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INTRODUCCION

El fraude se viene dando desde la antigüedad, como es el derecho romano como resultado de una evolución
la cual es la responsabilidad frente a un acreedor, y que deja a tornarse personal o sea la el castigo recae ya
no en la persona en sí sino es sus bienes. Así que en el presente trabajo realizado se va a tratar diferentes
puntos como son las acciones que debe tomar el acreedor para poder reclamar su derecho a ser pagado.

La palabra "fraude" viene de las locuciones latinas: fraus, fraudis que significan falsedad,
engaño, malicia, abuso de confianza que produce un daño por lo que es indicativo de mala
fe, de conducta ilícita, es decir, no tiene un significado inequívoco, unas veces indica
astucia y artificio, otras el engaño, y en una acepción más amplia una conducta desleal; en
fin, toda acción contraria a la verdad y a la rectitud; que perjudica a la persona contra quien
se comete. Una conducta fraudulenta persigue frustrar los fines de la ley o perjudicar los
derechos de un tercero.
MAYNZ, señalaba a su vez, respecto de la noción de fraude, que el término se utilizaba
generalmente como sinónimo de dolo, pero en una acepción particular, hace referencia al
resultado del dolo, al daño causado por las maniobras fraudulentas.
A partir de lo expuesto, resultan obvias las dificultades existentes para elaborar un concepto
unívoco y omnicomprensivo de las distintas acepciones de fraude. os conceptos hasta aquí
expuestos permiten delinear una noción genérica, más amplia que la del fraude a los
acreedores, cuya figura legisla nuestro Código Civil, y cuya configuración atañe a la
propia Teoría General del Acto Jurídico y que se esparce desde ella por diversas ramas del
derecho.
ACTO JURIDICO FRAUDULENTO

1. CONCEPTO
Con el fraude en el acto jurídico, el deudor para eludir sus obligaciones busca
quedarse en una insolvencia aparente, una "miseria provocada" por él mismo al transferir
sus bienes a terceras personas, ventas o donaciones que son verdaderas, no son simuladas,
son transferencias reales de los bienes, para después ocultar o esconder el dinero percibido
por el precio de las transferencias, que es más fácil de ocultar; ante éstas transferencias
fraudulentas el acreedor mediante la acción revocatoria o pauliana buscará recuperar dichos
bienes, y reintegrándolos al patrimonio del deudor, poder hacerse pago de su deuda.

1.1 Fraude: En Derecho supone un ataque oblicuo a la ley, pues quien lo comete se ampara
en una norma lícita de hecho, pero lo hace con la finalidad de eludir la aplicación de
otra, causando así un engaño camuflado bajo la apariencia de legalidad.

 Fraude de Acreedores: Es el fraude civil más frecuente en la práctica y que presenta un


mayor interés. Un deudor alega ser insolvente, esto es, carecer de bienes con los que hacer
efectivo el pago de una deuda, pero tal insolvencia ha venido provocada por un
empobrecimiento consciente y voluntario de su patrimonio: por ejemplo, ha ido regalando o
transfiriendo sus fincas a nombre de otra persona con el objeto de que cuando llegara la
fecha del vencimiento de la deuda no dispusiera de bienes con los que pagar al acreedor. El
acreedor dispone de una acción para declarar fraudulentas tales donaciones, al objeto de
que retornen al patrimonio del deudor los bienes que no deberían haber salido de él.
 Garantía: En Derecho civil y comercial, es un mecanismo jurídico para proteger o
asegurar el compromiso de que una determinada obligación será cumplida en tiempo y
forma. Por encima de cualquier otra garantía, el Derecho conoce la llamada garantía
patrimonial universal: todo acreedor, sea el que sea el origen de la deuda, sabe que el
obligado al pago responde del cumplimiento de su obligación con todos sus bienes
presentes y hasta con los que pueda llegar a tener si mejora de fortuna (bienes futuros del
deudor).
 Deuda: Obligación que se puede hacer cumplir mediante una acción legal para el pago de
dinero. En la ley moderna, el término deuda no tiene un significado fijo y puede
considerarse en esencia como lo que una persona le debe legalmente a otra.
 Acreedor: El que tiene acción o derecho a pedir alguna cosa, especialmente el pago de una
deuda, o exigir el cumplimiento de una obligación.
 Deudor: Aquel que está obligado a dar, hacer o no hacer algo.
 Acto Jurídico: Es el acto humano voluntario, lícito, con manifestación de voluntad
destinada a crear. Regula o extinguir relaciones jurídicas.

2. ORIGEN HISTORICO DE LA FIGURA DEL FRAUDE


La figura del fraude tiene su origen histórico en el Derecho Romano como
resultado de la evolución de la responsabilidad del deudor frente al acreedor, pues aparece
cuando la responsabilidad comienza a dejar de ser personal para tornarse patrimonial, es
decir, desde que se sustituye la ejecución de la persona del deudor por la ejecución de sus
bienes.

Como se sabe, la responsabilidad deriva de las obligaciones evoluciono de la


responsabilidad personal a la responsabilidad estrictamente patrimonial, siendo esta el
resultado de una progresiva y constante suavización de la condición del deudor, que fue
dejando de ser objeto de la ejecución por su incumplimiento. Esta evolución determino
también que la responsabilidad comenzara a bifurcarse y se pudiera diferenciar la
responsabilidad civil, que paso a ser solo patrimonial pues el deudor debía responder con
sus bienes, de la responsabilidad penal, en la que el imputado o reo debía responder con su
persona, desde que se le podía imponer una pena privativa de su libertad y, aun privarlo de
la vida mediante la pena de muerte.

El antiguo Derecho Romano era la persona del deudor la que respondía por sus
obligaciones y, en su fase primitiva, su incumplimiento lo sometía a penas corporales más
rudas, pudiéndosele reducir a la condición de esclavo. Posteriormente, la legislación se fue
paulatinamente suavizando, llegando a su momento culminante cuando en el año 326, antes
de Cristo se promulgo la Lex Poetelia que abolió la esclavitud por deudas e introdujo la
Bonorum Venditio, con la que la ejecución por deudas se hizo patrimonial y el acreedor se
hacía pago con la venta de los bienes del deudor. De este modo, la responsabilidad personal
por deudas se fue atenuado y dio lugar a la aparición, en la etapa del Derecho Pretoriano, de
la denominada acción paulatina.

