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NOVENA AL GLORIOSO PATRIARCA SAN JOSÉ

"Si toda la Iglesia está en deuda con la Virgen María,


ya que por medio de ella recibió a Cristo,
de modo semejante le debe a San José,
después de ella, una especial gratitud y reverencia."
-San Bernardo de Siena-

Es la devoción de San José tan saludable y provechosa, que es digna de ser promovida en todos
los pueblos cristianos, por los innumerables favores, que acarrea a las almas, que se valen de su
Santísima intercesión, y logran por su medio muchos auxilios eficaces, para vencer graves
dificultades, y peligros no menos de cuerpo, que de alma. Con muchos sucesos podría
comprobarse esta verdad; pero bastará para su crédito un testigo tan calificado, y
experimentado en los frutos de esta santa devoción, como es nuestra Seráfica Madre Santa
Teresa de Jesús, dejando otros muchos por brevedad. Dice pues la Santa así: «Querría yo
persuadir a todos, que fuesen devotos de este glorioso Santo, por la gran experiencia, que tengo
de los bienes que alcanza de Dios. No he conocido persona, que de veras le sea devota y haga
particulares servicios, que no la vea muy aprovechada en la virtud; porque aprovecha en gran
manera a las almas, que se le encomiendan. Paréceme ha algunos años, que cada año en su
día le pido alguna cosa, y siempre la veo cumplida. Si va algo torcida la petición, Él la endereza
para más bien mío. Si fuera persona que tuviera autoridad de escribir, de buena gana me
alargara en decir muy por menudo las mercedes, que ha hecho este glorioso Santo, a mí y a
otras personas. Solo pido por amor de Dios, que lo pruebe, quien no me creyere, y verá por
experiencia el gran bien que es, encomendarse a este glorioso Patriarca». Hasta aquí la Santa
en el Cap. 6 de su Vida.

ADVERTENCIAS
PARA LOS QUE HAN DE HACE ESTE NOVENARIO:

Si quisieres emprender este santo Novenario, para salir de algún notable vicio, de que te hayas
enredado y deseas (como es justo) evitar tan grande mal y peligro, mediante la poderosa
intercesión del Santo Patriarca, deberás disponerte de veras para una confesión general; (si
fuese menester) por lo que en los días del Novenario examinarás tu conciencia, y te ejercitarás
en obras penales y pías, como ayunos, lección de libros devotos y sobre todo, actos de
verdadera contrición, suplicando al Santo te alcance la luz necesaria para salir de tan mal
estado.

Pero si por la Divina Misericordia te consideras en estado de gracia, y diriges esta santa novena
al remedio de alguna particular necesidad, que por medio del Santo quieres alcanzar de Dios,
alomenos en el primero, y último día procurarás confesar y comulgar debida y fructuosamente;
procurarás así mismo en estos nueve días guardar más retiro y devoción, según te permitiere tu
estado; oirás Misa todos los días, y si es posible, en el Altar del Santo, o alomenos le visitarás, si
puedes; rezarás las devociones de la Santísima Virgen con más fervor, para obligar más al
Santo con la devoción de su Divino Hijo el consuelo único, de que necesitas. Amén.

Nótese: que si empezada la novena, por alguna causa se interrumpiere alguno, o algunos días,
supliendo después lo omitido, se podrá continuar según el orden del mismo novenario. Y para
que los devotos de San Josef sepan, cual devoción le es más agradable, el mismo Santo lo
reveló a unos devotos suyos, amonestándoles que todos los días le rezasen 7 Padre nuestros, y
7 Ave Marías, y se podrán añadir 7 Gloria Patris, en memoria de aquellos 7 dolores y 7 gozos,
que sintió en esta vida. Y así, para que este novenario sea al Santo más agradable, será bien
no apartarse de esta pía consideración: Y por cuanto no son más que 7 los Dolores y Gozos, y
no igualen al número de los nueve días, en el primero se considerara el Desposorio de San Josef
con María Santísima, por ser el principio de sus felicidades; en los 7 siguientes los 7 dolores y
gozos; y en el ultimo la Muerte felicísima del glorioso Patriarca.

INDULGENCIAS
Por concesión del Papa Pío IX, mediante rescripto de la S. C. de Indulgencias, de 26 de
Noviembre de 1876, se obtienen 300 días de Indulgencia por cada día de la Novena, e
Indulgencia Plenaria al finalizarla, con las condiciones acostumbradas: confesando, comulgando
y rogando a intención del Sumo Pontífice. Puede rezarse en cualquier momento del año, pero
especialmente en preparación a su solemnidad (19 de Marzo) y la fiesta de su Patrocinio sobre
la Iglesia (segundo Miércoles después de la Octava de Pascua).

