un banco, en una plaza que
encontramos a cuadras de la zona de hoteles. Ninguno pronuncio palabra hasta que Alex
me mostró su mano izquierda, había un pequeño montoncito de ceniza, la cual voló con el
viento.
Vampiros antiguos, de esa forma desaparecían de la tierra cuando eran asesinados
con plata, simplemente se volvían en cenizas y se desmoronaban en el suelo.
—Por lo menos no se fue sin luchar, había sangre por todas partes y además un
cuerpo decapitado, era un licántropo.
No supe que decirle, solo me senté a su lado y tomé su mano, la que había guardado
las cenizas de su amigo.
—Ya saben que estamos aquí, no tengo idea de cómo, aunque pudimos ser vistos…
lo que es extraño, aquí no se usa vivir de día, encontrarse con vampiros bajo el sol es una
excentricidad. Debemos ir con Tessa y William, quizás ellos sepan algo, han tenido que
escapar por una razón ¿no?
Alexander observaba el cemento mientras hablaba sin parar, estaba nervioso, era
obvio.
— ¿Estás bien? –susurré presionando con mayor fuerza su mano. Era una pregunta
estúpida, lo sabía, pero no encontraba palabras de consuelo.
—Si los licántropos saben que estamos en Londres, Cristóbal también debe saberlo.
Será aun más difícil encontrarlo –me senté más cerca de él. Dejó caer el bolso al suelo –
tendré que hablar con el Primer Ministro, es uno de los nuestros, debe responder ante mí
por lo que ha sucedido hoy.
—No puedes, aun no estamos seguros de si hemos sido descubiertos. Deja que el
Consejo se haga cargo de ello.
—No, es Marco, me debo hacer cargo de ello, no es cualquier vampiro el que ha
dejado de existir –dijo mirándome con el ceño fruncido.
—Lo sé, pero no hay nada que el Primer Ministro o tu puedan hacer para traerlo de
vuelta, Alex… ya sabemos quien fue, la pregunta es ¿Cómo supieron de nosotros? ¿Por
qué acabaron con Marco?
Por la mirada que me dio mi esposo supe de inmediato que él ya tenía alguna
respuesta.
—Estaba amenazado desde hacía años, incluso antes que su esposa. Marco viajaba
muy poco para acá debido a ese motivo, no quería morir a pesar de estar solo –tensé mi
mordida.
—Bien, no hay nada que pudiéramos hacer tampoco –era cierto, Marco era lo
suficientemente mayor como para tomar sus propias decisiones.
—Lo más probable es que lo siguieran desde antes de nuestra llegada, ya que hoy
cuando nos reunimos en el café no…
No seguí escuchando lo que decía, solo vino a mi mente aquel café al que fuimos
durante la mañana, aquel que había hecho sonar una canción que se me hizo conocida
mientras ponía atención a Alex y Marco. Era la misma que sonó en el Vampire, la que esa
pelirroja dijo que era importante.
—Estaban hablando sobre las amenazas hacia Marco –dije ahora entendiendo los
susurros de Alex — ¿no? de eso hablaban cuando susurraban en ese café. El encargado
nos reconoció y además estaba sonando esa maldita canción ¡la misma que sonó en casa
de Cathal!
— ¿De qué estás hablando?
— ¡Es su maldito santo seña, Alex! Al café que fuimos, ese café es parte de los
rebeldes. Así es como se comunican, como saben que un lugar es seguro, ese maldito club
de Santiago, el Vampire, sí que es parte de los rebeldes.
Alex me miró sin decir nada, pensando en la posibilidad de que lo que yo decía fuera
cierto. Tomó su celular y marcó rápidamente algún número.
—Raúl ¿cerraron el Vampire? –me quede atenta a aquella conversación.
—Aun no, estamos esperando a que Marco llegue para hacer todo como corresponde,
ya sabes, papeleo.
—Ve hasta allá, ese lugar es parte de los rebeldes ¿Has sacado algo de la pelirroja?
—Su nombre es Janice, aliada de Cristóbal y no habla ni aunque usemos todo tipo de
método para interrogarla, pero el hambre acabará con ella, ya verás.
—Bien, avísale a Elizabeth que Marco ha muerto, se debe encargar de ello, que
busque al Primer Ministro para saber cómo los licántropos están traspasando las fronteras
de la ciudad.
Hubo un silencio por parte de Raúl, una vacilación de un par de segundos que me
hicieron ver que estaba afectado por la muerte de Marco.
—Alex, quizás deberían volver. No quiero que terminen secuestrados o asesinados.
—No te preocupes, estaremos bien, nos vemos.
Sin más cortó la llamada y me miró preocupado.
—Iremos al café ahora mismo, debemos atrapar al dueño del local para que confiese.
Tomamos nuestros bolsos y dejando de lado la muerte del antiguo amigo de
Alexander, nos dirigimos al lugar donde habíamos estado esta mañana, con Marco. Sin
duda no era mi amigo, ni siquiera me agradaba del todo, menos después de lo sucedido
esta mañana, pero él me había ayudado en el pasado para que Alexander bailara conmigo.
No nos tomó nada llegar, ya que ahora cubiertos por la noche nos podíamos mover a
la velocidad que nos permitía nuestra naturaleza. Alex no dijo ni una sola palabra hasta que
llegamos a nuestro objetivo.
Presioné con fuerza mi mano contra el bolso, viendo como todo estaba a oscuras y
relucía un gran letrero con la palabra “Closed, out of business”. Aquel hombre que inclinó
su cabeza cuando me despedí sin duda había estado involucrado en la muerte de Marco,
en la persecución de los licántropos a casa de Cathal, era la única opción.
Alex estaba a un par de pasos más delante de mí, por eso pude ver como sus manos
se volvían puño.
—Haré un par de llamadas, espérame aquí –se alejó de mí, sin decir nada más.
Me dirigí hacia la fuente de agua y me senté, observando cómo Alex caminaba de un
lado a otro, solo escuchaba susurros mientras que las gotas comenzaban a caer contra el
cemento. Levanté la capucha de mi abrigo y lo esperé hasta que hizo la última llamada y
se dirigió hasta donde estaba.
—Fréderic Leblanc, un vampiro francés, lo he enviado a perseguir. Ese tipo no se nos
escapará tan fácilmente.
— ¿Tienes Guardias aquí en Londres también?
—Aquí y en todo el mundo, Victoria –dijo mirando hacia el cielo mientras caían gotas
de agua en su rostro, suspiró, por primera vez hacia ese gesto que no servía de nada –
exceptuando a Ezequiel, Aníbal y Marco, los demás Guardias en casa son de categoría
baja, la mayoría son como Lina, ya sabes.
—Claro.
—Ahora es mejor que nos dirijamos a donde William, esperemos que aun no se hayan
ido.
Asentí, tenía razón ya que era obvio que el lugar donde estaban, era un escondite
momentáneo.
Corrimos nuevamente, lo que era un medio de transporte mil veces mejor que
cualquier otro. No nos tomó nada poder llegar a la dirección que estaba marcada con libros
quemados.
No dejé de mirar a Alex en cada segundo que nos tomó llegar donde Tessa, ya que
no sabía que decirle, uno de sus amigos había muerto. Sabía que se estaba distrayendo,
tratando de hacer como si nada hubiera pasado, pero eso nunca hacia bien. Aun así, no
tenía palabras de consuelo o algo correcto que decir.
—Es aquí –dijo mirando un hotel, tan simple como esto era la dirección que nos
habían dejado. Era uno de cuatro estrellas –espérame aquí.
—Bien –asentí de nuevo.
Alex entró al edifico mientras yo volví a ponerme la capucha, corriendo se había vuelto
a caer y me había mojado por completo, ahora estaba lloviendo torrencialmente, lo que era
bueno ya que las personas corrían por refugiarse bajo un techo.
— ¡Victoria! –escuché desde la puerta principal. Me giré a mirar y me encontré con
Tessa, haciéndome una seña. Esta vez también lucía muy casual y con colores oscuros,
aun así su cabellera rubia destacaba. Me sonreía.
—Tessa, que alivio, pensamos que se habían ido por un momento.
—Por poco no nos alcanzan, vamos.
La saludé de un beso y subimos por el ascensor a la habitación donde se encontraba.
Ninguna dijo palabra alguna, los tiempos no estaban para hacer vida social.
Cuando atravesamos la puerta me encontré con Alex sentado en el sofá de tres
piezas, mirando a William, que también vestía de forma casual y estaba al frente de mi
marido.
—Ven –dijo Tessa, llevándome hasta donde ellos.
Alex me dio una sonrisa cansada, me senté a su lado después de haber saludado a
William.
—No me gustan los rodeos –dijo mi vampiro, mirando con el ceño fruncido al miembro
del Consejo –encontramos evidencia que te involucra con los rebeldes.
— ¿Qué? –Preguntó Tessa, mirando asombrada a su pareja — ¿de qué está
hablando Will?
—No tengo la menor idea ¿Por qué dices eso? –Dijo el Consejero –Cathal tan solo
era mi amigo, jamás participé del grupo de rebeldes.
—Entonces explícame ¿Qué hacia él manejando tu cuenta bancaria como lo hacía
con los demás miembros de esa agrupación?
—Alexander –dijo William, negando –él se dedicaba a ello, toda una vida, siempre fue
bueno con los números y haciendo fortuna, tan solo eso, no tengo idea de que otros clientes
pudo tener, nunca me entrometí en ello porque sabía que era un rebelde.
—Encontramos registro de nombres y movimientos bancarios, donde se encontraba
el jefe de los rebeldes y además de una vampiro que está siendo interrogada en este preciso
momento.
—Soy miembro del Consejo, Alex, sé que a veces puedo creer que tu forma de
Gobernar no es la correcta, pero no estaría metido en ello, es más, ningún Consejero esta
en ello. Cathal me lo habría dicho ¡tengo siglos en esto! No me uniría a una agrupación que
está destinada a fracasar.
Noté como Tessa se ubicaba detrás de William, dejando su mano sobre el hombro.
— ¿Por qué han escapado? ¿Tiene que ver con los rebeldes? –pregunté, creyendo
que William decía la verdad.
¿Qué sentido tendría ser un rebelde y ayudar al Gobernador a seguir a la misma
agrupación? A menos que fuera una trampa, cosa que no creía ya que se dejaría expuesto
ante los otros miembros del Consejo si eso sucedía.
—Así es, mi contacto entre los rebeldes, quien me entregó sus posibles rutas de
recorrido, las mismas que les concedí a ustedes, ha muerto, asesinado después de haber
sido torturado, supieron de su traición. Han hecho una limpieza completa entre esa
agrupación, se enteraron de que varios de sus integrantes, cometieron traición.
Mi cuerpo se tensó, mis pensamientos se enfocaron en Aníbal y Alanna ¿Cómo
estarían?
—Tuvimos que desordenar nuestra casa, para que quienes fueran a asesinarnos
creyeran que otros ya lo habían hecho. Despistarlos por un tiempo –dijo Tessa –pero
dejamos pistas por si alguien nos buscaba.
—No pensamos que te tomarías esto tan en serio –aclaró William –has viajado desde
Chile, pensé que dejarías esto a cargo de Marco o Lina.
—Sí, bueno –respondió Alex –esto se ha tornado más serio de lo que pensábamos,
nadie en el Consejo lo sabe y apreciaría que siguiera de esa forma.
—Lo entiendo, no te preocupes –dijo Will mirándome. No sé porque supuse que
entendió que había algo más allá, que era mejor no saber.
—Esto ha explotado de la peor forma –Alex miró hacia la ventana, llovía con fuerza –
no quiero tener que dar aviso al Consejo o a toda la Guardia, quiero acabar con el problema
yo mismo.
—Si te sirve de algo, Cathal viajaba hasta Londres cada ciertos días, él residía en
Dublín.
—Claro –dije recordando los datos que había visto en su carpeta de investigación –
es Irlandés.
—Ciudad peligrosa –continuó Tessa, mirándonos preocupada –es la unión de las
especies, tierra de nadie y de todos al mismo tiempo.
— ¿Ahí podríamos encontrar a las hadas no? –pregunté, pensando en averiguar
sobre el encargado de darle esa sustancia maligna a Cristóbal para controlarme.
—Si, como así licántropos –respondió ella.
—Como sea –William se puso de pie, creo que la visita había acabado –nosotros
partimos en este preciso momento a Canadá, necesitamos protección y en Vancouver
tenemos amigos que nos ayudarán.
—Entiendo –dijo Alex, también poniéndose de pie. Lo imité.
—La habitación esta pagada por esta noche, si desean un lugar seguro donde
quedarse.
Para mi sorpresa, mi vampiro aceptó la oferta. No pensaba que nos quedaríamos
aquí, esperaba que siguiéramos con la ruta para cuando acabáramos con la visita.
—Los visitamos a su casa esperando que nos dijeran los nombres de aquellos espías
que tenias entre los rebeldes –aclaró Alex –pero si han muerto, no tiene sentido.
—Lo siento mucho –dijo Will –ahora estamos avanzado a ojos cerrados. Te
recomiendo que no escondas esto al Consejo por mucho tiempo, todos respetamos tu
experiencia como Gobernador, pero no olvides que todos estuvimos en tus zapatos y que
sabemos en qué punto debes compartir información. Eso va para ambos –dijo mirándome.
—Gracias por el consejo.
Nos despedimos cordialmente y después de cinco minutos, nos quedamos a solas en
esa habitación de hotel.
—Pensé que no ibas a aceptar el ofrecimiento de William –dije caminando hacia Alex,
que observaba a través de la ventana, como llovía. Su cabello ya se había secado, no así
su abrigo. Al llevar la prenda abierta se la saqué y la deje sobre el sofá.
—Nuestra ruta ha cambiado, no podemos ir directo a Irlanda porque debemos
averiguar sobre ese tal Fréderic, es nuestra alternativa más alcanzable, él es un rebelde y
parte de la agrupación –me apoyé en la ventana, mirando a Alex. Nuevamente parecía
mayor y era debido a su expresión.
—Dame un segundo.
Me acerqué a mi bolso y saqué los papeles que encontramos en casa de Cathal, no
me fue difícil encontrar el nombre de Fréderic Leblanc.
—Podemos ir por él ahora mismo ¿no te parece? –él negó, dándome la espalda.
—Lo más probable es que ya este bastante lejos, hay que averiguar a donde va. Lo
más probable es que regrese a Francia. Depuse de todo, uno siempre vuelve a casa cuando
está en problemas.
Me acerqué hasta él y lo abracé, apoyando mi cabeza en su espalda. Era tan alto que
ni siquiera alcanzaba sus hombros.
—Cuando murió la esposa de Marco, Suzanne, él volvió a Italia. Era agradable ir a
visitarlo, hace tiempo que no paso más de una semana por ahí.
— ¿Marco también era de Siracusa? –él tomó mis manos y entrelazó nuestros dedos.
—No, él nació y vivió por muchos años en Roma. Hizo muchas cosas de las que se
arrepintió después ¿sabes? Pero fue un excelente amigo… uno verdadero, lamento haberlo
notado ahora y no cuando estaba.
Sentí como su cuerpo se tensó. Finalmente se alejó de mí, diciendo que era mejor
discutir sobre nuestros próximos planes, pero se fue hasta la habitación, donde hizo otro
par de llamados. Supe de inmediato del porque se alejaba de mí cuando llamaba: hablaba
con Lina.
Cuando volvió me dijo que ya tenía localizada la otra casa de Fréderic y que su
estúpida Guardia profesional le había dicho donde era. No le tomó nada poder encontrar al
vampiro, de verdad era buena, pero era una pena que no encontrara con tanta facilidad a
Cristóbal.
—Quizás no es seguro que nos quedemos aquí –dije cuando él llevaba nuestros
bolsos a la habitación –podemos no dormir y avanzar, no estoy cansada ¿tu si?
Alex volvió a la sala y se sentó en el sofá, apoyando su espalda en el respaldo, cerró
sus ojos y volvió a suspirar. Un gesto extraño y entendible a la vez.
Sin preguntar nada me acerqué a él y tomé su mano, hice que fuéramos a la
habitación, donde nos recostamos sobre la cama. Ninguno dijo nada, tan solo Alex me
abrazó mientras yo acariciaba su cabello.
Estaba triste por la muerte de su amigo, era alguien que lo había acompañado y
protegido por años. Necesitaba consuelo y yo no se lo iba a negar, si prefería quedarse
aquí en vez de seguir a unos locos rebeldes, yo lo aceptaría y me quedaría con él,
acariciando su cabeza mientras sus pensamientos viajaban a recuerdos que tenia con
Marco, lamentando la muerte de su amigo.
— ¿Qué crees que sucede con nosotros cuando morimos? –preguntó sin previo aviso,
tomando mi mano que descansaba sobre su hombro. Entrelazó nuestros dedos –hay
muchos que dicen que solo nos desintegramos o peor, que nos vamos al infierno.
— ¿Por qué te irías al infierno si no has hecho mal? –Su mano se presiono con más
fuerza contra la mía –Además ¿Cómo crees qué no tienes alma? Eso es imposible
Alexander, yo estoy a tu lado porque eres mi alma gemela.
Se alejó un poco para poder observarme.
—Siento haber dicho eso –lo miré confundida.
— ¿Qué cosa?
—Que no me volvería a casar contigo, cuando estaba con Lina. Escuche que estabas
cerca, sabes que esa zona no tiene los paneles de insonorización, lo dije solo porque
estabas ahí. Lo hice apropósito.
No dije nada por un par de segundos. Alex tenía pésimas técnicas de venganza, en
serio.
—Bien, no hay nada que hacer, ya lo dijiste –él se acercó y me besó, no pude evitar
sonreír ante eso. Estúpido Alex que lograba acabar conmigo con tan poco, nunca había
sido exigente con él cuando debía estar enojada.
—Te has vuelto única, estaría contigo una y mil veces ¿lo sabes? –sonreí de nuevo.
— ¿Sabes? Técnicamente no estamos casados, así que lo que dijiste no importa –él
frunció el ceño mientras yo reía por mi broma.
—No nos regimos por las leyes humanas –pasé mi dedo índice por el puente de su
nariz. Él cerró sus ojos.
—Es solo una broma –me acerqué para poder besarlo.
Volvimos a nuestra posición mientras enredaba mis dedos en su cabello.
—Lo voy a extrañar, Victoria –supe de inmediato que se refería a Marco. Creo que
nunca en el pasado él me había confesado algo que probablemente mantendría escondido
en su mente. Quizás una vez o dos.
—Lo sé, amor, lo sé…
Pasaron horas, las que nos quedamos recostados, escuchando como la lluvia
chocaba contra la venta, mientras él se quedo en silencio, pensando en el amigo que había
perdido. Se quedo dormido pasada las tres de la mañana. Podría estar muy triste pero Alex
amaba dormir, no podía pasar un día sin hacerlo.
En cambio yo me quede despierta, lo suficiente como para escuchar que mi celular
estaba vibrando en mi bolso. Con cuidado me alejé de Alex, sin despertarlo.
Sonreí al ver como se removía sobre la cama, abrazando la almohada. Tuve que
dejarlo ya que no quería perder el llamado y lo más probable es que fuera Ezequiel, Aníbal
o Alanna, quería noticias de ellos. Llevaban demasiado tiempo en silencio, comenzaba a
preocuparme, sobretodo por lo que dijo William.
Cuando tome el teléfono ni siquiera vi que numero era, ya que era obvio que me
llamarían de celulares bloqueados.
— ¿Diga? –dije mirando hacia la ventana.
—Entonces es cierto, han capturado a mi querida amiga Janice. Debiste bloquear el
celular Viky, sé exactamente dónde estás ahora.
Mi mordida se tensó al escuchar aquella voz, fue como si volviera a sentir un
escalofrió, mismo efecto que provocaba Alex, pero esta vez era desagradable. No era mi
celular el que estaba sosteniendo en mi mano, ya que si lo pensaba mejor, mi teléfono
estaba en el bolsillo de Alex.
Al otro lado de la línea estaba Cristóbal.
“No solo al otro lado de la línea, amor”
El teléfono cayó al suelo al escuchar esa voz en mi cabeza. Sentí nauseas, si es que
eso era posible.
CAPÍTULO 8
Estaba helada como un tempano de hielo, mis manos comenzaron a temblar ante la
posibilidad de estar rodeados de traidores y licántropos. Miré a Alex, a quien podía observar
desde donde me encontraba.
“No hagas nada estúpido, estoy solo, no hay necesidad de despertar a tu esposo
¿no?”
Me quede en completo silencio, tratando de controlar las ansias de salir corriendo de
la habitación para ir detrás de Cristóbal. Me incliné para tomar el celular, curiosa debido a
que con Alex habíamos verificado que no pudiera ser rastreado, no éramos tan descuidados
como para pasar eso por alto. Entonces lo más probable es que él hubiera estado aquí
desde un comienzo o que alguien le hubiera informado de nuestro paradero ¿Podría haber
sido William o Tessa?
“Victoria…”
Prácticamente podía verlo frunciendo el ceño con su lindo rostro. De forma repentina
tuve deseos de poder golpearlo, me desconocí, ya que no tenía esos instintos violentos,
pero realmente quería atacar a Cristóbal hasta acabar con él.
“¿Por qué no puedo escuchar lo que piensas?”
Sonreí ante ello, no por nada estaba casada con Alex todo este tiempo. Él mismo me
había dado secretos para proteger mi mente de él. De por sí ya estaba furiosa con Cristóbal,
así que se me hacia fácil esconder mi mente de él.
“¿Tienes un informante?” para mi sorpresa pude sentir lo satisfactorio que le fue
escucharme. No por nada había una conexión entre creador y vampiro. Alexander me había
explicado sobre ello, para Cristóbal debía ser reconfortante escucharme, debía ser algo
parecido como a sentirse en casa, no era necesario tener la emoción de amor, era una
conexión entre vampiros solamente, yo la había tenido con Alex, era algo aparte de estar
enamorada de él.
“Los vampiros pecan de arrogancia ¿sabías? Marco no debió llevarlos a ese café.
Fréderic nos informó de inmediato”
“Los vampiros… suenas a como si siguieras siendo humano” comencé a moverme
lentamente hacia donde se encontraba Alex durmiendo.
“Gracias a ti ya no lo sigo siendo ¿cierto? Me has dado un poder inigualable, pero hay
que ser precavidos. No puedo aparecer ante el Consejo diciendo que soy su Gobernador”
Algo dentro de mi pecho se prendió, como si todo se volviera llamas por culpa de esa
frase. El único Gobernador era Alexander ¡Y me importaba un comino si no me gustara ese
maldito cargo, simplemente era de él y punto!
“¿Y qué haces aquí entonces? ¿Tu plan es asesinarnos antes?”
“Claro que no, tu eres la Gobernadora… tienes que ejercer a mi lado ¿no piensas
igual?”
Lo único que pude hacer fue tomar la pierna de Alex, que dormía profundamente.
“Si quieres que Alexander Lenardis siga vivo, te recomiendo que aceptes mi
ofrecimiento por las buenas”
Zarandeé la pierna de Alex que se comenzó a despertar lentamente.
“¡Pero qué dices! ¿De verdad crees que voy a gobernar a tu lado? ¿Qué te hace
pensar eso? ¡Es estúpido!”
Alex se sentó en la cama y me miró con el ceño fruncido.
— ¿Qué te sucede? –cubrí su boca antes de que siguiera hablando, sus ojos se
abrieron sorprendidos.
“Me asesinarían antes de poder decir que soy Gobernador ¿no crees? En cambio,
contigo todo sería diferente. Puedo utilizarte de forma política para que tanto los rebeldes
como los vampiros nos apoyen. Alex esta viejo para este juego ¿no lo has pensado?”
—Estás jodidamente loco Cristóbal –dije en susurros, pensando a la vez para que
Alex pudiera escuchar lo que estaba ocurriendo.
“Te lo estoy advirtiendo, no quieres a tu esposo muerto, bueno… a menos que eso
desees”
Por el tono de su voz podía escuchar que hablaba con un tono diferente,
malhumorado, de seguro así deseaba referirse a Alex cada vez que hablábamos de él. ¡Oh,
Dios, que tonta fui!
—Dime de una buena vez ¿a qué te referías sobre la manipulación de Alex? Es la
única razón para que te haya dejado vivo.
“Y te estaré agradecido por ello, literalmente toda una eternidad”
— ¡Basta! –Alex me tomó de forma brusca de los hombros.
— ¡Me duele! –le dije asustada a mi vampiro por su reacción. Era demasiado tarde
para no escuchar la verdad.
“No fuiste más que un movimiento político Victoria, Alexander estaba siendo
presionado por el Consejo para que dejara la Gobernación. Él había decidido años atrás
dejar de buscar a su pareja por las razones que ya sabes, pero al Consejo no le gustó la
noticia. Es debido a ello que fue detrás de ti, de porque te secuestró y lo rápido que fue la
unión de ambos. Entregaste tu mortalidad a un vampiro que solo te tenía como única
esperanza para seguir en su puesto de poder y dinero.
Un Gobernador no puede estar tanto tiempo a solas Victoria, pierde el juicio y es por
eso que su propia especie le está dando la espalda. Todo lo que ha hecho fue para sus
propios intereses, tu no solo indicabas que volvería a tener su pareja, sino que también eras
la esperanza para que razonara y volviera a liderar como cada Gobernador lo hizo en el
pasado… incluso como alguna vez lo hizo él mismo”
No tenía motivos para creer en esas palabras, aunque coincidieran los hechos que
Cristóbal había nombrado, tenía sentido, pero venían de ese mismo humano que una vez
me trató de manipular. Mi confianza hacia él era nula.
Diferente era la situación con Alex, mi esposo, quien por la fría mirada se dio cuenta
de las palabras de Cristóbal. No fue el rebelde traidor quien me convenció de que esas
palabras eran ciertas, sino la reacción de Alexander que se quedó de pie, a unos metros de
distancia, mirándome en silencio. Esos ojos oscuros me estaban diciendo que Cristóbal
tenía información que yo no manejaba, exactamente la que había escuchado en mi cabeza.
Se había quedado tranquilo a pesar de entender que Cristóbal estaba cerca de
nosotros. Prueba suficiente.
“Mantén los ojos abiertos, tú crees amarlo, pero él te ve como su oportunidad para
seguir al mando. Ahora tú tienes el poder, tú eres la Gobernadora oficial. No te dejes
engañar”
— ¿Qué quieres? –dije sintiendo un peso sombre mis hombros. Hablar con un
desconocido de forma telepática estaba acabando conmigo, ya que era una conexión que
solo había tenido con Alex.
“Ya sé que estas con él, así que pronto me iré. Sabes lo que quiero, a ti, gobernando
junto a mí, no solo a mi lado como te ha tenido él. Sabrás cuando tendrás que elegir, hasta
entonces tendrás tiempo para tomar una decisión. Hasta luego”
—Se ha ido –dije mirando a Alex, quien pareció despertar de algún sueño porque
desapareció de mi vista.
Fue detrás de Cristóbal, recorrió todo el hotel, pero no hubo caso. Su aroma se perdió
con la lluvia. Mientras Alex buscaba al rebelde, yo me quede en todo momento sentada
sobre la cama. Sinceramente no creía la ultima parte de mi conversación con Cristóbal,
Alex me amaba… que teníamos serios problemas era otra cosa, pero aun así, saber que
me buscó en un principio por algo tan inverosímil cambio toda la perspectiva sobre mi
relación con él.
Ahora tenía sentido su molestia por haberme convertido tan joven, siempre repetía
que me faltaba madurez, era obvio que deseara esperar a que fuera mayor, incluso yo
habría esperado. Aun seguía luciendo de 18 años. Nunca me había preguntado el motivo
para que se adelantara nuestra unión, pero eso sin duda había sido algo importante que
deje pasar solamente por estar cegada.
Ahora con Cristóbal aquí, todo el plan se había ido a la mierda, junto con mi cabeza.
Ya sabían dónde estábamos. Cristóbal estuvo de seguro a metros de distancia. No
tenía idea de si estaba del lado bueno de esta historia o del malo.
Me deje caer sobre la cama, cerrando mis ojos y deseando estar en la playa con Alex,
disfrutando del verano. No en medio de Londres, con una horrible tormenta y sentir que me
hundía en la gigantesca cama.
—No has rastros de él –dijo Alex en la puerta. Lo miré por unos segundos y vi que
estaba completamente empapado — ¡mierda! –le dio una patada a la pared, controlando
su fuerza o si no la hubiera roto.
—Estaba solo, por lo que dijo –me giré para poder observarlo — ¿Qué vamos a
hacer? Ya hemos sido descubiertos, ese tal Fréderic le dijo sobre nosotros. Fue una
estupidez ir con Marco, en serio.
—Si –susurró, ahora sentándose en la esquina de la cama. Me miraba
cautelosamente.
—No me gusta cuando las cosas no resultan, estoy cansada –dije sintiendo que mis
parpados pesaban –y debiste decírmelo antes, desde un comienzo… para que Cristóbal no
me atrapara sorprendida. Aunque si me hubieras dicho que te estaban presionando por
tener una nueva Gobernadora, no creo que me hubiera enamorado tanto de ti –tenia tanto
sueño, pero aun así vi palidecer a Alex, si es que eso era posible –y así no habría dado mi
vida por ti Alex.
—Necesitas sangre –dijo al ver mi estado. Negué, solo deseaba dormir.
—No, dijiste que me habías secuestrado porque temías que acabaran conmigo como
con la esposa de Marco, pero no temías porque me amaras ni porque te importara como tú
pareja, tan solo no querías que eliminaran a tu posible Gobernadora ¿no es así?
Su silencio confirmó mis sospechas. Ni siquiera pude seguir hablando, estaba
agotada y sospechaba que había sido debido a la conexión que tuve con Cristóbal, eso era
anormal, supuestamente el único que debía tener acceso a mi mente era Alex.
Caí en la inconsciencia mientras que él me tomaba entre sus brazos.
No pasaron muchos minutos para que despertara nuevamente, ni siquiera media
hora, pero me encontraba en uno de los Centros Proveedores. Alex me tenia apoyada en
su regazo mientras acariciaba mi cabello, llamándome entre la oscuridad. Estábamos en
un apartado del lugar, era obvio ya que no había más vampiros. Una pequeña lámpara
estaba encendida a nuestro lado.
—Bebe –puso una bolsa de sangre cerca de mi boca. No dude en morderla por varios
segundos, hasta que sentir que mis fuerzas volvían.
— ¿Fue por haber hablado con Cristóbal? –dije sentándome, mirándolo aun cansada,
pero esta vez era por tener un nuevo problema en nuestra relación.
—Así es, sucede porque tu cuerpo desconoce a ese infeliz, solo conmigo deberías
tener esa conexión.
— ¿Por qué deberíamos tenerla? Porqué me amaste incondicionalmente desde un
comienzo. Ahora que lo pienso, incluso en tus escritos fuiste muy analítico al contar como
me conociste ¿Para qué me entregaste ese cuaderno relatando lo pasó en nuestra historia
si eran mentiras? ¡Siempre juegas conmigo!
—No, no… ¡oh, demonios! –Dijo mirando hacia el suelo –no es tan así, Victoria.
—“Tan” así ¿no? –Apoyé mi cabeza en el respaldo del sofá circular, me sentía
mareada. Pensé que estas reacciones se limitaban solo a cuando era humana, pero creo
que toda esta situación me estaba colapsando –no creo que no me ames, como dijo
Cristóbal, pero sin duda parece ser que soy la que ama más en esta relación, como siempre.
Te dije antes que esto era una cosa de dos, pero no, tú siempre estas a kilómetros de
distancia Alex.
Llevé mi mano a mi pecho, donde presioné en círculos lentamente, dolía por culpa de
Alex. Esquivé su mirada, tratando de ordenar mi mente. No creo que esto hubiera sido
menos grave si me lo hubiera dicho él o desde un comienzo, no había caso, este maldito
puesto de Gobernador había ensuciado hasta lo más pequeño de nuestra relación.
—Estamos en el Centro Proveedor ¿no? –dije tratando de concentrarme en algo más.
—Si –sentí como su mano tomó la mía que estaba al lado de mi pierna –iremos a la
casa que tengo aquí ¿sí? descansaras y hablaremos.
Solo asentí.
Alex encargó un auto cargando con nuestras cosas y nos dirigimos a la residencia
que tenía en Londres. Creo que había estado solo una vez en esta casa, lo primero que
pensé cuando la visité fue que de seguro aquí había vivido con alguna de sus parejas,
exactamente como pasaba en Chile, pero con una mansión diferente y una mujer diferente.
Las otras casas se quedaban cortas al lado de esta, sin duda era la más lujosa de las
que había visto en otras ciudades. No era de mi agrado, pero había una cama… y
estábamos protegidos por los Guardias de Londres.
Quedaba a las afueras de la ciudad, rodeada de jardines hermosos y de muros altos,
para evitar curiosos. Era de ladrillo gris y madera blanca, con una piscina gigante, hermosa,
servía más para observar que nadar eso sí. Chimeneas y muchas habitaciones,
demasiadas para mi gusto.
Me dirigí directo a la habitación que usamos en el pasado. Alex me siguió en silencio
hasta que cerramos la puerta.
—Victoria.
Me senté en la cama y lo miré. Tendríamos que armar un nuevo plan, quizás incluso
tendríamos que recurrir al Consejo, eso sería en parte liberador. Aunque quisieran acabar
con mi cabeza.
— ¿Qué vamos a hacer? Ya todo mundo sabe que estamos en la ciudad. Cristóbal
me amenazó contigo, quiere que gobierne a su lado porque cree que de esa forma podrá
tener más vampiros a su favor.
Apoyé mis manos en las piernas, tratando de encontrar un equilibrio y no llegar a
recostarme en la cama. Era gigante y color turquesa, ese color destacaba en esta mansión.
—Pienso que es una locura, está perdiendo la razón –seguí hablando mientras Alex
me miraba con una expresión de dolor, debía ser la culpa carcomiendo su mente por ser
un mentiroso –si supieran que yo convertí a Cristóbal, acabarían conmigo y no tengo deseos
de morir.
—No si se reconocerán su nuevo cargo, pero eso no importa, tenemos que hablar.
— ¿Qué me dirás ahora? –dije haciendo círculos con mi mano derecha sobre mi
pierna. Recién noté que mi ropa estaba muy mojada. De seguro me había llevado corriendo
bajo la torrencial lluvia cuando me dormí.
—Te amo –se acercó hasta quedar a mi lado, se sentó sobre la cama.
—No dudo eso, ya te lo dije. Estoy cansada de esto Alex, ninguna chica de mi edad
debería pasar por esto a esta edad, tan solo con 19 años vividos y me has hecho pasar
más amarguras que una mujer de 70, estoy cansada ¿sabes? No quiero seguir
demostrando que te amo y que merezco tu confianza.
—No debes, no debes hacer eso Victoria –tomó mi mentón entre sus dedos y me hizo
mirarlo –sé que estás de mi lado.
—Claro que lo sabes, di mi vida por ti. Demonios, es tan injusto –dije cansada,
recostándome sobre el blanco cobertor de plumas –desde la primera vez que te vi estuve
condenada a pasar mis días a tu lado.
—Victoria…
— ¡No, calla! –me gire, dándole la espalda, flexionando mis piernas, ubicándome en
posición fetal –no digas nada, esto no fue un juego Alex y solo sucedió hace más de un año
¿crees qué fue entretenido estar atrapada en casa? ¿Haber perdido mi vida? claro que no,
menos lo fue haberme enamorado de mi propio secuestrador, pero tu… no hiciste todo esto
porque creyeras en mi, solo lo hiciste para tener una Gobernadora y no te sacaran del
puesto.
Ni siquiera pude mirarlo cuando tocó mi brazo, tratando de llamar mi atención.
—En tu diario no decías nada Alex, incluso entregándome ese cuaderno… no había
rastro de tus motivaciones para seguirme por años hasta atraparme, no había nada, aun
así todo parecía muy analítico, frio, como si estuviera… preparado.
Pude sentir como se tensó a mi lado, claro, había sido tan ingenua al creerle a ojos
cerrados. Siempre pasaba lo mismo con él ¿Es qué de verdad no podría confiar en mi
propio esposo? Fue ante ese pensamiento que me di cuenta de lo que había sucedido
realmente con ese diario, el que me entró hacia un tiempo para probar de que me amaba
desde la primera vez.
—Sí era preparado –susurré sin poder creerlo –ese diario.
—Todo lo escrito ahí es cierto, lo escribí después, el original es una mierda, no sabía
lo que hacía. Por favor Victoria, mis motivaciones fueron frívolas pero no pude contra ti,
fuiste tú quien me atrapo desde el primer momento que te vi. Lo que leíste en ese cuaderno
es real, nada fue mentira, tan solo no lo hice a medida que pasaban los acontecimientos,
solo tuve que recordar nuestro primer encuentro y recrear lo que había pasado de nuevo.
Por eso encontraste ese cuaderno en casa, recién lo había terminado para ese entonces.
Lo miré agotada, no estaba cansada, pero algo en mi interior estaba harto de
sobrellevar el dolor que me provocaba Alex. Ni siquiera era porque desconfiara de su
palabra ahora, pero de cierta forma había cambiado un suceso del pasado, algo en lo que
me aferraba para avalar el amor que sentía por este vampiro. Ya no tenía eso, algo tan
valioso para mí.
—Por favor créeme, todo cambio desde esa noche, cuando hablamos por primera
vez.
—Habrá cambiado en parte porque aun así me convertiste antes de tiempo ¿no? –
me giré para poder ver sus expresiones, ya que ese era un gran detalle.
—Sabes que hay cosas que no puedo controlar y el Consejo estaba pidiendo nuestra
unión Victoria.
—El Consejo y una mierda –susurré, negando a sus palabras –si el Consejo me
pidiera hacer algo que te perjudicara, no lo haría porque te amo, así de simple. Tendré 18
por una eternidad, eso no es muy bueno luego de décadas viviendo ¿no es así?
Cerré mis ojos, analizando estos hechos por unos segundos.
—No me amabas lo suficiente en ese minuto tampoco ¿es qué ni siquiera cuando di
mi vida te convenciste? Claro que no, mira todos los problemas que hemos pasado por ello.
Estoy cansada Alex –odiaba el hecho de no poder llorar, era como si toda esa tristeza se
concentra en mi pecho.
—Estamos superando todo –negué a sus palabras.
—El que está enfrentando sus problemas personales eres tu porque eres tú quien
siempre ha dudado de mi y que siempre me ha puesto segunda, yo he hecho siempre lo
contrario contigo Alex ¡Ah! esto me supera, ya no sé nada y siento que me estoy apagando,
no puedo detenerlo.
Él tomó mi mano, entrelazando nuestros dedos.
—Victoria, amor, eso fue en el pasado…
—Soy una tonta –alejé mi mano de la suya –siempre creí que éramos como esas
historias de amor fantásticas de los libros, pero no eres más que un vampiro codicioso, un
monstruo que hizo todo lo posible para seguir teniendo poder y en el camino, por accidente
terminó enamorado.
—Pero te amo –dijo aferrando su mano a la mía nuevamente –eso es lo que importa
¿no? tu me cambiaste.
—No Alex, ese es el problema –todo comenzaba a tener más sentido, siempre había
pensando que me amaba, que había venido por mi debido a eso, pero no por sus ansias
de poder y dinero –la razón por la que avalaba todo tu comportamiento y por lo cual siempre
terminaba justificando o perdonándote, ya no existe. No hay nada especial entre nosotros.
—Claro que la hay, tu volviste por mi… toda esa maldición se acabó.
—Ni siquiera recuerdo ese pasado, es como si no existiera, así que personalmente
me importa un comino esa posible Maldición que hice cuando era humana y que ni siquiera
recuerdo. ¡Cosa que si me preguntas ahora, no la haría! Tuve que haber sido muy tonta
como para condenarme a volver a ti y seguir igual de enamorada como estuve en el pasado,
cuando preferiste quedarte con tu estúpida prometida solo por dinero.
La angustia de no saber cómo iba a reparar esto comenzó a abrumarme. No había
solución. Me sentía perdida, simplemente sería algo que tendría que sobrellevar, no
arreglar. Alexander no entendía que lo único que tenia de él, el único pedacito especial de
ese vampiro que yo poseía, también estaba manchado por sus malditas ansias de seguir
siendo Gobernador. Era un codicioso.
—Existió ese pasado, claro que si, te relataré todo para que recuerdes, te mostraré
los lugares donde estuvimos cuando ambos fuimos humanos y nos encontramos por
primera vez. Lo nuestro si es especial, tu eres única para mi…mírame Victoria, por favor.
No lo miré.
—Ni siquiera me interesa saber, ya me basta con esta vida en mi mente como para
tener otra más donde termino muerta por tu culpa, exactamente como ahora ¡ser vampiro
no es la mejor experiencia del mundo! –dije resignada, dándome cuenta en la situación
que estaba —Estoy condenada ¿sabes? no importa lo que hagas, digas o cuanto me
lastimes, pareciera que estaré atada a ti no importando como seas, eso es lo que siento…
soy un movimiento político –aquella frase había sido de Cristóbal.
—Victoria Lenardis, en este preciso minuto prometo que me dedicaré a demostrarte
que te amo y que lo nuestro sin duda ha sido algo especial, solo de nosotros y que nadie
más puede entender, único… voy a recompensarte por todo lo que tú me has dado y para
borrar esa idea de tu cabeza. Soy completamente tuyo.
Sonreí levemente, pensando que sus palabras no eran del todo ciertas ya que era el
Gobernador de los vampiros, pero me estaba hablando de forma sincera, no podía dudar
de ello.
Se recostó a mi lado y comenzó dejar mi rostro expuesto, tenía varios mechones de
cabello mojado cubriendo mi cara.
—Ese bastardo debió decirte las cosas de la peor forma ¿no? –Se acercó y me dio
un suave beso en una mejilla –tener una conexión con alguien que no es tu pareja no es
normal y por ello no lo recibes bien.
—Aunque Lina me hubiera dicho esto, riéndose al frente de mi cara… me habría
sentido igual. Duele Alex, duele saber que todo lo que has hecho en tu existencia es debido
a la misma razón de un principio, por poder, incluida yo.
—Te demostraré que no es así, tu no –ahora besó mi otra mejilla –lo siento.
Me alejé de él, no quería sus besos porque no podía tomar esto a la ligera. Esperaba
que no hubiera más mentiras de su parte, pero eso parecía imposible.
Sabía que él me amaba y creía en sus palabras, pero se había manchado el pedazo
que tenía de él. Todo en definitiva conllevaba a ese maldito cargo.
—Victoria.
—Lo sé, sé que me amas –dije aun dándole la espalda –pero no puedo, solo deja
acostumbrarme a esto ¿sí?
Tenía que reponerme, habían cosas más importantes, como el hecho de ser
descubiertos y que Cristóbal estuvo lo suficientemente cerca como para comunicarse
conmigo por telepatía. Demonios, eso había sido incluso algo asqueroso, siempre lo había
hecho con Alex, era una forma de comunicarse muy intima.
—El Primer Ministro viene hasta acá –dijo Alex interrumpiendo mis pensamientos –
debo recibirlo.
—Está bien, ve. Cámbiate de ropa, estás mojado –me acerqué a la almohada.
Alexander fue hasta la otra habitación donde se encontraban varios trajes de su gusto,
antes de ponerse uno color negro fue hasta el baño, seco su cabello y se cambió. Apareció
ante mis ojos, con una sonrisa preocupada.
—Debo hacer esto ¿estarás bien sola?
—Claro, vete tranquilo.
De verdad pareció por un segundo que se iba a quedar a mi lado, pero no fue así,
salió de aquella habitación tan iluminada. Me levanté de la cama, necesitaba un baño, tenía
la sensación de que tenía hasta mis huesos demasiados helados, en realidad tenía frío.
Comencé a llenar la bañera cuando la puerta se volvió a abrir, antes de poder
acercarme a ver de quien se trataba Alex apareció ante mis ojos.
— ¿Qué se te ha olvidado?
—Tu –dijo sacándose la corbata, desabrochando su chaqueta mientras se deshacía
de sus zapatos –no te voy a dejar sola otra vez, actualmente ni siquiera soy el Gobernador.
Tiró su chaqueta a la cama, junto con su corbata. Tan solo se había quedado con
aquella camisa blanca y sus pantalones.
—Pero te esperan… y es importante –dije apoyando mis manos en su pecho.
—Demonios –susurró mirando a un lado –ya he sido lo bastante cursi para seguir
hablando ¿Qué estas buscando? ¿Qué me humille para que me entiendas?
— ¿De qué estás hablando? –dije confundida.
—Victoria, estamos metidos en todos estos problemas porque siempre estuve
diciendo que esto era más importante que tú… de esa forma solo te herí. No te puedo dejar
de nuevo por algo o alguien más.
Oh, ahora entendía a lo “cursi” simplemente me estaba explicando lo que estaba
pasando en su mente, solo Alexander podría encontrar eso “cursi”
—Es cierto lo que dijo Cristóbal, te busqué solamente porque quería seguir siendo
Gobernador –llevó sus manos a mis jeans, desabotonándolo bajo mi mirada sorprendida
¿Cómo se atrevía? –pero te voy a demostrar que eso sucedió hasta la noche que hablamos.
Después todo eso quedo de lado, aunque fuera por unos días, hasta que tuvimos nuestra
Ceremonia.
Sus manos ahora fueron al borde de mi camiseta negra, la cual levanto, sacó y tiró
sin detener sus palabras.
— ¿Qué importa que te haya convertido a los dieciocho? ¿Por qué te preocuparía no
parecer mayor? No le tienes que demostrar nada a nadie porque estás conmigo y nadie
más –me tenía solo con los jeans y el sujetador color crema, sin dificultad hizo que me
apoyara contra el marco de la puerta del baño –Él solo quiere herirte con esas palabras y
es mi culpa por darle material para usar en tu contra; debí haber explicado esto desde un
principio. No volverá a ocurrir.
—Alex… —no podía creer todo lo que me estaba diciendo.
—Y haré que te sientas bien, ahora mismo –para mi sorpresa mordió con rapidez su
muñeca derecha y la acercó hasta mí.
Aquella sangre era mil veces más poderosa que la humana, obviamente me iba a
sentir mejor. No pude rechazarlo, menos cuando comencé a beber y él sin pedir permiso o
dar algún aviso, expuso mi cuello para morderlo.
Mis piernas temblaron ante la sensación que me provocaba beber de su sangre como
que él me estuviera mordiendo, mientras que su mano libre rodeaba mi cadera para evitar
que cayera.
Mi cuerpo fue volviendo a la temperatura normal, el frío que me había provocado la
conversación con Cristóbal se fue esfumando hasta que no había espacio para él en mi
mente. Alexander se había apoderado de todo mí ser.
Después de unos minutos se separó de mi cuello y alejó su muñeca de mi boca.
Nos quedamos mirando en silencio por unos segundos, él curvando su sonrisa;
conocía muy bien esa expresión. Acercó su mano a mi mentón y pasó su el pulgar por la
gota de sangre que caía por la comisura de mis labios.
—Sigues bebiendo como un bebé –negué a sus palabras, pero no pude evitar
entreabrir mis labios para beber esa gota que había perdido –demonios ¿Cómo voy a
preferir al Primer Ministro que a ti?
—Deja de bromear –dije sintiéndome fortalecida, beber su sangre había sido la mejor
idea, debí hacer eso inmediatamente después de conversar con Cristóbal — ¿Sabes? Una
vez que me metí en tu mente, pude ver que Javier quería que tú estuvieras seguro antes
de presentarte ante mi ¿era debido a esto? ¿A que me buscaste para seguir siendo
Gobernador?
—Así es –dijo apoyándose en el marco de la puerta, estábamos frente a frente –fui
un idiota.
— ¿Hay algo más Alex? Si me hubieras confesado esto no habría sido tan horrible
como escucharlo por parte de Cristóbal –me quede unos segundos pensando –aunque
realidad hubiera sido igual.
—No, no hay nada más, excepto por las vampiras con la que he estado involucrado.
No quiero entrar en detalles.
Lo miré unos segundos, realmente me sentía mejor. No podía hacer nada en contra
Alex, aunque estuviera tan enojada y desilusionada ¿Pasaría lo mismo cuando él se
enojaba conmigo?
—Cristóbal cree que no me amas y que estás conmigo solo para seguir siendo
Gobernador, esa es la realidad en su mente –dije asintiendo, pensando en las posibilidades
que nos daban esas ideas que tenía –y no le demostré algo diferente cuando se acercó a
mí.
— ¿Y eso que tiene que ver? –la sonrisa de su rostro había desaparecido.
—Que podemos utilizar eso –caminé hacia la tina, pensando en un nuevo plan –
podría engañarlo ¿sabes? Hacerle creer que eso es cierto.
—Tú no vas a engañar a nadie –me senté en el borde de la tina y me quite los botines,
junto con mis calcetines.
—Pero piénsalo bien –contradije, esto podría ser bueno –si acepto unirme a él ¿Qué
crees? Estará expuesto ante nosotros y podrás eliminarlo, en estos momentos realmente
quiero verte con su cabeza en tus manos.
—Ni se te ocurra –comenzó a desabotonar su camisa –ese es un estúpido plan, en
serio, se daría cuenta de inmediato que mientes.
— ¿Se nota mucho que estoy enamorada de ti? –él sonrió.
—Olvídate de ese plan, no serviría. Debemos ir por ese Fréderic, acabaremos con él
y tendremos información suficiente para poder saber donde se encuentra Cristóbal.
—Francia ¿crees que deberíamos ir? –Se acercó y me tomó con suavidad de los
hombros para levantarme — ¿Qué vamos a hacer? Él estuvo a metros de distancia Alex ¿y
qué pasa si…? –me hizo callar con un beso mientras sus manos rodeaban mi cintura para
después subir y desabrochar sujetador.
—No quiero hablar de ese bastardo en ese preciso momento, tengo otros planes –
dijo ahora besando mi cuello mientras comenzaba a bajar mis jeans.
—Oh Dios, ahora entiendo porque no me incluías en la gobernación, te distraes de
una manera increíble.
Rodeé sus muñecas, para que no siguiera. Yo iba a darme un baño, no él.
— ¿Qué?
—Alex, ve a recibir al Primer Ministro, ahora mismo. Debes dejar en claro lo sucedido
con Marco, era tu amigo.
Su mirada cambio de inmediato. Asintió y alejó mientras yo me desnudaba y me metía
en aquella tina. Ya no sentía el frio que Cristóbal había provocado, pero de todas formas
necesitaba un tiempo a solas.
No pensaba que ir por Fréderic fuera una buena idea, es más, creía que era una
pérdida de tiempo. Algunos Guardias podrían asegurarse de ir y acabar con ese traidor.
—Demonios –susurré pensando en que Aníbal no daba señales de vida
¿Y si les había sucedido algo?… ¿y si de verdad eran unos traidores?
Oh, Alex no dejaría de recordármelo por el resto de nuestra eternidad. Además sería
demasiado peligroso, ellos podrían llegar con comentarios al Consejo y mis días estarían
contados.
De todas formas, no deseaba encontrarme con Cristóbal nuevamente, no quería
verlo, no quería sentir su asquerosa mente en la mía. Eso había sido escalofriante de una
forma vampírica.
Me hundí por completo bajo el agua, pensando en Alex; no tenía otra alternativa que
confiar en él. Debía concentrarme en el presente, no podíamos distraernos en este
momento, no me podía entregar a las emociones que me entregaban esta situación, había
problemas más importantes, pero eso no quitaba en sentirme como una idiota. Le
perdonaba a Alex todo lo que hacía, parecía que estuviéramos en una relación enfermiza,
lo que era horrible porque estaríamos juntos por una eternidad y no quería que fuera de
esta forma.
Odiaba a Cristóbal, no había duda de ello ahora, pero eso no quitaba mis sospechas
sobre Alex ¿Qué ha estado haciendo durante su Gobernación? ¿Por qué los Rebeldes han
alcanzando este poder? Ciertamente era porque fui una tonta en convertir a Cristóbal y sin
duda alguna, Alex me escondía más información.
¿Hasta qué punto podría llegar toda esta situación? ¿Y si había hecho algo que nunca
podría borrar de mi mente? ¿Por qué había tanta gente que lo odiaba?
Comencé a escuchar como un celular vibraba. Ni siquiera tomé una toalla, corrí a la
habitación mientras mojaba la blanca alfombra y tomé el celular que estaba en uno de
nuestros bolsos.
Sin duda este era el mío. Número desconocido.
— ¿Diga? –susurré asustada, pensando que podría ser Cristóbal.
—Aníbal ha estado a un grupo de rebeldes.
Era Alanna.
— ¿Es seguro? ¿Dónde está? ¿Dónde están en realidad? He estado preocupada por
ustedes.
—Solo tengo unos segundos; yo no he entrado, pero estoy cerca porque me tienen
registrada como pareja de Aníbal. Estamos en uno de sus centros, en la ciudad fantasma
de Prípiat, en Ucrania.
—Pero…
—Es en la única parte donde pudo entrar Aníbal, con mis contactos y los suyos. No
hay nada factible por esta zona, ya que ni siquiera han recibido una… espere –se quedo en
silencio unos segundos mientras parecía que mi corazón volvía a latir del susto a que la
hubieran encontrado –bien, debo partir, creo que escuché ruidos. Aquí ni siquiera han
tenido una visita de Cristóbal, ya que asumió su cargo hace poco, poco más de un año
debido a la muerte de su padre.
—Demonios. Tengan cuidado, descubrimos que están eliminando a los traidores,
están barriendo con ellos.
—Entendido. Hasta pronto.
Ambas cortamos.
Demonios, cada uno de nuestros planes se estaba arruinando. No ganábamos nada
si Aníbal estaba en uno de los grupos de rebelde más alejados.
Me senté en la cama, mojándola con mi cabello y mi cuerpo que estaba todo mojado.
Deje el celular a un lado mientras trataba de encontrar una respuesta, pero tan solo vinieron
las palabras de Cristóbal a mi mente.
Sabes lo que quiero, a ti, gobernando junto a mí, no solo a mi lado como te ha tenido
él. Sabrás cuando tendrás que elegir, hasta entonces tendrás tiempo para tomar una
decisión.
¿Es qué acaso estábamos en sus manos? ¡Era imposible! Me rehusaba a creerlo.
Alexander era un Gobernador de siglos, él podría llegar a una solución ¿cierto?... teníamos
que encontrar algo para eliminar a Cristóbal.
— ¿Pero qué…? –Alex cerró de inmediato la puerta antes de que alguien me viera –
aquí no hay código de seguridad, debes tener cuidado de estar desnuda ya que puede
entrar cualquiera.
Al ver los ojos de Alex y como le ponía el típico seguro a la puerta me cubrí en un
segundo bajo el cobertor de la cama, solo dejando ver mi cabeza.
—Ha llamado Alanna, dice que han entrado al grupo que está en Ucrania.
—Entonces podemos confiar de que hasta ahora no son un par de traidores –se
deshizo de sus zapatos —ya que donde están, no hay mucho movimiento.
— ¿Qué te dijo el Primer Ministro?
—Nada interesante, tan solo vino a saludar, tuvimos una pequeña discusión porque
no estaba enterado aun sobre la muerte de Marco –dijo ahora desabotonando su camisa
blanca –además por habernos interrumpido.
—Alex detente –dije descubriendo cuáles eran sus intenciones –hay que
concentrarse. Debemos pensar en lo que haremos, quizás ir a Francia no es bueno
¡Alexander! –levanté la voz cuando tomó la punta del cobertor y tiró de este hasta que cayó
al suelo. Abracé mis piernas, cubriéndome.
—Pero es tarde, en un par de horas amanecerá, no podremos hacer nada productivo
para mejorar nuestra situación; me agrada más la idea de demostrar cuanto te amo como
dije antes.
— ¡Oh! Eres muy astuto ¿no? –Dije entrecerrado los ojos –no juegues con esto, tu
quieres sexo por eso usas esa excusa y ya basta, pero ¿Qué demonios te está sucediendo?
Estas muy distraído.
No pude evitar notar como llevaba sus manos hasta aquel cinturón, eliminándolo.
Después me concentré en su torso, lo que no pasó desapercibido por él, ya que me sonrió
cuando nuestras miradas se encontraron.
Antes de que desabotonara su pantalón se acercó hasta mi y sin más, tiro de mi tobillo
para acercarme hasta él, logrando que quedara recostada en la cama. Traté de escapar de
su agarré, le tiré un par de almohadas, pero fue inútil. Lo tenía sobre mí, inmovilizándome.
—Eres demasiado extraño para mí –dije mirando sus ojos –hace un par de horas
estabas triste por Marco y ahora te comportas como si no te importara tu cargo y Cristóbal.
—Es tu culpa –dijo ahora besando mi cuello –nunca antes me pude relajar, pensando
todo el tiempo que tu –cerré mis ojos al sentir sus labios en el lóbulo de mi oreja derecha –
estarías con otro, ya sabes. Que te irías —presioné mis manos en las sabanas al sentir
como tiraba con sus dientes.
—Basta ya –dije mirándolo, escapando de sus besos –sigo enojada contigo y… y no
quiero hacerlo ahora –mentí descaradamente y él lo sabía.
—No deberías esperarme de esta forma entonces, desnuda y toda mojada.
No pude decir nada ante ese comentario. Estaba segura que incluso siendo vampiro
me sonrojé ante él.
Mire hacia un lado, avergonzada.
— ¿Sigues enojada conmigo? –Susurró en mi oído — ¿Qué quieres que haga?
Se alejo de mí y se recostó a mi lado, apoyando su cabeza en la mano, mientras que
con su dedo índice recorría mi esternón.
—No hay nada que puedas hacer, además hay temas más importantes ¿no?
—No si estás enojada –dijo rodeando mí ombligo tan suavemente con su dedo que
me estaba causando cierto estremecimiento.
—Deberías dormir ¿sabes? No has podido descansar y…
—Y nada –me interrumpió –no importa nada más, ya te lo dije. Arreglaremos esto
primero antes de seguir, Fréderic puede esperar.
Cerré mis ojos, sintiendo como ahora su dedo hacia círculos en mi cadera.
—Me estás escondiendo información ¿sabes? –Dije removiéndome un poco sobre la
cama por su contacto. Era cierto que mi desnudez ante él había dejado de importar hacía
ya bastante tiempo, pero estando así igual me ponía un poco nerviosa — ¿Qué has hecho
mientras tenias tu cargo? Demasiadas personas están en tu contra ¿Cómo…? Has hecho
cosas malas ¿no? dímelo.
—No puedo –se acercó y me besó, pero no respondí –hay cosas de las que no me
enorgullezco.
— ¿Qué has hecho, Alex? –sabía que no respondería mi pregunta, era más bien
retorica. Apoyé mi mano en su mejilla.
—No eres parte de ello ¿Por qué quieres saber? No es nada bueno y lo sabes.
Era cierto. Deseaba que desmintiera todo, que no había nada malvado detrás de todo
este misterio, que no había nada que me hiciera dudar si él era o no un buen hombre, sin
embargo, no era así. Lo sabía, pero no quería verlo de esa forma porque yo lo amaba y lo
peor que podría suceder ahora, era amar a un hombre malvado.
¿Es qué todo este tiempo había vivido junto al villano de la historia? ¿Por eso todo
salía mal en nuestros intentos de eliminar a Cristóbal?
—Victoria… —dijo con una voz suave y que me distrajo…o más bien deseé que así
fuera.
Esta vez al besarme no pude resistirme, lo deseaba tanto y necesitaba olvidarme de
todos los problemas que habían a nuestro alrededor. Esta era la mejor forma.
Rodeé su cuello con mis brazos, ahora sentada sobre él, que también estaba en la
misma posición sobre la cama. Ni siquiera se deshizo de su pantalón, no hubo preliminares
ni nada por el estilo. Ambos estábamos loco por el otro y me provocaba aun más al sentir
como sus manos recorrían mis muslos, mi cintura, mi espalda… parecía que encendía mi
piel a medida que sus caricias avanzaban.
—Eres lo único bueno en mi vida ¿sabes? –dijo para después besar mi hombro y
subir lentamente hasta mi cuello.
Llevé una de mis manos entre nuestros cuerpos hasta el borde de su pantalón y lo
desabotoné, buscando lo que quería.
Nuestros labios se volvieron a unir mientras nos mirábamos, no pude evitar sonreír
contra su boca, más cuando nuestros cuerpos se unían. Sin embargo, toda sonrisa
desapareció cuando sus manos se apoyaron en mi cintura e hizo que lo sintiera por
completo, de un solo movimiento.
Cubrió mi boca con su mano, aquí las paredes no estaban insonorizadas y era obvio
que había Guaridas o personal dando vueltas por los pasillos. Debíamos, bueno… debía
ser silenciosa.
Me apoyé en sus hombros, mis manos se aferraron a ellos mientras me movía. Alex
rodeaba mi cintura, acercándome más a él, tensando su mordida.
—Shh –dijo cuando un gemido escapo de mi garganta.
No venía nadie, por eso habíamos hablado sin problemas minutos atrás, pero ahora
que nuestra concentración estaba en otro punto, era difícil saber si alguien se aproximaba.
Alex ya no cubrió mi boca, sino que atrapó mi cuello por un costado y me acercó a él.
Solo fueron unos segundos que nos besamos, ya que me aleje de él porque mi espalda se
arqueaba por el placer que sentía. Cerré mis ojos, disfrutando de cómo mi vampiro se
llevaba uno de mis senos a su boca. Mordí mi labio inferior para poder evitar que cualquier
sonido escapara por mi parte, lo que era muy difícil y Alex jugaba con ello, ya que sin previo
aviso sus colmillos traspasaron mi piel por un costado de mi pecho.
Tiré de su cabello para mirarlo, con el ceño fruncido, pero al ver mi sangre oscura en
sus labios no pude evitar excitarme aun más, era realmente la única conexión especial que
quedaba entre los dos. Beber del otro ya que no podíamos comunicarnos telepáticamente
¡como lo extrañaba!
Sentí gran placer cuando sus colmillos volvieron a donde estaban mientras que sus
manos recorrían mi espalda, mis muslos, comenzando a apoderarse del ritmo de nuestra
unión.
Nuestros labios se volvieron a encontrar luego de unos minutos que bebiera
lentamente de mí, pero esta vez fue de forma desesperada el uno por el otro, al igual que
nuestros movimientos. Mi cadera estaba bajo el poder de sus manos.
—Alex… —susurré contra sus labios –Shh.
No pude evitar sonreír, ya que él también hacia demasiado ruido si estábamos en una
casa donde había vampiros con súper oídos. Esos gruñidos que escapaban por su parte
eran tan irresistibles, me encantaban, pero teníamos que ser muy silencioso.
No me gustaba esta mansión.
—Alex… —lo empujé para que se recostara, así me pude apoyar en su pecho y
moverme como yo quería, lo que no fue por mucho ya que esa ola de placer que me
provocaba estar con mi vampiro llegó de forma imprevista.
Él se movió con rapidez, en un segundo estuve recostada en la cama mientras me
besaba y me hacia callar, al mismo tiempo que sus embestidas se volvieron más profundas
ya que también estaba alcanzando aquel increíble orgasmo.
Fue maravilloso, como cada vez que estábamos juntos.
Se recostó a mi lado, observándome con una sonrisa curvada.
—No me gusta esta casa, debemos tener sexo en secreto –dije susurrando mientras
entrelazaba mi mano con la suya.
—Lo que es bastante difícil para ti ¿no? –entrecerré mis ojos, se estaba burlando.
—Bueno, lo que sucede es que estas bien dotado, me encantan tus manos y boca,
no puedo evitarlo. Sería una real pena si no tuvieras estas características ¿te lo imaginas?
Una eternidad con alguien que no me satisface –él frunció el ceño.
—Soy solo un pedazo de carne para ti –no pude evitar reír.
—Por supuesto, está muy bien que cumplas con tu deber de esposo –dije dándole un
beso en sus labios –ahora ¿Qué vamos a hacer, Alex? –susurré contra su boca, para que
nadie nos escuchara y para que él volviera a concentrarse, pareciera que estuviera
escapando de todo esto y me sentía con la obligación de traerlo a tierra.
—Tengo excelentes planes para esta noche –dijo llevando su pulgar a mi boca, pero
fruncí el ceño y después lo mordí.
—No, estoy hablando en serio.
—Ya sabes a donde partiremos, solo hay que ser cuidadosos –dijo ahora
acercándome a él para besarme, no pude negarme, pero luego de unos segundos él me
quedo observando, sabía que tenía mi mente en otro lado — ¿Qué sucede?
Sucedían muchas cosas que estaba dejando de lado por el momento.
—Quiero dormir –susurré metiéndome bajo las sabanas, bajo la mirada sorprendida
de Alex.
— ¿Desde cuándo te da sueño?
—Desde que bebes de mi sangre más de una vez en el día –dije dándole un corto
beso en los labios –si me acompañas podría dormir mucho mejor.
Él enarcó una ceja, con el ceño fruncido, pero se deshizo de sus pantalones,
quedando solo con bóxer y se metió a la cama.
— ¿De verdad estas cansada? –asentí, había sido un día con demasiadas emociones
como para tener una noche de sexo desenfrenado y sabía muy bien que Alex quería aquello
solo para no pensar en Marco o en Cristóbal.
Me acomodé mejor entre sus brazos, apoyando mi cabeza en su pecho y cerrando
los ojos, deseando quedarme para siempre en este momento, que ninguna otra mala noticia
llegara a mis oídos o mente, pero sabía que esto era solo la punta del iceberg.
— ¿Me amas? –susurré, entregándome al inconsciencia.
—Tú eres mi amor, Vittoria.
Sonreí entre sueños al escuchar cómo me llamó, por alguna razón ya no me parecía
malo que usara ese nombre. Creo que quizás leyera ese libro rojo de nuevo, pero sin odiar
a Alex, como lo había hecho.
CAPÍTULO 9
Me removí entres las sabanas, buscando el cuerpo de Alex que usualmente era el
segundo en despertar, pero no encontré nada. Estaba sola en esa cama, lo que nunca era
agradable. Me giré hacia el lado contrario y abrí mis ojos preocupada.
Fruncí el ceño de inmediato al ver que estaba solo con su bóxer, mirando por la
ventana. No pude evitar recordar lo sucedido el día anterior, fue como un latigazo en mi
pecho ya que la tristeza amenazó con volver.
—Buenos días –dije para evitar que mi mente fuera a esos pensamientos.
Alex se giró de inmediato hacia mí, sonriendo al verme despierta, pero habló después
de unos segundos.
—Buenos días…
— ¿Qué te sucede? –esta era la segunda vez que lo encontraba en la misma
situación. Estaba preocupado, lo que no era una sorpresa, con todos los problemas que
teníamos, pero de todas formas parecía estar pensando en algo de lo que yo no estaba
enterada.
Sin duda haber sido incapaz de descubrir lo que pensaba en el pasado me había
dado una habilidad increíble para saber de todas formas lo que rondaba por su mente.
—Nada, solo estaba mirando hacia afuera… llueve –caminó hasta la cama, se subió
y se recostó a mi lado –no me gusta salir cuando llueve.
Lo miré por unos segundos, pensando en su obsesión con ser Gobernador. De verdad
que aun no le encontraba la gracia a su trabajo, pero él parecía adorarlo, tanto que incluso
buscó voluntariamente a su pareja –o sea yo –para poder seguir en el puesto, dando por
hecho que tendría que sobrellevar el sufrimiento a quedar solo una vez más.
—Tenemos que movernos, ya sabes –dije alejándome de él para tomar mi celular,
que estaba en la mesa de noche. Era más de mediodía, pero no importó que fuera tan tarde
cuando sentí los labios de Alexander en mi espalda –tienes hombros anchos Alex ¿Qué
hacías cuando eras humano?
Nunca habíamos conversado muchos detalles de su vida pasada, debido a lo sensible
que se comportaba cuando yo deseaba saber algo.
—De todo un poco en realidad, me las tuve que ingeniar por un par de años ¿Por
qué? –no pude evitar sonreír por ese pedacito que había obtenido.
—Los vampiros no crean masa muscular ¿cierto?
— ¿Los vampiros? Recuerda que tu también eres una –me acomodé sobre la cama
para poder verlo mejor.
—Es una lástima porque no puedo mejorar a través de los años con ejercicio. Fuiste
afortunado al ser convertido así de grande –él curvo sus labios en una sonrisa.
—Tú no tienes nada que mejorar, ya eres perfecta –negué a sus palabras,
ciertamente no era una modelo como Lina.
—De todas formas deberías enseñarme a pelear, así podría ser más ágil ¿no? –él
puso atención en mi boca, a como se movían mis labios –Alex… —dije llamando su
atención.
—Sí, supongo.
— ¿Qué haremos si Cristóbal nos espera en Francia? –pregunté, ordenando su
cabello que estaba hecho un desastre luego de dormir.
—Matarlo –susurró acercándose a mi rostro. Me dio un corto beso en los labios –pero
podríamos aplazarlo hasta mañana, ya sabes, puede mejorar el clima y…
—Shhh… –dije cubriendo su boca –Oh, Alexander Lenardis.
Lo miré por unos segundos, no quería escucharlo, solo se dejaba en evidencia sobre
lo mucho que me estaba escondiendo. Estaba segura que su actitud hacia todos nuestros
problemas y sus deseos de aplazar nuestros planes, estaban completamente ligados a sus
mentiras.
—Me iré a dar una ducha y luego partiremos ¿entendido? –dije poniéndome de pie.
— ¡Pero Victoria! –dijo tomando mi mano y provocando que volviera a la cama –
podemos hacer otras cosas.
— ¿Otras cosas Alex? Escúchame bien, estoy completamente de acuerdo ahora
sobre mi gran error con Cristóbal. No debí convertirlo, pero quiero solucionarlo, quiero que
esté muerto porque no voy a pasar un día por gusto, pensando que alguien te puede matar
porque no lo has eliminado ¿me entiendes?
Él sonrió al escucharme, estaba captando mal la idea. No debía sonreír.
—Te pedí en el pasado cientos de veces que dejaras tu cargo de Gobernador, si lo
hubieses hecho en ese minuto “podríamos haber hecho otras cosas” como quieres ahora,
pero no, debemos ir detrás de ese vampiro.
Me puse de pie, dirigiéndome al armario para poder tomar algo de ropa. Encontré
varias prendas que me agradaron. Las llevé al baño, necesitaba una ducha rápida. Alex
seguía acostado, cubierto solo por las sabanas, dejando expuesto su pecho. A decir la
verdad, se veía muy tentadora su proposición, pasar todo un día en nuestra habitación,
quizás bebiendo uno del otro mientras escuchábamos como la lluvia chocaba contra la
ventana. Pero no, no era posible y más con un bandido dando vueltas ¡Aun más con la
extraña sensación que me causaba saber que solo vino por mí en el pasado para seguir
siendo Gobernador!
—Ey… ¿Qué estás pensando? –Salió de la cama y llegó a mi lado en un segundo –
dime.
Negué y me alejé de él para entrar al baño. No importaba lo que él dijera, me seguía
afligiendo lo que Cristóbal había confesado.
—No –tomó mi brazos y me detuvo –no escapes, dime… sigues enojada conmigo
¿verdad?
—No es eso –miré hacia la ventana, no quería mirarlo. Las gotas de lluvia caían con
fuerza.
—Entonces estás triste –su mano atrapó mi mentón y me hizo mirarlo.
Tensé mi mordida, no quería llorar más porque no sacaba nada ya que las lágrimas
nunca aparecerían y no me aliviarían. Y porque Alex a pesar de comportarse bien los
últimos días, no se merecía otras “no lágrima” de mi parte.
Cerré mis ojos un segundo y después lo volví a mirar, controlando mis emociones.
Debía ser fría, calculadora y eficaz. Mi vida seguiría siendo al lado de este gobernador, que
siempre me ponía en segunda prioridad. Bueno, debía comenzar a conformarme con esto,
ya que por lo visto, jamás podría separarme de Alex, ni aunque quisiera.
—Victoria… —susurró él, mirándome con el ceño fruncido, confundido.
—Estaré lista en minutos, tu también ¿sí? debemos salir en una hora –me empiné y
le di un beso en la mejilla. Me liberé de sus manos y entré al baño, dejando a un Alex inmóvil
fuera de este.
Unos jeans grises, una blusa blanca que me quedaba un poco ancha y un suéter con
botones azul. Me tomé por completo mi cabello. Fui hasta la habitación y me puse mis
zapatos bajos mientras observaba que Alex se cerraba su chaqueta de cuero. Tome la
casaca negra con gorro, que estaba forrada y tomé mi bolso. Lista para partir.
Alex hizo lo mismo.
— ¿A dónde partiremos supuestamente? –dije antes de que nos dirigiéramos a la
puerta.
—Vuelta a casa, creen que tomaremos nuestro avión.
—Está bien… debemos salir pronto, antes de que tu madre llegue de sorpresa.
—Sí.
Ambos salimos de la habitación y sin ningún problema llegamos a nuestro auto, nos
despedimos de los guardias que vimos y nos subimos al jeep negro.
Miré hacia la ventana durante todo el camino, pensando en Marco, en su esposa que
no conocí y como terminaron. Este ambiente era tragedia, si no nos cuidábamos uno de los
dos terminaría muerto y si era así, deseaba que fuera yo en vez de Alex. Yo no tenía práctica
en vivir sin el otro, él sí.
—Raúl tenía razón sobre ti –dijo de repente Alex, llamando mi atención. Lo miré.
— ¿De qué hablas? –nos detuvimos en un semáforo rojo.
—Cuando te lleve a casa por primera vez y él te vio, dijo que a pesar de tener tanta
experiencia sobre mis parejas y la Gobernación, no tendría idea de cómo me las iba a
arreglar contigo.
Fruncí el ceño, ese era un pésimo comentario.
—Dijo también que era un idiota, que yo no sabía que te buscaba aunque estuviera
haciéndolo.
— ¿Por me estás diciendo esto? No te entiendo.
—Porque sigues triste y quiero que entiendas algo. Aunque te haya encontrado muy
pequeña y no me agradaba que existieras en ese momento, la primera vez que te vi y crucé
palabra contigo, fue suficiente para que me atraparas ¿crees qué cuando conversé contigo
estaba pensando en gobernar?
Me crucé de brazos, no tenía deseos de escuchar más justificaciones para algo
inexcusable. Miré hacia mi izquierda, atenta a distraerme con los humanos que avanzaban
con sus paraguas.
—Solo te quería besar –siguió hablando –parecías tan asustada, pensando en la
posibilidad de que los vampiros existieran. Eras bastante rara, sin duda alguna ¿recuerdas
cuando nos besamos por primera vez? Oh… me tuve que controlar.
—Alex –lo interrumpí, molesta –basta con este tema ¿sí? no importa lo que haya
sucedido, tu tan solo evita ese tema que solo me da tristeza y no hay tiempo para las
emociones en este preciso momento ¿puedes? Tan solo evita el tema, quedará marcado a
fuego de por vida. No hay solución para eso.
Escondí mis manos en mis bolsillos tratando de hacer algo, menos mirar a Alex, si lo
hacía, me ablandaría.
— ¿En París hay algún Centro de Proveedores que pueda ser ilegal? –teníamos que
concentrarnos.
—No lo sé –respondió de inmediato Alex –tendría que averiguarlo, llegaremos pasada
las seis de la tarde, aun es temprano.
—Quizás podamos descubrir algo, entrando a un club, ya sabes.
—No, no haremos eso. Imposible ¿quieres qué te atrapen?
— ¿Y qué quieres hacer, Alex? ¿Ir y encontrar a ese tal Fréderic que quizás no esté
cerca de París?
Giró hacia los estacionamientos de la estación.
Lo mire enojada, seguía pensando que la mejor opción que teníamos, siendo que no
contábamos con el apoyo del Consejo ya que todo esto era en secreto porque mi vida corría
peligro, era unirme a Cristóbal. Hacerle creer que había ganado.
—No irás con Cristóbal, sácate esa idea de la cabeza –dijo Alex entregándome mi
bolso y cerrando la puerta trasera del jeep.
Lo miré sorprendida, por lo que tenía entendido él no podía leer mi mente.
—No debo ser un gran genio para darme cuenta que sigues pensando en esa
posibilidad. Entiende, no es la mejor opción, ni aunque lo fuera, no lo permitiría.
Comenzamos a caminar hacia la estación, usaríamos el tren de alta velocidad para
poder llegar a Paris, solo nos tomaría poco más de dos horas.
— ¿Qué? ¡Solo vamos a perder el tiempo a Paris!
— ¿Qué mujer puede decir eso? –me respondió con una sonrisa que solo termino
acabando con la minúscula parte de mi buen humor.
—Alex, esto no es un paseo.
—Lo sé –dijo acomodando su bolso sobre el hombro –pero es Paris, creo que es justo
tener en parte un viaje por placer ¿no?
—Wow… ¡Alto ahí! –me aferré a su brazo para que no avanzara otro paso más. Mire
hacia los lados, nadie nos observaba –dime qué has hecho con Alexander, ahora mismo,
lo quiero devuelta.
Bufó por mis palabras, lo que era aun más sorpréndete. Lo miré con los ojos muy
abiertos.
—Estas revoluciones nunca salen bien Victoria, debe saberlo –volvió a caminar, lo
tuve que seguir –si estoy metido personalmente en la búsqueda de Cristóbal es por tu
seguridad, sino hubiera dejado a otros hacerlo, hubiese sido solo una piedra en el zapato.
—Lo dice quien aun no lo atrapa.
Alex estaba subestimando a Cristóbal, sin duda alguna. O yo estaba quitándole merito
a Alexander.
— ¿Qué esperas encontrar en casa de Fréderic? –pregunté susurrando, cuando
estábamos entrando a la estación.
—Simple, encontrar pistas sobre donde se encuentra ese nido de lombrices en Paris,
de esa forma —dijo girándose, mirando hacia los lados –los haremos caer. Es de esa
manera como se acaba una revolución Victoria, tomas cada grupito, lo eliminas hasta que
su seguridad se va destrozando con ellos. Cristóbal no tendrá más guardianes a final de
mes o en dos semanas más, te lo aseguro.
Deje que comprara los boletos mientras pensaba en sus palabras. No me daban
tranquilidad, esa era la realidad, aunque no era debido a que fuera mentira o un pésimo
plan ya que no lo eran… sino que Alex hablaba de una forma extraña. Sin duda se había
enfrentado a situaciones como estas en el pasado. Me hacía pensar sobre cuán mal
estaban los rebeldes realmente.
—Vamos.
Tomó mi mano y nos dirigimos a nuestro tren.
Con este horario y por este día, no había mucha gente cuando nos sentamos. Nos
quedamos mirando frente a frente mientras los demás arreglaban su equipaje. Nadie nos
acompañó, lo que fue preciso ya que no estábamos en un ambiente agradable.
Cogí mi bolso más pequeño y saqué de ahí la carpeta de cuero que había sustraído
del escritorio de Alexander. Luego los archivos que robamos en casa de Cathal y comencé
a verificar los nombres de aquellos que estaban en esos registros de Alex.
— ¿Qué haces? –dijo él, dejando mi bolso en el suelo, entre los dos ya que se cambió
de asiento. A mi lado.
—Busco traidores, no me cabe duda de que Cathal tiene a varios que están en tu
contra. Incluso he comenzado a dudar sobre William ¿sabes? –puse atención en los
nombres, sintiendo como Alex me observaba.
—Deja eso ahí –susurró en mi oído. Lo miré de nuevo sorprendida. Alex se distaría
mucho conmigo a su lado –debes aprender un par de cosas.
— ¿De qué estás hablando?
—No es una tontería lo que digo, me refiero a que no puedes eliminar a todos tus
enemigos porque a veces tienen puestos importantes. Es como si descubriéramos que
William es un traidor ¿crees qué lo eliminarían los demás integrantes del Consejo? Él fue
Gobernador siglos atrás –me removí sobre el cómodo asiento ya que todas esas palabras
las susurró en mi oído. Me alejé un poco.
— ¿No? –Respondí confundida — ¿y por qué a mí si pueden matarme? –dije muy
bajito, solo para que los dos escucháramos.
No me respondió, tan solo me dio una mirada que lo dijo todo. Era obvio, yo había
convertido a otro en Gobernador, eso bastaba para merecer la pena de muerte.
—Ya veo –apoyé mi cabeza en el respaldo. El tren comenzaba a moverse.
Nunca había pensando en el hecho de morir, quiero decir, claro, hace más de un año
era parte de la vida, pero ahora morir… siendo un vampiro, no era nada natural. Era
terrorífico porque la lógica solo me hacía pensar que sería de una pésima forma, no de un
infarto, ni causa natural... sino que podrían cortar mi cabeza, torturarme días bajo el sol,
dejarme sin una gota para beber.
—Ey… —sentí la mano de Alex sobre la mía. Lo miré asustada –todo saldrá bien,
después nos reiremos de esto, de cómo quisiste desaprovechar Paris.
Entrelacé mis dedos en los suyos. No dudaba que la misma Elizabeth acabaría
conmigo por venganza, ella ahora confiaba en mí sin pestañar. La había traicionado al no
decirle la verdad. Quizás hasta Raúl tuviera problemas por mi culpa.
—Eres tan antiguo… tantos años en la tierra, Alex.
—No por eso sé todas las respuestas.
—Eres la prueba viviente de ello, todos lo sabemos –sonreí, al igual que él — ¿estás
tan distraído porque quieres pasar tiempo conmigo por si… bueno, ya sabes, no
encontramos a Cristóbal y me eliminan?
—No digas eso, claro que no. Nada malo te ocurrirá, estás muy tensa, hay mucha
gente detrás de esto, no solo nosotros buscamos a Cristóbal.
— ¿Qué?
—Ya sabes, tengo conocidos en diferentes especies, como sea, es mejor que
disfrutemos del viaje. No es el lugar ni momento para conversar esto. Te dejaré tranquila
para que sigas con lo tuyo ¿sí?
Me aferré a su mano y después guardé las carpetas. Lo miré asustada, no quería
revisar más nada.
— ¿Quieres disfrutar del viaje? –preguntó al ver mis movimientos.
—Si –dije apoyándome contra él, mirando nuestras manos. Sus brazos me rodearon
y poco me faltó para quedar sentada sobre Alex.
—Quiero llevarte a cierto lugar luego de visitar Paris. Nos tomaría uno o dos días –
me removí inquieta.
— ¿No crees qué es mucho tiempo? –sus brazos me presionaron con más fuerza.
—Él no puede hacer nada sin ti, debes tener eso claro en tu cabeza. Volverá a
aparecer cuando menos lo pienses y te dará la opción de ir con él, Victoria –apoyó mis
manos sobre las suyas –y tú no cometerás ninguna locura ¿entendido? No voy a dejar que
te vayas con él, acabaré con Cristóbal de alguna forma, ya verás.
No me gustaba esto ni un poco, no le encontraba lógica a su forma de actuar tan
pasiva. Algo no estaba bien.
— ¿Victoria? –susurró contra mi oído, esperando una respuesta.
—Sí, entendido, no iré detrás de él.
No podía hacerlo, sabía muy bien que si llegaba a arriesgarme de esa forma jamás
volviera a tener al perdón de Alex, además ¿él era un experto en esto, cierto? Ya me había
advertido sobre Cristóbal en el pasado y no lo había escuchado, bueno, ahora tan solo
debería dejar de pensar y acatar sus condiciones, como él lo había hecho conmigo… en
ciertos aspectos.
En el resto del viaje hablamos sobre tener que mudarnos a Londres, por lo visto eso
no se podría evitar por mucho tiempo más. Esa ciudad era la capital de todos los vampiros
y aunque no era mi preferida, no podía hacer nada sobre ello.
Escuchar hablar de esa forma a Alex tan solo me confirmó que sus ideas de dejar la
gobernación, fueron pasajeras.
—Puedes inscribirte en alguna universidad de la ciudad –me trató de animar, pero era
inútil.
—Da lo mismo –estaba bloqueando toda esa parte de mi vida porque sabía que
traería problemas hablar de ello.
No quería mudarme porque a pesar de no ver a mi familia, me agradaba el hecho de
saber que los tenía cerca. No deseaba retirarme de donde ya me había matriculado y
definitivamente no aceptaba el hecho de ser gobernadora, pero bueno, todo este tiempo
junto a Alex me ha enseñado una cosa: Él jamás dejaría de ser el Gobernador de los
vampiros.
—La más feliz con esto será Elizabeth –dijo susurrando. Me tensé y me separé de él,
sentándome en mi puesto definitivamente.
—Sí, supongo –dije mirando hacia la ventana. No tenía derecho a reclamar, había
convertido a un enemigo de Alex en Gobernador temporal. Este era mi castigo a pagar.
—Ey… de todas formas podemos viajar siempre que quieras.
—Claro, no hay problema –no lo miré.
—Victoria… con el tiempo te darás cuenta que no es el gran cambio. Todo el mundo
comienza a pasar por tu lado.
Lo miré triste, no podía evitar aun tener recuerdos y lazos con mi antigua vida,
tampoco había pasado mucho tiempo desde que me uní a Alex, desde que nos trataron de
matar y desde que tuve que dejar mi familia y todo por él. Supongo que eso debería
ayudarme a sobrellevar todo, saber que el mundo pasaría por mi lado y no importaría ya
que ahora era inmortal y tener a Alex a mi lado le daba sentido a todo esto.
—Entiendo –aclaré, aun sin girarme hacia él. No estaba mirando nada ya que
seguíamos bajo el túnel, gracias al cielo faltaba poco para llegar a la superficie.
—No te preocupes, nada volverá a ser como antes, no te volveré a dejar sola Victoria
–lo miré curiosa –por eso nos mudaremos, todo se arreglará más rápido y podremos estar
juntos.
—Hablemos del presente por ahora ¿sí? –ya que mi cabeza estaba en manos del
Consejo y eso que aun no se enteraban de toda la verdad.
Estaba cansada.
Alexander me miró unos segundos sin decir nada, no tenía idea lo que estaba
cruzando por su cabeza, pero finalmente asintió.
No hablamos nada más hasta que volvimos a ver la luz y nos faltaron solo minutos
para poder llegar a la estación de Paris.
Pese a que el ambiente entre nosotros no era el mejor, no solté su mano en todo
momento mientras bajábamos con nuestros bolsos y nos dirigíamos a donde Alex creyera
correcto, ya que desde la muerte de Marco y la aparición de Cristóbal, había perdido el
poder.
— ¿Sabes? Algo así debimos haber hecho en nuestra luna de miel, recorrer todos
estos lugares tomados de las manos, sin pensar nada más que en tener sexo desenfrenado
por todas partes –dije antes de que entráramos ha arrendar un auto.
—Podríamos aprovechar esos baños de ahí –lo miré y no pude evitar reír ante su
pésima idea.
— ¡Iug!…Alex, ese no es un lugar excitante, menos con nuestro súper olfato.
Ni siquiera pude entrar al local por la risa que me atrapó. Para cuando Alex regresó
aun quedaban vestigio de mi risa.
—Me agrada verte así –dijo besándome, sin más, al frente de toda la gente. Lo miré
sorprendida, él no tenía esos gestos en público.
—Lo siento si mi humor no ayuda, estoy cansada y después de esto pediré
vacaciones. Que mi existencia este a la deriva no es muy agradable –tomé su mano.
—Deberás aprender a tranquilizarte, estar asustada o estresada no ayuda en nada,
ya verás que no será la primera ni la última vez que tengamos problemas así de graves.
—Es cierto –dije asintiendo, recordando lo sucedido con Charlotte.
—Soy lo bastante fuerte para protegerte, así que no tengas miedo, no voy a permitir
que te hagan daño.
Lo miré asustada, esto comenzaba a ganarme y estaba a punto de caer en un colapso
nervioso, el mismo que evite en nuestra casa, sería mi turno de caer.
Nos dirigimos al auto, para mi sorpresa había arrendado un jeep negro, un igual al
que usamos en Londres.
—Un poco de estabilidad, por lo menos el mismo auto –dijo sonriendo.
Estábamos prontos para salir a las calles de Paris cuando la puerta de atrás se abrió
con el Jeep andando y se subió una sofisticada rubia, sonriendo y mirándonos con altanería.
—Buenas tardes, Gobernadora. Alex, simple vampiro como todos nosotros –dijo Lina
vestida por primera vez casual, tan solo con unos jeans, una camiseta violeta con
estampados negros y una casaca de cuero negra. Llevaba su cabello rubio corto más
desordenado de lo habitual y nos miraba con esos ojos negros sospechosos.
—Siempre es un gusto –murmuré enojada por tenerla tan cerca –que maravillosa
forma de entrar.
— ¿No lo crees? –Respondió ella, sonriendo –parece que tengo mayor habilidad para
abrir y cerrar puertas, sin necesidad de estampar a otra persona al hacerlo.
Miré hacia adelante al recordar cuando salió disparada al jardín cuando le estampe
la puerta en la cara con mis pies.
Alexander en cambio sacó algo de su bolsillo y se lo entregó a Lina. Era el celular de
la amiga de Cristóbal.
—Aquí tienes, si puedes hacer algo con el estaré agradecido –ella lo tomó y lo guardó.
—Ustedes dos no deberían estar recorriendo Europa como si fuera el patio de su
casa, créeme, al Consejo no le falta mucho para descubrirlos. Tu madre me preguntó por ti
Alex.
Puse atención hacia la ventana, pero escuchaba la conversación, sin opinar nada.
— ¿Y qué has dicho?
—Que estabas detrás de Cristóbal, agradece que no dije que era el nuevo
Gobernador, ya que no le debo nada a tu simpática esposa pero te he cuidado las espaldas
por mucho tiempo como para hacerte caer por culpa de ella –tensé mi mordida ante sus
palabras, no podía debatirle nada, además no deseaba recaer más con Lina.
Miré a Alexander y por su expresión pude notar que volvía a ser el Gobernador de
siempre. No habría creído que hacía unos minutos atrás estaba sonriendo.
— ¿Por qué los miembros del Consejo están sospechando? ¿Qué saben?
— ¿Qué saben? Está todo dando vueltas sin sentido Alex, William y Tessa han
desaparecido, nadie sabe si están vivos o muertos, no los encuentran.
Oh… estaban vivos, sin duda alguna, pero escondidos.
—Tú no tienes porque entrometerte en esos temas –le aclaró Alex –esa información
es confidencial de los Consejeros y nosotros. Ahora dime ¿Cuál es tu nueva misión? Supe
que ya no estarás detrás de mí.
Lina bufó y se apoyo por completo en el asiento trasero, justo para cuando Alex
frenaba ante un semáforo.
—Encontrar a la gallina de los huevos de oro. Empezaré por los licántropos, me deben
una, esto se ha vuelto personal –miré a Lina por el espejo retrovisor. Ella estaba atenta
mirando hacia la ventana, pensativa. Supongo que de todas formas le importaba Marco.
—Buena suerte con esto –respondió Alexander de forma relajada.
— ¿Cómo van ustedes con la búsqueda? ¿Nada bueno?
—Nada, ahora vamos por una pista pero es sobre Marco, quizás te interese, su
nombre es Fréderic LeBlanc.
— ¿Qué vas a hacer con él?
—Matarlo después de interrogarlo –pude escuchar como Lina reía bajito, que
desagradable.
—Estás usando técnicas no permitidas, Alexander, castigando sin juicio. Aunque no
me sorprende, tu trabajo es más sucio que limpio ¿no es así, Victoria?
—Como sea –respondí tensa.
Alexander le estaba mintiendo a Lina, no sabía el motivo ya que ella debía ser de su
confianza, sin embargo, lo estaba haciendo, escondiendo información y transformando la
realidad. Ni siquiera ella sospechaba de la actitud de Alex, si yo no supiera la verdad
también caería en el juego, creyendo en sus palabras.
—Les tengo noticias –dijo ella acercándose a nosotros, no la miré, pensaba que si
nuestros ojos se cruzaban ella descubriría toda la verdad. Sobre nuestro encuentro con
Cristóbal, su proposición, todo –Es sobre mi nuevo objetivo: Alanna y Aníbal.
— ¿Qué? –dije girando hacia ella.
—No vas a creer quienes son los nuevos traidores, están en Ucrania, fue bastante
fácil encontrarlos, pero debo localizar ese grupo de Rebeldes, tan solo tengo imágenes de
ellos en una ciudad cercana… haré explotar ese lugar cuando los encuentre, estoy segura
de que ellos están involucrados también en la muerte de Marco, por lo menos podre liberar
un poco de venganza en ese lugar.
Me quede con la boca abierta.
—Excelente idea –aclaró Alex. Lo mire sin poder creer en sus palabras ¡ellos no
tenían por qué morir! ¿En qué estaba pensando? –Marco nos informó sobre aquella traición,
Victoria tenía esperanzas de que fuera una farsa.
—Lamento decir que son ellos –aceptó Lina con una sonrisa que cualquiera
encontraría dulce, yo deseaba golpearla –déjame en la siguiente esquina Alex.
A medida que frenaba el jeep mi desconcierto era mayor.
—Y Victoria, un error más y mi boca vomitará todo lo que sé ¿entendido? –dijo antes
de salir y cerrar la puerta de un golpe.
Alexander aceleró.
Lo quedé mirando, esperando una explicación a sus palabras.
— ¿Qué? –preguntó mientras seguía manejando.
—Bueno, no sé… quizás esté un poco sorprendida ¡porque le dijiste a Lina que
matara a Aníbal!
—Cuanto menos personas sepan de que están infiltrados, mejor. Si es que sirven de
algo, personalmente no los habría enviado –no podía creer lo que estaba diciendo.
—No puedo avisarles que Lina planea explotar el lugar cuando lo encuentre.
—No debes tampoco, ellos tendrán que ser más astutos, comenzar a buscar
conexiones más importantes. Si son buenos entre las líneas enemigas ya deberían ir
camino a algún encuentro con Cristóbal.
— ¿Y si no es así? ¿Qué pasa si aun siguen en ese lugar? –Alex se encogió de
hombros.
—Debes aprender que los demás no son imprescindibles, si no mueren hoy, pueden
morir mañana… estamos en una situación privilegiada pero para los demás vampiros, no
es tan fácil.
— ¡Por los Rebeldes! –Conteste enojada con él –porque ellos están en tu contra,
porque mágicamente se han unido licántropos y cazadores de vampiros ¿Por qué crees
que ha sucedido eso Alexander?
Hacía días que no me alteraba en serio, estaba furiosa. Alex no tenía consideración
por nadie.
—Es porque quieren tener la libertad de hacer lo que se les antoje, lo que no
corresponde.
— ¡No! –Lo acusé molesta –es porque han delimitado las ciudades más importantes
del mundo para los vampiros, es porque has sido un mal Gobernador y te has aprovechado
de tu puesto, es por eso que han creado esta agrupación de rebeldes.
Me enderecé y miré hacia adelante. Simplemente había dicho lo que pensaba, esto
no podía ser tan simple como los malos vs los buenos. Iba más allá y estaba conociendo
bastante mejor al Gobernador que tenía a mi lado, que no tenia escrúpulos cuando algo se
interponía en su camino.
Alexander había sido capaz de volver a sufrir la pérdida de su pareja por quedarse
con su cargo, estaba cegado por el poder. Era cierto, él me amaba, pero había dado el
primer paso en mi búsqueda solo porque deseaba seguir siendo Gobernador, habría
preferido quedarse con ese dolor de perder a su alma gemela nuevamente por seguir con
el poder.
— ¿De qué lado estas? –dijo de manera fría, sin rastros de mi Alex. Ahora solo era
un vampiro frio y letal como muy pocas veces lo había visto.
—Estoy del lado que yo cree justo –lo miré por unos segundos, ya que no podía evitar
que me intimidara. No me asustaba, pero me costaba mucho ir en su contra sobre un tema
tan delicado como este –no fui criada como tu ¿sabes?
— ¿De qué estás hablando, Victoria? –pude notar como presionaba más fuerte el
volante.
—Me refiero a que no entiendo el motivo o justificación para que los licántropos no
tengan Centros Proveedores como tampoco para que vivan en países extremos a diferencia
de los que ustedes tienen.
—Tenemos, tu también eres vampiro y por lo visto se te está olvidando más seguido
de los normal ¿no crees? Y si los licántropos tienen esos sectores o países es debido a que
nosotros les ganamos porque son seres inferiores.
Sonreí, era exactamente ahí el problema. Alexander no era nadie para decir si los
licántropos o vampiros eran mejores ¿Qué sucedía con las otras especies? ¿Ni siquiera
tenían voz o voto?
— ¿Y qué hay de los humanos? Más de una vez dijiste que también eran seres
inferiores.
—Lo son, tenemos cargos de poder entre ellos, los manejamos y no se dan cuenta,
pero nos superan en número.
Respondió tan rápido y seguro que no había duda sobre su forma de pensar.
—Eres malvado ¿no? esa es la razón de todo esto –lo miré sorprendida, mis
sospechas sobre su forma de actuar cada vez eran más reales.
Alexander no me respondió de inmediato, buscó un lugar para estacionar el jeep y
me quedo mirando enojado. Estábamos solos.
— ¿Qué quieres? –Me preguntó –deberías bajarte, buscar una hostal y dejarme
arreglar lo que tu arruinaste porque te recuerdo que no fui yo quien convirtió a Cristóbal.
—Oh Alex, eso solo es una parte de todo el problema ¿no es así? –su mordida estaba
tensa.
—Lo que sucede es que estas creyendo más en ese bastardo que en mí.
Me quede unos segundos en silencio, observando su expresión. Estaba tan serio.
Ese no era el Alex que yo conocía, el mío me susurraba al oído cosas que solo los dos
entendíamos y me amaba, sin embargo, Alex no amaba a nadie más, es por ello que la
cara que estaba viendo en este preciso segundo, era el rostro que todo vampiro, licántropo,
hada o lo que sea, había visto y conocía.
—No creo en las palabras de Cristóbal, sino más bien creo en las tuyas y en tu forma
de actuar, que ha sido un tanto desilusionante ¿Piensas qué le creí cuando me dijo sobre
tus primeras intenciones conmigo? no lo hice, pero tuve que mirar tu expresión para
confirmarlas.
— ¿Qué tiene que ver eso? Yo te amo, no sé cómo quieres que te lo demuestre.
—No hablo de eso –dije enojada –estoy hablando sobre tus palabras y como apoyas
la posible muerte de Aníbal y Alanna, quienes están ahí ayudándonos.
—De eso no estás segura, es una suposición, ellos pueden ser realmente traidores.
Además debes aprender a que no todos tus amigos se quedaran a tu lado.
— ¡Claro que lo sé! Recuerda que Javier murió ¡ah, Alex! –dije dándole un golpe en
su pecho con mi puño, me estresaba.
Ni siquiera se movió, no le dolió. Odiaba que fuera tan testarudo y fuerte.
—Este es un nuevo nivel en nuestra relación –dijo Alex, con su ceño fruncido, sin
dejar de mirarme. Yo estaba atenta a la calle, avergonzada –golpear al otro ¿Qué harás
cuando haga lo mismo?
—Oh, no exageres, mi puño no te hace ni siquiera cosquillas.
—Creo que lo mejor es que busques un lugar, luego me envíes la dirección. Iré tras
Fréderic, solo –sonreí burlona ante sus palabras.
—No iras a ningún lado solo, quiero ver a ese vampiro con mis propios ojos y
escuchar lo que dice en vivo, no lo que tu llegues diciendo –me crucé de brazos y lo miré
decidida. No iba a salir de aquí –además fui yo quien me di cuenta de ese vampiro y su
conexión con los rebeldes.
—Muy bien –dijo asintiendo, con suficiencia, como si supiera que todo esto iba a salir
mal.
— ¡Vamos a buscar a Fréderic LeBlanc!
Aceleró de forma brusca y manejó como un loco, si no fuera porque sabía que si
chocábamos nada nos pasaba, ya me habría bajado del jeep.
Estaba atardeciendo y por lo visto Alexander conocía la ciudad como la palma de su
mano, recorrió las calles sin dudar y no había pasado una hora cuando llegamos al frente
de una vieja casona, alejada del centro de la ciudad. Era antigua y estaba conjunta a otras
casas del mismo estilo, una color verde, otra roja y la tercera azul. Nuestro objetivo estaba
en la roja.
Para mi sorpresa, ya que Alex no me dijo palabra alguna, solo se giró y sacó unas
armas, me entregó una pistola que dejo en mi regazo y después abrió la puerta.
—No te vayas a disparar, son balas de plata –dijo para después dar un portazo.
Estaba furioso.
Salí del jeep corriendo detrás de él, lo que iba a hacer no correspondía, Lina había
dicho que no era correcto hacer esto a la manera de Alex. Todos debían tener un juicio
¡Charlotte había tenido uno! sin embargo no pude alcanzarlo, él simplemente cruzó la calle,
abrió la puerta sin ningún tipo de consideración.
Antes que pudiera cruzar el umbral escuché varios disparos y todos salieron del arma
de Alex.
CAPÍTULO 10
Atravesé la puerta y observé que había un largo pasillo de madera color crema con
fotos enmarcadas en la pared. Una gran escalera estaba a mi costado y que aun era
alcanzaba por la luz del atardecer que entraba por las ventanas traseras. Caminé hasta la
primera puerta a mi derecha, pude ver como una mujer se revolcaba en el suelo
cubriéndose su estómago, buscando la bala que Alexander había atravesado al dispararle.
Era una vampiro.
No podía ayudarla, debía verificar los daños de Alex antes.
Avance más allá con el arma casi colgando de mi mano, parecía una autómata
recorriendo el lugar, entrando cada vez en esas habitaciones, a la oscuridad que
comenzaba a apoderarse de esta casa.
Subí las escaleras después de verificar el primer piso, necesitaba ver si había más
heridos, ni siquiera era capaz de concentrarme para escuchar los pasos o voz de Alex, me
había vuelto una inútil humana.
Llegué a otra habitación que se encontraba en el segundo piso. Había dos personas
en el suelo. Cubrí mi boca al ver que sangre roja recorría sus frentes, estaban muertos.
Eran humanos.
Corrí hasta donde se podía encontrar Alex y me quede helada al ver como tenia a
Fréderic. Estaba inmovilizado, Alex apoyaba su rodilla en la espalda de él y justo cuando
abrí la puerta le disparo en la pierna.
Fréderic LeBlanc, de unos cuarenta años, incluso un poco calvo, estaba vestido con
ropas holgadas, oscuras. Se removía bajo el agarre de Alexander.
El hombre dio un alarido que casi provoca que mi piel se erizara al recibir el impacto
de la bala, lo que era imposible. Pude ver como su extremidad era carcomida por la plata
que se estaba derritiendo, como si fuera una bacteria devora carne ¡¿Qué arma era esa?!
— ¿Dónde está Cristóbal? –preguntó como si estuviera bebiendo una taza de té y
conversando con su mejor amigo.
— ¡No sé de qué hablas, bastardo! –le gritó a Alex. Nunca había visto a un vampiro
comportarse así con el Gobernador.
— ¡Tu sabes quién mató a Marco! Dime donde está el centro de rebeldes en esta
ciudad.
Pude escuchar como las vertebras de su columna se quebraban por la presión que
ejercía Alexander. Cerré mis ojos cuando Fréderic volvió a gritar, aunque mejor hubiera sido
tapar mis oídos. De todas formas nada servía ya que mis sentidos habían vuelto a la
normalidad.
Esta no era la forma, no era correcto torturar a alguien, no importa lo que hubiera
hecho.
—Basta, Alex –susurré mirándolo aterrada. Sabía que él había hecho cosas horribles,
pero de ahí a verlo era algo diferente. El arma cayó de mi mano.
— ¡Responde de una buena vez! –gritó presionando de nuevo su espalda, haciendo
gritar al vampiro.
Mi corazón se destrozó al ver los ojos de ese hombre, oscuros como los míos o los
de Alex, pidiendo misericordia con su mirada.
—Lo próximo que haré será arrancarte el brazo –dijo Alex, muy cerca de Fréderic –y
sabes que no somos tan buenos regenerándonos ¿cierto? –una cosa era sanar rápido y
otra cosa muy diferente era perder las extremidades.
Di un paso hacia atrás, en shock, no podía creer lo que estaba viendo. Mi Alex no
hacía esto en mi mente ¿con quién me había casado? ¿A quién le había entregado mi vida?
—Alexander –dije un poco más alto, llamado su atención.
Cuando levanto su cabeza y me vio, fue como si estuviese despertando de un sueño,
incluso sus ojos cambiaron por un par de segundos, pero solo tensó su mordida y se volvió
a concentrar en Fréderic.
—Sabes que no amenazo para asustar, sino para obtener algo a cambio ¿Eres zurdo
o diestro? Quizás perder tu brazo izquierdo no te traiga muchos problemas.
— ¡No, por favor, no!... Señora Victoria, por favor, ayúdeme –mi mentón comenzó a
temblar ante sus ruegos –usted sabe que esto está mal.
— ¡Silencio! –le gritó Alex y presionó tanto el rostro de aquel vampiro al darle un
puñetazo que su mejilla se deformó por unos segundos hasta que volvió a su normalidad,
moviéndose de forma extraña –dime de una buena vez donde están.
Su tono volvió a ser más bajo, pero dejó su arma a un lado para tener su mano libre,
de esa forma pudo apoderarse del hombro de Fréderic, amenazándolo con quitarle el brazo.
—Dile, por favor –susurré mirando al hombre que estaba en el suelo.
Por una extraña razón él me quedó mirando unos segundos y después asintió.
—No sé, yo solo di el aviso a uno de los rebeldes para que informara a los licántropos.
Fréderic apoyó su frente contra el piso de madera, cansado. Miré alrededor, notando
que esta era la habitación matrimonial. La casa no era lujosa o costosa como los hogares
de vampiros que había visto, este lugar era normal, como toda casa de una familia humana
que trabajaba.
—Entonces tendrás que darnos algo a cambio, de esa forma podrás conservar tu
brazo izquierdo, será difícil dar cambio con un brazo menos ¿cierto?
Dios… ¿Quién era ese vampiro que hablaba de forma tan cruel?
—En el escritorio, en la otra habitación, tercer cajón a la derecha –ambos me miraron
y supe que debía ser yo quien fuera a buscar lo que estaba guardado ahí.
No me apresuré, fui a paso lento porque no podía hacer conexión en mis neuronas
para correr como una vampiro. Entré a la habitación y me di cuenta que era la sala de
estudio u oficina que Fréderic tenía.
Busqué en el cajón que me había indicado y encontré varios papeles, rebusqué en
todos hasta que encontré un mapa, habían marcados puntos rojos cada ciertos países. No
me costó observar que Ucrania tenía uno, Italia otro, Inglaterra también estaba unido…
había rebeldes en todas partes. Tomé la libreta negra que estaba bajo el mapa y me di
cuenta que estaba repleto de datos sobre los integrantes, direcciones según sus
agrupaciones. Por instinto la escondí en mi espalda, en mi pantalón. Con el mapa Alexander
se conformaría.
Antes de salir de la habitación vi como un sobre blanco tenía mi nombre. Lo tomé
antes de leerlo, guardándolo en el bolsillo de mi casaca. Me tensé al escuchar como a lo
lejos se escuchaban las sirenas de la policía.
—Bien, encontré esto –dije mirando a Alex –es un mapa con todos los países donde
se encuentran los rebeldes, incluso hay marcadas ciudades. No hay nada más.
Fréderic me miró sin decir nada, sabía que había encontrado aquella libreta y el sobre.
Sabía lo que estaba pasando por mi mente en este preciso momento. Sin que Alex lo notara
él cerró sus ojos y asintió, como si estuviera dándome el saludo oficial que se les entrega
a los Gobernadores.
—Muy bien –dijo Alex, tomando el arma –si no estuvieras involucrado con la muerte
de mi único amigo, puede que te haya dejado vivir.
Antes que pudiera detenerlo Alex le dio un disparo en la cabeza y después de forma
brusca la separó del cuerpo de Fréderic, decapitándolo.
No era un vampiro antiguo, no se volvió en cenizas como lo hizo Cathal o Marco. Se
quedó ahí, como lo había hecho Javier. Secretando aquella sangre oscura que teníamos.
—Vamos.
No me podía mover, Alex me tuvo que tomar del brazo, recoger mi arma y
prácticamente llevarme a volandas fuera de la casa. Me subió al jeep y después entró él,
acelerando y escapando del lugar.
No había matado a la mujer vampiro y sabía muy bien su fundamento. Quería testigos
que hicieran correr el rumor de lo que Alexander Lenardis había hecho. Prácticamente
podía sentir como su ego crecía.
Ninguno dijo nada, no tenía idea a donde nos dirigíamos, supuestamente él deseaba
pasar un tiempo en otro lugar, una sorpresa. Yo necesitaba estar a kilómetros de él, pero
sabía que era inútil, no porque me detuviera, sino porque pasaría más tiempo preocupada
por lo que podría hacer.
Volvimos a la estación, Alex fue por unos boletos con destino desconocido y volvió,
sin decir nada me indicó que lo siguiera. Lo hice sin dudar, sintiendo como esa libreta se
removía en mi espalda y como ese sobre ardía en mi bolsillo. Le estaba mintiendo de nuevo,
pero no podía decirle lo que había encontrado. No aun.
Esta vez teníamos boletos de primera clase, pude ver que el tren decía Alemania. No
entendía nada pero no pregunte. Nos sentamos uno al frente del otro, pero no era capaz
de mirarlo, iba a abrazada a mi bolso, poniendo atención hacia afuera, en como todos los
humanos pasaban, riendo, conversando, tomado de las manos, con sus hijos, con sus
madres… ninguno de ellos había torturado a alguien como Alexander lo había hecho.
El tren comenzó a moverse y supe que jamás sacaría de mi mente los ojos oscuros
de ese hombre que ahora estaba muerto.
Estábamos solos en el lugar, las puertas nos protegían ya que nos daban privacidad,
pero era primera vez que no sabía que decirle. Me atreví a mirarlo después varios kilómetros
recorridos.
—Sé lo que estás pensando, crees que soy un monstruo –sus ojos habían vuelto a la
normalidad y con ello me refiero a que no estaban llenos de odio –y probablemente ahora
tus ideas de que soy un tirano han crecido al doble ¿me equivoco? Debo recordarte que
ese vampiro era un traidor, culpable de la muerte de Marco.
Claro, Marco… su vampiro amigo ¿Qué cosas habrá hecho él también? Quizás su
muerte fue justa por todo el daño que provocó en el pasado. Alex había hablado de eso
antes.
— ¿Ahora me harás la ley del hielo? Creo que estamos mayores para esos juegos.
Estaba sorprendida que mi mentón no comenzara a temblar. Era como si todas mis
emociones hubieran quedado embotelladas, correctamente guardadas porque no era
momento para dejarlas salir.
— ¿Victoria? –abracé el bolso, otro poco –dime algo, por favor.
—No eres un monstruo –susurré, sin dejar de mirarlo –pero me convertiste en uno al
hacer que te amara.
No fueron muchas palabras pero bastaron para que comprendiera cómo me sentía.
Ese era el problema, me sentía mal porque yo sabía desde un comienzo, aunque fuera una
pequeña parte, que Alex había hecho atrocidades, pero estaba ciega, tanto como él lo
estaba por el poder. Y aunque supiera todo de él, seguía amándolo. Sin embargo, eso no
significaba que apoyara su forma de actuar.
—Hay cosas que se deben arreglar rápido. Eliminar al enemigo y salir con lo que
buscas. Ahora tenemos ese mapa, gracias a ti y además la muerte de Marco esta vengada
de cierta forma.
Deje mi bolso a un lado, impresionada por la forma de actuar que tenía Alex. Yo no
deseaba tenerlo a mi lado si se comportaría así para siempre.
— ¿Qué harás ahora con ese mapa? Tiene las ciudades marcadas.
—Voy a enviar esto a Londres y se encargaran de volar esos centros –tensé mi
mordida.
—Pero solo traerá más sangre y sed de venganza hacia a ti –incluso se expondrá
más al odio de sus enemigos.
—Son sacrificios que se deben realizar.
Instaló la pequeña mesa entre nosotros y después sacó el mapa de su bolsillo, lo
expandió sobre el plástico y comenzó a observar las diferentes ciudades que estaban
marcadas.
No supe cómo me atreví, ya que seguía bajo la conmoción de sus acciones hacia
Fréderic, pero la imagen de su mirada, de la confianza que me entregó sabiendo que yo
era la pareja de Alex, fue lo que me hizo actuar.
Con rapidez tomé el mapa de la mesa y lo rompí en diferentes pedacitos, al frente de
la mirada de aquel vampiro que estaba inexpresivo. ¿Sería capaz de eliminarme como lo
hizo con Fréderic?
—Victoria.
—No –dije levantando mi mano para que se callara –no seguirás haciéndole daño a
los demás como si fuera un deporte. Eres uno conmigo y otro siendo Gobernador, yo no
aspiro a eso. Desde ahora quiero que sepas que no dejaré que vuelvas a tomar ese cargo
¿entendido?
Fue el turno de Alex para quedar en shock, claramente no esperaba que hiciera trizas
el mapa. No encontraba que fuera una gran ayuda en comparación a la libreta que poseía
aun en mi pantalón, pero eso Alex no lo sabía.
Hice mis manos puños cuando él se puso de pie y de un solo movimiento sacó la
mesa desplegable del tren y la lanzó contra la pared. Gracias al destino que estábamos
solos.
— ¿Qué? –dije sin retroceder, observando de frente la expresión enfurecida de Alex.
— ¿Cómo… has podido… tu? –estaba tan tensa, pero no baje la miríada. Esperaba
que él comenzara a hablar de forma coherente — ¿Qué estas tratando de hacer? ¿Ayudar
a Cristóbal? ¿De eso se ha tratado todo este tiempo?
—Calla de una buena vez –dije sentándome de nuevo, me costaba seguir
manteniendo el coraje que sentía, no podía sacar de mi cabeza a Alex torturando a ese
hombre –esto no seguirá de la manera que tu quieres, no harás explotar nada ni seguirás
torturando a los demás. Alex, ni siquiera deseo averiguar cómo eres realmente.
— ¿De qué estás hablando? No tenemos tiempo para esto –dijo ahora mirando la
mesa, el mapa destrozado — ¡mierda! –se sentó de un solo movimiento y volvió a mirarme
enojado.
—Esto es mi culpa –susurré, tratando de contener mi frustración –por nunca investigar
tus métodos.
—No tienes idea de lo qué estás hablando, no estás preparada para manejar este tipo
de problemas. Debiste quedarte en la mansión, tranquila con Ezequiel.
—Muy conveniente para ti ¿no crees? –dije molesta, esa siempre era su forma de
actuar, así me mantenía alejada de lo que hacía –por eso nunca querías que supiera nada
¿Cuántas personas has matado?
— ¡Son vampiros traidores! Claro que los eliminaré si es necesario. No soy un asesino
en serie para que me mires de esa forma –cubrí mi boca por su palabras, sorprendida…
esto me superaba.
—Alex calla, no hables de esa forma ¿no te das cuenta? Mataste a dos humanos en
esa casa.
—Eran proveedores ilegales, Fréderic no tenía los recursos para tener humanos
permanentemente, los tenía secuestrados. Tuve que eliminarlos, ya sabían más de la
cuenta.
—Yo sé más de la cuenta ¿también me vas a eliminar?
Cerró sus ojos, negando por mis palabras.
—No digas tonterías, Victoria –solo tuve que recordar cómo le disparo a sangre fría a
aquel hombre para después decapitarlo.
—Dijiste antes que acabaste con una de tus parejas –él me miró sorprendido,
entendiendo a qué me refería con esas palabras. Él podía eliminarme.
—No… ¿Cómo puedes pensar eso? Nunca, ni siquiera la noté… yo jamás haría eso,
fue un accidente y te lo dije pensando que entenderías.
— ¿Jamás? Acabas de torturar a un hombre, quieres asesinar a todos quienes estén
involucrados con los rebeldes y ¿esperas qué te crea?
Ni siquiera entendía como podía seguir hablando, estaba guardando todas mis
emociones de ir hacia él y decirle como se había vuelto en un desconocido.
— ¿A dónde vamos? Es mejor que me lo digas ahora mismo –dije cruzándome de
brazos. Tenía a un extraño ante mis ojos.
—Debemos tomar otros trenes, vamos a Siracusa, Italia –hice chistar mi lengua
molesta.
— ¿A qué? Solo estás intentando distraerme ¿crees qué no me he dado cuenta, Alex?
—Te prometí que te haría recordar, que te mostraría lo especial que eres para mí.
Tensé mi mordida, no podía soportar esto ni un minuto más, necesitaba aire.
—Permiso, necesito ir al baño –él frunció el ceño, claramente yo no necesitaba ir
hasta ese lugar.
Salir del apartado donde estábamos y me apresuré en recorrer el tren hasta el baño.
No había nadie gracias al cielo. Cerré la puerta con seguro y me desmoroné. Caí de rodillas
y me cubrí la boca con mi mano, tratando de silenciar mis sollozos. Estaba metida en una
maldita pesadilla, quería a mi Alex de vuelta, borrar esa faceta suya que había conocido,
pero aquello era imposible, nada podía hacer para olvidar lo que había visto. No había
justificación para con él.
Cuando sentí sus pasos me puse de pie y me tragué todos los sollozos. Creo que
ahora notaba la parte beneficiosa de no poder llorar, no había registro de mi llanto sin
lágrimas. Así que para cuando Alex abrió la puerta a la fuerza, solo me encontró, arreglando
mi cabello al frente del espejo.
—No –dijo cerrando la puerta y tomando mi brazo para que lo mirara. Me sorprendí
ante ese movimiento ¿me iba a hacer daño? –no voy a permitir que esto que hay entre
nosotros se arruine otra vez, estábamos arreglando todo, no dejaré que te escapes de mis
manos de nuevo.
—Vete, déjame estar sola un momento –dije enojada, solo necesitaba unos segundos
para poder analizar todo lo que estaba pasando, pero él no me lo permitía.
—No, no te dejaré sola, si tienes que pensar o decir algo, es conmigo con quien tienes
que hablar, así que dime ahora mismo que está pasando por tu cabeza.
No había nombrado el hecho de que despedacé el mapa. Solo estaba preguntando
sobre mí, eso me tomó desprevenida.
—Victoria –dijo ahora cansado, acercándose unos pasos, pero con rapidez dejé mi
mano en su pecho para que se alejara –jamás te haría daño, no pienses algo así, por favor.
—Puedes pasar una eternidad sin tocarme un pelo Alex, pero al mismo tiempo
acabando y torturando a otras personas. Yo no puedo estar al lado de alguien así.
Miré hacia un lado, tragándome mis emociones.
—Sale ¿sí? vuelvo en un minuto –abrí la puerta, para que saliera. Él me miró con
rencor por unos segundos, pero después salió. Le había dado justo en su orgullo, él había
venido por mí, pero había sido rechazado, lo que era extraño porque yo siempre le
perdonaba todo.
Cerré la puerta y me acerqué a la pequeña ventana que había en una esquina. La
abrí y dejé que una gran cantidad de viento entrara y llegara a mi rostro. Eso había sido
refrescante, un poco de libertad.
Al salir me encontré a Alex mirando hacia afuera, no se volteó cuando yo salí del
baño, ni cuando pasé por su lado. Iba a volver a nuestros asientos, no había causa para
quedarse en ese lugar. Cuando me senté y deje mi bolso a un lado, un poco más tranquila,
Alex entró y también se sentó, pero al frente, mirando hacia la ventana.
—Bueno, esto es lo que va a suceder –dije cruzándome de brazos. Él me miró
preocupado –nunca te perdonaré por lo que acabo de ver, puedo aceptar tus errores hacia
mí, pero nunca, escúchame bien Alexander porque esto quedara como una advertencia,
jamás te perdonare si eres capa de dañar a otro deliberadamente, eso habla pésimo de ti y
aun más de mí por siempre quedarme a tu lado.
Él negó a mis palabras, lo que me sorprendió de sobremanera.
—Tú no entiendes –dijo muy seguro –hay cosas que se deben hacer de cierta forma.
— ¡No! –Dije levantando la voz –tu eres el que no entiendes, no estamos en tiempos
medievales… esto no es una película de acción y no soy alguien que puede aceptar amar
a alguien que se comporte de esa forma. En la ley dice claramente que todo sospechoso
de traición tendrá derecho a un juicio Alex. Ese vampiro era un sospechoso y lo torturaste
hasta que le sacaste información.
—Información que tú eliminaste.
—No lo creas –dije sacando la libreta negra de mi pantalón y mostrándosela.
Arriesgaba todo con esto, pero no iba a perder la fe en él por completo –si llego a perder
de vista esta información, si te atreves a quitármela o tan solo a levantarme la mano para
obtenerla. Olvídate de mi Alex, no me volverás a ver y no importa lo que me pase si escapo
de ti, según esa estúpida Maldición debería acabar muerta, pero ¡sorpresa! Yo he roto esa
ridiculez, entonces si me voy, viviré una eternidad… sin ti.
Me miró por unos largos, eternos segundos sin decir palabra alguna. Ya me
imaginaba que saltaría en mi contra para quitarme dicha libreta.
—Está bien, estoy en tus manos ¿Qué tiene esa libreta? –no dejaba de mirarme de
forma penetrante, me causaba desconfianza, quería que tuviera esos ojos oscuros que se
concentraban en mi de nuevo.
—No te lo diré –dije buscando en las páginas lo que buscaba hasta que lo encontré,
después la guardé en mi bolsillo –tendrás que confiar en mí.
—No sabes lo que estás haciendo –dijo después de entrecerrar sus ojos, mirándome
de forma sospechosa.
—Oh, no vampiro mío, el que no sabe que está haciendo eres tú, todos estos siglos
has hecho lo que se te ha antojado, pasando a llevar a los demás, junto con ese estúpido
Consejo que no ve más allá de sus narices. Las cosas van a cambiar y tú no seguirás
condenándote, no lo permitiré.
Pude ver como las manos de Alex se volvían puños. Me estaba volviendo en una
traidora completamente, pero no me importaba, no iba a dejar que él siguiera haciendo
daño.
—Quizás deberías buscar a Cristóbal para completar tus objetivos, tendrían mucho
más en común por lo que veo –estaba por completo tenso por el rencor y me estaba
realmente mirando como una enemiga. Lo sabía, no tenía que decirlo.
—Cristóbal no es mi esposo –al decir eso sus hombros bajaron unos centímetros y
su expresión pasó de enfado a dolor. Él me amaba, lo sabía, pero también estaba enterada
de que él estaba provocando sufrimiento a los demás –no me interesa lo que él haga.
—Hay cosas que se deben tratar con disciplina, no lo entiendes Victoria.
—Calla de una vez, no sigas hablando de esa forma porque solo lo empeoras…
tendrás que aprender de la forma dura Alex. Comienza a despedirte de tu cargo de
Gobernador porque no volverás a tenerlo, aunque matemos a Cristóbal. No lo voy a permitir.
Yo estoy al mando y haré cumplir mi cargo, solo para derrocarte.
No me respondió ni una sola palabra en ese entonces ni después. Llegamos a
Alemania y ni siquiera me dijo a dónde íbamos pero nos subimos al siguiente tren por una
seña que me hizo.
Recorrimos durante 21 horas Francia, Alemania, Austria y finalmente Italia. Llegamos
a Roma pasada la medianoche, habíamos tomado la sección de trenes que distrajera a
posibles traidores, pero eso para mí no era importante, sabía muy bien que íbamos a
Siracusa y que gracias a la libreta, también había traidores en esa ciudad. Alex no sabía
eso y tampoco trató de averiguarlo, no hablamos mucho, tan solo monosílabos ante la
pregunta del otro. Él me observaba con sospecha, pero no había hecho nada para obtener
la libreta negra. No dudaba que lo hiciera después.
Estábamos cansados, durante todo el viaje no dormimos, necesitábamos descansar,
así que para cuando Alex arrendó un auto, sentí que iba camino al infierno, estaba agotada.
Además no le encontraba sentido a esto, supuestamente íbamos Siracusa como un gesto
romántico pero ninguno se hablaba. Ilógico.
Sinceramente estaba muerta de tristeza, quería que él se acercara y me dijera cuanto
se arrepentía de sus actos, que jamás los iba a llevar a cabo de nuevo, pero sabía muy bien
que si él hacia algo como eso, sería mentira. Debía atrapar a Alex, de alguna forma para
que nunca más volviera a tomar el poder, por lo menos hasta mucho tiempo después y no
sabía porque, pero esa opción solo se acercaba con los rebeldes ¿es qué acaso no era tan
loca la opción de tenerlos a ellos como una alternativa factible para derrocarlo? Era
exactamente eso lo que necesitaba.
El eterno viaje fue de alrededor diez horas, era de día cuando llegamos a Siracusa,
cerca del mediodía. No había dormido en ningún momento y sentía tanta sed, pero no me
atrevía a pedirle a Alex. Seguía enojada con él. Gracias al cielo este viaje tuvo música.
Beneficios de arrendar un auto.
Al llegar mi sueño paso a segundo plano, desde que noté el mar y las hermosas casas
antiguas casi sentí que mi corazón volvió a latir. Me enderecé en el asiento. Me gustaba
salir con Alex, recorrer otros lugares, pero cuando era por gusto no por culpa de su cargo,
pero ahora, que estábamos rodeados de problemas, llegar aquí fue como un respiro. Mi
cansancio desapareció mientras mis ojos se abrían cada vez más ante las hermosas
iglesias, los museos, todas las infraestructuras tan antiguos como Alex. Este lugar era
hermoso.
Sin embargo había que volver a la realidad, estábamos agotados por el viaje y por no
dormir. Es por ello que Alex nos llevó a una hostal que tenia vista hacia el mar, se notaba
muy tranquila y escondida entre otros edificios, no era un gran lujo pero no una pocilga a la
que habíamos ido antes. Alex arregló todo, solo lo interrumpí para especificar que quería
dos habitaciones. No iba a dormir con él, no quería siquiera que me tocara. Seguía furiosa
con él.
Alex no dijo nada, supongo que también estaba molesto conmigo.
Cada uno se fue a su habitación. Cerré las cortinas, la habitación caracterizada por
tener todo blanco, excepto los muebles que era de madera nativa, se oscureció por
completo. Me quité la ropa y quede solo con mis bragas violetas, no deseaba buscar mi
pijama, solo quería dormir para después tener energía y buscar a aquellos rebeldes.
Guardé la libreta en un lugar secreto que hice en la habitación.
Al momento que mi cabeza tocó la almohada me quede completamente dormida. No
habían pasado muchas horas cuando sentí que la puerta se abría, apenas pude abrir los
ojos, estaba muerta de cansancio, necesitaba demasiadas horas para recuperarme, pero
aun así pude ver como Alex estaba solo con su bóxer y su almohada. Mis ojos se volvieron
a cerrar, pero cuando sentí el peso en mi cama volví a abrirlos cansada.
—No puedo dormir sin ti –escuché a lo lejos. Solo abracé a mi almohada mientras él
se colaba a mi lado, rodeando mi cintura con su brazos –lo siento –susurró antes de besar
mi cuello y quedarnos dormidos.
No tenía fuerzas para decirle que se fuera, ni tampoco quería. Aunque yo si podía
dormir tranquilamente sin él descansaba mucho mejor cuando lo tenía a mi lado.
Cuando mis ojos se abrieron por completo, me sentí llena de energía. Era de noche,
todo estaba demasiado oscuro en la habitación, pero podía sentir como Alex seguía
durmiendo, ya que su mano presionaba uno de mis senos y estaba inmóvil. En su séptimo
sueño.
Me removí bajo su agarre y avancé hasta la ventana que había al frente de la cama,
abrí las blancas cortinas para dejar expuesto el mar, la luna y las estrellas. Sonreí, era una
visión increíble. Era una hermosa y fría noche en Siracusa, Italia. Nuestro hogar en el tiempo
que ambos fuimos humanos.
Eso era algo con lo que no podía tratar aun. Imposible.
Cuando me giré hacia la cama, Alexander seguía durmiendo, dejando parte de su
espalda y brazo derecho expuesto. Sonreí, esa imagen también era increíble.
¡Demonios! Así era como deberíamos llevar nuestras vidas, pero no, ahora debía
tratar de controlar su sed de sangre psicópata que corría por su mente.
Me acerqué a la cama de nuevo y me recosté boca abajo, mirándolo. Comencé a
acariciar su cabello mientras seguía durmiendo plácidamente.
Lo gracioso es que yo sabía que dormía, pero parecía completamente un muerto, él
no respiraba al dormir, ninguno de los vampiros lo hacía. Aun así ya se me había hecho tan
normal, que entendía muy bien que estaba descansando.
No iba a dejar que siguiera en ese cargo, no podía seguir haciendo mal a los demás.
Se había trastornado tantos años, viudo cada década de una nueva pareja, sintiéndose
perdido ¿Cómo no se iba a volver un tanto psicópata con eso? No debía volver a estar con
todo ese poder, tendría que haber un nuevo líder, alguien justo y que se preocupara de
todos los niveles dentro de nuestra especie… no alguien que buscara el beneficio propio,
ni que usara métodos tan crueles para obtener lo que deseaba.
Cuando despertó yo había dejado de tocarlo. Sus ojos negros se encontraron con los
míos y sonrió triste.
—Me he acostumbrado mucho a ti –dijo sin moverse –no pude dormir en la otra
habitación.
Comencé a guardar todas las emociones que sus palabras me provocaban. No quería
demostrar debilidad ante él, sabía muy bien que haría lo que fuera si me atrapaba en la
palma de su mano.
—Debes irte a tu habitación y vestirte –dije ubicándome de espalda, mirando hacia el
techo, cubriéndome con las sabanas –tengo sed y aquí no hay Centros de Proveedores.
—Pero puedes beber de mi –dijo de forma seductora, acercándose a donde estaba.
Sus labios besaron mi hombro, pero antes de que pudiera avanzar me alejé, poniéndome
de pie.
No podía beber de él porque sabía muy bien donde eso dejaba mi cabeza. Me rendía
a Alex y estaríamos en una noche desenfrenada de nuevo.
—No, iremos a buscar humanos, estoy segura que deben andar afuera a esta hora,
solo será un par de sorbos, lo suficiente para aplacar la sed.
Se levantó para después acercarse a donde estaba, teníamos que buscar nuestra
ropa, pero se quedó justo al frente de mi.
—Sé muy bien donde tienes escondida esa libreta Victoria –dijo acariciando mi cuello
con su dedo índice –se nota claramente que has destrozado esa esquina de la habitación.
No la he sacado ni la sacaré, así que deja de desconfiar de mí.
Su mano que me acariciaba bajo hasta uno de mis pechos, con su dedo índice
recorría mi aureola mientras que tomaba mi mentón rápidamente para que lo mirara. Me
besó sin decir nada más, pero antes de poder empinarme para poder besarlo aun más, se
alejó, dando un paso hacia atrás.
—Iré por mi ropa para que vayamos a cazar un par de humanos –dijo dirigiéndose
hacia la puerta.
No pude evitar sonreír, Alexander de verdad no se había metido donde
supuestamente tenia la libreta. Había dejado ese lugar marcado como una opción falsa, él
no verificó si estaba ahí, ni mucho menos que la libreta estaba detrás del mueble de madera,
a un lado de la puerta.

