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2.

PARTICIPACIÓN SINDICAL EN ORGANIZACIONES


INTERNACIONALES

2.1.OIT Y EL DERECHO SINDICAL

La parte XIII del Tratado de Versalles (1919) creó lo que sería más tarde la Organización
Internacional del Trabajo (OIT). El Perú fue uno de los 29 países suscriptores del Tratado,
en cuyo preámbulo se menciona la necesidad de preservar la paz mundial, acrecentando el
desarrollo social a través de la armonización normativa del trabajo. La modificación hecha
a la Caita original en 1944, por la Declaración de Filadelfia, acentúa la humanización del
trabajo, por así exigirlo las necesidades del mundo moderno.
Esta organización constituye el foro mundial más importante que propende ordenar el
derecho de trabajo en todos sus aspectos y en cualquier latitud del mundo. Sus aportes los
encontramos en sus Convenios y Recomendaciones reconocidos por todos. Son 67 los
Conyenios OIT que han sido a la fecha ratificados legislativamente por nuestro país, de lo;
más doscientos adoptados actualmente por dicha organización. Abarcan todo e! quehacer
lahoraj actual, y por la superior jerarquía legal que tienen las normas internacionales sobre
las nación» les, su aplicación inmediata en nuestro derecho positivo interno incrementa
decididamente e¡ acervo legal. En el Derecho Internacional del Trabajo hallamos la síntesis
del pensamiento laboral contemporáneo.
Estos aspectos jurídicos supra legales han sido incomprendidos en el interior de nuestro
país, en parte por el descuido que se tiene acerca del valor real del Derecho Internacional, y
por añadidura también del nacional, agravada por la indolencia social expresada en una
cada vez más acentuada legislación regresiva laboral imprimida en los últimos tiempos para
el caso nuestro por la
administración Fujimori.
Como fuera, para los asuntos sindicales la OTT ha implementado el Comité Sindical creado
en 1950, instancia internacional, que, en grado último, podría remediar los agravios
cometidos contra los derechos sindicales territoriales, cuya fuente sea precisamente el
Derecho Internacional del Trabajo.

a) LOS ORÍGENES
Bien que la OIT haya sido creada en 1919, es recién a partir de 1948 que al concluirse el
convenio No. 87 que existe una atención significativa en el dominio sindical y, más propia
mente a partir de la fecha en que se creó la comisión de expertos en aplicación de convenios
> recomendaciones (CEACR), entidad llamada a ejercer las funciones de control de la
legalidad sobre las disposiciones nativas de los países miembros, dirigida a puntualizar los
casos de violación de los convenios ratificados, dentro de los que, por cierto, hallamos los
relacionados con el derecho sindical.

En la medida que la OIT ha ido expresando sus puntos de vista acerca del Derecho sindical,
los conceptos y ejes de soporte en que deberá transitar dicho derecho, los vínculos políticos
que han de cernir los sindicatos en el país donde desarrolla su accionar, etc. De esta manera,
a lo largo de los años, la OIT ha ido tomando posición acerca de una serie de asuntos
referidos con este derecho. Así en 1952 señaló que los vínculos políticos de las
organizaciones sindicales eran posibles, dependiendo de la forma cómo debían ser
vehiculados con el país de referencia.

b) NORMATIVIDAD

La OIT tiene por normas internas las recomendaciones y las convenios. Por las primeras la
organización no solamente adopta aspectos institucionales, sino que, además, se enfila a
establecer ciertos principios generales que posteriormente servirán de directivas para las
organizaciones internacionales vinculadas a la OIT. Una vez adoptadas las convenciones a
través de la aprobación de 2/3 de los delegados presentes y requeridos por la organización
se convierte en fuente directa del Derecho Internacional. Casi siempre, esta norma, como
las recomendaciones, está vinculada con el espíritu del Preámbulo de Constitución de la
organización.

Asimismo, dentro de su normatividad se encuentran una serie de instrumentos jurídicos


menos formales respecto de los convenios y recomendaciones, pero que, sin embargo,
enmarcan aspectos de la política social de ia OIT. Se trata de las Resoluciones y las
Conclusiones que tienen fines eminentemente políticos o técnicos, salidos de la Conferencia
Internacional del Trabajo o de la Comisión Técnica de Expertos o de Conferencias
Especiales. Se ha sostenido siempre que estas normas sirven para promover y/o controlar
la puesta en ejecución de los convenios y una probabilidad de que las recomendaciones
algún día se conviertan en convenios.

