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ADORACIÓN
VERDADERA
Lugares de
encuentro con Dios
en el Antiguo Testamento

Alejandro De Luca
ADORACIÓN VERDADERA - 2
Alejandro De Luca

Dedicatoria
ADORACIÓN VERDADERA - 3
Alejandro De Luca

Prólogo

Parados frente a la inmensidad de lo eterno, los seres humanos levantan su mirada a los
cielos. Las preguntas se suceden. Existenciales, profundas, esenciales. Otras preguntas
pueden esperar. La pregunta por Dios, en cambio, exige una respuesta inmediata. Es una
sed que demanda ser saciada. Cuando concluimos desde la fe que Dios existe, que Él es,
los creyentes no sólo obtenemos una respuesta filosófica; no sólo encontramos paz para
el alma. Encontramos el punto de partida para nuestra vida de adoración. ¿Por qué
adoramos a Dios? Las respuestas son múltiples. Algunas de ellas se desarrollan en las
páginas que siguen. Adoramos a Dios porque Él es digno, porque Él lo merece, porque
Él lo demanda; por quien Él es y por lo que hace; y porque de lo profundo de nuestro
ser la gratitud y el asombro se unen en una explosión de alegría y en un íntimo
recogimiento: podemos estar en contacto con ese Dios que otras culturas consideraron
lejano, inaccesible. Podemos acercarnos a Él, Dios cercano y amoroso, levantar nuestras
manos, doblar nuestras rodillas, rendirle culto; gritar de júbilo, susurrar su Nombre casi
en silencio; cantar, aplaudir, llorar…

¿Qué lugar ocupa hoy la adoración en la vida de la iglesia y en la vida de los creyentes?
La adoración es un fenómeno tanto individual como colectivo. Tanto personal, íntimo y
singular, como congregacional, plural y grupal. En los tiempos que corren la adoración
ha ganado lugar en nuestras reuniones; una renovación importante se ha experimentado
en la adoración en toda América latina y en buena parte del mundo cristiano. Como todo
lo que hacemos en público, con la adoración sucede que corremos el riesgo de perder de
vista su dimensión personal. Un creyente sincero no solo adora en el culto de su
congregación; sino que vive la adoración como un estilo de vida, se relaciona con lo
eterno cada día, en medio de las alternativas cambiantes y confusas de la vida, en medio
de las pruebas y las alegrías. Es un pre-supuesto de este texto que la vida cristiana
equilibrada incluye tanto la adoración pública como la privada; tanto la personal como
la congregacional. Que son dos caras de la misma moneda, inseparables,
consistentemente bíblicas.
ADORACIÓN VERDADERA - 4
Alejandro De Luca

Este libro está dividido en cuatro partes: en la primera pondremos el foco en el altar
como lugar de adoración; en la segunda parte, nos centraremos en el arca y en la vida de
Samuel; en la tercera, en el tabernáculo de David y en la idea de la restauración de la
comunión con Dios; y en la última parte, analizaremos situaciones de adoración en
contextos desfavorables, haciendo eje en la vida de Moisés y en la experiencia de los
jóvenes cautivos en Babilonia.

Adoración verdadera surge de las palabras de Jesús a la mujer samaritana.


Volveremos a ellas varias veces en el texto. Solo digamos aquí que es central para
nuestro corazón de adoradores seguir la línea trazada por el Señor cuando le dijo a
aquella mujer abrumada:

“La hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores


adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre
tales adoradores busca que le adoren.” (Juan 4:23)

Quiero invitarte a recorrer este libro con un corazón abierto a la adoración verdadera.
Que es espiritual, íntima y personal, congregacional y grupal. A veces ruidosa, otras
veces en quietud, pero siempre efectiva y eficaz para relacionarnos con la eternidad.
Dios bendiga este viaje que iniciamos juntos rescatando historias del Antiguo
Testamento que expresan de múltiples maneras el deseo de Dios y el deseo del hombre
por la adoración.
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1ª Parte

Edificando un altar
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Alejandro De Luca

Introducción:

En el Antiguo Testamento, mucho antes de todo culto formal, los hombres de Dios
edificaron altares para adorar a Dios. La manera en que aquellos hombres edificaron
esos altares, con espontaneidad y profunda devoción, a partir de experiencias vividas
con Dios, nos habla hasta el día de hoy de nuestra propia adoración.

La palabra “altar” significa literalmente “lugar de sacrificio”. En la antigüedad, se


trataba de una elevación de tierra y piedras sobre la cual se podía ofrecer un sacrificio a
Dios. Siglos antes de que la Ley de Moisés lo exigiera, los hombres se presentaban
delante de Dios para adorar. Lo hacían delante del altar.

Es notable que los patriarcas, cuando todavía no contaban con instrucciones precisas
acerca de cómo adorar, edificaran altares de manera espontánea y ofrecieran sacrificios
a Dios. Antes de que fuera establecido el sacerdocio, ya se establecían altares para Dios.

Según el texto del Génesis, Noé fue el primero en edificar un altar. Pero a su tiempo
Abraham, Isaac, Jacob, Moisés y Josué también edificaron altares a Dios. Y más tarde
Samuel, David y Elías, en diferentes momentos, también levantaron altares para honrar
a Dios.

Aquellos altares fueron levantados para conmemorar un acontecimiento, una


experiencia con Dios, un encuentro especial con Dios, de manera tal que desde un
principio el altar nos habla de una relación vital entre el hombre y Dios. El altar era un
lugar de encuentro.

Explorar las condiciones y las circunstancias en que aquellos altares se levantaron,


puede ayudarnos a reflexionar acerca de nuestra propia adoración: qué lugar ocupa hoy
la adoración en la vida de los creyentes, qué significa la adoración en la iglesia del siglo
XXI. En esta primera parte iremos tratando de enlazar y relacionar los altares del
Antiguo Testamento con la calidad y profundidad de nuestra vida de adoración.
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Este no es un texto académico sobre el Antiguo Testamento; es un libro sobre la


adoración. No pretendemos realizar aquí una Teología del Antiguo Testamento, sino
proponer una lectura inspiracional sobre episodios del texto bíblico que tienen un
elemento en común: el altar. De todos modos intentaremos, tratando de afectar lo menos
posible la continuidad de esa lectura, dar cuenta de ciertas complejidades históricas y
literarias derivadas de la escritura del Antiguo Testamento.

Con todo, no escapa a nuestra consideración, que efectivamente hay una mirada
teológica al poner el foco en la cuestión del altar. Porque el altar, como aparece en los
escritos del Antiguo Testamento, alude a la religiosidad en su sentido más puro: el altar
era el lugar donde la relación del hombre con Dios se hacía visible, se establecía o se
renovaba.

A lo largo de los siglos que transcurren desde los patriarcas hasta el reino de Israel ya
establecido, el altar representa la profunda necesidad de los hombres de Dios (hoy
deberíamos decir, los hombres y las mujeres de Dios) por acceder a la presencia misma
de Dios, por agradar a ese Dios, rendirle culto, adorarlo. Desde los tiempos patriarcales
(Abraham, Isaac, Jacob), e incluso pre-patriarcales (Noé), hasta los tiempos de los
profetas (Samuel, Elías), pasando por el esplendor monárquico (David), el altar se
levanta como símbolo de la espiritualidad más profunda y como reflejo del imperativo
de adorar a Dios en tanto Creador, protector, y garante del Pacto y de las promesas.

En las próximas páginas haremos referencia una y otra vez al altar personal de
adoración. Lo haremos con la convicción de que en el corazón de cada creyente, en los
mejores y en los peores momentos, a pesar de nuestras dudas existenciales, en medio de
tiempos difíciles, en circunstancias adversas y por momentos desconcertantes, se
levanta un altar para el encuentro con Dios. Y al decir encuentro, decimos a veces
reencuentro; otras veces, reconciliación; y otras, arrepentimiento.

Recorramos juntos diez altares de la antigüedad y descubramos su mensaje para nuestra


actualidad; exploremos estos diez altares en clave de nuestra adoración personal y
congregacional, y levantemos nuestra mirada a lo eterno y trascendente para alcanzar
una adoración verdadera.
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Capítulo 1: Olor fragante


Génesis 8:20 - Y edificó Noé un altar a Jehová, y tomó de todo animal limpio y de toda
ave limpia, y ofreció holocausto en el altar.

“Purifícame, límpiame Señor, y líbrame de lo que impida el fluir de tu amor”.


(Purifícame - Marcos Witt)

¿Qué habrá movido el corazón de Noé para tomar la iniciativa de edificar un altar?
Después del diluvio, Dios prometió no destruir nunca más la tierra por medio de una
inundación. Lo cierto es que movido por la gratitud, porque Dios lo había salvado a él y
a su familia; o bien porque estaba convencido de la fidelidad de aquel Dios que le había
ordenado construir el arca, Noé levantó un altar para Dios.

Anteriormente, Noé ya había hallado gracia ante los ojos de Dios. Génesis 7:1 nos dice
que él era justo en su generación. Terminado el diluvio, la bendición de Dios antes dada
a la primera pareja de seres vivientes, se repite: “Sean fructíferos, multiplíquense,
llenen la tierra” (Génesis 8:17; 9:1, 7).

La respuesta de Dios a esa demostración de devoción por parte de Noé manifestada en


el altar, fue prometerse y prometernos que nunca más la tierra sería destruida por causa
de la maldad del hombre. Dios parece auto limitarse en su soberanía, cuando dice “ni
volveré más a destruir todo ser viviente” (Génesis 8:21). Y añade un pacto especial
referido a la naturaleza: Nunca más se interrumpiría el ciclo natural de siembra y
cosecha, frío y calor, verano e invierno, día y noche (Génesis 8:22).1

Al presentarse ante el altar, un altar que hasta el momento no era exigido por Dios y que
nadie le había pedido, sino que fue la simple consecuencia de un corazón agradecido,
Noé fue consciente de la santidad que Dios reclamaba. Esa conciencia de Noé estuvo
representada en la clase de animales que ofreció: “Todo animal limpio, toda ave

1
El contenido de estas promesas formó parte de un “pacto eterno entre Dios y cada criatura viviente de
toda carne” (Génesis 9:8, 11, 16) simbolizado por el arco iris en el cielo. Junto con esta nota de la
bendición de Dios, estaba su rechazo explícito de maldecir la tierra otra vez por causa del hombre (8:21),
un recordatorio de una maldición similar sobre la tierra en Génesis 3:17. Walter KAISER (h), Hacia una
Teología del Antiguo Testamento, Ed. Vida, Miami, 2000, p. 109.
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limpia” dice el texto bíblico. Limpieza y perfección son la clave de la ofrenda que
presentó Noé delante del altar. En el altar se ofrecen cosas limpias2.

En cada corazón hay un altar. En cada hombre y mujer de fe se levanta un altar a Dios.
En nuestra intimidad venimos delante de Dios y nos presentamos ante Él. Sin embargo,
no siempre estamos limpios. Si miramos bien nuestro corazón, reconoceremos que
nunca estamos limpios. David lo expresó dramáticamente en el Salmo 51, cuando al
reconocer su pecado le pide a Dios: “Ten misericordia de mí, oh Dios, debido a tu
amor inagotable; a causa de tu gran compasión, borra la mancha de mis pecados.
Lávame de la culpa hasta que quede limpio y purifícame de mis pecados. (…)
Purifícame de mis pecados, y quedaré limpio; lávame, y quedaré más blanco que la
nieve.” (Salmo 51:1, 2, 7, NTV).

Cuando Noé presentó su holocausto en el altar, Dios “percibió olor grato” (Génesis
8:21); Él aprobó aquella ofrenda. La adoración de Noé llego a la misma presencia de
Dios. El apóstol Pablo, en Efesios 5:2 y Filipenses 4:18, usa la expresión olor fragante,
en reemplazo de la empleada en el Antiguo Testamento, olor grato3. En un uso libre de
las Escrituras como se estilaba en el Siglo I, aplica la expresión olor fragante a la
persona de Cristo (quien “se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a
Dios en olor fragante”); y también a la ofrenda enviada por los filipenses (“estoy lleno,
habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis; olor fragante, sacrificio acepto,
agradable a Dios”).

El rey David también tuvo una experiencia similar a la de Noé cuando se preguntó:
“¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo? El limpio de
manos y puro de corazón; El que no ha elevado su alma a cosas vanas, Ni jurado con
engaño” (Salmo 24:3,4). David tuvo la misma conciencia de la pureza que Dios exigía.

Ahora bien, la exigencia de pureza y santidad que Dios establece en su Palabra es una
vara colocada muy alta. De alguna manera, es una condición que aunque debemos
intentar, sabemos que nunca podremos alcanzar por completo. Los cristianos llevamos

2
En el A.T., altar, adoración, sacrificio y ofrenda son términos que están íntimamente relacionados.
3
Olor grato (Éxodo 29:18, 25, 41; Levítico 1:9, 13, 17; 2:2, 9, 12; 3: 5, 16; 4:31; 6:15, 21; 8:21, 28; 17:6;
23:18; Números 15:3, 7, 10, 13, 14, 24; 18:17; 28:2, 6, 8, 13, 24, 27; 29:2, 6, 8, 13, 36). En muchos de
esos casos, la ofrenda es “encendida en (o de) olor grato” a Jehová.
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varios siglos tratando de resolver el dilema entre intentar el imposible, o rendirnos ante
la dificultad de esa exigencia. Humanamente, pareciera que debemos entonces optar por
una de estas dos alternativas:

a) La opción más sencilla sería alejarnos de Dios, ya que nunca podremos cumplir
con todos los requisitos de limpieza y santidad que se nos exigirían para estar
delante de Él. Nosotros en nuestra imperfección, Él en su eterna perfección.
¿Para qué intentarlo? Un abismo nos separa. Aquella perfección es imposible de
alcanzar. Muchos toman este camino. Son aquellos que ponen como excusa para
no seguir a Dios el hecho de tener tantos defectos. Se sienten imperdonables, y
aunque parezca contradictorio (porque parecen muy humildes al acusarse de sus
imperfecciones), hay mucho de orgullo en aquello de “mis pecados son tan
especiales que Dios no podría perdonarlos jamás…”
b) La segunda opción es mucho más desafiante. Consiste en acercarnos a Dios de
todos modos, en un intento hacia la máxima santidad que nos sea posible, y
amparándonos para lo que no podemos alcanzar en su misericordia que cubre
multitud de pecados. Como diría el apóstol Pablo, “lo que ahora vivo en la
carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo
por mí” (Gálatas 2:20b). Es la valentía y el coraje de intentarlo; es la terquedad
y la obstinación (y también la verdadera humildad) de una vida de fe, que dice:
“De todos modos, edificaré mi altar y le daré a Dios lo mejor de mí. Él sabrá
suplir el resto…”4

El altar de Noé nos habla de presentarnos dignamente delante de Dios. Una tarea que,
de acuerdo con el mensaje del Nuevo Testamento, hoy solo es posible por la muerte de
Cristo en la cruz. Porque Él nos ha purificado con su sangre. Hebreos 10:22 nos dice
“…acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los
corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.”

En nuestros días, cuando tomamos la Santa Cena5, en cierto modo nos acercamos al
altar. El apóstol Pablo exhortaba a los corintios a “no comer indignamente” (1ª
Corintios 11:29). Y les recomienda “pruébese cada uno a sí mismo”.

4
“Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria.” (Filipenses 4:19).
5
La Cena del Señor, la Mesa del Señor, o la Eucaristía.
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¿Qué lecciones podemos extraer del altar de Noé para nuestra adoración?

Primero, que nuestra adoración responde al obrar de Dios por nosotros, a su obra
salvadora y redentora. Noé respondió con su adoración a la obra salvadora de Dios para
él y su familia, salvación que fue provista por medio del arca. Con razón, dice Chris
Jack que el patrón de adoración en la era patriarcal es siempre en respuesta a la
iniciativa de Dios.6

Segundo, que nuestra adoración es siempre inseparable de la santidad (condición a la


que parece que nunca llegaremos, pero a la que no debemos renunciar jamás).

Tercero, que nuestra adoración sube a la presencia de Dios y es percibida desde los
cielos como un olor grato, olor fragante. ¡Dios huele nuestra adoración! Para entender lo
que sucedía en los primeros altares del Antiguo Testamento, debemos hacer un esfuerzo
por comprender la mentalidad y la espiritualidad de los tiempos antiguos. Convencidos
de que solo la sangre obraba la purificación, en esos altares se sacrificaban animales. Y
esa ofrenda luego era quemada completamente delante de Dios. El humo de aquel
holocausto subía hasta Dios. Y era percibido por Dios como “olor fragante”. Y Dios
“olía” aquella adoración.

Cuarto, que a lo largo de los siglos, los hombres se han confrontado con el viejo dilema
de su indignidad: no somos dignos de presentarnos delante de Dios, pero necesitamos y
debemos presentarnos. Dios no está obligado a recibirnos, es más, no debería recibirnos,
pero anhela recibirnos. Y Dios, que desea nuestra adoración, nos hace dignos con su
propia dignidad.

Por último, hoy los sacrificios ya no son necesarios, ni tienen lugar porque Uno se
presentó por nosotros y ese sacrificio (Cristo) en la cruz, “con una sola ofrenda hizo
perfectos para siempre a los santificados” (Hebreos 10:14). Aunque nos cueste
creerlo, esa palabra habla de nosotros.

6
Chris JACK, Comprendiendo la adoración, Parte 3. En Matt REDMAN comp., Lo que todo adorador debe
saber, Ed. Peniel, Bs. As., 2004, p. 112.
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Queda sí, el altar, lugar de encuentro con nuestro Dios, símbolo de nuestra relación más
profunda con Dios. El altar de Noé es el altar de la santidad. Por eso: ¡Procuremos
presentarnos limpios delante de Dios! Y que el olor fragante de nuestra adoración suba
hasta la presencia misma de Dios.
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Capítulo 2: El lugar de la promesa


Génesis 12:7 - Y apareció Jehová a Abram, y le dijo: A tu descendencia daré esta tierra.
Y edificó allí un altar a Jehová, quien le había aparecido.

“Incomparables promesas me das, Señor” 7


(Canta al Señor – Ingrid Rosario)

Cuando comprendemos las promesas que Dios tiene para nosotros, surge en nuestro
corazón un irrefrenable deseo de adorarle. Génesis 12:7 nos cuenta el encuentro de Dios
con Abraham en Siquem. Aquel día Dios tenía buenas noticias para Abraham.

A un hombre viejo y sin hijos, le prometía descendencia. A un hombre que había dejado
su tierra para seguirle en una carrera incierta, le prometía ahora esa tierra que estaba
delante de sus ojos. A Abraham (cuando todavía era Abram), Dios lo había llamado a
salir de su tierra y de su parentela. Desde un principio, su desafío era salir a la tierra
que Dios le mostraría. (Génesis 12: 1).8

Abraham recorrió un larguísimo camino hasta Siquem. Y lo hizo “sin saber a dónde
iba”, (Hebreos 11:8). ¡No caben dudas de que Abraham merecía el título de “Padre de
la Fe”! “Padre de todos los creyentes” lo llama Pablo en Romanos 4:11. Ahora Dios le
estaba mostrando y prometiendo esa tierra.

La historia es conocida: Abraham y Sara no podían tener hijos. A la vejez de Abraham,


se le sumaba la esterilidad de Sara. Las ilusiones de tener una descendencia
probablemente se habían agotado bastante tiempo atrás. Y sin embargo, Dios le dice a
Abraham que le daría hijos.

7
“Nothing compares to the promise I have in You”. Shout to the Lord - Darlene Zschech, Hillsong Music
Australia.
8
Con Abraham comienza la religión y la fe de Israel; y la historia de la redención. Abraham aparece
como el primer ascendiente de la fe de Israel. La religión patriarcal tal como está escrita en Génesis no
es un anacronismo, sino que presenta un fenómeno histórico. Si bien el Yahvismo (culto a Yahvé,
Jehová) comienza formalmente con Moisés, el Dios de los patriarcas no fue otro que el mismo Yahvé. No
solo llamó a Abraham (Génesis 12:1) y conversó con todos los patriarcas, sino que fue adorado por los
hombres desde tiempos antiquísimos (Génesis 4:26). John BRIGHT, La historia de Israel, Ed, Methopress,
Bs. As., 1966, pp. 102-103.
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Cuando vemos que Dios le promete a Abraham la tierra que se extendía ante sus ojos, y
que además le promete tener hijos, muchas veces hacemos una rápida proyección a
nuestras propias vidas. Nos encantan las promesas. Mucho más cuando vienen a suplir
un imposible. Los hombres y las mujeres de Dios nos enfrentamos muchas veces a lo
imposible: un hijo imposible de tener, un trabajo imposible de conseguir, un bienestar
imposible de alcanzar, una familia imposible de unir, una casa imposible de edificar,
una enfermedad imposible de curar. A lo imposible de nuestras vidas, Jesús le puso un
nombre muy gráfico. Él lo llamo “monte”. En Mateo 17:20 Jesús les dijo a sus
discípulos que si ellos tuviesen fe “como un grano de mostaza”, le dirían “a este
monte: Pásate de aquí allá” y se pasaría; y agregó, como para que entendieran bien de
qué les estaba hablando: “Y nada os será imposible”.

¿Qué nos promete Dios a nosotros? Detengámonos un poco aquí. La manera en la que
recibimos o nos apropiamos de las promesas de Dios es muy particular. La Biblia está
llena de promesas9. Se nos promete salvación, vida eterna, vida abundante. También
salud, prosperidad y bendición para nuestros hijos. Sin embargo, la Palabra de Dios nos
muestra que lo que Él nos promete no lo obtenemos en un concurso del tipo “raspe y
gane su promesa”. Las promesas de Dios son algo mucho más complejo, y
comprometido. Son eventos dinámicos en los cuales Dios nos llama a hacer algo, y
nosotros aceptamos ese desafío. Son parte de un diálogo entre Dios y nosotros. Son
avenidas de doble mano, en las que Dios se mueve y nosotros nos movemos. Como
sucedió con Abraham al salir de Ur.10

Una promesa es algo que Dios anuncia que hará con nosotros, o por nosotros; es una
palabra recibida en el corazón y creída con fe. Y desde ese momento, aguardada con
esperanza. ¿Y quién puede discutirle la esperanza al hombre que aguarda con fe el
cumplimiento de esa promesa que cree que ha recibido de Dios? Podemos estar de
acuerdo en que lo problemático de recibir y creer en las promesas de Dios es su enorme

9
Tan llena de promesas está la Biblia, que hace un tiempo se ha editado la Biblia de Promesas, (Ed.
Unilit) que contiene destacadas en el texto más de 1800 promesas de Dios para nosotros.
10
“La prominencia asignada a la palabra divina en la era pre-patriarcal no disminuyó en los tiempos
patriarcales; en lugar de eso, aumentó. En efecto, se puede considerar como uno de los rasgos
distintivos de Génesis 12:50 porque repetidamente se presentaba a los patriarcas como los frecuentes e
inmediatos receptores de distintas formas de revelación divina. No es de sorprender entonces, que el
relato los tratase como ´profetas´ (Génesis 20:7; y más tarde en Salmo 105:15); como hombres que
tenían acceso inmediato a la palabra y al oído del Dios viviente”. W. KAISER, op. cit. p. 113.
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subjetividad. Pero no podemos negar el poder que tiene la fe de un hombre o de una


mujer que se aferra a las promesas recibidas de parte de Dios.

Al fin y al cabo, fue por la fe que Sara “siendo estéril, recibió fuerzas para concebir, y
dio a luz” (Hebreos 11:11). Los hombres y las mujeres de Dios se sostienen en Sus
promesas. En ellas esperan el tiempo de la prueba, y en ellas se afirman en días de
aflicción (aunque deban enfrentarse a lo imposible), cuando todo alrededor parece gritar
que no, que no sucederá, que Dios no lo hará. Que al fin y al cabo, todo se trató de un
malentendido.

La Biblia no esconde la verdad de que hay gente que muere después de años de esperar
algo sin recibirlo. “Todas estas personas murieron aun creyendo lo que Dios les había
prometido. Y aunque no recibieron lo prometido lo vieron desde lejos y lo aceptaron
con gusto. Coincidieron en que eran extranjeros y nómadas aquí en este mundo. (…)
Debido a su fe, todas esas personas gozaron de una buena reputación, aunque
ninguno recibió todo lo que Dios le había prometido.” (Hebreos 11:13, 39, NTV)

El hecho de que haya gente que muere sin recibir lo prometido, puede ser el argumento
exacto para aquellos que desean confirmar su incredulidad. Pero los héroes de la fe son
aquellos que se sostienen mientras tanto creyendo en esas promesas. Las promesas de
Dios están ahí, para ser recibidas y creídas; para que andemos por ellas. La fe es el
combustible para el “mientras tanto”, entendido éste como el seguir caminando los
caminos de Dios a pesar de las adversidades.11

Lo que distingue a la gente de fe, según Hebreos 11, es su capacidad para morir
creyendo. Al final, todos moriremos; pero las personas de fe son capaces de creer hasta
el final. Podemos decirle a Dios: “Señor, he decidido morir creyendo”. La paradoja (y
esto es central) es que los hombres y las mujeres de fe pueden morir creyendo, porque
antes eligen vivir creyendo. Esa forma de morir, es la consecuencia de una forma de
vivir.

11
La fe que no alcanza a ver sino solo de lejos lo prometido, es la que sin embargo nos capacita para que
alcancemos buen testimonio (Hebreos 11:39).
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Como personas de fe, esperaremos el cumplimiento de sus promesas, nos sostendremos


en ellas y no dejaremos de creer. Nuestra fe, si es verdadera fe, no depende de que
nuestros deseos o nuestros sueños sean cumplidos. Nuestra fe depende del Dios de la fe.
Y por ese Dios en quien creemos, sostenemos nuestra esperanza en lo que vendrá.

Volvamos al altar. Abraham recibió la promesa de Dios y edificó un altar. En el altar


hay promesas de Dios. Cuando recibimos sus promesas, edificamos un altar para
adorarle y reconocerle como nuestro Dios, Creador y Salvador. Porque no merecemos
sus promesas; las recibimos humildemente confesando nuestra incapacidad, pero
abriendo el corazón. Si Dios nos está prometiendo algo al corazón, edifiquemos un altar
y adoremos a Dios. Es la manera que tiene la gente de fe de expresar su devoción por su
Dios. El Dios de las promesas es un Dios que requiere ser adorado.12

12
La religión de los patriarcas fue de un tipo característico, completamente distinta del paganismo
oficial de la Mesopotamia y del culto a la fertilidad de Canaán. La pintura que de ella nos hace el Génesis
no es, ciertamente, a pesar de algunos hechos anacrónicos, una mera proyección al pasado del
yahvismo posterior. En la narración del Génesis cada patriarca es presentado como emprendiendo por
una libre y personal elección el culto de su Dios, al cual enseguida se entregaba. Esto no es una simple
proyección al pasado de la Alianza sinaítica, sino [que está] enmarcado en la costumbre antigua de la
relación contractual entre el jefe del clan y el dios del clan. BRIGHT, op. cit., p. 104.
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Capítulo 3: Invocando el nombre


de Dios
Génesis 12:8 - Luego se pasó de allí a un monte al oriente de Bet-el, y plantó su tienda,
teniendo a Bet-el al occidente y Hai al oriente; y edificó allí altar a Jehová, e invocó el
nombre de Jehová.

