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EL FRACASO ACTUAL

DE LA FILOSOFÍA
El fin del hombre o el fin de la
filosofía

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DANIEL TACILLA

EL FRACASO ACTUAL
DE LA
FILOSOFÍA
El fin del hombre o el fin de la filosofía

EVOHÉ
Revista de Filosofía
LIMA

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Biblioteca de la Editorial Evohé
ENSAYOS DE FILOSOFÍA
Segunda Serie: Filosofía actual
Numero: 2
DANIEL TACILLA A. 1984
El fracaso actual de la filosofía: “El fin del hombre
o el fin de la filosofía”
Lima: Editorial Evohé. 2018
FILOSOFÍA PERUANA/FILOSOFÍA
LATINOAMERICANA

Editorial Evohé
Edición e impresión computarizada y por demanda

© Editorial Evohé – Lima, 2018


© Daniel Tacilla Aquino

Depósito legal: Biblioteca Nacional del Perú N° 2018-05910

Impreso en Lima por


Multiservicios Sánchez, Cercado de Lima, LIMA

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PRESENTACIÓN

El Comité Editorial de la Revista de Filosofía


Evohé tiene como finalidad fundamental abrir un
espacio al diálogo académico entre las distintas
tendencias y especialidades de la filosofía así como
también ser un semillero de futuras investigaciones
y nuevas propuestas filosóficas. Es por ello, que nos
vemos en la obligación moral e intelectual de
publicar trabajos que aun en nuestro medio no son
muy conocidos. Nuestra meta es dar a conocer y
promover la filosofía como tal, es decir, dar la
debida importancia no solo a la originalidad, sino a
su forma como se relaciona con nuestra tradición, y
no solo a la comunidad filosófica sino a la
comunidad intelectual peruana y del extranjero.
Es así como nace “Ensayos de filosofía” y con
ésta la primera serie: “Filosofía actual” que fue
publicado en el 2012, y que tuvo un rotundo éxito
por la difusión y acogida; ahora publicamos nuestra
segunda serie donde se expone los trabajos de
filósofos de considerable trayectoria y de jóvenes
promesas. Este hecho significa un gran esfuerzo de
trabajo y economía para nuestro Comité Editorial,
pero cuyo impulso es de apropiarnos de ese
conocimiento llamado filosofía, no como extraña

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investigación de especialistas sino como
pensamiento articulador de nuestra manera de ser y
de actuar del hombre actual en nuestro continente y
del mundo globalizado.
Terminamos esta presentación, no sin antes
agradecer a todos aquellos que impulsaron este,
nuestro proyecto filosófico, el cual no se llevaría a
cabo sin su ayuda. Un saludo y agradecimiento
sincero a todos ellos.
En esta ocasión presentamos a un joven
filósofo peruano, Daniel Tacilla A. donde expone
una polémica sobre nuestro filosofar y que ya fue
publicado en la revista Evohé N°5 pero ahora
publicamos como Ensayo de Filosofía.

Comité Editorial Evohé


Lima, lunes 19 de marzo del 2018

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EL FRACASO ACTUAL DE LA FILOSOFÍA1
(El fin del hombre o el fin de la filosofía)

Daniel Tacilla
Universidad Nacional Federico Villarreal

“Invisibilia enim ipsius, dei per ea quae facta


sunt intellecta conspiciuntur”

San Pablo

S
iempre hay de qué preocuparse frente al
afortunado desarrollo de la historia.
Según sabemos, la historia viene a ser el
conjunto de toda una serie de eventos
que nos afectan y, como consecuencia de ésta,
desencadena toda una serie de eventos que son el
resultado de todo lo que ya pasó, al menos de aquel

1
El presente trabajo también se encuentra publicado como ensayo
en el libro colectivo: El destino de la civilización. Crítica a la
filosofía Vassalliana y una nueva propuesta para el desarrollo de
la filosofía en el Perú, Lima: Gaviota azul editores, 2016, pp. 111-
123 y en el volumen n°5 de la Revista de Filosofía Evohé..

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Daniel Tacilla

pasado cuantificable y mensurable. Puede ser que


todo esto tenga algo de cierto, sobre todo cuando
queremos hacer un mapa exacto de todos los pasos
que ha ido dando el hombre desde que apareció
pero, viéndolo de esa manera, ¿A dónde nos
llevarían estos pasos? Aquellos pasos que no son
nuestros, aquellos que nosotros no ayudamos a
construir. Entonces, cuando hablamos de un fracaso
de la filosofía, lo más seguro es que estemos
hablando del fracaso de éste hombre, de lo que ha
decidido hacer éste hombre con lo que se le fue
heredado. Si bien es cierto, toda la historia no ha
sido preparada para los que ya no están, y tampoco
para los que serán más tarde, sino para los que son.
No sólo es un progreso que abandona el pasado o
que se aleja del presente, sino que se ha vuelto algo
más que tan sólo dividir el mundo en más mundos,
más que despedazar el mundo y dejarlo en la
incertidumbre1 de un mundo que cada vez se vuelve
más irreconocible, incognoscible para aquél que ya
vive en su propio fragmento, sino que esta
necesidad de dividir cada vez más la realidad llega a

1
Así como ya en la filosofía se planteaba y difundía la creencia en
la relatividad gnoseológica y moral, el asunto también alcanza a la
ciencia, como lo expuso Heisenberg y Schrödinger, pero al
contrario de como lo creen, no es para profundizar en la realidad,
sino para alejarnos de ella, dejándonos en un mundo que es
siempre el mundo de otro y nunca el nuestro.

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El fracaso actual de la Filosofía

dividir al hombre mismo, pues ya no encontramos al


Hombre como tal, sino que el hombre, así como cada
mundo en el que se ha partido la realidad, se ha
separado de sí mismo, siendo así la incertidumbre la
virtud que lo caracteriza.

No hace falta conocerse a sí mismo2 cuando


lo que hay por conocer ahí está ocupado con cada
multiverso que se ha creado en la realidad, un
mundo para cada experiencia, para cada hombre,
para cada individuo. Así como lo indica, no sólo se
ha encontrado útil dirigirnos a un mundo donde
habite un individuo, sino que éste mismo también
ha sido dividido de tal forma que se ha quedado
solo. Si al igual que las cosas, el hombre se ha
reducido hasta su mínima expresión, tanto como que
se ha logrado escudriñar en lo más hondo de su
entidad3, al parecer, ya no queda más a donde ir sino
hacia fuera, sólo queda salir e irse solo.

2
Fue Sócrates quien toma esta sentencia para señalar el lugar
donde habita la Verdad. Todo lo contrario al hombre moderno que
busca incansablemente verdad donde sólo habita la multitud de
diferencias. Así, conociéndose uno se llega a todos.
3
La entidad como aquello que forma parte de nuestra peculiar y
extraña realidad, aquella que existe en el ahora y en la actualidad
de nuestra conciencia, siendo así perceptible de forma cuantitativa.