–/–

Arrodillado delante del Altar, o Imagen del Santo, levantarás el


corazón al Cielo, y avivarás la Fe de que estás delante de aquel trono
de Gloria, en que está sublimado; y con toda la humildad y devoción
posible, le saludarás antes de todo, diciendo:

Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠


Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

ACTO DE CONTRICIÓN

Oh poderosísimo San Josef patrón mío, suplicoos, que con María vuestra
santísima Esposa, me alcancéis un verdadero arrepentimiento de todos mis
pecados, por lo que con todo rendimiento digo: Señor mío, Jesucristo, Dios y
Hombre verdadero, en quien creo, espero y amo, por ser Vos quien sois
Bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, digo: que con todo el
dolor posible me pesa de haberos ofendido, proponiendo enmendarme asistido
con vuestra gracia, como os lo suplico. Amén.

«!Oh si yo lloráse tanto mis culpas y las ajenas,


que a Pedro y Magdalena igualase con mi llanto!»

ORACIÓN PREPARATORIA
-para todos los días-

Glorioso Protector de la Iglesia, bendito San José, padre adoptivo del Niño
Jesús, y Esposo castísimo de María Virgen; nuestra eterna salud y el remedio
de la presente necesidad están en vuestra mano, pues para bien de todos los
que en Vos confían, os ha constituido el Señor jefe de su familia y príncipe de
su heredad. Contritos por nuestras culpas y animados de firme esperanza
acudimos a Vos, benignísimo Patriarca, suplicándoos que atendáis a los ruegos
que en esta novena os dirigimos.

DIA PRIMERO

Meditación:
"Esposo de la Madre de Dios"

A la Sabiduría divina tocaba dar por esposo a la Virgen un varón digno de su


inefable excelsitud; por lo cual hubo de ser adornada el alma de San José con
carismas superiores a los de todos los demás elegidos. ¡Me regocijo con vos,
oh Santo mío, por tan aventajadas prerrogativas, a las cuales correspondisteis,
como varón justo, velando por la Madre de Jesús en los peligros, siendo testigo
y custodio de su virginidad y mostrándoos en todos los instantes particionero
así de los júbilos como de las amarguras de su Corazón! Concededme,
Santísimo Patriarca, por tan fieles servicios, afecto muy sincero hacia vuestra
virginal Esposa, Madre y Señora mía, y asimismo el socorro que os pido en
esta novena. Amén.

Hágase aquí la petición de gracia. Y luego para obtener pedido


se invoca a San José con siete Padrenuestros; Avemarías y
Glorias, en memoria de los dolores gozos:

1. ¡Oh castísimo san José, afligido por cruel duda antes que conocieseis el
misterio de la virginidad fecunda de vuestra Esposa! Por este dolor y gozo y
por el gozo que inundó vuestra alma cuando el ángel os hubo revelado la
operación milagrosa del Divino Espíritu, os ruego que me alcancéis pureza de
alma y cuerpo.
(Padrenuestro, Avemaría y Gloria).

2. ¡Oh pacientísimo san José, sumido en desconsuelo al ver al Hijo de Dios


recién nacido en extrema pobreza y en abandono de los hombres! Por este
dolor y por el gozo que os cupo cuando escuchasteis el canto de los ángeles y
visteis la adoración de los pastores, os suplico me deis desprendimiento de las
vanidades del mundo y deseo ardiente de los bienes del cielo.
(Padrenuestro, Avemaría y Gloria).

3. ¡Oh ternísimo san José, dolorido al ver derramar la primera sangre del Niño
Dios en la circuncisión! Por este dolor y por el gozo inefable de que disteis al
Niño el nombre dulcísimo de Jesús, os ruego que tenga yo frecuentemente en
mis labios este nombre para invocarle, y que le lleve impreso en mi alma para
amarle sin cesar.
(Padrenuestro, Avemaría y Gloria).

4. ¡Oh fidelísimo san José, contristado cuando oísteis del anciano Simeón el
vaticinio de las contradicciones a que había de estar expuesto el Salvador y de
los sufrimientos que como espada traspasaría el alma de María! Por este dolor
y por el gozo de conocer que el fruto de tantos padecimientos llegaría a ser
la salvación de muchos, os ruego que me alcancéis conformidad con los
designios de la adorable providencia del Señor.
(Padrenuestro, Avemaría y Gloria).

5. ¡Oh prudentísimo san José, angustiado de temores, cuando tuvisteis que


huir a la tierra de Egipto, para salvar la vida del infante Jesús! Por este dolor y
por el gozo de saber que algún día seria la gentilidad llamada a participar de la
luz del Evangelio, os suplico que me alcancéis fe constante y celo por la
salvación de las almas.
(Padrenuestro, Avemaría y Gloria).
6. ¡Oh vigilantísimo san José, asaltado nuevamente de ansiedad por la vida del
Niño Jesús, cuando supisteis que en Judea reinaba Arquelao! Por este dolor y
por el gozo con que, avisado del ángel caminasteis a Nazaret y allí visteis
crecer al Niño Dios en edad, sabiduría y gracia, os pido que me otorguéis el
saber corresponder fielmente a los beneficios del Señor.
(Padrenuestro, Avemaría y Gloria).