El fenómeno de recepción del Derecho Romano se produjo ya atenuada la responsabilidad


del deudor, pese a lo cual el Código Napoleón previo la prisión del deudor, para casos
específicos y la regulo con el nomen iruis de apremio personal.

Recién en la segunda mitad del siglo XIX la legislación de los países de civilización
occidental y cristiana hizo desaparecer este último vestigio de la responsabilidad personal
por deudas, al extremo que se elevó a la categoría de precepto constitucional la prohibición
de la prisión del deudor por el hecho de serlo.

En el Perú Republicano también se prescribió la prisión por deudas, alcanzando la


prohibición a dar contenido a un precepto constitucional. En la actualidad integra el
derecho a la libertad y seguridad personales como Derecho Fundamental de la Persona,
aunque permite la prisión por mandato judicial ante el incumplimiento de deberes
alimentarios.

Al quedar establecido el sistema de la responsabilidad patrimonial como garantía de las


obligaciones, esta responsabilidad, como la conceptúa Castan Tobeñas, constituye para el
acreedor un vínculo de garantía general sobre todos los bienes del deudor, que tiene por fin
conseguir, mediante la ejecución, la obtención de lo debido o su equivalente económico.
Así, pues, cuando se contrae una obligación el deudor asume una responsabilidad sobre
todos los bienes que conforman su patrimonio, salvo que, al contraerla, haya constituido
una garantía específica sobre un segmento del mismo, afectando sus bienes ya sea en
garantía mobiliaria, hipoteca o bienes afectados con la garantía.

3. AUTONOMIA Y TIPICIDAD DEL ACTO JURIDICO FRAUDULENTO

La delimitación conceptual de la figura del fraude nos lleva a concluir en la


autonomía y tipicidad del acto jurídico fraudulento o frauda torio, pues se trata de un acto
con un nomen iuris propio, sometido a un régimen legal y respecto al cual, si bien el
Código Civil no ha adoptado una noción, de sus artículos 195 y 196 se infieren las notas
características que le dan tipicidad.

Se trata, como hemos visto, de un acto real y verdadero cuyos efectos son queridos por el
fraudator, quien con la finalidad de perjudicar el derecho de su acreedor a ser pagado
dispone de sus bienes, o las afectas, o abdica derechos.

La autonomía y tipicidad del acto jurídico fraudulento permite distinguirlo del acto
simulado, pues la idea de fraude también implica la de engaño. El acto simulado, como
hemos visto, es un acto aparente en el que los simulantes no se engañan entre sí, pues el
engaño está dirigido a los terceros. Por el contrario, el acto fraudulento es un acto
verdadero y realmente querido por el fraudator, quien puede o no actuar en concilio con el
sujeto en cuyo favor dispone de sus bienes, no se trata de un engaño a su acreedor o
acreedores sino de un perjuicio a su derecho a ser pagados.

4. TRATAMIENTO SISTEMATICO

La misma delimitación conceptual de la figura del fraude y el hecho de que sea el


presupuesto para el ejercicio de la acción pauliana permite inferir que, en rigor, no es un
tema que constituya una tópica inherente a la Teoría del Acto Jurídico y, al igual que el
derogado, regula el ejercicio de la acción pauliana. Nosotros creemos que el Código Civil
ha podido ser explícito en el desarrollo conceptual del fraude y legislar el ejercicio de la
acción pauliana como un “efecto” más de las obligaciones y ser considerada como las
acciones que enumera el articulo 1219 en cautela del derecho fundamental de todo
acreedor, como es el derecho a ser pagado.

La figura del fraude en el Código Civil, como lo hemos advertido, es simplemente


referencial. Sin embargo, Manuel de la Puente y Susana Zusman expresaron su preferencia
por mantener la ubicación de esta figura dentro del artículo del acto jurídico discrepando
con el sector de la doctrina que considera que debe legislarse como acabamos de señalar, en
la consideración de que la acción pauliana se limitaba a los actos jurídicos. Esta posición
prevaleció al interior de la Comisión Reformadora y fue posteriormente adoptada por la
Comisión Revisadora.
Planteada la cuestión relativa al tratamiento sistemático y con la advertencia de que el
Código Civil solo se refiere al fraude en el epígrafe más no en el articulado, vamos a
proceder a estudiar la acción pauliana, aunque comprendiendo aspectos sustantivos en cuya
virtud la figura del fraude mantiene su relevante connotación jurídica.

5. LA ACCION PAULIANA

El planteamiento para el estudio de la acción paulina es, obviamente, indesligable de


la figura del fraude, pues esta, como fraus creditorum, le sirve de presupuesto. Si bien el
fraude todo lo vicia, fraus omnia viciatur, como se considera en el Derecho Romano, el
acto jurídico fraudulento es un acto valido y, como tal, eficaz, tanto respecto de las partes
como de los terceros, pero inoponible s estos cuando son acreedores del enajenante por
cuanto pueden impugnarlo mediante la acción pauliana.

Pero habría que advertir que, en principio, el acto de disposición o el acto abdicativo es
inoponible no a todos los acreedores sino únicamente a los que no tienen garantizado su
crédito por cualquiera de las garantías reconocidas en el Derecho, sea por una garantía
personal, como es la fianza, o con una garantía real, como es la anticresis, la hipoteca, o la
garantía mobiliaria, constituida sobre los bienes de propiedad del deudor o de terceros.
Estos acreedores, los que no tienen garantizados sus créditos, llamados comunes o
quirografarios, son los que para hacer efectivo su crédito tienen que irse contra el
patrimonio del deudor, pues su crédito solo está respaldado por los bienes que conforman
su patrimonio, y en disputa con los demás acreedores comunes al no haber el deudor
constituido garantías reales sobre bienes propios o de otro. Mientras que el acreedor
llamado preferente o privilegiado, por tener garantizado su crédito con una garantía
mobiliaria o una hipoteca, y por ello, asegurado el pago ejecutado con derecho excluyente y
persecutorio las garantías, al acreedor quirografario o común, es decir, el que carece de
garantías de garantías reales, esta al descubierto y no tiene más posibilidad de obtener el
pago que ejecutando el deudor en los bienes que conforman su patrimonio.
Es por esta razón que, en principio, solo el acreedor quirografario goza de derecho de
impugnar mediante la acción pauliana el actor que realice el deudor y que califique de
fraudulentos, a fin de que tales actos queden sin efecto. La acción pauliana viene a ser, así,
un medio que la ley otorga a los acreedores quirografarios para la reconstitución del
patrimonio del deudor.

