Sei sulla pagina 1di 9

Resolución Nº 027-2002-SUNARP-TR-A

Arequipa, 28 de octubre de 2002

APELANTE : ALFREDO VALENTIN ALVAREZ CORNEJO


TÍTULO : Nº 18034 DEL 22 DE AGOSTO DE 2002
TRÁMITE DOCUMENTARIO : EXP. Nº 20119441
REGISTRO : PROPIEDAD INMUEBLE - AREQUIPA
ACTO : CADUCIDAD DE MEDIDA CAUTELAR
SUMILLA : PLAZO DE CADUCIDAD DE MEDIDAS EJECUTIVAS.

‘’Sólo las medidas ejecutivas trabadas bajo las normas del abrogado Código de Procedimientos
Civiles, tienen preestablecido un plazo de caducidad en el Art. 2º de la Ley Nº 26639.”

I. ACTO CUYA INSCRIPCIÓN SE SOLICITA Y DOCUMENTACIÓN PRESENTADA

Mediante el título materia del grado se solicita al amparo de lo dispuesto por el segundo párrafo
del Art. 1º de la Ley Nº 26639, la cancelación de los asientos registrales 4 y 5 del rubro d) de la
ficha Nº 450108 del Registro de Propiedad Inmueble de Arequipa, acompañando al respecto
declaración jurada con firma legalizada ante Notario de fecha 4 de junio de 2002 y copia
certificada de la sentencia Nº 66-98 del 29 de mayo de 1998.

II. DECISIÓN IMPUGNADA

Se ha interpuesto apelación en contra de la observación formulada por el Registrador Público de


la Zona Registral Nº XII – Sede Arequipa Dr. Noe Esau Flores Vasquez. El Registrador observó el
título por cuanto: “ACTO A INSCRIBIR: Se solicita la inscripción de caducidad de medida cautelar
de demanda que corre inscrita en el asiento 004 rubro D de la ficha 450108 (continuación partida
01150290) asi como la variación de la medida cautelar
que corre inscrita en el asiento 005 del rubro D. ANALISIS: 1.- Mediante
solicitud con firmas legalizadas se solicita la inscripción de caducidades de las medidas
anteriormente indicadas al respecto se indica que: 1.- Con respecto a la medida cautelar de
anotación de demanda conforme dispone el Art. 3º de la Ley 26639 establece que las
anotaciones de demanda caducan a los 10 años de las fechas de las inscripciones, y conforme
aparece de la inscripción la misma ha sido realizada con fecha 04 de agosto de 1994, y
efectuado el cómputo del plazo aún no ha transcurrido el mismo, por lo que no procede la
caducidad respecto a la inscripción de la demanda. 2.- Con respecto a la inscripción de la medida
cautelar de variación a embargo y que corre inscrita en el asiento 005 del rubro D, se indica que,
para que sea posible la aplicación del plazo de dos años que alega el interesado – se requiere
necesariamente que el embargo haya sido ordenado con anterioridad a la fecha en que la
sentencia que pone fin al proceso quedó consentida. Es decir que el cumplimiento de la
pretensión principal (el petitorio) que se dé en la sentencia final haya sido asegurada mediante
una medida cautelar en sentido estricto. 3.- Aparece de la inscripción de la variación de la
medida cautelar se inscribió con fecha 29 de diciembre de 1998, según la Resolución de fecha
07-12-1998, mientras que de la copia certificada de la sentencia ésta ha sido otorgada el 29 de
mayo de 1998, es decir antes de la variación de la medida cautelar, por lo que no se acoge a lo
señalado en el punto anterior es decir que el embargo haya sido trabado con fecha anterior a la
sentencia. 4.- El embargo que obra inscrito en el asiento 004, materia de caducidad, se ha
efectuado con fecha posterior a la sentencia, es decir en ejecución de sentencia, al no existir un
plazo específico para ejecutar una sentencia se debe tener en cuenta lo dispuesto en el Art. 2001
Inc. 1 del C.C. el cual señala que la acción que nace de una ejecutoria prescribe a los 10 años.
5.- En tal sentido para efectuar el cálculo del plazo de caducidad para las medidas cautelares
concedidas en vía de ejecución (como en el presente caso), el plazo previsto es el de 5 años
desde la ejecución de la medida cautelar (29 de diciembre de 1998), para el presente caso sería
el 30 de diciembre del 2003; conforme establece el segundo párrafo del Art. 625º del Código
Procesal Civil. Por lo que hace improcedente la solicitud de caducidad de medida cautelar. 6.-
Existe reiterada jurisprudencia a citar como la Resolución Nro, 041-2000-ORLL/TRN; 128-2001-
ORLC/TR de fecha 26-03-2001. CONCLUSION: Por los fundamentos anteriormente indicados se
observa el presente título. DECISION Y RECOMENDACIÓN: 1.- No procede la inscripción de
caducidad de las medidas cautelares precisadas en la solicitud del interesado; debiendo esperar
el plazo previsto de 5 años para la medida cautelar de embargo inscrita en el asiento 005; y en
caso de la medida de anotación de demanda el plazo de 10 años.”