“No hago más que pensar en tu Nombre, Jesús. Y descanso…”


(Tu Nombre - Marcos Vidal)

Inmediatamente después Abraham se trasladó al este de Bet-el. Con su tienda, su


campamento, sus criados, sus posesiones. Y allí edificó otra vez un altar a Dios.
Todavía le duraba la intensidad del encuentro anterior con Dios, la promesa recibida de
tierra y posteridad, la contundente certeza de que Dios le estaba hablando, mostrándole
su voluntad, sus planes y sus propósitos. Todavía resonaba la voz de Dios en sus oídos.

La novedad en este caso es que aquí invocó el nombre de Jehová. El altar es un lugar
donde invocamos el nombre de Dios. Invocar es llamar, pronunciar su Nombre. Invocar
es reconocer en ese Nombre una autoridad, un don, una gracia, un poder. Invocar es
identificar a Dios con ese nombre que estamos pronunciando. Y familiarizarnos con Él,
hasta que se nos haga cercano.

Tenemos que hacer un esfuerzo para entender que Abraham no conocía a este Dios-
Jehová en un principio, que el nombre de Jehová es (desde el punto de vista de
Abraham) un descubrimiento, y al mismo tiempo (desde el punto de vista de Dios) una
revelación, progresiva y paulatina.13 Que Abraham va masticando, “rumiando” ese
Nombre como nombre-de-Dios, en un ejercicio que necesariamente significaba una
conversión. Tal vez así lo podemos entender mejor: Abraham se estaba convirtiendo de
sus dioses caldeos a este Dios nuevo y al mismo tiempo único, que ahora le estaba
hablando. Esa conversión implicaba un gradual cambio de hábitos y de costumbres

13
No podemos saber qué espiritual experiencia impelió a Abraham a prestar atención a un dios nuevo
que le hablaba, para, renunciando a los cultos de sus padres [las ciudades de Ur y Harán eran centros
religiosos del culto lunar] marchar bajo su mandato a una tierra extraña. Sin duda existieron factores
económicos, pero en vista de la naturaleza personal de la religión patriarcal, podemos estar seguros
que la experiencia religiosa jugó su parte, la emigración patriarcal fue un acto de fe condicionado por
las circunstancias de aquel tiempo, pero no menos real. BRIGHT, op. cit., p. 107. (El subrayado es
nuestro).
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sociales, y también afectaba su espiritualidad y por ende el tipo de adoración que


practicaba.

Y edificó entonces un altar para invocar su Nombre. Hay sencillez y profundidad en


esta acción. Un altar donde invocar el nombre de Dios. Solo para decir su Nombre, para
pensar en su Nombre. A partir de entonces el clamor de Abraham tiene un destinatario,
la necesidad de Abraham tiene un referente, un Dios a quien invocar. Parece poca cosa,
pero no lo es.

Años después también Isaac, el hijo de la promesa, invocará el nombre de Dios.


Génesis 26:25 nos dice que estando Isaac en Beerseba, Dios se le aparece como el Dios
de su padre Abraham, y le promete bendecirlo y multiplicar su descendencia. Entonces
Isaac “edificó allí un altar, e invocó el nombre de Jehová, y plantó allí su tienda; y
abrieron allí los siervos de Isaac un pozo.” Hay acciones de los padres que dejan
huellas en sus hijos, para bien. Isaac hizo lo mismo que su padre Abraham.

¿Hay acaso alguna manera en que los padres podamos transferir a nuestros hijos una
herencia espiritual? Sí. Que nos vean. Que nos vean invocar el nombre de Dios. Que nos
vean edificar altares. Y que se note en nuestro carácter, que puedan ver en casa nuestra
vida espiritual reflejada en el trato cotidiano. Como padre, quisiera invocar el Nombre
de Dios en mi altar de adoración, y respaldar esa experiencia con mi propio testimonio
de vida, de manera tal que mis hijos, el día de mañana, puedan repetir la experiencia.
(Sepa el lector que quien escribe en este punto no puede dejar de llorar).

Yo lo vi en mi abuelo Mingo, un hombre sencillo, leyendo la Biblia, haciendo sus


devocionales. Pensaba yo en mi adolescencia: “¿Qué entenderá este viejo?” Mi abuelo
apenas había completado el segundo grado de la escuela primaria… Pero cuando mis
padres por alguna razón viajaban y me dejaban al cuidado de mis abuelos, yo lo veía
invocar el Nombre de Dios. Sus días empezaban más temprano; mi abuelo leía su Biblia
más que nada por las mañanas y sin pretensiones.

Yo lo vi en mi padre también, preparando sus predicaciones, sus estudios bíblicos,


orando en soledad, preguntándole a Dios por qué, clamando y creyendo en medio de las
ADORACIÓN VERDADERA - 19
Alejandro De Luca

dificultades del ministerio pastoral. Mi padre y mi abuelo. Los dos me dejaron su


ejemplo. Yo los vi invocar el nombre de Dios, a cada uno en su altar.

Isaac habrá visto a su padre Abraham invocando el nombre de ese Dios que estaba
descubriendo. No una vez, muchas veces. Invocando el nombre de Jehová que se le
estaba revelando día a día, como el verdadero y único Dios. Y años después se encontró
frente a su altar, edificando su propio altar e invocando el nombre del mismo Dios. El
Dios de su padre Abraham. Como yo me encuentro ahora invocando el mismo nombre
de Dios que vi en mi padre y en mi abuelo. Edificando mi propio altar.

Hay hombres y mujeres que se convierten en una referencia incluso para Dios. ¡Que
enorme privilegio! Cuando Dios tuvo que decirle a Isaac quien era Él, tomó como
referencia a Abraham: “Soy el Dios de tu padre Abraham”. Dios es un Dios familiar, se
nos presenta como un Dios familiar. Qué bueno que Él pueda decirle a otros (nuestros
hijos, por ejemplo), para presentarse como un Dios familiar:

“Soy el Dios de
………………………………..…………………….”
(Aquí el lector puede poner su nombre).

Hombres y mujeres que invocan a Dios, hombres y mujeres que edifican altares para
Dios, se convierten en referencias de Dios para sus propios hijos, y también para otros
hombres y otras mujeres que buscan y desean conocer a Dios.

El altar es un lugar donde pensar en el nombre de Dios. “No hago más que pensar en
tu Nombre, Jesús. Y descanso…” canta Marcos Vidal. El altar es un lugar de descanso,
un lugar donde paramos la máquina, donde nos detenemos de la fatiga diaria. Donde
encontramos paz, aun en medio de la locura de las grandes ciudades. Donde el nombre
de Dios se hace palabra, viene a nuestra boca y es pronunciado con fe.

El Nombre de nuestro Señor Jesucristo, precioso, glorioso, grande, “es como ungüento
derramado” (Cantares 1:3). Hay unción en ese Nombre que viene a nuestros labios en
ADORACIÓN VERDADERA - 20
Alejandro De Luca

el altar. Cuando nos familiarizamos con Su Nombre, este deja de ser una formalidad
para transformarse en ungüento. Un Nombre que no solo se pronuncia, sino que también
se derrama. ¡Cuánta poesía hay en un nombre derramado! ¡Cuánta gracia en un nombre
derramado como ungüento! Ese Nombre cura, sana, libera, transforma. Hay poder en Su
Nombre.

El profeta Jeremías clamó delante de Dios: “…tú estás entre nosotros, oh Jehová, y
sobre nosotros es invocado tu nombre; no nos desampares” (Jeremías 14:9). Hay
momentos de clamor y desesperación en que Su Nombre sube a nuestra boca. Cuando
invocamos Su Nombre, venimos al altar y Él nos oye.
ADORACIÓN VERDADERA - 21
Alejandro De Luca

Capítulo 4: Hacia un encuentro con


Dios
Génesis 35:7 - Y edificó allí un altar, y llamó al lugar El-bet-el, porque allí le había
aparecido Dios, cuando huía de su hermano.

“Mejor es un día en la casa de Dios, que mil años lejos de Él”.


(La casa de Dios - Danilo Montero)

Jacob completa la trilogía. El padre, el hijo y el nieto. O el abuelo, el padre y el hijo.


Como se prefiera. Al igual que su padre y que su abuelo, Jacob también edifica un altar
para Dios.14 Al hacerlo, Jacob celebra, recuerda y conmemora una aparición de Dios.
Recuerda que Dios que se le había aparecido; en el altar de Jacob se celebra un
encuentro con Dios. Al igual que otros altares, este tiene una historia previa. Pero esa
historia es algo particular.

Algunos años antes, cuando Jacob huía de su hermano Esaú, quien había jurado matarlo
a causa de su traición, Dios se le había aparecido a Jacob. Aquella visión fue
extraordinaria, y fue mucho más que un fenómeno visual. Fue un verdadero encuentro
que transformó para siempre la vida de este joven estafador. Génesis 28:11-22 nos
cuenta la historia de aquel encuentro.

Jacob huía de su hermano luego de robarle la primogenitura, y todos los derechos y


privilegios que como hermano mayor Esaú tenía hasta ese momento. Huyendo llegó
hasta un lugar donde lo sorprendió el anochecer, y allí se detuvo a descansar. Se quedó
dormido y soñó. La visión transcurrió en un sueño. Jacob vio una escalera que subía
desde la tierra hasta el cielo; vio ángeles que subían y bajaban por ella. Dios le habló

14
“El culto de los patriarcas es descrito como extremadamente simple. En su centro estaba el sacrificio
del animal, como entre todos los semitas. Pero se realizaba sin clero organizado, en cualquier lugar, por
mano del mismo padre del clan”. Cuando estas familias “se asentaron en Palestina y comenzaron a
multiplicarse, la promesa de tierra fue considerada por ellos como cumplida. Los cultos ancestrales,
ahora practicados en santuarios locales, adquirieron así un prestigio enorme. Abraham estuvo muy lejos
de conocer lo que inició. No carece pues de razón histórica que los cristianos y judíos le reconozcan
como el padre de toda la fe (Gálatas 15:16; Romanos 4:3; Hebreos 11:8-10)”. BRIGHT, op. cit., pp. 108-
109.
ADORACIÓN VERDADERA - 22
Alejandro De Luca

desde lo alto de aquella escalera. Se le manifestó, se le dio a conocer. Se le apareció15.


Dios se presentó como el Dios de su padre Isaac y de su abuelo Abraham. Y le prometió
cosas maravillosas. Una tierra y una descendencia. Un nombre y una herencia. Y muy
especialmente, cuidado y protección que era lo que él estaba buscando y necesitando
más que nunca dadas las circunstancias. Finalmente, Dios le había prometido también
traerlo de regreso a ese lugar donde se encontraba durmiendo aquella noche.

Jacob se despertó lleno de miedo por aquella experiencia, pero al levantarse tuvo la
convicción de que Dios mismo estaba en ese lugar. Si Dios estaba allí, había hecho de
aquel lugar su propia casa. En una sencilla ceremonia, ungió con aceite la piedra que
había usado esa noche como almohada, y llamó Bet-el a aquella ciudad que hasta
entonces se llamaba Luz. Bet-el, que significaba Casa de Dios. Porque se dijo a sí
mismo “Este lugar no es otra cosa que casa de Dios y puerta del cielo”.16

Aquel joven que todavía no conocía muy bien al Dios de sus padres, se animó a hacer
un voto, a pactar con Dios. Si Dios lo llevaba y lo traía de regreso sano y salvo, si Dios
lo sustentaba con alimento y abrigo, y si lo cuidaba de todos los peligros del camino, ese
sería su Dios, Bet-el sería casa de Dios, y él le daría a Dios sus diezmos. Nótese que
Jacob se reserva la posibilidad de que Dios no lo hiciera. Y en ese caso él también
quedaría libre del compromiso asumido. Podría tener otros dioses, podría olvidarse de
Jehová si este le fallaba en lo que él necesitaba. Jacob tenía mucho que madurar
todavía… Todos tenemos mucho que madurar si en nuestro menú de opciones todavía
cabe la posibilidad de que Dios no sea nuestro Dios, y que nosotros sigamos nuestro
camino sin Él.17

15
También a Abraham, Dios se le había aparecido (“Y apareció Jehová a Abram, y le dijo: A tu
descendencia daré esta tierra…” Génesis 12:7).
16
“Los santuarios, residencias específicas de una divinidad, podían estar constituidos por objetos de la
naturaleza, revestidos para ello de un poder sobrenatural. Una piedra erecta podía dar a un sitio
determinado el carácter sagrado y crear ese estremecimiento que está en el fondo de toda experiencia
religiosa verdadera. Es ante uno de estos santuarios que Jacob exclama: ´Cuán temible es este lugar;
aquí está la mansión de Dios´ (Génesis 28:17)”. Edmund JACOB, Teología del Antiguo Testamento, Ed.
Marova, Madrid, 1969, p. 243.
17
En la sucesión Abraham – Isaac – Jacob vemos una revelación progresiva de parte de Dios.
Pacientemente, Dios trata con ellos, se les manifiesta cada vez con más claridad. La revelación de ese
Dios único va en aumento y los viejos resabios del politeísmo van dando paso a la afirmación de Jehová
como un Dios único. JACOB, op. cit., pp. 46-51.
ADORACIÓN VERDADERA - 23
Alejandro De Luca

Volvamos ahora al altar de Jacob. Pasaron muchos años. Dios cumplió su promesa.
Jacob estaba regresando a su tierra natal porque Dios se lo había ordenado en Génesis
31:2-13. Jacob volvía con una gran familia, con mujeres e hijos, con una gran
descendencia; también con evidencias del cuidado de Dios sobre su vida, evidencias de
que Dios había cumplido su parte del pacto. Jacob regresaba también con una renguera
extraña, como consecuencia de su pelea con el ángel. En su camino de regreso Jacob se
había reconciliado con su hermano Esaú.

Jacob regresa a Bet-el, ese lugar que llamó Casa de Dios, y entonces edifica un altar
para conmemorar aquel encuentro. Génesis 35:1 nos dice que regresa a Bet-el y edifica
el altar porque Dios se lo ordena: “Levántate y sube a Bet-el, y quédate allí; y haz allí
un altar al Dios que te apareció cuando huías de tu hermano Esaú”. ¡Dios le está
reclamando a Jacob que edifique un altar! ¡Dios quiere que él recuerde cuando huía de
su hermano! Ahora que las cosas se han encaminado para bien, Dios no quiere que
Jacob lo olvide.18

El altar es un lugar de encuentro. Pero para todos aquellos que queremos encontrarnos
con Dios, el altar de Jacob nos deja varias enseñanzas.

En primer lugar, Dios desea que edifiquemos un altar. Es la voluntad de Dios que
nosotros cultivemos nuestra relación con Él. A Jacob le dijo “Haz un altar al Dios que
se te apareció”. Escuchemos su voz, diciéndonos al corazón: “Edifica un altar para
mí”.

Segundo, un adorador desea estar en la casa de Dios. Jacob llamo a aquel lugar Bet-El,
casa de Dios. Siglos después, Jehová el Dios de Israel, recibió la ofrenda que surgió en
el corazón de David y se concretó de manos de Salomón. Un templo, una casa. Y aun
cuando Salomón mismo, en la dedicación del gran templo, afirma que ninguna casa que
podamos construir podrá contener a Dios (1 Reyes 8:27), el corazón de un verdadero

18
“Aún más asombroso fue que el mismo Señor apareció (lit. ´se dejó ver´ [wayyera]) por esos hombres
en lo que después se ha llamado ´teofanía´ (Génesis 18:1). En realidad, la presencia del Dios viviente
subraya la importancia y autenticidad de sus palabras de promesa, consuelo y dirección. (…) Los tres
patriarcas [Abraham, Isaac y Jacob] experimentaron el impacto de la presencia de Dios en sus vidas
(Génesis 12:7; 17:1; 18:1; 26:2-5, 24; 35:1, 7, 9). Cada aparición de Dios marcó un desarrollo mayor en el
progreso de la revelación, así como en las vidas de estos hombres”. KAISER, op. cit., p. 114.
ADORACIÓN VERDADERA - 24
Alejandro De Luca

adorador desea estar en ese lugar donde Dios habita y rendirle culto (Salmo 84:10). La
respuesta de Dios a Salomón se encuentra en 1 Reyes 9:3, “Yo he santificado esta casa
que tú has edificado para poner mi nombre en ella para siempre”.

Por último, Dios no quiere ser olvidado cuando nuestras cosas mejoran. Cuando Jacob
huía de Esaú, aterrorizado por la ira y las amenazas de su hermano, le había prometido
fidelidad a Dios. Ahora que las cosas habían cambiado para bien, Jacob no se olvida de
Dios. Muchas veces cuando pasamos momentos difíciles, le prometemos a Dios
cualquier cosa con tal de que nuestra situación cambie. Muchos, sin embargo, se olvidan
de Dios cuando todo mejora. La ingratitud reflejada en la respuesta de nueve de los diez
leprosos sanados por Jesús (Lucas 17:11-19) nos debe hacer reflexionar. El altar de
Jacob es el altar de un hombre agradecido.

Edifiquemos un altar en nuestro corazón. En el lugar donde Dios habita, allí donde Dios
se manifiesta, se aparece y se da a conocer. Allí donde Dios trata con nosotros.
Hagamos de nuestro corazón casa-de-Dios. Y tengamos allí – no solo en la iglesia, pero
también en la iglesia – un encuentro con Dios.
ADORACIÓN VERDADERA - 25
Alejandro De Luca

Capítulo 5: Una bandera en el altar


Éxodo 17:15 - Y Moisés edificó un altar, y llamó su nombre Jehová-nisi.

“Jehová nisi, Tú peleas por mí”


(Por quien eres Tú - Coalo Zamorano)

Poco después de iniciado el éxodo, Israel fue atacado por los amalecitas en Refidim
(Éxodo 17:8). El tránsito de los israelitas por el desierto los llevaba inevitablemente a
atravesar territorio de Amalec. Ante la inminencia del combate, Moisés envió a Josué al
frente de las tropas. Esta vez, Moisés estaría a cierta distancia del campo de batalla,
junto a Aarón y Hur.

Josué se dirige a la batalla. Moisés a una colina cercana, con sus dos colaboradores. La
vara de Dios estaba en su mano. El secreto del éxito estaba en esa mano, en esa vara
levantada. Porque “cuando Moisés alzaba su mano, Israel prevalecía; pero cuando
bajaba su mano, prevalecía Amalec” (Éxodo 17:11).

La batalla arreciaba, pero Moisés comenzó a cansarse; de modo que Aarón y Hur lo
sentaron en una piedra, y sostuvieron su mano en alto hasta el anochecer. Josué ganó
aquella batalla. Dios empezaba a preparar un sucesor.

¿Quiénes eran los amalecitas? Descendientes de Esaú, (también conocido como Edom)
los amalecitas habitaban un territorio entre el Sinaí y el Mar Muerto. A lo largo de la
historia, Moisés, Josué, Samuel, Saúl, y David tuvieron que pelear contra ellos, que
siempre representaron una seria amenaza para Israel.

Después de aquella victoria sobre los amalecitas, Moisés estaba agradecido a Dios; era
consciente de que solo la mano de Dios les había dado la victoria. Moisés edificó un
altar y dijo: “Jehová-nisi (Jehová es mi estandarte, mi bandera)”. Este altar era una
manera de conmemorar el triunfo que le permitiría a Israel continuar avanzando hacia
su tierra.
ADORACIÓN VERDADERA - 26
Alejandro De Luca

En el altar, Dios es nuestra victoria, nuestra bandera, nuestro estandarte. Una bandera
habla de identidad para una nación. Moisés lo sabía. Estaba estableciendo en esa
declaración que Israel tenía una bandera, una identidad y era el mismo Dios.19

Aquel día Josué estuvo en la batalla junto a sus hombres, pero la clave estuvo en la
colina. Desde allí Dios peleó por su pueblo y se volvió bandera. Moisés no tenía
cualquier vara en su mano. Aquella vara que levantaba era la misma que se había
convertido en culebra para convencerlo de que Dios estaría con él (Éxodo 4:4), la
misma que es llamada “vara de Dios” en manos de Moisés (Éxodo 4:20), la misma que
hizo granizar en Egipto (Éxodo 9:23), la que atrajo la plaga de langostas para forzar la
liberación de su pueblo (Éxodo 10:13), la misma que había abierto el Mar Rojo (Éxodo
14:16) para que los israelitas cruzaran en seco.

Cada vez que Dios nos da una victoria espiritual, podemos edificar un altar. Una
victoria espiritual es un triunfo o superación de los obstáculos que se nos oponen para
que podamos alcanzar los propósitos de Dios para nuestras vidas.

Ahora bien, en nuestras pequeñas o grandes batallas cotidianas, ¿dónde pensamos que
se encuentra la clave de la victoria? Algunos cristianos (encendidos, espirituales,
fervorosos creyentes), ponen siempre la clave en la colina; esto es, en el milagroso obrar
de Dios que nos capacita (casi de manera excluyente) para vencer. Llevado al extremo,
el hombre tiene poco que hacer aquí, solo esperar que Dios lo haga por él. Otros, en el
punto opuesto, (racionales y pragmáticos, sin llegar a caer en la incredulidad), dejan a
Dios empequeñecido en la colina, mientras resaltan una y otra vez la voluntad humana,
el carácter, la decisión, la valentía y otras virtudes que se destacan en el campo de
batalla.

Ud., ¿Dónde pone el acento? ¿En el Josué que pelea la batalla o en el Moisés que
sostiene la vara en alto, allí en la colina? Lo más difícil de conseguir, como siempre, es

19
Moisés fue el gran fundador de la fe de Israel. Y el Sinaí fue el lugar donde recibió la Ley y donde
estableció la alianza que lo constituyó como pueblo. “Los sucesos del Éxodo y del Sinaí, requieren una
gran personalidad tras ellos. Negar este papel (el del fundador de la fe) a Moisés nos obligaría a colocar
otra persona… con el mismo nombre”. Los especialistas discuten si el culto a Yahvé fue motivado por el
sacerdocio de Jetro [suegro de Moisés] (Éxodo 3:1; 18:10-12, 13-27) o por la tradición de su clan
materno (Éxodo 3:6; 15:2; 18:4). Lo cierto es que “la adoración a Yahvé, al pasar por Moisés, adquirió un
nuevo contenido y se convirtió en una realidad”. BRIGHT, op. cit., pp. 133-134.
ADORACIÓN VERDADERA - 27
Alejandro De Luca

el equilibrio. La vida cristiana equilibrada nos debería hacer entender que estas no son
verdades excluyentes, sino complementarias.

La verdad es que, en última instancia, los recursos con que contamos para alcanzar la
victoria espiritual siempre están en las manos de Dios. Pero nosotros, como Josué,
debemos salir a presentar batalla. Entendemos aquí el presentar batalla como esa parte
de nuestra voluntad, que se manifiesta en la vida práctica, y nos lleva a ir al médico en
caso de un problema de salud, a hacernos los análisis y a cumplir con la dieta
correspondiente; a madrugar cuando buscamos un empleo, a ser pro-activos y no
simplemente espectadores pasivos de lo que deseamos que Dios haga o nos dé. Pero
Dios está representado en aquella vara que Moisés tuvo en alto; es la intervención
sobrenatural, que al fin y al cabo, fue la clave para aquella victoria. La mano del Dios
Todopoderoso sigue siendo clave hoy para nosotros, por encima de nuestras habilidades
y de nuestra propia voluntad. Veámoslo así: la acción de Josué era necesaria; la de
Moisés, imprescindible.

En esos casos, cuando finalmente Dios nos saca del peligro, cuando su mano se mueve a
favor de nosotros (porque su mano nunca se cansa, nunca decae) debemos acordarnos
de Dios. Como en el capítulo anterior, vuelve aquí el tema de la gratitud y la memoria.
En ocasiones, nos olvidamos demasiado rápido de las grandes cosas que Dios hace a
nuestro favor. Moisés no se olvidó de la intervención trascendente de Dios en aquella
batalla.

Al levantar nuestro altar de adoración, sea Dios nuestra bandera. Hagamos de Dios
nuestra propia identidad. Somos hijos suyos, somos su pueblo. En Él tenemos identidad.
Cuando hayamos superado la batalla más feroz, reconozcamos a Aquel que nos da la
victoria. Y hagámoslo para seguir adelante.
ADORACIÓN VERDADERA - 28
Alejandro De Luca

Capítulo 6: El altar de la revelación


Éxodo 24:4 - Y Moisés escribió todas las palabras de Jehová, y levantándose de
mañana edificó un altar al pie del monte, y doce columnas, según las doce tribus de
Israel.

“Quiero entender qué es lo que mueve tu fiel corazón,


y lo que esperas de mí, buen Señor, para entregarlo.”
(Quiero entender - Jesús A. Romero)

Moisés recibió la ley de Dios en el desierto, probablemente en el Monte Sinaí. Esa ley,
la Torá, contenía toda la revelación de Dios para su pueblo Israel. En el libro de Éxodo,
desde el capítulo 19 leemos que Dios comienza a revelar su ley a Moisés para
compartirla con la congregación. La multitud que había salido de Egipto llegó hasta el
desierto de Sinaí y acampó al pie del monte (Éxodo 19:1, 2). En un primer momento,
Moisés sube al monte y recibe unas instrucciones preliminares (Éxodo 19:3-7), y
enseguida desciende para compartir esto con los ancianos. Luego se dirige al pueblo, y
la muchedumbre celebra estas palabras y se compromete a cumplirlas, (Éxodo 19:8).

En una segunda instancia, Dios le dice a Moisés que Él mismo descendería (Éxodo
19:9-19). Dios hablaría con Moisés, y el pueblo escucharía su voz. Todo esto sucede al
pie del monte (v. 17). Los capítulos 20 al 24 de Éxodo resumen lo que Dios habló aquel
día. La experiencia debe haber sido sobrecogedora: Dios hablando desde una nube
espesa, con voz de trueno; Moisés conversando con Él; y el pueblo entre temeroso y
asombrado, testigo privilegiado de la conversación entre su Dios y su líder.20

Al concluir esa experiencia, Moisés es llamado a subir al monte para recibir de manos
de Dios las dos tablas de piedra.21 Pero antes, comparte con el pueblo todo lo recibido
de parte de Dios. Es el momento en que escribe todo lo que había escuchado. Por

20
“El pueblo sintió intensamente la magnificencia y santidad de la presencia de Yahvé en el trueno de su
voz y en el efecto iluminador de su presencia que dejó al mundo natural en convulsiones sísmicas. Así
que le rogaron a Moisés que se llegara a Dios en su nombre y recibiera lo que él les iba a comunicar. De
ese modo, Moisés se convirtió en el primer levita en representar al pueblo”. KAISER, op. cit., p. 143.
21
“La Alianza fue la aceptación por parte de Israel de la soberanía de Yahvé. (…) Sus orígenes por lo
tanto deben ser buscados en el desierto y, podemos suponer, en la obra del mismo Moisés”. Al entrar
en la alianza, Israel “no fue un pueblo superior porque lo mereciera, sino un pueblo desvalido que había
recibido una gracia inmerecida. (…) La Alianza se mantendría solamente mientras fueran cumplidas las
estipulaciones divinas. Su mantenimiento requería obediencia y renovación continua, en cada
generación, por medio de una elección moral libre”. BRIGHT, op. cit., p. 154.
ADORACIÓN VERDADERA - 29
Alejandro De Luca

segunda vez el pueblo responde que hará todo lo que Dios ha dicho (Éxodo 19:8 y 24:3
refleja ese compromiso asumido por el pueblo; un compromiso que difícilmente podrían
cumplir).

