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NADA TUYO: CORRUPCIÓN Y NIHILISMO

Al Omiso, Saúl Cabrera Calsín (+19/XII/01),


único y verdadero líder del rock subterráneo.

PRÓLOGO

La finalidad de esta obra es la de dar cuenta del fenómeno del nihilismo en el


marco de la cultura peruana actual. Qué cosa entendamos por nihilismo o cultura peruana
actual quedará claro en lo que sigue de la obra. Nuestra intención principal es definir el
fenómeno y plantear una salida frente a él. Dado que nuestro acercamiento es
esencialmente filosófico, no nos proponemos elaborar una ciencia del nihilismo, sino dar
cuenta de él a partir de seis conceptos: nihilismo, soberanía, locura, ciudad interior,
figura y corrupción.
De otro lado, esta obra está dedicada a mi gran amigo el Omiso, el único y
verdadero líder del rock subterráneo, fallecido hace ya 16 años, con quien me tocó
experimentar, en medio de los aciagos años del terrorismo comunista y de la corrupción
liberal, el nihilismo en su expresión más inmediata: la reacción frente a los valores
sociales establecidos.
Nunca se prestará la atención adecuada a la palabra que acabamos de introducir,
aunque se la mencione en todo discurso político, económico, religioso o moral existente.
En efecto, hablamos de valores. Para comprender cualquier conducta en general, y la del
nihilismo en particular, necesitamos la intervención del fenómeno del valor.
Gracias a los valores, podemos actuar de una manera determinada.
La experiencia del nihilismo no forma parte de una ideología revolucionaria o de
la protesta social de algún grupo social específico aun cuando pueda manifestarse en la
vida pública. El nihilismo es una experiencia de carácter espiritual en la que se pone en
juego la existencia del ser humano. Si algo caracterizó al rock subterráneo, a despecho de
la capacidad reflexiva de la mayoría de sus propios representantes, fue precisamente esta
experiencia. Sin embargo, dado que se trataba de una vivencia que exigía la máxima
concentración espiritual, era fácil amilanarse ante ella y refugiarse en las fantasías propias
de una estrella rockera o en las de un líder revolucionario.
El Omiso no fue ni una estrella de rock ni un líder revolucionario, aunque muchos
de sus seguidores, y sus detractores, piensen lo contrario. Su persona seguirá siendo un
misterio para quienes no lo conocieron a fondo. Su nombre suscitaba, entre los propios
“subtes”, o repulsión y odio o adhesión fanática. Todo lo que se diga de él en la actualidad
no es más que mera crónica digna de una revista de modas. Por ello, cualquier referencia
a su persona que olvide su espiritualidad concreta debe ser considerada como la
proyección subjetiva, siempre escamoteada, del autor de tal crónica.
Vaya, entonces, a ese misterio este homenaje en tiempos de corrupción y olvido.
I. NIHILISMO

Le debemos a Nietzsche la introducción, en nuestro lenguaje coloquial, del


término nihilismo. Gracias a este concepto, hemos despertado de la ensoñación en la que
la racionalidad moderna nos había sumergido. Frente a él, la emancipación del hombre
burgués se ha derrumbado completamente. La sociedad liberal y sus derechos sobreviven
esqueléticamente ante el aplastante vacío que el nihilismo ha instalado en la vida cotidiana
del ser humano.
Si queremos profundizar en este fenómeno, debemos preguntarnos, en primer
lugar, ¿qué es el nihilismo? Para Nietzsche, se trata de la enfermedad espiritual de
Occidente, el síntoma de una condición histórica que el hombre moderno ha atravesado
sin percatarse. Nietzsche lo expresa claramente en la famosa frase: “Es mejor creer en la
nada a no creer”.1
En efecto, el nihilismo, la enfermedad de la civilización occidental moderna,
consiste justamente en el reemplazo constante de los objetos de culto con la finalidad de
evitar la confrontación con la inmediatez del ser. Creer en la nada es la expresión extrema
de la creencia en algo; no creer implica, por el contrario, asumir directamente la realidad
del ser. Precisamente, el nihilismo evita esta asunción mediante la introducción
sistemática de objetos de culto secularizados.
En este sentido, el nihilismo no es más que el resultado de un proceso histórico de
mayor envergadura que Nietzsche ha denominado la muerte de Dios. En efecto, la
denominada muerte de Dios ha dejado un vacío que la modernidad ha tratado de llenar
con distintos sucedáneos: la razón, la voluntad, la libertad, el hombre, la historia, la raza,
la clase, y, actualmente, el mercado. En la sociedad secular, cualquier principio que se
eleve a universalidad ocupa siempre el lugar de Dios y asume las funciones que este
poseía en las sociedades tradicionales.2
Así, a nivel personal, la función trascendente 3 organiza la estructura de la
personalidad alrededor de la identidad psicológica. A nivel social, permite la
implantación de la moral y el derecho alrededor de la conducta axiológica. A nivel
espiritual, hace posible la confrontación con los enigmas de la existencia alrededor de la
experiencia del ser.

