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IRomances,
ZErabícíones
£ Xegenòas
(Suanajuatenses .
©vólogo öe
jD. 3ua n
öeSMo s
pe3a .
México.
Eusebio ©ómes öe la puente,
Editor.

FONDO RICARDO CQVARRtplAS

H mí flbatria, E n el iprímec Centenario öe sn Unbepenöencia. H mí Esposa. CAPILL
H mí flbatria,
E n el iprímec Centenario
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Unbepenöencia.
H mí Esposa.
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PRÓLOGO. ¡.ufe ES UNA LEYENDA? Un a relació n de sucesos que tienen más de
PRÓLOGO.
¡.ufe ES UNA LEYENDA? Un a relació n
de sucesos que tienen más de tra-
jjy^ l dicionales ó maravillosos que de
históricos ó verdaderos.
Y dice un erudito escritor:
«Tiene la Le-

yenda gran semejanza con el cuento, estri- bando la diferencia en que aquél no relata hechos fraguados en la imaginación del poeta ó del escritor, sino que se inspira en sucesos reales de carácter popular, por lo cual toma á veces de la historia, además del hecho vis- tosamente fantaseado, los nombres de los per- sonajes que en ellos intervinieron. Por regla general, caracteriza á la Leyenda su final ma- ravilloso, y por lo tanto, de grande efecto para herir la imaginación. Para conocer la índole de un pueblo, hay que mezclarse con el vulgo para oír sus leyendas y sus cantares.

imaginación. Para conocer la índole de un pueblo, hay que mezclarse con el vulgo para oír
imaginación. Para conocer la índole de un pueblo, hay que mezclarse con el vulgo para oír

Los seres sobrenaturales, los gnomos, las on- dinas, los gigantes, los dragones, las sierpes aladas, las brujas, y sobre todo, el diablo, tienen continua intervención en las leyendas. Casi siempre las tradiciones en que éstas se inspiran , 110 so n conocida s po r un a nación , sino que se refieren á una localidad determi- nada; un milagro, una hazaña olvidada y pública, bastan para formarla y á veces se trasmiten reunidas á un puente, á un manan- tial, á una basílica ó á un castillo; en una palabra, á cualquier paraje ó sitio que por su notoriedad en cualquier concepto llama la atención.»

y sus mismos dramas «Don Juan Tenorio,» «El Zapatero y el Rey,» «Traidor, inconfeso y mártir» y tantos otros, se hizo digno sucesor de aquel inolvidable Duque de Rivas, que nos cautiva con el «Conde de Villamediana,» «El cuento de un veterano,» «Un castellano leal,» «Don Alvaro de Luna,» «La Buenaventura,» «Una antigualla de Sevilla,» y sobre todas, «El Solemne Desengaño,» en que magistral- mente describe la conversión del Duque de Gandía en San Francisco de Borja.

Entre los cultivadores de la Leyenda, yo 110 olvid o á D . Jos é
Entre los cultivadores de la Leyenda, yo
110 olvid o á D . Jos é Joaquí n d e Mora , n i á
Los literatos de mayor fama en todos los
países han cultivado el género, ó han basa-
do sus producciones en argumentos tomados
de las leyendas populares. En España, y en
nuestra época, han sobresalido, entre otros
muchos, el Duque de Rivas, Espronceda, cu-
yo « Estudiante de Salamanca » es dechado;
Hurtado, que sin apelar á lo fantástico, es-
D. Manuel Fernández y González, que en
prosa y verso tienen interesantísimas narra-
ciones.
En México, no han escaseado los devotos
á tan hermoso género, y en nuestro tiempo
descuellan José María Esteva, con «La Mu-
jer Blanca» y «La Campana de la Misión ; »
José María Roa Bárcena, con muchas sobre

asuntos de historia nuestra; Manuel Ramí- rez Aparicio, que inserta varias en su obra «Los conventos suprimidos en México; »Juan

. Mateos , qu e s e h a valid o d e 110 poca s par a

sus novelas, dramas y romances; Guillermo Prieto y Manuel Payno; el General Vicente Riva Palacio, con quien escribí las leyendas de las calles de México, y otros que no re- cuerdo.

cribió hermosas tradiciones, relativas casi to-

rey

das á grandes poetas del siglo xvn , y el

A
A

de todos, el genial, el insuperable en este gé- nero, Zorrilla, ha hecho de sus leyendas los

más valiosos florones de su corona poética.

En efecto, Zorrillacon suscreaciones «Mar- garita la Tornera, » «A buen juez mejor testi- go,» «El Cristo déla Vega,» «LaPasionaria,»

suscreaciones «Mar- garita la Tornera, » «A buen juez mejor testi- go,» «El Cristo déla Vega,»

Ahora, un inspirado poeta guanajuatense, Agustín Lanuza, abogado distinguidísimo, que ha merecido ser electo Magistrado del Tribunal Superior del Estado donde nacie- ra, ha escrito un bello tomo de leyendas ori- ginales de Guanajuato, la rica tierra que con tanto interés estudió el Barón de Humboldt,

Y Lanuza comienza sus leyendas con « La Ciudad Encantada," en décimas rotundas y hermosas; continúa con «El Cerro del Me- co,» en un romance galano y fácil, y sigue con «El Cantador,» el jardín risueño donde conquistó imperecedera fama José Carpió:

y en cuyas entrañas salió, en lejanos tiem- pos, tanto oro, que desequilibró el comercio
y en cuyas entrañas salió, en lejanos tiem-
pos, tanto oro, que desequilibró el comercio
del mundo.
Ora
fingiendo
querellas,
Esa ciudad, engarzada en las montañas,
ofrece abundantes veneros de inspiración,
que Lanuza ha sabido aprovechar como na-
die.
ora murmullos de agua,
humedeciendo los ojos,
anudando las gargantas,
al vibrar las roncas cuerdas
de su sentida guitarra,
con los aires populares
de las canciones
serranas.
En
su introducción,
después de cantar
á
los montes, con
todas sus maravillas,
dice:
*
•SS
Allí estás, Guanajuato, cuya
historia,
Tiene la esplendidez de tus riquezas,
Y revela un pasado de grandezas,
De luchas, de heroísmos y de gloria.

En «El Milagro del Padre Serenito,» se describe un suceso de la rica mina «Valen- ciana» y en «Pipila,» se pinta con «liras» ar- moniosas, como las de Núñe z de Arce, el rasgo heroico del denodado hijo de Guana- jnato que:

Cuando ni el polvo de mis huesos quede

Que recoja una mano

generosa,

Y del olvido en la ignorada fosa Sobre la hercúlea espalda vigorosa De tu cantor
Y del olvido en la ignorada fosa
Sobre la hercúlea espalda vigorosa
De tu cantor hasta la sombra
ruede,

se coloca una

losa,

Yo sé lleno de santos regocijos

y altivo y temerario, impune avanza

Que vivirán tu gloria y tu

Y mientras pueda, grabaré tu

Sobre la tierna frente de mis hijos.

renombre,

nombre

• bajo una tempestad de proyectiles que le arrojan á miles

los sitiados, sedientos de

venganza.

hijos. renombre, nombre • bajo una tempestad de proyectiles que le arrojan á miles los sitiados,

En «La Plazuela de los Carcamanes, » se re- cuerda un drama lleno de interés; en el «Con- de de la Cadena» se pintan á Flón y á Calle- ja, tales cuales eran, delineando á Allende con magistrales rasgos.

vieron expuestas

durante muchos

años,

las

cabezas de HIDALGO ,

ALLENDE ,

JIMÉNE Z

y

AI.DAMA, el poeta se desborda en sentimien-

to patriótico, y concluye diciendo: En «El Coche de don Melchor,» se con- densa una
to patriótico, y concluye diciendo:
En «El Coche de don Melchor,» se con-
densa una tradición popular muy sabida; en
«El Pachón, » se retrata á un insurgente,
«Encarnación Ortiz,» y con fidelidad se co-
pia á Andrés Delgado «El Giro,» que en sus
últimos instantes exclamaba:
para ensalzar el nombre, las proezas,
y tributar admiración y fama,
á los que dieron su preciosa vida,
por darnos vida y libertad y patria.
¡GLORIA! canten los bosques de la América;
¡GLORIA! repita el eco en las montañas;
—Por la patria, hecho
pedazos,
¡GLORIA! pregonen los sonoros
tumbos
muero , per o 110 me-rindo !
de los mares que azotan nuestras
playas.
Tierna y dulcísima, como dedicada á su
virtuosa y ejemplar madre , es la leyenda
«Nuestra Señora de Guanajuato, Tradición
Histórica» (1557), en que concluye diciendo
que cada corazón santuario sea;
que cada pecho se convierta en ara;
dadles todo el amor que se merecen;
toda la gratitud de vuestras
almas!
«Tu historia,
tus
tradiciones,
tus luchas y tus afanes,
merecen que los poetas
En el primer romance, «Albino García,»

se retrata al indómito insurgente de ese nom- bre y la ferocidad de García Conde, que lo

Celaya, desplegand o un lujo de indescriptible, pue s hizo mutilar

en áureas rimas

porque son vivo reflejo de tu pasado gigante, de tu esplendor, de tu

de tus hechos

engarcen,

fusiló en

crueldad
crueldad

gloria,

inmortales!

E11 «La s Cabeza s d e lo s Héroes, » da que en la Alhóndiga de Granaditas

recuer -

estu-

el cadáver, exponiendo al público la cabeza en la calle de San Juan de Dios; una mano en Irapuato y la otra en Guanajuato, en el cerro de San Miguel. E11 «La s Horca s d e Calleja, » Lanuz a pin -

una mano en Irapuato y la otra en Guanajuato, en el cerro de San Miguel. E11

ta al feroz caudillo que llegó á Virrey por

sus crueldades, y á tres de sus víctimas, bie, Ayala y Chowell.

Fa-

de Villaseca. «El Diablo en los Ejercicios,» referente á nn sucedido curioso que se veri- ficó en el Mineral de Rayas con el Padre don Lucio Marmolejo, estando de ejercitante, y otras muchas que recuerdan asuntos intere- santes sobre la grandeza de la minería, las costumbres de los antepasados y el despilfa- rro que en Guanajuato produjeron las famo- sas bonanzas.

« Las Velas del Padre,» es una leyenda ba- sada en una conseja popular muy
« Las Velas del Padre,» es una leyenda ba-
sada en
una conseja popular muy
conocida
en Guanajuato.
Además de las ya citadas, ha escrito otras
muchas, entre ellas, «La Lagun a de San-
gre,» que eso quiere «Yuririapúndaro,» que
fué la capital del reino chichimeca, al cual
se atribuye la fundación de la aldea indíge-
na OUANASHUATO. Para esto ha consultado
Por lo expuesto se verá que la obra pro-
mete ser muy interesante, pues descorre ese
velo del pasado que oculta tantas y tan gra-
tas memorias que yacían sepultadas entre el
polvo de las bibliotecas y que se perderían
al correr de los tiempos.

crónicas relatadas por Basalenque en su «His- toria de San Nicolás Tolentino de Michoa- cán» y la rara y curiosa obra «Tebayda Ame- ricana,» que existía en el convent o de los Agustinos de Yuriria . «Los Hospitales,» cuya fundación se debe al gran Vasco de Quiroga, y que fué el primer templo de Gua- najuato. «El Colegio del Estado,» cuna in- telectual de tantos guanajuatenses ilustres, q u e se fund ó debido á la filantropía de la señora doña Josefa Teresa de Busto y Moya

y de don Pedro Lascuráin de Retana, quien

En resumen, Agustín Lanuza, ha busca- do en la extensa mina de su inspiración las vetas áureas que el pueblo ama y que lo ha- cen sentir, sollozar y amar el terruño; lo cual es á todas luces digno de aplauso en es- tos tiempos, en que se mira con desdén la tierra en que hemos nacido, en que se olvi- dan los sacrificios hechos por lograr su in- dependencia, primero, y después la paz de que disfrutamos ahora, y en que por desgra- cia, se abandonan los principios de la buena escuela, para engolfarse en los brumosos abismos del modernismo, que asesina todo sentimiento, dejando vivo el inarmónico re- buscamiento de la frase.

legó cuatro haciendas decampo, entre ellas, la famosa de Paraugueo, para tan laudable
legó cuatro haciendas decampo, entre ellas,
la famosa de Paraugueo, para tan laudable

objeto. «El Señor de Villaseca» que se ve-

nera en el Mineral de Cata y que es

por muy milagroso, habiéndolo traído á Nue- va España, un noble rico español, don Alonso

tenido

de Cata y que es por muy milagroso, habiéndolo traído á Nue- va España, un noble

Aplaudo con entusiasmo á todo escritor y poeta que se consagra á popularizar nues- tras tradiciones, y fui de los más fervientes en encomiar al Maestro Altamirano, cuando dió á luz aquel precioso libro, en que con mano inimitable, nos describe «El Señor del Sacro Monte,» «Semana Santa en mi pueblo,» «El Corpus,» «La Fiesta de los Angeles,» «La vida de México,» «Los Espectáculos,» «El Otoño» y «Las Fiestas de Noviembre,» «El día de muertos,» «Los Inmortales,» y sobre todo, «La fiesta de Guadalupe,» que como dice el Maestro con razón sobrada: «es el'estudio más completo hasta ahora de los muchos que se han publicado sobre el mis- mo asunto, y da razón minuciosamente de la bibliografía Guadalupana, tanto de Espa- ña como de México, importante bajo todos conceptos.»

tradiciones literarias, alzas la bandera blan- ca de la pureza, de la fe, del amor á la tie- rra en que nacimos, y mereces por eso un lauro que somos los primeros en ceñir á tu frente. No desmayes, sigue por esa hermo- sa senda, que siempre habrá corazones que te comprendan y te agradezcan la noble la- bor de cantar lo propio en bien del renombre de la patria.

Ojalá que pronto se publique el libro de Lanuza para solaz de los más cultos
Ojalá que pronto se publique el libro de
Lanuza para solaz de los más cultos lecto-
res; entretanto, que Guanajuato salude al
cantor de sus tradiciones, como España sa-
luda al Duque de Rivas, á Mora, á Hurtado
y á Zorrilla, que glorifican al pasado con sus
versos inmortales!
México, Febrero
12 de 1908.
Par a obtener un a literatura nacional llan-
JUA N
DE
DIO S
PEZA .
que ocuparse de asuntos nacionales.
Los es-

critores y poetas que se consagran á labor tan noble, son dignos de todo estímulo y de todo aplauso.

tan noble, son dignos de todo estímulo y de todo aplauso. Agustín Lanuza, con su libro
Agustín Lanuza, con su libro «ROMANCES, TRADICIONE S Y LEYENDA S GUANAJUATEN -
Agustín Lanuza, con su libro «ROMANCES,
TRADICIONE S
Y LEYENDA S
GUANAJUATEN -

SES,» presta un gran servicio á las letras na- cionales y nos es grato anticiparnos en feli- citarlo y decirle: Poeta, tú en medio de este torbellino que amenaza destruir nuestras

Introducción. ¡Oh mis viejas montañas de granito, Que hacia los cielos eleváis enhiestas Vuestras gigantes
Introducción.
¡Oh mis viejas montañas de granito,
Que hacia los cielos eleváis
enhiestas
Vuestras gigantes y rugosas crestas
Que parecen tocar el infinito!
¡Oh mis queridos y risueños
montes,
Que del sol empapados con la lumbre,
Dejáis mirar desde la abrupta
cumbre
Amplios y pintorescos
horizontes!
¡Qué de tesoros mil en lo profundo
De vuestro seno habéis!
¡Qué de caudales
Antaño derramasteis á raudales
Hasta ser los más célebres del
mundo!
¡Cuán umbrosas se miran las cañadas,
Los hondos precipicios, qué imponentes,
Y, cuán fieros los rápidos torrentes
Que ruedan por las peñas encrespadas!