¿En qué momento edifica Moisés un altar a Dios? Al compartir la revelación con todo el
pueblo, y antes de subir él solo a la cumbre del Sinaí. Era una manera de sellar
solemnemente aquel doble compromiso. El de Dios que mostraba su voluntad a Israel, y
el del pueblo que declaraba fidelidad a su Dios.

Este altar edificado por Moisés al pie del monte tiene la particularidad de ser el altar de
la revelación. Y tiene un aspecto congregacional, comunitario, ya que junto con el altar
levantó doce columnas, una por cada tribu de Israel. La celebración no queda en
exclusividad para Moisés y los ancianos. Involucra a todo el pueblo porque la bendición
de Dios era para todos ellos.22 Dios mismo estaba manifestando su Palabra y su
revelación en medio de su pueblo.

Pongamos el foco en este punto: la edificación de un altar de adoración también tiene un


aspecto que involucra a la iglesia. Cuando venimos juntos, “en la congregación de los
santos” (Salmo 149:1) a adorar el nombre de Dios, estamos levantando un altar como
pueblo de Dios. La dimensión individual o personal de nuestra adoración no debería
hacernos perder de vista el altar congregacional. Al ver entre las columnas a la que
representaba a su propia tribu, cada familia de Israel se vio identificada con la acción de
adorar delante del altar.

Dios no quería bendecir a unos pocos, sino al pueblo todo. Dios no tenía, ni tiene, un
criterio elitista. La revelación de Dios, el conocimiento de su voluntad, la liberación que
significaba ese conocimiento de Dios y sus propósitos, no era para un público VIP. Era
para todos. Su misericordia es para todos, su salvación está al alcance de todos. Dios no
quiere que se cierren las puertas a la masividad. No quiere ser encerrado en una
academia. Quiere ser publicado; y la publicación de su voluntad merece una
celebración: levantar un altar.

22
“El nombre del Dios de Israel fue Yahvé. (…) Israel adoró desde el principio, no a una divinidad local de
la naturaleza, sino a un Dios supremo, con dominio cósmico”. BRIGHT, op. cit., pp. 156-157.
ADORACIÓN VERDADERA - 30
Alejandro De Luca

No fue la única vez que la revelación de Dios dio lugar a la edificación de un altar. A su
tiempo también Josué y Samuel compartieron la Palabra con el pueblo. La escribieron,
la leyeron, la hablaron a la multitud.

Algunos años después, Josué, como sucesor de Moisés, lee la Ley al pie del monte Ebal,
y edifica un altar. “Entonces Josué edificó un altar a Jehová Dios de Israel en el
monte Ebal” (Josué 8:30). Y todavía unos años más tarde, Samuel compartía el consejo
de Dios con la gente en su casa de Ramá, donde también fue impulsado a levantar un
altar a Dios. “Después volvía a Ramá, porque allí estaba su casa, y allí juzgaba a
Israel; y edificó allí un altar a Jehová” (1 Samuel 7:17).

La Palabra de Dios es guía, es el consejo de Dios para nosotros y para la Iglesia; el


Señor nos muestra su voluntad (tanto en lo personal, como en lo congregacional) en su
presencia. El altar es un lugar donde recibimos palabra de Dios, la revelación de Su
voluntad para nuestras vidas. Cuando la revelación de Dios se une con la vida de un
creyente delante del altar, cuando la revelación de Dios es manifestada a su pueblo (y
este asume un compromiso de fidelidad al consejo de Dios delante del altar), suceden
cosas poderosas. Si edificamos un altar a Dios en nuestro corazón, recibamos su palabra
con fe. ¡Vengamos al altar a buscar y escuchar su consejo!
ADORACIÓN VERDADERA - 31
Alejandro De Luca

Capítulo 7: Un fuego que no se


apaga jamás
Levítico 6:13 - El fuego arderá continuamente en el altar; no se apagará.

“Dios, Tú que mantienes nuestro fuego encendido, encendido en la noche oscura,


mira la esperanza en nuestros corazones, la fe en nuestros ojos”.23
(Fires - Matt Redman)

En capítulos anteriores hemos visto el altar como una edificación espontánea, como el
fruto de corazones agradecidos. Aquí nos encontramos con otro tipo de altar: un altar
ordenado por Dios. Desde su construcción, este no es un altar improvisado, sino que
surge del diseño de Dios (las instrucciones las encontramos en Éxodo 27:1-8, y su
construcción en Éxodo 38:1-7)24. De modo que nuestra adoración muchas veces puede
ser - y debe ser espontánea; pero también deberíamos entender que nuestra adoración es
ordenada por Dios, diseñada por Dios, pautada por Dios, y aun demandada, exigida por
Dios.

Como dice Chris Jack, Dios merece nuestra adoración, Dios pide nuestra adoración y
Dios permite nuestra adoración.25 Es la ley del holocausto (Levítico 6:9-13); y según
ella, el altar debía estar siempre con el fuego encendido. Aquí encontramos los
siguientes elementos: leña, fuego y ceniza. Y un protagonista destacado: el sacerdote.

El fuego debía ser suficiente como para arder durante toda la noche. Sobre este se
colocaba el holocausto, que debía consumirse en su totalidad por la acción del fuego. La
leña26, debía ser colocada o agregada cada mañana, y el holocausto una y otra vez

23
“God who keeps our fires burning, burning through the darkest night, see the hope in our hearts, the
faith in our eyes”.
24
El altar del holocausto era de madera de acacia, recubierto con bronce, con todos sus utensilios de
bronce y una rejilla (también de bronce) con un recipiente inferior para recoger y luego extraer las
cenizas. Era transportable, por las varas que atravesaban los anillos en sus cuatro esquinas. El diseño le
fue mostrado a Moisés en el monte por parte de Dios mismo (Ex. 27:8).
25
Chris JACK, Comprendiendo la adoración, Parte 1. En REDMAN comp., 2004, pp. 41-44.
26
Hace ya algunos años, el Pastor Alberto De Luca (mi padre), en su mensaje Regresando al Altar,
hablaba de Los 4 Leños (que deberíamos “agregar” permanentemente para que ese fuego no se apague
en nuestro corazón): a. la Palabra de Dios; b. la oración; c. la adoración y la alabanza; y d. la comunión
de la iglesia.
ADORACIÓN VERDADERA - 32
Alejandro De Luca

acomodado sobre ese fuego permanente. Las cenizas debían ser apartadas del fuego del
altar, y luego sacadas afuera del campamento.

El rol de los sacerdotes era fundamental en esta ordenanza; ellos eran los encargados de
acomodar el holocausto en el altar, pero por sobre todas las cosas, de mantener el
fuego encendido. El fuego nunca debía apagarse.27

¿Qué nos dice el altar del holocausto acerca de nuestra adoración? Hay algo de
nosotros, humano, muy bueno pero humano, (esto es “natural”, o “carnal”), que debe
consumirse en el altar, hasta desaparecer. Nuestros méritos, nuestras mejores acciones,
aun las mejores intenciones. Nada de eso nos salva, nada nos hace “aceptos delante de
Dios” (Efesios 1:6-7). Nuestras habilidades, nuestros dones, nuestras capacidades,
nuestros talentos, nuestros ministerios… nos pueden llevar hasta el altar pero deben
consumirse allí.

Todo eso se lo ofrecemos a Dios en adoración. Es nuestra ofrenda de adoración. Lo


entregamos a Dios, hasta que se haga ceniza.

Hay cosas que pueden apagar el fuego, o debilitarlo. En el texto aparecen las cenizas. El
sacerdote también debía aprender a manejar las cenizas, (no solo el holocausto y la leña)
y las instrucciones de Dios son bastante claras respecto de lo indeseable de esas cenizas.
Cualquiera de nosotros que haga un asado con leña o carbón de leña, sabe que
demasiadas cenizas apagan el fuego. Antes de iniciar un fuego nuevo debemos sacar las
viejas cenizas. De una y mil maneras la Biblia nos habla de quitar además de poner.
Quitar las cenizas, antes de agregar leña. 28

27
Nótese que el sacerdote utilizaba unas vestimentas especiales (“vestidura de lino y calzoncillos de
lino”, v. 10) y luego “otras ropas” (más rústicas) para sacar las cenizas fuera del campamento.
28
“Esta base ética del rito aparece también en la legislación sacrificial. La historia del sacrificio en el
Antiguo Testamento es compleja; pertenece al estudio literario y arqueológico el arrojar luz sobre
cuánto es propiamente israelita y cuánto procede de Canaán; lo que se debe simplemente a la influencia
cultural del medio, nómada o agrícola, y lo que responde a una intención religiosa. Querer hacer en este
campo una síntesis absoluta coherente sería violentar al Antiguo Testamento mismo, que no logró
nunca unificar ni la terminología, ni el simbolismo sacrificiales. Dejando pues abierta la cuestión y
colocándonos en un punto de vista muy general, creemos poder distinguir, tras las tres formas
principales de sacrificio: don (olah, minchah), comunión (zebach, shelamin), y expiación (chettat,
´asham), tres aspectos de un mismo objetivo: asegurar la revelación de Dios. Por lo tanto, pensamos
que el sacrificio se inserta en el objetivo central del culto, que es la afirmación de la soberanía de Dios”.
JACOB, op. cit., p. 253.
ADORACIÓN VERDADERA - 33
Alejandro De Luca

Nosotros también debemos aprender a manejar las cenizas, a lidiar con los desechos de
nuestra vida, lo que contamina y debe ser quitado, lo que apaga el fuego y debe ser
llevado “fuera del campamento”. Nuestra vanagloria, nuestras apetencias personales, los
celos ministeriales… ceniza. Pura ceniza que apaga el fuego. Que ensucia nuestras vidas
y desluce la obra de Dios en nosotros.

En el Nuevo Testamento, el fuego es símbolo del Espíritu Santo (Mateo 3:11; Lucas
3:16; Hechos 2:3). Ese fuego debe arder continuamente en nuestros corazones, y
nosotros velar, estar atentos siempre, quitando las cenizas de nuestra propia humanidad,
nuestra “propia opinión”29, nuestros propios criterios y pensamientos; agregando leña,
vida del Espíritu, para que ese fuego nunca se apague. Una y otra vez el libro de
Proverbios nos advierte acerca de los peligros de confiar en nuestra propia opinión. El
necio, el perezoso, el aparentemente sabio, el hombre rico… todos pueden cometer el
mismo error: apoyarse irreflexivamente en su propia opinión, sin tener en cuenta (sin
humillarse ante) la opinión de Dios.

Nuestra tarea, como sacerdotes, la tarea de un verdadero adorador, es quitar las cenizas
de nuestra humanidad y agregar leña del espíritu cada mañana. En palabras del apóstol
Pablo, avivar el fuego. Ese es el consejo de Pablo a Timoteo: “Por lo cual te aconsejo
que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos.” (2
Timoteo 1:6)

29
Propia opinión. Proverbios 3:7; 16:2; 21:2; 26:5, 12, 16; 28:11; 30:12; Romanos 12:16.
ADORACIÓN VERDADERA - 34
Alejandro De Luca

Capítulo 8: El altar de la alabanza


Salmo 43:4 - Entraré al altar de Dios,
Al Dios de mi alegría y de mi gozo;
Y te alabaré con arpa, oh Dios, Dios mío.

“Todos, todos, exalten el Nombre de nuestro Salvador,


quien es digno, Tú eres digno” 30
(All arise - Michael W. Smith)

Hasta aquí el altar es un lugar de sacrificio. Así lo entendieron los patriarcas, desde Noé,
pasando por Abraham, hasta Moisés. Incluso en la legislación del holocausto, el altar
sigue siendo un lugar de sacrificio.

Pero algo va a cambiar con David. En muchos aspectos su espiritualidad es


revolucionaria. Para David, el altar es un lugar de alabanza. David concibe el altar, no
como un lugar de silencio ceremonial, sino como un espacio abierto de sonido y
celebración.

Notemos algo muy interesante: David no solo quería ir… sino entrar al altar. A ese
lugar de sacrificio, lo entendió como lugar de gozo y alegría. En el Salmo 100:4 nos
invita a “entrar por sus puertas con acción de gracias”.

Y siendo rey, David fue consecuente con esta nueva filosofía del altar. Lo transformó en
un espacio de alabanza, dando instrucciones precisas para que allí sonaran los más
variados instrumentos musicales.

La alabanza como la entendía David, implicaba hacer ruido, ejecutar diversos


instrumentos musicales, cantar; y también, acciones y gestos corporales: alzar las
manos, arrodillarse, aplaudir (Salmos 47:1; 63:4; 134:2). Una y otra vez, nos invita a
aclamar a Dios con arpa y trompeta, con júbilo, con alegría y con cánticos (Salmos
33:2; 47:1; 66:1; 81:1; 95:1,2; 98:6).

30
“All, all arise at the Name of our Savior, Who is worthy, You are worthy”.
ADORACIÓN VERDADERA - 35
Alejandro De Luca

David entendía la alabanza como la presentación delante de Dios de sacrificios de


júbilo. En el Salmo 27 escribe: “Luego levantará mi cabeza sobre mis enemigos que
me rodean, Y yo sacrificaré en su tabernáculo sacrificios de júbilo; Cantaré y
entonaré alabanzas a Jehová.” (Salmo 27:6). El sacrificio de júbilo es diferente de los
sacrificios anteriores a David. De alguna manera, se expresa cuando estamos en
problemas y alabamos a Dios de todos modos.

Es que David presenta la alabanza como un deber, como algo que Dios merece y que es
digno de recibir. Alabar es “darle a Dios la honra debida a su nombre” (Salmos 29:2;
96:8). Si lo entendemos de ese modo, nuestra alabanza no puede depender de los
vaivenes de nuestro estado de ánimo.

La alabanza, expresiva por naturaleza, extrovertida y amplificada, se expresa


plenamente en la congregación (Salmos 22:25; 107:32). Por eso el altar de la alabanza
es un lugar de celebración; de gozo, alegría y regocijo (Salmos 30:4; 32:11; 33:1;
145:4; 149:2,5). Allí hay espacio para la danza y para saltar de alegría (2 Samuel 6:14,
16, 21; Salmo 68:3; 149:3).

Esta alabanza es tan ruidosa que no puede pasar desapercibida. Comunica y contagia las
obras de Dios; publica y anuncia su grandeza y su propósito de alcanzar a todos los
hombres sin distinción alguna (Salmos 18:49; 35:18; 96:3; 107:22; 145:6b). Una y
otra vez nos dice que toda la tierra, todos los pueblos y todas las naciones escucharán la
alabanza y serán invitados a aclamar y cantar a Dios con gozo (66:1; 100:1).

Entonces la propuesta de David cambia todo el concepto del altar conocido hasta el
momento. Si entendemos el altar como David, ¡Vengamos al altar con alabanza!
Entremos al altar, no solamente acerquémonos. Ingresemos a este lugar, con gozo,
alegría, sonidos exultantes. Porque el Dios ceremonial se ha convertido en Dios de gozo
y alabanza.

Así lo entendió al trasladar el arca a Jerusalén. Una celebración en la que se expuso al


ridículo con tal de exteriorizar su alegría desbordante. Eso es el altar para David: un
derroche de alegría porque el Dios de la eternidad, nuestro Salvador y Redentor nos
hace un lugar en su presencia y eso merece ser celebrado. Con todos los ruidos posibles.
ADORACIÓN VERDADERA - 36
Alejandro De Luca

Con salterio y decacordio; con pandero, arpa y trompeta, con cuerdas y flautas, con
címbalos resonantes… ¡con sonidos de bocina! ¡Con todo lo que respira! (Salmos 33:2,
81:2, 3; 98: 5,6; 150). Si Dios no escatima a la hora de salvar (Romanos 8:32) no
escatimemos nosotros a la hora de alabar.

Como todo esto no podemos hacerlo en soledad, debemos entender también este altar
como un lugar para la celebración compartida con otros, nuestros hermanos y hermanas
en la fe, quienes también han experimentado, como nosotros, el poder liberador de Dios,
una salvación tan grande (Hebreos 2:3).

En el altar de la alabanza hay espacio para cantar, para dar voces de júbilo, para gritar
de alegría, para testimoniar nuestro gozo, para danzar en su presencia. Sin protocolo.
Sin caras largas. Que el altar se ha levantado también para la celebración y la victoria.
ADORACIÓN VERDADERA - 37
Alejandro De Luca

Capítulo 9: El altar del clamor


2 Samuel 24:25 – Y edificó allí David un altar a Jehová, y sacrificó holocaustos y
ofrendas de paz; y Jehová oyó las súplicas de la tierra, y cesó la plaga en Israel.

“A tu Nombre clamaré, en Ti mis ojos fijaré,


en tempestad descansaré en tu poder” 31
(Oceans - Hillsong United)

Y sin embargo, David descubrirá otro sentido del altar. Un sentido mucho más doloroso
y angustiante. Es el altar del clamor. En este altar de súplica encontramos la respuesta
de Dios a nuestro grito desesperado, a nuestra necesidad más profunda, muchas veces
derivada de nuestros propios errores, de nuestro pecado.

El principio de esta historia es difícil de entender. Un Dios previamente enojado32,


incita (inquieta o promueve) a David para que realice un censo de la población. En
realidad, David quería saber cuántos soldados33 tenía para una eventual batalla. Si lo
hizo por orgullo, o por propia vanagloria, para medir su poderío, para afirmar
humanamente su reinado, no lo sabemos; lo que resulta evidente es que los motivos de
David no eran puros en este punto.

Las advertencias de Joab, general de su ejército son en vano. “¿Por qué quiere hacer
esto?” (RVR, NTV) “¿Para qué?” (DHH) “¿Qué lo lleva a esto?” (NVI) ¿Qué mueve
a David para hacer esto? Su general no puede entenderlo. Y no es que Joab no quisiera
enfrentar el enorme trabajo que significaba censar al pueblo; simplemente la idea era
descabellada si ellos confiaban en un Dios que, llegado el caso, podría multiplicar las

31
“I will call upon Your Name, and keep my eyes above the waves. When oceans rise, my soul will rest in
your embrace”.
32
¿Por qué Dios estaba enojado? En un momento en que el reino de Israel había llegado a su máxima
expresión (buena organización interna, un ejército relativamente poderoso, un rey prestigioso y un lugar
entre los imperios importantes de la época, David comente un error que opaca el final de su reinado.
“Fue como tenemos que creer, una ambición del todo ajena al espíritu del rey teocrático, la que
constituyó el mal de este asunto. David vio en su derredor, y observó a otros imperios con recursos
naturales no mayores que el suyo hacerse poderosos y célebres o por sus conquistas en el extranjero.”
Fue este deseo de llegar a ser una gran potencia, de tener un rol preponderante entre las grandes
naciones, desarrollando planes de conquista y haciendo temible y perdurable el nombre de David, lo
que Dios desaprobó. En todo caso “Dios permitió que el rey fuese tentado a cometer esta transgresión
para poder por medio de ella enseñar (les) una lección saludable: que debían vivir por Dios”, y no por
sus propias fuerzas. William DEANE, David. Su vida y sus tiempos, Ed. Clie, Terrassa, 1987, pp. 236-238.
33
La NVI dice “para que yo sepa cuántos pueden servir en el ejército” (v. 2), y habla de un “censo
militar” (v. 4). La TLA dice “para que yo sepa cuantos soldados tengo” (v. 2)
ADORACIÓN VERDADERA - 38
Alejandro De Luca

tropas cuando fuera necesario.34 Resulta interesante ver que en ocasiones el colaborador
del líder tiene una mirada más clara de la situación, y una advertencia que debería ser
escuchada…

Definitivamente, contar al pueblo no era una buena idea.35 Pero la insistencia del rey fue
tal que el censo se llevó a cabo. Fue una tarea agobiante, que llevó nueve meses y veinte
días (la Biblia se encarga de darnos esos detalles para que veamos la magnitud del
trabajo que realizaron los hombres de David), recorriendo todos los poblados y ciudades
de Israel y de Judá. Para la estadística queda el resultado del censo militar: “Había en
Israel ochocientos mil guerreros competentes que podían manejar una espada, y
además quinientos mil en Judá.” (2 Samuel 24:9, NTV).

La contradicción es que Dios desaprobó aquella acción que Él mismo incitó, y David
enseguida comprendió que se había equivocado. “No estuve bien, he actuado como un
necio…”. Nos resultan familiares esas expresiones, porque a veces brotan
espontáneamente de nuestro corazón cuando nos damos cuenta que hemos errado, y que
Dios no aprueba nuestras acciones o nuestras decisiones.

Y aunque David rápidamente pidió perdón, (al principio parece minimizar su error; lo
reconoce, pero no le da la gravedad que para Dios tenía36) Dios lo castigó duramente.
Luego de la advertencia del profeta Gad, una tremenda mortandad se extendió por todo
el reino. Hubo setenta mil muertos durante tres días. Y no fueron más porque Dios frenó
la peste antes de entrar en Jerusalén. Si David quería contar su gente para hallar una
multitud de súbditos a su mando, Dios lo juzgó con severidad. Ironía de Dios: si David
ponía su fortaleza en la cantidad de gente, Él mismo parecía dispuesto a hacer disminuir
ese capital.

David se encontró en un momento de extrema necesidad. En una “situación


desesperada” (2 Samuel 24:14, NTV), “entre la espada y la pared” (NVI), “en el día

34
La expresión asombrada de Joab es: “¡Que el SEÑOR su Dios multiplique cien veces las tropas de Su
Majestad!” (2 S. 24:3, NVI), antes de decirle que no veía conveniente semejante aventura.
35
“…no creo que contarlos sea una buena idea” culmina el versículo 3 de la Traducción en Lenguaje
Actual (TLA)
36
Las distintas traducciones de este texto en el vers. 10 le atribuyen a David las siguientes expresiones:
“mi error, mi necedad, mi tontería…” Pero para Dios pareció ser un pecado mucho más grave, y fue
necesaria la intervención del profeta Gad (v. 12, 13) para darle a David la real dimensión de aquel error.
ADORACIÓN VERDADERA - 39
Alejandro De Luca

de angustia” (RVR). David había pecado pero el castigo no había caído sobre él, ni
sobre su familia, sino sobre un pueblo inocente. El profeta le da un consejo: “Edifica un
altar”. Ese altar lo iba a edificar en el campo de Arauna.

Conocemos esos momentos, cuando la intervención de Dios es lo único que puede


salvarnos. Cuando la vida está en peligro, cuando nos invade el temor, cuando estamos
en inferioridad de condiciones, cuando no podemos revertir la tendencia. En esos
momentos vamos al altar como último recurso. El altar del clamor es el altar del último
recurso. Donde se oyen nuestras súplicas, nuestras peticiones desesperadas.

David lo hizo, y era tal su desesperación que para edificar ese altar del clamor, compró
el campo de Arauna. “¿Comprar el campo? ¿Qué necesidad tiene mi rey de comprar
mi campo? Yo le doy todo lo que necesite, disponga de esta tierra.” (v. 22, 23) “No”,
dice David, “yo pagaré por esta tierra. Las ofrendas que voy a presentar no pueden
ser gratis, tienen que ser ofrendas que me cuesten algo.” (v. 24)

Aquel día el rey David se humilló, y pagó como cualquier hijo de vecino 50 siclos de
plata por el campo de Arauna.37 No sacó ventajas de su condición de monarca, no
aceptó el campo como una donación… pagó y edificó allí su altar, el altar del clamor; y
Dios lo oyó. Y respondió desde los cielos. Y la plaga terminó.38

¡Vengamos al altar con nuestras súplicas! Vengamos al altar diciéndole a Dios cuánto
nos hemos equivocado, por nuestro propio orgullo. Tengamos en cuenta que aun los
mejores hombres de Dios (y David era uno de los mejores, si no el mejor) pueden
cometer un día el error de obnubilarse, midiendo su poderío en términos humanos,
fijando su grandeza en la cantidad de seguidores que tienen; tratando, en definitiva, de
edificar su propio reino personal y no precisamente el reino de Dios.

37
“Arauna u Ornán como es llamado en las Crónicas, era un jefe jebuseo a quien se le había permitió
quedarse cuando la fortaleza fue tomada. (…) Era un hombre de bastantes recursos y si no era prosélito,
conocía bien la religión hebrea y era amigo personal de David.” DEANE, op. cit., p. 242.
38
David enunció allí un gran principio: que no se debe servir a Dios con lo que no ha costado nada. “La
santidad atribuida a esta localidad por este acontecimiento (…) la señaló como el sitio más apropiado
pare el culto del pueblo cuando llegaron a construir el templo”. DEANE, op. cit., p. 243.
ADORACIÓN VERDADERA - 40
Alejandro De Luca

Vengamos también al altar, recordando que nuestro Señor Jesucristo pagó por nuestros
pecados, que toda mortandad y todo castigo lo llevó sobre sus hombros en la cruz. Hoy
no tenemos que comprar ningún campo… (No podemos comprar nuestro perdón, solo
aceptarlo gratuitamente, ¡es por gracia!). Simplemente en lo profundo de nuestro
corazón, edifiquemos un altar de clamor a Dios que se levante cuando venga el día
malo, hasta que Dios escuche y responda a nuestra oración.
ADORACIÓN VERDADERA - 41
Alejandro De Luca

Capítulo 10: La restauración del


altar
1 Reyes 18:30 - Entonces dijo Elías a todo el pueblo: Acercaos a mí. Y todo el pueblo
se le acercó; y él arregló el altar de Jehová que estaba arruinado.

“A tu presencia hoy venimos pidiendo que tu gracia


a tu pueblo traiga un reino de verdad.
Restáuranos, Señor. Toca a tu pueblo hoy…” 39
(Toca a tu pueblo hoy - Pelle Karlsson)

El pueblo de Israel estaba en una gran decadencia espiritual en tiempos de Elías. A la


falta de un sacerdocio fiel a Dios se le agregaba una casa real plagada por la corrupción
y la idolatría. La palabra profética escaseaba, y varias veces Elías llegó a pensar que él
era el único profeta de Jehová que quedaba en pie. La gente común dudaba: por un lado
tenían la vieja enseñanza de un Dios monoteísta, sin imagen ni escultura que
representara su presencia; por el otro, el rey Acab y su malvada esposa Jezabel no
dejaban de difundir los cultos a Baal y Asera. Las imágenes de estas deidades paganas,
sus templos y sus lugares altos se multiplicaban por todo el territorio.

