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cruzadas
las
de
Historia

Michaud
M.
Michaud,
François
Joseph
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HISTORIA

DE LAS CRUZADAS.
Al*
FA

HISTORIA /

LAS CRUZAD A

ESCRITA

POR M. MICHAUD

■ocio de la Aci

TRADUCIDA DE LA SÉPTIMA EDICION

POR

O. AMADO LARROSA.

MADRID BARCELONA

LIBRERÍA ESPAÑOLA LIBRERÍA ESPAÑOLA

CALLE RELATORES, N. 14. CALLE ANCHA, N. 2G.


1855.
Barcelona
Imprenia de LUIS TASSO,
calle de Guardia,
n.o K.
ADVERTENCIA PRELIMINAR.

Cuando Mr. Michaud regresó de' Oriente en 1 838 , impelido por el ferviente deseo que le animaba
de enriquecer la Historia de las Cruzadas con sus descubrimientos y observaciones de viajero, mo
dificó notablemente su obra , y al publicar la quinta edicion adornada con unas mejoras tan considerables,
luvo cuidado do anunciarlas en un prólogo que vamos á reproducir á nuestros lectores.
« Nada he añadido a los hechos ni á los acontecimientos ruidosos de las cruzadas , pues mi relacion era
producto de un asiduo estudio de todas las crónicas y documentos históricos , y el que desee formarse
una idea de tan prolijas tareas , puede leer la Biblioteca de las Cruzadas, donde hallará reunido todo
cuanto ha podido arrancarse de la noche del olvido ó han conservado los testimonios contemporáneos. Nada
he añadido á lo que tengo dicho sobre el origen , el carácter y los resultados de la guerra de la Cruz, y si
el siglo diez y ocho vertió opiniones diversas y contradictorias acerca las grandes guerras de la edad
media , que no eran bastante conocidas ó yacian envueltas en las tinieblas de una filosofia ignorante;
ilustrados en el dia por estudios mas sinceros y por la esperiencia do las grandes revoluciones , todos
los historiadores y politicos tienen formado un parecer unánime sobre las cruzadas y sobre las consecuen
cias que produjeron. He juzgado las guerras santas como los hombres mas ponsadores de mi época , y no
tengo intencion de modificar ni cambiar ninguno de mis juicios.
» Mi trabajo era no obstante incompleto ; pues es forzoso no olvidar quo las cruzadas fueron una
peregrinacion armada , que el Occidente se arrancó de sus cimientos , como tantas veces se ha repetido,
para lanzarse sobre el Asia , que se alzaron para marchar á libertar á Jerusalen innumerables ejércitos,
y que su itinerario forma con frecuencia una parto importante de su historia. Casi eran desconocidas haco
veinte y cinco años las regiones recorridas por los cruzados ; olvidando la ciencia las huellas de la edad
media, solo se ocupó en rastrear escrupulosamente las de la antigüedad; sabiamos cuál era el camino quo
siguieran los Diez mil , y los sitios que habian ilustrado las victorias de Alejandro ; pero cuando el cristiano
queria penetrar en el Asia Menor , tumba de un millon de cruzados , y en esas comarcas donde los
peregrinos se estrellaron contra tantas dificultades y miserias y trabaron tantos combates que les conquis
taron inaccesibles lauros , no tenia mas guias que nuestros antiguos cronistas , los cuales no describen casi
nunca los sitios ó dan de ellos una idea muy oscura.
» Inútil será que descienda á prolijos pormenores para manifestar lo que en mi obra quedaba defectuoso
ú oscuro, y las noticias que faltaban para completar la historia do esos grandes movimientos de los pueblos,
de esos sucesos gigantescos que comenzaban en Europa é iban á terminarse en Oriente. No me habian
escaseado las noticias positivas sobre todo lo acaocido en Occidente , pero al mencionar los hechos que
1
2 ADVERTENCIA PRELIMINAR.
presenciaron aquellos paises desconocidos, solo podia adelantar mi paso entre las sombras , y al buscar
con anhelo la verdad , solo hallaba dudas y confusion. Muchos años de inquietud he pasado contemplando
inmóvil este gran vacio de mi obra , y no se tranquilizó mi conciencia de escritor hasta que pude seguir
hasta el Oriente á los peregrinos de la cruz. He visitado todos los paises que recorrieron los cruzados y he
conocido con dolor las lagunas que saltó al componer mi obra : una luz vivisima ha aclarado lodo lo que
me parecia dudoso y oscuro en las crónicas, casi soy ahora testigo ocular de los sucesos , y me han parecido
mucho mas fáciles de describir los sitios y las batallas. He apreciado mejor el heroismo de los cruzados, y
inc he esplicado con mas facilidad sus peligros , sus desgracias y sus derrotas. No debo olvidarme de advertir
que se hallan aun en los paises que he visitado , los mismos pueblos, las mismas costumbres ó idiomas
que en los siglos de las cruzadas , circunstancia que me ha servido felizmente para juzgar con mas
precision y verdad, no tan solo las guerras de los cruzados, sino tambien las colonias que fundaron en Asia.
» Terminaré diciendo que mi digno compañero de viaje M. Poujoulat me ha ayudado con talento en la
revision de mi trabajo. Este sabio amigo habia estudiado conmigo las crónicas de la edad media , y en
mustra lejana correria ha visto sitios y pueblos que no he podido visitar. Reunidos posteriormente para
aclarar las verdades históricas, hemos hecho comunes nuestros esfuerzos y luces para rectificar, desarrollar
y completar los relatos de la historia.
» Los cambios y mejoras de los dos primeros lomos de la Historia de las Cruzadas consisten en una
nueva relacion de las peregrinaciones , en especial de la marcha de Godofredo por el Asia Menor que está
trazada con mas prolijidad y verdad , citando en esta parte la batalla de Dorilca que es un trozo ente
ramente nuevo; en la descripcion completa y exacta de los cercos de Antioquia y de la batalla de
Ascalon , y finalmente, cr%una esplicacion mas perfecta ó ilustrada de la desastrosa espedicion de 4401,
á la que siguió el sitio y la toma de .lerusalen , y que en las ediciones anteriores quedaba sumida en una
vaga oscuridad y desprovista de noticias geográficas sobre el Asia Menor. La mas importante mejora
-lei tomo segundo es la que ataño á la historia del reino de Jerusalen. No habia mostrado este lejano
imperio, fundado por las armas cristianas , bajo todos sus aspectos y con toda la variedad de su destino , y el
conocimiento de los sitios y una lectura mas profunda do las crónicas, me han favorecido y coadyuvado para
dar mas interós á esta parto de mi obra. Citaró entre los relatos que han esperiincntado cambios oportunos
v útiles , la cruzada de Luis VII y del emperador Conrado y la espedicion del emperador Federico I. u
Mr. Michaud anadia en una advertencia puesta al frente del tomo III , que tambien habia mejorado
notablemente el tercero y cuarto volumen de su Historia , que habia retocado y renovado casi enteramente
la |wrte de su relato en que cuenta la marcha de los cruzados hácia Constantinopla y la conquista de la
capital del imperio griego , y que despues de haber recorrido sobre el terreno el cerco y toma de la ciudad,
estaba en el caso de dar á su historia mas precision y exactitud. Mr. Michaud anadia por último que habia
revisado con el mayor esmero el sitio de Uamieta por Juan de Briena , la desastrosa guerra de San Luis en
Egipto y todas las batallas trabadas en el Nilo desde Damieta hasta Mansurah , y que habia hecho una
descripcion fiel del teatro de estos grandes sucesos.
Pero la obra de Mr. Michaud estaba muy lejos de satisfacer su conciencia de historiador tal como la daba
á luz entonces , val volver á hojear su libro , creyó que podia recibir aun nuevas mejoras. Decidió pues
rectificar las inexactitudes locales , completar los importantes relatos , aclarar puntos que permanecian
miro tinieblas , y caracterizar de un modo mas perfecto la marcha de los acontecimientos ; pero la
muerte sorprendió al admirable historiador cuando mas empeñado estaba en tan suprema tarea.
Su amigo y colaborador Mr. Poujoulat, el confidente desus proyectos, se encargó de escoger y
clasificar los numerosos materiales que le legó el ilustre difunto, y armado de tan precioso depósito,
llevó á cabo un estenso trabajo de revision que abarcaba el conjunto y los pormenores de la obra.
Entonces salió á luz la sesta edicion.
Quedaban , empero , algunos vacios , y dando oidos á las reclamaciones de la ciencia , los editores
encargaron á una ilustre pluma tres memorias sobre las colonias de los franceses en la Italia meri
dional , en la Acaya ó Morea y en la isla de Chipre , que publicaron al fin del libro bajo la forma de
Apéndice en la séptima edicion. El autor de estas memorias es el traductor de la gran crónica de
Mathieu de Paris , cuya traduccion cita con elogio Mr. Michaud repetidas veces en su historia.
HISTORIA

DE LAS

CRUZADAS

POR MICHAUD Y POUJOULAT.

LIBRO PRIMERO.

ORIGEN Y PROGRESOS DEL ESPÍRITU DE LAS CRUZADAS.


300—1093.

Ruinas de Jerusalen.—Constantino reedifica el templo.—Primeras peregrinaciones.—Cosmes II se apodera de Jerusalen —


Triunfo de Heraclio.—Exaltacion de la sarita Cruz.—San Antonino.—Mahoma.—Conquistas de sus sucesores. — El califa
Ornar. —Aaroun-al-Raschid.—Espiacion de Frotmond.—Niceforo-Focas se apodera de Antioquta —Conquistas de Limisces.
—Jerusalen vuelve a caer bajo el dominio de los fatimitas.—El califa Hakem.—Nueva destruccion del templo.—Muerte de
Hakem. —Peregrinaciones del conde de Anjou , de Roberto de Normandia y del obispo de Cambray.—Desgracias de lus
cristianos.—redro el Ermitaño en Jerusalen.—Sus predicaciones.—Urbano convoca los concilios de Plasencia y de Clcr-
mont.—Se resuelve la guerra santa.—Parten los primeros cruzados.

Se habian ya cumplido las santas profecias... no quedaba en Jerusalen piedra sobre piedra ; pero en el
desierto recinto de la ciudad santa se adoraba aun una tumba abierta en la roca, tumba do un Dios salvador
que quedara vacia por el milagro de la resurreccion. Aun alzaba su cerviz la montaña empapada en la
sangre del Cristo, donde se consumó el misterio de la redencion, y naturalmente debian ser para los cris
tianos objetos principales de su veneracion y de su amor el sepulcro de Jesus y el Calvario , v for
zosamente debia ser la Judea á sus ojos la tierra mas sania del universo. Los fieles acudian fervorosamente
á estos sitios venerandos desde los primeros siglos de la Iglesia, impelidos por el santo afande adorar las
huellas del Salvador. Los falsos dioses entraron con el emperador Elio-Adriano en la ciudad donde ha-bia
sido derrocado su poder, Júpiter tomó posesion del Gólgota, y Venus y Adonis fueron adorados en Belen; pero
bien pronto debia desaparecer el reinado profanador de una mitologia espirante. La piedad de Constantino
lanzó estas imágenes que entristecian á los cristianos; la ciudad sagrada , destruida y reedificada po,-
Elio—Adriano con el nombre de ¿El\a Capilolina, recobró su primitivo nombre de Jerusalen ' \ ); alzóse un
templo que albergaba la tumba del Redentor y algunos de los principales lugares de la Pasion; Cons
tantino celebró el aniversario del año treinta y uno de su reinado con la inauguracion de esta ielesia, a
millares de cristianos acudieron á esta solemne ceremonia, en la que el sabio obispo Eusebio pronunció
un discurso que rebosaba en la gloria de Dios (2).
t 1 ) Correspondencia de Oriente, t. V.—( i ) La iglesia del Santo Sepulcro se termino en 333. Se llamo tambien Martirio cUi Salvador
y Gran Martirio de Jerusalen.
4 HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
Sania Elena, cuyo nombre ha quedado como una de las tradiciones cristianas dela Palestina , é hizo la
peregrinacion a Jerusalen en una edad muy avanzada, mandó que en su presencia se abriese profundamente
el terreno y se escudriñasen las grutas que rodean el Gólgota para descubrir la verdadera cruz (4 ); y
cuando se encontró el sagrado leño , so depositó en la nueva basilica como el signo precioso de la
salvacion de los hombres. Erigiéronse iglesias y capillas fundadas por el celo de santa Elena en
Jerusalen , Belen , Nazaret , el Tabor y el Carmelo , en las márgenes del Jordan y del lago de
Genezaret y en la mayor parto de los lugares marcados con las huellas del Salvador. ¿Quién duda que
reanimarian y acrecentarian el afan de las peregrinaciones á Palestina, la cuna del cristianismo, real
zada a la voz de Constantino que se habia convertido al cristianismo, y el piadoso ejemplo de una prin
cesa, madre de un emperador poderoso ?
Cuando el emperador Juliano intentó reedificar el templo de los judios para desvirtuar la autoridad
do las profecias , se contaron los prodigios con los cuales habia Dios desbaratado sus designios ; y
siendo desdo entonces Jerusalen mas grande á los ojos de los discipulos de Cristo, veia acudir todos los
años numerosos fieles que adoraban en ella la divinidad del Evangelio. La historia es solicita en distinguir
privilegiadamente entre los nombres de los peregrinos de aquellos remotos siglos los de san Porfiro y san
Jerónimo. El primero abandonó á su patria Tesalónica á los veinte años de edad , pasó muchos años en las
soledades de la Tebaida y partió á Palestina, donde despues de haberse condenado á la vida mas humilde y
austera, llegó á ser obispo de Gaza; el segundo partió do Italia acompañado de su amigo Eusebio de Cremona ,
recorrió el Egipto, visitó varias veces a Jerusalen y decidió acabar sus dias en Belen. Paula y su hija
Eustaquia, de la ilustro familia de losGracos, y enlazadas por una santa amistad con san Jerónimo, renun
ciaron á Roma, a los deleites de la vida y á las grandezas humanas para abrazar la pobreza de Jesucristo y
vivir y morir al lado del Santo Sepulcro (2). San Jerónimo nos dice que los peregrinos llegaban entonces á
miles á la Judea , y que se oian celebrar en torno de la sagrada tumba alabanzas al Hijo de Dios en diversas
lenguas. Inundaban ya entonces al mundo revoluciones y calamidades: el antiguo imperio romano se
desmoronaba bajo los rudos golpes de los bárbaros: el mundo pagano sucumbia como sucumbo lodo lo que
ha llegado al término de su destino: so habia apoderado de las almas un malestar estraño en medio de las
desgracias y de las ruinas, todos se dirigian hácia el sitio donde se alzaba una fó nueva, y como la esperanza
so hallaba entonces en el desierto, todos corrian alli á buscarla. Esto es lo que hicieron Jerónimo y otros
hijos de Occidente, y el santo no se ciñó á una simple peregrinacion , porque Roma con su civilizacion
corrompida y su eternidad que iba á terminar, no podia ya llenar su corazon, sino que se convirtió en ha
bitante de la Judea, y se quedó en su querida Belen para entregarse á un estudio profundo de los libros santos,
para velar á los piadosos viajeros y pobres cristianos del pais, y para componer bajo el cilicio y los rudos há
bitos sus admirables comentarios , los oráculos dela Iglesia latina. El viajero que baja en el dia al establo de
Belen , saluda de pasada los sepulcros do san Jerónimo , de Paula y de Eustaquia.
Multiplicábanse sin cesar al espirar el siglo iv las peregrinaciones á Jerusalen , y no era siempre la pie
dad su invariable norma , pues aquellas largas correrias acarreaban á las veces el relajamiento de la
disciplina cristiana y el desarreglo de las costumbres , y muchos doctores de la Iglesia pronunciaron elo
cuentes palabras manifestando los abusos y los peligros de las peregrinaciones á Palestina (3). San Gre
gorio de Nisa , el digno hermano de san Basilio , fué uno de los que se levantaron con mayor viveza y
entusiasmo contra los viajes á Jerusalen : el santo obispo nos habla en una elocuente carta que ha llegado
hasta nuestros dias , de los peligros que podian hallar \* piedad y las costumbres cristianas en las hos
pederias del camino y en las ciudades de Oriente , y dice que la gracia divina no se alcanza en Jerusalen
do un modo mas especial que en cualquier otro pais , citando como prueba de su aserto los crimenes de todo
género que se cometian entonces en la ciudad santa. Queriendo justificarse san Gregorio de haber cum
plido con una peregrinacion que prohibe á los cristianos , declara que fué á Jerusalen por necesidad y para
asistir á un concilio destinado á reformar la Iglesia de Arabia , que la peregrinacion no habia aumentado
ni entibiado su fé , que antes de visitar á Belen sabia que el Hijo del hombre habia nacido de una Virgen,
que no ignoraba , antes de visitar el sepulcro de Cristo , que nuestro Salvador habia resucitado de entre
( 1 ) San Ambrosio cuenta de un modo animado y dramatico la invencion de la cruz en su libro De obilu Theodosii.—{t) Cor
respondencia de Oiiente, t IV.—(3¡ Obras de san Gregorio de Nisa.en folio, t. II.
LIBRO PRIMERO.— 300-1095. 5
los muertos , y que no habia tenido necesidad do recorrer el monte de los Olivos para creer que Jesus
habia ascendido al cielo. Vosotros , los que temeis al Señor , añade el santo prelado , alabadle en cualquiera
parte donde os halleis , pues Dios irá á visitaros alli si le preparais un tabernáculo digno de su gloria. Pero
si vuestro corazon está henchido de pensamientos perversos-, aunque subais al Gólgota ó al monte de los
Olivos y esteis cerca del Santo Sepulcro , os hallareis tan lejos de Cristo como los que nunca han profesado
la fé evangélica. San Agustin y san Jerónimo se esforzaron igualmente en contener con sus exhortaciones
el entusiasmo de las peregrinaciones: el primero decia que el Señor no habia mandado que se fuéra al
Oriente para ganar la justicia ó al Occidente para recibir el perdon , " y el segundo decia tam^
bien que lo mismo estaban abiertas las puertas del cielo para los remotos paises de los bretones
como para Jerusalen; pero los consejos de los doctores de la Iglesia eran impotentes contra la ar
diente inclinacion de la muchedumbre, y no existia fuerza ni voluntad alguna sobre la tierra bas
tante poderosa para atajar á los cristianos el camino de Jerusalen.
Los pueblos de Occidente que se convertian al cristianismo dirigian sus miradas hácia el Oriente,
y se veian salir continuamente del centro do las Galias , de las selvas de la Germania y de todas
las comarcas de Europa turbas de nuevos cristianos que marchaban á Palestina, guiados por la im
paciencia de visitar la cuna de la fe que habian abrazado. Un piadoso peregrino escribió un itine
rario que dirigia á los viajeros desde las orillas del Ródano y del Dordoña hasta las márgenes del
Jordan, y les servia de guia á su regreso desde Jerusalen hasta las principales ciudades de Italia (1).
No se interrumpieron las peregrinaciones á la Tierra Santa con las devastaciones que afligieron al mundo
en las invasiones do los godos , hunos y vándalos; protegian á los viajeros las virtudes hospitalarias de los
bárbaros, que empezaban á respetar la cruz de Jesucristo y acompañaban algunas veces á los
peregrinos hasta Jerusalen , pues en aquella época de desolacion y guerras un pobre peregrino con su
bordon cruzaba los campamentos poblados de cádaveres, y viajaba sin temor por en medio do los ejércitos
que amenazaban los imperios de Oriente y Occidente.
En los primeros años del siglo v la historia nos cuenta la peregrinacion de la emperatriz Eudosia,
esposa do Teodosio el jóven, mujer de talento y de piedad. A su regreso á Constantinopla, los pesares
y enemistades domesticas lo convencieron de la nada do las grandezas humanas, y volvió á emprender
el camino de Palestina, donde acabó sus dias entregada á los ejercicios de la devocion. Habiéndose
apoderado en aquella época Genserico de Cartago y de las ciudades cristianas de África , arrojados
la mayor parte de sus habitantes de sus hogares, se dispersaron por diversas comarcas del Asia y
de Occidente , y un gran número de ellos fuéron á pedir un asilo á la Tierra Santa. Cuando Beli-
sario reconquistó el África, entre los despojos de los bárbaros se encontraron los ornamentos del
templo de Salomon arrebatados por Tito, y estos preciosos despojos que la suerte de las armas tras
ladara á Roma y despues á Cartago, fueron llevados á Constantinopla, y posteriormente á Jerusalen
donde aumentaron el esplendor del Santo Sepulcro. De modo que las guerras , las revoluciones y los
desastres del mundo cristiano dieron mas brillo y grandeza á la ciudad de Jesucristo.
Una guerra originada en la Persia turbó bajo el reinado de Heraclio la seguridad que disfrutaban
los habitantes de la Tierra Santa ; los ejércitos de Cosroes II invadieron la Siria , la Palestina y el
Egipto; la ciudad santa cayó en poder de los adoradores del fuego, y los vencedores devastaron los
pueblos, saquearon los templos y arrebataron un gran número de esclavos. Las desgracias de Jeru
salen escitaron la compasion del mundo cristiano, y todos los fieles derramaron copiosas lágrimas al
saber que el rey de Persia se habia llevado entre los despojos de los vencidos la cruz del Salvador
que se conservaba en la iglesia de la Resurreccion.
El cielo se compadeció, empero, de las oraciones y del dolor de los cristianos, pues tras diez años
de derrotas, Heraclio llegó por fin á triunfar de los enemigos del cristianismo y del imperio , y
haciendo pedazos las cadenas de los esclavos cristianos, los condujo á Jerusalen. "Vióse entonces á un
emperador de Oriente andando á piés descalzos por las calles de la ciudad santa, y llevando sobre
sus hombros hasta el Calvario el madero de la verdadera cruzj que miraba como el mas gloriosa

(1 ) Se hatlara al fin de esta obra un escelente análisis del Itinerario de Buriiot á Jerutalen, por Mr.' Walckenaer.
6 MSTORIA DE LAS CRUZADAS.
trofeo de sus victorias. Esta imponente ceremonia fué una fiesta para el pueblo de Jerusalen y para
la Iglesia cristiana, cuya memoria celebra aun todos los años (1). Cuando ileraclio regresó á Cons-
tantinopla , fué recibido como el libertador de los cristianos , y los reyes de Occidente le enviaron
mensajeros para felicitarle por sus victorias.
Los triunfos de Heraclio aumentaron la gloria del nombre cristiano , y dieron á la Palestina y á
la Siria una libertad pacifica y una seguridad que protegia á los peregrinos. En los postreros años del
siglo vi y poco tiempo antes de la invasion de Omar, san Antonino , cuyo nombre forma uno de
los recuerdos guerreros del cristianismo , salió de Plasencia con algunos compañeros , y fué á
buscar allende los mares las huellas del divino Redentor. La curiosa relacion (2) que ha llegado hasta
nuestros dias, y que escribió uno de los compañeros de Antonino , nos servirá de guia para seguir
á los peregrinos de Italia. Los piadosos viajeros pasaron por Constantinopla y por la isla de Chipre
para ir á la Siria, visitaron los principales puntos de las costas, la Galilea y las orillas del Jordan
antes de llegar á Jerusalen, objeto de su peregrinacion ; despues de pasar muchos dias en oracion
junio al Santo Sepulcro y en el Calvario, resolvieron llevar mas adelante sus correrias, se dirigieron
hácia el desierto y vieron á Ascalon y á Gaza ; llegaron á las faldas de Oreb y de Sinai despues
de muchas jornadas á través de las soledades, cruzaron el Egipto sin detenerse en las pirámides y
únicamente impregnados en los recuerdos de Maria, la madre do Jesus , penetraron hasta las már
genes del Eufrates para buscar la cuna de Abrahan, y volvieron á emprender el camino do su
patria. Los peregrinos perdieron uno do sus compañeros llamado Juan en la parte meridional de
Galilea, en el sitio llamado los Baños de Elias. El itinerario de san Antonino, del cual solo podemos
dar en esta ocasion una breve idea, es un precioso monumento para conocer el estado religioso y
politico de la Siria y la Judea en el siglo vi ; vemos por esta relacion que la Tierra Santa ora
entonces un pais fértil, que aquellas regiones, tan desiertas y tristes en nuestros dias, florecian por
la religion, la agricultura y el comercio, y que en tanto que la Europa yacia abismada en las
calamidades de la guerra y delas revoluciones, la Palestina disfrutaba do ventura á la sombra del Cal-
vario, y era por segunda vez la tierra de promision.
I Qué pronto debia desaparecer esta dulce paz bajo la horrible tempestad que bramaba ya por el lado
de la Arabia! Los discipulos del Evangelio iban á sostener una lucha mucho mas formidable que las
que hasta entonces habian visto. El Oriente habia llegado por fin á una de esas épocas de con
fusion y de decadencia que favorecen la invasion de las ideas nuevas, en especial cuando se presen
tan estas apoyadas por la espada : era despreciado el culto do los magos; esparcidos por el Asia los
judios , hacian la oposicion á los sabeos y estaban entre ellos divididos , y se abrumaban mutua
mente á anatemas los cristianos bajo los nombres de cutiquianos, nestorianos y jacobitas. Despedazado
el imperio de los persas por las guerras civiles , habia perdido su poder y su brillo , y debilitado
interior y esteriormente el de los griegos, se precipitaba á su próxima ruina. Todo moria en Oriente,
dice Bossuet. Las tribus esparcidas por la peninsula árabe estaban divididas entre si en intereses y creen
cias , no gozaban de paz , ni tenian gloria ni carácter de nacionalidad, dominaban todos aquellos
paises la debilidad y la descomposicion; y salió do entre los universales vestigios un hombre con el
audaz proyecto de una nueva religion y un nuevo imperio.
Mahoma, hijo do Abdallah de la tribu de los Koreychitas, nació en la Meca en S69: en su
juventud fué tan solo un pobre conductor de camellos; los primeros años de su vida cruzaron sumi
dos en la oscuridad, y tal vez el genio de la meditacion le reveló la creacion de una nueva
sociedad durante los ocios monótonos y las largas marchas al través del desierto. El hijo de Abdallah
poseia en alto grado las cualidades que mas imperio ejercen sobre los pueblos de Oriente: tenia la
imaginacion que deslumhra, la energia que arrastra y la gravedad que infunde respeto, y su alma
firme y activa sabia esperar, pues como dicen los orientales, el mismo Dios es para los pacientes.

[i) La exaltacion de la Santa Cruz, que se celebra el 14 de setiembre.—; 2 | Es el documento mas positivo de la vida de san
Antonino , pues únicamente se sabe que sirvio en una de las legiones llamadas Tebanat. El itinerario que conocemos con su nombre
y que fué redactado por uno de sus compañeros de viaje , se hallo entro los manuscritos de la iglesia de los SS. Sergio y Bacheo
de Angers, y se imprimio eñ esta ciudad en 16*5.
LIBRO PRIMERO.— 300-* 095. 7
Conocia á fondo las poblaciones de Arabia que debian servirle de instrumento para sus vastos
designios, y tuvo cuidado do estimular sus inclinaciones^ guerreras y bu afan de movimiento y de
dominacion. Prometió el imperio del mundo á sus discipulos al salir casi desnudos del desierto, y el
primero de sus milagros fué la victoria. El Coran, que descendió lentamente del cielo (1), tenia un
triple carácter; Mahoma se mostraba en é1 como poeta, como moralista y como hombre político; sus
maravillosos relatos, escuchados con avidez en un pais dominado por la aficion á lo maravilloso, ad
quirían el encanto supremo de la lengua árabe , cuyos poderosos recursos y armoniosa riqueza
conocía Mahoma á fondo, y agotó todo el brillo y seduccion do la imagen poética para pintar un
paraíso creado para los sentidos y que debia realizar todas las ilusiones de la pasion del hombre. Al mate
rializar el Coran los sentimientos humanos y al agitar con fuerza cuanto hay de mas violento en el
corazon , predicaba tambien en muchos de sus capítulos una moral noble y pura que conducia
la razon á verdades desconocidas en medio de la corrupcion general do aquella época , y contribuía
á dar á Mahoma el carácter do un genio perfeccionador, de un enviado sublime. Las leyes prescritas
por el Coran estaban en completa armonía con las necesidades y las costumbres do los pueblos de Arabia;
no entorpecia su política ninguna complicacion, pues era un himno elevado al Dios do la guerra, y
solo la brutal política do la espada podia ser comprensiblo para unas tribus acostumbradas á decidir
todas sus diferencias por medio del combate. Tal era Mahoma, tal fué el caracter do la mision que
proyectó cumplir en la tierra. El hijo de Abdallah tomó dela Biblia y del Evangelio todas las ideas y
preceptos mas compatibles con el espíritu y los hábitos de su pais , imitó do los demás cultos esparcidos
por Oriente todo lo que podia convenir á sus osados proyectos de renovacion, y compuso con esta
mezcla de doctrinas diversas, el libro confuso y tenebroso que despues do mil años es el oráculo do la
mitad del mundo.
Mahoma tenia cuarenta años cuando inauguró su obra apostólica en la Meca; despues do trece de
predicacion, se vió obligado á huir de Medina para salvarse de la tribu que le perseguía , y se
empieza á contar la era musulmana desdo esta fuga efectuada el 16 do julio de 622. El profeta de
Dios, como so llamaba él mismo, invadió en pocos años las tres Arabias al frente do numerosos disci
pulos fanatizados con sus palabras, y estaba proyectando nuevas conquistas, cuando do pronto un
veneno dió fin á sus dias en Medina en el año 942. Abu-Beker, su suegro, se adornó con el título
de teniente del apóstol do Dios y prosiguió la obra do la conquista duranto un reinado do veinte
y siete meses ; Ornar, sucesor do Abu-Beker , que se hizo llamar en un principio teniente del
teniente del apóstol de Dios y mas adelanto principe de los fieles , so apoderó do la Persia ; el poder
do la espada hundió bajo el dominio del islamismo con rapidez sorprendente la Siria y el Egipto,
y la nueva religion amenazó á todas las naciones; las legiones defensoras del islamismo se esparcie
ron por el Africa, clavaron el estandarte del Profeta sobre las ruinas do Cartago , y llevaron el
terror de sus armas hasta las orillas del Atlántico. Cambiáronse desde la India hasta el estrecho de
Cádiz, y desde el mar Caspio hasta el Oceáno, lenguas, costumbres y creencias, desaparecieron los
vestigios del paganismo lo mismo que el culto do los magos, y apenas subsistió vacilante y pavorido
el cristianismo. Consta ntinopla, el baluarte del Occidente, vió ante sus muros las innumerables hordas do
sarracenos, y sitiada la ciudad de Constantino muchas veces por mar y tierra, solo debió su salvacion
al fuego griego, á los bulgarios. que acudieron en su defensa y á la inesperiencia de los. árabes en el
arte de la navegacion.
Las conquistas de los árabes durante el primer siglo de la egira se circunscribieron al mar que los sepa
raba de Europa , pero cuando supieron construir naves , ningun pueblo quedó íibre de su invasion ; talaron
las islas del Mediterráneo , las costas de Italia y de Grecia , se hicieron dueños á traicion ó por h
suerte de las armas de España , donde derrocaron la monarquía de los godos, sacaron partido de la
debilidad de los hijos do Clodoveo para penetrar en las provincias meridionales de la Galia , y sola
pudieron detener su marcha terrible las victorias de Carlos Martel.
Las miradas de los sarracenos se fijaron en Jerusalen en sus primeras conquistas, pues segun la
fé de los musulmanes, Mahoma habia honrado con su presencia la ciudad de David y de Salomon,
(1 ) Mahoma empleo veinte y tres años en componer el Coran que fingía recibir del cielo.
8 HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
y . desde ella habia subido al cielo en su viaje nocturno (1).Los sarracenos consideraban á Jerusalen
como la casa de Dios y la ciudad de los smtos y de los milagros. Dos tenientes de Omar , Amru y
Serdjyl, sitiaron la sagrada ciudad que se defendió animosamente durante cuatro meses , y todos los
dias daban los sarracenos terribles asaltos repitiendo estas palabras del Coran: Entremos en la tierra
santa que Dios nos ha prometido. Los cristianos so resistían con heroismo esperando el ausilio do Heraclio,
pero nada hizo el emperador do Bizancio para salvar á Jerusalen. El mismo califa Omar ontró en Palestina
para recibir las llaves y la sumision de la ciudad conquistada: los cristianos sintieron el acerbo do
lor de ver la iglesia del Santo Sepulcro profanada con la presencia del jefe de los infieles, y el
patriarca Sofronio que acompañaba al califa, no so pudo reprimir y repitió estas palabras de Daniel:
El santo templo es victima de la iynominia de la desolacion. Omar concedió a los habitantes la li
bertad religiosa, aunque les prohibió la pompa do las ceremonias; los fieles ocultaron sus cruces y
los sagrados libros, la campana dejó do llamarlos á la oracion, y Jerusalen yació hundida en pavoroso
luto. El califa edificó en el sitio dondo se habia erigido el templo de Salomon una grande y magní-
ca mezquita, que aun halla en nuestros dias el viajero, y el aspecto del edilicio consagrado al culto
de los infieles amargó la afliccion do los cristianos. Cuenta la historia quo el patriarca Sofronio no pudo
soportar la vista de tantas profanaciones y murió do dolor.
No obstante, la presencia de Omar, cuya moderacion ensalzaba el Oriente, contenía el celoso fana
tismo de los musulmanes, y los cristianos sufrieron mayores persecuciones despues de su muerte, pues fueron
entonces arrojados do sus hogares ó insultados en sus santuarios, y los vencedores les aumentaron los tributos
que debian pagará los nuevos soberanos de Palestina. Les prohibieron el uso do las armas y el montar
á caballo, les obligaron á ceñirso un cinturon do cuero quo era el signo do su esclavitud, llegaron al
estremo do prohibirles el uso del idioma árabo porquo erala lengua del Coran (2), y finalmente el pueblo
que permaneció fiel á Jesucristo, ni aun gozó la libertad de elegir sus sacerdotes sin la intervencion delos
sarracenos.
La invasion no bastó á contener las peregrinaciones: sanArcuffo, obispo de lasGalias, cruzólos mares en
los primeros años del siglo vm, ypermaneció nueve meses en Jerusalen. La relacion de su peregrinacion, es
crita por el abad de un monasterio de las islas británicas (3), encierra muchos pormenores sobre los santos lu
gares, habla do la mezquita de Omar sin nombrarla, y los términos que emplea no dan la idea de un magní
fico monumento, puesse limita á decir que esta vi construccion sarracena podia albergar tres mil personas.
Arculfo inspira mas interés cuando describo la gruta sepulcral donde clSalvadordel mundo durmió duran
te tres dias el sueño dela muerte, y cuando nos habla de las diferentes capillas del Gólgota y de la inven
cion do la cruz. ¡Cuál se anima su piedad cuando nos muestra losinstrumentosde la Pasion conservados en un
santuario y nos pinta la iglesia sin techo de la cima del monte de los Olivos, aquella iglesia cuyas ocho ven-
lanas de cristales dejaba ver cada cual una lámpara encendida, y aparecian por la noche desdo Jeru
salen como globos de oro quo coronaban la montaña desde donde el Mesías ascendió á los cielos! Arculfo nos
dice que el 1 5 de setiembre de todos los años se celebraba una feria en la ciudad santa , y acudia entonces
una multitud inmensa á Jerusalen; y el piadoso obispo observa quo la presencia y acúmulode los camellos, ca
ballos y bueyes , llenaba de suciedad la ciudad sagrada , y que despues de la feria , una maravillosa lluvia
hacia desaparecer estas vastas inmundicias.
Veinte ó treinta años despues de la peregrinacion de Arculfo , vemos ITegar á la Siria otro obispo sajon
llamado Guillebaldo (4), cuyo viaje á los Santos Lugares escribió una religiosa de su familia. Guillcbaldo
se vió hundido en una cárcel y libertado por la intervencion de un comerciante español que tenia un her
mano al servicio del emir ó gobernador de la ciudad. Cuando fué presentado delante del emir para ser
juzgado , dirigió al auditorio que le rodeaba estas notables palabras. «Ho visto muchos de esos hombres

( 1 ) Jerusalen se llama en árabe El Kouds, la Santidad , y tambien Beit-el-Mokades, la casa del Santuario.—¡ i ) Esta prohibi
cion duro poco tiempo, porque la lengua trabe se hizo tan comun en las comuniones cristianas de Oriente,que llegaron á traducirse
los sagrados libros -de la Biblia en el nuevo idioma. Puede consultarse este asunto en una sabia disertacion de Mr. Silvestre da
Sacy sobre las versiones samaritanas de la Biblia ( Memoria de la Academia de las Inscripciones, t . XUX p. 5 y siguientes ). — (31 Es
te abad se llamaba Adamman, el lugar de su monasterio Hii, que estaba situado segun unos en Escocia y segun otros en Iríanda.
Un naufragio arrojo n Arculfo en estas istas. La relacion de la peregrinacion de Arculfo se halla en las Acia Bencd. siglo 111 , parte II,
p. 505.- 4) Willibaldus, Acia Bened. siglo III, part. J, p. 37?.
LIBRO PRIMERO.— 300-1095. 9
que vienen de su pais , pero no traen ningun proyecto hostil ni traidor , sino tan solo el de cumplir con su
fé. » Esta es la opinion que se formaba entonces sobre los peregrinos de Europa . y ella esplica por qué re
coman estos piadosos viajeros los caminos del Oriente sin que sufriesen la menor violencia. Arculfo habia
visto doce lámparas en el interior del Santo Sepulcro , y Guillebaldo halló quince ; en la época de Arculfo
un puente construido en el Jordan, en el sitio donde Cristo fué bautizado, facilitaba á los peregrinos ba
ñarse en las sagradas aguas , y Guillebaldo no menciona este puente y solo habla de una cuerda colocada
entre las dos orillas del rio. Hahia una cruz de madera plantada en medio del rio en la época del paso de
ambos peregrinos , y las relaciones de Arculfo y de Guillebaldo guardan un profundo silencio sobre los
cambios que introdujo en la suerte de los cristianos de Palestina la invasion del islamismo.
Las guerras civiles de los musulmanes daban á los cristianos algunos intervalos de reposo. La dinastía
de los ommíades . que habia establecido la corte del imperio musulman en Damasco, inspiraba un odio
mortal al partido temible de los abbasidas , y mas se ocupaba en conservar su amenazado poderío que
en perseguir al cristianismo. Meroan II , último califa de esta familia , fué el que desplegó mas crueldad
contra los discipulos de Jesucristo , y cuando sucumbió con todos sus hermanos bajo el filo del alfange
de sus enemigos, cristianos é infieles se reunieron para dar gracias á Dios por la libertad de Oriente.
Los abbasidas tenían su corto en Bagdad , ciudad que ellos habian fundado , y esperimentaron muchas
vicisitudes cuyos efectos sentian los cristianos ; y segun dice Guillermo de Tiro el pueblo fiel en medio de
los cambios que producian los caprichos de la fortuna ó del despotismo , se parecia á un enfermo cuyos
dolores se aumentan ó disminuyen cuando el cielo está sereno ó cargado de tempestad (1 ). Los cristianos
despues de sus alternativas del rigor dela persecucion y de la alegría de la paz transitoria, vieron por
fin asomar dias mas tranquilos y felices bajo el reinado de Aarun—al-Raschid , el mas grande de los
califas de la dinastía de Abbas. Protegió en esta época las iglesias de Oriente la gloria de Cario Magno que
habia llegado hasta los confines del Asia , y su piadosa liberalidad alivió la indigencia de los cristianos de
Alejandría , de Cartago y de Jerusalen (2). Los dos príncipes mas grandes de su siglo se dieron pruebas
de una estimacion mutua por medio de frecuentes embajadas , y en este comercio de amistad entre dos
poderosos monarcas , Oriente y Occidente cambiaron las mas ricas producciones de su suelo y de su in
dustria. El califa envió un elefante , incienso , marfil , un juego de ajedrez y un reloj , cuyo ingenioso
mecanismo causó una gran sorpresa en la corte de Cario Magno. Los presentes del emperador consistían
en paño blanco y verde de la Frisia y en perros de caza de raza sajona (3). Cario Magno se complació en
enseñar á los enviados del califa la magnificencia de las ceremonias religiosas , y habiendo presenciado en
Aquisgran muchas procesiones en las que el clero desplegó sus mas preciosos ornamentos , los embajadores
de Bagdad regresaron á su pais diciendo que habian visto hombres de oro ( 4 ).
No fué estraña la política á los testimonios de estimacion que Aarun prodigaba al emperador de Occidente,
pues como estaba haciendo la guerra á los soberanos de Constantinopla , tenia razones para creer que los
griegos interesarían en pro de su causa á los pueblos mas valientes del cristianismo. Las tradiciones po
pulares de Bizancio representaban á los latinos como los futuros libertadores de la Grecia , y en uno de los
primeros sitios de Constantinopla por los sarracenos , bastó solo el rumor de la llegada de los francos
para reanimar el valor de los sitiados y lanzar el terror entro los musulmanes. El nombre de Jerusalen
ejercia ya en tiempo de Aarun tan poderosa influencia sobre los cristianos de Occidente, que era bastante
pronunciar un nombre tan venerando para dispertar su bélico entusiasmo. El califa pensó quitar á los
francos todos los protestos de una guerra religiosa, que les hubiera inducido á abrazar la causa de los
griegos y á arrojarse sobre el Asia , y con este objeto no despreció ninguna ocasion de obtener la amistad
de Cario Magno y le entregó las llaves del Santo Sepulcro y de la ciudad santa. Este homenaje prestado al
mas grande de los monarcas cristianos , fué celebrado con entusiasmo por las leyendas contemporáneas , y
ha dado margen posteriormente á creer que el emperador de Occidente visitó á Jerusalen (5).

i) Guillermo de Tiro, lib. I, cap. III.—"2' lioa capitular de Cario Magno del año 810 se espresa en estos terminos: De eieemosina
mittenda ai Hierusalem propler ecclesias Dei restaurarielas. (De la limosna que ha de enviarse á Jerusalen para reedificar las iglesias de
Dios).—¡3) DomBouquet, Historiadores de Francia, t. IV, p. 167.—[4) El monje de San Gall escribio una curiosa descripcion de
fiestas que diO Cario Magno a los embajadores de Aarun en ia coríe de Aquisgran : De vita Caroli Magni. —( 5) La peregri
de Cario Magno está consignada como historica en muchas cronicas de la primera cruzada, y contada minuciosamente en la
cronica de San Dionisio. La crítica moderna coloca esta peregrinacion en la categoría de los hechos fabulosos.
10 HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
Aorun trató á los cristianos de la Iglesia latina como á sus propios subditos ; imitaron su moderacion
los hijos del califa , y Bagdad fué bajo su reinado el centro de las ciencias y las artes. El califa Almanon,
segun espresion de un historiador árabe , no ignoraba que los elegidos de Dios son aquellos que protegen
el progreso de la razon. La ilustracion suavizó las costumbres de los jefes del islamismo y les inspiró una
tolerancia desconocida de los compañeros de Abu-Beker y de Omar , pues en tanto que los árabes de
África continuaban sus conquistas en Occidente , se apoderaban de Sicilia , y la misma Roma veia sus ar
rabales y la iglesia de San Pablo invadidos y saqueados , los servidores de Jesucristo oraban en paz en
los muros de Jerusalen. Los peregrinos que acudian á esta ciudad desde los limites de Europa eran
recibidos en un hospicio cuya fundacion se atribuia á Carlo Magno , y segun la relacion del monje Ber
nardo oriundo de Francia , que hizo el viaje á la Tierra Santa en los últimos años del siglo ix con otros
dos religiosos ( 1 ) , el hospicio de los peregrinos de la Iglesia latina se componia de doce casas ú hosterias.
Estaban anexos á este piadoso establecimiento algunos campos , viñas y un jardin situados en el valle
de Josafat, y á imitacion de los hospicios que el emperador de Occidente fundó en el norte de Europa,
tenia una biblioteca abierta para los cristianos y viajeros. Ya en el siglo vi se veia cerca de la fuente de
Siloó un cementerio donde recibian sepultura los peregrinos que morian en Jerusalen ; los servidores de
Dios habitaban junto á los sepulcros, y segun una antiquisima relacion, este sitio poblado desarboles
frutales , de tumbas y de humildes aldeas , reunia á los vivos y á los muertos y presentaba un cuadro
risueño y lúgubre al mismo tiempo.
Agregábase á la necesidad de visitar el sepulcro de Jesucristo el deseo de recoger las reliquias buscadas
con afan por la devocion de los fieles. Todos los que regresaban de Oriente , fundaban su gloria en llevar
á su patria algunos restos preciosos de la antigüedad cristiana , y con predileccion los huesos de los
mártires , destinados para servir de ornamento y formar la riqueza de las iglesias , y los reyes y los
principes juraban sobre estas reliquias respetar la verdad y la justicia. Tambien llamaban la atencion
de la Europa los productos del Asia ; leemos en Gregorio de Tours que el vino de Gaza era en Francia
muy famoso en el reinado de Gontran , que la seda y las pedrerias de Oriente formaban el adorno de los
grandes del reino , y que no se desdeñó san Eloy de engalanarse con las ricas telas del Asia cuando se
hallaba en la corte de Dagoberto. Los reyes de Francia nombraban un negociante judio , que recibia el
encargo de hacer anualmente un viaje al Oriente para comprar los productos de ultramar (2). Las
crónicas nos relatan que entre la multitud de europeos que llegaban á Egipto ó á la Siria habia muchos
que viajaban atraidos por la especulacion mercantil; los venecianos, los pisanos, los genoveses y los co
merciantes de Amalfi y de Marsella tenian depósitos en Alejandria , en las ciudades maritimas y en Je
rusalen (3); estendiase un mercado delante de la iglesia de Santa Maria Latina de esta ciudad, y el
comerciante que queria establecerse en él debia pagar al monasterio latino dos monedas de oro anuales.
Hemos hablado anteriormente de una concurrida feria que comenzaba lodos los años el dia quince de
setiembre.
No existia ningun crimen 'que no pudiera espiarse con el viaje á Jerusalen y por actos de devocion
junto al sepulcro de Jesucristo. Una antigua relacion , conservada por un monje de Rodon, nos hace
saber que se presentó en 868 ante el rey de Francia y una asamblea de obispos , cubierto con el
hábito del penitente , un señor muy poderoso del ducado de Bretaña llamado Frolmond , que habia
asesinado á su tio y al menor de sus hermanos. Despues de haberle atado estrechamente con cadenas de hierro
el monarca y los prelados, le mandaron que partiese al Oriente en espiacion de la sangre que habia
vertido , y que recorriese los santos lugares con la frente marcada con ceniza y cubierto el cuerpo con
un cilicio (4). Frotmond partió á Palestina en compañia de sus servidores y de los cómplices de su

(1 ) Uno de estos religiosos era del monasterio de San Inocencio, en el pais de Benevento, y el otro un monje español. Esta
peregrinacion se llevo a cabo en 870.—( 2 ) Existen disertaciones especiales sobre el estado del comercio antes delas cruzadas.
El abate Calier ha tratado esta cuestion examinandolas épocas de la primera y segunda raza (Amiens, 17M). Jausser ha escrito
una disertacion sobre el mismo asunto , y puede consultarse tambien la de Mr. de Guines, vol. 37 de las Memorias de la Acad. de
las Inscripciones.—(3) Itinerario del monje Bernardo. Acta sanct. ordin. sancl. Bened., siglo m, parte II.—(4) El horroroso espec
taculo que presentaban los peregrinos , desnudos los mas y cargados de cadenas, ocasiono la prohibicion de estas penitencian
públicas durante una gran parte del reinado de Cario Magno, pero se renovaron despues con mayor fuerza. Véase el prefacio de Ma-
billon. Acta sanct. ordin. sanct. Bened., siglo iv, parte II.
LIBRO PRIMERO.— 300-1095. 11
crimen, cruzó el desierto despues de haber permanecido algun tiempo en Jerusalen, llegó hasta las orillas
del Nilo, recorrió una gran parte del Africa , entró en Cartago , y volvió á Roma, donde el papa
Benito III le aconsejó que renovara la peregrinacion para completar su penitencia y alcanzar el com
pleto perdon de sus pecados. Frotmond visitó segunda vez la Palestina, penetró hasta las costas del
mar Rojo, pasó tres años en el monte Sinai y fué á visitar en Armenia la montaña donde se paró
el arca de Noé despues del diluvio. Cuando regresó á su patria fué recibido como un santo, se retiró
en el monasterio de Redon (1), y murió con dolor de los cenobitas á quienes habia edificado con
el relato de sus peregrinaciones.
Muchos años despues de la muerte de Frotmond, el prefecto de Roma Censio, que habia ultrajado
al papa en la iglesia de Santa Maria la Mayor, arrancándole del altar y hundiéndole en un calabozo,
tuvo que emprender la peregrinacion á la Tierra Sania para conseguir la absolucion de tan atroz
sacrilegio. Tampoco intimidaban al sexo débil las dificultades y los peligros de un largo viaje , pues
Elena, hijo de una familia noble de Suecia, salió de su pais entregado á la idolatria, y marchó á pié
al Oriente. Cuando regresó á su patria, despues de haber visitado los santos lugares, murió victima
de la cólera de sus padres y compatriotas, y algunos fieles conmovidos por su piedad erigieron en su
memoria una capilla de Seeland cerca de una fuente llamada aun de Sania Elena. Los cristianos del
Norte hicieron varias romerias á este sitio donde contemplaban una gruta que Elena habia habitado
antes de partir á Jerusalen (2).
Antes de terminar el examen del siglo tx , debemos citar un importante documento histórico de
881 que nos delineará el estado de la Iglesia latina de Jerusalen en aquella época y nos manifestará
los lazos de fraternidad que unian solemnemente ya entonces á los cristianos de Oriente con los de
Occidente. Es una carta de Helias patriarca de Jerusalen (3), dirigida á Carlos el Jóven , á todos
los muy magnificos , piadosisimos y gloriosisimos principes de la ilustre raza del gran emperador
Carlos , á los reyes de todos los paises de las Galias , á los condes , á los muy santos arzobispos , metropo
litanos , obispos, abades, sacerdotes , diáconos , subduiconos y ministros de la santa Iglesia; á las santa*
hermanas , á todos los adoradores de Jesucristo, á las damas ilustres , álos principes , duques, y á todos los
catolicos y ortodoxos de todo el universo cristiano. Despues de hacer mencion de las numerosas tribulaciones
que sufren los cristianos de Jerusalen, de las cuales pueden hacer los peregrinos de Europa un pei relato,
dice el patriarca, que habiéndose convertido al cristianismo el principe de Jerusalen por la misericordi¡i
de la divina Providencia , ha permitido á los fieles que recobren sus santos edificios y reedifiquen sus san
tuarios destruidos ; que no teniendo dinero suficiente para los gastos de la restauracion de los santos
lugares, los fieles se han visto obligados á pedirlo á los musulmanes; que como estos no han querido
prestar sin ganancia ó garantia , les han entregado los cristianos sus olivares , sus viñas y sus vasos
sagrados , pero que careciendo de dinero , no pueden recobrar sus bienes empeñados , y que en tan lamen
table estado los pobres y los monjes se ven amenazados de hambre, no pudiéndose rescatar los esclavos
cristianos y faltando el aceite de las lámparas de los santuarios. Como segun las palabras del divino
Apóstol, cuando un miembro padece, deben padecer todos los demás, los cristianos de Jerusalen han pensado
implorar la piedad de sus hermanos de Europa. Habiendo ofrecido los hijos de Israel reedificar con su
propio dinero el tabernáculo , hubo precision de anunciar por medio de un pregonero que eran ya suficien
tes los dones ofrecidos , pero esta advertencia no contenia el generoso fervor del pueblo do Dios ; y el
patriarca pregunta si se mostrarán menos celosos que los isrealitas los fieles occidentales al pedir su ausilio
para la Iglesia de Jesucristo. Estos son los principales rasgos de la carta del patriarca. Ignoramos cómo
respondió la Europa cristiana , pero debemos creer que los dos monjes encargados de la carta de Helias no
regresarian con las manos vacias. ¿No es ya un presentimiento de las cruzadas esta voz salida de Jerusalen
doscientos años antes de la predicacion de Pedro el Ermitaño y que llega suplicante á las comarcas de Oc
cidente ?
En la ciudad de Bagdad habia establecidos muchos cristianos griegos y siriacos que se dedicaban al

( 1 ; El reialo de la peregrinacion de Frotmond , redactado por un monje anonimo de Redon , se baila en las Acia jonct. ordin .
sane. Bened. siglo iv, parte II.—; 2 ) La relacion de la vida de santa Elena se encuentra en el septimo volumen del mes de julio de
los Boíandistas , p. 332.— [V Esta caria está completamente comentada en la Biblioteca de las Cruzadas, parte I, p 443.
12 IliSTüRIA DE LAS CRUZADAS.
comercio, ejercian la medicina y cultivaban las ciencias. Llegaban á ocupar los cargos mas eminen
tes con el inDujo de su sabiduria , y algunos de ellos consiguieron el mando de las ciudades y
provincias. Uno de los califas abbasidas habia declarado que los discipulos de Cristo eran los que merecian
mas confianza para la administracion de la Pcrsia , y parecia por fin que los cristianos de Palestina
y de las provincias musulmanas no debian sufrir mas persecuciones, cuando estallaron de pronto
en Oriente nuevas tempestades. Los hijos de Aarun siguieron la suerte de la prosperidad de Carlo-
Magno , y el Asia se hundió, lo misino que el Occidente, en un abismo de guerras civiles y revo
luciones.
Siendo el espiritu de conquista el móvil del imperio fundado por Mahoma , no defendiendo el estado nin
guna institucion preciosa , y girando todo en torno del carácter personal del principe , no tardaron
en aparecer los sintomas de decadencia , desde el momento en que no quedó nada por conquistar
v en que cesaron los jefes de hacerse temer é inspirar respeto. Enervados los principes de Bagdad por el
lujo y corrompidos por una larga prosperidad , abandonaron las riendas del imperio, se enterraron en sus
serrallos , y parecia que no se habian reservado mas derecho que el de ser nombrados en las oraoionc
públicas. Ya no animaba á los fieles el zelo ciego y el fanatismo ardiente que sintieron al salir del desierto,
y hundidos en la molicie como sus jefes , no se parecian en nada á aquellos guerreros, sus antepasados, que
lloraban por no haber estado en una batalla. La autoridad de los califas habia perdido sus verdaderos
defensores , y cuando el despotismo se rodeó de esclavos comprados en las orillas del Oxo , esta milicia es-
tranjera llamada para defender el trono, no hizo mas que precipitar su caida. Nuevos sectarios , seducidos
por el ejemplo de Mahoma y persuadidos de que el mundo debia obedecer á los que cambiasen en parte
sus costumbres ú opiniones , añadieron el peligro de las turbulencias religiosas á las conmociones politicas,
v en medio del desorden general los emires ó tenientes , de los cuales muchos gobernaban reinos inmensos,
solo prestaban un vano homenaje á los sucesores del Profeta , y se negaban á enviarles dinero y tropas. El
imperio gigantesco de los abbasidas se desmoronó completamente, y segun espresion de un escritor árabe,
el mundo quedó para el que de él podia apoderarse. Llegó a dividirse el mismo poder espiritual , y el isla
mismo vió á un tiempo cinco califas que se apropiaban el titulo de soberanos de los creyentes y vicarios de
Mahoma .
Los griegos se despertaron entonces de su profundo y prolongado letargo , y trataron de sacar par
tido de la division y decadencia de los sarracenos. Nicéforo Focas salió á campaña al frente de un po
deroso ejército , recobró a Antioquia , el pueblo de Constantinopla celebró sus triunfos , apellidándole la
Estrella da Oriente, la muerte y el azote de los infieles ( \ ) ; y hubiera merecida tal vez estos pomposos
titulos , si el clero griego hubiese secundado sus esfuerzos.
.Nicéforo queria dar á esta guerra un carácter religioso y honrar con el dictado de mártires á todos los
que sucumbiesen en los combates , pero los prelados de su imperio condenaron como un sacrilegio su de
signio , y le opusieron un canon de san Basilio , cuyo testo recomendaba al que hubiere muerto á un ene
migo que se abstuviese durante tres años de la participacion de los santos misterios. Privado Nicolás del
poderoso móvil del fanatismo , halló entre los griegos mas panegeristas que soldados, y no pudo continuar
sus victorias contra los sarracenos á quienes exigia la religion , aun en medio de su decadencia , el
triunfo y la guerra. Los lauros ensalzados con énfasis en Constantinopla , se limitaron á la toma de Antio
quia , y solo sirvieron para escitar la persecucion de los cristianos de Palestina. El patriarca de Jerusalen
espiró en una hoguera, acusado de tener relaciones hostiles con los griegos , y fueron entregadas á las llamas
muchas iglesias de la ciudad santa (2).
Temelico llegó hasta las puertas de Amida , ciiidad situada á orillas del Tigris , mandando un ejército
griego ; pero sorprendido en medio de un huracan por los sarracenos , le hicieron un gran número de
prisioneros. Los soldados cristianos que cayeron en poder de los infieles, supieron en las mazmorras de
Bagdad la muerte de Nicéforo, y no acordándose su sucesor Zacarias de su rescate, uno de sus jefes le
escribió en estos términos : «No podemos reconocer como soberano legitimo del santo imperio griego á
quien como vos nos deja perecer en una tierra maldita , y no nos considera dignos de ser enterrados segun
(1) Véase aLuitprando: De tegatwne -(V; Lebeau, Historia del Bajo Imperio, lib. LXXV, esplica detalladamente la espedicion
de Nicéforo Focas.
LIBRO PRIMERO.-300-1095. 13
nuestros usos cristianos en las tumbas de nuestros padres. Si no vengais á los que murieron ante los
muros de Amida y á los que gimen en estranjera tierra , Dios os pedirá cuenta en el dia terrible del
juicio.» Dice un historiador de Armenia, que cuando Zimisces recibió esta carta en Constantinopla (1), quedó
herido de tan vivo dolor , que resolvió vengar el ultraje que habia recibido la religion y el imperio , y se
ocupó en los preparativos de una nueva guerra contra los sarracenos. Los pueblos de Occidente cooperaron
tambien á esta empresa que precedió en mas de un siglo á las cruzadas ; los venecianos , que habia n es
tendido su comercio hasta el Oriente , prohibieron bajo pena de la vida ó de una multa de cien libras de
oro al que vendiese á los musulmanes del Africa y del Asia hierro , madera ni ninguna especie de armas,
y (2) los cristianos de Siria y muchos príncipes armenios se reunieron bajo las banderas de Zimisces, que
salió á campaña y llevó la guerra al mismo territorio sarraceno. Era tanta la confusion que reinaba en
tonces entre las potencias musulmanas, y se sucedian con tal rapidez las dinastías, que apenas puede la
historia saber cuál era el príncipe que dominaba entonces en Jerusalen. Despues de haber vencido Zimisces
á los musulmanes en las orillas del Tigris, y de obligar al califa de Bagdad á que pagase un tributo á los
sucesores de Constantino , avanzó hasta la Siria , se apoderó de Damasco , y atravesando el Líbano , sometió
todas las ciudades de la Judea. Manifiesta el emperador , en una carta dirigida al rey de Armenia , el sen
timiento que le ha causado no haber podido visitar la ciudad santa , que acababa de ser libertada de los
infieles y á la cual habia enviado una guarnicion cristiana.
Zimisces se ocupaba en continuar la guerra contra los musulmanes y se proponía conquistarles con nue
vas victorias todas las provincias de Siria y Egipto, cuando murió víctima de un veneno. Su muerte fué la
salvacion del islamismo que recobró todas sus ciudades. Distraidos los griegos con los intereses interiores, "
olvidaron sus conquistas , y Jerusalen y todos los paises arrancados al yugo sarraceno, sucumbieron en
tonces bajo el alfange de los fatimitas , que acababan de establecerse en las márgenes del Nilo , y que á
merced del desorden en que yacian las potencias de Oriente , estendian su dominacion.
Los nuevos soberanos de la Judea trataron en un principio á los cristianos como á aliados y ausiliares.
y con la esperanza de aumentar su tesoro y reparar los males de la guerra , apoyaron el comercio de los
europeos y las peregrinaciones á los santos lugares. Restableciéronse en la ciudad de Jerusalen los mercados
de los francos , los cristianos reedificaron los hospicios de los peregrinos y las iglesias arruinadas , y pare
cidos al cautivo que siente á las veces un alivio cambiando de señor , se consolaban viéndose sometidos á
las leyes delos soberanos del Cairo, concibiendo una justa esperanza de ver terminados todos sus con
flictos, cuando se sentó en el trono de Egipto el califa Hakem , hijo de una cristiana y sobrino materno
del patriarca de la ciudad santa. Pero Dios, que deseaba poner á prueba, segun se espresan los autores
contemporáneos, la virtud de los fieles , no tardó en convertir en humo tan halagüeñas esperanzas y
suscitó nuevas persecuciones.
Hakem , el tercer califa fatimita , hizo memorable su reinado por todos los escesos del fanatismo y la
demencia ; agitado por proyectos contradictorios y flotando entre diversas religienes , persiguió y protegió
alternativamente al cristianismo ; no respetó la política de sus antecesores ni las leyes que él mismo habia
establecido ; cambiaba hoy lo que habia hecho el dia anterior . y esparcia en torno suyo el desórden y la
confusion. En medio de la irresolucion de sus pensamientos y en la embriaguez de su poderío , llegó hasta
el delirio de creerse un dios. El terror que inspiraba le acarreó bajos adoradores, le erigieron altares
cerca de Fosfat (antiguo Cairo), que habia entregado á las llamas , y diez y seis mil súbditos se prosternaron
ante él ( 3) orándole é implorándole como al soberano de los vivos y los muertos.
Aunque aborrecia Hakem á Mahoma , no se atrevió á perseguir á les musulmanes que formaban el

1 1 ) Debemos gran parte de estos pormenores á una obra armenia compuesta en el siglo xn por Mateo deEdeso, de la cual
ha traducido en frances algunos fragmentos Mr. Chaband de Cirbied.—(2) Muratori, Anales de Italia , t. V, p. 435. Prohibicion
renovada á cada instante , dice este sabio, y violada continuamente.—(3) Guillermo de Tiro.lib. I. Los drusos del monte Lí
bano invocan aun á Hakem como un profeta. Puede consultarse á Niebuhr, Viajes, tom. II, p. 334-757 ; el Viaje de Volney y la Cor
respondencia de Oriente, t. VII. Tambien puede consultarse una Memoria de Mr. Silvestre de Sacy sobre el culto qne los drvsos
rinden al becerro ( Memor. de la Acai. de las Inscripciones, t. III, p. 74 y sig. nuera serie). La Crestomatia árabe del mismo autor
trae tambien curiosos detalles sobre Hakem y sus estravagancias ; t. I, segunda edicion. Este sabio reune en ella todo lo que dicen
Makrisi y los demás autores árabes , y aun algunos testos originales. Gtbbon (cap. LVII ) ha retratado á estecalifa con rasgos muy
perfectos y filosoficos.
\ i HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
núcleo de sus estados , y temiendo el dios por la autoridad del principe , descargó toda su cólera sobre
los cristianos que entregó al furor de sus enemigos. Habian escitado el odio de los musulmanes los cargos
que desempeñaban los fieles en la administracion , y los abusos introducidos en la recaudacion de los
impuestos de que estaban encargados , do modo que cuando el califa Hakem dió la señal de la persecucion,
hallaron por do quiera cadalsos y verdugos. Fueron perseguidos al principio por haber abusado del poder :
dirigiéronse enseguida los tiros de la venganza mahometana contra la religion de Jesucristo, siendo mas
culpables los mas piadosos de entre los fieles; corrió la sangre de los cristianos en todas las ciudades de
Egipto y de Siria , aumentando el furor de los perseguidores , el valor que mostraban en medio de los
tormentos, y las quejas que lanzaban en su miseria; y las mismas oraciones que dirigian á Jesucristo
pidiendo un término á tantos males , eran consideradas como traiciones y castigadas cual el mas culpable
atentado ( 1 ).
Bs creible que las razones politicas se agregarian entonces al ardor del fanatismo para escitar la perse
cucion de los cristianos. El arzobispo de Ravena Gerberto , que llegó á ser papa bajo el nombre de
Silvestre II, habia presenciado los males y conflictos de los fieles en una peregrinacion que hizo á Jeru-
salen , y escitó á su regreso á los pueblos de Occidente á empuñar las armas contra los sarracenos. Repetia
en sus exhortaciones la voz de la misma Jerusalen que se lamentaba de sus desgracias , y suplicaba á sus
hijos los cristianos, que partieran á romper sus cadenas. Conmovieron á los pueblos los gemidos de Sion (2);
los pisanos, los genoveses y Boson, rey de Arles, emprendieron una espedicion maritima contra los sarra
cenos y llevaron á cabo una escursion á las mismas costas de la Siria (3). Estas hostilidades y la afluencia
de peregrinos que de dia en dia eran en mayor número , debian aumentar forzosamente la desconfianza de
los soberanos de Oriente, y alarmados los sarracenos con presagios siniestros y por las amenazas impru
dentes de los cristianos, miraron á los discipulos de Cristo como á sus mas encarnizados enemigos ( 4 ).
Imposible seria esplicar , dice Guillermo de Tiro , todos los géneros de persecuciones que sufrieron en
tonces los fieles , y existe entre los rasgus de barbarie citados por los historiadores , uno que ha inspirado
.il Tasso la idea de su interesante episodio de Olinda y Sofronia. Uno de los mas feroces enemigos de los
cristianos arrojó durante la noche un perro muerto en una de las principales mezquitas de la ciudad con
objeto de irritar el odio de sus perseguidores; los primeros que acudieron á la oracion de la mañana,
quedaron llenos de terror al ver esta profanacion : se oyeron al punto en toda la ciudad gritos amenaza
dores , se acumuló la muchedumbre tumultuosamente en torno de la mezquita , y acusando á los discipulos
de Jesucristo, juraron todos lavar con sangre el ultraje hecho a Mahoma. Todos los fieles iban á ser
victimas de la venganza de los musulmanes, y ya se preparaban á morir, cuando se presentó ante ellos
un joven cuyo nombre no ha conservado la historia , y les dijo : « La mayor desgracia que puede suceder
es que perezca la Iglesia de Jerusalen ; el ejemplo del Salvador nos enseña que debe sacrificarse uno solo
para libertar a los demás ; prometedme que bendecireis todos los años mi memoria y honrareis á mi familia ,
é iré , ayudado de Dios , á desarmar la muerte que amenaza á todo el pueblo cristiano. » Los fieles aceptaron
el sacrificio de este generoso mártir de la humanidad y juraron bendecir eternamente su memoria. Se de
cidió que para honrar su descendencia , cada uno de sus parientes llevaria , entre las ramas de palmera, el
olivo consagrado á Jesucristo en la solemne procesion que se celebra todos los años en la festividad de
Pascua ; y satisfecho el jóven cristiano con el honor que alcanzaba en cambio de su vida perecedera , se
separó de la asamblea que derramaba copiosas lágrimas , y se presentó delante de los jueces musulmanes
acusándose del crimen que se imputaba á todos los discipulos del Evangelio. Los jueces se interesaron poco
en favor de tan heroico sacrificio , y pronunciaron contra él solo la sentencia terrible. Dejó de suspender
sobre la cabeza de los fieles el cuchillo vengador , y* el que se sacrificó por ellos , ascendió al cielo á recoger
el premio reservado á los que inflama el fuego de la caridad.
Pero no fué esta la única desgracia de los cristianos de Palestina ; quedaron prohibidas todas las ceremonias

( I i Cansa asombro leer en la Historia árabe de Egipto de Soyouty las vejaciones de que fueron victimas los cristianos , a los
cuales obligaron bajo pena de destierro y aun de muerte á llevar sobre el pecho cruces de madera del peso de cuatro rotls o li
bras de Egipto.—( 2 ) La carta de Gerberto , verdadero modelo de elocuencia , es de 986 , y esta traducida en la Biblioteca de las
Cruzadas —(3) Muratori, lierum italicar. Scriptores, t. III, p. 400.— ( 4) Cronic. Ademar, Dom Bouquet Historiadora de Francia,
l. X, p. 152. • .
LIBRO PRIMERO.— 300-1095. 15
de la religion, convertidas en establos la mayor parte de las iglesias, destruida desde sus cimientos la del
Santo Sepulcro, y lanzados de Jerusalen los cristianos, que se dispersaron por todas las comarcas de Oriente.
Cuentan los historiadores antiguos que el mundo participó del luto de la ciudad santa y que se estremeció
de terror y turbacion. El invierno invadió con sus hielos y rigores las regiones donde era desconocido, se
congelaron las aguas del Bósforo y del Nilo , se sintió un terremoto en la Siria y en el Asia Menor, y sus
sacudidas , que se repitieron per espacio de dos meses, destruyeron muchas ciudades. Cuando llegó á
Occidente la triste noticia de la destruccion de los santos lugares (1), todos los cristianos vertieron amargas
lágrimas. Puede leerse en la crónica del monje Glabes que tambien vió en Europa los signos precursores
de una gran calamidad , que cayó en Borgoña una lluvia de piedras y apareció en el cielo un cometa y
otros metéoros amenazadores. Inmensa fué la agitacion que se apoderó de todos los pueblos cristianos, pero
no empuñaron las armas contra los infieles , y su venganza recayó sobre los judios , á quienes acusó la
Europa entera de haber escitado la furia de los musulmanes ( 2 ) .
Las calamidades de la ciudad santa la hicieron aun mas venerable á los ojos de los fieles , la persecucion
aumentó el piadoso afan de los que iban al Asia á contemplar la ciudad divina convertida en escombros,
y Dios distribuía mas especialmente sus mercedes y se complacia en manifestar su voluntad en la Jerusalen
cubierta de luto. Aprovechándose los impostores de esta creencia de los pueblos cristianos, abusaron con
frecuencia dela credulidad de la multitud, y con objeto de hacer creer sus palabras, enseñaban cartas,
que, segun ellos decian , habian caido del cielo. Era muy general en Europa en esta época una prediccion
que anunciaba el fin del mundo y la próxima aparicion de Jesucristo en Palestina , y todos los pensamientos
se dirigían hácia Jerusalen. Nos dice el cronista Glabes que jamás habia sido tanta como entonces la afluen
cia de peregrinos , que todos se dirigían á los santos lugares para ir á esperar la venida del Juez supremo,
que en un principio inundaron los caminos de Jorusalen turbas de mendigos y gentes del pueblo , y que
cedieron despues al movimiento general los barones , los condes y los príncipes. La sombría inquietud que
arrastraba á los fieles á la peregrinacion, les inducia tambien á las fundaciones piadosas , y mirando los
ricos como humo y nada todos los bienes de la tierra , trabajaban para amontonar los tesoros del cielo. Mu
chas escrituras de donacion empiezan con estas curiosas palabras: Estando próximo el fm del mundo; te
miendo el dia del juicio etc. (3). Esta creencia de la proximidad del fin del universo es muy digna de no
tarse , y nos indica el profundo malestar de los pueblos de Europa en el siglo x , y esa tristeza que
comunmente se apodera de las generaciones destinadas á engendrar grandes cosas. Siempre que abruma á
una época el presentimiento vago de alguna novedad , como es para ella desconocido lo que ha de suceder,
principia por turbarse y aterrarse , creyendo que el mundo va á perecer, y el siglo x estaba enfermo de la
revolucion que encerraba en su seno. lQué revolucion tan importante... las cruzadas, que iban á estallar
en el próximo siglo ! .
La muerte del califa Hakem , el opresor de los cristianos de Jerusalen, suavizó el dolor de los proscritos.
«El malvado califa Hakem , dice Guillermo de Tiro, salió por fin de este mundo , y Daher , que le sucedió,
permitió que los fieles reedificasen la iglesia del Santo Sepulcro. » El emperador Constantino , á cuya
caridad habian recurrido los fieles , dió de su propio tesoro las sumas necesarias para esta restauracion, y
treinta años despues de haber caido en escombros el templo de la Resurreccion , se alzó de pronto , siendo
una imágen del mismo Jesucristo , que venciendo á la muerte , salió glorioso de las sombras de la tumba (4).
Hemos visto en los ejemplos del noble Frotmond y de Censio que la peregrinacion á Jerusalen se im
ponía algunas veces como una penitencia. Estos ejemplos eran muy frecuentes en el siglo xi : se prescribia
el viaje á los santos lugares particularmente á los que estaban manchados con la sangre de sus hermanos,
á los que dilapidaban las riquezas de la Iglesia y á los infractores de la tregua de Dios ; y los grandes
pecadores eran condenados á abandonar por algun tiempo su patria y á arrastrar una vida errante como
Caín. Esta clase de penitencia se adecuaba perfectamente al carácter activo é inquieto de los pueblos de

l ) Lebeau , Historia del Bajo-Imperio, esplica circunstanciadamente estos sucesos , lib. LXXV1.—(2 ) La cronica de Glabes, i|nc
trae los hechos que acabamos de relatar, se halla en la Biblioteca de las Cruzadas, t. I. Este historiador es digno de consultarse paru
comprender las epocas anteriores a las Cruzadas.— (3 ) Puede citarse la escritura do fundacion del priorato de Saint-Germier
948), la de donacion de Arnaldo, conde de Cominges, á la abadía de Lezat (944) y la de donacion de Rogcr , conde de Carcasona.
publicadas en las Pruebas de lahistoria del Languedoc, por Dom. Vaissette, t. II.—(4) Guillermo de Tiro, lib. I.
1fi HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
Occidente , y debemos añadir que la devocion á las peregrinaciones tiende tan directamente á los sentimien
tos mas naturales del hombre , que todas las religiones antiguas y modernas las han adoptado y aun
alentado con predileccion. Si es bastante para despertar en nuestras almas nobles é interesantes recuerdos
la vista de una tierra que han habitado héroes y sabios , aunque su historia no se enlace con ninguna de
nuestras creencias , y si la imaginacion del filósofo se exalta al aspecto de las ruinas profanas de Palmira,
de Mentís ó de Atenas; ¿qué profundas emociones no debian sentir los cristianos en los sitios santificados
por la presencia de su Dios, y que ofrecian a sus ojos y á su alma la cuna de la fé viva de que estaban
animados? ¿No podemos creer tambien que estas lejanas romerías entraban en las miras generales de la
Providencia, que quiere que los pueblos, separados por largas distancias , se aproximen y se comuniquen
para civilizarse?
A pesar de que casi todos los cristianos de Occidente eran tan desgraciados en su patria , olvidaban mu
chas veces sus padecimientos en los lejanos viajes , y parecia que solo iban en sus romerías guiados por
el afan de hallar las huellas de una divinidad protectora ó de algun glorioso personaje. Todas las provin
cias lenian un mártir ó apóstol cuyo apoyo imploraban , y todas las ciudades un sitio solitario que con
serva la tradicion de un milagro ó una capilla abierta para los peregrinos. Los pecadores mas culpables (1)
ó los fieles mas fervientes se esponian á los mayores peligros y partían á los lugares mas remotos ; ora
dirigían sus pasos hácia la Pulla y la Calabria, visitaban el monte Gargano , célebre por la aparicion de
san Miguel , ó el monte Cassino , famoso por los milagros de san Benito; ora cruzaban los Pirineos y el
pais dominado por los sarracenos é iban á orar ante las reliquias de Santiago, patron de Galicia ; unos se
dirigían á Roma, como el rey Roberto, y se prosternaban sobre las tumbas de los apóstoles sanPedro y san
Pablo; otros llegaban hasta Egipto, donde habia pasado la niñez Jesucristo, y recorrían las soledades de
Tebas y de Meníís , habitadas por los discipulos de Pablo y Antonio.
Un gran número de romeros se dirigían hacia la Palestina, llegaban á Jerusalen por la puerta de
Efraim , donde pagaban un tributo á los sarracenos ; despues de prepararse con el ayuno y la oracion, se
presentaban en la iglesia del Santo Sepulcro , cubiertos con un sudario que conservaban toda su vida
cuidadosamente y con el cual se amortajaban despues de su muerte ; recorrían con santo respeto la mon
taña de Sion, el monte de los Olivos y el valle de Josafat , y salian de Jerusalen para visitar á Belen donde na
ció el Salvador del mundo , el monte Thabor donde se trasfiguró , y todos los sitios testigos de sus milagros.
Los peregrinos iban despues á bañarse en las aguas del Jordan y cogian en el territorio de Jericó palmas
que llevaban á Occidente.
Era tanta la devocion de los siglos x y XI , que la mayor parte de los cristianos hubieran temido mos
trar una culpable indiferencia religiosa no llevando á cabo algunas peregrinaciones. Todo el que se salvaba
de un riesgo inminente ó triunfaba de sus enemigos , empuñaba el baston de romero y partia hácia los
santos lugares , y el que habia alcanzado con sus oraciones la conservacion de un padre ó de un hijo, iba a
dar gracias al cielo lejos de sus hogares y á los sitios consagrados por las tradiciones religiosas. Era muy
frecuente que un padre hiciese el voto de la peregrinacion de su hijo en la cuna , y el primer deber de
este al salir de la infancia consistía en cumplir el voto de sus padres. Muchas veces un sueño ó una apa
ricion representada durmiendo imponía á un cristiano la obligacion de hacer una peregrinacion , de modo
que la idea de estos piadosos viajes no solo era debida á los sentimientos religiosos , sino que se mezclaba
en todas las virtudes y flaquezas del corazon del hombre, lo mismo que en todos los pesares y alegrías de
la tierra.
Los peregrinos hallaban buena acogida en todas partes , y en pago de la hospitalidad solo les pedian
oraciones , que era el único tesoro que llevaban consigo. Habiéndose presentado uno de ellos que deseaba
embarcarse en Alejandría para Palestina á bordo de una nave con su bordon y su zurron , ofreció para
pagar su pasaje un libro de los Evangelios. Los peregrinos no tenían en sus viajes mas defensa contra los
ataques de los malvados que la cruz de Jesucristo , ni mas guia que los ángeles á quienes Dios ha mandado
que velen á los niños y dirijan todos sus pasos.
1 ) Se distinguían dos especies de peregrinaciones ; las menores y las mayores. Las. primeras eran aquellas que solo seeslendian
a ciertos oratorios situados en Francia (Ducange , V. Peregrinationes . Mss. de Chalvet, De Bcaretic. y las mayores comprendían las
peregrinaciones a Santiago de Galicia , á Roma 6 á la Tierra Santa ( Ducange, id. ) Se pueden consultar los discursos de Fleury
¡ubre las penitencias canonicas y las peregrinaciones.
LIBRO PRIMERO.— 300-1095. 17
Las persecuciones que sufrían en sus romerías, aumentaban la reputacion de los peregrinos y los hacian
mas recomendables á la veneracion de los fieles. El esceso de su devocion les inspiraba con frecuencia
el desprecio de los peligros , y la historia cita un monje llamado Bernardo , abad de San Viton de Verdun,
que cuando llegó al pais de los infieles , se paraba en las puertas de las ciudades á celebrar el oficio divino,
y esponiéndose sin cesar á los ultrajes y violencias de los musulmanes , cifraba su gloria en sufrir toda
clase de tormentos por la causa de Jesucristo.
El mayor mérito á los ojos de los infieles , además del de la peregrinacion , consistía en dedicarse al
servicio de los romeros , y se habian edificado hospicios para acoger á los viajeros en las orillas de los
rios , en los lugares desiertos, en la cima de las montañas y en el centro de las ciudades. Los peregrinos
que iban desde Borgoña á Italia hallaban hospitalidad desde el siglo ix en un monasterio edificado en el
monte Cenis , y en el siglo siguiente dos monasterios, donde se daba asilo á los viajeros estraviados , reem
plazaron los templos de los idolos en los montes de Joux , que perdieron desde entonces el nombre que les
habia dado el paganismo y tomaron el de su piadoso fundadorsan Bernardo de Menton (4 ) . Los cristianos que
partían á Judea , encontraban un gran número de estos asilos fundados por la caridad en las fronteras
de Hungría y en las provincias del Asia Menor.
Habia en Jerusalen y en muchas ciudades de Palestina algunos cristianos que se dedicaban á guiar
á los romeros, esponiéndose á inminentes peligros en tan piadosa ocupacion. La ciudad santa tenia tambien
hospicios para recibir á todos los viajeros, y las mujeres que llegaban á Palestina eran acogidas en uno de
aquellos por religiosas dedicadas á los ejercicios de la caridad. Los comerciantes de Amalfi, deVenecia y de
Genova, los peregrinos ricos y muchos príncipes de Occidente daban limosna para conservar estas moradas
abiertas á los pobres caminantes (2), y los monjes de Oriente venían todos los años á Europa á recoger los
tributos de la piedad cristiana.
El peregrino era paralos fieles un ser privilegiado, y cuando habia terminado su viaje, adquiria la repu
tacion de una especial santidad. Celebrábanse su partida y su regreso con ceremonias religiosas; al ir á em
prender su camino, un sacerdote le entregaba el bordon y paños marcados con la cruz, rociaba con agua
bendita su vestido, y el clero le acompañaba en procesion hasta la próxima parroquia. Al regresar el romero
á su patria, daba gracias á Dios, y entregaba al cura una palma, que se coloeaba sobre el altar de la iglesia
como señal del término feliz de su viaje (3).
Los pobres encontraban en sus peregrinaciones quien socorriera su miseria, y al regresar á su pais,recogian
abundantes limosnas. La vanidad inducia algunas veces á los ricos á emprender tan largas romerías, lo cual
obliga á decir al monje Glaber que muchos cristianos iban á Jerusalen para causar admiracion y contar á su
vuelta maravillosas aventuras. Arrastraba á muchos la aficion al ocio, y á otros el afan de recorrer regiones
desconocidas, y no era estraño encontrar cristianos que habian pasado la vida en santas peregrinaciones y que
habian visitado diferentes veces á Jerusalen .
Todos los peregrinos estaban obligados á llevar consigo una carta de su príncipe ó de su obispo concebida
por lo regular en estos términos: «En nombre de Dios, hacemos saber á vuestra grandeza ( ó á vuestra san
tidad) que el portador de la presente, nuestro hermano, nos ha pedido el permiso de ir á visitar en pere-
» grinacion (aquí el nombre del lugar) con la intencion de enmendar sus faltas ó de rogar por nuestra salud;
» poi esta razon le hemos estendido la presente carta, en la cual os saludamos y al mismo tiempo os supli-
» camos por el amor de Dios y de san Pedro, que le recibais como á vuestro huésped, y le ayudeis durante su
t viaje ó su regreso para que vuelva sano y salvo á sus hogares. Segun acostumbra hacer vuestra bondad,
» hacedle pasar dias felices, y el Dios que reina eternamente os proteja y ampare en vuestro reino. » Esta pre
caucion evitaba muchos desórdenes en las peregrinaciones, y la historia no cuenta ni una sola violencia ejer
cida por alguno de aquellos numerosos viajeros que inundaban los caminos de Oriente.