1
NIETZSCHE, Friedrich. ().
2
GAUCHET, Marcel. (). El desencantamiento del mundo. Una historia política de la religión.
3
JUNG, Carl Gustav. (). Psicología y religión.
Perdido el contenido de la función trascendente, las distintas ideologías tratan de
restaurarla bajo otros cánones. Sin embargo, todo intento en este sentido culmina en el
fracaso, porque tal función no puede racionalizarse. Precisamente, el núcleo de ella es
completamente heterogéneo a nuestra capacidad humana intelectual. Cuando nuestra
inteligencia se ve sacudida por la decadencia en cualquiera de sus formas, aparece este
núcleo espiritual como principio de resurrección de la vida humana. He aquí el misterio
de nuestro ser constantemente olvidado y renovado.
Los conceptos de nihilismo y muerte de Dios no pueden entenderse sin otros dos
conceptos que Nietzsche introduce: el eterno retorno de lo mismo y la voluntad de poder.4
En efecto, el proceso que comienza con el nihilismo y culmina con la muerte de Dios
descubre la verdadera naturaleza del ser y su dinámica: voluntad de poder y eterno
retorno de lo mismo respectivamente.5

Ahora bien, es importante mencionar que Nietzsche descubrió el nihilismo en la


obra de Dostoyevski. 6 Sin embargo, a diferencia del gran escritor ruso, Nietzsche se
propuso ir más allá de la condición psicológica que el nihilismo traía consigo. Para ello,
creó una doctrina de gran envergadura donde el nihilismo ocupaba el lugar principal. A
diferencia de los personajes nihilistas de Dostoyevski, caracterizados por su ateísmo, su
cientificismo y su amoralismo, Nietzsche mostraba que el nihilismo, a pesar de su
antirreligiosidad, tenía sus raíces en la propia religión, específicamente en el cristianismo.
Para Nietzsche, el nihilismo se originaba en el rechazo a la vida que el
cristianismo introdujo en el mundo antiguo. Tal rechazo se desarrolló con la introducción
de nuevos valores en la manera de vivir de los romanos. Se produjo así una subversión
de los valores aristocráticos que caracterizaron a la civilización antigua. El cristianismo
invirtió estos valores al exaltar, en lugar de la belleza y el poder, la sumisión y la debilidad.

4
DELEUZE, Gilles. (). Nietzsche y la filosofía
5
NIETZSCHE, Friedrich. (). La voluntad de poder.
6
DOSTOYEVSKI, Fedor. (). Los demonios. Madrid: Alianza Editorial.
II. SOBERANÍA
SCHMITT A: Inversión del Estado de Excepción /La relación amigo-enemigo
en términos de corrupción (Desaparición de la Soberanía) / Poder constituyente