El estado espiritual de aquella gente se resume como “claudicar entre dos


pensamientos”40, una indecisión fatal cuando se trata de elegir entre Dios y cualquier
otra cosa. “Caminando con dos muletas desparejas” parece querer decir el hebreo
original. En efecto, el pueblo dudaba entre seguir al Dios de Abraham, Isaac y Jacob,
que en ese momento era representado por Elías, y los dioses cananeos promovidos por
Acab y Jezabel.41

39
“So we come before Your face, asking for Your grace bring Your people to a state of kingdom life,
Restore Your church again. Touch Your people once again…” (Touch Your people once again).
40
“Y acercándose Elías a todo el pueblo, dijo: ¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos
pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él. Y el pueblo no respondió palabra.”
(1 R. 18:21)
41
La presencia de Jezabel es el síntoma de una evidente crisis religiosa. Si bien los reyes de Israel
acostumbraban edificar templos a los dioses paganos para congraciarse con sus mujeres extranjeras (1
R. 11:1-8), el caso de Jezabel nos encontramos ante una mujer que tenía “un celo casi apostólico por sus
divinidades”. Como esposa del rey Acab (su matrimonio selló una alianza con Tiro) buscó imponer el
culto a Baal como la religión oficial (1 R. 16:32) en un abierto desprecio por el culto a Yahvé. Ejecutó a
sus opositores (18:4) y persiguió a los profetas de Jehová. “Pronto amenazó una apostasía a gran escala
del yahvismo”. La amenaza no era nueva (la tentación de adoptar el culto a los dioses cananeos de la
fertilidad y hacerlo coexistir con el de Jehová se remonta a los primeros tiempos de la llegada de los
patriarcas a la tierra prometida). Pero se veía agravada por “la absorción en masa bajo David y Salomón,
ADORACIÓN VERDADERA - 42
Alejandro De Luca

En aquella disyuntiva, Elías tuvo una idea genial: para demostrar que ya no era posible
mantener esa dualidad espiritual, propuso una competencia entre dos altares. El de Baal
y el de Jehová Dios. La historia es conocida: los 450 profetas de Baal por un lado, y
Elías solo por el otro, prepararían todo para el sacrificio; pero nadie debía prender el
fuego. Solamente podrían invocar cada uno el nombre de su dios (o de su Dios, en el
caso de Elías), y esperar del cielo una intervención sobrenatural que encendiera la
hoguera. Lo de Elías fue claramente un desafío a un enemigo espiritual. Era el desafío
por un Dios verdadero. Y los profetas de Baal lo aceptaron.

Primero fue el turno de ellos: en vano esperaron durante horas que el fuego de Baal
encendiera el holocausto. Clamaron, gritaron “desde la mañana hasta el mediodía”, (1
Reyes 18:27), y se flagelaron a la vieja usanza, cortándose y haciéndose sangrar para
que su dios respondiera. Nada ocurrió.

Elías por su parte se permitió algún chascarrillo42, y redobló su desafío inundando su


altar con varios litros de agua. Jehová sí, respondió con fuego y consumió el holocausto.

Aquel día quedó claro quién era el verdadero Dios, y quien era Elías. Porque Elías le
había pedido a Dios que se manifiestara con poder para demostrar quién era Él y quien
era Elías. “¡Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob! Haz que hoy todos sepan que tú
eres el Dios de Israel y que yo soy tu servidor, y que he hecho todo esto porque tú me
lo has pedido”. (1 Reyes 18:36, TLA). Y también, y no menos importante, para que el
pueblo terminara de dudar y saliera de su indecisión: “…contéstame para que este
pueblo sepa que tú eres Dios, y que deseas que ellos se acerquen a ti” (1 Reyes
18:37b, TLA)

de cananeos, muchos de los cuales, sin duda adhirieron solo de boca a la fe nacional de Israel”. Acab lo
sabía y buscó contenerlos favoreciendo el Baalismo. Pero además, de los israelitas nativos “muchos
dudaban o se pasaban abiertamente al paganismo” lo cual nos permite comprender mejor la original
expresión de Elías: “Rengueando entre dos diferentes opiniones” (1 R. 18:21). Elías se levantó como el
más decidido enemigo de Jezabel rechazando todo culto a Baal y reivindicando la exclusividad de Jehová
como Dios de Israel. BRIGHT, op. cit., p. 253.
42
«Tendrán que gritar más fuerte —se mofaba—, ¡sin duda que es un dios! ¡Tal vez esté soñando
despierto o quizá esté haciendo sus necesidades! ¡Seguramente salió de viaje o se quedó dormido y
necesita que alguien lo despierte!». (1 R. 18:27, NTV)
ADORACIÓN VERDADERA - 43
Alejandro De Luca

Pero volvamos al momento previo al fuego del cielo. Allí había un altar. Sin embargo,
ese altar en el Monte Carmelo debía ser restaurado. Era un viejo altar a Jehová, testigo
de otras ceremonias, de otros momentos de fidelidad y consagración. Pero ese altar
había caído en desuso. Y como todo lo que no se utiliza, se había deteriorado.
Arruinado, derrumbado, derribado, en ruinas. Así estaba el altar de Jehová.

Un altar en desuso, derribado y en ruinas… ¿Te suena familiar? Aquel altar fue
restaurado, reedificado. Elías lo volvió a levantar y lo hizo colocando doce piedras, una
por cada tribu de Israel. Otra vez se hace presente el aspecto comunitario del altar, que
representa la unidad del pueblo de Israel ante su Dios43. En ese altar restaurado, desafió
a sus enemigos, los profetas de Baal. Y allí obtuvo una victoria que definió, al menos
por un tiempo, la fidelidad de Israel para con su Dios.

El altar representa nuestro lugar de encuentro con Dios. ¿Cómo está tu altar? Hay gente
que se reencuentra con su altar de adoración después de largas temporadas sin usarlo.
Sucede cuando nos alejamos de Dios, cuando nos dejamos llevar por las cosas de este
mundo (el consumismo, el deseo de más riquezas y posesiones, la carrera desenfrenada
por tener y parecer) que ahogan nuestra vida espiritual, y nos sumen en el egoísmo y en
la indiferencia ante las cosas de Dios.

Matt Redman dice que: “La adoración más significativa y poderosa siempre tiene un
costo: nuestras vidas completas puestas en Su altar”.44

¿Te estás reencontrando con tu propio (olvidado) altar de adoración? Tal vez sea tiempo
de reedificarlo. De reconstruirlo. De arreglarlo. De restaurarlo. Tomemos el ejemplo de
Elías: ese trabajo no se hace solo. Requiere de nuestro esfuerzo, de nuestra dedicación y
de nuestro compromiso, como en el caso del gran profeta. Reconstruir el altar,
restaurarlo requiere de un trabajo apasionado. Es el trabajo de un verdadero adorador.
¡Pongamos algo de nosotros para hacerlo, que luego Dios manifestará su poder!

43
En el cap. 6 vimos que Moisés levantó doce columnas junto al altar para representar a las doce tribus
de Israel. Aquí son doce piedras las utilizadas por Elías para edificar el altar.
44
Matt REDMAN, Postrados en adoración, Ed. Peniel, Bs. As., 2006, p. 69.
ADORACIÓN VERDADERA - 44
Alejandro De Luca

2ª Parte

Instrucciones para
perder a Dios
ADORACIÓN VERDADERA - 45
Alejandro De Luca

Introducción:

“Por aquel tiempo salió Israel a encontrar en batalla a los filisteos, y


acampó junto a Eben-ezer, y los filisteos acamparon en Afec. Y los
filisteos presentaron la batalla a Israel; y trabándose el combate,
Israel fue vencido delante de los filisteos, los cuales hirieron en la
batalla en el campo como a cuatro mil hombres. Cuando volvió el
pueblo al campamento, los ancianos de Israel dijeron: ¿Por qué nos
ha herido hoy Jehová delante de los filisteos? Traigamos a nosotros
de Silo el arca del pacto de Jehová, para que viniendo entre nosotros
nos salve de la mano de nuestros enemigos. Y envió el pueblo a Silo, y
trajeron de allá el arca del pacto de Jehová de los ejércitos, que
moraba entre los querubines; y los dos hijos de Elí, Ofni y Finees,
estaban allí con el arca del pacto de Dios.” (1 Samuel 4:1-4)

En el capítulo 4 del primer libro de Samuel, los israelitas y los filisteos entran en
combate.45 Al comienzo de ese relato, vemos que ambos ejércitos fueron a la batalla e
Israel fue vencido por los filisteos con el saldo trágico de cuatro mil hombres muertos
en combate. Los israelitas, confundidos, fueron y buscaron el arca del Pacto, pensando
que si la tenían con ellos, la salvación estaría asegurada. Sin embargo, perdieron otra
vez.

“Pelearon, pues, los filisteos, e Israel fue vencido, y huyeron cada


cual a sus tiendas; y fue hecha muy grande mortandad, pues cayeron
de Israel treinta mil hombres de a pie”.
(1 Samuel 4:10).

Aquella fue una tragedia nacional, un “golpe decisivo”.46 Todos los interrogantes acerca
de las razones de esta debacle, afloraron en ese momento afectando la conciencia
espiritual de la nación: “¿Cómo pudo sucedernos esto? ¿Por qué, si teníamos el arca

45
John Bright sostiene que los filisteos llegaron a Palestina poco tiempo después de los israelitas, y que
convivieron con “intermitente pero creciente fricción” en la época de los jueces. “Finalmente los filisteos
se embarcaron en un programa de conquista que condujo a Israel a un desastre total”. Efectivamente, la
organización tribal de los israelitas no podía contra un enemigo tan fuerte que se destacaba por su
capacidad guerrera. BRIGHT, op. cit., p. 186.
46
“El golpe decisivo fue dado algo después de 1050 a. C. cerca de Afeq, en el borde de la llanura costera
(1 S. 4). Los israelitas que intentaban oponerse al avance filisteo, después de ser derrotados en un
primer encuentro, llevaron el arca desde Silo, con la esperanza de que la presencia de Yahvéh les daría
la victoria. En vez de esto, el resultado fue una completa derrota.” BRIGHT, op. cit., p. 187.
ADORACIÓN VERDADERA - 46
Alejandro De Luca

del Pacto con nosotros?” Lo más grave, sin embargo, no fue la pérdida de vidas
humanas. El texto bíblico nos cuenta que en aquella batalla Israel perdió el arca que fue
robada por los filisteos.

“Y el arca de Dios fue tomada” (1 Samuel 4:11).

Para entender la real dimensión de esta catástrofe, tenemos que entender que al perder el
arca del Pacto, Israel consideraba que estaba perdiendo a Dios mismo. El arca47
representaba la presencia misma de Dios, y su pérdida significaba para ellos caer en la
más absoluta orfandad y desprotección.

Han pasado los siglos, vivimos en otro contexto cultural. Nosotros no tenemos un arca,
pero… podemos perder a Dios. Perder a Dios es alejarnos de Él. Es dar pasos en sentido
contrario a lo que Él desea. Perder a Dios es enfriarnos lentamente hasta perder todo
entusiasmo por Él. Perder a Dios es la experiencia de Saúl, quien teniéndolo todo (al fin
de cuentas, era el rey y era el ungido…) lo perdió todo por su corazón rebelde y
obstinado. Perder a Dios es olvidar las prioridades, darle primacía a nuestra carne, a
nuestras propias ideas, a nuestras propias decisiones, dejando de tener en cuenta a Dios
en cada paso que damos. Perder a Dios es una catástrofe personal, una tragedia
espiritual, la más dolorosa, la más costosa, la menos deseada. Seguramente Ud. y yo
hemos visto gente a nuestro alrededor perdiendo a Dios. Gente que amábamos y que se
apartó del camino, gente que cambio de golpe sus prioridades, gente que ya no está
donde estaba. Eso trae dolor a nuestro corazón. Pero si somos sinceros, debemos
reconocer que nosotros también, sin importar nuestro lugar en la iglesia, sin importar el
ministerio que desarrollamos, podemos también perder a Dios.

“El que piensa estar firme mire que no caiga”, escribió Pablo (1 Corintios 10:12).
Desde el principio de ese capítulo hace mención a las dificultades que tuvo el pueblo de
Israel en el desierto: todos estuvieron bajo la misma nube, todos ellos pasaron el mar

47
El Arca del Pacto contenía la urna de oro donde se guardaba una porción del maná, la vara de Aarón
que reverdeció y las Tablas de la Ley. Era una caja hecha de madera de acacia, recubierta con oro por
dentro y por fuera. Medía 1,10 m de largo, 68 cm de ancho y 68 cm de alto. La cubierta o tapa era el
Propiciatorio, y sobre ella había dos querubines de oro con las alas extendidas. Era allí donde estaba la
misma presencia de Dios, porque Dios había dicho que desde allí se declararía y hablaría a Israel (Ex.
25:22). William BARCLAY, Hebreos - El Nuevo Testamento comentado por William Barclay., Vol. 13, p.
102, Ed. Aurora, Bs. As., 1973.
ADORACIÓN VERDADERA - 47
Alejandro De Luca

rojo (“fueron bautizados en la nube y en el mar”, dice Pablo); todos ellos comieron el
mismo maná y bebieron de la misma roca (o de la misma Roca, porque “la roca era
Cristo”). Y sin embargo, la mayor parte de ellos perdieron a Dios, y quedaron en el
desierto. Escuchemos bien la enseñanza de Pablo: estas cosas sucedieron como ejemplo
para nosotros (1 Corintios 10:7, 11). Estas cosas fueron escritas para amonestarnos,
para advertirnos. Y ahí clava la estaca: “Así que el que piensa estar firme, mire que no
caiga”.

Lo que sigue son Instrucciones para perder a Dios, entendidas como la verdadera
necesidad de hacer exactamente lo contrario si deseamos ganar a Dios y contar con su
presencia, su favor y su comunión plena. En algunas ocasiones, las Escrituras nos
enseñan por el ejemplo opuesto. Esto es, a hacer todo lo contrario de aquellos hombres
y mujeres que fracasaron en su caminata espiritual. Tal vez así podamos también
obtener algunas Instrucciones para ganar a Dios.
ADORACIÓN VERDADERA - 48
Alejandro De Luca

Capítulo 1: El deterioro de la salud


espiritual
1 Samuel 3:1 - El joven Samuel ministraba a Jehová en presencia de Elí; y la palabra de
Jehová escaseaba en aquellos días; no había visión con frecuencia. Entonces dijo Elías a
todo el pueblo: Acercaos a mí. Y todo el pueblo se le acercó; y él arregló el altar de
Jehová que estaba arruinado.

“Antes que la lámpara se apague, antes que los ojos se cierren…”


(Samuel - Marcos Brunet)

Los capítulos iniciales del primer libro de Samuel, nos muestran una acumulación de
errores, descuidos y pecados que permiten apreciar el enorme deterioro de la salud
espiritual del pueblo de Israel. La desatención para con las cosas de Dios, la evidente
indiferencia hacia lo verdaderamente espiritual y no meramente religioso, eran síntomas
de que algo andaba mal en aquellos días. “Algo huele mal” en Israel en el relato de los
primeros capítulos de 1ro. de Samuel.

Pongamos esto en contexto: en aquellos días “escaseaba la palabra y no había visión


con frecuencia” (1 Samuel 3:1). No había ni palabra, ni visión. Podríamos decir que
Dios estaba en silencio. Entender las razones de ese silencio de Dios nos ayudaría a
comprender algo más del carácter de Dios, y a sacar lecciones que nos permitan caminar
en plena comunión con Él.

¿Por qué Dios estaba en silencio? Para comenzar por la cabeza, veamos cuál era la
situación del sacerdote Elí.48 El libro 1º de Samuel se abre con la historia de una mujer
estéril que clamaba a Dios desesperadamente por un hijo. La reacción de Elí, como
hombre de Dios, lo muestra como un hombre insensible y distante frente al clamor de
aquella mujer:

“Mientras ella oraba largamente delante de Jehová, Elí estaba


observando la boca de ella. Pero Ana hablaba en su corazón, y
solamente se movían sus labios, y su voz no se oía; y Elí la tuvo por

48
“Un hombre bueno pero débil”, incapaz de gobernar su propia casa de acuerdo a lo que luego
recomendaría el apóstol Pablo en 1 Ti. 3:4-5. Pablo HOFF, , Libros Históricos, Ed. Vida, Miami, 1983, p.
93.
ADORACIÓN VERDADERA - 49
Alejandro De Luca

ebria. Entonces le dijo Elí: ¿Hasta cuándo estarás ebria? Digiere tu


vino”. (1 Samuel 1:12-14).

No hay excusas para Elí: sinceramente, la respuesta que le da a Ana no es la que


esperaríamos de un verdadero sacerdote. Por más que el rol de la mujer en la antigüedad
estuviera devaluado, Elí demuestra una enorme dificultad para establecer la más mínima
empatía con Ana. Mientras ella llora amargamente delante de Dios, ya casi sin fuerzas,
moviendo apenas los labios en una oración del corazón, Elí la destrata invitándola, lejos
de toda cortesía, sin misericordia, a superar su supuesta borrachera.

Pero la dureza del corazón de Elí no era todo el problema. El panorama desolador del
sacerdocio de la época se completa cuando observamos a los hijos de Elí: Ofni y Finees.
Allí se entiende mejor el silencio de Dios. De ellos se nos dice que eran impíos, que
menospreciaban la ofrenda, que hacían pecar al pueblo, que pecaban ellos mismos en el
templo con mujeres, adoptando una típica costumbre de los pueblos cananeos; y que
cuando su padre tibiamente se animaba a corregirlos, se negaban a escuchar la
exhortación (1 Samuel 2:12, 17, 22, 24, 27).49

Tengamos en cuenta este detalle no menor: esos dos jóvenes, los hijos de Elí, eran los
encargados de cuidar el Arca (1 Samuel 4:4). Al cuidado de estos descarados aspirantes
al sacerdocio, que vivían lejos del temor de Dios, había quedado el símbolo más
preciado de la presencia de Dios entre su pueblo. Difícilmente Dios podría bendecir
aquel desorden.

Reflexionemos juntos. Sin llegar a tales extremos, puede estar sucediendo en nuestra
iglesia, que una tarea ministerial haya quedado en manos de personas que ya no temen a
Dios. Pueden ser familiares del Pastor, o hijos de las familias históricas de la iglesia.
Dios muchas veces bendice a su Iglesia a pesar de los hombres; pero podemos convenir
aquí que no es la manera recomendada de ganar a Dios y a su presencia…

Sin embargo, Dios se iba a valer de un profeta desconocido, un anónimo hombre de


Dios, para anunciarle a Elí lo que iba a suceder (1 Samuel 2:27-36). El sacerdocio de
Elí llegaría a su fin, y sus hijos no podrían sucederlo porque morirían trágicamente.
49
Debemos tener presente que los hijos de Elí hubieran sido los más altos líderes religiosos de la nación
a la muerte de su padre. HOFF, op. cit., p. 93.
ADORACIÓN VERDADERA - 50
Alejandro De Luca

Si miramos con un poco más de atención, vemos que buena parte del problema consistía
en que Elí prefería a sus hijos antes que a Dios50. Había perdido de vista las prioridades
en su ministerio. No corregía (“no estorbaba”) a sus hijos. Y cuando lo hacía su
corrección era débil, de tal manera que ellos no lo tomaban en serio, ni escuchaban sus
palabras. Cuando por medio de Samuel, que todavía era un joven proyecto de profeta,
Dios le anuncia nuevamente lo que sucedería con su casa, Elí responde ya sin fuerzas:
“Que Dios haga lo que quiera” (1 Samuel 2:23-25; 3: 13, 18).51

¡Qué pena cuando Dios nos exhorta y nos corrige (su Palabra nos llama la atención, el
Espíritu Santo nos convence de pecado) y nuestra respuesta es la de Elí! Tozudez,
indiferencia, resignación. ¡Reaccionemos con un corazón arrepentido antes de que sea
demasiado tarde!

Efectivamente, Elí no se arrepiente en ningún momento delante de Dios. No clama. No


pelea, no se rebela. No se humilla, tampoco llora. Simplemente se sienta a esperar el
final de su ministerio sacerdotal y el juicio de Dios sobre su casa, que parece inexorable.
Dios ya no habla con él. Se limita a comunicarle por medio del joven Samuel lo que va
a suceder. Y Elí ya no habla con Dios, simplemente espera, resignado y seco, que llegue
el fin.

En resumen: falta de misericordia, liviandad y pecado en el ministerio; corazones


endurecidos e indiferentes que rechazan la corrección, oídos sordos que ya no quieren
escuchar a Dios; una alarmante falta de temor de Dios y una actitud fatalista que solo
lleva a la inmovilidad cuando Dios reclama arrepentimiento. El deterioro de la salud
espiritual de Israel golpea a los ojos.

50
Dios le pregunta con evidente dolor en el corazón: “¿Por qué honras a tus hijos más que a mí?” (1 S.
2:29).
51
Si hay una tristeza grande derivada de la historia de Samuel, es advertir que unos años después, sus
hijos Joel y Abías tampoco fueron capaces de seguir su ejemplo, sino que también ellos se
corrompieron, igual que los hijos de Elí (1 S. 8:1-5). Y a pesar de que Samuel los puso como jueces sobre
Israel en Beerseba, los ancianos se reunieron para hacerle saber el descontento que tenían de solo
pensar que Joel y Abías pudieran llegar a reemplazarlo. Tal vez haya sido solo la excusa perfecta para
pedir un rey que los gobernara, como tenían las naciones vecinas. Pero la decepción del lector de estos
textos del AT es ver cómo, una y otra vez, se repite la historia de los hijos que no siguen el buen ejemplo
de los padres; y de los padres que fracasan en la educación de sus hijos.
ADORACIÓN VERDADERA - 51
Alejandro De Luca

Capítulo 2: El relevo ya está listo


1 Samuel 2:35 – Y yo me suscitaré un sacerdote fiel, que haga conforme a mi
corazón y a mi alma; y yo le edificaré casa firme, y andará delante de mi ungido
todos los días.

“Samuel, Samuel, despiértate…”


(Samuel - Marcos Brunet)

Mientras la mala fama de los hijos de Elí aumentaba, y junto con ella el descrédito del
mismo Elí, Dios empezaba la búsqueda de un sacerdote fiel. La vida de Samuel
contrastaba abiertamente con la decadencia de la casa de Elí. Paulatinamente, Samuel
iba creciendo y Dios iba aprobándolo en todos los rubros. “Por su parte el niño Samuel
seguía creciendo y ganándose el aprecio del Señor y de la gente” (1 Samuel 2:26 -
NVI). Resulta inevitable la comparación entre lo que se nos dice aquí de Samuel, y lo
que Lucas escribe acerca del crecimiento del niño Jesús (Lucas 2:52).

Efectivamente, Dios estaba con Samuel. Su respaldo fue abrumador, y toda la nación,
de norte a sur, supo del nuevo profeta que Dios estaba levantando. Dios que había
estado esquivo, volvía a aparecer (1 Samuel 3:19-21). Si Dios había estado en silencio,
si habían escaseado por un tiempo la palabra y las visiones, Dios mismo llama a Samuel
¡en sueños! Para alegría de su pueblo, Dios volvía a dejarse ver, volvía a hacer escuchar
su voz.52

Dios buscaba un sacerdote fiel… y ya lo había encontrado. Digamos que mientras Elí,
Ofni y Finees perdían a Dios, Samuel estaba ganando a Dios. El contraste entre ambas
trayectorias es evidente. Al descenso inexorable de la casa de Elí, le sucedía casi
simultáneamente el ascenso fulgurante de Samuel, tanto en la consideración pública
como en la de Dios. ¿Ha visto Ud. esto alguna vez en alguna iglesia? Sí, no una, sino
varias veces.

52
La manifestación de Dios, renovada, era la confirmación de Samuel como profeta de Israel.
ADORACIÓN VERDADERA - 52
Alejandro De Luca

Samuel

“Vidas cruzadas”

Elí, Ofni, Finees

De pronto, al corazón indiferente y frío de quien creer tener su lugar asegurado, Dios le
cierra el grifo. Ya no hay ideas, ya no hay palabra, ya no hay mensaje, ni expectativa.
Parece el fin, pero Dios ya tiene a Samuel; Dios ya miró a otro corazón, apasionado,
ardiente, entusiasta, y sobre él derrama su unción y su gracia. Su espíritu sintoniza con
Dios, y la Obra continúa de la mano de un sacerdote fiel.

Los tiempos han cambiado, pero Dios hoy busca lo mismo. Sacerdotes fieles. Pastores
con su corazón. Que amen a la gente, que se conmuevan de sus dolencias, que se
pongan en medio entre la necesidad de las personas y el poder de Dios. Pastores (y
también obreros, y líderes, y colaboradores…) capaces de interceder, de clamar, de
dolerse con los necesitados.

Una lección para nuestros días, es que cuando Dios no encuentra lo que busca realmente
entre las personas de que dispone, amplía su búsqueda y puede sorprendernos. Podemos
estar tranquilos: por cada Elí, habrá siempre un Samuel, por cada Ofni, por cada Finees,
¡Dios levantará un Samuel! Dios no está atado a nuestro menú de opciones. Él es el
dueño del menú. Dios puede levantar un sacerdote fiel53 desde el lugar menos pensado.
Hará lo mismo cuando le toque elegir a David para suceder a Saúl. Irá a buscar al menos
esperado, al menor de siete hermanos, al más débil de aquellos hijos de Isaí. Cuando los
que deben responder delante de Dios le fallan, Dios no se rinde; simplemente desecha lo
que debe desechar y vuelve a elegir. Para eso siempre encuentra corazones dispuestos.
Para eso es soberano.

53
Resulta difícil encasillar a Samuel en un solo rol, ya que fue al mismo tiempo, sacerdote, profeta, juez;
un hombre de oración, honrado y valiente; un auténtico restaurador de la fe de Israel; un hombre
verdaderamente interesado en la salud espiritual de su nación, por la que trabajó incansablemente,
toda su vida. HOFF, op. cit., p. 98.
ADORACIÓN VERDADERA - 53
Alejandro De Luca

Ampliemos nuestra mirada sobre la cuestión del sacerdocio. El libro de Apocalipsis nos
dice que nuestro Señor Jesucristo nos amó, y nos lavó con su sangre, “y nos hizo reyes
y sacerdotes para Dios, su Padre” (Apocalipsis 1:5-6). A principios del siglo XVI
Martín Lutero proclamó el sacerdocio universal de los creyentes, estableciendo que cada
hombre y mujer de fe es un ministro de Dios. ¡La tarea del sacerdocio nos compromete
a todos los creyentes! No se refiere a una casta especial de elegidos, sino a todos
aquellos hombres y mujeres que han sido lavados por la sangre del Cordero.

Dios busca hombres y mujeres que puedan escuchar su voz, que sean capaces de
establecer con Dios una relación de intimidad tal, que Él pueda contarles sus planes y
proyectos.