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Daniel Tacilla

Si revisamos la situación de la Filosofía


dentro de este embrollo donde todo es medido
desde la actualidad4 de un hombre que sólo puede
decir algo sobre aquello de lo que puede hablar,
pues de lo contrario mejor es callar. Pero qué puede
decir un hombre sobre aquello que no conoce. Sólo
podemos hablar sobre lo que nosotros mismos
somos, queramos o no, cada palabra que damos no
hace más que presentar el hogar en el cual
habitamos.

Ahora, dirijámonos a conceptos tales como


evolución, adaptación, progreso, avance, desarrollo,
éxito, entre otros más que nos han sido transmitidos
desde las ciencias positivas, a su vez aparecidas
como resultado de la subjetividad inherente al
pensamiento moderno, las cuales, cada vez más, nos
exhortan a consumir aquello que satisfaga a nuestras
necesidades menos humanas y más inconscientes,
que están determinadas por el principio del placer,
el cual a su vez se encuentra en actividad pasiva
frente a los estímulos que actúan sobre él. Pero –
aunque no siempre se quiere creer, y mucho menos

4
Lo actual deviene en algo distinto a él mismo, siempre mirando
hacia adelante y abandonando la seguridad de su hogar, el ser, para
entregarse a los objetos, en virtud de su dependencia inmediata
sobre el sujeto.

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El fracaso actual de la Filosofía

aceptar- se puede retroceder de una manera tan


ridícula ante un mundo que se enorgullece de vivir a
la “vanguardia” de la tecnología junto a un montón
de niños y hombres que cada vez salen de la pobreza
tan sólo porque ya no piensan5 en la pobreza. Si tan
solo diéramos un vistazo a lo que hemos dejado
atrás, entenderíamos que a lo que llamamos
progreso es al hecho de olvidar, el no recordar.
Siendo así que no recordamos, tampoco entendemos
lo que es involucionar, sino que siempre se creerá
que se progresa y mientras más nos alejemos más
habremos progresado: es seguro afirmar que
vivimos en una cultura del vacío. Desde hace más de
un siglo ya se viene teniendo la idea de que el
mundo se mide a partir de la subjetividad,
frecuentemente por las malas interpretaciones de los
pensadores fundamentales, y más que ello, por el
pensamiento pragmatista y cientista que se ha vuelto
un éxito desde la aparición del sujeto. Y tal como ésta
última idea, el hombre se aventura a ir “hacia las
cosas mismas”, haciendo la suposición de que ha
llegado a tal punto en el que su espíritu ha adurado
por ser capaz de violar con éxito su propia

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Son las ciencias positivas las que han engendrado tal diferencia
entre el pensar lógico y el pensar psicológico, dejando a un lado al
Pensamiento como una actividad que sobrepasa la realidad
cognoscible.

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Daniel Tacilla

naturaleza al manipularla. Tal vez el atrevimiento


del sujeto es lo que se da para estos nuevos tiempos,
ya que si no se tiene nada con qué pensar, tampoco
habrá qué temer para un hombre que siempre vive
en un mundo nuevo.

Una de las pocas cosas de las que puedo estar


seguro –dice la existencia de un hombre- es que mi
existencia es nada frente a las cosas, pues éstas,
viven cada una seguras de sí mismas, seguras de lo
que son, sin angustias de lo que son o no. Aquí nos
encontramos frente a una gran desventaja. Yo
mismo soy consciente de los cambios por los que
atravieso, en cada etapa de mi vida, no tengo
ninguna seguridad frente al mundo, llevándome a
mí mismo a la única seguridad que encuentro en un
mundo de oscura relatividad: no hay sentido en mi
existencia. Es este escepticismo el que se ha
apoderado de los hombres que ante un alma frágil y
un exceso de experiencias en una sola existencia, no
encuentran más que una relatividad absoluta… al
menos en esta existencia.

Es en una de estas tantas películas que


aparecen guiadas por el espíritu nihilista de la
posmodernidad, como lo es Vivre sa vie de Jean-Luc

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El fracaso actual de la Filosofía

Godard, antes de su primer capítulo, que hace


referencia al abandono, se cita Il faut se prêter aux
autres et se donner à soi-même, casi exhortando a que,
hay que prestarse a los demás y darse a sí mismo.
Hablamos de la paradoja de una existencia
incomprendida por sí misma, perturbada por la
insistencia de la razón, ante lo cual decide hacer una
apuesta copernicana: estar en los demás.

Tal vez no lo parezca pero, así como el


hombre ha ido descubriendo más mundos en un
mismo mundo, a su vez, ha ido olvidándose a sí
mismo. Al parecer, las ciencias han ido
profundizando más y más en cada parte del mundo,
y así han aparecido los eruditos, los expertos, los
académicos por excelencia –al parecer-. Pero,
¿Cuántos de ellos conocen sobre sí mismos, sobre
quiénes son, qué es la vida, qué es el amor, qué es la
justicia, qué es la belleza? Ninguno de seguro. Lo
más seguro es que nos den una descripción
detallada de los eventos o fenómenos que suelen
acompañar a la esencia de tales cuestiones. Hay una
razón por la que son eruditos, expertos, la razón es
que nadie sabe más que ellos sobre las preguntas
que menos importan y, sobre lo que verdaderamente
es fundamental, nada dicen. Han agarrado sus almas

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Daniel Tacilla

y las han arrojado fuera de ellos, intentaron hacer


algo bueno, y lo único bueno fue su buena voluntad, y
ésta murió sobre lo demás.

En las aulas, con jovencitos de todas las


edades, pude darme cuenta del dulce y cruel
adormecimiento en que viven los hombres. A su
corta edad creen que no hay nada que no se pueda
saber –es la herencia cientista que rechaza todo
misterio oculto en el mundo- y al mismo tiempo
creen que todo lo que saben no tiene sentido. Y si a
esto le agregamos la estadística que les enseñan sus
autoridades, diciéndoles que estamos
“progresando” como humanidad, así como de todo
aquello que saben, tal como Mario afirma hasta hoy
en su defensa al capitalismo, que gracias a éste el
hombre tiene acceso al conocimiento en cualquier
parte, confundiendo gravemente lo que es
conocimiento con información. Así visto, todo
evoluciona, progresa, mejora, avanza. Entonces,
¿Qué sentido le darán al pasado? Y claro, el pasado,
al no encontrarse a la mano, es construída por las
autoridades de los hombres, ofreciéndoles “algo que
está a la mano”: non veritas sed auctoritas facit legem,
no la verdad sino la autoridad es quien hace las
leyes.