No obstante, en algunas circunstancias también los acreedores privilegiados pueden hacer


ejercicio de la acción pauliana. Como expresa Ospina, bien puede ocurrir que el producto
de la venta de los bienes gravados resulte insuficiente para cubrir el monto total de los
créditos específicamente garantizados, en cuyo caso los respectivos acreedores
quirografarios o privilegiados que puedan interponer la acción contra el acto jurídico
fraudulento.

El hecho de que la codificación civil tenga prevista la acción pauliana no significa que
quien sea deudor no goce, en principio, de plena libertad para disponer de sus bienes. Pero,
como ha escrito Boffi, si en esa disposición se configura un fraude, entonces la ley pone en
manos del acreedor el medio jurídico apto para impedirlo, que es la acción sub examine,
esta acción opera como salvaguarda del patrimonio del deudor y del derecho del acreedor.

6. ANTECEDENTES

Al indagar en diferentes fuentes sobre los orígenes de la Actio Pauliana se encuentran una
serie de situaciones difusas que impiden una total visión acerca del pasado de este recurso,
no obstante se encuentra una serie de datos fidedignos y precisos que ayudan a construir
gran parte de su desarrollo.

Este procedimiento fue concebido en Roma, en época anterior a Cicerón, o sea, muy cerca
al fin de la República. Surge paralelamente al desarrollo del Derecho Pretorio como
respuesta a la iniquidad e ineficacia del “Ius Civile Quiritarium”, derecho en extremo
formalista.
La Acción Pauliana nace de la necesidad de regular efectivamente las enajenaciones
fraudulentas contra el acreedor, esto no significa que no existiesen anteriormente recursos
para estos casos; sin embargo los anteriores procedimientos carecían una regulación
específica y de soluciones equitativas.

Así podemos remontarnos a Legis Actio Per Manus Iniectiom, “por medio de la cual el
acreedor tenía el derecho de vender al deudor como esclavo, incluso junto con su familia, o
de matarlo si el crédito era de sentencia o de confesión”. Sin embargo con la lex Poetelia
Papiria del 326 a. C, la “garantía que tienen los acreedores ante deudores incumplidores es
cobrar sus créditos ejecutándolos sobre el patrimonio del deudor, pero si éste es insolvente,
cae en nada el derecho de los acreedores a ser satisfechos”. Por lo tanto, con la nueva ley
desaparece la coerción física en caso de deudas insatisfechas, quedando el acreedor
prácticamente desamparado para hacer efectivos sus derechos.

A partir de este punto surgen una serie de medidas que, por las interpolaciones de los
compiladores justinianeos, hacen obtusa una plena segregación, a pesar de esto podría
afirmarse que el pretor habría concedido en primer término un interdicto restitutorio y
luego una acción personal que se habría completado, por último con la in integrum
restitutio (ya entrado la época clásica.)

La Acción Pauliana creada supuestamente por un Pretor de nombre Paulus* es anterior a la


ley Aebutia (aunque la fecha de ésta es indeterminada es cree alrededor del 150 al 125 a. C)
que va poniendo fin al formalismo de las acciones civiles. Este supuesto sirve de base para
afirmar desarrollo histórico de la Actio Pauliana en los albores de la República.

Otras dos acciones que aparecen en la transición de la República al Principado la actio quo
metus causa como respuesta a los delitos demetus y la actio doli para el resarcimiento de un
daño sufrido en caso de dolus. Junto con la Acción Pauliana conforman las tres acciones
pretorias in personam más destacadas.

6.1 En el Derecho Clásico

Este período figura a partir del siglo I a. C, período que sucede a la República, por lo tanto
podemos especular que verdaderamente comienza aquí el verdadero perfeccionamiento de
la Acción Pauliana.
La época del Derecho Clásico es considerada como el pleno florecimiento del Derecho
Romano, y en el que se alcanza una extraordinaria precisión y propiedad de las
instituciones, las soluciones a los problemas concretos alcanzan el mayor grado de
perfección, como consecuencia del desarrollo de la actividad jurisprudencial de los
jurisconsultos.

Igualmente el Derecho Honorario va a nutrirse debido a que los propios juristas asesoraban
a los pretores, y en muchos casos resultaban ser ellos mismos los magistrados judiciales.

Íntimamente ligada a la Actio Pauliana, y en muchos casos producto de confusión, aparece


el interdictum fraudatorium dentro del Derecho Clásico, que al igual que la Acción
Pauliana amparaba al acreedor contra los deudores fraudulentos.

La Actio Pauliana dentro del Derecho Clásico tenía carácter y valor marcadamente penal,
ya que el fraus creditorum era considerado comodelita privata. No obstante esta
característica dejará de producir los efectos concernientes en el Derecho Justinianeo.

Los principales jurisconsultos de la época clásica que opinaron y precisaron la Acción


Pauliana fueron: primeramente Paulo*, con quien se tienen especulaciones sobre el origen
del nombre de la acción; Ulpiano y Juliano.

6.2 En el Derecho Justinianeo

El valor que toma este período, desde el 527 d. C cuando Justiniano subió al Trono, fue la
elaboración de la más completa compilación del Derecho Romano: El Corpus Iuris Civilis,
a partir del 528 d. C.

Dentro de esta gran obra, la parte que cobra mayor importancia es el Digesto donde se
recopila e interpola las más valiosas opiniones de los jurisconsultos del Derecho clásico.

El grupo de trabajo, encabezado por Triboniano (cuestor del Palacio, realizaron una serie de
interpolaciones con muchas de las instituciones romanas que quedaron fusionadas haciendo
más difícil la tarea de identificarlas; no obstante consolida las figuras de un modo más
práctico.

La Acción Pauliana queda grabada donde del Digesto y de las Institutas, y se le da el


carácter de acción in factum.
Según el profesor Pedro Bonfante: “la acción Pauliana en el Derecho Justinianeo es la
fusión de instituciones clásicas, probablemente la actio Pauliana y el interdictum
fraudatorium; ella es arbitraria, in factum, temporal, intransmisible a los herederos si
excede de la medida del enriquecimiento, pero ya no es noxal, ni se une con otros medios,
ni entre varios coautores”.