No nos tomó mucho encontrar a una pareja de humanos para poder beber su sangre;
los dejamos sentados en una banca, inconscientes y sin recuerdo alguno sobre nosotros.
Ahora me sentía mucho mejor, había descansado y aplacado mi sed.
¿Qué más podía pedir?
Que Alexander no fuera un fanático adicto al poder. Eso era algo.
—Bien ¿Qué vamos a hacer ahora? –dije metiendo mis manos en mi abrigo mientras
caminábamos por la calle.
Estábamos en una zona extremadamente tranquila e íbamos en dirección al puerto,
se veía como la luna estaba gigante sobre el mar. Era una noche fría por lo que vi en los
humanos, pero no iba a llover, había muchas estrellas.
— ¿A qué te refieres? –preguntó Alex, quien no se molestó en parecer normal. Solo
llevaba unos jeans oscuros y una camiseta roja oscura.
—Tú nos has traído hasta acá ¿vamos a perder el tiempo caminando por las calles
sin hablar?
Sus ojos se entrecerraron un poco y sin decir nada me acorraló contra una casa
antigua de ladrillo y me besó. No me dijo nada, tan solo unió sus labios a los míos,
dejándome atónita ya que aun seguía enojada con él. Esto era jugar sucio.
Su mano fue hasta mi mentón y entreabrió mi boca, de esa forma pude sentir como
me tentaba con su lengua. No pude resistirme, no era tan fuerte.
Apoyé mis manos en su pecho y me empiné un poco para poder sentir mejor aquel
beso. Pude notar claramente como sonrió contra mis labios, pero deje pasar esa altanería
suya y me relajé por unos segundos.
—Te he traído al que una vez fue nuestro hogar, tan solo eso. Te dije que haría lo
necesario para que te dieras cuenta de cuan única eres para mí –empuñé mis manos contra
su pecho, tirando un poco de su camiseta.
Esas palabras tan solo hacían que me rindiera, pero la imagen de Alex acabando con
el otro vampiro, Fréderic, no se irían con tanta facilidad.
Miré hacia un lado, no podía encararlo.
—Victoria –susurró en mi oído. Me estremecí –me mirabas como si te fuera a hacer
daño en cualquier momento –se alejó un paso de mi, dándome espacio.
—No me has dado tu mejor imagen estos días –me estaba controlando de una
manera sorprendente, solo deseaba saltar a sus brazos, pero esta vez no podía, quizás
incluso él estaba tratando de distraerme para que cayera en sus redes como siempre lo
hacía.
—No digas eso, por favor –lo miré, por su expresión sabía muy bien que le dolía como
yo lo trataba.
Levanté mi mano hasta su rostro, acaricié su mejilla sin dejar de observar esos
oscuros ojos. Tan profundos ¿Qué secretos escondería? ¡Cómo deseaba poder entrar a su
mente! Necesitábamos eliminar a Cristóbal. Le exigiría a Alexander que me dejara entrar a
su mente por completo.
—Es mejor que sigamos –me gire hacia la luna y comencé a caminar –si me quieres
mostrar algo y hacer algo provechoso este largo viaje, es mejor que lo hagas esta noche
¿entendido?
Caminó a mi lado unos segundos y para mi sorpresa, rodeó mi cintura y me acercó a
él.
—Te amo –dijo para después apoyar su boca contra mi cabeza.
Yo igual, tan solo me asustas.
Ese fue el único pensamiento que pude tener en ese momento.
CAPÍTULO 11
No reconocí nada, Alex me mostró varios lugares que habíamos recorrido cuando
ambos fuimos humanos, pero no hubo caso. Mi mente estaba en blanco. Lo que era
frustrante porque sabía que él esperaba una visión casi mágica de mi parte, pero
simplemente eso parecía imposible en este momento.
Solo alcanzaba a obtener una sensación agradable de Siracusa y sus alrededores.
Era cierto que no habíamos visto mucho, pero parecía que algo había en mi cabeza que no
me dejaba ver cada detalle como realmente debería.
—Tampoco es como si vayas a recordar todo ¿de acuerdo? No te sientas presionada.
Ambos estábamos sentados en una superficie de piedra, mirando hacia el centro del
un teatro romano mientras comenzaba a amanecer. Los rayos de sol se filtraban por los
arboles que estaban más abajo, iluminando el lugar de forma majestuosa mientras que la
neblina cubría la parte más inferior del teatro.
— ¿Victoria?
No estaba muy disponible para hablar, cientos de preocupaciones recorrían mi
cabeza. No entendía como Alex se podía concentrar en disfrutar esta hermosa ciudad, sin
pensar en Cristóbal o en el hecho de que rompí ese mapa ¿de verdad no le importaba?
¿Solo tuvo un pequeño arrebato y lo había olvidado? ¿O tenía otra salida? Quizás creía
poder robar la libreta negra.
—Estoy pensando en otras cosas –dije mirando hacia las hileras de asientos que
estaban formadas en semicírculo. Este lugar era sublime.
—No debes preocuparte si no recuerdas.
—No es eso, estoy pensando en otros grandes detalles –Alex tensó su mordida. Él
odiaba que no le diera importancia a esto, pues demasiado tarde Sr. Lenardis, fuiste tú
quien no me dejó conocerte de verdad el último año.
Ambos nos quedamos en silencio por unos minutos, escuchando como las aves
cantaban mientras dos seres eternos tenían un caos en sus vidas. Deseaba tanto arreglar
todo de una vez, pero Alex tenía razón. Por lo que dijo Cristóbal, él no podría hacer mucho
si no me tenía de su lado ¿de verdad esperaba qué yo hiciera lo que pedía? Eso era
estúpido de pensar, a menos que se sintiera seguro de que fueran muchos rebeldes.
— ¿Desde cuándo se crearon los Centros de Proveedores? –pregunté mirando a los
árboles.
— ¿A qué viene esa pregunta? –lo miré para que respondiera de una vez –más de
600 años.
— ¿Y la limitación de ciudades con los licántropos y otras especies?
—Desde antes que yo Gobernara… aunque las modifiqué un poco.
—Para favorecernos ¿no? –Alex asintió — ¿Desde cuándo comenzaron a rebelarse
sobre los Centro Proveedores?
Él se puso de pie y estiró sus brazos al cielo, como si de esa forma pudiera tener algo
de relajación. Pero éramos vampiros y eso no funcionaba así.
— ¿A qué vienen estás preguntas? Supongo que analizas desde cuando estoy siendo
un mercenario oportunista y mezquino.
Exactamente. Él parecía muy relajado con todo esto ¿será que antes estuvo en una
situación similar? Si era así, ya se me ocurría que solución llevó a cabo.
—No entiendes –dijo metiendo sus manos a los bolsillos –hay cosas que no tienen
otra solución. Ellos son nuestros enemigos, siempre ha sido así.
Negué a sus palabras, estaba cegado, pero yo lo haría entender porque no dejaría
que siguiera pensando de esa forma. Solo traería más problemas.
— ¿Por qué son nuestros enemigos? Los licántropos ni siquiera se alimentan de
humanos, no tenemos que luchar por subsistir. Todo es por territorio y dinero.
Me puse de pie, cruzando mis brazos, unos pasos detrás de él.
—Me has expuesto a esto porque deseas seguir en tu cargo y con tu manera de
Gobernar. Jamás haría tal cosa y por eso si está en mis manos no volverás a ser
Gobernador, Alexander.
Pude notar como sonrió ante mis palabras. Casi me provocó escalofríos ¿Qué le
causaba gracia? Idiota.
—Victoria –se giró hacia mí, quedando ahora unos centímetros bajo de mí. Levantó
la vista y sonrió –tu también me has expuesto a situaciones peligrosas. No sé si lo recuerdas
pero hace un mes estabas liada con Cristóbal, jefe de los rebeldes.
Entrecerré los ojos, molesta.
— ¿Quieres ir hasta ahí de nuevo? porque te recuerdo que también te encontré con
Lina, muy cómodo en nuestra propia casa, además de Charlotte, ella igual cuenta. Las
rubias son lo tuyo ¿no? –lo miré con rabia, pero él rodeó mi cintura con sus brazos y me
acercó.
—No quiero discutir –subió hasta mi nivel y me quedó mirando con esos ojos oscuros
que me encantaban. No podía creer que este mismo ser haya tenido esa mirada asesina
días atrás –es solo que hablas como si estuvieras segura que todos actúan de la misma
forma. No es así.
— ¿Entonces me rebajaré al nivel de ellos?
—Te darás cuenta con el tiempo. Tengo razón –deseaba poder tener la voluntad para
alejarlo de mí, pero sus estúpidos brazos me eran cómodos. Lo miré sospechosamente,
estaba demasiado seguro de sí mismo por lo visto.
— ¿De verdad no estás molesto por haber roto el mapa? –él sonrió levemente.
—Tengo memoria fotográfica Victoria, le he informado a varias personas ciertos
centros donde podrán entrar y destruir lo que deba ser acabado –mi boca se abrió ante la
sorpresa. Lo empujé para que me soltara.
— ¡Tu! Alex…
—No –dijo tomando mi brazo –vamos a seguir tus normas por un tiempo ¿lo justo es
encarcelarlos? Bien, lo haremos.
Lo quede mirando sin palabras. Me relajé por completo, aunque no me confiaba.
— ¿Me estás mintiendo? Sabes que estarás en graves problemas si es así, me
prometiste que nunca lo harías.
—Si quieres pido que les tomen una foto para ti.
No pude decir nada, por varios segundos, esperando a que confesara su mentira,
pero por lo visto era cierto que no habían mandado a volar esos lugares, donde deberían
estar varios rebeldes reunidos. Sus ojos oscuros no me dejaban en ningún momento,
esperando por una respuesta.
Di un paso hacia atrás y me solté de su agarre, había sido brusco.
— ¿Quieres una foto, si o no? esto debería ayudar para que me derroques –dijo
sonriendo, de forma desagradable.
— ¿Te estás burlando?
—No, tú has dicho que ese es tu nuevo objetivo –sus ojos se entrecerraron y luego
dio un paso hasta donde me encontraba, sin aviso me tomó de un brazo y me giró de tal
forma que quede inmovilizada –pero tu si estás bromeando ¿no? –susurró en mi oído. No
podía verlo a la cara –quieres tratar civilizadamente a seres que no te tratarían de igual
forma, te inmovilizarían como lo hago ahora porque eres una presa fácil, después te
decapitarían y mostrarían tu cabeza a todos los traidores.
Me hizo girar de nuevo y me soltó, pero perdí el equilibrio y caí al césped que se
mezclaba con rocas.
—Es a ese tipo de traidores a los que proteges, ellos acabarían contigo tan solo si
tuvieran la oportunidad, pero no, por lo visto esa forma de pensar y actuar es razonable
para ti. Ya que yo, quien te protege, soy tu enemigo ¿no?
Me puse de pie y lo miré muy seria, no deseaba gastar palabras con él, sabía que
jamás entendería. Ser Gobernador lo había trastornado y nada o nadie podían negarlo. No
iba a dejar que él, a quien amaba, terminará condenado por completo.
—Sácate esa chaqueta ¿estás cansada? –Lo miré sorprendida –es hora de hacer
este viaje más productivo, ya que no has recordado nada. Debes saber defenderte, no
tienes práctica y lo poco, casi nada, que te enseñó Aníbal, de seguro ya no vale mucho.
— ¿Estás hablando en serio? Pero aquí no hay armas o algo por el estilo.
Alexander sonrió y después miró hacia el teatro.
—No siempre tendrás armas y si las tienes, pueden no ser las adecuadas para el ser
que te ataca, además lo más probable es que no podrías mantenerla en las manos, te las
quitarían con facilidad –volvió a girarse hacia mí.
Me deshice de la chaqueta mientras ponía atención sobre cómo los rayos de sol
estaban detrás suyo, nublando un poco mi vida. Era molesto. Arrojé la prenda a un lado,
quedando solo con mi camiseta negra sin mangas.
—Dame un segundo –dije quitándome los zapatos, para estar más cómoda. No
estaba preparada para este tipo de entrenamiento. Después lo quede mirando, esperando
a que dijera algo, pero él solo me observaba, como si me estuviera valorando.
—Victoria, no tienes fuerza, ni habilidad para combatir con nadie… físicamente eres
como un humano pero con fuerza y rapidez. Si te enfrentaras a alguien de esa especie
ganarías sin duda alguna, aunque… si tuvieras que enfrentarte a un rebelde, como
Cristóbal, perderías en un segundo.
Fruncí el ceño, no eran palabras agradables, pero eran ciertas.
—Tu opción es ser más rápida que el otro, eso es algo que puedes mejorar con
facilidad, sobre todo si es contra algún neófito.
Cristóbal era uno, mi neófito para ser específicos. Y no importaba si era justo o no,
debería acabar con su vida, mejor dicho, ayudar a que Alex lo hiciera. Me había pedido eso
a cambio de que pudiéramos mejorar en nuestra relación, no podía negárselo. Además era
la prueba viviente para que el Consejo acabara conmigo.
— ¿De qué me sirve ser rápida si no tengo fuerza? –Alex sonrió al escucharme.
— ¿Y de qué te sirve ser fuerte y rápida? ¿Crees qué serás capaz de asesinar a
alguien? ¿De atravesar su garganta con un cuchillo o girar su cuello para decapitarlo con
tus propias manos?
Me quede tensa ante sus preguntas. Lo único que podía pensar era en que él no
existía dicha duda, había hecho todas esas acciones para terminar con la vida de Fréderic.
—No, no lo harás porque no eres de ese estilo, no por ahora al menos –fruncí el ceño,
sin entender sus palabras.
— ¿Por ahora? ¿Es qué después de que me entrenes mucho tiempo podré hacerlo?
—No, no me refiero a eso. Estoy hablando que con los años, la muerte no será tan
importante para ti, como así tampoco los demás vampiros. Podrás acabar con alguien
porque tu mente ya no estará atrapada por la moral humana.
Negué, no quería que eso sucediera.
—Como sea, deberás ser astuta y atacar por detrás, sino es así, debes buscar una
forma para dejar inconsciente a tu oponente. Yo seré tu enemigo, trata de detenerme.
No alcancé a decir nada cuando se acercó a mí, fue muy rápido y no hizo nada,
simplemente llegó hasta donde me encontraba, dejando que tan solo un centímetro nos
separara. Aquel movimiento tan sorpresivo hizo que diera un paso hacia atrás y cayera al
suelo como una inútil.
—Acabada –dijo estirando su mano hacia mí.
—Trampa, no me diste tiempo –dije tomando su mano.
—Nadie te lo dará, aquí no hay honor Victoria –asentí a sus palabras –solo te quieren
muerta.
Al ponerme de pie, levanté mi rodilla y simulé como si fuera a golpearlo entre las
piernas.
—Acabado ¿así funciona esto? ¿Jugando sucio? –él bajó su mirada, poniendo
atención a mi rodilla.
—Algo así, pero evita ese tipo de golpes por ahora ¿de acuerdo? –sonreí.
—No queremos herirte en esa zona ¿cierto? –tomó mi mentón para que lo mirara.
—Es tu parte favorita, así que mejor mantengámosla a salvo –me dio un beso corto,
sin previo aviso y desconcentrándome por completo, pero antes de poder asimilar sus
labios, ya se encontraba a varios metros de distancia.
—Bien, ser rápida y tramposa ¿esas son mis metas?
—En simples palabras si, aunque te falta, defensa… trata de detener mis golpes o de
esquivarlos. De esa forma saldrás viva. Si te golpeo, no te enojes, es debido a que fuiste
muy lenta cuando tienes la facultad de ser extremadamente rápida.
Lo miré asustada, Alex era mil veces más grande que yo, era rápido y tenía años de
experiencia.
— ¿Lista? –dijo a varios metros de distancia.
—No.
—Bien, comencemos.
Se acercó de forma rápida. Alcance a detener su brazo que iba directo a mi rostro,
pero no su otra mano. No me golpeaba ni nada parecido, su mano chocaba una y otra vez
en diferentes partes de mi abdomen y repetía una y otra vez que me había tocado mientras
yo trataba de detenerlo. Cada vez iba retrocediendo más rápido, sus manos me tocaban
pero yo no era capaz de alcanzarlo primero, siempre parecía ir un paso delante de los míos.
Le dije que se detuviera, pero no lo hizo, además parecía que no se esforzaba nada
para tocarme, ni siquiera era demasiado rápido. Tan solo caminaba y mientras yo trataba
de detenerlo, él ya me había tocado de nuevo.
Choqué bruscamente contra un gran árbol, tan grande que parecía que alrededor de
15 o más personas, podrían rodearlo. Fue el límite, Alex me acorralo ahí y su mano se
apoderó de mi cuello, sin presionar.
—Decapitada –dijo mirándome con el ceño fruncido –y ni siquiera me he esforzado.
No se estaba burlando ni parecía sorprendido, pero todo este juego hizo que me diera
cuenta de lo débil que era.
—Es más, pienso que hasta un humano acabaría contigo, algún cazador de vampiros
te tendría en sus manos tan rápido que no te darías cuenta –fruncí el ceño a sus palabras.
Era cierto.
—He perdido el tiempo –susurre cuando él soltó mi cuello.
Miré hacia arriba, notando el árbol tan antiguo, no sabía cuál era pero parecía que
hubiera estado en este lugar desde el comienzo de los tiempos.
—No. Hemos perdido el tiempo.
Cuando bajé la vista para encontrarme con su mirada, fue como si el mundo girara y
girara tan rápido que mi cuerpo no pudiera mantenerse en equilibrio. Apoyé mi espalda y
manos contra el tronco de dicho árbol mientras todo cambiaba a mí alrededor.
Para cuando volví a mirar a Alex, supe que mi mente me estaba jugando sucio,
exactamente como cuando comencé a ver esas antorchas al saber toda la verdad de
nuestro pasado. Sin desearlo o buscarlo, mi mente me había llevado a una situación que
no deseaba recordar.