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El fracaso actual de la Filosofía

Ahora el pasado nos es tan ajeno como las


cosas mismas. Siempre somos modernos, cada día,
ya no existe un pasado, ya no existen cosas que sean
independientes a mi voluntad, ahora son objetos que
existen por mi voluntad creadora y hemos
terminado robando las cosas, o si fuera mejor decirlo
así, hemos decidido transmutar hacia las cosas: el
hombre se ha cosificado.

Las cosas hoy no son más que objetos en los


cuales nos reconocemos, una breve extensión de
nosotros mismos, que poco a poco va cobrando más
valor que éstos. Vemos en aquellas lo que queremos
ser. A pesar que este “nosotros mismos” no sea más
que un decir, la realidad del asunto está en que el tal
“nosotros mismos” ha caído en las cosas, pero, las
cosas como tal –sin el hombre– no son más que, lo
que son, ni verdaderas ni falsas, sin angustias, tan
sólo son, sin necesidad del hombre; podría decirse
que tiene más sentido la vida de una roca o un
animal cualquiera, que la vida de un hombre.

Según podrían percibir, las cosas andan mejor


que nosotros, andan más seguras y sin vacilaciones
que enfrentar. Se ha llegado a un punto en el cual el
hombre ya no quiere reconocerse a sí mismo, tal vez

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Daniel Tacilla

por miedo a lo que ya sabe que encontrará en él, y


en lugar de ello, prefiere vivir en las cosas,
encerrado, aprisionado, sin ser consciente de lo que
sucede en la realidad, se cosifica, transmuta en cosa.
Y seguro se dirán: al menos las cosas tienen una
función y, sea ésta buena o mala tal vez, nunca se
enteran de ello, pues tan sólo cumplen su función de
manera irracional y mecánica. A pesar que la razón
es la que ordena cada cosa en su lugar para que
cumpla su función, pues esto implica tener una
función, tener una finalidad.

Ahora, lo dicho no es más que un mero


espectáculo sin sentido ante el actual fracaso de la
filosofía, lo cual es admirable por su grandiosidad
con la que se la exhibe. Se ha convertido en el
orgullo y la nueva dignidad ante el exhibicionismo
de la mediocridad, la falta de un fundamento de
donde reciba sentido la vida –la verdad- y el
ocultamiento voluntario, por parte del hombre,
realizado bajo el temor de volverse –recordar- hacia
sí mismo, bajo el temor de ver la traición por su
propia mano.

Lo cierto es que esta idea ya ha sido pensada


desde hace mucho, con los mismos griegos, pasando

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El fracaso actual de la Filosofía

por los padres de la Iglesia, hace dos siglos


lamentando que Dios ha muerto, el s. XX del extremo
individualismo y hasta podríamos decir desde que
nace la razón. Podríamos decir que el hombre actual
se inclina hacia la huída de su propia naturaleza, o al
menos podría serlo en el caso de aquellos que no
tienen esta capacidad de ejercer la razón pero sí de
quitarle dignidad. Hace medio siglo que los
intelectuales vivos ya se alarmaban indignados por
la situación en la que se encuentra el espíritu
humano, cada vez más enfermo de sí mismo y a la
vez sin ser culpable –si en algo ayuda a éstos el ver
el origen del mal en los objetos o los otros, que
siempre son lo que conocen, y lo que conocen
siempre se les es dado, y es preferible esto antes que
sentir culpa sobre ellos mismos–. Tan sólo basta
imaginar lo que aquellos hombres exclamarían
frente a nuestra situación, en el pleno siglo XXI,
hombres con un total desprecio ante lo que
involucra las letras, las humanidades, el alma, la
Filosofía, y en su lugar estiman más lo que no les
pertenece, lo que de hecho, no es suyo. Hablamos
del hecho de depender de algo que cualquiera puede
dominar a su antojo ¿Es que acaso no se logra ver lo
idiota6 que resulta todo esto? Sólo un ser con un

6
Del griego ιδιωτης , aquel que se ocupa de asuntos tan bajos,

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Daniel Tacilla

profundo desprecio hacia sí mismo es capaz de


buscar su dignidad en aquello donde cualquiera
puede violentar de mil maneras.

Ahora es oportuno invocar al fundador de la


Academia, que ya revelaba el sentir de su época,
donde logró encontrar el germen que, cada año que
pasa, hasta ahora, crece como un buen crío de la
progresista humanidad, más no del hombre
virtuoso, el pensador, que tal vez, al llevar una
labor solitaria como es la del pensar, no logró
embarrarse con lo que suelen mancharse las masas,
de la satisfacción y el embelesar que brindan los
apetitos más superficiales, de la dejadez con la que
vive el mundo de las cosas, pretendiendo ser una
cosa, queriendo dejar su propia naturaleza para sólo
darse vergüenza a sí mismo creyendo ser algo que
no es, asegurando ser libre de elegir. Cuando esto
sucede, elige siempre el mal ¿Podemos decir con
razón que sabe elegir? ¿Y el que no sabe elegir,
diremos que elige y que a su vez es libre?

“… el error y el descrédito que se abaten


actualmente sobre la filosofía se debe, como ya he dicho
antes, a que no se la cultiva dignamente. En efecto, no

primitivos y egoístas, alejándose de lo racional y lo universal.

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El fracaso actual de la Filosofía

deben cultivarla los bastardos sino los bien nacidos (…)


En primer lugar, quien vaya a cultivarla no debe ser cojo
en el amor al trabajo, con una mitad dispuesta al trabajo y
otra mitad perezosa. Esto sucede cuando alguien ama la
gimnasia y la caza y todo tipo de fatigas corporales, pero
no ama el estudio ni es dado al diálogo y a la indagación,
sino que tiene aversión por los trabajos de esta índole; y es
cojo también aquel cuyo amor al trabajo marcha en
sentido contrario”.
Platón, La República, VII, 535c-535d.

A pesar de estas palabras del divino Platón,


las cosas han cambiado, gravemente. Pero es de esto
de lo que tenemos que dialogar ahora. A pesar que
en este momento no lo hagamos como es que
“debería de ser”, me refiero, a tomar el asunto con la
seriedad que amerita, y es por ello que tal asunto se
debe llevar a cabo en un diálogo, en las aulas, donde
existe el verdadero diá-logo. Claro está que sólo será
posible mientras las condiciones lo permitan, que
como sabemos, al menos en estos tiempos y con los
niveles de educación que contamos, no lo es para
nada, o en el mejor de los casos, como pensara el
buen Kant siguiendo a Séneca nullum magnum
ingenium sine mixtura dementiae fuit, no existió nunca
un gran ingenio sin un poco de locura, ya que, a

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Daniel Tacilla

pesar de los obstáculos, el genio siempre se abre


paso ante la tempestad, ante el sinsentido del
hombre que a veces debe esperar demasiado para
que “la lechuza de Minerva levanta el vuelo al
anochecer”, tal vez sea la condición para el pensar.

