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PRÓLOGO DEL EDITOR

El motivo de esta edición y algo de historia política


Esta edición está formada por cuatro volúmenes, donde se recopilan lo que, según mi propio criterio,
son las aportaciones más valiosas de los textos que nos legaron los miembros del grupo 1000/MIL
durante su breve existencia -incluyendo sus últimas actividades, posteriores a su autodisolución
pública, en las Ediciones Mayo 37- de 1970 a 1976 1. El primer volumen está formado por el
"mamotreto" y lleva el mismo título, La revolución hasta el fin (1970-71). El segundo volumen
recopila textos desde 1972 a 1975, en torno al eje La estrategia revolucionaria. El tercer volumen, La
Organización de Clase, consiste fundamentalmente en un texto de Ernest Núñez que tiene ese mismo
título (1974) y en los textos editoriales que prologan un ensayo de H. Canne-Meijer que se publicó en
1973 con el título de La Organización de Clase en la Revolución alemana. El cuarto volumen consiste
en apéndices que sirven para entender mejor el curso del movimiento obrero en ese periodo histórico.
El motivo de esta labor es la consideración de que, a pesar de su breve existencia, marcada por
muchas dificultades prácticas y limitaciones formativas que obstaculizaron su maduración político-
intelectual -ocasionando parcialidades, inconsistencias y fallos-, los miembros del 1000/MIL nos
dejaron una producción teórica aún valiosa para nuestros esfuerzos de construcción de un nuevo
movimiento obrero revolucionario. Por supuesto, la disponibilización de esta producción teórica hoy
no tiene por el objeto repetir los mismos planteamientos que en ella se exponen, sino tomar tal
herencia como base para pensar críticamente sobre el presente, lo que exige hacer un balance crítico
del pasado y no simplemente retomar los desarrollos precedentes 2. Por esa razón, y para ese propósito,
la presente recopilación no incluye todos los textos disponibles y, en algunos casos, sólo se reproducen
algunas partes de los mismos, aunque para realizar la edición se hallan explorado exhaustivamente
casi todos los documentos disponibles en el archivo digital del MIL-GAC (en su mayor parte
digitalizados en forma de imagen, con lo que fue necesaria una gran labor de transcripción 3).
No forma parte de los objetivos de esta edición realizar ese necesario balance crítico de las
concepciones y la experiencia del 1000/MIL, ni de sus expectativas y los resultados de los procesos de
lucha de clases de los 70 en el Estado español. Pues ello daría para un libro aparte y, además,
precisamente esta edición es una condición necesaria para que se retome la tarea de reflexionar sobre
todo ello. Sin embargo, a este objeto se ha intentado colocar los textos en un orden lógico que fuera

1 En 1975 editan la recopilación de textos del grupo francés Union Ouvriere, Ajuste de cuentas con el pasado, y en
1976 el texto de Grandizo Munis: Las jornadas de Mayo - Barcelona 1937. Para una revisión de la bibliografía
actualmente disponible en internet, visítese la web dedicada al MIL-GAC: http://www.mil-gac.info/
2 La mayoría de corrientes radicales de aquellos años no estaban tampoco libres de todo tipo de errores teóricos, ni de
concepciones organizativas y prácticas problemáticas. Y en muchos casos, aquellas que sobrevivieron a los años 70, no
afrontaron la tarea de hacer un balance crítico de todo ello, ni la tarea de investigar más profundamente las cuestiones
teóricas y prácticas que exige la construcción de un nuevo movimiento obrero, sobre todo teniendo en cuenta los
diversos cambios producidos en el modo de producción capitalista, en su reproducción social y especialmente en la
formación del proletariado como fuerza de trabajo e individuo social funcional al sistema.
3 Además de tener que transcribir muchísimos, gran parte de los textos presentan erratas en el original. Muchas de
ellas son explicables técnicamente, unas por las dificultades de corrección propias del empleo de máquinas de escribir
analógicas, otras por el uso de métodos de impresión artesanales. En los casos en que se trataba de textos no destinados
a publicación es, incluso, comprensible que no se intentase corregir esas erratas porque se consideraban importantes.
Por último, en algunos casos hay defectos en la digitalización misma, por razón del uso de fuentes originales
deterioradas o por la mala colocación en el scanner de algunas páginas. Todo esto dificultó enormemente, en resumen,
el trabajo de edición, exigiendo a veces adoptar soluciones aproximativas (puestas entre corchetes). En algunos casos,
una redacción o usos del lenguaje excesivamente incorrectos, me motivaron a intentar -cuando ello era viable sin
introducir grandes cambios y disponía del tiempo preciso- mejorar levemente la redacción, por ejemplo corrigiendo la
sobreabundante carencia de pausas en la escritura (sobre todo simples comas, a veces puntos y aparte).