III. FUNDAMENTOS DE LA APELACIÓN

El apelante manifiesta que solicita la cancelación del asiento 004 (anotación de


demanda) y del asiento 005 (variación de la medida cautelar a embargo), ambos del rubro
d) de la ficha Nº 450108, al amparo de lo dispuesto por el Art. 1º de la Ley 26639, aclarando que
la variación de la medida cautelar a embargo, no constituye una nueva medida cautelar, por
cuanto la variación se ha dispuesto al amparo del Art. 617 del C.P.C. Añade que el pedido de
cancelación de los asientos registrales cumple con la formalidad establecida en el Art. 1º de la
Ley 26639, por tanto, la inscripción de la cancelación solicitada es procedente, más aún si se
tiene en cuenta que con la copia certificada de la sentencia se ha acreditado que la misma ha
quedado consentida el 16 de junio de 1998, fecha desde la cual se computa el término de los
dos años a que se refiere el Art. 625 del C.P.C., precisado por el primer párrafo del Art. 1º de la
Ley 26639. Indica que en el caso de autos se trata de la cancelación del asiento 004 y la
cancelación del asiento 005, ambos inscritos bajo el imperio del Código Procesal Civil, cuyas
inscripciones, la primera tiene más de seis años de inscrita y, la segunda, por ser una simple
variación corre la misma suerte de la medida originaria, de manera tal que ambas cumplen con el
plazo establecido en el Art. 625 del C.P.C. Afirma que el contenido de la observación materia de
la presente impugnación, constituye un flagrante atentado a la función de calificación del título,
pues, irrespetando el derecho que nos asiste, en forma arbitraria y negligente nos deniega la
inscripción solicitada, aplicando temerariamente un dispositivo contrario al que corresponde al
caso concreto.

IV. ANTECEDENTE REGISTRAL

En la ficha Nº 450108 que continúa en la partida electrónica Nº 01150290 del Registro de la


Propiedad Inmueble de Arequipa, corren registrados los departamentos 11-1 y 11-2, ubicados en
la Urbanización “La Estancia”, Lote Nº 11, distrito de Yanahuara, provincia y departamento de
Arequipa.

V. PLANTEAMIENTO DE LAS CUESTIONES

Interviniendo como vocal ponente el Dr. Pedro Álamo Hidalgo.

De lo expuesto y del análisis del caso, a criterio de esta Sala las cuestiones en discusión son las
siguientes:

a) Si la variación de la medida cautelar de anotación de la demanda anotada en el asiento 4-d)


de la ficha Nº 450108 a medida cautelar de embargo en forma de inscripción anotada en el
asiento 5-d) de la precitada partida, constituye una reactualización o renovación de la medida
cautelar.
b) Si las medidas ejecutivas dispuestas durante la etapa de ejecución de una sentencia tienen
preestablecido un plazo de caducidad.

VI. ANÁLISIS

PRIMERO: Mediante la Resolución (Auto Nº 001-96) de fecha 22 de febrero de 1996, el Dr.


Edgar Bejarano Beltran, Juez Suplente del Cuarto Juzgado Especializado en lo Civil de Arequipa,
dispuso trabar la medida cautelar de anotación de la demanda a favor de Mavila Hermanos S.A.,
en la demanda interpuesta en contra de Enrique Luis Rosas Torrico, Carmen Rosas Torrico y
Aide Salome Zanabria Cordova. La referida anotación se extendió en el asiento 4-d) de la ficha
Nº 450108 del Registro de la Propiedad Inmueble de Arequipa.

SEGUNDO: Por medio de la Resolución Nº 9 del 7 de diciembre de 1998, la Dra. Teresa Villena
Ramírez, Jueza Provisional del Cuarto Juzgado Civil de Arequipa, dispuso variar la medida
cautelar de anotación de la demanda ordenada por resolución Nº 001-96 a medida cautelar de
embargo en forma de inscripción a favor de Mavila Hermanos S.A., recayendo sobre el inmueble
inscrito en la ficha Nº 450108 del Registro de la Propiedad Inmueble de Arequipa. La referida
anotación se extendió en el asiento 5-d) de la ficha registral antes indicada.

TERCERO: El recurrente ha solicitado el levantamiento de estas anotaciones en virtud de lo


regulado por el Art. 1º de la Ley Nº 26639, presentando declaración jurada con firma legalizada
de Rosali Montoya Rojas, en este caso por el Notario Dr. Gorky Oviedo Alarcón y anexando
como sustento de su pedido copia certificada de la sentencia Nº 66-98 del 29 de mayo de 1998,
emitida en los seguidos por Mavila Hermanos S.A., con Enrique Luis Rosas Torrico sobre cobro
de dólares, precisando que desde la fecha de la sentencia consentida ha transcurrido los dos
años que señala el artículo 625 del Código Procesal Civil.

