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LA CONQUISTA COMO FENOMENO ECONOMICO

La conquista suele verse como un choque de armas, como un evento bélico, y a ello
se debe que tengamos de aquel dramático suceso una visión tan estrecha y tan
falsa. Es necesario comprender, sin embargo, que los indios no quedaron
conquistados por el mero hecho de haber sido derrotados; entender que aquellos
sangrientos fracasos dejaron heridas a las sociedades indígenas, pero no sometidas
todavía.
Aquello fue sólo el primer paso de la conquista, y de ningún modo su consumación.
Es evidente que si después de los combates de Quezaltenango y la matanza de
Utatlán, después de recoger los indios sus muertos y de curar los españoles sus
caballos, hubiesen los primeros retomado al trabajo normal de sus sembrados, y los
segundos permítasenos ésta fantasía demostrativa hubiesen tomado la azada para
desmontar y colonizar unas tierras vírgenes que muchas había en aquellos
contornos, es evidente, que no habría habido conquista. La guerra y la derrota, por
sí solas, no fueron ni podrían haber sido nunca la verdadera conquista.
La superioridad de los españoles en el momento de la conquista no significa haber
explicado las causas por las que los indios quedaron en una situación de inferioridad
permanente.
Es harto curioso que el hecho apuntado, evidente por sí mismo, venga siendo tan
obstinadamente olvidado. Y más sorprendente resulta la omisión cuando se
comprueba —como es fácil hacerlo— que los documentos de aquel período, así los
de los conquistadores como los de los conquistados, dan clara noticia de que los
indios no estuvieron sujetos y dominados mientras no se les despojó de sus fuentes
de riqueza —apropiación de sus tierras— y se les sometió a esclavitud.
Vale decir que la lucha armada fue solamente un medio, un recurso para llegar al
sometimiento económico, y que este último fue el momento decisivo de la conquista.
Y aun puede demostrarse que la evangelización fue una tercera fase: sometimiento
ideológico, necesario, al igual que la fase militar, para la consolidación de la
conquista económica.
Los indios, después de ser derrotados por las armas, rehuían la conquista
alejándose, sustrayéndose al control efectivo de los españoles. A quienes les
quemaban sus tierras, viendo el daño que se les hacía enviaron sus mensajeros
haciendo saber cómo ya querían ser buenos, venían a sus casas y poblasen la tierra
como antes, los cuales lo han hecho así y al presente en el estado que antes solían
estar, en “servicio de su majestad”. Debe saberse que las últimas palabras del texto
transcrito —“en servicio de su majestad”— no quieren decir otra cosa sino que los
indios están tributando, han aceptado la tributación, pues en aquel momento la real
corona no percibía de la conquista otro beneficio que el “quinto real” (la quinta parte)
de una tributación impuesta y tasada por los conquistadores.
Los documentos indígenas, que refieren la conquista contemplada desde el ángulo
de los vencidos, ilustran y confirman el hecho de la conquista económica con igual
claridad. A este respecto son particularmente interesantes los Anales de los
Cakchiqueles, pues en ellos se relatan las penalidades de un pueblo indígena que
decidió, como muchos otros, aceptar la conquista —sometimiento económico— sin
pasar por la resistencia y la guerra.
Sabido es que los cakchiqueles le ofrecieron obediencia a Alvarado antes de que
éste llegara a sus territorios; a pedido del conquistador enviaron gente que ayudó a
someter a los quichés; recibieron después a los castellanos pacíficamente en su
ciudad, pero… ¡no pudieron soportar la conquista!: no pudieron sufrir las exigencias
de carácter económico a que los sometió Alvarado “… luego Tunatiuh les pidió dinero
a los reyes. Quería que le dieran montones de metal.” Decidieron entonces huir de
su ciudad a los montes, y comenzó para ellos una larga guerra encaminada a
reducirlos de nuevo a la tributación.
Así se desencadenó la gran sublevación de los cakchiqueles, que duró cuatro años
y significó un enorme derramamiento de sangre. La guerra tenía una sola finalidad,
que el narrador indígena expresa sin vacilaciones: “…No nos sometimos a los
castellanos (…) La muerte nos hirió nuevamente, pero ninguno de los pueblos pagó
el tributo. “Durante un año continuó la guerra. Y ninguno de los pueblos pagó el
tributo.” Y cuando, por fin, los caciques comienzan a ceder ante el conquistador, el
analista no lo expresa en términos bélicos, sino en términos de economía, de
sometimiento económico: “…Entonces se comenzó a pagar el tributo (…) Durante
este año se impusieron terribles tributos Se tributó oro a Tunatiuh; se le tributaron
cuatrocientos hombres y cuatrocientas mujeres para ir a lavar oro. Toda la gente
extraía oro.” Y así entran los anales, después de describir la guerra, a narrar el
primer período propiamente de conquista, con su larga serie de crímenes
encaminados a regularizar y consolidar el régimen de explotación colonial de la
primera época.