[ i ) Estas montañas , llamadas montes de Joux ( montes Jovis ) , llevan en el dia el nombre de grande y pequeño San Bernardo.
Cuando el santo fundo estos dos hospicios , eran aun idolatras los habitantes de los Alpes , y los sarracenos habian penetrado
hasta el Valais donde inquietaban sin cesar á los peregrines. —( 2 ) Hacia mucho tiempo que la piedad de los reyes habia fundado
establecimientos para albergara los peregrinos. Atestiguan los capitulares la antigüedad de estas fundaciones reale?. Rabizo
Copiíul. , t. 1, col. 715, t. II, col. 1 10*).—( 3 ) En Ruen se celebraba la segunda fiesta de Pascuas despues de la ordinaria con una so
lemne ceremonia en honor de los peregrinos.
3
18 HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
Nadie ignora que los musulmanes escedian á los cristianos en la devocion de las peregrinaciones, y este
hábito les inspiraba sentimientos de tolerancia para con los viajeros que llegaban de Occidente. Las puertas de
Jerusalen se abrian con frecuencia á un mismo tiempo para los discipulos del Coran, que iban á visitar la mez -
quita de Omar, y para los del Evangelio que iban á adorar á Jesucristo sobre su sepulcro, y unos y otros go
zaban igual proteccion en la ciudad santa cuando reinaba la paz en Oriente, ó cuando las revoluciones de los
imperios ó los acontecimientos de la guerra no despertaban la desconfianza de los soberanos de Siria y Pales-
tina. Llegaban á Judea todos los años por los diasde las fiestas de Pascua innumerables turbas de peregrinos,
para celebrar el misterio de la redencion y para presenciar el milagro del fuego sagrado (4)rque la multitud
de los fieles ereia ver descender del cielo sobre las lámparas del santo sepulcro.
Uno de los peregrinos mas célebres del siglo xi es el conde Anjou llamado Foulque Nerra ó Negro. La histo
ria le acusa de haber asesinado á su primera esposa y de haberse manchado muchas veces con sangre inocen
te. Perseguido por el odio público y por el grito de su conciencia , creia que las tumbas vomitaban las nume
rosas victimas sacrificadas á su venganza ó á su ambicion para turbar su sueño y recordarle su barbarie; y
para libertarse Jj tan crueles imágenes que por todas partes le perseguían, el conde abandonó sus estados y
partió vestido de peregrino á la Palestina. Las tempestadas que sufrió en los mares de Siria le recordaron las
amenazas de la cólera divina y aumentaron el ardor de sus sentimientos piadosos.Luego que llegó á Jerusalen
recorrió las calles de la ciudad santa con una soga en el cuello, dándole sus criados con unas disciplinas, y re
pitiendo en alta voz estas palabras : Señor, tened piedad de un cristiano infiel y perjuro, y de un pecador erran
te lejos de su país. Durante su permanencia en la Palestina repartió numerosas limosnas, alivió la miseria
de los peregrinos y dejó por todas partes recuerdos de su devocion y caridad.
Las crónicas contemporáneas se complacen en contar el ardid de que se valió el conde para engañar á los
sarracenos y entrar en el santo sepulcro (2); pero la gravedad de la historia no nos permite reproducir la
sencilla relacion de los antiguos cronistas. Cuando el conde de Anjou volvió á susestados, quiso tener á su
vista una imágen de los lugares que habia visitado, y mandó construir cerca del castillo de Loches una iglesia
parecida á la del Santo Sepulcro, á la cual iba todos los dias á implorar la clemencia divina. Sus oraciones no
consiguieron la misericordia de Dios, y sintiendo renacer en su corazon la inquietud dolorosa que tanto tiempo
le habia agitado, el conde partió por segunda vez á Jerusalen donde edificó nuevamente á los fieles con las
espresiones de su arrepentimiento y la austeridad de su penitencia. Al regresar á Europa por Italia, libertó al
soberano pontífice de un enemigo formidable quedevastaba el Estado romano, y el papa recompensó su celo,
ensalzó su devocion y le dió la absolucion de todos sus pecados. El noble peregrino llegó por fin á su condado
llevando consigo una multitud de reliquias con que adornó las iglesias de Loches y de Angers, y desde enton
ces se ocupó en el seno dela paz en edificar monasterios y ciudades, por lo cual adquirió el sobrenombre de
ijran edificador ó fundador, como le habian grangeado el de palmero sus numerosas peregrinaciones. Sus
servicios y su caridad le acarrearon las bendiciones de la Iglesia y de su pueblo que daban gracias al cielo
por haber inspirado á su príncipe la moderacion y la virtud. Parecia que el conde no debia temer ya de la
justicia de Dios ni de la de los hombres, pero eran tan terribles el grito de su conciencia y el tormento de
su alma agitada, que ningun acto piadoso podia defenderle contra sus propios remordimientos y darle la paz
que habia buscado dos veces en el Santo Sepulcro. La Palestina le volvió á ver al poco tiempo bañando con
copiosas lágrimas el sepulcro de Jesucristo y haciendo resonar con sus gemidos los santos lugares, y despues
de haber visitado la Tierra Santa y de recomendar su alma á las oraciones de los anacoretas encargados de
recibir y consolar á los peregrinos, partió de Jerusalen para regresar á su patria, que no debia volver á ver,
pues cayó enfermo en Metz y murió en 1 040. Su cuerpo fué trasladado al monasterio del Santo Sepulcro que
él habia mandado edificar cerca de Loches, ysedepositó su corazon en una iglesia de Metz,donde muchos si
glos despues de su muerte seveia aun un mausoleo que llamaban la tumba del conde de Anjou.
[ 1 j El monje san Bernardo habla ya en su Itinerario escrito al terminar el siglo i¡c, del fuego milagroso. Pueden consultarse-
sobre la aparicion de este fuego sagrado las curiosas narraciones .de Foueher de Cbartres y de Caforo, testigos oculares del mila
gro , en la Biblioteca de las Cruzadas, t. I.—[2) La cronica titulada Gesta contulum Andtgav. spieilegium, t. X, p. 4G3, cuenta esta
circunstancia : Qixrrunt , nullo modo ad scjn:lchrum oplatum perveriire posse m'si super illud ad crucem Dominical» mingorel . quod «ir
prudens licet invitas annuit. Quaisita igilur arielis vesica , purgata atque mundata , el optimo vino repleta , laqueis etiam apte iníer ejus
femora posilaest, el comes discalc:atus ad sepulchrum Oomini accésit, vincmque super sepulchrum fud't , rí sic ad li'jitum cum sociis
omnibus intravit, et fusis multis \acrymis peroravit.
LIBRO PRIMERO.— 300-4095. 19
Partió en la misma época á la Tierra Santa Roberto duque de Normandia , padre de Guillermo el Conquis
tador, acosado de haber envenenado á su hermano Ricardo. Dice la antigua crónica que caminaba con los
pies desnudos, acompañado de gran séquito de caballeros, barones y otras personas, y que al pasar por Roma,
regaló un rico manto á la estatua ecuestre de Constantino que era de bronce, diciendo que los romanos hadan
muy poco honor á su soberano, siendo así que no le podian dar un manto al menos cada aito. Luego que llegó ú
fonstantinopla el duque de Normandia despreció el lujo y las dádivas del emperador, y se presentó en la corte
como el mas oscuro peregrino. Roberto apreciaba mas los males que padecia por Jesucristo (son sus mismas
j«labras) que la mejor ciudad de su ducado, y sufrió piadosamente la fatiga y disgustos de la peregrinacion.
Habiendo caido enfermo en el Asia Menor, rehusó los servicios de los cristianos que le acompañaban, y mandó
que lo condujesen los sarracenos en una litera. Encontró en el camino un peregrino normando , el cual , le
preguntó si tenia que darle alguna orden para su pais, y le respondió el duque. «Vé á decir á mi pueblo que
has visto un príncipe cristiano conducido por los demonios al paraíso.» Roberto vió en la puerta de Jeru-
salen una multitud de peregrinos que no habian podido pagar el tributo á los infieles, y que esperaban
la llegada de algun rico señor que se dignase abrirles con su limosna las puertas de la ciudad santa, y
no se contentó con pagar por cada uno de ellos una moneda de oro, sino que durante su permanen
cia en Jerusalen se hizo notable por su devocion y sobre todo por su caridad de que disfrutaban hasta
los infieles. Al regresar á Europa, murió en Nioea, pensando en las reliquias quetraia de Palestina y
con el dolor de no haber terminado sus dias en la ciudad santa.
Morir en la ciudad donde habia muerto Jesucristo era la mayor felicidad para un peregrino, la que
pedian al cielo como recompensa de los sufrimientos de tan largo camino; y cuando se presentaban ante
el sepulcro del Hijo de Dios, acostumbraban dirigir al Salvador esta plegaria : « O vos, que habeis muer-
»to por nosotros y que fuisteis sepultado en este santo sitio, compadeceos de nuestra miseria y sacadnos
«hoy mismo de este valle de lágrimas!» Las antiguas narraciones hablan de un cristiano del pais de
Autun, llamado Lethbaldo, que al llegar á Jerusalen trató de buscar la muerte en el esceso del ayuno y
de las mortificaciones. Permaneció un dia entero en oracion sobre el monte de los Olivos con los ojos y
los brazos levantados al cielo, desde donde Dios parecia que le llamaba; cuando volvió á entrar en el
hospicio de los peregrinos, gritó tres veces: ¡Gloria á tí, Señor!, y murió repentinamente á la vista de
sus compañeros que no se cansaban de admirar el milagro de su muerte ( 1 ).
El anhelo de santificarse por medio del viaje á Jerusalen se hizo al fin tan general, que las turbas de
los peregrinos alarmaron por su número los países que cruzaban. Aunque no provocaban los combates,
se les designaba ya con el nombre de armados del Señor, y muchos documentos históricos nos mani
fiestan que los peregrinos solo llevaban en su viaje á Jerusalen la imágen de la cruz como se llevó
posteriormente en las guerras de las cruzadas. Lielberto, obispo de Cambrai , partió en 1 054 á la Tierra
Santa seguido de tres mil peregrinos de las provincias de Picardia y de Flandes, y cuando emprendió
su camino, le acompañaron el pueblo y el clero á tres leguas de la ciudad con los ojos bañados en lá
grimas y pidiendo á Dios el pronto y feliz regreso de su obisj)o y de sus hermanos Estos peregrinos
cruzaron la Alemania sin encontrar resistencia, pero al llegar á la Bulgaria, solo vieron hombres sal
vajes que habitaban en los bosques y vivían del pillaje. Muchos perecieron bajo los aceros de este
pueblo bárbaro, otros murieron de hambre en medio de los desiertos, Lielberto llegó á duras penas á Laodi-
cea en Siria, se embarcó con los que le seguían, y fué lanzado por una tempestad en las costas de Chi
pre. El buen prelado vió sucumbir la mayor parte de sus compañeros y á los demás próximos á pe
recer de miseria f y habiendo logrado volver á Laodicea , supo que le esperaban los mayores peli
gros en el camino de Jerusalen. El obispo sintió entonces que le abandonaba el valor, y creyendo que
el mismo Dios se oponía á su peregrinacion, regresó á través de mil peligros á su diócesis, donde cons
truyó una iglesia en honor del santo sepulcro que no habia podido ver.
Diez años despues del viaje de Lietberto, partieron desde la orilla del Rhin á Palestina siete mil cristianos
entre los cuales iban el arzobispo de Maguncia y los obispos de Ratisbona, de Bamberg y de Utrecht. Esta
numerosa caravana, que presagiaba ya las cruzadas(2), cruzó la Alemania, la Hungría, la Bulgaria y la Tra-
l ) Glaber, Biblioteca de las Cruzadas, t. I.—[ 2) Esta peregrinacion tan interesante ha sido contada por el monje ingles Ingulfo,
que era uno de los peregrinos , por Mariano Scoot y por Lambert.escritor contemporáneo. Este último abraza mas pormenores;
20 HISTORIA. DE LAS CRUZADAS.
cia, siendo acogida con regocijo en Constantinopla por el emperador Constantino Ducas; y despues de haber
visitado los peregrinos los templos de Bizancio y las reliquias, objeto de la veneracion de los griegos , cruzó
sin peligro el Asia Menor y la Siria, pero al aproximarse á Jerusalen, sus riquezas escitaron la codicia de los
árabes beduinos que habitaban las campiñas de Saraon y de Ramla. Acometidos los peregrinos de Occidente
por una multitud ávida de sus despojos, se defendieron durante tres dias en un edificio abandonado, y abru
mados por el hambre y la fatiga, y no teniendo mas armas que las piedras que les servian de albergue, tra
taron por fin de capitular. Las negociaciones y conferencias produjeron un violento altercado, y la contienda
iba á ser funesta, cuando vino ásu socorro el emir de Ramla, á quien habian avisado algunos fugitivos, y no
solo protegió sus vidas y salvó sus tesoros, sino que mediante un módico tributo les dió una escolta que los
acompañó hasta las puertas de la ciudad santa . Jerusalen tenia ya noticia de su venida por sus combates y
peligros, y fueron recibidos en triunfo por el patriarca de la ciudad, y acompañados hasta la iglesia del Santo
Sepulcro al son de timbales é iluminados con antorchas. Fueron testigos de su piedad el monte Sion , el
de los Olivos y el valle de Josafat, pero no pudieron los devotos romeros visitar las orillas del Jordan y los
lugares mas famosos de la Judea espuestos entonces á las incursiones de los árabes. Regresaron á Europa des
pues de haber perdido tres mil compañeros, y contaron sus trágicas aventuras y los riesgos de la peregrina
cion á la Tierra Santa.
Tambien hace la historia una distincion de la peregrinacion de Roberto el Frison, conde de Flandes, y de
Berenguer II , conde de Barcelona . Berenguer murió en Asia no pudiendo soportar la penitencia rigurosa que
se habia impuesto, y Roberto volvió á sus estados, donde el clero le perdonó la intencion que habia formado
antes de su viaje de apoderarse de sus bienes (1 ). Federico, conde de Verdum, de la ilustre familia que debia
contar entre sus héroes algun dia á Godofredo de Bouillon, habia precedido en Palestina á estos dos principes.
Al partir para Oriente cedió su condado al obispo de Verdum, y al volver á Europa, entró en un monasterio
muriendo poco despues siendo prior de la abadia de San Wast cerca de Arras.
Grandes calamidades amagaban entonces el mundo cristiano , la cólera divina iba á suscitar contra
él á una nacion bárbara, azote de otros pueblos y plaga que debia invadir toda la tierra (2). Hordas salidas
de la Tartaria invadian sin cesar hacia muchos siglos las ricas comarcas de Oriente, y á medida que las
tribus victoriosas se enervaban en el lujo y se afeminaban con los ocios de la paz, no tardaban en ser reem
plazadas por otras quetenian aun toda la rudeza y la barbarie de los desiertos. Los turcos se habian hecho
dueños de la Persia donde la imprevisora politica del sultan Mahmoud habia dado asilo y tolerado sus tribus
errantes. El hijo de este sultan les presentó la batalla en la cual hizo prodigios de valor, pero, como dice
Ferist ha , se habia declarado la suerte contra sus armas y vio en torno suyo durante el combate su ejército hu
yendo vergonzosamente á escepcion del cuerpo que él mandaba (3) . Los turcos procedieron á la eleccion de un
rey en el teatro mismo de su victoria , reunieron en un haz una multitud de flechas en las cuales estaban
escritos los nombres de varias tribus, familias y guerreros, y sacando un niño tres de estas flechas en
presencia de todo el ejército, la suerte ciñó la corona á Togrul-Bel, nieto de Seldjouc. El nuevo soberano, cuya
ambicion era igual á su valor , abrazó con sus soldados la fó de Mahoma , y añadió presto al titulo de conquis
tador de la Persia el de protector de la religion musulmana (4).
Agitaban las riberas del Tigris y del Eufrates en aquel entonces sus emires al repartirse los despojos de los
califas de Bagdad, y prometiendo el califa Cayen al nuevo soberano de los turcos la conquista del Asia,
imploró su ausilio contra sus rivales. Togrul se puso en marcha con el titulo de vicario temporal de Cayen y
al frente de un numeroso ejército, dispersó á los rebeldes, taló las provincias y se dirigió á Bagdad á pros
ternarse á lospiés del califa, que ensalzando el triunfo de sus libertadores, proclamó al mismo tiempo sus
derechos sagrados al imperio. Revistió á Togrul con siete diferentes trajes de honor en una imponente
ceremonia, le presentó siete esclavos nacidos en los siete climas del imperio de los árabes, y le ciñó dos
alfanjes y le colocó en la cabeza dos coronas como emblema de su dominacion sobre Oriente y Occidente (S).
No tardaron en invadir los nuevos conquistadores el imperio que el vicario de Mahoma mostraba á su
el de Ingulfo es muy conciso. Baronio ha reunido estos tres relatos en sus Anales del año 1 064. En esta obra se hallaran los tres
por via de apéndice.—( 1 ) La peregrinacion de Roberto el Frison se halla en el toma 1 3 de Dom Bouguet. ( Coleccion de los histo
riadores de las Galias ) y el de Berenguer en el 12 do la misma coleccion.—¡ 2 ) Espresiones del mismo Guillermo de Tiro.—(3) His
toria general dela India de Feristha, escritor indio del siglo xvn , traduccion inglesa de Gerardo Dow, t. 1, p. 112. —(t) Guillermo
de Tiro.—(5) Guignes conservo este hecho curioso en la Historia general deloshunos, lib. X, p. 197.
LIBRO PRIMERO.— 300-1095. 21
ambicion, y bajo el reinado de Alp-Arslan (1) y de Malec-Schah , sucesor de Togrul , las siete ramas de las
dinastías de Seldjouc se repartieronlos mas estensos reinos del Asia. Aunnohabian trascurrido treinta años
desde que los turcos conquistaran la Persia, y sus colonias militares se estendian ya desde la Tartaria al
Eufrates y del Indo al Helesponto.
Un teniente de Malec-Schah aterró con las victorias las orillas delNilo,y se apoderó de la Siria que obedecia
á los califas Fatimitas (2) . Cayó la Palestina en poder de los turcos, y tremoló en las murallas de Jerusalen el
peadon negro delos Abasidas. Los vencedores trataron con igual rigor á los cristianos y á los hijos de Alí á
quienes el califa de Bagdad miraba como enemigos de Dios, pasaron á cuchillola guarnicion egipcia, y en
tregando al saqueo iglesias y mezquitas, regaron las calles de la ciudad santa con la sangre de cristianos y
musulmanes.
La historia puede decir en esta ocasion con la Escritura que Dios había abandonado á sus hijos á los
que les aborrecian. Como la dominacion de los nuevos conquistadores de la Siria y de la Judea era re
ciente y vacilante, se mostraron llenos de inquietud y violencia, y los cristianos tuvieren que sufrir cala
midades mayores que las que habian llenado de luto á sus padres en los reinados de los califas de'
Bagdad y del Cairo.
Los peregrinos de la Iglesia latina llegaban á la Palestina despues de haber cruzado naciones ene
migas y de haberse espuesto á mil peligros, pero solo hallaban abiertas las puertas de la ciudad santa
para los que podian pagar una moneda de oro; y como la mayor parte eran pobres ó habian sido
robados en el camino , andaban errantes y afligidos en torno de aquella Jerusalen por la cual habian
abandonado su patria y su familia. Muchos de ellos morían de sed, de hambre y de desnudez ó bajo
el filo del hierro de los bárbaros, y los que llegaban á entrar en la ciudad , se veian espuestos á los ma
yores peligros, pues los musulmanes los perseguían con amenazas y sangrientos ultrajes hasta el
Calvario, el monte Sion y todos los sitios que iban á visitar (3). A veces estaban reunidos en los tem
plos con sus hermanos de la santa ciudad, y un/i multitud furiosa interrumpía los divinos oficios, pi
soteaba los vasos sagrados, subia sobre los mismos altares del Dios vivo, ultrajaba y apaleaba á los sa
cerdotes revestidos con el ropaje de los pontífices y la túnica de los levitas. Cuanto mayor era el fer
vor de los fieles en su devocion y sus oraciones, mayor era tambien la violencia de los musulmanes.
El esceso de su barbarie llegaba al colmo en la ^poca de las festividades solemnes, y todos los años
la persecucion y la muerte de los fieles señalaba los dias reverenciados por la Iglesia cristiana, los del
nacimiento del Salvador del mundo, ó aquellos en que murió y resucitó gloriosamente.
Los peregrinos que volvian á Europa contaban lo que habian visto y padecido, y sus narraciones,
exageradas por la fama ó el pasar de boca en boca, arrancaban á todos los fieles copiosas lágrimas.
Mientras los turcos devastaban la Siria y la Palestina bajo las órdenes de Toutousch y de Ortoch.
otras tribus de la misma nacion penetraban hasta el Asia Menor conducidas por Soliman, sobrino de
Maleck-Schah, y se apoderaron de todas las provincias que cruzaban los peregrinos de Occidente para
ir á Jerusalen. Sufrian el yugo de los infieles todas estas comarcas donde los apóstoles habian empe
zado á predicar la fé de Jesucristo, donde la religion cristiana habia lanzado sus primeros resplandores
y cuyas ciudades griegas habian impreso gloriosamente sus nombres en los anales de la Iglesia nacien
te. El estandarte del Profeta tremolaba sobre los muros de Edeso, de Iconium, de Tarso y de Antioquía;
Nicea era la corte de un imperio musulman, y la divinidad de Jesucristo recibia solo ultrajes en la mis
ma ciudad donde un concilio general la habia declarado como artículo de fó. El pudor de las vírgenes
era víctima de la lujuria de los vencedores, millares de niños habian sido circuncidados, el Coran reem
plazaba en todas partes las leyes de la Grecia y del Evangelio, las tiendas negras ó blancas de los turcos
cubrían las llanuras y los montes de Bithynia y Capadocia, y sus rebaños vagaban entre los escom
bros de los monasterios y las iglesias.
Nunca habian tenido los griegos enemigos tan crueles y temibles como los turcos, pues en tanto qui
la corte de Alp-Arslan y de Malek-Schah desplegaba magnificencia y se inspiraba con las luces y co

tí ) El segundo sultan Alp-Arstan reino desde 1063 á 1072.—[2) Se puede consultar sobre este asunto la Historia grneral de los
hunos por de Guignes , lib. X, p. 215 y lib. XI, p. 3, y las disertaciones de Guenee. Se hallarán igualmente algunos nuevos detalles
en las Memorias geográficas e históricas sobre el Egipto por Esteban Quatremere, t. II, p. 415, 442, etc.— (3) Guillermo de Tiro, lib I.
22 HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
nocimientos de los antiguos persas, todo el rosto de la nacion yacia sumido en la barbarie y conservaba
las costumbres feroces y salvajes de la Tartaria en medio de los paises conquistados. Los hijos de Seld-
jouc preferian vivir en la tíenla á gmr las comodidades do la ciudad, se alimentaban con leche y
despreciaban la agricultura y el comercio, persuadidos de que la guerra satisfaria todas sus necesida
des. Su patria era el pais donde triunfaban sus armas ó los sitios que ofrecian abundantes pastos;
cuando se trasladaban de un pais a otro, caminaban juntos todos los individuos de la misma familia,
y llevaban consigo todo lo que apreciaban y poseian; animaba su espiritu guerrero una existencia er
rante y las frecuentes contiendas quo estallaban entre las hordas rivales, y cada guerrero llevaba es
crito su nombre en un venablo y juraba hacerlo respetará sus enemigos. Los turcos ardian en deseos
continuos de combatir, bastaba que un jefe enviase sus flechas ó su arco á los de su tribu para que to
dos acudiesen á la guerra, y sufrian el hambre, la sed y el cansancio con tanta resignacion que eran in
vencibles. No existia en el Oriente pueblo alguno que los aventajase en el arte de manejar un caballo y
de lanzar un dardo, nadie igualaba su impetu al acometer, eran temibles hasta en la fuga, y feroces é
"implacables en la victoria; y no los guiaban en fin á su ¡ empresas la gloria ni el honor, sino la aficion
al saqueo y el afan de destruccion.
El eco de sus victorias habia llegado hasta los pueblos que vivian allende el Cáucaso y el mar Caspio, y
nuevas emigraciones venian todos los dias á fortalecer sus ejércitos. Como eran tan dóciles en la guerra co
mo turbulentos y rebeldes en la paz, sus jefes los conducian sin descanso al combate y con objeto de alejar
á sus tenientes, mas bien quopor recompensarlos. Malec-Schah les habia permitido que conquistaran las pro
vincias de los griegos y de los egipcios. Alzábanse con la mayor facilidad ejércitos numerosos halagados por
la promesa de los despojosde los enemigos del Profeta y de su legitimo vicario; todos los que no habian parti
cipado del botin de las guerras anteriores, se aglomeraron bajo las banderas, y las riquezas de la Grecia fue
ron el blanco de los deseos de aquellos jinetes turcos que salieran de sus desiertos con una túnica de lana y
estribos de madera. Entre todas las hordas sometidas á la dinastia de Seljouc, las que invadieron la Siria y
el Asia Menor, eran las mas pobres, mas bárbaras y mas intrépidas.
Abismados en la miseria los griegos delas provincias conquistadas, apenas se atrevian á dirigir sus miradas
hácia los soberanos de Bizancio,que no habian tenido valor de defenderlos y que no les hacian concebir la mas
remota esperanza de ver terminadas sus desgracias. El imoorio griego se precipitaba á su ruina en medio de
revoluciones y guerras civiles: Consta atinopla habia visto asesinados once emperadores en su propio palacio
desde el reinado de Heraclio; seis de estos soberanos del mundo habian terminado sus dias en la oscuridad del
claustro; muchos habian sido mutilados, privados do la vista ó desterrados, y manchada la púrpura con tantas
revoluciones, servia de adorno á principes malvados, a hombres sin carácter y sin virtud, que solo se ocupa
ban de su conservacion personal, que partian el poder con los cómplices de sus crimenes á quienes temian sin
cesar;principes degenerados, en fin, que sacrificaban ciudades y provincias enteras para comprar ásus ene
migos fugaces treguas de paz, y que solo pedian á la suerte que durase el imperio al menos tanto como su
vida.
Sintióse pronto una rápida decadencia, los griegos habian perdido el espiritu del Evangelio en sus disputas
teológicas, y todo estaba entre ellos corrompido, hasta la religion. Una baja y universal hipocresia , dice Mon-
tesquieu, afeminaba los ánimos y hacia degenerar el imperio; habian desaparecido las virtudesque despiertan
el patriotismo; la astucia y la perfidia habian adquirido el nombre de politica y conseguian tantos elogios como
el valor, y los griegos creian tan glorioso engañar á sus enemigos como vencerlos. Sus soldados exigian en las
espediciones de guerra carros para no cansarse con el peso de las armas, habian perfeccionado todas las má
quinas que podian suplir el valoren los sitios y las batallas, y sus ejércitos desplega ban mucho aparato mili
tar, pero careciande combatientes. Losgriegos solo habian conservado de susantepasados el carácter turbulen
to y sedicioso que contrastaba con sus costumbres afeminadas y que solo se desplegaba en las turbulencias
civiles. Ardia continuamente la discordia en el pueblo y el ejercito, y to los se disputaban con encarnizamien
to un imperio amenazado por todas partes y cuya defensa encargaban á los bárbaros asalariados (4). El imperio

i Montesquieu ha reunido muchos hechos y consideraciones sobre el imperio de Bizancio en su admirable y rapido bosquejo
del engrandecimiento y decadencia del imperio romano. Gibbon desarrollo este cuadro con arte, y Lebeau, mas difuso aun,ha cumplido
la laboriosa tarea de un erudito.
LIBRO PRIMERO. — 300-1 095. 23
griego fué codiciado por los discipulos de Mahoma desde el origen de su seda, y una de las promesas que
el Coran hacia á los árabes era la conquista de Constantinopla. Cayeron ya en poder de losnuevos conquista
dores desde los primeros tiempos de la hegira la Siria, el Egipto y muchas provincias: prosterioi mente cru
zaronlos sectarios del Profeta las cordilleras del Tauro, esparciéndose por el Asia Menor sin que se conmoviera
la capital del imperio; y se vió claramente desde entonces que Constantinopla no seria jamás un baluartecon-
Ira el islamismo,sino por el contrario la puerta donde entrarían en la Europa cristiana los defensores del Coran.
Algunos sucesores de Constantino trataron de contener los pcgieses de los musulmanes, pero no secundaron
sus pueblos tan nobles esfuerzos, y muchos perecieron víctimas de su patriotismo.
En tanto que el Oriente llegaba á la época de su agonía y parecia minado por el tiempo y la corrupcion, el
Occidente yacia aun en la infancia de las sociedades, pues nada conservaba del imperio ni de las leyes de
Carlo-Magno. Los pueblos no tenían ninguna relacion mútua, y solo se comunicaban entre sí con el acero y
las llamas en la mano. Se habian confundido y amalgamado las naciones, los reinos, la Iglesia y la monarquía
v ninguna potencia tenia fuerza suficiente para contener el progreso de la anarquía y los abusos del feudalis
mo. Aunque la Europa estaba erizada de castillos y poblada de soldados, los estados yacian con frecuencia
faltos de apoyocontra sus enemigos, y no tenían ejércites para su propia defensa; en medio de la general
confusion, solo habia seguridad en los campamentos y fortalezas, que eran la custodia y el terror de los
pueblos y campiñas, y las ciudades mas populosas no ofrecian ningun asilo á la libertad. Era mirada en tan
poco la vida de los hombres, que era fácil comprar con algunas monedas la impunidad del asesinato, se
invocaba la justicia con la espada desenvainada, y con ella se pedia la reparacion de los ultrajes y ofensas.
No se conocian en el lenguaje de los barones y señores ninguna palabra que espresara el derecho de gentes;
toda su ciencia consistía en la guerra, y esta era la única política de los príncipes y los estados.
Pero esta barbarie de los pueblosde Occidente era muy diversa de la de los turcos, cuya religion y
costumbres rechazaban toda clase de civilizacion y de luces, y de la de les griegos que representaban un
pueblo corrompido. Mientras les unos adolecían de los vicies de un estado semisalvaje y los otros de la cor
rupcion de un imperio en decadencia, habia en las costumbres bárbaras de los francos sentimientos heroicos
v gloriosos que se parecian á las pasiones de la juventud. La barbarie torpe de los turcos les inducia á menos
preciar todo lo que era noble y grande; los griegos tenían una barbarie sabia y política que les hacia odiosos é
indignos el heroismo y las virtudes militares, y los francos eran tan valientes como los turcos y daban tanta
prez ála gloria como losdemás pueblos. El sentimiento del honor que creó la caballería en Europa, dirigio
su valor, y suplia algunas veces á la justicia y la virtud (4 ).
Los griegos habian reducido la religion cristiana á pueriles fórmulas y vanas prácticas de supersticion, y
no les inspiraba nunca grandes desig nios ni nobles intentos. La doctrina del Evangelio conservaba n as im
perio sobre los ánimos en los pueblos de Occidente, donde aun no se habian sometido los dogmas del
cristianismo á frecuentes disputas, y estimulando el entusiasmo de los corazones, formaba ú la vez santos v
héroes. Aunque la religion no predicaba siempre sus máximas morales con éxito y se hacia un abusode su
influencia, tendia empero á dulcificarlas costumbres de lospueblos bárbaros que habian invadido la Europa,
daba su sarita autoridad al débil, inspiraba á la fuerza ruda un temor saludable y corregía con frecuencia la
injusticia de las leyes humanas.
En medio de las tinieblas que inundaban la Europa, la religion cristiana conservaba la lengua latina, v
esta lengua que habia sido intérprete de una civilizacion, era la única memoria de los siglos pasados, la
única que pudiera servir de norma y de esperiencia á las nacientes sociedades. Mientras el despotismo y la
anarquía se repartian como despojos las ciudades y los reinos, los pueblos invocabanla religion contra Iíi
tiranía , y los príncipes la invocaban contra la licencia y la rebelion. El título de cristiano inspiró mas respeto
y despertó mas entusiasmo en medio de la turbulencia de los estados que el de ciudadano romano en la
antigua Roma; y enol esceso mismo de su barbarie, parecia que las naciones no reconocian otros legisladores
que los padres de los concilios ni otro código que el Evangelio y las santos Escrituras. Podia considerarse
muy bien á la Europa como una sociedad religiosa, cuyo interés principal era la conservacion de la fé v

( i ) El estado de la Europa en la edad media ha sido el objeto de una obra escelente. M. Hallam ( A View of Europe ¡n middIe
agn) habla de esta epoca con conciencia y erudicion.
24 HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
cuyos hombres pertenecian mas á la Iglesia que á la patria. ¿No era pues fácil en aquellos siglos inOamar el
espiritu de los pueblos pidiendo su defensa para la causa de la religion delos cristianos?
El sucesor de Romano Diógenes, el emperador Miguel Ducas, habia implorado el ausilio del papa y de los
principes de Occidente diez años antes de la invasion del Asia Menor por los turcos, y habia prometido allanar
todos los obstáculos que separaban la Iglesia griega de la romana, si los latinos tomabanlas armas contra los
infieles. Ocupaba entonces la cátedra de san Pedro Gregorio VII, cuyo talento, ilustracion, audacia é inflexibi-
lidad de carácter le hacian capaz de las mas grandiosas empresas, y la esperanza de estender el imperio de la
religion y el poder dela santa sede en Oriente le indujeron á aceptar las humildes súplicas de Miguel Ducas.
Exhortó pues á los fieles á que empuñasen las armas contra los musulmanes, y se comprometió á conducirlos
él mismo al Asia. Decia en sus cartas que los males de los cristianos de Oriente le habian conmovido hasta el
estremo de desear la muerte, y que preferia esponer su vida, para libertarlos santos lugares, á mandará todo
el universo. Arrastrados por sus exhortaciones cincuenta mil cristianos secomprometieron á seguir al pontifice
á Constantinopla y á Jerusalen, pero Gregorio no cumplió la promesa, y suspendieron la ejecucion de su pro
yecto los negocios de Europa que interesaban mas á su ambicion que los del Asia (1 ).
El progreso del cristianismo y la necesidad misma de salir de la barbarie aumentaban de dia en dia el pode
rio de los papas; Roma era por segunda vez la capital del mundo, y bajo el reinado de Hildebrando parecia
haber recobrado el imperio que gozaba en tiempo de los Césares. Armado Gregorio con el doble cuchillo de
san Pedro, defendió en voz alta que todos los reinos estaban bajo el dominio de la santa sede y que su au
toridad debia ser universalcomo la Iglesia de que era jefe. Estas pretensiones, cuyo primordial objeto eran la
independencia del santuario y la reforma del mundo cristiano,comprometieron al pontifice en violentas contien
das y disputascon el emperador do Alemania. Roma pretendió dictar tambien leyes á Francia, España, Suecia,
Polonia é Inglaterra , y ocupándose únicamente en darse á reconocer como árbitro de los estados, llegó á lan
zar anatemas sobre el trono de Constantino, á quien habia querido defender, y no pensó ya mas en libertar
á Jerusalen.
Victor III continuó la politica de su antecesor y combatió á la vez al emperador de Alemania y al par
tido del antipapa Guiberto, pero no descuidó la ocasion favorable de hacerla guerra á los musulmanes.
Los sarracenos que habitaban el África turbaban la nevegacion del Mediterráneo y amenazaban las costas
de Italia. Impelidos los pisanos, genoveses y otros pueblos por el celo religioso y el deseo de defender su
comercio, armaron escuadras, levantaron tropas y desembarcaron en las costas de África (2), donde, si he
mos de dar crédito á la crónica de la época, destrozaron un ejército de cien mil sarracenos. Y para que se
viera claramente, dice Baronio, que Dios protegia la causa de los cristianos, el mismo dia que los italianos
vencieron á los enemigos de Jesucristo, llegó maravillosamente la noticia á la otra parte de los mares. Los
genoveses y pisanos volvieron á Italia despues de haber entregado á las llamas las dos ciudades de Al-
Mahadia y Sibila (3), edificadas en el antiguo territorio de Cartago, y de obligar á un rey de Mauritania
á pagar un tributo á la santa sede, y los despojos de los vencidos se dedicaron al ornamento de los tem
plos.
Pero el papa Victor murió sin haber podido realizar el proyecto de atacar á los infieles del Asia, pues la
gloria de libertar á Jerusalen pertenecia á un oscuro peregrino , que solo tenia en tan alta mision su celo
religioso y no disponia de otro poder que la fuerza de su carácter y de su genio. Algunos atribuyen á Pe
dro el Ermitaño un oscuro origen, otros le creen descendiente de una familia noble de Picardia, y todos
están acordes en decir que tenia un esterior vulgar. La actividad é inquietud de su alma le arrastraron á
buscar en todas las condiciones de la vida una felicidad que no pudo hallar; no llegaron á llenar su co
razon y satisfacer su espiritu ardiente el estudio de las letras, la carrera de las armas, el celibato, el
matrimonio ni el estado eclesiástico, y disgustado del mundo y de los hombres, se retiró á la vida ere-
; 1 ) Las cartas que escribio Gregorio VII sobre esta espedicion estan insertas y comentadas de un modo completo en la Bibliote
ca de las Crinadas , t. II.—( 2) Véanse las Piesas justificativas al fin de la obra. Los historiadores de las guerras santas han olvidado
esta espedicion que es una verdadera cruzada. —( 3) La principal de las ciudades conquistadas por los cristianos, Al-Mahadia,ba-
bia sido fundada en el año 303 de la hegira por Obcidallah o Abdallah , segun los geografos orientales, y era muy poputosa aun en
el siglo xv. Shaw la visito en 1730 y la llama El-Medea; está situada a treinta millas de Túnez. Sibila, que es la otra ciudad con
quistada en esta espedicion, y que Shaw toma por la antigua I'«rns Annibalis, se halla á dos leguas mas al sur en la misma costa
del Mediterraneo.
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mítica mas austera. Exaltaron su imaginacion el ayuno, la oracion, la meditacion y el silencio de la sole
dad, y en medio de sus visiones, seguia una habitual correspondencia con el cielo y se creia el instrumento
de sus designios y el depositario de su voluntad. Tenia el fervor de un apóstol y el valor de un mártir;
su celo despreciaba los obstáculos, y le parecia fácil todo lo que deseaba: cuando hablaba (1 ), las pasio
nes que le agitaban, animabanla espresion de su rostro y desus palabras, que sabia comunicar á sus oyentes,
y nadie podia resistir á la fuerza de su elocuencia ni á la seduccion de su ejemplo. Tal fuií el hombre
estraordinario que convocó á la Europa á las cruzadas, y logró sin fortuna ni fama, y solo por el ascendien
te de sus lágrimas y súplicas, conmover el Occidente para lanzarlo en masa sobre el Asia.
El rumor do las peregrinaciones á Oriente arrancó á Pedro de su retiro, y siguió hasta Palestina á la
turba de cristianos que iban á visitar los santos lugares. El aspecto de Jerusalen le hizo mas impresion
que á los demás peregrinos, y mil sentimientos contrarios agitaron su alma exaltada. Todo lo que vió en
aquella ciudad, que conservaba las huellas de la misericordia y do la cólera divina, inflamó su caridad,
estimuló su devocion y su celo, y le inundó de respeto, de terror y de indignacion; y despues de haber
acompañado á sus hermanos al Calvario y al sepulcro de Jesucristo, visitó al patriarca de Jerusalen.
Las venerables canas de Simeon, su rostro augusto y tranquilo, y sobre todo la persecucion- de que
era víctima, le granjearon toda la confianza de Pedro, y lamentaron juntos los males de los cris
tianos. El Ermitaño preguntó, con el corazon ulcerado y el rostro bañado en lágrimas, si no habin
medio alguno para poner término a tantas calamidades. «¡O vos, el mas fiel de los cristianos! lo
a dijo el patriarca , ¿no veis que nuestras iniquidades nos han alejado del Señor y de su misericor-
«dia? El Asia yace en poder de los musulmanes; todo el Oriente cayó en la esclavitud, y no puede
«socorrernos ninguna potencia de la tierra.» Pedro interrumpió á Simeon y le dijo que tal vez lle
garía un dia en que los guerreros de Occidente serian los libertadores de Jerusalen. «Sí, no hay
«duda, añadió el patriarca; cuando nuestra afliccion llegue á su colmo, cuando Dios se compadezca
«de nuestras miserias, y enternecido el corazon de los príncipes de Occidente, los envie á ausiliar á
nla ciudad santa.» Diciendo estas palabras, Pedro y Simeon sintieron que la esperanza enviaba una
luz divina á sus almas, y se abrazaron vertiendo lágrimas de regocijo. El patriarca resolvió implo
rar el ausilio del papa y de los príncipes de Europa, y el Ermitaño juró ser el intérprete do los
cristianos de Oriente y armar al Occidente para libertarlo del yugo Sarraceno.
El entusiasmo de Pedro creció por momentos despues de este coloquio , y creyó que el cielo
mismo le habia encargado que vengase su causa. Un dia , hallándose prosternado ante el santo se
pulcro , se le figuró oir la voz de Jesucristo que le decia: «\ Levántale, Pedrol corre á anunciarlas
tribulaciones de mi pueblo. Ya es tiempo de que mis servidores sean socorridos y libertados los
santos lugares.» Inflamado con el espíritu de estas palabras que resonaban continuamente en su oido,
y provisto con las cartas del patriarca , partió de Palestina , cruzó los mares , desembarcó en las
costas de Italia , y fué á arrojarse á las plantas del pontífice. Ocupaba entonces la cátedra apostóli
ca Urbano II, discipulo y confidente de Gregorio y de Víctor. Urbano abrazó con entusiasmo un
proyecto cuya primera ¡dea habian concebido sus antecesores, acogió á Pedro como á un profeta,
aplaudió su designio y le encargó que anunciase la próxima libertad de Jerusalen.
El ermitaño Pedro cruzó la Italia , pasó los Alpes , recorrió la Francia y la mayor parte de
Europa abrasando á todos los corazones con el celo que le devoraba. Viajaba montado en una
mula , con un crucifijo en la mano , los piés descalzos , la cabeza descubierta , llevando el cuerpo
ceñido con una soga y cubierto con un ropon de la tela mas basta. El pueblo admiraba la singu-

(I) Ana Comneno, lib. X, llama á Pedro el Ermitaño Cucupicure, nombre derivado tal vez del picardo íioWo , pequeño, y do
la palabra Peíruí, Pedro. Si hemos de creer á Orderico Vital, el Ermitaño tenia además el nombre de Pedro de \Athcris, y asi lo de
signa la cronica delos condes de Anjou: Eremita quídam Petrus Achiriensis. Guillermo de Tiro dice que era ermitaño de 'nombre y
de hecho : Eremita nomine el tffectu. Adriano Baríand fc espresa asi en su libro De gestis ducum Brábantiw: Petrus Eremita, Ambia-
nensis, vir nobüis, prima celale rei müilari dedilus, tametsí litleris oplime imbulus, sed corporedefformisacbrevisstaturm, ete. Andrés
Thevet ha escrito la vida de Pedro el Ermitaño en su Historia de los hombres mas ilustres y mas sabios de su siglo, y la ha escjfMp^
tambien el padre d'Oultreman. Muchas familias pretenden ser sus descendientes, y la pretension mas razonablccsla deífH«ííri*
de Soulicrs que existe aunen el Limosin. ,I?7^v^f/
(í.'ys.*) 4 ' ['V-'
2G IIISTOIUA DE LAS CHUZADAS.
lar pobreza de su traje, pero la austeridad de sus costumbres , su caridad y la moral que predicaba
le hacian reverenciar como á un santo (4).
F.l ermitaño iba de ciudad en ciudad y de provincia en provincia , pidiendo á los unos valor y
h los otros compasion , ora subia á los pulpitos en los templos , ora predicaba en los caminos y
en las plazas públicas , y su elocuencia era vivaz y apasionada y matizada de apostrofes vehemen
tes que arrastraban á la muchedumbre. Recordaba la profanacion de los santos lugares y la sangre
de los cristianos vertida á torrentes en las calles de Jerusalen ; invocaba el cielo , los santos y los
ángeles, á quienes tomaba por testigos de la verdad de sus relatos; se dirigia al monte Sion , á la
roca del Calvario y al monte de los Olivos , á los que hacia exhalar sollozos y gemidos , y cuando se le
agotaban las palabras para describir las desgracias de los fieles, enseriaba á los oyentes el crucifijo
que llevaba consigo , se heria y martirizaba con él su pecho ó derramaba un torrente de amargas
lágrimas.
La multitud se amontonaba siguiendo los pasos de Pedro ; por todas partes era recibido como un
«nviado de Dios el predicador de la guerra santa; todos querian tener la dicha de locar su ropa,
y conservaban como santas reliquias los pelos arrancados á su muia. Se apaciguaban á su voz las
contiendas de las familias, eran socorridos los pobres , y los malvados se avergonzaban de sus esce
sos; no se hablaba mas que de las virtudes del elocuente cenobita ; se contaban sus '[ austeridades
y sus milagros (2), y se repetian sus discursos á los que no los habian oido ó no habian podido
edificarse con su presencia.
Encontraba con frecuencia en sus correrias cristianos de Oriente desterrados de su patria y re
corriendo la Europa mendigando. El ermitaño Pedro los presentaba al pueblo como testigos vivientes
de la barbarie de los infieles , y mostrando el santo orador los harapos con que iban vestidos,
alzaba su voz con violencia contra sus opresores y verdugos. Este espectáculo inspiraba á los
fieles la mas viva emocion de piedad y el furor de la venganza, todos lamentaban de corazon las
desgracias y la deshonra de Jerusalen elevando sus súplicas al cielo para implorar á Dios que se
dignase dirigir una mirada á su ciudad predilecta, unos ofrecian sus riquezas, otros sus oraciones, y todos
prometian su existencia para libertar los santos lugares.
En medio de esta agitacion general, viéndose Alejo Comneno amenazado por los turcos, envió al
papa embajadores solicitando el ausilio de los latinos. Habia dirigido poco tiempo antes do esta em
bajada cartas á los principes de Occidente, contándoles del modo mas lamentable las conquistas de
los turcos en el Asia Menor. Hallábanse á las puertas de Bizancio (3) aquellas hordas salvajes que
habian ultrajado la naturaleza y la humanidad en los escesos y embriaguez de la victoria , y
sin un pronto socorro de todos los pueblos cristianos , la ciudad de Constantinopla iba á sucumbir
bajola mas espantosa dominacion. Alejo recordaba á los principes de la cristiandad las santas reliquias
custodiadas en Constantinopla, y les suplicaba que salvasen tan sagrado depósito de la profanacion
de los infieles. Despues de ponderar el esplendor y las riquezas de su capital, exhortaba á los caba
lleros y barones á que fudran á defenderlas , les ofrecia sus tesoros en premio de su valor , y les
alababa la hermosura de las mujeres griegas, cuyo amor debia ser el galardon de las hazañas de
sus libertadores. No olvidó nada que pudiera halagar las pasiones ó despertar el entusiasmo de los
guerreros de Occidente. «La invasion de los turcos era para Alejo la peor calamidad que pu-

(1) El mas curioso de todos los historiadores que tratan de Pedro el Ermitaño es el abate Guibert. (Biblioteca de las Cruzadas.)
— (2) Guiberl manifiesta que no da entero crédito a lo que cuenta sobre Pedro el Ermitaño, y tiene cuidado en añadir que su re
lacion es debida menos á la verdad que al pueblo que es amigo de lo nuevo y estraordinario (lib. I, cap. 8. ) — (3} Guibert trae
un estrado de la carta de Alejo y se halla Integra en el Amplissim. collec, de dom Martenne. { Véase su traduccion en la Biblioteca
de las Cruzadas, t. I. M. Hecren pone en duda su autenticidad en su sabio comentario latino sobre los historiadores griegos, y
la principal razon en que apoya su parecer, es que esta carta se opone al caracter comun de los emperados griegos. No me parece
suficiente esta razon, porque aunque es sabido que los emperadores de Constantinopla afectaban por lo regular mucha altane
ria en su correspondencia, tambien es cierto que no escaseaban las súplicas cuando se veian amenazados y necesitaban ausilio,
y que nada se une mejor a la vanidad que la bajeza. Algunos crtticos se niegan a creer que Alejo haya hablado en sus carias
delas mujeres hermosas de la Grecia, pero es muy verosimil, porque uno de los objetos que mas anhelaban los turcos alata-
■r A Bizancio eran sus beldades. Adviértase ademas que al escribir Comneno á los francos, suponia, como todos los griegos,
que eran unos barbaros, y creia halagartos , con una promesa adecuada a su caracter.
LIBRO PRIMERO.— 300-1093. £7
diera pesar sobre cualquier jefe de un reino cristiano , y para salvarse de un peligro lan
inminente, todo le parecia justo y conveniente. Le seria fácil sufrir la pérdida de su corona, pero
no la mengua de ver sus estados sometidos á las leyes de Mahoma, y si debia perder el imperio,
se consolaba de antemano con tal que la Grecia se salvase del yugo musulman y fuese herencia
de los latinos. »
El soberano pontífice convocó un concilio en Plasencia para contestar á las súplicas de Alejo y á
los deseos de los fieles, y para esponcr en él los peligros de la Iglesia griega y de la Iglesia latina
de Oriente (1). Habian preparado de tal modo los ánimos las predicaciones de Pedro, que obedecie
ron á la invitacion de la santa sede mas de doscientos obispos y arzobispos , cuatro mil eclesiásticos
y treinta mil legos. Era tan numeroso el concilio, que hubo necesidad de celebrar la asamblea cu
una llanura cercana á la ciudad.
Todas las miradas de los asistentes á la asamblea se dirigieron a los embajadores de Alejo , cuva
presencia en un concilio cristiano era un presagio funesto de los desastres de Oriente. Luego que estos
exhortaron á los príncipes y guerreros á que salvasen á Constantinopla y Jerusalen, Urbano apoyó
sus discursos y sus súplicas con todas las razones que le pudieron sugerir el interés de la cristian
dad y la causa de la religion. No obstante, el concilio de Plasencia no resolvió nada sobre la guerra
contra los infieles , pues no solo tenia por objeto la libertad de la Tierra Santa, sino que tambien
ocuparon muchos dias la atencion de Urbano y de los padres del concilio las declaraciones de la
emperatriz Adelaida, que fué á revelar su propia deshonra y la de su esposo, y los anatemas contra
el emperador de Alemania y el antipapa Guiberto.
Existen otras razones que esplican el débil efecto que produjo la predicacion de Urbano en el
concilio de Plasencia. Los pueblos de Italia á quienes se dirigia el soberano pontífice, se entregaban
entonces al comercio, y el espíritu mercantil no conduce por lo regular al entusiasmo religioso; y
además la Italia estaba alucinada por el afan de libertad que engendraba las turbulencias y hacia
despreciar los intereses de la religion. Añádase á esto que hallándose reducido entonces al mas
duro estremo el poder pontificio, habia perdido una gran parte de su prestigio y de su influencia,
para con los pueblos de allende los Alpes. Mientras el mundo cristiano reverenciaba en Urbano al
formidable sucesor de Gregorio, los italianos cuya caridad habia implorado algunas veces, solo cono
cian sus desgracias é infortunios, no sentían mayor celo religioso con su presencia, y las decisiones
de Urbano no tenian fuerza de ley para los que le habian visto fraguar en el seno de la miseria
y del destierro los rayos lanzados sobre los tronos de Occidente.
El prudente pontífice no trató de despertar el ardor de los italianos, y pensó además que su ejempla
no seria bastante para arrastrar á las demás naciones. Deseando tomar un partido decisivo sobre la guer
ra santa é interesar en su éxito á todos los pueblos, resolvió convocar otro concilio en el seno de la nacion
guerrera que desde los siglos mas remotos habia sido el impulso de la Europa. El nuevo sínodo convo
cado en Clermont de Auvernia (2) fué lan numeroso y respetable como el de Plasencia, y los santos y
doctores mas famosos fuéron á honrarlo con su presencia y á ilustrarlo con sus consejos. La ciudad de
Clermont (3) apenas pudo hospedar dentro de sus muros á todos los príncipes, embajadores y prelados
que acudieron al concilio, «de modo que dice una antigua crónica que á mediados de noviembre estaban
ya llenos de gente los pueblos y aldeas de las cercanías , viéndose obligados muchos á armar sus tien-

(1) Concilios, t. xn, p. 821. — ¡2) Vease á Guillermo Aubert, Historia de la Conquista de Jerusalen, lib. I. —¡3) Urbano no acu
dio en seguida al concilio, pues recorrio antes todas las provincias meridionales de Francia donde reunio algunos concilios par
ticulares. Hemos trazado el itinerario de su viaje siguiendo los documentos diplomáticos de la epoca. Urbano cruzo los Alpes
en el mes de julio de 1095 y llego á Valencia de Francia a principios del mes de agosto. Se dirigio despues al Puy de Veley, don
de habia resuelto convocar el concilio, pero no hallando ningun preparativo en esta ciudad, indico a Clermont y lijo la asamblea
para el 1 8 de noviembre ( Reims. Vita Urb. II, núm. 188 y sig.). F.1 pontífice visito despues el monasterio de Chisac, cuya iglesia
consagro concediendole ciertos privilegios (Buü. Urban. citada por dom Vaissett, llist. del Languedoc. t. II, p. 2881. Urbano llego
á Nimes á Dnes de agosto Jleims Vita Urb. núm. 194 y sig. Mabill.ad ann. 1095, n. 21 ¡. Paso en seguida el Rodano y llegoa Ta
ras ¡Martenne, CMec. amp'isíim. t. I, p. sófi ), despues fue a Aviñon, recorrió toda la Borgoña y volvio i Clermont el 1 4 de no-
\¡cmbrc ¡ Rcims. Vita Urb. , n. 195). Terminado el concilio, fue á Angers, donde la publicacion de la cruzada ocasiono la persecu
cion de lo? judíos.
28 HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
das y pabellones en medio de los campos y prados, aunque la estacion y el pais eran rigurosamente frios . »
El concilio lijó toda su atencion en la reforma del clero y de la disciplina eclesiástica antes de ocu
parse de la guerra santa , y trató despues de poner un freno á la libertad de las guerras entre particu
lares. Los caballeros vengaban sus injurias por medio de las armas en aquellos siglos bárbaros; el mas
leve motivo bastaba para que las familias se declarasen una guerra que duraba muchas generaciones,
y la Europa estaba sumergida en sangrientas turbulencias ocasionadas por estas hostilidades. La Iglesia
empleó con frecuencia su útil influencia para restablecer la paz viendo que eran impotentes las leyes y los
gobiernos, y numerosos concilios prohibieron las guerras entre particulares durante cuatro dias de la
semana , invocando en sus decretos la venganza del cielo contra los perturbadores de la tranquilidad
pública.
El concilio de Clermont renovó la tregua de Dios (1). Estaba prohibido provocar á otro, matarlo, he
rirlo ó arrebatarle el ganado ó botin desde el domingo primero de cuaresma hasta la segunda feria, al
salir el sol despues do la octava de Pentecostés , y desde la cuarta feria que precede al Adviento del
Señor por la tarde hasta la octava de la Epifania. Igual prohibicion habia en todas las semanas del año
desde la cuarta feria al ocultarse el sol hasta la segunda feria al amanecer y en todas las festividades del
año , de la Virgen y de los Apóstoles con sus vigilias. El concilio decidió además que gozasen de una paz
perpetua y quedasen al abrigo de la violencia y del saqueo todas las iglesias con sus atrios , las cruces
de los caminos, los monjes y clérigos, las religiosas y las mujeres, los peregrinos, los comerciantes con
sus criados , los bueyes , los caballos de labor , los hombres que condujesen sus carros y los pastores con
sus ganados. Todos los cristianos debian jurar desde los diez años de edad someterse á la tregua de Dios
y tomar las armas contra los que faltasen á su juramento y al cumplimiento de esta ley , y quedaban
escornulgados todos los que no jurasen obedecer la tregua de Dios.
Proclamáronse á la vez la paz de Dios y la guerra de Dios : el concilio redactó numerosos reglamen
tos para la disciplina eclesiástica y la reforma de la Iglesia , pero lodos estos decretos y hasta la esco
munion lanzada contra Felipe I rey de Francia (2), no lograron separar la atencion general de un ob
jeto que se consideraba de la mayor importancia , cual era la cautividad y las desgracias de Jerusalen.
Llegó á su colmo el entusiasmo y el fanatismo, que adquiere siempre mayor ardor en las asambleas nu
merosas, y Urbano satisfizo al fin la impaciencia de los fieles. El concilio celebró su décima sesion en la
plaza mayor de Clermont que invadió una multitud inmensa; el papa seguido de sus cardenales subió á
un trono que se habia alzado para él y todos vieron aparecer á su lado al ermitaño Pedro con su bor
don de peregrino y el vestido de lana que le habia granjeado la atencion y el respeto de la muchedum
bre. El apóstol de la guerra santa fué el primero que habló repitiendo los ultrajes que habia recibido
la fé de Jesucristo y recordandolas profanaciones y los sacrilegios de que habia sido testigo, y los tormentos
y persecuciones que un pueblo sin Dios hacia sufrir á los que iban á visitar los santos lugares. Dijo que ha
bia visto á los cristianos cargados de cadenas, sumidos en la mas dura esclavitud y uncidos como animales
de carga; que habia visto á los opresores do Jerusalen vender á los hijos de Jesucristo el permiso de saludar
el sepulcro de su Dios, arrancarles hasta el pan de su miseria y atormentar la misma pobreza para alcan
zar tributos, y que se habia llenado de luto su corazon viendo á los ministros del Todopoderoso arran
cados del santuario, apaleados y condenados á una muerte ignominiosa. El rostro de Pedro estaba abati
do y consternado al relatar las desgracias y la deshonra dolos cristianos, los sollozos ahogaban su voz y
su viva emocion llegaba hasta el fondo de todos los corazones.
Urbano lomó la palabra despues del ermitaño 'Pedro y se espresó en estos términos: «Acabais de oiral

( I ) La tregua de Dios, treva 6 Irenya Dei fué publicada por primera vez en Aquilania, A. D. 1032 , pero la rechazo con fre
cuencia la nobleza como contraria a sus privilegios. Véase Ducange, Glos. t. VI, p. 682-685. — (2) La causa que indujo a
Urbano lia lanzar su cscomunion contra Felipe I rey de Francia, puede hasta cierto punto defender el violento uso de la auto
ridad pontificia, y esta circunstancia nos proporciona ademas la ocasion de hacer una advertencia olvidada por los historiado
res eclesiasticos, aun los partidarios mas entusiastas de la corte romana. Nadie ignora que la cscomunion lanzada contra Fe
lipe I y las que posteriormente lanzo la sede apostolica contra Luis VII y Felipe Augusto, se fundaron en gran parte sobrela
\ iolacion de las leyes del matrimonio. Puede decirse que el resultado del poder de los papas tendio entonces a conservar la
santidad de una institucion que es la primera base de la sociedad. ¿Qué otra barrera podia oponerse en los siglos barbaros a
'j licencia en un e mirato don le loman tanta parte las pasiones ? Los pontifices prestaron un servicio eminente a la sociedad
al ah'i.-ar d'' s i poder con lun rectos y piadosos deseos.
LIBRO PRIMERO.— 300-1095. 29
"enviado de los cristianos de Oriente, y él os ha dichola lamentable suerte de Jerusalen y del pueblo de Dios;
«cual se ha visto obligada á servir á las supersticiones paganas la ciudad del Rey do los reyes que trasmitió
s a los demás los preceptos de una fé pura, y como ha sido manchado, por los que no deben resucitar mas
«que para servir de paja al fuego eterno , el sepulcro milagroso donde la muerte no pudo guardar su
»presa, el sepulcro que es manantial de la vida futura y sobre el cual se alzó el Sol de la resurreccion. La
»iinpiedad victoriosa ha inundado de tinieblas las comarcas mas fértiles del Asia; son ya ciudades musulma-
»nas Antioquía, Efeso y Nicea, y las hordas bárbaras de los turcos han clavado sus pendones en las orillas
»del Helesponto desde donde amenazan á todas las naciones cristianas. Si el único Dios no les contiene en su
» marcha triunfante armando á sus hijos, ¿qué nacion, qué reino podrá cerrarles las puertas de Occidente?»
El soberano pontífice se dirigía á todas las naciones cristianas, pero especialmente á los franceses, pues
la Iglesia cifraba en su valor toda su esperanza, y el papa habia cruzado los Alpes y les habia traido la
palabra de Dios porque conocia su valor y su piedad. A medida que el pontífice pronunciaba su discurso,
sus oyentes participaban de los sentimientos que le animaban, y so esforzaba á escitar en los corazo
nes de los caballeros y de los barones que le oian, el amor á la gloria, la ambicion de las conquistas,
el entusiasmo religioso, y sobre todo la compasion hácia sus hermanos los cristianos. «El pueblo digno
»de alabanzas, les decia, el pueblo bendecido por el Señor Dios nuestro, gime y sucumbe bajo el peso de
»los ultrajes y humillaciones mas vergonzosas. La raza de los elegidos sufre indignas persecuciones, y
»la raza impía de los sarracenos no ha respetado las vírgenes del Soñor ni el colegio real de los sacer-
ndotes. Han cargado de cadenas las manos de los débiles y de los ancianos; han arrancado á los hijos del
«seno do sus madres para que olviden entro los bárbaros el nombre del Dios verdadero; una nacion
• perversa ha profanado los hospicios que esperaban á los pobres viajeros en el camino do los santos luga-
»res, el templo del Señor ha sido tratado como un hombre infame, y los ornamentos del santuario arrebatados
»como cautivos. ¿Qué mas os diré"? ¿No hubieran abandonado sus moradas de desolacion, en medio de
«tantos males los habitantes de Jerusalen, los custodios del Calvario, los servidores y conciudadanos del
» Hombre Dios, si no se hubieran impuesto la obligacion de albergar y socorrerá los peregrinos, sino
«temiesen dejar sin sacerdotes sus altares y sin ceremonias religiosas una tierra empapada aun con la
b sangre de Jesucristo?
» (Desgraciado de nos, de mis hijos y de mis hermanos, que vivimos en estos dias de calamidad! ¿Hemos
«venido acaso al mundo en este siglo reprobado del ciclo para presenciarla desolacion do la ciudad
«santa y para permanecer en paz mientras yace oprimida por sus enemigos? ¿No es preferible morir
»en la guerra, que sufrir por mas tiempo tan horrible espectáculo? Lloremos todas nuestras faltas que han
«armado la cólera divina, lloremos, sí. . . pero que no sean nuestras lágrimas como la semilla arrojada en la
«arena, que el fuego de nuestro arrepentimiento encienda la guerra santa y el amor de nuestros her-
«manos nos conduzca al combate, siendo nuestro amor mas fuerte que la misma muerte al pelear con-
»tra los enemigos del pueblo cristiano.
«Guerreros que ois mi acento, continuaba el elocuente pontífice, vosotros los que vais en pos deva-
«nos pretestos de guerra, regocijaos, pues ya hallasteis una guerra legítima; ha llegado el momento de
«mostrar si os anima el verdadero valor; ha llegado el dia de espiar tanta violencia cometida en el
«seno de la paz y tantas victorias manchadas con la crueldad y la injusticia! Vosotros los que habeis sido
«hasta hoy el terror de vuestros conciudadanos y vendeis al furor ajeno vuestros brazos por un vil sala-
»rio , armaos con la es¡iada de los Macabeos é id á defender la casa de Israel que es la viña del Señor de los eje'r-
«c/ios. No se trata ya de vengar las injurias de los hombres sino las de la Divinidad; no se trata ya do
«atacar una ciudad ó un castillo, sino do conquistar los santos lugares. Si triunfais, serán vuestro galar-
«don las bendiciones del ciclo y los reinos del Asia, y si sucumbis, conseguireis la gloria de morir en
«los mismos sitios que Jesucristo, y Dios no olvidará que os ha visto en su milicia santa. No os retengan
«en vuestros hogares cobardes afecciones ni sentimientos profanos; soldados del Dios vivo, no escu-
«cheis mas que los lamentos de Sion, romped todos los lazos de la tierra y acordaos de lo que ha dicho
»el Señor: El que ame á su padre ó á su madre mas qne á mi no es d'vjno de mi, y el que aban-
nbnc su casa, su padre, su madre, su mujer, sus lujos ó su herencia ¡mr mi nombre, será recompen
sado centuplicadamente . y nozará la vida cierna.»
30 HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
El discurso de Urbano penetró, abrasó todos los corazones y pareció una llama ardiente descendi
da del cielo. Arrastrada la asamblea de los fieles por un entusiasmo que nunca habia inspirado la
elocuencia humana, se alzó en masa para pronunciar estas palabras: Dios lo quiere! Dios lo quiere!
Este grito unánime se oyó repetidas veces, y resonó á lo lejos en la ciudad de Clermont, volando el
eco hasta los cercanos montes. Cuando se restableció la calma, continué el santo pontifice diciendo:
Veis aqui cumplida la promesa divina, pues Jesucristo ha declarado que cuando sus discipulos se
reunieran en su nombre, estaria en medio de ellos. Si, el Salvador del mundo está ahora entre
vosotros, y él ha sido quien os ha inspirado los acentos que acabo de oir. Sean en adelante
vuestro grito de guerra esas palabras: Dios lo quiere! y anuncien en todas partes la presencia del
Dios de los ejércitos. Dijo, y mostró á la asamblea de los cristianos el signo de su redencion. Es
el mismo Jesucristo, continuó, que sale de su sepulcro y os presenta su cruz; ella será el signo
elevado entre las naciones que ha de reunir los hijos dispersos de Israel; llevadla sobre vuestros
hombros ó sobre vuestro pecho, brille en vuestras armas y banderas, sea para vosotros la prenda
de la victoria ó la palma del martirio, y ella os recordará sin cesar que Jesucristo murió por no
sotros y que debemos morir por él (1).
La agitacion era inmensa cuando Urbano acabó de hablar, y no se oian mas que las esclamacio-
nes de, Dios lo quiere! Dios lo quiere! que era la voz de todo el pueblo cristiano. El cardenal
Gregorio, que subió despues á la cátedra de San Pedro bajo el nombre de Inocencio , pronunció
en voz alta una fórmula de confesion general, y prosternándose de rodillas todos los asistentes, se
dieron golpes de pecho y recibieron la absolucion de sus pecados.
El obispo de Puy, Ademaro de Monteil (2), fué el primero que pidió entrar en la senda de Dios,
y tomó la cruz de las manos del papa , y muchos siguieron su ejemplo. El conde de Tolosa
Raimundo, que habia peleado ya con los sarracenos de España , se escusó por medio de sus em
bajadores de no haber asistido al concilio de Clermont, y prometió partir al Asia al frente de sus
mas leales guerreros. Los barones y caballeros que oyeron las exhortaciones de Urbano juraron ven
gar la causa de Jesucristo, olvidaron sus propias contiendas, prometiendo combatir unidos á los ene
migos do la fé cristiana , y todos los fieles juraron respetar las decisiones del concilio , adornando
sus vestidos con una cruz roja de paño ó de seda (3), tomando desde entonces el nombre de cru
zados y dando el de cruzada á la guerra que iba á hacerse á los sarracenos.
Los fieles suplicaron á Urbano que se pusiera al frente de la espedicion, pero como et papa no
habia vencido aun al antipapa Guiberto y perseguia con sus anatemas al rey de Francia y al em
perador de Alemania, no podia salir de Europa sin comprometer el poder y la politica de la santa
sede. Se negó á ser jefe de la cruzada y nombró legado apostólico del ejército cristiano al obispo
de Puy.
(1) Baron ¡o copia, al hablar del año 1095, tres discursos del papa sobrelas cruzadas. Estos discursos son muy parecidos y
es creible que los pronunciase en los diferentes concilios que convoco antes del general. No se sabe a punto lijo la lengua en que
se espreso el pontifice, y aunque todos los historiadores delas cruzadas reproducen sus discursos en latin, no es testimo
nio suficiente para probar que hablase en esta lengua. Es bastante tener algunas nociones sobre la edad media para suber
que, & pesar de ser el latin la lengua usada en todas las actas de la vida civil y en la correspondencia, no obs
tante no fué nunca el idioma popular. Los legos hablaban diversos dialectos que variaban segun las provincias, aunque
caracterizase una diferencia mas notable los paises situados aquende y atiendo el Loira. Como el pueblo no entendia mas
que estos dialectos, era probable que so hablase en ellos cuando se intentaba escilar sus pasiones, y Urbano seespresa-
ria indudablemente en el dialecto que se hablaba entonces en Auvernia donde se celebro el concilio. Es preciso advertir
ademas que Urbano era francés y que le seria mas facil esplicarse en idioma vulgar.— 8) El obispo de Puy, Ademaro de
Monteil , era hijo del consul de la provincia do Valencia , y reputado como un varon de saber y de firmeza. (Véase la
Cronica del monasterio de San Pedro de Puy, en la pag. 7 y sig. de las pruebas de la Historia del Languedoc de don Yais-
sette.JEste historiador dice en la Gallia christiana, t. I. pag. 701, que Ademaro habia sido un soldado distinguido (lom.
II. pag. 283.) — (3) La cruz que llevaban los fieles en esta cruzada era de paño y algunas veces de seda encarna
da. Despues fué de muchos colores ; se la ponian sobre ol hombro derecho en el vestido o en la capa, o bien se la colo
caban delante del casco. El padre Montfaucon ha grabado en sus Monumentos de la monarquia francesa las pinturas do las vidrie
ras de la iglesia áe San Dionisio que representan la primera cruzada, y se ven en elías los cruzados con cruces pintadas en las ban
derolas de sus lanzas o delante de sus cascos. (Monum. dela monarq. franc. 1. 1, p. 381 y sig.) Algunos, ya por supersticion, vapor lii-
pocresia,se imprimian sobre la piel cruces con hierros candentes (Massill. Anal, ad ann. 1005.) El papa y los obispos bendecian las
cruces, y se bailan en el Ritual romano las ceremonias usadas en estos casos. Al volver de la cruzada, se arrancaban del hombro el
signo sagrado y se lo colocaban en la espalda se lo colgaban al cuello.
LIBRO PRIMERO.— 309-1095. 31
Prometió á todos los cruzados la absolucion de sus pecados , y puso bajo la proteccion de la
Iglesia y de los apóstoles san Pedro y san Pablo sus personas, sus familias y sus bienes. El conci
lio declaró que seria castigada con el anatema cualquiera violencia ejercida contra los soldados
de Jesucristo, y recomendó á la vigilancia de los sacerdotes y obispos los decretos quo defendian
á los cruzados. Arregló la disciplina, fijó la época de. la partida de los que se habian alistado en la
milicia santa, y temeroso do que la reflexion no detuviera a algunos en sus hogares, amenazó con
la escomunion á los que faltaren á su juramento.
La fama publicó por toda Europa la guerra que acababa de declararse a los infieles, y Urbano re
corrió diversas provincias de Francia para completar su obra tan felizmente inaugurada. Convocó
concilios en las ciudades de Ruen, Angers, Tours y Nimes á donde acudieron la nobleza, el clero y
el pueblo para oir al padre de los fieles y deplorar con ól las desgracias de Sion. Los obispos y los
simples sacerdotes no cesaban de bendecir en todas las diócesis y parroquias cruces para los fieles
que prometían armarse para libertar á la Tierra Santa. La Iglesia ha conservado en sus anales las fór
mulas de las oraciones recitadas en esta ceremonia. Despues de invocar el sacerdote el ausilio del Dios que
ha creado el cielo y la tierra, rogaba al Señor que bendijera con su patriarcal bondad la cruz de los
peregrinos , cual lo hiciera en otro tiempo con la vara de Aaron ; pedia á la misericordia divina
que no abandonara en los peligros á los que iban á pelear por Jesucristo y les enviara al ángel
Gabriel que habia sido el fiel compañero de Tobias, y dirigiéndose entonces á cada peregrino arro
dillado ante él, le decia despues de haber clavado la cruz sobre su pecho: Recibe este signo, ima
gen de la pasion y muerte del Salvador del mundo, para que se aparten de tí en tu viaje la des
gracia y el pecado y vuelvas al seno de los tuyos mas feliz y sobre todo mas perfecto. El auditorio
respondia: AMEN, y el entusiasmo que inspiraba esta ceremonia, inflamaba todos los corazones.
Parecia que los franceses no tenian mas patria que la Tierra Santa y que le eran deudores del
sacrificio de su reposo, de sus bienes y de su vida. No tardó en comunicarse á los demás pueblos
cristianos este entusiasmo sin límites, é invadió la Inglaterra comovida aun por la conquista reciente
(le los normandos, la Alemania agitada por los anatemas de Gregorio y de Urbano, la Italia devo
rada por los partidos, y la misma España que combatia á los sarracenos en su propio territorio. Era
tanto el ascendiente de la religion ultrajada por los infieles y tanta la influencia del ejemplo que da
ban los franceses, que todas las naciones olvidaron su ambicion ó sus temores y dieron á la cruza
da los soldados que necesitaban para su defensa . Todo el Occidente se conmovió con estas palabras:
El que no lleve mi cruz y no me siga, no será digno de mi.
Contribuía á aumentar el número de los peregrinos la situacion en que se hallaba la Europa.
Todo yacia envuelto en tal desorden, dice Guillermo de Tiro, que parecia quo el mundo marchaba
á su decadencia y que debia estar próxima la segunda venida del Hijo del hombre. El pueblo ge
mía bajo la mas horrible esclavitud, y la espantosa miseria que asolaba muchos años hacia la
Francia y la mayor parte de los reinos de Occidente, habia engendrado todo género de calamidades,
crímenes y latrocinios (1).. Aldeas enteras y aun ciudades populosas caían en escombros y se queda
ban sin moradores, y los pueblos abandonaron sin pesar una tierra que no podia alimentarlos ni les
ofrecia reposo ni seguridad. El estandarte de la cruz pareció á todos un seguro asilo contra la mi
seria y la opresion, pues segun los decretos del concilio de Clermont los cruzados estaban exentos
de impuestos y no podian ser perseguidos por deudas durante su viaje. El nombre de la cruz era
bastante para que las leyes suspendieran sus amenazas, no pudiera apoderarse de sus víctimas la tiranía
ni la misma justicia de los culpables si la Iglesia los adoptaba por defensores, y la certeza de la im
punidad, la esperanza de mejor suerte y el afan de la licencia y de sacudir las cadenas mas sa
gradas, aglomeraron á la multitud bajo el pendon de la cruzada.
Muchos señores, que no habian tomado la cruz y que veian partir á sus vasallos sin poderlos
contener, se determinaron á seguirles como jefes militares para conservar algun resto de su auto-

(1) Algunos historiadores han hablado de una enfermedad epidemica que reinaba en esta epoca y que llamaban lues ig-
nis cutanei. Es et fuego de santa Gertrudis ¡ Ex chronic. aufred. Historiadores de Francia, t. XII, p. i%7( Vease tambien la obra
deEchard, titulada De erpugnatione Hierosolimlloni anulizada en la Biblioteca de las Cruzadas.
32 HISTORIA Dlí LAS CRUZADAS.
rulad. La mayor parte de los condes y barones no dudaron abandonar la Europa, viendo que el
concilio de Clcrmont acababa do declararla en estado de paz y que no podia ofrecerles ocasion de
hacer alarde de su valor , y porque tenian además muchos crimenes que espiar. Empuñaron la
cruz y las armas, dice Montesquicu, porque se les prometió perdonárselos siguiendo su pasion dominante.
La Iglesia no habia renunciado aun al uso de imponer penitencias públicas , y como muchos se
avergonzaban de confesar sus faltas delante de sus conciudadanos y amigos (1), prefirieron hacerla
peregrinacion y esponerso á los peligros y fatigas do un largo viaje. El tribunal de la penitencia
mandaba algunas veces á los fieles, especialmente á los guerreros, que se retirasen á un sitio ig
norado y que evitasen escrupulosamente la disipacion y los combates, y puede juzgarse la revolucion que
debieron esperimentar los ánimos, cuando la misma Iglesia hizo oir de pronto el clarin guerrero,
y recomendó como agradables á Dios el afan de las conquistas, la gloria del triunfo y el entusiasmo
por desafiar los peligros que miraban antes como un pecado. Es de creer que estas innovaciones do
la disciplina eclesiástica no favorecerian las virtudes ni la pureza de las costumbres, pero es cierto
que sirvieron maravillosamente á la guerra santa y aumentaron considerablemente el número do
los peregrinos y vengadores del santo sepulcro.
El clero fué el primero en dar ejemplo. La mayor parte de los obispos, que tenian titulo do
conde ó baron y que habian hecho frecuentemente la guerra para defender los derechos de sus obispados,
creveron que debian armarse por la causa de Jesucristo. Tomaron tambien la cruz los sacerdotes
para dar mas fuerza á sus predicaciones, y algunos de ellos que, como veremos mas adelante, te
nian sin duda presentes en su memoria los obispados del Asia, cedian con la esperanza de ocupar
un dia las sillas mas célebres de la Iglesia de Oriente.
En medio de la anarquia y turbulencias que asolaban la Europa desde el reinado de Carlomag-
no, se habia formado una asociacion de nobles caballeros que recorrian el mundo en busca de
aventuras, y que habian prestado el juramento de proteger la inocencia, de socorrer á los dóbiles
oprimidos y combatir á los infieles. La religion , que habia consagrado su institucion y bendecido
su espada, los llamó en su defensa, un gran número de estos guerreros se alistaron al pendon de
la cruz, y formaron el núcleo de la órden de la caballeria que debió una gran parte de su brillo
y sus progresos á la guerra santa.
Tambien les estimuló la ambicion de su sacrificio por la causa de Jesucristo, pues si la religion
prometia sus recompensas á los que iban á combatir por ella, la fortuna les prometia tambien las ri
quezas y los tronos de la tierra. Los que volvian de Oriente hablaban con entusiasmo de los pro
digios que habian visto y de las ricas provincias que habian cruzado: todos sabian que trescientos
normandos habian conquistado á los sarracenos la Pulla y la Sicilia (2); y todas las tierras ocupadas
por los infieles debian pertenecer, segun la opinion general de aquella época, a los hazañosos ca
balleros que no tenian mas riqueza que su cuna, su valor y su espada (3).
No ha de olvidarse, empero, que el entusiasmo religioso era el primero y principal móvil que pon ia
en 'movimiento á todo el mundo cristiano. Los hombres siguen sus tendencias naturales y solo obe
decen á sus inclinaciones en las épocas normales, pero en el siglo que describimos la devocion de la
peregrinacion, que se avivaba comunicándose y que podia llamarse la locura de la cruz (i), segun
(1) Muchas personas se avergonzaban de hacer penitencia inter notos, y(ase la Relacion de un empleado del conde de Blois,
Biblioteca de ¡as Crusadas. —^2) Cuarenta normandos vestidos de peregrinos de regreso de Palestina en 100Í desembarcaron en Sa
lomo; eran hombres de elevada estatura y so hacian notar por su continente y por sus armas; encontraron laciudad sitiada por los
sarracenos, y pidieron a Gaimar, que era entonces principe de aquel pais, caballos y armas. Cayeron repentinamente sobre los ene
migos, mataron muchos, pusieron & los demas en vergonzosa fuga y alcanzaron una admirable victoria. El principe los colmo de
alabanzas y regalos y les pidio que se quedasen en su corte, pero los peregrinos, rehusaron los presentes, diciendo que habian pelea
do por amor de Dios y por el triunfo de la fé cristiana, y declararon que debian volver a su pais. El principe convoco su consejo,
envio con ellos embajadores á Normandfa cargados con los frutos del pais, é invito á los normandos a que vinieran a la comar
ca feliz que los producia. Esta embajada no tuvo efecto, pero otra ocasion facilito á los normandos la entrada do Italia don
de llevaron a cabo importantes conquistas. (Baronio, año 1002.) — (3) Roberto el Frison, hijo segundo del conde deFlandes, que no
podia disfrutar de los bienes de su casa, dijo a su padre: «Dadme soldados y naves, é iré á conquistar un estado a los sarracenos
de España.» Esta peticion es muy frecuente en las novelas de la edad media, yes una espresion fiel delas costumbrescontempo-
rancas. «Querido señor, armadme hombres suficientes para ganar un estado o reino. — Querido hijo , tendreis lo que pedis.»
— v4) Stullitiam crucis.
LIBRO PRIMERO.— 300-1095. 33
espresion de San Pablo, se habia convertido en una pasion ardiente y colosa que hablaba mas alu»
que las demás. La religion era el único objeto de la guerra contra los sarracenos , y la religion
comprendida de este modo, no permitía esperar á sus defensores mas felicidad ni mas gloria que laque
creaba su imaginacion exaltada. El amor patrio, los lazos de la familia y las mas tiernas afecciones
del corazon fueron sacrificadas a las ideas que arrastraban entonces á toda la Europa. La moderacion
era una cobardia, la indiferencia traicion y la oposicion un sacrilego atentado: era nulo el poder de
las leyes para los que creian combatir por la causa de Dios : los subditos desconocian la autoridad
de los príncipes y de los señores en todo lo que concernía á la guerra santa, y el dueño y el esclavo
no tenían mas títulos que el de cristiano ni otro deber que cumplir que la defensa de la religion
con las armas en la mano.
La imaginacion del pueblo veia á cada instante tantos prodigios, que parecia que la naturaleza se
habia dedicado á proclamar la voluntad del cielo. «Tomo á Dios por testigo, dice Guibert , que vivia
»en aquella epoca en Beauvais, de que vi una vez al medio dia varias nubes colocadas unas sobre
»otras oblicuamente y de tal forma, que parecian formar una cigüeña ó una grulla, y que de pronto
»se alzaron millares de voces por todos lados anunciando que acababa de aparecer una cruz en los
«cielos.» El mismo cronista cuenta que una mujer habia emprendido el viaje á Jerusalen, y que
una oca enseñada en no sé qué escuela, dice Guibert, y haciendo mas de lo que es natural á un
animal desprovisto de razon, marchaba balanceándose detrás de la viajera. Muy pronto la fama vo
lando con rapidez esparció por los castillos y aldeas la noticia de que Dios enviaba á las aves á la
conquista do Jerusalen I
Todos pretendian que una inspiracion singular les ordenaba que partiesen á la Tierra Santa, y para
probar el milagroso llamamiento, uno se estraia un poco de sangre, se trazaba sobre el cuerpo rayas
en forma de cruz, y las enseñaba á los demás; otro se fingia ciego y decia , que un oráculo divino,
le obligaba á emprender el santo viaje; este empleaba el zumo de plantas tiernas ú otra prepara
cion de color para imprimirse sobre el rostro el signo de la redencion, y aquel se pintaba las me
jillas de verde ó rojo para poderse presentar como testimonios vivos de los milagros del cielo, lo*
cuales recorrían á estos piadosos fraudes esperando que la caridad de los fieles les ayudaría á seguir la
cruzada. Los monjes huian de los claustros donde habian jurado morir, creyéndose arrebatados por
una inspiracion divina, y los ermitaños abandonaban los desiertos é iban á mezclarse con los cruza
dos. Lo que parece mas increible, es que los bandidos y asesinos salían desus ignorados albergues, con
fesando sus crímenes y prometiendo espiarlos tomando la cruz y partiendo á- Palestina.
Los artesanos, los comerciantes y los labradores abandonaban sus tareas y su profesion, olvidando* ' ,
de su porvenir y del de sus familias, y los barones y señores renunciaban á sus dominios adquirí
dos por el valor y las hazañas de sus padres. Las tierras, las ciudades y los castillos que originaban
las continuas guerras perdieron de pronto todo su valor á los ojos de sus posesores, y los compraban
por módica suma los que no habian sido inspirados por la gracia de Dios, ni habian sido llamado
á gozar la dicha de visitar los santos lugares y conquistar el Oriente.
Los autores contemporáneos cuentan muchos milagros que contribuyeron á entusiasmar á la muche
dumbre. Viéronse estrellas que se desprendian del firmamento y caían en la tierra, desconocidos fue
gos que surcaban por los aires y daban á la noche la claridad del dia, nubes de color do sangre que
se formaban de improviso en el horizonte hácia oriente y occidente , y un cometa amenazador
que aparecia al medio dia en figura de espada. Viéronse tambien en las mas elevadas regiones
del cielo ciudades con sus torreones y murallas y ejércitos dispuestos á combatir y que seguían el es
tandarte de la cruz. El monje Roberto cuenta que el mismo dia en que se decidió la cruzada en el
concilio de Clermont, se proclamó igualmente en ultramar. «Esta noticia, añade, animó á los cris
tianos de Oriente y llenó de desesperacion á los pueblos del Arabia.» Para colmo de tanto prodi
gio , salían de sus tumbas los santos y reyes de los siglos anteriores, y muchísimos franceses vieron la
sombra de Carlomagno exhortando áj los cristianos á combatir contra los infieles.
No repetiremos todos los milagros que cuentan las crónicas, pero indicaremos el carácter eminen
temente poético de los presagios que acompañaba al movimiento universal de las cruzadas. La ima-
t
ol HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
'giaucion popular habia sombrado en los cielos las imágenes de la guerra en sus ilusiones belicosas;
la naturaleza habia contribuido á dar mas consistencia á los intereses, á las pasiones y al entusias
mo de la multitud; todo se hallaba en armonía con los sentimientos predominantes, y la tumba
habia permitido á los muertos que se mezclasen con los vivos para que el tiempo pasado pudiese
en cierto modo seguir el movimiento de la época. ¿No encierran estas maravillosas visiones la subli
midad de la epopeya?
El concilio de dermont, celebrado en el mes de noviembre de 1093, determinó que se efectuase
la partida el dia de la Asuncion del año siguiente, y durante el invierno todos se ocuparon de los
preparativos del viaje á la Tierra Santa, suspendiéndose en ciudades y campiñas los cuidados y labo
res ordinarios. La religion vigilaba el orden público y animaba todos los corazones en medio de la
efervescencia general, y no se oyó hablar mas de robos ni de saqueos (1). La Europa vivió ea si
lencio durante algunos meses, gozando una paz desconocida en aquellos siglos.
No debe darse al olvido entre los preparativos de la cruzada, el cuidado que tenían los espedi-
cionarios de hacer bendecir sus armas y sus banderas. El sacerdote de cada parroquia rociaba con
agua bendita las armas amotonadas ante él , y rogaba al Señor todopoderoso que concediese á los
que debian llevarlas en los combates el valor y la fuerza que inspiró un dia á David vencedor del
infiel Goliath. Al entregar el sacerdote á cada caballero la espada que habia bendecido, decia: Reci
bid esta espada en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; servios de ella para el triunfo
de la fé, y que no vierta jamás sangre inocente. Con no menos solemnidad se celebraba la bendi
cion de las banderas; el ministro del Dios de los ejércitos pedia al cielo que aquella señera de la
guerra fuera un objeto de 'error para los enemigos del pueblo cristiano y una prenda de la victoria
para todos los que esporaban en Jesucristo. Despues de haber esparcido el sacerdote el agua sagrada
sobro la bandera, la entregaba á los guerreros arrodillados ante él diciendo: «Id á combatir por la
gloria de Dios y que este signo os haga triunfar en todos los peligros.» Estas ceremonias, desconoci
das hasta entonces en la Iglesia, atraían un inmenso concurso de fieles, y todos unian sus oraciones á
las del clero para implorar la proteccion divina en favor de los soldados de Jesucristo.
Los que habian tomado la cruz, so animaban mutuamente y se enviaban cartas y embajadas para
apresurar la partida, pues esperaban la bendicion celeste los cruzados que fueran los primeros en
emprender el viajo á Jerusalen. Los mismos que habian vituperado en un principio el delirio de
la cruzada, conocieron su indiferencia en pro de la causa de la religion y manifestaron tanto fer
vor como los que les habian dado el ejemplo. Todos tenian deseos de vender sus posesiones y esta
ban impacientes por no encontrar compradores, los cruzados despreciaban todo lo que no podian lle
varse consigo, y los productos de la tierra se vendieron á tan bajo precio, que ocasionó la abun
dancia en medio de la misma miseria. El antiguo cronista Guibert nos dice , esforzándose á pintar
la indiferencia universal que inspiraba todo lo que no tenia ninguna relacion con la cruzada , que
so despreciaban, como cosa vil, las esposas mas bellas , y carecian de encanto las piedras mas pre
ciosas.
La impaciencia de los cruzados llegó á un estremo increible cuando empezó la primavera, y se
pusieron en marcha para acudir a los sitios donde debian reunirse. La mayor parte iban á pié,
;iparecian algunos caballeros entre la multitud , muchos viajaban montados en carros arrastrados por
bueyes herrados , otros costeaban el mar ó bajaban por los rios en barcas , é iban diversamente vesti
dos, armados do lanzas , espadas , mazas de hierro , ete. La turba de los cruzados presentaba una
mezcla estraña y confusa de todas las clases y condiciones , algunas mujeres armadas aparecian a
las veces en medio de los guerreros , y la prostitucion y los regocijos mundanos formaban un

(1) El cronista Guibert j lib I, cap. VII ) cuenta con curiosos pormenores los desordenes y crímenes que deshonraban y tur
baban la Europa antes de las cruzadas, y el orden perfecto y profunda tranquilidad que ocasiono la partida de lia santa espe-
dicion. «Antes de esta agitacion de las naciones, dice el cronista, no se oia hablar mas quede robos , saqueos 6 incendios , pero
arrastrados de improviso los malhechores por el incomparable y prodigioso cambio de los ánimos, se arrojaron á las plantas de
ios obispos y sacerdotes implorando el favor de recibir la cruz. Este celo piadoso por Jesucristo ahogo todas las contiendas y
¡¿uerras, como esas lluvias suaves que bastau á veces para apaciguar el viento mas tempestuoso.
LIBRO PRIMERO. — 300-1095. 35
contraste singular con la austeridad de la penitencia y de la piedad. Veiase á los ancianos al lado de
los niños, la opulencia junto á la pobreza, los cascos confundidos con los hábitos, la mitra con la es
pada, al señor junto á los siervos y al amo con sus criados. Se alzaban tiendas para los caballeros
cerca de las ciudades, de las fortalezas, en las llanuras y en las montañas, y aliares construidos do
prisa para el oficio divino; aquí un jefe militar acostumbraba á sus soldados á la disciplina, allí un
predicador recordaba á sus oyentes las verdades del Evangelio; ya se oia el rumor de los clarines y
trompetas, ya el canto de los salmos y oraciones. Desplegábase un inmenso aparato de guerra y de
fiesta solemne; desde el Tíber hasta el Oceano y de el Rhin á los Pirineos no se hallaban mas que
turbas de hombres revestidos de la cruz, que juraban esterminar los sarracenos y celebraban de an
temano sus victorias, y por donde quiera se oia el grito de guerra de los cruzados: ¡Dios lo quiere !
Dios lo quiere!
Los padres conducian á sus mismos hijos y les obligaban á prestar el juramento de vencer ó mo
rir por Jesucristo; los guerreros so separaban de los brazos de sus esposas y de su familia proma-
tiendo volver victoriosos; las mujeres, los ancianos, cuya fidelidad quedaba sin apoyo, acompañaban á
sus hijos ó sus esposas hasta la ciudad mas próxima, y no pudiendo separarse de los objetos de su
cariño, se determinaban á seguirlos hasta Jerusalen. Los que se quedaban en Europa, envidiaban la
suerte de los cruzados y no podian reprimir sus lágrimas, y los que iban á buscar la muerte al Asia,
rebosaban de alegría y esperanza.
Entre los peregrinos salidos de las orillas del mar se distinguía una multitud que habia partido de
las islas del Océano, y estos guerreros escitaban la curiosidad y la sorpresa con sus trajes y armas
nunca vistos (1). Hablaban una lengua que nadie comprendia, y para esplicar que venían á defender
los intereses de la cruz, alzaban dos dedos formando este signo sagrado. Familias y aldeas entera s
partian hácia Palestina arrebatados por su ejemplo y por el entusiasmo general, y llevando consigo
sus humildes penales, sus provisiones, sus muebles y sus utensilios. Los mas pobres iban despreve
nidos, creidos de que el Dios que alimenta á las aves no dejaria morir de hambre a los peregrinos
que llevaban la cruz ; su ignorancia aumentaba la ilusion que daba á cuanto veian un aspecto de
encantamiento ó de prodigio, y creian sin cesar que habian llegado al término de su peregrinacion,
Los hijos de los aldeanos preguntaban al ver sobre alguna eminencia, una ciudad ó castillo si esta
ba allí Jerusalen (2). Muchos grandes señores, que habian pasado su vida en sus moradas rústicas y
sabian tanto como sus vasallos, llevaban consigo sus utensilios de caza y pesca y marchaban prece
didos de una jauría, llevando en la mano su falcon, pues esperaban llegar á Jerusalen sin obstáculo
y mostrar al Asia el lujo de sus castillos.
Ningun hombre sabio hizo oir la voz de la razon en medio del entusiasmo universal, y nadie se
asombraba entonces de lo que ahora nos sorprende. Estas escenas tan estrañas, en las que todo el
mundo era actor, solo debia ser un espectáculo para la posteridad (3).

(1) Guibert .Biblioteca dttasCruxadat). Guillermo deMalsbary Üdem. t. I. ). — ¡a; Guibert. — (3) Gibbon, t. XVI.
36 HISTORIA DE LAS CRUZADAS.

LIBRO I1.

PARTIDA Y MUCHA DE LOS CRUZADOS POR Et IMPERIO GRIEGO Y EL ASIA MENOR

109fi-1097.

artenlos primeros cruzados.— Su marcha & través de Alemania, Hungria y Bulgaria. — Su Indisciplina, sus escesosysus in
fortunios. — Pedro el Ermitaño y Gotschalk. —Volkmaro y el conde Emicon. —Sitio de Moseburgo. — Llega la vanguardia á
Constantinopla. — Alejo Comneno la hace trasportar al otro lado del Bosforo. — Primeras hostilidades con los turcos. —Que
da completamente deshecha la vanguardia. — Godofredo de Bouitlon. — Su ejército. —Carácter de los principales jefes. —
Aterraal emperador el número delos cruzados. — El conde do Vermandois. — Politica cautelosa de Alejo. — Los principes
cristianos le prestan homenaje por sus futuras conquistas. — Sus prodigalidades. — El ejército cristiano en el Asia Menor. —
Sitio de Nicea. — Batalla sangrienta. — Toman la plaza por asalto. —Se dirigen los cruzados a la Siria. — La vanguardia es
derrotada por los turcos. — Marcha penosa. — Tancredo somete la Cilicia. — Los cruzados en Heraclea. — Entran en Siria.—
Balduino conquista la Armenia y funda un estado independiente.

La turba de cristianos que habian lomado la cruz en la mayor parte de las naciones de Europa
bastaba para formar muchos ejércitos, y los principes y capitanes que debian conducirles combinaron
entre si que no partirian al mismo tiempo, y que tomando diferentes caminos, se reunirian en Cons
tantinopla.
Mientras los principes se ocupaban en los preparativos de la partida , la multitud que seguia al her-
mitaño Pedro en sus predicaciones, estaba impaciente para adelantarse á los demás cruzados, y como ca
recia de jefe, fijó sus ojos en el que todos miraban como un enviado del cielo, y eligió á Pedro para
que los condujera al Asia. Alucinado el cenobita por el esceso de su celo, creyó que el entusiasno era la
mejor garantia del éxito de la guerra y que le seria fácil dirigir aquella turba indisciplinada. Ce
dió á sus ruegos, y tomó posesion del mando vestido con su saco de lana, su capucha, sus sandalias
y sin mas montura que la mula con la cual habia recorrido la Europa. Partió con su ejército desde las
orillas del Mosa y delMosella, se dirigió hácia Alemania y se incorporó con una multitud de peregri
nos que acudian de Champaña, de Borgoña y delas provincias cercanas. Pedro reunió bajo sus ban
deras ochenta ó cien milhombres. Estos primeros cruzados, que llevaban consigo las mujeres, los hijos,
ios ancianos y los enfermos, emprendian su marcha bajo la fé de las milagrosas promesas de su jefe;
y persuadidos de que Dios les llamaba en defensa de su causa , esperaban que los rios separarian
sus aguas ante sus batallones, y que caeria del cielo el maná para alimentarlos.
Ei ejército de Pedro el Ermitaño estaba dividido en dos cuerpos, la vanguardia marchaba á las ór
denes de Gualtero Sin haber (1), cuyo sobrenombre, conservado por la historia, nos prueba que los gefes
eran tan pobres como los soldados; no se veian en este cuerpo mas que ocho caballeros, y todos los
restantes iban á la conquista de Oriente mendigando. Mientras los cruzados estuvieron en el territorio
francés, proveia sus necesidades la caridad de los fieles ; y estimularon el celo do los alemanes,
donde no se habia predicado aun la cruzada. No encontraron ningun enemigo en las márgenes del

(1) Guillermo de Tiro designa á Gualtero con el sobrenombre de Sensaveir : Quidam Gualterus , cognomento Sensaveir, vir
nobüis etin armis strmuus (Lib. I, apud Bongars, p. 6i2'. Los demas historiadores le llaman sine habere, siiie pecunia , y las anti
guas cronicas sens avechor, sens aveir. Esta costumbre era entonces bastante comun, y Orderico Vital se lo da a cierto Hugo que
se cruzo en 1108JÍ Historia de Francia dedom Bonquct, t. XII, p. 857). Tal vez fuera el sobrenombre de todos los que no tenian
feudo y eran considerados como sin haber en el sistema feudal. Gualtero era un noble borgoñon: algunos historiadores dicen
que Pedro nombro teniente suyo a un lio de Gualtero, y que. este no obtuvoel mando hasta la muerte de su lio, que acaecio
en la Bulgaria,
LIMO SEGUNDO.-1096-1097. 37
Rhin. pero les esperaban en las orillas del Save y del Danubio los húngaros y bulgarios que iban á
ser sus amalecitas.
Los húngaros, oriundos de la Escitia ¡1),como todos los pueblos "de origen eslavo (2). tenian un ori
gen igual que los turcos, y se habian hecho como ellos temibles á los cristianos. Habian invadido la
l'anonia en el siglo décimo y estendido la devastacion de la guerra hasta las comarcas mas fértiles
de Europa; y aterrados los pueblos con sus rápidas victorias, los miraban como un azote precursor
del fin del mundo. Abrazaron el cristianismo que habian perseguido al principiar el siglo onceno, y
luego que se sometieron á la fé del Evangelio, empezaron á construir ciudades y á cultivar las tier
ras, reconociendo una patria y cesando de ser el terror de sus vecinos. Los húngaros se gloriaban en
la época de la primera cruzada de poseer un santo entre sus monarcas, que era san Estéban. Cuan
do Pedro el Ermitaño regresó de Palestina y se detuvo en Hungria para interesar á Ladislao I con la
pintura de los sufrimientos de los cristianos en la Tierra Santa, consiguió tan victoriosamente su de
seo, que el principe hizo voto de ir en persona á socorrerlos, pero murió en 1095 con el sentimiento
de no haber podido cumplir su piadoso juramento. Las crónicas húngaras pretendian que los enviados
de Francia, Inglaterra y España ofrecieran á Ladislao el mando de la cruzada despues del concilio de
Plasencia. Este aserto es inverosimil, y creemos que los cruzados invitaron por primera vez al rey
de Hungria á tomar parte en la espedicion cuando cruzaron por sus estados, y aunque Coloman , su
cesor de Ladislao, estaba enlazado á Urbano II con relaciones amistosas, ni él ni su pueblo mani
festaron entusiasmo por la guerra santa.
Los bulgarios, salidos del Volga ó Bolga, habian protegido y saqueado el imperio de Constantimopla :
sus guerreros habian muerto a Nicéforo en una batalla, y el cráneo de emperador engastado en oro
sirvió á sus jefes de copa en las orgias de la victoria. Vencióles despues Basilio que mandó arran
car los ojos á quince mil prisioneros, y este acto de barbarie sublevó á toda la nacion contra la Gre
cia. La Bulgaria era dependiente del imperio griego en la época de las cruzadas, pero despreciaba las
leyes y el poder de sus soberanos, y esparcido el pueblo bulgario por las orillas meridionales del Da
nubio ó encastillado en sus inaccesibles selvas, conservaba su salvaje independencia y solo reconocia á los
emperadores de Oriente á la vista de sus ejércitos. Los bulgarios no reconocian como hermanos ó los
cristianos, apesar de haber abrazado la fé de Jesucristo, no respetaban el derecho de gentes ni las leyes
de la hospitalidad, y durante los dos siglos que precedieron á las cruzadas, fueron el terror de los pere
grinos de Occidente que iban á Jerusalen (3) .
Cuando la vanguardia de Pedro entró en Hungria, solo turbaron su marcha algunos insultos que
Gualtero soportó con resignacion dejando su castigo al Dios que servia, pero á medida que los cruzados
se internaban en los paises desconocidos, crecia la miseria y con ella la licencia y el olvido de las virtu
des pacificas. Cuando llegaron á Bulgaria, se hallaron de pronto sin comestibles los peregrinos, y habién
dose negado á proporcionárselos el gobernador de Belgrado, se esparcieron por las campiñas, robaron
los ganados, incendiaron las casas y pasaron á cuchillo á los habitantes que se opusieron á sus violen
cias. Irritados los bulgarios corrieron á las armas y cayeron de improviso sobre los soldados de
Gualtero entorpecidos con el botin. Sesenta cruzados perecieron en medio de las llamas en una iglesia
donde creian haber hallado un seguro asilo, y los demás debieron su salvacion á la fuga. Despues
de esta derrota que no trató de vengar Gualtero, apresuró su marcha cruzando los bosques y los
desiertos perseguido por el hambre y arrastrando penosamente los restos de su ejército; y al presen
tarse ante Nisa con ademan suplicante, el gobernador de esta ciudad se compadeció de la miseria de
los cruzados y les dió armas, viveres y vestidos.

(1) La palabra skylha significa nómada en estavo, y tal vez so derive la etimologia de los escritos de sus costumbres y
de su vida errante. — (i) Una tercera parte de la poblacion de Europa os estava, y liene este origen la milad de los habitantes de
los estados de Austria. Se cuentan en esta nacion siete principales razas estavas, que se dividen entre si en veinte y seis ramas
secundarias, y la mayor parte de ellas habl.m un dialecto diferente.— 3) El cap. 54 de la Historia de la dreadencia del liajo im
perio de Gibbon trata del origen 6 historia de los bulgarios. Juau (,otthclf Stritter tradujo en latin y compilo todos los pasajes
de la Historia Bizantina que tienen relacion con estos barbaros, y su obrase titula: Memoriw poputorumad Danubium, l'ontum
Euxinum, etc. Petro-pol., 1 77*-1T7'J . En la peregrinacion de Lictbcrto se encuentran algunos pormenores preciosos sobre la*
lumbres de estos pueblos.
38 HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
Persuadidos los soldados de Gualtero de que sus desastres eran un castigo del cielo, se disciplinaron
impelidos por el temor de Dios , pasaron el monte Hemo , y cruzaron por Filippópolis y Andrinó-
polis sin cometer ningun esceso ni esperimentar nuevas desgracias. Despues de dos meses de fatigas
y miseria, llegaron hasta las murallas de Constantinopla, donde el emperador Alejo les permitió epue
esperasen al ejército de Pedro el Ermitaño.
Pero este ejército que habia cruzado la Ba viera y el Austria (1) fué mas desgraciado que su
vanguardia. Plantó sus reales ante la ciudad llamada Sempronius por los romanos, Soprony por los
húngaros, Cyperon por los cronistas, y en nuestros dias OEdemburgo, capital del circulo de este nom
bre, limitrofe del Austria. Esta ciudad se halla ^situada en una llanura rodeada de colinas corona
das de viñedo cerca del lago de Neusiedler, que es el mayor de Hungria despues del Balaton, y tie
ne una poblacion de diez y ocho mil almas. Pedro envió desde alli sus diputados al rey Coloman
para pedir el libre tránsito al través de la Hungria, y lo alcanzó con la condicion de que el ejérci
to cristiano continuase pacificamente su camino y comprara los viveres que necesitase. Los cruzados
se dirigieron hácia la punta occidental del gran lago Balaton, bajaron por el valle del Dravc, y llegaron
sin obstáculo á Semlin costeando el Danubio. Los antiguos cronistas llaman á esta ciudad Malle Villa
(ciudad de desgracia), ya porque no sabian 6u nombre, ya por lo funesto que fué á los cruzados.
Semlin ha adquirido desde el principio del siglo pasado una importancia que no tenia en la época
de la espedicion del ejército de Pedro el Ermitaño , pues su posicion en la confluencia del Danubio y
del Save , la ha convertido en un punto principal de comercio entre el Austria , la Turquia y la
Servia.
En vez de esforzarse Pedro á conservar la disciplina, único medio de salvacion, dió crédito á siniestros
rumores que le anunciaban una conspiracion contra su ejército, y no temiendo inflamar las pasiones
de aquella multitud (2), provocó nuevos peligros con su impaciencia en vengarse de las pasadas desgracias.
Habiendo visto el cenobita las armas y los despojos de diez y seis cruzados en las puertas de la ciu
dad, no pudo contener su indignacion, y dió el grito de guerra. Sonaron las trompetas, los soldados
corrieron al combate, tembló la ciudad al verlos bajo sus muros, y el pueblo huyó al primer ataque
refugiándose en una colina defendida por un lado por árboles y rocas y por el otro con el Danubio.
La multitud furiosa de los cruzados persiguió á los fugitivos hasta este postrer asilo, cayeron bajo el
acero del vencedor mas de cuatro mil habitantes de Semlin, y los cadáveres arrastrados por el rio.
fueron & anunciar hasta Belgrado tan horrible victoria.
Los húngaroscorrieron irritados á las armas, y se hallaban los cruzados en Semlin saboreándose en el
goce de sus triunfos y apoderándose de todas las riquezas de los habitantes, cuando les anunciaron la
llegada de Colomar, el rey de Hungria, que al frente de cien mil vasallos iba á vengar el degüello
de una poblacion inerme. Los soldados do la cruz carecian de verdadero valor aunque les cegaba un
ardiente furor, y su jefe tenia mas entusiasmo que virtudes guerreras, y no atreviéndose los cruzados
k esperar el ejército de Coloman, salieron repentinamente de Semlin, la ciudad de desgracia (3) , logra
ron cruzar el Save, á pesar de su mucho cauce, y se dirigieron hácia Belgrado.
Cuando llegaron al territorio de la Bulgaria, encontraron desiertas las ciudades y aldeas; la misma
capital (4) parecia una ciudad de 'sepulcros, pues todo el pueblo habia huido á los bosques y montes,

(l) Anno Comneno supone erradamente que el ejército de Pedro el Ermitaño cruzo el mar Adriatico y llego á Constantinopla
por Hungria.—(2) Queriendo contar Gibert la insolencia de los peregrinos , menciona que violaban las mujeres y robaban a
los habitantes, añade que arrancaban los pelos de la barba a sus huéspedes, suis hostibus barbas vellebant (Biblioteca de las Crina
das, t. 1). — ,3) Todos los historiadores franceses que hablan de las cruzadas traducen Malle Villa por A/af(e»'i¡le. — (4) Véase sobre
Belgrado , una nota del conde de Montbel : «El duque de Burdeos ha visitado & Belgrado, y hemos podido formarnos una idea de
»la posicion que ocupo Pedro el Ermitaño, aunque ha cambiado mucho esta ciudad desde aquella época. La griega, ya servia,
«cuatro veces turca y tres veces austriaca, se hallaba ouando la visitamos bajola dominacion simultanea do Lussuf-bajá , el ven-
•cedor de Misolongi, del vencido de Varna y del prtncipe Milosch. El principe servio termino su carrera polttica recibiendo hon
rosamente al descendiente de nuestros antiguos reyes, desterrado de su reino de Francia. Ya ciudad servia tiene casas ele-
«gantes. Se terminaba entonces una iglesia griega y se construian habitaciones para los consules de Rusia é Inglaterra y un pa
ulado para Milosch, que no debia habitar nunca. La ciudad servia tiene una poblacion activa , hombres elegantes vestidos mag
nificamente a lo oriental, mujeres cubiertas con caftanes de brillante seda, cadenas, collares, brazaletes, largos pendientes de oro,
operias y diamantes; militares con uniforme ruso; animacion, alegria y riqueza. Este cuadro forma un notable contraste con
LIBRO SEGUNDO.— 1096-1097. 39
y faltos de víveres los soldados de Pedro, sin hallar guias que los dirigieran y cansados de tan penosa
marcha, llegaron por fin á las puertas de Nisa, plaza bastante fuerte para resistir el primer ataque.
Este temor precavió las hostilidades, pero era imposible que fuera duradera la armonía entre un ejér
cito sin disciplina y un pueblo irritado por las violencias de los cruzados.
Iban á continuar su marcha los peregrinos despues de haber conseguido víveres, cuando hizo esta
llar la guerra una contienda entre los habitantes y algunos soldados. Cien cruzados alemanes,
a quienes Guillermo de Tiro llama hijos de Belial y que tenían motivos do queja contra al
gunos comerciantes, trataron de vengarse y prendieron fuego á siete molinos situados en el Nisava.
Los habitantes de Nisa salieron de sus murallas al ver las llamas , cayeron impetuosamente sobre la
retaguardia de Pedro, pasaron á cuchillo á todos los que pudieron alcanzar , arrebataron dos mil car
ros y un gran número do prisioneros (1). Habiendo llegado á oidos de Pedro, que habia salido
ya del territorio do Nisa, el desastre de sus compañeros, retrocede con su ejército; los cruzados oyen
bien pronto los ayes de los que se han salvado de la muerte, ven tendidos sobre el sangriente polvo
los cadáveres de sus amigos y hermanos, no respiran mas que deseo de venganza , pero recelando Pe
dro nuevos desastres, entabla negociaciones, y envía diputados á Nisa á reclamar los prisioneros y
los bagajes del ejército arrebatados por los bulgarios. Los diputados manifiestan al gobernador que los
peregrinos han tomado la cruz y que van á combatir en Oriente á los enemigos de Jesucristo, y el go
bernador les recuerda encolerizado su deslealtad, sus violencias y la matanza de los habitantes de Sem-
lin, mostrándose inexorable á sus súplicas.
Cuando regresan los enviados al campamento, los cruzados se dejan arrastrar por su ira y su de
sesperacion; en vano intenta el cenobita calmar los ánimos y probar todos los medios de conciliacion,
pues los mas entusiastas corren ¡f las armas, lanzan gritos de queja y amenaza y cada cruzado obe
dece 6us sentimientos desenfrenados. Mientras Pedro se esfuerza en inspirar ideas pacificas al gober
nador de Nisa, se aproximan á las murallas dos mil peregrinos con el acero desnudo , intentan asal
tarlas y son rechazados por los bulgarios y defendidos por un gran número de sus compañeros,
he hace general el combate, se enciende la llama de entusiasmo mortífero en presencia de los jefes, que
hablan aun de condiciones de paz , en vano el ermitaño Pedro echa mano de las súplicas para con
tener á sus soldados, en vano se coloca entre los combatientes, pues su voz respetada de los cruza
dos queda ahogada entre el confuso rumor de las armas. Los peregrinos combaten desordenadamente
y emprenden la fuga; unos perecen en los pantanos, otros caen bajo el acero de los bulgarios, y son
presa de un enemigo embriagado en su victoria, las mujeres y los hijos que siguen á los viajeros
con sus caballos, sus acémilas y la caja del ejército que contiene las numerosas limosnas de los fie
les.
El ermitaño Pedro se refugia en una colina cercana con los restos de su tropa, y pasa una no
che de alarma deplorando su derrota y las funestas consecuencias de las violencias de que él mismo
ha sido la causa con sus consejos. Solo le acompañaban quinientos hombres, y las trompetas y clarines
no cesaban de sonar para llamar á los que se habian salvado de la muerte y se habian estraviado
en su fuga; pero sea que los cruzados solo creyeran salvarse bajo sus banderas, ó que no quisie
ran faltar á su juramento, ninguno de ellos trató de volver á sus hogares. Siete mil fugitivos se
reunieron con su jefe al dia siguiente de su derrota, y pocos dias despues Pedro tenia ya bajo sus ór
denes treinta mil combatientes. Habian perecido diez mil bajo las murallas de Nisa. El ejército de

,.la ciudad tarca, silenciosa, desierta y desmantelada , en la cual caen [en escombros casas, mezquitas y fortificaciones, y crecela
■ yerba en calles y murallas. Los turcos no piensan en reedificar sus moradas, y sentados silenciosamente con las piernas cru-
»zadas delante desus tiendas ú oscuros bazares, ni aun se dignan mirar al que pasa por su lado. No vimos en la ciudad turca
» mas que dos mendigas asquerosamente encubiertas, y un eunuco negro de siniestra mirada y empuñando un alfange desnudo
«aparecio á anunciarnos la llegada de las mujeres de Lussuf. En medio de estas casas silenciosas y tristes se alzan las soberbias rni
anas de un palacio que mando construir en 17 17 el príncipe Eugenio despues de conquistara Belgrado. Esta ciudad produce un
«efecto digno de las terribles luchas de que ha sido teatro, con el aspecto del rio que lame sus murallas , con su elevado cas-
»til!o, sus robustos torreones, sus esbeltos minaretes, sus iglesias griegas, sus cruces y sus media-lunas.»— I, Cuenta Alberto de
Aixqueen la ipeca en que escribia su historia, a'gunos años despues de esta catástrofe, los bulgarios tenían aun cautivos los
hijos y las mujeres de los peregrinos.
40 HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
los cruzados se encamino tristemente hacia las fronteras dela Tracia en un estado deplorable, y como
se hallaba sin medios de subsistir y de pelear, debia temer una nueva derrota si volvia á encon
trar á los bulgarios, y lodos los horrores del hambre (1) si hallaba el pais desierto. Los sol
dados de Pedro se arrepintieron entonces de susescesos, la desgracia los hizo mas dóciles y les inspiró
sentimientos de moderacion, y la compasion que escitó su miseria les fué mas ventajosa que el terror
que habian infundido. Cuando no fueron temidos recibieron ausilios y hospitalidad, y cuando pisaron
el territorio de la Tracia, el emperador griego les envió diputados para quejarse de sus desórdenes y
anunciarles al mismo tiempo su clemencia. Pedro, que recelaba nuevos desastres, lloró de alegria al
saber que merecia el perdon de Alejo, continué su marcha lleno de confianza, y los cruzados que man
daba llegaron sin obstáculo hasta las murallas de Consta ntinopla enarbolando en sus manos ramos y palmas.
Los griegos odiaban á los latinos y aplaudieron en secreto el valor de los bulgarios, de modo que
contemplaban con satisfaccion á los guerreros de Occidente cubiertos con la indigencia. El emperador
deseaba ver el hombre estraordinario que habia sublevado el mundo cristiano con su elocuencia, y le
recibió en su palacio para oir de sus labios la relacion de su mision y de sus desastres (2). El em
perador ensalzó en presencia de toda su corte el celo del predicador de la cruzada, y como no debia
recelar de la ambicion de un ermitaño, le colmó de presentes , mandó distribuir dinero y viveres
entre su ejército, y le aconsejó que esperase la llegada de los principes é ¡lustres capitanes que habian
tomado la cruz antes de comenzar la guerra (3).
Su consejo era prudente, pero aun no estaban dispuestos á partir de Europa los héroes mas fa
mosos do la cruzada, y debian precederlos otros ejércitos de cruzados, que seguian las huellas de
Pedro sin prevision ni disciplina, é iban a cometer los mismos escesos y á esponerse á iguales de
sastres. •
Un sacerdote del Palatinado predicó la cruzada en muchas provincias de Alemania casi al mismo
tiempo que Pedro, y reunió quince ó veinte mil hombres, pues como se creia que los predicadores
de la guerra santa eran hombres inspirados por Dios, el pueblo oia de sus labios la voz del cielo y
los tomaba por jefes de las cruzadas. Gotschalt consiguió el mismo honor que Pedro el Ermitaño, y
le eligieron por su jefe los que habia inducido á lomar las armas. Su ejército llegó a Hungria al ter
minar el verano, y la cosecha que era abundante, proporcionó á los alemanes una ocasion oportuna
de entregarse á la intemperancia y á los escesos. En medio de las escenas tumultuosas del desenfre
no, olvidaron á Constantinopla , á Jerusalen y al mismo Jesucristo, cuyo culto y ley iban á defender;
las huellas que dejaron sus pasos fueron el robo, el saqueo y la muerte, y Coloman que abrigaba un
alma de hierro bajo un cuerpo débil y contrahecho y unas facciones repugnantes, reunió tropas para
castigar la licencia de los cruzados y recordarles las máximas de la justicia y las leyes de la hospi
talidad. Los soldados de Gotschalt eran esforzados y se defendieron en su principio ventajosamente, de
modo que su resistencia llenó de alarma á los húngaros, los cuales resolvieron echar mano de la
astucia para vencerlos. El general Coloman fingió que deseaba la paz; se presentaron en el cam
pamento de los cruzados todos los jefes de los húngaros, no como enemigos sino como hermanos, y
á fuerza de protestas y halagos, les persuadieron á dejar las armas. Entregados los alemanes á las
pasiones mas brutales, pero sencillos y crédulos, se fiaron en las promesas de un pueblo cristiano y
manifestaron una ciega confianza de que muy pronto fueron las victimas. Apenas dejaron sus armas cuan
do el jefe delos húngaros dió la señal de la matanza, y no pudieron contener los golpes de un ene
migo pérfido y bárbaro, ni los ruegos y lágrimas de los cruzados, ni el venerado signo que llevaban
sobre el pecho. Su suerte fué digna de compasion, y la historia hubiera llorado su desgracia si hu
biera respetado las leyes de la humanidad.