CUARTO: El artículo 625 del Código Procesal Civil regula el plazo de caducidad de la medida
cautelar considerando dos supuestos: Uno en el que operaría un plazo de dos años, pero en la
circunstancia que el proceso principal para el que se pidió la medida cautelar haya concluido con
resolución consentida o ejecutoriada favorable al demandante, cuya justificación reposa en
cuestiones de seguridad jurídica y de sanción al demandante que es negligente en solicitar la
ejecución de la medida cautelar – traducido como la ejecución forzada de los bienes materia de
la medida – dentro de cierto lapso, contándose dicho plazo desde la fecha en que la resolución
mencionada haya quedado consentida o ejecutoriada, y el otro caso en que no habiendo
concluido el proceso con resolución firme favorable al accionante, la medida cautelar caduca a
los cinco años de su ejecución registral, esto es, se empezaría a computar dicho plazo a partir de
la fecha del asiento de
presentación del título en cuya virtud se extendió la anotación preventiva correspondiente.
Es con relación a este último supuesto que la norma procesal contempla la posibilidad de su
reactualización, cuando literalmente expresa: ‘Si el proceso principal no hubiera concluido,
puede el Juez, a pedido de parte, disponer la reactualización de la medida. Esta decisión
requiere de nueva ejecución cuando implica inscripción registral.’ Luego, debemos
entender que ambos casos de caducidad de la medida cautelar contienen elementos propios y
sustantivos que los caracterizan y que se excluyen entre sí en cuanto a su aplicación, esto es,
que por ejemplo sólo en la circunstancia que el proceso principal para cuya aseguranza se pidió
la medida cautelar haya concluido favorablemente al demandante (con resolución que tenga la
autoridad de cosa juzgada), se podrá decir que nos encontramos en la posibilidad de aplicación
del primer párrafo del artículo 625º del Código adjetivo civil y por el contrario sólo en la situación
en que el proceso para el que se requirió la referida medida no haya concluido ( se entiende con
resolución de la naturaleza antes expuesta, porque si concluye con resolución o sentencia
absolutoria entonces y aun cuando no estuviera ejecutoriada se cancelará en virtud de lo
dispuesto por el artículo 630º del Código Procesal Civil), estimaremos como plenamente factible
el hecho del transcurso del plazo de cinco años contados a partir de la extensión del asiento de
anotación preventiva – en las medidas cautelares que requieran inscripción registral – para que
caduque.

QUINTO: En el caso objeto del grado, tenemos que se ha acreditado que con fecha 29 de mayo
de 1998, a través de la Resolución Nº 15, expedida por la Dra. Teresa Villena Ramírez, Jueza
Provisional del Cuarto Juzgado Civil de Arequipa, se sentenció favorablemente al demandante
Mavila Hermanos Sociedad Anónima, el proceso de cobro de dólares que venía sosteniendo con
Enrique Luis Rosas Torrico, Carmen Rosas Torrico de Beltrán y Aide Salomé Zanabria Córdova, y
para el cual se había adoptado originalmente la medida cautelar de anotación de la demanda.

SEXTO: No obstante lo indicado en el punto precedente, no sería de aplicación al expediente el


plazo de caducidad de dos años que establece el primer párrafo del artículo 625º del Código
Procesal Civil, puesto que aunque admitiésemos la constancia de haber quedado consentida la
sentencia el día 16 de junio de 1998, para a partir de este momento computar dicho plazo, la
situación del proceso judicial ha cambiado por la expedición de la Resolución Nº 9 del 7 de
diciembre de 1998, que dispuso la variación de la medida cautelar original por una de embargo
en forma de inscripción, durante la etapa de ejecución de sentencia, es decir, que la medida
cautelar de anotación de la demanda que garantizaba el resultado del proceso, al modificarse en
la etapa de ejecución de la sentencia por la medida cautelar de embargo en forma de
inscripción, habría cambiado su naturaleza de medida cautelar en sentido estricto a medida
ejecutiva para hacer efectiva la sentencia, descartándose la tesis de la reactualización o
renovación de la misma, porque como mencionamos en el cuarto punto del análisis, para renovar
una medida cautelar es condición que el proceso no haya concluido con sentencia consentida o
ejecutoriada. También se deja de lado la interpretación del Registrador en el sentido de que en el
proceso se habrían dispuesto dos medidas cautelares autónomas, a fin de considerar la
aplicación de los supuestos de caducidad a cada una de ellas por separado, por cuanto de la
revisión del legajo Nº E-00261821 del año 1998 que contiene la precitada resolución, aparece
claramente que la magistrada dispuso: “Se deja sin efecto la medida cautelar variada, debiendo
levantarse su inscripción, a cuyo efecto ofíciese y expídase los partes dobles para su inscripción
…” , esto es, que se debe entender para este caso en particular que en la partida registral
subsiste una sola medida y esta es la medida ejecutiva anotada en el asiento 5-d) de la ficha Nº
450108 del Registro de la Propiedad Inmueble de Arequipa, en tanto que el órgano jurisdiccional
ordenó en su oportunidad el levantamiento de la medida original.