7. ¡Oh santísimo José, acongojado por la pérdida insospechada del Niño Jesús!
Por este dolor y por el gozo de haberle hallado en el templo, os ruego que en
esta vida no pierda yo la amistad de Jesús, y merezca después verle en el
templo de la gloria.
(Padrenuestro, Avemaría y Gloria).

LEYENDA HISTÓRICA

Gracias de San José

San José nos ha escuchado siempre en las necesidades temporales.


Refugiados los misioneros del Corazón de María en Thuir de Francia, les
proporcionó casa adecuada donde albergarse. Más adelante vino a faltar agua,
pero el Santo Patriarca hizo que en el terreno propio de la casa se descubriera
un rico y abundante manantial. Justo es decir, para aumento de la confianza
entre los fieles, que toda la historia de los misioneros claretianos se ha
entretejido con favores logrados por la mediación del Patriarca San José.

ORACIÓN FINAL

Felicísimo San José, lirio escogido de la casa de David, que con vuestro
perfume alentáis la confianza de los desterrados en este valle de dolores;
interceded por nosotros, alcanzadnos completa remisión de las culpas y
perseverancia en el camino de los divinos mandamientos. Venid en nuestro
amparo en la hora de la muerte y merezcamos exhalar el último suspiro
invocando junto con vuestro nombre los dulcísimos de Jesús y de María.

Jesús, José y María os doy el corazón y el alma mía.


Jesús, José y María, asistidme en mi última agonía.
Jesús, José y María, con vosotros descanse en paz el alma mía.

Si se quiere, puede terminar el rezo de la novena con los gozos;


y así los demás días, variando solo la consideración y la leyenda
histórica.

GOZOS DEL GLORIOSO PATRIARCA Y ESPOSO DE MARÍA, SAN JOSÉ

Pues sois santo sin igual


y de Dios el más honrado:

Sed, José, nuestro Abogado


en esta vida mortal.

Antes que hubieseis nacido,


ya fuisteis santificado,
y ab ætérno destinado
para ser favorecido:
nacisteis de esclarecido
linaje y sangre real:

Sed, José, nuestro Abogado


en esta vida mortal.

Vuestra vida fue tan pura


que en todo sois sin segundo:
después de María, el mundo
no vio más santa criatura;
y así fue vuestra ventura
entre todos sin igual.

Sed, José, nuestro Abogado


en esta vida mortal.

Vuestra santidad declara


aquel caso soberano,
cuando en vuestra santa mano
floreció la seca vara;
y porque nadie dudara,
hizo el Cielo esta señal.

Sed, José, nuestro Abogado


en esta vida mortal.

A vista de este portento,


todo el mundo os respetaba,
y parabienes os daba
con alegría y contento;
publicando el casamiento
con la Reina celestial.

Sed, José, nuestro Abogado


en esta vida mortal.

Con júbilo recibisteis


a María por esposa,
Virgen pura, santa, hermosa,
con la cual feliz vivisteis,
y por Ella conseguisteis
dones y luz celestial.
Sed, José, nuestro Abogado
en esta vida mortal.

Oficio de carpintero
ejercitasteis en vida,
para ganar la comida
a Jesús, Dios verdadero,
y a vuestra Esposa, lucero,
compañera virginal.

Sed, José, nuestro Abogado


en esta vida mortal.

Vos y Dios con tierno amor


daba el uno al otro vida,
Vos a Él con la comida,
y Él a Vos con su sabor:
Vos le disteis el sudor,
y Él os dio vida inmortal.

Sed, José, nuestro Abogado


en esta vida mortal.

Vos fuisteis la concha fina,


en donde con entereza
se conservó la pureza
de aquella Perla divina,
vuestra Esposa y Madre digna,
la que nos sacó de mal.

Sed, José, nuestro Abogado


en esta vida mortal.

Cuando la visteis encinta,


fue grande vuestra tristeza;
sin condenar su pureza,
tratabais vuestra jornada;
estorbóla la embajada
de aquel Nuncio celestial.

Sed, José, nuestro Abogado


en esta vida mortal.

“No tengáis, ¡oh José!, espanto”


–El Paraninfo decía–:
“lo que ha nacido en María
es del Espíritu Santo”:
vuestro consuelo fue tanto,
cual pedía caso tal.

Sed, José, nuestro Abogado


en esta vida mortal.

Vos sois el hombre primero


que visteis a Dios nacido;
en vuestros brazos dormido
tuvisteis aquel Lucero,
siendo Vos el Tesorero
de aquel inmenso caudal.

Sed, José, nuestro Abogado


en esta vida mortal.

Por treinta años nos guardásteis


aquel Tesoro infinito
en Judea, y en Egipto
a donde lo retirásteis;
entero nos conservasteis
aquel rico mineral.

Sed, José, nuestro Abogado


en esta vida mortal.

Cuidado, cuando perdido,


os causó y gran sentimiento
que se os volvió en contento
del Cielo restituido;
de quien siempre obedecido
sois con amor filial.