—No. Hemos perdido tiempo –dijo él tomando mi rostro. Sus ojos verdes y sonrisa
seductora me atraparon por completo –los dos, debiste aparecer en mi vida antes, Vittoria.
—No podría, estar contigo es algo prohibido –susurré mirándolo, tocando su pecho,
bajo esa ropa tan antigua que llevaba. Podía sentir el latido de su corazón en la palma de
mi mano.
Sus labios se unieron a los míos, provocando que todo mi cuerpo se encendiera, pero
que con ellos también me hiciera despertar del sueño donde me encontraba.

—Mírame –dijo tocando mi rostro –Victoria.


Cuando volví a donde me encontraba en realidad, estaba sentada y apoyada en ese
mismo árbol que años atrás habían sido mucho, pero mucho más pequeño. Los ojos
oscuros de Alex me observaban preocupado.
— ¿Qué ha sucedido? ¿Te hice daño?
Negué a sus preguntas, pero no podía decir nada. No deseaba nada de esto, no
quería recordar el pasado y no me apetecía ni un poco que llegaran vestigios de lo que fue
alguna vez mi relación fallida con Alex. Además… esos recuerdos me dejaban una
sensación vacía, podía sentir que en ese momento estaba prácticamente obsesionada con
él.
De todas formas no pude controlar como mi mano viajó hasta donde debía
encontrarse su corazón latiendo. No sentí nada.
— ¿Victoria? –preguntó preocupado.
—Bien, se ha cumplido lo que deseabas –dije poniéndome de pie –recuerdos los
latidos de tu corazón.
— ¿Qué? –se levantó, quedando al frente de mi.
—Desencadenaste un recuerdo que no debió salir, tu, besándome en este árbol…
estuvimos aquí antes ¿cierto? –me crucé de brazos y él tomó ese gesto como algo malo,
ya que su ceño se frunció de inmediato.
—Sí, muchas veces en realidad.
— ¿Por qué quieres que recuerde? –susurré. No se sentía algo lindo, ni mágico o
especial. Era ver una vida que había terminado muy mal, además me daba la impresión de
ser una intrusa en el presente, como si toda mi vida humana no hubiera sido nada más que
acciones injustificadas, como si hubiera firmado un contrato antes de leerlo, con Alex.
— ¿Qué viste? Estás enojada ¿estábamos discutiendo? Lo hacíamos mucho en ese
entonces, creo que no hemos cambiado –no pude evitar sonreír por ese comentario.
—Estaba sintiendo el latido de tu corazón –miré la palma de mi mano derecha. Era
como si aun pudiera sentirlo.
—Oh, recuerdo eso… me sentía arrepentido por no haberte visto antes, fuiste muy
directa para esa época ¿sabes? Llegaste y te interpusiste en mi camino, diciendo que…
—Basta –susurré mirando hacia un lado –no quiero saber cómo te conocí en ese
entonces. Las cosas no terminaron bien, además ya lo leí en ese libro tuyo –que tenía
guardado en mi bolso.
No recordaba nada de ello, por lo que él dice y lo que escribió, parecía que fuera otra
yo, alguien diferente pero que él parecía ver en mí.
—Me atrapaste de inmediato –dijo, atrapando mi cadera con sus manos para que no
me fuera a ningún lado –tan atractiva y misteriosa, además fuiste muy directa –lo miré
enojada.
—No tan atractiva como lo que poseía tu prometida humana ¿cierto? –Su mirada se
entristeció –Alex… es por esto que no deseo recordar nada ni saber algo de esa vida desde
mi perspectiva, todo está manchado con sangre, mi sangre.
Su mordida estaba tensa, pero sabía muy bien que no estaba enojado, sino que
herido por mis palabras.
—Entiendo –dijo acercándome a él, apoyé mis manos en su pecho –pero debes
entender que si ambos fuéramos humanos en este preciso segundo, tendría la misma
reacción ante tu contacto.
Lo miré unos segundos antes que mis manos viajaran bajo su camiseta, sintiendo su
piel en mis palmas, pero cuando llegué a su corazón no había latido alguno.
—Espero que no te sientas igual que antes –dije muy seria.
—Victoria… —negó a mis palabras, como si la posibilidad fuera insólita.
—No quiero acabar rodeada en llamas como esa vez por tu forma de sentir –siempre
me ponía en segunda prioridad, así que esa posibilidad no era imposible. Si tan solo el
Consejo supiera la verdad de lo que sucede ¿Qué haría Alex? ¿Escapar conmigo? no lo
sabía.
Él se puso muy serio y frunció su ceño, luego dio un paso hacia atrás, como si mis
palabras le hubieran causado algún dolor.
—Estás cansada, es mejor que volvamos a la hostal.
—No –respondí de inmediato –no tengo sueño ni estoy cansada, nos alimentamos
anoche así que es mejor que me sigas haciendo más fuerte y rápida.
—Eso no se hace de un día para otro –explicó, molesto.
—Bueno, entonces no gastemos tiempo discutiendo.

No lo hicimos, ni tampoco hablamos mucho. Mi frustración fue creciendo cada minuto


que pasaba con él ya que era demasiado rápida y siempre me alcanzaba, de esa forma
solo quedaba como una inútil. No era capaz de defenderme, ni siquiera de escapar. De esa
forma no sabría qué hacer si nos atacaban de nuevo. Alex se desquitó el resto del día,
diciéndome todas las cosas que hacía mal. Para cuando atardeció estaba enfurecida, de
pésimo humor. Deseaba poder atraparlo, pero era imposible y él dijo que lo mejor era
terminar por hoy ya que no estaba concentrada.
—No te debes enojar, eso solo hace que pienses con rabia –dijo mientras
caminábamos hacia la ciudad.
—Te vi actuar con rabia cuando acabaste con esos licántropos –estaba frustrada, él
era demasiado bueno en esto.
—Sí, pero no eres yo. Llevo años acabando con mis enemigos. Está claro que jamás
me alcanzarás, no en esta década por lo menos.
Abroché mi chaqueta mientras caminábamos. Había un hermoso atardecer, era una
lástima tener que desperdiciarlo en temas tan desagradables, sin embargo, al anochecer
habría que averiguar sobre los “traidores” que se encontraban en esta ciudad.
—En esa libreta dice que hay traidores en esta ciudad, quiero la dirección –dijo de un
segundo a otro, como si hubiera estado leyendo mi mente.
—Me pregunto ¿Quién habrá sido Fréderic LeBlanc como para tener esa libreta? Fue
una suerte que estuviera en su casa, pero ¿Qué tiene que ver él? ¿Era alguien importante?
—Ya no lo es –respondió levantando sus hombros. Lo miré asombrada —¿Qué? Pero
si es cierto, está muerto.
—Sí, gracias a ti –comencé a caminar más rápido.
—Exacto y no me arrepiento de nada.
De un segundo a otro el atardecer se volvió en algo horrible, lo único que quería era
estar en mi habitación, alejada de Alex. No pude responder a sus palabras, solo seguí
caminando y me adelante para no ir a su lado.
— ¿Seguirás enojada conmigo para siempre? Creo que he hecho cosas peores por
las cuales podrías estar enojada –no lo miré.
—Puede resultar imposible pero no, no lo has hecho. Esta ha sido la peor de todas.
—Entonces dime –dijo avanzando hasta quedar a mi lado — ¿hasta cuándo estarás
enojada por ello? ¿Cuántos días debo esperar? –lo miré sorprendida.
—Crees que esto es un capricho mío.
—Eso no fue nada comparada a otras situaciones, recuerdo una vez que los rebeldes
atravesaron mi pecho con un arma de plata –dijo pensando como si estuviera tratando de
recordar una vieja anécdota –justo aquí…
Me detuve al notar que indicaba su pecho.
—Era una novata, debió cortar mi cabeza, no siempre se tienen oportunidades para
atravesarme con un sable.
Alex no siguió caminando al darse cuenta que yo no lo seguía, se giró a verme,
curioso porque no seguía avanzando.
— ¿Qué sucede? ¿Ya encontraste la clave para derrocarme? Créeme, los sables no
son para nada útiles, esa vez fue un descuido de mi parte. Prácticamente me tropecé contra
la chica.
Cientos de años siendo Gobernador, décadas bajo el peligro de que fuera asesinado
o torturado. Era un vida difícil, sin duda alguna, si hubiese pasado por lo mismo no sé si
sería tan fácil pensar en una forma civilizada para acabar con mis enemigos, no cuando me
han hecho tanto daño.
Me acerque a él y puse mi mano, justo sobre la parte media de su esternón.
— ¿Fue aquí? –susurré, consternada al pensar que alguien pudo hacerle daño de
esa forma.
—Mmm… ¿Qué pasa? –lo miré, dejándome atrapar por esos ojos negros.
Él había cambiado, yo también… no tenía sentido recordar el pasado que
compartimos juntos, ninguno actuaria de la misma forma en el futuro. Debía mantener mi
esperanza, creer que él no me dejaría en los brazos de enemigos.
— ¿Victoria? –preguntó confundido.
—No mates a nadie más ¿sí? a menos que tu vida corra peligro –su expresión se
relajó –si no es así, llama a otros para que lo capturen y lo hagan pasar por un juicio. Es la
norma que el Consejo y tu crearon tiempo atrás, debes seguirla.
Inconscientemente acaricié sobre su pecho mientras esperaba su respuesta. Estaba
muy serio.
—Tú no entiendes… —comenzó a excusarse.
—No, tu eres quien no lo hace –lo interrumpí –eres fuerte y muy pocos te pondrían
en peligro ¿cierto? No debes matarlos cuando puedes inmovilizarlos con facilidad.
—Pero tú no puedes hacerlo y no voy a permitir que te hagan daño por dejar a un
traidor vivo –negué a sus palabras.
—Siempre estás conmigo, no debes preocuparte si me proteges –separé mi mano de
él, pero Alex la tomó con rapidez y tiro de mi, así rodeó sus brazos en mi cintura.
—De todas formas… algún día, puede que mañana, en diez o cien años, querrás ir a
dar un paseo y algún rebelde que dejé vivo aprovechará esa oportunidad. No siempre
estaré contigo.
—Para ese entonces estaré súper híper mega entrenada por ti, me podré defender –
apoyé mis manos en sus hombros –promételo, por favor.
—No puedo –susurró, presionando sus manos en mi cintura. Me empiné y tiré de su
camiseta para poder alcanzar sus labios –estás jugando sucio.
—Sí, para que tú no sigas haciéndolo.
Rodeé su cuello cuando me levantó del suelo para después besarme. No pude evitar
sonreír, siempre me encantaba poder sentir sus labios, además del hecho que Alex me
tuviera que levantar para no inclinarse. Nuestras estaturas diferían bastante.
—Alex –susurré cuando me volvió a dejar sobre el suelo –hazlo, por favor. Estoy
cansada de discutir y preocuparme porque hagas algo horrible.
Me quedo mirando sin decir nada. No tenía idea lo que estaba pasando por su cabeza,
inexpresivo. Pasaron varios minutos, donde me obligué a quedarme en silencio.
—Victoria, si llegas a estar en riesgo…
No dejé que terminara, tiré de su camiseta para que se inclinara y permitirme poder
besarlo. Rodeé su cuello con mis brazos, completamente feliz de que aceptara lo que yo le
estaba pidiendo. No quería que los demás salieran heridos como Fréderic, pero también
estaba segura de que algunos enemigos de Alex se merecerían tal trato, sin embargo, no
iba a dejar que él ensuciara sus manos de esa forma, no quería que fuera condenado a un
horrible final cuando ambos dejáramos este mundo algún día durante nuestra eternidad. Lo
amaba y no iba a permitir que se hiciera daño, aunque tuviera que dañarlo para detenerlo.
Volvimos a la hostal rápidamente, esta vez no solté su mano y pudimos tener un
paseo más tranquilo. Ni siquiera quise preguntarle sobre cuando retomaríamos nuestro
viaje ya que por lo visto Alex deseaba quedarse unos días, cosa que no aprobaba, pero
que aceptaría. Había logrado bastante en este día.
Cuando llegamos a la hostal, Alex fue por sus cosas, ya que se iba a quedar conmigo,
en mi habitación, por lo tanto tenía que cancelar la suya. Fue en ese momento que busqué
en mi bolso y saqué la carta que Fréderic había escrito para mí. Fui lo suficientemente
rápida para no ser descubierta.
Sra. Victoria Lenardis.
Esta nota solo es un aviso, muchos se han dado cuenta que usted es nuestra única
esperanza. Le advierto que no confíe en nadie, ni siquiera en el Gobernador, que junto al
Consejo han convertido nuestra eternidad en un tormento constante y no me refiero solo a
nuestra especie. Cristóbal, nuestro líder ha esparcido rumores sobre el apoyo que tenemos
de su parte, pero de todas formas, no todos confían en un cazador de vampiros, aunque
haya sido convertido por usted.
Siga investigando, dirija su mirada hacia donde Alexander Lenardis se ha negado a
observar.
Busque ayuda entre nosotros Victoria. El Consejo ya sabe de su traición al
Gobernador y van por usted. Marco, el eterno amigo de su esposo, la delató y por dicha
razón fue eliminado a manos de licántropos. No tienen pruebas, pero la harán hablar si la
encuentran.
Atte.
Un servidor.

Había sido lo suficientemente rápida para leer la carta y guardarla, pero no fui tan
astuta como para esconder las emociones que estas palabras me causaron.
La puerta se abrió justo para cuando me senté en la cama, derrotada. El consejo venia
por mí, ya no tenía salida.
— ¿Victoria? –Alex llegó a mi lado de inmediato. No sabía lo que estaba pasando,
pero sin duda descubrió que algo había sucedido — ¿Por qué tienes esa cara?
No tenía sentido alguno esconderle información. Le entregué la carta. No demoró ni
siquiera dos segundos en leerla, para luego sentarse a mi lado. Lo más probable es que
estuviera sorprendido por la noticia sobre Marco.
—Tranquila –dijo luego de unos segundos –no es como si nos fueran a encontrar de
un día para otro. No saben dónde nos encontramos.
—Esta carta estaba dirigía para mi, ese tal Fréderic tenía alguna idea hacia dónde
íbamos ¿no crees? ¿Cómo me la iba a entregar si no llegábamos hasta él ese día? –sentía
que Alex me miraba, pero yo solo estaba atenta al suelo de madera.
—No lo sabía Victoria, todo esto puede ser una farsa para llevarte hasta ellos.
— ¿Y si no lo es? Quizás Elizabeth está esperando en la puerta de esta Hostal –
susurré, pensando en volver a estar con cadenas de plata. Ese maldito mineral dolía mucho
y lo había experimentado muy bien cuando Alex me encerró en ese calabozo.
—No dejaría que te llevaran, así de simple –ante esas palabras fue inevitable mirarlo
y sonreír.
—Sí, claro… ¿irías contra el Consejo para evitar que me capturen?
—Claro que lo haré, si eso te mantiene a salvo.

No pude responder nada, solo tomé su mano sin poder encontrar solución a lo que
sucedía.
CAPÍTULO 12
Apoyé mi cabeza en su pecho, ambos estábamos desnudos, bajo las sabanas de la
cama. Las nubes habían llegado hasta la ciudad y la lluvia comenzó a caer de forma
torrencial. No habíamos salido en busca de ningún traidor, rebelde o lo que fuera. Luego de
esa nota que dejó Fréderic no teníamos ánimos de buscar a nadie. Lo único que me
calmaba eran los besos de Alex que finalmente me dejaron en sus manos, hicimos el amor
lenta y pausadamente, lo que fue de cierta forma lo que me tranquilizó un poco.
— ¿No hemos vuelto fugitivos? –pregunté mirando hacia la ventana, notando como
caía la lluvia. Me acurruqué contra él, quien me abrazó.
—Ni siquiera es una información seria. Mañana lo verificaré con algún llamado, de
todas formas, no saben dónde nos encontramos, es por eso que no le dije nada a Lina y he
utilizado solo efectivo para que no nos localicen. Mi teléfono también está protegido, al igual
que el tuyo.
No importaba ninguna precaución. Me imaginaba que en cualquier segundo entrarían
y me separarían de Alex, luego me decapitarían al frente de todos los vampiros, y sobre
todo, al frente del mío.
— ¿Me puedes abrazar más fuerte, por favor? –él lo hizo de inmediato.
—Ey… no temas, no dejaré que nada te pase. Y si es necesario que nos volvamos
fugitivos, lo haremos. El mundo no es tan grande como uno cree, pero tiene cientos de
lugares que muy pocos conocemos –lo miré y negué sonriendo a sus palabras.
— ¿Es qué me llevarás a una caverna escondida?
—Seré como el hombre de las cavernas, de todas formas me tratas muchas veces
como si fuera uno ¿sabes?
—Pobre vampiro…maltratado por su esposa. Quiero hacerlo de nuevo –dije tirando
su mano para llamar su atención.
—Sabes que soy el primero en apoyar esa propuesta, pero tú no tienes ganas, solo
estás ansiosa.
Apoyó mi frente contra su cuello, necesitaba esconderme bajo de él, sobre él, como
fuera… necesitaba pensar en algo más.
—Deberías tratar de dormir ¿sabes?
—No tengo sueño. Aunque debo destacar que no hemos discutido en varias horas.
Recuerda lo que me prometiste hoy Alex ¿sí? No más muertes injustificadas –él me miró
unos segundos y asintió.
—Tú y tus métodos poco diplomáticos no ayudan para abstenerme de dichos
compromisos –no pude evitar sonreír.
Me alejé de él y busqué su camiseta para ponérmela, lo quedé mirando curiosa.
— ¿Tu de verdad creer que todo va bien? dime la verdad, soy tu esposa, aquí no hay
nadie más que nosotros dos.
—Sí, todo va bien –respondió de inmediato, pero me quedo mirando de cierta forma
que me dio a entender otra cosa.
—Alex –dije cansada, él sabía que nada iba bien. Se sentó en la cama, incómodo –
hubo un tiempo donde perdiste el control ¿cierto? Perder a tus parejas y entrar en ese
estado catatónico debió ser un gran problema.
Él me quedo mirando por unos segundos, tensando su mandíbula y valorando si
responder honestamente o no, lo que era insólito. Era su esposa.
—Sí, fue antes de llegar a un conceso con los Centro de Proveedores, como te dijo
Ezequiel todo comenzó ahí. Las cosas se volvieron más sangrientas después de ello,
acarreadas por la sed de venganza. Debes saber que antes había 10 Consejeros, dos por
cada continente, era mucho más fácil en ese entonces.
—Pero los rebeldes mataron a 3 ¿no?
Alex puso atención en la ventana, observando cómo caía el agua contra ella.
—Ellos habían estado a favor de dichos rebeldes en ese entonces, pero nadie más
que nosotros sabíamos eso. De cierta forma los quisimos vengar y todo comenzó a
escaparse de nuestras manos.
Me imaginé al Consejo, con sus túnicas y colores, representando cada uno de sus
gobiernos, sedientos de sangre por los rebeldes. Esto era una locura. Solo de pensar en
esas expresiones de odio, pero dirigidas hacia mí, no era algo que me ayudara a dormir.
—Deben estar muy enojados conmigo en este momento –dije mirando mis manos,
tratando de buscar algo de calma. Si Alex se había enfurecido, los demás debían estar
deseando mi cabeza.
—Si es que se han enterado sobre lo sucedido, nada dice que esa nota sea confiable.
Solo debemos esperar a que amanezca, antes será sospechoso.
—Tu contacto estará yendo a la cama –susurré, tratando de distraerme.
—No, realmente se estará levantando, no es vampiro –levanté la mirada sorprendida
–es humano.
— ¿Qué? ¿Quién es? –esto era algo nuevo.
—Es la nueva proveedora de Elizabeth –no respondió de quien se trataba y llamó mi
atención que comenzara a removerse sobre la cama, buscando una posición más cómoda.
—Pregunte ¿Quién es?
Se quedo en silencio unos segundos.
— ¿Recuerdas a… la empleada que encontraste en la mansión? –fruncí el ceño, sin
saber de que estaba hablando.
—Alto –dije al recordar — ¡Esa italiana que estaba loca por ti! Además estaba
obsesionada por dar su sangre a los demás.
—Bianca, si, ella. Te dije que la habíamos trasladado a un lugar mejor.
—Oh Alex, estás jugando de una forma muy fea con ella ¿Qué le has prometido? Esa
chica estaba trastornada por ti.
—No he prometido nada, ella solo me quiere ayudar –me crucé de brazos, negando
ante su actitud. La estaba utilizando y solo había que comprobarlo por el tono de voz que
usaba para responder mis preguntas.
—Dormiste con ella en el pasado ¿no? ¿Es qué existirá alguna mujer con la que no
hayas tenido sexo?
— ¡Claro! –dijo sonriendo, como si mis palabras fueran una ridiculez.
— ¿Entonces no dormiste con ella? –pregunte sabiendo muy bien su respuesta.
—No dije eso –bufé molesta –fue antes de siquiera conocerte. Un poquito antes en
realidad.
—Conocerme de vista querrás decir porque sabias de mi existencia. Eres un
descarado.
Él sonrió y luego se acercó para tirar de mis brazos y dejarme a horcajadas sobre sus
piernas.
—Estás celosa.
—No –dije de inmediato –pero por experiencia, tus amantes desean acabar con mi
cabeza.
—Ella no te haría nada jamás, acabarías con su existencia antes que te tratara de
hacer algo. Bianca es solo una informante, una que nos está ayudando mucho –miré hacia
un lado, cruzándome de brazos –si estás celosa.
—Te gustaría ¿no? para tu información no lo estoy. Es solo que encuentro injusto que
tú lo hayas pasado tan bien, aprovechaste tu tiempo como ninguno.
—Oye… —dijo rodeando mi cintura y acercándome más a él –eran períodos oscuros,
Victoria.
— ¡Oh! Eres un sinvergüenza –dije empujándolo.
—Ese tiempo es pasado –besó mi cuello, logrando que me relajara un poco –tu eres
incomparable y no preferiría a nadie más, a pesar de todo el dolor de cabeza que me
provocas.
— ¡Por supuesto que soy incomparable! Soy tu esposa y si pensaras diferente me
estarías engañando –apoyé mis manos en sus hombros –además tu no te salvas, has sido
mucho más problemático que yo.
— ¿En serio?
—Oh, claro que sí. Fuiste un idiota desde el comienzo, sin contar todo lo que me has
hecho por tu estúpido cargo… ¡ah! no quiero hablar de eso —me iba a separar de él para
poder recostarme a su lado, pero no me dejo, apoyó sus manos en mi cadera.
—En ese sentido tienes razón –lo miré sorprendida –hoy no iremos a ningún lado ¿sí?
los rebeldes tendrán que esperar y puede ser peligroso.
Aquellas palabras solo me trajeron a la realidad.
— ¿Crees qué Marco nos haya delatado? –Alex puso atención en la ventana de
nuevo. La lluvia caía con más fuerza.
—No debí matar a ese maldito de Fréderic, debí tomarlo de su cuello y hacerlo vomitar
todo lo que sabía –presionó con fuerza sus manos contra mi piel.
—Alex… —tomé sus manos y entrelacé sus dedos con los míos, llamando su
atención.
—Te he dicho muchas veces que no debes confiar en nadie. No seguí mi propio
consejo y mira lo que ha sucedido –dijo finalmente. No me podía imaginar cuanto le
afectaba la posible traición de Marco –de todas formas me alegro de que esté muerto, sino
fuera así, tendría que haberlo terminado yo mismo.
—No digas eso, no sabemos si fue obligado a delatarnos o si… hay algo más.
—No, nada puede ser tan importante como delatarte al Consejo.
— ¿Y si su vida corría peligro, Alex? –él negó.
—Tampoco.
Tiré de sus manos para que se acercara a mí, de esa forma me apoyé en su hombro.
Alexander era demasiado estricto, tanto que esperaba que todos prácticamente
dieran la vida por sus Gobernadores, cosa que era imposible, además de anticuado. De
todas formas, tampoco estaba demasiado alejada de esos hechos, Aníbal y Alanna estaban
allá afuera, quien sabe dónde, quizás hasta habían acabado con ellos al descubrir que eran
traidores.
— ¿Estas cansado de todo esto? –pregunté mientras ahora lo abrazaba. Se quedó
unos segundos en silencio.
—Creo que sí, pero eso no importa, todo cansancio desaparecerá cuando atraviese
el cerebro de Cristóbal con mi mano.
Nos quedamos en silencio un momento. Personalmente, imaginando como moría
Cristóbal. Cada día deseaba más y más su exterminio, aunque fuera hipócrita de mi parte,
lo deseaba muerto. Necesitaba tener la conexión mental con Alex, sentía que algo nos
faltaba. Extrañaba su voz en mi cabeza diciéndome algo que solo nosotros sabíamos, al
igual que extrañaba decir cualquier tontería en su mente en momentos inoportunos, era
entretenido.
—Dime la verdad –susurró en mi oído — ¿alguna vez lo deseaste?
—Claro que no Alex –lo miré confundida ¿Por qué me hacia esa pregunta?
—Piensa un poco, diferencia entre las ganas de beber su sangre y las de… —pude
ver como tensaba su mordida, sin poder terminar la frase. Acaricié de inmediato su quijada,
tratando de que se relajara.
—No, aunque también lo dude en cierto momento, pero creo que lo que deseaba de
Cristóbal además de su sangre, era la facilidad con la que hablábamos. Él jamás me trató
mal ni nada por el estilo ¿sabes? –no estaba ayudando a que se relajara.
—No tengo la menor idea –respondió de forma irónica –no tuve el placer de conversar
con él en un ambiente tranquilo.
—Me refiero –dije antes de que se volviera desagradable. No entendía porque quería
hablar de algo que no le agradaba ni un poco –a que él me daba algo que carecía en ese
momento.
—Entonces tendré el cuidado de mantenerte satisfecha –me alejé un poco de él,
separándome de su hombro y lo miré enojada.
—Tú empezaste con esta conversación. Si no quieres aceptar que antes te
equivocaste tanto como… —sus labios interrumpieron lo que estaba diciendo. Aquel beso
duró un par de segundos.
—Lo siento. Esto me hace enojar.
—Entonces olvídalo de una buena vez –dije separándome de él por completo. Me
puse de pie y negué al ver que mis bragas estaban sobre la lámpara de noche. Las tome y
me las puse, era mejor comenzar a vestirme, sin embargo Alex me tomó de la cintura y me
hizo caer en la cama de nuevo.
— ¿A dónde ibas? Ya me disculpé.
—No hables de temas que te hacen enojar porque solo te vuelves en un idiota –le
respondí, mirando hacia la ventana, pero los besos de Alex en mi cuello, llamaron por
completo mi atención.
—Creo que lo más favorable –dijo mientras su mano recorría mi muslo hasta la cadera
–es que partamos en dos días.
— ¿A dónde? No tenemos a dónde ir.
—A un lugar neutro, cerca de Dublín en Irlanda. Es donde se unen y separan las
demás especies –cerré levemente mis ojos al sentir como acariciaba mi abdomen.
—Pero es ahí donde nos dirigíamos en primer lugar.
—Exacto, pero con un objetivo diferente. Será para protegerte, asiste demasiados
seres en ese lugar, incluso tengo algunos conocidos licántropos que podrían ayudar.
—Oh… —lo tomé de su muñeca justo cuando estaba bajando mis bragas de nuevo
–Alex, espera ¿y por qué quieres que haya tanta gente?
—Porque no correremos toda nuestra vida, necesitas testigos –fruncí el ceño.
— ¿Testigos? –me estaba perdiendo en la conversación.
—Para que te realicen un juicio –abrí mis ojos sorprendida.
— ¿Me quieres entregar? –pregunté asustada.
—No –dijo recorriendo mi vientre con sus dedos –pero no pasaremos toda nuestra
existencia escapando Victoria, arriesgando a que te atrapen y te eliminen de una vez, sin
tener acceso a un juicio –eso tenía sentido, lo que era escalofriante.
— ¿Le quieres hacer frente al Consejo?
—Algo así –dijo ahora subiendo la camiseta y besando mi piel.
—Espera, espera –dije cubriéndome con la prenda –no puedes planear lo que
haremos sin decirme. Explícate –se ubicó entre mis piernas, desconcentrándome.
—Primero: viajaremos hasta Irlanda –dijo ahora sobre mí, besando mi cuello –sin
detenernos en ningún lado, debes esperar a que se calmen un poco las cosas si esa nota
es cierta, hay que ubicar dónde nos creen establecidos ¿de acuerdo?
—Si… —dije poniendo atención a como sus manos iban rompiendo su propia
camiseta, dejando un canal de mi piel expuesta.
—Llegando allá iremos a donde el Gobernador de los licántropos, para ese entonces
ya sabrán que estamos ahí ¿Cómo? Haremos que Raúl se los diga, recuerda que también
es parte del Consejo –asentí, mirando sus ojos tan oscuros –entonces habremos
conseguido testigos que esperaran la resolución de tu juicio, no pueden sobrepasar las
normas cuando ya tienen a alguien esperando por ellas.
— ¿Y qué haremos después? ¿Qué sucede si el juicio sale a favor de ellos… si me
condenan a muerte? ¡Alex! Concéntrate –lo regañé cuando su boca se apodero de uno de
mis pechos y tiró con suavidad de este con sus dientes.
—Bueno, desde ahí nos aprovecharemos de la gran fama que te ha proporcionado
Cristóbal –su mano se dirigió hacia mi vientre, colándose por mis bragas.
— ¿Qué? –pregunté, dejando caer mi cabeza en la cama.
—El Consejo no te podrá eliminar porque le agradas a los rebeldes, que ya sabemos
que son varios, los suficientes como para ponernos en aprietos –antes de que pudiera
preguntar algo, me deshice al sentir como Alex comenzaba a bajar con sus besos, aunque
no detuvo su explicación –no debes admitir que convertiste a Cristóbal, jamás ¿entiendes?
— ¿Por qué? ¡Alex, detente! –así no podía seguir conversando, pero él no me dejó
liberarme. Con sus brazos se apoderó de mis piernas, inmovilizándome mientras sentía
como su lengua recorría mi clítoris.
Me rendí, así no podía.
Mis manos se aferraron al cobertor blanco mientras que el placer que me
proporcionaba Alex solo podía ser liberados en gemidos y en susurros, llamándolo mientras
que él seguía ahí abajo. No me dejó hasta que grité su nombre en un maravilloso orgasmo,
mi cuerpo se estremeció a causa de él, distrayéndome por completo de nuestros problemas.
Lo único que deseaba era estar de esta forma por un largo tiempo, sin pensar en cómo
escaparíamos del Consejo y Cristóbal.
Sus labios fueron subiendo, besando mi abdomen, mis costillas, mis senos, hasta que
llegó a mi cuello, donde mordió sin otro preámbulo, bebiendo solo unos sorbos de mí para
después besarme.
Mi cuerpo se removía bajo el suyo mientras mis manos recorrían sus brazos y fuertes
hombros, arañando su espalda.
—Nadie puede probar que no soy el Gobernador –dijo besando mi mentón.
— ¿Qué? –estaba disfrutando en mi séptimo cielo, no tenia cabeza para estar
hablando de esto, pero de todas formas pregunté.
—Por eso no debes aceptar nunca que convertiste a Cristóbal, es su palabra contra
la nuestra. Solo Elizabeth sabe la verdad porque podrá comunicarse conmigo mentalmente,
pero no la tomaré en cuenta y espero que no diga nada ¿entiendes?
—Algo –dije mientras lo atraía hacia mí para poder besarlo, pero él no me dejó, solo
apoyó su frente junto a la mía mientras sonreía de forma altanera.
— ¿No me estás escuchando? –preguntó sonriendo, entendiendo muy bien que
estaba interesada en él, pero no en lo que decía.
—Es un pésimo momento para hablar de planes.
—Tienes razón –susurró contra mis labios mientras que con su mano extendía más
una de mis piernas, justo para entrar en mi cuerpo.
Cerré mis ojos, aliviada de poder sentirlo por completo. Sus labios ahora se movían
contra los míos hasta que su cadera chocó contra la mía.
—Eres única –dijo contra mi boca antes de darme un beso que me dejo en las nubes.
Su lengua se movía contra la mía de tal forma que no pude evitar aferrar mis brazos
a su cuerpo, mientras mi cadera buscaba la suya. Pero me detuvo y siguió besándome,
torturándome al limitarme de esta forma.
— ¡Alex! –exigí al sentir que no se movía.
— ¿Si? ¿Necesitas algo?
Antes de que pudiera responderle, un celular comenzó a sonar. Era el mío. Miré
asustada a Alex y lo empujé para ir por mi bolso que estaba al lado de la cama, saqué con
rapidez el teléfono, justo para cuando él bruscamente me hacia volver a la cama.
—Alex, no –dije advirtiéndole, sabía muy bien lo que pretendía — ¡es tu madre!
Sin preocuparse, me quitó el teléfono al mismo tiempo que volvía a entrar en mi
cuerpo. Un gemido se escapó de mi boca justo para cuando él contestó.
— ¿Si? –dijo como si nada, apoyando el teléfono en su hombro y ladeando su cabeza
para que no se le cayera, de esa forma tuvo sus manos libres para apoderarse de mi cadera
y comenzar a moverse.
—No –susurre, tratando de escaparme. Estaba siendo un depravado al hablar con
Elizabeth al mismo tiempo que estaba conmigo, pero su sonrisa me decía cuanta gracia le
daba todo esto.
—Sí, estoy un poco ocupado –dijo respondiendo a ella, ni siquiera la podía escuchar.
Cerré mis ojos y cubrí mi boca para no delatarnos, dejándome llevar por él.
—Oh… no sé de lo que estás hablando, no iré a Londres, estuve… ahí hace poco. Te
tengo que dejar, llámame en una hora más.
Sin más le cortó, tirando el celular a un lado y dedicándose por completo a mí.

