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Pontificia Universidad Católica Argentina

“Santa María de los Buenos Aires”

Facultad de Derecho

DOCTORADO EN CIENCIAS JURIDICAS

TITULO: EVOLUCIóN DE LA PENA PRIVATIVA DE LA

LIBERTAD EN EL MARCO DE LOS REGíMENES CARCELARIOS

EN ARGENTINA

SUBTITULO: La Resocialización del delincuente

PROYECTO PRELIMINAR DE TESIS DOCTORAL

DOCTORANDO: DANIEL PABLO CALVI.

JULIO DE 2018
HIPOTESIS:

1. Las Penas Privativas de la Libertad NO lograron

adecuarse a la manda constitucional, bajo la mirada de

autores abolisionistas (o criminología crítica).

2. Y las alternativas modernas a las mismas en sus

resultados prácticos? Verificación de las posibles

sustituciones, porque? y porque?

1. Fundamentación del Tema elegido:

a. Cuestiones Dogmáticas, relacionadas con el pensamiento

de los doctrinarios escogidos:

Previo a todo dejaré asentado el criterio máximo en juego en el

presente tratamiento de las cuestiones carcelarias, en manos de Santo Tomás

de Aquino, ya que esto es lo habría que considerar como punto de partida,

para todo el presente estudio. “… La Justicia … ordena al hombre con

relación a otro lo cual puede tener lugar de dos modos, primero, a otro

considerado individualmente y segundo a otro en común, esto es, en cuanto

que el que sirve a una comunidad sirve a todos los hombres que en ella se

contienen. A ambos modos puede referirse la justicia, según su propia

naturaleza. Es empero, evidente que todos los que componen alguna

comunidad se relacionan a la misma como las partes al todo; y como la

parte, en cuanto tal, es del todo, síguese que cualquier bien de la parte es

ordenable al bien del todo. Según esto, el bien de cada virtud, ya ordene al
hombre a si mismo, ya le ordene a otras personas singulares, es referible al

bien común, al que ordena la justicia. Y así los actos de todas las virtudes

pueden pertenecer a la justicia, en cuanto esta ordena al hombre al bien

común. En este sentido es llamada la justicia virtud general. Y puesto que a

la ley pertenece ordenar al bien común … síguese que tal justicia

denominada general en el sentido expresado, es llamada “justicia legal”,

esto es, por la que el hombre concuerda con la ley que ordena los actos de

todas las virtudes al bien común …” (S.T., II, II, q.58, a.5).1

Sentado ello comenzaremos por decir que la etapa de la

ejecución de la pena resulta ser la última y quizá la más trascendental, por lo

cual que la misma grafique el incumplimiento de la manda constitucional

establecida en los Artículos 18, 75, inciso 22, ssgts. y ccdts. de la

Constitución Nacional2, resulta ni más ni menos la más resonante

inoperancia de la mayoría de los sistemas carcelarios vigentes-.

De más está decir que la visión del modelo resulta ser

negativa, ya que no solamente en nuestro país, sino en la mayoría de

América Latina, las cuestiones en trato, sumado a las constantes crisis

económicas y políticas y a la falta de un plan rector en la materia, hace que

la valoración del fracaso del sistema se vea aumentada considerablemente,

verificándose en virtud de ello superpoblaciones penitenciarias (y sin

1
SANTO TOMAS DE AQUINO, Suma de Teología III, Parte II-II (a), cuestión 58, artículo 5,
pag. 480, Biblioteca de autores Cristianos, año 2010.
2
María a. Gelli, Constitución de la Nación Argentina, comentada y concordada, tercera
edición, pags. 219 y 709 ssgts. y ccdts.
siquiera llegar a ello, exceso de alojamiento de internos en dependencias

policiales no preparadas para esto), aumento del delito y un

perfeccionamiento durante la detención; sumado a que la dirección de la

persecución penal y su posterior condena se ve reflejada, en la mayoría de

los casos, solamente en una clase; hecho esto que no hace más que ratificar

lo explayado antes.