La soberanía constituye el núcleo del Estado moderno. A diferencia de otras


unidades políticas, como la monarquía medieval o el imperio romano, el Estado moderno
sustenta su existencia en el hecho de la soberanía. Jean Bodin nos ha legado la famosa
definición que funda la teoría de la soberanía: “la soberanía es el poder perpetuo de una
república”.7 Según esta definición, la soberanía implica la existencia de una sustancia, en
el seno del cuerpo social, que hace posible la actualización de la unidad política. Tal
sustancia puede o no manifestarse en el cuerpo social; sin embargo, siempre está presente
en él, de ahí que Bodin la describa como “poder perpetuo”.
Pero, ¿cómo se actualiza este poder? Bodin nos indica que solo el Derecho puede
darle legitimidad al poder de una república. Si bien es cierto que el poder ya está presente
en la actividad de todo el cuerpo social, solo adquiere concreción política cuando el
Derecho interviene en su constitución. Así, contra Maquiavelo, para quien la legitimidad
ya está incluida en la persona del príncipe, y contra Althusio, para quien la legitimidad es
una cualidad de la comunidad popular, para Bodin solo el Derecho8 tiene la capacidad de
legitimar el poder, porque tiene la capacidad de instaurar la relación de representación
entre los súbditos y el portador de la soberanía.9

Por su parte, Thomas Hobbes nos ha mostrado la naturaleza de la soberanía en una


frase notable: “auctoritas non veritas facit legem”.10 Con ella, se fusiona la autoridad y el
poder en una única entidad. Así, la auctoritas y la potestas romanas y medievales se unen
en la figura de un ente artificial creado a partir del Derecho racional moderno.

A Carl Schmitt le debemos haber redescubierto el problema de la soberanía en la


era de la neutralización liberal-capitalista de la política.11 Contra él, se ha levantado el
anatema de ser partidario del autoritarismo, del nacionalsocialismo y del pensamiento
conservador o reaccionario. Sin embargo, estas consideraciones, desarrolladas por sus

7
BODIN, Jean. (). Los seis libros de la república. Madrid: Editorial Tecnos.
8
SCHMITT, Carl. (). La Dictadura.
9
BODIN, Jean.
10
HOBBES, Thomas. (). Leviathán.
11
SCHMITT, Carl. (2010). Teología política. Barcelona: Editorial Trotta.
enemigos y sus propios “seguidores”, no tienen en cuenta ni el alcance de las afirmaciones
de Schmitt en materia jurídico-política ni, mucho menos, los presupuestos metafísicos
implícitos en ella. En este sentido, deja mucho que desear, especialmente en el caso de
los politólogos y los constitucionalistas, la interpretación hecha de sus escritos.
La única manera de comprender a cabalidad la obra de Schmitt es vincular en una
sola estructura conceptual las tres dimensiones de su pensamiento: teológico-jurídica,
jurídico-política y político-social. Teología política, Teoría de la Constitución y El
concepto de lo político constituyen los tres hitos en esta estructura conceptual compleja.
III. LOCURA:
LACAN: Lo real y la desaparición del significante

El retorno de Jacques Lacan a la obra original de Freud nos ha enseñado que el


inconsciente está estructurado como un lenguaje, razón por la cual el sujeto está “sujetado”
por tal lenguaje. No existe autonomía del ser humano frente al lenguaje, porque su
constitución es resultado de su intervención. Los tres registros de lo real, lo imaginario y
lo simbólico estructuran la realidad humana de manera que la alteridad es constitutiva de
la identidad subjetiva.
IV. LA CIUDAD INTERIOR:
PLATÓN: La ciudad interior en clave pagana = intelecto agente / SAN AGUSTÍN: La
ciudad interior en clave cristiana = juicio final (Alternativa a la desaparición) / JUNG

Al final del libro IX de su República, Platón confronta a sus contemporáneos con


el fracaso de la Ciudad-Estado ateniense, así como de la ciudad que acaba de describir
por boca de Sócrates. Glaucón insiste en la inexistencia de la polis descrita por Sócrates,
pero este le aclara que tal ciudad no necesita existir físicamente en ningún lugar específico.
En realidad, basta que el filósofo viva de acuerdo a ella para que esta se materialice en el
mundo. Esta ciudad invisible constituye la patria real del filósofo y se concretiza en la
participación de cada acto humano en el paradigma establecido por Platón.12
Entre las diferentes actividades que el filósofo de la ciudad invisible lleva a cabo
Sócrates menciona las siguientes:
De manera semejante, aunque en clave escatológica, San Agustín describe, en La
ciudad de Dios, dos ciudades invisibles y rivales: la ciudad de Dios y la ciudad del
Hombre.