Pasaron dos horas y terminé rendida, como hacía mucho tiempo no me sentía. Alex
bebió de mi sangre, me hizo suya de todas las formas que deseó hasta que agotada me
quede dormida mientras no paraba de llover.
No fue hasta que sentí una voz lejana y una caricia en mi mejilla, que abrí mis ojos.
Alex se alejaba de mí, caminando hasta la ventana mientras hablaba por teléfono. Vestía
solo con un pantalón de deporte negro y parecía enojado.
—Cuida tus palabras, estás hablando de tu Gobernadora, madre.
Me tensé por completo. Lentamente me senté en la cama, cubriéndome con la
sabana.
—No hay razón para decirte donde nos encontramos y la calumnia que estás diciendo
puede ser pagada de formas que hasta a ti te dolerían. Ten cuidado.
No podía creer que estuviera hablándole de esa forma a su madre.
—Estamos ocupados en temas más serios y no perderemos tiempo viajando a
Londres, hay pistas de Cristóbal en Rusia, así que aquí estamos.
Alex se giró y me vio.
—Tú no tienes porque darme órdenes, vuelve a llamar cuando estés más calmada –
sin más le cortó mientras me guiñaba un ojo.
— ¿Qué te dijo?
Se acercó hasta donde me encontraba y me dio un beso en los labios. Duró unos
fantásticos segundos.
—Buenas… tardes –dijo finalmente. Sonreí como si fuera una tonta.
—Hola, amor –sonreí.
—Supongo que has escuchado parte de la conversación que tuve con tu querida
suegra –asentí, aun sonriendo –efectivamente han descubierto todo, por lo tanto, Marco
nos traicionó.
Adiós sonrisa.
— ¿Y que ha dicho? ¿Te dio detalles de eso?
—Sí, William estaba en una reunión con el Consejo, cuando recibió la llamada de
Marco. Todos lo escucharon –se sentó en la cama, no pude evitar tomar una de sus manos,
necesitaba en que apoyarme.
—Demonios ¿Qué te dijo ella?
—Deseaba saber la verdad –sentía como si en cualquier momento comenzaría a
temblar –enviaron solo a un grupo de guardias, más especiales, a encontrarnos. No tienen
idea de donde estamos, ella me lo habría dicho.
—Mmm… —dije no muy confiada de ello.
—Raúl también está en Londres, fue el primero en defenderte dijo Elizabeth, por lo
tanto, lo tenemos de nuestro lado. Ella no me cree, dice que puede sentirme en su mente,
pero que la estoy bloqueando. Esa es la única prueba que tiene si es que nadie sale como
testigo de lo sucedido.
—O sea que nos queda confiar en Lina, Aníbal, Alanna, Raúl, Ezequiel, Will, Tessa…
y nosotros.
—Exacto, demasiadas personas para mi gusto, pero ya está hecho.
—Explícame lo que me decías hace unas horas, no pude poner atención cuando tu
lado pervertido estaba en todo su esplendor –dije sonriendo.
—Te lo explicaré mientras nos damos una ducha –lo miré confundida, pero él sin
ningún problema me desprendió de la sabana y luego me tomó en brazos, llevándome al
baño de la habitación.
— ¡Alexander! –dije mientras entrabamos a la ducha.

Me explicó con lujo y detalle todo lo que teníamos que hacer mientras el agua caliente
caía sobre nosotros. No fue difícil entenderle esta vez ya que sus manos se quedaron en
un lugar seguro, antes de que volviera a hacerme suya.
Era un plan arriesgado, sobretodo porque no teníamos la seguridad sobre los
rebeldes. Quizás no todos eran como Fréderic que parecía tener cierto respeto por mí, e
incluso, podía ser que la carta estaba exagerando la situación.
— ¿Y si no sucede nada? –dije cuando me estaba poniendo mi ropa interior.
—Eso es imposible, te aseguro que el mismo Cristóbal se pronunciará por tu
situación. Él no sirve de nada si no tiene tu apoyo.
— ¡Pero nadie confía en mí! Todo el mundo lo sabe Alex.
—No –negó de inmediato mientras se ponía su camiseta, esta también era casual, de
color gris, que lo hacía ver más joven, me gustaba eso, sobretodo porque ahora estaba de
buen humor y todo su pesar y preocupación por mi posible escape, había quedado en su
olvido hacía tiempo.
—Claro que sí, todos pensaban que te iba a dejar.
—Esos eran los Consejeros, no la gente en sí, incluso los Guardias ayudaron mucho
a que confiaran en ti los demás vampiros. Siempre te han demostrado un respeto único ¿no
te has dado cuenta? Todos siempre han creído que gobierno mejor cuando estoy con una
pareja, tú eras la salvación para mi existencia… cosa que no era mentira.
Lo quede mirando sorprendida, con mis pantalones a medio poner. No pude evitar
acercarme a él y darle un corto beso en sus labios.
—Siempre te has comportado muy bien con los demás, pero no lo notas –dijo
finalmente.
Me senté a su lado mientras me ponía mi camiseta negra.
—Alex ¿Qué pasa si esto no funciona? ¿Si nos atrapan? ¿Qué sucederá si esto es
imperdonable? –se quedó en silencio por unos segundos.
—Te ayudaré a escapar y nos iremos a donde nadie nos encuentre.
— ¿Y por qué no hacemos eso de una buena vez? Ya no seas Gobernador, si
eliminas a Cristóbal… no vuelvas.
—No es tan fácil como crees –me puse de pie, buscando mi chaqueta.
—Claro que lo es, solo debes decir que renuncias y se acaba, hay 7 Consejeros que
pueden hacer el trabajo –se ubico detrás mío y rodeó mi cintura, apoyando su mentón en
mi cabeza –no encuentro nada bueno en ti cuando eres el Gobernador Alexander Lenardis
–dije apoyando mis manos en las suyas.
—Tú lo que quieres es tenerme todo el día para ti sola –dijo ahora mordiendo mi oreja
–te aburrirías de mi, Victoria –cerré mis ojos y me deje abrazar aun más por él.
— ¿Por favor? ¿No puedes alejarte? –esta vez Alex se rió, lo que fue bastante
molesto.
—No resultara dos veces, pedir las cosas por favor no es la clave ¿sabes? –me giré
a verlo, con el ceño fruncido, pero él no me dio tiempo de reclamar, me volvió a besar,
acorralándome contra la ventana. Sin embargo, cuando comenzó a bajar el cierre de mi
chaqueta, lo detuve.
—No, no y no –dije decidida –tenemos otros planes y esos son aprovechar el día de
forma diferente.
— ¿Ves que te aburrirías de mi si me tuvieras 24 horas, los 7 días a la semana? –
puse los ojos en blanco.
—Tú tienes un trabajo y más de una empresa que llevar, así que no me vengas con
excusas baratas. Solo di no de una buena vez –dije escapando de sus brazos para tomar
la libreta de Fréderic.
—No –respondió de forma honesta.
—Mejor salgamos y me entrenas ¿sí? no hay que perder el tiempo, aunque este
lloviendo.
—Está bien.
Ambos salimos de la hostal para cuando estaba atardeciendo. Estaba lloviendo con
bastante fuerza pero Alex había insistido que no deseaba salir con algo más que su
camiseta, nada de algún abrigo.
Para mi sorpresa, esta vez Alex eligió un nuevo destino, era en la playa, en un lugar
alejado donde nadie nos vería. Estuvimos horas tratando de que mis habilidades mejoraran,
no fue muy fructífero, pero era obvio, esto no pasaba de un día para otro, menos cuando tu
entrenador te hacia caer en la arena cada vez para atraparte desprevenida y besarte. La
lluvia y la arena no fueron de gran ayuda, es más, dificultaron todo aun más.
—Has hecho trampa, este lugar no ayuda a moverme –dije cuando ya estábamos
sentados, en la madrugada, alejados de la orilla, completamente mojados. Todo estaba
muy oscuro y se escuchaba solo el mar.
—Solo un poco, aunque la idea era poner las cosas más difíciles –giré un poco mi
rostro para poder verlo.
—Eso se hace cuando el alumno avanza en su aprendizaje y yo no he avanzado
nada.
—Es cierto, pero eso no quita que haya sido entretenido poder ver como caías tantas
veces –dijo riendo –soy un pésimo profesor.
—Horrible.
Tomó mi mentón y me volvió a besar mientras que su otra mano se colaba bajo mi
abrigo.
—Alex –susurré al notar hacia donde iba –debemos volver.
—Shh… —cubrió mi boca con su mano y me inmovilizó. Recién en ese segundo me
di cuenta de que alguien más estaba cerca.
Vampiros.
— ¡No pueden estar acá! ¿Estás seguro? –preguntó uno de ellos. No podía verlos y
ellos tampoco a nosotros, que estábamos en un risco que estaba al final de la playa.
—¡Por supuesto! han visto al Gobernador y a Victoria Lenardis recorriendo la ciudad
como si nada, no tienen idea de que estamos aquí, pero es nuestra oportunidad, podemos
acabar con él.
Me quede helada al escuchar aquello.
—No, primero hay que ubicarlos, dar aviso y ver que nos ordenan. Sabes que el
problema aquí es él, no ella.
—Si ¿pero cuanto tendremos que esperar?
—Haz grupos –su voz comenzaba a alejarse –que recorran la ciudad en su búsqueda.
—Está bien.
Siguieron su camino hasta que desaparecieron, ni siquiera pude ver sus rostros, pero
Alex no esperó muchos segundos para ponerse de pie e ir en dirección contraria a la que
iban los dos vampiros. No soltó mi mano.
—Debe estar cerca –dijo mirando a los alrededores, me tuve que concentrar bastante
para poder ver con mayor detalle algo que llamara nuestra atención.
— ¿Qué cosa?
—Donde se está llenando de traidores –dijo ahora mirando una gran roca que había
al frente de nosotros –ven, subamos.
Por dios, este hombre no tenia limites. Como un gato subió la roca tan rápido, que
llegó a cima cuando yo estaba comenzando a escalarla. Cuando llegué arriba, me tendió la
mano para ayudarlo, dos minutos después de que él ya había observado el lugar.
—Ya no se ven por ningún lado –dijo observando por donde se fueron los vampiros –
debe ser por acá –miró hacia el lado contrario y justo cuando pensé que no veríamos nada,
una luz se vio a unos 50 metros, cerca del risco donde terminaba la playa –agáchate.
Hice lo que me dijo, pero para nuestra mala suerte los vampiros que habían
desaparecido, volvieron.
— ¡Eh! –Gritó uno — ¡ustedes!
Ni siquiera me di cuenta cuando Alex pasó por mi lado y acabó con la vida de los dos
vampiros. Pude ver claramente como los decapitaba con sus manos.
—Salta, Victoria –me ordenó desde abajo, no dude en hacerlo.
Por lo menos no caí de cara, pero más voces se unieron desde el otro lado de la roca.
Habían escuchado a los vampiros que Alex asesinó.
—Corre, ahora.
CAPÍTULO 13
Corrimos y corrimos, nunca supe cuantos nos seguían, pero Alex me guió por
pasadizos y calles tan estrechas que debía pasar de lado para poder avanzar. Los tuvimos
más de una hora detrás de nosotros y lo peor fue que la lluvia comenzó a caer, dificultando
nuestra vista en la oscura noche. Podía escuchar las voces de esos vampiros,
sorpresivamente todos estaban concentrados en atrapar a Alex, quien estaba obstinado en
perderlos.
Por un milagro, a esa hora de la madrugada encontramos un cine abierto, Alex no
dudo en tomar mi mano y hacernos entrar por una puerta alternativa. Eligió la primera sala,
donde estaban pasando una película antigua, de aquellas en blanco y negro. Nos sentamos
en una butaca y esperamos un par de minutos antes de decir palabra alguna.
—Parece que los hemos perdidos. Siempre que estés en una situación así debes
correr, no tienes la fuerza para defenderte y por ello debes escapar –aclaró, a lo que solo
asentí –creo que eran alrededor de seis u ocho, no se veían mayores. Si algún día debes
escapar por ti sola, busca lugares donde haya aglomeraciones de personas, así los
distraerás con el aroma de los humanos.
— ¡Venían a por ti! –Dije susurrando, asustada –ellos hablaban de asesinarte, Alex.
—Sí, usualmente los traidores o rebeldes desean hacer eso –me sorprendió ver su
sonrisa tan relajada –no te asustes por mí, eran jóvenes comparados conmigo, podría
acabar con ellos. Solo hay que separarlos en grupos más pequeños y luego, exterminarlos.
A todo esto, siento que hayas visto eso en la playa, te prometí que…
— ¿Qué? No te preocupes por eso –dije ahora, tomando de una forma muy diferente
la capacidad de decapitar que tenía Alex –eran ellos o nosotros.
—Te he dicho que este juego tiene normas diferentes, no soy ningún tirano –lo mire
y negué por sus palabras.
—Una cosa es matar a alguien porque tu vida corre peligro y otra muy diferente es lo
que sucedió con Fréderic y lo sabes –miró hacia la gran pantalla.
—No quiero seguir hablando del tema. Ahora nos quedaremos unos minutos aquí y
luego partiremos ¿entendido? Tomaremos nuestras cosas. Dejaremos el auto.
Asentí a sus palabras, era cierto, tendríamos que salir de aquí lo más rápido posible.
Sin embargo nuestros planes peligraron cuando la puerta de la sala se abrió, pudimos ver
por nuestra posición que era uno de los vampiros. Alex fue lo suficientemente rápido para
tomarme del brazo y acercarme hasta él, de tal forma que su rostro fuera cubierto por mí.
—Bésame, ahora –no dude en hacerlo, pensando que eso ayudaría.
Alexander Lenardis era un sinvergüenza.
Con su mano derecha rodeó mi cintura y con su fuerza logró que me ubicara sobre
él, a horcajadas, en ese espacio tan reducido. Sus manos se fueron colando bajo mi abrigo
y mi camiseta. Cuando me separé de él debido al cambio de escenario, él simulo mirar
hacia donde estaba el vampiro y luego negó, atrayéndome a su cuerpo por segunda vez.
—Sigue –susurró contra mis labios –o nos descubrirán.
No sé qué habrá sido, pero le creí como una idiota. Realmente estaba asustada ante
la posibilidad de que nos encontraran, por eso mismo seguí besándolo mientras ahora sus
manos no se detenían y se dirigían hacia mi abdomen para luego subir, pero cuando estaba
a punto de llegar a mis senos, me removió y me alejé un poco, mirando hacia donde estaba
el vampiro.
Ya no había nadie.
—Alex… el tipo se fue de inmediato ¿no? –él fue retirando sus manos con una sonrisa
que evidenciaba su culpa. Era un mentiroso — ¡no juegues con estas cosas!
—No puedes verle el lado divertido ¿cierto? –lo mire espantada, pero luego me di
cuenta que él tenía experiencia en este tipo de acontecimientos.
— ¿Cuándo deberemos esperar? –Me giré un poco, sin moverse de mi cómoda
posición sobre Alex y noté que solo habían dos hombres en la sala, bien distanciados —
¿pero qué demonios?
Me giré y senté sobre las piernas de Alex, mirando atenta ahora lo que estaban
pasando en la pantalla gigante.
— ¡Es una película porno antigua! –Dije asombrada, nunca había ido a un cine que
pasara ese tipo de películas — ¡Alex!
— ¿Qué tipo de cines crees que están abiertos a esta hora? –preguntó mientras sus
manos rodeaban mi cintura de nuevo.
— ¡No mires! –dije cubriendo sus ojos con mis manos, girándome un poco hacia él.
Justo estaban pasando un desnudo de la protagonista.
—Puedo escuchar muy bien –dijo mientras obstruía su vista. Tenía una sonrisa
seductora.
—Oh basta, cubre tus oídos –susurré, poniendo atención a lo que de verdad estaba
sucediendo en la película. Esa chica tenía una garganta… muy resistente, para ser humana
y para soportar al chico mutante.
— ¿Victoria? –preguntó al notar que estaba callada.
—El protagonista lo tiene más grande que tú –fue el turno de Alex para cubrir mis ojos
y mi boca, porque no pude evitar reírme.
No debíamos ver bastante ridículos, ambos cubriéndonos los ojos. Fui la primera en
desertar y apoyarme mejor en las piernas de Alex, ni siquiera quería imaginar que fluidos
había en las butacas. No me sentaría en ellas.
—Qué lugar más romántico para pasar la noche, ni siquiera estoy respirando –dije
susurrando en su oído.
—Solo será por unos minutos –dijo Alex mirando la pantalla. Negué ante su
comportamiento.
—Eres un pervertido.
— ¿Por admirar la actuación de una actriz? –Preguntó ahora mirándome –esto es
arte humano ¿no? –tuve que cubrir mi boca para poder reírme. Me había casado con un
depravado.
—Es demasiado gritona –dije cuando puse atención desde una mirada analítica.
—Quien lo dice… —lo miré enojada por su broma –pero si, grita más que tu.
— ¡Alex! –le di un golpe en su pecho.
Para mi sorpresa la tensión de nuestra persecución pasó a segundo plano, sin
embargo, la conversación siguió sobre nuestros planes a escapar. Tendríamos que irnos a
pie, lo que significaba que nuestro recorrido, a pesar de ser vampiros, se volvería más lento.
—Debemos ser cuidadosos, ahora han de saber dónde estamos. Ambos bandos
están detrás de nosotros y no queremos ser encontrados por ninguno.
—Espero que no descubran nuestro nuevo medio de transporte –dije al imaginarme
que éramos atacados en un lugar desierto. No podría ayudar a Alex.
—Como ya hemos sido descubiertos, retiraré bastante dinero para que no tengamos
problemas de ese tipo –asentí, aunque también podíamos sobrevivir en la intemperie, no
es como si nos fuera a dar hipotermia.
—No hoteles lujosos o algo parecido ¿entendido? –dije susurrando, para que
recordara que no estábamos de paseo, por lo tanto sus caprichos debían quedar a un lado.
—Hoy hice algunas llamadas, nos estarán esperando en Dublín.
Me removí un tanto nerviosa por estar confiando en los conocidos de Alex, realmente
desde lo sucedido con Marco, cualquier amigo de mi vampiro parecía sospechoso.
— ¿Y si nos traiciona? ¿Y si da aviso al Consejo?
—Solo ella perderá, nos darán cierta protección antes de poder reunirnos con los
licántropos.
— ¿Ella? –pregunté curiosa.
—Ya verás de quien me refiero, no la conoces así que no intentes pensar en nadie.
Ahora es mejor que nos movamos, de seguro ya han registrado nuestra habitación.
Salimos del cine justo por donde entramos, caminamos pacientemente por las calles,
teniendo cuidado ante alguna voz sospechosa o algún aroma que fuera diferente al de
humanos.
Te ves muy guapa…
Me detuve de inmediato al escuchar esa voz en mi cabeza. Estaba inmóvil bajo la
mirada de Alex que no le tomó ni un segundo saber lo que estaba ocurriendo.
—Hijo de… —comenzó a mirar hacia los edificios, pensando que estaba en altura.
Cerré mis ojos, tratando de encontrar la mente de Cristóbal, de descubrir donde se
encontraba, pero por lo visto durante este último tiempo había estado ejercitando. No podía
meterme en su cabeza.
¿Qué demonios haces aquí?
Pregunté tratando de que me respondiera, aunque me entregara alguna pista.
El mundo es pequeño, ha sido una sorpresa saber que te encontrabas en esta ciudad.
No temas, estoy solo, necesitaba beber algo y luego escuché que algunos vampiros los
había descubierto ¿Qué haces por estos lados?
Nada que a ti te importe, idiota. Deberías ser más cuidadoso, no es a cualquier
vampiro al que te enfrentas. Alex podría acabar contigo en un segundo.
No lo dudo, ni mucho menos lo subestimo, sin embargo… tú estás con él y jamás te
pondrá en peligro ¿o me equivoco? De todas formas lo descubriremos en un tiempo más,
cuando por fin creas en mis palabras. Alexander Lenardis te entregaría hasta al mismo
Consejo solo para mantener su cargo, que a todo esto es mío.
— ¡Cállate! –dije tanto en mi mente como en voz alta. Abrí mis ojos, encontrándome
con una expresión preocupada por parte de Alex, le dolía que yo me comunicara de esta
forma con alguien que no fuera él.
Lo sabes ¿no es así? puedo sentir en tu mente como desconfías de él, estás en lo
correcto. Tu mente es un cosa curiosa, Victoria, tienes toda una vida ahí, deberías usar
esos recuerdos para darte cuenta que Alex te volvería a dejar por el poder y dinero, ahora
se mantiene a tu lado solo porque eres el puente para volver a ser Gobernador, uno pésimo
a todo esto.
Cerré mis ojos junto con mis manos, mis huesos sonaron, deseando poder
apoderarme de la cabeza de Cristóbal para no volver a escuchar su horrible voz. Lo
deseaba muerto, tanto, que cada celular de mi cuerpo estaba comenzando a ansiar su
sangre.
¿Cómo demonios te estás metiendo a mi cabeza? ¿Descubriendo secretos de ese
tipo? Pregunté, tratando de mantenerme serena. Sentí las manos de Alex en mis brazos,
pero aun no quería volver con él, debía investigar algo más.
Oh, de la misma forma que deseabas mi sangre. Mmm… era agradable ver como tus
ojos se oscurecían aun más al pensar en morderme ¿no lo recuerdas?
Para mi sorpresa, imágenes de esos tiempos aparecieron en mi cabeza. Tuve deseos
de vomitar, lo que era ilógico, pero sentí un asco horrible.
¿Esos seres extraños te están ayudando? ¿Hadas?
Aun me parecía extrañísimo de que esos seres existieran, pero realmente no había
límites sobre ello. Éramos vampiros y vivíamos entre humanos, bebiendo de su sangre.
No te preocupes, en algún momento tendrás que reunirte con nosotros y discutiremos
lo sucedido entre los dos. Ya sabes cuales son mis normas, Victoria.
No me uniré a ti, jamás… y deja de estar esparciendo el rumor de que estoy de tu
lado. Mi lugar es junto a mi esposo, Alexander.
Quien no te ha valorado jamás, ni en el pasado, ni ahora… ya verás sobre lo que te
hablo. Cuando te diga que es adecuado adherirse al Consejo que a nosotros, cuando tu
vida corra peligro y él solo mire hacia un lado, sabrás que ese vampiro, al que llamas tan
orgullosamente esposo, no será más que tú enemigo para obtener ese cargo, que yo y tú
tenemos. Por la ley entre los vampiros, debemos gobernar juntos… es de la única forma
que admitiré que esa escoria siga con vida.
Comencé a hurgar entre sus memorias, no importaba como lo hiciera pero tenía que
descubrir donde estaba. No debía ser lejos, quizás solo un par de metros.
—Alex… —dije ahora preocupada, dejando de concentrarme en Cristóbal, estaba
comenzando a sentir miedo por culpa de ese neófito.
— ¿Sabes dónde está? –preguntó tratando de percibir algo que nos dijera su
ubicación.
—No.
No lo sigas intentando, tan solo juego con tu mente. Gracias por entregarme la
ubicación de donde se encuentran, no estoy en Siracusa… pero con cierta ayuda me he
podido conectar contigo. Ha sido una fantástica conversación.
Te encontraremos y acabaremos contigo, recuerda eso.
Oh… no dudo en que me encontraras, es más, lo ansió, pero ¿acabarme? No lo creo,
ya que para eso necesitarías estar junto con Alexander y cuando nos veamos, estaremos
solos tú y yo. Es una pena Victoria, no sabes cuánto deseo que abras los ojos, él no debe
estar a tu lado, sino yo.
¿De qué demonios estás hablando?
Sus palabras me asustaron ¿planeaba secuestrarme o algo parecido?
Ya averiguarás la segunda fuente de dinero que tiene el Consejo y tu querido ex
Gobernador. Deberías poner atención y bajar a los sótanos que tienen los Centros
Proveedores.
¿De qué hablas?
No estaba entendiendo a lo que se refería ¿es qué Alex me había escondido algo
más?
Fue un gusto, Victoria, nos vemos.
Pude sentir como la conexión desapareció antes de que pudiera responderle. Caí de
rodillas, temblando, agotada por haber estado comunicándome de esa forma con Cristóbal.
Mi cuerpo y mente lo rechazaba en su totalidad, era antinatural que tuviera ese tipo de
conversaciones con alguien que no fuera mi pareja.
—Victoria –susurró Alex, rodeándome con sus brazos para después tomarme entre
ellos y llevarme hasta nuestra hostal.
Me dejé llevar sin hacer preguntas, me sentía mal y no quería escuchar alguna nueva
mentira de Alexander.
Para mi alivio, no habían encontrado el lugar donde nos estábamos hospedando, por
ello Alex me recostó en la cama y él se ubicó a mi lado.
—Muy bien, bebe algo ¿Qué te dijo ese bastardo? –me giré hacia él, sin saber que
responder.
Sin muchos preámbulos mordí su cuello, dejándome extasiar con su sangre que me
hizo bien de inmediato. Mi mente se volvió a estabilizar, pero de todas formas estaba
agotada, luego de unos minutos me deje caer en la cama, sin fuerzas para realizar nada,
pero por lo menos ya mi mente no daba mil vueltas por el esfuerzo.
—Victoria, respóndeme ¿Qué te dijo? –me saqué los zapatos, que deje caer en la
cama. Con ayuda de Alex me deshice del abrigo y luego me acerqué a él.
—Dijo que me ibas a traicionar –respondí a su pregunta mientras luchaba porque mis
parpados no cayeran –que me… entregarías al –mis ojos se cerraron por completo,
cayendo a la inconsciencia.
—Victoria –volvió a llamarme Alex, provocando que abriera los ojos — ¿a quién te iba
a entregar? Pero que estupidez, dime que no has creído en ello.
—Dijo que me entregarías al Consejo –fueron las únicas palabras que pude decir de
una sola vez sin interrumpirlas con algún signo de agotamiento.

La suerte estuvo de nuestro lado ya que pude descansar sin interrupciones. Por lo
visto no habían descubierto donde dormíamos. Sin embargo, el ambiente entre nosotros
volvió a estar tenso. Cuando desperté Alex estaba mirando por la ventana, siempre que lo
encontraba de esa forma es porque algo iba mal, además del hecho que él dormía siempre
más que yo.
—Buenos días –dije sentándome con cuidado. Pude notar que nuestras cosas
estaban preparadas, listos para partir.
—Buenos días, Victoria ¿te sientes mejor? —Preguntó él, girándose hacia mí. Estaba
con unos pantalones deportivos negros y una camiseta con mangas que se ajustaba a su
cuerpo, también deportiva.
—Si… debemos partir ahora ¿no? nos hemos retrasado.
—Cámbiate, te traje algo con lo que te será más cómodo correr y caminar –pude ver
que también tenía mi ropa deportiva, del mismo estilo y color que el suyo.
Arreglé mi cabello y lo tomé para que no molestara, me cambié de ropa ahí mismo y
pude sentir que realmente la vestimenta de ahora era cómoda. Me pasó una casaca
impermeable también negra que debía ser térmica, si fuera humana agradecería el detalle,
pero ninguno pasaba frio.
— ¿Dónde estaba él? –dijo cuando me abrochaba la casaca. Lo mire curiosa — ¿de
dónde te estaba hablando? Ayer no dijiste nada sobre Cristóbal, más que su intento fallido
o no, de arruinar aun más tu confianza hacia mí.
Lo miré unos segundos, pensando en lo que dijo aquel traidor. Los sótanos de los
Centros Proveedores parecían tener algo realmente malo, como para que Cristóbal los
nombrara, pero no podía decírselo a Alex ¿me mentiría otra vez? ¿Estaría enterado sobre
lo que había en esos lugares?
—No estaba aquí, Alex, me dijo que un… o una hada lo estaba ayudado, quizás fue
la misma que le proporcionó la facultad de que su sangre fuera apetecible para mí –él se
estaba abrochando su propia casaca negra, estaba enojado y sabía que era conmigo.
—Maldito, lo más probable es que lo estén ayudando para que se pueda comunicar
contigo a distancia. Solo hay que tener una gran concentración para ello, años de
experiencias… pero también está el camino corto, él que usa Cristóbal, con Hadas –miró
hacia un lado, molesto.
— ¿Cambiaste nuestros bolsos? –dije notando que ahora teníamos mochilas, era
mucho más fácil de transportar.
—Sí, podremos correr mejor de esa forma, vamos, apresúrate –tomé mi mochila,
donde metí mi pequeño bolso y me la puse sobre los hombros. No pesaba nada, aunque lo
más probable fuera que para un humano fuera una gran carga.
—Traté de saber donde se encontraba –dije, tratando de defenderme por la mirada
de Alex –pero no vi nada, creo que ahora también se sabe cuidar muy bien.
—Claro que lo hace.
Caminó hacia la puerta, pero en un segundo me interpuse. No íbamos a salir de aquí
de esta forma.
—Dijo cosas muy feas sobre ti –comencé a explicar –que me entregarías y que se
repetiría la historia, descubrió nuestro pasado como humanos. No sé cuanto investigó en
mi cabeza, lo más probable es que sepa que escapamos.
—Debes comenzar a proteger tu mente, como lo hacías conmigo –dijo con un tono
acido. Asentí ante la obvia idea.
—Dijo que nos encontraríamos y que cuando eso suceda tu no estarías, que sería
porque yo iría hasta donde él estaba –pude notar la mordida tensa de Alex.
—Eso solo lo decides tú.
—Oh, Alex… ¿es qué piensas que podría irme con él? Te quiero fuera de ese cargo,
¿pero irme con Cristóbal? Es una locura.
—Espero que sea una locura, porque si llega a suceder, quiero que sepas desde este
momento que estarías muerta para mi ¿entendido? –la frialdad de sus palabras y su
expresión me dejaron atónita. No estaba alardeando — ¿entendido, Victoria? –preguntó de
nuevo, de forma desagradable.
No podía culparlo, yo igual me sentiría muy frustrada y enojada si él se comunicara
con Lina o quien fuera, telepáticamente. Era algo de nosotros y que por mi culpa –y en parte
suya por querer hacerme una asesina –habíamos perdido al convertir a Cristóbal.
—Sí.
Fue lo único que pude decir antes que abriera la puerta, pero creo que Alex percibió
lo mal que me sentaron sus palabras porque antes de salir de la habitación, él tomó mi
brazo y me detuvo.
—Buenos días –dijo ahora uniendo sus labios a los míos. Respondí porque era una
reacción innata que tenia con él, pero no pude quitarme el pesar de lo que había dicho.
—Creo… —dije cuando di un paso hacia atrás, separándome de sus labios –también
debes saber que esas palabras que has dicho, corren de igual forma si intentas entregarme
o si… prefieres al Consejo antes que a mí.
No supe interpretar la expresión de Alex, pero era obvio que se había tomado mal mi
aclaración. Si él las hacía, yo también podía.

Salimos de la hostal, para nuestra suerte se había levantado una tormenta bastante
fuerte que nos protegía de miradas curiosas, ya que podíamos cubrir en parte nuestros
rostros con los gorros al ir avanzando. Decidimos que no usaríamos nuestra velocidad
normal porque algún vampiro que no reconociéramos nos podría descubrir.
—Vamos a llegar en dos días si todo va bien. Descansaremos en algún lugar, siempre
hay pequeños pueblos que nadie conoce donde podemos encontrar una hostal –dijo Alex
cuando nos estábamos alejando de la ciudad.
Sonreí, por lo visto su molestia ya había quedado en segundo plano. No me había
hablado desde que me informó de nuestra forma de viajar, justo cinco minutos después de
salir de la hostal.
—Me gusta la ropa que has elegido, con toda esta lluvia no siento nada –dije ahora
tomando su mano, él presionó la mía y me sonrió.
—Debes crear muros en tu mente, Victoria, no queremos ser descubierto por los
rebeldes a mitad de camino ¿bien?
—Si –dije asintiendo. Eso lo estaba haciendo desde hacía horas atrás.
—La ventaja de elegir este camino es que tú no tienes idea de en donde nos
encontramos, así que aunque lean tu mente, no sabrán nada.
Cristóbal era un maldito infeliz ¿Qué había descubierto en mi cabeza? Quizás algunos
nombres o hechos, esperaba que no estuviera detrás de Aníbal y Alanna. Lo dudaba, mi
odio hacia él era cada vez peor, eso era lo necesario para que una barrera natural se
levantara y Cristóbal no pudiera entrar en mi mente, por lo menos así funcionaba con
Alexander.
—Promete que cuando todo esto pase, nos daremos el lujo de pasar unas buenas
vacaciones en Siracusa –él sonrió al escucharme.
—Prometido, pero primero tengo que descuartizar a Cristóbal, dime otra vez ¿Qué te
dijo con exactitud?
Que había algo debajo de los Centros Proveedores, pero no podía decirle eso ya que
por una u otra razón no confiaba en que Alex me permitiría saber realmente lo que sucedía
en ese lugar.
—Ya te lo dije, solo criticas para ti –cubrí un poco más mi rostro.
Para mi sorpresa mi voz sonó como si fuera una conversación cualquiera, lo que era
gratificante ya que no era una experta en esconder información.
— ¡Como deseo despedazarlo! Si no fuera por él, no tendríamos ningún problema,
solo habría que acabar con los rebeldes.
Me acerqué hasta él y tomé su mano, entrelazando sus dedos con los míos. Él no se
alejó y no se volvió a alterar. Teníamos un largo camino que recorrer y hacerlo de buen
humor era nuestra mejor opción.
Nos dirigimos hacia el costado de la carretera, hacia donde estaban los campos. Alex
me ayudó a cruzar los cercos, lo que fue una estupidez ya que descubrí de inmediato que
solo buscaba una excusa para tocarme. Podía saltar una cerca fácilmente, incluso de
humana podría haberlo hecho. Era un cara dura.
— ¡Mira eso! –dije notando las grandes montañas que se levantaban a un par de
kilómetros. Que hermosa vista –es una pena que no podamos ir de paseo, en serio –dije
sintiendo como la lluvia caía sobre mi rostro. Estaba atardeciendo y ya nos encontrábamos
a kilómetros de Siracusa, aunque aun no podíamos escapar de la lluvia.
Alexander se ubicó delante de mí, obstruyendo mi vista.
—Volveremos, ahora sigamos –dijo acercándose hasta mi y cubriendo mis labios con
los suyos. Fue una sensación diferente, la lluvia se colaba entre nuestro beso.
—Ey –dije dando un paso hacia atrás –mejor avancemos que te conozco muy bien y
no quiero terminar haciendo otras de tus actividades recreativas.
—Está bien –dijo caminando de nuevo, no pude evitar sonreír.
—Deberías llevarme en tus brazos, como la primera vez ¿recuerdas cuando me
llevaste sobre tus piernas hasta la Mansión? Era una pésima posición, mis piernas dolían
por ir sobre ti por tanto tiempo –Él se giró a verme, avanzando de espalda hacia el sentido
que nos dirigíamos.
—Oh amor, he logrado que tus piernas sean más flexibles… con excelentes técnicas.
No pude evitar reír por sus palabras, era un idiota.
—Eres un tonto.
—Pero sí recuerdo ese momento, mi memoria es un asco, deberías saberlo… por eso
anoto todo lo que sucede en mi existencia –aquel dato me lo había entregado Elizabeth.
— ¿Puede ser porque bueno… parte de ti se ha ido con tus antiguas parejas? –él me
miró unos segundos.
—Es una posibilidad, pero… bueno, no creo que lo recuerdes, pero desde que fui un
humano, falte a más de una cita contigo, pero era por mi memoria, quizás fue algo
patológico que no se siguió desarrollando porque me convertí en vampiro.
Lo quede mirando sorprendida, esa era una alternativa o que era un maldito que
prefería irse a juntar con su prometida humana.
— ¿Puedes recordar la primera vez que me besaste? ¿Cuándo fuimos humanos? –
pregunté sin recordar nada sobre ello, mis memorias sí eran un asco… por el hecho de
haber vivido antes, tema surrealista y maravilloso que prefería dejar de lado, ya que no era
una historia muy linda.
—Dije que tenía mala memoria, no que fuera un idiota –dijo mientras seguíamos
avanzando entre pastizales.
—Entonces dímela, ya que quieres que recuerde, podemos elegir qué momentos
¿no?
Él sonrió y asintió, creo que le gustaba la idea de mí tratando de buscar nuestra
historia original.
—No fue pasional como la que tuvimos en casa, tú con ese bikini… tuve que usar
toda mi fuerza de voluntad para no hacerte mía en ese momento –sonreí como una idiota,
era cierto, ese recuerdo era inolvidable… y muy frustrante en su tiempo –de todas formas,
eras mucho más atrevida antes, estando en un contexto donde las mujeres no siempre se
acercaban a los hombres, menos una gitana a alguien como yo.
— ¿A alguien como tú? Perdóname pero por lo que he escuchado hasta ahora, no
eras más que un pobretón con ganas de escalar rápidamente.
— ¡Ey! –dijo frunciendo el ceño, pero no corrigiéndome –como sea, tu y esa ropa que
usabas, era imposible no mirarte. Me detuviste en la calle y caí en tus manos, se te hizo
muy simple.
— ¿Y el primer beso paso mucho desde que eso ocurrió? –él negó y se detuvo,
haciendo que chocara con él.
—El mismo día, dije que eras muy atrevida… no deseabas perder el tiempo –dijo
ahora inclinándose un poco hasta que pude verlo solo a unos pequeños centímetros —
¿quieres qué te lo demuestre?
—Oh… puede ser, mi memoria tampoco funciona de la mejor forma –dije siguiendo
su juego.
Sus manos fueron a mi cintura, sobre la tela impermeable mojada. La lluvia caía con
fuerza y el viento comenzaba a elevarse.
—Había sol y hacia bastante calor ¿sabes? –susurró contra mis labios.
—Apuesto a que estabas nervioso, como un joven humano atrapado por una hermosa
gitana ¿no? –dije sonriendo.
—No es broma, lo estaba.
Al momento de sentir sus labios sobre los míos, fue como si una película estuviera
teniendo algún error, la cinta de mi actual existencia estaba atrofiada y se mezclaba con
otra. Tuve que pestañear una vez más para quedar atrapada en el pasado… otra vez.

Estábamos bajo ese dichoso árbol que siempre nos resguardaba en el pasado.
Alexander me tenía atrapada contra el árbol, rodeando mi cintura y acercándose hacia mis
labios. Mi corazón mortal saltaba angustiado ante la expectativa de lo que ocurriría, lo
estaba esperando hacía años.
Alex me besó, unió su boca a la mía de forma superficial, logrando que me
estremeciera entre sus brazos. Tuve que rodear su cuello y atraerlo a mi cuando su lengua
recorrió mi labio inferior. De inmediato le di acceso a mi boca y él no perdió el tiempo.
Me recargó aun más contra el árbol, dejándome sentir su cuerpo contra el mío hasta
tal punto que casi podía sentir los latidos que daba su corazón.
Su boca era caliente, al igual que su piel… él solo ayudaba a que mi descontrol
aumentara. Sus labios me vuelven loca.

Solo duró unos segundos, los suficientes para que Alex no notara mi ausencia y para
que pudiera sentir aquel beso suyo bajo la lluvia. Tiré de su chaqueta y lo acerqué aun más
a mis labios. No había necesidad de informarle de este nuevo recuerdo, de seguro él
también estaba pensando en ese momento.
—En ese tiempo no te tuve que convencer de nada ¿cierto? Supiste de inmediato que
estaba enamorada de ti.
Él sonrió, pero esa expresión no llegó hasta sus ojos. Me recordó a las frías sonrisas
que me daba o que reflejaba a los demás. Me costó mucho poder verlo sonreír de verdad.
—Desde el primer momento, es cierto.
Comenzamos a movernos hacia donde nos dirigíamos. Ahora Alex caminaba a mi
lado.
— ¿Sabes? Sé muy bien que deseas que recuerde toda mi vida contigo en esa época
–él asintió –y a mí me gustaría hacerlo si eso ayudara para nuestra relación, que ha tenido
tantos altos y bajos, pero eso no será así.
—Debes verlo, debes entender que te amé en ese momento y que siempre has sido
alguien importante para mí –negué a sus palabras.
—No lo suficiente, pero de todas formas Alex, nada bueno puede salir de ahí ¿no
crees? Todo terminó tan mal como para haberte dicho esas palabras que te condenaron
para siglos de dolor. Creo que en vez de buscar en el pasado, solo hay que preocuparse
del futuro, ninguno de los dos sigue igual a como éramos en ese entonces.
El viento comenzó a ser más fuerte, logrando que nuestros gorros se fueran hacia
atrás y quedáramos descubiertos.
—Tenemos suficientes problemas en el presente como para estar buscar en el
pasado, tienes razón –dijo Alex.
—Bien, entonces dime algo ¿Qué hay debajo de los Centros Proveedores, Alex?
Porque Cristóbal me dijo que escondías algo ahí ¿Qué es?
Mi vampiro detuvo su caminata y me quedó mirando con el ceño fruncido. Lucía
bastante confundido.
— ¿De qué estás hablando? No tengo la menor idea de lo que hay bajo de esos
Centros, quizás habitaciones para los humanos que ofrecen.
Negué, por alguna razón esa no era una buena idea.
— ¿Por qué me preguntas esto ahora? ¿Me estás diciendo que hay temas que
conversas con Cristóbal y yo no sé?
— ¿Qué hay en ese lugar, Alex? –Pregunté de nuevo, no quería que se detrajera del
tema –prometiste no volver a mentir, sabes que…
—No, no y no, detente ahora mismo, esto es mucho más grave y además no estoy
mintiendo. ¿De qué demonios estaba hablando Cristóbal?
Por su expresión era claro que no tenía idea de lo que estaba pasando y eso si que
era un problema. Una cosa era que el Consejo me escondiera información, a mí, que era la
Gobernadora, esposa y posible traidora de Alex, como siempre pensaron, pero otro tema
muy diferente es que el Consejo le escondiera información a Alexander. Si era así, esos
consejeros, ya sean todos o algunos, no eran más que unas ratas que manipulaban al
Gobernador. Y si tenían ese poder ¿Qué esperanzas quedaban para mí y el posible juicio
que llevarían a cabo si nos entregábamos, teniendo o no testigos?
El plan de Alexander comenzaba a tener fallas
CAPÍTULO 14
— ¡Ya basta, basta! –Dije riendo, cubriendo el rostro de Alex que no dejaba de
atacarme, a besos –me desconcentras así, eres un pésimo profesor.
Alexander tomó mis manos y las apoyó a los costados de mi cabeza. Tenía sus
rodillas al costado de mi cintura y prácticamente estaba sentado sobre mí para evitar que
me moviera.
—Sabes, si algún pervertido te atrapara y te inmovilizara así, podría hacer contigo lo
que deseara… es una suerte que yo sea tu esposo.
— ¡Claro! Porque de todas formas eres un pervertido –dije riendo.
El tiempo había mejorado y ya llevábamos más de un día recorriendo los campos de
Europa para llegar a nuestro destino, nos quedaba bastante tiempo de viaje ya que Alex
había elegido el camino más largo y desconocido para que no nos encontraran. Parábamos
cada ciertas horas, para no aburrirnos, lo que significaba un tiempo libre para que me
enseñara cosas básicas por si todo empeoraba.
—Ya me he aburrido, lo tuyo no es la defensa, sin duda alguna… —dijo acercándose
a mí, presionando con mayor fuerza mis manos –debemos encontrar un arma, una que
puedas llevar siempre contigo.
—Pero dijiste que eso no estaba bien… ¡Alex! –Grité cuando de un segundo a otro
se alejó de mi y se sentó, dejándome sobre él, a horcajadas –estoy toda mojada –dije
tocando ahora mi espalda. El tiempo había mejorado un poco pero tras la intensa lluvia, el
suelo había quedado demasiado húmedo.
—Lo sé, pero creo que en estos días necesitas algo más práctico –dijo besando mi
cuello –después de que todo se solucione… me encargaré de enseñarte bien –cerré mis
ojos — ¿puedo?
Su pregunta llegó a mis oídos justo para cuando sentí una leve presión de sus
colmillos en mi piel.
—Por supuesto –respondí, enredando mis dedos en su cabello.
Sus dientes atravesaron mi piel para llegar a los vasos donde corría aquella sangre,
que se mantenía o desgastaba en nuestro cuerpo, ya que al no tener un corazón que
bombeara… debíamos ir reemplazándola con la de los humanos. Beber de ellos era
simplemente sublime, esa sensación de satisfacción y de dicha solo se conseguía con la
sangre humana, pero cuando tenias a tu pareja y entregabas parte de esa vida, era aun
mejor, te sentías completa, como si tu corazón volviera a latir. Dicha sensación se podía
volver adictiva.
Alexander bebía de mí mientras yo acariciaba la piel de su cuello. Él me atraía a su
cuerpo, causándome aun más placer al tenerlo tan cerca.
—No… —susurre con mis ojos cerrados cuando sus manos se fueron colando bajo
mi camiseta sucia –Eh Alex, no sigas –dije ahora tomando sus manos, deteniéndolo.
Se soltó de mi agarre.
— ¿Por qué no quieres? –sonrió de esa forma que me encantaba mientras
astutamente llevaba sus manos al botón de mi pantalón, pero lo detuve por segunda vez.
—Porque estamos en medio de la nada –dije besándolo un segundo –y no sabes
quién nos puede estar viendo, recuerda que nos siguen.
—Nadie nos encontrara aquí, no hay nada excepto… el color verde.
Ciertamente no había nada y no habíamos encontrado una casa en todo el recorrido.
Habían montañas rodeándonos y muchos árboles que se movían por el viento.
—De todas formas, además estoy toda sucia por tu pésimo entrenamiento, me la
pasaba más en el barro que tratando de defenderme, haces trampa –no pudo evitar sonreír.
— ¿Quién no haría trampa contigo?... Primero que todo –dijo mientras recorría mi
abdomen – eres muy mala luchando –rodeó mis pechos, cubiertos por mi sujetador
deportivo –y segundo ¿Quién no querría tenerte así? –sin previo aviso rompió mi sujetador
y camiseta a la vez.
— ¡EH! No, no y no… —dije alejando sus manos, pero él se deshizo de los restos que
quedaban de las prendas y las lanzó a un lado –pronto lloverá y tú me desnudas.
— ¿Temes atrapar un resfriado? –preguntó mientras me observaba con sus ojos tan
oscuros.
Me apoye en sus hombros para separarme de él. Ya me lo podía imaginar, estaba
sentada a horcajadas suyas, casi desnuda en un valle verde y húmedo, mientras que los
árboles que nos rodeaban a varios metros de distancia, se movían por el fuerte viento,
exactamente como lo hacia mi cabello suelto.
—No te escaparás… además, tú perdiste cada batalla, debo reclamar mi premio.
Solo necesitó una fracción de segundo para recostarme en el húmedo césped y
comenzar a bajar mis pantalones, que también estaban sucios por las caídas que había
tenido.
No podía permitir esto, ya bastaba con ser derrotada mil veces… no podía caer de
nuevo, también era una vampiro como él, no tan fuerte ni rápida, pero me podía defender.
Detuve sus manos cuando comenzaba a bajar mi pantalón negro, mi piel estaba
quedando cada vez más expuesta y podía sentir como mi espalda se removía sobre el
césped.
— ¡Alex! Ya basta…
Sinceramente no era la falta de deseo que me impulsaba a seguir con mi negativa,
tan solo quería ganarle en algo, me había pasado las últimas horas siendo vencida por él.
Alexander separó sus manos de mi, pero por ningún motivo se iba a detener, lo
conocía demasiado bien… exactamente como él a mí. Sabía perfectamente que yo me
deshacía en sus manos, por lo tanto tenía muy en claro que mis negativas no eran porque
no quisiera estar con él.
Mi hipótesis fue confirmada cuando se sacó su camiseta.
—Ahora estamos igual… —dijo antes de venir por mí, pero esta vez fue mi turno de
ser más rápida.
Corrí un par de metros, después de robar su camiseta y ponérmela, ahora él estaba
en desventaja. Sin embargo, fracasé a los pocos metros de avanzar, ya que sus manos
rodearon mi cintura desde atrás y sus labios se posaron en mi cuello.
—Atrapada… otra vez –susurró en mi oreja para después morderla.
—Esto es bastante frustrante –dije cuando ahora sus manos se deshacían de mi
pantalón –no sé cuál es tu afán por hacerlo al aire libre, lo hicimos contra un árbol, bajo el
agua… y ¿ahora quieres aquí?
No sabía con que habilidad este vampiro podía desnudarme tan rápido, pero no le
costó tenerme entre sus brazos de esa forma, tan solo me quedaban su camiseta y mis
bragas.
—No es un gusto por hacerlo al aire libre, es un gusto por ti –dijo tomándome de la
cintura y ahora atrayéndome de frente hacia él, mientras sus manos recorrían lascivamente
mi trasero, hasta el punto que me levantó varios centímetros, logrando que rodeara su
cadera con mis piernas. Él seguía de pie.
—Esto es deplorable, Sr. Lenardis –dije frunciendo el ceño mientras sujetaba con más
fuerza sus hombros –prácticamente me tienes aquí, en medio de la nada, con el trasero al
aire –ambos no pudimos evitar reír ante aquella frase.
—Haremos cierto lo que dice para que hables con fundamento –dijo mientras se
desabotonaba su pantalón.
— ¡Alexander! –le grite enojada cuando sin previo aviso tiró de mis bragas para luego
lanzarlas al césped. Tan solo tenía su camiseta para cubrirme –esa es una muy mala
costumbre que estas adquiriendo.
No me respondió, tan solo hizo que mi cuerpo bajara un poco para que su miembro
pudiera entrar en mí. Al hacerlo sus labios se unieron a los míos.
Esta vez no cerré mis ojos ante el placer que él me provocaba, Alex tampoco lo hizo,
por lo que cuando sus manos se aferraron a mis muslos y comenzaron a guiar nuestros
movimientos, sus ojos negros igual a los míos, eran tan profundos como todas las
emociones que me hacía sentir en aquel lugar, mientras hacíamos el amor, rodeados solo
de arboles, montañas y viento.
Apoyé una de mis manos en su pecho desnudo mientras que con la otra rodeaba
parte de su cuello para que a medida que su lengua se movía contra la mía, silenciando
nuestros gemidos, yo comenzara a tener algo de mando en la situación. De esa forma pude
mover mi cadera contra la suya, mientras él seguía de pie, sosteniéndome en el aire…
haciéndome sentir un placer que solo él provocaba.
—Más rápido –susurré en su oído.
No se hizo rogar. Me aferré a él, sintiendo como éramos envueltos en esta burbuja de
placer, que solo cada uno podía entregarle al otro. No pasaron muchos minutos para que
entre besos cortos, alcanzáramos el clímax máximo.
— ¿Sabes? Podría estar todo el día de esta forma contigo –lo miré sonriendo.
—Eso es porque no te agotas nunca, y además porque eres un pervertido –respondí
acariciando su fuerte mandíbula –no podemos –dije ahora más seria, entendiendo que él
solo deseaba quedarse perdido en algún lugar del mundo.
—Cuando salgamos de todo esto, te encerraré en nuestra habitación y no te dejare
salir por tres días… aunque lo desees.
No pude evitar reír. Alex era un psicópata, menos mal que solo tenía ese estilo de
pensamientos conmigo, su pareja eterna.
—Me deberías bajar ahora ¿sabes? –dije aun haciéndole cariño.
—No quiero, no todavía –respondió presionándome más a su cuerpo, rodeando mi
cintura con sus brazos –desearía congelar este momento, quedarnos aquí por un largo
tiempo.
—Eres un pervertido –dije susurrando en su oreja –quieres mantener justo el
momento donde estoy bastante sucia y… aun sigues dentro de mí, además de haber sido
prácticamente forzada por ti.
— ¡Forzada! –Dijo riendo, sin soltarme –eres victima de mis deseos carnales, lo
lamento.
—Bájame, ahora mismo –empuje sus hombros sonriendo.
No lo hizo.
Estuvimos juntos por varios minutos hasta fuimos a un riachuelo, donde me puede
limpiar de toda la suciedad que adquirí al estar entrenando con Alex. Tomé mi cabello
mojado y luego me vestí.
Para cuando terminamos, las primeras gotas comenzaban a caer.
—Es hora de irnos, eres un pésimo profesor y nos hemos retrasado.
—Nadie nos apresura por ahora, debemos llegar en un par de días… estamos bien –
dijo mirándome serio por unos segundos –estas protegiendo tu mente ¿cierto?
—Todo el tiempo –dije ahora acercándome un paso hacia él y escondiendo mis
manos en los bolsillos de su chaqueta.
—Si ese Cristóbal tiene a alguien, debes hacer un doble esfuerzo –asentí, eso lo tenía
claro –avanzaremos por el resto de la noche ¿no?
—No… vamos a refugiarnos.
Nos dirigimos hacia donde teníamos nuestros bolsos, era un bosque, estaba un par
de kilómetros desde donde nos encontrábamos. Alex había aprovechado el tiempo antes
de que partiéramos de Siracusa y se las había ingeniado para comprar todo lo necesario.
Cuando vi nuestra tienda levantada recordé que estábamos escapando y que no
andábamos paseando por lugares inhóspitos solo por gusto. Ya no quedaba luz que
iluminara el lugar, por lo tanto, me metí bajo la tienda. Luego me siguió Alex, cabíamos muy
bien los dos, sentados, de pie sería imposible.
—Creo que deberías dormir esta noche –dije recostándome sobre mi saco de dormir
–no has descansado como siempre lo haces, no quiero un esposo agotado, puedo hacer
guardia.
—No es necesario, bebí de tu sangre. Mañana debemos partir temprano, así que al
amanecer buscaremos algún humano para alimentarnos –dijo acercándose y dándome un
beso corto en los labios.
Este lugar era pequeño y sospechaba que Alex lo había comprado apropósito para
tenerme más cerca. Lo conocía muy bien.
—Pero debes mantener tus manos alejadas de mi, hay que estar atentos –él sonrió
de inmediato.
—Claro que si ¿en qué estabas pensando, Victoria?
Me encantaba cuando estaba de buen humor como para bromear, sin embargo, no
podía seguirle la corriente esta vez. Al volver a nuestro refugio, mi mente no me dejó olvidar
nuestros problemas.
Me recosté y miré a Alexander.
— ¿Crees qué me podrían sentenciar a muerte? –pregunté removiéndome inquieta.
El semblante de Alex se volvió más oscuro.
—No puedes distraerte un poco ¿cierto? –sonreí triste, sabía que él hacia todo lo
posible para que no nos concentráramos en algo que no podíamos solucionar por ahora.
Esperé a que me respondiera –si, lo harían, por eso debemos cambiar el escenario. No
pienses en algo que no sucederá, no pasará nada malo.
Ciertamente él confiaba en su plan. Yo no, estaba comenzando a sospechar que
Alexander también desconocía algunas jugarretas del Consejo ¿Cómo no estaba enterado
de lo que Cristóbal comentó la vez pasada?
—Victoria, no te sucederá nada, no lo permitiré.
—Sé eso, si esto termina de una forma diferente, debes entender que no ha sido tu
culpa –él de inmediato frunció el ceño, nada contento con mis palabras –hablo en serio, si
antes pudiste seguir adelante, estoy segura de que ahora… —no pude seguir hablando, su
mano cubrió mi boca mientras me observaba furioso.
—No, esta vez ya no podría seguir –no puedo negar que me sorprendí por la
seguridad de aquellas palabras –si algo te sucede, me verás en poco tiempo después a tu
lado.
—Oh Alex –dije sonriendo, sentándome de nuevo –eso es muy Romeo y Julieta amor,
no lo digas, sabes que puedes seguir sin mí, quizás ahora tampoco es definitivo y por ello
estamos teniendo tantos problemas.
Me dolía decir esas palabras, pero era una alternativa posible.
—No y no insistas, es cierto que fui un idiota muchas veces por no creer en ti, pero lo
sé ahora, me tomó tiempo, pero estoy seguro que tu estas aquí a mi lado… por una
eternidad.
No pude evitar acariciar su rostro mientras sonreía, escucharlo decir eso era increíble,
siempre había insistido en que lo dejaría, en que me iría con otro o peor aún, que lo
traicionaría de la peor forma. No estuve muy alejada de la realidad, ya que convertí a
Cristóbal en vampiro, pero las circunstancias habían sido otras.
— ¿Sabes? Si todo sale según tu plan ¿Qué harás después? Tienes un montón de
problemas que arreglar.
—Eso no es lo primordial, tu vida es lo principal.
—Pero imagínate Alex, si todo sale como planeas, los Consejeros no soportaran ver
mi rostro.
— ¿Y qué importa eso? Tu eres su Gobernadora, deben obedecerte, aunque no seas
de su simpatía, no obstante debes saberlo ahora que hablamos de esto, jamás has sido
aprobada por ellos –fruncí el ceño molesta, maldito cínicos que sonreían ante mi pero luego
hablaban a mi espalda.
—Llevo tiempo a tu lado, más que todas tus otras parejas.
—Sí, aunque si lo pienso mejor, creo que cada vez les desagradabas aun más –lo
miré enojada.
— ¡Y tu no dijiste nada! Yo como estúpida sonriendo y saludándolos.
—A ti no te debe importar lo que ellos piensen sobre tu personalidad, sino sobre tus
decisiones.
— ¡Que se jodan! –Dije para cuando la tienda se movió con fuerza por el viento que
se estaba levantando –el Consejo no sirve de nada Alex, no debería existir.
— ¿Qué? Eso es imposible, tú y yo seremos parte de ese Consejo alguna vez.
—Alex, para que eso suceda yo tendría que morder a alguien más luego de asesinar
a Cristóbal ¿vas a permitir algo como eso? Claro que no –respondí antes que él lo hiciera
–tu lo que deseas es pasar una eternidad en tu cargo, lo que es insólito ¿Qué harás cuando
el Consejo pida un nuevo Gobernador? Dime.
Me quedo mirando por unos segundos, sin expresión alguna, pensando en una
respuesta que no tenía.
—El Consejo no debe existir, es así de simple, como tampoco esta ridícula forma de
elegir un Gobernador, se queda limitado a solo los vampiros más antiguos y ricos ¿Qué
demonios es eso?
—Estás hablando como una rebelde –su tono cambio, se estaba molestando y no me
sorprendía. Él por siglos había aprobado al Consejo.
—Sabes muy bien cuál es mi forma de pensar, que quiera a Cristóbal muerto no
significa que no apoye lo que está detrás de él.
Pude ver como la expresión de Alex se transformó de sorpresa a furia y de esta a
desconcierto.
—Escúchame bien –dije antes que comenzara a despotricar contra todos –sabes que
las cosas no están yendo bien, este sistema que has seguido y alabado por tanto tiempo
no sirve Alexander, solo tendrás más rebeldes… no quiero una vida donde los enemigos
sean más que los amigos.
Negó a mis palabras.
—Este lugar no es para agradarle a todo el mundo, sino para hacer las cosas bien.
—Bueno, noticia de último minuto, lo estás haciendo pésimo... tú y tus Consejeros,
es más, creo que ellos te han ocultado cierta información.
—No puedo creer que le estés dando crédito a las palabras de ese traidor.
—Todas sus acusaciones han sido ciertas hasta ahora, Alex.
— ¡Lo sabia! –Dijo alejándose unos centímetros, este lugar era demasiado pequeño
para los dos si comenzamos a discutir y el viento estaba empeorando –tu de verdad crees
que no te protegeré.
—No me refiero a eso –dije ahora tirando de su camiseta negra para que se volviera
a sentar, ya que estaba intentando salir de la tienda –y escúchame ¿no puedes tener altura
de mira con esto?
—Si escuchar a Cristóbal es altura de mira, no lo conseguirás –sus ojos negros
estaban expresando con claridad lo enojado estaba.
—Entonces no sirves como Gobernador.
—No juegues conmigo Victoria –puse los ojos en blanco, sus ataques de furia ya no
servían conmigo.
Alexander se iba a poner de pie, pero con un rápido movimiento lo tumbe sobre el
saco de dormir. Me senté sobre su cadera para que no pudiera escapar de mí.
—Bájate, no te quiero obligar.
—No puedo usar estas técnicas cada vez que te enojes o cuando quiero que veas lo
que sucede desde mi perspectiva –dije sonriente, apoyando mis manos en su pecho –solo
pone atención a lo que te digo, esto va mal Alex, no hemos evolucionado… están tratando
de manejar a los vampiros como si no pudieran decidir.
— ¿Sabes? Mejor ve a otro lado con este tipo de discursos.
—Si sigues pensando así, tú y los Consejeros quedaran rodeados de llamas Alex,
solo piensa un segundo. Estamos en otros tiempos, más personas como yo están siendo
convertidas, esperan algo diferente… algo que no sea un sistema tan arcaico.
Él me quedo mirando, de seguro pensando en mis palabras. Era lógico, si no
cambiaban, esto se derrumbaría como estaba a punto de suceder. Los rebeldes superarían
a los Gobernadores y a sus seguidores, o sea, que nuestra vida corría peligro, aunque
saliéramos libres de mi situación con el Consejo.
—Creo que esta conversación se da por terminada –dijo bajándome de él –prepara
tus cosas que avanzaremos esta noche.
—Siempre terminas enojado cuando te digo la verdad, no me escuchas ¿sabes? Ser
tu esposa no se limita a abrir mis piernas para ti.
—No hables así –dijo ahora molesto –estás siendo injusta, tienes muy claro que lo
eres todo para mí.
—Entonces escúchame porque lo que digo es serio, te estoy advirtiendo de un
problema que estará pronto ante tu nariz –tomé su brazo para que no escapara –piensa en
lo que digo, Alex.
— ¡Claro que lo hago! –Dijo soltándose de mi agarre — ¿crees qué soy un idiota? He
estado en este puesto por mucho más tiempo que tu, créemelo… tengo muy claro que las
cosas van mal ¿pero cambiar el Consejo y todo lo que ha estado con nosotros desde los
inicios? Eso es algo imposible, ni siquiera yo podría hacerlo.
— ¡Por supuesto que podrías! Eres el que más tiempo lleva como Gobernador ¡es
más! Creo que hasta ellos piensan que debes retirarte, Alex… te esconden información, es
obvio ¿o sino de dónde Cristóbal habría sacado lo que me dijo?
— ¡Basta de nombrarlo! Esto se acaba aquí y ahora, nuestra prioridad es otra… y es
mantenerte con vida ¿esperas llegar hasta allá, salir ilesa y exigir un cambio en cómo se
maneja nuestra especie? Olvídalo.
Tenía razón si lo ponía desde ese punto de vista, aunque si él fuera quien hablara,
todo sería diferente.
—Tú puedes proponerlo.
—No voy a gastar más tiempo en esto ¿sabes? Mejor nos quedaremos, pero yo
dormiré, tomaré tu buena disposición como algo provechoso.
Sin ningún problema se acostó en el saco de dormir y apagó la linterna, dejándome
sorprendida por su actitud ¿pero cómo no era capaz de escucharme?
—Buenas noches –dije esperando alguna respuesta, pero creo que todo el lado
infantil de Alex había salido a la luz. No me respondió.
Salí de la tienda y me senté contra un árbol que había cerca. Abroché mejor mi parka
y subí el gorro. Estaba lloviendo con fuerza y comencé a mojarme, pero eso no importaba,
no era como si fuera a pescar un resfriado.
Ni siquiera sabía si él estaba durmiendo, no se movía ni un poco, pero como no
necesitaba respirar, no podía descubrir si ya estaba soñando. Sería estupendo si pudiera
meterme en la mente de Alex, así podría descubrir realmente lo que estaba planeando,
saber si creía o no en su propio plan, pero al no tener la conexión con él, no podía averiguar
nada.
Ante ese pensamiento llegó la gran idea de concentrarme en otra mente, a la que si
estaba conectada. De todas formas él no podía sacar nada de mí, ya que Alex me tenía
desinformada por si Cristóbal se metía en mi cabeza.
Me apoyé en el tronco del gran árbol y cerré mis ojos, sintiendo como las gotas de
lluvia caían en mi rostro. Siendo él un ex humano, lo más probable es que aun no tomara
el ritmo de vida vampírica, de seguro estaba durmiendo cuando todo nuestro mundo estaba
despertando.
Ciertamente fue extraño tratar de conectarme con otra persona, pero lo fue aun más
tratar de hacerlo y no conseguirlo. Sentí un vacio en el estómago, era como si trataras de
alcanzar a alguien pero tus piernas no corrieran lo suficientemente rápido.
Había pasado alrededor de dos horas y estaba pronta a rendirme, pero justo en ese
momento sentí ese rechazo natural que tenía ante la conexión con alguien que no era mi
pareja, la misma que me provocaba Cristóbal.
Fue como sumergirme en las tinieblas, todo era muy oscuro y no tenía un camino
para seguir, exactamente como cuando intenté las primeras veces entrar a la cabeza de
Alex. A medida que los minutos pasaban comencé entrar en los sueños de Cristóbal. Estaba
en lo correcto, él dormía.
Su sueño no era más que un recuerdo de su infancia, no tenía más de ocho años y
parecía estar pasando un excelente momento con sus padres. No me interesaba, pero
haber ingresado a su mente me dio la oportunidad para seguir avanzando y eso si atrapó
mi atención.
Estaba recorriendo una habitación, pude reconocer de inmediato que era la casa de
William y Tessa. Todo estaba completamente ordenado y por lo visto estaba en busca de
algo, sin embargo, era sigiloso en cada uno de sus movimientos.
Subió al segundo piso y se dirigió hacia la puerta que daba a la oficina de Will, entró
sin ser descubierto y se acercó al escritorio para tomar una carpeta que estaba sobre este.
—Te has demorado –dijo una voz conocida. Cristóbal se giró para encararlo.
—Marco ¿Qué andas haciendo por aquí?
Marco estaba junto a la puerta, vestido casualmente y con esa sonrisa tan
característica en él, entre burlona y suficiente, pero sin dejar de parecer simpático.
—El Gobernador me ha encargado la gran tarea de encontrar al asesino de Cathal,
amigo de William, dueño de esta casa donde has entrado sin permiso.
Cristóbal sintió cierto alivio al descubrir que era Marco quien lo había descubierto, lo
que me dio a entender que a pesar de sus palabras y presunta seguridad, él seguía siendo
un chico demasiado joven en problemas demasiado grandes.
Exactamente como yo.
—El problema es que yo… no he matado a Cathal ¿Qué te hace venir hasta acá
entonces?
—Te dije que había encontrado al asesino.
Cristóbal sonrió al descubrir las palabras de Marco.
—Por lo que tengo entendido las imágenes que tenían del asesinato muestran a un
humano, uno de mis cazadores de vampiros acabando con ese ser.
Marco se cruzo de brazos, muy confiado.
—“Tus cazadores”, deberías ser cuidadoso al usar esa palabra, siendo que ahora
eres uno de los nuestros –sonrió nuevamente, incomodando a Cristóbal, quien no estaba
nada agradecido con ser parte de dicha especie.
—Tenía otros planes… la vida da muchas vueltas ¿no crees?
—Que Victoria te haya convertido, fue algo inesperado ¿no ibas a asesinarla? ¿Fue
demasiado para ti? ¿Muy encantadora? Te vi como caías rendido ante ella en mi club,
cuando bebió de ti por primera vez.
—Eso fue una estupidez, estaba planeado para que probara de mi sangre… no sé
porque te estoy dando explicaciones.
—Oh no seas tan desconfiado, estoy de tu lado.
Cristóbal lo quedó mirando unos segundos, pensando en que no debía confiar en
dicho vampiro. Su esposa había caído en mano de los rebeldes y cazadores de vampiros,
era obvio que había cierto rencor hacia él. Alguien que traicionaba a su amigo jamás era
alguien digno de confianza.
—He venido por ciertos informes, sé muy bien que William esta en el Consejo,
necesitaba ciertos datos, aliados a los que Lenardis puede acudir cuando todo esto se
vuelva un caos.
—Sabes muy bien que él no dejara a Victoria y… ella tampoco lo abandonara. Creo
que sabes muy bien cuál es la maldición de mi pobre amigo, pero esta al parecer ha
terminado.
—Tonterías, si no hubiese sido porque tu amigo me interrumpió me hubiese follado a
su esposa.
Cristóbal no lo notó, pero al estar observando desde otra perspectiva sus recuerdos
pude reparar como Marco tensó su mordida. Solo duró una fracción de segundo.
—Interesante, canútame más ¿te atrapó lo suficiente como para no vengar la muerte
de tu padre? Fue ella quien lo drenó gota a gota.
El ataque de Marco tensó a Cristóbal.
—No, no fue ella… fue el bastardo del Gobernador que tienen que la llevo a hacerlo.
—Tenemos, eres vampiro ahora, me gustaría saber que opinan tus colegas y los
rebeldes.
—Están encantados, puedo ser un excelente Gobernador ¿sabes? Y están aun más
entusiasmados por ver las cenizas de los Consejeros…
Marco se carcajeó por las palabras de Cristóbal.
—Chico, tú de Gobernador no durarías ni siquiera un día. Si los estoy ayudando es
por otras razones, necesito acabar con los asesinos de mi esposa y con esta estúpida
guerra… después pueden hacer lo que quieran.
Por un segundo en la mente de Cristóbal paso la imagen de Marco entre llamas,
siendo incinerado junto a todos los demás vampiros. Él no deseaba ser Gobernador, tan
solo estaba tratando de distraer a Marco. Su verdadero objetivo era acabar con todos los
vampiros.
— ¿Qué llevas en esa carpeta? –preguntó Marco.
—Nada que te interese, como sea, me debo ir –dijo caminando hacia la puerta –a
todo esto ¿Por qué estás aquí?
—Ya sabes, el autor intelectual de un asesinato es tan culpable como el que acabó
con Cathal.
—Buena suerte con eso –dijo atravesando la puerta.
Bajo las escaleras, tenso por saber que tenía a Marco a su espalda, esperaba que
atravesara su pecho por atrás en cualquier momento. Le temía, aunque lo escondiera
formidablemente.
Cuando llegó al primer piso y se dirigió hacia la salida trasera de la casa, observó por
unos segundos el interior de la carpeta.
Estaban todos los registros de los Centros Proveedores.