Con la calidad –que ha transmutado a


cantidad, pero no importa porque hoy todo termina
siendo lo mismo- educativa que sólo ve el éxito, que
tiene como proyecto construir emprendedores más
que Hombres, éxitos más que autoconocimiento, es
cada vez más raro ver espacios libres para poder
realizar aquel asunto que es propio y natural al
hombre: El pensar. El pensar es imaginado como un
cáncer que se ha quedado y que devora desde
dentro las cadenas de los siervos que sienten la
ausencia de aquello que se les quita. A pesar de esto,
los textos, libros, revistas especializadas en el campo
académico, son lo más cercano a lo que se puede
llegar en la verdadera búsqueda de la libertad de
pensamiento, a falta de estos espacios “libres”. En
contra de lo que parezca, pues vemos en las calles de
nuestra ciudad una infinidad de personas
marchando a viva voz por sus derechos y beneficios
–nunca por sus deberes y responsabilidades–
atropellando a todo aquel que se atreva a pensar –

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El fracaso actual de la Filosofía

creer– distinto; uno podría pensar que se vive en un


mundo libre al ver que todos “opinan”. Pero es
libertad lo que se niega. Se sigue viviendo en un
mundo donde se cree que ser libre es hacer lo que
“yo quiero”. Este “quiero” se debe entender como la
sumisión ante un tirano que nos gobierna
placenteramente. Diferenciemos entre el deseo de un
hombre y los deseos de un animal cualquiera.

Volviendo al asunto, y aunque parezca


desmerecedor, debemos decir que un texto nunca
dialogará, nunca replicará. El único que juzgue será
el lector, que con un poco de justicia sabrá descubrir
lo que falta decir donde se pueda. Lo ideal sería
tener al lector frente a un libro que lo escolta hacia la
claridad, acompañándolo en sus dudas, donde
juntos puedan superar los obstáculos de la
percepción, y se realice un verdadero diálogo
humano que, dicho sea de paso, hoy se ha perdido
en las escuelas primarias y secundarias, que es desde
donde deben ser encaminados hacia los asuntos
fundamentales y esenciales de todo ser humano
digno, preparándolos para enfrentar lo que se
encontrarán al cruzar aquella puerta hacia la
verdadera vida, la vida como hombres
independientes. No existe un diálogo ahí donde el

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Daniel Tacilla

profesor dedica su clase como una apología al éxito


y el pragmatismo de las cosas. La falta del diálogo,
con mucha pena, es por lo cual pocas veces vemos a
una persona vivir verdaderamente. En su lugar
vemos gente que se aleja hacia las cosas, hacia el
momento, lo pasajero, hasta llegar al punto donde el
pasado lo encuentra, y tiene que abandonar el
mundo, atrapado en el rechazo de lo que somos, ese
pasado, experimentando la desaparición de sí
mismo. Todo le sugiere escapar de aquellos
fantasmas fantasmas del dogmatismo científico que
lo han envuelto y consumido todo. Todo lo
verdaderamente humano le es extraño y los errores
resultan ser lo más humano, haciendo de la verdad
un error muy humano que cada quien debe tener.
Así, ha aprendido que hasta el amor es un objeto
cuantificable, medible, falible, por lo cual puede
dominarse. Tanto el amor, como todo lo que nos da
verdadera humanidad, se ve como objeto, y como
todo objeto, nos es dado. Y así como lo
verdaderamente humano ha sido destruido como
objeto de un sujeto, que acaba con lo natural e
impone sus propios errores como realidades
eficientes para éste mismo, así es que todo aquello
que termina, termina para el sujeto que lo ha
impuesto. Todo lo que acaba es artificial: la

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El fracaso actual de la Filosofía

humanidad es artificial. Sin humanidad no hay


pensamiento, ni amor, ni nada. Pasamos de ser seres
con alma, a seres artificiales, hombres que son lo que
se les pone en frente.

La deshumanización es lo que vivimos hoy.


Una gran independencia, tal vez no como lo deseaba
-o tal vez sí- el espíritu ilustrado del siglo XVIII.
Vemos en las universidades que, cada vez más, se
está instrumentalizando el diálogo humano, es decir,
que el diálogo humano no es más que un accesorio
al cual se acude hasta el momento en que no haya
falta un hombre, hasta entonces se sirven de
prácticas pruebas, test, estadísticas, diapositivas, etc.
y un gran conjunto de artificialismos que distraen de
la mejor manera al ya adormecido lector.

Retomando, este ensayo no es más que un


conjunto de breves apuntes sobre el tan afortunado
“fracaso actual de la filosofía”. De manera que trato a
grosso modo lo que se supone debería tratarse a
profundidad en toda aula, y no sólo en una donde
esté programada una “lectura o clase” de filosofía.

Uno de los tantos motivos de que la filosofía


se haya apartado del mundo, y cada vez más, es la

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Daniel Tacilla

inexistencia de su objeto de estudio. Y es que


empezamos mal, la filosofía no tiene un objeto de
estudio como lo quisiera el sujeto posmoderno, que
necesita de objetos para ser. Esta necesidad tan
humanista la encontramos en los pensadores
modernos. Esto, como lo referí antes, revela una falta
de identidad con “nosotros mismos” por nosotros y
a la vez no. Tal vez podríamos llamar a esto una
“mentira involuntaria”, pero esto lo iré
desarrollando.

Antes necesitamos reconocer algo. Todo


cambio social, cultural, histórico, lo cual involucra la
actitud del hombre frente al mundo y a él mismo,
siempre ha sido por el movimiento de las ideas, es
decir, de la Filosofía. Son las decisiones que toma un
hombre las que lo alejan o acercan de las ideas que
lo guiarán en la historia y por lo cual construirá una
historia. Es la filosofía la responsable, más no los
filósofos. Tal vez pinte a hegeliano sin querer, y aún
así es su responsabilidad y no la de Hegel.

El filósofo tan sólo está encargado de


expresar lo que el mundo siente y piensa, es decir, el
vivir: pensar para sentir verdaderamente. A pesar
que las críticas vayan por la ausencia de su sentir,

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El fracaso actual de la Filosofía

son los que más han reflexionado acerca del vivir


bien. El filósofo no es un dios –aunque hay muchas
semejanzas– menos en un tiempo donde todo de lo
que se puede hablar tiene que estar-ahí al mismo
tiempo que nosotros, desde que el sujeto aparece. De
ahí el, rechazo a todo lo que escapa a nuestras
limitaciones y a lo eterno. El pensar del científico
aparece junto con su propia existencia, es decir, con
las cosas. Son éstas las que forman el pensamiento
del hombre moderno por lo que la creación de
conocimiento surge con él. El filósofo traspasa los
límites del sujeto, del creador moderno. El filósofo
crea a partir de lo increado. Está antes de él o
después, pero siempre para nosotros.