Ahora bien en virtud de ello, podemos decir que coincide con

esta visión la opinión de destacados autores –tanto del ámbito local, como

de los principales países, que en la actualidad se ubican como los

orientadores en la doctrina- y que asimismo aportan a los estados las ideas

para el mejoramiento de los sistemas carcelarios contemporáneos3.

Por otro lado, también es importante considerar que en

nuestro sistema se verifica la protección del individuo frente a los excesos

del “ius puniendi”4, con grandes esferas de libertad (principio de reserva)5,

que dejan fuera del alcance de la punibilidad los aspectos morales

socialmente intrascendentes; analizándose también que de esta forma este

ordenamiento tiende a preservar con mayor cuidado los bienes jurídicos

individuales (vida, integridad personal, libertad, etc.), resguardando también

al individuo de lo que pueden ser excesos en el ejercicio del “ius puniendi”.

3
Se desarrollará más adelante, con el detalle de tales doctrinarios que son los que
efectuaron los mayores aportes en la materia en estudio.
4
Carlos Creus, Derecho penal, Parte General, 4° edición, actualizada y ampliada, pag. 5 y
ssgts.
5
Carlos Creus, Derecho penal, Parte General, 4° edición, actualizada y ampliada, pag. 53 y
ssgts.
Todas estas cuestiones analizadas “ut supra”, son las que me

llevaron a considerar la importancia del tema elegido y asimismo abocarme

a su estudio desde hace ya bastante tiempo, sobre todo cuando este guarda

relación con la actividad laboral habitual y la académica que desarrollo hace

ya muchos años.

2. Estado de la cuestión: antecedentes históricos,

verificación de la implementación de distintas políticas criminales en

materia carcelaria, durante el transcurso de los siglos XIX, XX y el

actual

Para sustentar lo antes dicho, se podría traer a colación

algunos comentarios con relación al punto más crítico que se sindicara

previamente al desmenuzar al sistema señalado; viendo para ello que según

la historiadora Lila Caimari, “El modo de pensar una cárcel define a una

sociedad”, en razón de esto destaca la científica que el avance producido en

las últimas tres décadas del siglo XIX –en base a un proyecto político

ideológico, copiado del viejo mundo-, fue fundamental, verificándose de

esta forma que las clases gobernantes de dicho tiempo entendieron una

prisión más humana, es decir que hicieron una apuesta fuerte al “castigo

civilizado”.

Pirámide fundamental de dicha cuestión resultó ser la vieja

penitenciaría Nacional (construida en la calle Las Heras, que terminó por ser

demolida en los años 60 –del siglo XX-, ello habida cuenta que fue
alcanzada y rodeada por la ciudad).

En el centro carcelario señalado –como en otros de la época-

se impulsó la verdadera rehabilitación, cuenta en atención a ello la

historiadora señalada previamente, que esa sede contaba con planta radial y

resultaba ser muy moderna ediliciamente, especificando al respecto que el

impulso rehabilitador era sin más, el trabajo que -intra muros- desarrollaban

los apresados.

Resulta al final de la historia que el señalado impulso

innovador fracasó también, ello habida cuenta el alto grado de morosidad

judicial, toda vez que resultaba que la mayoría de los internos eran

procesados y no condenados, motivo por el cual no se podían sumar a las

actividades laborales; verificándose en la valoración de este último extremo

que como ya se dijo antes, que el fallido accionar de la administración de

justicia resulta ser el obstáculo más importante para el funcionamiento del

sistema.

También es importante considerar que otro factor de fracaso

resultó ser –como en la actualidad-3, el hacinamiento al que fueron

sometidos los internos, como así también la tan variada pluralidad de ellos

(entre los que se destacaban muchos menores).

Otro aspecto de gran importancia para la época era la

existencia de la escuela dentro de los centros de detención, como así

también los laboratorios de observación de patologías –que si bien en

definitiva no dieron resultado, la intención de su creación fue digna-.


Se debe valorar como un aspecto destacable el papel que le

cupo a las Instituciones religiosas en el campo penitenciario de la época,

toda vez que como ya se especificó y las líneas políticas seguían un gran

laicicismo, en materia de regímenes penitenciarios para mujeres, relegaron

dicha actividad en varias comunidades (Hermanas del Buen Pastor, entre

otras), que tenían a su cargo el cuidado de las mujeres; cuestión esta que

debería tener que volverse a analizar, ya que el papel de la Iglesia Católica

siempre fue preponderante –y lo sigue siendo-, en los temas en que el

Estado está ausente.