Sed, José, nuestro Abogado


en esta vida mortal.

A vuestra muerte dichosa,


estuvo siempre con Vos
el mismo Humanado Dios,
con María vuestra Esposa:
y para ser muy gloriosa,
vino un Coro Angelical.

Sed, José, nuestro Abogado


en esta vida mortal.

Con Cristo resucitásteis


en cuerpo y alma glorioso,
y a los Cielos victorioso
vuestro Rey acompañasteis,
a su derecha os sentasteis
haciendo coro especial.

Sed, José, nuestro Abogado


en esta vida mortal.

Allá estáis como Abogado


de todos los pecadores,
alcanzando mil favores
al que os llama atribulado:
ninguno desconsolado
salió de este tribunal.

Sed, José, nuestro Abogado


en esta vida mortal.

Los avisos que leemos


de Teresa nuestra Madre,
por Abogado y por Padre
nos exhorta que os tomemos:
el alma y cuerpo sabemos
que libráis de todo mal.

Sed, José, nuestro Abogado


en esta vida mortal.

Vio vuestro poder, y un día


el Pontífice Pío noveno,
a Vos como a su Patrono
toda la Iglesia confía;
humilla, pues, la osadía
del ejército infernal.

Sed, José, nuestro Abogado


en esta vida mortal.

Pues sois Santo sin igual,


y de Dios el más honrado,

Sed, José, nuestro Abogado


en esta vida mortal.

Antífona: Lo constituyó Señor de su casa y Príncipe de su heredad.

V/. Ruega por nosotros, oh bienaventurado San José.


R/. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Cristo.
ORACIÓN CONCLUSIVA:

Oh Dios, que, con providencia inefable, os dignasteis escoger al glorioso San


José para Esposo de vuestra Santísima Madre: Os suplicamos fervorosamente
nos concedáis la gracia de que, venerándolo en la tierra como nuestro
protector, merezcamos tenerlo por intercesor en los cielos. Vos que vivís y
reináis por los siglos de los siglos. Amén.

[V/. Ora por nobis Sancte Joseph]


[R/. Ut dimittantur nobis peccata nostra]

[ORÉMUS: Sanctissimæ genitricis tuæ sponsi, quæsumus Domine, meritis


adjuvemur; ut quod possibilitas nostra non obtinet, eus nobis intercessione
donetur. Qui vivis et regnas in Sæcula Sæculorum.]
[R/. Amen.]

DIA SEGUNDO

Meditación:
“Nutricio del Hijo de Dios”

Dios a quien cupo la inmensa dicha de abrazarle, llevarle en vuestros brazos,


conversar con Él, alimentarle, y enseñarle. ¡Qué dulcedumbre, cuantas luces
y que amor tan inmenso no inundaría vuestra alma cuando la mirada del Hijo
de Dios reposaba en Vos y oíais de sus labios el nombre del Padre! Con
hermosa verdad ha cantado la Iglesia de voz que ya en este mundo gozasteis
por modo inefable de la beatitud de los santos en el paraíso. Amén.

LEYENDA HISTÓRICA

Las Joyas de Sor Margarita de Cittá Di Castello, beata

Fue la religiosa, según el testimonio de los historiadores de su vida,


singularmente devota del Santo Patriarca. Al recordar las prerrogativas de que
estuvo adornando, pensaba también en el Niño Jesús y en la Virgen Madre.
Los tres sagrados nombres de Jesús, María y José constituían todo su amor.
Oh si supieras qué tesoro tengo en mi pecho. SE le oía exclamar a Sor
Margarita. Sucedió pues, que habiendo fallecido fue abierto su corazón
hallándose encerradas en él, como en un relicario, tres piedras preciosas. En
la del centro, se veía el Niño Jesús reclinado sobre las pajas del pesebre, en la
de la derecha a la Virgen Santísima, ceñida al frente con diadema de oro. En
la piedra de la izquierda a San José revestido de manto de gloria y sobre su
cabeza una graciosa paloma blanca. Jesús, María y José eran realmente el
tesoro de Sor Margarita.

DIA TERCERO
Meditación:
“San José, Castísimo”

Asombra la pureza acrisolada de San José. Dios ha querido darnos la medida


de ella, confiándole la custodia de la que es Virgen de vírgenes, la virginidad
misma. Limpio fuisteis, santísimo Patriarca, en vuestros pensamientos, afectos
y acciones. Limpio como los cielos, y los ángeles bajaban a conversar con Vos.
Limpio como la fuente del paraíso, y en vuestra alma se reflejaba el candor de
la pureza inefable de María. Limpio como el arca de Dios fabricada de oro y de
madera incorruptible, y en Vos tuvo su descanso el Verbo divino. Concededme,
castísimo santo mío, un amor acendrado a la pureza de alma y cuerpo, a esta
virtud tan combatida de duras tentaciones como agradable a los ojos del
Altísimo. Amén.