Sentí como si alguien golpeara mi estómago, un vacío tan incómodo y desagradable


que nuevamente tuve la fantasmagórica sensación de nauseas. Era imposible, pero
deseaba vomitar debido a estar en la mente de Cristóbal por tanto tiempo.
Me tomó más de una hora poder estabilizarme, todo daba vueltas… irónicamente la
molesta lluvia ayudó. Se había levantado una tormenta mientras estuve recorriendo la
mente de Cristóbal.
No lo soporté más, simplemente entré a la tienda y me deshice de la parka mojada,
igual que el pantalón. Me metí en el saco de dormir solo por costumbre y para cubrirme, ya
que no sentía nada de frio.
Alexander estaba durmiendo, como lo había pensado tiempo atrás. Sin embargo eso
no me limitó a hacer lo que debía hacer. Sin importar que despertara, lo empujé hacia mí
desde su hombro y antes de que dijera algo, clavé mis colmillos en su cuello para poder
tranquilizarme.
Su sangre fue como si hubiese restablecido todo mi cuerpo, todo volvió a estabilizarse
mientras él mantenía sus ojos cerrados, sabía que estaba despierto pero no había abierto
sus parpados.
— ¿Victoria? –preguntó cuando me alejé de él y me recosté nuevamente, exigía una
explicación.
—Me metí en su mente –susurré, con su mis ojos cerrados. Era mi turno de estar
agotada.
— ¿Y bien?
—Marco era un puto traidor, Alex –dije antes de caer en la inconsciencia. Estar en la
mente de Cristóbal fue peor de lo que pensaba.

Al despertar no pude descubrir si fue Alex o yo la que se acercó a su cuerpo, pero


estaba cómodamente apoyada en su pecho mientras el viento seguía sonando y moviendo
los árboles que nos rodeaban. Había parado de llover.
—Aun no amanece, duerme –me recomendó Alex, pero era inútil. Me senté con todo
mi esfuerzo y observe a mí querido vampiro que seguía recostado.
—Marco conocía a Cristóbal y por lo que vi, William estuvo involucrado con la muerte
de Cathal ¿Qué significa eso? Ellos eran amigos…
Alexander cerró sus ojos y suspiró, como si eso ayudara a quitarse un peso de
encima.
—Ambos son traidores, de seguro Cathal sabía algo que quería divulgar y William no
lo permitió… hemos cometido un grave error en confiar en él y su pareja, es obvio, alguien
que deja a su pareja real por otra persona, no es confiar. He sido un idiota.
Me quede en silencio por unos segundos, eso había sido mi culpa, yo había instado
a Alex a confiar en ellos. Demonios, fue como sentir otro golpe en el estómago.
—Y Marco, ya teníamos prueba de su traición, cuando te delató al Consejo.
Sus palabras me hicieron recordar la carpeta que llevaba Cristóbal en el recuerdo.
Tomé con rapidez mi bolso y cogí la libreta con el detalle de los centros donde estaban los
rebeldes.
—Frederic LeBlanc no confiaba en Cristóbal, es por eso que me entregó esa carta, lo
más probable es que jamás pensó en que nosotros iríamos hacia donde él estaba.
— ¿A qué viene eso? –preguntó Alex perdido.
—A que Cristóbal piensa acabar con los vampiros, no le interesa ser Gobernador para
favorecer a los rebeldes, él sigue deseando acabar con nosotros…
Alexander frunció el ceño y me arrebató la libreta para ver los nombres y donde se
ubicaban, por un momento temí que deseara hacer volar todos los lugares.
—Llama a Ezequiel y exígele que averigüe si estas agrupaciones están divididas por
especies.
— ¿Para qué?
—Hazlo, a ti te escucha más que a mí, aunque técnicamente yo sea su jefe… vamos,
hazlo.
Tomé el celular y marqué el número de Ezequiel, era probable que pronto anocheciera
en casa. No me costó ubicarlo, me contesto al tercer pitido, le dije que averiguara lo que
Alex pidió.
—De inmediato, Viky –fue su respuesta para después despedirse.
— ¿Por qué quieres saber eso? –pregunté a Alex después de cortar.
—Porque ese hijo de puta puede querer hacernos quedar peor de lo que ya estamos
–fruncí el ceño sin entender — ¿Quién más podría dañar los centros que tienen los
rebeldes, Victoria?
Su pregunta me aclaró todo, si los centros estaban divididos por especies o si había
algunas donde se encontraran vampiros solamente, Cristóbal no sentiría hacerlas volar en
pedazos para que culparan al Gobernador y su Consejo.
—Lina dijo que haría volar a los responsables de la muerte de Marco, esa será una
pésima idea si la lleva a cabo –dije mirando el celular.
—Tienes razón –hubo unos segundos de silencio incómodo – ¿estás bien? sé que
meterte en su mente te hace mal.
—Eso no tiene importancia ¿Qué sucedería si están divididas por especies sus
agrupaciones?
— ¿Crees que sería muy difícil acabar con todos los vampiros si los tienes delimitados
a través de todo el mundo? Si eso llega a suceder, estaremos en serios problemas, a la
mayoría de los vampiros no les agrada los rebeldes, pero una cosa muy diferente seria que
el Gobernador los haya mandado a eliminar a todos.
Me quede pensando unos segundos en el Centro de Proveedores ilegales que había
en Santiago, supuestamente estaba al mando de licántropos, pero esa vampira de cabello
rojo, era la única de nuestra especie que trabajara en el lugar.
—Ezequiel dijo que los licántropos que están en casa, no tienen nada que ver con los
rebeldes. No confiaría tanto en eso ¿sabes? –dije pensativa, pensando en cómo William y
Tessa ahora son posibles traidores.
—Esa jodida canción que escuchaste en el negocio del vampiro francés, también la
escuchamos en ese lugar ¿no? puede que tengas razón.
—También la escuchamos donde Cathal, se pueden identificar sin decir palabras con
dicha canción, es su santo y seña… —me quede pensando en Cathal y en William ¿Cómo
era posible todo esto? — ¿Por qué William habrá deseado a Cathal muerto?
Los ojos de Alexander parecieron brillar ante mi pregunta.
—Es él, William es quien tiene algo que no sabemos debajo de esos Centros
Proveedores, desde que me dijiste aquello no he podido dejar de pensar que cualquier cosa
que no esté dentro de lo correcto, dentro de nuestra especie, Elizabeth me lo habría dicho,
también Raúl. No puedo pensar que estén involucrados en esto.
— ¿Y Cathal iba a delatarlo? ¿Pudo haber sido eso?
Alex asintió, pensativo.
—Antes de averiguar cualquier cosa –dijo él –debemos ponerte a salvo y eso se
logrará continuando con nuestro camino.
Asentí, a pesar de que no estuviera del todo segura sobre nuestro plan. Sin embargo,
no dije nada, tan solo comencé a arreglar lo que quedaba de nuestras pertenencias, junto
con la tienda y decidimos partir.
No pude evitar acercarme a él, tomar su mano y entrelazar sus dedos en los míos
mientras caminábamos a paso tranquilo. Estaba asustada, esto estaba sobrepasando los
límites anteriormente establecidos, no se trataba solo de mí, sino que más vidas estaban
involucradas en esta jugarreta.
—Él sigue siendo un cazador de vampiros, nunca ha cambiado ¿su padre también
estuvo al mando de los rebeldes, no? –pregunté, tratando de encontrar lógica en la
conducta de Cristóbal.
—Así es –dijo él –ambos tienen el don de la elocuencia, pueden convencer a
cualquiera a que hagan lo que desean. Siempre he tenido claro que desean acabar con
nosotros, no iban a unirse a vampiros y licántropos solo para ayudar a estas especies. Usan
su enemistad para vencer al Gobernador y el Consejo.
— ¿Cómo vas a arreglar todo esto, Alex? –él me miró y sonrió.
—Hemos estado metidos en cosas peores, por ahora solo debemos priorizar y de
todas mis preocupaciones, tú estás primero.
Lo quede mirando, sintiéndome mal por haber convertido a Cristóbal, si no fuera por
ello, nada de estos problemas estarían arruinando nuestro día a día.
—Lo siento, de verdad –dije esquivando su mirada –pero no soy una asesina, no es
fácil para mí, pero prometo que haré lo máximo para ser más frívola. William y Tessa son
posibles traidores y yo insistí en que confiáramos en ellos… no soy buena en esto.
—No me agradó lo primero que dijiste, pero si lo segundo ¿Por qué crees que te
advierto este tipo de cosas? –me relajó no ver en sus ojos reproche, tan solo parecía que
deseaba explicar lo complicado que era confiar en alguien.
—Ahora no sé qué pensar sobre Alanna y Aníbal, hace tiempo que no sabemos de
ellos.
—No han pasado tanto, solo hay que esperar.
Suspiré, mirando hacia el cielo, esperando que un milagro borrara todo lo malo que
estaba ocurriendo. El viento había desordenado mi cabello, cubriendo mi rostro con el, pero
antes de despejar mi vista, Alexander se ubicó al frente de mi y sus manos arreglaron mi
pelo.
—No debes estas asustada, nunca debes demostrar que les temes ¿sabías eso?
Cuando llegue el turno de estar al frente del Consejo o si en algún momento tienes que
comunicarte con Cristóbal, nunca le hagas saber que te intimida.
Presioné con más fuerza su mano, sabía que si mi corazón latiera estaría golpeando
mi pecho por el miedo.
—Tú eres la Gobernadora, no hay nadie que este sobre ti… bueno, a veces yo, pero
solo cuando estamos solos.
— ¡Alexander Lenardis! –Dije riendo y dándole un golpe en su pecho, sin embargo la
alegría se fue tan rápido como llegó — ¿Entonces a quien le podré demostrar que estoy
asustada?
—A la única persona que puede protegerte y en la que debes confiar… yo.
Di un paso hacia él, apoyando mi frente en su pecho.
—Estoy tan asustada que no puedo cerrar mis ojos para dormir y eso no me permite
descansar.
—Lo sé, Victoria –dijo acariciando mi cuello, de cierta forma era relajante –pero no
pasará nada, antes daría mi vida y aceptaría la acusación de traición antes de verte herida
¿entendido?
Lo miré preocupada, jamás podría aceptar algo así, pero de cierta forma me
tranquilizó. No estaba sola.
—Soy el amor de Alexander Lenardis ¿no?
—Lenardis amore –dijo él, provocando que me derritiera para después besarme.
Estos días se volverían en un infierno, pero por lo menos lo cruzaría tomando su
mano.
CAPÍTULO 15
Estábamos a horas de Dublín, nos encontrábamos en el condado de Monaghan, era
un lugar donde nos podíamos esconder y alimentar sin llamar la atención. Según el registro
que nos dejó el vampiro francés, aquí no había rebeldes, pero no podíamos asegurarnos.
Nunca pensé al llegar a nuestra habitación, que iba a sentirme tan feliz por darme una
ducha y dormir sobre una suave cama, los días anteriores habían sido bastante… rústicos,
cubiertos por esa tienda que Alex había comprado, aunque sin duda había sido entretenido.
Fui feliz cuando eliminamos la tienda y todo lo que usamos, además de nuestras ropas de
deporte, eso había sido un alivio, estaban asquerosas.
Ahora estaba cubierta por el cobertor blanco y entregándome por completo a Morfeo,
justo estaba por cerrar mis ojos cuando noté que Alexander salía del baño, con su cuerpo
cubierto por pequeñas gotas de agua; usaba solo una toalla blanca para cubrirse. El sueño
se fue por un momento.
— ¿Y bien? –Pregunté cuando cogió la otra toalla para secarse mejor — ¿Qué
haremos ahora? Solo estamos a un paso de Dublín si vamos a una velocidad normal.
—Buscar a Amarok.
— ¿Crees qué el Gobernador de los licántropos nos ayude, sinceramente?
Alexander se deshizo de la toalla y la tiró al suelo, luego se acercó a la cama y se
recostó a mi lado, desnudo.
—Él es un gran fan por mantener la paz ¿sabes? Nunca le ha gustado estar en
conflicto, claro que querrá ayudarnos si eso le da un punto con los vampiros y tranquiliza
las aguas con los licántropos rebeldes. Él sigue siendo el alfa en su manada.
Asentí, sin estar muy convencida.
—Además también llamaremos a Naida, por lo que tengo entendido, los dos están en
el país.
Miré con el ceño fruncido a Alex, si no fuera porque me había escondido la realidad
de estas especies, podría haber conocido a dichos Gobernadores, pero eran rostros que
no tenían forma en mi mente y solo aumentaban mi preocupación referente a su honor,
podían traicionarnos sin siquiera arrugarse.
— ¿Qué sucede?
—Me habría gustado conocer a dichos Gobernadores ¿hay alguien más?
Su mano acarició mi mejilla para ir a mis labios y pasar su pulgar por ellos.
—Claro que las hay, muchas más, pero solo somos tres especies las que controlan
la mayoría… y los vampiros somos más que todos, por eso controlamos el mundo, de cierta
forma.
Negué a sus palabras, pero no quise comenzar con la misma discusión de siempre.
—Y podemos confiar en ellos, son Gobernadores, los tres hemos estado por bastante
tiempo creando límites y accesos para mantener la paz.
Cerré mis ojos un momento, tratando de encontrar algo de tranquilidad, cada vez me
ponía más nerviosa con lo que sucedería en un tiempo más.
— ¿Y cómo es que ambos están en Dublín? –los dedos de Alex recorrían mi
abdomen, desconcentrándome un poco.
—Porque Amarok se lo ha pedido a Naida por nosotros, ellos se llevan bastante bien,
creo que tuvieron una relación décadas atrás pero no fue posible, ya sabes… eso se vería
muy mal ante las especies en cuestión y nosotros tampoco podríamos permitirlo, se unirían
en una relación nada profesional.
—Bueno, creo que no hay tiempo para sentir miedo, no nos queda nada… aunque
realmente sigo pensando que deberíamos pasar por un Centro Proveedor antes y descubrir
lo que Cristóbal quería decir, eso nos daría algo de ventaja, nadie nos podría sorprender.
—Eso será después, primero nos encargaremos de tu situación.
Apoyé mi cabeza en su hombro cuando su brazo me rodeó, acercándome a su
cuerpo.
—Dublín estará plagado de guardias vampiros, en busca de ambos.
—Por supuesto, pero somos mucho más astutos y llegaremos a nuestro objetivo
antes.
Mis parpados volvían a pesar considerablemente, estaba tan cansada que ni siquiera
mi juventud vampírica o la sangre de Alex, me podían mantener de pie.
—También habrá rebeldes, eso es obvio.
Al pronunciarlo el cuerpo de Alex se tensó, creo que no estaba tan confiado referente
a ellos.
—Los esquivaremos como sea, además antes de ir a Dublín pasaremos a Dunleer…
tengo una reserva de armas, no iras desprotegida ¿entendido? Son muy fáciles de usar.
—Si –dije de mala gana, no me gustaba que me refregara en la cara que era una inútil
en batallas de cuerpo a cuerpo –tampoco sabemos si soy buena disparando.
—No es necesario que les des específicamente en la cabeza, es más rápido si lo
haces de esa manera, pero la plata de las balas se va consumiendo el miembro hasta
acabar con todo el ser, como sucedió finalmente con la mujer de Frederic LeBlanc.
Lo miré sorprendida.
—Dijiste que ella había quedado viva –él hizo una mueca que me dejaba en claro que
había mentido.
—Mentí… no quería que te sintieras mal, pero vivió lo suficiente para explicar lo
sucedido, que era lo que yo deseaba. Mi error.
No pude hacer otra cosa que solo negar a su comportamiento.
—Como te explicaba –siguió diciendo, cambiando de tema para no terminar
discutiendo –tan solo debes ser rápida disparando, sea donde sea, lo inmovilizaras.
—Entiendo.
Esperaba ser buena en ello, ya que no quería ser una carga si es que debíamos
enfrentarnos a alguien. Eso podría diferenciar entre la vida y la muerte.
Escondí mi rostro en el cuello de Alex, sintiendo su olor y tratando de escapar de todo
este problema. Por unos segundos el miedo comenzaba a invadirme, pero me obligaba a
recordar las palabras de Alex, no debía demostrar estar asustada… y tampoco quería
hacerlo ante él, así que estaba practicando, cuidando de no exponer nada de miedo. Me
concentré para ser tan fría por dentro como por fuera, es por eso que de esa forma me
quede dormida entre los brazos de mí amado vampiro.

Mientras descansaba en la oscuridad de mi mente, una repentina neblina comenzó a


rodear mi mente hasta atraparme por completo. No sabía si estaba soñando o realmente
estaba teniendo una conexión con Cristóbal, sin embargo, su imagen apareció ante mis
ojos.
Seguía igual de joven que la última vez, pero sus ojos estaban negros y con ojeras,
su piel blanca como la de un muerto y unos colmillos que se exponían feroces en esa
sonrisa burlona. Su cabello rubio iba desordenado. Vestía bastante casual, con su chaqueta
de cuero, la que siempre usaba, pero estaba mucho más gastada, como si hubiese luchado
con ella un par de veces.
—Mi hermosa Gobernadora –ante sus palabras sentí que mi cuerpo reaccionaba ante
esta extraña ilusión, no demore en proteger mi mente, no iba a correr riesgos — ¿Así es
cómo se siente la soledad? –dijo observando a su alrededor, era pura oscuridad.
—No, es así cómo se siente el rechazo que declaro por ti.
La sonrisa de Cristóbal fue la que siempre ponía cuando hablaba conmigo, no parecía
amenazador… lo que era aun peor.
—Estas siendo injusta, no te he tratado mal y me das este recibimiento, ni siquiera
estoy enojado porque hurgaste en mi mente… mi querida amiga hada me dice que eres
buena metiéndote donde no debes ¿hacías lo mismo con Alexander?
Muy bien, no era un sueño.
—No eres más que una falsedad, pronto él acabará contigo y no podrás seguir
jugando a ser Gobernador.
— ¿Y quieres qué sea así? por lo que tengo entendido, te has pasado un excelente
descanso junto a tu esposo ¿no era eso lo qué deseabas? ¿Tenerlo por completo para ti?
Fruncí el ceño, era cierto que había deseado aquello pero no en ese contexto, no
temiendo por mi vida o por la suya.
No pude evitar tensarme cuando avanzó unos pasos.
—Te he dado lo que más deseabas y quieres acabar conmigo, no es algo que me
agrade escuchar, Victoria.
— ¿Cómo has entrado aquí?
Él sonrió al escucharme.
—Estuve muy cerca de entrar en ti antes ¿no? –Lo miré con odio por su falta de
respeto –no te enojes, solo es una broma entre amigos.
—Habla de una buena vez, solo has venido a entregarme esas sucias palabras que
siempre traes, para que mi desconfianza aumente… ¿Qué hay en esta oportunidad?
—Me insultas –dijo él avanzando otro poco hasta donde me encontraba –solo he
venido a darte pistas, te he dicho que estarás a mi lado en un tiempo más, pero debo guiarte
porque eres lo suficientemente ingenua como para creer en Alexander Lenardis. No te
culpo, el amor nos hace reaccionar de manera diferente, fuiste testigo de ello cuando no te
mate al tener la ocasión.
No pude evitar reír ante sus palabras, lo que al parecer le molestó ya que su mirada
se volvió agresiva.
—Tú no me amarías ni en un millón de años, a ti lo que te atrae es lo que represento.
Me quedó mirando unos segundos, con el ceño fruncido.
— ¿A qué has venido, Cristóbal? Confiesa de una buena vez.
Él suspiró dramáticamente, como si aquello le sirviera de algo.
—Quiero que saques de tu cabeza la idea de mi, siendo un asesino de vampiros,
quiero igualdad para todos… es por eso que debes visitar algún sótano de un Centro
Proveedor, es mi prueba.
Me crucé de brazos. No fue hasta ese momento que me di cuenta que estaba vestida
solo con un camisón que no había visto jamás. El maldito estaba manejando toda la
situación.
— ¿Qué prueba?
Terminó de eliminar la distancia entre nosotros y quedo solo a unos centímetros de
mí.
—De mi lealtad hacia ti, salvaste mi vida, te necesito para manejar a los rebeldes y
vampiros… eres la clave para que esto resulte.
Levantó su mano y tocó mi cabello.
—Y esta es mi prueba –susurré, enojada porque él estuviera en mi mente.
Ni siquiera me di cuenta cuando me acerqué a él y rodeé su cabeza con mis manos
y la gire de tal forma que sus vertebras sonaros, quebrajadas. Cayó al suelo de una forma
horrible, pero sus ojos no dejaban de observarme y sus labios tampoco abandonaron
aquella sonrisa.
Todo a nuestro alrededor se fue desvaneciendo.
—Dile a tu hada que no juegue más conmigo, ya que es ella la que siente tu dolor.
La oscuridad se fue desvaneciendo para dejar todo blanco, fue en ese segundo que
todo acabó.

Abrí mis ojos asustada, miré a Alex, que dormía plácidamente a mi lado. Me
acurruqué a su lado para estar más cerca de su cuerpo. Sus brazos entre sueños me
rodearon y me quede muy quieta entre ellos, sin poder volver a cerrar los ojos.
El día que saliéramos de todos estos problemas, buscaría personalmente a esa
maldita hada que le daba tanto poder a Cristóbal y acabaría de forma lenta y dolorosa con
su vida. Siempre que pasaba por una conexión con él, me dejaba una sensación de
desamparo que solo Alex podía solucionar, pero ahora dormía y no quería molestarlo, era
mejor estar descansado para lo que nos deparaba el siguiente día.
Sin embargo, no tenia sueño, por lo que me acomode sobre mis codos y me quede
mirando a Alex, que dormía tan tranquilo. Era increíble que estuviera con él, siendo que
había sido un psicópata el primer día que apareció ante mis ojos, aunque las semanas
siguientes se había comportado como un patán y los meses después, como un idiota. A
pesar del tiempo que llevábamos juntos, Alex parecía haber rejuvenecido, sonreía más y
no estaba todo el día estresado. Ahora que estaba tranquilo, varios años se le quitaron de
encima, aunque tampoco parecía de 24 años. Supuse que en la época que vivió como
humano, crecían de forma diferente los hombres.
—Quedarse mirando fijamente a alguien cuando duerme… es realmente raro, incluso
para nosotros –abrió los ojos y me sonrió.
—Que idiota –dije volviendo a estar entre sus brazos.
—Duerme… —susurró, volviéndose a quedar dormido.
Decidí no comentar la situación con Cristóbal, no venia al caso y no entregaba nada
revelador, solo lograría molestar a Alex.