Dios nos busca para el sacerdocio. Y al hacerlo, Dios busca gente – hombres y mujeres
que quieran ganar a Dios. Que no les dé lo mismo ganar a Dios que perderlo, o tener a
Dios que no tenerlo. Por eso Dios desecha a la casa de Elí, y levanta a su siervo Samuel.
Y al hacerlo, el relevo ya estaba listo.
ADORACIÓN VERDADERA - 54
Alejandro De Luca

Capítulo 3: El fracaso de la
religiosidad vacía
1 Samuel 4:3 – Cuando volvió el pueblo al campamento, los ancianos de Israel dijeron:
¿Por qué nos ha herido hoy Jehová delante de los filisteos? Traigamos a nosotros de
Silo el arca del pacto de Jehová, para que viniendo entre nosotros nos salve de la mano
de nuestros enemigos.

“Estoy buscando una generación


que no juegue con lo santo y que no venda sus tesoros…”
(Samuel - Marcos Brunet)

Volvamos al comienzo del capítulo 4 de 1 Samuel, al momento en que Israel sufre la


primera derrota antes de que los filisteos les robaran el Arca del Pacto. Aquel fue un
momento de desconcierto total. “¿Cómo puede ser que nos hayan derrotado?” dijeron
los ancianos (1 Samuel 4:3). Ahora es fácil advertirlo, luego de revisar un poco el
estado y la salud espiritual de Israel en aquellos días.54

Pero muchas veces no lo vemos tan claramente en nuestras vidas. En el momento en que
algo sale mal, ¿cómo se explica que seamos derrotados si somos “creyentes”? En ciertas
ocasiones razonamos con estas preguntas huecas, vacías de contenido, ¿Por qué nos
sucedió esto? Cómo puede ser, si vamos a la iglesia los domingos, dicen algunos; si
tenemos tantas Biblias en casa, dicen otros; si tenemos credenciales que nos habilitan
como Pastores, dicen los Pastores; si hemos completado tantos manuales de discipulado,
dicen los miembros más capacitados; y otros presentan como argumento su material
variado de música cristiana, y de películas cristianas con las que supuestamente se han
“santificado” de las cosas del mundo.

54
“Israel perdió cuatro mil hombres en la primera batalla, y esto debió haberles mostrado que
desagradaron a Dios. ¿Se arrepintieron y se volvieron a Dios en oración y en confesión? ¡No! En vez de
eso, echaron mano a la superstición y llevaron el arca del pacto al campo de batalla (…) Actuaban por
impulsos y no por fe. Debido a que el arca fue delante de la nación en el desierto y marchó en victoria
alrededor de Jericó, pensaban que su presencia les aseguraría la victoria sobre los filisteos. En lugar de
reverenciar el arca como símbolo de la presencia de Dios, ¡la convirtieron en una reliquia religiosa!”
Warren WIERSBE, Bosquejos expositivos de la Biblia, Tomo I, Ed. Caribe, Nashville, 1995, p. 221.
ADORACIÓN VERDADERA - 55
Alejandro De Luca

La pregunta es similar a aquella: ¿Cómo vamos a perder si tenemos el arca?55 ¿Por qué
Dios lo ha permitido? Los más duros se preguntan incluso ¿Por qué Dios nos ha
derrotado? La confusión es la misma.56

Lo que les costaba entender a aquellos ancianos era… lo mismo que nos cuesta entender
a nosotros hoy: que la religiosidad no salva a nadie, que nadie queda a resguardo de la
derrota por el mero mantenimiento de los rituales religiosos. La victoria en la batalla no
se debía a la presencia del arca (como objeto-fetiche57), sino a la presencia misma de
Dios. Y ellos habían perdido a Dios, no solo al arca.

Cuando solo nos quedan reliquias religiosas (una vieja Biblia que ya nadie lee, un
instrumento musical abandonado, una corbata de un viejo predicador, los bancos de
madera de una iglesia vacía); objetos que fueron valiosos en su momento, pero que hoy
solo remiten a un pasado de gloria, a un pasado donde alguna vez hubo un corazón
apasionado por Dios, debemos empezar a preocuparnos seriamente por el presente y por
el futuro de nuestra vida espiritual. Y esto se aplica tanto a las personas como a las
iglesias.

Solo un detalle: veamos que un tiempo después tuvieron el arca en su poder y no


supieron dónde guardarla. No supieron qué hacer con ella. No estaban preparados para
relacionarse con lo sagrado, con las cosas de Dios. Los habitantes de la aldea de Bet-
semes se llenaron de alegría al recuperar el arca, pero pronto se preguntaron: “¿A dónde
podremos enviar el arca para que no se quede entre nosotros?”. Y llamaron a los de
Quiriat-jearim: “Vengan y llévensela” (1 Samuel 6:20-21). Allí quedó, olvidada por
algunas décadas, en casa de Abinadab (1 Samuel 7:1-2), al cuidado de su hijo Eleazar.
(Volveremos sobre este punto más adelante).

55
“Vanamente suponían que el arca podía salvarlos, cuando Dios se había apartado de ellos por su
maldad”. Adam CLARKE, Comentario de la Santa Biblia, Tomo I, Ed. CNP, Kansas City, 1988, 4ª Ed., p.
367.
56
En el extremo de su desconcierto, los ancianos de Israel se preguntaron: “¿Por qué nos ha derrotado
hoy el Señor por medio de los filisteos?” (1 S. 4:3, NVI).
57
Hoy podríamos incluir en esta categoría: un crucifijo, un calco, un libro, una estampita, una estatua,
una imagen, una cinta de color, y más… Nada de eso nos salva, nada de eso contiene a Dios. El fetiche,
entendido como aquel “objeto de culto al que se atribuye poderes sobrenaturales” además de ser una
nota saliente de los pueblos más primitivos, es un engaño de la falsa religiosidad.
ADORACIÓN VERDADERA - 56
Alejandro De Luca

Podríamos llamar a esto el Síndorme de Bet-semes, que consiste en alegrarse por un


momento de las cosas de Dios, pero rechazarlas cuando nos damos cuenta que exigen
dedicación, consagración y santidad. Hoy en día, hay gente que quiere a Dios en
pequeñas dosis; tal vez un evento, un acontecimiento, una emoción. Pero cuando
advierten que la presencia de Dios ha llegado para quedarse, y que exige un
compromiso medular, que abarca la vida entera, ya no están tan contentos con la
novedad y prefieren volver a su vida secular58. Algo así como dejar a Dios para
experimentarlo de una manera controlada dentro de la iglesia, pero no hacer de Él
verdaderamente el centro de sus vidas. Una verdadera pena.

Ofni y Finees representan en buena medida esa falta de conciencia de las cosas de Dios,
La frialdad espiritual. La rutinización de lo divino. Ese “sobrar el partido”, el “dale que
va”, el jugarla “de taquito”, creyendo que tenían la victoria comprada, que tenían atado
a Dios. Cada vez que eso sucede, el fracaso anunciado de la religiosidad59 vacía está a la
vuelta de la esquina.

58
Es la reacción de los atenienses ante el famoso sermón de Pablo en el Areópago: algunos se burlaron,
y otros le dijeron (para sacárselo de encima): “Ya te oiremos acerca de esto otra vez” (Hechos 17:32).
59
“El evangelio es la crisis de toda religión; esta es la respuesta de Lutero a la pregunta por la esencia
del evangelio”. Ernst WOLFF, Peregrinatio, p. 23., cit. en Obras de Martin Lutero, T. 1, Estudio
Preliminar, 2da. parte. Manfred Kurt BAHMANN, Public. El Escudo, Ed. Paidós, Bs. As. 1967.
ADORACIÓN VERDADERA - 57
Alejandro De Luca

Capítulo 4: La gloria de Israel se ha


ido
1 Samuel 4:21 – Y llamó al niño Icabod, diciendo: ¡Traspasada es la gloria de Israel!
por haber sido tomada el arca de Dios, y por la muerte de su suegro y de su marido.

“Antes que el fuego se acabe


y todo esté perdido, solo en apariencias…”
(Samuel - Marcos Brunet)

Lo que sigue, es un día que había sido anticipado por Dios. Un día trágico para Israel,
un día de muerte. La sola anticipación de este día, recibida en visión profética por el
joven Samuel en la presencia de Dios, generaba gran temor. Samuel temía decirle a Elí
lo que había recibido de parte de Dios. No solo por la diferencia de edad que había entre
ambos (Samuel solo doce años, Elí más de noventa), no solo por el rango jerárquico que
los diferenciaba, siendo uno el sacerdote principal y el otro apenas un niño. Sino por el
contenido trágico que encerraba este anticipo.

“Y Jehová dijo a Samuel: He aquí haré yo una cosa en Israel, que a


quien la oyere, le retiñirán ambos oídos. Aquel día yo cumpliré contra
Elí todas las cosas que he dicho sobre su casa, desde el principio hasta
el fin. Y le mostraré que yo juzgaré su casa para siempre, por la
iniquidad que él sabe; porque sus hijos han blasfemado a Dios, y él no
los ha estorbado. Por tanto, yo he jurado a la casa de Elí que la
iniquidad de la casa de Elí no será expiada jamás, ni con sacrificios ni
con ofrendas. Y Samuel estuvo acostado hasta la mañana, y abrió las
puertas de la casa de Jehová. Y Samuel temía descubrir la visión a Elí.”
(1 Samuel 3:11-15).

Elí lo sabía. Lo más grave es que Dios le dice a Samuel que Él juzgaría a Elí “por la
iniquidad que él sabe”. Es como si Dios le estuviera diciendo, “Elí ya sabe cuál es la
razón por la que vendrá el juicio”. Antes le dice: “Aquel día yo cumpliré contra Elí
todas las cosas que he dicho sobre su casa”. ¿Cuántas advertencias habrá habido de
parte de Dios hacia Elí? ¿Cuántas veces habrá hablado y exhortado a su corazón para
que las cosas cambiaran? ¿Cuántas veces le habrá llamado la atención sobre las cosas
que sucedían en su casa, siendo Elí negligente e incapaz de oír y cambiar lo que se debía
cambiar?
ADORACIÓN VERDADERA - 58
Alejandro De Luca

Entre nosotros, ¡hay que hacer enojar a Dios – que es lento para la ira y grande en
misericordia60 – para que Él diga un día que la iniquidad de Elí no sería expiada jamás!
Porque eso es lo que Dios dice aquí: “Basta, han jugado conmigo, se han burlado de
mí, han desoído mi advertencia, han pasado por alto mi Palabra. De esta gente no
aceptaré ni sacrificios, ni ofrendas”. Llamado de atención para los cultores de la
versión “Dios-viejo-bueno-que-a-todos-perdona-siempre”.

Samuel recibió aquella palabra y no pudo dormir más. Aquella noche hará sido
larguísima para el joven profeta, que se quedó acostado pero no pudo pegar un ojo,
hasta que por la mañana se levantó y abrió las puertas del santuario. ¿Hace falta la
aclaración? Samuel temía decirle a Elí lo que había recibido de parte de Dios. Puedo
imaginar las aguas turbulentas moviéndose en el corazón de Samuel, su pulso acelerado,
su inquietud interior. ¿Puede sentir Ud. su taquicardia? Debía darle una dura palabra a
su mentor y protector, Elí, y no habría vuelta atrás. ¿Cómo lo tomaría? ¿Cómo recibiría
el viejo sacerdote la exhortación dada por el joven Samuel? Dudó, pensó, tomó aliento,
respiró hondo, pero Samuel lo hizo. Elí lo recibió como dijimos, con inmovilidad
fatalista. Y el tiempo pasó.

El tiempo transcurrió, y el día tan temido llegó. Nada había cambiado en el fondo desde
que Dios había dado aquella palabra. Solo que Samuel ya no era un niño.

Entonces, el mismo día que el arca de Dios fue tomada por los filisteos, en la misma
batalla, murieron los hijos de Elí: Ofni y Finees (1 Samuel 4:11). Un joven soldado
escapó del combate y corrió de regreso para darle la mala nueva al anciano sacerdote.61
Eran varias malas noticias condensadas en una sola (1 Samuel 4:17).
a) Israel huyó delante de los filisteos,
b) fue hecha gran mortandad en el pueblo;
c) tus dos hijos, Ofni y Finees, fueron muertos,
d) y el arca de Dios ha sido tomada.

Pero las malas noticias no iban a terminar ahí. Al enterarse de la tragedia, Elí murió
instantáneamente (1 Samuel 4:18), cayendo hacia atrás de la silla donde estaba sentado,

60
Salmos 86:15; 103:8; 145:8.
61
Elí ya tenía 98 años y estaba ciego al momento de recibir la noticia de la muerte de sus hijos.
ADORACIÓN VERDADERA - 59
Alejandro De Luca

y desnucándose. Triste final para un hombre indolente. Y para completar el panorama


desolador de aquel día nefasto, la nuera de Elí, esposa de Finees quien se encontraba
embarazada, enterada de la muerte de su esposo y de su suegro, entró en trabajo de parto
y murió al dar a luz. Antes de morir, alcanzó a saber que era un varón, por lo que le
puso de nombre “Icabod” (1 Samuel 4:19-20). Ese nombre significaba literalmente
“sin gloria” (RVR 1960), o “¿dónde está la gloria?” (NTV). Las últimas palabras de la
nuera de Elí fueron: “La gloria de Israel se ha ido” o “fue traspasada”. Se refería a la
pérdida del Arca del Pacto, capturada por los filisteos. La muerte de Elí, de sus dos
hijos, de la esposa de uno de ellos… demasiada tragedia; más el nacimiento de un pobre
niño que jamás conocería ni a sus padres, ni a su abuelo.

Aquel fue un día trágico, de llanto, de muerte, de dolor. Un día de duelo nacional62. El
grito de toda la ciudad se oyó al enterarse de la noticia (1 Samuel 4:13). El lamento
desconsolado era por la pérdida de treinta mil hombres. ¿Cómo no lamentarse, cómo no
llorar a gritos delante de Dios ante semejante catástrofe? Habían perdido una dura
batalla; miles de familias (no solo la de Elí) se habían quedado sin padres, sin hermanos,
sin hijos. Su ejército había sido derrotado, habían quedado desamparados y humillados.

Habían perdido, además, un cofre de alto valor simbólico: el Arca. Pero antes (y esto es
lo más grave) casi sin darse cuenta, habían perdido a Dios. La gloria de Israel, esto es,
Dios mismo, o la posibilidad de relacionarse con Él, se había ido.

Hoy como ayer, descuidar a Dios es sinónimo de muerte espiritual. Y la verdad es que
muchas veces nos damos cuenta de nuestro deterioro cuando ya es demasiado tarde.
Cuando perdemos cosas materiales, cuando algo en la familia no sale de acuerdo a lo
que imaginábamos, suele ser que ya es tarde; porque como en el caso de Elí, Dios nos
habla muchas veces, nos advierte y nos exhorta de mil maneras, por todos los medios,
sin resultados visibles.

No oímos su Voz. No reaccionamos a tiempo. Vamos perdiendo a Dios casi “por


goteo”. Y un día Dios ya no está allí, porque mucho tiempo antes (y esto es lo más
importante) nosotros no estábamos allí donde Él quería que estuviéramos.

62
Según P. HOFF, Jeremías insinúa que Silo y el santuario fueron destruidos aquel día, véase Jer. 7:12-
14; 26:6-9. J. BRIGHT coincide: “Silo fue tomada y el santuario destruido” (p. 187).
ADORACIÓN VERDADERA - 60
Alejandro De Luca

Capítulo 5: Ganando a Dios


1 Samuel 3:19 – Y Samuel creció, y Jehová estaba con él, y no dejó caer a tierra
ninguna de sus palabras.

“Estoy buscando una generación


que me preste sus oídos y se interese en mi corazón…”
(Samuel - Marcos Brunet)

Y sin embargo… ¡Podemos ganar a Dios! ¡Esta es la buena noticia! Podemos ganar la
presencia de Dios. La catástrofe de aquel día de muerte y destrucción, no es inevitable.
Hasta aquí hemos visto las “Instrucciones para perder a Dios”. Si tuviéramos que
escribir ahora las “Instrucciones para ganar a Dios”, para ganar su presencia, para
recuperar su gloria, se trataría de hacer todo lo contrario.

En lugar de la acumulación de errores, descuidos y pecados que vemos en el inicio de 1º


de Samuel, deberíamos incorporar la atención más dedicada a las cosas de Dios, una
superación de la mera religiosidad, una renovada consagración que despierte pasión por
el Señor y su Obra, por Dios y por nuestro prójimo, por la adoración y el servicio a
Dios.

Y aquí es necesario hacer la aclaración de que podemos “ganar a Dios” no por nuestros
méritos, sino porque Él quiere ser buscado y hallado. El anhelo más profundo del
corazón de Dios es que los hombres y mujeres lo busquemos de una manera apasionada,
desesperada, como quien se desvive por un poco de agua en el desierto (Salmos 42:1).

Isaías lo expresa con sus célebres palabras: “A todos los sedientos: venid a las aguas
(…) Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está
cercano” (Isaías 55:1, 6). Dios nos invita a través del profeta Amós: “Buscadme, y
viviréis” (Amós 5:4). El mismo profeta agrega: “Buscad a Jehová, y vivid” (Amós
5:6). Jesús también nos convoca, nos invita y nos exhorta a “buscar primeramente el
reino de Dios y su justicia” (Mateo 6:33).

Tratando de ganar a Dios, pensemos en la contracara de Elí como padres: padres que
eduquen a sus hijos y los corrijan con firmeza, que los “estorben”. Que sean capaces de
ADORACIÓN VERDADERA - 61
Alejandro De Luca

“instruir al niño en su camino”. Educando con el ejemplo. Sin descuidos, sin


indiferencia, diligentemente, sin negligencia.

Pensemos en hijos que sean lo opuesto de Ofni y Finees. Que obedezcan y sigan el buen
ejemplo de sus padres. Que anden en santidad. Que teman a Dios. Que tengan
reverencia. Que sean buen ejemplo. Que se aparten de todo pecado. Que escuchen y
respondan a la exhortación… cuando la reciben. Que vivan con atención, con cuidado
cuando entran en el ministerio, valorando positivamente las cosas de Dios, sabiendo que
administran cosas santas.

Pensemos en pastores que amen su ministerio y a los hermanos de la iglesia. Sensibles a


la necesidad de la gente. No como Elí frente al llanto y la desesperación de Ana. Que
escuchen a Dios cuando les habla. Que sean capaces de arrepentirse y clamar cuando
son hallados en falta. Que tengan temor de Dios, Palabra y Visión, sabiendo que la
congregación necesita de tales elementos, vitales para la guía, el cuidado y la
ministración. Que sean amorosamente severos con los líderes en quienes delegan la
autoridad.

Pensemos en un pueblo, una iglesia que no sea indiferente al corazón de Dios, ni a las
necesidades de su Obra. Que sean creyentes en el sentido más cabal del término; y más
que eso, discípulos. No solo religiosos, no solo “domingueros”. Gente que le escape a
toda rutina. Gente que no solo mantenga una apariencia de iglesia, sino que pueda vivir
siendo y haciendo iglesia en este tiempo convulsionado y difícil. No tibios, sino
calientes. Hombres y mujeres alejados de todo fetichismo y de toda superstición.
Anhelando la gloria de Dios. La presencia de Dios. Deseando ganar a Dios.

Si todo eso sucediera, si confluyéramos todos en un mismo pensamiento, en un mismo


sentir, en un mismo propósito a favor de Dios y de su Obra en nosotros, entonces
estaríamos ganando a Dios, estaríamos ganando su gloria. Viviendo en palabras del
apóstol Pablo “la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo” (Efesios 1:23).

Un día Israel perdió el arca. Ese día sintieron que habían perdido a Dios y su misma
gloria. La realidad es que habían perdido – mucho antes – la presencia de Dios.
Nosotros, como hijos de Dios en pleno siglo XXI, no queremos perder a Dios. Si somos
ADORACIÓN VERDADERA - 62
Alejandro De Luca

sinceros delante de Dios, si hemos descubierto algo bueno en Él, si hemos gustado algo
saludable de su mesa, no queremos perder su gloria. Ni que el enemigo nos robe su
presencia. Queremos ganar a Dios, ganar su gloria, ganar su presencia.

La clave de toda esta historia es Dios y su presencia. Y el ejemplo en todos estos


primeros capítulos del primer libro que lleva su nombre, es Samuel. El joven Samuel
que crece en la presencia de Dios y está disponible cuando todos a su alrededor tienen
que ser desechados. El único que pese a su corta edad estuvo disponible para ser usado
por Dios en un contexto tan desfavorable. El único capaz de escuchar la voz de Dios en
la noche, de despertarse en sus sueños para escuchar el corazón de Dios, para recibir
revelación, palabra y visión. Por eso, seamos como Samuel. Y vivamos para ganar a
Dios y a su presencia.
ADORACIÓN VERDADERA - 63
Alejandro De Luca

3ª Parte

Restaurando el
tabernáculo de
David
ADORACIÓN VERDADERA - 64
Alejandro De Luca

Introducción:
Amós 9:11-12 Hechos 15:16-17
11 16
En aquel día yo levantaré el Después de esto volveré
tabernáculo caído de David, y Y reedificaré el tabernáculo de
cerraré sus portillos y levantaré sus David, que está caído;
ruinas, y lo edificaré como en el Y repararé sus ruinas,
tiempo pasado; Y lo volveré a levantar,
12 17
para que aquellos sobre los cuales Para que el resto de los hombres
es invocado mi nombre posean el busque al Señor,
resto de Edom, y a todas las Y todos los gentiles, sobre los cuales
naciones, dice Jehová que hace esto. es invocado mi nombre.

Ocho siglos antes de Cristo, vivió en Israel el profeta Amós. Eran tiempos de relativa
prosperidad nacional, pero la pobreza, la injusticia social y la corrupción abundaban en
aquella sociedad. Amós denunció y condenó la opresión contra los más humildes, y
anunció como tantos otros profetas de Dios, que el Señor no iba a dejar pasar esto por
alto, y que el juicio de Dios caería sobre Israel.

Antes de finalizar su libro, Amós se proyecta hacia un futuro mesiánico, y anuncia un


día glorioso en que Dios restauraría el tabernáculo de David.

“En aquel día yo levantaré el tabernáculo caído de David, y cerraré


sus portillos y levantaré sus ruinas, y lo edificaré como en el tiempo
pasado; para que aquellos sobre los cuales es invocado mi nombre
posean el resto de Edom, y a todas las naciones, dice Jehová que hace
esto.” (Amós 9:11-12)

Varios siglos después, en el Concilio de Jerusalén, Jacobo anunció el cumplimiento de


aquella profecía de Amós. Era un momento clave de la Iglesia Primitiva. La explosiva
proyección del evangelio a los gentiles, había motivado la discusión entre los apóstoles
y los líderes del movimiento, acerca de si el evangelio era para todos, o si era solo para
los judíos. Algunos fariseos que habían creído en Jesús pretendían imponer a los
gentiles la circuncisión y la observancia de la Ley de Moisés. El apóstol Pedro se
levantó, argumentando en favor de los no judíos, para que no se los obligara a llevar una
ADORACIÓN VERDADERA - 65
Alejandro De Luca

carga que ni los propios judíos podían llevar.63 Pablo y Bernabé aprovecharon para
contar las señales y maravillas que habían visto que el Espíritu Santo obraba en medio
de los gentiles.64

Aquella discusión (“mucha discusión”, según Hechos 15:7) se saldó con una respuesta
contundente: el evangelio era para todas las personas, hombres y mujeres, sin importar
nacionalidades ni contextos culturales. Y concluyó con la recomendación expresa de
que a los gentiles no debía molestárselos con la obligación de cumplir la Ley de Moisés.

Fue allí, al defender la tesis de que el evangelio era para todos, que Jacobo introdujo la
cita del profeta Amós. Su participación fue decisiva en aquel cónclave:

“Varones hermanos, oídme. Simón ha contado cómo Dios visitó por


primera vez a los gentiles, para tomar de ellos pueblo para su
nombre. Y con esto concuerdan las palabras de los profetas, como
está escrito:
Después de esto volveré Y reedificaré el tabernáculo de David,
que está caído; Y repararé sus ruinas, Y lo volveré a levantar,
Para que el resto de los hombres busque al Señor, Y todos los
gentiles, sobre los cuales es invocado mi nombre,
Dice el Señor, que hace conocer todo esto desde tiempos antiguos.
Por lo cual yo juzgo que no se inquiete a los gentiles que se
convierten a Dios, sino que se les escriba que se aparten de las
contaminaciones de los ídolos, de fornicación, de ahogado y de
sangre. Porque Moisés desde tiempos antiguos tiene en cada ciudad
quien lo predique en las sinagogas, donde es leído cada día de
reposo.”
(Hechos 15:13-21)

En las próximas páginas intentaremos analizar cuál es el verdadero significado de la


restauración del tabernáculo de David, y por qué siendo el tabernáculo de Moisés
anterior y más importante en su aspecto exterior, cuando Dios habla de la restauración
habla del tabernáculo de David y no del de Moisés. ¿Cuál es la particularidad del
tabernáculo de David, que lo convierte en una referencia ineludible para la restauración
de nuestra adoración delante de Dios?

63
Hechos 15:7-11.
64
Hechos 15:8.
ADORACIÓN VERDADERA - 66
Alejandro De Luca

Capítulo 1: El tabernáculo de
Moisés
Éxodo 25:8 – Y harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos.

“Cuando la música se desvanece y el resto desaparece,


simplemente me acerco a Ti.” 65
(Esencia de adoración - David Quinlan)

A poco de salir de la tierra de Egipto, Dios le pidió a Moisés que construyera para Él un
santuario móvil que pudiera ser trasladado por el desierto a medida que el pueblo
avanzaba en su peregrinar hacia la tierra prometida. Para el pueblo de Israel, ese
santuario del desierto tuvo un significado muy especial. El tabernáculo de Moisés fue la
respuesta a aquella demanda de Dios de que hicieran un santuario para Él, mientras Él
mismo prometía habitar entre su pueblo. Porque lo más importante estaba en las
palabras del mismo Dios: “Y harán un santuario para mí, y habitaré en medio de
ellos”. (Éxodo 25:8)

Habitar allí, estar con ellos, establecer entre ellos su tienda. La trascendencia del
tabernáculo está en la misma presencia de Dios entre su pueblo.

Aquel santuario era una obra enorme. El tabernáculo era ni más ni menos que un gran
espacio para Dios66, un lugar diseñado para que Dios pudiera habitar en medio de su
pueblo. Fue construido en base a las ofrendas de los hijos de Israel, con materiales de
altísimo valor como oro, plata, cobre y madera de acacia, entre otros (Éxodo 25:3-7).