LEYENDA HISTÓRICA

¡San José, salvadme!

Como precioso don del Cielo guardaba la joven Juana de Roek su virginidad.
Un día, se vio asaltada por la ciega pasión de un joven libertino. Aterrada la
pudorosa doncella, sin poder ocultarse a la presencia del tentador, ni llamar en
su auxilio a criatura humana, lanza un grito suplicante: “¡SAN JOSÉ,
SALVADME! ¡DEFENDEDME, CASTÍSIMO PATRIARCA!”. Y súbitamente sintió el
joven perverso que un poder superior descargaba sobre él, descoyuntaba sus
fuerzas, le dejaba embargado de estupor y clavados en la tierra los pies,
enormemente pesado y sin movimiento.

DIA CUARTO

Meditación:
“San José, Prudentísimo”

¡Cuán admirables fueron vuestros caminos, santísimo Patriarca! Como Jefe de


la Sagrada Familia, pesaba sobre Vos abrumadora responsabilidad acerca de
su suerte, y, sin embargo, jamás hubisteis de enmendar vuestros pasos.
Porque buscabais la lumbre del cielo, pacientemente la esperabais; y luego de
conocida la voluntad del Señor, procedíais sereno, sin vacilar. Yo debo,
prudentísimo Santo, reflexionar en mis acciones, pedir consejo de discretos,
recurrir con voluntad de acertar a la oración. Los enemigos me asedian, y el
ángel de las tinieblas me tiende a toda hora lazos. ¡Enviad, bendito Santo mío,
la luz tranquila y celestial de vuestra prudencia a mi alma, para no errar en los
peligrosos senderos del mundo! Amén.

LEYENDA HISTÓRICA
Suma Prudencia en volver a Dios

He aquí lo que escribía un joven: “Hacía algún tiempo que me entregaba al mal
con mayor desenfreno que nunca. Pecaba sin rubor, sin miramiento; pero a la
vez me sentía aburrido de pesar y casi víctima de desesperación... Un día se
me ocurrió el pensamiento de hacer una novena a San José, prometiéndole
que, si me obtenía la verdadera conversión al Señor, haría que llegara el
testimonio, a conocimiento de todos, esta gracia tan grande como inmerecida.
Los impulsos que sentía de rendirme a Dios eran fuertes; pero, a pesar de
ellos, seguía yo siendo esclavo de mis pasiones, y no me sentía con valor ni
siquiera para rezar. En semejantes inquietudes llegaron los días de ejercicios,
que en el colegio se hacen todos los años, y con ganas o sin ellas, empecé la
novena del glorioso San José. Mis súplicas no tardaron mucho en ser oídas y,
alabado sea el nombre de Dios, al tercer día hice confesión general de mi vida,
entablando las paces con Dios, a quien tantas veces y tanto había ofendido. No
puedo explicar la dicha que llenó entonces mi alma, y que ahora recordándola
vuelve a hacerme feliz. Yo puedo asegurar que éste contento lo debo por
entero a San José y a la Virgen María, refugio de pecadores”.

DIA QUINTO

Meditación:
“San José, Fortísimo”

¡Cuán probada fue vuestra vida, santísimo Patriarca! Soportasteis fatigas y


toda clase de desvelos, pero en medio de todo, confiabais en Dios con absoluta
tranquilidad. Obtenedme, Santo mío, pues conocéis mi extrema fragilidad,
auxilios abundantes para que, entre tantas mudanzas y accidentes de cosas
temporales, nunca aparte mis ojos del bien eterno, ni abandone el propósito de
cumplir la voluntad del Señor. Amén.

LEYENDA HISTÓRICA

Ofrenda y elección

Refieren las crónicas franciscanas que un día, acompañado de su santa Esposa,


aparecióse San José a la venerable madre Ana Rodríguez. Mientras que María
la recomendaba a su Divino Hijo, san José le presentó un vaso cargado de dos
clases de viandas, una muy dulce, y la otra muy amarga, y le dijo: “Hija mía,
elegid cuál de estas dos viandas os agradará en lo sucesivo”. La religiosa, que
era muy devota de San José, y acordándose de los sufrimientos de la Sagrada
Familia, eligió la amarga. Entonces el Santo le mostró una cruz muy bella, pero
muy pesada, diciéndole: “Hija mía, has hecho una excelente elección: de aquí
adelante tendrás la cruz con todas sus amarguras; pero regocíjate, porque en
ella encontrarás consuelo, virtudes y méritos imponderables para hacerte
grandemente agradable a los ojos de Dios”.
DIA SEXTO

Meditación:
“San José, ejemplo de obreros”

En la existencia de San José concurre el trabajo al desarrollo de los planes de


la Divina Providencia. Se ocupaban los brazos y rezaba el corazón. Sudaba la
frente, y el ánimo se refrigeraba con la alegría del deber cumplido. “El pan que
da el trabajo es más sabroso que la escondida miel, y nunca lo gustó más
deleitable el paladar de los reyes”. Mas si al conocerlo, en vez de elevar los
ojos al cielo para dar gracias a Dios, se vuelve hosca la mirada contra el rico
porque le ha tocado un pedazo más blando o más tierno, cunde hasta las
entrañas el fermento de la envidia y de los odios, la caridad se ausenta y la
armonía social es reemplazada por la guerra de clases. Igualdad absoluta de
fortunas es sueño desaconsejado. No nace el bienestar sino la moderación de
los deseos dentro de los límites de la ley divina.