1
funcional a esa reflexión y se han incluido muchos apéndices que sirven no sólo para "ambientar" sino
también para exponer cómo diversas concepciones presentes en el grupo 1000/MIL eran compartidas,
similares o desarrollos superiores de concepciones y prácticas ya existentes en la corriente autónoma
de clase contemporánea. De esta manera la forma de edición permite que los textos "hablen por sí
mismos" mejor, iluminando el hilo conductor de la praxis viva que representaban. Por ello el orden
significante se ha priorizado sobre el orden cronológico. Con era organización de los textos que
destacan las preocupaciones, análisis e ideas más relevantes para una lectura actual de los mismos, en
tanto que componentes de una praxis y no como meros “ensayos” teóricos o meros documentos
“históricos”.
Los numerosos apéndices, además de ilustrar las conexiones con concepciones y prácticas ya
existentes en el movimiento obrero más radical, que expresaban las necesidades reales de la lucha de
la clase, sirven para reforzar una visión más matizada de lo que era el pensamiento compartido del
grupo. Sus posiciones al equiparar en la escala, como enemigos, a la burguesía y a las organizaciones
reformistas, o sus concepciones de la lucha de clases que enfatizaban la necesidad permanente de la
violencia "militar", por ejemplo, han dado lugar a una visión del 1000/MIL como un tipo singular de
"banda armada" izquierdista, al estilo de otras formadas en los 70 (como la Rote Armee Fraktion o las
Brigate Rosse). Sin embargo esta visión es unilateral y no acierta a apreciar la contradicción interna
del 1000/MIL, entre su principio de servir al desarrollo del movimiento obrero autónomo, a las luchas
reales de la clase, y esos planteamientos teóricos extremistas, incluyendo la práctica propia del grupo
definida como "agitación armada" (aunque también parece que ese concepto no es del todo adecuado
para definirla). Esta contradicción interna está detrás de la autodisolución del grupo en 1973 y no llegó
a superarse, por lo que recorre los escritos que han dejado. En ellos se podrá ver cómo en el grupo
existía una visión teórica y práctica bastante más rica y sutil, así como una importante capacidad y
voluntad de situarse prácticamente en el contexto histórico real, en las condiciones y la dinámica
efectiva de la lucha de clases que tenía lugar en aquel periodo, y esta metodología e intencionalidad
están detrás de las declaraciones extremistas, con lo que relativizan su importancia práctica al vincular
racionalmente su aplicación siempre a las necesidades concretas del movimiento real.
Cuando se leen los textos del grupo del «¿Qué hacer?», o el folleto de Ernest Núñez sobre
Organización de Clase, o textos del movimiento de Comisiones Obreras, se entiende cómo la
aparición del grupo 1000/MIL no tuvo nada de accidental y sus concepciones fundamentales estaban
profundamente enraizadas o apoyadas en la experiencia y conciencia de la vanguardia obrera de ese
periodo histórico, especialmente del área de Barcelona. En cambio, el desarrollo de teorizaciones de
carácter extremista, como en el tema del uso de la violencia, pueden verse como expresiones reactivas
frente a la situación general persistente de "grupusculización" -que también afectaba al 1000/MIL- y
de lento o nulo avance en la superación de las debilidades del movimiento obrero, así como a la
hegemonía del reformismo junto a la agudización general de la represión en los últimos años del
franquismo. Por eso el desarrollo de una línea política más extremista, evidenciado en los documentos
del 73, preludiaba el fin del grupo debido a que, como "organización político-militar", su simple
existencia carecía de una base práctica de clase en que apoyarse -pero, a diferencia de otros grupos
armados, el 1000/MIL opta por autodisolverse a iniciativa propia, precisamente porque toda su visión
teórica empujaba en esa dirección-.
Otra cosa es que entre sus miembros hubiera una conciencia clara de los motivos de su
autodisolución como organización y que, como hacía un grupo vinculado a los exiliados del propio
1000/MIL, tenga algún sentido justificarla con el argumento abstracto de que "la lucha no tiene
principio ni fin, porque una revolución no tiene principio ni fin, excepto para quien cuenta el tiempo
en función de su acceso al poder. Porque todo nos demuestra que una organización que se petrifica
acaba por tener demasiadas cosas que perder, unas siglas, una representación, para ser realmente un

2
medio de lucha".4 Esto es como decir que la lucha por la revolución (que llevan los grupúsculos) y la
lucha de clase real (el "movimiento real") son lo mismo, y que todo lo que importa es continuar la
lucha, como si lo que importase fuese el combate como tal, no el "contenido" de la acción. Esta no era
la posición global del 1000/MIL. Por ello, es una distorsión de su visión política considerar que, en
lugar de la lucha de clases real, "la verdadera constante es el grupo autónomo, constituidos por
proletarios reunidos sobre la base de una afinidad real, teniendo por costumbre vivir, luchar, discutir,
criticar, conjuntamente" (Ibid.). Detrás de esta posición unilateral, que racionaliza la grupusculización
de la que tanto habían huido siempre los miembros del 1000/MIL, está el miedo a que "Cuando la base
se dota de una representación permanente, partido, federación, sindicato, coordinadora, se instala la
burocracia, se crean jefes, delegados permanentes, protegidos por un aparato" (Ibid.).

Las posiciones del 1000/MIL y la ultraizquierda


La combinación, característica de los primeros y más importantes escritos del 1000/MIL, de espíritu
práctico y valoración del pensamiento teórico, se refleja bien en el calificativo "familiar" de La
revolución hasta el fin como "mamotreto", así como en la insistente y explícita vinculación de todos
los escritos a fines prácticos a corto, medio o largo plazo. También se refleja bien su visión histórico-
materialista de la praxis en el título inicial dado al "mamotreto", Marxismo años 70, un título a la vez
pragmático y ambiciosamente global. Ese documento pretendía ser una definición temporal de lo que
deberían ser las posiciones comunistas, que se hacía desde bases "marxistas" -esto es, aplicando la
metodología del materialismo histórico-. Recuperar en esta edición, levemente adaptado, ese título
inicial, sirve para enfatizar que sus autores entendían que toda formulación teórica efectivamente
revolucionaria debía estar vinculada al "movimiento real", y por tanto, a las condiciones y dinámica
general de una época, a los problemas prácticos del desarrollo de la lucha de clases que ya existían o
se pudieran prever, y a la experiencia y el saber acumulados hasta entonces. No hace ningún desprecio
al texto declarar su historicidad; al revés, esto enfatiza su metodología desde el principio en oposición
a las lecturas infantiles típicas de la ultraizquierda grupuscular. 5
Hay que destacar que tanto el "mamotreto" como muchos otros textos del 1000/MIL están marcados
por la búsqueda de una táctica "de vanguardia" que sirviera para abrir el camino a la expansión del
movimiento obrero autónomo. Y como parte de ello concibieron su actividad práctica de grupo. Sin
embargo, su proceso de reflexión al respecto quedó cortado en septiembre de 1973, por las detenciones
de los principales miembros e inspiradores teóricos del grupo. Esto favoreció -lo que se evidencia en
algunos textos de ese año y siguientes- un cierto eclecticismo doctrinal. Además, no hay que olvidar
que la actividad intelectual del 1000/MIL, a pesar de su calidad excepcional -que les separaba de la
extrema izquierda reformista-, estaba muy condicionada por las exigencias de las actividades ilegales
que decidieron emprender y por la alta presión represiva del régimen franquista. Menos hay que
olvidar hablamos de un pequeño grupo de gente joven (en 1973 tendrían unos 30 años Santiago Soler
Amigó, considerado el principal teórico, y unos 35 Oriol Solé Sugranyes y Salvador Puig Antich), por
lo que forzosamente tenía un recorrido experiencial e intelectual limitado, que se veía reforzado por un
movimiento obrero todavía más limitado y cuyas expresiones de autonomía eran muy débiles objetiva
y subjetivamente. En tales circunstancias no se podía pedir más a esta gente (y menos considerando
que Santi Soler salió de la carcel a finales del año 76).
En cambio no tiene ninguna justificación la interpretación ultraizquierdista posterior de sus escritos y
posiciones, hecha en otros tiempos y exhibiendo la soberbia intelectual propia de quienes se han criado
en un régimen democrático o se han habituado a operar bajo él, y no han tenido que afrontar las

4 Reproducido en el libro Por la memoria anticapitalista. Reflexiones sobre la autonomía, Editorial Klinamen, 2009.
5 Con esto queda muy clara la inmensa distancia que puede existir entre quienes ven en las obras teóricas los
elementos constitutivos de un "sistema" doctrinal y quienes ven en ellas la expresión intelectual del ser social-histórico
del proletariado.