Veamos tan sólo un par de siglos atrás, al


siglo XIX. Hacia la segunda mitad el objeto de
estudio del hombre académico fue muy marcado. La
maduración de las ciencias y su gran predominio en
esta época dio un giro en torno al interés del hombre
en el aspecto epistemológico, que a su vez removió
de manera paralela el interés moral hacia la actitud
humana. Aquí comienza, al menos de manera más
evidente –perceptible– el problema. Tal como hoy
día lo vemos, el hombre tan sólo ve como objeto de
estudio aquello que le puede ser útil, aquello que

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Daniel Tacilla

está a la mano –su mano–, y casi hasta podríamos


decirlo de manera literal, pues aquello que no sea
capaz de ver –sentir–, no-es. Existe una identidad
entre el sujeto y su objeto. Tanto como vamos
capturando y ejerciendo un control sobre los objetos
vamos teniendo la sensación de que tenemos control
sobre nosotros mismos. Es el poder, el dominio
sobre lo que alcanzamos sin ser conscientes de la
proyección en la que nos encontramos. Suficientes
motivos para desear que los objetos sean maleables,
al no haber un poder real sobre lo otro. Tantos son
los filosofos del s. XX, sobre todo los existencialistas,
que proyectan sus condiciones a la naturaleza
humana. Sólo hace falta un pequeño razonamiento
para advertir lo que nos espera, pero tal vez ni
necesidad haya de hacer tal esfuerzo ya que tan sólo
hace falta echar una mirada allá fuera.

Debe ser esto por lo que los jóvenes de ahora


no ven en el “objeto” de la filosofía un objeto, por el
simple hecho de que no se es capaz de ver algo en lo
cual no nos hallamos (hayamos). Tal afirmación no
es una redundancia, como se suele imaginar. El no
poder ver algo podría deberse a que no existe, no
hay, lo que se vuelve una excusa perfecta para
rechazar a la filosofía en su sentido clásico, como

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El fracaso actual de la Filosofía

metafísica, pero también podría ser que la no


posibilidad de la metafísica se origine en la
incapacidad del sujeto para ver algo que él aún no
conoce por ser no mensurable. Hallamos lo que
buscamos, ¿Y si hallamos algo distinto? Un hombre
enclaustrado toda su vida intenta ver en la oscuridad
sin jamás haber sido alcanzado por la luz, por lo
cual, cuando se tope con algo, tan sólo verá… nada.

Ahora, la ciencia se ha encargado de despejar


el camino hacia las cosas, rechazando todo lo
relacionado a la filosofía de la tradición, es decir, la
metafísica, que no son más que obstáculos para su
intento de penetrar en las cosas, más no en la vida,
pues describir el objeto que percibimos no es lo
mismo que comprenderlo, que vivirlo, así como uno
no aprende de la vida leyendo un libro de biología o
química, uno no aprende a interactuar con el mundo
aprendiendo física, o sabe del amor describiendo lo
que hace nuestro cuerpo/cerebro cuando amamos o
sentimos que amamos.

Es absurdo dedicarse a los asuntos de la


filosofía si sus asuntos son estimados como in-útiles.
Lo que resulta ser útil sólo mira nuestro beneficio.
Estos objetos, útiles, son realmente las cosas, que

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Daniel Tacilla

pertenecen al mundo, es decir, han perdido su


naturaleza para estar al servicio de un hombre.
¿Cómo se puede vivir en un mundo que sólo busca
la paz de un hombre? Recordemos lo que postulaba
el filósofo de Königsberg, que los objetos no son más
que lo que conoce el sujeto. De esta forma podemos
decir que los objetos son objetos en tanto éstos
tengan alguna utilidad para mí. Hay tantas maneras
en que un objeto puede serme útil, y cada vez más
mientras aumente el abismo entre un hombre y el
otro. El mundo, así, es un complejo utensilio y su
finalidad es servirme, al menos es la idea del atrevido
sujeto moderno. Llegamos a un punto, donde la
imagen del mundo tiene un desenlace que tal vez ya
lo vemos, los objetos no son más que el resultado de
lo que yo soy. La forma que va adotpando este
objeto es la misma que recibe del que lo conoce.
¿Acaso no se dice que no hay objeto sin sujeto? Y
este se piensa a sí mismo –inocente e
inconscientemente– y a los demás, en los objetos. Ya
ni siquiera hace falta pensar en uno mismo o en la
misma realidad cuando todo no es más que una
proyección de mis juicios, reducidos a mis
experiencias y a las categorías fundadas en mis
placeres. Cada guerra, revolución, lucha, no ha sido
más que la angustia de perderlo todo.

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El fracaso actual de la Filosofía

A todo esto hay que agregarle el trabajo que


hace la psicología moderna. La tradición psicologista
que aún nos llega como un fantasma a través de la
televisión, las grandes empresas, el Estado y sus
instituciones, la tecnología y, aunque no pareciera, la
misma religión. Todas, en un trabajo dedicado, han
colaborado para que podamos ver un “fracaso de la
actual filosofía”.

Pero, si recordamos bien, hablamos de un


“fracaso”, no hay duda, pero ¿De la filosofía? Platón
ya lo anunciaba en su República. ¿Qué se está
entendiendo por “fracaso” de la filosofía?

Algo así ocurre con su sentencia, o condena,


que dirige hacia la filosofía de los filósofos
populares. ¡La filosofía es “inútil”! Es fundamentada
en la inutilidad para el hombre vulgar e ignorante, el
idiota, aquel que vive en su burbuja creyendo que el
mundo ha sido creado sólo para él. Más no para el
Hombre como tal, para el filósofo. ¿Qué utilidad
puede tener la luz para un hombre que vive entre las
sombras? Para él las sombras son la mejor manera
de ocultar su propia oscuridad, son el camuflaje por
el cual encuentran seguridad en la indiferencia.

-31-
Daniel Tacilla

De este mismo modo es que la filosofía ha


fracasado, pero no por ella. En un mundo lleno de
luz, tal como se cree actualmente, es absurdo que se
produzcan sombras. Acá tenemos que evocar la más
tradicional y la única definición que debe haber de la
filosofía, independientemente de la cultura o tiempo
en el que nos encontremos: la filosofía es el amor a la
sabiduría, es la búsqueda de la verdad, el perseguir e
insistir en alcanzar algo que es inalcanzable. Es salir
hacia un viaje que nos lleva hacia nosotros mismos.
Y ¿Para qué? Tal vez justo en esto es en que muchos
ven su inutilidad. Hay filosofía y hay filósofos
donde vive aquel espíritu deseoso de alzarse,
animado por eros: un espíritu que ama.

