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UNIVERSIDAD INTERCONTINENTAL

Licenciatura en Psicología
Procesos psicológicos básicos
Profesor: Héctor Rafael Velázquez Jurado
Alumno: Raúl Gallardo Vidales
Matricula: 516522230
Actividad # 3.2 Resumen sentidos químicos
6 de Marzo del 2016

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Sentidos Químicos (Resumen)

Las funciones del olfato y gusto son: 1) Detectar cosas que harían daño al organismo y
rechazarlas, 2) Identificar lo que se necesita para sobrevivir para consumirlo.
Cuando estudiamos la percepción de los sentidos químicos (olfato y gusto) comenzamos
por estudiar sus respectivos receptores: los receptores que hay en la nariz y en la boca.
Los receptores del olfato pasan por un ciclo de nacimiento, desarrollo y muerte en
períodos de 5 a 7 semanas. La renovación continua de los receptores se denomina
neurogénesis.
El olfato participa de varias funciones vitales, no solo en el hombre sino en muchos
animales: ofrece claves para orientarse, delimitar su territorio y guiarse a otros lugares,
animales y alimentos, interviene en la reproducción sexual pues estimula las conductas de
apareamiento de muchas especies.
El olfato es un sentido normalmente olvidado, pero está presente en la cotidianidad sin
que nos demos cuenta conscientemente: perfumes, desodorantes, aromatizantes
ambientales y de cierta forma el olor nos indica si huele a limpio o sucio, si es saludable o
enfermo o incluso hay quien detecta olores a muerte.
La anosmia es la pérdida de la capacidad olfativa por lesiones o infecciones.
El olfato es un importante sistema de alerta, nos avisa que la comida está pasada, las
fugas de gas o el humo de los incendios.
Las ratas son 8 a 50 veces más sensibles a los olores que nosotros; los perros de 300 a
10,000 veces más y esto es debido a nuestros receptores. Los humanos cuentan con 10
millones de receptores mientras que los perros tienen 1000 millones.
Los humanos podemos distinguir aproximadamente 10,000 olores.
Se ha descubierto la asociación del sentido del olfato con el lenguaje y la memoria, de tal
suerte que cuando tenemos dificultades para identificar olores, no se debe a una
deficiencia de nuestro sistema olfativo, sino de nuestra incapacidad de traer de la
memoria su nombre. Saber el nombre de una sustancia parece transformar nuestra
percepción de su olor.
Si bien los humanos no usamos el olfato para identificar a las personas, se ha mostrado
que los niños pequeños pueden identificar el olor del pecho o las axilas de su madre.
Es en la membrana pituitaria donde sucede la transducción (La traducción de la energía
ambiental a señales eléctricas). Esta membrana es una región de unos dos centímetros
de diámetro localizada en la parte alta de la cavidad nasal que contiene los receptores del
olfato.
La mucosa nasal es la que contiene las neuronas receptoras olfatorias. Cada célula
receptora posee cilios y a través de estos cilios es como las moléculas odoríferas entran
en contacto con las neuronas receptoras. Los cilios contienen proteínas receptoras
olfatorias que son los sitios activos para la olfacción.
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Las proteínas receptoras se crean a partir de las instrucciones codificadas de los genes.
Hay 1000 clases de proteínas receptoras, que responden cada una a un grupo pequeño
de olores.
El sistema olfatorio cuenta con 10 millones de neuronas receptoras en alrededor de 1000
clases.
En el bulbo olfatorio, que es un afloramiento del cerebro, hay más o menos 1000
estructuras llamadas glomérulos. Cada uno recibe señales principalmente de la neurona
receptora.
Las neuronas llamadas células mitrales y las células en penacho transmiten las señales
de los glomérulos a las áreas olfativas de la corteza: la corteza olfativa, una pequeña
región del lóbulo temporal y la corteza orbitofrontal, cerca de los ojos.

