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Universidad de Costa Rica

Seminario tendencias actuales del pensamiento latinoamericano.


Responsable: Alvaro Chinchilla Ortiz. B21948
Ficha 3
Lectura: Chi’ixinakax utxiwa. Una reflexión sobre prácticas y discursos
descolonizadores

La modernidad en América además de esclavitud conllevó una serie de


estrategias contra-hegemónicas indígenas. En Potosí el mercado de la plata y la coca fue
vital, el cobro comercial injusto por parte de la corona desató la furia de la rebelión, los
Katari-Amaru se mantenían en su saber religioso y político, representando esto una
forma de recuperación de la propia identidad. La historia indígena es pensada en
círculos y espirales (marcando un rumbo sin dejar de regresar al mismo punto), la
progresión o repetición histórica dependen de sus actos. La modernidad indígena parte
del presente, en una espiral, lo que permite la retroalimentación del pasado al futuro.

En 1979 el movimiento katarista-indianista planteó a Bolivia la necesidad de


una descolonización económica, política y mental. Además las élites intelectuales en
Bolivia repiten estructuras piramidales de poder estadounidenses, estas universidades
gringas han pretendido realizar estudios sobre sectores marginalizados, estudios que han
sido adoptados por universidades latinoamericanas, con lo cual se ha creado una
distancia entre la academia y las fuerzas sociales insurgentes.

Es así que las elites bolivarianas han adoptado un multiculturalismo oficial,


basado en pensadores extranjeros, desde las cuales se toma a los indígenas como
minoría arcaica, útil para el turismo, teatralizando su forma de vida. Las élites por
intereses dudosos toman en cuenta los movimientos sociales indígenas, promoviendo
una visión asistencialista de los “pueblos originarios”. Es así que al hablar de “pueblos
originarios” se elimina la noción de que son personas que viven en la actualidad,
excluyéndolas de la modernidad (también) por medio del lenguaje, creando una idea
falsa y estereotipada del ser indígena.

La autora explica que por medio de la ley de Ex vinculación (1874) se reconoce


(de manera malintencionada y retórica), la igualdad de los indios encubriendo con esto
una recolonización violenta sobre el pueblo indígena. El discurso del multiculturalismo
encubre y renueva practicas colonizadoras y denigrantes, uniendo sus luchas al estado a
fin de neutralizarlas.

De las universidades del norte surgen ideas dominantes de los poderes


imperiales, esta academia gringa no interactúa con la ciencia social andina, solamente
otorga becas o invitaciones a seminarios los cuales son formas de colonización de
pensamiento. Además al hablar de descolonización se utiliza un lenguaje elevado,
cargado de neologismos, lo cual pone una barrera infranqueable entre la cátedra y el
pueblo indígena con quienes creen dialogar y contrastar saberes.

Esta autora también argumenta que las élites de izquierda marxista en Bolivia
reproducen la dominación cultural, autoproclamándose voceros e intérpretes de las
demandas de los pueblos indígenas. Ella rescata la noción de chi’ixi, en el título, esta
hace referencia al mestizaje, entendido por el pueblo aymara como algo que es y no es a
la vez, se relaciona con la noción de indiferenciación, lo que logra conjugar los opuestos
sin que estos se mezclen nunca. Este principio plantea la coexistencia de diferencias
culturales que no se funden, sino que o antagonizan o se complementan. La idea de
chhixi por su parte alude a la mezcolanza, a la pérdida de energía y a la conformidad.

La visión india de la modernidad se centra en una idea del ciudadano que no


busca la homogenización sino la diferencia, creando así una patria donde todos formen
parte. La noción descolonizadora permitirá una Bolivia renovada y multicultural,
permitiendo crear vínculos con otros países latinoamericanos.