En este campo es importante señalar que al respecto de las

mujeres, la idea predominante era no someterlas a regímenes cerrados, sino

más bien experimentar con arrestos domiciliarios y las variaciones

conocidas de este tipo de medidas alternativas al encierro carcelario.

A finales del siglo XIX, el crimen en la ciudad –que crecía de

un modo geométrico-, instaló el pánico entre sus habitantes y por ende –

como siempre ocurrió-, se produjeron más y más detenciones; aunque es

importante tener en cuenta que el delito que se vislumbraba no era el de los

llamados “mayores”, ya que se veía a la gran aldea –en crecimiento-, como

un lugar poblado de rateros y ladrones de poca monta.

Así las cosas y siguiendo el razonamiento de la historiadora

nombrada antes, llegamos hasta la década del cuarenta –siglo XX-, más

precisamente en el año 1946, en la que se intenta modificar los sistemas

imperantes en la materia estudiada –gobierno del Justicialismo-, a partir de


un proyecto –a decir de la estudiosa- “ambicioso”, que en sus aspectos

sustanciales apostó al trabajo y al deporte; impulsando dichas reformas el

bienestar material y psicológico del preso (nos referimos a presos comunes

y no políticos).

Según la pensadora en trato, el perfil ideológico del gobierno

de turno privilegiaba a las clases más desposeídas, motivo por el cual el

sindicado proyecto apuntaba a una especie de reparación de la figura del

preso de clase baja, enfatizando la deuda de la sociedad con el mismo.

Es importante considerar que durante este período se

desmanteló el Penal de Ushuaia –queda claro que esta Unidad resultaba ser

el puntal de un sistema claramente distinto al que se intentaba conseguir-;

siempre con el objeto de reintegrar a los encausados a la sociedad, en virtud

de ello se pudo ver en distintas publicaciones de época a internos –vestidos

con los típicos uniformes a rayas-, abrazados a sus familias, destacándose al

respecto de esto último, que estas vestimentas fueron luego sustituidas.

Ahora bien, este breve desarrollo de distintos períodos de la

historia carcelaria, culmina en el presente conocido por todos, es decir con

prisiones obsoletas ediliciamente, con el máximo posible de hacinamiento,

promiscuidad, drogas prohibidas y un claro potencial para perfeccionar a sus

habitantes –claro está, perfeccionarlos en el campo delictivo, ya que egresan

en peores condiciones que las del ingreso-; motivo por el cual y sin ánimo

de adelantar la conclusión, la realidad carcelaria que se vivió y se vive en

nuestro país no resulta ser de las mejores o al menos de las ideales ni


tampoco se vislumbra la posibilidad del camino hacia ese ideal tan ansiado

por los estudiosos del derecho.

Por último, entiendo que resulta evidente que desde la

historia se puede y se debe mirar el presente, con el claro objetivo de

construir un futuro más próspero, concluyendo en base a todos los conceptos

vertidos, tanto los extraídos del pensamiento de los expertos en la materia –

nombrados previamente- como los propios, que parecería que siempre nos

encontramos en el mismo lugar, ello claro está, salvo pequeñas excepciones

que en general solamente se plasmaron en “intenciones”.

3. Planteo del problema:

Siguiendo el razonamiento crítico se puede decir que la meta

resulta ser la “resocialización” de sus concurrentes -último hallazgo de las

ciencias penológicas, dentro de las teorías de corte utilitarista-6, asignándole

algún sentido positivo a la aplicación de castigos, considerando que el

hombre puede ser mejorado en prisión, para que se adapte mejor a la

sociedad y no vuelva a delinquir7, no la cumple –por lejos-, todo lo

contrario, especificándose que la conclusión de la aplicación es a todas luces

insatisfactoria, ello habida cuenta que el resultado de sus “tratamientos” no

solo no obtiene lo que se propone, sino que más bien empeora el estado

general del individuo sometido a proceso al concluir, entregando de esta

6
Dr. Carlos Alberto Elbert, Manual Básico de Criminología, Eudeba 1998, pag. 112.-
7
Dr. Carlos Alberto Elbert, Manual Básico de Criminología, Eudeba 1998, pag. 112.-
manera –en la mayoría de los casos- sujetos que se inscriben nuevamente en