¡Qué claro es el lucir de vuestra

aurora,

Que entre los riscos, vivida descuella, Y al tramontar el sol, cuán dulce y bella La luz crepuscular que los colora!

Y,

¡qué vegetación despliega el manto

Dádme la lira de épicos bordones Para cantar tus trágicas contiendas,

Y el velo recorrer de tus leyendas,

De su verde y finísima esmeralda, Sembrando flores en la agreste falda Que da al paisaje embriagador encanto!

Y del polvo sacar tus tradiciones. ¡Quién en rapto de loca fantasía, Pensara que en
Y del polvo sacar tus tradiciones.
¡Quién en rapto de loca fantasía,
Pensara que en extraño
hacinamiento,
Quiero de rosas coronar tus sienes,
Llevar mi humilde ofrenda á tus altares,
Como en un mar de rocas
turbulento,
Y que el pueblo recoja en mis
cantares
Tina inmensa ciudad
existiría!
La ilustre fama que en tu nombre tienes.
¡Quién desde lo alto contemplar
creyera
Que de la cima la ciudad
arranca,
Quiero el himno que viva y que perdure,
Que tenga eco sin fin en tus montañas,
Y
desciende á la hondísima
barranca,
Y como brilla el oro en tus entrañas,
Y
trepa por el monte y la ladera.
Sobre tu cielo azul siempre fulgure.
Y se extiende siguiendo la sinuosa
¡Ah! ¡cuántas veces en lejanos días,
Y
escarpada estrechez, cual si volcados.,
Sobre la cumbre que el espacio toca,
Fuesen los edificios grandes
dados
Te contemplé sentado en una roca,
Que arrojara la suerte caprichosa.
Presa de no sé qué
.
!
Ahí estás, mi ciudad, que
muellemente

Y hoy queel tiempo me aparta y la distancia De aquel deshecho hogar, donde risueño Miré cruzar como en radiante sueño Las apacibles horas de la infancia,

En tu argentado lecho te reclinas,

Y con los rosicleres de tus minas,

Rica diadema ciñes á tu frente.
Rica diadema ciñes á tu frente.

Ahí estás, Guanajuato, cuya historia

Tiene la esplendidez de tus riquezas,

Y revela un pasado de grandezas,

De luchas, de heroísmos y de gloria.

¡Cuánto recuerdo en mi ánima despiertas! ¡ Cuántas memorias dulces y queridas, De mi lozana juventud, ya idas, Y en mi marchito corazón, ya

!

ánima despiertas! ¡ Cuántas memorias dulces y queridas, De mi lozana juventud, ya idas, Y en

Cuando ni el polvo de mis huesos

Que recoja una mano

generosa,

quede

Y del olvido en la ignorada fosa De tu cantor hasta la sombra ruede, Yo
Y del olvido en la ignorada fosa
De tu cantor hasta la sombra
ruede,
Yo sé lleno de santos regocijos,
Que vivirán tu gloria y tu
renombre,
Y mientras pueda, grabaré tu
nombre
Sobre la tierna frente de mis hijos.

s

a i

Que vivirán tu gloria y tu renombre, Y mientras pueda, grabaré tu nombre Sobre la tierna
Que vivirán tu gloria y tu renombre, Y mientras pueda, grabaré tu nombre Sobre la tierna
Xa Cíufcafc Encantaba . PRIMER A PARTE . j£l Sueño. Sobre la altiva pendiente de
Xa
Cíufcafc
Encantaba .
PRIMER A
PARTE .
j£l
Sueño.
Sobre la altiva
pendiente
de gigantescos barrancos,
cuyos graníticos flancos
son el cauce de un torrente,
se alza la Bufa imponente,
limitando la cañada
que se llama La Rodada,
y
es conseja popular,
que existe en aquel lugar
una ciudad encantada.
popular, que existe en aquel lugar una ciudad encantada. Desde el crestón se domina la llanura

Desde el crestón se domina la llanura del Bajío,

y el extenso caserío

de la población

vecina;

mas si la altitud fascina

y causa grande

es el paisaje más grato, ver entre las verdes lomas,

arrebato,

Mucho tiempo

monte desierto estaba,

transcurría;

el

como nidos de palomas, las casas de Guanajuato. y si alguien se aproximaba, las súplicas
como nidos de palomas,
las casas de Guanajuato.
y si alguien se aproximaba,
las súplicas
desoía;
presa de pavor corría,
*
sobrecogido de espanto,
El vulgo cuenta en
verdad,
3' de las rocas en tanto,
que cuando en la noche obscura,
en las quiebras y en los huecos,
un viandante se aventura
por aquella soledad,
aparece una deidad
de belleza encantadora,
que gime, suplica, llora
con acento lastimero,
porque la libre el viajero
se dilataban los ecos
de triste y lúgubre llanto.
*
Del sol el radiante disco,
al hundirse en la
floresta,
de aquel sitio donde mora.
en oro baña la cresta
del más empinado risco;
y tornando hacia el aprisco,
*

Que en hombros la ha de llevar, dando de entereza ejemplo, de la Parroquia hasta el templo, donde la debe dejar;

que se oculta en el alcor, seguido por el pastor, cruza el rebaño, y ante él, camina un viejo lebrel

para cuidarlo mejor.

y ante él, camina un viejo lebrel para cuidarlo mejor. y ofrece desencantar una rica población,
y ofrece desencantar una rica población, poniendo por condición, que no torne la mirada, aunque
y ofrece desencantar
una rica población,
poniendo por
condición,
que no torne la mirada,
aunque sufra encarnizada
y tenaz persecución.
De súbito el pastor mira
que la cumbre gigantea,
pesada se bambolea
y bajo sus plantas gira.

Y si sueña ó si delira,

á comprender no lo alcanza, porque á medida que avanza, creciendo su desvarío, parece que
á comprender no lo alcanza,
porque á medida que avanza,
creciendo su desvarío,
parece que en el vacío
SEGUND A
PARTE .
aquella cumbre lo lanza.
Xa IDísíón.
*
Negra nube entolda el cielo,
y
semeja el aquilón,
el
desacordado són
de mil campanas á vuelo.
Cubre el horizonte un velo,
muere la luz en ocaso,
y
al tenue fulgor escaso
que la excelsa cumbre
toca,
cree mirar que cada roca
alza un baluarte á su paso.
Sólo el «Angelus» se oía
por La fíufa solitaria,
como la triste plegaria
con que se despide el día.
Mientras, la noche prendía
por los campos siderales,
las antorchas sepulcrales
de su cielo de zafir,
como si fuera á asistir
á suntuosos funerales.
Y sintiéndose
invadido
Y por el monte riscoso,
por un vértigo invencible,
cual si de u n filtro terrible
hubiese el licor bebido,
ante su vista, encendido,
cruza un relámpago rojo,
y sin fuerza y sin arrojo
para vencer á su suerte,
de los misterios
albergue,
donde La
Bufa
se yergue
desplómase al cabo,
inerte,
como un mísero despojo.
como un.soberbio coloso,
al conjuro milagroso
de algún encantado sér,
dicen que se suele ver,
rompiendo el negro capuz,
la silueta, toda luz,
de seductora mujer.

*

Envuelta en un traje leve, desnudo el mórbido cuello, y destrenzado el cabello

pero luego se levanta una humareda copiosa, que ensolviendo la radiosa excelsitud de lo inmenso, como la nube de incienso,

sobre su espalda de nieve, con paso tranquilo y breve aquella beldad que hechiza, entre
sobre su espalda de nieve,
con paso tranquilo y breve
aquella beldad que hechiza,
entre una nube rojiza,
se disipa presurosa.
*
De un blanco velo al través,
diáfana, sutil,
etérea,
surge La
Bufa
imponente,
como una fantasma aérea,
mientras el raudo
torrente
blandamente se desliza.
pasa besando sus pies.
Torna el silencio
después
*
que la visión se ha
perdido,
Luego asciende con
premura,
y sólo es interrumpido
cuando se llega á escuchar,
febril, jadeante,
loca,
el monótono
de la levantada roca
graznar
de los cuervos en el nido.
por la enhiesta
escarpadura.
Y la soberbia
figura,
que en el cantil
suspendida,
sintiendo exhalar la vida,

en tierno llanto se anega, parece la Sapho griega

sobre la Léucade erguida. *
sobre la Léucade
erguida.
*

No bien la sombra que

al abismo se derrumba,

y grandísono

el gemir de su

retumba

garganta;

encanta

Léucade erguida. * No bien la sombra que al abismo se derrumba, y grandísono el gemir

TERCER A

PARTE .

X a IRoca &el ípaetor . Era la noche sombría, de esas noches otoñales, en
X a IRoca
&el ípaetor .
Era la noche
sombría,
de esas noches
otoñales,
en que recios
vendábales
soplan con fuerza bravia.
La luna apenas lucía
sobre el vasto
como un ojo
firmamento,
soñoliento,
y adonde estaba el pastor,
lanzaba el débil fulgor
de su disco
amarillento.

Dulce cántiga, no oída, cual la voz de un arpa eólica que vibrase melancólica, por diestra mano tañida, en las rocas escondida resonó muy blandamente,

tañida, en las rocas escondida resonó muy blandamente, LA ROCA DE L PASTOR EN LA BUFA

LA

ROCA

DE L

PASTOR

EN

LA

BUFA

y por la enhiesta

del levantado peñón,

se vió cruzar la visión

andando pausadamente.

pendiente

DE L PASTOR EN LA BUFA y por la enhiesta del levantado peñón, se vió cruzar

Duerme el pastor

recostado,

con indolencia que pasma,

mas si en la puerta me dejas de la Parroquia, al llegar, te ofrezco desencantar una población muy bella—

cuando la hermosa fantasma llega en silencio á su lado. Un bello cántico alado puebla
cuando la hermosa fantasma
llega en silencio á su lado.
Un bello cántico alado
puebla el paraje desierto,
y al oír ese concierto
el pastor, con frenesí,
y luego la sombra
aquella,
triste, se puso á llorar.
*
Sintiendo que se rompía
su corazón en pedazos,
no sabe,
al volver en sí,
tomó el pastor en sus brazos
si está soñando ó despierto.
á la dama que gemía.
Se reviste de energía,
la noche no le amedrenta;
mas de pronto
experimenta,
Quiere huir, pero imposible;
oculta mano de atleta,
fuertemente lo sujeta
con poder irresistible.
que á medida que anda y huye,
su fuerza se disminuye
mientras la carga se aumenta.
Y al sentir de lo invisible
*
En pos del templo soñado
á donde anhela llegar,

aquella emoción extraña, un helado sudor baña su altiva y pálida frente, turba el vértigo su mente

y su mirada se empaña.

prosigue sin voltear los ojos á ningún lado. Su pensamiento obstinado le hace insensible al temor; pero percibe el clamor de insultos que lo provocan, golpes de armas que se chocan con inusitado ardor.

provocan, golpes de armas que se chocan con inusitado ardor. Pero entre dolientes quejas, la —n

Pero entre dolientes quejas,

la

—n o te

que me muero si te alejas;

vayas de aquí, 110,

aparecida

exclamó:

ardor. Pero entre dolientes quejas, la —n o te que me muero si te alejas; vayas

pues casi en el mismo instante, presa de intenso dolor, quedóse con estupor en un peñón convertido, que entre el vulgo es conocido

Escucha sonidos

vagos que en la sombra se producen, palabras que lo seducen con cariñosos halagos. Después, denuestos, amagos, terribles imprecaciones, recio trotar de bridones que baten los duros cascos, produciendo en los peñascos

con el nombre de El Pastor. * Si por la montaña obscura algún viajero camina,
con el nombre de El Pastor.
*
Si por la montaña
obscura
algún viajero camina,
al ver la roca se inclina
espantosas conmociones.
y
murmura.
Dobla después con premura
un «Padre Nuestro»
*
la tortuosa encrucijada,
La Ciudad ambicionada
muy próxima se veía,
y se pierde en la cañada
y el pastor, ya presentía
el final de su llegada;
pero tornó la mirada,
del paraje solo y triste,
en donde es fama que existe
una Ciudad Encantada.
y
la mujer misteriosa,
cual por fuerza poderosa
de un hechizo estremecida,
quedó luego convertida
en una sierpe monstruosa. í * Y dicen que el caminante vió desparecer la fiera,
en una sierpe monstruosa.
í
*
Y
dicen que el
caminante
vió desparecer la
fiera,

mucho antes de que

seguir su marcha

pudiera

adelante;

lEl Cerro bel flDeco. i. Fué en un tiempo Guanajuato, muy populosa ciudad, por sus
lEl Cerro bel flDeco.
i.
Fué en un tiempo Guanajuato,
muy populosa ciudad,
por sus minas, la más rica
que haya existido quizás;
pues dice el Barón de Humboldt,
—respetable autoridad—
que fabulosas bonanzas,
como no se han visto ya,
produjeron plata y oro
en tan grande
cantidad,
que dos tercios del dinero
que llegara á circular,
por el mundo,
en ese entonces,

fueron de este Mineral.