(1) Alberto de Aix dice que los cruzados tostaban el trigo que encontraban en las campinas de las cercanias de Eelgrado. — ;2)An-
noComneno dice que era muy prodigo de palabras, acusando del mismo defecto a la mayor parte de los cruzados, que por esta razon
enojaban a Alejo. (Véase en la Biblioteca de las Cruzadas el estrado de Anno Comneno;.—(3) La parte mas interesante de la histori;i de
AnnoComneno, respecto a los cruzados, es la que consagra a la permanencia de los peregrinos en Constantinopía. Debe compararse
su relato con el de Albei lo de Aix para apreciar sus exageraciones.
LIBRO SEGUNDO.— 1096-1097. 41
Debemos admirarnos menos do los escosos do estos primeros cruzados, al recordar que pertenecian á la
mas intima clase del pueblo, siempre ciego y dispuesto k abusar de los nombres y de las cosas mas san
tas, si no lo contiene la autoridad de las leyes y de los soberanos. Las guerras civiles que agitaron tanto
tiempo la Europa habian aumentado el número de vagos y aventureros; como la Alemania habia sufrido
mas que las otras naciones, estaba inundada de hombres educados en el robo y convertidos en azote de la
sociedad, y todos ellos se alistaron bajo las banderas de las cruzadas, llevando consigo á la nueva espedi-
cion el espíritu de licencia y de rebelion de que estaban animados.
Reunióse en las márgenes del Rhin y del Mosela otro ejército de cruzados mas sediciosos y mas indiscipli -
nados que los de Pedro y Gotschalk. Les habian dicho que la cruzada perdonaba todos los pecados , y come
tían bajo esta persuasion los crímenes mas espantosos. Alucinados por un orgullo fanático, y creyéndose con
derecho para despreciar y maltratar á toJoslos que no les seguían en la santa espedicion, se les figuraba que
la guerra que iban á emprender era un mandato divino, y que iban á prestar un servicio tan inmenso á la
Iglesia, que apenas bastaban todos los bienes de la tierra para pagar su sacrificio, siendo para ellos una coa
quista de los infieles todo cuanto llegaba á caer en sus manos.
Ningun capitan se atrevía á ponerse al frente de esta tropa furiosa (1) que vagaba en desórden y solo obe
decia á los que secundaban su delirio, y únicamente consiguieron llamarla atencion y ganar los ánimos de
los nuevos cruzados un sacerdote Hamaco Volkmar y el conde Emicon, que creia espiar los desórdenes de
su juventud exagerando los sentimientos y opiniones de la multitud. Estos dos jefes reflexionaron que era in
fructuoso ir á hacer la guerra á los musulmanes que oprimían el sepulcro de Jesucristo , mientras se dejaba
en paz al pueblo que habia crucificado á su Dios , y para inflamar las pasiones, tuvieron cuidado do hacer
hablar al cielo y apoyar su opinion con milagrosas visiones. El pueblo miraba á los judios como un ob
jeto de odio y desprecio , y estaba y a dispuesto á perseguirlos (2). Ellos eran los únicos que hacian el comer
cio y los que poseian la mayor parte del oro que circulaba por Europa, y sus inmensas riquezas indignaron á
los cruzados, que estaban por lo general sumidos en la miseria y tenían que implorar la caridad de los fieles
para cumplir su peregrinacion. Es tambien cierto que los judios insultaron con la mofa el entusiasmo de los
cristianos, y todos estos motivos , unidos á la sed del saqueo, encendieron el fuegode la persecucion. Emicon
y Volkmar dieron la señal y el ejemplo, y reunieron en torno suyo una multitud furiosa , que se esparció por
las ciudades del Rhin y del Mosela y degolló desapiadadamente á todos los judios que encontró á su^jaso (3).
Un gran número de estas víctimas prefirieron en su desesperacion darse la muerte que recibirla de sus ene
migos ; muchos se ocultaron en sus casas y perecieron en medio de las llamas , otros se ataban á sus vestidos
enormes piedras y se arrojaban con sus tesoros en el Rhin y en el Mosela, y las madres ahogaban sus hijos do
pecho, diciendo que mas querían enviarlos al seno de Abrahamque verlos entregados al furor de los cristia
nos. Las mujeres y los ancianos pedian por piedad lamuerte (4). La historia se complace en celebrar el ilus
trado celo de los obispos de Worms , de Tréveris , Maguncia y de Spira , que en medio de estas escenas de de
solacion , hablaron'en nombro de la religion y de la humanidad , y cuyos palacios fueron unos asilos para los
judios contra la persecucion de sus asesinos y verdugos.
Los soldados de Emicon ensalzaron sus hazañas, inspirándoles un bárbaro orgullo las escenas do mor
tandad y saqueo , y satisfechos como si hubieran vencido á los sarracenos , emprendieron la marcha cargados
de botiné invocando el cielo que tan cruelmente habian ultrajado. Cegados por la mas brutal supersticion,
caminaban precedidos de una cabra ó una oca , que miraban con respeto como si fuera una divinidad (5),
y estos viles animales que iban al frente de sus batallones eran sus verdadero jefes , y la multitud les mos-

(1! Distinguíase en modio de esta confusa muchedumbre Tomás de Feil, Guillermo Charpenticr, el conde Herman y Clerem»
baldo de Vendeuil. La mayor parte de estos jefes se refugiaron en Italia despues de la derrota de Mersburgo, y je incorporaron
en el ejercito del conde de Vermandois que se embarco el año siguiente en Barri.— 2) Guiberto pone en boca de un cruzadoes-
tas palabras: «Comol ¿vamos á buscar á los enemigos de Dios á ultramar, mientras dejamos cu nuestros hogares á los judíos
que son nuestros mas crueles enemigos?— (3: Esta persecucion de los judíos se halla contada prolijamente en la cronica titulada: Ges
ta Archiepiscop. Trevirensium. — [i) Alt■erto de Aix se declara contra la matanza de los judíos, y recuerda á sus lectores que Dios
no manda imponer la fe catolica por la fuerza. Noobstante, añade, no se si fue un juicio de Dios 6 un error de los cruzados lo
que causo la desgracia delos judíos. Lib. I. — .5) Al hablar Alberto do Aix de esta supersticion de los cruzados pira con una
cabra y una oca, añado con gravedad que el Señor no quiere que visiten el sepulcro donde reposó, animales inanimados, ni quo
estos guien a sus redimidos. El pueblo cristiano, continua con la misma sencillez, no debe tener mas jefes quo los obispos y aba
des, y de ningun modo deben serío animales i¡racionales. Lib. I.
(«,' y vj í
42 HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
traha tanto respeto y confianza como á los que les daban el ejemplo de los mas horribles escesos. Los pueblos
huian cuando se aproximaban los temibles campeones de la cruz, y los cristianos que los encontraban en su
camino se veian obligados á ensalzar su celo, temblando do miedo por su vida. Esta multitud desnfrenada,
que desconocia los pueblos y las comarcas que iba á cruzar y que hasta ignoraba los desastres de los que les
habian precedido en su peligrosa empresa , se adelantaba como una violenta tempestad Jhácia las lla
nuras de Hungria. Moseburgo les cerró sus puertas y les negó los viveres , é indignados por el poco mira
miento que se tenia con los soldados de Jesucristo , se creyeron con derecho para tratar á los húngaros
lo mismo que á los judios.
Moseburgo, y no Merseburgo como la han llamado los cronistas y todos los historiadores franceses, sin duda
por la semejanza del nombre con el de la ciudad sajona , está situada en la confluencia del Leita con el Da
nubio cerca de la grande isla de Schutt, y rodean y defienden la plaza inmensos pantanos formados por
ambos rios. En la época romana so llamó Ad (lexwn y en la actualidad Altenburgo en aleman, Ovaren
húngaro y Stare-Hrady en eslavo. Algunos cronistas la llaman Moison , nombre que se encuentra aun
en la denominacion húngara de Mosoms que se da á Vieselburgo , que está situada muy cerca de Altem-
burgo ó Moseburgo. En nuestros dias no cuenta mas que mil ochocientas almas. Los cruzados lanza
ron un puente sobre el Leita y llegaron hasta las murallas de la ciudad. Despues de algunos preparati
vos, se dió el grito de asalto, se arrimaron escaleras al muro y se trabó un asalto general, pero los
sitiados opusieron una vigorosa resistencia y arrojaron sobre sus enemigos una lluvia de vigas y piedras
y un torrente de aceite hirviendo. Los cruzados entonces hicieron el último esfuerzo animándose mutua
mente con estruendo, y ya iba á sonreirles la victoria, cuando flaquearon de improviso algunas esca
las bajo el peso de los sitiadores y arrastraron en su caida las almenas y trozos de muralla que habian
conmovido las máquinas. Los ayes de los heridos y el estruendo do los escombros esparcieron un páni
co terror entre los cruzados , que huyeron de las murallas medio destruidas , detrás de las cuales tem
blaban sus enemigos, y se retiraron en el mayor desorden.
« El mismo Dios , dice Guillermo de Tiro , llenó de pavor sus filas para castigar sus crimenes y
para que se cumpliesen estas palabras del Sabio: El impio huye sin que le persigan.» Asombrados de su
victoria los habitantes de Moreburgo salen de sus murallas y encuentran la campiña inundada por
fugitivos que arrojan sus armas , y un gran número de estos furiosos , invencibles hasta entonces,
se dejan matar sin defenderse. Muchos de ellos perecieron ahogados en los pantanos, y las aguas
del Danubio y del Leita se enrojecieron con su sangre y arrebataron sus cadáveres. Emicon logró
salvarse en Alemania donde terminó su vida, y las antiguas leyendas del pats cuentan que despues
de la muerte de Emicon y sus compañeros , se aparecian sus sombras por la noche en. torno de
Worms, teatro de sus escesos, cubiertos con una armadura de hierro, lanzando espantosos lamentos y
pidiendo oraciones por el bien de su alma.
La vanguardia de este ejército alcanzó la misma suerte en la Bulgaria á donde habia llegado; es
tos indignos cruzados encontraron en las ciudades y campiñas hombres feroces é implacables como
ellos, y que fueron instrumento de la cólera divina. Los pocos que lograron salvarse con la fuga, se
volvieron á su pais, donde los recibian con mofa y desprecio (I) sus compatriotas, y los demás lle
garon hasta Constantinopla, donde los griegos supieron con alegria los desastres de los latinos , pues
recordaban los escesos del ejército de Pedro el Ermitaño.
Este ejército, reunido al de Gualtero, y robustecido con pisanos , venecianos y genoveses , contaba
cien mil combatientes. El recuerdo de su miseria les indujo á respetar durante algun tiempo las ór
denes del emperador y las leyes de la hospitalidad, pero la abundancia, la ociosidad y el aspecto de
las riquezas de Constantinopla introdujeron en su campamento la licencia , la disciplina y la sed del sa
queo. En medio de la impaciencia que les causaba no trabar pronto el combate con los sarra
cenos, saquearon las casas, los palacios y hasta las iglesias de los arrabales de Bizancio, y deseando .
Alejo librar á su capital (Je tan destructores huéspedes, les dió naves y les hizo pasar el Bósforo.
¿Qué podia esperarse de aquella confusa mezcla de todas las naciones y de los restos de muchos

,1 El pueblo les decia q'ie >olvian de la siega moisson: aludiendo la A ciudad de Moisson, ante la cual fueron vergonzosa
mente derrrotados.
LIBRO SEGUNDO. -1096-1 097. 43
ejércitos indisciplinados ? Una gran parte de los cruzados habian salido de su patria para cumplir
su voto y anhelaban la dicha de ver á Jerusalen , pero tan piadosos sentimientos se habian desva
necido durante el camino. Cuando los hombres están reunidos por cualquier motivo y ningun freno
les contiene, los mas corrompidos dominan a los demás, y no hay mas ley que los malos ejemplos.
Luego que pasaron el estrecho los soldados de Pedro , consideraron como enemigos á todos los pue
blos que encontraron , y los vasallos del emperador griego fueron mas victimas que los turcos de
las primeras hazañas de la cruzada. Unieron en su ceguedad la supersticion á la licencia, y come
tieron bajo las banderas de la cruz crimenes que hacen estremecer á la naturaleza (1). No tardó en
estallar la discordia entre sus filas , haciéndoles sufrir los males que habian causado á los cristianos.
Los cruzados se acamparon junto al golfo de Mondania , en las cercanias de Civitot , que es la
antigua Cius. Alejo Comneno habia reedificado pocos años antes esta ciudad para albergar á los in
gleses, que no pudiendo sufrir el aspecto de Guillermo despues de la conquista de Inglaterra , segun
dice Orderico Vital , huyeron hasta el Oriente. Civitot es en nuestros dias la villa de Ghenhk que
habitan griegos y turcos, y uno de los principales almacenes de la marina otomana. Genhk está
situada en la estremidad oriental de las montañas de Arganton que se estienden á lo largo del mar
hasta Nicomedia, y detrás de la villa se prolonga un valle en una estension de dos leguas que termi
na en el. lago de Ascanio. Los peregrinos plantaron sus tiendas en este valle poblado de olivos , na
ranjos y encinas. Se les habia recomendado que respetaran la hospitalidad de los griegos, y sobre todo que
no comenzasen la guerra con los turcos; poro aunque vivieron pacificamente durante algunas semanas,
la ociosidad y el aspecto de un pais fértil les hicieron olvidar poco á poco la disciplina y despreciar
los consejos de sus jefes. Los mas indóciles emprendieron alguna escursion en el pais, y volviendo
cargados de botin, los despojos de los griegos ocasionaron, en. el campamento la envidia, la discordia
y la licencia, y cada dia ocurrian nuevos desórdenes»
La presuntuosa turba se estrañó de que se dejase en paz á los turcos , y separándose del ejér
cito tres mil cruzados alemanes, lombardos y ligurios al mando de un jefe llamado Reinaldo (2) , se
dirigieron al castillo de Exerogorgon , construido á pocas leguas de Civitot en la falda oriental del
Arganton (3) , y desalojaron la guarnicion musulmana. Pero no tardaron mucho en verse sitiados
por un ejército turco venido de Nicea; y como no tenian viveres y les habian interceptado el agua,
se vieron reducidos á todos los estremos de hambre y de sed, viéndose al fin en la espantosa ne
cesidad de beberse la orina y la sangre de sus caballos para calmar el ardor que les devoraba. De
nada les servia, el valor para su defensa, y los desgraciados so rindieron á un enemigo sin compa
sion. Unos fueron decapitados , otros enviados cautivos al Korazan , y su jefe Reinaldo rescató su
vida entregando á sus compañeros y renegando de la fé de Jesucristo^
Cuando llegó ai campamento de los cruzados la noticia de este desastre , todo el ejército salió
de la horrible confusion dirigiéndose hácia Nicea y siguiendo la ladera de las montañas. El sultan de Ni
cea, que se habia puesto en marcha al mismo tiempo al frente de un numeroso ejército para atacar
á los peregrinos en su campamento , tuvo noticia del movimiento de los cruzados , y retrocediendo
por el mismo camino, salió del bosque por donde se habia ocultado y formó en batalla su ejército
en medio de la llanura por donde debia pasar el ejército cristiano (4). Los cruzados continuaban su
(I) Habia en el ejército de Pedro diez mil normandos, dice Ana Comneno, que cometian horribles violencias en las cercanias
de Nicea. Despedazaban los niños, los traspasaban con un asador y cometian todo género de crueldades con los ancianos. Es pre
ciso advertir que debemos desconfiar de la exageracion de Ana Comneno, dispuesta siempre á acusar álos cruzados. ^Biblioteca
de las Crinadas, t. II.) — Este Reinaldo, de quien únicamente se sabe que era italiano, es el personaje que ha dado su noml ie
6 tan importante suceso delas primeras cruzadas. El Tasso, que al escribir la Jerusalen Libertada tomo de la historia la mayor
parte desus héroes, es probableque debio á su fantasia el carácter de Reinaldo. — (3) Los restos del castillo de Exerogorgon se lla
man en nuestros dias Eski-Kaleh (castillo viejo), nombre que las gentes del pais dana todas las ruinas de fortalezas. Se encuen
tran estos restos á cuatro horas y media de Civitot oChemlik, á ocho horas de Nicea hacia el nordeste y a hora y media de la
villa turca llamada Basar-Keni. Mr. Poujoulat es el que ha fijado con mas precision el sitio de este antiguo castillo.—(l) Ana Com
neno atribuye al sultan de Nicea un ardid para atraer 4 los cristianos á una posicion desventajosa. Supone que envio este dos
espias para esparcir en el campamento de los cruzados la noticia de que los normandos se habian apoderado de Nicea y que saquea
ban todas las riquezas reunidas en esta ciudad. Dice la princesa que « los latinos emprendieron su marcha sin orden y sm qn(»
pudiese contenertos la disciplina , porque cuando los latinos ven una ocasion de robar y saquear, no reconocen autoridad ni fre
no.» [Biblioteca de las frutadas. )
U HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
camino sin sospechar que estuviera tan cerca el enemigo , y se trabó la batalla luego que se en
contraron frente á frente los dos ejércitos; pero como los cristianos no habian tenido tiempo para ordenar
sus batallones, fueron arrollados por la superioridad del número. Dicen las crónicas que los soldados
de la cruz peleaban como leones, y que nadie volvió la espalda ni pensó en salvarse con la fuga.
Perdieron sus principales jefes desde los primeros momentos del combate , y Gualtero Sin Haber ca
yó traspasado de siete flechas y fué espantosa la carnicería. Este sangriento combate se dió probable
mente á seis leguas de Nicea, hácia el occidente, en el espacio comprendido actualmente entre la al
dea turca de Bases-Kou y el lago Ascanio , espacio de una legua de estension y poblado ahora de
viñas, olivos y granados. El sultan de Nicea se dirigió despues de la victoria hácia el campamento de
los cruzados donde solo habian quedado mujeres, niños y enfermos, y el vencedor perdonó tan solo
á los niños de ambos sexos que se llevó cautivos. A escepcion de tres mil fugitivos libertados por los
griegos, desapareció en un dia todo el ejército cristiano, y el valle de Civitot y el camino de Nicea
quedó cubierto de montones de cadáveres. ¡Lastimoso monumento que debia enseñará los demás cru
zados el camino de la Tierra Santa!
Tal fué la suerte de aquella multitud de peregrinos que amenazaban el Asia y no pudieron ver
los lugares que iban á conquistar. Sus escesos despertaron enlos griegos el odio contra la empresa de lascru-
zadas, y su modo de combatir enseñó á los turcos á despreciar las armas de los cristianos de Occidente.
Pedro habia regresado á Constantinopla antes de la batalla , y como hacia ya mucho tiempo que per
diera su influencia y autoridad entre los cruzados , se quejó de su indocilidad y de su orgullo (1), y no
vió en ellos mas que bandidos que Dios habia juzgado indignos de contemplar y adorar el sepulcro de
su Hijo. Todo el mundo conoció desde entonces que el apóstol de la guerra santa era inútil para dirigirla,
y que solamente la sangre fria , la prudencia y la firmeza podian gobernar una muchedumbre impeli
da por tantas pasiones y que se habia dejado arrastrar por un primer impulso de entusiasmo. El ceno
bita Pedro , confundido con la turba de los peregrinos, despues de haber preparado con su elocuencia los
acontecimientos de la cruzada , no representó mas que un papel secundario y acabó por desaparecer
en el olvido en medio de una guerra debida á su inspiracion y esfuerzo.
La Europa supo con espanto el fin desastroso de los trescientos mil cruzados que habia visto partir,
pero no se desanimaron los que debian seguirles, y decidieron aprovechar las lecciones que les habian
dado las desgracias de sus compañeros , formando ejércitos regulares y mas formidables que los que
acababan de ser derrotados en las orillas del Danubio y en las llanuras de Bitinia.
Al contar la marcha y las hazañas de estos nuevos ejércitos , vamos á describir los mas nobles cua
dros , desplegándose entonces con todo su esplendor el espíritu heroico de la caballería y dando prin
cipio á la época brillante de la guerra santa.
Los jefes de los ejércitos cristianos que iban á partir de Occidente eran ya célebres por su valor y
sus hazañas. La historia y la poesía colocan en .primer término á Godofredo de Bouillon (2), duque de la
Baja Lorena. Pertenecia á la ilustre raza de los condes de Bolonia y descendia de Carlomagno por línea
femenina, y se habia distinguido desde su mas tierna juventud en la guerra declarada entre la Santa
Sede y el emperador do Alemania , matando en el campo de batalla á Rodolfo de Rhinfeld , duque de
Suavia , á quien Gregorio habia enviado la corona imperial. Cuando se encendió la guerra en Italia por
la causa del antipapa Anacleto , Godofredo fué el primero que entró en Roma sitiada y tomada por las
tropas de Enrique. Se arrepintió despues de haber abrazado un partido que no pudo triunfar con la mis
ma victoria y al que miraban como sacrilego la mayor parte de los cristianos, y para espiar sus inú
tiles hazañas condenadas por el espíritu de su siglo , hizo voto de ir á Jerusalen , no como un simple
peregrino, sino como un libertador (3).
La historia contemporánea nos ha trasmitido su retrato y nos dice que unia el valor y las virtudes

(1: En voz ¡íe reconocer el yerro, dice Ana Comneno, lo atribuyo á los qne habian desobedecido sus ordenes y seguido tan
snlo el impulso rio su capricho, llamándolos ladrones y miserables, que Dios habia juzgado indignos de ver y adorar el sepulcro
de su Hijo. Víase la Alexiada analizada, Biblioteca delas Cruzadat, tota. H.)— (1) Godofredo de Bouillon nacio en Baysy, aldea de
Bramnnte-valon, á dos leguas de Nivelles y no lejos de Fíeiirus. Alberto le Mire y el baron Leroy dicen en la geografía de Bra
man!» que eiistian en su tiempo las ruinas del castillo donde se educo Godofrtdo. — 3) Alberto de Aix cuenta que mucho tiempo
LIBRO SEGUNDO.- i 096-1 097. 45
de un héroe á la sencillez de un cenobita (1) , que escitaban la admiracion en los campos de batalla su
destreza en manejar las armas y su estraordinaria fuerza corporal , que templaban su valor la pruden
cia y la moderacion, y que jamás comprometió ó deshonró sus victorias con una carnicería inutil ó un
ardor temerario. Animado de una devocion sincera y viendo la gloria solo en el triunfo de la justicia,
siempre estaba dispuesto á sacrificarse en pro de la causa de la desgracia ó de la inocencia , y los prín
cipes y caballeros le tomaban por modelo , los soldados por padre y los pueblos por apoyo. Si no fué el
jefe de la cruzada , como pretenden algunos historiadores , alcanzó cuando menos el imperio que dan el
mérito y la virtud; los príncipes y los barones reclamaron su prudencia en medio de sus divisiones y con
tiendas , y dóciles siempre á sus palabras , obedecian sus consejos como órdenes supremas en los peligros
de la guerra.
La nobleza de Francia y de las orillas del Rhin4 prodigó sus tesoros para los preparativos de la cruzada
donde iba el duque de Lorena , y adquirieron un valor tan exorbitante todos los objetos que sirven para
la guerra , que apenas bastaba el precio de una finca para comprar el equipaje de un caballero. Las
mujeres se desprendian de sus mas preciosas alhajas para el viaje de sus hijos, ó esposos, y los mismos
que en otras épocas hubieran preferido la muerte á renunciar á sus dominios, los cedian por una suma
módica , ó los trocaban por armas, pues lo único que deseaban era el oro y el hierro.
Viéronse aparecer entonces las riquezas que habian ocultado el temor ó la avaricia, y se hallaban á
montones las barras de oro y las monedas en las tiendas de los principales cruzados, como los frutos mas
ordinarios en los graneros de los aldeanos.
Muchos barones no tenían tierras ni castillos que vender , é interesaban la caridad de los fieles que no
tomaban la cruz y que creian alcanzar los méritos de la Tierra Santa dando dinero para el mantenimien
to de los cruzados. Algunos arruinaron á sus vasallos, y otros, como Guillermo vizconde deMelun , sa
quearon las villas y aldeas para ponerse en estado de combatir á los infieles. Una piedad mas ilustrada
indujo á Godofredo de Bouillon á enajenar sus dominios y se lee en Roberto Gaguin que dió permiso á
los habitantes de Metz para rescatar la ciudad de que era soberano. Vendió el principado de Stenay al
obispo de Verdun , cedió sus derechos sobre el ducado de BouiHon al obispo de Lieja por la módica su
ma de cuatro mil marcos de plata y una libra de oro (2) , lo cual hace decir á un historiador de las cru
zadas (3), que los príncipes legos se arruinaban por la causa de Jesucristo, en tanto que los príncipes
de la Iglesia se aprovechaban del fervor de los cristianos para enriquecerse.
El duque de Bouillon reunió bajo sus banderas ochenta mil infantes y diez mil caballos: emprendió la mar
cha ocho meses despues del concilio de Clermont acompañado de un gran número de señores alema
nes ó franceses, y llevó consigo á sus hermanos. Eustaquio de Bolonia y Balduino, y á su primo Balduino del
Bourg. Estos dos últimos, que debian llegar á ser un dia reyes de Jerusalen como Godofredo, ocupaban en
tonces en el ejército cristiano la categoría de simples caballeros. Mas que una sincera piedad les animaba la
esperanza de hacer una gran fortuna en Asia, y abandonaban sin pesar los dominios que poseian en Europa.
Distinguíanse tambien entre la comitiva del duque de Lorena Balduino conde de Hainaut, Garnier conde
de Grai , Conon de Montagu , Dudon de Conte, tan famoso en la Jerusalen libertada, los dos hermanos
Enrique y Godofredo de Hache , Gerardo de Cherisi , Reinaldo y Pedro de Toul , Hugo de San Pablo y
su hijo Engelrau. Estes jefes conducian bajo su pendon una multitud de caballeros menos conocidos,
pero deseosos todos de aumentar su fortuna y de ilustrar su nombre en la guerra declarada á los pue
blos de Oriente.
El ejército que mandaba el duque de Lorena y que se componía de soldados disciplinados y aguerri
dos, ofreció á la Alemania un espectáculo muy diferente que las turbas de Pedro el Ermitaño , vindicó
la fama de los cruzados en todos los paises que cruzó en su camino, y encontró ausilios y aliados donde

antes de la peregrinacion de Godofredo á la Tierra Santa, el piadoso caballero exhalaba profundos suspiros y a/imentaba en el
fondo de su alma el ardiente deseo de ir á los santos lugares. •Biblioteca de las Crinados, t. 1.) — (1) Roberto el monje. — ,2) Se igno
ra la suma que dioel obispo de Lioja para comprar la cesion del ducado de Bouillon. Dom ISalmet la hace subir tan solo á 300
marcos de plata y 4 de oro en su Historia de Lorena, t. II, p. 372, y el autor de la Historia del monasterio de San Lorenzo á 1.3D0
marcos de plata y 3deoro — 3' El P. Maimbourg.
46 HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
los primeros campeones de la fé lucharan con obstáculos y enemigos. Godofredo lamentó la desgraciada
suerte de los que le habian precedido , sin tratar de vengar su causa (1 ) ; cuando llegó á Tollenburgo (ac
tualmente Bruk au der Leitha) (2) el duque de Lorena escribió al rey Coloman pidiéndole el libre paso
por sus estados , y recibió del principe húngaro una respuesta amistosa (3). Godofredo y Coloman tuvieron
una entrevista en Cyperon (OEdemburgo) , los húngaros y los bulgarios echaron al olvido los saqueos de
los soldados de Pedro, de Gotschalh y deEmicon, admiraron la moderacion de Godofredo y pidieron al cielo
el triunfo de sus armas.
Mientras el duque de Lorena se dirigía á Consta ntinopla, la Francia organizaba nuevos ejércitos para la
guerra santa. Pocos meses despues del concilio de Clermont, se reunieron los grandes del reino para delibe
rar sobre los negocios de las cruzadas, y nadie se ocupó de moderar ó dirigir las pasiones religiosas y guerre
ras que agitaban á la Francia y la Europa en esta asamblea celebrada en presencia de Felipe I, á quien
acababa de escomulgar el papa , respetando todos la guerra predicada bajo los auspicios de la Santa
Sede.
El jefe de la tercera dinastía habia sancionado la usurpacion de los señores á mediados del siglo x, y pa
ra conservar el título de rey, habia abandonado casi todos los derechos de la corona. El nieto de Hugo Ca-
peto no poseia mas dominios que los que alcanzaba la vista desde París á Orleans, y el resto de la Francia
estaba gobernado por grandes vasallos que escedian en poderío al monarca. Era tan débil la monarquía, úni
ca esperanza de los pueblos contra el poder de los grandes y del clero, que causa asombro en el dia cuando
se recuerda que no sucumbió en medio de las dificultades y enemigos que por todas partes la rodeaban.
Cuando el monarca se hallaba en pugna con las censuras de la Iglesia, era fácil inducir á los súbditos á la
desobediencia y legitimar en cierto modo la rebelion dándole un sagrado pretesto.
La cruzada arrastraba lejos de Europa á todos los que podian sacar partido de las circunstancias desgra
ciadas en que se hallaba el reino, salvaba la patria de una guerra civil y precavía las sangrientas discordias
que habian estallado en Alemania durante el reinado de Enrique y el pontificado de Gregorio.
Estas consideraciones hubieran podido ser la norma de los hombres mas ilustrados de aquella época (4), pe
ro no creemos que los consejeros del rey de Francia apreciasen entonces en toda su estension los resultados sa
ludables de la cruzada, que se han reconocido mucho tiempo despues y que solo han sido examinados filosó
ficamente en el siglo que vivimos. Nadie pensó tampoco en los desórdenes y desgracias incomparables de una
guerra en donde debian acumularse las pasiones mas poderosas, y que la ambicion, la licencia y la exaltacion
que tan terribles son para los estados, podian tambien acarrear la ruina de los ejércitos organizados para la
guerra santa. No hizo esta reflexion ninguno de los que habian tomado la cruz ó se quedaban en sus hogares,
ni nadie fué bastante previsor para ver en el porvenir otra cosa mas elevada que combates y victorias. Los
grandes señores se lanzaban en una guerra lejana, ignorando que esta guerra debia debilitar su poder y
arruinar sus familias; los reyes y los pueblos estaban muy distantes de ver en estas grandes espediciones la
esperanza de ganar los unos su poder y los otros su libertad; los partidarios de la Santa Sede lo mismo que
los de la monarquía, los que se sentían inflamados de un ardiente celo por la causa de la Iglesia y los que en
menor número estaban animados por un amor ilustrado á la humanidad y á la palabra, todo el mundo en
fin se dejaba arrastrar por la corriente de los acontecimientos sin conocer sus causas ni prever sus efectos.
Los gobiernos de los príncipes seguían el impulso de la multitud, y los mas prudentes y sabios obedecian
ciegamente á la voluntad suprema, que ordena las cosas en la tierra como le place, y se sirve de las pasio
nes de los hombres como de un instrumento para llevar á cabo sus designios.
La vista de un prodigio ó de un fenómeno estraordinario ejerce mas influencia en un siglo supersticioso

(II Alberto de Aix ¡Tease la Biblioteca de las Cruzadas, t. I. — (2) Bruck es una ciudad de trescientas casas situada en la Baja
Austria , en el circulo Unteaden Wienerwald de Leytha que separa el Austria de Hungría. No existen restos de la antigua Tollen-
burgoque tomo en U83 Matías Cervin, y fue incendiada en 1766. —¡3) Alberto de Aix copia las cartas que Godofredo escribio ft
Coloman, rey de Hungría, y las respuestas de este principe. —¡4) Es muy comun atribuir á los siglos remotos las combinaciones
de una profunda política. Si ha de darse credito á ciertos escritores , la esperiencia pertenecería á la infancia de las sociedades.
Debemos recordar con este objeto la opinion deMontesquieu: «El manantial mas fecundo de errores consiste en trastadar a los
siglos pasados todas las ideas del siglo en que vivimos. Yo les diria á todos los que quieren hacer modernos á todos los siglos
an liguos lo que dijeron o Solon los sacerdotes de Egipto : Oh ateniinses ¡sois unos niños!» ¡Espiritu de las leyes, lib. XXX, cap. X\V
LIBRO SEGUNDO.— 1096-1097. 47
que los oráculos de la sabiduría y la prudencia. Dicen los historiadores que en tanto que los varones estaban
en la asamblea, la lana se mostró en un eclipse cubierta de un velo ensangrentado, que tan siniestro espectá
culo duró toda la noche, y que al asomar el dia apareció manchada con algunas golas de sangre, pero que
de pronto adquirió un brillo nunca visto. Vióse algunas semanas despues todo el horizonte inflamado por
el lado del aquilon, dice Guiberto, y las gentes salieron de sus casas poseidas de terror creyendo que se acer
caba el enemigo con el acero y la lea en las manos. Viéronse estos y otros muchos fenómenos como signos
de la voluntad del cielo y presagios de guerra terrible que iba á emprenderse en su nombre, y creció el entu
siasmo por la cruzada; los que hasta entonces habian permanecido indiferentes participaron del sentimiento
to general, y se apresuraron á tomar la cruz la mayor parte de los franceses que, siendo guerreros, no ha-
bian prestado aun el juramento de combatir á los infieles.
Los de Yermandois marcharon con los súbditos de Felipe bajo las banderas del conde Hugo (t), y aunque
,entre los señores y altos barones que habian tomado la cruz, tenían otros mas fama como gefes militares, su
Ululo de hermano del rey de Francia habia estendido su nombre hasta Grecia y las ciudades de Oriente. El
conde de Vermandois se distinguía por su magnificencia y ostentacion; aunque de caracter lijero é indolente,
se hacia admirar á menudo por su valor en los campos de batalla, y no carecia de perseverancia en los de
sastres, pero murió sin ver á Jerusalen despues de haber emprendido la marcha dos veces al frente de sus
peregrinos. La fortuna le fué enemiga, pero ninguno de los héroes de la cruzada manifestó intenciones mas
nobles y desinteresadas, y si no hubiera merecido por sus hechos el sobrenombre de Grande (2) que le ha
dado la historia, podia haberlo alcanzado por no haber oido mas que el impulso de su celo ni haber buscado
mas que la gloría, en una guerra que ofrecia reinos á la ambicion de los príncipes y de los simples caballeros.
Roberto, duque de Normandia, llamado por sobrenombre Courte-Heuze, que conducia sus vasallos á la
guerra santa, era primogénito de Guillermo el Conquistador. Uníanse en él las mas nobles cualidades y los
defectos mas reprensibles de un príncipe; mostróse constantemente rebelde á la autoridad paterna durante
su juventud, y siguiendo el instinto de una loca independencia mas que de una verdadera ambicion, hizo la
guerra á su padre para reinar en Normandia y despreció la ocasion de ascender al trono de Inglaterra á
la muerte de Guillermo. No florecieron bajo su reinado la paz ni las leyes, pues la indolencia y la de
bilidad del príncipe engendran siempre la insubordinacion y la licencia , y sus profusiones arruinaron
sus pueblos y le redujeron á la mas estrema miseria . Cuenta Orderíco Vital que el duque Roberto es
taba tan sumamente pobre, que muchas veces le faltó el pan en medio de las riquezas de un gran du
cado. «Desprovisto de ropa, añade el historiador normando, permanecia en la cama hasta la hora de
» sexta y no podia asistir al oficio divino porque estaba desnudo ; y los cortesanos y los bufones que co-
» nocian su lijereza, le robaban impunemente sus vestidos y hasta sus zapatos.»
Tomó la cruz impelido por su genio inconstante y caballeresco mas que por la ambicion de conquis
tar reinos en Asia , y acudieron en tropel bajo sus pendones los normandos , hombres belicosos y em
prendedores , que se habian distinguido *ntre todas las naciones de Europa por su devocion á las pere
grinaciones. Faltándole al duque Roberto el dinero necesario para mantener un ejército, empeñó la Nor
mandia á su hermano Guillermo el Rojo, y este principe, á quien su siglo acusa de impiedad y de ha
berse mofado de la caballería errante de los cruzados, aprovechó con alegría la ocasion de gobernar una
provincia que esperaba agregar algun dia á su reino. Impuso contribuciones al clero que aborrecia y man
dó fundir la plata de las iglesias para pagar diez mil marcos de plata á Roberto , que partió ó la Tierra
Santa al frente de casi toda su nobleza.
Otro Roberto, conde de Flandes, partió al Oriente seguido de los frisones y flamencos. Era hijo de
Roberto el Frison que habia usurpado el principado de Flandes á sus propios sobrinos , y que habia he
cho una peregrinacion á Jerusalen para expiar su victoria algunos años antes de las cruzadas. El hijo de
Roberto encontró fácilmente soldados para su empresa en un pais donde todo el mundo habia tomado las

1) Hugo llamado el Grande, hijo segundo del rey de Francia Enrique I, fue duque de Vermandois por su matrimonio con
Adela, hija de Herberto IV y de Hildebranda. La princesa le trajo en dote, además del ducado de Vermandois , el de Valois y el
patronato de Moulin de Gache [Arte de comprobar las fechas, t. II, col. 705 ). Hugo fué condenado por una asamblea de obispos á
restituir los bienes que habia usurpado al clero, y su hermano Fetipe I aprobo la decision eclesiástica [Cartulario de san Pedro
de Beauvais, f. 83.' — 2 Legendre diceen su Historia de Francia que Hugo tenia el sobrenombre de Grande por su elevada estatura.
48 HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
armas durante las guerras civiles y el pueblo estaba entusiasmado con los relatos de un gran número de
peregrinos; y acabó de arruinar á su padre en una espedicion que debia granjearle la reputacion do in
trépido caballero y darle el nombre de lanza y espada ile los cristianos. Precediéronle á Constantinopla
quinientos caballeros que envió Roberto el Frison al emperador Alejo.
Tambien tomó la cruz Estóban conde de Blois y de Chartres, que era reputado como el hombre mas
rico de su época , pues para dar una ¡dea de sus dominios , se decia que tenia tantos castillos como dias
el año. El obispo de Mans Hildeberto le compara á César por la guerra y á Virgilio por la poesia , pero
no conservamos mas que dos cartas escritas á su mujer Adela durante la santa espedicion (1).Es sabido
que cultivó ventajosamente su talento y que rindió culto á las musas, lo cual era entonces mas raro que
los prodigios del valor. En el principio de la cruzada , fué el alma de los consejos por sus luces y su sa
ber, pero sus compañeros de armas le acusaron despues de haberles abandonado en el peligro, y ni
aun la muerte que encontró lidiando con los infieles bastó para servir de expiacion de su falta á
los ojos de sus contemporáneos.
Acompañaban á estos cuatro jefes una multitud de caballeros y señores, entre los cuales nom
bra la historia á Roberto de Paris, Evrardo de Puisaye, Achardo de Montmerle , Loardo de Muson,
Estéban conde de Albermale , Gualtero de Saint—Valery , Roger de Barneville , Fergante y Conan,
ilustres bretones, Guido do Trusselle, Miles de Braies, Raul de Beaugency, Rotron, hijo del conde de
Perche, Odon obispo de Bayeux, tio del duque de Normandia, Raul de Gader, lves y Alberico, hi
jos de Hugo de Gradmenil. La mayor parte de los condes y barones llevaban consigo á sus es
posas é hijos y todo su tren de guerra. Cruzaron los Alpes y se dirigieron á las costas de Ralia con
el designio de embarcarse alli para ir á Grecia. Encontraron en las cercanias de Luca al papa Ur
bano que les echó su bendicion, ensalzó su celo, y pidió al cielo que concediese un buen éxito á la
empresa. El conde de Vermandois se fué á Roma despues de haber recibido el pendon de la Igle
sia de manos del soberano pontifice, y visitó con los demás principes los sepulcros de San Pedro y
» San Pablo. La capital del mundo era entonces el teatro de la guerra civil; los soldados de Urba
no y los del antipapa Guiberto se disputaban la Iglesia de San Pedro con las armas en la mano, y
recibian al mismo tiempo las ofrendas de los fieles; pero á pesar de cuanto han dicho algunos his
toriadores modernos, los cruzados no se declararon por ningun partido en medio de las turbulencias
que dividian la ciudad de Roma, y lo mas estraño es que Urbano no llamó en defensa do su cau
sa á ninguno de aquellos guerreros á quienes^ hacia tomar las armas. El espectáculo que presentabala
ciudad de san Pedro debió ser un objeto de escándalo para la mayor parte de los cruzados , pues
se esclama de este modo Foucher de Chartres : ¿ Qué estraño es que el mundo esté agitado continua
mente, si la Iglesia romana, donde residen la correccion, la moderacion y el ejemplo, yace hun
dida en el abismo de las guerras civiles? Algunos abandonaron las banderas de la cruzada y re
gresaron á su patria satisfechos con haber saludado el sepulcro de los Apóstoles, ó vueltos en si de
su ciego entusiasmo al ver las violencias que profanaban el santuario, y los demás continuaron su
marcha hácia la Pulla, pero les sorprendió el invierno al llegar "á Bari, se hizo arriesgada la navega
cion y se vieron obligados á esperar durante muchos meses el momento favorable para darse á lavela.
El paso de los cruzados dispertó en tanto el celo de los pueblos de Italia , y el primero que
resolvió participar de su suerte y conseguir la gloria de la santa espedicion fué Bohemundo de
Tarento , de la familia de aquellos caballeros normandos que habian conquistado la Pulla y la
Calabria. Su padre Roberto Guiscard (el Astuto) salió ¡de su castillo de Hauteville en Norman-
dia con treinta infantes y cinco caballeros, cincuenta años antes de la cruzada, y secundado por al
gunos de sus compatriotas y parientes, que iban á Italia halagados por la esperanza de enriquecerse,
combatió ventajosamente á los griegos , lombardos y sarracenos que dominaban la Sicilia y el pais
de Nápoles. No tardó mucho tiempo en adquirir suficiente poder para ser el enemigo y el protector
de los papas ; venció los ejércitos de los emperadores de Oriente y Occidente , y le sorprendió la
muerte cuando proyectaba la conquista de la Grecia.

'.! Estas dos eart.u estrin traducidas en la Biblioteca de las Crinadas.


LIBRO SEGUNDO — 4096-4091. 49
Bohemundo tenia lanto valor y genio como Roberto Guiscard su padre, y los autores contempóraneos, que
no se descuidan jamás de mencionar las cualidades físicas de los héroes, nos dicen que su estatura era tan
aventajada que escedia de un codoá los hombres de talla regular, y que sus ojos azules anunciaban un al
ma altiva y ardiente. Dice Ana Comneno que su presencia atraia las miradas, y sutalentoy reputacion cau
saban sorpresa (t); oyéndole hablar, se hubiera dicho que habia recibido lecciones de elocuencia, y cuando
se presentaba armado, todos hubiesen creido al verlo que nunca habia hecho otra cosa que manejar la es
pada y la lanza. Educado en la escuela de los héroes normandos, ocultaba las frias combinaciones de la po
litica bajo un esterior violento, y aunque de carácter altanero, sabia disimular alguna injuria cuando no le
convenia la venganza. Su padre le habia enseñado á mirar como enemigos á todos los que poseian los esta
dos ó riquezas que codiciase, y no podian contenerle en el cumplimiento de sus designios, ni el temor de
Dios, ni la opinion de los hombres, ni la santidad del juramento. Habia acompañado á Roberto en la guerra
contra el emperador Alejo, distinguiéndose en los combates de Durazo y deLarisa, pero desheredado por un
testamento, solo le quedaba al morir su padre el recuerdo de sus hazañas y el ejemplo desu familia. Acaba
ba de declarar la guerra á su hermano Roger y habia conseguido la cesion del principado de Torento, cuando
agitó á la Europa la predicacion de la guerra santa. No inflamó á Bohemundo la libertad del sepulcro de Je
sucristo para decidirse á tomar la cruz ; como habia jurado un odio eterno á los emperadores griegos, sentia
un impulso de vengativo regocijo al pensar que iba á cruzar el imperio griego al frente de un ejército, y con
fiando en su buena fortuna, esperaba conquistar un reino antes de llegar á Jerusalen.
El principado de Tarento no podia darle un ejército , pero un jefe tenia derecho en aquel siglo de alis
tar soldados en todos los pueblos en nombre de la religion. El entusiasmo que inspiraba la cruzada secun
dó sus proyectos , y reunió bajo sus banderas Un número inmenso de guerreros.
Bohemundo habia acompañado á su hermano y á su tio Roger al sitio de Amalfi , ciudad floreciente
que rechazaba con desprecio la proteccion de los nuevos señores de Pulla y de Sicilia , y como nadie sa
bia espresarse con mas elocuencia para escitar el entusiasmo y ocultar su ambicion bajo el colorido del
fanatismo religioso, predicó la cruzada al ejército de los sitiadores. Recorrió las filas , nombrando los prin
cipes y grandes capitanes que habian tomado la cruz , habló de la defensa de la religion á los guerreros
mas piadosos, y halagó á los demás con la esperanza de la gloria y la fortuna que iban á coronar sus ha
zañas. Los discursos arrebataron al ejército, y todo el campamento repitió con ardiente griteria: ¡Dios
lo quiere ! ¡ Dios lo quiere ! Bohemundo se regocijó en secreto del triunfo de su elocuencia , y haciendo tri
zas su cota de malla , la convirtió en cruces que repartió entre oficiales y soldados. Solo faltaba un gefe
para la santa espedicion , y los nuevos cruzados pidieron al principe de Tarento que se pusiera al fren
te del ejército. Bohemundo aparentó que t;»ubeaba , rehusó en un principio lo que deseaba con afan , y los
soldados vencieron su fingida resistencia Con repetidas í aplicas. Manifestó por fin que cedia á su impa
ciente deseo, y desde entonces fué tan general el entusiasmo, que hubo momentos en que el ejército
sitiador en masa juraba seguirle á Palestina , obligando á Roger á levantar el sitio de Amalfi ; y Bohe
mundo solo se ocupó en apresurar los preparativos de su espedicion.
Se dió á la vela poco tiempo despues hácia Grecia con diez mil caballos y veinte mil infantes ; seguianle
los mas ilustres caballeros de la Calabria, la Pulla y la Sicilia; Ricardo principe de Salerno y Ranulfo
su hermano , Herman de Cani , Roberto de Hause , Roberto de Sordeval , Roberto hijo de Tristan , Boile
de Chartres y Homfredo de Montaigú , guerreros célebres ya por sus hechos de armas ; pero ninguno de
ellos merecia fijar las miradas de la posteridad como el valiente Tancredo , el cual , aunque pertenecia
á una familia en que era hereditaria la ambicion , no tenia otro afan que el de combatir con los infie
les. La piedad , la gloria y tal vez la amistad que profesaba á Bohemundo le arrastraron al Asia ; su alti
vez franca y ruda no se humilló jamás ante las grandezas de la tierra y se resistió algunas veces de sus
mismos compañeros de armas. Su amigo y panegirista Raul de Caen (2) , no menciona en su historia
los amores de Clorinda ni los pesares de Herminia , pues no eran afectos propios de las costumbres de la
cruzada ni del Oriente, ni el siglo de Tancredo conoció esos rasgos belicosos y galantes , y esas aventu-

1 Ana Comneno traza un curioso retrato de Bohemundo. — Biblioteca de las Cruzadas, t. II.' — ü] Raul de Caen, BiMotrea i»
tai Cruzadas, t i
7
50 HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
ras y escenas novelescas que admiramos en el Tasso. El primo de Bohemundo no dejó por esto de ser el
ejemplo de los nobles sentimientos de la caballeria y el modelo de las virtudes guerreras de su siglo.
Los cruzados de las provincias meridionales de Francia se pusieron en -marcha bajo las órdenes de Ade-
maro de Monteil y de Raimundo conde de san Giles y de Tolosa. El obispo Ademaro era el jefe espiritual de
la cruzada; el título de legado apostólico y sus cualidades personales le habian granjeado la confianza y el
respeto de los peregrinos. Sus exhortaciones y consejos contribuyeron en gran parte á conservar el orden y
la disciplina; consolaba á los cruzados en los desastres y los animaba en los peligros, y revestido con las in
signias del sacerdote y la armadura del caballero, su tienda era un modelo de virtudes cristianas, y en el
combate daba ejemplo con su valor á los mas esforzados.
El compañero de Ademaro habia tenido la gloria de combatir en España al lado del Cid y de vencer
repetidas veces á los moros bajo el pendon de Alfonso el Grande, que le dió por esposa á su hija Elvira; y
sus vastas posesiones en las riberas del Ródano y del Dordoña, pero mas especialmente sus victorias, le dis
tinguían entre los principales jefes de la cruzada. La edad no habia estinguido en el corazon del conde de
Tolosa el entusiasmo y las pasiones de la juventud, su cáracter era altivo, inflexible, inquieto é impetuoso,
v prefería la ambicion de dominar las voluntades de los demás, al afan de conquistar imperios. Los griegos
y sarracenos han ensalzado su valor, y los súbditos y compañeros de armas le aborrecian por su tenacidad
y sus violencias. lDesventurado príncipe que dió el último adios á su patria que debia ser algun dia teatro
de una cruzada predicada contra su propia familia (1)!
Toda la nobleza de la Gascuña, del Languedoc, de la Provenza, del Lemosin y de la Auvernia acompaña
ba á Raimundo y Ademaro, en los cuales el papa contempló la viva imágen de Moisés y Aaron. Los histo
riadores contemporáneos nombran entre los caballeros y señores que tomaron la cruz, á Heraclio conde de
Polignac, Pons de Balazum, Guillermo de Sabran, Eleazar de Montredon, Pedro Bernardo de Montagnac,
Eleazar de Castries, Raimundo de Lisle, Pedro Raimundo de Hautpoul, Gofiero de Lastours, Guillermo V
señor de Mompeller, Roger conde de Foix, Raimundo Pelet señor de Alais, lsardo conde de Die, Rambaldo
conde de Orange, Guillermo conde de Forez, Guillermo conde de Clermont, Gerardo hijo de Gilaberto conde
del Rosellon, Gaston vizconde de Bearne, Guillermo Amanjeu de Albret, Raimundo vizconde de Turena,
Raimundo vizconde de Castillon (2) y Guillermo de Urgel conde de Folcalquier. Los obispos de Apt, de Lo-
deva, de Orange y el arzobispo de Toledo tomaron la cruzá ejemplo de Ademaro , y llevaron una parte de
sus vasallos á la guerra santa.
El conde de Tolosa, acompañado de su hijo y su esposa Elvira, se puso al frente de un ejército de cien mil
cruzados; llegó á Lion, por donde pasó el Ródano, cruzó los Alpes, la Lombardia y el Friul, y dirigió su
marcha hácia el territorio del imperio griego al través de las montañas y pueblos de la Esclavonia. Es pro
bable que los cronistas hayan designado vagamente con el nombre de Esclavonia los países habitados por las
poblaciones eslavas. Raimundo de Agiles, historiador particular de la marcha del conde de Tolosa, nos cuen
ta que los cristianos no encontraron durante tres semanas mas que montañas solitarias sin animales ni aves,
y que fué preciso defenderse de agresiones continuas. El conde Baimundo se apoderó de Scodra situada entre
los rios Clausula y Barbana, y los petscheneyos, llamados pincenatos por los cronistas y que pertenecen á la
gran familia eslava, sorprendieron al obispo Ademaro de Monteil y le espusieron á grandes peligros. Raimun
do de Agiles cree con piadosa sencillez que el paso del ejército de la Cruz al través de la Esclavo
nia fué obra divina, para que los habitantes salvajes de aquellos países dejasen su ferocidad con las virtudes
y la paciencia de los cristianos, y fuesen menos culpables en el dia del juicio. La Esclavonia, llamada en hún
garo Toih-0)Tzay forma en la actualidad un pequeño reino compuesto de los tres condados de Posega, Verts y

(1) Raimundo VI, llamado de San Giles, porque poseía esta parte de'diocesis de Nimes, era hijo de Pons, y sucedio á su her
mano Guillermo por cesion de este. Era ya conde de Rouergue, de Nimes y de Narbona desde 1066 y unia á este titulo el mar
quesado de Gothia. Se habia casado dos veces cuando se unio con Elvira, hija natural de Alfonso el Grande ¡Doro Valssetle, His
toria del Layguedoc, t. II, p. 280). Muchos han negado que Raimundo hubiese peleado contra los moros de España, aserto pro
bado por Dom Vaissetle t. II, p. 283. Habia hecho ya una peregrinacion á San Roberto. (Acta ord. sanct. Bened. tacul. 6, t. II. p. 2IS.)
Ana Comneno ha delineado el retrato de Raimundo. — (2) La familia de Castillon fue mucho tiempo soberana en la Guiena
donde existe todavía. Permanece a esta antigua familia Mr. de Castillon, que fue limosnero de Madamas las tías de Luis XVI. No
tenemos necesidad de hablar de la familia de Polignac , pues está repetidas veces mencionada en ¡as cronicas que hemos leido
para formar nuettra obra.
LIBRO SEGUNDO.— 1096-1097. 51
Syrmia, que perteneces los estados de la corona de Hungría. Forman sus limites la Sajonia, el Drave y el
Danubio (1).
Aterró á Alejo el número de sus libertadores y se arrepintió de haber llamado en su defensa a los lati
nos. Aunque los jefes de la cruzada no eran mas que príncipes de segundo orden, iban empero acompaña
dos de todos los guerreros de Occidente, y Ana Comneno compara la multitud de los cruzados á las arenas
del mar, á las estrellas del firmamento y á los innumerables torrentes que se reunen para formar un cau
daloso rio. Alejo empezó á temer á Bohemundo en las llanuras de Durazo y de Larisa , y aunque no pudo
apreciar bastante el valor y la destreza de los demás príncipes latinos , conoció que habia obrado
con poco tino revelando el secreto de su debilidad , é implorando su ausilio. Aumentaron su alarma las
predicciones de los astrólogos y las creencias del pueblo , y su inquietud se convertia en verdadero ter
ror viendo á las puertas de su capital los ejércitos de los cruzados (2 ) .
Sentado en un trono del cual habia lanzado á su protector y soberano, tenia razones para dudar de la
virtud , y sabia mejor que nadie los consejos que dicta la ambicion. Alejo habia desplegado bastante va
lor para alcanzar la púrpura , y solo gobernaba por medio del disimulo, política ordinaria de los griegos
y de los estados débiles ; Ana Comneno su hija le ha pintado como un príncipe perfecto , y los latinos
como un soberano pérfido y cruel, pero la historia imparcial, que lo mismo rechaza los elogios que la
sátira, solo ha visto en Alejo un monarca débil, supersticioso y arrastrado mas por la vanidad que por
el deseo de la gloria. Le hubiera sido fácil ponerse al frente de la cruzada y reconquistar el Asia
Menor marchando. con, los latinos á Jerusalen, pero .tamaña empresa era superior á su debilidad, y su
tímida prudencia creyó que no debia temer engañando á los cruzados , cuyas victorias redundarían sin
ningun sacrificio en provecho de su imperio. Todos los medios lé - parecieron- buenos y justos para salir
de una posicion que su política hacia mas peligrosa con la incertidumbre ó inconstancia desus proyectos.
Cuanto mas se esforzaba en inspirar confianza , mas sospechosa parecia su buena fé , y tratando de in
fundir temor, descubría la inquieta alarma dé que era víctima. Luego que supo la llegada de los prín
cipes cruzados , les envió embajadores encargados de obsequiarles y penetrar sus designios, y al mismo
tiempo mandó que las tropas del imperio salieran de improviso á atacarlos en el camino.
El gobernador de Durazo reeibió con la mayor ostentacion y cariñoal conde de Vermandois, áquien arroja
ra la tempestaden las costas de Epiro, pero muypronto recibió una órden de Alejo para que locondujera pre
so á Constantinopla con el vizconde de Melun, Clerembaldo de Vendeuil (3) y los principales señores de su co
mitiva. El emperador griego confiaba que el hermano del rey de Francia seria bajo su poder un rehen que le
pondría al abrigo de las empresas de los latinos, pero una política tan pérfida, en vez de serle util, no sirvió
mas que para despertar la desconfianza y provocar el odio de les jefes de la cruzada. Godofredo de Bouiüon
supo el cautiverio del conde do Vermandois al llegar á Filipopolis, y envió mensajeros reclamando al emperador
la reparacion del ultraje; mas no pudo contener su indignacion ni el enojo de su ejército, cuando regresaron
los encargados de su demanda con una respuesta altiva y desfavorable. Trató como si fueran enemigos á los
pueblos que encontró en el camino de Consta ntinoplá, y las fértiles campiñas de la Tracia fueron durante
ocho dias el teatro de la guerra. La multitud de griegos que llegaban fugitivos á la capital anunciaron al em
perador la terrible venganza de los latinos, y aterrado Alejo de su imprudente política, imploró la inclemen
cia de su prisionero y le prometió ponerlo en libertad cuando llegasen los cruzados á las puertas de Cons
tantinopla. Esta promesa calmó la indignacion de Godofredo, que mandó cesar las hostilidades y continuó
su marcha tratando á los griegos como amigos y aliados.
(1) La Esclavonia actual, ceñida al oesta por la Croacia y la Iliria, al sud por la Bosnia y la Servia, al este por el Temeswar
y al norte por los comicios húngaros de Baatsch, de Barani y de Schumegh encierra 358.000 habitantes en una superficie de
855 leguas cuadradas de Francia. La capital es Eszeck, ciudad fuerte sobre el Drave, con 10.000 almas. La poblacion de la Escla
vonia está repartida en 5 ciudades, 22 villas, 571 aldeas y cerca de 36,000 casas. La Esclavonia no ha sido en otros tiempos tan
aDgosta, pues antes de la batalla de Mohatsch comprendía ademas los dos condados croatas de Warardin y de Krentz y una gran
parte del condado de Agram hasta el Kuspa. Todos estos paises que se llamaban entonces alta Esclavonia, se pusieron bajo la pro
teccion del Austria, para salvarse de la ambicion de Zapolya, y el emperador Fernando I los incorporo á la Croacia, a la cuat,
han permanecido constantemente unidos desde entonces.— 2) Los historiadores han sido muy difusos en escribir la marcha do los
diferentes principes cruzados, y cada ejercito ha tenido su historia particular, circunstancia que ha oscurecido la verdad, pues es
imposible seguir los diferentes relatos sin caer en confusion.— (3) La familia de Vendeuil existe aun en Picardía. Permanece &..
ella el marqués de Clerembault de Vendeuil, ayuda de campo del vizconde de Mirabcau en el ejercito deConde.
52 HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
Alejo redoblaba en tanto sus esfuerzos y ardides para obtener del conde de Vermandois un juramento
de obediencia y fidelidad, persuadido de que la sumision del príncipe francés arrastraría la de los demás
cruzados, y que no debería recelar tanto de su ambicion si llegaba á convertirlos en vasallos. El herma
no del rey de Francia , que al pisar el territorio del imperio habia escrito cartas llenas de altivez y osten
tacion , no pudo resistirse á los halagos y promesas del emperador , y prestó cuantos juramentos le exigie
ron. Cuando llegó Godofredo , se presentó en el campamento de los cruzados que se alegraron de verle li
bre, pero que no le perdonaron la bajeza de haberse sometido á un monarca estranjero. Al intimar á
Godofredo á que siguiese su ejemplo, se alzaron contra él gritos de indignacion; sus compañeros que ha
bian desenvainado la espada para vengar sus ultrajes , mostraron tanta mas oposicion y resistencia a la
voluntad del emperador , cuanto mayor habia sido la sumision que habia manifestado el conde en su cau
tiverio.
Alejo les negó los víveres, creyendo reducirlos por eí hambre, pero tos latinos estaban acostumbrados
á obtenerlo todo con la violencia y la victoria . y á una orden de sus jefes se esparcieron por las campi
ñas, saquearon las aldeas y los palacios cercanos de la capital, y la guerra llenó de riquezas y abun
dancia su campamento. Este desorden duró muchos dias , pero como estaban próximas las fiestas de Navi
dad (1), la época del nacimiento de Jesucristo inspiró sentimientos generosos á los soldados cristianos y al
piadoso Godofredo. Esta circunstancia favoreció las proposiciones pacificas , el emperador concedió los ví
veres, y cesaron las hostilidades de los cruzados.
Pero no podia ser durable la union entre griegos y latinos: los francos se vanagloriaban de haber acu
dido en defensa del imperio , hablaban siempre como vencedores y obraban como soberanos : los griegos
despreciaban el rudo valor de los latinos , cifraban toda su gloria en la finura de sus trajes y maneras c y
creian hacer un ultraje á la lengua de la Grecia pronunciando los nombres de los héroes de Occidente (2).
Aumentaba la antipatía , originada por la diferencia de usos y costumbres, el rompimiento declara
do mucho tiempo antes entre el clero de Roma y el de Constantinopla , los cuales se lanzaban mutuamen
te anatemas y se aborrecian entre sí mas que hubieran podido odiar á los sarracenos. Los teólogos griegos
solo se ocupaban en vanas sutilezas , obstinándose en no admitir en el número de los mártires á los que
morian combatiendo á los infieles, afeaban el carácter guerrero del clero latino , se vanagloriaban de po
seer en su capital todas las reliquias de Oriente, y no comprendian el objeto que conducia á los cruzados á
Jerusalen. Los francos acusaban á los súbditos de Alejo como de un crimen su repugnancia en seguirlos en
la cruzada , diciendo que su falta de entusiasmo era una indiferencia por la causa divina ; y todos estos
motivos de odio y de discordía provocaron frecuentes discusiones y contiendas , en las que los griegos mos
traron mas perfidia que valor y los latinos mas valor que moderacion.
Alejo permanecia al parecer insensible en medio de estas divisiones si» desistir del proyecto de exigir á
Godofredo el juramento de fidelidad y de obediencia. Tan pronto echaba mano de las protestas de amis
tad , como amenazaba con desplegar la fuerza de que carecia ; Godofredo despreciaba sus amenazas y no
daba crédito á sus promesas ; dos veces fueron llamadas á las armas las tropas de los latinos y las impe
riales , y Constantinopla temió ver ondear el pendon de los cruzados sobre sus murallas.
El rumor de tan sangrientas contiendas regocijó á Bohemundo que acababa de llegar á Durazo, pues
creyó llegado el momento de atacar el imperio griego y de repartirse sus despojos. Envió mensajeros
á Godofredo invitándole á apoderarse de Bizancio, y prometiendo reunirse con él con todas sus fuer
zas para tan grande empresa; pero Godofredo recordó constantemente que solo habia tomado las ar
mas en defensa del Santo Sepulcro, y rechazó las proposiciones de Bohemundo, invocando el juramen
to que habian prestado de combatir á los infieles.
Esta embajada de Bohemundo, cuyo objeto se publicó al momento, aumentó la inquietud de Alejo, y le
indujo á no descuidar medio alguno para convencer á Godofredo de Bouillon. Envió á su propio lujo
como rehen al campamento de los cruzados, y cesó la desconfianza. Los príncipes del Oriente juraron
respetar las leyes de la hospitalidad y se presentaron en el palacio de Alejo, el cual los recibió ro-

(I) La princesa griega habla de las fiestas de Pascuas, lo cual contradice á los historiaflores latinos y á la verosimilUud,
habiendo partido loscruzados en el mes de setiembre, y bailándose ya en el As-ia Menor al principio de la primavera. — ,2¡ Ana
Comneno, lib. X.
LIBRO SECUNDO.— 1096-1097. 53
deado de una corte brillante y esforzándose á ocultar su debilidad bajo la esterioridad de un vano apa
rato y magnificencia. El jefe de los cruzados, los principes y los caballeros que le acompañaban , se
inclinaron delante del trono del enqierador con todo el lujo marcial del Occidente y saludaron de ro
dillas una majestad muda é inmóvil. Despues de esta ceremonia, en la que los griegos y los lati
nos se contemplaron con estrañeza y curiosidad, Alejo adoptó por hijo á Godofredo y puso el impe
rio bajo la proteccion de sus armas (1 1. Los cruzados se comprometieron á reconquistar al emperador
las ciudades que habia perdido el imperio y á prestarle homenaje por las demás conquistas que
pudieran alcanzar, y Alejo premetió ayudarles por mar y tierra, proporcionarles víveres, y participar
de los peligros y de las glorias de su espedicion.
Alejo apreció en mas que una victoria el homenaje de los príncipes latinos, y los jefes de los cru
zados se volvieron á sus tiendas, donde la gratitud del emperador los colmó de presentes. Mientras
Godofredo publicaba á son de trompeta en su ejército la orden de guardar el mas profundo respeto al
emperador y á las leyes del imperio, Alejo mandaba á todos sus subditos que asistieran á los francos con
víveres y respetaran las leyes de la hospitalidad, ra recia que la alianza que acababa de llevarse acabo
habia sido jurada de buena fé por griegos y latinos, pero Alejo no podia destruir las prevenciones de
sus súbditos contra los cruzados, y tampoco era posible al piadoso Godofredo contener la multitud turbu
lenta de sus soldados. Aunque el soberano de Bizancio estaba seguro de las intenciones del duque de Lo
rona , temia la llegada de Bohemundo y la reunion de muchos ejércitos en las cercanías de su capital.
Obligó á Godofredo á pasar con sus tropas á la costa asiática del Bosforo , y solo se ocupó en poner en
planta los medios que le sugería su política para humillar el orgullo y disminuir las fuerzas de los de
más príncipes latinos que se acercaban á Constantinopla.
El príncipe de Tarento avanzaba á través de la Macedonia dando oidos a las arengas de los diputados
de Alejo y atacando las tropas que se oponían á su paso. Ya habian saqueado muchas provincias y ciu
dades los cruzados italianos y normandos, cuando su jefe recibió un mensaje del emperador invitándole
á que se dirigiese con su ejército á Constantinopla. Alejo hacia á Bohemundo mil protestas de amistad , á
las que no daba este ningun crédito, pero que miraba como ventajosas para sus planes, y protestando tam
bien el príncipe de Tarento de su adhesion, se presentó en la corte de Bizancio. El emperador le recibió
con una magnificencia igual al temor que le inspiraba su venida, pero como ambos príncipes eran dies
tros en el arte de seducir y de engañar , cuando mas razon tenían de quejarse uno de otro , era mayor
la amistad que se manifestaban. Se ensalzaron sus mutuas victorias públicamente y ocultaron sus rece
los y tal vez su desprecio bajo la apariencia de una reciproca admiracion. Poco escrupulosos ambos sobre
la fé de sus juramentos, Alejo prometió vastos dominios á Bohemundo, y el héroe normando juró sin
escrúpulo ser el mas fiel delos vasallos del emperador (2).
Roberto conde de Flandes, el duque de Normandia y Estoban conde de Blois y de Chartres prestaron tam
bien homenaje al emperador griego al llegará Constantinopla, y recibieron como los demás el precio de su
sumision. El conde de Tolosa que llegó el postrero respondió á los mensajeros de Alejo diciendo que no habia
ido á buscar un soberano, y hasta les amenazó con la destruccion de Constantinopla. El emperador luvo que
doblegarse ante el orgullo de Raimundo ysu's provenzales (3), y lisonjeó su vanidad y su avaricia, haciéndoles
ver mas la magnificencia de sus tesoros que la de sus ejércitos. Es muy comun considerar á la riqueza como
poderío en los estados en decadencia, y los príncipes degenerados creen reinar en los corazones cuando les
quedan tesoros para corromperlos. Las ceremonias y la etiqueta eran en Constantinopla una cosa seria é impor
tante, y á pesardel valor que merecen las vanas fórmulas, causa admiracion el ver á los altivos guerreros, que

(11 La adopcion deque hablan los historiadores no tenia los mismos efectos que entre los romanos. Segun la ley romana, con
cedía todos los derechos del hijo legitimo, y por consiguiente era llamado á la sucesion del adoptante. La adopcion que Alejo
hizo de Godofredo era una alianza entre principes, por la cual se profesaban el cariño de padre e hijo, pero no daba ningun
derecho á la sucesion. Esto induce á decir a Niceforo Brienio lib. II, cap. 38) queera una vana formula. Asi adoptó el emperador
Mauricio a Cosroes rey de Persia (Evan. lib. IV, cap 16¡. Las ceremonias de adopcion consistían entrelos orientales en ceñir el
adoptante la espada al adoptado ¡Ducange, disertacion sobre Joinville, t. III, p. 272 de las Memorias relativas 6 la historia de Fran
cia .—(2 Veanse los curiosos pormenores sobre la entrevista de Alejo y Bohemundo en el estrado de AnaComneno [Biblolcca de
tasCruzadas, t. 111 .—,3 Proveníales, nombre derivado de Provincia romana 6 Provincia Narbonense que comprendía antigua
mente el Languedoc, el Delfinadoy la Provenza.
54 HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
iban á conquistar imperios enteros, arrodillarse en presencia de un príncipe que temblaba viendo vacdante el
suyo; pero le hicieron pagar muy cara una sumision incierta y pasajera, y el desprecio y la ironía era á
veces mayor que su aparente respeto.
Un con le de París llamado Roberto fué á sentarse al lado del emperador en una ceremonia en que Alejo
recibia el homenaje de muchos príncipes franceses, pero Balduino de Hainaut le cogió del brazo y le dijo:
»Debe¡s de saber que se deben respetar los usos de los países donde uno se encuentra. — Es cierto, respondió
«Roberto, mirad allí á un ridiculo zafio que está sentado mientras están en pié tantos ilustres capitanes!»
Alejo pidió una esplicacion de estas palabras, y cuando salieron los condes, detuvo á Roberto y le preguntó
su nombre y su patria. «Soy francés, respondió Roberto, de la mas ilustre nobleza. Hay en mi pais cerea de
»una iglesia una plaza donde se reunen todos los que desean hacer alarde de su valor, y solo sabré decirosque
» nadie se ha atrevido á salir al frente de mí hasta hoy.» El emperador se guardó muy bien de aceptar esta
especie de desafío y se esforzó á disimular su sorpresa y su cólera dando útiles consejos al guerrero temera
rio. «Si hasta hoy habeis en vano esperado un enemigo digno de vos, os aseguro que vais á quedar pronto
«cumplidamente satisfecho. Pero no os pongais á la cabeza ni á la cola del ejército, sino en el centro, pues
»no ignoro como debe lidiarse contra los turcos, y os aconsejo ese sitio que es el mejor que podeis elegir (1).»
La política del emperador alcanzó no obstante un buen éxito , y la altivez de un gran número de condes
y barones sucumbió bajo el poderío de sus halagos y presentes. Poseemos una caria que enviaba Estéban
de Blois á su esposa Adela , en la cual se felicita del recibimiento que le habia hecho la corte de Bizancio,
y despues de mencionar todos los honores y obsequios, esclama hablando de Alejo : « En verdad , no existe
un hombre como él debajo del cielo (2). »No menos agradecido ó satisfecho debió quedar Bohemundo de
las liberalidades del emperador. Al ver el príncipe de Tarento un salon henchido de riquezas , dijo : « Hay
aquí tesoros para conquistar muchos reinos.» El emperador oyó estas palabras y mandó que todas
aquellas riquezas se trasladasen al punto á la tienda del ambicioso Bohemundo , que no las aceptó en
un principio por vergüenza , pero que acabó por apoderarse de ellas con alborozo, llegando hasta el estre-
mo de pedir el título de gran servidor ó general del imperio de Oriente. Alejo poseia esta dignidad y no
ignoraba que era un camino para llegar al trono, de modo que tuvo suficiente valor para negársela y
se contenió con prometérsela en premio de sus servicios futuros al príncipe de Tarento.
Las promesas del emperador sujetaban bajo su ley á los principes latinos , y sus favores y alabanzas re
partidos con destreza habian engendrado los celos y la rivalidad hasta en los jefes de los cruzados. Rai
mundo de San Giles se declaró enemigo de Bohemundo, cuyos proveetos revelaba á Alejo, y en tanto
que este príncipe se humillaba de tal suerte ante un monarca estranjero , los cortesanos do Bizancio
repetían con énfasis que brillaba ontre los demás jefes de la cruzada como el sol en medio de las es
trellas (3).
Los franoos , que tan temibles eran en el campo de batalla , no habian tenido fuerza para resistir los
ardides de Alejo, ni sabian hacer respetar su ventaja en medio de las intrigas de una corte desmorali
zada , y su permanencia en Bizancio y el espectáculo del lujo de Oriente eran inminentes peligros para
los cruzados que sentian insensiblemente su efecto corruptor. Segun cuentan los historiadores de la época,
no se cansaban los caballeros de admirar los palacios , los monumentos , las riquezas do la capital y tambien
quizás las hermosas damas griegas de que hablara Alejo en sus cartas á los príncipes de Occidente. Tancredo
fué el único , insensible á tantos agasajos , que no quiso esponer su virtud á las seducciones de Bizancio,
y lamentándose de la flaqueza de sus compañeros , se apresuró á salir de Constantinopla seguido de algunos
caballeros, sin haber prestado el juramento de fidelidad al emperador.
Alejo temía tanto la indisciplina é insubordinacion de los peregrinos como los ambiciosos proyectos
de sus jefes, y á medida que llegaban nuevos cruzados, los hacia acampar en la orilla occidental del
Bosforo. Sus tiendas ocupaban el llano que se estiende desde Pera hasta las aldeas que se llaman en
el dia Belgrado y Lísgos, y los soldados se albergaban tambien en las casas y edificios del estrecho.

¡ 0 Biblioteca de las Cruzadas, t. ti.— 2) Vease la carta del conde de Blois en la Biblioteca de las Cruzadas, t. I. El entusiasmo del
conde do Blois recuerda una espresion de Mad. Sevigne, que colocaba á Luis XIV sobre todos los principes, por los favores ijue
d? el habia recibido.— 3) Raimundo de Agiles, capellan del conde de Tolosa, se eífuerza á escusar á su teñor.
LIBRO SEGUNDO. -1096- 1097. 55
Cada jefe tenia su cam amento separado, y el de Godofredo ocupaba el valle de Buyuk-Desé , cerca
de la aldea de este nombre, á cuatro leguas al norte de Constantinopla. Muchas veces nos hemos sen-
lado debajo de un viejo plátano que hay en Buyuk-Desé, al cual las tradiciones populares llaman el
árbol de Godofredo de Bouillon (1).
El emperador griego repartía con igual liberalidad sus riquezas entre la multitud de los peregri
nos, pero no conseguia el mismo éxito que con los jefes. Todas las semanas salian del palacio de
Blaqueras cuatro hombres robustos cargados de monedas de oro que se distribuían entre los solda
dos rle Godofredo, é igual reparticion se hacia en el campamento de muchos otros jefes. «¡Cosa es-
trañal dice con este motivo Alberto de Aix; este dinero repartido con tanta profusion volvia muy
pronto al tesoro imperial , porque nadie podia en el imperio vender las provisiones á los cruzados
mas que Alejo, y el trigo, el vino y las demás mercancias costaban tan caras, que apenas bastaba
el dinero distribuido á los peregrinos para mantenerse, y se veian obligados á gastar el que habian
traido de su pais. Esta engañosa generosidad del emperador escitaba violentas quejas , la multitud
invadia las comarcas vecinas y las saqueaba , sin perdonar las casas imperiales , de modo que la
capital se veia continuamente amenazada de un saqueo á pesar de sus murallas.»
Lo que afligía en estremo á los peregrinos mas piadosos, era el olvido general del objeto de su
espedicion, pues los guerreros latinos hubieran preferido hacer la guerra á los griegos, por la es
peranza del rico botin , y el mismo Alejo se cuidaba mas de someter á su imperio á los príncipes
de la cruz quede arrancar de los muros de Nicea los pendones musulmanes. No obstante Godofre-
de y los jefes mas previsores no olvidaban la cruzada , y pedian con ahinco que se les proporcio
nasen barcos para cruzar el Bosforo y volver á emprender el camino de Jerusalen. Godofredo dió el
ejemplo embarcándose con sus caballeros en el golfo de Buyuk-Dese, y los demás cruzados levanta
ron tambien sus tiendas y pasaron á las costas del Asia.
Los cruzados se olvidaron de la corte de Bizancio despues de haber pasado el estrecho del Bosforo, y so
lo pensaron en hacer la guerra á los musulmanes. Hemos dicho anteriormente que los turcos scldjukidas
invadieron el Asia Menor en el reinado de Miguel Ducas , y que fundaron un imperio que se estendia des
de el Oronte y el Eufrates hasta Nicea. Esta nacion era la menos bárbara de los musulmanes, y habia des
cuidado la conquista de las orillas del mar porque no tenia marina, pero estaban bajo su dominacion las
mas ricas provincias, cuyo cultivo dejaba á los griegos sus esclavos y tributarios.
Los turcos del Asia Menor vivían en sus tiendas, no conocian otra ocupacion mas que la guerra , ni otra
riqueza que el botin , y obedecian por jefe al hijo de Soliman , cuyas conquistas le habian dado el renombre
de campeon sagrado. David , llamado Kilig-Arslan ó la espada del leon , habia sido educado en medio de
las guerras civiles, y despues de haber estado encarcelado en la fortaleza de Korasan por mandato de Malek-
Schah, subió al trono de su padre , que ocupaba hacia muchos años siendo respetado por su valor. Era un
hombre de genio fecundo en recursos y de carácter firme en las desgracias ; cuando supo la llegada de los
cruzados, llamó en defensa de la ley del Coran á todos sus subditos y aliados; y tuvo la satisfaccion de
ver reunidos bajo sus banderas los mas animosos defensores del islamismo de todas las provincias del Asia
Menor y hasta de la Persia .
No satisfecho aun con un ejército tan numeroso , se esmeró en fortificarla ciudad de Nicea, que debia
recibir los primeros golpes de los cristianos. Era esta ciudad la capital de la Bithinia , célebre por sus dos
concilios, y corte del imperio ó pais de fíouni, y los turcos la consideraban como un punto avanzado desde
donde esperaban la ocasion de atacar á Constantinopla y precipitarse sobre el Occidente.
El ejército cristiano se reunió en Calcedonia , y despues de formar los jefes sus batallones , se dirigie
ron hácia Nicea. El ejército de la cruz tenia á su derecha la Propóntida y las islas de los Príncipes , y á
su izquierda las montañas cubiertas de bosques donde se ven actualmente algunas aldeas turcas. Encon
traron en su camino las ruinas de la antigua Pandicapium y los restos de Libisa, famosa por el sepulcro de
Aníbal (en la actualidad es una miserable villa musulmana). Despues de algunos dias de marcha, llega
ron á Nicomedia donde permanecieron tres dias. Esta ciudad , edificada al pié de una colina , en el fon-

!•). Correspondencia de Oriente , carta XXXVIII.