la vida social, pero mucho más avezados en la materia criminal, violándose

de esta manera permanentemente los más elementales derechos, tanto de los

reos como de los ciudadanos comunes que los reciben nuevamente, pero

potenciados; por lo que de esta forma basta señalar el claro contrasentido, de

preparar para la vida social a alguien que justamente está segregado de ese

modelo y sometido a otro de institución total, o sea con caracteres absolutos

que le impiden toda autodeterminación8.

En virtud de lo expuesto antes, se valora que la imposición de

penas –tal como se las concibe en la actualidad-, con finalidades

resocializadoras o no, arroja como resultados alarmantemente deficitarios y

constituye un problema general que no es atribuible solamente a los

sistemas carcelarios –léase servicios penitenciarios-, sino que es generado

por la operatoria del sistema penal en su conjunto; verificándose de esta

manera que el sistema vuelve una y otra vez a utilizar sus funciones no

declaradas, provocando como consecuencia –como ya se valoró-, crisis,

violencia y motines, potenciando de esta forma la violencia social

preexistente, no garantizándose de esta manera –en lo más mínimo- la

intangibilidad de los derechos.

Sería importante apuntar, para darle mayor sustento a lo que

se viene plasmando que a decir de –Alessandro Baratta-, los primeros

impulsos fundamentales a los cuales se debe la formación de la tradición del

8
Dr. Carlos Alberto Elbert, Manual Básico de Criminología, Eudeba 1998, pag. 112.-
derecho penal, tal como esta se consolidó en la escuela clásica, sobre todo a

través de la obra de Carrara, provinieron de filósofos como Beccaría,

Filangieri y Romagnosi, o bien de juristas que partían de un riguroso

planteamiento filosófico, racionalista e iusnaturalista; especificándose que la

consecuencia de ello para la ciencia penal europea, es la formulación

programática de los presupuestos de una teoría jurídica del delito y de la

pena, así como del proceso, en el marco de la concepción Liberal del Estado

y del derecho, basada en el principio utilitarista de la máxima felicidad para

el máximo número y de las ideas del contrato social y de la división de

poderes9.

Claro está que estas valoraciones totalmente idealistas

solamente quedaron en la “genial idea” de sus mentores y de ninguna

manera se pudieron aplicar con alguna garantía y oportunidad de logro

positivo en la práctica.

Los fracasos en materia carcelaria, como así también la cada

vez más creciente morosidad judicial, claramente enfoca la cuestión al

derrumbe inevitable del sistema, ello habida cuenta que no ofrece respuestas

a ninguna de las dos partes en juego –se puede hablar de sendas víctimas, ya

9
Alessandro Baratta, Criminología Crítica y crítica del Dcho, Penal, Siglo veintiuno editores,
pag. 25.-
que al decir del profesor -Elias Neuman-, la victimología penal se encuentra

radicada de los dos lados del espectro en estudio-10.

A decir de los propios dogmáticos, resulta que la realidad de

la cárcel y sus tan variados focos de subcultura se presentan como

dominados por factores que hasta ahora, en un balance realista, ha fracasado

en la tareas de socialización y reinserción; como así tampoco ha sido posible

encauzar esta cuestión a través de las modernas técnicas psicoterapéuticas y

educativas, ni siquiera las parciales transformaciones de la estructura

organizativa de la cárcel, han cambiado de modo decisivo la naturaleza y

función de los actuales centros de detención; por ende se concluye en que

estos constituyen el momento culminante y decisivo de aquel mecanismo de

marginación que produce la población criminal y a su vez luego la

administra en un plano institucional y que como corolario se debe verificar

que en las sociedades capitalistas contemporáneas este modelo puede

resumirse en el hecho de que los centros de detención ejercen efectos

contrarios a la reeducación y reinserción del condenado, y favorables a su

integración en la población criminal.