Como se ve, ni el conquistador ni el conquistado expresaron nunca, en sus


documentos más directos y francos, que la conquista fuese consumada en las
batallas. Estas fueron un medio, como ya quedó ilustrado.
La correcta comprensión de la conquista como proceso complejo, en el cual el
momento económico es el determinante y decisivo, tiene una importancia
extraordinaria para la correcta comprensión de la inferioridad —económica, social e
intelectual— en que vinieron a quedar los indios para el resto de la vida colonial. No
se puede entender el segundo problema si no se ha entendido el primero. Y debe
suponerse que ese ha sido el motivo, precisamente, por el cual se ha rehuido
siempre el análisis científico de la conquista, presentándola como una epopeya: al
ocultar su esencia económica se esconde el factor determinante de la inferioridad
de los indígenas en el contexto de la sociedad colonial.
Después de ser derrotados, los indígenas fueron obligados a tributar
despiadadamente, fueron despojados de sus tierras, sometidos a esclavitud y
ulteriormente a servidumbre. Lo que aquí interesa dejar asentado es que los nativos,
puestos en una situación económica malísima, obligados a trabajar en las
condiciones más duras para único provecho de sus amos, se vieron en adelante
privados de toda posibilidad de superación.
Todo lo cual puede reducirse —y conviene hacerlo, en busca de la máxima
claridad— al siguiente esquema causal;
a) Inferioridad tecnológica, y por ende de cultura general, en el momento de los
primeros contactos y las luchas armadas;
b) Sometimiento económico y conversión del indio en fuente de riqueza para el
nuevo grupo dominante: esclavitud y servidumbre;
c) De allí inferioridad general permanente, derivada de las condiciones a que
quedaron reducidos los nativos.
Quiere decir, pues, que cuando el grupo social de los criollos comenzó a elaborar y
a esgrimir el prejuicio de su superioridad hispana —prejuicio básico en la ideología
del grupo— el factor determinante de la efectiva superioridad que tenían sobre el
indio no era la ascendencia española en términos de sangre y estirpe, sino la
herencia de la conquista en términos de riqueza y poderío. Gozando de condiciones
de vida muy favorables, ellos
podían cultivar y desarrollar todas
aquellas capacidades que no
podían aparecer desarrolladas
entre los indios.
Se dice que la conquista fue golpe
porque por medio del espacio de
violencia se derrota y da caída a los
nativos, por que los fundamentos
de ese golpe fue el logro de que los
indígenas se sometieran a lo
económico al obligarlos a tributar.
LA EPOCA COLONIAL
Época Colonial es el término que se le da al período de ocupación, poblamiento y
administración colonial del territorio venezolano que llevó a cabo España desde
mediados del siglo XVI hasta el comienzo de las Guerras de Independencia. Para
este artículo se fija aproximadamente entre 1600 y el inicio de la época de la
independencia en 1810.
La definición de qué período histórico abarca la era colonial sigue siendo materia de
debate. El período anterior a 1600 es cubierto en el artículo de la Conquista de
Venezuela.
Una periodización que tome en cuenta lo político prolongaría la época colonial
hasta 1821 en parte de Venezuela y hasta 1823 en las provincias
de Maracaiboy Coro así como en la ciudad de Puerto Cabello.
Durante la época colonial se forman las bases de lo que sería más adelante la
nación venezolana: la mezcla de las culturas española, indígena y africana; el uso
del español como idioma principal, la adopción del cristianismo, la delimitación de
la colonia y su organización territorial que culminaría en la creación de la Capitanía
General. Por eso mismo las colonias aceleraron el bien estar de todas las
poblaciones.
A comienzos del siglo diecisiete los españoles controlaban en realidad la zona
costera, los Andes y su extensión hacia Barquisimeto y algunos reducidos enclaves,
mientras que los Llanos y el sur seguían estando básicamente en poder de los
indígenas. Encuentros violentos entre colonizadores e indígenas se prolongaron
hasta el siglo XVIII, cuando aún se fundaron numerosas ciudades y pueblos en la
zona de los Llanos y Guayana.
A finales del siglo XVIII, la sociedad colonial entra en crisis y se producen los
primeros movimientos independentistas que preludian la emancipación de la
colonia a comienzos del siglo XIX.
LA ORGANIZACIÓN SOCIAL EN LA EPOCA