3
situaciones, ni han pasado por las prácticas, que los miembros del 1000/MIL. Retomando, sin el
sentido despectivo, el calificativo usado por Lenin, pero aplicándolo como él al movimiento
comunista, una cosa es el extremismo de izquierda derivado de la inmadurez natural, de un estado
"infantil" de desarrollo, cuando el estado general de la clase obrera no sobrepasa la autonomía de clase
incipiente, y otra el extremismo de izquierda derivado de una inmadurez artificial, derivada de una
formación teórica y práctica autonomizada, separada de las necesidades reales de la clase obrera y
llevada adelante en formas grupusculares. La crítica del grupusculismo realizada por el MIL,
expresada destacablemente en su documento temprano El movimiento obrero en Barcelona (1970),
tenía mucho de cierto y conserva gran validez para hoy, aunque la propia experiencia del grupo
ejemplificase cómo una cosa son las intenciones y otra llegar a superar la grupusculización en la
práctica. En resumen, no tiene el menor sentido tomarse en serio las interpretaciones doctrinarias,
rígidas, superficiales, que de sus textos han hecho los extremistas de izquierda.
Además, se menciona poco, quizá porque apenas ha quedado un registro -aunque no sólo se puede
explicar por eso- que durante su existencia, a través del contacto y discusiones con la ultra-gauche
neobordiguista parisina6, el 1000/MIL desarrolló una crítica a la ultraizquierda que trasciende al tema
del grupusculismo. De lo que ha quedado por escrito de esas discusiones, destaca el documento
Puntos atacables de los viejos topos, un guión para la discusión en el que quedan claras algunas
diferencias de visión intelectual y política, que aún son válidas para diferenciar una praxis comunista
efectiva de aquella que, como tal, entiende y formula la ultraizquierda. En el plano doctrinal, critican a
los neobordiguistas porque "No hacen elaboraciones políticas, sino teoricismo" y además con signos
de "arcaísmo". Se preguntan también "por qué no citan a Lukács si a veces dicen lo mismo que
Historia y conciencia de clase, por qué no hablan de Lefebvre si hacen referencias críticas explícitas a
La fin de l'histoire, por qué no hablan del neokantismo de Goldman-Lukács si hablan tanto de
«totalidad»", es decir, por qué no reconocen que beben intelectualmente de fuentes heterodoxas.
También les critican por aferrarse a "un Marx Invariante (Spartakus-Bordiga-Invariance)" después de
haber conocido al "Marx Variante (Spartakus-KAPD-Barbarie-I.S. 7)" y que la causa de su
anquilosamiento en aquella "invariancia" sea "más el fracaso de la I.S. en el mayo francés que sus
propias enseñanzas".
Más en el plano de la política, critican a la ultra-gauche por oscilar entre una posición fatalista en
relación a la revolución, entre el "ya vendrá sola", y el "hay que hacerla pero sabiendo que fracasará si
se hace en época de reflujo". En conexión con esto estaría cierta concepción del establecimiento de un
régimen comunista como "sociedad de la abundancia" en la que el carácter "más humano" de la
gestión, de la distribución de la riqueza, se impondría como un resultado "irreversible-mecanicista-
mesiánico-científico". Y en relación a la política práctica, les critican su falta de realismo táctico en
relación al antifascismo, considerando la importancia del tema en la situación española, rechazando el
1000/MIL la simple aplicación de "los esquemas bordiguistas a propósito de la 2ª post-guerra
mundial".
Tras enumerar estos puntos, en Puntos atacables de los viejos topos se expone sintéticamente una
posición crítica global, en realidad un planteamiento potencialmente drástico que, de haberse
desarrollado con todas las consecuencias, hubiera supuesto la completa ruptura con toda
ultraizquierda. La diferencia de la praxis comunista efectiva con la praxis ultraizquierdista: "Se
resume diciendo que no tienen una plena coherencia teórica, sino más bien una cierta coherencia
dentro del complejo fenómeno de la ultra-gauche". Su "teoricismo" lleva aparejada una incoherencia
política y la incoherencia política se expresa, a su vez, en las "ambigüedades" u oscilaciones teóricas.

6 Sobre todo a través de Santi Soler, se desarrollan relaciones con el grupo conformado alrededor de la librería La
Vieille Taupe ("El Viejo Topo"), donde se encuentran con Gilles Dauvé (alias "Jean Barrot") y otros.
7 Se refiere (vertidos al castellano) a la Liga Espartaco alemana, al Partido Comunista Obrero de Alemania, a
Socialismo o Barbarie de Francia y a la Internacional Situacionista.