¡San José, ejemplo de obreros, enseñadnos a santificar el trabajo de cada día!


¡Apagad las llamas del odio, disipad el error y haced que se extienda en el
alma del rico y del pobre, del patrono y del obrero, el fuego santo de la justicia
y de la caridad según el Evangelio! Amén.

LEYENDA HISTÓRICA

Doble Ganancia

Excusábase un artesano por trabajar en día de fiesta, alegando que la pobreza


le obliga. Pero un caballero devoto de San José prometió que lo socorrería, con
tal que no dejara de asistir a la misa. Transcurrido algún tiempo, visitó el
caballero al menestral; iba a entregarle unas monedas de oro en premio de
haber guardado el domingo. Más sorprendido el obrero, exclamó: “Señor, yo
soy el que quedo deudor con Vd. No he perdido nada dejando de trabajar los
domingos. Con ir a misa, oía el sermón y he aprendido cosas buenas que antes
no sabía. Ahora me conformo cuando tengo que sufrir... Y hace algún tiempo
que me gusta rezar”. El caballero se sonrió amable, puso siempre en manos
del trabajador las monedas, aunque no sin recomendarle que acudiera a San
José y le diera gracias, pues él tenía por seguro que el Santo Patriarca le había
escuchado una vez más entre cien, Patrono de los obreros.

DIA SEPTIMO

Meditación:
“San José, Ornamento de la vida doméstica”

Contemplemos la gloria de la casa de Nazaret. Allí la oración que, unas veces


del fondo del alma y otras veces de los labios brota, perfuma el hogar y se
eleva a los cielos. Allí la caridad intensa y pura, que une en el corazón de Jesús
los corazones de María y San José, resplandece incesantemente sobre toda la
tierra. Más el mundo no conoció cuán amable era la habitación de Dios con los
hombres. ¡Ah, bondadosísimo José, muchas hay todavía que lo desconocen!
Sin lazos de amor, sin oración, sin templanza en las costumbres, sin desvelo a
favor de sus hijos, descaece el hogar y pierde la flor de todos sus encantos.

¡Bendito sea San José, Jefe de la Sagrada Familia y ornamento de la vida


doméstica! Defended del contagio del siglo engañador nuestros hogares
cristianos. Amén.

LEYENDA HISTÓRICA

Protección de San José

Lloraba una madre viuda la ausencia del más joven de sus hijos, incorporado al
ejército durante la guerra franco-prusiana. Por devoción a San José determinó
socorrer todos los días a algún pobre, convencida de que el Santo Patriarca le
correspondería protegiendo en los peligros en la campaña de su hijo. Una
noche oraba la señora como de costumbre, delante de la imagen del Santo,
cuando oye que llaman a la puerta. Era su hijo, que por la mediación de San
José retornaba sano y salvo al hogar.

DIA OCTAVO

Meditación:
“San José, Patrono de los moribundos”

¡Muerte dichosa y bienaventurada la vuestra, santísimo José! Expirasteis


reclinado en los brazos de Jesús y teniendo a vuestro lado a la Inmaculada
Virgen María. Muerte feliz, como nunca se había visto en la tierra, desde que
en el paraíso fue fulminada la sentencia contra el hombre formado del polvo.
Castigados los hijos de Adán, mueren unos entre dudas y remordimientos,
otros abandonados en soledad; aquellos que no han oído que a sus puertas
llamara la mano amiga del sacerdote para traerles los auxilios de la religión,
más lejos se cierran los ojos de muchos en espesas sombras de la ignorancia o
del paganismo, sin haber descubierto la lumbre salvadora del Evangelio.

Glorioso San José, Patrono de los moribundos, por la dulzura de vuestra última
hora en compañía de Jesús y asistido de la Santísima Virgen, favoreced mi
alma en este trance y asistid en todos los momentos a cuantos en este valle de
lágrimas exhalan el último suspiro. Amén.

LEYENDA HISTÓRICA

Esperanza cumplida

Después de dos años de enfermedad, se vio cercano a la agonía el magistrado


señor de la Bené. A pesar de todo confiaba no morir sino en la fiesta de San
José. En efecto, el 19 de Marzo, muy de mañana, entraba por última vez en la
alcoba del paciente la Majestad adorada de nuestro Dios Sacramentado. El
señor de la Bené continuaba en pleno uso de sus facultades, se entretuvo
hasta media mañana en piadosos coloquios. Después pareció dormir, y expiró
plácidamente. Aun alcanzaron a decirse varias misas aquel día por su alma,
con lo cual se cumplía punto por punto lo que el señor de la Bené había, lleno
de confianza, suplicado a San José.