Para el profesor Di Pietro es la restitutio in integrum y el interdictum fraudatorium los que


“parecen haberse refundido en una actio in factum amplia -vulgarmente llamada
Pauliana...”

Otro autor que comparte tal opinión es Kunkel que nos dice: “En el Derecho Justinianeo se
funden estos dos remedios, aunque de modo formalmente imperfecto, en una acción
revocatoria, que se suele conocer con el nombre de actio pauliana...”.

Podemos señalar que Torrent también considera de igual manera la fusión de la in


integrum restitutio y un interdicto fraudatorio, los que en el Derecho justinianeo tomaron el
nombre genérico de Acción Pauliana o revocatoria.

6.3 Controversias Históricas

La primera disputa surgida dentro del origen de la Actio Pauliana es el dilema de la autoría
de la misma.

Aunque la mayor parte de los estudiosos del Derecho Romano consideran que el autor de la
Acción Pauliana es un Pretor de la época de la República, de nombre Paulus*, pero cuya
identidad no conocemos, sólo llevan a esta afirmación al campo de la posibilidad. Otros
autores prefieren aventurarse menos, y atribuyen al jurisconsulto Paulo como el verdadero
creador del nombre Pauliana, referente a una de las interpolaciones en el Digesto sobre la
acción revocatoria de los actos fraudulentos contra el acreedor.

Carames Ferro afirma que no debe ser confundido el Pretor Paulo con el jurisconsulto
Paulo de la época clásica, aunque advierte que en el Digesto se califica la acción como
acción de fraude, y sólo en algún texto aislado como en uno interpolado por Paulo se le
designa como Pauliana.
El eminente romanista francés, Collinet, en el artículo publicado en la Nouvelle Revue
Historique de Droit, en 1919, intentó demostrar que el nombre de acción Pauliana no se
conoció en el Derecho Clásico, ni en el Período Justinianeo, sino que se introdujo en la Ley
38 ξ 4, por vía de glosa justinianea. “La llamada Acción Pauliana se llamó Actio in Factum
pero Quam, quae in fraudem Creditorum gesta Sunt, revocatur: Acción in factum en cuya
virtud se revocan y anulan los negocios jurídicos llevados a términos por el deudor con
fraude y en perjuicio de sus acreedores”. Pero la demostración no parece lograda.

Por otra parte, el Padre José María Urio, en su libro de Derecho Romano tiene una tesis
contraria a la de Collinet y demuestra en forma fehaciente, que Julio Paulo, Jurisconsulto de
la época Clásica Imperial, emplea el término “Actio Pauliana”, en un pasaje de su obra
sobre Plaucio.

En recientes estudios de O. Lenel y de S. Solazzi parecerían demostrar que la acción


revocatoria no habría sido creada sino por Justiniano.

De todas estas divergencias podemos deducir que la Actio Pauliana es una figura
históricamente controversial, pero así mismo se nota, por las mismas complicaciones, que
es un recurso que ha sido bien depurado y condensado a través de las fases del Derecho
Romano y por los estudios de investigadores, glosadores y romanistas, ofreciéndonos una
figura con personalidad de Derecho aún vigente en nuestros días.

7. DEFINICIONES DE ACCIÓN PAULIANA.

Según García Garrido la Actio Pauliana viene a ser la acción, creada probablemente en el
Derecho Justinianeo, con el carácter de revocatoria a favor de cualquier acreedor interesado
para revocar los actos que el deudor hubiese realizado fraudulentamente en su perjuicio.
Esta acción se concede también a los acreedores contra el adquirente de buena fe pero sólo
en la medida de su enriquecimiento.

Igualmente nos define dicho término el Catedrático Faustino Gutiérrez; “es una acción
creada por un pretor desconocido, Paulus, en época incierta, personal, in factum y
arbitraria, concedida en favor de los acreedores para hacer rescindir los actos que hubiese
realizado fraudulentamente el deudor en su perjuicio, y tenía principal aplicación en los
casos de venta de los bienes del deudor sin haber sido satisfechos los acreedores,
solicitándose la revocación de la bonorum venditio en el plazo del año de su celebración.
En el Derecho Justinianeo reúne las características de ser in factum, arbitraria, temporal e
intransmisible a los herederos en ciertos casos, como resultado de la fusión de la
anterior actio publiciana pretoria con el interdictum fraudatorium, pudiendo ejercitarse
contra todos los actos fraudulentos realizados con tal finalidad, contra el deudor y contra
los terceros beneficiados por el acto.”

La noción del profesor Eugene Petit es la siguiente: “la acción pauliana se da a los
acreedores para hacer rescindir los actos que hubiese realizado fraudulentamente el deudor
en su perjuicio. Encuentra su aplicación cuando los bienes del deudor han sido vendidos,
sin haber sido pagados íntegramente los acreedores.

El profesor Armando Torrent opina que la Acción Pauliana es aquélla “por la que se podían
revocar todos los actos que un deudor había realizado en perjuicio de sus acreedores. Esta
acción tiene el interés de proteger a toda persona víctima de un fraude por parte de su
deudor y está en relación con la transmisión que el deudor hacía a veces de su patrimonio
para defraudar a sus acreedores. Con frecuencia los deudores por mala fe pretendían
sustraerse a sus acreedores provocando una situación de insolvencia; el deudor
voluntariamente se hacía pobre, enajenaba sus bienes con lo que los acreedores no contaban
con la masa patrimonial de su deudor donde pudieran obtener satisfacción de sus créditos”.

7.1 Sujetos Partícipes.

Dentro de la relación que se desarrolla alrededor de la Acción Pauliana se presentan o


pueden presentarse los siguientes sujetos:

o Acreedor(es): son las personas víctimas que no pueden hacer efectivo su derecho de
crédito sin la utilización de la acción. Se encuentran en la posición perjudicada, ya que por
la insolvencia del deudor no han podido hacer efectivo su crédito. Es la parte que demanda.

o Fraudator: deudor doloso que ha caído en insolvencia o ha enajenado la prestación que iba
a serle frente a su(s) acreedor(es) con la intención de no pagarle. Es la parte demandada.

o Tercer adquirente o bonorum emptor: persona que adquiere los bienes del fraudator. Podía
bien ser doloso o no, resultando ser comprador de los bienes o donatario del deudor.
o Curator bonorum: persona designada por los acreedores que han quedado insatisfechos en
sus créditos para exigir la restitución de aquellos bienes que el deudor había enajenado con
la intención dolosa de caer en insolvencia.