Cuando abrí los ojos nuevamente, me encontraba sola en la cama. Al girarme pude
ver como Alexander se vestía sin ningún apuro. Al mirar la ventana pude notar que ya
estaba anocheciendo. Habíamos elegido volver a cubrirnos bajo la oscuridad, ya que estar
recorriendo las calles de Dublín de día podría ser más seguro pero también limitante, si es
que debíamos enfrentarnos a algún enemigo, no podríamos hacerlo, por los ojos humanos.
—Muy bien –dije sentándome en la cama, cubriéndome con la sabana –debemos ir
en busca de armas ¿no? –observé hacia todos lados, buscando mi ropa.
—Sigues durmiendo –dijo Alex sonriendo. Se acercó y besó mis labios por unos
segundos, fue lo necesario para despertar.
Tomé unos jeans oscuros, una camiseta blanco invierno y un suéter azul, junto a una
bufanda clara. No quería más abrigos o chaquetas, según el hombre del clima en televisión,
dijo que no iba a llover por un par de días. Estaba cansada de estar tan cubierta cuando ya
no sentía frio.
Abroché los cordones de mis zapatos para no tener problemas cuando avanzáramos
y luego tomé mi bolso pequeño, hasta aquí llegábamos con nuestras amplias mochilas,
solos serían una molestia para el resto del camino si las llevábamos.
—Deberíamos llegar a Dunleer en una hora o poco menos –asentí y me puse de pie
— ¿ya has despertado?
—Si –dije empinándome para darle un beso, aunque después tuve que sacar el brillo
labial con mi pulgar.
—Entonces vamos.
Pagamos en la recepción y a un par de cuadras nos deshicimos de las mochilas.
Llegamos al límite de la ciudad en cosa de minutos ya que fuimos avanzando a nuestra
velocidad normal entre las sombras. Para cuando llegamos al límite, no nos preocupamos
de miradas indiscretas, solo corrimos con todas nuestras fuerzas. Era excelente no
quedarme atrás cuando de correr se trataba.
Dunleer era sin duda un hermoso pueblo, amaba el verde que se podía observar en
Irlanda y este lugar era maravilloso, sin embargo, no éramos turistas así que solo me tocó
seguir a Alex entre las sombras hasta dirigirnos al cementerio del lugar.
— ¿Estas bromeando? –pregunté incrédula cuando se acercó a una cripta bastante
grande.
—No hay curiosos en este lugar, no te burles… —dijo con una sonrisa –aunque
últimamente no se qué les sucede a los chicos humanos, dando vuelta en los cementerios,
por lo menos jamás podrían saquear esta tumba.
Sin problema hizo girar una figura extraña. Era un árbol, donde se notaba tantos sus
frondosas ramas como raíces, estaba hecho de cemento, como el resto de la gran tumba.
—Esto es el árbol de la vida, según los celtas, símbolo que tomaron los vampiros
vikingos para representar a sus parejas eternas ¿Cómo las hacen llamar? –Se preguntó,
tratando de recordar –Elska Evige o algo así, como sea, uno de esos vampiros hizo la
construcción de esta increíble bóveda.
Lo miré curiosa, jamás había escuchado algo sobre ello, aunque tampoco era una
sorpresa, tan solo hace unos meses que Alexander estaba confesando realmente lo que
pasaba en este mundo.
— ¿Entonces hay vampiros aun más viejos que tú? Pensé que eso era imposible.
—Ja Ja –dijo entrando al lugar, no dude en seguirlo. No fue hasta que bajamos las
viejas escaleras de cemento que recién descubrí de que trataba realmente este lugar.
— ¿No es posible qué este vampiro te traicione y diga de que trata este lugar?
Alex levantó los hombros al mismo tiempo que abría otra puerta, esta lucia de metal
impenetrable.
—No lo creo posible, ya que jamás se involucra en temas como estos… tiene
problemas propios con su pareja.
No sé qué clave era la que tenia, pero Alex movía su mano con bastante seguridad,
haciendo girar ese árbol de la vida.
— ¿Cuál es la calve? –pregunté por pura curiosidad. Alex me miró por sobre el
hombro.
—Vittoria.
No pude evitar sonreír, pero cuando la puerta se abrió, toda mi atención se fue hasta
lo que había en el interior de aquella sala.
—Wow –dije cuando él prendió las luces.
Había estanterías llenas de armas y diferentes utensilios para poder asesinar,
torturar… y en definitivas, hacerle pasar un pésimo momento a otra persona.
—Esto es un poco sádico ¿no?
—Claro que no, sobretodo cuando esta tu vida en peligro –dijo Alexander, buscando
y tomando armas –estas son para ti.
Hizo que me sacara el pequeño bolso donde tenía algunas cosas y luego ajusto un
cinturón negro a mi cadera. Lo miré nerviosa, más cuando comenzó a poner diferentes
armas a mí alrededor.
—Esta son cargas, vamos a ensayar una vez ¿sí? para que cambies y cargues las
armas.
No me dio tiempo de decir nada, tomó otras armas con ajustes que se adherían a mis
piernas, tenía una a cada lado.
—Ey… ¿no crees qué es mucho? No pasaré desapercibida con esto.
—No estaremos expuestos a ojos humanos, así que si algún enemigo te ve, estará
prevenido con esto ¿te pesan?
—No –susurré un tanto intimidada.
—Levanta tus piernas como si estuvieras corriendo ¿molestan? –Hice lo que me pidió
y negué –ahora saca una a una las armas y vuelve a ponerlas en su lugar.
—No es tan fácil como creí –dije sacando con dificultad una, era pésima para esto de
las batallas, jamás en mi vida había tomado un arma –en las películas pareciera ser muy
fácil.
Alexander sonrió pero siguió concentrado en mis movimientos.
—No, así no –tomó mi mano, deteniéndome –debes moverla unos centímetros hacia
atrás, solo un poco ya que tienen un seguro, no cualquiera podría sacarte esto ¿ves? –Dijo
entregándome el arma –hazlo de nuevo.
Lo hice, efectivamente fue más fácil.
—Muy bien, ahora probaras algunos tiros afuera y estamos listos para ir a Dublín.
No pude evitar sentir miedo, pero no lo miré hasta que me concentré y deje el temor
escondido en algún lugar de mi cabeza.
— ¿Tu llevarás algo también? –pregunté mirando las demás armas.
—Claro que si, ahora solo te falta un detalle más.
Tomo un chaleco antibalas y me lo puso, hizo que me sacara la bufanda y mi suéter.
Luego tomó mi bolso y lo cruzo por mi cuerpo. Sentía que llevaba muchas cosas, pero
cuando lo dirigió hacia mi espalda, me sentí un poco más libre.
—Yo que tu dejaría esto aquí, pero puede que te sirva para guardar algunas
municiones.
Alex solo estaba vestido con unos pantalones negros, una camiseta gris con mangas
que se ajustaba a su cuerpo, por lo que sin problema alguno eligió de aquellos portadores
de armas que se ponen a través de los brazos y que dejan las armas en su tórax, por el
costado. Luego tomó una manopla de hierro, al ver su expresión de dolor supe que era de
plata.
— ¿Eso te hace doler? –pregunté, acercándome a él.
—Nada fuera de lo soportable –noté su mano, no me gustaría por nada ser alguien
que recibiera un golpe de él, entre la fuerza de Alexander y la plata de ese objeto, creo que
no habría oportunidad –tu también usaste plata con el trébol que te regaló Elizabeth –dijo
acariciando mi cuello.
Ese collar estaba a varios kilómetros de distancia, en casa.
—Y tú tienes el anillo –susurré mirando su mano.
Recién en ese momento me di cuenta que yo no llevaba absolutamente nada, en
cambio Alex si llevaba el suyo.
—El mío lo deje en casa –dije de inmediato –no quería perderlo.
—Tú eres mía con o sin anillo, yo uso el mío solo para dejarle en claro a las demás
que soy tuyo.
Me quede sin habla ante sus palabras. Él volvió a concentrarse en las armas,
eligiendo las que más le parecían, no fueron más de tres. Una en cada costado de su tórax
y otra en su pantorrilla.
—Parezco Robocop al lado de tuyo –dije notando las diferencia en cantidad de armas
y protección.
—Vámonos, que debemos practicar, solo un par de tiros, estoy seguro que lo harás
bien.
Por lo menos alguien confía en que tengo alguna habilidad en la lucha.
—Ey… lo harás bien, eres una vampiro, si no puedes luchar cuerpo a cuerpo, con tus
sentidos podrás disparar un arma.
—Uhm… —dije saliendo de aquella bóveda mágica de armas.
Subimos las escaleras y Alexander cerró la cripta. Luego nos dirigimos a toda
velocidad por el pueblo, hasta que nos alejamos varios kilómetros. Nos detuvimos en el
camino, no se veía nadie. Era cierto que no iba a llover, pero la noche estaba oscura por
las nubes y había un viento que tenia vuelto loco mi cabello.
—Muy bien –dijo Alex cuando nos detuvimos. Rápidamente tomó un par de piedras y
las lanzó a unos árboles que estaban a metros de nosotros. Quedaron incrustadas en los
grandes troncos –debes disparar en esas piedras, prueba.
Me pasó balas normales e hizo que cargara las armas, ya que las que usábamos eran
de plata. Me enseñó la primera vez y luego lo tuve que hacer sola. No fue del todo difícil.
—Ahora dispara, amor.
Tensa como un elástico dirigí el arma a mi objetivo, pero antes de siquiera dispara,
Alex me interrumpió.
—Debes levantar tu brazo a nivel de tu mirada, así te será más fácil. Debes estar
derecha, es muy fácil que el ángulo cambie ¿sí? –me indicó sonriendo, creo que me gustaba
mucho más como profesor de tiro que de lucha.
—Si –dije sonriendo, encantada.
—Claro que ahora puedes ser un poco lenta para sacar tu arma, la que tienes aquí
es una Beretta 92FS –puse los ojos en blanco ¿a quién le importaba el tipo de pistola? –
dispara.
Ciertamente si no hubiese tenido mis sentidos desarrollados gracias a ser vampiro,
jamás lo habría logrado, pero puse toda mi atención en el arma y en el objetivo, disparé sin
ninguna dificultad y di justo a la piedra que tenía en los árboles. Así lo hice tres veces más.
—Muy bien –dijo Alex asintiendo –ahora guarda y saca las pistolas, dispararas a dos
manos y objetivos más pequeños –se agachó y tomo piedras mucho más pequeñas y las
lanzó, enterrándolas en los troncos.
—Uhm… —no dije nada, tenía que hacerlo si o si.
Guardé el arma que tenía en mi mano y luego esperé a la señal de Alex. Cuando
asintió, saqué las pistolas y disparé.
Fue extraño, realmente no puse atención en ningún objetivo. Miré hacia al frente y
mis manos fueron automáticamente al nivel adecuado para disparar y dar en el centro de
las piedras. Una reboto hacia algún lado, pero la otra rompió el objetivo.
—Si aprendieras a defenderte tan rápido como disparas, serias una maquina asesina
–dijo acercándose a mí y besando mi mejilla –es tiempo de irnos. Carga las armas con
balas adecuadas.
Hice lo que me dijo y después guarde las armas en mi cinturón.
—Escúchame bien Victoria –se giró hacia mí, su mirada era seria –estas no son tu
primera opción, lo que debes hacer si estamos en peligro, es correr ¿sí? puedes estar
rodeada en un segundo y ahí te será difícil usar las armas ¿entendido?
—Correr, perder a los posibles captores y estar a salvo, entendido. Pero debes saber
que si no estás junto a mí, me detendré y te buscaré ¿sí?
—No te dejaré sola –tiró del cinturón para acercarme a él –no llevas la ropa acorde
para esas armas.
—No soy muy amiga del negro –dije sonriendo y rodeando su cuello con mis brazos
–no te alejes de mi ¿sí?
—Solo debemos llegar a donde los demás Gobernadores, no temas, amor –sus
brazos rodearon mi cintura y me levantó varios centímetros del suelo para poder besarme.
Fue casi por instinto que mis piernas rodearon su cadera –Uhm… ¿Qué intentas hacer,
Victoria Lenardis?
—Solo besarte –dije sonriendo.
Nos tomó unos minutos poder quedarnos tranquilos, pero cuando lo hicimos ya no
nos detuvimos. Comenzamos a correr con total normalidad, o sea, bastante rápido, aunque
nos controlábamos para que las horas siguieran pasando. El comienzo de la noche era la
hora más peligrosa.
Ya habían transcurrido varias horas cuando recién observamos a kilómetros las luces
de la hermosa capital. No pude evitar sentir cierto escalofrió imposible, que me indicaba lo
asustada que estaba. Envidiaba a Alex, estaba muy relajado.
—Solo será un trámite, amor –había dicho antes de que partiéramos nuestra carrera.
No estaba tan segura de ello.
Al entrar a la ciudad no nos detuvimos, debíamos llegar hasta el Castillo de Dublín,
que era usado por estas criaturas durante la noche, sin ningún problema. Lo que era
impresionante ya que ese lugar tenia seguridad, además de ser un centro turístico de la
ciudad, pero Alexander me había confesado que usaban la parte inferior para no tener
problemas, a nadie le molestaba. Se usaba cada año para restaurar los tratados.
—Mira, si llega a suceder algo, el Castillo Dublín es nuestro punto de reunión… nunca
se sabe cuando nos podemos separar, tu solo debes ir hasta allí ¿sí?
Me detuve al escuchar esas palabras de Alex, aquello no estaba en el plan.
—Es por si algo sucede, no que vaya a pasar –aclaró de inmediato, alentándome a
avanzar, pero gracias al cielo que me detuve antes sus palabras ya que pude ver con
claridad cuando levante la mirada, que no estábamos solos.
Sinceramente no sabía que esperar al momento de ingresar a la ciudad, teníamos
claro que iba a ser complicado, pero dudo que Alexander hubiese previsto que estaríamos
rodeados de vampiros y licántropos. No teníamos idea cuál bando nos deseaba en este
preciso momento.
—Por lo menos no hay humanos, punto a nuestro favor –dijo Alexander con un tono
tan relajado que me era imposible de creer ¿es qué estaba acostumbrado a esto? –ahora
veras porque es tan entretenido ser Gobernador, amor mío.
La luna se dejó ver entre las nubes mientras que el viento desordenaba mi cabello,
dejándome ver con claridad lo que sucedía. Tanto los asquerosos licántropos con su fauces
abiertas, babeantes, con su pelaje asqueroso y ojos penetrantes, comenzaron a dejarse
caer por los edificios, bajando por las paredes de cemento y deseándonos muertos.
—Tu camina de espalda ¿sí? yo me encargaré de los que vengan y tu de los que nos
quieren dar una emboscada por atrás, eso te dará tiempo.
Mis ojos no dejaban de observar como los otros seres, como nosotros, vampiros, se
dejaban caer por los techos con tan solo un salto. No tenían problemas para caer sobre sus
pies. Vi una sonrisa en más de uno… esto estaba saliendo mal, pésimo.
— ¿Victoria? Concéntrate, eres la Gobernadora de estos vampiros, superior a los
licántropos y has bebido de mí un centenar de veces, tu poder está sobre ellos, incluso
sobre varios de miembros del Consejo, no temas.
No le creía, pero asentí para que estuviera tranquilo. Saqué las armas, dejando el
miedo de lado porque no servía de nada ¿Cómo íbamos a salir de aquí para llegar al Castillo
Dublín? No tenía la menor idea, pero no iba a dejar que un asqueroso licántropo con sus
horrendas garras hiriera a mi Alex.
—Es tiempo de jugar, amor.
Solo alcancé a observar unos segundos a Alexander, era tan rápido que ni siquiera
mis ojos alcanzaban a observar sus movimientos. Todo el entrenamiento que había usado
conmigo, no era más que juego de niños para él.
Demonios, no sabía cómo íbamos a salir de esta. Yo no era como él.
Me giré y comencé a disparar a cualquier cosa que se moviera, me importaba muy
poco si confundía a un licántropo con un vampiro o con un humano. Solo comencé a
caminar hacia atrás, como si estuviera en trance y a sentir cada movimiento. Incluso sentí
que le disparaba a quienes estaban en los techos.
Las luces de los edificios poco a poco comenzaron a encenderse. Los humanos nos
habían escuchado.
Pero eso no los detuvo. Por lo menos no a Alex y a nuestros enemigos, ya que cuando
tuve que cargar de nuevo las armas, sentí un golpe en mi rostro que me hizo caer y
arrastrarme por la calle.
— ¡Victoria! –escuché el rugido de Alexander, pero no lo tomé en cuenta.
Me levanté en un segundo y deje caer las armas para sacar otra. El vampiro que me
golpeó no alcanzó a dar otro paso cuando le dispare en su garganta, justo para que la plata
comenzara a comérselo vivo. No pude evitar sonreír al ver su dolor.
Sin embargo no pude ver su rostro por un segundo más, había tres licántropos que
se dirijan a por mí. Creo que estaba entendiendo a Alexander cuando se refería a lo
entretenido que podía ser esto. No tenía sangre para que mi adrenalina corriera por mi
cuerpo, pero algo me estaba activando de una forma que jamás pensé. No sabía si habían
sido las palabras de Alex o eliminar a estos seres.
—Buenas noches –dije justo cuando elimine a uno, le disparé justo en la frente.
El segundo salto hacia mí, le alcancé a disparar en el brazo izquierdo. Sin embargo,
no tuve tiempo suficiente para poder liberarme del tercero. Cayó sobre mí con fuerza,
haciendo que perdiera mi arma, saltó a metros de mi mano.
No sé qué fue lo que ocurrió conmigo, pero mi mente se nubló por completo al ver
que ese asqueroso perro podría acabar conmigo. Mis manos enfurecidas hasta su hocico,
cuando estaba sobre mí, reteniéndome. Su cerebro quedo expuesto ante mi cuando abrí
tanto su fauces que escuche como se quebrajaban los huesos en mis manos.
Fue esa facilidad de acabar con ese licántropo que me demostró lo que realmente
sucedía. Eran neófitos, todos y cada uno de esos seres no eran nada más que bebes
comparados a nosotros y aun más a Alex. Por unos segundos tuve la oportunidad de verlo,
estaba sobre un licántropos, decapitándolo con sus propias manos para después disparar
de esa misma altura a uno de los vampiros que venía por él.
Para cuando las sirenas comenzaron a tocar, Alexander vino por mí, sin embargo no
pudimos cruzar palabra alguna.
— ¡Corre! –me gritó cuando otro licántropo se cruzo ante él, pero no pude hacer lo
que me pedía.
Me acerqué a mis armas para cargarlas, estaba en ello cuando sentir que unas garras
me tomaban del cabello y me lanzaban a varios metros hasta chocar contra el edificio. Sin
embargo, siendo un vampiro, el dolor debía ser realmente fuerte para sentirlo, es por ello
que me puse de pie para enfrentar a mi enemigo de una buena vez.
—Debes correr, Gobernadora –dijo un joven vampiro que apareció al lado del
licántropo –solo queremos al vampiro que nos ha sometido por tanto tiempo.
Ni siquiera me dediqué a gastar una palabra con ellos, fui tan rápida que no esperaron
las balas de plata que atravesaron sus cerebros.
Pasé de ellos y me dirigí hacia donde estaba Alexander, no podía encontrarlo por
ninguna parte, pero antes de desesperarme vi su perfil mientras acababa con dos vampiros
sin dificultad alguna.
— ¡Alex! –le grité, debíamos irnos de aquí, esto estaba pareciendo una emboscada
mucho más compleja de lo que esperábamos.
— ¡Corre, ahora! –Me respondió cuando me observó, pero no podía irme sin él — ¡te
seguiré!
No me importaron sus palabras. Comencé a avanzar hacia él, acabando con todas
mis municiones de plata, las armas iban cayendo a mis lados, una tras otra después de ser
cargadas, recibí varios golpes pero no fueron suficientemente fuertes como para tirarme al
suelo o hacerme algún daño.
— ¡Eres una testaruda! –dijo cuando acabe con el vampiro que él estaba tratando de
eliminar –debemos irnos, rápido… corre, iré detrás ¿sí?
Recién en ese momento comenzamos a escapar del lugar, ya que no faltaba mucho
para que se agruparan más vampiros y licántropos para acabar con nosotros. Sin embargo,
ese no era nuestro mayor problema. No habíamos avanzado ni siquiera diez cuadras
cuando pudimos ver que a nuestros lados aparecieran nuevos vampiros, vestidos de traje
negro y que nos miraban sin atacarnos mientras corríamos. Nos tuvimos que detener,
habíamos llegado a otra zona residencial.
—Gobernador –dijo un hombre dando una pequeña reverencia –debemos apresar a
su traidora.
—No debes apresar a nadie, no han visto nada –aclaró Alex, presionando con fuerza
sus manos, formando unos puños que dejaban en claro que cualquier movimiento iba
terminar de pésima forma.
—No podemos dejarlos ir, el Consejo ha ordenado que… —no terminó la frase, le
disparé en la cara.
Realmente las armas y yo nos llevábamos demasiado bien, lo que no era nada bueno.
—Mataré a quien se atreva dar un paso hacia nosotros –dije muy seria.
—Ya han escuchado a la Gobernadora –me apoyó Alexander.
No nos tomaron en cuenta, eran alrededor de cinco que teníamos rodeándonos y
todos al mismo tiempo se lanzaron hacia nosotros. Dos contra mí y tres por Alexander.
Para mi sorpresa pude esquivarlos con bastante rapidez, sin embargo, cuando quise
disparar, no me fue posible hacerlo, ya que estaba atrapada contra los muros. Comencé a
moverme hacia cierta dirección, tratando de escapar de esos vampiros. Solo pude disparar
a uno que estaba sobre Alexander.
Luego todo se comenzó a transformar en una persecución, ya que Alex llegó a mi
lado y tomó mi brazo para que corriéramos. En un momento hizo que lo adelantara.
—Corre, iré tras de ti, no te detengas Victoria o si no me dificultaras todo ¿sí?
—Bien.
—Escóndete, ellos no quieren mi cabeza.
Al mirar hacia atrás pude ver que habían muchos más guardias que venían por
nosotros. Claro que no querían su cabeza, sino la mía. Incluso pude ver a un par de
licántropos que volvían a la carga, arremetiendo contra algunos guardias.
Hice lo que Alexander me dijo. Corrí, corrí y corrí… hasta que no escuché ningún
ruido más. Fue en ese momento que me detuve y observé que estaba sola.
“Escóndete” esa fue la orden de Alex pero no podía dejarlo en ese lugar solo. ¿Qué
haría si me encontraban o si iba por Alex? Solo iba a ser un obstáculo, necesitaba cargar
las armas de nuevo.
Corrí sin pensarlo hacia la primera puerta que estaba en la oscuridad, baje unas
escaleras y la rompí. Entre al edificio y me quede en silencio, tratando de escuchar algo,
pero solo pude percibir pasos en la parte superior.
Me arrodille y comencé a cargar todas mis armas a medida que mis ojos se
acostumbraban a la oscuridad. Debía volver por Alexander, era cierto que los Guardias no
le harían daño, pero esa misma política no usaban los rebeldes, debía ir por él.
—Que hermosa sorpresa.
Mi cuerpo se tensó por completo al escuchar la voz de Cristóbal. Me puse de pie lista
para poder correr o asesinarlo, pero las luces se prendieron, encandilando mis ojos.
—El olor a sangre siempre atrae ¿fue tu primera opción atravesar esta puerta?
Verlo fue como si un balde de agua fría cayera sobre mí, como si un escudo me
rodeara y me volverá frívola ante los ojos negros de ese vampiro.
— ¿Qué significa esto?
—Una pequeña trampa, funcionó… para mi sorpresa –dijo sonriendo, tenía una voz
amable, la misma que recordaba –solo debíamos acercarte a un Centro Proveedor,
Gobernadora.
— ¿Entonces todo esto es para que me muestres lo que hay aquí?
Él frunció levemente el ceño. Fue en ese momento que repare un poco más en él.
Vestido de negro por completo, todo un personaje. Era extraño, pero siempre había
encontrado que el negro le quedaba a mi Alexander, a nadie más… y eso era al comienzo
porque ahora sinceramente el color lo hacía ver más vivo y no menos peligroso.
—Me vas a disculpar, pero debo ir por mi esposo –dije girándome hacia la puerta.
Me importaba un comino Cristóbal, no iba a perder tiempo con él cuando Alexander
estaba en peligro.
—Él está muy bien, son sus Guardias, recuerda. Solo desean tu muerte por traición,
la noticia se ha desparramado como un virus entre los vampiros.
Era cierto, si de algo podía estar segura era que esos Guardias no estaban en busca
de su cabeza, sino de la mía, los rebeldes no bastarían para acabar con ellos, eran
profesionales.
—Los Consejeros estaban esperándolos, no han descansado Victoria, no sabían por
donde llegarían, pero han atestado la ciudad con sus Guardias, los mandaron a llamar de
todos el mundo, creo que incluso tu amigo Ezequiel esta por acá.
Me gire hacia Cristóbal, esta vez me observaba serio.
—Debes entender Victoria, ellos no son tu salvación, quieren tu cabeza. Solo serás
una pareja más para Alexander y para todos los demás, no sentirán tu perdida.
— ¡Oh, basta de habladurías! Tu eres muy idiota, en serio ¿crees que por alguna
razón te hare caso? Te falta mucho Cristóbal, en serio.
Llevé mi mano hasta el pomo de la puerta para poder escapar de aquí, necesitaba
ver a Alexander.
—No estoy aquí para apresarte, estoy solo y te esperaba, debes ver algo ¿sabes?
Antes de irte.
Lo miré confundida, realmente deseaba saber lo que había debajo, pero por otro lado
estaba Alexander, necesitaba verlo.
—Puedes elegir lo que desees, te esperare por cinco minutos en la planta de abajo.
Desapareció de mi vista en una fracción de segundo. Abrí la puerta para salir, pero
por alguna razón mis pies no avanzaron.
Por un tiempo me quede en blanco, sin escuchar nada más que los pasos en el piso
superior.
No podía seguir con la duda, Alexander tenía al Consejo a su favor y yo deseaba
desenmascararlos ante mi esposo.
—Lo siento –susurré, esperando que realmente los Guardias no le hicieran daño a
Alexander. Él era fuerte y era su Gobernador, yo era la traidora, la que debía pagar con mi
vida.
Cerré la puerta y seguí a Cristóbal tan rápido como había desaparecido.
Bajé las escaleras y pude ver como en la planta inferior había luz. No fue nada difícil
verificar que el vampiro que había junto a unos libros de registro, estaba muerto. El piso era
bastante pequeño, tenía diferentes jaulas o celdas. Todas ocupadas.
Al llegar a dicho piso, no pude avanzar por el pasillo, al final se encontraba Cristóbal,
solo. Sin embargo, mi atención se centró en los seres que estaban atrapados en las jaulas.
— ¿Sabías qué en el mundo todos los empresarios, exportadores, importadores,
delincuentes del mercado negro de cada país y que trabajan la plata, son vampiros?
Negué sin dejar de mirar a la primera hada que veía en mi vida. Era una chica, parecía
una adolescente, estaba desnuda, dejando expuestas sus marcas en su cuerpo. Tense mi
mordida, sus alas estaban adheridas a su espalda. Cuando nuestros ojos se cruzaron, sus
alas se fueron desplegando, separándose de su piel. No eran muy grandes, pero eran
hermosas.
— ¿Me estás diciendo que hay prisioneros bajo cada Centro Proveedor?
—No todos –explicó Cristóbal –no los que tienen los licántropos u otros vampiros.
Me acerqué a donde estaba el vampiro muerto y tomé uno de los libros de registros.
— ¿Cuáles son sus cargos? –pregunté, observando los nombres de quienes estaban
ahí, pero no estaban registrados, tan solo decía la cantidad de hadas, vampiros y
licántropos.
— ¿Cargos? Es ahí donde está el problema Victoria, son esclavos de vampiros con
dinero. Uno de estos seres, cuesta millones que ni siquiera tú has gastado cuando sales de
compras con tu querido vampiro. Fueron capturados por ser diferentes o supuestamente
traidores.
Tiré el libro sobre el vampiro muerto, se estaba descomponiendo de a poco, de seguro
no era tan joven, como tampoco muy viejo.
Me acerqué a una celda donde estaba un chico, unos años mayor que yo, usaba unos
viejos harapos y también tenia marcas en su piel, era un vampiro. Tomé el candado que
aseguraba la puerta, pero este quemo mi piel.
— ¡Ah! –dije alejándome, el chico me miro con unos ojos tristes.
—Como te iba diciendo –siguió Cristóbal –los vampiros ocupan mucha plata, sobre
todo para las celdas, es la debilidad de las tres principales especies.
— ¿Para las hadas también? –dije dándole una leve mirada a la chica.
—Plata y Oro combinado, son más quisquillosas, incluso para sus debilidades.
—Alexander no sabe de esto –dije de inmediato, tratando de justificarlo.
—Es posible, pero no ha hecho bien su trabajo si miembros del Consejo juegan a
vender esclavos como tiempo atrás.
Me quede en silencio, no podía rebatir eso.
—Si vas a abrir estas celdas –dijo mostrándome muchas llaves –tendrás que abrirlas
todas, Victoria y no me refiero solo a este centro.
Asentí, no importaba que fuera mi enemigo, esto no podía seguir ocurriendo.
—Informaré de esta situación a Alexander –dije justo para cuando Cristóbal me lanzó
las llaves.
Comencé a abrir cada celda. Los prisioneros fueron saliendo poco a poco hasta que
todos fueron liberados. Los seguí cuando subieron las escaleras, detrás mío iba Cristóbal.
Sin duda alguna podría haberle disparado, pero no deseaba que los prisioneros me
atacaran y mucho menos deseaba matarlos a ellos cuando los había liberado hacía diez
minutos.
—Debes venir conmigo –dijo Cristóbal cuando salimos a la oscuridad de la noche –
no tienes salida Victoria.
Lo miré con desprecio, me alejé de él unos pasos, deseando encontrar a Alexander
en cualquier segundo. Cosa que sucedió, pero no de la forma que esperaba.
Los prisioneros salieron de nuestro campo visual, pero en su lugar llegaron los
Guardias, con los Consejeros. Me tensé al ver a Elizabeth y Alexander juntos.
—Victoria –dijo Cristóbal tomando mi brazos, deteniéndome –no caigas, acabaran
contigo.
— ¿Por qué habría de creerte?
—Porque yo si tengo que sacar algo de provecho contigo viva, ellos no, no les
importas.
Observé a Alexander que me miraba confundido, a su lado estaba el resto de los
Consejeros. Pude identificar a dos personas que vestían diferentes, supuse que eran
Amarok y Naida, al parecer el Consejo había llegado antes a ellos. Todos me miraban de
forma hostil.
—No –escuche la voz de Alex con claridad –no te atrevas, Victoria.
—Guardias –dijo Elizabeth, mirándome con furia en los ojos –aprésenla.
— ¡No! –Dijo Alexander, levantando la voz –ella vendrá sola.
No tenía salida, el plan de Alexander era demasiado arriesgado. Ahora teníamos los
testigos, sin duda alguna, pero todos hablarían a favor del Consejo. Creo que había llegado
la hora de ser realmente valiente.
Me solté del agarre de Cristóbal y lo miré con odio, el nivel de desagrado que me
causaba ese vampiro era infinito. Sin embargo, él tenía razón en más de un punto y yo
deseaba saber más de lo que escondía el Consejo para poder utilizarlo a mi favor.
—Ahora, Victoria –dijo Cristóbal.
En ese momento pude notar que detrás nosotros habían más licántropos y vampiros
que hace un rato atrás.
Era tiempo de cambiar los planes.
—Vámonos –dije mirando a Cristóbal.
No miré atrás los primeros segundos que comencé a correr lejos de Alexander, pero
cuando llevábamos varias cuadras y una batalla se liberó detrás nuestro, no pude evitar
asegurarme si él estaba luchando bien.
No lo estaba haciendo.
Fue rodeado de Guardias mientras sus ojos no abandonaban los míos. Me detuve,
queriendo ir por él y decirle que jamás funcionaria un juicio con Consejo, pero la mano de
Cristóbal tomó mi brazo y me hizo correr tras él de nuevo.
CAPÍTULO 16
No podía quitar de mi mente sus ojos, tan negros y profundos, llenos de odio,
sentimiento que estaba exclusivamente dirigido hacia mí. Alexander jamás me perdonaría
por lo que había hecho, pero si me quedaba con él, yo nunca podría aceptar haber dejado
a un lado la verdad que se escondía detrás del Consejo.
No tuve noción del camino que recorrimos con el traidor de Cristóbal, pero sí
recuerdo haber estado sobre el techo de un autobús por un largo rato, observando cómo
las nubes oscuras comenzaban a separarse, dejando que algunas estrellas aparecieran en
mi campo visual. Sin embargo, no podía disfrutar de la hermosa vista mientras íbamos
escondidos.
Nos bajamos en un lugar residencial. Sin decir ninguna palabra seguí a Cristóbal,
que solo estaba concentrado en observar que no nos siguieran. No pude evitar
sorprenderme cuando nos dirigimos hacia el patio de una linda casa que no parecía ni por
asomo estar involucrada con los rebeldes.
—Una buena fachada, nos mantiene ocultos.
No le respondí a Cristóbal, pero si me sorprendí al notar que ahora nuestro objetivo
era el patio trasero, no la casa en sí. Al llegar al centro del césped correctamente recortado,
Cristóbal se inclinó y para mi sorpresa, abrió una rendija por donde podíamos bajar a la
oscuridad.
— ¿Túneles? –pregunté sin poder evitarlo.
—Por toda la ciudad, los licántropos han ayudado mucho, ellos ya tenían parte del
trabajo hecho… aunque también se extienden hasta kilómetros más allá de Dublín.
Me quede de boca abierta cuando sin aviso alguno, se dejó caer en la oscuridad.
No pude evitar pensar en Alexander al dar los últimos pasos que dañarían aun más
a mi querido esposo. Ya no podía detenerme, el daño estaba hecho y necesitaba encontrar
las pruebas necesarias para que Alexander viera realmente lo que sucedía.
Me sumergí en la oscuridad con Cristóbal.
El túnel por donde accedimos a la red de los rebeldes, era al comienzo de tierra, no
parecíamos más que topos avanzando a ciegas, incluso debía ir un poco encorvada para
moverme mejor. Sin embargo, a medida que los metros de tierra comenzaron a pasar,
logramos dejar atrás tan rudimentario acceso.
Para cuando llegamos a tener algo de luz, solo noté que sobre nuestras cabezas
había una ampolleta colgando de forma precaria, alumbrando solo unos centímetros a
nuestra redonda. Pude observar que solo a unos pasos más había una puerta de metal.
—Bien, no puedes entrar con esto –dijo Cristóbal girándose hacia mí y llevado sus
manos a mi cintura.
Antes que pudiera poner un dedo sobre mi cinturón, el mismo que Alex había puesto,
mi mano abofeteó su rostro con tanta fuerza que hice que cayera al suelo. Pude notar la
furia en sus ojos cuando levantó la mirada.
Se tragó su orgullo para no montar alguna escena.
—Debes sacarte ese cinturón, no tienes permitido entrar con armas a nuestro
refugio.
Lo miré con desdén, deseaba fervientemente darle una patada en su cara y
asesinarlo ahí mismo, pero no podía hacerlo.
—No voy a recibir órdenes de tu parte.
—Deberías –dijo poniéndose de pie –porque en este lugar estas sola y si no me
quieres como tu amigo, entonces prepárate para verme como uno más de tus enemigos
¿Qué vas a elegir?
Lo odiaba, quería estar junto a Alex, tan alejada de los Rebeldes como del Consejo,
pero no era algo factible en este momento. No tenía escapatoria, me había metido en esto
sola y si quería escapar con vida, tendría que averiguar lo que estaban haciendo los
Consejeros además de Cristóbal. No tenía otra alternativa que aceptar las condiciones del
vampiro traidor que tenía ante mis ojos.
—Tan solo no te acerques a mí como si tuvieras la confianza para hacerlo
¿entendido?
Pude notar como tensó su mandíbula, sus ojos oscuros distaban mucho de la
amabilidad que alguna vez mostró en el pasado. Me sorprendía el gran cambio que tuvo
Cristóbal al convertirse en vampiro… o ¿podía ser qué siempre fue de esta manera?
—Hace un tiempo atrás no te quejabas por donde dejaba mis manos.
Sonreí mientras desabrochaba mi cinturón y se lo ofrecía a Cristóbal. Ya no tenía
armas… ante su vista.
—Sí, hace un tiempo atrás yo no te deseaba muerto, las cosas cambian muy rápido
¿no crees?
Él solo tomó el cinturón para después abrir la puerta e introducirse al centro de todos
los refugios.
No tuvimos que recorrer mucho más los caminos de cemento ya que después de
unos metros alcanzamos el centro de estos. Habíamos descendido varios cientos de metros
bajo tierra, ya que cuando llegamos al punto de unión de los túneles, este tenía un amplio
espacio, pareciendo una colmena de abejas o algo por el estilo. Por las gigantescas paredes
se veían entradas a diferentes túneles.
—Te presento el centro de nuestra pequeña ciudad de Rebeldes.
No lo miré cuando pronunció aquellas palabras llenas de orgullo, tan solo me
concentré en observar todo el lugar. Había una amplia pantalla gigante al centro, donde se
estaba mostrando a Alexander, como luchaba contra diferentes Rebeldes, cómo los
asesinaba.
Me quede helada al verlo, como luchaba ferozmente. Aquellos momentos habían
transcurrido cuando llegamos a Dublín, sin embargo, no habían escenas mías acabando
con los Rebeldes. Al parecer la idea era entregar una imagen aun peor de Alex.
—Sígueme, Gobernadora.
Por ahora no había nadie en centro de este panal de abejas, así que no tuve otra
alternativa que seguirlo.
Dejando atrás la pantalla plana, con Cristóbal nos dirigimos hacia uno de los cientos
de túneles. Avanzamos unos pocos metros más antes de encontrar una nueva puerta. Esto
estaba comenzando a parecer un horrible laberinto.
— ¿Cuánto tiempo se demoraron en hacer esto? –pregunté refiriéndome a la
infraestructura.
—Casi nada –dijo abriendo la otra misteriosa puerta –te dije que los licántropos
habían avanzado bastante.
— ¿Entonces el Gobernador de los licántropos sabia de esto?
Al entrar en el compartimiento me di cuenta que era una amplia y lujosa habitación.
Ilógico que hubiera tanto esplendor en un lugar como este. Se me imaginaba que los
Rebeldes Vivian de forma más… austera.
—Claro que sabe de esto, pero ¿se involucra con sus Rebeldes? Ni es sueños, ese
tipo siempre ha estado más preocupado de que la mayoría de los suyos siga en paz y si
eso conlleva aceptar todo lo que diga Alexander, lo hará.
Si hubiese estado sola, habría suspirado de alivio. No me gustaba la idea de que
todo el mundo que rodeaba a Alex, fuera un traidor. Por lo menos el Gobernador de los
licántropos no era un Rebelde.
—Esta será tu habitación –dijo sentándose en la cama de cobertor azul. Las paredes
de la habitación eran blancas con diseños circulares azules. Se parecía mucho a la primera
habitación que tuve en la Mansión de Alexander, pero con tonos diferentes –he de suponer
que tu expresión es porque este lugar te trae viejos recuerdos ¿no?
Me crucé de brazos, molesta porque él supiera lo que estaba pensando.
—Sí, deberías tener más cuidado con tu mente si no quieres que lea lo que sucede
en ella. No te quité el arma de tu pierna porque deseaba averiguar que más había en esa
cabecita tuya.
De inmediato volví a cubrir mis pensamientos. Con todo el movimiento de la última
hora había olvidado protegerme.
—Dame el arma, Victoria.
La saqué de mi pierna y se la lancé, mirando los detalles del lugar. Era cierto, me
traía viejos recuerdos.
—Debes darte un baño, cambiarte de ropa y estar lista en una hora. Todos estarán
aquí para verte, te hemos estado esperando.
No pude evitar sonreír, esto era una locura. No sabía que era peor, si estar en manos
del Consejo o de los Rebeldes.
—No he venido hasta acá por eso –dije de inmediato —quiero saber todo lo
relacionado a esos esclavos, necesito las pruebas necesarias para poder ver encontrar una
solución –y cubrirme la espalda con el Consejo.
Cristóbal se puso de pie y me miró muy serio.
— ¿No entiendes qué ahora estás atrapada? Harás lo que se te ordene y quien
ordena, soy yo. He dicho que debes estar lista en una hora para que les demuestres a todos
que has elegido estar de nuestro lado.
Tensé mi mordida. No podía negar que no estaba ni un poco acostumbrada a que
otros vampiros me hablaran de esa forma, sobre todo cuando yo era la Gobernadora de
dicha especie. Ni siquiera a Alexander le soporté este tipo de arrebatos tiempo atrás.
—Tú me vas a escuchar muy bien –dije acercándome hasta él, usando todo el poder
que tenia al ser su maldita creadora y Gobernadora –irás en busca de todas las pruebas
sobre esos Centros Proveedores, luego las traerás hasta aquí y me las entregarás
¿entendido? Quizás para ese entonces esté lista y puedas jugar a ser Gobernador, gracias
a mí.
Su rostro solo estaba a centímetros mío, me había acercado lo suficiente para que
me escuchara muy bien.
Antes que Cristóbal pudiera decirme algo o insultarme, la puerta de la habitación se
abrió sin previo aviso.
—Ya se les dio el aviso de que deben reunirse en el centro del refugio, no hay
muchos, deben ser alrededor de cien o ciento cincuenta.
Al escuchar esa voz me quedé helada.
—Victoria –dijo cuando me giré hacia él. Las palabras se quedaron en mi garganta,
ni siquiera podía nombrarlo –me alegro mucho que ahora te unas a nosotros, es hora de
que todos evolucionemos y siempre supe que tu estarías de nuestro lado.
Marco estaba vestido de forma casual con unos pantalones y camisa. Sano y a
salvo, sin siquiera un rasguño.
— ¡Marco! Qué bien que has llegado, tendrás que encargarte de que la Gobernadora
Lenardis no haga ninguna locura, además de que este lista y preparada en una hora más.
Deberá mostrar su hermosa cara ante todos.
Cristóbal rápidamente se dirigió hacia la salida y desapareció de nuestras vistas.
—Es mejor que te apresures –dijo cruzándose de brazos.
Solo tenía en mi mente la expresión de tristeza que atrapó a Alexander cuando supo
de la supuesta muerte de Marco.
—No me mires así, todos tenemos un motivo para estar donde nos encontramos –
dijo ahora con el ceño levemente fruncido.
—De todos los conocidos o amigos de Alexander, tú eras el único que me agradaba
un poco. Siempre te ocupaba de evidencia cuando discutíamos, siempre le repetí que tú
eras su amigo y digno de confianza, que no debía ser tan desconfiado con los demás, pero
creo que hasta ahora Alex ha tenido razón, no se puede confiar en nadie más que en tu
pareja ¿cierto?
La sonrisa de Marco había desaparecido.
—Me alegro que hayas aprendido una lección tan importante, Victoria. Alexander
tiene cientos de años, deberías escucharlo más a menudo. Sin embargo, discrepo con él
en algunos temas, como por ejemplo ¿se puede confiar en la pareja de uno? mira dónde
estás tú.
Aquello fue como un balde de agua fría.
—Lo siento, pero me agrada la idea de seguir viva, cosa que estaría en juego si me
acercaba demasiado al Consejo.
Marco avanzó unos pasos, bajando los dos escalones que había antes de llegar al
centro de la habitación.
—Debiste jugar de forma inteligente entonces y no llegar a este extremo del charco
¿no crees? –fruncí el ceño, sin poder entender sus palabras.
— ¿Pero qué demonios dices? Si no fuera por tu culpa, el Consejo jamás se habría
enterado de lo sucedido con Cristóbal, fuiste tú quien me delató ante Elizabeth.
La expresión confundida de Marco me sacó de juego por completo, parecía que
estuviera hablándole en un idioma diferente.
—Yo no te delaté en ningún momento, Alexander me exigió que no dijera nada.
— ¡Como si tu amistad con él fuera importante! –dije gritándole, furiosa por haber
hecho sufrir a Alex, por haberlo engañado.
—No grites en este lugar, que no está insonorizado. Muy pocas personas saben de
mi conexión con Alexander, quiero que siga así.
—Eres un bastardo, un infeliz que se aprovecho de la amistad que tenía con él ¿no
te agradó ganar tanto dinero estos últimos años? ¿Ah?
Por un momento pensé que iba a saltar contra mí y acabar con mi vida, porque la
mirada que usó, provocó que diera unos pasos hacia atrás.
—Cuida tu boca, niña, no tienes idea de lo que estás hablando, todo esto para ti no
es más que un juego ¿no es así? no sabias lo que realmente estaba ocurriendo en esta
especie hasta hace unas semanas atrás ¡Mi esposa murió por culpa de esta situación!
¿Crees qué el dinero importa de algo? ¿Eso la traerá de vuelta? No te atrevas a darme
lecciones de vidas porque tú aun eres un bebé.
Hice uso de todo mi autocontrol para no provocar algún escándalo en ese lugar.
Marco tenía razón al ser precavido, aquí nos podía escuchar cualquiera.
—Puedo recién estar conociendo realmente este mundo, pero escucha mi consejo
Marco, no te aparezcas ante los ojos de Alexander porque acabara con tu vida antes de
que digas “lo siento” perdiste toda posibilidad con él.
Necesitaba salir de ahí a toda costa.
—Ya somos dos –dijo cuando me dirigí hacia la puerta que suponía era dónde
estaba el baño.
Antes de escapar de su vista, me giré ante cierta duda que rondaba mi cabeza.
— ¿Por qué no solo desapareciste, Marco? Hacerte pasar por muerto, no tiene
mucho sentido.
Para mi sorpresa, se relajó. Sus hombros dejaron de estar tan tensos.
—No, no lo tiene. Me alegro que notes ese detalle.
No supe interpretar sus palabras, pero ya no podía pasar otro segundo con él, es
por ello que entré a ese supuesto baño y me escondí.
Me quede quita contra la puerta, todo estaba a oscuras en este lugar, pero no
deseaba nada de luz. Estaba tan asustada que solo deseaba desaparecer, al no estar con
Alexander sentía que me iban a asesinar en cada segundo. Esto no estaba saliendo nada
de bien.
Jamás en mi vida me había sentido tan sola como ahora.
Me deje caer lentamente sobre el suelo, sintiendo como toda esa oscuridad se
acercaba, queriendo ahogar unos pulmones que no necesitaban aire. Estaba teniendo un
ataque de pánico y solo deseaba que de la nada apareciera Alexander, me abrazara y me
dijera que todo iba a salir bien, pero tras esperar uno, dos… hasta quince minutos, nadie
apareció para decirme que no corría peligro, que todo era un sueño o que ya todo había
pasado.
Me tomo otros quince minutos ponerme de pie y comenzar a arreglarme, no podía
jugar a la niña orgullosa y patética en este momento… debía escuchar lo que Alex dijo una
vez, jamás demostrar a nadie el miedo que sentía, excepto a él.
No sabía cómo usaban u obtenían el agua, pero me di una ducha de agua fría para
después tomar el vestido que colgaba en una de las paredes, era pomposo, demasiado
elegante . Negro como mis ojos, largo y con un hombro descubierto.
—Demonios… —había pasado demasiado tiempo desde que ocupe uno de estos
vestidos, me había hecho a la idea de no tener que usar uno otra vez, por lo menos en
varios meses más.
Como una autómata me puse dicha prenda y luego salí del baño, sobre unos
zapatos también negros, no tan altos.
—Muy bien –dijo Marco, que estaba sentado en la cama, esperándome –luces como
toda una Gobernadora, la pareja perfecta para Cristóbal.
Ni siquiera le dije una palabra, tan solo moví mi cabello suelto hacia atrás y caminé
hacia la puerta.
—Que el espectáculo comience –dije abriendo la puerta para volver a ese túnel que
me llevaría al centro de este gigantesco refugio.
—Eres muy inteligente Victoria, sé que sabrás como manejar todo.
Lo miré sobre el hombro, solo estaba a unos dos metros de distancia.
—Yo si fuera tu no estaría tan convencido de cómo puedo manejar esta situación,
ya que si todo sale bien… tu y quien corresponda, acabarán hecho cenizas, literalmente.
Antes de abrir la puerta, la mano de Marco atrapó mi brazo.
—Cuando estés allá afuera, abre bien tus ojos, Viky.
Me solté de su agarre y salí de la habitación, sin querer escuchar otra palabra suya.
A pesar de estar asustada como nunca y de necesitar más que nada a Alex, no
avancé a paso lento, sino que me dirigí decidida a donde Cristóbal debería estar
esperándome. Cuando llegue al final del tune y llegue al centro de este refugio, pude ver la
cantidad de personas que habían.
Eran cientos. Marco había mentido al decir que solo había ciento cincuenta o algo
así. Eran más de quinientos a simple vista.
—A diferencia de los consejeros, eres querida por muchos vampiros ¿sabías eso?
–Preguntó Marco a mi lado –se unieron muchos al saber que tú estabas de nuestra parte.
Aprovéchalo.
Lo miré enojada, no quería seguir escuchando su voz. Él si era un traidor.
—Terminemos con esto de una buena vez –dije caminando hacia donde se
encontraba Cristóbal, que también vestía elegantemente.
Esto no iba a salir como él quería.
Cuando llegué a su lado, él comenzó a hablar de forma fluida y muy tranquila,
nombró a Alex demasiadas veces para mi gusto, ya que era de forma negativa y además
me hacía parecer como si yo también odiaría a mi amado vampiro. Sin embargo, esas
palabras eran vacías y sin peso para mí, por eso mismo debía demostrar cuan equivocado
estaba al elegir tácticas que pondrían en riesgo a Alex.
Tuve el tiempo necesario para notar a todas las personas que ahí se encontraban,
vampiros y licántropos en su mayoría. Los de mi especie sobrepasaban en cantidad a los
humanos que se convertían en lobos monstruosos y a las que supuse que eran hadas.
Todos tenían sus ojos fijos en mí. Este lugar tenía alrededor de cinco pisos, donde habían
diferentes túneles en forma circular… debíamos encontrarnos a kilómetros de Dublín,
aunque hubiésemos tenido acceso a través de la ciudad.
Aun no sé porque recordé en ese momento las palabras de Marco, pero hice lo que
me dijo, abrí bien los ojos. Comencé a mirar a todo mí alrededor, sin escuchar las palabras
de Cristóbal. Para cuando mis ojos fueron hasta el último nivel, al frente de mi, pude verlos.
Aníbal y Alanna, ambos estaban tomados de sus manos, sonriendo.
No pude evitar mirar hacia donde se encontraba Marco, quien solo sonrió y asintió.
Me quede aun más helada ¿Es que existía la posibilidad de que no fuera un traidor?
¿Había ayudado a Alanna y Aníbal? Aunque no tenía sentido, al parecer una gran cantidad
de los Rebeldes se encontraba en este lugar.
—Queda muy poco para terminar con la cabeza de Alexander Lenardis en nuestras
manos…
Fue en ese momento que mi atención volvió al ser despreciable que era Cristóbal.
Sus palabras estaban cargadas de odio y por alguna razón, supongo que por nuestra
conexión, supe que sus ojos furiosos no eran a causa de Alex, sino por todos los seres que
tenia al frente de él.
—Acabaremos con ese Consejo y los gobernadores que los han tenido sometidos
durante siglos.
No era necesario que tuviera un micrófono o algo parecido, ni siquiera levantaba la
voz al hablar. Sus oyentes tenían una audición sobrenatural.
—Es hora que obtengamos nuestra libertad.
Me giré confundida hacia Marco, pero él me indicó con su mirada que pusiera
atención hacia abajo, al piso.
Al observar hacia el suelo, pude notar que había ciertos dispositivos instalados en
forma lineal, todos se dirigían hacia el centro del lugar, estaban divididos cada ciertos
tramos, brillaban e iluminaban como si aquella fuera su misión, sin embargo, reconocí de
inmediato dicho aparato. Estaban en las estanterías de Alex, de aquella donde había
cientos de armas. Esos dispositivos lanzaban plata cuando explotaban, de tal forma que
comenzaban a desintegrar tu cuerpo como le sucedió a la pareja del vampiro francés.
Miré a Marco de nuevo y este me indicó que volviera a observar a Cristóbal.
Para cuando entendí lo que Marco me intentaba decir, no pude evitar acercarme al
traidor, quien rodeó mi cintura con su brazo izquierdo, me tensé, pero deje ese sentimiento
de lado para seguir avanzando, dejando atrás a Cristóbal.
Observé a todas esas personas, que si no abrían sus ojos, iban a ser asesinadas
en algún momento, quizás no hoy o mañana, pero algún día, por el mismo hombre al que
estaban escuchando.
—Buenas noches a todos –dije sonriendo y dándome cuenta que la mayoría de los
que se encontraban aquí, eran personas jóvenes, algunos incluso menores que yo. No sería
difícil hablarles.
—Victoria… —escuché el tono amenazante de Cristóbal, pero lo miré con desdén
para luego poner toda mi atención en la gente que ahí se encontraba.
—Sinceramente estoy sorprendida por la cantidad de seres que se ha reunido esta
noche, en este lugar –observé a Aníbal que sonrió –debo admitir y decir que no tenía idea
de la existencia de algunos de ustedes hasta hace un par de semanas, a mi esposo no le
gusta que yo este enterada de todo, cosa con la que discrepo bastante.
Pude ver algunas sonrisas entre los rostros. Me sorprendía que ellos tuvieran cierta
estima por mí, jamás había hecho nada grande por ellos, ni siquiera sabía de sus problemas
hasta hace unos días. Cuando tuvimos que recorrer los clanes con Alexander, solo nos
reuníamos con personas importantes ya sea dentro o fuera de nuestro mundo.
—Si estoy aquí, es por la única y exclusiva razón de que fui testigo sobre la atrocidad
que se lleva a cabo por el o algunos miembros del Consejo, si accedí a estar con ustedes,
es porque estoy a favor de disolver dicha agrupación –aquello en parte era mentira, quería
salvar mi existencia y demostrarle a Alex que el Consejo era una pésima herramienta para
gobernar –pero también –dije mirando a Cristóbal –porque tampoco creo en el actual
proceso para designar los Gobernadores.
No iba dar crédito a las palabras de Cristóbal, no lo hacía cuando estábamos solos,
menos en público. No le iba a dar poder.
—Deben tener claro, que de mi parte, no abalo la asignación que existe en la
actualidad, como tampoco la fuerza que tiene el Consejo para lograr sus cometidos. Es por
eso que necesito las pruebas, para demostrarle, al actual y real Gobernador de ustedes
que las cosas deben cambiar.
Sentí como alguien se ubicaba a mi lado, era Marco, que evitó que Cristóbal
avanzara hasta donde me encontraba.
—Y ese Gobernador por ahora es Alexander Lenardis, no este hombre –dije
apuntándolo.
—De a poco –escuché que susurraba Marco, solo para que yo escuchara.
—Por ahora… —continúe sin culpar de todo a Cristóbal que me miraba con la boca
abierta –porque ustedes son una parte de sus respectivas especies, no su totalidad y para
poder lograr nuestros objetivos debemos abarcar hasta sus propios enemigos.
Miré a todos, debo decir que había varias expresiones de desconcierto, pero para
mi sorpresa también había de aceptación. Buscando entre los oyentes, volví a mirar a
Alanna y Aníbal.
—Ustedes –dije apuntándolos. Ambos se miraron sorprendidos — ¿Cómo se
llaman?
—Aníbal –dijo él.
—Alanna –respondió ella.
— ¿Son pareja? –Asintieron, confusos — ¿crees Alanna, que Aníbal debería morir
por la causa que cada uno de ustedes proclama?
—No –respondió ella de inmediato, tomando con más fuerza a Aníbal. Esto era
trampa, pero no importaba.
—Claro que no y si piensan así, están muy equivocados –dije mirando hacia los
demás –no me importa lo que alguno de ustedes piense al respecto, pero no creo que un
vampiro, un licántropo o hada, deba sacrificar a su pareja por algo tan absurdo como esto.
— ¡Por supuesto que no queremos a nuestras parejas asesinadas! –Dijo un hombre
mayor, era al parecer un licántropo porque tenía sus ojos verdes y su corazón latía — ¿pero
qué hará mi Gobernador o Alexander Lenardis? Hemos estado limitados por siglos.
— ¡Es por eso que debemos luchar! –interrumpió Cristóbal, pero muchos se miraron
un tanto desconfiados ¿Cómo había logrado tener el poder de esta gente? ¡Él nos eliminaba
hace un par de meses atrás!
Marco tiró de mí, logrando que retrocediera algunos pasos hasta llegar a su nivel.
Me miró y negó ante mi comportamiento, pero no me importó. No tenía nada más que
ofrecerle a esa gente y no iba a mentir.
—El actual Consejo de vampiros, los Gobernadores y los cientos de tratados, han
eliminado y sometido a cientos de ustedes, en su mayoría han tenido que vivir bajo los más
poderosos ¡debemos acabar con ellos! ¡Con todos!
Abrí mis ojos sorprendida al escucharlo. Realmente el plan de Cristóbal era simple,
pero de cierta forma brillante. Estaba jugando y formulando propuestas con el simple dicho
“el enemigo de tu enemigo, es mi amigo” acabaría con todos los enemigos de estos seres,
sacrificándolos en batallas insensatas para luego acabar con ellos.
—Debemos luc…
— ¿Cómo lo harás, Gobernadora? –preguntó una chica, interrumpiendo a Cristóbal.
Al estar todos callados, no era difícil alzar la voz y ser escuchados por oídos sobrenaturales.
La mujer era vampiro, de ojos negros y cabello rojo — ¿Cómo lograrías eliminar al Consejo
sin llevar vidas a cambio?
—El Gobernador de nuestra especie sigue teniendo el poder sobre los Consejeros.
—Pero Alexander Lenardis se ha negado a escucharnos, ha enviado a sus Guardias
a eliminarnos… lo he visto acabando con muchos de nosotros. Los Guardias son el triple
de nosotros y los Consejeros tienen más influencias en el resto del mundo –explicó ella.
—Entonces por lógica deberías rendirte –dije caminando de nuevos unos pasos más
que Cristóbal, pero este tomó mi brazo y lo presionó con fuerza. Era una pena para él que
yo fuera vampiro y no sintiera dolor con un agarre como ese.
—Basta de esto, ya todos votamos y dijimos que atacaríamos –aclaró Cristóbal,
claramente alterado. Solo bastaba con mirarlo para saber que no tenía carácter para ser el
Gobernador de los vampiros. Cada momento que pasaba aquí, encontraba que solo
Alexander podría desempeñar ese trabajo, solo debía cambiar sus técnicas para gobernar.
— ¡Yo propongo una nueva votación! –dije interrumpiéndolo –esto con el tiempo ha
causado bastante problemas, son cientos de años donde varias vidas se han esfumado en
manos de sus parejas, han visto una y otra vez como el Gobernador de los vampiros se ha
quedado sin las suyas… ¿Marco? –Pude ver como el susodicho tensaba su mordida –
perdiste tu pareja en este problema ¿no? –Él asintió — ¿y dejarías todo esto si pudieras
tenerla de vuelta?
Por unos segundos él se quedo mirando a la nada.
—Sin duda alguna, Gobernadora.
—Victoria… —me advirtió Cristóbal, pero lo miré sin preocuparme. Este tan solo era
un chico jugando a ser líder ¿pero quién se creía?
—Creo que no es necesario hacer esto formal, tan solo deben levantar la mano
quienes apoyan mantener a sus parejas junto a ustedes.
Fue automático, al parecer todos tenían algún estilo de comportamiento militar, ya
que no discutían mucho. Aun estaba sorprendida de que se hayan quedado en silencio por
tanto tiempo. Sin embargo, al pedir que levantaran sus manos, más de ochenta por ciento
lo hizo. Se dio por zanjado, aunque no estuviera la totalidad de los Rebeldes.
— ¿Y bien? –Preguntó un chico, unos dos años menor que yo – ¿Cómo lo harás?
¿Hablaras con él?
Me sorprendía que esta gente en realidad le temiera a Alexander. Para mi aquello
no tenía sentido, pero creo que el factor del cansancio estaba jugando en contra. Todos
estaban agotados de seguir con una guerra que no había dado un ganador, sino solo
muertes.
—Solo necesito las pruebas de quienes han apresado, de lo que ha sucedido.
—Basta –interrumpió Cristóbal –esta reunión se acaba ahora mismo, mañana al
atardecer todos nos reuniremos en este mismo lugar, llegaran los demás miembros y
podremos votar con una mayoría lógica.
Como si yo fuera algún estilo de niña pequeña, él me tomó del brazo y me dirigió
hacia el túnel de donde habíamos salido, pero no iba a permitir ese trato. Me habían estado
repitiendo este último año que era la Gobernadora de los vampiros, no iba a dejar que esto
siguiera su curso.
Me detuve y me deshice del agarre de Cristóbal, para luego sin ningún tipo de
reparo, golpear su rostro.
Todo el mundo se quedo en silencio. Mal por Cristóbal, él no era Alexander y no iba
a dejar de hacer algo para evitarle un escándalo, eso solo se lo ganaba Alex… a veces.
—No me vuelvas a tocar con esas manos que han estado manchadas con la sangre
que ahora pretendes gobernar.
Todo el mundo se quedo en silencio, esperando la reacción de Cristóbal, pero antes
de poder tenerla los miré furiosa porque cayeran ante un chico como este.
— ¡Un cazador de vampiros! –lo apunté, sin mirarlo –si llegan a creer por un
momento que alguien como él podrá liderar a todos los seres sobrenaturales, están siendo
nuevamente engañados. Y si llegan a pensar por un momento que yo estoy de su parte,
que he dejado a mi pareja o que estoy a favor de lo que ha hecho el Consejo… es porque
no tienen idea de quien soy.
Antes de que él o cualquiera dijera o hiciera algo, Marco tomó mi brazo y me hizo
avanzar hasta donde se encontraba la habitación. Para mi sorpresa, nos siguió Alanna y
Aníbal.
—Tranquilos –dijo Alanna mirando hacia la puerta. Pude notar que estaba solo con
jeans y una camiseta negra –este no es lugar para hablar.
—Pero que don tienes ¿no? –dijo Marco sonriendo con aquella expresión que vi
cuando recién lo conocí –Estoy seguro que ni siquiera Alex sabe que te manejas tan bien
ante el público.
Fue como si me hubieran abofeteado, desperté y me vi donde realmente estaba, lo
que acaba de hacer… y peor aún, lo que había dicho ¿había desafiado al líder de esos
Rebeldes ante todos esos seres?
—No entiendo –dije mirándolo sorprendida porque estaban todos ahí… recién caía
en lo que acababa de pasar segundos atrás — ¿Por qué esa gente realmente me escucha?
—Los Guardias tienen una boca muy grande –continuó Marco en un tono irónico,
mirando a Aníbal –todos han hablado sobre cómo te has enfrentado ciento de veces a
Alexander. No sé si lo has notado, pero nadie hace eso, ni siquiera Elizabeth o Raúl, ellos
solos le dan sugerencias de lo que debería hacer, tu eres la única que se comportado como
es debido con él.
—Nunca nadie lo criticaba o enfrentaba –dijo Alanna mirándome un tanto tímida.
No pudimos seguir hablando ya que la puerta se abrió estrepitosamente.
Era Cristóbal, y por su mirada podía suponer que no estaba nada contento. Miró por
unos segundos a quienes se encontraban en la habitación.
—Aníbal, asegúrate de que nadie entre –dijo mirándolo. Ellos se conocían desde mi
corto tiempo en la universidad cuando Aníbal tuvo que compartir clases con nosotros –los
demás, salgan.
Para mi sorpresa, tanto Marco como Alanna asintieron y salieron del lugar. Aníbal
me dio una mirada preocupada antes de desaparecer y cuidar la puerta.
— ¿Qué estas pensando? –preguntó con el ceño fruncido. Su blanco rostro ya no
parecía al de un chico con prácticamente mi edad, no, su ceño fruncido y sus ojos tan
abiertos, furiosos, solo dejaban expuesto a un sádico.
—Te estoy dando una solución pacifica, una alternativa a tu plan ¿no es eso lo que
deseas? ¿No es acabar con el Consejo que tiene métodos muy alternativos para manejar
a los vampiros, nuestra especie? –me senté en la cama y me saqué los zapatos,
manteniendo una imagen relajada, indiferente a su cólera.
—No juegues conmigo, no soy tu estúpido esposo al que puedes manipular.
Sonreí y luego apoyé mis manos en la cama, bastante relajada… por lo menos esa
era la imagen que quería dar. Estaba aterrada, solo deseaba tener un arma cerca para
poder acabar con la vida de Cristóbal. Entre esconder mis emociones y proteger mi mente,
descubrí que era un arduo trabajo y que lo estaba haciendo bastante bien.
—Si crees que Alexander es manipulable, estas sobrevalorando a tu enemigo
Cristóbal, de tal forma que solo te deja como un niño jugando en las grandes ligas.
Por la tensión en su mordida, descubrí que mis palabras le habían afectado.
—Crees tener mucho poder Cristóbal, pero ni siquiera sabes algo sobre ello. Mientes
todo el tiempo ¿piensas qué caigo en tus nobles objetivos? No deseas nada más que
acabar con nosotros y lo triste es que tú eres parte de esta especie ¿Qué harás después?
¿Cuándo todos tus amigos o familia se mueran y tu no hayas envejecido ni año? Estarás
solo.
—No sé de lo que hablas –negué y sonreí ante su intento de seguir engañándome.
— ¿Debo hacer algo más ahora? Creo que deberías estar arreglando todo un nuevo
plan ya que tus soldados no desean acabar muertos.
—Tu idea no se llevará a cabo, es estúpido. Ya hemos reunido suficientes vampiros
y licántropos para acabar con el Consejo, sabemos cuándo se encontraran todos y cuándo
podremos atacar. Tú serás una ayuda esencial para ello.
Fruncí el ceño, confundida, no entendía a que se refería.
—Y tu comportamiento –continuó –no ayudará a mantener con vida a tu vampiro,
me encargare personalmente de acabar con él por lo que has hecho esta noche.
Tuve que cerrar los ojos unos segundos, ya que estaba pronta a explotar por las
palabras de Cristóbal. Solo imaginarlo haciendo daño a Alex, me enfermaba.
—Una amenaza más como esa e iré a decirle a todo el mundo que cualidad tienen
esas hermosas luces en el piso.
Cierto brillo pasó por sus ojos, dejándome en claro que no esperaba mi
descubrimiento.
—No todos tienen acceso a esa información, y quienes lo tienen, están en mi círculo
de confianza.
— ¿Entonces Marco está entre ellos? Por lo que sé, está enterado de dichos
dispositivos, Alex tiene muchos de ellos.
—Por supuesto, Marco me ayudó a saquear varios almacenamientos de tu querido
Alex… los tenemos en caso de algún problema, por si somos acorralados –dijo con cierta
sorna. Mentía, esos dispositivos no era para acabar con los enemigos de los Rebeldes, sino
con todos los seres, lo había visto con claridad en su mente. Nos despreciaba.
No sabía ni entendía muy bien a que jugaba Marco, vampiro mucho mayor que Alex
que había sido siempre amigo de él. Ahora lo traicionaba una y otra vez. No sabía a qué
jugaba dándome pistas de lo que estaba pasando en este lugar.
— ¿Qué más quieres que hagas? He tenido un día bastante difícil y me gustaría
descansar. Apreciaría si me dejaras sola.
—Es extraño no verte tan tranquila y común como antes, ahora eres tan jodida como
cualquier Gobernador –dijo con una expresión de desagrado –quizás debería bajarte un
poco los humos.
—No sé si te has dado cuenta, pero soy la Gobernadora de los vampiros y tú no
eres más que un error, no porque te haya convertido eres un Líder, no eres más que una
escoria que se hace pasar por algo que no es, ahora retírate de esta habitación.
Antes que pudiera ponerme de pie y sacarlo del lugar, Cristóbal se acercó en una
fracción de segundo, empujándome sobre la cama y sentándose sobre mi cadera,
inmovilizando mis manos.
—No me quiero ir por ahora, me gustaría tener algo de diversión después de tanta
tensión ¿no es así como funciona tu status? Debes mantener bastante contento al
Gobernador como para que te soporte –dijo con una sonrisa nada agradable.
Por alguna extraña razón recordé cuando estaba en esta misma posición, sobre el
césped sucio, con Alex encima de mí riendo y diciendo que esto podría suceder en cualquier
momento. Tener a un pervertido encima de mí.
—Suéltame, ahora mismo.
—No, quiero saber que tan buena eres como para tener al Gobernador en la palma
de tu mano ¿te perdonó por encontrarnos juntos? Eso es algo digno de aplauso, Victoria,
por lo que tengo entendido, ese vampiro es orgulloso como ninguno, me habría gustado ver
su rostro al enterarse de que yo seguía con vida… y que tú habías sido la responsable.
Sonreí de forma irónica.
—Estoy sorprendida de que te interese tanto nuestros problemas maritales, pero
debo actualizarte y decirte que lo hemos resuelto, de una forma que jamás conocerás ¡sal
de enci…!
Su mano presionó con tanta fuerza mi cuello, que evito que pudiera pronunciar
palabra alguna. Agradecía no necesitar oxigeno o si no habría comenzado a desesperarme
por respirar.
—Vamos a ver si después de esta noche te quedan ganas de seguir desafiándome
¡Fay! –dijo en voz alta.
No sé de donde salió aquella mujer de cabello oscuro como la noche y de ojos
almendrados como una ninfa, llevaba un vestido largo y azul claro. No me tuvieron que
explicar de quien se trataba. Haberla tenido en mi mente me dejaba cierto rastro de
conexión con ella. Era el hada que había ayudado a Cristóbal a entrar en mi cabeza a su
antojo, la misma que de seguro lo ayudo a manipular su sangre para atraerme. Era la misma
que había jurado acabar con mis propias manos.
Objetivo que no podría lograr en ese momento. No me podía mover.
—¿Sabes cuál es la forma de corromper a una vampiro? Todas son muy fuertes y
es imposible causarles dolor si no es con plata –dijo sonriendo –y ya sabes que también
me hace daño ahora, así que llegamos a la disyuntiva ¿Cuál es el método adecuado para
dañar vampiros?
Sin esfuerzo alguno me tomo entre sus brazos e hizo que quedara en el centro de
la cama. Se arrodillo a mi lado. No tenía idea lo que estaba haciendo aquella hada… o
bruja, lo que fuera, pero no podía moverme.
—A las vampiros con parejas, se les puede quebrar tan solo tocándolas –dijo
sonriendo y recorriendo mi brazo con su dedo índice. Se acercó a mi odio —¿te sentías mal
cuando me metía en tu mente? ¿Cuándo te hablaba? –Mordió mi oreja de forma brusca –
ahora solo imagina como será tenerme dentro de ti por completo, creo que es hora de
acabar con lo que comenzamos alguna vez.
Sin dificultad alguna fue rompiendo con su dedo índice mi vestido, dejándolo y
transformándolo en una bata, exponiendo mi piel y mi ropa interior.
—¿Crees que tu queridito vampiro te querrá después de esto? ¿Ah? o puedes que
tu no desees más al Sr. Lenardis, quizás te quede gustando –susurró en mi oído para que
nadie escuchara.
Hice lo único que podía hacer en ese momento. Cerrar mis ojos, mis parpados
seguían libres, ojala no pudiera sentir nada. Las manos de Cristóbal comenzaron a exponer
aun más mi cuerpo, deshaciéndose en su totalidad del elegante vestido, sus dedos
recorrían mis costados, lentamente.
—¿Sabes? Lo extraño de ser vampiro hoy en día –dijo sacándose la chaqueta y la
camisa, dejando expuesto su marcado cuerpo –es que beber de otras vampiros no tiene
una gran gracia, beber de los humanos es realmente enriquecedor –se deshizo de su
cinturón y desabotono su pantalón –pero me han dicho que beber de tu creador o creadora,
es algo único.
Mis ojos se abrieron con sorpresa y temor, esto era peor que tratar de abusar de
mi... él quería hacer algo realmente intimo, morderme. Comencé a tratar de moverme
desesperadamente, moriría de tristeza si llegaba a sentir sus colmillos bebiendo de mí. No
podría soportarlo.
—No intentes moverte, Fay es única y muy fuerte, tan solo te inmoviliza. No sigas
luchando.
Sentí como su cuerpo se ubicaba sobre el mío, separando mis piernas y quedando
entre ellas.
—No te desesperes –dijo ahora mirándome con esos horribles ojos negros, mientras
tocaba mis pechos sobre el sujetador oscuro –una vez te hice sentir muy bien ¿no
recuerdas? Eres mi creadora, beber de ti es más natural que desees estar al lado de
Alexander.
Sus colmillos quedaron expuestos ante mi mirada desesperada y se acercó a mi
cuello para beber de mí.
Estaba acabada, Alexander estaba a kilómetros de donde me encontraba. No podría
salvarme de Cristóbal.
CAPÍTULO 17
Sus colmillos traspasaron mi piel y sin poder defenderme, comenzó a beber de mi
sangre…
Sentí como si todo mi mundo comenzara a despedazarse, como si el piso se
estuviera destruyendo y las paredes cayendo. Era la peor sensación que había vivido en
toda mi existencia. Estar atrapada en tu propia mente sin poder protegerte, pero de todas
formas sintiendo como las manos de Cristóbal recorrían mi cuerpo de forma impúdica era
lo peor que me podía pasar en la vida.
¡Basta! ¡Basta!
Gritaba con todas mis fuerzas, tratando de alejar con aquellos pensamientos a
Cristóbal que unía sus labios a los míos ¿Por qué no entraba Aníbal? Aunque era difícil
saber que todo iba mal por aquí, no hacíamos ningún ruido que lo alertara.
—Fay ¿no te parece qué Victoria está muy tensa? –dijo él acariciando mi abdomen.
No sé como lo estaba logrando aquella hada pero mi percepción de los roces de
Cristóbal comenzó a provocarme cierto placer. Miré furiosa a la mujer que estaba causando
esto. Sus ojos estaban cerrados, concentrada en apoderarse de mi mente. Necesitaba
quebrantarla.
Para cuando sentí como él bajaba los tirantes de mi sujetador mientras seguía
bebiendo de mí, no pude evitar pensar en Alex, esto era muy diferente cuando él lo hacía y
no un maldito traidor como Cristóbal. Creo que eso fue lo que me hizo pensar en cuan
enojado estaría al enterarse de esto, si me viera lo más probable es que acabaría en un
segundo con el vampiro que me estaba mordiendo y bebiendo mi sangre. Solo pensar en
ello me dio la fuerza para poder escapar de donde me encontraba.
Me quede mirando al hada, sintiendo como todo giraba a mi alrededor, asqueada
por como ella manipulaba mis sentidos y favorecía a Cristóbal. Las manos del vampiro
fueron a mi espalda justo cuando dejó de beber de mi cuello, deshizo el broche del sujetador
y lo lanzó lejos, dejándome en parte desnuda, solo me quedaban las bragas. Sus labios se
posaron ahora sobre mi cuello, besándome y dirigiéndose hacia mis pechos.
No seguiría avanzando.
Fay, al sentirse observada se distrajo. Levantó su cabeza y sus ojos se abrieron.
Mi oportunidad.
Creo que haber estado siempre con Alex y haber luchado cada momento con él
cuando deseaba entrar a su mente, me dio una habilidad que no muchos pueden decir que
la tienen. Protegí mi cerebro con una rapidez sorprendente, al mismo tiempo que todo ese
sentimiento de asco y repulsión, lo traspasaba hacia Cristóbal, que se quedo quieto, sin ser
capaz de moverse por sentir que el mundo se desmoronaba a su alrededor… exactamente
como me sentía hacía unos segundos atrás.
No me importó estar prácticamente desnuda, de un empujón saqué a Cristóbal de
encima y lo tiré lejos de la cama. Fue en ese segundo que hicimos algo de ruido y Aníbal
abrió la puerta, preocupado. Antes que pudiera decirme algo por estar desnuda, yo ya me
encontraba tomando el cuello de aquella estúpida hada.
—Te lo advertí –dije furiosa. Aun sentía que todo temblaba a mí alrededor, pero no
dude en atravesar su cuello con mi mano.
Fue increíble.
Ahora podía entender con claridad a lo que Alexander se refería. Acabar con la vida
de un enemigo, sin duda alguna se sentía fenomenal, podría decir que hasta se podía volver
adictivo.
Cuando mi mano atravesó sin dificultad alguna el cuello de Fay, su rostro se
transformó en horror puro. No tenía otra forma de aceptar el pago por lo que me había
hecho, desde que ayudó a que él adoptara mi aroma de sangre favorito. Su vida había
quedado en mis manos desde ese momento.
Sus tráquea, sus vertebras y sus músculos se rompieron entre mis dedos mientras
se ahogaba en su propia sangre, no necesitaría ni plata u oro. Acabar con la cabeza de
cualquier ser era la solución más rápida y eficiente, las demás servían para atacar de lejos
o para torturar, por lo tanto, no me gasté otro segundo en separar la cabeza de su cuerpo
y lanzarla hacia donde se encontraba Cristóbal, sobre la cama. Esta comenzó a mancharse
de sangre bajo la mirada de los dos vampiros.
Antes que pudiera darme cuenta de las condiciones en las que me encontraba,
Alanna llegó a mi lado con una sabana para cubrirme.
—Sra. Lenardis –dijo con el ceño fruncido –este lugar está cubierto de cámaras, no
debería dar este estilo de espectáculos –me regañó, ni siquiera le importó que haya
asesinado a alguien, solo se preocupó por las cámaras. No pude evitar sonreír por lo
surrealista que era todo esto.
Ninguno dijo palabra alguna, pero todos estábamos atentos a Cristóbal, que me
miraba enojado. Sin previo aviso se puso de pie y camino hacia mí como si fuera a
golpearme o algo así, pero Aníbal puso una de sus manos sobre el pecho de este,
deteniéndolo.
—No recomiendo que le hagas daño, menos en un lugar como este donde las
paredes tienen oídos. Todos la aprecian mucho y nadie quiere verla herida, menos por ti
siendo que Victoria dijo públicamente que no te apoyaba ¿quieres empeorar esto?
Cristóbal dio un paso hacia atrás y luego miró a Aníbal.
—Te quedarás con ella, vigilándola ¿entendido?
—No hay problema.
Ante mi sorpresa, tan solo con una mirada le indicó a Alanna que se alejara de mi y
lo siguiera, pero por una fracción de segundo me quedo observando… supe de inmediato
que había entendido con claridad cómo me hacía sentir su cercanía.
Salió de la habitación sin decir nada más.
—No deberías alterarlo ¿sabes? No eres nada buena en esto –dijo Aníbal,
mirándome preocupado. Di unos pasos hacia atrás, un tanto desconcertada al escuchar
cómo le hablaba a Cristóbal. Tanta confianza no me agradaba ¿Cómo había llegado hasta
aquí tan rápido de todas formas?
Alex tenía razón, no debía confiar en nadie, menos en un lugar como este.
— ¿Victoria? –preguntó sorprendido ante mi movimiento.
—Debo ponerme algo de ropa ¿podrías limpiar esto? –dije mirando hacia los restos
de Fay.
Aníbal abrió sus ojos sorprendido por mi tono frio y distante, pero asintió.
Con rapidez tomé la ropa con la cual había llegado y me dirigí hacia el baño. Me
encerré en un segundo.
Debía salir de aquí, necesitaba urgentemente algo que me ayudara a saber que
sucedía con el Consejo, de esa forma podría escapar y volver con Alex, demostrarle lo que
pasaba y acabar con todo de una buena vez.
Mirando las cuatro paredes que me rodeaban en esta lujosa habitación, no tuve otra
alternativa que sentarme y buscar un camino a seguir. Lo más seguro era que mi amado
vampiro estuviera buscando este lugar para encontrarme, por lo que mi tiempo para hacer
lo que necesitaba, se reducía a horas.
Alex solo me perdonaría si le demostraba que me había alejado de nuestro plan, por
un objetivo que fuera importante. El problema era que aun no sabía por dónde empezar
¿existiría una oficina donde pudiera obtener aquella información? Lo dudaba, Cristóbal no
era así de estúpido.
De todas formas todo eso quedo en el olvido cuando prendí la luz del baño.
Al ver mi reflejo en el espejo, parecía que hubiese pasado un huracán sangriento
sobre mí. Mis manos comenzaron a temblar descontroladamente. Me tuve que apoyar en
el mueble de lavado, para no caer en el suelo.
—Alex… —susurré deseando que me abrazara y me quitara la sensación que
Cristóbal había dejado sobre mí. Como lo odiaba.
De forma desesperada me metí a la ducha, para borrar todo rastro de las manos del
vampiro traidor. Me quedé por más de una hora bajo el agua, de rodillas, abrazando mi
cuerpo… como si de esa forma pudiera borrar lo sucedido. Perdí la cuenta de las veces
que limpié mis manos, tratando de que no quedaran restos de Fay en mis uñas.
Esto se estaba volviendo en un caos.

Me cambié de ropa, por la que estaba trayendo antes. Era cómodo estar vestida de
esta forma, al estar alejada de toda reunión o ceremonia como Gobernadora, me había
dado la libertad que hace un tiempo había perdido. Salí del baño, sintiendo un poco mas
recuperada.
—Aníbal –susurré notando que ahora estaba todo ordenado, no había ni una sola
mancha de sangre.
—Estoy seguro que podría mostrarle el lugar, para que conozca su nuevo hogar ¿no
le parece curioso?
Por el tono de su voz supe que no estaba tan tranquilo como deseaba aparentar.
Asentí, por su mirada era obvio que era una excusa para salir de este lugar.
Y lo hicimos.
No puedo decir que fue un paseo tranquilo, ni solitario. Al estar con más vampiros y
otros seres, estuvimos bajo la mirada de curiosos. Sin embargo, Aníbal parecía conocer
bien el lugar, es por ello que entramos a un lugar de este panal de abejas que nos dio cierta
privacidad.
—Solo queda subir esto –dijo indicando el techo —esta era la habitación de una
rebelde que ya no está entre nosotros –para mi sorpresa abrió una puerta y entramos a otra
habitación. De un salto abrió la escotilla que había en el techo y una escalera se dejó caer
para que pudiéramos subir.
Sentir el aire fresco de la noche, fue sin duda agradable. Aníbal tenía una perfecta
salida de escape. Estábamos en algún campo sin estructura alguna, tan solo se notaban
los arboles y las nubes avanzar con rapidez en el oscuro cielo.
— ¿No sufres de claustrofobia ahí abajo? –pregunté cuando me senté sobre el
césped. Aníbal cerró la puerta que nos dejó salir.
—No respiramos, así que no podemos ahogarnos –dijo mirando hacia el cielo, se
quedo unos segundos en silencio para luego mirarme, con frialdad –tuve que matar a dos
Guardias para estar en este lugar y tú me miras como si te hubiese traicionado. Con Alanna
hemos arriesgado nuestras existencias por ti. Hace unas semanas hubo un barrido de todos
los traidores, nos salvamos por poco, casi atravesaron la cabeza de Alanna con una bala
de plata.
—Aníbal…
—Conseguimos lo que nos enviaste a buscar –sacó su celular, sin dejar excusarme
–lo guardé todo aquí para que puedas mostrarlo al Consejo… o más bien al Sr. Lenardis,
las cosas están bastante mal. Han hecho volar varios Centros Proveedores manejados por
licántropos, han estado tomando a diferentes seres para luego… venderlos como esclavos
Victoria –su expresión de tormento era clara –incluso vampiros, rebeldes que han
encontrado in fraganti.
—Lo vi, es por eso que he venido con Cristóbal.
—Estarás en serios problemas por hacerlo, pero fue lo mejor que pudiste hacer. El
Consejo va contra ti, en serio. Cristóbal no te quiere muerta, y puedes sacarle provecho a
ello, pero debes tener cuidado, desea con todo su muerto corazón la cabeza del Sr.
Lenardis, así que dime ¿Qué estaba sucediendo en esa habitación para que te encontrara
en esas condiciones? ¿Por qué mataste a Fay? –tenía una expresión confundida, como si
no me reconociera. Teníamos eso en común.
—Pero yo fui quien acabó con su padre, cuando me convertí y bebí su sangre –dije
sin tomar en cuenta sus últimas preguntas, solo tenía grabada la frase de Cristóbal
deseando la cabeza de Alex.
Aníbal movió su mano como si ese tema no importara.
—Ese chico se crió sabiendo que su padre iba a morir en algún momento ¿sabes?
Tan solo odia a los vampiros, Marco ya nos informó de sus reales intenciones, solo está
usando a los rebeldes, aun no entiendo como lo hizo para ser el jefe de los Rebeldes, al
parecer su padre dejo todo preparado para ello.
Cubrí mi rostro por unos segundos.
—Estúpido Alexander, esto venia de mucho antes ¿no? –pregunté ahora mirándolo
y pensando en cómo había manejado las cosas Alex.
—Todo terminó de consolidarse para cuando tú llegaste a la mansión.
— ¡Eso fue hace más de un año! Nadie dijo nada –él levantó las cejas dejando claro
que nunca nadie me decía nada —Dijiste algo de Marco ¿Podemos suponer que está de
nuestro lado?
Aníbal frunció el ceño, aunque antes de poder decir palabra alguna la puerta
escondida en el césped, se abrió, dejando a una Alanna bastante seria. Salió dando un
salto y se unió a nosotros.
—Buenas noches, Sra. Lenardis –dijo ella muy formal, ubicándose al lado de Aníbal
–es un gusto poder verla sana y salva, sin gota alguna de sangre de hada.
Al verlos juntos, me sentí tan mal por desconfiar de ellos.
—Lo siento –susurré –por un momento, luego de lo sucedido con Marco… no logro
confiar en nadie, cuando me colé en los sueños de Cristóbal pude ver que William, el
Consejero, estaba involucrado con él.
—Nosotros no sabemos nada sobre eso –dijo Aníbal –tenemos los videos y
fotografías sobre el tráfico de seres a vampiros poderosos, incluso humanos millonarios.
También obtuvimos información sobre los refugios de rebeldes, sin embargo, no pudimos
averiguar el motivo de que las especies estén divididas.
Fruncí el ceño, confundida.
— ¿Ustedes realmente piensan que Cristóbal quiere ayudar?
—No, claro que no ¿Por qué pregunta eso? –dijo Alanna.
—Porque descubrimos con Alex o más bien dicho, suponemos, que las especies
están divididas para después poder exterminarlas –aclaré de inmediato.
—Sra. Lenardis, disculpe ¿pero a qué se refería con la traición de Marco? –
nuevamente la miré confundida.
—Fue él quien me delató ante el Consejo, por eso ahora buscan mi cabeza…
además del hecho de hacerse pasar por muerto y tener contacto desde antes con Cristóbal
y no informar a Alex.
Aníbal negó de inmediato ante mis palabras.
—Estás equivocada, Marco sí se hizo pasar por muerto, pero fue su prueba para
tener la confianza de Cristóbal… y personalmente no estaba enterado de que él te haya
delatado, no tiene sentido.
—Marco esta en busca de venganza, su esposa fue asesinada por los Rebeldes.
Antes de poder decir algo, todos nos quedamos quietos ante el crujido de unas
ramas. Con rapidez volvimos a entrar a la habitación de Aníbal, quien cerró la escotilla y
salimos hacia donde estaban todos los demás.
—Es mejor que volvamos –dijo él –descansa, mañana veremos que haremos para
mantenerte a salvo, ya tienes todo lo que necesitas.
Los tres asentimos y no volvimos a hablar, era demasiado peligroso.
Cuando llegué a la habitación, cerré con seguro –lo que no servía de mucho con
seres tan fuertes a mí alrededor –y apagué todas las luces para poder recostarme en la
cama. Me quedé con la ropa que vestía, mirando en la oscuridad toda la evidencia que
Aníbal había reunido para mí. Habían logrado mucho en poco tiempo, jamás debí desconfiar
en ellos.
Me concentré en mirar los archivos robados, tenían direcciones, fotos y videos, para
cuando vi una imagen de William recibiendo dinero y de cuatro Consejeros más, pude
verificar que por lo menos Elizabeth y Raúl, no estaban involucrados, eso nos dejaba a
solo tres Consejeros inocentes.
Sin embargo, la traición de William me causó dolor… con él había conversado,
pasado tiempo con su pareja y principalmente, había confiado en que nos ayudaría cuando
lo necesitáramos, pero ahora, todo había quedado reducido a la traición de una rata. Debí
descubrirlo antes, siendo intimo amigo de Cathal, era imposible que no estuviera
involucrado en problemas, incluso me dijo una vez que no le agradaba la forma de gobernar
de Alex. Por lo visto lo que Cathal deseaba reportar, no estaba relacionado en si con los
rebeldes, sino con el mal comportamiento de su amigo William… el tema era ¿Por qué
Cristóbal acabó con Cathal? ¿Por qué Cristóbal estaba unido a William?
Fácil si lo pensaba por unos segundos, Will estaba haciéndole daño a los vampiros,
licántropo o hadas… lo que Cristóbal adoraba.
Que mierda de mundo en el que estaba metida, después de esto necesitaría
vacaciones, unas largas y relajantes vacaciones. Punto.