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Así, les critican que, respecto a la obra de Marx, oscilen de hecho entre lecturas dogmáticas, cuasi-
utópicas (Marx tratado "como un utópico más, pero distinto") y "ortodoxas" (inspiradas en las obras de
Engels, que habían favorecido la asimilación socialdemócrata vía Kautsky), aunque al mismo tiempo
digan rechazar todo eso. Otro tanto ocurre con sus formulaciones de la praxis: "En ocasiones son anti-
dirigistas y en otras dirigistas: el partido no ha de ser dirigente sino indicar con sus recursos teóricos
«la buena dirección» (neo-dirigismo) que se contrapone con todo aquello del mov[imiento] casi
espontáneo que sólo falta acabar..."; "En ocasiones son partidarios de las organizaciones separadas (en
un mundo de separación y división del trabajo ha de ser así, dice el Kautsky de ellos), en otras se
oponen a ello". "Estas contradicciones pueden llevarse a extremos políticos graves: si no saben si son
o no separados [del movimiento real], si son o no dirigistas, si son o no marxistas, si son o no
leninistas con reparos, etc., ¿no será que no son revolucionarios sino libreros?".
"Si la ultra-gauche siempre fue una cuerda floja, mantenerse tanto tiempo sobre ella les comporta
toda esta serie de contradicciones y piruetas." Quieren "delimitarse de la ultra-gauche vulgar" y para
ello citan a la "I.S. o actualmente a Invariance"; pero desde la perspectiva del 1000/MIL el
movimiento comunista consiste en el desarrollo de un movimiento obrero autónomo en las formas y el
contenido, por lo que sus posiciones no se definen en términos "oposicionales" al resto de la izquierda
política (un posicionarse "más allá" de esa izquierda, incluyendo el leninismo y el anarquismo) sino de
subversión efectiva de lo existente. Por eso consideran que sus diferencias con los «Viejos Topos»
radican en que éstos "pertenecen a un sector tan tan ultra-gauche" que sus críticas a la ultraizquierda
mantienen las ambigüedades de la misma, las cuales para el MIL radican en su separación del
movimiento real de la clase obrera y conducen al mencionado "teoricismo", combinando
ideológicamente cierto utopismo en la práctica con cierto cientifismo en la teoría. Así, mientras los
«Viejos Topos» "se excluyen [de la ultra-gauche] en nombre de Bordiga", incurren en el mismo error
del teoricismo que conduce a privilegiar la forma que adopta la praxis (incluyendo las categorías
teóricas) sobre el contenido de la misma (o sea, su efectividad transformativa): "¿Dan fe de unas
experiencias ocasionales o las teorizan para hoy y siempre?".
En consecuencia: "La contradicción fundamental de la ultra-gauche (que ellos critican y en la que
caen) es tratar de convertir un hecho o experiencia en una teorización (ellos critican que Pannekoek
teorice en 1942 los Workers Councils espontáneos de los obreros alemanes en 1918-20, que otros
teoricen el fracaso de la revolución rusa como fruto de la conducta de Lenin, de su veneración por
Kautsky, etc., en vez de verlo como un hecho)." Al no tratar los errores o aciertos como
productos/momentos históricos del movimiento obrero, expresiones de su devenir necesariamente
contradictorio, los «Viejos Topos» "incurren en tal error subjetivista-idealista, al atribuir el gran
fracaso de la revolución rusa a Lenin, a su idealismo (Pannekoek), a su no-izquierdismo o no-
autonomismo (Gorter), o en que se atribuya a Kautsky el carácter de los partidos de la IIª Internacional
(...): es el carácter de los partidos de la IIª Internacional (desde Lassalle) lo que hace un Kautsky y es
el fracaso de la revolución rusa el que confirma el idealismo de Lenin y consolida el idealismo de sus
sucesores; no es la conciencia lo que crea el ser social...".
Resumiendo, las tesis de Gilles Dauvé y cia. son contradictorias porque ellos mismos no se dan
cuenta de que su perspectiva analítica y su actitud política están asentadas sobre "su práctica de
libreros", incluyendo su particular "ataque a la ultra-gauche" -con el que el MIL muestra evidentes
simpatías-. Ya en 1969, en su "Leninismo y ultraizquierda", Dauvé dejaba claro que no entendía por
"ultraizquierda" otra cosa que la corriente formada por los "comunistas de izquierda" alemanes,
holandeses, británicos, etc. que se habían opuesto a la política bolchevique en Rusia y la III
Internacional (que posteriormente adoptarían la etiqueta general de "comunistas de consejos"),
mientras que no incluye ahí a los comunistas de izquierda italianos, al "bordiguismo", porque según él
son algo aparte por su divergencia respecto a los consejistas. En realidad, mientras acomete una crítica
despiadada, sin matices, a los consejistas, Dauvé adopta una actitud fundamentalmente acrítica hacia

5
los bordiguistas8, sin dar cuenta de cómo la supuesta o real "superficialidad" de los consejistas en su
crítica del bolchevismo, en su fetichismo de los Consejos Obreros, puede bien no haber superado la
lógica política del leninismo -privilegiar el problema de las formas de organización, como con el
Partido, sobre el contenido de la praxis-; pero al menos los consejistas dejaron claramente atrás el
elitismo político-intelectual que tanto ha caracterizado siempre al bordiguismo, como al leninismo, y
esto lo demostraron en su praxis histórica.
Así pues, considerar el neobordiguismo de Dauvé como un sector extremista de la utraizquierda, que
hereda y mantiene sus peores rasgos, que separa el desarrollo de la teoría respecto al tratamiento de los
problemas prácticos concretos, era un acierto por parte del 1000/MIL. Además, la práctica de
autoexcluirse a priori, dogmáticamente, de aquello que se critica, es uno de los signos fundamentales
del pensamiento oposicional que ha sido fijado como ideología crítica.
El criterio del MIL era juzgar las posiciones teóricas a partir de las posiciones políticas concretas -y
no al revés, como hace el pensamiento ideológico-. Para ellos era, por tanto, crucial y no accidental
que Dauvé y cia, "como Bordiga, [Socialisme ou] Barbarie, [la] I.S. y no sé si también Invariance
(probable), crean que la revolución mundial se iniciará en el Este: (...) [esta posición] nos condena a
los occidentales a quedar en 2º plano, a quedar casi pasivos como ellos, leyendo mucho y haciendo
tracts9 sobre el Este, etc.". Ante esto, desde el 1000/MIL optan por relacionarse con los «Viejos
Topos» sólo desde una perspectiva política que les resulte productiva, evitando adoptar "una actitud
teórica parecida a la de ellos" y embarrarse, en consecuencia, en estériles discursiones teóricas con
ellos: "si nuestra actitud es política hay que sacarles el jugo, ser diplomático si hace falta, saber que
han hecho algún desliz y evitar hacernos el erudito", e intentar abordar "la problemática revolucionaria
actual, la polémica anti-leninista, la aclaración-interpretación del Dogma, la reivindicación de su
historial" a pesar de la minusvaloración -y hasta desdén- que habían mostrado hacia el "mamotreto".