Por otro lado, se suma a todas las cuestiones previamente

valoradas que la crisis del sistema también se sustenta en leyes procesales

restrictivas que a su vez son aplicadas más restrictivamente por los propios

operadores del sistema –jueces-, verificándose de esta manera gran cantidad

10
Dr. Elias Neuman, Las Penas de un penalista, Ediciones Lerner, Buenos Aires, 1976,
pag. 122 y Dr. Elias Neuman, La Sociedad Carcelaria, 3° edición, Ediciones De Palma,
Buenos Aires, 1990, pag. 129 y ssgts..
de encausados, en estadios primarios, es decir alojados en comisarías, sin

llegar en muchos casos antes de la propia condena a las unidades, saturando

de esta forma a estos lugares, que sin lugar a dudas no están preparados para

alojar a detenidos, produciéndose de esta manera un importante

hacinamiento que en muchos casos ha llevado en los últimos tiempos a

presentar a distintos organismos la más variada exposición de recursos a

efectos de atacar dicha situación.

También se debería agregar que ello trae aparejado que

delincuentes de distintas calañas se encuentren alojados en comunidad, lo

que sin lugar a dudas hace que los más avezados en el arte de sobrevivir la

pasen mejor que los primarios, verificándose de esta manera, aumento de la

violencia interna, promiscuidad y consumo y tráfico de drogas11,

concluyéndose de esta manera que algo que tendría que tender a mejorar la

situación social la termina empeorando, por lo que en virtud de ello se

analiza que de esta forma no se soluciona el problema latente, sino que

claramente se debe sustituir a este sistema por otro alternativo, más humano

y por ende más racional a efectos de ejercer un verdadero control social.

En virtud de lo expresado previamente entiendo que

claramente el sistema en análisis se encuentra colapsado y parecería sin

respuestas posibles, aunque como ya exteriorizó antes, los dogmáticos del

derecho aportaron y aportan distintas soluciones que evidentemente, no

generan mejoras en la práctica de los campos en desarrollo-, no teniendo en

11
Dr. Carlos Alberto Elbert, Manual Básico de Criminología, Eudeba 1998, pag. 114.-
virtud de ello ideas que acerquen las posiciones antagónicas de los

detractores del sistema como de los impulsores, posiciones que se trabaron

hace ya tiempo en una lucha que se resume en “garantismo y más seguridad

(o mano dura)” y que en realidad poco aporta a la solución real del

problema, que como refiere el Dr. Elbert, no nos dice que tenemos que hacer

con el “producto” del delito -el “delincuente”-.

Pero la crítica continua, verificándose el fracaso como ya

se explicó de la idea “resocializadora”, a lo que claramente para aumentarlo

habría que sumar la inoperatividad de la justicia y como se valoró antes los

sistemas procesales.

Es verdad que en virtud de ello, el sistema termina siendo tan

injusto que solamente se pueden verificar –a modo de estadística- que los

clientes que tiene en su seno, resultan ser los sectores sociales más

expuestos y marginados del modelo social predominante, y ello por la

comisión de delitos menores –generalmente siempre contra la propiedad-,

no garantizándose de esta forma la famosa igualdad ante la ley, manda ya de

índole constitucional.

Otro aspecto a destacar, resulta ser el del crecimiento del

derecho penal en las sociedades liberales como la nuestra, en los últimos

tiempos, de tal manera que se dejó de lado el propio rol de la víctima,

expropiando el Estado todo el conflicto, para dejarlo en su órbita de acción –

vale la pena expresar al respecto que en los últimos años esta tendencia se

encuentra en cambio-, más como preservador de bienes jurídicos en muchas


circunstancias con el afán intervencionista en el sistema penal agrava los

conflictos, verificándose esto ya que no se permite llegar a otra respuesta

que no resulte ser la punitiva; es decir que a nuestro humilde entender esta

dirección no resulta ser viable provocando de esta forma una nueva crisis en

el sistema que como se viene desarrollando lo lleva otro fracaso.