Aun no se han podido aplicar estrategias para determinar el código sensorial del olfato y
esto dado por las complicaciones a la hora de adjudicar un componente olfatorio
determinado a un tipo de molécula ya que algunas moléculas que son muy semejantes
huelen muy diferente, mientras que otras que son desiguales tienen olores similares.
El gusto y el olfato se combinan para crear el sabor. Los estímulos olorosos de los
alimentos llegan a la membrana pituitaria a través de la ruta retronasal por la rinofaringe,
el pasaje que conecta las cavidades nasal y oral.
Los factores que influyen en las preferencias alimentarias (qué comidas nos gustan y
cuáles no) son los siguientes: 1) El estado interno: Nuestra reacción al estímulo del gusto
puede ser positiva cuando lo probamos, pero esta respuesta puede volverse negativa si
seguimos comiendo (fenómeno que Cabanac llama aliestesia), esto ilustra que los
estímulos son agradables o no dependiendo de las señales del interior del organismo
(como empalagarse o enchilarse). 2) Las experiencias: La prolongada experiencia puede
hacer cambiar el sabor o el gusto por los alimentos. 3) Aversión condicionada al sabor: La
evitación de un sabor después de relacionarlo con una enfermedad; este factor es

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importante para la supervivencia. 4) Hambres específicas: Tanto las ratas como los
humanos tienen un hambre específica por el sodio, un componente natural de nuestra
dieta; la enfermedad de Addison también aumenta el hambre de sal.
El sistema del gusto comienza en la lengua. La superficie de la lengua está llena de
crestas y hondonadas debidas a la presencia de estructuras llamadas papilas, de las que
hay 4 clases: 1) Papilas filiformes, con forma de cono, que se encuentran en toda la
extensión de la lengua y le confieren su aspecto rugoso; 2) papilas fungiformes, a modo
de hongos que se localizan en la punta y los lados de la lengua; 3) Papilas foliadas, que
son una serie de pliegues a los lados; y 4) Papilas circunvaladas, que parecen montículos
aplanados rodeados por una zanja y que se ubican en la parte posterior de la lengua.
Todas las papilas, excepto las filiformes, contienen botones gustativos u olivas, hay unas
10 mil. Los botones gustativos contienen varias células gustativas. La transducción se
inicia cuando las sustancias saporíferas alteran el flujo de iones a través de la membrana
de las células gustativas.
Tres nervios conectan la lengua con el cerebro: el nervio de la cuerda timánica, el
glosofaríngeo y el nervio vago; las fibras de estos tres nervios se conectan en el núcleo
del conducto solitario del tallo encefálico y viajan de ahí al tálamo y a dos áreas del lóbulo
frontal (ínsula y opérculo frontal), que están ocultas en parte por el lóbulo temporal.
Se consideran estandarizadas, por los investigadores, cuatro sensaciones básicas:
salado, agrio, dulce y amargo; se ha propuesto otro gusto básico llamado umami que se
describe como carnoso, jugoso y salino y que se vincula por lo regular con las
propiedades del glutamato monosódico (GMS) que acentúa los sabores. Algunas
sustancias tienen un sabor predominante y otras son el resultado de la combinación de
los cuatro sabores.
Se llaman catadores a quienes perciben el sabor amargo de la feniltiocarbamida (FTC).
Cuando no se está de acuerdo con alguien a propósito del sabor de cierta comida, quizá
no se trata de gustos sino de diferencias de experiencias, producidas porque se tiene
diferente número de receptores en la lengua.
En cuanto al código neuronal para la cualidad del gusto, la situación no está bien definida,
pues hay argumentos en favor de una teoría basada en la codificación especializada (las
cualidades concretas están señaladas por la actividad de neuronas sintonizadas para
responder a ellas) y también hay argumentos en favor de una teoría basada en la
codificación distribuida (según la cual la cualidad está indicada por el esquema de
actividad de muchas fibras).
Incluso luego de demostrar esta asociación entre una respuesta neuronal y una cualidad
sensorial, continúa así la siguiente pregunta: ¿Qué información usa el cerebro para
determinar nuestra experiencia de las cualidades?