Acerca de las "líneas fundamentales" de comprensión crítica de la economía


capitalista por el 1000/MIL
Aunque en el prólogo al "mamotreto" se dice que, para su elaboración, han tenido en cuenta las
aportaciones de "las obras fundamentales de Marx y Engels, en especial «La ideología alemana», los
«Grundrisse» y la primera parte del «Capital»", una lectura atenta del "mamotreto" muestra que su
interpretación de los escritos marxianos sobre la economía capitalista no es, a mi juicio, del todo
consistente. No es mi objetivo aquí tanto hacer una crítica de esa interpretación como señalar los
puntos más problemáticos. Además, es adecuado reproducir en este prólogo editorial las nociones
básicas que al respecto de la naturaleza del capitalismo tenían en el 1000/MIL, mientras que he

8 Según la exposición de Dauvé en el citado libro, parece ser precisamente una (a priori) supuesta profundidad de las
teorías y posiciones bordiguistas lo que motiva que una crítica a las mismas pueda eludirse o, al menos, no ser
igualmente dura que la crítica a las teorizaciones y posiciones de los consejistas. Pues, como expone en sus
conclusiones Dauvé, hay que valorar más que el bordiguismo "se ha desarrollado manteniendo la idea de un programa
revolucionario que ataque los fundamentos mismos del capitalismo", la posición de que "La revolución no puede
consistir más que en destruir la ley del valor y de cambio", etc. (como si el valor y ley del valor fuesen lo distintivo del
modo de producción capitalista, no el capital mismo como relación-proceso específico, a la vez material y abstracto, y
autonomizado frente al trabajo vivo). Esto es, para Dauvé, mucho más importante que el énfasis consejista, netamente
político-práctico, en la necesidad de que sean los trabajadores mismos los que asuman y ejerzan el poder, sin la
mediación o el sometimiento a ninguna minoría dirigente.
Además Dauvé, como otros de su línea, desconsidera la teorización consejista desarrollada por el Grupo de
Comunistas Internacionales de Holanda (GIKH)*, sobre la superación del trabajo alienado y el establecimiento de una
economía basada en el valor de uso y la regulación consciente basada en el cálculo del tiempo de trabajo. Véanse los
Principios fundamentales de una producción y distribución comunista (1930) del GIKH o el texto de Henk Canne-
Meijer La constitución de un nuevo movimiento obrero (1935).
9 En castellano: Tratados.

6
considerado superfluo incluirlas en los volúmenes recopilatorios 10.
En su documento Estudio económico (capital/trabajo) de 1972, en el capítulo "I. Capital y trabajo",
exponen claramente la concepción de la relación-proceso del capital en que se cimentaban los
planteamientos del grupo:
"El sistema capitalista consiste, en esencia, en la producción por la producción y en la
acumulación por la acumulación. Es decir, en la producción de mercancías y de relaciones
mercantiles entre los hombres, no para satisfacer las necesidades humanas reales sino en
función, ante todo, de la acumulación y reproducción del capital."
Esto es, la mercancía y las relaciones mercantiles, que corresponden a la esfera de la circulación y no
a la de la producción, son consideradas la mediación "esencial" constitutiva del carácter autonomizado
y ciego que caracteriza al proceso del capital, "la producción por la producción y la acumulación por la
acumulación". No es la acumulación misma, o lo que es lo mismo, la producción de plustrabajo
destinado a ser transformado en capital adicional, lo que constituye esa mediación "esencial". Pero
para Marx, si observamos con atención sus escritos (a los que habría que sumar, a los citados por los
miembros del 1000/MIL, las Teorías sobre la plusvalía o el capítulo VI inédito del primer volumen de
El Capital), el proceso autonomizado y ciego de producción y acumulación no es una forma exterior
que tomarían las relaciones de mercantilización del trabajo, de sus productos y del trato. Para Marx el
capital consiste en la reproducción ampliada del trabajo alienado y de su expresión en valor -el capital
como "valor autónomo" y la "autovalorización del valor" que contiene-, y éste es precisamente el
contenido específico del capital como relación-proceso. El mero desarrollo de las fuerzas productivas
materiales e intelectuales, o la mercantilización generalizada de la producción social, existen, para la
relación del capital, solamente como mediaciones instrumentales, aunque en realidad sean premisas o
prerrequisitos funcionales estructurales.
En la visión del 1000/MIL la relación mercantil se presenta incluso como la fuente del poder del
capital, en vez de su concentración de poder productivo material, esto es, de medios de producción y
condiciones de trabajo:
"La relación mercantil entre los hombres permite a los dueños del capital el apropiarse del
fruto del trabajo humano mediante la compra de la fuerza de trabajo de la clase obrera a
cambio de un salario."
En consecuencia, la existencia misma del capital como capital se entiende como "trabajo
acumulado", pero el fundamento de tal acumulación se atribuye al poder arbitrario de la burguesía y a
la operación de cambio entre ella y los trabajadores (que puesto que es un acto de cambio, ocurre en la
circulación):
"¿Qué es, pues, el capital, de dónde procede y en qué consiste su valor real? El capital no es
otra cosa que trabajo acumulado y no tiene más valor que el del trabajo no pagado cuyo fruto
se apropia la burguesía. Ello es posible debido a que la clase dominante -gracias a su posición
social privilegiada y al control de todo el aparato productivo- no paga el valor del trabajo sino

10 Esta visión de las relaciones entre capital y trabajo se expone en el capítulo "I. Capital y trabajo" del documento de
uso interno titulado Estudio económico (capital/trabajo) de 1972. En gran parte es una reproducción de tesis
marxianas básicas seguida de un análisis de la fenomenología de la economía capitalista. Como esto no es un aporte
que considere importante o específico del grupo, he optado por no reproducirlo ya que habría exigido un trabajo
amplio de transcripción. En lugar de eso me he limitado a transcribir estos fragmentos porque tienen trascendencia
política y afectan a la visión práctica acerca del desarrollo de la lucha de clases. Aunque no es el caso del 1000/MIL,
en discusiones recientes se me ha mostrado que estas interpretaciones superficiales de la teoría marxiana favorecen
posiciones políticas subjetivistas y voluntaristas, así como una visión pesimista, catastrofista, fatalista, de la
decadencia del capitalismo, que en combinación con cierta interpretación derrotista de la historia del movimiento
obrero lleva a anquilosarse en un propagandismo sectario destinado, como siempre, al fracaso, incluso incapaz hoy de
permitir la formación y el mantenimiento de grupúsculos.