El tabernáculo de Moisés era sin dudas majestuoso e imponente. Su diseño fue mostrado
o revelado por Dios a Moisés hasta el más mínimo detalle, incluyendo la confección de
las distintas prendas de las vestiduras sacerdotales. En aquel tabernáculo (ver Éxodo
cap. 25) se nos mencionan una serie de elementos sumamente refinados, más que

65
“When the music fades, and all is stripped away, and I simply come…” (The heart of worship – Matt
Redman)
66
El perímetro era de 45 por 22,5 metros.
ADORACIÓN VERDADERA - 67
Alejandro De Luca

mobiliario, auténticas obras de arte hechas en su totalidad de oro puro: el propiciatorio,


los querubines, la mesa de oro, el candelero y todos los utensilios.

Ciertamente, más allá de los detalles y de su majestuosidad, lo más importante era lo


que Dios había prometido:

“Y de allí me declararé a ti, y hablaré contigo” (Éxodo 25:22).

Sin embargo, entre los distintos elementos con que se iba a edificar el tabernáculo de
Moisés (el detalle incluye diez cortinas de lino azul, púrpura y carmesí, cincuenta
corchetes de oro, once cortinas de pelo de cabra -la sobrecubierta para el tabernáculo-,
cincuenta corchetes de oro más, una cubierta de pieles de carneros teñida de rojo, tablas
de madera de acacia con bases de plata todo alrededor), en el tabernáculo se destacaba
una enorme cortina: el velo.67

“Y aquel velo os hará separación entre el lugar santo y el lugar


santísimo” (Éxodo 26:33b)

El tabernáculo de Moisés ha sido largamente estudiado. Solo a modo de recordatorio,


podríamos decir aquí que estaba organizado en tres partes: el atrio, el lugar santo y el
lugar santísimo. En el atrio se ubicaba el altar del holocausto (allí donde mencionamos
que el fuego no debía apagarse jamás) y el lavatorio de bronce. En el lugar santo estaba
el altar de incienso, la mesa con el pan de la proposición y el candelabro de oro. Y en el
lugar santísimo se encontraba el Arca del Pacto que representaba la presencia misma de
Dios. El arca era un cofre de madera de acacia. Estaba cubierta con oro por dentro y por
fuera, con una cornisa de oro alrededor y cuatro anillos de oro, uno en cada esquina
(Éxodo 25:10-12); y contenía en su interior las tablas de la ley, la vara de Aarón y una
porción del maná.

El corazón de la vida espiritual de Israel se encontraba dentro del lugar santísimo. Se


trataba de un recinto muy especial, estrecho y exclusivo, al que solo podía entrar una
persona representando a la totalidad del pueblo de Israel: el sumo sacerdote. Y este solo
ingresaba una vez por año para realizar el sacrificio de la expiación. Aquel velo que

67
Éxodo 26: 6, 7, 11, 14, 15-25, 31ss.
ADORACIÓN VERDADERA - 68
Alejandro De Luca

separaba el lugar santo del lugar santísimo se corría solo una vez cada año. El lugar
santísimo era el lugar donde Dios se encontraba con el sumo sacerdote, el punto de
reunión con Dios. Pero el velo, ese enorme y pesado cortinado, hacía de separación.

Un resumen del tabernáculo de Moisés, ya con la mirada del Nuevo Testamento lo


encontramos en Hebreos 9. Al escribir acerca del tabernáculo de Moisés, el autor de la
carta a los Hebreos realiza una importante diferenciación entre:
a. las cosas celestiales y
b. las figuras de las cosas celestiales.

Hebreos 9:23-26 nos dice:


“Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fuesen
purificadas así; pero las cosas celestiales mismas, con mejores
sacrificios que estos. Porque no entró Cristo en el santuario hecho de
mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse
ahora por nosotros ante Dios; y no para ofrecerse muchas veces,
como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con
sangre ajena. De otra manera le hubiera sido necesario padecer
muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la
consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el
sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado.”

Al hacer esta diferenciación entre las cosas celestiales y las figuras de las cosas
celestiales, la carta a los Hebreos nos dice que el tabernáculo de Moisés era una
representación figurada y material de una realidad espiritual. El tabernáculo es el
significante; su significado está en los cielos. El significante es material; el significado
es espiritual. Como ejemplo de esto, se nos dice que las figuras de las cosas celestiales
fueron purificadas con la sangre de los machos cabríos, pero las cosas celestiales
mismas, con mejores sacrificios (haciendo referencia aquí a la sangre de Cristo).

A aquel tabernáculo de Moisés, hemos dicho que el sacerdote entraba una sola vez en el
año, y siempre “con sangre ajena”. Esta acción, aunque ordenada por Dios ajustada a
los tiempos antiguos, era siempre insuficiente (Hebreos 10:3, 4, 11). Prestemos
atención a las expresiones “no puede”, “nunca puede”, “no quisiste”, “no te
agradaron” en Hebreos 10:1, 4, 5, 8, para referirse a los sacrificios de sangre que se
celebraban en el tabernáculo de Moisés. En cambio, Cristo (y aquí el lenguaje de
Hebreos desborda espiritualidad) entró en el santuario no hecho de manos de hombre,
ADORACIÓN VERDADERA - 69
Alejandro De Luca

una vez y para siempre (y no con sangre ajena, sino con su propia sangre: la sangre de
un Cordero sin mancha) para quitar todo pecado. Ese sacrificio sí es suficiente
(Hebreos 10:10, 12). Al hacerlo, Dios “quita lo primero para establecer esto último”.
Es decir, quita los sacrificios de animales y establece, de una vez y para siempre, la
validez del sacrificio de Cristo en la cruz. Porque con una sola ofrenda hizo perfectos
para siempre a los santificados (Hebreos 10:9, 14).

En otras palabras, la Ley presenta “la sombra de los bienes venideros, no la imagen
misma de las cosas” (Hebreos 10:1). El tabernáculo de Moisés era imponente, pero a la
vez insuficiente. Era una sombra, un atisbo apenas, de lo verdadero, de lo eterno y
celestial. Aquel tabernáculo era maravilloso, pero no excelente. Y cada vez que el sumo
sacerdote entraba al lugar santísimo su acción -ordenada por Dios pero de alcance
limitado- estaba proyectándose hacia Cristo. Dicho de otro modo, sólo la persona de
Cristo revelaría el significado más profundo de todos aquellos rituales del tabernáculo
de Moisés.

Pero prestemos atención: entre uno y otro, entre el tabernáculo de Moisés y la venida de
Cristo, se levanta el tabernáculo de David, aquel que Amós profetizó que sería
restaurado; un puente entre Moisés y Jesucristo que encierra algunos de los secretos de
la adoración verdadera.

El
tabernáculo
de
El DAVID CRISTO:
tabernáculo Su obra en el
de tabernáculo
MOISÉS (Hebreos)
ADORACIÓN VERDADERA - 70
Alejandro De Luca

Capítulo 2: El tabernáculo de
David
2 Samuel 6:17 – Metieron, pues, el arca de Jehová, y la pusieron en su lugar en medio
de una tienda que David le había levantado; y sacrificó David holocaustos y ofrendas de
paz delante de Jehová.

“Anhelando ofrecer algo de valor


para bendecir tu corazón.” 68
(Esencia de adoración - David Quinlan)

Con el Arca del Pacto los israelitas realizaron grandes hazañas en su salida de Egipto y
en su ingreso a la tierra prometida. El libro de Números nos cuenta que los levitas
marchaban con el arca, y el pueblo detrás de ellos69. Más tarde, vemos en Josué que con
el arca cruzaron el río Jordán en seco. Y luego también con el arca rodearon la ciudad
de Jericó antes de que sus muros cayeran.70

Sin embargo, unos años más tarde, apenas podemos divisar dónde estaba el Arca. Fue
llevada a Silo, donde había un templo y allí fue dejada, (1 Samuel 3:3). Cuando los
filisteos roban el Arca (1 Samuel 4:11-22), esta inicia un largo período a la deriva.71

Cuando David inicia su reinado, el arca se encontraba en casa de Abinadab (1 Samuel


7:1-2), donde estuvo por más de cincuenta años. Allí los israelitas habían santificado a
Eleazar, el hijo de Abinadab para cuidarla. La amenaza filistea ya había desaparecido y
David, que por entonces gobernaba desde la ciudad de Hebrón, se propone conquistar
Jerusalén72 y establecer allí su residencia, transformándola en capital del reino. Esta

68
“Longing just to bring something that's of worth that will bless your heart” (The heart of worship –
Matt Redman).
69
Números cap. 10.
70
Josué 3 y 6.
71
Robada por los filisteos, el arca pasa de Asdod a Gat, y de allí a Ecrón (1 Samuel 5) sembrando el
pánico durante siete meses, hasta que los filisteos deciden devolver el Arca. Una vez en manos de los
israelitas, el arca es llevada de Bet Semes a Quiriat Jearim (1 Samuel 6) sin que ellos supieran bien qué
hacer con el arca, ni cómo transportarla.
72
La conquista de Jerusalén (2 Samuel 5:6-10), hasta entonces en manos de los Jebuseos, fue realizada
con tropas personales de David, de modo que la ciudad fue desde entonces su posesión personal (la
ciudad de David). BRIGHT, op. cit., p. 202.
ADORACIÓN VERDADERA - 71
Alejandro De Luca

decisión política y estratégica tenía su costado espiritual. En ese momento, David se


propuso trasladar el arca que se encontraba abandonada desde hacía más de una
generación, en Quiriat Jearim.

Es entonces, al intentar trasladar el arca a Jerusalén, cuando se produce el extraño


incidente en el que Uza muere. David se entristeció tanto, que el arca quedó guardada
en casa de Obed Edom por tres meses. Pero Dios bendijo a Obed Edom de tal manera
que logró llamar la atención de David para que renovara sus intenciones de llevar el
arca a Jerusalén.73

David lo hace finalmente y el Arca es trasladada a Jerusalén (2 Samuel 6:13-23). En la


ceremonia de traslado del arca, vale la pena detenerse un poco en el clima festivo que
logró darle David a esa celebración. Fue capaz de involucrar a todo el pueblo en una
fiesta de adoración mientras subían con el arca, en medio de aclamaciones, canciones y
el sonido de instrumentos musicales (1 Crónicas 15:27-28).

Allí podemos ver a David, el rey, liderando un desfile, una celebración popular para
alentar la adoración entre su pueblo. Definitivamente, David fue un hombre de
influencia, que logró contagiar su pasión por la música y la adoración a quienes lo
rodeaban, y le dio status institucional a ese ministerio nuevo que estaba promoviendo.

Una vez en Jerusalén, el arca habitó “entre cortinas”, probablemente en casa de David
(2 Samuel 7:2). Si esto es así, el tabernáculo de David habitó en el palacio durante más
de treinta años (hasta la consagración del templo de Salomón) en los cuales los levitas
adoraban a Dios en ese mismo lugar. Podemos imaginar que la música de los levitas y
cantores llenaba todo el palacio de la presencia de Dios.

Paradójicamente, David logró construir un palacio, “la casa de David” (2 Samuel 5:11,
7:1) pero no pudo edificar un templo. Dios mismo lo desalienta74 (2 Samuel 7) y sus
intenciones quedan postergadas.75 David quiso hacer algo más grande para Dios, un

73
2 Samuel 6:1-12
74
2 Samuel 7:4-16
75
No obstante David se ocupó del terreno donde sería levantado el templo, y de acuerdo con 1 Crónicas
22 al 29 hizo todos los preparativos (incluido el acopio de materiales y los planos) para que Salomón en
poco tiempo pudiera cumplir con el sueño de su padre. BRIGHT, op. cit., p. 203.
ADORACIÓN VERDADERA - 72
Alejandro De Luca

gran santuario nacional, y fue Dios mismo quien se lo impidió. No obstante, la historia
nos muestra que era un hombre que pensaba en las cosas de Dios. Cuando el arca estaba
olvidada, la hizo llevar a Jerusalén, dándole un lugar preeminente; cuando la tuvo en
una tienda, quiso edificar un templo. 76 David siempre iba a más con las cosas de Dios.

Tal vez podemos tomar para nosotros ese ejemplo, cuando pudiendo pensar en las cosas
de Dios, muchas veces solo pensamos en lo personal. En el corazón de David vemos la
intención de agradar a Dios, de ocuparse por mejorar, profundizar y ampliar la
comunión espiritual de su pueblo con su Dios. Desde el punto de vista político,
podemos pensar que su intención fue legitimar el Estado dotándolo de elementos
religiosos para presentarse a sí mismo como auténtico sucesor del Israel antiguo. No
obstante, es indiscutible su genuino interés por proteger y enriquecer el culto,
agregándole un matiz distintivo a partir de la difusión del ministerio musical.77

Es en ese contexto que debemos analizar el ordenamiento del sacerdocio levítico de la


alabanza y la adoración que se lleva a cabo bajo su reinado (1 Crónicas 6:31-48; 9:33).
Una y otra vez vemos el deseo de David de una adoración continua (por ejemplo, en el
Salmo 134). Cuando el arca finalmente tuvo reposo, David puso a estos levitas sobre el
servicio del canto en el tabernáculo. Estos levitas músicos y cantores, servían delante de
la tienda del tabernáculo de reunión hasta que Salomón edificó la casa de Jehová en
Jerusalén. De día y de noche.78

En el tabernáculo de David encontramos el embrión de todo lo que fue posteriormente


el ministerio de la adoración en el templo. Es un anticipo de un modo nuevo de entender
el culto, ya no basado solamente en los sacrificios de animales sino en corazones que se
elevaban delante de Dios adorándole siendo guiados por el sacerdocio levítico de
cientos de músicos y cantores puestos al servicio de Dios y de su pueblo.79

76
Más tarde, el arca sería trasladada al templo de Salomón (2 Crónicas 5:2; 6:11).
77
“Según la tradición del cronista, que no ha de ser rechazada a la ligera, David fue un magnánimo
protector del culto, enriqueciéndole de diversas formas, particularmente en lo que se refiere a la
música.” BRIGHT, op. cit., p. 209.
78
David estableció veinticuatro órdenes sacerdotales (1 Crónicas 24) que ministraran a Dios con
alabanza continua. También definió cuatro encargados de las alabanzas (1 Crónicas 15): 3 cantores,
(Asaf, Hemán, Jedutún), y 1 director, (Quenanías).
79
"Gran parte de la organización religiosa que habría de enriquecer más tarde el culto en el templo debe
su origen a los arreglos para el servicio religioso en el tabernáculo construido por David en esa época.
Además de su importancia estratégica y política, Jerusalén adquirió de esta manera una significación
ADORACIÓN VERDADERA - 73
Alejandro De Luca

¿Se entiende por qué Dios promete restaurar el tabernáculo de David? Si Dios
simplemente deseaba habitar en medio de su pueblo, tener comunión con ellos y recibir
adoración verdadera, David logró discernir los deseos del corazón de Dios. Detrás de la
sencillez de aquellas cortinas estaba “El Tabernáculo de David”. Era la concentración
al extremo del tabernáculo de Moisés, tanto que contenía prácticamente aquello que
correspondía al lugar santísimo. Sin velo, sin separación. Del tabernáculo de Moisés, al
que solo el sumo sacerdote podía entrar una vez por año, David nos lleva a un santuario
al que podría entrar simple y sencillamente “el limpio de manos y corazón puro”
(Salmo 24:3-6).

Enfaticemos esto: los apóstoles entendieron en el debate del concilio de Jerusalén


registrado en Hechos 15 que aquel tabernáculo de David se restauraba en Cristo. Es que
el tabernáculo de David, sencillo y sin pretensiones, emblema de la comunión
permanente con Dios, se convirtió a partir de entonces en una referencia inevitable de la
Palabra de Dios cuando quiere resaltar el deseo de Dios de habitar con su pueblo.

En eso consiste la restauración del tabernáculo de David, en recuperar la experiencia de


David de darle a Dios una verdadera adoración. En promover eso que él llamó “una
generación de buscadores del rostro de Jehová” (Salmo 24:6). Repetimos aquí; el
tabernáculo de David es aquel que Dios prometió restaurar; los apóstoles recibieron
revelación de Dios de que aquel tabernáculo de David (la experiencia genuina de la
adoración delante de Dios) se restauraría en Cristo.

Dios es digno de recibir nuestra adoración. Él habita en medio de las alabanzas de su


pueblo. ¡Recibamos el llamado de Dios de restaurar el tabernáculo de David en cada
una de nuestras vidas, en cada corazón, en cada congregación! Dios establece su tienda,
su tabernáculo entre nosotros. ¡Él desea ser adorado!

aún mayor desde la de perspectiva religiosa, con la cual se ha asociado su nombre desde entonces."
AA. VV., Diccionario Bíblico Certeza, p. 344.
ADORACIÓN VERDADERA - 74
Alejandro De Luca

Capítulo 3: La necesidad de la
restauración
Amós 9:11 (NTV) – En aquel día restauraré la casa caída de David. Repararé sus muros
dañados. De las ruinas, la reedificaré y restauraré su gloria anterior.

“Más que una canción yo te daré,


porque sólo una canción no es lo que quieres de mí.
Más profundo busca Señor de lo que los ojos puedan ver,
quieres mi corazón.”80
(Esencia de adoración - David Quinlan)

Ya para los días del profeta Amós, el tabernáculo de David estaba completamente
deteriorado. El arca del pacto y todos sus elementos materiales podían estar todavía en
el templo, pero Dios dice: “Yo restauraré el tabernáculo caído de David”. Este
deterioro no era material, sino espiritual. Cuando la profecía de Amós nos dice que Dios
restaurará el tabernáculo de David, nos dice que estaba en ruinas, y que estaba caído. La
apelación de Jacobo en el Concilio de Jerusalén remite a la misma situación de
decadencia espiritual.

La restauración era necesaria porque el tabernáculo de David se encontraba con sus


paredes agrietadas, rotas, rajadas… Dios promete reparar, reconstruir, volverlo a
levantar, restaurarlo desde sus ruinas y devolverle la gloria anterior.

Pero la nota de esperanza es la convicción de los apóstoles de que el tiempo de la


restauración del tabernáculo de David había llegado. En otras palabras, que en Cristo se
restaura el tabernáculo caído de David. Que el encargado de hacer posible la
reconstrucción de la adoración verdadera es Jesucristo mismo.

Recordemos las palabras de Jesús a la mujer samaritana en Juan 4:21-26:


“Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en
Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no sabéis;
nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los
judíos. Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos

80
“I'll bring You more than a song. For a song in itself is not what You have required. You search much
deeper within through the ways things appear. You're looking into my heart. (The heart of worship –
Matt Redman)
ADORACIÓN VERDADERA - 75
Alejandro De Luca

adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque


también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es
Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que
adoren”.

La mujer le respondió:
“Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos
declarará todas las cosas”.

Y Jesús le dijo:
“Yo soy, el que habla contigo”.

La más pura esencia de la adoración verdadera, la que Dios quería recibir desde tiempos
antiguos, que cumple en la persona de Cristo. Está en sus palabras, “la hora viene y
ahora es”, y luego “yo soy”. Sí, Cristo Jesús lo hizo posible. Él es el Verbo que se hizo
carne, (Juan 1:14), Él es Dios mismo que habitó entre nosotros, estableció “su tienda”
entre los hombres.

Entonces, la posibilidad de que Dios habite en medio de su pueblo – ahora un pueblo


ampliado a todos aquellos que invocan su nombre (Amós 9:12), a todos aquellos que
buscan al Señor (Hechos 15:17), sin distinción de nacionalidades, o grupos étnicos – se
restaura. Y es la venida de Cristo la que hace posible para nosotros una nueva relación
con Dios, mucho más que una religión.

Una relación que es reedificada, reparada, restaurada y levantada desde sus mismas
ruinas. Las ruinas de la religiosidad vacía, en la que los rituales reemplazan sin pulso a
la vida del espíritu. Las ruinas en las que los hombres queremos enfriar a Dios para
controlarlo y manejarlo en medio de nuestros planes de culto. ¿Es necesario decir aquí
lo que hace Dios cuando restaura? Hace las cosas a nuevo 81, les devuelve su esplendor,
su brillo original. Es el Creador, que crea y re-crea82. Aquel que hace nuevas todas las
cosas83, el que nos hace nuevas criaturas.

La tarea de un restaurador es una tarea de mucho cuidado. Pero Dios no solo trabaja con
mucho cuidado y dedicación, sino que aquello que restaura, lejos de dejarlo como mero

81
2 Corintios 5:17.
82
Gálatas 6:15.
83
Apocalipsis 21:5.
ADORACIÓN VERDADERA - 76
Alejandro De Luca

objeto decorativo, ¡lo vuelve aponer en funcionamiento! Lo hace con las personas, con
las familias, con la iglesia, y con el ministerio. Dios restaura para volver a usar. Dios
restaura y nos devuelve el funcionamiento. Dios restaura y su gloria vuelve a aparecer.
Gloria: “…y restauraré su gloria anterior” (Amós 9:11, NTV).

Así que Dios toma una relación rota, y la devuelve a su estado original. La restaura y la
mejora. Por eso, “la gloria postrera será mayor que la primera”, dice Hageo 2:9. Otra
vez, una casa, un templo, que había perdido su antiguo esplendor, que ante los ojos de
quien se detuviera a mirarlo era solo ruinas, sería lleno de la gloria de Dios, ¡de una
gloria mayor!

Dios restaura nuestra adoración. Resulta entonces, que ya no es importante si adoramos


en un monte o en otro, (podríamos decir en este templo o en aquel, en esta o aquella
iglesia) sino que la adoración verdadera no depende de las estructuras que los hombres
armamos para sostener nuestra religiosidad, aun con las mejores intenciones. “Ni en
este monte, ni en Jerusalén”, dijo Jesús, sino “en espíritu y en verdad”. ¿Podemos
escuchar a Jesús diciendo estas palabras? La adoración verdadera no depende de las
cosas que los hombres consideramos importantes (este monte, Jerusalén… ¡vaya Ud. a
decirle a un judío sincero que eso no era importante!). La adoración verdadera es en el
espíritu, o no es. Reclama verdad, sinceridad, profundidad y un soplo del Espíritu Santo
para que sea posible. Cuando eso sucede, tengamos por seguro que la adoración postrera
será mejor que la primera: esto será así porque habrá sido restaurada por Dios mediante
la obra de su mismo Espíritu.

Y al decir estas palabras, Jesús cambia todo el paradigma de lo que entendemos que es
la adoración que el Padre desea recibir. Porque además agrega dos condimentos:
a. El Padre busca esa clase de adoradores (tengamos en mente la celebración de
David al trasladar el Arca…); y
b. Es necesario que le adoren de esa manera (en espíritu y en verdad). Adoración
espiritual y verdadera es la que el Padre busca.

Adoración espiritual y verdadera es la que Cristo restaura, cumpliendo de esa manera la


profecía de Amós. El tabernáculo de David ha sido restaurado. Está de pie. Ya no está
ADORACIÓN VERDADERA - 77
Alejandro De Luca

en ruinas. Goza de buena salud. Y está abierto para que nosotros entremos
confiadamente. Tenemos libre acceso. ¡Que nadie se quede afuera!

SIGLO XV A.C. SIGLO XI A.C SIGLO VIII A.C. SIGLO I D.C. SIGLO XXI
MOISÉS DAVID AMÓS CONCILIO DE JERUSALÉN TIEMPO PRESENTE

/ / / / /

El tabernáculo de La restauración La restauración


Moisés El tabernáculo de del tabernáculo de La restauración del tabernáculo de
(Éxodo 25) David David es del tabernáculo de David es
(2 Samuel 7) prometida David ha llegado experimentada.
(Amós 9:11-12) (Hechos 15:16-17) Adoración en
espíritu y en
verdad
(Juan 4:23-24)
ADORACIÓN VERDADERA - 78
Alejandro De Luca

Capítulo 4: La generosa invitación


de Dios
Hechos 15:17 - Para que el resto de los hombres busque al Señor.

“Estoy volviendo a la esencia de la adoración,


y la esencia eres Tú, la esencia eres Tú, Jesús.” 84
(Esencia de adoración - David Quinlan)

Antes de finalizar su inspirada intervención en el Concilio de Jerusalén, con la que logró


una definición del debate en favor de la universalidad de la fe cristiana, Jacobo nos deja
una generosa invitación de parte de Dios: “Para que el resto de los hombres busque al
Señor”. (Hechos 15:17)

La invitación extendida a la humanidad toda para que busque a Dios de corazón -y le


adore- es la generosa invitación de Dios. El “resto de los hombres que buscan al
Señor”, y “los gentiles sobre los cuales Su Nombre es invocado” que menciona Amós
en su profecía,… ¡somos nosotros!

No podía ser de otra manera. La restauración del tabernáculo de David culmina con una
invitación más amplia, más abierta y generosa que la anterior. De pronto, se hace
evidente que con la venida de Cristo se manifiesta el camino al lugar santísimo
(Hebreos 9:8). Entonces, aquel camino exclusivo se hace universal. Aquella posibilidad
esporádica, limitada, acotada (solo una persona, solo si era el sumo sacerdote, solo una
vez por año…) ahora es una posibilidad abierta por la gracia de Dios, ¡sin límites! Es
una puerta abierta a toda persona, de cualquier nacionalidad, de cualquier grupo étnico,
sin distinciones sociales, para que puedan entrar cuando quieran, cuantas veces quieran
al lugar santísimo, a la misma presencia de Dios. Y todo esto es posible (sepámoslo,
seamos agradecidos) porque Cristo Jesús, aquel que nos amó y nos salvó, un día se puso
las ropas del sumo sacerdote (figuradamente, claro) en un tabernáculo mucho más
perfecto: no hecho de manos, no de esta creación (Hebreos 9:11).

84
“I'm coming back to the heart of worship. And it's all about You, aAll about You, Jesus”. (The heart of
worship – Matt Redman)
ADORACIÓN VERDADERA - 79
Alejandro De Luca

Ud. ya lo sabe: la obra de Cristo tiene implicancias eternas, pero sus efectos inmediatos
se experimentan aquí y ahora. El resultado de la obra de Cristo en el tabernáculo –
quien, de manera figurada, entró por nosotros como Sumo Sacerdote, y se ofreció a sí
mismo como el Cordero de Dios – es un nuevo pacto con nosotros en el cual pone sus
leyes en nuestro corazón y las escribe en nuestra mente (Hebreos 10:16), y nos da
libertad para entrar al lugar santísimo. Esa es la libertad para una adoración verdadera, y
es la restauración del tabernáculo de David prometida por el profeta Amós, y
reinterpretada por Jacobo en el concilio de Jerusalén.

Entonces el tabernáculo de David se proyecta hacia este tiempo de gracia que vivimos
hoy, en el cual Dios habita con su pueblo (la Iglesia) mientras busca (en palabras de
Jesús a la mujer samaritana) “verdaderos adoradores que le adoren en espíritu y en
verdad”. Es la restauración de la adoración verdadera: la de David, la de los verdaderos
creyentes que se transforman también en tabernáculos vivientes, tiendas del Espíritu
Santo, para que Él habite en nosotros.85

Este es el tiempo de Amós 9. Él profetizó que nosotros viviríamos ese tiempo de la


restauración del tabernáculo de David, la restauración de la adoración verdadera, la
restauración de la comunión plena. Y en este punto, David es nuestro ejemplo, un
adorador en Espíritu y en Verdad. Él desplegó toda su expresividad en la alabanza a
Dios, con música, canto y danza, como hemos visto. Comprometió su rol de monarca y
su prestigio personal en pos de una adoración plena. Pero hay más: David fue ese
tremendo adorador porque era un hombre conforme al corazón de Dios. Para decir
mejor: porque tenía ese corazón, la adoración fue lo que fue para David. En la
adoración, siempre el corazón está primero. La adoración que le demos a Dios, será el
fruto de un corazón cambiado (restaurado) por Dios.