&fi HISTORIA DE LAS CHUZADAS.
do de un golfo al cual ha dado nombre, conservaba aun entonces un resto de su antiguo esplendor, pero ao
tualmente es una villa que los turcos llaman fsmid. El ejército de la cruz se dirigió desde alli á Henelepolis,
teniendo al ocoidente el golfo y á oriente la inmensa cordillera de Arganton; esta ciudad, que ha lomado e
nombre de llersch, está á once leguas de Nicomedia y á cuatro ó cinco de Civitot ó Ghemlik; y al llegar á
sus cercanias vieron los cruzados acudir á sus tiendas ¡i muchos fugitivos del ejército de Pedro , que habien
do podido salvarse del alfanje mahometano , vi vian ocultos en las montañas y en los bosques cercanos.
Unos iban cubiertos de andrajos , otros desnudos y muchos heridos y casi exánimes de hambre , soste
nian apenas el resto de una miserable vida que habian disputado al rigor de las estaciones y á la barbarie de
los turcos. El aspecto de estos desgraciados y la relacion de sus miserias llenaron de luto el ejército cristia
no , y todos los ojos derramaron lágrimas cuando se supieron los desastres de los primeros soldados de la
cruz. Los fugitivos indicaban hacia el Oriente la fortaleza donde los compañeros de Reinaldo , vencidos por
el hambre y la sed , se habian entregado á los turcos para ser victimas de su acero, y señalaban las monta
ñas en cuya falda habia perecido Gualtero con todo su ejército. Los cruzados caminaban silencio
sos , encontrando por todas partes los insepultos huesos de sus hermanos , girones de banderas,
lanzas rotas y armas cuLiertas do polvo y orin , tristes restos de un ejército vencido. En medio de
tan siniestros cuadros , no pudieron ver sin estremecerse de dolor el campamento donde Gualtero
habia dejado las mujeres y los enfermos, al verse arrastrado hácia Nicea por sus soldados, el sitio
donde los cristianos habian sido sorprendidos por los musulmanes en el momento en que sus sacer
dotes celebraban el sacrificio de la misa, y donde un enemigo cruel habia sacrificado ó hundido en
ct mas feroz cautiverio á las mujeres , los niños , los ancianos y á todos los que la debilidad y las
enfermedades detenian en la tienda, persiguiéndolos hasta al pié de los altares. La multitud de los
cristianos degollados en este sitio yacia sin sepultura , y se veian aun los fosos trazados en torno
del campamento y la piedra que habia servido de altar á los peregrinos.
El recuerdo de tan inmenso desastre ahogó las discordias , impuso silencio á la ambicion y reanimó el
celo de libertar los santos lugares. Los jefes se aprovecharon de esta leccion y redactaron útiles reglamentos
para mantener la disciplina. Empezaba entonces la primavera, las campiñas cubiertas de verdura y de flo
res, las mieses que crecian, el clima fértil y el hermoso cielo de Bitinia, la seguridad de no faltar los vive
res, la armonia de los jefes y el entusiasmo de los soldados hacian presagiar á los peregrinos que Dios ben
deciria sus armas y que serian mas felices que sus compañero cuyos deplorables restos hollaban sus
plantas.
Al salir de Herseb los cruzados tuvieron que cruzar muchas veces el Draco, rio célebre entre los peregri
nos, cuyos numerosos rodeos le han dado el nombre do serpiente y entre los turcos el de rio de las cuarenta
colas. No lejos del nacimiento del Draco, al cruzar la cordillera de Arganton, los peregrinos solo encontra
ron angostas sendas entre los precipicios y cortadas en la roca. Godofredo envió de avanzada cuatro mil tra
bajadores armados de hachas y picas para abrir camino; plantáronse algunas cruces de madera para seña
lar el paso de los soldados de Jesucristo, y al salir de tan peligrosas quebradas, los peregrinos e3lasiaron su
vista por las llanuras de Nicea.
Los cruzados avanzaban confiados en sus fuerzas y sin saber las que podian oponerles : nunca habian
presentado un espectáculo tan imponente y terrible las campiñas de la Bitinia ; el número de los peregri
nos era mayor que la poblacion de muchas ciudades de Occidente ; su inmensa multitud cubria un grande
espacio ; y los turcos miraban sin duda con espanto , desde la cima de las montañas don le estaban acam
pados , aquel ejército compuesto de cien mil caballos y de innumerables infantes , lo mas selecto de los
pueblos belicosos de Europa, que iba á disputarles la posesion del Asia.
Guillermo de Tiro hace una hermosa descripcion de Nicea y de sus murallas. Los viajeros pueden ver
aun en pié estas fortificaciones, que á pesar de los siglos que han pasado sobre ellas, dan una idea
suficiente para apreciar lo que serian en la época de la primera cruzada. Nos limitaremos á decir lo
que hemos visto.
Nicea está situada en el estremo oriental del lago Ascamo , al pié de una montaña de forma semi
circular ; las murallas antiguas tienen legua y media de circunferencia ; se elevan por todos lados torres
redondas , cuadradas y ovales, tan cerca unas de otras , que habia no hace muchos años trescientas
LIBRO SEGUNDO. -1096-1097; 57
setenta; el grosor de las murallas os de diez piés (Guillermo de Tiro dice que podia rodar por encin a
de ellas un carro) , de treinta piés su altura , y se hallan muy bien conservadas á escepcion de la parte
que cae al lago. Puede verse su forma y juzgar de su solidez al través de la yedra que las viste con su
verdoso manto, blason de su antigüedad. Nicea tiene tres puertas; la del mediodia está cerrada; la
de la parte oriental es de tres arcos de mármol , y se ve en la pared de la parte esterior un bajo re
lieve que representa unos soldados romanos armados con lanzas y cubiertos con sus escudos, y á al
guna distancia de esta puerta se ven los restos de un acueducto que conducia á Nicea el agua de la mon
taña. La puerta del norte es grande y hermosa, y se compone como las otras dos de tres arcos de már
mol gris, no teniendo mas adorno que una enorme cabeza de Gorgona que asoma desde lo alio del muro
entre una enramada de yedras y plantas parietarias. Rodea la plaza un foso casi cubierto de escombros, y
cuando se llega á Nicea por el camino de Civitot, se entra en la ciudad por una ancha brecha practicada en
una enorme torre de ladrillo. ¡Qué sorpresa esperimenta el viajero cuando en vez de Nicea, cuyas torres
están aunen pié, solo ve por todos lados en vez de calles y plazas campos cultivados, olivares y more
ras, y despues de cruzar largas calles de cipreses y plátanos, se llega á una humilde y pobre aldea llamada
Lonid, habitada por griegos y turcos (1)!
Luego que los cruzados llegaron á la vista de la ciudad, cada jefe tomó la posicion quedebia ocupar du
rante el sitio; Godofredo y sus dos hermanos se colocaron al oriente, en cuyo lado parecen inespugnables
aun las murallas; Bohemundo, Roberto conde de Flandes, Roberto duque de Normandia y el conde de Blois
abrieron sus tiendas por el lado del occidente y del norte ; el mediodia de la ciudad fué ocupado por el obis
po Adhemaro, y el conde Raimundo de Tolosa que fué el último de llegar al campamento, y los sitiados que
daron libres por el lado del lago.
Godofredo y Raimundo tenían á sus espaldas las montañas, pero el resto del campamento se hallaba al
principio de una estensa llanura cortada por acequias y torrentes. Las flotas que venian de Grecia y de Ita
lia proveian desde el principio del sitio á los sitiadores de víveres y de municiones de guerra.
El historiador Foulquer de Chartresdice que habia en el campamento cristiano diez y nueve naciones di
ferentes en costumbres é idiomas. «Si un inglés ó un aleman quería hablarme, añade el escritor, no sab:,■
como responderle, mas aunque divididos por el lenguaje, parecia que solo formábamos un pueblo con nues
tro amor á Dios.» Cada nacion tenia su barrio rodeado de muros y estacadas , y como faltaban piedras y
madera para construir las trincheras, se emplearon los huesos de los cruzados que habian quedado sin se
pultura en las campiñas cercanas de Nicea; «de modo, dice AnaConmeno, que construyeron á un tiempouna
tumba para los muertos y un albergue para los vivos (2). » Alzáronse apresuradamente en cada barrio mag
níficas tiendas que servían de iglesias y donde se reunian los jefes y soldados para las ceremonias religiosas.
Llamaban á los cruzados á los ejercicios militares diferentes gritos de guerra , los tambores cuyo uso habian
introducido los sarracenos en Europa y los sonoros cuernos.
Los barones y los caballeros vestian una cota de malla , especie de túnica compuesta de pequeños anillos de
hierro y acero , y sobre la cota de armas de los escuderos ondeaba una banda azul, roja, verde ó blanca. Ca
da guerrero llevaba un casco, plateado los príncipes, de hierro los demás caballeros; los ginetes llevaban escu
dos redondos ó cuadrados y los infantes rodelas largas. Los cruzados se servían en la pelea de lanza , espada y
de una especie de cuchillo ó puñal llamado misericordia; de la maza de armas, con la cual un guerrero po
dia matar de un solo golpe á su enemigo ; de la honda , que lanzaba piedras ó balas de plomo, del arco y de la
ballesta, arma mortífera desconocida hasta entonces para los orientales. Los occidentales no llevaban aquellas
pesadas armaduras de hierro que describen los historiadores de la edad media (3).
Los príncipes y los caballeros llevaban en sus banderas, imágenes, y signos de diferentes colores, que

(1) El campo de batalla donde desaparecio el ejercito de Pedro el Ermitaño á los golpes del sultan de Nicea, la marcha dei
grande ejercito de Godofredo desde Calcedonia a Nicea y el estado presente de esta ciudad, han sido descrilos siguiendo las noti
cias de Mr. Poujoulat.—¡2) Biblioteca de las Cruzadas, t. III.—,3) Los cruzados están representados en las vidrieras de San Dionisio,
pintadas por mandato de Suger, con cascos en forma de cono agudo, ú ovalados, sin visera y sostenidos por babcroles que I03
cubría hasta la boca; sus armaduras parecen' mas lijeras que las de los turcos y están sujetas por medio de cuerdas; lle\an una
espada corta, una lanza con una banderola, donde hay pintada una cruz, y un escudo redondo ú oval. Los turcos están cubier
tos de una armadura semejante, aunque sus cascos son mas ovalados y sus corazas cubiertas de escamas. Se distigueu ademas
por sus cabellos largos que caen sobre los hombros. ¡V. Montfaucon, Den nicnfoj de la monarquía francesa, t. I, p. 3C6.I
(8.' y 9.') 8
58 HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
scrvian de punto de reunion á sus soldados , y pintados sobre los escudos y pendones leopardos , leones,
est relias , torres, cruces y árboles del Asia y de Occidente , y muchos habian hecho representar sobre sus
armas los pájaros viajeros que habian encontrado en su camino , y que cambiando todos los años de clima ,
eran para los cruzados un símbolo de su peregrinacion. Estas señales distintivas estimaban el valoren el
campo de batalla y estaban destinadas a ser algun dia uno de los atributos de la nobleza entre los pue
blos de Occidente. N
El consejo de los jefes dirigía las empresas de la guerra en las circunstancias ¡importantes, y en los
rasos comunes, los condes y señores no recibian órden de ningun superior. El ejército cristiano era la
imagen de una república sobre las armas , república formidable , en la cual todos los bienes eran co
munes , sin reconocerse mas ley que la del honor ni otro lazo que el de la religion. Era tanto el en
tusiasmo, que los jefes hacian el servicio de los soldados y estos no faltaban jamás á la disciplina. Los
jefes recorrian sin cesar las filas para recordar á los cruzados las máximas de la moral evangélica;
tambien prestaron buenos servicios los predicadores , y si se ha de dar crédito á los autores contempo
ráneos que no perdonan ninguna falta á los campeones de la cruz, ia conducta de los cristianos du
rante el sitio de Nicea fué un modelo de virtudes guerreras y de devocion. «Aquella santa milicia,
»dice un cronista (1), era la imagen de la Iglesia de Dios, y Salomon podia haber dicho al verla : ¡Qué
^hermosa eres, amiga mia! le pareces al tabernáculo de Cedar ! lOh Francia I pais que debes estar á ma-
»yor altura que los demás , qué bellas eran las tiendas de tus soldados en la Romanía ! »
Los cristianos dieron varios asaltos desde los primeros dias del sitio y en todos hicieron inútilmen
te prodigios de valor. Kilidj-Arslan, que habia albergado en Nicea su familia y sus tesoros , animó con
sus mensajes el valor de la guarnicion y reunió todos los guerreros que pudo encontrar en la Roma
nía para acudir en defensa de los sitiados. Se precipitaron de improviso sobre el valle de Nicea diez
mil ginetos musulmanes que cruzaron las montañas armados con sus arcos de cuerno y sus armadu
ras de hierro, y penetraron hasta^el punto donde habia plantado sus tiendas el conde de Tolosa que
llegara el último al campamento. Los cruzados estaban noticiosos de su venida y los esperaban sobre
las armas; todos los jefes estaban al frente de sus batallones, y el obispo de Puy recorría las filas
montado en un caballo de batalla invocando , ya la proteccion del cielo , ya la piedad belicosa de los
peregrinos. Apenas se trabó el combale , cincuenta mil ginetes musulmanes acudieron á defender su
vanguardia que empezaba á vacilar. Iba á su cabeza el sultan de Nicea oscitando su valor con las
palabras y con el ejemplo: «Los dos ejércitos, dice Mateo de Edeso (2), se acometieron con igual fu-
»ria; veianse por do quiera brillar los cascos, los escudos y las espadas desnudas; se oia á lo lejos
»el choque de las corazas y de las lanzas que rechazaban en la lid ; el firmamento se estremecia
ijcon la espantosa gritería ; los caballos retrocedian y se encabritaban al rumor de las armas y el sil-
»bido de las Hechas; la tierra temblaba bajo los piés de los combatientes y la llanura estaba cubier-
»ta de armas y de cadáveres.» Ora los turcos se arrojaban con furor sobre las filas de los cruza
dos, ora peleaban desde lejos lanzando una lluvia de saetas, y algunas veces fingían que empren-
dian la fuga para volver á acometer con mas impetuosidad. Godofredo, su hermano Balduino, Ro
berto conde de Flandes , el duque do Normandia , Bohemundo y el valiente Tancredo acudian á
donde habia mas peligro , y el enemigo caía bajo sus mandobles ó huía solo á su aspecto. Los
turcos conocieron desde el principio de la pelea que los enemigos que tenían delante eran mas temi
bles que la multitud indisciplinada de Pedro el Ermitaño y de Gualtero. Esta batalla duró desde la
mañana hasta la noche; los musulmanes desplegaron el valor de la desesperacion unido á todas las es
tratagemas de la guerra , y costó la vida á dos mil cristianos. Los infieles huyeron derrotados á las
montañas, dejando cuatro mil muertos en la llanura donde habian peleado.
Los cruzados imitaron el uso bárbaro de los guerreros musulmanes ; cortaron las cabezas de los ene
migos que habian quedado en el campo de batalla y las colgaron del arzon de la silla de sus caba
llos, llevándolas al campamento, que resonó con gritos de victorioso regocijo. Las máquinas lanzaron
mas de mil cabezas dentro de la ciudad, esparciendo la consternacion, y otras mil fueron enviadas en sa-

[V Baudri Bibliatxa de las Cruzadas, t. 1. — 2 Maleo de Edoso Biblioteca delas Crvzadas, t III .
f
ml"" li
LIBRO SEGUNDO.— 1096-1097. 59
eos á Constantinopla para presentarlas al emperador que ensalzó el triunfo de los francos. Era el primer
tributo que le ofrecian los señores y barones que so habian declarado sus vasallos.
No temiendo ya los cruzados al ejército enemigo , llevaron adelante el sitio con mayor ardor ; ya so
acercaban á la plaza protegidos por galerías cubiertas de un doble techo de planchas de metal ó de teji
do de ramas, ya impelían hácia las murallas torres colocadas sobre ruedas , desde las cuales se veia lo que
pasaba en la ciudad. Diéronse varios asaltos , en los que murieron el conde de Forez , Balduino do Ganto
y muchos caballeros que el pueblo de Dios , segun los cronistas, enterró con los sentimientos de amor y
de piedad, que son debidos á personas tan nobles é ilustres. Los cruzados lidiaban con entusiasmo, deseo
sos de vengar la muerte de sus compañeros de armas , y formando los mas intrépidos la tortuga con
sus escudos impenetrables, bajaban á los fosos , so acercaban al pió de las murallas , baiian las torres oon
arietes cubiertos de hierro ó se esforzaban en arrancar las piedras con azadones y picos. Los cruzados ar
rojaban desde lo alto de sus muros pez encendida , aceito hirviendo y toda clase de materias combus
tibles ; las llamas devoraban muchas veces las máquinas do los cruzados y sus armas defensivas , y los
soldados se hallaban al descubierto de las piedras y saetas que caian sobre ellos como una terrible tem
pestad. El ejército cristiano rodeaba á Nicea, pero cada nacion tenia solo el punto de ataque que se lo
habia señalado, y no se ocupaba del resto del cerco; y ya sea que faltase espacio ó máquinas á la mul
titud de los combatientes , solo se veia acercarse á las murallas un reducido número de guerreros , y cada
ataque dirigido contra la ciudad era una especie de espectáculo al cual asistía la turba ociosa de los pe
regrinos esparcidos por las eminencias y colinas cercanas. Un musulman , á quien la historia nos des
cribe como un guerrero de una estatura y fuerza estraordinarias , se hacia notar por sus prodigios de va
lor en uno de los asaltos que daban los soldados de Godofredo ; no cesaba do desafiar á los cristianos, y
aunque todo su cuerpo estaba cubierto de flechas, permanecia impertórrito ó insultante sobre el muro
y parecia que los soldados de la cruz solo tenían que combatir con un hombre. Manifestando al fin con or-
gullosa altanería que no temia á los cristianos , el guerrero musulman arrojó á lo lejos el escudo , des
cubrió su pecho y empezó á lanzar enormes trozos do roca sobre los cruzados agrupados al pió dela
muralla. Los peregrinos caian aterrados sin poder defenderse , hasta que adelantándose el duque de-Boui-
llon , armada de una ballesta y precedido de dos escuderos que llevaban sus escudos alzados sobre su
euerpo , disparó un dardo con mano vigorosa , y herido el atrevido musulman en el corazon ,-cayó exá
nime sobre la muralla á la vista de todos los cruzados qne aplaudieron la destreza y el valor de Godofre
do. Los sitiados quedaron tan inmóviles de espanto , que parecia que habian quedado sin defensores las
murallas medio derruidas.
La noche suspendió los combates y alentó el valor de los sitiados, y al dia siguiente al amane
cer estaban ya reparadas las brechas del dia anterior , y se alzaban nuevas paredes detrás de las
murallas arruinadas. Al ver la constancia de sus enemigos y el guerrero aparato que desplegaban.,
los cruzados empezaban á desmayar, y todos esperaban el ejemplo de su compañero para lanzarse
al combate, segun dice Alberto de Aix. Solo un caballero normando se atrevió á salir de las filas y
á bajar al foso, pero cayeron sobre él piedras y dardos, y mal defendido con su casco y su cora
za, pereció á la vista de todos los peregrinos, que se contentaron con pedir á Dios que tuviese com
pasion de su alma. Los sitiados cogieron su cadáver con ganchos de hierro , lo colocaron sobre la
muralla como -un trofeo de su victoria, y lo arrojaron despues por medio de una máquina al cam
pamento de los cristianos , donde sus compañeros de armas le hicieron los honores de la sepultura,
consolándose de haberle dejado morir sin defensa , con la idea de que habia recibido la palma del marr
tirio y gozaba ya de la vida eterna.
Los sitiados recibian todos los dias refuerzos de víveres, armas y soldados por el lago Ascanio quo
bañaba sus murallas , y los cruzados no lo advirtieron hasta siete semanas despues de haber, empezado
el sitio. Reuniéronse los jefes, y enviaron al puerto de Civitot un gran número de ginetes é infantes
con orden de trasportar á la orilla del lago barcos y navios griegos. Muchas de estas naves , que
podian sostener hasta cien combatientes, fueron colocadas sobre carros á los que habian uncido ca
ballos y hombres robustos, y una sola noche bastó para trasladarlas hasta el lugo Ascanio y lan
zarlas en el agua. Al asomar el dia, el lago estaba cubierto de barcas tripuladas por suldudos intré
60 HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
pidos, ondeaban sobre las ondas las banderas cristianas desplegadas, y en todas las orillas se oye
ron gritos bélicos , trompelas y tambores. Los defensores de Nicea quedaron sumidos en la mayor
sorpresa y desaliento.
Al mismo tiempo reanimó el valor de los peregrinos una torre de madera, construida por un guer
rero lombardo, que resistía el fuego, las piedras y todos los ataques del enemigo. La colocaron al
pió de un torreon formidable que habian atacado durante muchos dias los guerreros de Raimundo
San Giles, y los trabajadores que albergaba escabaron profundamente la tierra bajo las murallas
hasta que se descubrieron los cimientos dela fortaleza, la cual se desplomó durante la noche con tan
horrible estruendo que sitiados y sitiadores se despertaron aterrados creyendo que era un temblor de
tierra. Al siguiente dia, la mujer del sultan y sus dos hijos de tierna edad trataron de huir por el
lago, pero cayeron en poder de los cristianos, y ya los turcos perdian la esperanza de defender á
Nicea y yacían aterrados y próximos á rendirse, cuando la política de Alejo usurpó la conquista á
las armas de los cruzados.
Este príncipe, que se ha comparado al ave que busca su presa siguiendo las huellas del leon, ha
bia llegado en secreto hasta Pelicano , y enviado al ejército de los cruzados un reducido cuerpo de
tropas griegas y dos generales de su confianza, no para combatir, sino para negociar y aprovecharse
de la ocasion de apoderarse de Nicea con astucia. Habiendo entrado en la ciudad uno de sus jefes
llamado Butumita, aterró á los habitantes amenazándoles con la inexorable venganza de los latinos y
les aconsejó que so rindiesen al emperador de Constantinopla. Aceptaron sus proposiciones , y en el
momento que los cruzados se preparaban á dar el último asalto, aparecieron de pronto las bande
ras de Alejo sobre las murallas y torres de Nicea.
Esta novedad llenó de sorpresa al ejército cristiano, muchos cruzados no pudieron contener su in
dignacion, y los soldados, preparados ya para el combate, volvieron á entrar en sus tiendas abrasad-
dos de justa cólera. Exasperó su enojo el oir que los griegos exigían que solo pudieran entrar de
diez en diez en una ciudad que habian conquistado á costa de su sangre y que encerraba las rique
zas que les habian prometido. En vano los griegos recordaron los tratados hechos con Alejo y lo»
servicios que habian prestado á los latinos durante el sitio , pues continuaron las quejas y los mur
mullos, que solo pudieron acallar por entonces los regalos del emperador (l).
Alejo recibió á la mayor parte de los jefes de la cruzada enPelécano, ensalzó su valor y los colmó de oro y
alabanzas. Viéndose dueño de Nicea trató de vencer el orgullo de Tancredo, que aun no habia prestado ju
ramento de fidelidad y obediencia, y cediendo por fin este príncipe á las súplicas de Bohemundo y de los de
más jefes, prometió ser fiel al emperador hasta que este lo fuese á los cruzados (2) ; pero semejante homenaje,
que era á un mismo tiempo una sumision y una amenaza, no satisfizo á Alejo, y le mostró claramenteque
no merecia el aprecio ni el cariño de los peregrinos de Occidente. Los latinos conocieron fácilmente que Alejo
trataba de ganarse el ánimo de los enemigos de los cristianos, al ver que devolvía la libertad á la mujer y
á los hijos del sultan y en el modo humano y generoso con que trató á los prisioneros turcos. Esto fué bastan
te para renovar el odio general, y desde esta época griegos y cruzados se inculparon y amenazaron mutua
mente, y es indudable que el mas leve pretesto hubiera encendido la guerra entre los aliados (3).
Un año hacia que los cruzados habian salido de Occidente, y despues de haber descansado algun tiempo cer
ca de Nicea, se prepararon para continuar la marcha hácia la Siria y la Palestina. Las provincias del Asia
[1) Los historiadores dela primera cruzada no están de acuerdo sodreel modo en que fue entregada Nicea al emperador. Ro
berto el monje, Baudri y el abate (¡uibert dicen que los sitiados trataron secretamente con Alejo, con condicion de dejaríes sa
lir libremente de la ciudad. Foulcher de Chartres pretende que los turcos que habia en Nicea dieron entrada á los turcopoles en
viados por el emperador, los cuales repartieron dinero y tomaron posesion en nombre de Alejo. Alberto de Aix dice que Taticio,
privado del principe griego, alcanzo de los cruzados á fuerza de promesas que le entregasen á Nicea, y delos siiiados que abrie
ran sus puertas, prometiendoles que podrían salir libremente. Guillermo de Tiro asegura tambien que Taticio trato secre
tamente con los sitiados, pero añade que habiendo sabido los cruzados que la ciudad iba á rendirse , enviaron mensa
jeros á Alejo rogándole que llegase cuanto antes con las tropas que debian formar la guarnicion de Nicea, para que el ejercito
cristiano pudiese continuar su marcha. La liberalidad del emperador no impidio que los cruzados se quejasen de esta capitu
lacion , y Alberto de Aix añade que Alejo falto á las promesas que habia hecho a los cruzados.—,2) Puede verse en Raul deCaeo
la ruda franqueza con que hablo Tancredo al emperador Alejo [Biblioteca de las Cruzadas, t. 1\— ¡3) Ana Comneno esplica la con
ducta de Alejo. Es preciso no perder de vista la historia de la princesa griega, y compararía con frecuencia con las cronicas latinas.
LIBRO SEGUNDO. -1 096-1 097. 61
Menor que iban á recorrer estaban ocupadas por los turcos, á los cuales animaban el fanatismo y la religion
v formabanuna nacion y un ejército siempre dispuesto á combatiry á trasladarse de un punto á otro. La guer
ra habia devastado tan espantosamente el pais que apenas quedaban caminos ; las ciudades estaban -entre sí
sin comunicacion ; losrttesfiladeros, los torrentes y precipicios detenían continuamente al ejército numeroso
en su marcha al través de las montañas, veran unos azotes inevitables en las llanuras, la mayor parte incul
tas y desiertas, la escasez de víveres y de agua y la ardiente temperatura del clima. Los cruzados creian ha
ber vencido á todos sus enemigos en Nicea, y avanzaban por unpaisque desconocian sin tomar ninguna pre
caucion y sin mas guia que los griegos, cuya perfidia era tan manifiesta. Como no tenían idea alguna de los
obstáculos que iban á encontrar en su marcha, su ignorancia tranquilizaba sus ánimos y les ocultaba el pe
ligro.
El ejército cristiano salió de Nicea, el 25 de junio (1), y despues de dos dias de marcha llegó cerca de un
puente donde plantó las tiendas. Este puente que todavía existe, está construido en el sitio donde el Gallas de
semboca en el Sángaro, llamado en lengua turca Sakaría. Los cruzadas se hallaban entonces cerca de la
antigua Leuca , hoy aldea de Lefke, y aunque solo dista seis horas de Nicea, estaban tan intransitables los
caminos, especialmente por una multitud tan inmensa embarazada por sus bagajes, que no debemos
asombrarnos de que el ejército emplease dos diasen tan corto tránsito. Descansaron dos dias en la union del
Gallas y el Sángaro atraidos por la abundancia del agua y de pastos, y como iban á entrar en un pais
desierto y sin agua, resolvieron dividirse en dos ejércitos, pues un solo pais no era bastante para tantos
hombres y caballos (2). El cuerpo de ejército mas considerable iba á las órdenes de Godofredo , Raimun
do , Adhemaro , Hugo el Grande y el conde de Flandes , y mandaban el otro cuerpo Bohemundo , Tan-
credo y el duque de Normandia. Ambos ejércitos debian marchar , en cuanto fuera posible, á una pró
xima distancia ; el de Godofredo se dirigió hácia la derecha , y el de Bohemundo hácia la izquierda , el
cual llegó al valle llamado sucesivamente Dogorganhi , Gorgoni y Ozellis, despues de tres dias de marcha
al principiar la cuarta jornada. De Lefke á este valle hay veinte leguas, lo cual está acorde con las jor
nadas que acabamos de indicar siguiendo al monje Roberto que fué testigo ocular , y prueba igualmente
el error de algunos cronistas como Guillermo de Tiro, que han contado un solo dia de marcha y que
no han recorrido sin duda los sitios que describen. El ejército de Bohemundo debió seguir el Sángaro
durante tres horas desde el puente donde habia hecho alto el ejército cristiano , y dejando entonces el rio
á la derecha, penetró por un valle que conduce á Gorgoni, cuyo primer valle es llamado por los turcos
Vlsir-Kau , y lo baña un pequeño rio que actualmente tiene el nombre de Kara-Sou. El de Gorgoni , que
recuerda una gran batalla , termina en la llanura de Dorilea llamada por los turcos Eski-Chev , y está si
tuado á cuatro leguas hácia el norte de esta ciudad. El rio que corre por este valle se llama Sarch-Son
(agua amarilla), es el Bctís de los antiguos, y va á desembocar en el Tembrio despues de regar esten-
sas praderas (3). Hay en la parte septentrional una aldea turca llamada Dogorganleh , derivacion del an
tiguo nombre Dogornahi que le dan nuestros cronistas , y el valle donde tuvo lugar el acontecimiento
militar, cuyo desenlace decidió de la suerte de. la cruzada, se llama en el dia Ineu-Nu (las cavernas),
cuyo nombre es debido á las numerosas grutas sepulcrales cortadas en las faldas de las colinas cercanas.
Tenemos la mas grata satisfaccion en indicar con tantos detalles y tanta precision los sitios que ha hecho
tan célebres la historia de la primera espedicion de la cruz.
Al asomar el alba del 1 de julio, el ejército de Bohemundo que habia llegado del valle de Gorgoni,
vió aparecer de pronto una inmensa multitud de musulmanes. Kilidj-Arslan habia reunido nuevas tropas
despues de la derrota de Nicea, y seguía á los cruzados al frente de un ejército, que los cronistas latinos
hacen ascender á trescientos mil hombres, espiando la ocasion de sorprenderlos y vengarse de la conquista
de su capital. La division del ejército cristiano en dos cuerpos le habia parecido propicia para un ataque,
y escogió la parte menos considerable como mas fácil de vencer. El ejército de Kilidj-Arslan se desplegó ame
nazador por las alturas de Gorgoni; los cristianos titubearon al verlo, pero Bohemundo y el duque de Nor-

t Guillermo de Tiro se equivoca fijando en 29 de junio la fecha de la partida de Nicea. Siete dias despues llegaron los cruza
dos al valle de Gorgoni.— 2¡ Roberto el monje.—(3) Todos estos preciosos apuntes geográficos, que nos han servido tan venta
josamente para comprender la batalla do Dorilea, son debidos á Mr. Bautista Poujoulat.
62 HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
mandia mandaron desmontar á todos los caballeros y plantar las tiendas. Se formó en pocos instantes el
campamento apoyado por un pequeño rio que baña el valle y defendido por un pantano ; lo cerraron con
carros y con estacadas formadas de palos destinados para alzar las tiendas; colocaron en el centrolas mu
jeres, los niños y los enfermos, y se repartieron los infantes y los ginetes en los puntos que les señaló Eo-
hemundo. La caballeria, dividida en tres cuerpos, se colocó á la cabeza del campamento y se dispuso á de
fender el paso del rio: Tancredo y su hermano Guillermo mandaban uno de estos cuerpos y el duque do
Normandia y el conde de Chartres el otro, y Bohemundo, que mandaba el cuerpo de reserva, se situó con sus
caballeros en una eminencia desde donde podia ver y observar los movimientos del combate.
Una multitud inmensa de musulmanes bajó de las montañas antes que se hubieran plantado las
tiendas y lanzaron sobre los cruzados una lluvia de flechas. Los cristianos sostuvieron victoriosa
mente este ataque , y perseguidos los turcos por los ginetes latinos no pudieron lograr con la huida
las ventajas de su modo de pelear, pues tenian que trepar por las montañas y los cristianos los al
canzaron fácilmente. Todos aquellos musulmanes cayeron traspasados por lajanza ó la espada, siéndoles
inútiles los arcos y las flechas. «¡Oh! cuántos cuerpos cayeron desprendidos de sus cabezas I esclama
un testigo ocular (1), cuántos cuerpos cayeron mutilados! Los enemigos que iban detrás empujaban
desesperadamente á los de delante para ser victimas de los aceros de nuestros valientes.» Pero mien
tras sucumbia esta avanzada de los turcos, se precipitaron otra vez los enemigos desde lo alto de los
montes sobre el campamento de los cristianos dando grandes alaridos , pasaron al punto el rio , ca
yeron en su poder sin resistencia las mujeres, los niños, los ancianos, los enfermos y los hombres
desarmados, y en tan espantoso desórden los gritos y lamentos de los peregrinos se mezclaron con las
atronadoras voces de los bárbaros. Los turcos degollaron á todo el que se presentaba ante el filo de
sus aceros, y solo perdonaron á las mujeres jóvenes y hermosas que destinaban para sus serrallos. Si
ha de darse crédito á Alberto de Aix, las doncellas y las esposas de los barones prefirieron en esta
ocasion la esclavitud á la muerte, y se vieron muchas que en medio del tumulto se adornaban con
sus mas brillantes trajes y se presentaban á los turcos con la esperanza de enternecer sus corazones
con sus encantos.
No obstante Bohemundo corrió á socorrer el campamento y obligó al sultan á reunirse con su ejér
cito. Dice una crónica que cuando el principe de Tarento vió tantos cadáveres en tierra, empezó á la
mentarse y á rogar á Dios por la salvacion de los ñvos y los muertos. Despues de haber dejado
Bohemundo algunos caballeros en torno del campamento para custodiarlo y defenderlo, fué á reunirse
con los cristianos que peleaban con el enemigo. Los cristianos estaban aterrados por el número desus
contrarios y próximos á desmayar; el duque de Normandia se puso delante de Bohemundo en el sin
tio de la pelea , y arrancando de manos del que la llevaba su bandera blanca bordada de oro , se
lanzó en medio de los musulmanes gritando: ¡Dios lo quiere! ¡A mi, Normandia! La presencia de
los dos jefes , los esfuerzos de Tancredo , del principe de Salerno, Ricardo y de Estéban conde de
Blois reanimaron los guerreros latinos, y la enérgica audacia de los campeones de la cruz contra-
restó la numerosa y terrible hueste de Kilidj-Aslan. Las flechas que los turcos arrojaban como lluvia
copiosa sobre los cristianos caian impotentes en las corazas , escudos ó cascos de los caballeros , pero
herian los caballos y llenaban de desórden el ejército cristiano. Este modo de combatir era nuevo
para los cruzados , y los cronistas nos hablan de la ira y dolor de los guerreros al ver quo era
imposible defenderse de un enemigo que combatia desde lejos y huyendo. Los latinos trataban de
acercarse á los turcos para poder servirse de sus lanzas ó espadas, pues la táctica de los enemi
gos consistia en evitar la pelea y arrrojar nubes de flechas, y á medida que los cruzados se presen
taban ante ellos, abrian sus filas y se dispersaban para reunirse á cierta distancia y lanzar nuevas
saetas. La rapidez de sus caballos Ies ayudaba á practicar estas evoluciones y les libraba de la
persecucion de los cruzados.
El valor de los compañeros de Bohemundo hizo prodigios en un combate en que era tan considerable la de
sigualdad de fuerzas, y viéndose reducidos á no observar las disposiciones decididas antes del combate, cada
jefe y cada guerrero se guió por su propio consejo y su valor. Las mujeres, libertadas del poder de los musul-

[1¡ Huberto et monjí


LIBRO SEGUNDO. -1096-1 097. 63
manes, recorrían las filas de los cristianos, dando agua á los soldados ahogados por los abrasadores rayos del
sol y exhortándoles á hacer un esfuerzo para salvarlas de la esclavitud. Nadie estaba mano sobre mano, dice
una crónica ; los caballeros y los que eran propios para la guerra peleaban, los sacerdotes lloraban y oraban,
las mujeres que no se ocupaban en llevar agua á los combatientes, colocaban dentro de las tiendas los muer
tos y moribundos. La innumerable muchedumbre de los musulmanes habia envuelto ya a la hueste cristiana
de modo que no le dejaba el mas pequeño espacio para la fuga; los cruzados estaban comprimidos por todos la-
Sos, y aprisionados como en un circo, segun espresion de un cronista (1), y el combate era sangriento por to
das partes. Roberto de París, el mismo que se habia atrevido á sentarse en el trono de Alejo, cayó mortal-
mente herido despues de haber viste perecer á su lado cuarenta de sus compañeros ; Guillermo hermano de
Tancredo , jóven de notable arrojo y de arrogante apostura, cayó traspasado de flechas, y el mismo Tan-
credo , que habia roto su lanza en la pelea y que no tenia mas defensa que su espada , hubiera termi
nado su carrera en el valle de Gorgoni a no ser por el ausilio de Bohemundo.
El portentoso valor de los guerreros de la cruz luchando contra superiores fuerzas hacia aun incierta
la victoria , pero iban á ser inútiles tan generosos esfuerzos y vencidos por el cansancio no podian resis
tir mas tiempo á un enemigo que incesantemente se renovaba. De pronto, mil gritos de alegría anun
cian á Godofredo que llegaba con el segundo cuerpo del ejército cristiano. Bohemundo le habia dado avi
so del ataque de los turcos por medio de Arnaido, capellan del duque de Normandia, que montando un
veloz caballo , fué á encontrar la hueste del duque de Lorena á una distancia de dos millas al sud del
valle de Gorgoni. Los fieles volaron al combate, dice Alberto de Aix, como si hubiesen sido llamados al
mas delicioso festín. Cuando Godofredo, el conde de Vermandois y el conde de Flandes aparecieron en
las montañas al frente de su ejército , el sol se hallaba en la mitad de su carrera y su luz se reflejaba
en los escudos, cascos y espadas desnudas; ondeaban al viento las banderas desplegadas, resonaba á lo lejos
el ruido de tambores y clarines, y cuarenta mil guerreros cubiertos con sus pesadas armas se adelantaban
en órden hácia el teatrodel combate. Su presencia reanimó la hueste de Bohemundo y llenó de terror a
los infieles. Hacia ya cinco horas que los compañeros del duque de Tarento sostenían todo el peso de una
desigual batalla.
Godofredo , Hago , Balduino y Eustaquio, hermanos del duque de Lorena, llegan seguidos de sus cua
renta mil caballeros escogidos hácia la parte del campamento cristiano rodeado de enemigos ; los cuales com
para Roberto el monje con el águila arrojándose sobre su presa escitada por los gritos de sus hambrientos
polluelos. Los batallones musulmanes que recibieron el primer ataque del duque de Lorena creyeron que caia
sobre ellos el rayo del cielo, y el valle y las montañas resonaron con los ayes de los moribundos y las alegres
esclamaciones de los latinos. «¡Desgraciados los que recibieron los primeros golpes de los francos! dice el tes-
» tigo ocular Roberto; esos hombres que vivian hace un momento, ya no son mas que yertos cadáveres; no han
» podido protegerlos la coraza y el escudo, ni les han servido de nada sus arcos y sus flechas. Los moribundos
«gimen, huellan la tierra con sus espaldas, ó cayendo por delante, cortan la yerba con sus dientes.» Mientras
la hueste de Godofredo reunida con la de Bohemundo esparce la confusion y la muerte en las filas de los tur
cos, abismados estos en pánico terror al aspecto de diez mil hombres de retaguardia que bajaban dela mon
taña conducidos por Raimundo y el obispo Adhemaro, un estremecimiento repentino circuló por los grupos
de los musulmanes, los cuales creyeron que llovían sobre ellos guerreros desde la celeste bóveda, ó que
salían de las faldas de los montañas armados contra ellos, segun cuenta un cronista que hemos citado
muchas veces porque se hallaba en la pelea. El sultan Kilidj-Arslnn se retiró á las eminencias con su ejér
cito, confiando que los cruzados no se atreverían á perseguirlo ; ¡vana esperanza! Godofredo, Hugo, Rai
mundo, Adhemaro, Tancredo, Bohemundo y los dos Robertos cercaron las alturas donde el sultan buscaba
la retirada. No solamente riega el valle la sangre de los turcos, sino que tambien enrojece las faldas y las
cimas de los collados, y los cadáveres cubren el suelo de modo que un caballo apenas pudiera en su carrera
hallar espacio suficiente para afirmar su planta.
La batalla duró hasta la noche, y las últimas escenas de esta jornada no fueron mas que una es
pantosa carnicería. Dueños los cruzados del campamento enemigo situado en el lado setenirional del
valle de Gorgoni, encontraron en él abundantes víveres, tiendas magníficamente adornadas, toda clase
i flaul de Caen.
64 HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
de animales de carga y en especial un gran número de camellos. El aspecto de estos animales , ape
nas conocidos en Occidente, les causó tanta sorpresa como alegría, y los cristianos montaron en los
caballos de. los enemigos para perseguir los restos del ejército vencido. Ya las sombras empezaban á
cubrir los montes y el valle cuando volvieron á su campamento los cruzados, cargados de botin y
precedidos de sus sacerdotes que entonaban himnos en accion do gracias. Los jefes y soldados se
cubrieron de gloria en la jornada del '1.° de julio de 4097. Hemos nombrado ya los principales jefes
del ejército, y las crónicas citan otros muchos como Balduino de Beauvais, Galou de Calmon, Gaston
de Bearne, y Gerardo de Cherisi, quo sobresalieron por su valor y por sus hazañas, las cuales, segun
Guillermo de Tiro, les granjearon un eterna gloria. Los cruzados perdieron cuatro mil compañeros, y
el número de musulmanes muertos en la batalla ó en la fuga asciende á mas de veinte mil en las
antiguas crónicas.
Los cristianos se reunieron al dia siguiente en el campo de batalla para dar sepultura á los muer
tos, y acompañaban los funerales el canto de los sacerdotes y los gemidos de las madres que lloraban
por sus hijos y de los amigos por sus amigos. Dice el monje Roberto que los hombres capaces para
juzgar sanamente las cosas honraron como mártires de Jesucristo a los que perecieron en esta ba
talla, y se pasó bien pronto de las ceremonias fúnebres á los trasportes de la mas loca alegría. Se
disputaban los trajes sangrientos de los turcos al despojar sus cadáveres , y en el alborozo del triunfo,
ora se cubrían los soldados cristianos con la armadura de sus enemigos ó se adornaban con los trajes
flotantes de los musulmanes ; ora se sentaban en las tiendas de los vencidos burlándose de las costum
bres y del lujo de Asia. Los que no lenian armas se apoderaron de las espadas y de los corvos alfan
jes de los turcos, y los arqueros llenaban sus carcajes con las flechas que cubrían el suelo.
La embriaguez de la victoria no bastó para que dejasen de hacer justicia al valor de los vencidos que
se gloriaban de tener el mismo origen que. los francos (1), y los historiadores contemporáneos que han
ensalzado el valor de los turcos, añaden que no les faltaba mas que el bautismo para ser enteramente
iguales en esfuerzo y en virtudes guerreras á los cruzados. «Si los musulmanes hubieran abrazado la
»fé de Jesucristo, dice con sencillo candor el cronista Tudeboda , si hubieran reconocido que una de las
«tres personas do la Trinidad habia nacido de una Virgen, que despues de haber sufrido la pasion, re-
«sucitó, y que reinando igualmente en el cielo y en la tierra , habia enviado en seguida el consuelo del
«Espíritu Santo; hubiesen sido los mas valientes, los mas prudentes y mas diestros en la guerra, y nin-
»gun pueblo hubiese podido compararse con ellos.» Y prueba además que los cruzados habian formado
una elevada idea de sus enemigos, en haber atribuido su victoria á un milagro. El que quiera con
siderar este acontecimiento con los ojos de la inteligencia , dice Roberto , reconocerá en él á Dios siem
pre admirable en sus obras. Dos dias despues de la batalla , dice Alberto de Aix , los infieles huian aun,
sin que les persiguiese nadie mas que el mismo Dios. Añaden otros que vieron combatir entre los solda
dos cristianos á san Jorge y á san Demetrio. Tambien los musulmanes quedaron admirados del valor de
los latinos. «Vosotros no conoceis á los francos, decia el sultan Kilidj-Arslan á los árabes que le echa-
»ban en cara su huida, ni habeis provado su valor; su fuerza no es humana sino del cielo ó del in-
» fierno (2).»
Mientras los cruzabos se felicitaban de una victoria que les facilitaba los caminos del Asia Menor, el sultan
de Niza resolvió talar el pais que no podia defender, no atreviéndose á medir sus armas con las de los francos;
y adelantándose con el resto de su ejército y diez mil árabes que habian llegado en su ausilio, devastó sus
provincias, incendiando las casas, saqueando las ciudades, las villas y las iglesias y arrastrando prisioneros
los hijos y las mujeres de los griegos que guardaban en rehenes. No quedaron mas que ruinas y desiertos.
Los cruzados se pusieron en marcha el dia 3 de julio, y resolvieron no separarse mas para evitar las con
secuencias de una sorpresa, pero semejante resolucion esponia á un ejército tan poderoso á morir de hambre
y de miseria en un pais devastado por las turcos. Al salir los cristianos del valle de Gorgoni entraron en
la llanura de Dorilea, llamada actualmente Esky-Cher (ciudad vieja), donde solo hallaron campiñas desiertas,

(1) Baudri Bibl. de las Crus. part. I). — 2) Vease el discurso que el monje Roberto pone en boca del sultan Biblioteca dv las Cruz.
part. I .
LIBRO SEGUNDO.— 1 096- 1097. 65
y tuvieron que subsistir con las raices ilo las plantas salvajes y con las espigas que habia perdonado el
fuego ó el yerro enemigo. La falta de agua y de pastos causó la muerte á la mayor parto do los caballos del
ejército, y muchos ginetes que miraban -con desprecio á los infantes tuvieron que andar á pié y Novar sus
armas, cuyo enorme peso les abrumaba. El ejército cristiano presentaba un estraño espectáculo; veianse
caballeros montados en asnos y bueyes ai frente de sos soldados, y cargaban á las cabras, perros, puer
cos y a todos los animales que podian encontrar con el bagaje escesivo que tenian que abandonar en el ca
mino.
Los cruzados pasaban entonces por la parte do la Frigia llamada por los antiguos Frigia abrasada, de
jando á la derecha la antigua ciudad de Cotyleum, hoy Kontayé, y la antigua Ésanos ó Azadia, cuyas intere
santes ruinas han descrito los viajeros modernos (1). El ejército cristiano cruzó el antiguo pais de Isauria
(Isauria Traquea) antes de llegar á Antioquieta, capital de la Pisidia, y las crónicas abundan en detalles
sobre los sufrimientos y miseria de los cruzados desde Dorilea hasta Antioquieta. Los cristianos padecieron
durante su camino todos los horrores de lo sed, y los soldados mas robustos no podian resistir tanterriblo
azote. Dice Guillermo de Tiro qne perecieron quinientas personas en unsolodia; viéronse entonces, dicen
los historiadores (2) , mujeres de parto antes de tiempo en medio de una campiña abrasada , desesperarse otras
junto á sus hijos que no podian alimentar, pedir á gritos la muerte, y en el esceso do su dolor arrastrarse
por tierra enterameule desnudas delante del ejército (3). Los cronistas no dan al olvido en sus reíatos que
perecieron bajo un cielo tan abrasador todos los falcones y aves do caza que habian llevado al Asia los ca
balleros. Los cruzados imploraron en vano el milagro que Dios habia hecho en otro tiempo en el desierto
por su pueblo escogido, y los estériles valles dela Frigia resonaron muchos dias con el eco de sus ruogos, sus
quejas y tal vez de sus blasfemias.
Los cristianos hicieron un descubrimiento que podia salvar al ejército, pero que casi fué tan funesto como
la sed. Los perros que seguían á los cruzados abandonaron do pronto á sus dueños y se esparcieron por las
llanuras y montanas en buscado manantiales (4); viéronse cierto dia muchos de ellos que volvían al
campamento con la piel cubierta de polvo húmedo y se creyó que habian encontrado agua. Algunos solda
dos los siguieron y descubrieron un rio, á donde no tardó en precipitarse en tropel todo oí ejército, y abra
sados los cruzados por el calor y la sed, se arrojaron en la corriente y bebieron sin precaucion. Mas de tres
cientos murieron casi repentina mente, y un gran número cayeron enfermos y no pudieron continuar su
camino.
Nos faltan documentos para dar nombro á este rio. Alberto de Aix, al describir la marcha del ejército
cristiano, habla de las montañas negras, en cuya cima pasaron una noche los cruzados, y el mismo cro
nista cita un valle llamado Malabyunas, lleno do angostos desfiladeros, que cruzaron despues do haber pasa
do las montañas neams. Dorilea está distante de Antioqniota unas cuarenta leguas de norte á mediodia, y
aunque los cronistas callan el número de dias que emplearon los cruzados en este trayecto, es de creer quo
no harían con rapidez un viaje tan penoso.
El ejército llegó por fm al pié de los muros de Antioquieta cuyos habitantes les abrieron las puertas sin
resistencia. Esta ciudad está situada en medio de prados, arroyos y bosques ; la vista de un p-iis risueño y
fértil indujo á los cristianos á descansar algunos dias, y les hizo olvidar todos los contratiempos que habian
sufrido. El pais Ak-Cker (es el nombre de.la antigua Antioquieta) está cubierto de bosques como en la épo
ca de las cruzadas.
El rumor de la marcha y de los triunfos de los cristianos se estendió por los países cercanos , y todos se
apresuraban á enviarles mensajeros ofreciéndoles socorros y jurándoles obediencia. Viéronse entonces los
cruzados dueños de numerosas comarcas cuyos nombres y posicion geográfica ignoraban, y estaban muy
distantes de saber que las provincias que sometían, habian visto á los ejércitos de Alejandro y de Roma, y
que los griegos que habitaban en ellas, descendian de los galos, quo saliendo do lliria y de las orillas del Da
nubio en la época del segundo Brono, habian cruzado el Bósforo (5), saqueado la ciudad de Heraclea y fun
dado una colonia en las orillas del Ilalys. Los nuevos conquistadores no buscaban las huellas de la antigüe-

(1) Correspondencia de Oriente, t. m.—'fl) Alberto do Aix [Biblioteca de las Cruzadas, part. I).—(3) Alberto de Air.—(i) Esta parti
cularidad está sacada de la vida de Godofrcdo por Juan de Lanoet, escudero y señor de Chaintrcau.—(5) Vease sobre esta espo-
dicion á Pclloutier, Historia de los Celias, t. I.
fifi HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
dad ni tenian otro pensamiento que el de vencer á los enemigos de Jesucristo. La poblacion del Asia Me
nor, que era casi toda cristiana, protegia el progreso de sus armas, y la mayor parte delas ciudades li
bertadas del yugo musulman, los recibian como amigos y salvadores.
El temor de perder dos de sus mas ilustres jefes anubló momentáneamente la alegria de sus conquistas
durante su permanencia en Antioquiela. Raimundo de Tolosa cayó enfermo de peligro, y desesperando de
salvar su vida, lo habian echado ya sobro ceniza, y el obispo de Orange recitaba la letania de los mori
bundos, cuando llegó un conde sajon á anunciar que Raimundo no moriria de aquella enfermedad, pues las
oraciones de San Giles habian alcanzado para él una tregua con la muerte. Estas palabras, dice Guillermo
de Tiro, hicieron renacer la esperanza á los que se hallaban presentes, y no tardó mucho tiempo Raimundo
en presentarse delante del ejército que celebró su curacion como un milagro (1).
Casi en los mismos dias se perdió Godofredo en una selva y corrió un gran peligro defendiendo á
un soldado acometido por un oso. Sus compañeros lo condujeron moribundo al campamento des
pues de haber vencido á la fiera, pero herido en un muslo y arrojando un torrente de sangre; y
es seguro que la pérdida de una batalla no hubiera causado tanta consternacion como el doloroso es
pectáculo que se ofreció entonces á los ojos de los cruzados. Todos derramaron lágrimas y dirigieron
oraciones al cielo por la vida de Godofredo. La herida no era de peligro, pero debilitado por la pérdi
da de sangre, permaneció largo tiempo sin recobrar las fuerzas. El conde de Tolosa tuvo una larga
convalecencia lo mismo que el duque de Bouillon, que se vieron precisados durante muchos semanas
á hacerse llevar en Una litera detrás del ejército (2).
Mayores desgracias amenazaban el ejército de los cruzados .: hasta entonces habia reinado entre
ellos la paz que formaba su union y su fuerza, pero do pronto estalló la discordia entre algunos
jefes, y estuvo á punto de invadir el ejército. Balduino, hermano de Godofredo, y Tancredo, condu
ciendo el uno una hueste de guerreros flamencos y el otro otra de soldados italianos, fueron envia
dos de descubierta, ya para ahuyentar las tropas enemigas, ya para proteger á los cristianos del pais y
pedir socorros y viveres. Avanzaron al principio hasta la ciudad de Iconium, pero no habiendo encon
trado enemigos y viendo el pais abandonado , se dirigieron hácia la orilla del mar cruzando las
montañas del Tauro. Tancredo, que iba delante, llegó sin obstáculo hasta las murallas de la ciudad
de Tarso, patria de san Pablo, llamada en el dia Tarsus (3), que está situada en una llanuras á ori
llas del Cydno á tres horas del mar. Salió probablemente del Tauro por el paso conocido con el
nombre de Gealck-Bogaz situado á diez y seis horas de Tarso , y llamado por Alberto de Aix la
puerta de Judas. El mismo autor llama Butrento al valle que conduce á este paso del Tauro. Los
turcos encargados de defender la ciudad de Tarso prometieron enarbolar la bandera de los cristianos
en sus muros y rendirse si no eran ausiliados, y Tancredo estaba acampado cerca de la ciudad fiado
en las promesas de los habitantes y de la guarnicion, cuando vió llegar las tropas de Balduino. El
hermano de Godofredo se habia estraviado en los desiertos del Tauro, y despues de tres dias de
marcha penosa é incierta, la casualidad le habia conducido á la cima de una montaña desde don
de vieron sus guerreros las tiendas que cercaban los muros de Tarso. Esta montaña seria el ramal
del Tauro que se estiende de oriente á poniente y está situada á muy poca distancia de Tarso. Las dos hues
tes se alegraron de verse reunidas , y se abrazaron con mas entusiasmo por cuanto desde lejos se habian
creido reciprocamente enemigos.
Los cruzados flamencos repararon sus fuerzas con una comida frugal y pasaron tranquilos la no
che, pero cuando vieron al asomar el dia que el pendon de Tancredo flotaba en las torres de la
ciudad se escitó su envidia, y Balduino pretendió que siendo su ejército mas numeroso, debia perte-
necerle la conquista. Viendo que se rechazaban sus pretensiones, lanzó en medio de su enojo gro
seras injurias contra Tancredo, contra Bohemundo y la raza de aventureros normandos; y despues
de largas disensiones acordaron los jefes enviar mensajeros á los habitantes para saber á cuál de
los dos principes deseaban rendirse. Respondieron que á Tancredo. Balduino amenazó entonces á los
turcos y armenios con sus venganzas y la de Godofredo, y les prometió al mismo tiempo su pro-
(1) Raimundo de Agiles, Biblioteca de las Cruzadas, parte I.— 2) Alberto de Aix, Guillermo de Tiro [Biblioteca deías Cruzadas
parte I).—(3 Correspondencia de Oriente; t. Vil.
LIBRO SEGUNDO.— 1096-1007. 67
leccion y la de todos los cruzados si enarbolaban su pendon en vez del de Tancredo. Aterrados los
habitantes por sus amenazas y seducidos por sus promesas , se decidieron por fin á obedecerle, y
colocaron su bandera en las torres donde ondeaba la de Tancredo que arrojaron al foso ignominio
samente (1).
Tamaño ultraje pedia una venganza sangrienta ; pero apaciguados por su jefe los cruzados italianos y nor
mandos, dieron oidos á las exhortaciones y abandonaron con moderacion la ciudad que se les disputa
ba para ir en busca, de nuevas conquistas. Balduino consiguió á fuerza de protestos y hasta de
súplicas que le abriesen las puertas de la ciudad cuya fortaleza y muchas torres estaban aun en po
der de los turcos. Dueño ya de la plaza y temeroso de sus rivales , se negó á albergar trescientos
cruzados que enviaba Bohemundo en busca de Tancredo y que pedian un asilo para pasar la no
che. En vano los mismos soldados de Balduino imploraron su compasion en favor de unos pere
grinos muertos de cansancio y acosados por el hambre; rechazó sus súplicas , y los guerreros de
Bohemundo , quo se vieron precisados á acamparse en medio de una campiña descubierta, fue
ron sorprendidos y pasados á cuchillo por los turcos que se. aprovecha ron del momento en quo
todos los cristianos se entregaban al sueño para salir de la ciudad de Tarso que no habian sabido
defender. La noticia do tan horrible catástrofe se esparció al dia siguiente por la ciudad, y los cru
zados salieron á reconocer á sus hermanos tendidos sin vida y despojados de sus armas y vestidos.
La llanura y la ciudad resonaron con lamentos y quejas, los mas entusiastas corrieron á las armas,
amenazaron á los turcos que habian quedado en la ciudad y á su mismo jefe á quien acusaban
de la trágica muerte de sus compañeros. Balduino tuvo que huir y refugiarse en una torre , y
cuando se calmó la efervescencia, volvió á presentarse ante los suyos, lamentándose de la desgracia
que acababa de suceder y escusándose con los tratados hechos con los habitantes. Mostróles entonces
las torres que ocupaban aun los turcos, pero en medio del tumulto se presentaron unas mujeres
cristianas á quienes los musulmanes habian cortado la nariz y las orejas, cuyo espectáculo exasperó el
furor de los guerreros de la cruz, y olvidando estos los agravios que tenian contra su jefe, juraron
esterminar á los turcos. Escalaron las torres donde ondeaba aun el estandarte del Profeta , no hubo
obstáculo capaz de contener su furia, y todos los turcos que encontraron cayeron víctimas de sus
aceros.
Despues de vengar los cruzados la muerte do sus hermanos, se ocuparon en darles sepultura, y
mientras los acompañaban al sepulcro, la fortuna envió á Balduino un inesperado ausilio. Vióse en
el mar una escuadra que se acercaba á toda vela, y los soldados de Balduino que creian ha
bérselas con infieles, hablaron á la tripulacion de la primera nave, y tuvieron el placer de oirles
responder en la lengua de los francos. Los cruzados preguntaron á los estranjeros el motivo que les
inducia á dirigirse á Tarso y á qué nacion pertenecian, y estos respendieron que eran cristianos
de Flandes , de Suiza y de las provincias de Francia , preguntando á su vez á los peregrinos la
causa de hallarse tan lejos de su pais. ¿Qué motivo os ha traido á tan lejano destierro rodeado de
pueblos bárbaros?—Somos peregrinos de Jesucristo, respondieron los cruzados, y vamos á Jerusalen á
libertar el sepulcro del Redentor. Los estranjeros desembarcaron al oir estas palabras, se acercaron
á la ciudad, y unos y otros so estrocharon las manos mirándose como hermanos. Los que tripulaban
las naves eran corsarios que recorrían ocho años hacia el Mediterráneo , y á invitacion de los sol
dados de la cruz, los piratas entraron en el puerto de Tarso. Su jefe Guinemero que era bolonés
y conocia á Balduino y á su hermano Eustaquio, hijos de su antiguo soberano, promete servirle con

[1! Foulquer de Chartres, capellan de Balduino, y Raul de Caen, capellan de Tancredo, han contado este hecho de diverso modo.
Las afecciones particulares de ambos historiadores esplican la diversidad de sus sentimientos, y debemos decir que el relato
de Raul de Caen, favorable á Tancredo, es mas claro y verosímil que el del capellan de Balduino. Alberto de Aix, que no está
interesado en la cuestion, cuenta los hechos con mas pormenores y mayor imparcialidad. {V. Raul de Caen en la Biblioteca de las
Cruzadas, t. I.) La historia antigua nos presenta un hecho semejanto. Durante las guerras civiles que dividían el imperio roma
no en tiempo del triunvirato, Casio y Dolabela se disputaban la ciudad de Tarso. Unos, dice Apiano, habian coronado a Casio
que habia llegado el primero á la ciudad, y los otros coronaron a Dolabela que habia llegado despues. Ambos partidos dieron un
carácter de autoridad pública á su resolucion, y causaron la desgracia de una ciudad tan versátil en sus afectos. .Apiano, Misíoi ia
é; las guerras cii i'u, lib. IV, cap. VIH. i
68 HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
sus compañeros, los cuales toman la cruz y prestan juramento do participar de la gloria y de ios
trabajos de la guerra santa (4).
Balduino dejó una guarnicion en Tarso, y apoyado pr el inesperado refuerzo, continuó su marcha si
guiendo las huellas de Tancredo. Esto habia llegado á Adana, plaza fuerte situada á ocho horas de la parte
oriental do Tarso, pero hallandola en poder de un caballero borgoñon llamado Guclfo, se dirigid hácia Mal-
mistra do donde arrojó á los turcos. Malmistra os^a antigua Mopsnestia, llamada en el dia Messisé, y está si
tuada á seis boras do Adana y tres del mar en la ribera del Piramo, hoy Djihan. Tancredo y sus fieles
guerreros no habian olvidado los ultrajes de Balduino, y lamentaban el degüello de sus hermanos abando
nados al acero de los turcos, cuando les anunciaron que la hueste de Balduino acababa de plantar sus tien
das en una pradera cercana de la ciudad. El resentimiento estalló al verla con palabras amenazadoras , y
todos se creyeron que Balduino iba á insultar sus armas y á disputarles la posision de Malmistra. Les caballe
ros que acompañaban á Tancredo le recordaron con ardor los ultrajes que habia recibido (2) , declarándole que
el honor de la caballería, su gloria y la de sus compañeros exigían una nudosa venganza. Tancredo no
pudo reprimir su cólera cuando oyó hablar de la mengua de su gloria , reune sus guerreros, marcha á su
cabeza contra la hueste do Balduino, trábase un combate mortífero entre soldados cristianos, y ni la cruz
que ostentan en sus vestidos ni el recuerdo de los males que han sufrido juntos pueden suspender el cruel
encono de los combatientes. No obstante, la hueste do Tancredo, como inferior en número, se vió en la pre
cision de abandonar el campo do batalla, y volvió en desorden á la ciudad , dejando muchos prisioneros
en poder de los vencedores y lamentando en silencio su derrota. La noche calmó los ánimos: lossoldados de
Tancredo reconocieron la superioridad de los flamencos, y creyeron que la sangre vertida habia ya venga
do su ultraje: y los soldados do Balduino reflexionaron que eran cristianos los vencidos. La voz de la huma
nidad y dela religion calmó al siguiente dia á ambos partidos, cuyos jefes so enviaron reciprocamente men
sajeros, y para hacer ver que pedian la paz, uno y otro atribuyeron su proceder á una inspiracion del cie
lo. Juraron dar al olvido suscontiendas y se abrazaron delante de sus soldados, que se arrepentían de los tris
tes efectos de su animosidad y ardian endoseos do espiar la sangro do sus hermanos con nuevas hazañas
contra los turcos.
Tancredo sometió en poco tiempo la Cilicia , y entro los nombres de las plazas ocupadas por el pri
mo do Bohemundo , cita Alberto de Aix el castillo de los Pastores , el castillo de los Adolescentes ó
castillo de Bacheles, situados en las montañas de Armenia, y el castillo de las Doncellas. Este debe
ser Hareise , llamado en el dia por los árabes Kirliz-Kalessi , situado en una elevacion situada á dos
horas al oriente del Puente de Hierro construido sobro el Oronte. Taneredo se apoderó tambien de
Alejandrela,, llamada por los árabes ScanderounT y situada á orillas del mar , y pasó á cuchillo á
todos los turcos que halló dentro do sus muros. Solo seguían al héroe italiano doscientos ó tres
cientos caballeros con los cuales triunfó como de corrida do toda la Cilicia. El valor del jefe y de sus
compañeros no es suficiento para esplícar la rapidez de estas conquistas, pues existia otra cosa mas po
derosa que las armas do Tancredo; era el terror inmenso quo habian esparcido la victoria de Dorilea
y la proximidad del grande ejército de los francos.
Esto ejército, que dejamos delante de Antioquicla, continuó su marcha hácia la ciudad de Icenium
llamada actualmente Koniah ; los cronistas hacen mencion do un camino real quo siguió el ejército
cristiano , y existe aun en el pais do Koniah una carretera antigua do sorprendente anchura y co
modidad. Los autores de aquella época hablan muy poco do la metrópoli de Licaonia , y unos dicen
que la ciudad estaba desierta y quo el ejército no halló en ella ningun recurso, y otros que el ejér
cito se vió colmado de todos los bienes de la tierra por inspiracion del Señor. Al partir de lconium
los cruzados hicieron provision de agua por consejo de sus habitantes, pues tenian que marchar un dia
entero sin encontrar ningun rio ni arroyo. Llegaron al dia siguiente por la tarde á las orillas do un rio don
de so delu vieron dos dias , y los corredores que precedian las falanges de la cruz llegaron á la ciudad
dc Erecli situada á treinta horas de Koniah, llamada Ileraclea por los cronistas de la primera cruza
da (2). Los turcos huyeron vergonzosamente al ver los pendones de los francos, y un cronista (.'i)

(1) Alberto de Aix, lib III.— 2) Ibid.— ¡a) Correspondencia de Oriente, l. VI, uxxl LX11L—{4 Roberto el Monje
LIBRO SECUNDO.— 1096-1 097. 09
los compara á un genio jóven que sale del lago donde se ocultaba, ó ala cierva herida por el dar
do del cazador. Los cruzados pasaron cuatro dias en Erecli, y despues de algunas jornadas (1) al
traves del Tauro, llegaron a Cosor ó Coeson, la antigua Cuensus , célebre por el destierro de san
Juan Crisóstomo, donde permanecieron tres dias j«ra aprovecharse de los inmensos víveres y recur
sos que en ella encontraron. Graves dificultades y obstáculos les esperaban en el trayecto de Corson
á Maresia, situada á seis leguas mas hácia el sudoeste , pues tenían que pasar las mas escarpadas
gargantas del Tauro. Los cronistas nos cuentan los trabajos que sufrió el ejército en aquellas mon
tañas donde no so veian mas sendas que las que seguían los reptiles ó animales salvajes, cuyos j«-
sos apenas dejaban espacio para afirmar el pié, deteniendo á cada instante á los peregrinos las rocas,
las malezas y los despeñaderos. Los ginetes llevaban sus armas al hombro, y muchos las arrojaban
á los precipicios rendidos por el cansancio; los caballos no podian sostenerse con su carga y con
frecuencia se veian las personas obligadas á llevarla largos trechos: aNadie podia detenerse ó sentar-
ese, dice Roberto ; nadie podia ayudar á su compañero ; solamente el que iba detrás daba ausilio al que le
» precedia , y este á duras penas podia volverse hácia el que le seguia. » Los autores llaman á este sitio
montaña del diablo; nombre quo dan á los montes cuyo tránsito es difícil ó penoso.
La llegada á la ciudad do Maresia dió fin á tan horribles padecimientos, y las comarcas de Siria que se
estendian anto los ojos de los cristianos reanimaron su valor y despertaron su alegría. Maresia, la antigua
Germanicia, estaba poblada de cristianos, y los turcos que ocupaban la ciudadela, huyeron al aproximarso
los cruzados. Maresia tenia víveres y pastos abundantes. En esta ciudad murió y fué sepultada la esposa de
Bnlduino , quien se reunió con el ejército cristiano despues de haber sabido que su hermano Godofredo habia
estado en tan inminente peligro en las cercanías de Antioquía de Pisidia , pues quería solícito y cariñoso
asegurarse de la curacion por sus propios ojos. Todos los jefes y caballeros habian vituperado la conducta
observada por Balduino en Tarso , y todo el campamento murmuró contra él. Godofredo, el fiel servidor de
Dios como lo llama Guillermo de Tiro, le dirigió severas reprensiones, y el mismo historiador añade que
Balduino reconoció su falta con toda humildad, pero ya sea que la aversion general de que fué objeto le hi
ciese aborrecible á todos los jefes , ya que no ocupase únicamente su pensamiento la libertad del santo se
pulcro , fué poco fiel á los juramentos y á los deberes de los caballeros de la cruz. El Oriente, donde la vic
toria regalaba imperios , ofreció á su imaginacion conquistas mas apetecibles que la de Jerusalcn.
Las revoluciones que truecan la paz dedos estados se alzaban tras las huellas del ejército victorioso de los
cruzados. Multilud inmensa de aventureros acudian de todas partes para sacar partido de los sucosos de la
guerra: un tal Simeon adquirió la pequeña Armenia; un simple caballero llamado Pedro de los Alpes se
hizo dueño do una rica y populosa ciudad de la Cilicia; y muchos peregrinos , cuyos nombres calla la histo
ria, quedaron reinando en varias comarcas con la única condicion de defenderlas contra los turcos. Distin
guíanse entre los que habian acudido bajo las banderas del ejército cristiano con la esperanza de enrique
cerse, un príncipe armenio llamado Pancracio, que habia reinado en su juventud en la Iberia selentrioual,
y que arrojado de su reino por sus propios súbditos, so habia retirado á Constantinopla donde la intriga lo
hundió en un calabozo. Cuando los cruzados dispersaron las fuerzas del sultan de Nicea, huyó de su prision
y fué á ofrecer sus servicios á los jefes del ejército de los francos, creyendo quo el terror do las armas cris
tianas lo devolvería sus ostados ó le conquistaría nuevas provincias. Pancracio se adhirió á las ideas y á
la fortunado Balduino cuyo carácter emprendedor conocia á fondo; reducido á la mayor miseria, no podia
dar nada á su protector, pero alimentaba on el alma del hermano do Godofredo la pasion do conquistar rei
nos, y semejante al ángel de tinieblas, de que nos habla el Evangelio, quien trasportó al Hijo de Dios
áuna elevada montaña, y le mostraba inmensos países diciéndole: todo es tuyo siguieres servirme; Panera -
rio no cesaba jamás do seducir á Balduino, mostrándole desdo las cimas del Tauro las mas ricas provin
cias del Asia y prometiéndolas á su ambicion. «Ved hácia el mediodia, le decia, las fértiles campiñas de la
» Cilicia y mas allá los hermosos países de Siria y Palestina: al oriente las opulentas comarcas bañadas por
»cl Eufratesy el Tigris, y entre esos dos ríos la Mesopolamia, donde la tradicion coloca el paraiso terrenal;
«la Armenia enteramente poblada de cristianos que solo espera una indicacion para rendirse, y todos los

(l) Kobcrto el Monje coloca la ciudad de Cesarea do Capadocia entre Erecli y Coson ó Cocson, pero esta ciudad, llamada en nues
tros dias Kaisarkh, está muy lejos de allí en la parte septentrional del Asia Menor.
70 HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
» ricos paises del Asia, en fin, sufren impacientes el yugo de los turcos, y serán vuestros si rompeis susca-
»denas.»
Balduino dió oidos á las halagüeñas palabras del aventurero, abrigando los sueños mas dorados de la glo
ria, y como para llevar á cabo sus designios tenia necesidad de mandar un ejército numeroso, habló secreta-
lamente ¿algunos varones y caballeros del ejército cristiano y les invitó á asociarse á su fortuna, pero nadie
consintió en dejar la bandera de la cruz ni separarse del camino de Jerusalen. Tambien se dirigió á los soldados
prometiéndoles un rico botin, pero como no merecia su cariño ni le habian perdonado el ultraje cometido
contra Tancredo, ninguno de ellos accedio á sus exhortaciones, muchos desus mismos soldados se negaron á
acompañarle, y solo pudo reunir bajo su pendon mil infantes y doscientos caballeros animados ¡por la espe
ranza del saqueo.
Cuando los principales jefes supieron su proyecto de abandonar el ejército, hicieron los mayores esfuerzos-
para disuadirle de su empresa, pero Balduino cerró sus oidos á los ruegos de sus compañeros. Se resolvió en
un consejo emplear la autoridad de los obispos y de los principes que mandaban el ejército de los peregrinos
para evitar su separacion, pero nada bastó para disuadir desus designios a Balduino, que solo trató de apre
surar su marcha. Se aprovechó de las tinieblas de la noche y se alejó del campamento con la hueste que
habia reunido. Se dirigió á la Armenia al frente de su reducido ejército y no encontró enemigos capaces
de detener su marcha, pues los turcos estaban llenos de consternacion, y los cristianos, deseoses de sacudir
el yugo mahometano, eran los ausiliares mas poderosos de los cruzados.
Balduino se separó del ejército en Malmistra, la antigua Mompsuestia; se dirigió hacia el oriente, atrave
só un valle de una legua de estension, y despues de haber pasado una escarpada montaña , bajó la cstensa
llanura que habitan en el dia los turcomanos, pueblo pastor que existiria probablemente alli en la época
de Balduino. El hermano de Godofredo continué su marcha por los sombrios desfiladeros a mánicos, llamados
Kara-capous&i (Puertas negras) por los turcos; cruzó despues un pais surcado por riachuelos que van á de
saguar en el gran lago de Antioquia, y antes de bajar á la llanura de Turbessel (actualmente ¡Tel-Bescher
el principe franco tuvo que cruzar una cordillera escarpada habitada en el dia por los curdos.
Las primeras ciudades que abrieron sus puertas al feliz conquistador fueron Turbessel y Ravenel que
cstiin situadas en la orilla derecha del Eufrates, y aunque estas conquistas empezaron á dividir á Baldui
no y á Pancracio, que abrigaban los mismo proyectos ambiciosos, no por esta division se intimidó el her
mano de Godofredo. El principe cruzado usó de la violencia para combatir la astucia, amenazó a su rival,
para intimidarle y le alejó del teatro de sus victorias.
Pancracio, quo tanta influencia habia ojercido hasta entonces en los proyectos do Balduino, reunió algu
nos aventureros, y trató de sacar partido del estado en que se hallaban los ánimos para crearse un principa
do en un pais donde cada provincia y ciudad parecia que esperaban un conquistador y un soberano. La his
toria contemporánea ha desdeñado seguir sus huellas, y sus espediciones, lo mismo que las de una multitud
de aventureros que se aprovechaban del desorden general, han quedado borradas en la memoria de los hom
bres , cual aquellos torrentes engendrados rápidamente por la tempestad que se precipitan de las cimas
del Tauro á las campiñas y desaparecen sin tener un nombre en la geografia.
Balduino encontró guias y ausilio en aquel pais cuyos habitantes le salian al encuentro, y pudo llegar en
diez horas desde Turbessel á la antigua Virta, llamada por los árabes El-bir, pasando el conquistador por es
te sitio el Eufrates, pues es el camino mas corto y el que siguen las caravanas. Se hallaba entonces á diez y
seis horas de la ciudad de Edeso. Antes de llegar á esta ciudad siguió durante cuatro horas una via ro -
mana practicada al través de estériles montañas. La fama de sus victorias le habia. precedido allen
de el Eufrates y su nombre habia resonado ya en la metrópoli de la Mesopotamia.
Edeso, á la cual los talmudistas dan tanta antigüedad como á Ninive y cuya fundacion atribuyen
á Nemrod, se habia llamado Antioquia en honor do Antioco, y para distinguirla do la capital de la
Siria so le dió el sobrenombre de la fuente de Callirhoé. Los cronistas la llaman Roda , corrupcion
dcla palabra griega rhoc que significa fuente, y actualmente- se llama Orfa. La mayor parte de los
eruditos están acordes en atribuir su fundacion á Seleuco el Grande, cerca de cuatrocientos años an
tes de Jesucristo. Orfa está situada en un estenso valle, entre dos colinas peñascosas y áridas , en-
er amente separadas de la cordillera del Tauro; tiene, cuatro millas de circuito , la rodean murallas
LIBRO SEGUNDO. -1 096-1 097. 71
defendidas cotí torreones redondos ó cuadrados y profundos fosos, y se eleva una ciudadela en la cima
meridional del cerro que domina á Orfa por el lado de occidente. El viajero puede ver aun las mu
rallas, las torres y los fosos; el castillo está arruinado y se ven en su recinto escombros y una mez
quita adandonada, siendo asi que esta fortaleza era no hace muchos años una segunda ciudad con sus ha-
zares, templos y palacios. Orfa es el punto por donde pasan las caravanas que van de la Siria á
Persia, y cuenta una poblacion de quince mil almas, siendo todos sus habitantes musulmanes á es-
cepcion de algunos armenios y jacovitas. Hay en medio de la ciudad una antigua iglesia con cam
panario, contemporánea de las cruzadas, y convertida mucho tiempo hace en mezquita. Los musul
manes tienen quince santuarios y los cristianos dos ; al occidente se desplega una rica y deliciosa
campiña, y al ver aquellos hermosos bosques de olivos, naranjos, granados y limoneros, se recuerdan
las tradiciones que han situado en ella las delicias del eden perdido por nuestros primeros padres.
'Orfa se habia libertado de la invasion de los turcos, y todos los cristianos de los pueblos circunvecinos se
habian refugiado en ella con sus riquezas : era su gobernador un principe griego llamado Thoros ó Teodo
ro M ), enviado por el emperador Constantino , y vivia en paz pagando tributos á los sarracenos. La lle
gada de Ioscruzados produjo vivisima sensacion en la ciudad de Edeso ; el pueblo y el gobernador se reu
nieron para llamar á Balduino en su ausilio , siendo elegidos mensajeros para hablar con el principe cruzado
el obispo y doce de los mas principales habitantes , que le recordaron las riquezas de la Mesopolamia , la
adhesion de sus conciudadanos á la causa.de Jesucristo, y le suplicaron que salvase la ciudad de la domina
cion de los infieles. Balduino cedió sin tardanza á sus súplicas.
Despues de haber tenido la suerte de huir de los turcos que le esperaban en las orillas del Eufra
tes sin haber trabado el combate , llegó al territorio de Edeso ; pero como habia dejado guarnicion en
las ciudades que cayeron en su poder, no tenia mas que cien caballeros. Luego que se acercaron á la
ciudad salió todo el pueblo á su encuentro con ramos de olivo y entonando cantos de alegria. ¡Estraño
espectáculo el que ofrecia tan reducido número de guerreros , rodeados de una muchedumbre inmensa que
imploraba su apoyo y los proclamaba como sus libertadores! Fueron recibidos con tanto entusiasmo
que el principe de Edeso, que era poco amado del pueblo , concibió temor é incertidumbre , consideró á los
cruzados enemigos mas temibles que los mismos turcos , y para atraerse á su jefe y empeñarle á defen
der su autoridad, le ofreció inmensas riquezas. Pero el ambicioso Balduino, que esperaba conseguir
mas ventajas del afecto del pueblo y de la fortuna de sus armas , ó que tal vez consideraba como
una mengua asalariarse con un principe estraujero , rehusó con desprecio las ofertas del gobernador de
Edeso, y le amenazó con retirarse de la ciudad. Los habitantes que temian que cumpliera su promesa,
se reunieron tumultuosamente y le pidieron á grandes voces que se quedase en la ciudad , y el mismo
gobernador hjzo nuevos esfuerzos para detener á los cruzados é interesarles en favor de su causa. Como
Balduino habia manifestado con bastante lisura que no defenderia estados que no fueran suyos , el prin
cipe de Edeso que era anciano y no tenia hijos , se determinó á adoptarle por hijo y nombrarlo su sucesor.
Se celebró esta ceremonia de adopcion en presencia de los cruzados y de los habitantes; segun costumbre
de los orientales el principe griego hizo pasar á Balduino entre su camisa y su cuerpo , y le dió un beso
en signo de alianza y de parentesco ; la anciana esposa del gobernador repitió la ceremonia, y considerado
Balduino desde entonces como su hijo y heredero , hizo todos los esfuerzos posibles para defender una
ciudad que debia pertenecerle.
Tambien acudió en defensa de Edeso un principe de Armenia llamado Constantino, que gobernaba
en una provincia próxima al Tauro, pues al aspecto de los soldados de la cruz toda la poblacion del
pais habia tomado las armas, y los cristianos, que hasta entonces solo habian pensado en doblegarse á
los turcos, se preparaban ya á combatirlos. A doce leguas al norte de Edeso habia una ciudad en
la orilla derecha del Eufrates llamada Samosata (en el dia Semisat) (2) y poblada de musulmanes. El
emir que mandaba en esta ciudad devastaba sin cesar las tierras de los de Edeso, y entre los tributos
que les imponia, les habia exigido que le entregaran sus hijos por rehenes. Hacia mucho tiempo

(1) Ningun historiador latino ha dicho cual era el nombre del gobernador de Edeso. El de Thoros o Teodoro solo se lialla en la
historia de Mateo de Edeso, de la cual hemos sacado pormenores preciosos que solo en ella se encuentran.— ¡2 Semiíat es una \illa
curda de dos mil almas. La plaza solo ha conservado de su primitivo estado algunos escombros de murallas.
72 HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
que los habitantes do Edeso sufrian con resignacion la tirania de sus enemigas , pero animados ya
yor la esperanza de la victoria y el afan do la venganza , tomaron las armas y pidieron á Balduino que
los guiase al combate. Poco tiempo despues se hallaban ante las puertas de Samosata , saqueando losarta-
bales y campiñas , pero la plaza hacia una desesperada resistencia , y temiendo Balduino perder un tiempo
precioso en inútiles esfuerzos, regresó á Edeso donde su ausencia podia contrarestar sus designios. Siniestros
rumores se esparcieron despues de su regreso entre los habitantes, que acusaban á Thoros del crimen de
permanecer indolentemente en su palacio mientras los cristianos peleaban con los musulmanes, y do
hallarse en secreta connivencia con los turcos , y se formó una conspiracion contra su vida , si ha de creer-
so á Mateo de Edeso. Thoros se retiró á la ciudadela cuando supo el peligro que lo amenazaba , y desdo es
te punto quo dominaba la ciudad , imploraba la defensa de los cruzados y la misericordia del pueblo. El
tumulto creció, empero; una multitud furiosa inundó las calles y saqueó las casas do los partidarios de
Thoros ; acudieron todos los amotinados á la ciudadela ; unos hicieron pozados las puertas mientras los otros
escalaban las murallas, y habiéndose quedado Thoros abandonado de todos sus partidarios , no trató de
defenderse sino de capitular , prometiendo salir de la plaza y renunciar al gobierno de Edeso , y pidiendo
permiso para retirarse con su familia á la ciudad do Melitene, hoy dia Malacia. Todos aceptaron gozosos la
proposicion, so firmó la paz , y los habitantes de Edeso juraron sobro la cruz y los Evangelios respetar sus
condiciones.
Al siguiente dia, en el momento de prepararse á partir el gobernador estalló en la ciudad una nueva
sedicion, pues arrepentidos los jefes de la conspiracion de haber perdonado la vida al principe quo con tanta
crueldad habian ultrajado, lo acusaban de nuevas perfidias, y decian quo solo habia firmado la paz para
procurarse medios de preparar la guerra y asegurar su venganza. El furor del pueblo se desencadenó hor
riblemente, y mil voces pidieron la muerte de Thoros; los mas entusiastas penetraron tumultuosamente en la
ciudadela, se apoderaron del gobernador en medio do sus criados sumidos en el terror y lo arrojaron desdo
la torro mas elevada. La multitud arrastró despues su cuerpo ensangrentado por las calles do la ciudad,
gloriándose del asesinato do un anciano como do una victoria contra los infieles.
Balduino, á quien se puede acusar cuando menos de no haber defendido á su padre adoptivo, vió en torno
suyo agrupado todo el pueblo que le ofrecia el gobierno de la ciudad. Se nogó en un principio á aceptar
lo, pero cediendo al fin á las instancias de la impaciente muchedumbre y tambien sin duda al impulso de
una ambicion mal disfrazada, fué proclamado libertador y soberano de Edeso. Cuando so vió sentado en un
trono ensangrentado, temiendo el carácter inconstante del pueblo, inspiró muy pronto igual temor á sus
súbditos que á sus enemigos. En tanto que los sediciosos temblaban al ver su rigor, estendia de dia en dia
los limites de su territorio, y compraba con los tesoros de su antecesor la ciudad de Samosata y otras mu
chas ciudades quo no habia podido conquistar con las armas. La fortuna le sonreia 'constantemente, y la
misma muerto de su esposa Gundeschilda favoreció sus ambiciosos proyectos. So casó con la nieta de un
principe armenio, y por medio de esta alianza estendió sus posesiones hasta el monto Tauro. Reconocieron
su autoridad las dos orillas del Eufrates y una gran parto de la Mesopolamia , y el Asia vió entonces á un
caballero francés reinando pacificamente en las mas ricas provincias del antiguo reino de Asiria.
Balduino no pensó ya en libertar á Jerusalen, y solo so ocupó en defender y engrandecer sus estados (1) ,
y deslumhrados muchos caballeros por una fortuna tan rápida , acudieron á Edeso á aumentar el ejército y la
corte del nuevo soberano.
Las ventajas obtenidas por los cruzados en la fundacion de este reino, hacian olvidar á sus historiadores
que habia sido un acto injusto y violento. El principado de Edeso sirvió para contener á los turcos y sarra
cenos, y fué hasta la segunda cruzada el baluarte mas temible del imperio de los francos por la parte del
Eufrates (2).

(I¡ En el primer libro de la Jerusalen libertada, cuando el Eterno contempla & los cruzados , ve en Edeso ni ambicioso Balduino,
que soio aspira á las grandezas humanas sin dar entrada en su corazon a otros sentimientos .—[i] Hemos sacado estos detalles sobre
la revolucion de Edeso de Alberto de Aix y Guillermo de Tiro, comparandolos con las historias armenias de Maleo de Edeso.
LIBRO TERCERO.— 1097-1098. 73

LIBRO III.

MARCHA DE LOS CRUZADOS Á ANTIOQUíA— SITIO DE ESTA CIUDAD

1091—1098.

Entran los cruzados en Siria.—Roberto de Flandes ocupa á Aríesia.—Marcha á Antioqufa.—Combale en el Puente de Hierro.—El
ejercito se presenta ante Antioqula. —Su entusiasmo: dudas de los jefes. —Se resuelve el sitio.—Ciega seguridad de los cruzados.
—Desarreglos y desastres sucesivos: desaliento: deserciones.—Hazañas de Tancredo.—Miseria en el campamento.—El frio, el
hambre y las calamidades diezman los sitiadores.—Desesperacion.—Penas declaradas contra los impíos, adúlteros, etc.—Cruel
dad de Bohemundo. —Se restablece el Orden y se reanima la esperanza.—Embajada del califa de Egipto.—Ventajas^conseguidas
contra los turcos.—Se apodera el terror de los sitiados.— Los cristianos se apoderan de la parte eslerior de la plaza.—Tregua
concedida al gobernador.—Discordia entre los cruzados.—Firo el Armenio.—Bohemundo decide á los jefes á quebrantar la
tregua.—Firo le entrega una de las torres. —Vacilan los soldados al dar el asalto.—Los cruzados en Antioqufa.—Saqueo, asesi
natos y crueldades.—Kerbogá, principe de Mossoul, sitia a los cruzados en Antioqufa.—Miseria: desercion.—Alejo Comneno llega
A Filomelia y suspende su marcha.—Son presa de las llamas los arrabales.—Desaliento de los cruzados.—Un piadoso engaño
reanima su valor.—Pedro el Ermitaño se presenta ante Kerboga.—Salida general.—Victoria milagrosa.—Embajada enviadas
emperador griego.—El ejercito permanece en Antioqufa.—Terrible epidemia.—El emir Hazart propone una alianza.—Toma de
Marrah.—Pretensiones de Raimundo.—Los egipcios arrojan á los turcos de Jerusalen.—Parten los cruzados de Antioqufa y lle
gan á Laod i cea.—Fraude de Bohemundo.—Sitio de Archas.— Folltica del califa del Cairo.—Preparativos para marchar á la
Tierra Santa.

Habiendo pasado el Tauro el ejército cristiano, ya no tenia que vencer mas obstáculos para entrar
en la Siria. Al salir de Maresia se habian dirigido los cruzados á Artesia, la antigua Chaleis, que
distaba cinco ó seis leguas hácia el mediodia ; el conde de Flandes Roberto se adelantó al frente de al
gunos nobles y de mil infantes para apoderarse de esta ciudad, cuya poblacion cristiana le ayudó á ar
rojar á los turcos. Cuando llegó el ejército de los cruzados al pié de los muros de Artesia , habian ya
huido á marchas forzadas los musulmanes de Antioquía que acudieran para sitiar la plaza , y decidieron
reunir sus fuerzas en el Puente de Hierro construido sobre el Oronte , para cortar el camino de Antio
quía á los cruzados. Tancredo se incorporó en Artesia con el ejército cristiano , siendo objeto de uná
nimes elogios por el desinterés y moderacion que manifestar en el sitio de Tarso. Los jefes del ejército in
vitaron al conde de Flandes, que era dueño de Artesia, para que se reuniera con los cruzados dejando una
guarnicion en la ciudad , pues como los guerreros de la cruz estaban decididos á acometer la capital de
la Siria, les era indispensable reconcentrar todas sus fuerzas, é igual orden enviaron á todos los destaca
mentos esparcidos por el pais. Se publicó un reglamento prohibiendo á todos los guerreros que se sepa
rasen del ejército, de modo que al salir de Artesia se habian reunidotodos los jefes y caballeros á escep-
cion de Balduino, cuya ausencia se notó mucho y á quien la fortuna habia arrastrado lejos del camino
de Jerusalen.
El obispo de Puy tomó la palabra para preparar á los cruzados y reanimar su valor en vista de los
trabajos y peligros que esperaban al ejército cristiano. «Hermanos é hijos queridos, dijo el prelado á los
«peregrinos, Antioquía está cerca de nosotros y sabed que la defienden sólidas murallas, construidas con
«piedras de una dimension enorme ligadas entre sí con un cimiento desconocido é indisoluble. Hemos
«sabido de un modo indudable que todos los enemigos del nombre cristiano , turcos , sarracenos y ára-
»bes se hallan reunidos en Antioquía despues de haber evitado nuestro encuentro en las montañas de la
«Romanía , y debemos estar alerta , no separarnos un instante , ni avanzar con demasiada temeridad , y
«por consiguiente hemos decidido prudentemente marchar mañana mismo con todas nuestras fuerzas há-
»c¡a el Puente de Hierro (1 ) . »
La vanguardia del ejército cristiano que mandaba Roberto de Normandia llegó al puente , pero no
pudo forzar el paso , pues dos torres de hierro defendian su entrada ocupada por guerreros turcos y los
1 Alberto de Aix.
(10 y 11) 10
74 HISTORIA DE LAS CRIZADAS.
batallones enemigos esperabau en la orilla izquierda del rio. Trabóse un reñido combate entre la hueste
de Roberto de Norinandia y los turcos que custodiaban el puente, y la lucha seguia indecisa cuando
llegó el grueso del ejército cristiano. Los cruzados forman la tortuga, segun espresion de Alberto de
Aix, cubriéndose con sus escudos y corazas, se precipitan sobre el pueute, rechazan vigorosamente á
los enemigos , se apoderan vencedores de las dos orillas del Oronte , y los turcos que se salvan de sus
aceros, vuelan en rápidos caballos á albergarse en Antioquia. El puente que fué teatro de tan impor
tante triunfo conserva aun su antiguo nombre , y los árabes le llaman Gessr-il-HadJir (1).
Los cruzados se hallaban entonces á cuatro leguas de Antioquia. «Avancemos con prudencia y en buen
» orden, les decia el obispo de Puy; ya sabeis que ayer combatimos hasta muy tarde, que estamos can-
»sados y que se han agotado las fuerzas de nuestros caballos.» El prelado indicó á los principes y caba
lleros el órden que debian seguir en su marcha; y los cristianos avanzaron por una llanura dejando á su
derecha el Oronte, un poco mas lejos el lago de Antioquia, que llaman hoy los árabes Bahr-el Abbiad (mar
Blanco), y á su izquierda una pequeña cordillera que termina en la ciudad. Esta llanura, que solocru-
za en nuestros dias el ginete turcoman ó la caravana deAlepo, se estremeció entonces bajo los piés del po
deroso ejército de Occidente. Si se va por el camino de Alepo (es el que seguia el ejército cristiano), no se
descubre á Antioquia hasta el momento de llegar á sus puertas, y solamente pudieron ver los cristianos la
cima de las torres y de las murallas que coronaban las montañas al hallarse á media hora de la ciudad (i).
La vista de Antioquia, tan célebre en los anales del cristianismo, reanimó el entusiasmo religioso de los
cruzados; alli era donde los discipulos del Evangelio habian tomado por primera vez el nombre de cristianos,
y donde el apóstol Pedro recibió el titulo de prmier pastor de la naciente Iglesia. Durante muchos siglos los
fieles habian acudido á uno de los arrabales de la ciudad para orar sobre el sepulcro de san Babilas que
hizo callar los oráculos de Apolo en el reinado de Juliano. Antioquia se llamó durante algun tiempo Theo-
piflis (ciudad de Dios) , siendo una de las ciudades que visitaban con mas respetolos peregrinos : habia sido
tan célebre en los anales del imperio romano como en los de la Iglesia , y la magnificencia de sus edificios y
la permanencia de muchos emperadores le habian granjeado el renombre de Reina del Oriente. Su apacible
situacion en un pais fértil y i orillas de un rio ha atraido siempre á los estranjeros : á poca distancia hácia el
oriente se estiende un lago ; á occidente se encuentran el arrabal, la fuente y los jardines de Dafne tan fa
mosos en el paganismo ( 3 ) , y en frente de Antioquia ce eleva el monte Pierio abundante en fuentes y pastos
y cubierto de espesas selvas. El Pierio , llamado por los cronistas Montaña Negra, estaba poblada de ermi
taños y monjes en los primeros siglos del cristianismo y en la edad media , y la historia cita entre los ermi
taños de estas montañas el nombre de san Juan Crisóstomo , el rey de los oradores de la Iglesia.
Las murallas de Antioquia encerraban por el lado del mediodia cuatro cimas de montañas las cuales do
minaban desde inmensa altura el recinto de la ciudad ; elevábase en la tercer cima de la parte oriental una
ciudadela flanqueada por catorce torres , y la ciudadela era invencible por la parte meridional. El Oronte
formaba por el norte la defensa natural do Antioquia , de modo que las murallas no eran tan elevadas por
este lado como por oriente y occidente, y el circuito de los muros abrazaba un espacio de tres leguas , for
mando un grande óvalo. «Tan temible plaza, dice Guillermo de Tiro, hacia estremecer á los que la mira-
»ban, por el número de sus anchos y robustos torreones, que llegaban á trescientos sesenta (4).»
Las murallas de Antioquia están aun en pié (o), especialmente por la parte meridional, á pesar de los
siglos , las revoluciones y los terremotos ; en algunas torres del lienzo del norte á orillas del Oronte se

(1) Un terremoto destruyo en 1822 «I antiguo puente de Oronte con sus dos torres cubiertas de laminas de hierro , y le ha
reemplazado un puente de cinco arcadas.— '2; En ningun pais de Oriente ha dejado huellas tan profundas el nombre de franco
6 Frangí como en las orillas del Oronte. Los habitantes de estas riberas creen que frangi signífica un ser invencible y poderoso;
este nombre equivale para ellos al de guerra, demonio, vencedor y espiritu terrible que brama como la tempestad y arrebata
cuanto se opone a su furia. Tan inmenso poderio unido al nombre franco ha originado historias fabulosas, val mostrarme mi
guia turco desde el Puente de Hierro A mano derecha una elevacion de terreno, al lado de un collado inundado con los escombros
de un castillo de la edad media, me decia: Delajo de ese cerro que veis allt hay un lago en cuyas orillas trillan los diamantes
y trozos de oro; un tarco surca sus aguas, en el cual pueden entrar y pasearse los musulmanes, armenios, griegos y judtos, pero
si desean acercarse a la oí illa para coger diamantes 6 trozos de oro, el barco permanece inmóvil, pues solo gozan el privilegio
de apoderarse de los tesoros ios francos, porque son demonios a quienes Dios da permiso para todo. vCorrespondencia de Oriente,
carta CLXXII de Mr. Poujoulat).—(3) Id. t. V, carta CLXXIV.—(4) Dupreau — ,5' En el tomo VII de la obra de Poujoulat te halla
uoa descripcion completa de Antioquia. y en la carta CLXXI esplica el sitio da esta ciudad por los cruzados.
LIBRO TKRCERO.— 1097-1 09S. 75
ven cruzes latinas , recuerdos de las guerras santas , y la parte oriental del vasto recinto de Antioquía
está poblada de higueras, algarrobos, moreras y otros árboles frutales. La ciudad moderna llamada An-
taki apenas ocupa una sexta parte del antiguo recinto en el lado oriental , y es su poblacion de cuatro
mil habitantes. Los cristianos de Antioquía que tenian trescientos sesenta monasterios y las mas precio
sas iglesias del mundo, carecen en el dia de templos y se ven obligados á celebrar sus santos miste
rios en una antigua gruta sepulcral.
Antioquía cayó en poder de los sarracenos en el primer siglo de la egira , la recobraron los griegos
reinando Nicéforo Focas , y hacia catorce años que la poseian los turcos cuando la cercaron los cruza
dos. La mayor parte de los musulmanes de las ciudades y provincias circunvecinas se habian refugiado
en Antioquía con sus familias y tesoros cuando supieron la llegada de los cristianos , y se encerró en
ella con siete mil soldados de caballería y veinte mil infantes el emir turcoman Baghisian (1) ó Acciano
que habia obtenido la soberanía de la ciudad.
El sitio de Antioquía presentaba muchos obstáculos y peligros ; los jefes de los cruzados deliberaron
seriamente si podian llevarlo á cabo, y los primeros que hablaron en el consejo manifestaron que se
ria imprudente emprender un sitio estando tan cercano el invierno , pues no temian las armas de los ene
migos sino las lluvias , los hielos , las enfermedades y el hambre. Aconsejaron á los cruzados que espe
rasen en las provincias y ciudades cercanas la llegada del ausilio prometido por Alejo y la vuelta dela
primavera , [época en que el ejército habría reparado sus pérdidas y recibido bajo sus banderas nuevos
refuerzos de Occidente. La mayor parte de los jefes escucharon impacientes este parecer y se notaron
entre ellos especialmente el legado Adhemaro y el. duque de Lorena. «¿Debemos acaso, decian estos, des-
«preciar una ocasion favorable y el terror que hemos infundido á los enemigos? ¿Seria útil dejarles
«tiempo para reunirse y recobrar el valor y la esperanza ? ¿No era público que habian implorado el
«ausilio del califa de Bagdad y del sultan de Persia ? La dilacion podia dar fuerza á los musulmanes y ha-
»cer perder á los cristianos el fruto de sus victorias. Se hablaba de la llegada de los griegos , ¿pero aca--
»so se necesitaba su apoyo para atacar unos enemigos tantas veces vencidos? ¿Era preciso esperar á loa
» nuevos cruzados de Occidente que vendrían á participar de la gloria y las conquistas del ejército
«cristiano sin haber participado antes de sus peligros y fatigas? ¿No seria hacer una injuria á los soldados
»de Jesucristo creerlos incapaces de sufrir las intemperies y el rigor del invierno? ¿No se les compa
raba á las aves de paso que huyen, y se ocultan en los sitios mas lejanos cuando ven llegar las es
taciones? Además era imposible pensar que se prolongase mucho tiempo un sitio con ejércitos tan en
tusiastas y valientes como el de la cruz que habia llevado á cabo el cerco de Nicea , la batalla de Do-
»rilea y otras mil y mil hazañas. ¿Por qué se habia de temer el hambre habiéndose encontrado hasta
«entonces en la guerra todos los recursos? Debian reeordar que la victoria hnbia proporcionado siempre
«medios para atender á todas las necesidades ; que la abundancia , la gloria y la seguridad estribaban en
«conquistar á Alejandría , y que á donde quiera que fuésen solo conseguirían miseria y deshonra, que era
«la mayor calamidad por unos caballeros tan animosos como los cruzados. »
Este discurso se granjeó la- aprobacion de los mas valientes , y los que eran de parecer contrario
temieron ser acusados de timidez y guardaron silencio. El consejo decidió que se diese principio al si
tio, y el ejército se aproximó á las murallas de la ¿iudad. Segun la relacion de Alberto de Aix, los cru
zados iban defendidos por sus escudos verdes, rojos, dorados y de diversos colores, y cubiertos con su*
corazas donde brillaban escamas de hierro y acero ; ondeaban al frente de los batallones banderas en
que brillaba el oro y la púrpura, y resonaban á lo lejos el rumor de clarines, de tambores, los relinchos
de los caballos y los gritos de los soldados. Las orillas del Oronte vieron entonces seiscientos mil pere
grinos de los cuales trescientos mil iban armados.
El ejército cristiano estableció su campamento y alzó las tiendas el primer dia de su llegada ; Bohemundo
y Tancredo se situaron hácia el Oriente en frente de la puerta de San Pablo , sobre dos colinas sin árboles nj

(1) Los historiadores lalinos han desfigurado el nombre de este príncipe Seldjoueida. Tudeboday el monje Roberto le llamaa
Casiano {Catsiannui), Foulquer de Chartres Graciano {Graticnus , Guillermo de Tiro Acciano Arcianut), Alberto de Aii Damano
íDarsianut\ Mr. Deguignes y la mayor parte de los orientalista* 6 imitacion da Abultada la llaman Baglutian, otros Akhy-Sta»
hermano d«l negro' de cual pudo deriv arse el de Acciano.