Ya Foucault, en su época criticaba el sistema, -entendiéndose

de esta forma que muchos lo consideran el primer abolicionista-, postulando

la necesidad de abolir todos los límites que marcan relaciones asimétricas y

que expresaban relaciones de poder; especificando al respecto de lo dicho

previamente que entendía este pensador que la víctima era un perdedor por

partida doble, es decir ante el infractor y ante el estado, quedando de esta

forma totalmente privado de intervenir en su propio conflicto.

Por ende y siguiendo con el razonamiento tratado, se verifica

que el proceso penal contemporáneo no se escucha a las personas

verdaderamente implicadas; quedando en virtud de ello como conclusión del

presente análisis que se debería devolver el conflicto a las propias personas

implicadas y con ello tender a la construcción de una justicia participativa,

donde la compensación reemplace a la pena12.

Por otro lado podríamos también considerar, en este basto

delineamiento, a la posición de Irving Goffman, que queda claramente

reflejada por el profesor Anitua, cuando refiere –en su tratado-, que el

12
Dr. Carlos Alberto Elbert, Manuel Básico de Criminología, Pags. 124/125, Eudeba
1998.-
pensador nombrado resumió una de las tantas críticas al sistema imperante

en su obra “Estigma”, a partir de la cual verificaba los terribles efectos

sociales que producía hacia el futuro de cualquier persona haber formado

parte (internado) de una institución total; es decir que de esta forma

Goffman analiza con precisión y profundidad una de las más importantes

fuentes del fracaso del sistema, que resulta ser la de la reclusión en centros

“que supuestamente fueron pensados y creados para la reinserción social y

la readaptación ciudadana”, entendiendo el estudioso que esta cuestión

significaba de por vida una marca social descalificadora que asimismo a

partir de dichas instituciones solamente se conseguía un ser distinto e

inferior para la vida en libertad13.

13
Gabriel I. Anitua, Historias de los pensamientos criminológicos, capítulo VIII, pag. 360.
4. OBJETIVOS:

a. GENERALES:

I. Evaluar si a través de la carcel institución se administra justicia.

II. Analizar si se logra a partir del actual sistema la resocialización del

delincuente.

b. ESPECÍFICOS:

I. Explorar los distintos períodos por los que atravesó la carcel

institución a través de la historia en nuestro pais.

II. Estudiar la Manda Constitucional en la materia y verificar si los

resultados de la imposición de las penas se adecúa a ella, en base a

las distintas legislaciones existentes.

III. Evaluar la opinión de los distintos doctrinarios que aportaron al tema

y desarrollarla en el marco teórico de análisis del problema.

IV. Analizar la distintas alternativas que los doctrinarios fueron

aportando durante todo este tiempo y verificar el resultado de su

aplicación.

5. PLAN DE ACTIVIDADES:
Por esto es que se debe considerar en primer lugar que el

propio sistema adolece -en lo principal, que se tendría que tener en cuenta-

para el correcto y casi “ideal” funcionamiento, que se estipulara una escala

de valores inamovibles y de conformidad con todas las partes que lo

componen, dejando de lado, falsas garantías y valorando sobre todo los

verdaderos derechos de las víctimas, ya que lo que resulta del mismo, como

fundamental expresión es sin lugar a dudas el sufrimiento que se le opuso a

la señalada parte; ya que el producto del mismo del sistema –como se

enunció antes-, es decir el delincuente, resulta ser una cuestión que debe

considerarse “ex ante”, es decir que para que la eficacia a que se refiere

tuviera resultado positivo, en primer lugar tendría que prevenirse el máximo

posible la comisión de los delitos, para lo cual, el Estado debe actuar en

todos los campos que le corresponde donde surgen los focos de riesgo, pero

claro como se quiere dejar asentado esta no es una cuestión que involucre a

los sistemas penales ni a la propia administración de justicia, sino a los otros


poderes del Estado, que claramente en la división del poder resultan ser a

todas luces los encargados de ello.