No sé cuantas horas transcurrieron, pero en cierto momento de la noche, comencé


a escuchar una cantidad de ruidos impresionantes. Para cuando llegó la primera explosión,
Aníbal abrió la puerta… lucía más pálido que de costumbre.
— ¡Nos han encontrado! Tenemos que escapar –antes de que terminara de decir
aquello, Cristóbal llegó hasta donde nosotros, se acercó y me tomó del brazo.
—Prepara todo, usaremos una de las salidas secretas ¿entendido?
Aníbal por un momento se quedo quieto, pensando si hacer o no lo que decía
Cristóbal, pero segundo después asintió. Comenzamos a correr, todo el mundo estaba
vuelto loco. Desde una de las entradas inferiores salía una cantidad de humo
impresionante, ese fue el momento para escuchar dos explosiones más.
—Por acá –gritó Alanna, pero al vernos con Cristóbal se acercó corriendo. El rubio
vampiro se detuvo para mirarla — ¿Qué haremos ahora? Nos han encontrado.
—Debemos tomar un atajo, salir de aquí… o sino la llevaran a Italia y la juzgaran –
dijo muy seguro Cristóbal.
—Esto fue rápido –aclaró Aníbal, pero antes de poder agregar algo, se nos unió por
ultimo Marco.
—Yo me encargaré de ella, ustedes protejan a Cristóbal, los demás los esperan en
la salida norte, no permitan que le pase nada.
Fue increíble, pero todos, incluso Cristóbal, asintieron y desaparecieron. Me quede
boca abierta.
—Hay que tomar el atajo de Aníbal –dijo cuando se alejaron los suficiente.
Hice lo que me dijo. Corrimos por esos malditos túneles que parecían un horrible
laberinto. Entramos a la habitación y esperamos unos minutos por si nos seguían.
—Debes correr lo máximo que puedas, yo volveré y me aprovecharé de esta locura
para acabar con quienes terminaron mi vida –dijo de inmediato —Ten cuidado… la suerte
hasta ahora ha estado contigo, aprovéchala.
—Lo siento –dije de inmediato.
—No te preocupes, si te logré convencer a ti que eres demasiado confiada, hice bien
mi trabajo ¿tienes todo lo que has venido a buscar? –asentí, nerviosa –para tu suerte fue
una visita corta, es tiempo de que te vayas. No permitas que el Consejo te encuentre por
ahora.
Abrió la escotilla del techo, dejando caer la escalera.
—Envíale mis saludos al Gobernador, quizás no nos veamos después de esta… o
pasara un largo tiempo, necesito vacaciones ¿sí?
No pude evitar acercarme y darle un abrazo.
—Alanna y Aníbal ya han cumplido, deben salir de aquí.
—Aun no, Viky… ya veras, este baile aun no termina. Ahora sube y dile a Lina que
deje de volar lugares por mí, ha estado explotando algunos refugios y Centros Proveedores.
Sonreí y subí la escalera.
Cuando la puerta bajo mis pies se cerró, dejándome sola a la mitad de la noche…
no pude evitar sentir temor ¿Qué hacia ahora? ¿Cómo me acercaba a Alexander sin llamar
la atención?
No tenía idea de dónde me encontraba, aunque no importó mucho ya que dentro de
aquella oscuridad, a la intemperie, pude escuchar el mismo sonido que nos hizo escapar
con Aníbal y Alanna. Había alguien merodeando.
— ¡Ahí está! –era la voz de Lina. Cuando gire a verla, avanzaba arrastrando a
alguien, de cabello rojo… y además estaba acompañada de unos quince Guardias –pero
miren con qué facilidad se me da encontrar a estos Gobernadores ¿no digo yo? Me
deberían dejar a mí con el cargo –se inclinó hacia la persona que tenía inconsciente en el
piso –gracias por darnos esta salida secreta.
Comencé a buscar un escape, algo que me diera la opción de alejarme por varios
kilómetros de Lina. No había forma.
—Ni te atrevas –dijo Lina sonriendo –tomaste el bando equivocado, Victoria.
— ¡No! no es así –avancé unos pasos hacia ella, pero los Guardias comenzaron a
acercarse hacia mí, caminando a paso tranquilo — ¡Tengo las pruebas, puedo demostrar
que el Consejo está haciendo cosas realmente turbias!
Lina sonrió con desdén. Ya me encontraba rodeada por los demás vampiros.
— ¿Y a quién le puede importar cuando todo el mundo desea tu cabeza? Sobre todo
los Consejeros –cuando dejó en el suelo a la vampiro, pude ver con claridad de quien se
trataba –no entres en pánico, seremos rápidos contigo en Italia.
Me tensé, pero no demostré en ningún momento cuan asustada estaba, solo me
enderecé y observé con desdén a la vampiro que se encontraba inconsciente sobre el
césped. Era la amiga de Cristóbal, la pelirroja argentina. Estaba cubierta de heridas, la plata
corría por su rostro, dejando surcos que deformaron tanto su rostro como cuello.
—Ya sabes, tengo métodos diferentes para hacer hablar en los interrogatorios –la
miré enojada, ese trato no debía tenerlo nadie.
—Lina…
— ¡Aprésenla! Y no me importa si son bruscos.
Fue realmente desesperante sentir como entre tantos Guardias me tomaban y
rodeaban con eslabones de plata. Grite… y fuerte, aunque es por eso que llegaron más
personas a observar el espectáculo.
Cuando vi a Alexander aparecer entre los Guardias, sentí un alivio tan grande, que
no pude compararlo con nada. Incluso olvide por un segundo el fuerte escozor que
provocaba la plata cuando tenía contacto con mi piel.
Fue una pena que no haya durado mucho.
—Sáquenle esas cadenas ¡idiotas! –Dijo mirando a Lina, enojado, pero no furioso
como esperaba verlo si habían cadenas de plata rodeándome –esposen a la traidora y
llévenla a las mazmorras del Castillo Dublín, tendremos un largo viaje hasta Italia después,
para juzgarla.
No sé cual habrá sido mi expresión, pero él no reaccionó ante ella, solo se giró y
avanzó para retirarse. Sin embargo, no había dado tantos pasos cuando miró hacia atrás,
por sobre el hombro.
—Lina, haz volar todos estos túneles.
Fui tan egoísta en ese momento, que ni siquiera me preocupé por todas esas
personas que me habían escuchado horas atrás, no, solo me quede pensando en cómo
había perdido a Alexander Lenardis ¿Cómo dejaba que me tomaran como una traidora?
¿Es qué… no habíamos sobrellevado la etapa de desconfianza?
Los Guardias comenzaron a quitarme las cadenas y solo atraparon mis muñecas,
para finalmente hacer que avanzara a metros del Gobernador.
— ¡Alex! –Dije cayendo en la orden que había dado — ¡no puedes volar este lugar!
No me respondió.
— ¡Alexander! ¡Escúchame! –Le grite, tratando de soltarme de las esposas y de los
Guardias — ¡Alex, Marco…él no fue!
Aquello si llamó su atención, pero no de la forma que esperaba. Estuvo ante mí en
una fracción de segundo, tomo bruscamente mi mandíbula con su mano para que lo
observara.
Verme reflejada en la oscuridad de sus ojos, me hizo ver en realidad cuanto lo
necesitaba. No había pasado ni siquiera un día alejada de él, pero habían parecido una
eternidad. Sin embargo, el sentimiento no era mutuo.
—Desde ahora te quedaras en silencio ¿entendido? –pude ver el dolor que había
en él, pero cuando se acercó un poco más a mí su ceño se frunció de forma increíble, creo
que jamás lo había visto tan enojado.
Me soltó de manera brusca y sabía muy bien el motivo.
Negué de inmediato, sintiendo la desesperación en mi pecho. Alexander comenzaba
a sacar conclusiones adelantadas.
—No te atrevas –susurré enojada –si desconfías una vez más… yo…
—Tu nada –miró hacia los Guardias, que estaban atentos a la escena –llévenla
¡rápido!
Sabía muy bien que por su cabeza estaba pasando alguna locura, alguna imagen
de Cristóbal y yo juntos. No importaba si usaba toneladas de agua y jabón para quitarle el
olor de Cristóbal, nada podría engañar a los sentidos de Alex… era una pena que procesara
dicha información de manera incorrecta.
— ¡Lina! –Grite mirando hacia atrás — ¡saca las grabaciones de las cámaras antes!
–le ordené, molesta. Deseaba ver la cara de Alex al darse cuenta que estaba pensando mal
solo por gusto.
— ¿Quién eres tú para darme ordenes? –me solté del Guardia y me giré hacia ella.
En una fracción de segundo estuve a cinco centímetros de ella.
—Sacaras esas jodidas grabaciones y se las llevarás a Alexander, porque soy tu
Gobernadora y tendrás obedecerme aunque tenga una maldita soga de plata en mi cuello
¡aunque me dejen al sol por días!
Ella me miró por unos segundos, hizo una mueca de disgusto y desapareció justo
para cuando un Guardia me volvió a tomar, llevándome esta vez con cuidado por el camino
que le indicó Alex. Los demás se quedaron a una distancia segura.
Cuando pasamos por el lado de mi esposo, lo miré inexpresiva, como nunca. Que
no me creyera y me mantuviera esposada, era insólito. La palta quemaba mis muñecas.
—Te tendré de rodillas pidiendo perdón, Alexander Lenardis –dije con un tono de
voz que no había usado nunca, ni siquiera cuando todo exploto en casa. Él frunció ceño
levemente, sorprendido.

No pasaron ni siquiera quince minutos cuando ya me encontraba entrando al Castillo


Dublín en la oscuridad que nos proporcionaban algunos árboles. La entrada que usamos
estaba escondida y no tuvimos problemas para llegar a las mazmorras. Durante todo ese
camino, no pude pensar en otra cosa que en los rebeldes que serian asesinados si lograban
hacer explotar toda esa infraestructura de túneles. Sería lo último que todas las especies
soportarían de Alex… y yo no lo quería ver muerto.
Soltaron las esposas, para reemplazarlas con las cadenas de aquella prisión. Era
extraordinariamente parecida a las que habían en casa. Negué cansada, no pensaba que
terminaría en esta situación de nuevo.
Cuando los tres Guardias que me apresaron se fueron, no pasó mucho tiempo para
disfrutar de mi soledad. Sentí que unos pasos firmes se acercaban hasta donde me
encontraba, fue un alivio poder ver a Ezequiel tras los barrotes.
—Oh Dios –dijo él negando –estúpidos chicos nuevos –abrió la celda y sin ningún
problema se acercó hasta mi y desencadenó mis muñecas. Fue un alivio, la plata quemaba
como los mil demonios. Lo bueno de ser vampiro es que te regenerabas pronto.
—Ezequiel –dije aun manteniéndome firme, no me iba a poner a sollozar por esto,
ya estaba agotada. Además no tenía lágrimas.
—Tú sí que sabes meterte en problemas –dijo moviendo mi mentón.
— ¿Me dejarás escapar?
—Ojala pudiera, pero arriba tienen todo muy bien cuidado, no podrías dar dos pasos
antes que te atraparan de nuevo.
Asentí, era lógico.
— ¿Atraparon a alguien más? ¿Hicieron explotar el refugio de los Rebeldes?
—Sí, todo voló en mil pedazos, pero cierto informante me dijo que solo tres vampiros
rebeldes habían terminado muertos y por lo que tengo entendido, fueron atravesados por
armas de plata.
Pensé de inmediato en Marco cobrando venganza por su esposa, por lo menos
alguien había sacado provecho de todo esto.
—No sé qué explosivos uso Lina, pero todo voló de inmediato.
—No fue ella, el mismo Cristóbal tenía pequeñas bombas en el piso, busca acabar
con toda nuestra especie –los ojos de Ezequiel me dieron a entender que no estaba
enterado de ello –es mejor que le digas a tu informante de esto, que los licántropos no lo
sigan –estaba suponiendo con firmeza que Ezequiel estaba involucrado con uno de ellos,
sentimentalmente –y que no arriesgue su vida por un ser como él.
Ezequiel tensó su mordida, por lo visto había algo más.
—Él no bajará a verte, están arreglando todo para llevarte a Italia, Victoria, ante el
Consejo.
Aquello fue como recibir un golpe en el estómago.
— ¿Lina ya ha vuelto? –Ezequiel asintió, confundido –necesito que baje, debo
hablar con ella.
— ¿Estamos hablando de la misma Lina? ¿Cabello rubio, corto, delgada y con una
actitud asquerosa?
—La misma que viste y calza, lo más rápido posible.
—De inmediato, Gobernadora –dijo él inclinando su cabeza y saliendo de la celda.
No tuve otra opción que sentarme en el piso, apoyada en la pared de cemento. Lo
bueno de este lugar es que no había ruido y estaba impecablemente limpio.
Cinco minutos después escuché los pasos femeninos de Lina, no había que ser un
genio para saber que era ella. Cuando su rostro se asomó ante mi vista, una sonrisa
altanera se formó en sus labios. La odiaba a niveles estratosféricos, más cuando ahora
notaba lo increíble que se veía con aquella ropa oscura. Parecía una maldita soldado de
películas, mientras que yo, estaba con jeans y una camiseta sucias ¿más normal?
Imposible.
—Permíteme decir que es agradable verte en estas condiciones, no todos los días
se puede ver a una Gobernadora encarcelada.
Me puse de pie y la encaré.
— ¿Obtuviste lo que pedí? –pregunté sin preocuparme de lo que había dicho, si
tenía suerte, podría discutir por toda una eternidad con ella.
— ¿Por qué habría de hacerlo?
Me crucé de brazos, comenzando a enojarme. Era increíble lo que la actitud de una
persona lograba, ya que no pasaron muchos segundos desde que la miré para que hablara.
—Por supuesto, debo decir que el golpe que le diste a esa estúpida hada, estuvo
buenísimo, aunque no me gustó ver tus bubis danzando en tales movimientos.
Si no estuviera mi cabeza en juego, habría reído, pero no era así.
— ¿Qué quieres hacer con esas imágenes? –preguntó curiosa.
—Las mostrarás ante el Consejo, junto con esto –dije entregándole el celular de
Aníbal. El ceño de Lina se frunció –serás mi testigo.
— ¿Por qué demonios confías en que mostraré esto? Sigo deseándote muerta,
como el primer día que te conocí.
—Escúchame bien, porque esta será la única vez que diga estas palabras –deje
caer mis brazos a los costados –te odio como a muy pocas personas, eres tan desagradable
que me encantaría borrar tu cara a golpes si pudiera hacerlo… tu no me agradas ni yo a ti,
pero ambas sabemos que eres tan leal a Alex como al Consejo, tú crees en todo lo que
representa un Gobernador y hasta ahora siempre has jugado limpio. Sé que mostrarás esas
imágenes cuando llegue el momento, ante el Consejo. Mi lugar es junto a Alexander,
aunque no te guste y si lo dejé horas atrás por irme con Cristóbal, fue para conseguir eso
–dije apuntando el celular — ¿me has entendido?
Ella me observó por unos segundos y después guardó el celular, suspiró
dramáticamente antes de dirigirse hacia la celda.
—Entendido, Gobernadora –dijo inclinando su cabeza levemente.
No sonreí hasta que desapareció de mi vista. No le daría ese gusto.

Tuve que esperar varias horas después hasta que aparecieron dos Guardias, uno
de ellos era Ezequiel. Ya era de noche nuevamente y era hora de dar un pequeño paseo a
Italia, ante el Consejo, el cual tenía consejeros corruptos y que deseaban mi cabeza tanto
como el dinero que habían ganado este último tiempo.
CAPÍTULO 18
Estaba esposada, sujetada de los brazos por Ezequiel y otro guardia, en una pista de
aterrizaje privada, mirando el jet que pertenecía al ex Gobernador, o sea, Alexander
Lenardis.
—No hay otra forma de transportarla, debe ser con él –dijo el chico que hablaba con
Ezequiel.
—No hay otro avión para dejarla encarcelada como un criminal, a metros de él, tendrá
que irse al lado de su esposo.
—Pero el Sr. Lenardis fue explícito en sus órdenes, ella debe ir abajo –fruncí el ceño,
molesta.
Lo que sucedía era que Alexander no me quería tener como acompañante en el avión,
sino que deseaba que viajara en una parte inferior de la nave, pero el que había disponible,
era muy pequeño y no podría irme lejos de mi esposo vampiro.
— ¿Qué está sucediendo aquí? –me tensé como un elástico al escuchar la voz de
Elizabeth.
Alta e imponente se acercó hasta nosotros, quedó justo al frente de mí, pero ni por
asomo me dio algún tipo de mirada.
— ¿A dónde llevan a la Gobernadora? –preguntó al chico que conversaba con
Ezequiel.
—El Sr. Lenardis pidió que se la llevara en otro compartimiento, pero este jet no tiene
espacio para dejarla en otro lado.
Elizabeth frunció el ceño. Note que vestía de traje negro, con una blusa blanca, se
veía espectacular y peligrosa.
—Es la Gobernadora, se irá sobre un cómodo asiento antes de llegar a una de las
celdas. Y si Alexander tiene algún problema, deberá tomar otro vuelo, si lo desea puede
venir conmigo… y sáquenle esas esposas, no sean ridículos.
Sonreí para mis adentros, Alex sin duda alguna preferiría mi compañía ante la de su
madre y no porque yo fuera su persona favorita en este momento, sino porque no soportaba
que Elizabeth lo regañara por todo lo que estaba sucediendo.
El Guardia joven que por su forma de expresarse, era residente de Irlanda, fue hasta
dentro del avión y volvió a los tres segundos después. Durante todo ese tiempo, Elizabeth
ni siquiera me miró.
—Dice que es mejor que la suban.
—Asunto resuelto –dijo ella caminando hacia uno de los autos negros que habían a
nuestras espaldas.
Sabía muy bien que ella estaba haciendo esto solamente porque no soportaba que
trataran a alguien como yo, o sea a la Gobernadora de los vampiros, como una rebelde
más. Elizabeth era muy amiga de los protocolos y apariencias.
Con los Guardias fuimos hasta dentro del avión, pero antes de poder llegar a los
asientos, Ezequiel y el hombre me soltaron. Me giré a verlos confundida.
—No tenemos permitida la entrada a ese sector en los aviones de los Gobernadores,
nos iremos en el compartimiento de los pilotos ¿sí? –me explicó Ezequiel.
Asentí, había olvidado aquello. Hacía meses que no viajaba con Guardias.
Sin preocuparme mucho me dirigí hacia donde se encontraba Alexander y el resto de
los asientos. Sin duda este jet era más pequeño que los anteriores. Había tan solo cuatro
cómodos sofás blancos. Me senté en el extremo opuesto de donde se encontraba él, no
quería ponerlo de peor humor al ver mi rostro.
Cuando lo vi me di cuenta de cuánto pesaba y quemaban mis muñecas. Ezequiel no
me había sacado las esposas de plata, es por eso cuando estas sonaron al moverme, pude
ver como Alex se tensaba. Vestía de traje negro, como usualmente hacia cuando trabajaba,
observaba muy atento hacia la ventana, ignorándome.
Al sentarme y apoyar la cabeza en el asiento, sentí como el cansancio me absorbía.
Cristóbal había bebido de mí, así que estaba agotada, además de que ya no podía esconder
mis pensamientos con tanta facilidad, no después de lo sucedido con esa hada. La había
desconcentrado solo gracias al puente que había creado Cristóbal entre ambas.
Al abrir los ojos descubrí a mi vampiro observándome, pero un segundo después
volvió a poner atención en la ventana, ni siquiera miraba el paisaje, sabía muy bien que
estaba mirando el vidrio, pensando en todo lo sucedido.
— ¿Alex?
—No, cállate –dijo empuñando sus manos sobre las piernas –no te atrevas a decir
algo, apestas a Cristóbal, con suerte puedo soportar que estés tan cerca de mí.
Fruncí el ceño, molesta, pero no quería discutir, tenía tanto sueño. Sin embargo, no
pude evitar informarle y actualizarlo con las últimas noticias que no había deseado saber;
ni siquiera se preocupó por saber lo que había ocurrido mientras estuvimos separados.
Idiota, solo habían sido un par de horas y él se comportaba de esta forma.
—Oh, lo siento –susurré con mis ojos cerrados, con mi cabeza en dirección hacia él
–de seguro huelo a él porque me inmovilizó gracias a una estúpida hada y luego comenzó
a tocarme con sus asquerosas manos, mientras me desvestía y bebía de mi… jamás en mi
vida me sentí tan mal. Por un milagro divino pude liberarme y acabar con la existencia de
esa hada, pero Cristóbal no tuvo la misma suerte… lo siento, Sr. Lenardis, por oler a él,
pero estuve tratando de sacar su asqueroso olor por un largo rato, bajo el agua.
Cuando abrí los ojos, pude ver como Alexander se dejaba envolver por la furia, pero
para mi sorpresa no dijo nada, no gritó, no me acusó de alguna injuria… tan solo se puso
de pie y salió de mi vista. Pude verlo dirigirse hacia el auto de Elizabeth y meterse ahí.
Por lo visto viajaría sola.

Aun era de noche cuando llegamos a Bari, Italia. Esa ciudad era la indicada para
mantenernos por un día entero antes que llegaran todos con Consejeros y se realizara el
juicio en Roma, como se tenía estipulado.
—Voy a esperar a Alexander –dije a Ezequiel –no aceptaré ir de inmediato hasta
donde queden esas celdas.
—Llamó el Sr. Raúl hace una hora, ordenó que no te lleváramos a las celdas
comunes, tu status dice que debes estar en un lugar más adecuado –levanté los hombros,
realmente no me importaba a donde me llevaran.
—Como sea, solo quiero ver a Alex ¿A qué hora debe llegar?
—En una hora más, es mucho tiempo Victoria –fruncí el ceño ante sus palabras.
—Esperaré lo que sea necesario, debo exigir algo que solo él me puede dar.
Nadie me dijo que hiciera lo contrario. Esperamos en uno de los autos negros.
Aproveché ese tiempo para poder seguir durmiendo un poco más. El viaje a Bari duraba
más de 4 horas en auto, así que era mejor acostumbrarse a dormir en este lugar.

—Victoria –dijo Ezequiel, tomando mi brazo con delicadeza –ya están aquí, me ha
tomado tiempo pero él aceptó.
—Necesito un lugar privado y alejado de oídos sobrenaturales.
Ezequiel asintió, por lo visto ya lo tenía previsto o Alex le dijo lo mismo ya que nos
bajamos del auto y nos dirigimos a uno o dos kilómetros de la pista, entre los árboles. La
noche estaba oscura, es por eso que no pude notar a Alex, que me daba la espalda.
—Ahí esta –dijo Ezequiel, apuntándolo con el dedo –volveré en quince minutos.
— ¿Qué quieres? –dijo Alex cuando nuestro amigo desapareció. Se giró hacia mí.
—Tengo sed, Alex.
Pude notar con claridad como su expresión me decía cuando enojado estaba ante mi
petición.
—Mis alternativas se limitan a ti o pedir un humano –dije de inmediato –me siento
demasiado débil y así no puedo enfrentarme sola ante los Consejeros.
Se quedo en silencio por unos segundos, fue realmente incómodo.
—No voy a faltar a mi palabra, no dejaré que mueras.
—Bueno, dudo que puedas hacer algo ¿no crees? Hasta ahora solo te has
preocupado de juzgarme como lo haría el resto.
—Eso no tiene nada que ver con lo que te estoy diciendo, Victoria –llevo sus manos
hasta los bolsillos y las escondió ahí –una cosa será cumplir con lo que prometí, pero otra
muy diferente sería aceptar tu traición hacia mí.
—No te atrevas –dije molesta –ni se te ocurra decir una sola palabra que desdeñe
todo lo que te he dicho en el pasado, estoy cansada de que comiences a basurear lo que
siento por ti.
—Ahora tu eres la que no entiende –dijo acercándose unos pasos, enojado –no
pienso que hayas elegido a Cristóbal sobre mí, en ese sentido… sé que me amas –lo miré
curiosa, sin saber que estaba pasando ahora ¿Por qué estaba enojado entonces? –pero no
lo suficiente para confiar en mí cuando te digo que te mantendré a salvo ¡arriesgaste tu vida
y mucha otras cosas con alejarte, Victoria!
Di unos pasos hacia atrás cuando vi que se acercaba a mí. Había levantado la voz y
ahora estábamos discutiendo algo en que yo las tenía todas para perder porque él estaba
en lo correcto.
— ¡Mira como estás ahora! ¡Esposada! –me tensé al sentir sus manos tomar mis
muñecas con demasiada brusquedad.
—Suéltame.
Antes de poder terminar aquella palabra, Alex rompió las esposas, dejando que
cayeran al suelo. No podía creer lo fuerte que era, las deshizo como si no tuvieran valor
alguno, como si fueran hecha por humanos.
—Ni siquiera te puedo mirar por más de un minuto sin enojarme, has traspasado todo
límite.
—No lo entiendes –dije dando unos pasos hasta apoyarme en un árbol porque me
sentía cansada, necesitaba de su sangre –pude adquirir pruebas que nadie más tiene, por
favor…
— ¡NO! –gritó tomado mi mentón y dirigiendo mi rostro hacia sus ojos –no más
excusas.
— ¿Y qué harás? ¿Estar enojado de por vida? ¡No puedes! ¿Me dejarás morir? Es la
única salida que tienes porque yo no veo ninguna más, además es imposible que me salves
con tus métodos, así que dime ¿qué piensas hacer?
Me soltó y dio unos pasos hacia atrás.
—Si es necesario lucharé con todos ellos y te sacare de ahí.
—Oh, que realista –dije negando a su idea.
—Tu falta de confianza me ofende.
Cerré mis ojos por unos segundos y luego me deje caer, apoyada contra el árbol.
Creo que todo lo transcurrido estos días, comenzaba a afectarme. Para mi sorpresa, sentí
los brazos de Alex rodeando mi cintura, ayudándome a quedar en una posición más
cómoda.
—Tengo sed –dije mirándolo con la esperanza de que aceptara darme de su sangre.
No pude evitar sonreír al ver como se desabrochaba un poco más su camisa blanca
y se sacaba la chaqueta negra.
—Hazlo –dijo exponiendo su cuello.
Me acerque a él, apoyándome en sus hombros, pero no pude evitar rodear su cuello
y abrazarlo. Lo había necesitado con desesperación cuando estuve en ese refugio, pero
aun me sentía molesta porque él ni siquiera preguntó por lo ocurrido allí.
Él no me rodeó con sus brazos.
—Limítate a beber ¿no dijiste que tenías sed?
Sus palabras me molestaron de formas que no puedo describir, es por ello que no
tuve cuidado alguno cuando clavé mis colmillos en su cuello. Fui brusca y tiré de su cabello
para que me fuera aun más cómodo beber de él.
Me tomé todo el tiempo que necesitaba hasta que me apoyé en el árbol nuevamente,
observando a Alex que abrochaba su camisa blanca. Su ceño estaba fruncido y su mordida
tensa.
—No olvidaré esto –dijo poniéndose de pie.
—Somos dos.
Sin sentir nada de cansancio me levanté y comencé a caminar hacia donde estaban
los autos.
—Marco dijo que no me delató ante el Consejo –su mano tomó con brusquedad mi
brazo, deteniéndome.
—Explícate… tenemos tiempo.
Me giré para poder verlo y me solté de su agarre. Su desaire le costaría caro, no lo
dejaría pasar, ni siquiera si salíamos libres de esto.
—Primero que todo, estábamos en lo correcto respecto a Cristóbal, quiere acabar con
todos… en el refugio tenía unos explosivos, Marco me los enseñó. Al parecer solo está
llevando a cabo su objetivo de una forma bastante básica, primero quiere acabar con los
más poderosos para luego hacer explotar a los demás.
—Es por eso que se hizo muy fácil destruir ese lugar –no dije nada sobre ello, le había
pedido que no hiciera explotar el refugio, menos mal nadie salió herido.
—Los rebeldes no están consolidados como nosotros esperábamos. Pude lograr que
su decisión de atacarse entre vampiros, licántropos y hadas, quedara de lado; esperan que
yo te haga entender sobre la situación de los demás, pero haber explotado su lugar de
reunión, no te deja en una buena posición.
—Creo que siendo el Gobernador, no estoy muy interesado en qué lugar me tienen.
Lo miré sorprendida por unos segundos, ni siquiera con todos estos problemas se le
habían bajado los humos.
—Alex, tú no eres el Gobernador.
Escuché con claridad como hizo sonar sus dientes.
—Y si siguieras siéndolo, serias uno muy malo ¿sabes lo qué está pasando bajo esos
Centros de Proveedores? ¡Venden seres como esclavos! ¿Sabías de eso, Gobernador? –
Ni siquiera me pudo responder –eso más las explosiones que de seguro Lina ha provocado,
en busca de venganza por Marco, no han ayudado a que las aguas se tranquilicen, solo
han causado mayor odio… pero ninguno de ellos acepta la alternativa que tenga como
mayor probabilidad la muerte de su pareja de toda una eternidad.
—Bueno, ahora sabemos muy bien a quien apoyas –lo miré sorprendida sin poder
entender su comportamiento.
— ¿Te digo todas estas atrocidades y tú me respondes de esa manera? ¿No harás
nada para separar al Consejo?
—Te dije antes que no era fácil, son Gobernadores que alguna vez estuvieron por
años en el poder –negué a sus palabras, era incomprensible.
— ¿Cómo me dices eso? ¡Te estoy diciendo que están vendiendo personas! ¡No eres
más que un cobarde Alex! –lo mire enfurecida, incluso lo apunte con el dedo cuando seguí
hablando — ¡Ahora lo veo! Temes enfrentarte ante ellos, has soportado todo esto ¿es qué
acaso sabias de ese horrible comercio? ¡Es William quien se maneja en él, junto con otros
Consejeros!
—Cuida tus palabras, Victoria.
— ¡No! –le di un leve empujón con mi dedo, incapaz de controlar mi furia ¡había
matado para llevarle pruebas de lo mal que estaba todo con el Consejo y él no me
escuchaba! –no cuidaré mis palabras, menos cuando hablas de esa forma ¿es qué no te
importa lo que suceda con ellos? ¡Son rebeldes por motivos justos, Alex!
— ¡No me importa! –Dijo empujando mi mano para que dejara de apuntarlo –me
importan una mierda, esa es la realidad… ahora solo quiero sacarte de este maldito juicio
y recién ahí ver qué sucede en realidad ¿hay corruptos en el Consejo? ¡No me importa en
este preciso momento si de todas formas ellos serán quienes te juzgaran! ¡Quienes te
pueden llevar a la muerte!
Me quede sin habla por unos segundos. Alexander solo buscaba poder, pero no sabía
qué hacer con él ¿Cómo demonios había llegado hasta este punto? ¿Es qué tanto le había
afectado la pérdida de sus parejas? ¿Desde cuándo le había dejado de importar lo que
sucedía con su especie?
—No tengo nada más que hablar con usted, ex Gobernador –dije con una mueca de
desagrado.
Le di la espalda para retirarme de su vista, pero él se interpuso en mi camino.
—Mi prioridad es mantenerte con vida y si eso conlleva que ciento de vampiros,
licántropos o lo que sea, terminen muertos… no me importará aceptarlo Victoria.
Sostuve su mirada por un momento. Entendía lo que él quería decir, yo también haría
lo imposible para mantenerlo a salvo, pero Alexander estaba mirando hacia la dirección
equivocada.
—El problema es que no has pensando que los vampiros que deberían desaparecer
no son los rebeldes, sino los Consejeros… y no me refiero a asesinarlos, sino a destituirlos,
pero al parecer ese tema contigo no se puede hablar. No sabes cuánto me has
decepcionado.
No seguí observándolo, no podía, no cabía en mi mente que él pudiera hacer oídos
sordos a lo que yo trataba de explicarle. Entendía que quisiera mantenerme con vida, pero
¿Qué sucedía con todo lo que alguna vez quiso proteger? ¡Nuestros problemas siempre
habían sido porque no podía alejarse de su maldito puesto como Gobernador! ¿Por qué
ahora cuando debía tomar el poder, no lo hacía?
Me frustraba, era como si todas nuestras discusiones pasadas estuviesen
fundamentadas en un capricho de él, ya que no se tomaba su trabajo en serio.
Me subí al auto negro con Ezequiel y el Guardia desconocido sin cruzar palabra
alguna, por lo menos ahora me sentía fuerte, no tenía nada que decir sobre la sangre de
Alexander, siempre me dejaba como nueva.
El camino se llevo a cabo en un silencio incómodo. Fueron unas largas cuatro horas
donde estuve pensando diferentes alternativas para lo que ocurría con mi vida, pero era
inútil. Mi única opción era exponer a los verdaderos traidores y esperar que la atención se
dirigiera hacia ellos, sin embargo, eso no me libraba del castigo por convertir a Cristóbal…
ni tampoco me libraba de los recuerdos, solo de pensar en que él había bebido de mi, que
me había tocado y que además yo había terminado con la vida de Fay, esa hada maldita,
con mis propias manos, era algo que no sabía manejar de forma adecuada.
Para cuando llegamos a Bari, las nubes estaban oscuras y el mar se veía imponente.
Este lugar era hermoso, lo habíamos visitado una vez con Alexander, al día siguiente de
tener nuestra ceremonia hacía más de un año. En este lugar estaban las instalaciones
donde apresaban a quienes habían infligido de forma grave la ley vampírica por decirlo de
cierta forma, aunque no había un reglamento escrito donde decía que o no hacer para
seguir con vida sin que los Consejeros deseen tu cabeza.
Sin embargo, por lo que me dijo Ezequiel al bajar del auto, mis instalaciones serían
diferentes. O sea, que estaría en un lugar lujoso y cómodo, ya que era la Gobernadora de
los vampiros y sería insólito que me dejaran en una celda, sucia y oscura.
No me negué ante tal privilegio. No quería pensar en el hecho de que estas podían
ser mis últimas horas, era un tema que tenía bloqueado, pero que si llegaba a ser cierto…
prefería pasar mis últimos minutos en un lugar cómodo.
La elección de mi nueva residencia temporal, era un hotel de cinco estrellas, estaba
segura que Alexander estaría feliz ya que le encantaba tener una cama suave donde dormir,
aunque tuviera que mantenerse a varios pisos de distancia. Mis aposentos quedaban en
el último piso, la puerta estaba vigilada por dos Guardias.
Ni siquiera me fije en los detalles de la habitación, solo me dirigí como una autómata
hasta la cama y me recosté ahí, abrazando la almohada y mirando a un punto fijo, pensando
en que necesitaba un milagro.
Estaba comenzado a atardecer cuando la puerta se abrió y cerró con brusquedad.
Para mi sorpresa, no fue a Alexander a quien encontré en la puerta, sino que a Raúl. Alto,
canoso y vistiendo un traje gris, me miraba con el ceño fruncido y con los brazos cruzados.
Me senté en la cama.
—Te digo de inmediato que no participaré del juicio, si quieren pueden hacer
pataletas, pero no estaré involucrado en todo esto, me adjudicaré a tal derecho por ser tu
suegro –se sentó a mi lado y dejó su mano en mi hombro –Alex me dijo que terminaste
yéndote con Cristóbal ¿Cómo estuvo eso? ¿Te hicieron daño?
Lo mire sonriendo, cansada. Era el único que había preguntado eso.
—Me deshice del hada que jugaba con mi mente, ahora puedo proteger de forma
adecuada mis pensamientos.
Él hizo una mueca de desagrado.
—Sé que no eres muy amiga de esos métodos, lo siento –levanté los hombros,
quitándole importancia, aunque aun no lo superaba, ni me arrepentía.
—Alex me dijo también que tienes pruebas que involucran a ciertos Consejeros en
temas bastante turbios, cuéntame de ello, por favor –lo miré por unos segundos, sopesando
en la opción de decirle todo.
Lo hice.
Le dije todo lo que había pasado, incluso el plan con Lina para que de esa forma la
atención pasara a otro tema importante. Raúl, asintió y me dijo que era lo mejor, ya que ir
por el conducto regular no iba asegurarnos nada, muchas cosas podían pasar con pruebas
que condenan a gente importante.
— ¿Pero qué sucederá contigo? Eso es lo principal ¿Qué plan has previsto para salir
bien de todo esto?
Lo mire sin saber que decir.
— ¿No estarás pensando en que estarán a favor tuyo, cierto? –negué de inmediato.
—Solo estoy confiando en que varios de los Consejeros, no puedan tener opinión en
mi caso con las pruebas que expondré.
—Eso no es nada bueno, Victoria, pueden hacerte daño de todas formas, incluso
pueden tomar ese problema para resolverlo más adelante, después de darte una sentencia.
No tenía nada que decir a eso.
—Ah Victoria –dijo cansado –maldito el día en que convertiste a ese chico ¿eh? –no
había rabia en su tono de voz.
—Ni que lo digas… no quiero morir, Raúl.
Él no respondió, tan solo me rodeó con un brazo y me acompañó por unos minutos,
antes que se despidiera.

Me quede otro par de horas sola, pensando en la posibilidad de saltar por la ventana,
llegar hasta el mar y perderme de la vista de todos, pero eso no era factible porque me
encontrarían en una fracción de segundo. Demasiado arriesgado.
Cuando la puerta se volvió a abrir, pensé que podía ser Ezequiel, incluso Elizabeth,
pero no. Alexander caminó hacia mí, desabrochando unos botones de su camisa y dejando
su chaqueta negra colgando en la pechera.
—Supongo que has de tener hambre, no bebiste mucho antes –se sentó a mi lado.
— ¿Qué andas haciendo que recién llegas a esta hora a visitarme? –lo miré con odio,
estaba tan resentida con él, tanto por su comportamiento hacia los demás, como para
conmigo.
—Estoy arreglando todo para salvar a mi esposa ¿crees qué tendría algo de utilidad
quedarme aquí mirándote, enojado, mientras tú me das sermones? No lo creo factible
Victoria, no pienso estar aquí disfrutando de tus últimas horas con vida porque eso no será
así.
Miré hacia el piso alfombrado de color rojo oscuro y cogí sin mirarlo, su mano. Alex
solo la presionó.
—No debiste irte de esa forma.
— ¡Pero lo hice, así que ya basta! –dije mirándolo enojada — ¡deja de recriminármelo,
ya está hecho!
Soltó mi mano y se puso de pie, para luego dirigirse hasta la ventana.
—No puedo dejar de estar molesto contigo.
—Entonces quizás deberías irte, así te liberas de tal peso –se cruzó de brazos,
frunciendo el ceño… sabía que lo estaba haciendo aunque no pudiera verlo desde aquí.
— ¿Quieres qué me vaya? –preguntó ahora, girándose hacia mí.
— ¡Claro que no! muero de miedo, dijiste que solo a ti te podía demostrar dicho
sentimiento y hasta ahora lo he soportado estoicamente, estoy muerta de miedo Alex… —
esquive su mirada –sigues dudando de mi.
—No –lo miré curiosa –no creo que te hayas ido con él porque estés enamorada o
algo por el estilo, ya te lo dije. Si estoy enojado es porque no confías en que te sacaré de
esto.
— ¿Cómo?
—He hablado con diferentes Guardias, si esto sale mal para ti… te sacaremos y
escaparemos.
— ¿Y por qué me tratas de Traidora entonces? ¿Cuándo me encontraste con Lina?
— ¡Porque lo eres! Te dije que no olvidaría algo como esto, no te perdonaré por
escapar. Eres una traidora ante mis ojos y antes los de quienes te juzgaran, aunque sea
por motivos diferentes.
— ¡Eres insufrible! –Dije poniéndome de pie, deseando escapar de aquí –nunca me
escuchas.
— ¡No! eres muy buena acusándome de no hacerlo ¿sabes? Pero nunca te has dado
cuenta que tu tampoco me escuchas ¿no lo entiendes? –Dijo tomando mis brazos de forma
posesiva — ¿Qué habría hecho si Cristóbal te hubiese eliminado en tu pequeña aventura?
¿Crees qué las pruebas que trajiste de los Consejeros valen tu vida? ¿Crees qué me fue
fácil recibirte de vuelta cuando olías a él?
Casi debí morderme la lengua para no seguir discutiendo, solo mire hacia un lado,
sintiendo como sus manos se seguían aferrando a mis brazos. No tenía fundamentos para
discutirle.
—Tú me acusas de ser malvado, testarudo y orgulloso, pues bien, tus grandes
defectos son que eres demasiado ansiosa y atolondrada, eres muy joven aun… no piensas
las cosas antes de hacerlas, solo te lanzas, demasiado temeraria para mi gusto. Mírame
cuando te hablo Victoria.
Levanté la vista, encontrando sus ojos negros.
—No lo entiendes, yo debía saber, demostrar que…
—No –me interrumpió de nuevo –no debías, no tenías que hacer nada en ese
momento. Podíamos esperar, tu viste lo que sucedía debajo de ese Centro Proveedor, me
pudiste haber dicho lo que viste ¿piensas que no te habría creído? ¿Me debías demostrar
a mí con pruebas lo que pasaba?
Mi vista estaba fija en él, en sus ojos, en su ceño fruncido y en como tensaba su
mandíbula, pero no pude evitar observar también sus labios, sus mejillas, el color de sus
ojos.
—Tú nunca me crees… siempre debo demostrar contigo todo lo que digo, pienso o
siento.
—No me trates de manipular con esa excusa –dijo de inmediato, fruncí el ceño –
podrías usarla en cualquier momento, pero no en este, si viste algo con Cristóbal y me lo
hubieses dicho, sabes muy bien que te habría creído ¡Ahora los Consejeros saben que te
fuiste con él! ¡Te vieron, Victoria!
—Pero demostraré que fue por un motivo, no porque este de su lado.
—Lina dijo algo sobre eso antes –dijo soltando mis brazos –no sé que se traen entre
manos, pero me parece extraño, tu odias a Lina ¿Por qué quieres que te ayude? No me ha
dejado ver nada, dice que esta editando ciertas imágenes para que no quedes en una
posición peor.
No dude ni un segundo en explicarle con detalles lo que pretendíamos hacer. El rostro
de Alexander se fue desfigurando cuando le dije todo lo que ocurrió en ese refugio, de cómo
hablé con los Rebeldes, la respuesta que tuvieron… el suceso con Cristóbal y Fay, aquello
lo encolerizó tanto que salió de la habitación por alrededor de treinta minutos. Sin embargo,
volvió y me dio la oportunidad de contarle el resto, como había acabado con la vida de ella
y como había traspasado todo el asco y desagrado que me causaba Cristóbal, a su mente.
Finalmente le dije lo que tanto Marco, Alanna y Aníbal, habían hecho.
Supe por su mirada que jamás perdonaría a Marco, aunque sus actos fueran
justificados. Aquel vampiro deseaba vengar la muerte de su esposa y estaba segura que
Alex lo entendía, pero tanto su orgullo como ego, eran mayores.
—Hablaré con Lina, no quiero que todo el mundo te vea prácticamente desnuda, ese
es un privilegio que deseo mantener para mí –dijo más calmado –lo encontraré Victoria y
acabaré con Cristóbal, lo destruiré pedazo a pedazo mientras se seca bajo el sol y la plata.
Antes que pudiera decirle algo, su celular comenzó a sonar. Se puse de pie, rápido
como un resorte y contestó. Fue una conversación de tan solo tres segundos.
—Los Consejeros han llegado, están los siete. El juicio se realizara aquí, no en Roma.
Asentí, había escuchado a Elizabeth con claridad.
—Te juzgaran solo seis, Raúl ha dado un paso atrás, no quiere tener nada que ver
con esto. Mi madre en cambio, está segura que has convertido a Cristóbal porque rompió
toda protección que tenía en mi mente, se inmiscuyó en mis pensamientos lo suficiente para
saber todo lo ocurrido.
Asentí, eso era una posibilidad, la duda era si nos delataría. Alex como si leyera mis
pensamientos respondió a mi incertidumbre.
—Me encaró y dijo que por mi bien no dirá nada, pero eso no significa que trate de
sonsacar la verdad de tu boca. Me dejó en claro que durante el juicio debo estar lejos de ti,
que no debía decir palabra alguna a tu favor o dirá la verdad. Debo mantenerme frio contigo
y no demostrar mi apoyo por ti.
Me quede perpleja, había perdido toda oportunidad con Elizabeth, eso era seguro.
— ¿Y por qué no puedes apoyarme? Eres mi esposo, es lo lógico.
—Porque no desea que me destituyan cuando se sepa la verdad, quiere…
responsabilizarte por todo, dejar en claro que fui una víctima.
No dije nada, solo me deje caer por completo en la cama, mirando hacia el techo. No
tenía que decir nada ante la nueva información, yo era realmente la responsable de que
Cristóbal estuviera llamándose Gobernador.
—Raúl no participará, Elizabeth me quiere muerta, junto al resto de los Consejeros…
y no olvidemos a William.
—Oh, ese me las pagará también –susurró Alex, más para sí mismo –pero trata de
no preocuparte, solucionaré esto. He dicho que tengo a varios Guardias, entre ellos este
Ezequiel… si es necesario tendrá que apuntar con sus armas a Elizabeth y el resto para
que escapemos ¿sí?
Asentí, sin poder creer que Alex quisiera encañonar hasta su madre.
Abrí mis ojos al sentir un peso sobre la cama, a mi lado. Miré a Alex, recostado,
apoyando la cabeza sobre su mano.
—No me pondré de rodillas para pedirte perdón porque estoy aun muy molesto
contigo –dijo sin dejar de mirarme.
— ¿Pero? –pregunté, sabiendo que nada malo podía salir de su boca desde ahora.
—Pero lo que sucedió en ese lugar, aunque hayas ido por voluntad propia, fue
horrible… no estás acostumbrada a ello, lo que me deja aun más atónito por tu habilidad
para defenderte.
—Estaban los chicos, sin ellos…
—No –me interrumpió –cuando estuviste con ese bastardo de Cristóbal,
inmovilizada… sobreviviste por ti sola, eso no lo hace cualquiera. Tú aun eres muy joven.
Y eres diferente, tranquila, no buscas eliminar a quien te moleste.
No pude evitar sonreír ante sus últimas palabras.
—Cualquiera a tu lado es joven, tienes miles de años Alex –él frunció el ceño –no es
que mi importe –dije ahora sonriendo abiertamente.
Su mano libre se acercó a mi cuello, fue como por arte de magia pero justo acarició
donde antes Cristóbal había mordido. No pude evitar cerrar mis ojos, ese recuerdo me daba
esas ilógicas nauseas.
—Me encargaré de él –dijo con un susurro en mi oído –disfrutaré destrozarlo con mis
propias manos, tan solo debo encontrarlo ¿Dónde lo hizo?
Lo miré incómoda, no era de algo que deseara hablar porque los recuerdos volvían a
mi mente.
— ¿Victoria?
—Aquí y aquí –dije indicándole con mi dedo índice.
Para mi sorpresa y agrado sentí primero como sus labios se posaban sobre mi piel,
justo donde Cristóbal había mordido la primera vez, justo en mi lado izquierdo. Sus colmillos
traspasaron mi piel con delicadeza, para poder beber de mi sangre.
Cerré mis ojos y tomé su camisa con fuerza, tirando un poco de él para que se
acercara. Aunque me permití ese regalo por unos segundos, ya que luego lo alejé y lo
empujé para que quedara recostado sobre la cama. Me senté sobre él y mordí de forma
brusca su cuello.
Yo era la que aun seguía sedienta y molesta con él por humillarme ante los Guardias
y Lina.
Las manos de Alexander atraparon mi cadera con fuerza después de quejarse por
morderlo tan bruscamente. Me dedique a beber de su sangre por unos largos segundos.
—Necesito estar fuerte para presentarme ante el Consejo –dije ahora sentada sobre
él, mirándolo con una leve sonrisa.
Alex se sentó, rodeando mi cadera con su brazo, evitando que me separara de él.
Traté de empujarlo con mis manos, pero él era mucho más fuerte.
—No seas tan brusca –dijo tomando mi mentón y entreabriendo mis labios para luego
besarme.
No pude decir nada ante eso, pero tampoco pude disfrutar demasiado el momento ya
que golpearon dos veces la puerta. Con Alexander nos separamos en un segundo y nos
sentamos sobre la cama, justo para cuando apareció Elizabeth ante nuestras miradas.
— ¿Qué haces aquí? –le preguntó a Alex.
Vestía con un nuevo traje de dos piezas, esta vez blanco. Se veía increíble, sin duda
alguna. Llevaba en su mano un portatraje, el que supuse traía mi atuendo para el juicio.
—Estoy visitando a mi esposa, obviamente –dijo él, poniéndose de pie.
—Pues la hora de visita se acabó, en dos horas más debe presentarse ante los
Consejeros, debes ir a prepararte.
—Voy a ir después –dijo él, cruzándose de brazos, muy decidido, pero luciendo tan
infantil, siempre sucedía lo mismo cuando estaba cerca de su madre.
—Alex –me puse de pie, acercándome hasta él –es mejor que te vayas.
Él sin preocuparse porque su madre estuviera ante nosotros, se acercó y me besó.
Tuve que dar un paso hacia atrás porque o sino, por un milagro iba a volver a sonrojarme
como en el pasado.
Cuando Alexander cruzó la puerta de la habitación, Elizabeth me dirigió la mirada.
—Te traje algo adecuado para que uses en el juicio, todos deberían tener derecho a
morir con algo de decencia, aunque no se la merezcan.
No pude evitar sonreír, por lo menos no íbamos a jugar con actitudes cínicas.
—Gracias por traer esto –dije tomando el traje y dejándolo sobre la cama –si no tienes
nada más que decir, agradecería que te retiraras, no tengo ánimos para discutir contigo.
—Escúchame bien, niña –dijo dando un paso hacia mi –confesarás lo que has hecho,
no permitiré que Alexander se vea involucrado en algo como esto –me miró por unos
segundos, sin decir nada, valorándome otra vez –que manera de equivocarme contigo,
pensé que ayudarías a mi hijo, no que acabarías con él... has sido la peor de todas.
—No tengo nada que decir sobre ello, realmente te equivocaste conmigo al pensar
que seguiría tus mismos pasos. Ni siquiera me limito a hacer lo que Alexander cree
correcto… si estuvieran bien, no tendrían a la mitad de su especie deseando su cabeza.
Su mandíbula se tenso.
— ¡Deseo que al parecer quieres darles! Eres una traidora y pienso acabar contigo,
ni siquiera Alexander podrá protegerte.
Presioné mis manos con fuerza, sus palabras estaban logrando enojarme.
—Cuida muy bien las palabras con las cuales te diriges a mí, no olvides con quien
estás hablando. No me has visto enojada, Elizabeth.
—Tenemos algo en común –dijo ella sonriendo como si hubiese ganado la partida.
—Cuidado –le advertí –no sabes lo que puede pasar en las próximas horas, quizás
todo gire a mi favor y se haga justicia, entonces seguiré siendo Gobernadora y para ese
momento, no creo que te sea conveniente que yo recuerde tus amenazas.
Ella sonrió de forma altanera, como si estuviera segura de que acabaría conmigo.
—Conmigo no puedes jugar, Victoria… llevo años en esto.
—Entonces quizás ha llegado la hora de que te retires.
Pude notar como esas palabras le habían llegado, aunque no quisiera reconocerlo.
—En dos horas –dijo para luego retirarse.
Después de que ella saliera, le tomó unos minutos a Alexander para volver a mi lado.
Me pregunto sobre lo que habíamos conversado, no le agradó saber que su madre sin duda
alguna me quería ver muerta, pero decidimos dejar aquel tema de lado. Alexander me dijo
todos los detalles de cómo actuaríamos si todo salía a favor del Consejo, así que las dos
horas se pasaron volando.
Cuando faltaban tan solo quince minutos para bajar comencé a vestirme… sola, ya
que Alexander se fue a su propia habitación para arreglarse, me dejo en claro que durante
el juicio debería seguir un papel que dejara conforme a Elizabeth, pero solo por un tiempo.
— ¿Lista? –Escuche la voz de Ezequiel a mi espalda –por lo menos te ves increíble.
Elizabeth me odiaba, pero sin duda alguna tenía buen gusto.
— ¿No crees que las mangas son demasiado largas?
Era vestido era color carmesí con detalles en dorador. Era un poco pesado, de
mangas anchas… muy anchas. Cubría hasta mis pies. Se ajustaba al nivel de mi pecho y
mis hombros al descubierto, llegando a un leve escote que no dejaba ver nada demás. Era
sobrio, elegante y… demasiado anticuado.
—Las mangas son para que no se noten las esposas. Es también muy largo para que
tampoco se noten… las de los pies.
Lo mire aterrorizada ¿es qué pensaban que era tan fuerte como para acabar con los
Consejeros que estaban protegidos por Guardias? Idiotas, esto era culpa de Elizabeth… o
quizás no, si quería humillarme de esa forma no me habría dado un vestido que cubriera
las cadenas.
—Las pondremos antes de que llegues al tribunal ¿sí? usaran el que se encuentra
aquí.
Mientras Ezequiel me habla de los detalles, yo me dedique a hacer una trenza que
deje caer sobre mi espalda, para ese entonces ya había entrado otro Guardia desconocido
y me miraba sin dejar pasar detalle alguno.
— ¿Cuál es tu nombre? Me gustaría saber quiénes serán los últimos rostros que veré
si esto sale mal –no me refería solo a si terminaba muerta, sino mas bien por si nos
volvíamos fugitivos con Alexander.
—Mortum –por su acento, era de Rusia –a sus servicios, Sra. Lenardis –dijo
inclinando levemente su cabeza.
—Él lleva muchos años en la Guardia –explico Ezequiel –estaremos los dos a tu lado,
a una distancia prudente mientras te juzgan. Tu testigo está lista y preparada.
—Esperemos que eso me sirva de algo.
—Y si no es así, la protegeremos –aclaró Mortum. Bien, ese vampiro alto, musculoso,
de cabello castaño y de ojos negros, me agradaba, aunque no sonreía.
—Es agradable saber eso.
Bajamos por una parte diferente del hotel, para no llamar la atención. Para cuando
llegamos al auto y nos acomodamos, Ezequiel me puso las cadenas de plata, cuidando sus
manos con guantes para no hacerse daño.
—Espera un momento –dijo Mortum, sacándose sus guantes de cuero.
Astutamente le pidió las cadenas y esposas a Ezequiel y poniendo una mueca de
dolor al quemarse, cubrió estás con aquel cuero para que no me hiciera daño al usarlo. Fue
un movimiento inteligente.
—La Gobernadora no tiene porque sufrir estos actos de desprecio, aun más cuando
su especie la apoya –lo miré curiosa. Por un momento vi una sonrisa que me dejo aun más
confundida, no estaba segura pero al parecer sus colmillos eran muy pequeños o
inexistentes ¿Qué sucedía?
—Los Guardias en sí, te apreciamos mucho –dijo Ezequiel, distrayéndome –hemos
sido testigos de cómo te las has ingeniado este último tiempo.
Ninguno dijo nada luego de aquel momento. Yo me deje sucumbir por unos minutos,
deseando que Alexander estuviera a mi lado, pero nuevamente tendría que enfrentarme a
mis enemigos sola. Debería plantarles cara y ver que sucedía.
Cuando nos acercamos a la costa, tuvimos que bajar del auto, este no podía llegar
tan cerca de las rocas. Este lugar, junto al mar, bajo el nivel de este, era la verdadera prisión
para los traidores comunes y corrientes. Varios metros bajo tierra se levantaba un tribunal
donde había diez asientos grandes y de roca, donde se ubicaba cada Consejero… el
problema era que solo había siete con vida y uno se había retirado del juicio para no tener
nada que ver.
—Todo saldrá bien –dijo Mortum cuando bajamos entre las rocas, en aquella
oscuridad que nos proporcionaba la madrugada.
Pronto serían las tres de la mañana y mi vida estaría en juego.
Llegamos a la puerta de hierro y Ezequiel la abrió sin problema alguno. Nos
sumergimos en la oscuridad que nos proporcionaba el comienzo del camino y luego
llegamos al pasillo que nos llevaría hasta los jueces.
—Uuff… —suspiré nerviosa, cargando mi peso en cada pie, como si me estuviera
preparando para algún partido de futbol.
—Tranquila –dijo Ezequiel tomando mi brazo, presionando un poco para darme
fuerzas.
No servía.
¿Dónde estaba Alex? No había presentido que me pondría tan nerviosa en esta
situación.
—Victoria –giré hacia atrás y no pude evitar sonreír al ver que estaba Alexander
mirándome, con el ceño fruncido. Me apresuré a ir hasta donde él estaba, me era muy
incómodo caminar con mis pies rodeados de cadenas, limitando mis pasos y haciéndome
daño –tranquila.
—No puedes estar aquí –aun así apoyé mi frente en su pecho y me sentí feliz de
poder sentir sus brazos rodearme –tengo miedo.
—Tranquila, amor –se inclino a mí y sus labios se unieron a los míos. Me empiné para
poder seguir besándolo por unos segundos más.
Cuando nos separamos pude notar que el poco brillo que tenía en mis labios, lo
habían manchado. Levanté mis manos para poder limpiarlo.
—Mmm… cuero ¿Quién hizo esto? –dijo mirando a Ezequiel y Mortum. El primero
indico con un dedo al creador de esta magnífica protección de mis muñecas –Gracias,
significa mucho para nosotros.
Lo miré sorprendida, Alexander agradeciendo algo era tan extraño como ver un
duende verde dar vuelta alrededor de tu cabeza, o sea, imposible.
Mortum nos miraba sorprendido, como si estuviera viéndonos por primera vez.
—Ya es hora –dijo Alex –no temas, ya sabes lo que te dije sobre ello.
Asentí, muerta de miedo.
Mi ansiedad comenzó a aumentar cuando Alexander se dirigió a donde se
encontraban los demás. Mis Guardias se ubicaron a mis costados, rodeando con suavidad
mis brazos. Antes de que pudiéramos ir hasta donde estaban los Consejeros, pude notar
como Mortum marcaba algo en su celular. Lo mire confundida, pero él solo sonrió y volvió
a inclinar su cabeza. Antes que pudiera preguntar algo, comenzamos a caminar.
Había llegado el momento de enfrentar al Consejo. De aquí saldría viva, muerta o…
viva con un gran escándalo y persecución. No me agradaba ninguna de las dos últimas
opciones.
CAPÍTULO 19
Cerré mis ojos por una fracción de segundo y cuando los volví a abrir, me concentré
en que no notaran como el temor me estaba atrapando. Con la espalda recta y una mirada
altanera seguí dando los pasos necesarios para llegar al centro de aquella gigantesca sala.
No entendía cómo lo habían logrado, pero estaba completamente iluminado, aquella
luz artificial blanca, me dejaba ver con claridad lo que pasaba a mi alrededor.
Los seis Consejeros se elevaban en aquellos asientos de roca, de varios metros de
altura. Estaban con sus capas negras y con los colores que representaban sus gobiernos,
además de un continente, solo de forma simbólica claramente.
Abajo estaba Alexander, vestido por completo de negro, junto a Raúl, que vestía como
un Consejero, pero que no caería en este sucio juego. Aun no descubría si eso era bueno
o malo, ya que me habría gustado tener un rostro conocido arriba.
Miré de inmediato a William, que estaba con sus brazos cruzados, observándome un
tanto afligido. Cínico, deseaba acabar con él por traidor.
Con Ezequiel y Mortum llegamos a donde estaba un pequeño estrado, de madera…
él cual casi estaba destrozado por el daño que había dejado la brisa del mar que se colaba
en el lugar. Para cuando subí el escalón de madera podrida, los chicos se ubicaron a mi
lado, a un par de metros, por lo tanto estaba realmente sola.
No miré a Alexander, aunque deseaba hacerlo. Sentía que estaba sobre el único
pedazo de soporte a mi redonda, si daba un paso hacia cualquier lado caería a cientos de
metros al vacio; hecho que era imposible ya que había un sólido piso en todo este lugar.
Estaba logrando caer en pánico, pero por alguna razón, no lo demostré.
—Victoria Lenardis –dijo Samuel, el primer Gobernador, que se encontraba en el
centro de los demás –estás aquí para ser juzgada.
—Y yo que pensaba que venía de visita –dije mirando a mis lados.
Aquello solo lo había dicho para probar mi tono de voz. Para mi sorpresa fue firme e
incluso pude ser un tanto irónica…
Era hora de dejar a un lado el miedo.
—Se pide silencio a la acusada –dijo William, mirándome con el ceño fruncido por
unos segundos.
—Los cargos por los cuales se le acusa, Gobernadora, es por traición al Gobernador
y a la especie, convirtiendo al potencial enemigo Cristóbal Steiner en vampiro,
procedimiento que sabemos que designa al siguiente líder de nuestra especie, además de
ello, escapó en varias oportunidades de los Guardias, incluso antes nuestros ojos.
Si lo decía de esa forma, no parecía la gran cosa, habíamos pasado muy malos
momentos por ello.
—Además de la traición hacia su esposo, Alexander Lenardis, hay testigos que
confesaron que ella estuvo involucrada con el rebelde de forma sentimental.
Miré con odio a Elizabeth por decir aquello. Pude notar con claridad como Alexander
cerraba sus ojos una fracción de segundo, tensando su mandíbula. Lo había hecho enojar.
—Eso no es ilegal, Elizabeth –dijo Eder, el vampiro canoso que conocí antes de mi
ceremonia con Alexander. Él siempre había sido muy amable conmigo –si fuera por eso
todos seriamos juzgados y de seguro Will sería condenado a muerte ya que cambió a su
pareja. Ese tema es privado para los Gobernadores.
Aguante las ganas de sonreír, sobre todo cuando ambos se miraron con desagrado.
—Entonces que quede como antecedente –respondió ella –si tiene una relación
amorosa con el traidor, será peor lo que haga en nombre de él.
—Como sea –dijo Samuel –no entraremos a hablar de esos detalles, Elizabeth… —
dio un suspiro y luego me miró –Victoria ¿has entendido porque has sido juzgada?
Sinceramente nunca había conversado más de cinco segundos con los antiguos
Gobernadores y actuales Consejeros, cada uno de ellos siempre estaba involucrado en
sus propios negocios y ahora simplemente parecían vampiros antiguos a los cuales no
conocía.
—Gobernadora.
—No –dije de inmediato, respondiendo a su pregunta –yo no he convertido a nadie.
Ese era nuestro plan, negar todo hasta el final. No tenían forma de probar lo contrario.
— ¿Qué? –Dijo anonadado Samuel –pero si… hay testigos de ello.
—Pueden preguntarle a mi esposo –dije de inmediato –creo que es el mejor testigo
para saber si seguimos juntos o no, incluso para los supuestos antecedentes que nombra
Elizabeth Lenardis, yo no he engañado a su hijo –no con consentimiento, ya que fue la
estúpida sangre manipulada de Cristóbal que me llevo a actuar de esa forma y quedar sin
fuerzas entre sus brazos.
—La primera testigo –dijo Elizabeth, indicándole a un Guardia que abriera la puerta
de un costado.
Casi se me cayó la cara al ver que era Lina la que salía de ahí.
Aquella infeliz vestía con un traje negro y se ubicó en un estrado de piedra, más alto
que el mío pero no tanto como para llegar al nivel de los Consejeros.
—Lina Brunner –dijo Elizabeth –dinos lo que sabes.
—Bueno, solo vengo porque se me pidió por parte del Consejo presentar cualquier
evidencia que fundamentara las acusaciones hacia la Gobernadora, yo soy testigo tanto de
lo que dijo el ex Gobernador, Alexander Lenardis y su esposa, ambos han dicho ante mi
presencia que ella cometió tales crímenes… claro que con otras palabras. El Consejero
Raúl puede ser también testigo de ello.
Raúl frunció el ceño, por primera vez lo vi realmente molesto.
—Como sea, las acusaciones hacia Victoria Lenardis, son ciertas.
—Yo también soy testigo de ello –dijo William –junto a mi pareja, Tessa, ambos
confesaron ante nosotros cuáles eran sus problemas y entre ellos estaban los crímenes
realizados por Victoria Lenardis. Les recomendé que acudieran al Consejo lo antes posible.
Tuve que dejar de lado mi odio hacia Lina por un minuto y la miré preocupada, temía
que no trajera lo necesario para exponer mis pruebas. Sin embargo, ella asintió ante mi
mirada.
—Antes de continuar con sus testigos y mis supuestos crímenes –dije mirando a
William –no puedo permitir que este juicio se lleve a cabo por Consejeros que no están
aptos para dar una opinión y mucho menos un veredicto.
— ¡Niña irrespetuosa! –dijo Elizabeth, aterrada por mis palabras –aquí estamos los
Gobernadores de cientos de años.
—Cállate de una buena vez, es en serio –dije cansada de su altanería. Cuando ella
fue Gobernadora, no hizo nada por nadie, era la que menos debía hablar –Lina, por favor.
—Por supuesto, Gobernadora.
Ella sacó un control remoto y lo presionó para que una pantalla gigante saliera del
techo, justo por el extremo izquierdo, así tanto los consejeros, los testigos y yo, podríamos
ver las imágenes.
—Y ahora play –dijo Lina con una sonrisa curvada.
El comportamiento de Lina me aseguraba una vez más que ella no podía estar
involucrada en alguna traición hacia nosotros. Era una piedra en el zapato, era
desagradable y altanera, pero sin duda hacia lo correcto ¿la llamaban para confesar
crímenes que había visto y escuchado? Ella lo hacía, sin importar si fuera a favor del
Consejo a de los Gobernadores, ella nos servía como una leal Guardia especializada.
— ¿Qué significa esto, Lina? –preguntó curioso Eder. Por lo que recordaba, él no
estaba involucrado en ninguno de los crímenes.
—Bueno, el primer video… es sobre lo que sucedió después de que la Gobernadora
escapara junto al líder de los rebeldes, Cristóbal.
Todos nos quedamos por unos minutos en silencio, escuchando lo que sucedía.
—Se puede ver con claridad que ella en ningún momento apoya la violencia o el deseo
por la cabeza de su esposo –dijo Eder, mirando a los demás Consejeros.
—Pero está a favor de los que proclaman los Rebeldes –dijo William, sin mirarme
¡maldito traidor!
—Cada uno es libre de opinar lo que desee –dijo Eder.
—Si continuamos viendo –dijo Lina –podemos ver que los videos se extienden –volvió
a darle play.
En este se veía como asesinaba a Fay, me hice una nota mental para agradecerle a
Lina ya que para mi sorpresa había editado el video para que no me viera prácticamente
desnuda, le puso unos cuadros negros… gracias al cielo.
Lina volvió a ponerle pausa después de que acabe con la vida de Fay.
—Victoria –dijo Samuel, frunciendo el ceño, confundido – ¿Por qué te fuiste con
Cristóbal? En esos videos se ve claramente que no tienes ninguna relación amorosa ni
fraternal con él.
—Es más, en ese video se puede ver que el Rebelde trató de abusar de ella.
Cuando Eder dijo aquellas palabras, miré por una fracción de segundo a Alexander.
Raúl lo tenía tomado del brazo, porque al parecer quería salir de aquí. Supuse que deseaba
encontrar la cabeza de Cristóbal y acabar con él.
—Porque necesitaba las pruebas suficientes para demostrar otro punto muy
importante –dije mirando a Lina, ella asintió y volvió a ponerle play.
En aquel video se comenzaron a ver una secuencia de fotografías que culpaban en
su totalidad a los cuatro consejeros que estuvieron involucrados con la venta de esclavos,
como así algunas relaciones con los Rebeldes.
Aquello duró menos de dos minutos, fueron los más largos de mi vida.
—Eso es todo –dijo Lina, bajando del estrado y dirigiéndose al lado de Ezequiel, a mi
costado derecho.
Cuando miré a los Consejeros, fue toda una sorpresa ver sus expresiones
despreocupadas. Solo Elizabeth y Eder, además de Raúl tenían la boca abierta por lo que
acaban de ver.
—Esto es ridículo –dijo William — ¿Qué quieres lograr con esos videos?
—Ustedes no están calificados para juzgarme –dije, tratando de controlar el temor
que me causaba verlos tan relajados –han cometido crímenes peores de los que se me
acusa.
—Bien –dijo Samuel –abriremos ese caso para un futuro, ahora estábamos juzgando
tus acciones, no las de otros.
— ¡¿Qué demonios dices?! –Le gritó Raúl, furioso –no eres más que un maldito que
ha hecho de las suyas a escondidas, ninguno de los cuatro involucrados debería tomar
posesión en este lugar.
—Samuel ¿pero qué has hecho? –Dijo Eder, sorprendido — ¡Incluso tu William! ¡Kurt
y Jilly! ¿Vender personas de esa forma?
—Tendremos que ver este caso con mayor tiempo –dijo Elizabeth, sin dejar de tener
una expresión de consternación al ver las imágenes –por ahora debemos concentrarnos en
Victoria.
Tomé con fuerza las cadenas que unían mis muñecas, sintiendo que la rabia recorría
mi cuerpo, impotente ante los hechos que estaba viendo ¿era cierto que harían la vista
gorda? ¿Esto era lo que ganaba por todo lo que había hecho?
Pensé por un momento que comenzaría a gritar, frustrada y enojada por lo que estaba
sucediendo, pero sentí como un vacio y un frío tan únicos, que lograron calmarme hasta tal
punto que ni siquiera sentía miedo por lo que ocurriría ahora.
—Alto –pude identificar al dueño de aquella voz, era el Gobernador de los
Licántropos, junto a la Gobernadora de las hadas, me miraba enojada. No era para menos,
había acabado con uno de los suyos, aunque Fay era mala.
— ¿Qué sucede? –preguntó Samuel.
— ¿Lo preguntas, vampiro? Esas imágenes muestran como han jugado con seres de
nuestras especies.
No sabía que ellos se encontraban aquí ¿Quién más había acudido a este juicio?
—Ese tema se resolverá en otra audiencia –respondió William –por ahora tenemos
que ver lo que haremos con la Gobernadora.
— ¿Pero qué dices? –preguntó Amarok –ninguno de ustedes cuatro está en
condiciones de juzgar a la vampiro que los delató ¡que dicho de paso, es la Gobernadora
de su especie! Menos tú William, que al parecer, viendo que Marco sigue con vida y entre
los rebeldes, no fuiste más que un soplón que intentó perjudicar a la Gobernadora con
calumnias al delatar sus actos en nombre de Marco.
Tal era su molestia que se sacó la túnica negra que llevaba, incluso cubría parte de
su rostro con la capucha de esta. Debajo de ella solo llevaba una camiseta negra y unos
jeans también oscuros.
—Nos atacan e insultan ¿esperas un tipo de consideración, vampiro? –pregunto
Naida, quien llevaba un hermoso vestido azul, estilo romano, que dejaba sus brazos y
espalda descubiertos. Su cabello caía a un lado –opino igual que Amarok, no pueden juzgar
a la vampiro… no ustedes cuatro por lo menos.
Miré a Alexander, él estaba dedicando toda su atención a mí. Ya se había controlado
y ahora estaba inexpresivo.
— ¡Basta! –dijo Elizabeth, poniéndose de pie –esto no está dentro de la jurisdicción
de ninguno de ustedes, es un tema interno y si hemos aceptado que entren aquí es solo
por respeto a su categoría, pero pueden ser expulsados en cualquier momento. Si no serán
meros espectadores, es mejor que se retiren.
Tanto Amarok como Naida se quedaron en silencio y dieron un paso hacia atrás, sin
dejar de observar con odio a Elizabeth.
—Y ahora bien –dijo ella, mirándome –tus pruebas serán revisadas, tanto por su
veracidad como por lo importantes que son, pero mientras tanto, todos nosotros estamos
aquí reunidos por tu causa, para juzgarte.
—Elizabeth –dijo Eder, mirándola sorprendido –esto es inau…
—No, es grave lo que está sucediendo con el resto de los Consejeros, pero lo que es
realmente inaudito es que aquella mujer –dijo apuntándome –haya convertido a un traidor
en vampiro, dándole el poder de proclamarse como el Gobernador de los vampiros. Eso si
es efectivamente grave.
—Los implicados –dijo William –seremos tratados como cualquier vampiro, luego se
verá la realidad de los hechos, pero por ahora, nuestro objetivo es Victoria Lenardis.
— ¿Cómo puedes hablar si eres un traidor más? Buscas acabar con los vampiros y
las demás especies de igual forma que Cristóbal –dije, sintiendo que mis brazos pesaban
más. Comenzaba a perder la esperanza.
—Hemos dicho –continúo William –que tus acusaciones se verán después de decidir
si seguirás con vida o no –me miro con una sonrisa que me dejo en claro que ese maldito,
era un traidor con todas sus letras.
—Muy bien –dijo Samuel, tomando el control del juicio –seguiremos con el tema
relacionado a Victoria Lenardis…
No podía creer esto, incluso mostrándole las pruebas al Consejo, a otros
Gobernadores… nadie hacia nada ¿es qué jamás habría justicia? ¿De eso se trataba?
—Te lo preguntamos de nuevo, Victoria –continuó Samuel — ¿has convertido al líder
de los Rebeldes en vampiro?
—No –dije migándolo directo a sus ojos.
Hubo unos segundos de silencio, todos me observaban. No me creían ni por un
segundo.
— ¿Tienes algo que decir a tu favor, Gobernadora? –preguntó Elizabeth.
Mire a Raúl, quien estaba furioso por lo que estaba ocurriendo, dolido porque tu pareja
fuera tan idiota, confiaba en que se involucrara al momento de juzgar a los demás
Consejeros. Cuando pose los ojos en Alexander, este estaba inmóvil como una estatua, de
negro, como si estuviera de luto… de cierta forma era lo correcto. Si no salíamos de aquí
por la puerta ancha, escaparíamos a hurtadillas y él jamás volvería a ser Gobernador.
—Mentir al Consejo no es una opción –levanté la mirada a William, su descaro
comenzaba a enfurecerme en serio.
—Victoria –Elizabeth volvió a hablar –confiesa de una buena vez ¿Alexander sigue
siendo nuestro Gobernador o no?
Me enderecé y los mire a todos, no deje rostro sin observar. Necesitaba analizar por
donde escaparíamos, deseaba saber en qué lugares se encontraban los Guardias que nos
ayudarían a escapar.
Ni por un segundo deje que alguien descubriera lo que realmente sentía en ese
momento, de lo aterrada que estaba de saber que esos vampiros que apoyaban al
Consejeros, irían por nuestras cabezas en un futuro.
Finalmente observé a Alex y respondí a la pregunta de su estúpida madre.
—Alexander Lenardis, como siempre ha deseado, sigue siendo el Gobernador de los
vampiros.
Los Consejeros se observaron, sin saber qué hacer. Era mi palabra contra los
rumores que había escuchado Lina, nada más. Por un momento pensé que me iban a dejar
libre, que todo esto saldría bien, pero era una alternativa imposible.
Escuché con claridad que tres puertas se abrieron, a los costados y detrás de mí. Al
girarme pude ver como entraba Cristóbal junto con varios Rebeldes más, por las otras
puertas también se acercaron otros seres… ¡demonios!
Cristóbal sonrió de forma tenebrosa y de su espalda desvainó su espada de plata,
con la que acababa a los que ahora eran de su misma especie. Idiota. Llevaba sus manos
cubiertas con cuero para no tener algún accidente con su arma.
—Creo que difiero con esa respuesta, Gobernadora. Usted fue quien me convirtió en
lo que soy ahora.
Con aquel tono mordaz, casi letal… había dejado en claro todo lo que estaba negando
cinco segundos atrás.
“Te dije que te quedaras a mi lado, Victoria, ahora seguirías con vida”
Sentí asco al escuchar su voz en mi cabeza, pero no deje que lo notara, es más… le
respondí.
“Eso nunca será posible y lo sabes muy bien, siempre seré el Amor de Lenardis”
Cuando Cristóbal se lanzó a por mí, todo se volvió en un caos.