SÉTIMO: Para argumentar la tesis de la inaplicabilidad en el caso concreto del Art. 625º del
Código Procesal Civil, comencemos por hacer un análisis de lo que significa una medida
cautelar. El Art. 612º del Código Procesal Civil describe las características de la medida cautelar
y dice que “Toda medida cautelar importa un prejuzgamiento y es provisoria, instrumental y
variable.” La instrumentalidad implica que “el procedimiento cautelar no constituye un fin por sí
mismo. Se crea y desarrolla per accidens, en función del proceso principal. Así, tener carácter
instrumental significa estar preordenado al contenido de una decisión definitiva. Por ello se
concibe el procedimiento cautelar como una forma de tutela mediata, es decir, como garantía del
eficaz funcionamiento de la justicia. Garantía o seguridad a los efectos del buen fin de otro
proceso. En consecuencia, no tiende a la actuación del derecho, sino a que no resulte utópica la
efectividad del mismo.”[1] Añade la citada autora (op. cit. págs. 144-145) que “En íntima
conexión con la instrumentalidad se halla la provisionalidad. En virtud de la misma, tanto el
procedimiento cautelar como la resolución que le pone fin tienen una determinada duración en el
tiempo. O sea, si bien la resolución cautelar corre paralelamente a un proceso principal, no
aspira en ningún momento a transformarse en definitiva, ya que sólo responde a la eliminación
de un periculum in mora deducible del lógico lapso temporal del proceso ordinario…”

OCTAVO: Haber recordado la característica esencial de instrumentalidad de la


medida cautelar nos abrirá el camino para comprender de mejor modo el significado del
artículo 625º del Código Procesal Civil, es decir, que es indiscutible que un proceso cautelar y
una medida cautelar trabada dentro de este, responden única y exclusivamente a garantizar el
resultado de lo que en definitiva se resuelva en el proceso principal (Art. 608º C.P.C.), al cual
sirve en ese sentido de instrumento o medio, teniendo que ser además dicha medida cautelar
provisional, en tanto y en cuanto el proceso judicial tiene un término de duración. Con esto
queremos decir que si el proceso concluye con resolución favorable al demandante consentida o
ejecutoriada, lo que ocurrirá de manera ordinaria es que el acreedor solicitará su cumplimiento,
bajo apercibimiento de ejecución forzada u otra pertinente, que en la práctica es de los bienes en
que consistía la medida cautelar que aseguraba precisamente ese desenlace, tomándose en
cuenta por lo demás la disposición del artículo 619º del Código Procesal Civil [2]. En caso
contrario, esto es, frente a la inactividad de la parte demandante que obteniendo una sentencia
fundada con la autoridad de la cosa juzgada no solicita (durante el plazo de dos años) su
cumplimiento y la ejecución respectiva, se le castigará con la sanción de la caducidad del asiento
que refleja la medida cautelar, porque esta no puede regir indefinidamente cuando el proceso del
que depende ha concluido y mucho menos aún cabe admitir que pueda reactualizarse en tal
circunstancia. Del mismo modo, si el proceso principal no ha concluido aún, puede disponerse su
renovación o reactualización, con el propósito de evitar que la caducidad de la inscripción haga
ilusoria la garantía que representa, debiendo diligenciarse e inscribirse dentro del plazo de
vigencia de la anotación preventiva: cinco años.

NOVENO: Una de las conclusiones que emana de lo visto hasta ahora es que la finalización del
proceso judicial peruano con sentencia favorable al demandante, y en el que exista un proceso
cautelar destinado a garantizar el cumplimiento del fallo, provoca que los efectos de la medida
cautelar se prolonguen en el tiempo por lo menos hasta el plazo de dos años de consentida
o ejecutoriada la resolución respectiva, con el objeto de permitir al vencedor en el proceso la
ejecución de la sentencia y por ende de los bienes a que se contrae la cautela.

DÉCIMO: En este punto, manifestamos que en el proceso judicial no se ha producido la