Ahora bien, en virtud de ello, y sin intentar de esta forma

aportar soluciones “mágicas”, se esboza a continuación alguna de las

cuestiones a tener en cuenta en esta gran carrera que resulta ser la búsqueda

de un sistema más perfecto que el que tenemos, para lo cual y teniendo en

cuenta entonces que esta prevención no resultare del todo eficaz –en la

utopia de la idealización del mundo-, se debería por lo menos tender a

reducir al mínimo posible los márgenes del delito; entendiendo que esta

cuestión sería de sencillo resultado positivo si todos los actores –a los que le

compete hacer algo-, se dedicaran a ello, aunque más no sea medianamente

Por otro lado, si con todo esto no alcanzara, tal como sucede

en las más importantes sociedades contemporáneas, existirían otros

remedios para la búsqueda de lo que nos planteamos al comienzo del

presente trabajo, entre las que se encuentran cuestiones ya más palpables

como la reinserción de los reos una vez que cometieron sus delitos, es decir

que en esta ecuación ya el hecho se ve consumado y la prevención habría

por ende fallado, pero esta circunstancia que parecería terrible podría tener

un remedio si la sindicada reinserción a la que se aludió antes diera frutos,

es decir los frutos que implica que el entonces malviviente que cometió un

ilícito se reeducara y de esta forma pudiera nuevamente convivir

nuevamente en paz, con sus pares.


Por lo cual y volviendo al punto que quedara pendiente de

tratamiento, entiendo que para ir encauzando esto deberíamos destacar, “la

rápida administración de justicia”, con medios eficaces y con personajes

capacitados para hacerlo, sin dejar de tener en cuenta “la legislación” que

debe acompañar al sistema y no limitarlo y/o contrarrestarlo; pero no son

estos los puntos a que nos queremos dirigir, sino, como ya explicamos

resulta ser de análisis para el presente, -el último de los estadios-, que

resulta ser ni más ni menos, el sistema carcelario, por lo cual volviendo al

mismo, entendemos que al analizar todos los extremos que lo condicionan y

que en definitiva provocan su fracaso más resonante, que a su vez ni mas ni

menos contribuye al global de la administración de justicia, que no puede

coronar el ya visto y vapuleado camino que debió recorrer hasta el arribo del

final que implica el encierro.

Y debemos soslayar que si bien no todos los procesos que

proponemos analizar deben culminar en el encierro, si conlleva a esto último

la comprobación de los delitos de mayor gravedad, que sin lugar a dudas son

aquellos cuya comisión más preocupa a la ciudadanía en su conjunto

mayoritario, que permanentemente reclama un mayor compromiso de las

autoridades estatales –sean estas, ejecutivas, legislativas o bien judiciales-

en este sentido.
Paralelismo con lo contemporaneo:

Ahora bien, este breve desarrollo de distintos períodos de la

historia carcelaria, culmina en el presente conocido por todos, es decir con

prisiones obsoletas ediliciamente, con el máximo posible de hacinamiento,

promiscuidad, drogas prohibidas y un claro potencial para perfeccionar a sus

habitantes –claro está, perfeccionarlos en el campo delictivo, ya que egresan

en peores condiciones que las del ingreso-; motivo por el cual y sin ánimo

de adelantar la conclusión, la realidad carcelaria que se vivió y se vive en

nuestro país no resulta ser de las mejores o al menos de las ideales ni

tampoco se vislumbra la posibilidad del camino hacia ese ideal tan ansiado

por los estudiosos del derecho.

Por otro lado, también resulta evidente que desde la historia se

puede y se debe mirar el presente, con el claro objetivo de construir un

futuro más prospero, concluyendo en base a todos los conceptos vertidos,

tanto los extraídos del pensamiento de los expertos en la materia –

nombrados previamente- como los propios, que siempre nos encontramos en

el mismo lugar, ello claro está, salvo pequeñas excepciones que en general

solamente se plasmaron en “intenciones”.


En este mismo sentido, debemos convenir que la sociedad

argentina ha vivido –como ya se refiriera previamente-, períodos de

demanda social del endurecimiento de los castigos; tal la visión esgrimida

por el profesor Dr. Claudio Martyniuk, que explica que el fenómeno en

torno al “caso Blumberg”, muestra una vez más hasta que punto la sociedad

es un actor esencial en la ecuación punitiva.