-
76 HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
plantas ; á la derecha de los italianos se acamparon los dos Robertos , Estéban y Hugo con sus normandos,
flamencos y bretones en el terreno llano que rodea la orilla izquierda del Oronte hasta la puerta del Perro;
despues venian el conde de Tolosa y el obispo de Puy con sus provenzales ; la hueste de Raimundo ocupaba
el intérvalo que hay desde la puerta del Perro hasta la inmediata que se llamó desde entonces la del Duque,
y allí comenzaba la línea de Godofredo que terminaba en la puerta del Puente. La ciudad estaba amenazada
por tres puntos , por oriente , por el norte y por el nordeste ; los cruzados no podian atacarla por el lado del
mediodia , porque estaba defendida por montañas y precipicios. Los sitiadores hubieran sacado un ventajoso
partido de colocarse tambien en la parte occidental de Antioquía , por donde los turcos hacian salidas y re
cibian ausilio , y cuyas murallas eran menos temibles , pero era un sitio espuesto continuamente á los ata
ques de los sitiados.
Los turcos estaban ocultos detrás de sus murallas, y no se asomaba nadie á las almenas y torres, ni se oia
el menor ruido en la ciudad. Los cruzados creyeron que esta aparente inaccion y profundo silencio era cau
sado por el terror y el desaliento , y cegados por la esperanza de una fácil conquista no tomaron precaucion
alguna y se esparcieron desordenadamente por las campiñas y aldeas cercanas. Los árboles estaban aun
llenos de frutas y las viñas de uvas ; las acequias y los campos se veian cubiertos de mieses , y vagaban sin
pastores por los fértiles prados los numerosos ganados que no habian podido ocultar los habitantes. La abun
dancia de víveres , el hermoso cielo de Siria , la fuente y los bosquecillos de Dafne y la ribera del Oronte,
famosa en la antigüedad pagana por el culto de Venus y Adonis, hicieron olvidar á los peregrinos el objeto
de su piadosa empresa y sumieron en la licencia y la corrupcion á los soldados de Jesucristo.
La ciega seguridad y la ociosidad indolente de los cruzados reanimaron la esperanza y el valor de los
defensores de Antioquía , y los turcos hicieron diferentes salidas y sorprendieron á sus enemigos que
apenas se cuidaban de custodiar el campamento y se dispersaban por las cercanías. Hallaron la muerte
o la esclavitud todos los que se habian detenido en las aldeas ó caseríos inmediatos á las orillas del
Oronte, atraidos por la esperanza del saqueo ó el atractivo de los placeres , y el jóven Alberon , ar
cediano de Metz é hijo del conde de Luxemburgo , pagó con la vida los goces que constrastaban con
la austeridad de su profesion. Hallábase sentado en la blanda yerba jugando á los dados con una dama
siria de una rara hermosura y de elevada cuna, cuando saliendo de Antioquía los turcos , y avanzando
sin ser visto al través de los árboles, se presentaron repentinamente armados con espadas y flechas.
Dispersáronse y huyeron muchos peregrinos que rodeaban al arcediano, y á los cuales el miedo les
hizo olvidar los dados , segun dice Alberto de Aix. Los bárbaros cortaron la cabeza al desgraciado
Alberon que arrastraron en triunfo hasta la ciudad : se llevaron la dama siria sin hacerle daño alguno
pero despues de haber saciado en la desgraciada cautiva la brutal pasion de sus raptores , pereció bajo
sus aceros , y su cabeza y la del arcediano fueron lanzadas por medio de una máquina al campamento
de los cristianos.
Este espectáculo recordó sus desórdenes á los cruzados , que juraron vengar la muerte de sus com
pañeros sorprendidos y muertos por los turcos , y faltando en el ejército cristiano escalas y máquinas
para dar el asalto , construyeron un puente de barcas sobre el Oronte , con objeto de contener las cor
rerías de los musulmanes en la opuesta orilla. Redobláronse los esfuerzos para cerrar todos los pasos
á los sitiados é impedirles salir y entrar por las* puertas de la ciudad. Los turcos tenian una fácil,
comunicacion con el esterior por un puente construido en un pantano en frente de la puerta del
Perro , y los cruzados intentaron en vano destruirlo con los instrumentos de hierro que tenian en el
campamento , pero colocaron cerca del paso una enorme torre de madera á la cual acudian los peregrinos
como abejas á su panal , segun espresion del monje Roberto. Habiendo devorado las llamas esta torre,
los sitiadores no encontraron medio mejor para contener las salidas del enemigo , que arrastrar á
fuerza de brazos y amontonar delante de la misma puerta enormes rocas y los troncos de los árboles
mas corpulentos de los bosques cercanos.
En tanto que se obstruía una de las puertas de la ciudad, los caballeros mas animosos velaban sin cesar
en torno de los muros; y hallándose cierto dia Tancredo de emboscada en las colinas de la parte occiden
tal, sorprendió una hueste crecida de turcos que habian salido de la plaza en busca de pastos, mató á todos
los que pudo alcanzar su acero, y envió al obispo de Puy setenta cabezas de infieles como diezmo de la car
LIBRO TERCERO.— 1097-1098. 77
niceria y de la victoria. En esta ocasion, recorriendo el mismo Tancredo la campiña, acompañado de un
escudero, se encontró frente á frente de numerosos musulmanes, y todos los que se acercaron á lidiar con
él cayeron víctimas de su invencible espada. El héroe mandó detener á su escudero en lo mas reñido del
combatey le hizo jurar ante Dios que jamás contaría las hazañas que presenciaba. ¡Ejemplo desconocido
que los cronistas cuentan con sorpresa y que la historia debe colocar entre los hechos mas prodigiosos de
la caballería cristiana f
Las salidas de los sitiados fueron menos frecuentes desde entonces, mas como se carecia de máquinas de
guerra no se les podia atacar en sus inaccesibles murallas. Los jefes del ejército cristiano no pudieron
tomar otro partido que el de cercar la ciudad y esperar que el desaliento de los turcos ó el favor del
cielo les abriesen las puertas de Antioquía. La lentitud de un sitio era incompatible con el impaciente valor
de los cruzados, y este sistema de guerra, opuesto álos deseos de los caballeros y barones, que solo
sabían triunfar de sus enemigos con la espada en" la mano y eran tan solo temibles en el campo de batalla.
El ejército cristiano consumió durante los primeros dias del sitio las provisiones de muchos meses, y
los que querian vencer á sus enemigos por medio del hambre , se vieron espuestos á todos los horro
res de la miseria. Empezó el invierno y todos los dias caían torrentes de lluvia ; las llanuras , cuyos
deliciosos frutos habian enervado á los soldados de Jesucristo, estaban casi sepultadas bajo el agua; su
mergióse el campamento de los cristianos en los puntos mas hondos ; la tempestad y la inundacion
arrebataron las tiendas; la humedad aflojó los arcos y el orin inutilizaba las lanzas y las espadas.
Muchos soldados quedaron casi desnudos ; los peregrinos mas pobres se construyeron chozas ó cabañas
con árboles, pero el agua y el viento no respetaban tan frágiles albergues. La situacion de los sitiadores
era cada dia mas triste ; los peregrinos se reunían en cuadrillas de doscientos ó trescientos , recorrían los
llanos y las montañas, robaban todo lo que podia preservarles del frío ó del hambre, pero cada cual
ocultaba lo que adquiría y el ejército permanecia sumido en la mas horrible miseria. Los jefes se reunie
ron en consejo y resolvieron intentar una espedicion en las provincias cercanas para proveerse de víve
res, y despues de haber asistido á la misa de Navidad y recibido la despedida del ejército, se alejaron
del campo quince ó veinte mil peregrinos mandados por el príncipe de Ta rento y el conde de Flan-
des y se dirigieron al territorio de Harene. Esta hueste selecta derrotó varios destacamentos turcos que en
contró, y regresó á Antioquía con un gran número de caballos y mulos cargados de provisiones. Los
sitiados habian hecho una salida durante esta espedicion , y habian sostenido con los cruzados que se
quedaron en el campamento , un combate tenaz en el cual perdió su pendon el obispo de Puy. El historia
dor Raimundo de Agiles , testigo del desastre de los sitiadores , se escusa con los servidores de Dios do
la vergonzosa verdad de su relacion , y se justifica diciendo que Dios queria exhortar á los cristianos al
arrepentimiento con una derrota que debia hacerlos mejores y mostrarles al mismo tiempo su bondad
por una victoria que los salvase de la miseria (1).
Las provisiones reunidas por el conde de Flandes y Bohemundo no bastaron mucho tiempo para aten
der á las necesidades delos peregrinos, y todos los dias se hacian nuevas escursiones, pero siempre con
mal éxito. Turcos y cristianos habian devastado todas lascampiñas dela alta Siria, y aunque los cruzados
que se enviaban de descubierta ahuyentaban las mas de las veces á los infieles, la victoria, que era su úni
co y último recurso, no podia ya traer la abundancia al campamento. Para colmo de sus desgracias se in
terrumpieron sus comunicaciones con Constantinopla ; las flotas de los písanos y genovesesno costeaban ya
los países ocupados por los cruzados, y el puerto de San Simeon, (actualmente Soedia) (2) situado á siete ho
ras de Antioquía, no Veia entrar ninguna nave de Grecia ni de Occidente. Los piratas flamencos que ha
bian tomado la cruz en Tarso, fueron sorprendidos por los griegos despues de haberse apoderado de Lao-
dicea, y hacia muchas semanas que estaban hundidos en los calabozos de los pérfidos aliados, y los cruza
dos solo hablaban en el campamento de las pérdidas que habian sufrido y de los males que les amenazaban.
Los turcos sorprendieron al arcediano de Toul que se habia retirado á un valle distante tres millas de

f '}) El abate Guibert examina gravemente si los cruzados que morían de hambreo de frío se salvaban como los que perecían
porelacerode los infieles. (Vease Biblioteca de las Cruzadas, t. I.1 Segun Foulquer de Chartres los cruzados eran semejantes al oro
que se prueba tres veces y se purifica siele, y Dios toleraba que los turcos matasen á los cristianos para asegurar la salvacion
de eMos y perder las almas de los otros.— 2: Correspondencia de Oru-níc, cai ta CLXXVI.
78 HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
Antioquía, seguido de tres peregrinos, y pereció miserablemente con sus compañeros. Súpose al mismo tiem
po la trágica muerte de Suenon, hijo del rey de Dinamarca, que habia tomado la cruz conduciendo á la Tier
ra Santa mil y quinientos peregrinos daneses. Habia alzado sus tiendas el príncipe en medio 'de los arroyuelos
que cruzan por la orilla del lago de las Salinas en el camino de Filomclia, y advertidos los turcos por los
pérfidos griegos, bajaron de las montañas y atacaron su campamento en medio de las tinieblas de la noche.
Suenon se defendió valerosamente y su acero hizo un estrago en sus enemigos, pero vencido por el can
sancio y la multitud de los bárbaros, sucumbió acribillado de heridas. Las crónicas añaden que acompaña
ba al infortunado Suenon en su peregrinacion una hija del duque de Borgoña llamada Florina (i) que es
taba enamorada del héroe danés y debia casarse con él despues de la conquista de Jerusalen. Pero el cielo
no permitió que se cumpliera tan risueña esperanza, y solo la muerte pudo unir á los dos amantes que ha
bían tomado juntos la cruz y marchaban á buscar la dicha ála Tierra Santa. Animados por la misma de
vocion y desafiando los mismos peligros, cayeron en el campo de batalla, despues de haber visto perecer en
torno suyo á todo sus caballeros, y no dejando uno solo de sus servidores que pudiera recoger sus últimas pa
labras y darles la sepultura de cristianos.
a Estas tristes nuevas llenaron de tristeza y de dolor el campamento de los cristianos, dice Guillermo de
»Tiro , y acrecentaron el sentimiento de las calamidades- que sufrían.» El frio , la miseria y las enfer
medades hacian todos los dias mayores estragos en el campamento , y si ha de darse crédito á un historia
dor que participó de sus desgracias, el esceso del dolor arrancó de sus labios amargas quejas y blas
femias. Bohemundo , cuya elocuencia era popular , intentó reducirlos á la paciencia y resignacion evangéli
ca. «Cristianos pusilánimes! les decia , ¿por qué os quejais así? Cuando Dios os tiendela mano os He—
»nais de orgullo, y cuando la retira , os abandona toda la fuerza del alma. No adorais pues al Señor, sino
ȇ la fortuna y la victoria , y el Dios que llamais padre y protector en los dias felices, lo mirais como
i)im estraño en los dias infaustos (2). » Aunque nos parezca muy singular en nuestros dias el lenguaje de
Bohemundo debemos estar persuadidos de que era el mas á propósito para herir el espíritu y los sen
timientos de los cruzados. ¿Pero qué pódian las mas persuasivas palabras contra el frío, la enfermedad y la
desesperacion? La mortandad era tan inmensa en el campamento, que segun cuentan testigos oculares, no
habia sacerdotes bastantes para recitar las oraciones de los muertos, ni sitio suficiente para tantas se
pulturas.
El campamento no presentaba el aspecto de un ejército en medio de los funerales : apenas se veian algu
nos soldados sobre las armas, y muchos cruzados perecian recostados en tierra sin vestidos ni abrigo,
espuestos á todos los rigores de la estacion y llenando el aire con vanos lamentos. Otros , pálidos y descar
nados, cubiertos de miserables andrajos, vagaban por las campiñas como espectros ó fantasmas arrancan
do con puntas de hierro las raices de las plantas, sacando de los surcos los granos depositados reciente
mente en los campos , y disputando á las bestias de carga las yerbas silvestres que se comían sin sa' , y
los cardos que les picaban en la lengua porque carecían de leña para cocerlos suficientemente. Los perros
muertos , los insectos, los reptiles y los animales mas inmundos apagaban el hambre de los que poco tiem
po antes despreciaban el pan de los pueblos de Siria y á los cuales se les viera en los festines arrojar con
hastío las partes mas delicadas de las vacas y los corderos. La muerte de los caballos de batalla por falta
de pasto era un espectáculo no menos doloroso para los barones y caballeros. En el principio del sitio ha
bia en el ejército sesenta mil caballos , y solo quedaban diez mil , incapaces de servir en los combates.
El mas terrible de los azotes de los cruzados fué la desercion. La mayor parte de los cruzados habian per
dido la esperanza de apoderarse de Antioquía y de llegará la Tierra Santa; unos iban á buscar un asilo con
tra la miseria á la Mesopotamia sometido á Balduino, y otros se retiraban á las ciudades de la Cilicia que ha-

I Urbano Plancher, historiador de Borgoña, niega este acontecimiento sin dar razon alguna ni citar autoridades, siendo asi que
lo atestiguan Guillermo de Tiro, Alberto de Aix y otros muchos historiadores casi contemporáneos. Mallet no. habla de el en su
Historia de Dinamarca. Langebeck dice en su coleccion de historias danesas que ha visto un bajo relieve de bronce donde Suenon
estaba representado con los atributos de cruzado. Cristian V mando hacer este relieve y debajo del retrato del principe se leen unos
versos latinos que esplican su trágica y gloriosa muerte. Puede consultarse en Scriplores rerum danicarvm la disertacion de I-inge-
berpk titulada: Desgraciada espidicion del daw's Suenon contra los turcos. Vease un estracto de esta disertacion en el tomo 111 da la
Biblioteca de las Cruzadas'.—,S Roberto el monje.
LlBRÜ TERCERO —1097-1098. 79
Lian caido en podenle los cristianos. El duque de Normandia se retiró á Laodicea y*solo volvió á la tercera
intimacion hecha por el ejército en nombre de la religion y de Jesucristo. Taticio, general de Alejos, aban
donó el campamento de los cruzados con las tropas que mandaba, prometiendo volver con refuerzos y víve
res; mas su partida causó poco sentimiento, y sus promesas inspiraron tanescasa confianza, que no calma
ron la desesperacion de los cruzados; desesperacion que llegó á su colmo cuando vieron alejarse á los quede-
bian darles ejemplo de paciencia y dé valor. Guillermo, vizconde de Melun (1), á quien la destreza en el manejo
de la hacha de armas le habian dado el sobrenombre de Carpintero, no pudo sufrir las miserias del campa
mento y desertó de las banderas de Jesucristo. «¿Era pues estraño, esclama Roberto el Monje, que sedis-
»minuyese el valor de los pobres y los débiles, si flaqueaban los que eran como columnas de la empresa?»
Pedro el Ermitaño á quien culpaban los cruzados de las desgracias que sufrían, no tuvo ánimo para oir sus
quejas y participar de su miseria, y desesperado del éxito de la espedicion, huyó secretamente del campa
mento de los cristianos. Su desercion causó grande escándalo entre los peregrinos, «y les asombró tanto, di-
»ce el abad Guibert, como si hubieran visto caer las estrellas del cielo.» Tancredo salió en su persecucion
y lo presentó vergonzosamente en el campamento con Guillermo el Carpintero. El ejército le echó en cara
su cobarde accion y le exigió que jurase sobre el Evangelio no desertar jamás de la causa que habia pre
dicado, amenazando al mismo tiempo eon el castigo destinado á los homicidas á todos los que siguieran el
ejemplo que acababa de dar á sus compañeros y hermanos.
Pero era tan estremada la corrupcion que reinaba en el ejército cristiano, que la misma virtud tenia
razon en huir y escusar su desercion, y si se creen las relaciones de los autores contemporáneos, todos los
vicios de la infame Babilonia desdoraban á los libertadores de Jerusalem... ¡Estraño é inaudito espectáculo!
Veianse bajo la tienda del cruzado el hambre al lado de la voluptuosidad; el amor impuro, la pasion desen
frenada del juego y todos los desórdenes y escesos se mezclaban y confundian con las imágenes de la muer
te, y la mayor parte de los peregrinos desdeñaban en su desgracia los consuelos de la piedad y de la virtud.
El obispo de Puy y los sacerdotes mas virtuosos reunieron sus esfuerzos para reformar las costumbres
de los cruzados; hicieron oir la voz de la religion contra los escesos del libertinaje y de la licencia, y recor
dando todos los males que habia sufrido el ejército cristiano, los atribuian á los vicios y desórdenes de los
defensores de la cruz. Les manisfestaron que el cielo les hablaba enojado por medio de un terremoto que
se sintió entonces y de una aurora boreal (2), fenómeno desconocido para la mayor parte de los peregri
nos. Mandaron ayunar y hacer rogativas para aplacar la cólera divina. Los cruzados hicieron procesiones
en torno del campamento; oianse sin cesar los himnos penitentes: los sacerdotes invocaban los rayos de la
Iglesia contra los que hicieran traicion á la causa de Jesucristo con sus pecados, y para completar el temor
que inspiraban las amenazas de la religion, se formó un tribunal compuesto de los principales jefes del ejér
cito y del clero para perseguir y castigar á los culpables.
Los hombres sorprendidos en la embriaguez fueron condenados á cortarse los cabellos; los blasfemos y
los que se entregaban al vicio del juego, sellados con un hierro candente, y un monje acusado de adulterio
y confeso por la prueba del fuego, fué azotado y paseado enteramente desnudo por el recinto del campamen
to. A medida que los jueces condenaban á los culpables, se aterraban de su inmenso número, y no siendo
suficientes los mas severos castigos para contener enteramente la prostitucion, que se habia hecho casi ge
neral, se resolvió encerrar todas las. mujeres en un campamento separado ; medida estrema é imprudente
que confundia el vicio con la virtud y que hizo cometer crímenes mas vergonzosos que los que querían
precaver (3).
Para mayor desgracia, el campamento de los cruzados estaba inundado por mujeres sirias que iban to
dos los dias á la ciudad á contar los proyectos, la miseria y la desesperacion de los sitiadores. Con objeto de
evitar estos inconvenientes Bohemundo se valió de un medio capaz de escandalizar á los mismo bárbaros. La

1) El abad Guibert hizo sobre Guillermo unjuicio severo.» Hablaba mucho y obraba poco; sombra de un gran nombre, se ofre
cía para todas las empresas y no ejecutaba ninguna.»— 2¡ Guibert habla del fenomeno y añade que se podia ver en este signo el pro
nostico de guerras sangrientas, pero el sitio que ocupaba en el cielo y su forma de cruz era una prenda segura de salvacion y de
victoria. Jib. IV). — í) Guiberto dice que cuando habia en el campamento una doncella en cinta, la entregaban á los mas espanto
sos suplicios. En medio de esta investigacion general de todos los crímenes y escesos, se descubrio la superchería de un sacerdote
que se habia hecho una inci.ion en forma de cruz que conservaba con el zumo de algunas yerbas, para atraerse la caridad de oí
fictas.
80 HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
pluma se resiste ú describir tan horribles cuadros, y dejaré hablar á Guillermo de Tiro ó mas bien á su anti
guo traductor: «Bohemundo, dice, mandó que le presentasen algunos turcos que él tenia presos con severa
»custodia, á los cuales hizo matar por manos del verdugo; despues mandó encender una hoguera y ponerlos
»en ella á asar para servirle de manjar á él y los suyos, ordenando que si alguien preguntaba con qué ob-
» jeto se hacia aquello, respondiese de este modo : Los principes y gobernadores del campamento han manda
ndo en el dia de hoy en su consejo, que todos los turcos ó espias suyos que en adelante se encuentren en el
» campamento, serán obligados á servir de alimento con sus propios cuerpos tanto á los principes como á todo
-a el ejército. d
Los súbditos de Bohemundo observaron con exactitud las órdenes é intrucciones que recibieran, y todos
los estranjeros que habia en el campamento se presentaron sin tardanza en el cuartel del principe de Ta-
rento , «quedando sumidos en el teiror y temiendo tener igual suerte cuando presenciaron lo que pasaba. Se
»dieron prisa á salir del campamento de los cristianos, y contaron por el camino lo que habian visto.» Sus
relatos pasaron de boca en boca hasta las comarcas mas remotas , y los habitantes de Antioquia y todos
los musulmanes de las ciudades de Siria quedaron profundamente aterrados , y no se atrevieron á acercar
se mas al campamento de los cruzados. «Por este medio , dice el historiador que hemos citado anteriormen-
»te , y por la astucia del señor Bohemundo se libró el campamento de la peste de los espias , y los ene-
amigos no pudieron saber ya de antemano las empresas de los cristianos.» El cronista Baudri se limita
á decir que Bohemundo tomó medidas severas para ahuyentar á los espias, pero no menciona el medio
bárbaro de que habla Guillermo de Tiro. Es imposible dejar de conocer, que si este medio fué muy efi
caz para librarse de los espias, tambien lo fué para alejar á los que traian viveres al campamento de
los cristianos.
El obispo de Puy empleó al mismo tiempo un ardid mas inocente y conforme al espiritu de su minis
terio y de su sagrada profesion; mandó arar y sembrar las tierras cercanas de Antioquia , para asegu
rar al ejército cristiano del hambre y para hacer creer á los sitiados que era incansable la perseveran
cia de los sitiadores.
Empezaban á desaparecer las lluvias tempestuosas , el frio y todos los rigores del invierno , se dismi
nuia el número de los enfermos y el campamento de los cristianos presentaba un aspecto menos lú
gubre. Godofredo se presentó ante el ejército , curado de una herida muy grave que le habia tenido
preso hasta entonces en su tienda, y su aspecto hizo renacer la esperanza y la alegria. El conde de
Edeso , los principes y monasterios de Armenia enviaron dinero y provisiones á los cristianos ; llega
ron tambien viveres de las islas de Chipre, de Chio y de Rodas, y el ejército se vió libre de los
horrores del hambre. El cambio favorable de la suerte de los peregrinos se atribuyó á su peniten
cia y conversion , y dieron gracias al cielo de haberlos hecho mejores y mas dignos de su proteccion y
misericordia. Entonces fué cuando los cruzados vieron llegar á su campamento los embajadores del califa
de Egipto; los soldados cristianos se esforzaron á ocultar las huellas y recuerdos de sus trabajos en presencia
de los infieles, se adornaron con los mas preciosos trajes, ostentaron sus armas mas brillantes; los caballeros
y barones se disputaron el premio de la fuerza y de la destreza en sus torneos, y no se veian mas que dan
zas y festines, pareciendo que reinaba la abundancia y la alegria. Los embajadores egipcios fueron reci
bidos con una magnifica tienda donde estaban reunidos los principales jefes del ejércitoj.los sarracenos ma
nifestaron en sus discursos la repugnancia de su soberano á hacerse aliados de los cristianos, pero las victo
rias que los cruzados habian alcanzado de los turcos, los enemigos mortales de la raza de Ali, le inducian á
creer que el mismo Dios los habia enviado al Asia^como instrumentos de su venganza y su justicia. El cali
fa egipcio estaba dispuesto á unirse con los cristianos victorioso^ y se preparaba á entrar con sus ejércitos
en Palestina y en Siria, y como sabia que los deseos de los cruzados se limitaban á ver á Jerusalen, pro
metia reedificar los templos cristianos, proteger su culto y abrir las puertas de la ciudad á todos los pere
grinos con condicion de que entrarian desarmados y solo permanecerian un mes. El califa prometia su ge
neroso apoyo á los cruzados si se sometian á estas condiciones, pero que si rehusabanlos beneficios de su
amistad, se alzarian á la voz del vicario legitimo del Profeta todos los pueblos de Egipto, de Etiopia, los
que habitaban el Asia y el África desde el estrecho de Cádiz hasta las puertas de Bagdad, y mostrarian á los
guerreros de Occidente el poder invencible de sus armas.
LIMlü T lillC E KO . — 1 ó 97 - 1 ü 9 S . 81
,lisie discurso escitó violentos murmullos en la asamblea de los cristianos; uno de los jefes se levantó para
responder, y dirigiéndose á los enviados del califa, les dijo: «La religion que profesamos nos ha inspirado
»el designio de restablecer su imperio en los sitios donde tuvo origen, y no tenemos necesidad del apoyo de
»Ias potencias de la tierra para llevar á cabo nuestros juramentos. No hemos venido al Asia para recibir
«leyes ni beneficios de los musulmanes, tamjwco hemos dado al olvido ios ultrajes que los egipcios han
» hecho á los peregrinos de Occidente, y recordamos aun que en el reinado del califa Hakem los cristianos
«fueron entregados al verdugo y destruidas desde sus cimientos sus iglesias, en especial la del Santo Sepul-
»cro. Sí; teneis razon, venimos ó visitará Jerusalen, pero tambien hemos jurado libertarla del yugo de
»los infieles. Dios, que la honró con sus sufrimientos, quiere ser servido en ella por su pueblo, y los cris—
»tianos quieren ser á sh vez sus custodiadores y soberanos. Id a decir al que os envia- que elija entre la
»naz y la guerra: decidle que los cristianos acampados bajo los muros de Antioquía no temen á los pueblos
»de Egipto, á los de Etiopia hí á los de Bagdad, y que solo pueden hacer alianza con las potencias que res-
»petan las leyes de la justicia y las banderas de Jesucristo.»
El orador que hablaba de esta suerto era el eco verdadero de la opinion y los sentimientos de la asam
blea, pero no se rechazó enteramente la alianza de los egipcios, y el ejército cristiano nombró sus mensa
jeros para acompañar á los embajadores hasta el Cairo y llevar al califa las últimas proposiciones de paz do
los cruzados.
Apenas acababan de salir los mensajeros del campamento de los cristianos, cuando alcanzaron estos una
nueva victoria contra los turcos. Los príncipes do Alepo y de Damasco, los emires de Schaizar, do Edeso y
de Hierápolis habian levantado un ejército de veinte mil ginetes para socorrer á Antioquía; en el momento
que so ponian en marcha los guerreros musulmanes, salió del campamento una hueste selecta mandada por
el incansable Bohemundo y porel conde deFlandes Roberto, que les salió al encuentro, y habiéndose trabado
el combate cerca del lago de Antioquía , los turcos fueron derrotados y dispersos , perdiendo mil caballos
y diez mil combatientes , y cayendo en poder de los cristianos la fortaleza de Harenc , donde el enemigo
habia buscado en vano un ausilio despues de su derrota.
Los cruzados resolvieron anunciar su nuevo triunfo a los embajadores del Cairo que iban á darse á
la vela en el puerto de San Sitneon , y les enviaron en cuatro camellos las cabezas y despojos de doscien
tos guerreros musulmanes. Los vencedores arrojaron otras doscientas en la ciudad de Antioquía , cuya
guarnicion alimentaba aun la esperanza de ser socorrida ; colocaron un gran número clavadas en estacas
en torno de la ciudad, y hacian alarde do los sangrientos trofeos de su victoria para que este espectáculo,
segun dice Guillermo de Tiro, fuera una espina clavada en los ojos de sus enemigos. Querían tambien
vengarse de los insultos que habian prodigado los infieles reunidos en sus murallas á una imágen de la
Virgen que habia caido en sus manos en un reciente combate.
Los cruzados iban á dar muestra de su valor en una batalla mas peligrosa y mortífera. Habia entrado
en el puerto de San Simeon una flota de genoveses y písanos , cuya llegada causó vivísima alegría en
el ejército cristiano , y un gran número de soldados salieron del campamento y volaron al puerto , unos
para saber noticias de Europa y otros para comprar las provisiones que necesitaban. Al regresar carga
dos de víveres, la mayor parte de ellos desarmados , fueron acometidos de improviso y puestos en dis
persion por un cuerpo de cuatro mil musulmanes que los esperaban emboscados. Bohemundo y Raimundo
de San Giles, que acompañaban á los peregrinos, no pudieron defenderlos contra un enemigo superior
en fuerzas y se vieron obligados á buscar su salvacion en ia fuga.
La nueva de este desastre se esparció al momento entre los cruzados del campamento ; Godofredo , á
quien daba el peligro la autoridad suprema, mandó á los jefes y soldados que corriesen á las armas, y
cruzando el Oronte seguido de su hermano Eustaquio, de los dos Robertos y del conde de Vermandois,
salió al encuentro al enemigo que trataba de aprovecharse de tan fácil victoria y de cortar la cabeza á los
cristianos que habian quedado muertos en el campo. Cuando llegó á la vista de los musulmanes, mandó
á los demás jefes que imitaran su ejemplo, y se arrojó con la espada desenvainada sobre los enemigos.
Acostumbrados los turcos á pelear desde lejos y á servirse del arco y de la llecfia, no pudieron contra-
restar la espada y la lanza de los cruzados , y emprendieron la fuga , unos hácia los montes , y otros
háiia la ciudad. Acciano que habia presenciado desde las torres de su palacio el ataque victorioso de los
U
82 HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
cruzados, envió una hueste escogida para sostener y reunir á los que huian, y acompañó á sus sol
dados hasta la puerta del Puente que mandó cerrar diciéndoles que no se abriria para ellos mas que
despues de la victoria.
Esta nueva hueste no pudo resistir el impetu de los cruzados ; los turcos no tenian mas esperanza que
la de volver á entrar en la plaza; pero Godofredo que lo habia previsto todo, se habia colocado ya con
los suyos en una eminencia entre los fugitivos y la puerta de Antioquia (1).
La carniceria fué espantosa en este sitio, la victoria alentaba á los cristianos , y los musulmanes hacian
prodigios de valor escitados por su desesperacion y la griteria de los habitantes de la ciudad reunidos
en las murallas. El estruendo de las armas y los gritos de los combatientes impedian á los soldados oir
la voz de sus jefes; peleaban cuerpo á cuerpo y sin orden; nubes de polvo envolvian el campo de ba
talla; la casualidad dirigia los golpes de vencedores y vencidos , y los turcos se apiñaban y se estorbaban
unos á otros en su fuga. Era tanta la confusion que muchos cruzados cayeron victimas del acero de sus
compañeros y hermanos , un gran número de turcos sucumbieron sin resistencia, y mas de dos mil que
trataban de huir, se ahogaron en el Oronte. «Los ancianos de Antioquia, dice Guillermo de Antioquia,
se condolian de haber vivido tanto tiempo, al contemplar desde las murallas tan sangrienta catástrofe, y
las madres se lamentaron de su fecundidad viendo espirar á sus hijos. » La carniceria continué hasta
el anochecer, y Acciano mandó abrir las puertas para dar asilo á los restos de las tropas acosadas
por los cruzados.
«¡ Qué espectáculo tan delicioso fué para nosotros , esclama en esta ocasion Raimundo de Agiles , el ver
á nuestros pobres peregrinos entrar otra vez en el campamento despues de la victoria 1 Muchos, que
jamás habian montado á caballo, llegaban seguidos de briosos corceles ; otros, cubiertos hasta entonces
de andrajos, llevaban dos ó tres vestidos de seda : algunos mostraban tres ó cuatro escudos ganados al
enemigo , y los compañeros que no habian peleado , se reunian con ellos y todos juntos daban gracias
á Dios por el triunfo de los cristianos.»
Los jefes y soldados del ejército cristiano hicieron prodigios de valor , y siempre se vieron al frente
de sus guerreros Bohemundo, Raimundo, Tancredo, Ademaro, Balduino del Burgo y Eustaquio. Todo
el ejército ensalzaba las lanzadas y hechos de armas del conde de Vermandois y de los dos Robertos.
El duque de Normandia sostuvo un singular combate con un jefe de infieles que iba al frente de los
suyos, al cual partió de un sablazo la cabeza hasta la espalda y tendió á sus piés esclamando: «En
trego tu alma impura á las potencias del infierno. » Godofredo, que durante la jornada mostró la habili
dad de un gran capitan, dió pruebas de su valor con acciones que han celebrado la historia y la poesia.
No habia armadura que pudiese resistir el filo de su espada , y hacia pedazos los cascos y las corazas.
Un turco, cuya estatura colosal le distinguia entre los demás, se presentó en lo mas reñido de la pelea
para lidiar con él, y le hizo trizas su escudo del primer golpe. Indignado Godofredo de tanta audacia , se
afirmó sobre sus estribos, se lanzó sobre su adversario y le descargó tan terrible mandoble que partió
su cuerpo en dos pedazos , cayendo la parte superior, segun dicen los historiadores, en tierra, y que
dando la otra en la silla sobre el caballo que volvió á entrar en la ciudad , aumentando con su aspecto
la consternacion de los sitiados.
A pesar de tan prodigiosas hazañas, los cristianos sufrieron una pérdida considerable, y al celebrar
la historia el valor heroico de los cruzados se asombra de la multitud de mártires que enviaban los turcos
al cielo , y que al llegar á la mansion de los elegidos con la corona en la cabeza y la palma en
la mano , dirigian á Dios estas palabras: ¿ Por qué no habeis detenido la sangre que hemos derra
mado por vos? '
Los infieles se valieron de las tinieblas de la noche para dar sepultura á los guerreros que habian
sucumbido debajo de las murallas de la ciudad , y los enterraron cerca de una mezquita cons
truida al lado opuesto del puente del Oronte, y terminada esta fúnebre ceremonia, volvieron á entrar
en Antioquia donde reinaba el luto y el silencio. Como los muertos habian sido enterrados á usan
za de los musulmanes con sus armas, riquezas y vestidos, estos despojos escitaron la codicia del pe—
ii) La batalla tuvo lugar en el puente que existe aun y en la colina que hay enfrenta, y que sirve, lo mismo qua entonces, (I*
cementerio cristiano. Correspondencia^ Oriente, carta CLXX1.
LIBRO TERCERO.- 1 097-1 098. 83
pulacho que seguia el ejército de los cruzados, y que atravesando el Oronte, se precipitó en tro
pel sobre los sepulcros de los turcos, desenterró los cadáveres y les arrancó las armas y vestidos que
los cubrian. Pocas horas despues volvió la turba al campamento mostrando las telas de seda , los
escudos, y las ricas espadas que encontraron en los ataudes , y este espectáculo no exasperó á los
caballeros y barones. Al dia siguiente de la batalla vieron entre los despojos de los vencidos mil
y quinientas cabezas desprendidas de sus troncos , que fueron paseadas en triunfo por el campamento
y les recordaron su victoria y la pérdida que habian causado á los infieles.
Estas cabezas arrojadas en el Oronte y los cadáveres de los musulmanes que se habian ahogado el
dia anterior en el rio, llevaron la noticia de la victoria de los cruzados á los genoveses y pisanos que
habian desembarcado en el puerto de San Simeon. Los cruzados que habian huido hácia el mar
y los montes al principiar la batalla y cuya muerte se habia llorado, volvieron al campamento que
resonaba con las alegres esclamaciones. Los jefes solo trataron de sacar partido del terror que habian
inspirado á los enemigos; dueños del cementerio de los musulmanes los cruzados destruyeron la mez
quita que se alzaba estramuros de la ciudad, y utilizando las losas de los sepulcros , edificaron una
fortaleza delante de la puerta del Puente, por donde acostumbraban salir los sitiados para esparcirse
por el llano y sorprender á los peregrinos.
El conde de Tolosa, á quien acusaban de escaso celo en favor de la guerra santa , se encargó
de construir el fuerte á sus espensas y defenderlo con sus pro venzales á quienes habian echado en
cara durante el sitio, de evitar el combate para defender los viveres. Se propuso alzar otra fortaleza en la parte
occidental hácia la puerta llamada de San Jorge, pues ningun cruzado habia puesto aun el pió sobre este
punto de la orilla izquierda del Oronte, y era preciso cerrar este paso á los musulmanes. Siendo tan
arriesgada la empresa, no se queria encargar de ella ningun principe , pero se presentó Tancredo,
el generoso y esforzado caballero, á quien no le quedaban mas que su espada y su nombradla , y
pidió dinero á sus compañeros para ejecutar su proyecto. Alzábase sobre una colina poco distante
de la puerta de San Jorge un convento que tenia el mismo nombre, y que Tancredo hizo forti
ficar sólidamente, prometiendo mantenerse en tan dificil puesto ayudado por una hueste do valien
tes (1). Sorprendió á los sirios que acostumbraban á llevar viveres á Antioquia, obligándoles á pro
veer al ejército cristiano, y cayeron en poder de los cruzados dos mil caballos que Acciano habia
enviado á un valle cercano de la ciudad, y que fueron conducidos al campamento.
En tanto que los sitiados estaban llenos de desesperacion , los soldados de la cruz eran un modelo
de entusiasmo y de emulacion. Los jefes daban el ejemplo de la vigilancia y la actividad, un es
piritu de concordia unia á todos los peregrinos, se restableció la disciplina y creció con ella la fuerza
del ejército. Se emplearon los mismos mendigos y vagos , cuya multitud engendraba el desórden y
multiplicaba los peligros de la guerra, en los trabajos del sitio , sirviendo bajo las órdenes de un
capitan que tomó el nombre de rey truhan ó rey de los pillos. Recibian sueldo de la caja general
de los cruzados, y cuando estaban en disposicion de comprar armas y trajes, su rey los reconocia como
súbditos y los incorporaba en el ejército. Esta medida sacó á los vagos de una ociosidad peligrosa y
los convirtió en útiles ausiliares , y como se les acusaba de violar los sepulcros y alimentarse de
carne humana, inspiraron tanto terror á los infieles, que solo á su aspecto huian los defensores de
Antioquia, que temblaban de caer en sus manos.
Los cristianos se hicieron dueños de todas las cercanias de la plaza sitiada, podian recorrer con se
guridad las campiñas, y como todas las puertas estaban cerradas, se suspendieron los combates,
pero siguió haciéndose la guerra por medio de actos de barbarie.
Habiendo caido en poder de los cristianos un hijo del emir, exigieron que su familia les entregase
por su rescate una torre de Alejandria , y habiéndoseles negado su pretension , trataron del modo mas
bárbaro al jóven cautivo. Se renovó su suplicio lodos los dias por espacio de un mes, y le condu
jeron por final pió de las murallas, donde le inmolaron á la vista de sus padres.
Los turcos no cesaban de perseguir á los cristianos que vivian en Antioquia , y mas de una vez
arrastraron hasta las murallas al venerable patriarca de los griegos, con el cuerpo ensangrentado y

(i) Correspmdmeia di Orüntt, cnrt» CLXXk


84 HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
rargadu de cadenas, presentándolo á los ojos do los sitiadores como una victima condenada al suplicio-.
El furor de los turcos se cebaba especialmente en los prisioneros. Un dtá condujeron á las murallas
á un caballero cristiano llamado Raimundo Porcher , y le amenazaron con cortarte la cabeza, si no
exhortaba a los cristianos á que le rescatasen por una cantidad de dinero. Este fingió que obedecia , y
dirigiendose á los cruzados, les dijo: «Miradme ya cual un cadaver y no hagais ningun sacrificio por mi
libertad : lo único que os pido , hermanos, es que continueis vuestros ataques contra esta ciudad infiel,
que no puede resistirse mucho tiempo , y que seais constantes en la fé de Jesucristo , porque Dios está
y estará siempre con vosotros.» Haciéndose esplicar Acciano estas palabras , exigió que Raimundo abra
zase sin tardanza el islamismo, prometiéndole si consentia toda clase de honores, y amenazándote con
la muerto si se resistia. El piadoso caballero se postró entonces de rodillas, con los ojos vueltos hácia
oriente v las manos cruzadas , y empezó á rogar á Dios que se dignase socorrer y recibir su alma en
el seno de Abraham. Irritado Acciano al oir sus palabras , mandó que le cortasen la cabeza (1) ,y los
turcos obedecieron con bárbaro alborozo. Fueron conducidos lambien ante el principe musulman lodos
los demás prisioneros cristianos que habia en Antioquia , y mandó Acciano á sus soldados que los desnu
dasen , los atasen con cuerdas, y los arrojasen en las llamas de una inmensa hoguera. De este modo
recibieron todos los desgraciados cautivos á un mismo tiempo la corona del martirio , y llevaron al cielo,
dice Tudeboda , estrellas blancas ante el Señor á quien -pertenece toda la gloria.
Antioquia se veia empero. abismada en la miseria que habia atormentado tanto tiempo á los cruzados,
y se disminuia de dia en dia el número de sus defensores. Acciano pidió una tregua y prometió rendirse
si no venian á ausiliarle antes de un corto plazo. Los cruzados , llenos de ciega confianza , consintieron
en una paz que les privaba de todas las ventajas y daba al enemigo medios para ganar tiempo y re
parar sus fuerzas.
Luego que se aceptó la tregua (2), se introdujo la discordia en el campamento de los cristianos, siendo
uno de los primeros efectos de tan imprudente paz. El principe de Edeso, Balduino, habia enviado regalos
magnificos á Godofredo, á los dos Robertos, al conde de Vermandois y á los de Blois y de Chartres, y ha
bia hecho repartir dinero a lodo el ejército, olvidando en la distribucion con designio á Bohemundo y sus
soldados. Fué motivo suficiente para engendrar la division, y mientras el ejército cristiano celebraba la
liberalidad de Baldüino, el principe de Tárento y sus guerreros se quejaban amargamente.
Convirtióse tambien en objeto de turbulencia y discordia una tienda ricamente adornada quo un princi
pe armenio destinaba á Godofredo, y que cayendo en poder de Pancracio, fué enviada á Bohemundo. Go
dofredo reclamó con altivez el regalo; Bohemundo se negóá entregárselo; se cruzaron de ambas partes las
injurias y las amenazas; se disponian á correr á las armas ó iba á correr la sangre cristiana por una mez
quina contienda; pero abandonado el principe de Tarento de la mayor parte del ejército y vencido por las
súplicas do sus amigos, devolvió á su. rival la tienda, y se- consoló con la esperanza de adquirir por medio
de la guerra mas rico despojo.
Guillermo de Tiro, que nos cuenta este acontecimiento, se asombra de ver al prudente Godofredo recla
mar con tanto ardor un objeto tan frivolo, y compara, en su sorpresa, la flaqueza del héroe al sueño del
buen Homero. Su idea hubiera sido mas justa , si hubiese comparado las discordias y contiendas de los je
fes de los cruzados, á las que agitaban el campamento de los griegos q'ue retardaron tanto tiempo la toma
de Troya.
Despues de publicarse la tregua, los cristianos entraron en Antioquia y acudieron los musulmanes al
campamento, pero ardia aun en sus corazones el odio implacable que los habia impelido al combate. Los
turcos sorprendieron en un lugar apartado á un caballero llamado Vallon y le mataron é hicieron su cuer
po á pedazos. Cuando se esparció la noticia de tan espantoso crimen, todos los cruzados se estremecieron de
horror é indignacion, aumentando latunbulencia de la muchedumbre de cristianos la jóven esposa de VaHon

[t) Este rasgo, que recuerda los brillantes hechos de la antigüedad pagana, esta descrito por el cronista Tudeboda. (Véase
BiMiotiM de las Cruzadas, t. I.)—(*) Roberto el monje es el único historiador do la primera cruzada que hablado esta tre
gua, cuya duracian seria tal vez muy corta.
LIBRO TERCERO. — 1097-1098. 85
que invocaba la sombra de su esposo y llenaba el aire con sus gritos dolorosos; espectáculo interesante que
Tué la señal de nuevos y sangrientos combates (1) .
Los sitiados se aprovecharon de la tregua para proveerse de todo lo necesario , de modo que los cristianos
babiau desplegado un valor inútil al pié de las murallas, y la ciudad podia desafiar por mucho tiempo sus
armas despues de siete meses de sitio. Pero la ambicion y la astucia vencieron lo que fuera hasta entonces
imposible á la paciencia y el valor; Bohemundo, que solo habia lomado la cruz impelido por el deseo de acre
centar su fortuna, no desperdiciaba ninguna ocasion favorable para realizar sus proyectos; el éxito de las em
presas de Balduino habia ^escitado su envidia y le perseguia en sus sueños; se atrevió á fijar sus miradas
on Antioquia, y las circunstancias le favorecieron para encontrar un hombre que le entregara la plaza.
Llamábase este Firoo, el cual era de noble estirpe si hemos de dar crédito á muchos historiadores, pero nadie
duda que su padre fué un armenio fabricante de corazas. Su carácter inquieto y turbulento le inspiraba
la ambicion de mudar de condicion y estado; habia abjurado la religion cristiana por espiritu de incons
tancia y con esperanza de hacer fortuna (2); tenia una sangre fria admirable, una audacia á toda prueba,
y estaba dispuesto siempre á hacer por dinero loque podia esperarse del mas ciego fanatismo. Nada lo pa
recia injusto ni imposible para satisfacer su ambicion y su avaricia ; su actividad, su destreza y elocuencia lo
habian granjeado la confianza de Acciano, que lo admitia en su consejo, y el principe de Antioquia le habia
confiado el mando de tres torres principales do la ciudad. Las defendió al principio con celo, pero sin acre
centar su fortuna, y se cansó de una lealtad estéril desde el momento que concibió poder sacar mas venta
ja de su traicion.
Habia tenido ocasion de ver al principe de Tarento en el intervalo de los combates : Firoo le preguntó
en una de sus conversaciones, segun dice el monje Roberto , qué significaba el ejército vestido de tú
nicas y escudos blancos como la nieve que habian peleado junto con los cristianos ; Bohemundo so es
forzó á esplicar el misterioso ausilio de la milicia celestial ; y no pudiendo responder á las capciosas pre
guntas de Firoo, mandó llamar á su capellan que era un clérigo muy instruido (3). Bohemundo y
Firoo se comprendieron mutuamente , y no tardaron en comunicarse reciprocamente sus proyectos; Firoo
se quejaba de los ultrajes que le habian hecho los musulmanes , mostró el sentimiento que le aquejaba
de haber abandonado la religion de Jesucristo y deploró las persecuciones que sufrian los cristianos do
Antioquia. El principe de Tarento penetró los secretos pensamientos de Firoo, ensalzó su remordimiento
v sus deseos y le hizo magnificas promesas. El renegado le abrió entonces sin reserva su corazon , am
bos se juraron entre si una inviolable adhesion y prometieron seguir una activa correspondencia. Vol
viéronse á ver"]muchas veces, siempre con el mayor secreto, y Bohemundo le decia en todas sus en
trevistas que estaba en su mano la suerte de los cruzados, y que solo de él dependia alcanzar grandes
recompensas. Firoo por su parte protestaba de su deseo de servir á los cruzados, á quienes miraba
como hermanos (4) , y para demostrar al principe do Tarento su fidelidad ó escusar su traicion , le decia
que Jesucristo le habia aconsejado en una vision que entregase Antioquia á los cristianos. Dice Foul-
cher de Chartres que el Señor se apareció muchas veces a Firoo para mandarle que entregasela plaza,
que la última vez se enojó, diciéndole : «¿Por qué no has hecho lo que te he mandado?» y quo Firoo

¡1) «Oh ! qué feliz seria, esclamaba la esposa de Vallon, segun Roberto el monje , si hubiese podido seguirte al sepulcro, 6 al
menos cerrar tus ojos, lavar tus heridas y enjugarte con mis manos y vestidos! » Lo que masia afligia, era que no habien
do muerto su esposo con las armas en la mano por el servicio de Jesucristo , podia ponerse en duda su salvacion. [Biblio
teca de las Cruzadas , t. I).—.2) Mateo de lideso no nombra el musulman queentrego a Antioquia á los cristianos. Abulfarage le
llama Ruzebach y dice que era oriundo de Pcrsia: Ana Gomneno pretende quejera armenio, y la mayor parte de los historiadores
le llaman Pyrrus 6 Phirous. Guillermo le da el nombre de emir Feir y Sanuti de Vermuferus. Si los autores no estén de acuerdo so
bre el nombre de este renegado, es probable creer que algunos le han citado con un^epi teto do su profesion. Guillermo de Tiro
asegura que era hijo de una familia llamada en arabe Beni Zerrad, es decir, ta familia de los fabricantes de corazas.— ,3) Biblioteca
de las Cruzadas, t. I.—(4) Raul de Caen está de acuerdo con el autor arabe Kamal-eddin en atribuir a una venganza particular la
determinacion de Firoo, pero Bernardo el Tesorero lo atribuye a un motivo de celos. (Vid. Biblioteca de las Cruzadas, t. I.) Gui
llermo de Tiro cuenta que el hijo de Firoo habia sorprendidoá su madre en una entrevista criminal con un emir de Acciano. Esta
circunstancia que no ha asombrado al grave historiador, sino que le ha parecido muy verosimil , esta acorde con la edad del hi
jo de Firoo tenia 20 años?. ¿Pero como pudoldespertar la, pacion de un emir y los celos de su marido, una mujer sujeía i la reclu
sion, como todas las mujeres en Oriente ?
86 HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
reveló su visiou al gobernador de Antioquia , el cual le respondió : «Necio, ¿vas á obedecer á un fan
tasma ? »
Bohernundo no necesitaba que la protesta se apoyase en apariciones maravillosas; dió crédito fácilmente á
lo que deseaba con afan, y cuando quedó convenido con Firoo en los medios para ejecutar los proyectos
que habian meditado tanto tiempo, convocó los principales jefes del ejército cristiano, á los cuales recordó les
contratiempos que habian diezmado á los cruzados, y los males, mayores aun , que los amenazaban. Añadió
que avanzaba ya en defensa de la ciudad un poderoso ejército, que no podian retirarse sin mengua ni
peligro, y que la única salvacion de los cristianos estribaba en la conquista de Antioquia. Que era cierto que
la plaza estaba defendida por murallas inespugnables, pero que no todas las conquistas se conseguian por me
dio de las armas y en el campo de batalla, y que no eran menos importantes y gloriosas las que se alcanza
ban por medio de la astucia. Que era preciso seducirá los que no se podia vencer, y sorprenderá los ene
migos con una empresa atinada y atrevida, pues entre los habitantes de Antioquia, diferentes en costum
bres y en religion y opuestos en intereses, se encontrarian sin duda muchos fáciles á la seduccion y á las
promesas brillantes; y que tratándose de un servicio tan importante para el ejército cristiano, era honroso
animar toda clase de tentativa. Finalmente la misma posesion de Antioquia no le pareció un premio sufi
ciente para recompensar al que fuera tan sagaz y dichoso que abriera á los cruzados las puertas de la ciudad.
Bohemundo no se esplicó con mas claridad, pero adivinaron su pensamiento algunos jefes que tenian los
mismos proyectos y estaban animados por una sedienta ambicion. Raimundo rechazó con ahinco las insi
nuaciones del principe de Tarento diciendo : «Todos somos hermanos y compañeros, y seria injusto que des
pues de habernos espuesto á los mismos peligros, uno solo recogiera el fruto de nuestros trabajos. Yo no he
cruzado tantos paises, añadió lanzando una mirada de cólera y desprecio á Bohemundo, ni he prodigado mi
sangre, mis soldados y mis tesoros, para premiar con nuestras conquistas torpes artificios ó estratagemas ver
gonzosas, dignas tan solo de las mujeres. Estas vehementes palabras consiguieron el éxito que debia esperarse
de guerreros acostumbrados á vencer con las armas y que solo apreciaban las conquistas por ser el galardon
de su valor. La mayor parte de los jefes rechazaron la proposicion del principe de Tarento, y se mofaron de
él como Raimundo, pero Bohemundo, á quien la historia da el sobrenombre de Ulises de los latinos, se esfor
zó cuanto le fué posible para contenerse y ocultar su despecho, saliendo del consejo con la sonrisa en los
labios y persuadido que la necesidad atraeria pronto á su parecer á los cruzados (1).
Cuando volvió á entrar en la tienda, envió secretos emisarios á todos los barrios del campamento, espar
ciendo las mas alarmantes noticias ; los cristianos se llenaron de consternacion como habia previsto ; fue
ron enviados algunos jefes de descubierta para averiguar la verdad de los rumores esparcidos por el
campamento , y no tardaron en regresar anunciando que el principe de Mosoul , Kerbogá , se adelantaba
hacia Antioquia con un ejército de doscientos mil hombres reunidos en las orillas del Eufrates y del Ti
gris. Este ejército, que habia amenazado á Edeso y asolado la Mesopolamia , estaba á siete jornadas de
distancia. El temor creció rápidamente entre los cruzados al recibir tan repentina nueva ; Bohemundo
recorrió las filas exagerando el peligro , pero satisfecho y seguro en el fondo' de su corazon y halagado
por la idea de ver pronto cumplidas sus esperanzas ; y los jefes se reunieron de nuevo para deliberar
sobre las medidas que debian adoptarse en trance tan peligroso. El consejo se dividió en dos pareceres;
unos querian que se alzase el sitio y saliesen al encuentro del enemigo, y otros que el ejército se divi
diese en dos cuerpos, marchando una parte contra Kerbogá y la otra permaneciese custodiando el cam
pamento. Iba á prevalecer este parecer cuando Bohemundo pidió la palabra , y probó fácilmente cuan inad
misibles eran los dos pareceres presentados. Si se alzaba el sitio , el ejército se iba á encontrar cercado por
la guarnicion de Antioquia y los soldados de Kerbogá , y si se continuaba el bloqueo de la ciudad , yendo
la mitad del ejército al encuentro del principe de Mosoul, podia sufrirse una doble derrota. «Nos rodean in
mensos peligros, añadió el principe de Tarento; el tiempo vuela , y tal vez mañana no será ocasion de obrar
y hayamos perdido el fruto de nuestros trabajos y victorias. Pero no; no puedo creerlo; Dios nos ha guiado
hasta aqui por la mano, no permitirá que hayamos combatido en vano por su causa, pues desea salvar el
ejército cristiano y conducirnos hasta el sepulcro de su Hijo. Si aceptais la proposicion que voy á haceros, el

T El historiador arabe Komal-Eddin cuenta que se resolvio que los jefes se encargarian de dirigir el sitio por amanas, y que
seria dueño de la ciudad el quela conquistase durante la semana de su mando. [Biblioteca de las Crinadas,, t. IV.,
LIBRO TERCERO.— 1097-1098. 87
pendon de la cruz ondeará mañana sobre las murallas de Antioquia y marcharemos en triunfo á .lerusalen.
Dichas estas palabras, Bohemundo enseñó las cartas de Firoo, que le prometia entregarle lastres torres
que mandaba, declarando que estaba dispuesto á cumplir su promesa, pero que solo queria tratar con el
principe de Tarento, y exigia en premio de sus servicios que Bohemundo quedase dueño de Antioquia. El
principe italiano añadió que habia entregado sumas considerables á Firoo, que se habia granjeado su con
fianza sin intervencion ajena, y que estaba seguro del éxito de tan dificil empresa. «Si se halla un medio
preferible para salvar el ejército, dijo terminando su discurso, estoy pronto á aceptarlo, y renunciaré vo
luntariamente á la particion de una conquista de la cual depende la salvacion de lodos los cruzados. »
El peligro era de dia en dia mas inminente, vergonzosa la fuga, imprudente el combate y arriesgada la
inaccion, de modo que el temor impuso silencio á los intereses de la rivalidad. Los jefes que habian mani
festado tanta oposicion al proyecto de Bohemundo, le apoyaron gustosos entonces, y creyeron con razon que la
particion de la conquista de Antioquia podia además ocasionar la division del ejército y arrastrarlo á su
perdicion. Concediase loque todavia no se habia ganado, y se hacia para asegurar la vida de los cruza
dos, pues era preferible quo uno solo se aprovechase de los trabajos de todos, que perecer los mas por
oponerse á la fortuna de uno solo. La conquista de Antioquia no era además el objeto principal de la cru
zada ; habian tomado las armas para libertar á Jerusalen , y la tardanza era contraria á las esperanzas
religiosas de los soldados , en quienes el Occidente veia á sus mas esforzados caballeros. Reuniéronse todos
los jefes á escepcion del inflexible Raimundo, para conceder á Bohemundo el principado de Antioquia, y le
escitaron á que apresurase la ejecucion de su proyecto.
El principe de Tarento envió un secreto mensajero á Firoo en el momento en que salia del consejo, y su
cómplice le entregó á su propio hijo en rehenes. Se decidió que el ejército cristiano abandonaria el campa
mento para mayor seguridad á los sitiados, dirigiéndose por el camino que debia seguir el principe de Mossoul,
y que al regresar por la noche, se reuniria bajo los muros de la ciudad. Las tropas recibieron al siguiente
dia al amanecer la órden de prepararse á partir, salieron los cruzados del campamento alguna horas antes
de anochecer, y se alejaron á sonde trompeta y con banderas desplegadas. Poco rato despues de haber
emprendido la marcha , retrocedieron en silencio y llegaron hasta cerca de Antioquia. Se detuvieron á una
señal del principe de Tarento en un valle situado al occidente y cerca de la torre de las Tres Hermanas,
donde maridaba Firoo, y entonces fué cuando se descubrió al ejército cristiano el secreto de la empresa im
portante que iba á abrirles las puertas de la ciudad (1).
El proyecto de Firoo y Bohemundo habia estado en tanto á punto de abortar. Cuando el ejército cristiano
abandonaba el campamento y se preparaba todo para la ejecucion del complot, se esparció de pronto por
Antioquia el rumor de una traicion. Recayeron las sospechas en los cristianos y renegados, se pronunció
el nombre de Firoo, y se le acusó en secreto de hallarse en inteligencias con los cruzados. Se vió obliga
do á presentarse ante Acciano que le interrogó con los ojos fijos en su rostro para penetrar sus mas ocul
tos pensamientos, pero Firoo disipó todas las sospechas con su aspecto tranquilo, propuso medidas contra
los traidores y aconsejó á su soberano que cambiase los comandantes de las principales torres. Acciano
aprobó su consejo y se propuso seguirlo al siguiente dia, y dió al mismo tiempo la órden de cargar de ca
denas y matará todos los cristianos que se hallasen en la ciudad durante la noche. El renegado volvió
á ocupar su puesto colmado de elogios por su exactitud y lealtad: Antioquia parecia dormir en paz á las
primeras horas de la noche, y Firoo esperaba á los cruzados despues de haberse librado de un peligro tan
inminente.
Su hermano mandaba en una torre cercana á la suya, y fué en su busca para arrastrarlo á la conspira
cion. «Ya sabes, le dijo, que los cruzados han abandonado el campamento y que van á pelear con el ejérci
to de Kerbogá , y cuando pienso en la miseria que han sufrido y en la muerte que los amenaza, no puedo
reprimir un impulso de compasion. No ignoras que esta misma noche van á morir por mandato de Ac
ciano todos los cristianos que habitan en Antioquia, y no solo los compadezco, sino que me es imposible
olvidar que hemos nacido en la misma religion y que fuimos en otro tiempo hermanos suyos.»
Las palabras de Firoo no produjeron el efecto que esperaba. «Me asombro, le respondió su hermano, de

r Tancredo acusa á Bohemundo de haberte guardado el secreto de esta empresa. Téase Raul deCaen, Biblioteca d: las Cruza
das, lom. I.
88 HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
veros compadecer á unos hombres que deben ser para nosotros objeto de odio y horror. Antes de la llegada
de los cristianos á Antioquia estábamos colmados de bienes y honores, y desde que cercan la ciudad arras
tramos una existencia sembrada de disgustos y peligros. ¡Ojalá caigan sobre ellos pronto los males que
nos han ocasionado! ¿No sabes además que lodos los cristianos que viven en Antioquia son unos viles trai
dores que solo tratan de entregarnos al acero de nuestros enemigos?» Al terminar estas palabras lanzó
sobre Firoo una mirada amenazadora ; el renegado advirtió que habia adivinado su secreto, y no recono
ciendo por hermano al que se negaba á ser su cómplice, le hundió su puñal en el corazon.
Llega por fin el momento decisivo, la noche es oscura, se desencadena una horrible tempestad , que
aumenta las tinieblas; y los silbidos del viento que azota las torres y los estampidos del trueno impiden á
los centinelas oir ningun ruido en torno de las murallas. Aparece el cielo enrojecido por el Indo
de occidente, y un cometa que surcaba el horizonte, parece anunciar al espiritu supersticioso de los
cruzados que ha llegado el momento de la ruina y destruccion de los infieles.
Los cristianos esperaban con impaciencia la señal: la guarnicion de Antioquia estaba sumida en
profundo sueño, y solo Firoo velaba y meditaba su traicion. Sube á la torre : por una escala de
cuero un lombardo llamado .parjen enviado por Bohemundo. Firoo le recibe, le dice que está todo pre
parado, y para darle un testimonio de su fidelidad, le enseña el cadáver de su propio hermano. En
el momento que estaban hablando de su complot, llegó á visitar la torre un oficial de la guarni
cion y se presentó con una linterna en la puerta de la de Firoo, el cual sin manifestar la menor
turbacion, ocultó al comisario de Bohemundo y salió á recibir la ronda nocturna. Mereció los elo
gios del oficial por su vigilancia y se apresuró á enviar al lombardo con instrucciones para el
principe de Ta-rento. El soldado volvió al ejército cristiano, donde contó lo que habia presenciado, y
suplicó de parte de Firoo á Bohemundo que no perdiese un tiempo tan precioso.
Pero los soldados empiezan á temer en el momento de llevarse á cabo la empresa conociendo su peligro,
y no se presenta ninguno para subir á la muralla. En vano Godofredo y el principe de Tarento emplean
las promesas y las amenazas, pues permanecen inmóviles jefes y soldados. Sube el mismo Bohemundo
por la escala de cuerda con la esperanza de que le imitaran los mas valientes, pero nadie sigue sus pasos,
y llega solo á la torre de Firoo que le reprende su lentitud. Bohemundo vuelve á bajar apresuradamente
diciendo á los soldados que todo está dispuesto para recibirlos; sus palabras y especialmente su ejemplo
reanimaron á los mas esforzados y se presentan sesenta cristianos para escalar la lorre. Suben por la es
cala de cuero animados por un caballero llamado Covel , á quien compara el historiador de Tancredo al
águila que conduce sus polluelos y vuela delante de ellos. Distinguense entre estos sesenta valientes el
conde de Flandes y muchos de los principales jefes , y no tardan en presentarse otros sesenta y tras
estos otros , que suben en tanto número y con tanta precipitacion , que se desmorona la almena á que es
taba atada la escala y cae con estruendo en el foso. Los que se hallaban cerca de la cima de la muralla
vuelven á caer sobre las lanzas y espadas de sus compañeros , y reina la confusion y el desorden entre los
cruzados. Los jefes de la conjuracion permanecen tranquilos y gozosos , Firoo abraza á sus nuevos amigos
sobre el cadáver sangriento de su hermano , ve caer otro hermano bajo el acero de los cristianos, y les
entrega las tres torres, cuyo mando le habia confiado Acciano. Caen pronto en su poder siete torres mas,
Firoo llama en su ausiho á lodo el ejército cristiano, ata á la muralla otra escala, por la cual suben
los mas impacientes, é indica á los demás una puerta que hacen pedazos, penetrando por ella tumul
tuosamente en la ciudad.
Godofredo, Raimundo y el conde de Normandia invaden las calles de Antioquia al frente de sus batallo
nes; suenan con estruendo las trompetas , y resuena en las cuatro colinas de la ciudad el grito terriblo de
¡Dios lo quiere! ¡Dios lo quiere! Al oir el rumor de este impetuoso ataque, creen todos los cristianos que
habitan en Antioquia que ha llegado su última hora y los musulmanes van á pasarlos á cuchillo; salen estos
medio dormidos de sus casas para averiguar la causa del estruendo, y mueren sin saber quiénes son los trai
dores, ni cuál es la mano que los hiere. Advertidos algunos del peligro, huyen hácia la montaña donde se
alzaba la ciudadela, otros se precipitan fuera de las puertas de la ciudad, y los que no pueden huir , su
cumben bajo el acero del vencedor.
Bohemundo no se descuidó de tomar posesion de Antioquia en medio de tan sangrienta victoria , y cuando
LIBRO TERCERO. — 1097-4098. 89
asomó la primera luz del nuevo dia, se vio ondear su rojo pendon sobre la torie mas elevada de la ciudad.
Los cruzados que habian quedado custodiando el campo , acudieron apresuradamente al verlo á la ciudad
sitiada, y se mezclaron en las sangrientas escenas que llenaban de espanto á Antioquía. Reuniéronse á sus
libertadores la mayor parte de los cristianos de la ciudad que habian sufrido durante el sitio la cruel tira
nía de los infieles , muchos de ellos salieron de las mazmorras ostentando las cadenas que les habian puesto
los turcos , y su aspecto irritaba el furor del ejército victorioso. Inundaron las plazas públicas montones
de cadáveres , la sangre corría á torrentes por las calles, se allanaron las casas, se distinguieron con sig
nos religiosos las que pertenecian á los cristianos, y los cánticos sagrados sirvieron para reconocerse entre
sí los vencedores y los Celes de la ciudad. Fué victima de la furia cristiana todo lo que no estaba marcado
con el signo de la redencion, y fueron pasados á cuchillo sin compasion cuantos se negaron á pronunciar
el nombre de Jesucristo.
Diez mil hombres perecieron en Antioquía en una sola noche, y los que lograron huir á las montañas
cercanas, fueron perseguidos y conducidos á la ciudad, donde les esperaba la esclavitud ó la muerte.
Viendo Acciano en los primeros momentos de desorden , que le habian hecho traicion , y no atreviéndose
á confiar en ninguno de sus oficiales, resolvió huir á Mesopotomia y reunirse con el ejército de Kerbogá, y
despues de haber conseguido salir por una puerta secreta (1), cruzaba sin escolta las montañas y las
selvas , cuando se v¡ó frente á frente de una turba de leñadores armenios , los cuales reconocieron al
príncipe de Antioquía. Como iba solo y llevaba impreso en su rostro el abatimiento mas profundo , se fi
guraron que habia sucumbido la ciudad , y aproximándose uno de ellos , le arrancó la espada y se la
hundió sin compasion en el costado. Llevaron su cabeza á los nuevos soberanos de Antioquía, y Firoo
pudo contemplar sin temor las facciones del que el dia anterior era dueño absoluto de su fortuna y su
existencia. El renegado abrazó ol cristianismo que habia abandonado , recibiendo inmensas riquezas en
premio de su traicion , y siguió á los cruzados hasta Jerusalen. No viendo satisfecha su ambicion, volvió
segunda vez á la ley de Mahoma , y murió odiado de cristianos y sarracenos , despues de haber sido traidor
á ambas causas.
Cuando los cristianos se cansaron de la matanza, se prepararon para atacar la ciudadela de Antio
quía (2), pero como era inespUgnable , fueron inútiles todos los esfuerzos. Se limitaron pues á cercarla
con soldados y máquinas para contener la guarnicion , y bajaron á la ciudad donde se entregaron á la
embriaguez que les inspiraba la victoria (3).
La ciudad de Antioquía cayó en poder de los cruzados en los primeros dias de junio del año 1098 , y
el sitio habia principiado en el mes de octubre del año anterior. Los cristianos pasaron muchos dias
entregados al placer y al ocio despues de la conquista , y Raimundo de Agiles cuenta que los caballe
ros y barones dieron espléndidos festines, en los cuales figuraban las bailarinas de los paganos, y que se
olvidaban de Dios que los habia colmado de beneficios.
Pronto se trocó la alegría en terror y duelo, pues se aproximaba á Antioquía un ejército formidable,
Acciano y los principes de las ciudades cercanas que habian perdido sus estados, se habian dirigido desde
el principio del sitio á todas las potencias musulmanas pidiendo su ausilio contra los guerreros de Occi
dente; el sultan de Persia, jefe supremo de los Seldjoucitas , habia prometido socorrerlos. Habianse al
zado á su mandato para atacar á los cristianos el Korasan en masa, la Media, Babilonia , una gran
parte del Asia Menor y todo el pais comprendido entre Damasco y la costa del mar hasta Jerusalen y la
Arabia. Mandaba el ejército de los musulmanes el príncipe de Mossoul Kerbogá, guerrero que habia
combatido muchos años, ya en defensa del sultan de Persia (Barkiarok) , ya por los demás príncipes de
la familia de Malech-Schah que se disputaban el imperio. Derrotado con frecuencia y dos veces prisionero,

(1) Existe auD esta puerta; está á media hora al sudeste de la de San Pablo. (Cortespondeheia de Oriente, t. Vil, carta CLXXI.)—
tt) La posicion de la ciudadela esta descrita en [la carta CLXX delaCorresp. de Oriente, t. Vil. —(3) Solo quedan dos torres me
dio destruidas en el lado occidental por donde entraronlos cruzados en la ciudad; ta primera es la delas Tres Hermanas que cus
todiaba Firoo y la segunda la torre en que mandaba su hermano: no tenían cuatro o cinco pisos como las que se alzaban en las
murallas de las montañas, y se parecian por su forma y dimension a las torres setentrionales de la orilla del Oronte. Como no era
muy elevada la torre de las Tres Hermanas, se concibe la facilidad de subir a ellas por una escala de cuerdas o decuero. (Corre¡,-
¡Kmd. de Oriente, carta CLXXI, t. VII.)
t11 y 1») 1J
90 HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
habia encanecido en el tumulto de las guerras civiles ; lleno de confianza en su valor y posicion militar,
y despreciando orgullosamento á los cristianos, verdadero modelo del feroz circasiano celebrado por e4
Tasso , se creia el libertador del Asia y cruzaba la Mesopotamia con la pompa de un vencedor. Iban á sus
ordenes ei principe de Alepo y de Damasco, el gobernador de Jerusalen y veinte y ocho emires de Per-
sia , de Palestina y de Siria , y los soldados musulmanes, animados por la sed do la venganza , juraban
por el Profeta esterminar á todos los cristianos.
Tres dias despues de la toma de Antioquia los cristianos -vieron desde las murallas cercanas á la ciu-
dadela varios ginetes musulmanes que cruzaban la llanura y avanzaban hácia la ciudad. Roger de Barne-
ville, que era uno de los caballeros mas valientes del ejército, salió de las murallas para combatirles, pero
pronto trajeron sus compañeros su cuerpo mutilado, del cual habian cortado la cabeza. Todo el pueblo cris
tiano acompañó á su sepulcro los restos que habian podido salvar del generoso mártir, y los mas pruden
tes, llenos de sombrios presentimientos, envidiaron la suerte de los guerreros que habian sucumbido en el
combate.
Pronto so vieron ondear á lo lejos los innumerables pendones del ejército musulman; en vano Godofre-
do, Tancredo y el conde deFlandesse apresuraron á armarse para rechazar aquella multitud de enemigos,
muchos de sus guerreros perdieron la vida en el combate, y su precipitado regreso á la ciudad llenó de
consternacion á los peregrinos. Entonces fué cuando los nuevos soberanos de Antioquia conocieron su peli
grosa situacion, estando faltos de viveres y sin recursos para sostener un sitio prolongado, pues tenianque
defenderse á un mismo tiempo del enemigo que ocupaba la posicion formidable de la ciudadela y del ejér
cito de Kerbogá, cuyas tiendas inundaron la falda oriental de las montañas y las orillas del Oronte.
No describiremos los numerosos combates en que desplegaron los cruzados su valor nunca desmentido,
pero tenian estos poca confianza en sus armas, pues no pensaron presentar una batalla general y decisi
va , único medio de evitar los males qne iban á sufrir forzosamente acorralados en una ciudad, cuya nue
va poblacion no tenia la menor esperanza de recibir viveres ni defensores.
El hambre se hizo sentir bien pronto; los cruzados, en mediode las riquezas conquistadas á sus enemi
gos, fueron condenados á sufrir toda clase de miserias. Durante los primeros dias algunos peregrinos, de
safiando toda clase de peligros, llegaron por la noche al puerto de San Simeon, y trajeron algunas provi
siones que revendian en Antioquia. Pero al último fueron detenidos y degollados por los turcos, y los
buques que habian llegado á las bocas del Oronte, tuvieron que hacerse á la vela precipitadamente á
lin de alejarse de las costas de Siria. De aqui es, qne los cruzados, encerrados dentro la ciudad que
acababan de conquistar , no podian menos de acordarse con sentimiento de aquel tiempo , en que es
tando sitiando la plaza y estrechados por el hambre, iban á buscar lejos sus provisiones; de aquel
tiempo, en fin , en que la victoria venia algunas veces á dulcificar el rigor de sus males , y les procu
raba una abundancia pasajera.
Los cronistas cuentan con dolor el hambre que desoló al pueblo cristiano, y lo que al parecer los llena
de sorpresa y de horror, es la gran cantidad de dinero que era menester dar, para comprar un pan,
un huevo , algunas habas, no menos que por una cabeza de cabra ó una pierna de camello. Uno de
ellos afirma , que le han contado relativamente «l hambre de Antioquia tales escenas , que hacen tem
blar á la misma naturaleza , habiéndole conmovido en términos que no se atreve á revelarlas á sus
lectores. Desde luego los cruzados mataron á todas sus bestias de carga , los guerreros hicieron lo mismo
con sus caballos de batalla, compañeros de peligros. El pueblo desgraciado, se mantenia con la pidl
de los animales, sazonada con pimienta , comino y otras especias , de que se habian apoderado cuando
asaltaron la ciudad, y se veia á los soldados comer el cuero de sus escudos ó de su calzado ablandado con
agua caliente. Cuando estos recursos estrenios llegaron á faltar, la miseria se hizo mas horrorosa.
Cada dia la ansiosa multitud sitiaba las puertas de aquellos que conservaban algunos viveres , ofreciéndose
el triste espectáculo que los que hoy socorrian á los necesitados , mañana debian ellos mismos implorar
la publica caridad. Bien pronto los soldados y los jefes , los pobres y los ricos, todas las clases y todas
las condiciones, fueron confundidas por la terrible calamidad; en fin, el azote de esta terrible hambre
se hizo tan general , que se vió á los principes y señores, que poseian en Europa grandes ciudades y
vastos dominios, sufrir, lo mismo que el pueblo , el tormento del hambre , y mendigar de puerta en puerU
LIBRO TERCERO.- 1097-1 098. 91
Un bocado de pan , manjares insipidos, en fin, todo lo que podia coatribuir á prolongar un dia, una
hora, tan miserable existencia.
Muchos cruzados trataron de huir de una ciudad cuyo aspecto era solo el de la muerte; los unos reali
zaban su fuga hácia el mar, salvando mil peligros; otros pasaban por medio de los musulmanes, en donde
compraban un poco de pan por el olvido de Jesucristo y de la religion. Los soldados debieron perder su
valor, viendo que por segunda vez huia el vizconde de Melun, tan valiente en el campo de batalla, pero que
no pocha soportar el hambre. Los desertores se escaparon favorecidos por la oscuridad de la noche. Tan
pronto se precitaban en el foso de la ciudad con riesgo de perder la vida; como descendian, con el ausi-
lio de una cuerda, de lo alto de la muralla. Cada dia los cristianos se veian abandonados por un gran nú
mero de sus compañeros, y estas deserciones aumentaban su desesperacion. Invocóse el cielo contra los
cobardes, pidiendo á Dios que tuviesen en el otro mundo la misma suerte que cupo al traidor Judas. El
ignominioso epiteto de saltadores de cuerda (1 ) ajó sus nombres y los relegó al desprecio de sus con
temporáneos. Guillermo de Tiro rehusa nombrar á los caballeros que abandonaron entonces la causa
de Jesucristo, porque los mira ó reputa como si ya no existiesen. Los votos de los cristianos contra
los que desertaron de las banderas de la cruz, fueron escuchados, pues la mayor parte perecieron de
miseria, siendo los restantes asesinados por los musulmanes.
Mientras parecia que los cruzados , oprimidos á la vez por el hambre y por los turcos , habian perdida
toda esperanza de salvacion , el emperador Alejo cruzaba el Asia Menor con un ejército y se aproximaba
á Antioquia. La voz pública habia anunciado los trabajos y miserias que sufrian los cruzados , y bien
presto el conde de Blois , que se habia separado del ejército cristiano regresando á Occidente, se presentó en
la tienda del emperador , describiéndole con los colores mas vivos la desesperada situacion de los peregri
nos. Los latinos que seguian el ejército griego no daban apenas crédito á noticias tan aflictivas, y se pre-r
guntaban por qué el Dios verdadero habia permitido la ruina de su pueblo. Entre los que se lamentaban,
se notaba particularmente á Guy, hermano de Bohemundo. Este jóven guerrero se golpeaba el rostro , se
revolcaba en el polvo , entregándose á todos los escesos de la desesperacion , y no comprendia de todo punto
los misterios de la Providencia , que no protegia una guerra emprendida en su nombre. Señor, esclama
ba , ¿dónde está tu poder? Si tú eres aun el Dios todopoderoso, ¿qué se ha hecho tu justicia? ¿acaso no
somos nosotros tus hijos y tus soldados? ¿Cuál es el padre de familias , cual es el rey que deja perecer á
los suyos? Si tú abandonas á los que pelean por ti, ¿quién en adelante se alistará en tus santas ban
deras? En su ciego dolor, todos los cruzados repetian estas impias palabras. A tal lamentable estado les
habia conducido la desesperacion , que segun relato de los historiadores contemporáneos 4 todas las cere
monias de la religion se suspendieron , y durante muchos dias ningun clérigo latino , ningun laico se atre
vió á pronunciar el nombre de Jesucristo;
El emperador Alejo, que habia llegado hasta á Filomelia- horrorizado por los sucesos que habian
llegado á sus oidos, resolvió suspender su marcha. Esta medida y los motivos que la habian dictado
esparcieron el terror en todas las provincias cristianas. Se creia ver llegar ya los turcos, vencedores de
los cruzados; los soldados de Alejo talaron su propio pais, para que el enemigo, próximo á invadirlo,
solo encontrase un terreno desierto y cubierto de ruinas. Las mujeres, las criaturas, todas las familias
cristianas, se llevaron sus bienes, siguiendo al ejército del emperador , que se dirigia hácia Constantinopla .
No se oia, durante la marcha, mas que quejas y gemidos ; pero los que demostraban mas sentimiento eran
los latinos , que acusaban al conde de Blois de desertor del estandarte de Jesucristo y de haber enga
ñado al emperador ; ellos mismos se reprochaban de no haber precedido al ejército de los griegos , y de
no haber llegado oportunamente al Asia , para asociarse á tomar parte en los peligros de los cruzados , y.
morir con ellos en Antioquia.
Sin embargo el hambre estendia sus estragos hasta la misma ciudad sitiada. Cada.dia aumentaba la
¡s brazos apenas podian sostener la lanza y la espada. En medio

H) Furtioi funambuli dice Baudri. Segun este oronista-, los fugitivos llegaron al puerto de San Simeon , diciendo a los ma
rineros: Cortad los cables lo mas presto posible, echad los remo» al mar, porque sino, os espolieis i ser muertos por Ih
aspada.
92 HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
de esta espantosa miseria, no se habian visto mas que lágrimas, ni oido mas'que lamentos; pero entonces ce
saron el llanto y los gemidos : era tan grande el silencio que reinaba en Antioquía, que parecia que no hu
biese habitante alguno ó que reinase siempre la noche; se hubiera dicho que los cruzados no sentían las
calamidades que pesaban sobre ellos, ó que nada les hacia falta; tal era el estado de abatimiento é indi
ferencia á que habian llegado. El último sentimiento de la naturaleza, el amor á la vida, se estínguía de
dia en dia en sus corazones. Raimundo de Agiles dice que el hermano no miraba al hermano, y que el hi
jo no saludaba al padro. Los cruzados evitaban salir á las calles, y se encerraban en el interior de sus
casas que miraban como sus tumbas.
Las murallas de la ciudad estaban continuamente amenazadas. Los musulmanes se habian apoderado de
una torre que no estaba defendida, y la guarnicion de la ciudadela, que por un portillo abierto por la par
te de oriente recibia continuos refuerzos del ejército de Kerbogá , saltaba continuamente los fosos y mu
rallas opuestas á sus ataques y llevaba la mortandad hasta las mismas calles habitadas por los cristianos.
Estas provocaciones del enemigo, la presencia del peligro, los gritos de los heridos, el tumulto de la guerra,
no podian despertar la adormecida actividad y reconocido valor de la mayor parte de los cruzados. Bohe-
mundo, que habia tomado el mando de la ciudad, se esforzaba en balde en reanimar su valor; en vano las
trompetas y ios caudillos les llamaban al combate; pues el príncipe de Ta rento, á fin de impedir que se reti
rasen vergonzosamente, apeló al medio de incendiar varios cuarteles de Antioquía. Raul de Caen deplora
en magm'ficos versos el incendio y la ruina de las iglesias y palacios construidos con el cedro del Libano,
y en los que brillaba el mármol del Atlas, el cristal de Tiro, el bronce de Chipre, el plomo de Amatonte,
y el hierro de Inglaterra (1).
Los barones que no lograban hacerse obedecer de sus soldados, no tenian tampoco la fuerza moral que
da el ejemplo. Empezaron á considerar ó acordarse de sus familias, de sus castillos ó patrimonios, y de
bienes que se habian desprendido para atender á los gastos de una guerra desgraciada; no podian esplicar-
se los reveses que habia esperimentado el ejército cristiano, y los triunfos de los enemigos de Jesucristo, y
poco faltó, dice Guillermo de Tiro, que no acusasen de ingrato al mismo Dios, por haber rechazado tan
tos sacrificios hechos á la gloria de su nombre.
Abulfeda y Mateo de Edeso cuentan que los jefes propusieron á Kerbogá abandonar la ciudad, con la
sola condicion de permitir á los cristianos volver á su país con sus bagajes. Como el general turco recha
zase esta demanda, varios cruzados en un momento de desesperacion formaron el proyecto de abandonar
al ejército, y huir favorecidos por la noche hácia las costas; y solo se contuvieron por las exhortaciones
de Godofredo y del obispo Adhemar, que les hicieron ver la vergüenza y la mancha de que iban á cubrirse
ante la Europa y el Asia.
El feroz Kerbogá , estrechando mas y mas el sitio de la ciudad , se creia dueño de la victoria , y mi
raba á todos los cruzados , como otras tantas víctimas destinadas á la cuchilla de los musulmanes. Le
fueron presentados algunos prisioneros cristianos estenuados por el hambre , y casi desnudos, á los que
dirigió insultantes burlas , y les envió con sus armas cubiertas de orin al califa de Bagdad , para darle
una idea de los miserables enemigos á quienes tenian que combatir los musulmanes. En todas las ciu
dades musulmanas de la Siria se hablaba con alegría de los desastres que afligían á los cruzados, anun
ciando la ruina y la pronta destruccion del ejército cristiano ; pero los infieles y hasta el mismo Kerbogá
ignoraban que la misma desesperacion en que estaban los cristianos podia darles la victoria, y que el mis
mo crédulo entusiasmo , el mismo espíritu de exaltacion que les habia conducido al Asia , y les habia
hecho superar todos los obstáculos, debia defenderles aun contra nuevos peligros y socorrerles eficazmente
en sus presentes calamidades.
Cada dia se hacia mencion en el ejército cristiano , de profecias , de revelaciones y de milagros. San
Ambrosio habia aparecido á un venerable sacerdote , diciéndole que los cristianos despues de haber ater
rado á todos sus enemigos , entrarían vencedores en Jerusalen en donde Dios recompensaría sus haza
ñas y sus trabajos. Un eclesiástico lombardo, habiendo pasado la noche en una iglesia de Antioquía, vió
á Jpsueristo , acompañado de la Virgen y del Príncipe de los apóstoles. El Hijo de Dios, irritado de la

1 PiMioteca de las Cruzadas.


LIBRO TERCERO.— 1097-1098. 93
conducta de los cruzados, rechazó sus plegarias, abandonándoles á la suerte que tenian bien merecida,
pero la Virgen arrodillándose delante su Hijo , con sus lágrimas y súplicas , habia aplacado la ira del Sal
vador. Levántate, dijo el Hijo de Dios al sacerdote lombardo: vé á decir á mi pueblo que le otorgo mi mi
sericordia; corre á anunciar á los cristianos que si ellos vuelven á mí, ha llegado el dia de su salvacion.
Los elegidos de Dios para ser depositarios de sus secretos y de su voluntad , ofrecian , para atestiguar
la verdad de sus visiones , el precipitarse de lo alto de una torre , pasar por en medio de las llamas y
entregar su cabeza al verdugo; pero estas pruebas eran de todo punto innecesarias para persuadir á les
cruzados , siempre dispuestos á creer los prodigios , aumentando aun esta misma credulidad , el momento
del peligro y el rigor de los males que les agobiaban. La imaginacion de los jefes y soldados se vió bien
pronto arrastrada por las promesas que en nombre del cielo se les habian hecho. La esperanza de un
porvenir mejor empezó á reanimar su valor; Tancredo, leal y bravo caballero, juró que mientras
le quedasen sesenta compañeros no abandonaría el proyecto de libertar á Jerusalen. Godofredo, Hugo,
Raimundo y los dos Robertos, hicieron el mismo juramento. Todo el ejército , á ejemplo de sus jefes,
prometió sufrir , hasta el dia marcado para el rescate de los santos lugares.
En medio de este renaciente entusiasmo , se presentaron dos desertores al ejército cristiano , contando
que mientras buscaban un medio para huir de Antioquía , habian sido detenidos, el uno por su hermano
muerto en un combale y el otro por el mismo Jesucristo. El Salvador de los hombres habia prometido
libertar á Antioquía, y el guerrero, muerto por el hierro de los infieles, habia jurado salir de su tumba,
con todos sus compañeros muertos como él , para combatir con los cristianos.
Por último , un sacerdote de la diócesis de Marsella , llamado Pedro Bartolomé , reveló ante el consejo
de los jefes una aparicion de san Andrés, que se renovó tres veces durante su sueño. El santo apóstol
le dijo: Vé á la iglesia de mi hermano Pedro, en Antioquía. Cerca del altar mayor encontrarás, ca
vando un poco la tierra , el hierro de la lanza que hirió el costado de nuestro Redentor. Este instru
mento de salud eterna estará de manifiesto por espacio de tres dias á sus discipulos. Este místico hierro
colocado á la cabeza del ejército , dará la libertad á los cristianos y traspasará el corazon de los in
fieles (1).
Adhémar, Raimundo y los demás jefes de los cruzados creyeron ó aparentaron creer en esta aparicion.
Bien pronto tan gran noticia se difundió por todo el ejército, diciendo los soldados que nada era impo
sible al Dios de los cristianos, y creyendo que la gloria de Jesucristo estaba interesada en su victoria, de
biendo Dios hacer milagros para salvar á sus discipulos y á sus defensores. El ejército cristiano se preparó
para el descubrimiento de la santa lanza, ayunando tres dias.
En la mañana del tercer dia, doce cruzados elegidos entre los mas respetables del clero y nobleza se tras
ladaron al lugar designado por Bartolomé , con gran número de operarios provistos de las herramientas
necesarias. Se empezó á cavar la tierra cerca del altar mayor. El silencio mas grande reinaba en la igle
sia, y á cada instante creiase ver brillar el milagroso hierro; todo el ejército reunido á las puertas de la
iglesia, que se habia tenido cuidado de cerrar, esperaba el resultado de la investigacion. Los operarios, des*
pues de muchas horas de trabajo y habiendo ahondado el terreno á mas de doce piés de profundidad, no.
lograron ver la preciosa lanza. Continuaron hasta la noche sin obtener resultado alguno, y la impaciencia do
los cristianos iba aumentando por momentos. Se hizo una nueva tentativa, en medio de la oscuridad de la
noche, y mientras que los doce testigos estaban orando en el borde del hoyo , Bartolomé se precipita en él
y reaparece dentro de algunos instantes, llevando en su mano el sagrado hierro. Un grito de alegría sa
le de en medio de los asistentes, y es repetido por todo el ejército, que esperaba á las puertas de la iglesia,
grito que resonó en todos los cuarteles de la ciudad. El hierro sobre el cual se cifran todas las esperanzas
es enseñado triunfalmente á los cruzados, que lo miran como una arma celestial con la que Dios mismo
debe dispersar á sus enemigos. Todas las almas se exaltan no dudándose ya de la proteccion del cielo. El
entusiasmo da nueva vida al ejército cristiano, y le devuelve la fuerza y el vigor. Se olvidan todos los hor
rores del hambre, y hasta el número de sus enemigos, y los mas pusilámines quieren batirse con los in
fieles, y piden á grandes gritos que se les conduzca al combate.
I) El descubrimiento de esta lanza , y los prodigios que ella obro , son referidos por todos los historiadores de las cruzadns.
El historiador árabe Ibn-giouzi , en las principales circunstancias, está de acuerdo con los historiadores latinos. Biblioteca
de las Crinadas. )
94 UIST0HIA DE LAS CRUZADAS.
Los jefes del ejército cristiano que habian contribuido al entusiasmo de los soldados, trataron de sacar
partido de él. Enviaron diputados al jefe de los musulmanes proponiéndole un combate parcial ó una ba
talla general. Pedro el Ermitaño que habia demostrado mas entusiasmo que otro ninguno, fué nombrado
para esta embajada. Recibido con menosprecio en el campo de los infieles, no por esto dejó de ha
blar con arrogancia y valentia. «Los principes queridos de Dios, que al presente están reunidos en Antio-
quia, dice el ermitaño Pedro dirigiéndose á los jefes de los musulmanes, me envian á vosotros para de
ciros que abandoneis el sitio de dicha ciudad. Estas provincias, estas ciudades señaladas con la sangre da
los mártires, han pertenecido á pueblos cristianos, y como lodos los pueblos cristianos son hermanos, he
mos venido al Asia para vengar los ultrajes de los perseguidos y para defender la herencia de Jesucristo
y de sus discipulos. Dios ha permitido que Antioquia y Jerusalen cayesen por algun tiempo bajo el poder de
los infieles , para castigar los crimenes de su pueblo; pero nuestras lágrimas y nuestras penitencias han de
sarmado la divina cólera. Respetad pues una posesion que el Señor por su divina clemencia nos ha de
vuelto: os concedemos tres dias para levantar vuestras tiendas y preparar vuestra marcha ; si persistis en
llevar á cabo una empresa tan injusta y reprobada del cielo, invocaremos contra vosotros el Dios de los
ejércitos; pero como los soldados de la cruz no quieren sorpresas, ni defraudar la victoria, os dejan en
vuestras manos la eleccion del combate.»
Finalizado este discurso, Pedro tenia los ojos fijos en el mismo Kerbogá y le dijo: «Escoge á los mas
valientes de tu ejército; y hazlos pelear contra igual número de cruzados: combate tú mismo contra uno
de los principes cristianos, ó da la orden para una batalla general. Sea cual fuere tu resolucion,
bien pronto conecerás quiénes son tus enemigos y cuál es el Dfosá quien servimos.»
Kerbogá, quo sabia la situacion de los cristianos, y que ignoraba de todo punto los socorros que habian
recibido en sus apuros, quedó vivamente sorprendido de semejante lenguaje. Permaneció algun tiempo
mndo de sorpresa y de furor ; pero al fin tomando la palabra , dijo á Pedro: «Volved á los que os envian,
y decidles que los vencidos deben recibir las condiciones y no dictarlas. Miserables vagamundos , hom
bres estenuados , fantasmas , mas bien que otra cosa , solo pueden amedrentar á mujeres.
Los guerreros del Asia no se atemorizan con palabras necias, y los cristianos conocerán bien pronto
que la tierra que pisamos nos pertenece. Sin embargo conservo todavia hácia ellos sentimientos de com
pasion , y si reconocen á Mahoma , podré aun olvidar que esta ciudad, devastada por el hambre , está
ya bajo mi poder ; permitiendo que continúen en ella , y á mas les daré armas , vestidos , pan y mu
jeres , en fin les proporcionaré todo lo que les hace falta : porque el Coran nos prescribe perdonar á
los que á él se someten. Di á tus compañeros, que se apresuren á aprovecharse de mi clemencia;
porque mañana,, solo saldrán de Antioquia abriéndose paso con la espada. Verán entonces, si su Dios
crucificado que no ha podido salvarse á si mismo , les salvará del suplicio que les espera.»
Quiso replicar Pedro, pero el principe de Mossoul , tirando de su espada, dió órden para que se
arrojara de alli á los miserables mendigos , que á su ceguedad reunian la insolencia. Los diputados de
los cristianos se retiraron apresuradamente , corriendo grave peligro de perder sus vidas al atravesar
el ejército de los infieles. A su regreso á Antioquia , Pedro dió cuenta de su mision ante los principes
y barones reunidos; finida la cual todos se prepararon para el combate. Los heraldos de armas recor
rieron los diferentes barrios de la ciudad , prometiendo á los impacientes cruzados que la batalla ten-
dria lugar al dia siguiente.
Los sacerdotes y obispos exhortaron á los cristianos á hacerse dignos de pelear por la causa de Jesu
cristo. Todo el ejército pasó la noche en oracion ó bien ocupado en obras piadosas. Se olvidaron las
injurias ; se hicieron limosnas ; todas las iglesias estaban llenas de guerreros que se prosternaban de
lante de Dios pidiéndole la absolucion de sus pecados. Durante las primeras horas de la noche se habian
encontrado viveres , y esta inesperada abundancia fué mirada como un milagro. Los cruzados recobra
ron algun tanto las fuerzas por medio de una frugal comida. Al amanecer, todo el pan y harina que
se encontró sirvieron para el santo sacrificio dela misa y para administrar la sagrada comunion. Cien
mil guerreros se prosternaron ante el tribunal de la penitencia, y recibieron con la mayor devocion
al Dios por el que habian tomado las armas.
En fin amaneció el dia siguiente . que era la fiesta de San Pablo. Las puertas de Antioquia se abrieron;
LIBRO TERCERO. —1097-1098. 95
todo el ejército cristiano salió dividido en doce ouerpos, que recordaban los doce apóstoles. Hugo el
Grande, débil aun á causa de una grande enfermedad, so colocó en los primeros puestos llevando el
estandarte de la Iglesia. Todos los príncipes, caballeros y barones estaban á la cabeza desus tropas.
Solamente se encontraba a faltar al conde de Tolosa , porque so lo impedia la herida que recibió, que
lo obligaba á permanecer en Antioquía; habiéndosele dado el cargo de contener la guarnicion dela
eiudadela , hasta que se hubiese realizado la batalla con el ejército turco.
Adhémar vestido con los hábitos pontificales y su coraza, marchaba rodeado de los emblemas de la
religion y de la guerra. Raimundo de Agiles nos dice que él mismo precedia al obispo de Puy, aña
diendo con su natural sencillez : Yo he visto lo que os cuento, y era el que llevaba la lanza del Señor. El
venerable prelado habiéndose parado delante el puente del Oronte, dirigió un patético discurso a los sol
dados de la cruz , y les prometió los socorros y recompensas espirituales. Todos los que oyeron las pa
labras del santo obispo se arrodillaron y respondieron : Amen. Una parte del clero seguia al legado dol
papa , cantando el marcial salmo : Levántese el Señor y huyan aterrados sus enemigos. Los obispos j los
curas que se habian quedado en Antioquía , rodeados de mujeres y niños, bendecian desde lo atto de
las murallas las armas de los soldados cristianos, y levantando las manos al cielo , como Moisés durante
el combate de los hebreos con los amalecitas, rogaban al Señor que salvase á su pueblo y confundiese
el orgullo do los infieles. Las orillas del Oronte y las vecinas montañas parecian responder á sus in
vocaciones, haciendo resonar el grito de guerra de los cruzados: ¡Dios lo quiere! ¡Dios lo quiere!
En medio de estas aclamaciones y súplicas, el ejército cristiano avanzaba lentamente. Un gran nú
mero de guerreros, que desde su infancia habian peleado a caballo, iban á pié; se vieron guerreros
ilustres montados sobre mulas ú otros animales impropios para la guerra. El caballo que montaba el
conde de Flandes era el producto de limosnas que lo habian hecho; señores ricos y poderosos iban mon
tados asnalmente, muchos caballeros habian vendido sus armas para poder comer, y no tenían mas
que las armas de los turcos de que poder echar mano. El caballo de que se sirvió Godofredo pertenecía
ai conde de Tolosa ; el duque de Lorena , para obtener uno , fué preciso que invocase é hiciese mérito
de la santa causa que defendian los cruzados. Entrelos guerreros, veianse enfermos, hombres estenua-
dos por el hambre ; el peso de las armas era demasiado grande para su debilidad ; y solo les sostenía
la esperanza de vencer ó morir por la gloria de Jesucristo.
Los diferentes cuerpos del príncipe de Mossoul cubrían las alturas que se estienden por el oriente de
Antioquía , en frente la puerta de San Pablo; una parte del ejército de Kerbogá ocupaba el mismo punto
en que acampó Bohemundo en el sitio de Antioquía. En medio de los diversos cuerpos del ejército musul
man, la division de Kerbogá, dice el historiador Armenio, parecia una montaña inaccesible. El general tur
co que no esperaba se trabase combate alguno, creyó que los cristianos venian á implorar su clemencia.
Una bandera negra enarbolada sobre la eiudadela de Antioquía , que era la señal convenida para anun
ciar la resolucion de los cruzados, mostró sin embargo a-1 general turco cuánto se engañaba. Dos mil hom
bres de su ejército, que guardaban el paso del puente de Antioquía por donde debia salir el ejército cris
tiano, habian sido vencidos y derrotados por el conde de Vermandois. Los fugitivos anunciaron tan terrible
nueva á su general , que estaba en su tienda jugando al ejedrez. El principe de Mossoul hizo cortar la ca
beza á un desertor, por haberle asegurado la pronta rendicion de los cristianos, y puso en juego todos
los medios posibles para combatir á un enemigo que tenia por ausiliares al hambre y la desesperacion.
Despues de haber pasado el Oronte, todo el ejército cristiano so colocó en orden de batalla , ocupando
toda la llanura que se estiencíe desde la puerta del Puerto hasta las montañas negras, situadas á una hora
al norte de Antioquía. En esta disposicion los cruzados impedian que el enemigo se apoderase de la plaza
y tambien que pudiese envolverles. Hugo el Grande, los dos Robertos, el conde de Belesme y el conde
de Hainaut,1 se pusieron á la cabeza del ala izquierda; Godofredo lo hizo á la derecha, sostenido por Eus
taquio, Balduino de Bourg, Tancredo, Reinaldo de Toul y Everardo de Puyset; Adhémar estaba en el cen
tro del ejército con Gaston de Bearne, el conde de Die, Rombaldo d'Orange, Guillermo de Montpeller y
Amaujeu d'Albret; Bohemundo mandaba el cuerpo de reserva, dispuesto á acudir á los puntos en quo los
cristianos necesitasen ausilio.
Kerbogá viendo las disposiciones tomadas por los cruzados, ordenó á los emires de Damasco y de Alep»
96 HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
que dirigiesen sus tropas hácia el camino del puerto de San Simeon, colocándolas de tal manera, que
los fugitivos cristianos no pudiesen pasar hácia el mar ni regresar á Antioquia. Kerbogá distribuyó la mayor
parte de sus batallones sobre la ribera derecha del O ronte; el ala derecha estaba mandada por el emir
de Jerusalen que habia acudido á la defensa del islamismo (1); la izquierda por uno de los hijos de Acciano.
impaciente por vengar la muerte de su padre y la pérdida de Antioquia, permaneciendo sobre una colina
para poder ver perfectamente el movimiento de los dos ejércitos.
Cercano el momento de empezarse la batalla, Kerbogá empezó á temer. Los cronistas contemporáneos ha
blan de pronósticos que anunciaban una derrota del ejército del principe de Hossoul; el religioso Roberto nos
presenta á la madre de Kerbogá deshecha en lágrimas, y queriendo, aunque en vano, contener á su hijo. El
general musulman envió á proponer á los principes cristianos, que para evitar una terrible carniceria, se
eligiesen algunos caballeros para batirse con igual número de turcos. Esta proposicion, que habia rechazado
el dia antes, no podia ser adoptada por los jefes de un ejército lleno de ardor y seguro de la victoria. Los
cristianos no dudaban deque el cielo estaria de su parte, y esta creencia les hacia invencibles. En su en
tusiasmo miraban los acontecimientos mas naturales, como otros tantos prodigios que les anunciaban el
triunfo de sus armas. En el mismo momento que salian de Antioquia, una lijera lluvia vino á refrescar el
aire, pareciéndoles que el cielo les bendecia y derramaba sobre ellos la gracia del Espiritu Santo.
Asi que llegaron cerca de las montañas, se levantó un fuerte viento muy favorable para que los dardos
disparados por los cristianos fuesen mas mortiferos, sucediendo al revés con los disparados por los enemigos,
lo que pareció á los ojos de aquellos ser el viento de la cólera celeste, á fin de dispersar á los infieles.
Jamás, entre los soldados cristianos, el orden y la disciplina habian secundado mejor el entusiasmo y valor
de los combatientes; á medida que el ejército se alejaba de la ciudad, y se aproximaba al enemigo, un
profundo silencio reinaba en todo el campo, en donde brillaban las lanzas y demás armas de guerra, y solo
S9 oia en las filas la voz de los jefes, los himnos del clero y las exhortaciones de A'dhémar.
Cuando el ejército cristiano llegó á avistar al enemigo, los clarines y trompetas resonaron por todo
el campo de batalla ; las banderas se colocaron á la cabeza de los batallones, y los soldados se precipi
taron sobre los infieles. Los guerreros musulmanes no resistieron el ataque de Tancredo , del duque de
Normandia y del de Lorena , cuya espada brillaba y heria como el rayo. A medida que los otros jefes
llegaban al lugar del combate, se arrojaban á la lucha, y apenas la accion habia durado una hora
cuando los musulmanes ya no podian sostener el ataque, ni la presencia de los soldados de la cruz. Sin
embargo , si bien por este lado parecia que la victoria queria coronar á los cruzados, los emires de Da
masco y de Alepo, fieles á las instrucciones recibidas, y seguidos de quince mil caballos , atacaban ven
tajosamente y estrechaban con velocidad el cuerpo de reserva mandado por Bohemundo, situado en las
inmediaciones del Oronte. Los musulmanes contaban con esta táctica poder envolver al ejército cristiano,
esperando , segun dice un cronista de aquel tiempo, vencerle sin peligro , y pulverizar el pueblo de Dios
entre dos muelas. Tancredo y algunos otros jefes, que notaron este ataque imprevisto, volaron al so
corro de Bohemundo , cuya division ó cuerpo de ejército empezaba á desordenarse. La presencia de estos
caudillos cambia repentinamente la faz del combate, y los victoriosos musulmanes son á su vez derro
tados por los cruzados, quienes les obligan á abandonar el campo de batalla, y en su despecho incendian,
como último recurso, dos montones de paja y de heno que encontraron en la llanura. La llama y el
humo cubren á los batallones cristianos; pero ningun obstáculo los puede detener, porque sedientos de
sangre musulmana, persiguen al través del incendio á los enemigos, que huian hácia el puerto de San
Simeon, y tambien hácia el campamento de Kerbogá.
Entonces el temor y decaimiento se apodera de todas las clases del ejército infiel, que se retira de
todos los puntos confusa y precipitadamente. Las trompetas y tambores les llaman al combate, y los
mas valientes buscan el reunirse en una colina mas allá de una profunda torrentera ; los cruzados, llenos
de ardor, salvan el abismo que les separa de sus vencidos enemigos, y su triunfante espada acuchilla á