c) PRINCIPALES CONVENIOS DE LA OIT


Dentro de los convenios más importantes tenemos: El Convenio No II, sobre el derecho de
asociación en el sector agrícola, aprobad»-’? en 1921 ha sido el primer instrumento legal de
la OIT, relacionado con este tópico.
• Los célebres convenios Nos. 87 (1) y 98, relacionados con el derecho sindical y
convencional.
• El Convenio No. 135, sobre las relaciones laborales en las empresas.
• El Convenio No. 143, sobre los representantes de los trabajadores.
• El Convenio N. 141, sobre la agremiación en el ámbito agrario.
• El Convenio No. 151, sobre la agremiación en el sector público.
• El Convenio No. 154, sobre la negociación colectiva de trabajo.
• El Convenio No. 158 (junio 1982), sobre la terminación del contrata de trabajo por
iniciativa del empleador.

d) PRNCIPALES RECOMENDACIONES DICTADAS

Dentro de las recomendaciones dictadas por la OIT sobre el tema sindical tenemos:
La Recomendación No. 143 sobre la protección de los dirigentes sindicales (i).
• La Recomendación No. 130, sobre el procedimiento de las reclamaciones y quejas de los
trabajadores.
• La Recomendación No. 149, sobre la agremiación en el ámbito agrario.
• La Recomendación No. 159, sobre la agremiación en el sector público.
• La Recomendación No. 163, sobre la negociación colectiva de trabajo.
La Recomendación No. 129 sobre la información a los dirigentes sindicales.

2.2. EL SINDICALISMO EN LA UNIÓN EUROPEA (UE)

La Carta Social Europea de la Unidad Europea (1951) es un buen ejemplo de la previsión


social a nivel internacional. El Convenio Simón Rodríguez del Pacto Andino, pretendió
emulara la Carta Social Europea, pero sin éxito alguno por falta de voluntad política para su
reglamentación e implementación, permaneciendo hasta ahora como un instrumento
jurídico de buena voluntad.

Es con el Tratado de París de 1951 que surge la idea de introducir dentro del Derecho de
Integración Europeo el criterio del «desarrollo del empleo y el aumento del nivel de vida...»
(Art. 3o), ideario que años después marcaría lo que años más tarde serían los ejes de soporte
social del Tratado de Roma de 1957 en cuyo cónclave surgió la «Carta Social Europea»,
Siendo sus pilares centrales son: la armonización de las legislaciones sociales de los países
miembro de la hoy Unión Europea, el libre tránsito de las personas hacia la búsqueda de un
empleo al interior de la comunidad, así como la totalización de las cotizaciones sociales,
fines encaminados a promover un desarrollo armónico de las actividades económicas, una
expansión continua y un aumento acelerado del nivel de vida» (Art. 2o), de manera tal que
el progreso social debe ser consecuencia de la expansión económica, dentro de un marco
general. Pero dentro de una perspectiva particular, el Derecho Social europeo persigue la
formación profesional continua de sus trabajadores, la reducción de la jornada de trabajo,
la protección del trabajo de los jóvenes y de los adultos con dificultad para readaptarse a las
nuevas condiciones de trabajo, la procura de alojamientos, ayuda a la reconversión
industrial así como a la readaptación de los trabajadores desde las relaciones individuales
de trabajo. Desde la perspectiva de las relaciones colectivas se fomenta la participación de
los trabajadores desde una perspectiva amplia, la concertación social, el fortalecimiento de
las organizaciones sindicales, conformando las comisiones consultivas comunitarias, el
desenvolvimiento de la negociación colectiva comunitaria y por cierto el derecho de huelga.

Todos estos principios están orientados hacia la búsqueda de empleos con alto contenido
de rentabilidad, procurando que la obtención de un mejor empleo sea la línea de conducta
de sus trabajadores, antes que un excesivo proteccionismo estatal, para lo cual un fondo
social ha sido creado para vehicular estos postulados. Dentro de esta perspectiva, la
solución de los asuntos laborales a nivel colectivo ha sido reservado a sus propias
organizaciones sociales.

2.2.1. La Confederación Europea de Sindicatos (CES)

Se fundó en 1973 con el objetivo de representar de manera unitaria a los trabajadores y a


los afiliados de sus respectivos países a escala europea. Su papel en el proceso de toma de
decisiones en Europa ha ido adquiriendo cada vez más importancia desde el momento en el
que la integración europea ha ampliado la influencia de la Unión en las políticas económicas,
sociales y de empleo en los 28 Estados Miembros.

Actualmente, entre las organizaciones afiliadas a la CES se encuentran 89 confederaciones


nacionales de sindicatos pertenecientes a un total de 39 países europeos, y 10 federaciones
industriales europeas que dan cobertura aproximadamente a 45 millones de sindicalistas.