Se caracterizó por una marcada división de clases


sociales, los españoles adoptaron el papel de grupo
dominante, colocando a los indígenas en el grupo
dominando.
En la colonia existían las siguientes clases sociales:
LOS ESPAÑOLES
Los nacidos en Europa y conocidos como
peninsulares o chapetones ocuparon un lugar
superior al de los hijos de los españoles nacidos en
América.
LOS CRIOLLOS
Hijos de españoles nacidos en América.
Pero no todos estaban en la misma situación puesto que existían grandes
diferencias en torno al prestigio al afortuna y prestigio social. En los siglos XVI y
XVLL, los encomenderos formaron el grupo social más rico y prestigioso pues
controlaban a los nativos y sus tierras. Posteriormente los hacendados ocuparon su
lugar. En este elevado estrato social también se encontraban religiosos y altos
funcionarios, grandes comerciantes y mineros.
LOS MESTIZOS
Hijos de españoles e indígenas, debido ala escasez de mujeres españolas, el
mestizaje se dio muy pronto. Como la mayoría de los mestizos eran hijos ilegítimos,
fueron discriminados por los españoles y criollos. La mayor parte de los mestizos
fueron artesanos, vendedores en los mercados, sirvientes en las casa de los
españoles ricos y peones de haciendas.
INDIGENAS
Eran los pobladores de América, el grueso de la población nativa vivió en el campo,
trabajando en comunidades y haciendas; un buen número, sin embargo logró
sustraerse de ellas y se refugió en las ciudades españolas.
LOS NEGROS
Traídos de África en calidad de esclavosocuparon el último peldaño de la escala
social. Los esclavos africanos trabajaron en las plantaciones azucareras del caribe,
en las haciendas y en las casa de familias ricas. En Charcas fueron poco numerosos
y se destinaron al servicio doméstico. Se intentó introducirlos en el trabajo minero,
pero la mortandad fue inmensa, de forma que fueron derivados hacia las haciendas
cocaleras de los yungas paceños.
LA ORGANIZACIÓN EDUCATIVA DE GUATEMALA EPOCA COLONIAL

Véase también: Colegio y Seminario Tridentino de Nuestra Señora de la Asunción


La educación durante la época colonial en Guatemala estuvo a cargo de la Iglesia
Católica y favorecía casi exclusivamente a los hijos de los españoles y criollos. En
1597, el anciano obispo Gómez Fernández de Córdoba y Santillán autorizó la
fundación del primer centro educativo en Guatemala: el Colegio y Seminario
Tridentino de Guatemala. Para entonces otras instituciones similiares -llamadas
seminarios tridentinos o seminarios conciliares- habían tenido muchas dificultades
para establecerse: por ejemplo, el colegio tridentino de Quito había pasado a manos
de la Compañía de Jesús y ya no formaba curas seculares menos de treinta años
después de su fundación; el de Santa Fe, que fue fundado en 1586, pasó también
a los jesuitas en 1605, y el de Lima, que seguía abierto a pesar de la oposición del
cabildo y las órdenes religiosas.
En Guatemala, la fundación del Seminario de Nuestra Señora de la Asunción fue
rápido y relativamente fácil: pronto contó con rentas estables, alojó estudiantes
internos en el edificio propio e impartió cátedras. Durante el período virreinal nunca
fue forzado a cerrar ni a pasar a manos de los jesuitas. Esta situación favorable se
debió a que el seminario guatemalteco surgió después de los otros ya mencionados,
y sus fundadores utilizaron las experiencias de dichos seminarios, además de
legislación que se había aprobado para favorecer a las instituciones de este tipo:
para 1598, aparte de las directivas canónicas del Concilio de Trento existían
también reales cédulas que especificaban claramente y restringían la jurisdicción de
los virreyes y Audiencias reales y de los obispos en el manejo de los colegios.
Además, también existían leyes que obligaban a los cabildos catedralicios y a las
órdenes religiosas a sufragar los gastos de funcionamiento del seminario. De esta
cuenta, el Colegio y Seminario de Nuestra Señora de la Asunción gozó de una gran
autonomía desde su fundación.2
El seminario de Nuestra Señora de la Asunción fue una obra del cabildo de la ciudad
de Santiago de los Caballeros, de la Audiencia real y de un grupo de eclesiásticos
y pobladores de la ciudad, que se vio favorecido por las intenciones del extinto
obispo Francisco Marroquín de solicitar a la Corona que se instituyera un centro
educativo en Guatemala.3
CASTELLANIZACION DE LOS INDIGENAS DURANTE LA EPOCA COLONIAL
“Siempre la lengua fue compañera del
imperio” decía Elio Antonio de Nebrija en
su obra de lingüística española (1492),
escrita en plena incursión colombina. Uno
de los principales intereses de los
peninsulares en América fue la
implantación del castellano como lengua
franca. Para los colonizadores, la
suplantación de los idiomas autóctonos
fue más difícil que el desalojo del poder
de los vencidos de las empresas
coloniales; los hispanos asaltaron en
pocos años el espacio político y social,
pero su lengua lo está logrando solo al
cabo de cinco siglos de dominación y
violencia cultural, y aun en contra de considerables resistencias de los pueblos
indígenas.Desde la época colonial las lenguas indígenas de América formaron parte
del debate de la política de consolidación del modelo de dominación. De hecho, las
posiciones más duras mostraban un menosprecio explícito por ellas, junto a un
deseo expreso de extinguirlas. Tomás López Medel, Oidor de Guatemala, escribió
en 1550 refiriéndose a la necesidad de expandir el castellano: “Y de esta manera
se dará entrada para nuestra lengua y para las cosas de nuestra religión y para
desterrar la bárbara lengua de estos[indios], y sus abominables costumbres”.
Igualmente, en Perú, el oidor Juan de Matienzo propuso que se forzara a los indios
a aprender el español.