inactividad del demandante (Mavila Hermanos S.A.), sino que solicitó al Juzgado la variación de
la medida cautelar por una de embargo en forma de inscripción para proceder a la ejecución de
la sentencia, a lo que el Juez accedió ordenando la anotación de la variación en el registro
(asiento 5-d) de la ficha Nº 450108). La variación de la medida realizada después de la
sentencia firme debe estimarse, pues, como un trámite para ejecutar una sentencia y por
consiguiente la nueva medida variada tendrá la condición y naturaleza de ser una medida
ejecutiva[3] y no propiamente una medida cautelar. El expediente de recurrir al Subcapítulo
sobre medidas cautelares para futura ejecución forzada que indica el artículo 716º del Código
Procesal Civil[4], por el cual en ejecución de una resolución judicial firme se procede a título de
ejemplo a trabar un embargo en forma de inscripción, no significa que se trate de una medida
cautelar, sino de un acto conducente a ejecutar una sentencia e ingresar a la ejecución forzada
del bien, tal y como lo establecía el abrogado Código de Procedimientos Civiles cuando en sus
artículos 1148 y 1152 (Título XXVIII- Ejecución de Sentencias) decían que “trabado el embargo,
se procederá al avalúo y venta de los bienes, así como al pago, con sujeción a lo dispuesto para
el juicio ejecutivo.” y que “las disposiciones del título sobre juicio ejecutivo son aplicables a la
ejecución de sentencias en aquello que no está expresamente previsto en el presente”,
respectivamente. Nadie podría afirmar sin lugar a equivocación que estos embargos trabados en
ejecución de sentencia durante la vigencia del ordenamiento procesal abrogado, tenían la calidad
de embargos preventivos, sino que por el contrario se trataba de embargos definitivos que
allanaban la ejecución forzada. Asimismo, cuando el artículo 716º del Código Procesal Civil
remite a la normativa sobre medidas cautelares, debe entenderse que se refiere en cuanto fueran
pertinentes o resulten aplicables para los fines exclusivos de la ejecución judicial, porque por
ejemplo tendría mayor sentido y eficacia solicitar una medida cautelar de em bargo en forma de
inscripción que una medida de anotación de la demanda cuando una sentencia firme ha
ordenado el pago de una suma de dinero.

DÉCIMO PRIMERO: Por lo tanto y haciendo la comparación de las dos legislaciones procesales,
cuando en ellas se remiten a las normas del juicio ejecutivo (Código de Procedimientos Civiles) y
al Subcapítulo sobre medidas cautelares para futura ejecución forzada (Código Procesal Civil),
ello no quiere decir que se van a trabar embargos preventivos en un caso y medidas cautelares
en el otro, es decir, que la diferencia entre los embargos preventivos y su símil actual –medida
cautelar- y los embargos definitivos o su también equivalente –medida ejecutiva- radica en que
trabado un embargo preventivo o ejecutada una medida cautelar no se puede proceder a la
tasación y remate correspondiente de los bienes - se entiende en este último caso, cuando aún
no existe sentencia firme-, mientras que trabado un embargo definitivo o una medida ejecutiva,
comprendida en los artículos 642 a 673 del Código Procesal Civil -en lo que fuere aplicable-, se
puede pasar a la siguiente etapa que es la ejecución forzada que sí comprende la enajenación
forzosa de un bien, previa tasación y remate.

DÉCIMO SEGUNDO: Es en ese contexto que debemos analizar si en el ordenamiento jurídico


existe señalado un plazo de caducidad para este tipo de medidas trabadas bajo las normas del
Código Procesal Civil.

DÉCIMO TERCERO: Para empezar, no podríamos sostener que las medidas dispuestas en
ejecución de sentencia, participen de las razones que llevan al Juzgador a conceder una medida
cautelar: fumus boni iuris y periculum in mora, es decir, verosimilitud del derecho y el peligro en la
demora, por cuanto el proceso judicial ha concluido con sentencia favorable al demandante (el
derecho ha sido declarado y el peligro en la demora de su finalización ha desaparecido),
resultando que en esta coyuntura lo que va a servir de respaldo de la medida ejecutiva es el título
de ejecución judicial (revísese el Capítulo Tercero del Título Quinto de la Sección Quinta del
Código Procesal Civil). Con la ejecución de una medida en virtud de un título de ejecución judicial
no estoy asegurando el cumplimiento de lo que se resuelva en definitiva en un proceso principal,
que es la característica esencial de toda medida cautelar (instrumentalidad), ya que como hemos
visto se trata de hacer eficaz una sentencia emanada del órgano jurisdiccional.

