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Vida de perros

El inicio del fin para la venta ilegal de animales en el Jr. Ayacucho


Por Louis Fox Liang C. Canal

Era la cuarta mascota que moría en su casa. Miguel no entendía, y por un tiempo tampoco su
familia. ¿Por qué todas las mascotas que entraban en su casa morían de manera tan horrible? Una
por una, respectivamente, “se caían al suelo, empezaban a temblar, movían sus patitas
frenéticamente y sacudían la cabeza. Cuando no estaban así, vomitaban y hacían diarreas”. Durante
3 años, nadie en casa sabía qué les pasaba a los animales. El parvovirus es una silenciosa
enfermedad que ataca al sistema alimenticio de los perros y, en algunas ocasiones, gatos. El
distemper es otra enfermedad viral que se manifiesta en poderosas fiebres y ataques epilépticos.
¿Quién trajo estas enfermedades fatales a la casa de Miguel? ¿Cómo llegaron estos dos poderosos
virus que pueden estar en el ambiente de una casa entre 2 y 7 años?

La respuesta a esta pregunta es Luna. Ese fue el nombre que escogieron Miguel y sus hermanas para
la cachorra comprada a 220 soles en una tienda de la galería 550 del jirón Ayacucho. Su nombre
estaba inspirado en los hermosos ojos color amarillo que tenía su nueva cachorra cuando miraba a la
Luna. Le compraron una camita, una correa chica y otra más grande “para cuando creciera”, un
plato de comida, otro de agua y, por último, hicieron un panel de reglas que iría en el corcho de la
cocina. Todos querían dormir con la cachorra la primera noche, pero querían acostumbrarla a no
subir a las camas. Por ello, la recién llegada paso sus primeras noches la cocina. Tal vez por esa
sana disciplina nadie se percató a tiempo de los ataques nerviosos nocturnos de la primera semana.
Casos como el de Miguel, una estafa, solo es una de las muchas formas de venta ilegal de animales
en el jirón Ayacucho del Cercado de Lima. En el Perú no está prohibido destruir las ilusiones de
una familia al venderles un cachorro enfermo. Pero lo que sí está penado es la venta ambulatoria de
animales, almacenar animales domésticos en malas condiciones, comercializar con animales
robados y el tráfico y comercio de animales silvestres.

La Municipalidad Metropolitana de Lima, con su Ordenanza N°1628 – Que aprueba la política


metropolitana del ambiente, y el Ministerios de Agricultura, por medio de la Legislación
Internacional (el Convenio sobre Comercio Internacional de Especies Amenazadas – CITES.
Decreto de ley N° 21080, la Convención sobre la Conservación de las especies migratorias de
Animales Salvajes Decreto Supremo 002-97-RE y el Convenio sobre la Diversidad Biológica -
CBD), se han encargado, con estas herramientas, de regularizar y controlar la venta de animales
desde hace 10 años; teniendo como bases la regularización, fiscalización y control de un producto
que debe ser apto para la venta (por parte de la MML), y la protección de las especies silvestres en
peligro del patrimonio natural.

El jirón Ayacucho, en sus 13 cuadras, cruza con la Fiscalía de la Nación y pasa a 50 metros del
Congreso de la República. Sin embargo, en una sola de sus cuadras, se instalaron, hace 19 años,
galerías en tres viejas quintas republicanas. Estos inmuebles residenciales, pertenecientes en ese
momento y en la actualidad a Alberto Lanata, fueron, el hábitat de comerciantes inescrupulosos que
encontraron en las históricas viviendas una sede donde instalar, sin cumplir ninguna norma, el
negocio de vender animales.

Este fue, durante muchos años, un mercado negro de mascotas: Gatos, conejos, perros, tortugas, etc.
Y, también, animales silvestres como iguanas, tarántulas, serpientes, caimanes, monos, etc.: no
existía ningún límite, solo precios. Luego de numerosas intervenciones y de la clausura de una de
ellas en abril del 2013, Lanata manifestó, para el diario La República en abril del año pasado
“Quisiera cambiar de rublo” y hoy, más de un año después, al llamar a su casa y consultar por una
entrevista replica siempre lo mismo: “Son mis inclínos los que no cumplen las normas, yo solo
alquilo mi local. Por eso a mí nunca me han multado” y colgando inmediatamente después.