Aquel rubio traidor estuvo a cinco metros de donde me encontraba, pero Mortum y
Ezequiel llegaron a mi rescate. El primero liberó mis muñecas y tobillos en una fracción de
segundo, mientras que el segundo me daba un par de armas. Lina se lanzó con toda rapidez
contra Cristóbal.
—Victoria –dijo Alex a mi lado, observó atento si estaba equipada correctamente –
tengo que ponerte a salvo, pero también… —observó hacia donde se encontraba Cristóbal
con Lina, justo para cuando un licántropo atrapó entre sus fauces a Lina y la lanzó lejos.
—Ve, no te preocupes –le había prometido que Cristóbal sería acabado por sus
propias manos, no le negaría aquello.
—Tenemos que irnos –dijo Mortum –ninguno de ellos le hará daño, Gobernadora.
— ¿Cómo sabes que…?
—Viky, vamos.
Al notar la complicidad de Mortum y Ezequiel, me di cuenta que Mortum no era tan
pálido como nosotros para ser caucásico, ademas que sus ojos tenían un brillo diferente.
Sin embargo, mis dudas quedaron claras cuando sin aviso alguno su ropa se fue rompiendo
hasta convertirse en un asqueroso licántropo. Tan solo le tomó cinco segundos.
— ¡Viky!
— ¡Bien! –le grité a Ezequiel.
Nos giramos para poder salir por un costado del Consejo, pero a diferencia de lo
esperado, no era los rebeldes quienes no atacaban, sino que eran los Guardias del Consejo
que venían por nosotros. Sin embargo, Ezequiel se puso a luchar como ninguno mientras
Mortum trataba de evitar que nos mataran y que él mismo saliera herido.
Levanté la mirada para observar a los Consejeros, para mi sorpresa, tanto Eder como
Elizabeth y Raúl, estaban con la boca abierta, sorprendidos. Este último fue el primero en
reaccionar, ya que en un segundo llegó al lado de Elizabeth, la tomo del brazo e hizo que
bajara… estaban escapando, aquello era sensato.
Mi atención se fue hasta donde se encontraba William, quien también estaba en busca
de una salida, pero a aquel vampiro, no le permitiría salir invicto por lo que nos había hecho.
Sin poder controlarme me dirigí con aquel incómodo y dramático vestido rojo con dorado.
Corrí a por él y en un segundo lo estampé contra su propia piedra que sostenía su trasero
cuando se sentaba en el.
— ¡Victoria! No lo hagas piensa en Tessa.
Ni siquiera le dirigí una palabra. Sino que le disparé justo sobre el pecho, para que
así la plata se lo fuera comiendo de a poco. Su mirada de horror y sus gritos me dejaron en
claro que estaba sufriendo.
Me giré de inmediato para observar que sucedía a mí alrededor. No podía permitirme
el tiempo para dar un discurso a mis enemigos, solo debía aprovechar mi oportunidad
porque no era ninguna luchadora profesional… y sin duda lo haría con el resto de los
Consejeros que estaban involucrados en las atrocidades que los Rebeldes habían sufrido.
Me escondí por unos segundos en la oscuridad que me proporcionaba la pared,
detrás de aquellos gigantes asiento de piedra. Aun escuchaba los gritos de William cuando
ante mis ojos aparecieron la pareja, Kurt y Jilly. Les disparé antes de que notaran mi
existencia, pero en el caso de ellos fue directo en la cabeza, para que murieran
rápidamente.
Luego corrí bajo la luz artificial, hacia al otro asiento de piedra para poder atrapar a
Samuel, pero este sin previo aviso apareció desde atrás y me atrapó del cuello. Mis manos
se fueron a su pecho en una fracción de segundos, antes que quisiera decapitarme. Él era
muy fuerte, pero no tan rápido, estar a mitad de la madrugada y haber dormido poco, no lo
hacía tan invencible… Ser antiguo tenía sus desventajas, siempre me lo había dicho Alex.
Como siempre, mi vampiro me dio en el pasado el dato de donde se podían llevar
ciertas armas. No me costó descubrir bajo aquella túnica negra la daga de plata que
escondía aquel vampiro, el problema fue que al sentir aquel mineral, me quemó la
extremidad y la deje caer. Por un momento me vi perdida, asesinada y sin existencia alguna.
— ¡Samuel! –aquella voz la reconocía, era Aníbal.
Antes que ninguno de los dos nos diéramos cuenta de su llegada, este atravesó con
algún arma la cabeza de Samuel mientras que otras manos me alejaban del vampiro que
me apresaba. Al girarme pude ver como a Aníbal le costaba un montón poder acabar con
su contrincante. Samuel había sido el primer Gobernador, no era para menos.
Sin embargo, quien le dio el fin a todo, fue Alanna, que se encontraba a mi lado. Le
dio un disparo certero en la cabeza, para que la plata acabara con él tan rápido que no
pudiera herir a nadie más.
—No importa lo antiguo que sean, un disparo a la distancia correcta los eliminará igual
que un vampiro neófito –dijo Alanna con una expresión extraña, mortífera.
Iba a decirle lo agradecida que estaba, pero escuché el grito de Marco a la distancia,
que llamaba a mi vampiro. Aquello logro que mis piernas temblaran.
— ¡Alexander! –su grito lo escuche con claridad, todo parecía haber quedado en
silencio para que yo pudiera escucharlo.
Salí de la oscuridad que los asientos de piedras nos entregaban. Por un momento
todo se detuvo y se volvió en cámara lenta. Busqué a mi Alex con la mirada, recorriendo
toda la gran sala… nadie siguió luchando.
— ¿Alex?
A mi derecha pude ver como algo se movió lentamente. Un filo extraño de alguna
espada atravesaba su espalda, desde su hombro hasta el centro de su tórax, en forma
diagonal. Su ropa comenzaba a cubrirse de aquella sangre muy oscura que todos los de mi
especie teníamos.
Cristóbal sacó su arma para darle un último golpe a mi Alex, a nivel de su cuello, justo
cuando otros cinco hombres dejaban de sujetar a Alexander para que Cristóbal lo hiriera.
La sonrisa de aquel traidor era inigualable, estaba en el apogeo de su felicidad.
No tenia arma alguna para poder dispararle, pero de todas formas caminé segura
hacia donde estaban ellos, sintiendo como si todo mi cuerpo estuviera rodeado de llamas,
como si mi rabia estuviera absorbiendo cada célula de mi cuerpo.
Justo en el momento que mi amado vampiro cayó de rodillas y que Cristóbal levantaba
sus manos para darle un último golpe a Alex, me fui apoderando de la mente a aquel traidor.
No tengo la menor idea, pero aquel vampiro se quedo quieto, sin poder moverse mientras
yo me acercaba hasta donde se encontraba.
Nadie se movió, todos se quedaron como estatuas observando lo que sucedía,
incluso Marco que había corrido para salvar a Alexander, pero al parecer todos sabían que
algo increíble estaba ocurriendo.
Había inmovilizado al traidor tan solo con mi mente. Nuevamente nuestra conexión
estaba sirviendo para destruirlo, como con Fay.
— ¡Basta, Victoria! –escuche que gritaba Cristóbal, pero su voz parecía tan lejana, a
pesar de que estábamos a dos metros, que ni siquiera me detuve a contestarle.
Con brusquedad le quite aquella horrible espada, aunque me quemara y la arrojé a
metros de distancia. Sin dedicarle ninguna palabra al rubio vampiro metí mi mano derecha
al nivel de su abdomen.
Los ojos de Cristóbal se abrieron desmesuradamente cuando comencé a destrozar
su cuerpo. Sin embargo, al estar conectados de esta forma, podía sentir exactamente como
yo misma me hacía daño, todo lo que él percibía, mi cuerpo también lo asimilaba.
Me fui deshaciendo de él, poco a poco. Podía escuchar sus gritos, tanto los que salías
por su boca como los que atormentaban su mente. Yo me quede estoica, hasta que alcancé
su corazón, el que extraje hasta lanzarlo al suelo. Sus ojos se abrieron desmesuradamente
cosa que termine al rodear su cuello con mis manos. Enterré mis dedos en su piel, músculos
y tendones, destruí poco a poco sus huesos… para ese entonces ya no teníamos conexión
alguna, lo tenía en mis manos. No necesitaba ejercer otro poder en él, no valía nada.
Arranqué su cabeza de un solo movimiento y luego la lancé a metros de distancia. Su
cuerpo cayó de rodillas ante mí, decapitado. Le di un golpe en su pecho y lo lance lejos.
—Nadie –dije mirando el cuerpo de Cristóbal, destrozado –dañará al Gobernador de
los vampiros, mientras yo esté aquí.
Una extraña sensación de calor, de tranquilidad comenzó a abordarme, era como si
algo dentro de mi pecho comenzara a irradiarse por el resto de mi cuerpo. En ese segundo
supe que había vuelto a tener mi conexión con Alexander.
Me giré lentamente para ver en qué condiciones estaba él, temía por él y no quería
ver cuán herido estaba. Cuando mis ojos se encontraron con los suyos, no pude evitar
lanzarme hasta donde se encontraba. No nos separaba ni siquiera un metro.
Él estaba recostado en ese frio suelo de piedras. La sangre escapaba de él como si
se hubiese vuelto un manantial, había una poza de esta bajo él.
—No, no te atrevas –dije tratando de tomar su cabeza, de acariciarlo, pero temía
tocarlo.
Estaba muy mal herido, una horrible herida lo traspasaba de forma diagonal, por poco
Cristóbal había partido parte de su cuerpo en dos.
—Lo siento –susurró, pálido como nunca –no te pedí perdón de rodillas, pero esto
cuenta ¿no?
—Cállate, no seas tonto… luego me tendrás que pedir muchas veces disculpas, mira
como ha salido tu plan.
Él sonrió, pero aquello hizo que una mueca de dolor apareciera en su rostro.
—No me dejes, no te atrevas ¡te lo prohíbo Alexander! Me debes muchas cosas para
que me dejes.
Tomé su mano izquierda, para que me sintiera, quizás de esa forma se quedaba
conmigo.
—Vas a ser… una excelente… Gobernadora, amor.
— ¡Ya basta! Eres un vampiro, no te mueres como un humano.
—La falta de sangre, es otra… forma de morir.
Antes que pudiera regañarlo por esconderme aquella información, sentí una mano en
mi hombro. Era Naida.
—Vivos o muertos, todos estamos hecho de carbono… y yo manejo dicho elemento,
ese es mi don que ofrezco ante ti, Gobernadora, por el erro de mi hermana Fay –dijo ella
inclinándose y arrodillándose a mi lado.
Sin demorar otro segundo en habladurías, la mano de aquella hada comenzó a
acariciar a Alexander, antes que pudiera alterarme, pude ver como sus tejidos comenzaban
a unirse de una forma increíble, casi mágica. La herida fue cerrándose hasta tal punto de
quedar como nuevo.
— ¿Alex? –lo llamé cuando Naida terminó su trabajo.
—Una cosa es curarlo y otra muy diferente es la sangre –respondió ella, mirándome
preocupada.
Antes que cayera en desesperación, Marco llegó a mi lado.
—Tenemos que sacarlo de aquí, buscar sangre humana y darle de beber, vamos –se
inclinó y sin ningún delicadeza tomo el cuerpo de Alex para ponerlo sobre su hombro. Era
una imagen grotesca, los dos eran demasiado grandes. Ahora parecían un ser gigante.
Cuando observamos hacia donde podíamos dirigimos, caímos en cuenta que una
batalla se estaba llevando a cabo hace cinco minutos atrás. Pero todos estaban tranquilos,
atentos para ver lo que sucedía.
Nadie nos trató de atacar cuando comenzamos a caminar hacia la puerta más
cercana, es más, a medida que avanzábamos, los diferentes vampiros, licántropos y hadas,
inclinaban su cabeza. No entendía porque lo hacían hasta que Alanna llegó a mi lado.
—Eliminó a sus enemigos, Sra. Lenardis, acabó con el Consejo… —recién en ese
segundo me di cuenta de lo que acaba de hacer, pero no le pude dar importancia, no cuando
Alex estaba prácticamente terminando su existencia.
—Corre Marco, rápido –le dije al ver que nadie nos haría daño.
Sin duda salimos de ahí rápidamente, como nadie más lo habría podido hacer. Solo
alguien que amaba y apreciaba a otra persona, podría correr así de rápido.
Al estar tan cerca de la costa, no nos fue difícil encontrar a una pareja de enamorados,
así que mientras Marco dejaba en un lugar seguro a Alexander yo dejé inconscientes a dos
humanos para llevarlos hasta donde estaba Alex.
Casi como si me hubieran dicho lo que tenía que hacer, abrí sus arterias para que la
sangre cayera justo en la boca de Alex, Marco se preocupaba de que sus labios no se
cerraran. Solo estuvimos alrededor de quince minutos en aquella misión, la sangre de
aquellos humanos fue drenando su vida en corto tiempo.
No obstante, los siguientes quince minutos me quede plantada sobre la arena,
escuchando las olas que chocaban contra las rocas, esperando a que mi vampiro
despertara.
—Victoria… —dijo Marco con un tono que me dejaba en claro que sus esperanzas
habían acabado.
— ¡No! –Le grité encolerizada — ¡no volví a él para que me deje en este lugar! ¡No
otra vez!
—Lo podemos llevar a tu habitación.
Asentí, sin decir nada y sin siquiera mirarlo, mis ojos solo estaban concentrados en
Alex, en sus parpados cerrados.

Marco no demoró mucho en llegar hasta donde estaba mi habitación. Entramos sin
ningún problema por la puerta trasera del hotel para finalmente dejar recostado a mi Alex
sobre la cama. Luego se retiró sin decir palabra alguna, estaba tan ensimismada que ni
siquiera le agradecí lo que había hecho.
Cuando cerró la puerta me deje desmoronar al ver a Alexander tan vulnerable ¿cómo
había pasado esto?
Con mis últimas fuerzas subí a la cama y me recosté a su lado, apoyando mi cabeza
sobre su hombro. Entrelazando mis dedos con los suyos.
—Por favor, no me dejes…si tu no despiertas, yo tampoco lo haré.
Como si mi cuerpo hubiese recién percibido todo el esfuerzo que lleve a cabo, mis
fuerzas se fueron acabando hasta que no pude siquiera seguir despierta por Alexander. La
última conexión con Cristóbal había acabado conmigo, ya no podía seguir.
Después de cerrar mis ojos, supe que me había sumergido en un último sueño. No
quería seguir si es que no era con Alex, así que me fue muy agradable darme cuenta que
estaba soñando con él, cuando estuvimos bajo el agua amándonos.
—Te amo –le dije entresueños, ya que era imposible hablar bajo el agua.
—Y yo a ti –dijo sonriendo.

Luego todo se volvió a negro.


CAPÍTULO 20
No sé qué hora marcaban los relojes, pero para cuando abrí mis ojos el sol se estaba
escondiendo, no tenía la menor idea cuantas veces había ocurrido desde que me entregué
a Morfeo, pero si supe al instante de despertar, que Alexander no estaba a mi lado.
Había una gran mancha de sangre como prueba de que estuvo a mi lado la última
vez que estuve despierta, pero ahora no había nadie.
— ¿Alex? –dije tratando de sentarme, pero fue inútil, pareciera que todo mi cuerpo
estaba débil por el esfuerzo que hice para evitar que el bastardo de Cristóbal matara a mi
vampiro.
No sabía si había logrado mi objetivo, ni siquiera estaba segura antes de dormirme
que él estaba vivo. Y ahora me encontraba tan cansada y sin energías, que ni siquiera me
podía mover.
— ¡Alexander! –dije frustrada al no poder sentarme o saltar de la cama en su
búsqueda. Comencé a desesperarme.
Aquellos sentimientos que no controlaba me daban la fuerza que no tenía, por lo que
luego de un par de minutos me puse de pie, con la ayuda de las paredes que me servían
de apoyo. Me dirigí de esa forma, casi desvaneciéndome hasta la sala… porque si, esta no
era solo una habitación cualquiera, sino que tenía hasta cocina, sin embargo, aquello no
tenía importancia alguna el día anterior…o los días pasados. No tenía la menor idea cuanto
tiempo me la pase durmiendo.
Estaba por alcanzar el comedor para ver si él se encontraba ahí cuando la puerta
principal de la gran habitación se abrió. Me quedé de piedra cuando vi que era Lina, vestía
con un traje blanco, lucia muy elegante, pero su expresión de preocupación me dijo todo lo
que no deseaba saber.
Algo en mi interior comenzó a romperse por pedacitos.
—Victoria, lo siento mucho… retiraron su cuerpo ayer, tu no despertaste. Venía a
verificar si tú te encontrabas bien.
Caí de rodillas, sintiendo como todo mi pecho se partía por la mitad. Sabía que no era
posible, pero la desesperación era tan grande que fue como si necesitara de forma vital el
oxigeno, que no llegaba ni era procesado por mis pulmones vampíricos.
—Te traerán sus cenizas pronto –dijo ella con una mueca de incomodidad.
— ¿Victoria? –Me quede helada al ver cómo Alexander aparecía por la puerta,
quedando al lado de Lina — ¿Pero qué…?
Abrí mi boca sin poder decir nada, él estaba ahí, sano y salvo. Incluso se veía fuerte
e invencible como siempre. Tan solo estaba usando unos jeans y un suéter azul, además
de unos zapatos bastante casuales.
— ¡Lina! ¡Eres una idiota! –dijo el gritándole, descubriendo lo que estaba pasando.
Corrió hasta donde me encontraba –Amor, lo siento.
—Solo fue una broma –dijo ella, cruzándose de brazos y mirándome sonriendo –
quería ver si de esa forma terminaba muriendo y podía ocupar su puesto para gobernar, es
una pena que los infartos no sean una forma de acabar con nosotros.
— ¡Retírate ahora mismo! –le gritó furioso Alex.
Él me tomo en brazos y me llevó hasta el sofá, que era lo más cercano a nosotros.
— ¿Victoria? –preguntó al ver que seguía catatónica, solo lo quede mirando, sin poder
creer que estuviera a salvo –amor, di algo.
Tan solo lleve mi mano hasta su mejilla y lo acaricié, sintiendo como quería rendirme
al sueño que me atacaba de nuevo, pero antes de que eso sucediera, Alex se acercó tanto
a mí que su cuello quedó a mi merced. Lo mordí sin dudarlo, estaba agotada a tal nivel que
necesitaba algo de sangre.
Bebí de él solo unos segundos, los suficientes para poder recuperar mi cuerpo. Haber
tenido una conexión tan fuerte con Cristóbal había acabado con mis energías por completo;
cada vez que nos comunicábamos telepáticamente terminaba muy mal, estar dentro de él
y controlar su cuerpo casi acaba conmigo y si no caí antes fue por mi preocupación por el
bienestar de Alexander.
“¿Cómo te sientes, amor mío?” Me estremecí al escuchar su voz en mi mente.
— ¡Oh Alex! –dije abrazándolo, sintiendo cada momento que la fuerza volvía a mi
cuerpo. Su sangre era magnifica.
—Por fin despiertas, estuviste dormida tres días, por un segundo pensé que me
habías dejado.
— ¿Qué? –Dije incrédula — ¡Tú eras el que se estaba muriendo en mis brazos! ¡por
un momento pensé que nada te salvaría! Tenía tanto tiempo, Alex.
—Sí, es cierto –respondió con una sonrisa que jamás había visto, creo que era
¿timidez? –las cosas no resultaron como esperaba, pero fuiste tú quien hizo un gran
esfuerzo… vi como lo desgarraste parte por parte. Lo hiciste mucho mejor a mis planes, ver
su cara de terror fue el mejor regalo que me pudiste dar.
—Todo el dolor que él sintió, yo también lo percibí… fue horrible, pero no me detuve
hasta que estuve segura que podía tenerlo en mis manos y acabar con él.
—Todo el mundo lo vio y nadie deja de hablar sobre ello, te has ganado una fama
bastante única. Cristóbal perdió toda fe cuando tú lo atacaste, nadie cree que tú lo
convertiste en algún momento y que por lo tanto debía ocupar el lugar del Gobernador,
ahora todo el mundo piensa que tienes un poder oscuro y misterioso para acabar con los
demás, solo con tu mente.
Me quede helada al escuchar lo que decía, pero luego comencé a reír de lo ridículo
que sonaba aquello. Aunque ver a Alexander sin herida alguna también me relajo hasta el
punto de reír aliviada.
—Pero que locura, eso es estúpido… todo sucedió muy rápido, ni siquiera me di
cuenta de lo que estaba haciendo. Solo me enfurecí al ver que te hería ¿Cómo sucedió
eso? Tu eres casi invencible, Alex.
—Casi –dijo sonriendo, incómodo –sobrevaloré a Cristóbal, sin duda alguna, fui
demasiado confiado. Estuve luchando con él por un buen rato, pero luego… no sé de dónde
sacó esa otra cuchilla, la enterró directo en mi pecho para luego atravesar parte de mi
cuerpo con su estúpida espada… realmente fue un idiota, ya que si me hubiese atacado
con una bala de plata, me habría acabado en cosa de segundos.
—Me alegro que no se le haya ocurrido –dije escondiendo mi rostro en su cuello, sin
poder creer aun que estuviera a salvo. Sentir su aroma era algo tan gratificante que es
imposible describirlo.
—Así fue como tú acabaste con los Consejeros ¿no? –pude sentir como se tensó al
pronunciar esas palabras.
—Exactamente, en el pecho de William y las cabezas de Kurt y Jilly. Alanna acabó
con Samuel. Ninguno valía la pena Alex, debían morir, llevaban años jugando con los
demás, nada los haría cambiar ahora, ni siquiera los demás Consejeros que estaban
“limpios” –dije por Eder, Elizabeth y Raúl –ya que no les interesaba el bienestar de los
demás.
—También me informaron de ello, y luego con Marco me ayudaron a salir de ahí –por
lo que entendí, no deseaba hablar lo sucedido con los Consejeros, no era para menos, su
madre se había comportando como una verdadera bruja, haciendo la vista gorda con un
problema tan grande, solo para acabar conmigo.
—Claro, todo gracias a Naida que unió tu cuerpo, su poder es impresionante –aun no
dejaba de sorprenderme con aquello, casi parecía haber sucedido en un sueño.
—Sí que lo es –respondió acariciando mi cuello — ¿Victoria?
Levanté la mirada para encontrarme con sus ojos.
“Bésame…”
No demoré un segundo en cumplir su petición. Me acerqué a sus labios y estos se
unieron a los míos de forma lenta y cuidadosa mientras sus brazos rodeaban mi cintura y
me ubicaban sobre su regazo, a horcajadas de él. Mi cabello se había soltado y ahora caía
como una cortina por ambos costado, cubriendo nuestros rostros.
—No me agrada este vestido, tiene demasiada tela –dijo para después comenzar a
romperlo por la espalda, logrando desgarrarlo y dejar mi espalda desnuda. Para cuando
comenzó a bajar la parte delantera del vestido, la puerta de la habitación se abrió sin ningún
aviso.
—Señores –mire hacia atrás, cubriéndome, avergonzada.
Estábamos en el centro del sofá mientras que Alanna estaba de pie, cubriendo su
rostro con una agenda… su estúpido cuaderno de cuero marrón donde tenía todos mis
horarios anotados ¿Cómo la había conseguido? Nuevamente lucía vestida de forma nada
casual, con un traje gris y tacos altos.
—Alanna… —dijo molesto Alex, con voz ronca.
—Lo siento mucho –dijo ella, sin descubrir su rostro –pero Lina me informó que la
Sra. Lenardis había despertado, todo el mundo está atento a dicho acontecimiento y ahora
debe viajar a Roma para poder realizar la nueva ceremonia, así que en cinco horas
debemos estar allá. En el antiguo Consejo.
Miré a Alexander sin comprender una sola palabra que había dicho Alanna.
—Está bien –respondió él –nos encontramos abajo en una hora.
—Sus trajes están en el armario…
Dio media vuelta y se fue, dejándonos una privacidad que había sido robada cinco
segundos antes. Deseaba con todo mí ser volver a lo que habíamos dejado, pero Alanna
me dejo con ciertas dudas.
— ¿Qué sucede? ¿De qué hablaba Alanna?
Alexander estaba inexpresivo, incluso se tomó unos segundos antes de decir palabra
alguna.
—No sé cómo decirte esto sin que te lo tomes de mala forma.
— ¿Qué hiciste? –pregunté de inmediato.
— ¿Por qué dices eso? No me he comportado de mala forma en bastante tiempo –lo
quede mirando sin decir nada –como sea, yo no he hecho nada, más bien fuiste tú quien
buscó esto, de forma involuntaria.
— ¿De qué estás hablando? Explícate.
Él sonrió levemente y luego se puso de pie.
—Durante estos tres días se llegó a un consenso entre los oficiales de los Guardias
y los Rebeldes, ya que el Consejo fue destruido y se necesita un líder, alguien que
represente a toda la especie y arregle lo que sucede en la actualidad… se llegó al anuencia
de que esa persona, serías tu.
Comencé a reír como si me hubiesen contado el mejor chiste de todo el mundo. Lo
que decía Alex era ridículo, yo no solo recién había cumplido un año siendo vampiro,
además era muy joven aun, tanto en esta especie como en mi tiempo de humana, Alex
había repetido muchas veces que me convirtió antes de tiempo, aunque ya sabíamos el
motivo de aquello.
—No seas ridículo, dime que está pasando en realidad, no mas bromas por hoy, que
con Lina ya me bastó.
La seriedad de Alexander se prologó cada vez más qué fue lo suficiente para creer
que no estaba jugando.
— ¡¿Qué?! –Dije saltando del sofá — ¡no, no quiero! ¿Pero quién demonios dio esa
opción?
—Yo –respondió levantando los hombros.
— ¿Qué has dicho? –Por un momento sentí cierto alivio — ¿es para que tu sigas
gobernando?
—No –negó sonriendo –yo me daré unas hermosas vacaciones mientras tu trabajas,
me encargare de mis negocios que he dejado de lado.
—Alex…
—Es broma que lo hice por eso, pero si fui yo y no para seguir con el poder, eso sería
estúpido, tú no eres nada manipulable… en ese sentido. Si lo hice fue porque realmente
creo que eres la adecuada, si necesitas o me pides ayuda no dudaré en dártela, se viene
un largo trabajo ahora.
Negué a sus palabras mientras retrocedía, sin poder creer en lo que me había metido.
—Tú fuiste quien demostró lo que sucedía con el Consejo, quien vengó a las victimas
cuando acabaste con los culpables… hiciste todo por el bien de la especie, eso lo vieron
tanto ellos, los Guardias y los otros Gobernadores.
—Pero tú eres mi esposo, también tienes que…
—No –dijo de inmediato él, acercándose y tomando mis brazos para que me sentara
con cuidado sobre el sofá –yo no estaré a tu nivel amor, nadie confía en mí como para llegar
a gobernar otra vez y tampoco deseo estar involucrado en ello. Todo esto me hizo ver que
realmente ya no estoy comprometido con la causa.
— ¡Si, si lo estas! No hagas esto –dije negando –sabes que no puedo hacer esto. Si
no quieres, nos vamos juntos.
—Yo tengo mucha fe en ti, eres como un camaleón, te adaptarás tan rápido que no
te darás cuenta cuando manejes todo a tu antojo y de forma adecuada.
—No quiero Alexander, no lo haré.
—Amor… no tienes opción –dijo sonriendo –deberás empezar con esto, quizás no
dure más que un par de años, pero deberás enfrentarlo. No estarás sola.
Negué, sin poder creer lo que estaba ocurriendo.
—Ahora debes arreglarte, debemos viajar en auto así que nos tomará unas cuatro
horas llegar a Roma ¿sí? –negué, pero él no me tomó en cuenta, sino que me tomó entre
sus brazos y me levantó del sofá.
—No quiero –dije rodeando su cuello con mis brazos –mis planes eran tener
vacaciones por unos largos meses, Alex… como nunca hemos podido hacerlo.
—Y lo haremos –dijo empujando la puerta del baño con su pie –antes de que tomes
el poder por completo.
Me dejo sobre el suelo y sin ningún apuro esta vez comenzó a deshacerse de mi ropa,
esta cayó al suelo, dejándome solo con mi ropa interior.
—Aunque en este momento estoy tentado a raptarte para que no vayas a ningún lado
–se acercó hasta las llaves y dejo que el agua comenzara a caer –debes estar lista pronto.
— ¿No te meterás conmigo a la ducha? –dije nada entusiasmada con darme una
ducha sola.
—Si llego a entrar ahí contigo, no te dejaré salir –se acercó y sin ningún preámbulo
tomó mi mentón para poder besarme.
Justo cuando estaba empinándome y tratando de alcanzar su camiseta, él se alejó,
dando un par de pasos.
—Apresúrate.
Lo hice, me duche y seque el cabello en cosa de segundos, sintiendo un alivio como
ninguno al darme cuenta que él estaba sin rasguño alguno. Mi Alexander estaba con vida
y por lo visto muy decidido a que yo siguiera todo esto de gobernar. No estaba muy
convencida.
Estuve lista en menos de media hora. Me envolví en una toalla para ir por la ropa que
Alanna había preparado, pero mis planes quedaron en nada cuando noté que Alexander se
estaba vistiendo, estaba lo bastante concentrado como para no escucharme ya que ni
siquiera me sintió cuando llegue hasta la puerta. Me aproveché de esos segundos para
poder observarlo.
—No me tientes –dijo abrochando su pantalón para después tomar su camisa blanca
–no nos queda tiempo, amor.
— ¡Por eso no quiero seguir en esto! –dije caminando hasta el blanco armario de
donde saque un portatraje, el que tiré sobre la cama, después tomé los zapatos.
—Trata de no decir ese estilo de frases cuando estés con alguien más –dijo
abotonando su camisa.
— ¿Es qué acaso tú no quieres estar conmigo? –pregunté sacando el traje… era todo
negro y traía pantalones, interesante.
—No digas tonterías –dijo Alexander ubicándose detrás de mí y rodeando mi cintura
con sus brazos –quiero que todo esto pase pronto para tenerte por días solo para mí –sus
labios besaron mi cuello mientras comenzaba a tirar de mi toalla –pero si continuas
tentándome de esta forma, no seré nada considerado con los demás.
—No quiero que lo seas –dije sonriendo cuando me quede desnuda. Con cuidado me
fue recostando en la cama, sobre la ropa.
—Llegaremos tarde, amor mío –dijo besando mi hombro.
Sonreí, sin duda llegaríamos retrasados, pero me importaba un comino.

Nos demoramos alrededor de cuatro horas en llegar a Roma, ambos estábamos


correctamente vestidos aunque mi pantalón se arrugó bastante por la actividad fuera de
cronograma que llevamos a cabo.
No me alejé ni por dos centímetros de Alexander, tenía la necesidad de estar a su
lado, de poder tocarlo y saber que estaba bien.
“No me iré a ningún lado, Victoria”
Sonreí emocionada porque él pudiera saber lo que pensaba y me respondiera
mentalmente. Además sus labios contra mi cuello me mantuvieron contenta todo el camino,
aunque me estuviera susurrando lo que era más adecuado hablar en la ceremonia.
—Señores, ya hemos llegado —Ezequiel iba de chofer esta vez, así que bajó con
nosotros. Durante el camino mi querido amigo me confesó que Mortum había usado una
sustancia bastante peculiar para esconder la escancia de su naturaleza ante mi olfato, que
además era parte de los Rebeldes y había sido él quien dio aviso a Cristóbal y los demás
para que llegaran a juicio. No me pude enojar con Mortum, ya que gracias a él habían
interrumpido lo que sería mi sentencia de muerte.
El Consejo que se encontraba en Roma, quedaba en un edificio que habían creado
hace siglos los vampiros, siempre que había un Gobernador de una ciudad diferente al del
anterior, se creaba una nueva fortaleza donde se analizaban todos los temas de importancia
para la especie.
Si esto iba en serio ¿harían uno en Chile? Lo dudaba mucho.
La casa de cemento que había ante nosotros, era solo la fachada, exactamente como
los Rebeldes, pero en este caso, la casa estaba vacía, solo en su interior había una segunda
puerta en el suelo, que nos llevaba al gran Consejo.
Cuando Ezequiel desapareció de nuestra vista en la oscuridad, me aferré al brazo de
Alex.
—Esta es nuestra oportunidad, escapemos ¿sí? y nos olvidamos de todo, pero no
como fugitivos.
Él sonrió al escucharme, pero no me dio indicios para creer que me seguiría si
escapaba.
—Soy demasiado joven –dije nerviosa, negando a lo que estaba pasando.
—No importa, has demostrado que puedes con esto… lo harás bien, amor.
No espero a que le respondiera, tan solo tomó mi mano y comenzamos a bajar las
escaleras. Adentrándonos en aquella oscuridad. Al igual que cuando me presenté ante los
Consejeros, después de terminar los escalones, recorrimos un pasillo para terminar en un
amplio y alto salón donde cabían alrededor de quinientas personas. En este lugar habían
graderías por los lados, con lujosos asientos… estaban llenos, al igual que los lugares a
mis costados.
—Han llegado muchos vampiros, estos últimos tres días –dijo Alexander.
Presioné con tanta fuerza su mano que él tuvo que tirar un poco la mía para que
dejara de usar tanta fuerza. No teníamos un espacio muy amplio, ya que había gente por
ambos lados. Todos vestían elegantemente. Nada de aquello me ayudaba a calmarme.
“Te dije que no estarías sola en esto”
Entrelacé mis dedos con los de Alexander y me concentré en no demostrar cuan
asustada estaba, aunque si hubiese tenido un sistema central normal, ahora estaría
temblando.
—Muy bien…
Caminamos con Alexander entre ese estrecho camino que nos dejaban los demás,
realmente la elección de Alanna había sido acertada, me sentía muy cómoda caminando
con mis pantalones de tela negros, mi blusa y blazer del mismo color. Llevaba mi cabello
tomado y correctamente ordenado.
Recorrimos todo el trecho hasta llegar a los gigantescos asientos de piedra, todos
estaban vacios.
—Hasta aquí llego yo –dijo Alexander antes de subir un par de escalones que me
dejaban en una plataforma que me dejaría observar a todo el mundo desde donde me
encontraba.
— ¿Alex?
—Sube, Gobernadora –dijo sonriendo de una forma que no pude entender, aunque
no era negativa ¿era orgullo?
Subí los escalones y luego me giré para darle la cara a todos los vampiros que
estaban atentos a todos mis movimientos. Levanté la vista y me tragué todo el pánico
escénico que estaba sufriendo. Comencé a recordar todo lo que Alexander me había
aconsejado durante el viaje.
—Buenas noches a todos –dije mirando de un extremo a otro –estoy honrada de
recibir la función que me han asignado tras los diferentes hechos, sin embargo, no me creo
merecedora de estos –lo ultimo lo había dicho de forma espontánea, ya que con Alexander
habíamos preparado otro discurso.
—Gobernadora –me giré al escuchar una voz que conocía. Era Amarok, junto a Naida
que se acercaban hasta donde me encontraba –todos hemos llegado a la resolución de que
eres la más adecuada para representar a los vampiros, sabemos que eres joven y que no
tienes tanta experiencia en este mundo como nos gustaría, pero eso mismo te hace única
para poder sobrellevar este cargo.
—Demostraste una valentía única, tanto para tu especie como para tu propia pareja.
No te limitas cuando ves que algo está dirigiéndose hacia el lado equivocado –dijo Naida,
sonriendo, con uno de sus vestidos tan característicos… esta vez llevaba uno rojo.
—Y no tienes favoritismo por ninguna especie –cuando escuché la voz de Raúl me
gireé de inmediato a él, aunque tuve que controlarme para no avanzar hasta él y pedirle
que me salvara –no estarás sola en esto.
“Tranquila” miré a Alexander y solo asentí, no había nada que pudiera hacer para
detener esto, ni siquiera si yo no lo deseaba.
Volví a mi lugar, mirando los rostros de quienes esperaban mi respuesta.
—Me comprometo a velar por el bien de mi especie como de las demás –dije mirando
a los otros Gobernadores –escuchando los consejos que sean adecuados y acabando con
las injusticias que se presenten, haciendo que los responsables paguen de acuerdo a sus
delitos.
“Y yo me comprometo a mantenerte entretenida en tu tiempo libre. Sonríe un poco,
Victoria”
Me fue inevitable no hacerlo, más aun cuando comenzó a decir un montón de
acciones barbáricas que deseaba hacerme. Me había unido a un pervertido.
No pasaron ni siquiera dos segundos después de hablar cuando tanto mi esposo
como el resto de los vampiros, licántropos y hadas que ahí se encontraban, inclinaron una
rodilla para aceptar mis palabras.
Al ver a todas esas personas en esa posición, sentí como mi ego subía, pero me
obligué a calmarme, aunque fuera emocionante que un montón de personas confiara en
que haría bien este trabajo, no podía dejar que el orgullo me cegara.
Realmente aun me costaba asimilarlo.

Después de aquel día todo comenzó a pasar demasiado rápido para mi gusto, tuvimos
que volver a casa pero solo para empacar nuestras cosas, nos mudaríamos a Londres
donde estaba gran parte de los vampiros y Europa era el el continente donde más se
concentraban. Aquello fue extenuante y agotador, pero pudimos lograrlo en una semana.
Como la única Gobernadora vampírica, ya que Alexander a pesar de ser mi esposo,
no debía involucrarse con nada… todo lo que sucedió en el pasado lo había marcado ante
los ojos de los demás, incluso de los demás Gobernadores; ahora debía ir a un montón de
reuniones para poder arreglar el caos que sucedía en nuestra especie. Alex me decía que
no me pusiera ansiosa que algo como esto, se resolvería en años, así que él con diferentes
técnicas lograba que no me estresara. Aunque no podía desmerecer el apoyo que me daba
tanto Marco, que había hecho parcialmente las paces con Alexander; Ezequiel, que junto
con que pareja, Mortum, estaban viajando por todo el mundo, informando a los diferentes
vampiros que no pudieron llegar a la ceremonia de mi nombramiento y dejando en claro
que se debería estar atentos a los siguientes cambios, que por lo visto, serian mucho;
también a mi lado, aunque era un desagrado, estaba Lina, que era muy eficiente pero que
siempre tenía esos comentarios fuera de lugar, nunca seriamos amigas pero sin duda era
un aporte considerable; Finalmente tenía a Raúl y Alexander que eran mi apoyo
fundamental cuando estaba en alguna conjetura, hasta ahora no me habían dado ningún
Consejo que yo haya dudado en aceptar.
Después de que llegáramos a Londres, donde solo pudimos descansar tres días, me
sumergí por completo a lo que se trataba todo este trabajo, es por ello que tuve que crear,
junto con Aníbal un método para poder tener a alguien que me informara lo que sucedía en
diferentes países, es por ello que ahora no tenia Consejeros, sino Representantes, que
acudían a mi ante cualquier calamidad y que debían informarme de todo lo que sucedía,
dos veces al mes. Era práctico, pero nos quedaba mucho trabajo. En ningún momento
Elizabeth se presentó ante mí, Alexander me explicó que diera por perdida esa relación ya
que ella le había dicho claramente que no quería saber nada de mi… supongo que el tiempo
diría que pasaría con ella.
Tuvo que transcurrir un mes para que todo se calmara, quedaban mil cosas que
solucionar, pero por lo menos ya estábamos planificando la base, es por eso que recién en
ese momento, Alexander me dio la mejor idea del mundo… escapar de aquel continente
por un tiempo. Cosa que a nadie le pareció extraña, siendo que habíamos tenido que
soportar mucho en el pasado. Aunque si tuvimos a alguien que se negaba a liberarnos.
—No es adecuado, Gobernadora –dijo Alanna aferrándose a esa maldita agenda.
—Quiero vacaciones, mi marido por poco murió ¿crees qué eso no es suficiente
estrés?
—Sí, pero hay cosas más importantes –respondió muy segura de sí misma.
—Lo siento, Victoria –dijo Aníbal, caminando hacia donde estaba Alanna –yo me
encargaré de ella, es una rebelde –para mi sorpresa, él cubrió la boca de ella desde atrás
mientras Alanna trataba de escapar de sus brazos, pero sin dificultad alguna él se la llevó,
después de besar su mejilla.
Nadie más puso algún otro obstáculo, por lo tanto no tuvimos ninguno problema para
irnos a nuestra hermosa casa de la playa, en Chile.
Era ahí donde nos encontrábamos ahora, luego de haber espiado por unos momentos
a mi familia. Decidí que esa sería la última vez que los visitaría, no tenía sentido ir a verlos
sin presentarme ante ellos; solo me causaba dolor y nostalgia de una vida que no tendría
jamás de vuelta.
Ahora entre la oscuridad de la habitación, pero bajo la luz de la luna que se colaba
por la hermosa ventana mi espalda se arqueaba por las caricias de mi vampiro. Los dientes
de Alexander se apoderaron del interior de mi muslo derecho, bebiendo de mí como si no
hubiera mañana.
—Alex… —sus labios atraparon los míos justo para cuando su erección entraba en
mi cuerpo. Aquello fue inesperado y no pude evitar gemir contra su boca.
— ¿Si, Gobernadora? –Preguntó apoyando su frente contra la mía — ¿necesita algo?
—A ti –dije apoyando mis manos en sus hombros –siempre a ti.
—Eso puedo arreglarlo –sus labios besaron mi cuello mientras sus embestidas
aumentaban, siendo más profundas.
Mi mente se nubló por largos minutos por el placer que me daba Alex, los gemidos
que escapaban de mi boca eran frecuentemente silenciados por su boca, mientras lograba
que mi cuerpo se perdiera por culpa de él. Y no era tan solo físicamente, sino que mi mente
estaba envuelta en la de él, podía sentir como descubría con exactitud lo que me volvía
loca, por lo que si antes me dejaba en las nubes, ahora me elevaba mucho más.
— ¿Alex? –dije luego de alcanzar mi máximo nirvana junto a él.
Sus ojos tan profundos se quedaron concentrados en mí, al verme reflejada en ellos,
tuve una tranquilidad que hacía mucho tiempo no sentía.
—Yo también te amo –dijo anticipando mis palabras.
Apoyé de nuevo mi cabeza en la almohada, sintiendo como los labios de Alex volvían
a mi cuello. Por lo visto sería una larga noche… una de muchas, nada nos apuraba.
Teníamos la eternidad en nuestras manos.

FIN