( I ) Este emir, llamado Soliman , bijo de Ortok , fué el que , segun Aboulfarage, mostro grande valor en el ejército musul
mán. Guillermo do Tiro parece haberte confundido con Kilig-Arstan , sultan de Nicea . que él llama Soliman,.y que debia
hallarse entonces en el Asia Menor , ocupado en defender sus estados contra los griegos y contra los nuevos guerreros que
venian cada dia de Occidente 'Véase Mr. Willcen, Comentario de Brllis ctuciatorum, p. 17.)
LIBRO TERCERO.— 1007-1093. 97
todos cuantos se atreven á resistirse , dispersándose los demás y salvándose en los bosques y precipicios;
y bien pronto las montañas , las llanuras y la orilla del Oronte , se vieron cubiertas de fugitivos mu
sulmanes , que habian ya abandonado sus estandartes y arrojado las armas.
Kerbogá que habia ya anunciado la derrota de los cristianos al califa de Bagdad y al sultan de Persia,
marchó hácia el Eufrates , escoltado por un corto número de sus mas fieles soldados. Muchos emires
habian huido , antes que concluyese la batalla. Tancredo y algunos otros, montados en los caballos de
los enemigos, persiguieron hasta que anocheció á las tropas de Alepo, de Damasco, del emir de Jeru-
salen y á los restos dispersos del ejército de Kerbogá. Los vencedores incendiaron los atrincheramientos
detrás de los cuales se habia refugiado la infantería enemiga , y un gran número de musulmanes pe
reció en medio de las llamas.
Segun relacion de muchos historiadores contemporáneos, los infieles habian dejado cien mil hombres
sobre el campo de batalla. Cuatro mil cruzados perdieron la vida en esta gloriosa jornada y fueron ele-
vados á la categoría de mártires.
Los cristianos encontraron la abundancia en las tiendas de sus enemigos. Quince mil camellos y utv
gran número de caballos cayeron en su poder, y segun cuenta Alberto de Aix, se encontraron tambien
un buen número de manuscritos que describian las ceremonias de los musulmanes en caracteres abo
minables, sin duda en árabe. Pasaron la noche en el campo , admirando con placer el lujo de los orien
tales , y recorrieron con sorpresa la tienda del príncipe de Mossoul , en donde por todas partes brillaba
el oro y las piedras preciosas, la que formando largas calles, y teniendo á sus flancos altas torres pa
recia mas bien una ciudad fortificada (1). Fueron menester muchos dias para trasportar á Antioquía los
despojos de los vencidos. Entre aquellos se encontraron muchas cuerdas y cadenas de hierro destinadas
á los soldados cristianos, en el caso que hubiesen sucumbido en la batalla.
El aspecto interior del campo de batalla de los turcos, despues de la victoria, demostraba bien cla
ramente que habian desplegado mas fausto y magnificencia que verdadero valor. Los antiguos guerreros,
compañeros de Maleck-Schah , habian perecido casi todos en las guerras civiles, que desde muchos años
desolaban el imperio de los Seldjoucidas. El ejército que se mandó para socorrer á Antioquía estaba
compuesto de tropas bisoñas , organizadas á toda prisa , y contaba bajo sus banderas á individuos de
naciones rivales, siempre dispuestos á tomar lar armas los unos contra los otros. Debe añadir la histo
ria á todo esto, que los veinte y ocho emires que acompañaban á Kerbogá , estaban enteramente desu
nidos y apenas reconocian la autoridad de jefe alguno (2).
Los diferentes cuerpos de su ejército combatían. sobre un solo punto, prestándose un mutuo apoyo,
mientras que Kerbogá habia dividido sus fuerzas. En esta batalla y sobre todo en las circunstancias que
la precedieron , el príncipe de Mossoul mostró mas presuncion que habilidad , puesto que la lentitud de
su marcha hizo que se perdiese la ocasion ú oportunidad de socorrer á Acciano y de sorprender á los
cruzados.
Debe notarse que los francos obtuvieron la victoria en estas circunstancias, por lo mucho que temian
una derrota, pues como habian perdido sus caballos, estaban acostumbrados á pelear á pié (3), y la
caballería musulmana no pudo triunfar de una infantería aguerrida con los peligros y trabajos del sitio
de Antioquía.
Muchos cruzados atribuyeron la victoria obtenida sobre sus enemigos á la invencion de la santa lanza.
Raimundo de Agiles asegura , que los enemigos no se atrevían á acercarse á los batallones en medio
de los que brillaba esta milagrosa arma. Alberto de Aix añade que al aspecto de la lanza, Kerbogá
quedó aterrorizado , pareciendo haber olvidado la, hora de la batalla.
El monje Roberto cuenta un hecho que no es menos maravilloso, á saber, que en el calor de la refriega
se vió descender una milicia celeste cubierta de blanca armadura, y mandada por los mártires san Jorge,
san Demetrio y san Teodoro. Estas visiones que se esplicaban al ejército cristiano, y que este creia entonces

(1) Esta tienda podia contener cerca de dos mil personas. Bohemundo la envio á Italia, en donde se há conservado du
rante mucho tiempo.—i2) Kemal-eddin. ¡Biblioteca de las Cruzadas, t. IV.)—(3) El religioso Roberto , hablando de una accion
dada contra los musulmanes durante el primer sitio de Antioquía, hace notar que el enemigo mato menos soldados de in-
fanterla que de caballería. Esta observacion es digna de llamar la atencion de los ilustrados lectores.
1*
98 HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
como verdades, demuestran sobradamente el entusiasmo y credulidad que reinaba entre los peregrinos; v
esta credulidad y entusiasmo que los habia conducido al último estremo de la miseria y de la desesperacion
contribuyo sin duda á hacerlos invencibles, y en esto es preciso ver el milagro verdadero.
Cuando el puligro hubo pasado, la santa lanza, que tanta confianza habia inspirado á los cruzados du
ra n te la batalla, no escitó ya su veneracion y perdió su maravillosa influencia. Como habia quedado en
manos del conde de Tolosa y de los provenzales proporcionando ó estos gran cantidad de ofrendas, las demés
naciones no quisieron permitirles las ventajas de un milagro que aumentaba su consideracion y riquezas;
no se tardó pues, como veremos luego, en suscitarse dudas sobre la autenticidad de la lanza que hafcia obra
do tan grandes prodigios, y el espiritu de rivalidad hizo lo que la razon habria hecho en un siglo mas ilus
trado.
La victoria de Antioquia pareció un acontecimiento tan estraordina rio á los musulmanes, que muchos
abandonaron la religion de su Profeta. Los que defendian la ciudadela, llenos de sorpresa y de terror, se rin
dieron á Raimundo el dia mismo de la accion. Trescientos abrazaron la fé del Evangelio, y muchos otros
fuéron á publicar por todas las ciudades de la Siria, que el Dios de los cristianos era el verdadero
Dios. Tal era el terror que se habia apoderado del ejército infiel, despues de la victoria de Antioquia,
que si los cristianos marchan en seguida sobre Jerusalen, no se les hubiera puesto resistencia alguna.
Despues de esta memorable jornada , los turcos no hicieron esfuerzo alguno para contener á los cruzados.
La mayor parte de los emires de la Siria, que se habian repartido los despojos del sultan de Persia, mi
raban la invasion de los cristianos como un azote pasajero, y sin calcular las consecuencias que podia acar
rear á la causa del islamismo. Encerrados los musulmanes dentro de sus plazas fuertes, esperaban, para res
tablecer su dominacion y proclamar su independencia, que esta violenta tempestad fuéseá descargar á otro
punto. El vasto imperio fundado por TogruI, Alp—Arslan, Maleck-Schah, imperio formado á mediados del
siglo once, cuyo súbito acrecentamiento habia alarmado a Constantinopla y llevado el espanto hasta los pue
blos de Occidente, debia ver muy pronto elevarse sobre sus ruinas otros estados ; porque segun la es-
presion de un historiador, se hubiera dicho que Dios se complacia en demostrar, cuán poca cosa era la
tierra á sus ojos haciendo pasar de mano en mano, como juguete de niño, á un imperio que era monstruoso
y que parecia amenazar al universo entero.
El primer afan de los cruzados despues de la victoria fué el de poner, si se puede decir asi, á Jesucristo
«n posesion de! paisque .acababan de conquistar, y restablecer su culto en Antioquia. La capital de la
Siria tuvo repentinamente una nueva religion y fué habitada' por un nuevo pueblo , siendo empleados
una gran parte de los despojos de los infieles en la reparacion de las iglesias que habian sido convertidas
en mezquitas. Los griegos y latinos confundieron sus votos y sus cánticos, pidiendo juntos al Dios délos
cristianos que los condujera á Jerusalen (1).
Los jefes del ejército se reunieron en seguida para dirigir á los principes y á los pueblos de Occidente una
carta en la que se daba cuenta de sus trabajos y hazañas. Jamás se ha visto una alegria y un entu
siasmo igual al que los dominaba , porque ya sea que vivamos óque muramos, decian, pertenecemos al Señor; y
á fin de no neutralizar la alegria que debian causar sus victorias, tuvieron cuidado de disimular las pérdidas y
los desastres esperimentados por el ejército cristiano. El patriarca de Antioquia y los jefes de la Iglesia latina,
que escribian á Europa, lo hicieron en el mismo sentido; sin embargo, como al mismo tiempo pedian muchos
refuerzot para el Asia, dejaron adivinar ki que trataban de ocultar. Venid, decian á los fieles del Occidente,
venid á combatir en las filas de la milicia del Señor; y que en todas las familias donde haya solo dos hom
bres, el mas fuerte empuñe las armas. Que todos los que han tomado la defensa de la cruz, y que no han
partido se apresuren á hacerlo á fin de cumplir sus votos; y si no vienen á ponerse al lado de sus hermanos
los cruzados, que sean repelidos dela sociedad de los fieles, que la maldicion del cielo caiga sobre sus cabezas,
y la Iglesia les niegue tierra sagrada para su sepultura.
De esta manera hablaban los jefes y pastores del pueblo cruzado (2) enviando al mismo tiempo á Constanti
nopla una embajada compuesta de Hugo conde de Vermandois y de Balduino conde de Hainaut. El objeto de

(1) Alberto de Aix habla estensauiente de la restauracion de las iglesias en Antioquia.—[») Véanse las cartas de los cruzados,
en las piezas justificativas de la obra.
LIMO TEÍÍCEKO.—1 097-1 098. 99
esta era el de recordar al emperador Alejo la promesa que habia hecho de acompañar á los cristianos con un
ejército á Jerusalen. El conde de Hainaut, que marchó primeramente, al pasar ó atravesar las montañas ve
cinas de Nicea, fué sorprendido y atacado por los turcomanos y la historia no ha podido descubrir cuál fué su
fin. El conde de Vermandois, sabedor de la desgraciada suerte de su compañero, ocultóse en un bosque y así
logró sustraerse á la persecucioude los bárbaros. Este príncipe llegó á Constantinopla, y olvidóse d¿ los sol
dados de Jesucristo, siendo así que era su embajador, sin dignarse siquiera darles cuenta desu mision. Ya fue
ra que temiese volveral ejército en donde ya no podia sostener el brillodesu rango, ya que los trabajos y pe
ligros de la guerra santa hubieran enervado su valor, ello es que tomó lá vergonzosa resolucion de volver á
Occidente en donde su desercion hizo que se le comparase con el cuervo del arca.
Sin embargo los peregrinos rogaron encarecidamente á sus jefes, que les condujeren á la santa ciudad,
estando persuadido el pueblo fiel que «I terror de las armas cristianas les abriría paso entodas partes, y
que en el camino que tenían que andar, no se encontraría una sola ciudad que les arrojara una piedra.
Entonces se echó de ver cuan difícil es efectuar una empresa cuya realizacion exige el concursole muchas
voluntades. En el consejo de los jefes, cada cual opinaba de distinta manera; en vano los mas esperimenta-
dos encarecian la necesidad de no dar tiempo al enemigo para rehacerse y concentrar sus fuerzas. Los
príncipes y los barones que hasta entonces ló habian sobrellevado todo con resignacion, temieron de repente
lós rigores de la estacion y resolvieron permanecer en Antioquía hasta los primeros dias del otoño.
Entrelos motivos que impulsaron á los jefes del ejército cristiano á tomar tan inesperada resolucion,
habia sin duda algunos que no les favorecian mucho. Debe creerse que la vista de las ricas comarcas de
la Siria, y los ejemplos de Bohemundo hecho príncipe de Antioquía, y de Balduino dueño de Edéssa, ha
bia dispertado su ambieion haciéndoles olvidar algunas veces el piadoso fin de su empresa.
Bien pronto los cruzados tuvieron que. arrepentirse de la determinacion que habian tomado. Una en
fermedad contagiosa diezmó horriblemente el ejército. Solo se veia en Antioquía , dice un antiguo cro
nista . funerales y entierros , y la muerte desplegaba su guadaña como pudiera hacer en los dias mas
sangrientos de la guerra. Lfc mayor parte de las mujeres y pobres que seguían al ejército, fueron las pri
meras victimas de este azote. Un gran número de cruzados que llegaban de Alemania y de todas las
partes de Europa , encontraron la muerte á su llegada á Antioquía , y la epidemia mató , en cosa de un
mes, á mas de cincuenta mil peregrinos ; teniendo que llorar los cristianos la pérdida de muchos jefes,
entre ellosMa de Enrique de Asques , Reinaldo de Amerbach , y muchos otros que habían dado dias de
gloria á las armas cristianas. En medio del luto general, el obispo de Puy , que era el consuelo de los
cruzados en sus penas, fué tambien víctima de su celo , y murió como el jefe de los hebreos, sin haber
visto la tierra prometida. Tal era el imperio que ejercia un solo hombre sobre la multitud de los cru
zados . que mientras Adhémar vivió , se respetaron las leyes y el Evangelio , reinando la unión entre
los caudillos, pero apenas hubo bajado al sepulcro , ya no se conoció la justicia en el ejército , y la paz
no presidió jamás los consejos de los príncipes (i) -
Los restos del célebre obispo fueron deposilados en la iglesia de San Pedro de Antioquía , en el mismo
sitio donde fué hallada la milagrosa lanza. Todos los peregrinos, de los cuales era un padre y á quienes
alimentaba , segun la espresion: de un contemporáneo , dé cosas del cielo, asistieron á sus funerales, der
ramando copiosas lágrimas. Los jefes escribieron al papa , anunciándole la muerte de su legado apostó
lico , solicitando al mismo tiempo de Urbano , que se dignase venir á ponerse á la cabeza del ejército,,
para bendecir sus banderas y restablecer la union y la paz.
La vista del azote que devoraba al ejército cristiano, cuyos desastres aumentaban de dia en dia, no
pudo contener los efectos de la ambicion y de la discordia. El conde de Tolosa , que veia con disgusto la
suerte de Bohemundo, rehusó entregar á este la ciudadela de que se habia apoderado el dia que los
cristianos destruyeron al ejército de Kerbogá ; y á fin de dar á su inobediencia un colorido de lealtad v
de justicia , recordó el juramento que el príncipe de Tarento habia hecho al emperador Alejo , echándole
en cara de haber faltado á la fé jurada , reteniendo en su poder una ciudad conquistada para los peregri-
(I) El Tasso hace morir á Adhemar en el sitio de Jerusalen, y pretendequc una mujer le quitó la vida. Algunos escritores atri
buyen al obispo Adhemar el cántico: Salve Regina. Los obispos de Puy, sus sucesores, llevan en sus armas la espada y el bácu
lo-. Tambien añaden que los canónigos d« la ciudad Hevas todos los años el dia de Pascua un forro de pieles en forma de
coraza.
400 HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
nos. Por otra parte , liohemundo hacia patente la desmesurada ambicion y mal carácter de Raimundo,
amenazándole con que emplearia la fuerza para apoyar todos los derechos que le habia dado la victoria .
Un dia que los principes y jefes del ejército cristiano , reunidos en la basilica de San Pedro , se ocupaban
en arreglarlos negocios de los cruzados, fué interrumpida la sesion por las mas virulentas cuestiones.
A pesar de la santidad del lugar, Raimundo dió en medio del consejo rienda suelta- á su despecho y re
sentimiento. Al pié mismo de los altares de Jesucristo, Bohemundo no escusó tampoco dos falsas promesas
pra atraer a los demás jefes á su partido, y renovó muchas veces un juramento, que no queria cum
plir , cual era el de seguirlos á Jerusalen.
Para contener los progresos del contagio , y prevenir la falta de viveres , los principes y barones de
cidieron, de comun acuerdo, salir con sus tropas de Antioquia , é ir á hacer algunas escursiones por las
provincias vecinas. Bohemundo condujo sus guerreros á la Cilicia , en donde se apoderó de Tarso , de
Malmistra , y de otras muchas ciudades que reunió á su principado. Las tropas de Raimundo avanza
ron por la parte de la Siria , y plantaron su victoriosa bandera sobre los muros de Albarca cuyos habi
tantes fuéron pasados á cuchillo. Guillermo de Tiro cuenta que la ciudad de Albarca fué confiada por
Raimundo á Guillermo de Tillet, caballero provenzal , dándole siete lanzas y treinta hombres de infan
teria , portándose tan bien , segun añade el mismo- historiador , que bien pronto tuvo bajo sus órdenes
otros cuarenta caballeros y ochenta infantes. La Siria, que ya no tenia mas ejército musulman para su
defensa , quedó cubierta por los estandartes de la cruz ; no se veia por todas partes mas que bandas er
rantes que se precipitaban sobre los puntos en donde creian poder hacerse con un rico botin , dispu
tándose con las armas en la mano el fruto de su valor ó de su rapacidad, cuando les favorecia la for
tuna, y entregándose á la vez á todos los horrores de la miseria , cuando llegaban á un pais asolado, ó
en el que encontraban una resistencia que no esperaban.
Los peregrinos no cesaban de portarse con el valor acostumbrado; cada dia se hacia mencion de los
hechos heroicos y de las maravillosas aventuras de los caballeros. Los señores y los barones llevaban
en su séquito los arreos de la caza y los pertrechos de guerra , y ya perseguian á los animales salvajes
en medio de los bosques, ya atacaban á los musulmanes encerrados dentro de sus fortalezas. Un guer
rero francés, llamado Guicher , se hizo célebre entrelos cruzados por haber vencido un león. Otro ca
ballero , Godofredo de la Torre , adquirió un gran nombre, por una accion que al pronto parece increible.
Encontró un dia en un bosque á un leon enroscado por una serpiente monstruosa , el cual llenaba el
aire con sus rugidos : Godofredo vuela al socorro del animal que parecia implorar su piedad , y con un
sablazo mata á la serpiente que se estaba cebando sobre su presa. Si se ha de dar crédito á un antiguo
cronista , cuando el leon se vió libre , se acercó á su libertador como si le reconociese por amo , acom
pañándole durante toda la guerra ; y despues de la toma de Jerusalen , cuando los cruzados se embar
caron para volver á Europa , el reconocido animal y compañero fiel de peregrinacion se ahogó en el
mar al querer seguir al buque en que iba embarcado Godofredo de la Tour.
Muchos cruzados, esperandola señal para marchará Jerusalen, fuéron á visitar sus hermanos que sehabiau
establecido en las ciudades conquistadas. Un gran número de ellas se unieron á Balduinopara combatir álos
musulmanes de la Mesopotamia, y proteger al mismo tiempo á su gobierno amenazado á cada instante por sus
nuevos súbditos irritados por la violenta dominacion de los que ejercian el mando. Un caballero llamado Foul-
que, que iba con variosamigos suyos en busca de aventuras, recorriendo las orillas del Eufrates, fuésorpren-
dido y muerto por los turcos; su mujer, que iba tambien en su compañia, fué conducida á la presencia del
emir deHazartó Ezaz, ciudad del principado de Alepo. Como era de una belleza estraordinaria, enamoróse de
ella unode los principales oficiales del emir, pidiéndola poresposa á su jefe. El oficial, enamorado ciegamente
de una mujer cristiana, evitó el combatir con loscruzados, y sin embargo celoso de cumplir sus deberes para
con el emir, hizo varias escursiones sobre el pais del principe de Alepo, contra el que el emir habia tomado las
armas. Redouan quiso vengarse, y se puso en marcha con un ejército de cuarenta mil hombres para atacar á
la ciudad de Ezaz. Entonces el oficial que acababa do casarse con la viuda de Foulque, aconsejó al emir el
implorar el socorro de los cristianos.
El emir hizo proponer una alianza á Godofredo de Bouillon quien vaciló, pero instado nuevamente por el
principe musulman, el queá fin de disipar la menor duda que pudiesen abrigar los principes cristianos, envió
LIBRO TERCERO.— 1097-1098. 101
en rehenes á su hijo Mahometo, fuéfirmado el tratado. Dos palomas, dice un historiador latino, con una carta
llevaron la noticia al emir, anunciándole al mismo tiempo la próxima llegada de los cristianos (1). El ejérci
to de Alepo fué batido varias veces por Godofredo y obligado á abandonar el territorio de Ezaz que empezaba
á entregar al saqueo.
Poco tiempo despues de esta espedicion el hijo del emir murió en Antioquía de la enfermedad epidémica que
desolaba á los peregrinos de Occidente. Godofredo hizo, segun las costumbre de los musulmanes, envolver
el cuerpo del joven príncipe en una rica tela de púrpura y lo envióá su padre. Los diputados que acompaña
ban al fúnebre convoy tenian el encargo de manifestar al príncipe musulman el sentimiento de Godofredo, y
al mismo tiempo hacerle presente que este habia esperimentado el mismo pesar por la muerte del jóven Ma-
hometo, como si hubiese fallecido su hermano Balduino.
Los cruzados gastaron mucho tiempoen empresas que ninguna ventaja real les proporciona ron, dejando pa
sar la época oportuna para emprender su marcha á Jerusalen. La mayorparte de los jefes estaban diseminados
por las comarcas vecinas. Para diferir su marcha habian alegado antes los rigurosos calores del verano, v mas
tarde decian que no podian tampoco hacerlo á causa de laslluvias y de los rigores del invierno que se acercaba.
Este último motivo, aunque parecia mas razonable que el primero, no bastó sin embargo para calmar el ardor
impaciente de los peregrinos; y como el pueblo á causa de esta guerra religiosa, estaba siempre dispuesto á bus
car la regla de su conducta en las visiones milagrosas y en la aparicion de cuerpos celestes, y no en las luces de
la razon y de la esperiencia, un fenómeno estraordinario, que se ofreció entonces á los ojos de los soldados de
la cruz, llamó toda su atencion conmoviendo vivamente sus crédulos espíritus. Los cruzados que guardaban
las murallas de Antioquía vieron durante la noche una masa luminosa fija en un punto elevado del espacio,
preciéndoles , segun la espresion de Alberto de Aix, que todas las estrellas se habian reunido en un punto
que no tenia mas estension que la que coge un jardin de tres fanegas de tierra. Estas estrellas, dice el mis
mo historiador, despedian una luz vivísima y brillaban como los carbones de un horno. Permanecieron lar
go rato suspensas sobre la ciudad; pero el circulo que parecia contenerlas perdió su forma y los cuer
pos luminosos se perdieron por los espacios. Al aspecto de este prodigiosos guardias y centinelas pro-,
rumpieron en grandes gritos , corriendo á dispertará los cristianos de Antioquía. Todos los peregrinos
que habian salido de sus casas, encontraron en este fenómeno un señal evidente de la voluntad del
cielo; los unos creyeron ver en las estrellas reunidas la imagen de los musulmanes, que se habian reu
nido en Jerusalen, y que debian dispersarse á la aproximacion de los cruzados, otros igualmente llenos de
esperanza, veian á los guerreros cristianos reunirse victoriosamente y subdividirse por el territorio para
conquistar las ciudades arrebatadas al culto y al imperio de Jesucristo; pero muchos peregrinos n£.se
abandonaban á estas consoladoras ilusiones. En una ciudad cuyo pueblo tenia mucho que sufrir y vivía
muchos meses hacia, entre los estragos de la muerte, el porvenir debia presentarse con colores mas
tristes y sombríos. Todos los que sufrían y habian perdido la esperanza de perder á Jerusalen , no
vieron en el fenómeno que se presentó á sus ojos, mas que el espantoso símbolo de la multitud de pere
grinos que disminuía cada dia y que iba bien pronto á desaparecer como la luminosa nube que se habia
visto en el cielo. Sin embargo, dice sencillamente Alberto de Aix, las cosas tomaron un giro mucho mejor
delo que se esperaba; porque poco tiempo despues, los príncipes regresaron á Antioquía y emprendieron
la campaña, abriéndoles la victoria la puertas de muchas ciudades de la alta Siria.
La mas importante de sus espediciones fué el sitio y toma de Marrah, situada entre Hamath y Alepo.
Raimundo fué el que se presentó delante de esta ciudad, y los condes de Normandia ydeFlandes vinie
ron á reunirse con él, llevando todas sus tropas. El miedo de esperimentar la misma suerte de los habi
tantes de Antioquía habia hecho que toda la poblacion acudiese á las murallas amenazadas , con la fir
me resolucion de defenderse. La esperanza de apoderarse de una rica ciudad habia animado á los soldados
cristianos. Cada dia los sitiadores planteaban las escaleras al pié de las murallas: y multitud de dardos, pie
dras y betun inflamado caian sobre sus cabezas. Guillermo de Tiro añade que arrojaban de lo alto de las

1' Algunos inteligentes aseguran que los mensajes por medio de palomas no se remontan mas allá del reinado do Nurcd-
dioo;es verdad que bajo el gobierno de este principe se organizaron las postas regulares servidas por palomas. Este medio
de comunicacion es muy antiguo en Oriente , solo que no estaba en uso como servicio regular.
i di HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
torres, cal viva y colmenas llenas de abejas. Los sangrientos combates se- renovaron durante algunas se
manas; pero al fin el estandarte cristiano ondeó sobre las torres de la ciudad. Comola porfiada resistencia
de los musulmanes y los ultrajes prodigados, durante el sitio, á la religion de Cristo habian irritado á los
cruzados, toda la poblacion, retirada á las mezquitas ó encerrada en los subterráneos, fué pasada á cuchillo.
En medio de una ciudad que habia perdido todos sus habitantes , bien pronto faltaron los víveres á los
vencedores; y como si el cielo hubiese querido castigar el esceso de su barbarie , solo encontraron para sa
ciar su hambre los cadáveres de los que habian muerto al filo de su espada, pareciendo increible, el que
muchos cruzados se sometieran sin repugnancia á esta terrible necesidad.
De aquí es que las reflexiones de los cronistas son mucho mas curiosas que los acontecimientos de que
hacen mérito. Alberto de Aix estraña que los cruzados hubiesen comido la carne de los musulmanes muee-
tos; pero estraña mucho mas que hubiesen comido carne de perro. Baudri, arzobispo de Dola, pretende jus
tificar á los cruzados, diciendo que el hambre que los atormentaba, era para defender la causa de Jesucris
to, y que esta consideracion debia servirles de escusa. Por lo demás los soldados cristianos hacian todavía
la guerra á los infieles devorándoles de esta manera (1).
La historia no puede pasar en silencio, que en medio de estas desgarradoras escenas, los príncipes cris
tianos se disputaban porfiadamente la ciudad, cuya conquista les habia costado tanta sangre, reducién
dolos á tan fatal estremo. Entre los cruzados, las súplicas y las amenazas se confundian con los gritos que
les arrancaba el hambre. Bohemundo, que habia tomado parte en el sitio, quería reservarse para si un
cuartel de la ciudad conquistada; Raimundo pretendia que Marrah debia pertenecerle por entero; reuniéndo
se los príncipes y barones cerca de Rugía con el objeto de restablecer la union entre ellos, cosa que no pu
dieron lograr. Pero Dios, que era el verdadero jefe de la grande empresa, dice el padre Meimbourg, re
construyó por medio del celo de los débiles y pequeños, lo que la pasion de los grandes y poderosos habia
destruido. Los soldados se indignaron al fin, de verter su sangre en defensa de miserables cuestiones,
siendo así que solo habian jurado verterla por la sagrada causa. «¡Ah, decian los peregrinos; siempre cues
tiones , siempre disputas por Antioquía y por Marrah (2).» Mientras que prorumpian en quejas y lamentos,
llegó á sus oidos que Jerusalen acababa de ser tomada por los egipcios, los que se habian aprovechado de
la derrota de los turcos y de la funesta lentitud del ejército cristiano, para invadir la Palestina (3).
Semejante noticia aumentó el descontento de los cruzados, acusando altamente á Raimundo y á todos
sus jefes de haber hecho traicion á la causa de Dios; y manifestaron al propio tiempo el proyecto de bus
carse jefes que no tuviesen otra ambicion que la de guardar sus juramentos, y conducir el ejército á la
Tierra Santa.
ETclero amenazó á Raimundo cou la- cólera divina; sus mismos soldados lo hicieron tambien diciéndo-
lo que abandonarían sus banderas; en fin todos los cruzados que se hallaban en Morrah resolvieron
demoler las fortificaciones y torres de la ciudad. El entusiasmo del pueblo era tan grande , que se vió •
.á los enfermos y achacosos subir , con el apoyo de un baston , sobre las murallas, y arrancar y ha
cer rodar por el foso , piedras que tres pares de bueyes no hubieran podido llevar. Al mismo tiempo,
Tancredo tomaba la eiudadela de Antioquía , reemplazando la bandera del conde de San Gil con la de
Bohemundo. Se quedó aislado para el sosten de sus pretensiones, probó en vano de atraerse á los je
fes, poniendo á su disposicion cuantos tesoros tenia , no logrando tampoco acallar los murmullos del pue
blo, á pesar de haberle distribuido los despojos de las ciudades vecinas; pues fueron tan insensibles á sus
dones como á sus ruegos. Obligado en fin á acatar el voto de! ejército, pareció ceder á la voz de Dios.
Despues de haber mandado incendiar la ciudad de Marrah, salió Raimundo al resplandor de las llamas,
descalzo y derramando lágrimas de arrepentimiento; y en presencia del clero, que cantaba los salmos de
la penitencia, abjuró de su ambicion, y renovó el juramento , hecho tantas veces y tan á menudo olvidado-,
de libertar el sepulcro de Jesucristo.

I, Raul de Caen espresa el horror que le inspira la bárbara conducta de Ios-cristianos; pero añade. Estos hombres eran lo
mismo que perros, torrando homines sed caninos. (Biblioteca de las Cruzadas t. 1.)—(2) Raimundo de Agiles, t. 1. de la Biblioteca
de las Cruzadas.—(3) El cronista aleman Eckkard es casi el único historiador lalino dola cruzada que ha hablado con detalles
de la loma de .íerusalen por los egipcios. Biblioteca de las Cruzadas1. Alberto de Aú dice que el número 6 fuerza de los turcos
?n Jerusalen , cuando la ocuparon los egipcios, ascendía solo á trescientos hombrss.
LIBRO TERCERO.— 1097-1098. 103
Dióse al ejército cristiano la señal de marcha. Tancredo y el duque de Noriuandia seguian al conde
de Tolosa , impacientes por cumplir sus votos ; de todas partes los cristianos y los musulmanes del pais
acudian delante de los cruzados , implorando los unos su socorro , y los otros su misericordia ; los
peregrinos recibian de los puntos por donde transitaban , viveres y tributos que no les costaban combate
alguno , esperimentando la mayor satisfaccion en medio de su marcha triunfal , cuando vieron el regreso
de un gran número de prisioneros cristianos cuya muerte habian llorado , y que los musulmanes se apre
suraban á poner en libertad. Los compañeros de Raimundo , de Roberto y de Tancredo , no tomaron el ca
mino recto para ir á Jerusalen : ellos se habian dirigido á Hama, la antigua Epifania, á Emero, llamado hoy
dia Horm, y aproximándose en seguida al mar, fuéron á sitiar á Archas , plaza situada al pié del Libano,
á algunas leguas de Tripoli.
Sin embargo los otros principes que permanecieron en Antioquia , no se disponian á emprender la
marcha, despreciando las súplicas de los peregrinos. Cada uno esperaba el ejemplo de los otros, permane
ciendo de esta manera en la inaccion. Godofredo que habia pasado á Edesso para ver á su hermano Baldui-
no , á su regreso solo oyó la griteria de los -cruzados , que deploraban la ociosidad en que se les tenia y
pedian marchar á Jerusalen. «¿No les basta, decian efllos, á los que Dios ha encargado el conducirnos y guiar
nos, el habernos tenido arrestados aqui mas de un año, habiendo perecido en este plazo doscientos mil sol
dados de la cruz? ¡Perezcan todos cuantos quieran permanecer en Antioquia, como han perecido sus infieles
habitantes ! Puesto que cada conquista es un obstáculo á nuestra santa empresa, sean entregadas á las lla
mas Antioquia y las demás ciudades conquistadas por nuestras armas; démonos jefes que no tengan mas am
bicion que la nuestra , y marchemos bajo la proteccion de Cristo por el que hemos venido. Pero si Dios á
causa de nuestros pecados rechaza nuestros votos y nuestros sacrificios, apresurémonos á regresar á nues
tro pais, antes que el hambre acabe con nosotros.» En vano estas quejas resonaban por todo el ejército cris-
- tiano; el duque de Lorena y los otros jefes titubeaban en dar la señal de la marcha. La mayor parte de
los peregrinos que toda especie de retardo les desesperaba, no pensaron desde entonces en otra cosa que
en abandonar la Siria para regresar á Occidente, viéndose el consejo supremo en la precision de colocar
centinelas en todos los puertos vecinos á fin de detener á todos los que se presentasen para embarcarse.
Finalmente no pudiendo los jefes resistir á las vivas instancias de la multitud , determinaron que el ejército
partiria de Antioquia á los primeros dias de marzo.
Cuando llegó el plazo mareado , Bohemundo acompañó á Godofredo y al conde de Flandes hasta Laodi-
cea, hoy Laüaquia; pero apresuróse á regresar á Antioquia, temiendo siempre el perder su principado.
Estando el ejército cristiano en Laodicea vió reunirselc bajo sus banderas á un gran número de cru
zados que se habian retirado á Edesso y á Cilicia, habiendo llegado algunos de Europa. Entre estos últimos
se notaban muchos caballeros ingleses, compañeros antiguos de Harold y de Edgardo Adeling (1 ). Estos no
bles guerreros, vencidos por Guillermo el Conquistador y desterrados de su patria, venian á olvidar sus des
gracias bajo el estandarte dela guerra santa, y no conservando ya esperanza alguna de libertad en su na
cion, marchaban con un piadoso celo á salvar el Santo Sepulcro.
Esperando la llegada de Godofredo y de sus compañeros, Raimundo habia empezado á sitiar la plaza de
Archas, y para inflamar el entusiasmo de sus soldados y asociarlos á los proyectos de su ambicion, les
prometió el saqueo de la ciudad y el rescate de doscientos prisioneros cristianos. Era tul la disposicion
de los ánimos entre los cruzados, que cada ciudad que se les presentaba á la vista les hacia olvidar á
Jerusalen. Godofredo y el conde de Flandes siguieron el camino que conduce á las ciudades de Gabala,
(hoy Djebali), Meraclea (Marakia) , Valenia (Bernias), y Tortosa (la antigua Antaradus) , esta última ciudad
estaba ya en poder de Raimundo Pelet. Varios rios salidos del Libano fertilizan estos diversos paises (2).
Se acusaba á Raimundo de haber recibido seis mil monedas de oro, para librar á una ciudad mu
sulmana de los peligros de un sitio, y cuando todo el ejército se encontró reunido bajo las murallas
de Archas, Godofredo y Tancredo echaron en cara al conde de Tolosa el haberles desviado de su em
presa por medio de la mentira y de la traicion.
. Los guerreros cristianos continuaron sitiando á Archas. La ciudad estaba edificada sobre elevados
™* TMÉi'- ,-T. I."..
]' Orderico Vital.— (2) Correspondencia de Oriente, t. VI, carta CLX.
104 IlISTOHIA DE LAS CRUZADAS.
peñascos, y sus murallas parecian inaccesibles. Los sitiadores creian que el hambre diezmaria á los si
tiados, pero no tardaron mucho aquellos en esperimentar todos los horrores que son consiguientes á la
falta de viveres. Los cruzados mas pobres se vieron en la necesidad, como en el sitio de Antioquia, de
tener que alimentarse de plantas y yerbas salvajes que disputaban á los animales. Los que podian
-combatir, iban á talar los paises vecinos y vivian del pillaje, pero los que por su edad , por su
sexo, ó por sus enfermedades no podian sostener el peso de las armas, no les quedaba otro re
curso que la caridad de los soldados cristianos. El ejército vino á su socorro yj le dió una parte del
botin hecho á los infieles.
Muchos cruzados sucumbieron á causa de las fatigas del sitio, "no menos que de hambre y de en
fermedades, pereciendo otros á causa de las heridas que habian recibido; siendo muy sentida la pér
dida de Pons de Balasun, quien por su talento se hizo un gran nombre en el ejército cristiano, ha
biendo escrito junto con Raimundo de Agiles , la historia de los principales acontecimientos de las
cruzadas. No dejó de llorar tambien el ejército cruzado la muerte de Anselmo de-Ribaumont , conde
de Bouchair, de quien hablan los cronistas con ventaja , por su talento, piedad y valor (1). La pér
dida de este caudillo fué acompañada de maravillosas circunstancias, segun cuentan los historiadores
contemporáneos, las que en nuestro siglo se calificarian de invencion poética.
Un dia (seguimos la relacion de Raimundo de Agiles] Anselmo vió entrar en su tienda al jóven
Angelram, hijo del conde de San Pablo, muerto en el sitio deMarrah. «¿Cómo puede ser, le dijo, que
vos vivais, siendo asi que yo os he visto Morir en el campo de batalla? Vos debeis saber, contes
tóle Angelram, que los que combaten por Jesucristo no mueren jamás. Pero ¿de dónde procede, re
plicó Anselmo, esta brillantez desconocida que os rodea?» Entonces Angelram levantando los ojos al
cielo, señakS en el espacio un palacio de cristal y diamantes, diciendo : «De altí procede la radiante
luz que os ha sorprendido; alli está mi habitacion y alli mismo se os prepara otra mas hermosa
todavia para vos que vendreis á habitarla muy pronto. Adios , mañana nos veremos.» Diciendo
estas palabras , añade el historiador , Angelram volvióse al cielo. Anselmo vivamente impresionado
con esta aparicion , hizo llamar al dia siguiente á varios eclesiásticos , recibió los sacramentos, y
aun cuando disfrutaba de buena salud , se despidió de sus amigos , diciéndoles que pronto dejaria
á este mundo en el que se habian conocido. Los enemigos hicieron , al cabo de pocas horas , una
salida, y Anselmo corrió espada en mano á batirlos, pero le hirió en la frente una pedrada ,1a que,
segun dicen los historiadores , le envió al cielo á habitar el bello palacio construido para él (2).
Esta maravillosa relacion, que los peregrinos tuvieron por veridica, no es la única de este género, que
la historia ha recogido; siendo ya por demás consignar aqui que la estrema miseria á que se hallaban re
ducidos los cruzados les hacia cada dia mas supersticiosos y mas crédulos.
En medio de una multitud entregada á la indisciplina y á la licencia, la supersticion era un medio de hacer
se obedecer ; los condes y barones se veian precisados á exaltar la imaginacion de los soldados, á fin de con
servar su autoridad; pero como las pasiones y las rivalidades reinaban poderosamente en el ejército cru
zado, mientras los unos formaban su autoridad en los milagros, los otros se mostraban casi incrédulos
por espiritu de oposicion y de envidia, es decir, que cada uno seguia la bandera del partido á que perte
necia .
Durante el sitio de Archas empezaron á suscitarse dudas entre los cruzados, acerca del descubrimiento
de la santa lanza cuya vista habia enardecido el valor de los cruzados en la batalla de Antioquia. El
campo de los sitiadores se vió de repente dividido en dos grandes partidos, animados los unos contra los
otros. Arnaldo de Rohes, hombre de malas costumbres segun Guillermo de Tyro, pero muy versado en
la historia y en las letras, fué el primero que se atrevió á disputar abiertamente la verdad del prodigio.
Este eclesiástico, capellan del duque deNormandia, arrastró á su partido á todos los normandos y á loscru-
«ados del norte de Francia: los del mediodia siguieron á Bartolomé, sacerdote de Marsella, adicto al conde

(1) Anselmo de Ribaumont ba dejado una carta muy curiosa (Biblioteca de las Cruzadas, t. 1.) — (2¡ ElTasso ha tomado de Rai
mundo de Agiles la idea del sueño de Godofredo, el que.se ve de repente trasportado al cielo, en donde ve á Hugo, su fiel ami
go que ledice : «Aqut esta el templo del Eterno; aqut descansan sus guerreros; tu sitio esta ya fijado. » El poeta sin embargo ha
•mbellecido el cuadro formado por el cronista. (Véase el libro XIV de la Jerusalen libertada.)
LIMO TERCERO.— 1097-1098. 105
de san Gilles. Bartolomé, hombre sencillo y que creia lo que deseaba que otros creyesen, UiVo una nueva
revelacion , y contó en el campo de los cristianos , que habia visto á Jesucristo pendiente de la cruz , maldi
ciendo á los incrédulos, y entregando al suplicio y á la muerte de Judas, á los escépticos impios cuya orgu-
llosa razon se atrevia á escudriñar los misteriosos designios de Dios. Esta aparicion y otras muchas por el es
tilo inflamaron la imaginacion de los proveníales, que no daban menos crédito, segun Raimundo de Agiles,
a las deposiciones do Bartolomé, queal testimonio delos santos y de las apóstoles. Pero Amoldo seadmiraba que
Dios solo se manifestase á un simple cura, siendo asi que el ejército estaba Heno de virtuosos prelados; y sin
negarla intervencion del poder divino, no admitia otros prodigios que los del valor y del heroismo de los
soldados cristianos.
Como el producto de las ofrendas hechas á los depositarios de la santa lanza era distribuido á los pobr.es,
los que abundaban mucho en el ejército, prorumpicron estos en murmullos y quejas contra el capellan del
duque de Normandia, atribuyéndole á él y á sus partidarios lodos los males que habian sufrido los cruzados.
Amoldo y sus secuaces, al contrario, atribuian las desgracias de los cristianos á sus divisiones val espiritu
turbulento de algunos visionarios. En medio de estos debates, los cruzados delas provincias del norte echa
ban en cara á los del mediodia la falta de valor enlos combatos, el ser menos ávidos de gloria que de pillaje
y pasar el tiempo en adornarsus caballos y mulas (I). Estos no cesaban de reprobar á los partidarios de Ar-
noldo su falta de fé, sus burlas sacrilegas, y sin cesar oponian nuevasv isiones á los razonamientos de los in
crédulos. Ya acababa uno de ver ásan Marcos evangelista y ála Virgen, madre de Dios, que rectificaban lodo
lo que habia contado Bartolomé; ya se habia visto al obispo Adhemar, que habia aparecido con la barba me
dio quemada y el semblante triste, anunciando que habia estado algunos dias en el infierno, por haber du
dado un momento del descubrimiento de la sania lanza.
Esta relacion exaltó mas y mas los ánimos. Muchas veces la violencia viene en apoyo de las artimañas ó
de la credulidad. En fin,Bartolomé, engreido con el papel que hasta entonces habia representado, y tal vez con
las narraciones milagrosas desus partidarios, que podian aumentar sus propias ilusiones, resolvió, para ter
minar los debates, el someterse" á la prueba del fuego. Esta resolucion devolvió la calma al ejército cristiano,
y todos los peregrinos fueron convocados para ser testigos del juicio de Dios. Llegado el dia señalado ¡era un
viernes santo), una hoguera formada de ramas de olivo fué levantada en medio de una vasta llanura. La
mayor parte de los cruzados estaban reunidos, y todo se preparaba para la prueba terrible, cuando se vió lle
gar á Bartolomé, acompañado de algunos sacerdotes, que caminaban silenciosamente, con los piés descalzos,
y revestido con sus hábitos sacerdotales. Cubierto con una sencilla túnica, el cura de Marsella, llevaba la san
ta lanza cuyo hierro estaba envuelto en una tela do seda. Asi que llegó cerca de la hoguera, el capellan del
conde de San Gilles pronunció enalta voz estas palabras : «Si este ha visto á Jesucristo cara á cara, v si el
apóstol Andrés le ha revelado la divina lanza, que pase sano y salvo al través de las llamas; y si por el con
trario ha faltado á la verdad, quesea quemadocon la lanza que lleva en sus manos. » A estas palabras, todos
inclinaron la cabeza respondiendo: Hágasela voluntad de Dios (2).
Entonces Bartolomé se arrodilló, y tomando al cielo por testigo dela verdad de sus palabras, y despues de
haber suplicado al clero y á los fieles que rezaren por él, entró en la hoguera en donde dos pilas de madera
dejaban hueco suficiente para pasar.
Permaneció algunos instantes, dice Raimundo de Agiles , en medio de las llamas, y se salió por la gracia
de Dios sin quemarse la túnica ó vestido, y sin que el sutil velo que cubria la lanza del Salvador hubiese pa
decido lo mas minimo. Luego hizo la señal de la cruz con la lanza, en presencia de la muchedumbre ansiosa
de verle, y esclamó en alta voz. ¡Que Dios sea en mi ayuda! ¡Detts, adjura] Como lodos querian acercarse á él
y tocarle, por la persuasion en que estaban deque habia cambiado de naturaleza, fué atropellado violenta
mente por la multitud; sus vestidos fueron rotos, su cuerpo cubierto de cardenales; y habria perdido la vida si
Raimundo Pelel, ayudado de algunos guerreros, no hubiese ahuyentado á las masas, salvándole del peligro.
El capellan del conde de Tolosa acompaña su narracion con muchas citas maravillosas que creemos deber
omitir. El cronista no puede espresar bastante el dolor que espcrimenta , al esplicar la desgraciada suerte

(I) Raul do Caen, que no era partidario de la lanzo» y que csclamo hablando de este pretendido descubrimiento: ,Oh fatuitax
rustica! rustidías credula! no escusa a los provenzales, y nos ha trasmitido los reproches de que eran objpto en el ejército cris
tiano. —[i) Raimundo de Agiles, biblioteca de las Cruzadas
(U y IB) 14
106 HISTORIA DE LAS CRUZAuAS
de Bartolomé-, que murió pocos dias despues, y estando en la agonfa , no pudo menos de reconvenir á sus
mas ardientes partidarios, por haberle puesto en la necesidad de probar la necesidad de su discurso por medio
de una prueba tan tremenda.
Su cuerpo fué enterrado en el mismo lugar donde se habia levantado la hoguera. Esta porfiada credulidad
que le habia conducido hasta el punto de ser mártir (le sus propias visiones, hizo que su memoria fuese re
verenciada entre los provenzales; pero la mayor parte de los peregrinos se dejaron arrastrar por el juicio de
Dios, rehusando creer en los milagros que les habian anunciado, y la santa lanza cesó desde entonces de obrar
prodigios (1).
Mientras que los cruzados estaban reunidos debajo delas murallas de Archas, recibieron una embajada de
Alejo. El emperador griego, queriendo gobernará los latinos, prometió seguirles á Palestina con un ejér
cito, si le daban el tiempo necesario para hacer los debidos preparativos: Alejo se quejaba en sus cartas de la
falta de cumplimiento de los tratados que debian hacerle dueño de las ciudades de la Siria y del Asia menor,
que estaban bajo el poder de los cruzados; pero lo hacia sin acritud, empleando un lenguaje tan circunspec
to que daba bien á comprender que tambien tenia muchas faltas que reparar. Esta embajada fué mal acogi
da por el ejército cristiano. La mayor parte de los jefes, en lugar de justificarse de las faltas que se les
imputaban, echaron en cara al emperador su vergonzosa huida durante el sitio de Antioquía, acusándo
le de haber hecho traicion á la fé jurada á los soldados cristianos.
El califa del Cairo tenia la misma política de Alejo. Este príncipe musulman seguía en relaciones con
los cruzados, las que las circunstancias hacian mas ó menos sinceras, pues estaban subordinadas al te
mor que les inspiraban sus ejércitos. Algunas veces negoció á la vez con los cristianos y con los turcos;
y aborrecía á los unos porque eran enemigos del Profeta, y á los otros porque le habian tomado la Si
ria. Aprovechándose de la decadencia de los turcos, acababa de hacerse dueño de la Palestina, y como
temblaba por sus nuevas conquistas, envió embajadores al ejército cristiano. Esta embajada llegó al campo
de los cruzados poco tiempo despues que habian partido los diputados de Alejo. Los francos vieron
al mismo tiempo regresar a su campamento, á sus compañeros que habian mandado á Egipto, durante el
sitio de Antioquía. Estos habian sido tratados con distincion ó con desprecio , segun la fama anunciaba
las victorias ó reveses de los cristianos. En los últimos tiempos de su peligrosa mision , fueron conducidos
delante de Jerusalen, que estaban sitiando los soldados del Cairo, paseándolos en triunfo en medio de los
egipcios, que se vanagloriaban de tener por aliada la esforzada nacion de los francos. A su aspecto dicen los
viejos cronistas (2), que los turcos llenos de espanto habian abierto las puertas á los sitiadores.
La mayor parte de los peregrinos recibieron con entusiasmo á los diputados del ejército cristiano, cuya
muerte ó larga cautividad habian llorado. No cesaban de preguntarles acerca de los males que habian sufri
do, sobre los países que acababan de recorrer, sobre la ciudad de Jesucristo que acababan de ver; y tambien
cuál era la mision de los embajadores de Egipto, y últimamente si llevaban la pazo la guerra. Admitidos los
embajadores egipcios en el consejo, despues de haber protestado de las benévolas disposiciones de su amo,
acabaron por declarar en su nombre que las puertas de Jerusalen solo se abrirían á los cristianos desarmados.
A esta proposicion que habia sido ya desechada en medio de las miserias del sitio de Antioquía, los jefes del
ejército cristiano no pudieron contener su indignacion. Por toda respuesta, tomaron la resolucion deapresurar
su marcha hácia la Tierra Santa, amenazando á los embajadores de Egipto de llevar sus armas hasta lasori-
llas del Nilo.
Los cruzados ya no se ocuparon mas que de los preparativos de su marcha. El campamento en el cual ha
bia n esperiinentado tantas desgracias fué entregado á las llamas, en medio de las mas vivas aclamaciones del
entusiasmo y de la alegría. Solamente Raimundo se indignó porque se habia levantado el sitio de Archas, y
cuando el ejérci to cristiano se alejó de una ciudad que él quería someter á sus armas, tomó el partido de seguir
á sus compañeros que no teman otra idea que la de libertar á Jerusalen.

(1 ) Albsrto de Aix, dice que la lai;za no habia sido otra cosa que una invencion de la industria y de la avaricia (iniustria H
aoarilia del conde deTolosa. ¡Veasela Biblioteca delas Cruzadas ti.)
Sj ignora que es lo que se habrá hecho de lasaula tanza. Muchas iglesias se disputan hoy dia su posesion. Los armenios creen
pweer el hierro sagrado (Veanse las Memorias sobre la Armenia, por M. deSaint-Martin. t. II, p. 421 y 433). —,2) Eckkan. Biblio
teca de las Cruzadas, t I.)
LIBRO CUARTO. -1090-1 101. ' 107
.

LIBRO IV.

MARCHA Á JERUSALEN— SITIO DE LA SAMA CIUDAD.—BATALLA DE ASCALON.—MEYA CRUZADA.—CONSIDERACIONES.


1099—1101.

Los cruzados siguen su marcha a Jerusalen.—Perfecta regutaridad de sus movimientos.—Itinerario.—Entusiasmo del rji'rcilo al
ver la santa ciudad.—Noticia historica de la ciudad de David.— Medios de defensa de los sarracenos.— Encuentro con el ene
migo.—Acordonamiento de las tropas y sitio.—Narraciones dolorosos delos fugitivos.—El primer asalto desgraciado. —La
falta de agua y de vtveres paraliza las operaciones.— Los genoveses acuden con un srcorro inesperado —fe corto madera para
construir maquinas.—Reconciliacion de Tancredo y de Raimundo.—Discurso de Fedro el Ermitaño acerca de las profanacio
nes cometidas por los sitiados.—Se prepara todo para un asalto general. — Godofredo de Uouillon conduce a los cruzados a un
segundo asalto.— Igual furor anima a los dos partidos.—Episodios.—Apariciones celestes.—Toma de la píaza. —Escenas
de barbarie y de desolacion.—Su rabia saciada.—Los cruzados van a adorar el sepulcro del Salvador.— Los musulmanes quo
se habian quedado en la santa ciudad son condenados a muerte.—Reparto del botin. —La verdadera cruz encontrada.—Di
versas intrigas para la eleccion de un rey.—Eleccion de Godofredo.—Arnaldo de Rohes es nombrado obispo de Jerusalen.—Fu
conducta desarreglada.—Sus pretensiones.—El visir Afdal se adelanta á la cabeza de un ejército formidable.— Los cruzado»
marchan a su encuentro.—Batalla do Ascalon. —Nuevas disensiones.— Un gran número de jefes regresa a su patria —Tancredo
recibe do Manuel Comneno el principado de Laodizea.—El santo zelo lleva al Asia'a una multitud de nue\os peregrinos.— f a
tigas y trabajos de estos últimos.—Reflexiones del historiador.

No puede menos de recordarse que Antioquia habia visto delante sus murallas á mas do trescientos
mil cruzados sobre las armas. Doscientos mil habian perecido, victimas de los combates , de la miseria y
delas enfermedades. Muchos peregrinos no habian podido suportar las fatigas de la guerra sania, y per
diendo ya la esperanza de ver á Jerusalen , habían regresado al Occidente. Muchos habian lijado su re
sidencia en Antioquia , en Edeso , ó en otras ciudades que habian libertado de la dominacion de los in
fieles ; de manera que el ejército que debia conquistar los santos lugares contaba apenas bajo sus ban
deras cincuenta mil combatientes.
Sin embargo los jefes no titubearon un solo momento en llevar adelante su empresa. Los guerreros quo
estaban al frente de las tropas habian resistido á todas las pruebas , no llevando en su séquito á una
multitud inútil y embarazosa. Siendo el ejército menos numeroso, habia tambien que temermenos la
indisciplina , la licencia y el hambre. Esperimentados en cierto modo por las pérdidas que habian sufrido,
era tal vez mas temible que al principiar la guerra. El recuerdo de sus hazañas sostenia su confianza y
su valor , y el terror que inspiraban podia hacer creer al Oriento , que disponian aun de fuerzas con
siderables.
Despues de haber vencido al emir de Tripoli en una sangrienta batalla, y haberle obligado á comprar
mediante un tributo la paz y el sosiego de la capital , todos los cruzados se pusieron en marcha hacia Jeru
salen. Era á fines de mayo: la belleza de la primavera y los tesoros del verano cubrian las campiñas
que se estienden entre el mar fenicio y las montañas del Libano. Mieses de trigo y de cebada , doradas
ya por el sol de la Siria , numerosos rebaños esparcidos por los valles ó en las vertientes de las colonias,
naranjos , azufaifos , granados cuyos brillantes frutos les anunciaba la tierra de promision ; las abundantes
aguas, los campos cubiertos de olivos y de morales, las palmeras que los cruzados encontraban por
primera vez en el camino , todas las riquezas de un sol fecundo se desplegaban ante los ojos de un ejér
cito que habia pasado por regiones estériles y que habia esperimentado los tormentos del hambre.
El entusiasmo de los guerreros de la cruz se reanimó á la vista del Libano, cuya gloria habia cantado
la Escritura, y sin duda mas de un peregrino buscaba en sus montañas las águilas y los cedros tan
famosos (1 ).
(1) El tomo VII do la Correspondencia de Oriente contiene una descripcion de los cedros del Libano, y una reseña general de
sus montañas; se habla tambien de las poblaciones del Libano, desus creencias, sus costumbres y de su situacion politica y
moral.
108 HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
Entre las producciones de las riberas fenicias , una planta cuyo zumo era mas dulce que la miel, lla
mó particularmente la atencion de los cruzados. Esta plania era }a caña de azúcar , que se cultivaba
en muchas provincias de la Siria, y sobre todo on el territorio de Tripoli , endonde se habia encon
trado el medio de estraer la sustancia que los habitantes llamaban zucra (1). Sagun cuenta Alberto de
Aix,ella habia servido en gran manera a los cristianos afligidos por el hambre en los sitios de Marrah y
de Archas. Esta planta , que es hoy dia una produccion tan importante para el comercio, era desconocida
hasta entonces en Occidente. Los peregrinos la hicieron conocer en Europa; hácia la terminacion ó fin
de las cruzadas fué trasportada a Sicilia y á la Italia , hasta que los sarracenos la introdujeron en el reino
de Granada , de donde los españoles la trasportaron á Madera y a las colonias de América.
El ejército cristiano seguia las costas del mar , en donde podia aprovisionarse por las flotas de los pí
sanos, de los genoveses y por la de los piratas flamencos. Para ir á Jerusalen, segun dice el religioso
Roberto , habia tres caminos, el uno por Damasco, fácil y casi siempre llano; el otro por el Libano, di
ficil para los trasportes, y el tercero por la orilla del mar. Los guerreros de la cruz siguieron este úl
timo. Multitud de cristianos y de piadosos solitarios que habitaban en el Libano, corrieron á visitar á sus
hermanos de Occidente, llevándoles viveres, y sirviéndoles de guias (2).
Los cronistas contemporáneos se complacen en celebrar el- admirable orden que reinaba en un ejército
agitadj, tiempo hacia, por la discordia. Los porta-estandartes marchaban á la cabeza de los peregri
nos, venían luego los diferentes cuerpos del ejército, en medio de este iban los bagajes, cerrando la
marcha el clero y la multitud sin armas. Las trompetas tocaban sin cesar , y los primeros cuerpos ca
minaban lentamente á fin de que los peregrinos, los mas débiles, pudiesen seguir sus banderas. Todos
turnaban en el servicio de noche, y cuando habia algun peligro , lodo el ejército estaba pronto para ba
tirse. Se castigaba á los que faltaban á la disciplina, se instruia á los que no conocian las leyes; los je
fes y los sacerdotes exhortaban á todos los cruzados á ayudarse los unos á los otros, á dar ejemplo de-
virtudes evangélicas; y todos eran valientes, sobrias y caritativos ose esforzaban para serlo.
Los cruzados pasaron por el territorio do Botrys (hay Batroun), de Byblos (Gebail), y atravesaron el
Lyem [Xahrel-Kelb) en su desembocadero. Tal era el temor que se habia apoderado de los musulmanes
al aproximarse el ejército cristiano, que este no encontró enemigos en un pais que , segun relacion de un
testigo ocular , cien guerreros sarracenos bastaban para prender á todo el género humano. Despues de haber
atravesado el desfiladero de la embocadura del Lyem , el ejército cristiano marchó fácilmente por el rico
territorio de (Beirout) Berito ; viendo ya á Sidon y á Tiro, y descansando en los risueños y hermosos jar
dines de estas antiguas metrópolis , al lado de sus ricas y abundantes aguas. Los musulmanes encerrados
dentro de sus murallas enviaron provisiones á los peregrinos con la condicion de que tenian que res-
potar los jardines, verjeles y demás riqueza de su pais. Antes de llegar á Tiro, descansaron tres dias
en las riberas de Nahr-Kascmieh , en un fresco valle , pero fueron asaltados por unos reptiles que lla
maban tarandos cuya picada causaba una hinchazon terrible é instantánea , dando unos dolores insopor
tables y mortales. La vista de estos reptiles, que se cazaban, ya golpeando unas piedras con otras, ya
haciendo ruido con sus escudos, llenó á los peregrinos de sorpresa y de espanto; pero lo que debia cau
sarles todavia mayor admiracion, era el estraño remedio que les indicaban los naturales del pais y que
sin duda fué para aquellos mas bien un motivo de escándalo, que un medio de curacion (3).
Algunos soldados musulmanes , que salieron de Sidon , se atrevieron á amenazar á los cruzados,
siendo tal la disposicion de los jefes del ejército cristiano, que no supieron aprovecharse de este pro
testo para apoderarse de la ciudad ó para imponer algunos tribuios á los habitantes ; pero nada po-

(1) Alberto de Aix y Jaime Vitry dan algunos detallos acerca la caña do azúcar. (Véase a Alberto de Aix, lib. V. §. 27 y Jaime
de Vitry, 85.¡— ¡2) Raimundo do A jiles habla do una poblacion de sescnta mil cristianos que habia en el monte Libano.— ¡3) Gual
terio Vinisauf habla de la picadura de estos animales, que llaman insectos. Nada dice del estraño remedio que indica Alberto
de Aix; pero pretendeque se conseguia cazartos haciendo un gran ruido. (Véase la Biblioteca de las Cruzadas, 1. 1]. Creemos
poder citar el pa-aje latino de Alberto de Aix, en quo trata del remedio indicado por los habitantes del pais, contra la picada de
los taran ios. Simihler el aliam edocti sunt medicinam, iil iur percussus sirie mora coirelcum mutiere, cumviro muüer, el sic ab om-
ni tumore vriuni Uberatur uterque. ¡Alb. Aq. lib. V. cap. XL.) El mismo historiador habla de otro remedio, que consistia en apre
tar fuertemente la parte mordida para impedir la comunicacion del veneno á los otros miembros del cuerpo. El remedio que se
empleaba en tiempo do Gualterio Vinisauf, erala teriaca.
LIBRO CUARTO.— 1099-11IH. 109
dia distraerles de su gran empresa. La mayor parte de los jefes que la guerra habia arruinado,
no trataban ciertamente de enriquecerse con las conquistas ; para mantener á sus soldados, se habian
puesto á sueldo del conde de Tolosa , al que no amaban. Esta especie de sumision fue un sacrificio
de su orgullo, pero á medida que se acercaban á la santa ciudad, era preciso confesar que perdian algo
da su ambición ó de su indómito carácter y que hasta olvidaban sus pretensiones y disputas.
Los cristianos, siguiendo siempre la ribera del mar, dejaron atrás las montañas, y llegaron á las
llanuras de Tolemaida, hoy San Juan de Acre. El emir, que en nombre del califa de Egipto man
daba en esta ciudad , les mandó víveres prometiendo entregarles la plaza cuando se hubieren apode
rado de Jerusalen. Como los cruzados no tenían el proyecto de atacar á Tolemaida, recibieron con
alegría la sumision y las promesas del emir egipcio, pero la casualidad les hizo conocer bien pron
to que el gobernador da la ciudad no tenia otra mira que la de alejarles de su territorio , y ha
cer que tropezasen con sus enemigos, en el camino que debian andar. El ejército cristiano, despues
de haber abandonado las campiñas de Tolemaida, dejó á Califa á la derecha, pudiendo contemplar el
monte Carmelo , y fué á acampar cerca del estanque de Cesarea , en donde una paloma escapada
de las garras de un ave de rapiña , cayó sin vida en medio del campo cristiano. El obispo de
Apt, que fué el que recogió la mencionada paloma , encontró debajo de sus alas una carta escrita
por el emir de Tolemaida al de Cesarea. «La maldita raza de los cristianos, decia el emir , acaba
de atravesar mi territorio y se dirige hácia el vuestro ; que todos los jefes de las ciudades musul
manas estén advertidos de su marcha, y tomen medidas para destrozar á nuestros enemigos (1).»
Se leyó esta carta ante el consejo de los príncipes y ante el ejército. Los cruzados, segun relacion do
Raimundo de Agiles, testigo ocular , demostraron alegría y sorpresa á la vez , no dudando un momen
to que Dios protegería su empresa , ya que les enviaba aves del cielo para revelarles los secretos
de los infieles.
Llenos de un nuevo entusiasmo, prosiguieron su marcha, y alejándose de las costas del mar, de
jaron á su derecha á Antipatrida y á Joppe. Siguieron al través de una vasta llanura, que les con
dujo a Lid Ja, la antigua Dióspolis, célebre por el martirio de san Jorge. No debe olvidarse que
san Jorge era el patron de los guerreros cristianos, y que muchas veces habian creido verle, en me
dio de las batallas, combatiendo" á los infieles. Los cruzados dejaron en Lidda un obispo y sacerdo
tes para el servicio del culto v del ilustre mártir, consagrándole el diezmo de todas las riquezas
tomadas á los musulmanes. Se apoderaron luego de Ramla, ciudad de la que no habla la Escri
tura, pero que los cruzados debian hacer célebre; y reunidos en esta ciudad que habian encon
trado sin habitantes, solo distaban ya diez leguas de Jerusalen. No dudamos que apenas se creerá
lo que vamos á decir , esto es, que estos valientes guerreros, que habian vencido tantos peligros
y sujetado a tantos pueblos para llegar bajo los muros de la santa ciudad , deliberaban ahora
para saber si irian á sitlar el Cairo ó bien á Damasco (2). No viendo á su alrededor
aquella multitud de tropas que habian conquistado á Antioquía y Nicea , pareció que la espe
ranza de la victoria les abandonaba por un momento; los peligros y desgracias que les esperaban
á la puerta de la ciudad prometida, vino á espantar su imaginacion, y próximos á dar la última
prueba de su valor, parecía que se decian del fondo de su corazon , como el Hombre-Dios , en los
momentos de consumar su doloroso sacrificio, que este cáliz pase lejos de mi. Con todo, el recuerdo
de sus victorias, los sentimientos que debia inspirarles la proximidad de los santos lugares, triunfa
ron de su perplejidad, y los jefes resolvieron por unanimidad proseguir su marcha á Jerusalen.
Mientras que el ejército cristiano avanzaba, los musulmanes que habitaban las riberas del Jordan,
las fronteras de Arabia y los valles de Sichem , marcharon precipitadamente hácia la capital de la
Palestina, los unos para defenderla con las armas en la mano, y los otros para buscar un asilo pa
ra sus familias y sus rebaños. Por todos los puntos que pasaron , fueron los cristianos del pais mal-
ir La relacion de Raimundo de Agiles ha inspirado al Tasso la ficcion de su XVIII libro, segun la cual un palomo que se di
rigía á Soliman, es perseguido por un halcon y se precipita sobre las rodillas de Godofredo.—,2, Solamente Raimundo de Agiles
habla de esta estrafia deliberacion de los jefes, y si esto historiador no la hubiese presenciado, no podríamos daríe credito. [Vía
se á Raimundo de Agiles, en la coleccion de Bougars. p. 173. 1 Alberto de Aix se contenta con decir que los jefes, despues de
hnbsr atravesado el territorio de Tolemaida, deliberaron si irian a Damasco.
1 12 HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
tó de evitar el combale; tres de ellos sucumbieron bajo su acero, y los otros dos huyeron hacia la
riudad.
Sin apresurarse de modo alguno , Tancredo fué á reunirse con el ejército , que con el mayor entusiasmo
se adelantaba sin orden aproximándose á la santa ciudad, cantando estas palabras de Isaías: Jcrusalen,
alza los ojos y mira al libertador que viene á romper tus cadenas.
Al dia siguiente de su arribo, los cruzados se ocupaban en formar el sitio de la plaza. Una esplanada
cubierta de olivos se estiende por la parte septentrional , en cuyo punto el terreno presenta una superficie
compacta , y es el lugar mas á propósito para acampar el ejército al rededor de la ciudad. Godofredo
de Bouillon , Roberto , conde de Normandia , y Roberto, conde de Flandes, levantaron sus tiendas en
medio de esta esplanada; estendióse el campamento desde la gruta de Jeremías hasta los sepulcros de
los reves. Tenian delante la puerta llamada de Damasco, y la pequeña puerta de Heredes , hoy dia ta
piada.
Tancredo sentó sus reales ó la derecha de Godofredo y de los dos Robertos, sobre el terreno que mira
al noroeste de las murallas. Despues del campo de Tancredo , seguía el de Raimundo, conde de Tolosa,
frente de la puerta de Poniente. Sus tiendas cubrían las alturas llamadas hoy colinas de San Jorge, se
paradas de las murallas por el estrecho valle de Repha'im y por un vasto estanque. Esta posicion no le
permitía concurrir activamente á los trabajos del sitio, y por esto determinó trasladar parte de sus tro
pas hácia el lado meridional de la ciudad , esto es, sobre el monte Sion , en el mismo lugar en donde
Jesucristo habia celebrado la Pascua con sus discipulos. Entonces , lo mismo que hoy dia , la parte del
monte Sion que no cae dentro de la ciudad, presentaba poca estension. Los cruzados que se habían co
locado en este punto , podian ser alcanzados por las flechas lanzadas de lo alto de las torres y de las
murallas. Las disposiciones militares de los cristianos dejaban libres los costados de la ciudad defendidos
por el mediodia, por el valle de Gihon ó de Siloé, y al oriente por el valle de Josafat. La ciudad sania
fué cercada tan solo á medias por los peregrinos. Solamente se habia establecido sobre el monte de los
Olivos un campo de vigilancia.
Cada paso que daban los peregrinos al rededor de Jerusalen, les suscitaba un recuerdo religioso. Este ter
ritorio reverenciado por los cristianos no tenia valles ni peñascos que no tuviesen un nombre en la historia
sagrada. Todo cuanto voian aumentaba su entusiasmo; no pudiendo sobre todo desviar la vista de la santa
ciudad, cuyo estado de abatimiento les condolía. Esta ciudad, en otro tiempo tan magnifica y suntuosa, pare
cia sepultada dentro sus propias ruinas, y era preciso, para servirnos de las espresiones de Josefo, preguntar
al mismo Jerusalen dónde estaba Jerusalen. Con sus casas cuadradas, sin ventanas y cuyo remate era un
terrado liso, se ofrecia á los ojos de los cruzados como una masa enorme do piedras hacinadas entre peñas
cos. Solo se veia descollar en su recinto algunos cipreses y palmeras por en medio de los que se elevaban va
rios campanarios en el cuartel de los cristianos y algunas mezquitas en el de los infieles. En los valles y sobre
los puntos cercanos de la ciudad, que las antiguas tradiciones representaban como cubiertas de jardines y
de sombra agradable, crecian apenas algunos olivos y espinosos arbustos. El aspecto de estas áridas campi
ñas, de estas rocas cortadas, de este suelo enfermo y rojizo y de esta naturaleza quemada por el sol, presen
taba por todas partes á la imaginacion de los peregrinos imágenes de luto , é inspiraba una sombría triste
za á sus sentimientos religiosos. Les parecia oir la voz de los profetas que habian anunciado la esclavitud y
las desgracias de la ciudad de Dios, y en el esceso de su devocion se creían llamados á devolver á aquella su
brillo y esplendor.
Lo que inflamó todavía mas y mas el celo de los cruzados para libertar la sania ciudad, fué la llegada de
un gran número de cristianos que habian salido de Jerusalen, y que privados de sus bienes y arrojados de
sus casas, venían en busca de socorro y de asilo. Estos cristianos contaron los padecimientos é insultos de
que habian sido víctimas los que profesaban la religion de Jesucristo. Los musulmanes se habian quedado
en rehenes á las mujeres, niños y ancianos, y los hombres que eran aptos para empuñar las armas eran
condenados á los trabajos mas penosos. El jefe principal del hospital de los peregrinos habia sido cargado de
cadenas, lo mismo que otros muchos cristianos. Se habian robado todos los tesoros de las iglesias para aten-
nerndos de los peregrinos. Vio, dice Raul de Caen, al pueblo que llenaba las callos dela santa ciudad , á las milicias que
temhliban, a las mujeres desconsoladas, y al clero invocando el cielo.
LIBRO CUARTO.— 1099-1101. 113
der de esta manera al equipo delos soldados musulmanes. El patriarca Simeon habia pasado á la isla de Chi
pre con el objeto de implorar la caridad de los fieles y de salvar á su rebaño amenazado de muerte, si no pa
gaba el enorme tributo impuesto por los opresores de la santa ciudad. En fin, cada dia los cristianos de Jeru-
salen eran victimas de nuevos ultrajes , y varias veces los infieles habian formado el proyecto de entregar á
las llamas el Santo Sepulcro y la iglesia de la Resurreccion.
Los cristianos fugitivos, mientras hacian tan dolorosas relaciones , exortaban á los peregrinos á que
activasen el ataque contra Jerusalen. Desde los primeros dias del sitio, un ermitaño que habia fijado su
retiro en la montaña de los Olivos, vino á reunir sus súplicas con las de los cristianos echados de la ciudad,
y pidió encarecidamente á los cruzados, en nombre de Jesucristo, del que decia ser intérprete, que
diesen el ataque general. Estos, que no tenian ni escalas ni máquinas de guerra, siguieron los consejos
del piadoso ermitaño , y creyeron que su audacia y sus espadas bastaban para derribar las murallas
de los enemigos. Los caudillos , que habian presenciado tantos prodigios obrados por el valor y el entu
siasmo de sus soldados, y que no habian olvidado la terrible miseria sufrida en el sitio de Antioquia,
cedieron fácilmente á la impaciencia del ejército ; y desde este momento , la vista de Jerusalen infla
mó los corazones de un ardor que parecia invencible , no dudando los menos crédulos que Dios secun
daria su valor por medio de milagros.
Dada la primera señal, el ejército cristiano avanzó ordenadamente hácia las murallas. Los unos, reu
nidos por batallones en columna cerrada , se guarecian con sus escudos que formaban sobre sus cabezas
una especie de bóveda impenetrable , y se esforzaban en destruir la muralla con el ausilio de la pica y
el martillo; mientras que el resto del ejército, formado á alguna distancia en linea de batalla, ofendia á
la ciudad con la honda y la ballesta. El aceite, la pez hirviendo, piedras enormes y grandes vigas, caian
sin cesar sobre las primeras filas de los cruzados. Nada podia intimidar el valor de los sitiadores. Ya el
antemuro habia cedido á sus esfuerzos , pero la muralla interior les oponia un obstáculo insuperable. Solo
se encontró una escala que pudiese llegar á lo alto de las murallas: mil valientes se disputaron el honor
de subir en ella (1), y algunos que se habian encaramado hasta casi arriba de todo, luchaban cuerpo á
cuerpo con los egipcios , que no podian comprender tanto valor y heroismo. Sin duda los cruzados hubie
ran entrado en Jerusalen el mismo dia , si hubiesen tenido las máquinas de guerra y demás útiles necesa
rios : pero los sitiados recobraron aliento , el cielo no hizo los milagros prometidos por el ermitaño , y los
primeros que dieron el asalto, no pudieron ser socorridos por sus compañeros que solo encontraron una
muerte gloriosa sobre las murallas de la santa ciudad.
Los cristianos regresaron á su campamento , deplorando su imprudencia y su credulidad. Este primer
revés les enseñó que no debian fiarse ni contar siempre con los milagros , y que ante todo era preciso
construir las máquinas de guerra , pero era dificil el procurarse la madera necesaria en un pais que solo
ofrecia un terreno estéril; varios destacamentos fueron enviados con este objeto. La casualidad quiso
que encontrasen en el fondo de una caverna grandes vigas, que fueron trasportadas al campamento. Se
destruyeron las casas y hasta las iglesias que se habian salvado del incendio , y toda la madera se empleó
en la construccion de máquinas de guerra.
Sin embargo los trabajos del sitio no calmaban la impaciencia de los cruzados, no pudiendo evitar
tampoco los males que amenazaban todavia al ejército cristiano. Asi que los peregrinos llegaron delante
de Jerusalen se desarrollaron los mas grandes calores del verano. El torrente de Cedron estaba seco;
todas las cisternas vecinas habian sido envenenadas. La fuente de Siloé que manaba á intervalos , no
podia bastar á la multitud de peregrinos que acudian á ella. Bajo de un cielo de fuego, en medio de
una árida comarca, el ejército cristiano se encontró bien pronto victima de todos los horrores de la sed.
Desde este momento, una sola idea ocupaba la mente de los jefes y de los soldados, esto es, la de
procurarse el agua necesaria. La mayor parte de los peregrinos, arriesgándose á caer en manos de
los musulmanes, recorrían noche y dia las montañas y los valles, y cuando habian descubierto una

(1) Tancredo, segun Raul de Caen, se precipito sobre esta escala para subir el primero, pero los soldados y los no
bles se opusieron á esta resolucion; con todo fué preciso agarrarte por el brazo y quitarte la espada. Un hombre joven,
(Riambaldo Croton' le reemplaza ; y bien pronto llega a lo alto de la escalera; pero cubierto de heridas, se ve oblicado á re
tirarse. (Véase la Biblioteca de las Cruzadas, t. I.J
15
I

\\K HISTORIA DE LAS CRUZADAS.


fuente ó una cisterna , todos acudian en tropel y hasta se disputaban con las armas algunas gotas de
agua cenagosa. Los habitantes del pais traian al campo pellejos llenos de agua que habian sacado de
las cisternas viejas ó de los pantanos ; la muchedumbre sedienta se arrojaba á ellos y hasta los pere
grinos mas miserables daban algunas monedas , para obtener algunos sorbos de una agua fétida , mez
clada con gusanos malignos y sanguijuelas que les causaban enfermedades mortales (1). Cuando daban
de esta agua á los caballos, estos la olfateaban, y manifestaban su repugnancia rechazándola con un
uerte resoplido; y careciendo de buenos pastos , echados sobre un suelo lleno de inmundicia , no se ani
maban ya al toque del clarin de guerra ui casi tenian fuerzas suficientes para llevar á los ginetes
al combato.
Las bestias de carga, completamente abandonadas, perecian miserablemente, y la putrefaccion que
arrojaban sus cadáveres inficionaba la atmósfera de exhalaciones venenosas.
Cada dia la posicion de los cruzados se hacia mas critica ; cada dia el sol era mas abrasador ; la
aurora «o tenia rocio, y las noches no eran menos calurosas que los dias. Los guerreros mas esfor
zados y robustos imploraban la lluvia ó los milagros, por los cuales el Dios de Israel habia hecho
manar de las peñas del desierto una hermosa y cristalina agua. Todos maldecian este pais, cuyo pri
mer aspecto les habia llenado de alegria, pero que desde el principio del sitio parecia vomitar sobre
ellos las furias del infierno. Los mas fervorosos no podian comprender cómo, estando delante de la ciudad
de salud , tenian que sufrir tanto ; pero no disminuyendo en lo mas minimo su entusiasmo , y deseando
la muerte , se veia algunas veces como se precipitaban sobre las murallas de la ciudad de Dios y be
saban las invencibles piedras , esclamando con los ojos llenos do lágrimas: / Oh Jerusalen! recibe nues
tros últimos suspiros; que tus murallas caigan sobre nosotros, y que la santa polvareda que te circuye
cubra nuestros huesos.
La falta de agua habia llegado á tal punto que apenas se acordaban de los escasos viveres de que
podian disponer. Todos los infortunios se habian reunido para agobiar á los cruzados. Si los sitiados
hubiesen atacado al ejército cristiano , estando en esta disposicion , le hubieran destruido fácilmente ; pero
el Oriente no habia olvidado las victorias de los soldados de la cruz , y este recuerdo les protegia en
medio de sus apuros; sin embargo, preciso es decir que hubo momentos durante los cuales se en
tregaron á la desesperacion, pero jamás conocieron el miedo. Su histórica seguridad , en medio de tantos
males y paligros que les rodeaban , los hizo respetar de sus mismos enemigos , que temblaban al ver
les, creyéndoles invencibles.
Mientras que los cristianos se lamentaban de su miseria y sobre todo de no tener las máquinas de guerra
suficientes para asaltar de nuevo la plaza, les llegó repentinamente un socorro que por cierto no esperaban.
Se supo en el campamento queuna flota genovesa habia entrado en el puerto de Joppe, cargada de municio
nes y de provisiones de toda especie. Semejante noticia causó suma alegria á la multitud de peregrinos. Un
cuerpo de trescientos hombres, mandado por Raimundo Pelet, partió para servir de vanguardia al convoy
que el cielo parecia enviar al ejército cristiano. Estos trescientos guerreros, despues de haber batido, cerca
de Lidda, á los musulmanes que tuvieron que dispersarse, entraron en la ciudad de Joppe, abandonada por
sus habitantes. La armada cristiana habia sido sorprendida y quemada por la de los infieles; pero se habian
podido salvar los viveres y gran cantidad de instrumentos para la construccion de máquinas de guerra; todo lo
cual fué trasportado al campo cristiano; este convoy, atacado muchas veces por los infieles, llegó bajo los
muros de Jerusalen, seguido de un gran número de ingenieros y carpinteros genoveses, cuya presencia reno
vó la emulacion y el valor entre los sitiadores.
Como escaseaba la madera para la construccion de máquinas, un sirio, segun Guillermo de Tiro, el mis
mo Tancredo, si se ha de dar credito á Raul de Caen, condujo á los cruzados á algunas leguas de Jerusalen,
hócia el antiguo territorio de Samaria y el pais de Gabaon, famoso por el milagro de haberse parado el sol
en medio de su curso. De este punto era la madera que se escogia para los sacrificios del templo, en tiempos

(l) Se cree poder asegurar que estas enfermedades mortales eran verdaderas hemorragias ; porque igual enfermedad pade
cio el ejército francés en la espedicion de Egipto, en 1798, bebiendo aguas turbias, en las que se encontraron sanguijuelas que la
falta de limpieza impedia ver. Estas sanguijuelas se fijaban en la garganta, produciendo mortales hemorragias, cuya causase
ignoraba; pero luego que esta se descubrio, se aplico el oportuno remeflio.
LIBRO CUARTO.— 1 099-1 101. 115
de los jueces y de los reyes de Israel, hoy dia sin embargo, como en tiempo de los hebreos y de las cruzadas,
el pais de Sichem es el que mas abunda en madera (1).
Allí, los cristianos descubrieron el bosque de que habla el Tasso, en la Jerusalen libertada: él no ofrece sin
embargo el misterioso y terrible aspecto que le atribuye la imaginacion del poeta italiano; pues los soldados
de la cruz penetraron en él sin temor alguno y sin esperimentar ninguna clase de obstáculos. Los abetos, los
cipreses y los pinos que en él se encontraron, cayeron bajo el hacha sin que les defendiesen el encantamien
to de Ismeno ni las armas de los musulmanes. Los carros, tirados por camellos, trasportaban al campamen
to los árboles cortados, y á medida que iban llegando se les empleaba para los trabajos del sitio. Como los jefes
estuviesen faltos de dinero, el zelo y la caridad de los peregrinos ocurrieron á esta necesidad, ofreciendo á
aquellos todo lo que habian conservado delbotin hecho al enemigo. Nadie estaba ocioso; los caballeros y los
barones se entregaron tambien al trabajo; todos los brazos tenian suficiente ocupacion, en fin todo era activi
dad y movimiento en el ejército cristiano. Mientras los unos construían arietes, catapultas y caminos cu
biertos, los otros llevaban pellejos, ibaná buscar agua ála fuente de Elpira en el camino de Damasco, ó á la
de los Apóstoles, mas allá de Betania , en el valle que se llama el desierto de San Juan, ó á otra que manaba
al oeste de Belen, en donde, se dice, que el diácono san Felipe bautizó á la esclava de Candacia, reina de
Etiopia (2). No faltaba tampoco quien preparase las pieles de las bestias de carga muertas, para cubrir las,
máquinas de guerra y prevenir los efectos del fuego; mientras que los otros rocorrianlas montañas, en bus
ca de ramas de higuera y de olivo para levantar ó construir faginas.
Aun cuando los cristianos tuvieron que sufrir mucho por causa de la sed, del calor de la esta
cion y del- clima, la esperanza de poner pronto término á los males que les afligían, les daba fuer
zas para sobrellevarlos. Los preparativos del ataque adelantaban con increible actividad. No pasaba
un dia sin que se acabasen nuevas máquinas colocándolas al momento en el sitio desde el cual
debian ofender las murallas enemigas. Su construccion corría á cargo del célebre Gaston do Bearnr
de cuya habilidad y pericia hablan los historiadores. Entre estas máquinas , llamaban la aten
cion tres enormes torres, de nueva construccion, compuestas de tres pisos ó departamentos; el pri
mero estaba destinado á los operarios que dirigían los movimientos, y el segundo y tercero paralos
guerreros que debian dar el asalto. Estas tres fortalezas portátiles tenian mayor elevacion que las
murallas de la ciudad sitiada (3), y se habia adoptado el sistema de poner en. la cúspide de aque
llas una especie de puento levadizo , que bajado sobre las murallas facilitaba la entrada, á la pla
za enemiga (4).
Pero estos poderosos medios de ataque no eran los únicos que debian secundar los esfuerzos d*
los cruzados, el entusiasmo religioso de donde nacieron tantas proezas y hazañas, debia aun aumenr
tar su ardor y prepararles una nueva victoria (5). El clero se repartió por todo el campamento-
exhortando á los peregrinos á la penitencia y á la concordia. La miseria , que solo produce
quejas y recriminaciones, habia endurecido los corazones de los cruzados, sembrando la division en
tro los jefes y soldados. En otros tiempos , los guerreros cristianos so disputaban las eiudades y
provincias, y ahora lo hacian tambien de las cosas mas comunes , siendo todo objeto de rivalidad
y de controversias. Los obispos procuraron, hacer que renaciese el espíritu de paz y de fraternidad
(1) En mis anteriores ediciones, habia tomado el bosque de Cesarea, por el bosque encantado del Tasso; yo mismo habia pu_
blicado una memoria relativa al mismo asunto en las piezas justificativas del tomo I: y los viajeros mas ilustrados me habiau
hecho confirmar mas y mas en mi opinion. Pero habiendome trastadado personalmente á dicho bosque, he reconocido mi er
ror. (Vease la correspondencia de Oriente t. IV, p. 1 64 y siguientes.—(2) Estas diversas fuentes están descritas e indicadas en la
Correspondencia de Oriente.— (3) El caballero de Folard, en su tratado del atoque de plazas, en los comentarios sobre Polibio, habla
de la. torre de Godofredo, que eh llama equivocadamente la torre de Federico I en Jerusálen; y da una descripcion detallada y
un exacto plano de esta torre, que despues varios escritores contemporáneos la han descrito exactamente.—[4) Raul de Caer.
(Biblioteca de las Cruzadas, t. I.)—í») El Tasso ha tomado de los cronistas la idea del solitario, que aconseja á los cruzados el
prepararse al asalto por medio de la oracion y de la penitencia. Nos parece que el poeta, al hablar de la procesion de los cru
zados al rededor de Jerusalen, no ha sabido aprovecharse de la mejor ocasion que podía proporcionársele, para hablar delo*
Santos Lugares, y de traer á la memoria los poeticos recuerdos que podían animar y adornar su cuadro. Los hombres de un
gusto severo, podrían hacer cargos á Tasso por la poca exactitud de sus descripciones. ¡ Que colores mas vivos ofrecia á su genio
el aspecto austero y religioso á la vez del pais de Jorusalen! Causa admiracion el ver en este pais las grutas, los sotos, los \a-
Hes, en una palabra, paisajes como los que se encuentran bajo del cielo de Italia. Tendremos ocasion de hacer ver lo qoje falla
en la Jerusalen libertada bajo el punto de vista déla veracidad.
416 HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
entre los cruzados. El solitario del monte de los Olivos unió sus exhortaciones á las del clero, y di
rigiéndose á los príncipes y al pueblo , les dijo : « Vosotros que habeis venido de las regiones del
Occidente para adorar la tumba de Jesucristo, amaos como hermanos y santificaos por medio del ar—
repentimiento y de las buenas obras. Si obedeceis las leyes de Dios, él os hará dueños de la santa
ciudad, pero si las desechais, su cólera caerá sobre vuestras cabezas.» El ermitaño aconsejó á los
cruzados que hiciesou una procesion al rededor de Jerusalen, para invocar la misericordia y protec
cion del cielo.
Los peregrinos, que estaban persuadidos que las puertas de la ciudad sitiada no debian abrirse so
lamente á fuerza de armas, sino tambien por la devocion, acogieron con docilidad las exhortaciones
del ermitaño, y se apresuraron á seguir su consejo, que lo miraban como un precepto divino. Des
pues de tres dias de un riguroso ayuno, salieron de sus cuarteles, y marcharon con los piés des
calzos y la cabeza descubierta hácia las murallas de la santa ciudad. Precediales el clero que iba
revestido con hábitos blancos llevando las imágenes de los santos , y cantando los salmos y demás
cánticos de la Iglesia. Los estandartes ondeaban en medio de las armas cruzadas, v el sonido de los
timbales y trompetas se oia desde muy lejos; de este modo los hebreos , en otro tiempo, se habian,
apoderado de la torre de Jericó cuyas murallas se desplomaron al sonido de una música militar.
Los cruzados salieron del campo de Godofredo hácia el norte de la ciudad santa , bajaron por el
valle de Josafat, pasaron entre el sepulcro de la Virgen y el jardin de los Olivos, y subieron final
mente á las sagradas alturas de la Ascension.
Así que estuvieron en la cúspide de la montaña, el espectáculo mas imponente se presentó de
lante de sus ojos: al oriente, el mar Muerto se dibujaba en el valle de Jericó como en un brillante
espejo, y el Jordan como una cinta plateada; las montañas de la Arabia se estendian en el horizonte
cual murallas azuladas: al occidente los peregrinos contemplaban á sus piés á Jerusalen y las pá
lidas colinas de la Judea. Reunidos en el mismo lugar desde el que Jesucristo subió á los cielos, y
creyendo distinguir las huellas de sus pisadas, escucharon las últimas exhortaciones de los clérigos y
de los obispos.
Arnaldo de Rohes, capellan del duque de Normandia, les dirigió tambien un patético discurso para encare
cerles la necesidad en que estaban de redoblar su celo y su constancia; y al finalizar su discurso,
y con la vista fija sobre Jerusalen les dijo: «Ya veis la herencia de Jesucristo hollada por los im
píos, hé aquí en fin el digno premio de todos vuestros trabajos , hé aquí el lugar en donde Dios
os perdonará todas vuestras faltas, y bendecirá vuestras victorias.» A la voz del orador los defenso
res de la cruz se humillaron delante de Dios, dirigiendo sus miradas á Jerusalen.
Como Arnaldo les invitaba en nombre de Jesucristo á perdonar las injurias, Tancredo y Raimun
do que estaban enemistados desde mucho tiempo, se abrazaron en presencia de todo el ejército. Loa
soldados y los otros jefes imitaron su ejemplo ; y los mas ricos prometieron socorrer con sus li
mosnas á los pobres y á los huérfanos que militaban bajo la enseña de la Cruz. Todos olvidaron
gus fatales discordias, jurando permanecer fieles á los preceptos de la caridad evangélica..
Mientras que los cruzados se entregaban á los dulces sentimientos de su piedad , los sitiados , que co
ronaban las murallas de Jerusalen, levantaban varias cruces que profanaban con sus ultrajes, in
sultando con sus gestos y sus esclamaciones las ceremonias de los cristianos, o Vosotros ois, les dice
» Pedro el Ermitaño, las amenazas y las blasfemias de los enemigos del verdadero Dios : jurad defender
ȇ Jesucristo perseguido y crucificado segunda vez por los infieles. Vod como espera nuevamente so-.
»bre el Calvario para redimir vuestros pecados.» A estas palabras del cenobita, la multitud le inter
rumpe con gemidos y gritos de indignacion. Todo el ejército arde en deseos de vengar los ultrajes
hechos al Hijo do Dios. «Sí, yo juro por vuestra piedad, prosiguió el orador, yo juro por vuestras
armas , que el reinado de los impíos toca ya á su término. El ejército del Señor solo necesita presentar-
pe, y toda esa multitud de musulmanes doaparecorá como el humo. Hoy todavía están llenos de or
gullo y do insolencia, mañana les vereis cubiertos de terror, y sobre esto Calvario que vais á asal
tar, les vereis delante de vosotros como los centinelas del Sepulcro, que vieron caérselos las armas
do las manos , y casi morir de miedo y espanto cuando un temblor de tierra les anunció la pre
LIBRO CUARTO. — 1099-11 Oí. M7
sencia de Dios resucitado. Dentro pocos instantes , estas murallas que han sido durante tanto tiem
po el abrigo del pueblo infiel, serán la mansion de los cristianos; estas mezquitas construidas sobre
las ruinas cristianas, servirán de templo al Dios verdadero, y Jerusalen solo oirá los cánticos de ala
banza hacia el Salvador. »
Al finalizar Pedro su discurso, el entusiasmo de los cruzados llegó á su colmo, exhortábanse mu
tuamente á sobrellevar las fatigas y trabajos cuya gloriosa recompensa estaba ya próxima. Los cris
tianos descienden del monte de los Olivos para regresar á su campamento, y dirigiéndose hácia el
mediodia , atraviesan el valle de Siloé , y pasan cerca del estanque en donde Jesucristo dió la vis
ta á un ciego de nacimiento, y se adelantan hácia la montaña de Sion, en donde otros recuerdos vie
nen á inflamar nuevamente su entusiasmo. Durante este piadoso camino los peregrinos se vieron
muchas veoes espuestos á los dardos que les dirigían los sitiados desde lo alto de sus murallas , y
muchos, heridos mortalmente, espiraban al fin en medio de sus hermanos, bendiciendo á Dios ó im
plorando su justicia contra los enemigos de la fé. Hácia la tarde, el ejército cristiano regresó á sus
cuarteles repitiendo las palabras del Profeta : Los de Occidente temerán al Señor, y los de Oriente
verán su gloria. Llegados al campamento , los peregrinos pasaron la noche orando; los jefes y los
soldados se confesaron, y recibieron por medio de la comunion al Dios cuyas promesas les llenaban
de esperanza.
Mientras que el ejército cristiano se preparaba de esta suerte para el combate , el silencio mas pro
fundo reinaba al rededor de los muros de Jerusalen, solamente se oia de cuando en cuando á algunos
musulmanes desde lo alto de las mezquitas de la ciudad, llamar á sus compañeros á la oracion: los
infieles acudian en tropel á sus templos para implorar la proteccion de su Profeta , jurando por la
piedra misteriosa de Jacob defender una ciudad que llamaban la casa de Dios. Los sitiados y los si
tiadores tenían un mismo valor y les animaba igual deseo de derramar sangre , los unos por con
servar á Jerusalen y los otros por conquistarla. La rabia que les dominaba era tan grande, que durante
todo el tiempo del sitio , ningun diputado musulman pasó al campo de los cristianos , ni estos se digna
ron tampoco intimar la rendicion de la plaza á aquellos. Entre tales enemigos , el choque debia ser
terrible y la victoria implacable.
Revolvióse pues, en el consejo delos jefes, el aprovechar el entusiasmo de los peregrinos y activar
el asalto cuyos preparativos estaban adelantados. Godofredo situó su campo hácia el ángulo oriental de
la ciudad cerca de la puerta de San Estéban. El terreno de este nuevo campamento ofrecia un sitio
muy á propósito para dar un asalto : por este lado era la muralla estorior mas baja que en otros
puntos : y la superficie plana del terreno tenia la necesaria estension para la colocacion y juego de
las máquinas de guerra. Los cronistas contemporáneos se admiran de la prontitud con que se llevó ú
cabo un cambio tan grande. Los arietes y las torres fueron desmontadas y trasportadas pieza por pieza
al nuevo campo: este prodigioso trabajo, que debia decidir el éxito del sitio y la toma de Jerusalen,
se hizo en una sola noche, y en una noche del mes de julio, es decir durante el espacio de cinco
ó seis horas.
Cuando yo describia , veinte y nueve años atrás , et sitio de la santa ciudad , los cronistas que m&
servia n de guia , me presentaban este punto con mucha oscuridad ; concebi entonces la idea de ir á acla
rar mis dudas sobre el terreno. Pero me faltaron medios y ocasion por espaoio de mucho tiempo ; mas
finalmente he podido ver la verdad por mis propios ojos , y he podido seguir á los peregrinos al rede
dor de la santa ciudad. Muchas veces me he parado en el mismo lugar donde Godofredo había estable
cido su último campamento , y he podido reconocer el sitio en donde se decidió la mas grande victoria
de los soldados de la cruz , esto es la toma de Jerusalen.
Debo añadir todavía, para ser mas claro, que las murallas han esperimentado alguna variacion por
este lado. En las murallas construidas por orden de Soliman, el circuito de la ciudad era mas grande
por el ángulo nordeste; y visitando la parte interior de la ciudad , he reconocido un terreno llano , la
mitad cubierto de miserables chozas , y la restante inhabitada : en tiempo de los cruzados , este terreno
estaba fuera de la ciudad, y este fué el sitio en que se colocó la torre de Godofredo y en que se trabó
el combate decisivo do los sitiadores. Yo espero que con esta esplicacion, mis lectores, sobre todo los
118 HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
que han visto á Jerusalen, me seguirán fácilmente en todo lo que me falta que decir, interin prosigo
mi relacion.
Tancredo se quedó con sus máquinas y su elevada torre j hácia la parto noroeste de la ciudad t no
lejos de la puerta de Belen y delante do la torre angular que llevó despues el nombre de aquel. El du
que de Normandia y el conde de Flandes se habian aproximado un poco al campo de Godofredo, te
niendo delante la parte septentrional de la ciudad, y detrás la gruta de Jeremias. El conde de San Gil,
encargado del ataque meridional, se encontraba separado de la muralla por una especie de rambla ó
torrentera que era preciso secar. Al efecto-hizo publicar por medio de un heraldo de armas, que él
pagaria un dinero á cada persona que echase en dicha torrentera tres piedras, é inmediatamente el
pueblo acudió para secundar los esfuerzos de los soldados. Un granizo de dardos y de flechas lanzados
desde lo alto de las murallas , no pudo enervar el zelo y el ardor de los trabajadores. En fin , al tercer
dia concluyóse esta operacion , y los caudillos dieron la órden para el ataque general;
El jueves dia 14 de julio de 1099, desdo -que amaneció, los clarines resonaban en lodo el campo
cristiano ; lodos los cruzados volaron á empuñar las armas , lodas las máquinas de guerra se pusieron
en movimiento, y los pedreros lanzaban contra el enemigo multitud de pedernales, mientras que al abrigo
de caminos cubiertos se hacian aproximar los arietes á las murallas. Los archeros y ballesteros dirigian
sus tiros contra los egipcios que guarnecian los muros y las torres; y los intrépidos guerreros, cubiertos
con sus escudos, plantaban las escalas en los puntos en los que la plaza parecia ofrecer menor resistencia.
Por la parte del mediodia, del oriente y del norte de la ciudad, las torres se avanzaban hácia la-
muralla en medio de la griteria de los operarios y soldados. Godofredo pareció sobre lo mas alto de esta
fortaleza de madera, acompañado de su hermano Eustaquio y de Balduino de Bourg, animando á los
suyos con su ejemplo. Todos los venablos que él lanzaba, dicen los historiadores, llevaban la muerte á
los sitiados. Raimundo, Tancredo, el duque do Normandia y el conde de Flandes combatian en medio
do sus soldados ; los caballeros y los hombres de armas acudian en todos los puntos donde mayor era
el peligro.
Nada puede igualarse con el furor del primer choque de los cristianos; pero es preciso confesar que en
lodos los punios encontraron una terrible resistencia. Las flechas y los venablos, el aceite hirviendo, eí
fuego griego ó misto incendiario y catorce máquinas que los sitiadores oponian á las de los enemigos, re
chazaron por todos lados el ataque y los esfuerzos de los acometedores. Los infieles salieron por una brecha
abierta en la muralla y probaron el incendiar las máquinas de los sitiadores, introduciendo el desórdenen
el ejército cristiano. Al finalizarse la jornada, las torres de Godofredo y de Tancredo no podian ya ser mo
vidas, y la de Raimundo estaba arruinada. La lucha habia durado doce horas, sin que pareciece decidirse
la victoria por los cruzados; la noche vino á separar á los combatientes. Los cristianos se retiraron á sus
campamentos llenos de coraje y de dolor ; los jefes, especialmente los dos Robertos, no podian consolarse de
que Dios no les hubiese juzgado todavia dignos de entrar en la santa ciudad y de adorar el sepidcro de su Hijo.
La noche se pasó^por una y otra parte en la mas viva inquietud, cada uno lloraba sus pérdidas y tem
blaba por las que habian devenir. Los musulmanes temian una sorpresa; los cruzados temian á la vez que-
los musulmanes no incendiasen las máquinas que habian dejado al pié de las murallas. Los sitiados se ocu
paron sin descanso en reparar las brechas hechas á sus murallas, y los sitiadores en poner sus máquinas en
estado de poder servir para un nuevo asalta. El dia siguiente se repitieron los mismos combates que en el
anterior.
Los jefes se esforzaban por medio de sus discursos en reanimar el valor de los cruzados. Los sacerdotes
y los obispos recorrian las tiendas de los soldados anunciándoles los socorros del cielo. El ejército cristiano,
poseido de una nueva confianza en la victoria, se puso sobre las armas, y avanzóse silenciosamente hácia
el lugar del ataque, mientras que el clero marchaba procesionalmente al rededor de la santa ciudad.
El primer encuentro fué terrible. Los cristianos, indignados por la resistencia que esperimentaron el dia
anterior, combatian desesperadamente. Los sitiados , que habian sabido la llegada de un cuerpo de tropas
egipcias, estaban animados con la esperanza de la victoria; máquinas formidables cubrian sus murallas:
por todas partes oianse silbar los venablos, las piedras, y las vigas lanzadas por los cristianos y por los in
fieles chocaban cntre si haciendo un ruido espantoso, y volvian á caer sobre los sitiadores. Los musulma—
LIBRO CUAHTO.— 1099-1101. 119
nes no cesaban de arrojardesde lo alto de las torres teas incendiarias y botes de fuego. Las fortalezas de ma
dera de los cristianos se aproximaban á las murallas en medio de un incendio general. Los infieles se diri
gian sobre todo á la torre de Godofredo, en la que brillaba una cruz de oro, cuyo aspecto provocaba sus fu
rores y sus ultrajes. El duque de Lorena habia visto caer a su lado á uno de sus escuderos y á muchos de
sus soldados, y á pesar de ser el blanco de los tiros enemigos, combatia en medio de los muertos y heridos,
no cesando de exhortar á sus compañeros á que redoblasen su valor y constancia. El conde de Tolosa, que
atacaba la ciudad por la parte del mediodia, oponia todas sus máquinas á las de los musulmanes, teniendo
que combatir al emir de Jerusalen, que animaba á los suyos arengándolos, y se subia á las murallas, rodea-
dode los mejores soldados egipcios. Hácia el norte estaban Tancredo y los dos Robertos al frente de sus bata
llones. Inmóviles sobre su fortaleza, mostrábanse impacientes de esgrimir la lanza y la espada. Sus arietes
habian ya desmoronado las murallas por varios puntos, detrás de los cuales los sitiados estrechaban sus filas
y ofrecian una última trinchera á los ataques de los cruzados.
En medio del combate, parecieron sobre l¡is murallas de la ciudad dos mágicos (1) conjurando,
dicen los historiadores , los elementos y potestades del infierno.
Ellos no pudieron evitar la muerte que invocaban contra los cristianos, y sucumbieron bajo el
esforzado valor de estos. Dos emisarios egipcios , llegados de Ascalon para exhortar á los sitiados á defen
derse, fueron sorprendidos por los cruzados cuando iban á entrar en la ciudad. Uno deellos murió á manos
de los cruzados , y el otro despues de haber revelado el secreto de su mision fué destinado al servicio de
una máquina , sobre las murallas en donde combatian los musulmanes.
Sin embargo , el combate duraba ya desde el amanecer , y los cruzados no abrigaban esperanza
alguna de entrar en la plaza. Todas sus máquinas ardian, y faltaba el agua y sobre todo el vinagre (2)
que solo podia apagar la especie de fuego arrojado por los sitiados. En vano los mas valientes se es-
ponian á toda clase de peligros para evitar la ruina de las torres de madera y de los arietes, ellos caian se
pultados debajo de sus ruinas , y la llama devoraba sus escudos y sus vestidos. Muchos guerreros , de los
mas valientes , habian hallado la muerte al pié de las murallas : un gran número de los que guarne
cian las torres habian quedado fuera de combate, y los demás, cubiertos de sudor y de polvo, abati
dos con el peso de sus armas y con el calor que hacia , empezaban á desmayar. Los sitiados, que lo lle
garon á conocer, se alegraron en gran manera. Entre las muchas blasfemias que salian de sus bocas,
echaban en cara á los cristianos el que adorasen á un Dios que no podia defenderles. Los sitiadores de
ploraban su suerte, y creyéndose abandonados de Jesucristo , permanecian inmóviles sobre el campo de
batalla.
Pero bien pronto la lucha iba á cambiar de aspecto. De repente los cruzados vieron aparecer sobre la
montaña de los Olivos á un caballero agitando un escudo y dando al ejército cristiano la señal para
entrar en la ciudad. Godofredo y Raimundo fueron los primeros que lo vieron y esclamaron: San Jorge
viene al socorro de los cristianos. El tumulto del combate no daba lugar á examinar ni menos á discutir,
y la vista del celeste caballero entusiasma poderosamente á los sitiadores que vuelven á la carga con
el mayor denuedo. Las mujeres , los niños y hasta los enfermos corren á tomar parte en la pelea , lle
vando agua , viveres y armas, uniendo sus esfuerzos con los de los soldados para aproximar á las mura
llas las torres, que eran el espanto de los enemigos. La de Godofredo se adelantaba en medio de una terri
ble descarga de piedras, dardos y de fuego griego, y dejaba caer su puente todavia sobre la muralla. Al
mismo tiempo infinidad de dardos inflamados vuelan contra las máquinas de los sitiados, contra los sacos de

(l) Como el Tasso emplea á menudo la magia, hemos buscado con cuidado en los historiadores contemporaneos lo que puede
tener relacion con este género maravilloso. El hecho que citamos aqui, despues de Guillermo de Tiro y de Ternardo el Tesorero,
es el único que hemos podido hallar. Algunos historiadores han dicho que la madre de Kerboga era hechicera y que ella habia
anunciado la derrota de Antioqula. En vano sera pretender hallar otros hechos analogos en la historia de la primera cruzada.
Debemos añadir que la magia estaba mucho menos en boga en el siglo doce, que en el que vivio el Tasso. Los cruzados eran
sin duda muy supersticiosos, pero su supersticion no se fijaba en pequeneces, ellos creian en los fenomenos que les parecia ver
en el cielo, creian en la aparicion de los santos y en las revelaciones hechas por el mismo Dios; pero no creian en la magia. La
hechiceria nos viene de los pueblos del Norte que se establecieron en la.Normandfa, con su mitologia particular, y puede ser que
sus ideas se combinasen con la alquimia de los árabes de España.— 2) Guillermo de Tiro y Uaimundo de Agiles. ( Riblioteca
de las Cruzadas.¡
4 20 HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
paja y de heno y contra los sacos de lana que cubrian los últimos muros de la ciudad. El viento aumenta
ba el incendio y arrojaba las llamas sobre los musulmanes. Estos, envueltos entre los torbellinos de fuego y de
humo, retroceden al aspecto delas lanzas y de las espadas cristianas. Godofredo, precedido de los dos her
manos Letaldo y Enjelberto deTournay y seguido de Balduino de Bourg, de Eustaquio, de Raimbaldo Cro
ton de Guicher, de Bernardo de Saint-Vallier y de Amenjeu de Abret, derrota á los enemigos, les persigue y
se arroja dentro de Jerusalen. Todos los valientes que combatian desde la plataforma de la torre, siguen á su
intrépido caudillo, penetrando con él en las calles de la santa ciudad, pasan á cuchillo á todos los que encuen
tran á su paso.
Mientras esto tenia lugar , se difunde en el ejército cristiano la noticia que el santo pontifice Adhemar y
muchos cruzados, muertos durante el sitio, acaban de aparecer á la cabeza de los que estaban asaltando la
plaza, y habian enarboladolos estandartes de la cruz sobre las torres de Jerusalen. Tancredo y los dos Rober
tos, animados por esta relacion, multiplican su valor y sus esfuerzos y se arrojan por fin dentro de la plaza,
acompañados de Hugo de San Pablo, de Gerardo de Rosellon, de Luis de Monson, de Conando y Lamberto do
Monteagudo y de Gaston de Bearn. Una multitud de valientes les siguen de cerca: los unos entran por una
brecha medio abierta, los otros suben á las murallas por medio de escalas, y muchos se precipitan de lo alto
de las torres de madera. Los musulmanes huyen por todas partes y resuena por todo Jerusalen el grito de vic
toria de los cruzados: ¡Dios lo quiere! ¡Dios lo quiere! Los compañeros de Godofredo y de Tancredo van con el
hacha á derribar la puerta de San Estéban, y queda la ciudad abierta á los cruzados que se disputan laen-
trada y el honor de batirse por última vez con los infieles.
Solamente Raimundo encontraba todavia alguna resistencia. Advertido de la conquista de los cristianos,
por los gritos de los musulmanes, por el ruido de las armas y por el tumulto y griteria que se oye dentro de
la plaza, reanima el valor de sus soldados. Estos, impacientes por reunirse á sus compañeros, abandonan su
torre y sus máquinas que ya no podian mover, y precipitándose sobre las escalas y ayudándose los unos á los
otros, llegaban hasta lo alto de la muralla, precedidos del conde de Tolosa, de Raimundo Pelet, del obispo de
Bira, del conde de Die y de Guillermo de Sabran. Nada puede contener su impetuoso ataque, dispersan á los
musulmanes que van á refugiarse con su emir en la fortaleza de David (í), y bien pronto los cruzados reuni
dos en Jerusalen se abrazan, y llorando de alegria no piensan mas que en continuar la victoria .
Sin embargo la desesperacion reanima por algunos momentos á los mas valientes de los egipcios; que se
echan sobre los cristianos que avanzaban en desorden y corrian al saqueo. Estos empezaban á retirarse de
lante del enemigo que habian vencido, cuando Everardo de Puysaie, cuyo valor ha celebrado Raul de Caen,
reanimó el valor de sus compañeros, pónese á su cabeza y llena de nuevo de terrorá los infieles. Desde enton
ces los cruzados no tuvieron mas enemigos á quienes combatir.
La historia hace mencion acerca la circunstancia de haber entrado los cristianos en Jerusalen un viernes á
las tres de la tarde, por ser el dia y la hora en que Jesucristo espiró por la salvacion de los hombres. Esta época
memorable debia llenar los corazones de los cruzadosde sentimientos de misericordia; pero irritados porlasame-
nazas y los insultos de los musulmanes, endurecidos por los males que habian sufrido durante el sitio, y por
la resistencia que habian encontrado en el ataque de la ciudad, llenaron de sangre y de luto á Jerusalen que
acababan de libertar y quemiraban como su futura patria. Bien pronto la carniceria se hizo general: los que
escapaban del hierro de los soldados de Godofredo y de Tancredo, perecian á manos de los provenzales igual
mente sedientos de sangre enemiga. Los musulmanes eran muertos en las calles, y en sus casas: Jerusalen
no ofrecia asilo alguno á los vencidos: unos pudieron escapar de la muerte precipitándose de las murallas,
otros corrian atropelladamente á refugiarse en los palacios, en las torres, y principalmente en sus mezquitas
en donde no pudieron sustraerse á la persecucion de sus enemigos.