Esta generosa invitación de Dios, la apertura a todos los hombres y mujeres es la


invitación a buscar al Señor (Hebreos 10:19-22). Tenemos libertad, entonces entremos
al lugar santísimo y acerquémonos a Dios. Entremos y acerquémonos, son dos

85
El apóstol Pablo usa esa expresión en 2 Corintios 5:1-4, para referirse a nuestro cuerpo físico como
“morada terrestre” del Espíritu Santo. En este tabernáculo, sufrimos, gemimos con angustia, pero
nuestra esperanza está en que “si este de deshiciere… tenemos de Dios un edificio” en los cielos.
ADORACIÓN VERDADERA - 80
Alejandro De Luca

expresiones de apertura de parte de Dios. Es Él quien nos dice: “Acérquense, entren a


mi presencia”. Y todo esto es posible porque el velo que actuaba como separación en el
tabernáculo, entre el lugar santo y el lugar santísimo, se rompió, se rasgó, de arriba
abajo, por la mitad86. Y a partir de entonces podemos “entrar confiadamente al trono de
la gracia” (Hebreos 4:16).

La restauración del tabernáculo de David es invitación y acceso a la presencia misma de


Dios. Jesús nos abrió “un camino nuevo y vivo” a través del velo. ¿Nos quedaremos
afuera, o entraremos confiadamente a la comunión plena con Dios? Él promete
restaurar, reedificar volver a levantar ese tabernáculo. Estamos diciendo aquí que Dios
restaura en Cristo la posibilidad de habitar en medio de los hombres para volver a
recibir la verdadera adoración debida a su Nombre. La restauración del tabernáculo de
David es el establecimiento de una “tienda” en tu corazón, de la presencia misma de
Dios en tu corazón. Es el llamado y la invitación franca y directa a todos los hombres y
mujeres, a buscar a Dios, invocando su Nombre, sin distinción alguna.

86
¿Es necesario decir Quién lo hizo? (Mateo 27:51; Marcos 15:38; Lucas 23:45).
ADORACIÓN VERDADERA - 81
Alejandro De Luca

4ª Parte

Adoración en
contextos
desfavorables
ADORACIÓN VERDADERA - 82
Alejandro De Luca

Introducción:

“Cuando la mano viene cambiada…” En Argentina usamos esta expresión para referirnos a
momentos en que las cosas se complican, no salen como esperábamos. Desconozco
exactamente el origen de esa frase, pero supongo que puede referirse a los juegos de naipes,
tan populares en nuestro país. Cuando la mano viene cambiada todo es más difícil, todo se
hace cuesta arriba. No juego al póker, pero sí al truco o al chinchón. En el juego del truco, la
mano viene cambiada cuando a uno le tocan cartas que no sirven ni para el truco, ni para el
envido. Abundan los cuatros, los cincos o los seis. En el chinchón, la mano viene cambiada
cuando no se puede armar juego, es decir combinar las cartas de manera de formar escaleras
de un mismo palo o reunir cartas del mismo número; tres o cuatro en cada caso. No hay nada
que hacerle: usted puede ser el mejor jugador del mundo, pero si la mano viene cambiada es
poco lo que se puede hacer.

En la vida hay momentos en que la mano viene cambiada. Los distintos factores de
circunstancia, tiempo y lugar se reúnen para formar la tormenta perfecta. Definitivamente,
hay fuerzas que nos superan y que escapan a nuestro control. Otras veces, no hay caso: por
más que le demos vueltas al asunto no le encontramos la salida. Ni con nuestras capacidades,
ni con nuestras fuerzas; todo lo aprendido parece inútil, todo esfuerzo se va al tacho. Es
necesario improvisar, encomendarse al Altísimo, cerrar los ojos y darle para adelante.

Los evangelios de Mateo y Marcos87 nos cuentan la historia de Jesús (y Pedro) caminando
sobre las aguas. Los dos evangelistas concuerdan en que habiendo terminado de alimentar a
la multitud, el Señor quiso apartarse para orar a solas, mientras les pedía a sus discípulos que
subieran a la barca y lo esperaran en la orilla de enfrente. Notemos este detalle: Jesús los hizo
entrar en la barca. Se hizo de noche. Y mientras Jesús oraba en el monte, la tormenta se
desató en el lago. Los discípulos se llenaron de temor porque la pequeña barcaza era azotada
por las olas. Mateo nos aclara: “Porque el viento era contrario”. Marcos personaliza: los
discípulos remaban como podían con gran esfuerzo “porque el viento les era contrario”. La
historia tiene un final feliz: Jesús vio la situación, se acercó a ellos caminando sobre las
aguas; ellos pensaron que era un fantasma, no lo reconocieron en la noche de la tormenta (a
veces nos cuesta reconocer la presencia de Jesús cuando el viento nos es contrario); y Él se

87
Mateo 14:22-34; Marcos 6:45-54. El relato de Mateo incluye la experiencia de Pedro caminando sobre las
aguas, que está omitido en el evangelio de Marcos.
ADORACIÓN VERDADERA - 83
Alejandro De Luca

manifestó a ellos con esas palabras que sigue susurrando a nuestros oídos en cada noche
oscura: “¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!” Cuando Jesús subió con ellos a la barca, la
tormenta se calmó.

Marcos dice que ellos se asombraron y se maravillaron. Pero Mateo agrega:

“Entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron,


diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios.” (Mateo 14:33)

Y sí, la adoración verdadera también se manifiesta cuando la mano viene cambiada.


Cuando el viento nos es contrario. Cuando el mundo se levanta contra nosotros, cuando la fe
es puesta a prueba; cuando los problemas se amontonan, y a los problemas de salud se le
juntan los de la economía, y a la falta de empleo se le suma una crisis familiar. Tal vez,
aunque parezca paradójico, la mano empieza a venir cambiada cuando hemos obedecido a
Dios, o hemos dado pasos de fe, o hemos tomado decisiones que suponemos que deberían
hacernos contar con el favor de Dios. ¡Al fin y al cabo Jesús mismo les había dicho a los doce
que entraran a la barca! En todos estos casos somos puestos a prueba, y un verdadero
adorador sabe que Dios está allí. Podemos dudar de todo a nuestro alrededor, menos de la
presencia de nuestro Dios.

Admiro a Moisés. Debo decirlo así, abierta y claramente. Admiro lo que ese hombre hizo,
cómo lo hizo, la grandeza de su liderazgo, lo difícil de su tarea. Cuando Dios llamó a Moisés,
en la vida espiritual de Israel estaba todo por hacerse; eran solo un grupo de personas
sufrientes en pleno cautiverio en Egipto. Cuando Moisés finaliza su tarea cuarenta años
después, Israel es una nación; los israelitas tenían una legislación, una tierra (aunque todavía
tuvieran que pelear por ella), y un futuro. Las presiones que sufrió Moisés en medio del
desierto lo convierten para siempre en un modelo a seguir.

Moisés será protagonista de las próximas páginas, ya lo hemos visto en el altar, y también en
el tabernáculo. Ahora lo veremos adorando, buscando a Dios y motivando a la adoración en
contextos desfavorables. Junto a él, esta última parte del libro presenta otra historia que
transcurrió varios siglos después, en otro escenario hostil. La de los tres jóvenes en Babilonia,
condenados al horno de fuego. Me contaron esa historia cuando yo era un niño, y todavía veo
a esos tres amigos caer en el horno de fuego ¡de una patada en el trasero!
ADORACIÓN VERDADERA - 84
Alejandro De Luca

La adoración verdadera requiere valentía, coraje, ánimo fortalecido; carácter,


perseverancia, fe y actitud. La adoración verdadera se pone de manifiesto muy
especialmente en contextos desfavorables. Como los que transitaron los personajes que
veremos a continuación; como los que a veces transitamos nosotros.
ADORACIÓN VERDADERA - 85
Alejandro De Luca

Capítulo 1: Oír – creer – adorar


Éxodo 4:31 – Y el pueblo creyó; y oyendo que Jehová había visitado a los hijos de Israel, y
que había visto su aflicción, se inclinaron y adoraron.

“Yo quiero ser un adorador que ante tus pies se ha rendido”


(Adorar – Alejandro del Bosque)

Esta es la reseña de una reunión en el desierto: la histórica reunión entre dos hermanos,
Moisés y Aarón. Es un reencuentro después de años entre dos viejos conocidos. Es también el
comienzo de una asociación promovida por Dios para lograr el objetivo de liberar a los
israelitas de la esclavitud a la que eran sometidos en Egipto.

“Y Jehová dijo a Aarón: Vé a recibir a Moisés al desierto. Y él fue, y


lo encontró en el monte de Dios, y le besó. Entonces contó Moisés a
Aarón todas las palabras de Jehová que le enviaba, y todas las
señales que le había dado. Y fueron Moisés y Aarón, y reunieron a
todos los ancianos de los hijos de Israel. Y habló Aarón acerca de
todas las cosas que Jehová había dicho a Moisés, e hizo las señales
delante de los ojos del pueblo. Y el pueblo creyó; y oyendo que
Jehová había visitado a los hijos de Israel, y que había visto su
aflicción, se inclinaron y adoraron.” (Éxodo 4:27-31).

Después de que Moisés recibiera el llamado de Dios (Éxodo 3) va a reunirse con Aarón para
contarle lo recibido. Paradójicamente, Moisés inicia su ministerio… con su propio hermano.
Es a él a quien primero debe contarle su experiencia. Nada más difícil que ser profeta en su
propia casa88, pero así fue el reencuentro de Moisés y Aarón.

A partir de este momento, se da una dinámica muy particular en la relación entre ambos, en la
que Moisés es el que lidera, pero Aarón es quien habla. Los motivos por los cuales esto fue
así, tal vez haya que buscarlos en la reticencia de Moisés al liderazgo, manifestada en su
diálogo con Dios. La idea original de Dios, claramente, era que Moisés liderara la misión y
hablara él mismo. ¿Por qué razón necesitaría de un intérprete? Dios le dice que vaya a Egipto
a hablar con el Faraón, y que Él estaría respaldándolo. Pero Moisés comienza a poner
reparos, y lo hace una y otra vez: “¿Quién soy yo para que vaya y saque a los hijos de
Israel?” (Éxodo 3:11). Sin escuchar la respuesta de Dios, continúa: “¿Qué les responderé
cuando me pregunten quién me envió?” (Éx. 3:13). Dios le dice claramente: “Oirán tu voz y
hablarás tú” (Éx. 3:18). Dios quería hablar a través de Moisés, Él podía hacerlo.

88
“No hay profeta sin honra, sino en su propia tierra, y entre sus parientes, y en su casa”. (Marcos 6:4)
ADORACIÓN VERDADERA - 86
Alejandro De Luca

Pero Moisés no puede ver todavía la grandeza y el poder de ese Dios que le dice que quiere
usarlo tal cual era él. Y sigue adelante poniendo obstáculos a cada propuesta de Dios. A cada
solución, un problema, parece ser la estrategia de Moisés. “No, no, ellos no me creerán”,
dice Moisés (Éxodo 4:1). A esa altura Dios ya le había dado suficientes demostraciones de
quién era Él y de lo que estaba dispuesto a hacer, pero nada era suficiente para Moisés. Dios
continúa convenciéndolo: la vara que se convierte en culebra y luego en vara nuevamente
(Éx. 4:2-5); la mano de Moisés que queda leprosa y luego es limpiada (Éx. 4:6-9), es la
manera que tiene Dios de decirle: “Cuando vean que haces esto, cuando vean estas señales,
te creerán”.

El siguiente tramo del diálogo nos da la idea de que Dios todavía pensaba usar a Moisés sin
necesidad de la ayuda de Aarón: Moisés argumenta dificultades en el habla, tal vez cierta
tartamudez, cierta falta de fluidez en el lenguaje (Éx. 4:10), y Dios todavía le responde que
Él puede usarlo, capacitarlo por encima de sus falencias naturales. Y la afirmación de Dios no
deja lugar a dudas: “Ahora pues vé, yo estaré con tu boca y te enseñaré lo que debas hablar”
(Éx. 4:12). Más claro imposible: Moisés podría hablar por sus propios medios porque Dios
mismo estaría con él.

Pero la negativa de Moisés era tan cerrada que siguió hasta hacer enojar a Dios. (Advertencia:
a la hora de recibir un llamado de parte de Dios es bueno manifestar la humildad de quien es
consciente de sus propias limitaciones y no caer en el error de aquellos que
inconscientemente creen estar capacitados para todo; pero llevada al extremo esa actitud, la
de negarnos a servir al Señor con la cualidades que Él nos dio, podemos hacer enojar a Dios).
Efectivamente, es Moisés quien propone que otra persona hable por él; tal vez recordara que
su hermano Aarón (mayor que él) era mucho más elocuente, tal vez su propia inseguridad le
haya jugado una mala pasada. Como sea, es Moisés quien no le deja a Dios otra salida que
hablar por medio de Aarón. Desde entonces quedan establecidos los roles de Moisés y Aarón
(Éxodo 4:15-16):
 Dios le hablaría a Moisés. El liderazgo espiritual le correspondería a Moisés.
 Moisés le hablaría a Aarón.
 Aarón hablaría al pueblo. Aarón sería la boca de Moisés.
 Dios los respaldaría a los dos.
ADORACIÓN VERDADERA - 87
Alejandro De Luca

Textualmente: “Él [Aarón] te será a ti en lugar de boca, y tú [Moisés] serás para él en lugar
de Dios”. Desde ese momento, Aarón fue una especie de traductor de Moisés. Un vocero, un
intérprete.

Finalizada la conversación con Moisés, es Dios mismo quien le avisa a Aarón que Moisés
está en camino. Aarón que se encontraba en Egipto, salió al desierto y los dos hermanos se
encontraron allí, cerca del Sinaí. No sabemos exactamente cuánto tiempo llevaban sin verse,
pero el reencuentro fue emotivo. Hubo abrazos y besos. Pero no había tiempo que perder.
Moisés debía contarle lo que Dios le había dicho que iba a hacer, y las señales milagrosas que
les mandaba a realizar. Aarón escuchó atentamente. La sociedad comenzaba a funcionar.

a. Oír

Aarón escuchó a Moisés. Escuchar parece fácil y sin embargo no lo es. Hay gente que tiene
muchas dificultades para escuchar. No necesariamente problemas de audición, sino que hay
gente que no se puede concentrar cuando queremos hablarle. O que simplemente están
distraídas, dispersas, o más ocupadas en lo que harán cuando terminemos de hablarles. Con
Aarón no pasó eso: él pudo y supo escuchar, entender y aceptar lo que Moisés tenía para
decirle. Y eso fue mérito de Aarón, una buena acción para un personaje que tuvo sus
renuncios. ¿Pero no era que Moisés no sabía hablar? Dios estaba con él. Aquellas palabras
habladas por Moisés a su hermano fueron efectivas, sin importar sus dificultades en el habla.
Eran las palabras que Jehová Dios había hablado antes a Moisés.

Todo lo que Dios le había dicho en esa larga conversación de Éxodo 3:1 – 4:23, los planes y
propósitos de Dios, lo que Dios se proponía hacer con Israel, estaba allí en esas palabras:
“He visto la aflicción de mi pueblo.
He descendido para librarlos.
Yo te envío a Faraón. (Pero él no los dejará ir sino con mano fuerte).
Los sacaré de Egipto a tierra donde fluye leche y miel.”

Todas esas palabras fueron dichas por Moisés a Aarón. Y eso ocurrió en el desierto. Aarón
fue convencido por aquellas palabras, promesas, planes y propósitos de Dios. Al fin y al
cabo, Moisés era más convincente de lo que él mismo pensaba… Pero vueltos a Egipto, una
vez que lograron reunir a los ancianos de Israel, el encargado de hablar fue Aarón. Y Aarón
habló las mismas palabras que le escuchó decir a Moisés de parte de Dios (Éx. 4:30), e hizo
ADORACIÓN VERDADERA - 88
Alejandro De Luca

las mismas señales que le vio hacer a Moisés. Aarón fue un intérprete fiel del mensaje que
debía dar ante los principales de su pueblo.

Hablar, decir, anunciar, proclamar, predicar… “¡La fe viene por el oír! Y el oír por la
palabra de Dios” (Romanos 10:17). Al fin y al cabo, el mismo apóstol Pablo se pregunta:
“¿Cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les
predique?” (Romanos 10:14).

Para que haya gente que pueda oír, es necesario que nos animemos a decir, a hablar. A contar
y a testificar. A predicar y anunciar. Porque la palabra dada con convicción, produce fe en
los oyentes. Finalmente, cuando Aarón habló, algo sucedió entre los líderes del pueblo de
Israel en Egipto.

b. Creer

“Y el pueblo creyó” (Éxodo 4:31). ¡Esa era finalmente la visitación de Dios! Después de
siglos de esclavitud y opresión en Egipto, Dios había visto la aflicción de sus hijos. Pero ese
día, recibida esa palabra, despertaron a la fe. Y volvieron a creer. La gente que pasa por
momentos de aflicción, necesita saber que Dios los visita. Y eso reaviva su fe.

Creyeron, quedaron convencidos que Moisés y Aarón habían sido enviados por Dios con esa
finalidad. El milagro de aquel día, más allá de las señales, es que aquel grupo de venerables
ancianos de Israel pudieron creerle a Dios. ¡Dios los convenció de sus planes! Y los
convenció del liderazgo que Moisés llevaría adelante. No era poca cosa, porque la aventura
de fe que estaba por comenzar los comprometería de lleno, como ya sabemos, a ellos y a sus
familias, en una travesía incierta, de regreso a una tierra que sus antepasados habían
abandonado ya cuatrocientos años antes. Los esperaba la libertad, pero era incierta. Los
esperaba la tierra prometida, ¿pero quién sabía con qué se encontrarían allí?

En ese breve enunciado, “el pueblo creyó”, es importante señalar aquí la importancia de las
señales a las que ya hicimos referencia. Los ancianos de Israel no solo fueron convencidos
por las palabras de Aarón, sino por las señales que le vieron hacer. La vara que se convierte
en culebra, y luego en vara nuevamente; la mano que queda leprosa, y luego limpia (Éxodo
4:30). Dios le había dicho a Moisés:
“Si no creen a las palabras, creerán a las señales.
ADORACIÓN VERDADERA - 89
Alejandro De Luca

Si no creen a la primera señal, creerán a la segunda.


Y si no... el agua del río se convertirá en sangre.”

Las señales ocuparon un lugar central en el ministerio de Jesús 89: su predicación era poderosa
y él hacía señales: sanaba a los enfermos, liberaba a los oprimidos, echaba fuera demonios. El
ministerio de los discípulos también fue respaldado por señales.90 Jesús mismo dijo que las
“señales seguirán a los que creen” (Marcos 16:17).

Moisés volvió a Egipto con la vara de Jehová en su mano. Y Aarón no dudó en hacer las
mismas señales delante de los ojos del pueblo. Las señales acompañaron la palabra hablada, y
despertaron la fe de la gente, y entonces el pueblo creyó. Pero al creer sucedió algo más…

c. Adorar

Cuando los israelitas se dieron cuenta de que Dios se acordaba de ellos, que había visto su
sufrimiento y que los tenía presentes, entonces pasó algo muy poderoso: ellos “se inclinaron
y adoraron” (Éxodo 4:31). Después de oír, creyeron. Y después de creer… ¡adoraron a Dios!
Allí se completa la secuencia oír - creer - adorar.

Adoraron a Dios, se postraron ante Él, lo reconocieron como Dios. De alguna manera, se
reencontraron con Dios. Volvieron a Jehová. Se humillaron ante su Dios.

Muchas veces cuando las cosas van mal en nuestras vidas, cuando la aflicción nos gobierna,
cuando nos sentimos oprimidos y casi nos falta el aire… muchas veces nos enojamos con
Dios. Comenzamos a cuestionarlo. Damos lugar a sentimientos de desilusión, de decepción.
La tristeza se traduce en una sola expresión: Dios se ha olvidado de mí. Estamos a un paso de
eso que la Biblia llama raíz de amargura (Hebreos 12:15), o de eso otro que llama darle
lugar al diablo (Efesios 4:27).

Pensemos por un momento cómo se sentirían los israelitas en Egipto, esclavos, lejos de su
tierra, desarraigados y explotados. Y no un día, ni una semana, ni un mes, sino cientos de
años. Cuatrocientos años. Ellos, sus hijos y sus nietos...

89
El evangelio de Juan es especialmente rico en la descripción de las señales en el ministerio terrenal de Jesús:
Juan 2:11, 23; 3:2; 6:2; 9:16; 11:47; 12:37; 20:30. El apóstol Pedro dio testimonio de estas señales en su primer
sermón (Hechos 2:22).
90
Acerca de las señales respaldando el ministerio de los apóstoles, véase: Hechos 2:43; 4:30; 5:12; 6:8; 8:6, 13;
14:3 y 15:12.
ADORACIÓN VERDADERA - 90
Alejandro De Luca

Son esos momentos en que la adoración se ve afectada. Adorar a Dios parece un lujo que no
nos podemos dar. ¿Cómo adorar en medio de la necesidad, en medio de la enfermedad, en
medio de la incertidumbre? Pero basta una palabra de fe oída, creída en el corazón, y la
adoración es restaurada. La adoración se restaura en contextos desfavorables cuando
permitimos que la fe nos movilice a pesar de todo.

Así pasó con ellos, así pasa con nosotros. ¿Cómo reaccionamos cuando alguien nos trae una
palabra de esperanza en medio de la noche más oscura? ¿Cuál es nuestra respuesta a un
hermano o un pastor que nos trae una palabra de Dios que dice que Él ha venido para
bendecirnos para liberarnos? ¿Indiferencia? ¿Resentimiento? ¿Victimización? Si podemos
escuchar esas palabras como palabras de Dios para nosotros, creerlas y andar por ellas; si el
oír da lugar al creer, entonces el creer puede dar paso al adorar. Porque adorar a Dios en un
contexto desfavorable es como navegar en medio de la tormenta más severa. Llega un
momento que se navega solo por instrumentos, confiando en ese instrumental que fue
diseñado antes de la tormenta, justamente para atravesar esas circunstancias extremas.

Oír - creer - adorar. Una secuencia que bendice nuestra vida. Comienza con una palabra
recibida de parte de Dios, dada y proclamada con fe, acompañada muchas veces de señales
milagrosas que abren nuestros ojos al mundo de la fe. ¡Dios está queriendo hacer algo
extraordinario! Continúa en un corazón que cree, que recibe esa palabra con fe. Sólo así
cuando la palabra va acompañada de fe, puede ser de provecho para los oyentes (Hebreos
4:2). Y culmina en una vida que cae rendida a los pies del Señor, que dice como Job “ahora
mis ojos te ven” (Job 42:5). La adoración es restaurada en vidas que sufren, esperan,
padecen. Y un día se encuentran, o se reencuentran con su Dios; vidas rendidas en adoración
como aquellos israelitas cuando escucharon y creyeron lo que Dios iba a hacer con ellos y por
ellos.
ADORACIÓN VERDADERA - 91
Alejandro De Luca

Capítulo 2: Favor y esplendor


Éxodo 33:16 (NVI) – Si no vienes con nosotros,... ¿En qué seríamos diferentes de los demás
pueblos de la tierra?

“Yo quiero verte, contemplar tu majestad y el resplandor de tu gloria”.


(Abre mis ojos, oh Cristo - Marco Barrientos)

Cada vez que leo este pasaje de Éxodo 33 me emociona el diálogo entre Dios y Moisés. Esta
conversación tiene una dosis de dramatismo difícil de entender si no somos capaces de
apreciar el tremendo desafío que Moisés tenía por delante como hombre de Dios. Los
pastores sabemos lo que significa la profunda necesidad de asegurarnos que Dios
verdaderamente está respaldándonos en nuestra tarea... ¿Cuántas cosas podían salir mal? Si
Moisés no acertaba con la guía de Dios, una multitud podía malograrse. La empresa titánica
de guiar al pueblo de Dios en el desierto rumbo a la tierra de Palestina podía fracasar. Muerte
y destrucción podían rodearlo si fallaba en discernir la palabra recibida de parte de Dios.

El texto del Éxodo nos dice que siempre que Moisés entraba al tabernáculo de reunión, una
columna de nube descendía y se posaba allí (Éx. 33:9). Moisés entraba al tabernáculo, y
cosas poderosas ocurrían. La columna de nube era la señal de que Dios y Moisés se
encontraban en plena comunión. Pero lo más maravilloso era que mientras Dios hablaba con
Moisés, la gente veía la columna de nube y se inclinaba a adorar a Dios (Éx. 33:10). En la
puerta de cada carpa se replicaba el encuentro espiritual de Dios y aquel líder jugado por
Dios.

La nube allá en lo alto era la llamada a la oración para cada familia. Lo que Moisés hacía,
tenía influencia. Moisés era un hombre de influencia. Moisés era un líder, pero además era un
adorador verdadero.

En esa intimidad, alejado del campamento, retirado de la gente para estar a solas con Dios, el
Señor hablaba cara a cara con Moisés, como quien habla con un amigo (Éx 33:11). Así, de
frente. Cercano. Familiar.

Pero el diálogo se pone dramático desde el versículo 12. Moisés de alguna manera le pide a
Dios garantías de que Él estaría con ellos. Le dice algo así, ¿Cómo puedo saber que estás y
que vas a estar conmigo? Textualmente: “Me dices que soy tu amigo pero... No me has
ADORACIÓN VERDADERA - 92
Alejandro De Luca

dicho a quién enviarás conmigo.” ¿Cuántas veces hemos pensado así? “Señor, me dices que
haga esto, pero… ¿vas a estar conmigo? Señor, tú me inquietas por la noche, me despiertas
de madrugada y tu Espíritu parece mostrarme algo ¿Vas a respaldarme?”

Para tratar de resolver su incertidumbre, para ganar certezas de parte de Dios, Moisés pone al
pueblo por delante: le pide a Dios que tenga en cuenta que son sus hijos, que no los
desampare. Generoso, no pide por él, sino por Israel; por la gente, por la multitud. Es en ese
momento que Dios responde, tocado en su corazón: “Yo mismo iré contigo”

Dios no los manda con algún ángel o querubín... no, no. Dios promete darle descanso a
Moisés con su misma presencia. La gente importante acostumbra en estos casos a llamar a un
colaborador: “González, venga, acompañe a este señor hasta donde sea. Moisés, el señor
González lo va a acompañar...”. Pero Dios dice: “Yo mismo iré con ustedes”. La verdad, es
que en esos momentos no nos convencen con decirnos que tal o cual persona por muy
influyente que sea nos va a acompañar. No nos alcanza la influencia o el saber (ni siquiera la
unción) de los hombres. Queremos a Dios nos nosotros. Sí o sí. Él o nada.