7
únicamente el precio de la fuerza de trabajo.
«La propiedad es el robo». Nunca mejor empleada la célebre frase de Proudhon, si tenemos
en cuenta que el trabajo es, en último término, la única fuente creadora de valor y que toda
otra fuente de valor no es, en último término, más que trabajo acumulado. La burguesía se
apropia y dispone a su antojo de todo el «valor del trabajo», es decir, de cuanto se produce
durante el tiempo de trabajo. A cambio paga el «precio de la fuerza de trabajo», es decir, lo
que cuesta la formación y mantenimiento del trabajador.
La sociedad burguesa no se basa en la igualdad y la fraternidad sino en este duro chantaje de
una clase sobre otra. En efecto, para poder sobrevivir el obrero no tiene más remedio que
vender su fuerza o capacidad de trabajo como una mercancía más, conformándose con su
precio de coste y cediendo en manos del capital el producto de su trabajo."
Sería, pues, el poder arbitrario, basado en la propiedad sobre el capital, lo que permitiría a la
burguesía vulnerar la ley del valor en el mercado de trabajo (pagar no el "valor del trabajo" sino sólo el
"valor de la fuerza de trabajo"). Esto significaría que la fuerza de trabajo sólo constituye una
mercancía -que, al circular, forma un mercado de trabajo- debido al poder arbitrario de la clase
propietaria del capital, lo cual contradice la visión marxiana en la que tal poder arbitrario sólo es una
ilusión, porque el capital sólo puede existir, como relación-proceso -o sea, en el sentido moderno-, en
la forma del capital global, en tanto que proceso ciego de desarrollo expansivo global de la economía
de la sociedad, que determina a los capitales individuales, haciendo que los propietarios de estos
últimos no tengan otro poder que el de "personificar" el movimiento de reproducción ampliada, siendo
en la realidad efectiva dominados por él.
Además, la representación de la relación del trabajo asalariado como resultado de un "chantaje de
una clase sobre otra" nos remite inevitablemente a una voluntad arbitraria y egoísta, que es la
conciencia superficial acerca de la naturaleza del capitalismo propia del individuo o grupo aislado,
esto es, del punto de vista pequeñoburgués.
Hay más inconsistencias:
"La división de la sociedad en clases se reproduce al acumularse en manos de la clase
dominante, y como algo ajeno a la clase obrera, el capital -dinero, aparato productivo, fuerza
de trabajo- y su fuente, las ganancias o beneficios capitalistas. Éstos no existirían si no hubiera
«plusvalía», si no se diera una diferencia fundamental entre el valor del trabajo y el precio de
la fuerza de trabajo, entre lo que el trabajo humano vale y lo que al burgués le cuesta."
Según esto la acumulación de capital se explica, otra vez, por la separación entre producción y
circulación. No sería, pues, es la existencia misma del capital en tanto que tal -como masa de valor
puesta en forma de medios de producción y condiciones de trabajo separados del trabajo vivo, o sea,
puestos como propiedad ajena- y su generalización como relación de producción, monopolizando toda
la producción social, lo que obligaría a los trabajadores, para poder subsistir, a vender su fuerza de
trabajo a los capitalistas a cambio de un salario. Los beneficios capitalistas se originarían, pues, en la
imposición del trabajo asalariado y no en ese monopolio de las fuerzas productivas sociales, en los
actos particulares y no en un poder estructural global. Es cierto que, en ese párrafo, se habla solamente
de que la división de la sociedad en clases "se reproduce" mediante el cambio entre trabajo y capital;
pero no aparece clara la "diferencia fundamental" que, en el capitalismo, existe entre la actividad
productiva y el mero intercambio mercantil, entre el trabajo alienado y el plustrabajo y la forma que
adoptan en la esfera de la circulación (cambio entre capitalistas y trabajadores, cambio de las
mercancías en que se objetiva el plustrabajo, y por tanto, circulación en el mercado de trabajo y en el
mercado general).
De la visión dicotómica de las posiciones del capital y del trabajo, originada en la interpretación de la
diferencia entre "valor del trabajo" y "valor de la fuerza de trabajo" como surgida en la esfera de la

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circulación, surge la posibilidad de una concepción voluntarista de la lucha de la clase obrera y de sus
posibilidades de modificar el salario, que quedaría determinado, en última instancia, no por las
exigencias globales de la existencia del capital en tanto que tal -proceso ciego y autonomizado de
"autovalorización del valor"-, sino por las meras correlaciones de fuerzas de clase entre capital y
trabajo. Según esto, es posible pensar en subidas arbitrarias de los niveles salariales por parte de la
lucha obrera, sin que puedan ser anuladas por la clase capitalista más que mediante el uso voluntario
de la fuerza, especialmente mediante la monopolización del poder del Estado. No sería, entonces, en
última instancia, la dinámica misma del capital, con sus crisis y competencia, la que animaría la
competencia interproletaria e impondría la aceptación de salarios ajustados a los costes de
reproducción de la fuerza de trabajo, sino que esto sólo se conseguiría, en última instancia, por medios
esencialmente políticos, se trate de coaliciones patronales o del ejercicio despótico del poder estatal
por los representantes de la clase capitalista.
Esta interpretación voluntarista y politicista del desarrollo de la lucha de clases está, claramamente,
en contra de la noción del capitalismo como "sistema" que plantea el 1000/MIL, pero no por ello se
salvan de esta contradicción:
"Pero la búsqueda de la plusvalía, del trabajo no pagado fuente de todo capital, comporta
contradicciones internas fundamentales y la convierte en un sistema en permanente
desequilibrio."
Aquí la "búsqueda de la plusvalía", un fin subjetivo y aparentemente voluntario, es lo que da lugar a
"un sistema", una totalidad objetiva, que además está "en permanente desequilibrio", lo que es ajeno a
la voluntad de los propios capitalistas.
A su vez, el mismo sesgo subjetivista y voluntarista se aprecia cuando afirman que una de las
"contradicciones internas fundamentales" de ese sistema consiste en que "la apropiación de la
plusvalía por la clase capitalista comporta la existencia de una clase enfrentada a ella y decidida a
eliminarla y superarla: la clase obrera, la cual es la negación permanente de la burguesía." Esto,
simplemente, supone negar que la clase obrera constituya, al mismo tiempo, la sustanciación del
"capital variable" y su personificación, que se pueda comportar espontáneamente, por tanto, como
afirmación del capital, aunque sea contradictoriamente, esto es, como una fuerza reformista. Por tanto,
esta visión es la base racional de la idea de que el reformismo es un fenómeno que, aunque pudiera
originarse en la clase obrera, existe como fuerza organizada sólo porque 'cristaliza' fuera de la clase
misma, en forma de organizaciones separadas. Sólo a partir de esta representación del reformismo
cabe considerar a las organizaciones reformistas obreras como "traidoras" a la clase, como simples
agentes del capitalismo, como producto de una infiltración o influencia de una fuerza externa a la clase
obrera, etc.
En consecuencia, podemos decir que, en el fondo, la visión del 1000/MIL sobre el desarrollo del
movimiento autónomo del proletariado es espontaneista, lo que también se reflejó en la manera de
actuar del propio grupo y en su creencia en que la dinámica de la lucha de clases en el Estado español,
combinada con la dinámica de crisis mundial del capital, al agudizarse ambas llevaría con relativa
rapidez y facilidad a superar la grupusculización de las fuerzas partidarias de la autonomía de clase, a
su crecimiento junto con la extensión de las luchas obreras.
"La relación capital-trabajo, consagrada por la economía burguesa, manifiesta paso a paso
sus contradicciones internas: un proletariado que la niega como clase y unas inevitables crisis
que contradicen su dinámica. Es una dinámica desprovista de sentido y cada vez más carente
de porvenir, la expresión de la anarquía del capital y de su sistema hasta que éste muera
definitivamente. Todo ello anuncia y prepara efectivamente la superación definitiva del
capitalismo por el Comunismo mediante la intervención consciente de la clase obrera y la
generalización práctica de su actividad en la revolución mundial."