(I) Los autores orientales apenas dan detalles sobre el sitio de Jerusalen. Las historias arabes manuscritas que se encuentran en
la Biblioteca Real y queM. Reinaud ba traducido (Biblioteca de las Cruzadas) solo contienen vagas reseñas. Solamente dicen que el
sitio duro mas de cuarenta dias, y que los cristianos mataron a muchos musulmanes. Debe hacerse aqui una observacion general.
Los historiadores arabes, cuando los musulmanes esperimentaron reveses, son avurosdedetalles, contentandosecon relaciones vagas,
añadiendo: Asi Dios lo ha querido, que Dios maldijo o los cristianos. Aboul Feda no da mas detalles que los otros. Dice que la matanza
de los musulmanes duro siete dias seguidos, y que sesenta mil personas fueron muertas en la mezquita de Ornar, lo que es eviden
temente exagerado.
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Los cruzados, dueños de la mezquita de Omar, en donde los musulmanes se habian defendido algun tiem
po, renovaron las deplorables escenas que mancharon la conquista de Tito. La infanteria y la caballería en
tró confusamente con los vencidos. En medio del mas horrible tumulto , se oian los ayes y los gritos de los
moribundos, y los vencedores caminaban sobre montones de cadáveres, para alcanzar á los que en vano
buscaban escaparse. Raimundo de Agiles, testigo ocular, dice que en el templo y debajo del pórtico de la
mezquita la sangre llegaba á la rodilla, y casi hasta el bocado de los caballos. Para pintar este terrible espec
táculo , que la guerra há ofrecido dos veces en el mismo lugar , bastará reproducir las palabras del his
toriador Josefo, que dice que el número de las víctimas inmoladas por el acero escedia mucho al de
los vencedores, que habian acudido de todas partes para tomar parte en la lucha, repitiendo las vecinas
montañas del Jordan, por medio del eco, el espantoso ruido que se oia en el templo.
La imaginacion quiere desviarse con horror de esas escenas desgarradoras, y puede apenas, en medio
de tantas matanza, fijarse en el triste cuadro que presentaban los cristianos de Jerusalen cuyas cadenas aca
baban de romper los cruzados. Apenas habia sido conquistada la ciudad, cuando se les vió correr hácia
los vencedores, partiendo con ellos los víveres que habian podido salvar de la rapacidad de los musulmanes y
dando gracias á Dios por haber hecho triunfar la causa de los soldados de la cruz. Pedro el Ermitaño, que
cinco años antes habia prometido armarel Occidente para libertar á los fieles de la santa ciudad, debió gozar
mucho con el espectáculo que presentaban los cristianos llenos de reconocimiento y de alegría. Los cristia
nos de Jerusalen , en medio de la multitud de los cruzados, parecia que solo buscaban el generoso cenobita
que les habia visitado en sus sufrimientos y cuyas promesas habian tenido el mas puntual cumplimiento,
corriendo todos al rededor del venerable ermitaño. A él era á quien dirigian sus cánticos proclamándolo
por su libertador ; y le contaban los males que habian sufrido durante su ausencia, pudiendo apenas creer
lo que pasaba delante sus ojos, y en medio de su entusiasmo, que Dios se hubiese servido de un solo hom
bre para sublevar tantas naciones y obrar tantos prodigios.
A la vista de sus hermanos quienes habian dado la libertad , se acordaron sin duda los peregrinos que
habian venido para adorar el sepulcro de Jesucristo. El piadoso Godofredo que se habia abstenido de tomar
parte en la matanza despues de la victoria, dejó á sus compañeros, y seguido de tres criados (I) encami
nose sin armas y con lospiés descalzos ála iglesia del Santo Sepulcro. Al momento este actoile devocion
llegó á noticia del ejército cristiano, y al instante todas las venganzas y todas las cuestiones se apacigua^ los
cruzados se despojan de sus sangrientos vestidos , y conducidos por el clero marchan juntos , con los piés
descalzos y la cabeza descubierta, hácia la iglesia de la Resurreccion (2).
Así que el ejército estuvo reunido al rededor del Sanio Sepulcro, empezó á hacerse de noche. El maspro-
fundo silencio reinaba en las plazas públicas y en las murallas ; y solo se oian en la santa ciudad los cánti
cos de penitencia y estas palabras de Isaías: Vosotros que amáis á Jerusalen , regocijaos con ella. Los cruzados
mostraron entonces una devocion tan viva y tan tierna, que se hubiera dicho, segun advierte un historiador
moderno (3) , que estos hombres que acababan de tomar una ciudad por asalto y de hacer una horrible
carnicería , salian de un largo retiro y de meditar profundamente nuestros misterios. Estos contrastes ines-
plicables se repiten con frecuencia en la historia de las Cruzadas. Algunos escritores han querido, con este
motivo, poder formular una acusacion contra la religion cristiana; áotros, no menos ciegos y apasionados, les
ha servido de pretesto para atenuar los deplorables escesos del fanatismo ; pero el historiador imparcial se
limita á consignarlos compadeciéndose de las debilidades de la humana naturaleza.
El piadoso fervor de los cristianos no hizo mas que suspender las escenas de sangre y do desolacion. La
política de algunos caudillos pudo hacerles creer que era necesario inspirar gran terror á los musulmanes;
y pensando tal vez , que si daban libertad á los que habian defendido á Jerusalen , tendrían despues necesi
dad de combatirlos , y que estando en un pais rodeado de enemigos el guardar á tantos prisioneros cuyo

(I) Alberto de Aix nombra á estos tris criados Baldric , Adelberon y Stabulon. En hablando de la procesion de Godofredo,
da cuenta de una antigua vision de Stabulon , jefe de los criados del duque de Bouillon, el que anuncio la conquista de la santa
ciudad ( Biblioteca de tas Crinadas t. I).— (2) Algunos historiadores dicen que los cristianos no fueron al Santo tepulcro hasta el
dia siguiente de entrar en Jerusalen. Nosotros seguimos la opinion de Alberto do Aix que nos parece mas verosímil.— ,8) El padre
Haimbourg {Historia de las Cru$adas).
tl« T ") 16
1-22 HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
número escedia á los soldados que debian vigilarles , era una cosa muy peligrosa , resolvieron en consejo
sentenciar á muerte á todos los musulmanes que permanecian en la ciudad (1).
El fanatismo secundó cumplidamente esta bárbara política. Todos los enemigos que se habian salvado
de la horrible matanza y que creian conservar sus vidas por medio de un rico rescate, fueron condenados
á muerte, la que sufrieron de varias maneras. A los unos se les obligó á precipitarse desde lo alto de las
torres y de las casas, á los otros se les hizo morir por medio de las llamas, y algunos fueron arras
trados hasta las plazas públicas en donde eran inmolados sobre un monton de cadáveres. Ni las lágrimas
de las mujeres, ni los gritos de los tiernos infantes, ni el aspecto del lugar en el que Jesucristo perdonó
á sus verdugos, pudieron desarmar el brazo del irritado vencedor. Tan grande fué la carnicería, que, se
gun cuenta Alberto de Aix, se veian montones de cadáveres, no solamente en los palacios, en los tem
plos y en las calles , sino hasta en los lugares mas recónditos y solitarios. A tal estremo habia llegado
el delirio de la venganza y del fanatismo, que estas escenas no causaban ninguna admiracion. Los his
toriadores contemporáneos las consignan sin tratar de escusarlas, y en su relacion, llena de horrorosos de
talles, no dejan traslucir ningun sentimiento de reprobacion ó de piedad.
Los cruzados cuya alma no era indiferente á los sentimientos generosos , no pudieron contener el furor
de un ejército que dominado por las pasiones de la guerra creia vengar la religion ultrajada. Trescientos
hombres refugiados en la plataforma de la mezquita de Omar fueron inmolados, el dia siguiente de la -
conquista, ó pesar de los ruegos de Tancredo que les habia enviado su estandarte para su salvaguardia,
y que se indignó porque se respetaban tan poco las leyes del honor y de la guerra. Solamente los musul
manes que se habian retirado en la fortaleza de David, se salvaron de la muerte. Raimundo aceptó su
capitulacion : y tuvo la dicha y la gloria de hacerla ejecutar, y este acto de humanidad pareció muy
estraño á los ojos de la mayor parte de los cruzados.
La matanza no cesó hasta al cabo de una semana. Los musulmanes que durante este intervalo habian
podido sustraerse á la persecucion de los cristianos, fueron destinados á servir en el ejército. Los historiado
res orientales, de acuerdo con los latinos, elevan el número de los muertos en Jerusalen á mas de setenta
mil. Los judios no fueron mas afortunados que los musulmanes, pues se prendió fuego á la sinagoga en donde
se habian refugiado y todos perecieron víctimas de las llamas.
Como los cadáveres amontonados en las plazas públicas, y la sangre que habia en las calles y en las mez
quitas , podian ser causa de enfermedades contagiosas , los jefes dieron orden para limpiar la ciudad y apar
tar de ella un espectáculo, que debia ser odioso á los cruzados á medida que el furor y la venganza se calma
ba en sus corazones. Algunos prisioneros musulmanes que no habian escapado de la cuchilla enemiga sino
para caer en la mas cruel servidumbre , fueron encargados de enterrar los mutilados cadáveres de sus her
manos y de sus amigos. Ellos lloraban , dice el fraile Roberto, y trasportaban los cadáveres fuera de Jerusa
len . ayudándoles en esta dolorosa comision los soldados de Raimundo, que habian entrado últimamente en
la ciudad, y como habian tenido poca parte en el botín, buscaban todavía entre los muertos algunos despojos
del enemigo.
Bien pronto la ciudad de Jerusalen presentó una nueva faz. En el espacio de algunos dias habia cambiado
de habitantes , de leyes y de religion. Antes de dar el último asalto, se habia convenido, siguiendo la cos
tumbre de los cruzados en sus conquistas, que cada guerrero se haría dueño y poseedor de la casa ó del
edificio en donde entrase primeramente. Una cruz, un escudo ó cualquier señal fijada en la puerta, era
para cada uno de los vencedores el título de posesion. El derecho de propiedad fué respetado por los soldados,
ávidos del saqueo , y vióse repentinamente reinar el mejor orden en una ciudad que acababa de ser teatro
de todos los horrores de la guerra. Una parte de los tesoros quitados á los infieles, fueron empleados en so
correrá los pobres y huérfanosy en restaurar los altares de Jesucristo que acababan de encontrarse en la santa
ciudad. Las lámparas , los candelabros de plata y oro, los ricos ornamentos que se encontraron en la mez
quita de Omar, se adjudicaron á Tancredo. Una crónica dice que estos suntuosos despojos hubieran necesi-

(1) Alberto do Ais inserta la sentencia dictada por el consejo de los jefes; esta sentencia se apoya en los motivos que indica
mos ar|ul. Como esta pieza es muy notable, la insertamos Integra en la Biblioteca de las Cruzadas, t. 1. La relacion hecha por
el mismo Alberto de Aix de la carnicería que duro una semana, y que nosotros hemos procurado describir 'o mas pálidamente
posible, se encuentra asimismo en el resumen que hace este historiador.
LIBRO CUARTO.— 1 099-1 101. 1 53
lado seis carros para su trasporte y que fueron precisos dos dias para retirarlos de la mezquita. Tancredo
dividió estas inmensas riquezas con el duque de Bouillon, que habia escogido por su señor.
Pero los cruzados pronto olvidaron estos tesoros prometidos á su valor para admirar la conquista mas
preciosa á sus ojos: y esta era la verdadera cruz tomada por Cosroes y devuelta á Jerusalen por Hernclio.
Los cristianos encerrados en la ciudad , durante el sitio, la habian ocultado á la rapacidad de los musulma
nes. El aspecto de aquella escitó el mas vivo trasporte entre los peregrinos. De este acontecimiento, dice
una antigua crónica , estuvieron los cristianos tan contentos como si hubiesen visto el cuerpo de Jesucristo pen
diente de la cruz. Paseóse la mencionada cruz en triunfo por las calles de Jerusalen , y fué colocada despues
nuevamente en la iglesia de la Resurreccion.
Diez dias despues de la victoria , los cruzados se ocuparon de relevar el trono de David y de Salomon, co
locando en él á un jefe que pudiese conservar una conquista que los cristianos acababan de llevar á cabo, á
precio de tanta sangre. Estaba reunido el consejo de los príncipes, y uno de los jefes se levantó [la historia
nombra al conde de Flandes) y les habló en estos términos: «Hermanos y compañeros mios , estamos reuni-
»dos para tratar un negocio de la mas alta importancia. Jamás tuvimos mas necesidad de los consejos de la
«sabiduría y de las inspiraciones del cielo. En los tiempos ordinarios , siempre se desea que la autoridad es-
«téen manos hábiles, pero en las circunstancias actuales debemos elegir el mas digno, para gobernar este
» reino que está en gran parte en poder de los bárbaros. Ya sabemos que los egipcios amenazan esta ciudad á
»la que vamos á dotar de gobierno; y que la mayor parte de los guerreros cristianos que han tomado las ar-
»mas están impacientes por regresar á su patria , abandonando á otros el cuidado de defender sus conquis-
»tas. El nuevo pueblo que debe habitar este terreno, no tendrá en su vecindad pueblos cristianos que pue-
»dan socorrerley consolarle ensus desgracias. Sus enemigos están cerca de él, y sus aliados al contrario es-
»tán mas allá de los mares; y el rey que nosotros le habremos dado, será su solo apoyo en medio de los peli—
sgros que le rodean. Es pues preciso que el que sea llamado á gobernar este pais, esté dolado de todas las
«circunstancias y cualidades necesarias para conservarlo con gloria; es preciso que una al valor natural de
«los francos la templanza, la fé y la humanidad; porque nos enseña la historia: que es en valde haber triun-
y,fado con las armas, si no se confia el fruto de la victoria á la sabiduría y á la virtud.
» No olvidemos sobre todo, hermanos y compañeros mios, que se trata menos, hoy dia , de dar un rey, que
«un fiel guardian al reino de Jerusalen. Aquel que nosotros escogeremos por jefe, debe servir de padre á
«todos aquellos que renunciarán á su patria y á su familia, para servirá Jesucristo y defender los sanios lu-
«gares; debiendo hacer florecer la virtud sobre esta tierra en donde Dios mismo ha dado el ejemplo, y debe
«convertir al mismo tiempo á los infieles á la religion cristiana, acostumbrándoles á nuestros hábitos y hacer
>que bendigan nuestras leyes. Si por desgracia elegís al que no sea digno, destruireis vosotros mismos vues-
«tra propia obra y sereis la ruina del nombre cristiano en este pais. No tengo necesidad de recordaros las
«hazañas y los trabajos con los cuales nos hemos apoderado de este territorio, ni tampoco haceros mencion
«de lcsvotos mas tiernos de nuestros hermanos que se han quedado en Occidente. ¡ Qué disgusto seria para
«ellos y para nosotros si al regresar á Europa oiamos decir que el bien público se ha descuidado y que la
. religion se ha abolido en estos lugares, en los cuales hemos4evantado.nuevamente los altares! Entonces mu
ís chos atribuirían á la fortuna, y noá nuestra virtud, los grandes hechos que hemos llevado á cabo, mien-
«trasque los males que esperimentaria este reino, creería la opinion pública que son el fruto de nuestra im
aprudencia.
»No creais sin embargo, hermanos ycompañeros mios, que yo hablo así, porqueambicione el poder v de-
«see captarme vuestro favor y vuestros votos. No, lejos de mí la presuncion de aspirar á tal honor; y ponga,
«al cielo y á los hombres por testigos que si llegareis á ofrecerme la corona, yo no la aceptarla, porque es-
«toy firmemente resuelto á regresar á mis estados. Lo que yo acabo de deciros, no tiene otras miras que ha-
»cer la felicidad y la gloria de todos. Yo os suplico, finalmente, que recibais este consejo como yo os le doy,
«esto es, con afecto, con franqueza y lealtad, y que elijais por rey al que por su virtud será el mas capaz de
«conservar y estender un reino del cual están pendientes el honor de vuestros hermanos y la causa de Jesu-
» cristo.»
Apenas el conde de Flandes hubo finalizado su discurso, cuando todos los jefes hicieron grandes elogios
delos sentimientos y prudencia del orador. La mayor parte de ellos pensaron ofrecerle el título de rey, que
4 21 HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
acababa de rechazar; porque el que en esta circunstancia rehusa una corona, parece ser el mas digno de ella:
pero Roberto se espresó con franqueza y buena fé, y suspiraba el momento de regresar á Europa contentán
dose del título de hijo de San Jorge, que habia obtenido por sus heroicos hechos en la guerra santa.
Entre los jefes dignos de ser llamados a ocupar el trono de Jerusalen, ocupaban un lugar preferente
Godofredo, Raimundo, el duque de Normandia y Tancredo. Este último solo buscaba la gloria delas armas,
y tenia en menos el título de rey, que el de caballero. Roberto de Normandia habia demostrado mas valor
que ambicion, y despues de haber despreciado la corona de Inglaterra, debia serle indiferente la de Jerusalen.
Si debe creerse ú un historiador inglés, él hubiera podido obtener los sufragios de sus compañeros, pero re
husó el trono de David por indolencia y por pereza ; lo que hizo que Dios se irritase contra él, añade el mis
mo autor, y que en nada prosperase durante el resto de su vida. El conde de Tolosa habia hecho juramento
de no regresar á Europa ; pero todos lemian su ambicion y su fiero carácter, circunstancias que hicieron que
jamás en el ejército obtuviese la confianza y el amor de los peregrinos ni aun de sus criados (1).
Mientras que la opinion estaba indecisa, el clero se indignaba de que se ocupasen primeramente de nom
brar un rey, que de dar un jefe espiritual á la santa ciudad. Pero la mayor parte de los eclesiásticos, envi
lecidos por la miseria y entregados á la disolucion, inspiraban poco respeto á los cruzados (2), y este clero tran
seunte, desde la muerte del obispo de Puy, contaba en su número á pocos hombres que se recomendasen por
su clase, por sus virtudes y por su talento á la estimacion de los peregrinos. Los jefes del ejército no tomaron
en consideracion las reclamaciones de aquellos, pero al fin se decidió que el rey seria nombrado por un conse
jo compuesto de diez personas de los mas célebres entre el clero y el ejército. Ordenóse que se hiciesen roga
tivas, ayunos y limosnas para que el cielo se dignase presidir el nombramiento que se iba á hacer. Los que
estaban nombrados para elegir al rey de Jerusalen, juraron en presencia del ejército cristiano no escuchar
ningun interés, ninguna afeccion particular y solamente coronar la sabiduría y la virtud.
Estos electores, cuyos nombres no nos ba conservado la historia, pusieron el mayor cuidado en estudiar la
opinion, del ejército con respecto á cada uno de sus jefes. Guillermo de Tiro cuenta que fuéron á interrogar
hasta á los familiares y criados de todos los quetenian pretensiones á la corona de Jerusalen, y les hicieron
prestar juramento de decir todo lo que supiesen tocante á las costumbres, carácter é inclinaciones mas se
cretas de sus amos- Los criados deUodofredo de Bouillon rindieron la declaracion mas brillante tj* las virtu
des domésticas de su amo, y en medio de su sencillez solo le echaron en cara un defecto, y era, el de contem
plar con una vana curiosidad las imágenes y las pinturas de las iglesias, y de permanecer en estas mucho
tiempo despues de los divinos oficios, lo que hacia que á menudo se olvidaba de la hora de comer, y los man
jares preparados para su mesa se enfriaban y perdian su sabor (3)..
Para añadir á este testimonio mas valor, se hacia mencion de las hazañas del duque de Lorena en la guer
ra santa. Todos se acordaban que durante el sitio de Nicea habia muerto el turco mas formidable; que sobre
el puente de Antioquía habia partido á un gigante, y que en el Asia menor espuso su vida para salvar la de
Un soldado perseguido por un oso. Se contaban tambien otras hazañas que le colocaban sobre de los demás
jefes, #
Los sufragios del pueblo y del ejército estaban á favor de Godofredo, y para que nada faltase á su derecho
ni mando supremo, y para que su elevacion fuese de todo punto conforme al espíritu de la época, se supo que
habian anunciado su eleccion revelaciones milagrosas. El duque de Lorena habia aparecido, en sueños, á
varias personas dignas defé; á la primera, sentado sobre el mismo trono del sol, rodeado de aves del cielo,
imagen de los peregrinos: á la segunda, teniendo en la mano una lámpara parecida á una estrella de la no
che y subiendo por una escalera de oro á la celeste Jerusalen, y la tercera habia visto sobre el monte Sinaí
el héroe cristiano saludado por dos mensajeros divinos y recibiendo la mision de conducir y gobernar al pue
blo de Dios.

(1) Raimundo do Agiles refiere que se habia ofrecido la corona al conde de Tolosa y que este decididamente la rehuso : lo
mismo dice Ana Comneno. Estos dos testimonios son algo sospechosos. [Biblioteca de las Cruzadas, t. I.)— (2) Guillermo deTiro,
jib. IX. dice, con relacion al clero de las Cruzadas, que despues de la muerte de Adhemar se habian visto confirmadas las palabras
del i'rofeta : Tal pueblo, tat clero. Solo debia hacerse una escepcion a favor del obispo de Albania y de algunos otros, bien que
foco ¡.— V Es facil reconocer aquí el testimonio particular del cocinero y del jefe de los criados de Godofredo de Bouillon; y nad.»
fcs mas curioso que la gravedad con que el arzobispo de Tiro cuenta esta circunstancia.
LIBRO CUARTO.— 1 099-1 101. 1 25
Los cronistas contemporáneos hacen relacion de otras maravillas, y encuentran en las mismas visiones los
designios de la Providencia. Uno de ellos comenta gravemente estos sueños proféticos, declarando que la
eleccion de rey de Jerusalen, decretada tiempo hacia en el consejo de Dios, no podia considerarse como obra
de los hombres.
Estando los espiritus en esta disposicion, esperaban los cruzados con impaciencia los efectos de la inspira
cion divina. En finlos electores, despues de haber deliberado ampliamente y tomado las informaciones nece
sarias, proclamaron el nombre de Godofredo. Este nombramiento causó la mayoralegria en todo el ejército
cristiano; el que dió gracias al cielo por haberle dado por jefe y señor aquel que tantas veces les habia con
ducido á la victoria. Revestido Godofredo con la autoridad suprema, se encontraba el depositario de los inte
reses mas caros á los cruzados. Cada uno le habia confiado encierto modo su propia gloria, dejándole el cui
dado de vigilar sobre las nuevas conquistas de los cristianos. Condujáronle pues en triunfo á la iglesia del
Santo Sepulcro, en donde prestó el juramento de respetar las leyes del honor y de la justicia. Godofredo re
husóla corona y los regios atributos, diciendo que ól jamás aceptaria la corona de oro en una ciudad en la
que el Salvador del mundo habia sido coronado de espinas. Él no quiere (dicen los Assises) ser coronado y
consagrado rey de Jerusalen, por no llevar corona de oro en donde el Rey de reyes, Jesucristo, el
Hijo de Dios, llevó corona do espinas el dia de su pasion (1). Contentóse con el modesto titulo de defensor
v baron del Santo Sepulcro. Algunos han creido que obrando de esta suerte no hacia mas que obedecer las
intimaciones del clero: que temia ver el orgullo sentado sobre un trono, en el que debia reinar el espiritu de
Jesucristo. Sea de esto lo que fuere, Godofredo mereció por sus virtudes el titulo de rey que la historia le
ha dado.
Mientras que los principes confiaban al duque de Rouillon el gobierno del pais conquistado con la fuerza
de las armas, el clero se ocupaba en consagrar las iglesias, nombrar obispos y enviar pastores á todas las
ciudades sometidas á la dominacion de los cristianos. La piedad y el desinterés debieran haber presidido la
eleccion delos ministros de Jesucristo, pero si debe creerse á Guillermo de Tiro, la astucia y la intriga usur
paron los sufragios; y el espiritu de la religion que acababa de dar á Jerusalen un buen rey, no pudo hacer
que tambien se dotase de prelados recomendables por su sabidurla y por su virtud. El clero griego, á pesar de
sus derechos, fué sacrificado á la ambicion del clero romano. El capellan del duque de Normandia se presentó
para ocupar la silla patriarcal de Simeon, que habia llamado los guerreros del Occidente. Este último estaba
aun en la isla de Chipre de donde no habia cesado de mandar viveres á los cruzados durante el sitio. Murió
en el momento mismo que los eclesiásticos latinos se disputaban sus despojos, viniéndoles este terrible acon
tecimiento muy á propósito para encubrir su injusticia é ingratitud. Arnaldo, cuyas costumbres eran mas
que sospechosas, y cuya conducta ha sido objeto de grave censura por parte de los historiadores, fué nom
brado pastor de la iglesia de Jerusalen (2).
Apenas empezó á ejercer sus funciones, cuando reclamó las riquezas tomadas porTancredo, queestabanen
la mezquita de Omar, y lo hizo diciendo, queestos bienes pertenecian á la iglesia de Jerusalen, cuyo jefe era.
Tancredo desechó con desprecio esta pretension. Arnaldo apeló por ante el consejo de los principes, y en un
hábil y sagaz discurso que hizo, demostró que su elevacion era la obra del consejo, y que Tancredo con su
modo de obrar despreciaba la autoridad y poder de aquel. «La pérdida la esperimento yo, decia, pero la
vergüenza ¿sobre quién recae? ¿Pero el que no respeta la voluntad del cielo respetará la vuestra? ¿Y el que
despoja los altares del Señor, respeta rá vuestra propiedad?» Arnoldo terminó su discurso recordando los
servicios que habia prestado á la causa de los cruzados, durante los sitios de Antioquia, de Archas y do
Jerusalen. Cuando acabó de hablar tomó la palabra Tancredo diciendo: «Señores, vosotros sabeis que
»solo á mi espada y á mi lanza , y no al arte de discurrir, debo el honor y la posicion que ocupo. Por lo
«mismo yo no voy á luchar delante de vosotros, contra un adversario que tiene concentrada toda su ma
licia en la lengua, aj modo que el escorpion tiene todo el veneno en la cola. Se me acusa de haber des-
»pojado el santuario , de haberme apoderado del oro que estaba retirado en las iglesias. ¿Pero lo guardo

(1) Prologo de los Assises. Un cronista italiano diceque Godofredo fuécoronado de paja. Véase la Biblioteca de las Crujidas,
1. 1.)—{%) Los historiadores de la primera cruzada no estén de acuerdo sobre el titulo que se dio a Arnoldo. Los unos dicen que
fué elegido patriarca, y otros que simplemente fuo nombrado administrador de la iglesia de Jerusalen. La eleccion del arzobispo
de Pisa, que tuvo lugar poco tiempo despues, parece confirmar esta última opinion.
<2G HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
»yo? ¿Lo he dado á ruis sobrinos? No lo he tomado para emplearlo al servicio del pueblo de Dios y de-*
»volverlo á su dueño despues de la victoria? Vosotros sabeis la decision que se tomó antes de entrar en
»Jerusalen, ¿ y no se estableció que cada uno de nosotros poseeria las riquezas y bienes de que se hubiese
»apoderado primero? ¿Se cambia de resolucion todos los (lias? ¿No he combatido cara á cara con los que
»no miran nunca detrás? ¿No he penetrado yo el primero en los lugares, en donde nadie se atrevia á
»seguirme? ¿Se ha visto á Amoldo disputarme la gloria del peligro? ¿Por que viene hoy á pedir el precio
»del combate?
Cuando se leen , en las crónicas contemporáneas, estos dos discursos, que damos aqui en resumen, cree
nno asistir á uno de esos consejos descritos en la Iliada. Asi Raul de Caen no deja de comparar la elo
cuencia da Amoldo de Rohes á la del prudente Ulises; y hubiera podido comparar á Tancredo con el
fogoso Ayax ó mejor á Diomedes [\], que los mas piadosos griegos llamaban el menospreciador de los dioses.
Los caudillos del ejército, llamados á fallar esta gran cuestion , no quisieron condenar á Amoldo, ni herir el
orgullo de su compañero, declarando que tocante á los tesoros de la mezquiia de Omar se procediese como
diezmo de botin y se diesen setecientos marcos de plata á la iglesia del Santo Sepulcro, y Tancredo se some
tió respetuosamente á esta decision.
Sin embargo nada se economizó para el brillo y la pompa de las ceremonias cristianas , se adornaron los
altares , se purificaron los santuarios, se fundieron las campanas , que debian llamar á los fieles á la ora
cion, y uno de los primeros actos del reinado de Godofredo fué el dotar á la iglesia del Santo Sepulcro con
veinte eclesiásticos encargados de celebrar los divinos oficios y cantar las alabanzas en honor del Dios vivo.
La faina habia anunciado la conquista de la santa ciudad á las mas remotas naciones. En todas las iglesias
quo los cristianos habian encontrado y restablecido á su paso, se dieron gracias á Dios por una victoria que
debia hacer triunfar en Oriente el culto y las leyes de Jesucristo. Los cristianos de Antioquia , de Edeso, de
Tarso, los que habitaban la Cilicia , la Capadocia , la Siria y la Mesopotamia , venian en tropel á Jerusalen,
los unos para fijar en ella su residencia , y los otros para visitar tan solo los santos lugares.
Mientras que los cristianos se entregaban al regocijo de la conquista , los musulmanes se entregaban á la
desesperacion. Los que habian podido escapar del acero vencedor de Jerusalen, esparcian por todas partes
la consternacion. Los historiadores Mogir-eddin , Elmancin y Aboul-Feda han hablado de la desolacion que
habia'en Bagdad. Jein-eddin, juez de Damasco, se arrancala barba delante del califa. Todo el divan derramó
lágrimas al oir las desgracias y desastres de Jerusalen , y se ordenaron ayunos y rogativas para aplacar la
cólera del cielo. Los imanes y los poetas deploraban en sus versos y patéticos discursos la suerte de los mu
sulmanes hechos esclavos de los cristianos. ¡ Cuánta sangre se ha derramado! docian ellos. ¡ Qué de desastres
han caido sobre los verdaderos creyentes! Las mujeres se han visto obligadas á huir , tapándose el rostro, y
los niños han sido inmolados por el acero vencedor. No queda otro asilo á nuestros hermanos , nuevamente
dueños de la Siria , que la espalda de sus camellos y las entrañas de los buitres (2).
Nosotros hemos visto que antes de la toma Jerusalen , los turcos de la Siria y de la Persia estaban en
guerra con el Egipto. Las discordias que acompañaron la caida de los imperios habian esparcido el terror y
la division entre los infieles, llegando hasta el punto de llorar amargamente, cuando supieron los últimos
triunfosde los cristianos y tuvieron noticiade los ultrajes hechos á la religion de Mahoma. Los habitantes de
Damasco y de Bagdad cifraron su última esperanza en el califa del Cairo, que habian mirado mucho tiempo
como el enemigo del Profeta ; y fuéron de- todas las escuadras musulmanas intrépidos guerreros á reunirse
con el ejército egipcio que se adelantaba hácia Ascalon.
Cuando los cruzados llegaron á saber la marcha del enemigo, Tancredo y el conde de Flandes, Eustaquio
de Boloña, enviados por Godofredo á tomar posesion del pais de Napplusa y del antiguo territorio de Gabaon,
se adelantaron hacia las costas del mar,á fin de cerciorarse de las fuerzas y disposicion del enemigo. Bien
pronto un mensajero de estos principes anunció al rey de Jerusalen que el visir de Afdal, el mismo que
habia conquistado la santa ciudad bajo los turcos, acababa de atravesar el territorio de Gaza con un nume-

(1 En su Jtrusalen conquistada, el Tasso compara a Tancredo con Diomedes.—(2) Hemos dado por entero la elegia arabe ctv
el tomo IV de la Biblioteca de las frazadas. El autor se llamaba Modaffer-Abivardi. Estos versos son tanto mas apreciables,
cuanto e? lo único que nos resta de los escritores arabes de esta época; la historia cuenta que estos versos fueron recitados de
lante del califa de Bagdad, cLque no pudo contener sus lagrimas, haciéndose el dolor general.
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roso ejército, y que dentro pocos dias estaría á las puertas de Jerusalen. Este mensaje llegó de noche á la
ciudad y fué promulgado, al resplandor de las luces y al toque de las trompetas, por todos los cuarteles de
la ciudad. Se invitó á todos los guerreros á que se reuniesen el dia siguiente en la iglesia del Santo Sepulcro,
para prepararse á combatir los enemigos de Dios, y santificar sus armas por medio dela oracion. Tal era la
confianza y seguridad de los cruzados en la victoria , que el anuncio del peligro no causó agitacion alguna en
sus espíritus, no siendo turbada la calma y el sosiego de la noche sino por la impaciencia de ver nacer el
dia de nuevos combales. Desde que amaneció, las campanas no cesaron de llamar á los fieles al oficio divino
(1) y la palabra de Dios y el pan celeste fueron distribuidos á todos los cruzados, que, apenas habian salido
de la iglesia y llenos del espíritu de Dios, empuñaron las armas, y salieron dela ciudad por la puerta de
Occidente, para marchar al encuentro de los egipcios. Godofredo iba á la cabeza, y el nuevo patriarca Ar-
noldo llevaba delante del ejército el leño de la verdadera cruz. Las mujeres, los niños y el clero, bajo el
gobierno del ermitaño Pedro, se quedaron en Jerusalen, visitando procesionalmente los santos lugares,
dirigiendo noche y dia súplicas á Dios para obtener de su misericordia el último triunfo de los soldados cris
tianos y la destruccion de los enemigos de Jesucristo.
Con todo, el conde do Tolosa y el duque de Normandia rehusaban seguir las banderas del ejército cristiano,
alegando Roberto que su voto estaba cumplido ; y Raimundo, que habia tenido que volver la fortaleza de Da
vid al rey de Jerusalen, no queria seguir la causa de Godofredo y no oreia en la aproximacion de los musul
manes. Los dos solo cedieron á las reiteradas instancias de sus compañeros de armas y sobre todo á las
súplicas del pueblo fiel.
Todo el ejército cristiano, reunido en Ra mla, dejó á su izojttierda las montañas de la Judeá , ade
lantándose hasta el torrente de Sorrec , que desemboca en el mar á una hora y media al sud de
Ibelin , hoy lbna. En la ribera de este torrente, llamado por los árabes Soukrek, se veian inmensi
dad de búfalos, asnos,, mulas y camellos; tan rico botín despertó la codicia de los soldados, pero el
prudente Godofredo, que solo veia en esto una estratagema del enemigo , prohibió á sus guerreros
el separarse de las filas , bajo pena de corlarles la nariz y las orejas , el patriarca añadió á este
castigo las amenazas de la cólera divina. Todos los peregrinos obedecieron , respetando los rebaños
errantes, cual si hubieran sido sus guardianes.
Los cruzados, habiendo hecho algunos prisioneros , supieron por medio de estos , que el ejército
musulman estaba acampado en las llanuras de Ascalon. El dia siguiente por la mañana (era la vís
pera de la Asuncion), los heraldos anunciaron que iba á empezarse el combate. Desde el amanecer >
los jefes y soldados se reunieron bajo sus banderas. El patriarca de Jerusalen, estendiertdo las ma
nos, dió la bendicion al ejército, y mostró á los soldados la verdadera cruz, como prenda segura
de la victoria. Dióse la señal, y al momento todos los batallones, impacientes por la pelea, se pu
sieron en marcha. Cuanto mas los cruzados se aproximaban al ejército enemigo, tanto mas aumen
taba su ardor y su esperanza.
Nosotros no temíamos á nuestros contrarios , cual si hubiesen sido tímidos como el -ciervo , é
inocentes como la oveja. Los timbales, las trompetas y los cantos de guerra, animaban el entusias
mo de los guerreros cristianos. Ellos iban delante del peligro , dice Alberto de Aix , como á un
alegre festín. El emir de Ramla, que seguía el ejército cristiano como ausiliar', no podia admirarse
bastante, si se creen los historiadores de aquella época , de la alegría de los soldados de la cruz al acercarse
á un enemigo formidable, manifestando su sorpresa al rey de Jerusalen, y juró, delante de este, abrazar una
religion que daba tanto valor y tanta fuerza á sus defensores.
Los cruzados llegaron por fin á la llanura en donde brillaban los estandartes y pabellones egipcios. El lla
no de Ascalon presenta hácia el Oriente una ostension de cerca de una legua. Por este lado está circuido de
unas pequeñas colinas. Allí es donde se encuentra hoy el pueblo árabe de Machdal , rodeado do
grandes olivos , palmeras , higueras y sicómoros , de prados y campos de cebada y do trigo. Por
el lado del norte la llanura se confunde con otras, esceptuándose el lado del noroeste en que se
ven unas alturas arenosas. Hácia el mediodia , la parte del llano mas vecino al mar confina con dos areno-

(1) Raimundo de Agiles dice que los príncipes y los cruzados fueron con los piís descalzos (nudi'j pedibus al Sanio Sepulcro,
antes de marchar á Ascalon.
128 HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
sas colinas; el rcsto del terreno hácia el lado meridional está abierto y se confunde con el desierto (í). El
ejército egipcio estaba apoyado contra las colonias mencionadas, pareciéndose , dice Fulcher de Chartres , á
un ciervo que lleva hácia delante sus ramosos cuernos. Este ejército habia estendido sus alas para envolver
á los cristianos. La ciudad se elevaba por la parte del oeste, sobre un terraplen que domina el mar, y
muchos navios , cargados de armas y de máquinas de guerra , cubrian la rada de Ascalon.
Los dos ejércitos , encontrándose de repente frente á frente, fueron el uno al otro un espectáculo terrible.
Los guerreros cristianos no se sorprendieron á la vista de unos enemigos tan numerosos, y los rebaños que
habian encontrado en las riberas del Sorrec , atraidos por el eco de los clarines y trompetas , se juntaron al
rededor de sus batallones , siguiendo todos los movimientos. Al confuso ruido de estos animales , y segun la
polvareda que levantaban á su paso, cualquiera desde lejos hubiera creido que eran escuadrones de caballe
ria (2).
Se habia persuadido álos soldados musulmanes que los cristianos ni aun se atreverian á aguardarles en los
muros de Jerusalen ; y bajo este supuesto, estaban llenos de seguridad y de confianza que pronto se trocó en
terror. En vano el visir Afdal intentó reanimár el valor de sus soldados : lodos creian que millones de cru
zados acababan de llegar de Occidente , y olvidando sus juramentos y sus amenazas , solo se acordaban del
trágico fin de los musulmanes inmolados despues de la conquista de Antioquia y de Jerusalen.
Los cruzados, sin perder un momento, tomaron sus últimas disposiciones para el combate. Godofredo, con
diez mil caballos y tres mil infantes, se trasladó hácia Ascalon, para evitar una salida de la guarnicion y
de los habitantes durante la batalla ; y el conde de Tolosa , con los guerreros provenzales , fué á colocarse
á su puesto en los espaciosos verjeles qu« están cerca de las murallas de la ciudad , situándose entre el
ejército musulman y el mar, en donde estaba anclada la escuadra egipcia. El resto de las tropas cristianas,
bajo las órdenes de Tancredo y de los dos Robertos , dirigió su ataque contra el centro y el ala derecha del
ejército enemigo. La infanteria hizo varias descargas de venablos; al mismo tiempo la caballeria se preci
pita, á paso largo, sobre los infieles. Los naturales de Etiopia , que los cronistas llaman Azoparts, sostuvie
ron con valor el primer choque de los cristianos ; batiéndose con la rodilla en tierra , comenzaron á lanzar
una nube de flechas ; y avanzando en seguida hasta las primeras filas del ejército, creian imponer, con sus
caras negras, y gritando horriblemente. Estos terribles africanos llevaban una arma que remataba con una
bala de hierro, con la que ofendian á los escudos y corazas, y herian la cabeza de los caballos de los cru
zados. Detrás de estos venia una multitud de otros guerreros armados de lanza , honda , del arco y de la
espada ; pero tantos esfuerzos reunidos no pudieron detener la impetuosidad de los soldados de la cruz (3).
Tancredo, el duque de Normandia y el conde de Flandes hicieron prodigios de valor y desbarataronlos
primeros cuerpos enemigos ; el duque Roberto penetró hasta el sitio donde Afdal daba sus órdenes para el
combate , y se apoderó del gran estandarte de los infieles. A la primera señal de su derrota se introdujo
el desorden entre los musulmanes consternados. Su mirada no pudo soportar por mucho tiempo la presen
cia de los guerreros cristianos , y cayóseles la espada de sus temblorosas manos; todo el ejército egipcio
abandonó el campo de batalla , y pronto solo se veian los torbellinos de polvo que cubrian su fuga.
Los batallones musulmanes que huian hácia el mar encontraron á los soldados (4) de Raimundo de San
Gil. Muchos perecieron por la espada. La caballeria cristiana les persiguió hasta las naves ; y tres mil murie
ron ahogados tratando de ganar la flota, que se habia aproximado ála ribera.
Algunos que habian huido á los verjeles y jardines, y subido á los árboles para ocultarse entre el ramaje
de los sicómoros y de los olivos, eran perseguidos y heridos por las flechas , cayendo como el pájaro per
seguido por el cazador. Algunos cuerpos musulmanes quisieron rehacerse para dar un nuevo combate, pero
Godofredo á la cabeza de su caballeria les cargó con tal brio y fuerza , que rompió sus filas y dispersó sus
batallones. Entonces la carniceria fué horrible : los musulmanes , en medio de su espanto mortal, arrojaban
las armas dejándose degollar sin defenderse ; la multitud consternada permanecia inmóvil sobre el campo de
batalla , y la espada de los cristianos, valiéndonos del lenguaje poético de un cronista contemporáneo, los
segaba como la yerba de los prados.

(1) Véase en la Correspondencia del Oriente, t. V., la carta de Mr. Poujoulat sobre Ascalon.—(2) Alberto de Air.— 3) Roberto el
monje nota que los musulmanes emprendieron la fuga á la hora en que Cristo espiro sobre la cruz.— *) Raimundo de Agiles
^biblioteca de las Cruzadas, t. I¡.
I

,
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Los que estaban lejos del terreno de la lucha, huyeron hácia el desierto en donde la mayor parte fueron
tnuertos miserablemente; los que estaban cerca de Ascalon trata ron de refugiarse dentro de sus muros, pero
se precipitaron tan furiosamente sobre la puerta de la ciudad, que mas de dos mil fueron ahogados ó aplas
tados por los piés do los caballos. En medio de la derrota general, Afdal estuvo muy próximo á caer en
manos de los enemigos vencedores, dejando su espada en el campo de batalla. Los historiadores refieren
que contemplando el caudillo musulman, desde las torres de Ascalon, la destruccion de su ejército, no pudo
contener las lágrimas. En su desesperacion, maldijo á Jerusalen, causa de todos sus males, y blasfemó de
Mahoma,quc acusaba de haber abandonado á sus servidores ydiscipulos. aOh Mahoma, dice el monjeRoberto
que esclamó el visir, ¿será verdad que el poder del Crucificado es mas grande que el tuyo, puesto que los
cristianos han dispersado tus discipulos (1 )?» No creyéndose seguro en la ciudad, embarcóse en un buque
de la flota egipcia, acosa del medio dia, verificado lo cual, todos los demás se hicieron á la vela dejando la
costa. Desde este hecho ninguna esperanza quedó ya al disperso ejército musulman, tjue debia, seguo
ellos decian, libertar al Oriente, y cuyo número era tan grande, que segun la espresion de los antiguos
escritores, solo Dios podia saber su número.
Con todo, los cruzados que por respeto á las órdenes de sus jefes y del patriarca se habian abstenido
hasta aquí del saqueo, se apoderaron de todo lo que los infieles habian dejado en el campo. Como ellos no
tenían víveres, las provisiones del ejército enemigo vinieron á saciar su hambre. En medio de la ardiente
arena que cubria la llanura, encontraron vasos llenos de agua que llevaban los enemigos y que quedaron
entre los despojos de los muertos. El campo estaba tan lleno de riquezas y de provisiones, en tan gran can
tidad, que se saciaron hastas hastiarse de miel y de pasteles de arroz traidos de Egipto, diciendo los últimos
soldados del ejército en esta circunstancia: la abundancia nos ha hecho pobres (2).
La poesía ha querido celebrar los prodigios de una batalla que fué una fácil victoria para los cristianos,
en la que no tuvieron necesidad de emplear su valor acostumbrado ni del socorro de milagrosas visiones.
En esta jornada la presencia de las celestes legiones no vino á animar á los batallones cruzados, y tampoco
se vieron durante el combate á los mártires san Jorge y san Demetrio, que se creia asistían siempre en los
dias de gran peligro. Los príncipes cristianos que habian conseguido esta victoria, hablan de ella con noble
sencillez en una carta que escribieron al cabo de poco tiempo á Occidente. «Todo nos favoreció, decian
«ellos, durante los preparativos de la batalla; las nubes nos ocultaban un sol abrasador, un viento fresco
«templaba el ardor del medio dia. Estando los dos ejércitos frente á frente, nos arrodillamos para invocar
»al Dios que da la victoria. El Señor escuchó nuestras súplicas, llenándonos de un tal ardor, que los que
»nos hubiesen visto correr hácia el enemigo, hubieran creido que éramos una manada de ciervos (3) que
»iban á apagar su sed en una cristalina fuente.
Los victoriosos príncipes cuentan en seguida la derrota de los musulmanes, cuya mayor parte fué ven
cida al primer encuentro, sin soñar siquiera en resistirse, como si no hubiese tenido armas para defenderse.
Los cristianos debieron conocer que sus nuevos adversarios eran mucho menos temibles que los turcos.
El ejército egipcio se componía de diferentes naciones divididas entre sí; la mayor parte de las tropas mu
sulmanas, formadas precipitadamente, se encontraban por primera vez en presencia del peligro. El ejér
cito cristiano, por el contrario, estaba aguerrido y entusiasmado con el laurel de la victoria; sus jefes ha
bian dado pruebas de sagacidad y de valor; la arriesgada resolucion que tomó Godofredo de ir delante del

(t) Biblioteca de las Cruzadas, t. 1.


(2i El Tasso describe detalladamente esta batalla, que pretende tuvo lugar bajo de los muros de Jerusalen, suponiendo que la
ciudadela de la ciudad no habia sido tomada, y que los cruzados se encontraban entrela guarnicion y el ejercito de Egipto. Es pre
ciso notar que estos circunstancias convienen al sitio de Antioquía y noal de Jerusalen. Por lo demás, esta batalla, tal como esta
descrita en la Jerusalen libertada, no se pareceennada a la de Ascalon. La desesperacion de Armlda ocupa mas dela mitad de
esta descripcion, lo que da poca verosimilitud, y me atrevo a decirío, poco interes á la relacion del pocla. El Tasso en su Jerusalen
conquistada se aproximo masa la verdad, no solamente en esta batalla, sino aun en los demás acontecimientos que cuenta. El poeta
italiano prefería, por la verdad historica, la Jerusalen conquistada !¡ la Jerusalen libertada. Si se tradujese hoy al frances la Jeru
salen conquistada, no seria imposible que el público ilustrado participase de la opinion del Tasso.
3 Hemos visto a un cronista comparar el ejercito musulman al ciervo. Estas imágenes inspiradas porloshúbitos de la caza,
pintan bastante bien el carácter y costumbres de los caballeros y de los barones. [Vease la carta de los principes cruzados en las pie
zas justificativas de este volumen.)
11
130 HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
enemigo, le conquistó la confianza de sus soldados, y bastó para introducir el desórdén y llenar de espanto
á los egipcios (1). Si debe creerse al monje Roberto, testigo ocular, y á Guillermo de Tiro, el ejército cris
tiano no llegaba á veinte mil hombres, y el ejército contrario contaba trescientos mil hombres bajo sus
banderas. Los vencedores hubieran podido apoderarse de Ascalon, pero el espiritu de discordia, que el pe
ligro habia hecho desaparecer, no tardó en dar señales de vida entre los jefes, impidiéndoles el aprove
charse de la victoria. Despues de la derrota de los egipcios, Raimundo habia mandado a la plaza a uu ca
ballero, con la mision de proponer á la guarnicion que se rindiera, y queria enarbolar su estandarte sobre
la ciudad y apropiarse esta conquista. Godofredo reclamó la posesion de ella sosteniendo que Ascalon debia
formar parte del reino de Jerusalen. Entonces el conde de Tolosa , dominado de una ciega cólera , mar
chó con sus tropas, despues de haber aconsejado á los habitantes de la ciudad que no se rindiesen al
duque de Lorena que iba á quedarse solo frente de sus murallas. Bien pronto la mayor parte de los
cruzados abandonaron las banderas de Godofredo, viéndose este en la precision de tenerse que ata
jar, no habiendo obtenido mas que un incierto tributo de una ciudad en la que reinaba el terror
de las armas cristianas.
La disputa suscitada entre Raimundo y Godofredo ante Ascalon, se renovó pocos dias despues delan
te la ciudad de Arsuf, situada sobre la ribera del mar, á doce millas del norte de Ra mla. El conde de San Gi
les que marcha el primero con su tropa, puso sitio á esta plaza; como encontró una viva resistencia, abando
nó el sitio y continué su marcha, despues de haber advertido á la guarnicion, que ella nada tenia que temer
de los ataques del rey de Jerusalen. Poco tiempo despues, habiendo Godofredo ido á sitiar la ciudad, en
contró á la guarnicion resuelta á defenderse, y como supo que esta resistencia era el fruto de los consejos de
Raimundo, no pudo contener su despecho, y resolvió vengarse, por medio de las armas, de tan negra felo
nia. Marchó pues á banderas desplegadas contra el conde de San Giles, que por su parte tambien venia al en
cuentro de Godofredo, y se preparaban para el combate, cuando los dos Robertos y Tancredose interponen en
tre los dos rivales esforzándose en apaciguarlos. Despues de largos debates, el duque de Lorena y Raimundo,
vencidos por las súplicas de los otros jefes, se abrazaron en presencia de los soldados que habian participado
de su animosidad. La reconciliacion fué sincera por una y otra parte. El piadoso Godofredo, dice Alberto de
Aix, exhortaba á sus compañeros á olvidar la division que acababa de estallar, y les conjuraba con las lágri—
mos en los ojos, á que se acordasen que juntos habian libertado al Santo Sepulcro, y que la union lesera ne
cesaria para defenderá Jerusalen.
Asi que el ejército cristiano se aproximó á la santa ciudad se desplegaron las victoriosas insignias al sonido
de todas las trompetas. El religioso Roberto habla de la suaveygrata armonia de los cantos de triunfoque re
sonaban en los valles y en las montañas. Una multitud de peregrinos que habian venido delante del ejército,
llenaban los aires con sus cantos de alegria; estas vivas espresiones de contento se mezclaban con los cánticos
de los sacerdotes; el eco, dice el monje Roberto, repetia los sonidos de los instrumentos guerreros y las acla
maciones de los cristianos, pareciendo ofrecer una aplicacion de las palabrasde Isaias: Lasmontañasy lascoli-
nas cantarán delante vosotros las alabanzas del Señor. En seguida los cruzados entraron en triunfo en la san
ta ciudad. El gran estandarte del visir y su espada fueron colgados en las colunas de la iglesia del Santo Se
pulcro. Todos los peregrinos, reunidos en el mismo lugar, que el emir Afdal habia jurado destruir completa
mente, dieron gracias al ciclo por una victoria que acababa de coronar todos sus trabajos.
La batalla de Ascalon fué la última de esta cruzada. Libres ya de su voto, despues de cuatro años de tra
bajos y de peligros, los principes cruzados no pensaron mas que en dejar á Jerusalen, la que dentro poco no
debia tener para su defensa, mas que trescientos caballeros, la sabiduria de Godofredo, y la espada de Tan-
credo que habia resuelto acabar sus dias en Asia. Cuando aquellos hubieron anunciado su marcha, todos los
corazones se llenaron de luto y de tristeza; los que se quedaban en Oriente abrazaban á sus compañeros, di-
ciéndoles, con las lágrimas en los ojos: «No olvideis jamás á los compañeros que dejais en el destierro;
(1) Los autores arabes parece, por el contrar¡o,que atribuyen el honor de este hecho a Raimundo de San Giles. Se Ice cnta historia
arabe de Jerusalen y de Hebron, que despues del combate, un poeta musulman, con la ¡dea de hacer la corte a Raimundo, le di-
rigioesta alabanza: «Tú has vencido por la espada del Mesias. Oh Dios, qué hombre es San Giles! la tierra no habia visto jamas un
derrota semejante a esta de Afdal.» El visir, añade el autor, se incomodo tanto deeste ultraje, quehizo que matasen al poeta. Véase
el IV volumen de la Biblioteca de las Cruzadas.)
LIBRO CUARTO.— 1 099-1 101. 131
á vuestro regroso á Europa, inspirad á los cristianos el deseo de visitar los santos lugares que nosotros habe
mos libertado;exhortad á los guerreros á que vengan á combatir con nosotros á las naciones infieles. »Los ca
balleros y barones deshechos en lágrimas, juraron conservar un eterno recuerdo de sus compañeros de fa
tigas, y de interesar á la cristiandad por la salud y la gloria de Jerusalen.
Despues de esta tierna despedida, los unos se embarcaron en el Mediterráneo, y los otros atravesaron la
Siria y el Asia menor. Cuando llegaron al Occidente, los soldados y los jefes llevaban palmas en sus manos y
la multitud de los fieles corria apresuradamente por verles repitiendo sus cánticos. Su regreso fué mirado
como un milagro, como una especie de resurreccion, y su presencia era objeto en todas partes de veneracion
y de santos pensamientos. La mayor parte de ellos se habia arruinado en la guerra sagrada ; pero traían
de Oriente preciosas reliquias que su piedad les daba mas valor que á los mas ricos tesoros.
Nadie se cansaba de oir la relacion de sus trabajos y de sus hazañas , é indudablemente h»s ligrimas so
mezclaban con los sentimientos de alegria, cuando se hablaba de los muchos compañeros que la muerte habia
arrebatado en Asia. No habia una sola familia que no tuviese que llorar á un defensor de la cruz, ó que no so
gloriase de tener un mártir en el cielo (1).
Las antiguas crónicas han celebrado el heroico sacrificio de la condesa de Hainaut , que hizo el viaje de
Oriente, arrastrando toda clase de peligros para buscar el paradero de su marido (2). Despues de haber re
corrido Ida el Asia menor y la Siria, no pudo saber si el conde Hainaut murió, ó si habia caido prisionero
en poder de los turcos. La acompañaba en su viaje un noble caballero, llamado Amoldo, el que fué muerto
por los musulmanes, mientras estaba persiguiendo un gamo en las montañas de Judea. «El rey y los princi
pes de la santa ciudad, dice Alberto de Aix, lo sintieron mucho, porque era una persona de muy buen trato,
y muy valiente, pero el dolor de la noble esposa de Balduino de Hainaut fué aun mayor, porque Amoldo ha
bia sido su amigo y su compañero de viaje, desde Francia hasta Jerusalen.»
El conde de Tolosa que habia jurado no regresar mas á Occidente, se retiró á Constantinopla, en donde el
emperador le acogió con distincion y le dió el principado de Laodicea. Raimundo de Orange quiso seguir la
suerte del conde de Tolosa y acabó sus dias en Oriente. Entre los caballeros, compañeros de Raimundo do
San Giles, que regresaron á su patria, no podemos olvidará Estéban y Pedro de Salviac de Viel Castel, que
su siglo admiró como modelos de piedad fraternal. Estéban y Pedro eran dos hermanos mellizos; la mas tier
na amistad les unia desde su infancia. Pedro habia tomado la cruz en elconcilio de Clermont; Estéban, aun
que casado y padre de muchos hijos, quiso seguir á su hermano en Asia y partir con él los peligros de tan
largo viaje; se les veia siempre el uno al lado del otroen las batallas, yambos habian asistido á los sitios de
Nicea, de Antioquia y de Jerusalen. Poco tiempo despues de su llegada á Querci, murieron los dos en una mis
ma semana, y fueron enterrados en la misma tumba. Sobreesta, léese aun hoy dia un epitafio que nos ha
trasmitido el recuerdo de sus hazañas y de su tierna amistad. Gaston de Bearn regresó con ellos á Europa.
Algunos años despues de estar en sus estados, tomó de nuevo las armas contra los infieles, y murió en España
combatiendo á los moros.
Pedro el ermitaño, de regreso á su patria, se retiró completamente del mundo, y se encerró (3) en un mo
nasterio que habia fundado en Hui. Vivió diez y seis años en la humildad y paciencia, y fué sepultado entre
los cenobitas á quienes habia edificado con sus virtudes. Eustaquio, hermano de Godofredo y de Balduino, vol
vieron á recoger la modesta herencia de su familia, y la fama ya no se ocupó mas de las hazañas de es
tos caudillos. Alaino Fergent, duque de Bretaña , y Roberto conde de Flandes, entraron en sus estados,

(1) Véase en las piezas justificativas la lista de los nombres de los principales cruzados.
¡T, El viaje de la condesa Ida, esta descrito en la cronica de Hainaut. Gisleberti chronica Haunonie.
(3) Véase la vida de Pedro el ermitaño, por el P. d'Oultremant. Pedro el ermitaño regresaba de la Tierra Santa en 1 102, con ur»
señor del pais de Lieja, llamado el conde de Montaigu, cuando fueron acometidos por una violenta tempestad, é h izo voto de cons
truir un monasterio, fundando en efecto el de Neuf-moutier (en Hui en el Condroz, sobre la ribera derecha del Mosa', en honor
del santo sepulcro de Jerusalen. Alejandro, obispo de Lieja, hizo la dedicacion en 1130. Pedro murio en él de edad avanzada, y
quiso por humildad ser enterrado fuera de la iglesia. Despues de un siglo de su muerte, en 1 242, el abad y el capitulo hicieron
trastadar sus reliquias en un sepulcro de marmol, delante del altar delos doce apostoles, con un epitafio bastante largo, que Mr. Mo-
raud, dela academia de ciencias, ha lcidoal pasar por Hui en 1761, y se ba insertado en el tomo Il1 de los manuscritos de la bi
blioteca de Lion por Mr. Delaudinc, pag. 481.
4 3á IIISTORLV DE LAS CRUZADAS.
y repararon los males que su ausencia habia causado, y murieron estimados de sus vasallos ó subditos (1)..
El duque de Norma ndia fué menos dichoso que sus compañeros. La vista de los santos lugares y de los ma
les sufridos por Jesucristo, no habian cambiado su carácter indolente y lijero. A su llegada de la Tierra San
ta, unos amores profanos y otras aventuras lo retuvieron muchos meses en Italia. Cuando finalmente entró
en sus estados, fué recibido con mucho entusiasmo; pero habiendo tomado las riendas del gobierno, mostró
la mas completa debilidad y perdió el amor y la confianza de sus gobernados. Victima de la ociosidad y de
la corrupcion de costumbres, sin tesoro y sin ejército, se atrevió á disputar la corona británica al sucesor de
Guillermo, y mientras que entregado á los consejos de los bufones y de los palaciegos soñaba en la conquista
de Inglaterra, perdió su ducado de Normandia. Vencido en una batalla, este desgraciado principe cayó en
poder de Enrique I , quien le llevó en triunfo al otro lado de los mares, y lo hizo encerrar en el castillo de Car-
diff en la provincia do Clamorgan. El recuerdo de sus hazañas durante la guerra santa no pudo dulcificar
su infortunio. Despues de veinte y ocho años de cautividad, murió olvidado de sus súbditos, de sus aliados y
de sus antiguos compañeros de gloria.
(1101) l.a conquista de Jerusalen habia escitado un vivo entusiasmo y renovado el fervor de la cruzada v
delas peregrinaciones entre los pueblos del Occidente. La Europa vió por segunda vez las escenas que ha
bian seguido al concilio deClermont: nuevos prodigios anunciaron la voluntad de Dios; y se habian observa
do en el ciclo nubes de fuego que representaban una gran ciudad. Ekkard, autor contemporáneo, reliereque
¡hiranto muchos dias so vieron innumerables insectos alados pasar de la Sajonia á la Baviera, ima
gen de los peregrinos que debían pasar de Occidente á Oriente. Los oradores sagrados no hablaron en
sus predicaciones de los peligros y miserias del pueblo de Jerusalen, sino do los triunfos conseguidos pol
las armas cristianas sobre las de los infieles. Se leia en los pulpitos de las iglesias las cartas que los principes
cruzados habian escrito á Occidente, despues de la loma de Antioquin y de la batalla de Ascalon; estas cartas,
entusiasmaban á la multitud; y como los principes no perdonaban á los desertores del ejército cristiano, to
dos los que habiendo tomado partido por la cruz, no habian al momento marchado, y cuantos abandonaron
las banderas de la cruzada, se atrajeron repentinamente el desprecio y el odio general. El poder de los gran
des y de los señores no pudo defenderles de la mas terrible censura. Un grito de indignacion general se le
vantó por todas partes contra el hermano del rey de Francia, á quien no so perdonaba el haber abandonado
cobardemonte á sus compañeros y haber regresado á Europa sin ver á Jerusalen. Estéban, conde de Char-
tres y de Blois, no pudo conservar la paz de sus estados y aun la de su propia familia; sus pueblos estraña-
ban su vergonzosa desercion (2), y su mujer, ya haciéndole cargos, ya suplicándole, le recordaba incesante
mente los deberes de la religion y de caballero. Estos desgraciados principes y todos cuantos habian seguido
gu ejemplo, se vieron obligados á abandonar por segunda vez su patria y emprender do nuevo el camino de
Oriente.
Muchos de los señores y barones que no habian participado del entusiasmo de los primeros cruza
dos, fueron acusados de una culpable indiferencia, y arrastrados por el movimiento general. Entre estos úl
timos se contaba á Guillermo IX conde de Poitiers, pariente del emperador de Alemania y el vasallo mas
poderoso de la corona de Francia; principe amable, de noble corazon y de un carácter poco belicoso, aban
donó por la peregrinacion de Jerusalen una corte voluptuosa y corrompida á la que habia divertido con sus
canciones. La historia literaria nos ha conservado su poético despido de Limosin y de Poitou de la caballeria
que tanto habia amado, y de las vanidades mundanas, que él designaba por los vestidos de color y de es
merado calzado. Despues de haber empeñado sus estados á Guillermo Roux, tomó la cruz en Limoges, y par-
tió para el Oriente, acompañado do un gran número do sus vasallos; los unos armados con lanza y espada y
los otros no llevando mas que el baston de peregrinos. Su ejemplo fué imitado por Guillermo, conde de Ne-
vers, y por Haspino, conde de Bourges, que vendió su condado al rey de Francia; el duque de Borgoña to
mó asimismo la cruz partiendo para la Siria, animado tal vez mas por deseo de investigar el paraderode su,
hija Florinda que habia desaparecido con Suenon en el Asia menor, que no por la curiosidad de ver á Jo-
fusalen.

;l) Roberto, conde de Mandes, murio de una caula de caballo.


! O. derica Vital Jübliolccn de las Cruzadas, t. I,'.
LIBRO CUARTO.— 1099-1101. 133
En Italia y en Alemania el entusiasmo fué mas general y la afluencia de peregrinos mas considerable
que despues del concilio de Clermont. La Lombardia y las provincias limítrofes vieron acudir bajo las ban
deras de la cruz mas de cien mil cristianos, capitaneados por Alberto conde de blanda rt, y por Anselmo obis
po do Milan. Gran número de peregrinos alemanes siguieron á Wolf ó Guelfo IV duque de Baviera y á Con
rado, condestablo del imperio germánico. Entre los cruzados de Alemania, se contaban poderosos señores,
ilustres prelados, y á la princesa Ida, margrave de Austria.
En esta nueva espedicion, lo mismo que en la primera, dominaba el deseo de hallar aventuras y recorrer
lejanos paises: la fortuna de Balduino, de Boemundo y de Godofredo, habia escitndo la ambicion de los con
des y de los barones que habian permanecido en Europa. Humberto II conde de Saboya que marchó á la
Tierra Santa con Hugo el Grande, hizo una donacion á los religiosos de Burget, con el fin de obtener por sus
plegarias un buen consulado mediante su viaje á Ultramar (1). Debe creerse que muchos señores y caballeros
hicieron semejantes donaciones, y algunos fundaron varios monasterios é iglesias.
Los cruzados lombardos fueron los primeros que se pusieron en marcha. Apenas llegaron á Bulgaria
y á las provincias griegas, se entregaron á toda clase de violencias y escesos, maltratando á los habitantes
ipie despojaban completamente, llevándoselos bueyes y los carneros que encontraban en el camino, y loque
era aun mas deplorable, dice Alberto de Aix, se alimentaban con la carne de estos animales en el santo
tiempo de cuaresma. A su llegada á Constantinopla, estallaron los mas grandes desórdenes. Si deben creerse
á los cronistas contemporáneos, el emperador griego no sofocó los desmanes de la grosera multitud de los pe
regrinos con sus tropas como podia. Los cruzados lombardos, habiendo escalado una primera muralla de la
ciudad hácia la puerta de Carsia (hoy Egri-Copou), vieron acudir delante de ellos á los leones y leopardos,
que alguno habia soltado; estas bestias feroces se arrojaron contra los primeros que se les presentaron delan
te, pero pronto la muchedumbre acudiócon chuzos, lanzas y venablos, resultando la muerte de los leones: y
los leopardos, menos aguerridos, se encaramaron por las murallas como los gatos (2), y huyeron hácia la
ciudad. A la primera noticia de este estraño combale, hubo un horroroso tumulto en la capital. Un gran nú
mero de peregrinos armados de martillos y de toda clase de instrumentos de hierro, se dirigieron hácia el pa
lacio situado en la plaza de Santa Sofía.
La mansion imperial fué invadida en medio del desórden, perdióla vida un pariente del emperador, y los
cruzados, añade la historia, mataron tambien k un leon domesticado, que era muy estimado en palacio.
Los jefes de los cruzados se esforzaron en balde en apaciguar á sus indisciplinados soldados. Alojo, quo
habia amenazado á los peregrinos con su cólera y castigo, vióse en la necesidad de suplicarles á fin de resta
blecer la paz, y soloá fuerza de regalos y de peticiones pudo hacer que sus formidables husépedesse determi
nasen á atravesar el estrecho de San Jorge.
Los cruzados lombardos (3) ,acampados en las llanuras de Civitot y de Nicomedia, vieron llegar bien pronto

()) Guichenou se espresa asi en su Historia genealogica dela casa de Saboya:


•Guillermo Perdin cuenta que este principe {Humberto II conde de Saboya) fue al viaje de la Tierra Santa en la cruzada que con
cluyó despues del concilio de Clermont, bajo el mando do Godofredo de Bouillon, lo que despues han confirmado la mayor parte
de los historiadores (Pulgou. Vanderf, Dogliani, Chieva, Balderan, Bultet y Herning).Papiro Massou opina lo contrario fundado en
que la cronica manuscrita nada habla sobre el particular, ni los autores de las Cruzadas, at hacer mencion de muchos señores
menos importantes.
«Sin embargo no se puede dudar de este viajo; porque en esa epoca el principo dió á los religiosos de Burget en Saboya, una here
dad llamada Putlin para la salvacion de su alma, por la del conde Amesu padre^y por la de sus predecesores. Esta donacion fecha
da en Yenna, en Saboya (y no en Jena en Thuringe1, como dice el Artede comprobar las fechas) esplica que el conde hizoesta libera
lidad para obtener de Dios un buen consulado en su viaje S Ultramar. Esta palabra consulado significaba entonces un principado,
gubierno o soberanía. Orderico Vital da á_ Rogerio, conde de Sicilia, el titulo de consul de Sicilia.!/ Guichenou tambien refiere varios
ejemplos del mismo genero.
I.o que hace nacer dudas acerca del viaje de Humberto, es el silencio de los historiadores de la primera cruzada y tambien las
actas que se han conservado de este principe, que prueban elaramente que permanecio en Europa hasta el año 1100: pero todas
las dudas se disipan, cuando se fijasu partida para la segunda espedicion, en 1101.
[i) Orderico Vital Biblioteca de las Cruzadas^.
, [V Esta espedicion es referida por tres cronistas contemporáneos, Alberto de Aix, Orderico Vital y Ekkard. El primero de estos
historiadores es el mas completo y parece el mas digno defe en sus narraciones. El segundo, segun su costumbre, se tija mas en las
co<as estraordinarias que en las verdaderas; y el tercero, aun cuando haya formado parte do la espedicion, solo da de esta una idea
incompleta y confusa.
T31 HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
á su campo al condestable Conrado, con una escogida tropa de guerreros teutones, y al duque de Borgo-
ña, el conde de Chartres, los obispos de Laon y de Soiwons, con los cruzados franceses, salidos de las
riberas del Loira, del Sena y del Mosa. Esta multitud de peregrinos, frailes, clérigos, mujeres y ni
ños , se elevaba hasta el número de doscientas setenta mil almas. El conde de Tolosa , que ha-
bia llegado de Laodicea á Constantinopla, fué el encargado para conducirles hácia el Asia menor. Los
lombardos estaban poseidos do tal presuncion que solo se oia hablar en su campo del sitio de Bag
dad y de la conquista de Korasan, antes de ir á. Jerusalen. En vano sus jefes querían hacerles seguir la
direccion que habia tomado Godofredoy sus compañeros ; pues obligaron á Raimundo á tomar el camino
de la Capadocia y de laMesopotamia. Se pusieron en marcha el dia de la fiesta de Pentecostés del año 4401 .
Los peregrinos caminaron tres semanas sin que les faltasen víveres y sin ver al enemigo, lo que aumentó su
orgullo, dándoles una ciega confianza. La víspera de San Juan Bautista (seguimos la relacion de Alberto do
Aix) el ejército de los peregrinos llegó al pié de las altas montañas, en unos valles profundos, y de aquí se
dirigió á la plaza fuerte d'Añoras, habitada y defendida por los turcos. Laciudadela fué asaltada y la guar
nicion pasada toda á cuchillo. Los cruzados dirigieron despues sus ataques contra otra fortaleza situada á al
gunas millas de distancia, que los historiadores llaman Gaugras ó Gangara. Esta fortaleza construida sobre
una elevada roca resistió á los impetuosos asaltos de los sitiadores. La ciudad que los cronistas llaman d'Añ
eras, se ha reconocido ser la ciudad d' Ancyraque los habitantes llaman hoy Angora. Se puede ir do Constan
tinopla á Ancyra en cinco dias: los cruzados emplearon tres semanas para hacer este viaje, lo que prueba
una completa ignorancia de los caminos. Las ruinas del fuerte Gangara existen aun, y los turcos llaman á
este punto Kiankary. Las miserias de esta cruzada empezaron en Gaugras. El ejército de lús peregrinos en
tró en las montañas de la Pafiagonia, y los turcos no cesaron de perseguirlo y hostilizarlo. Todos los que la .
fatiga obligaba á quedarse detrás, todos los que se apartaban del grueso delas fuerzas para procurarse víve
res, caian bajo los golpes de los bárbaros. Dividióse el ejército en varios cuerpos, y cada cuerpo ó mejor cada
nacion estaba encargada de velar por la seguridad de los peregrinos, unas veces eran los de Borgoña ó de
Provenza, otras los lombardos ó los franceses que rechazaban los ataques ó las sorpresasdel enemigo. A pe
sar de todas estas precauciones, la multitud que iba sin armas perecia en los caminos, y cada dia habia que
llorar la muerte de un gran número de cruzados. El ejército no formó ya mas que un solo cuerpo, y enton
ces se sufrió menos cuando los turcos atacaban, pero el hambre iba aumentándose. El dinero, dicen los cro
nistas, llegó á ser una cosa inútil porque no habia cosa alguna para poder comprar.
Los cruzados no tenian delante de ellos y á su alrededor mas que rocas escarpadas y áridas montañas. El
ejército de la cruz, semejante á una inmensa caravana, marchaba á la aventura y sin guias, buscando fuen
tes, pastos, ó un pedazo de terreno que no fuese estéril. El hambre se hacia cada dia mas horrorosa, y es-
ceptuando algunos hombres ricos, que habian traido de Civitot y deNicomedia harina, manteca y viendas se
cas, no habia una sola persona que tuviese con que alimentarse. Los granos y los frutos que los pobres pe
regrinos no habian jamás visto, las plantas mas vastas y las yerbas salvajes, en fin, todo loque producia
un suelo desconocido, les parecia propio para sostener su miserable vida (1).
En este apuro general, mil infantes se habian adelantado hasta las cercanías de Constamne (el Castamoun
de los turcos), y habiendo encontrado en un campo cebada, pero no madura, la hicieron tostar al fuego, á
fin de apaciguar su hambre, teniendo al mismo tiempo la idea demandar cocer un fruto amargo, que produ
cen ciertos arbustos del pais y que los viajeros llaman semilla amarilla. Como se habian retirado en un es
trecho valle para tomar un miserable alimento, se vieron de repente sorprendidos y rodeados por un cuerpo
de tropas turcas,las que incendiaron los matorrales é yerbas secas que cubrían la tierra-, y los mencionados mil
cruzados do infantería perecieron ahogados por el humo que produjo tan atroz incendio. Cuando semejante
catástrofe llegó á oidos del ejército, todos los príncipes cristianos se quedaron llenos de espanto.
Los cruzados, despues de haber andado errantes por espacio de muchas semanaspor este laberintode mon
tañas de la Pafiagonia, sentaron al fin sus reales en una vasta llanura que los cronistas no nombran, pero
que debe ser la que los turcos llaman Osmandjik (2). Aquí fué donde el ejército cristiano tuvo que batirse

(1) Correspondencia de Oriente, f . III. Carta tXHI.


i2) El ejorcito de los licles de Cristo, dice Alberto do Aix, flanqueo los estrechos desfiladeros dela Paflagonia, y bajo a una vasta
LIBRO CUARTO.— 1099-11 01. 135
contra una multitud de turcomanos, que acudieron de las riberas dél Tigris y delEufrates, para cerrar el paso
do loscaminos de la Mesopolamia y do la Siria al ejército cruzado. Durante la primera semana de julio hubo
grandes combates, en los cuales los cristianos permanecieron constantemente cerrados en masa, sin ser der
rotados por el enemigo. Los peregrinos se preparaban para marchar hácia Marah (la pequeña ciudad deMur-
sivan) y ya se habian apoderado de un fuerte situado á diez millas de su campamento, cuando de repente la
fortuna les fué contraria, precipitándoles en un abismo de calamidades.
El dia siguiente, dice la historia contemporánea, el obispo de Milan anunció que se trabaría una
gran batalla, y recorrió personalmente las filas del ejército, dirigiendo su palabra al pueblo de Dios
vivo, y enseñando á los fieles el brazo del bienaventurado Ambrosio: Raimundo de San Giles hizo llevar tam
bien delante de los soldados la milagrosa lanza, encontrada en la basílica del apóstol Pedro en Antioqufa.
Todos los peregrinos confesaron sus pecados, y recibieron la absolucion en nombre de Jesucristo.
Cada nacion so colocó en orden de batalla, preparándose para el combate. Los lombardos, formados en los
primeros puestos del ejército, recibieron enseguidael choque de los turcos, combatiendo durante muchas
horas con gran vigor, pero al fin cansados de seguiral enemigo que sucesivamente huia y volvía ala carga,
regresaron á sus tiendas con la bandera ó estandarte del ejército. El condestable Conrado, despues de la reti
rada de los lombardos, se lanzó delante de los turcos con los sajones, los bávaros, los loreneses y todos los
teutones, y despues de haber combatido hasta la mitad dela jornada, abrumado por un granizo de vena
blos, devorado por el hambre y muerto de fatiga, siguió el ejemplo de los cruzados italianos. Esteban con sus
borgoñones entró tambien á combatir cuando le tocó el turno, y tuvo tambien que retirarse despues de ha
ber perdido mucha gente. Iba la victoria á decidirse por los turcos, cuando el Conde de Blois y el obispo de
Laon acudieron con los franceses y pelearon hasta la noche, pero al fin el cansancio y la fatiga les obligaron á
regresar á su campamento, como lo habian hecho sus compañeros, dejando gran número de muertos en la
llanura. Raimundo de San Giles fué el último que entró en accion, y despues de haber sostenido durante al
gun tiempo los fuertes ataques del enemigo, habiendo perdido casi á todos sus caballeros provenzales, aban
donado por sus turcopoles, buscó en una elevada roca un asilo contra los turcos, debiendo su salvacion á la
generosidad y socorro del duque de Borgoña .
Cuando se hizo de noche, los dos ejércitos regresaron á sus campamentos, situados ádos millas el uno del
otre ; y cada uno deploraba sus pérdidas, desconfiando vencer al enemigo. Repentinamente se esparce la Voz
en el ejército cristiano que Raimundo de San Giles ha huido con sus turcopoles dirigiéndose hacia el camino
de Sínope. Entonces un pánico terror se apoderó de los peregrinos, persuadiéndose hasta los mas valientes
que no habia otro medio de salvacion mas que la fuga. Todos los que podian marchar, tanto losguerreros co
mo la multitud, se precipitan á la vez fuera del campamento. Sabedor de esta novedad, el ejército turco, que
se preparaba para la retirada, recobra valor, y así que amanece corre al sonido de los clarines y de las trom
petas á reunirse, y se precipita, dando espantosos gritos, en las tiendas de los cristianos. ¡Qué desolacion en
este campo, en donde se veian matronas, vírgenes, niños y enfermos! qué desesperacion entre todas esas
mujeres abandonadas por sus esposos ya llegados, cuando solo veian á su alrededor á los bárbaros que es^
taban prontos á arrojarse contra su presa! Ninguna espada habia allí para defender á esta débil y trémula
multitud, contra la crueldad de los turcos, que con su diforme cabellera y aspecto feroz se parecian, segun es-
presion de Alberto de Aix, á los espíritus negros é inmundos. Despues de haber saqueado el campo, el ene-
migoemprendió la persecucion de los peregrinos. En un espacio de tres millas, los que huían y sus perse
guidores andaban por encima de los rocles, de los vasos de oro y de plata, y sobre la púrpura y telas de
seda. Al lado de estos tristes restos del lujo, se encontraba por todas partes las señales de la mas espantosa
carnicería. Entodas las regiones que se estienden desde Sínope hasta el mar Negro, no habia una llanura,
un desfiladero, un lugar habitadoó desierto que no hubiese visto correr la sangre cristiana. Los cronistas con
temporáneos hacen subir hasta sesenta mil el número de peregrinos que fueron víctimas del acero turco ó que
perecieron de hambre, de cansancio y de desesperacion .
Un segundo cuerpo de peregrinos, conducido por el conde de Nevcrs y el conde de Bourges, llegó á Cons-

llanura. Estos desfiladeros pueden ser los de Hadzi-Hamsed, que presenta aun restos de algunas fortificaciones, y esta llanura es la
ded'Amandjik que está situada a dos o tres jornadas de Sínope por la parle del este. Correspondencia del Oi icnte, t. III.)
4 3fi HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
tantinopla en el mes de mayo, habiendo partido de Nicomedia por la fiesta de San Juan Bautista. Este ejér
cito, compuesto de quince mil hombres, llevaba ó su retaguardia, como el precedente, frailes, mujeres, ni
ños y mucho pueblo sin armas. Despues de dos semanas de marcha llegó á Ancyra; y no sabiendo en esta
ciudad noticia alguna de los lombardos. y temiendo los dificiles y malos caminos de la Paflagonia, se dirigió
el ejército por la derecha, y marchó hacia Iconium que Alberto de Aix llama Stancone. Los cruzados se de
tuvieron algunos dias delante la capital de la Lycaonia , pero no habiéndoles sido posible apoderar
se de ella de modo alguno, prosiguieron inmediatamente su marcha hacia la ciudad de Heraclea (I)
( Crécly ó Ercly ) sobre el camino de Tarso. Era entonces el mes de agosto, en la abrasadora estacion en que
hasta las caravanas se ven obligadas á suspender su marcha; los manantiales y las fuentes estaban por to
das partes secos, y mas de trescientos peregrinos murieron de sed. Algunas voces vagas habian llegado á oi
dos de los cruzados diciéndoles que cerca del lugar donde estaban habia un rio; muchos de entre ellos subie
ron á las alturas vecinas para descubrirlo, pero regresaron diciendo que solo se veia desde las montañas la
ciudad de Heraclea devorada porun incendio; los habitantes, al huir, habian pegado fuego á sus casas, ha
bian cegado los pozos y destruido las cisternas. Entonces se presentaron los turcos, que llegaban siempre que
los peregrinos estaban medio vencidos por alguna gran calamidad. Un estenso valle, vecino de la ciudad, fué
el teatro de un combate terrible. El hermano del conde de Nevers, Roberto, que llevaba el estandarte del
ejército, dió el ejemplo de la fuga; los otros jefes, hasta el mismo conde de Nevers, abandonandola perdida
multitud de peregrinos, huyeron á Germanicópolis, ciudad de la Cilicia; las tiendas y las riquezas de los fu
gitivos cruzados cayeron en poder de los turcos, y millares de mujeres y de niños fueron hechos prisioneros
por los bárbaros, que los condujeron á Korasan.
Todavia quedaba el tercer ejército de peregrinos, el de Guillermo do Poitou al que se habian reunido el
conde de Vermandois,el obispo de Clermont,\Volf IV duque de Baviera y la condesa Ida, margrave do Austria.
Asi que los alemanes y los aquitanos llega ron a Constantiuopla, nada sabian aun de cuanto tunian que sufrir
los cruzados en el Asia menor, porque dicen las crónicas antiguas, que á semejanza de las regiones de los
muertos, nadie tampoco regresaba de este pais; sin embargo, tristes presentimientos preocupaban su imagi
nacion-; los unos miraban la Romania como un vasto sepulcro que se tragaba á los pueblos de Occidente , y
querian regresar por mar á Palestina; los otros decian que las venganzas y traiciones de Alejo seguirian á los
cruzados hasta en las flotas, y que las tempestades servirian aun mejor para sus proyectos que los mismos
turcos. En medio de estas crueles incertidumbres, dice Ekkard, veiaseal padre separarse de su hijo, al her
mano de su hermano, al amigo de su amigo, y en esta separacion en la que tenia cada uno la mira de salvar
su vida, habia mas amargura y mas sentimiento que no el que se esperimenta por la misma muerte; el uno
rpieria embarcarse, el otro atravesarla Romania; algunos despues de haber tomado sitio en un buque, se pre
cipitaban sobre la ribera, y volviendo á comprarlos caballos que acababan de vender corrian á la muerte
que querian evitar (2). Tal es la sucinta relacion de un peregrino partido de Occidente con los cruzados teuto
nes, y el mismo, despues de haber estado largo tiempo para decidirse, tomó el partido de embarcarse, y sin
correr ninguno de los peligros que temia, llegó en compañia de muchos otros peregrinos al puerto de Jaffa, se-
cundado par la clemencia divina.
Guillermo de Poitou y sus compañeros atravesaron el estrecho de San Jorge y regresaron á Nicomedia Ini
cia el tiempo de la siega. Una inmensa multitud de lodos sexos, de todas edades y de todas condiciones se
guian sus banderas, y se puso en marcha para atravesar el Asia menor y lomó el mismo camino que Godo-
fredode Bouillonen la primera cruzada; el ejército de Poitou se apoderó á su paso de las ciudades de Pliilome-
tium (3) y de Samalieh, bajó despues hacia Heraclea, para encontrar, dice Alberto de Aix, un rio ardiente
mente deseado.- este rio que los compañeros del conde do Nevers no habian podido descubrir, correó pasa á
poca distancia de Heraclea. Asi que el ejército cristiano, rendido por la fatiga y el calor ,se aproximó á él , en
contró á los turcos que le esperaban formados en batalla sobre las dos orillas. Despues de un combate terri-

(1) Véose porCrecli o Heraclea, la Correspondencia deOriente, carta LX11I.