DÉCIMO CUARTO: Lo que puede colegirse con relación a la caducidad de medidas trabadas
para ejecutar una sentencia es que tendríamos dos opciones fundamentales: a) Que se estime
que las medidas (ejecutivas) que se ejecutan para dar cumplimiento a lo resuelto en un proceso
judicial civil no pueden estar sujetas a plazo de caducidad alguno, ni podrían estarlo, incluidos los
plazos referidos en el artículo 625º del Código Procesal Civil, sosteniendo que así
como nadie puede cuestionar el hecho de que ante la ejecución de una
hipoteca deviene improcedente esgrimir la caducidad de su inscripción, de la misma manera,
frente a la ejecución de una sentencia que realiza el derecho constitucional y procesal de tutela
jurisdiccional efectiva, y que persigue el cumplimiento del fallo, que no sea ilusorio o se frustre,
tampoco cabría alegar la posibilidad de la caducidad de la medida trabada durante el proceso de
ejecución y por ende – en los casos de ejecución registral – de la anotación preventiva extendida
con base en ella, por cuanto dicho proceso implica generalmente [5] la ejecución forzosa de los
bienes involucrados, es decir, que si aceptáramos la factibilidad de su caducidad, lo que
estaríamos planteando en el fondo es que por el transcurso del tiempo, el proceso de ejecución
de una sentencia decae, favoreciendo de tal modo la posición de la parte vencida, porque podría
disponer de los bienes cautelados, ocasionando la ineficacia de lo resuelto. En resumen, esta
posición plantearía que no puede en ningún caso establecerse plazo de caducidad para las
medidas ejecutivas, por ser contradictorio con el principio constitucional de tutela jurisdiccional
efectiva, y b) Que se considere que las medidas ejecutivas trabadas para ejecutar una sentencia
durante la vigencia y bajo las normas del Código Procesal Civil, por no tener preestablecido un
plazo de caducidad, como sí lo tienen los embargos definitivos y otras medidas de ejecución ( de
sentencias) trabados bajo las normas del abrogado Código de Procedimientos Civiles [6], no
podría jurídicamente reconocerse su caducidad, por lo que cualquier solicitud dirigida a cancelar
una medida ejecutiva por caducidad tendría que ser rechazada, más aun cuando el Art. 2004º del
Código Civil prescribe que: Los plazos de caducidad los fija la ley, sin admitir pacto contrario. En
concreto, esta tesis no negaría de plano la posibilidad de regular un plazo de caducidad de
medidas ejecutivas, como acontece con aquellas trabadas según la legislación procesal
derogada, sino que señala que previamente debe existir la norma correspondiente que determine
dicho plazo.

DÉCIMO QUINTO: Este colegiado por mayoría asume la segunda tesis, esto es, que ante la
comprobación de la inexistencia de un plazo de caducidad de medidas ejecutivas ordenadas de
acuerdo a las reglas del Código Procesal Civil y mientras una norma con rango de ley no
establezca meridianamente su caducidad, como en el supuesto de las medidas ejecutivas
trabadas con las normas del abrogado Código de Procedimientos Civiles, la resolución de los
casos respectivos, tendrá que tener un desenlace negativo, por falta de
contenido normativo, esto es, que como el Registro lo que efectúa es la verificación del tiempo
trascurrido para que caduque una medida cautelar o una medida ejecutiva a fin de proceder a
cancelar el asiento respectivo, porque la caducidad opera de pleno derecho y como no se
encuentra previsto un plazo de caducidad de medidas ejecutivas trabadas con las reglas del
Código Procesal Civil, habría un impedimento fáctico y jurídico para cancelar un asiento
extendido en esas circunstancias.

DÉCIMO SEXTO: De conformidad con el Artículo 2011 del Código Civil, el Artículo V del Título
Preliminar y artículos 31 y 32 del Reglamento General de los Registros Públicos.

Estando a lo acordado por mayoría.

VII. RESOLUCIÓN

1.- REVOCAR la observación formulada por el Registrador Público de Arequipa al título referido
en el encabezamiento y DECLARAR que el mismo no es inscribible por los fundamentos
expresados en la presente resolución.

2.- DISPONER en vía de rectificación la cancelación del asiento 4-d) de la ficha Nº 450108 que
continúa en la partida electrónica Nº 01150290 del Registro de la Propiedad Inmueble de
Arequipa, por lo expuesto en el punto sexto del análisis de la presente resolución.

Regístrese y comuníquese.

DR. PEDRO ÁLAMO HIDALGO DR. RAÚL PEDRO MACEDO VERA


Presidente de la Quinta Sala Vocal del Tribunal Registral
del Tribunal Registral
VOTO EN DISCORDIA DEL DOCTOR JORGE LINARES CARREON

PRIMERO: Considero que el tema en debate es establecer si las medidas para futura ejecución
forzada que prevé el Sub-Capítulo 1, Capítulo II, Título IV, Sección Quinta del Código Procesal
Civil, se encuentran comprendidas dentro de los supuestos normativos establecidos en la Ley
26639, e igualmente establecer si el supuesto fáctico que se invoca en la rogatoria, como
sustento de la caducidad, está subsumido en los supuestos de ley mencionada. Por tanto, el
primer punto a dilucidar es atribuir a la Ley 26639 un significado (en vía de interpretación) que
aplicado al presente caso, implique una decisión adecuadamente justificada tanto interna como
externamente, y en segundo lugar, determinar si el supuesto fáctico invocado en la rogatoria, se
subsume dentro del significado, que como consecuencia de la operación de interpretación, se le
dé a la norma.

SEGUNDO: En función a lo señalado, puede sostenerse que la Ley 26639 ha sido dada para
normar la caducidad, entre otras instituciones jurídicas, de las medidas cautelares, pero ¿qué
medidas cautelares?. Coincido con el criterio que establece que la medida cautelar implica un
prejuzgamiento y es provisoria, intrumental y variable, y que busca asegurar la eficacia práctica
de la sentencia o resolución final, y que por ello constituyen presupuestos para su despacho, la
verosimilitud del derecho, el peligro en la demora y el otorgamiento de contracautela. En razón a
ello, parece ser pacífico sostener que respecto de lo que en estricto se denomina medida
cautelar, esto es, la despachada antes de emitirse sentencia o resolución definitiva firmes y que
reúna los presupuestos antes señalados, la medida caduca a los dos años de consentida o
ejecutoriada la decisión que amparó la pretensión garantizada con ésta, y en el caso de no
haberse emitido sentencia o resolución definitiva firmes, la medida caduca a los cinco años
contados desde la fecha de su ejecución, de acuerdo al Art. 625 del Código Procesal Civil. El
problema surge respecto de las medidas para futura ejecución forzada.

