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Comparación entre castigo positivo y re forzamiento negativo

Con frecuencia se confunden el castigo positivo y el reforzamiento negativo. Esto


es en parte porque ambos procedimientos por lo común implican eventos que la mayoría
de la gente considera aversivos: choques eléctricos, golpes, pellizcos, críticas, etc. Pero
existen dos diferencias esenciales: el reforzamiento negativo implica la remoción de algo
y aumenta la probabilidad de que una conducta ocurra: el castigo positivo involucra la
adición de algo y disminuye la probabilidad de que ocurra la conducta. Considérese un
ejemplo típico de reforzamiento negativo: una rata está en una cámara experimental. El
piso de la cámara proporciona un choque eléctrico de intensidad medía y en forma
constante a las patas del animal; si éste presiona una palanca, el choque eléctrico cesa
por cinco segundos. En otras palabras, la consecuencia de presionar la palanca es
eliminar el choque eléctrico; como resultado, aumenta la tasa de presionar la palanca;
ésta se refuerza negativamente por la contingente eliminación del choque eléctrico.
Ahora considérese un ejemplo típico de castigo positivo: una rata está en una cámara
experimental. La rata ha aprendido previamente a evitar choques eléctricos a través de
las rejillas del piso presionando una palanca; por el momento no se están administrando
choques, no obstante, va a la palanca y la presiona. Al instante en que lo hace, recibe
un breve choque eléctrico; presiona la palanca otra vez y recibe uno más. La
consecuencia de presionar la palanca es la aplicación de un choque eléctrico, como
resultado, la tasa de presionar la palanca decrece; presionar la palanca ha sido
castigado positivamente por la contingente aplicación de un choque eléctrico.

Para distinguir entre reforzamiento negativo y castigo positivo, se debe recordar


que los procedimientos de reforzamiento hacen que sea más probable que una conducta
ocurra, mientras que los procedimientos de castigo hacen que sea menos probable que
una conducta ocurra.

Problemas con el castigo


Una razón por la cual el castigo se utiliza ampliamente es por su efectividad, al
menos a corto plazo; en otras palabras, se usa el castigo porque hacerlo es reforzante.

El castigo también es rápido; no se requiere de ejecutarlo por días o semanas para


determinar si funcionará; si una consecuencia dada reduce la frecuencia de una
conducta, lo hará de manera inmediata. El uso apropiado del castigo también produce
supresión permanente de la conducta, lo cual es muy importante si ésta es
potencialmente dañina. Desafortunadamente, existen ciertos problemas potenciales con
el castigo. Es importante que quien considera utilizar el castigo esté consciente de esto.
■ Escape
Una respuesta típica (y muy razonable) a lo aversivo es tratar de escapar de
ello. El niño que intenta liberarse del padre que le está pegando; el estudiante que
cometió una falta y se ausenta de la escuela injustificadamente; el empleado que hizo
un trabajo deficiente y “se esconde” hasta que el jefe está calmado. Algunas veces es
posible escapar sin huir en realidad. En un estudio, una rata recibió comida y choques
cuando presionaba la palanca . El choque venía a través de un piso enrejado, y al final
la rata aprendió a echarse en su espalda y presionar la palanca al revés.
Presumiblemente la piel de la rata la aisló en algo de los choques. Murray Sidman
observó que los humanos con frecuencia escapan al castigo “desconectándose";
"cierran los oídos”, por ejemplo, a la esposa, a los padres o al jefe que critica el trabajo
realizado. También uno escapa o evita el castigo mintiendo o engañando. Los
estudiantes que no hacen su tarea escapan del castigo copiando el trabajo de alguien
más o diciendo "se la comió el perro”, diciendo excusas, adular, llorar y mostrar
remordimiento son otras lácticas que con frecuencia han reforzado el escape o la
evitación de los estímulos aversivos. De hecho, un resultado común del castigo
frecuente es que la gente se vuelve experta en estas tácticas de escape. El "escape
final,” como Sidman lo define, es el suicidio. Los prisioneros bajo tortura algunas veces
se suicidaban para escapar del dolor. Las personas que viven relaciones de abuso o
que son víctimas de hostigamiento por el gobierno algunas veces escapan de estas
situaciones eliminándose irrevocablemente. El suicidio es una medida extrema, y casi
siempre se dispone de mejores opciones, pero esto ilustra los esfuerzos que la gente
hacc algunas veces para escapar o evitar el castigo.
■ Agresión
Una alternativa al escape del castigo es atacar aquello que hace daño. Uno
critica a sus críticos, menosprecia a los que le menosprecian, y contesta cada golpe del
mismo modo. La agresión es particularmente probable cuando el escape es imposible;
como éste, la agresión con frecuencia es una manera eficaz de ejercer control sobre
aquello que causa daño.