Haciendo un leve descargo, en la filosofía no


es necesaria la presencia del hombre. Una mujer es
bella, no porque un hombre lo consienta. Se puede
hablar de las distintas formas en que ella es bella
para uno y otro. Del mismo modo la Filosofía no es
dependiente de lo que un hombre juzgue sino de la
razón. No podemos decir que lo que nos hace
Hombres es alguna condición natural-material sino
el ir más allá de esa condición. Los filósofos pueden
producir pensamientos, pero no pueden destruirlas,
existen haya o no hombres. Mientras haya razón,

-32-
El fracaso actual de la Filosofía

habrá filosofía y mientras exista un mundo, siempre


se podrá ir más allá de él.

Tal como lo dice Platón, lo que conduce al


fracaso de la filosofía es el hecho de que no se la
cultiva dignamente. La naturaleza está ganando
partido, si es que cabe decirlo de esta forma, el
hombre deja de ser hombre, la naturaleza queda sola,
y el hombre sólo fue un breve descuido o aventura
que ahora mismo la naturaleza va corrigiendo. El
cosmos vuelve a tener sentido, el universo mismo
mantiene su orden y deja atrás a aquello que altera
el orden de las cosas. Unos miles de años respecto al
tiempo son casi nada. Tal vez debamos entenderlo
así o tal vez ¿En lugar que haya algo deba intervenir
la nada? Con algo se rompe la identidad, se crea la
diferencia. Sólo el pensamiento es capaz de recoger
cada uno de esos algos para volver a su identidad.
Los sentidos no hacen más que dividir el mundo, la
razón rompe la individualidad y crea la Unidad.

No me cabe duda que la filosofía siempre


estará, ahí o allá, siempre esperando una
oportunidad para encontrarse. Amor es tan sólo lo
que se necesita, ese deseo de salir de sí mismo y
fundirse con el mundo ¿Acaso no es el propósito de

-33-
Daniel Tacilla

la vida? Hallarse, reconocerse en la identidad a


partir de la contradicción que encierra la vida. Amar
–aprehender la totalidad– no tan sólo una fría capa
superficial que perturba y siente mi cuerpo, sino, es
un fuego ardiente que sólo un alma libre sabe dar,
que no perturba. Si todo ser existente busca amor es
porque desea volver al principio de todo y no
alejarse. Cada paso y movimiento es con un solo fin,
reunirse consigo mismo.

Pero es difícil para cualquiera el salir de la


prisión en la cual vive, sobre todo si él mismo es la
prisión. Algunos no estarán de acuerdo en que viven
en una prisión, afirmarán alzando la voz que ellos
son libres, que “hacen lo que quieren”, y la pregunta
aquí es ¿Quién lo quiere? Tratemos de ver un poco
más allá ¿Quiénes son los que verdaderamente
hacen lo que quieren? Una posible respuesta puede
ser ¿Los hombres libres? Y para dar un argumento
ligero pero de más antiguo, diremos que los
hombres libres no son aquellos que están aquí o allí,
sino que no se les puede señalar, están en todas
partes. Pero esto tal vez suena confuso, aclaremos.
¿De qué manera un hombre puede estar en todas
partes de la misma manera? Pues no por medio de
su experiencia o su manera de sentir, pues esto es lo

-34-
El fracaso actual de la Filosofía

que más nos aleja de los otros y por lo cual se


vuelven más otros. Ésta está determinada por
tradición, religión, idioma, leyes, propios de un
lugar o época dada y, de esta manera, un hombre
cuya actividad está regida por sus hábitos, que en
realidad son determinaciones independientes a él,
no puede ser libre, pues su ser está contaminado por
el ser de “otros” ¿Y cuándo es que es independiente
de cualquier otro ser y ejerce su libertad? Tal vez sea
cuando aquella praxis esté guiada, no por lo que lo
hace distinto en cada caso –su manera de sentir–
sino por lo que haya de común con los hombres, es
decir, la razón, lo que es patrimonio exclusivo de
todo hombre y no propiedad de uno. Naturalmente,
muchos podrán creer que el ser libres es hacer algo
distinto a los otros. Hay confusión al parecer. Ser
distinto y saber distinguir son cosas distintas. El que
es distinto no necesariamente sabe distinguir,
mientras que el que sabe distinguir puede ver el
orden que lo guía. Que un hombre camine de cabeza
o que ande semidesnudo no lo hace libre porque es
distinto. El hombre libre es aquel que es capaz de
unirse a todos, aquel que no se pierde ni se deja
perder en la relatividad de las opiniones, es aquel
capaz de encontrarnos a todos encontrándose a sí
mismo, y no hay otra manera para ello que llevar

-35-
Daniel Tacilla

una actividad conforme a la razón, aquello que es


universal y que nos permite movernos con todos
desde nosotros mismos. De ahí que podemos
afirmar con Platón: “La filosofía es la ciencia de los
hombres libres”.

Para seguir con este asunto y relacionarlo con


lo anterior, cabe traer a la mente un pensamiento de
Johann Gottlieb Fichte: “Filosofar quiere decir
propiamente, no vivir; vivir quiere decir propiamente, no
filosofar”. Todo indica que se opone a lo sustentado
aquí. Esta es una idea que desde hace ya varios
siglos que viene calando en la mente de las masas.
Son muchas las veces que escucho y veo cómo es
que la gente afirma, con tal orgullo, que sí viven, a
diferencia de los filósofos que viven en una burbuja
sin vivir realmente. Cuando afirman esto suelen dar
a entender que viven porque están siempre en
movimiento, porque van de acá para allá o, peor
aún, porque viven agitadamente, porque siempre
tienen qué hacer, entendiéndose por movimiento,
felicidad, en el sentido más vulgar que pueda tener
tal término. De esta forma, se asume que aquellos
que dedican la vida a la reflexión, a leer, meditar o,
para ser más precisos, pensar, son personas que han
muerto. ¿Es posible imaginar una acción sin previa

-36-
El fracaso actual de la Filosofía

reflexión, sin ideas? ¿Es el pensamiento necesario


para vivir? No para vivir, pero sí para vivir bien.

Apenas andamos ya se nos enseña a competir


por algo que está allá fuera, tomarlo y lograr tener el
éxito. A cambio una nimiedad, la libertad, es decir,
suprimir el pensamiento. Al fin, el pensamiento tan
solo genera un obstáculo en la ejecución del actuar, y
el actuar se entiende en estos casos desde la
perspectiva posmoderna, un ir hacia fuera, salir
hacia donde sea, pero salir, perderse. Aquel mundo
que se encuentra fuera es al que se debe llegar. Y, al
tener por hábito recharzar todo pensar, el mundo
queda bajo el control de las cosas, objetos sin
dueños. De ahí la idea que, aquél que prefiere la
tranquilidad, permanecer consigo mismo,
contemplando el mundo y a sí mismo como una
gran unidad, el que prefiere pensar, no es más que
un síntoma, un trastorno de la personalidad, un
síndrome o algún mal que no muchos quisieran
experimentar. Se cree que para entender lo que es la
vida, hay que dejar a un lado el pensamiento, la
razón, despojarnos de nuestra esencia, de lo que nos
es propio, es decir, dejar de ser nosotros mismos.
Pero ¿Cómo se puede vivir sin ser nosotros mismos?
¿Quién viviría, nosotros o algún otro?

