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Cultura ambiental: para tener

la Piura limpia que soñamos


Por Elena Belletich, el 14 de septiembre 2014 en El Tiempo.Compartir0 Comentarios
Piura ha crecido, y mucho. Se nota desarrollo económico, urbano, industrial, educativo…Sin

embargo, el aspecto cultural no crece al mismo ritmo, mucho menos la cultura ambiental. Ríos

contaminados, calles sucias, parques descuidados, papeles y montones de basura por doquier…

¿Cómo cambiar esta realidad? ¿Qué planes deben incluir los próximos gobiernos locales y

regionales para lograr un cambio substancial? La psicóloga María Luisa Ruesta Arce, comenta

algunos aspectos de este tema.

Hábitos y conducta ¿ecológicos?


Los hábitos de orden y cooperación se forman en la primera infancia en el ambiente
familiar, que influye, pero no determina. Muchas veces, las buenas intenciones de la
escuela son anuladas cuando la familia no inculca ni practica buenos hábitos; sin
embargo, la sicóloga Ruesta asegura que es posible reeducar a adolescentes y
adultos en la comunidad y que el gobierno local puede ayudar en esta tarea. La
incultura ambiental se nota, por ejemplo, en el mal uso de los servicios higiénicos y las
papeleras que hay en estos; cuando se arroja basura en las calles o colillas de
cigarrillos en los pasillos. Al respecto, María Luisa Ruesta resalta el aporte de
instituciones como la UDEP: “en sus 45 años de funcionamiento cuida los detalles y
los alumnos tienen un ejemplo de limpieza y cuidado. Los centros comerciales
modernos y el personal de limpieza, que con perseverancia aportan en la formación
de conductas adecuadas entre los usuarios”.

El aporte de la Psicología en los municipios


El área de la Psicología ambiental estudia el comportamiento humano en relación con
el ambiente en el que se desenvuelve. “Es un campo relativamente nuevo que por sí
solo no puede revertir la falta de cultura ambiental, pero junto a la Educación y otras
especialidades se podrían conformar equipos para trabajar con profesionalismo y
vocación de servicio, en favor de la convivencia entre el hombre y su entorno al que
debe preservar y transformar, sin destruir”.

Las instituciones públicas, especialmente las municipalidades, deben contar –como se


hace en países más desarrollados– con un psicólogo ambiental. Conformar equipos
para estudiar y desarrollar acciones que frenen la destrucción del medio ambiente.
“Son importantes: la comunicación, la motivación y la educación para lograr una
cultura ambiental. Se deben priorizar las áreas verdes; evitar la construcción de
edificios multifamiliares en zonas vulnerables y escuchar a los vecinos sobre los
servicios de agua y alcantarillado que colapsan con las lluvias”.
Hay que despolitizar los municipios
La especialista muestra su preocupación por la actual situación de los municipios: “en
su mayoría están politizados, responden a intereses de grupos, no resuelven los
problemas básicos y pierden mucho tiempo. Actúan de espalda a la comunidad, por
intereses y rivalidad política; no coordinan ni se ponen de acuerdo en lo que beneficia
a la ciudad. Han perdido la brújula y de alguna manera hay que ubicarlos en los
problemas reales”, indica.

Explica que el municipio debe ejercer el liderazgo, tener capacidad de convocatoria,


objetivos claros, acciones transparentes. “Su misión es escuchar a la población que,
aporta con impuestos y arbitrios los recursos para que realice su trabajo. Apoyarse en
profesionales éticos e independientes para desarrollar programas preventivos,
educativos, motivadores que mejoren la confianza y la colaboración entre las
instituciones y la población”.

Políticas y políticos en el cuidado del medioambiente


En lugares que son ejemplo de limpieza, orden y consideración con el ambiente, ha
funcionado tocar el bolsillo de los ciudadanos. Las sanciones pecuniarias por echar
un solo papel en la calle, extinguieron gradualmente las conductas inadecuadas.
“Cuando la población es inmadura, caprichosa y desobediente no se puede apelar a la
racionalidad y a la libertad personal; entonces, es aplicable
el condicionamiento conductual”. Es necesario que se establezcan las sanciones,
pero alguien debe hacerlas cumplir. Existen las juntas vecinales, conformadas por
vecinos que se conocen. El Municipio debe prepararlas e implementarlas para que
actúen por el bien común.

La tarea es ardua, pero debe ser una responsabilidad compartida por las familias, las
instituciones educativas, las autoridades locales y regionales y también por las
empresas u otras instituciones locales, regionales y nacionales (como los ministerios
de Salud, Educación, Ambiente, Turismo…) Además, “las instituciones universitarias
deberían implementar planes y programas sobre cultura ambiental, diplomados y
maestrías de calidad, que garanticen un desempeño ético y eficiente.

Piura necesita profesionales que se interesen en la protección, cuidado y


conservación del medio ambiente; en la relación armoniosa y justa hombre-
ambiente, en el desarrollo de la ética y la inteligencia ambiental. Los gobiernos
locales (y todos) tienen (tenemos) bastante que hacer y aprender”.