La agresión no se dirige necesariamente al origen del daño. Si se pone a dos


animales dentro de la misma jaula y a uno de ellos se le aplica un choque, el animal que
lo recibió atacará a su vecino (Ulrich y Azrin, 1962; Ulrich el al., 1965), incluso aunque
el otro animal no tenga nada que ver con el dolor de los ataques. El animal que recibió
el choque atacará aun a otros mucho más grandes: un ratón atacará a una rata, ésta
atacará a un gato. Si no hay otro animal disponible, el animal que recibe choques atacará
objetos inanimados. Si el objeto disponible no es apropiado, la rata buscará hasta
obtener un objeto para morder (Azrin el al., 1965). El mismo fenómeno puede
observarse en la gente. Un ejemplo familiar sugiere que el modo de agresión algunas
veces “progresa” a través de una familia: un esposo golpea a su esposa, la esposa
golpea al hijo, el hijo, al hermano menor, quien a su vez golpea al perro. Los humanos,
como los animales, también atacan a objetos inanimados si no tienen criaturas vivas a
la mano: muchos arrojan un objeto o azotan la puerta después de haber sido insultados.
Las personas, a diferencia de otros animales, con frecuencia tratan de que sus
agresiones dirigidas contra inocentes parezcan racionales. El filósofo y matemático
británico Bcrtrand Russell informó que cuando era un muchacho vio en la escuela a uno
de sus compañeros golpear a otro más pequeño; cuando le reprochó su acción, éste
replicó, “los grandes me golpean a mí, así que yo golpeó a los chicos. Es lo justo”. Por
supuesto, no hay nada justo en esto. Al menos el muchacho reconoció que los golpes
que él daba estaban de algún modo vinculado con los que recibía de los demás. Algunas
veces la agresión física no es una opción. Los empleados no pueden asaltar al jefe que
los insulta o molesta, pero pueden atacarlo de otras maneras. Aquellos que son
maltratados con frecuencia roban material, sabotean los productos o disminuyen las
tasas de producción. Los estudiantes que se sienten miserables en la escuela y no
pueden escapar, cometen actos vandálicos en las propiedades escolares o provocan
disturbios en ella.

■ Apatía
Un tercer problema con el castigo, particularmente cuando el escape y la agresión no
son posibles, es una supresión general de conducta. Si los estímulos aversivos son una
consecuencia común de muchos tipos de conducta, el resultado es una supresión no
sólo de la conducta castigada, sino de la conducta en general. Un tipo de malestar, o
apatía, es el producto de situaciones en las cuales el castigo es el lugar común. Si la
respuesta produce sólo castigo, entonces se estará proclive a hacer tan poco como sea
posible. A menos que los reforzadores positivos sean fuertes y proporcionen un
contrapeso al castigo, lo mejor que puede hacerse es nada. Cuando Cari Warden y
Mercy Aylesworth (1927) castigaron a ratas por entrar a uno de dos caminos,
encontraron que éstas tendían a evitar entrar en cualquiera de los dos. En vez de ello,
permanecían en la cámara. Se observa un fenómeno similar en el salón de clases
cuando un maestro ridiculiza por lo regular a los niños por hacer preguntas "estúpidas”.
Esos niños no sólo presentarán menor probabilidad de hacer preguntas, sino que no
estarán dispuestos a contestar o participar en otras actividades durante la clase.

■ Abuso
Otra dificultad con el castigo, en especial con el físico, es el potencial de abuso. El uso
de castigo corporal en las escuelas da por resultado huesos rotos, rotura de vasos
sanguíneos, hematomas, daño de músculos y nervios, daño espinal e incluso la muerte
(Gursky, 1992).

El abuso del niño en casa con frecuencia es un castigo que se sale de control. Un padre
golpea al niño más fuerte de lo que se proponía y le rompe la mandíbula, abofetea las
orejas del niño y le rompe el tímpano, sacude a un bebé que llora y le causa daño
cerebral. Algunas veces los padres refuerzan más y más conducta ofensiva de manera
inadvertida (capítulo 5), y entonces recurren a maneras extremas de castigo. En vez de
nalguear al niño una vez con la mano abierta, se le golpea en cabeza y cara con un
cinturón. Los padres algunas veces empiezan con una forma moderada de castigo y
gradualmente infligen consecuencias más y más fuertes. A la larga, se encuentran
utilizando castigos que causan daño corporal.

■ Imitación del castigo


Otro problema con el castigo es su uso por parte del castigado. Los niños en particular
tienden a imitar el uso del castigo. Cuando los padres utilizan fuertemente el castigo
durante la crianza de sus hijos, éstos lo harán de igual modo para manejar la conducta
de sus hermanos o iguales (Bandura y Walters, 1959; Sears et al., 1957). Cuando
lleguen a ser cónyuge, amigo, colaborador, y padre de otros, utilizaran el castigo para
arreglar las conductas problemáticas de otros. Debido a los problemas con el castigo,
su uso genera cuestionamientos éticos. ¿Es correcto, por ejemplo, castigar a los niños
para que se comporten de manera apropiada? Cuestiones de este tipo, no son. por
supuesto, cuestiones científicas. La ciencia de la conducta demuestra que el castigo se
utiliza de manera efectiva, e incluso que alivia el sufrimiento (capítulo 7) pero la ciencia
no confirma si lo que se puede hacer es lo que se debe hacer. El uso del castigo
inevitablemente provoca controversia. Por supuesto, no todas las formas de castigo son
igualmente difíciles. Existe una gran diferencia entre golpear al niño con una pala y
negarle los privilegios de ver televisión. Obsérvese también que cuando se utiliza de
manera apropiada, el castigo tiene efectos muy benéficos. No sólo reduce la tasa de
conducta castigada, sino que con frecuencia tiene efectos secundarios positivos. La
gente autista y con deficiencia mental que se daña a sí misma de manera repetida, por
ejemplo, con frecuencia se vuelve más abierta y se nota más feliz después de que la
conducta de autodaño se ha suprimido con castigo. Después de analizar la literatura al
respecto, Saúl Axelrod (1983) escribió que “la gran mayoría de los estudios presentaron
efectos positivos” (p. 8; véase también Newsom el al., 1983; Van Houten, 1983). No
obstante, el problema potencial existe, en particular cuando el castigo se utiliza de
manera inapropiada —en situaciones sin importancia; debido a esto, deben
considerarse otras alternativas siempre que sea posible. Se hará una breve revisión de
algunas de las alternativas disponibles