La abundancia era un
La abundancia era un

pues sin tasa ni compás, el «buscón» se daba un lujo de'acaudalado Nabab. Era de verle en domingo, una fortuna gastar,

derroche,

ni compás, el «buscón» se daba un lujo de'acaudalado Nabab. Era de verle en domingo, una

vestido de negro paño, ancho sombrero alemán

con sus toquillas de plata,

En una de ellas, por cierto, un campo se dedicó á la milagrosa' Virgen

y chapetones sin par; de San Juan, y en la función, mascada de Indias al
y chapetones sin par;
de
San Juan,
y en la función,
mascada de Indias al cuello,
en la «víbora» un caudal,
se dijo misa cantada,-
y, terciado sobre el hombro,
un finísimo gabán,
primoroso, del Saltillo,
que era una curiosidad.
No se diga la «señora,»
cuánto garbo en el anclar,
calzado bajo, de raso,
pues para ello se arregló,
convirtiéndolo en capilla,
de la mina el socavón.
A tal acto
concurrieron
personas de rango y pró,
los «campistas» y hacendados
de más representación;
el
Juez de minas y «tandas,»
y de encaje el delantal,
rica franela «masona»
que mirábase brillar,
el
mismo Alcalde Mayor,
y
hubo grande regocijo
y
solemne procesión;
salpicada de monedas,
«gargantilla» de coral,
«zarcillos» con piedras finas,
«cintillos» de oro, además,
con barra y «pico» de plata
el primer golpe se dió,
los «morrongos»
alumbraban
y rebozo «ametalado»
de la mina el interior,
con grandes «hachas de viento»
de suprema calidad,
luciente como casulla,
y
ó capa archiepiscopal.
II.
Era costumbre en las minas,
por piedad ó devoción,
encomendar á algún
santo,
con tanta profusión,
que al derramar en las rocas
radiante y vivo fulgor,
evocaban el fantástico
antro del viejo Plutón.
Hubo músicas y salvas.,
el «pueble» todo acudió,
y arreglóse que en memoria
de aquella dedicación,
ya un «tiro,» «campo,» ó «labor.»
, se regalara á la Virgen, patrona de la «labor,» un cofre con ricas joyas
,
se regalara á la Virgen,
patrona de la «labor,»
un cofre con ricas joyas
de valiosa estimación,
todas de oro macizo,
hechas con arte y primor,
cuajadas de rosicleres,
con otros de su gavilla,
había asaltado el convoy,
matando á los conductores
de modo infame y traidor,
y lo que era más, ¡sacrilego!
clamaba la población,
robándose las alhajas
diamantes, y qué sé yo.
Próxima estaba la feria
de San Juan, y se acordó,
que aquel presente, á la Virgen,
llevara una comisión.
Los nombrados aceptaron,
una acta se levantó,
compráronse al fin las joyas
de la Virgen, ¡cuánto horror!
Vanas fueron las pesquisas
por capturar al ladrón,
la mina, pesar en oró,
al delincuente ofreció;
se hicieron triduos, novenas,
el Cura dijo un sermón,
y con frase persuasiva
á
muy subido valor,
y
en cofre dorado á fuego,
el
presente se guardó.
Cuando todo estuvo listo,
partieron en un convoy,
rumbo á San Juan de los Lagos,
tal como se concertó,
las personas encargadas
de cumplir la comisión.
Algunos días pasaron;
mas el tiempo no tardó,
sin que luego se supiera
con profunda indignación,
que un capitán de bandidos,
temible por lo feroz,
á los fieles exhortó,
para que no se burlase
la Sagrada Ley de Dios,
conminando á los culpables
con pena de excomunión;
y algunos aseguraban
que aquel crimen tan atroz,
merecía los tormentos
de la Santa
Inquisición.
III.
Muchos años
transcurrieron
de acaecido el suceso,
y comenzó á susurrarse
entre la gente del
pueblo,

aquelarre

rondaban en corvos vuelos,

produciendo con las alas ensordecedor estrépito.

que en espantoso

que por las noches ardía, semejante á un fatuo fuego,

en un lugar apartado, donde un peñón se alza enhiesto, en la granítica cumbre

Y como para el espíritu, la helada impresión del miedo del alto Cerro del Meco,
Y
como para el espíritu,
la
helada impresión del miedo
del alto Cerro del
Meco,
da á las imágenes vida
que con sus crestas de cuarzo
recorta el azul del cielo,
y agiganta los objetos,
las rocas de la montaña
erguido como un
gigante
con su caprichoso
aspecto,
de los prehistóricos
tiempos.
Es una vulgar
creencia,
semejaban á la vista
monstruos informes y
fieros,
que donde arde, hay
dinero,
tallados por las callosas
y así , 110 er a d e extrañarse ,
y
rudas manos del
tiempo.
IV.
Habitaba en las «Peñitas,»
en
una casa modesta,
y
más que modesta,
pobre,
una familia muy buena.
Tuvo las comodidades
que tiene la clase media,

que atraídos por el cebo de encontrar algún tesoro en aquel sitio del Meco, acudieran mil valientes, de esos que hablan á los muertos, anhelando descubrir la clave de aquel secreto. Mas sucedía que nadie lograr pudiera su intento, porque al acercarse alguno, desaparecía el fuego;

-

y trabajador y

fué siempre el jefe de ella; pero es lo cierto, que á veces,

honrado

y por fatal coincidencia,
y por fatal coincidencia,

se oían ruidos de cadenas que arrastraban por el suelo, blasfemias contra la Virgen,

gritos de rabia,

y contemplábase

lamentos,

alada

la honradez, por patrimonio,

sólo tiene la miseria.

i

Nombre de un barrio de Guanajuato.

é inmensa legión de espectros,

la honradez, por patrimonio, sólo tiene la miseria. i Nombre de un barrio de Guanajuato. é

Cansado de batallar aquel hombre, en ruda

vencido estaba en la lucha

brega,

— Compra con eso una

grande, resistente,

y te vienes al momento,

reata

buena,

terrible por la existencia. Un día de tantos, salió, que aquí te aguardo en la
terrible por la
existencia.
Un día de tantos,
salió,
que aquí te aguardo en la acera.
Aturdido tomó el hombre
como de costumbre
era,
en sus manos la
moneda,
agobiado por el peso
y sin vacilar, al punto,
enorme de su
tristeza;
mas para sí le decía
entró de «El Sueño» á la tienda.
Compró la reata al instante,
con firme voz su conciencia:
«no desmayes,
adelante,
lucha, trabaja y espera.»
y saliendo con violencia,
vió al misterioso individuo
que lo esperaba en la puerta,
Y trabajó; mas fué inútil;
recorrió calles y tiendas,
talleres, mercados, plazas
cruzó por su alma la negra
y siguiólo por «Alonso,»
por «San Diego,» por «Sopeña,»
sombra del crimen,
y en tanto,
«San Pedro,» «Sangre de Cristo,»
«Puertecito,» sin que hubiera
entre ambos, palabra
la
pobre familia aquella,
la
calle estaba desierta,
muriendo estaba de hambre,
y
al bifucarse el camino
y él, nutriéndose de pena.
Inconsciente caminaba,
de «Pastita» y de «La Presa,»
tomaron por el primero,
y al pasar por la Plazuela
de los Angeles,
ya noche,
no sin que ccn impaciencia,
sospechara malamente
vió á un hombre de talla
esbelta
el héroe.de esta leyenda,
que en su porte, revelaba del extraño personaje ser sujeto de altas prendas. y
que en su porte,
revelaba
del extraño personaje
ser sujeto de altas
prendas.
y

punto

dijóle aquél con

—¿Quieres trabajar? pues toma;

y le alargó una

Iba á hablarle, cuando al

presteza:

peseta.

de su grande reserva, pues que era cómplice, acaso, de una criminal empresa que lo lanzaba al abismo, y jamás la delincuencia

y ténlo en tu mano listo; abracemos esta roca

con la cuerda á un tiempo mismo,

manchado había su

su reputación sin

que si obscura, tenía el sello

nombre,

mengua,

y arrojémosla con fuerza de una honradez verdadera. hacia un lado del camino. Hiciéronlo, y
y
arrojémosla con fuerza
de una honradez
verdadera.
hacia un lado del camino.
Hiciéronlo, y
descubrióse
V.
una oquedad en el piso.
Luego, sacando unos fósforos,
Trepando por la montaña,
llegaron por fin á un
sitio,
donde,
en
el
Cerro del
Meco,
continuó aquel individuo;
—Amárrate la cintura
con la cuerda, tengo bríos,
se alza un peñón de granito.
y puedo bien
sostenerte;
La noche estaba
tranquila,
baja y desciende con tino
el cielo muy claro y limpio,
cual diamante de Golconda,
hasta el fondo de este pozo
y allí harás cuanto te digo:
brillar se miraba Sirio.
Sólo turbaba el reposo
augusto de aquel recinto,
encontrarás un cadáver,
y en un rincón, unos cirios,
ese rumor sordo y vago,
esos extraños ruidos,
que por la noche se escuchan
misteriosos é indecisos,
enciendes éstos al punto,
y, en pago de tu servicio,
puedes tomar cuanto quieras
de dinero en tu «patío.»
Pero sobre todo, importa
como el arrullo
solemne

que saques de aquél recinto un cofre que se halla oculto entre el hueco de unos riscos. Bajó el otro con denuedo hasta el fondo del abismo,

y cumplió,

del sueño del infinito. Después de breve silencio,.

el misterioso individuo, dirigiéndose á nuestro hombre,
el misterioso
individuo,
dirigiéndose á nuestro
hombre,

y viéndolo de hito en hito,

con voz cavernosa y grave,

así cuentan que le dijo:

—Toma esa reata en su

extremo

punto por

punto,

su difícil cometido.

Y saliendo bruscamente,

así cuentan que le dijo: —Toma esa reata en su extremo punto por punto, su difícil

54- ROMANCES ,

TRADICIONE S

convulso, aterrado, lívido, escuchó aquestas palabras del extraño aparecido:

VI

Allá en un año remoto

—Pues bien; ahora ya puedo ir á descansar tranquilo; —que no es posible recuerde —
—Pues bien; ahora ya puedo
ir á descansar
tranquilo;
—que no es posible recuerde —
preparando estaba el Cura
para el ocho de Diciembre,
en San
Juan , un a gra n fiesta
religiosa, muy solemne;
pues la Virgen, la patrona
de esa ciudad jalisciense,
en aquel día recibe
las mil ofrendas que siempre,
de lugares apartados,
van á llevarle los fieles.
En una noche ya próxima
á la fiesta de
Diciembre,
Presentóse al Señor Cura
una persona decente,
y
entregándole una carta,
ve á San Juan, lleva este cofre
y junto con este escrito,
entrégalo al Capellán
le
dijo en términos
breves:
de la Iglesia
y dió un gemido,

—Padre, un deber imperioso hace que á vos me presente, vengo á traerle este cofre que no sé lo que contiene. El Cura leyó la carta, que en borrosos caracteres, hallábase concebida de la manera siguiente:

«En una lejana edad, hubo un famoso bandido,

cual si le hubiesen clavado un puñal agudo y frío rompiéndole las entrañas y envuelto en un remolino de chispas, descendió súbito al fondo del precipicio.

agudo y frío rompiéndole las entrañas y envuelto en un remolino de chispas, descendió súbito al
agudo y frío rompiéndole las entrañas y envuelto en un remolino de chispas, descendió súbito al

que fué de todos temido por su audacia y su maldad. Referiros, en verdad, sus crímenes, largo fuera;

—¿Quién duda de tu justicia, quién duda de ella, Señor? Por los siglos de los siglos, hasta la consumación,

y para él, si viviera, castigo no existiría, luego se le mataría; llamóse «Pillo Madera.»
y para él, si viviera,
castigo no existiría,
luego se le mataría;
llamóse «Pillo Madera.» 1
«Un convoy de los mejores,
cruzaba un día el camino;
asaltólo el asesino
prevalecerán tus leyes,
tus enseñanzas de amor,
y, al César lo que es del César,
como á Dios, lo que es de Dios.
Estrechando entre sus brazos
al enviado,
continuó:
—Bien merece gloria
eterna
y mató á los conductores.
quien se porta como vos;
Mas, para colmo de horrores,
en ese acto consumó
esta carta es de un
bandido
un sacrilegio, robó
estas alhajas que véis
su nombre, no preguntéis,
ese bandido, fui yo.»
que ha mucho tiempo
robándose las alhajas
murió
que aquí me entregáis,
Son ex-votos, que una
señor.
mina
de Guanajuato
mandó
á nuestra bendita
Virgen
patrona de una labor,
El buen cura,
poseído
de la más viva emoción,
al continuar la lectura
y por tan piadoso acto,
una bonanza se dió

rindiendo frutos riquísimos, con «leyes» de alto valor. En nombre, pues de la Virgen, recibid mi bendición,

y por

roguemos ambos á Dios.

de la carta,

prorrumpió:

y por roguemos ambos á Dios. de la carta, prorrumpió: i El terrible bandido llamado «Pillo

i El terrible bandido llamado «Pillo Madera» qu e con Pie- dra y Paredes robaba las conductas de plata. Como á éstos úl- timos loshab'an ejecutado, escapando Madera, esto motivó que en las canciones populares de entonces se cantara la siguiente copla:

el alma

del

muerto,

«El señor Santa

María

tiene que hacer una

y a piedra y paredes tiene,

casa,

adei

a sól o

le

laha .

del muerto, «El señor Santa María tiene que hacer una y a piedra y paredes tiene,
Y desde entonces se cuenta, entre la gente del pueblo, que todas las noches arde
Y desde entonces se cuenta,
entre la gente del pueblo,
que todas las noches arde
semejante á un fatuo fuego,
en un lugar apartado,
donde un peñón se alza enhiesto,
Cantabor
en la granítica
cumbre
del alto Cerro del
Meco,
que con sus crestas de cuarzo,
recorta el azul del cielo,
erguido como un gigante
TRADICIÓ N
HISTÓRICA .
de los prehistóricos tiempos.
1898 .
José Carpió, «El Cantador,»
según nos cuenta la fama,
vivió, se dice, á mediados,
de la edad décima octava.
Fué su cuna muy
humilde,
tan humilde como
honrada,
y
por blasón el trabajo
I
ostentó siempre su casa.
Su padre, que era
minero,

desde al despuntar el alba,

Su padre, que era minero, desde al despuntar el alba, con su «manojo» á la mina
con su «manojo» á la mina iba todas las mañanas;
con su «manojo» á la mina
iba todas las mañanas;

y bajaba por el «tiro»

de la mina á las entrañas, porque era de aquella clase,

heroica, fuerte, abnegada,

Y desde entonces se cuenta, entre la gente del pueblo, que todas las noches arde
Y desde entonces se cuenta,
entre la gente del pueblo,
que todas las noches arde
semejante á un fatuo fuego,
en un lugar apartado,
donde un peñón se alza enhiesto,
Cantabor
en la granítica
cumbre
del alto Cerro del
Meco,
que con sus crestas de cuarzo,
recorta el azul del cielo,
erguido como un gigante
TRADICIÓ N
HISTÓRICA .
de los prehistóricos tiempos.
1898 .
José Carpió, «El Cantador,»
según nos cuenta la fama,
vivió, se dice, á mediados,
de la edad décima octava.
Fué su cuna muy humilde,
tan humilde como honrada,
y
I
por blasón el trabajo
ostentó siempre su casa.
Su padre, que era
minero,

desde al despuntar el alba,

Su padre, que era minero, desde al despuntar el alba, con su «manojo» á la mina
con su «manojo» á la mina iba todas las mañanas;
con su «manojo» á la mina
iba todas las mañanas;

y bajaba por el «tiro»

de la mina á las entrañas, porque era de aquella clase,

heroica, fuerte, abnegada,

del pueblo guanajuatense,

que en otras épocas

gratas,

Los años volaron presto,

que el tiempo rápido pasa,

dejando sólo un osario hizo que fuera esta tierra de recuerdos en el alma. la
dejando sólo un
osario
hizo que fuera esta tierra
de recuerdos en el alma.
la tierra de las bonanzas.
Y cuando todo era gozo
Al regresar por las noches
y contento en la morada
el padre de Carpió, á casa,
de aquel constante
operario
todo era júbilo y
fiesta
trabajador y sin
tacha,
y contento y algaraza;
se vino un
«cielo» en la
mina,
y de una manera
trágica,
pues José, que era de bello
carácter, desde la infancia,
mostró afición decidida
para el canto y la guitarra.
murió el padre de José
dejándolo en la desgracia.
n.
Y, pulsando el
instrumento
Por
las torcidas callejas,
con habilidad y gracia,
por las desiguales
plazas,
al són de las roncas
cuerdas
dulces cantos
entonaba.
lo mismo en el alto cerro
que en la profunda cañada,
Era, cual suele decirse,
la alegría de la casa;
tan pronto como los ecos
de la ciudad
primorosa
que Guanajuato se llama,
era Carpió,
«El
Cantador,»
de sus canciones
vibraban,
el
ave de las
montañas.

los vecinos acudían

á escucharlo sin tardanza,

ancianos, niños, mujeres

y las doncellas más guapas.