7.2 Condiciones para el ejercicio de la Actio Pauliana.

Para que funcionase era necesario:

Que se hubiera celebrado un acto jurídico de resultas del cual quedaba empobrecido el
deudor. La acción pauliana puede ejercitarse cualquiera que sea la naturaleza del acto: una
enajenación, una donación, una obligación, la remisión de una deuda, etcétera. Dichos actos
podían ser positivos o negativos, a título gratuito u oneroso, lo importante era que
implicaran una efectiva disminución patrimonial. “Los acreedores no pueden atacar
aquellos actos por los cuales no haya podido enriquecerse; por ejemplo, por haber
repudiado una sucesión o un legado.”

Que el empobrecimiento, o sea, los actos y omisiones del deudor, perjudiquen a los
acreedores. Los acreedores podían probar ese daño acreditando que los bienes que
quedaban en la cabeza del deudor eran insuficientes para cubrir el crédito.

Que el acto atacado ha sido hecho en fraude de los acreedores (fraudationis causa.) El
fraude comprende dos elementos: el primero, el elemento material, el perjuicio (eventus
damni) por producir o agravar el estado de insolvencia del obligado. El segundo es el
elemento intencional o consilium fraudis. No es necesario que el deudor haya tenido
intención de lesionar a sus acreedores: bastaba con probar que el deudor no podía pagar sus
deudas porque, por ejemplo, su pasivo era superior a su activo, o sea que haya tenido
conciencia del perjuicio que les causa.

Que el tercero a cuyo favor se otorgó el acto hubiera sido cómplice en el fraude (conscius
fraudis), es decir, que hubiese obrado de mala fe. Para probar que el tercero era cómplice se
usaba estas resoluciones: si se trata de un adquirente a título oneroso, de un comprador, por
ejemplo, solamente sucumbe si ha sido conscius fraudis. Si es de buena fe, triunfa porque
tiene la ventaja de la posesión. Si se trata de un adquirente a título gratuito o de un
donatario, sucumbe aunque sea de buena fe. Sin embargo, si es de buena fe, sólo debe
cuenta de su enriquecimiento.

La acción puede ser ejercitada por los acreedores anteriores al acto que les haya causado un
perjuicio, o en su nombre por el curador de los bienes del insolvente.

Los acreedores posteriores no podían quejarse porque el acto ya estaba realizado cuando
trataron con el deudor.

7.3 Efectos.

El principal efecto de la Acción Pauliana es la restitución al patrimonio del deudor de los


bienes fraudulentamente cedidos o enajenados. O sea que por declaración del juez orden al
demandado que se restablezcan las cosas en el estado en que estaban antes del acto contra
el cual iba dirigida la acción pauliana. Su ejercicio favorece a todos los acreedores, aun los
de fecha posterior al acto fraudulento, y alcanza al tercero adquirente de buena fe, cuando
el acto fraudulento sea a título gratuito.

Cuando se trata de una enajenación, debe ser restituida la cosa enajenada con los productos
y los frutos que se hayan producido eventualmente; pero si la demanda es una remisión de
deuda, el crédito remitido se restablece en toda su plenitud.

El demandado es absoluto, siempre que obedezca a la orden del juez, si se niega a la


restitución incurre en una condena y debe indemnizar lo equivalente al perjuicio
ocasionado.

7.4 Figuras o remedios similares a la Acción Pauliana.

 In integrum restitutio: restitución por entero, por completo. Medida jurídica consistente en
la cancelación plena de los efectos o consecuencias de un hecho o negocio jurídico,
restableciendo la cosa o situación en su estado anterior, como si tal hecho o negocio
jurídico no se hubiera realizado. En la esfera del derecho procesal romano constituye una
de las medidas que tiene a su alcance el magistrado para solucionar una cuestión en virtud
de su imperium. La concedía por decreto, previo conocimiento de causa, estimada justa,
presente el adversario o declarada su contumacia.

 Interdictum fraudatorium: interdicto concedido por el pretor, durante un año útil, al


acreedor de un deudor insolvente a fin de que pueda entrar en posesión de algún bien
corporal que el deudor hubiese fraudulentamente enajenado.

OTRAS FIGURAS:

o Interdicta restitutoria: interdictos restitutorios, también denominados decreta, son aquellos


en los que se ordena al demandado una restitución; tal carácter tienen, por ejemplo, los
Interdicta recuperandade possessionis.

o Actio Fabiana: acción pretoria, in factum, penal, arbitraria e in personam, concedida al


patrono para obtener la revocación, aún frente a adquirentes de buena fe, de todos aquellos
actos por los que su liberto se había voluntariamente empobrecido con la intención
fraudulenta de perjudicarle en sus derechos de sucesión testamentaria.

o Actio Calvisiana: acción pretoria, in factum, penal y arbitraria, concedida al patrono para
solicitar, una vez fallecido el liberto, la revocación de los actos en cuya virtud éste había
fraudulentamente disminuido su patrimonio en vida a fin de aminorar los derechos de
sucesión abintestato del patrono.

7.5 Supuestos acerca de la naturaleza de la Acción Pauliana.

¿Acción in personam o in rem?

Esta cuestión ha sido fruto de constantes discusiones entre comentaristas, y sobre todo, de
aquellos que se dedican a especular sobre el verdadero origen de la Acción Pauliana.
Los que afirman que es una acción in rem (sobre una cosa) toman el texto de las
Instituciones que se otorga por medio de la fórmula de las acciones ficticias y permitía
suponer que los bienes entregados por el deudor en fraude de sus acreedores nunca habían
salido de su patrimonio.

Orangel Rodríguez sostuvo que la Acción Pauliana es real ya que permitía rescatar las
cosas que indebidamente habían salido del patrimonio del deudor.

Defienden esta tesis con otros alegatos como la naturaleza de la oponibilidad de las
acciones reales contra todos los poseedores.

Sin embargo, los comentaristas que apoyan la tesis de que la acción es personal se sustentan
en la fórmula in factum que está contemplada en el Digesto, que comprendía toda clase de
fraude, fuera o no por medio de la enajenación.