El presidente de la CES es Rudy De Leeuw (Presidente del sindicato FGTB, Bélgica) - quien
sucedió a Ignacio Fernandez Toxo, miembro del sindicato español Comisiones Obreras - y
su secretario general es Luca Visentini, miembro del sindicato italiano UIL, ambos elegidos
durante el 13º Congreso de la CES, celebrado en Paris en octubre de 2015.

La misión de la CES es crear una Europa unida en la que se respire paz y estabilidad, en
donde los trabajadores y sus familias disfruten de plenos derechos humanos, civiles,
sociales y de empleo, así como de un alto nivel de vida. Para alcanzar esta meta, la CES
promueve el llamado modelo social europeo que combina el crecimiento económico
sostenible con la mejora de las condiciones de vida y de trabajo, entre las que se incluyen el
pleno empleo, la protección social, la igualdad de oportunidades, el empleo de buena
calidad, la inclusión social y la elaboración de una política abierta y democrática que
implique totalmente a los ciudadanos en la toma de las decisiones que les afectan de forma
directa.

La CES defiende la consulta a los trabajadores, la negociación colectiva, el diálogo social y


unas buenas condiciones de trabajo como elementos fundamentales para alcanzar dichos
objetivos y fomentar la innovación, la productividad y el crecimiento en Europa.

La CES tiene como objetivo primordial la representación del movimiento sindicalista


europeo en la UE. Esta organización trabaja con los demás interlocutores sociales europeos
(que representan a los empleadores) y con las instituciones comunitarias para el
establecimiento de políticas de empleo, sociales y macroeconómicas que reflejen los
intereses de los trabajadores de toda Europa.

El Tratado constitutivo de la Comunidad Europea otorga a los interlocutores sociales el


derecho a formular sus propias propuestas legislativas a través de acuerdos intersectoriales
relacionados con diversos temas de política social. Los interlocutores sociales ya han
negociado tres acuerdos en el ámbito comunitario que han sido llevados a la práctica a
través de directivas europeas que establecen derechos esenciales para los trabajadores:

 Sobre el permiso parental (1996)


 Sobre el trabajo a tiempo parcial (1997)
 Sobre los contratos de duración determinada (1999)

Desde el año 2002, la CES ha ampliado su función en las relaciones industriales a escala
comunitaria mediante la promoción del desarrollo de un diálogo social autónomo entre los
representantes de los trabajadores y de los empleadores. Los interlocutores sociales han
formalizado acuerdos “autónomos” en cuanto a:

 El trabajo a distancia (2002)


 El estrés relacionado con el trabajo (2004)
 El acoso y la violencia en el trabajo (2007)
 Un marco de acciones para el desarrollo permanente de competencias y cualificaciones
(2002), y un marco de acciones sobre la igualdad entre mujeres y hombres (2005).

Los propios interlocutores sociales son los que han aplicado estos acuerdos a escala
nacional, regional y empresarial. El actual Programa de Trabajo Plurianual de los
interlocutores sociales está vigente hasta el año 2008.

La CES es el principal órgano representante frente a las instituciones de la Unión Europea


de los trabajadores. Junto con los demás interlocutores sociales europeos, la CES trabaja con
todas las instancias europeas: la Presidencia, el Consejo, la Comisión y el Parlamento. En el
Tratado constitutivo de la Comunidad Europea se define su derecho a representar los
intereses de los trabajadores europeos en la formulación de la política comunitaria en
materia de empleo, social y macroeconómica. Así, la CES:

 participa en las cumbres sociales tripartitas celebradas anualmente;


 elabora la respuesta sindical a las propuestas de la Comisión Europea;
 está vinculada a un intergrupo de eurodiputados pertenecientes a diferentes partidos
en el Parlamento Europeo;
 coordina la participación sindical en diversos órganos consultivos, entre los que se
incluyen el Comité Económico y Social y las agencias de la Unión para la formación
profesional (CEDEFOP), mejorar las condiciones de vida y de trabajo (Fundación de
Dublín), la salud y la seguridad (Bilbao).

En las reuniones celebradas semestralmente sobre el Diálogo Macroeconómico, instituidas


en el año 1998, los interlocutores sociales debaten acerca de las políticas económicas con
el Consejo de Ministros de Economía y Hacienda (ECOFIN), el Banco Central Europeo (BCE)
y la Comisión Europea.

La CES también promueve una campaña para la consecución de una Europa social por medio
de la acción directa, como en el caso de las manifestaciones europeas (por ejemplo contra
la Directiva de Servicios Bolkestein) y de una petición a través de internet a favor de los
servicios públicos.