Para ganarse la vida,

por todas partes

entonando tristes cantos, al compás de su guitarra.

andaba,

cuando escucharse solía su voz candeciosa y clara, así atacando las graves, como las notas más altas;

ora fingiendo querellas, ora murmurios del agua, humedeciendo los ojos, anudando las gargantas. al vibrar
ora fingiendo querellas,
ora murmurios del agua,
humedeciendo los ojos,
anudando las gargantas.
al vibrar las roncas
cuerdas
de su sentida
guitarra,
con los aires populares
de las canciones
serranas.
Es el poder de la música
tan grande, tanto avasalla,
que á los más rudos espíritus
los conmueve y los ablanda.
El,
en el centro del
corro
que la gente le formaba,
asomándose las mozas
á las puertas y ventanas,
Y, sin querer, las pupilas
anúblanse con las lágrimas,
se agitan los sentimientos
más dulces dentro del alma.
era el deleite del
pueblo,
Es asombroso en el pueblo
la facilidad bien
era el cantor de la fama,
doquiera se le veía,
doquiera se le admiraba,
rara,
con que retiene y repite
cualquier cántico ó sonata.
Y por eso de José, Llegó á estar la mina en frutos con buenas «leyes»
Y
por eso de José,
Llegó á estar la mina en frutos
con buenas «leyes» de plata,
las bellas y tristes
cántigas,
y muy buenas
cantidades
silbaban los arrapiezos
por las calles y las plazas,
obtuvo Carpió en sus rayas.
Su patrón, que sorprendía
popularizando
más
en
él,
la
fe y
la
constancia
de aquél su cantor la fama,
que de tiempo atrás corría
del vulgar aplauso en alas.
(en las labores de minas
más que en otras, necesarias),
dióle un «campo,» que solícito,
y
con empeño
labraba,
Pero como todo
muere,
todo vuela y todo acaba,
fué extinguiéndose de Carpió
la voz armoniosa y clara.
y
cuando menos lo espera,
encontróse una
bonanza.
Ya rico, abarcó
negocios,
logrando pingües
ganancias,
y construyó, según
dicen,
Para ganarse la vida,
ya el cajito no le bastaba,
y se decidió resuelto
como jefe de su casa,
un «zangarro» que se hallaba
de la Ciudad á la puerta,
sobre la planicie
vasta,
do forman abruptos cerros
bella y profunda
hondonada.
á trabajar en las minas
con empeñosa
constancia,
José vivió allí dichoso
beneficiando la plata
recordando de su
padre
y
el oro que nuestras
minas,
aquella honradez sin
tacha.
en riquísima
abundancia,
produjeron por
entonces
El trabajo Dios lo premia
y lo bendice y lo ensalza,
pues de José los afanes
y aun hoy en su seno guardan,
dentro las preciosas vetas
de estas vírgenes
montañas.
pronto colmó la
abundancia.
III. Donde el rumor del trabajo constantemente reinara, Murió José; y el «zangarro» en los
III.
Donde el rumor del trabajo
constantemente reinara,
Murió José; y el
«zangarro»
en los pesados
arrastres,
que á su costa
levantara,
y del molino en las mazas,
á
la margen del arroyo
y
junto á su propia casa,
después viéronse tan
sólo
vino á poderosas manos
que después edificaran
la grande y famosa hacienda
de beneficio de platas,
galeras abandonadas,
en cuyas rotas techumbres
los murciélagos
rondaban.
Apenas en pie quedaron
arcos derruidos,
pilastras,
que por tradición, sin
era por todos llamada
duda,
á donde el vulgo refiere
que José Carpió llegaba
con el mismo
sobrenombre
que á Carpió le diera fama;
á entonar, como en un
tiempo,
sentidas y dulces cántigas,
pero al estallar la guerra
de la Independencia santa,
cuando se tomó la Alhóndiga
de Granaditas, se narra,
al són de las roncas
cuerdas
de su llorosa
guitarra.
IV.
que audaz penetíó la plebe
Luengos años
transcurrieron;
á saco en tiendas y casas,
y
aquella planicie vasta,

destruyendo cuanto

pudo

por mucho tiempo quedóse

y á la gente asesinándola. inculta y abandonada. Incendióse el edificio de la hacienda; destrozáronla,
y
á la gente
asesinándola.
inculta y
abandonada.
Incendióse el edificio
de la hacienda;
destrozáronla,
Después el Ayuntamiento
hizo en época lejana,
y quedó una gran
fortuna
un jardín donde la incuria
en la noria
sepultada.
en breve posó sus
plantas.
lejana, y quedó una gran fortuna un jardín donde la incuria en la noria sepultada. en
ROMANCES , TRADICIONE S Hoy que el Progreso, esa fuerza, esa ley, esa palanca, á
ROMANCES ,
TRADICIONE S
Hoy que el Progreso, esa fuerza,
esa ley, esa palanca,
á cuyo impulso los pueblos
en donde revolotean
con bulliciosa algazara,
y en apretados enjambres,
los tordos y las urracas.
y las naciones
avanzan,
ha tenido en Guanajuato
abiertas, sus blancas alas,
ese jardín es un parque
delicioso, que engalanan
Tiene prados que parecen
de terciopelo esmeralda,
bordados con arabescos
de flores de especies varias.
con sus aromas, los cedros,
en que alternan los myosotis
formando en sus calles amplias,
y
las violetas
moradas,
del uno
y del otro
lado
y
los perfumados lirios
artísticas balaustradas.
y
las margaritas
blancas.
Tiene un lago
diminuto
sobre cuyas verdes aguas,
cisnes de negro plumaje,
como góndolas
resbalan.
Y en el paraje
que á la ciudad
florido,
engalana,
se cita lo más granado
de caballeros y damas.
Allí los traviesos
niños
Tiene bellos surtidores,
que con sus cristales bañan
de los álamos y fresnos
juegan y corren y saltan,
y
allí va también el pueblo,
las tupidas
enramadas,
la
gente desheredada,
7 0 Y LEYENDA S GUANAJUATENSE S de la cual salió aquel hombre que por
7 0
Y
LEYENDA S
GUANAJUATENSE S
de la cual salió aquel hombre
que por calles y por plazas,
entonando dulces cantos,
al compás de su guitarra,
de cantador tierno y hábil
logró entre todos la fama,
y que al través de los tiempos
la tradición le guardara.
Y hoy el pintoresco sitio
Pipila.
donde estuvo su
morada,
A L
EXIMI O
LITERAT O
Y DISTINGUIDO
POETA
en memoria de su nombre
S R .
LIC .
D . JOAQUÍ N
D .
CASASÚS .
de '•'•El Cantador»
se le llama.
I.
Sobre el alto talud de una colina,
que á la ciudad
domina
y en el estrecho valle se adelanta,
reliquia de los tiempos coloniales,'
sus muros colosales,
Granaditas espléndida levanta.
II.
A modo de gigante fortaleza, toda amplitud, grandeza,
A modo de gigante fortaleza,
toda amplitud,
grandeza,

del genio de Tresguerras gloria y brillo,

la

Alhóndiga recuerda en su estructura,

la ciclópea

figura

de

legendario y medioeval castillo.

7 0 Y LEYENDA S GUANAJUATENSE S de la cual salió aquel hombre que por
7 0
Y
LEYENDA S
GUANAJUATENSE S
de la cual salió aquel hombre
que por calles y por plazas,
entonando dulces cantos,
al compás de su guitarra,
de cantador tierno y hábil
logró entre todos la fama,
y que al través de los tiempos
la tradición le guardara.
Y hoy el pintoresco sitio
Pipila.
donde estuvo su
morada,
A L
EXIMI O
LITERAT O
Y DISTINGUIDO
POETA
en memoria de su nombre
S R .
LIC .
D . JOAQUÍ N
D .
CASASÚS .
de '•'•El Cantador»
se le llama.
I.
Sobre el alto talud de una colina,
que á la ciudad
domina
Y en el estrecho valle se adelanta,
reliquia de los tiempos coloniales,'
sus muros colosales,
Granaditas espléndida levanta.

I I .

sus muros colosales, Granaditas espléndida levanta. I I . A modo de gigante fortaleza, toda amplitud,
A modo de gigante fortaleza, toda amplitud, grandeza,
A modo de gigante fortaleza,
toda amplitud,
grandeza,

del genio de Tresguerras gloria y brillo,

la

Alhóndiga recuerda en su estructura,

la ciclópea

figura

de

legendario y medioeval castillo.

III.

E s el Real de Santa Fe, que un día, por la inmensa valía Aún
E s el Real
de Santa
Fe,
que un
día,
por la inmensa
valía
Aún míranse en sus ángulos de piedra,
con estupor que arredra,
del oro de sus minas, nunca
extinto,
de muy noble y leal Ciudad
gozara,
cuatro escarpias de hierro
ennegrecidas:
la distinción
preclara,
de los héroes que Patria nos legaron,
por cédula del Rey Felipe
Quinto.
once años ¡ay!
guardaron
las sangrientas cabezas
suspendidas.
IV.
Hechos criba; mas fuertes y seguros,
están los viejos muros,
testigos de las épicas hazañas,
y, en torno de la frente del coloso,
se extiende majestuoso
y dilatado cerco de montañas.
Firma del
Rey Felipe
Quinto,
tomada dilectamente del Titulo de Ciudad concedido por él
á
Guanajuato.
V.

Desde que resonaron los clamores

él á Guanajuato. V. Desde que resonaron los clamores del Grito de Dolores, Desde el tosco
del Grito de Dolores, Desde el tosco remate de granito, vuelto al cielo infinito, don
del Grito
de
Dolores,
Desde el tosco remate de granito,
vuelto al cielo infinito,
don Juan Antonio Riaño, el Intendente,
noble varón, y de saber no escaso,
del Mineral
contémplase
bordando

las agrias peñas de color bermejo, de casas un cortejo que va por entre montes desfilando.

seguía paso á paso la, marcha del ejército insurgente.

Vili . XI . Activo y perspicaz, su comprendió en el pensamiento, De dos razas
Vili .
XI .
Activo y perspicaz, su
comprendió en el
pensamiento,
De dos razas el choque irresistible,
momento,
magnífico,
terrible;
que la revolución de Independencia,
del Verbo-Libertad la roja lumbre
cual formidable tempestad
bravia,
caldeando la sangre de las venas,
su furia abatiría
sobre la Capital de la
fundiendo las cadenas
Intendencia.
de secular y odiosa
servidumbre.
XII .
I X.
La plaza sin estar fortificada;
Y él, militar valiente, denodado,
la Ciudad
consternada,
celoso
magistrado,
su desastre, sin duda,
presintiendo;
de su deber con la intuición preclara,
quedóse ante el embate del destino,
expuestos de la guerra á los reveses
cuantiosos intereses,
como viejo marino,
retando á la tormenta cara á cara.
¿qué hacer en ese lance tan
tremendo?
XIII.
X.

Ante conflicto tal, el Intendente, mandó resueltamente llevar á Granaditas todo el oro de las Cajas del Rey; resistiría allí; se lo exigía su honor, su investidura, su decoro.

Por un lado, la ola bramadora,

soberbia, anolladora,
soberbia,
anolladora,

de las huestes de Hidalgo hacia adelante por otro, todo un pueblo de mineros,

audaces,

altaneros,

en actitud hostil y

amenazante*

huestes de Hidalgo hacia adelante por otro, todo un pueblo de mineros, audaces, altaneros, en actitud
XIV. XVII . Los ricos españoles le siguieron; al fuerte introdujeron cuanto en sus casas
XIV.
XVII .
Los ricos españoles le siguieron;
al fuerte introdujeron
cuanto en sus casas de valor
había:
joyas, barras de plata,
cereales,
Del punto que ve al Norte, el ancha puerta
quedó tan sólo abierta,
y ya en la fortaleza improvisada,
en su. aposento, grave, pensativo;
caudales.
Riaño, en tanto, su obra
sus enormes
pero resuelto,
altivo,
proseguía.
Riaño esperó.
¡La suerte estaba echada!
XV.
XVIII .
Hizo que se guardaran
provisiones,
Era el veintiocho de Septiembre.
El día
pertrechos,
municiones,
con limpidez
lucía
y convirtió en reducto
atrincherado
la Albóndiga,
mandando que
marchasen,
sobre el paisaje pintoresco y grato
de este suelo de auríferas entrañas,
y que en ella quedasen,
toda la tropa y paisanaje armado.
dorando las
montañas
de la. que fué opulenta t>uanajuato.
XVI.
. XIX .
De Cata y Mendizábal
las enhiestas
Y era el año de diez, año de gloria
y pedregosas cuestas
para la patria
historia,
mandó parapetar,
y de igual
suerte,
la calle de Pocitos,
pues que dentro,
en que un humilde Cura, con fe ingente
en los destinos de su pueblo esclavo,

como ocupando el centro de aquella posición, quedaba el fuerte.

alzóse audaz y bravo para hacer á ese pueblo

independiente.

X X .

XXIII .

Jamás, desde que en busca de riquezas rompieron las cortezas de estos montes, osados capitanes, que de allende el Atlántico vinieron y á Anáhuac sometieron tras gigantesca lucha de titanes,

Expuso á Riaño su misión, y luego, entregándole un pliego,

con inquietud leyólo el Intendente, y al concluir, á Camargo le expresaba, que antes necesitaba
con inquietud
leyólo el Intendente,
y al concluir, á Camargo le expresaba,
que antes necesitaba
conocer el acuerdo de su gente.
XXI .
XXIV .
El indio de las minas, el forzado,
hambriento,
fatigado,
de sus rudas faenas bajo el yugo,
jamás oyó en sus duelos sumergido,
más voz, que el restallido
del látigo infamante del verdugo!
Sobre la amplia terraza del coloso,
el jefe valeroso,
frente á sus tropas que formado había.,
cual poseído de profunda pena;
pero con voz serena,
un oficio leyó que así decía:
XXII .
XXV .
Con los ojos vendados, aquel día, con noble bizarría, para cumplir el delicado encargo «Las
Con los ojos vendados, aquel día,
con noble bizarría,
para cumplir el delicado encargo
«Las numerosas fuerzas que comando,
en mi persona
hallando
de su jefe,
y
en son
de
parlamento,
un protector resuelto y decidido
que á la Nación le sirva de atalaya,
llegaba al aposento
de Riaño, un militar: era
Camargo.
al paso por Celaya
Capitán General me han
elegido.»

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XXVI .

XXIX"

«Todos los pueblos por donde he cruzado, así lo han confirmado - Y o no
«Todos los pueblos por donde he cruzado,
así lo han
confirmado
- Y o
no tengo temor;
la suerte afronto,
y
se han unido á mí; en consecuencia,
y
mi vida estoy
pronto
el
benéfico plan que me conduce,
á perder defendiendo mis pendones;
es uno: se reduce
pero antes quiero oiros,
consultaros,
á
proclamar la augusta
Independencia!»
y no sacrificaros
á mis particulares
convicciones.
XXVII .
XXX .
«Ennombre, pues, de mi Nación, sostengo
su libertad; y vengo
Todos enmudecieron. Un caudillo,
sólo á intimaros rendición. Conmigo,
si os sometéis de grado, buenamente,
trato hallaréis clemente;
si no, os destruiré como enemigo.»
Bernardo del Castillo,
-¡Vencer ó sucumbir! con rudo
acento
a nombre de los suyos manifiesta;
y —¡Viva el
Rey!—contesta
la gente de Berzábal al
momento.
XXVIII .

XXXI .

—Como lo véis, el Intendente expuso, (entre airado y confuso), mucha es la gente que
—Como lo véis, el Intendente
expuso,
(entre airado y confuso),
mucha es la gente que acompaña al Cura,
3' si acaso trajese artillería,
Entonces dió á Camargo, el
escrita, la siguiente
Intendente,
contestación:
«Que no reconocía

la derrota sería para nosotros, mucho más segura.

Por Capitán, sino al Virrey

y su honor de soldado luchar hasta morir se lo exigía.»

nombrado,

mucho más segura. Por Capitán, sino al Virrey y su honor de soldado luchar hasta morir

XXXII .

XXXV .