La vendedora les había dicho a los padres de Miguel, “si se enferma en los primeros 7 días, le
damos otros nomás”. Pero ellos no fueron para cambiar a Luna. Ellos querían información para
saber qué enfermedad podría estar aquejando a su cachorra, antes de ir donde un veterinario. La
vendedora no hizo caso: “Mira, te cambio el perro. No puedo hacer nada más. Yo no sé qué tendrá
el que te llevaste”. Ya en la veterinaria, les explicaron que parvovirus estaba avanzado y que no
había nada que hacer. 200 soles en un cachorro, 70 soles en los implementos para su cuidado, 50
soles para hacerlo dormir para que tenga una muerte digna. “Ese último día con Luna fue muy
largo. Largo y triste. Ella solo jugaba, despacito. No sabía que pasaba”.

Desde el marco de la salud pública. Sabemos que el hacinamiento de animales enfermos en un


mismo ambiente perpetúa y agrava las enfermedades. Muchas de estas enfermedades pueden mutar
y contagiar a los trabajadores y luego a la población. Desde el marco del comercio de la fauna
silvestre. Sabemos que la caza y recolección de animales para su comercio es, en las áreas de
protegidas, la peor amenaza para la conservación de un patrimonio que es de todos.
Desde el marco legal, este espacio es un habitad ideal para todo tipo de estafas. Más de una vez se
han comercializado cachorros enfermos y luego el comerciante ha desaparecido. Desde el mismo
derecho animal (ya que desde 1977, está vigente la Declaración Universal de los Derechos del
Animal, que ahora está amparada por la ONU) a tener una vida digna, independientemente si es un
animal de consumo, compañía o trabajo. Según el veterinario de la Administración Técnica de Flora
y Fauna Silvestre (ATFFS) Cristian Abramonte, se han decomisado mas de 13 mil animales en
todo el Perú entre el 2009 y el 2012.

Como se mencionó anteriormente, hay dos flancos por los que se combate este ilícito negocio: por
parte del Ministerio de Agricultura (Minag) por medio de su Administración Técnica de Flora y
Fauna Silvestre (ATFFS) y por parte de la Municipalidad Metropolitana de Lima. El primero busca
combatir la venta de animales en peligro. Existe una lista de 301 especies de animales publicado por
el Minag, entre aves, mamíferos, reptiles, etc. de animales amenazados. Gracias a las clausulas
legales de la Comunidad Andina, en el Perú, desde el 2008 es delito comercializar, transportar o
poseer cualquiera de los animales de dicha lista. El infractor puede obtener, según el caso, hasta 5
años de cárcel.

La MML, por su parte ataca al problema desde el lado comercial: los animales deben ser aptos para
la venta. A pesar de que la ley N°27265 prohíbe comercializar animales sin la autorización
respectiva, esta no está reglamentada. Por lo tanto, la MML incluyó en su Ordenanza N° 1628,
emitida el año 2012, Que aprueba la política metropolitana del ambiente, el Eje Político N° 8.1.4
Lineamiento de Política en materia de Biodiversidad Urbana, Tenencia y Comercialización de
Flora y Fauna Silvestre, Animales y Mascota. En el susodicho Eje resaltan los puntos C, D, H
(sobre combatir el comercio de especies silvestres), E (sobre el control sanitario de mascotas), K
(sobre su relación con la salud pública) y, sobre todas, el punto M. los establecimientos que se
dediquen a la venta autorizada de mascotas deberán garantizar la salud, alimentación, y el
bienestar de las mascotas en un espacio adecuado a su venta. Ninguna actividad, ni licencia, o
permiso se extenderá si se demostrasen condiciones de maltrato o crueldad animal.