Entiende el citado analista que los que miran, piden e imaginan

el castigo, son tan importantes y a veces más que los que legislan y

administran; claro está que de esta forma se vislumbra una contradicción

que resulta ser el pedido de más y más prisión a más gente y no un cambio

del modelo original.

Es decir la petición, por la petición misma sin fundamentos

científicos, es un claro concepto que el encarcelamiento no resolvió los

problemas de la inseguridad, toda vez que resulta que el aumento de las

penas, en la mayoría de los casos, solamente configuró un incentivo para

cometer más delitos.

Por ello, en base a todo lo expuesto, creo que el final resulta

un todo evidente, es decir no podemos escapar a la realidad que más y más

prisión habla de los límites en que una sociedad puede imaginar el castigo,

sobre todo cuando esta premisa se desarrolla en un momento en el cual

nadie cree en la “Institución Prisión”, y ello no se debe solamente a

cuestiones dialécticas, sino simplemente al análisis concienzudo de la

realidad; que no hace otra cosa que mostrar que la situación en nuestras
cárceles no solamente no responde a las ilusiones optimistas trazadas en

algún momento que incorporaba el proyecto rehabilitador, sino que su

superpoblación sin precedentes las transforma en lugares del más horroroso

hacinamiento, de abusos de todo tipo y de culturas delictivas.

Por eso y sin perjuicio que la prisión se encuentre

actualmente en el centro de la demanda social, es importante en este sentido

destacar que su papel resulta ser en un todo negativo y esto se debe al gran

escepticismo reinante, que limita las posibilidades de un Estado débil y

empobrecido, para solamente mantener encerradas a personas.

Por ende este pedido de más castigo transcurre dentro de los

límites conceptuales históricos, pero su relación con el viejo modelo es

solamente negativo.

En este mismo orden de ideas y trayendo a colación los dichos

vertidos por el propio Dr. Neuman, entiendo que sería propicio incorporar

sistemas penales del “tipo abierto”, que según se estudiara, resultan a todas

luces satisfactorios y realmente acordes con la manda de la Ley Suprema de

la Nación, apuntando de esta forma –con el acompañamiento de otros

sistemas similares (medidas alternativas a la Prisión Preventiva y demás)- a

los verdaderos proyectos “rehabilitadores” de los que incurrieron en

acciones delictivas.

Por último y a título de corolario, habría que considerar que en base

a las manifestaciones previamente vertidas entiendo que se debe tender a

pacificar los ánimos, verificándose de esta forma que una sociedad tan
golpeada como la nuestra –por todas las guerras fraticidas del pasado-, debe

tender a incorporar a todos sus miembros, propiciando medidas acorde a ello

para aquellos que por una razón u otra decidieron alejarse de las pautas

elementales de convivencia, ello dentro de los márgenes de la Ley y con el

claro propósito de no instalar nuevos odios, para así tender a un sociedad

más justa y homogénea, y claramente de esta forma alcanzar índices

delictivos más bajos.

6. BIBLIOGRAFÍA:

1. Manual Básico de Criminología ………………….... Carlos A. Elbert

2. Criminología Crítica y Crítica del Derecho Penal.… A. Baratta

3. Historias de los Pensamientos Criminológicos...……Gabriel I. Anitua

4. Tratado de Derecho Penal (Parte Gral.)………… ....Raul E.

Zaffaroni

5. Tratado de Derecho Penal …………………………. Carlos Creus

6. Apuntes de clase del Dr. Carlos Elbert (Curso de Posgrado de

Criminología – Fac. Derecho, Univ. de Bs. As.)

7. Apuntes de clase del Dr. Elias Neuman (Curso de Posgrado de

Víctimas del sistema penal en tiempos del neoliberalismo-Fac. Derecho,

Univ. de Bs. As.).

8. Curso de filosofía del derecho –Dr. Ricardo Fraga-.


9. Constitución de la Nación Argentina ………………….María A. Gelli

10. Estigma ……………………………………………… Irving

Goffgman

11. La sociedad carcelaria ………………………………. Elias Neuman

12. Las penas de un penalista …………………………… Elias Neuman

13. Ideas penales contemporaneas ………………………. Carlos Creus

14. Tratados de los delitos y las penas ……………….... Cesare

Bonesana