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La negación del capital por el proletariado, aun como posición política, sólo surje como resultado de
un proceso de maduración a través de las luchas de clases, no es, como parece en ese párrafo, un
resultado automático de las contradicciones internas del capitalismo. Tampoco, por lo tanto, las crisis
capitalistas están conectadas directa y necesariamente con un desarrollo superior del movimiento de la
clase obrera, por irracional que resulte el hecho de que, ante un sistema "cada vez más carente de
porvenir", simultáneamente no se "prepara efectivamente la superación definitiva" del mismo, no
exista ya, como respuesta, un crecimiento de la "intervención consciente de la clase obrera" ni mucho
menos una actividad que apunte hacia una "revolución mundial".

Algunas notas finales


El mejor libro de referencia sobre la historia del 1000/MIL, de su devenir político, es sin duda el
estudio de Sergi Rosés Cordovilla, El MIL: una historia política, Alikornio ediciones, 2002. En él se
encuentra una buena explicación de cuestiones equívocas como la asociación del grupo al anarquismo
o una información sobre el proceso de discusiones que llevó a la autodisolución en su reunión de
agosto de 1973. También un miembro del grupo, Ricard Vargas Golarons, ha tratado el tema, aunque
mucho menos exhaustivamente y apoyándose mucho en su memoria personal -con las consiguientes
imprecisiones- (la editorial Klinamen ha publicado la transcripción de dos de sus charlas sobre el
MIL11).
Pero creo que se ha olvidado que el 1000/MIL, bajo su propio prisma, fue una “acción" y no sólo un
"hecho”. Y las acciones no sólo tienen que ser narradas o explicadas, tienen que ser, además, juzgadas,
y en nuestro interés, juzgadas no sólo en función del pasado, de su coherencia temporal, sino también
juzgadas en función del presente, considerando la experiencia y el conocimiento acumulados hasta la
fecha. Claro está, nadie puede declararse capaz de hacer juicios univesales, cada cual juzga para
empezar desde su propia conciencia social e histórica. Pero, dejando claro esto, lo que importa
políticamente es recuperar lo que el grupo consideró su enfoque para un territorio y una época, es
resaltar su método teórico, que en esencia es un “modo de ver” (Marx) la praxis y la realidad misma. Y
considero que este “modo de ver” sigue siendo válido en aspectos fundamentales, y sobre todo que
plantea problemáticas que distan de haber sido superadas porque, como ya sabían entonces en el
1000/MIL, los grupúsculos no son los agentes de ningún progreso práctico del movimiento; su
naturaleza misma implica esa incapacidad, y su existencia histórica refleja un estado de inmadurez, de
falta de desarrollo político, de la clase obrera como clase, como agente político autónomo.
Por desgracia hoy seguimos empantanados aún con los desechos de la extrema izquierda y de la
ultraizquierda de los 70, mientras se nos vienen encima todos sus remakes posmodernos, a veces
cargados de pseudomodernizaciones (las versiones populistas de la socialdemocracia decadente) o de
neoarcaísmos (los intentos de tomar aún hoy, como base intelectual y política para la praxis
comunista, los desarrollos generados por comunistas de los años 20-30 o de los 60-70, por ejemplo).
En el entorno de los grupos que hoy se dicen comunistas auténticos -por contraposición a quienes
siguen estrategias políticas de naturaleza reformista, o sea, interclasista y estatista- no hay nada
parecido a un “movimiento real” de clase. No son parte “orgánica” de uno, ni en su mayoría se han
formado “al calor” de uno, ni mucho menos su actividad produce algún tipo de movimiento o acciones
comunistas12. Lo que realmente hacen los actuales grupúsculos o proto-grupúsculos (individuos
11 Incluidas en los recopilatorios: Por la memoria anticapitalista. Reflexiones sobre la autonomía, VVAA, 2008 y El
1000 y la OLLA. Agitación armada, formación teórica y movimiento obrero en la España salvaje , 2014. Ambos
descargables gratuitamente en la web de Klinamen.
12 Al menos está claro que no produce un movimiento revolucionario, a no ser que se considere que fomentar
movimientos “autónomos” izquierdistas para ocupar casas o formar frentes de lucha “autónomos” es realizar un
programa comunista, o peor, que todo tipo de actos aislados y marginales de expropiación individual, de creatividad
independiente o de asociacionismo “anti-sistema”, son momentos, nada menos que constituyentes o pro-
constituyentes, de un movimiento comunista real. No hablemos de los sectores de ultraizquierda que intentan ganarse a