Amparándose en dicha ordenanza, el viernes 5 de abril del 2013, la MML, acompañada de la


Policía ecológica y el equipo de biólogos y veterinarios de la ATFFS, clausuró la galería Ayacucho
550. Álvaro Anicama, en ese momento gerente de la gerencia Fiscalización y Control de la
Municipal id de lima (GFCMML), fue radical. Clausuró negocios, entregó a la policía a
sospechosos de venta de animales en peligro, penado hasta con 5 años de cárcel, y de atentar contra
la salud pública, penado hasta con 10 años. Puso un bloque de concreto y mandó un ultimátum a
Alberto Lanata.

Sin embargo, actúan con máscaras y todo tipo de protección. Lo que ahora les preocupa es la
zoonosis (el contagio de una enfermedad de un animal a un ser humano). En intervenciones pasadas
se comprueba, una y otra vez, que el estado de exposición y almacenaje de los animales violaba
completamente los estándares expuestos por la MML en su Política Metropolitana de Ambiente.

Los animales incautados tienen destinos diversos. Lamentablemente, la gran mayoría muere. A los
animales silvestres la ATFFS los lleva a su sede principal para tratarlos y recuperar su salud. Luego
de su mejoría son entregados a zoológicos de Lima y del Interior. La MML, por su lado, acoge a los
animales domésticos y los pone a disposición de una red de veterinarias que colaboran con ella.
Luego de su recuperación convoca jornadas adoptivas.

Según la sexta edición del libro Introducción a la Moderna Virología de S. B. Primrose, Dimas
Fernández-Galiano y Margarita Flores Rodríguez, las enfermedades, sobre todo las que se generan a
partir de virus, pueden permanecer varios años en un inmueble. Los virus incuban e invernan,
dependiendo si es que no hay huéspedes en largas temporadas. La única manera de combatirlos es
con una extenuante higiene y con el mínimo de un año para erradicarlos.
El veterinario de turno no advirtió a la familia de Miguel de este importante detalle. Dos meses
luego de la muerte de Luna, una compañera de clases de la hermana de Miguel les comentó que ella
colaboraba en un albergue de perros y que si deseaba podía mostrarle el catalogo del sitio para que,
tal vez, escogieran alguno. La idea de tener un perro en casa seguía de pie así que escogieron uno
con mucho entusiasmo y lo recogieron un sábado.

Le llamaron Popy. Era un cachorro muy inquieto y agradable para la familia. El fin de semana se
fue volando. De ese lunes al miércoles, las noches eran de juego y en las mañanas el cachorro
despertaba a la familia golpeando la puerta vaivén pidiendo un paseo matutino, sin embargo, la
mañana del jueves no fue así. Una semana después, Popy estaba tirado en el suelo convulsionando
con mucha fuerza. Era el parvovirus.

Hoy, a más de un año después de la clausura y dos de la ordenanza que prohibía toda venta,
incluyendo la formal, de animales en Cercado de Lima, al ingresar a cada una de las tres galerías,
uno se percata han proliferado negocios de peses, de accesorios para mascotas y venta de roedores.
Al interior de estas aún se encuentran cachorros, pero en menor proporción. Ya no están en sucias y
abarrotadas cajas de cartón. Sin embargo, afuera en la calle el tiempo se ha detenido. Uno encuentra
lo mismo de hace 5 años pero reducido. Aun hay que caminar por la pista, aún hay iguanas en los
hombros de sonrientes vendedores, loritos en jaulas y perritos apilados en mochilas y cajas de
cartón. Los días antes de feriados, la calle es tomada por un centenar de vendedores que toman las
veredas por completo para ejercer todo lo pena y sancionado por la ley. Animales en mal estado,
con el pelo teñido, con modificaciones en el cuerpo; cachorros alterados para aparentar ser una raza
que no son.

Indignados, y rozando la desesperación, los padres de Miguel no se explicaban qué ocurría.


Apelaron a la mala suerte, pues si Popy hubiera llegado enfermo a casa, el albergue de dónde
provino ahora sería un cementerio. Esperaron 5 meses y, esta vez, compraron un costoso cachorro
de raza en una tienda de mascotas de San Isidro. Miski era una perrita peruana, sin pelo, de un mes
de edad. Miguel y sus hermanas, aunque contentos, tenían miedo a encariñarse con ella. Y no les
faltaba razón.