DIA NOVENO

Meditación:
“San José, Patrono de la Iglesia Universal”

Contempló un día Santa Gertrudis cómo los bienaventurados en el Paraíso


inclinaban su frente circundada de resplandores al oír pronunciar el nombre
bendito de San José. ¡En Vos, santísimo amparo de la Iglesia, se regocijan
nuestros corazones y en vuestro patrocinio confiamos! En cualesquiera
tribulaciones que recurramos a Vos, nos escucharéis y seréis todos los días
nuestro protector. Haced, benignísimo Patriarca, que la senda de la vida de
vuestros devotos se conserve siempre inmaculada y virtuosa, y caminemos
constantemente amparados bajo el manto de vuestra protección. Amén.

LEYENDA HISTÓRICA

Coronas y patrocinio de san José

El Vicario de Cristo, los pueblos cristianos y sus gobernantes han estado


persuadidos del patrocinio universal de San José. Varias imágenes del Santo
han sido coronadas en Europa y en América. Celebradísima es y conocida en el
mundo la advocación de San José de la Montaña. Magnífico y no interrumpido
culto se despliega en su capilla milagrosa y en la basílica que tiene dedicada en
Barcelona. De todos los países de la cristiandad afluyen cartas en demanda de
favores o en acción de gracias por favores recibidos. Cientos y cientos de
prodigios se publican cada mes obtenidos por la protección de San José de la
Montaña. La prodigiosa imagen fue coronada en nombre del Sumo Pontífice
con preciosísima corona y rayos de oro salpicados de pedrería.
Hechos tan expresivos nos invitan a considerar y grabar en nuestra memoria
las palabras de fray Bernardino de Bustis: “Quien suspire por obtener
cualquiera gracia del Altísimo, tome por Abogado a San José ante la Virgen, su
benditísima Esposa, y ante Jesucristo, Señor Nuestro; de esta manera todo lo
alcanzará del Padre Celestial”.

CONSAGRACIÓN
de las Familias cristianas a la Sagrada Familia
para el último día de la Novena
¡Oh amabilísimo Jesús, Redentor nuestro, que habiendo bajado del cielo a
la tierra para iluminar el mundo con tu ejemplo y doctrina, quisiste pasar
oculto en tu casa de Nazaret la mayor parte de tu vida mortal, sujeto a
María y a José, y te dignaste consagrar aquella familia que debía servir de
modelo a las familias cristianas!, Recibe y haz tuya esta familia que ahora
se consagra eternamente a Ti, dígnate protegerla, custodiarla y
confirmarla con tu santo amor, dándole la paz y la concordia de caridad
cristiana, a fin de que imitando los ejemplos de tu casita de Nazaret,
alcancen todos la vida eterna.

¡Oh María, Madre amantísima de Jesucristo y Madre nuestra! ¡Dígnate


interponer tu piedad y clemencia para que reciba Jesús esta nuestra
consagración y nos prodigue sus favores y bendiciones! ¡Oh José santísimo
guardián de Jesús y de María, socorrednos en todas nuestras necesidades de
cuerpo y de alma, para que contigo y la bienaventurada Virgen María,
podamos alabar y bendecir eternamente agradecidos al Divino Redentor
Jesucristo! Amén.

CONSAGRACIÓN A SAN JOSÉ

San José dulcísimo, y Padre amantísimo de mi corazón, a ti te elijo como mi


protector en vida y en muerte; y consagro a tu culto este día, en recompensa y
satisfacción de los muchos que vanamente he dado al mundo, y a sus
vanísimas vanidades.

Yo te suplico con todo mi corazón, por tus siete dolores y gozos, que me
alcances de tu adoptivo Hijo Jesús y de tu verdadera esposa, María Santísima,
la gracia de emplearlos a mucha honra y gloria suya, y en bien y provecho de
mi alma.

Alcánzame vivas luces para conocer la gravedad de mis culpas, lágrimas de


contrición para llorarlas y detestarlas, propósitos firmes para no cometerlas
más, fortaleza para resistir a las tentaciones, perseverancia para seguir el
camino de la virtud, particularmente lo que te pido en esta oración, y una
cristiana disposición para morir bien.

Esto es, Santo mío, lo que te suplico; y esto es lo que, mediante tu poderosa
intercesión, espero alcanzar de mi Dios y Señor, a quien deseo amar y servir,
como tú lo amaste y serviste siempre, por siempre, y por una eternidad.
Amén.

MEMORÁRE A SAN JOSÉ

Acordaos, ¡oh castísimo esposo de la Virgen María y amable protector mío San
José!, que jamás se ha oído decir que ninguno haya invocado vuestra
protección e implorado vuestro auxilio sin haber sido consolado. Lleno, pues,
de confianza en vuestro poder, ya que ejercisteis con Jesús el cargo de Padre,
vengo a vuestra presencia y me encomiendo a Vos con todo fervor. No
desechéis mis súplicas, antes bien acogedlas propicio y dignaos acceder a ellas
piadosamente. Amén.