Las organizaciones sindicales que forman parte de la CES (por ejemplo, la Federación
Europea de Trabajadores de la Minería, Química y Energía) mantienen sus propios
procedimientos de toma de decisiones. Los delegados de las organizaciones afiliadas
deciden democráticamente acerca de las políticas y actividades de la CES a escala europea,
y la propia CES no tiene autoridad alguna para imponer directrices a las confederaciones
nacionales. La CES también cuenta con su propia estructura democrática.
La CES se encarga de la coordinación de las actividades de los 45 Consejos Sindicales
Interregionales, que organizan la cooperación sindical fuera de las fronteras nacionales de
la Unión Europea.

La CES es la única organización sindical intersectorial representativa a escala europea que


goza del reconocimiento de la Unión Europea, del Consejo de Europa y de la Asociación
Europea de Libre Comercio.

2.3.EL SINDICALISMO EN LA ORGANIZACIÓN DE ESTADS


AMERICANOS (OEA)

La Organización de Estados Americanos (OEA) es un organismo regional panamericano


que busca promover el consenso y diálogo en la toma de decisiones que competen al
continente americano. Este foro político fue creado en 1948 y su sede se encuentra en el
Distrito de Columbia (E.E.U.U), aun cuando también posee oficinas regionales en algunos de
sus países miembros.

En un comienzo (1948), fueron 21 los países que firmaron la Carta de la Organización de los
Estados Americanos, pero con el paso de los años más países se integraron, como Canadá,
Belice, Guyana y la mayoría de los estados caribeños.

2.3.1. La Carta de la Organización de los Estados Americanos


La Organización de Estados Americanos (en adelante, OEA) se estableció en abril de
1948 durante la reunión de Bogotá, en donde participaron 21 Estados del
hemisferio. La OEA entró en funciones en diciembre de 1951 cuando se alcanzó el
número de ratificaciones necesarias para la entrada en vigencia de su Carta.
En la Carta original se establecieron disposiciones sobre derechos sociales «como
son las contenidas en los capítulos IV denominado “Normas sobre educación, ciencia
y cultura” y VI denominado “Normas Sociales”. Por último en el capítulo VII se
identificaron metas hacia las cuales deberían orientarse las políticas económicas de
los Estados, y en el IX se estableció el compromiso que éstos asumen en materia de
educación, ciencia y cultura» (CEPAL 1997: 21).
La Carta de la OEA ha sido reformada en cuatro ocasiones, por medio de los
Protocolos de Buenos Aires (febrero de 1967), Cartagena de Indias (diciembre de
1985), Washington (diciembre de 1992) y Managua (junio de 1993).
El Protocolo de Buenos Aires de 1967 incluyó el Capítulo VII sobre Desarrollo
Integral dentro de la Carta de la OEA, en la que se ubican los artículos que recogen
los derechos laborales.
Así en el artículo 34 de la Carta de la OEA se establecen como metas básicas: salarios
justos, oportunidades de empleo y condiciones de trabajo aceptables para todos.
Asimismo, el artículo 45 dispone la aplicación de principios y mecanismos, tales
como: el trabajo es un derecho y un deber social, que incluye salarios justos (inciso
b); el derecho a la asociación (que incluye la sindical), el derecho a la negociación
colectiva y el derecho a la huelga, el reconocimiento de la personería jurídica de las
asociaciones y la protección de su libertad e independencia (inciso c) y el desarrollo
de una política eficiente de seguridad social (inciso h).
Estos derechos laborales recogidos en la Carta revelan la importancia adquirida por
estas materias dentro del contexto hemisférico. La Carta de la OEA no es tan sólo un
tratado internacional de constitución de un organismo internacional, sino también
recoge un pequeño listado de derechos que resultan obligatorios para los Estados
Americanos que la conforman.
Asimismo, como un mecanismo de control sobre los derechos humanos dentro del
sistema interamericano, la Carta reformada de la OEA en su artículo 106 del Capítulo
XV establece la conformación de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos
(en adelante, CIDH). La CIDH tiene como función principal la de promover la
observancia y la defensa de los derechos humanos y de servir como órgano
consultivo de la Organización en esta materia.