Mientras, Hidalgo, intrépido avanzaba Hacia el fuerte se miran descargadas, y á Camargo encontraba por
Mientras, Hidalgo, intrépido avanzaba
Hacia el fuerte se miran
descargadas,
y á Camargo
encontraba
por la cañada de Marfil; mas viendo
la respuesta de Riaño, embravecido,
como león herido,
á Granaditas lánzase tremendo.
terribles granizadas
de innumerables piedras; y entretanto,
como volcán que en erupción se agita,'
la Alhóndiga
vomita
haces de lumbre, produciendo
espanto.
XXXIII .
XXXVI .
Descuella el sol en el zenit. Hirviente,
cual rápido
torrente
que salta por enhiestas cortaduras,
las numerosa« huestes se avecinan,
y muy pronto dominan
dél a Alhóndiga en torno, las alturas.
Ya las .huestes, irguiéndose altaneras,
asaltan las trincheras,
y Riaño, al observar el movimiento,
para infundir valor á los sitiados,
un grupo de soldados
toma, y allí dirígese violento.
XXXIV .
XXXVII .
toma, y allí dirígese violento. XXXIV . XXXVII . 15ÍO ha y u n poder que

15ÍO ha y u n poder que su poder sujete; ni formidable ariete, ni recio empuje que su empuje venza-

mas los de Riaño, impávidos y descargan los primeros

fieros,

sobre la multitud.

La lid

comienza.

Regresa, y de la Alhóndiga á la entrada, 'oh, suerte infortunada! »na bala le hiere de soslayo; la roja sangre anubla su pupila, un instante vacila, y cae cual roble que desgaja el rayo

XXXII . XXXV . Mientras, Hidalgo, intrépido avanzaba Hacia el fuerte se miran descargadas, y
XXXII .
XXXV .
Mientras, Hidalgo, intrépido avanzaba
Hacia el fuerte se miran
descargadas,
y á Camargo
encontraba
por la cañada de Marfil; mas viendo
la respuesta de Riaño, embravecido,
como león herido,
á Granaditas lánzase tremendo.
terribles granizadas
de innumerables piedras; y entretanto,
como volcán que en erupción se agita,
la Alhóndiga vomita
haces de lumbre,
produciendo
espanto.
XXXIII .
XXXVI .
Descuella el sol en el zenit. Hirviente,
cual rápido
torrente
que salta por enhiestas cortaduras,
las numerosa? huestes se avecinan,
Va las.huestes, irguiéndose altaneras,
asaltan las trincheras,
y Riaño, al observar el movimiento,
para infundir valor á los sitiados,
y muy pronto
dominan
de la Alhóndiga en torno, las alturas.
1111 g r «po de soldados
toma, y allí dirígese violento.
XXXIV .
XXXVII .
toma, y allí dirígese violento. XXXIV . XXXVII . Tío hay un poder que su poder

Tío hay un poder que su poder sujete; ni formidable ariete, ni recio empuje que su empuje venza;

mas los de Riaño, impávidos y descargan los primeros

sobre la multitud.

fieros,

La lid

comienza.

Regresa, y de la Alhóndiga á la entrada, ¡oh, suerte infortunada! »na bala le hiere de soslayo;

la roja sangre anubla su

pupila,

un instante vacila,

y cae cual roble que desgaja el rayo

XXXVIII . Métenlo en brazos: vélo don Gilberto su hijo, y clama: —¡Muerto! ¡Oh, padre
XXXVIII .
Métenlo en brazos: vélo don Gilberto
su hijo, y clama:
—¡Muerto!
¡Oh, padre de mi amor! al fin caíste,
víctima de tu pecho
generoso,
luchando
valeroso,
y con el mismo honor con que
viviste!
XXXIX .
— ¡Yo tu desgracia soportar no puedo!
profiere,—y con
denuedo,
de los frascos de azogue convertidos
en mortíferas bombas, se apodera,
y los lanza hacia, afuera
exhalando espantosos alaridos.
XL.
los lanza hacia, afuera exhalando espantosos alaridos. XL. De la pesada fortaleza entonces, gira sobre los

De la pesada fortaleza entonces, gira sobre los gonces

y se cierra al instante el ancha

pero de Riaño ante el cadáver frío,

puerta;

inmenso vocerío

á todos los sitiados

desconcierta.

XLI . XLIV. Quién al mirar al asaltante los sacos de dinero por las ventanas,
XLI .
XLIV.
Quién al mirar al asaltante
los sacos de dinero
por las ventanas, imprudente
fiero,
-¡Traición!
¡Traición! enardecida
ruje;
y con soberbio empuje,
arroja;
intenta penetrar;
¡pero es en
vano!
Quién manda á gritos con terrible ira,
contra los muros choca, se atropella,
mientras el otro expira
dando á los vientos su mortal
congoja.
así como se estrella
indómito en la costa, el
Océano.
XLII .
XLV.
Pero el desorden por instantes cre'ce.
/Pipila,
de tu arrojo necesita
A nadie sé obedece.
Quién la bandera blanca
enarbolando,
la Patria!—así le grita
Hidalgo, á uno del pueblo, con
bravura.
propone rendición, mientras
estalla
—¿Te atreves á incendiar la puerta?—clama;
el bote de metralla
y aquél al punto
exclama:
á centenares de hombres
destrozando.
— ¡Vaya que si la quemo, Padre Cura!
XLIII .
XLVI .
La muchedumbre, ciega de coraje,
De Hidalgo al imperioso
llamamiento,
á
modo de oleaje
en crítico
que en tormentoso mar el viento azota,
hacia el fuerte con ímpetu se lanza,
surge Pipila
momento,
heroico en la pelea;
á una próxima tienda se encamina,
y mientras más avanza,
toma ocote y
resina,

más se agita, se encrespa y se alborota,

y empuña osado la incendiaria

tea.

XLVII.

L.

Sobre la hercúlea espalda vigorosa, se coloca «na losa, y audaz y temerario, impune avanza
Sobre la hercúlea espalda vigorosa,
se coloca «na losa,
y audaz y temerario, impune avanza
bajo una tempestad de proyectiles,
que le arrojan á miles
los sitiados, sedientos de venganza.
Lo que adentro pasó fué indescriptible,
aterrador,
horrible,
pues ávida la plebe de saqueo,
hacia el fuerte también se precipita,
frenética se agita,
y prorrumpe en confuso clamoreo.
LI.
XXVIII.
Nada hay que le contenga ni reprima,
tiene algo que sublima
al genio, con su mágico atavismo.
Subyugado por rudas emociones,
Aves, blasfemias, por doquier se escuchan;
les contendientes luchan;
sobre el botín la plebe se abalanza,
y
ruedan por el suelo, confundidos,
vencedores,
vencidos,
es de esos corazones
templados al calor del heroísmo.
en
medio del fragor de la matanza.
XLIX .
LII.
Y indelebles, seguros,
Y
indelebles,
seguros,

Llega triunfante hasta la puerta. Luego, préndele vivo fuego, y crujen las maderas incendiadas; en confuso tropel, la muchedumbre, se arroja entre el vislumbre que lanzan las siniestras llamaradas.

y vivos rastros de sangrientas

de los que en brava lid lucharon por su Rey, los iberos,

y por su libertad, los mexicanos.

manos

fieros:

ahí están de la Alhóndiga en los muros,

LUI .

¡Oh, Pipila/ ¿qué importa que tu nombre aún se dude? El renombre que tienes por
¡Oh, Pipila/
¿qué importa que tu
nombre
aún se dude?
El
renombre
que tienes por tu hazaña
esclarecida,
vive, y ha
de vivir
eternamente,
mientras tu pueblo aliente
sobre esta Patria, un átomo de
íTIMlaoro bel
Jpafcre Sereníto.
vida!
i.
Lector, escucha esta
historia
que un minero me contó,
y que ha muchos años, }'0
la conservo en mi
memoria.
*
Cuantos el caso curioso
han oído relatar,
dicen que fué singular,
y por ende,
prodigioso.
*
*

La gente, tal relación comenta de varios modos;

pero no le encuentran natural explicación.

todos

LUI .

¡Oh, Pipila! ¿qué importa que tu nombre aún se dude? El renombre que tienes por
¡Oh, Pipila!
¿qué importa que tu
nombre
aún se dude?
El
renombre
que tienes por tu hazaña
esclarecida,
vive, y ha
de vivir
eternamente,
mientras tu pueblo aliente
sobre esta Patria, un átomo de
íTIMlaoro bel
Jpafcre Sereníto.
vida!
i.
Lector, escucha esta
historia
que un minero me contó,
y que ha muchos años, }'0
la conservo en mi
memoria.
*
Cuantos el caso curioso
han oído relatar,
dicen que fué singular,
y por ende,
prodigioso.
*
*

La gente, tal relación comenta de varios modos;

pero no le encuentran natural explicación.

todos

Y, hablando punto por de cómo el hecho punto De sus pupilas el brillo, pasara,
Y, hablando punto por
de cómo el hecho
punto
De sus pupilas el brillo,
pasara,
dicen que la historia es rara
velaba el negro
capuz,
y hay milagro en el asunto.
las manos llevando en cruz
ocultas dentro el manguillo.
*
*
Averigua r 110 h e podid o
Fué de los tristes,
consuelo;
si es verídico el relato;
por su vejez,
respetado;
pero ello es que en Guanajuato
por su caridad,
amado;
hubo un Padre muy
querido.
por sus virtudes,
modelo.
*
*
El
tosco sayal de lana
de
color azul,
vestía:
el
fraile pertenecía
á
la Orden
Franciscana.
Una ocasión, al cruzar
de «El Truco» la calle estrecha,
1111 descreído sospecha
por el vacilante andar,
*
Bajo aquella vestidura,
cuentan, que por sacrificio,
llevaba grueso cilicio
ciñéndole la cintura.
que aquel anciano
bendito
se halla ebrio, y con
desdén,
exclama:—«allá,
ten con
tén,
viene el Padre Serenito.»
*
*

Y del hábito al través,

ricos y pobres veían que unas sandalias cubrían,

ya medio rotas, sus

pies.

Sin inmutarse el anciano, con humildad y cordura, al pasar junto á él murmura:

—«Que Dios le perdone, hermano.»

II.

—«Yo le deseo todo bien; su decir es inaudito; pues el Padre Serenito no viene
—«Yo le deseo todo bien;
su decir es inaudito;
pues el Padre Serenito
no viene aquí «tén con ten.»
Por el «tiro» de la mina
se escucha sordo rumor,
luego, el administrador,
que hay algo grave, adivina.
*
Cambia el otro su
arrogancia
Mineros manda al
momento
y se conturba, al pensar,,
cómo lo pudo escuchar
el Padre, á tanta
distancia.
á una «labor» que se explota;
bajan, y al punto se nota
terrible derrumbamiento.
*
Y ve con
aturdimiento
que el fraile, al doblar la esquina,
Allá en los antros obscuros,
las luces van y se agitan,
como una sombra
camina
sin tocar el
pavimento.
y los operarios gritan
exhalando mil conjuros.
*
Y cuando tal cosa advierte,
se imagina con
espanto,
Sofocante polvareda
apenas deja mirar,
si
el clérigo será un santo,
y se escucha el rebotar
ó la imagen de la muerte.
de alguna peña que rueda.
*
*
Temprano,
por la
mañana,
Un «contracielo» ha caído;
cruza del monte el sendero,
pues dicen que era minero
y ve el «pueble» con
asombro,
de la rica
Valenciana.
que bajo de tanto escombro,
mucha gente ha perecido.

*

Arriba se oyen lamentos, todo es llanto y confusión; Y comprenden al instante, que bajo
Arriba se oyen lamentos,
todo es llanto y confusión;
Y comprenden al
instante,
que bajo el derrumbe, oculto,
abajo, queda un
montón
de cadáveres
sangrientos.
pero aun vivo, está sepulto
un minero agonizante.
*
Arriba, madres y esposas;
los hijos en la orfandad;
abajo, en la obscuridad,
cien escenas espantosas.
¡La situación es horrible!
No hay un resquicio, una
entrada;
la roca es grande y pesada.
¿Moverla? eso es imposible.
*
Aquí, de un hombre se mira
Debe estar el hombre
inerte;
el cráneo despedazado;
se oye
el
iay! del
mutilado
pero vuelven á escucharlo;
¡Santo Dios! ¿cómo librarlo
y el estertor del que expira.
de
las garras de la muerte?
*
De pronto, en ese lugar,
El
que sepultado
está
una débil voz se escucha,
tiene que morir sin
duda,
como la de alguien que
lucha
de la manera más
ruda:
y hace esfuerzo por
gritar.
por el hambre y sed quizá. ¿r- Y los que exploran adonde se distingue aquel
por el hambre y sed quizá.
¿r-
Y
los que exploran
adonde
se
distingue aquel rumor,
De aquel infeliz minero
óyese la voz clamar
llaman, y con
estupor,
y por piedad
implorar
doliente voz les responde.
«Un padre; porque me
muero

Fué del pueblo bendecido;

por su humildad, admirado; por su vejez, respetado; por sus virtudes, querido. * Tiene en
por su humildad,
admirado;
por su vejez, respetado;
por sus virtudes,
querido.
*
Tiene en Dios sus
esperanzas;
juntos con él,
alumbrando,
dos «morrongos» van
fervorosas alabanzas.
cantando
*
Su presencia en tal lugar
suceso grave atestigua;
Parroquia de
Valenciana.
llega el fraile, se santigua,
manda al «pueble»
retirar.
*
De la rica Valenciana
Y de la antorcha al fulgor,
por el «tiro,»
bajando va un
de la Orden
cauteloso,
religioso
del monte por la ancha grieta,
fantástica la silueta
Franciscana.
se mira del confesor.
*
Al sitio que se le indica
En
todo accidente serio
se
acerca, en él se coloca,
que en las minas ocurrió,
solícito se le vió
y
al
que
está
bajo la roca,
su
presencia significa.
cumpliendo su ministerio,

*

Llama, inquiere con tesón, y luego, con voz doliente, escucha del penitente esta triste confesión:
Llama, inquiere con tesón,
y luego, con voz doliente,
escucha del penitente
esta triste confesión:
"Y cuando tal cosa
advierto,
me imagino con
espanto,
si será el clérigo un
santo
ó el alma
en
pena de un
muerto.
—«Padre,—le dice,—una
al mirar á un sacerdote,
le lancé afrentoso mote
con impiedad y altivez.»
vez,
«Hoy, que próximo á expirar,
en este sitio me véis,
os ruego me
! »
—Dios le ha de perdonar.
*
*
«Pero no me explico yo,
«Ahorrando todos los días,
cómo viniendo
distante
he reunido con
empeño,
aquel Padre, en el instante,
dentro de un saco
pequeño,
mis palabras escuchó.
escasas economías.»
«Cuando junto á mí
pasaba,
sin inmutarse el anciano,
«Esa alforja llevo aquí
de
que Dios le perdone,
hermano,
pude oír que
murmuraba.»
mi cuello suspendida,
cuando yo exhale la vida,
tened compasión de mí!»
*
«Luego, con grande sorpresa,
y turbado el pensamiento,
sin tocar el
pavimento,
«Mi cadáver exhumad ,
quitadme la alforja, oh, Padre,
y entregádsela á mi madre,
miro que el Padre
atraviesa.»
se lo ruego por piedad,
! »

*

Arriba, el sol, el ambiente,

la vida, la libertad;

abajo, en la obscuridad, sepulto está el penitente. IV. ' Cuando el penitente dijo esta
abajo, en la
obscuridad,
sepulto está el penitente.
IV.
'
Cuando el penitente dijo
esta postrera expresión,
dió el fraile la absolución
y aquella roca bendijo.
Tres días pasados van
después del derrumbe
fiero,
y, por salvar al minero,
los otros luchando
están.
*
Retiróse. Y entretanto
que en silencio caminaba,
de
sus pupilas rodaba
en
gruesas gotas el llanto.
Mas aquél, desesperado,
bajo la roca anfractuosa,
halla salida tortuosa
para 1111 «campo» abandonado.
>1=
Y
de la antorcha al fulgor,
A
tientas, esfuerzos mil
entre la lumbre rojiza,
parece que se desliza
hace por salvar su
vida;
y
se arrastra en su
guarida
la sombra del confesor.
medroso, como el reptil.
*
*
Tiene en Dios sus esperanzas,
¿Qué hará allí? Su
desventura
y
lo
van
acompañando
ha de aumentarse quizás;
dos «morrongos,»
entonando
lo
que ha "hecho, nada más,
fervorosas alabanzas.
es
cambiar de sepultura.