Ahora viene lo mejor: Moisés toma confianza; y arremete: “O vas con nosotros o no nos
hagas mover de acá”, le dice a Dios. ¡Epa! ¡Qué atrevimiento! Dios miró a su alrededor, hizo
una sonrisa cómplice mirando en la eternidad. “Me gusta este tipo”, habrá pensado Dios.
“Elegimos bien”, le agregaría yo. Sólo a un amigo de verdad se le habilita ese trato.

Y ahí viene el versículo 16. Para subrayarlo en mi Biblia y en la suya: “Si no vienes con
nosotros,... ¿En qué seríamos diferentes de los demás pueblos de la tierra?” No salgo de mi
asombro. Leo una y otra vez las palabras de Moisés. Él nos dice claramente Quién hace la
diferencia.

Si Dios no está con nosotros, en nada nos diferenciamos del mundo. Así de simple y sencillo.
Dios le dice que sí (que iría con ellos) porque lo considera su amigo. Dios le muestra su favor
a Moisés. La NVI que estoy leyendo en este caso, usa la expresión favor de Dios en lugar de
la tradicional gracia ante mis ojos que usa la RVR 1960. Pero Moisés (que ya se aseguró la
presencia de Dios para acompañarlos) quiere ver algo más que el favor de Dios.

Quiere ver todo su esplendor. Toda su gloria, según la RVR 1960. Eso está bueno, es otra
lección: Cuando ya tenemos el favor de Dios, ¡busquemos más! La adoración verdadera no
ADORACIÓN VERDADERA - 93
Alejandro De Luca

se conforma con el favor de Dios, no se conforma con hallar gracia ante los ojos de Dios. A
un verdadero adorador no le alcanza con que Dios tenga un buen concepto de él en su libreta
de calificaciones. Quiere más. Quiere ver a Dios mismo en todo su esplendor: “Déjame que
te vea en todo tu esplendor”.

Es el “Yo quiero verte” de Moisés; “contemplar tu majestad y el resplandor de tu gloria”,


cantaríamos nosotros. Y así Moisés consigue que Dios mismo le habilite un pequeño lugar en
la roca. Un hueco en medio de la montaña, para refugiarse y estar lo más cerca posible de
Dios mismo.

Nadie nunca estuvo tan cerca. Eso creo. Eso me digo. Y fue porque lo pidió. Porque lo buscó.
Un permiso especial para el que se animó a pedirlo.

La Escritura dice que vio la espalda de Dios, porque en la antigüedad el rostro de Dios no lo
podía ver nadie. Pero lo que vio Moisés, (y la seguridad que ganó aquel día) fue una
experiencia sin igual para el resto de su carrera. Adorar en contextos desfavorables (en medio
de la soledad, en medio de la duda existencial) es hacerse tiempo para apreciar a Dios en todo
su esplendor, más allá de buscar (y encontrar) su favor.

Moisés fue un grandioso hombre de Dios. Podemos admirarlo, decir “qué grande fue
Moisés”, compararlo con los demás líderes de la Biblia y ponerlo bien arriba, pero no alcanza
con eso; también podemos envidiarlo, “cómo me hubiera gustado ser Moisés” (solo por ese
momento, claro), pero tampoco es suficiente; sí, podemos imitarlo, o al menos intentar
imitarlo.91 Eso sí vale la pena. Cuando hayamos conseguido su favor, busquemos su
esplendor. Es un poco más difícil, bastante más difícil. Hagamos esto último. Y recordemos
la gran lección de Moisés en Éxodo 33: es la presencia de Dios con nosotros la que nos hace
diferentes.

91
“Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado
de su conducta, e imitad su fe”. (Hebreos 13:7)
ADORACIÓN VERDADERA - 94
Alejandro De Luca

Capítulo 3: Una Adoración Valiente


Daniel 3:16-18 – No es necesario que te respondamos sobre este asunto. He aquí nuestro
Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey,
nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la
estatua que has levantado.

“Sólo a Ti sea la gloria Señor,


la alabanza y la adoración.
Toda rodilla se doble ante el único Rey y Dios…”
(A Ti sea la gloria - Marcela Gándara)

¿Somos conscientes del profundo significado que tiene nuestra vida de adoración?
¿Alcanzamos a dimensionar la importancia de nuestra adoración? Como hemos dicho desde
el comienzo, adorar es servir, es honrar, es reconocer a Dios en lo profundo de nuestro ser.
Los creyentes del siglo XXI podemos cometer el error de concebir a la adoración como un
momento de canciones en medio de un culto. Ese es un reduccionismo absurdo, un sucedáneo
de la adoración verdadera.

No es así. Adorar es mucho más que cantar. La adoración - cada uno de nuestros actos de
adoración - compromete toda nuestra vida. La adoración que le brindamos a Dios habla de
nosotros, dice quiénes somos y quién es Dios para nosotros.

Los latinoamericanos adoramos a Dios en sociedades donde, en líneas generales, no se nos


persigue por nuestra fe. Algunas décadas atrás ser evangélico era un estigma, pero hoy
(gracias a Dios) ya no es así. Parece que ser creyente, cristiano, incluso evangélico, no es
motivo de problemas. Sin embargo, desde un plano más personal, muchas veces nuestra
adoración se juega por Dios. Son los momentos en que arriesgamos algo al adorar, en que
ponemos algo en peligro por nuestra fe. En esos momentos necesitamos una doble dosis de
valentía y coraje para adorar a Dios y no adorar lo que este mundo adora. Porque al mismo
tiempo, en la dinámica de nuestra vida espiritual, la adoración nos mueve hacia Dios y nos
aparta de este mundo. Por eso es poderosa la adoración en la vida de un creyente, porque si
realmente vive la adoración, toda su vida es transformada. En la medida en que nuestra
relación con Dios se intensifica, nuestro interés por las cosas de este mundo, los deseos de la
carne y la vanagloria de la vida, se desvanece.92 La adoración verdadera promueve la

92
“Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la
vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de
Dios permanece para siempre”. (1 Juan 2:16-17)
ADORACIÓN VERDADERA - 95
Alejandro De Luca

santidad; la adoración verdadera nos lleva a la integridad. Es más que canciones, como
vemos, aunque también (¡y gloria a Dios por esto!) se manifiesta en canciones.

Entonces el ejemplo de los tres jóvenes en Babilonia, Sadrac, Mesac y Abed-nego,93 los
amigos de Daniel, aparece ante nosotros con toda su enorme dimensión. Ellos tres le dieron a
Dios una adoración valiente en un contexto difícil y desafiante, una adoración verdadera en
un contexto desfavorable.94 Cuando adorar era un peligro, ellos tres no se achicaron, no
retrocedieron. Y cuando los obligaron a inclinarse en adoración delante de la enorme estatua
del rey Nabucodonosor, dijeron que no. Su enorme valentía queda plasmada en su respuesta
al rey:

“No adoraremos a tus dioses, ni a la estatua que has levantado”.

Para aprender a adorar hay que saber decir que no.

Sadrac, Mesac y Abed-nego, a su vez habían sido contagiados por el ejemplo de otro joven,
Daniel, quien desde el inicio de su estadía en Babilonia había sido un ejemplo de integridad
delante de Dios. Ahora bien, imitar a Daniel en Babilonia no era gratis. Era más bien caro.
Podía costarles la vida. Es el precio más alto de una adoración valiente.

a. La extraña adoración que este mundo demanda (Daniel 3:1-5)

El rey Nabucodonosor mandó a construir una enorme estatua de casi treinta metros de altura,
completamente realizada en oro. Su megalomanía era tal que convocó a los principales
funcionarios del reino (“sátrapas, magistrados, capitanes, oidores, tesoreros, consejeros,
jueces, y todos los gobernadores de las provincias”, Dn. 3:3), y los obligó a adorarla. Pero la
visión imperial de Nabucodonosor no terminaba en su propia gente, no se iba a conformar
con la adoración de la gente de su propio reino. La lógica conquistadora de cualquier
imperialismo es imponerse sobre los pueblos conquistados hasta quebrarlos en su espíritu, en
sus convicciones más íntimas. Imponer sus costumbres, sus hábitos, su lógica de
pensamiento. Y su culto. Así que construida la enorme estatua, la orden fue para los pueblos
y naciones vecinas:

93
Ananías, Misael y Azarías, según sus nombres hebreos. (Daniel 1:6-7)
94
“La Biblia está llena de adoradores insaciables”, dice Matt Redman. Y destaca la actitud del profeta Habacuc,
dispuesto a adorar “aunque la higuera no florezca”; y la de Pablo y SIlas, resueltos a vencer sus condiciones
desfavorables y adorar a Dios (Hechos 16). Matt REDMAN, El adorador insaciable, Ed. Peniel, Bs. As., 2002, p.
16.
ADORACIÓN VERDADERA - 96
Alejandro De Luca

“Mándase a vosotros, oh pueblos, naciones y lenguas, que al oir el


son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de
la zampoña y de todo instrumento de música, os postréis y adoréis la
estatua de oro que el rey Nabucodonosor ha levantado” (Daniel 3:4,
5)

La orden de adorar (postrarse y adorar, doblar las rodillas delante de la estatua fastuosa de
Nabucodonosor) obligaba a nuestros tres jóvenes, como extranjeros en el reino, a mostrar su
lealtad al rey. Se esperaba que ellos también, como todos, se rindieran ante lo inevitable. El
poder de los poderosos, el culto que todos realizan, la estatua que a todos convoca.

Si Ud. sale de su casa hoy, probablemente no escuche ninguna orden de este tipo. No habrá
decretos en su país que le ordenen a la población ir hasta la plaza principal de la ciudad y
arrodillarse ante la estatua que su presidente haya levantado. No, no, claro que no. Todo es
más sutil en nuestros días (¡a veces!). Las estatuas de nuestra sociedad no son como aquella
del loco rey Nabucodonosor, pero en la práctica, en su dimensión espiritual se le parecen
bastante.

Vivimos atravesados por las exigencias de nuestras estatuas del siglo XXI. Las estatuas del
consumo, del egoísmo, de los placeres, las estatuas del dinero, del confort y de los bienes
materiales. ¿No nos hemos sentido obligados a rendirnos ante los dioses de este mundo? ¿No
hemos experimentado, acaso, esa presión?

Hoy como ayer en Babilonia, todos se rinden ante esas estatuas. Y podríamos pensar que hoy
también primero se rinde la gente más importante. Los primeros en arrodillarse y rendir culto
a las estatuas del consumo y del hedonismo son los que marcan tendencia. Ricos y famosos,
actores, actrices, estrellas del espectáculo. Son los que salen en las revistas, son entrevistados
y nos cuentan sus livianas vidas. Luego son entrevistados en TV. En base a ellos, a lo que
ellos visten, dicen y usan, estás in o estás out. Son ellos quienes nos informan de los must de
esta temporada (lo que debemos usar y no usar, lo que ya pasó de moda y lo que vuelve a
usarse).
ADORACIÓN VERDADERA - 97
Alejandro De Luca

Después de ellos, detrás de ellos, todos los demás, la gran manada que sigue a esos líderes
(ciegos guías de ciegos)95. Sea por temor, o por vergüenza. Sea para no quedar mal o sólo
para seguir la corriente.

Detengámonos un momento en esa expresión, “todos lo hacen”. Porque


“…al oir todos los pueblos el son de la bocina, de la flauta, del tamboril,
del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música,
todos los pueblos, naciones y lenguas se postraron y adoraron la
estatua de oro que el rey Nabucodonosor había levantado. (Dn 3:7)

“Todos lo tienen…” le dice el hijo al padre para que le compre su nueva consola. “Todos
van ahí…” le dice la hija a la madre para que le dé permiso de salir. “Todos toman…” se
justifican ambos para no desentonar frente a sus compañeros. ¿Y los adultos? Los adultos
hacemos lo mismo, seguimos a la corriente. Asumimos que lo más normal es lo que todos
hacen.

Y todo esto siendo grave, no sería tan grave si no fuera porque aquellos que no lo hacen (los
que tienen el valor de abstenerse, los Sadrac, Mesac y Abed-nego de nuestros días) pueden
ser acusados. Porque enseguida viene la acusación contra ellos, como veremos en el v. 8. Es
que quienes se niegan a seguir a la manada pueden ser señalados y ridiculizados. Para ellos,
en la era del bullying, les está reservado el horno de la burla.

b. Resistiendo las presiones con valentía (3:8, 12-18):

“Por esto en aquel tiempo algunos varones caldeos vinieron y acusaron


maliciosamente a los judíos.” (Daniel 3:8)

La acusación es maliciosa. Hecha con mala intención. Es la de aquellos que dicen “si yo me
embarro, vos también te embarrás conmigo”. Enrique Santos Discépolo en su célebre tango
Cambalache escribió: “Vivimos revolcaos en un merengue, y en un mismo lodo todos
manoseaos”.

La acusación que se dirigió contra los tres jóvenes en Babilonia es aquella que va dirigida
contra los hijos de Dios en un medio hostil. Sadrac, Mesac y Abed-nego representan a la
Iglesia. Nos representan a Ud. y a mí. Nótese que primero va dirigida contra los judíos en
general (Dn. 3:8), pero luego se personaliza en los tres amigos (Dn. 3:12). Es el momento en

95
Jesús dijo de los fariseos: “Dejadlos; son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en
el hoyo”. (Mateo 15:14)
ADORACIÓN VERDADERA - 98
Alejandro De Luca

que ya no se apunta a los cristianos en general sino a nosotros en particular, a Ud. y a mí, con
nombre y apellido. Esto ya es personal. “Estos tres muchachos no hacen lo que hacemos
todos, son diferentes, son sospechosos. ¿Qué pretenden?”

Llegados a este punto, la presión se intensifica. La denuncia rinde sus frutos y Sadrac, Mesac
y Abed-nego son llevados cara a cara delante del rey. (Dn. 3:13). Nabucodonosor se ve
claramente enojado, contrariado por el desafío que le presentan los tres amigos de Daniel. El
planteo del rey es bien básico: “Todos lo han hecho, pero ustedes no. ¿Por qué no hacen lo
que todos hacen?” Eso. ¿Por qué no hacer lo más sencillo, imitar a la multitud, ir detrás de
los placeres, darse todos los gustos, gastar y consumir y poseer, rendirse ante el dios de las
riquezas, Mamón, si he aquí una multitud de adoradores ya se han postrado y han doblado sus
rodillas en el mercado?

La demanda (Dn. 3:14-15) es postrarse, honrar, adorar al dios de este siglo. Pero la opción de
una adoración valiente es la de resistir:
“No es necesario que te respondamos sobre este asunto. He aquí
nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego
ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que
no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has
levantado.” (Daniel 3:16-18)

El mensaje de Sadrac, Mesac y Abed-nego es triple:


i. Firmeza para decir que no. Carácter, actitud.
ii. Fe y confianza para sostener que Dios nos librará. Y decirlo antes, porque la fe llama
las cosas que no son (o que todavía no son) como si fuesen.96
iii. Y convicción para sostener que en última instancia, si llegara a suceder que no, que
Dios no interviniera para librarnos, tampoco nos postraremos ante el mundo.

Eso es fe. Cuando las llamativas estatuas de este mundo – a veces ridículas, otras veces
bizarras, pero siempre atractivas – se levantan frente a nosotros (y exigen adoración), nuestra
parte es la de resistir con valentía. El mundo demanda adoración. Pero cuando somos capaces
de decir que solo a Dios adoraremos, solo a Él honraremos, y a él solo serviremos, (y lo
hacemos) aquí, en pleno siglo XXI, estamos también adorando en un contexto desfavorable.

Por eso adorar es mucho más que cantar. Es una actitud que honra a Dios de todo corazón, en
cada acto de nuestra vida, con nuestros hábitos y costumbres. Es exactamente lo que hicieron

96
Romanos 4:17.
ADORACIÓN VERDADERA - 99
Alejandro De Luca

aquellos tres jóvenes en Babilonia el día que se enfrentaron con el poder del imperio y le
dijeron simplemente: “No”.

Sorprendentemente, el respaldo de Dios lo vemos dentro del horno de fuego:


“Y estos tres varones, Sadrac, Mesac y Abed-nego, cayeron atados
dentro del horno de fuego ardiendo. Entonces el rey Nabucodonosor
se espantó, y se levantó apresuradamente y dijo a los de su consejo:
¿No echaron a tres varones atados dentro del fuego? Ellos
respondieron al rey: Es verdad, oh rey. Y él dijo: He aquí yo veo
cuatro varones sueltos, que se pasean en medio del fuego sin sufrir
ningún daño; y el aspecto del cuarto es semejante a hijo de los
dioses” (Daniel 3:23-25).

Yo hubiera querido ver la mano de Dios evitando que nuestros tres amigos cayeran al horno
de fuego. Pero ellos tuvieron que pasar por ahí. Estuvieron dispuestos en serio a pasar por el
horno de fuego. Demostraron que lo suyo no era solo un discurso de barricada. Su
declaración de principios fue literalmente “probada por fuego”. ¡Y no era ni de madera, ni
de heno, ni de hojarasca, sino valiosa y duradera como oro, plata y piedras preciosas!97

Es así. Nosotros le pedimos a Dios no pasar por el horno de fuego. Pero Él manifiesta todo su
poder yendo con nosotros al horno de fuego. Entrando a lo profundo del conflicto.
Caminando con nosotros en medio del fuego. El Dios que adoramos no nos abandona cuando
nos jugamos por Él.

c. Dios es glorificado (3:26, 28-30):

El horno de fuego ardía a máxima temperatura, tanto que los verdugos que arrojaron a los tres
jóvenes perecieron al cumplir con la orden del rey. Pero la sorpresa fue mayúscula cuando
vieron que dentro del horno, no había tres sino cuatro personas. Parecían cuatro hombres,
pero al mirar con atención, el cuarto tenía un aspecto diferente. Celestial, angelical. El texto
del profeta Daniel dice que era “semejante a hijo de los dioses”. Aterrado por el espectáculo,
profundamente impresionado al ver que los muchachos que mando incinerar se paseaban con
un amigo por el medio de las llamas encendidas, el rey Nabucodonosor cambia súbitamente
de opinión. De pronto, nuestros tres amigos son para él “siervos del Dios altísimo” (Dn.
3:26). Bendice el nombre de Dios (Dn 3:28), cuando antes los desafiaba diciéndoles a ver

97
“Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, la obra
de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada
uno cuál sea, el fuego la probará”. (1 Corintios 3:12-13)
ADORACIÓN VERDADERA - 100
Alejandro De Luca

qué dios podría librarlos… Y declara que no hay Dios como el Dios de los tres jóvenes (Dn.
3:29).

Es el resultado de una adoración valiente. En primer lugar, Dios es glorificado. La


reivindicación primera es para el Dios de ellos, que ahora es considerado Dios altísimo, Dios
verdadero, único Dios. Incluso Nabucodonosor llega a afirmar que la adoración de ese Dios
de Israel sería defendida por la fuerza por las tropas babilónicas. No sabemos cuánto duro ese
extraño fervor religioso. En segundo lugar, ellos tres son reconocidos públicamente como
siervos de ese Dios tan poderoso, y engrandecidos, reconocidos dentro del reino. El resultado
de una adoración valiente en un contexto desfavorable fue que por un tiempo, en la oscuridad
de Babilonia brilló la luz. En un reino idólatra, se habló de Dios, del Dios verdadero

Esto fue así por causa de tres jóvenes que deportados lejos de su tierra, y en condiciones de
clara inferioridad, fueron protagonistas de una adoración valiente. No dijeron que sí a
cualquier cosa. Supieron decir “no”. Marcaron la diferencia

Dejamos para el final la declaración del rey Nabucodonosor, quien en un extraño rapto de
lucidez logró decir:
“Bendito sea el Dios de ellos, de Sadrac, Mesac y Abed-nego, que envió
su ángel y libró a sus siervos que confiaron en él, y que no cumplieron el
edicto del rey, y entregaron sus cuerpos antes que servir y adorar a otro
dios que su Dios” (Daniel 3:28).

Aquel día Dios fue “El Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego”. Los tres amigos en Babilonia
hicieron conocer a Dios por su propio testimonio personal. Me pregunto cómo queda Dios
cuando le dicen: “El Dios de Alejandro”. Nuestra adoración valiente, en un contexto
desfavorable, hace conocer a Dios.

“Bendito sea el Dios de ellos, de


……………………………………………………….……
(puedes poner tu nombre aquí)
que envió su ángel y libró a sus siervos que confiaron en él, y que no cumplieron el edicto del
rey, y entregaron sus cuerpos antes que servir y adorar a otro dios que su Dios.”
(Daniel 3:28)
ADORACIÓN VERDADERA - 101
Alejandro De Luca

Epílogo
ADORACIÓN VERDADERA - 102
Alejandro De Luca

Movidos por la adoración


Juan 4:23-24 – Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al
Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.
Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.

En nuestra iglesia, la Iglesia Jesús es Vida de Liniers98 recorrimos todo el año 2015
inspirados y desafiados por este Lema: Movidos por la adoración. ¡Cómo no dar gracias a
Dios por mi congregación! Allí crecí, allí me desarrollé gracias a la paciencia de mis amados
hermanos; allí aprendí a enseñar, a discipular, a adorar a Dios y a predicar su Palabra.
Todavía sigo aprendiendo.

La adoración es una fortaleza de nuestra iglesia. Las iglesias, como las personas, tienen
fortalezas y debilidades. Tenemos otras debilidades, pero la adoración es una fortaleza. Digo
esto porque gracias a Dios tenemos una larga tradición de adoradores (antes los llamábamos
sencillamente músicos). Y como suele suceder en estos casos, las nuevas generaciones
aprenden rápido aquello que vivimos los mayores; no solo lo que les enseñamos de palabra,
sino lo que les enseñamos con el ejemplo. La adoración tiene un lugar destacado en el culto:
le reservamos a Dios con nuestra adoración un lugar importante. Sí, le preparamos un lugar.
No es una adoración al paso; es una adoración dedicada. El resto lo hace una congregación
que disfruta y se goza en la misma presencia de Dios, mientras los músicos y los líderes de
adoración nos guían en el espíritu de la reunión.

Durante muchos años he dado clases en el Colegio Ward, donde trabajo en mi otra gran
pasión que es la docencia. El manual de Filosofía de Ed. Aique contiene un título que siempre
me resultó llamativo: “Movidos por la admiración”. Es una frase de Aristóteles, de su libro
Metafísica. Allí dice textualmente: “Los hombres comienzan y comenzaron siempre a
filosofar movidos por la admiración”. Aristóteles se refería así a los orígenes de la filosofía y
del pensamiento humano; al asombro generado por los fenómenos naturales y el movimiento
de los astros. A los primeros filósofos los movió (o los motivó) la admiración. Así surgieron
los primeros planteos filosóficos, que luego serían científicos.

El título de ese apartado del texto de filosofía quedó grabado en algún lugar de mi
subconsciente. De manera que cuando empecé a pensar en el fenómeno de la adoración, en la
98
En el oeste de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
ADORACIÓN VERDADERA - 103
Alejandro De Luca

importancia de la adoración para la vida del creyente, en la adoración verdadera… de pronto


mi vida era como una olla a presión que solo pensaba en la adoración. Y un día leí en ese
mismo lugar: “Movidos por la adoración”.

Desde ese momento Movidos por la adoración fue el lema para el trabajo del año 2015 en
nuestra iglesia. Y de alguna manera, ese fue el germen de este libro. Matt Redman escribió:
“La adoración prospera en el asombro. Podemos admirar, apreciar y quizás aún amar a
alguien sin sentido de asombro. Pero no podemos adorar si él. Para que la adoración sea
adoración debe contener algo de la singularidad de Dios”.99

Movidos por la adoración significa entender que la adoración nos mueve y nos motiva, que
la adoración a Dios es un motor. Como tal, nos puede impulsar a ir hacia adelante en la vida
cristiana, a cada uno en lo personal, en la consagración y en la santidad; y también en la Obra
de Dios, en el trabajo en la iglesia y en el ministerio. La adoración nos mueve y nos guía a la
presencia de Dios y a buscar un avivamiento.

Nuestra adoración es un testimonio;100 habla del Dios al que adoramos. Comunica y transmite
una verdad: que Dios es único e incomparable; que Él es digno de recibir toda nuestra
adoración. ¡La gente que nos ve adorar, tiene que preguntarse por Dios! Nuestra
adoración abre la puerta al Reino de Dios en las vidas de otras personas.

Como hemos visto en estas páginas, David es un ejemplo de un hombre movido por la
adoración. La iniciativa del traslado del arca a Jerusalén, la idea de un templo edificado para
la adoración Dios, nos dan una pauta de lo que significó la adoración como motor en la vida
de David. Y su adoración fue un testimonio desbordante, tanto que llamó la atención hasta el
ridículo de desplegar su exterioridad sin pensar que era el rey. David se expuso con tal de
adorar.

Lo interior y lo exterior en David también fue un ejemplo. En la adoración personal se


destacó porque era un salmista, un poeta, un adorador. Tocaba el arpa, componía canciones,
todo eso desde su intimidad. David nos enseña a desarrollar nuestra intimidad con Dios. En la
adoración congregacional, contagió a otros. Estableció músicos, cantores. Llevó a la gente,

99
Matt REDMAN, op. cit., 2002, p. 29.
100
“La adoración puede ser un testimonio poderoso para los incrédulos”. Rick WARREN, Una Iglesia con
propósito, Ed. Vida, Miami, 1998.
ADORACIÓN VERDADERA - 104
Alejandro De Luca

involucró al pueblo en la adoración. David nos enseña también que la dimensión


congregacional de nuestra adoración debe ser una consecuencia de una vida personal
entregada a Dios. Y no el único estímulo para nuestra vida de adoración.

En la conversación de Jesús con la mujer samaritana, el Señor le deja en claro que en un


futuro cercano, los hombres y las mujeres adorarían a Dios de tal manera que lo importante
no sería el lugar, ni el monte, ni el templo. Que lo importante sería lo interior, el corazón. A
esa adoración superior a la que se vivía hasta ese momento, superior a todo lo conocido, Jesús
la llamó “en Espíritu y en Verdad” (Juan 4:23-24). La llegada de ese nuevo tiempo de
adoración era inminente, a tal punto que el Señor dice que esa hora viene, y ya es.

Hay aquí una advertencia: si hay una adoración espiritual y verdadera, hay también una
adoración inferior, meramente formal, ritualista, exterior y religiosa. ¡Evitémosla! Es una
adoración que no es adoración.

¡Ese tiempo ha llegado! El tiempo de la adoración en espíritu y verdad. “La hora viene y
ahora es”, dijo Jesús. ¡Es nuestro tiempo! ¡Es el tiempo de la adoración espiritual y
verdadera! No perdamos de vista que Dios busca esos adoradores. ¡Que Dios nos encuentre
en la adoración verdadera!

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