12
PLATÓN. (2000). Diálogos. Tomo IV. República. Madrid: Editorial Gredos, 592 b ss, pág. 461.
V. FIGURAS: JÜNGER:
Las figuras del nihilismo (Ejemplos)

Como vimos, en la Genealogía de la moral, Nietzsche nos ofrecía una descripción


pormenorizada de tres formas de nihilismo: pasivo, reactivo y activo. Ernst Jünger,
escritor y militar alemán, miembro de los Wandervögel, supo retomar estas descripciones
bajo la rúbrica de “realismo heroico”. En efecto, en su obra autobiográfica, Tempestades
de acero, establece un tipo de nihilismo activo que Jünger configuró a partir de su
experiencia como soldado en la Primera Guerra Mundial. Este nihilismo le mostró el
poder destructivo y, al mismo tiempo, liberador, de la técnica, aplicada con éxito en las
armas de destrucción masiva.
Posteriormente, poco antes del triunfo régimen nazi, Jünger escribió otro libro
titulado El trabajador, dedicado precisamente al protagonista de la actividad técnica en
el siglo XX. Según su perspectiva, el trabajador aparecía como una nueva figura en la
historia de la humanidad. Con esta descripción, Jünger introducía el concepto de figura
(Gestalt) para estudiar las objetivaciones sociales de determinados caracteres históricos.
Entre ellos, distingue al místico,
VI. FENOMENOLOGÍA DE LA CORRUPCIÓN: PERÚ

Con la expresión fenomenología de la corrupción, intentamos emular el título de


la gran obra de Hegel en la que el filósofo alemán describe el despliegue de las formas
que el espíritu toma a lo largo de su desenvolvimiento en cuanto sustancia-sujeto. Como
se sabe, tal desenvolvimiento tiene como dinámica el famoso movimiento dialéctico que
Hegel identifica finalmente con el propio movimiento de Dios en el seno de la historia
humana. Tal despliegue recorre un largo camino que va desde las formas más elementales
de la experiencia humana hasta las más complejas organizaciones espirituales objetivadas
en la civilización.
Nuestro interés es describir, al estilo hegeliano, el despliegue de la experiencia de
la corrupción, es decir, llevar a cabo una ciencia de la experiencia de la conciencia de la
corrupción en el Perú. En otras palabras, tomaremos como punto de partida la
metodología dialéctica hegeliana para describir el desarrollo de la corrupción como
sustancia-sujeto. Al ser un fenómeno anómalo, la corrupción parece no tener cabida en
las ciencias como objeto de estudio, de manera que, al igual que muchas anomias sociales,
solo es estudiada como manifestación marginal de fenómenos estandarizados. Sin
embargo, desde el momento en que tales fenómenos dejan de ser excepciones, nos
encontramos con un objeto científico plenamente identificable.
Por tal razón, con todo derecho, la corrupción en el Perú se ha ganado un puesto
central en el estudio científico y filosófico. En tanto expresión suprema del espíritu
peruano, debería, por tanto, tener un lugar preponderante en la reflexión de los
investigadores. Sin embargo, la renuencia a tratar este problema es síntoma de la
preponderancia, en nuestros ámbitos académicos, del mal llamado pensamiento utópico.
En efecto, las ciencias sociales y la filosofía se encuentran poseídas, desde mucho tiempo
atrás, por esta enfermedad espiritual que ha impedido el desarrollo de una ciencia y una
filosofía rigurosas.
Contra este tipo de pensamiento, es necesario desarrollar una actitud realista que
distinga con claridad nuestros ideales de los fenómenos sociales concretos. En este
sentido, la obra del profesor XXX es un adelanto en esta dirección, pues ha demostrado
que sí es posible investigar un fenómeno aparentemente inaccesible a la metodología de
investigación social.
CONCLUSIONES