10
obsesionados con crear algún tipo de organización comunista de la nada), es crear imaginariamente
algun tipo de movimiento real que confirme sus expectativas, en base a combinaciones arbitrarias de
experiencias aisladas que luego “teorizan” como aproximaciones al comunismo o incluso
realizaciones del comunismo13.
La falta de creatividad en la teoría es la acompañante natural de la falta de práctica subversiva
efectiva, de experiencia subversiva efectiva en la vida práctica. Esa es la causa de la fuerte tendencia
“arcaista” que rige hoy este mundo grupuscular, en contraste con la fuerte tendencia “modernista” que
domina en el mundo de las masas, del que forma parte el reformismo como fenómeno político (por eso
se renueva periódicamente, lo mismo que el capital). Su esterilidad no se debe a ninguna derrota
histórica, porque las auténticas derrotas son simiente de renovación, su vivencia tras un periodo de
desánimo se combina con las necesidades del presente y sirve de material de aprendizaje y premisa
estimulante para la reflexión creadora sobre las necesidades actuales. No, la esterilidad de la izquierda
grupuscular se debe a que, de hecho, y aunque lo hayan sido en el pasado, en la actualidad no son
parte del movimiento de la clase obrera. Pueden objetar a esto que tal movimiento no existe ahora;
pero eso, en la práctica, supone aceptar -por la puerta de atrás- la tesis del fin de la centralidad obrera y
que sólo ellos mismos son el movimiento auténtico de la clase obrera... lo que al final deriva en
elitismos desaforados y (cuando se cansan de la inefectividad política del elitismo) en oportunismos
galopantes. En cambio, desde el punto de vista marxista, considerando el antagonismo de clases que
atraviesa toda la vida del proletariado y las interrelaciones objetivas que le unen en la esfera de la
producción, es inconcebible que no exista en absoluto un proceso constituyente del proletariado en
clase, se halle en el estadio de madurez que halle, tenga el nivel de extensión y organización que
tenga, adopte las formas y los contenidos que adopte. Porque la clase obrera está conectada entre sí a
través de la propia vida económica y eso genera espontáneamente un proceso de trato, de
comunicación, de confluencia en la conciencia, sobre la base de los intereses vitales.
Cuando este ultraizquierdismo grupuscular intenta oponer, en la lucha real, sus ficciones arcaistas a
una realidad viva dominada por reformismos que se modernizan, el resultado no es sólo una
inoperancia política crónica y, con el tiempo, la total disolución, sino también que persista el
descrédito general del comunismo y la distorsión de sus representaciones teóricas. 14
Lo que hay que hacer con los textos del MIL, en resumen, es tomárselos en serio como parte
constituyente de la herencia comunista. Ello implica, de hecho, reconocer que tienen algo que decir
aún hoy en lo que respecta al camino al futuro -lo que no es problema para los ultraizquierdistas, al

aquellos que están más a la derecha, o sea, en la extrema izquierda reformista, mediante la propaganda conciliadora
que apela a su aparente anticapitalismo o afán combativo, intentado aproximaciones a su manera de entender la lucha
de clases, la crisis del capitalismo, etc. sobre la base de análisis empíricos que muestren la ineficiencia de la política
reformista. En ningún caso suele ocurrírseles, por supuesto, decir que están creando un movimiento obrero autónomo
real, porque quedarían en evidencia y, además, en muchos casos carecen hasta tal punto de conexión con la clase
obrera que entre sus filas (si es que son algo más que unos cuantos individuos sueltos, pero que se presentan como algo
más) no hay obreros ni nada que se le parezca. Sólo a veces hay casos excepcionales, que suelen ser atraídos por
razones ideológicas y que, o bien interiorizan la ideología izquierdista, o bien acaban dándose la vuelta después de un
tiempo de soportar las estupideces e insensateces del activismo de unos, del teoricismo de otros, de la falta de criterio
de efectividad de todos, para la clase obrera en el contexto actual, por más que tampoco encuentren mucho más sentido
en el “realismo político” del reformismo.
13 Cuando muchas veces es evidente que no cabe hablar ni siquiera de gérmenes de un movimiento obrero o proletario
en el auténtico sentido, o sea, entendido como producto viviente de un proceso autoconstituyente, de unas masas
explotadas que se autonomizan frente al capital para luchar contra él.
14 Por si el proyecto comunista no estuviera ya suficientemente afectado por la identificación con la brutalidad y
opresión sistémicas en los regímenes de capitalismo de Estado de la URSS y satélites, en China, etc., tanto o más
cuanto que la mayoría de esos regímenes se hundieron por causas internas, con la participación activa de las luchas
proletarias -a excepción de China que, a su vez, demuestra cómo el capitalismo “libre” es el fundamento del
progreso...-.

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contrario-; pero también implica reconocer que puede que tengan más que decir, precisamente hoy,
respecto a lo necesario de hacer cuentas con el pasado -y esto sí les rompe la cabeza a los
ultraizquierdistas, que precisamente viven mentalmente en el pasado-. Por ejemplo, el tema de la lucha
armada importa poco si con ello se hace referencia a los ejemplos del pasado. En cambio importa
mucho si se asume o no la tesis de que la violencia revolucionaria debe ser parte de la estrategia de la
autonomía de clase, completamente lejos de las concepciones “separadas” sobre el tema. Para el
1000/MIL se trataba de la violencia como componente de las luchas de la clase obrera y de su
desarrollo, y sólo en este cuadro tiene pleno sentido el concepto mismo de “agitación armada” (y no
hablar meramente de “expropiaciones” destinadas a financiar las actividades del movimiento obrero y
de los grupos comunistas, que es en lo que consistieron básicamente las acciones armadas del
1000/MIL). El 1000/MIL planteaba el asunto con bastante claridad, y más que nada en forma de
hechos, destinando sus acciones a apoyar las luchas y la formación de la clase obrera. En lugar de
dedicarse a idealizar y a hacer apología de la violencia revolucionaria, entendían que ésta sólo podía
existir como una dimensión de un movimiento revolucionario emergente, de una radicalización de la
lucha entre proletariado y capital, y en esta medida.
También está la actitud del 1000/MIL hacia la teoría comunista, muy poco compatible con los
intereses de los constructores de grupúsculos y con cualquier “partidismo” o elitismo políticos. Sin
embargo, viendo el “mamotreto”, está claro que el 1000/MIL entendía la importancia de la teoría. Es
solo que no entendía la praxis como la aplicación mecánica de una serie de principios teóricos, o como
la implementación de un plan establecido conforme a unas previsiones evolutivas (como había
ocurrido con los fieles al “decadentismo” vulgar, en forma de teorías estancacionistas, teorías de crisis
mortales, teorías de una decadencia que nunca acaba de consumarse, entre tanto, en la realidad, el
capital sigue expandiéndose mundialmente y desarrollando la productividad del trabajo...). Pensaban
la teoría como la piensa un individuo práctico y a la vez cabal: o sea, adoptaron el punto de vista de la
clase obrera hacia la teoría comunista, cosa que ningún leninista, bordiguista, anarquista tradicional,
etc. ha hecho más que, si acaso, por razones de “oportunidad” -o sea, para esconder planteamientos
ante los obreros, a veces rectificando a espaldas de ellos, otras esperando el momento para volver a su
planteamiento inicial, otras una combinación de todo ello-.

Roi Ferreiro,
3 de noviembre de 2017.

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