La mayoría de los comentaristas la consideran personal por la razón esencial de que sólo
podía intentarse contre el autor del fraude y los que habían sido co-partícipes de él.
“Windscheid en sus Pandectas dice que el titular de un derecho real tiene a su disposición
una multiplicidad de razones contra todo el mundo y excepcionalmente esta razón no
compete contra esta o aquella persona; mientras que quien dispone de un derecho personal
tiene una razón limitada, puesto que no la puede invocar sino contra una persona
determinada o contra una pluralidad determinada de personas”.

Por otra parte, existe una tercera postura que trata de mediar entre ambas, ya que concilian
lo que se ha dicho anteriormente, es por lo tanto una acción real como una acción personal.
La acción que se les da para reclamar los bienes enajenados en fraude de sus derechos es
real o personal, según la cuestión que se ha promovido.

Según expone Boffi, basándose en los orígenes históricos de la acción pauliana que la
vincula al proceso de las ejecuciones en Roma, se estimó que la acción era real, no obstante
que los romanistas terminaron por inclinarse a considerarla como una acción personal,
denominada creditoria, la mayoría de los pandectistas antiguos y modernos, así como los
civilistas, consideraron siempre a la acción pauliana como creditoria, fundándose: a) en
que en el digesto está calificada explícitamente como actio in personam; b)en que dicha
acción se basa en una relación obligatoria y tiene como finalidad la revocación de actos que
puedan afectar no a derechos reales, sino personales, a los que también se les denomina
creditorios; c) en que dicha acción no se puede ejercitar contra cualquier tercero, ya que, en
todo caso, no se promueve contra el tercero por ser poseedor, sino por estar obligado por
complicidad fraudulenta o por ganancia injusta, siendo por ello manifiesto el carácter
personal ( creditorio) de la acción pauliana.

El mismo Boffi, expresa la acción no siempre recae sobre cosa determinada pues a veces su
objeto encierra elementos incorporales, ni deriva de una prenda pues la expresión “prenda
común “es tomada como garantía genérica y no en el sentido de derecho real; nace de un
crédito y procura proteger la garantía común para preservar ese crédito.

Si fuese una acción reivindicatoria, por ejemplo, tendría que poner en movimiento la acción
oblicua para actuar, no en nombre propio, sino en nombre de otro; y además alcanzaría a
los terceros, sin que ello sea exacto en todos los casos, y cuando lo es, deriva de la
participación del tercero en el fraude.

Josserand considera que la acción pauliana entra en la categoría de las acciones personales
(creditorias) pues sin duda, sus resultados pueden repercutir sobre los terceros, los
adquirientes o los subadquirientes, y por tal razón se pensó ver en ella una acción real, pero
como quien la ejerce es, por hipótesis un acreedor, la acción está provista de un derecho
personal (creditorio), máximo que no puede concebirse que un derecho de crédito sea
sancionado por una acción real.

En conclusión la acción pauliana es creditoria, ya que de ser real el acreedor tendría que
tener un derecho específico sobre un bien, que sería el que lo legitima para accionar. El
acreedor acciona en virtud de una relación obligacional que ha dado lugar a la constitución
del crédito, por lo que la acción que se deriva es de carácter creditorio. Y no está demás
señalar que este es el carácter que le ha dado nuestra codificación civil, tanto la de 1936
como la actual.

Pero esclarecida la naturaleza creditoria de la acción pauliana es imprescindible, ahora,


determinar su naturaleza específica, esto es su genuino y autentico carácter. Castan
Tobeñas, citado de castro resume la naturaleza específica de la acción pauliana en tres
fórmulas: 1) la acción revocatoria: es una acción dirigida a obtener una indemnización de
daños perjuicios; 2) es una acción de nulidad: su fin es anular el acto frente a los terceros y
las partes, frente a todos; 3) es una acción rescisoria: el acto revocable no se considera
eficaz respecto de las personas amparadas por la acción pauliana. Citando también a Colin
y Capitant, el tratadista español hace notar que la acción pauliana es una acción modelada
por los siglos con el propósito de defender los derechos de los acreedores, respetando al
mismo tiempo, los7y intereses de los terceros de buena fe y que, por esa razón ofrece
rasgos característicos que le dan una fisonomía especial, no siendo ni una acción de nulidad
ni una acción pura y simple para la reparación del perjuicio, pero tiene algo de la una y de
la otra.

Interesa, entonces esclarecer con relación a la naturaleza jurídica de la acción pauliana, si es


una acción revocatoria y también de nulidad, como la considero el Código Civil de 1936, o
es una acción de ineficacia, como la considera nuestro Código Civil en vigencia.

8. PROYECCIÓN DE LA ACCIÓN PAULIANA EN EL DERECHO


CIVIL

Definiciones actuales

Según el profesor Jorge Giorgi la Acción Pauliana es considerada como a un derecho y no


como a una acción encaminada al cumplimiento de un crédito exigible. Él la define como
“derecho del acreedor a impugnar los actos realizados por el deudor en fraude de sus
derechos”.

La opinión del profesor español Federico Puig Peña se acerca más al concepto romano de la
Acción Pauliana, nos dice: “Es el recurso concedido por la ley a los acreedores para revocar
aquellos actos del deudor que, al ser realizados con el designio de sustraer su patrimonio a
la acción de los mismos, coloca a éstos en la posibilidad de hacer sus derechos.”

Para el profesor Fernando Vidal Ramírez “es el Derecho que tiene el acreedor de impugnar
mediante esta acción los actos que realice el deudor y que califique de fraudulentos a fin de
que tales actos queden sin efectos”.

Para los Profesores de nuestra Facultad, Doctores Arturo García Unda y Jorge Sotomayor
Unda, define a la Acción Pauliana como: “Es la que determina a favor del acreedor para
demandar la revocatoria de los actos celebrados en perjuicio o fraude de sus derechos”.
9. EVOLUCION DE LA ACCION PAULIANA

La acción pauliana ha evolucionado en su naturaleza y caracteres desde su aparición


en el escenario jurídico de Roma. Se le atribuyo originalmente una naturaleza punitiva y, en
consecuencia, individual. Posteriormente a lo largo del tiempo ha oscilado entre acción
individual o acción colectiva, entre acción real o acción creditoria y entre acción de
nulidad, acción revocatoria o acción de ineficacia.