-37-
Daniel Tacilla

Es muy gracioso ver cómo toda la gente que


afirma vivir, adaptándose muy bien a su entorno,
siendo parte del objeto de la ciencia, compartiendo
tantas semejanzas con la tecnología y, más aún, este
movimiento cultural –por usar un eufemismo– son
los que menos comprenden del verdadero mundo y
son los que menos vida tienen, verdaderamente.

Veamos por un pequeño momento el caso de


las ciencias, que ya desde hace siglo y medio que
vienen infectando al mundo y las masas con estas
ideas tales de “verificación” y “especialidad”. Cada
vez aparecen más ciencias nuevas, a comparación de
hace más de dos mil años atrás. Ahora lo que
provoca que haya más especialización, aunque no
muchos lo vean así, es el espíritu de nuestro tiempo:
el individualismo. El “intelectual” del siglo XXI tiene
que ser un individualista, nihilista, ateo, un rebelde
insolente hacia toda autoridad. Estas creencias de
que ya no hay verdades absolutas, y lo que hay son
metarrelatos que los podemos encontrar en cada
barrio y rincón de la historia de la cultura humana,
va acompañada de todo un mundo de experiencias
que intentarán defenderlas como absolutas. Esto
mismo los ha aventado a profundizar –y es sólo un
decir– en cuestiones tan apartadas como cercanas.

-38-
El fracaso actual de la Filosofía

Algo así como sucede en la nueva carrera de la


filosofía y toda la parafernalia que se ha creado en
su entorno, donde cada vez más se escribe hasta
saciar de lo que “pensó” Marx, Heidegger, Hegel,
Mariátegui, tomándolos como escudo para invadir el
mundo de otros. Hay cosas más grandes que un
filósofo para ocuparse una vida. Sinceramente, no
creo que ninguno de ellos hubiera deseado que la
filosofía sea una interpretación de su pensar.

Comienzan a haber tantas ciencias como


objetos hay en el mundo. Lo cual nos conduce a
suprimir al mundo y alejarnos de él. Las personas
viven fascinadas en un átomo, sin saber lo que pasa
con el mundo. Personas que viven tan solas que no
lo pueden entender, porque para ello hay que ser
capaces de pensar y pensar no es parte de su
especialidad y pensar no es una moda, pero sí lo es
el rechazarla. Han huido, encerrándose en el buen
recaudo de sus experiencias y se ha acostumbrado a
ella. Vemos que a un muchacho le agrada la idea de
verse bien, lo que implica sentirse bien, para luego
asumir que es lo mismo que estar bien, llegando a la
grandiosa conclusión de que todo va bien. Soportan
y se esfuerzan por grandes retos para lograr su
objetivo y alcanzar el éxito. Incluso la estupidez al

-39-
Daniel Tacilla

normalizarse se ha vuelto una virtud, si esto los hace


“aparentar bien”.

Y claro que la educación –y el Estado– juega


un papel importantísimo para esto que nos sucede.
Se ha alimentado de forma muy deficiente la idea de
que tenemos que aprender a leer. Se menciona este
hábito un par de veces en algún discurso
comprometedor para luego ofrecer todo lo contrario.
No se nos ha explicado lo que debemos entender
cuando se dice “leer”, en su intento de apresurar la
madurez y escape del tiempo para progresar se
acepta incuestionablemente lo que la RAE nos
ofrece, sin tener ninguna profundidad sobre nada, y
si uno comenzara a explicar y profundizar sobre tal
idea, se corre el riesgo de dañar el orgullo
intelectual del jovenzuelo ansioso de progresar, lo
ofenderíamos al deternerlo en algo tan sencillo que
se encuentra en cualquier diccionario, y a su vez
perderíamos su confianza por dudar de lo que ya
está escrito, lo cual nos lleva a todo un aparato de
asuntos legales que se han creado para defender el
derecho a la ignorancia, que bien se lo han ganado.

De esta forma, leer es descifrar un conjunto de


símbolos, ya sea de las redes sociales, un periódico

-40-
El fracaso actual de la Filosofía

de deportes, una revista de moda, un cuento o


novela de cientos de páginas con temática sexual o
violentista, en el mejor de los casos. Todo esto es
cultura de la imagen, tal vez esto tenga sentido pues lo
que más se usa es la imaginación que la razón. Con
mucho pesar hay que ver cómo el leer ha tomado
como fin el distraerse, entretenerse, no más.

Nos hemos ocupado demasiado en el acto de


leer, en aquella imagen que nos permite ver un joven
leyendo mil palabras por minuto, y poco nos hemos
interesado en qué es lo que debe leer.

Todas y cada una de estas interrogantes se


deberían aclarar en la educación, con el maestro. La
Filosofía es la destinada, por excelencia, a esta tarea,
pero tristemente la presencia de la filosofía no es
algo que esté en los planes de nuestras instituciones,
y menos aún en el Ministerio de Educación. Lo que
más preocupa a la educación de hoy es darles un
“enseñanza de calidad”. Lo entretenido de esto es
que cuando ellos prometen dar una enseñanza de
“calidad”, están entendiendo una educación donde
el cliente esté a gusto, cómodo. De ahí que las
escuelas se estructuren bajo esta premisa, ofreciendo
“tecnología y trabajo” y no tediosas lecturas o clases

-41-
Daniel Tacilla

aburridas de filosofía, sino espacios donde se formen


emprendedores o talleres de adoctrinamiento para la
distracción. Ya casi se ha quitado la idea de que la
educación es un constante dar a luz. Tal vez, y es lo
más seguro, se está terminando por entender la
educación a través de las empresas. Sabemos que la
filosofía cobra menos presencia cada vez, ya en
varios países se amenza con desaparecerla, como si
fuera una bruja hereje que atenta contra sus becerros
de oro. Ya casi es un fantasma en las aulas, que sólo
vive por 2 ó 4 razones de 120. Es vergonzoso ver que
el mundo en el que uno vive, tenga que ser así, sin
alma, sin filosofía. Y más lamentable es ver que las
personas no encuentran ninguna relación a esta
mala praxis con la destrucción del mundo y el
espíritu del hombre –la filosofía-, que no encuentren
relación entre el “fracaso actual de la filosofía” y el
“fracaso del hombre”.