Milagros Ramos, veterinaria que ha intervenido en repetidas ocasiones en las galerías del jirón,
comenta “En ese entonces (2006) no habían iniciativas organizadas contra esto. Encontramos 2
zorritas andinas siendo vendidas y las recuperamos. Luego las llevamos al zoológico del Colegio El
Buen Pastor (los olivos). Las zorritas estaban muy mal”. En dicho local, al día de hoy, hay más de
220 animales, siendo la gran mayoría de ellos entregados por la ATFFS producto de sus
intervenciones.

Sin embargo, el problema no termina allí. Hay un altísimo nivel de reclamo que, por ser negocios
informales, es imposible de rastrear. Lo que sí es rastreable es el testimonio de familias como la de
Miguel que, al regresar por una explicación ante el dolor de la reciente perdida, le darán un nuevo
cachorro “totalmente gratis si es en los primeros 7 días”. Pero aquellos que tuvieron la mala fortuna
de comprar un cachorro a un ambulante no tendrán dónde reclamar.

Miski corrió la misma suerte que sus antecesores. Luego de su muerte, nadie en la familia estaba
preparado para la explicación del médico veterinario. “La casa está contaminada con distemper y
parvovirus. No, no se contagia a humanos, pero va a estar infectado por lo menos un año. Cualquier
mascota no vacunada que entre a su casa se contagiará”. No era enojo, tampoco resignación, pero
Miguel y su familia, estaban devastados.

Cada vez es más difícil, pero no imposible, encontrar animales no domésticos. Y de los que hay, y
esto es un amargo consuelo, son animales en menor riesgo como loros, tortugas e iguanas.
Conviviendo con los inescrupulosos comerciantes ya especificados, muchos negocios ahora se
dedican a comercio alternativo pero ligado a los animales.

No obstante, como indica Christian Abramonte, biólogo de la ATFFS si se pueden adquirir


animales silvestres de especies no amenazadas. Tienen que haber nacido en uno de los 23
zoocriaderos autorizados por la Dirección General de Flora y Fauna Silvestre. En los zoocriaderos
limeños hay, sobretodo, aves. Pero en sus pares de provincia se pueden encontrar monos y pequeños
reptiles autorizados. Para adquirirlos, tiene que solicitarlos en estos centros de crianza y
asesoramiento e inscribir al animal como mascota en la ATFFS. Cristian recalca que el papeleo para
estos casos es exigente, largo y tedioso.in embargo, insiste, jamás hay que cómpralos en ninguna
galería o local no autorizado. Ya que ello alimenta la demanda del tráfico ilegal de animales.

Por el lado de las mascotas no silvestres, Milagros Ramos recomienda siempre la adopción ante la
compra. “la mejor manera de obtener una mascota es adoptándola” explica. Las instituciones de
ayuda a los animales y albergues tienen, a su disposición, una variedad “incluso mayor” que la
encontrada en cualquier negocio, insiste Milagros.

Para las autoridades es complicado trabajar en el margen legal de la fiscalización. Sin embargo,
aunque sean imprecisas y no ataquen al problema directamente, si existen leyes de las cuales
ampararse para poder erradicar las prácticas ilegales. Al otro lado de la lucha, se encuentran los
diversos grupos, asociaciones sociales y personas que luchan contra el maltrato animal. Son estos
terceros quienes han empujado un proyecto de ley que podría atacar a este problema de raíz.

El Proyecto de Ley Nro. 3266/2013-CR, iniciativa del congresista Carlos Bruce, fue presentado el
año pasado que busca sancionar hasta con 5 años el maltrato a animales. Sin embargo, este proyecto
no tiene mayor atención en el Parlamento, ya que el proyecto está cerca de cumplir 8 meses sin
llegar, siquiera, a debate. Mientras tanto, las personas interesadas en el derecho y protección animal
siguen presionando a las autoridades para que exista una ley que ampare a estos animales por ser
algo más que un producto o mercancía.