TERCERO: El Art. 716 del Código Procesal Civil establece que “Si el título de ejecución condena
al pago de una cantidad líquida o hubiese liquidación aprobada se procederá con arreglo al Sub-
Capítulo sobre medidas cautelares para futura ejecución forzada…”; por tanto, de acuerdo a la
ratio legis del Código Procesal Civil, el concepto de medidas cautelares ha sido asimilado al
trámite de ejecución de resoluciones judiciales, obviamente con las peculiaridades propias de
esta etapa procesal, sin que ello implique una desnaturalización de la esencia de la medida
cautelar. Empleando el mismo
método interpretativo de la ratio legis, y el sistemático por comparación o
ubicación de normas, se llega a la misma conclusión, porque en el Código Procesal Civil, el
Sub-Capítulo relativo a medidas para futura ejecución forzada, está normada dentro del Capitulo
relativo a las medidas cautelares. De lo antes dicho se concluye que las medidas para futura
ejecución forzada, de acuerdo a la ratio legis del Código Procesal Civil, han sido asimiladas al
concepto de medidas cautelares, y por ello le son también aplicables las normas de la Ley
26639, en lo que fuere pertinente. Para más abundamiento al respecto, no debe pasar
inadvertido que la parte in fine del primer párrafo del Art. 1 de la Ley 26639, precisa que el plazo
de caducidad previsto en el Art. 625 del Código Procesal Civil se aplica a todos los embargos y
medidas cautelares dispuestas judicial o administrativamente, incluso con anterioridad a la
vigencia de dicho Código y ya sea que se trate de procesos concluidos o en trámite; por tanto,
de acuerdo a tal norma, tratándose de procesos concluidos (se entiende en los que ha recaído
sentencia o resolución definitiva firmes y sin importar que se hayan tramitado de acuerdo a las
reglas del Código de Procedimientos Civiles o del Código Procesal Civil, porque la norma no
hace el distingo) la medida para futura ejecución forzada (medida cautelar por asimilación) que
se trabe en ejecución de sentencias, caducará en los supuestos aplicables de la Ley 26639. Por
tanto, para este supuesto (proceso concluído), la Ley 26639, también ha establecido un plazo de
caducidad de la medida para futura ejecución forzada, tanto mas que no parece razonable
sostener que para este caso la ley no haya fijado un plazo de extinción de la medida en función
al transcurso del tiempo (plazo que considero se encuentra establecido en el Art. 1 de la Ley
26639), cuando del Inc. 1 del Art. 2001 del Código Civil se establece que prescribe a los 10 años
la acción que nace de una ejecutoria.

CUARTO: Si para los procesos concluidos la Ley 26639 ha establecido plazo de caducidad
como se señala en los considerandos precedentes, el tema a dilucidar ahora es establecer cuál
plazo debe aplicarse, si el de dos años o el de cinco años que recoge el Art. 625 del Código
Procesal Civil. Al respecto, y dada la naturaleza de la ejecución de una resolución judicial (cuyo
ejercicio prescribe a los 10 años según el Inc. 1 del Art. 2001 del Código Civil) es indudable que
la medida para futura ejecución forzada puede solicitarse muy bien luego de transcurridos dos
años de la fecha en que la sentencia quedó firme; por tanto, el plazo de caducidad de dos años
no sería el idóneo para este supuesto, porque se daría el absurdo de que la medida caduque
antes de haber sido despachada, en razón a ello, más razonable resulta aplicar el segundo
plazo, de tal manera que la medida para futura ejecución forzada despachada en ejecución de
sentencia, caduque a los cinco años contados desde la fecha de su ejecución. Por ello, coincido
con el fundamento de la observación, en la parte que establece, en abstracto, que el plazo de
caducidad para las medidas cautelares concedidas en vía de ejecución de sentencia, se produce
a los 5 años contados desde la fecha de su ejecución.

QUINTO: El Art. 617 del Código Procesal Civil establece que ”a pedido del titular de la medida y
en cualquier estado del proceso puede variarse esta, sea modificando su forma, variando los
bienes sobre los que recae o su monto, o sustituyendo al órgano de auxilio judicial. Por tanto, la
variación de la medida cautelar no implica la extinción de la medida variada y el surgimiento de
una nueva medida, sino sólo el cambio de su forma, propiedad o estado [7], sin importar para ello
el momento en que se efectúe la variación, porque ésta puede solicitarse en cualquier estado del
proceso, según la glosa legal precedente.