Por otro lado se encontraban las posiciones más objetivas y equilibradas, por
ejemplo el jesuita José de Acosta escribe en 1588: “hay quienes sostienen que hay
que obligar a los indios con leyes severas a que aprendan nuestro idioma […] si
unos pocos españoles en tierra extraña no pueden olvidar su lengua y aprender la
ajena […] ¿en qué cerebro cabe que gentes innumerables olviden su lengua en su
tierra y usen solo la extraña que no la oyen sino raras veces y muy a disgusto?”.[1]

La política pública de castellanización comenzó sus andaduras como un


instrumento necesario para la propagación del cristianismo, la evangelización fue el
norte cultural de la invasión y la lengua un instrumento de prédica. En los
preámbulos de ciertas cédulas incorporadas a la Recopilación de las leyes de los
reinos de las Indias se considera a las lenguas nativas incapaces de expresar las
complejidades teológicas[2]. Junto a la religión, la tarea de alfabetizar y enseñar el
castellano a los millones de nativos del continente constituyó una labor interminable.
Cualquier disposición legal colonial orientada a su implantación forzosa estaba
condenada de antemano al fracaso.
COLONIA Y ORDEN INTERNO

Se estima que la población indígena


había disminuido en un 50 por ciento, en
1550. Todavía siguió decreciendo en los
siglos siguientes, lo que preocupó
seriamente a los españoles. Sólo a partir
del siglo XVIII comenzó a recuperarse.
Se calcula que en 1820 la población de
Guatemala era de unos 500 000 ó 600
000 habitantes, de los cuales el 66 por ciento era de indígenas
(Diccionario Histórico Biográfico, 2004).
El descubrimiento de América y sus habitantes sorprendió a los
europeos. Colón creía haber llegado a las Indias Orientales, y por
eso dio el nombre de indios a los habitantes del Nuevo
Mundo (Diccionario Histórico Biográfico, 2004).
Durante los primeros años hubo en España discusiones
académicas y religiosas sobre los indios. En ciertas ocasiones se
llegó al punto de negar su condición de humanos. Algunos los
consideraban salvajes a los que era lícito conquistar por la fuerza
y esclavizarlos (Diccionario Histórico Biográfico, 2004).
Otros, entre ellos Bartolomé de Las Casas y Francisco de Vitoria,
defendían a los indios y aceptaban que se les cristianizara, pero
respetando sus derechos naturales (Diccionario Histórico
Biográfico, 2004).
Más allá de los planteamientos académicos estaban los intereses
económicos de los conquistadores, quienes necesitaban mano de
obra barata para sus empresas agrícolas y mineras. Por eso, en
los primeros años de la de la época colonial, los indios fueron
esclavizados en su condición de prisioneros de guerra, o por
compra o “rescate”, cuando se trataba de indios que ya eran
esclavos de otros indios, puesto que la esclavitud existió también
la sociedad prehispánica (Diccionario Histórico Biográfico, 2004).