(2) Ekkard (Biblioteca de las Cruzadas).
(3' La ciudad de Fmimin' ode l'hilomclium se encuentra en el dia bajo el nombre turco de Ylauin ti ocho onueve leguas dcT.c-
fcer, la antigua po-lueña Antioiiuia de Pisidia. (Véase la correspondencia de Oriente, carta LX1 y LXIII .)
LIBRO CUARTO.— 1 099-1 101. 1 37
ble, vencidos los cristianos emprendieron la fuga , y la matanza fué espantosa y cruel. El obispo de Clermont
en Auvernia, el duque de Ba viera y el conde de Poitou, fueron casi los únicos que escaparon de la cuchilla
turca, huyendo al través de las montañas y por los desfiladeros desconocidos. El duque de Vermandois, heri
do pordos flechazos, fué á morir en Tarso, siendo su cuerpo enterrado en la iglesia de San Pablo. La margra-
ve de Austria, v un gran número de ilustres matronas, desaparecieron en medio del tumulto del combate. Los
unos decian que la margra ve habia sido aplastada debajo los pies de los caballos , los otros que los turcos la
habian conducido á Korasan, pais que, segun dice Alberto de Aix, está separado del resto del mundo por gran
des montañas y pantanos, ven el cual los cristianos cautivos están encerrados como los rebaños en un establo.
Asi desaparecieron tres grandes ejércitos compuestos de varias naciones. Perecieron todos de la mis
ma manera, es decir, por la imprevision de los jefes y por la indisciplina de los soldados, entregándose ellos
mismos á la esterminadora espada de los turcos. En la primera cruzada se habian esperi mentado cierta-
ta mente grandes reveses, pero se alcanzaron grandes victorias; mas en esta solose vieron grandes cala
midades. La muchedumbre que acompañó al ejército, contribuyó mucho indudablemente á su derrota. El
mal venia de las ilusiones que se habian formado en Europa sobre las victorias de los primeros cruzados:
lodo el mundo habia querido marchar , porque estaban en la persuasion que ya no habia en Asia, ni
turcos ni sarracenos , y que bastaba ponerse en camino , para llegar sin obstáculo ni peligro á Jerusalen.
La historia contemporánea nos dice que en esta desgraciada espedicion cuatrocientos mil peregrinos salir-
ron de este perecedero mundo, para vivir eternamente en el seno de Dios. Los cronistas no mencionan á los que
los turcos se llevaron como esclavos; de todas las mujeres que habian marchado y cuyo número era impor
tante, ni una sola regresó al seno de su familia. Los cruzados que se salvaron de la matanza, se retira-
ron los unos á Constantinopla, y los otros á Autioquia : en el libro siguiente veremos los tristes restos de
esta cruzada llegada al reino de Jerusalen, en donde muchos principes, salvados milagrosamente del ace
ro turco, perdieron la libertad ó la vida, combatiendo con los egipcios. El duque de Baviera murió y
fué enterrado en la isla de Chipre ; Harpino de Bourger que regresó á Francia, se hizo religioso del con
vento de Cluni. Guillermo de Poitou, para consolarse de las desgracias de la cruzada, hizo de esta el ob
jeto de sus canciones, y á menudo, segun dice Orderico Vital, repetia sus tiernas quejas en presenciado
los reyes , de los grandes y de las sociedades cristianas.
Fijémonos un momento en el espectáculo que acaba de pasar delante de nuestros ojos, y en el que re
ve á dos religiones disputarse el mundo con las armas en la mano: volvamos la vista atrás, y veamos lo
que esta grande revolucion de guerras santas ha producido para las generaciones contemporáneas , y
qué suerte esperaba al finalizar aquellas á los pueblos de occidente.
Se ha repetido muchas veces, hablando de esta primera guerra sania, en la que el oriente vió á un
ejército de seiscientos mil cruzados, que Alejandro habia conquistado el Asia con solo treinta mil hom
bres; v sin reproducirlo que se ha dicho ya, nos limitaremos á hacer observar que los griegos de Ale
jandro, en su invasion al oriente , no tenian que combatir mas que á los persas, nacion afeminada y que
la Grecia miraba con desprecio ; mientras que los cruzados tuvieron que combatir á una multitud de pue
blos desconocidos, y que llegados al Asia, se encontraron rodeados de muchas naciones de conquistadores.
No será por demás repetir que aqui dos religiones se han armado la una contra de la otra; y entre
los cristianos y los musulmanes no podia haber mas que una guerra de esterminio. Si las guerras reli
giosas son siempre las mas mortiferas, tambien son las que ofrecen mas dificultad al vencedor , para que
pueda conservar y estender sus conquistas. Esta observacion es muy importante para apreciar el resul
tado y hasta el carácter de la primera cruzada y delas que la han seguido.
Lo que los hombres ilustrados no podian comprender en este gran movimiento de las naciones , era
el milagroso motivo que animaba á los jefes y á los soldados. «¿Qué habia que pensar, dice el abate Gui-
bert. que escribia algunos años despues de las cruzadas, al verá los pueblos agitarse, y cerrando su corazon
á todas las afecciones humanas, lanzarse de repente á un destierro, para destruir á los enemigos del
nombre de Cristo, traspasar el mundo latino y los limites del mundo conocido, con mas ardor y mas
alegria que mostraron jamás los hombres para asistirá una gran fiesta?» El mismo cronista añadi\
que en su tiempo el móvil de la guerra eran la avaricia , la ambicion y Ins pasiones profanas v odiosas:
y como el ardor hácia los combates era cjsi general , arrastrando á los pueblos (es siempre la idea del
(18 y 19) 18
4 38 HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
ri hato Guibert) Dios suscitó nuevas guerras, que tibian emprenderse por la gloria de su nombre y que
conduciria él mismo; guerras sanias que ofrecerian un medio de salvacion á les cristianos y á los pue
blos, guerras en donde los que hubiesen abrazado la profesion de las armas podrian, sin renunciar á
sus hábitos, y sin verse obligados en ninguna ocasion k salir del siglo, obtener la misericordia divina. En
efecto, desde el momento que quedó la guerra santificada, todo el mundo acudió y quiso marchar bajo el
estandarte de Dios.
Uno de los maravillosos caracteres de esta cruzada , es que fué anunciada anticipadamente en casi to
do el universo. Cuando las revoluciones están próximas á estallar, un secreto presentimiento se apodera
-de los pueblos. Todo el mundo sabe los mil prodigios que habian precedido al belicoso alzamiento de
\a Europa cristiana. Los musulmanes tuvieron tambien sus presagios : muchas señales que habian
visto en el cielo, les habian anunciado que el occidente iba á levantarse contra ellos. Durante la es
tancia de Roberto Frison en .Jerusalen, doce años antes del concilio de Clermont , todos los jefes del pue
blo musulman habian estado reunidos desde la mañana hasta la noche en la mezquita de Omar, en donde
estudiaron en los libros de la ley las proféticas amenazas de las constelaciones ; y supieron por seguras
conjeturas que unos hombres de condicion cristiana vendrtan á Jerusalen y se apoderarian de todo el pais
despues de grandes victorias: pero no pudieron apear en qué tiempo se realizarian tan funestos presagios.
Asi á medida que td tiempo avanzaba , el occidente y el oriente esperaban vagamente grandes cosas.
El religioso ardor que dominó á fines del siglo once, hizo que se dividiese la sociedad cristiana en dos
-grandes partidos. El uno arrastraba al hombre á la vida solitaria y contemplativa , y el otro le condu
cia á recorrer el mundo pora buscar la remision de sus pecados por medio del tumulto y estruen
do de las guerras santas. Por una parte se decia á los cristianos: o En el retiro se encuentra la sal
ivacion, y alli es donde el Señor distribuye sus gracias, y el hombre se hace bueno y mas digno de
nla misericordia divina. Por otra se repelia incesantemente; Dios os llama á su defensa ; por el estruendo
»de las armas y por los peligros de una guerra santa, se obtienen las bendiciones del cielo.» Estas dos
opiniones, tan opuestas entre si, se predicaban con el mismo éxito y encontraban en todas partes par
tidarios y apóstoles ó mártires. Entre los mas fervientes fieles, los unos no veian otra manera de agra
dar á Dios que el de sepultarse en los desiertos, mientras que los otros creian santificar su vida recur
riendo las mas lejanas regiones, espada en mano y con la cruz en el pecho. La necesidad del retiro y
el celo por la guerra sagrada eran tan vehementes, que jamás la Europa habia visto tantos reclu
sos y tantos soldados: jamás se vió establecer tantos monasterios como en el siglo doce, y jamás se vie
ron tantos y tan formidables ejércitos. No trataremos de caracterizar este estraño contraste: pero nos
'parece que un hombre solo bastaria, aqui, para esplicar lodo un siglo, y este hombre es Pedro el Er
mitaño. Es sabido que el predicador de la cruzada siguió sucesivamente las dos opiniones dominantes en
su época. Nacido con una ardiente imaginacion, pero con un espiritu variable é inquieto, entregóse lue
go á la vida cenobita, pareciendo despues en medio de esta multitud que habia tomado las armas á su
sola voz, y acabó por morir en un claustro. El ermitaño Pedro fué, pues, el hombre eminente de su
época, y á este debe atribuirse la gran influencia que tuvo sobre sus contemporáneos. Nosotros hemos
tenido muchas veces ocasion de notar que los hombres que pasan por haber dominado su siglo, son los
que mas se dejan dominar por este, mostrándose los mas apasionados intérpretes.
Uno de los resultados de esta cruzada , fué el llevar el espanto entre las naciones musulmanas, ponién
dolas por mucho tiempo en la imposibilidad de ensayar ninguna empresa contra el occidente. Gracias
á las victorias de los cruzados, el imperio griego retrocedió sus limites, y Constantinopla, que era el ca
mino de occidente para los musulmanes, quedó al abrigo de sus ataques. En esta lejana espedicion , la
Europa perdió la flor de su poblacion ; pero ella no fué como el Asia, que se convirtió en teatro de una
guerra sangrienta y desastrosa, de una guerra en la que nada se respetaba , y en donde las ciudades y las
provincias eran sucesivamente desoladas por los vencedores y por los vencidos. Mientras que los guerreros
salidos de Europa derramaban su sangre en oriente, el occidente gozaba de una profunda paz. En todos los
pueblos cristianos se miraba como un crimen, batirse por una causa que no fuese la de Jesucristo. Esta
opinion contribuyó mucho á contenerá los bandidos, y á hacer respetar la tregua de Dios, que fué en la
edad media el gérmen ó la señal delas mejores instituciones. Fuesen euales fuesen los reveses de la
L1BK0 CUARTO.— 1099-1101. 139
cruzada, eran menus deplorables que las guerras civiles y el azote de la anarquía feudal, que habia du
rante mucho tiempo, devastado todas las comarcas de occidente.
Esta primera cruzada proporcionó otras ventajas á la Europa, poniendo al oriente masen contacto con
el occidente. El Mediterráneo fué mas frecuentado por los buques europeos ; la navegacion progresó algo,
y el comercio, sobre todo el de los písanos y genoveses, debió acrecentarse y enriquecerse por medio do
la fundacion del reino de Jerusalen. Es verdad que una gran parte del oro y plata que poseia la Europa-
habia sido esportada al Asia por los cruzados ; pero estos tesoros enterrados ó escondidos por el miedo ó pol
la avaricia, estaban perdidos ó no existían al menos para la circulacion : y todo el oro que no se llevaron
los cruzados, circuló mas libremente, y la Europa, teniendo realmente menor cantidad de plata, apareció de
repente ser mas rica que nunca.
A pesar de lo que se ha querido suponer , no vemos que durante la primera cruzada la Europa hay*
sido ilustrada por el oriente. El Asia fué teatro de las mas terribles revoluciones durante el siglo once. En
esta época ni los sarracenos ni los turcos cultivaban las artes ni las ciencias. Los cruzados no tuvieron con>
aquellos mas relaciones que la de una guerra terrible. Por otra parte los francos despreciaban demasiado á
los griegos, en cuya nacion estaban demasiado en decadencia las ciencias y lasartes, para poder servir de
modelo é instruccion. Sin embargo , como los acontecimientos de la cruzada habian herido vivamente la
imaginacion de los pueblos , este grande 6 imponente espectáculo bastó para dar una especie de vuelo al es
píritu humano en el Occidente.
Reservándonos para mas adelante el hablar del carácter de esta cruzada , diremos solamente aquí algunas
palabras sobre el bien que ella ha podido hacer á la generacion contemporánea. Los desastres son lo que
mas nos afecta al leer la historia , y no tenemos necesidad de recordarlos , pero el bien y sus invencibles
progresos son mucho menos fáciles de distinguir ó conocer.
El primer resultado de la cruzada con relacion á la Francia , fué la gloria de nuestros padres; ¡cuántos
nombres ilustres con motivo de esta guerra I Los gloriosos recuerdos son una ventaja real ó positiva , por
que ellos fundan la existencia de las naciones y la de las familias. No puede olvidarse el llamamiento que
hizo el papa Urbano á la belicosa nacion de los francos , y la historia ha dado cuenta de los prodigios con
que estos respondieron al llamamiento del pontífice. Un cronista nos dice que Dios en esta ocasion rechazó á
los grandes monarcas de la tierra, y no quiso asociar á sus designios mas que la Francia , que se presentabet
pura delante de él, porque hasta entonces ninguna herejía habia manchado á su pueblo. El abate Guibert,
que habia tomado por título de su historia estas palabras : Gesta Deipcr francos ( Hechos de Dios por los
francos), ha esplicado á la vez la opinion de sus contemporáneos y la de la posteridad.
Lo que habia de curioso en tiempo de las cruzadas, era la creencia en que generalmente se estaba, de que el
mundo era viejo, y que estaba próxima la decadencia. Guibert seestrañaba que las maravillas, de las cuales
era él testigo , tuviesen lugar en un tiempo de decrepitud. Sin embargo , la conquista de Jerusalen debia
alentar sus espíritus y advertirles que el mundo no iba á finar, puesto que iba á darse comienzo á una gran
revolucion para renovar el oriente y el occidente. Nosotros sabemos, sin duda alguna , dice Guibert, que Dios
no ha emprendido esto para libertar á- una sola ciudad, sino que ha arrojado en todas partes las semillas
que producirán mucho fruto. En todas partes se estudiaba ya la gramática, y el número de escuelas , siem
pre creciente,- hacia fácil la instruccion hasta á los hombres mas estúpidos. El abad de Noguent al empezar su
historia, declara que él va á adornar, su estilo , y que su idea es dar á luz un libro digno del tiempo en quo
escribe, y sobretodo de las maravillas que va á celebrar. Otros escritores habian emprendido ya la tarea do
trazar la historia de esta época memorable.
Antes de la primera cruzada , la ciencia de la legislacion , que es la primera y mas importante de todas,
habia hecho muy pocos progresos. Algunas ciudades de Italia y de las provincias vecinas de los Pirineos,
en donde los godos habian hecho florecer las leyes romanas , veian tan solo renacer algunos destellos de 1»
civilizacion. Entre los reglamentos y las ordenanzas que Gaston de Bearn habia recopilado antes de partir
á la cruzada, se encuentran disposiciones que merecen ser conservadas por la historia , porque ellas nos.
presentan los débiles fundamentos de una legislacion que el tiempo y otras mas felices circunstancias debian
perfeccionar. La paz , dice este legislador del siglo undécimo, será guardada en todos tiempos d los cléri
gos, álos religiosos , á los viajeros , á las señoras y á su séquito. Si alguno se refunia cerca de una señora,
UO HISTORIA DE LAS CHUZADAS.
será salea su persona pagando el daño que haya causado. Que la paz sea con el labrador; que sus bueyes y
sus aperos de labranza no puedan ser ocupados (I ).
Estas bienhechoras disposiciones eran inspiradas por el espiritu de caballeria , que habia progresado en
las gnerras contra los sarracenos de España: ellas eran sobre todo la obra de los concilios (2) que habian prr -
curado contener las guerras entre particulares y los escesos de la anarquia feudal. Las guerras santas de
ultramar acabaron lo que la caballeria habia empezado ; perfeccionando hasta la misma caballeria. El con
cilio de Clormout y la cruzada que le siguió, no hicieron mas que desarrollar y consolidar todo lo que los con
cilios anteriores, todo lo que los señores y los principes mas sabios , habian hecho á favor de la humanidad.
Muchos de los principes cruzados , tales como el duque de Bretaña y Roberto , conde de Flandes hicieron
notable su regreso por medio de los sabios reglamentos que publicaron. Algunas saludables instituciones
empezaron á reemplazar á los violentos abusos del feudalismo.
En Francia se notaron principalmente estos cambios. Muchos señores habian manumitido a sus esclavos
que les seguian en la santa espedicion. Giraud y Giraudet Adhemer de Montheil, que habia seguido á su
hermano , el obispo de Puy á la guerra santa , á fin de reanimar y recompensará algunos de sus vasallos que
le habian acompañado , les concedió muchos feudos , por un acta celebrada en el mismo año de la toma de-
Jerusalen. Pudióranse citar muchas actas semejantes , hechas durante la cruzada y en los primeros años
que la siguieron. La libertad esperaba en el ocidente el reducido número de cruzados venidos de la guerra
santa y que parecian no reconocer jamás por jefe suyo á Jesucristo.
El rey de Francia , aun cuando fué por largo tiempo el blanco de las censuras de la Iglesia , y que no s©
distinguia por ninguna cualidad personal , tuvo un reinado mas feliz y mas tranquilo que sus predecesores.
Él empezó"á sacudir el yugo de los grandes vasallos de la corona , que muchos se habian arruinado ó habian
perecido en la guerra santa. Se ha repetido muchas veces , que la cruzada puso en manos del clero las mas
grandes riquezas: este es un hecho innegable; pero no es cierto quesucediera esto mismo en las guerras san
tas que tuvieron lugar despues ; pero ¿no puede asegurarse que el clero era en aquellos tiempos la parte
mas ilustrada de la nacion, y que este acrecentamiento de prosperidad estaba en la naturaleza de las cosas?
Despues de la primera cruzada pudo observarse lo que sucede en todos los pueblos que marchan á la civili
zacion : el poder tendia á centralizarse en las manos del que debia proteger á la sociedad : la gloria fué la
herencia de los que estaban llamados á defender la patria; y la consideracion y las riquezas se dirigieron há-
cia la clase que debiá instruir y civilizar á los pueblos.
Muchas ciudades de Italia habian llegado á un cierto grado de oivilizacion antes de la cruzada , pero esta
civilizacion , tomada de los griegos y delos romanos , mas bien que de las costumbres y de la religion de
los pueblos , no presentaba estabilidad alguna , pareciéndose á aquellas fugaces luces que se desprenden del
cielo y brillan un momento, durante la noche. Demostraremos en las consideraciones generales con que termi
na esta obra , cuánto han contribuido esas repúblicas esparcidas y divididas entre si , esas legislaciones to
madas servilmente de los antiguos , esa libertad precoz que no habia nacido en el suelo y que no se acomo
daba fácilmente con el espiritu de la época, á crear la independencia de la Italia en la edad moderna. Para
que la civilizacion produzca sus saludables efectos y que sus beneficios sean duraderos , es preciso que se ar
raigue en los sentimientos y en la opinion dominante de una nacion , y que nazca , por decirlo asi , de la
misma sociedad. Sus progresos no deben improvisarse , y todo debe conspirar á la vez á la misma perfec
cion. Las luces, las leyes , las costumbres y el poder todo debe marchar juntamente. Esto es lo que ha suce
dido en Francia ; y he aqui porque esta nacion debia ser en su dia , el modelo y centro de la civilizacion en
Europa. Las guerras santas contribuyeron mucho á esta dichosa revolucion , cosa que pudo corregirse desde
la primera cruzada.
(1) Hemos tomado estos detalles de una historia rmmiícrita deBjirn que ha tenido la bondad de facilitarnos uno de nuestn »
magistrados mas distinguidos, que consagra sus ocios al cultivo de las letras. Esta historia, notable por una sabia erudicion y una
sana critica, debe derramar gran luz sobre los remotos tiempos de que hablamos.
(2) Todas las ordenanzas de Gaston de Bearn estan en los decretos del sinodo o concilio celebrado en la diocesis de EIna en el Ro-
sellon, el lnde mayo de 1027. Estas disposiciones tenian por objeto la tregua de Dios. El concilio habia decretado que no se pudiese
atacar a ningun frailo o clérigo desarmado, ni al hombre que fuésea la iglesia 6 que regresase de ella, o que acompañare señoras.
En el concilio deBourgesen 1031, y en muchos otros, se renovaron los mismos reglamentos; y se pusieron bajo la salvaguardia dela
religion, a los labradores, sus bueyes y sus molinos. (Véase la Coleccion delos Concilios por el P. Labbe.) No sera por demas decir
queestos reglamento-, fu-ron observados en Aquilania. El concilio de Clermont hizo quo se adoptaran en la itia; or parte deEuropa.
LIBRO QUINTO.- 1 099-11 i6. I H

LIBRO V.

HISTORIA DEL REINO DE JERUSALEN.


1099—JIM.

Q.nl ifredo envia á Tancredo a Galilea.— Sitia el mismo, en vano , a Arsur.—Llegada de Balduino y de Boemundo.— El arzobispo
Daimberto.—Los tribunales de Jerusalen.—Situacion del reino.—Muerte de Godofredo. —Sucédele Balduino.—Empresas guer
reras deeste principe.—Su afan por restablecer el imperio de las leyes.—Los genoveses le ay udan á tomar Cesarea.—Ventajas y
reveses.—Toma deTolemaida.—Critica posicion del principado de Antiorluia y del condado de Edeso.—Toma de Trtpoli.—Bal
duino lleva la guerra en Egipto.—Su muerte.—Balduino de Bourg sube al trono.—Arrroja a los musulmanes del territorio de
Antioquta.—Hecho prisionero, recobra la libertad con astucia.—Los sarracenos de Egipto batidos por Eustaquio de Agrain.—
Papel que jugaron los venecianos en la primera cruzada.—Situacion general.—Los ismaelitas o asesinos.—Caballeros de San
Juan y caballeros del Temple.—Balduino ve frustrada la toma de Damasco.—Su muerte.—Fulques de Anjou es proclamado rey.
—Felonia, del conde de Joppc —Su castigo.—Juan Comneno prueba de apoderarse de Antioqula, despues se reune con los lati
nos.— Muere el rey Balduino UJ.—Su hijo y su sucesor, es desgraciado en el ataque contra Bosrha.—Los musulmanes destru
yen á Edeso.

F.l pais en el que acababan de establecerse los cruzados , y que los recuerdos de la religion le hacian mas
grato á los pueblos del occidente , formó antiguamente el reino de Israel. Luego que esta comarca fué some
tida a las águilas romanas , sus nuevos dueños añadieron al nombre que le habian dado los judios, el de
Palestina. Ella tenia por limites, al mediodia el arenoso desierto que separa la Judea del Egipto , al orien
te el pais de la Arabia , al occidente el Mediterráneo , y al norte las montañas del Libano.
En tiempo de los cruzados , lo mismo que hoy dia , una gran parte del suelo de la Palestina presentaba el
aspecto de una tierra sobre la que han caido las maldiciones del cielo. Esta tierra , dada en otro tiempo al
pueblo elegido de Dios , habia mudado muchas vecesde habitantes ; todas las sectas y todas las dinastias mu- .
sulmanas se habian disputado la posesion de ella con las armas en la mano ; las revoluciones y la guerra
habian amontonado las ruinas en esta capital y en la mayor parte de las ciudades; las creencias de los pue
blos musulmanes y delos pueblos cristianos parecian solamente dar algun valor á la conquista de Judea ; la
historia , sin embargo , debe guardarse de incurrir en la exageracion de ciertos viajeros , cuando han ha
blado de la esterilidad de este desgraciado pais.
En el estado que se encontró la Judea , si su territorio se hubiese sometido enteramente á las leyes de Go
dofredo, el nuevo rey habria podido rivalizar poderosamente con la mayor parte de los principes musulmanes
del Asia ; pero el naciente reino de Jerusalen se componia tan solo de la capital y de unas veinte poblaciones
inmediatas. Muchos de estos pueblos se encontraban separados los unos de los otros , por plazas que ocupa
ban aun los infieles. Una fortaleza en poder de los cristianos estaba próxima á otra , en donde ondeaba el
estandarte de Mahoma. En las campiñas habitaban los turcos, los árabes y los egipcios , que se reunian pa
ra hacer la guerra á los subditos de Godofredo Estos últimos estaban amenazados hasta en las ciudades, ca
si siempre mal guardadas , encontrándose sin cesar espuestos á todas las violencias de la guerra. La tierra
permanecia inculta , y todas las comunicaciones estaban interrumpidas. En medio de tanto peligro , mu
chos latinos abandonaron las posesiones que les habia dado la victoria : y á fin de que el pais conquistado no
estuviese falto de habitantes , sobre todo en los momentos del peligro, fué preciso , para promover la aficion
háciaesta nueva patria, estimular á sus moradores por medio del interés de la propiedad. Toda persona que
hubiese permanecido un año y un dia en una casa ó sobre un terreno cultivado , debia ser reconocido como
su legitimo poseedor; todos los derechos de posesion seperdian por una ausencia de igual duracion.
El primer cuidado de Godofredo fué el de reprimir las hostilidades de los musulmanes , y retirar las fron
teras del reino cuya defensa se le habia confiado. Siguiendo sus órdenes, Tancredo entró en Galilea, y se
lia IIIST0HIA DE LAS CHUZADAS.
apoderó de Tiberiada y de muchas otras ciudades vecinas del Jordan. En recompensa de sus trabajos, se le
dió la posesion del pais qUe_acaliaba de conquistar, y que posteriormente fué erigido en principado.
Arsur, ciudad maritima situada entre Cesarea y Joppe, rehusó pagar el tributo impuesto despues do la
victoria de Ascalon : y Godofredo y sus caballeros fueron á sitiar la mencionada plaza. Ya se habian coloca
do las torres y los arietes delante de las murallas y se habian dado varios asaltos, cuando los sitiados em
plearon un medio de defensa que nadie esperaba . Gerardo de Avesnes, que se habia dado en rehenes á los
enemigos, por orden de Godofredo , fué atado á la punta de un palo muy alto que se colocó delante de lamu-
ralla misma á la que debian dirigir sus tiros los sitiadores. A la vista de una muerte inevitable y sin gloria,
este desventurado caballero dió grandes gritos de dolor y de desesperacion , conjurando a su amigo Godo
fredo que le salvase la vida por medio de una retirada voluntaria. Este cruel espectáculo desgarró el alma
del rey de Jerusalen , pero no disminuyó de ninguna manera su resolucion y su valor. Cuando estuvo cerca
de Gerardo de Avesnes, le exhortó á hacerse digno , por su resignacion, de la corona del martirio. «Yo no
puedo salvaros, le dijo , y aun cuando mi hermano Eustaquio se encontrase en vuestro lugar , yo no po
dria librarle de la muerte. Morid, pues, ilustre y esforzado guerrero , con la resignacion de un heroe cris
tiano : morid por la salvacion de vuestros hermanos y por la gloria de Jesucristo.» Estas palabras de Godo
fredo dieron á Ger»ardo de Avesnes ánimo para la muerte ; y recomendó a sus antiguos amigos que ofrecie
sen al Santo Sepulcro su caballo de batalla y sus armas , y les suplicó que se hiciesen plegarias por la salud
de su alma ( 1 ).
Godofredo y todos los guerreros cristianos atacaron vigorosamente la ciudad , pero fueron rechazados.
Bien pronto las nieves y las lluvias de invierno les obligaron á levantar el sitio. Godofredo regresó tristemen
te á Jerusalen , con sus caballeros, lamentando la inútil muerte de su compañero de armas. Pero des
pues de haber pasado una ó dos semanas, ¡cuál fué su sorpresa y su alegria al ver llegar , montado en un
hermoso palafren, al valiente Gerardo de Avesnes cuya muerte lloraba! Los habitantes de Arsur, entusias
mados de la constancia y de la heroica resignacion del caballero franco , le habian desatado del palo en donde
estaba colocado, y le habian hecho conducir al emir de Ascalon , quien le envió al rey de Jerusalen. Go
dofredo le recibió con grande alegria, y para recompensar su sacrificio , le dió el castillo de San-Abraham,
construido en las montañas de la Judea , al sudeste de Belen (2).
Durante el mismo sitio de Arsur , muchos emires , procedentes de las montañas de Napolova y de Samaria,
vinieron á saludar á Godofredo y á ofrecerle regalos, tales como higos y uvas cocidas al sol. El rey de Jerusa
len estaba sentado en el suelo , sobre un saco de paja , sin aparato y sin guardias. Los emires no pudieron
ocultar su sorpresa , y preguntaron cómo era que un tan gran principe , cuyas armas habian hecho estreme
cer á todo el oriente , estuviese tendido en tierra , no teniendo ni una almohada ni un tapete de seda. « La
tierra de la que hemos salido , y que debe ser nuestra morada despues de la muerte , respondió Godofredo,
¿no puede servir de silla durante nuestra vida ? » Esta respuesta , que parecia haber sido dictada por el
mismo genio de los orientales , no dejó de hacer grande impresion en el ánimo delos emires. Llenos de
admiracion por todo cuanto habian visto y oido, se despidieron de Godofredo , pidiéndole su amistad ; y en
Sumaria se hablaba con admiracion de la sencillez, y sabiduria de los hombres del occidente.
Durante la misma época , la fama contaba muchas maravillas relativamente á la fuerza de Godofredo : se
le habia visto , con un solo golpe de su larga espada , cortar la cabeza de los mas grandes camellos,. Un pode
roso emir entre los árabes quiso juzgar el hecho por si mismo , y vino á suplicar al principe cristiano que
renovase delante de él el mencionado prodigio. Godofredo no se desdeñó de satisfacer la curiosidad del emir
musulman , y con un solo golpe de su espada tronchó la cabeza de un camello que habian conducido á su
presencia. Como los árabes parecia que creian que en la espada de Godofredo habia algo de encantamiento,
este lomó la espada del emir , y la cabeza de un segundo camello rodó por la arena . Entonces el emir declaró
en alta voz que lodo cuanto se habia dicho del jefe de los cristianos era verdad ,„y que jamás hubo hombre
alguno mas digno de combatir á las naciones. Yo he visto , en la iglesia del Santo Sepulcro , esta terrible es
pada que sucesivamente derribaba las cabezas de los camellos y hendia á los gigantes sarracenos (3)..
Luego que Godofredo entró en Jerusalen, supo que Balduino, conde deEdeso, y Boemundo, principe de
(1) ' Alborto de Aix, habla asimismo de un Lamberto de Avesnes que fué espuesto a los golpes de los acometedores. (Véase á
Alberto de Aix, lib. VIL) — $ Véase la Correspondencia de Oriente, t. IV.— (3' Véase la Correspondencia de Oriente, t. V.
LIBltO QUINTO-l 099-1 1 40. 4 43
Antioquia se habian puesto Cn Camino para visitar los santos lugares. Es preciso recordar que estos dos jefes
de la primera cruzada tío habian seguido á sus compañeros de armas á la conquista de la Tierra Sania;
ellos venian á Jerusalen acompañados de-un gran número de caballeros y de soldados de la cruz, que estando
como ellos guardando el pais conquistado , se mostraban impacientes por acabar su peregrinacion. A estos
ilustres guerreros se reunieron una multitud de cristianos venidos de Italia y de todas las comarcas del occi
dente. Esta piadosa caravana , que contaba veinte y cinco mil peregrinos , tuvo mucho que sufrir sobre las
costas de la Fenicia ; pero asi que vieron á Jerusalen , dice Pulques de Chartres que acompañaba á Balduino,
conde de Edeso , todas las miserias que ellos habian sufrido fueron puestas en olvido. La historia contemporá
nea añade , que Godofredo , muy contento de volver á ver á su hermano Balduino , obsequió magnificamente
á los principes durante todo el invierno.
Daimberto, arzobispo de Pira , habia llegado con Balduino , conde de Edeso. y Boemundo principe de An-
tioquia , y á fuerza de dones y de promesas hizo que se le nombrara patriarca de Jerusalen , cuya plaza
ocupaba Amoldo de Rohes. Este prelado, educadoen la escuela de Gregorio VII, sostenia con calor las preten
siones de la Santa Sede. Su ambicion no tardó en introducir el desorden entre los cristianos : en el mismo
lugar en donde Jesucristo habia dicho que su reino no era de este mundo, y el que se proclamaba su vicario,
quiso reinar con Godofredo y pidió la soberania de una parte de Joppe y del cuartel de Jerusalen llamado el
cuartel del Santo Sepulcro. Despues de algunos debates ( 1 ) el piadoso Godofredo concedió lo que se le pedia
en nombre de Dios , y si debe creerse el testimonio de Guillermo de Tiro , el nuevo rey declaró , el dia de
Pascua , delante de todo el pueblo reunido en el Santo Sepulcro , que la torre de David v la ciudad de Jeru
salen pertenecerian absolutamente á la Iglesia en casoque él muriese sin sucesion.
Hemos dicho ya el estado en que se encontraba el reino de Godofredo: ahora añadiremos que el nuevo
rey contaba entre sus súbditos, armenios, griegos, judios , árabes y renegados de todas las religiones y
aventureros de todos los paises. El estado confiado á su cuidado era lo mismo que un lugar de paso, y
no tenia en su apoyo ni en su defensa masque á los viajeros y estranjeros. Era el sitio destinado á donde
se daban cita los grandes pecadores para aplacar la divina cólera, y el asilo de los criminales que huian
de la justicia de los hombres. Los unos y los otros eran igualmente perjudiciales, cuando las circunstan
cias despertaban sus pasiones, y el miedo ó el arrepentimiento daba lugar á nuevas tentaciones. Godofredo,
segun las leves de la guerra y las costumbres feudales , habia distribuido las tierras conquistadas á los
compañeros de sus victorias. Los nuevos señores de Joppe, de Tibereriada, de Ra m la y de Naplusa apenas
reconocian la autoridad real. El clero, sostenido por el ejemplo del patriarca de Jerusalen , hablaba con
mucha autoridad , y los obispos ejercian como los barones un poder temporal. Los unos atribuian la
conquista del reino á su valor, y los otros á sus plegarias; cada cual reclamaba el precio de su piedad
ó de sus trabajos, la mayor parte tendia á la dominacion y todos á la independencia.
Era llegado el tiempo de oponer un gobierno regular á lodos estos desórdenes. Godofredo escogió el
momento en que estabanlos principes latinos reunidos en Jerusalen. Los mas sabios y mas piadosos
se consagraron al palacio de Salomon (2), y se les dió el cargo de redactar un código de leyes para el nue
vo reino. Las condiciones impuestas á la posesion del terreno, los servicios militares de los feudos , las
reciprocas obligaciones del rey y de los señores, de los grandes y de los pequeños vasallos, todo fué
establecido y arreglado segun las costumbres de los francos. Lo que principalmente pedian los súbditos
de Godofredo eran jueces para terminar las diferencias y proteger los derechos de cada uno. Dos tribuna-»
les de justicia (3) fueron creados : el uno, presidido por el rey y compuesto de la nobleza , debia fallar las
cuestiones de los grandes vasallos; el otro, presidido por el vizconde de Jerusalen y formado de los prin
cipales habitantes de cada ciudad, debia conocer de los derechos é intereses de los vecinos ó de la clase baja.
Se creó un tercer tribunal, reservado á los cristianos orientales ; los jueces habian nacido en Siria , hablaban
la lengua nativa y fallaban segun las leyes y los usajes de su pais. Las leyes que se dieron á la ciudad de
David fueron sin duda un espectáculo nuevo para el Asia ; ellas fueron tambien un motivo de instruccion

(i) Los debates que tuvieron lugar por el motivo mencionado son referidos por Guillermo de Tiro , el que nos parece parcial, y
que se contradice algunas veces. Alberto de Ais, nos lia parecido mas claro y mas veridico.—'2) Los cronistas llaman palacio de
Salomon, al palacio delos reyes latinos.— (3) Las assises, tales como las conocemos, no son enteramente la obra de Godofredo : pe
ro podemos afirmar que el instituyolos dos tribunales de justicia de que se habla aqut.
144 HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
para la misma Europa, que se admiró de encontrar mas allá delos mares sus propias instituciones modifi
cadas por las costumbres del oriente y por el carácter y el espiritu de la guerra santa. Esta legislacion de
Godofredo, la menos imperfecta que se habia visto hasta entonces entre los francos y que se mejoró aun en
los siguientes reinados, fué depositada con gran pompa en la iglesia de la Resurreccion y tomó el nombre de
Tribunales de Jerusalen ó Cartas del Santo Sepulcro (I).
Al aproximarse la primavera, Boemundo y Balduino partieron de la santa ciudad, y los peregrinos fuéron
á coger palmas en la llanura de Jericó; visitaron el Jordan, y se detuvieron algunos dias en Tiberiada en donde
fueron muy bien recibidos por Tancredo. La caravana de los principes regresó por Cesa rea -de-Felipe ó Pa-
neas por Bal bec y Tortora ó Laodicea, sometida entonces á Raimundo de San Gilles. Alli los peregrinos de
Italia se embarcaron en los buques de los genoveses y de los pisanos ; Balduino lomó el camino de Edeso y
Boemundo el de Antioquia.
Godofredo se quedó solo en Jerusalen , encontrándose en medio de una ciudad arruinada y de un pais de
vastado. El pueblo de la santa ciudad estaba en una estrema pobreza. Godofredo, mas pobre aun que sus va
sallos, no tenia con que pagar el reducido número de sus fieles guerreros. Durante la guerra se vivia con el
botin hecho al enemigo ; y en la paz, solo se vivia con el temor que se habia inspirado durante la guerra. La
historia contemporánea nos da á conocer el gran imperio que ejercia entonces sobre los pueblos vecinos, el
recuerdo de las victorias obtenidas por Ios-soldados de la cruz. Los infieles, llenos de espanto, dice Alberto de
Aix, creyeron que nada podian hacer mejor que mandar una diputacion de Asea Ion, de Cesarea y deTole-
maida, cerca de Godofredo, para saludarle de parte de estas ciudades. El mensaje de las mencionadas ciuda
des estaba concebido en estos términos : El emir de Ascalon, el emir de Cesarea y el emir de Tolemaida,
al duque de Godofredo y á todos los otros , salud. Te suplicamos , duque gloriosísimo y magnifico , que por
tu voluntad, nuestros ciudadanos puedan salir para sus negocios en paz y seguridad. Te enviamos diez bue
nos caballos y tres buenos mulos, y cada mes te ofrecemos á titulo de tributo cilico mil besantes. Es preciso ad
vertir aqui , que no habia ninguna de estas ciudades que no estuviese mas fortificada, y que no tuviese
mas medios de defensa que Jerusalen.
Godofredo vino repetidas veces al socorro de Tancredo . que estaba en guerra con los emires de la Gali
lea ; el rey de Jerusalen llevó sus armas victoriosas mas allá del Libano y hasta debajo de las murallas de
Damasco: al mismo tiempo hizo otras escursiones al Arabia , de donde regresaba con gran número de cau
tivos, de caballos y de camellos. Su fama se estendia cada dia mas; y se le comparaba á Judas Macabeo por
el valor, á Sanson por la fuerza de su brazo, y á Salomon por la sabiduria de sus consejos. Los francos que
habian permanecido á su lado bendecian su reinado, y bajo su dominacion paternal olvidaban su antigua
patria ; los sirios, los griegos y hasta los mismos musulmanes estaban persuadidos deque con un principe
tan bueno el poderio cristiano no podia menos de consolidarse. Tero Dios no permitió que Godofredo vivie
se bastante tiempo para acabar la obra que tan gloriosamente habia empezado.
En el mes de junio 1100 , regresaba de una espedicion de la otra parte del Jordan ; seguia la orilla de
mar y entró en Joppe , en cuya ciudad cayó enfermo. El emir dp Cesarea vino á su encuentro y le presentó
frutos de la estacion. Godofredo no pudo aceptar mas que una manzana de cedro , y al llegar á Joppe apenas
podia sostenerse á caballo. Le asistian cuatro de sus parientes , dice una crónica contemporánea : los unos le
curaban los pies , calentándolos sobre su seno , los otros le hacia n apoyar la cabeza sobre su pecho , y otros
lloraban y so desesperaban , temiendo el perder á este principe ilustre en un destierro tan lejano. L"n gran
número de peregrinos de Yenecia con su dux y su obispo , acababan de llegar al puerto de Joppe , efrecien-
do su flota para ayudar á los cristianos de la Palestina á conquistar algunas ciudades maritimas. En las pri
meras entrevistas se trató de sitiar á Caiphas, construida al pié del Carmelo ; Godofredo se ocupó en persona
de los preparativos del sitio , prometiendo asistir á él , pero su mal se agravaba por momentos y se vió obli
gado á hacerse trasladar en una litera á Jerusalen. Todo el pueblo se desconsolaba á su paso y corria á las
iglesias á suplicar á Dios se sirviese curarle. Godofredo estuvo enfermo por espacio de cinco semanas. Y aun
que estaba postrado y sufria mucho , admitia á su lado á todos los que querian hablarle de los negocios de
la Tierra Santa, y supo estando en cama, la rendicion de Caiphas; esta fué su última victoria, su último gozo

(1) Véasela rsp'.icacion delos assises de Jerusalen al fin de la obra.


.
•1 •
'1.
LIBRO QUINTO. — 1099-1 U6. 145
en esta vida. Como la enfermedad iba empeorándose todos los dias , no dejando ya esperanza alguna de
alivio , el generoso atleta de Cristo confesó sus pecados , recibió la comunion , y revestido del escudo espiri
tual ( estas son las espresiones de las crónicas) fué arrebatado á la luz de este mundo.
Godofredo exhaló el último suspiro el 17 de julio , un año despues de la toma de Jorusalen. Algunos histo
riadores le han dado el título de rey , otros le han llamado duque cristianísimo. En el reino que habia funda
do , se le proponia á menudo como modelo de principes y de guerreros; su nombre recuerda aun hoy dia las
virtudes de los tiempos heroicos ; y debe vivir entre los hombres tan largo tiempo como la memoria de las
cruzadas. Fué enterrado al pié del Calvario. Su tumba y la de su hermano Balduino fueron durante muchos
siglos uno de los ornamentos del santo templo ; pero en la presente generacion , este precioso monumento de
las guerras sagradas , ha desaparecido por la envidia de los griegos y de los armenios. Cuando en 1 830 pedi
ver los dos sepulcros , no pudieron enseñarme mas que una espesa pared que las ocultaba á la vista de los
viajeros y de los peregrinos.
Despues de la muerte y fúnebres obsequios de Godofredo , estallaron grandes divisiones en Jerusalen , por
saber á quién debia pertenecer la autoridad suprema. El patriarca Daimberto pretendia que solamente la
Iglesia debia suceder al príncipe que acababa de morir , y recordaba , en apoyo de esta pretension , las úl
timas voluntades del duque de Lorena. Todos los que empuñaban las armas en Jerusalen no participaban
de la opinion del patriarca , porque no se trataba de reinar en la santa ciudad , sino de esponer su vida pa
ra defenderla ; y nada era mas dudoso que los empeños arrancados á la piedad de Godofredo, siendo por otra
parte muy cierto que los peligros y la ruina de un reino , rodeado de enemigos , era segura si no estaba go
bernado por un jefe lleno de valor. Animados con esta idea , Garnier de Gray , pariente de Godofredo , y
muchos otros caballeros , enviaron diputados á Balduino , conde de Edeso , para ofrecerle la corona y el
gobierno de Jerusalen ; y tomaron al mismo tiempo posesion de la torre de David y de todos los puntos for
tificados de la ciudad santa. En vano Tancredo , que acababa de apoderarse deCaipha y á quien el patriarca
habia atraido á su partido, corrió á defender la causa del prelado , pues se le cerraron las puertas de Jeru
salen. El patriarca, abandonado del pueblo y del clero, no encontró otro medio que apelar al socorro del
príncipe de Antioquía. En una carta que Guillermo de Tiro nos ha conservado , Daimberto recuerda á Boe-
mundo el ejemplo de su ilustre padre , Roberto Guiscard, que habia libertado al pontífice de Roma , arran
cándolo de manos de los impíos. Él le recomendaba el emplear todos los medios , hasta la fuerza y la violen
cia , para impedir que Balduino viniese á Jerusalen (1).
Esta carta no pudo llegar á manos de Boemundo, porque en el mismo tiempo hácia el mes de agosto el
principado de Antioquía habia perdido á su jefe y caido en manos de un poderoso emir de la Mesopotamia.
Boemundo habia abandonado á Antioquía para volar al socorro de la ciudad cristiana de Mclitena ( hoy Ma-
Lathea ) sitiada por los turcomanes ; el emir Damisman, advertido de su llegada, fué á su encuentro, dispersó
al ejército y le hizo prisionero con su primo Ricardo y muchos de sus caballeros ; el desconsuelo fué grande
entre los cristianos. Boemundo envió una trenza desus cabellos á Balduino, suplicándole viniera pronto en
su ayuda. Al instante el conde de Edeso reunió á sus guerreros, y despues de tres jornadas de marcha lle
gó delante Melitena , pero el emir Damisman , á su arribo , habia levantado el sitio, y retirádose á sus es
tados, llevándose consigo á los prisioneros cristianos. Balduino le persiguió por espacio de muchos dias, y de
sesperado ya de poder alcanzarle, regresó tristemente á su capital.
A la vuelta de esta espedicion fué cuando recibió á los diputados de Jerusalen. Estos, despues de haberle
participado la muerte de su hermano , le anunciaron que el pueblo cristiano, el cloro y los caballeros de la
cruz, le habian escogido p»ra reinar en la santa ciudad. Balduino derramó algunas lágrimas por la muerte
de su hermano, pero consolóse bien pronto con la idea de sucederle (2). Cedió el condado de Edeso á su primo
Balduino de Bourg , y sin perder momento se puso en camino para Jerusalen. Setecientos hombres arma
dos, é igual número de infantes , formaban su pequeño ejército. La mayor parte del pais que iba á atra
vesar , estaba ocupado por los musulmanes. Los emires de Edeso y de Damasco, advertidos por la voz pú
blica ó tal vez por la traicion , se colocaron en los puntos mas difíciles del camino por donde habia de pasar
Balduino, sobre la costa del mar Fenicio. Foulques de Chartres, que acompañaba á Balduino, describe con ad-
(1) Vease la carta de Daimberto, en las piezas justificativas.—$ Dolens aliquantulum de fratris morte, et plus gaudens de
haereditatc. Foulques de Chartras.
19
146 HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
mirable sencillez , la peligrosa situacion dc los cristianos en los desfiladeros de Beyrut en la embocadura del
Lyucis (1). «Era preciso flanquear un valle estrecho y profundo, dominado por la parte del norte y mediodia,
por unas inmensas rocas: toda la ribera estaba tomada por los musulmanes. Nosotros aparentábamos valor,
dice el buen capellan , pero temiamos la muerte; volver hácia atrás era dificil, é ir adelante mas dificil aun;
por todas partes los enemigos nos amenazaban: los unos desde lo alto de los navios, y los otros desde los
montes. Durante todo el din, nuestra gente y nuestras bestias de carga no tomaron alimento alguno ni des
cansaron un instante: en cuanto á mi, dice Foulques, hubiera preferido estar en Orleans o en Chartres, que no
allá.» Sin embargo, Balduino, por medio de una hábil maniobra, atrajo á los bárbarosá una inmensa llanu
ra descubierta. Estos creyeron ó tomaron la retirada de los cristianos por una derrota, y avanzaron á fin de
perseguirles ; entonces el ejército de Balduino hace una contramarcha, y cae impetuosamente sobre el ene
migo que creia ya apoderarse del botin. Los turcos desde el primer ataque se llenaron de terror y de sor
presa , y no tuvieron el valor de defenderse, y los unos huyeron á las montañas, los otros á la Ilota; muchos
fueron muertos ó hechos prisioneros, algunos perecieron en el mar, y muchos quedaron sepultados en los
precipicios. La matanza duró toda la jornada , y los cristianos pasaron la noche sobre el campo de batalla
en donde se repartieron el botin y los prisioneros ; al dia siguiente, atravesaron los desfiladeros, sin encon
trar un solo enemigo. Balduino, prosiguiendo su marcha por la ribera del mar, pasó por delante de las ciu
dades de Beyrut, Tolemaida y Cesarea, y llegó al tercer dia á Joppe, en donde le habia precedido la fama
de su victoria , y fué recibido en esta ciudad como el sucesor de Godofredo. Asi que estuvo cerca de Jerusa-
Ien, el pueblo y el clero salieron á recibirle ; los griegos y los sirios tambien acudieron con cirios y cruces, y
alabando todos en alta voz al Señor, acogieron con solemnidad al nuevo rey y le llevaron en triunfo á la igle
sia del Santo Sepulcro. Mientras que Jerusalen estaba entregada al júbilo y á la alegria, el patriarca con al
gunos de sus partidarios protestó contra la llegada de Balduino , y fingiendo creer que no estaba bastante
seguro cerca del Sepulcro de Jerusalen , retiróse silenciosamente al monte Sion , á fin de buscar un asilo
contra sus perseguidores.
Balduino estaba impaciente por hacer algo notable, que formase época é hiciese memorable su reinado.
Permaneció una semana en Jerusalen para tomar posesion del gobierno ; reunió luego á sus caballeros,
y esta escogida tropa fué á buscar enemigos á quienes combatir, ó tierras que conquistar. Presentóse el
ejército delante de Ascalon ; pero parecia que la plaza se disponia para defenderse con rigor , y los cris
tianos no podian establecer el sitio. Encaminóse Balduino hácia las montañas de la Judea. Los habitan
tes de esta comarca habian maltratado y despojado repetidas veces á los peregrinos de Jerusalen, y te
miendo la presencia de los guerreros cristianos, se habian retirado todos en sus cavernas. Para hacerles
salir de sus madrigueras, fué preciso valerse de la astucia ; muchos, á quienes se prometieron tesoros, se
atrevieron á presentarse delante de Balduino , el que les hizo cortar la cabeza ; despues se iluminó la
entrada de los subterráneos con matorrales y yerba seca, y bien pronto una multitud miserable fué
arrojada de aquellos sitios por medio de las llamas y el humo, debiendo implorar la misericordia de
los soldados do la cruz. Balduino y sus compañeros prosiguieron su marcha hácia el pais de Hebron,
y bajaron por el valle en donde estaban antiguamente edificadas las ciudades de Sodoma y Gomorra ,
y que cubren hoy las saladas aguas del gran lago Asfaltito (2): Julio, que acompañó á los espediciona-
rios, describe circunstanciadamente el mar Muerto y sus fenómenos. El agua es tan salada, nos dice,
que ni los cuadrúpedos ni las aves pueden beberla; yo mismo, añade el capellan de Balduino, he
hecho la prueba ; me he apeado de mi mulo sobrela orilla del lago, he probado sus aguas, y las he
encontrado amargas como el eléboro. Siguiendo la costa meridional del mar Muerto los guerreros
cristianos llegaron á una ciudad que los cronistas llaman Suzuma ó Segor ; todos los habitantes habian
huido, á escepcion de algunos hombres negros como el hollin, á quienes ni siquiera los vencedores so
dignaron dirigir la palabra, y á los que los guerreros francos despreciaban como la mas vil yerba delos
mares. Mas allá de Segor empieza la parte montuosa de la Arabia. Balduino, con todo su séquito,
traspasó varias montañas cuyas cimas estaban cubiertas de nieve ; su ejército no tuvo otro abrigo que
el que le proporcionaban las cavernas que encontraban á menudo ; solo tenian para alimentarse dáti-

(1) Vease Incorrespondencia de oriente, t. VI.—(2) Id. t. IV.


«
LIBRO QUINTO.— 1099-H 46. U7
les y la carne de los animales salvajes, y para beber el agua de las fuentes y manantiales. Los sol
dados de la cruz visitaron con respeto el monasterio de San Aaron, construido en el mismo lugar
en donde Moisés y Aaron conversaron con Dios , y permanecieron tros dias en un valle cubierto de
palmeras y fértil de toda clase de frutos : este era el valle en el cual Moisés hizo brotar una fuente de
las entrañas de una árida roca (1). Foulqucs nos dic3 que esta milagrosa fuente daba movimiento á una
multitud de molinos, y que él mismo abrevó en ella sus caballos. Balduino condujo á su tropa hasta
el desierto que separa la Idumea dela tierra de Egipto, y tomó el camino que conduce á la capital,
|tasando por las montañas en donde fueron sepultados los ascendientes de Israel.
A su regreso quiso Balduino hacerse coronar rey, y se reconcilió con Daimberto. La ceremonia tuvo lugar
en Belen el dia de la Natividad del Señor ; el nuevo rey recibió la uncion y la diadema real de manos del I«-
triarca. No sucedió con Balduino el ejemplo de Godofredo, que despues de su eleccion rehusó el ser coro
nado. Una triste esperiencia habia cambiado las ideas : el reinado de los peregrinos, este reinado del
destierro, no era ya á los ojos de los cristianos una gloria ni una felicidad de este mundo, sino una obra
piadosa y santa, una obra de resignacion y de sacrificio, y una mision llena de peligros y de miserias. En
un reino cercado de enemigos, en medio de un pueblo arrojado como la tempestad sobre un suelo estranjero,
un rey no ceñia una corona de oro, como los otros reyes de la tierra, sino una corona semejante á la do
Jesucristo.
El primer cuidado de Balduino, despues de su coronacion , fué el de administrar justicia á sus vasallos,
planteando los tribunales en Jerusalen. Puso su corte y su consejo en inedio de todos los grandes en el pala
cio de Salomon, y cada dia, durante cerca de dos semanas , estaba sentado en su trono, escuchando las que
jas que se le dirigian, y fallaba ó sentenciaba las cuestiones suscitadas entre sus vasallos. Una de las prime
ras causas que tuvo que juzgar fué una querella promovida entre Tancredo y Guillermo el Carpintero, viz
conde de Melun. Godofredo, antes de morir , habia dado á Guillermo la ciudad de Caipha , y Tancredo so
obstinaba en retener una ciudad conquistada con sus armas. Balduino siguiendo el dictamen de sus conseje
ros, hizo comparecer á Tancrcdo ante el tribunal ; este, que no habia olvidado las injurias de Tarso y do
Malmistra, respondió que él no reconocia á Balduino como rey de la santa ciudad, ni como magistrado del
reino de Jerusalen. Se le requirió por segunda vez ; y ni siquiera quiso contestar : entonces Balduino, por
medio de un tercer mensaje, invitó a su hermano de armas á que no declinase su justicia, á fin de evitar que
un reinado cristiano no estuviese espuesto á las burlas de los infieles. Esta última intima parecia mas bien
una súplica, y Tancredo cedió ; pero no quiso regresar á Jerusalen , cuyas puertas le habia cerrado una vez,
y propuso á Balduino una conferencia sobre la ribera del Ledar, entre Joppe y Arsur. Animado del espiritu
de conciliacion, el rey de Jerusalen accedió en ir al lugar de la cita , y los dos principes no pudieron ponerso
de acuerdo, y tuvieron otra entrevista en Caipha, en la que intervinieron hombres doctos y piadosos, deseo
sos de restablecer la paz ; en fin la memoria de Godofredo, cuya última voluntad se invocaba, este nombre
tan querido de Tancredo y de Balduino, hizo que estos terminasen todas sus cuestiones y se pusiesen de acuerdo.
Durante estas negociaciones, Tancredo habia sido llamado á gobernar el principado do Antioquia eo la au
sencia de Boemundo, y no solamente renunció á sus pretensiones sobre la ciudad de Caipha, que fué dada á
Guillermo el Carpintero, sino que abandonó á Balduino el principado de Tiberiades, que pasó A ser la heren
cia de Hugo de Saint-Omer.
A pesar de que Balduino se desvelaba para hacer restablecer la paz y hacer cumplir las leyes del reino,
no dejaba de hacer varias escursiones hacia los paises de los musulmanes. En una desus espediciones mas
allá del Jordan, sorprendió muchas tribus árabes, y como venia cargado de despojos, tuvo ocasion de ejercer
la mas noble virtud de la caballeria. No lejos del rio, oye el rey unos lastimeros gritos, se acerca á él y vió á
una mujer musulmana con dolores de parto ; le tira su capa para que pueda cubrirse, y la hace coloca rsobre
unos tapetes estendidos en el suelo. Da orden para que la traigan frutos y dos pellejos de agua cerca del le
cho del dolor , é hizo venir la hembra de un camello para alimentar al recien nacido, confiando despues la
madre al cuidado de un esclavo encargado de conducirla á su esposo. Este, que ocupaba un lugar distinguido

(I) M. Lcon de Labordo (Vi¡ijc al Arabia Petrea] ha descrito una parte de eílus comarcas de la otra parto del mar Muerto atra
vesadas por el rey Balduino.
U8 HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
entre los musulmanes, derramó lágrimas de alegria , volviendo a ver una esposa cuya muerte ó deshonor llo
raba, y jurando no olvidar jamas la generosa accion de Balduino.
A su regreso á la capital, supo Balduino que una flota genovesa habia llegado al puerto de Joppe, y pasó
á verá los peregrinos de Génova, conjurándoles á que le ayudasen á las empresas que acometiera contra los
enemigos de la fó, prometiendo á aquellos concederles una tercera parte del botin, y de cederles, en cada
ciudad ó plaza conquistada, una calle que seria llamada la calle de los Genoveses. Firmado el contrato, los
genoveses se reunieron en Jerusalen para celebrar alli las fiestas de Pascua y renovar sobre el Sepulcro del
Salvador el juramento que habian hecho de combatir á los infieles , llegando á la santa ciudad el sábado
santo. Este era eldia en que el fuego sagrado debia descender sobre el divino sepulcro. A su llegada, la
ciudad de Jerusalen estaba en la mayor consternacion, porque el fuego celestial no habia aparecido ; los
fieles permanecieron congregados todo eldia en la iglesia de la Resurreccion, el clero latino y el clero griego
habian entonado muchas veces el Kirie eleison, y el patriarca estaba orando en el Santo Sepulcro, sin que
la llama, tan vivamente deseada , descendiese sobre ninguna de las lámparas destinadas á recibirle. Al dia
siguiente, dia de Pascua, el pueblo y los peregrinos acuden de nuevo á la santa basilica ; se repiten las mis
mas ceremonias que en la vigilia, y el fuego sagrado no parece, ni en el Santo Sepulcro, ni sobre el Calvario,
ni en partealguna de la iglesia. Entonces, como inpirados repentinamente, el clero latino y casi todo el pue
blo, el rey y los señores se dirigen procesionalmente con los piés descalzos al templo de Salomon. Mientras
esto pagaba, los griegos y los sirios que se habian quedado en la iglesia del Santo Sepulcro, se golpeaban el
rostro, se rasgaban sus vestidos , ¿implorabanla divina misericordia, gritando estraordinariamente. Al úl
timo, Dios se apiadó de su desesperacion, y al regresar la procesion, descendió el fuego sagrado : á su vista
todo el mundo derrama lágrimas y canta el Kirie eleison; cada uno enciende su cirio por medio de la divina
llama que corre por todas partes; las trompetas suenan, el pueblo bate las manos, óyese una melodiosa mú
sica, el clero entona los salmos y toda la multitud, toda la santa ciudad se entrega á la mas completa ale
gria (1).
Esta aparicion del fuego sagrado era de buen agüero para la espedicion que se preparaba. Despues de las
fiestas de Pascua , los genoveses regresaron á su flota, y por su parte Balduino reunió á sus tropas. Al mo
mento se pone sitio á la ciudad de Arsur , los habitantes proponen el abandonarla y retirarse con sus bienes,
y es aceptada esta capitulacion. Los cristianos marcharon en seguida á sitiar Cesarea , ciudad floreciente y
llena de ricos mercaderes. Caffaro, historiador genovés, que formó parte dela espedicion, nos da á cono
cer las singulares negociaciones que precedieron á los ataques de los sitiadores ; los diputados de la ciudad
se dirigieron al patriarca y á los caudillos del ejército y les dijeron: « Vosotros que sois los doctores de la
ley cristiana , ¿por qué mandais á vuestros soldados que nos despojen y que nos maten? ¿Nosotros no quere
mos despojar, respondió el patriarca, pero esta ciudad no os pertenece, tampoco queremos mataros , pero la
venganza divina nos ha escogido para castigar á los que se han armado contra la ley del Señor. » Despues de
esta respuesta , que no podia ciertamente conducirá la paz, los infieles se resolvieron á defenderse. Resis
tieron con algun valor los primeros asaltos , pero como no estaban acostumbrados á los peligros y á la fatiga
de la guerra , su ardor fué menguando, y despues de dos semanas de sitio, sus torres y sus murallas empe
zaban á estar escasas de guarnicion. Sabedores de ello los cristianos redoblaron su audacia , y su impaciente
valor no aguardó á que estuviesen construidas las máquinas para dar un asalto general. El decimoquinto
dia de sitio, los soldados de la cruz reciben la absolucion de sus pecados , y el patriarca revestido con estola
blanca les exhorta á combatir esforzadamente. Dasela señal, los cristianos corren á las murallas, colocan las
escaleras, invaden las torres, y los habitantes, llenos de terror, huyen desordenadamente , los unos buscan
un asilo en los templos , los otros en lugares apartados, y ninguno de ellos puede evitar la muerte , pues la
espada del vencedor apenas perdona á la mujer y al tierno niño. Durante este esterminio general, solo en
contraron gracia el cadi y el emir , porque se esperaba sacar de ellos un buen rescate. Los soldados vendian
los unos á los otros las mujeres que habian hecho prisioneras, las que se destinaban á trabajaren los moli
nos. La sed del saqueo animaba en tales términos á los cristianos , que abrieron el vientre á varios musulma-

(1) Nos (juedan descripciones muy curiosas de esta ceremonia por Foulquesde Cliartres y por CatTaio, los dos testimonios ocu
lares. La descripcion de Foulques de Cliaitres esta completa en la Biblioteca de las Cruzadas, primera parte.
LIBRO QUINTO.— 1099-1146. 149
nes sobre los que recaian sospechaste haberse tragado piezas de oro ; muchos cadáveres fueron quemados
en la plaza pública, creyendo encontrar entre sus cenizas algunos bezantes. Estas terribles escenas no han
merecido la censura de los cronistas que las presenciaron; uno de estos nos presenta á este pueblo, al que se
degollaba sin piedad , como un pueblo facineroso y perverso que merecia la muerte. Guillermo de Tiro, sin
desaprobar estos escesos de barbarie, se contenta con hacer notar que al pueblo cristiano, que hasta entonces
habia vivido pobre y falto de todo, en lo sucesivo nada le faltó.
Los genoveses se alababan de haber encontrado, en la parte del botin que les tocó, el vaso que
sirvió en la cena de Jesucristo (1); este- vaso de esmeralda fué largo tiempo conservado en la catedral de
Génova; hácia fines del siglo diez y ocho y durante la guerra de Italia, esta preciosa reliquia fué lleva
da á Paris: pero ha sido devuelta á los genoveses en el año 1815. Despues de la toma de Cesarea, los
cristianos establecieron en esta ciudad un arzobispado que eligieron en comun. El eclesiástico sobre el
que recayó la eleccion era un pobre sacerdote llegado á oriente con los primeros cruzados. Guiberto, aba
te de Nogent, cuenta de este pobre cura, llamado Balduino, un caso bien singular. Como no tenia con qué
hacer frente á los gastos de su peregrinacion, se habia hecho en la frente una incision en forma de cruz,
que procuraba conservar abierta por medio de ciertas yerbas. Esta llaga, que todo el mundo creyó mila
grosa, le proporcionó durante todo el camino grandes limosnas.
El terror que inspiraban los cristianos era tan grande, que los infieles no se atrevieron á rechazar el
ataque de aquellos ni estar á su presencia. En vano el califa de Egipto mandó á sus emires , encerrados
en Ascalon , combatir á los francos, y conducir cargado de cadenas á este pueblo mendicante y vaga
mundo : los guerreros egipcios no quisieron separarse de las murallas. En fin estrechados con la amena
za del califa y envalentonados con el número, probaron una escursion hácia Rainla. Sabedor Balduino de
esta marcha, reunió á toda prisa doscientos ochenta caballos y nuevecientos infantes, y tan luego como
estuvo en presencia del ejército enemigo, diez veces mas numeroso que el suyo, anunció á sus soldados que
iban á pelear por la gloria de Jesucristo, y que si alguno deseaba huir, debia acordarse que el oriente no
tenia asilo para los vencidos y que la Francia estaba bien lejos. El patriarca de Jerusalen, despues de estar
algun tiempo cuestionando con el rey, no habia seguido al ejército ; el venerable abate Gerle, que llevaba
la verdadera cruz, la enseñó al ejército, recordando á los soldados que debian vencer ó morir. El ejército
cristiano contemplaba con un triste silencio la inmensa multitud de sarracenos ; etiopes, turcos y árabes
que habian llegado de Egipto. Estos confiando en su número se adelantaban en medio del ruido de las
cornetas y timbales. Se precipitan al combate con tanta impetuosidad, que las primeras filas de los cris
tianos fueron derrotadas; el rey Balduino, que estaba en los últimos puestos, enviaba muchos batallones
para sostener á los que huian. La victoria parecia decidirse por los musulmanes, cuando el arzobispo
de Cesarea y el abate Gerle, que llevaba la cruz del Salvador , se acercan al rey y le hacen presente que la
misericordia divina se ha retirado de los cristianos á causa de la discordia sobrevenida entre él y el pa
triarca. A estas palabras Balduino cae de rodillas delante do la señal de redencion de los hombres. «La
hora dela muerte, dice él á los dos pontilices, está cerca de nosotros, por todas partes nos rodea el ene
migo , y yo sé que no puedo vencerle , si la gracia de Dios no está conmigo; yo imploro, pues, la asistencia
del Todopoderoso, y juro restablecer la concordia y la paz del Señor.» Balduino confesó al mismo tiempo
sus pecados y recibió la absolucion. Confió á diez de sus compañeros la guarda de la verdadera cruz,
luego montó su caballo, que le llamaban gacela á causa de su velocidad, y se precipitó á la pelea. Una
bandera blanca atada á su lanza enseñaba á sus caballeros el camino del peligro y de la matanza. Delan
te de ellos y al rededor suyo todo fué presa de la cuchilla cristiana, y á su detrás se llevaba la cruz del
Salvador ; y en todos los puntos en que se enseñaba el sagrado madero, no habia salvacion sino por aque
llos quetenian los corceles muy veloces.
Los soldados cristianos que se habian dejado vencer desde el principio del comhate, habian toma
do el camino de Joppe, pero en su huida todos fueron victimas del acero enemigo. Vestidos con las

(1) Esta tradicion nos parece sospechosa. No es probable que Jesucristo se hubiese servido de un vaso de esmeralda en la úl
tima reunion del monte Sion. Todo nos indica a creer que el vaso de que se habla aqui, habia sido hallado en el templo de
Augusto, convertido en mezquita por los musulmanes, y que esta copa habia serwdoparael culto del emperador romano.
150 IIISTORIA DE LAS CRUZADAS.
ropas y armaduras de los cristianos que habian muerto, presentáronse los musulmanes delante de
las murallas de Joppo. Como ellos repetian en alta voz que el ejército cristiano habia perecido , y
que el rey habia muerto , hubo gran consternacion en la ciudad ; la reina de Jerusalen , que se en
contraba entonces en Joppe, envió por mar un mensaje á Tancredo para enterarle de tan fatales
nuevas, y anunciarle que el pueblo de Dios estaba en su último apuro si él no venia á su socorro.
Sin embargo Balduino ignoraba cuanto pasaba en Joppe; el ejército victorioso, despues de haber
perseguido á los infieles hasta la puerta de Ascalon , habia regresado por la noche al lugar donde
se habia dado la batalla. Los cristianos dieron gracias al Señor y pasaron la noche bajo las
tiendas de los enemigos. Al dia siguiente, cuando regresaban á Joppe, de repente un cuerpo de infie
les se les presenta cargado con el botin y cubierto con las armaduras de los francos. Este ejército de
bárbaros era el mismo que se presentó la vispera debajo los muros de 'Joppe , y cuya presencia habia
causado tanto espanto. A la vista del ejército cristiano quedaron horrorizados, no pudiendo sostener el
primer choque de los que creian vencidos y destruidos. Pronto desde lo alto de las torres de Joppe se
vieron los triunfantes estandartes del ejército de Balduino. Dejo á vuestra consideracion, dice Foulques de
Chartres , los gritos de alegria que se oian por toda la ciudad , y cuantas alabanzas se prodigaban al Se
ñor. Esto aconteció el séptimo dia de setiembre , dia del Nacimiento de la Virgen , el segundo año del
reinado de Balduino,
En el mismo año llegaron aflictivas noticias á Palestina : se supo que tres grandes ejércitos de peregri
nos, que eran como muchas naciones del occidente, habian perecido en las montañas y los desiertos del
Asia Menor. Guillermo, conde de Poitieu, Estéban, condedo Blois , Esteban , conde de Borgoña , Harpino,
señor de Bourges , el conde de Nevers, Conrado, condestable del imperio germánico , y muchos otros prin
cipes, escapados del desastre general y refugiados en Antioquia con Tancredo. se habian puesto en marcha
para acabar tristemente su peregrinacion á los santos lugares. Balduino, habiendo ido á esperarles has
ta los desfiladeros de Beyrat, protegió su marcha hasta Jerusalen. ¡Qué espectáculo para los fieles de la
Tierra Santa! todos estos ilustres peregrinos que habian partido de Europa con muchos soldados, apenaslle-
vaban en su séquito algunos servidores; jamás los grandes de la tierra habian sufrido tantas miserias y
humillaciones por la causa de Jesucristo; todo el pueblo de Jerusalen , con las lágrimas en los ojos, les
acompañó al Santo Sepulcro. Pasaron algunos meses en la Judea, y despues de la Pascua , todos regresaron
á Joppe á fin de embarcarse para Europa. Estaban esperando viento favorable para hacerseála vela, cuan
do llega repentinamente á su noticia que un ejército de musulmanes salido de Ascalon está devastando
lodo el territorio de Lida y de Ramla. El rey de Jerusalen, que se hallaba en Joppe, reune en un instan
te á sus caballeros y se dispone para marchar al encuentro del enemigo. Los nobles peregrinos que tie
nen caballo, ó que pueden proporcionárselo por medio de sus amigos, toman tambien las armas y salen
dela ciudad para ir á combatir á los enemigos. El rey Balduino se pone á la cabeza de un ejército forma
do de repente y vuela al encuentro del ejército musulman, con doscientos caballos escasos; y se encuentra
de repente en medio de veinte mil infieles, y sin asustarse por el número de los enemigos (4) da la bata
lla, y desde el primer choque los cristianos sDn envueltos y no buscan mas que una muerte gloriosa. El
conde de Blois y el conde de Borgoña (2) perecieron en esta jornada. Guillermo de Tiro, que nos cuen
ta la muerte del conde de Blois , añade que Dios desplegó por este desgraciado principe toda su mise
ricordia, permitiéndole espiar su vergonzosa desercion de Antioquia. Harpino, conde de Bourges, cayó
prisionero con el condestable Conrado ; este mostró durante el combate un valor estraordinario que
llamó la atencion delos vencedores, y á esto debió el salvar la vida. Harpino antes dela batalla habia
dado á Balduino prudentes consejos: Harpino, le respondió el rey de Jerusalen, si tienes miedo retirate, y
vete á Bourges.» Los cronistas que hablan de esta batalla censuran á Balduino, por no haberse hecho pre-
. ceder por la cruz de Jesucristo.

(1) Cuando el rey Balduino vio al numeroso ejército que tenia que combatir, dice Foulques de Chartres que se le estremecio el
alma. Dirigiose a los suyos, diciéndoles : Amigos tnios , no penseis rehusar la batalla que se os propone; y el ejército contesto
arrojándose al enemigo desesperadamente. —¡2) El cuerpo del duque do Borgoña fué trastadado a Francia y sepultado en Ci-
teaux. Urbano Pladcher dice, en su historia de Borgoña, que se celebraba lodos los años un aniversario por la muerte de este
principe, el viernes antes del dj l'asion.
LIBRO QUINTO.— 1 099-1 1 46. 1 51
' Balduino se retiró casi solo del campo de batalla , y ocultóse entre las yerbas y los matorrales que
cubrian la llanura, y como los vencedores la pegaron fuego, estuvo el rey á pique de ser victima de las llamas,
y se refugió despues de mil trabajos en Ramla. Habiéndose hecho de noche no pudo ser perseguido, pero
desde el dia siguiente, la plaza que le sirvió de asilo iba á ser sitiada y no hubo medio de defensa. Balduino
se encontró en una posicion muy critica , cuando de repente un estranjero es introducido dentro la ciudad, y
pide hablar al rey de Jerusalen : «Es el reconocimiento, le dice, el que me lleva cerca de vos. Tú te has mos
trado generoso con una esposa que yo estimo mucho ; yo vengo ahora á pagar esta deuda sagrada . Los sarra
cenos tienen cercada loda la ciudad que te sirve de retirada ; mañana caerá en su poder, y ninguno de sus
habitantes podrá librarse de la muerte. Yo vengo á ofrecerte un medio de salvacion ; yo conozco caminos que
no están guardados ; dáte prisa ; el tiempo apremia , tú no tienes que hacer mas que seguirme, y mañana
antes que amanezca estarás en medio de tus soldados (1). Balduino vacilaba y no podia resolverse á aban
donar en el peligro á sus compañeros de infortunio ; pero estos le suplican á que siga al emir musulman.
«A nosotros nos toca morir , le decian, y esperamos aqui la corona del martirio que hemos venido á buscar.
En cuanto á vos, Balduino, vuestra hora no ha llegado aun, y debeis vivir para la salvacion del pueblo cris
tiano. Balduino cede á sus instancias y sale de la ciudad acompañado del emir. Favorecido por las tinieblüs de
la noche, y siempre acompañado de su fiel guia, dió largos rodeos, y se alejó en fin de los lugares ocupados
por los vencedores. Al dia siguiente estaba ya dentro de las murallas de Arsur.
Despues que Balduino salió de Ramla, fué esta ciudad asaltada, y cuantos cristianos se encontraron fueron
muertos ó hechos prisioneros. No tardó mucho tiempo en saberse semejante desgracia en Jerusalen; el pueblo
cristiano acudió á la iglesia del Santo Sepulcro, para dar gracias al Dios de las misericordias por haber salvado
la vida del rey; despues todos los caballeros que habia en la santa ciudad tomaron las armas , y marcharon
al encuentro del enemigo. Hugo de Saint-Omer, señor de la Galilea , acudió tambien con ochenta hombres
armados, y se dirigió á Joppe. En el mismo tiempo, y como por milagro , doscientos buques llegados de oc
cidente entraron en el puerto de la mencionada ciudad. Esta flota conducia un gran número de peregrinos,
entre los cuales habia ¡lustres guerreros salidos de la Inglaterra y de la Germania. El rey Balduino que habia
llegado por mará Joppe, y á quien Guillermo de Tiro compara á la estrella de la mañana apareciendo bajo un
cielo tempestuoso, se encuentra de repente á la cabeza de un poderoso ejército, impaciente por ir al combate;
el sesto dia de la primera semana del mes de julio, seguido de sus caballeros, sale de la ciudad, desplegados
los estandartes y al sonido de las trompas y las cornetas. Los enemigos estaban á tres leguas de distancia,
en el bosque do Arsur, preparando las máquinas de guerra, y disponiéndose para sitiar á Joppe, resistiendo
con valor el primer ataque de los cristianos , pero los mas valientes no pudieron resistir por mucho tiempo á
la blanca bandera de Balduino , delante de la cual lodo el mundo huia y que siempre se encontraba en los
puntos mas empeñados y en los cuales la lucha era mas sangrienta. Vencidos los musulmanes, á pesar de su
número, tomaron el camino de Ascalon, dejando tres mil muertos sobre el campo de batalla. Foulques de Char-
tres atribuyo esta victoria al leño de la verdadera cruz, que el rey de Jerusalen hizo llevar delante él durante
el combate. El mismo historiador, hablando de la batalla de Ramla tan imprudentemente dada por Balduino,
añade que el Dios de los ejércitos derrama siempre su gracia á los que confian en él y creen la voz de la
sabiduria , pero que la rehusa á los que conducen los negocios con lijereza y presuncion.
Al dia siguiente de esta victoria obtenida sobre los infieles, el rey Balduino regresó á Jerusalen , y dió
gracias al Señor, y mandó abrir el templo del Sepulcro á los peregrinos que habian venido para adorar á Cris
to (2).
La historia contemporánea hace mencion aqui, como una circunstancia notable de esta época , que el rey
de Jerusalen estuvo en paz durante el término de siete meses. Los fieles tuvieron que deplorar la muerte de
un gran número desus hermanos, que habiéndose embarcado en Joppe, perecieron en las flotas, ó fueron
muertos sobre las costas de Tiro y de Sidonia. La mayor parte de estos peregrinos eran de los que habian
podido salvarse del desastre del Asia Menor. En medio de este desconsuelo general causado por la pérdida de
tantos nobles cristianos , las quejas mas amargas se dirigian contra los griegos, á quienes se acusaba de haber
(1) Guillermo de Tiro — (2) Esta circustancia, referida por Alberto de Aix, parecia probar que la iglesia del Sanio Sepulcro no
estaba siempre abierta a los peregrinos, y que solo entraban haciendo ciertas ofrendas. La escepcion de este piadoso tributo era
algunas veces la recompensa de los que habian combatido por la cruz contra los sarracenos.
452 HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
provocado la ruina do los ejércitos venidos al socorro de los latinos establecidos en Siria. Alejo, que temiafbs
efectos de semejantes murmuraciones, envió á facilitar al rey de Jerusalen por las victorias que habia obtenido
é hizo todos los esfuerzos para conseguir la libertad de los cristianos que habian caido en poder de los egipcios
y de los turcos. Harpino, señor de Bourges, hecho prisionero, fué puesto en libertad por la intervencion del em
perador de Constantinopla. Conrado, condestable del emperador de Alemania, y trescientos caballeros fran
cos, que gemian en las prisiones del Cairo , debieron tambien su libertad al emperador griego. Los unos se
quedaron en Siria y se alistaron de nuevo en la milicia de Jesucristo , los otros regresaron al occidente, cuya
llegada al seno de sus familias, y las espresiones de reconocimiento hácia Alejo , no pudieron destruir las
prevenciones que se levantaban por todas partes contra su libertador.
Pero estas prevenciones eran fundadas, porque al mismo tiempo que Alejo rompia las cadenas de algunos
cautivos , estaba equipando flotas y levantando ejércitos para atacar á Antioquia y apoderarse de las ciu
dades de la costa de Siria , conquistada por los latinos. Él ofreció pagar el rescate de Boemundo, que conti
nuaba preso por los turcos , no para darle la libertad , sino para trasladarle á Constantinopla , en donde es
peraba hacerle abandonar su principado. Sin embargo las brillantes ofertas de Alejo escitaron la envidia en
tre los principes musulmanes , y esta envidia sirvió perfectamente al ilustre cautivo , que se aprovechó de
las divisiones nacidas entre sus enemigos , para salir de la prision. Como siempre se atribuye á influencias
maravillosas cuanto pasa en esta época, una crónica contemporánea refiere que Boemundo hizo admirar su
valor en las guerras que los infieles se declararon entre si, y que una princesa musulmana (4), á la que él
habia sabido agradar por sus maneras caballerescas , le facilitó los medios de recobrar su libertad. Despues
de cuatro años de cautiverio regresó á Antioquia, en donde se ocupó de rechazar las agresiones de Alejo.
El anciano Raimundo de Saint-Gilles , que su desmesurada ambicion le arrastraba á hacerse un princi
pado en oriente, era ya dueño de Tortosa, y queria añadir á su dominacion la ciudad de Gibel ó Gibelet.
Para ello invoca el ausüio de los genoveses y de los pisanos, ausiliares naturales de todos los que empren
dian alguna conquista maritima en Siria. Gibel, sitiada por tierra y por mar, no tardó en caer bajo el poder
de los cristianos.' Despues de esta espedicion , los peregrinos de Génova y de Pisa recibieron un mensaje del
rey de Jerusalen, que les proponia el sitiar la ciudad de Accon ó de Tolemaida (2), ofreciéndoles las mismas
condiciones que por el sitio de Cesarea. La flota genovesa apareció en la rada y delante del puerto de Tole
maida, mientras que el rey Balduino levantaba sus tiendas debajo de las murallas de la ciudad (3). Al cabo
de veinte dias de sitio, los sitiados propusieron el abrir las puertas de la plaza, bajo la condicion de que
seles concediese la libertad de salir con sus familias y sus riquezas. El rey Balduino aceptó esta proposi
cion, y todos los jefes juraron de hacerla cumplir fielmente. Sin embargo los genovests deseaban el rico bo-
tin que se les habia prometido. Cuando las puertas de la ciudad se abrieron, los mas indisciplinados corrie
ron al saqueo y no respetaron la vida de los musulmanes desarmados. En medio de estos desórdenes que
mancharon la victoria de los soldados de Cristo, se esperimentó una satisfaccion al ver al rey de Jerusalen,
indignado por la violacion de los juramentos, reunir á su alrededor á sus caballeros y comitiva, para vengar
el derecho de gentes y de la humanidad ultrajada. La generosa firmeza de Balduino restablece el órden;
los musulmanes, protegidos por la fé jurada, se retiraron con sus tesoros , y fueron reemplazados en la ciu
dad por una poblacion cristiana.
La conquista de Tolemaida, que era como la puerta de la Siria por el lado del mar, alarmó á los dueños de
Damasco, llevó el espanto á Ascalon y hasta atemorizó al consejo de Babilonia ( el antiguo Cairo ). Solo pen
saban los egipcios en levantar un nuevo ejército y en equipar una nueva flota para triunfar del orgullo de
los cristianos y detener el progreso de sus armas. Despues do la toma de Tolemaida , súpose en Jerusalen
que se habia presentado una Ilota egipcia delante de Joppe, y que una multitud de bárbaros, procedentes de
Ascalon, cubrian las llanuras de Ramla. Al momento todos los cristianos que se hallaban en estado de po
der llevar las armas acudieron de la Galilea , del pais de Nopolova y de las montañas de la Judea; el pue
blo y el clero de la santa ciudad imploraban la misericordia divina ; todos los cristianos oraban y hacian

(1) Orderico Vital cuenta las novelescas aventuras de Boemundo. Pero su relacion contiene muchas cosas inverostmiles para re
petirse en esta historia; y pueden verso en la Biblioteca de las Cruzadasen el articulo de Orderico Vital.— 2) Enclcuarto y sesto
tomo de la Correspondencia de oriente se encuentra una detallada descripcion de Tolemaida 6 San Juan de Acre, y de su terri
torio ¡3) Guillermo de Tiro.
LIBUO QUINTO— 1099-11 46. 153
limosnas, se olvidaron las injurias . y cesaron todas las discordias. Balduino con quinientos caballos y dos
mil hombres de infanteria, sale de Joppe, y corre al encuentro de los enemigos, cuyo número solo Dios sabe.
Balduino fué el que empeñó el ataque, y la bandera blanca que llevaba era enlodas partes la señal de la
victoria de los cristianos. El emir de Ascalon fué muerto en la batalla, cinco mil musulmanes perdieron la
vida , y los cristianos cogieron un inmenso botin ; pues era imposible contar la multitud de caballos, asnos
y dromedarios que se llevaron á Joppe. Despues de esta victoria ganada por los cristianos, la flota egipcia se
hizo á la mar precipitadamente , y para que nada faltase á la derrota y á la ruina de los infieles, Dios levan
tó una tempestad horrible en el mar que hizo dispersar á todos los buques de la armada, estrellándose la ma
yor parte contra la costa.
Mientras que el favor divino parecia declararse á favor de los cristianos del reino de Jerusalen, parecia
por el contrario haber llegado el dia de desgracia para el principado de Antioquia y el condado de
Edeso. En la primavera del año 1104, Boemundo con sus caballeros, Tancredo. señor entonces de Laodi-
cea y de Apamea, Balduino de Bourg, conde de Edeso ó Roha, y su primo Joscelino de Courtenai, dueño
de Turbesel, se reunieron para pasar el Eufrates, y poner el sitio á la ciudad de Charan ó Carrhes,
ocupada por los infieles. La ciudad de Carrhes, situada á algunas millas de Edeso, fué en tiempo de los
patriarcas la estancia deTharé padre de Abraham, y alli fué donde el antiguo jefe de los creyentes reci
bió la orden de abandonar su paisy sus parientes para seguir las promesas del verdadero Dios; y tambien
donde el consul Craso cayó en manos de los partos y murió atracado de oro del que era tan ávido. Cuando
los principes cristianos llegaron delante de la ciudad, la encontraron sin provisiones y casi sin medios de
defensa (1). Los habitantes habian mandado á buscar socorro á Meridin, á Mosul y á todos los pueblos mu
sulmanes de la Mesopotamia. Despues de algunas semanas de sitio, y habiendo perdido la esperanza de
ser socorridos, resolvieron los sitiados abandonar la plaza y propusieron una capitulacion que fué acepta
da. Mientras que se juraba por una y otra parte ejecutar fielmente las condiciones del tratado, se sus
citó una cuestion muy acalorada entre el conde de Edeso y el principe de Antioquia, acerca de cuál do
los dos estandartes ondearia sobre la muralla de la ciudad. El victorioso ejército aguardaba que esta
discordia fuese terminada, para entrar en la ciudad ; pero Dios quiso castigar el loco orgullo de los prin
cipes, y les retiró la victoria que les habia dado. Balduino y Boemundo se disputaban todavia la conquis
tada ciudad cuando aparece de repente sobre las alturas vecinas un ejército musulman que avanza en
órden de batalla y con banberas desplegadas. Eran los turcos de Maridin y de Mosol que venian al so
corro de la ciudad sitiada. Cuando estuvieron cerca, los cristianos llenos de sobresalto no pensaron mas
que en huir. En vano los jefes trataron de reanimar el valor de sus soldados, en vano el obispo de Ede
so, recorriendolas filas trataba de infundir aliento y valor; desdo el primer ataque, el ejército de la
cruz fué dispersado; Balduino de Bourg y su primo Josselin fueron hechos prisioneros; Boemundo y Tan-
credo escaparon casi solos de la persecucion del vencedor.
Despues de este deplorable acontecimiento, apareció un cometa que pormaneció en el horizonte durante
cuarenta dias, y fué visible en todo el universo. Esta señal estraordinaria, dice Foulques de Chartres, habia
empezado á brillar en el mes de febrero, al mismo dia en que la luna era nueva, lo que era evidentemente de un
augurio siniestro. En el mismo mes, se vieron durante muchos dias al rededor del sol, dos soles mas, uno
á la derecha otro á la izquierda, y en el siguiente mes muchas gentes vieron caer una lluvia de estrellas.
No faltaron las mas grandes calamidades á confirmar los tristes presagios, yjamás las colonias cristianas tu
vieron mas temor de que llegase su última hora.
Los turcos, envalentonados por su victoria, sitiaron muchas veces la ciudad de Edeso; Turberrel
y hasta la misma Antioquia estuvieron amenazadas. Los bárbaros devastaron todas lascomarcas habitadas
por los cristianos; las mas fértiles campiñas quedaron desiertas; la tierra nada producia para la necesidad
del hombre, y en todas partes el pueblo moria de hambre. En medio de esta desolacion general, no se
pensó en libertar á Balduino de Bourg y á Josselino, por quienes los turcos pedian rescate. Se dieron que
jas contra Boemundo y Tancredo (2), á quienes se acusaba de olvidar ásus compañeros de armas retenidos
en cautiverio por los infieles.
(1) Guillermo de Tiro en el libro IX da muchos detalles sobre esta espedicion.— '2' Los turcos propusieron cangear á Baldui
no de Bourg y a Josselino, con una princesa musulmana, prisionera de los cristianos. Boemundo y Tancredo, si creemos a Al
berto de Aiz, prefirieron recibir el rescate de la princesa en dinero, que efectuar el cange con sus compañeros de armas cautivo».
(20 y 21) 10
\U HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
El principe de Antioquia permanecia encerrado en su capital, amenazado á la vez por los griegos y por
los turcos. Noteniendo mas tesoros ni masejéreito, cifró sus esperanzas en el occidente y resolvió interesar
en su causa á los principes de la cristiandad. Despues que se divulgó la noticia de su muerte, se embarcó en
el puerto San-Simon (1), y escondido en un ataud, atravesó la flota de los griegos, los que se alegraban de su
muerte y maldecian su memoria. Asi que llega á Italia, Boemundo va á arrojarse á los piés del soberano
pontifice, quejándose de las desgracias que ha esperimentado en defensa de la religion, ó invoca sobre todo
la venganza del cielo, contra de Alejo, á quien representa como el mas grande azote de los cristianos. El
(iapa le acoge como á un héroe y á un mártir; alaba sus trabajos y hazañas; escucha sus quejas; le da el
estandarte de San Pedro, y le permite en nombre de la Iglesia levantar en Europa un ejército para reparar
sus infortunios y vengar la causa de Dios.
Boemundo se dirige á Francia; sus aventuras y sus hazañas habian hecho conocer su nombre en todas
partes. Preséntase en la corte Felipe I, quien le recibe con las mas grandes distinciones y le da á su hija
Constanza por esposa. En medio de las fiestas de la corte era, el caballero que mas sobresalia por su brillo,
siendo el mas ardiente orador de la cruz, y haciéndose admirar por su habilidad en los torneos y por el dis
curso que pronunció contra los enemigos de los cristianos. Á su paso por Limoges, depositó unas cadenas de
plata sobre el altar de San Leonardo, cuya proteccion habia invocado durante su cautiverio; de alli se diri
gió á Poitiers, en donde en una gran reunion que hubo, inflamó á todos los corazones para hacer la guer
ra santa. Los caballeros de Limousin, de Auvergne y de Poitou se disputaban el honor de acompañarlo á
oriente. Lleno de valor á causa de estos primeros sucesos, atraviesa los Pirineos, y recluta soldados en Es
paña; regresa luego á Italia y encuentra en todas partes el mismo entusiasmo en seguirle. Habiéndose he-
-cho todos los preparativos, se embarca en Bari y se deja caer sobre el territorio del imperio griego, ame
nazando vengarse de sus mas crueles enemigos; pero arrastrado más bien por la ambicion que por el
odio que profesaba, el principe de Antioquia no cesaba de animar con la palabra, el ardor de sus numero
sos compañeros. A los unos les representaba á los griegos como los aliados de los musulmanes y los ene
migos de Jesucristo; á los otros les hablaba de las riquezas de Alejo y les prometia los despojos del imperio.
Estaba a punto de ver realizadas sus brillantes esperanzas, cuando la fortuna repentinamente le hizo trai
cion, siendo asi que hasta entonces le habia colmado de prodigios.
La ciudad de Durazzo, cuyo sitio habia emprendido, resistió largamente á sus esfuerzos; las enfermedades
diezmaban á su ejército; la mayor parte de los guerreros que le habian seguido desertaron de sus banderas;
viéndose obligado á firmar una paz vergonzosa con el emperador que queria destronar, y vino á morir de
desesperacion en el pequeño principado de Tarento, que habia abandonado por la conquista del oriente.
El desgraciado éxito de esta tentativa, dirigida contra los griegos, fué funesta á los cristianos establecidos
en la Siria, privándoles de los socorros que aguardaban de occidente. Tancredo, que gobernaba en Antio
quia, fué atacado muchas veces por los bárbaros, que acudian de la ribera del Eufrates y del Tigris, y no
pudo resistirles sino con el socorro del rey de Jerusalen. Josselin y Balduino de Bourg, que habian sido con
ducidos á Bagdad, no habian regresado á sus estados sino despues de cincoaños de una dura cautividad. Asi
que Balduino volvió á Edeso, no pudo pagar al pequeño número de soldados que le habian permanecido
fieles, y para obtener socorros de su suegro, señor de Melitene, le hizo creer que él habia empeñado su
barba por el sueldo de sus compañeros de armas, medio poco digno de un caballero, y que no le escusa á
los ojos de la historia la estrema sagacidad del principe que se vió obligado á emplearla (2).
Tantos reveses no habian podido instruir á los cristianos ni hacerles sentir la necesidad de la concordia.
Tancredo y Balduino de Bourg tuvieron entre ellos serias desavenencias, y llamaron sucesivamente á los
musulmanes á defender su causa, de lo que resultó una verdadera confusion á orillas del Eufrates y del
Aronte. En estas funestas divisiones, Tancredo era el que no manifestaba mas animosidad, pues pretendia
que el conde de Edeso debia sometérsele y pagarle tributo (3). El rey de Jerusalen, á quien se sometió el

(1) Véase la descripcion de Ana Comneno, en la Biblioteca de las Cruzadas, tercera parte. £1 testo dice que Boemundo hizo
meter en el ataud un gallo muerto. Los traductores de Gibbon, en lugar de un gallo dicen que se metio a un cocinero, a causa de
la palabra inglesa cook que quiere decir cocinero. Es particular esta confusion de nombres. Finalmente la opinion o relacion de
Ana Comneno, ni es mas clara ni mas verosimil, ya se acepte una version, ya otra.—(1) Este hecho singular lo refiere Guillermo
de Tiro, y se encuentra en la Biblioteca delas Cruzadas, en el articulo do Guillermo de Tiro.—(3) Alberto de Au.
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LIBRO QUINTO.— 1 099-1 U6 f5o
fallo de la cuestion, condenó á Tancredo y le dijo: «Lo que lú pides no es justo; tú debes por el temorde
Dios, reconciliarte con el conde de Edeso; si por el contrario, persistes asociado con los paganos, no puedes
ser nuestro hermano.» Estas palabras hicieron profunda impresion en el ánimo de Tancredo, y restable
cieron la paz entre los principes cristianos.
En el año H08 , Bertran, hijo de Raimundo, conde de Saint-Gilles, vino á oriente con sesenta y do»
galeras genovesas. Ellas debian coadyuvar á la conquista de muchas ciudades fenicias: empezóse por Biblos
que despues de algunos asaltos , abrió sus puertas á los cristianos, y despues so pasó á sitiar la ciudad de
Tripoli (<). La conquista de esta plaza habia sido la última ambicion del anciano conde Raimundo; y para-
asegurar el buen éxito de sus continuadas tentativas, imploraba el ausilio de las armas de los peregrinos
que llegaban de occidente : y con el socorro de estos habia construido, sobre una colina inmediata, una forta
leza que se llamaba el castillo ó monte de los Peregrinos (2). El infatigable atleta de Cristo cayó del techo de
este castillo y murió victima de tan terrible caida, con el sentimiento de no haber podido enarbolar el estan
darte de la cruz sobre la infiel ciudad. El rey de Jerusalen vino al sitio de Tripoli con quinientos caballeros, y
su presencia redobló el ardor de los sitiadores. La ciudad, tanto tiempo hacia amenazada, habia pedido socor
ros á Bagdad, á Mosul y áDamasco. Abandonada de las potencias musulmanas de" la Pcrsia y de la Siria, habia
puesto los ojos en el Egipto ; pero mientras los sitiados esperaban las ilotas y los ejércitos egipcios, llegó un
mensajero en un navio y les pidió en nombre del califa, una bella esclava que habia en la ciudad y madera
de albericoque propia para fabricar laúdes y otros instrumentos de música. El historiador árabe Novairi , que
se ocupa de este hecho, añade que los habitantes de Tripoli reconocieron entouces que ya no habia sal
vacion para la ciudad , y propusieron á los cristianos el abrirles las puertas , bajo la condicion que cada uno
seria libre de salir con lo que pudiera llevarse, ó quedarse en la ciudad pagando un tributo. Esta capitula
cion fué aceptada y ejecutada fielmente por parte del rey Balduino y del conde Beltran; pero, si debe ereerso
á algunos historiadores , la soldadesca genovesa se condujo en Tripoli como habia hecho antes en Tolemaida.
El territorio de Tolemaida tenia nombradla por la riqueza de sus producciones ; en las llanuras, y sobre
las colinas vecinas del mar , crecia en abundancia el trigo, la uva, la caña de azúcar, el olivo y la morera
blanca, cuya hoja alimenta el gusano de seda. La ciudad contaba mas de cuatro mil operarios, instruidos en
la fabricacion de telas de lana, de seda y de lino. Una gran parte de estas ventajas fueron perdidas para los
vencedores, porque durante el sitio habian devastado las campiñas, y despues de la conquista dela ciudad
ya no se ocuparon mas delos establecimientos de industria. Tripoli encerraba todavia otras riquezas, poca
estimadas sin duda por los guerreros de la cruz, una biblioteca en la que estaban depositados los monumen
tos de la literatura de los persas , de los ara-bes y de los griegos, cuyos manuscritos (3) estaban trasladando
un centenar de personas inteligentes; el cadi, dueño de la ciudad, enviaba á todos los paises hombres encar
gados de descubrir libros raros y preciosos. Despues de la toma de Tripoli, esta biblioteca fué entregada á las
llamas. Algunos autores orientales han deplorado esta pérdida irreparable : pero ninguna de nuestras anti
guas crónicas ha hablado de ello, y su silencio en esta ocasion demuestra bastante la profunda indiferenciacoa
la cual los soldados francos fueron testigos de un incendio que devoró cien mil volúmenes.
Tripoli , con las ciudades de Tortosa, de Archas y de Gibel, formó un cuarto estado en la confederacion da
los francos á la otra parte del mar. Beltran, hijo de Raimundo de Saint-Gilles, tomó posesion de ella des
pues de la conquista y prestó juramento de fidelidad al rey de Jerusalen, de quien fué vasallo^

(1) Trtpoli, como lo indica su nombre , se componia en otro tiempo de tres ciudades. En los tiempos antiguos , la ciudad colocada
a la ribera del mar erala mas importante de todas tres ; esta es la que existia en la edad media bajo el nombre de Tripoli. El terreno
donde estaba construida la ciudad delas cruzadas, esta cubierto de ruinas; las gentes del pais llaman a este sitio El-Karab, las rui
nas. La ciudad de hoy dia esta edificada a tres cuartos de hora del mar (véasela Correspondencia de oriente, carta CLV1II.)— v2) El cas
tillo de los Peregrinos, construido por el conde deTolosa, es el que hoy diase conoce por el castillo deTrtpoli. Edificado en uua altura,
domina la ciudad actual, y se halla a diez millas de los atrededores donde estaba edificada ta ciudad de la «dad media (Véase la
Correspondencia de oriente, carta CCVIU.)—(3) Ibn-Aboc-Tai, historiador Arabe, dice que los cristianos en ía toma deTrtpoli, manr-
festaron el mismo furor de destruccion que los arabes que incendiaron la biblioteca de Alejandria. Un cura, al servicio del conde
Beltran de Saint-Gilles, entro en la sala, en donde habia reunidos muchos ejemplares del Coran, y como declarase que la bi
blioteca deTrtpoli no contenia mas que los libros Imptos deMahonua, fué entregada aquella á las llamas. El mismo historiador
habla del número increible de tres millones de volúmenes. Nosotros hemos preferido la version de A'otairi, que reduce el número
de los volúmenes a cien mil. Este último autor cuenta que la biblioteca de Tripoli habia sido fundada por el cadi Abutaleb lia
sen que habia compuesto muchas obras. Véase para todos esos detalles la Biblioteca de las Cruzadas, t. L, parrafo 5.
4 5fi " c HISTORIA DE LAS CRUZADAS.
Muchos meses despues de la loma do Tripoli, el rey Balduino reunió todas sus fuerzas delante de Beyrut.
Esta muy antigua ciudad fue en los tiempos del imperio romano una colonia de Augusto ; gozaba del
derecho itálico, como Rodas, Militene y muchas otras ciudades de oriente, y tuvo escuelas públicas , cuya
gloria subsistió hasta la edad media y no fué desconocida de los primeros peregrinos de Jerusalen. Despues
do la invasion del islamismo, Beyrut habia perdido su antiguo esplendor, pero le habian quedado sus bellos
jardines , sus fértiles verjeles y la comodidad de su puerto ó rada. Ella resistió durante dos meses los ata
ques de los cristianos (1). Alberto de Aix cuenta que despues de haber capitulado, los habitantes quemaron
en la plaza pública todas las riquezas que no podian llevarse consigo. Los vencedores, al entrar en la ci