A

*

por el «campo» abandonado Que si á Valenciana baja por una inculta «labor» aun el
por el «campo»
abandonado
Que si á Valenciana baja
por una inculta «labor»
aun el minero mejor,
se pierde en la sombra
densa,
sin zozobras, pues que
piensa
que el otro estará
extraviado.
encuentra allí su mortaja.
*
*
Se interna, prosigue,
avanza;
Los que se han visto
perdidos
con su mecha el campo escruta;
dentro de aquellos arcanos,
de hambre devoran, sus manos,
más todo negro en su
ruta
lo ¡No hay esperanza!
y hasta los propios
vestidos.
*
En tanto, el «pueble,» afanoso,
en su noble empresa
está
incansable, y no se da
Clama, se inquieta, maldice
su situación tan
—Dame luz; oye una voz
que entre las sombras le dice.
un momento de reposo.
*
Suspenso se queda.
Y
cuando
La situación no le arredra;
y con empeño y porfía,
trabajando noche y día,
logra al fin romper la piedra.
vuelve á arriba la cabeza,
con el que busca
tropieza,
quien lo está, fijo, mirando.
*
*
Y
se imagina
impaciente,
Luego, un «morrongo» atrevido,
muchacho audaz y valiente,
de aquella minera gente
que en el peligro ha nacido,
presa de gran
emoción,
si
será sólo ilusión
de
su
vista
ó
de su
mente.

¡Él

! Su atención concentra;

la antorcha arrima, y al verlo, apenas puede creerlo, sano y salvo allí lo encuentra.
la antorcha arrima, y al verlo,
apenas puede creerlo,
sano y salvo allí lo encuentra.
£ 1 Gonbe be la Cabena.
¡
i
*
rt'^"™ 11
Y es conseja entre la gente,
que cuando el hombre salió,
i
.
- 4]¡»ir
su salvación refirió
"1
JISlM'
de la manera
siguiente:
<
El veintitrés de noviembre
del gloriosísimo año
de mil ochocientos diez,
al derramar en ocaso
¡ C-S
Que por milagro
inaudito
I
|i ¡
la
lumbre del sol
poniente
nunca pudo perecer;
pues de comer y beber
le dió el Padre Serenito.
el
último de sus rayos,
el
toque de generala
y
el tañido
acompasado
de la campana mayor
i
de la Parroquia, anunciaron
á
los habitantes todos
I
<
I
¥
I
de la heroica Guanajuato,
que Calleja el Brigadier,
de brillante fuerza al mando,
en Molineros se hallaba
con su ejército acampado.
Allende, Aldama, Jiménez,
los mariscales de campo
Abasolo, Arias, Ocón,

¡Él

! Su atención concentra;

la antorcha arrima, y al verlo, apenas puede creerlo, sano y salvo allí lo encuentra.
la antorcha arrima, y al verlo,
apenas puede creerlo,
sano y salvo allí lo encuentra.
181
Gonfce b e
la Cabena .
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i
*
rt'^"™ 11
Y es conseja entre la gente,
que cuando el hombre salió,
i.
- 4]¡»ir
su salvación refirió
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JISlM'
de la manera
siguiente:
<
El veintitrés de noviembre
del gloriosísimo año
de mil ochocientos diez,
al derramar en ocaso
¡ C-S
Que por milagro
inaudito
I
|i ¡
la
lumbre del sol
poniente
nunca pudo perecer;
pues de comer y beber
le dió el Padre Serenito.
el
último de sus rayos,
el
toque de generala
y
el tañido
acompasado
de la campana mayor
i
de la Parroquia, anunciaron
á
los habitantes todos
I
< .1
¥
I
de la heroica Guanajuato,
que Calleja el Brigadier,
de brillante fuerza al mando,
en Molineros se hallaba
con su ejército acampado.
Allende, Aldama, Jiménez,
los mariscales de campo
Abasolo, Arias, Ocón,

por Rancho Seco, arrollándolo, no sin que antes de marchar

á Valenciana,

tomara las posiciones de Higuerilla, Leona y Pánuco, en donde los insurgentes, en la defensa obstinados,

bravos,

á la sazón se encontraban

defendiendo á Guanajuato,

pues desde al llegar,

y otros insurgentes

en su

tránsito,

Allende

parapetóse, mandando, á don Casimiro Chowell, á Fabie y á Rafael Dávalos, se batieron con
parapetóse,
mandando,
á don Casimiro Chowell,
á Fabie y á Rafael Dávalos,
se batieron con bravura
para que hicieran
barrenos
en los cerros escarpados
cual heroicos espartanos.
Mientras, por la Yerbabuena,
que dominan la
cañada
de Marfil, pues que si acaso
penetraban los realistas
Flón, con su fuerza avanzando,
allanaba de Marfil
los cerros fortificados.
por el punto
designado,
Y
al caer aquella tarde,
sin salida se quedaban,
se
hallaba al fin dominando
y entonces,
desde lo alto,
el
Conde de la Cadena
el
alto cerro llamado
de
San Miguel, que limita
por el Sur, á Guanajuato.
Calleja llegado había
á Valenciana
entretanto,
y Allende, al verse perdido,
en lance tan
angustiado,
ordenó la retirada;

sobre ellos derrumbarían una lluvia de peñascos. El ejército realista, al rayar el veinticuatro, marchó en columna cerrada por Marfil; pero informado Calleja, por Marañón, de que el sitio del asalto se encontraba en su trayecto con barrenos preparado, dividióse en dos columnas:

comprendiendo que tal acto,

si

le era muy

doloroso,

comprendiendo que tal acto, si le era muy doloroso, dió de la derecha el mando á

dió de la derecha el mando á Flón, el famoso Conde de la Cadena, y en tanto, Calleja avanzó con brío

era también necesario. Sólo un grupo de insurgentes siguió en su puesto luchando, pues el «Defensor de América,»

era también necesario. Sólo un grupo de insurgentes siguió en su puesto luchando, pues el «Defensor

grueso cañón colocado sobre la escarpada cima

de la montaña de «El Cuarto,»

II.

Después de partir

Allende,

al Conde de la en San Miguel Cadena, artillado, como á las tres de la
al Conde de la
en San Miguel
Cadena,
artillado,
como á las tres de la tarde,
un negro platero, Diño,
le lanzaba con arrojo
los últimos metrallazos.
Fué la lucha encarnizada,
fueron grandes los estragos,
indomable la energía
que ambas fuerzas desplegaron.
Al'terminar la pelea,
los muertos, desparramados,
viendo ya que inevitable
era la derrota, puesto
que todos los asaltantes
arrollaban á su paso
hasta el último baluarte,
concibió, presa de rabia,
el proyecto más infame
en todas partes
mirábanse
por las quiebras y barrancos,
lo que mostraba sin
duda
que la humana inteligencia
haya podido formarse.
Enardeciendo á la plebe,
recorrió plazas y calles,
lo terrible del asalto,
y díjole que Calleja
la obcecada
resistencia
á todos los habitantes,
que opusieron los sitiados.
iba á pasar á cuchillo,
Nuestros pobres insurgentes,
con piedras, lanzas y palos,
cayeron al fin vencidos
por la fuerza del contrario.
Mas con su valor
heroico,
á la Historia le mostraron,
en tal empresa ayudándole,
los españoles que estaban
de la Alhóndiga en la cárcel.
Que por tanto, era preciso
para evitar el desastre,
matar á los españoles
cómo en su puesto
sucumben
y luchan los mexicanos.
y de ese modo vengarse.
Enfurecida la plebe,

dióle oídos al instante,

y se lanzó á Granaditas

con un ímpetu salvaje.

La ciudad sobresaltada Penetró en el edificio, y blandiendo los puñales, doscientos y tantos fueron
La ciudad
sobresaltada
Penetró en el edificio,
y blandiendo los puñales,
doscientos y tantos fueron
víctimas de su barbarie.
Los asesinos traían
tintos los rostros en
por crímenes tan infames,
parece que
presentía
otra más negra catástrofe.
Sólo turbaba el silencio
de la noche, en ese instante,
sangre,
y completaban su obra
despojando á los cadáveres.
Terminada esa hecatombe
tan atroz, tan espantable,
el rodar de las cureñas
de cañones formidables,
el marchar de los soldados
por las solitarias calles.
la muchedumbre
salía
precipitada á las calles,
sobre los hombros llevando
III.
el
fruto de su pillaje
y
ensangrentados
aún
Al otro día, Calleja
en las manos, los puñales.
y Manuel Flón,
descendieron
Empero, tan cruel escena
que apenas puede narrarse,
pues no se comprende cómo
la maldad á tanto alcance,
pronto, muy pronto tendría
de las abruptas montañas,
una venganza
cobarde,
sirviéndole el salvajismo
más tremendo,
de remate.
cual dos chacales hambrientos.
No bastándoles aún
la sangre de tantos muertos,
ambos jefes ordenaron
que se tocara á degüello.
Fray José Belaunzarán
sale entonces de San Diego,

E n la misma noche supo

y empuñando un crucifijo,

Diego, E n la misma noche supo y empuñando un crucifijo, Calleja, el terrible lance; habla
Calleja, el terrible lance; habla á Flón con voz de trueno: apenas algún curioso —
Calleja, el terrible lance;
habla á Flón con voz de trueno:
apenas algún
curioso
— i Por Cristo crucificado,

por la ventana asomándose, mostraba el terror y el miedo pintados en el semblante.

señor, —dice, —contenéos! ese pueblo es inocente, no tiene culpa ese pueblo,

«á menos de su valor,

«que los entregaran

luego.»

En tanto, el mismo

Calleja

hizo cumplir el decreto,

aun armas de mero lujo

si así fuere, fugitivo vagaría por los cerros. Suspended la orden dada, por Cristo, señor, lo ruego,

á quien tendréis que dar cuenta en sus manos recibiendo. al finalizar los tiempos.- !
á quien tendréis que dar cuenta
en sus manos recibiendo.
al finalizar los tiempos.-
!
Y dicen que se apropió
Oyó el Conde estas palabras,
más que con ira, con miedo,
y, quedando confundido,
revocó el feroz decreto.
Entonces Flóti y Calleja,
en ese mismo momento,
llegaron hasta las Casas
Consistoriales, y dieron
un bando en que prevenían,
(tan sólo por. gracia al pueblo),
«que bajo pena de muerte
«se entregara el armamento,
«delatando á los adictos
«á todos los insurrectos:
espadines de gran mérito,
con empuñaduras de oro
y con piedras de alto precio;
habiendo quien asegure
que hubo de enviarlos á México
en pago de unas alhajas
que á la Virreina la hicieron. 1
IV.
«que el que saliera á la calle,
«sin tener permiso previo,
«multa, ó doscientos azotes
«sufriría sin remedio:
Aun quedaba reservado
para la severa historia,
consignar entre sus páginas
una escena más odiosa,
en la que verán sin duda
las generaciones
pósteras,

«qué el corrillo que formaran «tres personas, al momento, «á balazos quedaría «por los realistas disuelto:

«que los que hubieran comprado «de plata y oro los tejos,

i Dice Don Carlos María de Bustamante en su «Cuadro

Histórico,»
Histórico,»

T . I.,pág . 103: «N i au n los regidores, alcaldes y

demás empleados, pudieron escapar sus espadines: ya se ve, el caso era tomar las empuñaduras de oro, porque por lo demás, eran unos asadores; asi es que en México, la esposa de Calleja entregó una gran porción de alhajas de este metal, machacadas, al patrón Vera, montador de diamantes, á cambio de unas «pio- chas.»

porción de alhajas de este metal, machacadas, al patrón Vera, montador de diamantes, á cambio de
lo que costó á nuestra Patria comprendería al que una pasión instante su libertad redentora.
lo que costó á nuestra
Patria
comprendería al
que una pasión
instante
su libertad
redentora.
horrorosa
Desde al arribar
Calleja
á la Ciudad con sus tropas,
un pánico
indescriptible
reinaba en las gentes todas.
Multitud de prisioneros,
sin distinción de personas,
fueron encerrados luego
subyugaba aquél su espíritu
con ferocidad indómita.
Don Manuel Gómez Pedraza,
yendo al frente de su tropa,
penetró en el edificio
con sesenta ó más personas,
que por orden de Calleja,
en las trojes de la
Alhóndiga.
El Conde de la Cadena,
desde las primeras
horas
del veintiséis
instalóse
pusiéronse á su custodia,
para entregarlas al Conde
quien esperaba en la Alhóndiga.
El Conde mandó en el acto,
en aquella mansión
lóbrega.
con festinación
Era el Conde,
un
español,
de triste apariencia sórdida,
sexagenario,
iracundo,
pasmosa,
que recluyeran á todos
los presos, en las masmorras.
En seguida los sacaban
de faz obscura y rugosa;
á un pasillo, y sin demora,
d e ojos penetrantes,
fieros,
de mirada altiva y torva,
cubiertos por unas cejas
eran fusilados luego
tras confesión perentoria.
Gómez, Dávalos, Ordóñez,
largas, pobladas,
canosas.
y
Cruzaba los corredores
de la ensangrentada
Alhóndiga,
ocultando entrambas
manos
de
la casaca en las bolsas.
Y cualquiera que mirase
su marcha inquieta,
nerviosa,
el rostro ardiendo en
venganza,
convulso el odio en su boca,
otras notables personas,
fueron allí ejecutados
de una manera afrentosa.
L,as continuadas descargas
retumbaban en las bóvedas,
se amontonaban las víctimas -
una cayendo tras otra.
En tanto, el menguado Conde,
en medio de aquella atmósfera

de sangre humana impregnada

y del humo de la pólvora, dejaba ver en sus ojos,

fieros, de mirada torva, el más execrable triunfo

Sábelo el Conde y ordena

á

Pedraza, la recoja,

lo

que ejecuta al instante

saliendo con una escolta. Llega al punto designado por el preso, y sin demora, pónese á buscar la plata

de su venganza diabólica, cual si recrease el oído á cada descarga hórrida, como si
de su venganza
diabólica,
cual si recrease el oído
á cada descarga
hórrida,
como si fuera insensible,
como si fuera de roca.
encontrándola, y recógela;
pero al regresar, dos jóvenes
se le aproximan, y á solas,
le dicen que necesitan
hablar al Conde en persona.
Acompañan á Pedraza
al
interior de la
Alhóndiga,
A
poco tiempo de aquella
y
aquél,
dále presto al Conde
hecatombe aterradora,
trozos de sesos, de cráneos,
cuenta y razón de su obra.
Este, leyendo un papel
mirábanse en las baldosas.
Fué preciso descombrar
110 oí r e l part e denota ,
y despide al
subalterno
el pavimento,
á esa hora,

con una seña imperiosa. La presencia de los jóvenes Pedraza comunicóla; pero el Conde, sin alzar del papel, su vista torva, —«¡Que los fusilen!»—le dice con una calma que asombra; pero Pedraza, escuchando tal sentencia, le interroga, —¿A los jóvenes, señor? Entonces, con furia indómita,

para continuar tan sólo en la mortífera obra. Las palpitantes entrañas de las víctimas gloriosas,

se sacaban en bateas, causando impresiones hondas. —Oculta, le dice un preso al oficial de la tropa— está una porción de plata

hondas. —Oculta, le dice un preso al oficial de la tropa— está una porción de plata

dentro de una casa

próxima.

hondas. —Oculta, le dice un preso al oficial de la tropa— está una porción de plata

alzando el Conde los ojos,

clava en él su vista

—«¡Que los fusilen!»—replica

con voz estridente y

torva,

ronca.