Según Bejarano, el deudor que sustraía intencionalmente sus bienes de la persecución de


los acreedores cometía un delito perseguible y por la acción pauliana era reprimido
penalmente mediante una condena pecuniaria que lo obligaba a restituir, por el mismo
valor, los bienes sustraídos, condena que dejaba sin efecto solo en el supuesto de que el
tercero en cuyo favor había dispuesto los bienes los restituyera. Por ello, era una acción
restituidora. Pero además por su carácter colectivo, era una acción revocatoria, pues la
revocación del acto fraudulento beneficiaba a todos los acreedores del deudor y no solo al
que había ejercitado la acción pauliana.

Con los indicados y encontrados caracteres, el Derecho Moderno y la codificación civil le


dieron asiento, incluido a nuestro Código de 1936, motivando especial atención de los
civilistas. Entre nuestros civilistas, Ángel Gustavo Cornejo le atribuyo a la acción pauliana,
en sus origines un carácter colectivo, ya que no podía sino ejercitar el curator bonorum,
una especie de administrador o sindico, que representaba a los acreedores y en cuyo
provecho procedía, Leon Barandiaran, en referencia también a sus orígenes, le atribuyo un
carácter delictual.

La acción pauliana desde su origen fue, pues, experimentando una marcada evolución, ya
que fue perdiendo el carácter punitivo para convertirse en una acción típicamente civil
como producto de la unificación de las acciones que hace referencia Castan Tobeñas. Es
como acción de naturaleza civil como lo recepto el Código Napoleón y la irradio a la
codificación civil. Es con esta naturaleza como llego a nuestro Derecho.
10. LA ACCION PAULIANA EN EL CODIGO CIVIL

La acción pauliana, esta conceptualizada en el Código Civil como una acción creditoria y
declarativa de ineficacia. Como también lo hemos advertido, el Código no ha incorporado
una noción del fraus creditorum, sino que su noción se infiere de los artículos 195 y 196
que establecen los requisitos para el ejercicio de la acción pauliana y que, junto con los
demás estructura el Título VII del Libro II, sus resultados. El artículo ha innovado el
tratamiento que le dispensaba el Código Civil de 1936 y acusa como fuente Código Civil
Italiano.

10.1 Los titulares de la acción pauliana

Los titulares de la acción pauliana son los acreedores legítimamente constituidos y que, por
ello, tienen un interés directo sobre el patrimonio de su deudor, aun cuando su crédito este
sujeto a condición o al plazo. Así lo establece el artículo 195:“El acreedor, aunque el
crédito este sujeto a condición o a plazo, puede pedir que se declaren ineficaces respecto de
él”.

Como puede apreciarse, los acreedores que tienen un crédito no solventado están
legitimados para ejercitar la acción pauliana.

Puede tratarse de un acreedor cuyo crédito este sometido a condición suspensiva o a


condición resolutoria, no solo porque lo franquea el artículo 195, sino también porque la
acción pauliana puede devenir de uno de los actos conservatorios que se refiere al artículo
173 (Supra N 176.1), aunque, en tal caso, por la contingencia inherente al crédito sub
conditionem el accionante puede quedar expuesto a la obligación de indemnizar daños y
perjuicios. El reconocimiento de este derecho al acreedor condicional no tiene antecedentes
en el Código Civil 1936 que nada dijo al respecto. Sin embargo Olaechea, señalo que el
derecho de participar la acción pauliana correspondía a todos los acreedores, fueran
comunes o privilegiados, inclusive a los acreedores a plazo, mas no a los condicionales.
Esta posición también fue adoptada por Leon Barandiaran, que califico de inidóneo el
crédito condicional para la interposición de la acción pauliana.

La propuesta de otorgarse la acción pauliana a los acreedores condicionales, finalmente


plasmada en el artículo 195, fue explicada por Manuel de la Puente y Susana Zusman en el
sentido de que al permitirse el ejercicio de la acción pauliana al acreedor condicional, se
entiende, desde luego, que está haciendo referencia a la condición suspensiva, pues en el
caso de la condición resolutoria la situación del acreedor es la misma que la de un acreedor
puro y simple ya que en el crédito puede ser exigido mientras no se cumpla esta condición .

En la doctrina italiana contemporánea que es la inspiradora del artículo 195, la acción


pauliana se ha individualizado aún más. Según advierte Messineo, la acción pauliana es
acción individual, que se resuelve en beneficio solamente del acreedor que insta, no de los
otros acreedores ni del deudor. De ahí, que el párrafo del artículo 195 tomando del artículo
2901 del Código Civil Italiano, precisa que el acreedor que promovió la acción. No
obstante, nada impide que otros acreedores puedan incoar la acción y hasta pueda
producirse una acumulación si se dan los requisitos exigidos por el Código Procesal
(artículo 83 y siguientes).

10.2 La naturaleza de la acción pauliana

Al ocuparnos, de su origen, naturaleza jurídica y evolución y tal como lo veremos a


continuación, la acción pauliana es una acción creditoria por los fundamentos que hemos
expuesto para la denominación a la acción personal. Es también una acción de ineficacia,
esto es, su finalidad es que se declare sin efecto el acto jurídico que el acreedor que la incoa
califica de fraudulento, con un carácter individual, en cuanto solo favorece al acreedor,
como acabamos de ponerlo.

10.3 Los actos jurídicos contra los cuales procede la acción pauliana

Los actos jurídicos, que son tales, pues tienen plena validez y surten sus efectos contra los
cuales procede la acción pauliana están genéricamente considerados por el Código Civil,
pues se refiere a ellos |como actos de renuncia de derechos, como actos constitutivos de
garantías, como puede apreciarse en el artículo 195 para los primeros y el artículo 196 para
el último, aunque en el fondo todos se resumen en el acto de disposición, pues los
abdicativos suponen la disposición de un derecho expectativo o adquirido y a los gravantes
se les asimila los de disposición , pues como considera Messineo, en el concepto de acto de
disposición debe entenderse en su mayor amplitud, en el sentido de sustracción, aun virtual,
de elementos al patrimonio del deudor.