Si así pasa con estas ideas, “leer”,


“educación”, pues qué pasará con todos los demás
conceptos, los que aún más determinan nuestras
vidas y, todavía más, las vidas de los otros. ¿Acaso
creemos que lo que decimos o hacemos ante otros,
no influencia, beneficia o daña a aquellos? Cada día
hacemos y decimos cientos de cosas, palabras donde

-42-
El fracaso actual de la Filosofía

representamos ideas, las que el otro tomará, como


cuando hablamos del pensamiento, del bien, de la
justicia, de la belleza, de la inteligencia, del amor, la
vida, la educación, el alma, Dios, etc.

Así que, mientras más especializado se torna


el mundo, más lo estamos destruyendo, dividiendo,
despedazando, fragmentando. Se ha ido elaborando
un gran plan, un gran método para destruir el
mundo sistemáticamente. Tal vez podríamos estar
hablando de un desarrollo humano que se ha ido
desplegando y manifestando desde los griegos. Tal
vez haya algo de razón en lo que Hannah Arendt ijo
sobre Eichmann y aquellos que no son perversos, ni
sádicos, sino terrible y aterrorizadamente humanos. ¿O
tal vez es que el mal está en las calles, en aquello que
nos hace dejar de ser niños, en las mentes que han
salido de sí mismas, que se han alejado de la luz de
su propia alma y se han arrojado a miles de caminos,
donde sólo se encuentra oscuridad, que devora toda
luz, o tal vez sea que el mal no esté en la sociedad,
no está fuera de nosotros, sino que ya habitamos con
él?

De ahí que, cuando se hable de “el fracaso


actual de la filosofía”, debe entenderse el “fracaso”

-43-
Daniel Tacilla

como algo que no llegó, interrumpió o no cumplió


con su propósito, a tal punto que se podría decir que
deviene en contradicción respecto a su intención
original. “Actual”, pues lo que se espera -los
resultados tan ansiados de la ciencia de hoy, ciegas
ante lo que está más allá de lo inmediato– de la
filosofía no es en ningún tiempo inmediato o, en
todo caso, no se encuentra en las pruebas inmediatas
que espera el hombre de hoy, de ahí que resulte
inútil. La “Filosofía”, es propia del Hombre y no lo
es, pues ella sólo existe como actividad de búsqueda
hacia la Verdad, lo cual sólo es posible de alguna
manera, saliendo de sí misma: el ensimismamiento.
El hombre puede fracasar como hombre al inclinarse
en contra de su naturaleza, el hundimiento en la
angustia por la experiencia de un mundo donde él
no se encuentra, racionalizando su culpa. La
Filosofía nunca fracasa, está o no en el hombre, pues
ella sólo se presenta cuando el hombre encuentra su
propio camino, y no otro. La Filosofía debe
inclinarse hacia lo que le es natural: el deseo de
saber -ausente de interés-, de acercarse con
vehemencia a la Verdad.

-44-
DATOS SOBRE EL AUTOR

Daniel Tacilla Aquino

Licenciado en Filosofía por la Universidad


Nacional Federico Villarreal. Subdirector y miembro
fundador del Comité Editorial de la Revista de
Filosofía "Evohé" desde el 2010 a la actualidad.
Organizador y ponente en distintas universidades
estatales y privadas de Lima y provincias del Perú.
Desarrolla un proyecto de Iniciación de la Filosofía a
través de la crítica al dogmatismo posmoderno y su
aplicación en las escuelas como fundamento del
principio estético-ético-político y filosófico de la
sociedad. Profesor de Filosofía, además de
Psicología y Lógica en colegios y academias de Lima
desde el 2008 y, más aún, amante de la sabiduría.

-45-
-46-
FONDO EDITORIAL EVOHÉ
ENSAYOS DE FILOSOFIA
2012

1° SERIE: FILOSOFÍA ACTUAL

1.- DAL DIALOGO AL CONFLITTO /


Gianni Vattimo
(Traducción hecha por Margareth K. del
Piélago Vasquez)
2.- EL EVENTO DE PEDRO III: APUNTES
DE ONTOLOGÍA DE LA ACTUALIDAD / Víctor
Samuel Rivera
3.- PARÁFRASIS DE UNA ÉTICA
MODERNA DESDE LA PERSPECTIVA DEL
SENTIDO MORAL, Y LA SIMPATÍA EN
SHAFTESBURY, HUTCHESON Y HUME / Miguel
A. Perez
4.- EFRAÍN MIRANDA: POISES Y
ONTOLOGÍA / Zenon Depaz
5.- LA ESPERANZA DE UNA NUEVA
TIERRA Y UNA HUMANIDAD ESCLARECIDA /
Alberto Benavides Ganoza
6.- FILOSOFÍA Y GLOBALIZACIÓN /
Gustavo Flores Quelopana

-47-
7.- PERÚ: GUÍA DE MORAL Y PODER /
Ricardo Paredes Vassallo
8.- NIETZSCHE: UN FILÓSOFO PARA
TODOS Y PARA NADIE / Erick Sotomayor
9.- GIANNI VATTIMO Y ¿LA
INTERPRETACION DEL MUNDO? / Efrain
Huamanchahua
10.- EL PRINCIPIO DEL FIN: CUATRO
DISCURSOS SOBRE EL PERÚ ACTUAL / José
Chocce
11.- EXISTENCIA Y MORAL / Daniel Tacilla
12.- EL VALOR DE LA FILOSOFÍA EN LA
EDUCACIÓN / Fidel Gutierrez
13.- A PROPOSITO DEL
CONSTRUCTIVISMO Y EL ROL PROTAGÓNICO
DEL ALUMNO / Arturo Ortiz Morote
14.- FILOSOFÍA DEL TIEMPO / Andres
Montoya Sejuro

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FONDO EDITORIAL EVOHÉ
ENSAYOS DE FILOSOFIA
2018

2° SERIE: FILOSOFÍA ACTUAL

1.- REFLEXIONES SOBRE LA REALIDAD


NACIONAL: “EL SER NACIONAL ENTRE EL
ESCILA DE LA DOMINACIÓN Y EL CARIBDIS
DEL PODER”/ José Chocce

2.- EL FRACASO ACTUAL DE LA


FILOSOFÍA. “EL FIN DE LA FILOSOFÍA O EL FIN
DE LA FILOSOFÍA / Daniel Tacilla

3.- GLOBALIZACIÓN Y SU DIRECCIÓN


HACIA LA EDUCACIÓN / Erick Sotomayor

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______________________________________________
Está prohibida la reproducción total o parcial de esta publicación a
través de algún medio mecánico, fotoquímico, electrónico o de
cualquier otra índole sin la previa autorización del Comité
Editorial Evohé.

-51-
-52-
Esta obra se terminó de imprimir por
sistema digital y por la autorización del
Fondo Editorial Evohé, y por demanda el
lunes 23 de Abril del año 2018 en
Lima-Perú

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