Momentos después caían j £ l pachón . rodando por las baldosas, los cuerpos de
Momentos después
caían
j £ l
pachón .
rodando por las baldosas,
los cuerpos de los dos jóvenes,
víctimas propiciatorias
.
.
.
!
"(Romance
Ibístóúco.
*
E s fama
que en
Granaditas,
I.
monumento de la historia,
cuando en las noches, la luna
baña el patio de la
Alhóndiga,
cruza por un pasadizo,
con marcha inquieta, nerviosa,
ocultando entrambas manos
de la casaca en las bolsas,
del Conde de la Cadena

Era Encarnación Ortiz «El Pachón,» así llamado, un valeroso insurgente, un guerrillero serrano, quizá de los más gloriosos y de los más denodados que produjera esta tierra querida de Guanajuato, en cuyos fecundos senos héroes mil se amamantaron, vertiendo su noble sangre de la Patria en holocausto. Oriundo de San Felipe, era «El Pachón» de esos brav que primero dan la vida que rendírsele al contrario.

la espantable y fiera sombra, evocando los recuerdos de la hecatombe monstruosa, en la que verán sin duda, las generaciones pósteras,

monstruosa, en la que verán sin duda, las generaciones pósteras, Lo que costó á nuestra su

Lo que costó á nuestra

su libertad

redentora.

Patria

monstruosa, en la que verán sin duda, las generaciones pósteras, Lo que costó á nuestra su

Al frente de sus

dragones

Y sorprenden al Pachón

y á sus aguerridos bravos, sin armas, sin municiones,

hambrientos, de fuerza faltos,

jinete en brioso caballo, ora cruzando en la sierra vericuetos empinados, atravesando torrentes, descenciendo á los barrancos; , ora en escarpadas cimas, ora por montes y llanos, rendido por la fatiga, por el hambre y el cansancio; mas indomable, afanoso, fiero, audaz y temerario; astuto en las emboscadas, en los movimientos, rápido,

y, creyendo bien segura su presa, jamás pensaron, ser testigos de una escena que recordarla
y, creyendo bien segura
su presa, jamás pensaron,
ser testigos de una escena
que recordarla da pasmo.
Ortiz, al verse cogido,
monta en su brioso caballo,
y mientras que lo
persiguen
cerrándole todo paso,
llega al imponente borde
y con terrible pujanza
arrojándose al asalto,
vencedor en cien
combates

los realistas le miraron, luchar por la independencia de este suelo mexicano. Fué su centro favorito, «La Mesa de los Caballos,» do las tropas virreinales batirlo nunca lograron; pero, una vez, la fortuna fuéle adversa: los contrarios, la única entrada del monte que defendió tantos años, consiguen cruzar, y al punto, dan un golpe inesperado.

consiguen cruzar, y al punto, dan un golpe inesperado. de un hondísimo barranco, y más grande

de un hondísimo barranco, y más grande y más intrépido que un don Pedro de Al varado, alza á su corcel la rienda,

de un hondísimo barranco, y más grande y más intrépido que un don Pedro de Al

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y el noble bruto da un salto al fondo del precipicio. . . II. y
y
el noble bruto da un
salto
al
fondo del precipicio.
.
.
II.
y
brinca y va
rebotando,
Desde que vibró en Dolores
y
desciende y más desciende
por aquel plano
inclinado,
la voz augusta de Hidalgo,
que le dió sér á la Patria
entre los riscos y zarzas
y libertad al esclavo;
pedazos de piel dejando.
¡Imposible detenerse
.
.
.
!
á cada instante más raudo,
es como débil
arena
que arrastra torrente rápido,
como el curso del destino,
fatal, incoercible, trágico.
La contera de su lanza
«El Pachón" apoya á saltos
desde que en pos de sus huellas,
como un cortejo de astros,
en el azul anchuroso
del Anáhuac, irradiaron
las legendarias figuras
de los Morelos y Bravos;
i en cuántas sangrientas luchas
los insurgentes domaron
la siempre altiva
cerviz
en las rocas, porque "pueda
su ímpetu calmar un
tanto;
y llega al fin hasta el fondo,
sin hacerse el menor
daño,
cual si de una pieza fuesen
el jinete y el caballo.
Mientras, los otros
contemplan
desde arriba,
estupefactos,
al valiente
guerrillero,
al Pachón, que es de esos bravos,
que primero dan la vida
que rendírsele al contrario.
del fiero león hispano!
Pero también, ¡cuántos mártires,
cuánto esfuerzo, cuánto estrago,
cuántas lágrimas vertidas,
cuánto afrentoso cadalso!
Once años pasado habían
once larguísimos años
de aquel batallar constante,
de aquel empuje titánico;
y aun en su postrer reducto,
d e fuerz a y vigo r 110 escaso ,
el ejército realista
i

se conservaba

Bustamante, sobre México, parte veloz como el rayo

obstinado.

al frente de los heroicos dragones de Guanajuato cuyo jefe era «El Pachón,» el guerrillero
al frente de los heroicos
dragones de Guanajuato
cuyo jefe era «El
Pachón,»
el guerrillero
serrano;
cae por las balas realistas
con el pecho acribillado;
mas con la gloriosa frente
ceñida de frescos lauros.
y con astucia y con
brío,
Y cuando el jefe supiera
un movimiento da en falso
de «El Pachón,» tan noble rasgo,
y
repliega á los realistas
al
dar su preciosa
vida
al
pueblo de
Atzcapotzalco.
de
la Patria en
holocausto,
A
la entrada de la
plaza
manda á Endérica en el acto,
con una pieza de á ocho,
como postumos honores,
que perduran más que el mármol,
disparar á tiro rápido.
Y
en medio de la
tormenta
que se descarga en el campo,
mandó formar á las tropas
y dispuso en aquel acto,
que «revista de presente»
pasara el grande soldado.
y de los nutridos fuegos
con que contesta el contrario,
sucumben
los artilleros,
el cañón,
hecho pedazos,
sin cureñas y sin muías,
queda revuelto entre el fango.
«El Pachón,» entonces grita
á los suyos: — ¡Presto, vamos;
porque el cañón es primero
que nuestra vida! ¡A salvarlo!

Hacia el cañón se abalanza con los dragones serranos, y haciendo en aquel instante un esfuerzo temerario, cuando la pesada pieza pretende sacar «á lazo,»

dragones serranos, y haciendo en aquel instante un esfuerzo temerario, cuando la pesada pieza pretende sacar
dragones serranos, y haciendo en aquel instante un esfuerzo temerario, cuando la pesada pieza pretende sacar
161 Cocb e b e Do n fl&dcbor. {Tradición popular. Í. Es la noche muy
161 Cocb e b e Do n
fl&dcbor.
{Tradición
popular.
Í.
Es la noche muy obscura;
nubes pesadas y gruesas,
el alto cielo entoldando,
cual anchas cortinas negras,
el diáfano
resplandor
ocultan de las estrellas,
y á la ciudad que
dormita
envuelven con sus tinieblas.
De tenaz y fina lluvia,
que persistente gotea,

se ven los dorados hilos

lluvia, que persistente gotea, se ven los dorados hilos cruzar en oblicuas hebras, al través de
cruzar en oblicuas hebras, al través de los cristales
cruzar en oblicuas
hebras,
al través de los cristales

de una ventana que deja

á medio abrir,

de luz mortecina y

como un

cuadro

trémula.

Nadie que la vió se explica cómo alumbrar puede aquella luz que á deshora se
Nadie que la vió se explica
cómo alumbrar puede aquella
luz que á deshora se advierte
en la ventana
entreabierta,
y que alguien está velando
es que antes de dar las doce '
de la noche, al sitio llega
un elegante carruaje
que se detiene á la puerta .
de la entrada de la casa,
sin duda alguna
demuestra,
y nadie dicho
misterio
y que entonces, con cautela,
de la ventana se mira
descubrir tampoco
acierta.
que se cierran las maderas:
De mil diferentes modos
el
suceso se comenta,
y
trae en el vecindario
asustadas á las viejas,
y
á esa gente
timorata
y
supersticiosa,
de esa.
mientras que abajo, en la calle,
obscura, sola, desierta,
piafando están impacientes
dos frisones de piel negra,
que pegados al vehículo,
animosos gorbetean,
que del otro mundo,
dice,
y con los herrados
cascos
que vienen almas en pena:
lumbre sacan de las piedras.
pues que la dicha
ventana,
E
inmóvil,
como una
estatua,
que iluminada
se observa
el
auriga mudo
espera,
á deshora de la noche,
pertenece á una
vivienda
muy antigua,
abandonada,
y que tiene á piedra y mezcla,
v sin inquilino
alguno,
cerradas todas sus puertas.
Quién de un crimen, que se fragua
oculto en las sombras, piensa:
quién asegura que allí
se hace «cachuca»
moneda:
sosteniendo fuertemente
las bridas que los sujetan.
No bien se oye de las doce
la campanada primera,
cuando gira en el cerrojo
de aquella casa en la puerta,
pesada llave, y al punto,
larga, aguda, lastimera,
como el eco pavoroso
de horrible y profunda queja,

pero lo más raro aún que del «espanto» se cuenta.

rechina en su duro gozne una hoja de la puerta;

sale de ahí un

violento, tras sí la cierra, y en el lujoso carruaje

embozado

El tal vehículo alcanza vertiginosa carrera,

y dejando en el trayecto como una infernal estela,

con festinación penetra. El auriga con la fusta recio azote al tiro pega, y, veloz
con festinación
penetra.
El auriga con la fusta
recio azote al tiro
pega,
y, veloz como el relámpago,
parte el coche con
presteza,
ante la absorta mirada,
desaparece y se aleja,
volviendo á quedar la calle,
obscura, sola, desierta
El «espanto» da motivo
rebotando por las calles,
á innumerables consejas;
y con tal ruido, que altera
de los vecinos el sueño,
y sorprendidos despiertan;
acuden á los
balcones,
las devotas, á sus santos
favoritos se encomiendan,
cuélganse al pecho reliquias,
encienden benditas velas,
á las ventanas y
puertas,
y el misterioso suceso
y miran que á todo escape
por las calles atraviesa,
de mil modos se comenta,
y
las niñas se desmayan
un
coche que tira un
tronco
y
se atolondran las viejas,
de
frisones de piel
negra,
y
para calmar los ánimos,
que van arrojando chispas
por ojos, fauces y orejas,
y
para ahuyentar las penas,
se hace entrar en «ejercicios»
y
que un acre olor de azufre
á varones 3' á doncellas;
á
su raudo paso dejan.
á los padres de familia
Y
miran dentro del coche,
entre una fosforescencia,
embozado personaje,
se les exhorta y apremia
que vayan al tribunal
que recatándose,
muestra
bajo el ala del
sombrero,
dos pupilas, rojas, fieras,
santo de la penitencia;
pues el que en gracia de Dios
suele estar, según se reza,
los demonios de su cuerpo
que con brillo inusitado
y de su espíritu ahuyenta.
y dando terror,
llamean.

II.

Refieren las tradiciones, que en una lejana época, (sin que fuere necesario citar el año y la fecha),

y con fuertes capitales,

en León, una gran tienda.

Al morir, uno de aquéllos, dejando fortuna inmensa,

y teniendo á don Melchor como un hombre de conciencia, en la susodicha casa de
y teniendo á don Melchor
como un hombre de conciencia,
en la susodicha casa
de que trato en mi leyenda,
habitó por muchos años
un tal don Melchor, que era
acaudalado minero,
hombre ya de edad provecta,
que por los muchos negocios
que manejaba, se cuenta,
era persona de alta
posición y de influencia;
pues no sólo en Guanajuato,
ciudad rica y opulenta,
en la Metrópoli misma,
al
hacer su
testamento
lo
nombró como albacea;
y
dispuso que á la clase
menesterosa, se dieran,
todos los cuantiosos bienes
de que constaba su
herencia.
El ejecutor,
celoso
del cargo que se le hiciera,
á
los pobres repartía
el
dinero, á manos llenas;
y
por eso á todas horas,
de don Melchor la vivienda,
y otras varias
intendencias,
gozaba de nombre y fama
por lo pingüe de su hacienda.
En los múltiples asuntos
henchida de pordioseros
los curiosos la contemplan.
Pronto, entre el vulgo, esparciéronse
las más absurdas consejas,
y
no faltó quien
dijese
y gestiones financieras que era infiel el albacea, en que intervino, mostraba pues repartido no
y gestiones
financieras
que era infiel el albacea,
en que intervino, mostraba
pues repartido no había
honradez á toda prueba;
ni la
mitad de la
herencia.
y mantuvo
relaciones
Y
que como se agolparan
mercantiles, muy estrechas,
con dos españoles ricos
que giraban por su cuenta,
de
don Melchor á las puertas,
innumerables mendigos,
pidiendo con insistencia,

que del cuantioso legado

su justa parte les dieran,

para ahuyentarlos, refieren

las populares consejas,

mas, por otra parte, vénse

todos los semblantes mustios,

á la vacilante lumbre

de las ceras, que en profuso, por la ancha nave esparcidas, lanzan sus destellos lúcidos, bordando una red de oro en los vitrales y muros. Dos bronces del campanario doblan con toques agudos

que don Melchor ordenaba, que del balcón les vertieran jarras con agua caliente, y de
que don Melchor
ordenaba,
que del balcón les vertieran
jarras con agua
caliente,
y de su opípara
mesa
que se tirasen los restos
con la. mayor
diligencia,
á fin de qu e ni un
mendrug o
percibiese la miseria.
y plañideros, llamando
al oficio de difuntos
en honra de don Melchor
que ha partido de este mundo.
Llega el oficiante al ara,
III.
En el templo parroquial
hay escogido concurso
de caballeros y damas
que visten severo luto.
De los altares y bóvedas,
de las columnas y muros,
y poseído de mucho
recogimiento, al hacer
su oblación por el difunto
quédase suspenso, tiembla
siente en la garganta un nudo,
y levantando las manos

al cielo, exangüe, convulso, aquestas palabras 03'e, que con acento profundo, parecen salir del antro misterioso de un sepulcro:

penden negros atavíos, y en el centro, vése un túmulo que gradualmente se eleva

sobre pedestal seguro,
sobre pedestal
seguro,

circundado de blandones

con gruesos cirios.

es la nota que domina el imponente conjunto;

El lujo

—«Es en vano que roguéis por mi alma, si no purgo con el eterno tormento, los males que hice en el mundo.