SEXTO: En el presente caso, fluye del legajo E-00104173 que la medida cautelar de anotación
de demanda inscrita en el asiento 4-d) de la ficha 450108 del Registro de Propiedad Inmueble,
fue despachada mediante auto N° 001-96 del 22 de febrero de 1996 e inscrita el 28 de marzo de
1996, esto es, en fecha anterior a la emisión de la sentencia N° 66-98 del 29 de mayo de 1998,
que quedó consentida el 16 de julio de 1998, según copia certificada y constancia emitidas por
Justo Quispe Apaza, Especialista Legal del Segundo Juzgado Cicil de Arequipa. Asimismo en el
legajo E- 00261821 están archivados los partes judiciales que contienen la resolución N° 9, del 7
de diciembre de 1998, cuya parte resolutiva establece. “RESUELVO: variar la medida cautelar de
anotación de demanda ordenada por resolución número uno-noventiseis de fojas treintinueve a
una de embargo en forma de inscripción a favor de Mávila Hermanos S.A. recayendo en el
mismo inmueble inscrito en la ficha N° 450108 del Registro de la Propiedad Inmueble de la
ORRA, de propiedad de la demandada Carmen Torrico viuda de Rosas, Enrique Luis Rosas
Torrico y Carmen Rosa Torrico, hasta por la cantidad de veinticinco mil dólares americanos, no
estando obligado a contracautela por estar sentenciado el proceso. Se deja sin efecto la medida
cautelar variada, debiendo levantarse su inscripción, a cuyo efecto ofíciese y expídase los partes
dobles para su inscripción, previo pago de la tasa judicial por copias certificadas. Tómese razón y
hágase saber.”

SÉTIMO: De lo señalado en el considerando precedente, se colige que se ha


trabado sólo una medida cautelar (despachada el 22 de febrero de 1996 e inscrita el 28 de
marzo de 1996), esto es, una anotación de demanda, la que después fue variada a un embargo
en forma de inscripción (el 7 de diciembre de 1998); por tanto en el presente caso, no se han
trabado dos medidas cautelares distintas e
independientes una de la otra, sino una sola medida cautelar, la que ha variado a mérito de
lo establecido en el Art. 617 del Código Procesal Civil. En razón a ello y lo indicado en los
considerandos quinto y sexto precedentes, estimo que en el presente caso, se ha dado el plazo
de caducidad previsto en la primera parte del Art. 625 del Código Procesal Civil, porque desde la
fecha en que quedó consentida la sentencia materia de la pretensión que garantizaba la medida
cautelar (16 de junio de 1998) a la fecha de la rogatoria (22 de agosto de 2002) han transcurrido
más de dos años, lo que implica que la observación debe revocarse por este fundamento.

Por lo señalado:

Mi voto es porque se revoque la observación y se disponga la cancelación de los asiento 4-d) y


5-d) de la ficha 450108 que continúa en la partida electrónica 01150290 del Registro de
Propiedad Inmueble, por caducidad de la medida cautelar.

DR. JORGE LINARES CARREON


Vocal del Tribunal Registral
[1] Ángeles Jové, María. Medidas Cautelares Innominadas en el Proceso Civil. J.M. Bosch Editor,
S.A., Barcelona, España, 1995, pág. 142.
[2] Resuelto el principal en definitiva y de modo favorable al titular de la medida cautelar, éste
requerirá el cumplimiento de la decisión, bajo apercibimiento de proceder a su ejecución judicial.
La ejecución judicial se iniciará afectando el bien sobre el que recae la medida cautelar a su
propósito.
[3] Entendemos como medida ejecutiva a aquella trabada para ejecutar una sentencia,
diferenciándose así de la medida cautelar propiamente dicha. Haciendo una comparación con la
legislación procesal anterior: embargo preventivo sería similar a una medida cautelar y embargo
definitivo a la medida ejecutiva.
[4] Si el título de ejecución condena al pago de cantidad líquida o hubiese liquidación aprobada,
se procederá con arreglo al Subcapítulo sobre medidas cautelares para futura ejecución forzada.
Si ya hubiese bien cautelado, judicial o extrajudicialmente, se procederá con arreglo al Capítulo V
de este Título.
[5] Porque podría tratarse del cumplimiento de una obligación de hacer o de no hacer.
[6] Los embargos definitivos y otras medidas de ejecución trabados bajo las normas del Código
de Procedimientos Civiles, caducarán en el plazo de 5 años contados desde la fecha de su
ejecución, salvo que sean renovados. Si se trata de medidas inscritas, se aplicará lo dispuesto
por el segundo párrafo del artículo 1º.

[7] Variar: Dicho de una cosa: cambiar de forma, propiedad o estado. Según el Diccionario de la
Lengua Española. Real Academia Española. Vigésima Segunda Edición. 2001.Al respecto la
doctrina establece que constituye una directiva lingüística aplicable a las operaciones de
interpretación el que “El significado de los signos linguísticos complejos del lenguaje legal
deberán ser determinados según las reglas sintácticas del lenguaje común”.