(Por esta oración sola, 300 días de indulgencia al día si se reza devotamente, e Indulgencia
plenaria al mes al que la hubiere rezado todos los días, confesándose, comulgando y visitando
una iglesia. - Pío IX, Rescripto del 26 de junio de 1863)

BENDITA SEA TU HUMILDAD

Bendita sea tu humildad


¡Oh José del alma mía!
Pues todo un Dios se gloría
De ella y de tu castidad
¡Oh pasmo de santidad!
A ti clamo, en ti confío.
Sedme favorable y pío
En mi vida y en mi muerte
Y en trance tan duro y fuerte:
No me dejes, Padre mío.

ORACIÓN DEL SIGLO I

San José, cuya protección es tan grande, tan poderosa y eficaz ante el Trono
de Dios, en vuestras manos entrego todos mis intereses y mis deseos.

San José, asistidme con vuestra poderosa intercesión. Obtened por mí, de
vuestro Divino Hijo, Nuestro Señor, todas las bendiciones espirituales que
necesito, a fin de que, habiendo conseguido, aquí en la tierra, la ayuda de
vuestro poder celestial, pueda ofrecer mi gratitud y homenaje al Padre más
Amoroso.

San José, nunca me cansaré de contemplaros con el Niño Jesús dormido en


vuestros brazos. No me atrevo a acercarme mientras que el Niño reposa sobre
vuestro corazón. Abrazadle fuertemente en mi nombre; y de parte mía, besad
su fina y delicada Cabecita. Luego, suplicadle que me devuelva ese beso a la
hora de mi último suspiro.

San José, Patrón de los moribundos, rogad por mí. Amén.

ORACIÓN A SAN JOSÉ PARA EL MES DE OCTUBRE


(Compuesta por su Santidad León XIII)

(Suele rezarse esta oración en


los meses de marzo y octubre,
al terminar el Santo Rosario).
A Vos, bienaventurado San José, acudimos en nuestra tribulación; y, después
de invocar el auxilio de vuestra Santísima Esposa, solicitamos también
confiadamente vuestro patrocinio. Por aquella caridad que, con la Inmaculada
Virgen María, Madre de Dios, os tuvo unido, y por el paterno amor con que
abrazasteis al Niño Jesús, humildemente os suplicamos volváis benigno los
ojos a la herencia que con su Sangre adquirió Jesucristo, y con vuestro poder y
auxilio socorráis nuestras necesidades.

Proteged, oh providentísimo Custodio de la Sagrada Familia, la escogida


descendencia de Jesucristo; apartad de nosotros toda mancha de error y
corrupción; asistidnos propicio, desde el Cielo, fortísimo libertador nuestro en
esta lucha con el poder de las tinieblas; y, como en otro tiempo librasteis al
Niño Jesús del inminente peligro de su vida, así, ahora, defended la Iglesia
Santa de Dios de las asechanzas de sus enemigos y de toda adversidad, y a
cada uno de nosotros protegednos con perpetuo patrocinio, para que, a
ejemplo vuestro y sostenidos por vuestro auxilio, podamos santamente vivir y
piadosamente morir y alcanzar en el Cielo la eterna felicidad. Amén

ORACIÓN A SAN JOSÉ PARA PEDIR UNA MUERTE SANTA

Poderosísimo Patrón del linaje humano, amparo de pecadores, seguro refugio


de las almas, eficaz auxilio de los afligidos y dulce consuelo de los
desamparados, José gloriosísimo, el último instante de mi vida ha de llegar sin
remedio, y mi alma sin duda ha de agonizar terriblemente acongojada con la
formidable representación de mi mala vida y de mis muchas culpas. El paso a
la eternidad me ha de ser sumamente espantoso. El demonio, mi enemigo, me
ha de combatir con todo el poder del Infierno, a fin de que yo pierda
eternamente a mi Dios. Mis fuerzas en lo natural han de ser nulas, y no he de
tener en lo humano quien me ayude, me ampare y me defienda. Desde ahora,
para entonces os invoco, Padre mío. A vuestro patrocinio me acojo, asistidme
en aquel trance para que yo no falte en la Fe, en la Esperanza, ni en la
Caridad. Cuando Vos moristeis, vuestro Hijo y mi Dios, y vuestra Esposa y mi
Señora, ahuyentaron a los demonios para que no se atreviesen a atormentar
vuestro espíritu. Por estos favores, y por los que en vida os hicieron, os pido
que los ahuyentéis Vos a estos mis enemigos, y acabe yo la vida en paz
amando a Jesús, María y a Vos, oh José mío. Amén.

Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía.


Jesús, José y María, asistidme en mi última agonía.
Jesús, José y María, recibid, cuando muera, el alma mía.

En el nombre del Padre ✠, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo ✠. Amén.