El lujo —«Es en vano que roguéis por mi alma, si no purgo con el eterno
Cualquiera prez fuera inútil, cualquiera tormento, nulo, de la casa donde antaño habitaba don Melchor,
Cualquiera prez fuera inútil,
cualquiera tormento, nulo,
de la casa donde antaño
habitaba don Melchor,
y
en prueba de que en ardientes
y
terribles llamas sufro
por mis pecados, y
nunca
en su fuego me consumo,
tendedme la mano, oh padre.
y el clérigo siente al punto
cual si le hubiesen vertido
algún líquido sulfúreo
que le quemara la diestra;
pero advierte con gran susto
que de tan terrible llaga
no conserva rastro alguno.
Tan inaudito suceso
grande confusión produjo,
y la gente comentaba
qu e obtene r perdó n 110 pudo ,
el que cumplir como bueno
e n est a vid a 110 supo .
.
1111 elegante carruaje
que iba tirado por dos
negros frisones, que echando
chispas de rojo fulgor
por las fauces y los ojos,
cruzaba la población
conduciendo un alma en pena,
y la gente
dió y tomó,
que era el famoso vehículo
El Coche de Don Melchor.
§
IV.
De entonces acá refiere una vieja tradición:
De entonces acá refiere
una vieja
tradición:

que en punto de dar las doce

de la noche

en el reloj

de la Parroquia,

partir rápido y veloz,

mirábase

ill tlM Í III 13 f ill • ! 11 iff Hi. •• 1 [>»
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Río de Ltrma . albin o (Barcia. IRomaitce Ibiatórfco. A mi respetable y buen amigo
Río de
Ltrma .
albin o
(Barcia.
IRomaitce Ibiatórfco.
A
mi respetable y buen amigo
el
Sr. Lic. D. Indalecio Ojcda.
I.
A orillas del ancho
cauce,
do en apariencia
tranquilo
corre el caudaloso
Lernia
do en apariencia tranquilo corre el caudaloso Lernia entre robustos sabinos; poblada de hermosos huertos de

entre robustos sabinos; poblada de hermosos huertos de limeros exquisitos, emergiendo de las frondas de saucedales floridos,

porque á su valor ingénito, se alza, por decirlo así, en el centro del Bajío,
porque á su valor
ingénito,
se alza, por decirlo así,
en el centro del Bajío,
(extensa y fértil llanura
cuyo suelo es feracísimo),
una ciudad que era antaño,
conjunto de pueblecillos
indígenas, que entregados
de las tierras al cultivo,
lograron fundar la Villa
de Salamanca, por título
su sagacidad y brío,
adunaba una estrategia
«sui gèneris» al batirlos,
burlando la disciplina
de los jefes más peritos.
La «reata,» dicen que era,
del Virrey Gaspar de
Zúñiga,
ha muy cerca de tres siglos.
de sus medios ofensivos
el más terrible, pues que,
al frente del enemigo,
destacaba dos jinetes,
que caminaban unidos,
los extremos de una reata
En
uno de los hogares
llevando en las sillas fijos.
de aquel pintoresco sitio,
arrullada por las brisas
Y abriéndose raudamente,
y los murmurios del río,
mecióse la humilde
del gran guerrillero
cuna
Albino,
valiente entre los valientes,
jefe osado y activísimo,
que cuando estalló la guerra
de
Independencia, solícito,
en
torno suyo reunió
un puñado de aguerridos,
que como él, en el manejo
del caballo, eran muy
listos.
Y llegó el «manco»
García,
(como llamaban á
Albino),
á ser de los españoles
cuando se hallaban á tiro,
con la cuerda bien tendida,
veloces cual torbellino,
derribaban del contrario
las filas, siendo seguidos,
por otros y otros jinetes,
que con ímpetu bravio,
sembraban en los realistas
el pavor y el exterminio.
Ya el nombre del guerrillero,
del bravo insurgente Albino,
era célebre por todo
el anchuroso Bajío.
Cuan presto lo derrotaban
en un punto, en otro sitio,
con justa razón
temido;

presentábase al instante con fuerza mayor y brío, siempre audaz, siempre temible,

en un batallar continuo,

ordenóle á García Conde

que sin demora

cuantos esfuerzos pudiera

con el fin de exterminarle.

emplease

A Iturbide y á Negrete, desbaratadas sus tropas; el Brigadier, al instante, pero jamás sorprendido.
A
Iturbide y á Negrete,
desbaratadas sus tropas;
el
Brigadier, al instante,
pero jamás sorprendido.
mandó que lo persiguieran
Y así que se le hostigaba
hasta no lograr su alcance;
sin dejarle ni un
respiro,
y en tanto que los dos jefes
hacia el Valle de Santiago,
su baluarte favorito,
íbase rompiendo bordos
de los vallados, que
henchidos
luchaban por encontrarle,
Albino, enfermo, en camilla,
sobre el campo de combate,
por excusadas veredas
con las aguas
destinadas
y bosques impenetrables,
para el riego de los trigos,
desbordábanse en los campos
inundando los caminos,
é interceptaban el paso
con sagacidad burlaba
de García Conde los planes:
al
ejército enemigo.
porque sin ilustración,
hombre rudo é ignorante,
sus naturales talentos
Y
mientras,
cobraba aliento
fuera de todo peligro,
para volver á la carga
más vigoroso y activo.
en la milicia, eran grandes,
y era capaz de batirse
con expertos generales.
Pero una noche, Iturbide,
camina con rumbo al Valle,
en donde se hallaba Albino
sin esperar un ataque;
encuentra en profundo sueño
Cansado el Virrey
Venegas
á los insurgentes, y hace

de saber que en tanto lance el famoso guerrillero saliera siempre triunfante,

que más de ciento cincuenta, con inaudita barbarie.

en el acto se fusilen

después de un bravo combate;

Albino,

mas con exclusión de

de Capitán General, y, fingido todo eso,

demuestra que el regocijo

es infamante y burlesco. de quien logra apoderarse, y á García Conde lo lleva, como
es infamante y burlesco.
de quien logra
apoderarse,
y á García Conde lo lleva,
como una prueba palpable,
de que en la reñida lucha
él ha salido triunfante.
Mas no parte de la masa
noble y sensata del pueblo,
que aclamó Generalísimo
III.
á Hidalgo, frente á su ejército.
No, viene de García Conde,
que olvidado de su puesto,
de su honor y su decoro
de soldado y caballero,
fraguó el odioso padrón
En las calles de Celaya
nótase gran movimiento,
cual si á celebrarse fuera
un triunfo, pero siniestro.
Las salvas de artillería
despiertan vibrantes ecos,
de ignominia, el más sangriento,
para recibir tan sólo
á un valiente
!
Por entre la muchedumbre
que absorta y muda contémplalo,
se mira cruzar á un hombre,
y las alegres
campanas
y todos claman: ¡El reo!
repican á todo vuelo.
Están las tropas realistas
formando valla; á lo lejos,
de los clarines y parches
se escuchan los sones bélicos
que baten marcha de honor
con grave y marcial
acento.
Por todas partes se miran
grupos de gente del
pueblo,
Es Albino, que cargado
de cadenas, bajo el peso
de su desgracia, al patíbulo
camina firme, resuelto.
No .saciado García Conde
con su mofa, no contento,
tiene la infelicidad
de insultar al prisionero,
quien con altivez y digno,
porque se prepara
grande,
al ver que insultan á un
muerto,
solemne recibimiento

lanza á Conde una

de lástima y de desprecio.

sonrisa

al Virreinato infundióle,

por libertar á la Patria dándole su sangre noble

y demostrando á la historia

IV. con el brillo de sus dotes, Y cae el ocho de junio cómo sucumben
IV.
con el brillo de sus dotes,
Y cae el ocho de junio
cómo sucumben los héroes
con la firmeza del bronce.
de mil ochocientos doce,
destrozado por las balas
del infame García
Conde,
el guerrillero insurgente
Albino, terror y
azote,
en el inmenso Bajío,
de
los jefes españoles.
Y
mutilan el cadáver,
según los usos feroces,
de aquellos tiempos de lucha,
¥
de venganzas y de horrores.
Separada la cabeza
de Albino, el cruel García Conde,
de Celaya en una
calle'
ordena que se coloque;
una mano en Irapuato
para escarmiento se pone,
y en Guanajuato la otra
queda clavada en un
poste
de San
.
Tal era el pavor que el nombre
Miguel
eu
el cerro.
.
.
!
del gran Albino
García
i
La üe San Juan de
Dios.

-

I" T

>

Xa Ipla3itela be los Carcamanes. 3Lcgen&a histórica. Don Domingo Montero de Espinosa, Prepósito que fué
Xa Ipla3itela
be los Carcamanes.
3Lcgen&a histórica.
Don Domingo Montero de Espinosa,
Prepósito que fué del gran convento
De San Felipe Neri,' la espantosa
Historia refirió que á mi vez cuento.
*
Y aunque después que la narró se lia escrito
Tal crónica, sin muchos pormenores,
Yo, como la he sabido, la trasmito
Para que 110 la olviden mis lectores.
*
Ha y
110 lejo s de l centr o un a
Plazuela ,
De San José á la iglesia, algo
contigua,

Donde existe una casa que

Ser por su arquitectura,

revela

muy

antigua.

1

Hoy templo d e la

Compañía.

*

En el siglo pasado allí vivieron Por el año de tres, dos alemanes Que eran
En el siglo pasado allí vivieron
Por el año de tres, dos alemanes
Que eran socios, y á quienes les pusieron
Por apodo vulgar «Los Carcamanes.»
Como en lances de amor, frecuentemente,
El dar un paso mal, vale lo mismo
Que resbalar por rápida pendiente
Sin remedio, hasta el fondo de un abismo,
*
*
Pues como Karkman era el apellido
D e un o d e
dicho s socios , 110 o s asombr e
Que el extraño vocablo,
convertido
Arturo, haciendo de su dicha alarde,
Cuando sintió de su razón el peso,
Quiso retroceder; pero era tarde,
Porque en aquella red estaba preso.
Fuese,
por corruptela, en
sobrenombre.
*
*
Preso sí, que la pérfida de
Luisa,
Arturo
(así el más joven se llamaba),
(Tal era el nombre de la hermosa
ingrata),
El vuelo audaz de su pasión
inclina
Le infiltró con la miel de su sonrisa
A
una hermosa morena á la que amaba
Ese veneno del placer que
mata.
Y
era del barrio aquel, guapa
vecina.
*
¡Pobre!
Ignoraba Arturo,
desgraciado,
Tan seductora fué, que sólo al verla,
Prendaba corazones á millares;
Mas, ¡ay! que aquella perla, era una
Que al par que
Luisa en él, amor
enciende,
A Nicolás,
el socio de su amado,
perla,
Caricias mil, impúdica, le vende.
Asaz perdida en procelosos
mares.
*
Y en tanto de ilusiones se coronan
Sugestiva, hechicera, tentadora,
En una noche, entre amorosos lazos,
A Arturo le tendió la red traidora
De sus impuros y nefandos brazos.
Y en áscua ardiente su pasión inflaman,
A Arturo doblemente le traicionan,
Porque su honor y su amistad
infaman.

*

Pero un día, al salir de su aposento, Arturo, junto al quicio de la puerta,
Pero un
día,
al salir
de su
aposento,
Arturo, junto al quicio de la puerta,
E s Don Arturo, que fingiendo un viaje,
Sale de casa, y sin hacer reproche
Tirada ve que está en el
pavimento
A Nicolás, por su tremendo
ultraje,
Y quizá por descuido, una
cubierta.
Se aleja entre las sombras de la noche.
*
Rompe el nema, y el pliego que contiene
Curioso lee; de súbito lo estruja;
Un grito va á exhalar; mas se contiene;
Por los roedores celos instigado,
Contra el amigo que la paz le roba,
A su mansión regresa, y con cuidado,
La cólera en su rostro se dibuja.
Ocúltase en el fondo de su alcoba.
*
*
Y mientras más lo mira y lo repasa,
Ya llega el alba con tranquilo
paso;
Más con febril agitación se irrita,
Puesto que allí, dentro su misma
casa,
En la morada lóbrega y sombría,
Penetra apenas el fulgor escaso
La perjura, el traidor, se han dado cita*
De la dudosa claridad del
día.
*
Al sentir de los celos el horrible
Y cuando Luisa marcha hacia la calle,
Y punzante aguijón, loco se lanza
Arturo, al verla, asáltala
violento,
Sin rumbo ni concierto; mas terrible
Y
á señas, intimándole que calle,
Combina todo un plan de atroz
venganza.
La captura y la encierra en su
aposento.
*
*

Bajo un cielo de junio,

Que del bello Escorpión oculta el brillo,

Cruza por la Plazuela un

encapotado,

embozado

A la indecisa luz de un farolillo.

Vacilante, colérico, espantoso,

Se

agita un huracán dentro de su alma,

Y

cual tigre que acecha

cauteloso,

Va á donde duerme Nicolás en calma.

*

Así Arturo,

*

sintiendo que le oprimen

Y certero sobre él, la arma homicida Descarga al punto con feroz despecho. De cruel
Y certero sobre él, la arma
homicida
Descarga al punto con feroz despecho.
De cruel remordimiento los excesos,
Ante la enormidad del doble crimen,
¡No despierta aquél
.! porqu e sin vida,
Se levanta la tapa de los sesos.
Y en sangre tinto, queda sobre el lecho.
*
*
Después, torvo el mirar, agrio el semblante,
Sale Arturo de allí, ciego,
convulso,
Requiere con furor daga punzante
Que airado empuña con nervioso pulso.
Del suicida fué ti l la desventura,
Que conforme á los cánones y al uso,
En sagrado, negarle sepultura,
La justicia eclesiástica dispuso.
*
Encuentra á Luisa, trémula,
angustiada,
Que lívida de horror, puesta de hinojos,
Perdón implora en lágrimas bañada,
Firme, como avanzado centinela,
Evocando el recuerdo de aquel drama,
Aun mírase la casa en la Plazuela
Que de v.Los Carcamanes» se le llama.
Y casi exhaustos de llorar sus ojos.
*
No oye Arturo sus ruegos ni sus
preces,
Ni á contenerlo la infeliz acierta;
*

Porque le hunde la daga tantas veces,

Cuantas bastaron á dejarla muerta.

la daga tantas veces, Cuantas bastaron á dejarla muerta. * Y como en brega formidable y
*
*

Y como en brega formidable y ruda,

Allá en la espesa lobreguez del monte. El boa constrictor fiero se anuda

Y ahoga entre sus garras al biscnte,

W v"V^~V~V~V"V~V~'vv V~V VV V V"V~V~\' v V V" I I ! I I I
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II
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Xas
Iborcas
be
Calleja.
"Romance
fbístórico.
I.
Airado, fiero, imponente ,
presá de indómita ira,
está el Brigadier Calleja
en su morada sombría.
De un extremo al otro extremo
cruza con marcha intranquila,
y en la actitud
y
en
el
gesto
que en su semblante se mira,
en los bruscos ademanes
con que sin cesar se agita,
alborotado el cabello,

con la faz descolorida,

Plazuela de "Lo s Carcamanes.' y siniestramente torva la mirada en las pupilas, denota que
Plazuela de "Lo s
Carcamanes.'
y siniestramente torva
la mirada en las pupilas,
denota que á su alma innoble
odio terrible domina,
y que su cerebro
asaltan

espesas sombras fatídicas;

las pupilas, denota que á su alma innoble odio terrible domina, y que su cerebro asaltan
porque á fuego y sangre quiere que Guanajuato sea víctima de la feroz hecatombe consumada
porque á fuego y sangre quiere
que Guanajuato sea víctima
de la feroz hecatombe
consumada en Granaditas.
En ancho sitial de cuero,
frente á una mesa maciza