A los actos de renuncia de derechos se refiere el artículo 195 que, como ya hemos advertido
fue tomado del Proyecto de la Comisión Reformadora: “El acreedor, aunque el crédito este
sujeto a condición o a plazo, puede pedir que se declaren ineficaces respecto de él los
actos gratuitos del deudor por los que renuncie a derechos. Estos actos abdicativos como
hemos indicado, están genéricamente considerados, pues quedan comprendidos dentro de
ellos diversos actos, tales como la renuncia a herencias y legados (artículo 674) y pese a la
impugnación que se puede plantear contra tales actos (artículo 676) los de condonación de
una obligación (artículo 1295) y los de renuncia a la prescripción ya ganada (artículo
1991).

Si bien como hemos indicado, tratamiento legislativo del fraude se inspira en el Código
Civil Italiano, concordante con la doctrina tradicional el artículo 195 franquea la acción
pauliana a todos los actos de disposición sean gratuitos u onerosos.

Los actos gratuitos son susceptibles del remedio pauliano porque producen un
empobrecimiento, como en el caso de la donación (artículo 1621) también la condonación
de obligaciones y la constitución de la renta vitalicia, entre otros.

Los actos onerosos también pueden dar lugar al ejercicio de la acción pauliana cuando
comportan un daño al acreedor y el adquiriente tiene conocimiento de ese daño o adquiere
en connivencia con el fraudator para perjudicar al acreedor.

10.4 Los requisitos para el ejercicio de la acción pauliana

La doctrina tradicional ha exigido y sigue exigiendo dos requisitos para el ejercicio de la


acción pauliana: el perjuicio del acreedor y el designo fraudulento. Josserand ha escrito
que las condiciones requeridas para el ejercicio y el éxito de la acción pauliana gravitan en
derredor de esas nociones esenciales y tradicionales, agregando que es preciso que el acto
en cuestión haya producido un perjuicio al acreedor y es indispensable con respecto a el un
carácter fraudulento.

 El perjuicio al acreedor.
 El designo fraudulento.

11. VÍA PROCESAL

Manteniendo el tratamiento diferente para los actos fraudatorios, según sean gratuitos u
onerosos, el artículo 200, en su primer párrafo, ha establecido las correspondientes vías
procesales: “La ineficacia de los actos gratuitos se tramita como proceso sumarísimo; la de
los actos onerosos como proceso de conocimiento. Son especialmente procedentes las
medidas cautelares destinadas a evitar que el perjuicio resulte irreparable”.

12. LA PRUEBA DEL FRAUDE

El acto jurídico fraudulento debe ser probado con la demostración del perjuicio al derecho
a ser pagado que tiene el acreedor, si el acto fraudulento es gratuito, y si es oneroso,
poniendo además en evidencia el designio fraudulento, como conscius fraudis o como
concilium fraudis, si el acto fraudatorio es posterior o anterior al acto jurídico que origino el
crédito.

Para facilitar la prueba del eventus damni establece el artículo 195, “se presume la
existencia de perjuicio cuando el acto del deudor resulta la imposibilidad de pagar
íntegramente la prestación debida, o se dificulta la posibilidad del cobro”. Y es relación con
el designo fraudulento “se presume la intención del tercero cuando conocía o estaba en
aptitud de conocer el futuro crédito y que el deudor carece de otros bienes registrados”.
Como puede apreciarse, se trata de la presunciones iuris tantum, pues no son apodícticas y
puede ofrecerse prueba en contrario para desvanecerlas al defenderse el acto de disposición
atacado con la acción pauliana.

La distribución de la carga de la prueba la dispone el último párrafo del artículo 195:


“incumbe al acreedor la prueba sobre la existencia del crédito y , en su caso, la
concurrencia de los requisitos indicados en los incisos 1 y 2 de eses artículo. Corresponde
al deudor y al tercero la carga de la prueba sobre la inexistencia del perjuicio, o sobre la
existencia de bienes libres y suficientes para garantizar l satisfacción del crédito.

Ya hemos advertido que acto fraudatorio gratuito solo requiere la prueba de la existencia
del crédito y del perjuicio al acreedor y eso explica la remisión al proceso sumarísimo,
mientras que acto fraudatorio oneroso requiere además, de la prueba del conscius fraudis o
del concilium fraudis y eso explica la remisión al proceso de conocimiento. La claridad y
precisión de la norma nos exime de mayor comentario, por lo que solo queremos dejar
establecido que puedan usarse todos los medios probatorios pertinentes, incluidos los
sucedáneos.

13. LA PRESCRIPCION DE LA ACCION PAULIANA

La prescripción de la acción pauliana fue prevista en el Derecho Romano y esta modalidad


de extinción fue receptada en la codificación civil moderna, aun cuando ha sido materia de
diversos plazos prescriptorios.

El Código Civil, para acción pauliana es una acción declarativa de ineficacia, en el inciso 4
de su artículo 2001 le fija un plazo prescriptorio de dos años: “prescriben, salvo disposición
diversa de la ley”.

14. FRAUDE Y QUIEBRA

El Código Civil a querido distinguir la acción pauliana de cualquier otra acción que persiga
la ineficacia de actos de disposición. Por ello, el artículo 200 en su segundo párrafo precisa
que: “quedan a salvo de disposiciones pertinentes en materia de quiebra”.

Las disposiciones pertinentes en “materia de quiebra” son las aplicables a restructuración


patrimonial de los deudores y el procedimiento concursal.
INDICE

INTRDUCCION

1. Concepto
2. Origen histórico de la figura del fraude
3. Autonomía y tipicidad del acto jurídico fraudulento
4. Tratamiento sistemático
5. Acción pauliana
6. Antecedentes
6.1 En el derecho clásico
6.2 En el derecho Justiniano
6.3 Controversias históricas
7. Definición de la acción pauliana
7.1 Sujetos participes
7.2 Condiciones par el ejercicio de la acción paulina
7.3 Efectos
7.4 Figuras similares a la acción pauliana
7.5 Supuestos acerca de la naturaleza de la acción pauliana
8. Proyección de la acción pauliana en el derecho civil
9. Evolución de la acción pauliana
10. Acción pauliana en el código civil
10.1 titulares de la acción pauliana
10.2 naturaleza de la acción pauliana en el código civil
10.3 los actos jurídicos contra los cuales procede la acción pauliana
10.4 requisitos para el ejercicio de la acción pauliana.

11. Vía procesal


12. La prueba del fraude
13. Prescripción de la acción pauliana
14. Fraude y Quiebra