2.3.2. La Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre


Simultáneamente a la constitución de la OEA, los Estados Americanos reunidos en
la Conferencia de Bogotá (abril de 1948) adoptaron la Declaración Americana de los
Derechos y Deberes del Hombre. Esta Declaración Americana se adoptó meses antes
que la Asamblea de las Naciones Unidas aprobase la Declaración Universal de
Derechos Humanos.
El primer considerando de la Declaración Americana expone el marco de los
derechos humanos dentro del hemisferio: “Que los pueblos americanos han
dignificado la persona humana y que sus constituciones nacionales reconocen, que
las instituciones jurídicas y políticas, rectoras de vida en sociedad, tiene como fin
principal la protección de los derechos esenciales del hombre y la creación de
circunstancias que le permitan progresar materialmente y alcanzar la felicidad”.
La Declaración se divide en dos capítulos: Derechos y Deberes respectivamente. Los
derechos laborales recogidos en la Declaración Americana son: el derecho al trabajo
y a una justa retribución (artículo XIV), el derecho al descanso y a su
aprovechamiento (artículo XV), el derecho a la seguridad social (artículo XVI) y el
derecho de asociación que incluye la sindical (artículo XXII). En el plano de los
deberes, el artículo XXXVIII establece el deber de trabajar a fin de obtener los
recursos para su subsistencia o en beneficio de la comunidad.
Si bien la Declaración Americana recoge un número menor de derechos laborales
respecto a la Carta Americana de Garantías Sociales del año anterior, esto resulta
entendible por tratarse de un tratado que se inserta en una temática más amplia.
Asimismo, entre ambos textos internacionales existe una relación de
complementariedad.
Con la Declaración, se inicia el sistema de protección de los derechos humanos
dentro del continente y resulta siendo el pilar de la normativa internacional
hemisférica por un prolongado lapso de tiempo hasta la entrada en vigencia de la
Convención Americana de Derechos Humanos. Se ha discutido sobre el carácter
declarativo que goza la Declaración Americana; sin embargo, como bien sostiene
TIRADO: «la misma, a pesar de ser de carácter declarativo, es vinculante para los
Estados miembros de la OEA y, por lo tanto, constituye una fuente de obligaciones
internacionales para los países miembros, por el solo hecho de serlo; según lo
expresó la Corte en opinión consultiva OC-10 del 14 de julio de 1989. A este
respecto, la Asamblea General de la Organización ha reconocido reiteradamente que
la Declaración Americana es una fuente de obligaciones internacionales para los
Estados Miembros de la OEA. “Puede considerarse entonces, que, a manera de
interpretación autorizada, los Estados miembros han entendido que la Declaración
contiene y define aquellos derechos humanos esenciales a los que la Carta se refiere,
de manera que no se puede interpretar y aplicar la Carta de la Organización en
materia de derechos humanos, sin integrar las normas pertinentes de ella con las
correspondientes disposiciones de la Declaración, como resulta de la práctica
seguida por los órganos de la OEA”» (TIRADO 2001: 3).
A esto hay que agregar que el Estatuto de la Comisión Interamericana de Derechos
Humanos dispone en su artículo 20 inciso a: “En relación con los Estados Miembros
de la Organización que no son partes en la Convención Americana sobre Derechos
Humanos, la Comisión tendrá, además de las atribuciones señaladas en el artículo
18, las siguientes: a. Prestar particular atención a la tarea de la observancia de los
derechos humanos mencionados en los artículos I, II, III, IV, XVIII, XXV y XXVI de la
Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre;”. Con lo que la CIDH
tiene la responsabilidad de velar por la observancia de la Declaración Americana
que realicen los Estados Miembros de la OEA. También lo dispuesto por el artículo
51 del Reglamento de la Comisión resulta destacable: “La Comisión recibirá y
examinará la petición que contenga una denuncia sobre presuntas violaciones de
los derechos humanos consagrados en la Declaración Americana sobre los Derechos
y Deberes del Hombre en relación a los Estados miembros de la Organización que
no sean partes en la Convención Americana sobre Derechos Humanos”. Con lo que
la CIDH tiene la responsabilidad de velar por la observancia de la Declaración
Americana que realicen los Estados Miembros de la OEA.

Para ello este organismo cuenta con dos organismos de asesoramiento,


correspondiente a los trabajadores (COSATE) y empleadores (CEATAL).

CONCLUSIÓN
 El sindicalismo debiera dar cuenta de las modificaciones que sufre el mercado de
trabajo nacional, crecientemente conectado a la globalización. Es decir, una
tendencia a la polarización entre un amplio segmento con pocas posibilidades de
acceder a un empleo permanentemente (ni siquiera permanente), v/s otro
segmento con trabajo calificado y bien remunerado.

RECOMENDACIÓN
 Las agencias reguladoras internacionales deberían instar a los gobiernos a priorizar
el empleo estable a tiempo completo y la adopción de políticas de empleo justo. Por
ejemplo, las Naciones Unidas, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y
otras agencias internacionales que se ocupan de los derechos de los trabajadores
deberían utilizar su liderazgo y su poder de influencia para que los países miembros
adopten prácticas de empleo justas.